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LA BARONESA DE WILSON

El camino de
la Cruz
POEMA RELIGIOSO

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Las siete palabras

Lima, 1878
EL

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POEMA RELIGIOSO.

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T E R C E R A EDICION.

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POE J O S E C . S V .Ñ r .Z .

1878.
EL ,

CAMINO DE LA CRUZ.
INVOCACION A DIOS.
INVOCACION A DIOS.

Señor, del R ey profeta, la inspiración íiitoco,


P a r a elevar mi cauto, á tu inmortal mansión,
Y en tu sagrado nombre, la liumildo lira toco.
Y osada lanzo al viento, su regalado son.

E ntre revueltas mt'beg, sin descansar me ajito


Como la frájil alga, en el airado m ar;
Kn mi ignorancia h u m a n a, el porvenir medito.
Como la nave siempre, expuesta á zozobrar.

U n misterioso instinto, cerca de ti m e llam a;


Con el ardor que solo, inva de á la mujer,
Con el trasporte ciego, con que mi sexo ama-
Y abnegación sublime, de ta n hum ilde ser-
J iL CAM INO DE CHUZ.

Soy frájil, como el barro, oríjen elemento,


Que á elaborar bastara, mi busto terrenal.
Mas til piadoso labio, m e di6 su altivo aliento,
D otándom e de una alm a, sensible 6 inm ortal.

Y á m i exaltado espíritu, r e a n í m a l a esperanza.


P orque la fe m e g u ia con su esplendente luz,
Y tu pasión y m uerto, mi hu m a na m ente alcanza,
T riunfante al adm irarte, clavado en esa cruz,

B e tie rra soy, m a s siento en m i interior un brio


U n no se qué de eterno, un m ístico poder
Que liga, identifica, tu espíritu y el mió,
Que pule y diviniza, m i esencia de mujer.

Y en alas de este espíritu, rem o n to el rancio vuelo ,


Y adm iro do otra vida el cándido ideal,
A lum bran m i camino, las lám paras del cielo,
Y escucho de Isaías, la cítara inmortal.

A sus acordes sones se inflama el alm a mia,


Y de t u gloria en nombre, so entona m i oracion.
Y bro tan de mis labios, torrentes ele armonía,
Piaudales im pregnad os de sa c ra inspiración.

A la esplendente lumbre, del sol y la s estrellas.


P o r este inmenso cáos, que mi calvario es,
Mis tristes ojosbupean las luminosas huellas,
Que por salvarme abrieron, tu s delicados
ETj C A liIS O DE LA CRUZ.

i í i espíritu en tu siasta te busca en su camino,


I por do quier te enc u en tra , que tra s tu imájen va;
Sobro la flor te admira, to adm ira en el espino.
Que por doquiera escrita tu omnipotencia está,

E sp ír itu y m a te ria sujetos íi íu mano,


L as plantas y los hombres te deben su existir ;
Causa y eiccto eres, tu labio soberano,
Cien m undos de la n a d a p u d ie ra co nstruir.

A tu secreto im pulso, el á brego suspira,


V mece, mengua, hiervo, y rujo ronco el m a r ;
E l trueno so tranforma en eco de tu ira,
E impeles á las nubes e! r ay o á vomitar.

Y ese fan ta sm a mudo que todo lo derrum ba,


Que opera en lo oreado, ruinosa destrucción,
Que acaba con el h om bre y acaba con la tu m b a ,
Y acabara á tu aviso con te d a creación:

N ada contigo puede, sujeto á tu albedrío,


Nace y existe y crece, y sin herirte va;
E ileso te conservas, que el tiempo, H acedor mió.
E n tu in c re ad a esencia, recopilado está.

E q tus grandiosas obras tu omnipotencia leo:


L a perfección admiro de tu infinito Ser,
Cuando el terráqueo globo bajo tu s p la n ta s vc-c,
J i r a r en el espacio, sumiso a tu poder.
10 EL CAMINO DE LA CRUZ.

Y tú, Señor, el Grande, o’ Invencible, el F u erte


Ы al dolor exento; henchido de piedad;
Sum iso te ofreciste й, la afrentosa m u e rte ,
Lavando con tu sangre ta torpe humanidad.

¿Quién como tú piadoso, quién como tu bendito.


Q uién como tú, Dios mió, del hom bre escudo ñu*;
Quien do su frágil tilma, clemente acudió al grito.
E n clin derramando la esencia de la fe ?

¿Quién sino tú tan solo, con tu in m o rta l doctrina,


D e la esperanza presta al náufrago ln luz;
Quién sino tú del ciego, las sendas iluminas,
Instituyend o en faro, tu esplendorosa cruz ?

¿ Quién sino tú, tejieras los fraternales 1агоз


Que á mi rebelde estirpe, conserva en sociedad
Tú solo, que nos m uestras, sobre la cruz los brazos
Abiertos y nos brindan tu ardiente caridad.

P o r eso á tí. Dios mió, ú tus altares solo,


Su inspiración consagra, m i contristado ser,
Y celebrar pretende del изо a l otra polo,
Т ц sacrosanto nombre, mi acento de mujer.

Que aunque <lo barro ímnimclu en mi interior jermina


L a cándida semilla vertida en tu Pasión,
Refléjase en mi m ente la luz de tu doctrina,
Del Gólgoía la sangre m e inflama el corazon.
EL CAMINO DE LA C W ' Z , 11

Y ini entusiasta espíritu te busca en su camino,


Y por do q u ie rte encuentra, que ú contem plarte va,
Sobre la flor te adora, te adora en el espino.
Que donde quiera escrita, tu omnipotencia (*síá.
LA ENTRADA EN JERU8AL

гп
EL CAMINO D 15 LA C H U Z .

LA ENTRADA EN JE RUS AL'

E s un risuoiio y aya'jiliie clia;


Un tibio sol cotí ¡1ureor> resplandores
R adia y colora ¿IpÍ pensil las llores,
E u su lozana alfom bra ¿o voitloi·;
L a brisa, que cu su hoja? jagchíii,
Bebe y esparce su preciado aroma,
T rin a el jilguero, nrriñla la paloma,
T odo resp ira celestial umo^
i: l camino be la cruz.

Je ru sa le n sobre sus calles siento


Festivos ecos de entusiastas almas,
.De leda tropíi, que rizadas palmas.
E n su alborozo derram an do va.
¡ H osanna! ¡hosanna ! con alegre aconto
E n el trasporte de su gozo grita,
Y en tie rra siem bra y en el aire ajita.
.Líieas g uirnaldas que tejido lia.

Areos ele triunfo caprichoso ibrnüi.


L a n z a al viento confusa melodía,
Y' m ezcla con la vox do su alegría
Loa ecos de la flaut pastaorih
Y tañe el arpa de apacibles eoues,
Y ecos tierra nía del latid sonoro,
Y a d u n a á nn tiempo en el confuso core
L a ingrata gu zla y ronco tam boril.

A través del concurso bullicioso;


De D ios asoma el Hijo prometido.
No en rejio carro de marfil subido,
I\i escoltado p or bélico escuadrón;
Sobre los lomos de la hum ilde asna
A la que en tiempos aludió el profeta,
Y desarmado, entre la tu r b a inquieta,.
Como su P a d r e lo ofreció ñ SIou,
EL CAMINO № LA fiH UZ. 17

Cruza las calles, so encamina al templo,


Contra el indiano m ercader se enoja
Q'io en él habita, y del um bral le arroja.
L anzand o en tierra su m ercado vil.
Y del con cu rso que sus p la n ta s besa,
L a vista viudveal de la luz privado,
E n m archa pone al de los pies lisiado.
P asm ando á todos con predijios mil.

E l sacerdote que de altar cruento


E n las ai’;\s las roses sacrifica,
Y de sk estirpe cotí la íe trafica
E n medio de los pueblos do Israel;
Y el torpe escriba y publieano impío.
Que con cinismo la justicia vende,
Del Iiombre-Dios, la- pretcnsión comprende,
Los ojos clavan 0011 f u ro r en él.

Y por d o q u ie ra la aseeluinza sigue


Aquel que al mundo por salvarnos vino,
Y lazos mil hí tiende en su camino
Oon encono torpe humanidad;
Y la inocencia y la ma licia á un tiempo
De los vivientes, co:; astucia explota
Satan impío y rencoroso agota
L a s pasiones del hombre y la maldad.
‘i
EL CAMIXO D E LA CRUJÍ.

Mas á través del malicioso am año


Que al generoso Salvador rodea,
S u santa ensefia, sin tem or ondea
De su doctrin a auto la clara luz;
Y su p alabra por do quier d erram a
D e la verdad la cándida semilla,
Y" en su mirada refulgente brilla
L a precursora estrella de la cruz.

E l tirano se siente apostrofado


Por Cristo, y perseguido en su trin c hera
Do se revuelve cual airada fiera,
Ungiendo en su impotencia, de furor;
Sobre su presa, el ojo centelleante
Ardiendo en ira y en ven g a n za clava,
S a labio vierte ponzoñosa lava,
Y la ta rd a n za a u m en ta su rencor.
PRISION DEL SEÑOR,

A precio vii por Judas, el Mesías


li-s ;í los malos sin piedad vendido.
Y en ¿1 quiere el escriba, corrompido
L a n z a r lina m ortal acusación;
V en ta n to que u r d e n la m aligna tram a
Los principes y escribas de concierto.
E b «n sereno y solitario hu erto .
So llalla ,Tcb« s en lúgubre oraciou.
EL· CAMINO D S LA C K U Z .

