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José Martínez de Sousa

Manual de estilo
de la lengua
española
2.a edición, revisada y ampliada
L a s d o s p a rte s d e q u e c o n s ta e s te M anual de estilo de la lengua española tie n e n el m is m o
fin: a y u d a r a r e d a c t a r b ie n y c o n p r o p ie d a d a q u ie n e s d ia r ia m e n te h a n d e e n f re n ta rs e
c o n u n a c u a r t i l l a e n b la n c o o u n a p a n t a ll a d e o r d e n a d o r vacía.
La primera parte se propone ofrecer al lector los elementos básicos para
conseguir una redacción correcta con sujeción a las exigencias del lenguaje
normativo por un lado y de la escritura científica por otro. Se afrontan las normas
para dominar el trabajo documental (fuentes de consulta, citas, notas, remisiones,
cuadros, referencias bibliográficas —incluidas las de recursos electrónicos— ),
la escritura (autor, obra y destinatario, la redacción, las relaciones sintácticas, nivel
de lengua y registro lingüístico, etcétera), la bibliología (comité editorial, el trabajo
de edición, el original, la diacrisis tipográfica, la letra de imprenta, organización
externa e interna de la obra y trabajo de producción).
La segunda parte ofrece, en orden alfabético, un conjunto de materias que
pueden ser objeto de atenta lectura o mera consulta para resolver los múltiples
problemas con que el destinatario se puede tropezar al construir su discurso.
Por ejemplo, todo lo relativo a la onomástica (antropónimos y topónimos
principalmente, pero también alias, seudónimos, sobrenombres, etcétera), entidades,
instituciones, nombres comerciales, tratam ientos, símbolos, signos, sistema
internacional de unidades, alfabetos como el árabe, el cirílico, el hebreo, etcétera,
todo ello acompañado de las abreviaturas correspondientes al tema tratado cuando
es pertinente, así como una amplia ejemplificación en cada caso y un número
notable de cuadros.
El destinatario natural de esta obra es toda persona que desee escribir y presentar
un trabajo que sea legible desde todos los puntos de vista. Así, prestará buenos
servicios a escritores y redactores en general, pero en particular a científicos
y técnicos, traductpres, profesores, periodistas, correctores de estilo y tipográficos,
investigadores, editores literarios y científicos, etcétera. En él hallarán respuestas
para sus preguntas, certezas para sus dudas, soluciones para sus problemas
y explicaciones adecuadas para las cuestiones más enrevesadas y complejas que
necesariamente se presentarán en cuanto comiencen a escribir.
José Martínez de Sousa

MANUAL DE ESTILO
D ELA

LENGUA ESPAÑOLA

Ediciones Trea, S. L.
BIBLIOTECONOMíA Y ADMINISTRACIÓN CULTURAL - 38

Primera edición: marzo tlcl 2000


Segunda edición: septiembre del 2001
Primera reimpresión: mar/o del 2003

José Martínez de Sousa, 2000. 2001

Ediciones Trea, S. L , 2001


María González La Pondala, 98. nave D
33393 Somonte-Cenero. Gijón (Asturias)

Dirección editorial: Alvaro D ía/ lluici


Producción: José Antonio Martín
Cubiertas: Impreso Estudio (Oviedo)
Impresión: Gráficas Apel. S. L. (Gijón)
Encuadernación: Encuadernaciones Ciinadevilla, S. L. (Gijón)

Impreso en España - Printed in Spain


Para P ili,

m ujer con estilo


r

Indice

PRESENTACIÓN: 17 5.1.2. Diccionarios bilingües: 44


PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN: 23 5.1.3. Diccionarios monográficos: 44
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN: 26 5.1.4. Diccionarios ideológicos: 47
MANEJO DE LA OBRA: 27 5.1.5. Diccionarios etimológicos: 47
5.1.6. D iccionarios de usos y dudas:
INTRODUCCIÓN 47
LA N O RM ALIZACIÓN, EL ESTILO 5.1.7. Diccionarios de sinónimos: 48
Y LA EDICIÓN 5.2. Libros y manuales de estilo: 48
5.2.1. En español: 48
1. La normalización: 31 5.2.2. En otros idiomas: 48
1.1. Los orígenes de la normalización: 5.3. Gramáticas y ortografías: 50
32 5.4. Otros temas: 51
1.2. La aplicación de las normas: 32 5.4.1. Lenguaje: 51
5.4.2. Manuales de tipografía y biblio­
2. El estilo: 34 logía: 51
2.1. La labor de los humanistas: 35
2.2. Los códigos tipográficos: 35
2.3. Los libros de estilo: 37 PRIMERA PARTE
2.4. Los manuales de estilo: 39 EL TRABAJO INTELEC TU A L

3. La edición científica: 39 1. E l trabajo docum ental: 55

4. Norma, uso y autoridad lingüisti­ 1. Las fuentes de consulta: 55


ca: 41 1.1. Fuentes de primera y de segunda
4.1. Norma y uso: 41 mano: 55
4.2. Autoridad lingüística: 42
2. Las citas: 56
5. Bibliografía especifica para escri­ 2.1. El estilo de la cita: 57
tores y traductores: 42 1. Cita directa: 57
5.1. Diccionarios: 43 2. Cita indirecta: 58
5.1.1. Diccionarios de lengua: 43 3. Cita indirecta libre: 58

7
índ ice

2.2. Citas de primera y de segunda 1.5. El autor anónimo: 77


niano: 58 2. Zona del título: 78
2.3. Reproducción del texto de la 2.1. Grafía del titulo: 78
cita: 58 2.2. Dos o más títulos: 78
1. Disposición de las citas: 58 2.3. El subtítulo: 78
2.4. Intervención en el texto de la 2.4. Abreviaciones de títulos y
cita: 59 subtítulos: 78
2.5. Identificación del autor y de la 2.5. Títulos en caracteres no lati­
procedencia de la cita: 63 nos: 78
1. La cita bibliográfica: 63 2.6. Títulos de capítulos o partes
2. Sistema autor-año: 64 de monografías: 78
3. 01 sistema numérico: 65 2.7. Título clave: 79
4. Otros sistemas de identifica­ 3. Zona de responsabilidad subor­
ción del autor de la cita: 65 dinada: 79
4. Zona de la edición: 79
3. Los derechos de autor, el derecho 4.1. Grafía de la edición: 79
de cita y el plagio: 65 4.2. Pie editorial: 82
3.1. El derecho de autor: 65 5. Zona de la descripción físi­
3.2. El derecho de cita: 66 ca: 84
3.3. El plagio: 66 6. Zona de la colección: 85
7. Zona de las notas: 85
4. Las notas: 66 8. Zona del número normaliza­
4.1. Función de las notas: 67 do: 85
4.2. Contenido de las notas: 67 7.2. Las bibliografías de monografías
4.3. La llamada de nota: 67 y artículos: 85
4.4. Situación de la llamada: 69 7.2.1. Definición: 85
4.5. Situación de las notas: 70 7.2.2. Ordenación de los datos: 85
7.2.3. Ordenación de las referencias: 85
5. Las remisiones: 70 7.2.4. Puntuación de las zonas y los ele­
mentos de las bibliografías: 86
6. Los cuadros: 72 7.2.5. Grafía tipográfica de las zonas y
6.1. Título general del cuadro: 72 sus elementos: 89
6.2. Las casillas: 73 7.3. Referencias bibliográficas de otros
6.3. El cuerpo del cuadro: 73 documentos: 90
6.4. Los filetes en los cuadros: 73 7.3.1. Patentes; 90
6.5. Notas en los cuadros: 73 7.3.2. Recursos electrónicos: 90
7.3.2.1 . Zonas y grafías de las referencias
7. Las referencias bibliográficas y de recursos electrónicos: 91
las bibliografías: 74 1. Responsabilidad principal: 91
7.1. Referencias bibliográficas: 74 2. Título: 91
7.1.1. Problemas de las referencias bi­ 3. Tipo de soporte: 91
bliográficas: 74 4. Edición: 92
7.1.2. Datos de las referencias bibliográ­ 5. Fascículo: 92
ficas: 75 6. Lugar de edición y editor: 92
1. Zona de responsabilidad prin­ 7. Fecha de publicación o actua­
cipal: 75 lización: 92
1.1. El autor: 75 8. Partes y contribuciones: 92
> 1.2. El autor individual: 75 9. Notas: 92
1.3. El autor colectivo: 76 10. Disponibilidad y acceso: 93
1.4. El autor corporativo: 77 11. Fecha de consulta: 93

8
índ ice

12. Número normalizado: 93 1. Los elementos sintácticos: 108


Aplicación de los datos a los re­ 2. Tipos de orden o construcción:
cursos electrónicos: 93 108
l a. Textos electrónicos, bases de 3. El hipérbaton: 109
datos, programas informáti­ 4. Situación de los adjetivos: 109
cos: 93 3.3 Las aposiciones: 110
1b. Partes de textos electrónicos,
bases de datos, programas 4. Nivel de lengua y registiv lingüís­
informáticos: 94 tico: 111
le. Contribuciones en textos elec- 4.1 Nivel de lengua: 111
trónicos, bases de datos, pro- 4.2 Registro lingüístico: 112
gramas electrónicos: 94 4.3 Lenguaje marginal: 113
2a. Publicaciones seriadas clec- 4.4 Lenguaje malsonante: 113
trónicas completas: 94 4.5 Ultracorrección: 113
2b. Artículos y otras contribucio­
nes en publicaciones seriadas 5. Los recursos lingüísticos: 114
electrónicas: 95 5.1 Presente y pasado históricos: 114
3a. Sistemas electrónicos de bo- 5.2 Los eufemismos: 114
letines de noticias, listas de 5.3 Las perífrasis: 114
discusión (foros) y de men- 5.4 Los modismos: 115
sajería: 95 5.5 Los sinónimos y otros -ónirnos:
3b. Mensajes electrónicos: 95 115
Bibliografía de referencias de re­ 1. Los cuasisinónimos: 116
cursos electrónicos: 96 2. Los parasinónimos: 116
3. Los geosinónimos: 116

La escritura: 99 6. El lenguaje figurado: 116


6.1 La metáfora: 117
El autor, la obra y su des ti nata- 6.2 La metonimia: 117
rio: 99 6.3 La sinécdoque: 117
El autor: 99 6.4 La hipérbole: 117
La obra: 100
El artículo científico: 100 7. Problemas de redacción: 118
Las revistas científicas: 100 7.1 La ambigüedad: 118
El destinatario: 101 1. Ambigüedad debida al orden
de los elementos de la oración:
La redacción: 101 118
Cómo se empieza: 102 2. Ambigüedad por el uso de
Elementos de la redacción: 103 tiempos verbales y pronom­
La titulación: 105 bres: 118
3. El uso del gerundio: 118
Las relaciones sintácticas: 105 4. Otras formas de ambigüedad:
La concordancia: 105 118
1. Reglas generales: 105 7.2 La vaguedad: 119
2. La silepsis: 107 7.3 Los anacolutos: 119
3. El plural de modestia: 107 7.4 Anfibología u oscuridad: 119
4. El plural mayestático: 107 7.5 Empobrecimiento: 119
5. La concordancia ad sénsum: 107
Orden de colocación de los ele- 8. Formas de expresión: 120
mentos oracionales: 108 8.1 Los latiguillos: 120
8.2. Las muletillas: 120 2. Extranjerismos ortográficos: 136
8.3. Los lugares comunes: 120 2.1. El mimetismo ortográfico: 136
8.4. Los epítetos: 120 2.2. A nglicism os o rto tip o g ráfico s:
8.5. Los oxímorones: 121 136
2.2.1. Anglicismos ortográficos: 136
9. Propiedad e impropiedad del len­ 1. El empleo de mayúsculas: 136
guaje: 121 2. El plural de las siglas: 137
3. La escritura de las décadas y
10. Los pleonasmos: 123 los años: 137
10.1. Pleonasmos correctos: 123 4. La puntuación de las cantida­
10.2. Pleonasmos incorrectos: 123 des: 137
5. La numeración de apartados y
11. Incorrecciones de lenguaje: 124 párrafos: 138
11.1. Los barbarismos: 124 6. El uso de la raya y el me­
11.2. Las cacografías: 125 nos: 138
11.3. Las cacologías: 125 7. El uso de las comillas: 138
11.4. Los dequcísm os y antidequeís- 8. Empleo de la coma: 138
mos: 126 9. Grafía de las abreviaturas: 139
11.5. Otras formas de barbarismo: 126 10. La construcción del diálogo:
11.6. El gerundio: 127 139
11.7. Los solecismos: 127 Anglicismos tipográficos: 139
l . Omisión de la sangría: 139
12. Extranjerismos y voces extranje­ 2. Utilización de la versalita en
ras: 127 las primeras palabras del pri­
12.1. Extranjerismos: 127 mer párrafo: 140
12.2. Voces extranjeras: 128 3. Empleo de un cuadratín des­
12.3. Préstamos y calcos: 129 pués de un punto y seguido:
1. Los préstamos: 129 140
2. Los calcos: 129 4. Las llamadas de nota: 140
12.4. Latinismos: 129 2.3. Galicismos ortotipográficos: 140
12.5. Falsos amigos: 130 2.3.1. Galicismos ortográficos: 140
12.6. Xenismos: 130 2.3.2. Galicismos tipográficos: 141
2.4. El barbarismo ortográfico: 141
13. Aspectos sincrónicos y diacrúni­
cos de la lengua: 131 3. El fetichism o de la letra: 141
13.1. Arcaísmos y neologismos: 131 3.1. Conservadurismo ortográfico: 141
13.2. Palabras obsolcsccntes y palabras 3.2. Alternancias grafemáticas: 142
históricas: 131 3.3. Neografismos: 142
13.3. Los anacronismos: 131
4. Los griipos cultos: 145
4.1. Los grupos consonánticos: 145
3. La ortotip o g rafía: 133 4.2. Los grupos vocálicos: 145

1. La grafía, desde la letra hasta el 5. La abreviación en el lenguaje es­


texto: 133 crito: 146
1.1. Ortografía de la letra: 133 5.1. El empleo de abreviaciones: 146
1.2. Ortografía de la sílaba: 134 5.2. Abreviación del sintagma: 146
1.3. Ortografía de la palabra: 135 5.3. Abreviaciones de palabras y sin­
1.4. Ortografía de la frase: 136 tagmas: 147
1.5. Ortografía del texto: 136

10
6. Los signos: 148 3.1.6. Blanco de cortesía en los arran­
6.1. Signos ortográficos: 148 ques: 164
6.1.1. Clases de signos ortográficos: 3.1.7. Estética de la página tipográfi­
148 ca: 165
l. Signos ortográficos diacríti­ 3.1.8. Hojas de cortesía: 167
cos: 148
2. Signos ortográficos auxiliares: 4. El original: 167
148 4.1. Original en papel: 167
3. Signos ortográficos sintagmá­ 1. El formato: 168
ticos: 148 2. El texto: 168
6.1.2. Grafía de los signos ortográficos: 2.1. De una obra: 168
148 2.2. De una tesis: 168
1. Signos ortográficos diacríti­ 2.3. De un trabajo o artículo para
cos: 148 una revista científica: 169
2. Signos ortográficos auxilia­ 4.2. Original en soporte informático:
res: 150 169
3. Signos ortográficos sintagmá­ 4.3. Corrección de estilo y preparación
ticos: 151 tipográfica: 170
6.2. Signos matemáticos: 154 4.4. Numeración de los capítulos y sus
6.3. Signos lexicográficos: 154 parles: 171
4.4.1. Numeración decimal de capítulos:
117/ 11
4. La bibliología: 155 4.5. La alineación de los datos: 172
4.6. La composición del texto: 173
1. Tipos de editoriales: 155 4.7. La corrección de las pruebas ti­
pográficas: 175
2. El comité editorial y el comité de 4.7.1. Signos de corrección: 178
expertos: 155 1. Las llamadas: 178
2.1. 111 comité editorial: 155 2. Los signos: 178
2.2. La revisión por expertos: 156 4.8. La maqueta de compaginación: 179
2.3. Selección de la revista: 158 4.9. Los índices alfabéticos: 179
2.3.1. Criterios de selección: 158 4.10. La alfabetización: 180
2.3.2. Fuentes para la selección: 158
2.3.3. Normas para la presentación de 5. La diacrisis tipográfica: 180
originales: 158 5.1. El concepto: 180
5.2. Aplicación de la diacrisis tipográ­
3. El trabajo de edición: 159 fica: 182
3.1. Definición de la obra: 159
3.1.1. El formato del libro: 159 6. La letra de imprenta: 184
3.1.2. Medidas de la página tipográfica: 6.1. La elección de la letra de impren­
160 ta: 184
3.1.3. Dimensiones de los márgenes: 6.2. El estilo de la letra: 185
161 6.2.1. Las letras romana antigua y roma­
3.1.4. Tipo de letra del texto: 161 na moderna: 185
3.1.5. Ojos, cuerpos e interlineados: 162 6.2.2. Las letras egipcia y paloseco: 186
1. La edad del lector: 162 6.3. La familia de la letra: 186
2. El tipo de texto: 162 6.3.1. Letra redonda: 186
3. La medida en ciceros de la caja 6.3.2. Letra cursiva: 186
de composición y el estilo de 6.3.3. Letra minúscula: 187
la letra: 162 6.3.4. Letra versalita: 187

11
índ ice

6.3.5. Letra mayúscula: 188 7.3.9. Composición epigráfica: 195


6.3.6. Letra fina y letra normal: 188
6.3.7. Letra seminegra o scmincgrita: 8. Organización interna de la obra:
188 195
6.3.8. Letra negrita: 189 8.1. Los principios del libro: 195
6.3.9. Letra estrecha y letra ancha: 189 1. Páginas de cortesía: 195
6.3.10. Letra subíndice: 189 2. Portadilla o anteportada: 195
6.3.11. Letra superíndice: 189 3. Contraportada: 195
4. Portada: 196
7. Organización externa de la obra: 5. Página de derechos: 196
190 6. Dedicatoria: 196
7.1. División externa de la obra: 190 7. Lema, tema o epígrafe: 196
7.1.1. Los tomos: 190 8. Textos de presentación de la
7.1.2. Los volúmenes: 191 obra: 196
7.2. División interna de la obra: 191 9. Agradecimientos: 196
7.2.1. Macroestructura textual: 191 10. índice: 197
1. Los tomos: 191 11. Listas: 197
2. Los libros: 191 8.2. El cuerpo del libro: 197
3. Las partes: 191 8.3. Finales del libro: 197
4. Las secciones: 191
7.2.2. Microestructura textual: 192 9. El trabajo de producción, impre­
1. Los capítulos: 192 sión y encuademación: 198
2. Los subcapítulos: 192 9.1. La producción: 198
3. Los párrafos: 192 9.2. La impresión y la encuadernación:
4. Los apartados: 192 198
5. Los subapartados: 192
6. Los subsubapartados: 192
7.3. La forma de los párrafos: 192
7.3.1. Párrafo ordinario: 193 SEGUNDA PARTE
7.3.2. Párrafo moderno o alemán: 193 DICCIONARIO DE MATERIAS
7.3.3. Párrafo francés: 193
7.3.4. Párrafo en bandera o composición ÍNDICE DE m a t e r i a s : 203
quebrada: 193
7.3.5. Párrafo en bloque: 194 A-z: 207-645
7.3.6. Párrafo español: 194
7.3.7. Párrafo en base de lámpara: 194 b ib lio g ra fía : 647
7.3.8. Composición en base de lámpara
invertida: 195 ín d ic e a lf a b é tic o : 655
Lista de cuadros

PRIM ERA PARTE A6. Antropónimos españoles: 233


A7. Derivados de antropónimos: 241
1. Abreviaturas utilizadas en biblio­ A8. Acentuación de apellidos extran-
grafía: 80 jeros: 251
2. Grupos cultos consonánticos y vo­ A9. Signos del alfabeto árabe: 253
cálicos: 143 A I0. Signos usados en astronomía: 262
3. Clasificación de los signos orto­
gráficos: 149 BL Símbolos de la Biblia en español:
4. Llamadas y signos empicados en 269
corrección de estilo y tipográfi­ B2. Símbolos de la Biblia en latín: 270
ca: 176
5. La diacrisis tipográfica: 181 CL Algunos cargos y empleos: 279
6. Clases de letras tipográficas: 187 C2. Signos del alfabeto cirílico: 284
C3. Condecoraciones españolas: 289
C4. D enom inaciones y sím bolos de
SEGUNDA PARTE las constelaciones: 292
C5. Abreviaturas de cortesía: 294
AL Voces biacentuales admitidas por
la Academia: 212 DL Derivados de nombres de equipos
A2. Palabras de acentuación dudosa: de fútbol españoles: 301
214 D2. Desinencias de la lengua españo­
A3. Símbolos de los principales aero­ la: 304
puertos: 221 D3. Los nombres de las partes del día:
L Del nombre al símbolo: 221 313
2. D4.
Del símbolo al nombre: 222 Abreviaturas y sím bolos de los
A4. A plicación de los antenombres: días de la semana: 314
229
A5. Abreviaturas de los antenombres: EL Símbolos de los elementos quí­
230 micos: 326

13
lista de cu ad ros

1. Del nombre al símbolo: 326 01. Tipos de obras creadas: 436


2. Del símbolo al nombre: 326 02. Abreviaciones empleadas en obras
3. Nombres y sím bolos desecha­ musicales: 439
dos: 327 03. Onomatopeyas españolas: 442
E2. Tipos de buques ingleses y esta­ 1. De la palabra a la onomatopc-
dounidenses: 328 ya: 442
E3. Abreviaturas cronológicas: 334 2. De la onomatopeya a la pala­
bra: 443
F l. Formatos clásicos de las fechas: 04. Abreviaturas de órdenes y con­
349 gregaciones religiosas: 446
1. Del nombre a la abreviación:
G l. A b re v ia cio n e s de los grad o s: 446
361 2. De la abreviación al nombre:
G2. Signos del alfabeto griego: 363 450

H l. Signos del alfabeto hebreo: 368 I* I . Prefijos y sufijos utilizados en es­


112. Abreviaciones de los términos ho­ pañol: 467
rarios: 370 P2. Periodicidad tic las publicaciones
periódicas: 482
11. Símbolos de informática: 374 P3. Símbolos de los puntos cardina­
les: 483
L l. Abreviaturas com unes de las len­
guas más utilizadas: 387 51. Siglas y acrónimos: 497
L2. Locuciones latinas: 392 52. Denominaciones de los siglos: 523
53. Signos ortográficos, lógicos, mo­
M 1. M atrículas automovilísticas: 41 1 netarios, musicales y m atem áti­
1. Internacionales: 411 cos más habituales: 524
2. España: 411 54. Símbolos de los prefijos y unida­
3. Italia: 412 des del sistema internacional: 544
4. Suiza: 412 55. Com binaciones posibles de pre­
M2. Los nombres de los meses: 415 fijos y unidades de los sistemas
M3. Símbolos y abreviaturas para re­ de medida: 545
presentar los nombres de los me­ 1. De la palabra al símbolo: 545
ses: 415 2. Del símbolo a la palabra: 555
M4. Símbolos monetarios de uso co­ 56. Plural de los sím bolos del si:
rriente: 417 566
M5. Las m onedas y sus fracciones:
418 T I. Símbolos topográficos de Brasil
y Canadá: 580
N1. Nombres de personas, animales y T2. Abreviaturas y símbolos topográ­
cosas: 425 ficos de los Estados Unidos: 581
N2. Divisiones de la clasificación bio­ T3. Símbolos de las comarcas de Ca­
lógica: 427 taluña: 582
N3. Alternancias acentuales en nom­ T4. Nombres de países con sus capi­
bres propios mitológicos: 430 tales y gentilicios: 583
N4. Notaciones musicales: 432 T5. Grafías toponímicas extranjeras:
N5. Notación mayor y menor: 432 600

14
lista de cuadros

T6. Abreviaciones de toponimia urba­ 2. De la abreviatura al tratamien­


na: 611 to: 619
T7. Tratamientos de dignidades y car­ U l. Conversión de medidas y pesos:
gos: 613 624
1. De la dignidad o cargo al tra­
tamiento: 613 Z1. Nombres de los signos del Zodia­
2. Del tratamiento a la dignidad co: 641
o cargo que lo recibe: 616 Z2. Signos del Zodiaco: 642
T8. Abreviaturas de tratamientos: 618 Z3. Las voces de los animales: 643
1. Del tratamiento a la abreviatu­ Z4. Nombres de los conjuntos de ani­
ra: 618 males: 644
Presentación

AKTÍNLZ 1)1·: SííUSA lleva I11C- podría parecer, si no pretencioso, sí al


dio siglo trabajando con la palabra, ya menos atrevido redactar un manual de
sea componiendo, corrigiendo, escribien­ estilo de la lengua española. En primer
do o leyendo textos. Sus dedos están lugar, porque el estilo, tal como lo con­
encallecidos de apretar el bolígrafo o de cebimos hoy día, no es cosa que pueda
percutir las teclas de una máquina de liquidarse compilando las reglas gram a­
escribir o de un teclado de ordenador; ticales que gobiernan una lengua (gra­
sus ojos están cansados de leer origina­ mática. ortografía, terminología), tarea
les y pruebas a la espera de su publica­ ya ardua de por si y no exenta de posi­
ción. Pero, sobre todo, su mente ha esta­ ciones encontradas, sino que afecta al
do aquejada de la enfermedad que da modo en que las unidades textuales que
pie a la sabiduría: su obsesiva inquietud conforman un escrito son revestidas de
por encontrar respuesta al porqué de las forma gráfica y apariencia física (tipo­
cosas. No se ha limitado a aprender los grafía), a los métodos y técnicas que ayu­
intríngulis de los diversos oficios que dan al escritor a construir su discurso
ha ejercido, sino que ha intentado siem­ (redacción), a las normas y usos que re­
pre com prender las tareas que cada uno gulan la publicación (edición) y, por úl­
de ellos conllevaba; y no solo por el puro timo y no por ello menos importante, a
deseo de entenderlos y dominarlos me­ las directrices éticas que deben guiar el
jor, sino por el de perfeccionarlos. Bue­ proceder de los que escriben, traducen,
na parte de sus obras (entre otras, el Dic­ corrigen y editan. Estamos, pues, ante
cionario de tipografía y del libro, el un tema poliédrico y con aristas.
Diccionario internacional de siglas r
acrommos, el Diccionario de informa­ Y en segundo lugar, porque no creo
ción, comunicación y periodismo y el factible y menos aún eficaz, y así lo m a­
D iccionario de lexicografía práctica) nifiesta también el autor en distintas par­
responden precisamente a esa necesidad. tes de este manual, reunir bajo un m is­
mo techo todas las peculiaridades del
De no ser por el currículo que lo avala. estilo en las distintas ramas del saber y

17
presen tació n

entornos profesionales. Porque, si bien de la comunicación escrita. Estén segu­


es verdad que la lengua es la herram ien­ ros todos los destinatarios de este libro
ta común a todos los que producen y de que en él hallarán respuestas a sus
tratan textos escritos, también lo es que preguntas, certezas para sus dudas, solu­
la manera en que estos se visten y ador­ ciones a sus problem as, explicaciones
nan en cada una de estas especialidades para las cuestiones más enrevesadas.
son extraordinariam ente dispares.
Es tan inmensa y abrumadora la ca­
No obstante, si alguien en España está tarata de conocimientos que aquí se des­
en condiciones de hacerlo sin perecer tilan, que todos los sedientos de conoci­
en el intento, esc es, sin lugar a dudas, mientos lingüísticos, estilísticos o tipo­
M artínez de Sousa. Solo él posee los gráficos podrán aplacar su sed en esta
mimbres que permiten construir esa ces­ fuente. Pero, y tal vez 110 pueda ser de
ta. De todas las cuestiones a las que an­ otro modo dada la amplia audiencia a la
tes me refería y que caen bajo el amplio que se dirige, no todos quedarán igual­
manto protector del estilo, Martínez de mente satisfechos. Esta es al mismo tiem­
Sousa ya ha disertado monográficamente po la grandeza y la miseria de esta obra,
(Diccionario de tipografía v del Übro, l os autores y editores científicos, por
Diccionario de bibliología y ciencias a ji­ referirme a aquellos a los que me siento
nes, M anual de edición y autoedición. más próximo y de los que puedo hablar
Diccionario de redacción y estilo. D ic­ con cierto fundamento, deberán seguir
cionario de ortografía de la lengua es- sirviéndose de los manuales y estándares
pañola, Diccionario de usos y dudas del d efa cto vigentes en cada disciplina. Las
español actual, Diccionario de ortogra­ particularidades terminológicas imperan­
fía técnica, Diccionario internacional de tes en cada campo y el seguimiento ma­
siglas y acrónitnos, Diccionario de in­ sivo que se hace en las distintas áreas de
form ación, comunicación y periodismo). conocimiento de algunas de las normas
Además, posee el arrojo necesario para que intervienen en la redacción de un
afrontar retos difíciles. Qué podemos de­ trabajo científico, con especial mención
cir de un hombre que ha osado propo­ de los sistemas de citación y rcfercncia-
ner una reform a de la ortografía españo­ eión bibliográfica, así lo aconsejan. Hay
la, aunque no haya gozado del eco que que tener muy presente que los hábitos
él pretendía, no por la esencia de sus y prácticas de publicación son tan dis­
propuestas, sino por carecer de la auto­ pares entre las diversas disciplinas, que
ridad de que están investidos los que tie­ lo más razonable es atenerse a las pau­
nen poder para reglar la lengua. tas que, tras años de sesudos debates,
han logrado imponerse a duras penas.
Se nos presenta, pues, un manual que Crear nuevas normas, por muy raciona­
pretende asistir y orientar a escritores, les que estas sean y por mucha autori­
tanto literarios como científicos o técni­ dad intelectual que posea quien las pro­
cos (desde profesores hasta investigado­ pugna, entorpecería más que ayudaría a
res), editores de todos los ramos, técni­ la comunicación científica. Baste obser­
cos editoriales, especialmente correcto­ var lo que ha ocurrido con las normas
res de estilo y tipográficos, periodistas, iso (International Organization for Stan­
traductores...; en definitiva, que está di­ dardization) de publicación: no son co­
rigido a todos aquellos que participan de nocidas y, por ende, no son aplicadas, >
una u otra manera en el com plejo acto c u a n d o se co n o c en son ig n o ra d a s

18
olímpicamente. A pesar de lo dicho, los activos y aciertos de la obra. La disposi­
científicos, sobre todo los que siguen ción en forma alfabética posibilita que
empleando el español como lengua para cualquier persona, sin necesidad de dis­
comunicar los resultados de sus investi­ poner de conocimientos previos, pueda
gaciones, lamentablemente cada día me­ consultarla con facilidad identificando
nos, podrán recurrir a este manual con el tema de su interés. Es, por otra parte,
la seguridad de que podrán hallar en él tal el cúmulo de entradas y de remisio­
informaciones que no están a su alcance nes a otras voces equivalentes o relacio­
en ninguna obra escrita en castellano. nadas, que es difícil que el lector no pue­
da localizar el aspecto que le interese.
Estamos, por otra parte, ante un m a­ Asimismo, está cuajado de cuadros, ilus­
nual de estilo atípico, si lo comparamos traciones gráficas y ejemplos que per­
con los libros de estilo que para el miten al lector interpretar correctamente
consumo de la prensa se han publicado la información que se le ofrece. De nue­
en España (Abe, El País...) o con m a­ vo Martínez de Sousa nos vuelve a de­
nuales de estilo anglosajones de la sole­ mostrar su maestría en la confección de
ra del Chicago Style Manual, del Council este tipo de obras. No hay que olvidar
fíiology Editors Manual, del American que es un experto reconocido, siendo au­
Medical Association Manual o f Style o tor de un reputado manual con el que ha
del Publication M anual o f the American sentado cátedra en la materia (Diccio­
Psychological Association. Ante todo, nario de lexicografía práctica).
porque todas estas obras son de respon­
sabilidad colectiva. Aunque después de Acostumbran los manuales de estilo
lo dicho sobre la personalidad del autor al uso a em plear un lenguaje claro, pre­
no nos puede extrañar, pues ya pode­ ciso, conciso y prescriptivo, cualidades
mos hacernos una idea de lo que es que entiendo deben adornar las obras que
capaz. Por consiguiente, lo que más se precien de llevar este nombre. De no
asombra de este monumental trabajo es ser así, se corre el riesgo del rechazo
que haya sido ejecutado en solitario, por parte de escritores y editores. Y es
algo que ya sorprendió a uno de sus que cuando un autor o un editor se ha­
críticos, quien dudaba qué admirar más, llan en la zozobra de la duda necesitan,
si la ciencia o la paciencia de que hacia al igual que el enferm o que acude a su
gala el autor. médico de cabecera, recetas que palien
el mal y resuelvan el problema. Pues
Pero es que, además, ni por la forma bien, que sepa el lector que en este libro
en que se estructura y dispone ni por el no solo se le ofrecen recetas, sino que
lenguaje que emplea es un libro de esti­ estas vienen aderezadas con explicacio­
lo parangonable. Así, mientras que lo ha­ nes, justificaciones, discusiones, en al­
bitual en dichos manuales es organizar gunos casos, a mi modo de ver, excesi­
los temas de manera sistemática, des­ vas para los fines de la obra, pero que
componiendo un tema en epígrafes y estoy seguro de que harán las delicias
subepígrafes, en este manual, sin renun­ de los amantes de la lengua y demás
ciar a esta estructura (la parte primera bibliólatras. Pero la búsqueda de respues­
de la obra sigue este camino), se opta, tas racionales al porqué de la realidad es
además, por ofrecer una lista alfabética rasgo consustancial al autor. Al igual que
de los términos pertinentes (segunda par­ su propensión natural a poner nombres
te). Aquí reside uno de los principales a las cosas y a definir hasta lo indefini­

19
p resentació n

ble. Su am or por la lexicografía le lleva rcccn de la instrucción necesaria para


a utilizar, e incluso a crear, términos irre­ desem peñar con el debido decoro su
prochables conceptualm ente, pero de trabajo. A unque esta obra no pueda su­
poco uso y ajenos al vocabulario del es­ plir esas carencias educativas, sí por lo
critor y editor de a pie. Sirvan de botón menos puede aliviarlas. En segundo lu­
de m uestra los siguientes: editorial bi- gar, porque existen campos de la edi­
bliológica, editorial hemerológica, edi- ción española, como el científico, don­
tologia científica, ortotipograjia. de la ausencia de manuales de este tenor
constituye, más que una laguna, un au­
Creo llegado el momento de calificar téntico agujero negro. En tercer lugar,
la obra. Lo mejor que se puede decir de porque de haber nacido antes esta obra,
un manual de estas características es que hubiera prestado un servicio ecológico
es útil. No hay que ir mas allá de la lista de primera magnitud, ahorrando el pa­
de cuadros y figuras para darnos cuenta pel y la tinta que se han desperdiciado
de la utilidad de este libro. Escritura de en la edición de algunos mal llamados
sím bolos, núm eros, fechas, unidades manuales o libros de estilo. Ahora ten­
de tiempo, unidades de m edida, nomen­ drá que cum plir otra función: evacuar la
claturas, antropónimos, topónim os, abre­ laguna de las obras que la han llenado
viaturas de todas las clases y un largo de turbias aguas. Y en último lugar,
etcétera. Pero no se detiene ahí, pues porque las nuevas tecnologías de la in­
nos suministra orientaciones sobre cómo formación y la comunicación han con­
redactar títulos, citas, notas, referencias vulsionado el mundo de la edición. Si el
bibliográficas; sobre cóm o em plear co­ ordenador y los procesadores de textos
rrectam ente nuestro idiom a (ortografía, dotaron al acto de escribir y editar un
léxico, gram ática) o cóm o hacer un di­ texto de sencillez y rapidez sin prece­
seño tipográfico coherente y estético gra­ dentes en la historia de la escritura.
cias a la inform ación sobre tipos de le­ Internet ha aparecido como el más po­
tras, líneas, párrafos, páginas, partes de tente medio de publicación que ha visto
una obra... el hombre desde la irrupción de la im­
prenta. Al dar voz a los que antes no la
Por todo ello, el M anual de estilo de tenían, ha hecho añicos el tradicional
la lengua española es una obra de refe­ circuito de com unicación escrita que
rencia fundamental para escritores, edi­ descansaba en la trilogía autor-edi-
tores, traductores, correctores; una de tor-lcctor. El editor, que venía actuando
esas obras que deben estar siempre a de filtro entre el autor y el lector, com o
mano encima de la m esa de trabajo. un agente regulador de los flujos de la
Podría seguir añadiendo epítetos elogio­ producción escrita, se ha visto desbor­
sos, pero esta obra no los necesita. Mu­ dado desde el momento en que el autor
chos de ellos, por m anidos, han perdido se transforma a la vez en editor de sus
realmente su valor. Si algún reproche propios escritos. Miles de autores, antes
pudiera hacérsele, es que llega en un anónimos, que soñaban con la posibili­
momento inoportuno, por no haber vis­ dad de ver sus palabras en letras de
to la luz antes. Su publicación, por va­ molde impresas en papel, han hecho
rias razones, no sólo era necesaria, sino realidad sus deseos y, aunque ahora sea
urgente. En primer lugar, porque los en moldes virtuales, tienen la posibili­
medios profesionales de la edición es­ dad de difundir sus pensamientos sin
pañola, faltos de formación reglada, ca- limitación alguna. Para todos ellos, este

20
p resentació n

manual será herramienta que ayudará Conociendo al autor, estoy seguro de


no solo a juntar palabras con cierto que este manual no se detendrá aquí.
orden o a hilvanar ideas con sentido, Antes aun de haber visto la luz esta edi­
sino a presentarlas con rigor no exento ción, ya estará pensando en la próxima,
de belleza. que, no me cabe duda, está asegurada.

Em ilio D e l g a d o L ó p e z -C ü z a r

Granada. octubre de /9 9 9
Prólogo a la primera edición

N
X 1 UNCA se había dado en español
una floración de libros de estilo como la
que un libro de estilo de un periódico
sirve de poco en una caja de ahorro o en
aparecida» tanto en España como en His­ un ayuntamiento, que tienen necesida­
panoamérica, en los últimos veinte años: des expresivas distintas. Lo mismo su­
libros de estilo de periódicos, de televi­ cedería, con más razón, en el campo de
siones, de radios, de universidades, de la biología, la medicina, la química, la
ayuntamientos, de cajas de ahorro... In­ bioquímica, la sicología, la siquiatría, la
cluso libros de estilo generales, sin un astronomía y en otras muchas especiali­
destinatario preciso. Parece como si de dades científicas y técnicas. Las abre­
pronto se hubiera despertado la concien­ viaciones, la term inología, la metodolo­
cia lingüística y normadora de las per­ gía y otros aspectos son tan disímiles
sonas e instituciones que manejan el len­ que, en efecto, cada uno de esos cam ­
guaje escrito en sus relaciones profesio­ pos debe tener su propio manual de esti­
nales con los demás. lo, y así sucede en otras lenguas en las
que desde hace tiempo se ha tomado con­
A primera vista, podría parecer que, ciencia de la importancia que tiene la
si no fuera por el mantenimiento y la emisión científica de mensajes. Un in­
alimentación de la honrilla, sería prefe­ conveniente, al parecer insalvable: esa
rible fundir todos esos libros y obtener situación contribuye a aumentar la falta
un solo libro de estilo genérico que fue­ de uniformidad general en la presenta­
se útil a todo el mundo hispánico, aun­ ción de los trabajos para su publicación,
que después cada periódico, ayuntamien­ ya que las normas fijadas por cada enti­
to, universidad o entidad añadiese la in­ dad o institución no son necesariamente
formación específica para su propio uso. iguales que las de las restantes. La ex­
Sin embargo, este proceder, que sería sin periencia en la aplicación de normas
duda útil para los periódicos y algunas en el mundo editorial, sea el bibliológico
de las instituciones mencionadas, no lo o el hcmerológico, ya nos indica algo
sería para ninguna de las especialidades de esto: el lector no entiende cómo lo
de la ciencia y de la técnica. Es obvio que es correcto en una publicación está

23
prólog o

prohibido en otra o a qué se debe que trate, con las explicaciones oportunas
unos libros utilicen una determinada gra­ cuando sean necesarias. Dice cómo se
fía que es evitada cuidadosam ente en utilizan las abreviaciones (abreviaturas,
otros. Esta situación afecta especialmente abreviamientos, criptónim os, símbolos,
(dram áticam ente, diría) a los escritores siglóniinos, siglas) y los alias y sobre­
y, sobre todo, a los traductores y a los nombres; cuándo se utiliza mayúscula y
correctores de estilo y tipográficos, pero minúscula (documentos históricos, eda­
tam bién a los profesores de todos los des, épocas; instituciones, entidades, or­
niveles de la enseñanza y dem ás profe­ ganismos, organizaciones); cómo se es­
sionales de la lengua. En muchos aspec­ criben los antropónimos (nombres y ape­
tos de la grafía, no se sabe qué aplicar llidos) y los topónim os (macrotopóni-
ni qué enseñar. mos, mesotopónirnos y microtopónimos);
cuál es la grafía de los nombres científi­
También falta en el mercado un m a­ cos; cómo afectan al significado de las
nual de estilo para las personas no espe­ palabras las desinencias y prefijos y sufi­
cializadas, para los escritores de a pie, jos; cómo se escriben los ejemplos, los
los que 110 pertenecen a un periódico, a títulos de obras creadas (libros, publica­
una revista, a un ayuntamiento ni a una ciones periódicas, títulos de esculturas,
caja de ahorro y tampoco escriben ex­ pinturas, obras musicales y de teatro);
clusivam ente para un público científico qué grafía hay que conceder a los ex­
0 especializado. Me refiero a los escri­ tranjerismos crudos o a los aclimatados
tores que trabajan en o para una edito- a las peculiaridades de nuestra lengua;
1 ial, en su casa para sí o para otros, a los cuál es la grafía exacta y el significado
traductores, a los impresores y a los preciso de una locución latina o el sig­
autoeditores, a ios correctores de estilo nificado de muchas siglas; cómo se uti­
y tipográficos, a las em presas de servi­ liza un tratamiento o a quién correspon­
cios editoriales y también, cómo no, a de una condecoración o la abreviatura
las instituciones y entidades que emiten de una orden religiosa... De todo ello,
mensajes, a los periodistas y especialis­ en esta obra hay información para satis­
tas que no tienen un manual de estilo facer las dudas de quien pueda necesitar
que los guíe en sus dudas y los ayude a tales materiales.
pergeñar y a presentar sus materiales
escritos. También, claro, a quienes pre­ El lector debe saber que no hay que
paran una tesis o han de presentar un buscar en un manual de estilo respues­
trabajo de redacción del tipo que sea. tas a cuestiones que hay que plantear a
otras obras como los diccionarios de usos
Las dudas que se presentan al tratar y dudas, por ejemplo. Un diccionario de
de pergeñar un texto destinado a la pu­ usos y dudas nos dice, en relación con
blicación son de todos los colores y for­ las palabras y sintagm as que registra,
mas. También son variopintas las m ane­ cuáles son los plurales que no se ajustan
ras de resolverlas. Un manual de estilo a las reglas ordinarias, la conjugación
tiene la función de elegir, para una pu­ de los verbos irregulares, el régimen
blicación o una entidad determinada, las preposicional de algunas palabras, el gé­
grafías que autoriza y los usos que re­ nero de las palabras que lo presentan
chaza, así com o la parte de docum enta­ dudoso, la propiedad o impropiedad de
ción genérica que pueda resultar útil en ciertos términos, las palabras y construc­
función del tipo de escrito de que se ciones que hem os tom ado im propia­

24
prólogo

mente de otros idiomas y cuestiones se­ dación Germán Sánchez Ruipércz, 1987,
mejantes. 1999 [primera reimpresión]) y el D iccio­
nario de ortografía de la lengua españo­
El presente manual de estilo contiene la (Madrid: Paraninfo. 1996). En este ofi­
información que puede resultar útil tan­ cio de escribir y corregir también pue­
to a los científicos como a los técnicos den resultar útiles el Diccionario de re­
y literatos. Sus normas y los datos que dacción y estilo (2.a cd„ Madrid: Pirámi­
se aportan son com unes a todas las es­ de, 1997), el M anual de edición y auto-
pecialidades. Sin embargo, hay aspec­ edición (Madrid: Pirámide, 1994, 1999
tos, sobre todo en lo relacionado con la [reimpresión]), el Diccionario de lexico­
metodología del trabajo y la forma de grafía práctica (Barcelona: Biblograf,
llevar a cabo ciertos extremos de la es­ 1995) y, finalmente, el Diccionario de
critura científica, en los cuales sin duda usos y dudas del español actual (2.a ed.,
cada uno debería seguir lo que los orga­ Barcelona: Biblograf, 1998).
nismos pertinentes aconsejan para tales
especialidades. Estas presentan necesi­ Me place dar las gracias por su ayuda
dades normativas distintas, de tal mane­ a mis amigos Jon Akordagoikoctxca, Ra­
ra que, como se ha dicho antes, las nor­ món Andrés, Alberto Lázaro Tinaut, Juan
mas de una pueden ser inútiles, o poco Gabriel López Guix, José Antonio Pérez
menos, para otra. Sin embargo, en todas Bouza, Silvia Scnz, Silvia Sesé y A m a­
las especialidades técnicas, científicas o llen Pons i Scrra, de Barcelona; Luis M.
literarias se usan, alfabetizan y traducen G arcía-B arrio, de F iladclfia (E stados
nombres de personas (antropónimos) y Unidos); Gabriel María Vcrd (S. L), de
de lugares (topónimos), se escriben abre­ Granada; Antonio López de Zuazo Algar
viaciones generales y especializadas, ci­ y Bernardo Rcchca Bcrnal, de Madrid;
fras, tratamientos, etcétera. Por otro lado, José Antonio Cordón García, de Sala­
escritores no especializados, periodistas, manca; Blanca Martínez Nieto y Ricard
traductores, correctores de estilo y tipo­ Sebastiá Simarro, deTarrasa (Barcelona);
gráficos, profesores, etcétera, pueden ne­ Jorge de Buen Unna, de Tijuana (M éxi­
cesitar en algún momento la consulta de co); M anuel A nguiano V ille g as (O.
los datos que en este manual se ofrecen Carm.), de Roma (Italia), y Luisa Arman
y que probablemente no van a hallar con Lomba y Víctor Manuel Iglesias Viquci-
facilidad en otros manuales. ra, de Vigo (Pontevedra).

En muchos casos, el contenido de este Quiero dar especialmente las gracias


libro se com plem enta con el de otras a Emilio Delgado López-Cózar, profesor
obras mías publicadas con anterioridad. de la Universidad de Granada (amable
No me ha parecido oportuno (por razo­ presentador de esta obra), y a Karen Sha-
nes que no vienen al caso) repetir una y shok, de la misma ciudad, especialistas
otra vez que es conveniente, si se desea en escritura científica y en edición de
dominar mejor el campo estudiado, con­ revistas científicas. Ellos revisaron aten­
sultar tales obras, pero crco que aquí tamente la primera parte y de ellos he
debo decir que es aconsejable conocer aprendido mucho de lo que en ella digo.
especialmente dos de ellas: el Dicciona­ La responsabilidad última, naturalmente,
rio de ortografía técnica (Madrid: Fun­ es solo mía.

José M a r t í n e z d e S o u s a

25
Prólogo a la segunda edición

J k a c i a s a la amable acogida que Entre las personas que me han ayuda­


esta obra ha tenido por parte de los lec­ do, y a las cuales quiero mostrar mi agra­
tores, en solo un año se ha agotado la decimiento más sincero, debo mencio­
primera edición. Ello permite al autor nar a Fernando A. Navarro (especialmen­
corregir y poner al día la materia, afinar te) y a Juan Francisco Crespo Hidalgo,
las normas, adecuar los ejemplos, redis­ Amadeu Pons i Serra, Xabicr Armenda-
tribuir los datos en casos de necesidad y ritz González de Langarika, Concha F.
dotar al conjunto del orden y la claridad París, Guillermo Calvo, María del Car­
necesarios. Con este pulimicnto, la obra men Ugarte García, José Santiago Mon­
cum plirá con sus fines con mayores ga­ tes y Jordi M inguell, entre otros.
rantías de seriedad y a plena sa tisfac­ Me parece de justicia agradecer las
ción de quienes la han adoptado como criticas que la obra ha merecido. De las
base de trabajo, estudio y consulta. que conozco, debo destacar especialmen­
En esta labor de corrección y puesta te las firm adas por Karen Shashok, José
al día no he estado solo. Muchos am i­ Luis González, Asunción Escribano, Ma-
gos me han escrito con sus listas de as­ rietta Gargatagli y José Antonio Millán.
pectos opinables y perfectibles. Debo Merecen también mi gratitud los miem­
confesar que me he aprovechado desca­ bros de la a h b (Asociación Española de
radam ente de sus opiniones. No he esta­ Bibliología), presentadores de la obra en
do de acuerdo con todas y cada una de Salamanca, y los de la a t i c (Associació
las notas que me han proporcionado, de Traductors i dMnterprets de Catalu­
pero sí con la inmensa mayoría de ellas, nya), organizadores de la presentación
lo que significa que los lectores de tex­ en Barcelona.
tos normativos en español son cada día También agradezco a María-Fernanda
más críticos y más sabios. Esto es bue­ Poblet su excelente trabajo en la confec­
no para la lengua y para la unificación ción del índice alfabético con que se en­
de criterios en la escritura técnica y cien­ riquece esta segunda edición.
tífica, que es el fin que se propone la
obra. José M a r t ín e z m· S ousa

26
Manejo de la obra

Con objeto de facilitar la consulta y trata, en realidad, de una presentación


obtener de ella los máximos beneficios, alfabética de la materia, con desarrollo
antes de sumergirse en los vericuetos de de cada una de sus entradas y remisiones
la obra, el lector debe tratar de com ­ internas de una voz a las voces relacio­
prender sus mecanismos y la forma en nadas directa o indirectamente con ella.
que se presentan sus contenidos, espe­ De esta forma, es difícil que el lector se
cialmente en lo que se refiere a la se­ pierda, por cuanto siempre hallará una
gunda parte. Para la comprensión de la palabra relacionada con aquella que pro­
primera parte basta, en principio, con voca sus dudas, si es que de primera
consultar el índice (pp. 7-12), en el que intención no ha dado con ella. Esta se­
se expone la materia con sus divisiones gunda parte está precedida de un índice
y subdivisiones. Este índice se comple­ de materias (pp. 203-206) en el que apa­
menta con la lista de cuadros y figuras rece una lista con todas las entradas,
(pp. 13-15), en el que se indican los que principales y secundarias, que la forman.
corresponden a cada letra, ya que el nú­ En el tratamiento de las entradas, al fi­
mero de cada cuadro va precedido de la nal, como último párrafo, suele haber
letra en que está inserto. Por ejemplo, el una remisión general a las palabras rela­
cuadro de los nombres de países con sus cionadas con la de entrada o dependien­
capitales y gentilicios está en la entrada tes de ella. Con esta información, el lec­
topónimos y lleva el número T5. Final­ tor dará fácilmente con la materia que
mente, para los casos de duda acerca necesita consultar.
del lugar en que se trata una materia
concreta, a partir de la página 655 se La primera parte se destina a instruir
halla un completo índice alfabético con al lector acerca de la forma de enfocar
las entradas correspondientes a todas las el trabajo intelectual y de redactar el tex­
materias contenidas en la obra. to correspondiente. La segunda es, como
se ha dicho, un diccionario en el que,
La segunda parte puede parecer más por orden alfabético, se exponen las ma­
compleja, pero en el fondo no lo es. Se terias dudosas y las normas que afectan

27
m anejo de la obra

a cada una de ellas desde el punto de cas (las formadas por más de un térm i­
vista de la definición, la grafía, In alfa­ no), el nombre genérico (o solo genéri­
betización, la traducción y otras particu­ co) es el elemento común del conjunto,
laridades relacionadas con el empleo de coincidcntc en otras denom inaciones del
lo que la respectiva entrada sugiere, con m ismo género, mientras que el segundo,
rem isiones a otras voces para am pliar la el nombre especifico (o solo específico),
inform ación o relacionar unos términos es el elemento distintivo, no coincidcntc
con otros del mismo cam po asociativo. con el de otra denominación, aunque esta
Por ejemplo, todo lo relativo a los nom­ com ience con el mismo genérico. Por
bres de pila está en antropónimo, pero ejem plo, en un topónimo com o bahía
también se registran térm inos como ape­ de Cádiz, bahía es el nombre genérico,
llidos, nombres, nom bres de pila, nom ­ y Cádiz, el específico; lo mismo puede
bres de personas, con tratamiento pro­ decirse de bahía de Rosas, montañas Ro­
pio o envío a antropónimo cuando es cosas, rio Ebro, cabo de Buena Espe­
necesario, al tiem po que los aspectos ranza. etcétera; en una entidad o institu­
concretos relacionados con un tipo de ción com o M inisterio de Hacienda, la
antropónim o se estudian en su voz; por palabra M inisterio es el genérico, y Ha­
ejemplo, cognom entos, alias o apodos, cienda. el específico; lo mismo puede
sobrenombres, seudónim os. En general, decirse de M inisterio de Industria, Di­
en cada entrada el texto expone la nor­ rección General de Pesca, Escuela Na­
mativa aplicable al caso. Sin embargo, a val, etcétera; en un nombre comercial o
veces, para facilitar la com prensión de sim ilar com o Hotel Reina Sofía, la pala­
la norma, se proporciona un texto se­ bra H otel es el genérico, y Reina Sofia.
cundario, en forma de nota o am plia­ el específico; lo mismo vale para Bar
ción. Esta se com pone en texto menor, García, Cafetería Rosa, Cine Pelavo, et­
sangrado verticalmente y encabezado por cétera. Como se ve, en unos casos el
una flecha (-*). genérico se escribe con inicial m inúscu­
la y en otros con mayúscula. La regla
Las remisiones a otros puntos o en­ aplicable se explica en la entrada co­
tradas se indican con una flecha como rrespondiente de la segunda parte.
esta: =>. Si el lector se siente interesado
en el conocim iento del fenómeno a que Las normas están siempre ejem plifi­
afecta la remisión, lo mejor es seguir la cadas. Cuando los ejemplos se escriben
dirección de la flecha. en párrafo aparte y son más de uno, solo
el último lleva la puntuación que le co­
En las citas textuales (por lo tanto, rresponda en función de cóm o siga el
puestas entre com illas latinas), un signo texto subsiguiente (generalm ente, tal
igual (=) indica que en el original de puntuación es el punto). En los casos de
donde se toma el texto que se reproduce ejem plos de alfabetización, las entradas
hay punto y aparte. con remisión se grafían de la misma ma­
nera que en principio se aconseja que
En las referencias al em pleo de las em plee el lector cuando se encuentre en
mayúsculas en las respectivas entradas esa necesidad. Es decir, que para indicar
en que se trata de ellas, con frecuencia que el texto de la remisión está inverti­
se habla de nom bre genérico y nombre do, la grafía de esta remisión es:
especifico (o solo genérico y especifi­
co). En las denom inaciones sintagm áti­ cataratas: v. N iágara, C ataratas del.

28
m anejo de la obra

pero en texto seguido habríamos e s c r ito dros I, A5, C'5, 0 4 , H3, G l, H2, L l,
M3, 0 2 , 0 4 , T2, T6, T8. Nu obstante,
cataratas del Niágara. algunas pueden q uedar desco lg ad as,
como las siguientes: a i, alemán; c.f cua­
A lo largo de la obra aparecen algu­ dro;.//:. francés; /., inglés; /7., italiano;
nas abreviaturas y algún que otro signo, port., portugués; también; v. véase
pero en ambos casos son sobradamente también.
conocidos; por ejemplo, sabido es que I:ntrc las páginas 43 y 52 se ofrece al
con v. c. C2 se le quiere decir al lector: lector una bibliografía estructurada que
«véase el cuadro C2» y con el signo § le servirá de gran ayuda en la elección
seguido de una cifra le remitimos a un de las obras de referencia, especialm en­
párrafo concreto. Por esta razón, y por te los libros de estilo, siempre necesa­
la escasa cantidad de abreviaciones que rias en el trabajo intelectual. Más ade­
aparecen en la obra y la trasparencia de lante, en las páginas % y 97, hallará
las que se utilizan, se prescinde aquí de una bibliografía especializada de fuen­
introducir una lista que, además de cor­ tes de información de recursos electró­
ta, sería en cierta manera redundante. nicos y, por último, al final de la obra
Como el lector comprobará consultando hay una bibliografía de las obras con­
la lista de cuadros, muchas de las entra­ sultadas especialmente por el autor. To­
das llevan uno con las abreviaciones más dos ellos son materiales necesarios y es­
utilizadas en el tema al que aquellas se pero que suficientes para guiar al lector
refieren. Véanse, por ejemplo, los cua­ en este campo de la escritura científica.
Introducción

La normalización, el estilo y la edición1

1. La norm alización la lexicografía, la bibliotcconomía, etcé­


tera. Por ceñirnos a la documentación y
Podemos definir la voz normalización al escrito, que es lo que prioritariamente
como la actividad dedicada al estableci­ nos interesa aquí, las normas nacionales
miento HeTrisposiciones relacionadascqn e internacionales afectan a
problemas reales o potenciales para jsu
uso CgffTÓnrg repelido, con el fin de ob­ 1) los nom bres de países;
tener un grado de orden óptimo en de­ 2) la trasliteración de escrituras;
terminado contexto. laies disposiciones 3) la term inología de la información
reciben cTnómBrc*de normas, que pue­ profesional y de la documentación;
den definirse como el «resultado de una 4) la codificación informática de los
normalización realizada en un campo de­ juegos de caracteres;
terminado y aprobada por una autoridad 5) la estadística de los documentos y
reconocí Ja» (iso). de las bibliotecas;
La normalización se apoya en resul­ 6) la identificación y descripción de
tados comprobados técnica y científica­ documentos.
mente, así como en la experiencia acu­
mulada en los más variados campos de Para ello, varios organismos naciona­
la cultura humana. Lejos de limitarse a les e internacionales se dedican a la pro­
las industrias y sus productos, como se­ ducción de normas. Por ejemplo, la b si
ria fácil suponer, se extiende a otras mu­ (British Standards Institution ‘Institución
chas actividades, como pueden ser la do­ Británica de N orm alización’), la a n s í
cumentación, la física, la química y la (American National Standards Institute
bioquímica, la economía, la lingüística, ‘Instituto N acional de N orm alización

1 Los temas tratados en esta introducción pueden ampliarse m ediante la consulta de obras y
trabajos esp ecífico s com o los que se m encionan en la bibliografía que figura en el párrafo 5,
especialm ente el apartado 5.2, páginas 48 ss. También puede resultar útil la consulta de obras y
trabajos concretos de la bibliografía general situada al final de la obra, páginas 647-653.

31
la n orm alizació n , el estilo y la edición

E stadounidense’), la a s t m (Am erican el llamado sistema Didot para la


Society for Testing M aterials ‘Sociedad normalización internacional de los
Norteamericana para el Ensayo de Ma- caracteres tipográficos;
te ria le s \ fundada en 1898), la bip m — en 1872 se dio el primer intento
(Bureau International des Poids et Me­ internacional de norm alizar la no­
sures ‘O ficina Internacional de Pesas y m enclatura en quím ica orgánica
Medidas*, fundada en París en 1875) y con la Nomenclatura de Ginebra;
la i f l a (International Federation o f Li- — en 1875 se creó la O ficina Inter­
brary A ssociations and lnstitutions ‘Fe­ nacional de Pesas y Medidas.
deración Internacional de Asociaciones
de Bibliotecarios y de las Bibliotecas1). En el siglo \ x llega a su cima el
Las norm as se publican por esos or­ esfuerzo normalizador. En 1917 se crea
ganismos en forma de docum entos en en Alemania el Comité de N orm as para
los que se cxplicitan una serie de condi­ la Ingeniería Mecánica General, trans­
ciones que deben cum plirse. Tales orga­ formado después en el Instituto Alemán
nismos se intercam bian las normas pro­ de Norm alización, que crea y publica
ducidas por cada uno de ellos, las cua­ las famosas normas d i n (del nombre en
les sirven asim ism o de base a la iso y a alemán del propio instituto: Dcutschcs
otras organizaciones nacionales c inter­ lnstitut fur Normung). En octubre de
nacionales para la redacción de sus nor­ 1946 se funda en Londres el organismo
mas internacionales. norm alizador mundial, la iso (Interna­
tional O rganizaron for Standardizaron
‘O rganización Internacional de Norm a­
1.1. Los orígenes de ¡a norm alización lización’), con el objetivo de coordinar
y unificar las normas internacionales.
La preocupación por el establecim ien­ En marzo de 1961 se funda en París el
to de un sistema de unidades que perm i­ c e n (Comité Europeo de Normalización)
tiera ordenar el com ercio y la industria para fomentar la implantación de las nor­
no es nueva en la historia de la hum ani­ mas iso en Europa, establecer las suyas
dad. Fuentes Ardcriu (1996, 12) ofrece propias y arm onizar las ya existentes en
la siguiente lista de hechos: los países europeos.
En España existía el Iratra (Instituto
— dos siglos y medio antes de Cris­ Nacional de Racionalización del Traba­
to, en Egipto estaba normalizada jo), que en enero de 1973 cambió su
la m edida de los ladrillos; nom bre por el de Iranor (Instituto de
— en el Imperio romano se estable­ Racionalización y N orm alización) y en
cieron especificaciones sobre las 1986 por el de Aenor (Asociación Espa­
longitudes y los pesos de las cañe­ ñola de Norm alización y Certificación),
rías para la conducción de agua; entidad reconocida actualmente para de­
— en 1234, Jaim e 1 estableció la Mit- sarrollar tareas de normalización y cer­
gera de M onells, un medidor de tificación en nuestro país.
grano vaciado en la piedra calcá­
rea, com o patrón para la medida
de cereales en Gerona; 1.2. La aplicación de las norm as
— en el siglo xvi se consolida en Eu­
ropa la notación musical actual; Es indudable que el hecho de que exis­
— en torno al año 1850 se introdujo tan organizaciones internacionales y na-

32
la n orm alizació n

ciona¡es que se encargan de normalizar yc al desconocimiento de las normas y a


en campo* científicos generales o con­ su correlativo incumplimiento por quie­
cretos solo debe merecer aplauso. Cues­ nes deberían ajustarse a ellas al escribir.
tión bien distinta es que las normas em i­ Conclusión: Los organismos interna­
tidas por tales organismos hallen entre cionales y nacionales siguen trabajando,
los potenciales usuarios el eco que por pero el fruto de su trabajo ejerce, a ve­
naturaleza deberían hallar. May que de­ ccs, poca influencia precisam ente en el
cirlo con claridad: en algunos casos, las terreno donde sus normas deberían ser
normas internacionales o nacionales no conocidas, estudiadas, discutidas y, fi­
han hallado eco, no se em plean. ¿A que nalmente, aplicadas. Esto aum enta la
se debe este fenomeno, siendo así que frustración de quienes escriben para pú­
todos deseamos actuar de acuerdo con blicos especializados que esperan del au­
unas normas, mejor que convertir la co­ tor una guía segura en el marasmo de
municación científica en un campo de opiniones y criterios aplicables a la ma­
Agramante? Las causas son varias y a teria de estudio y escritura. Ante esta
veccs muy complejas. situación, las entidades, en especial los
En primer limar, el desajuste entre la gremios y asociaciones profesionales, así
existencia de la norma y su no aplica­ como las editoriales, tanto bibliológicas
ción por los usuarios puede deberse a la como hemerológicas, crean sus propias
jgnorancia por parte de estos, pero a ve­ normas y aumentan así, si cabe, el mare-
ces se» rtchcjil hecho de que algunas nor­ magno existente. El perjudicado es el
mas internacionales no hacen otra cosa usuario potencia! de las normas, bom­
que reflejar los usos jy costumbres del bardeado por los organismos internacio­
mundo anglosajón, tan distintos en al­ nales y nacionales y además por cada
gunos aspectos de los que en igual caso una de las empresas o entidades para las
corresponden al mundo latino, y los or­ que trabaja, aparte de los autores que
ganismos de alcance nacional se limi­ mantienen criterios divergentes en rela­
t a ^ la mayor parte de las veces, a tradu­ ción con los hechos culturales que les
cir las normas internacionales, sin adap­ afectan. Se me ocurre, pues, ofrecer a
tación alguna a los usos y las"costum- los organismos implicados en estos pro­
bres locales. blemas las siguientes sugerencias:
En segundo lugar^ port^iie^ cojno se
ha apuntado, algunas normas con voca­ Sugerencia prinw n\: Puesto que cier­
ción de universalidad chocan con usos_£ tas normas no tienen que ser (tal vez no
costumbres distintos y no son aceptadas siempre pueden ser) necesariamente uni­
gor los usuarios. versales, en algunos casos §e deberían
En tercer lugar, porque los organis: crear normas particulares para sectores
mos internacionales y nacionales no solo mundiales y especializados que habría
no permiten que sus normas de campos que definir; por ejemplo, para el mundo
concretos y específicos sean divulgadas anglosajón, para el mundo latino, para
por otros autores o entidades pertene­ el mundo eslavo, para el m undo árabe,
cientes a esos mismos campos y así da­ etcétera. Este es el espíritu de la norma­
das a conocer a quienes deben cum plir­ lización universal, pero no siempre se
las, sino que para autorizarlosol ¡citan cumple en todas partes. Pongo un solo
derechos desorbitados que hacen pTóTií- ejemplo: ¿por qué empeñarse en que el
bitivo reproducirlas y darlas a conocer título del lomo de los libros se disponga
para que sean aplicadas. Esto contribu- de arriba abajo, a la anglosajona (como

33
la n o rm alizació n , el estilo y la edició n

mandan las normas iso 6357-1985 y u n e 2. El estilo


50-120-92), cuando en el mundo latino
se ha hecho tradicionalmentc al reves, Las publicaciones que a lo largo de la
de abajo arriba, situación a la que se le historia se han creado para poner de m a­
encuentran más ventajas por lo que res­ nifiesto la necesidad de uniformidad de
pecta a la lectura de esos textos? (Re­ criterios en lo relativo a todos los aspec­
cuérdese que esta disposición, con lec­ tos de la escritura técnica y científica
tura de abajo arriba, es la misma que se desde un punto de vista profesional po­
aplica a los cuadros y grabados que se drían dividirse en tres categorías:
disponen en la página en la misma posi­
ción por razón de su tamaño, de manera — códigos tipográficos, empleados en
que en las páginas pares la cabeza del las imprentas y en las editoriales
cuadro o grabado va al margen de corte bibliológicas (las que editan prin­
y en las impares va al margen de lomo. cipalm ente libros) (v. § 2.2);
Si se dispusieran al revés, para leer sus — libros de estilo, de empleo en los
contenidos habría que girar el libro en periódicos y agencias de prensa
dirección contraria a la de las agujas del para la unificación de criterios en
reloj, lo cual es más incómodo.) el uso de la lengua, modelos de
redacción de los distintos textos in­
Sugerencia- segunda:. Se debería per­ formativos (noticias, crónicas, re­
mitir a los escritores la divulgación, den­ portajes, entrevistas, etcétera) (véa­
tro de trabajos más amplios, de las nor­ se § 2.3);
mas o partes de ellas que facilitan y uni­ — manuales de estilo, que reúnen en
fican el trabajo en un campo determ ina­ sí aspectos de los códigos tipográ­
do. Por ejemplo, un bibliotecario debe­ ficos y de los libros de estilo y
ría poder reproducir algunas de las nor­ que se destinan, especialmente en
mas que afectan a su tema cuando escri­ las editoriales, sociedades y aso­
be acerca de él. En un manual de estilo ciaciones científicas, a sentar las
se deberían poder rcp ro d ix ir algunas bases de la escritura científica de
normas internacionales o nacionales ne­ libros y revistas (v. § 2.4).
cesarias para la unificación de los crite­
rios de escritura. Todo ello, naturalm en­ En principio, los tres tipos de publi­
te, con el conocimiento y la autoriza­ caciones son distintos por su contenido
ción expresa de los organismos im plica­ y su enfoque, así como en lo relativo a
dos, para evitar abusos. Lo que no pare­ sus destinatarios, como hemos visto. No
ce admisible es que para la reproduc­ es extraño, sin embargo, que, desapare­
ción de unas normas que no ocupan más cidos o a punto de desaparecer lo que
de cuatro o seis páginas se pretenda que pudiéramos considerar códigos tipográ­
el autor abone por ellas una cantidad ficos puros o estrictos, las publicacio­
que equivale a la totalidad de sus dere­ nes actuales, destinadas a los diarios, las
chos de autor sobre la obra producida. agencias de prensa o las editoriales, se
denominen promiscuamente libros de es­
Sugerencia tercera: Para facilitar $\ tilo o manuales de estilo, pese a que
cum plim iento dé estas propuestas, los entre unos y otros hay o debe haber al­
Estados deberían, contribuir jiLso&icui- gunas diferencias, no solo de matiz, que
miento de estas instituciones con algo los distinguen.
más que el reconocimiento oficial. Un código tipográfico es un conjunto

34
el estilo

de normas para la realización de un im­ científicas (las especializadas en la edi­


preso, entre las cuales sobresalen las que ción de revistas científicas), pero tam­
'se refieren a las grafías tipográficas. Al­ bién en las bibliológicas (libros), en las
gunos códigos contienen también nor­ nrnívérsidades, entidades, etcétera.
mas para la composición de ciertas par-
'Tés^ del texto (por ejemplo, folios expli­
cativos, grafía de las firmas, disposición 2.1. La labor de los hum anistas
de las citas) o de ciertos textos (por ejem­
plo, las notas, íos índices, fas bibliogra­ La preocupación por la uniformidad
fías, las cronologías). Se utilizaron en de criterios, por la depuración del estilo,
las imprentas y en las editoriales biblio­ por la presentación pulcra y la realiza­
lo g ía s (las especializadas en la edición ción exacta de los originales destinados
3e libros, no de revistas), y en la actua­ a su publicación nace con la imprenta.
lidad sus contenidos suelen Tormar par­ Seguramente con la aparición d e ja pri­
te de los manuales de estilo. mera errata de que se tiene noticia en el
Los libros de estilo son publicaciones Psalm onun codex, impreso en M agun­
generalmente normativas en las que, en­ cia (Alemania) en 1457 por Johann Fust
tre otras cosas, se dice cómo se escribe y Peter Schofler (decía Spalmorum en
una palabra deíe'rmíriadá7~ías palabras lugar de Psalm orum )x nacía tímidamen-
(Jue no deben usarse, los pfurales q u e ja fe la necesidad de luchar contra el error
publicación cree que sóii los correctos y bibliológico, fuera del tipo que fuese.
la grafía elegida para los antropónimos Quienes se encargaron de fijar las re­
y topónimos. Se utilizan en las editoriá- glas de la tipografía y de la ortografía
Tcs que editan^revistas científicas, en los fueron los tipógrafos humanistas, a la
periódicos y en las agencias de prensa. cabeza de los cuales hay que situar al
Los manuales de estilo ofrecen capí; italiano Aldo Manuzio (h. 1449-1515),
tufos en los qué se tratan Talf cuestiones al que siguen los franceses Gcofroy Tory
mas controvertidas eñT relación con un (h. 1480-1533) y los miembros tipógra­
Tipo de^ublicaciones determinadas (de fos de la familia Estienne (empezando
medicina, biología, siquiatría, sicología, por Ilcnri I, cabeza de la estirpe [1460-
ingeniería...), con doctrina sobre el pla­ 1520], y siguiendo por Robcrt [1499-
gio, la redacción científica de un texto, 1559] y Henri 11 [1531-1598], entre los
las normas de ética que afectan al escri­ más importantes). En España, esta fun­
tor científico y las que deben cumplirse ción corresponde al humanista Elio An­
en la redacción de artículos de revistas, tonio de Nebrija (1441-1522: Gramáti­
las formas de hacer citas, etcétera, j se ca de la lengua castellana. 1492; Re­
completar o n aspectos más propios de glas de orthographia en la lengua cas­
litro s de estilo, como la escritura de los tellana, 1517).
antropónimos y topónimos, cuestiones
gramaticales y de ortografía,lerm inolo^
gía, etcétera. En muchos casos se enri­ 2.2. Los códigos tipográficos
quecen con normas de composición y
disposición de los textos, con lo cual se Los códigos tipográficos hallan sus
trata de mostrar al usuario ciertas nor­ remotos antecedentes en ciertos manua­
mas de ortotipografla que eran más pro­ les profesionales destinados a los cajis­
pias de los códigos tipográficos. S£ uti­ tas o compositores tipográficos (v. § 2.4).
lizan especialm ente en las editoriales Estos manuales, en los que se encuen­

35
la n o rm alizació n , el estilo y la edición

tran normas de realización de los impre­ canismo del arte de la imprenta para
sos y de los cuales hay especímenes en facilid a d de los operarios que la exerzan
todas las lenguas, no son todavía ni si­ (1811). Le siguen, entre otros, el M a­
quiera códigos tipográficos propiam en­ nual del cajista y de la tipografía, de
te dichos. Se tiene un antecedente nota­ José María Palacios (1845); el M anual
ble en la obra Orthotypographie, de Je­ de la tipografía española, de Antonio
rónimo H ornschuch, publicada en latín Serra y Oliveres (1852); el M anual de
en Leipzig en 1608 (traducida por Susan la tipografía española, o sea el arte de
Baddeley y publicada en París por Edi­ la imprenta, de José Famadcs Villamur
tions des Cendres en 1997). De hecho, (1882); el Tratado de tipografía o arte
las obras que andando el tiempo se con­ de la imprenta, de José Giráldcz (1884);
vertirán en base de los códigos tipográ­ el M anual del cajista de imprenta, de
ficos y ortotipográficos surgen en Fran­ Francisco Bollo (1889); la Guía prácti­
cia en 1723 con La science pratique de ca del compositor tipógrafo, de Juan José
Vimprimerie, de M artin-Dominique Fer- M orato (1900, «La obra especial mejor
tel, seguido, entre otros, por cl Code des orientada entre las de su clase en lengua
corrections typographiques de Pierre- castellana», en palabras de Fernando
Frangois Didot (1732-1793), considera­ I luartc Morton); el M anual práctico del
do el prim er código tipográfico propia­ cajista de imprenta, de Alvaro Fernán­
mente dicho, y por el Traite de typogra­ dez Pola (1904); la Cartilla del aprendiz
phic, de Henri Fournier (1825); la Guide de cajista de imprenta, de Juan José Mo­
pratique du com positeur d'imprimerie, rato (1929); el M anual del cajista de
de Thcotiste Lefevre (1855, seguida «casi imprenta. de F. Fábregues y J. M. Saa-
hasta el plagio» por Juan José Morato vedra (1933); El libro del corrector: va­
en su obra de 1900, incluso en el título, demécum de los escritores y de los pro­
como él mismo confiesa); Les regles de fesionales de la tipografía, de Pclcgrín
la composition typographique, de Désiré Melús y Francisco Millá (1940); la Teo­
G reffier (1898); M anuel pratique de ría y práctica de la tipografía con no­
com position typographique, de Victor ciones de las industrias afines, de Vi­
Bretón (1 9 1 1), y otros, entre los que pue­ cente Martínez Sicluna (1945); la Carti­
de mencionarse uno de los últimos, M a­ lla de tipografía para autores: prepara­
nuel de typographic et de mise en page, ción de originales y corrección de prue­
de Frangois Richaudeau (1989), y La bas, de Fernando Huartc Morton (1955);
chose imprimée, dirigido por John Drey­ la Corrección de pruebas tipográficas,
fus y Francois Richaudeau (1987), tra­ de R. Ramos M artínez (1963); La com ­
ducido al español con el título de D ic­ posición en artes gráficas, de Euniciano
cionario de la edición y de las artes grá­ M artín (2 vols., 1970 y 1974), y, de José
fic a s (1990). M artínez de Sousa, el D iccionario de
En España hay un prim er trabajo, Ins­ tipografía y del libro (1974), el Diccio­
titución y origen del arte de la imprenta nario de ortografía técnica (1987) y el
y reglas generales para los com ponedo­ M anual de edición y autoedición (1994).
res, escrito hacia 1680 por Alonso Víctor Pero tal vez el primer código tipográ­
de Paredes. C ontam os, adem ás, con fico propiamente dicho sea el titulado
obras de tratadistas tipógrafos destaca­ Code des corrections typographiques de­
dos, entre los cuales descuellan el pri­ bido al impresor y librero francés Picrre-
m er tratado español de tipografía, escri­ Frangois Didot (1732-1793). Aparte de
to por Juan José Sigüenza y Vera, el M e­ los libros técnicos destinados a la forma­

36
el estilo

ción de cajistas y a la descripción del impone, pues, el establecimiento de unas


oficio de componer textos y formar mol­ normas de trabajo que unifiquen crite­
des de imprenta, el primer código tipo­ rios y sirvan de guía tanto para autores
gráfico del siglo xx lo inicia en 1922 la y traductores como para correctores de
Sociétc amicale des protes et corrccteurs estilo y para correctores tipográficos
(Sociedad Profesional de Regentes de (que así «heredan» la responsabilidad
Imprenta y Correctores); la primera edi­ que anteriormente correspondía a los co­
ción se publica después de dos años de rrectores de estilo).
trabajo. En 1977, con el título de Code
typographique: choix de regles a I 'usage
des auteurs et profession neis du livre, 2.3. Los libros de estilo
apareció en París la duodécima edición
bajo los auspicios del Syndicat natio­ Antes de que dispusiera de sus pro­
nal des cadres et maitrises du livre, de pios libros de estilo, la prensa se había
la presse et des industries graphiqucs; la valido, como es lógico, de los códigos
dccimosélima edición apareció también tipográficos por lo que respecta a la pre­
en París en 1993, esta ve/ auspiciada sentación gráfica (v. § 2.2), mientras que
por la Federation C. G. C. de la com­ en lo relacionado con el estilo de escri­
munication. tura, especialmente con los aspectos gra­
En España no se ha editado nunca un maticales y léxicos, había que atenerse,
código tipográfico formal. Cuando más, de forma general, a lo establecido por la
algunos folletos de normas para uso y Academia Española en sus publicacio­
disfrute de una sola editorial. Se puede nes.
poner el ejemplo, entre otros, de las nor­ Los libros de estilo periodísticos son
mas internas de dos editoriales ya desa­ un producto típicamente estadouniden­
parecidas: Editorial Brugucra, Normas se. Tal vez uno de los primeros, si no el
para traductores y correctores de Edito- primero, sea el que en 1962 publicó el
rial Bruguera (39 pp., 1971), y Edito­ New York Times, titulado The New York
rial Labor, Normas de trabajo (60 pp., Times style b o o kfo r writers and editors,
1979), ambas impresas. Otras editoria­ que en 1977 publicó su segunda edición
les, como Seix Barral y Barral Editores, con el título de The New York Times,
de Barcelona como las anteriores, dis­ M anual q f style and usage. En 1978 apa­
ponían de normas mecanografiadas des­ reció el libro de estilo del Washington
de 1969 (en ambos casos se titulaban Post, titulado The Washington Post desk-
Normas de producción y eran muy pa­ book on style. The Times, de Londres,
recidas). Por desgracia, existe entre no­ tuvo desde 1970 hasta 1984 un libro de
sotros el prurito de que nadie lo hace estilo titulado Style book and spelling
mejor que uno mismo, y ello nos lleva a words adopted by The Times. En noviem­
considerar que nuestro criterio es inm e­ bre de 1984 fue sustituido por las nor­
jorable. Sin em bargo, las cosas están mas del Oxford dictionary fo r writers
cambiando últimamente. Los editores se a n d editors (ed itad o p o r C larendon
han dado cuenta de que ciertas correc­ Press, 1981, puesto al día anualmente),
ciones recurrentes les salen demasiado al que se añadían cinco páginas con las
caras, y, por otro lado, la entrada del diferencias propias del diario. Este dic­
ordenador en la tipografía facilita el cionario de escritores y directores ha sido
aprovechamiento del trabajo de meca­ tomado también como base de su estilo
nografiado del autor y del traductor. Se por otros muchos periódicos de lengua

