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FRANCO

Héroe cristiano
en la guerra
FAUSTINO MORENO VILLALBA

FRANCO
Héroe cristiano
en la guerra

MADRID
1985
INDICE

Pag.

PROLOG O ........................................................................................................ 9

IN T R O D U C C IO N ......................................................................................... 13

EDUCACION CRISTIANA Y PATRIOTICA 15

E L H E R O E D E A F R IC A ......................................................................... 31

E L G E N E R A L M A S J O V E N D E E U R O P A .................................. 51

LA C R U Z A D A ................................................................................................. 73

JE F E D E L ESTADO .................................................................................... 99

LA IG L E S IA CON F R A N C O .................................................................. 125

C O N S O L ID A C IO N ...................................................................................... 153

PROGRESO ...................................................................................................... 1 93

JU S T IC IA S O C IA L ...................................................................................... 215

T E R C E R AÑO T R I U N F A L .................................................................... 237

AÑO D E LA V I C T O R I A ............................................................................ 263

HA L L E G A D O LA P A Z ............................................................................... 289

A P E N D I C E ......................................................................................................... 305

B I B L I O G R A F I A ............................................................................................... 3 l3
COLECCION
A. L. A. DE ALCORCON
0 FAUSTINO MORENO VILLALBA. 1985.
Apartado de Correos 224. ALCORCON (Madrid)
I.S.B.N.: 84-398-4512-X.
Depósito legal: M-27.953-1985
Impreso en DEL PERAL A rtet Gráficas
Impreso en Espafia. Printed in Spain.
A mis padres, Eugenio M. Fernández y
Manuela V. Alonso, en testimonio del ca­
riño filial y fidelidad al lema «Dios, Patria
y Familia» que ellos me enseñaron, que
atacó la República y que el Caudillo
entronizó en España consagrándose a él
plenamente.
PROLOGO

Don Faustino Moreno es un sacerdote, nada más. No un


historiador, ni un novelista, ni un ensayista, ni un político.
Un sacerdote que ejerce su ministerio y está acostumbrado
a la escasez de medios, a la sencillez y a la verdad. Ahora
habría que decir un sacerdote, nada menos. Y este hombre,
todavía joven, que se siente y es parcela del pueblo de Dios
.V que contempla las cosas no desde las alturas de los pues­
tos de mando sino desde la línea del horizonte en que se
mueven los que no son sino pueblo, ha em pezado, hace
años, a preguntarse por la conducta de Franco. A él nada le
importan los términos capciosos de los historiadores de
moda, que hablan de «católicos oficiales», «colaboracionis­
tas», o del «nacional-catolicismo», que es el modo indirecto
también de desprestigiar, sin que parezca que lo hacen.
Ahora, al cabo de algunos años de publicar artículos en
una revista que él mismo ha creado, Alcorcón Gráfico, don
Faustino presenta un libro en que recoge, refunde y comple­
ta todos esos artículos buscando en ellos un hilo conductor,
la conducta de Franco en cuanto católico: y de una manera
especial en los años terribles de ¡a guerra civil. Para él no
ofrece duda el hecho de que dicha guerra fu e una cruzada
puesto que se estaba jugando el ser o no ser del catolicismo
en España. También sabe que fu e otras muchas cosas, pero
esas otras a él, como sacerdote, le importan poco. Pues la

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pregunta fundamental que, como otros españoles se hace,
es ésta: «sin Franco, ¿hubiera podido llegar a mi la simiente
de la vocación cristiana?». En un mundo descristianizado,
¿habría sido sacerdote, habría sido simplemente católico?
La clave de estas preguntas, tan difíciles de entender por los
hombres de nuestros días, es que el ser católico es lo más
importante, lo único importante en su vida.
Al llegar a este punto, leyendo el manuscrito que es una
forma bastante incómoda de lectura, a m í mismo me asal­
tan idénticas preocupaciones. Sin Franco, sin su catolicismo
profundo —aun admitiendo toda clase de errores contin­
gentes en un hombre de Estado— una o dos generaciones
de españoles, cuando menos, hubieran estado desprovistas,
como hoy lo están, de ese bien absoluto, que es la fe católi­
ca. Y esto no es fanatismo, porque el fanatismo se caracte­
riza por el odio hacia todos aquellos que no profesan nues­
tras ideas y creencias, y el libro de don Faustino está escrito,
contrariamente, con amor. Por eso es gratificante. Vivimos
un tiempo, esta segunda mitad del siglo XX, en que parece
que el odio impera como norma de conducta. En los medios
de comunicación, en las novelas, el teatro o el cine, se
difunden los posos de amargura que deja el odio. Y cuando,
algunas veces, aparece un escritor que pretende lo contra­
rio. los expertos del mundo — que son expertos en odio y
amargura— se inclinan despectivamente y dicen: apología,
hagiografía, blandenguería.
En este libro imperan exactamente los sentimientos con­
trarios. Franco —dice su autor— fu e un católico desde el
principio al fin de su vida y antepuso esta condición a cual­
quier otra circunstancia. De modo que cuando le correspon­
dió dirigir una guerra que él no había provocado, o cuando
hubo de ejercer funciones de Jefe de Estado, puso el cum ­
plimiento de sus deberes como católico en el primer plano.
De ahí que cuando se recogen noticias, en la prensa o en los
libros, sea posible descubrir como una doble línea, la de su
actuación privada, un católico más, y la de su actuación p ú ­
blica de sumisión completa a la Iglesia. Las variaciones en
¡a legislación española, que efectivamente se produjeron
durante este largo periodo de más de 30 años, obedecen a

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iniciativas de la Iglesia más que a iniciativas del Estado.
La importancia de la acción personal, especialmente en el
momento de la guerra civil, me parece fuera de toda duda.
Cuando se produjo el alzamiento militar, en 1936, sólo una
parte de los que recurrían a las armas para salvarse de una
República que derivaba hacia una dictadura de Partido,
creía verdaderamente hacerlo por Dios y por España, como
acordaran Mola y los tradicionalistas. M uy pronto la p re ­
sencia de consejeros alemanes e italianos, amenazó con des­
viar el Movimiento hacia modelos muy diferentes. La p re ­
sencia de Franco actuó como decisivo elemento de rectifica­
ción. El tuvo el empeño de que España volviera a ser
católica.
Tal fue el ensayo que don Faustino pretende exponer a
los lectores desde una óptica original: la de indagar, por
medio de noticias, discursos >’ actos, si efectivamente fu e
Franco el católico que pretendía ser. La respuesta es abier­
tamente positiva. También, a su juicio, los resultados: sigue
viva la simiente de catolicismo radical que Franco custodió
para que germinara.
Por último, debo subrayar que, por sus artículos publi­
cados sobre Franco, el autor de este libro mereció en 1983
el Premio Nacional de Periodismo de la Fundación Nacional
Francisco Franco.

Luis Suárez Fernández


INTRODUCCION

A l ensalzar los beneficios de la Historia a la humanidad,


lo primero que aflora es su definición como «Maestra de la
vida».
A m í siempre me resultó muy elocuente la estrofa que
aprendí de un viejo periodista liberal, recogido en el asilo
del Rey en Toledo, donde le conocí en 1954. E l renegaba sin
conmiseración de los políticos liberales, en cuyo honor que­
mó el incienso de sus artículos más inspirados, consciente
incluso de que no se los merecían. Decía así:

«La historia y los desengaños


son dos amigos leales,
que despiertan al dormido
y enseñan al que no sabe,
aunque a veces sea tarde.»

Para el caso, afirma lo mismo que la definición registra­


da anteriormente. Otra sentencia de este anciano que nunca
se me olvidó fu e la siguiente: «Para mí, los hombres buenos
son aquellos que son consecuentes con su conciencia y m a­
los los que hacen lo contrario». No es que esta frase sea
ningún descubrimiento para que yo la cite aquí. Pero es
que, aplicándola al Caudillo, aquel desengañado periodista
se deshacía en elogios a su persona. Y como comprenderán

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mis lectores esto es lo que nos importa a nosotros. Porque lo
mismo que hablaba este hombre, en 1954, hablaron todos
los que yo he conocido hasta ¡975. Ahora, sin embargo,
surgen quienes declaran lo contrario y urden impunemente
tergiversaciones y falsedades contra la brillante trayectoria
de Francisco Franco.
Por lo mismo, yo me he dedicado a examinar el pasado
del Generalísimo, v he de confesar m i sorpresa al ver que su
vida discurrió como ¡a de un auténtico héroe cristiano.
Siempre fue consecuente con su conciencia.
He comprobado que todo lo que se difunde en contra de
este concepto es mentira o, a lo peor, verdades a medias
manipuladas vilmente por el revanchismo, la venganza, la
envidia o la ignorancia. Entre los jóvenes, singularmente,
por la ignorancia.
Yo estoy persuadido de que, si muchos españoles conocie­
ran realmente la Historia, despertarían de su «sueño» y
aprenderían ¡o que no saben, terminando por rendir a
Franco el homenaje de su admiración y gratitud. Harían
sencillamente el acto de justicia que merece. Gracias a su
caudillaje. España llegó a ser más culta, religiosa, libre y
próspera que había sido nunca. Y éste es el objeto del pre­
sente librr>.

Faustino Moreno Villalba


EDUCACION CRISTIANA Y PATRIOTICA

«Paquito es pequeñajo para su edad. Es muy formal y tími­


do, aunque simpático en sus juegos. Es como cualquier otro
muchacho. Un chico corriente y aplicado sin sobresalir. Es
muy hábil para pintar, pero nada más.» Así se expresaba su
abuelo materno, don Ladislao Bahamonde Ortega de Castro,
cuando hablaba a los amigos de este nieto. Franco contaba
entonces ocho años de edad. Era por el 1900.
«Ha sido el personaje más importante de España en los
últimos trescientos años.» «Hacía siglos que no había existido
en España un hombre de la personalidad de Franco.» «Ha
sido todo un carácter consecuente con los postulados de su
propia conciencia.» «Todo un héroe entregado a la mayor glo­
ria de Dios y de España»... Así se expresaba la opinión pública
española el día de la muerte de Francisco Franco Bahamonde,
el 20 de noviembre de 1975.
El gran Papa Pío XII, según el obispo de Vitoria en «In­
formaciones» del 1 de octubre de 1951, había llegado a
decir: «El Caudillo Francisco Franco es el hijo predilecto y
el más querido de la Iglesia entre los Jefes de Estado».
¿Qué había sucedido, pues, entre el año 1900 y 1975?
Esta sorprendente transformación fue el fruto de su fideli­
dad a las enseñanzas que había recibido desde la infancia. Fue
el fruto de una fe inquebrantable en su propia superación. Fue
el fruto de una fuerza de voluntad firme en el cumplimiento
del deber, según le dictan su conciencia y su formación, cuya
meta es el servicio a Dios y a España.

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LA PATRIA CHICA

El Ferrol, en la infancia de Franco, era una vieja y


pequeña ciudad costera de La Coruña. Solamente censaba
20.000 habitantes. Aparecía como una población tranquilísi­
ma, arrullada por ciertos recuerdos históricos del pasado y
envuelta en la vida rutinaria del puerto y de los afanes agríco­
las y ganaderos, a que es propicio el terreno.
Todo esto, no obstante, la presencia de marinos y soldados
en las calles influye para que floten en el ambiente las hazañas
y desgarros que han costado a España las últimas terribles
derrotas en las posesiones perdidas de Ultramar.
Por otra parte, en El Ferrol están la parroquia y los cole­
gios dirigidos por sacerdotes y religiosas.
Con frecuencia se mezclan los toques de las campanas de
la iglesia con los toques de las cornetas del cuartel.
Las impresiones, por lo tanto, que envuelven los primeros
años de Francisco Franco están inspiradas por el sentido de
Dios y Patria en la vida. Es el concepto del «español mitad sol­
dado y mitad monje».
Fueron sus padres don Nicolás Franco Salgado-Araujo y
doña Pilar Bahamonde y Pardo de Andrade. Cuando se casa­
ron. él contaba treinta y cuatro años y era Contador de navio;
ella diez menos y de profesión: sus labores.
Nuestro personaje nació el día 4 de diciembre de 1892, y
fi e oautizado en la iglesia militar de San Francisco el día 17,
.ono era habitual en la región gallega.

DOS A PILAR
Francisco o Paquito, como le llamaron pronto familiar­
mente. creció rodeado de los cuidados maternales de doña
Pilar, como los demás hijos y, como éstos, Paquito iría graban­
do en su mente los consejos, los rezos y modos de comportarse
Ljue aprendía de su madre. Su padre, por razones del cargo,
permanecía ausente temporadas en largos viajes.
Sobre la fisonomía de doña Pilar, he aquí lo que escribe
Luis Ramírez, biógrafo hostil de Francisco Franco:
«Lo que sí aporta Pilar Bahamonde al matrimonio es la
El matrimonio Franco-Bahamonde con su hijo

serenidad de una mujer que procede también de la clase


media, pero con más entronque rural y con una historia vieja
de linaje importante. Procedente de Vigo, con ilustres antepa­
sados de ese apellido, entroncados con algunas familias ilustres
de la intelectualidad autóctona, tiene las características de la
clase media rural, más sana que la ciudadana, más abierta
por estar más en contacto con el pueblo, más cerca de la tierra...
Pilar Bahamonde es una mujer suave como el paisaje de la
tierra, melancólica como los prolongados espacios de tiempo
lluviosos que lo impregna todo de una húmeda suavidad. Tie­
ne un pálido rostro ovalado y unos ojos tristes. Un cierto halo
de resignación y una frecuente invocación al pesimismo en su

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rmraaa.»
«Doña Pilar -escribe Ricardo de la C ierva- vestía siempre
a la antigua, lo que realzaba su hermosa presencia. Su vida
espiritual era sencillamente auténtica. Acudía cada tarde al
rosario, pero también participaba en las actividades de una
escuela nocturna para hijos de obreros. Vivió sin una queja, sin
un alarde. Murió durante una visita a Madrid, el 28 de febrero
de 1934. al borde de los setenta años, a consecuencia de una
pulmonía que contrajo a la salida de misa. Ninguna otra perso­
na ha influido como ella en el carácter y en la vida de Francis­
co Franco.»
«Mi madre era una santita. Se esforzó cuanto pudo en edu­
carnos bien y en orientamos en la vida —recordaría con los
años la hermana del Caudillo en cierta entrevista a «La A c­
tualidad Española»—. Mi madre, desde bien pequeñitos,
nos llevaba con ella a la iglesia y nos enseñó a rezar el rosa­
rio. A ella se parecía mi hermano Paco en el carácter y físi­
camente participaba de mis padres por igual poco más o
menos».
Antes que Paquito había nacido Nicolás y después vinieron
Pilar, Ramón, el famoso héroe del Plus Ultra, y Pacita. La
pequeña sería, como es natural, la muñeca de los hermanos,
por la que éstos se desvivirían en mimos y halagos. Pero cuan­
do la niña contaba ya cuatro años, la perdieron. Pacita murió.
La madre buena tiene que consolar a los hijos con la frase
corriente en los labios de todas las madres cristianas: «Dios lo
ha querido así. bendito sea, hijos míos», «a Pacita se la ha lle­
vado la Virgen del Chamorro, nuestra Madre del cielo, para
que sea desde allí nuestro ángel», «Pacita pedirá por nosotros
en el cielo». Y no cabe duda que estas frases serían el bál­
samo más reparador en el corazón herido de los pequeños her­
manos y un acicate a la evocación sobrenatural.
La Virgen del Chamorro es una advocación de María
Santísima, cuya ermita se alza próxima a El Ferrol, y a la cual
doña Pilar profesaba singular devoción y encomendaba a sus
hijos.
Todavía muy niño, Paquito recibe el sacramento de la
Confirmación y después ingresa en el colegio del Sagrado Co­
razón .
El cariño filial de
Franco por su madre ha sido
subrayado por todos los
historiadores. George Hills,
historiador británico, escribió
de él: «Su pietas o sentido del
deber hacia su madre duró
toda su vida». Después de
cada combate, Franco envió
siempre a su madre un
telegrama con este escueto
mensaje: «Yo salvo». Franco,
viendo a su madre en cada
mujer, siempre las respetó y
benefició como
todo un caballero.

EL COLEGIO

El colegio del Sagrado Corazón en El Ferrol era un centro


modesto de primera enseñanza, dirigido por sacerdotes forma­
dos en el más puro espíritu tradicionalista. Para ellos el libera­
lismo era pecado. Así es que ya es de suponer el ambiente en
que Franco aprendió las primeras letras.
A los diez años, según norma de la época, recibiría la Pri­
mera Comunión, acto culminante de la religiosidad infantil.
¡Con qué emoción se darían cita en la preparación <ie Paquito
el celo del sacerdote del colegio y la piedad de su madre, que
había sido catequista!
Se acercó a la Sagrada Eucaristía con traje de marinero, de
azul marino. ¿Sería para él un acontecimiento del más profun­
do significado ir vestido de militar de la Patria a recibir a Dios?
Seguramente, Franco no fuera consciente de la transcen­
dencia de la feliz coincidencia. Pero ya es provindencial cóm o
se están empezando a unir en los momentos claves de su vida
los conceptos de Dios y España, desde la infancia.
Otro dato a subrayar de los primeros cursos escolares de
nuestro protagonista fue la costumbre del sacerdote director,
don Marcos Cornelias, consistente en reunir una hora cada

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semana a los alumnos de diez años en adelante, para impartir­
les charlas sobre la formación del carácter y de la conciencia.
Fu estas charlas les explicaba lo que es «ser hombre», el valor
de la palabra dada sobre todo si estaba rubricada por el jura­
mento, la estima del honor, la transcendencia de Dios y Cristo
en la vida, el mérito de cumplir los votos y promesas, la efica­
cia de la perseverancia en el trabajo y en el estudio, la fidelidad
al compañerismo y la amistad, la importancia de la justicia, la
comprensión, la templanza, el espíritu de sacrificio y renuncia
en favor del prójimo, el cumplimiento del deber... Acompaña­
ba el sacerdote sus exposiciones con anécdotas extraídas de la
historia. L.a conducta de los carlistas le surtía tal caudal de
ejemplos de hombría y heroísmo que, por su medio, el sacer­
dote fomentaba entre los niños el más hondo afecto y adhesión
a cuanto significaba el carlismo. Con tal fuerza de atracción las
debía referir que se grabaron vigorosamente en la mente de
Paquito y fueron decisivas en su proceder posterior.
Con toda, certeza que en estas instrucciones radicaría el
quid de la portentosa personalidad de Franco en todas las
facetas. Aquí estuvo el formidable cimiento secreto que sos­
tuvo el ideal y la conducta irreductible de Franco al servicio
de España y su fe en Dios. En esta experiencia infantil
residió asimismo la profunda estima que Franco concibe de
ios colegios dirigidos por religiosos.
No cabe duda que la aportación de la etapa escolar y el
ejemplo y educación que recibe de su abuelo y madre son
claves y decisivos para que, siendo fiel el niflo a ellos, llegue
a alcanzar los títulos excepcionales de Generalísimo de los
Ejércitos y Caudillo de España.

EL ABUELO MATERNO

Otra persona cuya conducta y consejos repercutieron


poderosamente en la configuración religiosa y patriótica de
francisco franco fue su abuelo materno, don Ladislao Baha­
monde A partir de quedarse viudo, habitó el piso bajo de la
-asa de su hija Pilar en la calle María. Aquella casa tenía tres
plantas Aquí recibía a los nietos y les narraba cuentos e histo­
rias que les hacían soñar agradablemente despiertos.
Entre los señores ferrolanos, había no pocos que seguían
siendo baluartes de todo lo tradicional. Uno de estos respeta­
bles varones era el abuelo de los Franco. Sus principios religio­
sos, cimentados en los usos y costumbres seculares, habían
sostenido su espíritu practicante y lo habían revestido de una
condición reacia hacia las propensiones modernas, en las que
temía descubrir nuevos riesgos para la formación de los jóve­
nes. De ahí su vigilancia por las actitudes y tendencias de los
nietos.
Era todo un caballero español y cristiano.
Don Ladislao, como sus antepasados, había servido a
España en la Armada. Entonces era Intendente General. Y
como ellos educó a sus hijas en las normas que la austeridad de
aquéllos había dispuesto. Sentía, opinaba y actuaba como sus
abuelos. Poseía un alto concepto de la caballerosidad, de la
familia, del honor, de la fe, de la patria. Esta era la herencia
que se enorgullecía de transmitir a sus descendientes.
Lo primero que se percató haber despertado en los nietos
fue el afán por la lectura.
De Paquito sabemos que tenía los cuentos de Calleja,
todos ellos moralizantes, y llegó a aprenderse de memoria
numerosas preguntas y respuestas de las «Nociones de Histo­
ria de España», que don Saturnino Calleja empezó a editar en
1886, y que fue texto de las escuelas católicas muchos años.
Era un librito en el que se entrelazaban en haz de glorías y
luces los amores de religión y patria. Otra vez, de otra manera.
Dios y España ante la mente de Francisco Franco.
También dominó el catecismo del P. Astete y el resto de
asignaturas que constituían la enseñanza primaría.
Con este bagaje de conocimientos, a los doce años, pasó a
estudiar el bachillerato en el colegio de Marina.

EN TOLEDO

A los catorce años de edad, la primera ilusión de Paquito


quedó truncada. La tronchó la orden de la superioridad sus­
pendiendo los exámenes de ingreso de aquel año en la Escuela
Naval.
Adiós a la mar. Esta contrariedad le decidió a tomar rum­

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bo tierra adentro. Marchó a la Academia de Infantería de
Toledo. Fue a finales de junio de 1907.
Toledo fue su primera experiencia alejado de la casa pater­
na. Toledo, ciudad castrense y clerical. Capital de la unidad
política y religiosa de España en tiempos de los reyes visigo­
dos. Alcázar y Catedral. Otra vez las cornetas del ejército y las
campanas de los templos. De nuevo, los latidos de Dios y
España palpitando en su pecho.
Tras mes y medio de instrucción, Franco celebra por vez
primera la jura de bandera el día 13 de octubre de 1907.
Con qué emoción participaría, y tan joven, todavía un ado­
lescente, en aquel acto supremo de la vida de todo buen
español.
¡Qué resonancias de responsabilidad infundiría en su espí­
ritu la presencia de la bandera, el ministro de Dios, su familia
tan ligada al servicio de las armas y aquel marco pétreo del
Alcá/ar. que habla de fe indeclinable en los destinos de la
España eterna!
Juráis a Dios y prometéis al Rey seguir constantemente
sus banderas, defenderlas hasta verter la última gota de vuestra
sangre y no abandonar al que os estuviere mandando en fun­
ción de guerra o preparando para ella? —les preguntó el coro­
ne! director tras vibrante arenga.
Y aqueiios enardecidos cadetes de la XIV promoción del
arma de Infantería contestaron a una:
-Sí. juramos.
A lo que replicó el capellán, descubriéndose:
-Y yo. en cumplimiento de mi sagrado ministerio, ruego a
Dios que si así lo hacéis, que os lo premie, y si no, os lo de­
mande.
Nos refiere don José María de Oriol y Urquijo que en
cierta ocasión preguntó a un tío suyo, llamado Damián, acer­
ca de la religiosidad de Franco, del que fue galonista cuan­
do ambos coincidieron de cadetes en el Alcázar de Toledo,
y que éste le contestó:
<1 raneo en aquella época era aparentemente uno más del
sector. bastante numeroso por cierto, de jóvenes piadosos
que había en la promoción. Sin embargo, recuerdo algún
detalle aunque entonces no le atribuyéramos ninguna im-
Franco con su hermano Nicolás. Todavía casi un niño es ya cadete en
la academia de Infantería de Toledo. En ella sólo sabe obedecer y aprende
a cumplir con su deber para ser útil, el día de mañana, al servicio de Dios y
España.

portancia, por el cual se puede afirm ar que descollaba. Este


consistía en que, cuando salíamos los cadetes a pasear en
grupos por las calles de Toledo y pasábamos junto a la cate­
dral, él solía invitar a los que le acompañábamos a entrar
para rezar una salve a la Virgen del Sagrario. Y yo creo que
este dato es muy revelador».
Nosotros también lo juzgamos así y por lo mismo lo trae­
mos a nuestras páginas.
Tres años más tarde, el 13 de julio de 1910. el alumno núme­
ro 251 en una lista de 312 cadetes. Francisco Franco Baha-
monde, recibiría el grado de Segundo Teniente de Infantería
(más conocido por el nombre de Alférez), y fue destinado al
regimiento de Zamora, número 8. de guarnición en El Ferrol.
Contaba 17 años. Todavía casi un muchacho.
¡Qué casualidad más providencial! Vuelve al abrigo del
hogar paterno, bajo la mirada piadosa de su madre, a revivir su
reciente pasado. Y en su compañía visita la ermita de la Virgen
del Chamorro para agradecerle cuanta protección le ha dis­
pensado e implorarle que jamás le falte.

EL PRIMER DESTINO

El joven segundo teniente o alférez se incorpora al primer


destino de guarnición el 22 de agosto. Pese a su corta edad,
la Providencia ya ha cargado sobre sus hombros el peso de
la responsabilidad. Por esta causa, con solicitud de madre,
doña Pilar Bahamonde le encomienda con más ahinco si
cabe a la Virgen de Chamorro y al Santo Angel de la G uar­
da. ¡Es tan jovencito el pobre!
El abuelo materno don Ladislao le aconseja lo que juzga
más oportuno para el exacto cumplimiento del deber. Otros
parientes, vecinos y conocidos le miran con suma simpatía.
¡Es tar> ioven aún! Y se atreven a dirigirle exhortaciones de
su experiencia para que acierte en el trato con la gente.
Después de los trabajos en el cuartel, alterna con los
chicos de su infancia. La mayoría son de conducta muy
edificante y alguno de ellos ingresará pronto en la Compa­
ñía de Jesús,
Fnire los mismos son frecuentes los comentarios cuyo fin
r 'a abominación de los partidos políticos liberales y maso-
íes que han predominado en el siglo anterior. A ellos se les
culpaba por doquier de todos los desastres sufridos por Es­
paña v sobre todo del inmenso Desastre de 1898. La atmós­
fera que Franco respira entre los suyos es muy tradicionalis-
¡a Entonces se estaba reorganizando la Junta Provisional
Carlista.
El político más honrado y el orador más elocuente de la
época es Juan Vázquez de Mella. Vázquez de Mella es un
abogado carlista muy culto y muy católico. Su integridad le
llevó a renunciar a la nómina del erario público para poder
habiar con plena libertad. Por eso censura con viril energía
sin miedo la demagogia, los sofismas y vilezas de los par-
lamen larios políticos impíos. Las frases más lapidarias de
sus discursos están en los labios del pueblo. Aquí, algunas:
«No hay liberalismo más estéril en todo el planeta que
este liberalismo español, que no ha engendrado un solo
hombre grande».
«Vosotros, los partidos liberales, habéis sido p ara la na­
ción peores que los cuervos cenicientos».
«No tenéis derecho a extraños que a las puertas del p arla­
mento suenen gritos que son la fórmula de ira contenida en
el alma popular, como el de ¡Mueran los políticos!»».
También circulan frases de don Antonio M aura, otro de
los políticos más serios y competentes. Una de ellas es la
siguiente:
«Muchas veces he opinado públicamente que esta nación
lo que tiene enfermo es el elemento oficial; que no es E spa­
ña la que está enferma, son los gobiernos, toda la m áquina
oficial».
Se recuerdan palabras famosas de otros hombres bene­
méritos como éstas de Pi y Margall cuando llegó al Parla­
mento: «Aquí por cada hombre leal, he encontrado diez*
traidores —había afirmado—; por cada hombre desintere­
sado y patriota, ciento que no buscan en la política sino la
satisfacción de sus bajos apetitos y ambiciones».
Igualmente estaba muy próxima la -Semana Trágica» de
Barcelona con sus incendios, saqueos, asesinatos, robos, sa­
crificios... espantoso fruto de la propaganda atea y anárqui­
ca desatada a primeros de 1909. consentida y am parada por
las leyes y gobiernos liberales. De su paternidad se acusó a
Francisco Ferrer. fundador de la Escuela Moderna, de Bar­
celona. en 1901. Principios de esta escuela eran: «Dios es un
espantajo·. -La justicia es obra de buitres». «La propiedad
se deriva de la expoliación, la astucia y el dolo». «La bande­
ra no es más que un trapo»-, «Los ideales del proletariado
deben ser el amor libre, la conciencia libre, ni Gobierno, ni
Dios, ni amo*. Profesor de esta Escuela fue Mateo M orral,
el que arrojó las bombas que cayeron sobre la comitiva de la
boda de Alfonso XIII en Madrid. En el proceso al que se
sometió a este hombre tan «liberal· dijo el informe del audi­
tor: «El procesado Ferrer ocupa lugar preeminente en la
masonería del mundo, como lo revelan sus títulos, insignias

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y medallas^...
Asimismo estaba muy reciente la destitución de Maura
como presidente del Consejo de Ministros, ejecutada por
Alfonso XUI bajo presiones políticas, de las que el monarca
parece un juguete. Inmediato estaba el presunto anticlerica­
lismo de Canalejas, sucesor de M aura, contra el que se ha
levantado toda una cam paña liderada por el Cardenal Pri­
m ado...
l odo esto dominaba el ambiente de la sociedad ferrola-
na. en general, tradicionalista, provocando en la misma
acerbos reproches y desprecios contra el liberalismo y la
masonería de los gobernantes.
l· raneo entretanto ve y lee, reflexiona y medita cuanto
escucha. Estudia detenidamente el siglo XIX y deduce que ,
en efecto, la mayor de las desgracias de la historia de Espa­
ña ha sido la aparición de los partidos liberales y masones.
Sus miembros son los que más odios de clases han inocula­
do en las masas y más han atacado a la religión y por este
camino han empobrecido y desprestigiado más a España. Y
lo peor era que ellos seguían manipulando la corona, la
administración y la opinión pública. ¿Dónde hallar pues la
solución a los gravísimos problemas que está planteando
esta gente? ¿En la tradición? ¿En la religión?... ¿Pero có­
mo volver a ellos?
A primeros de junio de 1911 se celebra con extraordinaria
solemnidad en El Ferrol la novena y fiesta del Sagrado
Corazón de Jesús. Franco acude a los cultos con devoción y
atención. Es un verdadero placer escuchar al religioso que
predica cada día de la novena. Derrocha todo un espléndido
caudal de celo y su argumentación doctrinal es de tal con­
tundencia que los fieles asistentes sienten el orgullo inmenso
de ser cristianos y si no lo son de proponerse serlo con la
mayor autenticidad posible. Este predicador atacó con valor
las ideas del liberalismo y la masonería que estaban des­
truyendo las esencias de España. «Porque España el día que
deje de ser católica habrá dejado de ser España» había
sentenciado hacía pocos años el ilustre filósofo Balmes. Y el
orador sagrado aduce las abundantes y fehacientes pruebas
que todos conocen más otras que todavía ignoran.

- 26 -
En nuestro joven militar calan hondo estos sermones. El
es un muchacho reflexivo. Nada acontece por casualidad.
En ello le insistió el director del colegio del Sagrado Cora­
zón, en el que recibió la primera enseñanza, quien ahora le
ha prestado una biografía de Gabriel García Moreno para
que la lea. Su corazón vibra en propósitos de fidelidad al
mensaje de Dios, que es el mensaje de la tradición católica
española.

EN LA ADORACION NOCTURNA

En sintonía con estos sentimientos, Franco ingresa en la


Adoración Nocturna que se halla organizada en la parroquia
de San Julián de El Ferrol. Así consta en el acta levantada el
11 de junio de 1911 y que fue publicada en la revista Pax con
motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional cele­
brado en Barcelona a finales de mayo de 1952. Allí estaban
ya su abuelo materno y los mejores de sus amigos.
Uno de los artículos del Reglamento de la Adoración
Nocturna dice: «Los adoradores, sea cual sea la clase a la
que pertenezcan, deben dar ejemplo vivo ante la sociedad:
por su fe, sus costumbres en todo conformes con las ense­
ñanzas de la Iglesia, su caridad cristiana, su cooperación en
cuantos apostolados realice y, en general, por aquellas cua­
lidades que deben distinguir a todo hijo fiel de la Iglesia
Católica, Apostólica y Romana, estando siempre dispuesto
a prestar su testimonio cristiano ante cualquier circunstan­
cia que se lo exija».
Por estas palabras podemos juzgar sin temor a equivocar­
nos cuál es la conducta de Franco a sus dieciocho años. Y si
a esta edad le acoge la directiva de la Adoración Nocturna
podemos inferir por qué le admite, puesto que en una aso­
ciación tan singular no se admite a cualquiera.
¿Qué es lo que el segundo teniente hacía o podía apren­
der en la Adoración Nocturna? También nos es fácil adivi­
narlo por lo que ordena su Reglamento. He aquí cómo se
expresa sobre el particular:
«El tiempo de vela de cada adorador ante el Santísimo
debe ser el de una hora en cada vigilia ordinaria mensual.
- 27 -
bien de forma ininterrumpida, o bien en dos turnos de
media hora cada uno. En la primera mitad de la hora o en
el primer turno de media hora, los adoradores deben rezar
tas oraciones oficiales señaladas en el oracional, dedicando
el resto del tiempo a oraciones o meditaciones en privado, a
ser posible utilizando textos o lecturas apropiadas sobre
temas euearísticos. En el segundo turno de media hora se
re/.a el rosario completándose el tiempo de vela en íntimo
coloquio con Jesús Sacramentado».
En otro artículo se especifica más:
«Durante el tiempo que dura el conjunto de los tumos
de vela, se procurará que puedan descansar los adoradores
que lo precisen. Los que no descansen, deberán emplear su
tiempo libre en celebrar coloquios o círculos de estudios
sobre temas eucarísticos o religiosos en general, formativos
en la Fe y en la Moral asistidos por el sacerdote Director
Espiritual del turno».
Por el concepto que Franco tiene de su dignidad y por su
edad, igualmente, es obvio creer que él debía ser de los
adoradores que participaran en los coloquios aludidos. De
ihí que su preparación religiosa y moral fuera bastante más
profunda de lo que narran sus biógrafos. Estos datos son
muy elocuentes. A la par descubrimos qué ejercicios de
piedad, aparte de otros, practicara nuestro protagonista a
sus dieciocho y diecinueve años.
En plena juventud, al calor de Cristo Eucaristía, se foija,
pues, el cimiento de la vigorosa personalidad del futuro
Caudillo de España. Lo mismo que se forjaron otras gran­
des personalidades celebradas por su virtud, por su apos­
tolado, por su entrega a la mayor gloria de Dios y bien del
prójimo.
De Franco sabemos que en la guerra no fueron pocas las
noches que pasó en vela, venciendo a todos los que a su
¡ado, sin embargo, se dormían. Sobre este particular se refie­
ren anécdotas muy curiosas. Y también sabemos que a sus
árduos y conflictivos problemas políticos encontró solución
velando, de rodillas, a los pies del sagrario en la capilla del
palacio episcopal de Salamanca y en la del Pardo. ¿No le
servirían de eficacísimo ensayo las vigilias de la Adoración
Nocturna que vivió en El Ferrol?
En los coloquios de estas noches, dirigidos por cierto sa­
cerdote acreditado en la población por su cultura y austeri­
dad, Franco aprende mucho sobre el tradicionalism o y los
perjuicios acarreados por el liberalismo y la masonería, con­
denados ambos por la Iglesia. Al liberalismo lo condenó Pío
IX en el «Syllabus» y León XIII en la encíclica «Libertas». A
la masonería la condenaron todos los papas desde Clemente
XII, en 1738, hasta nuestros días. A primeros de siglo, el
sacerdote Félix Sardá y Salvani publicó un libro titulado «.£7
liberalismo es pecado», cuyo éxito quedó reflejado en las
nueve lenguas en que se editó.
Todas estas impresiones captadas entre los suyos y confir­
madas por su corta experiencia transmitieron al corazón de
Franco la más lógica aversión a los partidos políticos y. en
especial, al liberalismo y a la masonería, máxime después
de leer la biografía de Gabriel García Moreno en el verano
de 1911.
Gabriel García Moreno (1821-1875) fue el presidente más
importante del Ecuador. Gozó de una cultura vastísima.
Estudió en París, donde prefirió los libros a las diversiones,
como haría Franco en Marruecos. Fue hombre de una fuer­
za de voluntad y disciplina férreas dirigidas por una fe in­
conmovible. Llevó la paz, el progreso y la prosperidad a su
patria convulsionada. Practicó la justicia, trabajó sin des­
canso, multiplicó las escuelas, abrió caminos... Fomentó la
religión al máximum, como el fundamento más consistente
de la convivencia. Consagró el Ecuador al Sagrado Corazón.
Confió a los jesuítas la educación nacional y. contando con
los obispos, hizo de su nación un estado católico modelo.
Pero esto precisamente le atrajo el odio más encarnizado del
liberalismo y la masonería, que no pararon hasta verlo ase­
sinado. Le mataron en Quito el 26 de agosto de 1875. cuan­
do salía de misa en la catedral y se encaminaba al Congre­
so. Murió exclamando: «Dios no muere».
Franco se entusiasma con García Moreno y se propone
imitarle siendo como él sería todo un hombre de carácter, ca­
tólico sincero, militar disciplinado y político prudente, con­
sagrado a la mayor gloria de Dios y de su Patria.

- 29 -
El 24 de septiembre de 1911, por decreto, empieza a
desem peñar en el cuartel los cargos de Ayudante del Segun­
do Batallón y el de profesor de la Academia de Cabos.
Las lecturas, los comentarios religiosos y políticos y cada
utia de las vicisitudes históricas que experimenta configuran
su ser católico y su pensamiento político y social cristiano que
serán luego clave indiscutible para comprender sus escritos,
discursos y actitudes. La vida de la ciudad natal le ha marca­
do a Franco en profundidad.

Sus días discurren placenteros en El Ferrol. Aquí es mi­


mado por una familia que le adora, por vecinos que le ad­
miran, por soldados que siguen sus órdenes con absoluto
respeto. Todo es muy bonito. Realmente envidiable y espe-
ranzador.
Refiriéndose a esta época, contaría Franco bastantes años
después: «Con mucha frecuencia, subíamos a Chamorro,
donde existe una ermita en que se rinde culto a la Virgen de
Chamorro, de gran devoción popular y a la que se asciende
por una senda de montañas, que algunas personas suben de
rodillas, para ofrecer sus votos a la Virgen. Entre sus devo­
tas. figuraba mi madre. ¡Cuántas veces, a mi vuelta de
Africa, he ido acompañándola en cumplimiento de sus pro­
mesas! Y aun hoy, en mis visitas al Ferrol no dejo de ir a
orar unos momentos ante la Virgen, que sin duda debe
haber contribuido tanto a lo que suelen llamar mi buena
estrella». (Vicente Pozuelo Escudero: Los últimos 476 días
de FRANCO, P. 87).
En 1984 tuve ocasión de cam biar impresiones con un sa­
cerdote ferrolano sobre la religiosidad de Franco. Resulto
ser un ferviente adm irador suyo. Me informó de que el
Generalísimo, aunque ordenó que se tendiese una carretera
asfaltada desde El Ferrol a la ermita, el nunca la utilizo.
Siempre prefirió subir caminando por la senda de antaño.
PRIMERA LLAMADA PARA AFRICA

«De todos los condiscípulos, Franco es al que más ha son­


reído la suerte» se murmuraba entre ellos. Así era efectiva­
mente. Pero en la vigilia de la Adoración Nocturna, de oc­
tubre, Francisco Franco ante el Santísimo siente la llamada
de Dios para dar testimonio de su fe y caridad cristiana en
el costado más dolorido de España: en el Protectorado de
Marruecos. El no podía pasar indiferente ante aquella heri­
da sangrante. En acciones de guerra, por los ásperos riscos
africanos, habían caído ya cinco compañeros de su promo­
ción y muchos soldados estaban ofrendando la primavera de
sus años mozos.
No había derecho a que él abundara en comodidades y
bienestar mientras que aquellos hermanos compatriotas
abundaban en mil sacrificios y peligros. No era justo. Si él
era un español consciente, si era un cristiano solidario y sin­
cero, si era verdad que tanto amaba a Dios por el bien de
España y quería a España para la mayor gloría de Dios, él
debía estar en la vanguardia de las líneas en las que el
honor de la Patria reclama a sus mejores hijos. No iban a ir
allí los cobardes, los golfos, los egoístas o sólo los obligados
por la Ley. Los llamados por antonomasia son los voluntarios,
lo que era sinónimo de generosos, idealistas, valientes...
El joven oficial escucha la voz de Dios y. al instante,
aquella misma noche, ante el sagrario promete obedecerla.
Por Dios y por España va a inmolar el encanto de su vida
- 31 -
EL HEROE DE AFRICA

PRIMERA LLAMADA PARA AFRICA

«De todos los condiscípulos, Franco es al que más ha son­


reído la suerte» se m urm uraba entre ellos. Así era efectiva­
mente. Pero en la vigilia de la Adoración Nocturna, de oc­
tubre, Francisco Franco ante el Santísimo siente la llam ada
de Dios para dar testimonio de su fe y caridad cristiana en
el costado más dolorido de España: en el Protectorado de
Marruecos. El no podía pasar indiferente ante aquella heri­
da sangrante. En acciones de guerra, por los ásperos riscos
africanos, habían caído ya cinco compañeros de su prom o­
ción y muchos soldados estaban ofrendando la primavera de
sus años mozos.
No había derecho a que él abundara en comodidades y
bienestar mientras que aquellos hermanos compatriotas
abundaban en mil sacrificios y peligros. No era justo. Si él
era un español consciente, si era un cristiano solidario y sin­
cero, si era verdad que tanto am aba a Dios por el bien de
España y quería a España para la mayor gloría de Dios, él
debía estar en la vanguardia de las líneas en las que el
honor de la Patria reclama a sus mejores hijos. No iban a ir
allí los cobardes, los golfos, los egoístas o sólo los obligados
por la Ley. Los llamados por antonomasia son los voluntarios,
lo que era sinónimo de generosos, idealistas, valientes...
El joven oficial escucha la voz de Dios y. al instante,
aquella misma noche, ante el sagrario promete obedecerla.
Por Dios y por España va a inmolar el encanto de su vida

- 31 -
burguesa en su pueblo querido. Va e emprender la sublime
locura de alejarse hacia la aventura más arriesgada del mo­
mento. Pero no le importa. Sabe que con ello secunda la
voluntad de Dios y esta idea le empuja, le ilusiona, le arras­
tra. «Para Dios no hay héroes anónimos» reza una sentencia
carlista y ésto le basta.
Al día siguiente expone a la familia la decisión que ha
tomado de marcharse voluntario a la guerra de Marruecos.
La familia se opone terminantemente. «Hijo mió, ¿pero tú
sabes lo que vas hacer? —le interrogaría su madre en son
de reproche sentido y cariñoso— ¿No te das cuenta de que
eso es ir a meterte en la boca del lobo? ¿No comprendes que
nos vas a tener muy angustiados, pendientes de tu salud? Y
Paquito trataría de convencerles que, según san Agustín, en
la vida de los hombres lo primero es Dios, luego la Patria y
en tercer lugar la familia. Seguro que no tardó mucho en
ganarles y pronto aceptarían los planes de la Providencia.
<(,Se habrá vuelto loco este chico? ¿Pero qué manía le
habrá entrado? —repetirían los vecinos— ¡Con lo bien que
vive aquí! Esto es inexplicable en un joven tan sensato».
Después refiere su nueva decisión a diversos amigos y de
estes contagia sólo a los dos segundos tenientes Camilo
Alonso Vega y a su primo Franco Salgado-Araujo. Los tres
ponen en acción las influencias y escriben a don José Villal-
ha Riqueime. al que conocieron de director en la Academia
ie íníantería de Toledo y, al presente, es destacado jefe en
el conflicto africano.
La orden del Ministerio de la Guerra por la que Franco y
sus dos amigos son destinados a Marruecos se firma por fin
el ó de febrero de 1912 y el 17 desembarcan en Melilla.
Nuestro protagonista contaba 19 años y 3 meses.
Franco llegó a Africa como un alférez cualquiera más y
como tal lo tratan. No cuenta más que diecinueve años y
como además es bajo de estatura, sus compañeros le cono­
cen por Franquito». 1912.
Franco no portaba la tarjeta de recomendación que da
descender de familias ilustres por las letras o las armas.
Franco no era pariente de ningún título de grandeza o po­
tentado dei dinero o del Gobierno. Es casi un desconocido.
Nadie sabe cóm o le duelen a «Franquito» las lágrim as de
tantas m adres españolas que están p erd ien d o a sus hijos
mozos en el infierno africano. N adie sabe cóm o le p u n z a el
afán de devolver a E sp añ a el prestigio in tern acio n al perd id o
por arte de los políticos en el siglo de los desastres. Le
preocupa la convivencia española que cu a rtea n los partidos,
el m aterialism o ateo que prom ueve la m aso n ería... La res­
ponsabilidad que ya pesa sobre sus jóvenes hom bros es in­
mensa. Pero la acep ta con generosidad. Y allí e stá dispues­
to a no reg atear sacrificio o trabajo alguno en p ro de tan
sublime em presa.
Desde la prim eras acciones bélicas que se a b o rd an a su
llegada, «Franquito» se halla entre las fuerzas de choque.
Siempre estará en vanguardia. Siem pre en prim era línea.
Siem pre, el prim ero.
Form a en el Regimiento de Africa, núm ero 68. E strena su
prim era acción de guerra el 19 de m arzo en las m esetas de
Tifasor. Fueron tres semanas de guerra que dan la victoria a
las tropas españolas.
El día 13 de junio, recibe el único ascenso que se le otorga
por antigüedad —T eniente— , y el 16 de noviem bre em pieza a
ser galardonado con condecoraciones. Le im ponen en el cam ­
pam ento de Vixan la Cruz al Valor Militar.
Se encienden nuevos focos de lucha. Franco cree que debe
encontrarse en los mismos y pide ser trasladado a Ceuta. El 4
de abril de 1913, recibe la M edalla de la C am paña de M elilla.
El Coronel D ám aso Berenguer creó el cuerpo de R egula­
res. «Al estar com puesto por nativos de la región, h a b itu a ­
dos al medio am biente en que se com batía, se pensó que
podían dar un buen rendim iento y, sobre todo a h o rrar m u ­
chas pérdidas a las unidades españolas. Lo im portante era
encuadrar eficazmente a aquellos moros que se p reten d ía
lanzar contra sus com patriotas disidentes...» escribe C laude
M artín en su libro «FRANCO — Soldado y E stadista—*.
E ntre los oficiales voluntarios, que se ofrecen a m a n d a r
estas fuerzas, se presenta «Franquito». 1913.
Franco se somete, con este motivo, a las inclem encias del
tiempo, del ham bre, del terreno, de todas las deficiencias a
que están avezados los indígenas y se los gana. Se conca-
tenan combates breves y crueles con otros más largos y
encarnizados, emboscadas sangrientas, marchas extenuan­
tes bajo el tórrido sol del verano o envueltas en los rigores
del invierno, asaltos intrépidos a las alturas estratégicas con
paréntesis de disciplinados entrenamientos...
Los altos mandos del Ejército reparan que en aquel joven
soldado late una promesa sobresaliente. Se pondera su noble­
za, su pericia y valor. Y el 12 de octubre de 1913 prenden en su
pecho la Cruz de primera clase al Mérito Militar con distintivo
rojo por los méritos logrados hasta fines de junio.
Desde aquel octubre prosigue en primera línea ocupado en
operaciones que se originan por el Dersa, Aniera, Beni Sidel,
Beni Amaran... entre breves intervalos de paz, pero de perma­
nente alerta. Así las cosas, esta situación tensa desemboca en
el I de febrero de 1914. Fue una jornada deJucha fiera en Beni
Salem entre dos ejércitos dispuestos a morir antes que perder.
Brilló todo un derroche de heroísmo, denuedo y técnica en el
mas alto grado. Y se venció. Hubo tres laureadas. También ob­
servo iu actuación de Franco el Jefe de Regulares, Dámaso
Berenguer. > resuelve ascenderle a Capitán por méritos de
guerra.
El i ~ de abril, en recompensa a los servicios prestados en el
segundo semestre de 1913, le conceden la Cruz de primera cla­
se de María Cristina.

DIOS PROTEGE A FRANCO

Los días ahora se suceden monótonos en ejercicios de for­


mación permanente de sus soldados, aunque no faltan mar­
chas y contramarchas, escaramuzas y descubiertas. Por fin un
nuevo y fuerte enfrentamiento con los moros, el que cuesta
ocupar !a peña de Beni Hosmar el 16 de enero de 1915. Una
ve/ más descuella el talento y el valor de Franco. Y con este
motivo el General Berenguer le comunica el ascenso a
Capitán que había decidido el 1 de febrero del año anterior.
De esta forma. Franco se convierte en el Capitán más joven
uei hjercito Español. En todas las tertulias de los militares se
comenta la novedad. En los medios de comunicación empieza
El Capitán de Regulares Francisco Franco con su jefe de tantas mar­
chas, trabajos y combates, antes y después de 1916, el comandante
Serrano, uno de sus mejores y más desconocidos maestros en el arte difícil
de la guerra y guerrilla africana.

a aparecer el nombre de Franco rodeado de una eureola que


no cesará de ir in crescendo.
En los círculos de los jefes moros también se inicia la rela­
ción de anécdotas que revelan a ese tal Franco dotado de
«baraka». Según esta sentencia, Dios protege a Franco, y
empiezan a temerle.
De Franco se decía que era invulnerable. Pero se dijo hasta
que cayó gravísimamente herido en la conquista de El Biutz, el
29 de junio de 1916. Repuesto el ejército enemigo, allí plantó
cara. La batalla se presentó desigual y Franco pagó su bravura
siendo alcanzado por una bala en el vientre.
Todos los presentes opinaron que le iba a costar la vida. El
mismo se teme lo peor y pide al capellán que le administre la
extremaunción. El capitán médico que. igualmente, está en el
frente, le aplica la única invección de morfina que queda en el
botiquín, le practica la primera cura y manda que sea conduci­
do a la posición base inmediata más segura de Cudia Federico.
Su gravedad no aconseja el traslado al hospital de Ceuta.
Sus padres, avisados por un telegrama urgente, acudieron a
aquel punto en seguida. Pobre doña Pilar, con cuánto fervor le
encomendaría en sus oraciones y qué promesas no ofrecería a
la Virgen del Chamorro por la salvación de su hijo Paco.
Franco se recupera ¿milagrosamente? y el 3 de agosto parte
para convalecer en El Ferrol. Su madre cumple las promesas y
el hijo le acompaña en sus visitas a la ermita de la ciudad.
Nuestro protagonista sana, se juzga a sí mismo necesario en
Africa y se reincorpora pronto a su tabor de Tetuán.
El regreso evidencia que Franco no retrocederá jamás ante
el peligro. Que es todo un valiente. Siempre dispuesto a decir
si a España y precisamente en el primer puesto del trabajo y de
la lucha. Este «Franquito» está demostrando ser mucho
Franco.
Su regreso evidencia a los moros que es verdad que ese tal
Franco tiene «baraka». esto es, que Dios protege a Franco.
Ei 2 de febrero de 1917, por los méritos reconocidos en El
Bílííz. Franco es ascendido a Comandante. Otra vez es el
Comandante más joven del Ejército. Y el 2 de marzo es desti­
nado a la península. Viene al Regimiento del Príncipe, número
3. de guarnición en Oviedo.
En agosto interviene en la represión de las huelgas de Astu­
rias. y es tan honesta su actuación que hasta los mismos socia­
listas Besteiro y Saborit lo afirman con su silencio cuando cen­
suran la de otros oficiales y jefes.
A Franco le empiezan a admirar y temer todos los partidos.
Con el mando del tercer batallón del Regimiento del Prínci-
t>e. simultanea el estudio de la historia, la política social y labo­
ral. la sociología..., contacta con el pueblo labrador y minero,
y piensa asimismo en casarse. A la novia la encontraría en una
romería. Se llama Carmen Polo y Martínez Valdés.
Fn septiembre de 1918, charla con Millán Astray y se adhie­
re con toda ilusión a los proyectos que le propone sobre la
futura Legión.
Durante 19!9. Franco continúa sus estudios, observa y ana­
liza el gobierno de los pueblos, medita y escribe borradores
El creador de las Fuerzas Regulares Indígenas, Dámaso Berenguer,
que sucedería a Primo de Rivera en la presidencia del Consejo de Minis­
tros de Alfonso XIII, viene observando la conducta de Franco desde su
incorporación a Regulares, en las batallas, escaramuzas, vivaqueas... en
los paréntesis de descanso que aprovecha para instruir a los soldados,
enseñarles la explotación de graryas, ¡a técnica de la construcción... para
visitar a los soldados heridos o enfermos... A Dámaso Berenguer le im ­
presiona vivamente su devoción en el templo, su temple en la lucha, su
capacidad de organización, su obsesión por el ahorro de vidas y buena
alimentación de sus soldados... Y su opinión será importantísima en
favor de Franco en el Ejército y en ¡a Corte.
sobre lo que puede ser esa fuerza imponente que se llamará la
Legión y cada uno de sus miembros. A la par prepara su
boda.
En junio de 1920, se entrevistan otra vez Millán Astray y
Franco. Aquel le urge ya la organización del Tercio de Ex­
tranjeros y le ofrece el puesto de Lugarteniente. Franco
acepta y renuncia, por el momento, a la boda.

«CON FRANCO VENCEREMOS»

Franco abandona la paz de Oviedo, la tertulia sabrosa de


las amistades, los románticos paseos del noviazgo. Se va a
Ceuta Es el 20 de octubre de 1920. Allí le espera una legión
de jovenes alegres, apasionados, rebeldes, deshauciados y
desarraigados de la sociedad. Franco los acoge con sincero
¿recto. eleva su moral, encauza sus bríos, disciplina su tem­
peramento templa su carácter, forma su mente, cristianiza
'i.' sentimientos, los transforma en auténticos caballeros de
ia Patria Franco, a las órdenes de Millán Astray, realiza
maravillas con aquellos mozos en todos los frentes que se les
presentan por cerros, barrancos, llanuras o poblados.
Decir legionario será tanto como designar con este nombre
a más valiente, intrépido e incansable defensor de la Patria.
Las heroicidades de la Legión saltan también rápidamen-
;e a las columnas de la prensa y su prestigio resplandece
con fulgores que traspondrán las fronteras de los siglos.
Transcurre así 1921.
En febrero de 1922, improvisa un viaje a la península
oara tranquilizar y abrazar a su madre» con escalas en
Oviedo y Madrid. El «ABC» registró su paso por la capital
dedicándole toda una página que titula «EL AS DE LA
LEGION». Y retorna con presteza.
En mar/o. Franco regresa a Marruecos. Se han amotina­
do ¡as tribus de los Beni*Said y Beni-Urriaguel. Son los
enemigos más osados de los españoles en la zona militar de
Meíiüa La iucha íue terrible. En I uguntz, se vio obligado
d dominar con entereza formidable a los Regulares, que
huían a la desbandada porque su jefe había muerto en el
frente, v tuvo que levantarles la moral de victoria que ha-
bían perdido y que recobraron ante el adversario. A las órde­
nes de ilustres militares, superiores a él y codeándose con
ellos, desarrolló una actividad magistral en la pacificación
de la región.
Así se lo reconoció el general Sanjuijo, proponiéndole por
la Orden General del 14 de junio de 1922 para el ascenso a
Teniente Coronel por méritos de guerra. La causa se form u­
laba «por sus excepcionales condiciones de competencia, de
actividad y de valor en todos los combates en que ha
tomado parte con su columna, distinguiéndose notablemen­
te y demostrando que posee las condiciones de mando de
una categoría superior».
El Alto Comisario le concedió la Medalla Militar, la más
alta recompensa después de la Laureada, el 30 de junio,
porque, según dejó escrito: «Franco se había distinguido
particularmente a la cabeza de dos banderas, demostrando
que poseía las más brillantes cualidades militares... siempre
en primera línea, sabiendo inspirar a las Banderas del Ter-

Franco con Millón Astray ·.

- 39 -
F ranco, después de h aberse apoderado del gran reducto enemigo
Tizzi Azza el 28 de octu bre de 1922. Franco lo conquistó guiando a sus
legionarios con ¡a bayoneta calada en el fusil arrebatado a un herido.
Todo un ejem plo de valor y espíritu de entrega, abnegación y sacrificio
jn defensa de los intereses de España.

t ¡ I em ente Coronel
¿■rana;, J ef e de la Legión
r>;· une d: sus patrióticas
\
arengas. Su enem igo,
el socialista In dalecio
Prieto, en un mitin del
i de mayo de 1936,
después de presum ir de
h ab er conocido a Franco
en Africa, le alab aría
ensalzando su ju ventud.
sus dotes, su enorm e
prestigio militar. Incluso
le p roclam ó Caudillo
militar term inando por
( on/esar í engo que
«’■•-ndirlt- v*sie h o m en aje
honor a ia verdad».
cío su espíritu intrépido y dirigirlas según los mejores p rin ­
cipios de la técnica militar».
«Franco —diría Millán Astray— , es el hom bre que ha
resuelto los m om entos difíciles de la reconquista de Melilla,
ul lado del heroico Sanjurjo. E l C om andante Franco ha da­
do a su Bandera, en su organización >’ en su vida de acción,
sus propias características: una bravura y un espíritu ofensi­
vo legionarios, una capacidad de trabajo ininterrum pido,
constante, de la mañana a la noche, una energía de acero,
continua, sin fluctuaciones ni desfallecimientos».
En otoño se publica el libro de Franco «Diario de una
bandera». Millán Astray redacta el prólogo. En él describe
a Franco así: «El Com andante Franco es conocido de E sp a ­
ña y del mundo entero por sus propios méritos, >’ las caracte­
rísticas que ha de reunir todo buen militar que son: valor,
inteligencia, espíritu militar, entusiasmo, amor al trabajo,
espíritu de sacrificio y vida virtuosa, las reúne por com pleto
el Comandante Franco».
Millán Astray causó baja en el mando de la Legión el 13
de noviembre de 1922. Por su arrojo bélico había perdido
un ojo y el brazo izquierdo. Por prejuicios y manejos políti­
cos no le reemplaza su lugarteniente. Otra injusticia de los
políticos. Los políticos son así. Le sucede el Teniente Coro­
nel Valenzuela y Franco es trasladado a la península.
A la llegada del Comandante Franco a España , Alfon­
so XIII le obsequia con el nombramiento de Gentilhombre de
Cámara de Su Majestad con ejercicio y servidumbre. El Rey
quiere también su amistad.
El «ABC» y «El Sol», los periódicos de mayor audiencia, que
prestaron, efusivos, sus páginas a narrar las proezas de
Franco en Africa, opinan que, con tal traslado, le han usur­
pado la jefatura de la Legión y, en desagravio, le rinden
cálidos homenajes.
Vuelve a ver a su madre y a orar con ella ante la Virgen
del Chamorro. Tanto tiene que agradecer a la Madre de
Dios... Vuelve el 31 de enero de 1923 al primer batallón del
Regimiento del Príncipe en Oviedo. Vuelve a las horas de
estudio de antaño, a las tertulias de antiguos amigos, a los
encuentros con la novia y piensa en casarse definitivamente.
Pero... allá, en el Protectorado nuevas hostilidades de
Abd-el-Krim ponen en pie de guerra a las banderas de
la Legión y, al frente de las mismas, cae muerto en el com­
bate por liberar Tizzi Azza, el 5 de junio, el Teniente Co­
ronel Valenzuela. Una hora antes se había confesado con el
capellán.
Los legionarios se quedan sin jefe. Recuerdan con insis­
tencia a Franco y exigen su presencia. Ellos exclaman con­
vencidos: «Con Franco venceremos». El Rey, que lo conoce
ya bien, lo propone a pesar de su juventud. El Gobierno lo
comprende y, por un acuerdo extraordinario, firma su as­
censo a Teniente Coronel y Jefe de la Legión. De nuevo
«Franquito*, si antes fue el Capitán y el Comandante más
joven del Ejército Español, ahora es el Teniente Coronel.
Franco tiene que aplazar la boda. Es la segunda vez.
Mala suerte tiene esta novia. Acepta con resignación y ga­
llardía la contrariedad. España le sigue requiriendo en Afri­
ca. ¿Hasta cuándo? Hasta que Dios quiera. Dios y España
mandan.
El 18 de junio de 1923, Franco se reincorpora a la Legión

- 42 —
Por fin, a la tercera tentativa, Franco se casa. Las dos veces anterio­
res quedaron frustradas porque su entrega y espíritu de servicio a la
Patria le exigieron aplazar su proyectada boda. Franco jerarquizó siem­
pre perfectamente sus amores según enseñó san Agustín: «Dios, Patria,
Familia». La sólida formación de doña Carmen se refleja en que de las
veinte condiscípulos suyas en las Salesas de Oviedo, profesaron catorce
en la vida religiosa.

de Ceuta y, a los pocos días, a luchar. Se sucedieron com­


bates variados en volumen, agresividad y estrategia comple­
ja. En todos, a las órdenes de Franco, venció la Legión.
Descolló su genio en la conquista del puesto de Tifaruin,
bajo el sol ardiente del 22 de agosto de 1923. Razón tenían
aquellos aguerridos legionarios cuando aclamaban a su ac­
tual jefe como el caudillo indiscutible. Suya pudo ser la cé­
lebre frase de Julio César: «Vine, vi, vend*.
Bajo el cielo marroquí se cierne una etapa de paz garanti­
zada para ciertos meses. Franco la aprovecha y, por fin,
contrae matrimonio en la iglesia de San Juan, de Oviedo,
con doña Carmen Polo y Martínez Valdés. Para padrino se le
había ofrecido nada menos que el Rey de Espafia, quien tuvo
que delegar en el Gobernador Militar de la plaza por graves
motivos personales. Fue el 16 de octubre de 1923.
«Como si los dioses de la guerra quisieran asociarse a la
fiesta familiar asturiana, no sucede prácticamente nada en
Africa durante la luna de miel de los Franco», escribe Ri­
cardo de la Cierva.
- 43 -
Pasado un mes, nuestro protagonista de nuevo está en su
destino con la joven esposa y se instala en Ceuta, aunque él
acudirá siempre raudo y permanecerá donde sea más preci­
so todo el tiempo que sea necesario. Tanta diligencia, peri­
cia, habilidad táctica, espíritu de sacrificio y de trabajo le
guiarán siempre al triunfo.
Fruto de la experiencia adquirida, Franco redacta en este
tiempo «Instrucciones generales de paz y guerra», un folleto
muy edificante para la tropa. Para los mandos escribe otro
de no menos interés: «Instrucciones generales para el régi­
men interno del cuerpo». Pero el más sugestivo es el titulado
«Prevenciones a las banderas». En sus páginas quedan per­
fectamente reflejados sus sentimientos de solidaridad cris­
tiana, sus preocupaciones humanitarias y su amor por los
soldados. «No acorralar al enemigo en huida... dejarle una
salida». «No abandonar jamás a un hombre en el campo».
«Muertos o heridos, todos deben volver, oficiales y solda­
dos«. Ordeno que el trato con el soldado sea lo más afec­
tuoso». Estas son algunas de las recomendaciones señeras
de *Prevenciones».
El año próximo, 1924, va a ser el año de la gran contien­
da de Xauen.
Abd-el-Krim y El Raisuni provocan nuevas sublevaciones
y se reanudan los ataques. Entre las operaciones notables
de esta fase es famosa la de Koba Darsa, en el sector de
Tetuán. Franco se halla lejos combatiendo en Gomara. Sin
agua y sin víveres, los españoles resistían sitiados y a punto
de perderse. Entonces, desde Tetuán se llamó a Franco
para que resolviese «la papeleta». El jefe de la Legión la
resolvió en unas horas. Todo el secreto consistió en atacar a
las tres de la tarde de un día de julio bajo un calor espanto­
so. cuando nadie podía preverlo. Después de la victoria,
Franco bebe un vaso de leche y regresa a Gomara.
Hablando de su intervención en el enfrentamiento del
Lau, el 20 de agosto, anota Mola en su «Diario»: «La van-
guardia iba a cargo de Franco. Buenas manos».
El espíritu de entrega, obediencia y disciplina de Franco
una vez más brillan, ahora, en la siguiente nota lacónica de
Permartín, cronista de la época: «El cañón del Gorgues

— 44 —
bombardeaba la ciudad. Había que ir al Gorgues. Primo de
Rivera lo mandó. Franco lo ejecutó, se descolgó de las p e ­
ñas y se apoderó del Gorgues».
Después, el 30 de septiembre, tras una resistencia feroz y
tenaz, se logra la evacuación de Xauen. Se llega a luchar
hasta cuerpo a cuerpo. Encarnizadamente.
De la intervención de Franco en este drama, escribió Mi-
llán Astray: «Franco fue el alma, al lado de Castro Girona y
a las órdenes del glorioso General Primo de Rivera, de la
más difícil de todas las operaciones desarrolladas en Ma­
rruecos».
FRANCO, CAUDILLO EN 1925
Francisco Franco Bahamonde, por los méritos de guerra
adquiridos el año anterior, es ascendido a Coronel el 7 de
febrero de 1925. Se toma a repetir el sino que le acompaña:
es el Coronel más joven del Ejército español.
El 1925 es el año del «desembarco de Alhucemas», que se
realizó el 8 de septiembre, a las órdenes del general Primo
de Rivera, y que acabaría definitivamente con la Guerra de
Marruecos.
A los pocos días de su llegada, Primo de Rivera entregó a
Franco una medalla de oro, regalo del Monarca, acompa­
ñada de una carta. Alfonso XIII le decía: «La hermosa
historia que con vuestras vidas y sangre estáis escribiendo es
un ejemplo constante de lo que pueden hacer los hombres,
que lo cifran todo en el cumplimiento del deber.
Toqué al Pilar esta medalla de la Virgen que te ruego
uses, que Ella, tan militar y tan española, te protegerá
seguramente.
Mis felicitaciones y gracias por toda tu actuación y ya
sabes lo mucho que te quiere y aprecia tu afmo. amigo que
te abraza. —Alfonso XIII.— Madrid, 1 de marzo de 1925».
Tres años más tarde, el barón de Mora publicó esta noti­
cia en el semanario Estampa, dentro del contexto de una
entrevista que finalizaba agregando: «Franco, me dice, que
ha llevado siempre la medalla». Detalle que revela su reli­
giosidad precisamente en una época en la que según otros
rumores su fe es nula.
- 45 -
Después del Desembarco de Alhucemas, el 8 de septiem­
bre. el Coronel Franco sigue mandando la vanguardia de la
Legión. Con ella repite las proezas de otras fechas y, en
ocasiones, tiene que recurrir a las bayonetas para dominar
las alturas como las de las puntas de El Frailal y Morro
Nuevo. Marchan hacia Axdir, donde el adversario, a las
órdenes del terrible Abd-el-Krim, se siente seguro.
He aquí cómo se expresaba el ilustre militar Goded sobre
la actuación de Franco: «Los marroquíes habían sido sor­
prendidos de tal manera por el vigor del asalto que sólo las
guardias de las baterías y algunos contingentes reducidos,
que habían acudido de Axdir, intentaron oponerse al de­
sembarco, pero tueron aniquilados rápidamente por el em­
puje y la maestría con que fue efectuada la operación por
las fuerzas que mandaba el Coronel Franco».
«El frente ocupado por nuestras tropas —añade Goded—
seguía la línea de las alturas inmediatas a las playas... en
una linca admirablemente elegida que acreditaba la visión
táctica del Coronel Franco...»
El 23 de septiembre se abre un nuevo frente que es durísi­
mo. Franco asume su responsabilidad, a las órdenes del
General Saro-Marín, en los arriesgados objetivos que se le
encomiendan. Había que apoderarse del monte Malmusi
Alto. Con ello contribuirá a la conquista de las primeras
(U-íensas de Axdir. Y en unión de Goded y Varela, con la
legión, los harqueños, los tabores, los regulares, alcanza
las metas previstas.
El General Saro comentaba con el Alto Mando la destre­
za de Franco en estos términos: «Quiero hacer una mención
especial del Coronel Franco, el cual, por su brillante acción
en este combate, ha confirmado una vez más la idea que
tienen todos, sin excepción, de su competencia, de su valor,
de su serenidad y de todas las cualidades excepcionales que
hacen de él un jefe digno de todas las alabanzas».
Primo de Rivera afirmó a un periodista extranjero: «Fran­
co es el que ha luchado más, con mayor perseverancia y
capacidad en Africa».
En esta ocasión conoció a Franco el Mariscal francés Pe-
tain y lo alabó con frases como éstas: «Este hombre ha
nacido General» y «Franco es la espada más limpia de Euro­
pa». El Mariscal Liantey asimismo opinó que «Franco y el
italiano Graziani eran los dos soldados más relevantes de
Europa en nuestro tiempo». Y como estos son numerosos
'os loores que se tributan a Franco.
En los labios de todos los comentaristas estaba su ascenso
a General, que no tardó en llegar. Un Real Decreto del 3 de
febrero de 1926 le concede por fin el grado de General de
Brigada que, de momento, le obliga a trasladarse a Madrid.
«En esta época —narra Fernando de Valdesoto en su
libro «Francisco Franco», pág. 58— , en un viaje que el ma­
riscal francés Franchet d’Esperey hizo a España, alguien le
presentó al general Franco.
—Mariscal, le presento al general más joven de España;
sólo tiene treinta y cuatro años.
El antiguo jefe de los Ejércitos Aliados en los Balcanes
esbozó una sonrisa, estrechó la mano de Franco y comentó:
—En Francia se llega al generalato con bastantes más
años. En nuestra historia únicamente hubo un general con
su edad, y fue Napoleón».
España, a la sazón, puede y debe sentirse orgullosa de
este hombre. Ya es el hombre de más elevado prestigio en
toda Europa. Una publicación española, la revista de Tro­
pas Coloniales, le aclama como CAUDILLO.
INFORME DE LOS CAPELLANES CASTRENSES
Don Florentino Alonso Fernández, sacerdote toledano,
nacido en 1896, ingresó en el clero castrense en 1925, y este
mismo año fue destinado a Marruecos.
Según él mismo explicaba, allí tuvo la suerte de tratar bajo
el aspecto religioso a Franco no muchas veces pero sí las
suficientes para tejer en su honor frases del más encendido
elogio cada vez que en su presencia se hablaba del Caudillo.
«Franco es el militar más ponderado y religioso que he co­
nocido». «Su fe en Dios, en ¡a Virgen María y en España no
admite fisura alguna». «Me recomendaba la asistencia espiri­
tual a los soldados con tanto y más celo que lo pudieran
hacer los mismos obispos». «Quería a ¡os soldados como si
fueran de su misma familia». «Con los mismos prisioneros
- 47 _
también era magnánimo. Pedía se les alimentase bien y nada
de crueldades con ellos». «Para mi era sumamente edificante
cuando, confidencialmente, Franco me confesaba que toda
la pericia que en él descubrían otros, él creía debérsela a la
oración de los capellanes, a la oración de su madre y a la suya
personal».«La oración también mueve montañas, me decía».
«Recordaba muy agradecido al sacerdote con el que aprendió
las primeras letras»...
En tales términos se expresaba don Florentino Alonso y
como él todos los sacerdotes y religiosos, capellanes castren­
ses o no, que por alguna circunstancia se habían relacionado
con el Caudillo.
De un fraile franciscano, el padre Antonio Rojo, misione­
ro en Marruecos, se narra algo parecido en la revista «His­
toria y Vida», página 113 del número 106, correspondiente
a enero de 1977. Por este religioso conocemos el siguiente
dato: «Cuando Franco estuvo en Villa Sanjurjo comulgaba
con frecuencia, no sólo los domingos sino aun entre semana,
y más de una vez que no podía llegar a tiempo a misa iba
más tarde a la iglesia de la misión y me pedía que le diese
de comulgar». Esto lo cuenta en la citada publicación fray
José Luis Dieguez, de Padrón (La Coruña), abreviando
cuanto de la modélica y viril conducta religiosa de Franco,
héroe cristiano en la guerra, se puede expresar en pocas
palabras. Pero aquel fraile fue pródigo en contar anécdotas,
unas conocidas personalmente por él y otras a través de
comentarios habidos con otros capellanes castrenses, que re­
flejan la limpia vida espiritual de Franco.
De su exquisita moralidad asimismo se hicieron eco cuan-
os trataron a Franco. No bebía ni fumaba. Era sobrio. El
leda que -no había derecho a malgastar el dinero cuando
había tantos pobres que lo necesitaban para comer, a los
cuales se debía cuanto sobraba a los demás». Y mientras
su; compañeros de armas aprovechaban los ratos libres pa­
ra la diversión más o menos recomendable, él se consagraba
al estudio y a visitar amistosamente a los soldados arresta­
dos o enfermos.
Por todos estos testimonios es obvio colegir cuánta sea la
verdad de que *Franco en el curso de su historia observó
Q k

Santísim o Cristo de la Legión. Franco in ten tó im p reg n a r ta m b ién de


un fu e rte contenido religioso a la Legión. Por eso quiso qu e ésta se e n c o ­
m endara al Santísim o Cristo de la B uena M u erte, p a ra q u e los a g u erri­
dos legionarios supieran que, p o r la f e en El, a la hora de la m u erte,
escucharía de sus labios divinos aquellas alentadoras palabras: «En ver­
dad te digo, hoy estarás conm igo en el paraíso·».

una conducta intachable, coherente en todo con la p r o fu n ­


da form ación religiosa que recibió en la infancia y en la
juventud. En ella no existieron altibajos. Fue un h o m b re
perseverante». Estas m ism as palabras las pronunció ante m í
el padre benedictino M anuel G arrido, estu d ioso in v e stig a ­
dor de la religiosidad de Franco.
Así es que, concretando, podem os calificar el inform e de
conducta religiosa extendido por los capellanes sobre F r a n ­
co a su paso por la guerra de A frica, durante catorce añ o s,
de tan excelente com o el de su conducta m ilitar, por lo cual
con toda verdad debem os llam ar a Franco Héroe Cristiano
en la Guerra.

