Está en la página 1de 9

A 13 años del terremoto que azotó Pisco [crónica]

Sismo del 2007 dejó 596 fallecidos y 432,000


damnificados en tres regiones del país
ANDINA/Jack Ramón
09:10 | Lima, ago. 15.

Por José Vadillo


Un corazón de Jesús mostraba las llagas en sus
manos y el cuadro era lo único que quedaba en pie
en lo que fue la sala de una casa cualquiera en
Pisco, después que aquel miércoles, 15 de agosto
de 2007, a las 6 y 41 de la noche, cuando las
mayorías terminaban con la jornada diaria, la tierra
empezó a temblar.
Horas después, envuelto en su frazada Tigre y en
la oscuridad, un hombre mira fantasmagórico la
nada, los restos de lo que fue su propiedad, su
historia privada, donde vivieron los suyos.
Cuando se inició el evento telúrico, las primeras
noticias sobre Pisco fueron un gran silencio. Y
eso activó la alerta. Las horas definirían mejor
la catástrofe: Pisco, Chincha, en la región Ica;
Cañete, Yauyos, en Lima; Huaytará y
Castrovirreyna, en Huancavelica, se llevaron
la peor parte de ese sismo de 7.9 grados, que
duró 210 segundos y mató a 596 personas.
Otros 2,200 resultaron heridos.
El terremoto de Pisco destruyó o dejó
inhabitables más de 76,000 viviendas.
Quedaron damnificados 432,000 peruanos.
Con las carreteras destrozadas, la forma de llevar la mayor cantidad de ayuda
humanitaria y socorro, fue por vía aérea.
San Clemente, un símbolo
En la iglesia San Clemente, de la plaza de Armas de
Pisco, esa noche fatídica de hace 13 años, se terminaba
de celebrar una misa cuando el mundo empezó a
retumbar. Fallecieron un centenar de feligreses cuando
se desplomaron los techos de la nave central.
Una fotografía aérea tomada seis días después,
mostraba la tierra aplanada por las retroexcavadoras, ya
no se podían salvar las estructuras. Donde antes se
ubicaban las bancas de los feligreses, el sagrario, el
altar, la credencia, ya no quedaba nada. Solo las dos
torres sobrevivieron a la catástrofe.
A su vez, la plaza de Armas se convirtió en el
espacio donde se acomodaron los cientos de
cuerpos de las víctimas mortales (ya no se
daba abasto el hospital), donde los
sobrevivientes llegaban para reconocer a sus
familiares, amigos, vecinos, mientras el
Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci)
asumía las acciones de ayuda logística, y la
policía, los militares, los bomberos, los
médicos, la sociedad organizada, trabajaban
sin descanso, llenos de polvo, en medio de la
emergencia, de tanta muerte; además se daban
tiempo para donar sangre, que era lo que
faltaba.
A su lado, los equipos de periodistas, entre ellos los de El Peruano y la Agencia de
Noticias Andina, llegaron la misma noche de los hechos y se quedaron pernoctando y
cubriendo los hechos durante varias semanas, mientras la tierra aún temblaba -lo que
llaman réplicas-, y sufriendo como los pisqueños la falta de conectividad y comunicación.
Mientras los operarios de las retroexcavadoras trabajan imparables quitando esos muros
que quedaron a medio caer, avanzaban por las calles pequeños cortejos cargando
ataúdes al campo santo.
Solidaridad internacional
Con el seísmo, se hizo presente la solidaridad de los pueblos. Portando el abrazo de
Colombia, llegó el entonces presidente Álvaro Uribe hasta Pisco. El presidente boliviano
Evo Morales, hizo lo propio días después.
En total, más de 15 países enviaron diversos profesionales y técnicos; además de
toneladas de ayuda humanitaria para los afectados por el fatal movimiento telúrico.
Si bien tras el terremoto, se dio por 60 días el estado de emergencia, en la región Ica,
las clases escolares quedaron suspendidas por más de dos meses.
En esos momentos, distintas organizaciones y empresas hicieron posible llevar
donaciones y ayuda humanitaria desde Arequipa, Cusco, Chiclayo, Chimbote,
Moquegua, Piura, Chiclayo, Huaraz, Tacna y Trujillo. A la vez, los peruanos
residentes en el extranjero también se sumaron a través de los consulados peruanos.
Pero no todos fueron buenos gestos. Los medios de comunicación denunciaban, a la
vez, hechos de corrupción de las autoridades y la desaparecida empresa de transporte
Soyuz, aprovechó el difícil momento para subir sus pasajes. Ley de la oferta y la
demanda, dicen algunos. Falta de humanidad, refieren otros.
Yo, testigo
Un año después, cuando llegamos a reportear a Pisco, todavía se podía oler en la ciudad
aquel olor a muerte. Pisco, una de las zonas del país más sensibles al cambio climático.
En el Cementerio General de Pisco hay pabellones dedicados a las víctimas del
terremoto del 2007. Los antiguos cuarteles tenían las grietas: hasta los muertos habían
sido remecidos de su silencio aquel agosto de hace 13 años.

Lo que dejó
Si tras el terremoto del 31 de mayo de 1970 -que causó la muerte de 70 mil peruanos, la
mayoría de ellos en la región Áncash- se creó el sistema de Defensa Civil (1972), el
seísmo de Pisco permitió redoblar la política de Estado en materia de prevención de
desastres y, así, multiplicar los simulacros diurnos, vespertinos y nocturnos, por sismos
y tsunamis.
De acuerdo a un recuento realizado al décimo aniversario del movimiento telúrico, la
provincia de Pisco había avanzado en 80% su reconstrucción. Sin embargo, los
pisqueños viven la realidad de las obras inconclusas, como la cicatriz de ese momento
traumático.
El ministerio de Vivienda hizo su recuento y dijo que se entregaron más de 28 mil bonos
de 6,000 soles cada uno, durante el quinquenio tras el seísmo. Y se desembolsaron
2,460 créditos que otorgó el Banco de Materiales.

El hoy
A pesar de las medidas de distanciamiento social que se viven hoy por la pandemia del
coronavirus, el Estado continúa sus labores de prevención.
Entre estas tareas está la de tener un personal capacitado y aumentar la capacidad de
respuesta de la población ante futuros siniestros. Hoy, entidades como el Ministerio de
Salud, continúan informando mediante cartillas a la población y capacitando, vía remota,
a su personal.
Desde el mes pasado, finalmente, el país ha implementado el Sistema de Alerta
Sísmica Peruano (Saspe), y su primera estación sísmica-aceletométrica se ubica en el
Morro Solar de Chorrillos. Dicen que, con un sistema así, 40 segundos antes del
terremoto se hubiera tenido un aviso de las ondas sísmicas, que viajan a 5 o 6 kilómetros
por segundo.

También podría gustarte