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Santiago, quince de marzo de dos mil doce.


Vistos:
En estos autos Rol N° 12.216, del Juzgado de Letras y Garantía de
Puerto Natales, juicio ordinario sobre nulidad absoluta y rescisión por
lesión enorme, caratulado “Oyarzo Miranda Luz Eliana con Barrientos
Bahamonde Judith”, por sentencia de ocho de marzo de dos mil once,
escrita a fojas 178 y siguientes, se rechazó la demanda principal de nulidad
absoluta, en tanto que se acogió la subsidiaria, con costas, declarando que
se rescinde el contrato de compraventa de 4 de octubre de 2006, recaído en
el inmueble de calle Tomás Rogers N° 108, de la comuna de Puerto
Natales, ordenando cancelar la inscripción a nombre de la compradora,
disponiendo que en la etapa de cumplimiento, la demandada, a su arbitrio,
podrá optar por consentir en la rescisión o completar el justo precio, con
deducción de una décima parte.
La parte demandada interpuso sendos recursos de casación en la forma
y de apelación en contra de dicho fallo, y una Sala de la Corte de
Apelaciones de Punta Arenas, por resolución de dieciocho de mayo de dos
mil once, rolante a fojas 200 y siguientes, rechazó el primero y, conociendo
del segundo, lo revocó, sólo en aquello que impone a la demandada el pago
de las costas, y en su lugar, la eximió de las mismas, confirmándolo en lo
demás apelado.
En su contra la demandada dedujo recurso de casación en el fondo.
Se ordenó traer los autos en relación.
CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que el recurrente, fundamentando su recurso, atribuye a
la sentencia cuya invalidación persigue infracciones a lo dispuesto en los
artículos 12, 13, 19, 21, 983 y siguientes del Código Civil.
Señala que, en contra de la decisión del tribunal a quo, interpuso
recurso de casación en la forma fundado, entre otras, en la causal
contemplada en el artículo 768 N° 7 del Código de Procedimiento Civil,
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esto es, contener decisiones contradictorias, toda vez que se dio lugar a la
demanda en forma íntegra, en circunstancias que sólo debió acogerse
respecto de acciones y derechos correspondiente a la demandante, puesto
que además de ésta, es heredera del padre de la misma, su cónyuge
sobreviviente, doña Elsa María Vios Tapia, quien no compareció en la
demanda.
Ahora bien, el sentenciador de alzada para rechazar este arbitrio, en su
considerando 4º, consignó que ésta sola circunstancia no implicaba la
configuración de decisiones contradictorias, atendido que esta alegación no
fue materia de su defensa y por cuanto, examinada la parte decisoria del
fallo de primer grado, no se divisaba tal vicio, ni tampoco existían
fundamentaciones que tuvieran este carácter, concluyendo que su parte no
hizo uso de la facultad que confiere al artículo 21 del Código de
Procedimiento Civil para solicitar se ponga la demanda en conocimiento de
la heredera omitida para que concurriera a entablar la demanda.
Conforme a lo expuesto, no obstante la decisión de desestimar el
recurso de casación en la forma, existen fundamentos legales que permiten
concluir que se ha producido una infracción de ley, que de no mediar, se
habría concluido que la demanda de autos correspondía ser desestimada,
puesto que tanto la sentencia de primer como de segundo grado no
contienen consideraciones para justificar por qué dio lugar en forma íntegra
a la demanda, en circunstancias que existían acciones y derechos de la
cónyuge sobreviviente del vendedor que no fueron entabladas, lo que
importa un grave quebrantamiento de la correspondiente obligación que
afecta al fallo, por lo que debe entenderse que no se ha configuraba la
legitimación activa para interponer la acción, aun cuando su parte no haya
hecho uso del derecho que consagra artículo 21 del Código de
Procedimiento Civil.
Indica que el artículo 19 del Código de Procedimiento Civil, señala
que si son dos o más personas las que entablan una demanda o gestión
judicial y deducen la misma acción, deberán obrar conjuntamente,
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constituyendo un solo mandatario, cuestión que, según lo visto, no ha