- 49 -
. y

■•mura

>

Franco, sum am ente respetuoso con la f e de los dem ás, acepta la


am istad de los moros leales. Aquí, con el M izzian. Con el tiem po, le
corresponderán generosamente.
EL GENERAL
MAS JOVEN DE EUROPA

CREA LA ACADEMIA GENERAL

Franco, General, es destinado a Madrid, a la guarnición


que componen los regimientos del Rey y de León. Pero sólo
permanece en este puesto un año. Nace su hija Carmen.
A primeros de 1927, Primo de Rivera le encomienda la
resurrección de la antigua Academia General Militar de
Zaragoza. De ella no existía nada más que el solar. A Franco
le va a deber, pues, todo. Desde los cimientos hasta la
programación que regulase la formación diciplinar, cultural
y moral de los cadetes.
Para mejor documentarse viaja a Berlín, Leipzig. Colonia y
Dresde, consulta a los autores más competentes y recoge de
su experiencia lo más aleccionador.
En mayo de 1928, el barón de Mora publica en el semana­
rio «Estampa» una entrevista con Franco, de la que extraemos
lo más relevante a nuestro objeto de mostrar el perfil religio­
so y patriótico de nuestro héroe. Advertimos que en ese
tiempo la Academia General está en construcción.
«En el patio central de la Academia —le anuncia— quiero
colocar un altar a la Virgen del Pilar, para que. desde su
primera juventud, los cadetes aprendan a amarla y a forjar
en ella la fe que habrá de conducirles a la victoria.»
Y prosigue el periodista por su cuenta: «Yo, que admiro y
conozco al General Franco, puedo afirmar que a ninguno
pudo mejor encomendarse la sublime y delicadísima misión
de educar los corazones de nuestros futuros oficiales... La

- 51 -
La A - c ' V ' t . a General de Zaragoza, levan tada y d irig id a p or F ra n co

noble profesión de las armas, para conservar íntegros su


prestigio y general respeto, debe transformarse en un verda­
dero sacerdocio militar. El General Franco tiene en su alm a
suficiente temple p ara contagiar las alm as de los nuevos
caballeros cadetes.»
El 8 de mayo de 1929, el pueblo de Zaragoza asiste en
masa al homenaje que, por acuerdo unánim e de los con ce­
jales, rinde el Ayuntamiento a Francisco Franco B aham on-
de dedicándole una calle. Los m unícipes son conscientes de
que la Academia General, instalada en su solar, servirá
para realzar la fam a de la heroica ciudad y quieren agrade­
cerlo con este gesto. Resultó una jornada muy festiva y p o­
pular, rezan las crónicas. Con tal motivo el académ ico Gre­
gorio G arcía Arista leyó coplas a las que se puede aplicar la
música de la jota, que fueron muy del agrado de los presen­
tes. En una de ellas se dice al General:
<Bajo tus expertas manos
y a la sombra del Pilar,
será patriota y baturra
la Academia Militar».
escucha de los labios del Director lo fundamental del regla­
mento que la rige. Su Majestad no cesa de exhalar exclama*
ciones de entusiasmo y aprobación. Alfonso XIII, al referir
después a sus cortesanos su desplazamiento a Zaragoza, re­
petirá eufórico: *Debo confesar que en mis viches a otros
países no he visto nunca nada semejante. Franco es todo un
hombre admirable, extraordinario, inteligentísimo». Trans­
curridas unas semanas, y en Madrid, el Monarca imponía a
Franco la segunda Medalla Militar, que premiaba su acerta­
dísima y valiente participación en la retirada de Xauen.
El Rey Alfonso X III condecora a Franco. De él había dicho en cierto
banquete a su esposa Victoria Eugenia, según confesión muy p o sterio r de
ésta: «Mira, aquél del bigote es el mejor m ilitar que tengo en el E jército.
Es al que mandé la medalla de la Virgen del Pilar».
En octubre de 1930, llega hasta la Academia el ministro
de la Guerra francés, Andrés Maginot, que sería uno de los
grandes paladines de la Segunda Guerra Mundial, para im­
poner a Franco las insignias de Comendador de la Legión
de Honor, que le concedió Francia por su heróica conducta
cuando el Desembarco de Alhucemas.
I an asombrado queda el ministro francés de la perfección
de esta admirable obra de Franco, que era la Academia,
que de ella y de él declara:
\ o es solo un organismo modelo, sino, en su género, el
mas moderno del mundo. España puede estar orgulloso de
contar con una escuela de oficiales que es la última palabra
de la técnica y la pedagogía militares. El General Franco, a
p esar de su juventud, me ha parecido un jefe maduro y un
director lleno de experiencia, de claridad y de psicología del
mando...». Francia se enorgullecía de condecorar a tan ilus­
tre militar español.
En la vida privada de Franco hay que registrar su asisten­
cia todos los sábados que pudo a la Salve del Pilar y su in­
greso junto con los cadetes, en la Congregación de Caballeros
del Pilar.

FRANCO EN LA REPUBLICA

£! 14 de abril de 1931 se inaugura la Segunda República.


Franco, ai día siguiente, se lo comunicó a los cadetes con las
siguientes palabras, siempre ejemplares palabras:
-Habiendo sido proclamada la República en España, el
deber de todos en este momento es cooperar con su discipli­
na y sus sólidas virtudes a que la paz reine y la nación se
oriente por las vías jurídicas normales».
Varios días antes, el 5 de abril, un grupo de amigos ara­
goneses. comentando con él los desastres que se preveían,
habían dicho a Franco: «La única esperanza para salvar a
España es usted, mi General».
Franco sabe que no existe otro camino para salvar a Es­
paña que el de la disciplina, la justicia, el derecho, la paz...
y hacia ese camino orientará constantemente a sus conciu­
dadanos con el ejemplo y con la palabra. Lo que ha obser-
vado siempre.
Aunque la República es instaurada por españoles de to­
das las tendencias (su primer presidente fue un ex ministro
liberal y católico de la Monarquía), por la izquierda se con­
sidera un triunfo suyo. Para la izquierda (comunistas y
socialistas), la República es la nave que les conducirá con to­
da certeza a la «dictadura del proletariado» dentro de una
democracia socialista, a imagen del «paraíso» de Rusia. Y
no permitirán oposición alguna que torpedee sus planes.
Oposición que no puede encontrar refugio más que en la
derecha. No importa que el Presidente se llame de derechas
con tal de que sus medidas sean de izquierdas. Mejor les
hará el juego. No había mejor «tonto útil».
A primeros de mayo, se inaugura en la calle de Alcalá un
círculo monárquico de derechas. Este hecho es considerado
un acto provocativo y desafiador incalificable por la izquier­
da. La reacción no se hizo esperar mucho. En revancha, la
izquierda prendió fuego a iglesias y conventos en las prin­
cipales ciudades de España. Es el 11 de mayo.
El Gobierno deja impune a tanto delincuente e incendia­
rio como en aquella jornada surge por doquier y, encima
Azaña los defiende con una de sus frases lapidarias: «Todas
las iglesias de España no valen la vida de un solo republica­
no.»
Es la primera reacción de una izquierda antidemocrática y
dictatorial contra una derecha que empieza a manifestarse.
Las dos Españas.
Como es lógico, la Iglesia protesta contra tanto desacato,
a lo que el Gobierno responde rompiendo sus relaciones con
el Vaticano, desterrando al Cardenal Primado, don Pedro
Segura, y emprendiendo una campaña antirreligiosa que
inicia desplazando el Crucifijo de las escuelas y de todo cen­
tro oficial. El muy fatuo de Azaña, el 13 de octubre, llegaría
a afirmar en el Parlamento: «España ha dejado de ser
católica».
GRANDEZA DE FRANCO ANTE LA ADVERSIDAD
Los pensamientos de Franco se tornarían sombríos por
demás. La experiencia que estaba saboreando era demasia-

- 55 -
do amarga.
Muy pronto Azafta emprende también la «Reforma del
Ejército». Numerosos militares consultan a Franco sobre la
oportunidad de permanecer o no en sus filas. Y éste les
contesta: cobrad según vuestra conciencia y conveniencia.»
Y el 31 de junio, por su cuenta y riesgo, el Gobierno clau­
sura la Academia General, la obra predilecta de Franco, el
centro de formación militar más moderno y mejor dirigido
del ;nundo.
Los primeros pasos de la República han sido para abofe­
t e a r en pleno rostro los sentimientos religiosos y patrióticos
ue Fraileo.
El 14 de julio, en su discurso de despedida a los cadetes,
entre otras observaciones les formuló las siguientes:
Hemos de elevarnos y sobreponernos acallando el intenso
dolor por ia desaparición de nuestra obra...» Luego alentó a
los alumnos a continuar practicando las virtudes militares,
subrayando el mérito de la disciplina. «¡Disciplina!, que
reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja
lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón
pugna por levantarse en íntima rebelión, o cuando la arbi­
trariedad o el error van unidos a la acción del Mando. Esta
es ia disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os
ofrecemos.*
El año 1932 tampoco es más esperanzados En el primer
mes se expulsa de España a la Compañía de Jesús, y Azaña
sigue con medidas para lograr la trituración del Ejército.
Azaña es un individuo soberbio en el cual afloran los
complejos de que fue víctima de niño y de joven. De él se
cuenta que se complacía de pequeñín en machacar las cabe­
zas de los pajarillos que cazaba. Fue un estudiante frustra­
do con los jesuítas. Intentó luego ser militar pero no lo
logró. Y como es propio de los hombres débiles se transfor­
mó en furioso anticlerical y antimilitar.
La corrupción de los gobenantes, el desorden en la calle,
los incendios de templos, las huelgas, los atentados, los
asesinatos... se pusieron a la orden del día. 1932 arrojaría
la pavorosa cifra de 126.605 delitos firmada por el Fiscal de
la República. Esta situación es tan intolerable que se suble-
van varios militares a las órdenes de Sanjuijo contra el gobier­
no de Azaña. Franco no consideró este pronunciamiento
con la suficiente posibilidad de éxito y no lo secundó. Esta su­
blevación es lo que se llamó por la izquierda la «sanjuija-
da». Había tenido lugar el 10 de mayo de 1932. ——
Franco, en aquella ocasión, estaba destinado en Galicia
como Jefe de la XV Brigada de Infantería y Comandante
militar de la Coruña. Le había nombrado el Gobierno en fe­
brero. Cuando llegó, «La voz de Galicia» lo saludó con el
título de «Un Caudillo del Tercio» y puso de relieve el ser
«un distinguido gallego» y «su inteligencia, tacto y altas cua­
lidades de militar y nobles dotes de caballero digno y co­
rrecto». Y, no obstante, agradar a Azaña que el General no
se sumase a los rebeldes «para evitarle tentaciones» le trasla­
da a la Comandancia militar de Baleares, el 12 de febrero
de 1933. «Franco es el más temible», «Franco es el único
temible», repetía insistentemente.
1933. LA IGLESIA CONTRA LA REPUBLICA.
Como los efectos de las luchas de los partidos salían a la
calle, para reprimir a los anarquistas, el Gobierno dicta
órdenes de extrema brutalidad. «Tiros a la barriga» sin
compasión mandaba Azaña a su Policía. Y esta salvaje agre­
sividad provoca la pérdida de adhesión de la mayoría guber­
namental a Azaña. Por entonces, el Gran Oriente de la
masonería española, Diego Martínez Barrios, pronuncia un
discurso contra Azaña, que también era masón, en el que
definió su obra como «obra de sangre, fango y lágrimas.» Y
Azaña cae con sus adictos.
«En junio, la Iglesia militante -dice R. de la Cierva en su
obra FRANCISCO FRANCO- se alinea a banderas desplega­
das contra su enemigo oficial (la República). El dia 2, los obis­
pos españoles denuncian colectivamente “el laicismo agresivo
de la Segunda República" y. al día siguiente, en premeditado
movimiento de apoyo. Pío XI truena desde el Vaticano contra
las “leyes nefastas" de esa misma República.»
Desde el primer mes de la proclamación de la República, la
Iglesia recibió de aquella crueles bofetadas. Recordemos los
incendios provocados en templos y conventos el 11 de mayo de
- 57 -
1931. No se siguió corrección alguna para los culpables ni in­
demnización.
Posteriormente la prensa, tanto de la izquierda marxista
como la de la izquierda republicana, flageló a la Iglesia con un
anticlericalismo feroz e impío al máximo.
«No existía en el mundo una prensa más inmoral e irreligio­
sa que la de España» reconocería Negrín, último jefe del Go­
bierno republicano, en el destierro.
La jerarquía eclesiástica no podía pasar indiferente ante tan­
ta devastación de la fe y de la moral y, en consecuencia, se de­
clara contra la República excomulgando a sus jefes y desautori­
zándola hasta desde el Vaticano.
La derecha despierta de su sopor burgués. Vence en las
elecciones que se convocan y son mayoría en la Cámara de
diputados.

NACE FALANGE ESPAÑOLA

En medio de ese ambiente odioso de la República, creado


por «leyes nefastas» y la demagogia de los partidos, brota en el
solar español una voz pujante, reconciliadora, primaveral por
su juventud, por su mística, por su proyección en el futuro. Es
la voz del joven abogado José Antonio Primo de Rivera, que
proclama: «Aquí ni izquierdas, ni derechas, todos españoles.»
Y funda la Falange Española con un discurso extraordinario en
el teatro de la Comedia, Madrid, el 29 de octubre de 1933.
La Falange venía a ser como la síntesis de las aspiraciones de
transformación social de la izquierda unido a la voluntad de
preservar los valores tradicionales españoles de la derecha.
Franco se siente plenamente identificado con el programa de
F. E. y la doctrina de José Antonio vendrá a constituir la clave
medular de su línea política y social.

FRANCO SALVA A LA REPUBLICA 1934

A mediados de febrero, el General estaba en Madrid. En


su casa de la avenida de La Castellana recibe a su madre que
viene a gestionar los trámites para incorporarse a una peregri­
nación que va a Roma. Pero la adversidad se interpone. Cierta
mañana, al salir de misa, contrae una pulmonía que la lleva al
sepulcro. Fallece el 28 de febrero. Es de suponer cuánto sería el
dolor del hijo cuando sabemos la adoración que sentía por
aquella santa mujer.
En marzo, el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, un nota­
rio liberal, visita la guarnición de Baleares, y ésta fue la impre­
sión que le produjo el «Héroe de Africa».
«Franco —escribiría después— posee en alto grado todas
las virtudes militares, y su actividad y capacidad de trabajo,
su clara inteligencia, su comprensión y su cultura están pues­
tas siempre al servicio de España.
»De estas virtudes, la más sobresaliente es la ponderación
cuando examina, analiza, profundiza y desarrolla los proble­
mas: una ponderación que le lleva a ser detalladamente mi­
nucioso, exacto en el servicio, justo en la observación, duro
en el mando y exigente, al mismo tiempo que comprensivo,
tranquilo y decidido».
Más tarde, el 15 de mayo de 1938, Diego Hidalgo refería al
The Sunday Express, de Londres, una anécdota que le subyu­
gó. En su visita a Baleares pidió a Franco la libertad de los po­
cos militares detenidos. Este se la concedió a todos menos a
uno. E interrogado por la causa, Franco contestó que había co­
metido la falta más grave que puede cometer un oficial: abofe­
tear a un soldado.
El día 4 de octubre, por medios auténticamente democráti­
cos, Gil Robles sitúa a tres de sus hombres, por lo tanto de de­
rechas, en el nuevo gabinete de Lerroux, que les confía las car­
teras de Justicia, Agricultura y Trabajo.
Este hecho es considerado por la izquierda como un acto
provocativo y desafiador incalificable. La reacción no se hace
esperar. Y la izquierda, que presumía de haber traído la Repú­
blica a España, ahora va a tratar de hundirla.
Se repiten los incendios de templos, los asesinatos de sacer­
dotes, guardias civiles, ingenieros, capataces..., atentados, ro­
bos... En Barcelona, la Generalitat se subleva igualmente con­
tra Madrid, declarando el Estat Catalá independiente. En Astu­
rias la sublevación adquiere los caracteres más alarmantes...
El Gobierno se reúne aterrado, delibera y decide proclamar
el estado de guerra civil. Todos están conformes en que nadie
- 59 -
nada más que el General Franco es el hombre capacitado para
salvar la República, y a Francisco Franco Bahamonde le pide la
República que dirija la lucha.
«Con Franco venceremos», «Contra Franco no hay quien
pueda», «Solamente con Franco alcanzaremos la paz», «Fran­
co es imprescindible», con éstas y otras frases parecidas se ex­
presan los hombres del Gobierno de la República.
Franco toma las riendas. En Barcelona, el gobierno de la Ge­
neral itat se entera y, a los cuatro cañonazos, se rinde. En Ma­
drid > en las demás ciudades sucede otro tanto y pronto se esta­
blece el orden. En cambio, en Asturias, se acentúa la gravedad
íiasta extremos inimaginables. Son precisos alrededor de «15
Jias vie guerra» para vencer a los rebeldes.
«Fi alzamiento de 1934 fue imperdonable», dice el muy re­
publicano Salvador de Madariaga en su libro España, atacando
¿unmeme a Largo Caballero y a los socialistas.
Asturias se había transformado trágicamente en el teatro más
crue; de ia izquierda levantada en armas contra la derecha.
Murieron alrededor de 2.000 personas, algunas en medio de
un martirio terrible. Al ingeniero Rafael de Riego, que trabaja­
ba en las minas de Turón, lo asesinaron después de cortarle
¿as manos. Hubo curas de aldeas, a los que después de zaherir­
les sin compasión, los mataban y los colgaban en las carnice­
rías con un letrero que decía: «Se vende carne de cerdo.» Se
cuenta de aldeanas violadas y muertas por ser muy religiosas...
La lista de horrores sería interminable contra asturianos, po­
bres o ricos, pero que cometían el atroz delito de ser de dere­
chas.
Destruyeron 956 edificios y 66 puentes. En Oviedo volaron
a catedrai. asolaron la universidad con su biblioteca de 80.000
volúmenes, con cuadros de Zurbarán y Ribera... En fin, toda
una catástrofe.
Cuando, una vez pacificada toda la comarca, Franco
aparece en la escena de aquella región liberada por su victo­
ria, es vitoreado con entusiasmo delirante. El pueblo habla
y proclama a Franco el Salvador de Asturias.
En Madrid sucede otro tanto. El Gobierno en pleno pro­
clama a Franco el Salvador de la República.
LA REPUBLICA PREMIA A FRANCO

Se habían cumplido los pronósticos. Franco salvó a la


República de la anarquía y del bolchevismo. El Gobierno
Lerroux lo reconoce, le condecora y le nombra en febrero de

Aquí, un ángulo de la Universidad de Oviedo volada por los socialis­


tas y comunistas de Asturias en la *Revolución de Octubre de 1934». Es
uno más de tantos desastres como costó la rebelión de la izquierda contra
el legítimo Gobierno de la República, al cual tuvo que salvar precisamen­
te Franco. Fue un preludio de la Revolución del Proletariado que hubiera
realizado la izquierda en 1936 de no haberse adelantado Franco. Y Fran­
co sería quien mandara reconstruir esta Universidad como las demás.
1935 Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares de M a­
rruecos. Lo hubiera elevado más alto todavía pero zancadi-
llea sus justos propósitos el presidente Alcalá Zamora.
Al informar de la marcha de Franco para Africa, el ABC
le llama joven caudillo. Y de las declaraciones del joven
caudillo a la prensa extraemos estas frases que le honran
sobremanera: «Yo siempre fui contento a donde me m anda­
ron» y «un solo plan llevo, el de siempre: cumplir con mi
deber».
Pero Franco permanece poco tiempo en Marruecos. A
primeros de mayo, se registra otra crisis ministerial. Está en
auge la importancia de la derecha y entran en el gabinete
Lerroux cinco ministros católicos. Entre ellos está José M a­
ría Gil Robles que, a pesar de don Niceto Alcalá Zamora, se
encarga del ministerio de la Guerra.
Gil Robles accede al ministerio de la Guerra. Para enalte­
cer su puesto y funciones, procura rodearse de hombres in­
signes en la carrera civil y militar. Y, entre los militares,
elige a Francisco Franco para la Jefatura del Estado Mayor
Central.
Después se explicaría así: «Si me decidí a nombrarle Jefe
del Estado Mayor Central fue porque la voz casi unánime
del Ejército le designaba como jefe indiscutible».
<Franco es el general de máximo prestigio en la España
de hoy» aseguraba Gil Robles en sus comentarios con acen­
to de plena convicción. «Como Franco, ninguno».
A los dos meses, pues, de marcharse a Marruecos como
Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares, vuelve a Ma­
drid, llamado por el ministro de la Guerra, y toma posesión
de la nueva Jefatura el 20 de mayo.
Todos los días, a las ocho y media, Franco entra en el
ministerio de la Guerra. A las nueve, despacha con el mi­
nistro y, después con los respectivos jefes de sección. A las
dos, abre la puerta a quienes le han pedido audiencia. Alre­
dedor de las tres y media, almuerza en su casa. A las cinco y
media, reanuda su trabajo en el ministerio, atiende la co­
rrespondencia y termina asuntos pendientes de la mañana.
Allí permanece hasta las once de la noche.
Los domingos y festivos, Franco cumple sus deberes reli-
giosos; unas veces, en la iglesia del Cristo de Ayala; otras,
en San Luis de los Franceses. Las tardes las dedica a la
familia y a los amigos.
Desde su atalaya, Franco ve pronto reverdecer los frutos
de su labor. Se revitalizan los ejércitos de tierra, mar y aire.
Se restablecen los conceptos del honor y la disciplina... Y
encauza sus esfuerzos a la restauración de la Academia
General Militar.
Sin embargo, mientras las fuerzas armadas progresan, el
ritmo de corrupción y descomposición del Estado se acelera.
El Gobierno de la República no consigue llevar a cabo nin­
guna de las reformas que se propuso al principio. Lo inutili­
zan las intrigas políticas. El malestar cunde en el pueblo.
La derecha teme que la izquierda se alce con otra revolu­
ción y quiere adelantarse con un golpe de Estado. Se reúnen
cuatro generales y deliberan sobre el caso. Pero Franco se
opone al golpe para derribar la legalidad republicana. Es la
segunda vez. La primera fue a causa de la crisis de los
indultos de 1934. No se castigó a ninguno de los culpables
de la cruel, impía y devastadora sublevación de Asturias
contra la República, que, según Salvador de Madariaga,
habían provocado Largo Caballero y los socialistas. Caen el
viejo político Lerroux y Gil Robles. Se desemboca pronto en
el día 30 de diciembre, fecha del último consejo de minis­
tros. En esta reunión se desatan toda clase de insultos, im­
properios, amenazas... Allí nadie se entiende.

1936

Entra 1936 con el Gobierno de la República deshecho.


El presidente decreta, el 7 de enero, la disolución de las
Cortes y convoca elecciones para el 16 de febrero.
Los partidos preparan sus baterías y afilan sus armas
para la lucha electoral. Algunos proclaman ya que ellos
ganarán o por las buenas o por las malas. Pero tienen que
ganar.
El 20 de enero muere el rey de Inglaterra, Jorge V. Los
Prohombres de la República se congregan, conferencian y
dialogan sobre quién será el español que mejor les pueda

- 63 -
seguro de su «omnipotencia», el fátuo del presidente del
Gobierno.
Franco, como siempre y como todo hombre previsor, pro­
cede con la mayor nobleza.
A primeros de marzo, nuestro protagonista parte con su
familia y su ayudante, teniente coronel Franco Salgado, a
las Islas Canarias. Llega en el tren a Cádiz. Todavía arden
iglesias y conventos que. íruto de disturbios callejeros, ha­
bía incendiado la izquierda. Era el día 9.
Al conocer Franco la pasividad del Ejército ante tanta
barbarie, se lo reprocha al gobernador militar de la ciudad
andaluza.
—Me han dado órdenes de no intervenir —murmura el

El General Franco,, con los jefes y oficiales de las platas de su ma'ido


en Canarias, a mediados del mes de junio de 1936
gobernador.
—Pero esas órdenes no deben ser cumplidas —insiste el
General—, porque nadie puede ordenar a un militar que se
muestre indiferente cuando a su lado se comete un crimen y
mucho más si es un sacrilegio.

EMPIEZA LA GUERRA EN LOS DISCURSOS Y EN LA


PRENSA

Desde Canarias, sin dar tregua a su trabajo, Franco sigue


el curso de los avatares de la península con suma atención.
Ninguna noticia le lleva un rayo de esperanza. Todo es
abrumador. Todo presagia una tormenta indescriptible.
España y Dios, Dios y España están siendo perseguidos
con furor inaudito.
A los dos días de su llegada, se e n tera de que se h a
prendido fuego a los templos de Granada. Pocos días des­
pués le informan que han sido detenidos José Antonio y
Ruiz de Alda, uno de los héroes del famoso Plus U ltra...
En todos los discursos de los políticos no vibra más que
odio satánico a todo el pasado de España. Lo más sañuda­
mente atacado es la monarquía y la Iglesia, el trono y al­
ta r... Parece que no ha existido en la h isto ria m ás que
inquisición cruel y represión brutal contra el trabajador,
mientras los demás disfrutaban de una vida sibarita. Y, en
consecuencia, se clama por la dictadura del proletariado.
El 25 de marzo, Margarita Nelken en cierta manifesta­
ción en Madrid dijo: «La dictadura del proletariado es in­
dispensable para establecer el socialismo. La República
burguesa, para los burgueses. Para los obreros, la Repúbli­
ca socialista».
El 2 de abril, Calvo Sotelo ordena publicar en el Diario
de Sesiones del Parlamento la lista de atropellos cometidos
desde el 16 de febrero hasta esta fecha. Aparte de los num e­
rosos asaltos, atracos, huelgas, tiroteos, muertos... apunta
106 iglesias incendiadas y otras tantas robadas y destro­
zadas.
Federica Montseny firmó en primer lugar una ponencia,
presentada en el Congreso Anarco-Sindicalista, del que ex­

- 67 -
tracto este programa de acción: Desarme del capitalismo,
empezando por servirse del Ejército, hasta vencer a la bur­
guesía y luego, dominada ésta, disolver los institutos milita­
res para entregar sus armas a las comunas (...). La sociedad
nueva se organizará aboliendo la propiedad privada, el Es­
tado, el principio de autoridad y las clases sociales (...). Se
proclama el amor libre, la educación sexual, que habrá de
iniciarse desde la escuela y la aplicación de métodos para la
selección de la especie (...). Se enseñará ya en la escuela la
teoría de la inexistencia de Dios. (Publicado en la Historia
del anarquismo español, de Eduardo Comín Colomer).
El día 5 de abril, José Díaz, secretario general del partido
comunista, habla en Cartagena: «Hay que constituir las
alianzas obreras a fin de que sean verdaderos órganos revo­
lucionarios capaces de jugar en España el papel que los
soviets jugaron en Rusia».
Alcalá Zamora abandona la presidencia de la República
ei ~ de abril y le sucede Azaña.
El 16 de abril, arrecia la lucha dialéctica contra la Igle­
sia. La publicación Solidaridad Obrera escribe: «La Iglesia
debe ser aplastada».
El día 10 de abril, Largo Caballero, en un mitin celebra­
do en el Cinema Europa, de Madrid, peroraba: «Hay que ir
a una reorganización del Ejército, de tal embergadura que
será preciso que los generales se conviertan en cabos y los
.abos en generales». Y José Díaz proponía en la misma
reunión: «Hay que constituir una sola milicia proletaria,
.jue será el embrión del Ejército rojo cuando la revolución
triunfe en España, para reemplazar al Estado presente en el
momento que lo derribemos...»
En la segunda quincena de abril, el Servicio de Informa­
ción militar consigue circulares del partido comunista, so­
bre la estrategia a seguir por sus células en el momento del
golpe de fuerza que intentaban realizar, para erradicar a
todo elemento de derechas de cualquier zona de influencia o
poder en la República. Y no era ningún espejismo, porque
el J de mayo desfilaron en Madrid exhibiendo sus efectivos.
I>os jefes del Ejército y los líderes de la derecha descubren
que la revolución que preconiza la izquierda explotará el 29
de julio o el 1 de agosto. A su vez, la izquierda se teme,
igualmente, que los militares urden alguna conjura contra
el Gobierno. Indalecio Prieto, al tiempo que se hace eco de
ese temor en su discurso del 1 de mayo, teje en honor a
Franco uno de los párrafos más elogiosos que le han dedica­
do sus enemigos entre frases de singular admiración. He
aquí algunas:
«No he de decir ni media palabra en menoscabo de la
figura de tan ilustre militar. Le he conocido de cerca. Le he
visto pelear en Africa, y para mí el General Franco llega a
la fórmula suprema del valor... Tengo que rendir este ho­
menaje a la verdad...»
«El General Franco, por su juventud, por sus dotes, p o r
la red de sus amistades en el Ejército, es hombre que, en
momento dado, puede acaudillar con el máximo de proba­
bilidades —todas las que se derivan de su prestigio perso­
nal— un movimiento de este género».
Y más adelante le llama repetidamente «caudillo».
No tardando mucho, el diario marxista Mundo Obrero,
refiriéndose al teniente coronel Yagüe, decía: «Las masas
trabajadoras del país piden y exigen la prisión de ese verdu­
go del pueblo, enemigo declarado del régimen republica­
no...»
El 4 de mayo, José Antonio escribe una carta al Ejército
invitándole a la rebeldía armada contra el Gobierno, advir­
tiéndole del peligro que corría España de perder su identi­
dad e independencia. En esta carta, para estimularle, cita a
Spengler que afirmaba: «A última hora siempre ha sido un
pelotón de soldados el que ha salvado la civilización».
VOCES REPUBLICANAS CLAMAN
POR LA DICTADURA
Media España mira con odio a muerte a la otra media
España. La venganza se enseñorea de la calle. La justicia
rueda por los suelos. Manda la tiranía de los partidos. Tan­
ta y tan brutal es la agresividad que se palpa que hasta los
elementos más inteligentes y moderados de todas las iz­
quierdas suplican, junto con todos los de derechas, que se
imponga la dictadura o «un gobierno de plenos poderes».

-69 -
«Vivimos, es cierto, en una intensísima guerra civil. Me
asusta la barbarie existente, la deploro...» lamentaba públi­
camente el señor Briones en el Coliseo Albia, de Bilbao, el
24 de mayo.
*La única posibilidad de salvación de esta República
—gritaba Miguel Maura, uno de los más destacados padres
de la República— está en una dictadura nacional. O dicta­
dura o guerra civil».
«Un gobierno de plenos poderes. Un gobierno fuerte, in­
tegrado también por personalidades de significación dife­
rente del campo de las izquierdas», se vuelve a propugnar
en El Liberal del País Vasco, el (tía 7 de junio.
Los periódico* La Libertad, el 10 y el 28 de junio y el
Independiente A hora, del día 11, abundan de forma expre­
sa en lo mismo.
E l la reunión que celebran el día 11 los diputados de
Unión Republicana de Izquierda tratan ampliamente el te­
ma. y se muestran favorables a una dictadura nacional.
Esta conclusión se la transmiten al presidente del Consejo,
Casares Quiroga. Pero Casares no quiere complicaciones.
Es más cómodo dejar discurrir libremente, al azar, las aguas
sucias de ia subversión, corrompiendo la piel de toro. Se
gnora ia causa por la que este político flirtea por su inhibi­
ción con la demagogia de Largo Caballero. Casares es de
Centre Largo es jefe del extremismo socialista impaciente
cor 'a implantación de la dictadura del proletariado.
Para Largo Caballero, todo lo que sirve para aplastar a
la derecha es bueno. Todo lo que obstaculiza su revolución
es malo. Y no se recata en proclamarlo en el cine Europa,
de Madrid, el 7 de junio; y, el 14, en un mitin en Oviedo; y,
el 22. en Barcelona; y el...
Jamás ha conocido nuestro país una situación tan irasci­
ble y fácil a la violencia sobre las personas como ahora»,
reconocía el diario republicano El Sol el 23 de junio.
El mismo día 23, en El Sol, publicaba Miguel Maura,
prohombre, como hemos dicho, de la República, un artículo
titulado "Nos equivocamos» en el que no vacilaba en defen­
der, como único remedio de los males del país, una dicta­
dura republicana «La indisciplina nacional es ya insoporta-
ble; el poder público es ya impotente para dominarla» con­
fesaba.
Y el 25 insistía Maura de nuevo en El Sol:
«Un ambiente de congoja atenaza hoy el espíritu de to­
dos los españoles, que no quieren verse envueltos en el re­
molino de la barbarie anarquista. El todo menos esto, que
es la última expresión de la repulsa a un estado de cosas y a
una política, está hoy en labios de la inmensa mayoría de
las gentes, incluso en aquellas de izquierdas que pusieron
toda su ilusión en el triunfo del 16 de febrero... La ruina
irreparable de la economía y el colapso de la Hacienda del
Estado se ven en proximidad aterradora».
«El panorama era desolador —apuntaría posteriormente
Gil Robles, testigo cualificado de la época—. La verdad es
que iba arraigando en casi todos la convicción de que no
quedaba otro camino que la dictadura para poner coto a la
anarquía que nos desangraba».
Y Ortega y Gasset continuaría diciendo: «No es esto, no
es esto», «La República no es esto».
Ante tal situación, Franco se dirige epistolarmente a Ca­
sares, en aquella fecha, ministro de la Guerra, previniéndo­
le de la hecatombe bélica que se puede desencadenar si no
activa los medios precisos para evitarlo. Mas Casares Quiro-
ga da la callada por respuesta. Franco se esfuerza hasta el
máximum por alejar la tragedia dentro de la legalidad repu­
blicana. Los políticos, sin embargo...
La violencia y el terrorismo no ceden. Al contrario, cada
día toman más auge. Los testimonios son innumerables. Pa­
rece que la insensatez y la locura se han enseñoreado del
triste horizonte español, que desemboca en el asesinato de
don José Calvo Sotelo el día 13 de Julio, en plena noche, a
las tres de la madrugada.
El asesinato de Calvo Sotelo, ejecutado por agentes de la
autoridad y a instancias del propio Gobierno, ha convertido
al propio Gobierdo en una banda de asesinos. Este escánda­
lo conmueve la geografía universal. Era la primera vez que,
en un país de occidente, el jefe de la oposición parlam enta­
ria era sacado de su domicilio y asesinado por oficiales uni­
formados del orden público y en nombre del Gobierno.
- 71 -
El mismo Pío Baroja, aunque agnóstico y poco monárqui­
co, justificará el Alzamiento en un artículo aparecido en
«La Nación», periódico de Buenos Aires, Argentina, el 19 de
septiembre de 1936, bajo el título «Los errores de la políti­
ca republicana española». En él confesaba: «La Repúbli­
ca española ha vivido en plena dictadura, en pleno des­
potismo y en plena arbitrariedad. Asi es que comprendo y
aplaudo todo alzamiento contra ella».
Con el tiempo se leería en un editorial de «ABC», el 1 de
abril de 1979, titulado «A los cuarenta años»: «No llegare­
mos a un definitivo entendimiento de nuestra última guerra
civil hasta que no admitamos que fue absolutamente, la­
mentablemente necesaria. Una nación no puede vivir some­
tida a las tensiones que crispaban la vida española de
1936... En fecha reciente, Claudio Sánchez Albornoz car­
gaba a la cuenta del socialista Largo Caballero toda la res­
ponsabilidad del conflicto. Responsabilidad que Salvador
de Madariaga retrotraía a noviembre de 1933, fecha en que
el socialismo no quiso aceptar democráticamente la victoria
electoral de la derecha gilroblista, y que en octubre de 1934
había provocado la cruel sublevación de Asturias».
El político ruso Kerenski llegará a declarar: «Yo acuso a
Largo Caballero más bien que a Franco de haber desenca­
denado la guerra divil».
El comandante del ejército del Frente Popular, Segismun­
do Casado, escribiría: «La culpa de la guerra es de Azaña».
El Gobierno lo ha perdido todo. Todo en él está corrom­
pido. Ya no merece ninguna obediencia. El propio Gobier­
no ha hecho saltar en astillas la débil sombra de democracia
que todavía podía quedar en España. Se había legitimado el
derecho y el deber de abatir a dicho Gobierno.
Toda la derecha en pleno clama venganza contra tanto
envilecimiento. Franco con el Ejército del Sur se levanta en
armas contra el Gobierno de la República. El General Mo­
la, en el Norte. Otros militares ilustres en sus respectivos
territorios ...
Media España declara la guerra total, definitiva, sin cuar­
tel, a la otra media España. Lucharán a muerte los que vocl·
fejan «muera España» y maldicen a Dios contra los que vocl·

72 -
feran «viva España» y bendicen a Dios.
Dios y España son las piedras angulares de la patria. Es­
tas piedras van a servir para elevar y salvar a unos y para
tropezar y estrellarse a otros. Dios y España, los ideales de
Franco.

D')n José Calvo Sotelo , asesinado por el Gobierno de j?


obtenida durante un discurso pronunciado en S

- 73 -
LA CRUZADA

ESTALLA EL 18 DE JULIO DE 1936

( Conste, antes de seguir adelante, que sólo vamos a repa­


rar en los datos que, a través de la cruzada, revelan a Fran­
co como fiel cristiano y hombre justo, humanitario, muy
inteligente y sacrificado, todo un hombre entregado a de­
fender el honor de Dios y España).
Cierto imprevisto precipitó el Alzamieto contra el Frente
Popular de la República en Melilla. Pero en seguida Franco
toma la iniciativa. Además en Melilla se ha rebelado el
Ejército en nombre de Franco.
El mismo día 17, el Comandante General de Canarias
cursa a los generales y almirantes de la metrópoli un tele­
grama anunciando la insurrección de sus tropas. Y, a las
siete, ordena al locutor de Radio Tenerife que lea a la pobla­
ción el documento en que expone las poderosas razones que
le empujan a ello. El texto es largo y concluye con estas
palabras:
«Nuestro movimieto no tiene como objetivo la defensa de
unos intereses bastardos ni está inspirado en el deseo de vol­
ver al pasado... La pureza de nuestras intenciones nos im­
pide abolir las conquistas que representan el progreso en las
mejoras político-sociales; el espíritu de venganza no tiene
lugar en nuestros corazones; sabremos salvar del naufragio
forzado todo lo que sea compatible con la paz interior de
España y con la grandeza que deseamos para ella, realizan­
do en nuestra patria por primera vez y en este orden la
- 75 -
Fraternidad, la Libertad y la Igualdad. ¡Españoles! ¡Viva
España! ¡Viva el honrado pueblo español!».
Franco nunca exclamó: *¡Viva la República!».
Prepara el viaje en avión a Marruecos. Es una odisea
realmente arriesgada. A pesar de carecer de alumbrado,
iterrizaron en el aeródromo de Casablanca. Le acompaña­
ban el capitán piloto, un radiotelegrafista y su ayudante
Franco Salgado. Este no tenía pasaporte y el General llevaba
el del diplomático Sangroniz. aunque con su fotografía. Se
hospedaron en una modesta pensión del puerto. Con nues­
tro protagonista comparte la habitación el escritor L. Bolín
Bidwell. De la larga conversación que sostienen ambos,
contaría el escritor en su libro «España, los años vitales»
:uáles eran sus preocupaciones.
Un deseo apasionado de servir a España inspiraba sus
valabras —nos revela—. Estaba dispuesto a hacer cuanto
oudiera para compensar los años de miseria que sus compa­
rólas habían padecido en épocas anteriores... Sus pensa­
mientos eran para el pueblo. Quería ver mejorada la suerte
í e i Trabajador, la situación de las clases medias, tantas
eces defraudadas como el pueblo mismo»...
A poco más de las cuatro de la madrugada de aquel día,
e mismo avión, un bimotor Dragón Rapide, reemprendió el
ueio a Tetuán.
En Teruán le recibe el Coronel Sanz de Buruaga. Cuando
¿ este Coronel le preguntaban, angustiados, los demás ofi­
c i e s por Franco, que no llegaba, les tranquilizaba con ex­
presiones de confianza absoluta en que no tardaría en estar
,on ellos porque él «creía firmemente que Dios los prote-
f l ü».
La España alzada en armas contra el Gobierno nefasto de
a República contemplará el espectáculo bélico como obra
ie Dios. ' Dios lo quiere» exclamarán obispos y sacerdotes
:n la España Nacional, y, al conjuro de esta frase, serán
r¿numera bles los jóvenes que se enrolarán voluntariamente
n las filas del Ejército, en las banderas de Falange Espa­
lda y en los tercios del Requeté. De todos los corazones
reyente* se elevarán ardientes plegarias a Dios implorando
ue les proteja y con la confianza puesta el El. «cueste lo
G olfo d ty Vi z , c *j i/&

TtT'" ' v! JULIO /9*6


IA CJKUHA.

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ZAMOKfi*/

AV<Pk> /-ü ä a ■ - « i
S á L ti^ S ^ y ij

£jur>.

HUELVA
VILLA

Mapa de la media España sublevada contra el gobierno tiránico de la


República que domina la otra media.

A la llamada de
Franco para salvar a
la Patria acudió
infinidad de españoles
enrolándose en las
filas del Ejército, en
las banderas de
Falange o en los tercios
del Requeté, como
refleja Sáenz de
Tejada en este dibujo
en el que aparecen
hasta tres
generaciones de una
misma familia navarra.
Y acuden con signos
religiosos.
que cueste», esperan vencer.
Por fin, la guerra o, mejor, la cruzada estalla en todos los
frentes.
Las palabras de Francisco Franco en menstúes У discur­
sos rezuman optimismo y certeza absoluta en la victoria.
«Fe ciega, no dudar nuca», repite constantemente.

FRANCO DEFIENDE LA RELIGION Y LA PATRIA


«Сол nosotros va el bienestar —clama Franco— y la paz
de España, la familia, la religión, la patria». Familia, reli­
gión y patria, cuyos cimientos estaba socavando la Repúbli­
ca, definen los principios fundamentales que inspiran el
«Levantamiento Nacional».
Un avión enemigo, un avión del Gobierno de la Repúbli­
ca llega a Tetuán y bombardea precisamente el barrio mo­
ro. Con su actitud criminal el Gobierno se ha ganado todo
el odio de los moros.
La actividad de Franco transcurre incesante en entrevis­
tas, estudio, inspecciones, órdenes, discursos, viajes... En­
tra en contacto con los sublevados de la península. Mola ha
levantado toda Navarra. Varela triunfa en Cádiz. Queipo de
Llano domina Sevilla. Con Cabanellas está Zaragoza y todo
Aragón. Valladolid en masa sigue a Saliquet. Casi toda
Castilla la Vieja, toda la región gallega y leonesa se han con­
vertido en zona nacional.
Franco vigila el Estrecho. De vez en cuando frágiles falu-
chas de pesca transportan efectivos de hombres y armas a
Sevilla, aunque la solución estará en la formación de todo
un convoy. Envía emisarios a Alemania y a Italia en deman­
da de auxilio. Firma nombramientos y ceses. Manda a los
coroneles de Galicia que socorran al intrépido A randa...
El día 28 de julio, Franco con Queipo, Orgaz y Varela,
recibe un homenaje popular apoteósico en Sevilla, y vuelve
a insistir en su alocución: «No es sólo la Patria la que nos
obliga, es el propio bienestar, la familia, la religión, todo».
El ABC, al dar cuenta de este acontecimiento, afirma: «El
General Franco, cabeza insigne del movimiento libertador,
%e halla entre nosotros»... Incluso Queipo habla en términos

- 78 -
similares sobre «la llegada del General Franco, insigne cau­
dillo del movimiento salvador de la Patria».
La prensa extranjera, como Le Journal, tam bién reconoce
a Franco como «Jefe del movimiento insurreccional espa­
ñol».
En todas la naciones, como en Alemania por despachos
de su cónsul en Tetuán, igualm ente, se subraya que «el Jefe
del movimiento es el General Franco».
Con estos testimonios y otros muchos que podemos ad u ­
cir, inferimos que la vox pópuli, la voz del pueblo, ha co­
menzado a proclam ar ya a Francisco Franco Bahamonde
como el indiscutible Caudillo de España, de la nueva E spa­
ña.
Consigue del G ran Visir la incorporación de marroquíes
al Ejército Nacional, y así dispone de los aguerridos mozos
de las tribus más valientes del Norte de Africa.
Son expresivas las frases con que el Caid Solimán el Jata-
bi le ofrece sus hombres: «Al glorioso héroe, tan afortunado
de mano, alma y corazón, al General Franco: ¡Qué las ben­
diciones divinas sean sobre tí y los que contigo combaten en
la buena senda! Nosotros deseamos ayudar a España con
nuestras personas, nuestros hijos, nuestros hermanos y nu­
estras haciendas para conseguir que España vuelva a ser lo
que era... Ya veréis como a nuestros heroicos soldados no
les importa la muerte. Nuestras plegarias a Alá, Dios Altísi­
mo, os acompañarán siempre»...
Es curioso el detalle de cómo por Franco y su nobilísima
empresa se elevarán plegarias con intenso fervor en las mez­
quitas mahometanas lo mismo que en los templos cristianos
al Dios de las Victorias.
El día 1 de agosto, Franco firma su primera orden en
calidad de Jefe del Ejército de Africa y Sur de España. El
fin de la misma es decidir la marcha sobre M adrid. R epare­
mos en sus sentimientos firmes y a la par humanitarios:
... «Es imprescindible una disciplina total en el fuego —or­
dena—. En cuanto a la reducción de focos rebeldes, se
efectuará con energía, excluyendo la crueldad, respetando en
absoluto a ¡as mujeres y niños y evitando toda clase de
razzias».
- 79 -
Franco juzga ya apremiante el paso por el Estrecho del
convoy que le viene obsesionando. Los expertos se lo desa­
consejan porque la escuadra y la aviación enemigas dominan
mar y aire. Pero a España le urge y decreta el paso para el día
5 de agosto.
El día 5 de agosto es la fiesta de la Virgen de Africa. Ante
Ella se había postrado reiteradamente para suplicarla su
protección. Y el día 5, con rápidos combates de barcos y
aviones de uno y otro lado, el convoy desembarca en Algeci-
ras con más de 2.000 soldados, entre Regulares, Legionarios
e Ingenieros; seis baterías, dos millones de cartuchos, doce
toneladas de dinamita y 3.000 proyectiles de artillería. Una
vez que Franco contempló la culminación laboriosa pero feliz
de la travesía, todos los historiadores están conformes en que
se encaminó al santuario de la Virgen de Africa para agrade­
cerla su intercesión. Este es el convoy que se llamará el
Convoy de la Victoria.
Día o de agosto. Es curiosa la coincidencia de tres alocu­
ciones dirigidas a los españoles en este mismo día.
La primera alocución es de la Iglesia. Nada menos que dos
obispos vasco-navarros, don Marcelino Olaechea y don M a­
reo Múgica definen como Cruzada a la guerra civil.
En e¡ fondo del movimiento cívico-militar de nuestro país
—afirman— laten juntos, con el amor de Patria, en sus
varios matices, el amor tradicional a nuestra religión sacro-
■·antu... Habéis hecho a Dios la ofrenda de docenas de miles
de vidas. Muchas de ellas han sucumbido ya. Vasconia y
Navarra llevan la marca gloriosa de la sangre derramada por
Dios*... Y reprochan la conducta de los que se llaman católi­
cos y no colaboran con Franco, la opinión de los dos obispos
causa gran consternación entre sus diocesanos y muchos de
estos giran a favor de la causa nacional.
La segunda alocucioñ es del Gobierno de la República por
medio de Indalecio Prieto. Este líder socialista pide al pueblo
que no se deje engañar por las promesas de los rebeldes. Y
pide al Ejército Nacional que se rinda, que desista en su
oposición porque en la España republicana, en manos de los
proletarios, estaban los arsenales más poderosos de la gue­
rra. estaban las riquezas y el aparato del Estado, ellos po­
seían todo el oro de España, y porque, como ellos eran los
más ricos, ellos al fin vencerían.
La tercera alocución es de Franco. El caudillo de la Espa­
ña sublevada, tras diversas formulaciones y exhortaciones,
invoca la fe en la victoria que empuja a los nacionales,
constatando que a ellos les am para toda la razón y, de alguna
manera, pide al Gobierno que se rinda, porque al fin vencerá
la fe al dinero.

FRANCO EN SEVILLA

Franco salta el Estrecho el día 7 de agosto, y se queda


definitivamente en la Península. Se traslada a Sevilla. Aquí
permanecerá veinte días desarrollando una labor intensísi­
ma: dirige la m archa sobre M adrid, envía banderas y tabores
a Oviedo, organiza la defensa de las Baleares. No descansa.
Durante su estancia en la bella ciudad del Betis, el «insigne
caudillo», como le ha llamado Queipo de Llano, asiste a la
misa que se celebra en la iglesia del Sagrario. De esta obser­
vancia religiosa se hace eco el ABC del día 9 en un artículo
que titula: «Caudillo del Ejército Español».
La prensa nacional, la de derechas, exalta a Franco hasta
proponerle como el candidato de excepción para el mando
único. Le m uestra como la garantía máxima del bien de
España. Como al Caudillo incomparable capaz de hacer de
España U na, G rande y Libre.
La prensa roja, la de izquierdas, ataca a Franco con saña
inaúdita hasta apuntarle como el responsable supremo de su
perdición. Le trata como al causante absoluto del mal de
España. Como al Caudillo incom parable capaz de barrerles
del suelo nacional.
El General Jefe del Ejército del Sur escucha al pueblo y
accede a las muchísimas solicitudes que recibe para que
implante la bandera bicolor con caracter oficial. El día elegi­
do para izarla con toda solemnidad es, precisamente, el día
15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen en la Iglesia
universal y, en Sevilla, fiesta de Nuestra Señora de los Reyes.
Debió ser un espectáculo emocionantísimo contem plar a Se­
villa en masa asistiendo al patriótico acto. Cómo brillarían

-81 -
los ojos de los presentes al contemplar la bandera roja y
gualda elevándose en su mástil bajo el cielo andaluz de un
azul impoluto.
Presiden el acontecimiento con Franco los generales Mi-
Uán Astray y Queipo de Llano, acompañados por el Cardenal
Ilundain. Es el primer prelado de la Iglesia que aparece
junto a Franco.
El inmenso gentío pide con insistencia que Franco les
dirija la palabra. «Y el General valeroso —escribe ABC—
acercándose a los altavoces, dyo: Sevillanos, ya tenéis aquí la
gloriosa bandera española. Ya es vuestra... Cuando se ha
pasado toda una vida con una enseña, con una religión y con
un ideal, eso no se puede destruir, eso no puede variarse
porque sería lo mismo que si quisiéramos quitar a Dios de
los altares»...
Seguidamente —continúa ABC— todo el público que
llenaba la plaza prorrumpió en las siguientes exclamacio­
nes Franco'!';;¡Franco!!! ¡¡¡Franco!!! queriendo signifi-
. ar :on ello su homenaje al ilustre caudillo militar, salvador
de España y fundador de una nueva patria mejor».
Observ a Ricardo de la Cierva en su obra FRANCO que, a
pamr de este discurso, «van intensificándose, concretándose
as alusiones religiosas en los discursos y declaraciones de
Franco en estas semanas siguientes a la declaración conjunta
<ie los obispos del país vasco-navarro».
El día 16, Franco vuela a Burgos para entrevistarse con
Mola y los otros generales de la Junta de Defensa formada
allí días antes. Tal era su fama que su paso por las calles de
la vieja ciudad del Cid fue vitoreado con entusiasmo deliran­
te por multitudes que en su figura admiraban al «Salvador de
España». En Burgos tampoco faltó a misa.
El informador alemán Seyal, al remitir a su Gobierno las
noticias españolas, le participa los amistosos lazos que unen
a los generales del Ejército nacional, principalmente a Mola
y a Franco, para concluir diciendo: *De todas formas el
Comandante en Jefe es Franco».
El Comandante en Jefe regresa a Sevilla. Imparte instruc­
ciones sobre la defensa de todo lo conquistado. Ultima de­
talles. informa para la prensa nacional y extranjera. Envía
mensajes y víveres a los heroicos defensores del santuario de
Santa María de la Cabeza y del Alcázar de Toledo por
medio de la aviación. Y entretanto sus tropas avanzan victo­
riosas, vía Badajoz y Cáceres, cam ino del Alcázar de T oledo
y de Madrid.
El 25 de agosto se despide de Andalucía ante una concen­
tración enorme de personas en la que destaca el colorido de
la infinidad de muchachos de Falange E spañola que han

- 83 -
acudido. Debió ser conmovedor para el eminente militar
escuchar a aquellos chavales el «Cara al sol». Cómo sonrei­
ría sintiendo en el alma el aliento imperioso de aquellos
adolescentes y niños que en él depositan su esperanza, su
porvenir, su futuro, y le empujan a vencer «cueste lo que
cueste». Aquel discurso le corona Franco con el grito de
José Antonio, que ya será el broche de oro con que cierre la
mayoría de sus alocuciones públicas: «¡Arriba España!»

FRANCO EN CACERES

Franco se desplaza a Cáceres el día 26 de agosto. En el


palacio de Los Golfines reside varias semanas. Trabaja du­
ro Le absorven el tiempo los teléfonos, las órdenes, los
mapas, las audiencias. Un día fueron a visitarle su esposa e
hija v tuvieron que esperar más de una hora. No sale a la
calle un solo día. Y si sale lo hace antes del amanecer, de
incognito para largarse a recorrer los frentes.
Por lo primero que se interesa en los frentes es por las
bajas y por ios heridos. Y como cuando por los años 1921
mandaba la vanguardia de la Legión en la guerra de Ma­
rruecos. recomienda que todos los combatientes «muertos o
heridos, todos deben volver». Esto es, no deben quedar
abandonados. Y cuando escucha los actos de heroísmo que
acreditan la grandeza de espíritu de sus soldados, sus ojos
se humedecen con las lágrimas de la emoción, anota Joa­
quín Airaras.
Los domingos participa en la eucaristía que se oficia en el
oratorio de la casa.
El 6 de septiembre, el obispo de Cáceres celebra en el
palacio de Los Golfines. Con este motivo la población se
congrega junto al palacio y, a voz en grito, clama que Fran­
co salga al balcón. Franco obedece. Aparece acompañado
del Obispo y autoridades, repitiéndose las expresiones que
con frenesí inenarrable de admiración y gratitud levanta su
presencia carismática por todas partes.
«¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!»; «¡Jefe!», ¡Jefe!, ¡Jefe!»;
«¡Caudillo!, ¡Caudillo!, ¡Caudillo!» exclaman hasta enron-
quecer también aquellos hijos de Extremadura.
El periódico de la región, al día siguiente, informaría en
los términos más eufóricos del apoteósico homenaje tributa­
do al Salvador de E sp a ñ a , com o le llaman igualm ente por
lodas partes.

EL PAPA CON FRANCO

Día 14 de septiembre. El Vaticano franquea sus puertas a


un grupo de católicos y sacerdotes españoles expulsados de
España. El Santo Padre, Pío XI, le acoge cariñosamente.
Comparte su dolor. Condena una vez más a la República
Española por su persecución religiosa. Exterioriza sus sim­
patías por la zona rebelde. Y ofrece sus oraciones al Altísi­
mo para que asista a los Ejércitos Nacionales.
Por diversos conductos, Su Santidad Pío XI estaba per­
fectamente enterado de la tem pestad de represión, cárceles,
torturas, ejecuciones, robos e incendios sacrilegos... que
arreciaba en aquellos meses sobre la Iglesia Española.
Es inaudita la fiereza con que la izquierda se está ensa­
ñando contra las familias de derechas, a las que ha sorpren­
dido el Alzam iento Nacional en los dominios de la hoz y el
martillo.
Para estas fechas ya han sido martirizados, sólo en M a­
drid, alrededor de 1.000 sacerdotes, frailes y monjas. Han
sido incendiados 43 tem plos parroquiales y 276 iglesias. Las
cárceles se han m ultiplicado y se han creado las tristemente
famosas checas que están abarrotadas de presos... Cual­
quiera diría en el extranjero que la izquierda de la Penínsu­
la Ibérica se había vuelto loca.
Se cuenta que el gran político republicano Indalecio Prie­
to, al conocer las «sacas» o matanzas de la Cárcel M odelo
de Madrid, se presentó en ella indignado. Trató de averi­
guar la razón de tanta barbarie y, gracias a la escolta que lo
protegía, salió de allí ileso, pero cabizbajo y horrorizado.
Entonces exclam ó aquella frase que se hizo célebre: «Ahora
sí que hemos perdido la guerra». Y seguiría después: «La
brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada
menos, que con esto hem os perdido ya la guerra». «Tene­
mos las cárceles en m anos de salvajes»...

- 85 -
Y es curioso que mientras la prensa nacional publica
fríamente la noticia del fervor del Papa por la causa de
Franco, la prensa republicana reacciona con artículos que
rezuman odio satánico. Para ella ha sido un golpe bajo. Por
ti temor fundado a crueles venganzas en los católicos que
conviven a la fuerza con los rojos, los jefes del Alzamiento y
sus periodistas no revelan interés alguno por incorporar la
diplomacia pontificia en su defensa. Cautela y prudencia
que muchos historiadores desgraciados, incluso católicos y re­
ligiosos, no sabrían ni agradecer ni capitalizar como un
tanto muy honroso para ellos.
A la España nacional no la coge de improviso que Pío XI
la bendiga. Y si Francisco Franco Bahamonde es su primer
salvador, el Moisés elegido por Dios para liberar a su pue-
blo de la tiranía y esclavitud de la República, justo era que
para Franco fuera la evocación más agradecida del Sumo
Pontífice de la Cristiandad.

LA PERSECUCION A LA IGLESIA

/ u masonería y el liberalismo, por su anticlericalismo, habían promo-


¡di· un otiio \atáni< <> contra la Iglesia en el siglo pasado. En el siglo X X
■' .ie ixito \e rec rudec e alentado ahora también por socialistas y comunis-
■a:.- < J ; d e Marx. Según éste *lu religión es el opio del pueblo». En
>,ti\c·· lien, tu la persecución desatada contra la Iglesia en calumnias y
ti-· iodo genero fu e devastadora en los medios de comunicación
c-r.meru v después <on la destrucción de templos y el martirio de sus
rt'.mhrr > Un huen testimonie >de ello fue la «Revolución de Octubre» en
A j u n a s y la actuación de la Izquierda Republicana, socialistas y contu-
ni .i<j·. <<¡n>ru la Iglesia antes y después sobre todo del 18 de JULIO.
Aquí publicam os las fotografías de algunos de aquellos carteles provoca -
dores de odios. Los hom bres de la izquierda entonces se Humaban rojos y
·,us características eran, aparte de este odio, levantar el puño y presumir
de materialistas. A los hom bres de la derecha se les llamaba fascistas y
•,us características eran levantar el brazo con la mano extendida, ser
religiosos e idealistas.

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Abajo, dibujo en el
que destacan un
conservador, un
sacerdote, un
m ilitar y otros
personajes
m atando al
<ulpable de «La
Semana Trágica
de Ilarcelona», ,***¡
\\ V-' II V
Francisco Ferrer,
a las órdenes de %
uno de los
mejores políticos
de prim eros de
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siglo, A ntonio
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^ »‘ » » o » íiw c ,^

Algunos más de los muchos carteles incitadores al odio contra la Igle­


sia difundidos por la izquierda. A continuación, el fruto de esta siembra.
Imágenes que, después de mutiladas por los rojos, serán arrojadas al
fuego prendido ya en otras. Esto sucedió en San Bartolomé de Pinares,
pequeño pueblo de Avila, lo mismo que en el noventa por ciento de los
pueblos gobernados por socialistas y comunistas. Así desaparecieron
cientos de miles de esculturas sagradas. Muchas eran verdaderas joyas de
arte por ser obras de Berruguete, Alonso Cano, Gregorio Fernández...
En la paz de Franco, con el florecimiento general de la cultura, aparece­
rán escultores de gran nombradla, que volverán a llenar de imágenes
estos templos que, gracias también a Franco, serán reconstruidos.
Izquierdistas o rojos, como también se les llamaba, haciendo mofa con
los ornamentos sagrados que después arrojarán a las llamas. Los
sacerdotes y misioneros que aparecerán en la paz de Franco intentarán
convertirles al Dios del que entonces renegaron. Y si han de morir en
algún frente, Franco les perdonará dándoles tierra sagrada bajo la Santa
Cruz del Valle de los Caídos, que él mandaría levantar en honor a los
Caídos por Dios y por España en la Cruzada.
En 1936. y sólo en Madrid ciudad, fueron expoliados, incendiados y
destruidos 42 templos parroquiales y 276 iglesias. Volverían a ser recons­
truidos >· decorados por los hombres de Franco. Gracias a Franco volve­
rían a recobrar su antiguo esplendor y sentido. Arriba, el estado en que
quedó la Iglesia Mayor de Castellón, monumento nacional. Abajo, la
iglesia de los jesuítas en Madrid.
Esta página procede del libro «Iconoclastas y M ártires*, de T. Toni,
S. J., publicado en 1937, a raíz de los desastres culturales y martirios
ejecutados por la izquierda española en los pueblos de la diócesis de
Avila que durante los dos primeros meses de la Cruzada cayeron en zona
roja.