37
la n o rm alizació n , el estilo y la edición

inglesa, que se limitan a publicar unas título de M anual de estilo para informa­
páginas en las que hacen constar sus pre­ dores de radio, publicaron conjuntamente
ferencias expresivas. Por ejemplo, The Radiotelevisión Española y Radio Nacio­
Guardian añade 55 páginas, tituladas The nal de España, seguido, en 1985, por el
Guardian style book. de Miguel Pérez Calderón, Libro de es­
El Nene Zürcher Zeitung, de Zúrich tilo de los Servicios Informativos (obra
(Suiza), tiene un libro de estilo de 88 pá­ de escasa calidad y con excesivos erro­
ginas originado en un conjunto de nor­ res). En 1991 apareció el Libro de estilo
mas al parecer iniciadas en 1968, que de Canal Sur Televisión, de Sevilla; en
actualmente se titula Sprachlich-Technis- 1993, el Libro de estilo de Telemadrid,
ches Vademecum Jur die Redakíoren, Ko- y en el mismo año, el M anual de estilo
rrespondenten und M itarbeiter der Nene de t \ e , redactado por Salvador Mendieta.
Zürcher Zeitung, cuya segunda edición En cuanto a las instituciones, se cuenta
es de 1982. con las siguientes obras: M anual de es­
En España, los libros de estilo de la tilo del lenguaje administrativo, publi­
prensa han prolifcrado desde los prim e­ cado por el Ministerio para las Admi­
ros años ochenta. Desde el M anual de nistraciones Públicas (Madrid, 1990); el
español urgente (12.a ed., 1998), de la Libro de estilo, redactado por Valentín
Agencia Efe, que sirve de faro a mu­ Arias López y publicado por la Conse-
chos periódicos nacionales y extranje­ llería de Cultura e Xuventude, de San­
ros («es el más antiguo de los publica­ tiago de Compostcla (1993); Joan Sola
dos en la com unidad de habla españo­ dirigió dos libros de estilo en catalán: el
la», se dice en su prólogo), hasta el de primero, titulado Llibre d'estil, para la
El M undo (Madrid, 1996), pasando por Caixa d ’Estalvis i Pensions de Barcelo­
el de El País, que va ya por la 14.a edi­ na (1991), y el segundo, titulado Llibre
ción (Madrid, 1998), el de La Vanguar­ d 'e stil de VAjuntam ent de Barcelona,
dia (Barcelona, 1986), el de La Voz de para el Ayuntamiento de Barcelona (1995).
Galicia (La Coruña, 1992) y el de Abe La Universidad Nacional de Educación
(Madrid, 1993). Su abundancia no va en a Distancia ( u n e d ) tiene también su li­
detrimento de la uniformidad de crite­ bro de estilo, el M anual de estilo, redac­
rios en gran medida, como se podría su­ tado por José Romera Castillo y otros y
poner, porque, en general (con pocas ex­ publicado en Madrid (1995).
cepciones notables), se copian unos a Hay también una serie de libros de
otros y las diferencias en lo relativo al estilo generales, cuya calidad y adecua­
léxico y la ortografía son prácticamente ción a las propias necesidades habrá de
nulas. Se trata, más que de folletos (o establecer el lector, previo análisis. Co­
poco más), como suele ser habitual en nozco los siguientes: Libro de estilo uni­
algunos periódicos extranjeros, de ver­ versitario, de Carlos Arroyo Jiménez y
daderos volúmenes que suelen superar Francisco José Garrido Díaz (Madrid:
las doscientas páginas. Con todo, debe Acento, 1997); M anual general de esti­
advertirse que algunos de estos libros lo, de Firmas Press (M adrid: Playor,
de estilo tienen poco interés y, en algu­ 1994; obra que hay que consultar con
nos casos concretos, excesivos errores precaución); el Libro de estilo para j u ­
de todo tipo. ristas. de Antonio Millán Garrido (Bar­
También las emisoras de radio y tele­ celona: Bosch, 1997); el Libro de estilo
visión tienen sus libros de estilo. Tal vez para universitarios, de Miguel Ángel
el primero sea el que en 1980, con el Santos Guerra, Benjamín Mantecón Ra­

38
le í C U K I U i I

mírez y Cristóbal González Álvarez (Má­ fue publicada de forma independiente en


laga: Miguel Gómez, 1995); M anual 1957. [...]» (Emilio Delgado López-Có-
práctico de estilo, de Ramón Sol (Barce­ zar, 1998, 64-65).
lona: Urano, 1992). De este tipo de obras, en España solo
disponem os del D iccionario de orto­
grafía técnica (José M artínez de Sousa,
2.4. Los m anuales de estilo M adrid: Fundación G erm án Sánchez
Ruipérez, 1987, reimpr. 1999) y del M a­
Aunque algunos libros de estilo pe­ nual de estilo publicado por la revista
riodísticos llevan por título manual de M edicina Clínica (Barcelona: Doyma,
estilo, esta denominación suele reservar­ 1993). En catalán se cuenta con el M a­
se para los libros de estilo editados por nual d 'estil: la redacció i l 'edició de tex­
v para las editoriales, ya que su conteni- tos. de Josep M. M estres y otros (Barce­
üo, disposición y aplicación son bien dis­ lona: Eumo, 1995), obra notable por su
tintos de los que afectan al mundo pe­ riqueza y el orden expositivo.
riodístico. Aunque tienen como prece­
dentes históricos los códigos tipográfi­
cos y las normas ortotipográficas que 3. La edición científica
forman parte de los libros sobre técnica
tipográfica, en la actualidad estos libros El prim er p erió d ico científico» el
se alimentan tanto de los códigos tipo­ Journal des Savants, apareció por pri­
gráficos como de las normas para la edi­ mera vez el 5 de enero de 1665 bajo la
ción científica (v. § 3). dirección de Denis de Sallo, pero la no­
Los manuales de estilo más antiguos ción de edición científica aplicada a los
son el de la Oxford University Press trabajos publicados en las revistas cien­
(1893) (Hart s rules fo r compositors and tíficas empieza a tomar cuerpo y a de­
readers at the Oxford University Press, sarrollarse a partir de los años cincuenta
39.J ed., Nueva York, Oxford University del siglo xx, cuando las viejas revistas
Press, 1983) y el de la Chicago Univer­ se ven desbordadas por la abundancia
sity Press (1906) ( The Chicago M anual de ofertas de trabajos para su publica­
o f Style, 14.* ed.t Chicago, University of ción, trabajos generalmente mal escritos
Chicago Press, 1993). Ambos manuales y de escasas cualidades de legibilidad.
tienen hoy un innegable prestigio inter­ En los Estados Unidos, el American
nacional. Sin embargo, no nacieron di­ Institutc o f Biological Sciences (Institu­
rectamente como manuales de estilo, sino to Estadounidense de Ciencias Biológi­
como reglas para uso de las respectivas cas) de Washington publica en 1960 lo
imprentas. En relación con esto, «La his­ que se considera el más antiguo de los
toria del manual de la a p a [American manuales para la enseñanza de la redac­
Psychological Association ‘Asociación ción científica, el Style m anual fo r bio­
Norteamericana de Psicología’] es muy logical journals, cuya autoría correspon­
representativa de lo que ha ocurrido a de a la Conference o f Biology Editors
este respecto en otros campos científi­ (concretamente, al Com mittee on Form
cos. Las siete páginas de las instruccio­ and Style). Las ediciones subsiguientes
nes de 1929 pasaron a treinta y dos en (1964, 1972, 1978, 1983 y 1994) corren
1944 y a sesenta en 1952, que es cuan­ a cargo del Council o f Biology Editors
do se publica la primera edición del m a­ (Consejo de Editores de Biología), or­
nual como un suplemento de la revista; ganismo que instituye un Committee on

39
la n orm alización , el estilo y la edición

Editorial Policy (Comité de Política Edi­ El comité elaboró en 1982 unos Rei/ui-
torial). En 1987 se tradujo al español la sitos de uniformidad para originales pre­
quinta edición del Style m anual con el sentados a revistas biomédicas que en
título de M anual de estilo: guia para 1997 alcanzaron la quinta edición. A c­
autores, editores y revisores en el cam ­ tualmente, más de quinientas revistas de
p o de la medicina y la biología (versión todo el mundo siguen y recomiendan es­
española de M arta Pulido). tas normas de uniformidad en la presen­
En Europa, la investigación en este tación de originales. El objetivo de es­
terreno es mucho más lenta y modesta. tos requisitos es conseguir que los tra­
En 1964, el editor Karger, de Basilea bajos que se presentan a las revistas
(Suiza), edita un folleto con propuestas adheridas cum plan tales requisitos y las
de reglas de escritura científica. En 1970, revistas los acepten. Con ello se consi­
J. N. M aillard y J. P. Benham ou publi­ gue que el científico tenga la seguridad
can L'article medical (París, L’Expansión de que su trabajo no será rechazado por
scientifique) y en 1973 aparece Com- cuestiones formales. Es de alabar la de­
m ent écrire, com m ent dire. en m édecine, cisión del c i d r m no solo de permitir la
de Roger Bénichoux (París: M asson, copia y reproducción de sus normas, sino
1973). también el hincapié que hace en que ello
Entretanto, el American National Stan- suceda: «El com ité anima a la distribu­
dards Institute ( a n s í ) de Nueva York pu­ ción de este material». Compárese con
blica en 1969 una norma para la abre­ la actuación de la iso y de Aenor... (véa­
viación de los títulos de las publicacio­ se § 1.2).
nes periódicas y en 1972 da a conocer En los años setenta se funda en el
la «Preparación de los artículos científi­ Reino Unido la European Association o f
cos para su presentación escrita u oral», Science Editors ( e a s e ) (Asociación Eu­
en la que define la fórmula iM RaD (Intro- ropea de Editores Científicos), que pu­
duction, Material and M ethods, Resulls blica European Science Editing, boletín
and Discussion ‘Introducción, material de enlace entre los responsables de edi­
y m étodos, resu ltad o s y d isc u sió n ': toriales científicas europeas y los profe­
iM R y o ), las cuatro partes en que desde sionales de la edición científica.
entonces se divide el artículo científico, En España la preocupación por la pre­
muy difundida actualm ente (v. p. 104). sentación uniforme de los originales des­
En 1978, un pequeño núm ero de di­ tinados a revistas científicas es más tar­
rectores de revistas m édicas generales, día. I lay trabajos desde los primeros años
m ás tarde conocido com o el Grupo de setenta (por ejem plo, David Romano:
Vancouver, se reunieron en Vancouvcr Elementos y técnica del trabajo científi­
(Colum bia Británica [Canadá]) para es­ co, 1973). También contribuyeron a la
tablecer las pautas relativas al formato aplicación creciente de normas científi­
de los originales que los autores enviaban cas obras como el Diccionario de orto­
a sus revistas. Sus norm as para la uni­ grafía técnica, de José M artínez de
form idad de los originales fueron publi­ Sousa, destinado al mundo editorial en
cadas por primera vez en 1979. Actual­ general, pero no faltan dignos ejemplos
m ente, este grupo se ha convertido en el de preocupación por la uniformidad de
In tern atio n al C om m ittee o f M edical los originales destinados a revistas cien­
Journal Editors ( i c m j e ) (Com ité Inter­ tíficas, como el ya mencionado M anual
nacional de Directores de Revistas Mé­ de estilo, hasta el presente el único m a­
dicas [ c i d r m ] ) , que se reúne anualmente. nual de estilo científico publicado en Es­

40
norm a, uso y autoridad lingüística

paña, editado por la revista Medicina Clí­ la escritura científica. Pero el problema
nica, dirigido por Ciril Rozman y re­ no está solo en las normas y en el uso:
dactado por un equipo de destacados es­ está también en la autoridad.
pecialistas en cada una de las materias
tratadas.
La edición científica, pues, ha hecho 4.1. Norm a y uso
que el cientificism o de la edición ad­
quiera una importancia enorme en los Una norma, en sentido lingüístico, es
tiempos actuales, en que la producción el conjunto de regTás restrictivas que de­
literaria científica adquiere caracteres finen lo que se puede utilizar en el uso
preocupantes por su cantidad y disper­ de una lengua si se ha de ser fiel a cier­
sión. to ideal estético o sociocultural. La nor­
ma supone la existencia de unos usos
consíderádoTcorrectos y otros conside­
4. N orm a, uso y a u to rid a d lingüística rados incorrectos, definidos ambos en
las gramáticas y ortografías normativas
Estrechamente ligados a la normali­ y en los diccionarios del mismo corte.
zación y al estilo se hallan los concep­ La impone una institución reconocida
tos de norma, uso y autoridad. Ponga­ por la sociedad, institución que para el
mos la última en primer lugar del análi­ español, tanto el europeo como el hispa­
sis: si el usuario del lenguaje, cualquie­ noamericano, es la Real Academia Es­
ra que sea su nivel, no acepta de bucjja pañola, fundada en 1713. Su función es
g!Tna la autoridad de las entidades en­ discutida, pero su autoridad sigue sien­
cargadas de legislar, de nada sijv e jm e do mayoritariamente aceptada.
exista una norma, la cual, para su mayor Sin embargo, una norma ortográfica
justificación, debe estar en consonancia puede estar en vigor durante siglos pese
con un uso y servir como de eco o resor a que nadie la cumpla; y si una norma
nancia de él. El problema de la acepta­ no se cumple en absoluto, pese a lo cual
ción de la autoridad se relaciona con la todo funciona bien, es que la norma so­
facultad que esta tiene de legislar partí bra. La última edición de la gramática
el individuo y no para sí misma. La fal­ académica tiene, de hecho, más de se­
ta de acuerdo entre lo que el uso esta­ tenta años de antigüedad, puesto que la
blece y lo que registra la norma es otro edición de 1959 era en todo semejante a
de los escollos con que tropieza quien la de 1931 y probablemente esta se pa­
escribe. No es fácil que se llegue al ple­ recía mucho a la de 1920, cuyo prólogo
no acuerdo de cuantas entidades en este reproducen ambas, la de 1931 y la de
mundo se dedican a legislar en aspectos 1959. Publicado el prometedor Esbozo
que afectan al escritor (especialmente al de una nueva gramática de la lengua
escritor científico), y tal vez eso sea lo española en 1973, desde entonces sigue
mejor que puede suceder, pero, así como en estado de esbozo, puesto que la Gra­
hay aspectos de la cultura que no recla­ mática de la lengua española de Emilio
man urgentemente una legislación, hay Alarcos Llorach (1994) y la Gramática
otros que, por el contrario, necesitarían descriptiva de la lengua española de Ig­
un conjunto de reglas claro, sencillo y nacio Bosque y Violeta Demonte (1999)
fácilmente aplicable. Y necesitarían, ade­ han sido publicadas por la Academia,
más, que esa legislación sustituyera al pero ninguna de ellas es «su» gram áti­
marasmo de usos y abusos actuales en ca. Por lo que respecta al Diccionario

41
la n orm alización , el estilo y la edición

de la lengua española, el Diccionario ten en autoridad lingüística, pero el cojp-


por antonomasia para quienes hablamos 'cépicTes tan vago que resulta difícil de­
y escribimos en español, arrastra tal can­ cidir que es ser buen escritor. Si nos re­
tidad de defectos lexicográficos, que su ferimos, como es habitual, a los clási­
consulta se convierte a menudo en un cos, es obvio que su escritura nos pare­
engorro. Por poner un ejemplo, si se con­ ce excelente, pero muchas de sus fór­
sulta la palabra delegación, que es un mulas y formas ya no nos sirven hoy.
sustantivo femenino, la Academia res­ De hecho, muchas veces se convierten
ponde con un verbo transitivo, puesto en autoridades lingüísticas o para cues­
que dice: «Acción y efecto de delegar»; tiones lingüísticas escritores o tratadis­
es decir, que para saber qué significa tas que no son ni clásicos ni académ i­
delegación tenemos que consultar dele­ cos.
gar, la cual nos dará una respuesta ver­
bal, no sustantiva.
Así pues, no es de extrañar que el uso 5. B ibliografía específica
vaya por delante de la norma, situación p ara escrito res y trad u c to res
que puede crear verdaderos problemas a
quienes desean mantenerse dentro de la Tanto los escritores como los traduc­
norma académica. Si la Academia ha de tores necesitan rodearse de una bien nu­
adm itir en su Diccionario palabras o sig­ trida biblioteca en la que figuren las
nificados que tienen todos los méritos obras que emanan de las autoridades o fi­
para ello, debe hacerlo antes de que se ciales y también las de los autores en
conviertan en problema. los que el escritor deposite su confianza
a la hora de resolver sus problemas.
Trazar el contenido de una bibliogra­
4.2. A utoridad lingüistica fía es sumamente complejo. Tentativa­
mente se pueden proporcionar bibliogra­
Debido a la delicadeza suma del arma fías o listas de libros especializados para
que maneja, el lenguaje, el escritor no cada uno de los campos que a un autor
lingüista necesita con frecuencia apoyar le pueden interesar, pero nadie como el
su criterio en la opinión de quienes m e­ propio escritor o traductor para definir
jo r escriben o de quienes tienen conoci­ sus necesidades bibliográficas y la for­
mientos acerca de la lengua. Para ello ma de satisfacerlas. A la hora de elegir
busca el amparo de entidades como la un libro, debe el usuario tomarlo en sus
Real Academia Española o de obras que manos y analizarlo aunque sea som era­
íe merecen confianza a la hora de resol­ mente. En este análisis debería prestar
ver sus problemas con la gram ática y el atención cuando menos a dos aspectos:
lenguaje. Ciertam ente, es difícil para un por un lado, el contenido, su alcance, su
escritor basarse en una sola autoridad. profundidad, su tratamiento en la obra,
Se entiende que en una lengua como la y por otro lado, la forma de presentarlo:
nuestra, donde se acepta de buena vo­ formato, tipografía, disposición en la pá­
luntad la autoridad académica, esta no gina, facilidad de lectura, etcétera. Si su­
responda siempre a las necesidades de ponemos que el usuario busca un dic­
quien se dedica, por profesión o esporá­ cionario de lengua, debe tener en cuenta
dicamente, a dejar constancia escrita de que para los usos a que lo va a destinar
lo que piensa, siente u opina. Se dice probablem ente necesita que contenga
que los «buenos escritores» se convier­ más de cuarenta mil entradas, ya que de

42
b ibliografía específica para escritores y traductores

lo contrario tal vez en muchos casos no M o l i n e r , María: D iccion ario de uso d el esp a ­

responderá a su consulta por falta de da­ ñol. 2 vols., 2.J ed., Madrid: C redos, 1998
(1 .a ed., 1966 y 1967).
tos. La cantidad de contenido es, en cual­ — D iccionario d e uso d e l español, ed. abrev.,
quier caso, importante, pero esa cantidad Madrid: C redos, 2000.
debe venir acompañada de la mínima ca­ S k c o , Manuel, Olim pia A n d r é s y Gabino R a­
lidad tanto en el tratamiento de la mate­ m o s : D iccionario d e l españ ol actual, Madrid:
Agilitar, 1999.
ria como en la forma de presentarla.
Partiendo de criterios muy parecidos
a estos, se ofrece seguidamente un ensa­ 5.1.1.3. D iccionarios d e lengua
yo de bibliografía que puede resultar útil en so p o rte inform ático
a escritores y traductores. El hecho de
A c a d e m i a E s p a ñ o l a : D iccion ario de la lengua
figurar en esta lista no es signo forzoso española [ c d - r o m ], Madrid: Real Academia
de calidad. Las obras aquí mencionadas Española, 1995.
son de calidades muy distintas, y algu­ D iccionario general de la lengua española Vox
nas incluso desechables. El lector debe [ c d - r o m ], Barcelona: Biblograf, 1997.
G ran d ic c io n a rio d e la len gu a españ ola [ c d -
tener conocimiento de ellas, saber que
r o m ). Barcelona: Larousse Planeta, 1996.
existen. Su elección, como he dicho an­ M o l i n e r , María: D iccion ario d e uso d el esp a ­
teriormente, debe ser el resultado de un ñol [íd -k o m ], Madrid: Gredos, 1996.
análisis personal de la obra para elegir
las que se ajusten a sus necesidades y
desechar las que no alcancen la catego­ 5.1.1.4. D iccionarios d e lengua
en lenguas extranjeras
ría suficiente.
1) Para el inglés:
English Language D ictionary (cobuild), Glasgow:
5.1. Diccionarios HarperCollins, 1987.
English Learners ’D ictionary Chambers/Vox, 2.* ed.,
Barcelona: Biblograf, 1997; ofrece un conte­
5.1.1. D i c c i o n a r i o s de len gu a
nido en lengua inglesa con equivalentes en
español en sus acepciones.
5.1.1.1. D iccionarios norm ativos
Longman D iction ary o f the English Language.
Harlow: Longman, 1991.
A c a d e m i a E s p a ñ o l a : D iccionario d e la lengua
N ew Oxford English D ictionary, 20 vols., Oxford:
espa ñ o la , 2 1 / ed., Madrid: Espasa-C alpe,
Oxford University Press, 1989 (existe una edi­
1992.
ción en 2 vols., N ew Sh orter Oxford English
Dictionary, Oxford: Oxford University Press,
1993).
5.1.1.2. D iccionarios descrip tivo s Random House D iction ary o f the English Lan­
guage, Nueva York: Random H ouse, 1987.
D iccionario general d e la lengua española ilus­ Webster's E ncyclopedic U n abridged D ictionary
trado Vox, Barcelona: Biblograf, 1997; antes. o f the English Language. Nueva York: Gra-
D iccionario genera! ilustrado d e la lengua mcrcy B ooks, 1989.
española Vox, abreviado d g i l e . W ebster !v Third N ew Intern ational D ictionary,
D iccionario general de la lengua española Vox. Springfield, MA: Mcrriam Webster, 1986 (en
Barcelona: Biblograf, 1997; antes. D icciona­ uno o tres volúm enes).
rio actual de la lengua española, abreviado
DALE. 2 ) Para el francés:
D iccionario Salam anca d e la lengua española. D ictionnaire de la langue fra n ca ise, París: La­
Madrid: Santillana, 1996. rousse, 1995.
D iccionario d e uso d e l españ ol (Clave), Madrid: G i r o d e t , Jean: D ictionn aire d e la langue fr a n -
s m , 1996. fa ise, 2 vols., París: Bordas, 1997.
Gran diccionario d e la lengua española. Barce­ Le g ra n d R obert d e la langu e fra n c a i se: d ic ­
lona: Laroussc Planeta, 1996. tionnaire a lph abétiqu e el analogique d e la

43
la n o rm alizació n , el estilo y la edición

langue fra n c a ¡se. 9 vols., Paris: Le Robert, gles-esp a ñ ol, 2 .* ed., Madrid: Oxford Uni-
1991; cd. rev. por Alain Rey. versity Press, 1998.
G u i l b l r t , Louis, René L a g a ñ a y Georges N 10- G a r c í a - P e l a y o , Ramón, y otros (dirs.): Gran
BEY (dirs.): G ran d Larousse de la langue/r a n · d ic c io n a r io e s p a ñ o l-in g lé s , E n g lis h -S p a ­
faise, París: Larousse, 1989. nish. Edimburgo y Barcelona: Larousse, 1993.
I m u s , Paul, y Bernard Q u f .m a d a (dirs.): Trésor H a s t i n g s , A ndrew (dir.): A d v a n c e d E nglish
d e la langue fra n q a ise : dictionn aire d e la ian- D iction ary Vox-Longman E nglish-Spanish, es­
g u e du xix* e t du xxr siécle, 16 vols., París: pañol-inglés, Barcelona, Biblograf, 1997.
CNhs-Klincksieck-Gallimard, 19 7 1- 1994. S m i t i i , C olin, y otros (dirs.): D iccion ario C ollins
Le nouveau P etit R obert, París: Le Robert, 1996. inglés-español, English-Spanish. 5.“ ed., Lon­
dres y Barcelona: Grijalbo, 1998.
3) Para el alemán:
D a s g ro ß e W ö rterb u ch d e r d eu tsch en S p ra ch e, 2) Español-francés, francés-español:
8 vols., M annheim -Leipzig-Viena-Zurich: Du­ G a r c í a - P e l a y o , Ramón: Gran d iccion ario es-
denverlag, 1993. p a ñ o l-fra n c és. fr a n c é s-e s p a ñ o l, Barcelona:
Wahrig. D eutsch es W örterbuch. Gütersloh: Ber­ Larousse Planeta, 1994.
telsmann, 1997.
3) A lem án-español, español-alemán:
4) Para el italiano: K lett D iccionario español-alem án, alem án-espa­
D e v o t o , G iacom o, y Gian Carlo Om: D izionario ñol, 2 vols., Barcelona: Biblograf, 1997.
d e lla lin gu a ita lia n a , Florencia: Felice Le M ü l l e r , Heinz, y Günther H a e n s c h : Langen·
Monnícr, 1990. sch eid ts H andw örterbuch Spanisch-D eutsch,
D iz io n a r io ita lia n o S a b a tin i C o le tti (d isc ). D eutsch -Spanisch, II.· ed ., B erlín-M únich-
Florencia: Giunti, 1997. Viena-Zúrich-Nueva York, 1998.
G rande d izio n a rio G arzan ti della lingua ita lia - S l a b y , Rudolf, R udolf G r o s s m a n y Carlos I l l i g :
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Zingarelli. Vocabolario della lingua italiana 1999, Sprache. D iccionario de las lenguas españ o­
Bolonia: Z anichclli, 1998. la y alem ana, 2 vols., W iesbaden-Barcelona:
Brandstetter-Herder, 1994.
5) Para el portugués:
A l m e i d a , J., A . S a m p a i o : D icio n á rio da lingua 4) Italiano-español, español-italiano:
portu gu esa. 7.“ ed., Oporto: Porto, 1997. A m b r u z z i , Lucio: Nuovo dizio n a rio spagnolo-
F e r k e i r a , A urelio Buarquc de Holanda: N ovo italian o italian o-spagn olo, 2 vols., 7.“ ed., 24.a
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G á m e z , Tana de (dir.): D iccionario internacio­ — D iccionario de información, com unicación y
nal Simón a n d Schuster inglés-español, esp a ­ periodism o, 2.* ed., Madrid: Paraninfo, 1992.
ñol-inglés. 2.* ed., Nueva York: McNlillan, 1997. — D iccionario de bibliología y cien cias afines.
G a m m b e k t i J a r m a n , Beatriz, y R o y R u s s i - l l 2.a ed., Madrid: Fundación Germán Sánchez
(dirs.): D iccio n a rio O xford español-inglés, in­ Ruipérez, 1993.

44
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b iblio grafía esp ecífica para e scritores y tradu ctores

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Primera parte

El trabajo intelectual
1 El trabajo documental

Lfl^publicación de una obra científica de llevar a cabo esta función entran en


o un ajtícufocientífico es lá última par­ acción una serie de mecanismos que el
óte de un trabajo de investigación. Al in- redactor o escritor debe tener en cuenta.
Tormar a la comunidad científica se con­ Una obra técnica o científica, sea un ar­
tribuye al desarrollo de la ciencia. En in­ tículo para una revista o un libro, debe
vestigación científica, escribir es una ne­ redactarse según unas técnicas general­
cesidad: «publica o perece», suele decir­ mente aceptadas.
se, dando a entender que en ciertos me­
dios la no formulación por escrito de los
resultados de las investigaciones o de las 1. Las fuentes de consulta
especulaciones redunda en el desconoci­
miento de tales hallazgos y de su autor. Las j u entes son los documentos que
También algunos técnicos o expertos aportan información para el estudio de
en materias determinadas necesitan po­ una materia. Pueden ser muy variadas;
ner en común con los colegas de todo el por ejemplo, las actas de un congreso o
mundo sus conocimientos de una mate­ de una institución oficial, manuscritos,
ria o de parte de una materia, y en vir­ obras originales, publicaciones periódi­
tud de ello deben afrontar la escritura de cas, libros, folletos, informes científicos
un artículo o de una obra. y técnicos y otras. Pueden ser de prime-
Asimismo, el estudiante que debe re­ ra o de segunda mano.
dactar una tesina o una tesis de doctora­
do debe poner por escrito los resultados
de sus investigaciones o especulaciones, 1.1. F uentes de prim era
con objeto de presentarlos ante las auto­ y de segunda m ano
ridades académicas correspondientes.
Todo ello exige que los resultados del Las fuentes con que puede trabajar
trabajo intelectual o especulativo se pon­ un escritor para realizar un trabajo so­
gan negro sobre blanco en un soporte, bre un tema pueden ser de dos tipos:
papel o archivo informático. A la hora primaria, original o de primera mano y
el trabajo d o cu m en tal

secundaria, derivada o de segunda m a­ tar de verlas y valorarlas por sí mismo.


no. Son fuentes primarias las totalmente Sin embargo, alguna vez será ciertamente
originales; suelen considerarse origina­ difícil acceder a la fuente de primera
les docum entos com o los libros, las pu­ m ano, y en esc caso será lícito que el
blicaciones periódicas, los informes cien­ autor recurra a fuentes de segunda mano,
tíficos y técnicos, los programas de in­ a fuentes derivadas. Por ejemplo, si ha-
vestigación, las actas de congresos y cem 9 ¿.uüa,cita de un texto de un autor,
otros sem ejantes, siempre que conten­ la fuente original es, en principio, la pro-
gan inform ación de primera mano. Este pia~óEra, que es de donde debe tomarse,
concepto es, con todo, algo complejo; esc texto que necesitamos citar. Supo­
por ejemplo, una autobiografía puede ser niendo que el acceso a esa obra es im­
una fuente de primera mano, pero no lo posible o muy difícil, se puede citar a
será una biografía escrita por persona través de una cita hecha anteriormente
que ni siquiera haya convivido con el por otro autor. La mención de la fuente
autor ni coetánea ni coterráneam ente. debe hacer constar al autor de la obra,
Las fuentes de primera mano de una bio­ pero también al citador intermedio, que
grafía serán precisam ente las fuentes de es la fuente de segunda mano q u e d e ­
primera mano (los docum entos, cartas, mos utilizado. En los casos de docunicft:
publicaciones periódicas y otros) que el tos desaparecidos o de los que solo existe
autor de la biografía haya niancjado.Jiix un ejem plar difícil de ver, algunos auto­
¿elación con una obra traducida, es de res de reconocido prestigio que los re­
primera mano la obra original en idioma produzcan pueden convertirse, en la
extranjero; la traducción, es .una fuenfe práctica, en fuentes de prim era mano
de segunda mano: nada ni nadie nos ga­ para aquel tema concreto.
rantiza, a priori, que el traductor no trai­ No se debe citar «de oído», especial­
ciona el pensamiento del autor. Las obras mente si la fuente está al alcance y es fá.-
de recopilación de docum entos son asi­ cil de consultar. Por poner un ejemplo,
mismo fuentes de segunda mario; son de quienes citan la célebre frase de don Qui­
prim era mano los dócumentóíTmismos, jote «Con la Iglesia hemos topado, San­
ya que en la reproducción puedcíTfíá~ cho», se equivocan una y otra vez. En el
berso com etido errores. Suelen conside­ Quijote (2* parte, cap. ix) no se dice eso,
rarse fuentes de segunda mano los bole­ sino «Con la iglesia hem os dado, San­
tines de resúm enes, las bibliografías y cho», no porque hubieran topado con la
en general las obras de referencia, como Iglesia (institución), sino porque la som ­
los diccionarios y enciclopedias, reper­ bra que adivinaban antes de acercarse no
torios, directorios, anuarios. Son docu­ era la del alcázar en que moraba su am a­
mentos que se pueden manejar en la in­ da Dulcinea, sino la de «la iglesia prin­
vestigación y en la escritura del trabajo, cipal del pueblo» (cito por la edición de
pero, siem pre que se pueda presentar Editorial Labor, 1969, n, 74).
duda en relación con un dato, se debe
hacer el esfuerzo de acceder a las fuen­
tes de primera mano. 2. Las citas
El autor de un trabajo de investiga­
ción está obligado a trabajar con fuentes J-asjcitas son textos ajenps que se traen
de primera mano, para lo cual muchas pom o prueba de lo que se afirm a o comp
veces deberá invertir m uchas horas en contraste con ello.
investigar dónde se hallan estas y en tra­ Los textos pueden citar_sejx>r dos mo­

56
las citas

tivos principales: para analizar esc tex­ to tenga para el trabajo qu<? se. realiza.
to, si estamos escribiendo un estudio cri­ Dicho queda que un trabajo no se Hace-
tico de la materia o en el que la materia con citas, sino con investigación, y la
aparece como una de sus partes, o bien cita apoya (en caso contrario, si la cita o
en apoyo o como contraste de las ideas su extensión no están plenamente ju sti­
que se exponen. Las citas deben estar ficadas, podríamos incurrir en plagio).
Siempre justificadas, y no seria honrado debe citar, además, exactamente aquel
eí trabajo que se basase solo en citas fragmento que contiene la inform ación
traídas por los pelos y engarzadas unas que interesa. Cuanto más am plia sea la
a otras como si fueran cerezas. Se supo­ cita, más difícil es justificarla y también
ne que cualquier trabajo, modesto o im­ analizar su contenido. Por otro lado, $1
portante, consiste en la exposición y de­ autor citado debe ser una verdadera au­
sarrollo de una idea acerca de un tema, toridad en el tema .quelsfiL analiza, y lo
y se supone también que el autor del c^ue diga debe ser fruto de su propia in­
trabajo sabe algo acerca de ese tenia. Si vestigación y análisis. Mencionar a un
lo único que sabe es traer a colación c Pero Grullo cualquiera al que nadie re­
hilvanar fragmentos de textos de los que conoce autoridad es una forma de per­
han investigado el tema con anteriori­ der el tiempo y el propio prestigio. En
dad, el trabajo no vale demasiado como cualquier caso, el texto que se cita tiene
elemento investigativo. Las citas no de- que tener enjundia c importancia en re­
ben constituir el meollo de un trabajo, lación con la investigación que se lleva
salvo que se trate de un estudio crítico a cabo o con el texto que se escribe.
3e uno o más documentos originales; ge­ Atribuir a un autor una frase de conoci­
neralm ente son solo su apoyo. miento común y general es una impro­
j¿n principio, es poco ético citar al piedad, aunque tal autor haya escrito real­
jefe o al compañero meramente porque mente ese texto.
To son, de la misma manera que es poco
ético citarse a si mismo sin motivo sufi­
ciente. Sin embargo, en uno y otro caso 2.1. EÍ estilo de la cita
T acata debe hacerse cuando, indepen­
dientemente de quién sea el autor del Por la forma en que se reproduzca el
texto citado, este es relevante y se hu­ texto de la cita o de referirnos al pensa­
biera citado en cualquier caso. A este miento de un autor, la cita se denomina
respecto, el propio autor de un texto no cita directa, cita indirecta o cita indi­
debe citarse en el sentido de «este tema recta libre.
ha sido tratado por mí en el trabajo tal»,
por cuanto m i no va a ser citado por 1. C it a d i r e c t a , ^ c i t a directa, tam­
nadie. El autor debe escribir su propio bién llamada estilo directo o discurso
nombreTexactamente ígiiaTquc hace con directo, consiste en reproducir de forma^
los de las demás obras citadas en el mis­ literal y exacta~To~cficho o pensado por.
mo contexto y por los mismos motivos. Olró o por uno mismo:
Para bien o para mal, la evaluación de la
producción científica de un autor, un pais «Cuando se estudia un autor extranjero, las
o una materia se apoya en el número de citas deben ir en la lengua original» (E co,
1 982, 191).
veces que es citado por otros.
La extensión de la cita debe corres­ Me dije: «Si consigo una nota superior al apro­
ponderse con la importancia que su tex­ bado, podré ir de vacaciones a Egipto».

57
el trabajo d ocu m en tal

A ello nos referirem os a lo largo de toda darse con el texto extranjero (escrito
esta sección (v. § 2.2 ss.). como"las" citas en español, siempre de
redondo). A continuación de ella, entre
2. C it a i n d i r e c t a . La cita indirecta, paréntesis o en nota a pie de página,
también llamada estilo indirecto ~y dís- 7íé6e darse su traducción.
curso indirecto, consiste en la reproduc­
ción de lo d ic h ó ^ T ^ f s a d o po’r_otro o
por uno mismo no de forma literal, sino 2.3. Reproducción del texto de i a cita
cfomo una oración subordinada que ac­
túa de com plem ento del verbo princi­ El texto de la cita puede incluirse de
pal: v a ríá r maneras en el entramado textual
’que nosotros estamos confeccionando,
En opinión de Umberto Eco (1982: 191), si el siempre debidam ente distinguido p ara
trabajo se refiere a un autor extranjero, el tex­ TfCTtár ~cTiáTquier malentendido (no sería
to de la cita debe respetar la lengua original.
Honrado, sino un plagio, incorporar a
Me dije que si conseguía una nota superior a) nuestro texto el de otro autor sin indica­
aprobado, podría ir de vacaciones a Egipto. ción alguna). Las citas se com ponen
siem pre con letra redonda; no es un
Este tipo de jaitas no se distinguen con acierto, sino todo lo contrario, distinguir­
diacríticos en relación con el texto que las com poniéndolas en cursiva, y menos
las rodea. aun si además se le añaden las comillas
latinas.
3. C i t a i n d i r e c t a l i b r e . La cita in­
directa libre es un estilo indirecto en el I. D is p o s ic ió n d e l a s c it a s . E jjt c x -
que se ha suprimido el sintagma verbal, to de la cita puede disponerse de las se­
introductor (decía que, dijo que, pensó^ guientes maneras:
g u e ) j en la escritura suele ir después
'de dos punios;“ 1) si es corto (digamos, entre tres^y
seis Hneas, poco más o menos),
El muchacho seguía aferrado a su idea: si con­
“puede situarse a continuación del
seguía una nota superior al sim ple aprobado,
iría de vacaciones a Egipto. propio le x to (sin hacer punto y,
aparte), precedido de dos puntos o^
No presenta problemas de grafía, puesto de las indicaciones gram aticales
que no lleva ningún tipo de diacrítico. áSecuadas que avisen al lector de
gue lo que sigue es una cita; la
cita, en este caso, se encierra entre
2.2. Citas de prim era comillas latinas (« »);
y de segunda m ano 2) ¿i esjarg o , en párrafo, aparte^psre

Las citas deben hacerse m ediante a) en cuerpo menor que el del tex­
fuentes primarias (v. § 1.1), o, si se trata to general (en imprenta o en
de ediciones críticas o de otro tipo, va­ autoedición), a la m edida <je
liéndose de la edición mas acreditada. este texto y sin comillas;
Si esto no es posible, se puede echar b) sángrad 9 (es decírT dispuesto a
mano de una fuente secundaria. medida menor y marginado a
Si la a t a es de un autor extranjero en la derecha en la página) y sin
unaTengua cfisTrntarcte ta' n uesrrarüe5e comillas;

58
las citas

c) con el mismo cucjjx) del texto, ducirse en el texto ajeno para rectificar­
sangrado o sin sangra/, pero sin lo sin alterarlo. Lo más frecuente es que
interlínea; también se omiten el citador añada, ante lo que considera
las comillas; una irregularidad del texto original, un
d) con el mismo cuerpo e interli- aviso al lector para indicarle que aque­
neado de composición del tex­ llo está así en el original; suele expre­
to general, pero en este caso sarse con la voz latina sic entre corche­
con comillas' para abrir y ce­ tes ([sic]) a continuación de la palabra o
rrar la cita; si esta es muy larga expresión original que se considera irre­
y tiene párrafos muy amplios, gular (algunos autores son partidarios de
debe llevar, además, comillas de sustituir sic por asi ([así]), que es su
seguir; es decir, comillas de cie­ forma española). Debe tenerse en cuen­
rre (») al inicio de cada párrafo ta que este aviso solo es válido para de­
para indicar al lector que la cita notar una grafía que el lector pueda re­
sígue; si los párrafos son cor- construir con facilidad en función de la
io s, las comillas de seguir pue­ competencia lingüística que la lectura e
den omitirse, con objeto de no interpretación del texto requiera (los li­
’ sobrecargar el texto sin ncccsi- bros no tienen a todos los lectores por
Jlad. destinatarios naturales). Sin embargo, no
sirve de nada, o de muy poco, cuando el
Si la cita es de una poesía de pocos error es más grave o cuando, por ejem ­
versSsT se puede disponer en el misiyo plo, hay una alteración de cifras en una
parrafo, encerrada entre comillas latinas fecha. Si trascribimos un texto donde
y ‘ separando unos versos de otros por; dice que «Colón descubrió América en
medio de una barra (!) entre espacios: 1942», el [sic] (o [así]) puede valer por­
que el lector será capaz de ver que se le
«Ya suben dos compadres / hacia las altas ba­ llama la atención acerca de una fecha
randas. / Dejando un rastro de sangre. / D e­ muy conocida, y convierte mentalmente
jando un rastro de lágrimas» (Federico García
Lorca, A ntología po ética , sel. de G uillermo
1942 en ¡492; sin embargo, si el texto
de Torre y Rafael Alberti, 8.a cd., Buenos A i­ dijera 1893, es más dudoso que todos
res: Losada, 1975, 95). los lectores sustituyeran 1893 por 1492.
Peor todavía si el error es de mayor im­
Si se reproducen más de cuatro versos, portancia; por ejemplo, si un texto dice
la poesía debe citarse aparte, en cuerpo que «Francisco de Orellana tomó pose­
más pequeño (al menos dos puntos tipo­ sión del Pacífico en 1513» no basta con
gráficos), de redondo, sin comillas y co­ un [sic]; hay que intervenir a continua­
locada en la página como se hace con ción de esa afirm ación y dejar constan­
las poesías: centrada al verso más largo. cia de lo contrario; por ejemplo: «Fran­
cisco de Orellana [error: fue Vasco Nú-
ñez de Balboa] tomó posesión del Pací­
2.4. Intervención en el texto de la cita fico en 1513». También se podría hacer
así: «Francisco de Orellana tomó pose­
El texto de la cita debe reproducirse sión del Pacífico en 1513 [así en el ori­
con sumo cuidado, escrupulosamente, in­ ginal; quien tomó posesión del Pacífico
cluso con errores o con las erratas que en 1513 fue Vasco Núñez de Balboa]».
haya en la fuente. Sin embargo, le cabe También se puede poner en nota a pie
al autor que cita la posibilidad de intro­ de página, si la obra las lleva.

59
ef trabajo d o cu m e n ta l

Puede el autor asim ism o introducir un primidos; si la cita se dispone aparte y


texto suyo, breve, para aclarar al lector en cuerpo menor,
algún aspecto de la cita que no quede
claro por falta de información. Hay que <?) se hace punto y aparte después del
tener en cuenta que norm alm ente el tex­ último párrafo trascrito, se marca
to de la cita se saca de contexto (no es la sangría que lleve el texto y se
posible reproducir todo el contexto don­ coloca un signo de puntos encor­
de se halla inserto el que nos interesa); chetados:
tam bién en este caso se hace uso de los
co rchetes para en cerrar debidam ente [cita]
nuestra intervención.
[cita]
A veces la cita debe abarcar un gran
trozo de texto, pero con la salvedad de
que una o más partes de su interior no o bien
nos interesan. Estas partes no interesan­
tes pueden consistir en una palabra, una b) después del último párrafo trascri­
frase o uno o más párrafos. Dado que to se hace punto y aparte y a toda
no los necesitam os, no debemos repro­ la medida del texto de la cita se
ducirlos, puesto que en este caso inclu­ coloca una línea de puntos sepa­
so pueden convertirse en un ruido o in­ rados por un cuadratín o espacio
terferencia que aparte la atención del lec­ sim ilar (más o menos, tres espa­
tor de aquello que más nos interesa. En cios de barra espadadora):
este caso lo que procede para indicar la
[cita]
elipsis es introducir tres puntos entre cor­
chetes ([...]), un signo que suele deno­ [cita]
m inarse puntos encorchetados o corche­
tes intrapuntuados. Este signo se sitúa El texto citado se dispone tal como
precisam ente en el lugar que ocupaba el aparezca en el original, con sus mismos
texto que hem os suprimido. Si la pun­ puntos y aparte. Sin embargo, si la cita
tuación con que acaba el texto anterior es corta y la introducimos en nuestro
al signo es punto o puntos suspensivos párrafo y entre com illas latinas, el pun­
con valor de punto, se mantiene en su to y aparte no se indica haciendo un pun­
lugar; si es com a o punto y coma, se to y aparte efectivo, que daría al escrito
suprimen. un aspecto chocante, sino poniendo un
Si lo que se suprime es un párrafo signo igual (=) (o incluso una doble
entero o más de uno, se puede indicar pleca: II) en el lugar que debería ocupar
de varias maneras: si la cita está entre el texto que omitimos; irá precedido de
com illas latinas, a continuación del últi­ punto y espacio y le seguirá espacio an­
mo final de párrafo se coloca un igual tes de continuar con el texto de la cita:
entre espacios, después los puntos encor­
chetados, seguidos de otro igual entre [cita]. = [cita].
espacios y el texto del párrafo siguiente:
Si el texto subsiguiente no es el com ien­
(cita] - [...] = [cita]; zo del párrafo que sigue, es señal de
que hemos omitido parte del comienzo
se usa el m ism o signo si se trata de un de este párrafo porque tampoco nos in­
párrafo com o si son dos o más los su­ teresa. En este caso, la parte omitida se

60
las citas

sustituye por puntos encorchetados, y la no sea punto o puntos suspensivos, se


grafía queda así: elimina y a continuación de la última
palabra se coloca espacio, puntos encor­
[cita]. = [...] [cita]. chetados y cierra comillas latinas; así:

Dentro de la cita se puede corregir [cita] [...)».


una errata que advirtamos; supongamos
que el texto dice conteto donde sin nin­ A veces, si para la dinámica del discur­
guna duda debe decir contexto. No sería so los signos iniciales estorban, será lí­
correcto corregir la palabra sin más y cito en algún caso omitirlos (la escritura
escribir contexto, como si el texto origi­ con minúscula ya indica que no va des­
nal lo dijera bien. Lo que procede es pués de punto ni a comienzo de párra­
introducir la letra faltante entre corche­ fo); sin embargo, en los mismos casos
tes en su lugar exacto: no deberán supimirse los de cierre, ya
que sin esos signos no se sabe si la cita
contc[x]to termina o el citador ha omitido una par­
te final.
(no hace falta poner la x de cursiva en En cuanto a la ortografía, las citas se
este caso, ya que es recurso que se re­ hacen exactamente con la que tengan en
serva para las trascripciones epigráficas el original. Sin embargo, si lo que está
o modernizaciones de textos antiguos) o en juego no es precisamente el tema de
bien introducir una explicación encor­ la ortografía, puede el autor que cita re­
chetada; supongamos que en vez de de­ ducir la grafía del original para hacerla
cir vertical, el texto dice perpendicular coincidir con la suya; por ejemplo,
en un caso en el que sabemos con toda
seguridad que se trata del primer térm i­ 1) puede escribir dio, vio, fu e, fu i aun­
no (se deduce por el contexto); lo que que en el original aparezcan acen­
cabe hacer es, a continuación de la pala­ tuadas: dio, vió ,fu é,fu ¡, grafías in­
bra equivocada, añadir entre corchetes: correctas;
[sin duda quiso decir vertical] y sigue la 2) puede escrib ir prohíbo, rehúso,
cita. También se puede optar por poner búho, sustituido, grafías actualmen­
una llamada de nota en el punto adecua­ te correctas, aunque en el original
do y remitir al lugar en que se hallen las esté escrito prohíbo, rehusó, buho,
notas; pero este recurso solo es válido si sustituido;
la obra lleva notas, y no todas las llevan. 3) puede acentuar a su modo en pa­
A veces, el texto que se toma no es labras biacentuales, como amonia­
inicio de párrafo ni va después de pun­ co, periodo, quiromancia, en vez
to, razón por la cual la cita debe comen­ de amoníaco, período, quiroman­
zar con m inúscula; en estos casos se cia, también correctas;
abren com illas latinas y a continuación, 4) puede suprimir las tildes de este,
sin espacio, se colocan puntos encorche­ ese, aquel y de solo;
tados seguidos de espacio y el principio 5) puede sim plificar los grupos cul­
de la cita; así: tos consonánticos o vocálicos que
se presten a ello.
«[...] [cita].
Sin embargo, si lo que está en juego es
Si la cita termina con puntuación que precisamente el uso ortográfico, es ob­

61
el tra b a jo d o cu m en tal

vio que se debe respetar escrupulosa­ grita las comas que estén indebidamente
mente el original en este aspecto. colocadas, que sobran; sin embargo, esto
También se debe respetar escrupulo­ presenta un problema grave: ¿qué se hace
samente el original cuando el autor sea con las com as que están incorrectamen­
heterógrafo, es decir, cuando se aparte te usadas en lugar de otro signo?; ¿qué
consciente e intencionadamente del m o­ se hace cuando un punto y coma debie­
delo ortográfico oficial; por ejemplo, una ra ser coma o punto?
cita de un texto de Unamuno o de Juan Se deben trasm itir todos los signos
Ramón Jim énez, que usaban heterogra- diacríticos del original; por consiguien­
fías en sus escritos, debe respetar sus te, si una palabra aparece entre comillas
grafías, por raras que parezcan. No obs­ o de cursiva, esta es la grafía que debe
tante, este aspecto debe avisarse, bien trascribirse; sin embargo, otros tipos de
en nota a pie de página si se trata de letras, como la versalita, las versales o
algo esporádico, bien en una nota previa mayúsculas o la negrita, no se trascribi­
al principio del libro, advirtiendo al lec­ rán si pertenecen a la situación propia
tor de que en los casos de heterograllas del libro de que se reproduce y no tiene
se han respetado las grafías originales. en él un significado especial que deba
Aunque se podrían añadir, a continua­ trascribirse. Si citam os, por ejemplo, de
ción de las heterograllas, las correccio­ un diccionario (pongamos por caso, el
nes oportunas entre corchetes, en estos Diccionario de uso del español, de Ma­
casos es mejor dejar el texto com o está, ría Moliner) en el que una serie de sig­
puesto que se supone que el lector, una nos adquieren un valor de significación
vez advertido, sabrá interpretar el texto interna (es decir, tales signos solo son
original y considerar las heterograllas operativos o encierran significado espe­
como tales. cial en esa obra, mientras que fuera de
Si el autor citado puntúa mal, el ci- ella pueden aplicarse con otros sentidos),
tador puede rectificar esta puntuación, tales tipos de letras deben despreciarse
pero solo después de respetar la del ori­ al citar esos textos. Supongamos que en
ginal. Por ejemplo, supongamos que don­ un diccionario funciona la convención
de el autor usa una determinada coma, de que las palabras escritas con versalitas
debería haber usado punto y com a; pues remiten automáticamente a esa palabra
bien, la intervención del citador consis­ así escrita; pues bien, fuera de ese con­
tirá en colocar ese punto y com a entre texto, la versalita en esa palabra carece
corchetes después de la coma del origi­ de sentido y, por consiguiente, ese tipo
nal. También se puede dar el caso de de letra no debe reproducirse en una cita.
que una coma sobre; si se trata de un Puede darse el caso contrario: que el
texto general, salvo que la com a cambie citador cambie la grafía del original, aña­
el sentido (y esto es muy difícil de de­ diéndole algún tipo de diacrisis tipográ­
terminar, a menos que el contexto lo deje fica (v. cap. 4, § 5); por ejemplo, poner
muy claro), lo mejor es respetarla donde de cursiva una palabra que en el texto
está, pero si se trata de un texto ortográ­ original aparece con letra redonda; en
fico o gramatical, entre corchetes puede este caso, el citador está obligado a avi­
avisarse al lector de que la coma sobra, sar al lector de que el cambio realizado
así: [sobra esta coma]. En algunos ca­ es de su responsabilidad; por ejemplo,
sos, para evitar engorros, se han utiliza­ así:
do otras soluciones; una de ellas sería,
por ejemplo, tipografiando con letra ne­ « [ c// ü ] [cursiva mía]».

62
las cuas

2.5. Identificación del autor 4 Juan Gabriel L ópez G uix y Jacquclinc


y de la procedencia de la cita Minett W ilkinson: M anual d e traducción: in­
g lé s /c a s te lla n o [B arcelon a: G cd isa], 1997,
2 3 5 -2 9 8 .
Siempre debe quedar constancia clara
de la autoría y la procedencia de la cita. Si más adelante se cita al mismo autor y
Hay para ello varios métodos; 1) cita la misma o distinta obra, la grafía de­
bibliográfica, referencia bibliográfica o pende de cuál sea la realidad. Por ejem ­
nota bibliográfica (que algunos llaman plo, si en la misma página, a continua­
cita-nota); 2) sistema H arvard o autor- ción de la cita anterior, se hace otra cita
-año; 3) sistema numérico; 4) otros siste­ bibliográfica del mismo autor y la mis­
mas. El empleo de estos sistemas no sue­ ma obra, en la segunda se pone id. (ídem)
le ser indiferente, sino que de forma ge­ para indicar que es el mismo autor, se­
neral depende del campo en el que se guido de ib. (ibidem) (en ambos casos
produzca el escrito. Por ejemplo, el sis­ sin diacríticos, es decir, escrito en re­
tema de cita bibliográfica es más utili­ dondo) para indicar que es la misma
zado en humanidades, aunque también obra, y a continuación la nueva página:
en este campo se emplea el sistema Har­
vard; el sistema Harvard parece más 5 ídem, ib., 252.
apropiado en ciencias sociales, aunque
también aquí se emplea el de cita bi­ En estos casos en que se trata de la mis­
bliográfica, y el sistema numérico es más ma obra mencionada en la cita biblio­
utilizado, en general, en ciencias experi­ gráfica inmediatamente anterior, se pue­
mentales. de com enzar con ib. (ibidem), y a conti­
nuación los datos pertinentes:
1. L a c i t a b i b l i o g r á f i c a . La cita bi­
bliográfica es el método tradicional de 5 Ibidem, 235-298.
indicar la fuente de la que se toman los
datos. Se trata de un sistema engorroso Se omiten los datos de autor y año, pues­
e incómodo que consiste en hacer una to que forman parte del ibidem, es de­
llamada en el texto, donde sea oportuno cir, el mismo lugar, pero se dan las nue­
(es decir, el punto en que debe añadirse vas páginas. Si se trata de obra distinta,
el dato bibliográfico que remite a la fuen­ se comienza con ídem y a continuación
te), y colocar a pie de página o al final se hace constar el título de la nueva obra
del capítulo, la parte o el libro, los datos y los restantes datos.
de autor, obra y página de donde se toma Si las citas bibliográficas están en la
la cita. Se suele em pezar por el o los misma página pero no van seguidas, se
apellidos y a continuación el nombre, lo deben repetir los datos de autoría y obra.
cual es innecesario, puesto que la cita Cuando más, esta podría sustituirse por
bibliográfica no forma parte de ningún o. cit. (obra citada) (escrita de redondo)
orden alfabético; se debe empezar, pues, si se refiere a la última de la cual se han
por el nombre de pila seguido del o de dado los datos (siempre y cuando la cita
ios apellidos (escritos de redondo sin de la obra se haya hecho en la misma
diacríticos), el título de la obra, el pie página), pero esta solución no es válida
editorial (lugar de edición y editor, ge­ si hay un cambio de página (es decir, si
neralmente entre corchetes), el año y las la última obra fue citada en una página
páginas donde aparece el texto que se distinta de la actual), caso en el cual
cita: debe repetirse el título de la obra men-

63
el trabajo d o cu m en ta!

do n ad a (a veces en forma abreviada); tras dos puntos, la o las páginas donde


tras este, cabe hacer dos cosas: poner se halla el texto original:
«citada» y añadir los nuevos datos (es
decir, las nuevas páginas), o bien repetir (...) de Gibaldi y Achterl ( 1994: 111 - 115. 119),
que (...];
de nuevo todos los datos editoriales, a
los cuales se añaden las nuevas páginas. si no se hace mención explícita del au­
Como se ve, este sistema presenta mu­ tor, se pone entre paréntesis el o los ape­
chos inconvenientes, ya que obliga a uti­ llidos del autor (sin el nombre de pila),
lizar constantes referencias a datos men­ el año de edición y las páginas:
cionados anteriorm ente. Por ejem plo,
cuando se ha hecho una cita de un autor (...) las bibliografías en obras de consulla, fo­
en una página que precede a la actual, lletos y publicaciones gubernam entales (G i­
al mencionarlo de nuevo es frecuente po­ baldi y Achlert, 1994: 111-115), que [...].

ner una nota bibliográfica con el nom­


Este sistema se com plem enta con la bi­
bre del autor y expresiones como op.
bliografía situada al final del libro, don­
cit. (opere citato en latín) o, mejor, o.
de se hallan por orden alfabético todos
cit. (obra citada) y los datos restantes, o
los autores mencionados con los títulos
bien /. cit. (loco citato en latín, lugar
de sus obras y los restantes datos, en
citado en español). Pues bien, a veces
especial el año de edición, que nos ha
es difícil saber cuál es la obra citada si
serv id o , ju n to con el ap ellid o , para
anteriorm ente se han citado varias y, so­
refercnciar la obra tras la cita o la men­
bre todo, en ocasiones obliga a volver
ción. Como se puede ver, no se recurre
atrás varias páginas para saber a qué obra
a la nota bibliográfica a pie de página o
se refiere. Por todos estos inconvenien­
dondequiera que se coloque. De esta ma­
tes, este sistem a está en clara regresión,
nera, si la obra es tan com pleja que tam­
sustituido por el llamado sistem a autor-
bién lleva notas, estas se pueden colocar
-año.
a pie de página sin que las citas y las
Una variante de este sistema consiste
notas se interfieran. (La puntuación más
en repetir en la notación a pie de página
generalizada de los datos encerrados en­
todos los datos de las referencias, aun­
tre paréntesis es la que he utilizado aquí
que estén inm ediatam ente antes, y aña­
en los ejemplos; no obstante, a veces
dir los cambios oportunos. Esto evita el
los dos puntos que separan el año y las
engorro de utilizar las fórmulas ídem,
páginas se sustituyen por coma; parece,
ibídem, cit., o. cit., I. cit., etcétera.
no obstante, que los dos puntos son me­
jo r puntuación, ya que si después del
2. S i s t e m a a u t o r - a ñ o . Este sistema
año el número de la página fuese pare­
(también llamado sistem a Harvard, a ve­
cido, ese número podría confundirse con
ces denom inado de autor-fecha, deno­
el correspondiente a una segunda obra,
minación impropia, ya que no se da la
en vez de a la página.) En este sistema,
fecha, sino el año) es más dinámico, más
la disposición de la bibliografía a final
claro y menos engorroso que el anterior,
de una unidad textual o de la obra pue­
y, además, de aplicación fácil. Si en el
de variar de la tradicional, adelantando
texto, antes o después de la cita o la
el año de edición para colocarlo des­
mención, se explícita el nombre del au­
pués del nombre del autor:
tor a quien hem os citado o mencionado,
se pone entre paréntesis el año de edi­ L o r e n z o , Em ilio (1994): E l e spañ ol d e hoy,
ción de la obra a que nos referimos y, lengua en ebullición. Madrid: Credos.

64
los derechos de autor, el derecho de cita y el plagio

Si de un autor se menciona nías de una ñada de las páginas a que se refiere,


obra, en este sistema se distinguen m e­ también podrían añadirse, tras dos pun­
diante letras minúsculas escritas de cur­ tos: ,2U 24*431.
siva: A veces, en ciertas obras especiales,
se utilizan otros sistemas; uno de ellos
L o r e n z o , Em ilio (1994«): El español de hoy,
consistiría en crear un sistema de siglas
lengua en ebullición, M adrid: G redos.
bibliográficas de una serie de obras es­
Esta misma distinción, naturalmente, se tudiadas en aquella en que estamos tra­
hace en el texto: bajando. En el texto de esta, al referirse
a una de ellas, incluso con su. página,
«{...] de d ato s léxicos» (L orenzo, 1994«: 25). puede hacerse m ediante la sigla; por
ejemplo, lep . 58 querría decir Libro de
3. E l s i s t e m a n u m é r i c o . Este sis­ estilo de El País, página 5 8 ’.
tema presenta algunas variantes. Por
ejemplo, las normas Vancouver prefie­
ren la numeración correlativa de las fuen­ 3. Los derechos de autor,
tes a medida que se mencionan por pri­ el derecho de cita y el plagio
mera vez en el texto, las tablas o los
rótulos de las figuras, donde se identifi­ 3,1. El derecho de autor
can mediante números arábigos del cuer­
po del texto entre paréntesis. En estas El autor de una obra o escrito, por el
unidades, las citas se numeran desde la solo hecho de escribirlos, adquiere so­
primera en unidad textual. bre ellos unos derechos que la ley reco­
noce y protege. En virtud de ello, nadie
4. O t r o s s i s t e m a s d e i d e n t i f i c a ­ puede reproducir y publicar la obra o
c i ó n d e l a u t o r d e l a c i t a . Según una escrito sin el permiso expreso de su au­
variante del sistema numérico, las obras tor. Para hacerlo legalmente, la repro­
que forman la bibliografía que se va a ducción y explotación de la obra deben
manejar se numeran previamente (no hay estar precedidas de la firm a de un docu­
necesariamente ningún orden preestable­ mento entre autor y editor, documento
cido, aunque puede emplearse el alfabé­ que recibe el nombre de contrato de edi­
tico), y después, en el texto, se utilizan ción. En él se fijan las condiciones se­
en forma de llamada especial; por ejem ­ gún las cuales el editor reproduce y pu­
plo, colocadas en el lugar correspondien­ blica la obra, así como las contrapres­
te encerradas entre corchetes: [234], ya taciones que el autor recibe por ello. Las
sea con el mismo cuerpo del texto o con normas básicas para la redacción del
cifras voladitas (siempre entre corche­ contrato de edición se hallan en la ley
tes). Este sistema no se interfiere con el de Propiedad intelectual de 1987, refor­
de las notas, que se indicarán con cifras mada posteriormente, además de otras
voladitas sin corchetes; si ambas se ex­ que son consuetudinarias. La casuística
presan con cifras voladitas, no se estor­ es muy variada, por lo que, en caso de
ban; por ejemplo,23 l234), donde 23 remite sentirse inseguro, debe el autor consul­
a una nota que normalmente debe estar tar con un especialista en derechos de
al pie de la página y [234] remite a un autor antes de ceder los suyos a un ter­
autor que se halla al final de la obra, en cero, que en este caso suele ser el edi­
la sección dedicada a la bibliografía. Si tor.
la llamada bibliográfica fuera acom pa­ En el campo de las revistas científi­

65
el trabajo documental

cas, los editores suelen explicitar sus nor­ 3.3. /:/ plagio
mas en las hojas de instrucciones para
los autores que figuran en ellas, y estos Plagiar es copiar una obra, partes de
deben aceptarlas en su integridad si quie­ ella o una idea y darlas como propias.
ren publicar en ese medio. Es habitual Es el más directo atentado contra los
que los editores científicos se reserven derechos de autor. La ley lo prohíbe y
todos los derechos por la mera publica­ persigue a quienes lo realizan. Sin em ­
ción del artículo científico. Pero el es­ bargo, hay algunos casos en que no se
critor científico no tiene que aceptar ne­ da plagio; por ejemplo, en los siguientes
cesariam ente tales condiciones; también (de Martínez de Sousa, 1993: 687):
puede negociarlas con el editor hasta lle­
gar a un acuerdo que favorezca a am ­ 1) cuando exista similitud de ideas,
bos. En estos casos, el escritor debe ser puesto que estas no tienen carác­
consciente de qué tipo de derechos cede ter rigurosamente personal;
y cuáles se reserva. En caso de duda, es 2) cuando se pueda apreciar reminis­
aconsejable acudir al consejo de un ex­ cencia. esto es, imitación incons­
perto. ciente y sin mala intención de la
obra de otro;
3) cuando exista analogía, ya que
3.2. E l derecho de cita puede tratarse del mismo asunto,
pero no de la misma forma de ex­
El derecho de cita es una excepción ponerlo o tratarlo, de la disposi­
al derecho de autor. En su virtud, un ción de la materia, del estilo, etcé­
autor puede reproducir trozos de texto tera, que caracteriza a cada autor;
de otros autores, pero con las siguientes 4) cuando se trate de una parodia o
condiciones: imitación de ciertas situaciones de
una obra;
1) la cita ha de estar plenamente ju s­ 5) cuando se trate de un análisis de
tificada; la obra de otro;
2) su extensión ha de ser razonable, 6) cuando una obra, aunque inspira­
en virtud de lo que se persigue; da en otra de distinto autor, repre­
3) el texto se ha de distinguir clara­ senta una creación personal y no
mente de los que lo rodean; una mera trasformación de la pri­
4) debe darse la fuente exacta de don­ mera.
de se toma el texto de la cita.
Con todo, el autor que no esté seguro de
La extensión de la cita no está estricta­ que actúa dentro de la ley, debe consul­
mente regulada por las leyes, aunque en tar con un experto antes de meterse en
algunos países se dice que no puede su­ trabajos que puedan resultar sospecho­
perar las mil palabras. La ley de Propie­ sos.
dad intelectual española (art. 32) indica
que «Tal utilización [de textos ajenos]
solo podrá realizarse con fines docentes 4. Las notas
o de investigación, en la medida ju stifi­
cada por el fin de esa incorporación e Las notas son explicaciones, com en­
indicando la fuente y el nombre del au­ tarios o advertencias que acompañan a
tor de la obra utilizada». un texto, pero que se sitúan fuera de él.

66
las notas

4.1. Función de las notas exposición; a veces, incluso para añadir


una cita interesante que no halla lugar
Muchos autores creen que si su traba­ en el texto, dada la contextura de este.
jo va «adornado» con un aparato rebo­ También se pueden usar las notas para
sante de anotaciones, indicaciones, acla­ situar a pie de página la traducción o la
raciones, llamadas de atención, explica­ adaptación de un texto extranjero que
ciones, remisiones y otras advertencias hemos traído como cita, o para agrade­
semejantes causará sensación entre sus cer la ayuda que en aquel punto de la
colegas o impactará al lector: «¡Cuánta investigación nos ha prestado un profe­
erudición! ¡Cómo domina la materia! sor, una persona particular o una institu­
¡Asombroso!». Sin embargo, lo más pro­ ción. La extensión del texto de la nota
bable es que la primera impresión del es otro problema. Si es demasiado ex­
lector sea la del susto. Porque no todos tensa, sin duda puede incluirse com o
los lectores reaccionan de la misma ma­ apartado en el texto y ligar su contenido
nera ante la abundancia exagerada de con la materia que se está exponiendo.
notas a un texto. Si a ello añadimos las
citas bibliográficas que el texto pueda
contener, que en casos así pueden ser 4.3. La llam ada de nota
muy abundantes, la sensación de baru­
llo, ruido o interferencia que el lector Las notas se numeran por algún pro­
experimente puede ser notable. Muchas cedimiento de los varios que existen.
veces, lo que se pretende con tanta ano­ Antiguamente se usaban los asteriscos,
tación es crear una faramalla en torno a solos: *, o entre paréntesis, estos nor­
la materia estudiada, de tal manera que males: (*), o voladitos: {*K También se
la abundancia de la forma ahogue u ocul­ usaban letras mayúsculas entre parénte­
te la falta de contenido de la obra. sis: (A), o letras minúsculas voladitas
solas: a, entre paréntesis voladitos: (a),
entre paréntesis del cuerpo de com posi­
4.2. Contenido de las notas ción: (a), letras minúsculas normales en
cursiva entre paréntesis redondos del
Las notas pueden ser necesarias, pero cuerpo: (</), y aun otras formas faltas de
no tan a menudo ni tantas como algunos estética como letras minúsculas voladi­
autores opinan. Si la nota es esencial tas con un paréntesis de cierre voladito:
para la comprensión de la materia, debe °\ o normal: a). En otros países existen
incluirse en el texto de esta, donde co­ costumbres muy diversas, como em plear
rresponda, haciéndole lugar. A veces bas­ ciertos signos como llamada de nota (a
ta con situar ese texto entre paréntesis. lo que nuestra tipografía tampoco fue
En ocasiones el texto de la nota es muy ajena en otros tiempos); por ejemplo, en
interesante, pero no cabe en el texto, no el mundo anglosajón aún utilizan signos
hay manera de introducirlo si no es a como cruces sencillas: \ o dobles: :,
costa de romper el hilo expositivo. En párrafos: §, calderones: \ y otros. Tam­
esos casos, las notas están muy ju stifi­ bién se han usado cifras arábigas entre
cadas y deben ponerse. Pueden ser ne­ paréntesis del cuerpo del texto: (1), o
cesarias, por ejemplo, para abrir nuevos voladitas: (,); pero la forma que hoy
frentes de investigación o de análisis, predomina, y que debería ser la única
para enviar al lector a otras fuentes que correcta en la actualidad, es la que em ­
tratan extensamente aquel punto de la plea cifras arábigas voladitas desnudas,

67
el trabajo documental

sin paréntesis ni ningún otro signo: solo una vez, puesto que el texto es co­
Este es el método más simple y más mún a todas las llamadas realizadas con
claro entre los que hemos analizado la misma cifra. Debe tenerse en cuenta
(v. cap. 4, § 6.3.11). que esta solución solo es válida para las
Las notas se numeran correlativamente repeticiones que se dan en una misma
a lo largo del capítulo, de la parte o del página. Si estas pasan a la siguiente, debe
libro. Por razones obvias, es preferible com enzarse de nuevo, repitiendo a pie
num erarlas por capítulos, ya que, si se de página el texto de la nota 14. Lo con­
presenta la necesidad de un recorrido de trario supondría que el lector debe vol­
la num eración, siem pre será menor que ver atrás para conocer el contenido de la
si la unidad num erada es mayor. No es nota repetida. Por supuesto, también se
recom endable, sino más bien lo contra­ pueden numerar correlativamente todas
rio, num erar las notas por páginas (se las llamadas y después rem itir en cada
hacía así cuando se usaban asteriscos caso a la nota 14.
como llam ada), ya que, además de in­ Cuando las notas correspondan a au­
útil y de no añadir ninguna ventaja a la tores distintos dentro de una misma uni­
numeración por capítulos, puede dar un dad textual (capítulo, artículo o lo que
enorme trabajo. fuere) hay que distinguirlas de alguna
Si en la num eración se sufre un error, manera. Lo más fácil es escribir sin nada
las soluciones no suelen ser difíciles si especial las que más abunden, que nor­
se han num erado por capítulos y estos malmente son las del autor, y señalar el
no son muy largos, pues se puede indi­ origen cuando varíe; las notas que no
car un ligero recorrido de la num era­ son del autor pueden ser del traductor o
ción. Sin em bargo, si la numeración es del editor. Raramente se debe permitir
muy larga y no se quiere tom ar el traba­ que otra persona intervenga en la obra
jo , existen soluciones elegantes para re­ para añadir notas (alguna vez puede apa­
solver tales situaciones. Por ejemplo, su­ recer una nota del revisor, pero, en ge­
pongam os que hemos pasado de la nota neral, estas notas, si tan precisas son,
13 a la 15, con falla de la 14; en este debe asumirlas el editor o el traductor).
caso se convierte la 13 en 13-14 (escrita Las indicaciones se hacen al final de la
con guión para dotarla de unicidad). Su­ nota, entre paréntesis, de redondo y en
pongam os ahora que, una vez com pagi­ abreviatura:
nado el libro, advertim os que la nota 15
aparece dos veces correlativas en notas (N . del [de la, de los] T.),
(N . del E.).
distintas; en este caso se convierte la pri­
mera nota en 15a y la segunda en 156. Al pie de la página, la repetición de
Si se da el caso de que varios lugares la llamada, que se llama notación, suele
llevan una nota cuyo texto es idéntico, repetir la grafía que tiene en el texto;
las llam adas, aunque estén algo alejadas como en este hemos acordado utilizar
entre sí, pueden hacerse con la misma cifras voladitas sin paréntesis (seguidas
num eración; por ejemplo, puede haber de medio cuadratín), esta es la grafía
una llamada 14 con un texto determ ina­ que debe tener la notación:
do, luego la 15 con un texto distinto,
después sigue la llamada 14 otra vez por­ u La h istoria...
que se repite el texto, después la 16 y la
17, después nuevamente la 14. Por su­ Sin embargo, alguna vez se advierte que
puesto, la notación a pie de página se da el editor ha prescindido de esta identi­

68
las notas

dad y ha utilizado cifras normales del franja lateral estrecha a modo de colum ­
cuerpo del texto de la nota, seguidos o na auxiliar. En este caso debe situarse
no de punto y, en cualquier caso, de es­ de manera que la notación se halle a la
pacio fijo (medio cuadratín): altura de la llamada de la nota, a no ser
que esta quede muy abajo en la página
14. La historia... y lo impida. En este caso, la nota puede
em pezar antes de la llamada. El hecho
Es cierto que las cifras voladitas dan algo de que las notas se numeren correlativa­
más de trabajo al componer el texto, pero mente hace que esto carezca en absolu­
el esfuerzo es despreciable ante el bene­ to de importancia.
ficio de identificar sin dudas la grafía Si la nota afecta al contenido de un
de la llamada y la correspondiente de la cuadro, la llamada debe hacerse con le­
notación, sobre todo en textos que pue­ tras voladitas cursivas, preferiblemente
den tener divisiones señaladas por cifras sin paréntesis, y se sitúan al pie del cua­
seguidas de punto y espacio. dro; la notación, es decir, la repetición
Antiguamente era costumbre colocar de la llamada de la nota al pie del cua­
un filete, que puede llamarse filete de dro, encabezando el texto de la nota,
nota, a toda la medida de ancho de la debe ser igual que la del texto del cua­
página o bien de solamente cuatro o seis dro o tabla, es decir, con letra voladita
ciceros, para separar las notas y el texto cursiva. Si afecta a una fórmula m ate­
general de la página. La verdad es que mática, la llamada se hace con asteriscos
aún se usa a veces, sobre todo el corto, sueltos o entre paréntesis, siempre que
pero, si no es por motivos estéticos, en el asterisco no tenga en ella una fun­
páginas de una sola columna es solu­ ción, caso en el cual deberá buscarse
ción poco menos que inútil, ya que las otra forma de hacer la llamada. La nota
notas se componen en cuerpo al menos se sitúa a pie de página, y la notación ha
dos puntos menor que el del texto gene­ de responder a la grafía que tenga en la
ral y deben separarse de este por un es­ fórmula.
pacio equivalente o próximo al de una
linea de blanco, lo cual establece entre
ambos una diferencia suficiente. Sin em ­ 4.4. Situación de la llamada
bargo, en obras a dos o más columnas
puede parecer útil o estético (desde lue­ Si se analizan los impresos, podemos
go, imprescindible no es) separar el apa­ com probar que normalmente las llam a­
rato de notas de cada una de las páginas das de nota se sitúan antes de la puntua­
y el texto de estas mediante un filete ción que a la palabra o frase correspon­
tino a toda la medida. No obstante, en de:
casos como este puede bastar con el he­
cho de unificar la altura de las dos co­ ... de los an im a les” ;
lumnas de notas, en lugar de colocar en
cada columna las notas que le corres­ Sin embargo, es menester tener en cuenta
pondan, lo cual presenta un aspecto poco dos cuestiones que resultan interesantes
elaborado. a este respecto: en primer lugar, las lla­
En algunas obras, generalmente por madas de nota son elementos extratex-
razones estéticas, las notas, llamadas en­ tuales, no pertenecen al texto, y se pue­
tonces notas marginales, ladillos o apos­ den elim inar cuando se desee sin que el
tillas, tienen colocación marginal, en una texto se mueva lo más mínimo; en se­

69
el trabajo documental

gundo lugar, la puntuación pcrtcnccc al gado a mantener como mínimo dos pun­
texto, a la palabra o frase junto a la cual tos de lectura para, al final, cansado de
va, y marca una inflexión que se hace recurrir a las páginas donde se hallaban
en esa frase o palabra y no después de las notas, abandonar la lectura de estas
ellas. Teniendo en cuenta ambas consi­ por las incomodidades a que su lectura
deraciones, las llamadas de nota deben daba lugar. Aún hay quien actúa de la
colocarse después de los signos de pun­ misma manera por afán de ahorrarse no
tuación que correspondan a la palabra o se sabe bien cuánto (pero no mucho).
frase a que afecta: Los libros y los artículos de revistas cien­
tíficas se escriben para el lector, y es en
... de los animales;*'3 este en quien hay que pensar a la hora
de disponer los elementos informativos
Si la puntuación se sitúa detrás de la de aquellos. Si una obra lleva notas, es­
llamada, esta debe leerse con la entona­ tas deben situarse al pie de la página
ción que corresponda a la palabra o fra­ correspondiente, que es el lugar en que
se que la precede; si en lugar de signo el lector va a intentar buscarlas. Los sis­
de puntuación hay un signo de entona­ temas modernos de composición y com­
ción (in te rro g ac ió n o exclam ació n ), paginación (la autoedición) facilitan bas­
¿dónde situarem os la llamada? Induda­ tante la situación de las notas al pie
blemente, después de tales signos, pues­ de su respectiva página, pese al hecho
to que, de lo contrario, habríamos de de que sigue siendo más cómodo, para
leer la nota con la entonación interroga­ el editor, situarlas ai final del capitulo,
tiva o exclamativa: de la parte o del libro.
... de los anim ales*'1?
... de los a n im a les21!
5. Las rem isiones
Dispuesta así, habría de leerse: «¿... de
los animales nota veintitrés?», «j... de los Las remisiones son indicaciones que
se colocan (generalmente entre parénte­
anim ales nota veintitrés!». Por consi­
guiente, lo mismo que anteriormente con sis) en un lugar de un texto para que el
lector acuda a un punto de la propia obra
los signos de puntuación, la única for­
o trabajo (remisión interna) o de otro
ma correcta de situar los signos de ento­
documento (remisión externa) para con­
nación (u otros que ocupen el mismo
firm ar una aseveración o para una am­
lugar) es:
pliación de la materia. Normalmente, las
... de los an im a les? 21
remisiones internas, es decir, las que
... de los an im a les!23 envían al lector a un punto de la misma
obra, se indican con una abreviatura que
suele ser u ‘véase*, generalmente entre
4.5. Situación de i as notas paréntesis. Las remisiones externas^ las
que envían al lector a un documento que
Hasta no hace mucho, la mayor parte no es la propia obra, suelen expresarse
de los editores eran partidarios de situar con la abreviatura cf. o cfr. ‘confer (con­
las notas agrupadas al final del capítulo, fróntese, com párese)’, o bien cp. ‘com­
de la parte o del libro. Con ello ahorra­ párese’ (en ambos casos, escritas de re­
ban mucho trabajo al compaginador, pero dondo).
incomodaban al lector, que se veía obli­ La cuestión que con más frecuencia

70
las remisiones

se le suele presentar al escritor y al tra­ en columnas, debería indicarse la co­


ductor es: el punto, ¿antes o después de lumna mediante una letra cursiva; por
la remisión? Si se cierra con punto la ejemplo, 4p. 25a' se refiere a la primera
exposición anterior a la remisión, esta columna de la página 25; 4p. 25/>*, a la
ha de comenzar con una V, y si no se segunda columna, y ‘p. 25c’, a la terce­
cierra en ese lugar, sino más o menos en ra columna.
medio de la oración o el período, ha de En la remisión a párrafos o aparta­
comenzar con v., lo cual parece irregu­ dos, la grafía depende del tipo de nume­
lar en un trabajo que se quiere coheren­ ración. Por ejemplo, si empleamos la nu­
te no solo en el fondo, sino también en meración decimal y tenemos dos órde­
la forma (cuando menos, el empleo de nes, lino de títulos y otro de párrafos y
ambas grafías por imperativos ortográ­ apartados, se disponen así:
ficos resulta incómodo). En principio,
nada se opone a que se refleje siempre v. § 2.3-46,
con v., y, por consiguiente, el punto se
traslada después del paréntesis de cie­ que quiere decir: «véase el apartado b
rre: del párrafo 4 del título 2.3». Norm al­
mente, la letra del apartado o subapar-
... bicicleta (v. (¡irálricz, 1950: 23). tado se com pone de cursiva y pegada al
número anterior, pero, si se prefiere otra
El escritor debería huir de remisiones forma, también puede separarse con es­
genéricas «a ninguna parte», como esas pacio: 4 by o con coma y espacio: 4, b.
que suelen decir «véase anteriormente», Las rem isiones en índices alfabéti­
«véase más adelante» (donde, por cier­ cos, bibliografías y listas sem ejantes se
to, no debe usarse la abreviatura u, sino escriben norm alm ente con letra cursiva:
la palabra entera [y en la forma véase,
no ver], puesto que no le sigue dato nu­ religiones: v. budismo: catolicismo; protestan­
mérico); este tipo de indicaciones no sir­ tismo; taoismo
religiosos: v. Lutero, Martin; Pió V.
ven prácticamente para nada, puesto que
el lector no sabe adonde dirigirse. Dis­
tinto es el caso si se dice en qué lugar La inicial de la entrada a la que se rem i­
concreto (párrafo, apartado, página), an­ te puede ser mayúscula si pertenece a
teriormente o más adelante, se encuen­ un nombre propio y minúscula si perte­
tra el punto que al autor le interesa que nece a un nombre común.
el lector vea. Por supuesto, no resuelve En las remisiones a figuras o cua­
el problema, y aun lo empeora, la utili­ dros, la v. puede omitirse, puesto que la
zación de formas latinas como supm o remisión se ve clara:
infra, que a veces se sustituyen asim is­
... bicicleta (fig . 28);
mo por form as tam bién rechazables ... bicicleta (c. 12).
como «más arriba» o «más abajo» (por ... (v. fig. 23), (v. c. 5), (v. § 4-6);
más que sean correctas). En general, con
algunas excepciones, es también poco incluso podría decirse que resulta redun­
efectiva la remisión a una obra entera y, dante: el lector sabe que le están rem i­
a veces, a un capítulo entero, salvo para tiendo a una figura, un cuadro o un pá­
indicar dónde se trata una materia, pero rrafo aunque no conste la abreviatura.
no para un aspecto concreto de ella. En texto también se puede utilizar una
Cuando se remite a una obra dividida abreviatura com o q. v. ‘quod v id c \ que

71
el trabajo documental

equivale a u, pero en español es muy ben hacerse de manera que este sinóni­
escasam ente usada. mo vaya acompañado de una palabra o
En obras lexicográficas y enciclopé­ frase que aclare a qué acepción de la
dicas, especialmente diccionarios, las re­ palabra remitida se hace la remisión. Si
misiones suelen hacerse mediante un sig­ una entrada remite a otra sin ninguna
no, que puede ser una flecha normal: aclaración, quiere decirse que la palabra
— o doble: =>, un triángulo: ►, u otro que remite es sinónima de la remitida
que parezca pertinente para el caso. El en todas las acepciones de esta. Es el
em pleo de signos com o estos permite caso, por ejemplo, de una palabra que
prescindir de la abreviatura v. cuando la remite a otra cuando esta otra solo tiene
rem isión queda a final de oración, por una acepción. Sin embargo, cuando tie­
los problem as que plantea. La grafía ne más de una, debe explicarse muy bre­
de la palabra o térm ino remitido suele vemente a cuál de ellas se refiere el si­
ser la versalita, con inicial mayúscula en nónimo. Es lo que sucede con escarcho,
los nombres propios: que remite a « ru b io , pez», donde p ez
indica de qué acepción de rubio es sinó­
—> a r m a s ; => V a t ic a n o .
nima escarcho.
Suele utilizarse tam bién un asterisco,
pero en este caso es más propio de re­
misiones automáticas (es decir, en el pro­ 6. Los cuad ro s
pio texto, sin colocar la remisión entre
paréntesis ni dotar a la palabra remitida Los cuadros son datos clasificados de
de una grafía especial) y además hay determinada manera para presentar cier­
que colocar el asterisco después de la tos aspectos de una obra o trabajo, de
palabra remitida y antes de los signos forma que un análisis visual perm ita
de puntuación o entonación que a ella com prender el conjunto de una materia
correspondan: o de una parte de ella y sus interrelacio-
nes.
... había actu ad o el V aticano*, en d esacuerdo
con las d eclaracio n es de De G au llc* ;
En principio, aunque las palabras cua­
dro y tabla suelen em plearse indistinta­
Se hace así para evitar que el asterisco, mente, deberían distinguirse teniendo en
si se antepusiera a la palabra remitida cuenta que el cuadro presenta elementos
('Vaticano), pudiera confundirse con el textuales o numéricos interrelacionados,
oficio lingüístico de este signo (es de­ mientras que la tabla expone solo una re­
cir, cuando se emplea, antepuesto, para lación de cifras en una o más columnas.
indicar que una forma lingüística es hi­ La grafía de los cuadros difiere de
potética o que no se ajusta a las leyes uno a otro aun dentro de una misma obra.
gram aticales u ortográficas). No obstante, es preciso tratar de confe­
En los diccionarios de lengua (y en rir un «aire de familia» al menos en los
los enciclopédicos, por cuanto contienen aspectos más notables, como los que si­
también uno de lengua) las remisiones guen.
de una entrada a otra sinonímica debe
distinguirse de alguna manera, ya que
de lo contrario, si se siguen las normas 6.1. Titulo general de! cuadro
de la lexicografía m oderna, podría dar
lugar a confusiones. En efecto, las rem i­ El título general del cuadro consta de
siones de una entrada a un sinónimo de­ dos partes: el antetítulo, que es la pala­

72
los cuadros

bra cuadro (o tabla, si es este el nombre hay alguna, deben alinear por la cabeza,
que se le da) y el número que le corres­ no por el pie; es decir, las casillas cuyo
ponde (en cifras arábigas), y el título título solo tenga una línea se alinean con
propiamente dicho, que es el conjunto la primera línea de las que tienen dos o
de palabras (generalmente una oración) más líneas.
con que resumimos el contenido del cua­
dro. Las palabras cuadro o tabla se sue­
len escribir con letra v e r s a l i t a » y entre 6.3. El cuerpo del cuadro
la cifra arábiga y el comienzo del título
propiamente dicho se suele incluir m e­ El cuerpo del cuadro es la parte de
dio cuadratín o un cuadratín. El titulo este que queda por debajo de las casi­
suele com ponerse con letra redonda, sin llas, donde se expone o desarrolla el con­
diacríticos, o bien con cursiva (poco tenido del cuadro. Si este contenido con­
usual), con v e r s a l i t a s (en este caso, el siste en texto y las partes que ocupan en
antetítulo habría de escribirse de otra ma­ la columna (las filas, es decir, el desa­
nera, para evitar la coincidencia; por rrollo horizontal) son disímiles (unas ha­
ejemplo, con negrita) o con negritas. rán más líneas que otras), se alinean por
La elección del tipo de letra dependerá la cabeza, o sea, por las prim eras líneas
de la cantidad de cambios que a este de cada columna, de tal manera que las
respecto se produzcan en la obra o en filas quedan igualadas por arriba. N or­
los cuadros en relación con la letra nor­ malmente, el texto de estas casillas se
mal o fina, que es la general. Norm al­ compone a la francesa, sangrando m e­
mente, este titulo se centra a la medida dio cuadratín todas las líneas menos la
horizontal del cuadro. primera, que sobresale ligeramente a la
izquierda.