J u a n y Santiago y Pedro lo acom pañan,


A los que en su aflicción dice el Mesías:
“ Mi alma sufre m o rta le s agonías...
Padre., ente cáliz alejad de m í
S i posible esto es; mas no se haga
Mi v o lu n ta d ni lo que íí m i m e cuadre.
Sino la t u y a que se cumpla, P a d r e .
L a t u y a sola, si conviene a s í.'1

L o s circunstantes sin querer se duermen:


J e s ú s tan solo de los cuatro vela.
Que lo cercano riel torm ento hiela
Su sangro pronta á derramarse ya;
Reprende á Pedro su indolente sueño;
“ Vela conmigo, le repite, y ora,
l; Que, Pedro.,.. Pedro, la terrible hora
“ E n que me entreguen^ abordada está.'"

Vuélvese á ovar, y e x d a m a : «.¡Padre mn>.


Y til puro ciclo su m irada eleva,
nS i es que es preciso que esle cáliz beba,
*/Oh! ¡cúmplase íti voluntad, Señor!
Y m ira á sus discípulos queridos
Dominados de nuevo por el sueño,
Vuélvese íi orar, que de la m u e rte el ceño
Cercano ya, contem pla con terror.
EL CAMINO D E LA CJRÜZ.

Pero otra vez donde los suyos duerm en


Se acerca y dice: «y« llegó la hora
Que en m ano de la turba pecadora
J)c D ios el H ijo p er traición caerá:
Vamos, alzaos y de aquí parta-mas.
Que presuroso con el pueblo llega
ICl que a} encono de la plebe riega,
H oy entregarme, prometido ha.

Jesús hablaba asi, cuando, alevoso,


J ú d a s se acerca, de un tropel seguido
Del pueblo, que sañudo y corrompido
Sediento está do sangre del Señor;
A este el traidor se acerca, le saluda
Disimulando su se n tir avieso,
Y en su mejilla celestial, un beso
Imprimo en m u e s tr a de filial amor.

« / A qué has venido aquí·» dice el Maestra


Al discípulo vil que así le vende,
Y e n esto el pueblo, sobre Crigto tiende
Su férrea, m ano y se apodera de 61;
Mas ano de los fieles que acom pañan
A Je sú s, no al peligro code y ceja,
B ravo esgrim e la espada, y una oreja
C orta á un m alvado de la tro p a infiel.
24 EL· CAMINO DE LA CRUZ.

•Jesús, que solo la piedad alberga,


Dicele al bravo qno el acero esgrime;
« L a chatio, envenda,» y su m irada im prim a
E n los feim ig’os que a inmolarle van:
* Q ue aquel''·:·· que de espada se sirvieren,
« Solo de propia autor-i d-ad guiados,
í Por la espada serán también tratados
* Y al jilo de la espada morirán,*

u ¿ 'Piensas (pá¿ás f]ite recurrir no pitctlo


« A m i Padre, y cu estas aflicciones,
* De ánades no vendrán- doce legiones
« Con ráir.'o vario abalallar por m í '
* M as como de las sacras E scrituras
« Se cum plirá lo impreso cu los anales,
* i Acaso ignoras que según las cuáles
* E s conveniente qu? suceda así J»

< Como contra ladrón ó un asesino


* P ara prerulerw¡e. se me busca, armado,
« Y entre vosotros d iscutí sentado
« E n otros dias, sin osarlo hacer !
t Pero es cierto, le dice, así ha tenido
« E l dicho d d profeta cumplimiento,*
Y al escucharle en ta n cruel m om ento,
La abandonan y lánzanse á correr.
E l, CAMINO D E LA G BU Z .

T ii.j discípulos huyen, Dios clemente,


Tul es do! hombre el corazon mezquino;
E n la prosperidad siembra el camino
De flores, al so b e ilio vencedor;
Lam e ios pies, servil, al opulento,
Mas. si se eclipsa su brillante estrella.
Mo hi-dla til cuitado oh su feroz querella.,
ÍFna m irada do piadoso am or.

T u so lo nunca ai afíijido dtjaa;


D o t u p i e d a d In m i.ii;’.. {’ ¡ a g f i t a b l ü
A b i e sismp:·« sn Síeuo ni mi « r a b i e ,
Tienes consuelo puva todos ti¡:
id orgulloso c o ü s u e i e n c i a vana,
J/i viudu y el linéríano inocente,
EL preso, el CidiüiHihulo. el Jelirumonte,
Todos te encuentran en la santa entz.
LA САЗА DE CAIFAS,
!,A CASA DK CAIFAS.

E n casa de (Jaifas son reunidos


Los pniicipes, escribas, senadores,
.Parte, testigos, jueces, detractores
De la moccnte victima á la vez.
L a vil calu m n ia cautelosos visten
De la ennta verdad con la apariencia,
Buscando su sacrilega sentencia
E n ella solo el inhum ano juez.
3í) El. CAMINO Üíi TjÁ CRÜX.

Falsos testigos por doquier pululan.


Que sus servicios al Senado ofrecen;
Dos de estos miserables aparecen
Y fulminan su aleve acusación;
E l sumo sacerdote so levanta.
Interro g a de Dios al santo Ilijo ,
M as este calla y lo contem pla fijo,
P asm a ndo á la m alv ad a reunión.

Le acusa de que llámese el Mesías


De Dios el Hijof aqueste lo asegura
Y rasga, de Jesús la vestidura
Así diciendo: í!¡Blasfemado lia!-’
" Reo es de m u e rte" ios demás repiten
Y feroces, á un tiempo lo rodean,
L e escupen, le apostrofan, 1c golpean,
L e hieren, le to rtu ran sin piedad.

E sto s los jitieius son del pueblo siempre.


Secreta mano por do quier le guia,
Cual torpe ciego en ignorada vía
M a rc h a de ajeno instinto á la m erced;
Jcrusalon á la gasón so a jita
Como e n sü jaula la iracunda fiera,
Y ruge nirarla num iiuram lo: ¡“ Stucra!”
De sangre p in a oori ardiente sed.
VA, CAMINO DE I.A (’JÍt-Z. 81

E sto s tus juicios son, hom bre insensato,


IToy pulverizas lo que ayer aclamas:
,La noble sa n a r e con furor derraman
Del que ayer e i m l s a b a s con ardor.
Mientras de D ios la m uy ciernen! e mano
-Sobre tu frente se estará suspensa,
Yaga ú tu antojo por la m ar imncnsii
EnLre las sombras del tu hu m ano e rror.
SENTENCIA DEL SEÑOR.
SENTENCIA DEL SEÍsOii.

Luce en el cielo el pi-ocursov del dia


Con lenue lux; las aves en su nido
Articulan su cántico sentido.
Tímidas salud ando al Creador.

Debit sus rayos dct-dc el puro cielo,


U n tibio sol como medrosa asoma,
G u a r d a en su cáliz su preciado arom a
L ánguida y triste la inocente flor.
3(5 EL· 0A 1IIN 0 D E LA CRUZ.

N a tu r a e n te r a en tétrico desmayo.
Su t'af. florida pesarosa muestra,
O aal si de Dios la vengativa diestra,
A m agara su vida por doquier;

L a s fieras en sus antros se revuelven,


De pavor todos se cuntemplan llenos;
T odos se sienten conmovidos, m í nos
Del Creador el preferido ser.

E l hom bre solo, se propone loco,


E s c a r n e c e r :il que lo tiíó su h e c h u r a
Y u n a alm a etern a, candorosa y p u ra
Que su rebelde iustm to corrompió;

D e este 1an solo la rebelde mano


Q.uo un sacro soplo ti con fu adir bastara ,
Incrédulo c iiií/f.ito se prepara
A devorar al que su sijr le d i6.

L 03 principes y ancianos en consejo


Sus mil calumnias co n tra Cristo hacinan,
Y unánim es, contestos, determinan
líeo de m u e rte al triste declarar;

E n su enojo la victim a inocente,


De Pilato, es llevado á la presencia,
E l quo viendo su cándida inocencia
T al crim en se r a í s t e ú sancionar-
EL CAMINO D E 1,A CKUZ.

H a s t a el menguado que de Dios la sangro


E n su. codicia vil vendió por plata,
D e sil manejo la maldad q ni lata.
Y al íribiiüa] se acusa de su error;

Los p ríncipes y ancianos le desoyen.


Y úl, indigno d e D ios, en su congoja
D entro del templo, despechado arroja
£1 homicida precio de su honor.

Huyo lüicia el campo, y por doquiera mira


P a lp it a n te la imiíjon de «a afrenta,
E n vano, en vatio desechar intento.
A que síi som bra que en su busca va;

S ábese á un árbol, dorido ;í poco el cv.eb-j


E s á una cuerda por su mano atado,
Y de el’a en bre ve. ex :i ni me. colgado,
l í n testimonio de su oprobio está.

P ilato, en tanto, con valor resiste;


Mas del pueblo y Senado á la cxijenciu.
Firm a do Cristo la fatal sentencia.
(' edo á la fuerza, la razón y el jue-L'.

P ero á la vista del feroz tumulto


Que en él sus ojos iracundos clava.
Sus manos sucias ele lo culpa lava
E n sena y muer-tra de que recto es.
EL CA5ÍIKÜ DE LA. C R l'í:.