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Aquí algunas de las muchas mujeres asesinadas por la izquierda en


Valencia y el resto de ¡a España roja por ser buenas cristianas. De la
revista ’ Iglesia-Mundo».

. ■ j- María de la Purificación
* m !!L ?*ca Vidal Pastor
ta va c o n fe so su fe en A lo ra el*
cornea su w ».·:>Alora , , 4
2 2 cié sep tie m b re de 1 9 3 (

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AtoroT cun?»*><: *<: Gíiet el 71dte Carmen Vial Farra mi©
^vi f*enA«<ira v n ís e m b * * - ífa 1 9 <6
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V’•utktCtimént Mata« LutM María F n ·· CaAwrM M*,f* d#l O·*'**» ttofwara


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. } ..¿ t- P · * ti i < i . . y. ·. -r. ' iff ftfM lif a i i'í^ t ¡ / i i W . a c n t i i I í í *Á ri
¡VIVA CRISTO R E Y !

La República está convirtiendo a la España sojuzgada en


vivero de mártires y héroes que mueren confesando su fe
valientemente con el grito de «¡Viva Cristo Rey!». Qué con­
traste más abismal con el grito con que mueren los hijos de
la República. El grito de éstos es el de la blasfemia, maldi­
ciendo a Dios, a la sagrada Hostia, a la Virgen..., y vocife­
rando mueras a España y vivas a Rusia y a Stalin.
El grito de «¡Viva Cristo Rey!» es tan familiar en la zona
nacional que acerca del mismo corren numerosas anécdo­
tas. He aquí algunas:
«En la estación de Logroño —se decía— que un teniente
del ejército cansado de tanto oír a los requetés: «¡Viva Cris­
to Rey!» y «¡Viva España!» se lo echó en cara: «Basta ya de
tanto Viva Cristo Rey». Un boina roja se planta de un salto
ante él, se cuadra, saluda... «Mi teniente, ¿qué quieres?
Nosotros venimos contentos a vencer o morir por España.
Nosotros amamos a España de todo corazón. Pero si delan­
te de España no estuviera Cristo Rey, ni un voluntario de
Navarra iría a la guerra...» (De «Verdad y Vida», tomo I, pá­
gina 442, por R. J. de Muñana). Ese teniente, en 1980.
hubiera sido un buen elemento de U.C.D.
Otra anécdota. En una posición de Talavera de la Reina
montaban guardia dos moros. Intentó franquearla cierto
individuo. Los moros lo detuvieron y, por toda garantía le
preguntaron: «Tú, ¿Viva Cristo Rey?» Y ante la contesta­
ción satisfactoria de aquél: «Yo, sí, yo ¡Viva Cristo Rey!»,
los moros le dejaron con su respuesta característica: «Pues
entonces pasar».
Al reparar en este dato, tengo ante mis ojos una lista
larguísima de españoles, sobre todo jóvenes, que murieron
fusilados, torturados, descuartizados por la izquierda con el
grito de «¡Viva Cristo Rey!», «¡Viva España!», «¡Arriba Es­
paña!» en los labios.
Se refiere del General José Miaja, jefe del Ejército Rojo,
que afirmó reiteradamente en comentarios diversos: «Ver­
daderamente son temibles los jóvenes nacionalistas que se

- 93 -
lanzan a la lucha al grito de “ ¡Viva Cristo Rey!”».
No es extraño, por lo mismo, que el Papa Pío XI anhele y
suplique vivamente la victoria para Franco.

EL ALCAZAR, ASOMBRO DEL MUNDO

Entretanto, las tropas de Franco siguen avanzando hacia


Toledo. El Alcázar y su increíble gesta tienen embelesado al
mundo entero. Del trance de si se rinde o no se rinde, de si
es ocupado por fin o no, están pendientes todas la agencias
de noticias.
Defiende el Alcázar un puñado de hombres de la España
inmortal. En total 1.150. Son militares, guardias civiles,
falangistas y miembros de otros partidos de derechas. Tam­
bién les acompañan 520 mujeres y 50 niños. Están plantan­
do cara a todo el Gobierno de la República y a las fuerzas
dei Ejército Rojo, representado en 11.000 soldados apoya­
dos por los anarquistas que envió Largo Caballero.
Aquellos héroes del Alcázar están emulando a los españo­
les de Sagunto y Numancia contra las legiones del Imperio
Romano. Están emulando a los españoles de Tarifa, con su
Guzmán El Bueno, contra las legiones de la Media Luna.
Están emulando a ios españoles del fuerte de Baler, conoci­
dos por «Los Ultimos de Filipinas», contra las legiones po­
derosas de Norteamérica...
Aquel Alcázar, en el cual, dijo Franco al escritor Luis
Moreno Nieto, en 1973: «Allí fue donde yo me hice un
hombre», aquel Alcázar tan cargado de historia estaba sien­
do todo un ejemplar de honradez viril, todo un mensaje de
fidelidad inquebrantable al ideal de Dios y España, España
y Dios. El ideal de la España eterna.
Un buen día de aquellos del terrible asedio suena el telé­
fono en el despacho del Coronel Moscardó, jefe de la guar­
nición de) Alcázar. Era su hijo Luis, un muchacho de 15
años. Sostienen un diálogo intensamente patético. Luis le
anuncia que está preso en poder de los rojos y que si no
rendía el Alcázar sería fusilado.
¡(Jué momento más crítico y angustioso! ¿Cómo reaccio­
naría aquel hombre? Pues reacciona como reaccionaron los
- 94 _
grandes hombres de la historia, los hombres que conm ovie­
ron al mundo:
— Pues bien, hijo mío — termina diciéndole— , en com ien ­
da tu alma a D ios, grita ¡Viva Cristo Rey!, y muere com o
un patriota. El Alcázar no se rinde.
Y en vista de que las acom etidas del exterior, incluso de
bombardeos, son ineficaces para vencer el espíritu de acero
de los defensores, se decide hacerlo volar por los aires con
minas de dinamita. La sugerencia fue de una mujer: la
N°lke, diputada socialista. Siempre una mujer. Estas minas
estallaron el día 18 de septiembre. Pero aquellos valientes
permanecieron impávidos y alerta entre los escondrijos de
las gloriosas ruinas. Por eso cuando los 11.000 sitiadores de
la fortaleza se lanzaron sobre ella al asalto, se vieron recha­
zados por la firme acción de las ametralladoras de los de­
fensores, que por nada se rendían.
«Etsi fractus illabitur orbis. impávidum ferient ruinae»
cantó el poeta clásico latino del hombre de carácter. «Aun­
que el orbe se deshaga hecho añicos, impávido le herirán las
ruinas» al que es todo un hombre. Y esto, todos unos hom­
bres, es lo que debían ser los defensores de aquellas ruinas
imperiales.
Cuando la noticia, com o un relámpago poderoso, recorre
todos los cielos, todos los habitantes de la tierra exultan de
asombro. Es imponente la admiración del m undo por los
hombres que luchan con Franco. La Cámara de Diputados
de Río de Janeiro, puesta en pie, aplaudió largamente a los
lejanos y tenaces defensores del Alcázar de Toledo, y envia­
ron un telegrama a Francisco Franco en que le trataban de
«Jefe del Movimiento Nacional Español». Es la primera vez
que en el extranjero, concretamente en Brasil, se le llama
así a Franco. Tanto era el prestigio de que gozaba.
El Alcázar albergaba a hombres que, junto a su absoluto
patriotismo, viven la más sentida religiosidad. Viven a D ios
y a España. En su interior brilla la santidad heroica de un
mozo llamado Antonio Rivera Ramírez. Fue presidente de
los Jóvenes de Acción Católica y de la Federación de E stu­
diantes Católicos. Dentro de los históricos muros, celebró
reuniones, círculos y actos de piedad en com ún. Allí se

- 95 -
rezaba a diario el rosario ante una imagen de la Inmacu­
lada.
Justamente, el día 18 de septiembre, una granada de
mano desgarró el brazo izquierdo de Antonio Rivera. Sufrió
la amputación del brazo sin más consuelo y anestesia que el
crucifijo v el rosario que apretaba su mano derecha. Frase
su va a los compañeros era "tirad, pero tirad sin odio».
Cuando falleció a causa de las heridas recibidas en el ase­
dio. sus últimas palabras fueron: «¡Viva Cristo Rey!». En la
historia se le conoce ya por «El Angel del Alcázar». En
1%2. la Iglesia empezó a tramitar su causa de beatifica­
ción.
ir a s reñidísimos combates, las tropas nacionales a las ór­
denes del bilaureado General Varela y las marroquíes al
m ando de El Miz/ian. por fin. entran victoriosas en la im­
perial Toiedo y liberan ei Alcázar. Era el 27 de septiembre.
Había culminado una de las epopeyas más grandiosas .de la
Cruzada de Liberación y de la Historia Universal. Dentro
de la acrópolis había muerto el 59% de sus defensores.
Los ejércitos de la República habían sufrido una derrota
terrible. Los 11.000 soldados republicanos y los miles de
anarquistas de Largo Caballero huyeron por las puertas tra­
seras de las murallas a la desbandada. La humillación de la
República Española era indescriptible. Su venganza no se
haría esperar y una vez más se revestiría de crueldad inau­
dita contra las gentes de derechas que no podían escapar de
\u 7n n 3 m i a.
Mientras, las campanas de todos los templos de la Espa­
ña liberada repican incansables su júbilo por la ansiada
victoria. En Cáceres las masas populares se echan a la calle
para aclamar a Franco, que tuvo que salir varias veces al
balcón del palacio en que se alojaba. Y en todas las demás
ciudades las manifestaciones de gozo son igualmente impre­
sionantes.
El 29 de septiembre, acompañado de Millán Astray,
Franco se traslada al legendario Alcázar. Aquel encuentro
alcanza los grados de la más alta emoción. Es como uno de
esos momentos estelares que no se olvidan jamás en la his-
«La liberación del Alcázar —confiesa Franco entusias­
mado— es lo que he deseado más ardientemente en toda mi
vida. Ahora la guerra está ganada.»
Durante los dos meses y medio que la provincia de Tole­
do permaneció bajo el dominio rojo, fueron inmolados en
una carnicería espantosa 266 sacerdotes, muchos frailes y
monjas e infinidad de seglares católicos. El proceso de ca­
nonización de muchos de estos mártires se inició solemne­
mente en 1962 y 1963, pasando poco después a Roma. Por
;sta causa si la justicia y la razón estaban a favor de las
fuerzas nacionales, éstas ya cuentan asimismo con una le­
gión de intercesores en el cielo que les conseguirán con toda
verdad el triunfo definitivo y total de sus armas.

El General Franco , en el Alcázar , recién liberado. A su derecha, en


mangas de camisa, el General Varela; a su izquierda , el Coronel Moscardó
TESTIMONIO INGLES

He aquí un testimonio, precisamente inglés, que nos re­


trata el clima reinante durante aquellas fechas en España.
Se trata de una carta dirigida al arzobispo católico de
Westmmster. monseñor Henson, por el rector del semina­
rio inglés de Valladolid. En ella escribía:
-Comprendo que sea difícil para los ingleses el darse
cuenta del estado de cosas que impera en España. Muchos
creen que las atrocidades son cometidas en todas partes.
Pero esto es injusto. En todos los sitios donde el Ejército
nacional domina, reina la calma y la situación es normal en
toaos ios aspectos. Las atrocidades no tienen lugar más que
en las regiones en poder de los rojos».
Esta carta se publicó en el «ABC» de Sevilla, el 26 de sep-
JEFE DEL ESTADO

FRANCO, JEFE DEL ESTADO

En la mayor parte de los altos jefes militares sublevados


se estaba sintiendo la urgencia de un mando único que
controlase las operaciones bélicas de la contienda más el
gobierno de la nación liberada.
Los ojos de los más se volvían confiados a la figura de
Francisco Franco y presentan su candidatura.
Las páginas gloriosas escritas por Franco en las guerras
de Marruecos y en los paréntesis de paz, en la monarquía y
en la república, junto a la trayectoria triunfal marcada des­
de Africa hasta la inmortal gesta épica del Alcázar de Tole­
do habían lanzado su prestigio al cénit de la fama y de la
popularidad en España y en el mundo entero.
Franco es un soldado austero, trabajador, virtuoso, sacri­
ficado. Es todo un hombre en el sentido más noble de la
palabra. Es un español entregado por entero a la grandeza
de su patria. Todos los políticos de la derecha así lo recono­
cían y los más clarividentes de la izquierda también; recor­
demos los elogios que, en su honor, vertió el 1 de mayo
último el ilustre socialista Prieto. Franco es ya un héroe
mimado por la fantasía de la leyenda. Es el hombre elegido
por Dios para transformar a España... Es el español al que
la inmensa mayoría de los españoles espera que sea elevado
a la categoría suprema de JEFE DEL ESTADO.
Mas no es fácil su nombramiento. Se opone el presidente
de la Junta de Defensa, compuesta por los militares más

- 99 -
egregios del Alzamiento. Esta Junta Nacional de Defensa es
la única representante del Patriótico Alzamiento. Y su pre­
sidente es, precisamente, el general más antiguo, don Mi­
guel Cabanellas, republicano y masón. Por lo tanto, radi­
calmente, opuesto a Franco que es monárquico y religioso.
Pero a los que une, a pesar de todo, el deseo de ver a,
España UNA, GRANDE Y LIBRE. Unidad, grandeza y
libertad que los políticos de la época estaban destruyendo.
Sin embargo, los miembros de la Junta insisten en la
necesidad de la designación de un Jefe único en el que sea
más idóneo, Se reúnen, opinan, deliberan, discuten, argu­
mentan hasta que al fin —afirma el jefe de la Aviación
Nacional. Kindelán,— el oro más puro del patriotismo y del
Jesmteres brilló en todos los presentes». Cabanellas cede y
aprueba que Franco sea nombrado Jefe del Estado y Gene­
ralísimo de los Ejércitos. Así lo confirma en el decreto 138
que se publica en el Boletín Oficial número 32, de 30 de
septiembre. Y consta de cinco artículos.
El decreto dice así:
«La Junta de Defensa Nacional, creada por decreto de
veinticuatro de Julio de mil novecientos treinta y seis y el
régimen provisional de mandos combinados respondían a
las más apremiantes necesidades de la liberación de Es­
paña.
.. Razones de todo linaje señalan la alta conveniencia de
concertar en un solo poder todos aquellos que han de
conducir a la victoria final y al establecimiento, consolida-
ción y desarrollo del nuevo Estado, con la asistencia fervo­
rosa de la Nación.
En consideración a los motivos expuestos, y segura de
interpretar el verdadero sentir nacional, esta Junta, al ser­
vicio de España, promulga el siguiente
DECRETO
Artículo primero. En cumplimiento del acuerdo adoptado
por la Junta Nacional, se nombra jefe del Gobierno del
Estado español al excelentísimo señor general de división
don Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los
poderes del nuevo Estado.
Artículo segundo Se le nombra asimismo Generalísimo
de las fuerzas nacionales de tierra, m ar y aire, y se le confie
re el cargo de general jefe de los ejércitos de operaciones».
Y se señala el día 1 de octubre para la solemne investidu­
ra oficial del nuevo y joven Jefe del Estado en el salón del
trono de la Capitanía General de Burgos.
Día 1 de octubre. Burgos recobra el esplendor de los m e­
jores tiempos de su historia. Torna a ser la Caput Castellae,
cabeza de Castilla y, en esta ocasión, corazón de la España
de siempre. Las calles y plazas se visten de gala. Colgaduras
en todos los balcones y guirnaldas en las fachadas. Repican
las campanas de todas las torres y espadañas. Burgos en
pleno, en masa, se congrega en la plaza de Alonso Martí­
nez, que preside la fachada del palacio de la Capitanía
General, para recibir, vitorear, aplaudir, a los «caudillos del
Movimiento» y, singularmente, al Caudillo p o r antonoma­
sia.
«Vivas estruendosos —es la reseña de la prensa— y esten­
tóreas aclamaciones al Jefe del Estado Español», es el salu­
do que le tributan las multitudes enardecidas.
La ceremonia de investidura de poderes se desarrolla se­
gún lo previsto. Primeramente se lee el Decreto de la Junta
de Defensa. Luego habla el General Cabanellas. Su alocu­
ción es muy breve. Lo suficiente para conferir todos los po­
deres de la Junta de Defensa al hombre predestinado: «por­
que se vinculan en Vos todas las virtudes y energías de la
raza» y para felicitarle con el grito que alienta la grandiosa
empresa: «¡ Viva España!, ¡ Viva España!, ¡ Viva el Jefe del
Gobierno del Estado Español!».
La contestación de Francisco Franco Bahamonde, ya Jete
del Estado Español y Generalísimo de los Ejércitos, es
igualmente muy breve. Lo suficiente para recordar la razón
de ser de la sublevación y aceptar los poderes del nuevo
Estado, prometiendo: «Mi paso será firme, mi pulso no
temblará y yo procuraré alzar a España al puesto que le
corresponde conforme a su historia... o moriré en mi em ­
peño».
A continuación, cubierto por los generales que le habían
entregado el mando supremo, Franco recibe el homenaje de
las personalidades asistentes.

- 101 -
El Caudillo, acompañado por la Junta de Defensa Nacional, recibe en
Burgos «/ homenaje de las autoridades civiles y de la ciudad entera

Finalmente, accediendo a las aclamaciones del pueblo


que, procedentes de la plaza, invaden la egregia estancia
del palacio, Franco sale al balcón principal. Aparece gallar­
do, sonriente, agitando el brazo derecho y la mano exten­
dida.
Su presencia es acogida con ovaciones delirantes. Los co­
razones de los viejos y jóvenes castellanos vibran de júbilo
ante su apuesta figura. En él contemplan al *héroe inmarce­
sible de Africa», a *su invencible Cid Campeador», al «más
Joven General de Europa», a *la espada más limpia de Occi­
dente», ... al Caudillo elegido por la gracia de Dios para
regir los destinos de la Patria.
¡Qué grande es Franco!
Franco se encuentra a la sazón ante su pueblo. Franco es
ya el responsable máximo de la suerte de sus hombres y m u­
jeres. Toda la España nacional está a sus órdenes e infini­
dad de españoles que se hallan en zona roja ansian su lide­
razgo.
Franco agradece tanta adhesión y en sus palabras de sa­
ludo y reconocimiento, les dice... ¿Qué les va a decir? Pues
les dice lo que ha dicho siempre y seguirá diciendo hasta su
muerte, ya que repitiéndolo siempre, siempre resultará nue­
vo. Será lo que siempre se esperará de Franco y a lo que
será fiel hasta el último instante de su vida: «Dios y Espa­
ña», «España y Dios».

LOS INTELECTUALES CON FRANCO

Precisamente, el mismo día 1 de octubre se reunieron


siete de los rectores de las universidades españolas. Todos
ellos habían sido nombrados por la República, aunque a
Unamuno lo destituyó el 23 de agosto por atreverse a diri­
gir ciertos consejos a Manuel Azaña, el Presidente; entre
otros, éste: «No puede hacer ya otra cosa mejor que suicidar­
se». Conferencian en común sobre la situación de España, tra­
tan de las excepcionales dotes y cualidades que concurren
en el recién nombrado Jefe del Estado y se adhieren a él a
su manera pero efusivamente. Lo hacen enviando tres im­
portantes telegramas a los delegados d* Argentina, Uru­
guay y Portugal en la Sociedad de Naciones, en Ginebra.
El primero de estos telegramas decía: «Rectores diez uni­
versidades de la verdadera España, entre las que se hallan
aquellas de más gloriosa tradición hispanoamericana, se
honran en elevar V .E., digno representante Argentina, ho­
menaje intelectualidad española, por haber comprendido
esta hora* solemne nuestra liberación. Quienes representa­
mos gloriosa hispanidad, con su gesta y espíritu, y haber
sentido la llamada de toda nuestra raza heroica, que encar­
na la fe y la tradición, patrimonio de nuestros heroicos
defensores, honra y gala de argentinos y españoles».

- 103 -
LA IGLESIA OBSEQUIA A FRANCO

El obispo que entonces rige la diócesis de Salamanca es


don Enrique Pía y Deniel. Había nacido en Barcelona en
1876 y se había doctorado en la Universidad Gregoriana de
Roma. Era un prelado muy culto, virtuoso, ponderado y tan
fiel a las leyes de la Iglesia que sus sacerdotes le apodaban
familiarmente «Don Código», lo que no quitaba para que
fuera de una caridad exquisita.
Don Enrique Pía y Deniel sabe que «hay que dar a Dios
lo que es de Dios y al César lo que es del César» y, aunque
todavía no conoce ni ha tratado personalmente al Jefe su*
premo de la nación, como buen obispo, como buen español
y buen vasallo, se dispone a tributarle el homenaje de su
adhesión.
Esta adhesión consistió en hacer entrega del palacio epis­
copal, ia misma víspera del 1 de octubre, al Caudillo de
España, y firmar la pastoral que en su honor ha venido pre­
parando durante todo septiembre y que titula «Las dos ciu­
dades*
Para Franco esta atención del obispo salmantino debió
constituir el obsequio más inesperado y halagüeño que po­
día .maginar. Con las ideas de la pastoral se sintió plena­
mente identificado. No obstante leerla de momento muy de­
prisa. subrayó algunos de sus párrafos y frases, a los que
aludiría en los próximos discursos.
*En el suelo de España —declara Pía y Deniel— luchan
hoy dos concepciones de la vida: las dos ciudades de San
Agustín*. Considera como reconocimiento oficial de la Es­
paña sublevada el gesto de Pío XI con más de 500 españo­
les, desterrados por su fe perseguida por la República, reci­
biéndolos el 14 de septiembre. Insiste en el carácter de
Cruzada que ha tomado la contienda por la supervivencia
de ideas y creencias diametralmente opuestas. Lo mismo
que se habían manifestado los obispos vasconavarros el día
3 de agosto.
*La actual lucha reviste, sí, la forma externa de una güe­
ra civil, pero en realidad es una Cruzada».
Y prosigue: «Entonces ya nadie ha podido recriminar a la
Un obispo con el
brazo en alto,
saludo romano
adoptado por
Falange Española
en señal de
reconciliación e
invitación al
progreso, a subir
arriba a España
que, junto a los
cantos patrióticos,
acompaña todas las
manifestaciones de
solidaridad y
compenetración del
pueblo y los obispos
con los anhelos de
Franco y viceversa.

Iglesia porque se haya abierta y oficialmente pronunciado a


favor del orden contra la anarquía, a favor de la implanta­
ción de un gobierno jerárquico contra el disolvente comu­
nismo, a favor de la defensa de la civilización cristiana y de
sus fundamentos, religión, patria, familia, contra los sin
Dios y contra Dios, “sin patria y hospicianos del mundo”
en frase feliz de un poeta cristiano. Así es que no se trata de
una guerra civil, sino de una Cruzada por la religión y por
la patria y por la civilización».
Asimismo, Pía y Deniel incorpora a su pastoral la teoría
de Oliveira Salazar —cuya nota oficiosa de 9 de septiembre
cita expresamente—: «Estamos cansados de decir a Europa
Que la guerra civil española, independientemente de las par­
tes en conflicto, es con absoluta evidencia una lucha inter­
nacional en un campo de batalla nacional».
En el contenido de «Las dos ciudades» Franco contempla
reflejado su pensamiento formulado en un lenguaje con el
que se considera plenamente compenetrado. Descubre en su
lectura que Pía y Deniel le ofrece el caudal luminoso de la
filosofía de su glorioso levantamiento y del nuevo Estado.

- 105 -
La doctrina clásica y tradicional de la Iglesia aprueban y
aplauden el Movimiento Nacional. De ahí que Franco haga
suyas estas doctrinas y cuantas emanasen del magisterio
ordinario de la madre Iglesia.
Afortunadamente, la Iglesia docente, los prelados, y la
Iglesia discente, los fíeles, los creyentes de la base, el pue­
blo, por vez primera, después de muchos años, pueden
identificarse con el Jefe del Estado que les gobierna y repre­
senta y le reconocen como propio. No lo sienten ni distinto
ni distante. A Franco lo aprecian y perciben como a todo un
gran hombre que es suyo, muy suyo, por la perfecta comu­
nión de ideas religiosas, morales, politicas, sociales, cultu­
rales que les vinculan mutuamente.
De la comunión con los obispos de España se apartará
solamente el cardenal de Tarragona, al que se unirá des­
pués con suma discrección el obispo de Vitoria.

LA RELIGIOSIDAD DE FRANCO
La religiosidad de Franco se funda, como la de la inmen­
sa mayoría de los españoles, en el testimonio vivencial reci­
bido de los usos y costumbres de su pueblo, de su familia y,
principalmente, del abuelo materno y de su madre. La estu­
dió en el catecismo y en la Historia de España, en la cual,
como afirmaría José Antonio «la religión católica es clave de
los mejores arcos de nuestra historia». Posteriormente enri­
queció su religiosidad con la lectura de antologías de los
célebres pensadores del siglo pasado: Donoso Cortés, Bal-
mes. Aparisi, Menéndez y Pelayo, Vázquez de M ella... y
con cuanto escucha en la predicación de sacerdotes y reli­
giosos. Hombres todos estos a los que después se les tildaría
de extrema de recría, porque ellos, al exponer la doctrina de
]a Iglesia, lo harían con el orgullo de que esta doctrina había
sido inspiración, luz y fuerza de las memorables empresas
llevadas a cabo en España desde los tiempos apostólicos.
Por todo lo cual en nuestra patria lo cristiano y lo español
se habían fusionado como eslabones de una misma cadena.
Era lo que, de 1970 en adelante, algunos escritores y políti­
cos demagogos iban a llamar en son de burla el Nacional-
Catolicismo.
La religiosidad de Franco está tan mezclada con la de la
gente de su época que cuando mi madre, mujer del pueblo,
de profesión «sus labores» —vaya a título anecdótico— , a
sus sesenta años, ve a Franco en la televisión que se santi­
guaba como se santiguaba ella, esto es, haciendo con los
dedos pulgar e índice la cruz que se besaba al terminar,
exclamó entusiasmada: «Mira a Franco, se santigua lo mis­
mo que yo».
Y este es el pueblo español que anhelaba la Jefatura del
Estado para Francisco Franco Bahamonde, y lo aclamó co­
mo al hombre puesto por Dios para que lo salvase. Así lo
pregona también la Jerarquía de la Iglesia. Y los obispos
hablan en el nombre de Dios. Estos obispos y este pueblo,
sencillo y respetuoso, forman la Iglesia de España, la Iglesia
del Nacional-Catolicismo, la única que existe.
Esta es la Iglesia católica, apostólica, romana de Espa­
ña, la que procede de Santiago, la de los mártires de las
persecuciones romanas, la de los concilios de Toledo, la de
los santos y sabios teólogos de la Edad Media y del Siglo de
Oro, la de los evangelizadores del Nuevo Mundo, la de la
«Patria de María», la defensora de la Inmaculada Concep­
ción, la del Reino del Corazón de Jesús, la de...
Esta es la Iglesia de Franco y Franco es el hombre de esta
Iglesia. Es la Iglesia que, desde que se instaló la República,
estaba recibiendo el azote de la persecución y, ahora, se
está poblando de héroes y mártires, a la par que colabora
con su Caudillo en la cruzada emprendida por él para de­
fender los derechos de la Cruz en España. Esta es la Iglesia
que le permanecerá siempre agradecida y fiel con sus ora­
ciones y con su trabajo.
Franco empieza a tomar conciencia de que está sirviendo
como instrumento de la Providencia a la mayor gloria de
Dios y de la Patria y, cuando llegue el caso, no se avergonza­
rá de reconocerlo.
A un corresponsal de la Jerarquía católica americana le
hará las siguientes declaraciones:
«Yo conocía los terribles manejos del comunismo interna­
cional contra España... La gente cree que estamos haciendo

- 107 -
una guerra nada más; pero estamos haciendo una revolu­
ción que se inspira en las enseñanzas de la Iglesia Católi­
ca. .. Restauraremos los templos, cuidaremos de que no fal­
ten medios al clero... En España no harán falta universida­
des católicas, porque todas las universidades serán católi­
cas... Los españoles de carrera no tenemos suficiente cul­
tura religiosa».

«ESTE ES EL CAMINO», DDO UNAMUNO


El día 2 de octubre Franco habla a la nación por Radio
Castilla, que está ubicada en Burgos.
En pnmer lugar, justifica el levantamiento nacional. Al
pronunciar el nombre de España, confiesa: «Y al invocar
es re nombre lo hago con toda la emoción de mi alma».
Franco, como excelente español y militar, está enamora­
do de España, de sus valores históricos, de su presente y de
su futuro Recordemos sus declaraciones en Africa y la pro­
mesa dei día anterior: «Procuraré alzar a España al puesto
que ie corresponde conforme a su historia... o moriré en mi
empeño». Y en esta línea discurre la alocución.
«Se implantará la dignidad del salario hasta que se pueda
llegar a la participación de los obreros, haciéndose benefi­
ciarios en el aumento de producción».
Serán respetadas todas las conquistas alcanzadas legíti­
ma y justamente, pero al lado de estos derechos estarán sus
deberes y obligaciones, especialmente en cuanto afecta al
rendimiento de su trabajo y leal colaboración».
«El Estado nuevo, sin ser confesional, respetará la reli­
gión de la mayoría del pueblo español, sin que esto suponga
intromisión de ninguna potestad dentro del Estado»...
Estos son algunos párrafos del discurso que fue acogido
con simpatía general y gozó del comentario más benévolo en
todos los sectores del pueblo. He aquí la opinión del emi­
nente rector de la universidad de Salamanca, don Miguel de
Unamuno, «ante el joven y brillante catedrático de la uni­
versidad don Cesar Real de la Riva quien acababa de volver
je un viaje de estudios por el extranjero. «M ire usted lo que
iice el General, éste es el camino», fueron sus palabras,
según cuenta R. de la Cierva en su obra FRANCISCO
FRANCO.
Respecto a las relaciones del Estado con la Iglesia, agrega­
ría el mismo R. de la Cierva: «Las palabras de Franco eran
ya, décadas antes del concilio Vaticano II, palabras concl·
liares». A lo que nosotros debemos añadir que estas pala­
bras las pudo haber extraído Franco de la doctrina del
Fundador de la Falange.
Es curiosa la coincidencia de cómo este mismo día, 2 de
octubre, y nada menos que Winston Churchill publica un
artículo en el Evening Standard, que empieza así: «La suer­
te está decididamente echada contra el Gobierno de Ma­
drid». Luego analiza la actividad de Franco anterior a esta
guerra por haberla evitado y continúa asegurando que la
inteligencia del Generalísimo sabrá ganarla.
Este artículo es una aportación elocuentísima, cuyos ecos
se esparcen por todo el mundo para aureolar una vez más la
fama del joven Caudillo, máxime que Franco y Churchill
antes apenas se habían tratado. De momento, le consiguen
la ayuda de los anglosajones con suministro de carburante
para el resto de la guerra. La Texaco, compañía internacio­
nal de estos suministros de carburantes, confiesa expresa­
mente que, gracias al prestigio de Franco y al hecho de
haber sido elevado a la Jefatura del Estado, la demanda de
la España nacional contará con sus puertas abiertas de par
en par.
Queipo de Llano, a su regreso de Burgos a Sevilla, en su
charla radiofónica narró el acto del nombramiento de Fran­
co como Jefe del Estado. Habla del entusiasmo de las masas
populares de Castilla vitoreándole como a su salvador.
Cuenta el homenaje que le han rendido la Iglesia y la inte­
lectualidad. E ironiza sobre la mentirosa noticia que, entre­
tanto, ha difundido la prensa roja sobre la muerte de Fran­
co. Dijo con talante de profeta:
«Franco no ha muerto ni ha huido ni huirá. Se le ha
conferido en honor de sus excepcionales condiciones el pri­
mer puesto para salvar a España de la canalla marxista,
que se empeña en resistir dentro de las trincheras prepara­
das y en las que morirá íntegra, salvo los dirigentes que

- 109 -
consigan huir para darse buena vida a costa de ios millones
que han robado a España»...

FRANCO, EL OBISPO DE VITORIA Y EL CARDENAL


GOMA

Ante la evolución de los acontecimientos, Franco traslada


el cuartel general de Cáceres a Salamanca el 5 de octubre.
Hasta ahora en este cuartel se oficiaba la misa nada más
que los domingos. A partir de esta fecha, será todos los
días, a las nueve y media de la mañana, asistiendo a ella el
C 'dillo. la familia y muchos de sus colaboradores.
Desde el día 4 hasta su muerte don José María Bulart
será su capellán. Este sacerdote era catalán, como el obispo
e intimo de éste, poseía una vasta cultura teológica y era de
arrolladora simpatía. Contaba entonces treinta y seis años.
£s ésta ana faceta nueva en la religiosidad de Francisco
Franco, que le va a hacer acreedor a un cariño y respeto
xayor entre ios españoles, y le va a acrecentar el crédito y
ascendiente de que ya viene gozando ante el Vaticano y ante
el extranjero católico cuando los obispos lo comenten por
ísos mundos.
Desde Salamanca, Franco dirige tenazmente las opera­
ciones militares que precisan la marcha sobre Madrid y e1
envío de una bandera de la Legión y una columna de Re¿,u
lares a Oviedo para socorrer al General Aranda. Desde Sa­
lamanca, Franco se dedica a los problemas económicos que
se plantean en todos los frentes. Presta atención al desarro­
llo de las actividades bélicas del Ejército en otros puntos.
Nombra a técnicos,acreditados para los asuntos administra­
tivos. Gestiona la ayuda que puede recabar del extrajero...
El día 14 de octubre sale de la España nacional, camino
de Rom a, el obispo de V itoria, don M ateo M ú gica. La
Junta de Defensa, presidida por Cabanellas, el 17 de sep­
tiembre había exigido al cardenal Gomá que dimitiera de
sus cargos al obispo, doctor Múgica, al vicario general y al
rector del seminario de Vitoria, porque «este centro se había
convertido en un foco del separatismo vasco». El prelado y
ios dos sacerdotes dimitieron y el Vaticano lo aceptó.
¡Qué doloroso debió ser p ara este Pastor aquel trance,
máxime que, en unión del obispo de Pam plona, él fue el
primero de la Jerarq uía española que levantó la voz y blan­
dió la pluma en defensa del Alzam iento Nacional!
El 6 de agosto, recordem os, dirigió a sus diocesanos una
pastoral en la que, entre consideraciones diversas, les insta­
ba: «Católicos vascos, oid: No podéis de ninguna manera
cooperar ni poco ni mucho, ni directa ni indirectamente, ai
quebranto del Ejército español y cuerpos auxiliares, reque-
tés, falangistas y milicias ciudadanas, que enarbolando la
auténtica bandera bicolor luchan por la religión y por la
Patria»...
Don M ateo M úgica fue un gran patriota español que se
vio obligado a ofrecer a Dios el sacrificio inmenso de pasar
por lo que no era ni quería ser: separatista. Sobre don
Mateo M úgica se cebó la incomprensión por culpa de cier­
tos colaboradores suyos clericales, falsos y separatistas, y le
pagó reduciéndose al silencio e inmolando a la Divina Pro
videncia su renuncia a la diócesis por la salvación de E s­
paña.
Al verse libres de su obispo, varios sacerdotes vascos re­
crudecen sus intrigas separatistas y se manifiestan con tal
osadía que tienen que ser encarcelados. Fueron juzgados
con la prem ura que requería el clima bélico de la fecha y
con la consideración debida a su estado sacerdotal, siendo
condenados a muerte y ejecutados ocho de ellos.
El luctuoso suceso conmociona al cardenal Primado de
España, don Isidro G om á y Tom ás. E l cardenal Gomá acu­
de a Burgos y m uestra su sorpresa y su dolor al presidente
de la Junta Técnica, General Dávila. La respuesta no debe
convencer al Prim ado y se larga a Salam anca, a ver al Jefe
del Estado. Llega el día 25. Pasa la tarde con el obispo, Pía
y Deniel. T ratan el delicado tem a y éste le informa sobre la
conducta y caracter del Caudillo.
—Franco es todo un caballero, inteligente, discreto, edu­
cado — dice Pía y Deniel— . Si es verdad lo que he oído
hablar de él, lo poco que le he escuchado y lo que sabemos
por la p ren sa... Si todo eso es verdad es un hombre excep­
cional y más religioso de lo que podíamos imaginar los

- 1 1 1 -
obispos. La Iglesia de España deberá sentirse orgulloso de
su Caudillo. Será una bendición de Dios para la Patria.
—Me encanta su opinión. ¿Pero qué pensará de la ejecu­
ción de estos sacerdotes vascos por las fuerzas nacionales?
—interroga con preocupación.
—El apasionamiento por su tierra les habrá arrastrado a
delinquir gravemente.
— Aunque así sea. Son sacerdotes. Y la jurisdición sobre
ellos la tenemos nosotros.
—Es verdad. Mas eso ¿no lo ignorarán los seglares? No
se puede jugar con los sentimientos e ideales de los milita­
res, singularmente en estos momentos en que cualquier
atentado contra la unidad de la Patria o contra la colabora­
ción que exige el Levantamiento les hiere en lo más vivo de
su ser No obstante, yo espero que Franco decida mañana
conforme al elevado concepto que nos inspira. Debemos
orar mucho para que Dios le ilumine y acierte en sus jui­
cios. A nosotros, a los obispos y sacerdotes, eso es lo que
nos pide. Confiemos en el alcance de la oración. Franco es
muy buen cristiano.
El 26 de octubre, Gomá se entrevista por vez primera con
Franco y sale gratísimamente impresionado de la atención
con que le ha escuchado y de la prudencia y sensatez con
que le ha respondido. Se han confirmado los elogiosos con­
ceptos vertidos por el obispo salmantino.
El Generalísimo —escribe Anastasio Granados en su li­
bro El Cardenal Gomá, Primado de España " — contestó:
Tenga Su Eminencia la seguridad de que esto queda corta­
do inmediatamente” . Aseguró al Cardenal que no tenia co­
nocimiento alguno del caso»...
Y no tardó mucho en saber Gomá que se habían formu­
lado órdenes rápidas y enérgicas para que no se repitiera lo
ocurrido, como así fue.
Franco se había ganado al prelado más influyente del
episcopado español. Su personalidad era reconocida en todo
el orbe católico. Había sido uno de los diez teólogos desig­
nados por la Santa Sede para el estudio de cierta ponencia
sobre la Virgen. Sus intervenciones en congresos nacionales
e internacionales eran muy estimadas. Sus escritos, que pa-
ra esas fechas pasan de los doscientos, son fuentes de luz
sobre los tem as que to ca. Se llegó a decir de él: «Todo lo
que G om á toca lo agota». Y este Príncipe de la Iglesia,
Cardenal Prim ado de E sp a ñ a , llegará a expresarse respecto
de la C ruzada española con el m ism o interés que pudiera
resplandecer en F ra n co o en cualquier otro G eneral de las
fuerzas nacionales. Pero conste que G om á tam bién se h abía
ganado al Jefe del E stad o.
M ientras, había sido liberada Oviedo el 17 de octubre,
dando ocasión a adm irables ejemplos de heroísm o, y las
tropas del Sur avanzaban triunfalm ente h acia M adrid. Se
enfrentan ahora con el E jército Rojo que ap arece p ertrech a­
do con el auxilio de tanques y aviones rusos. Los aviones
conocidos por los C hatos, los K atiu sca y N atach a. M as no
importa. E l Ejército N acional sigue adelante.

Escena de la liberación de Oviedo, donde los habitantes salen a reci­


bir al Ejército salvador. En los coches van los heridos.
Los ciudadanos de Tenerife, a la sazón fanáticos admira­
dores de Franco, proponen erigirle un monumento al lado
del Teide con su imagen esculpida en una elevada columna
volcánica. Pero el Caudillo no está para tales homentges
cuando la Patria le demanda el homenaje de su entrega
total a otros menesteres más acuciantes. Renuncia a ello y
aquel colosal monumento se reduce a otro bastante más
modesto.
Otras manifestaciones de Franco que le permiten ganar
más adeptos dentro y fuera de España son sus declaraciones
a un redactor de la agencia Havas sobre la política social y
agraria que será netamente cristiana y avanzada. «Nuestro
Gobierno será un Gobierno para el pueblo — proclamó— .
Los que juzguen que estamos aquí para defender los dere-
chos iel capitalismo se engañan. Nosotros venimos para la
Ciase media v humilde».
Desde os últimos días de este mes, se empieza a llamar a
Franco con vastante asiduidad «El Generalísimo».
El 29 de octubre, ei General Mola traslada su cuartel
general de Vailadoiid a Ávila, mientras sus fuerzas prosi­
guen aureoladas por los laureles de mil victorias igualmente
hacia Madrid por Navas del Marqués y Santa M aría de la
Alameda.
Aludiendo al recogimiento del Caudillo en la misa, con­
taba su capellán que, cierto domingo de la segunda quince­
na de octubre de 1936, nada más comenzar la misa en la
capilla del Cuartel General de Salamanca, sonaron las sire­
nas anunciando un bombardeo de la aviación enemiga. Los
fieles, entre signos de inquietud, abandonaron la capilla,
mientras Franco seguía clavado en su reclinatorio. Fue
Martín Moreno quien alertó al sacerdote diciéndole: «Van a
bombardear y si usted na se va, no interrumpe la misa, el
Generalísimo no se mueve de aquí». No se había llegado ai
Canon- y don José María Bulart se desvistió los ornamen­
tos para bajar todos al sótano de las calderas. (Rogelio
Baón. 'La cara humana de un Caudillo», pág. 34).
El monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Angeles, antes de
ser derribado por la izquierda española, fu e fusilado.

EL G O BIER N O Y E L E JE R C IT O R E P U B L IC A N O S EN
O C T U BR E

El Frente Popular, com puesto por toda la izquierda en


bloque, a prim eros de octubre, está desm oralizado. E l
Frente Popular con su orgulloso grito de «NO PASARAN»
se esta quedando «como el gallo de M orón, cacarean d o y
sin plumas», porque la realidad es que el Ejército de F ran co
está pasando, pasa y p asará. Avanza victorioso e inconteni­
ble desde que partió de M arruecos.
Esta situación hum illante desconcierta sobre todo al G o­
bierno de la República, a sus militares y a los jefes de los
Partidos. Estos han llegado a la alternativa final y fatal. No
a la alternativa de «vencer o morir» porque estos individuos
antes de morir se escaparán al extranjero. Son cobardes. Su
alternativa será la de «vencer cueste lo que cueste. Aunque
•o que cueste sea venderse al diablo. E n este caso vender,
rendir, entregar la riqueza, la libertad e independencia de
bspafia al extranjero, a Rusia en particular».

- 115 -
Y he aquí que contemplamos al Gobierno de la Repúbli­
ca, a su Ejército y a los responsables de los partidos de
izquierdas, a todo el Frente Popular, de rodillas, con la
cabeza inclinada y los brazos tendidos mendigando en las
cancillerías de las naciones, sobre todo de Rusia, tanques,
añones, bombas... todo lo que sea para aplastar a la otra
media España, la conservadora, la católica, la de derechas,
que no se resigna a morir. Ellos, en pago, les entregarán
España entera si es preciso.
Europa se conmueve ante el lamento de la España postra­
da y se entusiasma ante la oferta. Singularmente, la URSS,
Rusia L¿ URSS mide con astucia toda la trascendencia de
'.i oportunidad. Brinda a la izquierda española su mano
poderosa y. en pago, exige cuanto la pequeña República de
España atesora de muchos años de historia y ahorro patrio,
críraáo en todo el oro que se guarda en el Banco de España.
Todo esto amen de una injerencia audaz por demás en el
gobierno de la nación.
La URSS se dispone a colonizar de lleno a España. Espa­
ña es lo más codiciable que Rusia anhela poseer en el Occi­
dente. Con una bota en Moscú y la otra en Madrid se
convertiría en el Coloso de Rodas que dominase Europa.
Y tal dosis de loco servilismo alcanza la sumisión de las
izquierdas al imperio soviético que, en sus manifestaciones
callejeras, por ejemplo, en Madrid, exclaman: «Viva
Rusia«, «Muera España», «Viva Stalin», «Muera Dios»...,
mientras enormes fotografías de los nuevos «zares» rusos
campean ostentosamente ante monumentos y en los puntos
más visibles de la capital.
Una prueba de nuestra afirmación es que, en abril de
1938, Rusia ordenará a Negrín relevar del ministerio de la
Guerra al socialista Prieto por el comunista Alvarez del
Valió, y Negrín, como el más obediente feligrés, lo ejecuta­
rá. Su cometido iba a, ser el de prolongar la guerra hasta
empalmarla con la europea que se presentía próxima. Y
encima un periódico de Madrid comentaría muy agradeci­
do: «La guerra continúa en España gracias a la Unión de
las Repúblicas Socialistas, la* URSS».
El plenipontenciario alemán en la zona republicana,
STALIN

Grandes fotografías de Stalin, en las calles desoladas de Madrid

Volckers, al inform ar a su gobierno de la llegada de los


primeros 50 carros de com bate, a primeros de octubre, le
comunica: «Rusia dirige ya la política española».
El comunismo mundial entra en acción y se apresura a
organizar las «Brigadas Internacionales» que vendrán a apo­
yar al Ejército Rojo. E s tanto como decir: «El comunismo
de todo el mundo, con este motivo, declara ahora también
lo guerra a Franco ». E ra lo que suplicaba ardientemente la
España de izquierdas y lo que temía la España de derechas.
Lon las Brigadas Internacionales vinieron a luchar contra
as fuerzas de Fran co: Tito, que llegaría a ser nada menos
que presidente de la Yugoslavia com unista; Togliatti, que

- 117 -
sería jefe del partido comunista de Italia; Augusto Lecoeur,
André Marty, Ladislas Rajk, Pietro Nenni y tantos otros que
desempeñarían papeles importantes en la Europa sovietiza-
da de la postguerra. Todos vienen a luchar contra Franco y
Franco a todos los vencerá y les hará huir de España.

NUEVAS OLEADAS DE PERSECUCION RELIGIOSA


La rabia por las derrotas sufridas desde el 18 de julio, en
octubre, vuelve a encrespar a las izquierdas y descargan de
nuevo su ira sobre personas de derechas que todavía quedan
indemnes en los pueblos aún no liberados por Franco. «Oler
a cera» era un delito que condenaban muchos con la muer­
te. sin perdonar a hombres ni mujeres. Por ejemplo, en Mo­
ra de Toledo, la izquierda, los rojos mataron al padre y a la
madre de un niño que llegaría a ser, con Franco, arzobispo
de Oviedo. Se repiten los encarcelamientos y los martirios y
se confiscan las haciendas... ¿Qué esperarán luego los ver­
dugos que hagan con ellos los hijos de sus víctimas? ¿Qué
mal les había originado a los de izquierdas que los de dere­
chas «olieran a cera»?
Asimismo, por «oler a cera» y cuanto esta frase significa,
al mazazo antirreligioso de la izquierda o por su tea incen­
diaria perecen los archivos y retablos de las iglesias, que son
maravillosos relicarios de historia y arte locales de cientos y
cientos de años. Algunos de estos relicarios son de valor
incalculable. Como la urna que contenía el cuerpo inco­
rrupto de «La Santa Juana», Sor Juana de la Cruz, en el
convento de Cubas de la Sagra (Madrid), que fue pasto de
las llamas.
Esta santa monja, Juana de la Cruz, había fallecido el 3
de mayo de 1534, después de 53 años exactos de vida tem­
poral, ya que había nacido el 3 de mayo de 1481. Tanta fue
su santidad que de ella se hicieron eco los estros geniales de
Lope de Vega, Tirso de Molina y otros. Su cuerpo incorrup­
to se custodió en un arca de plata, hasta que pasaron por
allí los salvajes soldados franceses de Napoleón en 1808 y la
robaron, dejando en su lugar otra arca de madera. Pero
tuvieron que dominar allí los rojos españoles en 1936 para
- 118 -
Aquí, Jesús Gómez López, sacerdote e
investigador el más competente sobre la
vida y escritos de «La Santa Juana». En
1983 y en colaboración con Inocente
García de Andrés, publicó «Sor Juana
de la Cruz, Im Santa Juana».

quemar, en octubre, el arca y el cuerpo, destruir totalmente


el monasterio y asesinar a las doce religiosas que lo habita­
ban. (Nos refiere estos datos Jesús Gómez López, gran in­
vestigador sobre la vida y escritos de «La Santa Juana» en
1982).
Los discursos de La Pasionaria de que «en España no
debe quedar ni un cristo, ni un cura, ni nada que huela a
cera»... no son baldíos.
En la zona republicana se llega a prohibir el saludo de
despedida formulado en la palabra «adiós», por lo que esta
palabrita recuerda al Ser Supremo, y se reemplaza por la
palabra «salud». Tal era la inquina de la izquierda domi­
nante contra todo lo religioso. Y más de un cristiano llegó
a ser fusilado sólo por decir «adiós».
En lo político, los partidos revolucionarios exigen a Aza-
ña «que el Poder pasase a manos de los “ duros” de la
izquierda. Por las buenas o por las malas, Azaña tuvo que
reemplazar a su hombre de confianza. Giral, por el socialis­
ta Largo Caballero el “ Lenin español” que, si no era comu­
nista, no tenía ningún escrúpulo en asociar la minoría co­
munista a la masa de la U. G. T.» (Claude Martín. FRAN­
CO, pág. 227. Madrid, 1%5). De Largo Caballero manifes­
tó Santiago Carrillo en una entrevista por TVE, el 29 de
septiembre de 1982, que se había llegado a radicalizar como
el comunista más ultra, abogando en 1936 por la «dictadura
del proletariado». Así, pues, Largo Caballero, presidente
del Consejo de Ministros, el 14 de octubre, es designado

- 119 -
también Jefe de los Ejércitos Rojos.
El político ruso Kerenski que viene observando la actu a­
ción de este hombre, en un arranque de sinceridad, declaró:
Yo acuso a Largo Caballero más bien que a Franco de
haber desencadenado la guerra civil·.
A /aña, tan inutilizado se encuentra entonces en M adrid y
expuesto a lo peor que, con varios ministros, huye a Valen­
cia el 19 de octubre. No sabemos si huye por miedo a las
tropas de Franco que están cerca de Madrid o a los seguido­
res de Largo Caballero. El caso es que llegaría a exclam ar:
«Prefiero a Franco a una República tan ingobernable». Pero
para Azaña es tarde. Su «ángel de la guarda» le impide
rectificar. En más de una ocasión había contado, sarcástico
y blasfemo, que «su ángel de la guarda» era «el ángel de la
soberbia», esto es, el mismo demonio.

LA IZQUIERDA HUNDE A ESPAÑA EN LA MISERIA

Por fin, llega otro día fatídico. E l 25 de octubre sale en


dirección a Rusia, vía Odessa, todo el oro del Banco de
España. Tan valiosísima mercancía pesa 5 8 5 .0 0 0 kilogramos,
ocupa 10.000 cajas de madera y lo transportan cuatro barcos
soviéticos. Su importe sumaría hoy 1 .3 0 0 .0 0 0 .0 0 0 .0 0 0 de pe­
setas. España hasta ese día era la quinta potencia entre las
naciones poseedoras de oro. A partir de este día, 25 de
octubre de 1936, es la más pobre del mundo por obra y
gracia del partido socialista. La izquierda ha hundido a
España en la miseria.
He aquí cómo lamenta nada menos que el líder de la
izquierda, el socialista Indalecio Prieto, este descomunal
latrocinio de sus mismos correligionarios contra el erario
español. Supera infinitamente al de los franceses cuando la
invasión napoleónica.
-Ni Negrín ni nadie me notificó nunca nada — confiesa
Prieto— El PSOE no podrá vanagloriarse de los resultados
desdichadísimos que concluyó teniendo aquella aventura...
Un ministro socialista pidió plena autorización para proce­
der libremente; el Gobierno del que formábamos parte
otros cinco socialistas, incluso quien lo presidía, se lo conce-

- 120 -
dió, y socialistas eran también los bancarios que dispusie­
ron cuanto se les ordenó, tanto en España como en Rusia,
así como los paisanos que convoyaron el cargam ento entre
Madrid y C artagen a»...
A Fran cia se estuvo m andando oro desde el 26 de sep­
tiembre de 1936 hasta el 5 de enero de 1937, fecha en que
las remesas de oro suman la cantidad de 149.850 kilos, de
los cuales, en julio de 1939, devolvería a Franco 4 0 .0 0 0
kilos.
El Caudillo, desde el día 14, alza su voz de protesta
contra la triste rendición de la República al extranjero. Lo
que más ha herido siempre al orgullo español: estar esclavi­
zado. Pero su voz cae en el desierto.
Es expresivo el contraste existente entre la España nacio­
nal, pilotada por Fran co, que permanece enhiesta, viril,
libre e independiente ante la ayuda extranjera, y la España
republicana, pilotada por Azaña y Largo Caballero, que se
vende, se somete y claudica ante la ambición extranjera.
¡Qué mentira mas abominable y estúpida resulta ahora
esa frase que tanto gusta a la Pasionaria repetir en sus
discursos: «Más vale morir de pie que vivir de rodillas»·! Una
vez más se tendrá que repetir el refrán de «dime de qué
alardeas y te diré de qué adoleces».
A partir del día 26 de octubre, la voracidad de los gober­
nantes republicanos se exacerba en tonos hasta entonces
inusitados. Si se han quedado sin el oro que podía respon­
der a la demanda de sus necesidades de toda índole y nómi­
nas, ¿de dónde se van a cobrar de ahora en adelante?
El nuevo horizonte que se les abre es muy negro. De ahí
su decisión por reventar cajas de caudales privadas, abrir
cofres de templos, palacios y casas particulares para extraer
sus alhajas y envasarlas junto con las recogidas en otros
lugares dominados antes por el gobierno de la República.
A título de curiosidad, recordamos que de la catedral de
Toledo se habían llevado a Madrid el manto de 5 0 .0 0 0 per­
las y la corona de oro y brillantes de la Virgen del Sagrario,
Patrona de la ciudad, de lo cual, como de otros miles de
ricas joyas, nunca más se supo. La mundialmente admirada
custodia de Arfe de Toledo, se la encontrarían las fuerzas

- 1 2 1 -
nacionales en Barcelona debidamente envalada por los rojos
para llevársela también al extranjero... Pero la mayor parte de
estos tesoros acompaña a los altos dirigentes políticos en sus
huidas de Madrid a Valencia y de Valencia a Cartagena y de
Cartagena al destierro para vivir con ellos lujosamente.
Este opulento botín llenó 120 inmensas maletas con un
valor aproximado de 4.000.000.000 de pesetas de las de
entonces. Es lo que se conocerá en la historia como «El Te­
soro del Vita». «Vita» es el nombre del barco que, al hundir­
se la República, con sus altos dignatarios y tan cotizadísimo
equipaje, escaparía para Méjico en marzo de 1939.
Iras encarnizadas batallas, las columnas de Mola se
aproximan a Madrid por el Norte y las de Franco por el
Sur. Estas el día 4 de noviembre toman Alcorcón, Leganés,
Getafe... Oleadas de miedo flagelan y angustian a los go­
bernantes de Madrid. El miedo que el 19 de octubre había
arrastrado al presidente de la República y a otros ministros
a Valencia, ahora, el 6 de noviembre, empuja para allá al
presidente del Consejo de Ministros y Jefe de los Ejércitos
Rojos, Largo Caballero, y al resto de los ministros que que­
daban. Conocedores de tamaña cobardía, se organizan gru­
pos de anarcosindicalistas que les insultan descaradamente
al emprender la marcha. Y en Valencia hasta los mismos
caballeristas le reprochan haberse ido de la capital.
Ese miedo, en cambio, se transforma para miles y miles
de personas en luminosos reflejos de esperanzadora aurora
que les incita a exclamar: «Pero con Franco viviremos me­
jor». Más guardan silencio porque cualquier manifestación
en este sentido les puede costar la vida.
Madrid es un caos. Para sus habitantes es una cárcel de
hambre y miseria. Los «protegen» cincuenta mil soldados
extranjeros que han llegado en las Brigadas Internaciona­
les, armados hasta los dientes, para derrotar al Ejército
Nacional. Menos mal que estas brigadas actúan bajo el
mando de la Junta de Defensa que preside el general Miaja.
Esto no obstante, el 3 de Noviembre, afirmaba El Noticiero
de Zaragoza: «El general ruso Vacalinck dirige la defensa,
de Madrid. Los soviets ocupan todos los ministerios».
El orden público ha sido encomendado a un tal José Car-
- 122 -
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En atención a las Brigadas Internacionales del mundo comunista,


llegadas a Madrid para luchar contra Franco, las izquierdas de la capital
movilizan hasta a las mujeres como vemos en esta fotografía y en los
dibujos de los pasquines que se propagan por todas partes, como el que
recogemos aquí. En la otra imagen, un lamentable desfile de niños con la
estrella roja y la hoz y el martillo sobre el pecho. Son todo un símbolo de
la intensa dominación que Rusia ejerce en la zona roja de la cual se ha
llevado ya todo el oro. Franco, sin embargo, será quien salve de tal
abominación a esos españoles, devolviendo a las mujeres su dignidad y a
los niños la ilusión de un porvenir mucho mejor que el que encontrarían
los de las demás naciones.
zorla y un tal Santiago Carrillo, que del partido socialista
han ascendido al comunista. Pero reina la anarquía. Nadie
tiene capacidad de imponer orden alguno. O tal vez no les
interese a los responsables. El caso es que la persecución
política y religiosa alcanza el máximum del paroxismo.
El día 10 de noviembre. 10.000 presos de derechas son
conducidos desde las cárceles o checas de M adrid al ce­
menterio de Paracuellos del Jarama. Para este menester se
utilizan alrededor de 200 camiones. Sus motores ensordecen
las calles. Y todo esto sucede sin que se enteren los encarga­
dos del Orden Público. Eso confesarán ellos, aunque nadie
se lo creerá tildándoles de un cinismo inaudito. Es la ma­
tanza más horrenda y atroz que conoce la historia de Espa­
ña. Y como no habrá balas suficientes para rematar a tanto
fusilado, a muchísimos los entierran vivos. Es algo espeluz­
nante.
«Ni la vida ni la propiedad contaban con seguridad algu­
na» escribiría Salvador de Madariaga.
«No se respeta ni la ley, ni la propiedad, ni la vida. Se ha
superado en barbarie a Rusia», declaró también Salazar
Alonso, exministro de la República, escribiendo sobre la
zona roja.
Cuadro que recuerda las matanzas de la izquierda asesinando alrede­
dor de 10.000 personas de derechas en Paracuellos del Jarama, junto a
Madrid, siendo encargado del Orden Público en la Junta de Defensa de
la capital el socialista recien convertido al comunismo Santiago Carrillo.
LA IGLESIA CON FRANCO

NOVIEMBRE EN LA ZONA NACIONAL

En los primeros días de noviembre, cuando las fuerzas


nacionales se afianzan junto a Madrid, incluso penetran en
alguno de sus barrios, Franco entre otras gestiones que rea­
liza en Salamanca articula los servicios de propaganda y
radio de la nueva España. Confía esta empresa a Millán
Astray, quien se rodea de un equipo eficaz de colaborado­
res. Uno de ellos es Ernesto Jiménez Caballero, del cual
refiere Ricardo de la Cierva: «que llega a Salamanca el 4 de
noviembre y, después de ser recibido inmediatamente por
Franco, a quien compara con el rey David (y tiene la noble­
za de recordarlo más de cuarenta años después) anota la
principal confidencia del General: ¿no cree que nuestra
bandera internacional debe ser la del catolicism o? Hacerla
muestra una vez más en la historia. Lo que significa que
Franco había incorporado ya a su ideario el concepto de
cruzada religiosa proclamado por el obispo de la diócesis».
Franco se desplaza al frente de Madrid, pero antes de
partir se despide del obispo, monseñor Pía y Deniel, y le
pide el auxilio de sus oraciones personales, las del clero y
las de las religiosas.
El día 7, Franco y Mola se establecen a diez kilómetros
de Madrid, en los palacios del Marqués de Valderas, en el
termino de Alcorcón. Estos palacios en el mencionado pue­
blo son conocidos por la denominación de «Los Castillos de
Valderas». Aquí estudian, deliberan y deciden sobre la mar-
eha de la guerra.

- 125 -
Refiriéndose a estos días, posteriormente, el general Juan
Vigón narraría la interesante entrevista del jefe de la Legión
Condor con Franco.
El barón Von Richthofen, de acuerdo con el Estado Ma­
yor del Aire de Alemania, preparó un concienzudo plan de
bombardeo que acabaría de una vez con la resistencia de
Madrid.
Franco escuchó silencioso las explicaciones del militar
alemán, que preveían un tributo elevado de vidas humanas.
El Generalísimo, luego de embeberse los razonamientos, ar-
gulló:
—Coronel, el plan desde su punto de vista me parece
perfecto, pero yo no lo aceptaré nunca para ser llevado a
cabo en una ciudad española. No puedo conseguir la victo­
ria al precio que usted me señala.
El jefe de la Legión Cóndor, sensiblemente contrariado,
alegó que en la guerra el sentimentalismo no gana batallas.
F-anco replicó que pensaría igual si discurriese con cerebro
alemán, pero él era español. Anécdota registrada por Roge­
lio Baón en *La cara humana de un CAUDILLO».
En otras ocasiones acallará recomendaciones parecidas
de otros ilustres emisarios de Hitler y Mussolini, repitiéndo­
les que «-Franco no hace la guerra a los españoles, Franco lo
único que quiere es salvarlos».
El día 8. aparece en el primer plano de la actualidad
nacional el Cardenal Gomá. Por su medio, los católicos de
Irlanda entregan al Caudillo 32.000 libras. Son fervientes
admiradores de sus hazañas, singularmente, de la epopeya
del Alcazar de Toledo.
Los sacerdotes destacan en su predicación el gesto de la
Iglesia de Irlanda para con nuestra cruzada y son innume­
rables las mujeres españolas que se desprenden de sus jo­
yas. oro y plata, collares, anillos, pulseras... en favor del
inunfo de Franco. Igualmente los sacerdotes ponderan el
heroísmo de las creadas banderas de Falange y Tercios del
Requeté y a estos cuerpos se incorporan los jóvenes más
católicos de los pueblos.
Por fin, el día 18, Alemania, Italia y Guatemala recono­
cen al Gobierno Nacional.

- 126
Las banderas de
lu Tradición, la
Nacional y la de
Fralange, cuyo
simbolismo
abraza a todos
los españoles de
cualquier clase y
condición y les
empuja a
defender a toda
costa el ideal de
«Dios, Patria y
Familia» por
Una España
Grande y Libre.

La Iglesia de E sp añ a en la inmensa m ayoría de sus prela­


dos, sacerdotes y fieles ha adoptado ya una actitud belige­
rante al lado del G eneralísim o, consciente de que cum ple
con un deber sabrado. Así se expresa su más genuino y alto
representante, el Cardenal Prim ado, don Isidro Gomá y T o ­
mas, quien el día 23 publica «El caso de España». E s una
pastoral que goza de resonancias excepcionales dentro y fue­
ra de la patria. El ilustre purpurado reconoce en sus pági­
nas lo expuesto con anterioridad por Pía y Deniel: «Nadie
ignora hoy que para los mismos días en que estalló el movi­
miento nacional había el comunism o preparado un movi­
miento subversivo».
Largo Caballero había declarado: «La dictadura del p ro­
letariado es indispensable para establecer el socialism o...
"uede darse el caso de que la clase obrera llegue al poder
Por una mayoría parlam entaria. Pero ¿qué hacer después?
espués tendrá que establecerse la dictadura del proletaria-
°··· porque de lo contrario nos estaríam os traicionando a
nosotros mismos». Como se ve el jefe socialista Largo Caba-

_ 127 -
Uero habla en la más pura clave comunista. Y esta dicta­
dura, no cabe duda, hubiera tratado de aplastar a la Igle­
sia, como a la sazón estaba realizando en la mayor medida
de sus posibilidades y pregonando por todas partes.
A los pocos días, Franco dirige una carta a Gomá para
agradecerle efusivamente su colaboración: «En nombre de
toda la España nacional y eterna — le dice— , que, al defen­
der su existencia contra las hordas rojas, lucha también por
la pervivencia de nuestra sacrosanta religión, consustancial
con nuestra amada patria». Las relaciones Iglesia-Estado
empiezan a consolidarse. Sobre este particular observa Ri-
carso de la Cieña: «El Caudillo deslinda los campos ideoló­
gicos con mayor precisión que sus ilustres colaboradores
eclesiásticos». Por donde Franco se nos muestra más inteli­
gente que los mismos obispos incluso en el terreno de estos,
deducimos nosotros.

IOSE ANTONIO

El día 20 de noviembre es fusilado en la cárcel de Alicante


con otros dos falangistas y requetés José Antonio Primo de
Rivera.
¿Quién es José Antonio Primo de Rivera, más conocido
simplemente por el nombre de José Antonio?
José Antonio es el prototipo de lo que debe ser un español
de cuerpo entero. Es el ideal de vida más ilusionado a se­
guir por las jóvenes generaciones. «En él se vinculan todas
las virtudes de la raza» podemos afirmar con las palabras
con que ei Presidente de la Junta de Defensa Nacional des­
cribió a Franco, el 1 de octubre.
José Antonio es un joven enamorado de España culto y
valiente como él solo en la empresa sin par de convertir a
España en la Patria, Una, Grande y Libre, de todos los es­
pañoles.
José Antonio nació en Madrid en 1903. Estudió Derecho
y, a los 28 años, fue diputado en las Cortes de la República.
1 ras escucharle uno de sus discursos, don Miguel de Una-
muno exclamó: «A José Antonio le he seguido con atención
y puedo asegurar que se trata de un cerebro privilegiado.

- 128 -
José Antonio
Primo de Rivera,
todo un ejemplo
del hom bre
español, joven,
culto y generoso,
al que la
República de
izquierdas
condenó a m uerte
v asesinó en la
cárcel de Alicante,
donde le vemos
aquí, p o r ser
cristiano, patriota
y político
excepcional de
la oposición.

Tal vez el más prom etedor de la Europa contemporánea».