6.2. Las casillas


6.4. Los filetes en los cuadros
Después del título suele colocarse un
filete, norm alm ente de un punto o m e­ Los cuadros llevan filetes de diverso
nos, y a continuación las casillas, es de­ grosor. Antiguamente se recuadraban con
cir, la cabecera o la parte horizontal del un filete mediacaña ( “ = ) , pero ac­
cuadro que presenta el título de cada una tualmente se usan muy pocos filetes en
de sus columnas. Este título puede com ­ los cuadros. Con más frecuencia llevan
ponerse con un cuerpo menor que el del un filete a la cabeza, después del título,
resto del cuadro (que asimismo se com ­ y otro al pie, ambos del mismo grosor;
pone con un cuerpo al menos dos pun­ por ejemplo, de un punto: — . Después
tos menor que el del texto), pero gene­ de las casillas, otro más fino ( ----- ). Si
ralmente se utiliza el mismo cuerpo en dentro del cuadro se necesitan filetes, se
cursiva. Si estas cabeceras ocupan más procura que su grosor sea inferior a los
de una línea, se pueden centrar la una a de cabeza y pie (-----).
la otra, o bien se pueden marginar a la
izquierda y hacer que el texto de las co­
lumnas se alinee por la izquierda con el 6.5. Notas en los cuadros
título en las casillas de la cabecera. En
este caso en que las cabeceras hacen más Si el cuadro lleva notas, las llamadas
de una línea, las de una sola linea, si se hacen con letras minúsculas cursivas

73
el trabajo documental

voladitas (para que no se interfieran con al final del trabajo o libro) o por con­
las llamadas de las notas al texto). Las juntos parciales (situadas al final de cada
normas Vancouver (destinadas especial­ unidad considerada; por ejemplo, un ca­
mente a revistas m édicas) dicen que se pítulo o una parte).
han de utilizar los signos *, t> t» II y
otros semejantes, pero este uso está con­
siderado actualmente, en español y ha­ 7.1.1. P r o b l e m a s d e l a s r e f e r e n c i a s
blando en general, anglicism o ortotipo- BIBLIOGRÁFICAS
gráfico. La notación y el texto de las
notas de cuadros se colocan al pie de El mayor de los problemas que pre­
estos (las normas Vancouver indican que senta la redacción de referencias biblio­
deben ir a pie de página). Se componen gráficas es la generalizada falta de acuer­
con un cuerpo un punto menor que el do en cuanto al orden de los datos y a la
del texto del cuadro. grafía y puntuación que estos deben
adoptar. Existen normas internacionales
(iso 690: 1987), nacionales (UNE 50-104-
7. L as referencias bibliográficas 94, que es una traducción de la ante­
y las bibliografías rior), normas particulares reflejadas en
los libros de estilo de revistas científi­
7.1. Referencias bibliográficas cas (por ejemplo, el Manual de estilo:
publicaciones biomédicas de la revista
Las referencias bibliográficas son con­ Medicina Clínica, 1993, 310 ss.), y en
juntos de elementos que identifican un los manuales de estilo de editoriales (por
documento o una de sus partes y que se ejemplo, Gibaldi y Achtert, 1994, 86 ss.;
destinan a formar parte de listas de fuen­ Normas de trabajo de Editorial Labor,
tes citadas o consultadas en un trabajo o 1979, 39 ss.; Libro de estilo de RBA
publicación o de una bibliografía. Tie­ Realizaciones Editoriales, 1999, 61 ss.),
nen las siguientes aplicaciones: así como en las hojas de instrucciones
de las revistas científicas (v., por ejem­
— bibliografías; plo, Estivill y Urbano, 1994, 4 ss.) y
— fichas bibliográficas que preceden aun en otras fuentes (v., entre otros,
a un resumen o una reseña; M artínez de Sousa, 1987, 50 ss.). Para
— citas bibliográficas integradas en tratar de reflejar la gravedad del proble­
un texto o colocadas en forma de ma, hay que decir que ninguna de las
nota. m encionadas ni otras que existen (las
propuestas son ¡numerables) es seguida
Debe hacerse la pertinente distinción unánimem ente por las editoriales, sean
entre referencia bibliográfica, cita biblio­ estas de revistas científicas o de libros,
gráfica y bibliografía. Las referencias ni por los autores. Así pues, el autor de
proporcionan los datos de las fuentes; un trabajo, sea un artículo para una re­
las citas bibliográficas colocan estos da­ vista científica o un libro técnico o cien­
tos, referidos a una cita concreta hecha tífico para una editorial, hará bien en
en el texto, en el propio texto o al pie de conocer de antemano las normas que a
la página (o al final del capitulo, la par­ este respecto mantiene la editorial.
te o el docum ento), y la bibliografía es En la exposición que sigue se propor­
el conjunto de referencias en forma de cionan, en esencia, las normas interna­
lista, sea total (generalm ente colocada cionales, pero, dado que no son segui­

74
las referencias bibliográficas y las bibliografías

das unánimemente, se ofrecen además mada por el nombre y apellido(s) del


las variantes que aplican otras fuentes o autor o de los autores.
que parecen más adecuadas teniendo en
cuenta la tradición hispánica. De hecho, 1.1. El autor. En las obras con texto,
la variedad de actuaciones en este cam ­ el autor es la persona o entidad respon­
po concreto muestra cuán difícil ha sido, sable del contenido intelectual de un do­
hasta el presente, dar con una formula­ cumento. En otras obras puede serlo el
ción que satisfaga todos los gustos y, de artista, com positor u otro. En los docu­
alguna manera, el fracaso de la iso al no mentos de patente, la responsabilidad
haber podido dar con una fórmula ad­ principal corresponde al solicitante o al
misible por todos. propietario de la patente. Si es autor per­
sonal, puede ser individual o colectivo.

7 .1 .2 . D a t o s de las r efe r en c ia s 1.2. El autor individual. En el caso


b ib lio g r á fic a s del autor individual, en la referencia bi­
bliográfica se escribe su apellido o sus
Para un mejor entendimiento de esta apellidos y, tras coma, el nombre de pila.
cuestión, dividiré las referencias en par­ Es frecuente, en las normas de origen
tes a las que llamaré zonas (siguiendo la anglosajón, abreviar el nombre de pila
terminología de la isbd ( aí) [International (que en inglés es generalmente doble,
Standard Bibliographic Description fo r del tipo José María, Juan Antonio, como
Monographic Publications ‘descripción sucede, por ejemplo, con John Fitgerald
bibliográfica normalizada internacional Kennedy, Richard Milhous Nixon, Ro­
para publicaciones monográficas*]) tam­ ben Francis Kennedy); además, tal abre­
bién se las llama áreas, denominación viación aparece normalmente escrita sin
menos adecuada; la norma u n e 5 0 - 1 0 4 - puntos y juntando las dos mayúsculas:
94 las llama elementos, nombre que me Kennedy JF, Nixon RM (obsérvese que
parece mucho menos apropiado que zo­ entre el apellido y las abreviaciones del
nas); las zonas se definen como seccio­ nombre doble tampoco hay coma en mu­
nes de la referencia que comprenden da­ chas publicaciones extranjeras, probable­
tos de una categoría determinada o de mente siguiendo las pautas de normas
un conjunto de categorías; a tales datos, como Vancouver y otras). La norma u n e
siguiendo también la referida isbd ( m), los 50-104-94, trad u c ció n de la norm a
llamaremos elementos. Las zonas son ge­ internacional, dice que «Los nombres de
neralmente variables en función de una pila que formen parte del nombre de un
realidad que nunca es uniforme (cada autor, editor, etc., pueden reducirse a sus
monografía y cada publicación en serie iniciales, siempre que ello no de [dé]
es como un prototipo). Por consiguien­ lugar a confusión». Sin embargo, ante­
te, en ella estudiaremos los cambios que riormente dice que «Los datos que se
pueden sufrir según las circunstancias, incluyen en la referencia bibliográfica,
y después aplicaremos estos conocimien­ norm alm ente d eben tran scrib irse tal
tos a los tipos específicos de publica­ como aparecen en la fuente». Podemos
ciones. mantener el criterio de que la norma que
permite abreviar los nombres de pila no
1. Z o n a d e r e s p o n s a b i l i d a d p r i n ­ es muy acertada. Al contrario, el nom ­
c i p a l . La zona de responsabilidad prin­ bre y los apellidos de la ficha, que des­
cipal comprende la autoría y está for­ pués se utilizará donde sea necesario (bi-

75
el trabajo documental

bliografla, critica), debe reflejar exacta­ abreviativo, com o se ha hecho en el


mente la grafía de la fuente (la fuente ejemplo, pero también puede colocarse:
del elem ento de responsabilidad es la
portada en un docum ento textual; a falta Jim énez, J[uan]. R fam ón].
de portada, podría utilizarse la cubierta
como fuente). Si en ella aparece escrito 1.3. El autor colectivo. En el caso de
autor colectivo, pueden reproducirse to­
M anu el A lvar, dos los autores que aparezcan (en la fi­
cha bibliográfica deben constar todos;
en la ficha debe escribirse después, al utilizarlo en una bibliogra­
fía, crítica bibliográfica o en otra aplica­
A lvar, M anuel;
ción, se decide hacer constar uno o más):
si en la fuente aparece
P in ó s , Josep M aría, R icard S e b a s t iá S im a -
r r o y M o n tserrat S o l d f .v il a F l o r f .s : Que
M anuel A lv ar López,
m'expliques?, V ilassar de M ar (B arcelona):
O ikos-Tau, 1996.
la ficha debe encabezarse por
Si son más de tres (algunas normas per­
A lvar L ópez, M anuel.
miten hasta seis, pero otras alcanzan mu­
No sería correcto, en este caso, escribir chos más, dependiendo del campo de
aplicación) se puede citar al que ocupe
A lvar, M ., el primer lugar o el lugar más destacado
A lv ar L ó p ez, M. en la fuente y se hace constar en el or­
den apellido(s) + nombre y la expresión
Sin em bargo, si en la fuente dijera
et al. (et alii 4y otros’) o, mejor aún, y
otros:
M . A lvar,

Diccionario de
S a n t a m a r ía , A ndrés, e t al.:
no seria correcto reflejar en la ficha, en incorrecciones, particularidades y curiosi­
este caso, dades del lenguaje, 4." cd., M adrid: Paranin­
fo, 1984.
A lvar L ópez, M anuel,
Cuando se hace constar más de un au­
por más que estem os seguros de que se tor, el segundo y siguientes no deben
trata de la misma persona. invertir el orden normal nombre + ape­
Si en la fuente el nombre, sim ple o llido (+ apellido, si se hace constar el
doble, del autor o los autores apareciera segundo), pese a que lo indique la nor­
abreviado, se reflejaría así en la ficha, ma u n e m encionada (deberán hacerlo
poniendo punto en cada inicial y sepa­ así, naturalmente, quienes sigan a raja­
rando estas en la escritura. En este caso, tabla tales normas). Aunque algunas nor­
si conviene, se puede añadir, a conti­ mas coinciden en que se haga al revés,
nuación de las iniciales respectivas y en­ no parece que haya ninguna razón de
tre corchetes, la parte de nombre que peso para invertir el orden normal del
falta: nombre de una persona cuando no ocu­
pa el primer lugar en la serie; el primero
Jim én ez, J[u an ] R fam ón], sí, porque sirve para ordenar alfabética­
mente la ficha que contiene ese dato,
Tras el añadido puede omitirse el punto pero no es este el caso de los restantes.

76
las referencias bibliográficas y las bibliografías

La norma u n e 50-104-94 (ap. 7.1.2) dice E s p a ñ a . M in is t e r io d e C u l t u r a . C e n t r o


d e i . L ib r o y d i : la L e c t u r a : Panorámica
que «Los nombres que se incluyen en la
de la edición española de libros 1988, M a ­
‘responsabilidad principar se harán cons­ d r id 1989 (Serie: A nálisis Sectorial del L i­
tar tal como aparecen en la fuente pero bro, 3).
en forma invertida si es necesario, [...]»,
y solo es necesario hacerlo con el pri­ Los documentos de autor corporativo re­
mero, por razones obvias (es decir, para flejan el pensamiento colectivo o la ac­
poder establecer el orden alfabético del tividad de la entidad (informes de com i­
primer autor citado). A mayor abunda­ tés, actas de congresos) o son de natura­
miento, la inversión de los nombres si­ leza administrativa (manuales, directo­
tuados en el segundo lugar y siguientes rios, catálogos). El nombre de la entidad
exige una puntuación muy recargada: aparecerá en el lugar de la autoría con
la grafía que tenga en la fuente. Si la
S a n t a m a r í a , A n d ré s; C u a r t a s , A u g u sto ;
entidad está subordinada a una entidad
M a n g a d a , Jo aq u ín , y M a r t ín e z df. S o u s a .
José: Diccionario de incorrecciones, par­ superior, se dará el nombre de aquella
ticularidades y curiosidades del lenguaje. junto con todos los niveles interm edios
4.* cd., M adrid: P araninfo, 19X4. necesarios para la identificación de la
entidad responsable. Pero puede esta en­
No es correcto, en estos casos, abrir tidad aparecer encabezando la ficha bajo
la ficha, la bibliografía o lo que fuere su propio nombre si sus funciones espe­
por autores varios (a veces abreviado cíficas son independientes de la entidad
en AA. Vl{) o varios autores (a veces de mayor rango; por ejemplo, no parece
abreviado en VV. AA.). necesario colocar Ministerio del Interior
En los documentos colectivos, el nom­ para introducir la Dirección General de
bre del director intelectual o editor cien­ Tráfico. Para los ministerios, se puede
tífico puede ocupar el lugar de la res­ dar el nombre del país: España. Minis­
ponsabilidad principal cuando su nom­ terio de Fomento, y para las autonomías
bre aparezca destacado en la fuente. Sue­ basta con el nombre oficial de estas:
le añadirse, a continuación del nombre
y entre paréntesis, la abreviatura ai. (nor­ G e NERALI!AT DE CATALUNYA. CENTRE D’ lN -
mas i s o y u n e ) o dir. (más lógico en VESiiCiACió d e la C o m u n i c a c i ó : Directori
español): espanyol d'investigado en comunicació [D i­
rectorio español de investigación en c o m u ­
n icación], B arcelona, 1995.
D r e v f u s , J o h n , y F ra n ^ o is R i c i i a u o f . a u
(dirs.): Diccionario de la edición y de las
Si es preciso concretar el nombre de una
artes gráficas. M adrid: Fundación G erm án
Sánchez R u ip ércz-P irám id e, 1990. entidad que quede dudoso, tras su nom ­
bre se puede añadir, entre paréntesis, el
1.4. El autor corporativo o entidad. de la ciudad donde se halla, el de su
En el caso del autor corporativo o enti­ jurisdicción, el de la institución con que
dad la autoría corresponde a una perso­ se relaciona u otro dato semejante que
na jurídica (institución o entidad, socie­ contribuya a clarificar o situar la enti­
dad, departamento estatal o local u otro dad. Si el nombre de la entidad se da en
de características similares que aparez­ forma de sigla, a continuación, entre cor­
ca en una publicación form alm ente chetes, se puede proporcionar su desa­
identificada y que asuma la responsa­ rrollo original.
bilidad de la redacción o publicación de
la obra): 1.5. El autor anónimo. Si ninguno de

77
el trabajo documental

los nombres o entidades que aparezcan logía: in tro d u cció n histórica a una ciencia
en la fuente puede considerarse autor, del escrito]. París: SocieMé de bibliologie et
de sch ém atisation, 1978.
se trata de una obra de autor desconoci­
do o autor anónimo, y el registro del 2.2. Dos o más títulos. Si en la fuen­
docum ento se hará por el titulo: te figura más de un titulo, o uno en más
de un idioma, se hace constar el título o
Normas de trabajo. B arcelona: Labor, 1979.
el idioma que aparezca más destacado.
Diccionario ideológico de la lengua española.
B arcelona: B iblograf, 1995. Si no destaca ninguno, se elige el que
aparezca en primer lugar.
No es correcto introducir los datos en la
ficha mediante la palabra anónimo o au­ 2.3. El subtitulo. Si en la fuente apa­
tor anónimo. rece un subtítulo u otro título relaciona­
El primer elemento de las publicacio­ do, se puede añadir en el caso de que
nes en serie es el titulo. aporte alguna información adicional para
una mejor identificación. Entre el título
2. Z o n a d e l t í t u l o . El titulo es la y el subtitulo debe haber dos puntos (:),
palabra o frase que norm alm en te figura y el segundo comienza con minúscula:
en el docum en to, se utiliza para citarlo
L e o . U m berto: Cómo se hace una tesis: técni­
e id en tificarlo y con frecuencia, aunque cas r procedimientos de investigación, estu­
no n ecesariam ente, sirve para d istin g u ir­ dio v escritura. B arcelona: G edisa, 1982 (C o­
lo de otro docum ento. lección L ibertad y C am bio, Serie Práctica).

2.1. Grafía del titulo. Se debe hacer 2.4. Abreviaciones de títulos y subtí­
constar tal como aparece en la fuente. tulos. En principio, los títulos de libros,
En lo que respecta a las mayúsculas y revistas o partes de estos deben darse en
m inúsculas, la norma u n í * 50-104-94 su integridad, sin supresiones ni abrevia­
(ap. 6) dice que «Los datos que se in­ turas. Algunas normas (como las de iso,
cluyen en la referencia bibliográfica, nor­ por ejemplo) obligan a utilizar abrevia­
malmente deben transcribirse tal como turas en los títulos de publicaciones en
aparecen en la fuente;[.] Sin embargo[,] serie de acuerdo con la norma u n í : 50-
los detalles de estilo, como el uso de 134. La norma u n e 50-104-94 (equiva­
mayúsculas, la puntuación, etc., pueden lente de la iso 690:1987) dice: «Un títu­
no reproducirse en la transcripción», re­ lo o subtítulo se pueden abreviar siem­
gla confirm ada en el apartado 6.3: «Para pre que no se pierdan datos esenciales.
el uso de las mayúsculas, se seguirá el La omisión no se debe hacer al com ien­
uso ortográfico de la lengua en la que zo del titulo. Todas las omisiones se in­
se da la información» (la norma que pue­ dicarán por puntos suspensivos»:
de aplicarse en español es la de poner
Ac a d lm ia E s p a ñ o l a : Esbozo de una nueva
mayúscula en la primera palabra y en
gramática.... M adrid: Espasa-C alpe, 1973.
los nombres propios solamente). Cuan­
do el título está en una lengua extranje­
2.5. Títulos en caracteres no latinos.
ra y la obra no se ha traducido, se puede
Si el título está en caracteres no latinos,
añadir una traducción española entre cor­
se puede reproducir tal cual, añadiendo
chetes:
entre cochetes la trasliteración, o usar
E s t iv a l s , Robert: La bibhologie: introduclion solo la trasliteración o romanización co­
h i.starique a une science de l'écrit (L a biblio­ rrespondiente (según normas iso).

78
las referencias bibliográficas y las bibliografías

2.6. Títulos de capítulos o partes de Internacional de Datos sobre las Publi­


monografías. De acuerdo con la tradi­ caciones en Serie’]; está asociado al i s s n . )
ción hispana, cuando la referencia sea
de un capítulo u otra parte de una mo­ 3. Z o n a d e r e s p o n s a b i l i d a d s u b o r ­
nografía, el título de esa parte se escribe d in ad a. Las personas o entidades que
de redondo entre comillas latinas (« ») a aparecen en la fuente desempeñando una
continuación de la zona de responsabili­ función secundaria (editores científicos,
dad principal; entre el título de la parte directores intelectuales, traductores, ilus­
y el del documento se introduce la pre­ tradores, inventores con intereses en una
posición en y al final de la referencia se patente, entidades patrocinadoras y otras
indican las páginas primera y última ocu­ semejantes) no suelen aparecer en el ele­
padas por la parte mencionada: mento de responsabilidad principal, pero
sus nombres y funciones, en el mismo
Mu i a k i :s C ari o , A gustín: «La im prenta en orden en que aparecen en la fuente, pue­
D aicelona en el siglo x v i» , en Historia (te ¡a
imprenta hispana. M adrid: Editora N acional.
den añadirse a continuación del título.
I «>82. 491-543. Aunque la norma dispone estos datos a
M u. m r . (ieo rg e A.: «Tlic scien tific study o f continuación del título, sin más, se pue­
language» (I I estudio c ie n tífic o del len g u a­ de aceptar la situación, pero la grada
je ], en The scicnce q f words [La ciencia de
(sin diacríticos) parece más apropiada si
las palabras), Nueva York: Scientific A m e­
rican Library, 1991, 1-19. esos datos se encierran entre paréntesis:

Diccionario de la mitología
G r im a i ., Pierre:
Las normas (entre ellas iso y u n e ) no
griega y romana (pról. C harles Picard; trad.
utilizan comillas para encerrar el título Francisco Payarols; rev. y pról. cd. esp. Pe­
de esa parte de una monografía o una dro Pericay), B arcelona: Labor, 1965.
publicación en serie, al revés de como
es costumbre en campos no científicos, 4. Z o n a d e l a e d i c i ó n . A continua­
en que se usan las comillas. ción del título, o de la responsabilidad
subordinada si la hay, se coloca el nú­
2.7. Titulo clave. En las referencias mero de la edición, si no es la primera
de publicaciones en serie, el título pue­ (salvo que conste en la fuente esta pri­
de ser sustituido por el titulo clave si mera edición).
este aparece en la fuente. (Una publica­
ción en serie es la que, impresa o no, se 4.1. Grafía de la edición. Se da en
edita en fascículos o volúmenes sucesi­ forma abreviada, con una cifra y su pun­
vos, numerados secuenctalmente [con ci­ to abreviativo, la letra voladita más la
fras o indicaciones cronológicas] y se abreviatura correspondiente: 3.aed. Dice
destina a aparecer indefinidamente con la norma iso ya mencionada que este
una periodicidad determinada. [La nor­ dato debe proporcionarse «en la forma
ma u n e 50-104-94 considera que son pu­ en que aparece en la fuente». Se supone
blicaciones en serie las revistas, los pe­ que con ello la norma trata de evitar
riódicos, los anuarios, las series de in­ errores de traducción o adaptación de la
formes y memorias de las instituciones, terminología, pero cuando un lector es­
series de actas de congresos y conferen­ pañol que no sepa inglés lea, detrás de
cias y series de monografías.] El titulo un título, new enl. ed. puede quedarse
clave es el nombre que se atribuye a una atónito: sin duda que no sabe lo que quie­
publicación en serie en el i s d s [Inter­ re decir; sin embargo, si dice nueva edi­
national Seriáis Data System ‘Sistema ción, ampliada dispondrá de muchísima

79
el trabajo docum ental

C u a d r o I. A b re v ia tu ra s u tiliza d a s en b ib lio g rafía 1

A . autor (en nota del autor) a p a is. a p aisa d o c o m p . c o m p e n d io ; c o m p ila ­


a. c. artíc u lo c ita d o a p d o . ap arta d o (m ejor, ap.) dor; c o m p o sito r (en m úsica)
a. C . ante C h rístu m (m ejo r, a. a p é n d . ap én d ice (m ejor, ap.) c o m p l. c o m p le m en tario
d e C .) a p er. a p erió d ic o c o n t. c o n tin u a ció n ; co n tin u a­
a. de C. an tes de C risto a p ó cr. a p ó crifo dor
a. de J . C . a n te s de Jesu cristo a p te . ap arte (m ejo r, ap.) c o o rd . c o o rd in a d o r
(m ejor, a. de C .) a re . a rc aísm o c o p . c o p y rig h t ‘d e re ch o s re ­
a. I. alia lectio (v arian te, otra a rrc g l. a rrc g la d o r servados". (E n lugar de esta
lectu ra) a r t. a rtíc u lo a b re v ia tu ra , lo h a b itu a l es
a. p. an tes d el p resen te. (Se a r t. cit. a rtíc u lo c itad o em p lear el sím bolo in te rn a ­
u sa en tra b a jo s c ie n tífic o s as. a se so r cional €>)
p a ra in d ic a r la a n tig ü e d a d au in . a u m e n tad o c o rr. c o rre g id o ; c o rre c to r
real d e un h e ch o o aco n tec i­ a u t. au to r c p . c o m p á re se
m iento, sin n e ce sid a d de re ­ a u tó g r. a u tó g ra fo c rít. c rític o
ferirse al c ó m p u to de una era c u a d . c u a d e rn o
d eterm in ad a. Por con v en ció n b a d . b ad an a cub. c u b ie rta
intern acio n al, se en tien d e por b ibl. b ib lio g rafía c u rs . cursiva
presente el añ o 1950, con o b ­ bio g r. b io g ra fía
je to de e v itar q u e los datos bl. b lanca (p ág in a) d. de C. d espués de C risto
p u b lic a d o s co n a n te rio rid a d bl. y n. b lan co y negro d. de J . C . después de Jesu­
tengan que ser m o d ifica d o s b /n blan co y negro cristo (m ejor, d. de C.)
en función del año de su u ti­ bol. b o letín d e d . ded icad o , dedicatoria
lización; en in g les, bp, befare del. d elineavit (dibujado por)
present) c. cu ad ro ; circa (m ejor, ca.) d ia r. diario (periódico)
A A . au to res c. a. caja alta (m ay ú scu la) d lc. d ic c io n ario
a c. ace p c ió n c. b. caja b aja (m in ú scu la) d lp l. d ip lo m á tic o
a ce p c . acep ció n (m ejor, ac.) c. f. cuín fig u ris (co n figuras, d ir. d ir e c c ió n ; d ir e c to r (de
a ct. a ctu al; actu aliz a d o ilu strad o ) edición); d irigido por
a d . ad ició n ; ad en d a ca. circa (a lre d e d o r de, hacia) dis. d iseñ o
a d a p t . a d a p ta d o r c a n . canon (m ejo r, en.) d o c . d o c u m e n to
a d d . a d d en d a (m ejo r, ad.) c a p . c ap ítu lo d u p l. d u p lic a d o
a d h . a d h erid o c a r t. cartón; carto n é
a d íe , a d ic io n a d o r c a t. c atálo g o K. ed ito r (en nota del editor )
a g o t. a g o ta d o cf. c o n fc r (c o n fró n tese , co m ­ e. c. e studio citado (m ejor, est.
al. alii (o tro s) párese) cit.)
a m p l. a m p lia d o cfr. c o n fc r (m ejor, í/ ) c. d. es decir
a n . anexo; a n u ario cíc. c ic e ro e. g. exenipli gratia (por ejeni-
A n. a n ales d r c . c irc ite r, c irc u m (c e rc a p ío )
a n a g r. a n ag ram a de, alre d e d o r de; m ejor, ca.) e. I. códcm loco (en el m ism o
a n a s t. a n a s tá tíc o c it. cita d o lugar)
a n ó n , an ó n im o en. c an o n cad . p a g . eadem pagina (en la
a n o t. a n o ta d o r c o a u t. c o au to r m ism a página, la m ism a pá­
a n t. an tífo n a; a n ticu ad o ; an to ­ có d . c ó d ig o gina)
logía; a n to lo g o co ed . c o cd ició n ed. e d ición; e ditor
a n te p . an te p o rta d a col. c o la b o ra d o r; c o le c c ió n ; ed. a m p l. edición am pliada
a p . a p arta d o ; a p arte ; a p én d i­ co lo r; c o lu m n a ed. a u n i. edición aum entada
ce col. y n. co lo r y neg ro cd. cit. edició n citada
áp . ápud (en gen eral, ápud no com . co m en tario ; c o m e n taris­ ed. c o rr. edició n corregida
se abrev ia) ta ed. c rít. edición crítica

‘ A demás de los casos de abreviaturas que expresan plural (como AA., pp., por ejemplo), cuando sea
necesario deberían usarse las formas plurales de las abreviaturas, plurales que consisten, generalmente, en
añadir una -s al singular; por ejemplo, de ampl., ampls.; de are., ares.; de art., arts.; de cat., cats.; de ed.,
eds.. de impr., imprs.; de núm., núms.; de pág., págs.; de rev., revs.; etc. Solo cuando pueda presentarse
anfibología (casos muy raros) deberá prescindirse de la forma plural.

80
las referencias bibliográficas y las bibliografías

ed. dip l. edición d iplom ática i. q. ídem quo (lo m ism o que) negr. negrita (letra)
ed. facs. cdición facsim ilar ih. ibídem num . num erado
ed. fon. cdición fonética id. ídem nú ni. núm ero
ed. lit. e d ito r literario íl. ilustración; ilustrador
rd . orig . edición original im p r . im p re n ta ; im p re s ió n ; o. c. obra com pleta
ed. pal. edición p aleo g ráfica im picso; im prim átur (m ejor, O . C . obras c om pletas
td . p rín c . edición príncipe imprim . ) o. cit. obra citada
ed. re fo rm . cdición reformada im p r im . im prim átur op . opus (obra)
ed. renov. edición renovada in cl. incluido o p . c it. o p e re c ita to (e n la
ed. rev. edición revisada in c o m p i. incom pleto obra citada; m ejor, o. cit.)
ed. m od. edición m oderna ín d . índico o p ú s c . opúscu lo
ed. m o d e rn . edición m o d ern i­ in d . alf. índice alfabético o rig . original
zada in ic. iniciales
edic. edición (m ejor, ed.) in it. m in o (al principio) p. página; punto (tip o g rá fic o )
edil, editado; editorial in tr. in tro d u cció n P. pregunta
F E . editores (en nota de ios in tr o d . in troducción p. C . post C hrístum (después
editores) ít. ítem de C risto; m ejor, d. de C.)
ej. ejem plar; ejem plo I. letra; libro; línea; lugar p. ej. por ejem plo
ene. en ciclo p ed ia I. c. lugar citado p a g . paginación
e n c u a d . en cu a d e m a ció n I. cit. lugar citado p á g . página (tam b ién , p.)
ep. e p íg ra fe I. g ó t. letra gótica pag . d u p l. p a ginación d u p li­
epíl. epilogo I. ro m . letra rom ana c ad a
esc. e scu d o lá m . lám ina p a g . var. p aginación variada
esp. especial; especialm ente Ib. libro (m ejor, i.) p a l. p a lc o g rá fic o
esq. esquem a lcg. legajo p á r r . párrafo
est. estudio lit. literal; literalm ente p e rg . pergam ino
est. cit. estudio citado lito g r. litografía p c ríó d . perió d ico
establ. tip . establecim iento ti­ In. línea (m ejor, i.) p l. plancha
pog ráfico loe. cit. loco citato (en el lu­ p leg. plegado
etc. e tcétera gar citado; m ejor, /. cit.) p o lig r. poli g rá fic o
e tc . excudit, excusum (im p re­ p o r t. portada
so. im preso por) m . m u erto p o r t. g ra b . p o rta d a g ra b a d a
e \tr. extractado; extracto m . tip . m arca tipográfica p o r ta d , p o rta d illa
inav. m ayúscula pos. positivo
í. folio m eca n. m ecan o g rafiad o p p . páginas (tam bién, págs.)
facs. facsim ilar; facsím ile m ili, m inúscula p re f. prefacio
fase, fascícu lo m o d . m o d ern o p reí i ni. prelim in ares
fig. fig u ra m o d e rn . m odernizado p re p . preparación; preparador
fin. fincm (en la expresión ad m s. m an u scrito p re s. p resentación
Jinem ‘al fin*) m u l t a r , m u ltig rafia d o p re s e n t. p re sen ta d o r
íl. floruit ( ‘flo reció ’, dicho de m u s. m úsica prlv . privilegio
un artista an tiguo) p ro e . procedencia
fol. folio ( m e jo r ,/) n. nacido: nota p ro l. prologuista
fon. fonético n.* núm ero (m ejor, nti/n.) p ró l. prólogo
fonol. fo n o ló g ico N. d el A. nota del autor p te . parte
frag m ., frg . fragm ento N. B. nota bene (nótese bien) p u 1)1. publicación; publicado
N. del C . nota del co m p ilad o r
glos. g losario N. del E. nota del editor q. v. quod vide (v éase)
g ráf. g rá fic o n. I. non iíquet (no está claro)
N. de la R. nota de la redac­ R. respuesta
h. hacia (= ca.)t hoja ción r. recto
h. e. Iiic est, hoc est (esto es, n. s. nueva serie re c . reco p ilació n
es decir) N. del T. nota del traductor re c o p . re c o p ila d o r
hol. ho lan d esa n. v. ne variétur (a fin de que rd a . redonda (le tra)
hom . hom ilía no se cam bie, edición d e fi­ rd o . redondo (tip o )
nitiva) re d . redactor
i. e. id est (esto es) n eg . negativo re e d . re edición

81
el trabajo documental

re f. re fu n d id o r [de e d ito r]; ta m b ié n , s. e.) T. traductor


re fo r m . re fo rm ad a (e d ic ió n ) s. p. I. sin pie de im prenta ta ll. g rá f. talleres g ráfico s
re im p r. reim p resió n s. p ag . sin p ag in ació n tip . tipografía
re p r o d . re p ro d u c c ió n s. v. sub voce, sub verbo (en tít. título
res. resu m en ; resu m id o r el a rticu lo ) tít. orig . título original
re tr. re tra to sc. scilicet (a sab er) tr a d , traducción; traductor
rev. revisado; revisor; re v is­ scil. scilicet (m ejo r, .ve.) tra n s c r . tra n scrip to r
ta s/c u b . so b re cu b ie rta t r a t . tratado
r ú s t. rú stica see. secció n
sel. selección; scle c c io n ad o r v. véase; v e rsícu lo ; v ersión;
s. sig lo ; siguiente scm . sem an ario verso; vuelto
s. a. sin año (de ed ició n ) se m e s tr. sem e stra rio v. a. véase adem ás
s. d. sine data scp . sep arata v. g., v. gr. verbi gratia (ver­
s. e. sin e d ito r seq . seq u itu r (en la frase non bigracia, por ejem plo)
s. f. sin fecha sequitur ‘no sig u e’, poco usa­ v. t. véase tam bién
s. i. sin im prenta da) var. variante
s. I. sin lugar (de ed ició n ) s e u d . seu d ó n im o vers. v ersalitas (le tras); v er­
s. 1. e. a. sine toco et anno (sin s e u d . c o le c t. seu d ó n im o c o ­ sión
lugar [de ed ició n ] ni añ o ) lectivo vid. vide (véase; m ejor, u )
s. I. f. sin lugar (de e d ic ió n ) sig. sig u ien te viz. videlicet (a saber)
ni fecha s u b t. su b titu lo vol. volum en
s. 1. i. sin lugar de im presión su m . su m ario vv. versos; volúm enes
s. I. n. a. sin lu g ar (de e d i­ s u p l. su p lem en to
c ió n ) ni año xil. xilografía
s. n. sine nom ine (sin nom bre t. tom o

más información, y de esto es de lo que que renunciar a usos y costumbres larga­


se trata. Cualquier otra grafía puede re­ mente establecidos, puesto que el hecho
sultar admisible para medios profesio­ de que se coloque el lugar delante del
nales (bibliotecarios, docum entalistas). editor no supone ninguna irregularidad
Los datos de la edición y su clase pue­ grave en nuestra lengua. De hecho, este
den darse en abreviatura: ed. am pi, ed. orden, de mayor a menor importancia, se
rev: (v. c. 1). aplica en otros casos de las referencias,
como cuando, en las obras de autor cor­
4.2. Pie editorial. A continuación se porativo, escribimos España. Ministerio
dan los datos del pie editorial y el año, de Trabajo y Seguridad Social. Dirección
por este orden: lugar, editor, año: General de la Seguridad Social.
La norma u n e 50-104-94 (ap. 7.6)
P o l o , José: Manifiesto ortográfico Je la len­ dice que «Los detalles relativos al lugar
gua española. M adrid: V isor, 1990. de publicación y al editor son opciona­
les. La fecha de publicación es obligato­
Hay autores españoles que prefieren un ria». Por el contrario, opino que esos
orden distinto: editor, lugar, año, orden datos, lugar de publicación y editor, de­
que les parece más lógico en español: berían figurar obligatoriamente en todas
P olo , José: Manifiesto ortográfico Je la len­
las manifestaciones de la referencia bi­
gua española. V isor, M adrid, 1990 bliográfica, sea una bibliografía, una fi­
cha bibliográfica que precede a un resu­
Sin embargo, es este un aspecto de la re­ men o a una reseña o bien una cita bi­
ferencia bibliográfica que se puede uni­ bliográfica colocada en forma de nota.
ficar internacionalm ente sin que haya Los datos que contribuyan a la identifi­

82
las referencias bibliográficas y las bibliografías

cación y localización del documento de­ teamericanos y brasileños y los territo­


ben figurar en la referencia. rios canadienses se utilizan las que se
Según la referida norma u n e (aparta­ señalan en los cuadros TI y T2.
do 7.6.2), el nombre de la ciudad en que Si en la fuente aparece más de un lu­
se editó el documento debe darse «en el gar de publicación, se hace constar el
idioma original y en caso nominativo que figure de forma más destacada, y si
como aparece en la fuente». Esta regla ninguno se destaca, el primero. A veces
supone un problema insalvable cuando se mencionan todos los lugares que apa­
se trata de un libro, y a veces también recen en la fuente, pero no parece un
cuando se trata de un artículo científico. dato importante: generalmente suele tra­
En efecto, si cuando escribimos en es­ tarse de sucursales.
pañol es en español como debemos ex­ Dice la norma u n e 50-104-94 (apar­
presarnos, es obvio que debemos escri­ tado 7.6.4) que si en la fuente no apare­
bir, en el texto general de la obra o tra­ ce ningún lugar de publicación, se hace
bajo, Francfort, París, Londres, Nueva constar una frase com o «lugar de publi­
York, Milán, Turin, Tolón, M arsella y cación desconocido» o una abreviatura
topónimos semejantes. Resulta, pues, in­ equivalente. Lo que se ha venido usan­
congruente que en las citas bibliográfi­ do es una abreviatura como s. /. 4sin
cas situadas a pie de página (o al final lugar (de edición)’, que sigue siendo útil
del capítulo o del libro) y en la biblio­ para estos casos, y es la que debe seguir
grafía cambiemos radicalmente de opi­ empleándose.
nión y escribam os, respectivam ente, Dicha norma añade que «se puede in­
Frankfurt, París, London, New York, Mi­ dicar el nombre del editor». Esto da a
lano, Torino, Toulon, Marseille. Es pro­ entender que, si se quiere, se puede om i­
bable que esta norma sea muy útil e in­ tir. Más bien parece que debería ser nor­
cluso necesaria para la confección de la ma la constancia del editor (como asi­
ficha catalográfica, pero lo que el escri­ mismo la del lugar y año de edición),
tor hace no es eso. Por lo tanto, en bi­ puesto que, entre otras cosas, facilita la
bliografías publicadas en obras o traba­ búsqueda y adquisición de! documento.
jos de publicaciones periódicas debe El nombre del editor debe darse tal como
aceptarse la grafía según el exónimo es­ aparezca en la fuente, pero no es preci­
pañol de los topónimos extranjeros. so añadir Editorial, Ediciones, Editor, y
Cuando exista riesgo de confusión, Compañía, e Hijos, S. A., S. L., Inc.,
puede añadirse, entre paréntesis (y abre­ Lted. y otras semejantes. No es necesa­
viado si es necesario), el nombre del Es­ rio, pues, poner Editorial Labor, ya que
tado, provincia o país a que pertenece el basta con Labor siempre que el nombre
lugar de edición: no dé lugar a confusión. Cuando exista
este riesgo debido a que coinciden los
C órdoba (A rg en tin a) nombres de las editoriales en dos o más
C am bridge ( r u ) países, se añaden los nombres de estos
G eorgia ( e u a ). entre paréntesis:

En la medida en que sean aplicables, de­ Editora N acional (E sp añ a)


Editora N acional (M é x ico )
ben emplearse las abreviaciones de los L a b o r(E s p a ñ a )
códigos alfa-2 y alfa-3 de la norma u n e Labor (B élgica).
1-084. Para lo no legislado, abréviese
según la costumbre. Para los estados nor­ Si en la fuente aparece más de un edi­

83
el trabajo documental

tor, se hace constar el que aparezca más La fecha puede encontrarse en las pri­
destacado o el primero en caso contra­ meras o en las últim as páginas del do­
rio. Los nombres de los demás se pue­ cum ento (a veces solo se encuentra en
den hacer constar seguidos del lugar de el colofón). Si se conjetura, se puede
publicación en cada caso. escribir
Si el nom bre del editor es una sigla y
se conoce su desarrollo, se puede colo­ ca. 1996
car entre corchetes después de la sigla:
o incluso entre interrogantes:
La problemática
R o d r í g u e z M o r a t ó , A rturo: ¿1996?
profesional de los escritores y traductores:
una visión sociológica. B a rc e lo n a : a c e c
[A so ciac ió n C olegial de E scrito res de C a ta ­
A continuación del año de edición se
luña], 1997. añaden, cuando las hay, las inform acio­
nes referentes a partes de una monogra­
Dice la norm a u n e m encionada que si fía (capítulo, volumen, apéndice o lo que
en la fuente no aparece ningún editor, se fuere) o de una publicación en serie,
hace constar una frase como «editor des­ cuando no se trata de una colaboración
conocido» o una abreviatura equivalen­ independiente, y se identifican de ma­
te. Lo que se ha venido usando es la nera separada con la num eración, el
abreviatura s. n. ‘sine nomine (sin nom ­ título u otros d etalles de la referida
bre [de editor])*, o bien s. e. ‘sin editor’, parte.
que siguen siendo útiles para estos ca­
sos y deben seguir empleándose. 5. Z ona de la d escrip ció n f ís ic a .

En los casos de autor editor, la pala­ Esta zona, también llamada colación y
bra autor sustituye al nombre del editor descripción externa, no es obligatoria en
en la ficha, pero es conveniente añadir, las referencias que forman parte de bi­
entre paréntesis, la dirección del autor si bliografías en libros, pero sí debe apare­
este la proporciona, con objeto de faci­ cer en las críticas de libros de periódi­
litar la búsqueda de la obra. cos y revistas. Se aplica opcionalmente
El año de edición (si se trata de una a las monografías y consta del número
publicación en serie debe hablarse de f e ­ de tomos y volúmenes, páginas, hojas,
cha de edición) se hace constar tal como columnas, ilustraciones, formato y ma­
aparece en la fuente, en cifras arábigas. teriales com plem entarios que puedan
Si el docum ento se publica en partes o acompañar al libro. Si se trata de una
entregas a lo largo de más de un año, se publicación en serie (v. §7.1.2-2.7), la
deben hacer constar el prim er año y el indicación del fascículo debe ser lo más
último, pero si aún no se ha com pletado completa posible y tal como aparezca
la publicación, se indica el prim er año en la fuente, en su misma lengua. Si la
seguido de un guión y espacio: 1995- . referencia no es a un fascículo determ i­
Si en la fuente no se menciona el año de nado, sino al conjunto de una publica­
publicación, se indica la fecha del dere­ ción todavía en curso de edición, se hace
cho de autor, la del depósito legal, pie constar solamente la indicación numéri­
de imprenta, colofón o, si tampoco exis­ ca correspondiente al primer fascículo,
ten estas, una fecha aproximada: seguido de guión y espacio. Si la refe­
rencia comprende una secuencia de fas­
1997 pie de im prenta cículos, se hacen constar el primero y el
1995 D. L. último.

84
las referencias bibliográficas y las bibliografías

En los documentos no impresos (íri- 7.2. Las bibliografías de monografías


crofichas, discos sonoros) debe hacerse y artículos
constar la extensión en número de pie­
zas físicas y la extensión de cada una de 7.2.1. D e f i n i c i ó n
ellas, si interesa.
Las bibliografías son listas de refe­
Cuando
6. Z o n a d e l a c o l e c c i ó n . rencias bibliográficas que se han utili­
el documento que se describe pertenece zado en una obra o que se mencionan
a una unidad más amplia llamada colec­ en ella para conocimiento del lector y
ción o señe, se hace constar el nombre guía del investigador.
de esta y el número que le corresponda
si lo tiene:
7.2.2. O r d e n a c i ó n d e l o s d a t o s
C o n t r e r a s , L idia: Ortografía y grafemica.
M adrid: V isor, 1994 (B iblioteca G ráfica de
la Lengua E spañola, 4). Los datos de las referencias se orde­
nan por zonas, tal como se indica en el
lista información puede omitirse en las párrafo 7.1.2.
bibliografías de libros.

7. Z o n a d e l a s n o t a s . Cuando exis­ 7.2.3. O r d e n a c i ó n


ta alguna otra información com plem en­ DE LAS REFERENCIAS
taria puede hacerse constar a continua­
ción del elemento anterior. Las referencias que forman una bi­
Puede indicarse, por ejemplo, que se bliografía pueden organizarse de varias
trata de una reimpresión de una edición maneras, pero en español, normalmente,
muy anterior. También se pueden hacer se hace por orden alfabético de los ape­
indicaciones que favorezcan la obtención llidos de los autores, el único si solo
de un documento de difícil localización; hay uno o el primero si hay dos o más
indicaciones que se refieran a las limita­ (en las demás lenguas, según sea su cos­
ciones de accesibilidad (por ejemplo, edi­ tumbre; véanse las entradas correspon­
ción no venal, edición limitada. solo p a ­ dientes en la segunda parte). El orden
ra uso oficial) o al estado de publicación alfabético puede ser único si todas las
del documento (por ejemplo, de próxima referencias forman un solo cuerpo, de la
aparición, en prensa) u otras inform a­ a a la z, o bien puede ordenarse la bi­
ciones que resulten interesantes para el bliografía por materias, y dentro de cada
lector. A lgunas de estas indicaciones materia, por orden alfabético de las fi­
no suelen figurar en bibliografías de li­ chas que contenga o cronológicamente.
bros. También se pueden ordenar por núm e­
ros arábigos, si las citas bibliográficas
8. Z o n a d e l n ú m e r o n o r m a l i z a d o . responden a este sistema (v. § 2.5-3).
El número normalizado asignado al do­ Para ello, cada obra puede llevar un nú­
cumento (el i s b n en monografías o el mero correlativo, y los docum entos pue­
iss n en publicaciones en serie) puede ha­ den estar colocados por orden alfabético,
cerse constar. Es opcional en el caso de por materias o sin ningún orden.
las partes, capítulos u otras divisiones de Si dos o más fichas comienzan con el
las monografías y en el de los artículos o los apellidos del mismo autor, en la
o trabajos de publicaciones en serie. segunda y siguientes menciones se sus-

85
el trabajo documental

tituycn el o los apellidos y el nombre de Lo coherente, como pide la norma,


pila por una raya (— ) o un menos (-) podría consistir en separar siempre con
(según lo que se esté utilizando en el punto las zonas, y con coma u otros sig­
texto general) seguidos de un espacio nos los elementos dentro de ellas. Y, en
fijo (en tipografía, un espacio de dos efecto, esto es lo que practican la mayor
puntos o bien de un cuarto de cuadratín), parte de los autores y entidades que han
sin ninguna puntuación, con lo cual to­ emitido normas, pero no es modelo ge­
dos los datos, cuando el texto se dispo­ neralizado en las editoriales bibliolo­
ne en párrafo francés (el más adecuado g ía s . La no aceptación generalizada de
en estos casos), vendrán en columna: un modelo para la disposición, puntua­
ción y grafía de las bibliografías hace
Po l o , José: Lenguaje, gente . humor...: mate­ posible la existencia de muchos mode­
riales para una antología semántica espa­ los de actuación en este terreno, aunque
ñola. M adrid: Paraninfo, 1972.
— Ortografía y ciencia del lenguaje. M adrid:
ello no sea deseable.
P aran in fo , 1974. Puesto que las normas dejan libertad
— Enseñanza del cspañu>l a extranjeros. M a ­ de criterio a la hora de puntuar estos da­
drid: S o cied ad (¡enera! E spañola de L ib re ­ tos, y solo aconsejan aplicar la coheren­
ría, 197(wi.
cia a los modelos utilizados en cada caso,
— El español como lengua extranjera, ense­
ñanza de idiomas y traducción. M adrid: S o ­ entiendo que la coherencia a que se re­
cied ad G eneral Española de L ibrería. !976/>. fieren debe consistir en: a) la elección de
— Epistemología del lenguaje e historia de la un modelo que se acerque lo más posi­
lingüistica , M adrid: G redos, 1986 (B ib lio ­ ble al que se utiliza en las normas (aun­
teca R o m án ica H ispánica. II: E studios y E n ­
sayos, 346).
que no sea normativo), y b) utilizar el
mismo modelo en todas las obras de una
Si en la compaginación estos signos apa­ misma editorial, institución o autor. En
recen ocupando el primer lugar de la esta obra se explicará la que utilizan las
columna o la página, se restituyen el o normas oficiales, pero se deja la puerta
los apellidos y el nombre del autor a abierta a otros usos, que se exponen en
que sustituyen. cada caso con objeto de no desperdigar
demasiado las reglas de escritura.
Conforme con lo dicho, se pueden
7.2.4. P u n t u a c ió n d e l a s z o n a s aplicar las siguientes normas:
Y LOS ELEM EN TO S
DE LAS BIBLIOGRAFÍAS 1 ci) Según las normas, el nombre del
autor debe ir seguido de punto:
Las normas internacionales (iso) y na­
cionales ( u n e ) no dan reglas para la pun­ M i i . n l r , Richard.
tuación de las zonas y los elementos den­
tro de ellas. Solo aconsejan que se use 1 b) Una alternativa, que parece más
un sistema de puntuación coherente. Sin lógica, consiste en separar el nombre y
embargo, pese a no optar por un modelo el título mediante dos puntos (:):
de puntuación, lo usan en sus ejemplos,
y esto explica que, aun no pareciendo M i l n i . k , Richard:
satisfactorio en algunos casos, tal m o­
delo haya sido copiado y generalizado La puntuación entre el o los apellidos
por cuantos han escrito acerca de la for­ y el nombre es la coma. La omisión de
ma de disponer las bibliografías. este signo en ese lugar, recomendada y

86
las referencias bibliográficas y las bibliografías

aun practicada por algunos autores, pa­ presa en abreviatura, va seguida de pun­
rece inadecuada (incluso en el caso, que to en las normas:
no se da siempre, de que los apellidos
aparezcan con grafía distinta — en este Diccionario de la evolución:
M il n e r . R ichard.

caso versalita— de la del nombre). la humanidad a la búsqueda de sus oríge­


nes. Prólogo d e Stephen Jay G ould, trad u c­
2a) El titulo puede ir seguido de punto ción de José Luis G il A ristu. I.* ed.
(según el uso de las normas):
4b) Una alternativa consiste en colo­
M i l n e r , R ic h a rd : Diccionario de ia evolución.
carla después de coma, especialm ente si
se ha cumplido 3b:
2b) Una solución alternativa muy uti­
lizada consiste en colocar coma tras el Diccionario de la evolución:
M i l n e r , Richard:
título: la humanidad a la búsqueda de sus orígenes
(pról. Stephen Jay GouldL trad. José Luis Gil
Mu n i :r , R ic h ard : Diccionario de la evolución. A ristu), l.“ ed.,

El subtitulo. cuando lo hay, se escribe y hacerla seguir de coma en lugar de


en cursiva y se separa del título median­ punto.
te dos puntos y com enzando con minús­ Cuando no se trata de la primera (la
cula: cual solo se hará constar si figura en la
fuente), puede la edición ir acompañada
Diccionario de ¡a evolución,
M u . n e r , R ic h ard : de elementos de información que es pre­
la humanidad a la búsqueda de sus oríge­ ciso hacer constar. La norma u n e 50-
nes. 104-94 dice que debe indicarse tal como
esté en el original. Por lo que respecta
Algunas fuentes prefieren escribir con al español, la información que suelen
inicial mayúscula el subtítulo, pero las ofrecer los editores puede incluso resul­
normas emplean la m inúscula en sus tar redundante; por ejemplo, si se trata
ejemplos. de la segunda edición, se da por supues­
3a) El elemento de la responsabili­ to que el texto de la primera ha sido
dad subordinada va seguido de punto alterado, ampliado, corregido, etcétera,
en las normas: por lo que se supone que bastaría con
indicar «3.* ed.», ya que lo demás se da
Mu n e r , Richard: Diccionario de la evolución:
¡a humanidad a la búsqueda de sus oríge­ por sabido (no hay nueva edición si no
nes. Prólogo de S tephen Jay G ould, trad u c­ hay ampliación o cambio en el texto ori­
ción de José Luis Gil A ristu. ginal). Sin embargo, si en textos extran­
jeros hemos de copiar lo que la fuente
3b) Una alternativa muy utilizada, y diga (lo entendamos o no), lo lógico es
tal vez preferible, consiste en colocar que en español hagamos lo mismo. En
esos datos entre paréntesis: cualquier caso, tal indicación es obliga­
da cuando las funciones a que nos refe­
Diccionario de la evolución:
M i i . n e r , Richard: rimos no se deben al autor de la obra,
la humanidad a la búsqueda de sus orígenes sino a persona ajena a esta. Por ejem ­
(pról. Stephen Jay GouldL trad. José Luis G il
A ristu),
plo,

S e c o , R afael: Manual de gramática española,


y se sigue de coma en lugar de punto. II.* ed., rev. y am pl. po r M anuel Seco, M a­
4a) La zona de la edición. que se ex­ drid: A guilar, 1990.

87
el trabajo documental

La inform ación aqui proporcionada es La norma u n e , que no recomienda nin­


pertinente, ya que el autor de la puesta guna puntuación en especial, sin em bar­
al día y la revisión no es el de la obra. go utiliza en sus ejemplos los dos pun­
La puntuación entre el número de la tos después del lugar de edición, grafía
edición y el texto subsiguiente dentro que actualmente se ha generalizado.
de la misma zona es, en cualquier caso, 5b) Una grafía alternativa sería la
la coma, com o se ha visto en el ejemplo com a, como se ha hecho siempre en es­
anterior. pañol. La exigencia de los dos puntos
4c) Algunos autores relacionan el nú­ puede estar relacionada con el hecho de
mero de edición con el año en que esta añadir, tras el lugar de edición, otros ele­
se da, por lo que trasladan el dato al mentos aclaratorios que no sean preci­
final de la ficha y colocan, tras el año y samente la editorial, como sería lógico
en cifras voladitas, el número de la edi­ esperar; en este caso, los dos puntos de­
ción: jan claro (convcncionalmcntc) que lo que
sigue es el nombre de la editorial sin
S e c o , R afael: Ai anual de gramática española. duda alguna. Se da con frecuencia el
M adrid: A guilar, 1 9 9 0 " (rcv. y ampl. p or M a­
nuel Seco).
hecho de que el lugar de edición es una
unidad perteneciente a otra que adm i­
Como se ve en el ejem plo, si hay que nistrativamente es más importante; por
añadir algo relacionado con el tipo de ejemplo, Boston, Massachusetts. Aunque
edición, puede hacerse a continuación en español esto tendría fácil remedio
entre paréntesis. Ciertos autores son par­ — poner entre paréntesis la unidad topo­
tidarios de este mismo modelo, pero co­ nímica mayor en relación con la menor;
locando el núm ero de la edición antes por ejemplo, Vilassar de M ar (Barcelo­
del año: na)—, en inglés no suele hacerse así, lo
que justifica el uso de esos dos puntos.
Sec o , R afael: Manual de gramática española. Y puesto que su em pleo está muy gene­
M adrid: A g u ila r ,111990 (rev. y am pl. p o r M a­ ralizado, podría adm itirse en la grafía
nuel Seco). alternativa; es decir, que, cualquiera que
fuera el modelo de grafía que se elija,
Por supuesto, otras colocaciones también este dato debería puntuarse con los dos
serian posibles (al menos, en literatura y puntos, como se ha venido haciendo en
campos afines); por ejemplo, colocando los ejemplos.
el número de la edición en forma subín­ 6a) La zona de la descripción física
dice, antes o después del año, pero no no es obligatoria, por lo que general­
parece recom endable div ersificar las m ente no aparece mencionada en las bi­
grafías de este dato. bliografías. De los datos que la forman
5a) El p ie editorial se puntúa de la (tomos, volúmenes, páginas, hojas, co­
siguiente m anera, según las normas: en­ lumnas, ilustraciones, formato y mate­
tre el lugar de edición y la editorial se riales com plem entarios), solo los tomos
colocan dos puntos (:), y entre la edito­ y los volúmenes, con menos frecuencia
rial y el año, coma: las páginas, pueden aparecer en las bi­
bliografías de monografías (distinto es
M i l n e r , R ich ard . Diccionario de la evolución: el caso, com o se verá más adelante,
la humanidad a la búsqueda de sus oríge­
nes. P ró lo g o de S tep h en Jay G ould, tra d u c ­
cuando se trata de trabajos o capítulos
c ión de Jo sé L uis G il A ristu . 1.* cd. B arcelo ­ de obras). En las normas, los tomos y
na: B ib lo g raf, 1995. volúmenes se hacen constar después del

88
las referencias bibliográficas y las bibliografías

año de edición, separado de este por un el apellido, la solución consiste en es­


plinto: cribirlo con mayúsculas:

M olin i r , M nría. Diccionario de uso del es­ ALVAR E Z Q U E R R A , M anuel, y A ntonia M a­


pañol. M adrid: G rcdos, 1966, 196?. 2 vols. ría M ED IN A G U E R R A : Manual de ortogra­
Enciclopedia Labor. B arcelona: Labor, 1967- fía de la lengua española. B arcelona: B iblo­
1984. 10 t en II vols. + 3 suplem entos. graf, 1995.
C O N T R E R A S, Lidia: Ortografía y grafémica .
M adrid: Visor, 1994 (B iblioteca G rá fic a de
6b) Una grafía alternativa, que pare­ la Lengua E spañola, 4).
ce más lógica, consistiría en colocar la
indicación de los volúmenes antes de Si esta solución no es adecuada (la m a­
la edición o, si falta este dato, inmedia­ yúscula puede resaltar demasiado en al­
tamente antes del lugar de edición: gunos tipos), como mal menor se puede
disponer con letra minúscula:
Moi i n i . r , M aría. Diccionario de uso del es­
pañol. 2 vols., M adrid: G rcdos, 1966, 1967.
A lv ar E z q u e rra , M an u e l, y A n to n ia M aría
Enciclopedia Labor. 10 t. en II vols. + 3 su­
M edina G uerra: Manual de ortografía de la
plem entos, B arcelona: Labor, 1967-19X4.
lengua española. Barcelona: B iblograf, 1995.
C ontreras, Lidia: Ortografía y gntfémica. M a­
En principio, parece que anunciar pri­ drid: Visor, 1994 (B iblioteca G rá fic a d e la
mero los años en que se producen las Lengua E spañola, 4).
ediciones de los respectivos volúmenes
y después decir cuántos son estos volú­ Si el trabajo se presenta en soporte in­
menes parece un poco irregular formático y el texto no dispone de la
forma tipográfica adecuada, es necesa­
rio, en este caso, escribirlo todo con m i­
7.2.5. G r a f ía t ip o g r á f ic a núsculas, indicando, en la copia en pa­
DE LAS ZONAS Y SUS ELEM EN I OS pel, qué térm inos habrán de com poner­
se en versalitas. Ello, por la razón de
Las normas no establecen la grafía ti­ que la minúscula puede convertirse en
pográfica de los elementos de las bi­ versalita, pero la mayúscula, no.
bliografías. Se da a continuación la grada
más habitual y lógica en tipografía, te­ 2) Zona deI titulo. En las monogra­
niendo en cuenta la tradición hispánica: fías, el título se escribe con cursiva; el
título de una parte (capítulo, parte) se
1) Zona de responsabilidad principal. escribe de redondo entre com illas lati­
El o los apellidos se escriben con v e r s a ­ nas (« »); en estos casos, la preposición
l i t a s ; el nombre de pila, con minúscu­
en se escribe de redondo, seguido del
las: título de la monografía en cursiva:

A i .vak E z q u p r r a , M anuel, y A ntonia M aría P u jo l , Jo scp M ., y Joan S o l a : « P u n tu a d o i


M bdina G urrra : Manual de ortografía de la tip o g ra fía » , en Ortotipografía: manual de
lengua española. Barcelona: B iblograf, 1995. / 'autor, / 'autoeditor i el dissenyador gráfic,
Ortografía y grafémica.
C o n t r i - r a s , L idia: 2 * cd ., rev., B arcelona: C olum na, 1995, 69-
M adrid: V isor, 1994 (B iblioteca G rá fic a de 129.
la Lengua E spañola, 4).
Si el procedimiento de trabajo (por ejem­
Si el procedimiento de composición del plo, cuando empleamos la máquina de
texto no permite utilizar la versalita en escribir para presentar el trabajo) no per­

89
el trabajo documental

mite utilizar la cursiva en el título, la número del documento (cód. 11);


solución consiste en subrayarlo (en la - - fecha de publicación (cód. 41-47),
imprenta deberán convertir lo subraya­ de acuerdo con la norma u n e 1-
do en letra cursiva): 143.

P u j o l , J o s e p M ., y Jo an Soi.Á: «P u n tu ació i Ejemplo (lomado de la norma une 50-


tip o g ra fía » , en O rto tip o ^ ra fia : m anual de
104-94, § 7.12):
f a u t o r P a u to c d ito r i el d issen v ad o r g ráfic.
2.a cd., rev., B arcelo n a: C o lu m n a, 1995, 69-
S o r if - r É MlNlfeRE E l MÉTALLUKGIQUE DE
129.
P e ñ a k k o y a : P ro cé d é p o u r la d is so lu tio n
selectivo du plom b. B euticr, D. (inventen).
3) Las demás zonas. En redondo, sin Int. C I.J: C 22B 3/00; C 22B 19/02. Fecha del
distinción alguna aunque se trate de tér­ d e p ó sito 1983-08-24. D em an d e de brevet
europeen E P00102299A 1. 1984-03-07.
minos o frases extranjeros.

7.3. Referencias bibliográficas 7.3.2. R e c u r s o s e l e c t r ó n ic o s


de otros docum entos
Los recursos publicados en formato
7.3 .1 . P a t e n t e s electrónico son cada día más abundan­
tes y se consultan con mucha frecuen­
En los docum entos de patentes la re­ cia. Correlativamente, se citan cada vez
ferencia puede em pezar con el nombre más, lo que hace aconsejable disponer
del solicitante o el del propietario de la de unas normas que permitan distinguir
patente, seguido del título del invento. el tipo de mensaje y la forma de citarlo,
En una mención de responsabilidad su­ ya sea en el texto, ya en las listas de
bordinada se pueden incluir los nombres docum entos consultados (bibliografías).
de personas o entidades que desempe­ Al igual que con los documentos en pa­
ñan otras funciones. La referencia debe pel, los que se disponen en soporte in­
incluir el identificador del documento, formático deben ser fácilmente identifi-
que se com pone de los siguientes datos: cables y localizables. Aun en su diversi­
dad, los documentos en soporte informá­
— nombre del país o de la organiza­ tico deben guardar cierta identidad o pa­
ción internacional (a no ser que recido con los demás documentos cita­
esté claram ente indicado en la cla­ dos en una determinada obra o escrito,
se del docum ento de patente, caso tanto en la forma de presentación como
en el cual puede omitirse); en la puntuación y tipografía. A este res­
— clase del docum ento de patente; pecto son de aplicación las normas adop­
— número del docum ento de patente, tadas para las bibliografías de escritos
que consiste en el código u n e de en soporte papel (v. § 7.2.3 y 7.2.4).
dos cifras para el país (norma u n e El lector debe ser consciente de que
1-084) o el código de la orga­ esta materia es aún muy nueva y se ha­
nización internacional ( o m p i stan­ lla sometida a cambios constantes, no
dard ST.3), el número del docu­ solo de los elementos mencionados en
mento (cód. 11) y el código de dos una lista o bibliografía, sino de las for­
caracteres de la clase de docum en­ mas de citarlos. Debido a que se trata de
to ( w i p o standard ST.16); como m ateriales fungibles, inestables, cam ­
mínimo se debe hacer constar el biantes... y que en muchos casos han

90
las referencias bibliográficas y las bibliografías

desaparecido cuando se citan, los pro­ pueden ir seguidas de punto o dos pun­
blemas que presentan son muchos. El tos (:) (v. § 7.2.4).
escritor debe mencionar todos los datos
de que disponga, dejando constancia cla­ 2. T í t u l o . Se obtiene de la pantalla
ra del URL (uniform resource locator ‘lo­ principal del recurso. Si el título no exis­
calizador uniforme de recursos*) consul­ te o es poco significativo, puede obtener­
tado y de la fecha de consulta. se del soporte físico, de la documenta­
En la actualidad hay una serie de si­ ción escrita o del envoltorio, según los
tios de Internet donde se dan normas casos. En los recursos web, si no apare­
para la cita de recursos electrónicos (ge­ ce en la pantalla principal un título des­
neralmente en inglés y francés) (véase tacado, se toma el que figura en el head
§ 7.3.2.3). Sin embargo, yo me he basa­ del recurso en formato h t m l (hypertext
do especialmente en el trabajo de Estivíll markup language ‘lenguaje de marcado
y Urbano (30/05/1997, v. 1.0), el más de hipertexto’) (el título del head tam­
seguido en español, sin perder de vista bién se puede proporcionar en nota si el
las decisiones adoptadas en la norma iso título de la pantalla principal se ha to­
690-2 (1.a ed., 15/11/1997), que los ci­ mado como título). En los mensajes elec­
tados autores también tienen en cuenta. trónicos, el título es el mismo que figu­
ra en la línea subject del mensaje.
En el caso de que el recurso careciese
7.3.2.1. Zonas y grafías de título y no pudiera elegirse una de
de las referencias sus partes como tal, se puede crear un
de recursos electrónicos título breve que se sitúa entre corchetes.
Si el título es de obra o publicación se­
Los recursos electrónicos pueden te­ mejante (es decir, monografía u otra obra
ner las siguientes zonas: independiente), se escribe con letra cur­
siva. Si el sistema de escritura no per­
1. R e s p o n s a b i l i d a d p r i n c i p a l . Se mite esta grafía, se puede subrayar o, en
refiere al autor, sea individual, colectivo caso de no ser posible, com enzar y ter­
o institucional (entidad). Si es autor per­ minar el título con el signo subraya (_).
sonal, el o los apellidos se escriben con Si el título es de un capítulo, artículo en
versalitas, y el nombre, con minúsculas revistas o diarios o caso semejante (es
(excepto la inicial). Si es una institución decir, de una parte dependiente de obra
o entidad, el nombre de esta se escribe independiente), se escribe de redondo y
con versalitas, salvo las iniciales de sus­ entre comillas latinas (« »). Si hay sub­
tantivos y adjetivos, que van con ma­ titulo, este se sitúa después del título se­
yúsculas. Cuando el mensaje sea públi­ parado de él por dos puntos (:) y co­
co (por ejemplo, listas de discusión, bo­ mienza con minúscula.
letines de noticias, etcétera), a continua­
ción del nombre del autor se debe hacer 3. T i p o d e s o p o r t e . Los soportes son
constar su dirección electrónica entre los elementos en que se hallan los docu­
antilambdas (< >). Si no existe respon­ mentos que se citan. Se escriben de re­
sable principal o el recurso comprende dondo y entre corchetes. Pueden ser los
documentos de varia procedencia, el pri­ siguientes:
mer elemento de la ficha es el título.
Como en el caso de las bibliografías de (en linea]
trabajos presentados en soporte papel, [c d - r o m ]

91
el trabajo documental

[ c in ta m a g n é tic a ] en español ( 1 9 9 8 , 1 9 / 0 1 / 1 9 9 8 , 19 en.


