Está en la página 1de 325

La Patria

Española
poa

ID. Pedro de Alcántara Gfarcía

O tra ilu k i’ íd - i,m tren wa^ns y p rofusión tic J o tc¡?r abados


rfp m tn ia n d o vtifru iU mvHumtHiui, luclioi tUitSrices y pot>lnci¿nti.

M A D R ID
L IP R K ItÍA DE I .O S SUCESO RES DR HERNANDO
C a lle lic l A r e n jI , m ira. 11.

1905
LA P A T R I A ESPAÑO LA
Patria Espanc&a
Su jaran adán M constituofóq ¿blsü^sueto;
su Orografía é ffi&QgrajiaJsusJwhos históricos
más notables; sus principales motiumdMtos ¡/^oblaciones;
sus prpdircJys, poblaaiémpultuna,
jigricutiura, J/idus/ria y pomefkiol íglsu organizaáúq política
y administrcfeva. jCo%.q9p^\ples cpmo pu sbh

ij). PedrQ ^Lcá^H ára g a r c í a

Obra ilu t t r ’id ii can trít vin/itf y prv/ftsiÓH de/etogra&tidci


Ytfinu^ta\dj mtlat tit fteifumr/iiai, htckoi hitf&rictty /jiltic

M A D R ID
L1B &ER(A DE LOS SUCESORES DK HKRNANDO
Calle del Arciml, núnt, ti

1905
ÍN D IC E

P tlim t

INTRODUCCIÓN.
I . L a Patria y el patriotismo........................ 1
II. De cómo debe entenderse 7 ejercitarse el
p a trio tis m o ................... ..................... 4
H I. Condición necesaria para amar á la Patria
y medios de conocerla........................... 6
IV . Consideración de la Historia como medio
de hacercoB amar á la Patria y hct bue­
nos patriotas.......................................... 9
V . L a Bandera y el Escudo nacionales........ 12

S itu ac ió n g eo g r áfic a y formación db la . P a te la


ESPa S o l a :
I. Sitaaoión y limites de España.................. Ifi
I I. Extensión del snelo patrio...................... 17
I I I . De cómo bb ha iormado la nacionalidad es­
pañola. .................................................. IB
IV . División histórica de España: las provin­
cias........................................................ 23

C onfio uüAciÓN d el suelo e s p a ñ o l :


Idea general.............................................................. 32
I. Configuración horizontal........................... ..... 32
I I . Configuración vertical,................................... 3(1

L a O r o g r a f ía de E spa S a :
, I. Idea general de nneotro sistema orográfico. . 39
Wginti,

II. Cordillera pirenaica............................... 43


m . Cordillera cántabro-aBl úrica.................... 50
IV . Cordillera ibérica..................................... ¿4
V. Cordillera carpeto -vetónica................... 57
V I. Cordillera ore tana............. ..................... 62
V II, Cordillera mariánica............................... 65
V II I, Cordillera penibética...........: ................ 69
IX . Las montañas......................... * .............. 74

L a H idrografía de E bpaña :
Nuestros dos................................................... 81
E l MiSo (I. E l Río.— I I . Poblaciones que baña.
I I I . Sus afluentes)........................................ 87
El Duero (Lo mismo)., . . , . , ........................... 92
E l Tajo (Lo mismo)......................................... 114
El Guadiana (Lo mismo).................................. 136
El Guadalquivir (L o mismo)............................. 144
El Segara (Lo miamo)...................................... 163
El Júcar (Lo mismo)........................................ 170
El Tn ria(Lo mismo). . . . . . . . . . . .................... 175
El Ebro (Lo mismo).......................................... 182

D i 0TH08 RÍOS QUE DE8AGUAJÍ EN EL MAR:


Advertencias preliminares................................ 100
I. Vertiente septentrional.............................. 199
II. Vertiente ocoidental.................................. 213
I I I , Vertiente meridional.................................. 225
IV . Vertiente oriental........... ........... .............. 233
Loa Rios.................................. ............................. 249
Lagos y lagunas de España........................ 255

E l clima t el suelo de E spa S a : • -


Influencia en ellos de loa Arboles. ,, n - * 258
Páglnu,

P roductos b e l sujilo e s pa ñ o l :
I. Prodoctos minerales.. * ................................ ... 268
II. Productos vegetales......................................278
1IL Prodactos animales.................................... ...284
O r g a n i z a c i ó n p o l í t i o a y a d m i n i s t r a t i v a d jí E s­
paña ..................................................................................... ....290
La p o b la c ió n d e E s p a ñ a : s u c u l t u r a y bu A g r i>
CULTURA, I i í DUSTRCA Y COMERCIO......................, . . « 302
L ob e s p a ñ o l e s c om o p u e b l o .............................................310
LA PATRIA ESPAÑOLA

INTRODUCCIÓN

L A P A T R IA Y E L PAT R IO T IS M O

En su sentido más amplio llamamos Patria A la


nación en que hemos nacido y á que pertenece­
mos. Y damos el nombre de Nación al conjunto de
habitantes de un país regido por el mismo gobierno,
ó al territorio que habitan individuos, familias y pue­
blos que tienen unas mismas leyes y un solo go­
bierno pam todos, hablan el mismo idioma y obser­
van las mismas ó muy semejantes costumbres. En
tal concepto, España es una nación y la Patria de
todos los que nos decimos españoles.
La Patria es para cuantos de ella forman parte,
como una segunda madre; por eslo decimos la ma­
dre Patria y nos llamamos hijos ele la Patria .
La Patria es todo cuanto nos rodea, todo este
mundo de hechos y de recueirlos, de realidades y de
ilusiones, de desengaños y de esperanzas que flota
en el ambiente en que vivimos : es la casa en que
nacimos y recibimos las primeras caricias de nues­
tros padres; el pueblo en que hemos visto gozosos
pasar los primeros días de nuestra infancia; los cam­
pos en que corrimos alegres, como corrieron nues­
tros mayores; los azulados horizontes en que dia­
riamente hemos visto salir y ponerse el sol; el soli­
tario cementerio que nos está recordando siempre
á nuestros ascendientes; todo, en íin , lo que nos
rodea: ríos, caminos, bosques, ciudades, buques,
cuanto lleva nombre español, es la Patria.
L a Patria se halla, además, simbolizada en esa
noble y majestuosa matrona que la imaginación nos
representa cuando pronunciamos ú oímos pronun­
ciar el nombre de E s p a ñ a ; cuando leemos ú oímos
referir los altos y portentosos hechos, las heroicida­
des sin cuento que han llevado á cabo los españo­
les; cuando, en fin, suenan en nuestros oídos los
nombres tan gratos, tan respetables y tan caros
para todo buen español de Sagunto, Numancia, Le-
panto, Cádiz, Gerona, Zaragoza y San Marcial, ó
los de Viriato, Pelayo, Cisneros, Hernán Cortés, El
Gran Capitán, Garcilaso de la V e g a , Luis Vives,
Cervantes, Calderón de la Barca, Lope de Vega,
Quevedo, Ponce de León, Murillo, VelAzquez y
tantos otros de españoles ilustres que en la gober­
nación y defensa del Estado, en la ciencia y la en­
señanza, en la literatura y el arte enaltecieron el
nombre de España y contribuyeron al buen nombre
y al progreso de nuestra amada Patria.
Como nuestra segunda madre que es, debemos
lodos amar á la Patria.
Este amor santo y sublime, que es lo que se dice
anior patrio ó patriotismo, ha inspirado en todos los
tiempos muchos y muy hermosos actos de heroísmo,
de virtudes cívicas, y á todos nos impone grandes
sacrificios, incluso el supremo de la vida. El patrio­
tismo hace grandes y poderosas á las naciones, y
fuertes y dignos á los ciudadanos, sobre todo cuando
va unido al amor por la libertad.
El que no ama á su Pal ría no puede ser buen
ciudadano, como 110 es buen hijo el que 110 ama á
su madre. Todos debemos amarla con amor puro y
desinteresado, aun cuando sea ingrata con nosotros,
y lanto más cuanfo más desgraciada la veamos y
cuanto mayores sean sus desdichas é infortunios.
Así proceden los buenos hijos con sus madres, y así
deben comportarse los ciudadanos con su Patria.
Los que de algún modo la deshonran, y más aún
los que le hacen traición, sobre todo en tiempo de
guerra con el extranjero, cometen el mayor de los
crímenes, el crimen de lesapatria, en el que tam­
bién incurren los que quieren desmembrarla, sepa­
rando de ella alguna porción de su territorio ó que­
brantando la unidad nacional.
El patriotismo, que es una deuda que desde el
nacer contraemos con la madre Patria, es una cua­
lidad que impone á los ciudadanos grandes y sagra­
dos deberes. Cuando la Patria necesita de sus hijos
por peligrar su honra ó la integridad de su territo­
rio, todos debemos acudir presurosos á su llama­
miento y prestarnos solícitos á defenderla, como lo
haríamos con nuestra madre; éste es un deber inelu­
dible, por más que nos imponga el mayor y más
tremendo de los sacrificios. Además de la vida, de­
bemos poner á servicio de la Patria y para contri­
buir á su progreso moral, intelectual y material,
cuanto somos y podemos, es decir, nuestro saber,
nuestro trabajo,'nuestra inspiración, nuestra virtud
y nuestros bienes.
Asi, pues, cuanto somos y valemos lo debemos
los espíiíioles á la Patria española : asi lo exige el
patriotismo.

II

JJI-: CÓMO DEBE E N T E N P E U S K y EJEKCIT A USE


EL PAT R IO T IS M O

Procediendo como queda indicado, se remos bue­


nos patriotas, buenos españoles. Pero el cumpli­
miento de nuestros deberes para con la madre patria
no ha de llevarnos ú exageraciones vanas, ni menos
á falsear la verdad, que debe respeta!se siempre,
aunque sea en contra de nuestros intereses y de
nuestros mayores

v mAs acendrados
« \
amores.
El amor patrio 110 supone, en manera alguna,
que desdeñemos ni menospreciemos á las demás
naciones, á todas las cuales debemos también consi­
deración y estima, en cuanto que todas se hallan
compuestas de semejantes nuestros y todas han con­
tribuido á realizar los progresos que alcanzamos y
¿I depararnos los bienes materiales y morales de que
disfrutamos.
El patriotismo 110 debe cegarnos al punto de no
ver nada bueno fuera de las fronteras del pais en
que hemos nacido.
Los que de este modo proceden, incurren en
grave error y notoria injusticia : en lo primero, por­
que no es cierto que nuestra nación sea la mejor y
más grande del mundo (lo que no puede deciise de
ninguna), y que en las otras no haya mucho bueno
que admirar; en lo segundo, porque se desconocen &
otros países los esfuerzos y los sacrificios que han
hecho por el progreso y bienestar humanos, y seles
despoja inconsideradamente de merecimientos que
les corresponden y que tienen perfecto derecho á
que se les reconozcan.
Así como para que nos consideren y respeten
debemos nosotros considerar y respetar á los de­
más, para que nuestro país sea considerado y respe­
tado por los oli os, es preciso que sus hijos sean con­
siderados y respetuosos con todas las naciones.
Para amar á nuestra Patria no precisa descon­
siderar A los. otros pueblos ni negarles las virtudes v
los méritos que tengan, ni mucho menos sentir ha­
cia ellos enemiga y aborrecimiento. Y , sobre todo,
110 debemos quererla poi*que nos la imaginemos la
más grande de lorias las naciones, sino, más que
por nada, poitjue es la madre Patria .
Hay que amarla como amamos á los seres que­
ridos que nos han dado el ser y nos alimentan con
su sangre : tal y como es, con sus grandezas y sus
desdichas, sus triunfos y sus reveses, sus virtudes y
sus flaquezas. Las desdichas de la Patria deben ser­
vir para avivar en nuestros corazones la llama del
patriotismo y procurar remediarlas en lo que de
cada cual dependa. No quererla más que porque sea
grande, sería tan injusto y menguado como que una
peraona amase á su madre sólo porque la viese her­
mosa ó rica, por ejemplo. Esto segundo es tan in­
digno de todo buen hijo, como lo primero lo es de
todo buen ciudadano.
A l tratar de la Patria debemos hacerlo siempre,
y cualquiera que sea el motivo, con sinceridad; eslo
es, reconociéndolo bueno y lo malo de ella, y sin
exagerar lo uno ni lo otro: sin colocarla en todos loa
respectos por encima de los dermis pueblos, ni po­
nerla en todas las cosas A los pies de ellos; en ser
justos y sinceros en todo y por torio, consiste el ver­
dadero y sano patriotismo.
Debe, pues, huirse de caer en ese falso ó mal
entendido patriotismo, que consiste en ocultar los
defectos de nuestra patria y abultar sus buenas cua­
lidades, presentándola como la primera nación del
mundo por su suelo, su clima, su historia, su ejérci­
to, su industria, su arle, etc., lo cual, además de
contrario á la verdad y al respeto que debemos á
los otros pueblos, es dañoso pora el patriotismo mis­
ino, que languidece y desmaya cuando la realidad
nos hace ver el error en que estamos.
Con la verdad y la justicia por delante, no ocu­
rrirá esto: la sinceridad es el principal fortificante
del verdadero patriotismo.

III

CONDICIÓN N E C E S A R IA P A R A AM AR A LA P A T R IA
Y MISDIOS DE CO NO CERLA

Para amar bien a la Patria es preciso conocerla


bien. No es fácil cobrar verdadero amor, el amor
sincero que hemos recomendado, ú lo que se des­
conoce. Amamos á nuestras madres, 110 sólo por lo
que ellas nos cuidan y quieren, por las caricias y
beneficios que nos dispensan, sino también poi'que
desde que nacemos estamos á su lado, viéndolas
como son, enterándonos de lo que hacen y dicen,
de sus cualidades, de sus alegrías ó infortunios pasa­
dos y presentes; en fin, poique las conocemos. Y
cuanto mejor las conocemos, más las queremos y
respetamos. L o mismo y aun en mayor grado su­
cede con la Patria: mientras más la conocemos, más
la amamos. El verdadero patriotismo, si tiene sus
raícés en el corazón del buen ciudadano, como el
amor filial lo tiene en el de todo buen hijo, encuentra
su base más firme y fecunda en ese conocimiento,
mediante el cual se fortifica, se hace más intenso y
hasta al arraigarse más se justifica y engrandece.
Así, pues, para poderse llamar patriota y serlo de
verdad, para que el patriotismo sea lo que debe ser,
y no una palabra vana ó un sentimiento sin ener­
gía, pronto á amortiguarse ó extinguirse, es necesa­
rio saber lo que es la Patria, conocerla lo mejor que
se pueda. Y esto se consigue estudiándola.
Para conocer á nuestra Patria, como para cono­
cerá una nación, país ó región cualquiera, es de ne­
cesidad estudiarla:
1.® Desde el punió de visia de la Geografía. —
Mediante este estudio se adquiere el conocimiento
de lo que comprende y es el suelo de la Patria, de
sus divisiones y condiciones naturales, de su clima,
de su vegetación y otros productos debidos á la
Naturaleza, como los minerales y los animales; del
relieve, aspecto y configuración de aquel suelo, de
Jos ríos cjue lo fertilizan, de los mares que lo cir-
cundan y de la índole, costumbres y número de los
habitantes que lo pueblan.
2.° Desde el punto de vista de la Historia. — Es­
tudiando los hechos que se lian producido en nues­
tra, nación desde sus orígenes hasta los tiempos ac­
tuales, se verá cómo y á costa de qué sacrificios y
esfuerzos se ha constituido la Patria española, y se
contemplarán las vicisitudes por que hn pasado, sus
grandezas ó infortunios, y los hombres que más han
influido en sus destinos y contribuido al floreci­
miento de las civilizaciones, brillantes unas y som­
brías otras, que llenan las páginas del gran libro de
la Historia nacional.
3.° Desde el punto de vista de sit organización
actual. — Este estudio es de un interés grande para
todo ciudadano v, por lo tauto, para los niños, que
son los ciudadanos del porvenir; pues que al hacer­
lo, á la vez que se conoce á la Patria española en
toda su actual manera de ser, en lo más intimo y en
lo más externo á la par de su vida, se adquiere una
ensefianza sumamente necesaria á todos los hom­
bres, á los que por muchos estilos importa conocer
los organismos y modo de funcionar, del país eu
que viven, y los deberes y derechos que tienen res­
pecto del Estado ó nación de que forman parte:
estos conocimientos los da la ensefianza indicada,
que no es otra que la que se llama instrucción cívica.
IV

LA H IST O R IA COMO MEDIO DE H ACE R N O S AMAR.

A L A P A T R IA Y SER DUEÑOS P A T R IO T A S

Como queda dicho, uno de los medios más ade­


cuados para conocer la Patria y de los más eficaces
para encender y alimentaren el corazón de las gen­
tes la llama del amor patrio, consiste en el estudio
de la Historia, al que todos los ciudadanos, y los
uiflos por de contado, debieran consagrar algunos
ratos.
La Historia, como narración de lodo cuanto ha
sucedido en la Patria y á ella atarte, nos pone de
manifiesto lo que ésta ha sido y lo que es, ha valido
v vale, con lo que despierta y aviva el patriotismo
hasta en las almas menos propensasá dar albergue
á esle tan noble y hermoso sentimiento.
Porque, en efecto, nada contribuye tanto á ha­
cernos amar á la Patria como el conocimiento de
las grandezas y las desgracias, las alegrías y los in­
fortunios, la suerte próspera y la adversa de la na­
ción á que pertenecemos, y de los hombres que á
costa de todo linaje de sacrificios, incluso el de la
vida, han cooperado ¡i formarla, á desarrollar su
cultura y sus intereses morales y materiales, á
afianzar su poder, á ensanchar sus dominios, á
echar, en fin, las bases de su civilización y de su
grandeza.
En este sentido, al hacernos la Historia conocer

Biblioteca Nacional de España


— 10 —

y admira i* la Patria en el pasado, nos mueve á que­


rerla y servirla en el presente, y á pensar en su
porvenir. Por esto se dice que la Historia bien estu­
diada es la escuela por excelencia del patriotismo.
Discurriendo sobre la necesidad de que los niños
conozcan la Historii de su país, dice un escritor de
nuestros dias:
«L a Historia es, en efecto, una admirable es­
cuela de jiatriolismo. Gracias á ella, cesa la Patria
de ser una fría abstracción y se convierte en una
viva realidad, cuyos destinos sigue el niño á través
de los siglos, regocijado y enorgullecido con sus
éxitos, y conmovido y enternecido con sus reveses.
Instruido en los principales acontecimientos de la
Historia nacional, familiarizado con los nombres de
sus personajes iluslres, creerá el niño entraren una
gran familia que amará tanto más cuanto mejor la
conozca. Se sentirá arrastrado á defender la heren­
cia de sus padres cuando sepa al precio de quó sa­
crificios la han adquirido y mantenido. Estará pronto
á imitar los bellos y nobles ejemplos de sus antepa­
sados cuando un relato fiel haya nutrido con ellos
su imaginación».
En el fondo de ese gran cementerio, como al­
guien ha llamado á la Historia, vive algo que nunca
muere; palpita el espíritu de nuestros antepasados,
se nos revela tal como ha sido y es el genio de la
madre Patria, y lodos encontramos altos ejemplos
de virtud que seguir y admirar.
Esto último nos dice por qué el estudio de la
Historia es un medio de que disponemos para ser
buenos patriotas; el fin que se le atribuye al afirmar
— 13 —

Patria, Por esto se la ve desplegarse al viento en los


barcos nacionales, en las embajadas y consulados
que cada país tienfe en el extranjero; en todas partes
donde la nación está representada ó posee un pu­
ñado de tierra, aunque sea lejos del suelo nacional,
La Bandera se iza en todos los edificios públicos
en los días de solemnidad. Es la insignia querida
que siguen los ejércitos de mar y tierra en la guerra,
y cuya pérdida tienen á gran deshonor ó al menos
como tremenda desgracia ; perder la bandera equi­
vale £L la derrota, como ganarla al enemigo es señal
de victoria. Por esto la bandera nacional se halla
asociada A los triunfos como á los desastres de la Pa­
tria. Los ejércitos vencidos tienen como gran honor
sacar ilesa su bandera. Por seguirla y por no per­
derla se han llevado á cabo en todos los tiempos las
mayores heroicidades. Morir en defensa de su ban­
dera y caer moribundo :í su sombra es la mayor re­
compensa del soldado que sucumbe peleando por la
Patria. Por el contrario, los que desertan de su ban­
dera son considerados por la conciencia nacional
como traidores á esa Patria.
La bandera es A la vez la enseña y el honor de
un pueblo: en sus pliegues palpita el alma de la
Patria.
Los buenos españoles deben respetar y amar la
bandera nacional como íí la Patria misma, de la
que es como la imagen.
La bandera española, enseña de nuestra nacio­
nalidad, se halla formada por tres franjas horizon­
tales, rojas la superior y la inferior, y amarilla-
gualda la central, ésta de doble ancho que cada una
— 14 —

de las dos rojas, que son iguales entre sí. En la


franja amarilla, y más cerca del asta que de su ex­
tremo, ostenta la bandera el escudo nacional, que
también es un emblema patrio, símbolo de la uni­
dad española y de las glorias nacionales.
El escudo de España es indistintamente de forma
rectangular ú ovalada. Se divide en cuatro partes ó
cuarteles: en el superior de la derecha ostenta un
león, que representa al reino de León, símbolo de
las antiguas legiones romanas; en el superior de la
izquierda hay un castillo, representación de Castilla;
en el inferior de la derecha figura una cadena, que
representa A Navarra y simboliza la hazaña de los
navarros en la batalla de las Navas de Tolosa, y en
el inferior de la izquierda se ven cuatro barras rojas
en fondo gualdo, que representan A Cataluña. En el
centro del escudo hay un óvalo pequeño con tres flo­
jees de lis, símbolo de la casa reinante. Por último,
los dos cuarteles inferiores se arquean de modo que
dejan abajo un pequeño espacio, en forma de trián­
gulo, en el que hay una granada, símbolo del anti­
guo reino granadino. El escudo remala por su parte
superior con una corona real, emblema de la mo­
narquía.
La bandera lleva siempre e-1 escudo, y éste se
emplea independientemente de ella.
SITUACIÓN GEOGRÁFICA
Y