Un hombre ilustre en las letras españolas, Adolfo Muñoz
Alonso, habría de escribir un libro sobre José Antonio titu­
lado: «Un pensador para un pueblo».
A los 30 años de edad, fundó su movimiento político,
Falange Española, y a los 33 años es ejecutado y muere
fusilado en la cárcel de Alicante, el 20 de noviembre de
1936, perdonando a sus enemigos como Cristo.
En su testam ento dejó escrito que había podido compro­
bar que los que le condenaban a muerte ignoraban cuál
había sido su obra y su pensamiento político, porque si lo
hubieran conocido se hubieran unido a él y a los suyos. Es
algo que recuerda aquella frase de Jesús: «Padre, perdóna­
los porque no saben lo que hacen».
José Antonio es un español cristiano, consciente y coheren­
te con su religión y testigo fiel de su fe, donde quiera que se
encontrara. He aquí el párrafo ejemplarísimo con que ini-
cía su testamento: «Condenado ayer a muerte, pido a Dios
que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me
conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo pre­
veo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis me­
recimientos sino la de su infinita misericordia». Y entre otras
frases, he aquí una maravillosa: «Qj&lá sea mi sangre la
última que se vierta en contiendas civiles».
José Antonio fue un genio, uno de esos prodigios que
como ráfagas fulgurantes de luz y calor tonifican a las gene­
raciones durante largas etapas de años. ¿Y por qué siendo
un español tan inteligente, tan valeroso y tan bueno le ma­
tan? No hay respuesta. No hay más respuesta que aquella
que se formula con otra pregunta ¿por qué mataron a Cris­
to siendo el mejor de los hombres?

GOMA DECIDIDAMENTE CON FRANCO.

El 8 de diciembre, después de encomendarse muy tem­


prano a ia Inmaculada, don Isidro Gomá y Tomás parte
para Italia. Su maleta va pertrechada de toda la documen­
tación precisa para que las personalidades del Vaticano se
conciencien de la sangrante realidad española. Ha intenta­
do previamente que toda la documentación que le acompa­
ña fuera exhaustiva y estuviera escrupulosamente corrobo­
rada por lo que han visto sus ojos o ha adquirido en fuentes
de absoluta solvencia. Son tan increíbles las facetas que
reviste ia persecución desatada contra los cristianos en Es­
paña que nadie debe dudar en Roma de la deplorable ver­
dad de sus exposiciones.
En el camino hacia Roma, Gomá lee la prensa europea.
En el «Times* de Londres contempla una carta firmada por
Alfred Knos y un grupo de parlamentarios abogando por
Franco. *Todos sabemos que Franco es un soldado caballe­
roso» declaran y lo prueban con diversos datos.
También se entera de que 4a peseta Franco», como se ha
comenzado a decir en Inglaterra y otros países, alcanza co­
tizaciones cuádruples en el extraryero respecto a la «peseta
roja».
En ios medios de información franceses e italianos en-
cuentra distintas noticias de la guerra de España. Cada cual
las trata según la óptica de su ideología. No obstante, los
diarios más ecuánimes y serios reconocen el prestigio del
Caudillo por encima de todos los militares y políticos de las
dos Españas.
El Primado viaja orgulloso de que por fin España y la
Iglesia de España hayan encontrado su defensor más firme
en este fiel hijo suyo, el General de honradez, valor e inteli­
gencia más acreditados en todo el mundo. El Primado sien­
te la satisfacción de colaborar con Franco. Con él se ha
empeñado en la empresa heroica y común de restaurar en el
suelo patrio los valores menospreciados por la República
de ia uadición, la religión, la familia, la independencia, la
solidaridad entre todos los pueblos de España, la fraterni­
dad... Se siente así más pastor de almas, más patriota,
más valiente... En definitiva, más en consonancia con lo
que le dictan su conciencia y las exigencias de su vocación.
Este sentir lo expresa el Cardenal sin ambages ante los
prelados de las diócesis francesas e italianas que saluda en
el trayecto. Son prelados que conoció en 1910 en el Congre­
so Internacional Apologético de Vich; en 1924, en el Con­
greso Eucarístico de Amsterdan; en 1930, en el XXX Con­
greso Eucarístico Internacional de Cartago; en 1934, en el
XXXII C. E. Internacional de Buenos Aires; en sus viajes a
la Santa Sede, etcétera. Tal renombre había alcanzado Go­
má para estas fechas que se le denomina ya el «Gran Carde­
nal de España». Y el Gran Cardenal de España se ha ali­
neado, para la mayor gloria de Dios, con el Gran Caudillo
del Alzamiento Nacional.
Pero la sorpresa del Gran Cardenal es enorme cuando
percibe en el viaje el tufo de la campaña que ha iniciado
contra el Movimiento de Franco un grupo de intelectuales
católicos franceses. Entre otros intelectuales, citamos a Ber-
nanos, Mauriac y Maritain.
«Por si fuera poca la lucha que tenemos que sostener
dentro de nuestras fronteras contra los enemigos de la reli­
gión, ahora, aquí, afuera, tenemos que sostener otra más
amarga, pues es contra los amigos de la religión que tam ­
bién nos persiguen a nosotros», pensaría con la más honda
pena el insigne prelado.
Era increíble. ¿Qué encenagado venero informativo había
intoxicado aquellas mentes?
A poco que indaga, Gomá averigua que católicos vascos y
catalanes separatistas, algunos frailes conocidos suyos, es­
tán sembrando de cizaña antiespañola los campos de Euro­
pa y. a través de Europa, todo el mundo. Refieren asesina­
tos, torturas y represiones violentísimas por parte de los
moros y soldados de Franco, mientras que los otros son
unos «pobrecitos inocentes e infelices». Llega, incluso, a
descubrir entre tanta calumnia las falsísimas etiquetas que
le han colgado a él mismo, convirtiéndole en protagonista
vil de infamias y chantajes de la más baja estofa.
Aquello es intolerable. ;Qué doloroso es para un príncipe
de la Iglesia, a sus 67 años, como él, sentirse víctima de tan
cínicas patrañas! Es entonces cuando concibe el propósito
de redactar una pastoral, en unión con todos los obispos
españoles, en favor de la Cruzada Nacional. Era injusto,
muy injusto, el sesgo con que se está tratanto en el extranje­
ro y en sectores religiosos y clericales el «affaire» español.
Por si fueran poco las brigadas internacionales que los
poderes enemigos de la Iglesia han armado y enviado contra
Franco para que también los poderes de la Iglesia francesa
o italiana disparen sus cañones literarios y dialécticos con­
tra la misma Iglesia en España. Esto es algo tremendamen­
te diabólico.
El día 15 de diciembre, el Cardenal español habla en
Roma a la Santa Sede sobre el proceso español y la génesis
de su Cruzada. He aquí cómo se expresa respecto a los jefes
salvadores de la Patria:
■■■Es incuestionable que el Jefe del Estado actual de Espa­
ña y el Gobierno de Burgos, que es su instrumento en la
administración general del país, ofrecen las máximas garan­
tías que podrían exigirse en cuestión de adhesión a la Igle­
sia, a su doctrina y leyes... Un bloque de hombres cristia­
nos, la mayor parte católicos prácticos, varios de ellos hasta
piadosos, que están dispuestos a orientar al Estado Español
en el sentido de su tradición católica y dar aquellas leyes y
fomentar aquellas instituciones que, informadas por el espí*
ritu y orientaciones de la Santa Iglesia, moldearán el futuro
Estado Español según el tipo de los estados verdaderamente
católicos. Igual puede decirse de la mayor parte del perso­
nal subalterno, en cuya selección — me consta por afirm a­
ción del mismo general Dávila que representa hoy al anti­
guo presidente del Consejo de Ministros— se atiende antes
.que todo, y supuesta su com petencia, a su condición de
buenos católicos. P a ra ello tiene dicho general una oficina
especial... E n la selección se atiende principalmente a repu­
diar a los afiliados a la m asonería o simplemente sospecho­
sos» (A. G ranados. E l Cardenal Gomá, pág. 93).
Todas aquellas personalidades eclesiásticas quedan estu­
pefactas al finalizar el G ran Cardenal la conferencia. Nun­
ca hubieran im aginado que los crímenes y violencias de los
rojos llegaran a los limites de barbarie y perversidad que les
había narrado G om á. Y al mismo tiempo levantan un mo­
numento a F ran co en su corazón para recordarle en las ora­
ciones.
Gomá aprovecha en la ciudad eterna cuantas ocasiones se
le presentan en em bajadas, en cancillerías y en hombres
influyentes del Gobierno de Mussolini a favor de su causa
que es la de F ran co y E sp añ a. C ada día se siente más per­
suadido de que «Dios lo quiere» y, en la mayor medida de
sus posibilidades, se consagra por entero al servicio del Mo­
vimiento de F ran co.
El día 19 de diciembre se entrevista con el cardenal secre­
tario del V aticano, monseñor Eugenio Pacelli, que no tar­
daría en llegar a ser el P ap a Pió X II. E n su diario privado
anota las observaciones siguientes:
«Pacelli, 19, m añana. M e notifica el nombramiento de
encargado confidencial ante el Gobierno de Franco con dos
cartas: una, credencial para que la vea el General, y otra,
secreta, dándome instrucciones para la defensa de la liber­
tad de la Iglesia, especialmente en cuanto se refiere a la ex­
patriación y veto de los obispos»... «También me encarga
diga al General que todas las simpatías del Vaticano están
con él y que le desean los máximos y rápidos triunfos»... «Se
me recibe, se me reconoce beligerancia; al leerse mi escrito
a Pacelli, se doblega el criterio hostil a España y se encuen-

- 1 33 -
era la fórmula de poner un punto de sutura con el Gobierno
de Franco. La bendición especial que el Papa, momentos
después, mandaba por mi conducto al General Franco era
el sello de una conducta a un tiempo fina y algo desconfiada
del Vaticano».
El Gran Cardenal regresa a España. El 28 llega a Sala*
manca de incógnito. Se hospeda en el domicilio de Pía y
Deniel. Comenta con él las habladurías que corroen la opi­
nión pública extranjera.
— Es horrible. ¡Cómo se nos calumnia por esos mundos!
Pronto se desata por ahí otra «leyenda negra» peor que la
del siglo XVI —participa Gomá, profundamente afectado,
a Pía y Deniel—. Esto es obra del mismo diablo. Parece, se­
gún los extranjeros, sin excluir a ciertos sacerdotes y obis­
pos, que las víctimas, los inocentes, los acertados son los
republicanos, los rojos, a pesar de sus leyes sectarias y per­
secuciones salvajes. Y los demás, incluidos nosotros, los
obispos, somos los verdugos, los déspotas, los tiranos, los
sanguinarios.
— Desde luego que, si no me lo cuenta Su Eminencia
—replica el prelado salmantino— , no hubiera sido capaz de
creer que exista tanta confusión, por no llamarlo maldad.
— Sea lo que sea, la realidad es que se trata de una
conyuntura que nos obliga a actuar más unidos que nunca.
Unidos entre nosotros y unidos con Franco y su Gobierno.
Máxime que su victoria es nuestra victoria. Lo mejor de la
juventud católica española está luchando y muriendo a sus
órdenes para que Cristo Rey viva y triunfe-en nuestra Pa­
tria.
— Desde luego. Ante esta gravísima situación, yo juzgo
que no sólo debemos estar unidos los obispos con Franco
sino que debemos desplegar actividades por las cuales nos
vean, dentro y fuera de España, muy unidos con el Genera­
lísimo. Además esto es justicia, y la justicia es la justicia.
Recuerdan una vez más a católicos y sacerdotes martiri­
zados, algunos de ellos santísimos, de una entrega total al
servicio de los pobres, de los enfermos, de los analfabetos.
Recuerdan los inmensos robos sacrilegos realizados por la
izquierda.. Gomá hablaba de la carta pastoral colectiva en

- 134 -
favor del Alzamiento de Franco que concibió estando en
Roma, y Pía y Deniel se adhiere a ella con la convicción
absoluta de que lo mismo hará toda la jerarquía eclesiástica
española. Es más, todos lo están deseando en la seguridad
de que así interpretan el sentir de lo más noble del pueblo.
GOMA REPRESENTA AL VATICANO ANTE FRANCO
El 29 de diciembre, el Cardenal es recibido en audiencia
secreta por Franco. Al llegar el Primado, Franco tiene oca­
sión de mostrarle su alta estima. «El respeto y admiración
que el Caudillo profesaba al Cardenal Gomá se explica con
lo relatado seguidamente. En el Cuartel General de Sala­
manca el Generalísimo ordenó a un colaborador suyo que
enmendase una torpeza —o al menos que la reparase— con
el Cardenal, pidiéndole perdón de rodillas». (Rogelio Baón.
La cara humana de un Caudillo, pág. 194).
En la entrevista Franco muestra a Su Eminencia la preo­
cupación que abriga por los muertos de la guerra, por la re­
conciliación, la reconstrucción nacional y sobre todo por la
unidad, la unidad de todos los pueblos y tierras de España,
la unidad política, la unidad en el ejército, la unidad en la
Iglesia... Gomá aprovecha la oportunidad para conducir las
aguas del diálogo a su molino. El sabe que Franco había
hablado de «separación de la Iglesia y el Estado», y él,
mentor y Príncipe de la Iglesia, defendía un estado confe­
sional, quería también la unidad de la Iglesia y el Estado,
acorde con la doctrina tradicional de la Teología, le importa
la unidad religiosa porque asi España será grande y libre, y
le advierte:
— Defender la fe católica y la unidad política y religiosa
de la nación española fue siempre el pensamiento director
de la conducta de los Reyes Católicos, de Carlos Quinto y
de Felipe Segundo.
Franco escucha con suma atención al Gran Cardenal. En
materia de fe y moral es el maestro, cuyas enseñanzas,
como fiel hijo de la Iglesia, él debía seguir.
La conversación fluye cordial y muy provechosa para ellos
dos y para España. Don Isidro Gomá y Tomás había pre­
sentado las credenciales y buenos oficios que le había enco-

- 135 -
mendado el Papa, y tan felizmente habla ejecutado su co­
metido que, el día 1 de enero de 1937, se dirige a Roma en
los siguientes términos:
«Franco se compromete a modificar o derogar aquellas
leyes que, por su letra o por su tendencia, están disconfor­
mes con el sentido católico... Y legislar con máxima confor­
midad con el dogma y moral de la Iglesia»... En otro párrafo
afirma: «El Jefe del Estado Español, en su anhelo de la
prosperidad de su querida Patria, se atreve a esperar de la
Santa Sede, que tantas pruebas tiene dadas de su amor a
España, su concurso moral y espiritual valiosísimo para la
solución de aquellos problemas que, aun siendo de orden
político o civil, se rozan en algún aspecto con los intereses
dei espíritu, que tuvieron siempre en la Santa Sede sabia
orientación y decidida defensa».

NAVIDAD EN 1936

Es digno de subrayarse, como un fuerte aldabonazo ten­


dente a moralizar la zona nacional y asegurar sus sanas cos­
tumbres. la orden antipornográfica expedida en Burgos el
día 23 de diciembre por el gran hombre de letras y acredi­
tado católico don José María Pemán.
En toda la zona nacional se celebra la Navidad con el
alborozo sugerido por la tradición, mezclado con el senti­
miento nostálgico producido por la ausencia de los mozos
que están en el frente.
«Tengo un hermano en el Tercio - Y otro tengo en Re­
gulares...» —cantarían las chicas de la época al salir de los
templos, después de entonar ante el belén los villancicos de
la Nochebuena.
En la otra zona, en la zona roja o republicana, no hay
belenes, no se celebra la Navidad. Los templos están con­
vertidos en cárceles, almacenes, leñeras, bodegas, cuadras...
Oficialmente no existen sacerdotes. Si alguno queda en al­
gún pueblo está muy escondido. Si alguno queda en la gran
ciudad procura camuflarse entre la barahunda de la pobla­
ción. «La descarga anticlerical llegó a matar al sacerdote
por el hecho de serlo», afirma también el historiador anti­
franquista Tuñón de Lara. Los demás han sido martiriza­
dos o siguen presos en lóbregas checas. En la zona roja
evocar al Niño Dios es un delito carísimo, que puede costar
la vida.
El escritor Waldo de Mier escribió sobre la Navidad de
1936 en el suplemento de Navidad de El Alcázar, 1981, lo
siguiente:
«Alegres, gozosas, esperanzadas, cristianísimas fiestas de
Navidad en el Ejército del Generalísimo Franco. Tristes;
descristianizadas, secularizadas en los siempre desmoraliza­
dos soldados de Miaja, Líster, El Campesino, Vicente Rojo
o Negrín».
«Mientras en aquella primera Navidad de la guerra en
1936, los soldados de Franco brindamos por una pronta paz
y cantábamos villancicos y aun instalábamos “belenes” en
las reducidas chabolas de trinchera, los rojos suprimían to­
do carácter cristiano de la Navidad».
Kolstov, periodista ruso enviado especial de Stalin, lo
cuenta así en su «Diario de la guerra de España»: «Hoy es
fiesta, se trata de la Nochebuena. No, en esto no hay nada
de eclesiástico. El sentido religioso de la Fiesta se ha evapo­
rado. Ha quedado la necesidad de descansar, de divertirse,
de pasar una noche en calma y comiendo bien». De cantar,
de rezar, de ensalzar al recién nacido Hijo de Dios y Salva­
dor de los hombres, nada. Pero «el mando —dice más ade­
lante Kolstov— recomienda no debilitar la vigilancia duran­
te la Nochebuena». Según Kolstov, se temía que los solda­
dos de Franco se presentasen, de repente, a cenar sin invita­
ción».
...El cancioncero popular lo dejó bien reflejado:
«Ya viene la Nochebuena
con su vecina la Pascua,
para el “azul” nochebuena
y para el “rojo” nochemala».
Carmen Díaz Garrido en su libro de memorias «Los años
únicos», recuerda aquellas Navidades vividas por ella bajo el
signo rojo:
«...Los rojos no quieren que esta noche nazca el Niño ni

- 137 -
que se canten villancicos, que todo eso y la misa del gallo
son historias pasadas».
Pero también queremos dejar constancia de las tres felici­
taciones navideñas que difunden los periódicos nacionales.
Una la constituyen los párrafos con que el Papa Pío XI
recuerda en el Vaticano a la España mártir. La otra felici­
tación es del Caudillo a todos los españoles infundiéndoles
confianza en la victoria y celo y generosidad en la «defensa
de la Fe y la Patria». La tercera felicitación es del Jefe Na­
cional de Falange Española, Manuel Hedilla.
El mensaje de Hedilla merece un apartado especial. Lleva
un contenido cristianísimo muy acusado. Es toda una invo­
cación al amor, al perdón, a la reconciliación. «Que nadie
sacie odios pasados». «Todos sabemos que en muchos pue­
blos había —y acaso hay— derechistas que eran peores que
los rojos». «No hagáis sino sembrar amor». Así habló.
El mensaje de Hedilla coloca a Falange Española en la
primera fuerza política que pregona la reconciliación entre
todos los españoles después del 18 de Julio. Es un timbre de
gloria que nadie podrá arrebatar jamás a Falange Española
y de las JONS y a su Jefe Nacional que camina por la misma
senda de su dignísimo fundador, José Antonio Primo de
Rivera.
La valiente sinceridad de Manuel Hedilla y sus fervosos
anhelos de clemencia y confratemización fueron a estrellar­
se contra la soberbia de la derecha. Entre los hombres de la
CEDA, la derecha caciquil y burguesa, las palabras de He-
dilla provocaron profundo disgusto. Disgusto que iban a
compartir miembros diversos del alto clero y algunos obis­
pos carentes de la imaginación y del espíritu de justicia so­
cial que exigían las circunstancias. Serán los que torpedea­
rán el ambicioso programa de la gran revolución social de
F E. de las JONS, que quedará pendiente. Esta revolución
logró levantar a España a ser la novena potencia industrial
del mundo, la séptima en la industria química, etcétera. Pe­
ro hubiera conseguido mucho más de no ser por la derechu
capitalista y reaccionaria.
El científico mundial Santiago Grisolia afirmó en «Ya» el
20 de mayo de 1978: «La bioquímica española ha pasado efl

1 Í8
Tras el combate,
el descanso. En
este dibujo de
Saénz de Tejada,
la estampa de una
pequeña estancia
del frente en la
que tres soldados
se distraen. La
preside un
Crucifijo.
pocos años al sexto o séptimo puesto en el orden mundial*.
Esta frase quede aquí a título de uno de tantos botones de
muestra como podíamos aducir de tanto como aportó a
España el régimen de Franco.
Con estos retazos dejamos bosquejado el ambiente de la
Navidad de 1936 en España.
Sin embargo, para que Franco esté plenamente persuadi­
do de que cuenta con la fe ciega de todo su pueblo, y de que
todos sus hombres le siguen con disponibilidad absoluta, el
día 30 de diciembre, la prensa nacional y con más énfasis la
e Zaragoza proclama: «Franco, tú eres nuestro guía. De-
tras de ti vamos todos».
Y al día siguiente, en su alocución de fin de año, el Gene­
ralísimo agradece la adhesión entusiasta de los pueblos y,
una vez más, alude a la «espiritualidad» de la causa que
0 os han abrazado y que les conducirá a la victoria.
on una fidelidad, pues, inquebrantable del pueblo al
su Caudillo, España sale de 1936 y entra
en 1937 dispuesta a todo.
j& p r f m é f ó Q D l 6 &

iraporhnte misión del


€j¿rcifo sostener
l&Índ(2pt>n6cndA6(2
l<\ J W r f o 9 d e f e n d e r la

I de enemigo^ ctfferio·
re.s e inferiores.
Tez-ro del artículo II de la Ley Constitutiva del Ejército Español
Franco júram e la Cruzada, lo mismo que en la guerra de Africa,
t>¡?u a lo.·· soldados heridos y se interesa por sus parientes. A los sóida-
!'.>■. J e ramillas modestas, a la par, les entrega donativos.
EMPIEZA 1937
Las relaciones diplomáticas de la nueva España se han
formalizado y consolidado ya con varias repúblicas hispa­
noamericanas y con Portugal, Italia y Alemania. Con Ingla­
terra también se reanudan gestiones comerciales y políticas.
En los frentes de la guerra retum ban los cañones y se
intensifican las actividades bélicas. F ran co insiste una vez
más en que su aviación preste suma atención a no bom bar­
dear los núcleos urbanos.
En la zona nacional el G eneralísim o prohíbe tajantem en­
te que se disparen los precios del m ercado y firma un decre­
to ley ordenando a los gobernadores civiles que impidan por
todos los medios posibles que exista un solo hombre p ara­
do. El trabajo es signo de salud y alegría y este signo de­
be resplandecer por donde quiera que se extienda el m an­
dato del Caudillo.
El día 2 de enero, por vez prim era, conm uta setenta pe-
nas de m u erte...
Sin em bargo, en la zona republicana no se conm uta nin­
guna pena de m uerte y la corrupción llega a extrem os inve­
rosímiles. En M adrid, por ejemplo, hay hoteles por cuyas
Puertas traseras se vende a precios exorbitantes todo lo que
los^í3 3 ^°S hués? edes· ^ as m ondas de frutas, de p a ta ta s ...
uiesos de tajadas mal reb añ ad os... son muy cotizados.
c lci|llas l ° s más desafortunados tienen que alim entarse
hierbas, algarrobas, carne de gatos, burros, etcétera.
Entretanto, para elevar la moral de los pacientes y resig­
nados habitantes, los gobernantes levantan una propaganda
audaz por el volumen de los carteles y por la contundencia
de las frases. Vierten calumnias espantosas contra las auto­
ridades de la zona nacional. Según ellos en la zona nacional
las gentes se mueren de hambre, las derechas asesinan
atrozmente a los rojos, las monjas matan a los hijos habidos
con frailes para tapar así su vileza, los obispos cometen es­
tafas y urden contrabandos muy sucios en connivencia con
los generales de Franco... Todo eso y mucho más es lo
que había oido el Cardenal Gomá en su viaje a Roma. Y en
gran parte estas calumnias estaban cosechando lo que pre­
tendían: inspirar un odio feroz a Franco, a la Iglesia espa­
ñola. ai Ejército Nacional...
La noticia de que Franco ha muerto, que es lo que real­
mente más desean los republicanos de la época, la repiten
asimismo en sus medios de comunicación. Esta noticia dará
lugar a que Queipo de Llano se chancee por Radio Sevilla de
tamaño embuste, nada menos que acusando a los calumnia­
dores cíe que ellos, precisamente ellos, iban a lograr lo que
ios demás no se habían propuesto. Esto es que «Franco pase
a los altares como Santiago, que mataba moros después de
muerto>, para terminar afirmando: «Lo que están consi­
guiendo con estas zarandajas es aumentarle el cartel».

MAS COLABORACION DE LOS OBISPOS CON


FRANCO

Una de las incógnitas más dolorosas para el Caudillo,


para el Papa y para los obispos es la que se abre en las Vas­
congadas.
¿Qué será de los católicos vascos levantados en armas
contra sus hermanos, los católicos del resto de España?
La España católica sublevada contra el sectarismo y atro­
cidades de ia República se va a enfrentar inevitablemente
contra las Vascongadas católicas, cuyos gobernantes andan,
cabalmente entonces, en subido flirteo con los gobernantes
ateos y marxistas de la nación. Precisamente, su obispo, su
propio obispo, don Mateo Múgica, fue el primero de los

- 142 -
prelados de la Iglesia española que defendió, junto con el de
Pamplona el Levantam iento de F ran co bautizándolo ya con
el nombre de Cruzada.
Si es inútil la obstinación vasca en defender su indepen-
dencia, ¿no se podría evitar por algún medio el derram a­
miento de sangre y destrucción de hogares que se seguirá?
El Cardenal Prim ado, m áxim o responsable de la Iglesia
Católica de España y, por supuesto, al mismo tiempo de la
vasca, se ofrece a intentar alejar a toda costa la esteril tra ­
gedia que se avecina. Por esta causa, el día 10 de enero,
escribe una carta, exigente y com prom etida, al presidente
católico de Euzcadi, José Antonio Aguirre, instándole a ne­
gociar la entrada pacífica de las tropas nacionales en la re­
gión. Siempre sería preferible que lo hicieran de esta mane­
ra a que fuera por la fuerza de los cañones y de las bayo­
netas.
Pero el católico presidente vasco contestará negativamen­
te. Lamentable, infantil e irracional testarudez, que se tra­
taría de vencer aun en reiteradas misiones, pero que sería
imposible y, por lo mismo, pagaría carísimo.
El día 10 de enero, Franco siempre respetuoso con la fe
de los demás, ante una sugerencia de los moros, les facili­
ta dos barcos españoles para que peregrinen a la Meca.
En el curso de la guerra venimos contemplando cómo los
pastores de la Iglesia se aproximan al Caudillo y manipulan
influencias por granjearse su amistad.
«Ganarse a Franco es prestar a la Iglesia el servicio más
eficaz que se puede desear para mayor gloria de Dios y bien
de las almas» así piensan y así se expresan.
Todos los obispos, por cuyas diócesis pasó y pasa, siem­
pre en olor de multitudes y de triunfo, salen a su encuentro
rara bendecirle en el nombre de Dios Todopoderoso, ren­
dirle el homenaje de su pleitesía y obtener de esta forma su
sonrisa y su favor.
En lo poco que va de año, a primeros de enero, es el obis-
de Burgos quien descuella en este sentido. Impone en su
<. tedral la insignia de la Acción Católica a Carm encita, la
niña de Franco, con la solemnidad que conlleva la oportuni­
dad de tratarse de la hija del Generalísimo.

- 143 -
Entretanto, para elevar la moral de los pacientes y resig­
nados habitantes, los gobernantes levantan una propaganda
audaz por el volumen de los carteles y por la contundencia
de las frases. Vierten calumnias espantosas contra las auto­
ridades de la zona nacional. Según ellos en la zona nacional
las gentes se mueren de hambre, las derechas asesinan
atrozmente a los rojos, las monjas matan a los hijos habidos
con frailes para tapar así su vileza, los obispos cometen es­
tafas y urden contrabandos muy sucios en connivencia con
los generales de Franco... Todo eso y mucho más es lo
que había oído el Cardenal Gomá en su viaje a Roma. Y en
gran parte estas calumnias estaban cosechando lo que pre­
tendían inspirar un odio feroz a Franco, a la Iglesia espa­
ñola. ai Ejército Nacional...
La noticia de que Franco ha muerto, que es lo que real­
mente más desean los republicanos de la época, la repiten
asimismo en sus medios de comunicación. Esta noticia dará
lugar a que Queipo de Llano se chancee por Radio Sevilla de
tamaño embuste, nada menos que acusando a los calumnia­
dores de que ellos, precisamente ellos, iban a lograr lo que
los demás no se habían propuesto. Esto es que «Franco pase
a los altares como Santiago, que mataba moros después de
muerto", para terminar afirmando: «Lo que están consi­
guiendo con estas zarandajas es aumentarle el cartel».

MAS COLABORACION DE LOS OBISPOS CON


FRANCO

Una de las incógnitas más dolorosas para el Caudillo,


para el Papa y para los obispos es la que se abre en las Vas­
congadas.
¿Qué será de los católicos vascos levantados en armas
contra sus hermanos, los católicos del resto de España?
La España católica sublevada contra el sectarismo y atro­
cidades de la República se va a enfrentar inevitablemente
contra las Vascongadas católicas, cuyos gobernantes andan,
cabalmente entonces, en subido flirteo con los gobernantes
ateos y marxistas de la nación. Precisamente, su obispo, su
propio obispo, don Mateo Múgica, fue el primero de los

- 142 ~
prelados de la Iglesia española que defendió, junto con el de
Pamplona el Levantam iento de Fran co bautizándolo ya con
el nombre de Cruzada.
Si es inútil la obstinación vasca en defender su indepen­
dencia, ¿no se podría evitar por algún medio el d erram a­
miento de sangre y destrucción de hogares que se seguirá?
El Cardenal Prim ado, m áxim o responsable de la Iglesia
Católica de España y, por supuesto, al mismo tiempo de la
vasca, se ofrece a intentar alejar a toda costa la esteril tra ­
gedia que se avecina. Por esta causa, el día 10 de enero,
escribe una carta, exigente y com prom etida, al presidente
católico de Euzcadi, José Antonio Aguirre, instándole a ne­
gociar la entrada pacífica de las tropas nacionales en la re­
gión. Siempre sería preferible que lo hicieran de esta mane­
ra a que fuera por la fuerza de los cañones y de las bayo­
netas.
Pero el católico presidente vasco contestará negativamen­
te. Lamentable, infantil e irracional testarudez, que se tra­
taría de vencer aun en reiteradas misiones, pero que sería
imposible y, por lo mismo, pagaría carísimo.
El día 10 de enero, Franco siempre respetuoso con la fe
de los demás, ante una sugerencia de los moros, les facili­
ta dos barcos españoles para que peregrinen a la Meca.
En el curso de la guerra venimos contemplando cómo los
pastores de la Iglesia se aproximan al Caudillo y manipulan
influencias por granjearse su amistad.
«Ganarse a Franco es prestar a la Iglesia el servicio más
eficaz que se puede desear para mayor gloria de Dios y bien
de las almas» así piensan y así se expresan.
Todos los obispos, por cuyas diócesis pasó y pasa, siem­
pre en olor de multitudes y de triunfo, salen a su encuentro
para bendecirle en el nombre de Dios Todopoderoso, ren­
dirle el homenaje de su pleitesía y obtener de esta forma su
sonrisa y su favor.
En lo poco que va de año, a primeros de enero, es el obis­
po de Burgos quien descuella en este sentido. Impone en su
catedral la insignia de la Acción Católica a Carm encita. la
niña de Franco, con la solemnidad que conlleva la oportuni­
dad de tratarse de la hija del Generalísimo.

- 143 -
Después es el arzobispo de Zaragoza el que, se dice, aco­
ge con suma simpatía la sugerencia de la hija de Franco de
que un día se convierta en jornada de oración nacional ante
la Virgen del Pilar para rezar por España. El 13 de enero El
Noticiero de Zaragoza publica la noticia y se elige el día 16
para llevar a cabo tan piadosa iniciativa.
Su eminencia el Cardenal Gomá tampoco descansa y, por
estas fechas, está entregado a la redacción de otra pastoral
en beneficio de la Cruzada.
Don Mateo Múgica, obispo de Vitoria, en su «destierro»,
lee en cierto periódico de Paris, el 17 de enero, una frase que
comparte plenamente. Esta frase es toda una apología en
pro de la causa de Franco. Casanovas, expresidente del par­
lamento autónomo catalán, había reconocido en un gesto de
sinceridad sorprendente: «Ya sé que el triunfo de Franco
m e alejaría de España. Pero lo sufriré resignado con tal de
qu e F ra n co libre a España de tanto criminal como pulula
p o r allí .
Eí día 28 de enero se publica la pastoral que el Gran
Cardenal estuvo preparando desde que vino de Roma. La
titula «EL SENTIDO CRISTIANO ESPAÑOL D E LA
GUERRA*. En sus páginas afirma: «Aplaudimos... la pa­
labra recientemente dicha por el Jefe del Estado español:
Nosotros queremos una España católica». También repro­
cha la intervención de las brigadas internacionales en nues­
tra patria con estas palabras: «La barbarie marxista, que
no merece otro nombre la actuación de ejércitos heterogé­
neos que luchan contra la España cristiana...
Ei fundador de la Legión, el celebrado general Millán
Astray. profundo conocedor de Franco, declara sobre el
comportamiento del mismo en aquella época conflictiva,
ratificando lo escrito por Gomá:
*Franco, en la hora decisiva de su pueblo, es el arquetipo
de la patria española. Por creyente, por soldado, por sabio,
por arrojado, por bueno.» En otro artículo expone: «Nadie,
ninguno que no haya cometido crimen y el crimen haya sido
probado plenamente en los autos y en el juicio, ha sido
condenado. Ante la menor duda, la pena se ha conmutado
o se ha mandado en consulta al alto Tribunal Militar.» Y

- 144
Basílica del Pilar
que había sido
bombardeada por
la aviación de la
izquierda
republicana el 3 de
agosto de 1936 con
bombas que,
gracias a Dios, no
llegaron a explotar.
El 16 de enero de
1937 fu e punto de
DA EL 3 I
concentración de
M EN TE»
españoles para orar
por la España
inmortal como
volvería a ser,
gracias a Franco,
en infinidad de más
ocasiones.

ante la contemplación de cómo administra la Justicia, ex­


clama: «Cómo se manifiesta tu corazon tan generoso, tan
cristiano, tan español».
Y el ilustre general Mola, por Radio Nacional de España,
este mismo día, se manifiesta poco más o menos en los mis­
inos términos admitiendo y acatando la superioridad de
Franco.

FEBRERO D E 1937

Entramos en febrero de 1937 y en el umbral del mes, el


Pnmer día, descubrimos al Cardenal Gomá rompiendo lan­
zas por el Alzamiento Nacional. En unión de Gil Robles,
rechaza con contundencia incontestable las opiniones vertí­
as por Ossorio y Bergamín sobre el concepto de dem ocra­
cia de q u e presume la República: tritura con su pluma toda
su falacia.
Franco asesora sobre la táctica a seguir en los frentes de
id. El día 3 llega a Sevilla. El 4 visita la línea de fuego

- 145 -
con Córdoba. Y el 5, en Antequera, donde tiene ubicado el
puesto de mando Queipo, vigila las alternativas y la toma
de Málaga.
Málaga es conquistada el día 8. Esta victoria es un triun­
fo de la visión estratégica de Queipo de Llano y para él es el
incienso de todos los honores. El primero que entró en su
recinto, no obstante, fue el coronel Borbón. Este ilustre
militar detuvo, entre otros muchos, a un rojo que había
robado en el convento de carmelitas de Ronda la mano de
Santa Teresa de Jesús, se la recogió y se la envió a Franco.
Como Franco es un hombre muy creyente acoge con su­
ma devoción la reliquia de la gran santa española. Esta
reliquia acompañará toda su vida al Caudillo como inspira­
dora v patrocinadora de todos sus proyectos nacionales, co­
mo mano sobrenatural que conducirá a España a sus más
altas cotas de paz y progreso.
Todas las campanas de los templos de la España nacional
saludaron ia conquista de Málaga repicando a gloria, lo
mismo que harán por cada uno de los triunfos importantes
que se vayan sucediendo.
Franco regresa a Burgos y, a los dos días, el 13 de febre­
ro. lee en el ABC de Sevilla el homenaje religioso que le
rinde un pueblo en masa de Castilla.
No diré dónde —escribe el autor de la reseña del ABC
de Sevilla— para no herir la sensibilidad de los autores de
esta beatificación; pero yo he visto días pasados en un pue-
blecito castellano, próximo a la raya de rojos, cómo en una
apoteosis de cruces y banderas, de niños escolares y todo un
vecindario endomingado, avanzaba el alcalde por la nave
central de la iglesia, llevando la imagen del Corazón de
Jesús, que al terminar la misa iba a ser entronizada en el
Ayuntamiento, y escoltado de otros dos concejales, portador
uno de una pintura de la Virgen y el otro de un retrato del
Generalísimo, que seguidamente fue instalado en el altar
mayor, del lado de la epístola. ¡No andaban descaminados,
no, los munícipes sencillos y españolísimos que tal home­
naje idearon! ¡El pueblo ha comprendido el valor mesiánico
del Ejército, personificado en Franco!»... Y Franco debió
sonreír sorprendido de la influencia que ejercen las circuns­

- 146
tancias en el proceder multitudinario, noble y sano de los
pueblos.
En esta misma reseña se alude a un libro publicado en
Francia por el muy culto escritor Pierre Hericourt titulado
«Por qué vencerá Franco». En sus páginas afirma Hericourt:
«En cinco años nuestros vecinos habían descendido, con movi­
miento cada vez más rápido, la pendiente resbaladiza que
comienza en el pecado contra el espíritu, contra los princi­
pios seculares del Gobierno de los pueblos, y que conduce
inevitablemente a la anarquía, a la ruina, a la muerte».
«Pero lo que no se puede hacer a estas alturas es ignorar
de qué lado de los bandos en lucha está la Justicia —prosi­
gue más adelante— ; lo que no se puede tolerar es que en
nombre de una democracia, que ya está desahuciada del
Continente, se trate de equiparar la cultura con la barbarie
y de conceder iguales derechos que a la tradición civilizado­
ra de mundos a la improvisación salvaje de una horda que
no tiene otra bandera que la de la conquista de las delicias
de la materia para unos cuantos elegidos, individuos o pue­
blos. En una palabra: que es absurdo el que ante el plan­
teamiento del gravísimo problema español, se preste oídos a
los apóstoles falaces de cosas tan falsas e imposibles como
son el orden democrático y la coherencia y estabilidad par­
lamentaria, y que Maurrás califica de “puras cuadraturas
del círculo”».
En los días siguientes, Franco anda muy atareado con
Mola y con Moscardó tratando de la conquista de Guadala­
jara. En un breve paréntesis, concede audiencia al diplomá­
tico italiano Roberto Cantalupo y su contenido trasciende a
la opinión pública. «Esta es una guerra de reconquista —le
confesó el Generalísimo— , pero de carácter espiritual antes
que militar. España no es el enemigo es mi Patria». Era
tanto como decir que él no declaraba enemigo suyo a nin­
gún español, aunque militase frente a su Ejército; su enemi­
go era una ideología, la marxista, que pretendía destruir las
esencias históricas españolas. La conclusión que Cantalupo
infiere de su diálogo con el Caudillo es la de que posee «una
visión firme y verídica de las cosas» y «la voluntad de no
dejarse controlar ni guiar por extranjeros». «Franco es todo
un hombre y todo un español». «Franco representa con su
gente una idea universal: El anticomunismo y la conserva­
ción del cristianismo».
Desde el 18 al 23, se libran durísimos combates junto al
Jarama. Se registra una batalla aérea asombrosa el dia 18
en la que brilla el heroísmo de Joaquín García Morato hasta
hacerce acreedor a que el mismo Generalísimo le felicitase
personalmente y le concediera la Laureada.
Ramón Serrano Súñer, después de huir del Madrid rojo
como oudo, se incorpora al servicio de Franco el 20 de
febrero. No se olvide que es cuñado suyo por estar casado
con la hermana de su esposa. Serrano Súñer es un abogado
joven y político destacado de la CEDA y que presumía de
sincera amistad con José Antonio. En su libro «Mi llegada a
Salamanca» narra su primer saludo al Cardenal Gomá en
las m ism as escaleras del Cuartel General. «Dios —me dijo
en presencia de mi mujer y de los dos ayudantes militares que le
a c o m p a ñ a b a n — ha querido traerle aquí. La guerra va bien,
pero no iodo ha de ser guerra y sólo guerra. Hay que saber
p a ra qué se guerrea, y eso es misión de la política».
Reparamos en este dato para confirmar una vez más la
familiaridad o frecuencia con que el Primado de la Iglesia
española se movía por el Cuartel General del Caudillo,
cuánta era su preocupación por la contienda y el bien futu­
ro de España... Todo esto, mientras habitabá en la humilde
hospedería de un convento salmantino.
El 21 de febrero el ejército de la República, imponente
por el número de sus soldados y pertrechos, ataca a Oviedo.
La ofensiva no cederá hasta el 17 de marzo. Desde octubre
a febrero, en más de cuarenta ocasiones, las fuerzas rojas
han intentado reconquistar esta heroica ciudad, pero siem­
pre se estrellaron contra la valiente resistencia del laureado
general Aranda. En él confía el Generalísimo plenamente.
Después de tres días de ausencia, Franco regresa al Jara­
ma, donde esta vez admira la bravura e inteligencia con que
sus fuerzas, mandadas por el ilustre militar don Carlos
Asensío Cabanillas, defienden los altos del Pingarrón. Allí
descolló también Mariano Gómez Zamalloa quien con die­
ciséis heridas en el cuerpo permaneció firme al «lado de su
Soldados
avanzando en la
lucha tras el
capellán con el
Crucifijo en alto.
Todo un
símbolo.
Dibujo de
Saénz de Tejada.

cañón». En el bando enemigo quedó destrozado el batallón


americano Lincoln de la XV Brigada Internacional.

LOS CAPELLANES CA STREN SES EN LA G U ER R A

En el frente del Pingarrón vivió el padre jesuita José Ca­


ballero una de las experiencias más apasionantes de su la­
bor como capellán castrense. «Me acuerdo — contó a J. A.
Navas en una entrevista para el periódico ‘ El A lcázar" del
día 25 de septiembre de 1981— que nosotros nos encontrá­
bamos en el frente del Jaram a, donde empezaba a actuar la
recién fundada X Bandera, a la que yo pertenecía. Al pié
del Pingarrón se produjo un ataque de la aviación, justo
encima de nosotros. La batida fue enorme, pero no hubo
más que un herido. Así las cosas, nos dirigimos a tom ar po­
siciones frente a Chinchón y M orata, donde estaban los
carros rusos. Recuerdo que íbamos en fila india y silencio­
sos, cuando el guía va y se pierde. En aquel instante un le­

- 149 -
gionario se me acerca y pide confesión. Le digo que se
arrodille cerca de un olivo próximo y cuando lo hace salta
desesperado. Se había inclinado sobre un cadáver. Nuestra
posición era muy mala y otros tres legionarios habían sido
heridos frente a una ametralladora enemiga. Había orden
de no acercarse a ellos por razón de seguridad, pero yo
tenía que administrarlos, por lo que me dirigí a ellos arras­
trándome como una culebra. Les di la absolución y la extre­
maunción y cuando iba a juntar las manos dos balazos de
ráfaga me atraviesan ambos brazos, pero sin dañar los mús­
culos ni los huesos. Sin embargo, al intentar incorporarme
una bala explosiva me derriba y deshace todo el jersey,
dejándolo como “ comido de ratones” . Dañó el crucifijo, sí,
pero sólo rozó la estola y ni siquiera afectó a la bolsa del
Santísimo. Fue lo primero que miré y estaba intacta. Desde
luego fue un milagro. Allí, yo palpé la presencia del Señor».
En cierta ocasión, muy similar a lá del padre Caballero,
F raneo se dirigió al sacerdote toledano don Florentino Alonso
Fernández y, estrechándole la mano, le dijo: «Pater, le felici-

Ejércitos d*'
tranco, como
firles hijos de la
Iglesia. también
en los frentes,
<>ye.n misa los
domingos y
fiestas df
guardar

-150
to muy sinceram ente y en usted quisiera felicitar a todos
nuestros capellanes castrenses, pues no me canso de p rocla­
mar una vez más su edificante arrojo y su espíritu de sacri­
ficio y entrega por la salvación de nuestros soldados. U sted
actúe en su m inisterio con total y absoluta libertad, inde­
pendencia y responsabilidad».
En los frentes de la zona nacional siempre hubo un sacer­
dote capellán, pronto a impartir a los soldados, y más si
agonizaban, el consuelo salvador de los sacramentos de la
Iglesia. Así, tras la muerte, sabían que tenían seguro el
cielo con que Dios premia a los hombres buenos. Para un
creyente no existe riqueza mayor. D e ahí que a los capella­
nes no les importara correr riesgos con tal de administrar la
inmensa riqueza espiritual de los sacramentos a sus solda­
dos. El ideal de su vida es salvar almas.
En los frentes de la zona roja nunca hubo capellanes. A
sus pobres, y tal vez pocos, soldados creyentes les estuvo
vedado este consuelo. Sus jefes perseguían a los sacerdotes y
maldecían a Dios. Para ellos, después de esta vida, ya no
hay ningún cielo que esperar.
Por eso que alguna vez afirmase el socialista Indalecio
Prieto que no había nadie más valiente que un soldado de la
zona nacional después de comulgar. A este soldado, si le
sorprendía la muerte en el combate, sabía que después le
esperaba Dios para coronarle en el cielo que, como apren­
dió en el catecismo del padre Ripalda, «es el conjunto de
todos los bienes sin mezcla de mal alguno». Mientras que al
soldado de la zona roja sólo le esperaba, después de la
muerte, pudrirse en la tierra, como un animal cualquiera,
según le habían enseñado sus políticos ateos.
En este lugar debíamos rendir nuestro homenaje de ad­
miración a los capellanes castrenses que, con su evangeliza-
v ion y ejemplo, supieron infundir tanto valor, fe y esperanza
a aquellos jóvenes falangistas, requetés, legionarios, solda-
¿ios de la Cruzada. Algunos de estos capellanes también
dieron su \ida por Dios y por España y de algunos de ellos,
co m o del padre Huidobro de la Compañía de Jesús, sabe­
mos que está introducida su causa de beatificación. El pa­
ire H uidobro m urió en el frente de la Cuesta de las Perdi­
ces. cerca de Madrid.
Los sacerdotes, capellanes castrenses, muertos heroica­
mente en los frentes de batalla asistiendo a los soldados
heridos o agonizantes fueron veintisiete. Además de los
mencionados quiero recordar a don José María Lamamié de
Clairac, de profundas convicciones carlistas, y al jesuíta P.
Juan Martínez García.
De todos los capellanes castrenses que yo he conocido he
de confesar que todos han hablado del Caudillo en los tonos
más elogiosos por lo que atañe a su conducta religiosa,
morai, militar y política.
C O N S O L ID A C IO N

CONFIANZA D E FRANCO EN EL PUEBLO

El 26 de febrero, «El Adelanto», de Salamanca, publica


unas declaraciones de Franco a la «United Press», que reve­
lan una vez más su confianza en la victoria, en la adhesión
del pueblo a su jefatura y su respeto a los pueblos que están
bajo el dominio republicano todavía.
El Generalísimo se expresó así:
«La guerra está ganada.
Primero: Porque tenemos la iniciativa.
Segundo: Porque contamos con un ejército entusiasta y
disciplinado.
Tercero: Porque nos apoya ferviente el pueblo.
Cuarto: Porque el enemigo está desmoralizado.
...Sino operásemos sobre la carne viva de nuestra Espa-4" !
ña, la guerra habría terminado ya. Tenemos medios para
destruir en horas Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y
Alicante, pero un debef patriótico nos lo impide...
»No luchamos contra otra España sino contra lo exótico,
contra la internacional comunista y socialista, contra el Jj
aventurero extranjero y el cañón ruso...
»La sorpresa del mundo será dentro de poquísimo tiempo
ver que España además de independiente, quedará viva,
trabajadora, pujante, rica por su riqueza natural, respetada
por sus sentimientos pacíficos en el concierto de las nacio­
nes y consciente de la misión histórica que le corresponde
en el mundo»...

- 153 -
Por estos días de la segunda quincena de febrero, escribe
Serrano Sufter de Franco: «Andaba él con la idea de redu­
cir a común denominador los varios partidos de ideologías
del movimiento. «Y el Generalísimo encomienda esta tarea
al mismo Serrano Suñer casi en exclusiva. «Había que con­
vertir el alzamiento en una empresa política». Serrano se
entrevista y comenta la oportunidad de la unificación con
los personajes de primera, segunda y tercera fila de la época.
Entre los más importantes está el Cardenal Primado. Y
constata el clima propicio que se respira en favor de una
unificación firme y armoniosa en torno a la persona insusti­
tuible del Caudillo.
Refiriéndose a la confianza extrema con reflejos del más
encendido entusiasmo que por aquel entonces, lo mismo
que siempre, inspiraba el Generalísimo en el pueblo, diría
Serrano Suñer que <el ambiente de la zona nacional era de
ur fervor inconcebible para quien no lo vivió, de un sacrifi­
cio absoluto, de una elevación espiritual traducida perfecta­
mente. popularmente, con las evocaciones de la Cruzada
hasta el punto de que muchos habitantes de la zona, inicial-
rnente partidarios de la República, se contagiaron y se ads­
cribieron con sinceridad absoluta a las nuevas banderas de
Fran co. Esto puede parecer ahora difícil de probar; quizás
porque ambientes así no pueden probarse sin vivirse». Estas
impresiones las recordaría Serrano Suñer en su Discurso de
Burgos, pronunciado en el Instituto Francisco Suárez en el
22 de junio de 1972.

PIO XI, DE NUEVO, CON FRANCO

Ei día 1 y 3 de marzo presentan con toda solemnidad sus


cartas credenciales al Caudillo de España los embajadores
de Italia y Alemania.
El 5, Franco es entrevistado por el periodista anglosajón
más cotizado, Randolph Churchill, con destino al «Daily
Mail». En su diálogo se advierte la obsesión del Generalí­
simo por la unidad total de España.
Los generales italianos planean la batalla de Guadalaja-
ra. El 8 de m ar/o entran en combate. El conflicto bélico
con sus diversas alternativas durará hasta el día 18, en que
son definitivamente derrotadas las legiones de Roma..
En cambio, el día 8, es tritu rad a la 1 2 .a División republi­
cana, y el crucero Canarias detiene al mercante M ar Cantá­
brico, que viene de M éjico cargado de material de guerra
para la República.
Franco viaja a Burgos. Piensa trasladar allí el cuartel
general. Aquí recibe una más de tantas satisfacciones como
le proporcionan las actividades del Cardenal Primado. Go­
má ha inquirido entre los m etropolitanos sobre la oportuni­
dad de que el V aticano reconociera al Gobierno Nacional,
y todos habían respondido con diligencia suma: «Sí, hic et
nunc, aquí y ahora, ya».
Los obispos españoles estaban ansiosos de que la Santa
Sede se indentificara plena y explícitam ente con la causa
del Generalísimo lo mismo que lo estaban ellos. Sería inca­
lificable que a un Caudillo del talante cristiano de Francisco
Franco lo abandonara su m adre la Iglesia y máxime en una
etapa tan decisiva p ara su salvación com o aquélla. Lo con­
trario hubiera sido suicidarse la misma Iglesia en España.
Por la boca de casi todos los obispos pasó la siguiente
frase del más conspicuo intelectual del siglo X IX , Jaime
Balmes: «Separad lo católico de lo español y lo español
quedaría herido de m uerte en su verdadera sustancia».
Entre los mismos prelados se reiteraba con frecuencia
aquello de San Alfonso M aría de Ligorio: «Si yo logro ga­
nar un rey, yo habré hecho m ás por la causa de Dios que si
hubiera predicado centenares y millares de misiones. Lo
que un soberano, tocado por la gracia de Dios, puede hacer
en el servicio de la Iglesia y de las alm as, mil misiones no lo
harían jamás». Y el Caudillo de E spaña, en este caso, era
ese soberano tocado por la gracia de Dios.
En estas circunstancias, providencialmente, muy provi­
dencialmente, y rim ando al unísono con los sentimientos del
episcopado español, el día 19 de m arzo, el Papa Pío X I fir­
maba su encíclica «Divini Redemptoris», abiertamente anti­
comunista y expresam ente pro española, que era tanto como
decir pro franquista. A continuación, algunos párrafos:
«También allí donde, com o en nuestra queridísima Espa-

- 155 -
ña, el azote comunista no ha tenido aún tiempo de hacer
sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desquitado
desencadenándose con una violencia más furibunda.
»No se ha contentado con derribar alguna que otra igle­
sia, algún que otro convento, sino que, cuando le fue posi­
ble, destruyó todas las iglesias, todos los conventos y hasta
toda huella de religión cristiana, por más ligada que estu­
viera a los más insignes monumentos de arte y de la ciencia.
«El *uror comunista no se ha limitado a matar obispos y
millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando
de modo especial a aquéllos y aquéllas que precisamente
trabajan con mayor celo entre pobres y obreros, sino que ha
hecho un número mucho mayor de víctimas entre los segla­
res de toda clase y condición, que diariamente puede decir­
se que son asesinados en masa por el mero hecho de ser
buenos cristianos o tan solo contrarios al ateísmo comunis­
ta V una destrucción tan espantosa la lleva a cabo con un
odio, una barbarie y una ferocidad que no se hubiera creído
posible en nuestro siglo. Ningún particular que tenga buen
juicio, ningún hombre de Estado consciente de su responsa­
bilidad. puede por menos de temblar de horror al pensar
que lo que hoy sucede en España tal vez pueda repetirse
mañana en otras naciones civilizadas».
Expone luego el Papa que estas atrocidades comunistas
en España nacen naturalmente de un sistema sin freno que
arranca a los hombres del corazón la misma idea de Dios, y
termina:
Y es esto lo que, por desgracia, estamos viendo; por
primera vez en la historia asistimos a una lucha fríamente
calculada y cuidadosamente preparada contra lo que es di­
vino. El comunismo es, por naturaleza, antirreligioso, y
considera la religión como el opio del pueblo porque los
principios religiosos que hablan de la vida de ultratumba
desvían al proletariado del esfuerzo por realizar el paraíso
soviético, que es de esta tierra».
Observemos detenidamente las conclusiones que infiere
R. de la Cierva:
Insistamos: el efecto de esta encíclica fue demoledor
para h causa de la República, identificada, como proclama-
ba Franco, con la del com unism o. En el propio Franco esta
enseñanza papal caló tan hondo que hizo en su mente, con
carácter definitivo, la idea de la Cruzada como esfuerzo
conjunto de las armas y la fe contra el enemigo absoluto, el
comunismo internacional. Este enemigo no era, pues, un
invento de Franco, sino el objeto de un anatema de la Santa
Sede, cuando la Iglesia de España se enfrentaba con él.
Luego vendrían otros tiem pos, y la Santa Sede asumiría
posturas menos com prom etidas, fomentaría ciertos diálo­
gos, alentaría ciertas com prensiones, olvidaría expresamente
las condenas de la guerra de España y se resistiría a consi­
derar como mártires a los miles de sacerdotes y cristianos
que morían en España por su fe. Pero la solemne declara­
ción del Papa en 1937 se haría idea y segunda naturaleza en
el corazón de Franco. ¿Se le puede legítimamente repro­
char? Franco vivió con tal intensidad aquellos momentos
que en épocas menos propicias esperaría pacientemente el
retorno de la Santa Sede a su posición original. No logró
verlo en vida. ¿No lo empezaría a ver cuando se escriben
estas líneas cuando un Papa diferente ha iniciado, con toda
claridad y prudencia, un cierto regreso, mientras avanza?»
El historiador citado se refiere al Papa Juan Pablo II.
quién, según el obispo de Cuenca, monseñor Guerra Cam­
pos, en 1982, recordó a varios prelados españoles la opor­
tunidad de que había que volver a revisar las causas de bea­
tificación de los mártires españoles de la Cruzada, pues no
era justo que por conveniencias políticas estuvieran abando­
nadas.

ULTIMOS DIAS D E MARZO

Si los italianos habían perdido la batalla de Guadalajara


y con ello ha perdido brillo la campaña de la España Nacio­
nal, Franco decide recuperarlo y lo recuperará con creces.
El Caudillo lanza su «álea jacta est» sobre Bilbao el 21 de
marzo. «Al día siguiente — escribió Kindelán, testigo direc­
to, en su libro «Mis cuadernos de guerra»— llamó al general
Mola a Salamanca y le ordenó en firme la operación sobre
Bilbao, indicándole en el mapa las directrices de ejecución».

- 157 -
Los dos eximios militares, políticos y estrategas, confe­
rencian largamente asimismo sobre el proceso de unifica­
ción. A pesar de ciertos reveses este proceso va cuajando
propicio a sus proyectos. Hay que fortalecer a España por
todos los medios y éste es uno de los más poderosos. La
unión hace la fuerza.
Franco aglutina y atrae hacia su persona, aureolada de
un prestigio imponente dentro y fuera de nuestras fronteras,
todas las miradas y miras de los políticos de las diversas
tendencias nacionales. Franco es el hombre indiscutible y
único. Y si es único todo debe estar unido a él. Franco con
todo el pueblo unido a él será el Caudillo invencible. Por
esta unidad, por esta unión, Franco está seguro que España
llegará a ser grande y libre.
El 22 de marzo la Comunión Tradicionalista le remite un
telegrama en el que se expresa así: «La Comunión Tradicio­
nalista acuerda: Unánimemente testimoniar a V. E. la más
fervorosa y decidida adhesión, significando a su decisión in­
quebrantable de posponer toda conveniencia partidista a
¡os altos v patrióticos intereses, tan legítimamente represen­
tador por el Generalísimo, Jefe del Estado, para la mayor
gloria de Dios y de España».
Con e! fin de realzar su incorporación incondicional y ab­
soluta a todo propósito del Caudillo, los monárquicos alfon-
sinos publican con carácter extraordinario el número 99 de
a revista -Acción Española». Empiezan con esta alabanza:
El Generalísimo Franco es, por esencia, el soldado que
■stuvo siempre en su sitio«...
Los responsables de los demás partidos, salvo rarísimas
xcepciones, si es que no lo han hecho aún, con el mismo
nhelo irán rindiendo su homenaje de adhesión a Franco.
Termina el mes de marzo con la celebración de la Sema-
a Santa. Días de intenso fervor religioso, días de repara-
lón y desagravios por los pecados propios y ajenos.
El día 25 es el Jueves Santo. El Generalísimo con su
amilia acude a los santos oficios que, en la iglesia de la Uni-
srsidad, preside el gran y polémico teólogo dominico padre
uis Getino. Después, como otro fiel cristiano cualquiera
íás, visita a pie los templos en que está expuesto el Santísi-
zona nacional,
madres, hermanas o
esposas de los
soldados de Franco,
al tiempo que
trabajaban en la
retaguardia,
rezaban, como la
señora mayor del
dibujo de Sáenz de
Tejada con el rosario
en las manos, para
que la protección de
Dios acompañase a
sus familiares en los
frentes de batalla.

Uno de tantos testimonios de la fuerte espiritualidad en que se forja­


ban los combatientes de Franco por Dios.

№ . ARIR BA ESPAÑA
8

POR LA REVOLUCION NACION ALSiNDiCALISTA

CUARESMA DE ESPAÑA
En la mañana del domingo y como fina! de
los Ejercicios Espirituales organizado ■
« por
Falange, el Exorno.Sr. Obi'po dió la Co­
munión a cerca de 4.000 falangblas
DESPUES TUVO LUGAR LA
BENDICION PAPAL
rno. A los vecinos les impresiona favorablemente la piedad
del Caudillo de España y lo comentan muy complacidos.
El Viernes Santo, siguiendo la tradición de los Reyes de
España, indulta a dieciséis condenados a muerte.
Las antiguas y venerables costumbres de la Semana Santa
renacen con ei vigor y pujanza de los mejores tiempos. Má­
xime que en muchos pueblos están en carne viva las heridas
y la sangre derramada en los martirios sufridos por las per­
sonas más religiosas o más señaladas de la derecha bajo el
golpe contundente de la izquierda. También influye el mar­
co desolado de los templos destrozados en sus muros, en
las imágenes y retablos que el hacha o la tea marxista.de la
izquierda demolieran. La furia de la persecución religiosa
de la Wquierda se desbocó en los primeros meses de la gue­
rra.
En la zona republicana, sin embargo, no hay nada. Si
acaso hay algo peor. Al recuerdo de la Semana Santa se
remedan actos penitenciales en son de burla, blasfemos,
odiosos ridiculizando la religiosidad de la otra zona. Y , por
supuesto, nada de indultos. La religión para la izquierda,
según sus máximos profetas, es la mayor calamidad de los
pobres, -es el opio del pueblo» y las consecuencias tienen
;ue ser ías del terror.

FRANCO, MUY HUMANO Y FIRME

El día 1 de abril Franco informa a los jefes de los Go­


biernos de Europa que ha impartido órdenes a la marina
nacionai de que detengan a todo barco que entre en aguas
jurisdicíonales sin el debido permiso. Así es que ya sabían
a io que debían atenerse. Con España no jugaba nadie sien­
do Franco su Caudillo. El que avisa no es traidor.
El día 3 llegan a Sevilla, presididos por el Gran Visir, los
moros que habían peregrinado a la Meca. El recibimiento
que se les deparó fue apoteósico. Allá voló Franco para dar-
íes la bienvenida. Acompaña a Franco el embajador de Ita­
lia. Cantalupo. quien describiría posteriormente la euforia
:k la jornada. Franco en su discurso ensalza los ideales
religiosos que les traen a España: «Vosotros venís con fe a
luchar contra los que no la tienen» y más adelante asegura:
«Dios nos permitirá vencer al enemigo rojo».
De las conversaciones que Roberto Cantalupo mantiene
entonces con Franco se hace eco en su libro «Embajada en
España». Cuenta que el Generalísimo le dijo que él «no hace
la guerra a España: la libera». «No debo exterminar al ene­
migo, a los campos, a las producciones, a las ciudades».
«Por eso no debo tener prisa». Franco repite lo que en oca­
siones parecidas había contestado a quienes le urgían que
acabase pronto la guerra, aunque tuviera que destruir a
Madrid o a Valencia a bombazo limpio o entrando a san­
gre y fuego, porque esto realzaría mucho más su prestigio.
Y estas urgencias a quienes más parecía apremiar era a los
italianos.
Franco es un hombre muy humano. Recordemos su pri­
mera orden en calidad de Jefe del Ejército de Africa y Sur
de España, firmada el 1 de agosto de 1936: «...La reducción
de focos rebeldes se efectuará con energía, excluyendo la
crueldad, respetando en absoluto a las mujeres y niños v
evitando toda clase de razzias». Prevé la hecatombe que se
avecina sobre las Vascongadas y quiere evitarlo a toda cos­
ta. Busca la posibilidad del diálogo. Interesa sobre el par­
ticular al cónsul de Italia en San Sebastián. Este intenta ser­
virse de la preponderancia que goza ante el gobierno de
Euzkadi el padre jesuíta Julián Pereda, rector del colegio de
San Ignacio en aquella ciudad. El padre Pereda colabora
con agrado. Pero fracasa ante el católico Gobierno de Euz­
kadi, como fracasó el Cardenal Primado.
El 30 de marzo el magistral general Mola impartió las
instrucciones precisas para emprender la conquista de Bil­
bao. Los primeros enfrentamientos se iniciaron el 31. Las
brigadas de Navarra, desbordante de valor, rompieron el
frente, seguidos de tropas italianas y marroquíes. Y si al­
guien no lo remedia, la suerte la decidirán las armas.
El 6 de abril la asamblea de Academias oficiales reunida
en Zaragoza analiza la figura de Franco y exalta su perso­
nalidad hasta llegar a acordar: «Dedicar a Franco aquellas
palabras...: Su espada y su ciencia brillarán como estre­
llas». Es un reflejo de lo que se piensa y se habla en cual-

- 161 -
quier punto de la geografía nacional.
Pero Franco, en lugar de asistir a esta asamblea, se mar­
cha a Vitoria, a visitar los frentes del Norte. Los requetés
coronan con gallardía la primera fase de la ofensiva ocupan­
do los puertos de Barázar y Urquiola y dominan los accesos
a los valles de Vizcaya.
Al contemplar el Generalísimo la belleza de aquellas tie­
rras dicen que exclamó: «¡Qué pena que no nos compren­
dan estos vascos! La mayoría piensa como nosotros y, con
su obstinación, se van a empeñar en que prosigamos una
guerra inútil que les vamos a ganar».
Hay prisa por conquistar para la causa nacional a las
provincias vascas. Y si hasta el presente han fallado los
intentos pacíficos de diálogo, ahora Mola les lanza una
amenaza aterradora que publican los periódicos el día 7:
«l itimo aviso: he decidido terminar la guerra en el Norte de
España Quienes no sean autores de asesinatos y depongan
las armas y se entreguen serán respetados en vidas y hacien­
das Si vuestra sumisión no es inmediata, arrasaré Vizcaya
empezando por las industrias de guerra. Tengo medios so-
para ello. El general Mola».
N; aparece la respuesta positiva que se espera. Y los
combates se reanudarán, aunque Franco seguirá atento a
cualquier posibilidad de diálogo que suija para la solución
pacífica del conflicto.

FLORILEGIO DE BENDICIONES EPISCOPALES

La Iglesia otra vez en las primeras páginas de la prensa.


El día 10 de abril publican los periódicos párrafos extraídos
de las «pastorales de obispos que bendicen y alientan al
movimiento salvador«
Los obispos de Vitoria y Pamplona son los primeros que
iiaman cruzada a la guerra: «...esta Santa Cruzada, la más
,anta que han visto los siglos...».
Pía y Deniel, obispo de Salamanca, dice al ponderar las
irtudes de esta guerra que «...en realidad es una Cruza-
ia». "...una Cruzada por la Religión, por la patria y por la
Civilización», «...una Cruzada contra el comunismo para
salvar la Religión».
El arzobispo de Valladolid dam a: «...Honor a los héroes
sin miedo y sin tacha de esta gran Cruzada...»; el de Grana­
da recuerda: «...nos encontramos en un nuevo Lepanto»; el
de Córdoba agrega: «...es la Cruzada más heroica que regis­
tra la historia»; el de Santiago afirma que «ésto no es una
gerra civil ni un pronunciamiento, ésto es una auténtica
Cruzada».
El obispo de Zamora, Arce Achotorena, explica: «Cuando
falta la paz en todas sus formas... la paz religiosa, ¿qué
otro sentido más hondo e incohercible e imperioso puede
sentir una sociedad perfecta y soberana que el de reacción
violenta, por la vía de las armas, para recuperarla?
El Cardenal Primado de Toledo, el abanderado jerárqui­
co de los más altos valores de la Cruzada, enseña: «...Esta
es la guerra que sostiene el espíritu cristiano y español...
Nadie ignora que el resorte de la religión, actuando en las
regiones en las que está más enraizada, ha dado el mayor
contingente inicial y la máxima bravura a nuestros solda­
dos. Más: estamos convencidos de que la guerra se hubiera
perdido para los insurgentes sin el estímulo divino... En el
fondo debe reconocerse en esta guerra un espíritu de verda­
dera Cruzada en pro de la religión católica... Cristo y el
Anticristo se dan la batalla en nuestro suelo».
El obispo Eijo Garay escribe: «España tenía el derecho y
el deber de rebelarse contra una autoridad prostituida y
usurpadora, antinacional y anticristiana, tiránica y delin­
cuente».
Por si acaso a algún lector de 1985 le extrañase el «Bri­
llante florilegio de pastorales alentando y bendiciendo el
movimiento salvador», añadiré que el cardenal Tarancón en
su folleto «50 años de sacerdocio en España» publicado en
1983, escribió: «He de confesar que... la oposición al Régi­
men de 1936 —que empezó denominándose «laico» pero
que pronto se convirtió en «persecutorio»—, aún por medio
de las armas, me parecía no sólo legítima sino obligatoria.
Era como un deber sagrado».