[d is c o o d is q u e te ].
1 9 9 8 ) (aunque mejor sería utilizar la nor­
ma internacional para la fecha: año-mes-
Cuando sea necesario, se puede especi­ día: 1 9 9 8 - 0 1 - 1 9 , para unificar criterios).
ficar el tipo de material:
Si el recurso se actualiza con frecuencia
[ m o n o g r a fía e n c d - r o m ]
y en el docum ento figura la fecha de pu­
[ m o n o g ra fía e n c in ta m a g n é tic a ] blicación, esta puede escribirse dejándola
[ b a s e d e d a to s e n lin e a ] abierta (es decir, con guión y espacio
[ p u b lic a c ió n s e ria d a e n lín e a ] pospuestos: 1 9 9 8 - ), salvo si la referen­
[ p r o g ra m a in fo r m á tic o e n d is q u e te ]
cia es a una versión concreta; en este
[ b o le tín d e n o tic ia s e n lin e a ]
[ c o r r e o e le c tr ó n ic o ] . caso se pueden citar las dos fechas, la
prim era precedida de la voz actualiza­
En los docum entos que tienen subtítulo ción ( 1 9 9 8 , actualización 15 jul. 1 9 9 8 ) ;
(v. § 7.3.2.1-2), la indicación correspon­ si solo figura la fecha de revisión o ac­
diente se coloca antes de este. Se escri­ tualización, se hace constar esta en lugar
be siempre entre corchetes. de la de publicación. Si los recursos son
en línea y no existe fecha de publicación
4. E d ic ió n . En e sta z o n a se h ace ni de actualización, se anota solo la fe­
c o n star el dato que se re fie re al núm ero cha de consulta después del u r l (véase
de la edición o al hecho de que esta sea § 7.3.2).
revisada o actualizada, o a la versión del
recurso . Se pueden abreviar. 8. P a r t e s y c o n t r i b u c i o n e s . Estos
datos, que com prenden el título, la nu­
5. F a s c í c u l o . Se hace constar el pri­ meración y su localización dentro del
m er número de la publicación o la cro­ docum ento fuente, se sitúan a continua­
nología de esta. Si ha dejado de publi­ ción de los datos que describen este do­
carse, se anota también el último número. cumento fuente y antes de las notas. Si
se trata de contribuciones independien­
6. L u g a r d e e d i c i ó n y e d i t o r . En tes en textos y publicaciones seriadas, el
esta zona se hacen constar el nombre de responsable y el título son los elementos
la localidad en que se publica o distribu­ iniciales y deben diferenciarse tipográfi­
ye el recurso y el nom bre del editor o camente del docum ento fuente. Como
distribuidor. Si no están claros en la fuen­ en los casos de documentos en soporte
te de que se deben tomar, se omite este papel, entre los datos de la contribución
dato, pero sin indicar que se omite. Si el y los del docum ento fuente debe colo­
rec u rso citado tien e tam b ién edición carse en (de redondo). La numeración y
im presa, los datos de publicación que localización de la contribución dentro del
hay que hacer constar son los del re­ docum ento fuente se hacen constar des­
curso electrónico. Los de la edición en pués de los datos de este último.
papel se dan en nota. Entre el lugar de
edición (que debe escribirse en español) 9. N o t a s . Aunque se trata de un dato
y el del editor se colocan dos puntos (:) opcional, suelen anotarse en este aparta­
(v. § 7.2.4). do la periodicidad, los datos de publica­
ción de la edición impresa, el tipo de
7. F e c h a d e p u b l i c a c i ó n o a c t u a ­ material cuando no se puede deducir con
l i z a c i ó n . Se anota con el formato con claridad (por ejemplo, base de datos, pro­
que figura en el recurso, pero expresado grama informático).

92
las referencias bibliográficas y las bibliografías

10. D i s p o n i b i l i d a d y a c c e s o . En atendido el argumento de que en los do­


este apartado se identifica y localiza el cumentos en soporte papel tampoco es
recurso. Solo se aplica a los recursos obligatorio (salvo en las monografías),
que aparezcan en lugares que no sean la aquí se considera opcional. Este número
Internet; por ejemplo, se puede hacer puede ser el i s b n o el i s s n .
constar «También disponible en Infovia».
Normalmente, la localización se limita
a la mención del u r l ( v. § 7.3.2), pero 7.3 . 2 . 2 . Aplicación de los datos
sin necesidad de repetir esta sigla; es a los recursos electrónicos
decir, se coloca entre antilambdas (< >).
La grafía de estas direcciones debe res­ 1a. T e x t o s e l e c t r ó n i c o s , b a s e s d e
petar exactamente la que tengan en la d a to s , p ro g ra m a s in fo rm á tic o s . Los
fuente, en especial en lo relativo a las e lem en to s que deben c u m p lim en ta rse
mayúsculas, los signos especiales y las son los siguientes:
cifras. Cuando el recurso aparezca en
otros lugares o formatos (por ejemplo, — responsabilidad principal;
en a s c i i ), debe mencionarse a continua­ — título;
ción de la localización del ejemplar con­ — tipo de soporte;
sultado. Los boletines de noticias y lis­ — responsabilidad secundaria (o p cio ­
tas de discusión deben llevar dos locali­ nal);
zaciones: la dirección electrónica a la — edición;
que se envían y donde se publican los — lugar de publicación;
mensajes y el servidor de la lista. Si — editor;
los mensajes se guardan en un archivo — fecha de publicación;
permanente, su dirección se anota tam­ — fecha de actualización o revisión;
bién. En el caso de revistas electrónicas — fecha de consulta (obligatorio en
debe proporcionarse la información para docum entos en línea; o pcional en
la suscripción. En los casos en que sean los dem ás casos);
necesarios códigos de acceso (en las ba­ — colección (opcional);
ses de datos en línea, por ejemplo), se — notas (opcional);
proporcionan precedidos de la anotación — disponibilidad y acceso (obligato­
correspondiente: login, clave de acceso rio en los docum entos en línea; o p ­
o lo que sea pertienente. cional en los dem ás casos);
— núm ero norm alizado (opcional).
11. F e c h a d e c o n s u l t a . Solo es
obligatoria en los documentos en línea. E jem plos:
Este dato puede disponerse después del
l’r l ( v . § 7.3.2), en forma abreviada, id rc [In te rn a tio n a l D e v e lo p m e n t R e se arch
entre corchetes y precedida de la pala­ C en tre ‘C entro Internacional d e Investiga­
ciones para el D esarrollo: c n n ’J: The Author's
bra Consulta o sim ilar; por ejemplo,
Page [en linea): editorial guidelines and ins­
«[Consulta: 5 oct. 1998]». tructions from i d r c hooks, O ttaw a (C anadá),
id rc , 2 6/02/1996, < h ttp://w w w .idrc.ca/books/
12. N ú m e r o n o r m a l i z a d o . Este e d it/sg re fse.h !m l>. [C onsulta: 2 0 /0 2 /1 9 9 9 .]
dato, declarado obligatorio en el borra­ Enciclopedia Planeta multimedia [cd -ro m ],
I.* cd., 8 vols., B arcelona: Planeta, 1998.
dor de la iso, lo consideran opcional al­
Diccionario general de la lengua española Vox
gunas de las demás fuentes (en especial, [ c d - r o m ] , 1.a cd., Barcelona: B iblograf, 1995,
Estivill y Urbano), razón por la cual, serie 1995*01.

93
el trabajo documental

Catálogo colectivo de las universidades de Ca­ Librarían [en línea]: The optical media
C D -R O M
taluña [en linea], <h ttp ://w w w .cb u c.es/v tls/ review Jar Inform ation p rofessionalst
sp a n is h >. [C onsulta: 02 /0 3/1999.] W estport: M eckler C orporation, 1986-1992,
vol. 7, núm 4 (d iciem b re 1992). C ontinuada
por c d - r o m world = is s n 1066-274X . < h ttp://
1 b. P a r t e s de textos e l e c t r ó n i­
w w w .cbuc.es/cgi-bin/vtls.w eb. gatew ay?bib=
co s, BASES DE DATOS, PROGRAM AS IN ­
001 l-3 4 5 6 0 & lan g = spanish>. [C onsulta: 02/
FO R M Á TIC O S. Los elementos que deben 0 3 /1999.]
cum plim entarse en este apartado son: Enciclopedia Planeta multimedia [c d - r o m ], 1.“
ed., 8 vols., B arcelona: Planeta, 1998. vol.
3, «Tecnología».
— responsabilidad principal (del do­
cum ento fuente o docum ento prin­ le . C o n t r i b u c i o n e s en te x to s
cipal); ELEC TR Ó N IC O S, BASES DE DATOS, PRO ­
— título (del documento fuente o do­ Los elem entos
GRAMAS i n f o r m á t i c o s .
cum ento principal); que deben cum p lim en tarse son:
— tipo de soporte;
— responsabilidad secundaria (del do­ — responsabilidad principal de la co n ­
cum ento fuente) (opcional); tribución;
— edición; — título de la contribución;
— lugar de publicación; — responsabilidad principal del d o cu ­
— editor; m ento fuente;
— fecha de publicación; — tipo de soporte;
— fecha de actualización o revisión; — edición;
— designación del capítulo o de la — lugar de publicación:
parte; — editor;
— fecha de consulta (obligatorio en — fecha de publicación;
docum entos en línea; opcional en — fecha de actualización o revisión;
los demás casos); — num eración del docum ento fuente
— capítulo o designación equivalente (opcional);
de la parte; — localización de la contribución den ­
— título de la parte; tro del docum en to fuente;
— núm ero del docum ento fuente (op­ — notas (opcional);
cional); — d isponibilidad y acceso (o bligato­
— localización de la parte en el do­ rio en docu m ento s en línea; o p cio ­
cum ento fuente; nal en los dem ás casos);
— notas (opcional); — núm ero norm alizado (opcional).
— disponibilidad y acceso (obligato­
rio en los documentos en línea; op­ Ejem plo:
cional en los demás casos);
— número normalizado (opcional). « Im p re s io n is m o » , en Enciclopedia Planeta
multimedia [c d - r o m ], 1.a ed., 8 vols., B arce­
lona: Planeta, 1998. vol. 3, «Tecnología».
Ejemplos:

id rc [In te rn a tio n a l D e v e lo p m c n t R e se a rc h 2a P u b lica cio n es se riad as e le c ­


C en tre]: The authors puge [en línea]: edito­ tró n ic a s Los e lem en to s
co m p letas.
rial guidelines and instructions from i d r c que deben cu m plim entarse son los si­
books. O ttaw a (C an ad á), id r c , 2 6 /0 2 /1 9 9 6 , guientes:
C h ap ter 3: «O ne to nine and bey o n d » , <hllp:/
/ w w w .id rc.ca/b o o k s/ed it/sg refse.h tm l>. [C o n ­
sulta: 20/02 /1 9 9 9 ] — responsabilidad principal;

94
las referencias bibliográficas y las bibliografías

— título; E jem plos:


— tipo de soporte;
Ib a rrai O i . l é , Ricard: «El p a p er d eis arxius
— edición;
en el m c rc a t del p a trim o n i d o c u m e n ta l» ,
— lugar de publicación: Rutlleti ín/ormatiu de la Associació d ’Ar-
— editor; xivers de Catalunya [en línea], m arzo-abril
— fecha de publicación; de 1998, pp. 1-2. < h ttp ://w w w .b cn .e s/a a c/
— fecha de consulta (obligatorio en c atala/c_ b ut45.htm >. [C onsulta: 02/03/1999.]
G o n z á l e z , L uis: «Protocolo y toponim ia (S o­
documentos en línea; opcional en b re la lista de países de las N aciones U ni­
los demás casos); d as)», Puntoycoma, 34 [en línea]. < h ttp://
— colección (opcional); e u r o p a .e u .in t/c o m m /s d t/b u lle tin s /
— notas (opcional); p u n to y co n ia/34/pyc344.htm >. [C onsulta: 03/
0 1 /1 9 9 9 .]
— disponibilidad y acceso (obligato­
M a r t í n e z d e S o u s a , Jo sé : « L o s n eo tip ó -
rio en los documentos en línea; op­ g rafos». Revista Española de Bibliología [en
cional en los demás casos); línea], vol. I T núm . I, oct. I99S . Salam anca:
— número normalizado (opcional). A so ciació n E spañola de B ibliología ( a e b ).
< h ttp ://w w w .u v .e s /% 7 c b a r r u e c o /r c b /e s p /
in stru ccio n es.h tm >. [C onsulta: 05/03/1999.)
Ejemplo:
3a S is te m a s e l e c t r ó n i c o s de bo­
A so c a c i ó n E s p a ñ o la de R i r l i o l o g í a ( a f .b i :
l e t i n e s DE N O TIC IA S, LISTAS DE D ISCU­
Revista Española de Bibliología [en línea].
Salam anca: A sociación E spañola de B iblio­ cle-
SIÓN (FO R O S) Y DE M EN SA JERÍA . LOS
logía ( a e b ). oct. 1998. < h ttp://w w w .uv.es/ nientos que deben cu m p lim en tarse son
% 7 e b a r r u e c o /r e b /e s p /in s tr u c c io n e s .h tm >. los siguientes:
[C onsulta: 05/03/1999.]

— título;
2b. A r t íc u l o s y otras c o n t r ib u ­
— tipo de soporte;
c io n e s EN P U B L IC A C IO N E S SE R IA D A S
— lugar de edición;
Los elementos que de­
e l e c t r ó n ic a s .
— editor;
ben cumplimentarse en este caso son los — fecha de publicación;
siguientes: — fecha de consulta (obligatorio en
d ocum entos en línea; opcional en
— responsabilidad principal de la con­ los dem ás casos);
tribución; — notas (opcional);
— título de la contribución; — disponibilidad y acceso (o bligato­
— título de la publicación en serie; rio en los docum entos en línea; op­
— tipo de soporte; cional en los dem ás casos).
— edición;
— fecha de actualización o revisión; E jem plo:
— fecha de consulta (obligatorio en
documentos en línea; opcional en Apuntes [en lín e a ). M o d e ra d o re s : A lb e rto
los demás casos); G óm ez Font y Pedro G arcía D om ínguez. L is­
ta de discusión sobre lenguaje. M adrid: A gen­
— localización de la parte dentro del
cia Efe, 1997- . < apu n tes@ eu n et.es>. A rchi­
documento fuente; vo de los m ensajes en: < h ttp://goya.eunet.es/
— notas (opcional); listserv /ap untes>. [C onsulta: 11/10/1999.]
— disponibilidad y acceso (obligato­
rio en los documentos en línea; op­ 3b. M e n s a j e s e le c tró n ic o s . Los
cional en los demás casos); e lem e n to s q u e deben c u m p lim en ta rse
— número normalizado (opcional). son:

95
el trabajo documental

— responsabilidad principal del men­ 1998.] D isponible en catalán y en la revista


saje; Information World en Español (set. 1997).
Acá-
F l e t c h e r , G ordon, y A nita G r e e n h i l l :
— título del m ensaje; Jemic referencing o f Internet-based resources
— título del sistem a en que se publi­ [e n lín e a ] , < h ttp :// w w w .s p a c e l e s s . c o m /
ca el mensaje; \V W W V L /refs.h tm l>.
— tipo de soporte; G i n g r a s , F ran g o is-P ierre : Comment citer des
sources sur Internet dans un travail scientifiujue
— responsabilidad secundaria/recepto-
[en linea], < http://w w w .u o ttaw a.ca/~ fg in g ras'
r(es) (opcional); te x t/c ita t¡o n .h tm l>.
— lugar de publicación; H a r n a c k , A ndrew , y G e n e K l e p p i n g e r : Onli­
— editor; ne!: a referenece guide to using Internet
— fecha de publicación; sources, N u e v a Y ork: S t. M a r tin ’s P re s s.
1977.
— fecha de consulta; — Beyond the MLA handbook [en linea]: docu­
— num eración del m ensaje dentro del menting electronic sources on the Internet.
sistema; < h ttp ://e n g lis h .ttu .e d u /k a iro s /L 2 /in b o x /m la .
— localización del mensaje dentro del h tm l>. [C onsulta: 0 5/03/1999 ]
is o (In te rn a tio n a l O rg a n iz a tio n for Standard*
sistema;
ization): Information and documentation: Hi·
— disponibilidad y acceso (obligato­ bliographic references, part 2: Electronic do­
rio, excepto para com unicaciones cuments or parts thereof. I.* cd. (15/11/1997),
personales o no publicadas). refe re n c ia iso 6 9 0 -2 :1997(E). D isp o n ib le en
In te rn e t: < h ttp .//w w w .n lc -b n c .c a /iso /tc 4 6 sc 9 /
sta n d a rd /6 9 0 -2 e .h tm > .
Ejemplo: J o s i e , Tong, y P hilip B r e n d a : Citation style gui­
des fo r Internet and electronic sources [en lí­
M a r t ín e z d e S o u s a , José: « D iccio n ario ono-
nea], A lb erta: U niversidad de A lb erta, < http://
m a to p éy ico » , en Apuntes [en linea], 25/0 2 /
w w w . lib ra ry .u a lb c rta .c a /lib ra ry _ h tm l/h c lp -'
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p a th fin d e rs/sty le.in d e x .h tm l> R evisión: 21/12/
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c itatio n . h tnil>.
Web extension
L a n d , T.: to American Psycho­
7.3.2.3. Bibliografía de referencias logical Association style (WEA PAS) [en linea]:
de recursos electrónicos proposed standard fo r referencing on line
documents in scientific publications , < http://
Iluw Jo you cite URLs in a
B e c k l e h f . i m e r , JefT: w w w .b ead slan d .co m /w eap as/>.
bibliography? [en lin e a ], < http://\v\vw .nrlssc. Li, X ia, y N ancy C r a n e : Electronic style: a guide
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C itin g N e tR e s o u rc e s .h tm l>. formation [en línea], < h ttp ://w w w .u v m .e d u /
C r a n e , N ancy: Bibliographic formats fo r citing ~ n c ra n e /e sty le s/>.
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p e o p le .m e m p h is.e d u /-'m c ro u se /e lc ite .h tm l>. P u r d u e U n i v e r s i t y : MLA form at [en linea]:
D e w e y , R u s s e ll A .: APA Style resources [en lí­ giving credit to sources. < h ttp://ow l.english.
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a p a c r ib .h tm > . — Using APA form at [en lín e a ], < http://o \v l.
E s t iv il l , A ssum pció, y C ristó b al U r b a n o : Cómo e n g lish . p u rd u e.ed u /F iles/3 4 .h tm l>.
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1997, v. 1.0, < w y siw y g ://2 6 /http://w w w .ub.es/ GUIST list) [e n lín e a ], < h ttp ://la m p .m a n .
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96
las referencias bibliográficas y las bibliografías

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document ¿lectronique? [en lin c a ], < h ttp :// 2 0 /0 2/1999.]
* u w. b i b l.u la v a l.c a :8 0 / d o e lc c /d o c le c 2 9 . o f I l l i n o i s : Bibliography styles
U n iv e r s it y
h tm >, handbook [en lin e a ], < h ttp ://w w w .e n g lish .
L m v ir s it y o í A l b p r t a : Citation .style guides u iu c .e d u /c w s /w w o rk s h o p /b ib lio s ty le s .h tm >.
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<http: /w w w .Iib ra ry .u a lb e rta .c a /lib ra ry _ h in il· h tm l>.
2 La escritura

1. El autor, la obra y su d estin a tario capítulos de la obra), bien porque firme


con su nombre al pie del trabajo (por
1.1. El autor ejemplo, en enciclopedias y diccionarios
enciclopédicos). Si en la obra o trabajo
Llamamos autor a la persona, con­ no se especifica quién es el autor de
junto de personas o entidad que concibe cada parte, sino que la totalidad de los
y realiza una obra o trabajo científico, autores asumen su contenido, se habla
literario o artístico, generalmente desti­ de autor colectivo. Los autores en cola­
nado a la difusión. boración y los colectivos son coautores
Al frente de una obra que no sea anó­ en relación con los demás autores de la
nima o de autor corporativo (entidad) misma obra, pero suele distinguirse a los
debe aparecer siempre el nombre de su primeros com o colaboradores y a los se­
autor. Es habitual que se trate de una gundos com o coautores.
sola persona (autor único o individual), A veces, en las obras en colaboración
pero abundan también las obras con dos y en las colectivas aparece una persona,
o más autores, sobre todo en trabajos de llamada director, director intelectual o
investigación científica, en los cuales la director científico, que tiene la misión de
autoría de la investigación y de su resul­ definir y dirigir la obra, lo que a veces
tado corresponde a un equipo, en oca­ im plica la búsqueda de los coautores
siones formado por decenas de perso­ (cualquiera que sea el tipo de obra, en
nas. colaboración o en colección) y la fijación
Cuando una obra o trabajo correspon­ de los temas, con su enfoque, extensión,
de a más de un autor (autor múltiple), tratamiento y cantidad de bibliografía.. En
puede tratarse de un autor en colabora­ este tipo de obras el nombre del director
ción o de un autor colectivo. Hablamos intelectual suele aparecer destacado tipo­
de autor en colaboración cuando en la gráficamente y precedido del término di-
obra se especifica qué parte correspon­ rígido por (si se antepone al nombre) o
de a cada una de ellos, bien porque esté director (si se pospone). Se corresponde
bien delimitada (por ejemplo, partes o con el editor inglés.

99
la escritura

Si en la obra no aparecen autores con­ 1.2.1. E l a r t íc u l o c ie n t íf ic o


cretos, sino que su contenido está am pa­
rado por el nombre de una entidad o Un artículo científico es un texto uni­
institución (archivo, biblioteca, conserva­ tario, de regular extensión (en general
torio, laboratorio, musco, universidad), proporcionada a la importancia o al en­
una sociedad (científica, educativa, be­ foque de su contenido), dedicado a la
néfica) o un departamento gubernam en­ descripción de un trabajo de investiga­
tal (m inisterio, dirección general, secre­ ción por el autor o los autores que la
taría, departam ento), hablamos de autor han realizado.
corporativo o entidad, y se trata de una Los artículos científicos que aparecen
persona jurídica. en las revistas especializadas pueden ser
Finalm ente, cuando un autor decide de los siguientes tipos:
publicar por sí mismo y a su costa la
obra que ha producido, hablamos de cni­ 1) artículo original: trabajo de inves­
tor editor. tigación en el que se comunican
los resultados obtenidos por uno o
más colaboradores;
1.2. La obra 2) nota, comunicación breve: trabajo
de menor extensión que el artículo
A la producción del entendim iento que generalmente da cuenta de la
plasmada en un soporte (papel o archivo situación de una investigación en
inform ático) que permita su lectura se marcha;
le llama obra. Puede consistir en un li­ 3) revisión: análisis de un tema por
bro o un conjunto de libros, que es la un experto teniendo en cuenta su
idea más elemental y generalizada que experiencia y la bibliografía publi­
se tiene de la palabra, pero también es cada sobre el tema;
obra el resultado de un trabajo de inves­ 4) recensión, crítica de libros: comen­
tigación que se publica en forma de ar­ tario crítico de libros de reciente
tículo científico en una revista especia­ aparición relacionados con los te­
lizada. mas en que se es experto;
N orm alm ente, una obra es fruto de 5) cartas de los lectores: comentarios
un solo autor (obra individual), pero se de los lectores relacionados con as­
da con frecuencia la obra formada por pectos científicos.
más de un autor. En este caso se deno­
mina obra en colaboración a la produci­
da por más de un autor cuyos trabajos 1.2.2. Las REVISTAS C IEN TÍFICA S
aparecen claram ente delimitados e iden-
tificables. Si la contribución de cada au­ Las revistas científicas son publica­
tor no es distinguible, sino que se diluye ciones periódicas que proporcionan in­
en el conjunto de la obra, se habla de formaciones científicas sobre investiga­
una obra colectiva o en colección. En el ciones en un campo determinado en for­
mundo de la investigación científica es ma de artículos, notas, revisiones, recen­
muy com ún la publicación de obras co­ siones y cartas de los lectores.
lectivas (se trate de libros o artículos en Pueden ser de varios tipos:
revistas especializadas), ya que son el
resultado de la investigación de un equi­ 1) de información: dan a conocer pro­
po científico. gresos científicos;

100
la redacción

2) primarias o de investigación: pre­ técnico, un público mayoritariamente fe­


sentan novedades de investigación; menino o masculino. Según cuál sea el
3) de resúmenes o secundarias: pro­ destinatario, así habrá de ser el nivel de
porcionan el contenido, resumido, lengua, el léxico empleado, la riqueza y
de icvistas primarias; com plejidad de la expresión, etcétera.
4) de progresos científicos y tecnoló­ Por ejemplo, parecería muy inadecuado
gicos o terciarias: proporcionan re­ emplear figuras retóricas en un discurso
súmenes de los contenidos de re­ para niños, o términos muy profesiona­
vistas primarias de amplios perío­ les en un escrito de divulgación médica,
dos. por ejemplo. Cada público requiere su
lenguaje.
Hay que definir por adelantado, en la En general, el escritor debe procurar
medida de lo posible y sin perder de expresarse con sencillez, eligiendo de
vista que se trata de una aproximación, dos palabras la más sencilla, la más com­
la extensión de la obra que vamos a es­ prensible, la más corta, la más adecuada
cribir. No es lo mismo, naturalmente, es­ al medio o el momento. El excesivo re­
cribir un artículo destinado a un perió­ buscamiento en la expresión no hace más
dico o una revista, el texto de una con­ bello ni más interesante el discurso. La
ferencia, una comunicación a un con­ oscuridad expresiva no facilita el enten­
greso o un libro. dimiento directo, a la prim era lectura.
La extensión, enfoque y lenguaje de Los circunloquios no enriquecen el tex­
un artículo de periódico está limitado to, más bien lo empobrecen.
por la índole del propio medio. En cuan­
to a las revistas, suelen ofrecer en cada
uno de sus números las reglas de escri­ 2. La redacción
tura que están dispuestos a admitir, y, si
no se cumplen, devuelven el trabajo para A la hora de com enzar a escribir por
que se adecúe a sus normas; además, si primera vez un artículo para un periódi­
se trata de una revista científica, el tra­ co o una revista, el texto de una comu­
bajo será sometido al equipo de exper­ nicación o conferencia o un capítulo para
tos, que determinará si, en función del un libro, es normal que el escritor novel
tema, el tratamiento, el enfoque y la es­ se sienta solo y desvalido. Ante el reto
critura, es admisible o no. Las conferen­ de poner por escrito lo que debe decir,
cias tienen una extensión que en cada la angustia se apodera de él: considera
caso se determina; normalmente van de que escribir es muy difícil y es probable
los tres cuartos de hora a la hora y cuar­ que en algún caso esté a punto de aban­
to poco más o menos. El contenido y donar. Si hiciera esto, sería su primer
nivel de lengua de una conferencia de­ error. Porque esa situación es común a
penderá del público al que se destina. todos los creadores, a cuantas personas
intentan obtener algo de la nada. Una
cosa es la idea, primero una nebulosa
1.3. El destinatario informe, y otra muy distinta el trabajo
de convertir la nebulosa en algo forme
No es indiferente, a la hora de escri­ mediante el estudio, la elaboración, la
bir, que nos haya de leer un niño o un investigación y la escritura. Dotar de ro­
adulto, una persona cualquiera o un es­ paje adecuado a esa idea para que se
pecialista, un lego en la materia o un vea y se aprecie su naturaleza es labor

101
la escritura

tan delicada al menos como la del es­ sariamente, un principio por el que em­
cultor cuando toma entre sus manos un pezar a escribir. Es más: muchas veces
pedrejón y ha de darle una determinada ese principio es sumamente complejo y
forma, eliminando las partes que impi­ no estamos aún preparados anímicamen­
den ver la figura que se encuentra den­ te para em prenderla con él. (Por ejem ­
tro de la piedra. plo, hay escritores que lo primero que
escriben es el prólogo; otros, por el con­
trario, escriben el prólogo en último lu­
2.1. Cómo se empieza gar, una vez que han terminado la obra.)
Lo mejor, pues, es empezar a escribir
Lo primero que se debe hacer, por por una parte cualquiera del esquema,
fácil que parezca el escrito, es trazar un tal vez por la más fácil, por la más inte­
esquema de la materia con la forma que resante, por la más conocida, por la más
aproxim adam ente queremos darle. Este rica en docum entación, etcétera. Lo im­
esquema puede ser muy detallado si la portante es empezar.
materia es corta y tenemos las ideas muy Es errónea la idea que tienen algunas
claras en relación con la forma final del personas de que un articulo, un trabajo
escrito, pero es normal que se trate, en en una revista, una conferencia o una
principio, de un esquema am plio que comunicación a un congreso se empie­
posteriorm ente, poco a poco, irem os zan a redactar por el primer párrafo, se
com pletando. Así pues, a un tronco con sigue con el segundo y asi sucesivamen­
algunas ramas irán saiiéndole, a medida te hasta alcanzar el final. La cuestión es
que vayamos escribiendo, nuevas ramas bien distinta. Se puede empezar a escri­
cada vez menos importantes, más delga­ bir por cualquier sitio, por cualquier pá­
das y alejadas del tronco, hasta que fi­ rrafo, por cualquier capítulo, por cual­
nalmente le saldrán al esquema las últi­ quier parte del libro o del articulo, del
mas ram ificaciones, las ramitas con sus trabajo o de lo que sea. La escritura pue­
hojuelas, y el esquema quedará term ina­ de incluso ser parcial. La dejaremos en
do. En algunos casos es probable que ese punto hasta que podamos investigar
esta etapa no se complete hasta que no más, hasta que nos sea posible confir­
acabem os de escribir, ya que a lo largo mar ciertos extremos en las fuentes ade­
de los días se va viendo con mayor cla­ cuadas.
ridad cóm o ha de ser ia parte más fina En cualquier lugar donde uno se en­
del esquema. Es fácil ver con claridad cuentre puede surgirle una idea feliz, una
el tronco y las ramas gruesas, pero las expresión apropiada para reflejar un pen­
ram ificaciones finas, las divisiones y samiento o una parte de un pensamien­
subdivisiones que van más allá de las to. Lo que procede es tomar nota, lo
ram as gruesas, no se perfeccionan, en más circunstanciada y completa posible,
ocasiones, hasta que el árbol está com ­ de aquello que se nos ha ocurrido. Mu­
pleto. chos escritores llevan los bolsillos lle­
La acción de escribir no tiene un lu­ nos de papeles o fichas con apuntes de
gar de comienzo especifico. Una vez que todo tipo. Es corriente que el lector se
tenem os, aunque sea en sus grandes lí­ admire de la facilidad del escritor para
neas, el esquema del tema que quere­ hallar ejemplos adecuados, de esos que
mos tratar, el orden de tratamiento de van como el anillo al dedo para la oca­
cada una de las partes de ese esquema sión. No hay tal facilidad. Al contrario,
es una cuestión aleatoria. No hay, nece­ ello solo supone que el autor ha vivido,

102
la redacción

comido, respirado y viajado con su tema ceptos, todo el barro sobrante de la fi­
y con los datos de su tema, y que gra­ gura principal se elimina y se alisa y
cias a ello ha acumulado ta! cantidad de afina cada perfil.
información, que le obliga incluso (ello Un trabajo científico pretende mos­
sucede muy a menudo) a desechar ma­ trar o dem ostrar algo, exponer una tesis,
teriales preciosos que no puede incluir pero para ello hay que utilizar los m e­
en su trabajo (en parte, por ejemplo, por­ dios adecuados y solo ellos. La redac­
que desequilibraría el conjunto). ción sin objetivo, lo que suele llamarse
También se da el caso de que, mu­ «paja», es material de desecho, lastre,
chas veces, trabajos medio elaborados puesto que solo contribuye a em brollar
que en un buen principio nos parecieron las ideas, no a clarificarlas, no a guiar al
excelentes, en una segunda lectura, o lector por sus pasos contados hasta la
bien después de haber avanzado en la demostración que culmina el trabajo y
investigación y redacción de otros as­ que es su objetivo. Tampoco las repeti­
pectos del tema, nos parecen detestables, ciones conceptuales injustificadas con­
innecesarios o erróneos. No se deben ti­ tribuyen a fijar las ideas. A veces, por el
rar al cesto de los papeles de forma in­ contrario, diluyen el argumento, hacen
mediata, porque pueden encerrar en sí que se pierda el hilo de su exposición.
alguna pista investigativa, pero sí es con­
veniente retirarlos de la redacción para
que no nos estorben en el avance. Si 2.2. Elem entos de la redacción
posteriormente, al volver al tema, cree­
mos que aquello que desechamos podría No hay una norma ni un conjunto de
sernos útil con correcciones o sin ellas, normas de aplicación general para dar
se puede volver a lo guardado para re­ forma a un escrito. Podría decirse que
considerar su validez. lo mejor es comenzar desde el principio
La primera redacción del trabajo sue­ y seguir en orden cronológico hasta ago­
le ser un batiburrillo de ideas expuestas tar el tema de escritura. Sin embargo,
a medias, muchas veces inacabadas y no siempre ese es el mejor modelo, aun­
deshilvanadas, pero que pueden ser el que pueda serlo en algunos casos. Por
germen de otras ideas, una vez bien de­ otro lado, com o ya se ha dicho, no se
sarrolladas y ordenadas. Las fichas asi escriben con la misma técnica expositiva
obtenidas, con contenidos deslavazados una novela, un reportaje, una noticia, una
e inconexos, se van acumulando sin de­ obra científica o un artículo periodístico
masiado orden (salvo que se vayan vien­ o científico. El periodismo tiene fijados
do las cosas claras y se junten los párra­ para cada género unos estilos de redac­
fos por conceptos o materias), hasta el ción que contribuyen a facilitar el co­
momento en que se tiene una cantidad mienzo, la continuación y el final de la
de texto de cierta consideración. Es en­ redacción de acuerdo con una pauta ya
tonces cuando procede ir emparejando muy experimentada.
contenidos por sus afinidades. Nos da­ Sigue siendo útil, aunque tampoco sea
remos cuenta entonces de que las ideas de aplicación generalizable, la fórmula
van tomado cuerpo, de que los concep­ nemotécnica de las siete preguntas clá­
tos hallan su lugar adecuado y de que el sicas:
trabajo empieza a adquirir la faz que que­
ríamos darle. Posteriormente, una vez or­ quién: define al protagonista;
denadas las ideas y completados los con­ qué: explica el motivo, la causa;

103
la escritura

cuándo: en qué m om ento o época; conocida con la sigla iMRan (del inglés
dónde: sitúa el hecho en el espacio; Introduction, Material and M ethods, Re­
p o r qué: expone las causas; sults and Discussion), que en español
cómo: describe la forma, el modo: adquiere la forma iMRyD (Introducción,
para qué: la finalidad o propósito. Material y métodos, Resultados y Dis­
cusión). Esta fórmula nem otécnica con­
No existe necesariam ente un orden de tiene los elementos o partes que deben
exposición o de respuesta a estas cues­ considerarse en un trabajo de esta ín­
tiones en la escritura. Ni siquiera es ne­ dole.
cesario responder a todas ellas, pues en En el primer apartado, Introducción,
muchos casos carecen de aplicación. A se responde preponderantem ente al qué
la vista de su necesidad expositiva, el (tem a de investigación, su origen, ju sti­
autor tomará de ellas las que necesite y ficación y alcance), al por qué y al para
las colocará en el orden que le parezca qué (los objetivos y la finalidad del tra­
más adecuado o apropiado cuando pro­ bajo).
ceda a desarrollarlas. En el segundo apartado, M ateriales y
A la hora de escribir, lo importante, métodos (o solo M étodos), se responde
más que el orden de exposición o la téc­ a la cuestión relacionada con la forma
nica para afrontar la com unicación, es en que se ha desarrollado la investiga­
la materia, lo que se tiene que decir, y el ción y los materiales, instrumentos, téc­
orden mental en que lo concebimos y lo nicas y métodos empleados. Se debe dar
exponemos. Sin ideas no hay escritura, respuesta a las cuestiones cuál (el obje­
pero sin orden expositivo no hay com u­ to de la investigación;, cómo (form a en
nicación. Así pues, no basta con que ten­ que se ha obtenido la muestra), dónde y
gamos algo que decir: hemos de saber cuándo (en relación con la realización
decirlo. Y, aunque se pueden leer libros del estudio) y cómo (forma en que se
que tratan de las técnicas de escritura, y han obtenido los datos para la investiga­
es aconsejable leerlos, a la postre cada ción y en qué forma se han analizado y
cual tiene su estilo, su manera de ver y tratado estos).
exponer los problemas. También cuenta, En el tercer apartado, Resultados, se
por consiguiente, el ejercicio personal, exponen los hallazgos obtenidos de la
la escritura por la escritura seguida de investigación. En algunos casos será ne­
un análisis crítico de lo que hemos es­ cesaria la forma gráfica para dem ostrar­
crito. Es interesante com probar si lo que lo: cuadros o tablas, esquemas, dibujos,
hemos dicho, tal y com o lo hemos di­ esbozos, etcétera.
cho, es lo que queríam os decir. A sim is­ En el cuarto apartado, Discusión, se
mo, debemos com probar una y otra vez analizan e interpretan los resultados ob­
que la forma y el contenido de lo expre­ tenidos, lo que nos permite delim itar los
sado están conform es con lo que preten­ hallazgos, verificar hipótesis, resolver
díamos alcanzar. Porque puede estar ex­ problemas, sugerir ideas, sacar conclu­
presado todo lo que queríam os decir, siones...
pero no en la forma en que lo quería­ N orm alm ente, el artículo científico
mos decir, no con la riqueza léxica o term ina, si es pertinente, con agradeci­
propiedad lingüística con que lo quería­ mientos a personas e instituciones y con
mos exponer. una bibliografía en la que se ofrezcan al
En cuanto al artículo científico, des­ investigador las obras que se han tenido
de hace unos años existe una fórmula, a la vista. La técnica para la cita y la

104
las relaciones sintácticas

bibliografía será precisamente la que ten­ 3. Las relaciones sintácticas


ga establecida la publicación donde deba
aparecer el trabajo. 3.1. La concordancia

1. R e g l a s g e n e r a l e s . La concor­
2.3. La titulación dancia es la relación que existe entre
dos o más miembros de una construc­
Un aspecto importante de los com ien­ ción sintáctica. Esta relación se mani­
zos de la redacción es la titulación. May fiesta en la igualdad o sem ejanza entre
un título general para el trabajo (libro, dos o más de los morfemas de los tér­
capítulo, artículo, conferencia, com uni­ minos relacionados. La concordancia se
cación) y hay títulos y subtítulos de dis­ manifiesta en la igualdad de género y
tintos valores para esquematizar adecua­ número entre adjetivo o artículo y sus­
damente el contenido del trabajo, para tantivo y en la igualdad de número y
después situar cada materia en su casi­ persona entre el verbo y su sujeto.
llero. Una titulación adecuada y bien es­ Según expone el Esbozo (1973, 386 y
calonada nos ayuda muchas vcccs a ver siguientes), Bello sentó dos reglas gene­
dónde tenemos fallos, dónde hay gran­ rales de concordancia:
des escalones y vacíos clamorosos que
hacen que el contenido quede cojo o in­ Primera regla general: Cuando el ver­
completo. bo se refiere a un solo sujeto, concierta
Los títulos han de ser, si es posible, con él en número y persona:
cortos, expresivos y verdaderos (hay que
rechazar de plano los títulos que no re­ El chico llegó corriendo
Las ch icas llegaron corriendo,
flejan el contenido: son títulos falsos,
aunque sean chocantes o parezcan ha­ y cuando el adjetivo se refiere a un solo
llazgos). A continuación de cada título sustantivo, concierta con él en género y
o subtítulo debe haber un texto del cual número:
sea resumen o anunciador. Si el conteni­
do de una unidad no se corresponde con M e regaló un libro herm oso
el del título, este es erróneo, falso o ina­ Me regaló unos libros herm osos.
decuado. Si es asi, esto ayuda poco al
escritor, puesto que cuando los títulos Segunda regla general: El verbo debe
mantienen una gradación de importan­ ir en plural cuando se refiere a varios
cia creciente o decreciente, ayudan a des­ sujetos:
cubrir inconsecuencias en el tratamiento
M adre c hija estaban acongojadas.
de la materia, en el orden de exposición
de los contenidos. Los títulos deben ex­
Cuando concurren personas verbales di­
presar la gradación, la importancia rela­
ferentes, el orden de preferencia es el
tiva en la relación de unos con otros. Es
siguiente: primera, segunda y tercera per­
obvio que el título principal debe ser el
sonas:
más destacado por su tamaño, por la cla­
se de letra, por la situación en la página,
Tú y yo irem os a M adrid;
por la numeración decimal (si es esta la A nselm o y tú iréis a Toledo;
aplicada) que le corresponda y aun por A nselm o, tú y yo irem os a Sevilla.
otras circunstancias como puede ser el
color. El adjetivo va en plural cuando se refie­

105
la escritura

re a varios sustantivos, y si estos son de Sin embargo, por un lado son posibles
distinto género, en masculino: las formas en plural:

Llegaron u nos c h ic o s y ch icas furibundos. La ida y venida del agua producían cierto ru ­
m or
Los títulos y tratamientos como us­ La carga y descarga de m ercancías estaban pro­
ted, usía, señoría, excelencia, alteza, ma­ h ib id as.
je sta d y otros concuerdan con adjetivo
masculino o femenino según el sexo de y, por otro, si se disocian los sustantivos
la persona a que se apliquen: mediante la anteposición de artículos o
demostrativos y se sienten como inde­
Su m ajestad está satisfech o de la resp u esta p o ­ pendientes, el plural es obligatorio:
p u lar
U sted está en fad ad a por lo que ha d ich o su La ida y la venida del agua producían cierto
vecino. ru m o r
La carga y la descarga de m ercancías estaban
Los colectivos expresados en singular p ro h ib id as.
concuerdan con su verbo en singular:
A veces, la reunión de dos o más infi­
Un rebaño in te rru m p ía el paso p or la c arre te ra nitivos puede expresarse con un verbo
La gente q u e h ab ía allí estab a m uy alterada. en singular o en plural:

Aunque por licencia es posible la con­ T rasn o c h ar hab itu alm cn te, co n su m ir alcohol
cordancia del verbo en plural en los ca­ sin freno y llevar una vida de crápula le d e s­
sos de colectivo en singular, usada espe­ trozó [le destrozaron) la salud.
cialmente por los clásicos (La gente que
había allí empezaron a desfilar), es pre­ En relación con la posición del verbo
ferible no abusar demasiado de ella en y dos o más sujetos, pueden darse estos
la escritura actual. Una excepción a este casos:
principio lo constituye la concordancia
ad sénsum (v. § 3.1-5). 1) si los sujetos preceden al verbo,
A veces, coloquialmentc o por razo­ este va generalmente en plural: El
nes estilísticas, se establece una discor­ paisaje, la calma ambiental, el día
dancia deliberada al dirigirse a un suje­ soleado y su paz interior contri­
to singular con el verbo en plural; por buían a su felicidad;
ejemplo: 2) si el verbo precede a los sujetos,
la concordancia puede hacerse con
Q ué, ¿ esta m o s bien ya de ese resfriado? el primero de ellos: Había allí tan­
to desorden y gritería que optó por
A este tipo de discordancia corresponde retirarse;
el plural de modestia (v. § 3.1-3). 3) si el verbo se halla entre varios
Cuando en la construcción gramatical sujetos, tiende a concordar con el
intervengan dos o más sustantivos aso­ más próximo: Mi obligación era, y
ciados pueden sentirse como un todo uni­ también mi deseo, ayudarle en
tario y concertar en singular: aquel trance;
4) cuando los sujetos llevan la copula­
La ida y v enida del agua producía c ierto ru ­
tiva ni. la concordancia puede ha­
m or
La carga y d escarg a de m ercancías estab a p ro ­ cerse en singular o en plural: Ni
hibida. sus amenazas ni su desjachatez

106
las relaciones sintácticas

será (o serán) bastante para aco­ de la concordancia en el género, el nú­


bardarme; mero o la persona para atender al senti­
5) si dos o más sujetos están unidos do. Un caso de silepsis lo tenemos en el
por la disyuntiva o, el verbo puede uso del plural mayestático (v. § 3.1-4),
concertar con uno solo en singular en la concordancia ad sénsum (v. § 3.1-
o con todos en plural: Su riqueza 5), en la concordancia del vos con la
o su saber hará (o harán) de él un tercera persona o en el uso de la tercera
hombre famoso. persona con la segunda: Ustedes estáis
equivocados.
En cuanto al adjetivo, si va detrás de
dos o más sustantivos, concierta con 3. E l p l u r a l d e m o d e s t i a . El plu­
ellos en plural: ral de modestia consiste en la utiliza­
ción de la prim era persona del plural del
M otocicletas y coches rapidísim os. pronombre personal en sustitución de la
primera del singular. Pese a lo que di­
Se dan casos problemáticos, cuya solu­ gan ciertas fuentes (por ejemplo, el Dic­
ción dependerá, muchas veces, de la in­ cionario enciclopédico Salvat universal,
tención del autor; por ejemplo, cuando 1974) en el sentido de que «es típico de
decimos de alguien que tiene amor y las hipótesis y de la redacción científi­
compasión sentida, lo que parece que ca», actualmente el plural de modestia
queremos decir es que lo sentido es solo está considerado absolutamente acien-
la compasión, porque si fueran los dos tífico y su uso está prohibido en la es­
parece más lógico, para evitar m alenten­ critura de trabajos científicos. En efec­
didos, escribir amor y compasión senti­ to, cuando un autor dice: «Nosotros pen­
dos. Esta subjetividad la pone de mani­ samos que este procedim iento...», ¿a
fiesto la Academia en su Esbozo de una quién se refiere?; ¿quién es nosotros?:
nueva gramática de la lengua española ¿una sola persona que utiliza el plural
(1973, 392) cuando dice que a veces la de modestia?, ¿varias personas que usan
utilización de singular o plural en estos el plural? Por consiguiente, redáctese en
casos depende «de la cohesión con que primera persona cuando el autor sea úni­
se piensan los sustantivos: Lengua y li­ co, y en plural cuando el autor sea múl­
teratura españolas supone los dos sus­ tiple.
tantivos en su aislamiento, en tanto que
Lengua y literatura española los piensa 4. E l p l u r a l m a y e s t á t i c o . El plu­
como un todo unitario, que permite cali­ ral mayestático utiliza la primera perso­
ficarlo en singular». En estos casos, si na de plural con valor de primera perso­
el adjetivo precede a dos o más sustan­ na de singular: Nos, el Rey; Nos [el
tivos, concierta generalmente con el más papa] deploramos... A veces se omite el
próximo: nos, pero permanece la primera persona
de plural usada por la primera de singu­
El rey fue recib id o con resp etu o so cariño y
lar: Deploramos... Es propio del lengua­
devoción
El rey fue recibido con respetuosa devoción y
je engolado, y reclama un léxico afecta­
cariño. do y solemne. No es propio del lenguaje
científico.
2. L a s i l e p s i s . La silepsis o construc­
ción ad sénsum es una figura retórica 5. La c o n c o r d a n c i a a d s é n s u m . La
por la que se permite faltar a las reglas concordancia ad sénsum, también llama­

107
la escritura

da concordancia lógica o construcción Por ejemplo, colegio de al lado y ruido


lógica, es una figura de construcción, espantoso (o espantoso ruido, por razo­
caso especial de silepsis, según )a cual nes estilísticas) no se prestan a cambios.
la concordancia de los elem entos oracio­ Se puede decir
nales viene determ inada por el sentido y
no por las unidades sintácticam ente li­ A rm an un ru id o espantoso los chiqu illo s del
colegio de a) lado
gadas; por ejemplo, si decim os
Un ru id o esp a n to so arm an los c h iquillos del
colegio de al lado,
Un g ru p o de so ld ad o s se ace rc a b a p or la c a ­
rre te ra ,
pero no
generalm ente nos referim os al conjunto
A rm an esp an to so un ruido,
(que es como lo vemos a distancia) y 110
a cada uno de sus com ponentes; sin em ­ o bien
bargo, si decimos
C h iq u illo s del lado al de colegio.
U n g ru p o d e so ld ad o s d e te n tan a unos a lb o ro ­
tad o res, Se deduce, pues, que los elem entos
sintácticos o unidades funcionales (como
norm alm ente nos referim os a los com ­ chiquillos del colegio de al lado, colé-
ponentes del grupo, no al grupo mismo gio de al lado, ruido espantoso u espan-
en tanto que tal. toso ruido) deben mantener su estructu­
ra aunque cambie la de la oración que
forman.
3 .2 . Orden de colocación
de los elementos oracionales 2. T ip o s d e o r d e n o c o n s t r u c c i ó n .
Podemos considerar dos tipos de orden
1. Los E L E M E N T O S SIN T Á C T IC O S. Por de los elem entos oracionales: el orden o
razones históricas de desarrollo de la len­ construcción lineal y el orden o cons­
gua, los elem entos que forman las ora­ trucción envolvente. En el orden lineal,
ciones no tienen en ella una posición el sujeto va seguido del verbo, y este, de
dependiente de la voluntad libérrim a del los com plem entos: com plemento direc­
escritor. Por poner un ejem plo, la ora­ to, com plem ento indirecto, com plem en­
ción tos circunstanciales (de tiempo, lugar,
modo y otros):
L os ch iq u illo s del colegio de al lad o arm an un
ru id o esp an to so
El alcald e in auguró la nueva línea del m etro
ayer a las cu atro de la tarde en la e stación de
no podría expresarse de ninguna de las Sants.
siguientes maneras:
En el orden envolvente se da siempre un
* C hiq u illo s los ru id o arm an un e sp an to so de
cambio de orden de estos elementos en
al lado del co leg io
*D el colegio esp an to so los un ru id o arm an de función de intereses varios; por ejem ­
al lado ch iq u illo s. plo, por razones estilísticas, ya que si el
orden lineal es el más frecuente y gene­
Hay elem entos del enunciado ora­ ralmente el más claro y sencillo, el or­
cional que no suelen cam biar de lugar, den envolvente suele resultar más bello
salvo que caigamos en un hipérbaton. y estilístico, añade mayor variedad al dis­

108
las relaciones sintácticas

curso. Así, la oración anterior puede dis­ tamiento impropio de la sintaxis espa­
ponerse también de las siguientes mane­ ñola. Suele ponerse como ejem plo típi­
ras: co de hipérbaton la célebre poesía de
Gustavo Adolfo Décquer «Del salón en
Ayer, a las c u a tro de la tarde, el alcalde inau­
el ángulo oscuro, / de su dueño tal vez
guró I:) nueva linea de) m etro en la estación
de Sants
olvidada, / silenciosa y cubierta de pol­
di alcald e in au g u ró ayer, a las cu atro de la vo / veíase el arpa»; una reconstrucción
tarde, la nueva linea del m etro en la estación prosaica sería, por ejemplo:
de Sants
Ayer, a las cu atro de la tarde, en la estación de El arp a, silenciosa y cubierta de p olvo, se veía
Sants, el alcald e inauguró la nueva linca del en el án g ulo oscuro del salón, tal vez olvi­
m etro dada de su dueño.
En la esta c ió n de Sants, el alcald e inauguró
ayer la n ueva linca del m etro a las cu atro de o bien:
la tarde.
El arp a, tal vez olvidada de su d u e ñ o , se veia
El cambio de orden de los elementos en el án gulo oscuro del salón, silenciosa y
oracionales viene marcado a veces por cu b ierta de polvo.
ciertas elecciones que realiza el escritor
para colocar en primer lugar aquel as­ Obsérvese que mientras la forma que le
pecto que desea resaltar. Si decimos, por dio el poeta es bella a pesar del hipérba­
ejemplo, ton, la que resulta de aplicar el orden
lineal es más bien adocenada y carece
M añana no v iene A nselm o de belleza alguna. De aquí que el hipér­
baton no siempre sea una form a conde­
hacemos hincapié en el día en que An­ nable sin más. Dependerá de cómo lo
selmo no viene, pero si decimos sienta el oído, de si la disposición de los
elementos oracionales parece violenta o
A nselm o no viene m añana
no.
hacemos hincapié en la persona.
La redacción técnica y científica no 4. S it u a c ió n de los a d je t iv o s . El
rechaza el orden envolvente, pero nor­ adjetivo puede ir colocado antes o des­
malmente prefiere el orden lineal, sim­ pués del sustantivo al que modifica. Se
ple y claro. El orden envolvente, que sin ha querido interpretar que, en general,
duda también se puede utilizar, especial­ la anteposición equivale a subjetividad,
mente si la oración no es muy compleja, y la posposición, a objetividad. Así, si
es más propio de la literatura. decimos Barcelona es una gran ciudad
emitimos un juicio subjetivo, y si deci­
3. E l h i p é r b a t o n . El hipérbaton mos Barcelona es una ciudad grande,
consiste en la alteración del orden con­ un juicio objetivo. Sin em bargo, la ex­
siderado normal de las palabras en la presión Barcelona es una ciudad gran­
oración sim ple o de las oraciones en el de no tiene el mismo valor para una
período, com o persona que procede de un pueblo de
1000 habitantes que para una persona
La nueva linca del m etro ayer a las cuatro de que procede de México o de Tokio, por
la tarde en la estación de S ants el alcalde
inauguró,
poner dos ejemplos de ciudades con
muchos millones de habitantes. Puede
tanto menos aceptable cuanto que sitúa haber, pues, en la posposición un juicio
el verbo al final de la oración, compor­ subjetivo.

109
la escritura

En relación con la colocación del adje­ 3.3. Las aposiciones


tivo, pueden tenerse en cuenta los pun­
tos siguientes: Las aposiciones son yuxtaposiciones
de dos sustantivos (llam adas, en este
1) se antepone en los casos de colo­ caso, aposiciones unimembres o locucio­
cación fija: alta man dulce nom­ nes gem inadas), dos frases u otros con­
bre, santo cielo, medio litro, me­ juntos significativos complejos (llama­
dio muerto, mera costumbre, triste das aposiciones bimembres)y el segundo
consuelo, así como en las excla­ de los cuales califica o determina al pri­
maciones: ¡menudo lio!, ¡pobre mu­ mero sin que entre ellos medie ninguna
jer!, ¡dichosa enfermedad! (véanse partícula subordinante. Entre las aposi­
§ 8.3, 8.4); ciones unimembres, los ejemplos, entre
2) se pospone cuando restringe la sig­ otros muchos, pueden ser: conferencia
nificación del sustantivo: coche cumbre, hombre rana, tren botijo, camión
azul, animal carnicero, concepto tienda, mesa camilla, buque escuela, ca­
abstruso, chico listo; sa cuartel. Ejemplos de aposiciones bi­
3) se antepone o pospone, indistinta­ membres: Bill Clinton, presidente de los
mente, cuando expresa una cuali­ Estados Unidos; Fernanda Rudi, alcal­
dad no necesaria para la com pren­ desa de Zaragoza; Ana Botella, esposa
sión de la frase: libro bello o bello del presidente del Gobierno. También
libro, día hermoso o hermoso día, pueden darse aposiciones de dos frases
buena persona o persona buena, con intervención de alguna partícula su­
calle ancha o ancha calle. bordinante, como en la calle de Pelayo,
la isla de la Palma, titulo de conde, vi­
El adjetivo se antepone cuando ex­ lla de Madrid.
presa una cualidad esencial del sustanti­ Tanto las aposiciones unim em bres
vo: negra noche, confuso tropel, solem­ como las bimembres pueden ser especi­
ne tontería (v. § 8.4). En otros casos, ficativas: El hombre que no asistió al
dependiendo de la colocación, el sintag­ trabajo está enfermo, buque fantasma,
ma que forman sustantivo y adjetivo (o rio Guadiana, el rey profeta, el año de
a la inversa) puede cam biar de sentido. 1997, la isla de Mallorca, o explicati­
Así, no es lo mismo hombre pobre que vas: El hombre, que no asistió al traba­
pobre hombre, esperanza cierta que cier­ jo, está enfermo; la democracia, motor
ta esperanza, hombre sim ple que simple Je la paz.
hombre. Los problemas que presentan las apo­
En las frases fijas, cuya estructura ha siciones unimembres tienen que ver con
sido acuñada por el uso, el orden de los la grafía y con el plural. En cuanto a la
elementos es aquel que tienen y no el grafía, es habitual ver escrito mesa-ca-
inverso, aunque este fuera posible gra­ milla, camión-cisterna, buque-escuela,
maticalm ente; por ejemplo, caerían en coche-cama, hombre-rana; es recomen­
pedantería quienes em plearan las si­ dable, sin embargo, escribirlas en dos
guientes fórmulas: po r propio mérito, el térm inos, ya que no se trata de un com ­
humano género, a propia petición, su puesto en el que ambos términos inter-
pésam e sentido, su interno fuero en lu­ vinientes se fundan en uno solo, sino
gar de p o r mérito propio, el género hu­ que simplemente el segundo califica o
mano, su sentido pésame, su fuero inter­ determina al primero, para lo cual debe
no (v. § 8.3). mantener su independencia gráfica; así

110
nivel de lengua y registro lingüístico

pues, la grafía debe ser, respectivamen­ cabo de Creus, estrecho de Gibraltar,


te, mesa camilla, camión cisterna, bu­ lago de Ginebra, lagunas de Ruidera,
que escuela, coche cama, hombre rana; mar de Aral, isla de Cuba, pero no si es
solo deben aceptarse con guión aquellas un adjetivo: m ar M editerráneo, rrer
aposiciones en que el signo sustituye a Tirreno, islas Cananas, islas británicas,
por: pasajeros-kilómetro, horas-hombre; océano índico. Hay excepciones, como
pero con la salvedad de que la grada el lago Leman.
kilowatts-hora es incorrecta por kilowatts También se mantiene la preposición
hora, sin guión. en los sintagmas encabezados por mes:
En cuanto al plural, los problemas mes de enero, mes de abril (no es co­
requieren un análisis. Cuando entre am ­ rrecto en español mes enero, mes abril);
bos términos sea posible introducir la sin embargo, se duda a menudo entre
conjunción y porque los dos elementos año de 1997 o año 1997.
convienen por igual a lo designado por Se ha perdido en parte en las denom i­
ellos, el plural afecta a los dos términos: naciones de los topónimos urbanos; se
pájaros moscas, buques escuelas, cafés dice y escribe más frecuentemente calle
teatros, casas cuarteles, decretos leyes, Pelayo, avenida García Morato, plaza
coches camas, máquinas herramientas, Cataluña, glorieta Bilbao, paseo Valle
mesas camillas, muebles camas, prim os de Hebrón que sus correspondientes con
hermanos y otras. Cuando el segundo de: calle de Pelayo, avenida de García
sustantivo funciona como adjetivo y en­ Morato, plaza de Cataluña, glorieta de
tre uno y otro se puede introducir la Bilbao, paseo del Valle de Hebrón.
fórmula «que + verbo ser» (se diferen­ Asimismo, se ha perdido prácticamen­
cia de las anteriores en que no admiten te de forma absoluta en Teatro María
entre ambos la conjunción y)» el plural Guerrero, Cine Apolo, Instituto Quevedo
fluctúa entre aplicarlo a los dos térm i­ (el Instituto Cervantes español, de fun­
nos o solo al primero; por ejemplo, dación relativamente reciente, nació ya
parece que se acepta el de buques fa n ­ sin de). No llevan la preposición deno­
tasmas, días fenómenos, ciudades saté­ minaciones com o Hotel Presidente, Ho­
lites, días perros, niños prodigios, pero, tel Princesa Sofía, Museo Reina Sofía
sin embargo, se experimenta cierta re­ (pero se sigue diciendo y escribiendo
sistencia a hacer lo mismo con estos Musco del Prado).
ejemplos: directores estrella, empresas
modelo, expresiones cliché, fechas sím ­
bolo, noticias bomba, obras cumbre, p i­ 4. Nivel de lengua
sos piloto, puestos testigo. y registro lingüístico
Otro problema frecuente es la omi­
sión o no de la preposición de en ciertos 4.1. N ivel de lengua
casos de aposiciones unimembres como
calle de Pelayo, avenida de García Mo­ El nivel de lengua es la forma en que
ra to, provincia de Pontevedra, estado de un determinado estrato social utiliza, el
Guerrero, isla de la Palma. A este res­ lenguaje. Se puede distinguir por la m a­
pecto, debe tenerse en cuenta que los yor o menor riqueza léxica y la elección
topónimos cuyo genérico sea bahía, ca­ de la terminología, porque el nivel de
bo, estrecho, lago, laguna, mar, isla y lengua com porta un nivel de léxico, es
otros llevan preposición si el especifica­ decir, una diferencia de modalidad ex­
tivo es un sustantivo: bahía de Cádiz, presiva derivada del nivel sociocultural

111
la escritura

del hablante. La estratificación lingüís­ Generalmente se consideran propias del


tica determ inada por el nivel de lengua nivel vulgar palabras como *ajoto, *amo-
no es fija: una persona con un nivel no­ to, *arradio por foto, moto, radio, res­
table de form ación y educación puede pectivamente; *endiñar por dar, endil­
ocupar fácilm ente un nivel inferior a la gar, y la utilización de tiempos verbales
hora de expresarse. Las diferencias en­ como *andé por anduve, *cabo por que­
tre niveles consisten especialm ente en el po. *dijistes por dijiste y otras formas,
léxico, pero tam bién en la fonética y la verbales o léxicas, que no tienen en
morfosintaxis. cuenta las reglas por que se manifiesta
El nivel más elevado es el lenguaje actualmente el lenguaje.
culto; le sigue el lenguaje popular o co­ El lenguaje científico debe ser un len­
rriente y, finalm ente, las hablas regio­ guaje neutro: correcto, con el nivel de
nales. Por definición, el lenguaje culto lengua que corresponda al destinatario
es el em pleado por las personas cultiva­ natural de la obra o publicación, efecti­
das, pertenecientes a las capas altas y vo y exacto. No es un lenguaje acadé­
aristocráticas de la sociedad. El lengua­ mico, purista y cuidado en exceso, pero
je popular es el empleado por personas tampoco un lenguaje vulgar. Podría de­
cuyo bagaje cultural es escaso. No es cirse que se parece más a un lenguaje
necesariam ente un lenguaje contrario a literario, caracterizado por su perfección
las normas del lenguaje estándar (la va­ formal y por el frecuente empleo de re­
riante de una lengua con un alto grado cursos léxicos y sintácticos, aunque, evi­
de aceptación por los hablantes de esa dentemente, el lenguaje científico y téc­
lengua, en la que se han eliminado la nico no es literario.
mayor parte de las diferencias dialecta­
les), sino que más bien responde a las
peculiaridades del habla de las capas más 4.2. Registro lingüístico
amplias de la sociedad. Las hablas re­
gionales son propias de un grupo social El registro lingüístico es la modali­
caracterizado por el mantenimiento de dad expresiva que adopta el hablante te­
rasgos propios tanto en el léxico como niendo en cuenta la situación o el recep­
en la sintaxis y la fonética. tor de su mensaje. Puede haber, pues,
Hay que considerar también el len­ un registro familiar, coloquial, técnico o
guaje coloquial y el lenguaje vulgar. El científico, académico. De más está de­
lenguaje coloquial es el que carece de cir que el registro correspondiente a un
preparación previa y se caracteriza por trabajo científico es precisam ente este,
corresponder a la forma natural y es­ el científico. Sin embargo, es difícil es­
pontánea de manifestarse la expresión tablecer los límites de esta modalidad
oral. Utiliza palabras inform ales como de lenguaje. A este respecto, podríamos
pirarse ‘irse’, diñarla ‘m orirse’, picarse decir que el lenguaje científico ha de
‘en fad arse’ o expresiones fam iliares ser culto, pero neutro. Si no le es propio
como calas p o r barba ‘pesetas por per­ decir de alguien que la ha diñ ado,
sona’, feo con ganas ‘muy feo’, más tor­ palmado, espichado o que ha estirado
p e que una alcayata ‘muy torpe’. El len­ la pata, tampoco tiene que emplear siem­
guaje vulgar es el utilizado por perso­ pre y necesariamente la forma j'enecido
nas que no han tenido una formación o expirado: puede usar una forma como
cultural adecuada y carecen de capaci­ muerto, que todos entienden y carece de
dad para cam biar de registro lingüístico. pedantería. Sin embargo, el lenguaje tie-

112
nivel de lengua y registro lingüístico

nc un referente, y la expresión debe te­ tradas en el d r a h 9 2 ), que una voz o fra­


nerlo en cuenta; sería chusco y pedante se ofensiva, como lo son hijo de (la gran)
decir de un animal cualquiera (ponga­ puta, maricón o cabrón, o que una voz
mos por caso un gato) que ha fenecido socialm cntc inconveniente (no malso­
o que ha expirado, debiendo decir sen­ nante, porque a todo el mundo no le
cillamente que ha muerto. suena mal), como lo son cono, cajones
o joder. No deben usarse gratuitamente
en ninguno de los tres niveles que he
4.3. Lenguaje margina! trazado, pero tampoco deben rechazarse
si son necesarias (digamos, «si lo exige
El lenguaje marginal es una modali­ el guión»).
dad de lengua entre popular y grosera
que crea y utiliza un sector marginal de
la sociedad como jerga propia. Se trata, 4.5. Ultra corrección
en realidad, más de un léxico especial
que de un lenguaje, puesto que en esen­ La ultracorrección, también llamada
cia consiste en un conjunto de palabras hipercorrección, hipercultismo o hiperur­
con algunas frases hechas dotadas de banismo. consiste en que el hablante con­
sentidos propios y peculiares. En Espa­ sidera incorrecta una forma normal del
ña se conoce más como cheii, palabra lenguaje por analogía con otra forma in­
desconocida en Hispanoamérica, y tam­ correcta. Por ejemplo, dirá *bacalado y
bién como pasota o lenguaje del rollo. *Bilbado por no caer en el mal efecto
La utilización de una palabra o frase de de los que pronuncian *llegao, *termi­
este tipo de lenguaje requiere una expli­ na o. Dirá *perito, *libido o *consola no
cación aunque sea breve (digamos, su solo por el prestigio de que gozan las
equivalente: tachines ‘p ie s \ calcos ‘za­ palabras csdrújulas, sino por huir de la
patos’, pajarraco ‘follón organizado en «plebeyez» de ciertas palabras llanas. Es­
la cárcel*, dar un toque ‘avisar, preve­ cribirá *a pies juntillos porque le pare­
nir’, dar un viaje ‘m altratar’). El len­ cerá que a pies ¡tintillas es un error (fal­
guaje científico y técnico no se expresa ta de concordancia). Dirá y escribirá
a este nivel normalmente. *pantomina. *idiosincracia o *i/idiosin­
crasia en vez de pantomima c idiosin­
crasia porque estas le parecerán formas
4.4. Lenguaje malsonante vulgares o extrañas. Este fenómeno está
en la base de algunos errores fonoló­
Lenguaje malsonante o lenguaje gro­ gicos que poco a poco van pasando a la
sero es el que usa palabras o frases pro­ forma gráfica; por ejemplo, *espúreo por
pias de niveles vulgares y tildadas de espurio, que es la forma correcta. Pese a
groseras, obscenas o malsonantes. Este que pudiera creerse que este tipo de erro­
tipo de lenguaje tiene su lugar en las res solo se cometen en niveles muy ba­
obras de creación narrativa (novela y jos del conjunto de los hablantes, la rea­
cuento), pero raramente en la literatura lidad nos dice que no es así; por ejem­
científica y técnica. Con todo, habría que plo, los mecánicos de automóviles siem­
distinguir algunos niveles. Por ejemplo, pre están esperando al *périto, en lugar
no es lo mismo una voz poco eufónica, de al perito (o al especialista, si quieren
como lo son guzpatarra, bonoloto, toco- huir de tecnicismos); los médicos hablan
mocho o chachalaca (todas ellas regis­ de la *ííbido en lugar de la libido; los

113
la escritura

informáticos nos informan del conteni­ sidera que es vieja. Si la palabra viejo
do de la *cónsola, con lo bien que sue­ pudiera resultar poco atractiva, se puede
na consola. Todos ellos son profesiona­ sustituir por anciano, pero no se entien­
les, y dichas palabras pertenecen a su de qué quiere decir persona de la terce­
campo de aplicación. ra edad aplicado a una persona anciana.
Ni los ciegos se molestan porque los lla­
men ciegos ni los negros porque los lla­
5. Los recursos lingüísticos men negros. Unos y otros saben que son
lo que son, y el hecho de que les susti­
5.1. Presente y pasado históricos tuyan el nombre por invidente o perso­
na de color, respectivamente, no cambia
El presente histórico o presente de na­ su situación. Ello no presupone que en
rración consiste en el empleo en una un escrito científico se empleen pala­
narración del presente de indicativo para bras que pudieran resultar desagradables
actualizar una acción pasada, en lugar para la generalidad de las personas (las
de un tiempo pretérito: llamadas palabras malsonantes). Los eu­
femismos prestan mejores servicios a los
Joaquín C resp o , m ilitar y p o lítico venezolano sociólogos y a los políticos, al poner a
(18 4 1 -1 8 9 8 ), se in c o rp u ra a los m ovim ien­ su disposición palabras y frases con que
tos arm ad o s cu an d o c u e n ta d iecisiete años.
ocultar realidades desagradables o incon­
v en ien tes. H ablar, por ejem p lo , de
La redacción de un texto así por medio
desequilibrios territoriales en vez de des­
del pasado histórico consiste en emplear
igualdades regionales, de empleada de
el tiempo indefinido que sitúa el relato
hogar en vez de criada o de empleado
en un momento ya cumplido:
de finca urbana en vez de portero, de
económicamente débiles en vez de p o ­
Joaqu ín C resp o , m ilitar y p o lítico venezolano
(18 4 1 -1 8 9 8 ), se in c o rp o ró a los m o v im ien ­ bres. de excedente empresarial en vez
tos arm ad o s c u an d o c o n ta b a d iecisiete años. de beneficios empresariales, de reajuste
de precios en vez de subida de precios
Los dos estilos son correctos y utiliza- puede ser conveniente para quien lo uti­
bles, pero debe tenerse en cuenta que en liza, pero no necesariamente para el di­
una unidad textual debe mantenerse una rectamente interesado.
sola de las dos formas.

5.3. Las perífrasis


5.2. Los eufemismos
Generalmente, para expresar un eufe­
Los eufem ism os son las formas con mismo necesitamos una perífrasis, es de­
que se sustituye en la lengua usual una cir, un conjunto de palabras con las que
palabra o expresión de mal gusto, inopor­ exponer con belleza, energía o habilidad
tuna, malsonante o tabuizada. La utiliza­ un concepto único que hubiera podido
ción de eufemismos no forma parte de decirse con menos. Por ejemplo, cuando
la escritura científica, donde a cada cosa manifestamos que alguien puso fin a sus
o hecho se le da el nombre que le co­ días utilizamos una perífrasis para decir
rresponde y que todos entienden. Un an­ que se suicidó; en este mismo sentido,
ciano es una persona que tiene una edad el reino de las sombras no es otra cosa
determinada, a partir de la cual se con­ que el inj'terno. A veces la perífrasis se

114
los recursos lingüísticos

emplea para no repetir la mención de un lobato, y una sinonimia parcial, repre­


nombre, como cuando hablamos del des­ sentada por dos términos sem ánticam en­
cubridor de América para no mencionar te próximos, como oir y escuchar, mirar
otra vez a Cristóbal Colón, del que es­ y ver, ya que uno no puede sustituir al
tamos hablando. otro en todos los contextos.
Los sinónim os absolutos son muy es­
casos, de lo que se deduce que son po­
5.4. Los modismos cas las palabras sustituibles la una por
la otra en cualquier contexto. Si tom a­
Los modismos son expresiones pluri- mos, por ejemplo, alegría y gozo, a pri­
verbales o construcciones peculiares de mera vista parecen sinónimos absolutos;
una lengua que generalmente burlan las sin embargo, si buscamos sus definicio­
reglas de la concordancia y la construc­ nes exactas, vemos que, según el Dic­
ción y que no son traducibles literalm en­ cionario académico (1992), alegría sig­
te a otras lenguas. Por ejem plo, frases nifica «Sentim iento grato y vivo, produ­
como a la pata la llana, a pie juntillas. cido por algún motivo de gozo placente­
a ojos cegarritas, a ojos vistas son ejem ­ ro o a voces sin causa determinada, que
plos clásicos de modismos en los que 110 se manifiesta por lo común con signos
hay concordancia entre sus elementos. exteriores», y gozo, «Sentim iento de
El significado de los modismos no se complacencia en la posesión, recuerdo
deduce de sus componentes gram atica­ o esperanza de bienes o cosas apeteci­
les; el de a la pata la llana, por ejem ­ bles»; aunque la Academia añade segui­
plo, no se deduce de pata y llana, y para dam ente una d efin ició n sin o n ím ica,
conocerlo es necesario consultar un dic­ «Alegría del ánimo», vemos que las dos
cionario. primeras definiciones nos sitúan ante dos
En los trabajos científicos y técnicos hechos: el gozo es íntimo y además, a
debe hacerse un uso parco de este tipo veces, la base de la alegría; esta, por el
de construcciones, salvo que se suponga contrario, se manifiesta por lo común
que para el lector su interpretación no va con signos exteriores.
a presentar problema alguno. Además, es El empleo de sinónimos es muy deli­
condición necesaria que sea preciso uti­ cado. Autor y traductor deben tratarlos
lizarlo; si no lo «exige el guión», mejor con cuidado. Aun en los casos en que se
abstenerse. considere que dos palabras son sinóni­
mos absolutos (como en anginas y amig­
dalitis), antes de sustituir la una por la
5.5. Los sinónimos y otros -ánim os otra debe comprobarse que, efectivamen­
te, la operación puede realizarse sin que
Los sinónimos son los vocablos que se produzca ningún problema semántico
tienen distinta morfología y la misma o o de uso. Por ejemplo, cuando un m édi­
muy parecida significación, de manera co se dirige a otro no es probable que
que, en el mismo contexto, uno puede emplee la palabra anginas, y cuando, un
sustituir al otro sin que varíe el conteni­ niño habla con otro de su edad no es
do semántico. probable que le diga que padece amigda­
En este campo hay que distinguir una litis.
sinonimia absoluta, como la representa­ Para la resolución de los problemas
da por dos térm inos intercam biables, que presenta la sinonimia, lo mejor se­
como anginas y amigdalitis o lobezno y ría que el escritor se valiera de su com-

115
la escritura

pctcncia cultural, de su conocim iento de forman una suerte de familia de voces


la realidad que refleja. Para los casos en semánticamente próximas por varias cir­
que am bas cosas fallan, existen los lla­ cunstancias, com o las siguientes:
m ados diccionarios de sinónimos, obras
que, en principio, deben despertar más 1. Los c u a s i s i n ó n i m o s . L oscuasisi-
sospecha que confianza. En este sentido nónimos son palabras cuyos significa­
es poco de fiar un diccionario que ofrez­ dos están muy próximos, sin que exista
ca m ás de tres sinónimos para la misma entre ellas sinonimia absoluta, como leve
palabra. Tal vez en este caso no se trate y suave, exacto y riguroso, que se dife­
de sinónim os, sino de palabras afines o rencian en los matices.
pertenecientes al mismo cam po semán­
tico, las cuales no son necesariam ente 2. Los p a r a s i n ó n i m o s . Los para-
sustituibles (de hecho, casi nunca lo son, sinónimos son palabras que tienen mu­
ya que añaden o restan m atices que per­ chos rasgos en común, pero que gene­
tenecen o no a una de las palabras con­ ralmente no son intercambiables, como
sideradas sinónimas). Por ejem plo, Fer­ iglesia y catedral, bosque y selva, calle
nando Corripio, en su conocido Gran y avenida, que, entre otras cosas, se di­
diccionario de sinónimos (B arcelona: ferencian en el tamaño.
Bruguera, 1974) registra com o sinóni­
mos de tomo los siguientes: volumen, 3. Los g e o s i n ó n i m o s . Los geosinó-
ejemplar, libro, obra, cuerpo, parte. Para nimos son palabras que dan nombre a la
em pezar, tomo y volumen no son sinó­ misma cosa, pero en distinto dialecto de
nim os, sino dos cosas distintas. Decir, una lengua, com o albedro en asturiano
por ejemplo, que una obra tiene diez to­ y madroño en español.
m os no es lo mismo que decir que tiene
diez volúmenes; en efecto, los diez to­
m os pueden estar impresos en más de 6. El lenguaje figurado
un volumen, con lo que la obra puede
tener diez tomos en quince volúmenes, ílay en la lengua un sentido propio,
de donde se deduce que en este caso no literal o recto, que es aquel que tienen
podría decirse que la obra tiene diez vo­ una frase, locución o giro según la suma
lúmenes. Si decimos que una biblioteca de los significados de cada uno de sus
tiene dos mil volúmenes, no podemos com ponentes, y un sentido figurado, im­
decir, alternativamente, que tiene dos mil propio o traslaticio, que es el sentido en
tom os, porque el tomo no es contable: que se toman las palabras o frases para
el contenido de una biblioteca no se pue­ que denoten idea distinta de la que co­
de expresar en tomos. Si analizam os las rresponde al sentido recto. Por ejemplo,
restantes palabras, veremos que sufren si hablamos del camino del palacio uti­
de males parecidos. Aquí podríam os de­ lizamos camino en su sentido recto, y si
cir que todas esas voces pertenecen al hablamos del camino de la existencia,
mismo campo de aplicación (son pala­ la palabra camino está utilizada en sen­
bras bibliológicas), pero ese es todo su tido figurado.
parentesco. Luego, esas palabras men­ Varios tropos del lenguaje nos ayu­
cionadas no son sinónimas, por más que dan a construir el lenguaje figurado: la
el diccionario diga en su título que es de metáfora, la metonimia, la sinécdoque y
sinónimos. la hipérbole, figuras retóricas muy rela­
A mayor abundamiento, los sinónimos cionadas.

116
el lenguaje figurado

6.1. La metáfora por la cosa que de él procede, como el


cariñena por el vino de Cariñena; el sig­
Hn sentido clásico, la metáfora es la no por la cosa significada, com o en la
expresión de una noción abstracta me­ cruz vencerá a la media luna (es decir,
diante una palabra concreta; por ejem­ el cristianismo al mahometanismo); el
plo, en el peso de los años, peso está autor por sus obras, com o en leer a
empleada metafóricamente. En la actua­ Platón por leer una obra de Platón; la
lidad la palabra se usa más para desig­ parte por el todo, como en la vela por el
nar el empleo de un término que sustitu­ barco de vela, o Madrid por el Gobier­
ye a otro con el que se asimila, como en no español.
los brazos de la araña, donde brazos Como sucede con las metáforas, hay
son los candelcros que salen del cuerpo que utilizar la metonimia cuando esté
central de una lámpara y sostienen una justificado.
luz y araña es una lámpara de varios
brazos (como los de la araña); esc sintag­
ma, pues, se ha formado con dos metá­ 6.3. La sinécdoque
foras.
La escritura usa muy a menudo la me­ La sinécdoque, relacionada a su vez
táfora; si nos paramos a analizar el len­ con la metonimia, consiste en emplear
guaje que empleamos, veremos que fre­ una palabra por otra estando sus con­
cuentem ente, incluso sin pretenderlo, ceptos respectivos en la relación de gé­
usamos metáforas. Por ejemplo, cuando nero a especie o viceversa, parte a todo
decimos que el pie de la lámpara del o viceversa y singular a plural o vice­
comedor es muy alto, o que la almoha­ versa. De hecho, el parecido con la me­
da se coloca a la cabeza de la cama; son tonimia es tanto, que norm alm ente am­
asimismo expresiones metafóricas hoja bas figuras se confunden. Por ejemplo,
de papel, cabeza de puente. brazo de se hace uso de la sinécdoque cuando de­
mar, pata de la mesa. Sin embargo, las cimos que el español es sincero y nos
metáforas hay que utilizarlas con tino y referimos a los españoles; cuando ha­
más bien pocas que muchas, porque en blamos del hombre para referirnos al gé­
su empleo tan fácil es alcanzar lo subli­ nero humano; o cuando decimos de un
me como caer en el más espantoso de libro pequeño que es un gran libro, don­
los ridículos. de nos referimos al contenido, no al ta­
maño.