acontecido en la especie. De esta manera, si bien partes son una o más
personas, debe tenerse presente el caso de la sucesión por causa de muerte,
en que todos sus componentes tienen acciones y derechos. Luego, si se
analiza la sentencia recurrida, se puede advertir que se acoge en forma
íntegra la demanda, en circunstancias que la heredera o cónyuge
sobreviviente no compareció, de manera tal que no debió de haberse dado
lugar a las acciones y derechos de la comunera que no demandó, sino
únicamente debió acceder a la misma en lo que respecta a las acciones y
derechos de la demandante doña Luz Eliana Oyarzo Miranda, puesto que de
otro modo, ésta ha carecido de legitimación activa por tratarse de una
sucesión. Así, para haber obrado válidamente, era necesario que todos los
herederos designaran mandatario, con las atribuciones pertinentes.
Termina solicitando que se invalide el fallo y se dicte la
correspondiente sentencia de reemplazo, en la que se resuelva que se accede
a la demanda sólo en lo que respecta a las acciones y derechos de doña Luz
Eliana Oyarzo Miranda y no de aquellas correspondientes a la cónyuge
sobreviviente.
SEGUNDO: Que, para los efectos de una debida inteligencia de las
cuestiones planteadas en el recurso, es menester reseñar algunos de los
antecedentes de mayor relevancia que surgen del proceso en el cual se
pronunció la sentencia que se impugna:
a) Doña Viviana Ampuero Santana, en representación de doña Luz
Eliana Oyarzo Miranda, interpuso demanda en juicio ordinario en contra de
Judith del Carmen Barrientos Bahamonde, solicitando, como petición
principal, que se declare la nulidad absoluta por falta de consentimiento del
contrato de compraventa de fecha 4 de octubre de 2006, recaído sobre el
inmueble ubicado en calle Tomás Rogers N° 26, Puerto Natales, celebrado
entre don Antonio Segundo Oyarzo Montiel y la demandada, ordenando la
subsecuente cancelación de las inscripciones respectivas, retrotrayendo la
causa al estado en el que se hallaban las partes antes de la celebración del
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mismo. De manera subsidiaria, dedujo acción de rescisión por lesión


enorme en contra de la referida Barrientos Bahamonde.
En lo que interesa al presente recurso, como fundamento de su
pretensión, expone que detenta la calidad de sucesora de don Antonio
Segundo Oyarzo Montiel, quien era su padre y falleció el 25 noviembre de
2006, por lo que a partir de esa fecha se entiende que lo representa en todas
sus acciones y derechos, conforme lo dispuesto en los artículos 1097 y 1684
del Código Civil.
En lo que se refiere a la demanda subsidiaria, la actora expresó que el
precio de venta del inmueble ya referido ascendió a la suma de
$12.500.000, cantidad que no se condice con el justo precio que debería
haberse pagado al tiempo de la celebración del contrato, el que a la fecha de
interposición de la demanda presentaba una tasación comercial no inferior a
$60.000.000.
b) La demandada al contestar la demanda solicitó su rechazo con
costas, oponiendo, en primer término, excepción de cosa juzgada,
sosteniendo que la misma pretensión ya se hizo valer por la actora en causa
Rol N°11.859, proceso que terminó con sentencia denegatoria firme y
ejecutoriada. En referencia a la nulidad absoluta del contrato de
compraventa referido, expuso que aquél se celebró reuniéndose todos los
requisitos que prevé el artículo 1793 del Código Civil. En cuanto a la
demanda subsidiaria de rescisión por lesión enorme, indica que la venta en
cuestión se efectuó de manera válida, desconociendo la contraria que en el
año 2006 el Servicio de Impuestos Internos realizó una readecuación de los
avalúos fiscales, equiparándolos al valor comercial de las propiedades,
determinando que la tasación del inmueble en disputa ascendía a esa época
a $22.285.750, evidenciándose que el precio que recibió el vendedor es
superior a la mitad del justo precio.
c) La sentencia de primera instancia rechazó la demanda principal de
nulidad absoluta del contrato de compraventa celebrado el 4 de octubre de
2006, por estimar que la actora no demostró la falta de capacidad del
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vendedor que alega. Sobre la acción subsidiaria, el sentenciador acogió la


reclamación de la actora, declarando que se rescindía el tantas veces
referido contrato, debiendo cancelarse la inscripción a nombre de la
compradora, no obstante lo cual dispuso que en la etapa de cumplimiento de
la sentencia, la demandada podía consentir en la rescisión o completar el
justo precio con la deducción de la décima parte.
d.- Recurrido el fallo de casación en la forma y apelación por la parte
demandada, una de las salas de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas lo
revocó en cuanto la condenó en costas, y lo confirmó en lo demás apelado;
TERCERO: Que, cabe consignar que la sentencia impugnada, fijó
como hechos inamovibles de la causa de acuerdo a los cuales corresponde
resolver los errores de derecho que se han reclamado, los siguientes:
a.- Con fecha 4 de octubre de 2006, don Antonio Segundo Oyarzo
Montiel vendió a doña Judith del Carmen Barrientos Bahamonde, la
vivienda ubicada en calle Tomás Rogers N° 198, de la comuna de Puerto
Natales, en el precio de $12.500.000, suma que se pagó al contado con
antelación a la suscripción del contrato.
b.- La referida propiedad se encuentra inscrita a nombre de doña
Judith del Carmen Barrientos Bahamonde a fojas 2236, número 615, del
Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces de Puerto Natales.
c.- El justo precio del bien raíz al tiempo de la celebración del contrato
ascendió a la suma de $52.372.210;
CUARTO: Que la recurrente, como ya se dejó enunciado, al instar
por la nulidad de la sentencia, sostiene básicamente que el vicio en que
aquélla incurrió consiste en haber dado “lugar en forma íntegra a la
demanda en circunstancias que habían acciones y derechos de la cónyuge
sobreviviente del vendedor y nada dice al respecto…”. En este mismo
sentido, argumentó que al haber demandado sólo doña Luz Eliana Oyarzo
Miranda y no doña Elsa María Viot Tapia -cónyuge sobreviviente- “no
había una legitimación activa para interponer la acción…”. Sostiene que en
el presente caso, todos los herederos deberían haber obrado por medio de
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un mandatario común, de manera que al no haberlo hecho así, sólo se debió