- 163 -
EL DECRETO DE UNIFICACION

Ciertos acontecimientos precipitan y urgen la unificación


de las distintas corrientes ideológicas políticas. Las fuerzas
más poderosas son la falangista y la tradicionalista y en
algunos sectores se propone que el lema de todos fuera:
«Dios, Patria y Franco».
Para Franco la formulación de aquel lema debió ser algo
tremendamente embriagador. Para él, cuyo ideal es «Dios y
España-' y por este ideal está arriesgando la vida constante­
mente. ver su nombre al lado de esas dos palabras tan sa­
gradas debió constituir uno de los mayores premios de su
existencia. Pero Franco, como humano que es, se reconoce
un ser limitado y temporal y, aunque lleve la cabeza muy
alta, sabe que tiene los pies en la tierra. Así es que propone
que en lugar de su nombre complete tan bella trilogía la pa­
labra Justicia·.
Dios Patria, Justicia» son tres palabras siempre necesa-
na¡>. eternas y universales, por las cuales bien vale la pena
dar 2 nda y ia hacienda. Otra lección maravillosa del Cau­
dillo que. andando el tiempo, en los años de 1970 sería el
ema de ^Fuerza Nueva».
Franco consulta a ios altos jefes del Ejército, Mola, Quei-
po Llague y todos se muestran igualmente partidarios de la
unificación.
Entretanto, el 15 de abril, Observer, uno de los periódicos
mas importantes de Inglaterra, ensalza en términos muy
elogiosos al Caudillo de España: «No es un reaccionario; es
un gran caballero y con toda seguridad él y sus colegas están
preparados para un largo porvenir...».
Y por finT el día 19 de abril, el Generalísimo firma el
Decreto de Unificación de los partidos vigentes bajo la de­
nominación de Falange Española Tradicionalista y de las
Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, esto es, F.E.T. y
de las I.O.N.S. Desde todos los sitios, desde los más insóli­
tos rincones. Hueven sobre Franco telegramas y cartas de
solidaridad, aprobación y enhorabuena. El Rey Alfon­
so XIII. don Javier, Gil Robles, Lerroux, etcétera, hasta
más de 60.ÍJ00 telegramas le felicitan.
«Este retrato de Franco, nacido de la paleta genial de Zuluaga, resume
por sí solo el espíritu de la Unificación: la camisa azul con el yugo y las
flechas y la boina requeté se unen ante la bandera bicolor, empuñada
con mano firm e por el único hom bre capaz de unirlas», R. de la Cierva.

«La Falange sería el fundamento del partido único porque


era la que tenía un programa más sano y la que contaba
con más partidarios en todo el país». Así se expresaba el
general Faupel, embajador alemán, al ministro de Asuntos
Exteriores de su nación en el informe que le remitió de una
larga conversación sostenida con Franco el 11 de abril.
«Sin duda alguna, Franco, soldado, —escribe Claude
Martín en su obra "Franco"— había sabido apreciar aquel
movimiento jerárquico que proclamaba: “ La vida es milicia
y es preciso vivirla con un ardiente espíritu de servicio y sa­
crificio” y que tendía a la institución de un estado fuerte y
duradero. Respetuoso del orden social durante toda su ca­
rrera, poseyó la lucidez suficiente para ver los defectos del
capitalismo liberal, el egoísmo de los ricos y los peligros que
hacían pesar sobre el país. Ya durante su estancia en Cana­
rias, había dicho a su profesora de inglés, la señora Dora
Leonnard de Alonso, a propósito del problema social:
‘Los ricos son apáticos y egoístas... Se lo dye ayer a un
personaje de elevada posición, que vino a verme. Como se
quejase de diversas cosas, le hice observar: Es por su culpa.
¿Qué ha hecho usted por los pobres? ¿Ha comenzado algu­
na obra social?«*
Gracias, pues, al Decreto de Unificación, Franco adquie­
re a la sazón el poder más absoluto sobre España. Escribe
Ciaude Martín en el libro citado: «De este modo, Franco, ya
Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, y Jefe
del Estado, se convertía también en jefe de un partido, o
más exactamente, de un Movimiento unificado. Esta deci­
sión era lógica en la Europa de 1937... Hasta entonces,
Franco había sido el elegido de los generales, entre los cua­
les era primus inter pares, pero, al asumir la jefatura del
partido único, se encontraba con el apoyo de una masa de
partidarios que le daba una superioridad aplastante sobre
los otros jefes del Ejército, superioridad que éstos consen­
tían».
La ígiesia también se adhiere al Decreto de Unificación y
se registra el caso de que en Pamplona es nombrado di­
rector de propaganda de F.E.T. y de las J.O.N.S. un sacer­
dote muy celoso y elocuente predicador que se llama don
Fermín Izurdiaga Lorca. Puesto éste en el que don Fermín
Izurdiaga desempeñó importantes funciones.

GUERNICA

El día 20 de abril Franco da su visto bueno al proyectado


segundo asalto a Vizcaya. Las brigadas de Navarra, las tro­
pas italianas y marroquíes se encuentran en plena forma. Se
entabla la lucha. Lucha fiera y desigual. Los gudaris, los
soldados del ejército vasco, apoyados por los del ejército
rojo y los de las Internacionales se baten con valor. Pero las
fuerzas de Mola se imponen y avanzan.
En el transcurso de estos combates, el 26 de abril, se
desata algo terrible y brutal. Es el bombardeo y destrucción
de Guernica por la aviación alemana de la Legión Cóndor
sin permiso alguno del Gobierno nacional. Franco indigna­
dísimo por la actuación alemana, reprendió con suma dure­
za al coronel Funk «porque yo no haré jamás la guerra
contra mi propio pueblo» le dijo. Y no tardó mucho en pa­
gar su felonía el jefe de la Legión Cóndor siendo expulsado
a su nación.
Franco regresa el 30 de abril a los campos de batalla del
Norte. Recorre las poblaciones más sacrificadas. Los habi­
tantes le reciben con fervor y emoción indescriptible. Ya es
también su Caudillo. Los separatistas y más radicales han
huido. Aquellos vascos experimentan el orgullo de sentirse
liberados y españoles. Franco les promete que sus casas
serán restauradas y, que junto a su agricultura y ganadería,
florecerá allí la justicia y la cultura. Y su consuelo es in­
menso porque ellos saben que Franco cumple lo que pro­
mete.
La noticia del bombardeo de Guernica estremece a Euro­
pa. En el Vaticano se teme que el ejemplo de Guernica
cunda por otros pueblos vascos. Para evitarlo el cardenal de
la Curia romana Pizzardo se cita con Gomá en Lourdes.
«En la conversación —anota monseñor Granados en “El Car­
denal Gomá”— hubo momentos de tensión y el Cardenal
mantuvo una actitud de firmeza». Gomá debió defender la
causa de Franco con lógica tan perfecta y argumentación
tan contundente, que se permite el lujo de participarle por
carta: «Creo poder tener la satisfacción de asegurar a V.E.
que mi entrevista ha de rener favorables resultados para la
causa que con tanta energía y acierto V.E. dirige».
Bilbao a la vista. ¿Pero será posible romper el «cinturón
de hierro» que protege a Bilbao? Aquel «cinturón de hierro»
se había hecho famoso. Por su composición y estrategia
debía ser capaz de resistir todos los embates imaginables.
Tan seguro se encuentra allí el gobierno vasco que no cede a

- 167 -
diálogo alguno, aunque se lo pida el mismo Papa, ni accede
a la entrada pacífica del Ejército nacional en sus calles,
aunque Franco le prometa el oro y el moro.
«Mientras conservemos Bilbao y Asturias la guerra la ga­
naremos nosotros» habían gritado hasta la saciedad La Pa­
sionaria y la Nelke. Ellas sabían que Bilbao era inexpug­
nable. Por lo mismo era el símbolo de su victoria final. De
ahí que el Gobierno republicano y todas las fuerzas rojas no
se lo iban a dejar perder así porque sí.
Pero la Santa Sede sí que sabe que la espada del Genera­
lísimo es capaz de romper el nudo gordiano de aquel «cintu­
rón de hierro». Franco para ello tiene al frente a Mola con
70 batallones. 22 menos que el presidente vasco Aguirre.
Pero no importa. Son los suficientes para que, a su empuje,
aquel «cinturón de hierro- se derrita como la cera.
E l día 6 de mayo, el Papa todavía requiere una nueva
intercesión de Gomá ante el Gobierno Nacional en favor de
Bilbao. Gomá y Mola, hombres igualmente deseosos de paz
y reconciliación, al día siguiente, se encuentran en el hotel
Frontón, de Vitoria, y redactan con el criterio más benévolo
las condiciones a seguir con los vascos que acojan pacífica­
mente la entrada de las fuerzas nacionales en su territorio.
Al terminar la redacción de sus conclusiones, desde el mis­
mo hotel, llaman por teléfono a Franco, a Salamanca, y
Mola se las lee.
Franco escucha atentamente las seis condiciones que han
reflexionado Mola y Gomá. Las aprueba y perfecciona la
sexta humanizándola más con las siguientes palabras: «Res­
peto a la vida y haciendas de quienes se entreguen de buena
voluntad, incluso los jefes militares». Y todavía agrega otras
dos cláusulas:
»7a. En el orden político se concederá a Vizcaya la descen­
tralización en forma análoga a otras regiones favorecidas.
«8a. En el orden social se ofrece una justicia progresiva
dentro de las posibilidades de la industria nacional, según
el espíritu de la encíclica "Rerum Novarum
Resultó sorprendente este último dato que revela por vez
primera el conocimiento que Franco posee de las encíclicas
papales.
Si al Papa le preocupa mucho la suerte de los vascos, a
Franco no le preocupa menos. Las Vascongadas también
son su pueblo. No quiere que perezca ninguno de sus habi­
tantes, y aún toma otra medida: ordena a su aviación arro­
jar sobre Bilbao octavillas por las que difunde los puntos
concertados con la Iglesia en su favor y les invita a una
rendición honrosa.
«Os ofrecemos la paz justa y generosa, sin rencores ni
pasiones: una paz católica»... les promete Franco.
El Primado también telefonea al Vaticano. Lo hace con el
orgullo del deber bien cumplido. Su Santidad vería a la vez
que su llamada en pro de la moderación con los vascos
había recibido la respuesta más pronta y satisfactoria.
«Franco es un buen católico. Franco es un hombre de paz
—afirma Gomá al Papa— y para que brille la paz, como
fruto de la justicia, está en marcha el Movimiento Nacio­
nal».
«Franco es un hombre extraordinario. No podemos pedir
más. Si los jefes católicos vascos respondieran a la llamada
del Papa con el respeto y solicitud que los jefes católicos de
la España Nacional, cuántas vidas se salvarían y cuánta
destrucción se podría evitar»... comentaba el Gran Carde­
nal al día siguiente con ciertas religiosas, al tiempo que les
sugería que no dejasen de rezar por la causa de Franco.

FRANCO RECONOCIDO POR SUS ENEMIGOS

Desde el 3 al 6 de mayo, a causa de imprevistas y crueles


revueltas comunistas, tan aterrado se encuentra el presiden­
te de la República, Manuel Azaña, que añora la personali­
dad de Franco y en su diario escribe: «Debajo de todo eso. la
gente común, la gente sensata, el vecindario pacífico, están
suspirando por un general que mande y se lleve la autono­
mía y la FAI con el mismo escobazo».
El secretario general de la CNT se expresa poco más o
menos como Azaña y como se expresa cualquier persona
cuerda que ve la solución y el remedio de los problemas de
España en un solo hombre, en todo un hombre que se llama
Francisco Franco.

- 169 -
«Camaradas, hoy se han producido en Barcelona y otros
pueblos —clamó a los suyos el 5 de mayo el secretario gene­
ral de la CNT— luchas feroces indignas de un pueblo civili­
zado. Alto el fuego... De lo contrario, será el General Fran­
co quien tendrá que poner remedio a esta situación».
El presidente de la República, Manuel Azaña y Díaz, en
su escondite rumiaba el tremendo y amargo pesar de no
haber accedido en tiempos a cuanto le había propuesto
Franco.
Azaña sabía que Franco, siendo el General más joven del
mundo, había salvado a España en Africa. Azaña sabía que
Franco había salvado a España contra los embates de la
revolución de Asturias. Azaña sabía que Franco siempre
venció, que siempre tuvo razón... Pero Azaña nunca quiso

Azana **tnte a Franco. Foto de principios de 1936 . Ambos se cono-


. ¿un bien
escuchar a Franco. Es más, lo alejó a la zona más apartada
de sus ojos, esto es, a Canarias. No quería ni verlo. Y si
Franco siempre venció, ¿por qué ahora no iba a vencer tam­
bién? Azaña temblaba como el niño travieso que se esconde
de la mirada de su tutor porque ha cometido un grave desati­
no.
Franco creía en el dogma de la Iglesia, Azaña no. Franco
creía en la moral de la Iglesia, Azaña no. Franco creía en la
justicia social de la Iglesia, Azaña no. Franco creía en Dios,
Azaña no. De ahí que para Azaña enfrentarse contra Franco
y vencer a Franco hubiera sido el placer máximo de su vida,
la epopeya más ilusionada. Hubiera sido tanto como vencer a
Dios y a la Iglesia. Por eso Azaña arrastró a media España
con todo su oro e inmensas riquezas contra Franco, pero en
dondequiera que Azaña se enfrentó contra Franco perdió la
batalla. A Azaña le correspondió la pérfida suerte de saborear
todas las hieles de la derrota, de tener qué sentirse aplastado
bajo la suela de la bota de Franco. A Azaña acabó por no
quedarle otra alternativa que la del suicidio, como le había
pronosticado nada menos que don Miguel de Unamuno en
tiempo no muy lejano.

LA RELIGIOSIDAD DE MOLA

El Gran Cardenal, como venimos llamando a Gomá, ncr


cesa de negociar directa o indirectamente por el bien de los
vascos. Pero todos sus esfuerzos se estrellan contra la terque­
dad del presidente José Antonio de Aguirre, que no acepta
las ventajosas condiciones que se le ofrecen. El señor De
Aguirre se cree todopoderoso tras su formidable «cinturón de
hierro». |Pobre hombre! La Iglesia, el Papa, el Primado de
España han fracasado ante su hijo espiritual el presidente del
gobierno vasco. Por su culpa se ha tomado inevitable la
guerra.
Franco el 30 de mayo vuela a Vitoria a visitar de nuevo el
frente. Hay que atar bien los cabos. El 2 de junio Mola y
Franco están en Segovia. Deliberan sobre sus fuerzas en el
Centro. Mola regresa a Vitoria y Franco a Salamanca. Mola
medita en profundidad las conclusiones del diálogo sostenido
- 171 -
entre ambos. En su reflexión percibe nuevas y más promete­
doras perspectivas sobre el desarrollo del conflicto bélico.
Quiere comentarlas personalmente con Franco y, sin pérdida
de tiempo, emprende viaje a Salamanca. Es demasiado im­
portante todo lo que ha discurrido y descubierto y no se
puede demorar. Pero en este vuelo el avión se estrella y
muere el General don Emilio Mola Vidal, el egregio General
Mola, Jefe del Ejército del Norte. Es el día 3 de junio. Toda
la España nacional se conmueve, llora su muerte y en todos
los templos se ofician funerales por el eterno descanso de su
alma.
-Esta muerte es una pérdida irreparable. Si Mola era
importante en la guerra más lo hubiera sido en la paz», dicen
que exclamó Franco al enterarse.
-Mola era un cristiano serio y convencido», afirman los
capellanes castrenses.
Mola fue un hombre creyente. En diversas ocasiones dio
testimonio de su fe. Al principio de la guerra pidió a Franco
por teléfono envío urgente de municiones. Franco le apremió
que resistiera confiando en la Divina Providencia porque
entonces no podía complacerle. Al día siguiente, el Jefe del
Ejército del Sur llamó al Jefe del Ejército del Norte. Empezó
preguntándole:
—Mola, ¿tú crees en Dios?
—Claro que sí, hombre.
—Pues da muchas gracias a Dios porque ha puesto en
nuestras manos un barco cargado de armas automáticas y
municiones que se dirigía a puerto republicano. Lo ha captu­
rado esta tarde nuestra flota. Así es que hoy mismo te envío
cuanto pides. Esta anécdota se lee en «La cara humana de un
Caudillo>, cuyo autor es Rogelio Baón.
Mola siempre fue un militar muy adicto al Caudillo y
siempre reconoció su superioridad por sus «altísimas dotes de
político y estratega y ser el general español de más prestigio
dentro y fuera de España», estas eran sus palabras.
«Cuando se preparaba el Movimiento, Mola me dijo que
tenía que ser yo el Jefe» confidenció el Generalísimo a su
primo Franco Salgado Araujo, según refiere éste en «Mis
conversaciones privadas con Franco», página 64.
«En junio de 1937, la revista del Santuario Nacional del
Sacratísimo Corazón de Jesús en Valladolid, *Reinaré en
España», publica un número extraordinario para el que ha
pedido colaboración a Franco y a la mayor parte de sus ge­
nerales. Todos, unánimemente, proclaman que se han le­
vantado en armas «por Dios y por la Patria». Así lo asegu­
ran Dávila, Mola, Saliquet, Queipo de Llano (que afirma
que varios hechos providenciales de los principios del Alza­
miento le han convencido de que «la asistencia de Dios a
nuestra causa es algo que está dentro de la más absoluta
realidad»), Orgaz, Gil Yuste, Millán Astray, Valdés, Cava-
nilles, Rodríguez Arias, Serrador, Moscardó, Aranda, Ló­
pez Pinto, Varela, Ponte, Monasterio, Martínez Anido,
Martín González, Fermoso, los vicealmirantes Cervera, de
Castro, Arizón y Gómez, y el general de Aviación Kindelán.
El Generalísimo Franco escribió: «A la revista "Reinaré en
España ” con mi fe en el reinado de Jesús. Francisco Fran­
co. Salamanca, 6-6-37». (Bemadino M. Hernando: «Histo­
ria secreta del Franquismo». Madrid, Ediciones 99, 1977).
Con la absolución general y, la bendición del capellán, en nom bre de
Dios, estos soldados se lanzarán al com bate sin m iedo a nada ni a nadie,
seguros de que, según sus antepasados, «ante Dios nunca serán héroes
anónimos».
FRANCO LIBERA A BILBAO

Ante la grave coyuntura que se presenta, el mismo Franco


asume la responsabilidad de la conquista de Bilbao. Nombra
Jefe del Ejército del Norte al intrépido General Dávila. Y a
sus órdenes, ante la bravura disciplinada de las fuerzas
nacionales, el «indomable e invencible cinturón de hierro» de
la capital de Vizcaya se derrite como la cera. El día 19 de
junio «Bilbao ha sido reconquistada para España por el
glorioso Caudillo que restaura la Patria grande, tradicional y
unida», anunciaría el ABC de Sevilla el día 20.
En la mañana del 20 de junio Franco se postra ante la
Patrona de Vizcaya, nuestra Señora de Begoña. Con qué
emoción evocaría sus rezos ante la Virgen de Chamorro, de
niño: ante la Inmaculada, de cadete; ante la Virgen del
Sagrario, y de Covadonga, y del Pilar, y de Africa... Siem­
pre con la palabra de España y el bien de los españoles
en el corazón y en los labios.
Franco sale del santuario de Nuestra Señora de Begoña y
recibe la aclamación y los vítores de toda una población que,
entusiasmada, viene a su encuentro por doquier. Por Franco,
gracias a Dios, vuelven a ser de nuevo España y con Franco
vivirán mejor, Los separatistas o han huido o guardan silen­
cia en el último rincón de su casa.
Con la liberación de Bilbao quedan liberados más de
3.000 presos políticos entre hombres, mujeres, niños y
sacerdotes. Entre los sacerdotes mencionaremos al sabio pa­
dre jesuíta Enrique Herrera Oria, hermano del que había
de ser insigne cardenal de Málaga que, huyendo de la perse­
cución religiosa de la zona roja, intentó salvarse por Bilbao
junto con otros. Y si se descuidan las influencias de su
familia ante el Papa y ei obispo de Bayona, le matan, yendo
a dar con sus huesos a la cárcel de Larrinaga. Luego escri­
biría un libro titulado «Cautivos en Vizcaya». Así es que la
acogida dispensada a Franco y a sus tropas en Bilbao fue
tan apoteósica como fuera en cualquier otra ciudad.
Quienes abogaban en favor de los católicos nacionalistas
vascos quedaron desarmados ante la realidad de terror anti­
católico y político en Vizcaya, que aquéllos no supieron ni
pudieron impedir, a pesar de que su preponderancia políti­
ca les hizo conseguir durante un período clave el mando
supremo militar». Ver A. Montero, «Historia de la persecu­
ción religiosa en España», Madrid, BAC, 1936, pág. 346 y
s.
Mientras los vascos habían ejecutado cuarenta y siete sacer­
dotes, los nacionales habían ejecutado sólo a dieciséis ra­
biosamente separatistas y todo esto a espaldas por completo
de Franco. Mas como quiera que el Caudillo había dictado
órdenes severísimas para que ningún combatiente se tomara
la justicia por su mano contra posibles criminales de iz­
quierdas, sin previo juicio, la victoria de Bilbao fue la admi­
ración del mundo y, singularmente, de la Santa Sede.
Hay que dejar constancia aquí de que, según se lee en
«La guerra civil de España», obra de Hugh Thomas, «Los
sacerdotes vascos, presididos por el vicario general de Bil­
bao, aconsejaron a los dirigentes políticos vascos que conti­
nuaran apoyando a la República». Con ello queda netamen­
te aclarado el carácter belicista de ciertos sacerdotes aue, en
lugar de escuchar la voz de su obispo en agosto de 1936, del
Primado de España y del Papa, luego, reiteradamente, se
dejan seducir por la tentación del fanatismo separatista vas­
co, declarándose esclavos suyos. Por esta causa algunos de
estos sacerdotes después serán encarcelados o desterrados
de su patria chica. Y para todo el mundo será justa esta
sentencia.
Desgraciadamente este fiero espíritu separatista vasco vol­
verá a renacer en sectores eclesiales en el decenio de 1970,
y, por la organización ETA, no cejarán ni ante los más viles
asesinatos. El mismo obispo de Bilbao, monseñor Uriarte.
en septiembre de 1981, tuvo el extraño valor de reconocer y
censurar por RNE a «amplios ámbitos de la Iglesia que
simpatizaban con ETA» y, después de lamentarlo, conclu­
yó: «conviene recordar todo esto ante todo por amor a la
verdad, aunque ello signifique que echamos algunas piedras
contra el tejado eclesial».
El 20 por la noche el Generalísimo torna a Burgos. En los
periódicos del día lee el júbilo inmenso que ha levantado la
noticia de la toma de Bilbao en toda la España nacional y se

- 175 -
informa del grandioso homenaje que le tienen preparado en
Burgos. Y si todo esto es halagador para él, no lo es menos
leer la «adhesión al nuevo Estado, al Caudillo y al Ejército»
que firman los rectores de las universidades de Salamanca,
Valladolid, Zaragoza, Sevilla, Granada, Santiago, Oviedo y
La Laguna. Con Franco están la Iglesia, la Cultura, el Ejér­
cito, el Pueblo en masa.

LA CARTA COLECTIVA DEL ESP1SCOPAOO ESPAÑOL

El día 1 de julio de 1937 se escucha por fin la voz unáni­


me de todo el episcopado español en favor de Franco. Antes
eran voces aisladas, hoy son todas estas voces juntas a la vez
Su eco va a tener resonancias por todos los rincones del
orbe. En este día aparece La Carta Colectiva del Episcopa­
do Español. La firman tres cardenales, cinco arzobispos,
treinta y cinco obispos y cinco vicarios capitulares. No la
firma el cardenal de Tarragona, Vidal y Barraquer, por
miedo a venganzas contra el clero de Cataluña que aún no
ha sufrido persecución; no obstante, escribe a Gomá que «la
encuentra admirable de fondo y forma». Tampoco firma el
obispo de Vitoria, don Mateo Múgica, coautor de la prime­
ra carta episcopal a favor del alzamiento de Franco, en
agosto de 1936, porque está fuera de España.
La Carta Colectiva del Episcopado Español es la justifica­
ción total del Alzamiento ante la anarquía del desgobierno
republicano. No es una militarada: «El pueblo sano se in­
corporó en grandes masas al Movimiento que por ello debe
calificarse de cívico-militar.» Se alude expresamente al inte­
rés volcado por Franco desde Canarias, mientras era toda­
vía tiempo para evitar la guerra, ante el jefe del Gobierno,
Casares Quiroga, que no le prestó ninguna atención. Así es
que «hoy por hoy no hay en España más esperanzas para
reconquistar la justicia y la paz que el triunfo del Movi­
miento».
En esta Carta se lamentan los obispos del «desconocimien­
to de la verdad de lo que en España ocurre» y de la «labor
tendenciosa de fuerzas internacionales ocultas», que colabo­
ran con el enemigo señalado como «antipatria»; conviene
subrayar que este vocablo que tanto indignó a Manuel Aza-
ña, es una acuñación episcopal —repara R. de la Cierva en
Francisco Franco, t. 3, pág. 192. Edit. Planeta, 1982.
«Es una lección singularmente oportuna la que nos dais»,
con estas palabras apuntaba el Emmo. Sr. Cardenal Ver-
dier, arzobispo de París, la cualidad primera y más señala­
da del Documento de la Jerarquía Española. «Se deseaba y
se esperaba», escribía en conmovedora carta el Vicario Apos­
tólico de Ichang en la China. Por su parte el obispo de Salto,
Dr. Tomás Camacho, declaraba en el Uruguay: «Las cir­
cunstancias imponían tan luminosa y autorizada exposi­
ción; y la pedían a voz en cuello los sagrados derechos de la
verdad y de la justicia».
De parecida manera se expresaba en septiembre de 1937
en uno de sus editoriales la revista inglesa The Mont: «Lo
que los amantes de España y de la Iglesia han estado espe­
rando, desde largo tiempo, ha llegado al fin con la Declara­
ción Magistral de los Obispos Españoles, que tomó cuerpo
en la Pastoral Colectiva del primero de julio de 1937. Es un
manifiesto escrito por quienes están mejor capacitados para
saber la verdad, y mejor autorizados para exponerla. Con lo
cual barren los embustes de la prensa roja y las falaces
informaciones tendenciosas de los católicos defensores del
Gobierno de Valencia y de los sofistas extranjeros, máxime
franceses».
Y la oportunidad nació de la necesidad imperiosa y ur­
gente. El Rvdo. Rossell escribía desde el Canadá: «Antes de
aparecer este gran Documento se advertía entre nosotros
cierta duda o recelo, falta de decisión y timidez al tratar del
comunismo, pero a medida que la Carta Colectiva se va
difundiendo, se ha ido operando un cambio notabilísimo en
el leguaje de los protagonistas y hasta en el espíritu público
y en las autoridades civiles».
Por si las dudas que sentían en aquellas regiones polares
tan remotas nos pareciesen explicables en atención a la dis­
tancia tan lejana, bien a la mano estaba Bélgica con una
información tan deficiente que el mismo cardenal Van Roey
apenas contaba con otra que no fuera la del Gobierno rojo
de Valencia; y tanto que el día 8 de agosto de 1937, el P.

- 177 -
Tellerías, Redentorista, escribía desalentado: «El sector ca­
tólico belga no era nuestro; nos miraba de reojo, con des­
dén; a las informaciones nacionales no les daba crédito.
Mas comenzó a correr La Carta Colectiva, merced a la
calurosa recomendación del Cardenal de Malinas, y el am­
biente se trocó». Y continuaba el mismo P. Tellerías: «Pue­
de decirse que este luminoso y oportuno documento de la
Jerarquía Eclesiástica Española supuso más para la causa
nacional en el extrai\jero que la toma de Bilbao y de San­
tander. De un golpe han cesado las vacilaciones de la pren­
sa. y el dar la misma importancia a los comunicados de
Valencia que a los de Salamanca».
Se encontraba la Iglesia Española en la crisis más aguda
por la que había pasado desde la era romana de las per­
secuciones ¿cómo iban a callar los Pastores? ¿Para cuándo
iban a dejar su protesta airada y sus apelaciones a la con­
ciencia universal de los pueblos honrados? Porque a la pena
doméstica de España se le añadía el que ni siquiera se
comprendían y se valoraban sus sufrimientos; y encima se
aumentaban con la insidia y el embuste y la interpretación
retorcida de los hechos, sin apenas reconocerles a las vícti­
mas el respeto y la condolencia debidos, por serlo en una
tan noble causa. Y. por último se pesaban la razón y la
sinrazón ia justicia y la injusticia en el mismo platillo de la
misma balanza y con las mismas pesas. Era el crimen colec­
tivo mayor del presente siglo. Decía el obispo de Jujuy: «Es
cierto que ha sido unilateralmente enjuiciado y vilmente
calumniado el noble y caballeroso gesto de los que, fieles a
las tradiciones seculares, no quisieron una España sin ho­
nor y sin Dios».
A la Iglesia Española la pintaron ansiosa de bienes mate-
nales y olvidada de los pobres. La calumniosa mentira,
sembrada por los enemigos de Dios, se había adentrado en
el campo católico: «Lamentable es, decía el Cardenal Dou-
gherty de Filadelfia. que muchos hombres honrados y de
recto pensar hayan sido víctimas de noticias e informaciones
notoriamente tendenciosas y aún falsas, que desfigurando a
todas luces la verdad, en lo que atañe a la Iglesia Española,
se han ido esparciendo por el mundo sin tasa ni medida».
La Iglesia y el pueblo a veces se congregaban en tomo a Franco en
manifestación de una misma fe y un mismo espíritu religioso y patriótico,
con los mismos cantos, los mismos signos externos y el mismo fervor,
como revelan estas imágenes.

■I

- 1 79 -
Los obispos no podían callar porque la guerra tenia un mar­
cado motivo religioso». Corral Olariaga, en el periódico «El
Alcázar», 1976.
Por aquel entonces el gran poeta francés Paul Claudel
escribió su famosa oda «Aux mártires espagnols» como pró­
logo en verso a un folleto de propaganda a favor de la
Cruzada publicado por Joan Estelrich, hombre religioso
oriundo de Cataluña, que residía en París.
Ya habían sido martirizados doce obispos, más de seis
mil sacerdotes y religiosos, muchos miles de seglares, hom­
bres, mujeres y niños, veinte mil templos destruidos... Se
estaba Secutando una de las mayores persecuciones de la
Iglesia.
De esta Carta se lanzaron 36 ediciones, en 14 lenguas,
reproduciéndose a su vez en numerosos periódicos. Prácti­
camente recorrió todo el mundo cambiando la mentalidad
de millones de hombres, muchos de ellos diplomáticos y
políticos.

MAS EFECTOS DE LA CARTA

A finales de la guerra, esta Carta había de participar en


el resplandor de la aureola del martirio de uno de los prela­
dos que la firmaron. El santo obispo de Teruel,, padre An­
selmo Polanco O.S.A., apresado por las izquierdas, prefirió
morir quemado vivo el 7 de febrero de 1939 antes* que rene­
gar de su fe y de haber firmado la Carta Colectiva. La Carta
Colectiva fue un gigantesco monumento levantado al espíri­
tu cristiano de la Cruzada capitaneada por Franco.
La Carta Colectiva del Episcopado Español es otro triun­
fo más de Franco.
El Caudillo había conferenciado largamente con Gomá en
Burgos ei 10 de mayo sobre la situación de la Iglesia en
España. Le advirtió de las pésimas impresiones que recibía
dei extranjero contra la jerarquía eclesiástica española y le
ofreció toda la aportación del Estado que Su Eminencia juz­
gase precisa para exterminar tanta infamia. El Primado ya
conocía todo esto y mucho más, pero tuvo ocasión de admi­
rar una vez más la grandeza espiritual del alma del Genera-

180
lísimo. Le comunicó que estaba en proyecto, a sugerencia
de la Santa Sede, una Carta Colectiva del Episcopado Espa­
ñol, cuya redacción apresuraría a causa de este diálogo. Y
la Carta vio la luz pública el 1 de julio.
Por aquellos días sacerdotes exiliados editaron en Lieja
(Bélgica) una oración a la Virgen del Pilar, que también
redunda en beneficio de Franco. «A ti, oh María, reina de
la paz, volvemos siempre nosotros los esperanzados hijos de
tu bien amada España, hoy envilecida, ultrajada, mancilla­
da por el bolchevismo criminal... Te rogamos que vengas en
nuestra ayuda para conceder el triunfo a los gloriosos ejérci­
tos del libertador y reconquistador de España, del Caudillo.
¡Viva Cristo Rey!». Esta oración se divulgó en millares de
estampas.
En Inglaterra el sobresaliente apologista católico Douglas
Jerrold escribe en su libro autobiográfico «Georgian Adven-
ture» refiriéndose a una entrevista con Franco: «Franco es
un hombre bueno en toda la extensión de la palabra, tal vez
un héroe y posiblemente un santo».
Asimismo por estas fechas se comenta el extraordinario
éxito que estaba gozando en Italia un libro del fraile domi­
nico Venancio D. Carro, que había aparecido en mayo. Se
titulaba «La verdad sobre la Guerra Española». Su edición
había sido financiada nada menos que por Alfonso XIII.
Este libro fustigaba a quienes pensaban que podían ser neu­
trales en una guerra como la de España, porque no había
derecho a medir con el mismo rasero «a los asesinos, a los
traidores a Dios y a su Patria, como a quienes morían expre­
samente por Dios y por su Patria». Como es de suponer los
enemigos de la Iglesia de entonces como los de ahora adju­
dicaron a este libro el insulto de «panfleto».
El 16 de julio, muchos templos se llenan de fieles para
celebrar novenas fervorosas al Apóstol Santiago, suplicán­
dole que proteja a las tropas cristianas de Franco que lu­
chan contra las anticristianas de Azaña, lo mismo que pro­
tegió a las del rey don Ramiro contra las de Mahoma en
Clavijo. En este tiempo se estaba librando la terrible batalla
de Brúñete. De ella había dicho Franco: *E1 vencedor de
Brúñete será el vencedor de la guerra».

- 181 -
El 17 de julio, los lectores del ABC de Sevilla se encuen-
tran con una de las entrevistas más interesantes de Franco
en la guerra. Respecto al hijo de Alfonso XIII, don Juan de
Borbón, afirma: «... a primeros de agosto intentó ponerse a
las órdenes de la Marina española... Pero yo no pude acce­
der a sus deseos, porque mi responsabilidad era muy gran­
de, y no podíamos poner en peligro una vida que algún día
podría sernos preciosa. Debo añadir a lo anterior que hay
actualmente dos bandos españoles en guerra, uno de los cua­
les está integrado por los sin patria y por los sojuzgados por el
látigo ruso, pero ya nos encontraremos todos solos en Espa­
ña y no podrá haber más que españoles y, si en el cambio
de Estado volviera un rey, tendría que venir con el carácter
de pacificador, y no podría contarse en el número de los
vencedores ni de los vencidos». Y asegura que las relaciones
con el Vaticano «son oficiosas y cordiales, como correspon­
de a un Estado católico».
Este mismo mes Franco ha declarado a la Gaceta de
F ran k fo rí para los alemanes: «Separar lo católico de lo es­
pañol y quedará herido de muerte», recuerda esta frase de
Balm es y agrega. En España no hay problema religioso,
pues la totalidad del país es católico, y nuestro episcopado
es ejemplo de virtudes y de apartamiento de las cosas tem­
porales . Con estas palabras el Caudillo, defiende a los
obispos de las intromisiones en asuntos del Estado, de que
íes acusan sus enemigos.

REPLICA DE LA REPUBLICA A LA CARTA


DE LOS OBISPOS

Ante la pronta y abundante cosecha de adhesiones a la


causa de Franco producida por la Carta Colectiva del Epis­
copado Español reacciona inmediatamente el Gobierno de
la República. Convoca el II Congreso Internacional de Es­
critores para el día 5 de julio. Azaña, el Presidente, sin
embargo, lo reprobará. Le subleva que el ministro de turno
ponga a disposición de los «intelectuales» participantes au­
tomóviles lujosísimos que les trasladan de Valencia a Ma­
drid o a Barcelona y que les agasaje con opíparos banque-
tes, mientras el pueblo lucha en los frentes y se muere de
hambre en la retaguardia. Azaña, indignado, hasta se niega
a presidir la clausura, «porque no había acudido ninguna
personalidad importante del exterior y la delegación espa­
ñola no era más lúcida que las extranjeras». Son frases éstas
que Azaña deja anotadas en su Diario.
Otra reacción contra la célebre Carta se produce en Cata­
luña. Procede de destacados vascos «católicos» huidos a esta
tierra. Pero a estos hombres, y aquí, nadie les hace el menor
caso. Para los separatistas catalanes son más temibles los
cañonazos de los ejércitos nacionales que los anatemas o
reproches de todos los obispos juntos. A ellos la Iglesia les
importa un bledo.
Pero las conclusiones del mencionado Congreso no tarda­
ron en recibir la réplica oportuna. Cierto grupo de intelec­
tuales de la zona nacional, profesores de diversas univer­
sidades, lanzan un manifiesto justificando el alzamiento y
enalteciendo la justicia y el bienestar que reinan en la Espa­
ña liberada en contraste con la anarquía y el malestar de la
otra España.

EL APOSTOL SANTIAGO PROTEGE AL


EJERCITO NACIONAL

El Jefe del Estado permanece alerta oteando el horizonte


político y diplomático español. Mas lo que realmente le
preocupa es la guerra. La guerra que no cesa. Por el Norte,
a primeros de julio, sus tropas alcanzan la provincia de
Santander. Pero en el Centro, junto a Madrid, la República
desata por sorpresa una violentísima tempestad de ataques
artilleros y aéreos. Contra el Ejército nacional se enfrenta
«la más considerable máquina militar que se había montado
en España por la República», según el historiador Martínez
Van de. Son fuerzas perfectamente equipadas diez veces su­
periores a las de Franco. Penetrarán diez kilómetros. To­
marán Brúñete. Se trataba de que fuese la más sonada
pieza de lucimiento bélico que la República orquestara ante
sus amigos, «los escritores antifascistas del Congreso Inter­
nacional».

- 183 -
Cuando se entera el Caudillo, baja rápidamente de San­
tander a Salamanca. Es el día 7 de julio y el 9 está en la
provincia de Madrid. No hay tiempo que perder. Franco
interviene personalmente. Ante el imprevisto y gigantesco
conflicto creado, exclama: «El vencedor de Brúñete será el
vencedor de la guerra». Inspecciona los cuarteles, observa
los frentes, estudia meticulosamente la coyuntura y pone en
movimiento a toda la aviación disponible. Esta logra vencer
a la republicana y, a las dos semanas, termina por dominar
el cielo azul de Madrid. Las tropas de tierra, a fuer de
imponentes sacrificios, también reconquistan el terreno per­
dido.
Tanto valor y arrojo derrochó el Generalísimo en sus visi­
tas a las vanguardias que intrigó a su Estado Mayor. El bi-
laureado Várela fue el encargado de interpelarle familiar­
mente:
— ¿Qué haces aquí, mi General? ¿No comprendes que si
le ocurre algo soy yo el responsable?
Franco vaciló, pero luego, obedeciendo a la razón, se alejó
de la zona peligrosa con los subordinados para darles sus
órdenes··' 'Claude Martín. «FRANCO -Soldado y Estadista»,
o. 276 j,
Ei 24 de julio cae Brúñete en manos de Franco y el 25 se
consuma la victoria. «El Apóstol nos ha dado la victoria el
día de su fiesta . repetiría después Franco.
El 25 de julio es la festividad del Apóstol Santiago. El
Generalísimo lamenta no poder estar en Compostela. Se lo
impiden necesidades de interés patriótico más apremiante.
Por ello delega en el general Dávila para que le represente
en la ofrenda al Apóstol en presencia de Gomá.
Unos días antes, desde el mismo campo de batalla, Fran­
co había dictado el decreto 325 por el que reconocía a San­
tiago Patrón de España. Probablemente le habían informa­
do de que se elevaban innumerables oraciones a Dios por
intercesión del Santo Apostol para que le ayudase a vencer.
Franco es creyente y obra en coherencia con su fe.
El Caudillo recordaría el auxilio que prestó el Apóstol a
Ramiro I de Asturias peleando contra Abderramán, emir de
Córdoba en Clavijo, el 844. En conmemoración de aquel
prodigio el rey cristiano formuló el llamado Voto de Santia­
go, que consistía en una ofrenda al Santo de Compostela.
Posteriormente se repitió todos los aflos. Ultimamente lo
había suprimido la República. Pero Franco lo restaura.

LA IGLESIA ESTRECHA SUS RELACIONES


CON FRANCO

Como otra gracia más del cielo, el 25 de julio, pisa tierra


española un emisario distinguido del Vaticano. Es monse­
ñor Hildebrando Antoniutti. Trae entre otras misiones la de
preparar «el reconocimiento oficial del Estado español por
la Santa Sede».
El purpurado italiano se entrevista con Franco en Sala­
manca el 31 de julio. Los prejuicios que todavía abrigaba
sobre la legitimidad de la cruzada se esfuman al compás de
la conversación que sostiene con el Caudillo, y el Caudillo se
lo gana para siempre como uno de sus más firmes defenso­
res. El 1 de agosto quedaría confirmado el reconocimiento
de la Santa Sede y, el 3, el Caudillo de España nombra
encargado de negocios ante el Papa al diplomático Pablo de
Churruca.
En los primeros días de agosto el trabajo del Generalísi-
mb en Salamanca es agotador. Le ocupan la redacción y
aprobación de los estatutos de FET y de las JONS. En el
artículo 47 de los mismos se afirma que «el Jefe responde
ante Dios y la Historia» solamente. «Este dato, en lugar de
envanecerle, le compromete mucho más con el pueblo obli­
gándole a servir con la mayor solicitud a España y como los
doctores de la Iglesia le enseñan que más agrada a Dios. De
ahí su demanda de oraciones para que el Señor le ilumina­
se». Con estas palabras se expresaría, andando el tiempo, el
que sería arzobispo de Valencia, don José María Lahiguera.
Con la normalidad del caso se organizan ios sindicatos.
En contraste con los principios sociales de FET, algunos
obispos pretenden que se restablezcan los llamados sindica­
tos católicos de antes. Parecía que surgían los primeros
eclesiásticos contestarlos del régimen. Pero se callaron pron­
to, cuando se les hizo ver que los nuevos sindicatos estarían

- 185 -
informados por el espíritu social más avanzado de la Iglesia
y de ello se encargarían los asesores religiosos que eligiera la
misma Jerarquía como así fue.
El 10 de agosto muere el cardenal de Sevilla y, sin que
Franco intervenga en nada, es nombrado para sucederle el
cardenal Segura que, expulsado por la República, estaba en
Roma. Parece ser que los deseos de Segura fueron los de
haber sido repuesto en la sede primada de Toledo, que fue
suya, pero al no ser así, se cree que radica aquí la aversión
que nunca disimuló contra la persona de Franco, y que
Franco con su grandeza espiritual le perdonó siempre.
El 15 de agosto se celebra en Bilbao un acto solemnísimo
y público de desagravios a la Virgen Je Begoña. En esta
ocasión se le devuelven las joyas que se le habían recogido.
Y para presidirlo invitan a la esposa del Caudillo, doña
Carmen Polo de Franco. Ei tan fervorosa ceremonia, el
alcalde de Bilbao, nada menos que José María de Areilza,
que había de ser modelo de chaqueteros, dijo estas pala­
bras: «La espada invicta de su esposo, Caudillo nuestro y
Padre de la Patria... nos ha traído en la punta de la bayone­
ta de sus soldados la fe de Cristo que unos falsos y misera­
bles profetas nos querían arrancar». Con el tiempo, Areilza
trataría y comería con algunos de los más «falsos y misera­
bles profetas» a que alude en su párrafo y no los trataría
precisamente para catequizarlos.
Y el 8 de septiembre, todavía otro agasajo episcopal a la
esposa del Jefe del Estado. En la catedral de Burgos el pre­
lado impone el lazo de Dama de Honor de la Real Cofradía
del Santísimo y Santiago a doña Carmen Polo. Los obispos,
por lo que veremos, no se cansan de complacer a la familia
del Caudillo hasta con detalles como el que referimos. Al­
guien podría objetar en 1984: «Pues ella y Franco no los
hubieran aceptado». Pero nosotros replicamos: «¿Y eso hu­
biera sido educado y correcto?».
CONQUISTA DE SANTANDER

La actividad política y diplomática del Generalísimo se


acentúa ante la Sociedad de Naciones y diversos países en
concreto. Concede declaraciones a la revista americana «Co-
llier’s» y al corresponsal de la «United Press», Webb Miller,
que ejercen amplio impacto en América: «El programa na­
cional trata de imponer la Ley tanto a los obreros como a
los patronos, colocar la noción del deber junto a la del dere­
cho».
El cuartel general pasa estos días de Salamanca a Burgos.
Finalizar la guerra en el Norte se toma urgente. Los fríos
y nieves del invierno podrían dificultarla excesivamente. Así
es que se decide resueltamente que el Ejército del Norte, a
las órdenes de los generales Dávila y el italiano Batisco,
marche sobre Santander sin demora. Franco les visita el 20
de agosto. Sus dictados son seguidos al pie de la letra.
Al conquistarse cualquier ciudad, Franco había dispuesto que uno de
los primeros actos a celebrar en la misma fuera el de asistir a una misa
pública, para dar a Dios lo que es de Dios, lo primero.
Después de ciertos violentos y enconados combates por po­
blaciones y repliegues de la Montaña, Santander recibe,
apenas sin lucha y con entusiasmo delirante, a las fuerzas
navarras e italianas que son las protagonistas de la azaña.
Es el día 26 de agosto. Vuelven a repicar las campanas de
los templos cristianos en toda la zona nacional.
—¿Qué pasa ahora? —preguntan los campesinos y los
pastores y los artesanos de la zona nacional.
—Que ya ha caído Santander —repiten jubilosos los pri­
meros informados— . Que Santander ya es nuestro.
Al instante el nombre del primer español que brota en los
labios de todo el mundo es el de Franco.
—Con Fmnco no hay quien pueda. Con Franco vencere­
mos. ; Viva Franco! —exclaman unos entusiasmados.
—Con Franco no hay quien pueda. Con Franco en el otro
lado nosotros estamos derrotados. Desde que subió de
Africa no ha parado de vencer. ;Muera Franco! —exclaman
:os otros aterrorizados.
En toda España no hay otro nombre que sea más blanco
ce ias miradas de unos y de otros que el de Francisco Fran­
co Bahamonde. Para los que están con él va a ser su victoria,
su salvación, para los que están en contra va a ser su derro­
ta, su perdición. Pero como Franco se ha empeñado en ser­
vir a todos los españoles, también se ganará a los que ahora
tiene enfrente y a todos les dará el mismo Dios, la misma
Patria, España Una, Grande y Libre, y la misma Justicia
que íes traerá largos años de paz y progreso.
La universidad castellana del Norte lo entendió así per­
fectamente y el 28 de agosto nombra Doctor honoris causa
ai Caudillo por este motivo, por ser «símbolo y orgullo de la
nueva España, restablecedor del Derecho y la Justicia, en­
carnación del Ejército de la Milicia y del Pueblo auténtica­
mente españoles».

CONQUISTA DE ASTURIAS
Franco manda a las divisiones liberadoras de Santander
que prosigan su camino triunfal. Ahora a redimir a Astu-
Dibujo
revelador de la
ilusión de los
hombres y de las
mujeres puesta
en el futuro de
la nueva
España,
acaudillada por
Franco.

«Caminamos ya por las verdes praderas de Asturias» no


tarda en anunciar la prensa nacional. Pero los republicanos
de Asturias además de en «su invencibilidad» «confiaban en
la topografía de aquellas tierras,; montañas ingentes perfora­
das por minas; bocas de éstas ya explotadas cubiertas de
maleza y de vegetación; galerías subterráneas desconocidas
para casi todo el mundo; fantásticas cantidades de pólvora,
de trilita; numerosos puentes dispuestos a ser volados; to­
rrenteras infranqueables, picachos inaccesibles...» —escribe
Gustavo del Barco en «El amanecer de España» p. 105. y
continúa— : «Habían contado con todo aquello. Y no ha­
bían contado con el genio m ilitar de Franco, ni con el ím pe­
tu de sus tropas aguerridas».
El 21 de octubre las fuerzas del Norte ocupan el santuario
de Nuestra Señora de Covadonga. Han intentado que fuera
un obsequio al Caudillo en el primer aniversario de su ele-

— 1 RQ —
vación a la Jefatura del Estado y han avanzado irresistibles
a veces con heroísmo sin par.
En Burgos entretanto se festeja este primer aniversario
con un solemne Tedeum en la catedral que entona el Carde­
nal Primado. Entre las ilustres personalidades que acompa­
ñan a Franco está monseñor Antoniutti.
Varios días antes, el 17 de septiembre, en Burgos, el bajá
de Tetuán había rendido «homenaje de admiración y adhe­
sión ;nquebrantable» a Franco honrándole con el nombra­
miento de Hijo Adoptivo y Predilecto de la capital del Pro­
tectorado.
E! 8 de octubre el enviado de la Sede de Pedro, monseñor
Hiidebrando Antoniutti, presenta las cartas credenciales. En
discurso, evocando que el día anterior había hecho años
^ue E>paña salvó en Lepanto al occidente cristiano de las
acometidas de los turcos, ensalza la religiosidad de los espa-
roies del Siglo de Oro v la equipara a la de los españoles
e¿ !■? Je julio de 1936 se alzan en «la presente gran Cru­
zada que la catolicidad dirige con tanto entusiasmo para la
idlvación de la Iglesia Católica», según queda escrito en el
ooletin del Arzobispado de Burgos.
Franco estrena camisa azul el 13 de octubre y aparece
vistiéndola ante una concentración de 20.000 jóvenes uni­
versitarios y bachilleres que han acudido a Burgos para acla­
marle y reconocerle por su Jefe, su Guía, su Caudillo. Cuan­
do se percatan de que viene con camisa azul como ellos, la
ovación, ei fervor, los vítores son de apoteosis. Es todo un
acontecí miento al que asisten representantes de «UAction
Fruneatse* del país vecino. Al saludar el Generalísimo a
éstos, les adviene: «Cuando informen de nosotros, digan us-
icdes lo uue ven-, -Obras son amores» y lo que están viendo
no es ningún sueño, es pura realidad. Pero Franco regresa
a! escenario de la guerra.
Por fin. llega el 21 de octubre. Los medios de comunica­
ción lanzan la buena nueva: «El frente asturiano ha sido
derrumbado por nuestras tropas». «Con las armas naciona­
les entran en Asturias el orden, la paz, la justicia. El frente
del Norte ha desaparecido*. La noticia conmociona de ale-
Las dos máximas personalidades de ¡a Iglesia en España e, ardería.
Goma v el representante del Papa, monseñor Antoniutti. en un aere
patriótico. Desde el principio de la Cruzada. Goma de fiende c o k firmeza
la causa de España y de Franco, como si fuera suya p ro n a porque en
realidad lo era. Ya en su informe del 24 de octubre de declaraba ai
Vaticano que «los m iem bros de la Junta Técnica son fervorosos católicos.
De manera especial lo es Franco, católico práctico de toda la vida, que
ser« un gran colaborador de la obra de la Iglesia-
gria a la España nacional. Vuelven los repiques de campa­
nas, los cantos del Tedeum, las manifestaciones jubilosas...
En la гопа republicana, mientras, cunde la amargura de la
derrota. Se ha hundido otro de sus más potentes bastiones.
El ejército rojo no sirve, y sus jefes para levantar la moral de
sus súbditos tienen que inventar calumnias descomunales
contra el Ejército vencedor e instalar enormes carteles en
las fachadas de Madrid, Barcelona, Valencia y ciudades
toaría en su poder, con dibujos y frases fuertemente esti­
mulantes.
En este mismo año, 1937, el ilustre doctor Gregorio Mara­
ñen declaró en Francia a «Petit Parisién»: «He sido engaña­
do. Todos ios intelectuales saben como yo, piensan como yo,
han tenido que huir como yo de la España republicana para
saivar nü existencia». Y más adelante citó a don Miguel de
l.‘namuno quien declaró en 1936 a un periodista norteame­
ricano que la Guerra Civil española es una guerra entre la
: ilización y ia anarquía. La civilización son los hombres de
f ranco v la anarquía son los hombres de la República».
PROGRESO

ORDEN Y ABUNDANCIA EN LA ESPAÑA DE FRANCO

Entre los informes que remiten a sus gobiernos los emba­


jadores acreditados ante Franco, registramos los dos prime­
ros del embajador alemán Von Sthorer. Tienen fecha del
24 y 25 de octubre. Habla de que «en la zona nacional hay
paz, orden, abundancia de artículos de consumo a precios
normales y con medios de transporte suficientes para apro­
visionar en su momento a los territorios que hoy están en
poder de los rojos»... «En la España roja, por el contrario,
falta de todo, hay escased de carbón, etcétera, a consecuen­
cia de perturbaciones interiores, de mala organización y
falta de divisas».
«Franco tiene la habilidad de mantenerse por encima de
los partidos. Hay poderosas corrientes, a su alrededor, favo­
rables al establecimiento en España de la dominación del
catolicismo. El Vaticano acaba de alinearse sin reservas al
lado nacionalista»..., aclara el embajador alemán.
La realidad de ambas zonas la obsedan los más altos
exponentes de la cultura republicanos y optan por la de
Franco. Ahí está el caso de Gregorio Marañón que, incluso
a última hora, ha publicado folletos a favor de la causa na­
cional, Pió Baroja, el gran pintor Sert... Azaña se lamenta
de esta fuga de intelectuales a la España franquista, men-
cionanto también al célebre filósofo Ortega y Gasset, otro
que fue padre de la República y ahora, en Holanda, estaba
esperando la oportunidad de reintegrarse a la zona nacio­
nal. El mismo Azaña, si le hubiera valido, habría tirado los

- 193 -
bártulos y se hubiera alineado entre los que volvían a Fran­
co. Pero Azaña se había enfangado demasiado. Cuando la
esposa de un representante rumano en Madrid, amiga suya,
ie pidió que impidiera la ejecución de José Antonio Primo
de Rivera, Azaña le contestó: «Me es imposible hacer nada
porque yo mismo me siento prisionero de este Gobierno ri­
dículo que, por desgracia, se dice que presido».
Como quiera que la aportación de fe y entrega de los
hombres y mujeres de Navarra a la Cruzada es espléndida y
excepcional, el Generalísimo quiere premiarla. Se da el caso
de haberse enrolado abuelos, hijos y nietos en las filas de los
tercios de requetes. España entera aplaudirá este gesto del
Caudillo. Para ello el día 9 de noviembre visita Pamplona e
impone la Cruz Laureada de San Fernando al escudo de
Navarra. Este es otro acontecimiento de masas imponente.
«El pueblo —afirma la prensa— rugía de entusiasmo».
He aquí cómo se expresa en su libro «La hora de Espa­
ña», página 298, Joaquín Navasal y de Mendiri, catedrático
español de Historia en la Universidad de Santiago de Chile,
de donde había regresado a España en 1937: «Yo he visto y
he hablado con el Caudillo de España en el lugar simbólico
de la Tradición. Fue en un salón de la diputación de Nava­
rra el mismo día que había concedido al escudo del antiguo
Remo el supremo galardón de la Cruz Laureada de San
Fernando. Franco, con su faz serena, su ademán arrogante
marcial y su profunda mirada llena de bondad y ternura,
' i el prototipo de las grandes figuras de la raza».
Todavía resuena en mis oídos su voz cuando me hablaba
se las pruebas de afecto que le llegaban de la América es­
pañola todavía veo su expresión de gratitud y de emoción
cuando, desde el balcón de la Diputación, tocado con la
boina roja, presenció el delirio de un pueblo que veía, per­
sonificados en él, los ideales a que se refería Rubén Darío
cuando dijo:
...La alta virtud resucita
que a la hispana progenie hizo dueña de siglos».
*Ese hombre genial ha surgido en España en el momento
en que ésta se dispone a emprender la continuación de su
TODO ES CATOLICO EN LA NUEVA ESPAÑA

Para comprender una vez más de las muchas en que vere­


mos reflejado el sentir y el pensar católico de Franco, lea­
mos a continuación algunas de sus manifestaciones por es­
tas fechas.
El 11 de noviembre el Caudillo declara al corresponsal de
la «National Catholic W elfare Conference» medio de comu­
nicación de la jerarquía (episcopal) católica americana: «La
gente cree que estamos haciendo una guerra nada más;
pero estamos haciendo una revolución que se inspira en las
enseñanzas de la Iglesia Católica». «El Gobierno español
será una verdadera democracia orgánica». «Restauraremos
templos, cuidaremos de que no falten medios al clero». «No
harán falta universidades católicas porque todas serán cató­
licas». Confiesa humildemente algo que debía ser un acicate
para el celo de los obispos españoles: «Los españoles de ca­
rrera no tenem os la suficiente cultura religiosa y ésta nos la
deberá facilitar la Iglesia». Y finaliza: «Católica ha sido, es
y será siem pre la verdadera España».
Pocos días después, Franco participa a Claude Farrere,
cronista de «L E ch o de París»: «Nuestra guerra es una Cru­
zada, la cruzada de los hombres que creen en Dios... Sí, la
guerra es una guerra religiosa... Nosotros no luchamos con­
tra otros hombres, sino es contra el ateísmo y el materialis­
mo».
La Iglesia se desenvuelve con total normalidad. Los Me­
tropolitanos (arzobispos) se reúnen del 10 al 13 de noviem­
bre en la Trapa de Venta de Baños. Tratan con honda satis­
facción de lo bien que se desenvuelve su labor pastoral, de
los efectos positivos de la Carta Colectiva, del inmenso cari­
ño con que son acogidos en todas las parroquias que visi­
tan. de la derogación de las leyes republicanas contra la
Iglesia, de la organización del clero castrense, del respeto
sumo con que son considerados por autoridades civiles y
militares... T odo lleva a pensar que el futuro católico espa­
ñol será magnífico y prometedor... Hablan con una simpa­
tía sin límites sobre la religiosidad de Franco. Para los arzo­
bispos, «Franco es la m ayor bendición que Dios ha podido

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enviar a España». Y «lamentan los innumerables mártires y
destrozos en los templos que ha causado el salvajismo de la
izquierda española».
LA GUERRA MAS SANTA
A finales de noviembre comienzan a entablar relaciones
con el Gobierno de Burgos los siguientes países: Austria,
Ungría, Suiza. Holanda, Inglaterra, Polonia, Yugoslavia,
Bélgica y Japón.
A partir del día 30 de noviembre, en la universidad de
Salamanca, se desarrolla un ciclo de conferencias cuyo fin
es estudiar y dar a conocer el derecho y la obligación que
asiste a los católicos para alzarse en armas contra el Gobier­
no del Frente Popular de la República. Y ésto a la luz de la
Biblia, la Teología, el Derecho y la Historia. Descuellan en
sus exposiciones José de Yanguas Messía, catedrático y ex-
minístro de la Monarquía, el sabio dominico P. Ignacio
González Menéndez-Reigada y el magistral de la catedral,
Aniceto de Castro Albarrán. La conclusión de las brillantí­
simas disertaciones es que esta guerra, por parte nacional,
es no sóio justa sino santa, */a más santa que registra la His­
toria*> Después cada uno de los oradores, por su cuenta,
publicaría sus conferencias.
Para que se comprenda bien la fuerza poderosa de los
argumentos de los conferenciantes, agregaremos que, para
componer sus discursos, a estos hombres no les movía inte­
rés creado alguno, solamente la voz de su conciencia, la
cultura, la justicia y la moral. En particular, esto hay que
afirmarlo del principal de los participantes que es el P.
González Menéndez-Reigada, el cual era todo un sabio en
moral de la Iglesia y un hombre amantísimo de la soledad
de su convento. Según Bernardino M. Hernando en «Histo­
ria secreta del Franquismo» (Ediciones 99. Madrid 1977)
«era un dominico asturiano, profesor de Teología Moral en
el convento dominico de San Esteban de Salamanca. El P.
Ignacio que tenía unos cincuenta y cuatro aflos en 1937, era
hombre muy pacífico, dedicado al estudio y poco amigo de
salir del convento. Desde luego ni fue confesor de Franco ni
tuvo con él relación especial». Y esto último lo dice B. M.
Hernando para salir al paso de los historiadores tendencio­
sos que explican la razón de ser de la ardiente defensa del
Alzamiento de Franco por parte del P. Ignacio en que el P.
Ignacio González Menéndez-Reigada era «su capellán y
confesor» e «íntimo amigo suyo».
Y es que los historiadores muchas veces, como son hom­
bres serviles de sus ideologías, en coherencia con este ser­
vilismo, tergiversan la historia y mienten como juguetes de
sus intereses egoístas. Una vez más se cumple aquello de «se
ha creído el ladrón que todos son de su condición».
Conste igualmente que uno de los artículos en defensa de
la Cruzada, publicado por este fraile hizo tanto impacto en
la opinión, incluso mundial, que lo llegó a refutar nada
menos que Jacques Maritain en la revista «La Nouvelle Re-
vue Francaise». Pero le volvió a replicar con tal contunden­
cia argumental teológica y filosófica el dominico español
que el sabio filósofo francés se tuvo que callar. Y desde
aquel tropiezo, Maritain tuvo mucho cuidado en no meterse
donde no le llamaban.

FRANCO ES TODO UN HOMBRE

Diciembre de 1937. Los hombres designados para formar


el Consejo Nacional del Movimiento emiten su juramento de
lealtad a los principios del mismo. El acto se celebra en el
monasterio de las Huelgas de Burgos y reviste una solemni­
dad extraordinaria. La propia de un acto eminentemente
político que debe garantizar el orden, la justicia, la reconci­
liación y la paz en la España liberada. Por esto precede al
juramento la misa del Espíritu Santo que oficia el Cardenal
Primado. Gomá en su breve homilía, a instancias de Franco,
advierte a los compromisarios de la grave responsabilidad
que contraen con su juramento a favor de España. Allí están
presentes monseñor Antoniutti y catorce obispos españoles
más.
«La Iglesia será siempre invitada de honor y, según las cir­
cunstancias, participará en todos los actos políticos, sociales,
culturales y hasta deportivos del nuevo Régimen. Por algo se
precia de ser católico y querer inspirar su devenir en el espíri-

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tu de la doctrina de la Iglesia —comenta Gomá, luego, con
los demás obispos y añade: — Franco así lo quiere y así debe
ser. Todo lo contrario de lo que sucede en la España repu­
blicana».
El día 8 de diciembre, el cardenal don Pedro Segura, en
presencia de autoridades civiles, militares y consulares, pre­
sididos por el general Queipo deLlano, procede a la bendi­
ción de solares en Sevilla para la construcción de chalés,
que se entregarán a inválidos, obreros y empleados. La ta­
rea socializadora del nuevo Régimen está en marcha.
Surge la sorpresa ingrata. Teruel es cercada el día 15 por
el enemigo. La República ha enviado un alud de divisiones
de l(X).O0O soldados contra los 4.000 o 6.000 que la defen­
dían V a a ser la primera ciudad de la zona nacional que
ocupen los otros. Franco se entrega de lleno al examen de
este amargo trance. Se desplaza a la primera línea y da
instrucciones tajantes para organizar el ataque. Hay que
luchar también contra los elementos de la naturaleza: hela­
das y temperaturas de 18 grados bajo cero. Regresa a Bur­
gos a los dos días. Vuelve en seguida al cuartel general que
ha establecido en Medinaceli. No para. Hay que resarcir en
cuanto se pueda los efectos de este traspiés.
En la retaguardia se promueve una colecta a favor de los
combatientes que se denomina «aguinaldo del soldado» con
motivo de la Navidad y aporta más de nueve millones de
pesetas.
El Caudillo felicita la Navidad a los españoles por la
radio con una alusión de confianza a la recuperación de
Teruel y finaliza: «Por la victoria final de nuestra causa que
es ia causa de los cristianos». En este mensaje, como en el
que dirige a la nación el 1 de enero de 1938, también dedica
un recuerdo afectuoso a sus muchos partidarios en la otra
zona. Más del ochenta por ciento de los que combaten en
campo rojo están de nuestro lado y ansian nuestra victoria»
declararía Franco a un periodista argentino el 22 de enero
próximo. El 25, fiesta de Navidad, el Generalísimo conmuta
veinticinco penas de muerte.
En la otra zona no hay ninguna alusión a la Navidad ni
felicitaciones y mucho menos conmutaciones de penas capi*
tales. Allí, desgraciadamente, no hay nada más que ham­
bre, maldiciones y mentiras a todo pasto.
Todavía el 26 de diciembre, el Caudillo en declaraciones
al periodista del «New York Times», Willian P. Camey,
confiesa su independencia territorial y política respecto a
cualquier bloque. Franco no engaña ni chantajea a nadie ni
se deja chantajear a ningún precio. La dignidad de España
por encima de todo. «El Generalísimo es todo un hombre.
Es todo un español». Esto se piensa y se proclama en todas
partes, como se repite desde hace mucho tiempo.
«Dejaríamos de ser nacionalistas — afirma Franco— si
cediéramos, aunque fuera una pulgada de nuestro territo­
rio. Hemos tratado y firmado acuerdos con Alemania e Ita­
lia declarando que España no cederá nada de su territorio,
ni de sus islas o posesiones de ultramar».