E n to n c es es la víctima inocente*
E l tierno corderillo inm aculado,
Preso en las garras del feroz soldado,
Del fatal trib u n a l digno sayón;

E ntóneos aquel pueblo parricida


Cubre ¡i J e s ú s con el ajeno tr a je
1 en la. ig n o m in ia y el l'eroa ultraje.
Se ensaña su perverso corazon.
EL CAMINO DE LA CRUZ,
PRIMERA ESTACION,

i.

Considera al mirar, ánima m ía,


En aquesta estación, que levantado
E stá el albergue do P ilato un día
H u b o til Señor á m uerte condenada;
Y por hi m an o de la plebe im pía
Con saña lo azotara, y coronado
Do espinas, lo sacara p a r a aírenlr*
A ote la turba, de peear sedienta.
45 E L CAMINO D E LA CHU'¿.

II.

M as д о olvides al par que el juez cruento


D arle la m u e rte al Creador no piulo,
Quo está y estuvo de morir exento,
V es su infinita voluntad su escudo;
Y que fuó solo el útil in stru m e n to
Qufi d erram a ra con su golpe rudo,
E s a preciosa sangre prom etida,
Que abre el camino de la e te rn a vida.

I II .

Y pues esto es asi, S alvador mió,


D a m e fuerza y valo r en la contienda
M u n d a n a, r a s g a cariñoso y pió
De estos mis ojos la tupida venda:
.No mancho el crim en como al mar el rio,
O bien m i orgullo terrenal me veuda:
No en vano p a r a mi corra copioso
esas tus venas c-1 raudal precioso.
SEGUNDA ESTACION.

i.

Alma mia, fue aquí, tu 1 os sin da:!;',


.El celebro ]'d;i;ar do sobre ol h o m bro.
Puso al señor la m uchedum bre n u la ,
L a cruz que boy es del universo asombro;
Con clin, Cristo al indefenso escuda,
Y del pagano reduciendo ;í escombro
E l fiilso altar, triiiníYml'e le contornólo
J_>;ii* de sn am or y caridad c*jeropK>.
44 EL CAMINO D E LA CBtJZ.

II.

Si, te contemplo, sí, tu faz admiro,


De mi profunda fo ^n el astro claro,
Y en m a r sereno tic deleites giro
D e esa cruz sa n ta bajo el dulce amparo;
Y h a s ta exhalar el postrim er suspiro
Mi corazon de tu recuerdo caro
Rico estará, m a s do su humano seno
Lanza. Señor, el terrenal veneno.

III.

Por la pesada cmi: cío tu precioso


Cuerpo encorbó bajo su grave peso,
De la vida en el piélago engañoso.
Socorro al pecador, sácalo ileso,
.Divino Salvador, ju sto y piadoso.
D e aquesta cárcel, do lo tienes preso.
P ues c o n f i e r o en m i pesar pronm do ,
Que e:.- de los pobres su prisión :.‘L mundo.
TE R C E R A ESTACION.

i.

Coiisirtern, qi’c aquí, ¡olí! ánima mia,


Desangrado el Señor p o r voz primera.
Con gran contento do la plebe impía,
Auoiiit.claclo al tropezar cayera;
Mas levantóse y prosiguió sil vLi,
Con lo que grpvc la lección nos diora,
A marga, si, mas y elocuente
De las caulas soportar paciente.
4í> E L CAMINO D E LA CRUZ.

II,

btj divino Señor, no bajo el peso


De la cruz sucumbió tu lacerado
Cuerpo divino con sañudo exceso.
P o r tu s viles verdugos azotado;
Que de la m a n c h a de mi estirpe ileso,
P o r redim irm e del mortal pecado,
Soloj Señor, en tu aflicción caías
lifijo del peso de las c u lp a^ m ia s.

III.

P or eso ¡oh Dios! m i corazon ío ruega.


P o r esa cruz, por tu prim er caída,
Que uo permitas, pues camino ciega,
Caiga en pecado en la terrena vida;
E sto , contrito á d em andarte llega:
Sé tú en mi marclia mi sosten y egida,
Y haz qna mi pecho con fervor to amo.
Y que mi sangre, por tu am or derrame.
CUARTA ESTACION.

r.

Considera que aquí ¡olí ánim a miai


E l aílijklo R edentor hallara
A la sin par y angélica M aña,
A su divino eorazon t a n cara;
Acuella madre cariñosa y pía
Que en su escogido seno le engend rara.
Y de uno y otro la sorpresa y duelo,
L a hirvientí sangre conviniendo en hielo.
48 E L CAMINO DB LA CRUZ.

II.

Jc su a mió, Señor, por los dolores


Q u e de tu madre te causó la vista.,
De esa estrella de vivos resplandores.
H o y m e perdona y la piodad m e asista;
Y de lioy mas ti amor de mis amores
E lla será clarante to que exista,
P a r a que obtenga la gloriosa palma
Y paz eterna m i allijida alma.

m .

Y tú, M adre dulcísima, a tu hijo


Que me separe del pecado ruega·,
Que en su pasión y tus dolores fijo
Est:i; Sonora, quien basta tí llega;
Y tú, m i Salvador, por q u ie n m e aflijo
Al recordar cuando la turba ciega
Yertió til sangre, y sin furor ni enojos
F ija s en ella tu s divinos ojos,
QUINTA ESTACION.

i.

Alma mia, m edita y considera


Que aquí al Señor al ver debilitado
L a nvuchedumbro despiadada y fiera,
P a r a hacer su suplicio prolongado
Hizo á Simón que con Je^us partiera
El peso de la cruz, y íjue alentado
Asi m a rc h a ra entre bullicio inm undo
Pava operar la redención del rilando.
50 E L CAMINO D E LA C R U Z .

II.

Mas Simón re sistió...y el pueblo impío


£.0 ebligó á obedecer, de furor loco,
Que a n te la vista, de la sangre, fño
Im ajinabíi su torm ento poco;
D e sus veuas el cándido rocío
D e caridad y de misterio foco,
Néctar, era que ai pueblo embriagando,
L a hi3 de sil razón iba apa gan do.

III.

P oderoso Señor ¡olí! no es mi idea


D eja r la ernz con que cargarme ordenes.
Breve ó pesada que en mi a hombros eea,
Yo la contemplo m anantial de bienes:
Y esa corona que tu sien rodea
Y enga también á mis profanas sienes.
Que el que te imite en tan terrible in sta n te
No de tu diestra vivirá distante.
SEXTA ESTACION.

i.

Considera que aqui. ¡oh! ánim a mia.


L a devota Verónica encontrando
Abatido al Señor y en su agón La,
Ln sangre y quito por do quier sudando.
T rém ula la enjugo coa mano pía,
E n el cendal e] Redentor dejando,
A unque por las heridas demudado.
La imagen de su rostro venerado.
EL· CAMINO D E LA CRUZ

XI.

A n te s ele su pasión brillaba herm osa


T u faz, Señor, pero cebóse en ella
Con su diestra feroz, tu r b a om inosa
Y le imprimió de su rencor la huella;
También ¡ay! p u r a cual la gaya rosa
E r a m i alma, ó inocente y bella,
Cuando del agua del bautismo un dia..
Purificado por tu am or salia.

T il.

Mas el pecado le imprim ió su .sello,


i' pues su signo te rrenal le afea,
Que el puro aliento de tu labio bello.
Nuevo crisol, doude me limpie, sea:
Aléjame del m a l; vivo destello
B e esp eran z a y de fe, p ara que erea
Y espere siempre en venturosa calma,
B ic a e n virtudes y en piedad mi alma.
SEPTIMA ESTACION,

i.

(Jonsidtira que aquí ¡oh! ánima uña.


S egunda vez cjl Eertentor cayera,
P ues que sus miembros sin accíou sentía
Bajo la cruz que soportar quisiera;
Que aquí su pangre y su sudor corría
P a r a salvar la muchedumbre fiera
Por quien vino i morir, inmortal siendo,
V cííta su sangre con placer vertiendo.
EL CAMINO D E LA C líU Z.

II.

Yo tam bieu reincidí, Salvado r mió;


A tí acudo sumisa, acongojada;
Líbreme tu bondad del genio impío,
Q u e fuerte con tu am or, p o r tí am parad a ,
L o g r a r la eterna, salvación confío;
A n te la cruz contém plam e postrada;
V uelve Inicia m i tus cariñosos ojos;
D epon conmigo tu furor y enojos.

III.

Yo te olvidé, mas á tu am anto seno


Vuelvo, Señor, y te demando amparo,
Que en hondo golfo do miserias peno;
Se tú, Señor, en uii tormento el faro,
üli corazon de tu recuerdo lleno
E s tá , señor, y tu sem blante caro
E n m i provecho por el hom bro herido,
E n el doliente corazon anido.
OCTAVA ESTACION,

i.

Alma üiitu contrita considera


.¿ue mías mujeres al m irar bañado
K a su sangro í'i. J e s ú s , con last-iiccra
Voz, iamouíavon su aflictivo estado;
Lloraban y el Señor, que las oyera:
AV.} no Uoiris p o r m í, dijo afectado
J.iu ellas puestos los sus ojos fijos,
J ’>>· vosotras H orad y i m m t 'ú í hijo*-
EL· CAMINO DE LA C'RU?Jt

II.

Señor m ió, tam bién la s culpas m ías.