acceder a la demanda en relación con las acciones y derechos de la referida
Oyarzo Miranda;
QUINTO: Que entrando al análisis de los vicios denunciados, cabe
tener presente que el recurso de casación en el fondo, según lo dispone el
artículo 767 del Código de Procedimiento Civil, procede en contra de
sentencias que se hayan pronunciado con infracción de ley y cuando esta
vulneración haya influido substancialmente en lo dispositivo del fallo. Por
su parte, para que un error de derecho afecte esencialmente en lo resolutivo
de una sentencia, como lo exige la ley, aquél debe consistir en una
equivocada aplicación, interpretación o falta de aplicación de aquellas
normas destinadas a decidir la cuestión controvertida.
Como es posible advertir de lo denunciado por el recurrente a este
respecto, el arbitrio se limita a citar las disposiciones aludidas, olvidando el
carácter estricto del recurso de casación, cuyas exigencias se disponen en el
artículo 772 del Código de Procedimiento Civil, que debe entenderse en
armonía con lo previsto en los artículos 764 y 767 del mismo cuerpo legal.
De acuerdo a dichos preceptos se permite como único sustento de la
invalidación de la sentencia censurada el quebrantamiento de una o más
normas legales contenidas en la decisión. Por ello es menester que, al
interponer un recurso de la especie, el recurrente cumpla lo requerido por la
disposición en análisis, esto es, expresar en qué consisten él o los errores de
derecho de que adolece la resolución recurrida. En este orden de ideas, tanto
la jurisprudencia como la doctrina hacen consistir esos yerros en aquellos
que pudieron originarse por haber otorgado los sentenciadores un alcance
diferente a una norma legal respecto del establecido por el legislador, ya sea
ampliando o restringiendo el mandato de sus disposiciones; o por haber
aplicado una ley a un caso no previsto en ella o, por último, por haber dado
aplicación a un precepto legal en una situación ajena a la de su prescripción.
Aparte del cumplimiento del requisito enunciado en el párrafo precedente,
con idéntica rigurosidad, el mismo artículo 772 del Código de
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Enjuiciamiento Civil impone, a quien interponga un recurso de casación en


el fondo, la obligación de señalar en el respectivo escrito el modo en que él
o los errores de derecho que denuncia han influido sustancialmente en lo
dispositivo de la sentencia que trata de invalidar.
Atento a lo expresado, resulta innegable que el recurso que se analiza,
en lo que dice relación con las normas denunciadas, carece de
razonamientos concretos y precisos dirigidos a demostrar los errores de
derecho en que habrían incurrido los sentenciadores, constriñendo su
exposición a planteamientos generales en relación con los hechos, lo que no
se condice con la exigencia impuesta por el legislador.
Al respecto es útil tener en consideración que en el arbitrio en examen
se denuncia como infringidos los artículos 12, 13, 19, 21, 983 y siguientes
del Código Civil, sin embargo cuando se refiere en particular a algunos de
ellos, específicamente a los artículos 19 y 21, indica que pertenecen al
Código de Procedimiento Civil. En el mismo sentido no hay referencia
alguna, y menos examen, en relación con las normas referentes a los
artículos 12, 13, 983 y siguientes del Código Civil.
De lo dicho se desprende que el recurso en análisis no cumple con los
requerimientos previstos en el artículo 772 del Código de Procedimiento
Civil, esto es, expresar en qué consiste el o los errores de derecho de que
adolece la sentencia recurrida, toda vez que, como se manifestó, no se
vinculó la relación de hechos que a juicio de la demandada se habría
acreditado, con la vulneración de las normas que se denunció.
SEXTO: Que en otro orden de consideraciones, como se dejó
constancia en su oportunidad, el recurso en cuestión se basa,
fundamentalmente, en el hecho de que a juicio de la demandada, no podía
haberse acogido la pretensión subsidiaria en los términos en que lo hicieron
los sentenciadores del grado, por cuanto no había ejercido acción la
cónyuge sobreviviente del vendedor.
Sobre ello y bajo el prisma de los antecedentes de la causa, debe
consignarse que los recursos de casación en la forma y en el fondo tienen
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características comunes, entre ellas, la de ser de derecho estricto, lo que