FORMACIÓN DE LA PATRIA ESPAKOLA

S IT U A C IÓ N Y LIM IT E S DE ESPAÑA

E s p a ñ a es una de las varias Naciones que com­


prende Europa, que A su vez es una de las cinco
parles del mundo (la más pequeña) y de las tres que
constituyen el antiguo ó viejo Continente: es, pues,
una nación europea. El nombre de «España» pro­
viene del de Híspanla ó de Span (escondido), que
dieron los fenicios á la Península Ibérica por ha­
berla encontrado como oculta cuando era casi igno­
rada de los pueblos del Oriente. Los griegos la lla­
maron SperUt, que vale tanto decir región del Oeste.
El nombre de Iberia que lleva esa península es de­
bida á los iberos que se establecieron en ella en los
tiempos mfts remotos de la Historia patria.
Se halla enclavada España en la Península Ibé­
rica, que es una de las tres que tiene Europa on la
parte Sur ó meridional, y ocupa la porción más oc­
cidental de ella, estando unida al Continente por los
— If) —

fragosos montes Pirineos. L a bailan: al Norte, el


mar Cantábrico; al Occidente y pai te del Mediodía,
el Atlántico, del que ese mar es un gran golfo, v al
Mediodía y al Oriente, el Mediterráneo ó Maro. Tn-
ternttm de los antiguos. El Estrecho de Gibraltar, en
la parte más meridional de la Península, forma á
manera de grandioso canal que, al poner en comu­
nicación esos dos últimos mares, separa á España
y, por consiguiente, á Europa, del África, cuyas
costas se divisan desde las nuestras.
Lo dicho explica la situación que en el mundo
ocupa España. Sus fronteras naturales son: de una
parte, los mares que la rodean, y de otra, los citados
montes Pirineos, que, á manera de fuerte y elevado
muro, la separan de Francia y con ella del resto de
Europa. Aparte de la que existe con el diminuto
Estado de Andorra, hay que tener en cuenta la
frontera que por el Occidente separa á España de
Portugal: esta frontera es en parte natural (la que
forman ciertas porciones de los ríos Miño, Duero,
Tajo y Guadiana) y otra convencional. No menos
dolorosa y sensible que esta frontera es la que
nuestras desventuras y debilidades han permitido
que se levante en la parle más meridional de la pe­
nínsula al consentir la segregación que, por desdi­
cha nuestra subsiste todavía, de la porción de suelo
patrio en que se halla enclavado el Peñón de Gibral-
tar, que nos detentaron los ingleses.
De modo que España se halla limitada por cua­
tro fronteras de países extranjeros (Francia, An­
dorra, Portugal é Inglaterra) y por dos grandes
mares, el Mediterráneo y el Atlántico; de este ülti-
— 17 —

mo se origina e! Cantábrico, que baila las costas


septentrionales del patrio suelo.
Elevada la Península Ibérica sobre extensos
mares que se unen entre si y, sin embargo de ello,
con fácil comunicación con el resto del mundo; cor­
tada por montes abruptos, abrigo de su independen­
cia, y valles profundos, dopósito de cuanto es más
necesario al hombre, bien puede afirmarse de ello
que, como se ha dicho, «no cabe posición geográ­
fica más señalada, ni hubo jamás límites más paten­
tes, ni condiciones más aventajadas para la cons­
titución de un gran imperio».

ri

E X T E N S IÓ N DEL SUELO P A T R IO

Con los límites dichos ocupa España las cinco


sextas partes de la Península Ibérica (á Portugal co­
rresponde la sexta restante). Su perímetro tiene 3.318
kilómetros de costas y 1.164 de fronteras, ósea 4.892
en conjunto, y una extensión superficial de 504.552
kilómetros cuadrados, equivalentes á la vigésima
parte de la superficie de Europa y á la milésima del
globo entero. Por su extensión, ocupa España el
sexto lugar entre las naciones de Europa.
Pero la Patria española no se encierra en los
límites señalados.
A manera de fragmentos de sus eoslasv próximas
á ellas tiene varias islas de poca extensión, á saber:
las Hormigas y líis Mudas, en Cataluña; Bada, eu
la desembocadura del Ebro; las Columbretes, Nueva
— 18 —

Tabarra, Escombreras y Grasa en las de Castellón,


Alicante y Murcia respectivamente; las Mayor y
M enor , en Sevilla; las de León, San Fernando,
Isla Verde, Locante, Cristina, Canela, Higuerita y
Saltes, en las costas de Cádiz y Huelva; las de
San Simón, Cees, Ons, Sáloura, Arosa, Sisargas y
Conejera, en las de Galicia, y la de los Faisanes,
en las de las Vascongadas.
A estos pequeños fragmentos de suelo patrio
hay que añadir las porciones más considerables re­
presentadas por la España insular, ó sea las llama­
das provincias adyacentes, que en todo se rigen
como las de la Península, y son: las Bateares, her­
mosas y codiciadas islas situadas en el Mediterráneo,
á unos 85 kilómetros de nuestras costas, y las Cana­
rias, pintoresco archipiélago, también muy codicia­
do por el extranjero, cercano á la costa occidental
de Africa y distante unos 1.000 kilómetros al S. de
Cádiz.
En Africa tenemos, además de las citadas islas
Canarias, que por su situación y clima son africa­
nas, y en la misma costa occidental quo éstas, aun­
que mucho más abajo, en el Golfo de Guinea, las
islas de Fernando Pao, Annobón y Coriseo, y las de
Elobey Grande y Chico. En la misma costa, parle
de la Guinea Continental, Cabajo San Juan y Bata
en el territorio del Mitni, últimamente adquirido.
Junto á la costa septentrional, las islas Chafarinas,
Alhucemas y el Peñón, de Vélez ó de la Gomera, y
bastante más retirada, enfrente de Motril (cosía de
Málaga), la isla de Alborán. En dicha costa septen­
trional, ya en tierra firme, las importantes plazas
— 19 —

fortificadas de Mclilla y de Ceuta, llave esta última,


mucho mejor que Gibraltar, del Estrecho de este
nombre, y por donde en 1859 invadió el imperio
de Marruecos el ejército español, que llevó ti cabo
la gloriosa y heroica campaña comúnmente deno­
minada Guerra do Africa. En la costa occidental
del mismo imperio tenemos el territorio de If/iy, y
más abajo, en la del Sahara, la gran extensión com­
prendida entre los cabos Bojador y Blanco, con la
factoría de Rio de Oro. 'l’odas estas posesionas
agrandan en unos 800.000 kilómetros cuadrados el
suelo de la Patria española.

III

DE CÓMO Si; h a FO R M ADO L A N A C IO N A L ID A D


ESPAÑO LA

La Patria española no ha sido ni comprendido


siempre lo que acabamos de decir que es y com­
prende hoy. Para llegar á lo que al presente llama­
mos España, ha pasado por numerosas vicisitudes,
prósperas unas y adversas otras, y por las que,
según los casos, se ha agrandado, fraccionado ó
reducido el suelo de la Patria.
Las múltiples invasiones de pueblos extraños que
en el transcurso de los siglos han hollado el patrio
suelo, y los efectos de nuestra política nacional ó
internacional, han sido causa, ora de que en todo ó
en pariese haya visto nuestra nación dominada por
otras, ya de su división en varios Estados, ó bien
de que constituyera uno solo más ó menos robusto
— 20 —

y poderoso, reducido unas veces al territorio penin­


sular, íntegro ó desmembrado, y extendiendo otras
sus dominios por todas bis pailes del mundo.
Hasta el siglo xv, en que definitivamente quedó
la Patria espartóla dueña de todo su suelo y consti­
tuida en poderosa nación, tuvo que luchar, día por
día, con diversos pueblos extraños, que la invadie­
ron codiciosos de la riqueza de ese suelo y enamo­
rados de su situación geográfica, política y comer­
cial.
Aparte de las razas que dieron por resultado la
formación del pueblo Ibero, tenido como el tronco
originario de los actuales españoles, invadieron suce­
sivamente nuestra Patria los celtas, los fenicios, los
griegos, los cartagineses, los romanos, los bárba­
ros (suevos, vándalos, alanos, y godos ó visigodos),
los árabes, los almorávides y los almohades; esto
sin contar con algunas otras invasiones menos im­
portantes, como las de los francos y los beninxcri-
nes, que fueron más pasajeras ó pronto rechazadas.
Ello es que desde el establecimiento de los celtas en
España, que tuvo lugar 3.000 años antes de Jesu­
cristo, hasUi la completa expulsión de los moros, en
el de 1492 de la Era cristiana, no cesaron los espa­
ñoles de luchar Lenazmente por su independencia,
para conservar y rescatar el patrio suelo; lo que
ha dado lugar A que se llame á nuestra España el
genio de la resistencia.
España íuó á un tiempo de los iberos, los celtas
y los celtíberos; luego de los fenicios y los griegos
también; fuú cartaginesa, ibera y celta, y ^As tarde
una provincia romana; después sufrió la dominación
— 21 —

de los bárbaros, y fué visigoda y, por til limo, árabe


en grandes porciones de su lerrilorrio, del que en un
principio fueron dueños casi absolutos los hijos de
Mahoma.
Además de las dificultades que opusieron las
invasiones y ocupaciones indicadas á la constitución
de la nacionalidad española, se originaran otras cu
la época de la Reconquista, que estorbaron y retra­
saron sobremanera la constitución definitiva de
nuestra Patria, una ó independiente como hoy la
tenemos. Aludimos á los varios Estados cristianos
que por entonces se formaron, y que con el nombre
de reinos y condados que alternativamente se unían
entre sí y se separaban, crearon una situación de
fraccionamiento, de guerras fratricidas y de discor­
dias civiles, muy á propósito para que los moros pro­
longaran, como lo hicieron, su estancia y domina­
ción en España, á pesar de hallai'se también dividi­
dos y fraccionados en pequeños reinos, cual los cris­
tianos.
Semejante estado de cosas concluyó afortunada­
mente en el siglo x v T con el reinado de los Reyes
Católicos, en el que al terminarse la grandiosa epo­
peya de la Reconquista con la toma de Granada, úl­
timo baluarte de los moros en España, se fundó la
unidad nacional.
Á la muerte de D. Fernando resultaron fundidos
en uno todos los reinos españoles, y Esjtfiña quedó
desde entonces constituida en una sola nación y
con extensos dominios por todo el mundo. Además
de los reinos de Nápoles y Sicilia, se agregaron á
la corona de Castilla Orán, y poco después Argel,
— 22 —

Túnez, Tlemecón y Trípoli, en África, y la parte


entonces descubierta de América, que en reinados
sucesivos se ¡uimentó considerablemente. En el de
Felipe II se le unieron Flandes ó los Países Bajos y
Portugal; lo que con algunas otras adquisiciones dió
motivo A que se dijera que el sol no se ponía nunca en
los dominios españoles.
Pero merced A guerras tan largas y costosas,
como A veces insensatas, y A una política por todo
extremo desastrosa, fuimos perdiendo todo lo gana­
do, y á duras penas pudimos conservar lo nuestro :
la integridad del territorio propiamente español y la
unidad nacional*
En poco tiempo nos quedamos sin los Países Ba­
jos y lo que habíamos conquistado en Italia (Sicilia,
el Milanesado, Ñapóles y Cerdeua), y Portugal vol­
vió A d e c la ra n independíenle en 16fi5, reinando
Felipe IV . Todas estas pérdidas fueron sancionadas
por la paz de Ulrech (1713), por la que tuvimos que
ceder A Inglaterra la isla de Mallorca, que después
recuperamos, y Gibraltar» pedazo de nuestro territo­
rio, que aun tenemos que mirar como extranjero.
En África nos quedamos reducidos A lo que antes
hemos dicho que leñemos hoy.
Pero no paran en esto nuestras pérdidas de terri­
torio : hemos perdido asimismo los inmensos impe­
rios coloniales que teníamos en América y Oceanía.
El americano se había mermado considerablemente.
En el tan desastroso reinado de Fernando V i l tuvo
lugfir el infausto hecho que en la historia se de­
signa pérdida de las Amórteos, quedándonos sólo
con las hermosas islas de Cuba y Puerto Rieo , per-
— 23 —

tenecienles al Archipiélago de las Antillas, de las


que Cuba se considera como la Reina y la Perla,
por su extensión y ricos productos.
Ambos valiosos florones de la Patria española
los perdimos también para siempre, á consecuencia
de la guerra que habíamos preparado con nuestra
detestable política y nuestros malos Gobiernos y nos
suscitaron los Estados Unidos en el luctuoso y para
España tan aciago año de 1898, durante el cual, y
por la misma causa, nos quedamos igualmente sin
las Filipinas , las Marianas y dem;'is innumerables
islas que poseíamos en la Oceania. Con lo que perdi­
mos durante dicho malhadado año en esta parte del
mundo y en América, quedó mermado el suelo do
la Patria en unos dos millones de kilómetros cuadra­
dos, y recibieron rudo y tremendo golpe el honor y
la grandeza nacionales. Apenas si nos queda ya
suelo que pisar como nuestro fuera de la casa sola­
riega.

IV

D IV ISIÓ N H ISTÓ R ICA DE E SPA Ñ A .* L A S P R O V IN C IA S

El estudio de este extremo de nuestra Historia


servirá para conocer mejor la vicisitudes por que
pasó la nacionalidad española, desde la invasión
árabe hasta quedar definitivamente constituida.
Hasta la muerte de Fernando V II, en 1833, se
hallaba disidido el suelo patrio en grandes regiones
ó comarcas que, en general, recibían las denomina­
ciones de reinos, principados y señoríos; tal es la que
— 24 —

se llama división histórica del territorio español,


cuya base la constituyen los Estados en que, como
se ha dicho antes, se fraccionó nuestro país durante
la Edad Media. Por Decreto de 30 de Noviembre de
dicho año, se dividió España en 49 provincias, in­
cluyendo las Baleares y Canarias, y con ello quedó
establecida la división administrativa que rige en la
actualidad.
L a correspondencia entre ambas divisiones (la
histórica y la administrativa) es como sigue:
Prin cipado do Asturias. — Situado al Norte de
España, entre las escabrosas é históricas montañas
de su nombre y el mar Cantábrico, que lo baña en
su parte septentrional, sólo consta de la provincia de
Oviedo. que de lo dicho, se desprende que es marí­
tima. Por las condiciones de su suelo, se llama esta
región la Suiza española.
Este princijiado es originario del reino de Astu­
rias que fundó Pelayo por consecuencia de la victo-
ria de Covadonga, y que después de Uamai'se reino
de Oviedo y de León, entró á formar parte de Cas­
tilla, establecido definitivamente por Fernando III el
Sanio. Su titulo de «Principado» proviene de la ce­
sión que en 1388 hizo Juan I á su hijo Enrique, de
la provincia de Asturias, al concertar su matrimonio
con Catalina de Lancáster, estipulándose que en
adelante constituiría dicha provincia un Principado,
y que el presunto heredero de la corona se Humaría
Principe de Asturias, como todavía se le sigue lla­
mando.
R ein o de L eó n . — Limitado al Norte por Astu­
rias, consta de las provincias de León , Zamora y
— 25 —

Salamanca, la primera interior y fronterizas con


Portugal las dos últimas.
Tiene este título desrle que se lo dió en 913 Ordo-
Do II, rey de Oviedo, que fué el primero en llamarse
de León. En el sigio xi se unió á la corona de Cas­
tilla, de la que se separó después dos veces. Como
reino de León se le ha conocido luego en la Historia
hasta el siglo xm, en que se refundieron en uno solo
los reinos de León y Castilla, bajo el cetro de Fer­
nando 111 el Santo.
Reino de Galicia. — Con tina por el Norte con
el Cantábrico, al Oeste con el Atlántico, al Sur con
Portugal y al Este con el reino de León y el princi­
pado de Asturias. Se compone de las provincias de
Corteña, Lugo, Pontevedra y Orense, de las que son
marítimas las tres primeras, é interior la de Orense,
que, como la de Pontevedra, es fronteriza con Por­
tugal.
Proviene á esta montañosa y pintoresca región
el dictado de reino, del que á principios de la Edad
Media constituyeron los suevos, quienes fueron arro­
jados de él por Leovigildo. Después formó parte de
la monarquía asturiana, cuya suerte siguió.
OastiUa la Vieja. — Bañada en su pnrte sep­
tentrional por el mar Cantábrico y limítrofe de León
y Asturias, comprende las provincias de Santanderf
Burgos, Logroño, Soria, Segooia. Ávila, Valladolid
y Patencia, de las que sólo la primera es marítima.
OastiUa la Nueva. — Linda con la anterior, y
abraza cinco provincias interiores, á saber: Madrid ,
Toledo, Ciudad Real, Guadalajara y Cuenca.
En su origen fue Castilla un Condado, depen­
— 20 —

diente de los reyes de Oviedo y luego de León, y


más tarde (930) independiente de ellos. Unido y se­
parado alternativamente fl este último reino, vino á
ser con él como el centro hacia el cual gravitahan los
demás Estados cristianos en que se dividió España
durante la Edad Media, todos los cuales vinieron
al cabo á fundii'se en Castilla, nombre que se ha usa­
do y se usa como sinónimo de Esparta: lo mismo se
ha dicho y se repite hoy «la corona de Esparta», que
«la corona de Castilla». Este último nombre proviene
de la multitud de castillos que en la región de que
tratamos levantaron los cristianos para mantenerse
en las posiciones que conquistaban á los moros.
Extremadura. “ Con ti na con Portugal, Sala­
manca y ambas Castillas, y comprende las dos pro­
vincias interiores y fronterizas con dicho reino, de
Badajos v Cáccrcs, las más estensas de la Península.
Se designó también con el nombre de reino á esta
región, que formó parte de la antigua Lusitauia y
alcanzó gran importancia durante la dominación
romana en nuestro suelo.
Remos de Andalucía — Esta gran región, que
confina con Castilla la Nueva, Extremadura, el
Atlántico, el Estrecho de Gibraltar y el Mediterrá­
neo , comprende los reinos de S e v i l l a , C ó r d o b a ,
J a é n y G r a n a d a , con ocho provincias, de las cua­
les corresponden al primero, las de Sevilla, Cádiz
y Hueloa, y al último, las de Granada, Málaga y
Almería: los reinos de Córdoba y Jaén, sólo cons­
tan de la provincia de su respectivo nombre. De las
ocho provincias citadas, son marítimas las de Cádiz,
Huelva, Granada, Málaga y Almería; también se
considera como marltimala.de Sevilla (que, cual las
de Córdoba y Jaén, es interior), por ser navegable
hasta sil capital el Guadalquivir. L a provincia de
Huelva es fronteriza con Portugal.
El nombre con que históricamente se designa á
las cuatro regiones andaluzas mentadas, proviene de
los múltiples pequeños reinos moros que con carác­
ter de independientes se formaron á consecuencia
de la destrucción del Califato de Córdoba (1031):
los jefes de esos Estados fueron los conocidos con el
nombre de royes de taifas. Los reinos de Córdoba,
Jaén y Sevilla fueron conquistados por Fernando III
el Santo, que los agregó al de León y Castilla
(1236-1250); y el de Granada lo fué por los Reves
Católicos, que lo unieran á la corona de España en
el memorable afio de 1492, en que al terminar la do­
minación sarracena en nuestro suelo, descubrió
Cristóbal Colón el Nuevo Mundo.
Reino de M urcia. — También bañado por el Me­
diterráneo y confinando con los citados reinos de
Granada y Jaén, comprende la provincia interior de
Albacete y la de Murcia, que es marítima.
Como reino independiente, tiene el mismo origen
que los cuatro antes nombrados; en 126f> entró á
formar [jarle del de Castilla y León, reinando Alfon­
so X el Sabio, que lo conquistó con la ayuda de Jai­
me I, rey de Aragón, el cual lo cedió ¡i Castilla, de
la que desde entonces ha formado parte.
Reino de Valencia. — Tiene por limite oriental
el Mediterráneo, linda con el reino de Murcia y con
Castilla, y comprende las tres provincias marítimas
de Alicante, Valencia y Castellón de la Plana.
— 2B —