P or tu consejo, sin consuelo lloro.
Que surqué aleve procelosas vias,
X de tu ejem plo desdeñé ol tesoro;
Acciones com etí ta l vez im pías.
M as hoy contrita tu clem encia im ploro,
A m i alm a un dolor constante ag ita,
V enga á calm arle tu piedad bendita

III.

Tonga, Señor, esa piedad tjue amo


Como el ciego la luz, como el sediento
L a clara fuente, y qno en mi ai'an reclam o
Por único remedio á m i tormento;
Soca este lloro, que en el pió derram o
De tu divina cruz, y el sentim iento
Que lo desgarra con encono el alm a,
A esta tu siei'Ya· compasivo calma..
N O V E N A E S TACI ON,

.Alina m ía j oh dolor ! a llí considera


De Jesu cristo la torcer caíd a,
Y aquesa picho que con sañ a fiera
F ro km gar quiáo su penosa vida;
(.¿na iinpaeier.te los pasos acelera
Del triste, y con la mano envilecida.
Sus macerados miembros m altratan d o ,
Ya en las an g u stia s de su Dios gom ado.
s EL CAMINO DE L A C B U Z .

II.

Señor, clame valor para que im ite


Tu fortaleza en sem ejante tra n c a ,
Cuantío el iastinto de pecar me im te
Yá dominar mi condicion no alcance;
Y á la conciencia con su voz me "rite
YT de mi pecho la sem illa lacee,
De la desenfrenada rebeldía
Que de m is padres heredara un din.

ÍÍI.

Yo lo ruego, Señor, por tu cuid:i


Tercera, y por la san gre derram ada
E n ella, do mí raz a p arricid a,
Eu«i del pecado por tu amor lavai’U::
Y puea diste tu vida, por m i vida,
Deuda que nun ca te será pagada,
H az que mi triste eorazon te am e
Y ‘pie mi sangre por tu amor derrame.
DECIMA ESTACION.

i.

Considera la forma, ánim a m ia,


En que del Salvador fuera arran cad a,
La humilde v estid u ra que cubría
.De su cuerpo la carne lacerada.:
.Sil tú n ica interior so re aistia
Del cuero á desprenderse, que p egada
8 « h allab a por la san gre y sudor frió.
De que vertiera caudaloso rio.
6D E L CAMINO DE LA, CRUZ.

II.

A nombre, m i Señor, del cruel tormento


Que en la tan rucia operaeion te plugo
Sufrir, en el aciago , atroz momento
lil i que. cruel, te desnudó el ven lu ce,
Agota en el crisol del sufrim iento
p e rai rebelde corazon el ju g o
M aligno que á los vicios me ¡provoca.
Cuando S atán , p ara pecar me toca,

I II .

Y cuando llegue el m alhadado instan*c


Con que en sus sendas zozobrar me vea.
E l astro de la fe dulce, rad iante,
V enga, Señor, á ilu m in ar m i idea;
.Del li abito dañoso y repugnante
M al adquirido, desnudado ¡sea,
Y" ;i tu divinos ojea te p re se n te
Biii m anch a el corasen, pura ia frente.
U N D E C I M A ES TACI O N.

Considera, alm a m ia, que aquí fuera


.Donde só b rela cruz hubo arrojado
Al Salvad o r, la m uchedum bre ñora
A sor el triste sin piedad clavado;
Y donde por nosotroy se ofreciera
A l duro sacrificio resign ad o ,
Y en tre el aplauso ele rebelde gente
M ario triunfando de la cruz pendiente.
02 EJj CAMINO DE LA. CRUZ.

II.

Caro Señor,1 mi corazon s contrito


A tus sangrientos p iís , benigno clav a,
Y en la azarosa aeuda del delito,
S alv a á m i alm a, del pecado esclava;
De m i conciencia robustece el grito
P a ra que tem a tu s enojos... trab a
Con tu poder m agnánimo mi len gu a,
'S o so desate de mi honor en mengua.

III.

A nombre, te lo m ego , del agudo


Dolor, que con tu cuerpo se ceb ara.
Cuando al impulso del m artillo rudo
Tu santo cuerpo el pecador c la v á is ;
Y pues la le y de tu doctrina escudo
E s, que los golpes del infierno p ara.
Señor benigno, mi dem anda escucha,
Sé mi sosten en la terren a luch a.
D UO DE C I MA E ST A CI ON

Considera el la g a r, án im a mía.
En que pendiente do la cruz tres horas,
Gozara de Jesú s en la ago n ía
De un pueblo vil las hordas m alhechoras
Y do su frente desm ayada y fria
C ayera, y entre nubes seductoras
Su espíritu inm ortal en rancio vuelo
Dejó la tie rra y encumbróse al cielo.
04 E L CAMINO DE LA CRUZ.

II.

Poderoso Señor, la cruz adoro.


De que te plago perecer pendiente,
A cuyo nombre til piedad imploro
Con tiern a voa y corazon doliente:
M i culpa a l pié de tu s an g u stias lloro,
Pues tu im ágen está fija en mi m ente,
X de tu labio el postrim er suspiro,
Tam bién perenne en mi dolor aspiro.

III.

Por las tres horas ¡ay! que ante el m enguado


Pueblo estu v iste, por su eterna afrenta.
A gon izan te y en la cruz clavado.
Cuyo recuerdo mi pesar susten ta;
A p ártam e por siem pre del pecado,
A m i p leg aria tu clem encia aten ta
E ste, Señor, y sírvale de guia,
Tu ejemplo en el C alvario, al alm a m ía.
D E C I M A - T E R C I A ESTACI ON.

Considera ú J e s ú s , ¡mima m ía.


De la afrentosa cruz desenclavado;
Y descendido por la mano fría
D e JSieodemus, por José ayudado:
Y de su m adre, la sin p ai1 M aría,
] 'a los brazos sti cuerpo m utilado,
E n sangro tíuto y de las llagas lleno,
A cariciado en el m aterno seno.
TiL CAMINO DE LA CHUZ,

II.

M adre ti t i líedantor. yo te demando


Que entre tus hijos por piedad m e cuentes;
Que estoy contigo tu dolor Morando,
Y son m is ojos, cual los tuyos, fuentes;
Y pues estás m i contrición m irando,
No ue¿oigaí¡ mi súplica ferviente:
ÍÍUGga á tu H ijo, por piedad, Señora:
tú del pecador la protectora.

III.

Y tú , mi Dios, d franco ofrecimiento


A cepta de m i amor en prueba leve
-1A: g ratitu d , por el cruel tormento
í¿ue te im p usiste por salvarm e, y mueve
M i corazon á un vivo sentim iento,
Q.ue lo depure de su mancha, en breve,
P a ra que ahuyento la m align a idea,
Y jlisto y digno de tu nombre sen.
ENTIERRO D E L SEÑOR.
E L CAMINO M i LA CRUZ.

¡‘INTiKIkfíO DEL· SEÑOR.

Huerto Je s ú s, la carid ad cristian a


Movió á. José con su divino fuego,
Y ú P üato llegó con blando niego
E l cadáver divino ú reclam ar.
Dióselo, pues, el ju e z , cuyu conciencia
Con im periosa voz Le reprendía,
<Y el buen .José tornó con alm a p ía
1\H precioso tesoro ú sepultar.
70 EL OAJUNO DIO LA C R V Z .

II.

Llegó a l lugar tiende se h allab a expuesto


f íl cuerpo helado, y lo envolvió, piadoso,
En Wanco lienzo, y caminó lloroso,
C argado con el cuerpo de su Dios;
Y en el sepulcro, á, la sazón dispuesto
Puso su carga, y la inm ortal M aría,
Con M agd alen a, triste com partía
Aquel tormento que agobió á la s dos.

III,

Y a de la tum ba el pórtico cerrado


D ejáronla; m as p rín cip es y escribas,
Presos m uy luego de inquietudes vivas,
A Pilato s llegaro n en tropel.
— ¡Oh! ja e z , dijeron, ordenad a l punto
Que en su sepulcro al im postor se guarde,
T a l vez le hurten y despucs m as tard e,
D igan que vive, cu al predijo él.
HL CAMINO M-J LA CRUZ. 71

IV .

l ?acilitó P ilato la custodia:


L a p uerta del sepulcro aseguraron,
Y h asta las p iedras del dintel sellaro n ,
Con eficaz e in ú til precaución;
C entinelas de vista en su contorno,
E n vano paso la in fern al m alicia,
Y en vano se quedara la m ilicia,
S n la divina tumba ele facción.
LA RESURRECCION,
LA RESURRECCION.

Es el am anacer da un btllo dia;


E l astro m atu tin o
lír illa luciendo eu nacarado cielo;
E l colorín su melodioso trino
Entona al disponer sus a las bellas,
P ara el a ire surcar: la clara fuenta
S u rau d al trasp aren te
D errama en dulce s o d ; castos amores
M urm uran el faisán y la palom a,
Y al v a lle esparcen regalado arom a
Su capullo a l abrir, la s g ay a s flores.
Ü EL CAMINO DE LA CRUZ.

II.

L a luz crepuscular apenas cleja


L as formas d istin g u ir de dos m ujeres
Que el campo cruzan con in cierta planta,
Y á quienes un dolor m o rtal aqueja:
Y de sns ojos bellos
Los púdicos destellos
Suben como relám pagos, seguidos
De líquidos raud ales fecundantes
Con que inunda sus cándidas sem blantes
Por intenso pesar descoloridos·
A las dos eí oían rudo devora:
U na la m uerto llo ra,
E n e lla el triste pensam iento fijo,
Do su piadoso Dios, á quien adora;
L a otra, en una, dos pérdidas llo ra,
L a muerto de su Dios y de su liijo.
E7' CAMINO DE LA CEUZ. 77

III.