significa que no basta para que prosperen que se trate de ciertas y
determinadas resoluciones, sino que también es necesario el cumplimiento
de una serie de formalidades en su interposición y tramitación, aspecto éste
que resulta de interés para lo que posteriormente se dirá. Sin embargo, son
recursos diferentes, puesto que el de fondo se refiere a infracción de normas
sustantivas o materiales, en cambio la casación formal dice relación con
vicios de normas adjetivas, formales o de procedimiento.
Asimismo, no cabe duda, también, que tienen finalidades diversas,
puesto que el de casación en el fondo persigue en su esencia la uniforme y
correcta aplicación de las leyes, unificando la interpretación judicial; en
cambio, el recurso de casación en la forma persigue la observancia de las
garantías procesales de las partes en el proceso y, tanto es así, que
tratándose de la nulidad formal, de ser acogida, ello puede acarrear
solamente que se retrotraiga la causa a un estado procesal determinado, lo
que no es posible si se trata de nulidad sustantiva.
Por lo mismo, si bien es cierto el artículo 770 del Código de
Enjuiciamiento Civil dispone que los recursos en comento deben
interponerse conjuntamente, esto en modo alguno puede significar que la
fundamentación respecto de ambos sea la misma o común.
Lo anterior aparece patente si se consideran los argumentos del arbitrio
de casación, ya que éste luego de entregar antecedentes en virtud de los
cuales el tribunal de segunda instancia rechazó el recurso de casación en la
forma que se interpuso en contra del fallo de primera instancia, expone que
existen fundamentos legales que permiten concluir que se ha producido una
infracción de ley, en atención a que tanto la sentencia de primer como de
segundo grado no contienen consideraciones para justificar la decisión de
acoger íntegramente la demanda, en circunstancias que existían acciones y
derechos de la cónyuge sobreviviente del vendedor, lo que importa un grave
quebrantamiento de la correspondiente obligación que afecta al fallo.
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SÉPTIMO: Que teniendo en consideración lo relacionado, la manera


en que se ha sido deducido el presente arbitrio, hace patente que sus
argumentaciones son propias de un recurso de casación en la forma y no de
fondo. Tanto es así, que en contra del fallo de primer grado, como se
adelantó, la demandada interpuso un arbitrio formal fundado en
razonamientos idénticos a los que ahora han sido utilizados por ella misma
para basar el recurso que se analiza en esta instancia, lo que por si resulta
improcedente, en atención al carácter de derecho estricto de ambos
remedios procesales;
OCTAVO: Que, sin perjuicio de lo razonado hasta aquí, cabe tener en
consideración que la cita de las disposiciones legales denunciadas por el
recurrente, expuestas previamente en el motivo primero -entendiendo que
son aquéllas referidas al Código de Procedimiento Civil y no al Código
Civil como erróneamente se consignó en el arbitrio- y los argumentos
esgrimidos en apoyo de sus afirmaciones en tal sentido, tienen por objeto
sustentar, fundamentalmente, que los sentenciadores de alzada habrían
incurrido en error de derecho al acoger la demanda de rescisión del contrato
de compraventa por lesión enorme, por estimar que al no haber ejercido
acción la cónyuge sobreviviente del vendedor, de forma que la pretensión
sólo debió ser aceptada en relación con los derechos que le correspondían a
la demandante como heredera de don Antonio Segundo Oyarzo Montiel;
NOVENO: Que, con miras a la resolución del asunto, y a la luz de los
planteamientos formulados en el arbitrio en cuestión, debe decirse que los
elementos identificadores del objeto del proceso, son la petición o
“petitum” y la “causa petendi” o causa de pedir. El primero, referido a
aquello que se pide del órgano jurisdiccional sea de condena, constitución o
declaración, y también aquello que en cada caso pretende se obtenga, la
prestación específica, se distingue entonces, entre la petición inmediata y la
mediata. Por su parte, la causa de pedir, es entendida como el fundamento
inmediato del derecho deducido en juicio.
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En el ámbito de la acción procesal, la causa de pedir es el fundamento


inmediato del derecho deducido en el juicio, definida en el artículo 177 del
Código Orgánico de Tribunales, se reconoce la causa con la pregunta: “por
qué se pide la declaración o reconocimiento del derecho". Permite
identificarla con el conjunto de hechos que fundamentan la petición, en
búsqueda de la identificación de los mismos a un aspecto concreto, los que
debidamente acreditados, persiguen se les apliquen determinadas
consecuencias jurídicas. Se tratará entonces, en los procesos constitutivos,
de los hechos a los que la norma vincula el efecto de crear, modificar o
extinguir la relación jurídica.
Sobre la base de lo previamente expuesto, los tribunales de justicia
deben ceñirse al principio de pasividad que rige su actuar, como al de
congruencia, determinado por los asuntos sometidos a su decisión. No
puede soslayarse que el principio iura novit curia del sistema dispositivo y
de aportación de partes viene a significar tan sólo la posibilidad que tiene el
juez de desvincularse de la fundamentación jurídica sustentatoria de las
pretensiones de cada litigante para la resolución de la controversia que ha
sido sometida a su conocimiento, sin apartarse de la causa de pedir. Dicho
principio permite, sin incurrir en incongruencia, dar a los hechos planteados
exclusivamente por las partes y que derivan de las probanzas rendidas, la
calificación jurídica que corresponda.
La causa de pedir, se presenta como el límite al que debe aplicarse el
derecho. La decisión debe atenerse a la causa petendi, con respeto a los
antecedentes fácticos, puesto que los hechos pertenecen a la exclusiva
disposición de las partes. No puede, por ende, variarse en la decisión
jurisdiccional el fundamento jurídico.
Alumbra también los razonamientos antes anotados el principio de
congruencia que busca vincular a las partes y al juez al debate. Por el
contrario, conspira en contra del necesario encadenamiento de los actos que
lo conforman, pues pretende dotarles de eficacia, y obsta a ella, la falta de
coherencia entre estas partes que conforman un todo. Surge así este
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principio que enlaza la pretensión, la oposición, la prueba, la sentencia y los