Dependiente primero del Califato de Córdoba,


como el de Murcia, se gobernó también este reino
por sí propio después de la caída del Califato; en el
siglo xi fuó conquistado por el Cid y por Jaime I,
que lo agregó A la corona argonesa. Unidos Aragón
y Castilla en tiempos de los Reyes Católicos, enti’ó
con ellos á formar parle de la monarquía española.
Prinoipado do Cataluña.— Contina en su parte
oriental con el Mediterráneo, y en la meridional con
el reino de Valencia, teniendo al Norte los Pirineos.
Las provincias que lo componen son ; Tarragona,
Barcelona y Gerona, marítimas, y Lérida, que es
interior; esta última es fronteriza, además de con la
diminuta república de Andorra, con Francia, con la
que también lo es la de Gerona.
Cataluña fué en su origen un condado que fun­
daron los francos, y dependió del Imperio de Car-
lomagno, del que formó la Marca hispana. Después
se declaró independiente, hasta que en 1137 se unió
al reino de Aragón, con el que entró luego á for­
mar parte de la monarquía de España, cuando la
unión de ese reino y Castilla. A l papel que ha des­
empeñado en la historia patria y á la importancia
que tiene debe esta vasta y rica región el título de
Principado con que se la viene designando.
R eino de A ragón . — Además de con Francia,
que la tiene al Norte, contina con Catalufla, el reino
de Valencia v las Castillas, y comprende las tres
provincias interiores de Teruel, Zaragoza y Huesea:
esta última es fronteriza con la República francesa.
En el siglo ix se constituyó Aragón como conda­
do. Incorporado luego ¿L Navarra, volvió á consli-
— 29 —

luirse como EsUido independiente en 1035 con el


Ululo de reino y bajo el cetro de Ramiro I. Vuelto á
unir A Navarra, quedó separado de ella definitiva­
mente en 1133, formando un reino independiente con
el Condado de Barcelona (rjue se le unió en 1137),
hasta que entró A formar parte del de Castilla por el
casamiento de los Reyes Católicos, después de haber
conquistado A Montpellier, las Baleares, Valencia,
Sicilia y Cerdeña en el siglo xm, y en el xv el reino
de Ñapóles.
Reino de Navarra. — Consta sólo de la pro­
vincia de este nombre, que es interior y fronteriza
por el N. con Francia; con ti na, además, con el reino
de Aragón y Castilla la Vieja.
En su origen fué también condado este reino,
que aparece como tal por primera vez el afio 905.
Unida y separada alternativamente de. Aragón, que­
dó Navarra sola, formando un Estado independiente
en 1133 hasta 1515, en que la conquistó y la unió A
la corona de Castilla Fernando el Católico.
Señorío de Vizcaya. — Lo constituyen las tres
provincias Vascongadas, Aintm, que es interior, y
Vizcaya y Guipúzcoa, que son marítimas; la última
es además fronteriza con Francia. Entre esta nación,
el reino de Navarra, Castilla la Vieja y el Cantábri­
co, que las bafia por el N., se hallan situadas las pro­
vincias vascas, que son las tres más pequeñas de
España.
Durante la lucha de los reyes cristianos con los
moros permanecieron casi independientes y regidos
por Condes ó Señores los habitantes de estas pro­
vincias, que con la Navarra constituían la antigua
— 30 —

Vasco niu. Eu 1334 eligieron por su señor feudal ü


Alfonso X I, el del Salado, y de ello le viene el nom­
bre de Señorío, que lleva dicha región, que en tiempo
de los Reyes Católicos quedó incorporada definitiva­
mente, si bien conservando ciertos fuaros, á la mo­
narquía española.
E spaña insular. — La constituyen las dos pro­
vincias adyacentes, ó sea las islas Baleares y las
Canarias, cuya situación geográfica quedó fijada en
el capítulo precedente.
Las Baleares, que parecen continuación de nues­
tra Península, jugaron gran papel en la España
Cartaginesa y romana. En el siglo v cayeron en po­
der de los vándalos y en el vrn fueron conquistadas
por los árabes. Agregadas al reino de Aragón por
Jaime I, el Conquistador, que se apoderó de ellas
(1228-1235), entraron á formar parte de la corona
de Castilla al unii'se á ella aquel reino por el casa­
miento de los Reyes Católicos.
Las islas Canarias ó Afortunadas fueron cono­
cidas por los griegos, cartagineses y romanos, que­
dando olvidadas durante casi toda la Edad Media.
De los afios 1401 á 1405 fueron descubiertas de nue­
vo y conquistadas, pasando al dominio de Castilla
en el reinado de Enrique III, el Doliente,

Según lo dicho, de las 49 provincias son:


Marítimas: Guipúzcoa, Vizcaya, Santander,
Oviedo, Lugo, Coruña, Ponlevedra, Huelva y Ca­
narias, que están bailadas por el Atlántico; y Má­
— 31 —

laga, Granada, Almería, Murcia, Alicante, Valen­


cia, Castellón, Tarragona, Barcelona, Gerona y Ba­
leares, situadas en el Mediterráneo: la de Cádiz tiene
costas en ambos mares.
Fronterizas: Pontevedra, Orense, Zamora, Sa­
lamanca, Cúeeres, Badajoz y Huclva, con Portugal,
y Guipúzcoa, Navarra, Huesca, Lérida y Gerona,
con Francia: la de Lérida lo es también con la repú­
blica de Andorra, y la de Cádiz con Gibraltar, que
aunque enclavado en nuestro suelo precisa conside­
rar como inglós.
Resultan, pues, 21 provincias marítimas y 13
Fronterizas con otros Estados.
Los nombres con que se designa á las diferentes
provincias son los mismos de sus respectivas capita­
les, ¿ excepción de las de Navarra, Guipúzcoa, V iz­
caya, Alava, Baleares y Canarias, cuyas capitales
son Pamplona, San Sebastián, Bilbao, Vitoria,’ Pal­
ma y Santa Cruz de Tenerife respectivamente.
CONFIGURACIÓN DEL SUELO ESPAÑOL

Mientras que considerada en sil perímetro, en lo


que se llama la conjiguraeión horizontal, la Penín­
sula Ibérica, y EspaHa, por lo tanto, es poco acci­
dentada, por taita de entradas profundas de mar, de
grandes golfos y ensenadas, y de penínsulas y cabos
de consideración, vista en su relieve, ó corifigura-
ciófi certical, resulta, en medio de una gran simetría,
sumamente accidentado nuestro ^uelo, que sin
disputa es el más montuoso de Europa, después del
de Suizii.

C ON FIGU RACIÓN H O R IZ O N T A L

Rodeada de mares, menos por la especie de gar­


ganta ó ancho istmo que la une á Francia, nuestra
Península tiene un aspecto casi insular, y fuera isla
del todo si, como dicen los geógrafos, el nivel del
mar se elevara 160 metros, en cuyo caso llegarían
las aguas á ocupar la baja llanura que hay del lado
allá de dicho istmo, es decir, de los montes Pirineos.
La figura que afecta el plano de nuestra Penín­
— 33 —

sula se ha comparado, désele muy antiguo, con una


piel de buey extendida, en la que están representa­
dos: el cuello, por la parte de Andalucía, que an­
gosta el Estrecho de Gibraltar; los antebrazos, por
los cabos do San Vicente y Palos, y las ancas, por
los avances de Cataluña y Galicia. Geométrica­
mente considerada, afecta la forma de un cuadri­
látero de lados quebrados, menos irregular de lo que
á primera vista parece.
E l perímetro de esta figura ofrece; como ya
queda insinuado, pocos accidentes: las costas de
nuestra Península se desarrollan con cierta unifor­
midad, que tiene algo de rigidez, en una extensión
(de 3.318 kilómetros, como ya se ha dicho) que,
comparada con la superficial de la Península, pone
de relieve la índole casi insular de nuestro suelo.
Por esto son poco ■notables en ellas los golfos
(brazos de mar que se internan en la lierra), de los
que deben citarse: el de Vizcaya ó Gascuña, en el
mar Cantábrico; los de La Coruña y Cádiz, en el
Atlántico, y los de Almería, Valencia y Rosas, en
el Mediterráneo. En cambio, en las costas del NO.
abundan las rías, de las que son las más notables,
como españolas, las tan hermosas de Bilbao y Vigo,
y la célebre de Arosa, en Villagarcía (Pontevedra),
que es acaso la mayor de la Península.
A quebrantar la rítmica regularidad con que so
desarrollan las costas españolas, contribuyen los
siguientes cabos: en las del mar Cantábrico, los de
Higuera (en Guipúzcoa), Machichaco (Vizcaya),
A jo y Mayor (Santander), Peñas (Asturias) y Esta­
cada de Vares y Ortegal (Galicia); en el Océano
— 35 —

Atlántico, los de Toriñnna, Finistcrrc y Corrabedo


(cu la misma Galicia), y Tra finí (jar (Cádiz); en el
Estrecho1ele Gibraltar, el de Tarifa (Cádiz), y en el
Medilem'meo, los de Punía de Europa (Cádiz), $a-
rratif’ (Granada), Gata (Almería), Tinoso y Palos
(Murcia), Ci'rnera, Santa. Pola, IVao, San Martin y
San Antonio (Alicante), Salou (Tarragona) y San
Sebastián y Creus (Gerona). El cabo ó punía de Es­
tacada de Vares señala el extremo más boreal de
España; el de Toriñana, el más occidental; el de
Tarifa, el más austral, y el de Creus, el más oriental.
Si en general no son muy grandes nuestros ca­
bos, los nombres de algunos de ellos suscitan recuer­
dos de hechos grandiosos, de días de gloria y de
luto parala Patria. Por ejemplo: el de Finisterre trae
A la memoria los sangrientos combates navales de
1747 y 1805: el de Trafalgar nos recueirla aquel me­
morable y luctuoso día en que la Marina española,
al quedar destrozada, puso tan alto su nombre y el
heroísmo de sus soldados, que hasta los extraños
califican de muy honrosa su derrota; y el de Tarifa,
con el prólogo de la irrupción sarracena, nos sugiere
la figum del gran Guzm&n el Bueno, que llevó el
cumplimiento de sus deberes cívicos hasta el más
tremendo de los sacrificios. ¿Quien al nombrar el
cabo Machichaco no recuerda al vapor de su nom­
bre que en los primeros días de Noviembre de 1893
acarreó á la hermosa ciudad de Santander horrible y
cruenta catástrofe?
A la poca extensión de golfos y cabos se debe
que en realidad no tengamos penínsulas, á menos
que se tomen como tales las salidas de tan poca con­
— 30 —

sideración que se destacan de la masa continental en


el Cantábrico con los nombres de Guetaria, Saníoña,
Vares y Coruña; Muros, Arosa y Grove, en el

UutuUa de Trafalg&r.

Atlántico, y Cádiz, Pefliscola y los Aljaques , en el


Mediterráneo, sin contar alguna de menor impor­
tancia.

II

C O N F IG U R A C IÓ N V K R T IC A L

Si ascendiendo en un globo nos fuese posible


colocarnos sobre el centra de nuestra Península y á
una altura que nos permitiera divisar toda su exten­
sión, se nos presentaría el suelo ibérico á manera
— 37 —

de inmenso promontorio que se eleva gradualmente


y como en escalones desde las costas hasta terminar
en extensa meseta, y figurando un tronco de pirá­
mide de base cuadrangular. Los accidentes que eslo
supone, en elevaciones y depresiones alternativas,
originan el relieve de nuestro suelo, que en sus tra­
zos principales lo forman: una meseta central, dos
bajas llanuras y cuatro grandes cordilleras de mon­
tarlas.
L a meseta central, que es la característica de la
topografía española, consiste en una altillanura en
forma do trapecio y de unos G60 metros de elevación
media sobre el nivel del mar. Suavemente inclinada
hacia el 0., parece una península unida á los Piri­
neos por el istmo de las provincias vascas. Por un
sistema de montañas, se halla dividida en dos partes
casi iguales en extensión (las dos mesetas dichas cen­
trales), que forman á modo dedos gigantescos esca­
lones y comprenden: la septentrional, que es la más
elevada, Castilla la Vieja y León, y la meridional,
algo más baja, Castilla la Nueva y Extremadura.
Forman como el festón ó los bordes de la meseta
central, de E. á 0., dos grandes cordilleras de mon­
tañas, que reciben el nombre de Cantábrica la qne
so desarrolla al N .f y Maridnica la que corre al S,
Estas dos cordilleras se hallan separadas de las P i ­
renaica y Penibñlka (las otras dos de las cuatro á
que antes aludimos), que se desarrollan en la mis­
ma dirección que ellas, al N. y S., respectivamente,
por las dos bajas llanuras indicadas: la del Ebro ó
aragonesa, al N E ., que se extiende hasta el pie de los
Pirineos, y al S. la del Guadalquivir 6 andaluza,
— 3S —

que se prolonga hasta la citada coiTlillora Penibética.


A las cuatro cordilleras mentadas hay que aña­
dir algunas otras, según á su tiempo veremos, lo
cual hace que sea muy complicado el relieve de
nuestro suelo. Á ello contribuye tambiúu la natu­
raleza de las montaíias que forman unas y otras
cordilleras, y que, sin ser en general muy elevadas,
presentan constan temen te profundas cortaduras,
hondos barrancos y ásperos desfiladeros.
A estas circunstancias se debe la fama de guerri­
lleros que desde los tiempos del gran Viriato gozan
los espailoles, y que so haya considerado siempre
nuestro país como la escuela de la guerra defensiva.
De ello son elocuentes v para nosotros honrosos tes­
timonios las guerras que en defensa de su indepen­
dencia y de la integridad del suelo patrio han soste­
nido los españoles contra cartagineses, romanos,
moros y otros pueblos extraños.
I

ID E A CiENliRAL DK NUESTRO .SISTI-MA OROfJRÁI-’ICO

La Orografía es una mina muy importante de


la Geografía física. Trata de las «montañas», ó, para
hablar con más exactitud, de las elevaciones del
suelo. Así, pues, por Orografía de un país se entien­
de el sistema de. elevaciones ó de montañas que en
él existen.
I'ln España se halla formado esle sistema por las
siguientes cordilleras ó cadenas, cada una de las
cuales es una serie de montarías enlazadas entre sí
más ó menos visiblemente: 1.a La Pirenaica, que se
extiende desde el cabo de Creus, en Gerona, hasta
el de Higuera, en el Cantábrico. 2.“ La Cántabro-
Asíúrica, qu.e empieza en este cabo y termina en
los de Ortegal, Toriñana y Finistcrre, en Galicia.
3.n La Ibérica, que, partiendo del punto medio de la
anterior, se extiende de N. á S. hasta el cabo de Ga­
ta, en la costa de Almería. 4/ La Carpelo-Vetónim,
unida á la Ibérica hacia los confines de Castilla y
Aragón, y siguiendo la dirección de E. á O., lermí-
— 40 —

na en el cabo Rocca, en Portugal. 5.a La Oretana,


que, levantándose en las llanuras de la Mancha, por
Cuenca, y siguiendo paralela á la anterior, concluye
en el cabo de San Vicente, en el reino lusitano.
6.a La Mar ¿única, que en la dirección de las dos an­
teriores tiene su punto de enlace con la Ibérica, por
los confines de Ciudad Real y Albacete, y termina
cerca de Ayamonte, en la provincia de Huelva.
7.® L a Pcn lbélica, que asimismo se enlaza con la
Ibérica y se extiende, guardando cierto paralelismo
con las anteriores, desde el cabo de Gata (Almería)
á. la Punta de Tarifa (Estrecho dB Gibraltar).
Estas siete cordilleras, con algunas otras sierras
que se consideran independientes de ellas, constitu­
yen el sistema orográfico español ó Hespérico, ape­
lativo que proviene de la palabra «Hesperia» (que
quiere decir la tarde ó el ocaso), con que los griegos
designaron á nuestra Península por estar situada
al occidente de la Grecia.
Por el número de las cordilleras que lo for­
man, las ramificaciones que de ellas se desprenden
y la naturaleza de sus montañas, resulta muy com­
plicado el sistema Hespérico. Reduciéndolo A sus tér­
minos más sencillos, puede considerarse constituido
por dos grandes cordilleras: de E, O,, la Pirenaica
con su prolongación la Cántabro-Astúrica (es común
considerar ambas cordilleras como una sola y llamar
Pirineos también á los montes que comprende la se­
gunda), y de N. á S. la Ibérica, de la que parecen
derivaciones las cuatro restantes, no obstante que
alguna, como la Oretana, no se halle visiblemente
unida á ella. Por esto, por su situación y por la
— -Jlí —

circuíistancia de componerse tle varios grupos ó


nudos de montañas sin enlace visible entre sí, es
tenida la cordillera Ibérica como la espina dorsal
de la Península cuyo nombre lleva.
Mientras que para linos el sistema Hespérico nada
tiene que ver con los demás sistemas orográlicos del
mundo, 110 faltan geógrafos de valla que lo relacio­
nen con ellos, ó, mejor dicho, con el general del
globo poi* los Alpes y el Cáucaso, y mediante los
Pirineos, que consideran como el primer lazo de
unión. En este caso el sistema Hespérico, que es
uno de los siete europeosj se halla enlazado al gene­
ral orogrftlico por el pico de Corlitte, y mediante éste
por la cordillera pirenaica, que es la base de nuestro
sistema. Para otros geógrafos, el Hespérico es conti­
nuación de los sistemas orogmficos del Africa; fun­
dan esta creencia, principalmente, en ciertas seme­
janzas que descubren entre nuestras montanas y
los montes del Atlas que atraviesan el imperio de
Marruecos. •
Dentro de nuestra Península, el Hespérico cons­
tituye un sistema orogrático general, formado pol­
las cmvlilleras enumeradas antes, cada una de las
cualas forma á su vez un sistema especial: por esto
se dice «sistema Pirenaico, Ibérico, Carpetano, Ma­
rtinico», etc. Estudiando, corno á 'continuación lo
hacemos, cada uno de estos sistemas parciales, po­
dremos apreciar mejor la orografía española y las
condiciones de nuestro suelo en lo concerniente á su
relieve.
— u —

0 0 R D ILLK R A P lR Ii N A ¡C A

Empieza realmente esta cordillera en el pico de


Corlitte, que es c u i t i o el punto cíe unión del siste­
ma orográfico de España con el general de Europa,
y se extiende desde el cabo de 0 retís (Gerona) hasta
el de Higuera, en el límite de Guipúzcoa con Fran­
cia, comprendiendo una extensión de 450 kilóme­
tros. Constituye la frontera natural entre esla nación
y la nuestra, y sus más elevadas cumbres, por lo
general abruptas y escarpadas, se hallan cubiertas
de nieve la mayor parte del año.
Los montes que forman esta cordillera se llaman
Pirineost y reciben además las denominaciones de
continentales, ¿símicos y gaUóórieos: esta última pro­
viene de los nombres de Galia ó Iberia, que llevaron
en la antigüedad Francia y España, respectivamen­
te, V el de ístmicos lo deben á que, como ya se lia
indicado, cubren en toda su extensión la especie de
istmo que une nuestro país con el resto de la Euro­
pa continental; de aquí también el primero de di­
chos calificativos. Por su dirección de E. ¡i ü,, se
dividen los Pirineos en orientales ó catalanes, desde
el cabo de Crens al mentado pico de Corlitte; cen­
trales ó arayoncses* desde este pico al Monte Pe M i­
do, y oí‘cidenUih'a ó rutearros, desde esto Monte al
cabo de Higuera. Por ra/.ón de su perlil, los cen­
trales lian recibido la denominación de Alton, y los
occidentales de Bajos Pirineos,
_ 44 —

Los picos más elevados de estas agrestes mon­


tañas se hallan, pues, en los Pirineos centrales, que
por su parte meridional se presentan á. modo de
enorme murallón tajado. El primero de ellos es el
denominado de Anethou, que se eleva 3.404 metros
sobre el nivel del mar, y es el tercero de los de Es­
paña por su altura. Síguenle el de Poséis, de 3.367
metros; el citado Monte Perdido ; de 3.351, y, para
no citar más de los muchos que existen de gran
altura, el de las Tres Sor ores, de 3.332 metros. To­
dos estos picos son, como lo es en general el cuerpo
principal de los Pirineos, áridos y sumamente escar­
pados, y se hallan cubiertos de rocas.

* ■»
Es interesante por todo extremo la leyenda que
en el país se ha transmitido, de generación en gene­
ración, acerca del origen de las moles denominadas
las Tres Sorores ó las Tres Hermanas.
Cuando la conquista visigoda, se refugiaron en
las agrestes montañas pirenaicas muchas familias
hispano-romanas, amenazadas de exterminio por
los invasores, con los que tuvieron que sostener
porfiada y tremenda lucha. El día en que iba &veri­
ficarse el casamiento de tres hermosas jóvenes de
una de aquellas familias cayeron los visigodos sobre
el país, que arrasaron, y entre otros muchos de los
naturales se llevaron cautivos al padre y los tres
desposados de dichas jóvenes, las cuales, escondidas
en el bosque, se salvaron casi milagrosamente. En­
gañadas por un herido visigodo, jefe de gran vali­
miento, á quien socorrieron y libraron de muerte
— 45 —

segura, y el que, después de mentidas promesas de


averiguar el paradero del padre y de los prome­
tidos, les hizo creer que éstos habían abjurado su
religión y tomado esposas visigodas, las tres her­
manas, despechadas por tamaño ultraje, y lisonjea­
das por las atenciones de que eran objeto, profesa­
ron el arrianismo y se unieron en matrimonio, la
mayor al visigodo herido y las menores á dos espo­
sos que él mismo les propuso,
«L a noche de la boda — dice la leyenda — apa­
recióse á las tres el padre, que las acusó de un
modo terrible por renegar de su religión y enlazarse
ó. los implacables enemigos de su raza. Entonces
supieron que padre y novios habían escapado y
continuaban haciendo guerra ¡i muerte A las gentes
de sus esposos. L a maldición paterna las redujo á
una situación tristísima; se fugaron de sus hoga­
res, y á espaldas del Monte Perdido construyeron
barracas para vivir en penitencia. Los cuatro tena­
ces hispano-romanos volvieron á caer prisioneros,
y esta vez fueron condenados á muerte. L a noche
en que los ahorcaron hubo una gran tempestad en
el Monte Perdido; un alud sepultó las chozas y un
terremoto transformó las montañas, dando lugar d
las tres moles actuales en recuerdo del castigo de
las apóstatas. A la mañana siguiente se veían tres
picos negros veteados de blanco en señal de luto:
eran las Tres Sórores» (1).
*

(1) T orres C am pos (D . R afael ) . — Estudios geográficos.