U na es la V irgen M adre,
L a sin ig u a l, la an g elical M aría,
Que v a do an g u stia llen a
Concia y a arrepentida M agd alen a,
E n dulce com pañía,
La tumba á v isitar donde guardado
E stá el cadáver ftio
De aquel Señor, á quien el pueblo im pío
Con inhum ana sañ a ha destrozado.
L legan las tristes y a l fijar los ojos
E n el sepulcro, por su firm e seno,
L a tie rra toda ag ítase tem blando,
Y á un mismo tiempo escúchase bramando.,
E l lago, el m ar, el h u racán y el trueno.
s EL· CAMINO DE LA C R V Z .

IV .

. A travos de una nube M anca y pura


XIn ángel de los ciclos so desprende.
E nvuelto en una Llanca vestid ura.
Kmblema del candor: su v ista enciende
"En celestial amor la s puras alm as
Que en torno se contem plan, y él. alt-iv
L a piedra mueve (jue el sepulcro cubre,
Y ñu seno descubre.
Mostrando á todos que el Señor c? vivo
Siéntaso encim a de la losa-, en tacto
De la tum ba los m íseros guardianes.
Onal las m ujeres, Uénansc de espanto,
M as й cstoñ el ángel dirigido:
— 1‘'JCada temait^ ex clam a,
V enir habéis querido
Tin busca de Je s ú s crucificado;
Pero y a 110 osla a q u í........ resucitado
l í a , como lo au unció; mirad la tum ba
Do estuvo sepultado;
M archad sin detección á G alilea:
Decidlo á sus discípulos: D elante
E l lled eu to r irá y allí gozosas
Contem plareis su cándido sem b lan te.’
EL CAMINO 1>K LA CRUZ. 70

V,

ü l gozo y <¡1 tem or á un tiempo mi^mo


Si5s alm as em bargó; mas de a llí huyendo,
M archaron á cum plir misión tan sa n ia.
Pronto ¡i su cncucnti'o el Salvado r saliendo.
Piadoso la s salu d a;
lilla s sus pies, do hinojos abrasaron
Y a l fiuñor adoraron,
U na cual o lu í, con sorpresa nnu’U.
¡Despareció Jesu s— F elices ojos
Loa (¡uc te viorou ¡ay! Redentor mío:
Tilas ¡ah! tam bién á los m atices rojos
Del astro de la fe, y a te contemplo,
Y m is an g u stias templo;
Bo calm an de mi vida Lis zozobras,
Porque doquiera que la v ista jiro .
Su san ta iuiíigen indeleble m iro
En lo perfecto de tu s graneles obras.
LA ASCENSION.
LA ASCENSION.

¿A. donde, J e s ú s mío, tu esp íritu divino,


Glorioso se dirijo y deja esta m ansión?
¿A dónde, entro las nubes, abriéndote camino,
Del arp a de tua án geles, volando vas al son?

Mis ojos ¡ay! te siguen en las aéreas sendas


Por do los hombres justo s, tras de su premio van
M is labios y mi alm a te mandan sus ofrendas,
Que hirviendo tus preceptos, en m i cerebro están
8-1 E L CAMINO DE LA CRUZ.

M as ¡ay! no quedo sola, que el encendido astro


De tu doctrina santa, rae ra d ia con su luz,
Y en el profundo eáos en que infeliz 1110 arrastro
P ara consuelo tengo, tu en sangren tad a cruz.

A su p atro n a sombra, escucho dulcem ente,


Sin lastim ar m i cuerpo, la hum ana tem pestad;
Brotando perlas miro la bullicios afueute,
Que in ago tab le h iciera tu ard ien te caridad.

¿T e vas? el suave arom a de la s hum ildes llores


A tu d ivin a esencia no prestan su poder,
No h alag an tu s oídos los dulces rniscFiores
Cuando amorosos eactan , la luz del día al ver.

Los ecos terren ales m ezclados siempre al duelo


H espirán am arg u ra y doloroso afan;
Y á ti, Salvad o r mío, los ángulos del cielo
Te esperan y tus glo rias gozosos c an ta rán .

Tam bién te esperan puras y candidas doncellas.


Que p ara ti guardaron las rosas del pudor,
Te esperan los luceros, te esperan las estrellas:.
P ara formarte el trono rad iante de esplendor.

Te espera eí Santo Espíritu, te espora, el Padre tierno,


De cuya unión g ran d io sa formó la T rinidad;
Te espera el solio augusto, que del n,irado infierno
Con su poder conjura la ronca tem pestad,
E L CAMINO DE LA CRUZ.

!^n tanto , aquí las huellas, solícita contemplo


i^ue en el C alvario eternas g ra v ara n ¡ay! tus pira,
Y edifico en m i alm a p ara a d o ra ite un tem plo,
<¿ue d ig n a de este albergue, tu sola im ájen es.

¡ H osanna! Je s ú s mío, gloria ú. tu santo nombre;


(.-¡■loria al autor del agua, del aire y de la luz;
G loria al que ciclo y tie rra h iciera, y por el hombre
Lanzó el postrer suspiro, clavado en esa cruz.

¡H osanna! Y~a contemplo tu e sp irita divino,


glorioso evaporarse, dejando esta m ansión,
Entre las áureas nubos abriéndote camino
De las celestes arpas al misterioso son.
A li, el m as iliyno
P e m i alab an za,
A. ti, el mas íntimo
De 1111 afección;
M i tierno labio
T e c a r ia am ores.
T e b lin d a flores
Mi corazón.

Por i í m i peclio
P a lp ita y sufre.
Por tí amoroso
P a lp ita r á ;
M iiín tras que viva,
M ientras qac aliento,
De amor la fuente
T u am or será.
E L C.Viril·;O I>2 LA OBt*

Yo te bendigo,
E ey do los reves,
Yo te idolatro
Sacro Señor;
T ú crea remedio
De m is dolores;
De m is am ores
T ú eres la fior.

T ú eres la causa
De la s an g u stias,
Que me devora,
Hoy sin piedad;
T ú eres el faro
3Je m i esperanza,
L a liiem uidauza
De m i ansiedad.

P u lsan mis dedos


L a ebúrnera lir a
Bolo en tu nombre,
Solo por tí:
Por tí so entona,
P ara tí suena.
Y gc enajena,
l.)e i'rcnceí.
E L CAMINO DE LA CRUZ. 01

Solo á ti m iran
H íb tristes ojos,
Desde que vieron
La. p rim er luz,
To lia llo en el aire,
T e hallo en el suelo,
Te hallo en el Cielo,
Te h allo en la Cruz·

Que donde quiera


L a vista jiro ,
D oquiera á h allarte
M i ánim o va i
D e tu astro helio
L a lúa fulgura,
T u iLuágeu p ura
H allando estú.

Que por tu iufluj'j


L a flor se mece,
Suspira (.0 ¡Uira,
N avega el pez;
L a airad a Cera
Bu voz levan ta,
Y el ave can ta.
Con fluidez.
EL CAMINO I>E LA CKI'Z

Tic na la noche
M edrosas som bras,
L a aurora viene
Con su a rra lo !;
Y desáe el cielo
Su luz envía
A.1 bello din
Kadiantfi c3 sol.

Todo sujeto
Se h a lla á tu mano;,
l ’or tu s im pulsos
So ir r ita el ui ar;
Y al mismo ylcbo,
Cual plum a leve,
T u aliento mueve
O lince tem b lar.

Y tú , el que todo
Puedes hacerlo,
Que eres origen
De todo ser,
A nuestra csíora
T e sometiste1.
N acer quisiste
De uua muger.
l i l i CAIÍIN'O DI3 I,A CHUZ.

Y tí los dolores
V iv ir Slljfito
De la m ald ita
R aza de Adán;
S en tir sus pcuas,
S u desventura,
De líi am argura
Comer el pan.

S u frir injustad
Persecuciones
Por difundirla
T u san ta luz;
Y con encono
V ilipendiado.
M orir colgado
Do infam e cru:-'.

¿Qtiiún, como tú , Dios m ió.


(¿uiiiu, como tú, pud iera
M orir por tí, que un d ía
M oriste ¡ay por m í
Quión en defensa tuya.
E n otra cruz sufriera,
E sa pasión sublimo
(¿ue el mímelo adm ira en íi ?
EL CAMINO DE LA CRUZ.

Señor, Señor, escucha


L a tím id a p leg aria
Que arran can á m is labios
T u m uerte y tu P asión;
Qug es ele tu im agen p ura
L a urna cin eraria,
Donde io rinde culto
Mi ardiente corazon.

Señor, perdón te p ido ?


Depon ¡a y ! tu s enojos,
Que de la fe en m i alai r,
R ad ian te estfi la lu z ;
De lágrim as preñados
E stán m is tristes ojos;
H undida está en el polvo
MÍ fren ts an te esa cru z.
US

SIETE PALABRAS
POR

LA BARONESA DE WinSOX
INVOCACION.

Canto, Señor, del Ü61got.a Ja- gloria.


Tu san gre en el C alvario derram ada,
3>e tu m artirio la inm ortal historit»
Y do tu muerto la cruel jo rn ad a.
Con tu auxilio ni i lira esa victoria
A lcanzará Señor, y confiada
Con m ano firm e á m i sabor la templo
Y m e encamino de· la gloria ni templo.
08 LA S SIKTU PALABRAS.