BAJO EL SIGNO DE LA CULTURA

Comienza el 1938 en la España franquista bajo el signo


de la promoción de la cultura. La difusión de la cultura y de
la justicia social será objetivo primordial en la política del
Caudillo. El día 4 de enero se crea el Instituto de España, del
que Franco nombra presidente al famoso compositor Manuel
de Falla.
La Iglesia, a la que la República había desterrado de
todas las manifestaciones sociales y culturales de la vida
pública española, con Franco vuelve a la plataforma de
todas las actividades nacionales. Por eso en la constitución
de esta suprema entidad cultural está representada en el
obispo de Madrid, don Leopoldo Eyo Garay, prelado cuya
influencia será decisiva en la formación de las futuras ju­
ventudes de FET y de las JONS.
Entretanto, en la España republicana, comienza 1938 bajo
el signo de la anticultura. Parece mentira, pero es verdad.
Paradojas de la vida y todo lo que se quiera pero fue así.
Azaña destituye de sus cátedras en la universidad a hom­
bres tan ilustres com o Claudio Sánchez Albornoz, Ortega y
Gasset, Américo Castro, Pittaluga... (Ver «Anecdotario po­
lítico», de Claudio Sánchez Albornoz, Barcelona, Planeta,

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1976). Estos hombres escogerán de momento el destierro,
pero algunos regresarán pronto a la España de Franco y
serán repuestos en sus cátedras respectivas.
A primeros de 1938 asimismo se propagan manifiestos de
intelectuales en Francia «deseando abiertamente el triun­
fo en España del que representa la civilización contra la
barbarie, el orden y la justicia contra la violencia, la tradi­
ción contra la destrucción... y pedimos a la vez el reconoci­
miento del Gobierno del Generalísimo Franco».
A los manifiestos de los intelectuales franceses se adhie­
ren pronto los «intelectuales de Argelia, de Túnez, de Ma­
rruecos. de todo el norte de Africa: abogados, médicos,
arquitectos, profesores... que aciertan a ver en el Generalí­
simo Franco la espada defensora de una civilización común»,
según ios diarios argelinos «LEcho d'Oran», el «Oran
\farnn* y ios demás de la época.
En Cuba e iniciada precisamente por intelectuales se or­
ganiza una colecta en pro de la causa nacional. Se recaudan
más de 300.000 dólares y se envían a Franco el 29 de enero.
Algo parecido ocurre en Nicaragua, donde preparan otro
manifiesto con más de dos mil firmas de todos los estamen­
tos sociales. Y otro tanto se irá instrumentando por todas
las demás naciones del continente.
Reparemos en que todas estas campañas de intelectuales
a favor de Franco en Europa, Africa y América emergen
por imperativo del sentido de la justicia que poseen, y alen­
tadas por la acrisolada honradez y el acreditado prestigio de
que goza el Caudillo de España en todas partes.
Probablemente no haya existido en la historia de España
un apellido que haya despertado en el mundo más admira­
ciones y simpatías que el de Franco.
El obispo de Zamora. Arce Achotorena, había expuesto
el 18 de enero, en conferencia impartida en León que: «Para
Franco lo más importante es España, la España eterna en
la que caben todos los españoles de buena voluntad. Franco
es y será siempre el Caudillo de todos los españoles. Es de
justicia reconocer que para todos está labrando una España
Grande, libre, unificada, fraternal, cristiana, respetada, en
la línea tradicional y progresista más correcta. A nosotros,

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los obispos, nos ha participado que sus predilecciones están
en los obreros, en los compatriotas más humildes. Será ta­
rea prioritaria suya y debe ser de todos los ciudadanos res­
ponsables elevar su nivel de vida y propiciarles trabajo, cul­
tura y evangelización. Entre todos debemos hacer posible
que la victoria del Caudillo sea la victoria de la cultura
sobre la barbarie marxista de los enemigos. Nuestra lucha
es la lucha por la promoción de los valores culturales y so­
ciales en España a la luz de la doctrina de la Iglesia. Y estos
firmes propósitos hay que difundirlos para que, siendo co­
nocidos por todos, infundan confianza en los cuantiosos
frutos que traerá consigo la victoria del Caudillo que, por
ser suya, será la victoria de todos los buenos españoles».
Para orientar a la opinión pública tanto nacional como
extranjera acerca de sus ideas y proyectos, Franco aprove­
cha todos los medios de comunicación que se le brindan.
Todo el mundo le conoce a la sazón, pero para que nadie se
llame a engaño juega explícitamente con todas las cartas
boca arriba. Con este fin, por aquellos días, corresponde a
la entrevista que le hace un periodista argentino para la re­
vista Semana, de San Sebastián. Y su contenido lo publican
varios periódicos el 22 de enero.
El Generalísimo, al que el periodista argentino define
como «el militar que tiene en vilo a Europa», le expone que
«el Estado será nacionalsindicalista». Reconoce que «más
del ochenta por ciento de los que combaten en campo rojo
están de nuestro lado y ansian nuestra victoria». Son tantos
los soldados que se pasan de la zona roja a la nacional que
le permiten aventurar ese cálculo tan optimista. «El Tebib
Arrumi», cronista de la batalla de Teruel, refiriéndose al
día 20 de enero, anota: «La cifra de los que hoy se han en­
tregado pasa de los quinientos». Lo que significa que mu­
chísimos no tendrían nada que temer cuando fuera definiti­
vamente derrotado el ejército del Frente Popular. Franco lo
que siente ante el periodista es que «todo es comunista y
ruso en el campo rojo». Sobre la libertad religiosa afirma
que «reinará la de siempre». Respecto de las demás liberta­
des aclara: «Contra la patria no caben libertades: dentro
de ella todas serán permitidas». Y, aparte de otras declara-

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dones, sobre la palabra imperio, que tanto se usa y se va a
seguir usando, explica que «El imperio tiene un exclusivo
sentido cultural y de prestigio. La fuerza de la lengua, de la
religión y la raza acabará por acercar a España a América».

CONQUISTA DE TERUEL

El curso del frente de Teruel sigue. El 24, en combate


aéreo, fueron volcados ocho «ratas». Son ya 160 los aviones
rusos que ha derribado la aviación nacional desde que se
rompió este frente. «Un piloto rojo, prisionero en el día de
hoy, nos dice que su aviación, los jefes de grupo, las escua­
drillas y casi la totalidad de los pilotos son rusos o france­
ses-. (el Tebib Arrumi en su libro «Pérdida y reconquista de
leruel»).
El Cardenal Primado en su celo por la defensa de España
y clel Papa y viceversa, velando siempre por el bien espiri­
tual de todos los españoles, publica otra pastoral titulada
esta vez «Lo que debemos al Papa». Sale el 28 de enero. En
esta pastoral demuestra que «Pío X I es nuestro, está con
nosotros». La primera felicitación que recibe es la de
Franco.
El 31. Franco da un paso importantísimo. Designa los
hombres que van a formar el primer gobierno de la nueva
España. El ABC, del 1 de febrero, informa así: «España en
la plenitud de su reconquista y bajo el mando glorioso del
( nudillo, tiene desde anoche un Gobierno presidido por
quien a un tiempo forja la victoria y moldea el nuevo Esta­
do*. Los obispos y en particular el incansable Gomá no
pierden baza. Estrechan las relaciones amistosas con los
nuevos ministros. Ante ellos reivindican los derechos de la
España eterna: «Dios, Patria, Familia». Y no tardarán mu­
cho en cosechar el fruto de sus esperanzas.
El primer consejo de ministros se celebra el día 3. Franco
no puede asistir. Delega en el vicepresidente del nuevo Go­
bierno. La reconquista de Teruel le reclama y se marcha al
frente. Como el avance de las tropas nacionales se afianza,
el Caudillo apremia a los generales Dávila, Varela, Vigón,
Aranda y Yagüe para «que en los pueblos liberados no se
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Primer Gobierno de Franco: 31 de enero de 1938. Aunque estuvieron
presentes, en esta fotografía faltan dos ministros.

condene a muerte a nadie que no haya sido juzgado asesi­


no convicto y confeso». «Que nadie se tome la justicia po r su
mano». «N ada de venganzas personales ruines». «Que, por
favor, nadie a b u se de la victoria». «Hay que procurar que
nuestra victoria sea caballerosa, limpia y ejemplar frente al
enemigo». E sta s so n frases del Generalísimo.
El 5 de febrero concede una entrevista al corresponsal del
Jornal do Brasil». Franco adelanta que el día de l a ñ a n a
«la participación de los españoles en las tareas del Estado
sera una realidad» y sobre el Rey vuelve a repe; lo que
había declarado a \A B C en julio de 1937: «Cuando venga el
ey tendrá que aparecer como un pacificador y revestido de
toda autoridad y simpatía, no pudiendo pertenecer, para
ejlo, ni a los vencedores ni a los vencidos». A estas palabras
e Periódico brasileño agrega el siguiente comentario:
obilísimos proyectos del excepcional estadista cristiano
yC U> se esíii perfilando el Caudillo de la nueva España,
f“fiasco Franco, pensando en la paz que por igual habrá
de cobijar a las futuras generaciones, en las que ya no
habrá izquierdas ni derechas porque todas estarán empeña­
das en el esfuerzo común de engrandecer a la patria».
El 21. por la noche, en parte para asustar a las fuerzas
nacionales y en parte para dejarles la ciudad convertida en
cenizas, los rojos prenden fuego los mobiliarios, bibliotecas,
retablos... todo lo que posee algún valor en edificios oficia­
les y templos. ¡Qué poco patriota! ¡Qué distinta su conducta
de la de ios nacionales que todo se lo habían dejado servi­
ble! Después de haber matado en Teruel a las personas más
’»ignificadas por sus ideas religiosas o políticas en la dere-
cna. se llevaron como posibles rehenes poderosos al coronel
1 Hareourt. al obispo y a algunos más, a los cuales des­
pués de martirizarlos por checas diversas terminarían por
asesinarles y quemarlos. Del obispo, Padre Polanco, hubo
quien dijo que le habían quemado vivo.
E! 22 de febrero toman la ciudad por fin los combatientes
vie Franco. El delirio de los soldados y los nativos de Teruel
es inenarrable. Los cantos militares resuenan marciales por
aquellas calles y el nombre de Franco, Franco, Franco, ¡Vi­
va Franco! ¡Arriba España! retumba señorial en todos los
rincones. En ei resto de la España nacional sucedería otro
tanto y repicarían las campanas y se repetirían los tedéum y
las acciones de gracias al Altísimo y el nom bre de Franco,
Franco, Franco se volvería a repetir clam orosamente con fe,
con respeto . con amor.
Entretanto, en el campo enemigo se agigantan los odios
intestinos. Los responsables republicanos, comunistas ellos,
El Campesino. Líster y el general ruso Gregorovitch se cul­
pan de la derrota unos a otros tachándose entre sí de traido­
ras. desertores, pérfidos colegas... Pero ellos salvaron sus
vidas escapando como gallinas, mientras su tropa, ¡pobre
tropa!, moría inútilmente batiéndose en las trincheras por
seguir sus dictados.
Durante la contienda de Teruel, fueron muchos los solda­
dos rojos que se pasaron a la zona nacional al sorprender
tantas tiranías, injusticias y vilezas como descubrieron en
sus jefes. Cuenta Hugt Thomas en su obra «La Guerra Civil
Española» que, el 20 de enero, el comandante republicano
A ndrés Nieto fusiló por rebelión a más de cincuenta hom­
bres, entre ellos, a tres sargentos. Y los tres mil, que serian
hechos prisioneros el último día, ellos mismos acusaron a sus
jefes de tiranos y crueles.

Tropas nacionales entran en Teruel , después de una dura batalla de


dos meses

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MI HOMENAJE A ISIDORO FERNANDEZ MADRIGAL.

En este momento quiero rendir homenaje a la memoria


de un joven que cayó en el frente de Teruel. Fue un ejemplo
admirabilísimo, uno más de aquellos mozos que dieron su
vida generosa y heroicamente por Dios y por España en la
Cruzada.
Se llama Isidoro Fernández Madrigal. Es natural del
Carpió de Tajo, provincia de Toledo. Había foijado su espí­
ritu en Sa fragua de la formación de la juventud católica de
su época. En su corazón vibraron sinceras las cadencias de
aquel himno de las Juventudes Católicas de España, algu*
nos de cuyos versos son éstos:

Heredero de i historial hispano,


paladín. soy cruzado de la fe,
caballero español y cristiano,
ñor Ui causa del bien lucharé...
. La misión sacrosanta y divina
Je vivir o morir por la Cruz ...
... ser apóstol o mártir acaso
/»;/'> banderas me enseñan a ser...

1 si.udiaba el tercer curso de Teología en el seminario de


loiedo en 1936. Al estallar la guerra se alistó en las filas del
Ejército nacional. Le ofrecieron la posibilidad de un em­
pleo prometedor en oficinas de la retaguardia. Pero renunció
¡ este empleo prefiriendo seguir los designios de la Provi­
dencia en primera línea. Se preparó en la academia de Alfé­
reces Provisionales y. con esta graduación, acudió presto y
diligente a donde le indicaron. Su último puesto lo tuvo en
i ¿rente de Teruel. Desde allí escribió una carta a su primo
Ingenio Moreno Fernández, de la que extraemos los si­
guientes párrafos. Son los más elocuentes de su virtud y
uitrega a los sublimes ideales de Dios y España, que fueron
glorioso patrimonio común de aquellos combatientes:
■‘Como sabrás por mis padres, ya llevo varios días en el
Irente de Teruel ¡Dios lo ha querido así, bendito sea! Nues­
tras \idas están en sus manos. Hace un frío atroz, pero no
Isidoro Fernández M a­
drigal, uno de tantos de
aquellos alféreces prisiona-
les que, como la levadura
en la masa, supo mante­
ner viva entre sus soldados
la llama del ideal de «ser­
vir a Dios y a España has­
ta la muerte», por el cual
supo dar la vida en el fren­
te de Teruel. Aquí le ren­
dimos el homenaje de
nuestro afecto y admira­
ción.

importa. Sabemos que estamos cumpliendo un deber sacra­


tísimo en defensa de Dios y España, a las órdenes de Fran­
co. y la satisfacción de cumplir este deber es lo más hala­
güeño que se puede experimentar, mi querido primo.
Franco nos visita con frecuencia viviendo nuestra vida.
No te puedes hacer idea cómo nos enardecen su presencia y
sus palabras. ¡Q u é hombre más grande es Franco! Es el hé­
roe más insigne .v bueno que ha tenido España en toda su
historia. Aquí nos sentimos todos orgullosos, muy orgullo­
sos, de servir a España a sus órdenes.
A pesar de la nieve, de los sacrificios que impone esta
circunstancia y de que los combates son duros, más que por
las acometidas del enemigo por la inclemencia del tiempo,
avanzamos y estamos seguros de que la victoria será nues­
tra, aunque algunos a lo mejor la tengamos que ver desde el
cielo. Pero, bueno, sea lo que Dios quiera. Lo importa
es que Cristo reine en España. Tú reza para que sea así.
como rezamos aquí también. Aquí hay muchos que son
como tú y com o yo, ¡vaya!, com o toda nuestra familia».
Isidoro Fernández Madrigal tenía dos hermanos moviliza­
dos. Uno de ellos, Jesús, incorporado en una bandera de
Falange, también cayó en el frente, y el otro, Francisco,
después de la guerra, tuvo igualmente el honor de figurar

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en la valerosa División Azul.
A los pocos días de escribir la carta mencionada, un tiro
cortó el curso primaveral de los años de Isidoro Fernández
Madrigal. Refieren los que le asistieron en su agonía que
repetía: -Por España». «Viva Franco»», «Viva Cristo Rey»,
«Viva Cristo Rey», «Viva Cristo Rey»...
De aquellos intrépidos jóvenes escribió el obispo Pía y
Deniel, que no tardaría mucho en ser el Cardenal Primado
de España:
Los miembros de la Juventud Católica Española no espe­
raron a obligadas movilizaciones para ser valientes cruzados
de Dios > de España. En el Alcázar de Toledo se encontra­
ban 2i jóvenes de Acción Católica, todos voluntarios, ex­
ceptuando algunos que eran soldados de la Escuela Central
de Gimnasia, y entre ellos Antonio Rivera, presidente de la
Unión Diocesana de Toledo: «el Angel del Alcázar», como
le llamaban sus heroicos compañeros; en Oviedo, los miem­
bros de la Unión Diocesana se presentaron todos volúnta­
nos en el cuartel de Pelayo; en todas las provincias y dióce­
sis contaron todas las milicias voluntarias de distintos mati­
ces, formadas en los primeros momentos, con numerosos jó ­
venes de Acción Católica... ¡Y cómo han contribuido a sos­
tener la llama del ideal y el verdadero espíritu de la Santa
Cruzada en su inflamado amor a Dios y a España!».
La organización de la Juventud Católica Española se es­
tructuró en 1924, en una reunión de representantes de di­
versas asociaciones católicas juveniles (Juventudes Antonia-
nasr Salesianas. Juventudes Obreras Católicas de la Fábri­
ca el T aller y el Campo; Congregaciones Marianas, Jóvenes
de Acción Católica y de otras asociaciones apostólicas segla­
res). pero su actividad no cobra realce hasta 1927 y se acen­
túa en la República. En 1927 es su presidente José María
Valiente, que luego sería jefe de la JAP (Juventudes de Ac­
ción Popular). La JAP, en bloque, militó a las órdenes del
Generalísimo, vistieron con ilusión la camisa azul y se cu­
brieron* con la boina roja, y algunos de sus dirigentes en
aquella época llegaron a ser en la paz de Franco alcaldes,
gobernadores y hasta ministros, como Pedro Gamero del
Castillo y Alberto Martín Artajo. Como para que la Iglesia

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Soldados
comulgando en el
frente, vistos por
Saenz de Tejada.
Ellos sabían que
Cristo había dicho:
*el que come mi
carne y bebe mi
sangre tiene la vida
eterna y yo lo
resucitaré. Yo soy el
camino, la verdad y
la vida». Y para que
este Cristo desterrado
de España por la
izquierda republicana
siguiera reinando en
la Patria, ellos
estaban allí
dispuestos a dar
su vida por El.
careciera de influencia en los gobiernos del Caudillo y su
doctrina no inspirase toda la nueva legislación.
El espíritu inmortal de la raza hispánica ha surgido de
nuevo.
En su libro «La hora de España», cuya segunda edición se
editó en San Sebastián en junio de 1938, Joaquín Navasal y
de Mendiri, catedrático español de Historia en la universi­
dad de Santiago de Chile, se refiere a los requetés con estas
palabras que hace extensivas a toda la juventud de la Espa­
ña nacional: «Yo he visto a la juventud española luchar,
vencer y morir en los campos de batalla, con los ojos bri­
llantes de alegría y esperanza, y con el grito de Dios y
España en los labios. Yo he contemplado en momentos de
insuperable belleza y emoción marchar al ataque, unidos y
hermanados, bajo la metralla enemiga y vistiendo el mismo
uniforme, al aristócrata, al campesino y al obrero español.
o he saludado a las banderas de la Tradición cuando on-
j edban victoriosas en montes, ciudades y castillos, adonde
as ^evaron en otros tiempos los voluntarios del Rey don
- 209 -
Carlos. Yo he recorrido toda Navarra y he visto en sus pla­
zas, en sus casas y en sus campos tan sólo niños, ancianos y
mujeres sustituyendo a los hombres y a los mozos que desde
el primer día forman voluntariamente en las banderas
triunfantes y gloriosas del Caudillo... Yo he asistido a la
llegada a la zona nacional de caravanas de fugitivos de los
territorios y ciudades sometidas a la tiranía marxista. Los
he visto famélicos, exangües y con míseras vestiduras llorar
de emoción y besar con frenesí la bandera legítima de Espa­
ña colocada en el mástil que se halla a la entrada del puen­
te internacional de Irún. Yo he conversado con los Genera­
les que conducen los Ejércitos. Yo he visto la obra admira­
ble de la mujer española de la retaguardia en hospitales,
talleres de costura y obras de beneficencia...
Todas las naciones que deben el ser o su civilización y
cultura a los pueblos que constituyen la península ibérica,
se han estremecido, hasta en lo más hondo, contemplando
la homérica contienda en que se encuentra empeñada Espa­
ña para salvar las esencias sublimes de la Hispanidad.
Con el triunfo de los Ejércitos de Franco, el ideal hispá­
nico se ha salvado, y como la España del Siglo XVI, recién
salida de la titánica obra de la Reconquista, asombró al
mundo por las empresas gigantescas que realizó, la España
actual que ha recobrado su espíritu tradicional e histórico,
se dispone a conducir a la Hispanidad por caminos de glo­
ria y de grandeza, que son los siempre seguidos, en su
inmortal destino, por la raza española».
Otro ejemplo: el falangista Rey-Stolle Pedrosa.
Traemos otro ejemplo maravilloso de los soldados de Fran­
co. Es el falangista de Galicia Carlos María Rey-Stolle Pe­
drosa. He aquí lo que escribió de este joven Adro Xavier en
su obra «Carlos María», cuando pasó de la Marina a la Avia­
ción.
La figura guerrera de C arlos María, con su aureola de
gloria y su estela blanca de simpatías, ahora, al abandonar
su vida marinera, es enjuiciada por Dios y por España.
Dios nos habla en unas páginas sencillísimas de su
ministro, el capellán de a bordo.
España, en un certificado, ciertamente e x t r a o r d i n a r i o ,
Carlos M aría Rey-
Stolle Pedrosa, otro
de aquellos valientes
alféreces que luchó
en la cadena del *as
de la Aviación», G ar­
cía M or ato, pilo ta n ­
do su H einkel y que
también supo m ante­
ner viva entre los su ­
yos la llama del ideal
de «servir a Dios y a
España hasta la
muerte». A unque tu -
vo la fortuna de con­
templar la victoria
del Generalísimo,
murió en un acciden­
te de aviación el 21
de noviembre de 1939
Anteriorm ente ha­
bía servido en la M a­
rina. Como se p u ed e observar, en toda aquella inmensa juventud vibraba
en plenitud el m ism o ideal que en Franco: Dios y España . De ahí la com­
penetración íntim a de aquellos com batientes con Franco y de Franco con
los combatientes.

que, al despedirle, le han entregado los jefes del buque,


representantes de la Patria.
El Padre Fernández Nogueras, S. I., escribe:
«Mi trato con él fue íntimo, y todas mis impresiones
de su persona, gratísimas y dulces en extremo...
»Fue uno de los primeros muchachos que se me dieron
a conocer en el Canarias, y que en seg se me entregó,
como quien sabe que en el ministro dv Dios es en donde
ha de buscar consejo con espíritu de fe.
»Respetuoso, alegre, venía a mi camarote a tener lar­
gos ratos de charla, siempre orientada a algún provecho
concreto. Cualquier decisión que hubiese de adoptar la
orientaba en seguida desde el punto de vista sobrenatural.
Esto m ism o se nota en su manera de escribir, cuando
aconseja y trata los problemas de la vida...
»Cuando lo conocí ya había realizado la proeza del
Mar Cantábrico. En seguida advertí el grado de estima
- 2 1 1 -
en que todos le tenían, desde el comandante hasta el úl­
timo marino. Los iguales porque en los trabajos del bar­
co siempre estaba dispuesto a lo que se ofrecía. Siempre
alegre, sin que por eso dejara de decir las verdades.
»De los jefes y oficiales, el aprecio, me consta con toda
certeza que llegó al máximo, y fue una verdadera contra­
riedad para ellos que C arlos María se determinase a salir
de la Marina. T od os veían en él al futuro marino perfecto.
»Alegre, buen com p a ñ ero , b u en s ú b d ito , pero siempre
digno v siem pre in d ep en d ien te.
-»Fue Carlos M aría de e s to s jóvenes —dilectus Deo et
hom inihus— que dejan un d u lce recuerdo de su trato,
que da o p tim ism o al alm a, y cu ya conducta tengo yo por
ideal de! joven, sin tem or a arriesgarse.»
El certificad o de su co n d u cta a bordo, rompiendo el
m arm olism o frío de los o fic io s militares, se deja llevar en
alas de! en tu siasm o con fra ses que los mismos marinos
p rofesion ales han ju stific a d o de extraordinarias:
«D on G uillerm o Díaz del Río y Pita de Veiga, capitán de
fragata de la Arm ada, segundo comandante del Cana­
rias del que es comandante el capitán de navio señor
don R afael Arnáiz:
Certifico: Que Carlos Rey-Stolle Pedrosa... embarcó
en este buque, como falangista voluntario, el 3 de setiem­
bre de 1936, desembarcando del mismo el 26 de octubre
de 1937, por haber sido admitido para efectuar un cursillo
de alférez de Aviación.
»Durante su embarco prestó servicios como jefe de
pieza de uno de los cañones a/a de 120 mm., demostrando
siempre gran serenidad en los combates.
»Por haber sido uno de los componentes de la dota­
ción de presa del buque apresado Mar Cantábrico, fue
propuesto para la Laureada colectiva...
»Ha tomado parte en todas las acciones de guerra lle­
vadas a cabo por este crucero, observando una conducta
ejemplar, cualidades que le honran y le hicieron acreedor
al afecto de sus superiores y al agradecimiento de la Ma­
rina, por los buenos servicios a ella prestado en circuns­
tancias Hifí
»Y para que conste... (Siguen las firm as y sellos.)
Pero, sin duda, más interesante y completo que ambos
testimonios, es la instantánea que el mismo Carlos María
se saca en la carta con que contesta al Padre Vergés, re­
cién salido de la zona roja, y en la que, con el corazón
en la mano, le resume toda su vida marinera:
«A bordo del Canarias.
»Reverendo Padre:
»¡Mi querido Padre! ¡No puede figurarse la alegría que
sentí al recibir su carta!! Ella me daba —¡por fin!— no­
ticias seguras y ciertas de usted. ¡Tantas cosas me habían
dicho! Ninguna me la aseguraban como cierta, y lo que
hacían era cada vez darme tristeza y nada de consuelo,
y llenarme de incertidum bre y perder casi las esperanzas,
aunque tenía fe en la Virgen que le salvaría a usted para
poder continuar su apostolado; que, si antes era fructí­
fero, hoy será provechosísimo y de una eficacia bárbara,
para que cuando, Dios mediante, volvamos a la ingrata
Barcelona, podamos, cada uno en la medida de su estado
y medios, continuar nuestra labor, interrum pida trági­
camente.
«Yo, desde la prim era salida, me encuentro en este
crucero, que es el orgullo de España y admiración del
mundo. Mi prim er deseo fue ir a la Bandera legionaria
gallega de Falange Española, pero Dios quiso que —a pe­
sar de ir recomendado a su comandante, católico fer­
viente— no me admitiesen, por entrar ya demasiado tarde,
cuando estaba a punto de salir al frente. Al día siguiente
me enteré que pedían voluntarios para aquí, y aquí me
vine, y aquí estoy, contentísimo.
»Hemos recorrido muchas veces todos los mares que
rodean a España, con todos los tiempos y tempestades,
siempre triunfales, con una fe enorme en Dios, que es la
que nos da valor y resistencia. La divina Providencia nos
ha protegido y amparado hasta la saciedad; si no fuese
una paradoja, diría que abusaba de su protección, y que
estamos saturados de ella.
»Yo, espiritualmente, me encuentro mejor que nunca;
no lo creerá; pensará usted que la guerra por m ar tiene

- 213 -
muchos peligros, sobre todo al llegar a puerto; pero es,
a Dios gracias, una felicísima realidad para mí lo que le
digo. La comunión diaria no la he abandonado (salvo
dias en que las circunstancias guerreras no me la permi­
tían). Tenemos al Santísimo a bordo, en una capillita, y
misa diaria. De capellán está el Padre Fernández Nogue­
ras, S. I., bonísimo y muy querido en el barco. Es una
ventaja enorme esta de la misa y Santísimo, que muy po­
cos tendrán en el frente.
»Padre, le dejo, y nos veremos tan pronto como pueda.
»De usted aftmo. s. s., q. b. s. m.,
C arlos M a r ía R e y -S t o l l e .»

Este, así, de cuerpo entero —cristiano, valiente, afec­


tuoso— es el cruzado que emprende la nueva ruta, «más
rápida, más alta...»
A bordo, en la sala de oficiales, se comenta esta tarde
con calor la noticia.
—No deberíamos permitir que se vaya de la Armada.
—El comandante Moreno, me acuerdo —añadió el se­
gundo— nos dijo un día, en público, que era el mejor
marinero que tenía, y sentía por Rey-Stolle verdadera
veneración...
—Es todo un carácter —subrayó un corbeta—; no
tiene ni pizca de respeto humano y cumple con decisión
sus obligaciones de cristiano y español...
—Hoy pierde la Marina —aseveró un experto oficial—
un marino que podría ser dechado de oficiales...
—Sí —terminó Javier—, creo que lo pierde la Marina,
pero creo también que España, en un puesto más urgente,
encuentra hoy un héroe... Carlos María se va para algo
grande...
El periódico de la Juventud de A. C., «Signo», fundado en
1936 a partir de su número tres, empezó a salir en Burgos.
Es otro buen testimonio más del impulso bélico y religioso de
ios jóvenes que se batían por Dios y por Espafia a las órdenes
JUSTICIA SOCIAL

LA IGLESIA LO IMPREGNA TODO

Desde los primeros días del mes de marzo se acusa sensi­


blemente el ascendiente de la Iglesia en el nuevo Gobierno y
en la España nacional que, cada día, gana más terreno a la
España marxista.
El ministro de Justicia manda que el Crucifijo torne a
presidir las estancias de las audiencias, suspende lo relativo
a divorcios y deroga la ley republicana del matrimonio civil.
El ministro de Educación Nacional inaugura una enseñan­
za «basada en los principios cristianos de nuestra educación
tradicional a sus niveles religioso, patriótico, cívico y físico».
El director de Enseñanza Primaria ordena restablecer el
Crucifijo en las escuelas, el saludo del «Ave María Purísima»
al entrar en las mismas, rezar antes y después de la clase, la
asistencia obligatoria a misa los domingos, y, a partir de
este año, en mayo, que se celebre el ejercicio piadoso del
Mes de María. Hugh Thomas escribirá más tarde: «La Igle­
sia Católica impregnaba todos los aspectos de la cultura de
la España nacionalista».
Como éste es tiempo de cuaresma, los sacerdotes desplie­
gan una labor apostólica muy intensa en toda la España
liberada por Franco. A los actos públicos de culto y evange-
lización acuden hasta los alejados en otro tiempo por igno­
rancia o miedo a la persecución religiosa de la República y,
es de suponer que, aunque muchos de éstos regresen empu­
jados por los intereses egoístas de ser vistos y aparentar su
comunión con las ideas del régimen vencedor, al oír la Pa­
labra bíblica no pocos se convertirían.

- 215 -
Hugh Thomas. en el pie de la fotografía de una procesión
:ie Semana Santa, en 1938, con que ilustra su historia, dice:
«Una vez que la guerra se convierte en “ Cruzada” , la reli­
gión va creciendo en importancia e invadiendo todas las
manifestaciones externas de la vida nacional. En las eleccio­
nes de febrero de 193b, lo mismo que en las anteriores, las
cuestiones religiosas fueron principal caballo de batalla. La
represión anticlerical > antirreligiosa en el campo guberna­
mental > la exaltación clerical y religiosa entre los suble­
vados han sido ¡levadas al máximum. En esta procesión de
Semana Santa *: N38). política y catolicismo se aúnan y con­
tunde imágenes v banderas, curas, fieles y soldados, cánti­
cos devotos y marchas militares, incienso y cornetines de ór­
denes. oraciones y vítores...«

EL FUERO DEL TRABAJO

Eí promotor del Fuero del Trabajo» es el mismo Caudi­


llo El protagonista y redactor es Pedro González-Bueno
Bocos. ingeniero de fuerte vocación política, al que Franco
nombra primer ministro de Trabajo.
A finales de 193“7 y a primeros de 1938, González Bueno
escribe en Franco visto por sus ministros» (Edit. Planeta
1981)· Vñí en contacto muy directo con el Generalísimo,
siempre muy animoso. Era un hombre modesto, sencillo,
que sabia escuchar, no presumía de nada y tomaba decisio­
nes importantes con la mayor naturalidad».
Frecuentemente me hablaba, y con especial énfasis e Ínte­
res. del problema social de España. Coincidíamos también
en esto. Sabía que tenía que ordenar políticamente la eco­
nomía. superando la lucha de clases en beneficio de Espa­
ña. defendiendo la producción en general y, en particular,
al trabajador. Me propuso que estudiara un Decálogo del
Trabujo...
Creo que sería en el segundo o tercer Consejo de Minis­
tros. es decir, a mediados de febrero, cuando el Generalísi­
mo expresó su vehemente deseo de hacer conocer oficial­
mente al pueblo español la ordenación económica y aspira-
ciones sociales del nuevo régimen político que tratábamos
de establecer.
Volviéndose a mí me encargó presentara al Consejo de
Ministros esta nueva disposición en el plazo más corto posi­
ble. No aceptó mi petición mínima de dos meses y quedé
comprometido a dedicar toda mi actividad a la redacción de
todo este importante documento».
A últimos de febrero, González Bueno lee su trabajo en el
Consejo de Ministros. «Todos los ministros y Franco, termi­
nado el Consejo, estrechando mis manos me felicitaron muy
efusivamente», dice el autor.
A continuación, este documento se somete a la considera­
ción de los miembros del Consejo Nacional del Movimiento.
Desde el 6 al 9 de marzo se estudió en profundidad perfec­
cionándolo entre todos. «Así se consiguió la redacción de
un documento que fue, y pienso sigue siendo, muy impor­
tante».
Con el «Fuero del Trabajo» se asegura el derecho al tra­
bajo a todos los españoles y fue verdad que durante muchos
años en España dominó el pleno empleo. Tuvo que morir
Franco para que el paro galopara por la nación con caracte­
res alarmantes. Con el «Fuero del Trabajo» se crea la Ma­
gistratura del Trabajo para defender los derechos de los
obreros, y se crearon otras instituciones para garantizar el
salario familiar, el acceso a la vivienda propia, a la seguri­
dad social, a la previsión, el acceso al estudio, incluso uni­
versitario, para todos los jóvenes capacitados, etcétera.
«Los logros del ‘ Fuero del Trabajo" — reconoce el histo­
riador Ricardo de la Cierva— se elevaron por encima de
cuanto habían logrado la Monarquía y la República», a lo
que la historia y la realidad tienen que agregar que los
logros alcanzados por España con el Fuero del Trabajo
superaron el progreso del resto de los países del mundo. Por
algo Franco consiguió elevar a España del último puesto en
(7 concierto de las naciones a ser la novena potencia indus­
trial del mundo. Pero una potencia respetada, admirada y
temida. Estando Franco en la Jefatura del Estado, nadie
apresará un barco español, ni nos quemarán los camiones
de frutas u otras mercancías por las carreteras de Europa...
Aquí vendrá hasta el Presidente de los EE.UU. y Rusia en­
tablará relaciones comerciales. Nadie sospecha entonces
que no pocos hijos de aquellos obreros de una u otra zona
llegarían a ser propietarios de pisos, coches, chalets, nego­
cios. títulos hasta universitarios...
El Pensamiento Navarro» publica la noticia el 10 de
marzo así: «Desde ayer tiene España el “Fuero del Trabajo ”
y sigue: «Renovando la Tradición Católica de Justicia So­
cial y alto sentido humano que informó nuestra legislación
del imperio... '
Por tal causa, un día. el 17 de julio de 1962, el Caudillo
dina a los obreros del Club San Blas, de Madrid: «Desde
ios primeros días de nuestra contienda, empezamos a cons-
t r u ir nuestro edificio social inspirado en los principios de
aquella encíclica papal de León XIII, la “Rerum novarum”,
■^ena de doctrina... Necesitamos la extensión de la cultura,
que la cultura llegase a todos los lugares y rincones de la
Patria, que no se perdiese ninguna inteligencia por falta de
medios. Y hemos llegado en este año a dedicar 1.200 millo­
nes de pesetas, todo el importe del impuesto sobre la renta,
para becas de estudio y aprendizaje para las clases menos
dotadas. Es decir, que cuando llegan a nosotros las voces de
ios pontífices en la magnífica encíclica “Mater et MagistrcC',
de Juan XXIII. la recibimos con alborozo, porque venía­
mos caminando hacia ella desde hace veinte años».

FRANCO LIBERA ARAGON

El Generalísimo vuelve a los frentes de Aragón y los fre­


cuenta con asiduidad. Los navarros de Solchaga y Valiño,
los aragoneses de Moscardó, los marroquíes de Yagüe, los
italianos del general Berti y los gallegos de Aranda, reque-
tés. falangistas, soldados, los combatientes de Marruecos e
Italia se están cubriendo de gloria.
El 17 de marzo, después de tres días de durísimos cho­
ques, ias fuerzas del Generalísimo aniquilan la resistencia
de cinco Brigadas Internacionales, de la once a la quince.
La número 11 estaba constituida por elementos alema-
nes, la 12 por franceses, la 13 por eslavos, la 14 por italia­
nos y la 15 por ingleses y americanos, aunque existían en­
tre ellos súbditos de otras naciones. Cada Brigada, inspi­
rándose en el ejército soviético, contaba en cada regimiento
con todas las armas.
El mismo día 17, Pío X I agradece a Franco la felicitación
con que le cumplimentó en el aniversario de su coronación y
bendice «a vos y al noble pueblo de España».
Para facilitar la caída de Cataluña, Mussolini ordena des­
de Roma, directamente, a su aviación, establecida en Ma­
llorca, bombardear sin compasión las ciudades catalanas y,
en particular, Barcelona. Esta desgraciada operación se reali­
za el día 18. Mussolini estaba deseando que la guerra espa­
ñola finalizase y brillara la victoria como obra de los italia­
nos. Franco, sin embargo, quiere vencer también, pero no
le importa tardar si con ello evita las muertes y destruccio­
nes que comportaría una victoria rápida y precipitada. El
Caudillo está seguro de que las vidas y edificios que están
en la otra zona serán suyos, ¿para qué, pues, ni matar ni
destruir? La actuación de los italianos le disgustó muchísi­
mo. Veámoslo en el informe del embajador alemán Von
Sthorer a su Gobierno: «El bombardeo de Barcelona del 18
de marzo, con gran indignación de Franco (subrayado ori­
ginal) fue ordenado personalmente por Mussolini... Me ase­
guran que Franco, por medio de su embajador en Roma, ha
rogado a Mussolini que se abstenga de dar directamente ór­
denes a las formaciones aéreas de Mallorca»». Mussolini con­
taba con tres aeródromos en Mallorca, dependientes del
Ministerio del Aire de su país.
Por estas fechas en la lejana Bogotá, es tanto el prestigio
de Franco y su causa por todo el mundo, que la colonia
española le rinde un homenaje de adhesión y cariño apoteó-
sico en el Círculo Nacionalista Español de aquella capital
americana, traducido en un «Juramento de fidelidad al
Caudillo de España». De ello se entera Franco en el mismo
campo de batalla y lo agradece con emoción. Es el 19 de
marzo.
El 1 de abril la autoridad competente de La Coruña rega­
la, a Franco, en nombre de Galicia, el pazo de Meirás.
El 3 de abril, después de derrotar en nuevos enfrenta­
miento a las divisiones de El Campesino, las tropas de Ya·
güe ocupan Lérida. Las unidades de Moscardó toman Bala·
guer y las del coronel Telia se apoderan de las instalaciones
eléctricas de Tremp, importantísimas para la industria ca­
talana.
Ai sur del fc'bro. la resistencia es todavía más tenaz. Los
italianos, triturando a las tropas de Líster, entran victoriosos
en Ciandesa. y los navarros de García Valiño llegan a Torto-
sa. V los gallegos, de Aranda, alcanzan Morella, acudiendo
a reforzarlos los navarros de Valiño «para la maniobra fi­
nal concebida por Franco». Se interponen terribles comba-
es de tres divisiones gallegas contra más Brigadas lnterna-
e.onaies Las aplastan y el 13 de abril los falangistas galle­
gos plantan la bandera nacional en la planicie del litoral de
Levante Pero los primeros que se acercan al mar son los
requetés que manda el general Alonso Vega. Este general,
:omo ei conquistador Vasco Núñez de Balboa se metió en el
océano Pacífico tomando posesión del mismo en nombre de
ios reyes de España, también se interna en el mar Medite­
rráneo. traza la señal de la cruz con su mano en el agua y
así toma posesión de las costas ibéricas del mar latino en
nombre del Caudillo de la nueva España. Entre tanto, la
España republicana se resquebraja, se achica. Ha quedado
partida en dos. Valiño conquista la desembocadura del
Ebro el 19 de abril.
La batalla de Aragón, «la Batalla de Franco», había coro­
nado uno de los sueños más dorados del Generalísimo. Po­
cas zonas habían anhelado con más ahínco la llegada de
Franco que algunas de éstas de Aragón. En estas regiones la
izquierda se enfangó asesinando a la gente religiosa. Sola­
mente en Lérida, de 410 sacerdotes que había, la izquierda
asesinó a 270: en la diócesis de Tortosa, de 510 sacerdotes,
martirizaron a 316. y en la diócesis de Barbastro, de 140
sacerdotes, mataron a 123. Son los porcentajes más escalo­
friantes y más elevados de todas las diócesis de España, Y
todo por el único y «criminal delito» de ser sacerdotes.
"En fas medios políticos de París se admite generalmente
que ya la victoria de Franco es inevitable». Y lo mismo se

220 -
Soldados del Cuerpo de Ejército de Galicia llegan al Mediterráneo el
15 de abril de 1938

piensa en todas las cancillerías. El 14 había escrito en Pa­


rís George Oudard: «Franco es más que un Jefe, es Espa­
ña *».
EN LA ZONA REPUBLICANA

Como en el campo del honor la izquierda no vence, recu­


rre a la calumnia, a la mentira, a la infamia. Instala nuevos
carteles y pasquines con nuevos mens^es en esquinas y fa­
chadas y difunde infinidad de octavillas incitando al odio
contra Franco y cuanto representa. Pero como la gente no
es tonta, en la zona republicana el desánimo y la desmorali­
zación cunden irremisiblemente. Si Franco derrota a sus
tropas y a los ejércitos internacionales que les ayudan en to­
dos los frentes en que le presentan batalla, es lógico. Luego,
lo razonable es que si quieren escapar de la muerte o de las
miserias y vilezas que les espera en el destierro, en las cárce­
les, se rindan. Así lo ven los cerebros más perspicaces e
inteligentes de la izquierda como Julián Besteiro, Indalecio
Prieto y otros. Pero los necios, los fanáticos, los ciegos de
pasión son los más y prefieren luchas y destrucciones que
van a ser inútiles.
Indalecio Prieto, ministro de Defensa de la República,
convencido de que Franco era invencible, propone a finales
de marzo a ios demás ministros del Gobierno de la Repúbli­
ca llegar a un acuerdo de paz con Franco. Esta propuesta
D'Dvoca encendidas discrepancias e insultos, con los que
Pr-eto se gana el rencor de los comunistas. Más Prieto no se
la por fracasado y, por medio de un grupo de hombres de
la CNT y de la UGT, trata de conseguirlo en la reunión
nacionai que iban a celebrar. En esta reunión, el represen­
tante del grupo aludido, Horacio M. Prieto, afirmó: «La
República es un títere en manos de los rusos, es básico
entablar negociaciones porque la superioridad militar de
Franco es indiscutible y, si no se tomaban medidas, éste
acabaría dictando sus propias condiciones...». El escándalo
que se arma es colosal y trae consigo la dimisión de Prieto
en el Ministerio de Defensa que pasa a manos de Negrín,
que asimismo es el Jefe del Gobierno.
Juan Negrín, amparado por las mentiras que se propagan
en su favor, se desplaza a París. Va a pedir que se abra la
frontera a la República y que suministren armas a su ejérci­
to Y la frontera se abre más que nada por obra y gracia de
otra mentira lanzada por el departamento de Propaganda
de la Organización Comunista Internacional, el Kominter,
en París. Este organismo fue fundado por Lenin en 1919. Se
conoce también por el nombre de la Tercera Internacional.
La mentira de este organismo consistió en publicar la noti­
cia de que en Tetuán se había iniciado una sublevación
militar contra Franco entre los suyos. Así es que, con este
traspiés, Franco ya estaba condenado a la derrota y la victo­
ria de la República se perfilaba segura. (Claud Cochkburn,
«Crossing the Line». Londres, 1958.) La izquierda baraja la
calumnia y la mentira a todo pasto y, a veces y a la corta, le
da resultado, porque a la larga ya se vio lo que le dio de sí.
Orwell, en febrero de 1938, a su regreso a Inglaterra,
después de combatir en las filas del POUM, explicó: «Mu­
chas personas me dijeron que no es conveniente contar la
verdad de lo que pasa en España y del papel que desempe­
ña en ella el Partido Comunista, para no predisponer a la
opinión pública en contra de la República y a favor de
Franco». Orwell comentaba que personalmente no compar­
tía esta opinión en virtud del anticuado criterio de que «a la
larga no da resultado contar mentiras» (Carta de Orwell al
director de Time and Tide, 5 de febrero de 1938). Anterior­
mente él mismo había señalado que esta guerra había pro­
ducido «una cosecha de mentiras más rica que ningún otro
acontecimiento desde la Gran Guerra de 1914 a 1918»
(Hugh Tilomas, «La Guerra Civil Española»).
George Orwell fue el nombre de guerra literario del escri­
tor inglés Eric Arthur Blair. Militó en la República españo­
la dentro del POUM (Partido Obrero de Unificación Mar-
xista), hasta que le empezó a perseguir Moscú por sospe­
char de él que era espía de Franco en el campo enemigo.
Orwell, cuando se percató del peligro que corría en la Re­
pública, huyó com o pudo.

EL SIM, EL T E R R O R EN LA REPUBLICA

En esta primavera hizo furor expresamente en Barcelona


y en Madrid el SIM. Los fines de este Servicio Informativo
era descubrir v castigar a espías, posibles agentes clandesti*
nos a favor de Franco, a derrotistas y ladrones. Y bajo estos
pretextos se desató una campaña terrible de represalias con­
tra ciudadanos opuestos al PSUC y contra quienes a ellos
no les caían bien. También se recrudeció la persecución
religiosa. En las checas del SIM se torturaba despiadada­
mente Dada su crueldad, tuvieron que frenarles los hom­
bres de la Generalitat. En esta primavera de 1938 fueron
detenidas en Barcelona más de 3.500 personas. El SIM
íenia en Madrid 6.000 agentes con un presupuesto de 22
millones de pesetas. Su jefe, el coronel Uribarri, escapó a
Francia llevándose mucho dinero. Le sucedió Santiago Gar-
ces. miembro de las JJ. SS., que viajó en el coche con los
que asesinaron a Calvo Sotelo, y con Garcés anduvo otro
destacado miembro. Máximo Schneller, que igualmente se
fugó a Francia con fuertes sumas.
Como se ve, las grandes inmoralidades y robos estaban en
manos de los mismos encargados de los organismos estata­
les. Todo esto obligó a numerosos individuos y familias,
acechados por las sospechas del SIM, a huir del «paraíso
republicano» a la zona nacional.

LA CIZAÑA DE LA ZONA NACIONAL

Al tiempo que se van ampliando los horizontes de la


España nacional, cuanto atañe al prestigio de Franco pros­
pera v se vigoriza dentro y fuera de nuestras fronteras. Cada
victoria o acontecimiento de la nueva España despierta en­
tusiasmos inenarrables en una zona y en la otra una deses­
peración mortal. Los sacrificios que ello comporta se dan
por bienvenidos y se ofrecen generosamente a Dios con tal
de que triunfen los ideales del Generalísimo: Dios y Espa­
ña. Los periodistas que viven este clima son testigos cuali­
ficados y fehacientes.
Pero en el panorama de la nueva y espléndida España
emerge un fenómeno que ha pasado desapercibido para los
historiadores. Este fenómeno inicia su auge, precisamente,
por estas fechas, Es la aparición de ciertos elementos «muy
franquistas >. Son individuos que aclaman a Franco con de­
lirio y frenesí. Ciertamente se manifiestan con celo más
desmesurado y gritan más alto en honor al Caudillo que sus
sinceros seguidores de primera hora. Los muy ladinos tie­
nen tanto que disimular...
Estos acérrimos «franquistas» son los que en la República
fueron acérrimos republicanos, separatistas vascos y catala­
nes, socialistas, comunistas, masones... que ahora, previen­
do quién va a ganar la batalla, los muy cobardes se han
pasado a tiempo y se están pasando o mejor camuflando
por la zona nacional. Visten la camisa azul, se tocan con la
boina roja, incluso se han incorporado al Ejército. Parecen
más franquistas que el mismo Franco y más papistas que el
Papa. Que nadie diga lo contrario en su presencia que
pronto le cortan la cabeza, y en verdad que los pasarán por
las armas. Tienen tanto que esconder estos «falsísimos fa­
langistas y requetés», que estarán prestos a ejecutar ruinda­
des impropias e indignas de un verdadero falangista o re-
queté. Con seguridad que pertenecen a las viles familias de
los eternos chaqueteros, traidores e hipócritas. Pero ahí es­
tán aplaudiendo y derrochando más «entusiasmo» por Fran­
co que nadie. Por eso pasarán la factura y se instalarán
cómodamente en los organismos del nuevo Estado... Des­
graciada e irremediablemente sobre los campos de Franco,
bien labrados, con tantos sudores, está cayendo la semilla
de la cizaña, están entrando los lobos cubiertos con pieles
de ovejas, se están agazapando los cuervos que el día de
mañana, cuando puedan, harán lo que saben hacer los
cuervos: sacar los ojos. Y ya llegarán los tiempos en los que
exclamarán que «de lo dicho no había nada». Y lo peor será
que, con su pérfido ejemplo, su demagogia barata y juego
sucio, arrastrarán a infinidad de ingenuos ignorantes de la
infame realidad que ocultan.
De cuanto acabo de exponer es infinito el número de
casos conocidos después. Pero me voy a remitir al testimo­
nio de un valiente aviador de aquella época. Carlos María
Rey-Stolle Pedrosa. En carta dirigida a su padre el 22 de
abril de 1938, desde Gallur (Zaragoza), decía así:
«Gallur, 22-4-38
»Querido padre:
»Llegué, por fin, a este pueblo aragonés, de seca tierra,

- 225 -
a pesar de que el Ebro lo riega y besa sus orillas y a noso­
tros nos sacia la sed, ¡pasmaros!, todos bebemos su agua.
»Tenemos el campo cerca del pueblo; es bastante bue­
no; ios aparatos, los mejores, y magníficos los profesores,
pues estamos aquí en reentrenamiento los que vamos a
caza.
»Divertirnos, poco podemos divertimos; pero, com o a
eso no hemos venido, no nos preocupa mucho. Estamos
m uy contentos. Estamos alojados en casas del pueblo;
a mi me ha tocado en la fonda. En ómnibus, vamos todos
los días temprano al campo.
»Tenemos, al borde del campo, un pebellón con gran­
des ventanales que tragan luz, sol y aire en abundancia.
Esto hace que nos contagiemos con la alegría que la Natu­
raleza nos brinda, desterrando toda reminiscencia de has­
tío o mal humor.

»He tenido que interrumpir la carta. Sigo dos días más


tarde. Al leerla, me doy cuenta del «romanticismo ridícu­
lo» de que está impregnada: ¿la rom po? ¿Sí? ¿N o...?
Vaya, como ya está escrita y es para vosotros, la echo
al buzón...
»Y vamos a ver si os pongo algo serio.
»Una cosa triste es que la primera misa aquí se celebra
a las siete, y nosotros a las siete y media en punto salimos
para el campo, y ya desayunados; así que no puedo oír
misa entera y sólo comulgar diariamente. Esto es lo prin­
cipal, y no me falta, y procuro cumplir todo lo m ejor que
puedo, pues a lo mejor uno emprende el viaje... sin oír
la señal de partida.
»A Zaragoza voy casi todas las semanas. Allí vi a bas­
tante gente de Barcelona, alguna me dio una gran alegría
y satisfacción al verla, mientras que otra me ha puesto de
mal humor, y no sé por qué me faltó valor para cantarles
las cuarenta, como se merecen.
»Me da rabia que esa gente esté vegetando (la mayo­
ría) en una zona donde se lucha por ideas que no han sido
nunca suyas y que muchos no las tienen tampoco ahora.
Todos me saludan muy amablemente y están muy ente-

- 226 -
rados de dónde estuve, qué hice y adonde voy..., por si
acaso.
»Vi a algún com pañero de Universidad que allá se las
traía... y ahora de soldadito; y algunos, ni eso, ni de uni­
forme, y eso que hace m ucho que se han escapado, y, se­
gún creo, siguen con las mismas ideas que allí tenían.
Ayer mismo me encontré con uno que era de izquierdas
y ahora va de alférez provisional... Es gente de zurda a
conciencia. Vi también a Masacalls, el pequeño, que su
hermano m ayor no ha querido ni intentar pasarse; ahora
está de alférez de Ingenieros de Automovilismo, y el gran
cínico, muy satisfecho, me dijo que está «enchufado».
Otro día, vi a otro com pañero de Universidad, rabioso
separatista; me recon oció y, cuando iba a hablarme, le
di media vuelta. Se llevó un susto m orrocotudo...
»En cam bio, me encontré con los primos Carlos y Ale­
jandro del Río y Rey-Stolle (1); es algo admirable; los
cuatro hermanos están en el frente y en puestos glorio­
sos, lo mismo que los dos hijos del tío Nicasio. Realmen­
te, la familia, tanto por parte de los Rey-Stolle como por
los Pedrosa, no pudo portarse m ejor...
»De Esteban no tengo noticias, pero sé que está ahora
en el frente de Cataluña con sus requetés, batiéndose he­
roicamente. Estará satisfechísimo de pisar ya aquellas
tierras y con esperanzas de acabar de una vez esta guerra.
»Nuestra estancia aquí durará casi un mes, y después,
finalmente, nos destinarán a unidades de combate. Ya os
podéis imaginar lo que deseo llegue ese día. Lo espero
con verdadera ilusión.
»Se han m atado ya, en estos primeros quince días, dos
compañeros m íos de prom oción, uno en el Sur y otro en
este frente de Teruel; son los primeros caídos. Que Dios
los acoja en el cielo. Todavía les tendrán que seguir mu­
chos: ¿quiénes? Eso no importa, ni puede impedir el que
sigamos adelante con una gran fe en el porvenir, aunque

(1) Este bravo teniente de la Legión y su hermano Jesús, teniente de Artillería,


a poco de acabarse la Cruzada ingresaron, dando un ejemplo admirable, en la
sagrada Orden de la Cartuja.

- 227 -
pueda truncarse todo cuando menos se espera. Uno de
ellos se tenía que casar el domingo, y murió el viernes.
»De aquella chica, nada; ni la he vuelto a escribir ni
me acuerdo de ella. A los peques, mil besos, y saludos a
los señores curas. Y, padre, reciba un fuerte abrazo de
su hijo,
C a r l o s M a r ía .»

Esta carta con la nota respectiva está tomada del libro de


Adro Xavier«Carlos María», página 303 y ss., de la 17a edi­
ción. Editorial Casals, S.A. Barcelona. 1981.
Como se puede inferir de la lectura de esta carta, su
contenido es un sólido argumento de cuanto afirmamos an­
tenórmente.

EXITOS RELIGIOSOS GRACIAS A FRANCO


A mediados de abril Gomá se encuentra en Roma. Ha
ido a pedir en nombre del episcopado español que se forma­
lícen definitivamente las relaciones diplomáticas entre la
nueva España y el Vaticano, ya que la misma jerarquía de
la Iglesia española estaba contemplando con desagrado,
aunque con resignación, la inexplicable rémora del Papa en
este sentido. Pío XI le escucha con atención y le afirma que
sí, que ha decidido elevar a la categoría de Nuncio al dele­
gado apostólico. Pero que para este menester va a nombrar
a Gaetano Cicognani más experimentado en las lides de la
diplomacia que Antoniutti. Gomá queda muy gratamente
impresionado y transmite gozoso la novedad al ministro de
Asuntos Exteriores, en vez de al Caudillo, «por creerle au­
sente en estos días de victoria, por la que felicito a todos».
El 19 de abril es el primer aniversario de la Unificación.
Constituyó tal acontecimiento la Unificación de los partidos
que siguieron a Franco, que durante algunos años sus ani­
versarios se celebraron con relativa solemnidad. Y con oca­
sión del primer aniversario, aprovechando aquel día el pase
del Caudillo por Zaragoza, ante él se congrega tal muche­
dumbre que se calcula en más de 200.000 las personas quí¡
se reúnen para aclamarlo en el llamado Campo de la Vic­
toria,

- 228
Una de las
estampas más
divulgadas en la
zona nacional
fue ésta de la
Virgen del Pilar.
En la zona roja
todas las
estampas eran
destruidas como
símbolo de
incultura o
escondidas.

El G eneralísim o les h ab la de «esta san ta guerra». «La


guerra no se podría g a n a r sin una España unida y discipli­
nada». Reprocha la actitud de las democracias cristianas
que en muchos de sus medios acogen al veneno de la pro­
paganda enemiga, «sin llegar a comprender esta página
sublime de la persecución religiosa española que, con sus
millares de mártires, es la más gloriosa que haya padecido
la Iglesia». Ofrece a todos un panorama de paz y prosperi­
dad nacional. Rinde homenaje a José Antonio Prime de Ri­
vera y el inmenso público se le adhiere con un prolongadísi­
mo aplauso y muy cálidos vítores. Después se encamina a
la basílica de Nuestra Señora del Pilar. Ora ante su imagen.
Y continúa al edificio de Capitanía. Mas como ve que el
pueblo le acompaña a todas partes, desde el balcón de Ca­
pitanía les vuelve a improvisar un nuevo discurso. Termina
aconsejándoles que encomienden a España a la Santísima
Virgen María porque, les dyo, «La Madre mayor y más
grande que podéis tener es la Virgen del Pilar. ¡Arriba
Aragón!»
El 21 de abril, el Caudillo planifica con su Estado Mayor
la nueva batalla a emprender: «la Batalla de Levante». Tras
las respectivas tácticas a seguir, vuelve a insistir sobre los
sentimientos humanitarios y cristianos que deben brillar en
el comportamiento a observar con los vencidos.
El 26 de abril fallece en la trapa de San Isidro de Duefias
(Palencia) el hermano Rafael María Arnaid, a los 27 años,
en olor de santidad. Recién finalizada la carrera de arqui­
tectura y con un porvenir muy lucido, renunció a todo para
consagrarse a Dios por entero. Y lo hizo en 1934. Como
otros muchos jóvenes en otros puestos, el hermano Rafael
entrego su vida a Dios por la salvación de los hombres, por
ei reinado de Cristo en España, para que Dios protegiera a
los ejércitos de Franco. Su vida religiosa fue tan perfec­
ta que eí 28 de junio de 1961 el tribunal eclesiástico del
obispado de Palencia abrió su proceso de beatificación.
Empieza mayo celebrándose en todas las escuelas de la
España nacional el ejercicio piadoso del Mes de las Flores en
honor a ia Virgen María. Es un acto de piedad que habrá de
calar hondo y dejar ejemplarísimas impresiones en los
alumnos de la época y de las cuatro décadas siguientes.
Es esperanzador contemplar cómo el fomento de la de­
voción a las advocaciones marianas recobra el empuje de los
mejores siglos para coronarse con el esplendor de sus máxi­
mas solemnidades en los años de paz y progreso que está
preparando la mente del Caudillo. ¡Cuánto va a deber la re­
ligión del pueblo a Franco!
El 3 de mayo, el Generalísimo firma un decreto trascen­
dental para ¡a cultura de inspiración netamente católica en
España. Por él queda restablecida la Compañía de Jesús en
la nación. Gracias a este decreto, España recupera las po­
derosas inteligencias culturales y los generosos espíritus
apostólicos y misioneros, que suelen abundar entre los
miembros de la ínclita Compañía de Jesús. La República los
había desterrado de España, robó sus bienes, destrozó su?
laboratorios de investigación y quemó gran parte de sus bi­
bliotecas y legados artísticos.
Tenía que haber venido Franco para que tan impagables
valores fueran recuperados para la mayor gloria de Dios y
bien de España. E l padre general de la orden ignaciana,
Wladimir L¿dochowski, muy reconocido, agradece al Caudi­
llo su gesto liberador con la promesa escrita de que los trein-
ta mil jesuítas del mundo ofrecerán tres misas por su alma
cuando muera, y mientras viviese que contaría con el auxi­
lio de las oraciones de los mismos por su intenciones.
Por estos días también se comenta la conversión al cato­
licismo practicante del prestigioso filósofo agnóstico Ma­
nuel García Morente, y sus deseos de regresar a la España
de Franco. Entonces se encontraba dando conferencias en la
Argentina. Desempeñaba la cátedra de Etica en la Universi­
dad de Madrid. Era hombre de extraordinarias facultades
y vastísima cultura. Entre sus obras más notables figuran:
La filosofía de Kant, Una introducción a la filosofía, La
filosofía de Bergson y numerosas traducciones. En 1941 se
ordenó sacerdote en Madrid y falleció en 1942, a los 54 años
de edad.

LA IGLESIA PIDE TAMBIEN LA RENDICION DE LA


REPUBLICA SIN CONDICIONES

«Si la guerra continúa en España es gracias a la Unión de


Repúblicas Socialistas», declara un periódico de Madrid.
Esta es la realidad. La guerra había tomado un rumbo ne­
tamente comunista, que sostienen la URSS y países satéli­
tes. En las próximas grandes batallas se va a poner de mani­
fiesto. Así es, porque de ciertos sectores elevados de la Repú­
blica trascienden a las altas instancias de la zona nacional
los deseos de llegar a un armisticio. Besteiro, Prieto, el
mismo Azaña y otros mueven los resortes. Pero Radio Na­
cional responde el 9 de mayo que sólo pactará «ante una
rendición absoluta y sin condiciones».
Era demasiado lo que había que reparar para concluir en
componendas efímeras y politiqueras que provocasen el re­
troceso a la España anterior partida por los partidos, co­
rrompida por la podredumbre del libertinaje y perseguida en
sus creencias religiosas, «clave de los mejores arcos de su
historia» en frase de José Antonio. «Por todo esto, Franco
que no está dispuesto al chantaje, en honor a España Una,

- 231 -
Grande y Ubre, no acepta otra rendición que no sea la rendi»
ción total, absoluta y sin condiciones», murmura la gente.
En el discurso pronunciado por el Caudillo el 6 de junio,
éste puntualizaría que «la guerra representaba la corona­
ción de un proceso histórico en lucha de la Patria contra la
‘’anti-Patria” » y que afirmar la paz en aquellos momentos
supondría volver a una nueva guerra más adelante. «En
nombre del destino de España, de sus héroes y de sus márti­
res. la Patria exige la victoria incondicional de Franco», ex­
clama la prensa nacional.
Es curioso constatar cuántas voces se alzan en este mes
invitando a la rendición de la República a Franco. El 28 de
ramo, el obispo de Gerona escribe a companys, presidente
deí gobierno de Cataluña, razonándole que la República
debía rendirse sin condiciones puesto que más de la mitad
le España estaba ya con el Generalísimo, y como buen de-
■•nocrata debía acatar -el principio de la mayoría».
Ei 12 de mayo, el delegado apostólico, Antoniutti, parte a
visitar ia región del Aragón recientemente liberado. El re­
presentante del Papa queda horrorizado por cuanta devas­
tación religiosa contemplan sus ojos y atrocidades cometi­
das con ios católicos practicantes escuchan sus oídos. «Ja­
más podría imaginar tanto salvajismo en la izquierda espa­
ñola como estoy comprobando. Esto no sucedió ni en la re­
volución rasa. Inexplicable tanto odio», repetiría después
Antoniutti ai comentar sus amargas impresiones y añadi­
da <Se impone lo que dice el Caudillo que, si han de ren­
dirse los rojos, la rendición debe ser total y sin condiciones».
E¡ día 15 fiesta de San Isidro, se registra la unificación
de los sindicatos que colaboran en la cruzada española. La
Confederación Española de Sindicatos Obreros (CESO)
queda fusionada en la organización sindical de FET. Es
un paso importante en la armonización de la Iglesia y el
Es:ado. Sus dirigentes son conscientes de que están en la
rrbsma linea católica que el sindicato falangista, en pro de
todos los trabajadores y lo admiten como evolución natural
de i a nueva sociedad. Máxime que ellos mismos siguen en
puestos de mando. La desaparición del CESO no dejaría de
ser explotada por la demagogia de los falsos democristia*
nos, pero sin que fuera digna de tenerse en cuenta. Todos
los líderes del sindicalismo católico español están de acuerdo
y, como Franco, quieren también la unificación. En el ex­
tranjero se comentaría: «Es otra batalla ganada p or Franco».
La pasión, la euforia que inspira el Caudillo raya tan alto
en los españoles que en la prensa de Aragón aparece, como
todo un ditirambo, el siguiente párrafo sobre el Generalí­
simo: «Franco es todo ciencia, todo piedad, todo sabiduría y
ternura. Es el enviado que está redimiendo nuestro solar y,
que puestos de rodillas y alfombrando con las más bellas ro­
sas de Alejandría el camino que sus plantas hieren, no sería
el suficiente premio para quien tanto amor reparte».
Como quiera que los informes de Antoniutti al Papa acer­
ca del Generalísimo son óptimos, el mismo 16 de mayo,
Pío XI nombra, por fin a monseñor Gaetano Cicognani Nun­
cio Apostólico de la Santa Sede en la España nacional, y
Franco responde nombrando embajador en el Vaticano a
don José Yanguas Messía.
Los periódicos de la República, conocedores de la actitud
del Papa reconociendo al Gobierno del Generalísimo, lo re­
procharon. Pero el diario del Vaticano, L'Observatore, re­
plicó adecuadamente censurando con acritud la hipocresía y
cretinidad del presidente del Gobierno de la República,
Juan Negrín, que presume de asegurar la libertad de cultos
en su zona porque permite que se abran algunas capillas en
Barcelona.
El 25 de mayo, el Primado de España, Cardenal de Tole­
do, don Isidro Gomá, llega al Congreso Eucarístico Interna­
cional que se celebra en Budapest, capital de Hungría. Gomá
cautiva la atención de la flor y nata de todos los cristianos
del mundo que han acudido al mencionado Congreso. El
Gran Cardenal español representa a la parcela de la Igle­
sia Católica que, por defender su fe, ha sido regada con
más sangre de mártires que se haya podido derramar en
otras naciones y épocas de la historia. Representa a la le­
gión de héroes y cruzados que, guiados por Francisco
Franco, están derrotando en los campos de batalla a los
enemigos de la Iglesia, a pesar de auxiliarlos las potencias
marxistas del mundo y especialmente Rusia. De ahí que, si

- 233 -
los enemigos de la Iglesia están vencidos, no puedan caber
pactos inútiles. Eldía 27, Gomá afirmó en su discurso pro­
nunciado en Budapest: «La guerra ya no se puede acabar
por un compromiso, por un arreglo, ni por una reconcilia­
ción... Que se rindan los rojos puesto que están vencidos.
Que se rindan sin condiciones. De no ser así, no es posible
otra pacificación que la de las armas». Hablando del Caudi­
llo repetía con frecuencia entre sus eminentes colegas:
«Franco es el militar más inteligente, valeroso y cristiano
que existe en España y uno de los estadistas más perspica­
ces del mundo».
Entretanto los prelados que han permanecido en España
preparan un nuevo obsequio al Caudillo. Consiste este obse­
quio en inscribir a su hija Carmen en las listas de la
juventud femenina de Acción Católica. Este acto tiene lugar
en la catedral de Burgos imponiéndole las insignias corres­
pondientes. Y así la vienen a constituir «en apóstol de Cris­
to y soldado del Papa», como dirían algunos medios infor­
mativos. Es el 29 de mayo. El embajador alemán, que toma
nota de cuanto sucede en España, hasta de estos detalles
minuciosos, define a la Acción Católica como «una organi­
zación religiosa de la Falange» lo que no deja de ser elo­
cuente por cuanto venía a significar que la Acción Católica
era lo mismo que Falange Española y viceversa poco más o
menos.
Por aquellas fechas se publicó el recuadro que nosotros
recogemos en la página siguiente.
¡ I I I I I " " ' ...........