recursos, siendo la congruencia procesal en la sentencia un imperativo a
respetar por el magistrado al decidir la controversia. Se podrá sostener y
con razón, que no existe un conjunto de disposiciones que regulen la
institución, la estructure en sus presupuestos, requisitos y efectos, pero no
por ello es desconocida en nuestro ordenamiento, por cuanto se refieren a la
congruencia directa o indirectamente distintas normas, entre las que se
cuenta la que regula el contenido de las sentencias. En general la
congruencia es la debida correspondencia entre las partes que componen un
todo. Jurídicamente se puede decir, que es el principio conforme al cual
debe existir conformidad entre todos los actos del procedimiento,
aisladamente considerados, que componen el proceso. Si bien se pone
énfasis por la doctrina en resaltar los nexos entre las pretensiones sostenidas
por el actor y la sentencia, no se puede desconocer que tiene igualmente
aplicación en relación con la oposición, la prueba y los recursos, según se
ha expresado, pero encuentra su mayor limitación en los hechos, puesto que
en cuanto al derecho aplicable, al juez le vincula otro principio: iura novit
curiat, en el sentido que el juez conoce y aplica el derecho, sin que ello
afecte la causa petendi, según ya se adelantó.
El sano entendimiento y armonía de estos principios origina la
conclusión que, inclusive al referirse el juez al derecho, puede existir
contravención al principio de congruencia o de vinculación a la litis,
infracción que sin duda se producirá si se desatiende lo que son su objeto y
causa. De esta forma la libertad del juez para interpretar y aplicar el
derecho, queda delimitada por el principio de congruencia, el cual le otorga
el marco de su contenido;
DÉCIMO: Que, conforme a lo previamente razonado, el imperativo
que limita el pronunciamiento jurisdiccional a la causa petendi formulada
por la parte en el libelo de demanda, constituye un postulado al que debe
sujetarse tanto el tribunal como las partes en los diversos estadios
procesales, de forma tal que pesa sobre estas últimas limitar sus
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pretensiones sometidas al tribunal de la instancia, así como las revisiones


posteriores que pretenda, a la causa de pedir contenida en la demanda.
UNDÉCIMO: Que por otra lado, pero en íntima relación con lo
precedentemente anotado, resulta imprescindible traer a colación lo
normado en los artículos 160 y 170 N° 6 del Código de Procedimiento
Civil.
La primera de estas disposiciones legales -consideradas como
expresión positiva de uno de los principios formativos del proceso al que ya
se ha hecho alusión: el de la congruencia- estatuye que las sentencias deben
pronunciarse conforme al mérito del mismo, no pudiendo extenderse a
puntos que no hayan sido expresamente sometidos a juicio por las partes
(salvo en cuanto las leyes autoricen o permitan proceder de oficio).
El segundo de los preceptos antes señalados, en consonancia con el
recién transcrito, establece que el segmento resolutivo de la sentencia debe
circunscribirse al asunto controvertido, el cual abarca todas las acciones y
excepciones que se hayan hecho valer en juicio.
Sabido es, por otro lado, que las partes plantean sus pretensiones al
tribunal en los escritos relevantes del proceso: el actor, en el libelo de su
demanda y el demandado, en el de su contestación a la misma, según se
colige de lo que se establece en los numerales 4° del artículo 254 y 3° del
artículo 309, ambos de la misma codificación;
DUODÉCIMO: Que la referencia a esta preceptiva resulta atinente, a
propósito de los planteamientos vertidos en el recurso que se analiza, pues,
como en su oportunidad, se dejó consignado, la controversia de autos se
estructuró con la pretensión de la actora –en lo que interesa al presente
recurso- enderezada a la declaración de rescisión por lesión enorme del
contrato de compraventa ya citado; y la defensa opuesta por la demandada,
quien sólo alegó en relación con la demanda subsidiaria que la compraventa
del bien en cuestión es válida, puesto que el Servicio de Impuestos Internos
en el año 2006, readecuó los avalúos fiscales, equiparándolos al valor
comercial de las propiedades, de forma que el bien raíz en disputa a esa
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época ascendía a la suma de $ 22.285.750, con lo que se acredita que el