S i cu al débil m ujer no soy bastante


A com prender tan sin gular m isterio
Y mi acento, y a rudo ó v a cilan te,
No p in ta Lii?n tu altivo majisterio;
S i el fruto tle mi m ente á oada iu stan te
A taca aleve terren al criterio,
A nte su fallo me veras serena,
De fe, entusiasm o y esperanza llen a.

Que de la fe con la potente ayuda


D el mundo el n u r el hombro atravesara
Y en la torm enta con fu amor se esencia
Y a llá del puc-rfo, con su luz se am para
A si mi lira , aun que im potente y ruda,
A tus ojos ta l vez, logro hacer cara,
P ues la intención quií sírvem e de norma
3Ss sup erio r á la estudiada forma.

y a en l;i monto en a ge nada, siento


De inspiración el encendido rayo ,
Y mi ¡'tutes tardo y pobre por «am iento
Yolvor activo del le tal desmayo;
Y a de la aurora el perfumado viento
Ac .rieia m i sien, rosad de H ayo
Que de m is labios iiispirados brotan
Y los tesoros del decir agotan.
LA S S t i T E T A L A S E IS .

Do esc fuego al calor, nueva c-ncrgia


M i pecho y m im en poderosa in flam a,
Y torrentes da sacra poesía,
Siento su rgir con su divina llam a.
E n na foco da luz el alm a mia.
F lo ta, Señor, y su cauda'i derram a
En mi angustiado sor, grato consuelo,
Mi voz llevando h a sta el em píreo cielo.

M aa ¿que diré, s i débil c riatu ra


Del polvo fui por tu piedad form ada?
¿Cómo alzaró mi vnelo Iia ;ta esa altu ra
Dónde se encuentra tu feliz m orada?
¿Cómo, Señor, el estro y la dulzura,
H allar pretendo, por tu amor guiada,
Y el tesoro do puro idealism o,
Digno do tu piedad y tu heroísmo?

■Solo puedo llo r a r ............ k la arm onía


tiñ niegan los pesares y gemidos:
Tu muerto al recordar, nube som bría
Oscurece la lúa do m is sentidos.
En negra noche se tranforma el dia,
M i¿ ojos por el llanto enrojecidos
No ven, Señor, que tu cruel tormento
P araliza la voz y el pensam iento.
A LA VIRGEN M AM E.

A l son del harpa- ruda, mi voz arrojo al viento,


De m ístico entusiasm o, lieucliitlo el eorazou:
B ro tar suave arm onía, en ajen ada siento.
D el m anautiíil fecundo de sac ra inspiración.

II.

La fe g u ia mi plunia por ásperos oaminoa,


P or sentías escarpadas, desnudas de verdor;
Cubiertas do m alezas, fecunda« e a espinos,
Que á un mundo me conducen de májioo esplendor.
302 L A S SIE T E PALABRAS,

III.

Donde celeste coro entonan las doncellas


Que puras a l eterno se fueron á en lazar:
Dondo su luz derraman, las lím p id as estrellas.
Do el ave 110 suspende su plácido cantar.

IV .

Dondo M aría brinda la bienaventuranza


D e su esplendente trono, bajo áureo pabellón;
Donde la etern a gloria, de sn bondad se alcanza.
L a cáudida ale g ría , la paz del corazon.

V.

A llí los querubines, en azulad a cuna,


oybi'ü purpúreas nubes, se m iran colum piar;
Y el sol ja m a s ss pone, n i eclíp sase la lu n a,
Arom as aspirando de nardo y azah ar.

V I.

Por eso á f í,: H aría, á tu s a lta re s solo,


L as g a la s de m i ingenio , ts consagro m i ser,
Y celeb rar pretende, del uno a l otro polo,
Tu nombre in m aculad o , la voz de u n a m ujer,
Í.A S SIE T E PALABRAS.

V IL

A ti loa ojo3 vuelvo, en mi continuo dufclo.


Que tic la fe en mi alm a, radiante esta la lu2;
Te adm iro entre los án jcles, te adoro en este suelo.
Por el dolor ren dida, postrada ante la Oniz,

V III.

Con tu sagrad a som bra se inflam a oí alm a mi a,


Y elevo tristes cantos al pió de tu dosel:
S e exhalan de m i lir a torrentes de arm onía.
Qus son del pensam iento, el m ensajero fu·].

IX .

Eres la reina o xéela!, la m adre dolorosa


De A q n o iq u í por salvarnos, su vida en la Cruz díO:
E res del R ey de rayes la celestial esposa:
P u rísim a azucena, rosal do Jericó ,

X.

E res la san ta egida, la casta protectora


L>cl que en nm* proceloso eleva su oracion;
E res la providencia, an gelical Señora;
E res rad ian te furo, oh! Virgen de Sioti.
IO'i LA.3 S1KTB PALAJÍK43.

XX.

jJ lo ia n u a , V irgen Madre*! tn e sp íritu divino


A m in a y enriquece m i busto terren al:
T rocarse miro en flores, la s zarzas del camino
A ipjpulso ¿lo tu aliento divino 6 inm ortal.

X II.

1' «4 ti ios ojos vuelvo, en mí continuo duelo;


I'jn mí im potencia hum ana, escúdam e íu amor;
'Ce admiro entro los fingid es, tu adoro en esíe sueh
Ante la Cruz postrada, de nuestro Redentor.
AI, SEÑOR CRUCIFICADO-

Señor, que por salvarnos,


B e) cielo descendiera?,
Para m ostrar al hombre
T u inagotable! am or,
E scucha la p le g aria
Que brota ilel quebranto
Y que an egad o en llanto
' 1*0 eleva el pecador.
L-AS SIETE PALABÜAS.

l'o te olvidé alevosa,


Yo tu piadoso ejemplo,
Con fría indiferencia,
Ju z g u e eu nú ceguedad;
i í a s lioy íUTepcDtklü,
Contemplo! g ríe hinojos
Y elevo ;i ti los ojos,
K imploro tu pieilml.

A h í s¿ qmi c-5 Ui d a m a ic
!?íayor quu tu ju stic ia;
X’or esto 111 e prometo
T il g ra c ia y tu ]>('Tilo}i;
A tí ocultar no pui-do
Que te liico mil agravios,
í í a s ovo de miíi lalio s
L a sinctra oracion.

Tú (¡ue lo sabes tu do,


Señor, no se te oonlt'i,
Q,üü dü la tie rra ftágil
E s m i iDi])'.‘i'f'jc:t'0 fior;
Q ue 011 d ík v n a b le m an ch a
H e sido concebida
Y qus club i la vi Jo,
S oüoi·, ú otra m ujer.
LA S SIETE PALADEAS.

Y pitos que tu clem encia


E s mas quí* tu ju s tic ia ,
Y i¡:ns que luis pecados
E s grande m i dolor,
Soñor, todo lo espero
Do l a elem o n m san ta,
Que mi esperanza es ta n ta
En tu divino amor.

JACULATORIA,

T e acoram os, Señor, pues de tí t-sn;


Ixi salvación de n u estra raza im pía,
Porque al m orir por redim ir un’ un dui
H icieras de Luzbel la inteneion v;ui.\.
LAS S IE T E P A L A IlH A fj.

SALVE.

Dios to salvé, lte y n a y M adre


De vid a y m isericordia,
Dii dulzura y do concordia,
E speranza del m ortal;
Dios te sülve k tí llam am os.
Do E v a los hijos proscritos.
Llorando nuestros delitos.
En este valle Oel m al.

Vuelvo ii nosotros los ojos,


C iernentisim a Señora,
A bogada y protectora,
Del creyente espejo y luz;
Y despeos i.lfi esto destierro.
Л поя, ¡oh! Señora· nueBtra,
E l bendito fruto m uestra,
De tu y ie iiliv , (¡no es Jeaus.
LA S SIE T E FALABRAfi.

¡Oh piadosa! ¡Oh clem entísim a


¡Oh dulce V irgen M aría!
M adre tle Dios, santa y p ia }
R u ega, Sefiora, por nos,
P a ra qne dignos seam os.
Si en nuestro bien te h ít e n la s ,
Do alcan zar cuantas prom esas
Nos hiciera el Redentor.
110 LAS SIETE PALABRAS·

AVE MARIA.

Dk.s te salve, 3í;n-j,i·, puos orc¿»,


Virgen llena «lo gracia y bendita
E n iie todas las otras m ujeril,
Y conMgo eshi siorapvo el Seiior:
Y bendito es el lYnto cclosto
(¿as anidaras, uli infii!rtj ! en tu sí-nrt,
El que al crimen cía Adau siendo ajono,
l ’ or nosotros su sanare vcriió.

Santa Madre do Dio?, ¡olí Siaria!


Kuega ahora por ios pecadores,
Y en la liora postrera do I (Ha.
D e la musite ¡ay! ruega tambicr,:
Pide ¡oh! reina! por nos que Mlijido.',
T u bondad y tu apoyo invocarlos;
Pliega, ruega, que nos te implorarnos
Con loa ojos lloroso?, A men,
H U M E R A P iL A B K A .