— -Jí) —

Los Pirineos centraías, con sus picos gigantescos


y escarpadas laderas, no pueden menos de suscitar
ni que los contempla el recuerdo de la grandiosa
lucha de la Reconquista de nuestro suelo. En ellos,
y á los ocho afios de iniciarla Pelayo, ó sea en el de
724, y como en Covadonga, sobre una gran peña (la
de Oroel), y cerca también de una cueva (la de San
Juan de Atarús ó de la Peña* llamada eu el pais E l
Comdonrja de los Pirineas), lev antóse uno de esos
héroes de que tan pobladas están las páginas de

. Q i i ,cl-J]irii5not en ln b a ta lla i]o A.ÍQBH.

nuestra historia, Garci-Jiménez, y con sólo G00


hombres derrotó á los árabes en Ainsa, comenzó la
denominada Reconquista pirenaica y fundó el histó­
rico reino de Sobrarbe, cuna de la gran monarquía
— 47 —

aragonesa* Este nombre de «Sobrarbe» quiere decir


«sobre el árbol», y proviene de la cruz roja que,
según la leyenda, se apareció sobre una encina á
Garci-Jiméuez durante la pelea* .

* #
Se cuentan en la cordillera Pirenaica unos 150
pasos, 110 obstante lo cual, sólo la atraviesan tres
carreteras. Dada la situación de esta cordillera, pa­
rece ocioso decir que esos pasos son las puertas
naturales para penetrar en Francia y Espafla, y que,
por lo tanto, tienen una gran importancia militar y
son como viveros de recuerdos históricos.

Derrota de I ob frfcncoa en RoncesvalleB.

Desde este punto de vista merece citarse el des­


filadero de Roncesoaíles (paso de Pamplona ú San
— 48 —

Juan de Pie do Puerto, en los Pirineos occidentales),


en donde por el año 778 derrotaron los vascos al
ejército de Carlomagno, que atentó contra la inde­
pendencia de aquel país, cuyos habitantes recuer­
dan todavía un antiquísimo canto en el que se des­
cribe, con acentos de apasionado patriotismo, «el
triunfo sobre aquel bosque de lanzas, los huesos
molidos que blanquearán eternamente y ol mar de
sangre que corrió por aquel valle».
Tan famoso como el de Roncesvalles, esc carril
usual de los Pirineos que tan guau papel ha jugado
en invasiones v en guerras interiores, es el paso de
nominado E l Coll del Portus, por el que los musul­
manes penetraron en la Septimania y vinieron los
francos á fundar la Marca y el Condado de Barce­
lona, habiendo servido de tránsito ordinario á fian-
ceses y españoles en^sus alianzas y enemistades du­
rante ías guerras de Sucesión, de la República y de
la Independencia.

* *

Como ramales ó estribaciones de los Pirineos,


merecen citarse: Peilaguara y Riba gorja, en A ra­
gón; Maníseny y Priorato , en Cataluña, y los mon­
tes del Maestrazgo, en Castellón.
En la provincia de Barcelona se halla la inmensa
6 imponente mole de Montserrat, de cresta capri­
chosamente detentellada, de rápidas vertientes, sur­
cadas por multitud de barrancos, y que, á la vez que
altura escarpada y centro de defensa de Cataluña,
es santuario muy venerado.
Esta montaña singularísima se halla formada
— 19 —

por gigantes conos, colocados unos sohre oíros, y


llena de grutas con maravillosas cristalizaciones.
En una meseta que hay entre las dos cimas más ele­
vadas de ese «monte aserrado» se alza el monasterio
de Nuestra Señora, llamado con razón la «Tebaida
catalana», que anualmente visitan más de 00.000
personas. «Más en lo alto, en la región de las nu­
bes, la cima del monte está en sierra en toda su
longitud, coronada de picos ó rocas piramidales y
á manera de agujas, á las que se hallan adosadas
varias ermitas, como nidos de golondrinas».
Desde las altas cimas de esos picos, muy por
debajo de las cuales se ciernen con frecuencia las
nubes, que impiden verlas, se descubre vasto y gran­
dioso panorama; desde ellas se divisan los Pirineos,
las montañas de Aragón, las costas de Valencia y
hasta las Baleares en los días despejados.
Entre las muchas rarezas que Montserrat brinda
:i la contemplación del peregrino, debe recordarse
la que ofrece la agrupación extraña y aun extra­
vagante que forman los enormes peñascos á que se
da el nombre de Los Gigantes, colosales pedazos
de roca que son verdaderos gigantes de granito y
evocan en la mente las imágenes de seres sobre­
naturales.
Aunque por la naturaleza del terreno, de sus
picos, grutas y peladas rocas se llam ea la de Mont­
serrat esqueleto de una montaña, no carece de vege­
tación; si mirada desde lejos parece enteramente
desnuda, á medida que nos aproximamos á ella se
la ve tomar aspecto risueño, merced á los árboles,
arbustos y plantas que crecen, sobre todo en su
— 50 —

parte baja, que es de fíen-a abonada para la vid y


el trigo.
No puede menos de mirarse con gran resa lo la
montafla y el monasterio de Montserrat, «fragosa
altura y venerado santuario, como dijera Alcalá
Galiano, que, fortalecidos y convertidos en almacén,
lian servido para desde ellos alimentar los españo­
les la guerra». En la de la Independencia desem­
peñó esa abrupta y original montana papel impor­
tantísimo para la defensa de Cataluña.
9
W ¥.■

Aunque, sobre todo por la parte española, sean


los Pirineos agrestes y escarpados, 110 deja de haber
en ellos bosques seculares y caza mayor, entre la
que figuran los osos. Son ricos en fuentes termales,
sobresaliendo de ellas la tan afamada de Panticosa
(Huesca), que es una de las más notables y concu-
rridas de Europa.

III

C O R D ILLE R A C Á N T A B R O -A S T Ú R IC A

Denominada así por atravesar el país de los


antiguos cántabros y astures, tiene en la historia
patria una representación gloriosa.
En efecto; en las escabrosas montañas asturia­
nas, sobre inmensa roca y cerca de venerada gruía
(reliquia nacional, hoy santuario de Sania María
de Comdonga), un puñado de españoles, armados
de su amor al patrio suelo y de su fe cristiana, y
— 51 —

dirigidos por el írmelo Pelayo, en el año 718, de'


rrotó á un formidable ejército moro, vengó con
ello el terrible desastre del Guadalete, inauguró la
grandiosa epopeya de la Reconquista de nuestra
Patria por los españoles, y al crear la pequeña M o
narquía asturiana, echó los cimientos de la grande

B a ta lla do C ovado nga.

y poderosa Monarquía española de los Reyes Católi­


cos y de Carlos I. En las montañas de Asturias co­
mienza la heroica y casi legendaria lucha de siete
siglos, que da por resultado la constitución de la
Patria es [3año la una ó independiente como hoy la
tenemos.
— 52 —

Considerada esta cordillera como continuación


de la anterior, cuya misma dirección sigue, se de­
nominan también Pirineos los montes que la for­
man, que, en contraposición á los continentales ó
galibéricos, reciben el nombre de marítimos ó espa­
ñoles, Esta cordillera se extiende de E. ó O., á partir
del pico de Gorriti (hacia el cabo Huiguera), en que
termina la anterior, hasta el de Mira val les, desde
donde se esparce por Galicia en diferentes ramifica­
ciones, que ofrecen la forma de Pata de Ganso,
concluyendo en los cabos de Ortegal, Toriñana y
Finisterre, á Jos 650 kilómetros de su punto de
arranque. Según las regiones que atraviesan, los
Pirineos marítimos ó españoles se dividen en can­
tábricos, aslúricos v galaicos.
La cordillera Cántabro-Astúrica es escabrosa y
ofrece picos de rocas, no obstante lo cual sus cimas
suelen presentáis© redondeadas y cubiertas de ver­
dura, y ¡i veces de nieve perpetuamente ó la mayor
parte del año, como sucede en el abrupto lomo de
Peña Labra. Covadonga ofrece paisajes tan notables
por su belleza natural como por los recuerdos histó­
ricos que hemos evocado.
Entre las muchas ramificaciones de la cordillera
de que tratamos merecen citarse las históricas mon­
tañas de León, «cubiertas, como se dice en una Geo­
grafía muy conocida, de nieve gran parte del año,
con una vegetación silvestre y grandiosa de hayas,
robles y encinas, frescas y abundantes fuentes,
arroyos que, reunidos, forman caudalosos ríos,
valles escondidos é imponentes desfiladeros, casas
cubiertas de paja,J pueblecitos cortos y dispersos,
sencillez y hospitalidad en las costumbres de sus ha­
bitantes, que cada otoñada bajan de aquellas breñas
tras ele las manadas de ovejas merinas, que consti­
tuyen su principal riqueza, en busca de más tem­
plado clima y de más abundante pasto en las vegas
de Extremadura, volviendo cada primavera ú sus
praderas nativas estos rebaños, que por eso se
llaman trashumantes».
*
**
Después de los de la Penibélica y los Altos Piri­
neos, los picos más elevados de la Península son los
que se encuentran en la cordillera de que tratamos
ahora, siendo de notar la semejanza que ofrecen con
los de la Pirenaica, de hallarse los más altos en la
parte central, que en la cordillera Cántabro-Astü-
rica la constituyen lo que algunos llaman Alpes
asturianos, que forman un laberinto pintoresco de
colosales macizos, de gigantescas cimas y de neva­
dos picos. Los más importantes de la cordillera son:
el de Torre de Cerredo (en las llamadas Peñas de
Europa, en los confines de León, Santander y Ovie­
do), de 2.678 metros de altura sobre el nivel del
mar; el de Perla Prieta, de 3,531, y por la misma
región; el de Peña Ubiña, más arriba del Puerto de
Pajares, de £.300; el citado de M ir avalles, de 1.970,
en los confines de Oviedo, León y Lugo, y Peña de
Gorbea, en los de Vizcaya y Álava, de 1.537; Sierra
de Redondo, Perla Sagra, Peña Labra, Pico de
Guiña y Peña Rubia son, entre otras, alturas do
esta cordillera que merecen citarse.
De los numerosos pasos que ponen en comuni­
cación las dos vertientes de la cordillera Cántabro-
Astúrica, el más elevado es el Puerto de. T a m a , que
se halla á 1.464 metros sobre el nivel del ruar y pone
en comunicación á León é Inhestó, Síguele el tan
nombrado Puerto de Pajares (1.363), que sirve de
paso entre León y Oviedo, y por el que durante la
guerra de la Independencia hicieron los franceses
sus excursiones á Asturias, según lo aconsejaba la
marcha próspera ó adversa de las operaciones de
sus ejércitos en el Duero.

IV

COIÍÜILLKRA IDÉRTCA

Así denominada con cierta impropiedad, pues es


eminentemente española y nada tiene de portugue­
sa, arranca esta cordillera del punto medio de la
Cántabro-Aslúrica, por Keinosa, en la provincia de
Santander, y se extiende de N, á S. hasta el cabo de
Gata, en la costa de Almería* En realidad no merece
el nombre de cordillera, en cuanto que no consta de
un solo núcleo y consiste en una sucesión informe
de grupos irregulares de montes, cuyo enlace es casi
siempre imperceptible. A pesar de esto, en la Oro­
grafía española ocupa lugar muy importante la cor­
dillera Ibérica.
En su origen consiste esta cordillera en vastos
y elevados páramos, que son los que ligan entre si
las montanas que la forman y le dan el carácter ex­
traño que la distingue de las demás, Fórmanla en
parte mesetas solitarias y estériles, faltas de agua,
— ;»5 —

ó laberintos intrincados de monlanas volcánicas,


desnudas do vegetación unas, como el Monea vo, v
otras pobladas de árboles y cubiertas de pastos,
como los montes de Segura, tan ricos en maderas
de construcción. Las nieves coronan casi perma­
nentemente las cumbres de algunas de esas mon­
tanas.
Los grupos ó nudos de Uis que forman esta cor­
dillera, ó más propiamente dicho los Montes ibéri­
cos, se conocen con los nombres de Sierra de B u r­
gos, Montes de Oca, Picos de Urbión, Sierra Cebo­
llera, Mortcayo, Sierra da Muedo, Ministra, do
Molina, Nudo de Albarracin, Serranía de Cuenca
y Sierras de Alearan, de Segura, Grillemona, de
Cúttar, de Baza y de los F¿labres y A lham illa, sin
mentar algunas otras menos importantes. Bel Nudo
de Albarracin, que es como el núcleo principal de la
llamada cordillera Ibérica, y se halla en los confines
de las provincias de Teruel, Guadalajara y Cuenca,
parten varias ramificaciones (Sierras de Gudar, de
Espadan, Muela de Arés, Montes universales, etcé­
tera), como del Monea yo ó Montecano, por estar co­
ronado de nieves (en los límites de Castilla y Ara­
gón), se esparcen en todas direcciones, v Amanera
de abanico, ramales abruptos por entre los que co­
rren algunos ríos.
También en los montes Ibéricos existen alturas
considerables. El cibui o Moncayo eleva su desnuda
y nevada cima á más de 2.340 metros sobre el nivel
del mar. Síguenle en altura el Pico de San Loren­
zo y los de Urbión, que la tienen de 2.300 y 2.2-1G
respectivamente. El Pico Jacal and re, en Sierra Ca-
— 56 —

marena, alcanza también más ele 2,000 metros de


elevación, y hay varios otros que pasan de la de
1.800, 1.700, 1,600, 1.500, 1.400 y 1,300.
Dada la estructura de la Cordillera Ibérica, es
natural que haya en ella muchos y fáciles pasos.
Como el más importante, aunque no el más eleva­
do, según vulgarmente se cree, es el de La B rújula,
de Vitoria á Burgos, á 980 metros de altura. En el
camino de Logroño á Soria está el Puerto de P i­
queras, cuya altura, de 1,239 metros, excede en más

Catalln do Atraanea,

de 200 al Puerto de Alcolea del P inart en el camino


de Zaragoza á Madrid. Por las comunicaciones que
facilila se considera hoy como el paso más impor­
tante de esta eoi-dillera el Puerto de Almansa (de
— -67 —

Valencia á Madrid), donde en 1707 tuvo lugar la


batalla de su nombre, una de las más nombradas de
la guerra de Sucesión, y en la que el Duque de 13er-
vich derrotó á los aliados, que sufrieron enormes
pérdidas y se vieron, obligados á evacuar á Murcia,
Valencia y Aragón.

C O R D IL L E R A C A R P E T O -V E T Ó N IC A

Granítica, áspera y escarpada, esta cordillera es


la mas considerable y elevada del interior de nues­
tra Península, y debe su nombre á la circunstancia
de atravesar el territorio que ocuparon los antiguos
carpetanos y oetíones: se la denomina también m era­
mente Carpeiana, Se enlaza al sistema ibérico por
el alto y pelado Moncayo y se extiende de NE. á
SO., separando'Castilla la Vieja de la Nueva y de
Extremadura, é internándose en Portugal, termina
en el cabo de Rocca, el más occidental de la Penín­
sula, á los 791 kilómetros de su origen.
En su punto de arranque apenas deja ver esta
cordillera sus lomos, que se hacen bien ostensibles
después de las Sierras de Pela y de Cabras (entre
Soria y Guadalajara) con las montañas de Sorruj-
sierra y Guadarrama, en los límites de esa última
provincia y la de Madrid con la de Segovia. Al pe­
netrar en la provincia de Avila se bifurca la cordi­
llera para volver A u n ir se , formando el ramal sep­
tentrional las Parameras de Avila y el meridional
la Sierra de Gredos, entre Extremadura y Sala­
manca. Después de unirse á la Sierra de Gata, que
entre esta última provincia y la de Caceras sigue la
dirección dominante, se interna 011 Portugal, donde
turma las renombradas sierras de Estrella y Cintra.
Las sierras de Pela y de Cabras son poco eleva­
das; y de gran altura, muy ásperas v escarpadas,
las de Somosierra y Guadarrama, en donde blan­
quea la nieve gran parte del a fio. En la Sierra de
Gredos, que es una enorme mole de espesor consi­
derable, se hallan las mayores alturas de la Corti­
llera Carpetana : en la falda meridional de esa gran

Curios I presenciando sus funarulos-

sierra se destaca el Monasterio de Yuste, famoso por


haber servido de retiro, después de su abdicación, á
Carlos I, que murió en él. E 11 los Hcrnvmillos de
Gredas se encuentran nieves casi perpetuas, y, se­
gún un geógrafo extranjero, «hasta un pequeño ríe-
pósito helado, uno de esos mares de hielo que son
la admiración de los viajeros en los Alpes». Aunque
la aspereza de la Sierra de Gata es lau grande como
la de Gredos, se halla en parle cubierta de bosques
de robles, pinos y castaños.
Las mayores alturas de la cordillera carpeto-veló-
nica son: la Plaza del Moro Almaruor, en la sierra
de Gredos, con una elevación de 2.650 metros; el
Pico de Pcñalara, en la ríe Guadarrama (2.400), ni
S. de la Granja, pintoresco sitio de veraneo, dotado
de muchas monumentales y muy abundantes fuen­
tes y de espaciosos y amenos jardines, fundado por
Felipe V á imitación del de Versalles, al que aven­
taja por las aguas y el clima.
Al pie de Peñalam se halla la Cartuja del Pau­
lar, tan renombrada por sus riquezas artísticas, y
cuya fundación se debe A los reyes de la dinastía de
Trastamara, y los Siete Picos (2.203 metros), entre
los puertos de Navacerrada y G uadarram a: desde
ellos se disfruta de sorprendente panoi-ama, pues se
divisa el feraz valle de Valsaín, con su dilatado
pinar; la planicie madrileña, con muchos pueblos
(Cercedilla, Villalba, Guadarrama, etc.); El Esco­
rial, con su suntuoso Monasterio, y, por último,
Madrid mismo.
Omitiendo otrns alturas mayores, citaremos el
Alio di1 la Cierva (1.837 metros) y el Cerro de San
Benito (1.616), al N. y al O. respectivamente de San
Lorenzo del Escorial, sitio también muy agradable
de veraneo, al que presta atractivo el famoso Monas-
Vista del Monasterio del Escorial.
de Madrid á Soria, que ya ulili/.aron las romanos,
.según acreditan ruinas que en él se contemplan, y,
sin duda, pensando en Numancia; el de Somos ierra
(de Madrid á Burgos), que ha sido el más impor­
tante para la defensa del interior de Espafia, por lo
infranqueable y escabroso que es; el de Navaccrrada
(de Madrid á Segovia), y el de Guadarrama (de Ma­
drid á Valladolid), que tienen condiciones análogas
al anterior y que cual él, se ponen intransitables
muchos anos en un corto espado de tiempo: el de
Nav acerrada se obstruye por completo con las nieves
anualmente. El Puerto de las Pilas, que hoy ad­
quiere mucho interés por las comunicaciones que
abre, es la mayor depresión que existe cerca de Ma­
drid, por lo que se ha utilizado para el ferrocarril
del Norte.
La sierra de Guadarrama, con sus cursos de agua
y sus nieves casi perpetuas, ofrece paisajes pintores­
cos y lugares amenos donde pasarlo agradablemente
al abrigo de los calores estivales; por lo que es de
lamenta]1que, sobre todo los madrileños, la conoz­
can tan poco y no se aprovechen más de los benefi­
cios con que les brinda como estación de verano,

VI

C O R D IL L E R A O RF.TA N A

Llámasela así por formar el límite septentrio­


nal de la región que ocuparon los antiguos oreta-
nos : se la denomina también Oreto-Herminiana.
Como la anterior, tiene esta cordillera muy bu-
— cy —

mi Idos principios, púas so le van la en la llanura por


cerros poco elevados, al O. ríe Cuenca, al S. del
Nudo de Albarracín y á muy corta distancia sobre
la orilla derecha del Júcar. Pero con los famosos
Montes de Toledo, en los límites de la provincia de
este nombre y de la de Ciudad Real, se nos ofrece
luego como de las m.4s pronunciadas. Estos montes
se enlazan por la quebrada y pintoresca comarca
titulada la Jara y la sierra de Allam tra, con la tan
nombrada de Guadalupe. Con las sierras de M on-
tánchez y San Pedro se continúa la cordillera Ore-
tana hasta internarse en Portugal, donde forma la
sierra de San Manicd, terminando en el cabo do
¡San Vicente, á los 886 kilómetros de su arranque
en la Ibérica. En España atraviesa dicha cordillera
las provincias deCuenca, Toledo, Ciudad Real, Ca­
ceras y Badajoz.
Los Montes de Toledo son, por su extraño ca­
rácter, la parte más notable de la cordillera Orela-
na. Compuestos de sierras paralelas que se elevan
repentinamente sobre la llanura de E. á O., forman
valles angostísimos é intrincado y abrupto laberinto,
cubierto de prado y monte bajo, solitario y salvaje.
Por ello son estos montes muy á propósito para ser­
vir de guarida A malhechores y fueron en otro tiem­
po baluarte de los defensores del patrio suelo contra
los sarracenos. En el siglo xvm se cobijaron entre
sus escabrosidades aquellos terribles salteadores que
con el nombre de Gol linos desbaldaban á los viaje­
ros en lodos los caminos del país, y dieron motivo
para que se creara la lamosísima institución de Segu­
ridad pública denominada la Santa Hermandad de
— (Vi —