6.2. La metonimia
6.4. La hipérbole
Muy relacionada con la metáfora está
la metonimia, que consiste en designar La hipérbole consiste en em plear pa­
una cosa con el nombre de otra con la labras o expresiones que falsean la rea­
que está relacionada, que se le asocia de lidad mediante el empleo de exagera­
forma natural, como en la cabeza de la ciones. Por ejemplo, cuando decimos Te
cama. he repetido mil veces que los libros no
En la metonimia se sustituye la causa se tocan, o Como esto siga asi, le voy a
por el efecto, como cuando llamamos partir la cara a alguien. Se ve fácil­
Eolo al viento, o el efecto por la causa, mente que la hipérbole no es deseable
como en las canas por la vejez; el lugar en el discurso científico, el cual debe

117
la escritura

dar cuenta de la realidad con las pala­ crear en la escuela. El empleo del pro­
bras más adecuadas. nombre le puede resultar ambiguo en una
frase com o Le voy a premiar, ya que no
es posible saber a quién. Pero ningún
7. P roblem as de redacción pronombre tan ambiguo como su, con
tanta frecuencia usado mal en español.
7.1. La am bigüedad Son am biguos enunciados como
A n selm o vio a M aría en su casa
Una oración, período o secuencia lin­ El B etis gana al C elta en su cam po
güística es ambigua cuando ofrece la po­ Javier le dijo a Juan que su abuelo había falle­
sibilidad de ser interpretada de diversas cido.
maneras a causa de su construcción o
del orden en que se presentan los ele­ Respecto del primer ejemplo, no se sabe
mentos que los componen. si Anselmo ve a María en su propia casa
o en la casa de ella. En cuanto al segun­
1. A m b i g ü e d a d d e b id a al orden
do, no se sabe si el Betis gana al Celta
d e los e l e m e n t o s de . La
la o r a c ió n
en el campo del Betis o en el del Celta,
situación de los elem entos en la oración l-n el tercero, el abuelo puede serlo tan­
da lugar muchas veces a la formación to de Javier como de Juan, puesto que
de oraciones am biguas, que no dicen en la oración no queda claro.
exactamente aquello que el escritor qui­
siera que dijeran. Dos ejemplos pueden 3. E l u s o d e l g e r u n d i o . El empleo
bastar para ver clara la importancia de defectuoso del gerundio puede dar lugar
ordenar los elementos oracionales en de­ a ambigüedad en un caso como el si­
bida forma: guiente:
Vi a tu m u jer paseando,
El c u erp o del trab ajad o r fue en co n trad o to ­
ta lm e n te d e s c u a rtiz a d o p o r su s c o m p a ñ e ­ oración en la que no es posible saber
ro s
La lucha p o r d esen g an ch arse d el alco h o l de
quién paseaba, si la mujer o el que da la
un s a c e rd o te . noticia.

Sin duda es más clara esta distribución 4. O i r á s fo rm a s de am b ig ü ed ad .


de los elementos que forman esos dos La ambigüedad léxica se da cuando una
títulos de periódico: voz es susceptible de ser interpretada en
dos o más sentidos; por ejemplo, la fra­
El cu erp o del trabajador, to talm en te d e sc u a rti­ se Su marido no pinta nada en casa,
zad o , fue en co n trad o p or sus co m pañeros
La lucha de un sacerdote por d esengancharse
donde no se sabe si no decide nada en
del alcohol. su casa o es que cuando hay que pintar
no lo hace. Se da en otros muchos casos
2. A m b i g ü e d a d por el uso de tiem ­ de la vida ordinaria; por ejemplo, Tomó
pos VERBALES Y PRONOMBRES. Los ticiT l- una botella y se marchó, donde no se
pos verbales mal em pleados pueden dar sabe si agarró la botella y se marchó o
lugar a oraciones ambiguas; por ejem ­ si se la bebió antes de marcharse.
plo, cuando decimos Creemos en la es­ La am bigüedad morfológica se da
cuela, sin más contexto, no sabemos si cuando un verbo es interpretable al me­
se refiere a una profesión de fe en la nos de dos formas: Manuela no quiere a
escuela (de creer) o una invitación a su hermana porque es mala, donde no

118
problemas de redacción

se sabe quién es mala, si Manuela o su Actualmente se considera una forma in­


hermana. correcta de construcción de la lengua, y
De más está decir que la prosa cientí­ debe evitarse a toda costa, salvo en esos
fica no puede ser ambigua, sino precisa textos en que se remeda o se cita el len­
y exacta. Para ello debe huirse de las guaje vivo, en el que el anacoluto es
situaciones en que una palabra o una habitual.
oración puedan convertirse en bisémicas
o polisémicas si no se pretende eso.
7.4. Anfibología u oscuridad

7.2. La vaguedad El lenguaje resulta anfibológico u os­


curo cuando em pleamos palabras u ora­
La vaguedad es la indeterminación se­ ciones de doble sentido o que se prestan
mántica de una palabra o una expresión. a más de una interpretación debido a la
No permite deducir el significado de la colocación de los elementos oracionales
expresión por falta de información. Por o a su relación. La Gramática de la A ca­
ejemplo, si decimos María es una per­ demia (cd. de 1959, § 482) pone este
sona muv interesante no podemos dedu­ ejemplo: corroe la espada el orín, don­
cir por qué lo es. de no se sabe si la espada corroe al orín
La información proporcionada en un o si es este el que corroe a aquella.
trabajo científico debe ser completa y El lenguaje científico no debe ser an­
no debe dejar cabos sueltos. Decir, por fibológico. Para conseguirlo, a veces será
ejemplo, que Al trabajador le cortaron necesario sustituir estilísticamente pala­
un dedo no es demasiado explícito, pues bras o construcciones polisémicas por
no se dice cuál, ni cuándo, ni dónde, ni otras cuyos significados no se presten
cómo, ni por qué. fácilmente a interpretaciones variadas.

7.3. Los anacolutos 7.5. Em pobrecimiento

Los anacolutos consisten en la cons­ Empleamos un lenguaje monótono y


trucción sintáctica incorrecta de dos ora­ pobre cuando utilizam os solo un corto
ciones que son correctas consideradas núm ero de vocablos, sean sustantivos,
en sí mismas, separadamente. Por ejem ­ adjetivos o verbos. El buen escritor pro­
plo, en el refrán quien a buen árbol se cura enriquecer su léxico y aplicarlo con
arrima, buena sombra le cobija, en el propiedad. No se deben permitir las re­
que se ve que ambas oraciones son co­ peticiones de vocablos en corto espacio
rrectas, pero están mal relacionadas, de un escrito. Es uno de los defectos que
puesto que no se dice a quién cobija la más de manifiesto ponen la escasa cul­
buena sombra del árbol; la redacción co­ tura del escritor. Todos no somos Séneca
rrecta sería a quien a buen árbol se arri­ ni Cervantes, ni pretendemos serlo. Pero
ma, buena sombra le cobija. Sin embar­ si nos dedicamos a escribir aunque sea
go, no es cuestión, a estas alturas, de un corto artículo, una carta en un perió­
corregir el refrán... dico o incluso una humilde carta parti­
El anacoluto fue usado por nuestros cular, hemos de procurar, en función de
clásicos cuando todavía no se habían nuestro destinatario, utilizar un lenguaje
asentado formas superiores de expresión. enriquecedor, aunque en algún caso ello

119
la escritura

obligue al receptor del mensaje a consul­ mi te la comparación, p o r asi decir, como


tar un diccionario. Si esto sucede solo de aquel que dice, digamos, de alguna ma­
vez en cuando, es saludable. Lo contra­ nera. Están prohibidas en el lenguaje
rio es contribuir a la pobreza expresiva científico y técnico.
del lenguaje. Y, en honor a la verdad, po­ Un tipo especial de muletilla es la em­
dremos quejarnos de la cantidad enorme puñadura, fórmula o expresión consa­
de soluciones expresivas del español, grada por el uso para iniciar una narra­
pero nunca de lo contrario. Quien no se ción: Erase que se era..., Erase una
expresa con riqueza y soltura es porque vez.... Había una vez...
lee poco, escribe menos y al hablar uti­ También están relacionadas con las
liza siempre las mismas muletillas. muletillas los timos, que son dichos o
frases que se repiten a manera de mule­
tilla durante cierto tiempo: pues si que
8. F orm as de expresión estamos bien; nos ha fastidiado; adon­
de vamos (iremos) a parar; hasta ahí
8.1. Los latiguillos podíam os llegar; en qué país estamos
¡vivimos]. No son utilizablcs en el len­
Los latiguillos son expresiones efec­ guaje científico y técnico.
tistas y sin originalidad que se repiten
constantem ente en la conversación y en
ciertos m edios de com unicación social. 8.3. Los lugares com unes
Suelen ponerse de moda en un momen­
to determ inado y, afortunadamente, en Los lugares comunes, también llama­
la mayor parte de los casos terminan por dos tópicos, son expresiones vulgares o
desaparecer de la circulación al cabo de triviales, sin significado especial, caren­
un tiempo. Son expresiones como o sea tes de información o ya muy empleadas
(reducido a veces a sea : Sea. que no en casos análogos. El em pleo de lugares
vienes); quiero decir; ¿entiendes?; ¿ver­ com unes es indicio de que se carece de
dad?; vale; entiendes, ¿no?; para nada; formas de expresión. Por ejemplo, con­
como muy: Por supuesto, todas estas ex­ siste en..., constituyen, finalizan, se per­
presiones u otras semejantes están rigu­ fila como, cotas de com petitividad. bá­
rosamente prohibidas en la redacción del sico, variopinto, de mucho calado, se
trabajo científico o técnico. constata, se contempla, incide.
Desde luego, si por huir del lugar co­
mún, de la expresión trillada, creemos
8.2. Las m uletillas que lo original está en variar el orden de
las palabras que forman una expresión,
Las m uletillas, también llamadas bor­ podemos caer fácilmente en la pedante­
dones, estribillos o expresiones expleti­ ría; por ejemplo, decir su interno fuero
vas, son palabras o frases que se inter­ en lugar de su fuero interno, que es una
calan innecesariam ente en el lenguaje y frase fija (v. § 3.2-4).
constituyen una especie de apoyo en la
expresión. Son m uletillas expresiones
como valga la expresión, valga la re­ 8.4. Los epítetos
dundancia (y muchas veces no se trata
de redundancia, sino de repetición de una Los epítetos son adjetivos aparente­
palabra, que es distinto), si se me p er- mente innecesarios que atribuyen al sus­

120
propiedad e impropiedad del lenguaje

tantivo una cualidad que le es inherente: las palabras son los que aceptamos y no
verde selva, mansa oveja, negra noche, otros que momentáneamente se le pue­
alta torre. Este tipo de adjetivación no dan ocurrir a alguien.
debe abundar en un escrito científico o Es cierto, sin embargo, que las len­
técnico. Muchos casos resultarán redun­ guas se enriquecen no solo por la adi­
dantes o sencillamente inútiles al añadir ción a su acervo de nuevas voces (neo­
al sustantivo aquella cualidad que todos logismos de forma o léxicos), sino tam­
le conocemos como propia: las noches bién por la adición de nuevos significa­
son negras, el hielo es frío, el pesar es dos a las voces existentes (neologismos
hondo, el abismo es profundo, abril es de sentido o semánticos). Así, ventana.
florido, el ruido es estridente, por lo que además de significar «abertura más o
las expresiones negra noche, frío hielo, menos elevada sobre el suelo que se deja
hondo pesar, profundo abismo, florido en una pared para dar luz y ventilación»,
abril, estridente ruido son adocenadas y que es su primer significado, se aplica
poco originales (v. § 3.2-4). también a la «hoja u hojas de madera y
de cristales con que se cierra esa abertu­
ra» y a «cada uno de los orificios de la
8.5. Los oxímorones nariz», significados que ha ido adqui­
riendo con el trascurso del tiempo. Así,
La palabra oxímoron designa el en­ según el contexto o situación en que nos
frentamiento u oposición de dos pala­ encontremos o acerca de lo que hable­
bras o dos frases de significado real o mos, venta fia significará una cosa u otra.
aparentemente contrario, como ruido si­ Si aplicamos la palabra a una situación
lencioso. silencio sonoro, dulce amargu­ sem ejante a las descritas, com o, por
ra. apresurarse lentamente o vísteme ejemplo, abrir una ventana en un gra­
despacio, que tengo prisa. Es figura li­ bado o estampa para colocar en ella un
teraria, pero carece normalmente de uso rótulo, todos sabremos a qué nos referi­
en la escritura científica o técnica. mos aunque no se trate de ninguna de
las tres cosas definidas anteriormente.
Hasta aquí empleamos las palabras con
9. Propiedad e im propiedad propiedad, es decir, según el sentido, rec­
del lenguaje to o figurado, que las palabras tienen o
pueden adquirir. Sin embargo, a veces
Después de siglos y milenios de uso, las palabras empiezan a «torcerse»; di­
los límites semánticos de las palabras y gamos, a adquirir sentidos que no tie­
expresiones van quedando más o menos nen, bien que sean totalmente contrarios
fijados y los hablantes de esa lengua se (como álgido, que significa «muy frío»
entienden entre sí sin necesiad de llevar y «acompañado de frío glacial», usado
un diccionario en la mano o en el bolso en el sentido contrario de «crítico o cul­
para consultarlo cada vez que hablen con minante»), o bien que se trate de senti­
sus semejantes. Cuando decimos venta­ dos impropios.
na en una situación normal de uso, sin El lenguaje se usa con propiedad cuan­
denotaciones ni connotaciones, todos sa­ do las palabras se emplean con el senti­
bemos a qué nos referimos. Con las de­ do que todos les reconocen y no con
más palabras sucede lo mismo, porque aquel que, por error, creamos que tie­
la mayoría de los hablantes hemos esta­ nen, y con impropiedad en el caso con­
blecido que los significados que tienen trario. Por ejemplo, utilizamos impro-

121
la escritura

píamente el lenguaje cuando usamos el dejar de considerar incorrecta una pala­


verbo deleznable en el sentido de «re­ bra o una expresión...
probable, despreciable, repulsivo», pues­ Suelen aplicarse impropiamente algu­
to que esa palabra significa «que se rom ­ nos topónimos y sus gentilicios; por
pe, disgrega o deshace fácilmente; que ejemplo, el caso de América por Esta­
se desliza y resbala con mucha facili­ dos Unidos, ya que estos son solo una
dad; poco durable, inconsistente, de poca parte de aquella; correspondientemente,
resistencia». es impropio usar americano por estado­
También la palabra detentar, que sig­ unidense; también se emplea a menudo
nifica «retener uno sin derecho lo que norteam ericano por estadounidense,
m anifiestam ente no le pertenece», se usa pero no es un término muy apropiado,
impropiamente en el sentido de «ocu­ por cuanto norteamericanos lo son tam­
par, desempeñar, representar, disponer bién los mexicanos y los canadienses.
de, tener en su poder». Asimismo, es Se deduce, pues, que tampoco debe em ­
impropio utilizar el verbo mesar,; que plearse Norteamérica por Estados Uni­
significa «arrancar los cabellos con las dos. puesto que a esa parte del conti­
manos», en el sentido de acariciarlos, nente am ericano también pertenecen
arreglarlos o aplastarlos. Cuestión dis­ México y Canadá. Se dan otros casos
tinta, digna de estudio, es la de estable­ paralelos, como llamar ingleses a los
cer cuándo uno de estos neologismos de británicos, ya que ingleses son solo los
sentido debe considerarse correcto. En naturales de Inglaterra, que es una de
este sentido, no cabe duda de que la las tres partes que componen la isla de
extensión de uso hace que pasen a con­ Gran Bretaña: Inglaterra, Gales y Esco­
siderarse correctas voces o acepciones cia (y si le añadimos Irlanda del Norte,
antes consideradas incorrectas o incluso tenemos el Reino Unido, que tampoco
inaceptables. Por ejemplo, prácticam en­ es sinónimo de Inglaterra). También es
te todos los extranjerismos condenados fácil confundir Gran Bretaña con Reino
en la Gram ática de la Academia (1959, Unido, siendo así que Gran Bretaña es
438-440) están actualm ente incluidos una de las islas (la mayor) que forman
como voces normales en el Diccionario parte del Reino Unido. Algo semejante
de la institución. En este sentido, es es- sucede con Holanda y Países Bajos;
clarecedor este texto de la propia G ra­ aunque los propios neerlandeses acep­
mática (1959, 440): «Las dicciones bár­ tan la generalización de nombrar a los
baras tienen sus hados también, y algu­ Países Bajos con el nombre de Holan­
nas llegan a prevalecer y a entrar en el da, reconocen que se trata de una im­
caudal com ún de la lengua. Barbaris- propiedad, puesto que Holanda es solo
mos eran para los escritores castizos del una parte de los Países Bajos. Paralela­
siglo x vn adolescente, candor, fulgor, mente, los holandeses son los habitan­
joven . meta, neutralidad, palestra, petu ­ tea de Holanda del Norte u Holanda del
lante, presentir y otras muchas que son Sur, dos regiones de los Países Bajos; a
ahora corrientes y bellas». Si esa obra los habitantes de esta nación, los Países
se escribiera ahora, habría que añadir Bajos, se les conoce como neerlandeses,
infinidad de palabras que, rechazadas que es la denominación que con más
como extranjerismos aún no hace m u­ propiedad puede aplicárseles.
cho, han entrado ya a formar parte del De más está decir que el lenguaje téc­
léxico oficial de la lengua. El problema nico y científico debe procurar el mayor
radica en establecer cuándo es oportuno grado de exactitud y propiedad. Cuando

122
los pleonasmos

una palabra pudiera ser mal interpretada de la no repetición de la idea hace que
en un contexto determinado debido a que la lengua sea inexpresiva. Por ejemplo,
es polisémica, conviene dejar muy claro no se puede decir, con energía o enfado,
en qué sentido se usa. ¡Sube y bájame ese libro!; lo natural es
que se diga ¡Sube arriba y bájame ese
libro! Así pues, hay pleonasmos que son
10. Los pleonasm os correctos o, al menos, no condenables,
como subir arriba, bajar abajot salir
Un pleonasmo, también llamado re­ (a)fuera, entrar (a)dentro, volar p o r los
dundancia, es, por un lado, la palabra, aires, caer escaleras abajo, verlo con
expresión o enunciado que se añaden a los propios ojos, a nosotros no nos p er­
una oración sin que modifiquen el sig­ tenece y otras.
nificado de esta: M e duele mi brazo iz­
quierdo (en lugar de Me duele el brazo
izquierdo), y, por otro, en el empleo de 10.2. Pleonasm os incorrectos
palabras, expresiones o enunciados, si­
nónimos o perifrásticos, cuyo significa­ Otras formas de pleonasmo son más
do ya está expresado de forma distinta: difíciles de descubrir; por ejemplo, cuan­
A las ocho semanas después del acci­ do decimos No ¡o haremos tampoco no­
dente, donde a las y después son, en sotros em pleam os una doble negación
este caso, la misma cosa; es decir, que del mismo género, no y tampoco, por lo
se debe escribir A las ocho semanas del que en la expresión sobra una de ellas;
accidente o bien Ocho semanas después podemos, pues, decir No lo haremos no­
del accidente, pero no A las ocho sema­ sotros o, si el matiz es el otro, tampo­
nas después del accidente. co lo haremos nosotros o tampoco no­
La lengua española es sumamente re­ sotros lo haremos. Decir que una ley
dundante. Dicho así, parece que se tra­ está en vigor actualmente es asimismo
tara de un defecto, y además, que solo redundante, porque lo que está en vigor
lo tuviera la lengua española. Hay que es actual. En este tipo de redundancia
matizar: todas las lenguas tienen grados sutil se cae muy a menudo al escribir;
diversos de redundancia, la cual no es es fácil asegurar que de eso ya hemos
necesariamente rechazable. Sin embar­ hablado con anterioridad, siendo así que
go, cuando una noticia de un diario dice si ya liemos hablado de ello, ha sido
que el asunto fue aprobado p o r la total forzosamente con anterioridad. También
unanimidad de todos los asistentes, uno se cae en redundancia cuando se utili­
piensa que, en efecto, el uso del idioma zan ciertas expresiones como periodo de
español puede llegar a ser muy redun­ tiempo, ya que periodo se define como
dante: en un caso como este hubiera bas­ «tiempo»; también espacio de tiempo es
tado con decir que el asunto fu e apro­ redundante y, además, impropio; es re­
bado por unanimidad. dundante porque en esta expresión es­
pacio se define como «trascurso de tiem­
po», y es impropio porque o hablamos
10.1. Pleonasmos correctos de espacio o hablamos de tiempo, pero
no podemos hablar a la vez de los dos
No todos los pleonasmos o redundan­ conceptos.
cias son incorrectos. La expresión del La redundancia es en ocasiones fruto
lenguaje vivo presenta situaciones don­ de la falta de matización: si de una obra

123
la escritura

decimos que m anejam os la tercera edi­ allá de los cuales puede ser socialmentc
ción actualizada, lo que queremos de­ rechazado.
cir, sea esa nuestra intención o no, es Esta situación puede convertirse en
que manejamos la tercera de las edicio­ enojosa para un escritor que necesite ex­
nes que han sido actualizadas, lo cual presarse con palabras o formas expresi­
es, además, im propio, ya que toda edi­ vas no aceptadas por la sociedad hablante
ción ha de ser actualizada o no es edi­ o la institución que vela por la pureza
ción (será, si acaso, reim presión o nue­ del lenguaje. Habría que adm itir que es
va tirada); lo que corresponde decir es correcto todo mensaje que pueda ser en­
que manejamos la tercera edición, y al tendido por los demás en el mismo sen­
editor, si quiere convencer al lector de tido que le pretende conferir quien lo
que, en efecto, se trata de una nueva emite. En caso contrario, naturalmente,
edición y no de una sim ple reimpresión, nos encontraríam os ante una incomuni­
le será lícito hacer constar en la sobre­ cación, todo lo contrario de lo que con
cubierta o cubierta y en sus catálogos el lenguaje se pretende.
que se trata de una reedición actualiza­ En lo relativo a la construcción del
da, pero de esta manera: «3.a edición, lenguaje, la incorrección puede consis­
actualizada», con una com a explicativa. tir en la utilización incorrecta de las pa­
Hay otras muchas form as de pleonas­ labras o en la construcción incorrecta
mo, como en el uso del pronombre: No­ de las frases y oraciones. A lo primero
sotros opinamos que..., Yo deseo mani­ se le llama, en general, barbarismo; a lo
je s tar...; en frases como estas, la supre­ segundo, solecismo.
sión de los pronom bres dota al lenguaje
de mayor viveza: Opinamos que.... D e­
seo manifestar... 11.1. Los barbarismos
Es pleonástico tam bién el empleo del
artículo un aplicado a meses o años se- Llamamos barbarismos a las palabras
guidos de m edio: Hace un mes y medio generadas según normas m orfológicas o
que...; Hace un año y medio que...; si fonológicas que no son las propias de
suprimim os los artículos, la expresión una lengua o que no han sido admitidas
gana en elegancia elocutiva: hace mes y por el uso considerado correcto. Como
medio que...; Hace año y medio que, se desprende de la definición, el con­
porque tanto el mes com o el año, en cepto de barbarismo es cambiante con
esas expresiones, son un. el paso del tiempo, ya que las palabras,
aunque considerem os que nacen con de­
fectos, consiguen hallar un hueco en el
11. Incorrecciones de lenguaje lenguaje bien sea por verdadera necesi­
dad, bien sea simplemente por el uso, de
Llamamos lenguaje correcto al que tal manera que a veces llega a desplazar
se acomoda a las norm as establecidas a una forma sinónima que está mejor
por una institución y aceptadas por la formada.
sociedad en general. Quien pretenda es­ Hay muchas clases de barbarismos.
cribir con corrección deberá someterse Por ejemplo, los de tipo fonético, como
a esas normas, lo que equivale a decir pronunciar y escribir los vocablos con
que el lenguaje correcto es, a la postre, alguna form a de incorrección, com o
un lenguaje guiado, encasillado, cons­ *llegao por llegado, *expedito por expe­
treñido, situado entre ciertos límites más dito, *inflacción por inflación. También

124
incorrecciones de lenguaje

se considera barbarismo utilizar formas *pmboscideo por proboscidio


verbales com o * llega síes, *quisistes por *seláceo por selacio
*sumerger por sumergir
llegaste. quisiste, respectivam ente, y *sobreselr por sobreseer
otras voces en las que se sustituye la * vertir p o r verter
terminación de una palabra por la de *visicula p or vesícula.
otra, como las siguientes:

•áceo p o r - acio: *batráceo p o r batracio. 11.2. Las cacografías


*seláceo p o r selacio
-aneo p o r -anio: *geráneo por geranio
Llamamos cacografía a la fa lta de or­
-erio p o r -éreo: *celenterio p o r celentéreo
•cano p o r -¡ano: *euclideano p o r euclidiano tografía, es decir, a toda grafía que no
-iireo p o r -itrio: *espúreo por espurio. está de acuerdo con las norm as de escri­
tura de una lengua. Aunque es habitual
Otro grupo de barbarismos, frecuen­ achacar las faltas de ortografía a las per­
tes en algunas personas, consiste en aña­ sonas con menos formación cultural, lo
dir a ciertas palabras letras que actual­ cierto es que se cometen en todos los
mente no tienen; por ejemplo, estas: estratos de la sociedad, aunque sea en
los mas bajos donde, por razones ob­
*balandronada por baladronada vias, se dan con más frecuencia. Gene­
*conlindante por colindante ralmente consisten en el incum plim ien­
*conyuntura p or coyuntura
•convalescencia p o r convalecencia to de las normas por que se rige la es­
*desgeneración p o r degeneración critura de las letras, por la cantidad de
*discursión p o r discusión tales normas y por la dificultad que su­
*disfamar p o r difamar pone el recordarlas en el momento ne­
*disgresión por digresión
cesario.
*dislacerar p o r dilacerar
*disminutivo por diminutivo El hecho, por ejemplo, de que las pa­
* furnia n cia p o r farmacia labras puedan llevar un signo que no sue­
*inextri/icable p o r inextricable na, como la h o la u (en las sílabas gue,
*inri ¡ación por irritación gui)% un signo que suena exactamente
*rein vindi car por re i \ indi car
*rescinsión p o r rescisión igual que otro de distinta figura, como
*suscinto p o r sucinto ia b y la v, la g ante e, i y la j ante todas
•telesférico p o r teleférico. las vocales y otros casos sim ilares de la
ortografía del español, hace que las fal­
Otros cambios que se dan con alguna tas de ortografía al escribir nuestra len­
frecuencia consisten en sustituir una vo­ gua abunden más de lo que debería es­
cal por otra, como en las siguientes: perarse de una ortografía a la que, sin
demasiada consistencia, se la considera
*celen terio p or celentéreo fonética.
*concerner p or concernir
*controverter por controvertir
*discerner por discernir
0distendir p or distender 11.3. Las cacologías
*diverger p o r divergir
*espúreo p o r espurio Las cacologías son las expresiones que
*estriñir p o r estreñir resultan idiomática, lógica o gramatical­
0euclideano p o r euclidiano
*geraneo p or geranio
mente incorrectas o las que, aun respe­
*ictiricia p o r ictericia tando la estructura gram atical, no res­
* impelir p o r impeler ponden a la conexión semántica interna

125
la escritura

del idioma. Dicho de otra manera, son No le importaba que no vinieran


expresiones en las cuales hay una pala­ Juró que no volvería a pasar por allí.
bra que está mal colocada porque su fun­
ción no es la que se le asigna. Por ejem ­ 2. Los a N T i d e q u e í s m o s . El defecto
plo, cuando decim os que iba acom pa­ contrario al anterior, consistente en omi­
ñado de la cabra y la hija atentamos tir la preposición de en frase que debe
contra el prim er sentido de la voz, pues­ llevarla, se llam a an tidequ eísm o (o
to que la expresión lógica pide que la queismo). Es bastante frecuente y se da
hija se mencione antes que la cabra. en frases como las siguientes:
En cuanto al segundo sentido, es m u­
cho más habitual, lo que indica que el ♦Informó que no asistiría
hablante español conoce poco el empleo ♦Estaba convencido que era mejor así,
de ciertas palabras que sirven de nexo;
por ejemplo, cuando decimos que anali­ cuyas formas correctas son:
zaremos el asunto bajo la base de que
los sueldos bajarán, atentamos contra la Informó de que no asistiría
conexión sem ántica, puesto que las co­ listaba convencido de que era mejor así.
sas, las que sean, se analizan, estudian o
sitúan sobre una base, no bajo ella; tam­ En la duda, para saber si una frase lleva
poco se analiza bajo ciertas condicio­ o no lleva de se debe interrogar al ver­
nes, sino con ciertas condiciones o en bo: ¿qué informó?, ¿qué estaba conven­
ciertas condiciones, según el sentido que cido? Las respuestas a estas dos interro­
en el contexto tenga esta expresión. Este gaciones son imposibles, lo cual quiere
mal em pleo de las preposiciones está decir que deben llevar la preposición.
muy generalizado en el lenguaje ordina­ Interroguemos a los verbos con ella: ¿de
rio, por lo que al escribir hay que «m e­ qué informó?, ¿de qué estaba convenci­
dir bien las palabras», sobre todo desde do? Las respuestas (que comienzan con
el punto de vista científico, para no caer de: de que no asistiría, de que era me-
en tales situaciones. jo r así) son, como se ve, fáciles con esa
construcción.

11.4. Los dequeism os y antidequeismos


11.5. Otras form as de barbarisnto
1. Los d e q u e í s m o s . Llamamos de-
queismo a una incorrección de lenguaje Son también barbarismos los neolo­
que consiste en utilizar la preposición gismos creados y em pleados sin suje­
de ante que en oraciones completivas, ción a las normas del lenguaje, las im­
generalmente con verbos de decir: propiedades, las grajías extranjeras uti­
lizadas en nuestra lengua (como khedive
•D ijo de que vendría temprano
por jedive, khan por jan, folklore por
♦Creía de que no me iba a encontrar
♦No le importaba de que no vinieran Jólclor(e) y otras semejantes), el uso de
♦Juró de que no volvería a pasar por allí. arcaísmos y, finalmente, la grafía extran­
jera de topónimos y antropónirnos que
En estas frases sobran todas las preposi­ tienen exónimo español (como Milano
ciones de: por Milán, New York por Nueva York, o
Dijo que vendría temprano Brutus por Bruto. Josephus por Josefo,
Creía que no me iba a encontrar Lenine por Lenin).

126
extranjerismos y voces extranjeras

11.6. El gerundio se comete solecismo con el em pleo in­


adecuado de los pronombres:
El gerundio, forma no personal del
verbo, se caracteriza por la unión a la *Los vi, pero no les reconocí
base verbal de la terminación -ando para *No volví en sí hasta dos horas después
la prim era conjugación (amando, de *Mc so cayó al suelo,
amar) y -iendo para la segunda y terce­
ra (temiendo, de temer, e hiriendo, de o de las preposiciones:
herir).
El empleo del gerundio es normalmen­ *Esto es distinto a lo que yo me esperaba.
te correcto, aunque algunas veces, sobre
todo si se abusa de él, es preferible sus­ También com ete solecismo quien colo­
tituirlo por una perífrasis; por ejemplo, ca incorrectamente dos partículas rela­
mejor que Se cayó subiendo es Se cayó cionadas:
mientras subía. Tal vez el uso incorrec­
to mas conocido sea el llamado (en Es­ *Se vende piso con o sin garaje,
paña) «gerundio del Boletín Oficial del
Estado» (o «gerundio del non»), por la oración que debe construirse así: Se ven­
utilización que de esta construcción se de piso con garaje o sin él. Como se ve,
hacía en otra época en esta publicación los solecismos pueden llegar a conferir
oficial; por ejemplo, Ley regulando. De­ cierta plebeyez al escrito.
creto disponiendo, en lugar de Ley por
la que se regula, Decreto p o r el que se
dispone. 12. E x tran je rism o s
También es incorrecto el llamado g e- y voces e x tra n je ra s
rundió de posterioridad, es decir, la
construcción en la que el gerundio indi­ 12.1. Extra njerism os
ca una acción posterior a la del verbo
principal del cual depende; por ejemplo, Los extranjerism os son palabras o fra­
Los ladrones fueron detenidos, siendo ses de un idioma usados en otro. Este
de inmediato conducidos a comisaria. uso puede ser necesario, y entonces los
Aquí cabría decir que Los ladrones fu e - extranjerism os deben ser bienvenidos,
ron detenidos y llevados de inmediato a aceptados y aclimatados a nuestra grafía
comisaría. y fonética, labor que, en general, ha to­
mado sobre sí la Academia Española. Si
son necesarios, pues, hay que adm itir­
11.7. Los solecismos los, y una postura conservadora opuesta
a su admisión y adaptación es retrógra­
Los solecismos son usos incorrectos da y no nos lleva sino al em pobreci­
de una expresión construida sin atender miento lingüístico. Dicho esto, hay que
a las exigencias de la sintaxis. No afecta añadir también que no parece de recibo
a las palabras aisladas, sino a sintagmas, el hecho de que el único camino sea el
frases, oraciones o periodos. Hay mu­ de la adopción tardía y desacertada, co­
chas formas de solecismos, razón por la mo viene haciendo la Academia en este
que resulta fácil caer en ellos si no se tan importante campo. En efecto, en el
redacta con cuidado y atendiendo al uso d r a e 9 2 ha adm itido palabras como mar­
de las clases de palabras. Por ejemplo, keting, cross, open, best séller, dossier,

12 7
la escritura

gángster, autostop y otras de factura se­ habitualmente en una lengua se hallen


m ejante. ¿No son todas ellas, salvo dos­ acomodados o no; me refiero a las vo­
sier y autostop, palabras inglesas puras? ces o frases ocasionales que el autor pue­
¿Cómo es que no han elaborado mas su de tener necesidad de em plear alguna
forma para que fueran adm isibles y uti- vez en su texto. A este respecto, parece
lizables en español, como las restantes oportuno decir lo siguiente: cuando se
palabras? Por poner un ejem plo de dis­ escribe en español, es en español como
parate, considérese la palabra marketing; uno debe expresarse, y no en inglés, fran­
tal com o está escrita, y puesto que está cés, alemán, italiano u otra lengua. En
registrada en el Diccionario de la A ca­ segundo lugar, mal escritor será quien
dem ia, debe leerse [marketing], palabra deba recurrir a una lengua extranjera
aguda. para explicar los conceptos que usa en
Sin embargo, palabras y térm inos in­ su propia lengua.
gleses penetran en nuestra lengua, como Si los térm inos que usa son de origen
penetran en las demás lenguas de cultu­ extranjero, pero están ya arraigados en
ra (aunque algunas de ellas, com o el su lengua y el destinatario natural los va
francés, traten de luchar contra la adm i­ a entender, no es preciso recordar, aun­
sión cruda y sin adaptación). En el cam ­ que sea entre paréntesis, cuál es el ori­
po de la medicina, por ejemplo, tene­ gen de la expresión conceptual. Lógica­
mos el by-pass; parece que los médicos mente, en los casos en que el término
han renunciado a usar derivación o puen­ no esté aún bien asentado en nuestra len­
te, que es su traducción; siendo así, lo gua, o bien cuando haya varias expre­
m ejor es usar baipás, con lo que no solo siones para el mismo concepto, tal vez
obtenem os una palabra de apariencia es­ sea aceptable añadir entre paréntesis la
pañola, sino que además se presta bien expresión en lengua extranjera de la que
al plural: baipases. Como se ve, solo se se deriva la que estam os usando. El es­
aleja de la forma inglesa en la grafía, critor debe huir del prurito de utilizar
porque la fonética es muy similar. Por mucha term inología en inglés, francés,
consiguiente, la regla de oro en relación alemán o la lengua que sea para dem os­
con los extranjerism os debe ser la de no trar al lector su dominio de lenguas o
utilizarlos sino en casos de necesidad, y sus numerosas lecturas en obras origi­
entonces, en la medida de lo posible, nales. La modestia, y hasta la humildad
adaptarlos a la grafía y la fonética de en algunos casos, deben ser compañeras
nuestro idioma. En estos casos no estará inseparables de quien escribe para los
de más, si el escritor lo cree oportuno, demás; lo cual no está reñido con la pro­
poner entre paréntesis, la prim era vez piedad de la term inología y hasta con la
que utilice una forma así en su escrito, erudición cuando sea necesario dem os­
la grafía original: trarla.
Recuérdese que el idioma se defiende
El baipás (by-pass) fue un éxilo. de los térm inos ajenos no integrados es­
cribiéndolos con letra cursiva en lo tipo­
gráfico y subrayándolos en lo mecano-
12.2. Voces extranjeras gráfico o manuscrito. Sin embargo, si
en una misma obra se repiten a menudo
Con la expresión voces extranjeras no uno o más térm inos no integrados en la
me refiero a los extranjerism os, de los lengua, lo aconsejable es escribirlos de
que se acaba de hablar y que se usan cursiva la primera vez que aparezcan en

128
extranjerismos y voces extranjeras

cada una de las unidades de un escrito latino. Todas las lenguas cultas usan
(por ejemplo, en cada capítulo) y en el latinismos» especialmente si pertenecen
resto de la misma unidad escribirlos de al grupo de las lenguas romances, que
redondo. Pero si la frecuencia de apari­ tienen com o lengua madre al latín. Tam­
ción no es intensa ni abundante el nú­ bién las lenguas anglosajonas, aunque
mero de extranjerism os presentes, se no se deriven del latín, toman de él tér­
debe mantener la cursiva en estos casos. minos que les vienen bien para satisfa­
cer sus necesidades lingüisticas. Sin ir
más lejos, misil, palabra con que se de­
12.3. Préstamos y calcos signa un proyectil dotado de un sistema
de propulsión autónoma, procede de la
1. Los p r e s t a m o s . Los neologismos voz inglesa missile, palabra que los in­
procedentes de una lengua extranjera gleses tomaron del latín missile, que sig­
(extranjerism os) se llaman préstam os nifica «arma arrojadiza».
cuando se hallan integrados en el siste­ Los latinismos que se usan en espa­
ma de la lengua, la cual los recibe me­ ñol pueden ser de varios tipos:
diante la adaptación de su estructura fó­
nica y morfológica. Tenemos ejemplos 1) voces y frases latinas que la Aca­
muy claros de préstamos en las palabras demia registra en su Diccionario y
fútbol, pronunciación de la grafía ingle­ que deben someterse en todo a las
sa footbaU, y cruasán, que a su vez lo reglas de escritura del español, es­
es del francés croissant. pecialm ente en lo relativo a la
El préstamo se llama integrado o asi­ acentuación y al plural;
milado cuando está adaptado a las re­ 2) palabras y frases latinas que no tie­
glas fonológicas y gráficas de la lengua nen registro en el Diccionario de
que lo recibe, como las que acabamos la Academia y que, com o las ante­
de mencionar como ejemplos. Se llama riores, deben someterse en todo a
aclimatado cuando el extranjerismo se las reglas de escritura del español,
usa en una lengua en la que no se ha aunque algunos tratadistas reco­
integrado totalm ente, como week-end, miendan una grafía con cursiva,
water-closet. que no es adecuada;
3) palabras y frases latinas o latiniza­
2. Los c a l c o s . Los calcos son ex­ das que se usan en la ciencia y la
tranjerismos integrados en el sistema de técnica para denom inar géneros,
la lengua que lo recibe mediante la tra­ especies, virus y bacterias, y que
ducción de la estructura semántica o léxi­ se usan con inicial mayúscula, con
ca, como balompié, del inglés Jootball letra cursiva y sin ponerles ningu­
(literalmente, ‘pie balón’), o medialuna, na tilde (puesto que en latín no hay
del francés croissant (literalmente, ‘cre­ tild es, aunque a v eces, en las
ciente, media luna’). En general, se pre­ trascripciones [lo que no es el
fiere el procedimiento anterior. caso], se usen acentos breves [~] y
largos o mácrones [”]).

12.4. Latinism os De todos modos, debe tenerse como re­


gla general, a la que solo se debe faltar
Los latinismos son préstamos o cal­ en caso de necesidad, que se debe escri­
cos que tienen su origen en el idioma bir en español, no en otros idiom as (que

129
la escritura

el lector no tiene por qué conocer), y Jálso titulo, sino una portadilla (de un
que tampoco resulta elegante esmaltar libro). Igualmente, el inglés candid no
la redacción de un texto español con fre­ significa cándido, sino sincero; actual
cuentes palabras extranjeras, ante las que no se traduce por actual, sino por real;
el lector puede encontrarse inerme por consisten! no es consistente, sino com­
falta de conocimiento de la lengua con­ patible; exit no es éxito, sino salida; sen­
creta. sible no es sensible, sino juicioso, y
La palabra latinajo suele aplicarse iró­ svvere no es severo, sino grave.
nicamente para denom inar los latinismos No deben confundirse los falsos am i­
mal formados o de grafía macarrónica gos con los falsos extranjerismos o f a l­
em pleados por escritores que no cono­ sos exotismos, que son las palabras o
cen el latín y quieren dar la sensación construcciones cuya apariencia gráfica
de que lo dominan, para lo cual se con­ o fónica la atribuye a una lengua a la
sagran a incluir palabras scudolatinas o que no pertenece. Por ejemplo, y a pe­
latinas mal escritas o mal aplicadas. Co­ sar de su apariencia, footing, jogging.
m eten este defecto quienes escriben slip, recordman y recordwoman no son
acuarium en vez de aquarium, eucaliptus palabras inglesas (o no lo es el signifi­
en vez de eucalyptus (con la salvedad cado con que las utilizamos), sino seu-
de que no se trata de un latinismo, ni doinglesas. Algunas de ellas, como re­
siquiera con la grafía eucalyptus, puesto cordman y recordwoman, fueron crea­
que eucalipto proviene del griego euka- das en Francia.
lyptós). Si por el propio lenguaje hay
que moverse con pies de plomo por las
dificultades que puede presentar, no digo 12.6. Xenism os
nada cuando uno se introduce en el im­
penetrable bosque de una icngua ajena Llamamos xenismos a las voces ex­
desconocida. tranjeras que se usan en español con la
misma grafía que tienen en su lengua de
origen y una pronunciación sim ilar,
12.5. Falsos amigos como las inglesas marketing, whisky, jo c ­
key, parking y las francesas dossier, bou-
Llamamos falsos amigos (aunque m e­ tiifue, affaire.
jo r fuera llamarlos parónimos interlin- La grafía de este tipo de palabras es
giiisticos, com o sugiere Polo [1976¿/, muy variable; cuando están acomodadas
167], o calcos paronimicos, como pre­ por un largo uso, la Academia termina
fiere el profesor López Guix [1997, 243, aceptándolas, pero, aun así, no dejan de
n. 225]) a palabras o frases que tienen presentar problemas. Para adaptarlas al
morfología o etimología semejantes a las español, la Academia admite grafías que
de otras de una lengua distinta, pero cuyo no parecen aceptables, como cross, best-
significado es totalmente diferente. Por -séller, marketing, boutique. Puesto que
ejemplo, son falsos amigos o parónimos se trata de voces que tienen uso en el
interlingüísticos el francés armée, que idioma, pueden utilizarse sin diacríticos
fácilmente puede traducirse por arma­ de ningún tipo cuando se empleen en su
da, en lugar de por ejército, que es lo propio contexto, mientras que podrán
que significa; de la misma lengua, la d istin g u irse con la cursiva aquellos
palabra équipage significa tripulación, xenismos que no estén arraigados en el
no equipaje, y un faux titre no es un contexto en que se utilizan.

130
aspectos sincrónicos y diacrónicos de la lengua

13. Aspectos sincrónicos y diacrónicos 13.2. Palabras obsolescentes


de la lengua y palabras históricas

13.1. A rcaismos y n eologism os Hay palabras que aún no han desapa­


recido, pero que están en proceso de de­
En el devenir histórico, una lengua va saparición; son las palabras obsoles­
dejando atrás cierta cantidad de lastre, centes, como, por ejemplo, estraperlo o
mientras al propio tiempo va adquirien­ haiga ‘coche lujoso’. Hay, por otro lado,
do nueva savia. Tanto el lastre como la palabras que siguen vivas a pesar de que
savia nueva consisten en léxico y fra­ designan cosas que ya no existen, como
seología, principalmente. Hay palabras gladiador, astrolabio. carabela, calesa.
y frases que han dejado de figurar en Estas palabras no deben confundirse con
ios libros desde hace muchos años, si­ el arcaísmo, ya que en este lo que ha
glos tal vez, y palabras y frases que han desaparecido no es solo la cosa designa­
entrado en el caudal léxico hace muy da (o no necesariam ente), sino la pala­
pocos años. Los prim eros se llaman bra misma.
arcaísmos, y no es fácil que vuelvan a
tener un lugar en la lengua con la mis­
ma grafía y el mismo significado desa­ 13.3. Los anacronismos
parecidos; los segundos se llaman neo­
logismos y están entrando en la lengua Lino de los errores de la construcción
constantemente; unos, los más útiles y del lenguaje escrito, impropio de la pro­
necesarios, arraigan y se quedan entre sa científica, es el de atribuir un aconte­
nosotros, sea con su propia forma, sea cimiento a una fecha errónea. Si la fe­
dotándolos de características que los ha­ cha es anterior a aquella en que aconte­
gan semejantes a las de su nuevo medio ció el hecho, el anacronism o se llama
y permitan utilizarlos con cualidades metacronismo; si es posterior, paracro­
morfosintácticas similares. nismo.
3 La ortotipografía

1. La grafía, desde la letra a la presentación de los elementos grá­


hasta el texto ficos: bibliografías, cuadros, poesías, ín­
dices, notas de pie de página, citas, citas
En el campo de los hechos ortográfi­ bibliográficas, obras teatrales, aplicación
cos hemos de considerar, en primer lu­ de los diversos estilos de letras (redon­
gar, la ortografía usual, es decir, la aca­ da, cursiva, negrita, versalitas, así como
démica, sin cuyo conocimiento comple­ las combinaciones de unas y otras); fi­
to no es posible emitir mensajes escri­ nalmente, la ortografía publicitaria es
tos. La ortografía es la herramienta gra­ la aplicación de la ortografía usual y la
matical que nos permite, mediante el ortotipografía en el campo de la publici­
cumplimiento de sus reglas y excepcio­ dad. Comprende, pues, no solo todo
nes, conferir a las letras, palabras, frases tipo de anuncios en prensa, sino tam ­
y oraciones su verdadero valor desde el bién todos los hechos gráficos cuyo
punto de vista fonológico, morfológico resultado se expone al aire libre (orto­
y sintáctico. grafía a la intemperie).
En segundo lugar tenemos la que se
conoce, en general, como ortografía téc­
nica, que comprende la ortografía espe­ 1.1. Ortografía de la letra
cializada, la ortografía tipográfica y la
ortografía publicitaria. La ortografía es- Esta parte de la ortografía nos perm i­
pecializada puede definirse como el con­ te conocer las letras del alfabeto y su
junto de reglas por que se rige la expre­ uso según las reglas y excepciones esta­
sión gráfica de los elementos de escritu­ blecidas por la Real Academia Españo­
ra que no son estrictamente letras, como la, máxima autoridad en este campo.
los signos, los símbolos, el ordenamien­ Nuestro alfabeto actual consta de 27 le­
to alfabético, etcétera; la ortografía ti­ tras, al haber decidido la Academia en
pográfica, más conocida por ortotipo- 1994, con acierto, suprimir del alfabeto
grafía, es el conjunto de reglas de esté­ ch y 11, las cuales nunca debieron estar
tica y escritura tipográfica que se aplica en él, puesto que esas combinaciones son

133
la ortotipografía

dígrafos, no letras, y un alfabeto solo obstante, ante los cuales el escritor se


ordena letras. El aprendizaje del uso de parará a pensar: ¿escribirá sicología en
las letras es penoso tanto para niños lugar de psicología?; sería lo más lógico
como para adultos, por cuanto hemos de si hemos elegido la forma acorde con la
aprender y recordar una serie de normas fonética, pero es muy probable que el es­
que no tienen soporte lógico, que se ba­ critor, aun aceptando escribir armonía en
san solamente en la historia y evolución lugar de harmonía. se incline resuelta­
de la lengua y no en la racionalidad. La m ente por las grafías com plejas en el
Academia se ha negado desde hace casi caso de las que comienzan con p s -. Tal
dos siglos a reform ar de nuevo la orto­ decisión es respetable, a pesar de que nos
grafía (el último retoque de cierta im­ siga pareciendo que la coherencia inter­
portancia — pero que no puede conside­ na del sistem a o rtográfico exigiría la
rarse una reforma de la ortografía— lo grafía sicología si hemos optado por es­
realizó la Academia en 1959). Por con­ cribir armonía.
siguiente, para escribir bien, con suje­
ción a las normas académicas, es preci­
so aprender y recordar esas normas y 1.2. Ortografía de la silaba
leer mucho, tratando de comprender, por
medio de un diccionario (mejor si con­ Con una, dos o más letras formamos
tiene etimologías), el porqué de ciertas una sílaba. La separación entre una síla­
grafías. ba y la siguiente se llama frontera silá­
En el empleo de las letras, el escritor bica, la cual tiene varias aplicaciones en
debe aplicar las reglas que le parezcan ortografía; en primer lugar, permite ave­
oportunas dentro de lo permitido por la riguar si dos vocales consecutivas son
Academia. Sin embargo, parece que es tautosilábicas (pertenecen a la misma sí­
pertinente establecer una forma de grafía laba, forman diptongo) o si son heterosi-
lo más simple posible, con objeto de evi­ lábicas (pertenecen a silabas contiguas,
tar problemas que en principio carecen forman hiato); en segundo lugar, indica
de importancia, pero que se pueden con­ por dónde podemos dividir una palabra,
vertir en un engorro a la hora de unifi­ puesto que, según las normas de la Aca­
car criterios de escritura. Por ejemplo, en demia, las palabras se dividen por síla­
las palabras que indiferentemente se pue­ bas cabales (con algunas excepciones).
den escribir con b o con v, parece lo más Si dos vocales consecutivas son tautosi­
acertado elegir las formas que se escri­ lábicas, nos hallamos ante un diptongo y,
ben con b para representar el sonido bi­ por consiguiente, la palabra no se puede
labial, por lo que escribirem os chabola dividir por ellas, dejando una a final de
con preferencia a chavola, ambas perm i­ línea e iniciando la siguiente con la otra
tidas por la Academia. En el mismo sen­ (por ejemplo, di- /o sa , porque io son dos
tido, escribiremos pajel y no pagel, ar­ letras tautosilábicas en este caso). Si dos
monía en vez de harmonía, etcétera. Es vocales consecutivas son heterosilábicas,
decir, que, sin faltar a las grafías regis­ a veces se puede dividir por ellas la pa­
tradas por la Academia, elegiremos las labra y a veces no; por ejemplo, se pue­
que respondan con más propiedad a la den dividir los términos compuestos no
representación gráfica de los sonidos del lexicalizados, en los que am bos com ­
español (por eso no se eligen las formas ponentes están aún vivos en la mente
con h, ya que se trata de una letra que del usuario de la lengua; por ejemplo,
generalmente no suena). May casos, no hispano- / americano, norte- / america­

134
la grafía, desde la letra hasta el texto

no, pero no se pueden dividir palabras lexicológicos (los diacríticos y los auxi­
simples, como po- / eta, f e - / ote, a pe­ liares, que son los que afectan a la pala­
sar de que las vocales estén en hiato. bra; los de puntuación afectan a la frase).
Tampoco se puede dividir a - / teñe- / o, En las entradas de la segunda parte de
pues no se permite dejar una sola vocal esta obra se analizan estos problemas, es­
a final o principio de línea. Sin embar­ pecialmente si afectan a la palabra con­
go, en el caso del grupo lo más acon­ creta que se consulta. En cuanto a las
sejable es mantenerlo siempre sin sepa­ abreviaciones, hay que decir que en los
ración, debido a que en Hispanoamérica textos no se deben em plear abreviaturas,
es costum bre pronunciarlo com o dos las cuales, no obstante, pueden aparecer
consonantes tautosilábicas (atle- / ta, tra- entre paréntesis, en los cuadros y tablas
sa- / tlántico), a pesar de que en el espa­ y en las notas y citas bibliográficas. Las
ñol europeo se suelen considerar hetero- mayúsculas se usan en español más que
silábicas (at- / ¡eta, trasat- / lúntico). Ha­ en francés, pero menos que en inglés y
ciéndolo así se respeta la pronunciación en alemán; lamentablemente, no hay re­
de ese tipo de palabras a uno y otro lado glas fijas c indubitables para su empleo,
del Atlántico, ya que el grupo -ti- podrá que en muchos casos depende de la opi­
pronunciarse como tautosilábico o como nión particular del escribiente, de su for­
heterosilábico según la persona que lo mación c incluso de sus ideas religosas,
pronuncie. políticas, sociales, etcétera (en general, el
En la grafía de la sílaba podem os uso de la mayúscula, especialmente de la
hallar dificultades en las que albergan que se emplea por meras razones de or­
los grupos complejos del tipo -bs-, -ns nato, es más propio de m entalidades
-ti-, etcétera. La tendencia general debe­ conservadoras). También la onomástica
ría inclinarnos a utilizar los grupos más suele p rese n tar graves p ro b lem as de
simples, dentro de lo que la Academia grafía, ya que, si en algunos casos se
permite o la necesidad aconseje (véase puede em plear la forma original de an-
el § 4). Por ejemplo, debe seguirse la tropónimos y topónimos, en otros se de­
tendencia académica a simplificar el gru­ ben adaptar a nuestra grafía, ya sea por
po -st- en post- y escribir posoperatorio razones de uso o por tradición. La nume­
con preferencia a postoperatorio. ración (arábiga y romana) es asimismo
fuente de dolores de cabeza debido a
que, según los casos, se podrá o deberá
1.3. Ortografía de la palabra escribir con numeración arábiga o roma­
na, con cifras o con letras, y en cada caso
Con una, dos o más sílabas formamos habremos de saber cuál es el mejor de los
una palabra, es decir, una «unidad limi­ criterios a la hora de dar forma gráfica a
tada por dos blancos, por un signo de este apartado de la escritura. La unión y
puntuación y un blanco o a la inversa» separación de palabras puede presentar
(Mounin, 1979, 134). La ortografía de problemas, ya que, si bien lo ideal sería
la palabra tiene que ver con la acentua­ dividir las voces por sílabas cabales, a
ción, las abreviaciones (abreviaturas, veces, por una u otra causa, se presenta
abreviamientos, siglas, acrónimos, sím ­ la necesidad de hacer excepciones a esa
bolos y otros), la mayúscula y la minús­ regla general. Asimismo, es necesario co­
cula, la antroponimia y la toponimia, la nocer el em pleo de los signos lexico­
numeración (arábiga y romana), la unión lógicos (los diacríticos y los auxiliares;
y separación de palabras y los signos v. § 6.1.1), que son los que afectan a la

135
la ortotipografía

palabra, así como otros pcrtcnccicntcs a 2.1. El mimetismo ortográfico


las m ás diversas disciplinas, com o las
m atem áticas, la lógica, la música, etcé­ Ángel Rosenblat llamó mimetismo or­
tera. tográfico a la copia, normalmente in­
consciente, de grafism os no idiomáticos
en español, grafism os que pertenecen a
1.4. Ortografía de la frase sistemas ortográficos de otras lenguas.
Los anglicismos y galicismos ortotipo-
Esta parte de la ortografía ordena las gráficos, por ejemplo, son formas de mi­
frases en el discurso y establece la es­ metismo ortográfico.
tructura de este. Su parte más im portan­
te es la que afecta a los signos de pun­
tuación (com a, punto y com a, punto, 2.2. Anglicismos ortotipográficos
puntos suspensivos), los signos de ento­
nación (exclamación — no admiración, Hay varios casos en que se comete
com o dice la A cadem ia— e interroga­ anglicismo ortográfico o tipográfico al
ción) y los signos auxiliares de la pun­ copiar usos y costum bres anglosajones
tuación (paréntesis, corchetes, raya, co ­ ajenos a nuestra grafía. A continuación
millas y antilambda) (v. § 6.1.2c*). Todo se exponen algunos casos que no se de­
escritor que desee estructurar de modo ben copiar (o, mejor, que se deben evi­
claro y preciso su discurso debe dom i­ tar a toda costa).
nar especialm ente esta parte de la orto­
grafía, ya que ella es la base expositiva
del trabajo científico y técnico. 2.2.1. A n g lic is m o s o r t o g r á f i c o s

1. E l e m p l e o d e m a y ú s c u l a s . Los
1.5. Ortografía del texto idiomas español e inglés no aplican los
mismos criterios en relación con la ma­
La ortografía que afecta al texto com ­ yúscula. M ientras el inglés hace un uso
prende, por un lado, la llamada ortogra­ generoso de esta clase de letra, el espa­
fía técnica, que se ocupa de las reglas de ñol la utiliza con mucho menor frecuen­
alfabetización, la confección de biblio­ cia. Por consiguiente, no es extraño que
grafías, las citas bibliográficas, y, por en algunos casos el uso de ciertas ma­
otro, la ortografía tipográfica u ortotipo- yúsculas en español obedezca a copia
grafla, que enseña la utilización de los de usos ingleses, impropios de la orto­
distintos tipos de letra (fina, cursiva, ne­ grafía de nuestra lengua, y no a usos
grita, versalita y las com binaciones de normales del español. Por ejemplo, se
unas y otras), los cuadros, notas, índices comete anglicism o ortográfico ai utili­
y cronologías, la estética bibliológica y la zar la inicial mayúscula en los siguien­
tipográfica (v. § 1). tes casos:

1) en los sustantivos comunes y adje­


2. Extranjerism os ortográficos tivos que forman parte de un títu­
lo, sea de obra (como el de un li­
Los extranjerism os ortográficos son bro, de obra musical o pictórica) o
las grafías pertenecientes a otras lenguas de parte de obra (como un artículo
utilizadas en la nuestra. de periódico, un capítulo en un li­

136
extranjerismos ortográficos

bro, un trabajo en una publicación vez más adecuada: los setenta, los años
y otros): setenta. Mundial 80. Expo 92.

*FJ Ingenioso Hidalgo Don Quijote de tu 4. L a p u n t u a c i ó n d e l a s c a n t i d a ­


Mancha d e s . Son anglicismos ortográficos, en lo
*<«CI Vuelo de la Paloma Mensajera»
•«Análisis de los Depuradores».
que respecta a las cantidades, los siguien­
tes usos:
La grada correcta en español es la
siguiente: 1) el empleo de coma para señalar los
miles: 12,428, en lugar de utilizar
El ingenioso hidalgo don Quijote de la el espacio fino: 12 428 (v. c a n t i ­
Mancha d a d e s , § 2.10 ss.);
«El vuelo de la paloma mensajera» 2) el empleo de punto decimal en lu­
«Análisis de los depuradores»;
gar de coma decimal; por ejem ­
plo, la grafía inglesa 12,428.35
2) en algunos casos en que en espa­
debe escribirse 12 428,35.
ñol se escribe minúscula, como los
días de la semana, los nombres de
5. L a n u m e r a c i ó n d e a p a r t a d o s y
los meses, las estaciones del año,
p á r r a f o s . En este aspecto, es anglicis­
los gentilicios, los nom bres de
mo ortográfico:
miembros de religiones, etcétera,
que en inglés suelen escribirse con
1) encerrar entre paréntesis las letras
inicial mayúscula.
o cifras con que se numeran los
apartados o los párrafos; por ejem ­
2. E l p l u r a l d e l a s s i g l a s . Se con­
plo, (!) la utilización...; (a) el cie­
sidera anglicismo ortográfico la indica­
rre..., grafías que en español se es­
ción del plural de las siglas mediante la
criben sin el paréntesis de apertu­
adición de una s (precedida o no de após­
ra, como se ha visto en esta sec­
trofo) a la sigla; por ejemplo,
ción;
las o n c .s , los oi:<;s, las o n g ’s , los d k . 's ,
2) numerar con cifras romanas escri­
tas con minúsculas los apartados
en vez de pluralizarlas mediante el de­ de un párrafo; por ejemplo, (i) la
terminante: utilización...; (ii) el cierre... En es­
pañol debe sustituirse ese sistema
las ONG, lo s DEC. por el que corresponda en el con­
junto, normalmente letras minús­
3. L a e s c r i t u r a d e l a s d é c a d a s y culas cursivas o cifras arábigas, en
Es anglicismo ortográfico es­
lo s a ñ o s. ambos casos seguidas de parénte­
cribir los nombres de las décadas con sis de cierre en redondo: a) la uti­
cifra seguida de s , como en los 70s, los lización. 1) el cierre...;
años 70s, o bien en indicarlas con la 3) es asimismo anglicismo ortográfi­
cifra precedida de apóstrofo: los '70, los co el empleo de esta misma nume­
años ’70. Este anglicismo se da también ración, con cifras romanas en mi­
en otras expresiones, como Mundial '80, núsculas, empleada en los folios
Expo '92. En todos estos casos la grafía prológales de un libro, así como
española prescinde de la s y del após­ su reflejo en otra fuente o en otro
trofo, o lo expresa de otra manera, tal lugar de la misma obra; por ejem-

137
la ortotipografía

pío, véanse las páginas xiii a xviii; g ü istica ocupa una posición m uy a m ­
b ig ua en la cultura del gran público.»
en español, las folios prológales se
graflan con cifras romanas en ver­
« D e sp u é s de m edio siglo de c re c im ie n ­
salitas, y así se reflejan también to -d ic e G eorges M ounin-, la ling ü ís­
cuando se citan: véanse las pági­ tica ocupa una posición m uy am bigua
nas xw a xvm. en la cultura del gran público.»

6. E l USO DE LA RAYA Y EL M ENOS. 7. E l u s o d e l a s c o m i l l a s . En re­


La raya (— ) y el menos (-) pueden dar lación con el uso de las comillas, son
lugar a varios tipos de anglicismos. En anglicismos ortográficos
este sentido, lo son los siguientes:
1) la utilización de comillas inglesas
1) em plear el menos o la raya con (“ ”) en lugar de comillas latinas
valor de signos de puntuación, (« ») en las citas; por ejemplo: Se
como pueden ser los dos puntos, dice en el Quijote: “En un lugar
la coma o los puntos suspensivos, de la Mancha...” en vez de Se dice
según los casos; por ejemplo, las en el Quijote: «En un lugar de la
enfermedades cardiacas —arrit­ Mancha...»;
mia, infarto, etcétera, caso en el 2) el cierre de comillas y su apertura
que estos signos deben sustituirse posterior para introducir un inciso
por dos puntos: las enfermedades en una cita; por ejemplo: «La co­
cardiacas: arritmia, infarto, etcé­ secha», dijo el ministro, «se pre­
tera; en otras ocasiones la sustitu­ senta muy prometedora»; en espa­
ción habrá de ser por otro signo ñol, estas intervenciones del redac­
que resulte más apropiado; tor o escritor se incluyen entre m e­
2) utilizar estos signos, cuando se em ­ nos o rayas: «La cosecha —dijo el
plean con valor incidental, sin es­ ministro— se presenta prometedo­
pacio alguno o bien entre espacios. ra»;
Por ejemplo: 3) la colocación de la coma antes de
cerrar comillas:
«Después de medio siglo de crecimien­
to—dice Georges Mounin —, la lingüis­
«El recto r propuso la reform a,» que se
tica ocupa una posición muy ambigua
llevó a cabo.
en la cultura del gran público.»

«Después de medio siglo de crecimiento En español, los signos de puntua­


- dice Georges Mounin la lingüisti­ ción se colocan después de las co­
ca ocupa una posición muy ambigua
millas (los signos de entonación,
en la cultura del gran público.»
es decir, la exclamación y la inte­
La forma española de com poner rrogación, podrán colocarse antes
estos textos consiste en colocar an­ o después de las comillas de cie­
tes de la primera raya o menos y rre según el caso concreto de que
después de la segunda (o de su se trate).
puntuación) el espacio que corres­
ponda a la línea: 8. E m p l e o d e l a c o m a . Es anglicis­
mo ortográfico:
«D espués de m edio siglo de crecim ien­
to — dice Georges M ounin— , la lin­ 1) sustituir los dos puntos (:) por co-

138
nía (,) en los encabezamientos y No
escribir, por ejemplo,
por
Q u erid o am igo,
D istinguida señora,
n.°

en lugar de o, mejor,

núm.
Q u erid o am igo:
D istinguida señora:
2) escribir sin punto ni espacio las
Si el texto que sigue comienza con abreviaturas del prenombre en bi­
minúscula, es asimismo anglicis­ bliografías y empleos semejantes,
mo ortográfico, por cuanto en es­ como Sánchez, JM.
pañol debe comenzar con mayús­
cula: 10. La c o n s t r u c c ió n d e l d iá l o g o .
Es anglicismo ortográfico construir los
Q uerido am igo, diálogos encerrando entre com illas cada
solo dos letras para d ecirte que...
parlamento:
D istinguida señora,
le escribo la presente para com unicarle...
«Se han llevado cuanto teníam os», dijo
Jean. «¿Qué haremos ahora?»

en lugar de
En español se escribe:
Q uerido am igo:
— Se han llevado cuanto teníamos — dijo
Solo dos letras para d ecirte que...
Jean— . ¿Qué haremos ahora?
D istinguida señora:
Le escrib o la presente para c o m u n ic ar­
le... 2 .2 .2 . A n g l ic is m o s t i p o g r á f i c o s

2) separar con coma dos unidades ad­ En el cam po de la tipografía se apli­


ministrativas de distinta dimensión can a veces soluciones que no se corres­
cuando una depende de la otra: ponden con las habituales en la tipogra­
fía española.
En El R osal, Pontevedra, se cría un vino
albariño muy apreciado, I. O m is ió n d e l a s a n g r í a . Tiene la
tipografía anglosajona, en general, la
en lugar de encerrar entre parénte­ costumbre de eliminar la sangría del pri­
sis la unidad mayor: mer párrafo de un escrito o el que va
después de título o subtítulo cuando se
En El Rosal (Pontevedra) se cria un vino
albariño m uy apreciado.
ha elegido el párrafo ordinario, es decir,
el que comienza siempre con sangría.
9. G r a f ía d e l a s a b r e v i a t u r a s . Es Por ejemplo:
anglicismo ortográfico:
Se da el nombre de barbarismos ortográficos a
las grafías extrañas al español que circulan en
1) escribir las abreviaturas sin punto él en palabras no generadas en nuestra lengua.
abreviativo y con mayúscula si le Por ejemplo, astrakán o astracán por as-
corresponde minúscula: traján, que sería la trasliteración más ajustada

139
la ortotipografía

al nombre del topónimo ruso del que se deri­ astraján. que sería la trasliteración más ajus­
va el de la piel de cordero nonato. tada al nombre del topónimo ruso del que se
deriva el de la piel de cordero nonato. Emi­
Esa costumbre ha sido copiada por la lio Lorenzo asegura que...
tipografía española en algunos casos (por
La costumbre es tan antiestética y tan
ejemplo, la pone en práctica el diario El
perturbadora de la regularidad del espa­
País),, pero no está justificada y debería
ciado, que no se entiende cóm o alguien
evitarse.
puede copiarla. A pesar de lo cual, en
España se ha empleado esta modalidad
2 . U t i l i z a c i ó n d e l a v e r s a l it a e n
de espaciado alguna vez, obviamente por
LAS PRIMERAS PALABRAS DEL PRIMER
copia del antiestético uso anglosajón.
p a r r a f o . Otra costumbre anglosajona,
asimismo copiada por el diario El País
4. L a s l l a m a d a s d e n o t a . Se con­
y puesta en práctica en sus páginas (por
sidera anglicismo tipográfico la indica­
ejemplo, en los editoriales), consiste en
ción de la llamada de nota con signos
grafiar con versalitas las dos o tres pri­
com o el párrafo (§), el antígrafo (H), la
meras palabras del primer párrafo de un
cruz u óbolo (f), la cruz doble ({), etcé­
artículo, capítulo, parte, etcétera. Por
tera; en español, estas llamadas se ha­
ejemplo,
cen norm alm ente con cifras arábigas
Se da el nombre de barbaríamos ortográficos a voladitas.
las grafías extrañas a) español que circulan en
él en palabras no generadas en nuestra lengua.
Por e je m p lo , astrakán o astracán por 2.3. Galicismos ortotipográficos
astraján, que sería la trasliteración más ajus­
tada al nombre del topónimo ruso del que se
deriva el de la piel de cordero nonato. Los galicismos ortotipográficos son
los usos y costumbres ortográficos y ti­
Esta forma de destacar el com ienzo de pográficos del francés utilizados en es­
un trabajo, capítulo, parte, etcétera, ca­ pañol. Su influencia en el español ac­
rece de sentido y no contribuye a desta­ tual es muy inferior a la que ejerce el
carlo ni a aum entar su legibilidad ni su inglés.
estética, si alguna tuviera la tipografía
del texto. Es m ás bien una decisión in­
justificada que a nada conduce y que 2.3.1. G a l i c i s m o s o r t o g r á f ic o s

ningún efecto tiene.


El caso más importante es el de co­
3. E m p l e o de un c u a d r a t ín d es­ piar las grafías minúsculas del francés
pu és d e u np u n t o y s e g u i d o . E s este
en sustantivos y adjetivos del nombre o
uno de los más enojosos anglicism os ti­ titulo de una entidad o institución. Por
pográficos. Consiste en colocar el blan­ ejemplo, en francés se escribe
co de cuadratín después de punto y se­ Front de libération nationale du Tchad
guido, lo que contribuye a desequilibrar Muséum d ’histoire naturelle
el conjunto espacial de la página. Por Commission européenne
ejemplo: Nations unies,

Se da el nombre de barbarismos ortográficos mientras que en español se escribe


a las grafías extrañas al español que circulan
en él en palabras no generadas en nuestra Frente de Liberación Nacional del Chad
lengua. Por ejem plo, astrakán o astracán por Museo de Historia Natural

140
el fetichismo de la letra

C om isión Europea barbarismos ortográficos al hablar de


N aciones U nidas, estos fenómenos). La escritura científi­
ca o técnica no está reñida con la exac­
con inicial mayúscula en sustantivos y
titud en la grafía según nuestras propias
adjetivos.
reglas.

2 .3 .2 . G a l i c i s m o s t ip o g r á f ic o s
3. El fetichism o de la le tra
El hecho histórico de que la tipogra­
3.1. Conservadurismo ortográfico
fía francesa haya influido secularmente
en la española explica que en nuestro
Hablamos de conservadurismo orto­
idioma se descubran menos galicismos
gráfico para referirnos a la tendencia a
que anglicismos se descubren actualmen­
conservar todos los elem entos gráficos
te. Sin embargo, algunos hay, como, por
que forman parte de un estadio de la
ejemplo, colocar un espacio fino (anti­
grafía de la lengua, aunque actualmente
guamente de un punto aproximadamen­
su realización fonética se haya perdido
te) entre los signos de puntuación y al­
o aminorado. Por ejemplo, hay personas
gunos otros (como las com illas latinas o
que gustan de escribir subscripto, subs­
las rayas) y el texto al que se juntan:
cripción, subsc riptor, transcripto, septiem­
« ¿ Se da el nom bre de — barbarismos orto­
bre, obscuro, substancia, transporte, p si­
gráficos — a las g rafías extrañas al español cología, gnomo, mnemotécnico, postope­
que circulan en él en p alab ras no generadas ratorio, reemplazo, reembolso, reencuen­
en nuestra lengua ? » tro, cerebroespinal y otras formas com­
plejas en lugar de, respectivamente, sus­
En español, todos estos signos, simples crito, suscrición (o suscripción), suscri-
o dobles, se pegan a la palabra a la que tor (o suscripto/·), trascrito, setiembre,
afectan: oscuro, sustancia, trasporte, sicología,
nomo, nemotécnico, posoperatorio, rem­
«¿Se da el nom bre de - barbarismos ortográ­
plazo, rembolso, rencuentro, cerebros-
ficos -— a las g rafías ex trañ as al español que
circulan en él en p alab ras no gen erad as en piñal. Como era de esperar, tal tenden­
nuestra lengua?» cia se da tanto más cuanto más culta, en
general, es la persona. Por su influencia,
los escritores noveles tienen tendencia a
2 .4 . El barbarism o ortográfico utilizar toda la parafernalia de signos que
la ortografía permita con tal de parecer­
Se da el nombre de barbañsm o orto­ se, cuando menos en la forma, a los es­
gráfico a las grafías extrañas al español critores consagrados.
que circulan en él en palabras no gene­ La Academia, remisa com o es a los
radas en nuestra lengua, como astrakán grandes cambios, va dando, con todo,
o astracán por astraján, que sería la cortos pasitos en la dirección de la sim­
trasliteración más ajustada al nombre del plificación ortográfica. Por ejemplo, en
topónimo ruso del que se deriva el de la la edición del Diccionario de 1992 deci­
piel de cordero nonato, Astraján; CJie- dió sim plificar el grupo culto -bs- en -s-
khov por Chéjof; Tchaikowsk)>por Chai- y en la Ortografía de 1999 hizo lo pro­
kovski; Pouchkine por Puchkin (v. E. Lo­ pio con el grupo -st-, que ahora puede
renzo, 1980, 106, quien usa el sintagma sim plificarse en -s-. Como era de espe­

141
la ortotipografía

rar, los escritores cultos la han seguido que es la misma grafía que acera, solo
y ahora escriben tranquilamente oscuro que con h inicial. Jamás he visto usada
y sustancia, cuando hace poco mas de la grafía hacera, pero sigue en el d r a e 92
cinco años escribían solo obscuro y subs­ y en su correspondiente entrada no dice
tancia. (Se supone que, sobre todo los que sea una grafía arcaica. La escritura
m édicos, adoptarán la sim plificación de científica debería preferir las formas más
-st- en -s- y escribirán posoperatorio en simples y las grafías que responden me­
lugar de postoperatorio.) A esto, Angel jor, según la tradición ortográfica espa­
Rosenblat lo llamó en 1963 fetichismo ñola, a los sonidos que representan; por
de la letra, es decir, tendencia a la con­ ejemplo, si entre harmonía y armonía
servación de las letras aunque no cum ­ debe elegirse la segunda porque la h no
plan ninguna función. Naturalmente, es suena, entre pagel y pajel debe elegirse
a las personas cultas a quienes compete también la segunda porque el sonido ve­
la decisión de utilizar una escritura rea­ lar sordo se representa mejor con la j
lista, que no emplee más signos de los que con la g, y entre chabola y chavola,
que precisa para que las palabras se lean la primera, puesto que la v suena como
tal com o ellas son. la /> en español (y si suena como la b. lo
lógico es representarlo con ella). Cientí­
ficamente, la utilización de las formas
3 .2 . Alternancias grafemáticas que se han desechado carece de explica­
ción, puesto que también en el campo
Las alternancias grafemáticas, varian­ de la ortografía puede introducirse algo
tes ortográficas o alografias afectan a de homogeneidad y coherencia.
las palabras que pueden representarse
con dos o más grafías, correctas todas
ellas, puesto que están registradas en el 3 .3 . Neografisntos
Diccionario de la Academia. Es el caso,
por ejemplo, de las grafías de los gru­ Llamamos neograjismos a los cam ­
pos consonánticos y vocálicos cultos de bios ortográficos que puede experimen­
que se ha hablado en el párrafo anterior. tar una palabra sin que afecten a la pro­
Pero lo es tam bién de palabras cuya nunciación. Cuando una palabra pueda
grafía alterna con otra distinta, de las escribirse de dos o más formas, debe
cuales generalm ente se prefiere una. elegirse la que se avenga mejor con las
También aquí interviene el conservadu­ tendencias del español, como se ha ex­
rismo ortográfico o fetichismo de la le­ plicado en el párrafo anterior.
tra, ya que muchas personas tienen ten­ Cuando una palabra pueda escribirse
dencia a elegir aquellas grafías que ofre­ en un térm ino o en más de uno, debe
cen mayor com plejidad (¿acaso para pa­ tenderse a escribirlo en uno, ya que ello
recer más cultas?). Por ejem plo, preferi­ sim plifica el lenguaje escrito y elimina
rán escribir harmonía, hannonioso y to­ dudas acerca de cuál de las grafías se
das las formas de la misma familia con debe utilizar. Por ejemplo, entre aprisa
esa h que no suena antes que las formas y a prisa, bajorrelieve y bajo relieve,
sin ella, com o armonía, armonioso, pese camposanto y campo santo, cortocircui­
a que la Academia prefiere estas a aque­ to y corto circuito, deprisa y de prisa,
llas. Hay en el Diccionario de la Acade­ enseguida y en seguida, ¡adiós! y ¡a
mia infinidad de palabras de estas ca­ Dios! y otros casos semejantes deben
racterísticas, como, entre otras, hacera, elegirse las primeras formas.