Del Calvario en la cumbre,


Un hombre es maltratado
P or la perversa y ciega muchedumbre
Do ud pueblo estraviado:
Corontido de espinas,
A cuestas un madero,
So ostenta humilde entre la turba atenta.
Sin abatirle su dolor y afrenta.
L A S SIETE PALABRAS,

Pues va á salvar al universo Patero;


Sus turbios ojos con afán eleva
A l ciclo, su morada,
Y do su sacra boca
N o salo i¡na palabra depresiva
Contra aquella iracunda com itiva,
Do alma rebelde y c;i¡'a2on de roca,
— Cch'nt<’ P a d re, exclama.
Mirando a la incienitínto muchedumbre.
Que- su sangre derrama.
Par donadles, rio si/ben io ijun haccn,
Y de sus ojos a !a lémie lumbre
[Jna lágrima briiia,
Que escaldando su pálida mejilla,
Revela !a Lerriblo pesadumbre
Que del hombre le causan ios desmanes,
Del ljombi-J enyo amor tanto le cuesta,
P or el que tamo que sufrir le resta,
Tanto agudo dolor, tantos afanos.
LAS SIETE PALABRAS. 11

JACULATORIA.

Te adoramos. Señor, pues de ti emana,


La salvación de nuestra raza ímpía,
Porqae al morir por redimirme un di a,
Hicieras de Luzbel la intención vana,

REFLEXÍON.

L e liniriilct.ad pava, ejemplo


Habló ol Señor, sufriendo sus dolores^
A sLt Celeste Padre y le rogara,
Que pío perdonara
A todos los soberbios pescadores;
N i an divino cuerpo lacerado,
Ni el inmenso vigor de sus agravios,
Palabra le arrancaron de despecho,
Ni un rencoroso ¡ay! brotó del pecho,
Sdcío perdón en sus celestes labios.
] Lü I jAS SIETE PiLLABKÍS.

Y con ejemplo taJ, ¿quién alevoso.


No tiende á su enemigo en bu caída,
Benéfica la mano?
Con esto puede el miserable humano.
Ganar la gloria de la eterna vida.

ORACION:

Poderoso Señor, ú mi contrario


E l agravio perdónole en tu nom bre,
Cual perdonaste al rebelde hombre
Verdugo de tu cuerpo en el Calvario.
.Scgunba palabra;
SEGUNDA PALABRA.

Hermosa en su dolor, aun mas hermosa


Que del muriente sol x>or tibio rayo
Herida en el pendil la fresca rosa:
Melancólica y írisfce cual la luna,
Que entro nubes destaca, sus destellos,
Asi la Virgen, la sin par María,
B el glorioso San Juan en compañía,
Perlas derrama de sus ojos bellos:
ISO - LAS SIETE PALABRAS,

La Cruz abraza en la que el hijo amado


Clavado está y agonizar le mira;
¡5ti último aliento en su dolor aspira,
De hierro siente el conizon pasado.
E l H ijo tierno su dolor comprendí·,
Y Iáuzüla mirada lastimera
Desde el madero en quo añijido pende,
— Mujer, á Juan mostrando,
1L··, a Id á íV. hijo, dice,
Y María indicando,
D icelc :i Juan también: M ira a tv nuidic
X eii lúgubre agonía,
Dobla el dolor sentía
D el H ijo suyo y del Eterno Padre.
TjAf) S IE T E PAIiABUA-S. 121

■JACU L A T O Ri A.

Te aclaramos, Señor, pues de tí emana


La salvación de nuestra raza impía,
Porque al morir por redimirme un día,
Hirieron tío Luzbel la iutenckm vana.

REFLEXION.

Contemplando á tu madre
Y en ella sus dolores,
Üus rudos sinsabores,
Bu ivtrica aflicción,
¿Quién en sn amor no espera?
¿Quiéa en sn amor no fia
Y en ella no confia
Y. dale el corazon?
¿Quién ansioso no dice;
Moriste, señor mió,
122 Las s ie t e palabras.

Pero dejaste pió


A l hombre por cendal,
L a Yírgen sin mancilla,
La célica Señora,
Contigo intercesor«,
T u madre celestial?

ORACION.

Sentado estás con el Eterno Pactrc*


Y al eLevarte hasta el empíreo cislo,
Bálsamo de bondad y do consuelo,
Nos has dejado en tu piadosa Madre.
Certera p n labt;
TERCERA PALABRA,

A l Hom bre-Dios, par?, mayor afrenta.


Colocó oí pueblo impío,
E n medio de dos míseros ladronc?.
Que exánimes lanzaban
Gemidos de dolor, con tónue atiouí-o,
Que en la rejion del viento,
Fatídicos y tristes resonaban.
U no m aldijo á D ios en su delirio,
1jAK s x k t b p &l a s k a s .

Y ol otro A su poilfir fue tributario,


'Pretendiendo imitarlo en el Calvario
Y on sufrir resignado su martirio:
Conociendo su error y sollozando,
¿OL! Jlijo de Jkii'trí, piedad! exclama.
Y uiia abrasada lágrima derrama.
A l Salvador en su aflicción mirando:
— ¡P erd ón ! repite, ¡mi SeíioVt perdón!
Jesús cu el clavo mirada pía
Y lio}), le dice en su (¿trien agón ni,
Sera·} oiouU jo en la eternal maitsií/n,
L Aü SIETE PALABRAS.

JACULATORIA,

Te íulonuuou, Señor, pues de ti emana


La salvación do nuestra raza impía,
Porque al movrir en nuestro obsequio un día,
Hicieras de Luzbel la intención vana.

REFLEXION.

Si al exhalar el último suspiro


Un tun gran criminal ¡¡vy!...obtuviera
.D el Sciñoi' el perdón, ¿quién de su celo
Y el3 su sacro amor, el alto cielo,
Contrito caían lío, do Jesús no espera?...
¿Y quién en la a^oiiía,
Si el velo de la negra m ccH idum brc
Piadoso raiga y á la clara lumbre
De la cristiana íc su Dios contempla,
128 LAS SIETE PALADEAS

Si con el corazon su culpa llora,


Y su clemencia implora,
Y si, en fin, rompe los odiosos lazos
Que le-ligan al mal, como en su duelo,
No verá para él, allá en el cielo
De Dios abiertos los amantes brazos!..

ORACION.

Pues en tan triste aunque sublime hora.


A Dimas perJonastea su delito,
¡Oye, gran Dios, al que su culpa llora!
¡Perdónalo, ¡Soñor, si esta contrito!
Cíiuuía mhb
CUARTA PALABRA

Quebrantado el cristal tic su pupila


I'or el rudo dolor, filio tie aliento,
Dü su sangre destila
El paciente Jesús su última gota,
Y mortal pálidos su fox rodea;
Siente á su cuerpo abandonar la vida,
Y cual llama del aire combatida,
La lumbre de sus ojos centellea;
132 LáS SIET1' PALABRAS·

.De la próxima muerte en sudor frío,


Al sentirse bañado.
Сод fatigoso acento, acongojado,
Exclam a: ¡M e iib¡ tildo rnts^ Pudro mió!
No escucha una palabra de consuelo
E n torno resonar! ... ¡T odo está en calma!
У los gem idos de su pura alma,
Rápidoз suben Imsta el claro cielo.

JACULATORIA.

To adoramos, Señor, pues do ti emana


L a salvación de nuestra raza impía,
Porque al marir por redimirme un día;
Hicieras de Luzbel la ¡atención vana.
LAS SIETE PALABBA.S, 13

REFLEXION.

Aquí muestra Jesús cu eu martirio


Que el Padre lo abandona,
Para que con su muerte nos redima
X cuanto del mortal el alma estima,
Pues de espinas ciñendo una corona,
Y do la Orna pendiente,
F ijo cotí duros lazos,
Clavado por los pies y por los brazos,
D e su sangre un torrente,
Por nos derrama con amor intenso,
Con que el Calvario riega
Y su cuerpo á la muerte, frió entrega,
De abnegación y amor ejemplo siendo.

ORACION.

Que mis muchos pecados me perdones


Mi triste labio implora,
Y de La muerte en la terrible hora,
Poderoso Señor, no me abandones.
(f? ui η in paíatr:
QI'INTA PALA15SA.

Míralo ahí por tu alevosa culpa,


E nclavado en la, Cruz y agonizante:
Del tormento la fuerza penetrante
E í verdugo redobla en su pación:
Cadavérico el rostro nos presenta.
P or golpes mil ol cuerpo entorpecido,
El varonil espíritu abatido
Y sin sangre su yervo corazou.
138 LAS SIETE PALABRAS.

Ei seco labio convulsivo agita,


Y con su feble aliento entrecortado,
Entre amargas angustias el cuitado
— Sed U-nfio, tliee al populadlo infiel;
Y para mengua de la humana raBít.
Aquese pueblo empedernido y fiero,
Al que mucre por el en vil madero.
Ingrato brinda con vinagre y hiel.

JACULATORIA.

Te adoramos, Señor., pues de tí emana


La salvación tía nuestra raza impía,
Pues al morir por redimirme un dia.
Hiciera,1) de Luzbel la intención vanií.
I.AS SIETE p a l a b r a s ;. 139

REFLEXION.

Pues si vinagro y hiel lo brindó el hombre


Para apagar su sed devoradora,
¿De que servicio en nombra
E l torpe pecador su gracia implora?
Necios, la bicnandacza
De la celeste gloria,
E n la azarosa vicia transitoria
Del hombre, solo el etiírimicuto alcanza.
Hiel y vinagre diú al Omnipotente,
A ese Seriar q u e de la C r u z p e n d ien te.
P or nuestras culpas y pecados vemos.