Toledo, Talavera y Ciudad Real. En esos montes,


escarpados v cubiertos de bosques, tuvieron lugar
muchas luchas parciales do nuestra guerra de la In­
dependencia y se albergaron las facciones de la Man­
cha, durante la última guerra civil.
Aunque por otro estilo, no es menos notable que
los referidos montes la Sierra de Guadalupe, á cuya
celebridad no deja de contribuir el hermoso Monas­
terio que lleva su nombre. Elevada, ásper a y corlada
por profundas quiebras, no carece de vegetación y
de terreno que se labra. En ella se encuentran las
mayores alturas déla cordilleraOretana, figurando,
en primer término, las llamadas las Vi Huercas (á
1.600 metros), con una extensión de unos 12 kiló­
metros de terreno, que en una buena parte se ve la­
brado, á pesar de las nieves y de las tempestades,
haciéndolo más pintoresco los hermosos castaños,
robles y encinas que en ¿1 se crian naturalmente.
Ni en la sierra que nos ocupa, ni en toda la cordi­
llera Orelana, hay picos que merezcan citarse, pues
las mayores alturas, después de las Vi Huercas, no
exceden de 1.300 á 1.400 metros.
Tiene esta cordillera varios pasos, que, como es
consiguiente, jugaron papel importante durante la
guerra do la Independencia. Los más notables son:
el de Taraneón, de Madrid ACuenca y Valencia; el
de la Cañada de la Higuera, de Madrid á Andalucía;
el Puerto de la Matanza, de Toledo á Ciudad Real;
el de Santa Cruz, de Madrid A Badajoz, y el de A l-
ctiúscar, de Cáceres á Badajoz.
— I’iá —

VII

C ü líD IL L liR A M A RIÁ'NICA

Llamáronla los latinos Morís Marianas, y como


las dos anteriores, se presenta humilde en sus co­
mienzos, y se enlaza con la Ibérica por la Sierra de
Alcaraz, al extremo S. E, de la meseta central y en
los confines de las provincias do Ciudad Real y Al­
bacete. Con el nombre de Sierra Morena (del color
obscuro que tiene, al que en parte contribuye su ve­
getación), va separando la Andalucía de Castilla;
cruza el reino de Córdoba, con el de Sierra de Cór-
doba, y forma los límites de las provincias de Bada­
joz, Sevilla y Huelva con el de Sierra de Guadal-
canal, hasta terminar suavemente á la orilla del
mar, corea de Aynmonte, en la última de las citadas
provincias y á los 539 kilómetros do su origen. Las
varias direcciones v ramificaciones que en todo ese
trayecto ofrece la cordillera Mariánica, loman distin­
tos nombres, como los de Sierra de Llerena, de Tu-
dia, de Aracena, de Sania Bárbara, de Andéualo
y otros que no hace al caso mencionar.
Con la gran porción de ella denominada Siemi
Morena, empieza á elevare la coirlillera Mañani­
ca, que á poco de recibir ese nombre, se muestra
áspera é imponente, y entre picos y sierras forma el
rico y pintoresco calle de la Alcudia en los confines
de las provincias de Córdoba y Ciudad Real. Refi­
riéndose ¿i. Sierra Morena, dics un autor á quien es
— Gfi —

fuerza tener presente al tratar de la Geografía de


E spaña:
«Nada más bello que el espectáculo que presen­
tan las montanas y valles que componen esta parte
de la cordillera Mariánica. Espesos bosques de una
frondosidad admirable, producida por un clima un
poco caluroso, pero benigno por la frescura que es­
parcen los mil arroyuelos que se deslizan de las
m ontanas: prados deliciosos de una verdura res­
plandeciente, esmaltada de flores, y todo esto coro­
nado ó interrumpido por rocas de un tinte claro azu­
lado, armonizado con el colorido del cielo más
transparente y bello del universo, hacen de Sierra
Morena el país más hermoso acaso de nuestra Es­
paña, como podría ser el más fértil» (1).
Esta belleza adquiere relieve más acentuado,
aunque con carácter no tan imponente y abrupto,
en la Sierra de Córdoba, que es por todo extremo
pintoresca y respira encanto y poesía. Con sus deli­
ciosas huertas de recreo, cuajadas de naranjos, limo­
neros, azucenas y rosas, que alternan con los pinos,
el romero, el tomillo y el cantueso, y con sus afama­
das ermitas, presenta esa sierra, contemplada desde
la ciudad, que se asienta en la más hermosa y bri­
llante de sus faldas, el aspecto de un grandioso naci­
miento ó peñasco de los que se entregan á los niños
en la conmemoración de la Natividad de Jesús.
La coidillera Mariánica es la menos elevada de
España, pues la altura media de su divisoria sólo ex-

(t) 131 G eneral D. Josii G ó m e z A u t e c h e . V , su Geografía


hisiúrico-iniíiíar de España y .Portugal.
— G7 —

cede eu unos 100 metros á las llanuras de Ciudad


Ueal, cuya altura sobre el niv el dol mar es de 650.
Carece, pues, dicha cordillera de picos de impor­
tancia; sus principales alturas son: Sierra cle A ra -
cena, que la tiene de unos 1.600 metros; Lomas del
Horcajo, de 1.100: Sierra de Titdia, do 1.072; Altos
de Vdlanuem de la Fuente, de 1.013, y Lomas del
Ballestero, de 1.000 : el Picacho de Almuradiel no
llega ¿i elevarse arriba de 770 metros.
De los varios pasos que ofrece la cordillera Ma-
riánica, merece especial mención el tan nombrado
desfiladero de Despeñapcrros, ancha grieta abierta
por el' río Magaña (por la que corren casi juntos ol
ferrocarril y la carretera de Andalucía), erizada de
corles y precipicios que la hacen muy A propósito
para servir de guarida á malhechores. Acerca de
este famoso desfiladero, dice el geógrafo antes citado:
«Todos conocen el |iaso de Pespeñaperros, de
una belleza natural tan notable, que se ha hecho
proverbial en España. Aquella ancha grieta abierta
en la cordillera con señales patentes del cataclismo
que debió producirla eu las rocas de una y otra falda,
por cuya extraña figura, llevan éstas el nombre de
órganos de Despeñaperros: las robustas encinas que
arrancan de las quiebras de estas rocas, balanceán­
dose sobre el precipicio al impulso de los vientos que
violentamente se introducen por el desfiladero; el.
torrente que se precipita mugiendo por el fondo cuan­
do parece deberle estar vedado el paso de la Sierra,
y, en lin, las flores que crecen junio á las aguas y
allí donde existe un poco de tierra, ofi’ecen efectiva­
mente un espectáculo muy distinto del monótono que
— es —
se presenta al viajero al cruzar las Instes llanuras
de la Mancha. La carretera recorre tí media falda la
derecha del bammeo, y aun así se encuentra á tal
altura, que algunos se marean mirando por el Salió
del Fraile, inmensa quiebra vertical desde el camino
a las aguas del Magaña».
La brecha en cuestión es como la entrada de
Castilla y se halla henchida de recueitlos históricos:
en sus cercanías se lian librado multitud de batallas

U a ttlla de las lia r a s do T olosa.

desde los tiempos de Alfonso VIII hasta la guerra


de nuestra independencia y la revolución española
de 18G8. Muy próximo ¡i ella se halla el paso deno­
minado del Rey ó del Emperador, por donde el pas­
tor de la leyenda, Martin Alhaja (cuya figura secón-
— 09 —

templa en la caled ral d© Toledo diseñada por el cita­


do monarca) condu jo á este y sus huestes ¡i las Na­
vas de Tolosa, donde, como desquite de la derrota
que en Atareos sufrió el ejército del mismo Alfonso
<1195), se libró la batalla más sangrienta de la Re­
conquista (1G de Julio de 1212) y más funesta para
el poder musulmán, que desde entonces pudo consi-
derarse como muerto en España. Unos seis siglos
después de tan señalada victoria (que la Iglesia con­
memora bajo la advocación de Triunfo da la Cruz)
y por los mismos parajes, tuvo lugar (1808) la famo­
sa batalla de Bailón, en la que sufrieron tremenda
derrota los franceses, vencedores de Europa, y em­
pezó á vislumbrarse el término, favorable para Es­
parta, de la gloriosa y casi legendaria guerra de la
Independencia,
A la amenidad y rica vegetación que ofrecen con
frecuencia Jas tierras que la forman (señaladamente
la de Córdoba, en la que de continuo se respira un
ambiente saturado de deliciosa fragancia), une la
cordillera Mariánica la circunstancia de ser muy
rica en minerales, pues en ella se dan el cinc, el
plomo, el azogue, el cobre y el carbón de piedra, sin
mentar otros que en menos abundancia contiene su
feraz suelo.

VIII

CO RDILLERA. T EÑ I O É TICA

Recibe esta denominación por cruzar la antigua


provincia romana llamada Bélica. Enlazándose,
— 70 —

como la Carpeto-Vetónica y la Mariáuica, con los


montes ibéricos, se presenta desde luego al contra­
rio de ellas y de la Ore tana, muy elevada, al punto
de que ya en su unión con aquellos montes, se
•muestra calentando las cumbres más altas de Espa­
ña: en Europa sólo le aventaja en elevación, despues
del Cáucaso, el gran macizo de los Alpes.
Con los nombres de Sierra Nevada, Serranía de
Ponda y de los Garufas, la cordillera Pcnibélica
atraviesa las provincias de Granada, Málaga y Cá­
diz, dando lugar á varios ramales, de los que el
más notable, por su riqueza en minerales, es el que
con la denominación dé Sierra de Gádor se interna
en la provincia de Almería. Deben citarse además
las Sierras de Conirauiesa, de Ahnijara, con el ele­
vado Torcal de Antequera, de Prieta, de Tolox,
Bermeja y de Crcstellina, que son otras tantas de­
rivaciones de la cordillera PenibéLica, la cual se divi­
de todavía en muchos ramales, con distintas denomi­
naciones, hasta, terminar en la punta de Tarifa (Es­
trecho de Gibraltar)T á los 301 kilómetros de su
punto de arranque.
Los estribos que forman las ya nombradas sie­
rras de Gádor y de Coutraviesa determinan la pin­
toresca y fértil comarca de las Alpujarras, cuyos
pueblos, esparcidos en vistoso anfiteatro, traen á la
memoria la rebelión, tan tenaz como sangrienta,
mediante la que sus moradores, los moriscos, pusie­
ron en gran aprieto al poderoso monarca Felipe II
y al valerosísimo D. Juan de Austria, que al cabo
logró subyugarlos.
Tiene gran interés en esta tan importante cor­
— 71 —

dillera, la porción de ella denominada Serranía de


Ronda, constituida por un grupo de sierras y me­
setas que forman un terreno profundo y capricho­
samente grieteado, en el que con elevados picos,
cubiertos de nieve una parle del aíio, y altas mesetas,
frías y descubiertas, alternan simas y cuevas pro­
fundas y barrancos bellísimos, cubiertos con fre­
cuencia de espléndido arbolado. La Serranía se
halla situada frente al África, y en su tiempo sirvió
como de antemural opuesto á las irrupciones de los
berberiscos. En ella se encuentra el famoso y sor­
prendente Tajo de Ronda, de que damos idea al
tratar del río Guadiaro.
Pero la parte más importante de la cordillera Peni-
bólica es Sierra Nevada. Se extiende, tan hermosa
como imponente, entre la ciudad de Granada, otras
veces tan opulenta, y el histórico mar Mediterráneo,
que con ella comparte los re cu er d o s del poderío mu­
sulmán. Debe su nombre dicha sien a á las nieves
que perpetuamente coronan sus elevadas cimas, y
en ella se hallan los dos picos m ás altos de España:
el de Muí hacen y el llamado Picacho de la Veletat
que se levantan sobre el nivel del m ar 3.554 metros
el primero y 3.470 el segundo.
Desde las cimas de esos grandes picos, que
cual dos gigantescas torres se elevan sobre el vasto
circo y espantoso precipicio denominado Corral de
la Veleta, se divisa casi toda la Andalucía, gran
parte de la costa del Mediterráneo, Sierra Morona
y la playa africana, con lo que se ofrece á la vista
grandioso, espléndido y sorprendente panorama;
desde aquellos elevados observatorios se contení-
plan, entre glaciares y ventisqueros, precipicios y
esplanadas, lagunas y ríos con saltos y herniosas
cascadas, manchas y grandes extensiones de lierra
labrada y en ellas cultivos que representan todos
los climas de nuestro Globo.
Junio á los dos citados picos y otros menores,
entre los que descuella el de la Alcazaba, que se
eleva 3.314 metros sobre el nivel del mar, existen
quiebras profundas y simas insondables, llamadas
en el país corrales, donde se encuentra congelada la
nieve de muchos siglos y se originan varios ríos,
como el Genil, por ejemplo, cuyas aguas brotan del
cibui o corral de la Veleta y con las del aurífero
Darro, fertilizan la encantadora vega de Granada
y sus cármenes incomparables. Aparte de otros más
elevados, merece citarse el pico del Alm irez (de
2.400 metros de alto), porque en ól empieza, á des-
lindarse la cresta de Sierra Nevada y con ella la
cordillera Penibética.
De los varios pasos que hay en esta cordillera
merecen especial mención el Puerto dolos Alazores
(camino de Granada a Málaga) y, sobre todo, el lla­
mado Suspiro del Moro (de Granada á Motril), que
recuerda la poética leyenda, de Boabdil, último rey
granadino, quien al ver por la postrera vez desrlc
ese punto la inapreciable joya de la arquitectura
árabe conocida con el nombre de la Alliambra, do­
lióse amargamente de haber perdido para siempre
mansión tan deliciosa, y exhalando dolorido suspiro
«lloró como mujer por no saberla defender como
hombre», según indignada le dijera la sultana Aixa,
su madre. Á la entrada de este paso, en el Alhen-
din, donde aún se contemplan las rumos de í'orlisi-
mo castillo, Sío reunió el ejército con rjue los Reyes
Católicos sofocaron la primera relielión de los mo­
riscos (1500), y por el penetraron varias veces las
tropas que en 156S mandó Felipe II contra los
sublevados de la Al puja m i.

R en d ició n de G ra n a d a .

«Sierra Nevada—dice el autor antes citado— y


las demás en general que constituyen el sistema
Penibético, muestran sus cumbres cubiertas do rocas
sin rastro de vegetación alguna basta las faldas, en
que se ven grandes espacios de bosques de encinas,
robles, fresnos y castaños, interpolados de praderas
muy útiles píim los ganados y con hierbas medici­
nales m u y estim a d a s por lo s naturalistas. Eu las
— 74 —

vertientes septentrionales se descubren terrenos im­


productivos, y alguno, como la Sierra Elvira, seco,
árido, con señales de ser resultado de movimientos
internos; pera en las meridionales se encuentran
todas las faldas cubiertas de la vegetación más bri­
llante de Europa y aun de América y Africa, culti­
vándose con fortuna arbustos exóticos, que podrían
hacer, en un caso, no se echasen de menos las pro­
ducciones más útiles de nuestras colonias». En la
parte alta de la cima la vegetación recuerda la de
los Pirineos, lo.* Alpes y bis tierras árticas; y más
abajo, por el contrario, se revela en todo su esplen­
dor la Mora mediterránea.
Por todos conceptos son, pues, notables estas
S i e r r a s q u e c u b r e e l s e m p ite r n o h ie lo .
Donde Darru y Gentl buhen su vida,
y de cuyas nieves «derivaron los reyes moriscos de
Granada, como dice un autor extranjero, la mayor
parte de su riqueza y los medios para edificar y
embellecer la gloriosa Alhambra». Otro extranjero
ha dicho á propósito de Sierra Nevada: «Cuando al
obscurecer el brillante sol se pone y el color de oro
del cielo pasa por sus A'arios matices de rojo y vio­
leta al azul de la noche, con todos sus diferentes
reflejos sobre el paisaje, la vista nunca se cansa do
admirar estos cuadros, siempre variados».
IX
L A S M O N TA Ñ A S

Detengámonos, queridos lectores, ante estas in­


mensas y seculares moles que, al romper la aiigus-
Liosa monotonía que reinara en la tierra si todo fuese
en ella planicies, ejercen en las condiciones del suelo
notoria y grandísima influencia- Según que en un
país haya más 6 menos montañas, y sean más ó
menos escarpadas, tengan sus cimas en tal ó cual
dirección y se hallen desnudas ó pobladas de árboles,
así será riguroso ó benigno el clima, árido ó fértil el
suelo. ¡El desierto es tan uniformemente seco, estéril
y abrasador porque carece de montañas!
En general, puede decirse de ellas lo que de los
Alpes ha dicho Michelel al saludarlos como á «au­
gustos gigantes» y llamarlos «tesoros de fecundi­
dad».
Las montanas, que con frecuencia forman las
froliteras naturales entre los pueblos, son el teatro de
los cambios de las corrientes atmosféricas, de los
vientos, de los vapores y de las nubes. En sus alti­
vas cimas se forma y deshace la tempestad y se
forja el rayo. Las montañas dan origen á los ríos,
que fertilizan y hermosean la tierra. Acumulando
en glaciares y otra clase de depósitos los elementos
dispersos en forma aérea y líquida, los distribuyen
por los campos mediante esos ríos, que representan
para la tierra el principio de la circulación de la
vida, puesto que con sus aguas llevan por toda ella
la savia que la nutre y fecunda.
Expliquemos algunas de las afirmaciones lie-
chas.
•v.
2í *
Las montañas, singularmente las pobladas de
árboles resinosos, atraen la humedad do la atmós-
— To­

lera que almacenan, ya en el estado liquido, ya en


el de nieve, para luego dejarla correr en arroyos
tranquilos y beneficiosos ó en torrentes rápidos y
devastadores. Sus cimas se hallan sumergidas fre­
cuentemente en una atmósfera lluviosa ó brumosa
que constituye la humedad señalada como origen
de los ríos. Y mientras más elevadas son las monta­
ñas, más abundan en ellas las lluvias y las nieves.4
do aquí que los ríos más grandes salgan, en gene­
ral, de las montañas más altas.
Por otra parte, según su orientación, su altitud
y su abundancia y carencia.de vegetación, influyen
las montañas sobro el clima, ya elevando ó bien ba­
jando la temperatura media de una localidad, ora
modificando la distribución anual del calor, ó ya
promoviendo la lluvia ó acentuando la sequía. La
temperatura disminuye á medida que aumenta la
altitud (por esto es frecuente que las nieves perpetuas
coronen las cimas de las grandes montañas), y la
vegetación varía según la altura.
Recuérdese, además, que las montañas prote­
gen unas veces á las localidades contm los vientos
reinantes, y otras las dejan expuestas ¿i ellos; y que
cuando se hallan pobladas de arboleda, al servir de
abrigo á los campos y templar los rigores del clima,
regularizan la acción y el régimen de las aguas, y
con ello mantienen y aumentan la capa de tierra
vegetal.
La disposición, altitud y desnudez de muchas de
nuestras montañas son causa de que en España es­
casee la humedad, sean menos abundosos los ríos
y se sientan demasiado los electos do la sequía,
como sucede, por ejemplo, en Extremadura y las
llanuras de la Mancha, y m¿is acentuadamente por
Muiría, Alicante y Almería, donde las lluvias son
escasísimas.