142
C u a d r o 2. G r u p o s c u lto s c o n s o n á n tic o s y v o c á lic o s

1. Grupos consonánticos considerarse correctas. De las duda de que son c o rre c ta s,


que em piezan p o r psico- no p t- : a p a re c e en las p a la b ra s
1.1. G r upo s in ic ia i e s o fre c e a lte rn a n c ia para las pterodáctilo y ptosis. N in g u ­
form as psico·, psicoanalista, na de las dos tiene sim p lifi­
e n -: a p arec e en las p a la b ra s psicoanalitico y psicoana- cación, pero las form as tero-
cneoráceo y cnidario. La lizar (pese a que adm ite sico­ dáctilo y tosis deberían c o n ­
A cadem ia adm ite la simpli* análisis), psicagogia, psicas­ siderarse adm isibles.
ficación en n- en neoráceo, tenia, psicasténico, psicodé-
pero no en nidario. form a que lico, psicodrama, psicofárma-
sin duda tam bién es adm isi­ co, psicojisico (pero sí sicofí­ 1 .2 . G r u p o s in t e r m e d io s
ble. sica), psicogénico. psicógeno,
g n -: a p arec e en las p a la b ra s psicokinesia, psicómetra, psi - -b s -: aparece en palabras com o
gneis, gnéisico, gnetáceo. cometria, psicopático (pero sí obscuro. substancia, substra­
gnomo, gnomon, gnomónica. sicópata y sicopatía), psico- to, subscripción, substituir,
gnomon ico, gnoseología. patologi a, psicopedagog ia. substraer y otras. D esde la
gnoseoiógico. gnosis. gnosti­ psicopedagógico. psicoquine- edición del d r a e 9 2 , la A c a ­
cismo y gnóstico. La A cad e­ sia. psicosomático, psicotec - d em ia se ha inclinado por la
mia adm ite la sim p lificació n nia, psicotécnico. psicotc- a d o p c ió n p re fe re n te d e las
en w- m enos en gnoseotogia, rapeuta, p.sicoterapétitica y form as que sustituyen el g ru ­
gnoseoiógico y gnosis, cuyas psicoterápico (p ero sí sico­ po - bs- por -s-, y p re fie re las
form as sim p lificad as noseo- terapia). C om o se ve, la a p li­ fo r m a s oscuro, sustancia,
logia. noseológico y nosis no cación del c riterio acad ém i­ sustrato, suscripción, susti­
registra, pero deb en co n sid e­ c o en este g ru p o es su m a ­ tuir, sustraer. Hay algunas vo­
rarse a sim ism o fo rm as c o ­ m ente irreg u lar y d eso rd en a­ ces que carecen de a lte rn a n ­
rrectas. da; es lógico adm itir que tam ­ cia, com o absceso„ abscisa,
m n-: ap arece en las palab ras bién son co rrectas, aunque no abstención, abstener, abstrac­
mnemónica, mnemónica, las registre, las form as sico-, ción, abstraer, abstruso, obs­
mnemotecnia, mnemotécnica sicoanalista. sicoanalitico , cenidad, obsceno, obstetricia,
y mnemotécnica. La A cad e­ si coanal iza r, si cagogi a , obstinación, obstinado, obs­
m ia perm ite la sim p lificació n sicastenia. sicas fénico, sico- tinarse. obstrucción, obstruc­
en /i- m enos, ex trañ am en te, délico. sicodrama. sic o - cionismo, obstructor, obstruir
en mnemónico; no cabe duda fármaco, sicojísico. sicogé- y otras.
de que la form a nemónica es nico, sicógeno, sicokinesia, - n s - : a p arec e en p a la b ra s q u e
tam bién correcta. sicómetra, sicometría, sico - c om ienzan con ins-, cons- y
ps-: a p arec e en las p a la b ra s pático, sicopatologia, sicope- trans-, pero la A cadem ia solo
pseudo-, pseudologia, psi, dagogia, sicopedagógico, si- a dm ite alternancias en las del
psicagogia. psicastenia, psi - coquinesia, sicosomático, si- g ru p o trans-. Aun así, la a c ­
casténico. psico- (y todos los cotecnia, sictécnico, sicotera- tuación académ ica en relación
com puestos con este p refijo peuta, sicoterapéutica y sico­ con este grupo es m uy c o m ­
que sig n ifica «alm a», «acti­ terapico. De las voces que si­ plicada; por ejem plo, hay una
v id a d m e n ta l» ), psitácida, guen a las iniciadas con psi­ serie de palabras que solo a d ­
psitaciform e, psitacism o, co·, la A cadem ia no adm ite m ite n la g r a f ía c o n tras-,
psitacosis y psoriasis. La altern an cia para psitaciforme c o m o trasaltar, trascabo y
A cadem ia so lo adm ite, con y psoriasis, pero las form as otras; palabras que solo se es­
pseudo-. la voz pseudologia. sitaciforme y soriasis deben criben con tmns-. com o trans-
y las restantes, con seudo-. co n sid erarse correctas. Q u e­ gangético, translimitación y
con la extraña decisión de no dan todavía p or analizar las otras; finalm ente, hay un g ru ­
registrar la form a seudologia. form as en que psico - cam bia po de palabras que pueden «s-
De las q u e e m p ie z a n con a psiqu-, g ru p o en el q u e cribirse con trans- o con tras-,
psic·. no adm ite alternancia ad m ite las p a la b ra s psique, pero con preferencias m uy d i­
para psicagogia. psicastenia. psiquiatra, psiquiatría, psi­ sim iles; por ejem plo, p re fie ­
psicasténico; es decir, que la quiátrico, psíquico y psiquis; re tras- en trascendencia (y
A cadem ia no registra las for­ de estas voces, las form as si- d erivados), traslación (y d e ­
mas sicagogia. sicastenia. si - que y siquis no tienen reg is­ rivados, pero no adm ite trans-
casténico. que tam bién deben tro académ ico, pero no cabe laclar), trasluciente, traslucir-

143
la orlotipografía

se. traspuesta, traspuesto (p e ­ dartes no e stá n re g istra d a s arbi tram ien to/arbi tram ento. y
ro p re fie re transponer a tras­ po r la A cadem ia. en otras, com o incitamiento,
poner); p re fie re trans- en v o ­ ~ae>: las p alab ras en q u e se da cornijamiento y cornisamien­
c es co m o transalpino, tran­ e ste e n c u e n tr o d e v o c a le s to no m u estra preferencias.
sandino, transbordar, trans­ suelen m an ten er el g ru p o ín­ Agravam ento ‘a g ra v io * y
bordo y o tras. Esta in seg u ri­ tegro, sin sim p lific a c ió n ; se agravam iento 'a c c i ó n de
dad a la h o ra de e sta b le c e r un e s c rib e , p u e s , anaeróbico, a g ra v ar(se)’ tienen sig n ific a ­
criterio lleva a a lg u n a s p crso - anaembio. anaerobiosis. guar­ dos distintos.
n a s 'a co lo c ar una n en p a la ­ da espaIdas, quintaesencia, -o a -: en general en este grupo
bras que n u n ca la han llevado infraestructura, portaestan­ se m antienen am bas vocales,
y que la A cad em ia re g istra sin darte y o tras sem ejan tes. com o en centroasiático, cen­
ella, co m o * transplante, for­ -a i-: solo ap arece sim p lific a d o troamericano. ps ¡coanálisis/
m a in co rrecta p o r trasplante . en quítaipón/quitapón, pero sicoanálisis, tro mboangi tis.
se m antiene en las restantes, autoaglomeración, autoaler-
com o guardainjante. gia y o tra s; sin e m b a rg o , la
2. Grupos vocálicos -a o -: no tien e a lte rn a n c ia s ni A cadem ia adm ite la alternan-
e x p erim e n ta s im p lific a c ió n ; c ia euroasiático/eurasiático.
2.1. Los GRUPOS VOCÁLICOS se escribe, pues, escarbaore- con preferencia po r la sim pli­
MÁS IMPORTANTES jas. infraorbitario, portaob­ ficación, y no hay alternancia
jeto. para radiactividad y radiac­
-a a -: aparece, sin a lte rn a n cia s, -c a -: se da e sp e c ia lm e n te en tivo; las fo rm as radioactivi>
en las siguientes p alabras: ca­ p alab ras c o m p u e sta s con so­ dad y radioactivo no e stán
gaaceite. contraamura. con­ bre-. en las que se m an tie­ registradas por la A cadem ia,
traaproches. contraarmadura, nen las d o s v o cales, co m o en -o e -: en los c o m p u e sto s cuyo
contraarmiños, contraatacar, sobreabundancia, sobreabun­ p rc c o m p o n c n tc te rm in a en
contraataguía, contraataque, dar, sobreaguar, sobreagudo, -o y el p oscom ponente em ­
contraaviso, falsaat madura, sobrealimentación, sobreali­ pieza con e- seguida de j y
portaalmizcle, portaaviones, mentar. sobrealzar, sobreaña­ otra c onsonante, ia A cadem ia
tragaavemarías, yaacabó. La dir, sobrearar, sobrearco, so­ p refiere la sim p lificació n en
A cadem ia re c tific ó la g rafía breasada. sobreasar, de las la m ayor parte de las pala­
cenaaoscuras p o r cena- cuales solo ad m ite s im p lifi­ bras, com o arterioesclerosis'
oscuras, m ás ló g ic a , en la c ac ió n en sobreasada, q ue arterioscletvsis. checoeslova­
edición de 1992 del D ic cio ­ ta m b ié n se p u e d e e s c rib ir co/checoslovaco. electroes-
nario, y re g istra so lo guar­ sobrasada (fo rm a p referida). tricción/electrostricción. yu­
da migo en vez del guarda- Por lo que resp ecta a sobrea­ goeslavo/yugoslavo; sin em ­
amigo de o tras fuentes. Este sar y sobrasar, tienen sig n i­ b a rg o , no a p lic a el m ism o
tipo de p alab ras su ele p re sen ­ ficad o s d istin to s. Para sota­ crite rio a aeroespacial. cere­
tar graves p ro b le m a s p ara su ventearse tam b ién ad m ite so­ broespinal. endoesqueleto.
sim p lificació n ; de h echo, en taventarse (fo rm a p referida), derm atoes q u eleto , n e uro -
m uchas de e llas las do s aes -ci-: en este g ru p o reg istra la esqueleto, homoestático. ra­
perm an ecen en la p ro n u n c ia ­ A c ad e m ia correveidile/co­ dioescucha y otras, que sería
ción, por lo que es ló g ico que rrevedile. jideicomiso/Jideco- preferible sim p lific a r, com o
a p a r e z c a n ta m b ié n e n la miso (p e ro so lo fideicom i­ re c o m ie n d a n a u to re s com o
grafía. De h e ch o , la A cad e­ sario y fideicomitente), con Ju lio C a sa re s (1 9 5 2 , 52) y
m ia solo a d m ite la sim p lifi­ preferen cia p o r el g ru p o -ei-, Pío Font Q uer (1953, xx). Así
c a c ió n e n contralm irante. y caleidoscopio/calidoscopio. pues, en este g ru p o en que
O tras fu e n te s se m a n tie n en con p referen cia p o r la su p re ­ se da la coin cid en cia de es a
fieles a las g ra fía s aca d é m i­ sión de la e. prin cip io del segu n d o com ­
cas; El País y El Mundo. por -íe -: en este g ru p o tien e la A ca­ ponente, cabe ir d irectam en­
ejem plo, reco m ie n d an e sc ri­ d em ia g ra n in seg u rid a d ; en te a la sim p lific a c ió n sin ex­
bir portaaviones, con re c h a ­ unos casos p re fie re m an ten er cesivas dudas. En otros ca­
zo explícito de la g rafía por- el g ru p o , com o en adiestrar, sos tal vez sea m ejo r m os­
taviones. O tras v o ces, com o compartimiento, coronamien­ tr a r s e a lg o c o n s e r v a d o r ,
chupaalcuzas, contraacusa­ to, diezmar, encantamiento com o sucede con com pues­
ción. contraanálisis, corta­ (en las que se p u ed e su p ri­ to s c o m o aeroelasticidad,
alambres, extraacadémico. m ir la i); en o tras p re fie re la aeroelectrónica y otros.
intraatómico o portaestan­ sim p lificació n en -e-. com o -o i-: en este g ru p o , la A cadem ia

144
los grupos cultos

prefiere la sim p lificació n en to re s y tra d u c to re s esc rib e n m a n te n e r -ue-: am oblar/


ternuñónico/icnnionico, pero radioopaco. amueblar, bonazo/buenazo,
no en otros co m p u esto s com o -n a -: en las palabras cualifica­ des a m obla r/desa m ueblar,
gastrointestinal. do, cualificar y cuasi, la A ca­ dormivela/duermevela, porto­
-oo-: en los c o m p u e sto s cuyo dem ia prefiere p rescin d ir de rriq u eñ o /p u erto rriq u eñ o ,
p rim er e le m e n to te rm in a en la u (au n q u e calificar tiene desosar/deshuesar; en por-
-o y el segundo com ienza con a c e p c io n e s q u e no le so n tczuela/puertezuela y porte-
la m ism a letra existe tenden­ aplicables a cualificar), pero zuelo/puertezuelo no e sta b le ­
cia general al m antenim iento p re fie re m a n te n erla en tri­ ce preferencias; engmsar/en-
del gru p o co m p lejo , especial­ bual (donde debería o p tar por gruesar y rodero/ruedero tie ­
m ente en los q u e c o m ie n za n la form a tribal, m ucho más nen significados distintos. En
con auto·, co-, ntiav-, piv- y u tilizad a). las voces bonísimo, boyada,
psico-/sico·, co m o autoobser- -u c -: la A cadem ia p refiere la boyero, grosísimo, fortisimo,
vación, cooperar, microomla, su stitu ció n de ue p o r o en poblada, entre otras, no a d ­
prooccidcntal, psicoorgá n i- abuñuelado/ahuñolado. abu­ m ite a lte rn a n c ia s c o n -ue-,
co'sicoorgánico. La A c ad e ­ ñuelar/abuñolar. barcoluen- pero deben c o n sid e ra rse c o ­
mia s im p lific a el g ru p o , sin go/barcoiongo. bueyuno/bo- rrectas, com o a d v ierte el D ic­
altern an cias, en autómnibus, yuno, cigueñal/cigoñal. ci- c io n a rio de 1992 (p. x x n ):
decimoctavo, claroscuro, ra­ giieñuela/cigoñuela, cuerde- «el D iccionario in c lu y e los
dioyente, que so escriben con zuelak'ordezurla. cuerezuelo/ su p erlativ o s bonísimo, pul·
una so la o. En c o m p u e sto s corezuelo, cuernezueto/cor- quérrimo y paupérrimo por
form ados con o íro s precom - nezuelo (instrum ento), duela - ser irregulares, p e ro no bue-
ponentes se tiene tendencia a je/dolajc. encluecar/ettclocar. nísimo, pulcrísimo y pobrísi-
la s im p lific a c ió n , c o m o en encuevar/encovar, engruesar/ mo, que son los regulares y
centroriental. centroceánico, engrosar, fucntezuela/fonte- tam bién c o rrectos».
medioriental, germanocci- zuela, fuerteruelo/fortezuelo, -no-: la A cadem ia p re fie re la
dental, germ anoriental y m ucblajc/mohlaje, muestra - sim plificación en cuotidiano/
o tro s; ig u a lm e n te , en o b ra s rio/mostrarlo, vuelapié/vo­ cotidiano y m a ntiene el g ru ­
de m e d ic in a se p re fie re ra- lapié. Por el contrario, en los po en secuoya/secoya y espi­
diopaco. aunque algunos au ­ sig u ien tes vocablos p re fie re rituoso/espiritoso.

4. Los grupos cultos 4.2. Los grupos vocálicos

4.1. Los grupos consonanticos Los grupos cultos vocálicos son gra­
das en las que aparecen dos o más vo­
Los grupos cultos consonanticos son cales que a veces se sim plifican en un
grafías en las que aparecen uno o más solo grafema en el lenguaje ordinario. A
grafemas tautosilábicos que generalmen­ diferencia de los grupos cultos conso­
te en el lenguaje ordinario se sim plifi­ nanticos, que muestran una clara tenden­
can en uno solo de tales grafemas. Al­ cia a la sim plificación en la mayor parte
gunos de estos grupos son iniciales, apa­ de los casos, los grupos cultos vocálicos
recen al comienzo de la palabra, y otros son mucho más conservadores. La nor­
son intermedios, aparecen en el interior ma general debe ser la de sim plificar
de la palabra (v. c. 2-1). El mantenimien­ siempre que sea posible y el lenguaje
to de dichos grupos en la grafía, sin re­ estándar lo acepte. Ha de tenerse en
ducción a un solo grafema, el predomi­ cuenta que este tipo de reducciones so­
nante en la fonética, es una muestra de lamente pueden reí izarse en voces com ­
conservadurismo ortográfico, porque en puestas con un precomponcnte term ina­
la pronunciación ordinaria, no intencio­ do en vocal y un poscomponente inicia­
nada, difícilmente aparecen íntegros la do por otra vocal, igual o distinta. En
inmensa mayoría de ellos. algunos casos una de las dos vocales se

145
la ortotipografía

pronuncia con preferencia a la otra, y si con menos palabras de las que normal­
son iguales, su valor fonético disminuye mente los forman. Por ejemplo, cuando
(v. c. 2-2). hablamos de De Gaulle nos referimos a
un general francés que se llamaba Char­
les de G aulle; cuando m encionam os
5. La abreviación Mali nos referimos a un Estado africano
en el len g u aje escrito cuyo nombre oficial es República de
Mali; cuando escribimos eua abreviamos
5.1. E l em pleo de abreviaciones el nombre completo de un pais que se
llama Estados Unidos de América; cuan­
Es frecuente la tendencia del escritor do utilizamos υεο abreviamos el nom­
a utilizar formas abreviativas mientras bre completo de una organización que
va tomando apuntes de aspectos de di­ se denomina Unión Europea Occiden­
versas fuentes, apuntes que le van a ser tal; cuando escribimos «el citado minis­
útiles a la hora de redactar su trabajo. terio» nos referimos a uno que acaba­
Esas formas abreviativas deben ser de­ mos de mencionar, como, por ejemplo,
sarrolladas en el momento en que se em ­ el Ministerio de Educación y Cultura.
pieza a redactar el trabajo, a darle forma En todos estos casos, y aun en otros se­
definitiva. mejantes que en la práctica pueden pre­
En general, los trabajos científicos y sentarse, lo que hacemos es abreviar el
técnicos publicados o dispuestos para su sintagma que estamos utilizando porque
publicación no deberían llevar más que es demasiado extenso y lo vamos a em ­
las abreviaciones científicas y técnicas plear más de una vez. Autor y lector
que estén reconocidas o estandarizadas aceptan «de com ún acuerdo» que la
en el campo al que pertenece el destina­ grafía menos formal, abreviada por uno
tario para el que escribimos (normalmen­ u otro procedimiento, equivale a la for­
te, solo ciertas abreviaturas y los sím bo­ mal u oficial. Es una forma de abrevia­
los establecidos). Estas abreviaciones no ción correcta y admitida por el uso, pero
afectan a las palabras del lenguaje es­ debe hacerse de manera conveniente; por
tándar, no forman parte del desarrollo ejemplo, deberían tenerse en cuenta es­
del discurso, y cuando aparecen se es­ tas normas genéricas:
criben entre paréntesis, van después de
cifras o en cuadros o tablas. Hay otras — la primera vez que en una unidad
formas de abreviar, como la abreviación textual (capítulo, artículo, etcéte­
del sintagm a (v. § 5.2), que sí pueden ra) se cite un nombre de persona,
utilizarse en los trabajos científicos y de institución, de organización o
técnicos, mientras que formas abreviati­ lo que fuere, primero se menciona
vas com o las abreviaturas, los abrevia­ por entero (si es pertinente, segui­
mientos y otras no deberían aparecer en do del año de nacimiento y muerte
esos trabajos. A continuación se anali­ en el caso de las personas) y en
zan unos y otros. las menciones posteriores se utili­
za la forma abreviada;
— si se trata de una denominación que
5.2. Abreviación del sintagma tiene forma abreviativa (general­
mente sigla), se menciona primero
Se llama así a ciertas formas de pre­ por entero e inmediatamente des­
sentar algunas denom inaciones o títulos pués, entre paréntesis, la sigla, para

146
la abreviación en el lenguaje escrito

después utilizar esta en el texto tera pase a ocupar otra posición en la lí­
subsiguiente (v. § 5.3). nea, con lo cual debería devolvérsele su
grafía abreviada.
Si se cambia de unidad textual (por ejem­ Este problem a ha llevado a algunos
plo, de capítulo en un libro, de articulo diarios, como El Pais, a prohibir la utili­
en un periódico, de trabajo en una revis­ zación de la abreviatura etc. (obliga a uti­
ta), debe aplicarse la norma como si se lizar siempre la palabra escrita por ente­
tratase del inicio absoluto de un capítu­ ro, etcétera). Sin embargo, habría que pe­
lo, artículo, etcétera. Cuando la referen­ dir a los autores que restrinjan al máxi­
cia se haga con el nombre genérico de mo la utilización de la palabra y su abre­
la institución o entidad (como en el caso viatura; la lengua tiene otros recursos
del ministerio citado anteriormente), este para dar a entender que lo dicho no com ­
nombre genérico se escribe con minús­ prende la totalidad de lo que podríamos
cula, puesto que no estamos utilizando decir acerca de algo (en realidad, muchas
el nombre oficial o propio de la institu­ veces el etc. no oculta nada más que la
ción o entidad, sino el genérico (es in­ ignorancia en relación con lo que sigue:
dudable que el Ministerio de Educación se pone ctc. cuando no se sabe qué aña­
y Cultura es un ministerio). dir).
Los abreviamientos son fórmulas fa­
miliares, y por esta causa no deben apa­
5.3. Abreviaciones recer en los impresos formales, como
de palabras y sintagmas los escritos científicos y técnicos.
Los símbolos se usan cuando la nor­
Las palabras y sintagmas de un texto ma lo permita y tal y como esta lo esta­
se pueden abreviar mediante los proce­ blezca.
dimientos de la abreviatura, el abrevia­ Las siglas pueden ser de diversos ti­
miento, el símbolo y la sigla. En textos pos, y en algunos textos científicos o
ordinarios, la única abreviatura que se técnicos se abusa de ellas. La norma ge­
consiente es etc. ‘etcétera*; las restantes neral para este tipo de escritos es utili­
están prohibidas, salvo lo que se dice en zar el menor número de siglas, aunque
el apartado 5.1 anterior. Sin embargo, la sean especializadas, y nunca sin aclarar
abreviatura etc. es actualmente un verda­ cuál es su significado. Para ello puede
dero quebradero de cabeza. En efecto: optarse por mencionar primero el enun­
según una vieja regla ortotipográfica, se ciado y seguidamente, entre paréntesis,
prohíbe su aparición a principio de linea; la sigla, que será la que se use en el
esto hace que, cuando es así, el correc­ texto posterior, o bien mencionar la si­
tor tipográfico de turno, o el propio au­ gla, colocar entre paréntesis el enuncia­
tor o traductor, desarrollen su forma y la do (si es extranjero, seguido de la tra­
conviertan en etcétera, con todas sus le­ ducción española entre comillas simples,
tras, cada vez que aparece en esa posi­ sin coma intermedia) y usar la sigla en
ción. Sin embargo, con los modernos sis­ el texto posterior. Por lo demás, para
temas de composición, como la fotocom- mantener la estética de la página de tex­
posición o la autoedición, el texto es ab­ to, las siglas se com ponen con letras
solutamente incontrolable, y basta que se v e r s a l i t a s , no con MAYÚSCULAS, ya

elimine o se añada una coma para que que estas son mucho más espectaculares
todo el texto del párrafo afectado se re­ y contribuyen a destruir la regularidad
corra automáticamente y la palabra etcé­ visual del texto.

147
la ortotipografía

6. Los signos 2. S i g n o s o r t o g r á f ic o s a u x i l i a r e s .
Los signos ortográficos auxiliares com ­
Si bien son signos todos los caracte­ prenden una serie de signos que tienen
res que se emplean en tipografía para una determinada función ortográfica que
expresar el contenido de cualquier tex­ no es diacrítica ni sintagmática. A veces
to, se le da especialm ente ese nombre a afectan a una sola palabra, como el as­
cualquier dibujo o símbolo que repre­ terisco, el calderón o antígrafo, la cruz,
sente algo distinto de su figura o indi­ obelisco u obelo y la cruz doble, la m a­
que una operación matem ática. En un necilla, el párrafo. Otros pueden tener
texto impreso intervienen m ultitud de función relacionante entre la letra, pala­
signos, em pezando por las letras, que bra o grupo de palabras que le preceden
son los signos propios de un alfabeto, y y los que le siguen, como la antibarra
siguiendo por los ortográficos y los es­ (poco usada en ortografía), la barra y la
pecializados. barra doble, el cristus, el et, la Hecha, el
guión, el igual, la pleca y la pleca doble,
y el punto alto o medio. En unos pocos
6 .1 . Signos ortográficos casos, como la llave, a veces puede te­
ner función simple, pero también la sue­
6 .1 .1 . C l a s e s d e s ig n o s o r t o g r á f ic o s le tener doble.

Los signos ortográficos se dividen, tal 3 . S ig n o s o r t o g r á f ic o s s in t a g m á ­


com o se indica en el cuadro 3, en sig­ Los signos ortográficos sintagmá­
t ic o s .
nos diacríticos, signos auxiliares y sig­ ticos son los que afectan a la frase u
nos sintagmáticos. oración. Se dividen en signos de pun­
tuación, signos de entonación y signos
1. S i g n o s o r t o g r á f i c o s d i a c r í t i ­ auxiliares de la puntuación. Por su figu­
c o s . Llamamos signos ortográficos dia­ ra y su función, pueden ser simples o
críticos a los signos ortográficos que se dobles; son simples todos los de puntua­
añaden a una letra, una palabra o un ción, y son dobles los de entonación y
grupo de palabras para distinguirlos de los auxiliares. Obsérvese cómo los sig­
otros de igual grafía y distinta función o nos dobles tienen figuras contrapuestas
significado. (salvo la raya, que es el único de estos
Por su posición en relación con el ele­ signos que no siempre actúa como sig­
m ento al que afectan, los signos dia­ no doble, y cuando lo hace mantiene la
críticos pueden ser suprascritos, suscri­ misma figura).
tos y laterales. Los suprascritos, que son
los que se colocan sobre el elemento
afectado, pueden ser acentuales, como 6 .1 .2 . G r a f ía d e l o s s i g n o s
los acentos (agudo, grave, circunflejo, O R TO G RÁ FIC O S
anticircunflejo, macron o largo, breve y
ápex), espíritus (áspero y suave) o espe­ 1. S ig n o s o r t o g r á f ic o s d ia c r í t i­
ciales (virgulilla, punto suprascrito, dié­ c o s . Los signos acentuales se colocan so­
resis y sobrerraya). Los suscritos com ­ bre la letra afectada. Los espíritus, si
prenden la cedilla, el subpunto y la sub­ afectan a una letra minúscula, se colocan
raya. Los laterales com prenden, además sobre ella, pero si afectan a una mayús­
del apóstrofo, los índices (índice, supc- cula, se anteponen a ella. Los signos es­
ríndice y subíndice). peciales no presentan ninguna peculiari-

148
los signos

C u a d r o 3. C la s if ic a c ió n d e lo s s ig n o s o r to g r á fic o s

f acento agudo (á)


/ acento grave (á)
acento circunflejo (5)
acento ant ¡circunflejo (á)
acentuales macron (á)
(ápices) breve (¿)
ápex (')
suprasc ritos
espíritus I
1 ( suave ( )
virgulilla (~)

diacríticos

! punto suprascrito ( )
diéresis ( )
sobrerraya ( )

cedida (<;)
subpunto ( )
subraya ( )

índice ( ')
índices superindice (*··)
laterales subíndice („ t)

apóstrofo ( ’)

antibarra (\)
asterisco (· )
barra (/)
barra doble (//)
calderón (U)
cristus (*)
cruz (f)
cruz doble (J)
et (&)
auxiliares flecha (-» )
guión (-)
igual (*)
linca de puntos ( ....... )
llave ( | | )
manecilla («*■)
párrafo (§)
pleca (|)
pleca doble (|j)
punto alto o medio (·)
puntos encorchetados

punto (.)
coma (,)
de puntuación punto y coma (;)
dos puntos (:)
puntos suspensivos (...)

sintagm áticos de entonación ( exclamación (¡ !)


( interrogación (¿ ?)

comillas (« <......... . > »)


a u x iliares
paréntesis (( )]
de la
corchetes ([ J)
p u n tu ació n raya (— ) o menos (- )
antilambda (< >)

149
la ortotipografía

dad desde el punto de vista del uso, con los diacríticos establecidos para
la salvedad de que la sobrcrraya no de­ cada caso;
bería cruzar las astas ascendentes de las 2) en las restantes obras, cuando no
letras, como b, d, j, etcétera, por el efec­ sea necesaria una precisión extre­
to antiestético que se produciría, de tal ma, los diacríticos pueden evitar­
manera que, si es posible, la raya debe se, pues en la mayor parte de los
trazarse de forma que no afecte a esas le­ casos no servirán para nada, debi­
tras. Tampoco los suscritos presentan ma­ do al desconocimiento por parte
yor problema. Como en el caso anterior, del lector.
y por la misma causa, habría que procu­
rar que la subraya no cruzase las astas Sin embargo, si se dispone de la posi­
d e s c e n d e n te s de le tras com o p y q. bilidad de utilizarlos, es recomendable
En el caso del índice (') y el apóstro­ escribir todos los diacríticos, se apliquen
fo O suelen darse errores de uso por a vocales o consonantes, empleados en
confundir las figuras de uno y otro. El idiomas que se escriben con alfabeto la­
índice, que es una tilde o signo pareci­ tino; por ejemplo, debe escribirse á, é,
do, se utiliza, a la derecha de otro signo, o. i, s, z, etcétera. A vcccs, cuando no se
para indicar dispone de alfabetos con esos signos,
algunos pueden sustituirse por otros que
1) en g eom etría indica el m inuto se les parecen; por ejemplo, en trascrip­
sexagesimal, unidad de ángulo que ciones del árabe, el hamza puede repre­
equivale a la sexagésima parte del sentarse con un apóstrofo (*), y el ‘ayn,
grado sexagesimal; con una comilla simple abriendo (*); el
2) en geografía y astronomía indica ham za se consigue m ejor con una c
tam bién minutos ( ') y segundos voladita: c, y mejor aún si se emplea
O ; para ello una letra paloseco estrecha: l.
3) en matem áticas se emplea afectan­
do a una letra con valores de dos o 2. S ig n o s o r t o g r á f ic o s a u x i l i a r e s .
más formas análogas, pero distin­ Los signos ortográficos auxiliares tie­
tas: a \ a \ a ' \ que se leen, res­ nen usos muy distintos. Unos se escri­
pectivamente, a prim a, a segunda, ben juntándolos a la palabra a que afec­
a tercera. tan, como el asterisco, la cruz y la cruz
doble; otros, como el calderón o antígra-
El apóstrofo se usa generalmente entre fo, la flecha, la manecilla y el párrafo,
dos letras para indicar la elisión de una se separan de la palabra a que afectan
de ellas, la primera: d'aquel. ¡'aspereza. mediante un espacio fino, mientias que
En la trascripción de textos en idio­ otros, como la barra, el guión y la pleca
mas que utilizan alfabetos distintos del en algunos casos se emplean sin espacio
latino pueden presentarse muchas letras alguno entre los términos relacionados,
con diacríticos, tanto vocales como con­ y otros, como el igual, la doble pleca y
sonantes. La regla de oro para su aplica­ los puntos encorchetados se escriben con
ción debe ser la siguiente: el espacio normal de la línea antes y
después; el punto medio suele situarse
1) en obras de contenido científico y entre espacios finos, pero en algunos ca­
técnico, así como en diccionarios, sos no los necesita.
especialm ente en los enciclopédi­ Los signos que se juntan a otro signo
cos, lo más acertado será emplear o palabra y los que se separan de ellos

150
los signos

mediante un espacio fino no deben que­ recomendable en principio, ya que a ve­


dar en líneas consecutivas, unos al final ces su empleo se traduce en un número
y otros al comienzo de la siguiente. Los excesivo de pausas que el lector se ve
demás signos tienen com portam ientos constreñido a realizar, lo que puede con­
distintos: el guión debe permanecer a vertir el discurso en una carrera de obs­
final de línea (salvo en algunos casos de táculos. Sin embargo, en algunos textos,
escritura estilística, en que debe dejarse según el estilo del autor o la materia de
al final de la línea y repetirse al princi­ que trata (por ejemplo, en obras didác­
pio de la siguiente; por ejemplo, re-crear ticas), se verá en la necesidad de usar
quedaría así: re- / -crear, para mantener una puntuación trabada en lugar de una
la intencionalidad del escritor de escri­ puntuación suelta o, en el peor de los
bir re-crear y no recrear). La barra debe casos, una puntuación neutra o funcio­
quedar a final de línea, como el guión. nal. Depende, pues, más que del estilo
El igual debe quedar a final de línea, del escritor (más o menos «comista»),
aunque se admite que quede a principio del tipo de escrito.
de línea, incluso repitiendo el signo a En cuanto a su grafía, los signos de
uno y otro lado (esta norma, sin embar­ puntuación se escriben pegados a la pa­
go, está ya superada, cuando menos en labra a la que afectan y deben adoptar la
su función textual, por lo que su situa­ figura tipográfica (en cuanto a familia,
ción a final de línea debería ser sufi­ estilo y grosor o inclinación del ojo) de
ciente). esa palabra, como se explica en el pá­
rrafo siguiente.
3. S i g n o s o r t o g r á f ic o s s i n t a g m á ­ 3.2. Los signos de entonación (excla­
t i c o s . La grafía de los signos ortográ­ mación [¡ !] e interrogación [¿ ?]) deben
ficos sintagmáticos depende de la clase mantener la misma grafía que la palabra
de estos. o término a que afectan (v. § 6.1.2-3.3.2):
3.1. Los signos de puntuación son de
utilización difícil, y no es posible resu­ ¿Arde París?
mir aquí, en pocas palabras, algo que en U na pregunta: ¿ A rd e P a rís ?

ortografía requiere mucho espacio debi­


do a la rica casuística de que se rodean Si uno de los elementos afectados por
algunos de ellos. Basta, para entender los signos es de grafía distinta, los sig­
este aserto, considerar los problemas que nos siguen manteniendo la grafía del pe­
supone para un escritor el uso de un sig­ ríodo y no la de la palabra o frase más
no tan modesto aparentemente como la próxima, si no está afectada por el valor
coma, de empleo tan complejo y difícil. del signo:
En general, interesa dejar constancia de ¿H as visto la película Lo que él viento se lle­
que la abundancia o escasez de signos vo?
de p untuación, esp ecialm en te de la ¡lidíente es la palabra!
coma, marcan el ritmo de lectura: a m a­
yor cantidad de signos puntuarlos, más 3.3. Los signos auxiliares presentan
lentitud; a menor cantidad, más viveza mayores problemas.
en el desarrollo del discurso. Así pues, 3.3.1. En lo que se refiere a las co­
el tejido textual será más o menos denso millas, es necesario tener en cuenta que
según el número de comas introducidas se emplean en las citas directas, inclui­
para separar sus componentes. Una pun­ dos los pensamientos, en los títulos cita­
tuación recargada o trabada no es muy dos de partes importantes dependientes

151
la ortotipografía

de otras (como los títulos de capítulos Dijo un célebre m arino: «M ás quiere Es­
en libros, artículos en publicaciones paña honra sin b arco s que barcos sin
h onra».
seriadas, etcétera) y en los significados.
Para su em pleo deben observarse las si­
Este punto, como se ve, no cierra
guientes normas:
solo la oración Más quiere Espa­
ña honra sin barcos que barcos sin
a) por lo que respecta a las citas en
honra, sino todo el período que
textos españoles, las com illas se
empieza en Dijo un célebre mari­
usan por este orden: se abre y cie­
no. Por consiguiente, el signo debe
rra con las comillas latinas (« »);
ir fuera y cerrar el conjunto.
si dentro de este entrecom illado es
preciso utilizar nuevas com illas, se
abre y cierra con las com illas in­ 3.3.2 Los paréntesis y los corchetes.
glesas (“ ”); si dentro de estas es como todos los signos dobles, se escri­
necesario abrir un nuevo tipo de ben precedidos de espacio y seguidos
com illas, se emplean las sim ples o de espacio o de signo de puntuación y
sencillas ( ‘ ’); no es probable que espacio (v. § 6.1.2-3.2):
se necesiten más tipos de com i­
El ápex y los e sp íritu s (áspero y suave) son
llas, pero si excepcionalm ente se
sig n o s o rto g rá fic o s d ia c rític o s sup rascrito s
presentara la necesidad, dentro de acen tu ales.
las sencillas podrían utilizarse las
angulares (< >); Ambos signos se escriben con el mismo
b) la puntuación de los entrecom illa­
tipo de letra con que se escriba la letra,
dos es como sigue: todos los sig­ palabra, frase o período que encierre:
nos de puntuación se colocan des­
pués de las com illas de cierre, m e­ El ápex y los esp íritu s (áspero y suave) son
nos el punto, que puede ir antes o sig n o s o rto g rá fic o s d ia c rític o s suprascritos
después, según los casos; para di­ acen tu ales.
rim ir cuándo se coloca dentro y
cuándo fuera de las com illas, se Si la palabra o frase más próxima a los
tiene en cuenta esta regla: si las signos de apertura y cierre cambia de
com illas abren, también deben ce­ forma, ambos signos deben tener la gra­
rrar y, por consiguiente, el punto fía que corresponde al periodo:
va dentro de las com illas de cie­
rre: Según el m in istro (¡q u ien no dice que el paro
aumentará !), las c ifra s son alentadoras...
« M ás q u iere E spaña ho n ra sin barco s que
b arco s sin h o nra.»
Tiene el paréntesis de cierre un oficio
Si las com illas no abren, tampoco como signo simple: el de acom pañar a
cierran; es decir, que si abren des­ las cifras o letras con que se numeran los
pués de un signo de puntuación apartados de un párrafo. En estos casos,
(excepto el punto) o en ausencia cuando acom paña a letras m inúsculas
de signos de puntuación, el punto (también puede acompañar a letras ma­
debe colocarse fuera de las com i­ yúsculas, sean redondas o cursivas), es­
llas de cierre, puesto que estas es­ tas se escriben de cursiva (salvo que lo
tán incluidas en el período al que que sigue sea un titulillo escrito en cur­
pertenecen: siva, caso en el cual la letra de orden se

152
los signos

escribe de redondo), pero los paréntesis propio de la línea en cada caso) o de un


de cierre se escriben de redondo. signo de puntuación.
Un problema de cierta importancia se Desde el punto de vista tipográfico,
presenta cuando en un texto puesto en­ la raya ha tenido siempre tantos puntos
tre paréntesis hay otra expresión parcn- de longitud como puntos tenga el ojo
tética; en este caso es correcto mantener, del tipo con que se compone un texto;
dentro de la frase parentética, los parén­ por ejemplo, en un tipo del ojo 10, la
tesis en vez de sustituirlos por corchetes: barra tiene una longitud de 10 puntos:
— ; a este signo se le ha llamado en ti­
(...J el nom bre Xavier, etc. (junto a los n o rm a­
pografía, tradicionalmente, menos (toma­
les Valdepeñas, Ribadavia (nom bre de lu­
gar). Ribera. [...]). do de las matemáticas), aunque también
se le ha aplicado, con menos propiedad
Este texto, que es de la Academia (Or­ profesional (sí ortográfica), el nombre
tografía, 1974, 23), mantiene, como se de raya. Sin embargo, resulta curioso
ve, paréntesis dentro de paréntesis. La com probar que, entonces como ahora,
norma no es descabellada siempre que la longitud del menos tipográfico siem ­
ambos paréntesis, los internos y los ex­ pre ha sido superior (el doble) que la
ternos, no coincidan juntos a principio o del menos matemático:
fin de período o texto intraparentético,
ya que, de ser así, los internos hay que — m enos tip o g ráfico o raya
sustituirlos por corchetes. Sin embargo, m enos m atem ático
+ m ás (elem ento de com paración).
lo que aquí se aconseja al escritor, con
objeto de reducir los problemas suscita­
Como se puede ver en el ejemplo que
dos por las dudas, es que, de forma sis­
precede, el menos tipográfico o raya no
temática, dentro de paréntesis utilice
es adecuado para su uso en m atem áti­
siempre corchetes, no paréntesis.
cas, lo que hace incomprensible que se
3.3.3. La raya, junto con el parénte­
le haya llamado así durante tanto tiem­
sis, es otro de los signos sintagmáticos
po. Al signo que en matemáticas ejerce
auxiliares que pueden tener un oficio
esta función se ha propuesto llamarlo
como signo simple y otro como signo
semimenos (es decir, un signo que mide
doble, en este caso de tipo parentético
la mitad que el menos), pero, dada la
(por ejemplo, en los diálogos y en otros
situación, lo mejor es llamar raya al an­
casos en que se usa con los mismos fi­
tiguo menos tipográfico y menos al me­
nes, o muy parecidos, que el parénte­
nos matemático, con lo que tendríamos:
sis). Como signo simple, suele emplear­
se, en los índices y bibliografías, con el — raya
valor de ídem, para no repetir una pala­ m enos.
bra, frase, antropónimo o topónimo que
se encuentra inm ediatam ente antes, o Sin embargo, otros elementos han veni­
bien como elemento indicador de suba- do a sumar confusión, ya que algunos
partado (cuando estos no van numera­ tipógrafos, por razones de estética, sus­
dos de ninguna otra manera); en los tres tituyen en sus funciones ortográficas o
casos van seguidos de un espacio fino. tipográficas a la raya (— ) por el menos
Cuando se emplea en su función paren­ (-), y así componen las palabras o fra­
tética, tiene el mismo empleo y la mis­ ses parentéticas, los diálogos, índices, bi­
ma grafía que el paréntesis: va precedi­ bliografías, etcétera, con menos y no con
do de blanco y seguido de blanco (el raya. Es decir, que el menos matemático

153
la ortotipografia

ha sustituido al menos tipográfico o raya el menos (-),


en todos sus oficios. Podríamos conve­ el más (+),
el por (x),
nir en que en los tipos que dispongan la división (+, /, — ),
del menos matemático (hoy día se ob­ el igual (=),
tiene por com binaciones del teclado nu­
m érico) se emplee el menos matemático i levan antes y después la inisma cantidad
en todas las funciones de la raya, y esta de espacio, que además debe ser fijo; es
cuando aquel falte. decir, no debe utilizarse en ellos el espa­
3.3.4. Los signos dobles van precedi­ cio normal de la línea, que es variable de
dos del espacio ordinario de la línea y una a otra.
seguidos del mismo blanco si no inter­
viene ningún signo de puntuación u otro.
En cuanto a los cambios de clase de 6.3. Signos lexicográficos
letra, los signos dobles se escriben am ­
bos con la misma grafía, pero esta pue­ Es habitual que en lexicografía se usen
de variar. Si todo el texto incluido den­ una serie de signos que tienen en los
tro de un signo doble se grafía de cursi­ diccionarios ciertas funciones repetitivas,
va, negrita o negrita cursiva, los signos como pueden ser el asterisco (*) para
de apertura y de cierre adoptan la m is­ indicar «nacido en» o la cruz ( t) para
ma grafía, como se ha visto antes (véa­ indicar «fallecido en» (en ambos casos,
se § 6.1.2-3.3.2). Sin embargo, cuando seguido de la fecha o el topónimo co­
el texto dentro de un signo doble em pie­ rrespondiente). Pueden utilizarse otros,
za de una manera y termina de otra, los como la raya (— ) para evitar la repeti­
signos deben ser redondos en un texto ción de un término.
de redonda (sea fina o negrita) y cursi­ También se usan en lexicografía los
vos en un texto en cursiva (sea fina o signos propios de la lingüística, así co­
negrita) (v. § 6.1.2-3.2). mo, en los diccionarios especializados,
los propios de cada ciencia o técnica (por
ejemplo, los signos de minería, de botá­
6.2. Signos matemáticos nica, de astronomía, etcétera, en obras
que traten de esos temas, para evitar la
Los signos que se em plean en mate­ repetición de ciertos términos).
máticas son innumerables, y muchos de Para separar unas de otras las acep­
ellos responden a exigencias concretas ciones o subacepcioncs en los artículos
de una obra o un autor, por lo que care­ polisémicos se suelen emplear los si­
cen de interés general. Sin embargo, al­ guientes:
gunos tienen uso frecuente y muchas ve­
ces no se sabe ni siquiera cóm o se lla­ la pleca (|),
la pleca do ble (||),
man. En el cuadro S3 se exponen los la b arra (/).
que parece que se usan más habitual­ la b arra doble (//)
mente en este campo.
En cuanto a la grafía tipográfica, los u otros que puedan sustituirlos, como
signos operadores, como los topos o bolos (·, ♦ , 0, ★, ☆).

154
4 La bibliología

f. Tipos de editoriales de lingüística a otra especializada en la


edición de libros de poesía. Aunque pue­
Las editoriales a las cuales el autor da parecer extraño o chocante, no son
puede ofrecer su obra o trabajo, cuando pocos los poetas y novelistas en cierne
no se trate de un encargo, se dividen en que ofrecen sus trabajos a editoriales téc­
dos tipos principales: editoriales biblio- nicas o científicas... Así pues, es impor­
lógicas (las que se dedican especialmente tante conocer, aunque sea mínimamente,
a la edición de libros) y editoriales he- el mundo editorial para no perder el
merológicas (las que se dedican espe­ tiempo andando de una en otra. En caso
cialmente a la edición de periódicos y de duda, lo mejor es asesorarse con al­
revistas). guna persona que conozca ese mundo o
Las editoriales bibliológicas suelen es­ que tenga alguna experiencia personal o
pecializar sus producciones. Algunas se conocimiento a través de otros autores.
dedican prácticamente a un solo tipo de Lo mismo puede decirse de las revistas
obras (por ejemplo, las de ingeniería, las técnicas y científicas: es necesario sa­
de medicina, las de lingüística, las de ber, antes de ofrecerles un trabajo, si esa
comunicación y periodismo, etcétera, o revista publica temas com o el que se le
incluso todas esas materias debidamente ofrece.
estructuradas en colecciones, pero no li­
teratura), mientras que otras no están es­
pecializadas, aunque haya temas (por 2. El com ité editorial
ejemplo, la poesía) a los que no prestan y el com ité de expertos
atención.
El autor debe tener un mínimo de co­ 2.1. E l com ité editorial
nocimiento del tipo de editorial al que
debe dirigirse con objeto de publicar su Las editoriales que editan libros sue­
obra o trabajo. Seria desacertado ofre­ len aconsejarse con personas a las que
cer una obra de ingeniería a una edito­ se conoce como asesores editoriales, lec­
rial que solo publicase lingüística, o una tores y comités de lectura o comités edi-

155
la bibliología

tonales. Los asesores editoriales son per­ comité editorial (cuya misión es la de
sonas, generalm ente especialistas en al­ establecer la política editorial, mantener
guna rama del saber, profesionales o uni­ el prestigio de la revista, atraer origina­
versitarias, a las que el editor recaba con­ les, etcétera). En cualquier caso, el res­
sejo en relación con una obra o un con­ ponsable último de la publicación de un
junto de ellas. Los lectores son personas artículo es el director de la revista, quien
que conocen una materia y a las que se ejerce sus funciones con la ayuda del
somete una obra literaria, científica o consejo de redacción.
técnica para que la lean y emitan un in­ Así pues, los trabajos presentados a
forme, llamado informe de lectura, que una revista científica pueden ser admiti­
ayudará al editor a tom ar una decisión dos para su publicación o rechazados.
docum entada sobre la obra. Los comités Las razones habituales para el rechazo
de lectura o com ités editoriales son gru­ suelen ser la falta de relevancia o signi­
pos de personas que tienen por función ficación para el avance del conocimien­
asesorar al editor acerca de las obras que to, los errores m etodológicos (muestras,
es conveniente publicar en una línea edi­ métodos de investigación, tratamiento es­
torial determinada. Este comité puede ser tadístico) o bien la no coincidencia con
periódicamente reunido por el editor para el campo cubierto por la revista. El re­
poner al día sus ideas en relación con la chazo puede ser total (el trabajo no me­
línea editorial que sigue la empresa edi­ rece ser publicado) o parcial; en este caso
tora. han detectado una serie de deficiencias
La función de los asesores y com ités relacionadas con la forma de presentar
editoriales es fundamental para el buen el trabajo, con el nivel de lengua y de
fin de una em presa editora. Pero no terminología empleado que entra en con­
dejan de ser, en cualquier caso, aseso­ flicto con una o más normas de las ins­
res. Esto quiere decir que la responsabi­ trucciones a los autores estatuidas por la
lidad última de las decisiones editoria­ propia editorial y publicadas en la revis­
les, com o no podía ser de otra manera, ta. Si estas normas no prevén lo contra­
es del propio editor, quien no solo d efi­ rio, el trabajo rechazado se devuelve a
ne la política editorial, sino todos los los autores.
demás elem entos que darán cuerpo al Estos asesores se denom inan también
producto. expertos de igual rango, porque se su­
pone que los trabajos fruto de la investi­
gación han de ser juzgados por personas
2.2. La revisión p o r expertos expertas en los mismos campos y del
mismo nivel que los autores, y se les
Las editoriales de revistas científicas aplican también los nombres de árbitros.
actúan de forma algo distinta. Sus di­ pares, consejeros o revisores (además del
rectores (o los consejos de redacción en de asesores).
su caso) som eten el trabajo presentado La función de los asesores científicos
para su publicación a lo que los ingleses es doble: por un lado, mantener alto el
llaman p eer review (revisión por exper­ prestigio de la em presa o la revista para
tos) para que lo evalúen. Suelen ser dos la que actúan, y por otro, ayudar a los
científicos. Si sus criterios son divergen­ escritores a perfeccionar el estilo, la pre­
tes, se elige un tercero. En algunos ca­ sentación y el contenido de sus trabajos.
sos, las revistas obran de forma distinta: Tienen, pues, responsabilidades éticas y
encom iendan la función evaluadora al morales con ambas partes, lo que hace

156
el comité editorial y el comité de expertos

su trabajo realmente difícil y compro­ que parecía ofrecer pruebas de la o pi­


metido. nión contraria».
Sin embargo, la historia de la edición Este mismo procedimiento fue utili­
científica registra algunos casos sorpren­ zado por otros dos sicólogos, Douglas J.
dentes en relación con la actuación de Petcrs, de la Universidad de Dakota del
estos comités. Richard Milner, en su Norte, y Stcphcn J. Ceci, de la Universi­
Diccionario de la evolución (Barcelona: dad de Comcll. Tomaron algunos artícu­
Biblograf, 1995, 142-144), expone va­ los ya publicados por científicos de pri­
rios ejemplos de casos en los que los mera fila, los m ecanografiaron de nue­
asesores no cumplieron con su deber en vo y sustituyeron los nombres de sus au­
la medida que de ellos se esperaba, tores por otros ficticios. Después los en­
teniendo en cuenta, además, la trascen­ viaron a las mismas revistas que los ha­
dencia de su función. Dice este autor: bían publicado originariamente, para que
«Los científicos ambiciosos [que actúan fueran sometidos a revisión por los árbi­
de expertos de igual rango] se conside­ tros. Resultado: todos los artículos fue­
ran observadores inteligentes y agudos, ron rechazados. Ninguno de los espe­
meticulosos y diligentes. Reconocer un cialistas cayó en la cuenta de que tales
descubrimiento nuevo puede equivaler a trabajos ya habían aparecido en la m is­
admitir que un colega o rival es más ma publicación.
listo, más metódico o mejor observador En los dos casos mencionados, los in­
—o que, simplemente, ha tenido mejor vestigadores que sometieron a prueba el
suerte— . La resistencia [a reconocer los cientificism o de los expertos de igual
méritos de una investigación] puede ser rango fueron am enazados por poner en
especialmente intensa si el nuevo cono­ duda la calidad del funcionamiento del
cimiento proviene de un aficionado». sistema científico. Sin embargo, su pro­
Milner expone varios casos en los que pio trabajo es en sí mismo una prueba de
ciertos especialistas han sometido a prue­ que, aunque sea excepcionalm ente, los
ba la independencia de criterio de los vigilantes son a su vez vigilados (al pa­
árbitros de igual rango y los resultados recer, desde la publicación de este traba­
han sido desalentadores: en algunos ca­ jo, los directores de revistas científicas
sos, tales expertos están dispuestos a son reacios a someterse voluntariamente
aprobar los trabajos que concuerdan con a este tipo de investigación).
su línea de investigación o con sus ideas Las revistas científicas deben elegir
en un determ inado cam po científico, buenos expertos y tom ar todas las medi­
pero rechazan las que se oponen a esos das para que su opinión sea limpia y no
prejuicios. esté marcada por cuestiones ajenas al tra­
Relata Milner que en 1977, el sicólogo bajo científico mismo. Por ejem plo, y
Michael J. Mahoney, de la Universidad como es más que lógico, antes de emitir
del Estado de Pensilvania, en los Esta­ su opinión en relación con el trabajo so­
dos Unidos, envió dos artículos am a­ metido a su criterio, el experto no debe
ñados sobre un asunto ya discutido a 75 conocer al autor del trabajo ni este saber
especialistas en la materia cuyas opinio­ qué experto se lo va a juzgar. Sin embar­
nes sobre la cuestión eran conocidas. La go, en algunas disciplinas (como la me­
mayoría de estos especialistas — dice dicina, por ejemplo) es habitual que el re­
Milner— «elogió el sucedáneo de artícu­ visor sepa quién es el autor, si bien este
lo cuyas conclusiones coincidían con no sabe quiénes son los revisores. Algu­
sus propias posiciones y rechazó el nos expertos son partidarios actualmen­

157
la bibliología

te de que los revisores firmen sus infor­ — tipo de trabajos que publica: mate­
mes con objeto de m antener la traspa­ rias que atiende en los contenidos
rencia y la ética científica. de la revista;
— idioma: si publica en inglés, los tra­
bajos se difunden y citan con más
2.3. Selección de la revista facilidad, pero deben entregarse re­
dactados en este idioma;
En muchos casos, el proceso editorial —- difusión: qué tirada tiene la revista
com ienza antes de que el autor em piece y alcance de su distribución;
a escribir su trabajo. No será así cuando — prestigio: interesa saber si el equi­
el autor haya escrito una tesis o un li­ po asesor científico cumple su fun­
bro. M uchas tesis no se publican y m u­ ción con decoro o bien si la revis­
chos libros se destinan a una editorial ta carece de él o no se sabe que lo
después de escritos (salvo que se escri­ tenga.
ban por encargo). Sí lo será cuando lo
que desee escribir sea un artículo o un
trabajo para una revista. 2.3.2. F u e n t e s pa r a la s e l e c c ió n
En el caso de que se trate de un artí­
culo, lo primero que debe hacer el au­ Pueden consistir en
tor, antes de ponerse a escribir, es elegir
la revista donde quiere publicar su tra­ 1) repertorios y bases de datos biblio­
bajo. La revista elegida nos dará hecha gráficas, o
también la definición del destinatario del 2) catálogos de bibliotecas, hemero­
artículo. La elección de la revista habrá tecas y centros de documentación
de hacerse midiendo todos los pros y especializados.
contras, ya que de ello depende la difu­
sión de la com unicación. Es una pero­ Los primeros son exhaustivos, pero me­
grullada decir que no todas las revistas recen escasa fiabilidad debido al defi­
son adecuadas para todos los trabajos, ciente control, y los segundos son me­
pero es importante que el escritor lo sepa. nos exhaustivos, pero merecen fiabili­
El am plísimo círculo de revistas que se dad por su mejor control.
editan anualmente en el mundo empieza
a reducirse paulatinamente como posi­
bilidad de publicación en cuanto vaya­ 2.3.3. N o r m a s pa r a la p r e s e n t a c ió n
mos definiendo el alcance y destinatario d e o r ig in a l e s

de nuestra comunicación.
Utilizando los instrumentos de bús­
queda apuntados antes, se debe proce­
2.3.1. C r it e r io s d e s e l e c c ió n der a identificar las revistas en las cua­
les publicar nuestro trabajo. No estará
Para la selección del medio en que se de más, si se puede, conocer la revista
debe publicar un artículo científico debe tísicamente, consultarla en una bibliote­
tenerse en cuenta (según Emilio Delga­ ca, hemeroteca o centro de documenta­
do L ópez-C ózar en D elgado Lópcz- ción Es importante leer atentamente las
Cózar y otros, 1977, 12 ss.): normas para la presentación de origi­
nales que todas las revistas científicas
— cobertura: difusión de la revista; suelen insertar, ya que proporcionan da­

158
el trabajo de edición

tos muy interesantes acerca de las mate­ 3. El t r a b a j o d e e d ic i ó n


rias que se pueden publicar en ella, ex­
tensión, estructura y presentación del 3 .1 . Definición de la obra
contenido, así como normas de escritura
de ciertos aspectos como las cantidades, En una editorial bibliológica, el tra­
las referencias bibliográficas y las bi­ bajo, si es original, se encomienda, jun­
bliografías. Esto facilita el posterior tra­ to con las instrucciones generales (si per­
tamiento editorial del trabajo y su mejor tenecerá o no a una colección), a un edi­
inserción en el conjunto de la revista y tor de mesa o técnico editorial, quien
abarata costos al tiempo que aligera los establecerá los parámetros que habrán
plazos de confección de cada número. de regir la confección del libro:
También contribuye a la homogeneidad,
siempre deseable, de los contenidos de — formato del libro cortado;
la publicación. — medidas de la página tipográfica,
A veces, estas instrucciones no se re­ mancha o caja de composición;
fieren solo a la forma de presentar un — dimensiones de los márgenes;
original, sino también a otros extremos — tipo de letra con que se ha de com ­
de la publicación del trabajo que al au­ poner el texto;
tor le interesa conocer. Por ejemplo, po­ — cuerpos e interlineados con que se
dría darse el caso de que el editor se ha de componer el texto general,
negara a devolver el texto y las ilustra­ cuadros, citas e intercalados, pró­
ciones de los originales rechazados por logos, bibliografías, índices y cro­
sus expertos. Puede que se niegue tam­ nologías;
bién a facilitar copias de las razones que — cantidad de blanco en los arran­
han tenido los árbitros para rechazar el ques de capítulo, prólogo y partes
trabajo. Algunas revistas pueden cobrar semejantes;
por publicar trabajos que ocupen más — si ha de llevar o no hojas de corte­
de un número determinado de páginas y sía al inicio de la obra.
exigirán que los autores se manifiesten
por escrito a este respecto. Algunas re­
vistas pueden cobrar la reproducción de 3 .1 .1 . E l FORMATO DFL LIBRO
las ilustraciones en blanco y negro, y,
desde luego, siempre cobran las repro­ El formato del libro depende del que
ducciones en color, cuyos costos son bas­ tenga el pliego en que se imprime. Aun­
tante elevados, y el autor debe saberlo que un lib ro puede te n er cu a lq u ie r
antes de enviar su trabajo a una revista fomato que se desee o necesite, proba­
que tiene estas condiciones en sus ins­ blemente la elección de formatos no nor­
trucciones a los autores. Incluso puede malizados o estandarizados en el comer­
que cobre por leer el trabajo y emitir su cio redunde en un encarecim iento del
informe, puesto que algunas revistas ac­ producto, tal vez no suficientem ente ju s­
túan así. Las exigencias de las editoria­ tificado.
les de revistas científicas para publicar En principio, si no hay razones para
un trabajo pueden ser de otros tipos, y operar de otra manera, una vez elegido
el autor solamente lo sabrá si lee con el formato que puede tener un libro, se
atención las instrucciones que los pro­ averigua si existe un pliego de papel
pios editores proporcionan en sus re­ estándar que, una vez plegado y refilado,
vistas. nos dé ese formato. Por ejemplo, supon-

159
la bibliología

F i g . I. Esquema, basado en las teorías de Van de Fie». 2. Este método para el establecim iento de las
Graaf, para la obtención de las dim ensiones de la dimensiones de la caja de composición se denomi­
caja de com posición. Se utilizan las dos páginas na escala universal y se debe al destacado tipógra­
enfrentadas, par c impar (por este orden), y se tra­ fo argentino Raúl M. Rosarivo. Consiste en dividir
zan las dos diagonales del rectángulo grande y una la superficie del papel (páginas par e impar enfren­
de cada uno de los rectángulos pequeños (cada m i­ tadas) en un núm ero de partes iguales que sea
tad del grande), en la forma que indica el esquema; múltiplo de tres tanto en sentido vertical com o ho­
arriba, en el centro, se forma otro rectángulo, al rizontal. De ellas, se loman una para el margen de
que se trazan también las diagonales; los puntos cabeza y el de lomo y dos para el de corte y el
donde se cruzan estas diagonales con las del rec­ de pie. La m ancha o caja queda, así, situada en su
tángulo grande nos indican la situación de los vér­ lugar, con las dim ensiones de los respectivos már­
tices de las cajas de com posición, com o se ve. En genes. En la página par (izquierda), los márgenes
la página de la derecha, el rectángulo menos inten­ tienen estos valores: lomo, I ; cabeza, 1,5; corte, 2.
so corresponde a las dim ensiones de la caja obteni­ y pie, 3. C om o se ve, también desperdicia mucho
da por ese procedimiento. El rectángulo más inten­ papel (propio, pues, para obras de lujo), por lo que,
so representa la misma página, pero situada en su am pliando un 50 % (salvo en el margen de cabeza,
lugar, con lo que se com prueba que obtenemos de donde la ampliación ha de ser inferior) las medidas
una vez las dim ensiones de la caja de composición de la caja en los márgenes que se indican en la
y también las de los m árgenes. La proporción de página impar (derecha), aprovechamos más el pa­
estos en este caso es la siguiente: lomo, I; cabe­ pel y nos da estos márgenes: lomo, I; cabeza, I:
za, 1,5; corte delantero, 2, y pie, 3. Esta proporción corte, 1,5, y pie, 2. Así resulta apropiado para todo
es apropiada para obras de lujo tipo de obras

gamos un libro que mide 23,5 * 15,5 pueden tener en cuenta otras considera­
centím etros; si m ultiplicam os por 4 cada ciones; por ejemplo, el número de ejem ­
una de esas dim ensiones, tenemos un plares; si este ha de ser elevado (por
pliego de 94 * 62 cm ; com o hay que ejemplo, más de cinco mil), las papele­
aum entar el papel que se desperdicia en ras fabricarán papel especialm ente para
el refilado o desvirado (es decir, el cor­ esa obra a precios más o menos asequi­
te con la guillotina del libro intonso, para bles; si la tirada es muy baja, no vale la
que sus hojas puedan abrirse), tenemos pena, y lo mejor es cambiar de formato.
que el pliego utilizable para la im pre­
sión debería m edir 100 * 70 cm; ¿existe
ese formato com ercial?; en efecto, exis­ 3.1.2. M e d id a s d e l a p á g in a
te, por lo que podem os elegir ese forma­ TIPO G RÁ FIC A
to, si es el que nos satisface. Si la diferen­
cia es despreciable, la solución consiste La página tipográfica se llama caja,
en adecuar el form ato del libro al del caja de composición o mancha (figs. I
papel, con objeto de abaratar la edición. y 2). Las dimensiones de la caja depen­
Si la diferencia es notable, entonces se den, en parte, del contenido de la obra.

160
el trabajo de edición

Por ejemplo, si se trata de una obra lu­ 3.1.3. D im e n s io n e s d e l o s m á r g e n e s


josa. se aplicarán a la caja dimensiones
pequeñas, con objeto de que la página Las páginas tienen cuatro márgenes:
disponga de amplios márgenes, los cua­ de lomo, de cabeza, de corte y de pie.
les contribuirán a dar mayor esplendor a Cuando el libro está bien hecho y la caja
esa página. Si se trata de una obra de bien situada en la página, ninguno de
cierto lujo, los márgenes serán amplios, ellos tiene la misma m edida que los
pero no demasiado. Por el contrario, si otros. Sin embargo, son interdependien-
se trata de una obra de batalla, o bien de tes dos a dos: el de lomo se com ple­
una obra destinada a consulta, como pue­ menta con el de corte, y el de cabeza,
den ser los diccionarios y enciclopedias, con el de pie. Para establecer sus valo­
los márgenes serán los estrictamente ne­ res nos servimos de la proporción áurea,
cesarios, sin que se tengan aquí en cuenta es decir, la que m antiene la relación
los aspectos estéticos de la página. En 1:1,6; así, la diferencia entre las medi­
cualquier caso, lo deseable es que las das de altura y anchura de la caja de
dimensiones de la caja se correspondan composición se divide por 1,6; el resul­
con las del formato del libro, lo cual no tado se resta de esa diferencia, y la par­
siempre se tiene en cuenta. te menor se adjudica al margen de lomo
Podemos establecer una escala que o al de cabeza, según que trabajem os
vaya desde el 62 % hasta el 80 % de las con la altura o con la anchura, respecti­
respectivas dimensiones de altura y an­ vamente. Por ejemplo, el formato de un
chura. Esas cifras corresponden a dimen­ diccionario mide 23,5 * 15,5 cm; el 80 %
siones máxima y mínima; es decir, que de estas dimensiones da 19 * 12,5 cm.
la caja de un libro, en principio, no de­ Si restamos 19 de 23,5 nos da 4,5 cm;
bería medir menos del 62 % ni más del pues bien, los 5/8 (= 1,6) de 4,5 es igual
80 % de las dimensiones de altura y an­ a 2,8; si restamos 2,8 de 4,5 nos da 1,7.
chura del formato correspondiente. La Ya tenemos el margen de cabeza, 1,7 cm,
primera cifra se aplicaría a las dos di­ y el de pie, 2,8 cm. Con la anchura ope­
mensiones en obras de gran lujo (más o ramos de la misma manera: restamos
menos, se corresponde con la propor­ 12,5 de 15,5 y nos da 3; los 5/8 de 3 son
ción áurea: 1:1,6). Por ejemplo, pode­ 1,9; de 1,9 a 3 van 1,1. Así pues, el mar­
mos establecer que para una obra de gran gen de lomo tendrá 1,1 cm, y el de cor­
lujo, las dimensiones de la caja deben te, 1,9 (el margen de lomo no debe te­
corresponder al 62 % de las del forma­ ner menos de 1 cm en obras de pocas
to: 23,5 x 15,5 cm; caja: 14,5 x 9,6 cm; páginas; en obras de más de quinientas
redondeando, a un formato de 23,5 * páginas, el margen de lomo debe aumen­
15,5 cm le corresponde, en una obra de tar en proporción).
gran lujo, una caja de 15 * 10 cm.
Se podrían, pues, establecer estos por­
centajes para la caja de composición se­ 3.1.4. T ip o d e l e t r a d e l t e x t o
gún el tipo de obra:
El tipo de letra con que se ha de com ­
— de lujo: entre el 62 % y el 70 %; poner un texto depende, en primer lu­
— normales: entre el 71 % y el 76 %; gar, del contenido de ese texto. En ge­
— de batalla, diccionarios, enciclope­ neral, los textos humanísticos se com­
dias y otras obras de consulta: en­ ponen con letras romanas (romana anti­
tre el 77 % y el 80 %. gua o romana moderna), mientras que

161
la bibliología

algunos libros técnicos» obras de con­ — 10 años: ojo 10;


sulta y otras semejantes se pueden com ­ — adultos: ojo 8.
poner con letras romanas o con la egip­
cia o la paloseco, estas dos últim as 2. E l t i p o d e t e x t o . Sabido es que
de estructura más clara, pero también de en una obra pueden intervenir, en pri­
lectura más cansada (v. § 6.2 de este ca­ mer lugar, el texto general, aquel en que
pítulo). se expresa el cuerpo del escrito, con el
que se desarrolla la trama arguniental
de la obra; este texto puede llevar inter­
3.1.5. O jo s , c u e r p o s e i n t e r l i n e a d o s calados (por ejemplo, citas o trozos de
ojo menor), cuadros o tablas, esquemas,
El ojo es el tamaño de la letra con pies o epígrafes de grabados y notas, y
que se compone un libro o articulo. La en los anexos puede llevar índices alfa­
palabra tamaño se refiere aquí a la altu­ béticos, cronologías, vocabularios o glo­
ra del ojo de la letra impresa, conside­ sarios y bibliografías. Pues bien: estos
rando esta desde el ojo superior (astas textos se com ponen con tamaños de
ascendentes) hasta el ojo inferior (astas letras distintos. Por ejemplo, suponga­
descendentes). Aunque es común refe­ mos que se trata de una obra para perso­
rirse a esta altura con la palabra cuerpo, nas de diez años; ya tenemos un dato: la
ha de entenderse que el cuerpo, en letra ha de ser del ojo 10 o superior.
autoedición, es el ojo más la interlínea. Entonces tenemos que si el texto gene­
Es decir, que si hablamos de un texto ral se compone al ojo 10, los intercala­
com puesto ojo/ojo quiere decirse que dos, cuadros, esquemas y pies o epígra­
no tiene interlineado, mientras que un fes, así como los textos de los anexos,
texto com puesto ojo/cuerpo tiene inter­ han de ser de un ojo dos puntos más
lineado (de un determ inado valor que se pequeño, es decir, del 8, y las notas, tres
especifica en las cifras con que se men­ puntos más pequeño, del 7 (o del 8 sin
ciona: en 10/11 hay un pur.to de interli­ interlineado, si los demás textos llevan
neado; en 10/12, dos puntos; en 10/13, interlinea).
tres puntos; y así sucesivamente). A la
hora, pues, de elegir un ojo para un 3. L a m e d id a e n c íc e r o s d e l a c a ja
texto, deben tenerse en cuenta al menos DE COM PO SICIÓ N Y EL ESTILO DE LA
tres factores: a) la edad del lector; b) el Teniendo en cuenta el estilo de
letra .
tipo de texto de que se trate, y c) la la letra con que se compone el texto,
medida en ciceros de la caja de com po­ hay una medida mínima, otra óptima y
sición y el estilo de la letra que se va a otra máxima. Con las letras romanas
em plear (romana antigua y romana moderna), la
medida mínima es la expresada por
1. L a e d a d d e l l e c t o r . La edad del el cuerpo de composición; la óptima, el
posible lector debe tenerse en cuenta en doble, y la máxima, el triple. Por ejem ­
prim er lugar; según esto, los ojos míni­ plo, supongam os que com ponem os,
mos recomendados para el texto general como anteriormente, con el ojo 10; pues
son: bien, la medida de composición, con
ese ojo, es a 10 cíceros; la óptima, a 20
— 5-6 años: ojo 16; cíceros, y la máxima, a 30 cíceros. Es
— 7-8 años: ojo 14; decir, que con un ojo 10 no es recomen­
— 9 años: ojo 12; dable com poner a 8 ni a 32 ciceros. Sin

162
el trabajo de edición

E l tip o de le tra co n q u e se lia d e c o m p o n e r El tipo de letra con que se ha de com­


u n te x to d e p e n d e , en p rim e r lugar, del c o n ­ poner un texto depende, en primer
te n id o d e esc texto. lugar, del contenido de ese texto,
(tipo caslon] (tipo serifa)

FJ cipo de letra co n q u e se ha de co m p o n er El tipo d e letra co n q u e se h a d e


un texto d ep en d e, en p rim er lugar, del c o n ­ com poner u n texto d e p e n d e , en pri­
te n id o de ese texto. m er lugar, d e l c o n te n id o d e ese
texto.
(tipo garam ond de Adobe] (tipo lubalin]

El tip o de letra c o n q u e se ha de c o m p o n e r El tipo de letra con que se ha de com­


un te x to d e p en d e , en p rim e r lug.ir, del c o n ­ poner un texto depende, en primer lu­
te n id o de ese texto. gar, del contenido de ese texto.
[tipo bembo] (tipo boton]
L etra ro m a n a a n tig u a L e tra e g ip c ia

Kl tip o <le le tr a r o n q u e se li» <1«* c o m p o ­ El tipo de letra con que se ha de com­


n e r u n te x to d e p e n d e , «mi p r im e r lii” ;n \ poner un texto depende, en primer lu­
d el e o n le n id o d e ese te x to . gar, del contenido de ese texto.
(tipo bodoni] (tipo helvética)

Kl li p n d e lelrci r o n q u e s e li;i d e e o m * El tipo de letra con que se ha de com­


p o n e r u n te x to d e p e n d e , e n p r i m e r ln - poner un texto depende, en primer lugar,
jj.'ir, fie l c o n t e n i d o d e e s c l e \ l o . del contenido de ese texto.
(tipo didotj [tipo akzidenz)

E l tip o d e le tra c o n q u e se h a d e c o m p o ­ El tipo de letra con que se ha de com ­


n e r m i te x to d e p e n d e , e n p r im e r lugar, d e l poner un texto depende, en primer
c o n te n id o d e e s e te x to . lugar, del contenido de ese texto,
(tipo new caledonia] [tipo univers]
L etra ro m a n a m o d e rn a L e tra p a lo s c c o

F i g . 3. Los cuatro estilos fundamentales de la clasificación tipológica de Francis Thibaudcau

embargo, con la egipcia y la paloscco, vez establecida la medida de un texto,


las medidas cambian: la medida mínima en qué ojos podemos componer. Por
es la expresada por el ojo de com posi­ ejemplo, si vamos a utilizar la romana a
ción; la óptima, la mitad más, y la má­ una medida de 26 ciceros, nos dice que
xima, el doble. Por ejemplo, suponga­ no debemos com ponerlo al ojo 8, pues­
mos que componemos, como anterior­ to que la medida máxima para com posi­
mente, con el ojo 10; pues bien, la medida ción con ojo 8 es 24 (8 x 3); por lo
de composición, con ese cuerpo, es a 10 tanto, lo podemos com poner con 9, 10,
ciceros; la óptima, a 15 ciceros, y la 11, 12, según el tipo de lector o la clase
máxima, a 20 ciceros. Es decir, que en los de obra. Por supuesto, no solo se debe
estilos egipcia o paloseco no es recomen­ tener en cuenta al lector, sino también el
dable componer a 8 ni a 22 ciceros con tipo de obra, ya que las obras de consul­
un ojo 11. Esto nos indica también, una ta, por ejemplo, que son de lectura

163
la bibliología

F ig . 4. Establecim iento de la cortesía de arranque de capitulo. Aunque puede hacerse


a capricho (o a ojo de buen cubero), es m ejor basarse en una proporción o medida
determ inada (5/8 equivale a proporción áurea)

discontinua, adm iten cuerpos más pe­ pequeño requerirán un interlineado mu­
queños (aunque en este caso se suele cho menor o incluso podrán prescindir
echar mano de la división de la página de él.
en columnas, y entonces puede adecuar­
se el cuerpo a la medida).
En cuanto al interlineado, puede ser 3 .1 .6 . B l a n c o d e c o r t e s ía
0, es decir, com poner un texto ojo/ojo; EN LOS A RRA N Q U ES
desde este punto de vista, com pondría­
mos un texto 10/10, sin interlineado (no Normalmente, el arranque o comien­
es recom endable el interlineado negati­ zo de prólogos, introducciones, capítu­
vo, es decir, aquel en que el ojo sea m a­ los, etcétera, se inicia con un blanco de
yor que el cuerpo: 9/8.5, por ejemplo, cortesía (en algún libro, tales partes pue­
ya que, en casos así, las astas ascenden­ den com enzar a la cabeza de la caja de
tes de una línea y las descendentes de la com posición, separadas entre sí por los
anterior se tocan). Lo norm al, en textos blancos que se hayan establecido — por
de lectura continua, es que haya un pun­ lo tanto, sin blancos de cortesía— , pero
to de interlineado; por ejemplo, 10/11, es lo menos habitual). Este blanco pue­
lo que perm ite una lectura muy equili­ de establecerse de varias maneras; por
brada y clara. En algunos textos, espe­ ejemplo, puede equivaler a un tercio o a
cialm ente los destinados a chicos y per­ un cuarto de la página (fig. 4). También
sonas de edad, el interlineado puede ser se aplica la proporción áurea; es de­
de dos o tres puntos para facilitar la lec­ cir, se hallan los 5 /8 de la altura de la
tura. página, que constituyen la parte del pie
Al establecer el interlineado debe te­ de la página, y los 3 /8 restantes son el
nerse en cuenta el ojo de la letra que blanco de cortesía; es un blanco seme­
utilicem os. Hay letras que tienen un ojo jante al tercio de la página, pero no exac­
m edio muy alto, por lo que requieren un tamente igual. Para que el lector se haga
interlineado fuerte, mientras que otras una idea, el cuarto de esta página que
letras que tienen un ojo medio más bien tiene ante sí equivale a 1 1 ,5 líneas ( 1 2 ,

164
el trabajo de edición

para redondear); el tercio, a 15 lincas, y de blanco del cuerpo del texto. Si no


los 5/8, a 17 lincas. fuera así, habría que cambiar los pará­
Cuando se aplica el blanco do corte­ metros.
sía, el texto debe comenzar a la altura
que se haya establecido según el valor
de esta; es decir, a la altura de la línea 3 .1 .7 . E s t é t ic a d e l a p á g in a
13 cuando se aplica el cuarto de la pági­ t ip o g r á f ic a
na: a la de la línea 16, si se aplica el
tercio, y a la altura de la línea 18, si se La página tipográfica, es decir, la caja
aplican los 5/8. Al principio de la pági­ de composición con lodos sus elem en­
na quedan en blanco, pues, 12, 15 y 17 tos auxiliares (textos de cabeza y de pie,
lineas, respectivamente. como folios, folios explicativos, etcéte­
La situación del antetítulo en los ca­ ra), no es solo un contínuum de m ate­
pítulos con título o bien de los títulos de riales formando líneas, párrafos, pági­
prólogos, introducciones, partes y casos nas, capítulos, partes, etcétera, coloca­
semejantes puede variar en función del dos unos detrás de los otros sin solución
gusto del técnico editorial, diseñador o de continuidad. Por el contrario, cada
editor de mesa que dirija la realización una de esas partes debe recibir la forma
de la obra. Por ejemplo, en los casos en más adecuada según sea su naturaleza y
que el título es genérico (prólogo, intro­ disponerse de una determinada manera
ducción, índice), puede colocarse a la para que el conjunto sea armonioso al
cabeza, y el texto comenzar a la altura propio tiempo que útil.
elegida, según se ha explicado antes. Un impreso cualquiera debe recibir,
Cuando haya capítulos u otras partes por parte de quien lo esboce o realice,
que tengan titulo propio, este se com ­ la forma más acorde con su propia esen­
pondrá del mismo cuerpo que los títulos cia. Con más razón, pues, la página ti­
genéricos, pero el antetítulo se com pon­ pográfica, quintaesencia del arte de la
drá de un cuerpo que vaya de la mitad a tipografía puesta a disposición del lec­
los tres cuartos del título propio, y am ­ tor. Así pues, el texto, si está bien cons­
bos se separan mediante una cantidad truido, puede dividirse en partes; estas
de blanco (de dos a cuatro líneas, por en capítulos; estos en párrafos, y estos,
ejemplo) que se respetará a lo largo de a su vez, en subpárrafos, apartados, suba-
la obra. partados, etcétera. Cada una de estas par­
El com ienzo del título y antctítulo tes recibe forma y disposición distintas.
también puede ser otro; por ejemplo, en Por ejemplo, los títulos de las partes sue­
el caso de los 5/8 de que se ha hablado len ocupar página independiente, impar
antes, se toma la mitad, el blanco equi­ (blanca la par posterior) y el capítulo
valente a ocho líneas, y ahí comienza la que la inicia comienza en página impar
zona del título de las partes del libro. con su cortesía de arranque de capítulo,
Para ello es conveniente saber si el títu­ como hemos visto (fig. 4).
lo más extenso de la obra, compuesto No todas las partes de un libro co­
con el cuerpo que para ellos se ha elegi­ mienzan de la misma manera. Algunas
do, cabe bien en el espacio de nue\e tienen posición fija, que debe respetar­
líneas que le hemos dejado, teniendo en se. Por ejemplo, la dedicatoria, el le­
cuenta que entre el título más extenso y ma, el índice de contenido, la presenta­
el texto (que en este caso comienza en ción, el prólogo, el capitulo primero de
la línea 18) quedan al menos tres líneas cada parte, el primer anexo, la biblio­

165
la bibliología

grafía y el índice de materias deben co­ carse por alguna razón. Por otro lado,
menzar en página impar. La lista de cua­ los párrafos terminan con una línea, la
dros e ilustraciones, los agradecimien­ última, que generalmente es corta. Este
tos, las advertencias y algunos de los hecho, que es normal, se convierte en
componentes de los anexos (cronologías, anormal cuando la línea corta tiene me­
etcétera) pueden ocupar página par o im­ nos de cinco letras, sin contar el punto.
par, según les corresponda. Las portadi­ En estos casos se resuelve recorriendo
llas internas (las que llevan el título de ligeramente el texto anterior para obte­
cada parte) deben com enzar siempre en ner alguna sílaba más con la que au­
página impar y la par siguiente debe ir mentar el contenido de la línea corta.
en blanco. En cuanto a! texto, es antiestético si el
Los capítulos com ienzan en página espaciado no es regular (por ejemplo,
nueva, que puede ser siempre impar (si cuando aparecen lineas muy espaciadas
todos empiezan en impar) o bien par o en la proximidad de líneas con espacia­
impar, según la que le corresponda (si do muy estrecho), cuando hay demasia­
van seguidos). Los capítulos se dividen dos guiones de final de linea seguidos (se
en párrafos, que son las unidades con­ consienten tres en m edidas norm ales
ceptuales formadas por un número inde­ y hasta cinco en medidas estrechas) y
term inado de líneas. Para descargar el cuando dos o más palabras o fragmen­
texto y no construir párrafos excesiva­ tos de palabras aparecen a principio o fi­
mente largos, que rechazan una lectura nal de dos o más lineas seguidas.
continua, los párrafos se dividen, cuan­ Una página o una columna o fragmen­
do es pertinente, en otras partes meno­ to de columna no deben comenzar con
res que se llaman apartados, a su vez una línea corta que sea final de párrafo
divididos en subapartados e incluso en (sí se admite si la línea corta comienza
partes menores. y acaba en la misma línea, es decir, aque­
Hay, además, otros aspectos que pue­ lla que por si misma forma un párrafo);
den contribuir a hacer más legible la pá­ por ejemplo, una que diga: «Sí, señor»;
gina, más equilibrado su contenido, más aunque sea corta, que lo es, se conside­
artístico el conjunto. Por ejemplo, los ra correcta).
párrafos suelen em pezar con un blanco Los títulos y subtítulos entre párrafos
al com ienzo de la primera línea, blanco deben estar precedidos y seguidos de un
que recibe el nombre de sangría y que blanco, el primero de los cuales debe
consiste en com enzar el texto algo más ser, preferiblemente, el doble que el se­
adelante al principio de la línea. Nor­ gundo o, en otro caso, que sea mayor el
malmente, con un cuadratín es suficien­ primero que el segundo. Al final de una
te, pero en lineas que midan más de vein­ página, detrás de una línea de título con
te ciceros puede utilizarse cuadratín y su blanco, no debe haber menos de dos
medio (un cuadratín es un cuadrado que líneas de texto; una es incorrecto.
tiene de lado tantos puntos como puntos La página final de un capítulo o parte
tenga el cuerpo — no el ojo— en que se semejante no debería tener menos líneas
compone; en un cuerpo 12, por ejem ­ que las que forman el arranque de capí­
plo, cuadratín y medio son 18 puntos; tulo (v. § 3.1.6). Como esto puede resul­
en un cuerpo 8 equivale a 12 puntos). tar imposible en la práctica, se acepta
Normalmente, pueden considerarse anti­ que cualquier página final de capítulo
estéticas sangrías cuyos blancos sean (llamada página de birli si es corta) ten­
desmesurados, salvo que puedan ju stifi­ ga como mínimo cinco líneas de texto.