ORACION.

Bebamos con paciencia


Del cáliz del dolor y l i amargura,
Y el bien eterno en la celeste altura.
(Tozaremos de D ios en la presencia.
SEXTA PALABRA.

Mudo el espacio está... ni un solo eco


E l viento lleva en tan sublimo instante,
Tuti solo do Jesús agonizante
Se escucha la postrer respiración.......
Que el incrédulo pueblo empedernido
50 encuentra del Señor cu Ui presencia,
51 sordo ante el poder de la conciencia,
Prelado ante el poder de la razón.
]á l 1,.\S STIÍTE PALABRAS

Cristo, entrodiíuto, su mirada tienda


Y una tras otra complacido clava
Km ese pueblo 11 rjue amoroso lava
Con pura sangre, do. la mancha vi!;
Estertorosa convubion le agita,
Que sus humanas fuerzas aniquila.
Y gota á gota, con dolor destila,
Su noble sangre, por herid i* mil.

Fija sus ojos en la excelsa JíaJr;:,


Que aumenta su dolor con 311 presencia
Y al perder por el hombre la existencia
Triste recuerda que & dejarla va.
Blanca nube del ciclo desprendidu,
Vela su faz con tenues resplandores
Y sucumbo s i poder de sus dolare:;.
Triste exclamando*: ¡CtíimuniinU· /·.»/«/
LAS filETE PALABRAS. ]

JACULATORIA.

Te adoramos, Señor, pues de ti emana


La salvación de nuestra raza impía,
Porque al morir por redimirme im dia,
Hicieras de Luzbel la intención vana.

REFLEXION.

¡CtirizuoUkl·) esta!, elijo: en esto mucstr


Que paga del mortal ol mulüíicio,
Consintiendo el cruento sacrificio.
L e fui raart.iiio por el alma nuestra.
¿Y quién al recibir tan elocuente
Lección de caridad, no apa "a luego
De sn rencor el inflamado fuego
En el rebelde corazon latiente?

ORACION.

Con los ojos del alma te contemplo.


Y tu bondad admiro.
Y entre Ja lumbre de mi fe te miro.
Dar de infinita caridad ejemplo.
S é p tim a p l a b
SÉPTIMA PALABRA.

Negro crespón el horizonte envuelve;


Anonadado «1 pájaro en su nido,
No modula su cántico sentido;
Mudos los mares y el arroyo están;
PLe^a la flor su candido capullo,
No suspira la brisa en la floresta,
Que ya á lavar el Salvador se apresta,
La impura mancha del incauto Adán.
150 LAS SIRTE PALABRAS.

A espirar va Jesús, que mas no aloarm


Su humana fuerza ¿ prolongar la lucha;
H ondo gemido resonar se escucha,
Arrancado dol último estertor:
Sil sacra fronte desmayada cas,
Y da su vida al fenecer la llama,
•Pad re , en ius ¡natíos, suspirando exclama,
-Encomiendo m i es^íriiu. Señor!

J A C U L A T O R í A.

Te adoramos, Señor, pues do ti emana


La salvación de nuestra raza impía,
Porque al morir por redimirme un día,
Hicieras de Luzbel la intención vano.
IA S EIETK PALABRAS 1

REFLEXION.

Helo muerte por ti, misero humano:


No ya la lumbre en su mirada brilla,
Mas su sangre es fructífera semilla.
Y al ciego presta su doctrina luz:
E l ciclo habita cou su augusto Padre,
Sobre áureo trono, omnipotente impera.
El que gozar de su compaña quiera
Paciecte lleve en pesada Cruz,

ORACION.

Digamos, pues, cuando el postrer alient


Debam os exhalar: Padre clemente.
D o caridad inagotable fuente,
Dnéiome de mis crimines insanos
Mí eterna ¡salvación á íí con So.
Celeste Padre mió,
Eneovüicndo mi espíritu cu tus manos.
OuAÍTOX DEL SANTO SUDARIO.

Señor, que nos dejaras


D g tu pasión la muestra,
En el sagrado lienzo
Que te envolvió José,
Cuantío del vil madero
T u cuerpo descendiera
E l que de tí bebiera
La sacro santa fe:
L.A3 S IB T B P A L Á B B ia .

Concédenos, Dios mío,


P or 61 y ios dolores
Que impío te c aufara
E l liombre cu tu pasión,
Que <M mortuorio lecbo
De micslra turaba f m ,
V oIphkjs siguí (lia
A tu eternnl mansión.

A llí donde t-ú reinas


ücn el ccIoüí-q P ad ío,
Y con el Santo Espídtu
En comnuion los tres:
Alcázar do ventura,
Exento do quebranto,
T om ólo sublima y sautu
Que augusto arcano c-s.
OFRENDA A MARIA.

Señora, cuyos ojos


P or enjugar los mios
E n lágrimas so hubieron
Bsñatlo con ardor;
Madre celeste y pura,
Perdona mis mnldado?.
Que admiro tus bondades
Y abrásame tu amor.
LAá SIETE PAXAJUIAS.

Por imi murió tu Hijo


Del Gólgota en la cumbre;
Para salvarm?, tanto
Pío lo plugo hacer;
A ti angustiada liego
Contrita y reverente,
¡Oh Virgen! ten presente
Lo frágil do mi ser.

Y admite mi plegaria,
De tu alto nombre indigna,
Que en vano ansiosa busco
S^gi'ítda inspiración;
Mas til que nada ignoras,
Penetrarás mi intento,
Y el noble pensamiento
Que abriga el corazoil.
LAS SIETE PALABRAS,

Soy la mendiga frióte


Que vaga solitaria,
Buscando t!a la gracia
Kl codiciado pan;
Por tu conducto sacro
A] implorar lo espero.
'Da :iqnul que en vil madero
Lavo al imouro Adán.

Soy viagera errante


Que por ignota vía,
Bin tregua. doi acaso.
Camino á la merced:
tíin árbol que me cubra
Del sol al rayo ardiente,
Ni hallar benigna fuente
'Doude apagar mi sed.
158 I.A S SIETE PALABRAS.

Sé tú mi providencia,
Éé tú el radiante faro,
Que al puerto me conduzca
Donde mi nave anclar:
Sé tú el cendal precioso
Para enjugar uii llanto;
Baje tu fuego santo
Mi numen á inspirar.

Préstame fortaleza,
Del mundo en el desierto
Y dame, Virgen pura,
T u amparo y protección,
Que solo cobijada
Por tu piadoso manto,
Consuelo en su quebranto
Tendrá mi corazon.
I-AS E1ETE I'AI jABBAS,

Acepta, Virgen Madre


El funerario canto
Que le inspiró ú. mi lira
La ensangrentada cruz;
Que es fueDte inagotable,
E s manantial fecundo,
E s redención del mundo,
Es salvadora luz.
PLEGARIA DEL SEXO]

Señor, benigno escu-ha


Mi-timitla plegaria,
Que es urna cin era m
De ti mi corazou;
Pues niña, y en la cano,
Oi tu tríate.historia,
Y guardo en la memoria
Tu muerte y tu pasión.
1..Mi S tK T E PALABRAS.

Por mí viniste al mundo,


Por mí anduviste errante,
Desde el supremo instante
Que luz viste en Beleu;
Y eres mi solo Padre,
Mi bienaventuranza,
Mi apoyo, m i esperanza,
Mi amparo, mi sosten,

Quo c-n mí claves tus ojos


( Hc-üiuntcs, hoy te ruego,
Y que su sacro fuego,
Alumbro mi razón;
í ’ara pasar mis culpas,
Para apreciar tua dones,
Y aliogav las tentaciones
Del JVíígil corazou,
CONCLUSION.
Iáí.l\ G L U 8 ! 0-N .

Señor, mi lira cueigo,


Que del dolor insano,
Convulsa osi:¡i mi panno
Y yerto el ecu'LtKon;
M i ¡oblo hidbudcntv
Y a pulido y marchito
Se presta solo al (¡rí^K
Que arranca h aflicción.
LAS SIE TE PALADEAS.

D el tétrico instrumento .
Las cuerdas están rotas
Y b s brillantes notas,
Da regalado son
Huyeron de mi mente;
M í labio ya marchito
Se p resta solo al g rito,
Que arranca la aflicción

Cual cándida avecilla


Que en melodioso canto
Suspende con espanto
A troz detonación f
Tu muerte me anonada,
M i labio y a marchito
Se p resta soto a) grito,
One arranca la aflicción.
HAS S IE T P PA LA M U 3. 167

M il ojos so oscurocon,
He obstruyen mis oidoa,
8 e postran mis sentidos3
Se ofusca mi razón;
Mis nervios se contraen.
M i labio ya marchito
Se presta solo al grito,
Que arranca 7« aflicción.

Y on vano es tpia pretenda


Alzar el ráudo vuelo,
Cantar con noble anhelo
T u heroica pasión:
Señor, fuerzas me falcan.
M i labio ya marchito
Se p r esta sólo al g rito.
Que arranca la aflicción.
lß s r.AS SIKTF. 1'ЛГЛШ 1ЛЙ

У dctu muerta muero


De f a dolor Iieridü.
lix li ilavt mi vida
En llanto y aflicción:
De tu (Tuel martirio
Y de mi um tu: ea ^renü::.
Conságrate (isia oJrenЛ;i
Mi trifito eorazon.

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