Genio de ía
guerra
y gobernante
para la paz

No eche de menos el lector, en el lugar correspondiente a las biografíes de


los hombres insignes que forman el nuevo Gobierno, la semblanza ¿c tu Presi­
dente. Con que recuerden que Lo preside Franco bastará para que en el cinc de
cada español se anime y adquiera reliez’e y plasticidad la efigie moral del Caudi­
llo. ¿Podríamos nosotros, periodistas que recibimos de Dios el privilegio y la
predestinación de hacer la crónica de esta hora inefable de España,- podríamos
nosotros mejorar la silueta que cada español .ha grabado en su corazón y en su
mente, asociándola al sentimiento y a la- idea de la salvación de la Patria y cún
de la propia salvación personal? Porque la semblanza de F rcncc está entrañable-
mente fundida con el espíritu de los españoles -y la noción de una vida que es uv
paradigma de virtudes y de talentos, no necesita nuez>as purJualizccioncs en ¡a
ocasión presente en que esa vida va a ofrendarse una vez mas a España 1:0 para
les halagos de una posición preeminente, sino para las asperezas innúmeras de
una tarea ardua con definida responsabilidad ente Dios y ante la Hisie-ia.
No intentamos deliberadamente la- biografía del Caudillo. E n l u g a r ce ella
hacemos esta síntesis de su predestinada misión providencial: Nació para henrer
o su Pal ría, singándolo siempre con lealtad, con inteligencia y con heroísmo
hasta que el i j de julio de J 0 $ 6 sublimó ese servicio, exaltándolo hasta la j e r a r -
9«io de una verdadera redención. E s un genio en la guerra y modele con mano
sabia en la paz el gobierno de España. Nunca un Estado encontró fundidos, como
°hora, en una misma mente, y en un mismo corazón, el Caudillo que ¡o reconquis­
to Por las armas y el gobernante que lo rige, como artífice genial.
La semblanza de Franco es hoy la semblanza de España misma en sus virtu-
fos primarias y en sus glorias más puras.
FERCER AÑO TRIUNFAL

LAS MAS GRANDES BATALLAS

No obstante la intensidad de las relaciones entrañables de


la Iglesia y el Estado, la guerra sigue. Se defienden las
líneas de fuego fronterizas con denuedo. El Generalísimo
permanece alerta, visita los frentes y urge la necesidad de
economizar municiones.
Estamos a primeros de junio. Moscardó alcanza Almace-
nelles y Sueiro a Balaguer.
En la retaguardia nacional se celebran actos religiosos
multitudinarios de reparación y desagravio al Sagrado Co­
razón de Jesús, que «prometió reinar en España con más
predilección que en el resto del mundo»». En el aspecto so­
cial se progresa igualmente; el 11 de junio el ministerio
sindical manda que las empresas monten comedores en sus
instalaciones para los obreros.
El día 12 las fuerzas nacionales toman Benicasín y el 14,
tras varias jomadas de feroces combates, cae Castellón.
Aquí entraron en acción los cuarenta cazas que Nortea­
mérica había regalado a los republicanos y los aviones
«supermoscas» enviados de Rusia. Pero perdieron, aunque
antes de abandonar la ciudad, los rojos la saquearon y ase­
sinaron a todos los presos políticos que tenían.
Aranda se afirma en sus posiciones. Alonso Vega con­
quista Villarreal y resiste sin retroceder un ápice. Mientras.
Solchaga, Moscardó y Muñoz Grandes, operando conjunta­
mente, destruyen en Bielsa la X L III División republicana.
La «Batalla de Levante» entra en plena efervescencia. El

- 237 -
13 de julio, el general Varela lanza tal ofensiva que hace
que los navarros e italianos se apoderen de los objetivos pre­
vistos para el 16 de este mes. Rompen ahora también el
«cinturón de hierro de Valencia». La República ante su im­
potencia se desespera y aúna a sus columnas con todo su apa­
rato bélico para detener el avance nacional. Pero el ejérci­
to de Franco las hunde, pasa por los pueblos de Higueras y
Candiel y llegan hasta Nules, donde de momento se detie­
nen. Están a 40 kilómetros de Valencia. Es el día 20 de
julio.
Dos di as antes se había desprendido del calendario la
hoja del 18 de Julio. Había empezado el primer día del
Tercer Año Triunfal. Se conmemora con evidente regocijo.
La armada ha rendido homenaje a Franco nombrándole
Almirante y el Gobierno lo hace restableciendo para él la
dignidad de Capitán General de los Ejércitos. Entre otros
personajes, Franco condecora con la Orden de Isabel la
Católica a monseñor Antoniutti como al conde Ciano. Se
inauguran ya nuevos éditicios públicos y hay discursos.
El más importante de los discursos es el del Caudillo.
Evoca a José Antonio declarándole *Mártir glorioso de
nuestra Cruzada». Habla de la justicia que se debe obser­
var siempre, sin que se olvide que la misericordia y el per­
dón, también con los enemigos, son preceptos evangélicos. Y
recalca que: «A la disciplina y patriotismo del Movimiento
ha de unirse la fe y el fervor en lo religioso». La intervención
de Franco es, pues, la del político más sinceramente cons­
ciente de su misión cristiana.
Otro discurso, éste más discutido por juzgarle ciertos his­
toriadores antifalangista, es el del general Queipo de Lla­
no. Yo, sin embargo, opino que no es así, que es muy rea­
lista. Queipo ensalza la FET y a sus afiliados «siempre que
todos los que en ella figuran sean dignos de figurar en ella».
Porque -hay quien duda que no son todos los que están». Y
es que a estas alturas de la guerra no era poca la cizaña que
se había entrometido en sus gloriosas y honrosísimas filas,
gentes que en el futuro habrían de ser traidores de la más
baja estofa. Lo explico en el apartado que titulo «La cizaña
de la zona nacional·. Es la triste realidad que se había de
- 238 -
El 18 de Julio de
1938, Franco
declaró a José
Antonio«Mártir
glorioso de
nuestra
Cruzada»; en
noviembre lo
proclamó
«Héroe
nacional» y
ordena que su

/
nombre
encabece la lista
de los Caídos
por Dios y por
España en los
monumentos que ¡1 JO SE ANTONIO !!
se levanten en su
honor en TU MEMORIA CRECE Y SE
pueblos y AGIGANTA CON EL TIEMPO
ciudades.

evidenciar cuarenta años después.


El 24 de julio, el nuncio de la Santa Sede, monseñor
Cicognani, presenta las cartas credenciales. En sus palabras
protocolarias alude a «esta Cruzada que mantiene España».
Reconoce que es tanto lo que ha escuchado a otros hombres
de la Iglesia sobre el tema que para él esta guerra constitu­
ye toda una «grandiosa cruzada en defensa de la fe y de la
civilización cristiana de Occidente y Franco es su excepcional
dirigente».
Al día siguiente del 18, Queipo de Llano aprovecha la
ocasión que prevé ser muy propicia y emprende una opera­
ción asombrosa que finaliza el 24 de julio. Es la intuición
del genio militar. Reconquista veintitrés pueblos de Extre­
madura.
LA BATALLA DEL EBRO

Para que la venganza sea más ruidosa, la República esco­


ge el 25 de julio de 1938. La misma fecha del primer aniver­
sario de su ingente descalabro en Brúñete.
A las doce y cuarto de la noche de aquel 25 de julio, se
abre el frente del Ebro. Seis divisiones republicanas con el
apoyo de las Internacionales y otros cuerpos de Ejército
cruzan el Ebro por dieciséis puntos distintos. Es en plena
noche. Franco está ignorante de todo. Cubren setenta y
cinco kilómetros. El desafío al Ejército Nacional es pavoro­
so. Máxime que la frontera francesa sigue abasteciendo de
armas de origen, principalmente, soviético, a la República.
En agosto entrarán también 50 aviones «Mosca», 50 «Cha­
tos» y 24 «Katiuskas».
Hugh Thomas afirma en su historia de «La guerra civil
española»: «Todos los comandantes en jefe propuestos para
dirigir el ejército del Ebro eran comunistas y casi todos los
comandantes de cuerpo y división y, por supuesto, el gene­
ral Modesto», lo que significaba que, ahora, en particular,
ei comunismo internacional declaraba la guerra a Franco.
Este incentivo imprime tales esperanzas de victoria a los
pobres soldados de la República que les arroja con fiereza a
la descomunal empresa en la que van a sucumbir.
El 15 de agosto escribirá Azaña en su Diario: «Casi todo
el ejército del Ebro es comunista». Una circular secreta de
la FAI de septiembre de este año declaraba que «de los
7.000 ascensos en el ejército republicano ordenados en ma­
yo último, 5.500 eran comunistas».
El desafío al Ejército Nacional, como hemos dicho, es
pavoroso. Pero éste con Franco a la cabeza acude a la cita.
El pulso del Caudillo no tiembla y acepta el reto. El mundo
entero reconocerá una vez más que sus soldados son hom­
bres difíciles de vencer porque creen en el ideal y carisma
salvador de su Generalísimo. El mismo dirige personalmen­
te las operaciones y permanecerá en las vanguardias de los
frentes. Fs el último en retirarse y el primero cada mañana
en estar alerta. En «Centinela de Occidente» se lee en 1938:
“Los ayudantes de Estado Mayor del Caudillo estaban muy

- 240 -
Franco, según manifestó a su capellán el P. Bulart. no recordaba haber
faltado a misa ningún domingo. Cumplió con el precepto de la Iglesia
hasta en ¡os frentes de batalla, com o le verwos aquí.
preocupados por lo muy poco que el Generalísimo desean-
saba, ya que solía acostarse casi al alba y, a las dos horas,
estaba de nuevo en pie en pleno trabeqo».
En un momento dado, Franco participa al prelado de
Burgos sus impresiones sobre la «batalla más fea», como él
la llama: «No me choca que el comunismo internacional haya
preparado esta gigantesca ofensiva justo al año de nuestra
gran victoria en Brúñete —le diría— . Este despliegue de
fuerzas intenta ser su represalia. Son los últimos estertores
del comunismo en nuestra patria. Pero lo pagarán muy
caro. Lo triste es el número de vidas que va a costar, sobre
todo a ellos, porque nosotros esperamos vencer confiados en
el coraje de nuestros combatientes y en las oraciones de la
Iglesia».
Pasan el Ebro 60.000 soldados completamente equipa­
dos. Sin resistencia proporcionada toman las sierras de
Pandols y de Fataresa y nueve localidades más. Los medios
de información republicanos echan sus campanas al vuelo:
Los bravos soldados de la República avanzan victoriosos
por los caminos del país aplastando el orgullo franquista»
Pero llega de Levante la LXXXIV División con banderas
de Falange de Asturias, León y Galicia el día 26. El 27,
acuden al teatro de operaciones las Divisiones LXXIV y CII.
En la LXXIV descuella el Tercio catalán de Requetés «Vir­
gen de Montserrat»; es el más condecorado de toda la guerra
por su arrojo, valentía y entrega de vidas. Se presentan
también refuerzos de la Legión, del Ejército Marroquí, del
Italiano... y la aviación de la Legión Cóndor, de los grupos
italianos y unidades españolas.
El 31 de julio, el «orgullo franquista» detiene los pasos del
«orgullo rojo». Los choques entre ambos ejércitos son violen­
tísimos. El 2 de agosto, en los sangrientos combates de
Gandesa, entre otros muchos, perecen el político socialista
Lewis Clive y el joven filósofo comunista de Cambridge,
David Haden Guest, soldados de las Internacionales.
Delgado Serrano es el primero que obliga a retroceder al
frente rojo el 6 de agosto. El 10 y el 11, Alonso Vega y
Galera luchan con intrepidez en las faldas de Pandols. El
14, Líster es vencido y claudica en la cota de Santa Mag-

- 242 -
dalena con su XI División. El 19, Yagüe alcanza las cimas
de Gaeta. El 23, Vigón aniquila la XVI División republi­
cana.
Tagüeña, Líster y Modesto, jefes de las divisiones de la
República, reciben de Barcelona cuantiosos efectivos de
material y personal. A sus sargentos les imparten órdenes
severísimas de disparar contra los oficiales que, sin permiso
de ellos, mandaran alguna retirada. «Quien pierda un solo
palmo de terreno — apremió Lister— debe reconquistarlo al
frente de sus hombres, cueste lo que cueste, de lo contrario
será ejecutado». Pero a Líster, llegada la ocasión, no le
importará perder no sólo un palmo de terreno sino kilóme­
tros enteros por salvar la vida y nadie le ejecutará ni se le
caerá la cara de vergüenza.
En aquellas sierras.se enfrentan las mayores concentra­
ciones de potencias de fuego habidas entre las dos guerras
mundiales.
Las acometidas en ambos bandos son de nuevo tercas e
implacables. Mantienen el pulso en alto. Ninguno de los
dos ejércitos ceja en su empeño. Esta situación empieza a
desmoralizar a los más impacientes de las retaguardias.
Allá en Roma, Mussolini, ciego de ira por esta causa, grita
a Ciano: «Anota en tu “D iario” que, hoy, día veintinueve de
agosto, profetizo la derrota de Franco (...) Los rojos son
verdaderos combatientes y Franco no».
Pero Franco, que intuye el porvenir por encima de las
apariencias y confía en Dios, trabaja e interviene con firme­
za en la vanguardia, dirigiendo las operaciones y, en la
retaguardia, infundiendo confianza.
Entre el 3 y 10 de septiembre, siguiendo las instrucciones
que Franco le ha dado, García Valiño ataca con el Cuerpo
de Ejército del Maestrazgo a los cuerpos de Modesto, que
dominan la sierra de Cavalls. Los nacionales se baten con
bravura en dirección a la Venta de Camposines, punto muy
estratégico de la sierra, mas no la alcanzan. Sólo recon­
quistan Corbera.
Luis María de Lojendio registra en su libro «Operaciones
militares de la guerra de España» la siguiente anécdota, que
recoge en «La cara humana de un Caudillo» el escritor Ro­
gelio Baón: «En la tarde del día 5 de septiembre de 1938,
pegados sus ojos al binocular, señalaba Franco a su Estado
Mayor los episodios de la lucha: “ Se combate con granadas
de mano en el pico X. Un batallón abierto en guerrilla
recorre el barbecho de la derecha. Hay fuerte tiroteo junto
a la casita blanca” .
»Todos los detalles de la batalla eran sentidos y percibi­
dos por el Generalísimo. Entonces se inició el asalto de una
de las cotas objetivo de la jornada. Abrían marcha unos
tanques. Detrás, muy pegados a ellos, dos banderas españo­
las subían por la pendiente. Luego, la infantería desplegada.
Hubo un momento, un cuarto de hora, veinte minutos, qui­
zá la media hora, en que el Puesto de Mando, silencioso,
seguía el avance de las banderas. Los soldados que las lleva­
ban continuaban pegados a los carros avanzando a cuerpo
limpio. Los tanques rebasaron la vertiente. Al fin, las ban­
deras se clavaron en la cumbre. Y entonces fue Franco
quien rompió el silencio. No le dijo al general Dávila, que se
sentaba a su lado, nada más que esto: «Entérate quiénes
son esos muchachos porque les concedo la medalla militar».
De no haber contemplado el Caudillo la házaña de aque­
llos dos jóvenes requetés, hubiera quedado ésta sin recom­
pensa Como la de tantos otros. Pero aquí está la justicia de
Franco premiando el mérito al valor, aunque tal mérito se
encuentre en simples soldados anónimos.
Todos los intentos por adueñarse de la sierra siguen sien­
do vanos. El frente parece entrar en un período estacionario
hasta finales de octubre. No obstante, el enzarzamiento bé­
lico no cesa. Algunos días, como el 1 de octubre, los com­
bates se recrudecen por ver la forma de obsequiar al Caudi­
llo con un regalo espectacular. Sin embargo, no se logra
nada. El pulso de las dos Españas permanece tenso, soste­
nido, duro. No se doblega la España auxiliada por Italia y
Alemania ni la España auxiliada por la URSS, por el comu­
nismo internacional y por todos los países «progresistas» del
mundo.
Finalmente el puño de la República cede a primeros de
noviembre. El día 3 caen en las manos de los franquistas las
sierras de Cavalls y Pandols. El 7 de noviembre cae Mora de

- 244 -
¡¡ CAM ABADAS !!
A VICTORIA DE NUEVO
SERA NUeSTRA

Dibujos en los
que Sáenz de
Iejada expresó
el espíritu
co m b a tiv o ,
el heroísmo y la
ilusión
enardecida de
las fuerzas
nacionales.
Ebro. Y el 16 se da por terminada la batalla del Hbro con la
toma definitiva de Flix y Ribarroja. Los restos que han
quedado del ejército republicano han huido.
Como es de suponer la explosión de alegría y emoción en
todo el ámbito nacional es inenarrable. El «orgullo fran­
quista» había aplastado y en verdad al «orgullo rojo». La
fiesta es colosal. Las acciones de gracias al Dios de los
ejércitos en todos los templos son solemnísimas. Otra vez
las campanas repican a gloria. En manifestaciones jubilosas
el nombre de Franco, Franco, Franco, es aclamado con
frenesí por todos los labios. Y vuelven las frases más elo­
giosas para el Generalísimo: «Contra Franco no hay quien
pueda», «Franco es invencible», «Con Franco tendremos paz,
justicia y pan*, «Con Franco viviremos mejor», «¡Viva Fran­
co!». ..
El enemigo en su huida ha abandonado abundante ma­
quinaria pesada, cañones, carros de combate y la chata­
rra de 242 aviones con seguridad y probablemente de 94
más. Asimismo ha dejado los campos y las cunetas sembra­
dos de heridos y muertos. En cerca de 75.000 se calcularon
las bajas. Y a los vecinos de aquella zona les ha dejado
esquilmados, hambrientos, en la miseria.
Lo que son las paradojas de la Providencia. Todos estos
heridos, gracias a la munificencia cristiana del Caudillo,
convalecerán en sus hospitales. A los muertos ordena que se
les dé cristiana sepultura. «Hasta que un día —pensaba el
Caudillo de todos los españoles— estos cadáveres reposen
con los de sus hermanos de la zona nacional bajo la magna
Cruz de los Caídos que mandaré erigir en el centro de la
Península, para que las futuras generaciones, viviendo en
verdadera hermandad, no repitan más guerras civiles». Y
dispone que a todos los vecinos de aquellos pueblos y sierras
se les facilite alimentos abundantes, ropas y los medios pre­
cisos para seguir subsistiendo.
El historiador Carlos Martínez de Campos escribió: «La
batalla del Ebro... proporcionó el desgaste necesario para
concluir la guerra fácilmente». Y desde aquellas jornadas,
cada día con más ansia, «Cataluña entera deseaba ya fl
Franco», confesaría después el máximo estratega de las

- 246 -
El Caudillo, en el fren te del Ebro, acom pañado por el ‘j efe del sector

fuerzas republicanas, el general Vicente Rojo.


Todo esto es lo que ganó Franco con aquella batalla que
parecía interminable y que es la que más muertos produjo:
que el resto de la República fuera rindiéndose y desapare­
ciendo sin apenas muertos a excepción de algún que otro
caso aislado.
LA RETAGUARDIA EN LA SEGUNDA
MITAD DE 1938

Como los motivos de esperanza y de júbilo no faltan en la


zona nacional por la marcha triunfal de sus soldados y, por
esta causa, es fácil la tentación a los excesos alegres, a fina­
les de mayo, el 30, aparece un decreto prohibiendo «toda
clase de banquetes y fiestas que por su ostentación sobrepa­
sen el nivel de cualquier reunión de carácter íntimo». Y se
difunden órdenes para que la elevación de precios sea dis­
creta y vigilada.
Todo lo contrario de lo que sucede en la zona republica­
na, donde cualquier atisbo de victoria provoca todo un de­
rroche de gastos superfluos en juergas que paga carísimo el
infeliz esclavo del pueblo. De ahí que, entre otras, por esta
circunstancia las masas del pueblo catalán, laborioso y aus­
tero, clamasen por la llegada del invicto Caudillo.
En relación con las exigencias alemanas, el 7 de junio,
Franco se decide por firmar la ley de concesiones mineras.
Es un documento, producto de la más seria reflexión que
salda definitivamente a favor de España el caso Montana.
Pretende «Mantener íntegramente la soberanía nacional y
salvaguardar y utilizar debidamente el tesoro minero de
nuestra Patria...».
«La indignación de Von Sthorer es homérica. En durísima
nota a Berlín, el 7 de junio, se queja de que le han enseña­
do la ley sólo después de firmada, de que Franco se ha
negado una y otra vez a recibirle, y de que la ley no respon­
de en absoluto a las exigencias alemanas» (Ricardo de la C.
en «FRANCO»).
De tal suerte este asunto continuó preocupando al Caudi­
llo que Pedro González-Bueno y Bocos cuenta en el libro
«Franco visto por sus ministros» que «en un Consejo de
Ministros, el Generalísimo expuso que él había pedido al
ministro de Industria y Comercio la redacción de un Decre­
to (que tiene fecha 28 de julio de 1938) en el que se estable­
ce que todas las enajenaciones a extranjeros de materiales
o inmuebles correspondientes a la explotación de minas o al
tratamiento de sus productos deberla ser remitido para la

- 248
aprobación del Ministerio de Industria y Comercio». Era
una negativa rotunda a la pretensión alemana, y recuerdo
que, después que el Consejo conociera esta disposición,
Franco pronunció más o menos las siguientes palabras:
«Prefiero perder la guerra y que ganen los republicanos, que
también son españoles, a acceder a una exigencia que afecte
a nuestra independencia. Su patriotismo prevalecía en cual­
quier decisión. Más tarde tuvimos la suerte de capturar un
barco ruso lleno de armamento para la zona roja».
Realmente son innumerables y admirables los gestos de
patriotismo que existen en la vida de Franco, por los que
éste renuncia a todo con tal de que España y los españoles
fuéramos libres, soberanos e independientes. Lo normal en
quien tiene por ideal «servir a Dios y a España hasta la
muerte».
El Fuero del Trabajo cobra en este tiempo un impulso
vigoroso a favor de la clase obrera. El 13 de mayo se había
establecido la Magistratura del Trabajo. «Por primera vez,
desde la industrialización, el mundo del trabajo aunado en
un Sindicato de entendimiento, impartía la justicia laboral
a través de Magistraturas libres sin la coacción y la presión
de las partes, imponiéndose la ley de la Justicia sobre la ley
de la Fuerza». El 15 de junio se reorganiza el Instituto
Nacional de Previsión, que hasta entonces era un Patronato
inoperante. A partir del 18 de julio se observa el Subsidio
Familiar. Poderosas iniciativas a las que vendrá a unirse el
Instituto Nacional de la Vivienda el 19 de abril del afio
siguiente, como pieza clave de la enorme envergadura del
Fuero del Trabajo.
Como la labor del Caudillo es ingente, delega en su espo­
sa para que el 9 de junio se desplace a La Corufia y tome
posesión del pazo de Meirás que les ha regalado aquel
Ayuntamiento.
El 11, el Ministerio de Organización y Acción Sindical
manda que se instalen comedores en todas las empresas por
deseo expreso del mismo Generalísimo. Este había dicho al
ministro: «Se resiente la dignidad del trabajador al tener
que comer a pie de máquina». Así vela Franco personal­
mente por el bien de todos los españoles. Para Franco todos

- 249 -
los españoles, aunque sean muy pobres, son hyos de Dios.
Cuatro días después se celebra en toda la España nacio­
nal la solemnísima fiesta del Corpus Christi. En todas las
procesiones, donde se puede, toman parte los ejércitos. Con
su talante profundamente devoto y bizarro emocionan a los
fieles que les contemplan conmovidos rindiendo honores al
Santísimo Sacramento. Y no digamos nada del efecto que
produce la asistencia de los altos jefes y máxime la del
Caudillo. ¡Cuánta belleza! En la otra zona, sin embargo,
nada de nada. ¡Qué triste el panorama impío y blasfemo del
ámbito republicano!
Dionisio Ridruejo, que con los años desertaría de las no­
bles ideas que entonces proclama, vela por las publicaciones
de la naciente Editora Nacional y su equipo presenta y
difunde amplios programas de culturización a partir de la
segunda quincena de junio. También se fomenta el deporte
y el 27 se crea la Copa del Generalísimo.
Se prohíbe la coeducación en los colegios el 5 de julio, y
se emprende una campaña moralizante que es muy bien
acogida por la sociedad en general. Desaparece la porno­
grafía y se penalizan situaciones condenadas por la Iglesia
Católica. Algunas autoridades civiles más escrupulosas se
pasan. Por ejemplo, el alcalde de Zaragoza que «prohíbe a
los ciudadanos piropear en público a las mujeres», con fe­
cha 16 de juüo.
El 18 de Julio ya vimos en el capítulo anterior cómo se
recordó.

«CON FRANCO VIVIREMOS MEJOR»

Entre los hombres de los tribunales de Justicia se reitera


de nuevo la advertencia de Franco de que en sus sentencias
extremen la misericordia y la moderación, sobre todo con
los soldados republicanos hechos prisioneros en el combate.
Ordena qué no actúen a la ligera y que se practique la
justicia con toda razón y rectitud. Solamente deben ser eje­
cutados los criminales y los culpables de crímenes convictos
y confesos.
En la otra zona, Azaña, no obstante, dejará escrito el 12

- 250 -
Justicia social,
cultura, trabajo
y progreso...
simbolizados en
el Yugo y las
Flechas, es lo
que promete
Franco por igual
a todos los
españoles.

de agosto en su «Diario»: «Tarradellas me cuenta que ayer


fusilaron a 58 más sólo por ser de derechas. Datos que me
envía Irujo. Horrible. Indignación mía por todo esto. A los
ocho días de hablar de piedad y perdón me refriegan 58
muertos. Sin decirme nada ni oír mi opinión. Desde el 18
de julio no he visto al presidente del Consejo, ni me ha
hablado siquiera por teléfono». Azafta sigue experimentan­
do la amargura de pintar en la presidencia de la República
Española lo que pinta un guiñol en las manos de un niño
irresponsable.
Pero sigamos en la zona nacional. El 13 de agosto infor­
ma la prensa de Zaragoza que el Patronato Nacional Anti­
tuberculoso ha instalado ya 8.834 camas, de ellas 1.000
para combatientes. La labor desplegada en este sentido ha
sido tan intensa que ya dispone de un sanatorio por provin-

- 251 -
cia, Hay que subrayar que antes del 18 de julio no habia
en toda la nación más de 2.500.
La paz y el progreso están rigiendo el devenir de los días
con sus pros y contras. El 5 de septiembre, el Ministerio de
Hacienda aborda «la necesidad imperiosa de una estrecha
colaboración de la Banca privada en la restauración de la
normalidad de las ciudades y plazas que nuestro ejército va
liberando...».
El 11 de septiembre, asimismo, se hace notoria la activi­
dad de CIFESA, compañía de promoción en la industria del
cine que, con sus nuevos actores, elevará al cine español de
la postguerra a un nivel de auténtica categoría.
Los periódicos hablan el día 14 de un plan gigantesco de
obras públicas a emprender. Los ferrocarriles, carreteras
y caminos vecinales se beneficiarán de ello. El Consejo de
Ministros ha dedicado a este fin 2.390 millones de pesetas.
El impacto indirecto, pero claro, de la Iglesia se detecta
ahora nítido en la Ley de Reforma de la Enseñanza del
Ministerio de Educación Nacional, que aprueba Franco el
20 de septiembre.
El 24 aparecen órdenes en el Boletín Oficial, procedentes
del Patrimonio Forestal del Estado, instando al cuidado de
los árboles y bosques. Un acentuado matiz ecologista em­
barga las directrices del nuevo Estado. Todo lo contrario de
lo que sucede en la otra España. Allí se ha empezado a
talar pinares enteros para remediar los fríos del invierno
inmediato. Las cercanías de Madrid son las que más sufren
el vandalismo que acarrea la falta de un control inteligente.
El segundo aniversario de la exaltación de Francisco
Franco a la Jefatura del Estado se celebra en toda España.
En su honor se organizan diversos actos religiosos, cultura­
les. deportivos y sociales. El arzobispo de Burgos, en nom­
bre de la Iglesia Católica, declara dirigiéndose al Caudillo:
*Señor, en el momento en que la locura demoníaca parecía
empeñada en perder a España, surgís por designio provi­
dencial para hacer posible la salvación de las almas».
Raimundo Fernández Cuesta, en nombre de F.E.T. y de
las J.O.N.S., poderosa fuerza política en la que estaba inte­
grada casi toda la España nacional, le entrega un fagín y un

-2 5 2 -
bastón de mando saludándole como «conductor definitivo
que forzará a España a salvarse».
El sindicato, la escuela, el ejército, el deporte..., los diver­
sos estamentos de aquella sociedad se manifestaron poco
más o menos.
Por la noche, el Generalisimo habla a todos los españoles
por la radio. Reconoce el valor del enemigo, que en el Ebro
parecía invencible. Culpa a Rusia de la prolongación de la
guerra. Recuerda su satisfacción por la paz de Munich, que
le tenía hondamente preocupado. Y concluye abriendo sus
brazos de paz a todos los españoles de la otra acera tam­
bién, porque «quien quiera someterse a nuestro credo,
quien desee servir a España y no haya cometido crímenes,
no tiene nada que temer».
Este día Franco concede condecoraciones a distintas per*
sonalidades y se crean los premios nacionales de periodismo
«Francisco Franco» y «José Antonio».
Mas para que en la zona opuesta no faltase una brisa
acariciadora de la nacional en fecha tan trascendente, el
Caudillo manda a la aviación que haga llover panes sobre
los barrios más pobres de las ciudades todavía republica­
nas.
Uno de los chiquillos de aquel Madrid, hambriento y
miserable, hoy hombre muy culto, que ejerce su profesión
desde 1955 con toda eficacia, entonces vecino de Las Ven­
tas, de Madrid, nos participa: «Qué sorpresa cuando vimos
caer panes de harina blanquísima. Nos pusimos contentísi­
mos. Nadie podía imaginar que Franco fuera tan bueno
como para enviamos aquel pan que estaba riquísimo. Lo
malo fue que los guardias nos prohibieron volver a recoger­
los y a comerlos, “porque eran panes envenenados de Fran­
co para mal.1' a los vecinos de Madrid” . Y con la excusa de­
que se los debían llevar para analizarlos, luego se los co­
mían ellos». Hasta por los más reacios se empezó a decir:
«Esto sí que es vencer y convencer. Franco sabe el mal que
padecemos y Franco nos lo remedia. No cabe duda que con «
tranco viviremos mejor». **
FRANCO,
SIEMPRE GENEROSO Y GRANDE

El 6 de octubre se imparte un decreto de Industria para


la construcción de barcos que se habrán de exportar.
El 7, a sugerencia de los jesuítas Pérez del Pulgar y Peiró,
que el Caudillo acoge con palpable agrado, entra en juego
en la legislación el sistema de la redención de penas por el
trabajo. Por un día de trabajo se redimen dos de condena.
Los jesuítas no porque fueran perseguidos poTlos republíca-
nos han regresado a España con espíritu revanchista, no; han
regresado con el ánimo de colaborar al engrandecimiento de
la Patria, al lado de Franco, con su cultura religiosa y social
y, según su leal saber y entender, la practican. Hay que
seguir subrayando que a las cárceles de la otra zona no llegó
ni llegaría nunca ni éste ni ningún otro alivio.
Durante esta primera quincena, en respuesta a los trámi­
tes de la izquierda por llegar a un acuerdo condicionado
con Franco, se despliega por toda la nación una campaña
«clamorosa contra toda idea de mediación». En esta campa­
ña participan las personalidades más y menos relevantes de
la Iglesia, de la cultura, de las artes... proclamando su
oposición a aquellos trámites y su lealtad al Generalísimo.
Impresiona contemplar la inmensa fuerza de adhesión que
unía a los españoles con Franco.
En consonancia con este sentir, Franco declara a la agen­
cia Reuter el 18 de octubre: «No hay, no puede haber otro
final de la guerra que la entrega incondicional de los venci­
dos a la generosidad pródigamente demostrada de los ven­
cedores».
Y para confirmar estas palabras, ahí está la lluvia de
panes que el 15 había vuelto a mandar por avión a los ham­
brientos de varias poblaciones de la República. Aquel día
cayeron sobre Madrid 164.000 panes. Esto sí que era predi­
car con el ejemplo y demostrar con obras que Franco era
todo lo contrario de lo que pregonaba la propaganda repu­
blicana. Franco es el mejor gobernante que ha tenido y ten­
drá España. Franco es el hombre que mejor ha merecido
ser el Caudillo de todos los españoles. Y la frase «con Fran·

- 254 -
Los envíos de pan,
que por avión orde­
naba Franco para los
barrios modestos de ”Br U
las ciudades republi­
canas más hambrien­
tas, se hacían' utili­
zando bolsas en las a g í * — «■« !f*
que se leía la nota
que se puede ver en
la fotografía adjunta.
IM|
El 15 de octubre, so­
lamente sobre M a­
drid cayeron 165.000
panes.
Esta nota viene a
ser como una carta
fraterna, cordial y es-
peranzadora que mm
manda el Caudillo de ‘OS
España a todos los
españoles que sufren
hambre y penalida­
des diversas en la
otra zona.

co viviremos mejor» vuelve a repetirse cada vez con mayor


convicción hasta en la boca de los que fueron más renega­
dos antifranquistas.
¿Por qué, mientras estos gestos magnánimos de bondad
son concebibles en Franco, no lo son en absoluto en Azafia,
en Negrín y compañía? ¿Quién se imagina a los jefes repu­
blicanos haciendo lo mismo sobre Burgos, Ceuta o Sevilla?
Precisamente, el 7 de noviembre, la aviación republicana
bombardea Córdoba y Cabra con el consiguiente número de
muertos y heridos.
El mismo día 15 de octubre, Franco licencia a 10.000 ita­
lianos. Se adelanta a lo que hará la República, el 28, con
los «internacionales». Este proceder obedece a ciertos intere­
ses de los países de Europa en la guerra española.

- 255 -
Como quiera que la sequía del aflo ha afectado notable­
mente a muchos agricultores, el 27 de octubre, el Gobierno
les proporciona un crédito de 300 millones de pesetas, pro­
cedentes de la banca privada. En la otra zona, los labradores
tampoco reciben subvención alguna.
En el discurrir laborioso e inquietante pero triunfal de los
días del mes para Franco, se interpone una noticia fatal y
dolorosísima. Es la muerte en accidente de aviación sobre el
Mediterráneo de su querido hermano Ramón, el famoso
héroe del Plus Ultra. Ocurrió el 28 de octubre. Al Caudillo
le partió el corazón, no contando con otro bálsamo para su
desgarrada herida que el que le brinda su amor a Dios y a
España.
«No es nada la vida que se da alegre por la Patria, y
siento el orgullo de que la sangre de mi hermano, el aviador
Franco, se una a la de tantos aviadores caídos», telegrafió el
Caudillo a la base aérea de Mallorca, a la que pertenecía
Ramón. «¡El Generalísimo siempre generoso y grande!», ex­
clamó el jefe de la base.
Franco recibe numerosos pésames, destacando el del Pa­
pa Pío XI.
El 7 de noviembre, la aviación republicana bombardea
Cabra y Córdoba dejando 86 muertos y 116 heridos. ¡Qué
distinto este bombardeo cruel de la República a los que, de
vez en cuando, viene repitiendo la aviación de Franco sobre
los barrios hambrientos de Madrid y otras ciudades. Franco
envía panes exquisitos. Azaña o Negrín envían bombas
mortíferas y destructoras. Franco es cristiano; Azaña y Ne­
grín renegaron hace tiempo de su cristianismo.

FRANCO CON JOSE ANTONIO, LA IGLESIA,


EL REY Y LOS OBREROS

El 20 de Noviembre se conmemora el aniversario del fusi­


lar ,to de José Antonio, que a partir de este año será día
de luto nacional. Cuatro días antes, un decreto del Gene­
ralísimo declara Héroe Nacional a José Antonio Primo de
Rivera.
Ya al amanecer de esta fecha memorable, los aviadores

256 -
Franco asistiendo a la misa que, p o r el alma de su hermano Ramón, en­
cargó a la mañana siguiente de enterarse de su accidente mortal.

de la base de Pollensa rindieron un emotivo homenaje floral


al fundador de la Falange, sembrando de rosas el patio de
la cárcel de Alicante.
Durante toda la mañana, se oficiaron solemnes funerales
por el alma de José Antonio en las catedrales e iglesias
españolas, al mismo tiempo que por los demás Caídos por
Dios y por España. En Burgos lo preside el mismo Franco.
Al caer la tarde, Franco habla de José Antonio en Radio
Nacional y determina que su nombre encabece la lista de los
Caídos de cada pueblo «previo acuerdo con las autoridades
eclesiásticas, en los muros de cada parroquia*. Todos los
°bispos y sacerdotes acogieron muy bien la muy digna suge­
rencia. Todos, menos el cardenal de Sevilla, cuya falta de
eornunión con el resto de la Iglesia es piedra de escándalo.
1arece,, ser que se trata de una venganza ruin de Segura por
”° haberle repuesto el Papa en su anterior sede de Toledo,
ero la conducta del Caudillo, generosa, comprensiva y re-
catada con la actitud del anciano cardenal sirve para mini­
mizar el mal ejemplo de Su Eminencia.
Franco es y será siempre ejemplar y respetuoso con la
jerarquía de la Iglesia. Para Franco, una cosa es el hombre,
limitado v débil por naturaleza, y otra cosa es ese mismo
hombre con sus limitaciones que representa a Cristo y a su
Iglesia. De ahí su reacción cuando fue elegido Papa el car­
denal Montini con el nombre de Pablo VI. La contestación
del Caudillo al disgusto de muchos españoles, incluso ecle­
siásticos, fue la siguiente: «Tengamos presente que Montini
no es el Papa Pablo VI*.
Y como otro humilde y fiel cristiano español más, el 4 de
diciembre, el Generalísimo marcha con su familia y dos
ministros a Santiago de Compostela para ganar el jubileo
del Apóstol. En lo que respecta a todo el clero, alto y bajo,
las atenciones y delicadezas se extreman con él. El pueblo,
asimismo, lo espera, acompaña y aplaude encantado como
siempre. Franco es su salvador, el héroe invencible, el Cau­
dillo seguro de la Patria.
Según la tradición, en la España nacional se venera a la
Inmaculada el 8 de diciembre con todos los honores que le
correspondieron en la historia. La España nacional es la
España eterna que, mientras sea fiel a sus esencias tradicio­
nales. jamás perecerá.
El 9, los medios de comunicación publican la entrevista
que Franco había concedido a cierto redactor de «La
N a c ió n de Buenos Aires. De ella extractamos las siguien­
tes impresiones. Primero, que Franco se expresa consciente
de la alta misión que está realizando su Ejército al defender
en nuestro solar la civilización universal, tanto en cuanto
estaba venciendo aquí al comunismo internacional que, pa­
ra él, es el signo de la anticultura y la antipatria. Y, segun­
do. que fundamenta la legitimidad del alzamiento en que el
pueblo lo deseaba y estaba aportando todo lo que se reque­
ría para vencer.
Pensando en la Navidad y en el «aguinaldo del soldado»,
el Generalísimo concede para este fin 50.000 pesetas. Casi
todo lo que tenía él por aquellas fechas.
Una noticia, sorprendentemente muy agradable para

/58 -
Sun nano dr C'ompostrla. I91S Cuantío una imagen vale más que mil palabras.
Franco, es el giro que ha tomado el Gobierno belga respec­
to del suyo. El jefe de aquel Gobierno, nada menos que el
socialista Spaak, el día 14, inicia gestiones para estar repre­
sentado junto a Franco en Burgos.
Sin embargo, mientras políticos socialistas de la talla de
Spaak miran con admiración a Franco, un grupo de «católi­
cos franceses» vuelve absurdamente a la carga contra el
valor cristiano de la gran cruzada española. Siempre con la
misma canción: «Los católicos», tirando piedras contra su
propio tejado. Pero esta necia actitud de ciertos franceses
en España levanta de nuevo los elogios más encendidos en
honor al Caudillo y al Movimiento. La misma jerarquía
recuerda la célebre Carta Pastoral Colectiva de los Obispos,
otros escritos y tesmimonios de las más altas personalida­
des de la Iglesia nacionales y extranjeros en favor de Franco
y. en particular, se reavivan las palabras pronunciadas por el
arzobispo de Burgos en el anterior Primero de Octubre.
f’ Es nuestro deber y nuestro deseo expresaros, señor —di­
jo también el arzobispo—, el reconocimiento agradecido de
los fieles católicos por cuanto, con la espada del cruzado y
las leyes del estadista cristiano, habéis hecho en pro del
acrecentamiento de la fe. Ningún hombre de Estado hizo
tanto en la Edad Contemporánea para que la Iglesia pudie-
l· ra cumplir su divina misión». Más y mejor no se podía
afirmar en defensa del Alzamiento y de la misma persona
del Caudillo y por un alto ministro de la Iglesia Católica.
Así pues, ¿a qué vienen esas ofensas de algunos «católicos
franceses»? ¡Cuántas ganas de hacer el indio han existido
siempre en algunos «católicos listos», incluidos presbíteros,
frailes y obispos!
Entre los comentarios que se ponen sobre el tapete de la
mesa en el Consejo de Ministros del 15 de diciembre, está
uno que hace referencia a la despiadada injusticia de la
República privando al Rey Alfonso X III, a pesar de encon­
trarse en el destierro, de todo derecho de ciudadanía espa­
ñola, de la paz jurídica y de sus patrimonios. Entonces, el
Caudillo propone y el Consejo aprueba la elaboración de un
proyecto de ley por la que se rehabilita al Rey en todos sus
derechos y prerrogativas. Y esta rehabilitación es tan affl*

- 260 -
plia como amplia había sido la injuria de los republicanos a
Su Majestad.
Con fecha 20 de diciembre, el «Boletín Oficial» lanza una
ley derogando la de secularización de los cementerios pro­
mulgada por la República el 30 de enero de 1932.
Y para que a los obreros no les faltase algo especial con
que celebrar la Navidad y sus hijos tuvieran regalos de los
Reyes Magos, Franco ordena por el Consejo de Ministros
la entrada en vigor de la paga extraordinaria de Navidad, el
22 de diciembre. Franco, una vez más, se revela como el Cau­
dillo de todos los españoles y, en particular, de los más
humilde^ ?ara facilitarles lo que antes sólo era accesible a
los más afortunados. La legislación de Franco será tan
avanzada que los obreros dispondrán, entre otras ventajas,
de una Seguridad Social por la cual tendrán gratuitamente
las medicinas que necesiten, favor del que dejarían de disfru­
tar pasados cuarenta años; y las criadas llegarían a po­
der vestir más elegantemente que sus mismas señoras, a
partir de los años cincuenta. Esto último lo agregamos co­
mo un botón de muestra de lo mucho que conseguirían con
Franco las clases más modestas de nuestra sociedad.

OTROS DATO S D E 1938

No queremos terminar este apartado de 1938 sin dejar


constancia de que, este año, en la zona nacional se celebra­
ron 66 corridas de toros, dato altamente elocuente de cómo
se desenvuelve la vida en dicha zona. La actividad teatral,
asimismo, ofrece un auge sensacional, acaparando las prefe­
rencias populares el teatro clásico. Luis Escobar, jefe nacio­
nal de Teatro en la época, ha dejado un testimonio impor­
tante sobre el particular.
En la zona republicana, sin embargo, nada de corridas
de toros, y nada de teatro serio. No había humor para estas
distracciones entre el pueblo hambriento. Allí, la desmorali­
zación era total, «un carnaval de traición y podredumbre«,
diría Hemingway, que sólo vivió y conoció la experiencia
republicana. Por esta razón que el rendimiento en el trabajo
fuera casi nulo. Un ejemplo del abandono que existía en el

- 261 -
campo es que en Cuenca sólo se sembró en 1938 el 14 por
100 de la tierra destinada a cereales. Y a todos sus habi­
tantes, como a tos del resto de la España republicana, debe­
ría dar de comer la España de Franco después del 1 de abril
de 1939.
En la zona nacional el precio de la vida pasó de 163,4 en
julio de 1936 a 226.2 en febrero de 1939. En la zona repu­
blicana, entretanto, creció de 163,65 a 2.501,98 en el mis­
mo período. Este es otro reflejo que nos demuestra en cual
de las dos Españas estaba «el carnaval de traición y podre­
dumbre» de que habló el célebre novelista. Lo que, a la par,
viene a confirmar que «mientras en el mercado internacio­
nal la cotización de la peseta nacionalista a finales de 1938
era de 100 pesetas la libra, aunque el cambio oficial seguía
siendo de 42,50 pesetas por entonces, la peseta republicana
se cotizaba a más de 500 pesetas la libra» (Hugh Thomas,
La guerra civil española»).
En el aspecto religioso, como la República española esta­
ba plenamente descalificada por su furibunda persecución a
la Iglesia, algunos individuos del gobierno vasco exiliado en
Barcelona intentaron aportarla cierto matiz de moderación.
Para ello lograron que se autorizara el ejercicio de sus fun­
ciones a los sacerdotes y se promoviera la vuelta del carde­
nal Vidal y Barraquer. Pero ni el conflictivo cardenal ni los
sacerdotes les prestaron ninguna atención. Bastante hartos
estaban de burlas, sarcasmos y ultrajes crueles y mordaces.
Y. además, si esa libertad para el clero era verdad, que hubie­
ran sacado de las cárceles y checas a los muchos sacerdotes
que aún seguían presos y, por supuesto, al obispo de Te­
ruel. al que tienen encarcelado en la prisión de Barcelona
19 de abril·- y terminarán por matar quemándole vivo el 7
de febrero de 1939, cerca de la frontera francesa, adonde le
condujeron con otros cuarenta prisioneros más, a los que
mandó ametrallar el comandante comunista Pedro Díaz.
AÑO DE LA VICTORIA

1939.

Atención. Habla Franco y sus palabras proféticas alcan­


zan al instante resonancias universales. Todo lo que viene
afirmando el Caudillo de España se cumple. Por eso que
estas palabras a unos les sirvan para exultar de gozo y a
otros les cuesten carísimas.
Las palabras de Franco, comunicadas al insigne periodis­
ta Manuel Aznar y publicadas el día 1 de enero de 1939 en
el «Diario Vasco», son éstas: «Anuncio a 1939 como el año
decisivo de la victoria».
El Generalísimo con su ojo escrutador del futuro arries­
ga sin temor a equivocarse su previsión del porvenir, que re­
sulta que va a ser cierta. Previsión que. una vez confir­
mada, va a contribuir a consolidar más y más en todos los
españoles la fe ciega, total y absoluta que todos han deposi­
tado en su mandato.
Aquel día 1 de enero insiste en sus propósitos de que
cada español posea la vivienda, la sanidad y la cultura nece­
sarias para vivir bien. Y como todo un hombre católico da
testimonio de su fe en Dios y en España. Dice: «Yo. como
Jefe del Estado Español y como Caudillo de mi pueblo,
llamaría a los españoles y les pondría en pie por tres razo­
nes: la primera es la defensa de la fe en Cristo si la Iglesia
se viera amenazada como en otros siglos; la segunda es la
defensa del territorio nacional amenazado de invasión; la
tercera es la de reducirnos a esclavitud en el Mediterráneo».
No olvidemos que los poderosos ideales que a Franco le

- 263 -
mueven con audacia insobornable son Dios y España. Y
*por Dios y por España» y «con Dios y con España» Fran­
co está convencido de que está venciendo en las batallas
más importantes que se han librado en la historia de la
nación, que se libran y se librarán en la paz.
En los últimos días de diciembre el Ejército nacional em­
prendió la liberación de Cataluña. El recrudecimiento de
los combates recuerda a los del Ebro. Pero los nacionales
vencen con mayor rapidez a sus enemigos. Los primeros
días de 1939 les sonríen. Las palabras proféticas de Franco
empiezan a adquirir visos de realidad. Y esto los comunis­
tas. sobre todo, no deben consentirlo por ningún concepto.
Las palabras proféticas de Franco y el cariz de los aconte­
cimientos bélicos empujan a que se acentúe por estas fechas
el éxodo a las ciudades catalanas de los hombres de izquier­
das, socialistas y comunistas, que entonces y a mucha gala
se llamaban los rojos. Entre ellos abundan los que han des­
collado más en los pueblos por sus abusos.
La invasión de forasteros en Barcelona es abrumadora.
Allí se encuentran los gobiernos de la Generalitat, el de la
República española y el de Euzkadi en el exilio. En Barcelo­
na se concentran los miles y miles de soldados que se prepa­
ran para los frentes. En Barcelona se han refugiado, lo
mismo que en Valencia, fugitivos de toda España que viven
la desesperación de quienes lo han perdido todo por culpa
de la política. Por eso no les importa destruir, incendiar,
perder a los demás. Su odio feroz a Franco es inaudito y
contra él y su Ejército vomitan los horrores más espantosos
que inventa su imaginación. Se prestan a ejecutar rápida­
mente a cuantos creen sorprender con tintes fascistas o de­
rrotistas. Son fieles ejecutores de los planes del SIM y los
crímenes se multiplican entre ellos mismos. No pocos de
estos fugitivos, hastiados de la inutilidad y cobardía de sus
jefes, abominan de éstos, los insultan públicamente e, in*
cluso. para que éstos rabien hasta alaban a Franco, y pagan
su osadía con el tiro por la espalda.
Cuántos hijos de aquellos pobres soldados o fugitivos de
la República creerán hoy que sus padres murieron heroica­
mente defendiendo a aquella República, siendo así que mu-

- 264 -
rieron asesinados por los mismos fanáticos de la misma
República. Y al cabo de los cuarenta aflos de aquellos des­
manes, los hijos están defendiendo a los que fueron los ase­
sinos de sus padres o sucesores de aquellos asesinos. Pero
así se escribe la Historia.
til día 4 de enero, se vence de nuevo al fanfarrón de
Líster que m anda el V Cuerpo del Ejército Rojo. Se le
desaloja de Artesa de Segre y de Borjas Blancas. Este avan­
ce en los días siguientes da acceso a la conquista posterior
de Tortosa, Tarragona, Reus, Tárrega y 70 pueblos más.
El 15 de enero, el territorio ocupado por las Fuerzas de
Franco abarca 40 kilómetros de litoral y 1.600 kilómetros
cuadrados del interior.
El 15 de enero es una fecha clave de la que circularán
comentarios oficiosos, según los cuales, «es la más brillante
de las jornadas desde el 18 de Julio».
El general republicano Vicente Rojo escribe el 15 de ene­
ro: «La caída de T arragona era el triunfo completo del ene­
migo iniciado el 23 de diciembre». Sobre este día anota
Azaña en su «Diario»: «Enorme desastre. H a desaparecido
el Ejército. Los del Ebro casi sin combatir. Peor que lo de
abril».

NOBLEZA Y CARIDAD DE FRANCO

La aviación nacional en estos días, como en otros mu­


chos, había jugado un papel excepcional. Las proezas de la
famosísima escuadrilla del genio del aire, Joaquín García
Morato, estaban en la boca de todos. Pero se habían excedi­
do. Habían perseguido a los cazas enemigos batiendo a
algunos aparatos hasta en las inmediaciones de Barcelona,
circunstancia prohibida por el Generalísimo. Así es que
Franco llamó a G arcía M orato a su despacho.
Esta escena la refiere en el libro «Franco visto por sus
ministros» Pedro González Bueno, ministro que fue de O r­
ganización y Acción Sindical de 1938 a 1939. Dice así: «En
una ocasión fui a visitar al Generalísimo; el ayudante des­
pués de avisarle, salió de su despacho diciéndome que esta­
ba con nuestro gran aviador G arcía M orato pero que podía

- 265 -
pasar. El Generalísimo me presentó al “ as” , y en seguida
comprendí que le estaba echando una reprimenda, prohi­
biéndole que persiguiera a los “cazas” rojos fuera de los li­
mites de la zona nacional. Le hablaba con severidad pero
también paternalmente, con cariño. García Morato se cua­
dró para despedirse con lágrimas en los ojos».
Después de leer este párrafo, nos acució la curiosidad de
informarnos más detalladamente de esta escena, si era posi­
ble. y según nos ha participado don Pedro González, «hay
que ponderar con los mayores elogios el elevado concepto
que Franco poseía del honor en el campo de batalla y el celo
cristiano que siempre brilló en él por el respeto a la vida y
haciendas de amigos y enemigos».
Por lo visto, don Pedro González Bueno y el Caudillo
prosiguieron dialogando sobre la anterior entrevista. «Claro
—comentó Franco—, estos jóvenes nuestros, como son muy
valientes, se enardecen con sus triunfos y, si les valiera, no
dejaban un enemigo vivo. Pero esto no es así. Una cosa es
ganar las batallas y otra matar a los enemigos máxime
cuando están indefensos. Y para enseñarles y encauzar su
valor estamos nosotros. No obstante, hay que reconocer que
tenemos una juventud admirable».
Franco sorprendentemente en aquella conversación se ex­
playó y le siguió diciendo poco más o menos al ministro de
Organización y Acción Sindicd: «Le he dicho a nuestro
héroe del aire que no debemos olvidar jamás que todos
somos españoles y que el daño que podemos inferir a los
demás repercute en perjuicio de todos. Pero es que además
de españoles, nosotros somos cristianos y como cristianos
debemos practicar las virtudes del perdón y la caridad in­
cluso con los enemigos. Nosotros, si tenemos enemigos, es
porque no nos conocen. Cuando sepan todos los españoles
de la zona que se llama enemiga nuestra, que nosotros sólo
buscamos, para may^r gloria de Dios y de España, su bie­
nestar y su progreso, todos se unirán a nosotros en el traba­
jo común de engrandecer a la Patria engrandeciéndose ellos
mismos a sí mismos».
«Estamos en la hora suprema de practicar como buenos
cristianos el perdón», añadió el ministro.

- 266
Su serenidad
refleja la
valentía y la
nobleza que
siempre le
caracterizó.

«Desde luego —contestó Franco—, por eso a los rojos,


socialistas o comunistas, nosotros no los debemos conside­
rar como enemigos sino como hermanos nuestros equivoca­
dos, engañados, confundidos por todas las mentiras e infa­
mias que han volcado sobre ellos contra nuestra realidad
sus jefes para azuzarlos a luchar contra nosotros. De otra
forma es que no les seguirían. Entre ellos hay muchos ino­
centes e ignorantes, y a todos hay que perdonarlos. Yo
comprendo que a ciertos soldados nuestros les encantaría
no dejar un rojo vivo, porque les hayan matado a sus p a­
dres, abuelos, herm anos... como sabemos por los muchos
casos que nos han contado. Pero si es verdad que nosotros
debemos hacer justicia y procuraremos hacerla, porque la
justicia también es una virtud, igualmente debemos perdo­
nar y perdonar mucho porque creemos en el Evangelio»
El día 16 de enero, como son muchos los pueblos y muy
pobladas las ciudades conquistadas por el Ejército nacional,
el Caudillo, por Radio Nacional, les habla: «Sean para todos
mis palabras anuncio de liberación o prenda de perdón y
paz». Ordena que no haya represalias ni venganzas. Nada
de represiones. Justicia, sí; pero misericordia, generosidad y
perdón en abundancia también. Hay que extremar la bon­
dad con los pobres vencidos, y como es demasiada el ham­
bre a que han estado sometidos les promete y envía alimen­
tos.
Como en toda Cataluña se escuchan con ilusión y espe­
ranza por la radio las noticias de la zona nacional y los
mensajes, en especial, los de Franco, el Gobierno de Juan
Negrín manda requisar todos los receptores. Y desde el 18
al 22 se recogen más de 110.000 aparatos.
El avance de los nacionales continúa victorioso, seguro y
firme. Franco no descansa por los frentes y sus escapadas a
Burgos son las imprescindibles para que la dinámica de los
Consejos de Ministros prosiga eficaz. En lo que importa a
nuestro propósito al escribir estos datos sobre Franco como
Heroe cristiano en la guerra», dejaremos constancia de que
en el Consejo del 5 de enero se aprobó una retribución
mensual del Estado a los sacerdotes con cura de almas. La
República se lo había quitado. «Me parece muy justa esta
proposición —declaró el Jefe del Estado—. Y yo les ruego
que expongan aquí con toda libertad cuantas sugerencias
le« inspiren sus sentimientos cristianos. El servicio que los
sacerdotes prestan a la patria es incomparable».

LIBERACION DE CATALUÑA

Las columnas del Generalísimo liberan el 21 de enero


Villafranca del Panadés. El 22, Sitges e Igualada. En todas
las poblaciones son acogidas con vítores y aplausos.
Las exclamaciones de «¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!»,
¡Vn>a Españaf >, <¡Arriha España!» siguen ganando los ám­
bitos catalanes.
El 23, en San Sadurní de Noya, se registra el caso invero­
símil de que la banda de música de El Campesino también

- 268 -
sale a recibir al Ejército vencedor a los acordes de la m ar­
cha real. Al amparo del confusionismo con que huyen los
batallones de El Campesino, la banda de música había pre­
ferido pasarse en bloque a la zona nacional. Los rojos, des­
pués de ofrecer cierta resistencia, se alejan a la desbandada.
L£1 24, se toma Manresa. Y el 25, las tropas de M onasterio
se postran ante la imagen de M onserrat abandonada en su
destrozado templo. Al caer la tarde de este día, las vanguar­
dias del Generalísimo se detienen y se reúnen ante los um ­
brales de Barcelona. Hay que entrar en la Ciudad Condal
por la puerta grande de los vencedores, y allí no hay más
vencedores que los soldados del Caudillo de España.
Entretanto los gobernantes republicanos, parte de sus
ejércitos y de los infelices que habían creído en sus falsas
promesas huyen despavoridos a Francia. Existe una tre­
menda diferencia: mientras los jefes escapan en lujosos au ­
tomóviles, las gentes de a pie cam inan ateridos por el frío,
abatidos por el cansancio o se quedan tendidos por la fiebre
y la agonía en las cunetas.
Los gobernantes republicanos m archan culpando a sus
ejércitos de las cobardías y torpezas por las que han perdido
todas las batallas.
Los militares republicanos se m archan abominando a sus
gobernantes por corrompidos, por ineptos, por no proveer­
les de los medios precisos para vencer.
Antes de transponer la frontera, el comandante comunis­
ta Pedro Díaz manda am etrallar en el barranco de Can
Tretze al obispo de Teruel, fray Anselmo Polanco, al defen­
sor de la plaza, coronel Rey d ’H arcourt, y a cuarenta pres­
tigiosos prisioneros más. Se los han traído desde Barcelona
por si su utilización les servía de algo. A continuación,
ordena rociarlos de gasolina y quemarlos. Esto sucede el 7
de febrero.
A los políticos republicanos les espera un porvenir rodea­
do de lujos y comodidades. Es tanto el oro, el dinero de
Lspaña colocado a sus nombres en bancos del extranjero,
que ya tienen bien asegurado el futuro. A los otros pobres
hom bres sólo les espera sangre, sudor, lágrim as... Miserias
todas éstas de las que no pocos se salvarán regresando a la

- 269 -
España de Franco.
Jornada del 26 de enero. La felicidad que se experimenta
este día en Barcelona es inenarrable. En las primeras horas,
el Tibidabo, Montjuich, la Radio Asociación de Barcelo­
na.. todo empieza a ser ocupado pacíficamente por los
nacionales. Apenas se disparan tiros.
Las calles, que están desiertas, frías, muertas, cobran
calor y vida al paso de los ejércitos de España. Los habitan­
tes, al escuchar los cantos de la Falange, del Requeté, de la
Legión, abren los balcones, salen al exterior y las aceras
rebosan de personas que les aclaman sin cesar.
Las tropas avanzan triunfalmente por la Gran Vía Diago­
nal, la actual plaza de Calvo Sotelo, paseo de Gracia, plaza
de Cataluña... Es de locura el fervor que despiertan estas
juventudes invictas, aureoladas de heroísmo por Dios y por
España. Aquellas masas del pueblo de Barcelona les ofre­
cen flores, botas de vino, les abrazan, besan sus banderas,
ríen, lloran de emoción. Es impresionante asimismo ver a
delegados de fuerzas republicanas que salen de sus acuarte­
lamientos y rinden sus armas ante los generales de la Cru­
zada. Los presos por miles salen igualmente de las cárceles
v se unen a todos los vecinos que gritan con frenesí: «¡Fran­
ca'. ;Franco!, ¿Franco!», «¡Viva Cristo Rey!», «¡Viva Espa­
ña!-, ■·;Arriba España!», «¡Cataluña con España!»...
En todos los barrios de Barcelona no se escuchan otras
expresiones de admiración que las que hacen relación a Fran­
co. Gracias a Franco», «Contra Franco no hay quien pue­
da-, "¡Qué grande es Franco!», «Con Franco viviremos me-
ior».
El Generalísimo ha dominado por completo los labios, el
corazón, los anhelos... todo el ser de los catalanes. Con
cuánta razón el general republicano Vicente Rojo escribe en
su libro Alerta los pueblos»: «En todas partes esperan al
enemigo y desde muchos días les tienen todo preparado. No
sé cómo explicarme en muchos hombres antifascistas de
untes del 18 de Julio del 36, que ahora no les importa pasarse
ai enemigo. Resumen: que Cataluña como población c iv il ya
leseaba a Franco».
Como quiera que los nacionales habían encontrado una

- 270 -
Lai tropa» nacionales entran en Barcelona el dia 26 de enero de 1939
Barcelona famélica y empobrecida, el Mando informa de
esta situación al Caudillo. Inmediatamente de diversas pro­
vincias parten camiones cargados de pan y víveres. Vizcaya
envía535 toneladas; Tenerife. 460; Mallorca, 355... y así las
demás. Auxilio Social, la admirable organización de socorros
para las víctimas de la guerra, sirve en los tres primeros días
350.000 raciones de pan, 150.000 comidas frías y 60.000
calientes. Servicio que se irá planificando cada día mejor.
En la mañana del 27 de enero y siguiendo igualmente
instrucciones del Caudillo, en acción de gracias a Dios por el
magno acontecimiento vivido, se celebra una misa de campa­
ña solemnísima en la plaza de Cataluña. Muchedumbres
inmensas abarrotaban la plaza y se agolpaban en las bocaca­
lles. Con más devoción que nunca allí vibraron las notas del
Cantemos al Amor de los amores» y esas palabras del cánti­
co: Dios está aguí» debieron adquirir cadencias insupera­
bles de inefable fe. Diríamos que es la apoteosis de la libera­
ción de Barcelona: la entronización de Dios en el corazón de
la capital catalana gracias a Francisco Franco Bahamonde.
En seguida se abren los templos, a pesar de estar devasta­
dos y con los muros ennegrecidos por los humos de las lum­
bres en que perecieron retablos e imágenes de incalculable
valor durante los dos años y medio de dominio marxista. Los
cultos se reanudan sin temor a los pistoleros y milicianos, y la
religión empieza a recobrar el pulso de los mejores tiempos.
La palabra «salud» que había venido a reemplazar a la de
adiós-, por cuanto ésta recuerda al Ser Supremo, desapa­
rece del vocabulario general y en las despedidas se vuelve a
decir "adiós»... Decir «adiós» había llegado a costar la vida a
más de un hombre y una mujer.
El periódico que reaparece llamándose «La Vanguardia
Española- el 31 de enero declara: «Estamos ante un momen­
to único y excepcional: el momento en que podemos resolver
lo que se ha llamado durante muchos años el problema
catalán».
El 28, Millán Astray se dirige por radio a los madrileños.
Les invita a que se vayan preparando para recibir a los ejérci­
to^ nacionales y les habla de perdón, de paz y de progreso.
La conquista de los demás pueblos continúa imparable y.

- 272 -
Con retratos de
Franco y el símbolo
de la Falange,
innumerables
mujeres catalanas,
recorrieron las
calles de Barcelona
celebrando el
acontecimiento con
su felicidad y sus
cantos.

el día 9 de febrero, las unidad es de Solchaga y, el 10. las de


Muñoz G randes llegan a la frontera francesa en Perthus y en
Bourg-M adame. Al atardecer, el co m u n ica d o del C uartel de
Generalísimo anuncia: «La guerra en C ataluña ha term i­
nado».

VISPERAS DE LA VICTORIA FINAL

Infinidad de telegram as de felicitación se cruzan por los


espacios en honor a Franco. P roceden de los
eminentes del extranjero y de las person alidad es del in te­
rior. A lgunos son muy sorprendentes, com o cardenal
Segura. Otros tan elocu en tes com o los de XIII y el
de su hijo el infante don Juan. «Felicito de corazón a V.E.
—dice don Juan— con orgullo d e ser español p o r el victo­
rioso remate tan ejem plar que redim e para España queridas
provincias catalanas. Con la emoción que siento ante el
heroísmo invencible E jército. generales y m ando su p rem o ,
saludo afectu osam en te».
Lntre tantos telegram as, au nq u e de naturaleza d istin ta.
Hay uno muy triste. Es el que com u n ica la m uerte del P apa
Pío XI acaecida el 10 de febrero. C onm ociona a la E sp añ a
nacional, pero pronto se verá com p en sad o por la alegría
que produce el telegram a que difunde la noticia de la e le c ­
ción de Pío XII.
El 21 de febrero, como quien dice, Franco toma posesión
de Cataluña. Miles de personas de las poblaciones catalanas
y Barcelona en pleno acuden al imponente homeníye que se
tributa allí al Caudillo de España. Ante su egregia figura,
desfilan por la Gran Vía Diagonal 100.000 intrépidos com­
batientes, 300 cañones y 300 carros, mientras 300 aviones
surcan solemnes el cielo azul. El Generalísimo, acompaña­
do de los caudillos de la guerra, contempla sonriente el
grandioso espectáculo. Franco agradece tanta adhesión y les
dirige palabras de confianza en el futuro próspero de la
nueva España, a lo cual responde el increíble gentío con
estruendosas ovaciones e incesantes gritos de «jFranco,
Franco, Franco!» «¡Arriba España!»...Todo esto, no obs­
tante. tras la parada militar recorrerían las calles durante
todo el día hombres y mujeres vitoreando a Franco, cantan­
do los himnos que están en boga y portando retratos del
Caudillo y el símbolo de la Falange. Parecía como si las ma­
sas del pueblo catalán llevaran siglos esperando ver este día
y, por fin, lo habían visto.
A estas alturas, a la causa de Franco se le atribuye una
importancia de primera magnitud en el mundo. Los gobier­
nos de todos los países terminarán por reconocerla dentro
de pocas fechas, excepto Rusia y Méjico.
El 27, Franco logra la mayor victoria diplomática de su
vida: Gran Bretaña hace saber que reconoce oficialmente al
Gobierno de Burgos, y el Gobierno francés toma la misma
decisión», escribe Ricardo de la Cierva.
Precisamente en la misma jornada del 27, el Generalísi­
mo es homenajeado por multitudes de toda Castilla que con
este objeto se citan en Burgos. Y apela a los responsables
que quedan de la República para que depongan las armas.
Cuando teníais en vuestras manos todos los elementos,
perdisteis cuantas batallas se libraron —terminó advirtién*
doles—. Juzgad la situación ahora que habéis perdido todo
aquello que ha pasado a nuestras manos. No tenéis la me­
nor esperanza. Estáis irremisiblemente perdidos. Rendios,
pues, porque la salvación de muchos españoles depende de
vuestra rendición»».
Algunos de los jefes republicanos lo comprenden y, a su

- 274 -
Los españoles,
alentados por las
victorias de los
ejércitos de
Franco, miran
con confianza el
futuro. Las
palomas de la
paz se ciernen
sobre ellos.

manera, se rinden. El primero es el acérrimo antifranquista


Manuel Azaña, que abandona la presidencia de la Repúbli­
ca y se retira. De Marcelino Domingo circularon rumores
de que se había envenenado en Perpignan. Otros entran en
cabildeos para deliberar sobre la sugerida rendición y la
aceptan con condiciones. Sin embargo, Franco la exije in­
condicional.
El Cardenal Primado, que no baja la guardia en su celo
por la defensa de la pureza de la Religión y la Patria, el 5
de febrero, publica la docta pastoral «Catolicismo y Patria».
Viene a enseñarnos cómo en la historia de España el con­
cepto de Patria abarca, asume y se identifica con el de
Catolicismo. Pero asimismo previene de los errores que pue­
den cometer quienes ofuscados por exacerbar uno solo de
estos conceptos minusvaloran o desprecian al otro. Su Emi­
nencia aprovecha este motivo para ensalzar una vez más al
Caudillo porque ha reiterado, en público y en privado con
él, que «la doctrina de la Iglesia será fundamento y clave en
la reconstrucción del nuevo Estado». Gomá, una vez más,
aparece compenetrado con el Generalísimo en un mismo
ideal: Dios y España.