166
el original

Para ello, en ocasiones puede ser nece­ de sopetón, sino a través de un atrio, o
sario marcar algún recorrido del texto en el propio domicilio mediante un za­
anterior, con objeto de hacer que un pá­ guán o vestíbulo. Esto no quiere decir
rrafo doble una línea y que las necesa­ que sean incorrectas las presentaciones
rias pasen a la página corta incorrecta de una obra cuando tales hojas no exis­
para que deje de serlo. ten, pero, si se puede, es mejor comen­
La estética de la página impresa tiene zar el libro con una hoja (dos páginas) de
también que ver con las letras iniciales cortesía.
destacadas que se emplean en algunas Lleve o no hojas de cortesía al princi­
revistas, incluso en las científicas. En pio, sí debe llevar el libro una hoja de
estos casos debe tenerse en cuenta que cortesía al final. A veces, los libros aca­
la inicial no debe ir en la primera línea ban de tal manera que la última página
de una columna ni tampoco tan al pie es impresa, y aun en ocasiones es total­
que no queden al menos dos líneas de mente impresa. Antiguamente, cuando se
texto después de la inicial (con las lí­ daban estos casos, el propio encuaderna­
neas que esta comprenda). dor añadía m anualm ente una hoja en
Es asimismo una cuestión de estética blanco para que el libro no terminase de
de la página la colocación y el tamaño forma tan abrupta. Hoy puede darse el
de las ilustraciones y de los cuadros. Es­ caso de libros que acaban así, abrupta­
tos nunca deben interrumpir el texto y mente, o bien, caso contrario, con diez
su tamaño debe estar en relación prim e­ o más hojas en blanco (especialmente en
ro con su contenido y después con el libros co n feccio n ad o s en los E stados
formato de la página. Normalmente, los Unidos). Aunque al editor le cuesta más,
correspondientes epígrafes deben tener a veces, elim inar esas páginas en blan­
la anchura del grabado o ilustración, sal­ co, la verdad es que no están empleadas
vo que por sistema tengan todos la m is­ en señal de respeto, sino de comodidad
ma medida, que en este caso será la de y ahorro (para el editor), por lo que no
la página o de la columna respectiva. deberían lastrarse con ellas los libros.
Contribuyen también a la estética de
la página las líneas de folio, que pueden
constar solo del número de la página, con 4. El original
filete o sin él, o bien ir acompañados del
nombre del autor, título del libro o de la Una vez aprobado el trabajo, el autor
parte, con numeración de esta o sin ella, debe corregirlo según se le haya indica­
normalmente subrayado por un filete a do (si ese es el caso) o presentarlo en la
toda la medida de la página. forma que en la editorial se haya esta­
blecido mediante las instrucciones a los
autores. El original puede presentarse de
3.1.8. H o ja s d e c o r t e s ía dos maneras: solo en papel o bien en
soporte inform ático (que com prende
Los libros pueden llevar una (es lo ha­ también una copia en papel).
bitual) o dos hojas totalmente en blanco
al comienzo, y pueden acabar con una
(como mínimo) o más hojas en blanco al 4.1. Original en p a p el
final. Las hojas de cortesía constituyen,
en principio, una muestra de respeto al Las normas para presentación de ori­
lector, al ofrecerle entrar en el templo no ginales suelen contener reglas muy pre­

167
la bibliología

cisas para la presentación de los origi­ 2) cuerpo del libro:


nales, tanto en papel como en soporte — partes, capítulos, párrafos, apar­
inform ático. Por lo que respecta al pa­ tados;
pel, se siguen las siguientes:
3) finales del libro:
1. E l f o r m a t o . Se tendrán en cuen­ — epílogo;
ta los siguientes datos: — ultílogo o posfacio;
— apéndices;
— en folio tamaño u n e A4 (21 x 29,7 — anexos;
centím etros); — índices: de materias, de auto­
— si es mecanografiado, a doble es­ res, de fechas (cronología), si
pacio (30 líneas de 70 pulsaciones son pertinentes;
aproxim adam ente); — glosario o vocabulario;
— margen izquierdo de 3 cm; — bibliografía:
— hojas numeradas correlativamente — fe de erratas;
desde 1 hasta // en el ángulo supe­ — colofón.
rior derecho;
— la numeración com ienza en la cu­ 2.2. De una tesis. El original de una
bierta, si la lleva, aunque en ella tesis debe constar de las siguientes par­
no se haga constar (por razones de tes:
estética);
— si es prueba obtenida por impreso­ l) preliminares:
ra, tal como indique la editorial. — cubierta: título de la tesis;
— portada: título, el subtítulo si
2 . E l t e x t o . Se deberán tener en procede, el número de volúme­
cuenta estas normas: nes si hay más de uno (con
numeración arábiga), el titulo
2.1. De una obra. El texto original de la serie, nombre del autor
de una obra debe constar de las seguido, si procede, de los títu­
siguientes partes: los o distinciones honoríficas;
institución, departam ento en
1) principios del libro: que se ha realizado la investi­
— portada: gación, director de la tesis, pre­
— título de la obra, con subtí­ sidente y miembros del tribu­
tulo si lo tiene; nal, grado al que se postula,
— nombre del autor o autores especialidad, fecha de defensa,
(se puede añ ad ir el titulo disponibilidad o editor y fecha
académico de cada uno); de edición;
— dedicatoria; — índice de contenido;
— lema; — resumen (extensión, aproxim a­
— índice de contenido; dam ente quinientas palabras):
— presentación (autor ajeno al de ha de ser un resumen analítico
la obra); en el que se preste atención a
— prólogo (del autor de la obra); los siguientes aspectos: ju stifi­
— introducción (del autor); cación, objetivos, metodología
— lista de cuadros o tablas; de investigación, resultados y
— lista de abreviaciones; conclusiones;

168
ei original

— lista de ilustraciones (si proce­ ción, teléfono, fax y correo elec­


de); trónico;
— lista de cuadros (si procede); — si se exige resumen, este se inclui­
— lista de abreviaciones (si pro­ rá en la segunda página y tendrá
cede); una extensión de unas cien a dos­
— glosario (si procede). cientas cincuenta palabras (de qui­
nientas a mil doscientas cincuenta
2) texto: pulsaciones);
— introducción; — en la misma página anterior, de tres
— texto: se dividirá en partes, ca­ a seis palabras clave para el índice
pítulos, párrafos, apartados, et­ y las bases de datos bibliográficas.
cétera (cada parte comenzará en
página nueva, impar), numera­
das mediante el sistema de nu­ 4.2. Original en soporte informático
meración decimal: I, t . l , 1.1.1,
1.2, 1.2.1, 2, 2.1, 2.1.1, y así Prácticamente las mismas normas que
sucesivamente. para soporte papel, pero, además, las si­
guientes especificaciones relacionadas
3) anexos. con el soporte de almacenamiento (dis-
quete, c d - r o m , zip, etcétera) que se debe
2.3. De un trabajo o articulo para una proporcionar:
revista científica. Las revistas suelen
contener una hoja de instrucciones a los — nombre del archivo y su tamaño
autores, instrucciones que deben seguir­ en bytcs;
se fielmente, aunque se esté acostum ­ — nombre del tratam iento de texto
brado a trabajar de otra manera. Ade­ con que se ha compuesto (M icro­
más de los requisitos para la presenta­ soft Word, W ordPerfect, Display
ción de los textos, la realización de citas Writer, Lotus SmartSuite u otro);
y bibliografías, en general las revistas — tipo de ordenador con el que se ha
suelen exigir los siguientes: trabajado ( pc, Macintosh);
— nombre del programa con que se
— las tablas, cada una en una hoja, han realizado las gráficas (Harvard
con sus epígrafes, se incluyen apar­ Graphics, por ejemplo);
te del texto del trabajo; — si se ha compaginado, nombre del
— en un sobre se incluyen las figu­ programa con que se ha realizado
ras, numeradas y con indicación de la com p ag in ació n (P ag eM ak er,
la orientación (con una flecha en Q uarkXPress, InDcsign, Ventura,
el dorso); los epígrafes de figuras FrameMaker);
se reúnen en hoja aparte; — si se utilizan otros programas, de­
— en la primera hoja del original de­ ben indicarse (Photoshop, Illustra­
ben incluirse datos como los si­ tor, etcétera).
guientes: título del artículo, nom­
bre y apellidos de los autores, nom­ Cuando el original se entrega en soporte
bre del centro en que han realiza­ informático, debe ir acompañado de una
do el trabajo con su dirección; per­ copia del trabajo en papel (obtenida por
sonas con las que debe mantener­ impresora). Esta copia en papel será so­
se la correspondencia y su direc­ metida a las operaciones editoriales que

169
la bibliología

permitirán enviarla al taller (o a la sec­ La labor de corrección de estilo debe


ción de compaginación), junto con el o encom endarse a persona responsable y
los disquetes o cd - rom , para su conver­ con experiencia en este tipo de trabajos.
sión en texto tipográfico. Debe tener el corrector una sólida forma­
ción literaria y gramatical y conocer los
problemas que más a menudo presenta el
4.3. Corrección de estilo lenguaje. A él corresponde la tarea nada
y preparación tipográfica fácil de un ificar criterios en cuanto a
grafías, acentos y otros extremos. En los
Una vez establecidas las líneas m aes­ casos de duda, y después de haber ago­
tras que definen la obra en sus aspectos tado los elementos de consulta a su al­
más destacados, se pasa a la corrección cance, debe someterla al propio autor o
de estilo y preparación tipográfica, con al traductor en su caso. Si esto no es po­
objeto de que en la imprenta puedan dar sible, debe recordar que el autor es due­
forma tipográfica al original, con vistas ño de su trabajo e incluso de la forma en
a convertir su texto en páginas de un que lo presenta y que, en caso de litigio,
libro. a él debe darse, en principio, la razón.
A ntiguam ente, estas dos funciones Sin em bargo, el autor, por su lado, no
eran dos especialidades separadas, de­ debe olvidar que ha entregado su origi­
sempeñadas por técnicos distintos. Des­ nal a un editor determ inado al que él
de hace ya mucho tiempo, pero sobre debe conocer o, cuando menos, saber qué
todo desde que se impusieron los méto­ edita y cómo lo edita. De la misma ma­
dos técnicos derivados de la autoedición nera que el articulista científico acepta
(a partir de 1985), ambas funciones sue­ las condiciones de edición establecidas
len ser desempeñadas por una sola per­ en las instrucciones para los autores de
sona. A ella se le exige una presenta­ las editoriales hemerológicas (v. § 2.3.3),
ción literaria impecable del original y la tam bién el autor, cien tífic o o no, de
señalización de cada una de las partes una editorial bibliológica debe aceptar, a
de la obra para que sean interpretadas priori, las condiciones de edición del edi­
correctam ente por el técnico de la im­ tor que ha elegido.
prenta o compaginador-autoeditor. La labor de señalización tipográfica
La profundidad o dificultad de la co­ del original consiste en valorar tipográ­
rrección de estilo depende, naturalm en­ ficamente cada una de las partes del li­
te, de la forma de escribir del autor o bro, desde el texto general hasta el últi­
del traductor. Si este es pulcro y conoce mo anexo, pasando por la portadilla, la
bien la herram ienta que maneja (el len­ dedicatoria, las partes, los capítulos, la
guaje), la labor del corrector de estilo se forma de los párrafos, el valor y coloca­
aligera notablemente. Sin embargo, no ción de los títulos y subtítulos, la colo­
es este el caso más general, y aun habría cación de las notas y citas bibliográficas
que decir meridianamente que sucede lo y otros casos que dependerán del tipo
contrario: los escritores españoles, espe­ de obra de que se trate. Para advertir la
cialm ente los técnicos y científicos, sue­ importancia de esta función, recuérdese
len escribir mal (a veces muy mal) y, que la forma gráfica del libro, su equili­
por consiguiente, sus originales exigen brio visual, su estética global, dependen
un trabajo profundo para dejarlo en for­ de la señalización tipográfica, lo cual
ma de ser leído por su destinatario sin requiere en el profesional una gran peri-
rechazo. cii- y sentido de la tipografía.

170
el original

La letra tipográfica con que se ha de gradación aparte del general. En estos


componer la obra debe estar en conso­ casos, la complicación aum entaba y la
nancia con el contenido de esta. Por aplicación de tan complejo sistema se
ejemplo, una obra de lectura continua hacía sumamente difícil.
puede componerse con una letra roma­
na, sea antigua o moderna, mientras que
un diccionario, que es de lectura discon­ 4.4.1. N u m e r a c ió n d f x t m a l
tinua, admite (si así se desea) una letra n r . C A PÍTU LO S
egipcia o paloseco.
Existe actualmente la llamada nume­
ración decimal de capítulos, norma in­
4.4. Numeración de ios capítulos ternacional que se aplica de la siguiente
y sus partes manera: los capítulos se numeran corre­
lativamente a partir del 1; cada capítulo
Antiguamente se aplicaba un sistema puede subdivid irse en n partes (subtítu­
de numeración de capítulos com pues­ los) desde I hasta n; cada parte, a su
to de letras mayúsculas y minúsculas, vez, puede dividirse en otras partes me­
cifras romanas y cifras arábigas cardi­ nores (párrafos) desde 1 hasta n; y así
nales u ordinales e incluso, si fuera ne­ sucesivamente:
cesario, letras griegas, seguidas general­
mente de paréntesis de cierre, punto o l.
medio cuadratín, y en unos u otros ca­ 4. 4.1.
4.2. 4.2.1.
sos se podían aplicar índices para repe­
4 . 2 .2 . 4 . 2 . 2 . I.
tir la misma numeración anterior pero 4 .2 .2 .2 . 4 .2 .2 .2 .I.
con un grado inferior de importancia. El 4 .2 .2 .2 .2 .
sistema resultaba sumamente complejo
y en algunos casos podía alcanzar una Si la obra lleva un prólogo y se quiere
gradación importante, como se muestra numerar, se le asigna el 0; la introduc­
a continuación: ción puede numerarse como 00. Sin em ­
bargo, recuérdese que se denomina nu­
l. meración decimal de capítulos, es decir,
I) que se aplica desde esta subdivisión del
A.
libro para abajo, y que por lo tanto esta
A)
I. numeración no es aplicable a tomos, li­
I) bros o partes cuando la obra lleve estas
a) divisiones. La numeración que se aplique
o) a los títulos de partes o secciones del ca­
aa)
a) pítulo situados en párrafo aparte debe ser
aa) independiente de la serie que se aplique
a los titulillos en línea, es decir, aquellos
Tal cantidad de grados no era fácil que que se sitúen en la prim era línea del pá­
apareciera en la mayor parte de las obras, rrafo correspondiente. La num eración
pero en algunos casos incluso podía au­ decimal es un método que ayuda a ele­
mentarse al situar ciertas partes, las me­ gir la gradación tipográfica de los títu­
nos importantes, en línea con la primera los y subtítulos. Así, por ejemplo, si el
linca del texto, fuera numerada o no, apartado 1.1 se escribe con negrita cur­
con lo que se establecía un sistema de siva, esta será la clase de letra que co­

171
la bibliología

rresponda a los apartados 2.1, 3.1, 4.1 y b) las cantidades (alineación decimal):
así sucesivamente. AI escribir la nume­
ración decimal, todas las cifras llevan el 4 365,467 098 8
23 444 ,4 6 7 098 85
punto que les corresponde, incluida la úl­
423 453,673 521 743
tima: 4.2.3.2.; sin em bargo, al mencio­ 5 154 9 7 5 ,9 6 5 234 548 6
narla en una remisión o referencia, el úl­ 4 6 876 5 49,784 234 564 67
timo punto se omite: (v. 4.2.3.2). 34 6 876 5 49,784 234 564 679

b) los números romanos:


4.5. La alineación de los datos
i. L etras
11. E sp acios
La alineación de las partes de un tex­ III. L incas
to consiste en la colocación de un dato, IV. P árrafos
conjunto de datos o texto en una posi­
ción o situación determ inadas, margina­ I. L etras
II. E spacios
do o sangrado en cantidad variable para
III. L íneas
que coincida vertical u horizontalmcntc IV. P árrafo s
con otro u otros que ocupan situación
igual o sim ilar c) párrafos, apartados y subapartados:
La alineación afecta a varios aspectos
del texto. Por un lado, el texto general de 1) El libro
A ) Partes externas
un libro puede alinear por la izquierda
a) la faja
(bandera por la derecha), por la derecha b ) la sobrecubierta
(bandera por la izquierda) o por los dos c) la cubierta
márgenes al mismo tiempo (composición D) Partes internas
justificada). Por otro lado, un dato, línea a) principios del libro
a*) páginas de c o rtesía
o conjunto de líneas pueden adoptar una b') p o rta d illa
posición cualquiera en relación con otros O p o rta d a
datos internos del texto, sea cual fuere la b) cu erp o del libro
disposición general de este. Por ejemplo, c) finales del libro
2) R ealización del libro
los párrafos pueden llevar sangrada la
A ) Pasos fundam entales
primera línea (párrafo ordinario), todas B) O peraciones troncales
las líneas menos la primera (párrafo fran­ a ) corrección de co n cep to
cés) o bien sangradas todas las lineas por b) corrección de estilo
la izquierda, por la derecha o por ambos
lados, en relación con el texto general en d) asteriscos (en notaciones):
que se inscribe.
* El a utor se re fie re a las accio n es del Ejér­
Entre otros datos, se alinean: c ito de S alvación N acional que a ctuaba por
a q u ellas fechas.
a) las cifras arábigas cuando vienen ** V éase el apartado 2.3.
en columna: N o h a y d a to s f e h a c i e n te s a c e rc a
de este ep isodio de la historia de esta parte de
Á frica.
5 5. 5)
25 25. 2 5)
125 125. 125) e) fechas:
1 225 1 225. 1 2 25)
42 556 42 556. 42 556) 10/01/1996
54 2 556 542 556. 542 5 56) 0 1 /1 0 /1 9 9 6

172
el original

10.01.1996 plano horizontal aunque sus cuerpos o


01 .1 0 .1 9 9 6 clases sean distintos:
10-01-1996
0 1 -1 0 -1 9 9 6

Si las fechas se escriben sin los ceros


__ L dmT

que suplen la falta de un dígito, como F ig . 5. La linca estándar


se ha hecho en los ejemplos anteriores,
no vienen en columna, lo que a veces
La alineación vertical depende de la for­
supone un grave inconveniente desde el
ma de los párrafos, ya sea sangrando la
punto de vista estético (por ejemplo, en
primera línea (párrafo ordinario), ya to­
cuadros, cronologías, etcétera):
das menos la primera (párrafo francés)
o cualquiera de las disposiciones que un
1.1.1996
2.1 0 .1 9 9 6
texto puede adoptar en cuanto a su for­
10.2.1996 ma (v. § 7.3).
21 .1 2 .1 9 9 6

/ ) abreviaturas y datos similares por 4.6. La composición del texto


su disposición:
Los procedimientos de com posición
a u ni. aum entativo de los textos han variado mucho a lo
bad. badana largo del tiempo. Johann G ensfleisch
coord. c o o rd in ad o r Gutenberg inventó el tipo suelto o mo­
encuad. en cu ad ern ació n
vible y con él se com pusieron los tex­
multigr. m u ltig rafia d o
reprod. rep ro d u cció n
tos, tanto los bibliológicos com o los he-
transcr. tran scrip to r merológicos, a lo largo de casi cuatro
siglos y medio. La com posición, espe­
aum. a u m en tativ o cialmente la de los periódicos, se hacía
bad. b ad an a con equipos de cajistas que se dividían
coord. c o o rd in ad o r el original en entregas y conjuntaban lo
encuad e n cu ad ern ació n
compuesto por cada uno para proceder
multigr. m u ltig rafia d o
reprod. rep ro d u cció n a la compaginación y posteriormente a
transcr. tra n scrip to r la tirada.
La composición era un trabajo peno­
aum ...................................... .... aum entativo so y lento. El cajista situaba en la parte
b a d . ......................................... bad an a inclinada de un chibalete o comodín con
c o o r d . ..................................... co o rd in ad o r
pupitre la caja en la que estaban deposi­
encuad .....................................e n cu ad ern ació n
m u ltig r. ............................. ..... m ultigra fiad o tadas las suertes de la letra elegida para
re p ro d . .............................. .....rep ro d u cció n el texto general de la obra o trabajo. Si
tra n scr. .............................. .... tran scrip to r había un cambio en el cuerpo o la incli­
nación de la letra, había que ir a otra
La alineación horizontal se refiere a la caja, com poner el texto, guardarla de
situación en la misma línea, llamada li­ nuevo y volver a la anterior. Las líneas
nea estándar, de palabras de distintos compuestas se iban depositando en un
cuerpos, estilos o familias, de modo que galerín, y cuando se completaba la lon­
el pie de las letras coincide en el mismo gitud de este, el texto tipográfico com ­

173
la bibliología

puesto, llamado galerada, se ataba y se tercera cinta perforada sin erratas. Pos­
apilaba junto con las restantes de la m is­ teriormente se introdujo una película do­
ma obra. Una vez terminado el original, ble para poder corregir las erratas por
se les sacaba una prueba, que se desti­ medio del stripping, levantando una de
naba a la corrección. las capas de la película para añadir otra
Este sistema em pezó a ser sustituido capa nueva con la corrección. Cuando
por otro más rápido y seguro cuando en la fotocomposición alcanzaba altas co­
1886 Ottmar M ergenthaler inventó la li­ tas de perfeccio n am ien to surgió, en
notipia en los Estados Unidos. Se trata­ 1985, la autoedición, al poner a punto
ba de una máquina maravillosa que pro­ un programa compaginador (el PageMa­
porcionaba las líneas en una sola pieza, ker) y una impresora de láser (la La­
con lo que se eliminaba el peligro de los serWriter).
em pastelam ientos o desorganizaciones A partir de ese momento se incremen­
de la com posición, muy comunes en la tan las ventajas de este sistema de com ­
composición manual. Sin embargo, el he­ posición y compaginación de textos, en
cho de que la máquina dispusiera de un constante evolución y perfeccionamien­
crisol en el que se hallaba el material de to. En este sistema, que puede com bi­
imprenta (plomo, antimonio y estaño) en narse to n bases de dalos para el trata­
estado líquido, hacía que sus evapora­ miento de la información, se pueden lle­
ciones fueran peligrosas para los opera­ var a cabo las composiciones más com ­
rios. Por consiguiente, en el momento plejas (por ejemplo, los diccionarios) sin
mismo de su invención se le empezaron gratules problemas, con enormes venta­
a buscar sustitutos a la linotipia. jas. Muchas revistas, científicas o no, y
A finales del siglo xix ya se habían editoriales han instalado ordenadores
empezado las investigaciones para con­ para la composición y compaginación
seguir un sistema de composición que de sus libros mediante este sistema. Esto
aprovechara las cualidades de la foto­ ha hecho que los antiguos talleres de
grafía. Desde com ienzos Jel siglo xx, fotocomposición, pese a haberse recon­
estas investigaciones fueron incremen­ vertido a los nuevos sistemas, se hallen
tándose en todos los países, especialmen­ en franca regresión en lo que respecta a
te en Francia y los Estados Unidos. A su número y al volumen de trabajo. Sin
mediados de ese siglo se puede decir embargo, es aquí donde el nuevo siste­
que com ienza a ser rentable el primer ma, la autoedición, no aporta ventaja nin­
sistema de fotocomposición, la primera guna, sino todo lo contrario. Los talle­
generación de fotocomponcdoras, que no res de fotocomposición están dirigidos
eran más que linotipias transform adas por profesionales de la composición y
para su uso con matrices fotográficas de compaginación de textos, y los autoedi-
cada letra, en lugar de matrices de latón. tores, salvo excepciones, son, en muchos
Desapareció, pues, el crisol con sus pe­ casos, meros aficionados que saben apro­
ligros, pero el sistema era muy lento. vechar las virtudes de los ordenadores y
Las correcciones suponían, en estos pri­ de los programas con los que trabajan,
meros aparatos de fotocomposición, una pero que ignoran todo aquello que los
remora importante. Se llegaron a utili­ ordenadores y los programas no saben o
zar dos cintas perforadas, la compuesta no pueden hacer.
originalmente, antes de la corrección, y En esta encrucijada, de la que no se
otra con las correcciones; sometidas las sabe cómo se saldrá, el perdedor es el
dos juntas a un proceso, se obtenía una texto y, con él, el lector.

174
el original

4.7. La corrección que en una sola lectura las encuentre


de las pruebas tipográficas todas. Por eso generalmente los libros y
otros trabajos editoriales se someten a
Cuando el texto está compuesto, se le dos lecturas como mínimo.
saca una prueba (generalmente por im­ Cuando se ha terminado la corrección
presora de láser, si se trata de autoedi- de las galeradas (o corrección de prime­
ción, o por otro procedimiento), prueba ras pruebas) se procede a com paginar la
que se destina a su corrección por un obra, es decir, a disponer el texto, más
corrector tipográfico (y por su autor o los cuadros y las ilustraciones, en forma
traductor). Las primeras pruebas se lla­ de páginas, con sus dimensiones. De es­
man también galeradas, palabra que per­ tas páginas se saca una nueva prueba,
tenece a la antigua terminología, cuan­ que será sometida también a un correc­
do se componía a mano o con linotipia tor tipográfico, preferiblemente distinto
o monotipia, aunque ahora, tanto en foto- del que realizó la primera corrección.
composición como en autoedición, no Estas pruebas (también llamadas com­
procedan de una galera ni de un galerín. paginadas), se someten a una correc­
La corrección de galeradas es un tra­ ción tan estricta y atenta como la de ga­
bajo que en su sencillez aparente encie­ leradas, con la condición de no cambiar
rra mucha dificultad, de la que se deriva los criterios aplicados si no hay para ello
una gran responsabilidad. El corrector razones de peso. Por ejemplo, si en pri­
ha sido siempre, desde que la imprenta meras se dejó una grafía como periodo
existe, una pieza fundamental en el mun­ y zodiaco y se halla unificada a lo largo
do tipográfico y editorial. No es un sim­ de toda la obra, no hay razón alguna
ple «barrendero de erratas», como al­ para sustituirlas por periodo y zodiaco,
guien podría creer. De él depende, en respectivamente. Sin embargo, si de la
última instancia, la perfección del traba­ corrección anterior se escapó la incohe­
jo, la unificación de criterios en rela­ rencia de escribir unas veces periodo y
ción con la grafía. Muchas veces, la co­ otras periodo, indistintamente, la obli­
herencia interna de algunas obras no es gación del corrector de segundas o com­
fruto de su autor, sino de sus correcto­ paginadas es unificar ese criterio. Para
res (sin duda empezando por el de esti­ ello le puede servir de guía el uso del
lo, pero, si este falla o falta, siempre autor en otros casos. Por ejemplo, su­
estará ahí el corrector tipográfico para pongamos que el autor utiliza zodiaco;
hacer valer sus minuciosos conocimien­ en este caso se puede colegir que em­
tos). pleará periodo con preferencia a perio­
El corrector tipográfico debe leer las do, puesto que si hubiera preferido esta,
galeradas o pruebas muy atentamente, lo lógico sería que hubiera escrito tam­
sin distracciones. Debe apuntar todas las bién zodiaco.
grafías que le parezcan exóticas, sobre En la corrección de segundas pruebas
todo si duda de su memoria. Es impor­ debe prestarse especial atención a los
tante saber si en un nombre extranjero elementos correlativos, com o son:
hay o no una h intercalada, si lleva u· o
v, si hay algún diacrítico poco habitual. — las num eraciones (folios, partes,
Una de sus funciones más importantes capítulos, párrafos, apartados);
es la eliminación de las erratas, es decir, — los títulos y subtítulos, con objeto
de las equivocaciones materiales come­ de que mantengan siempre la mis­
tidas al componer, pero no quiere decir ma grafía y posición;

175
la bibliología

C uA DkO 4. L la m a d a s y s ig n o s e m p le a d o s en c o r r e c c ió n d e e s t ilo y tip o g r á fic a

1. L la m a d a s rrcc c ió n de estilo com o en la tipo­


g rá fic a para separar elem entos de dis­
tinta im portancia.
10. Poner sangría de cuadratín y
medio. Se usa tanto en la corrección
de e stilo co m o en la tipográfica.
11. Componer dos o más letras con
2. S ig n o s ligadura, es decir, en un solo blo­
í\
A que. Se usa tanto en la c orrección de
1. Colocar blanco entre lineas. Se 1 estilo com o en la tipográfica. Es con­
usa tan to en la c o rre c ció n de estilo vv
vy v eniente hacerlo especialm ente en las
com o en la tip o g ráfica. Se debe in d i­ c o m b in acio n es ft y fl.
c ar la can tid ad de b lan co (2 p., 1 I.); 12. Componer en posición voladi -
si no se indica, se so b ren tien d e que ta. Se usa tanto en la corrección de
se trata de una línea de blanco. <K o estilo com o en la tipográfica. El sig­
2. Eliminar blanco indebido entre li­
neas y juntarlas. Se usa tan to en la
f 4 no con que se indica p uede variar:
una raya vertical o una ondulada ver-
co rrecció n d e estilo c o m o en la tip o ­ tic a lm c n te.
G r g rá fic a , p ero sobre to d o en esta. 13. Componer en posición subíndi­
3. Eliminar espacio entre letras y ce. Se usa tanto en la co rrección de
juntarlas. Se usa tan to en la c o rre c ­ e stilo com o en la tipográfica. El sig­
ció n de estilo (d o n d e se tacha la le­ no con que se indica puede variar:
tra con el trazo v ertical) com o en la una raya vertical o una ondulada ver-
tip o g ráfica, p ero m ás en esta. ticalm cn te.
4. Colocar un espacio entre dos le­ 14. Cambiar el orden de dos letras,
tras o palabras, separar, abrir. Se usa palabras u oraciones. Se usa tanto en
tanto en la c o rre c ció n de estilo co m o r u la c o rrecció n de estilo com o en la ti­

* en la tip o g ráfica . A v eces se debe


indicar la can tid ad d e b lanco q u e hay
p o g rá fic a . N o hace falta p o n e r nú­
m eros para indicar el orden.
que añadir. 15. Cambiar el orden de tres letras,
5. Suprimir lo indicado por la lla­ palabras u oraciones. Se usa tanto en
mada (letra, palabra, frase, oración, la co rre c ció n de estilo com o en la ti­
párrafo, etcétera). Se usa en c o rre c ­ FüilT] p o g rá fic a . Es necesario indicar el or­
ción tip o g ráfica , ya q u e en la de es­ d en en que deben colocarse las par­
tilo lo que haya que su p rim ir se ta­ tes.
cha d irectam en te. 16. Cambiar el orden de una. dos o
6. Suprimir la tilde. Se usa tan to en más lineas o párrafos. Se usa más en
la co rre c ció n de e stilo com o en la la c o rre c ció n tipográfica que en la de
tip o g ráfica. N o b asta, en esta últim a, estilo. Puede indicarse de las dos m a­
co n e sc rib ir la letra sin tilde, porque n eras expuestas, o bien num erando las
A la co rre c ció n c o n siste p recisam en te i lín eas según el orden que hayan de
en su p rim ir esta. El c o rre c to r po d ría g u ard ar.
no h acer c aso de la in dicación. 17. Sustituir el punto y aparte por
7. Añadir sangría. Se usa tan to en punto y seguido. Se usa tanto en la

□ la c o rre c ció n de e stilo co m o en la


tip o g ráfica. En un c aso com o en otro,
la can tid ad d e san g ría tiene que h a ­
c o rre c ció n de estilo com o en la tip o ­
g rá fic a . El signo une el final de un
p á rra fo y el com ienzo del siguiente
berse esta b le c id o p rev iam en te. para que form en uno solo.
8. Poner un espacio en blanco de un 18. Punto y aparte. Se usa tanto en

□ cuadratín. Se usa ta n to en la c o rre c ­


ción de estilo corno en la tip o g ráfica
para sep a ra r dos elem en to s que no
perten ecen a la m ism a categoría.
la c o rrecció n de estilo com o en la ti­
p o g ráfica. El signo debe ser el in d i­
cad o y no otro, pues ninguno com o
este da la sensación de rom pim iento
9. Poner un espacio en blanco de me­ d e la linca donde hay que establecer
dio cuadratín. Se u sa tanto en la co- el nuevo párrafo.

176
el original

19. Componer sin sangría. Se usa 29. Componer con letra mayúscula
Lmto en la co rrecció n de estilo com o o versal cursiva. Se usa tanto en la
en la tip o g ráfica. Indica que la san ­ corrección de e stilo co m o en la tipo­
gría ex isten te no debe m antenerse. g ráfica. Tam bién se puede indicar su ­
20. Llenar la linea. Se usa en la co ­ brayando u ovalando el texto y aña­
rrecció n tip o g ráfica cu ando una li­ diendo: may. curs., may. c a o c. a. c.é.
nea final de p á rra fo es corta y d ispo­ 30. Componer con letra mayúscula
ne de un blanco inferior al de la c o ­ o versal negrita. Se usa tanto en la
rresp o n d ien te sangría si la usa o la corrección de estilo com o en la tip o ­
que en su caso usaría. g rá fic a . T am bién se p u e d e in d ic a r
21. Vale lo tachado. Queda sin efec­ su b ra y an d o u o v a la n d o el te x to y
to la corrección señalada. Se usa añadiendo: may. negr., may n.' o c. a.
tanto en la co rrecció n de estilo com o negr.
en la tipográfica, en am bos casos para 31. Componer con letra mayúscula
indicar que una correcció n es inváli­ o versal cursiva negrita. Se usa tan­
da y que vale el texto tachado. to en la corrección de e stilo com o en
22. Componer con letra cursiva. Se la tipográfica. T am bién se puede in­
usa en la correcció n de estilo y en la dicar subrayando u ovalando el texto
tip o g ráfica. Tam bién puede indicarse y añadiendo: may. curs. negr. o may.
su brayando ti ovalando el texto y a ñ a ­ c.*n.\
diendo: curs., c*. 32. Anular el subrayado. Se usa tan­
23. Componer con letra cursiva ne­ to en 11\ corrección de estilo com o en
grita. Se usa tanto en la corrección -/ / i**/· la tip o g ráfica . 1:1 su b ra y ad o puede
de e stilo com o en la tipográfica. Tam ­ com prender una o m ás líneas.
bién se puede indicar subrayando u 33. Igualar el espaciado. Se usa en
ovalando el texto y añadiendo: curs. la corrección tip o g ráfica cuando los
negr. o c.a negr. espacios que separan las palabras son
24. Componer con letra versalita Se desiguales.
usa tan to en la co rrecció n de estilo 34. Centrar las lineas en sentido ver­
co m o en la tipográfica. También se tical. Se usa esp ecialm en te en la c o ­
puede indicar subrayando u ovalando
el texto y añadiendo: vers. o v.\ II rrec c ió n tip o g rá fic a , p e ro a veces
tam bién en la de estilo.
25. Componer con letra versalita 35. Centrar las lineas horizontal­
cursiva. Se usa tanto en la c o rre c ­ mente. Se usa e sp e c ia lm en te en la
ción de estilo com o en la tip o g ráfi­ corrección tip o g ráfica, pero a veces
ca. Tam bién se indica subrayando u tam bién en la de estilo.
ovalando el texto y añadiendo: vers 36. Recorrer el texto. Se usa en la
curs., vers. c.ü. >'/ curs. o v.' c * corrección tipográfica para ganar (por
26. Componer con letra versalita ne­ la izquierda) o rec o rre r (por la d e re ­
grita. Se usa tanto en la corrección cha) el texto.
de estilo com o en la tipográfica. Tam ­ 37. Parte del texto ilegible o du­
bién se puede in d icar subrayando u dosa. Se usa tanto en la corrección
ovalando el texto y añadiendo: vers. de estilo com o en la tipográfica. Tam ­
negr., vers. n.' o v.* n.\ bién se puede indicar con un signo
27 . Componer con letra versalita de interrogación de c ie rre en el m ar­
cursiva negrita. Se usa tanto en la gen o una o dos rayas verticales, con
co rrecció n de estilo com o en la tip o ­ signo de interrogación o sin el.
g ráfica. Tam bién se puede indicar su ­ 38. Evitar que varias lineas segui­

i]
brayando u ovalando el texto y a ñ a ­ das terminen con el mismo signo.
diendo: vers. c.9 negr. o v.%c.ú n.\ Se usa solo en la c o rre c c ió n tip o ­
28. Componer con letra mayúscula g rá fic a .
o versal. Se usa en la corrección de 39. Trasladar de sitio una porción
estilo y en la tip o g ráfica. Tam bién se de texto. Se usa tanto en la co rre c ­
puede indicar subrayando u ovalando Y A ción de estilo co m o en la tip o g ráfi­
el tex to y añ ad ien d o , generalm ente ca. El destino ha de indicarse con c la ­
al m argen: muy. o c. a. ridad para ev itar confusiones.

177
la bibliología

— los blancos, para que tengan las su derecha, se coloca la enmienda, ge­
mismas dim ensiones en todos los neralm ente representada por un signo
casos semejantes; (véase el cuadro 4, § 1).
— la situación de los capítulos, se­
guidos (es decir, en página nueva 2. Los s i g n o s . Los signos se emplean
cada vez, sea par o impar) o en tanto en corrección de estilo como en
página impar; corrección tipográfica, eligiendo en cada
— com ienzo del prólogo, la introduc­ caso el más adecuado para lo que se
ción, el índice de contenido, los quiere expresar (v. c. 4, § 2). General­
apéndices o anexos. mente indican una operación, que puede
consistir en suprimir o aumentar espa­
El corrector tipográfico de segundas cio entre líneas o letras; suprimirlas; po­
debe pensar que, muy probablemente, tal ner sangría o espacio especial; colocar
como él deje la obra, así saldrá. Y debe las letras de determinada manera (por
saber también que las erratas o irregula­ ejem plo, voladitas o subíndices); cam ­
ridades que tanto le cuesta a él encon­ biar el orden de letras, palabras o frases,
trar y corregir, saltarán a la vista en el incluso de párrafos; unir dos párrafos o
momento mismo en que la obra llegue a dividir un párrafo en dos; suprimir la
la editorial procedente del taller de en­ sangría o hacer que una linea corta sea
cuadem ación. Por ello, toda atención es com pleta, y, finalmente, una serie de in­
poca. dicaciones que tanto pueden hacerse en
corrección de estilo como en la tipográ­
fica, con la salvedad de que en la pri­
4.7.1. S ignos m· corki-cción mera se hacen en el mismo texto (por
ejemplo, indicar que una palabra, frase,
En la corrección de estilo, como en la etcétera, han de componerse con cursi­
tipográfica, se emplean unos signos que va, versalitas, mayúscula o versales), sin
indican al com positor cuáles son los sacarlas al margen, mientras que en las
cambios que debe introducir en el texto. pruebas tipográficas se indican siempre
Como en general coinciden en sus fun­ en el margen más próximo a la situa­
ciones, los damos en el mismo cuadro ción de la errata.
(v. c. 4). Solamente distinguimos entre El escritor debe conocer estos signos
llamadas y signos, por el hecho de que y su utilización, ya que son entendidos
las llamadas no indican operación algu­ por todos los profesionales que de una u
na, solo sirven para señalar el lugar don­ otra forma han de tratar su texto. Si este
de se halla el error, mientras que los se presenta ya tipografiado, es decir, con
signos son aplicables a la corrección de la letra que corresponde exactamente a
estilo o a la tipográfica según las nece­ cada parte de su texto (con más razón si
sidades. presenta el texto ya compaginado), las
indicaciones de cambios de tipos o cla­
1. L as l l a m a d a s . Las llamadas son ses de letras son innecesarias, puesto que
trazos de diversas formas con que el co­ ya está explícito en la forma misma de
rrector señala la letra, conjunto de le­ la tipografía. Esto resulta hoy niuy fácil
tras, palabra, conjunto de palabras, etcé­ mediante el poderoso auxilio de la in­
tera, que deben ser corregidas. La m is­ formática. El problema radica precisa­
ma señal que se haga en el texto se repi­ mente en aplicar esas diversas tipogra­
te al margen de la prueba y, siempre a fías con acierto. Para ello, en cualquier

178
el original

caso, el escritor debe conocer los usos


tipográficos, las aplicaciones de las di­
versas clases de letras, las formas de con­
figurar una página, las normas de co­
rrección ortotipográfica, etcétera, lo cual
no es fácil.

4.8. La maqueta de compaginación

En obras complejas, con mucha ilus­ F ig . 6. E squem a de una m aqueta, con la situ a ­
tración y cuadros o tablas, así como en ción de las cajas de com posición (m ancha), el
las revistas, es necesario preparar una folio de cabeza y la línea áurea (trazos horizon­
maqueta de compaginación en la que se tales) para el a rranque de los cap ítu lo s y dem ás
p artes del libro, incluido el corte del papel una
indique claram ente al com p ag in ad o r vez refilado
dónde va cada elemento. Para ello se tra­
za un esquema con las dimensiones de la
página con su folio y con las dim ensio­
nes de corte de la obra; las páginas han 4.9. Los índices alfabéticos
de aparecer colocadas en el lugar que les
corresponda dentro de la página de pa­ Las obras técnicas y científicas, así
pel. Después, con un juego de galeradas como las históricas y de ensayo, deben
distinto del que ha servido para la correc­ Nevar (aunque a veces no los lleven) va­
ción (en estos casos siempre se piden dos rios índices alfabéticos (además del ín­
juegos de pruebas), una vez que estas ha­ dice de contenido, ordenado sistemática
yan sido corregidas (con objeto de tener o metódicamente, generalmente situado
en cuenta las líneas que se aumentan o al principio del libro en este tipo de
disminuyen a causa de las correcciones obras). Esta presencia de índices alfa­
introducidas), se va formando cada pá­ béticos es una exigencia científica que
gina, en la que se sitúan la ilustración y solo en países de bajo nivel cultural pasa
los cuadros o tablas. Para ello se tiene en inadvertida. Su confección es una labor
cuenta que las partes mas visibles de dos ingrata, cierto, pero la cultura exige que
páginas enfrentadas son las superiores no se cumplan solo las funciones am a­
marginadas al exterior, y es ahí donde se bles y compensadoras, que permiten un
deben colocar preferiblemente las ilustra­ lucimiento máximo con el mínimo es­
ciones y los cuadros cuya situación no fuerzo, sino todas aquellas que la cien­
esté obligada por razón de una llamada cia y la técnica exigen para su esclareci­
o una indicación precisa en el texto. miento y aprovechamiento por los lecto­
Las pruebas del texto, las ilustraciones res y los investigadores.
y los cuadros se recortan exactamente a Normalmente, los índices alfabéticos
sus dimensiones y se pegan en el lugar son de autores, de materias o una terce­
oportuno de la maqueta. El pegamento ra forma que comprende los dos juntos.
ha de ser de los que permiten levantar la El índice de autores suele recoger no solo
prueba para situarla de otra forma (en­ los autores propiam ente d ich o s, sino
grudo, por ejem plo), cuestión que se también los nombres de personas men­
plantea muy a menudo al preparar una cionadas en el texto. Por esta razón, es
maqueta. mejor titularlo índice de antropónimos o

179
la bibliología

índice antroponímico, y en él distinguir, continua o p o r letras o discontinua o por


mediante la grafía, los que son autores de palabras. La alfabetización continua o
los que no lo son; para ello, basta con por letras considera que todas las pala­
tipografiar los nombres de autores con bras que forman el elem ento que haya
versalitas en el o los apellidos, mientras que alfabetizar forman una sola palabra
que los de personajes mencionados apa­ (aunque los espacios que separan a unas
recen de redondo normal. Si se mezclan de otras sigan en su lugar), mientras que
los índices de antropónimos y el de mate­ la alfabetización discontinua o por pala·
rias, pueden aparecer con el título de ín­ bras alfabetiza cada palabra del conjun­
dice alfabético, que podría com prender to. En este caso puede hacerse de dos
también el índice de topónimos o topo­ maneras: contando, en la alfabetización,
nímico en el caso de que estos no fueran los nexos o conectivos (artículo, pre­
en cantidad tal que justificaran la confec­ posiciones y conjunciones), o bien pres­
ción de un índice de topónimos aparte. cindiendo de ellos en la alfabetización
(aunque sigan figurando en su corres­
pondiente lugar). En la alfabetización de
4.10. La alfabetización frases, sintagm as, etcétera, es habitual
aplicar la alfabetización discontinua con
A lfabetizar es una operación que en conectivos (es decir, contando estos en la
el trabajo de escritura y edición se debe alfabetización) o bien la alfabetización
realizar muy a menudo. Puede tratarse continua, aunque en m uchos casos es
de un trabajo sencillo y corto, como los preferible la discontinua sin conectivos.
com ponentes de una columna de un cua­ En la alfabetización de antropónimos y
dro, pero tam bién puede ser más com ­ topónimos, la variante aplicable es la dis­
plejo, com o la alfabetización de un índi­ continua sin conectivos, puesto que en
ce alfabético de materias, antroponími- ellos estas partículas no desempeñan más
co o toponím ico. papel que el de su mera presencia. En
En español, la alfabetización es grafe- Gómez de las Casas, por ejemplo, lo que
mática (ordena letras), no fonética (or­ interesa resaltar, desde el punto de vista
dena sonidos). Esto quiere decir que una de la alfabetización, es Gómez y Casas,
grafía com o M ' se ordena por la m se­ y lo mismo se puede decir de Carrión de
guida del apóstrofo y la letra que le siga los Condes, en el que los elementos alfa­
(el apóstrofo no se tiene en cuenta en la b e tiz a re s son los sustantivos Carrión y
alfabetización: como si no estuviera); no Condes. Un problema añadido es el que
sería correcto alfabetizar esa grafía en atañe a la alfabetización de los apellidos
mac, puesto que, aunque suene así, no según la nacionalidad o la lengua de que
se escribe (en este caso concreto) Mac, procedan. Estos problem as se tratan en
sino M \ la segunda parte de esta obra, en la en­
Si se ordenan palabras, la alfabetiza­ trada de la lengua respectiva.
ción es sim ple o lexicológica y no pre­
senta problem as. Si se ordenan sintag­
mas, frases o grupos de nombres (antro- S. La diacrisis tip o g ráfica
ponimos o topónim os, por ejem plo), la
alfabetización es compleja o sintagmá­ 5.1. E l concepto
tica y puede presentar muchos más proble­
mas que la simple. La palabra diacrisis es una voz nueva
La alfabetización com pleja puede ser para denominar algo que es viejo. Sin

180
la diacrísis tipográfica

C uadro 5. La d ia c rís is tip o g rá fic a

Elemento No es diacrítico» Es diacrítico

1. D iacrísis tip o g rá fic a e n d ó g e n a

1.1. La letra

1) la inclinación la letra normal la letra cursiva, inclinada o tuis\\>a viw tivx


2) la figura la letra norm al la M AY Ú SCU LA o V E R SA L y la versalita
3) el gro so r del ojo la letra norm al la n e g rita , la s e m in e g ra y la m ás fina que la
n orm al del texto
4) la anchura la letra norm al la m ás csirecha o la m á s a n c h a
5) la posición la letra norm al la s - * " * " y la suWBdt(<
6) el cuerpo la letra norm al la m ás o la mas grande
7) el estilo de letra la letra norm al o tro estilo que contraste
8) el espaciado la letra norm al la letra e s p a c i a d a
9) el color de im presión la le d a norm al la im presa en otro color
10) el fondo del soporte la letra norm al fondo distinto del blanco ■

1.2. i ! texto

1) la m edida la m edida norm al m ás p e q u era o (raram ente) m ás grande


2) la relación o jo /cu erp o la relación norm al m ás pequeña o más grande

2. D iacrísis tip o g rá fic a ex ó g en a

1) el subrayado la letra norm al la letra subrayada una o <jos veces


2) el recuadrado la letra norm al la letra o tex to j recuadra Jos]
3) los signos la letra norm al añ ad ir signos: - antes; => a ntes; después*
4) los topos o bolos la letra norm al añ ad ir ♦ topos; ✓ topos; Q topos

embargo, nace ya con la maica del desa­ en cuanto a la primera función, tenemos,
cuerdo. Las dos fuentes en que la he entre otros casos, la inclusión de una ex­
visto usada tienen de ella distinta idea, presión o término en un idioma distinto
la definen de maneras casi opuestas y la al del discurso — natural killer, Plasmo­
aplican con extensión diferente. dium— . En cuanto a la segunda, se adop­
El Manual de estilo, publicado por ta para diferenciar entidades como *e\
Doyma en 1993 (pp. 265-269), define así número neperiano, y V , variable, en ma­
esta palabra: «Por diacrísis [mejor, dio- temáticas, o A 1A (genotipo) y A (feno­
crisis] entendem os el área de conoci­ tipo) en genética, así como en otras mu­
miento que trata de la distinción, por chas áreas. = En consecuencia, debemos
medio de recursos tipográficos, de letras, excluir de la acepción de diacrísis todos
palabras o expresiones cuya naturaleza aquellos recursos tipográficos que se em­
lingüistica difiere de la del contexto en plean para dar relevancia a un término,
que están com prendidas, o cuya natura­ tanto por opción retórica:
leza técnica requiere de una convención
formal para distinguirla. = Nada como un a lo que podríam os llam ar diacrísis, por eti­
ejemplo para ilustrar una definición. Así, m ología y derivación.

181
la bibliología

com o si se utiliza a la manera de recur­ replantearse la voz con que este autor
so formal para establecer, por ejemplo, inicia su definición. Porque, según lo en­
escalados de títulos u otros procedim ien­ tiendo, la diacrisis no es la marcación,
tos de presentación gráfica. De hecho, sino su resultado (marcación es un tér­
este tipo de recurso esta sujeto a la deci­ mino técnico que tiene una aplicación
sión del redactor o editor, mientras que concreta en este campo como en el de la
la diacrisis trata de convenciones acep­ informática; por ejemplo, en el h t m l
tadas umversalmente para la disciplina [hypertext markup language ‘lenguaje de
implicada». marcado de hipertexto*]). En el contex­
En la práctica, la fuente citada limita to en que hablamos, la marcación es la
la diacrisis tipográfica, en los ejemplos indicación, en un texto, acerca de cómo
subsiguientes, a la sustitución de la letra ha de com ponerse o disponerse una par­
redonda por la letra cursiva (y a la in­ te de ese texto, mientras que la diacrisis
versa, si la grafía normal del discurso es se manifiesta en el impreso mismo, una
la cursiva). vez realizadas aquellas operaciones. Es
Por su lado, Miguel Duro Moreno, en decir, que lo diacrítico aquí son las alte­
su trabajo «La crisis de la diacrisis o la raciones a que se somete una parte de lo
cursiva mal traducida» (en M orillas y escrito para que signifique o se refiera a
Arias, 1997, 267-291), define así el sin­ algo distinto de lo que se desprende del
tagma diacrisis tipográfica: «La diacrisis contexto. Superado esto, la aplicación
tipográfica se define como la marcación de Duro M oreno comprende práctica­
que se practica en la escritura o compo­ mente todos los hechos que podemos
sición de una unidad gráfica —por lo considerar diacríticos en tipografía, como
general, una palabra, mas también pu e­ veremos.
den ser varias, o muchas, o bien un solo
carácter— con la finalidad de dotarla
de un matiz de especialidad [la cursiva 5.2. Aplicación
es del original]» (pp. 272-273). Añade de la diacrisis tipográfica
este autor que la diacrisis puede ser en­
dógena, «si los recursos em pleados para Para establecer si un hecho determ i­
obtenerla entrañan necesariam ente una nado es diacrítico, entendemos que los
alteración de su naturaleza», o exógena, textos se com ponen en alfabeto latino y
«si tales recursos consisten en elemen­ con unas determinadas condiciones que
tos (símbolos) añadidos que no implican se consideran norm ales; la diacrisis
mutación alguna». La diacrisis según el que en cada caso corresponda anotar es
manual antes citado sería solo una parte la grafía o forma que se aparta de esa
de la que Duro Moreno llama diacrisis que consideram os normal.
endógena. A la hora de preparar un original para
Entiendo que la diacrisis tiene que ser, la imprenta, hay que establecer una se­
en efecto, una cuestión mucho más am ­ rie de parámetros que van a constituir
plia que la mera cursiva para solo dis­ «lo normal» en el impreso que nos pro­
tinguir lo que en el marco de una m ate­ ponemos realizar. Por ejemplo, se esta­
ria debe ser distinguido. Desde este pun­ blece que la medida de composición del
to de vista, me hallo mucho más cerca texto (es decir, el ancho de la caja de
del criterio expuesto por Duro Moreno composición de la página) será de 24
que del que se expone en el manual ci­ ciceros; esa es, pues, la «medida nor­
tado. Sin embargo, parece que habría que mal»; si por cualquier causa hemos de

182
la diacrisis tipográfica

El ojo es el tamaño de la letra con que se com ­ El ojo es el tamaño de la letra con
pone un libro o artículo. La palabra tamaño se que se com pone un libro o artículo. La
refiere aquí a la altura del ojo de la letra impresa,
considerando esta desde el ojo superior (astas palabra tamaño se refiere aquí a la al­
ascendentes) hasta el ojo inferior (astas d escen­ tura del ojo d e la letra impresa, consi­
dentes). derando esta desde el ojo superior (as­
7/7
tas ascendentes) hasta el ojo inferior
(astas descendentes).
El ojo es el tamaño de la letra con que se com ­ 9/9
pone un libre o articulo. La palabra tamaño se
refiere aquí a la altura del ojo de fa letra impresa,
considerando esta desde el ojo superior (astas El ojo es el tamaño de la letra con
ascendentes) hasta el ojo inferior (astas descen ­ que se com pone un libro o artículo. La
dentes).
palabra tamaño se refiere aquí a la al­
7/8 tura del ojo d e la letra impresa, consi­
derando esta desde el ojo superior (as­
El ojo es el tamaño de la letra con que se tas ascendentes) hasta el ojo inferior
compone un libro o artículo. La palabra ta­ (astas descendentes).
maño se refiere aquí a la altura del ojo de
la letra impresa, considerando esta desde 9/10
el ojo superior (astas ascendentes) hasta el
ojo inferior (asías descendentes).
El ojo es el tamaño de la letra
8/8 con que se compone un libro o ar­
tículo. La palabra tamaño se refiere
El ojo es el tamaño de la letra con que se aquí a la altura del ojo de la letra
compone un libro o artículo. La palabra ta­
maño se refiere aquí a la altura del ojo de
Impresa, considerando esta desde
la letra impresa, considerando esta desde
el ojo superior (astas ascendentes)
el ojo superior (astas ascendentes) hasta el hasta el ojo inferior (astas descen­
ojo inferior (astas descendentes). dentes).
8/9 10/10

El ojo es el tamaño de la letra con que se El ojo es el tamaño de la letra


compone un libro o artículo. La palabra ta­ con que se compone un libro o ar­
maño se refiere aquí a la altura del ojo de tículo. La palabra tamaño se refiere
la letra impresa, considerando esta desde aquí a la altura del ojo de la letra
el ojo superior (astas ascendentes) hasta el impresa, considerando esta desde
ojo inferior (astas descendentes).
el ojo superior (astas ascendentes)
8/10 hasta el ojo inferior (astas descen­
dentes).
10/11

Fie. 7. La rclación ojo/cuerpo en varios tamaños. De las dos cifras con que se marca cada uno de ellos, la
primera, antes de la barra, représenla el ojo o tamaño de la letra, y la segunda, después de la barra, el
cuerpo o altura de la línea en que se inscribe aquella. Salvo en el caso de 8/10, no se ofrecen ejem plos con
dos puntos de interlinea, por no ser habituales en textos ordinarios

reducirla (por ejemplo, para componer román y la clase de letra la redonda;


una cita), estaremos utilizando un dia­ pues bien: si a lo largo del impreso nos
crítico. También elegiremos el tipo y la vemos obligados, por la razón que sea,
clase de letra que vamos a emplear; su­ a utilizar otro tipo (por ejemplo, la hel­
pongamos que el tipo es el times nexv vética) u otra clase de letra (por cjem-

183
la bibliología

pío, la cursiva, la negrita o la seminegra), constantemente las luces, como si el lec­


estos se convertirán en diacríticos. Sin tor fuera incapaz de entender un texto
embargo, si un texto o una parte de él se sin avisos.
compone solamente con cursiva o sola­
mente con negrita, los cambios que en
ellos se introduzcan, la redonda en el 6. La le tra de im p ren ta
prim er caso y la sem inegra o normal en
el segundo, se convierten también en dia­ 6.1. La elección
críticos. Seguidamente decidim os que el de la letra de imprenta
ojo/cuerpo de com posición será el 10/
11; pues bien: si. a lo largo del texto es Las letras tipográficas son los signos
necesario aum entar o reducir el tamaño pertenecientes a un estilo y una clase
ojo/cuerpo (por ejem plo, convirtiendo el con que se representa la escritura im­
10/11 en 9/10) o su relación (por ejem­ presa.
plo, 10/10 en vez de 10/11), estos cam­ La letra tipográfica presenta la gran
bios son diacrítico s en relación con ventaja, no suficientemente valorada por
10/11, que es lo normal. quienes se dedican a escribir para el pú­
A lo largo del texto se presentará la blico, de poderse variar de grosor (pue­
necesidad de com poner textos más es­ de ser norm al, estrecha o ancha), de
trechos o más anchos que el normal de tamaño (puede tener la altura que se de­
com posición, o letras, cifras o palabras fina si el sistem a de com posición lo
más elevadas (voladitas o supcríndiccs) acepta), de forma (puede ser redonda o
o más bajas (subíndices), los cuales se normal, cursiva o inclinada) y de grosor
convierten en diacríticos en relación con de ojo (puede ser fina, normal o negri­
el texto normal. Igual sucede si una pa­ ta). Esta enorme variedad ofrece al es­
labra o una frase han de ir espaciadas, o critor una cantidad importante de posi­
impresas en distinto color, o con un fon­ bilidades expresivas.
do diferente del que tiene el soporte de El texto normal de una publicación,
los demás textos. sea libro, diario, semanario o revista, se
La diacrisis exógena es mucho menos com pone con letra normal, generalm en­
utilizada, normalmente, que la endógena, te fina o, en algunos casos, seminegra.
salvo en algunas obras con muchos do­ Cuando por alguna razón debe cam biar­
cum entos o bien, en las obras didácticas, se de clase de letra, esta puede ser cursi­
con m uchos elem entos extratcxtuales va, negrita, cursiva negrita, versalita re­
destinados a captar la atención de los donda, versalita cursiva, versalita negri­
jóvenes lectores. ta, versalita cursiva negrita, seminegra,
Todas esas formas diacríticas dotan al sem inegra cursiva y otras alteraciones
texto impreso de connotaciones distin­ que la autoedición hace posibles actual­
tas de las que tendría sin ellas. Sin em ­ mente merced a la riqueza de la infor­
bargo, hay que advertir que la escritura mática aplicada a un ordenador de so­
normal, en todos los sentidos, es la que bremesa.
debe ocupar la mayor parte de un im­ Los cambios que se introducen en un
preso cualquiera, y los diacríticos, utili­ texto escrito en letra redonda normal no
zarse com edidamente, solo cuando es­ son gratuitos o caprichosos, en general;
tán justificados por las reglas por las al contrario, obedecen a una causa, la
que se rige cada uno de ellos. No se cual indicará si lo que sigue habrá de
puede estar encendiendo y apagando expresarse con letra cursiva (por ejem-

184
la letra de imprenta

pío, el título de una obra creada o de resultan muy adecuadas para periódi­
una publicación periódica, la aparición cos, folletos, octavillas, programas, pu­
de una palabra en idioma extranjero), blicidad y casos semejantes.
con negrita (por ejemplo, un título o sub­
título), con negrita cursiva (por ejemplo,
un subtítulo), con versalita (por ejem­ 6.2. El estilo de la letra
plo, el o los apellidos de un autor en
una bibliografía, o el nombre de un per­ Por la forma del dibujo con que se
sonaje en una obra de teatro u otros ca­ trazan los rasgos de las letras o astas,
sos). podemos considerar aquí, sin pretensio­
Para que la expresión gráfica de un nes técnicas desde el punto de vista de
escrito tenga coherencia y resulte arm ó­ la tipografía, los cuatro estilos en que
nica y estética, los cambios de letras en tradicionalmcntc se ha dividido la letra
cuanto a forma y tamaño deben reali­ de imprenta.
zarse con gusto y prudencia. No sería
admisible llenar una página de letra cur­
siva en un contexto de letra redonda sin 6.2.1. L a s l e t r a s r o m a n a a n t ig u a
justificación suficiente, o salpicarla con y romana m oderna
siglas giafiadas con letras mayúsculas,
ni abusar de títulos y subtítulos en letra Un texto científico o técnico se com ­
negrita chillona. No solo hay que ser pone con la forma normal, generalm en­
parco en los cambios de tipo de letra, te del estilo de la romana, que compren­
sino que además hay que recordar que de letras de asta de grosor variable y
la tipografía y la ortografía ponen a dis­ terminadas en un trazo horizontal que
posición del tipógrafo otros recursos, se llama remate o terminal. Si este ter­
como pueden ser, cuando estén justifi­ minal forma una figura triangular bien
cadas, las comillas en sus distintas figu­ delimitada, pertenece a la romana anti­
ras, la letra compuesta con cuerpo me­ gua, como esta:
nor que el normal (por ejemplo, para las
citas textuales), el texto sangrado (es de­
cir, a medida menor que la normal del A M N O P
texto, generalmente acompañado del ta­
maño menor), la letra con ojo más o Si el terminal forma una figura fili­
menos negro que el normal con que se forme mediante una raya fina sin varia­
compone el texto, etcétera. ciones, pertenece a la romana moderna,
La elección del tipo de letra en una como esta:
obra es un aspecto muy delicado del
proceso de realización de un libro o
revista. No debería elegirse la letra sin
A M N 0 P
hacer uso de un criterio sopesado. Hay
que tener en cuenta las evocaciones de Ambas romanas suelen emplearse en la
los distintos estilos de letra; así, las dos com posición de textos hum anísticos,
romanas, antigua y moderna, son muy como novelas, relatos, inform es, repor­
adecuadas para obras humanísticas (es­ tajes, libros de texto, diccionarios y en­
tudios, literatura, poesía, tratados, ensa­ ciclopedias (aunque estos también pue­
yos, obras de teatro, obras científicas), den componerse con paloseco) y tam­
m ientras que las egipcias y palosccos bién obras de carácter científico.

185
la bibliología

6.2.2. L a s l e t r a s e g ip c ia y pa loseco derecha y de forma circular. Cualquier


texto que no aparezca señalizado en el
La letra llamada egipcia tiene las as­ original de una manera especial se com­
tas de trazo regular o uniforme y su ter­ pone con letra redonda normal (es decir,
minal tiene el mismo grosor, como esta sin ningún diacrítico).
que se muestra:

6.3.2. L e t r a
A M N O P c u r s iv a

La letra cursiva, inclinada hacia la


En algunos casos se usan tipos llamados derecha, se utiliza en los textos ordina­
paloseco, los cuales tienen también las rios, compuestos con letra normal, para
astas de grosor constante, pero carecen poner de relieve una letra, palabra, frase
de terminales, como esta: o párrafo:

A M N O P Letra redonda
L etra cu rsiva
Estos dos estilos de letra se prestan con
más facilidad que los romanos a las va­ Se emplea en muchos casos bien para po­
riaciones de grosor de las astas. En letra ner de relieve, bien para separar unos tex­
de monotipia se han conseguido hasta tos de otros a los que solo sirve de apoyo.
21 ojos con astas de distinto grosor de Puede el autor creer que debe destacar es -
una misma letra, pero actualmente, con pecialmente una palabra o frase porque
la autoedición, se pueden conseguir al­ le concede valor especial dentro de un
gunos más. De lodos modos, en textos contexlo, y entonces, en su original, si es­
científicos y técnicos carecen general­ cribe a mano o con máquina de escribir,
mente de aplicación. subraya con un trazo simple el texto afec­
tado (v. c. 6). En la composición tipográ­
fica, ese texto aparecerá escrito de cursi­
6.3. La fam ilia de la letra va. A veces, esta forma de destacar está
im puesta por cuestiones técnicas; por
La letra texto presenta variaciones en ejemplo, cuando el autor emplea una pa­
su trazo. Por ejemplo, por su figura pue­ labra en metalenguaje, es decir, un autó-
de ser redonda o cursiva; por su tamaño, nimo. También por razones técnicas, mu­
minúscula, versalita o mayúscula; por su chos títulos, como los de obras creadas
ojo, fina, normal o texto y negrita, y por (literatura, escultura, música, cine y ca­
la dimensión de la caja, estrecha o ancha. sos semejantes), deben aparecer escritos
Seguidam ente se analizan las distintas con letra cursiva.
clases de letras que se pueden utilizar en En otros muchos casos, la cursiva sir­
un mismo texto. ve para indicar aspectos separados del
contexto en que aparece utilizada. Por
ejemplo, en las obras de teatro, para indi­
6.3.1. L e t r a redonda car las acotaciones del autor, así como las
interrupciones en un debate; las remisio­
Se aplica el nombre de letra redonda nes en un índice; las palabras extranje­
a una clase o familia de letra que es ras, las letras minúsculas citadas en un

186
la letra de imprenta

texto o utilizadas en una enumeración; los C u a d r o 6. Clases de letras tipográficas


nombres propios de aparatos (aeronaves,
Ejemplo Nombre Señalización
barcos, trenes).
Los signos de puntuación que acom ­ normal redonda
pañan a una palabra o frase escritas en avenida m inúscula (nada)
cursiva deben escribirse también en cur­ A V I-N IIM versalita ... -
siva: AVENIDA mayúscula -■=

... pedir protección; normal cursiva


avenida m inúscula ------------------
los signos de entonación (interrogación AVES!DA versalita ........ —
y exclamación) se escriben de cursiva si AVENIDA mayúscula ____—-
la palabra o frase aparecen en cursiva, y
de redondo si aparecen en redonda (aun­ negrita redonda
que al principio, en medio o al final apa­ avenida minúscula ------------------
rezcan una o más palabras en cursiva): AVENID \ versalita
AVKNIDA mayúscula - t,-— -

/Atención, amigos! negrita cursiva


¿Estamos todos? avenida minúscula —
¡Buscamos nursesl AVi:sm\ versalita ______
¿Yogur es la palabra? AVENIDA mayúscula 1 -■--•-=3

En un original, la letra, palabra, frase


o párrafo que haya de aparecer con letra
c. b., que significa «caja baja» y se re­
cursiva se subraya con un trazo simple
fiere a la letra minúscula (que antigua­
(v. c. 6) o bien se envuelve en un globo
mente se depositaba en la parte baja de
y se añade la abreviatura curs. o c.a.
la caja donde componía el cajista, de
ahí la denominación) (v. c. 6).
6.3.3. L e t r a m in ú s c u l a

6 .3 .4 . L e t r a v e r s a l it a
La letra minúscula se distingue de la
mayúscula por su trazo más sencillo y
La letra versalita tiene el dibujo de la
pequeño. Es la forma que aparece nor­
letra mayúscula, pero con el tamaño de
malmente en los textos de los libros y
la minúscula:
publicaciones periódicas que no exijan
ningún tipo de resalte:
LETRA VERSALITA

letra minúscula LETRA SEUDOVERSALITA

LETRA MAYÚSCULA LETRA MAYÚSCULA

En un original, cuando una palabra Aunque en autoedición se puede conse­


escrita con mayúsculas haya de aparecer guir por medio de la reducción de la
con minúsculas, se subraya o envuelve mayúscula a un 70 o 75 %, el resultado
con un globo y se añade la abreviatura se llama scudoversalita o versalita fa l-

187
la bibliología

su, ya que la versalita verdadera es de la parte alta de la caja donde componía


trazo independiente y mantiene el gro­ el cajista, de ahí el nombre) (v. c. 6), o
sor de sus astas sensiblemente igual que bien may.
el de la mayúscula correspondiente. Se
emplea en los textos para poner de re­
lieve ciertas partes de él, especialm ente 6.3.6. L e t r a f i n a y l e t r a n o r m a l
para.valorarlo desde el punto de vista de
la presentación estética. Se aplica a la La letra fina tiene un trazo muy estre­
numeración romana de siglos y mile­ cho, y en ciertos tipos o no existe o se
nios, así com o a la numeración de li­ usa poco:
bros, cantos, odas y partes semejantes,
porque son palabras que en el texto letra fina
aparecen escritas con minúscula inicial; letra normal
la versalita, en estos casos, está ju stifi­
cada porque con ella se tiende a equili­ Los textos se com ponen con una clase
brar el tam año de ambos elementos. Se de letra que no suele ser ni muy fina ni
recomienda em plearla en la grafía tipo­ muy negra. Es costum bre llamarla letra
gráfica de las siglas porque, de lo con­ norma! o letra texto, pero en algunos
trario, establecida su grafía con mayús­ tipos recibe otras denom inaciones, como
culas, resaltarían excesiva y antiestética­ letra regular o letra media y aun otras;
mente en el texto de la página sin nece­ el nombre más habitual en tipos de fa­
sidad ni justificación. bricación anglosajona es el de regular.
En un original, la letra, palabra, frase Esta letra que no es ni fina ni negrita se
o párrafo que haya de aparecer con letra llama habitualmente letra normal y es
versalita se subraya con un trazo doble la que se usa en un texto ordinario, sin
(v. c. 6) o bien se envuelve en un globo tener en cuenta las partes que deben des­
y se añade la abreviatura vers. tacarse.
En un original, la indicación de /ior-
mal se añade cuando se está en un con­
6.3.5. L e t r a m a y ú s c u l a texto de letra no normal (muy fina o
negrita, por ejemplo). Cuando sea nor­
La letra mayúscula tiene distinta fi­ mal por definición («por defecto», como
gura que la minúscula y es generalm en­ dicen los programas de ordenador), no
te más alta. Se usa en principio de escri­ se indica nada especial.
to, después de punto, en los nombres
propios y para resaltar una palabra, fra­
se o párrafo. No debe usarse en las si­ 6.3.7. L e t r a s e m i n e g r a
glas, aunque la grafía de estas se defina o s e m in e g r it a
como que se escriben con mayúscula
(véase § 6.3.4). La letra seminegra imprime un rasgo
En un original, cuando una palabra de grosor intermedio entre el de la nor­
escrita con minúscula haya de aparecer mal y el de la negrita.
con mayúscula se subraya con un trazo
triple o se envuelve con un globo y se
letra norm al
añade la abreviatura c. a que significa
«caja alta» y se refiere a la letra mayús­ letra se m in eg r a
cula (que antiguam ente se depositaba en letra n e g r ita

188
la letra de Imprenta

No disponen de ella todos los tipos, y emplean más en trabajos de remendería)


su uso en bibliología es también limita­ y menos aún en trabajos científicos y
do. Solo se emplea cuando se necesita técnicos:
establecer un contraste entre la normal
y la negrita, como suele suceder en al­ letra estrecha
gunos diccionarios. letra normal
En un original se indica mediante la
letr a a n c h a
palabra seminegra aplicada al elemento
que haya que distinguir con esa clase de
letra. En un original, la letra, palabra, frase
o párrafo que haya de aparecer con letra
estrecha o ancha se señala con la pala­
6.3.8, L e t r a n e g r it a bra pertinente: estrecha. ancha (y se aña­
de el porcentaje de estrechamiento o de
La letra negrita pinta un trazo más ampliación: 90 %, 80 %, 70 %, etc.). A
fuerte y grueso que el de la letra nomal. vcccs, los tipos tienen variantes estre­
Se suele emplear solo para destacar cier­ chas y anchas, con lo cual no hace falta
tos títulos y subtítulos, a vcccs combi­ elegir un porcentaje.
nada con la cursiva, que da lugar a la
negrita cursiva:
6.3.10. L e t r a s u b ín d ic e

letra norm al
Son subíndices los signos situados al
letra n eg rita
pie de otro signo, generalmente a su de­
recha.
letra cursiva normaI Los signos (letras, cifras u otros) que
letra cursiva negrita se colocan en posición más baja en rela­
ción con otro signo se escriben con un
En un original, la letra, palabra, frase tamaño más pequeño y se sitúan a la
o párrafo que haya de aparecer con letra altura de la base del signo al que afec­
negrita se subraya con un trazo ondula­ tan:
do (v. c. 6) o bien se envuelve en un
globo y se añade la abreviatura negr Si
es negrita cursiva, se subraya con un tra­
2 ,.468»- 9„

zo ondulado y otro recto, o bien se en­ Normalmente se colocan a la derecha


vuelve en un globo y se añade la abre­ del signo, pero en algunos casos, sobre
viatura negr. curs. todo en matemáticas y en química, pue­
den ir a la izquierda:

6.3.9. L e t r a estrecha
<N-
Y LETRA ANCHA

Por la dimensión horizontal de la le­ 6.3.11. L e t r a s u p e r ín d ic e


tra, esta puede ser estrecha (con menos
dimensión que la normal) y ancha (con Son superíndices los signos situados
más dimensión). En general, tienen es­ a la cabeza de otro signo, generalm en­
caso valor en tipografía bibliológica (se te a su derecha.