valor que recibió el vendedor fue superior a la mitad del justo precio.
Luego, nada dijo en el trámite de la dúplica, puesto que éste se tuvo por
evacuado en rebeldía de la demandada.
El sentenciador de la instancia, ateniéndose a los límites, así
determinados, del conflicto sometido a su decisión, acogieron la demanda
en los términos anteriormente indicados, desechando las alegaciones con
que se pretendió enervarla por parte del demandado;
DECIMOTERCERO: Que así las cosas, la impugnación sobre
vulneración de los preceptos normativos que se acusan transgredidos,
importa el planteamiento de una serie de alegaciones nuevas y, como tales,
es necesario recordar que resulta improcedente hacer valer una o más
causales de casación, fundadas en la infracción de disposiciones legales que
tratan materias distintas de las discutidas en el juicio, las que, por lo demás,
no fueron citadas por las partes en la etapa de discusión, para efectos de
conceder a la contraria la posibilidad de manifestar su parecer sobre la
pertinencia de aplicarlas al caso sub lite, lo que obviamente, de aceptarse,
atentaría contra el principio de bilateralidad de la audiencia.
Esta inadmisibilidad se impone, además, por cuanto no han podido ser
infringidas por los magistrados del fondo disposiciones legales que no han
sido impetradas por las partes al sustentar sus excepciones, alegaciones o
defensas. Es así como, los jueces de segunda instancia al pronunciarse
sobre las pretensiones expresadas por el apelante expusieron que: “en
cuanto a la falta de legitimación activa de la demandante, se rechazará esta
alegación por no haber sido materia de la defensa del recurrente en la
instancia, en consecuencia, no fue cuestión resuelta por la sentencia apelada
y carece de competencia este tribunal para pronunciarse sobre ella.”.
Como se desprende de lo anotado, la recurrente intenta introducir
alegaciones nuevas en esta sede, en la medida en que discute la falta de
legitimidad activa de la demandante, en circunstancias que ello no fue
materia de discusión, para lo cual basta observar la resolución que recibió la
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causa a prueba, la que sólo contempló como cuestiones controvertidas la


capacidad del vendedor para manifestar su voluntad al momento de celebrar
el contrato de compraventa; las estipulaciones del mismo; y el justiprecio de
la cosa vendida al 4 de octubre de 2006.
DECIMOCUARTO: Que de la manera propuesta, las críticas de
ilegalidad que el recurso de casación en el fondo dirige en contra de la
sentencia cuya invalidación persigue, y que medularmente estriban en que
no resultaba procedente acoger íntegramente la demanda, en atención a que
no ha sido interpuesta por la totalidad de aquellos que representan los
derechos del causante, vienen a constituir -semejantes reproches- cuestiones
que no formaron parte del debate producido entre las partes y que, por ende,
fueron extrañas a la controversia.
En este contexto procesal, acorde con lo estatuido en la normativa
que se citó en el fundamento undécimo, la sentencia redargüida no tenía por
qué abordar un asunto ajeno a la controversia que las partes propusieron
para su decisión;
DECIMOQUINTO: Que, en lo que a este punto concierne, tanto la
doctrina como la jurisprudencia, desde antiguo emanada de esta Corte, se
encuentran acordes en el sentido de que resulta improcedente fundamentar
un recurso de casación en el fondo en cuestiones que, en razón de haber
sido extrañas a la discusión formalmente producida en el proceso, no
pudieron ser consideradas ni resueltas en la sentencia que, por vía de
semejante arbitrio, se pretende invalidar.
Así las cosas, esta Corte se encuentra impedida de revisar cualquier
aspecto del recurso de casación en el fondo al que se viene haciendo
referencia, puesto que los términos en que éste fue formulado se aparta de
los postulados que las partes han sometido a su conocimiento y resolución,
al constituirse en alegaciones que no han sido debidamente incorporadas y
desarrolladas en el debate, por lo que no habiendo formado parte de la
controversia, cuyo marco quedó fijado con la demanda y las defensas y
excepciones opuestas por la demandada, este Corte no puede pronunciarse
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sobre ellos. Consecuentemente, no pueden constituir errores de derecho las


infracciones que se atribuyen al fallo en este sentido, razón por la cual el
recurso en estudio debe ser desestimado;
DECIMOSEXTO: Que sin perjuicio que lo ya razonado es suficiente
para rechazar el presente recurso de nulidad sustancial, es necesario
efectuar algunas consideraciones en cuanto al fondo de la controversia que
ha sido planteada por la demandada a través de este arbitrio.
Al respecto es útil precisar que el error de derecho que se denuncia por
la vía de este recurso de casación en el fondo, se centra en la falta de
legitimidad activa de la actora para ejercer la acción de rescisión por lesión
enorme, al no haber comparecido a los autos la otra “heredera” del
vendedor, su cónyuge sobreviviente. Así –según se dice en el arbitrio- la
demanda debió ser acogida sólo en relación a los derechos y acciones que
correspondían a doña Luz Oyarzo Miranda, sin perjuicio que en otros
pasajes del recurso en análisis afirma, en cambio, que la demanda debió ser
rechazada en su totalidad. Para los efectos de fundar la casación en el fondo
afirma que se ha producido la infracción de los artículos 12, 13, 19, 21, 983
y siguientes del Código Civil. Ahora bien, como ya se señaló en su
oportunidad, cuando el recurrente desarrolló los errores de derecho en los
que, a su juicio, habría incurrido el fallo de la instancia, lo basa en la
infracción del artículo 19 del Código de Procedimiento Civil, argumentando
en relación con el concepto de parte y de los alcances que tiene el término
“sucesión”, para los efectos de concluir que en este caso, el vendedor –don
Antonio Oyarzo Montiel- dejó dos herederos –la demandante y su cónyuge
sobreviviente- y que al haber demandado sólo una de ellas –la primera- la
demanda sólo debió ser acogida a su respecto.
DECIMOSÉPTIMO: Que como lo dice el juez a quo, del mérito de
la copia de la escritura pública respectiva, consta que don Antonio Oyarzo
Montiel vendió a doña Judith Barrientos Bahamonde, por escritura de 4 de
octubre de 2006, el inmueble que en ella se indica, en la suma de $
12.500.000, la que se pagó al contado con antelación a la suscripción del
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contrato, y que fue recibida a satisfacción. Además se estableció que la