Como se colige do las precedentes indicaciones,


las montañas desempeñan un papel muy impoHan-
le — beneficioso las más de las veces, perjudicial no
pocas — en la economía de la naturaleza y, por lo
tanto, en la manera de ser del suelo de las naciones.
*
*• *
Además de por el papel que desempeñan en la
creación natural, son interesantes las montañas por
los recuerdos históricos que evocan, según antes se
lia visto, y de los que frecuentemente son corno sím­
bolos vivos que traen á la memoria de las genera­
ciones presentes hechos más ó menos portentosos
de los antepasados, glorias é infortunios, díasele ven­
tura y de pesadumbre para la madre Patria. Para
España lian sido baluartes de su independencia.
Ante la. abrupta majestad de elevada montaña,
el alma se siente muchas veces embargada por ine­
fables sentimientos, en los que, con la admiración
y gratitud al Autor de todo lo creado, mé/clanse los
que despierta la contemplación de la belleza natural
y las representaciones que la imaginación sugiere
de los hechos de que las montañas fueron testigos
mudos durante el cui^o tan accidentado de nuestra
gloriosa historia.
jSalve, montañas venerables, que al ornar y ter-
lili/ar el ¡jalrio suelo, esculpís en él, m u signos ma­
jestuosos, muchas páginas de ki Historia nacional,
de la que sois mo numen los vivos y perennes contra
los que apenas puede nada la segur implacable del
tiempo!
ir í

La acción moral que ejercen las motilarías no


se limita á lo que queda indicado en los anteriores
renglones, sino que es m;ís extensa, según puede
colegii-se leyendo los siguientes párrafos:
«Sobre la montana — dice Michelet — parece la
vida ligera; las pesadas nubes del alma se disipan en
esas alturas. Todo es jiequeilo en presencia de ese
gran libro vivo, imponente y tan puro».
«Los países de montanas—añade Bosc—estarán
siempre habitados por hombres más fuertes, más
activos, más animosos, más industriales, más inde­
pendíenles que los países de los llanos. Si los pre­
juicios se hallan en ellos más arraigados, las cos­
tumbres son, en cambio, más puras».
«Y cuando se domina la última cresla — exclama
Pascual Grousset, — cuando se toma el último re­
ducto, cuando el monstruo yace vencido á nuestros
pies, jquó placer sentarse en lo más alio del pico, y
abrazar de una mirada el océano de bosques, de
pitidos, de nieves, de glaciares; observar los contras­
tes de luz y sombra en las laderas y sobre las aristas,
de los contrafuertes; reconocer á lo lejos, á través
de las nubes que las envuelven y ciñen sus flancos,
el perfil de las montañas vecinas, que corlan atrevi­
damente el azul del cielo! Después, cuando el sol va
;Vponerse, verlas revestidas de un hermoso color de
rosa, y fundirse, por decido así, hasta el punto de
volverse transparentes como colosales masas de
cristal, y lomar gradualmente el fantástico aspecto
de gasas ligerísimas que flotan en la limpidez de los
cielos. Todo esto, en medio de un silencio tan so­
lemne, tan completo, que hay momentos en que
pone pavor al espíritu. Allí, en lo alto, no trasciende
nada de la vida vulgar, de sus miserias, de sus
pequeñeces, de sus murmuraciones, de sus rumores.
El hombre está tan bajo, tan bajo, que ni aun se
sospecha, su existencia, ni se percibe el eco de sus
pedantescos esfuerzos. Como Jesús sobre la montaña
adonde Satanás le había llevado para tentarle, 110 s e .
ve de los reinos de este mundo más que su miseria.
¡Ah! |P o r qué esto no durará siempre? ¿Por qué es
preciso descender?»
«Fuó allí (en las montañas)—dice el filósofo gine-
hrluo*—donde distinguí sensiblemente en la pureza
del aire en que me encontraba, la vei la d e ra causa
del cambio de mi humor y de la vuelta de esta paz
interior que había yo perdido hacía tiempo. En
efecto; es una impresión general que experimentan
todos los hombres sobre las altas montañas, donde
el aire es vivo y sutil; se siente más facilidad eu la
respiración, más ligereza en el cuerpo y más sere­
nidad en el espíritu. Los placeres son en ellas menos
ardientes y las pasiones más moderadas; parece que
elevándonos por encima de lá morada de los hom­
bres, abandonamos todos los sentimientos bajos y
terrestres, y que, á medida que nos aproximamos
á las regiones etéreas, adquiere el alma algo de su
— su —

inalterable pureza... Dudo que ninguna agiíarión


violenta, ninguna enfermedad de vapores pueda con
traerse en semejante estancia prolongada, y me sor­
prendo de que los baños del aire saludable y benefi­
cioso de las montanas no sean uno de los grandes
remedios de la Medicina y la Moral».
n u e s t r o s r ío s

Constituye la hidrografía de un país el conjunto


de las aguas que hay en el mismo, Eslas aguas,
aparte de los maros, son corrientes, como las de los
manantiales, de que se originan los arroyos y ríos,
y estancadas, como las de los lagos y las lagunas.
Los ríos forman la parle esencia!, costas adentro,
del sistema hidrográfico de un país. Este sistema se
halla determinado por el orográlico ó de las monta­
rías, las cuales, estableciendo las ilioisorias y rer-
tientes generales de las aguas por la inclinación y
dirección de sus faldas ó laderas, forman las meneas
ó regiones hidrográficas, que son las extensiones de
terreno que por su inclinación vierten en un río de­
terminado las aguas de sus manantiales, arroyos y
cureo de otros ríos.
Asi, pues, las siete cordilleras de montañas des­
critas antes, con sus ramificaciones, determinan los
curaos de agua que corren por el suelo patrio y, por
consiguiente, el sistema hidrográfico de España.
Forma primeramente la base de este sistema la
cordillera Ibérica, el Eje Ibérico, que se dice, que,
con la parte oriental de los Pirineos oceánicos, los
Pirineos ístmicos y la cordillera Penibtítica, siguien­
do una línea tortuosa en ligura de S, constituye la
divisoria cjeneral de las aguas de nuestra península.
Unida esta línea al 0. con los Pirineos oceánicos
(cordillera Cántabro-Ast úrica), divide las aguas hacia
los dos mares, Océano y Mediterráneo, en cuatro
grandes regiones ó vertientes muy desiguales, á
sa b e r:
Vertiente cantábrica <5 septentrional.— La
forma la zona comprendida entre la cordillera Can­
tábrica y el mar de este mismo nombre, al que vierte
sus aguas.
Vertiente lusitana ú occidental.—Es la más
extensa de todas, y se halla formada, á manera de
anchurosa caja, limitada de un lado por el Océano,
al que envía sus aguas, desdo el cabo de Torifiana
al de Tarifa, y de otro por las faldas meridionales
de los Pirineos oceánicos, las occidentales de la cor­
dillera Ibérica y las septentrionales de la Pe ni botica.
Vertiente hética ó meridional. —Es la menor
de las cuatro, y se halla comprendida entre las faldas
S, de la cordillera Penibctica v el Mediterráneo,
donde vierte sus aguas, desde el cabo de Tarifa al
de Gala.
Vertiente ibérica ú oriental. — La forma la
extensa región comprendida entre las vertientes me­
ridionales de los Pirineos desde los cantábricos, las
orientales de la cordillera Ibérica desde su arranque,
y la porción del mar Mediterráneo que se extiende
desde el cabo de Gata al de Creus.
Las dos últimas vertientes las consideran algu­
nos como una sola (del Mediterráneo ú oriental).
O O 1 X \r V 7 J, V ¿0 A' V 3 3 0
— 84 —

Dichas cuatro vertientes alimentan varios ríos,


cada uno de los cuales tiene su cuenca o regiún hi­
drográfica especial. Las más importantes de ellas
son las correspondientes á los nueve rios principales
de España, que son : el M iña, el Duero, el Tajo,
el Guadiana., el Guadalquivir, el Segura, el Jilear,
el Tur ia y el Ebro. Las cuencas de estos ríos se
hallan enclavadas: la de los cinco primeros, en la
vertiente occidental, y en la oriental la de los cuatro
restantes. Por las vertientes septentrión al y meridio­
nal no corre ningún rio de los considerados como
principales 6 de primer orden.
Con los citados corren por nuestro suelo más de
250 cursos de agua, de los que unos 60 desaguan
directamente en el mar. Entre los que se hallan en
este caso y son interiores á los nueve enumerados,
los más importantes son ‘ el Bidasoa, Dera, Ner-
vión. Besa ya, Nalón y N a d a , que tienen sus cuen­
cas en la vertiente septentrional y desembocan en
el Cantábrico; el Tambre, Ulia, Odiel, Tinto y Gua-
dalett-, que las tienen en la vertiente occidental y
desaguan en el Atlántico; el Guadiaro, Guadal/torce,
Guadalfcu, Adra, y Almería, que corresponden á la
vertiente meridional y vierten sus aguas en el Medi­
terráneo, y el Almanzora, Vinalapó, Serpis, Palan-
d a , M ijares, Franeoli, Liobrcgat, Ter, Fltwiá y
Muga, cuyas cuencas se hallan enclavadas en la
vertiente oriental: el primero entre el Segura y el
Júcar, los dos que siguen al S., y los otros al N. del
Ebro, y también desaguan en el Mediterráneo.
De los ríos que no desembocan directamente en
el mar, sino que lo hacen en otro río, de! que se con-

— 85 —

sideran por ello corno tributarios ó afluentes, los hay


que por la longitud y el caudal de sus aguas exceden
en importancia á los que acubado me ntai ■se. Todos
ellos tienen, como éstos, sus cuencas particulares,
y de muchos hemos de ocuparnos al tratar de los
ríos de que son tributarios.
De lo dicho se colige lo complicado que es mies-
tro sistema hidrográfico y su estudio, por lo tanto.
Sin entrar ahora en otros pormenores, conviene
que nos fijemos en el papel tan importante que en
ese sistema desempeña la cordillera Ibérica, que,
como á su tiempo vimos, no lo desempeña menor
en la Orografía-de nuestra Península, de la que por
ello y su peculiar disposición se dice que es el eje
ó la espina dorsal.
En efecto; con los nudos ó grupos de montañas
que forma esa cordillera se enlazan otras tres (la
Carpetovetónica, la MaruYnica y la Penibética), y
parten seis de los nueve ríos que liemos lla m a d o de
primer orden — el Duero, Tajo, Guadalquivir, Se­
gura, Júcar y Turia — y otros de la importancia del
Arlanzón, A rlanm , Henares, Guadiela, Zanca ra,
Gigüela, Guadalimar, Jalón, Jiloca y CabrieL De
aquí el nombre de «Montes Universales» con que se
designa ti una parle de los Ibéricos, y con el que,
como se ha dicho, parece que se quiere dar á. enten­
der que de ellos parlen las aguas en todas direc­
ciones. El llamado «Nudo de Albarracín», en esos
montes, es, en electo, nudo importantísimo de nues­
tro sistema hidrográfico. Recordemos, por último,
que, como decimos en este mismo capítulo, la cor­
dillera Ibérica constituye la línea fundamental y
— S6 —

más extensa do la divisoria general de las aguas de


nuestra península.
Comparados con los grandes rios europeos, tales
como el Volga, el Danubio y el líhin, por ejemplo,
y sobre todo con los grandiosos que, cual el Ama­
zonas, el Paraná y el Missisipi atraviesan, á modo
de mares interiores, la tierra americana, nuestros
ríos principales son modestos por la extensión de
su curso y por el caudal de agua que arrastran.
Esos modestos ríos, que comparados con el resto de
los 250 cursos de agua que corren por nuestro suelo
resultan grandes, por lo que se les clasifica como de
primer orden, son los nueve cuyos nombres llevan
las cuencas principales que hemos dado á conocer.
Tratando particularmente de cada uno de ellos,
tendremos ocasión para hablar de algunos otros,
y así de dar á conocer mejor la hidrografía espa­
ñola.
zeilj zm zuñto

El Mino ó Minias de los antiguos, es el río por


excelencia de Galicia. Nace en Fuen-Miña, pequeña
laguna rodeada de frondosas alamedas, al pie de la
Sierra de Meira (de la cordillera Cántabro-Astúrica),
al N, de la provincia de Lugo.
Por la longitud de su curso (de 233 kilómetros),
es el Mino el séptimo de los ríos principales de Es­
paña. Además de la citada provincia de Lugo atra­
viesa la de Orense, ;i cuyos confines llega, por más
abajo de Ce laño va, sirviendo de límite entre esa pro­
vincia y la de Pontevedra, y entre esta y Portugal,
hasta desembocar en el Atlántico, por debajo de La
Guaitiia, desde donde es navegable hasta Túv.
Aunque el Mino corre casi siempre por profun­
dos despeñaderos, tiene ¿u n lado y otro valles ame­
nísimos de vegetación espléndida, merced á los nu­
merosos ríos y riachuelos que le tributan sus aguas.
Por todo ello resulta este río el más importante de
los que fertilizan la hermosa y feraz región gallega,
que su apacible clima, sus amenos campos, su suelo
montañoso y sus excelentes puertos de mar hacen
de casi toda ella agradable y deliciosa residencia de
verano,
II

De las poblaciones españolas por que [jasa el


Miño son las más importantes:
Lugo, capital de la provincia de su nombre, con
28.000 habitantes. Se halla emplazada esta histórica
ciudad en lo que fué bosque sagrado de Caparos,
sitio en donde se reunían los iberos para celebrar el
patriarcal culto del Dios innominado, mediante fes­
tines y danzas, en los plenilunios. Bajo la domina­
ción romana tuvo el rango de ciudad consular y de
convento jurídico, con la denominación de Lucus-
Augusíi, siendo más tarde corte de los suevos; pos­
teriormente la ocuparon los moros con Muza (713),
á quienes la reconquistó el rey de Asturias, Alfonso I
el Católico (755). Además de la muralla romana,
que sirve de paseo de la ciudad, tiene Lugo de nota­
ble una Catedral gótica del siglo xn, en la que día y
noche se halla de manifiesto el Santísimo Sacra­
mento.
Orense (con 15.242 habitantes), de origen griego,
asimismo capital de la provincia de su nombre, y,
como Lugo, situada en la margen izquierda del
Miño, en un valle delicioso, cubierto de frondosos
árboles y huertas que fertilizan varios riachuelos.
En Orense tiene el Miño un puente, de magnifi­
cencia proverbial en Galicia. Además de este her­
moso puente, cuya construcción se atribuye A Tra-
jano, y es orgullo de la ciudad, ostenta Orense, como
cosas notables, la capilla del Santísimo Cristo en la
Catedral, y las Burgas, que son unas fuentes ter­

Bibliotccú Nocional de España


males muy nombradas, de donde provino el nombre
de Ar/na Calida% con que en la antigüedad se de­
signó á Orense. Por todo esto dicen en el país:
«Tres nosas hay en Orense
quo no ]as hay en Espnfía;
el Sanio Cristo, la Puente,
y la Burga hirviendo el a^iiau.

Ribadavia (con 4.800 habitantes), en la citada


provincia de Orense, y cabeza del partido judicial de
su nombre; se halla situada cerca del punió donde
el río Avia desagua en el Miño, en el centro de cáli­
das vegas quo producen ricos vinos y exquisitas
frutas que dan fama á la población, desde la que
hasta el m ar tiene el Mino considerable profundidad.
Túy, cabeza de su partido, en la provincia de
Pontevedra; antigua plaza fuerte erigida sobre ele­
vada meseta, cuyas faldas baña el Miño, tiene una
deliciosa campiña y una Calednil de estilo gótico y
que, cual la población misma, parece fortaleza. Pasa
Túy por colonia griega, atribuyéndose su funda­
ción al príncipe Diomedes, que la construyó después
de la guerra de Troya, denominándola Ticte, en
memoria de su padre Ticleo, rey de Etolia. La po­
blación de Túy es de 11,600 almas.

III

Recibe el Miño cuarenta y cuatro afluentes, entro


ellos el citado Avia. De todos, el más importante, y
el que debe mencionarse aquí, es el Sil.
Origínase este rio en Cueto-Albo, de las monta-
— 90 —

ñas de León, y lleva al Mino, en el que desemboca


por la orilla izquierda, arenas de oro que, alguna
ve/ con diamantes, arrastra en su caudal de agua,
el cual es más abundante, sobi^e todo en su última
parte, que el del Miño, de donde proviene este ada­
gio: «El Sil lleva el agua y el Miño la fama.»
El alto valle del Sil es el Bierzo leonés, terreno
fértil y poblado donde esli'm Pon ferrada (Ponsfe-
rrala—por puente de hierro —de los romanos, que
la fundaron) y VUla.franca, y por donde surcan la
corriente numerosas barcas: ambas poblaciones
leonesas, son cabezas de partido judicial y tienen
7.650 habitantes Pon ferrada y 4.400 Vil la (hinca del
Bierzo.
Entre las provincias de León y Orense, las ori­
llas del Sil parecen cortadas (i pico y ofrecen altu­
ras inaccesibles, que dan lugar A un verdadero
abismo. «En una de sus vueltas rodea el Monlefu-
rado, donde los romanos abrieron en el siglo ii el
primer túnel construido en España, con objeto de
desviar el rio, explotar sus arenas auríferas, adqui­
rir fértiles terrenos en el álveo y economizar puen­
tes de grandes dimensiones en una encrucijada de
caminos». En Montefurado, dice otro escritor, tiene
el Sil «puente notabilísimo, en que el arte robó á la
naturaleza uno de sus más bellos accidentes». Des­
pués de Montefurado tiene que vencer el Sil, para
unirse al Mino, ásperas y elevadas montanas que
interrumpen su paso, haciéndole cambiar brusca­
mente de dirección.
Las comarcas que surca el Sil y riegan los nu­
merosos riachuelos que llevan á este rio sus aguas,
— DI —

resultan por todo extremo interesantes. A lo amenas


y fértiles que son, especial me rite las nombradas de
Ponferrada y Villa-franca del Bierzo, y la de E l
Barco (del partido de Vakleorras, en la provincia de
Orense, ron 5.370 habitantes), tan deliciosa y de ve­
getación tan variada y espesa, y al espectáculo que
en ellas ofrece la naturaleza haciendo alternar valles
feraces y siempre risueños con elevados montes for­
mados de ásperas rocas, se unen los recueixlos histó­
ricos que suscitan. En esos abruptos montes sb refu­
giaron los astures en la lucha que los españoles
sostuv ieron contra los romanos, y en ellos les arran­
caron sus últimas esperanzas de independencia las
formidables legiones de Augusto.
E L IDTTIEIR/O

Origínase el Duero ó Darius de los antiguos, de


humilde, pero cristalina fuente, ii lo cual debo la
pureza de sus aguas, ya declarada en los antiguos
proverbios castellanos : «Bebe del Duero por turbio
que vaya», y «Agua del Duero, caldo de pollo».
La fuente que da nacimiento al Duero se halla
situada en una región poblada de gigantescos pina-'
res, eu la falda meridional de los Picos de Urbión
(de la Cordillera Ibérica), y no en la laguna, como
es común creer. Nace, pues, este río en el confin
septentrional de la provincia de Soria, que atraviesa,
así como las de Burgos, Valladolid, Zamora v una
pequeña porción de la de Salamanca; por esta pro­
vincia y la de Zamora sirve de frontera con Portu­
gal, reino en el cual se interna luego, yendo á de­
sembocar eu el Atlántico, cerca de Oporto, donde
merced á las arenas que arrastra en su impetuoso
curso, forma alta barra muy dificil de salvar. Por su
importancia comercial, es el Duero el segundo do
los ríos que cruzan el suelo portugués.
Por su longitud, de 92-1 kilómetros, es el Duero
el tercer río do los de España, y el segundo por la
extensión de su cuenca. Su cauce, que corre á una
altitud que no alcanza ninguno de nuestros prime­
ros rios (700 metros sobre el nivel del mar por Valla-
dolid) es caudaloso, debido á la gran extensión de
terreno que le tributa sus aguas; de donde proviene
este antiguo proverbio : «Soy Duero, que lodas las
aguas bebo». De aquí también su nombre, que se
formó con la raíz celta clur, clour ó clicr, que quiere
decir caudal de aguas. En portugués se dice Douro,
que significa de oro.
Con su amplio cauce y largo curso fertiliza el Duero
extensas comarcas, que hace muy productivas, so­
bre todo por Valladolid y Zamora, donde separa la
Tierra del vino y los frutales y la Tierra del pan,
que es la continuación de la Tierra de Campos.
Hasta el mismo Soria pudiera ser navegable ol
Duero; pero sólo lo es de una manera muy irregular
hasta Vilvestre y de un modo más perfecto hasta La
Fregeneda, en los límites de la provincia de Sala­
manca con Portugal y en la confluencia del Águeda
con el Duero.

II

Pasa el Duero, entre otras, por las siguientes po­


blaciones españolas:
Soria, que se halla asentada en la margen derecha
del río, que tiene allí torreado y magnífico puente.
Esta población, capital de la provincia de su nom­
bre, cuenta con 7.300 habitantes y con varias igle­
sias monumentales de estilo románico, que la embe­
llecen; la de Santo Tomé es de estilo latino-bizantino.
Soria, que reemplazó á Ja inv icta Numancia, terror
— y-i —

de Roma y cfloria tj pre~ de España, fué el ante­


mural de Castilla en la frontora aragonesa, y el
lazo de unión entre ambas monarquías; á ella se
acogió Felipe V en la guerra de sucesión, después
de la den ota de Zaragoza*

D o s tru c e ió n d e N u m a D c ia .