189
la bibliología

Los signos (letras» cifras u otros) que de obra, de su extensión, de las partes
se colocan en posición más elevada en que en ella puedan señalarse o estable­
relación con otro signo se escriben con cerse claramente y de otros aspectos me­
un tamaño más pequeño y se sitúan ali­ nores.
neados con la cabeza del signo al que Cualquier obra consta de una serie de
afectan: partes bien diferenciadas. Así, una no­
vela sencilla consta de muy pocas par­
2 \ 4682\ 9a tes, pero una enciclopedia puede cons­
tar de muchas, incluso de todas las posi­
N orm alm ente se colocan a la derecha bles.
del signo, pero en algunos casos, sobre
todo en matem áticas y en química, pue­
den ir a la izquierda: 7.1. División externa de ¡a obra

: mn La obra como un todo puede dividir­


se en grandes partes que se llaman to­
Si se trata de notas escritas con cifras mos y volúmenes. No son la misma cosa,
voladitas, estas se sitúan después de los aunque muy frecuentemente se confun­
signos de puntuación que puedan afec­ dan y en algunos casos coincidan.
tar al signo al que se juntan:

... calamidad;5 7.1.1. Los tom os


el choucroute...6
Un tomo es una de las partes en que
La escritura, en este caso, se hace con puede dividirse una obra para ordenar
letra ordinaria, normal (ni fina ni negri­ su contenido. No es una división mate­
ta) y de redondo, aunque la cifra o la rial, sino conceptual. La obra no se divi­
palabra a las que afecta estén escritas en de arbitrariamente, sino en función de
negrita o de cursiva (las llamadas de nota su contenido, tratando de que la divi­
son extratextuales). En los demás casos, sión responda a la ordenación intelec­
especialm ente cuando indica la num era­ tual. Por esta razón, como se verá, el
ción arábiga ordinal, la parte voladita o tomo puede ser una división externa pero
superíndice se grafía igual que la cifra también una división interna, dependien­
o letra a que afecta: do de que la extensión y esquematiza-
ción de la obra dé lugar a la existencia
de ambas divisiones. Si una obra está
3 ", M a. contenida en una sola unidad física, esta
se llama volumen, no tomo. Recuérdese
que tomo significa «sección, corte», y
7. Organización externa de la obra un solo volumen carece de cortes. Por
esta razón, además, un volumen puede
Hay una división material y una divi­ estar dividido en tomos (es decir, la ma­
sión conceptual de la obra. La división teria estar dividida en partes dentro de
material concierne a la obra como con­ un solo volumen), en el caso de que el
junto y al libro que la contiene. La divi­ contenido sea fácilmente divisible pero
sión intelectual o conceptual se relacio­ no tenga la extensión suficiente para ocu­
na con el contenido y depende del tipo par más de un volumen.

190
organización externa de la obra

7.1.2. Los VOLÚMENES texto, se divide internamente en varias


partes. Podemos considerar en el libro
Un volumen es una división física, una realizado una m acroestructura y una
unidad de encuadernación, unidad que microestructura.
puede ser homogénea o heterogénea, de­
pendiente o independiente. En alguna
ocasión, tomo y volumen pueden coin­ 7 .2 .1 . M a cro estru ctu ra tex tu a l
cidir en una sola unidad física, pero será
precisamente en el caso de que una obra Para organizar internamente el texto
esté dividida en tomos; cuantas veces que constituye la obra, se puede dividir
un tomo de ella esté contenido en un en tomos, libros o partes, los cuales con­
solo volumen, en una sola unidad física, tienen porciones determinadas del texto.
tomo y volumen coincidirán. Sin em ­ Puede la obra constar de estas tres gran­
bargo, es más corriente que una obra des divisiones internas, pero tam bién
tenga más volúmenes que tomos. Supon­ puede prescindir de todas o algunas.
gamos, por ejemplo, una Historia de la
humanidad formada de la siguiente m a­ 1. Los t o m o s . Ya se ha visto ante­
nera: riormente (v. § 7 .1 .1 ) que las obras pue­
den dividirse internam ente en tom os,
Partes Tomos I blúmenes aunque esta sea, ciertam ente, división
poco frecuente en la actualidad.
Antigüedad
Edad Media
2. Los l ib r o s . Se divida o no en to­
Edad Moderna
Edad Contemporánea mos, el contenido de una obra puede di­
vidirse en unas partes conceptuales lla­
Total 10 madas libros, tantas en cada una de ellas
como exija la com plejidad del texto.
Se puede comprobar que, en virtud de Aunque más com unes que los tomos, es
la mayor abundancia de documentación también división poco prodigada actual­
existente en las últimas edades históri­ mente.
cas, cada tomo de los cuatro en que se
ha dividido la obra necesita más volú­ 3. L a s p a r t e s . Lleve o no una obra
menes para exponer su contenido. Ve­ las dos divisiones anteriores, es decir,
mos, pues, que la obra se ha dividido en los tomos y los libros, puede esta divi­
cuatro tomos que requieren diez volú­ dirse en partes, las cuales com prenden
menes. Podemos decir, entonces, que se un número determinado de capítulos en
trata de una obra en cuatro tomos y diez los que se desarrolla una parte concep­
volúmenes. Obsérvese, de paso, cómo tual del contenido de la obra. Son más
en la primera parte, la Antigüedad, las frecuentes que las dos divisiones ante­
unidades de tomo y volumen coinciden, riores. Suelen llevar título propio y, en
coincidencia que es poco habitual. este caso, estar introducidas por porta­
dillas internas (portadas divisorias), con
el dorso en blanco.
7 .2 . División interna de la obra
4. L a s s e c c i o n e s . Si las partes se di­
Para su más fácil manejo intelectual, viden en otras menores, estas suelen re­
la parte física del contenido, es decir, el cibir el nombre de sección. En el caso

191
la bibliología

de que las partes se dividan en seccio­ escritor. Cada párrafo comprende un nú­
nes, son estas las que se subdividen en mero determ inado de líneas, de manera
capítulos. Su numeración depende de la que en cuanto se hace punto y aparte se
que lleven las partes, pero, a diferencia inicia otro párrafo. Es pues, también, una
de estas, no es normal que estén intro­ división física del texto. Sin embargo,
ducidas por portadillas internas. puede en algún caso hacerse punto y
aparte dentro del mismo párrafo; se da
este caso cuando el contenido de un pá­
7.2.2. MlCKOESTRUCTURA TEXTUAL rrafo presenta división en partes, nume­
radas o no.
La m icroestructura textual com pren­
de la división más importante de un li­ 4. L os a p a r t a d o s . L o s apartados
bro, porque constituye la base de la es­ son pequeños párrafos dependientes de
tructura bibliológica: los capítulos y, a otro mayor para la más fácil exposición
veces, aunque raramente, los subeapí- de la materia o contenido de este. Gene­
tulos. Ambos se subdividen en una serie ralmente se numeran, ya sea con cifras
de unidades semánticas que contribuyen arábigas (preferiblemente seguidas de pa­
a exponer el contenido conceptual de una réntesis de cierre), con letras minúscu­
obra m ediante oraciones gram aticales y las cursivas (seguidas de paréntesis de
períodos enlazados c interdependientes. cierre en redondo) o con un elemento
Suelen subdividirse, normalmente, en pá­ gráfico (signo o topo) que indique dón­
rrafos, apartados, subapartados y subsu- de comienza cada apartado.
bapartados.
5. Los s u b a p a r t a d o s . Los subapar-
1. Los c a p í t u l o s . L o s capítulos son tados son divisiones de los apartados for­
las divisiones de cierta extensión que se madas por pequeños párrafos dependien­
hacen en la materia de los libros para tes de un apartado. Su numeración de­
una mejor exposición de su contenido. pende de la que tengan estos; si es con
Algunas veces se subdividen en subea- cifras y paréntesis de cierre, la de los
pítulos. subapartados puede ser con letras mi­
núsculas cursivas seguidas de paréntesis
2. Los s u b c a p í t u l o s . Esta división ele cierre en redondo.
infrecuente sirve para dividir en partes
los capítulos cuando su extensión es muy 6 . Los s u b s u b a p a r t a d o s . Son sub­
larga y el contenido muy complejo. Con­ divisiones de los subapartados, y se nu­
tribuye a clarificar el contenido y facili­ meran con una grafía menos importante
ta la intelección de un capítulo. que las anteriores; por ejemplo, con ci­
fras griegas, o con letras minúsculas cur­
3. Los p á r r a f o s . Los párrafos son sivas con apóstrofo o bien duplicadas.
unidades estructurales del texto form a­
das por una oración o una serie de ora­
ciones que constituyen un bloque tem á­ 7.3. La form a de los párrafos
tico unitario y homogéneo. Estas unida­
des semánticas pueden tener una exten­ Los párrafos pueden adoptar más de
sión muy variable, desde unas líneas has­ una forma, según nuestros deseos o la
ta columnas y páginas, dependiendo del aplicación concreta del texto. Por ejem ­
contenido del párrafo y del estilo del plo, no se dispone igual el texto general

192
organización externa de la obra

de un libro o el de un artículo de perió­ Es poco utilizado en textos normales,


dico que una bibliografía o un artículo pero puede emplearse en los epígrafes o
de diccionario. También las casillas de pies de figuras y en las casillas de los
los cuadros pueden adoptar una figura cuadros.
determinada, distinta de la que se esté
utilizando en el texto general.
7 .3 .3 . P á r r a f o fr a n cés

7 .3 .1 . P á r r a f o o r d in a r io Modelo de párrafo inverso del ordi­


nario; en él se sangran o entran todas
Este estilo de párrafo comienza con las líneas menos la primera:
una sangría, es decir, un pequeño blan­
co al comienzo de la primera línea de El sistema internacional de unidades (si) es
texto, y sus líneas son todas iguales (se un conjunto coherente de unidades desti­
nado a unificar ios valores de las medidas
justifican, aunque haya que dividir pala­
en todos los ámbitos.
bras) menos la última, que puede ser más Su plasmación en forma de sistema es un vie­
pequeña (como mínimo debe tener cin­ jo anhelo de la humanidad, que ya desde la
co letras más la puntuación): Antigüedad había dado pasos en pro de un
sistema semejante.
El sistema internacional de unidades (si) es
un conjunto coherente de unidades destinado Se usa mucho en diccionarios y vocabu­
a unificar los valores de las medidas en todos larios para la composición y disposición
los ámbitos.
Su plasmación en forma de sistema es un
de los artículos. En bibliología es muy
viejo anhelo de la humanidad, que ya desde la útil en la composición y disposición de
Antigüedad había dado pasos en pro de un casillas del cuerpo de los cuadros o ta­
sistema semejante. blas, en las referencias bibliográficas de
las bibliografías, en los índices alfabé­
Es útil para la composición de textos ticos. También se emplea en la alinea­
generales de libros, revistas y periódi­ ción de las partes de párrafos (es decir,
cos. apartados y subapartados).

7 .3 .2 . P á r r a f o m oderno o alem án 7 .3 .4 . PÁRRAFO FN BANDERA


O COMPOSICIÓN QUEBRADA
Variante del párrafo ordinario que con­
siste en disponer el texto sin la sangría Disposición del texto de tal manera
inicial. La última línea debe ser corta, que por uno de los lados, el derecho o el
ya que de lo contrario no se distinguiría izquierdo, o por los dos, el texto no ju s ­
el final de un párrafo y el comienzo del tifica, es decir, la línea de texto no llena
siguiente: necesariamente la medida exacta. Si la
parte justificada es la izquierda, se dice
El sistema internacional de unidades (si) es
un conjunto coherente de unidades destinado que hace bandera por la derecha:
a unificar los valores de las medidas en todos
los ámbitos. El sistema internacional de unidades
Su plasmación en forma de sistema es un vie­ (si) es un conjunto coherente
jo anhelo de la humanidad, que ya desde la de unidades destinado a unificar
Antigüedad había dado pasos en pro de un los valores de las medidas en todos
sistema semejante. los ámbitos.

193
la bibliología

Su plasmación en forma de sistema Su plasmación en forma de sistema es


es un viejo anhelo de la humanidad, un viejo anhelo de la humanidad, que
que ya desde la Antigüedad había ya desde la Antigüedad había dado
dado pasos en pro de un sistema pasos en pro de un sistema semejante.
semejante.
Es poco útil, y si se empleara por siste­
Si la parte justificada es la derecha, se ma (por ejemplo, para componer los epí­
dice que hace bandera por la izquierda: grafes de las figuras), obligaría a un es­
fuerzo enorme para hacer que todos los
El sistema internacional de unidades epígrafes cuadraran, lo cual es anticien­
(si) es un conjunto coherente de
unidades destinado a unificar tífico y absurdo.
los valores de las medidas
en todos los ámbitos.
Su plasmación en forma de 7 .3 .6 . PÁRRAFO ESPAÑOL
sisiema es un viejo anhelo de la
humanidad, que ya desde la
Antigiicd;ul había dado pasos en pro Variante del párrafo alemán en el que
de un sistema semejante. la última linca ha de ser corta (de lo
contrario, se trataría de un párrafo en
Si la no justificación se aplica por los bloque) y se centra:
dos lados, se dice que hace bandera a
derecha e izquierda (texto centrado): El sistema internacional de unidades (si) es
un conjunto coherente de unidades destina-
El sistema internacional de unidades (si) do a unificar los valores de las medidas
es un conjunto coherente en todos los ámbitos
de unidades destinado a unificar
los valores de las medidas Su plasmación en forma de sistema es un
en todos los ámbitos. viejo anhelo de la humanidad, que ya desde
Su plasmación en forma de sistema la Antigüedad había dado pasos en pro
es un viejo anhelo de la humanidad, de un sistema semejante.
que ya desde la Antigüedad había
dado pasos en pro de un sistema semejante Es muy útil para la composición y dis­
posición de epígrafes o pies, por el con­
Este tipo de disposición de los textos es traste que presenta su figura con la del
poco utilizado en libros, revistas y pe­ texto general, normalmente compuesto
riódicos, salvo en publicidad. Las lineas en párrafo ordinario.
necesitan una revisión, pues hay que evi­
tar que en la parte de la bandera queden
partículas aisladas y como flotando. 7 .3 .7 . PÁRRAFO EN BASE DE LÁMPARA

Forma de la composición que consis­


7 .3 .5 . PÁRRAFO EN BLOQUE te en un conjunto de líneas centradas
desiguales cuya longitud va disminuyen­
Variante del párrafo alemán, en el que do paulatinamente a medida que se ale­
todas las líneas son iguales (incluida la ja de la primera:
primera y la última):
El sistema internacional de unidades
El sistema internacional de unidades (si) es un conjunto coherente de
(si) es un conjunto coherente de uni­ unidades destinado a unificar
dades destinado a unificar los valores los valores de las medidas
de las medidas en todos los ámbitos. en todos los ámbitos.

194
organización interna de la obra

Se usa sobre todo en títulos de cubier­ meramente, cómo se organiza interna­


tas, portadillas, portadas, títulos centra­ mente una obra.
dos, composición de colofones y en al­ Los trabajos bibliológicos, es decir,
gún otro caso. los libros, suelen dividirse en tres par­
tes: principios del libro, cuerpo del li­
bro y finales del libro. Todas las obras,
7 .3 .8 . C o m p o s ic ió n e n ba se por sencillas que sean, constan cuando
DE LÁMPARA INVERTIDA menos de dos de esas tres partes: el plie­
go de principios y el cuerpo del libro. Si
Variante del párrafo en base de lám­ carece de uno de ellos se trata de un
para que consiste en un conjunto de lí­ fenómeno o de un trabajo mal organiza­
neas centradas desiguales cuya longitud do y técnicamente mal hecho.
va aumentando paulatinamente a medi­
da que se aleja de la primera:
8 .1 . Los principios del libro
Ll sisicma
internacional Los principios del libro, también lla­
de unidades (si) es
mados pliego de principios (porque siem­
un conjunto coherente
de unidades destinado a pre se imprime en el primer pliego) o
unificar los valores de las preliminares, com prenden los conteni­
medidas en todos los ámbitos. dos del libro desde la primera página
hasta inmediatamente antes del capítulo
Se suele emplear en títulos y subtítulos, primero o la introducción o texto que
pero, con todo, es de muy escaso em ­ haga sus veces. Sus partes son las si­
pleo. guientes:

1. P á g in a s d e c o r t e s í a . Son dos o,
7 .3 .9 . C o m p o s ic ió n e p ig r á f ic a raramente, cuatro páginas que suelen de­
jarse en blanco al comienzo del libro
También llamada jarrón de Médicis o como muestra de respeto al lector. Con­
copa de Médicis, consiste en un conjun­ fieren prestancia a la obra y es una for­
to de lineas desiguales centradas: ma elegante de comenzarla. Sin embar­
go, por razones varias, algunas obras no
El sistema internacional las llevan.
de unidades (si) es un conjunto
coherente de unidades
2. P o r t a d i l l a o a n t e p o r t a d a . Si
destinado a unificar los valores
de las medidas la obra no lleva páginas de cortesía, esta
en todos los ámbitos. es la primera página del libro. En ella
solo se hace constar el título de la obra,
Se usa especialmente en títulos y colo­ sin subtítulo aunque esta lo lleve. Debe­
fones. ría ir en todas las obras, pero en algu­
nas, por razones de economía, se supri­
me esta página (y, por consiguiente, tam­
8. O rganización in tern a de la obra bién la hoja en que aparece).

Quien escribe una obra científica o 3 . C o n t r a p o r t a d a . Si la obra no


técnica debe conocer, siquiera sea so­ lleva portadilla, esta página no existe.

195
la bibliología

puesto que, en los libros que la llevan, — editor de la obra original y lugar
corresponde al dorso de aquella. Por lo donde reside;
tanto, queda situada fren te a la portada, — derechos editoriales de la obra ori­
no detrás de ella. Su contenido, cuando ginal y año;
lo lleva, suele ser parco. En colecciones — derechos de la obra traducida y
suele colocarse aquí el nombre de la co­ año;
lección, su director y los títulos de las — editorial y su dirección;
obras que la forman. — número de depósito legal;
— número de is b n ;
4. P o r t a d a . También llamada facha­ — la expresión «Printed in Spain - Im­
da, es la página siguiente a la contra­ preso en España»;
portada, pero puede ser la primera del — pie de imprenta (imprenta, direc­
libro si este no lleva páginas de cortesía ción y año).
ni portadilla; la tercera, si lleva portadi­
lla, y la quinta, si lleva dos páginas de 6 . D e d i c a t o r i a . El autor puede de­
cortesía. Raramente la portada puede al­ dicar su obra a una persona o entidad.
canzar un número de página (folio) más Ocupa la página siguiente a la de dere­
alto. Es la página más importante del chos.
libro, y en ella se hacen constar los si­
guientes datos: 7. L e m a , t e m a o e p í g r a f e . A veces,
los autores ponen al frente de su obra,
— nombre del autor; como si fuera su motivo guía, una frase
— título de la obra y subtítulo si lo o verso que se refiere al contenido del li­
lleva; bro. Puede ocupar la misma página que
— pie editorial (nom bre de la edito­ la dedicatoria, colocado debajo de ella,
rial y lugar donde reside). o página aparte, que ha de ser impar a
continuación de la dedicatoria.
A veces aparecen aquí otros datos, como
el nombre del traductor (si se trata de 8. T e x t o s de p r e s e n t a c ió n de la
una traducción), el del director literario obra. En la página impar siguiente a la
o científico (si se trata de una obra co­ última ocupada con texto, com ienzan tos
lectiva o en colaboración), el del prolo­ textos de presentación de la obra, que
guista u otros semejantes. pueden consistir en una presentación (es­
crita por persona distinta del autor), un
5. P á g in a d e d e r e c h o s . Es la pági­ prólogo (escrito por el autor o por per­
na que ocupa el dorso de la portada. En sona ajena), una advertencia o nota pre­
ella se hacen constar estos datos: via (escrita por el editor o por el direc­
tor literario). Generalm ente los textos
— nombre del traductor (si es una tra­ m encionados comienzan en página im­
ducción); par, lo que indica la importancia que se
— nombre del revisor; concede a estas partes introductorias.
— diseñador de la cubierta;
— dibujante y fotógrafo; 9 . A g r a d e c i m i e n t o s . Los autores de
— número de la edición y año; obras o trabajos técnicos y científicos tie­
— número de la reim presión y año; nen motivos más que sobrados para mos­
— título original de la obra traduci­ trar su gratitud a personas e instituciones
da; que los han ayudado o facilitado las co­

196
organización interna de la obra

sas. N orm alm ente, los agradecimientos ción, texto distinto del prólogo; la re­
se hacen constar al final del prólogo (si dacta el autor y en ella da cuenta de la
ocupan solo un párrafo) o bien en nota disposición general de la obra, sus par­
aparte (si son más extensos). tes y el contenido de sus capítulos.

10. Í n d i c e . A continuación puede ha­


ber un índice de contenido de las partes 8.3. Finales de! libro
de la obra, con remisión a las páginas
en que cada parte comienza. Esta parte, no obligatoria (muchos li­
La situación del índice de contenido bros no la llevan), es propia de libros
es discutida, pero pueden tenerse en científicos y técnicos, y en ella se hacen
cuenta estas normas: constar documentos, índices alfabéticos
(de materias, de autores, de topónim os),
1) en obras técnicas y científicas, el cronología, glosario, la bibliografía del
índice de contenido debe ir en los libro y otros textos semejantes, siempre
principios del libro; tendentes a facilitar al lector el manejo
2) en los principios del libro, el índi­ o la intelección de la materia.
ce de contenido debe colocarse in­ Los índices alfabéticos, que pueden
m ediatamente después de la pági­ ser de antropónimos, de topónim os, de
na de derechos (es decir, antes de materias o una suma de todos ellos, son
la presentación, el prólogo o texto imprescindibles en las obras técnicas y
que haga sus veces); científicas. Omitirlos es una falta grave
3) en obras literarias o semejantes, el y solo merece una nota de desaproba­
índice debe ir al final. ción.
Los editores poco serios no sugieren
11. L i s t a s . Después del índice de siquiera la conveniencia de realizar los
contenido suelen colocarse, cuando la índices alfabéticos, puesto que dilatan
obra las lleva, algunas listas que pueden unos días la salida de la obra y en cierto
ser muy útiles para el lector; por ejem ­ modo la encarecen (aunque este aspecto
plo, de abreviaciones, de láminas, de fi­ sea despreciable). Es el autor quien debe
guras, de cuadros y tablas, de esquemas, convencer al editor de la necesidad de
etcétera. presentar la obra con todos los requisi­
tos científicos, y el de los índices lo es.
Confeccionarlos es delicado. Requiere,
8.2. E l cuerpo del libro sobre todo, una idea clara acerca de qué
materias deben figurar en el índice alfa­
El cuerpo del libro puede dividirse en bético correspondiente, y si habrá o no
tomos, libros y partes, como se ha visto índice de antropónimos y de topónim os,
(§ 7.1), pero más habitualmente se divi­ si se mezclarán con los térm inos del ín­
de solo en partes y capítulos, y estos en dice de materias, todo en un solo cuer­
párrafos y apartados. Si lleva partes, es­ po, o si se omitirán.
tas pueden ir introducidas por una por­ Algunos libros terminan con una ano­
tadilla interna o portada divisoria, en la tación, a veces festiva, llamada colofón,
cual se hace constar el título de la parte; donde se suele hacer constar que la obra
la página posterior debe aparecer en tal (la presente) se terminó de im prim ir
blanco. el día del santo tal en los talleres de tal,
También puede llevar una introduc­ o un texto semejante.

197
la bibliología

9. El tra b a jo de producción, El pliego en que se imprime un libro


im presión y en cu adernación se llama unidad de impresión, la cual no
coincide necesariamente con la unidad
9.1. La producción de encuadernación, que es el rectángulo
impreso por ambas caras que el encua­
En el mundo editorial, la producción dernador introducirá en sus máquinas
es la faceta de la edición que se encarga para plegar y encuadernar. Por ejemplo,
de la realización material de la obra. El si un impresor dispone de máquinas para
jefe del departam ento se relaciona con imprimir 64 o 128 páginas de una deter­
las empresas que colaboran con la edi­ minada medida y el encuadernador solo
torial; por ejemplo, las papeleras, los ta­ puede plegar una medida inferior, la uni­
lleres de com posición, impresión y en­ dad de tirada será de 64 o 128 páginas,
cuadernación y otras que puedan ser ne­ pero la de encuadernación será de 32 pá­
cesarias para la obtención del producto. ginas, por ejemplo.
Se encarga de buscar los talleres que La impresión suele hacerse, en este
desarrollarán las funciones com plem en­ tipo de obras, por un procedimiento de
tarias, como la fotorreproducción. litografía indirecta llamada ó/set (en in­
Durante el proceso de edición, el de­ glés, offset). Es un procedimiento lito-
partamento de producción actúa de co­ gráfico, es decir, con formas o moldes
rrea de trasm isión entre el departamento sin huecos ni relieves, y la impresión es
de ediciones y los talleres, de modo que indirecta porque la forma o molde no
se convierte en un importante nudo de imprime directamente en el papel, sino
com unicaciones. Una vez que recibe de en una mantilla de caucho que transfie­
ediciones los fotolitos revisados y dis­ re la tinta (es decir, la imagen y el texto)
puestos para la tirada, producción se en­ al papel. Este procedimiento, desarro­
carga de todas las funciones de la obra llado a partir de 1904, presenta grandes
(si exceptuam os las pruebas ozálidas, ventajas sobre la clásica impresión tipo­
que norm alm ente son revisadas por el gráfica, como pueden ser la falta de re­
editor, pero que también podrían serlo lieve o huella (no existe presión como
por el productor). en tipografía), la calidad de impresión
de las ilustraciones tramadas, aunque las
tramas sean muy finas y el papel de mala
9.2. La impresión calidad. El único inconveniente que pre­
y ¡a encuadernación senta, cada vez menos relevante, es lo
mortecino de la tinta en algunas impre­
Cuando el editor aprueba los fotolitos siones, debido a que el proceso, que es
o películas en que constan impresiona­ fisicoquímico, hace uso del agua para
dos el texto y las ilustraciones, el impre­ que la tinta grasa no se adhiera a las
sor los monta en una película llamada partes de la plancha polimetálica que ha
astralón según la distribución que cada de imprimir en la mantilla de caucho.
página ocupa en el pliego (a lo cual se Este juego de agua/tinta a que se somete
llama lanzado o casado). Este pliego es la plancha hace que se investigue conti­
un rectángulo de papel en el que, según nuamente en busca de tintas resistentes
su tamaño, caben 16, 32, 64 o más pági­ al contacto con el agua.
nas si responde a un plegado regular y Cuando se acaba la tirada, los pliegos
distinto número de páginas si el plegado se llevan al taller de encuadernación,
no es regular. donde serán plegados, alzados, cosidos

198
el trabajo de producción, impresión y encuadernación

y encuadernados con tapa (cartoné) o tos para salir al encuentro con su lector.
cubiertos con un papel resistente o car­ Esta salida supone la publicación, ya que,
tulina previamente preparados (rústica). aunque el libro o la revista estén edita­
Ese conjunto de pliegos se puede refilar dos y encuadernados, no estarán publi­
o desvirar (cortar por los tres lados) para cados hasta que no sean puestos a dis­
que el libro deje de ser intonso y se pue­ posición del público en un número de
da abrir para ser leído o contemplado. ejemplares que, como dice la ley de Pro­
Una vez completadas estas operacio­ piedad intelectual, satisfaga razonable­
nes, el libro o la revista quedan dispues­ mente sus necesidades.
Segunda parte

Diccionario de materias
índice de materias

ABREVIACIONES ANTONOMASIA ASCETÓNIMOS CANCIONES


Ali RE VIA MIE NTOS ANTROI»ÓNIMOS ASIGNATURAS CANTIDADES
ABREVIATURAS ANTROPÓN1MOS EX­ ASOCIACIONES CANTOS
a c c id e n t e s geo ­ TRANJEROS ASTERÓNIMOS CAPÍTULOS
g r á f ic o s ANTROPÓNIMOS DE ASTRONÁUTICA CARACTERES DE IM­
acento FICCIÓN ASTRONAVES PRENTA
a c o n t e c im ie n t o s ANUARIOS ASTRONOMÍA CARGOS Y EMPLEOS
h is t ó r ic o s AÑOS AUTÓNIMOS CARRETERAS
a c o t a c io n e s APARTADOS AUTOPISTAS Y AUTO­ CARTAS
A( RÓNIMOS APELLIDOS VÍAS CARTAS APOSTÓLICAS
ACTAS JUDICIALES APELLIDOS CATALA­ AUTORES CARTAS DE LA BA­
ACTOS NES AUTOVÍAS RAJA
ADAPTACIÓN APELLIDOS ESPAÑO­ AVENIDAS CARTOGRAFÍA
ADJETIVOS LES AVES CATALÁN
ADVOCACIONES APELLIDOS EXTRAN­ AVIONES CERTÁMENES
AERONAVES JEROS CESURAS
AEROPUERTOS APELLIDOS G A LLE­ BACTERIAS CU
AFORISMOS GOS BALLETS CHECO
AFRIKAANS APELLIDOS VASCOS BANDOS CHINO
AGNOMENTOS APÉNDICES BARAJA CIENCIAS
AGRUPACIONES APODOS BARCOS CIFRAS
ALBANÉS APOTECÓNIMOS BATALLAS CINE
ALEACIONES ÁRABE B i b l ia CINTAS
ALEMÁN ÁRBOLES BIRMANO CIRCULARES
ALFÓNIMOS ARGOT BREVES CÍRCULOS IMAGINA­
ALIAS ARISTÓN1MOS BULAS RIOS
ALÓNIMOS ARMADA BUQUES CIRÍLICO
ANEMÓN1MOS ARMAS CISMAS
ÁNGELES ARTES CACOGRAFÍAS CLASES SOCIALES
ANIMALES ARTÍCULOS CALIBRES CÓDIGOS
ANIVERSARIOS ASAMBLEAS POLITI­ CALLES CÓDIGOS POSTALES
ANTENOMBRES CAS CAMPEONATOS COGNOMENTOS

203
índice de materias

COLECCIONES BIBLIO­ DEDICATORIAS EMPRESAS FAXES


GRÁFICAS DEIDADES ENCABEZAMIENTOS FECHAS
COLORES DEMONIOS ENCÍCLICAS FERIAS
COMARCAS DEPORTES Y JUEGOS ENCICLOPEDIAS FICCIÓN
COMEDIAS DESINENCIAS ENSEÑANZA FIESTAS
COMERCIO DIÁLOGOS ENTIDADES FILMES
COMETAS DIARIOS ENTOMÓNIMOS FINCAS
CÓMICS DÍAS ENTRADAS FINÉS
COMIDAS DÍAS DE LA SEMANA ENUMERACIONES FIRMAS
COMPETICIONES DE­ DICCIONARIOS EPÍSTOLAS FIRMAS COMERCIALES
PORTIVAS DICHOS ÉPOCAS HISTÓRICAS FÍSICA
COMPOSICIONES MU­ DICTADOS EPÓNIMOS FITÓNIMOS
SICALES DIGNIDAD ERAS FLAMENCO
COMUNICACIONES DÍGRAFOS ESCALAS FOLIOS
CONCIERTOS DINASTÍAS ESCENAS FOLIOS PROLOGALES
CONCILIOS DIOSES ESCOCÉS FOLLETOS
CONCURSOS DIRECCIONES POSTA­ ESCRITOS FORMATOS
CONDECORACIONES LES ESCUELAS FRAILES Y MONJAS
CONECTIVOS DIRIGIBLES ESCULTURAS FRANCÉS
CONFERENCIAS DISCIPLINAS ACADE­ ESLOVACO FRASES
CONFLICTOS MICAS ESPADAS FRASES CÉLEBRES
C O N G R E G A C IO N E S DISCOS ESPAÑOL FUERZAS ARMADAS
RELIGIOSAS DISCURSOS ESPECIES
CONGRESOS D1SGRAFÍAS ESTABLECIMIENTOS GAÉLICO
CONSTELACIONES DISTINCIONES ESTACIONES GALAXIAS
CONSTRUCCIONES DISTRITOS ESTACIONES DEL AÑO GALLEGO
CONTRACCIONES DIVINIDADES ESTACIONES FERRO­ GÉNEROS LITERARIOS
CONVENCIONES DIVISAS VIARIAS GENES
CONVERSACIONES DIVISIONES ADMINIS­ E STA C IO N ES O R B I­ GENTILICIOS
COREANO TRATIVAS TALES GEOGRAFÍA
CORPORACIONES DOCTRINAS ESTANCIAS GEOMETRÍA
CORREOS DOCUMENTOS ESTATUAS GEÓNIMOS
CORTESÍA DRAMATURGIA ESTILOS ARTÍSTICOS GLOTÓN IMOS
COSMÓNIMOS ESTRA TO S G E O L Ó ­ GRADOS
CREACIONES ECLESIÁSTICOS GICOS GR A FUMAS COMPLE­
CRIPTÓN1MOS ECLÍPTICA ESTRELLAS JOS
CROMÓNIMOS ECUADOR ESTROFAS GRAFÍAS
CRONOLOGÍA EDADES ET GRAMÁTICA
CRONÓNIMOS EDADES HISTÓRICAS ETNIAS GRIEGO
CRUCES1 EDICIONES ETNÓNIMOS GRUPOS ARTÍSTICOS
CRUCES1 EDICTOS EVANGELIOS GRUPOS ESCULTÓRI­
CRUZADAS EDIFICIOS EXOANTROPÓNIMOS COS
CUADERNOS EDUCACIÓN EXÓN1MOS GRUPOS HUMANOS
CUADROS ÉGLOGAS EXOTOPÓNIMOS GRUPOS MUSICALES Y
CURSOS Y CURSILLOS EJEMPLOS EXPOSICIONES TEATRALES
EJÉRCITO Y ARMADA EXTRANJERISMOS GRUPOS SANGUÍNEOS
DANÉS ELEM ENTOS QUÍM I­ GUERRAS
DANZAS COS FALTAS DE ORTOGRA­
DÉCADAS EMBARCACIONES FIA HAG1ÓNIMOS O HA-
DECENIOS EMPERADORES FÁRMACOS GIOTOPÓNIMOS
DECIMALES EMPLEOS FASCÍCULOS HEBREO

204
índice de materias

HECHOS HISTÓRICOS LL NAVES ESPAC IALES OBRAS DE ARTE


HEMISFERIOS LOCUC IONES NEBULOSAS OBRAS CIENTÍFICAS Y
HE1FROGRAI TAS LONGITUDES Y LATI­ NEERLANDÉS TÉCNICAS
HIDRÓNIMOS TUDES NEOLOGISMOS OBRAS CREADAS
HIND1 LUGARES CELESTIA­ NOMBRES OBRAS DRAMÁTICAS
HIPOCORÍSTICOS LES NOMBRES A N TONO- OBRAS LEXICOGRÁ­
HISTORIA LUGARES DE EDICIÓN MÁSTICOS FICAS
HOLANDÉS NOMBRES DE AUTO­ OBRAS MUSICALES
HORARIOS MACROTOPÓNIMOS RES OBRAS NORMATIVAS
HORAS MA LAPROPISMOS NOMBRES DE CALLES OBRAS DE TEATRO
HÚNGARO MAPAS NOMBRES C IEN TÍFI­ OCÉANOS
HURACANES MÁQUINAS COS ODAS
MARCAS REGISTRADAS NOMBRES COMERCIA­ OFICIOS Y PROFESIO­
ICTIÓNIMOS MARES LES NES
IMPRESOS MATEMÁTICA NOMBRES DE DIGNI­ OLIMPÍADAS
IMPUESTOS MATRÍCULAS AUTO­ DAD ONOMÁSTICA
INDIOS MOVILÍSTICAS NOMBRES ESPECÍFI­ ONOMATOPEYAS
INDONESIO MEDALLAS COS ÓPERAS
INDUSTRIA Y COMER­ MEDICAMENTOS NOMBRES FICTICIOS ORACIONES
CIO MEDICINAS NOMBRES G E N É R I­ ÓRDENES MILITARES
INFORMÁTICA MEDIDAS COS ÓRDENES RELIGIOSAS
INGLÉS MEDIOS DE COMUNI­ NOMBRES GEOGRÁFI­ ORGANISMOS
INSCRIPCIONES CACIÓN COS ORGANIZACIONES
INSECTOS MEMBRETES NOMBRES DE GUERRA ORNITÓNIMOS
INSTITUCIONES MENCIÓN Y USO NOMBRES H1POCORÍS- ORÓNIMOS
IRLANDÉS MESES TICOS
IRONÍA MESOTOPÓNIMOS NOMBRES DE LUGAR PÁGINAS
ISBN METALENGUAJE NOMBRES MITOLÓGI­ PAÍSES
ISSN METALES COS PÁJAROS
ITALIANO METEOROLOGÍA NOMBRES DE PAÍSES PALABRAS Bl ACEN*
MICÓNIMOS NOMBRES DE PERSO­ TUALES
JURGA MICROTOPÓNIMOS NA PALABRAS EXTRAN­
JUDICATURA MILENIOS NOMBRES PERSONIFI­ JERAS
JUEGOS MILICIA CADOS PALABRAS M ALSO­
JUEGOS OLÍMPICOS MINERALES NOMBRES DE PILA NANTES
MITOLOGÍA NOMBRES POSTIZOS PALOS DE LA BARA­
LÁMINAS MODA NOMBRES PROPIOS JA
LATÍN MODELOS NOMBRES DE RELI­ PAPAS
LATINISMOS MODISMOS GIÓN PARENTESCO
LATITUDES MONEDAS NORUEGO PÁRRAFOS
LECCIONES MONJAS NOTAS MUSICALES PARTES
LEMAS MONUMENTOS NOTICIAS PARTIDOS POLÍTICOS
LENGUAS MOTES NOVÍSIMOS PASEOS
LETRAS MOTU PROPRIO NUMERACIÓN ARÁBI­ PECADOS CAPITALES
LEYES MOVIMIENTOS ARTÍS­ GA PECES
LIBROS TICOS, POLÍTICOS Y NUMERACIÓN ROMA­ PELÍCULAS
LIBROS SAGRADOS CULTURALES NA PENSAMIENTOS
LIGADURAS MÚSICA NÚMEROS PERIÓDICOS
LÍNEAS IMAGINARIAS NUMISMÁTICA PERÍODOS FESTIVOS
LITERATURA NAIPES PERÍO DO S G E O L Ó ­
LITÓNIMOS NAVES OBJETOS GICOS

205
índice de materias

PERÍODOS H IST Ó R I­ REGÍMENES POLÍTI­ SIGLOS ña


COS COS SIGNIFICADOS TOPÓNIMOS EXTRAN­
PERSONAJES CELES­ REGIONES NATURALES SIGNOS JEROS
TIALES RELIGIONES SÍMBOLOS TOPÓNIMOS URBANOS
PERSONAJES DE FIC­ RELIGIOSOS SIMPOSIOS TRATADOS
CIÓN REUNIONES SISTEMA IN TER N A ­ TRATAMIENTOS
PERSONAJES REALES REVISTAS CIONAL DE UNIDA­ TRATAMIENTOS RELI­
PERSONIFICACIONES REYES, EMPERADO­ DES (SI) GIOSOS
PIE EDITORIAL RES, PRÍNCIPES SISTEM A M ÉTRICO TRENES
PIEZAS TEATRALES ROSA DE LOS VIEN­ DECIMAL TRIBUS
PINTURAS TOS SOBRENOMBRES TURCO
PLANETAS RÓTULOS SOCIEDADES
PLANTAS KR SOCIEDADES COMER­ U LTR ACOR R ECC IO ­
POESÍAS RUMANO CIALES O MERCAN- NES
POLACO RUSO III.ES UNIDADES DE MEDI­
POLÍTICA RUTAS SONE IOS DA
POLOS SUICO UNIVERSO
PONENCIAS SACRAMENTOS SUFIJOS URBANIDAD
POR MIL SALMOS URBANIZACIONES
PORCENTAJES SANIOS TAILANDÉS USO Y MENCIÓN
PORTUGUÉS SA I Él I I ES I Al .ASÓNIMOS
PRECIOS SATÉLITES ARIII l( 1A- TAXONOMÍA VASCO
PREFIJOS Y SUFIJOS LES TEATRO VEGETALES
PREMIOS SÁTIRAS TEBEOS VEHÍCULOS
PRENOMBRES SECCIONES TELÉFONOS Y FAXES VERSÍCULOS
PRÍNCIPES SECTAS I EÓNIMOS VERSIONES
PROFESIONES SEGUNDOS TEXTOS VERSOS
PROGRAMAS SEMANAS TIEMPO VÍAS PÚBLICAS
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PUENTES SEUDÓNIMOS DAD COS
PU N TO S C A R D IN A ­ SEUDÓNIM OS ANA- T ÍIU L O S HONORÍFI­ VOLÚMENES
LES GRAMÁTICOS COS
SIGLAS TÍ FULOS POLÍTICOS ZEPELINES
RAZAS SIGLAS DE LA ÜIBLIA TOMOS ZODIACO
RECITALES SIGLAS BIBLIOGRAFI­ TOPOGRAFÍA ZONAS DEL UNIVER­
RECOPILACIONES CAS IOPÓNIMOS SO
REFRANES SIGLÓNIMOS t o p ó n im o s d e E spa­ ZOÓNIMOS

206
aa A

abreviaciones ción (abreviatura o símbolo) si el autor no está


1. D e f i n i c i ó n . La palabra abreviación da plenamente seguro de que va a ser rectamente
nombre genérico a todas y cada una de las interpretado. Para conseguir esto, es menester
formas de abreviar. Por ejem plo, podríam os que entre paréntesis, o bien a pie de página o,
en caso de ser muy abundantes, en lista al
decir que toda abreviatura es una abrevia­
principio del libro o escrito, se indique al lec­
ción, pero no toda abreviación es una abre­ tor qué significa cada una de tas abreviaciones
viatura. Lo mismo podríam os decir de los empleadas en el texto.
abreviamientos, las siglas, los sím bolos y al­
gunas otras formas de abreviar. 2 . G r a f í a . Cada tipo de abreviación tie­
ne su propia grafía. Así, m ientras las abrevia­
-♦ En cualquier obra técnica o científica, en
cualquier trabajo de investigación puede ser turas se escriben con punto abreviativo, los
necesario utilizar abreviaciones de distintos ti­ abreviam ientos, las siglas y los sím bolos no
pos. Si bien es una vieja costumbre que no está lo llevan; m ientras las abreviaturas y los
prohibida, modernamente se tiende a emitir abreviam ientos (especialm ente los hipoco-
mensajes libres de interferencias, ruidos, du­ rísticos) se escriben con las m ayúsculas que
das o inseguridades. Por ello, como norma ge­ les correspondan (si les corresponden) y el
neral, deben emplearse las menos abreviacio­ resto con m inúsculas, las siglas se escriben
nes que sea posible. En textos ordinarios no con versalitas y los sím bolos con la grafía
deben emplearse abreviaturas comunes, salvo
que para cada uno de ellos se haya estableci­
si aparecen entre paréntesis o en cuadros. Fn
cuanto a los símbolos, solo deben emplearse do; m ientras las abreviaturas se prestan al
aquellos que el lector pueda interpretar con plural y a veces lo llevan, las siglas y los
seguridad; por ejemplo, por tratarse de símbo­ sím bolos carecen de esa m arca. Debe aten­
los empleados en su propio contexto o campo derse, pues, al tipo de abreviación que se
de aplicación o porque en el propio escrito utilice para aplicarle su grafía.
están suficientemente explicados. En biología 3 . => ABREVIAMIENTOS’, ABREVIATURAS;
y otras ciencias, el número de abreviaturas y a c r ó n im o s ; a s t e r ó n im o s ; c r ip t ó n im o s ;
símbolos debe limitarse a los que con seguri­ g r a m á t ic a ; n o m b r e s h i p o c o r ís t ic o s ; s i ­
dad sean comprendidos por el lector sin obli­
g l a s ; s ig l ó n i m o s ; s ig n o s ; s ím b o l o s .
garle a un esfuerzo adicional. Recuérdese que
un texto lleno de abreviaciones añade un códi­
go de interpretación a los que ya contiene un abreviamientos
texto técnico o científico. Por supuesto, ningu­ L D e f i n i c i ó n . Un abreviam iento es el re­
na obra o escrito debería utilizar una abrevia­ sultado del acortam iento fonético de una pa-

207
abreviaturas

la b r a , c o m o poli p o r policía, pelu p o r pelu­ abreviaturas, incluso de las muy utilizadas en


quería. ciertos textos, pueden en algún contexto pres­
2. G r a f ía . tarse a una interpretación errónea, con más
razón las que son poco habituales o están mal
2 .1 . Los abreviam ientos se escriben de re­
formadas. Muchos lectores carecen de expe­
dondo y con inicial m inúscula si form an nom ­
riencia en la interpretación de abreviaciones,
bres com unes: por lo que debe facilitárseles la información
con los menos tropiezos que sea posible. Como
poli, pelu, tele, peque, chelo, fago, fax, alelo, norma general, los textos ordinarios no debe­
lito, metro, magneto, fonendo, moto, bici, mili. rían contener abreviaturas, salvo si se emplean
entre paréntesis o si aparecen en notas, cua­
Solam ente deben escribirse con cursiva (no dros, citas bibliográficas o bibliografías. En
con com illas) los abreviam ientos acom oda­ este caso son corrientes las abreviaturas de
ticios y ocasionales. palabras como articulo, capitulo, edición, figu­
2.2. Se escriben de redondo y con inicial ra. lámina, libro, página, tomo, volumen.
m ayúscula los abreviam ientos que al mismo
tiem po son nom bres hipocorísticos de perso­ 2. G r a f í a .
nas, com o 2.1. Los procedim ientos de abreviación dan
lugar a los siguientes tipos generales de abre­
Mari, Santi, Toni, viaturas:

o d e lu g a r e s , com o 1) abreviaturas regulares o por suspensión


(apócope), que se form an elim inando
Guate (Guatemala), Prisco (San Francisco), Bar- la parte final de la palabra, pero conser­
na (Barcelona), Cister (Cistercium), Popo (Po- vando de esta m ás de una letra, corno
pocatepelt), Nica (Nicaragua). imp. ‘im porte’, deleg. ‘delegación’ o
‘delegado’, estét. ‘estética’;
3 . G é n e r o . D a d o q u e d e lo s d o s m e c a ­
2) abiwiaturas convencionales, que se sub-
n is m o s d e fo r m a c ió n d e lo s a b r e v ia m ie n t o s ,
dividen en
el m á s u tiliz a d o e s e l d e la s u s p e n s i ó n ( a p ó ­
c o p e ) , n o a p a r e c e e n e llo s la m o c ió n d e g é n e ­ a) abreviaturas por siglas (apócope).
ro , p o r lo q u e m a n tie n e n e l q u e te n ía n c o m o que se form an conservando de la
p a la b r a s p le n a s ; s o lo u n a e x tr a ñ a e x c e p c ió n palabra solo la inicial, com o A.
im p u e s ta p o r e l u s o : pro/a c o m o f e m e n in o d e ‘aprobado’, P. ‘padre’ (religioso);
profe ( d e h e c h o , a b r e v ia m ie n to d e profesora ). b) abreviaturas por contracción (sin­
4 . A l f a b e t i z a c i ó n . L o s abreviam ientos
copa), que se form an elim inando
no presentan, a este respecto, problem as es­ varias letras del interior de la pala­
peciales. Se alfabetizan com o las palabras bra, seguidas o alternas: cía. ‘com ­
que son, escribiéndolas con inicial m inúscula pañía’, prnl. ‘pronom inal’.
o m ayúscula según que se trate de un nom bre
com ún o propio, respectivam ente. Son m ucho m ás abundantes las prim eras, las
5 . =* a b r e v i a c io n e s ; g r a m á t i c a ; n o m ­
regulares o por suspensión, pero casi siempre
b r e s h ip o c o r ís t ic o s .
se prestan m al al plural, al que se som eten
m ejor las abreviaturas convencionales (v. § 6).
abreviaturas 2.2« Cualquier palabra puede abreviarse con
1. D e f i n i c i ó n . Una abreviatura es la re­ solo la inicial, siem pre que en la m ism a uni­
presentación gráfica de una o m ás palabras dad textual no se confunda con otra abrevia­
con m enos letras de las que las form an. tura igual para una palabra distinta. No obs­
tante, si la palabra tiene consagrada una for­
^ La regla de oro de las abreviaturas es usar­
las lo menos posible, preferiblemente entre pa­ ma abreviativa, es preferible usar esta a cual­
réntesis o en citas bibliográficas, notas, cua­ quier otra. Por ejem plo, la palabra articulo
dros y esquemas (v. c. 1), pero no al correr del podría abreviarse en a., pero esta voz tiene
texto, salvo que sean imprescindibles. Algunas una abreviatura, art., que le es propia en su

208
abreviaturas

contexto (es decir, en edición y bibliología, a trabajos semejantes, las letras con que se abre­
\cccs en com ercio); lo mismo podría decirse vian los nom bres de pila de los autores se
de citado, cuya abreviatura reconocida es cit., escriben juntas y sin punto:
por lo que no es recom endable ninguna otra.
2.3. Para que valga la pena realizar la abre­ Kennedy, PT; McQuinn, JE.
viatura, es m enester suprim ir al menos tres
En francés llevan punto las abreviaturas regu­
signos de la palabra que se abrevia. Solo en
lares o por suspensión (v. § 2.1-1):
contados casos puede adm itirse una abrevia­
tura con una supresión de m enos de tres sig­ cliap. chapiire ‘capítulo’, vol. volunte *volu­
nos. Sin em bargo, no debería usarse una abre­ men \
viatura com o vid. (cuatro signos) para susti­
tuir a vide (cuatro signos); en este caso la pero no lo llevan las abreviaturas convencio­
abreviatura correspondiente es v. ‘vide, véa­ nales (v. § 2.1-2):
se*. El hecho de que se haya usado siempre
asi no debería servir de excusa para no recti­ M,,,f madanic ‘señora*, C* conipagnic ‘compa­
ficar algo que a todas luces es erróneo o ñía*, bd boulevard ‘bulevar’, fg faubourg ‘su­
inadecuado. burbio’.
2.4. Una abreviatura regular o por suspen­
sión (v. § 2.1-1) nunca debe acabar en vocal, 4.2. En las abreviaturas con una parte
como *vé. por véase , ni tam poco separar las voladita, el punto abreviativo se coloca antes
dos consonantes que preceden a una vocal si de esa parte volaJita: M.°. no *A/Uni *Ma.; de
ambas consonantes son taulosilábicas (perte­ igual manera, la forma correcta de abreviar
necen a una m isma sílaba); por ejemplo, la doña es D a. no *Da ni *D*. (con punto exte­
abreviatura correcta de explosión es expi, no rior). Es tam bién incorrecto elim inar el punto
exp. Si pueden acabar en vocal las abreviatu­ abreviativo y escribir con letra norm al la que
ras convencionales (v. § 2.1-2). debe ser voladita: *Ma (María), *Da (doña).
2.5. Algunas abreviaturas que se emplean 4.3. Teniendo en cuenta la norm a anterior,
normalmente en notas y citas bibliográficas las abreviaturas de núm eros deben llevar el
deben escribirse con todas sus letras si co­ punto abreviativo y adem ás colocado antes de
mienzan texto; por ejem plo, no se debe escri­ la letra voladita: 1.a, 2.a, 3.,r. 4.a. O m itir este
bir V M. Seco, porque parece que se trata de punto abreviativo, com o suelen hacer algu­
un nombre, sino Véase M. Seco. nos, no solo es ortográficam ente incorrecto
3. E s c r i t u r a t i p o c , r a u c a . La letra o le­
(las abreviaturas deben llevar punto), sino que
tras con que se representan en la escritura una puede introducir un elem ento de confusión en
o nías palabras se escriben generalm ente de el m ensaje; en efecto, no es lo m ism o 4.°
redondo y, en principio, con inicial minúscula (cuarto) que 4 ° (cuatro grados).
o mayúscula según que se trate de nombre 5. M a y ú s c u l a s y m i n ú s c u l a s . Las abre­
común o propio, respectivam ente: viaturas de palabras escritas con inicial m i­
núscula se escriben norm alm ente con inicial
admón., art., arts., p., pp., EE. UU., JJ. MM., m inúscula, y las de palabras escritas con ini­
U dcs. cial m ayúscula se escriben con inicial m ayús­
cula; por ejem plo, pról. por prólogo. J. C. por
4. P u n t o a b r e v i a t i v o . Jesucristo. Sin em bargo, esta norm a presenta
4.1. En español, todas las abreviaturas de­ m uchísim as excepciones, sobre todo en el sen­
ben llevar punto, llam ado punto ahreviativo. tido de escribir con inicial m ayúscula m uchas
Esta norm a no rige con igual imperativo en abreviaturas de palabras o sintagm as que se
otras lenguas, com o inglés o francés. En in­ escriben con inicial m inúscula. Por ejem plo,
glés se hace am plio uso no solo de las abre­ se escriben con inicial m ayúscula, sin excep­
viaturas sin punto, sino tam bién sin espacios ción, todos los tratam ientos, pese a que escri­
cuando hay m ás de una (en abreviaturas com ­ tos a lo largo llevan m inúscula inicial: Ud.
puestas); por ejem plo, en las bibliografías y ‘usted ', S. M. 4su majestad*, Rvdo. ‘reveren­

209
abreviaturas

d o ’. Por razones tradicionales, se escriben con 6.2. En algunos casos, sobre todo cuando
inicial m ayúscula otras abreviaturas como los elem entos del contexto dejan claro que se
N. B. ‘nota b e n e \ P. D. ‘p osdata’, P. P ‘porte trata de un plural, puede utilizarse la abrevia­
pagado’, P. V. P. 'precio de venta al público’. tura singular con ese valor, com o en pág. 7.5-
S. R. C. ‘se ruega contestación’ y otras. En 27, o bien 2 3 6 pág., donde se ve que se trata
otros casos se admite la escritura con m ayús­ de más de una página. Sin em bargo, debido a
cula o con m inúscula, indistintam ente, y en­ las vacilaciones que puede provocar en el lec­
tonces es preferible utilizar la m inúscula: tor, y por m antener coherencia interna del
p. a. o P. A. ‘por autorización* (mejor, con sistem a (abreviaturas en plural siempre que
todo, P. a., puesto que siem pre em pieza des­ se abrevie una palabra en plural), es mejor
pués de punto), t/. IX g. o Q. D. G. ‘que Dios em plear las abreviaturas que corresponden al
gu ard e’ y otras. plural: págs. 25-27, o bien 2 36págs.
6. P l u r a l . 7. D i v i s i ó n a f i n ni·: l í n i - a .
6.1. Las abreviaturas adm iten generalmente 7.1. En contra de lo que se ha dicho más
la form a de plural cuando se aplican a una de una vez en textos normativos, una abrevia­
palabra en plural; por ejem plo, págs. o pp. tura puede dividirse a final de línea siempre
por páginas, sigs. o .v.v. por siguientes, Jf. ce. que su estructura lo permita. Com o en espa­
por ferrocarriles, N .' /1.1. por vuestra s alte­ ñol las palabras se dividen por sílabas, las
zas. A veces resulta problem ática la adición abreviaturas solo pueden dividirse si tienen
de la forma de plural en las abreviaturas por más de una; por ejem plo, se puede dividir
suspensión, especialm ente debido a que el admón. (acl- / món.), pero no se puede dividir
lugar en que se da la m oción de plural es impr. porque no tiene más que una sílaba.
precisam ente la parte suprim ida. Incluso pue­ 7.2. Las abreviaturas que constan de más
de llegar a producir confusión en algún caso; de un térm ino no pueden separarse a final de
por ejem plo, bols. puede ser abreviatura de linea; por ejem plo, no se debe separar S. / A/,
boletines y de bolsillo. Sin em bargo, si el ni tam poco la abreviatura del térm ino de que
contexto esclarece cuál es la palabra abrevia­ depende: S. A/. / el rey.
da, puede emplearse el plural. Cuando la abre­ 8. Al.l ABLTIZACIÓN.
viatura se expresa con solo la inicial de la 8 .1. Las abreviaturas simples, formadas por
palabra (abreviatura convencional), el plural un solo térm ino, no ofrecen, en principio,
se indica duplicando esa inicial, am bas en mayores problem as de alfabetización.
m ayúsculas y con un solo punto: A. ‘alteza’ y 8.2. Las abreviaturas Pomadas por dos o
AA. ‘a lte z a s’, SS. A/A/, ‘sus m aje stad e s’, más térm inos pueden alfabetizarse por pala­
JJ. 0 0 . ‘Juegos O lím picos’, CC. OO. ‘Com i­ bras (alfabetización discontinua) o por letras
siones O breras’, En las abreviaturas conven­ (alfabetización continua). Dada la naturaleza
cionales que acaban en vocal, el plural se de las abreviaturas, es recom endable la pri­
indica tras esta vocal: de Srta. ‘señorita’, ia mera form a, con objeto de que todas las abre­
form a plural es Srtas.; de pía. ‘peseta’, el viaturas que tengan la misma forma en la
plural es pías. La abreviatura *pts. es inco­ palabra inicial queden juntas. Un ejem plo de
rrecta porque el singular no es *pt., sino pta. la alfabetización por palabras:
(ni la palabra es *pesets, sino pesetas). C uan­
do la abreviatura convencional acaba en con­ P l). posdata
sonante, el plural se forma añadiendo el m or­ p. ('/. por ejemplo
fem a -es: de ad/nón. ‘a d m in is tr a c ió n ’, p. o. por orden
admones.; así pues, el plural de pta. no es p. p. por poder
*pts„ como dice la A cadem ia en su Ortogra­ pág. página
fía (1999, 96), sino pías., e igualm ente el de pbm . presbítero
Ud. no es, com o asegura la m ism a fuente, plus, pesetas.
* U d s sino Udes. Lo que se abrevia, en uno y
otro caso, es pesetas y ustedes, respectiva­ He aquí cóm o quedaría la alfabetización por
m ente, no *pesets ni *usteds. el sistem a continuo o por letras:

210
acento

pág. página angostura, cañada, cañón, desfiladero, gargan­


pbro. presbítero ta, pico, monte, promontorio, meseta, arroyo,
P D. posdata rio, lago, cabo, bahía, catarata.
p. ej. por ejemplo
p. o. por orden 2.2. Se escriben de redondo y con inicial
p. p. por poder m ayúscula los nom bres específicos de los ac­
pías, pesetas. cidentes geográficos:

Cl prim er sistema, en el que cada abreviatura cabo de Gata, gran cañón de! Colorado, catara­
equivale a una palabra (se considera indepen­ tas del Niágara, bahía de Cádiz.
dientemente de las demás), es preferible por
su claridad. 3. A l f a b e t i z a c i ó n .
8.3. Para facilitar la tarca, al alfabetizar 3.1. Al alfabetizar los nom bres de los ac­
abreviaturas debe prcscindirse de los signos cidentes, el nom bre com ún o genérico se pos­
(cualquiera que sea la posición que en ellas pone al propio o específico. Por ejem plo,
ocupen), así como las partes voladitas (todos
los cuales, naturalm ente, perm anecen en su Cádiz, Bahía de
lugar, pero 110 se tienen en cuenta a la hora de Colorado, Cañón del
alfabetizar tales abreviaturas). Por ejemplo, Gata, C'abo de
Niágara, Cataratas del.
p. página
p.* para 3.2. Cuando constituyen el nom bre de un
P. padre (sacerdote) topónim o urbano (calle, plaza, avenida, pa­
seo, etcétera), se alfabetizan tal com o figuren
se alfabetizan como s i p.a se hubiera escrito p. en la respectiva placa, posponiendo el nom ­
Al situarlas en la lista, prim ero se colocan las bre com ún o genérico:
formas más sim ples y después las más com ­
plejas dentro de su propia grafía (por eso p.a Bahía de Cádiz, Calle de la
aparece antes que P.). En este sentido, debe Cabo de Gata, Avenida del
tenerse en cuenta que al alfabetizar abreviatu­ Cañón del Colorado, Pasco del
ras, las grafías más sim ples preceden a las Cataratas del Niágara, Plaza de las.
más complejas.
9. T r a d u c c i ó n . En los textos en español 4 . T r a d u c c i ó n . Los nom bres com unes o
deben utilizarse abreviaturas españolas, siem ­ genéricos de los accidentes geográficos se
pre que sea posible. Por ello debe huirse de traducen siempre.
abreviaturas latinas com o et a i por y oíros, 5 . => TOPÓNIMOS.
q. v. 4quod vide* por v. ‘véase*, vid. ‘vide’ por
v. ‘véase’, etcétera. De hecho, solo la grafía acento
de los sím bolos es internacional y, por ende, 1. D e f i n i c i ó n . Llam am os acento a una
invariable. Las abreviaturas o los sím bolos no particularidad de la pronunciación por la que
internacionales deben traducirse a su forma se distingue un elem ento de una determ inada
en español. sílaba de una palabra, elem ento que en espa­
10. =* a b r e v ia c io n e s . ñol es el vocálico.

accidentes geográficos El signo que se aplica cuando, según las


1. D e f i n i c i ó n . Los accidentes geográfi­ reglas, deba señalarse, se llama tilde, y en nues­
cos son los elem entos naturales de un lugar tro idioma toma la figura de un rasgo en forma
de cuña que desciende de derecha a izquierda
que dan a este su configuración geográfica.
sobre la vocal de la silaba tónica: cántara,
2. G r a f í a . cantara, cantará. Puede afectar a las cinco
2.1. Los nom bres com unes o genéricos de vocales. No siempre se hiere con la tilde la
los accidentes geográficos se escriben de re­ silaba tónica; solo cuando está previsto por las
dondo y con inicial minúscula: reglas de acentuación.

211
acento

C uadro A l. Voces híaccntuales ad m itidas por la A cad e m ia1

acedía o acedía (ant. = acidia) caranday o carandaí endósmosis o endosmosis


acné o acné carau o caraú csfácclo o esfacelo
adeinprio o adcmprío cardiaca o cardíaca espahi o espay
Adonai o Adonay cardiaco o cardiaco esp atu lo m an cia o cspatulo-
aeróbic o acrobic cartel o cártel (convenio; agru­ mancia
aeromancia o acromancía pación) esporofita o esporofita
aeróstato o aerostato cartomancia o cartomancía esporófito o esporofito
áfilo o afilo c ato p tro m a n cia o catoptro- exegesis o exégesis
afrodisiaco o afrodisíaco mancia evegela o exégeta
aguai o aguav caudimano o caudímano exoftalmia o exoftalmía
¡ajo! o ¡ajó! cclíaco o celiaco exósmosis o exosmosis
alectoniancia ó alectomancía celtíbero o celtibero
alergeno o alérgeno centimano o ccntímano fárrago o farrago
áloe o aloe c e ra u n o m a n c ia o cerauno- folíolo o folíolo
alveolo o alvéolo mancía fríjol o frijol
ambrosía o ambrosia cercén o cercen fútbol o futbol
amoníaco o amoniaco ceromancia o ceromancía
anafrodisíaco o nnafrodisinco chófer o chofer gametófito o gamo to fit o
anemona o anemona cíclope o ciclope gcncsiaco o genesiaco
antiafrodisíaco o antiafrodisia­ cleptomaniaco o cleptomania­ gcnctlíaca o genetliaca
co co gcnctlíaco o gcnetliaco
apolónida o apolonida cóctel o coctel geomancia o gcomancia
areola o aréola conclave o cónclave gladíolo o gladiolo
armoniaco o armoniaco cordiaco o cordiaco gradiolo o gradiolo
atmósfera o atmosfera cratera o crátera grafila o gráfila
atriaca o atriaca cuadrum ano o cuadrúmano grátil o gratil
aureola o auréola guaba o guabá
austríaco o austríaco demoníaco o demoniaco
dcm o n o m a n cia o dem ono· ¡hala! o jala!
bádminton o badminton mancía helespontíaco o helespontiaco
bálano o balano dinamo o dinamo helíaco o hcliaco
balaustre o balaustre dionisiaco o dionisiaco hemiplejía o hemiplejía
beréber o bereber dipsomaníaco o dipsomaniaco hemorroísa o hemorroisa
bibliomancia o bibliomancia dominica o dominica heteromancia o hcteromancía
biiuano o bímano dominó o dómino (desus.) hidrácida o hidracida
bosniaco o bosniaco hidroinancia o hidromancía
bronquiolo o bronquíolo égida o egida hipocondriaco o hipocondriaco
bucare o búcaro egílope o egílope hipomaníaco o hipomaniaco
buc o búe (are.) egipciaco o egipcíaco homeostasis u homeostasis
bustrófedon o bustrofedon eléctrodo o electrodo hurnil o húmil (ant.)
elefancía o elefancía humilmente o húmilmente (ant.)
caaminí o caá-miní elefancíaco o elefanciaco
caí o cay elegiaco o elegiaco ibero o íbero
cámpago o canipago elixir o elíxir icono o icono
cantiga o cantiga emprio o cniprío iliaco o iliaco
capnomancia o capnomancia enclisis o enclisis isiaco o isiaco

1 En la elección de las grafías preferibles (en negrita) se ha atendido al uso más que a la etimología o a
preferencias subjetivas. Por ejemplo, pese a que se pueda preferir personalmente austríaco, amonia­
co, policiaco, etcétera, se ha observado que en la práctica las formas utilizadas son austríaco, amoniaco,
policiaco, por lo que se ha decidido presentarlas como preferibles. La Academia se inclina por las primeras
formas, pero no siempre son las más usadas. En algunos casos no se explica que aún se mantengan en el
Diccionario de la Academia ciertas grafías; por ejemplo, orgia, rail parasito, conclave, ambrosia, cantiga e
incluso otras que carecen de empleo, por lo que podrían desaparecer del Diccionario para evitar estorbos y
dudas innecesarias en un campo en el que hay ya demasiadas.

212
acento

itóbara o isóbara oniromancia u oniromancia róbalo o robalo


ivoquímena o isoquimcna onomancia u onomancia rosoli o rosoli
orgia u orgia
jercmiaco o jeremiaco ornltomancia ti ornitomancia saxófono o saxofón
osmosis u osmosis semiperiodo o semiperiodo
bureóla o laureola sicomoro o sicómoro
lettnomancía o lecanormncía pabilo o pábilo simoniacamcnte o simoníaca-
lipemaniaco o lipcmaníaco papa o papá (padre) mente
litóles o litotes paradisíaco o paradisiaco simoniaco o simoníaco
paraplcjía o paraplcjia siriaco o siriaco
mama o mamá parásito o parasito sólo o solo
maná o mana peciolo o peciolo
maníaco o maníaco pelicano o pelicano (ave) tabarro o tábarro
mático o matico peloponesiaco o pcloponcsíaco tarara o tarará (toque)
medula o médula pensil o pensil termostato o term óstato
metempsicosis o mctempsíco- pentagrama o pentagrama tortícolis o torticolis
sis período o periodo tipoi o tipoy
meteoro o metéoro piromancia o piromancta tríglifo o tríglifo
metopa o métopa pitorá o pitora
microscopía o microscopía plébano o plebano ii romane lao uromancía
mimesis o mimesis policiaco o policiaco utopia o utopia
misil o misil policromo o policromo
monomaniaco o monomaniaco polígloto o poligloto vacara i o vacaray
mucilago o mucilago présago o presago vaguido o váguido
procero o prócero varice o várice (■ variz)
■ecrnmancia o necroinancía pucara o pucará velay o velabí
neroli o neroli pulmoniaco o pulmoniaco
nigromancía o nigromancía wólfrani o volframio
noli o noli quiromancia o quiromancia
xeroftalmia o xeroftalmía
oftalmía u oftalmía ranglán o ranglán
ole u olé (interj.) raíl o rail yatai o val ay
olimpiaco u olimpiaco reptil o reptil
olimpiada u olimpiada resoli o resoli zabila o zábila
omóplato u omoplato reuma o reúma zodiaco o zodiaco
onicomancia u onicomancía rizófito o rizofito zoster o zóster

2. La t i l d e e n l a s m a y ú s c u l a s y v f .r s a - re la forma situada en prim er lugar. En negri­


l i t a s . Las m ayúsculas y versalitas se tildan ta se elige la que, por diversas razones, espe­
siempre: MAYUSCULAS, m a y ú s c u la s , Alvaro. cialm ente relacionadas con el uso, es preferi­
3. L a s v o c e s b i a c e n t u a l e s . Un proble­ ble entre las dos. El usuario del lenguaje debe
ma importante en el cam po de la acentuación sentirse libre, no obstante, para elegir la que
lo constituyen ias llam adas palabras biacen- crea más conveniente.
tuales, es decir, las que pueden pronunciarse 4. P a la b r a s p ro b le m á tic a s a c a u s a d e
y escribirse de dos m aneras, com o periodo/ L^ t i l d e . La acentuación en español presen­
período, áloe/aloe, mama/mamá, termostato/ ta ciertos problem as que las ortografías anali­
termóstato, yatai/yatay, zoster/zóster. La co­ zan, entre los cuales descuellan los relativos
herencia quiere que, elegida una de las dos a los pronom bres este, ese, aquel con sus
formas, se m antenga esta a lo largo del m is­ femeninos y plurales y al adverbio solo, asi
mo trabajo, salvo que haya razones adiciona­ com o a la conjunción o cuando va entre ci­
les para, excepcionalm ente, em plear ambas fras. Seguidam ente analizam os los problem as
formas. En el cuadro A 1 se exponen las 213 de estas voces.
palabras biacentuales que registra el Diccio­ 4 .1 . Este, ese, aquel (con sus femeninos y
nario de la A cadem ia. Esta institución prefie­ plurales). Entre las cuestiones problem áticas

213
acento

C uadko A2. Palabras de acentuación d u d o sa 1

accfalia: La Academia mantie­ to, según la Academia ( Orto­ elit. en español se ha aclima­
ne esta grafía, pero debería grafía de 1999, vj 4 4), a efec­ tado desde hace un siglo como
escribir acefalia ‘falta de ca­ tos ortográficos, la combina­ palabra esdrújula y pronun­
beza'» ya que todas las pala­ ción de dos vocales iguales ciada con todas sus letras,
bras que se derivan del grie­ forma hiato y en su acentua­ élite. Pretender cambiar esta
go kefalé ‘cabeza’ son llanas ción siguen las reglas gene­ grafía y pronunciación por
con diptongo, como braquice- rales aplicables a las palabras el i te. así escrita y pronuncia­
faíia, dolicocefalia. microce - agudas, llanas y esdrújulas; da, es solución que, aunque
falta. en consecuencia, chiita, como por alguna razón pudiera de­
agrafía: Así registra la Acade­ disminuido, jesu ita . estatuilla. fenderse, llega tarde. La úni­
mia esta palabra, pero debe­ etcétera, no llevan tilde. (La ca grafía aceptable actual­
ría escribir agrafía, ya que propia Academia, en su bole­ mente es élite, pese a que la
todas las palabras derivadas tín (t. 77, cuad. 272, p. 385] Academia registre eiite.
del griego grúfilian ‘escribir’ ya ha corregido esta acentua­ inter: Esta palabra sufre de los
son llanas con hiato, como ción en el sentido de no po­ mismos males que apud (véa­
geografía, bibliografía. ner tilde en cinism o y chiita.) se anteriormente): la Acade­
afrikaans: La Academia admi­ dalai-lama: lista es la grafía con mia le niega la tilde cuando
te esta grafía en el Dicciona­ que la Academia admite la so emplea como preposición,
rio de 1992. lis la que han palahia en el I)iccionaiio de es decir, en las locuciones
registrado hasta ahora las 1992; a mi cntcndci, la grafía ínter iu>s. ínter vivos. Debe
fuentes lexicográficas, pon» correcta es dalui-lama. ya que llevar tilde en cualquier caso,
es errónea. En efecto, se trata dafái es palabra de pronun­ como la lleva cuando es ad­
de una palabra de pronuncia­ ciación aguda en español verbio de tiempo (poco usa­
ción llana, y las palabras lla­ (aunque, al parecer, no lo es do) con el significado de «en­
nas term inadas en -ns se en libetano), y en los com­ tretanto».
tildan; por consiguiente, la puestos cuyos elementos se siémens: Asi registra la Acade­
grafía correcta es afrikaans. unen con guión cada elemen­ mia esta palabra, derivado
apud: Asi escribe la Academia to mantiene su grada propia, impropio de un apellido ale­
este latinismo, el cual, apli­ diesel: La Academia escribe mán, Siemens. Una vez que
cando la doctrina académica Diesel en el sintagma motor se convierte en palabra co­
de que los latinismos se tildan Diesel. La gratia propia de mún española (es el nombre
en español como cualquier esta palabra debe ser diesel, internacional de la unidad de
otra palabra del acervo léxi­ con minúscula y tilde, ya que conductancia en el sistema
co, debe llevar su tilde, ápud. se trata de un derivado im­ m k s a ), su grafía es siémens.

aunque después, en la pro­ propio y además es de pro­ puesto que las palabras lla­
nunciación, pierda el acento nunciación llana. Si se dijera nas que terminan en -ns se
de frase, ya que se trata de motor de Diesel, automóvil de tildan.
una preposición, y las prepo­ Diesel, estarían bien la ma­ tedeum: Así escribe esta pala­
siciones tienen acento como yúscula y la falta de tilde, bra la Academia. Sin embar­
palabras (por ejemplo, según puesto que en esas expresio­ go, la grafía adecuada es te­
[y ante. bajo. cabe, contra nes nos referimos a un perso­ deum. sin tilde, puesto que el
también tienen acento; lo que naje alemán padre de tales encuentro de e y u (eu) en el
no tienen es tilde, porque, se­ criaturas (como si dijéramos, que e sea vocal tónica no pue­
gún las reglas de acentuación, por ejemplo, cabiales (un de formar hiato en español.
no les corresponde]), pero no queso] y queso de Cúbrales, Por consiguiente, se trata de
tienen acento de frase, jerez [un brandy] y vino de una palabra bisílaba y aguda
chiísmo, chiíta: Asi escribe la Jerez, bunsen {un mechero] y terminada en -m. y las pala­
Academia estas dos palabras, mechero de liunsen). bras agudas terminadas en -tn
registradas por primera ve/ élite: Aunque esta palabra vie­ no se tildan. De hecho, según
en el Diccionario de 1992. ne del francés y en este idio­ las normas de la Ortografía
Son grafías erróneas. En efec­ ma es aguda y pronunciada de 1999, la combinación vo-

1 Es o b v io q u e las d udas en ac en tu ac ió n p u ed e n s t r m uy am plias. S on recu rre n tes las que se refieren a los
h iato s (q u e se c o n fu n d en con d ip to n g o s) de v erb o s c o m o reír, freír, ruar, etc En e sto s caso s lo m ejo r es
c o n su ltar un d ic c io n a rio de usos y d u d as o u na o b ra sim ilar (v. $ 5.1.6, p. 47).

214
acento

cal abierta tónica + vocal ce­ rece que no lo es, y el Esbozo cal, se considera como con­
rrada átona no forma parte de de una nueva gramática dice sonante para los efectos de la
los hiatos, sino de los dipton­ que es diptongo, y por consi­ acentuación». Por consiguien­
gos. guiente seria monosílabo, no te, si la y es consonante (a los
Tuy: Dice la Ortografía de 1974 bisílabo, y no debería llevar efectos de la acentuación), Tuy
(§ 36b): «7iíy, bisílabo y lla­ tilde); segundo, habría que de­ no puede tildarse (indepen­
no, lleva tilde sobre la i/». Tal rogar una norma anterior, nías dientemente de que se consi­
afirmación tropieza con algu­ importante, de la misma Or­ dere hiato o diptongo). De he­
nos problemas: primero, ha­ tografía de 1974 (p. 24, § 34, cho, la Ortografía académica
bría que saber si actualmente l.V), que dice: «La y final, de 1999 (p. 153) registra Tuy
Tuv es bisílabo (en gallego pa­ aunque suena como semivo­ sin tilde.

que las llam adas nuevas normas de prosodia nom bres y exista riesgo de am bigüedad se
v ortografía de 1959 nos dejaron se encuentra acentuarán obligatoriam ente para evitarla».
la norm a que dice así ( Ortografía , 1974, Para dem ostrar cuán necesaria puede ser en
5 38 d): «Los pronom bres éste, ése, aquél, con estos casos la tilde, pone este ejem plo: Dijo
sus femeninos y plurales, llevarán norm al­ que ésta mañana vendrá. I la tenido que recu­
mente tilde, pero será licito prescindir de ella rrir la A cadem ia a un ejem plo casi imposible
cuando no exista riesgo de anfibología. I:\is- (en la realidad nadie se expresa así) para ju s ­
liría este riesgo en la oración siguiente: Los tificar que existe algún hipotético caso en
niños eligieron a su gusto, éstos pasteles, que la ti Ule sea defendida por razón de am bi­
aquéllos bombones. Con tilde, éstos y aque­ güedad. Lo que habría que decir es que tal
llos representan niños; sin tilde, estos y aque­ am bigüedad no existe y, por lo tanto, la tilde
llos son determ inativos de pasteles y bombo­ sobra. Esc m ism o ejem plo podría haberse re­
nes. respectivamente». La norm a no puede suelto así: Dijo que, esta, mañana vendrá.
estar peor redactada: lo que debería decir no Com o este uso de las com as es innecesario en
es que esos pronom bres «llevarán norm al­ la mayor parte de los casos, se dem uestra que
mente tilde, pero será licito prescindir de ella no es preciso em plear tilde alguna.
cuando no exista riesgo de anfibología», sino 4.2. O. Dice la A cadem ia, en la Ortogra­
precisamente al revés: «norm alm ente se es­ fía de 1999 (p. 49): «La conjunción disyunti­
cribirán sin tilde, pero será lícito colocársela va o no lleva norm alm ente tilde. Solo cuando
cuando exista riesgo de anfibología». Tal aparece escrita entre dos cifras llevará acento
como está redactada, la regla académ ica ad­ gráfico, para evitar que se confunda con el
mite la escritura sin tilde com o excepción, cero. Así, 3 ó 4 no podrá tom arse por el
cuando en realidad la excepción debe ser la núm ero 304'». No existe tal riesgo; en prim er
adición de la tilde, solo «cuando exista riesgo lugar por el propio contexto; por ejem plo,
de anfibología». ¿Y cuándo existe riesgo de podem os decir que en el puerto de Barcelona
anfibología? Prácticam ente, nunca. El ejem ­ hay 3 o 4 buques de guerra (que habría que
plo con que la Academ ia pretende convencer escribir tres o cuattv) y seguro que nadie
de que a veces se presentan casos anfibo­ interpretará que hay 304 buques de guerra; en
lógicos carece de entidad si se puntúa como segundo lugar porque la o y el 0 (cero) im pre­
se debe: Los niños eligieron a su gusto: estos, sos son netam ente distintos y nadie interpre­
pasteles; aquellos, bombones. Se ve clara­ tará 3 o 4 com o 304; en tercer lugar porque
mente no solo que la entonación es mucho en 3 o 4 existen espacios separadores, m ien­
más clara que la provocada por las tildes aca­ tras que estos faltan en 304. (A m ayor abun­
démicas, sino que tales tildes son inútiles y damiento, esa expresión debería escribirse con
que una buena puntuación es preferible a gran letra, com o se apunta antes, por dos razones:
cantidad de tildes. La Ortografía académ ica se trata de una cifra dubitativa y está formada
de 1999 (p. 49) dice que pueden llevar tilde por núm eros dígitos; así pues, independiente­
cuando funcionan com o pronom bres, y aña­ m ente de cóm o se escriba la o cuando se usa<