referida propiedad se encuentra inscrita a nombre de doña Judith del
Carmen Barrientos Bahamonde a fojas 2236, número 615, del Registro de
Propiedad del Conservador de Bienes Raíces de Puerto Natales.
Luego, según consta de la documental aparejada al proceso, doña Luz
Eliana Oyarzo Miranda y doña Elsa Vios Tapia, constituyen la sucesión
hereditaria del vendedor don Antonio Oyarzo Montiel, habiendo
comparecido sólo la primera de ellas en este juicio requiriendo la nulidad
absoluta de la referida compraventa y, en subsidio, su rescisión por lesión
enorme;
DECIMOCTAVO: Que seguidamente, debe decirse, que hay lesión
enorme cuando el precio que recibe el vendedor es inferior a la mitad del
justo precio de la cosa o cuando éste es inferior a la mitad del precio que
paga por ella el comprador, y así se desprende de lo dispuesto en el artículo
1889 del Código Civil.
Para que una venta sea rescindible por lesión enorme deben reunirse
un conjunto de requisitos, sin los cuales esta acción no tiene cabida, a saber:
1°.- Que el vendedor o comprador sufran lesión enorme en los términos del
artículo 1889; 2°.- Que la venta en que ésta incida sea de aquellas que
pueden rescindirse por lesión enorme (artículo 1891); 3°- Que la cosa
vendida no haya sido enajenada por el comprador (artículo 1893); 4°.- Que
la cosa vendida no haya perecido fortuitamente en poder del comprador
(artículo 1893); y 5°- Que la acción se entable dentro del plazo legal que
contempla el artículo 1896 (Arturo Alessandri Rodríguez, De la
Compraventa y Promesa de Venta, Tomo II, Volumen 2, página 1061);
DECIMONOVENO: Que en la situación en estudio no existe
controversia, según se desprende del mérito de las argumentaciones
desarrolladas en el recurso de casación en el fondo, acerca de la
concurrencia de todos y cada uno de los presupuestos mencionados en la
reflexión anterior;
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VIGÉSIMO: Que el vendedor que demanda la recisión del contrato de


compraventa de un inmueble por lesión enorme, debe acreditar dos hechos
sustanciales: a) el justo precio del bien raíz vendido al tiempo del contrato;
y b) que el precio que ha recibido es inferior a la mitad del mismo.
Dado que el legislador no ha señalado una definición del “justo
precio”, la determinación de este concepto normativo ha quedado entregada
a las circunstancias particulares de cada asunto en que sea menester su
dilucidación, para lo cual habrá de estarse al valor normal, común y
corriente o de mercado de la cosa al tiempo de celebración del contrato;
esto, pues la lesión emerge “de la diferencia existente entre el valor
monetario que tiene lo que se ha dado, en comparación del que tiene lo que
ha recibido”. (Oscar Luis Infante, Estudio Crítico de la Jurisprudencia del
Párrafo 13° del Título XXIII del Libro Cuarto del Código Civil). La fijación
del “justo precio” es inherente a la acción de lesión enorme, prevista en el
artículo 1889 del Código sustantivo, constituyendo uno de sus elementos
indispensables, ya que una vez determinado aquél el tribunal está en
condiciones de comparar ese precio con el que se haya convenido por las
partes, y luego decidir si hubo o no lesión enorme;
VIGÉSIMO PRIMERO: Que además del vendedor o del comprador,
la acción de lesión enorme pueden ejercitarla sus herederos, a quienes se
transmiten todos sus derechos y acciones según el artículo 1097 del Código
de Bello (Alessandri, obra ya referida anteriormente, N° 1994, página
1113). En la situación de autos, el tribunal de segunda instancia desestimó
las argumentaciones desarrolladas por la demandada -sólo en la apelación-
señalando: “Que en cuanto a la falta de legitimidad activa de la
demandante, se rechazará esta alegación por no haber sido materia de la
defensa del recurrente en la instancia, en consecuencia, no fue cuestión
resuelta por la sentencia apelada y carece de competencia este tribunal para
pronunciarse sobre ella”.
VIGÉSIMO SEGUNDO: Que en la acción por lesión enorme, y
ahora, en lo que interesa a la controversia introducida por el recurso de
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nulidad, el bien de que se trata debe ser considerado como un todo, no por
parcialidades, según los derechos de los herederos en la universalidad de la
herencia. Lo anterior se produce por ser una acción declarativa, en que el
justo precio se pondera respecto del bien en su conjunto. Una vez obtenida
la rescisión, las obligaciones restitutorias se ejecutarán individualmente,
puesto existe entre los herederos un mandato tácito y recíproco en el
accionar, que sólo es posible considerarlo hasta la declaración, luego cada
heredero deberá instar por la singularización a su respecto de los derechos
que se derivan de la nulidad.
Explicando lo anterior -en un caso diverso- Robert Joseph Pothier
señala: "Si a consecuencia de la demanda presentada sobre realización de
toda la cosa, que uno de mis herederos hubiese dado contra el deudor, a ese
deudor, por no cumplir con su obligación, se la condena a pagar daños y
perjuicios; al heredero no podrá exigírselo sino para aquella parte de que él
es heredero". (Tratado de las Obligaciones, Editorial Helioste, año 2007,
página 189.)
VIGÉSIMO TERCERO: Que uno de los resultados del ejercicio de
la acción intentada, por uno de los herederos, es la restitución del inmueble
materia de la compraventa a la comunidad de la cual forman parte y, en tal
virtud, es dable concluir que la formulación de dicha acción corresponde a
un acto dirigido a la conservación de la cosa común y que, por lo mismo, en
su condición de comuneros están facultados para interponerla conforme se
infiere de lo dispuesto en el artículo 2305, en relación con lo prevenido en
los artículos 2078 y 2081, todos del Código Civil. En efecto, lo expresado
es pertinente y aplicable, dado que la acción interpuesta debe ser deducida
en tiempo, y antes de que se pierda definitivamente la posibilidad de
invocarla, por lo que indefectiblemente es un acto de conservación del
objeto común, según la interpretación armónica de los preceptos antes
aludidos. No se trata de un acto de disposición, sino de conservación del
patrimonio. El antes expresado artículo 2305 consagra respecto de cada uno
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de los comuneros sobre la cosa común, el denominado mandato tácito y