A lm azán, en dicha provincia. Eli esta población


tiene el Duero un magnífico puenle; existen varias
puertas de la Edad Media y una iglesia románica, y
se dan en abundancia ricos pastos y exquisita miel.
Almazán, cabeza del partido judicial de su nombre,
es la población más industriosa y mercantil de la
provincia, y liene 2.850 habitantes.
G orm az (224 habitantes), cuyo nombre recuerda
— Oü —

la sangrienta batalla librarla en las inmediaciones de


San Esteban de Gormaz (916), en la que Oitloño II,
de León, derrotó á los ejércitos de Abderrahmán III.
Este lugar, en el que volvieron á pelear* cristianos y
musulmanes, recuerda otro, asimismo por las ribe­
ras superiores del Duero, en el que también comba­
tieron varias veces moros y españoles; nos referi­
mos á Oalatañazor, donde en 1002 fuó derrotado
por los ejércitos de León, Castilla y Navarra, el que
acaudillaba Almanzor el Victorioso, tenido por in­
vencible, el cual resultó herido en dicha batalla y mu­
rió á los pocos dias de olla de la tristeza que le pro-
dujo la vergüenza de la derrota. En San Esteban de
Gorma/, (1.720 habitantes) existe un soberbio puente
de sillería.
Aranda de Duero, en la provincia de Burgos, y
cabeza del pailido judicial de su nombre, con 5.600
habitantes, e.s por su situación una ríe las poblacio­
nes más importantes de las que baña el Duero, que
tiene en ella un magnífico puente.
Roa (2.840 habitantes), de la misma provincia,
.con una campiña rica y pintoresca. Es célebre esta
población, no sólo por el papel importante que des­
empeñó durante la Edad Media, sino además porque
en ella murió el gran Cisneros (1517) y fué asesinado
el famoso guerrillera de la Independencia D. Juan
Martín, conocido con el sobrenombre del Empe­
cinado.
Tordesillas, que pertenece á la provincia de Va-
lladolid, se halla asentada en feraz campiña y tiene
interés histórico por los muchos recuerdos que ate­
sora de los Reyes Católicos y de Doña Juana Ja
— 9('r —

Loca. Es cabeza del partido judicial de su nombre


y cuenta con 3.630 habitantes.
Toro, cabeza del partido de su nombre, con unos
8.200 habitantes, eu la provincia de Zamora» de la
quo es segunda capital. También es feracísima su
vega, celebrada por las frutas en que abunda. Existe
en Toro una notable Colegiata, y á los 7 kilómetros
se halla el Pago de las Contiendas, en el que se de­
cidió en 1476 la guerra de Sucesión ú la Corona de
Enrique IV, entre Dona Isabel y la Beltraneja. Se­
gún algunos, Toro corresponde á la famosa ciudad
de Sarabts, fundada por Brigo 1900 anos antes de
Jesucristo. En Toro tiene el Duero un buen puente
romano.
Z am ora (10.400 habitantes), capital de la provin­
cia de este nombre. Esta ciudad, que parece existía
en tiempo de los romanos, que la llamaron Occelum
D urit, Ojito del Duero (se croe quo fué fundada
después de Numancia), es celebrada por su notable
catedral bizantina (en la que hay un retablo de ala­
bastro representando la Asunción d éla Virgen), por
su hermoso puente romano de diez y seis arcos, por
sus vetustas murallas y por los recuerdos que guarda
del Cid. Zamora, muy famosa en los primeros tiem­
pos de la Reconquista por las muchas veces que la
perdieron y reconquistaron los cristianos, es patria
del famoso cronista Florión de Ocarnpo.

III

Como se ha dicho, recoge el Duero las nguas de


vasta extensión de terreno, por lo que tiene muchos
afluentes (más fie 120, .se dice), algunos fie curso y
caudal considerables; de ellos son los que más inte­
resa considerar, el Pisuerga y el Es la, que des­
aguan en e! Duero por la derecha", v el Eresnia, el
Ada/a y el Tonnes, que lo hacen por la izquierda.
Por esta misma orilla desembocan en el Duero otros
afluentes de relativa importancia, como el Duratón,
el Cega y el Agueda, que sirve un buen trecho de
línea fronteriza con Portugal y desemboca en el
Duero por el punto en (pie esle río deja de ser espa­
ñol. El VaIderaducy es de los principales afluentes
tle la derecha. Digamos algo de los cinco primera­
mente citados y do sus tributarios más importantes.
El P isuerga ó Pisaroca, de largo curso y á veces
más caudaloso que el Duero, de donde viene este
adagio: «Huero lleva la fama y Pisuerga le da agua».
Nace este río en Peña Labra (cordillera Cántabro-
Astúrica), cerca de las fuentes del Ebro, y después
de enriquecerse con las aguas del A rlan za y A r-
lanzón, C a m ó n y E sgueva, se une al Duero en la
provincia de Valladolid, bañando antes su populosa
ó histórica capital (importante población de unas
71.000 almas), cuna de Felipe II, y en la que fuó
decapitado en 1453 don Alvaro de Luna, favorito de
D. Juan II. En Valladolid nació el inspiradísimo y
coronado vate D, Jos<5 Zorrilla, poeía eminentemente
nacional y último representante de la famosa escuela
romántica; allí fueron trasladados en Mayo de 1896
sus restos desde Madrid, donde murió y se le tribu­
taron solemnes honras.
La Val/isolcium de los latinos no fué elevada á la
categoría de ciudad hasta el reinado del citado mo-
F a c h a d a J é ]a iglútítL ¿o S an P ab lo , on YulludulJc],
— í )0 —

uarca, ú pesar de la importancia que antes tuviera,


revelada ya en este proverbio: Vi lia por villa. Valla-'
dolid en Castilla, Además de una huena catedral,
comenzada por Herrera y terminada por Churrigue-
ra, tiene Valladolid varios monumentos arquitectó­
nicos, entre los que sobresalen el templo de San
Pablo y el Colegio de San Gregorio, arabos de estilo
"ótico, y el segundo notable, sobre todo por su his­
tórica y bellísima fachada, que es una joya del estilo
ojival; lado la Universidad es churrigueresca.
Casi al comienzo de su curso riega el Pisuerga á
Cerrera, en cuyo pintoresco partido se encuentran
riquísimas minas de carbón de piedra, cobre y cinc,
y á Agilitar de Campóo, con un grandioso monas­
terio obra del siglo ix: ambas poblaciones correspon­
den á la provincia de Paleneia, la primera con 1*140
habitantes y con más de 1.500 la segunda.
Del Pisuerga se nutre el Canal de Casi illa, cuyos
tres ramales riegan extensos términos, entre ellos los
feracísimos de la «Tierra de Campos», en las pro­
vincias de Paleneia y Valladolid, llamada «el gra­
nero de Castilla» por sil abundancia en cereales.
Como queda indicado, es uno de los afluentes dol
Pisuerga el A rlanzón, quo partiendo de la Sierra de
la Demanda va ádesembocar en aquel río por cerca,
de Torquemada. Riega el Arlanxón varias poblacio­
nes, entre ellas Pampliega (1.400 habitantes), célebre
por haber sido mansión de W am ba después de la
tonsura debida á la astucia de Ervigio, que le privó
de seguir reinando. Pero la población más impor­
tante de las bañadas por el Arlanzón es la histórica
Burgos,
U n iv e rsid a d do Y aliado! Id.
— 101 —

Esta antiquísima ciudad, cuya fundación atribuye


la leyenda á I-trigo IV, y la historia á 13. Diego Por-
cellos en el siglo x, e s capital de la provincia de su
nombre y cuenta con más de 31.400 habitantes. Se
halla situada en la vertiente de un valle recado por
el Arlan/.ón y defendida por un cerro que so lc^
vanta al Norte, sobre cuya cima existe antiguo cas­
tillo.
La famosa Ciudad del Cid Campeador tiene muy
bueuos [Jáseos, como los del Espolón y la Isla, v
dentro y fum i de su recinto atesora monumentos
muy valiosos, asi por su valor artístico como porsu
representación histórica. El primero es la renom­
brada Catedral, admirable templo fótico, «m aravilla
del siglo xiii, que hiende el espacio hasta ceñir su
(rente afiligranada con una aureola de nubes, domi­
nando la ciudad y la comarca, y produciendo un
sentimiento de profunda, admiración con su rica a r­
quitectura, en la que la gracia y la ligereza están
combinadas con la solide/».
A más de cinco kilómetros de Burgos se alza la
Cartuja de Mira flores, soberbio edificio gótico del
siglo xv, que entre otras preciosidad as, encierra los
hermosos sepulcros de sus fundadores, D. Juan II
y su esposa, así como el del infante D. Alonso, her­
mano de Isabel la Católica.
En el tan nombrado Monasterio de las Huelgas,
que resulta ser un verdadero museo de antigüeda­
des, se conservan suntuosos ejemplares del arte de
todas las épocas, siendo muy notables sus Claustri­
llos, compuestos de arcadas románicas. Tan sober­
bio Monasterio fué asilo de muchas princesas y
— 101 —

Esta antiquísima ciudad, cuya fundación atribuye


la leyenda á I-trigo IV, y la historia á 13. Diego Por-
cellos eu el siglo x, e s capital de la provincia de su
nombre y cuenta con m ás de 31.400 habitantes. Se
halla situada eu la vertiente de un valle regado por
el Arlany.ón y defendida por un cerro que so lc^
varita al Norte, sobre cuya cima existe antiguo cas­
tillo.
L a famosa Ciudad del Cid Campeador tiene m uy
bueuos [Jáseos, como los del Espolón y la Isla, v
dentro y fuera de su recinto atesora monumentos
m uy valiosos, asi por su valor artístico como por su
representación histórica. El primero es la renom ­
brada Catedral, admirable templo gótico, «maravilla
del siglo x iii , que hiende el espacio hasta ceñir su
frente afiligranada con una aureola de nubes, domi­
nando la ciudad y la comarca, y produciendo un
sentimiento de profunda, admiración con su rica a r ­
quitectura, eu la que la gracia y la ligereza están
combinadas con la solide/».
A más de cinco kilómetros de Burgos se alza la
Cartuja de Mira flores, soberbio edificio gótico del
siglo xv, que entre otras preciosidad as, encierra los
herm osos sepulcros de sus fundadores, D. Juan II
y su espasa, así como el del infante D. Alonso, her­
mano de Isabel la Católica.
En el tan nombrado Monasterio de las Huelgas,
que resulta ser un verdadero museo de antigüeda­
des, se conservan suntuosos ejemplares del arte de
todas las épocas, siendo muy notables sus Claustri­
llos, compuestos de arcadas románicas. Tan sober­
bio Monasterio l'ué asilo de muclia-S princesas y
— 10-J —

tumba de gran núm ero de monarcas; fundólo el rey


de Castilla D. Alfonso VIII por el año 1187 y dis­
frutó de grandes privilegios que alcanzaban á sus
abadesas, que eran mitradas, poderosas y señoras
de horca y cuchillo de 51 villas y lugares.
P or último, 110 puede dejar de m entarse el histó­
rico Monasterio de San Pedro de Cardona, panteón
venerado donde descansan los restos del Cid, de su
es[>osa Dofia Jim ena y de varios personajes de los
que tuvieron relación con ese héroe de la historia y
de la poesía, que ganaba batallas á los moros hasta
después de muerto. Cuenta la leyenda que* hallán­
dose depositado en dicho Monasterio el cuerpo del
Cid, hubo de faltarle al respeto un judio, y el cadá­
ver del héroe echó m ano á la espada, su terrible ti­
zona. A la puerta del mismo Monasterio lué ente­
rrado su caballo, el infatigable Babieca, y sobre su
tumba se plantaron dos álam os que, según la tradi­
ción, crecieron prodigiosamente.
Son notables en Burgos el Museo arqueológico
provincial, la Iglesia gótica ele S in Nicolás, el nuevo
Seminario, la Audiencia y la Escuela Normal de
Maestros,
Como afluente del Pisuerga, es digno también de
recordarse el G arrión, que en un principio corre
precipitado y tortuoso por un inmenso barranco,
íitraviesa de Norte á Sur la provincia de Falencia, y
al entrar en el terreno llano se abre en m uchas ra­
mificaciones, que constituyen considerable núm ero
de islas m uy pobladas y regadas, especialmente en­
tre Saldarla y Canrión de ¿os Condes: ambos pueblos
son cabeza de los i>artidosqiie llevan sus nombres y
— 10-J —

tumba de gran núm ero de monarcas; fundólo el rey


de Castilla D. Alfonso VIII por el año 1187 y dis­
frutó de grandes privilegios que alcanzaban á sus
abadesas, que eran mitradas, poderosas y señoras
de horca y cuchillo de 51 villas y lugares.
P or último, 110 puede dejar de m entarse el histó­
rico Monasterio de San Pedro de Cardona, panteón
venerado donde descansan los restos del Ci l, de su
es[>osa Doña Jim ena y de varios personajes de los
que tuvieron relación con ese héroe de la historia y
de la poesía, que ganaba batallas á los moros hasla
después de muerto. Cucnla la leyenda que* hallán­
dose depositado en dicho Monasterio el cuerpo del
Cid, hubo de faltarle al respeto un judio, y el cadá­
ver del héroe echó m ano á la espada, su terrible ti­
zona. A la puerta del mismo Monasterio fué ente­
rrado su caballo, el infatigable Babieca, y sobre su
tumba se plantaron dos álam os que, según la tradi­
ción, crecieron prodigiosamente.
Son notables en Rurgos el Museo arqueológico
provincial, la Iglesia gótica de S in Nicolás, el nuevo
Seminario, la Audiencia y la Escuela Normal de
Maestros,
Como afluente del Pisuerga, es digno también de
recordarse el G arrión, que en un principio corre
precipitado y tortuoso por un inmenso barranco,
íilraviesa de Norte á Sur la provincia de Falencia, y
al entrar en el terreno llano se abre eu m uchas ra­
mificaciones, que constituyen considerable núm ero
de islas m uy pobladas y regadas, especialmente en­
tre Saldarla y Canrióri de ¿os Condes: ambos pueblos
son cabeza de los j>artidosque llevan sus nombres y
Cntcdral de Burgos.
— 101 —
tienen una población de LfiOIJ habitantes el primero,
y ele 3.350 el secundo. Ademas de estas dos pobla­
ciones, riega otras de menos importancia el CaiTión,
que antes de unirse al Pisuerga pasa por Falencia.
L a antigua villa de Saldaña se baila casi en el
centro de la provincia de ese nombre, en hermosa y
fértil vega. C am ón de los Condes está situada eu me­
dio de dilatada y alegre vega, con su antiquísima pa­
rroquia de Santa María y su no menos anticuo Mo­
nasterio de San Zoilo, reputado como uno de los más
grandiosos que tuvieron los PP. Benedictinos en Cas­
tilla. Por último, Paleneia, capital de la provincia,
hacia el Sur.de la cual está situada, en lo más llano
de la vega del C am ón, es celebrada por su indus­
tria de m antas y bayetas, deque se surten España y
muchos otros países; las inanias dr Patencia son
conocidas on todas partes. Su población es de 15.000
alm as. Entre los i non úntenlos que hay en Paleneia,
debe citarse, aparte de la Catedral gótica, la Casa
del Cid Campeador. Se coussrvan restos de la do­
minación rom ana eu Paleneia, época en la que era
m uy nom brada esta población, merced al valor de
sus habitantes, que desbarataron las aguerridas y
tan renom bradas huestes de L ópido, Lóculo, Esei-
piún el Africano y Pompeyo. Se hace subir la anti­
güedad de Paleneia al año 1300 antes de nuestra era.
El Esla, que es uno de los grandes tributarios del
Duero, nace al pie del Puerto de Tarm n, en los Piri­
neos Oceánicos, y enriquecido con casi todas las
aguas de la provincia de León, la segunda de Es­
paña por su riqueza forestal, recibe varios afluentes
de importancia, entre ellos el Torio y el Bernesga,
— loa —

los cuales fu m iau una enpe-ie fie isla que hacen de­
liciosas sus am enas huertas, prados y arboledas, y
eu cuya mi ifluencia se lia lia asentada la histórica
ciudad de León (capital de la provincia de su nom­
bre, con 17.000 alm as).
Esta histórica población se halla ennoblecida por
soberbios monumentos, entre los que descuellan ]a

V i s t a i n t e r i o r d a l a C a t a d r u l do L c ó d .

Catedral del siglo xni, que as un modelo el m ás aca­


bado del estilo gótico, al punto de considerársela
como un «milagro del arte*, según la llama Jove-
llanos; la Colegiala de San Isidoro, de estilo bizan-
— luti —

lino, y el Convenio ríe San Marcos, de berm osi por­


tada plateresca. Dala de los prim eros tiempos la
fundación de L eón, que en la época de Traja.no
estuvo guarnecida por las legiones rjrmina; de aquí
su nombre de Lerjio V II Gém-ina.
El Oea y el Órbigo son de los afluentes que m ás
agua llevan al Esla, al que también envía las suyas
el Tera, que pasa por la Puebla de San abría (de
unos 1.150 habitantes), y cuyas pintorescas fuentes
al pie de. los neveros de la Peña Tre vinca, sus sober­
bias cascadas, las frescas y verdes praderías, los
seculares y poblarlos bosques de casta fios en ambas
orillas, las lagunas formadas en la cuenca, especial­
mente el «lago de S anabm », liaren por exlremo
interesante la comarc^. bañada por este afluente,
cuya cuenca, en forma de colosal artefacto, es rica
en pastos, de los que se alimentan las num erosas
vacas que producen la exquisita mantequilla de
Soria.
El Eresma y el Adaja. Estos dos ríos, que vie­
nen de m uy distintos [mulos, se reúnen no muy lejos
del Duero, en el que desaguan juntos casi por frente
de donde lo hace el Pisuerga.
El Eresm a, cuyo nombre antiguo de Arcca, lo dió
ú los Antüacas, pobladores de la región, se forma en
la Sierra de Guadarram a, al pie de Peña L am y
Siete Picos, cayendo en los deliciosos jardines de la
G ranja, de que ya hemos hablado, yendo á pasar
por la monumental Segaría, á los 80 metros bajo el
nivel de su magnifico y tan renombrado Alcázar.
Además de su asombroso Acueducto, verdadero
prodigio del arle romano (se atribuye á Trajano), y
£1 Acueducto de Segovin.
— ios —
del citado Alcázar, mansión favorita de D. Juan II,
atesora Segovia m uchos oíros y m uy valiosos mo­
numentos ai-quilectónicos é históricos, entre los que
descuella la Catedral gótica con su maciza torre, una
de las m ayores de España. Á corta distancia se halla
el hoy ruinoso Monasterio del Parral, que fundó el
célebre m arqués de Villena, quien tiene en él m uy
notable sepulcro. Merced á la abundancia de agua,
distinguíase Segovia eu los tiempos de Felipe III y
Felipe IV por su prosperidad industrial. Felipe II es­
tableció en ella una de las prim eras fábricas de mo­
neda de cobre. Segovia es capital de la provincia de
su nombre y tiene 14.600 alm as.
El Adaja nace eu el Puerto de Villatoro, desde
el que desciende por el fértil valle de Ambles, quo
en lo antiguo fué lago, entre las Param eras y la
•Sierra de Avila, [.jara recorrer luego la Tierra llana
dedicada casi exclusivamente á la producción del
trigo. Pasa por la patria de Santa Teresa do Jesús,
esto es, por Á vila ó A bita, que eu cartaginés signi­
fica altura.
En efecto; eu una colina, no m uy elevada, se halla
situada esta ciudad (capital de la provincia de su
nombre, con 11.224 liabi(antes), á laq u e rodean an­
tiguas y notables m urallas, flanqueadas por 88 to­
rres salientes y tenidas como el monumento m ás
perfecto y m ejor acabado de la Edad Media. No es
menos notable la Catedral con que m uy justamente
se enorgullece Avila: data de los tiempos de Alfon­
so VI, corresponde al prim er período del arte góti­
co, y es sólida y robusta, pues según la tradición
sirvió de fortaleza; en ella y en excelente mausoleo,
— i in> —

reposan los restos del Obispo Alonso de Madrigal,


hijo de Avila, conocido con el nombre de E l Tosta­
do, y célebre por la pasmosa fecundidad de su plu­
ma, pues
E s m uy c ís r to quu eswriljiú
cad a ella tre.s pliugos,
de los tilus que vivió.

De entre otros m uchos templos que, cual otros


tantos monumentos valiosos, conserva la Ciudad de
los Caballeros, descuellan la basílica románica, cuya
plañía es una cruz latina, de los m ártires Vicente,
Sabina y Cristeta, y el convento de Santo Tom ás, de
estilo ojival del último período, y en cuyo recinto, y
eu magnifico sepulcro de alabastro, descansan los
restos del m alogrado Príncipe D. Juan, hijo de los
Reyes Católicos, quienes invirtieron en la fundación
de este afamado templo, asiento que fué del Tribunal
de la Inquisición, el producto de las confiscaciones
hechas en Avila á los judíos que resistieron la ex­
pulsión. Sería prolijo enum erar otras iglesias de las
m uchas verdaderam ente monumentales que hay en
A vila: recordemos, para term inar, la Capilla de San
Segundo de Adaja, á la orilla de este río, que fue el
prim er templo cristiano de Ávila, y con riquísimas
pinturas, conserva sobre el sepulcro del Santo Obis­
po una magnífica estatua atribuida á Alonso Berru-
guete.
También se pieitle en las obscuridades do los tiem­
pos m ás remotos el origen de esta ciudad, llamada
por la tradición «tierra de santos y de cantos», y
cuya fundación se atribuye, ya al Hércules e g i^ io ,
— i in> —

reposan los restos del Obispo Alonso de Madrigal,


hijo de Avila, conocido con el nombre de E l Tosta­
do, y célebre por la pasmosa fecundidad de su plu­
ma, pues
Es m uy císrto quu eswriljiú
cada ella tre.s pliugos,
de los tilus que vivió.

De entre otros m uchos templos que, cual otros


tantos monumentos valiosos, conserva la Ciudad de
los Caballeros, descuellan la basílica románica, cuya
plañía es una cruz latina, de los m ártires Vicente,
Sabina y Cristeta, y el convento de Santo Tom ás, de
estilo ojival del último período, y en cuyo recinto, y
en magnifico sepulcro de alabastro, descansan los
restos del m alogrado Príncipe D. Juan, hijo de los
Reyes Católicos, quienes invirtieron en la fundación
de este afamado templo, asiento que fué del Tribunal
de Ja Inquisición, el producto de las confiscaciones
hechas en Avila á los judíos que resistieron Ja ex­
pulsión. Sería prolijo enum erar otras iglesias de las
m uchas verdaderam ente monumentales que hay en
A vila: recordemos, para term inar, la Capilla de San
Segundo de Adaja, á la orilla de este río, que fue el
prim er templo cristiano de Ávila, y con riquísimas
pinturas, conserva sobre el sepulcro del Santo Obis­
po una magnífica estatua atribuida á Alonso Berru-
guete.
También so pieitle en las obscuridades do los tiem­
pos m ás remotos el origen de esta ciudad, llamada
por la tradición «tierra de santos y de cantos», y
cuya fundación se atribuye, ya al Hércules e g i^ io ,
— n o ­
va al telwuio, y¡L á los fenicios, ora ;i los hebreos que
dicen (rajo á España Nabucodonosor. Es m uy acci­
dentada y honrosa la historia de Avila, cuyos caba­
lleros, que custodiaron la mi no rielad de Alfonso VIII,
gozaron justa faina de valerosos, como se declara
en esta quintilla :
Y en liom lft m uy guerroros,
Y en TVtijilln los p rim a ro s.
Y eu A lu rcoí con til’aiiüi,
Ce Imi ron sus ^avi lunes,
Á vilii, tus C a b a llero s.