ESPAÑA CON PIO XII

Otra noticia de carácter universal viene a hacer vibrar de


prometedoras esperanzas a la España nacional. El día 2 de
marzo es elegido «urbi et orbi» Papa Pío XII el cardenal
secretario de Estado, Eugenio Pacelli. Y Pacelli había dado
muestras reiteradamente de profunda simpatía por el Alza- i
miento Nacional.
El Caudillo, muy creyente y muy reconocido, envía aí
Vaticano una misión extraordinaria presidida por Raimun­
do Fernández Cuesta. La prensa igualmente, en sintonía
perfecta con el sentir del Generalísimo, rinde al nuevo Papa
un sincero homenaje de adhesión. Con este motivo los pe­
riódicos recuerdan párrafos de sus alocuciones en favor de
los españoles. Uno de estos párrafos, por ejemplo, es el
siguiente de unas declaraciones suyas del 31 de diciembre
de 1938:
<El triunfo en esta lucha no es dudoso. Es la lucha de
Cristo con sus enemigos más encarnizados. Cristo triunfará
en España para bien del mundo entero». Esto era tanto
como confesar que en España la Iglesia, Cristo, estaba sos­
teniendo una lucha ardua contra sus peores enemigos. Y en
esta lucha la Iglesia era capitaneada por un auténtico hé­
roe, cristiano de cuerpo entero, que se llama Francisco
Franco.
La prensa reproduce asimismo, entre otras fotografías,
una de Pacelli en Castelgandolfo rodeado de católicos espa­
ñoles escapados de las matanzas del Frente Popular. De
ellos reconoce que «han sufrido mucho por el nombre de
Jesús y por la profesión de la fe. Son reliquias —dice— de
una multitud dispersa, reliquias de destrucciones impías y

- 276 -
sacrilegios que todavia hum ean de sangre e incendios». Jus­
tamente por estos días se descubre en M oneada el cadáver
del obispo de Barcelona, monseñor Irurita, y se ha descu­
bierto acribillado a balazos. Apareció junto a otros muchos
asesinados: sacerdotes y seglares. Y fue identificado por
algunos restos de sus prendas episcopales. Estos fusilamien­
tos sucedieron el 3 de diciembre de 1936.
Otro personaje del catolicismo español, cuya labor reper­
cutirá en el m undo entero, tam bién está en Burgos. Al mis­
mo tiempo que com parte las vicisitudes del Alzamiento,
consolida los cimientos de su O bra, el Opus Dei. Es don
José M aría Escrivá de Balaguer. «El fundador del Opus
Dei es un sacerdote muy digno. El tam bién contribuye al
triunfo de nuestras armas con su oración y predicación»,
opinó Franco ante ciertos individuos, que no le compren­
dían. Don José M aría llegó a Burgos a primeros de 1938,
tras su respectivo calvario por la zona republicana.
Como otro fruto de la arm onía en las relaciones de Igle­
sia-Estado, el Boletín Oficial publica el 4 de marzo una
nueva ley. Esta ley consiste en eximir de toda contribución a
los edificios y com unidades religiosas y centros católicos y
eclesiásticos. La República los había gravado con onerosos
tributos.

PIO x n CON FRANCO

Uno de estos días, a petición del Papa, Gomá se entrevis­


ta largo y tendido con Pío XII. La delicada situación espa­
ñola y la curiosidad del Pontífice por conocer detalladamen­
te la conducta de Franco en toda su trayectoria lo reque­
rían.
El Primado español recordó al Papa las *nefastas leyes»
de la República contra la Iglesia y la persecución salvaje
desatada contra todo signo religioso cuando estalló la con­
tienda. Le narró las espantosas torturas y asesinatos cometi­
dos contra monjas, frailes, sacerdotes y obispos. Gomá aña­
dió:
—Las izquierdas decían: «Son curas y esto basta para
matarlos a todos». Allí, en España, se ha matado a hom-
bres hasta por el solo hecho de parecerse físicamente a
algún sacerdote. Tal sucedió con un seglar al cual, por
parecerse al director del Opus Dei, le ahorcarón en Madrid
frente a la casa de éste, según me ha contado en Burgos don
José María Escrivá de Balanguer. De infinidad de católicos,
víctimas de aquel terror, se podía decir otro tanto.
Tanta crueldad y sadismo, como prodigó la izquierda en
España aquellos años, hicieron exclamar, horrorizado, al
Santo Padre.
—¡Increíble! ¡Increíble en un país civilizado, aunque en
él gobierne una república atea! ¡Increíble!
El Cardenal siguió hablando de los muchos templos des­
truidos, de las riquísimas obras de arte e imágenes quema­
das, del manto de ochenta mil perlas de la Patrona de
Toledo, su sede episcopal, y mil valiosas joyas más robadas
de las catedrales por el mismo Gobierno republicano... «Y
de todas estas atrocidades, Santidad —agrega el Carde­
nal—, nos está librando Franco».
— ¡Qué pena! ¡Increíble! —repetía Pío XII moviendo la
cabeza con pesar y, tras una breve pausa de silencio dolo­
rido, preguntó—: ¿Y de Franco qué opina?
—De los antecedentes religiosos de Franco yo también
me he preocupado de indagar por sus capellanes castren­
ses, y la información que he recibido es la de ser un hombre
ejemplarísimo.
—¿De verdad? ¿Por qué?
—Sencillamente, porque cumple con solicitud sus deberes
de buen hijo de la Iglesia. El capellán que tiene le sigue a
todas partes e, incluso, en los frentes de batalla celebra en
una rulot la eucaristía en la que participan con gran fervor el
Generalísimo y los que le acompañan. Con ningún obispo
había sostenido antes de la guerra amistad alguna. Sin em­
bargo, con cuantos ha tratado ahora, durante la guerra, se
ha mostrado respetuosísimo, acogedor y muy cortés. Como
conmigo. Nos escucha con suma atención y nos concede
cuanto le pedimos. Ha rectificado con humildad plausible
algunos conceptos equivocados que tenía respecto a las re­
laciones Iglesia-Estado y otros temas, de lo que yo soy testi­
go cualificado. A propuesta nuestra, ha derogado las leyes

- 278 -
Justo Barcón Cánovas,
destacado tenor de
El Ferrol del Caudillo,
que en su infancia y
juventud conoció muy de
cerca a la madre de
Franco, de la cual habló al
Cardenal Gomá en 1938 y
en el presente al autor de
este libro.

sectarias de la República. A un periodista extranjero le de­


claró que en la nueva España todas las universidades serían
católicas. La enseñanza prim aria está supervisada por la
Iglesia. Quiere que todo su gobierno esté inspirado en la
doctrina de la Iglesia.
—Su Eminencia me está dejando asombrado y sorprendi­
do. No conozco ningún Jefe de Estado que sea mejor. Real­
mente que es ejemplarísimo. La Iglesia española con Franco
estará de enhorabuena.
—En efecto. No cabe duda.
—¿Y de su vida privada qué se comenta?
—Se comenta que también es extraordinario. No bebe ni
fuma. Es sobrio y austero. Es incansable en el trabajo. Es
un hombre que adora a la familia, que se desvive por los
soldados y por quienes están a su alrededor y necesitan
algo. Varias personas me han referido que la madre del
Caudillo fue una santa. Unos días antes de venirme a Roma,
cierto señor ferrolano, don Justo Barcón, me lo confirmó
con diversos datos. De joven, fue catequista en uno de los
barrios más modestos de El Ferrol. De adulta, llegó a ser
presidenta de las señoras encargadas de la administración
del Santo Hospital de Caridad. Y siempre dispuesta a
cooperar en su parroquia. Vamos, una auténtica mujer es­
pañola.
—Sus impresiones me están produciendo una gran satis­
facción, Eminencia. Seré un admirador del Caudillo de Es­
paña. ¿Pero cómo enjuicia la dura represión y crueldad de
que le acusa a Franco la izquierda?
—Debo participarle que, en cuanto a la persona del
Caudillo, nada de eso es verdad. Como sus enemigos, que
también son enemigos nuestros, no pueden vencerle con las
armas, tienen que recurrir a la mentira y a la calumnia para
matamos así en la buena estima con que otros nos pudieran
honrar.
—Es triste. Pero así se suele reaccionar. Es el recurso al
pataleo, como se dice vulgarmente, que en este caso, se
vierte en calumnias y más calumnias.
—Afirmo que, en cuanto a la persona de Franco, esas
acusaciones son falsas, porque Franco es un caballero en
quien no cabe la ruindad de la venganza. Franco es un cató­
lico. cuyos principios evangélicos le impiden todo lo que no
sea justicia. Franco es todo un patriota, para quien no exis­
ten derechas ni izquierdas sino todos españoles. De no ser
así la guerra, que ya está ganada, hubiera terminado hace
tiempo. Si no hubiera preferido respetar la vida de los ciu­
dadanos antes que la vanagloria de haber triunfado rápida
y brillantemente, lo que hubiera logrado a fuerza de bom­
bardeos, como le aconsejaban Hitler y Mussolini, la guerra
hubiera durado sólo un año. Unicamente ha ordenado sen­
tenciar a quienes se declaren criminales convictos y confe­
sos, a los que tengan las manos manchadas de sangre. En
definitiva, lo que se manda en todos los códigos del mundo.
Son miles los fugitivos a Francia que están regresando ya. Y
esto lo sé por palabras dirigidas a la Cámara de Francia por
el Ministro del Interior el día 14, según los periódicos. Y
por boca del mismo Franco sé, en secreto, que a muchos de
los condenados a muerte se les conmutará la pena capital
por la de cadena perpetua y ésta, al poco tiempo, se les
reducirá a treinta años, y para el cuarenta y cinco poco más
o menos supone que todos los presos a causa de la guerra

- 280 -
estén en la calle.
—Lo entiendo, máxime conociendo la historia de los últi­
mos años de España.
—Efectivamente, los últimos años de España que se re­
montan al período en que entra a gobernar M aría Cristina,
esposa de Fernando VII, hace algo más de cien años. Desde
entonces hasta ahora, todo han sido humillaciones por p a r­
te de los políticos contra la Iglesia y contra nuestras sanas
costumbres tradicionales. Con raros paréntesis de años de
respiro para la Iglesia, los demás han sido de persecución
más o menos solapada, pero de persecución, que ha desem­
bocado en esta auténtica cruzada. Necesitábamos liberarnos
de cien años o más de males y, gracias a Franco, lo vamos a
conseguir. Tenga en cuenta que Franco va a encomendar
los cargos de máxima responsabilidad política a hombres de
probado catolicismo, que es tanto como decir que los va a
poner en manos de la Iglesia. ¿Qué más podemos desear?
—Pero el que la Iglesia deba estar de enhorabuena con
Franco, esto no impide que tengamos que lam entar y reco­
nocer que en toda guerra haya venganzas terribles.
—Desde luego. Y también reconozco que pagan justos
por pecadores. Mas Franco es ajeno por completo a todo
esto, como lo somos los obispos, a los que se nos acusa de
connivencia con el Caudillo en la represión y no hacemos
otra cosa que invitar a la moderación. En las primeras ciu­
dades que se conquistaron, la represión sí que respondió con
dureza a la durísima represión que antes había fomentado
allí la izquierda. Tal es el caso de Badajoz y Málaga. Pero,
así y todo, Franco fue ajeno a esta represión que se llevó a
cabo por cuenta y riesgo de otros generales, así como fue
ajeno a la ejecución de los sacerdotes separatistas vascos. La
prueba está en que, a partir de conocer Franco estas noti­
cias, se suspendieron las ejecuciones de sacerdotes y des­
pués de cada victoria ha insistido y reiterado moderación y
perdón con los vencidos y el peso de la justicia sólo para los
criminales, independientemente de la guerra. Lo que igual­
mente es inevitable es que los hijos de padres y abuelos ase­
sinados no maten por su cuenta no sólo a los verdugos de
éstos, sino también a sus cómplices e incluso familiares. Y
como comprenderá, Franco es sgeno a estas venganzas. To­
do esto no obstante, también son muchos los hijos de marti­
rizados que han perdonado a sus enemigos. Y encima están
dando de comer ahora a los hijos de éstos que han muerto
en los frentes rojos, han huido al extranjero o están en la
cárcel.
Tanta admiración suscitaron las impresiones de Gomá en
Pío XII que le rogó comunicara a Franco y a los españoles
sus más efusivos sentimientos de afecto y adhesión a la noble
causa que defendían. Y el Cardenal así lo hizo en la carta
que escribió al Caudillo el 19 de marzo:
«Después de su coronación, me dijo el Papa: “Sírvase
transmitir al Generalísimo Franco m i bendición con mis
mejores afectos y con los votos más fervientes que form ulo
para el pronto triunfo de las armas españolas; y a la noble
nación española exprésele todo el amor que por ella siento
en las formas más expresivas que pueda hallar».
El sucesor de Pedro, Su Santidad Pío XII, no podía ser
más explícito en su admiración y afecto paternal por el Cau­
dillo de España, Francisco Franco Bahamonde.
¿Acaso habrá algún católico de ahora en adelante que ose
afirmar lo contrario de lo que declaró el Cardenal Primado
de España y ratificó al Papa en favor de Franco? Pasados
varios años, le proclamaría “Hijo predilecto de la Iglesia ” y
otorgaría el máximo galardón de la Santa Sede a los jefes
de Estado católicos proclamándole «Caballero de la Milicia
de Cristo».
¿Acaso el Cardenal Primado y el Santo Padre eran tan
viles y contemporizadores que, porque Franco era el vence­
dor de España, se uncen a su carro, servirles, cobardes,
aduladores?
¿O acaso es que, sencillamente, pidiendo a Dios la victo­
ria para Franco y premiándole con sus honores cumplían
con el sagrado deber de hacer justicia dando a Franco lo
que el Jefe del Estado español se merecía?
LA REPUBLICA, REMATADA Y ABANDONADA
POR SUS JEFES

En la zona republicana, Negrín se vuelca en honores y


ascensos para los más sobresalientes miembros del PCE. A
su vez destituye a los más conspicuos militares republicanos
de sus altos cargos. Como siembra vientos no tarda en reco­
ger tempestades. Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de
Ejércitos reprocha a Negrín «su traición en Cataluña, oro y
orgías...» y denigra por radio «la actitud absurda y alevosa
de Juan Negrín, gobernante indigno de los combatientes y
de los trabajadores».
Los destituidos se alian con socialistas y anarquistas y
crean el 5 de marzo el Consejo de Defensa de la República.
Su cerebro es el ilustre socialista Julián Besteiro, aunque lo
presiden el coronel Casado y el general Miaja. El Consejo
de Defensa es todo un golpe de estado contra el Gobierno
legítimo de Negrín y los comunistas que lo am paran.
Los socialistas, anarquistas y militares del Consejo con
este motivo se han tornado conspiradores y golpistas. En la
República ya no existe más gobierno que el suyo. Se decla­
ran anticomunistas furibundos. La primera medida que to­
man es la ilegalización del PCE y prohíben el saludo con el
puño cerrado, los emblemas con la hoz y el martillo, las
estrellas rojas en los uniformes, todo lo que huele a comu­
nismo. Incluso dictan órdenes para que sean encarcelados,
en cuanto se pueda, Negrín, la «Pasionaria» y todos sus
colaboradores.
Sobre lo que sucede a continuación, leemos a Hugh Tho-
mas en su historia de «La Guerra Civil Española»: «La “P a­
sionaria” y Manuel Delgado, que se encontraban en Murcia,
se dirigieron a Elda para informar de lo ocurrido a Negrín;
por el camino se libraron con apuros de ser detenidos por
un piquete de guardias de asalto enviados por el gobernador
socialista de Murcia, Eustasio Cañas, que había dado órde­
nes de detener a los comunistas para apoyar a Casado*.
En Elda, cabeza de partido judicial de Alicante, reside
ahora mismo el Gobierno legal de la República.
Al día siguiente, 6 de marzo (seguimos leyendo a Hugh
Thomas al pie de la letra y valga la reiteración): «el subco-
misario Castro Delgado y el comisario Delage salieron se­
cretamente de Madrid para preguntar a la dirección del
partido comunista si podían ordenar a las divisiones comu­
nistas que marcharan sobre la capital. Descubrieron a la
«Pasionaria*, Líster y Modesto en una espléndida casa de
campo en las inmediaciones de Elda, convertida en hotel
regentado por el poeta Alberti y su mujer, María Teresa
León. Se servían opíparas comidas»...
Los negrinistas, en otros tiempos tan poderosos, habían
quedado reducidos a un pequeño grupo de ministros comu­
nistas sentados, como su jefe, en una casa de campo, pre­
guntándose cuál sería el medio más idóneo para llegar a
París... Casado, por su parte, estaba intentando detener al
Gobierno y a los dirigentes comunistas para entregárselos a
Franco como trofeos... Negrín se reunió con su estado ma­
yor y los dirigentes comunistas en la pequeña base aérea de
Monóvar, a pocos kilómetros de Elda...
»Líster, encargado de organizar la defensa del aeropuerto
con sólo 80 guerrilleros, mientras el Gobierno estaba prepa­
rando su marcha, vio cómo aquél empezaba a ser rodea­
do... Ya no esperaron más, dando a España por perdida...
A las tres de la madrugada despegaron del pequeño aero­
puerto los tres últimos aviones del Gobierno de Negrín».
Repárese en cómo desaparece de España el gobierno de la
República legalmente constituido y violentamente suplanta­
do por el gobierno de un Consejo que se llama de Defensa y
está integrado por socialistas, anarquistas y militares. Quede
esto bien claro.
En Madrid, entretanto, comunistas y socialistas se enzar­
zan en una lucha despiadada. Desde el día 7 hasta el 12 de
marzo ensangrientan las calles de la capital. En esta guerra
civil, dentro de la gran guerra civil, los comunistas son ani­
quilados o apresados y pulverizada su influencia.
Los hombres del Consejo están orgullosos de la efímera
victoria. En su boca han exterminado el comunismo de la
República. Ya tienen laureles con que presentarse ante el
Caudillo y conseguir una rendición honrosa para ellos. Las
negociaciones se formalizan el 6 y se alargan hasta el 25 de

284 -
El dibujante
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Flechas de los
Reves Católicos. til
marzo. Pero como los representantes de la Junta de Defensa
aparecen hipócritas, no se aclaran y no entregan la aviación,
Franco zanja definitivamente las conversaciones. El día 26
ordena avanzar a sus ejércitos.
Y los ejércitos nacionales avanzan sin manipular apenas
las máquinas de la guerra. Son centenares los pueblos que
alzan las banderas blancas de la rendición a su paso. Dele­
gados de la UGT, del PSOE, de la CNT y de la Unión
Republicana instan, por Unión Radio, de Madrid, a sus
fuerzas armadas para que permanezcan resistiendo, valien­
tes e impávidas ante el enemigo, para que no deserten.
Prometiéndoles un porvenir glorioso. Pero todo fue en vano.
Son palabras inútiles que se lleva el viento.

- 285 -
El día 27 los soldados de la República se pasan por cente­
nares a la zona nacional en Madrid. El jefe del II Cuerpo
del Ejército Rojo, teniente coronel Zuleta, se apresura a in­
formar a Casado, según cuenta éste en sus Memorias de que
^algunos de sus batallones estaban en terreno de nadie con­
fraternizando con los nacionalistas con guitarras, botas de
vino, bailes y canciones, y dando vivas a Franco y mueras a
Rusia, a Negrín, a la “Pasionaria” ... Con objeto de que
volvieran a sus trincheras, el teniente coronel Zuleta había
visitado al jefe nacionalista del hospital Clínico, quien le
había manifestado que era inútil intentarlo, porque los sol­
dados habían hecho ya la paz».
Casado no esperó a más y se largó precipitadamente a
Valencia. Lo mismo que todos los ministros del Consejo de
Defensa, excepto Besteiro, a quien la tuberculosis que pa­
decía y la edad no le permitían correr.
El 28 de octubre las tropas del Generalísimo invaden las
calles de la capital de España cantando jubilosamente y
recibiendo los mil abrazos de los ciudadanos que llevaban
treinta y dos meses esperándoles. El delirio es similar al
experimentado en Barcelona y en las demás ciudades
salvadas.
El grito unánime de los vecinos de Madrid es: «¡Ya han pa­
sado! ¡¡Ya han pasado!! ¡¡¡Ya han pasado!!!», y desgarran
las pancartas y tiznan las fachadas en las que los otros escri­
bieron: «¡No pasarán!», «¡No pasarán!», «¡No pasarán!». Y
este grito le acompañan con el de «¡Franco, Franco, Franco!»
«¡Viva España!» «¡Arriba España!».
El comunista Simón Sánchez Montero, testigo de aquella
mañana, ha referido: «Entraron en Madrid sin tirar un solo
tiro, tranquilos, confiados de que ya no había resistencia...
y todos gritando: “¡Franco, Franco, Franco!” Inmediata­
mente empezaron a aparecer banderas y más banderas na­
cionales por todas partes y nadie se explica cómo pero tam­
bién se ven las calles de Madrid repletas de hombres que vis­
ten la camisa azul. ¿Serían verdaderos falangistas? Los his­
toriadores dicen que pasaban de 50.000.
A eso del mediodía, se diría que todo el pueblo de Ma­
drid estaba en la calle con los mismos cantos en los labios,

- 286 -
con las mismas aclamaciones, con los mismos vítores en
honor a Franco, y con las mismas frases ponderando su
valor y su inteligencia.
A la una de la tarde, Ríos Capapé anuncia con voz sono­
ra y emocionada por Unión Radio a toda la nación: «Españo­
les, Madrid ya es de Franco». Y otra vez los repiques de
campanas, las manifestaciones de las masas por las plazas,
los Tedeum en las iglesias...
Por fin, el 29 vuelve a nacer el «ABC» y renace exhibiendo
en su portada un retrato del Caudillo, realizado por Váz­
quez Díaz, debajo del cual se lee: «¡Gloria a Franco! ¡Fran­
co» Franco, Franco, Franco!... Franco, los corazones de
°dos los españoles tienen un altar para su nombre». Asi­
mismo, este día salen los diarios de inspiración netamente
eclesiástica«El Debate» (por primera y última vez) y e l «Ya»,
El 30 de marzo se embarcan en el buque británico «Galatea»
los últimos miembros del Consejo de Defensa. Un momento
antes, Casado autoriza la disolución de todos los ejércitos
republicanos, y el jefe del GREC, Matallana, dirige al Gene­
ralísimo este telegrama: «Jefe Estado Mayor Grupo Ejércitos
de la República a autoridades nacionales, Madrid. En este
momento abandona España Consejo de Defensa. El General
Matallana, Jefe del Grupo de Ejércitos se pone a las órdenes
del Generalísimo para la entrega total de la zona roja. Espero
instrucciones». Así murió la II República española: destruida
y abandonada por sus mismos dirigentes. A sus mentes tal vez
acudieran las palabras de la madre de Boabdil a su hijo
cuando perdió Granada: «Y ahora llora como mujer ya que no
supiste defenderla como hombre».
HA LLEGADO LA PAZ

LA GUERRA HA TERMINADO

El 30 y el 31 de marzo, las columnas de Franco, «al paso


alegre de la paz», se van haciendo cargo de las ciudades,
pueblos y plazas que faltan por ocupar, y en el mismo
mediodía del 1 de abril, eliminados algunos focos desespe­
rados de resistencia en Alicante, queda definitivamente re­
dimida España para una nueva era de su historia.
Mediada la tarde, el Caudillo redacta el último parte de
guerra. Es el único que redacta y firma él mismo, y lo efectúa
aquejado de la única afección gripal que ha padecido en
toda la guerra. La voz de Fem ando Fernández de Córdoba es
la voz privilegiada que lo transmite por el micrófono de
Radio Nacional. Parece que su voz está poseída de una ca­
dencia singularísima, casi sobrenatural. Va a lanzar la noti­
cia de la que han estado más pendientes España y el m undo
entero. Héla aquí:
«Parte oficial de guerra del Cuartel General del Generalí­
simo correspondiente al día 1 de abril de 1939. Tercer año
triunfal.
En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo ,
han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos
militares.
LA GUERRA HA TERM INADO
Burgos, 1 de abril de 1939. Año de la Victoria. Firmado:
Franco. ¡Viva España! ¡Arriba España!»
En el mismo preciso instante en que acaba de leerse el
Parte, desde la Santa Sede, desprende el vuelo en direc-

- 289 -
ción a Burgos el primer telegrama de felicitación:
«Levantado nuestro corazón al Señor, agradecemos since­
ramente con Vuestra Excelencia deseada victoria católica Es­
paña, hacemos votos porque este queridísimo país, alcanza­
da la paz, emprenda con nuevo vigor sus antiguas cristianas
tradiciones que tan grande la hicieron. Con estos sentim ien­
tos efusivamente enviamos a Vuestra Excelencia y a todo el
noble pueblo español nuestra apostólica bendición. Pius Pa­
pa XII».
El Caudillo, consciente y conmovido por la diligencia en
felicitarle y muy reconocido por las oraciones con que la
Madre Iglesia le ha ayudado a triunfar, contesta inmediata­
mente:
«Intensa emoción me ha producido paternal telegrama de
Vuestra Santidad con motivo victoria total de nuestras ar­
mas, que en heroica cruzada han luchado contra enemigos
de la religión, la patria y la civilización cristiana. El pueblo
español, que tanto ha sufrido, eleva también con su Santi­
dad su corazón al Señor que le dispensa su gracia y le pide
protección para su gran obra del porvenir, y conmigo ex­
presa a Su Santidad inmensa gratitud por sus amorosas fra­
ses y por su apostólica bendición que he recibido con reli­
gioso fervor y con la mayor devoción hacia Vuestra Beati­
tud. Francisco Franco, Jefe del Estado Español».
El Rey don Alfonso XIII y su hijo don Juan de Borbón,
desterrados por la República, también se suman con dili­
gencia a las felicitaciones que se envían a Franco.
El Rey, al mismo tiempo que le comunica su más cordial
enhorabuena, pide para él la Laureada de San Fernando.
En telegrama, fechado el 1 de abril, don Juan se expresa
así:
Uno mi voz nuevamente a la de tantos españoles para
felicitar estusiasta y emocionadamente a V.E. por libera­
ción capital de España. La sangre generosa derramada por
nuestra mejor juventud será prenda segura del glorioso por­
venir de España, Una, Grande y Libre. ¡Arriba E spañ a!
Juan de Borbón».
El Cardenal Goma, que sigue en Roma, remite asimismo
su telegrama, que es el dictamen oficial y solemne de la

- 290 -
Iglesia española en honor al Caudillo: «...Dios ha hallado
en V.E. digno instrumento de sus planes providenciales so ­
bre la Patria».
El político inglés, Sir Henry Page Croft, que en 1938
había calificado a Franco en la Cámara de los Comunes de
«Valiente Caballero Cristiano», ahora aplaude su victoria
ante la misma Cámara con estas palabras: «Debemos felici­
tar al Caudillo de España porque con su triunfo definitivo
ha rendido un servicio excepcional a la causa de la civiliza­
ción cristiana en el mundo, y se ha revelado como uno de
los genios de la historia venciendo en cuantos campos de
batalla le presentó cara el enemigo».
El pensador francés, sacerdote, Michoneau, manifestó:
«El caso del Generalísimo español se parece mucho al del
emperador Constantino: ambos han sacado a la Iglesia de
las catacumbas».
De los Estados Unidos y de Canadá llega igualmente al
Generalísimo un mensaje enviado por los católicos de Nor­
teamérica congratulándose por su victoria sobre los enemi­
gos de Dios, de la Iglesia y de la Patria y ofreciéndole sus
servicios en pro de los niños españoles deportados a países
extranjeros:
«Nosotros, los abajo firmantes . presentamos las mú¿ ex­
presivas congratulaciones a Su Excelencia el victorioso Cau­
dillo y Jefe del Estado Español por haber salvado la civiliza­
ción cristiana y le ofrendamos nuestros humildes senecios
en pro de todos los niños españoles violentamente arranca­
dos de sus hogares y del suelo de su Patria».
Joaquín de Navasal y Mendiri, catedrático de Historia en
la Universidad de Santiago de Chile, en nombre de la mis­
ma. firma el siguiente telegrama al Jefe del Estado español:
t i espíritu inmortal de la raza ha surgido de nuevo porque
ha sabido vencer para proseguir su destino histórico gracias
a la experta e ilusionada dirección de V.E. Vuestra heroica
epopeya es digna de permanecer grabada en caracteres de
(>ro. Habéis emulado con vuestra prudencia, energía y valor
u los más grandes capitanes de la historia española y uni­
versal. La Hispanidad se sentirá orgullosa de V E . El claus­
tro de profesores de la Universidad de Santiago de Chile,
heredera de su glorioso pasado histórico, con este motivo,
rinde a V. t \ el homenaje más fen'omso de admiración y
envía la m ás sincera enhorabuena. ¡ Viva España!».
V como éstos son innumerables los testimonios de ecle­
siásticos. políticos, militares e intelectuales de todo el mun­
do. que se agolpan en el despacho de Franco, expresándole
su parabién, admiración, adhesión y ofrecimiento. De todo
el mundo menos de los gobiernos de Rusia y Méjico, aun­
que muchas personalidades e instituciones mejicanas sí que
acudieron a la cita.

FRANCO, COMPENETRADO CON EL PUEBLO


Y LA IGLESIA

A pesar de la gripe que le obliga a guardar cama, Franco


se preocupa de estar informado de todo. Principalmente de
la situación de los habitantes de Madrid y de las demás
ciudades recién liberadas. Y todos los informes coinciden en
que desgraciadamente los vecinos de estas poblaciones se
hallan harapientos, hambrientos, en la miseria más deplo­
rable física y moral. El Caudillo, conmovido, al instante
ordena que se les asista con generosidad, «sin distinguir
entre izquierdas y derechas, mirando a todos como a her­
manos españoles».
Auxilio Social, la maravillosa obra benéfica del Movi­
miento. que dirige con sublime celo cristiano la Sección
Femenina de F.E.T. y de las JONS, entra inmediatamente
en acción. A través de sus tres secciones: Comedores, Coci­
nas de Hermandad y Obra de Protección a la Madre y al
Niño, despliega una labor humanitaria como no se había
conocido nunca en España. En las primeras jornadas de la
liberación, sólo en .Madrid, se distribuyen cada día alrede­
dor de 750.000 raciones de comida caliente. Se recoge a los
niños abandonados y perdidos por las calles. Se abren los
colegios nacionales que había descuidado la República. Se
reorganiza el trabajo en los talleres, oficinas y fábricas...
«¡Qué distinto es este Franco al que nos describían los
jefes rojos! exclamábamos los vecinos pobres —nos han re­
ferido algunos testigos de aquella época—. Los g erifa ltes
Con la
Victoria se
vuelve a celebrar
ya en toda
España la
Semana Santa,
aunque en
algunas
poblaciones los
vecinos tienen
que servirse de
las imágenes
mutiladas que
dejó la República
abandonadas en
cuartos
trasteros.

republicanos nos atosigaban con las m entiras de que Franco


nos ib a a m atar a todos si pasaban sus soldados. Y luego re­
sultó qu e venía a salvarnos. ¡Cuantísima diferencia no ha­
bía entre las "pídoras de Negrín" y las com idas que nos
duba Franco. Llam ábam os entonces "píldoras de N egnn a
lus lenti jas duras y cocosas, que nos había p ro porcion ado la
República para no m orir de ham bre. Y fu im o s m u ch ísim os
h>s qu e nos volvimos más fran qu istas que el p ropio Franco y
en el Desfile de la Victoria le aplaudim os y vitoream os más
<iue nadie, hasta enronquecen>.
K1 2 de abril la Iglesia celebra el Dom ingo de Ram os. La
Semana Santa se conmemora en toda España con asombro-
asistencia de fieles. Lo mismo que toda la gente presume
ser muy franquista también presume de ser muy católi-
ca' apostólica y romana. Hacen acto de presencia en los
diversos cultos hasta los símbolos patrióticos bajo cuyos ful-
gores las fuerzas nacionales establecieron en la nación el
Reinado de la Cruz. Estos símbolos son la bandera nacio­
nal, la carlista y la falangista; la cruz de San Andrés, el
Yugo y las Flechas... Es como todo un preludio de que en
España estarán ya al servicio del Reinado de Cristo la políti­
ca y la espada.
El Generalísimo se recupera de la enfermedad y su pri­
mera visita es para rezar ante los monumentos que se han
erigido al Santísimo Sacramento en los templos de Burgos.
Es la tradición inmemorial que se vive en España desde el
Jueves Santo al Viernes Santo.
Después de la Semana Santa, el trabajo del Caudillo de
nuevo es agotador. Contesta telegramas y cartas, recibe visi­
tas. acude a reuniones y recorre las regiones españolas. Hay
que reconstruirlo todo. Ocupado en esta tarea, Franco se
encuentra con la grata sorpresa del radio-mensaje que el 16
de abril dirige el Papa a los españoles: «Con inmenso gozo,
nos presentamos a vosotros, hijos queridísimos de la católi­
ca España, para expresaros nuestra paternal congratulación
por la paz y la victoria con que Dios se ha dignado coronar
el heroísmo cristiano de vuestra fe y vuestra caridad»...
Aludiendo a este mensaje de Pío XII, por si acaso alguien
dudaba todavía de ello, comentaría en «La Gaceta del Nor­
tev el Cardenal Gomá: «La alocución pontificia a los espa­
ñoles es, ante todo, una rotunda afirmación de la solidari­
dad de la Santa Sede con la España nacional».
La Conferencia de Metropolitanos se reúne en Toledo del
2 al 5 de mayo. Los prelados deliberan sobre la oportunidad
que les ofrece la brillantísima victoria que aún están feste­
jando, y la aprovechan para extirpar ahora las lacras o
vicios que el pasado siglo de liberalismo había introducido
en las costumbres religiosas de algunos pueblos. Con su
respetadísima influencia lo consiguen todo. A instancias de
numerosos sacerdotes que lo estaban deseando, tratan de si
procede la aprobación de permitirles que se afilien a la
Falange y deciden afirmativamente.
El Generalísimo ha instalado a los obispos españoles en
la cumbre de su máxima libertad de acción en las diócesis y
a los sacerdotes en sus pueblos. La evangelización y moraíi*

- 294 -
zación de costumbres alcanzarán en los fieles límites insos­
pechados. «En los pueblos mandan los curas» fue una frase
muy normal.

EL DESFILE DE LA VICTORIA

Con el aplauso de todas las naciones, excepto Rusia y


Méjico; con todas las bendiciones de la Iglesia Católica; con
las aclamaciones de todos los españoles, Francisco Franco
Bahamonde aparece en M adrid el 19 de mayo. Es el Jefe del
Estado, el Caudillo de España y Generalísimo de todos sus
ejércitos. Va a tom ar posesión oficial de la capital de Es­
paña.
Madrid se viste de fiesta al máximum de sus posibilida­
des. Colgaduras en los balcones, guirnaldas en las calles,
alfombras de flores en el paseo de la Castellana. Con todos
los honores, Franco se dispone a recibir el más importante
de los homenajes que le está tributando España.
España entera es un bosque de brazos alzados en ademán
de oración, de acción de gracias y de paz. Más del medio
millón de ciudadanos va a presenciar el transcendental
acontecimiento.
Á las nueve menos cuarto de la m añana, el Caudillo, con
uniforme militar y camisa azul, llega a la tribuna instalada
en el paseo de la Castellana. Bajo la boina roja de los
requetés, su cara refleja el gozo del triunfo. Queremos sub­
rayar que en la tribuna presidencial, a la derecha de Fran­
co, está el Eminentísimo y Reverendísimo Señor Don Isidro
Gomá, Cardenal Primado, junto con el Gobierno.
El locutor de Radio Nacional inicia su retransmisión reci­
tando la marcha triunfal de Rubén Darío «Ya viene el cor­
tejo».
El único General Bilaureado del Ejército Español, don
José Enrique Varela Iglesias, con honda emoción, impone
al Generalísimo la G ran Cruz Laureada de San Fernando,
ksta imposición la había solicitado don Alfonso XIII, el
Ayuntamiento de M adrid y otras muchas instituciones, que­
dando aprobada por unanim idad en el pleno del Consejo de
Ministros anterio:.
Luego viene el desfile que dura cinco horas. Ante el Cau­
dillo y España desfila toda una legión de jóvenes españoles
heroicos, sacrificados, valientes, religiosos... Sus rostros es­
tán curtidos por todos los soles y los hielos de los frentes de
la guerra. Su paso marcial levanta oleadas de entusiasmo en
los corazones de las gentes que les aclaman con frenesí.
Suman 150.000. Les acompañan por tierra 3.000 camiones,
1.000 carros de combate, 3.000 ametralladoras y por el cielo
600 aviones, que escriben la palabra FRANCO:
Esta parada militar, que se llama, y con suma razón, el
Desfile de la Victoria, es un espectáculo asombroso. «Este
desfile —afirmará Giménez Caballero en "A rriba ”— ha si­
do un milagro. Un milagro que sólo tiene un nombre:
, Franco, Franco. Franco!*.
Y no cabe duda que este ejército imponente comparado
con el insignificante que el 18 de julio de 1936 emprendió la
ingente empresa de liberar a España, y el hecho de estar ya
en Madrid, firme y seguro, es un milagro. Pero un milagro
que sólo pudo realizar Franco por la fe y la confianza en su
mando que supo despertar en españoles y extranjeros.
El Desfile de la Victoria constituyó la apoteosis del Jefe
del Estado Español como militar y como político. Es el
hombre carismático por antonomasia». Así coincidieron en
calificarlo todos los periódicos del mundo.
Durante todo el resto de la jornada, grupos de adultos
y jóvenes, con camisa azul y sin ella, pasearon con las ban­
deras del Movimiento y retratos de Franco y José Antonio
por las calles de Madrid, llenándolas con las notas de sus
vibrantes cantos y el grito jubiloso de «¡Franco, Franco,
Franco!-.
Otro, ante éxito semejante, se creería un semidiós —es­
cribe el historiador francés Claude Martín—. Franco en
cambio era demasiado católico para abandonarse a la ten*
(ación del orgullo que acecha a los políticos y a los militares
favorecidos por la suerte».
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Francisco Franco Bahamonde en el cénit de su gloria recibe el
homenaje emocionado de España entera. El Desfile de la Victoria
~ / 9 de mayo de 1939— es su mejor expresión. Franco por méritos
propios y singulares ha llegado a ser Jefe del Estado, Caudillo de España.
Generalísimo de sus Ejércitos y Jefe Nacional del Movimiento. Por haber
obrado siempre según la Iglesia nosotros hov le atribuimos el titulo de
HEROE CRISTIANO EN LA GUERRA, como lo seguirá siendo en ¡a
Paz durante cerca de cuarenta años, más que ningún otro hijo de España.
ACCION DE GRACIAS

Por esa misma razón, porque este héroe, al que estamos


contemplando en el cénit de su gloria conoce su fragilidad
humana, porque sabe que todo se lo debe a Dios y sin Él no
puede alcanzar nada, acude a su Iglesia. Ahora hay que
celebrar un acto de gratitud a Dios. De acuerdo con el
Cardenal Gomá, decide que este acto se realice en el templo
de Santa Bárbara, de Madrid, al día siguiente del Desfile
de la Victoria. Puesto que público ha sido el favor, pública
debe ser la acción de gracias.
20 de mayo. Día de Acción de Gracias. Nosotros vamos a
recordar este acontecimiento de mano de la revista «Hechos
v Dichos» de aquel mes.
El encabezamiento del artículo consultado reza así: «La
Victoria de España. Franco rinde su espada a los pies del
Cristo de Lepanto».
El acto tuvo lugar en Madrid, en la iglesia de Santa
Bárbara, a las once de la mañana del día 20 de mayo de
1939.
La ceremonia fue de marcada forma tradicional y de ex­
traordinaria unción religiosa.
En el altar mayor se había colocado el Cristo de Lepanto,
traído de Barcelona y milagrosamente salvado de la horda
roja. A un lado se veía el Arca Santa, de Oviedo, y al otro la
Virgen de Atocha.
Más de cinco mil Flechas y Pelayos, chicos y chicas de la
Falange, escoltaron la llegada del Caudillo, entre el clamor
de la multitud que aquí se vuelve a congregar. Se presenta a
las once menos cuarto.
Infinidad de palmas traídas de Levante se agitan en el
aire; la artillería dispara salvas y las campanas que han
quedado en las torres repican por toda la ciudad.
El Generalísimo, al que acompañan el Gobierno en pleno
e ilustres militares, es recibido por el obispo de Madrid-Al-
calá revestido de pontifical y con el ceremonial reservado a
los jefes de Estado cristianos. Bajo palio entra en el sagra­
do recinto a los acordes del Himno Nacional y permanece
junto a las gradas del presbiterio. Desde este lugar le salu-

- 298 -
dan con una inclinación de cabeza el Cardenal Prim ado, los
obispos y bastantes sacerdotes que le están esperando. En el
coro se encuentran los frailes benedictinos que han venido
•de Silos.
El obispo de M adrid-Alcalá entona el Tedeum solemne
que prosiguen todos los eclesiásticos y religiosos. A conti­
nuación, los benedictinos intrepretan, en un gregoriano
magnifico, antífonas, oraciones y bendiciones aprendidas en
un «Antifonario Mozárabe» del siglo primero de esta litur­
gia para casos similares a éste.
En el presente rito se formulan gracias al Altísimo por la
victoria que celebran y preces para que am pare y guíe al
Caudillo por días de paz y de gloria.
Después, el Generalísimo se adelanta y se postra ante el
Cristo de Lepanto. Recita muy devotamente una oración en
la que reitera el sentir de las anteriores plegarias y le ofrece
su espada, que recoge el Gran Cardenal Gomá. El Primado
le corresponde con su bendición: «El Señor sea siempre
contigo —le dice— , y Él, de quien procede todo derecho y
todo poder y bajo cuyo imperio están todas las cosas, te
bendiga y con su admirable providencia siga protegiéndote,
así como al pueblo cuyo régimen te ha sido confiado. Prue­
ba de ello sea la Bendición que te doy en nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo».
«Hechos y Dichos» finaliza su información con el párra­
fo siguiente:
«El Cardenal Gomá, después de im partirle la bendición,
le abraza. El momento es de una solemnidad inenarrable y
esta emoción en los asistentes no tuvo límites al ver que el
gran amado de su pueblo, que tantos laureles había alcan­
zado, abrazaba a la más alta Autoridad de la Iglesia en esta
España que nunca dejará de ser católica. El Caudillo no
pudo contener las lágrimas».

DESPUES...

Después de tantos laureles viene la prosa de la vida.


La guerra ha situado a España en el último puesto del
mundo dentro del concierto de las naciones. Es un país ex-

- 299 -
tenuado en todos los aspectos. El enemigo ha saqueado sus
tesoros, ha despojado a los bancos de sus riquezas, ha roba­
do a la patria cuanto ha podido y con ello ha huido al
extranjero.
Han quedado destruidos más de 200 centros de pobla­
ción, más de 250.000 viviendas, más de 250.000 toneladas
de flota mercante, alrededor de la mitad del material móvil
ferroviario y del parque automóvil, toda la ganadería de lo
que fue zona republicana y gran parte de su agricultura e
industria.
Es aterrador el panorama. Pero este panorama de desola­
ción se va a transformar gracias al nuevo Caudillo.
Franco, al ser investido como Jefe del Estado Español,
comprometió su palabra: «Mi paso será firme, mi pulso no
temblará y yo procuraré alzar a España al puesto que le
corresponde conforme a su historia... o moriré en mi em­
peño».
El Caudillo dicta sus leyes, afirma la paz y asegura el
trabajo a todos los españoles. Trabajo éste que se traduce
en asfaltar carreteras, crear autopistas, tender puentes so­
bre ríos, instalar nuevos aeropuertos y mejorar los existen­
tes. aprovechar el caudal de los ríos en pantanos, producir
energía eléctrica, abrir zonas de regadío, conducir el agua
potable a todos los pueblos, repoblar bosques, explotar
granjas, fomentar la ganadería, revalorizar la agricultura,
construir pueblos, ciudades, fábricas, talleres, polígonos in­
dustriales, iglesias, seminarios, colegios, universidades, po-
lideportivos, hospitales, residencias, hoteles, chalets y apar­
tamentos en las sierras y en las costas junto a las playas...
Había que levantar a España hasta que descollara entre las
diez primeras potencias industriales del mundo. Y transcu­
rridos de veinticinco a treinta años bien que lo consiguió.
Desde el punto de vista religioso, la reconstrucción mate­
rial de España, durante los años de Franco, alcanza metas
muy superiores a las de cualquier otra época de la historia.
Refiriéndose a este tema, don Valentín Pacheco Pérez,
canónigo y secretario de la Junta Nacional de Reconstruc­
ción de Templos Parroquiales, en el Ministerio de la Vivien­
da. en el reportaje emitido por TVE el 11 de febrero de
- 300 -
1966, explicó:
«Comparando la ayuda del Estado a la Iglesia en esta
época con otras de la historia de España y del mundo, diré
como fruto de m editado estudio y análisis serio que no ha
habido jam ás en España, ni en los tiempos de San Fernan­
do, ni de Isabel la Católica, ni de Felipe II; ni en toda la
historia universal, ni en los tiempos de Bizancio, ni de Car-
lomagno, ni de San Luis Rey de Francia, ni siquiera cuando
los Papas ejercieron el poder temporal, no existió un régi­
men o sistema de Gobierno que en este aspecto haya apoya­
do tanto a la Iglesia Católica como el del Generalísimo
Franco».
La Junta Nacional de Construcción de Templos fue crea­
da por Decreto del Generalísimo el 10 de marzo de 1941. La
Junta Nacional siempre tuvo presidentes excelentes y uno de
los más destacados, a partir de 1960, fue don Blas Tello y
Fernández Caballero.
Don Blas Tello fue un hombre de acrisoladas y firmes
creencias religiosas. Desde muy joven, estuvo vinculado a
las tareas del Gobierno por su erudición y competencia ju rí­
dica. Su labor en la dirección de este organismo, como en
todos los que se le habían encomendado, fue sobresaliente y
ejemplarísimo. Gracias a la generosidad de este insigne po­
lítico, muchos hijos de familias humildes pudieron acceder
a estudios superiores. Algunos ocuparían altos cargos. E n­
tre ellos está Licinio de la Fuente que llegó a ser ministro de
Trabajo. Otros también abrazaron el orden sacerdotal.
Independientemente de este cauce establecido por F ran ­
co para ayudar a la Iglesia expresamente en sus edificios,
permitió que igualmente le llegasen más donativos por otros
medios. Desde el Ministerio de Justicia por la Dirección
General de Asuntos Eclesiásticos. Desde Educación y C ien­
cia por la Dirección General de Colonización. Desde el de
Hacienda por la Dirección General del Tesoro. Y antes asi­
mismo desde el Ministerio de Gobernación y Secretaría G e­
neral del Movimiento.
Más de 5.000 templos, más de 200 conventos. 43 sem ina­
rios, 23 catedrales, los grandes monasterios, m onum entos
como el del Cerro de Los Angeles, muchas casas rectorales.

- 301 -
casas de Ejercicios Espirituales, casas de Formación Religio­
sa o de Caridad, infinidad de colegios de religiosos... se
vieron favorecidos por la munificencia de Franco en benefi­
cio de la Iglesia.
Desde otros ángulos, el auxilio prestado por Franco a la
Iglesia en el amplio abanico de sus apostolados y activida­
des humanitarias fue a la par inmenso. En todos los esta­
mentos de la vida militar, social, sindical, cultural, recrea­
tiva, deportiva estuvo presente la Iglesia por sus capellanes,
consiliarios, asesores religiosos, directores espirituales o
profesores de religión, y ninguno de ellos dimitió porque se
le impidiera el libre ejercicio de sus atribuciones.
¿Qué más podía pedir la Iglesia Católica a un Jefe de
Estado que no lo encontrara en Francisco Franco Baha-
monde y con creces?
Pero, por si esto fuera poco, la mayoría de los cargos de
más y menos responsabilidad en el Gobierno, por no decir
todos, fueron confiados a hombres de acreditada formación
y probidad religiosa. Hombres que se sentían plenamente
identificados con el espíritu de la Iglesia y de la doctrina de
los obispos españoles. Eran católicos practicantes proceden­
tes de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, de
la Acción Católica, del naciente Opus Dei, del alumnado de
la Compañía de Jesús o de otras órdenes religiosas.
Hasta tal extremo llega la compenetración entre la Ac­
ción Católica y el Movimiento Nacional, que el sacerdote
Vicente Enrique y Tarancón publicó, recién terminada la
guerra, un folleto titulado «Curso Breve de Acción Católica»
en el que decía: «El aspecto político de España ha cambia­
do. gracias a Dios, radicalmente. Los partidos políticos,
que fomentaron la división entre los españoles y que tan
funestas consecuencias produjeron, han sido suprimidos de
nuestra Patria. Hay una organización única, dirigida por el
Jefe del Estado, que reúne en sus filas a todos los españoles,
la Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Ella
merece la simpatía y el afecto de todos los buenos españoles
y de todos los católicos, y la A.C. debe mirar con simpatía
esta milicia y aún debe orientar hacia ella a sus miembros
(subrayado en el original) para que cumplan en sus filas con
los deberes que en la hora presente impone el patriotismo».
Seguramente Tarancón se expresara así por su caracterís­
tico talante oportunista que le acarrearía cargos y preben­
das hasta encumbrarle en la máxima dignidad de la je ra r­
quía eclesiástica española. M as esa era la verdad.

LOS PRIVILEGIOS DE LA IGLESIA A FRANCO

Alguien podrá objetar: Franco, si ayudaba a la Iglesia,


era para supeditarla a sus órdenes y obtener sus privilegios.
A estos tales nosotros les preguntamos: ¿Esa afirmación
no es pura demagogia? ¿No es propia de un revanchismo
ignorante y atrevido al máximo? ¿Qué legisló Franco o rea­
lizó que no estuviera aprobado por la Iglesia?
Respecto a obtener privilegios, nosotros seguimos pregun­
tando: ¿Qué privilegios fueron ésos? ¿E ntrar en los templos
bajo palio? ¿Presentar para obispos a los sacerdotes que él
prefiriera? ¿Que en los actos del culto se rezase para que
Dios le protegiera en el recto gobierno de la nación?
Como esperamos la callada por respuesta, o el absurdo
sostenimiento de ser verdad el ansia de Franco por tales
privilegios, debemos explicar lo siguiente:
Primero, la entrada en los templos bajo palio fue privi­
legio de la Iglesia a los Jefes de Estado españoles y católi­
cos. Si Franco lo era ¿por qué se le iba a negar a él? E»
negárselo hubiera constituido una discriminación odiosa,
injusta e injuriosa por parte de la Iglesia.
Segundo, sobre el privilegio para la elección de obispos,
el Caudillo opinó cuando se lo ofrecieron: «esto de que el
Jefe del Estado tenga que intervenir en el nombram iento de
obispos me parece tan inadecuado como si el Papa quisiera
intervenir en el nombramiento de los gobernadores civiles
en España». Esta frase la escuchó de labios del mismo
Franco el ex ministro y ex em bajador ante la Santa Sede.
Joaquín Ruiz Giménez, según reveló en el program a televisi­
vo «La víspera de nuestro tiempo», en el que se analizaron
las relaciones Iglesia-Estado en el Gobierno de Franco. Este
programa se emitió el 27 de octubre de 1981.
Ruiz Giménez hizo esta im portante revelación de la dis-

- 303 -
ponibiüdad inicial del Caudillo a renunciar al privilegio de
presentación de obispos, y añadió que «algunos miembros
de la jerarquía española de entonces no acababan de estar
de acuerdo con que el Jefe del Estado renunciara».
En efecto, Franco quiso renunciar a este privilegio,
«puesto que ni sabia ni podía hacer uso de él, dadas las
múltiples tareas de la Jefatura del Estado». «Comprendo
—aclaraba— que nadie mejor que los prelados españoles
conocerán a los sacerdotes más idóneos y estoy seguro de
que ellos, cumpliendo con su sagrado deber de buenos hijos
de la Iglesia y de la Patria, con bastante más acierto que yo,
elegirán a los más dignos para proveer las vacantes en el
episcopado. Así es que mi deseo es renunciar y si no dele­
gar en ellos plenamente».
El obispo de Madrid-Alcalá hizo ver al Generalísimo que
debía aceptar este privilegio por ser patrimonio no de su
persona sino de la Jefatura del Estado español, que databa
de los tiempos de Carlos V, al que se lo otorgó el Papa
Adriano VI y que, después de todo, este privilegio era un
honor para España y su historia. Ante éstas y otras razones
que adujo Eijo Garay, admitió Franco este privilegio. «Si el
privilegio de la presentación de obispos contribuía al presti­
gio de España, bienvenido sea».
Tercero, en cuanto a rezar por el Caudillo en los actos del
culto, ¿no es lo más normal entre los buenos católicos de
una nación rezar por su Jefe de Estado? Si en Inglaterra,
por ejemplo, los católicos rezan por Su Graciosa Majestad
la Reina que es protestante, ¿por qué los católicos de Espa­
ña no van a rezar por su católico Jefe de Estado? Sería un
verdadero absurdo, ¿no? Pues este absurdo lo habrían de
cometer impunemente algunos sacerdotes transcurridos al­
rededor de treinta años. Y declaramos que impunemente
porque estaba mandado por los obispos que se rezara en
virtud del Concordato vigente desde 1953 entre la Iglesia y
el Estado.
«Franco no manipuló nunca su sentimiento religioso ni el
del pueblo español —dijo también Ruiz Giménez en el pro­
grama de TVE antes citado—. Estoy convencido de ello.
Era "naturúliter" católico».

104
APENDICE

Apuntamos los PUNTOS INICIALES DE FALANGE ESPA


ÑOLA que publicó José Antonia en el semanario F.E. el 7 de
diciembre de 1933, con los que Franco identificaría su polittca.
De José Antonio dijo Unamuno que era *un cerebro privilegia­
do, el más prometedor de toda la Europa contemporánea».

I. ESPAÑA
Falange Española cree resueltamente en Espafta. España NO
ES un territorio.
Ni un agregado de hombres y mujeres.
España es, ante todo, UNA UNIDAD DE DESTINO.
Una realidad histórica.
Una entidad, verdadera en sí misma, que supo cumplir —y
aún tendrá que cumplir— misiones universales.
Por tanto, España existe:
1.° Como algo DISTINTO a cada uno de los individuos y de
las clases y de los grupos que la integran.
2.° Como algo SUPERIOR a cada uno de esos individuos,
clases y grupos, y aún al conjunto de todos ellos.
I uego España, que existe como realidad «distinta > superior·,
ha de tener sus «fines propios».
Son esos fines:
1.° La permanencia en su unidad.
2.° El resurgimiento de su vitalidad interna.
3.° La participación, con voz preeminente, en las empresas
espirituales del mundo.

II. DISGREGACIONES DE ESPAÑA


Para cumplir esos fines, España tropieza con un gran obstácu­
lo: está dividida:
1.° Por los separatismos locales.
2.° Por las pugnas entre los partidos políticos.
3.° Por la lucha de clases.
El separatismo ignora u olvida la realidad de España. Desco­
noce que España es, sobre todo, una gran UNIDAD DE DESTI­
NO
Los separatistas se fijan en si hablan lengua propia, en si tie­
nen características raciales propias, en si su comarca presenta cli­
ma propio o especial fisonomía topográfica.
Pero —habrá que repetirlo siempre— una nación no es una
lengua, ni una raza, ni un territorio. Es una UNIDAD DE DES­
TINO EN LO UNIVERSAL. Esa unidad de destino se llamó y se
llama España.
Bajo el signo de España cumplieron su destino —unidos en lo
universal— los pueblos que la integran.
Nada puede justificar que esa magnífica unidad, creadora de
un mundo, se rompa.
Los partidos políticos ignoran la unidad de España porque la
miran desde el punto de vista de un interés PARCIAL.
Unos están a la DERECHA.
Otros están a la IZQUIERDA.
Situarse así ante España es ya desfigurar su verdad.
Es como mirarla con sólo el ojo izquierdo o con sólo el ojo
derecho: de REOJO.
Las cosas bellas y claras no se miran así, sino con los dos ojos,
sinceramente, DE FRENTE.
No desde el punto de vista «parcial» de «partido», que ya, por
serlo, deforma lo que se mira.
Sino desde un punto de vista TOTAL, de Patria, que al abar­
carla en su conjunto, corrige nuestros defectos de visión.
La lucha de clases ignora la unidad de la Patria porque rompe
la idea de la «producción nacional» como conjunto.
Los patronos se proponen en estado de lucha ganar más.
Los obreros también.
Y. alternativamente, se tiranizan.
En las épocas de crisis de trabajo los patronos abusan de los
obreros.
En las épocas de sobra de trabajo, o cuando las organizacio­
nes obreras son muy fuertes, los obreros abusan de los patronos.
Ni los obreros ni los patronos se dan cuenta de esta verdad:
Unos y otros son cooperadores en la obra conjunta de la PRO­
DUCCION NACIONAL. No pensando en la producción nacional,
si no en el interés o en la ambición de cada clase, acaban por
destruirse y arruinarse patronos y obreros.
m . CAMINO DEL REMEDIO

Si las luchas y la decadencia nos vienen de que se ha perdido

- 306 -
la idea permanente de España, el remedio estará en restaurar esa
idea. Hay que volver a concebir a España como realidad existente
por sí misma.
Superior a las diferencias entre los pueblos.
Y a las pugnas entre los partidos.
Y a la lucha de clases.
Quién no pierda de vista esa afirmación de la realidad supe-
nor de España, verá claros todos los problemas políticos.

IV. EL ESTADO

Algunos conciben al Estado como un simple mantenerdor del


orden, como un espectador de la vida nacional, que sólo toma
Parte en ella cuando el orden se perturba, pero que no cree re
sueltamente en ninguna idea determinada.
Otros aspiran a adueñarse del Estado para usarlo, incluso
tiránicamente, como instrumento de los intereses de su grupo o de
su clase.
Falange Española no quiere ninguna de las dos cosas: ni el
Estado indiferente, mero policía, ni el Estado de clase o grupo.
Quiere un Estado creyente en la realidad y en la misión supe­
rior de España.
Un Estado que, al servicio de esta idea, asigne a cada hombre
y a cada clase y a cada grupo sus tareas, sus derechos y sus sacri­
ficios.
Un Estado de TODOS, es decir: que no se mueva sino por la
consideración de esa idea permanente de España; nunca por la
sumisión al interés de una clase o de un partido.
V. SUPRESION DE LOS PARTIDOS POLITICOS
Para que el Estado no pueda nunca ser de un partido, hay que
acabar con los partidos políticos.
Los partidos políticos se producen como resultado de una or­
ganización política falsa: el régimen parlamentario.
En el Parlamento, unos cuantos señores dicen representar a
quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen
nada en común con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni
de los mismos Municipios, ni del mismo gremio.
Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres años en
unas urnas son la única razón entre el pueblo y los que dicen
representarle.
Para que funcione esa máquina electoral, cada dos o tres años
hay que agitar la vida de los pueblos de un modo febril.
Los candidatos vociferan, se injurian, prometen cosas imposi­
bles.
Los bandos se exaltan, se increpan, se asesinan.
Los más feroces odios son azuzados en esos días. Nacen renco­
res que durarán acaso para siempre y harán imposible la vida en
los pueblos.
Pero a los candidatos triunfantes, ¿qué les importan los pue­
blos? Ellos se van a la capital, a brillar, a salir en los periódicos y
a gastar su tiempo en discutir cosas complicadas que los pueblos
no entienden.
¿Para qué necesitan los pueblos esos intermediarios políticos?
¿Por qué cada hombre, para intervenir en la vida de su nación,
ha de afiliarse a un partido político o votar las candidaturas de un
partido político?
Todos nacemos en una FAMILIA.
Todos vivimos en UN MUNICIPIO.
Todos trabajamos en un OFICIO o PROFESION.
Pero nadie nace ni vive naturalmente en un partido político.
El partido es una cosa ARTIFICIAL que nos une a gentes de
otros municipios y de otros oficios con los que no tenemos nada
en común y nos separa de nuestros convecinos y de nuestros com­
pañeros de trabajo, que es con quien de veras convivimos.
Un Estado verdadero, como el que quiere Falange Española,
no estará asentado sobre la falsedad de los partidos políticos ni
sobre el parlamento que ellos engendran.
Estará asentado sobre las auténticas realidades vitales:
La Familia.
El Municipio.
El gremio o sindicato.
Así, el nuevo Estado habrá de reconocer la integridad de la
familia como unidad social, la autonomía del municipio como
unidad territorial y el sindicato, el gremio, la corporación, como
bases auténticas de la organización total del Estado.

VI. DE LA SUPERACION DE LA LUCHA DE CLASES


El nuevo Estado no se inhibirá cruelmente de la lucha por la
vida que sostienen los hombres.
No dejará que cada clase se las arregle como pueda para
librarse del yugo de la otra o para tiranizarla.
El nuevo Estado, por ser de todos, considerará como fines
propios los fines de cada uno de los grupos que lo integran y velará
como por sí mismo por los intereses de todos.
La riqueza tiene como primer destino mejorar las condiciones
de vida de los más; no sacrificar a los más para lujo y regalo de los
menos.
El trabajo es el mejor título de dignidad civil. Nada puede
merecer más la atención del Estado que la dignidad y el bienestar
de los trabajadores.
Así, considerará como primera obligación suya, cueste lo que
cueste, proporcionar a todo hombre trabajo que le asegure no sólo
el sustento, sino una vida digna y humana.
Eso no lo hará como limosna, sino como cumplimiento de un
deber.
Por consecuencia, ni las ganancias del capital —hoy a menudo

- 309 -
injustas— ni las tareas del trabajo estarán determinadas por el
interés o por el poder de la clase que en cada momento prevalez­
ca. sino por el interés conjunto de la producción nacional y por el
poder del Estado.
Las clases no tendrán que organizarse en pie de guerra para
su propia defensa porque podrán estar seguras de que el Estado
velará sin titubeo por todos sus intereses justos.
Pero si todos tendrán que organizarse en pie de paz en los
sindicatos y los gremios porque los sindicatos y los gremios, hoy
alejados de la vida pública por la interposición artificial del Parla­
mento y de los partidos políticos, pasarán a ser órganos directos
del Estado.
En resumen:
La actual situación de lucha considera a las ciases como divi­
didas en dos bandos, con diferentes y opuestos intereses.
El nuevo punto de vista considera a cuantos contribuyan a
la producción como interesados en una misma gran empresa co­
mún.
Vü. EL INDIVIDUO

Falange Española considera al hombre como conjunto de un


cuerpo y un alma; es decir, como capaz de un destino eterno,
como portador de valores eternos.
Así, pues, el máximo respeto se tributa a la dignidad humana,
a la integridad del hombre y a su libertad.
Pero esa libertad profunda no autoriza a socavar los funda­
mentos de la convivencia pública.
No puede permitirse que todo un pueblo sirva de campo de
experimentación a la osadía o la extravagancia de cualquier su­
jeto.
Para todos, la libertad verdadera, que sólo se logra por quién
forma parte de una nación fuerte y libre. Para nadie, la libertad de
perturbar, de envenenar, de azuzar las pasiones, de socavar los
cimientos de toda duradera organización política.
Estos fundamentos son: LA AUTORIDAD, LA JERARQUIA Y
EL ORDEN.
Si la integridad física del individuo es siempre sagrada, no es
suficiente para darle una participación en la vida pública nacional·
La condición política del individuo sólo se justifica en cuanto
cumple una función dentro de la vida nacional.
Sólo estarán exentos de tal deber los impedidos.

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Pero los parásitos, los zánganos, los que aspiran a vivir como
convidados a costa del esfuerzo de los demás, no merecerán la
menor consideración del Estado nuevo.
Vffl LO ESPIRITUAL
Falange Española no puede considerar la vida como un mero
juego de factores económicos. No acepta la interpretación materia*
lista de la historia.
Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los
hombres y de los pueblos.
Aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso.
Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas
sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá.
A estas preguntas no se puede contestar con evasivas: hay que
contestar con la afirmación o la negación.
España contestó siempre con la afirmación católica.
La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la
verdadera; pero es, además, históricamente, la española.
Por su sentido de CATOLICIDAD, de UNIVERSALIDAD, ga­
nó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los
ganó para incorporar a quienes los habitaban a un empresa univer­
sal de salvación.
Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido
católico.
Esto no quiere decir que vayan a renacer las persecuciones
contra quienes no lo sean. Los tiempos de las persecuciones religio­
sas han pasado.
Tampoco quiere decir que el Estado vaya a asumir directamente
funciones religiosas que corresponden a la Iglesia.
Ni menos que vaya a tolerar intromisiones o maquinaciones de la
Iglesia, con daño posible para la dignidad del Estado o para la
integridad nacional.
Quiere decir que el Estado nuevo se inspirará en el espíritu
religioso católico tradicional en España y concordará con la Igle­
sia las consideraciones y el amparo que le son debidos.
IX LA CONDUCTA

Esto es lo que quiere Falange Española.


Para conseguirlo llama a una cruzada a cuantos españoles
quieran el resurgimiento de una España grande, libre, justa y
genuina.
Los que lleguen a esta cruzada habrán de aprestar el espíritu
para el servicio y para el sacrificio.
Habrán de considerar la vida como milicia: disciplina y peli­
gro, abnegación y renuncia a toda vanidad, a la envidia, a la pe­
reza y a la maledicencia.
Y al mismo tiempo servirán ese espíritu de una manera alegre
y deportiva.
La violencia puede ser lícita cuando se emplea por un ideal
que la justifique.
La razón, la justicia y la Patria serán defendidas por la violen­
cia cuando por la violencia —o por la insidia— se las ataque.
Pero Falange Española nunca empleará la violencia como ins­
trumento de opresión.
Mienten quienes anuncian —por ejemplo— a los obreros una
tiranía fascista.
Todo lo que es HAZ o FALANGE es unión, cooperación ani­
mosa y fraterna, amor.
Falange Española, encendida por un amor, segura de su fe,
sabrá conquistar a España para España, con aire de milicia.
BIBLIOGRAFIA

Advertimos que únicamente registramos las obras que han in­


fluido de alguna manera en la redacción de este trabajo.

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Este libro
se acabó de imprimir
el 24 de julio de 1985,
víspera de la fiesta del
Apóstol Santiago,
, Patrón de España,
en DEL PERAL Artes Gráficas,
de Madrid (España).

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