recíproco;
VIGÉSIMO CUARTO: Que tampoco puede pasarse por alto que si la
demandada se percató que la acción no era ejercida por todos los herederos,
se pudo poner a cubierto haciendo uso de la facultad que le confiere el
artículo 21 del Código de Enjuiciamiento Civil y, sin embargo, no lo hizo.
A mayor abundamiento, sobre el particular se ha dicho: “A fin de
evitar futuros pleitos y obtener los efectos de la cosa juzgada, el demandado
no puede sin más ni más atacar la acción de un comunero por falta de
autorización o poder de los otros copartícipes. Para lograrlo debe pedir que
se ponga la demanda en conocimiento de los comuneros que no
concurrieron a entablarla, en ejercicio del derecho que le otorga el artículo
21 del Código de Procedimiento Civil.” (C. Santiago, 19 de mayo de 1959,
RDJ T.56, secc. 2ª, pág.29);
VIGÉSIMO QUINTO: Que junto a lo anterior, resulta propicio
recordar que, conforme a lo prescrito en el artículo 2305 del Código Civil,
el derecho de cada comunero sobre la cosa común es el mismo que el de los
socios en el haber social y, según esto, con arreglo a la norma del artículo
2081 de la mencionada Codificación, en caso que no se haya otorgado la
administración a uno o más de los socios -aquí comuneros- se entenderá que
cada uno de ellos ha recibido de los demás el poder de administrar con la
facultad de cuidar de la conservación, reparación y mejora de los objetos
que conforman el haber social -el haber común acá- entre otras. Ese
mandato tácito y recíproco entre los socios, extrapolado a los integrantes de
una comunidad en lo que toca a la administración de la cosa común, lleva a
sostener el derecho que éstos tienen, individualmente considerados, para
salvaguardar ese patrimonio indiviso; paradigma de conservación que
precisamente viene a encarnar la acción ejercida en autos, encaminada a
instar y obtener la prevalencia del derecho de propiedad en juego frente al
adquirente del bien discutido, en este caso el inmueble sub lite, preservando
con ello el haz hereditario. Ergo, los argumentos proporcionados por la
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demandada en abono de la falta de legitimación activa de la demandante, no


son bastantes para tener por neutralizada la prosecución del juicio con uno
de los integrantes de la sucesión hereditaria;
VIGÉSIMO SEXTO: Que de acuerdo con lo señalado procede
concluir que el recurso de casación en el fondo intentado debe ser
desestimado.
Y de conformidad, además, a lo preceptuado en los artículos 764 y 767
del Código de Procedimiento Civil, se declara que se rechaza, sin costas, el
recurso de casación en el fondo deducido en lo principal de fojas 203, por
el abogado don Jaime Romero Donoso, en representación de la parte
demandada, en contra de la sentencia de dieciocho de mayo de dos mil
once, escrita a fojas 200 y siguientes.
Regístrese y devuélvase con sus agregados.
Redacción a cargo del Ministro señor Silva G.
Rol Nº 5549-2011.
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Adalis Oyarzún M., Sergio
Muñoz G., Juan Araya E., Guillermo Silva G. y Carlos Cerda F.
No firman los Ministros Sres. Oyarzún y Muñoz, no obstante haber concurrido ambos a la vista del
recurso y acuerdo del fallo, por estar con licencia médica el primero y en comisión de servicios el
segundo.

Autorizado por la Ministra de fe de esta Corte Suprema.

En Santiago, a quince de marzo de dos mil doce, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario la resolución
precedente.

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