Después del Adaja desemboca, en el Duero el Za-


pardiel, ]>or corea de Tordcsillas. Nace este rio,
que as de caudal escaso, por las faldas septentriona­
les de la Sierra de Ávila, y cruzando el territorio
ñute fértil en cereales de la provincia de Valladolid,
baña varias poblaciones, de la que es la m ás impor­
tante Medina del Campo, cabeza del partido de su
nombro, eu esa provincia, con más de 5.800 habitan­
tes. Esta villa, que se hizo célebre en la guerra de
lsis Comunidades, y ya lo era eu la Edad Media por
sus cualro ferias, considerada á la sazón como el
emporio del comercio de Castilla, conserva las im­
ponentes ruinas del hermoso castillo de la Mota, en
el que residió varias temporadas y exhaló el último
suspiro Isabel la Católica. En este histórico castillo,
en el que también vivió D.“ Ju an a la Loca, estuvo
preso adem ás de César Borgia, el herm ano del con­
quistador del Perú, el rebelde Gonzalo Pizarra, quo
m urió en él ú los cíen años de edad.
El Tormes, que es el segundo de los ríos de la
provincia de Salam anca y uno de los pocos que en
— ]]I —

España, arrastran partículas de oro. Tiene su origen


en la elevada laguna de Gredos, en la Hierra de esle
nombre, de cuyos neveros se originan numerosos
afluentes que lo engruesan de un modo oonsidera-
ble. Form a un alto valle, cuyos terrenos son fres­
cos, húmedos y productivos, pues están m uy bien
cultivados; esta reglón residía, adem ás privilegiada
por la ganadería.
Riega el Torm es las provincias de Avila y Sala­
m anca, lañando la capital de esla última, es decir,
la llam ada por los muchos y notabilísimos m onu­
mentos que atesora al punto de convertirla en gran­
dioso Museo arquitectónico, y por el saber de sus
doctores, la «Atenas castellana» y «Roma la chica»,
que en otros tiempos fue emporio de saber y, como
dijera Carlos V, «tesoro de donde proveía á sus rei­
nos de justicia*. Entre los m onum entos indicados
descuella la Universidad, que fundó Alfonso IX, de
León, y fue c! centro intelectual de la Monarquía
espartóla durante seis siglos: es do primoroso estilo
Renacimiento,,semejando herm osa filigrana calada
en piedra. También es notable la Catedral Nueva, de
estilo gótico florido, que se alza al lado de la venera­
ble Catedral Vieja, del orden bizantino; y m uy nom­
brada, por lo original do su fachada, la «Casa de las
Conchas», de delicadas labores gótico-platerescas.
Salam anca, que fué en lo antiguo fortaleza (esto
hace recordar su famosa y bella torre llamada del
Clavero), debe su fundación á sus antiguos natura­
les, los betones; se dice que la edificó, después de la
guerra de Trova., Tenero, hijo do Telamo, Rey de
Salamina, y no falta quien afirme que fué el poeta
KftChada de la Uüivorak’ail de Salatnuuca.
— J 13 -

Homem, que siendo también de Salarnina, puso este


nombre á su ciudad. Salam anca, capital de la pro­
vincia de su nombre, cuenla hoy con una población
de 25.000 habitantes.
Adem.is de á Salam anca, baña el Tormes A Le-
drsma, que cifie á modo de península, y donde
existe un buen balneario, y á AUta de Tornics, que
aun conserva restos del castillo, luego palacio, d esús
poderosos Duques, y eu uno de cuyos conventos
exhaló el postrer suspiro la insigue doctora Santa
Teresa de Jesús. Ambas poblaciones correpouden á
la provincia de Salam anca, son cabezas de los par­
tidos judiciales que llevan sus nombres y tienen una
población, la prim era de 3.555 habitantes y de 3.300
la segunda.
E L TAJO

Esto rio es el m ayor ríe los de E spina por su lon­


gitud, pues su curso mide 9-i l kilómetros. Nace á
una gran altura (1.503 metros), en el humilde m a­
nantial denominado Fuente-García, que se halla en
la falda del cerro do San Felice (en la Muela ele San
Juan, en el nudo de Albarracín, se dice general­
mente), en el grupo de los Montes Univei’sales, per­
tenecientes á la Cordillera Ibérica. Su nacimiento
se halla enclavado en la provincia de Teruel, cerca
de los confines de las de Cuenca y Guadalajara.
Además de esta última provincia, atraviesa las de
Madrid, Toledo y Cáceres, y penetrando en Portu­
gal, donde forma una inmensa ría (el M ar de ¿a
P aja, que dicen en el país), comunica con el A tlán­
tico por un largo canal, en cuyo extremo interior y
orilla derecha tiene su asiento Lisboa, herm osa ca­
pital del reino lusitano*
Presenta el Tajo caracteres especiales. Modesto en
su origen, le hacen considerable, á poco de nacer,
los muchos é importantes afluentes que vierten en él
sus aguas, y en las tres cuartas partes de su curso
tiene la rapidez de un torrente, despeñándose á veces
— 115 —

en pintorcscas cascadas, sobre todo al principio, al


correr por el estrecho y pedregoso valle, que entre
empinadas y altas orillas, le forman las sierras de
Molina. Por otra parte, el curso de este gran río
ofrece un desfiladero casi continuo; pues con frecuen­
cia va hondo y como encajonado entre abruptas ori­
llas, salvajes cortaduras y barrancos tajados en m u­
chas puntos á pico; de donde le viene el nombre de
Tajo.
De aquí se origina que, con raras excepciones, es­
tén las com arcas que el Tajo atraviesa al abrigo de
devastadoras inundaciones, pues es punto menos
que imposible que se salga de madre. Eu cambio,
tiene el inconveniente de no beneficiar los campos
cuanto el interés de la agricultura requiere. Salvo
en algunos puntos como Yillamanrique del Tajo,
Colmenar, Aranjucz y Tala vera, en que por sus
bajas orillas fertiliza n aquellas comarcas, en las que
por lo m ism o pueden temerse las inundaciones, sólo
sirven las aguas del Tajo co m o fuerza m otriz y para
conducir por ellas las m aderas que producen los
montes de Cuenca. De donde resulta, que un río de
tan largo curso y caudal tan considerable, rinda m uy
escaso provecho y sea casi inútil para los ribereños:
eu su sombría corriente apenas se encuentran po­
blaciones, y sus riberas son, por lo general — como
acontece en Toledo y F!xrem adura,—áridas y tris­
tes, cual si por allí no hubiese ni señales de agua.
Asegúrase que eu tiempos de los rom anos subían
los barcos por el Tajo hasta Morón. Su navegación
no ofrece dilicultad desde Aran juez á la imperial
Toledo; pero á pesar de los intentos hechos en dis-
— 110 —

tiulas ¿pocas para extenderla, lir»y srilo se real i'.a


desrle la desembocad tira hasta, Sania reso (Portugal)
en medianas condiciones y con embarcaciones pe­
queñas. En España se emplean las barcas para su­
plir los puentes, que escasean sobre el Tajo, el cual
en muchos puntos se pasa por vados.

II

Por los motivos que, como ya se ha dicho, tan


poco atractiva, hacen en lo general la corriente del
Tajo, hay pocas poblaciones en las orillas de esle
g ran río, 110 obstante lo largo del camino que reco­
rre. He aquí las principales de la s que riega en Es-
pana:
Trillo, de la provincia de Guadalajara, en e! par­
tido judicial de Cifuentes, con 860 habitantes. Situado
en un pintoresco paisaje, en el centro de la poética
y clásica Alcarria, es notable m ás que por sus ricas
mieles, por sus ponderados baños termales fundados
por Carlos III. Se hallan estos baños colocados en lo
m ás am eno de aquel valle y en una atmósfera suave
y embalsamada por la fragancia del tomillo, el can­
tueso, el romero y otras plantas arom áticas que por
allí abundan sobrem anera. En Trillo tiene el Tajo un
buen puente, donde afluye á él, despeñándose en
forma de cascada, el río Cifuentes, que viene del pue­
blo de su mismo nombre (donde Je dan origen nume­
rosas y abundantísimas fuentes), riega una hermosa
vega, y durante su corto, pero amplio y ruidoso
curso, sirve de fuerza motriz á varios industrias.
Aranjuez (de la provincia de Madrid, partido ju-
Fuente oolgantú ¿obre el Tajo, on Ar&njuoz.
dicialde Chinchón, con unos 11.800 habitantes), ce­
lebre por sus hermosos jardines, frondosas alam edas
y grandes huertas fertilizadas por las aguas del Tajo,
que merced á. las acequias que las esparcen por
todas partes, han hecho un delicioso oasis de ese
Real S itio, m orada predilecta de lo s m onarcas espa­
ñoles durante la primavera. En Aranjuez cruz.au el
Tajo dos herniosos puentes, uno de ellos de hierro y
colgante.
T oledo, la histórica ciudad cuyo recinto es un
vasto museo de monumentos romanos, góticos y
árabes, entre los que sobresalen: la grandiosa Cate­
dral gótica con su Ochavo valioso y sin rival en su
clase; la iglesia de San Juan de los lieyes, también
de estilo gótico florido, que fundaron los Heves Cató­
licos; la Mezquita y la Sinagoga, suntuosas joyas
de la arquitectura árabe, que hoy llevan los n o m ­
bres, respectivamente, de Santa María la Blanca y
Nuestra Señora del Tránsito; el Cristo de la Luz,
pequeña capilla que recuerda la arquitectura de la
gran Mezquita de Córdoba; los venerandos rastos
del soberbio Alcázar levantado por el Em perador
Carlos V; la mudejar Puerta del Sol y la no m enos
original de Visagra, y m uchas iglesias que contri­
buyen á enriquecer el tesoro artístico de la imperial
Toledo.
En rededor del empinado monte sobre que se alza
Toledo, forma el Tajo un arco que la circunda á
m anera de herradura, en cuyos dos extremos se ha­
llan los magníficos y tan nombrados puentes de A l­
cántara y San Martin. Lam e el río la famosa Torre
de la Cara, que ni recordar los legendarios amoríos
Catedral da Toledo.
A lciiar de Tolodo.
— 12 J —

<lel rey 1). Rodrigo, en cuyas manos sucumbió la


España visigoda, suscita en la mente el nombre
venerable del insigne maestro Fray Luis de León,

Puerta del Sol. en Toledo.

autor de la magistral oda la Profecía del Tajo, en


la que á propósito de aquellos amores, salen del
— 122 —

docto agustino acentos enérgicos inspii-ados por fer­


voroso patriotism o .
«Una de las m ayores excelencias de Toledo es,
según dice el P, FlórezT no poderse averiguar su an ­
tigüedad». Y, efectivamente, es pimío menos que
imposible determ inar la época en (pie se fundó Ja
imperial dudad, respecto ríe la que nos ha dejarlo
escrito la tradición «que Dios crió vi sol sobre Tole­
do, siendo Adán su prim er rey». Es de notar una

C onquista de T oledo.

circunstancia: en Toledo, que se distingue en nues­


tros tiempos por su lamosa fábrica de arm as b lan cas
se fabricaban ya cuchillos y otros instrumentos
(lavnbióu se acuñaba moneda) en la época romana,
sin duda, porque ya entonces era estimada la virtud
11Lie para el temple «le tales arm as tienen las aguas
del histórico y majestuoso Tajo.
Toledo es capital de la provincia ríe su nombre:
en ella reside el Primado de España (lfi m ayor dig­
nidad eclesiástica entre nosotros) y cuenta con una
población de unos ¿3.100 habitantes.
T a la y e r a de la R e in a (en la provincia de Tole­
do). Así como el valle del Tajo es despoblado entre
Aranjuez y Toledo, en Talavera ofrece una vega
frondosa como la de Villamanrique, merced á lo bajo
de sus riberas. Patria del insigne historiador Maria­
na, Talavera es renom brada por su esplendor de
otros dias, y sus productos fie cerámica, que boy son
m uy buscarlos y se tienen en gran aprecio; actual­
mente posee buenas fábricas de lo/a y curtidos, F.u
su recinto fuú asesinada Dona Leonor de Gu/.mán,
m adre de los hijos bastardos de D. Alfonso XI, y en
sus cercanías se desarrollaron durante la guerra de
la independencia las operaciones que dieron por re­
sudado la célebre batalla de Tfdaro.ra (L70ÍJ)* que
ganó á los franceses el ejército inglés y español,
m andado por W ellington y Cuesta. T alavera es
cabeza del partido judicial de su nombre y cuenta
una población de unos 10.000 habitantes.
Alcántara, plaza de la provincia de Cácercs,
cabeza del partido judicial de su nombre, con m ás
de 3.000 habitantes y fronteriza con Portugal, con
el que por algún tiempo después nos sirve de fron-
t.em el Tajo. En Alcántara tiene este río un m agni­
fico puente de granito y de seis arcos, con que aquel
famoso em perador romano nacido en nuestra Itáli­
ca, Trajano, dotó á su patria, y en el que ta gran-
dvia dv la materia vence al prim or del arte, según
reza una de sus inscripciones. Antes de este tan re ­
nombrado puente, cruza el Tajo otro, eu Puente
del Arzobispo, cabeza del partido de su nombre,
en la provincia de Toledo (con 1,750 almas), m uy
suntuoso y atrevido, que se debe al Arzobispo don
Tenorio (1300).

ni

A más de ciento treinta se hacen subir los ríos


que tributan sus aguas al Tojo. Los más dignos de
mencionarse s o n :
El O c e se ca . «Nunca se nombra en descripcio­
nes generales el arroyo Hoz-Seca, primero que se le
incorpora por la orilla derecha; y sin embargo, en
su curso ofrece particularidades dignas de mencio­
narse. Tiene esta corriente un origen subterráneo
un la Cueva T ornero: todavía dentro de ella se pier­
den las aguas superficiales por una grieta del terre­
no, cayendo en profunda sima con atronador ruido;
pero reaparecen en forma de hervidero al pie de una
ladera en luiente de Ja Cueva. Pronto, convertido
cu verdadero río, en la confluencia del T ajo, su
caudal es m ayor que el d e 'e ste , que aparece por
dicha unión m asque duplicado. No sil» razón se dice
eu el país:
«El Tajo lleva la fam a
Y Ocosecrt. lleva el agua».

El Gallo es el prim er afluente considerable del


Ta jo por 3a derecha. Procedentede la Sierra de Tre-
— I lí f l —

inendal y la Muela de Oriliuela, llega á travos de


elevadas mesetas á la ciudad de Molina fio. Aragón
(cabeza del partido de su nombre, con más de 2.800
habitantes), donde tiene tres puentes, y desagua en
el Tajo por cerca de Buenafuente, en la provincia de
G uadalajara.
El Guadiela, que nace en los límites de esta pro­
vincia y la de Cuenca, junto á las cuevas del Hierro
y de los Griegos, notable la prim era por su profun­
didad y aguas que por ella corren, y la segunda por
las petrificaciones que encierra. Atraviesa este río
la poética Alcarria, piusa cerca de Sicedón y de P rie­
go, y se une al rio Huete, que riega la vega de
Huete, tan célebre desde las contiendas de Castras
y L aras durante la minoridad de Alfonso VIII. Sa-
cedón corresponde á la provincia de G uadalajara y
lione 2.300 habitantes, y Priego, con más de 2.300
y Huete, con 2.750, á la de Cuenca; las (res poblacio­
nes son cabezas de los partidos judiciales que llevan
sus nombres. El Guadiela es el único rio considera­
ble de los afluentes de la izquierda del Tajo.
El Jarama, que es m ás considerable que los a n ­
teriormente nombrados, procede del puerlo de So-
m osierra (en la Cordillera Carpelo-Vetónica) y aflu­
ye al Tajo por )a derecha y por deba jo de uiio de los
dos puentes que cruzan este río por Aran juez. La
nieve que casi constantemente blanquea las elevadas
cimas de Sierra Cebollera, hacen que sean más
constantes las corrientes del Jaram a, al que, por
otra parte, tributan sus aguas ríos de alguna impor­
tancia.
. Uno de ellos es el Lozoya, cuyo caudal es supe-
— 112fi —

rior al del Juram a, á pesar de su (torio cui'so, del


que se deriva el canal, antes de Cabai'n'is y ahora
de Isabel II, que surte de aguas á Madrid. Otro de
los afluentes indicados es el HenareB, cuyo m anan­
tial de origen se halla junto á Orna, en la cordillera
Ibérica, entre las provincias de G uadalajara y Soria,
y cuyo curso, de caudal considerable, que se utiliza
para mover molinos y fertilizar una hermosa vega,
baña poblaciones m uy importantes, á saber: Sigilen-
za, famosa, por su disposición en forma de anfitea­
tro y por su situación grandem ente estratégica, y
donde tiene el H enares tres puentes de piedra; Gun­
dulaja r a : con su famoso palacio de los Duques del
Infantado, de ricos artesonados de estilo m udejar;
y Alcnl/t. de Henares, cuna de Cervantes y tumba de
Cisneros, con su histórica Universidad, emula de la
de Salam anca, y su antiguo palacio Arzobispal, hoy
Archivo general.
Sigüenxa, que tiene una buena catedral, del pe­
ríodo de transición del estilo románico al gótico, en
la que hay una verdadera joya, correspondo A la
provincia de Guadalajara y es cabeza del partido de
su nombre: su población, unos 4.500 habitantes.
G uadalajara es la capital de la provincia de esto
nombre' y tiene 11.000 habitanles. Por último, Alcalá
de Henares, de la provincia de Madrid, es raheza de
su partido judicial y cuenta una población de 12.000
habitantes: en la Magistral de San Justo hay un no­
table sepulcro del Cardenal Cisneros, y en la parro­
quia de Santa María fue bautizado el gran Cervan­
tes.
Es también tributario del Jarama el Manzana-
— 112fi —

rior al del .Jarama, á pesar de su (torio eui'so, del


que se deriva el canal, antes de Cabai'n'is y ahora
de Isabel II, que surte de aguas á Madrid. Otro de
los afluentes indicados es el HenareB, cuyo m anan­
tial de origen se halla junto á Orna, en la cordillera
Ibérica, entre las provincias de G uadalajara y Soria,
y cuyo curso, de caudal considerable, que se utiliza
para mover molinos y fertilizar una hermosa vega,
baña poblaciones m uy importantes, á saber: Sigilen-
za, famosa, por su disposición en forma de anfitea­
tro y por su situación grandem ente estratégica, y
donde tiene el H enares tres puentes de piedra; Gun­
dulaja r a : con su famoso palacio de los Duques del
Infantado, de ricos artesonados do estilo m udéjar;
y Alcnl/t. de Henares, cuna de Cervantes y tumb:i de
Cisneros, con su histórica Universidad, emula de la
de Salam anca, y su antiguo palacio Arzobispal, hoy
Archivo general.
Sigüenxa, que tiene una buena catedral, del pe­
riodo de transición del estilo románico al gótico, en
la que hay una verdadera joya, correspondo á la
provincia de Guadalajara y es cabeza del partido de
su nombre; su población, unos 4.500 habitantes,
G uadalajara es la capital de la provincia de esto
nombre' y tiene 11.000 hnbitanles. Por último, Alcalá
de Henares, de la provincia de Madrid, es cabeza de
su partido judicial y cuenta una población de 12.000
habitantes; en la Magistral de San Justo hay un no­
table sepulcro del Cardenal Cisneros, y en la parro­
quia de Santa María fué bautizado el gran Cervan­
tes.
Es también tributario del Jarama el Manzana-
— 127 -

re s, al que con razón le llamara Quevedo arroyo


aprendiz da rio; lo es muy pequeño para tan g n m
capital como M adrid, que es la que en Europa se
halla á m ayor eleva.ción «obre el nivel riel m ar, de
donde viene el dicho de que ot trono del rey de E s­
paña es el primero después drl dr. Dios. Por último,
tributa sus aguas al Ja rama, el Tajuña, que viene de
los altos de M aranchún, en la Cordillera Ibérica,
corre entre el Tajo y el Henares, y es el rio de la
provincia de Madrid cuyas aguas se aprovechan me­
jor, gracias á las num erosas acequias que las distri­
buyen por aquellas comarcas, que por ello están
cubiertas de vegetación.
M adrid es la capital de España, por lo que eu
él tiene su asiento el Gobierno: su población es de
540.000 almas. Se halla situada á la orilla izquierda
del M anzanares, en una porción de colinas que se
elevan sobre el nivel del m ar de 581 á 6S0 metros.
Queda aún mucho del Madrid antiguo, que si eu
general afea la población, en algunos puntos de
ella le da cierto carácter que hace recordar épocas y
hechos que no dejan de tener encanto. Posee vías
hermosas* como la que, partiendo del histórico san-
luario de Atocha, term ina en el Hipódromo, com­
prendiendo sitios am enos y ‘suntuosos, como el Ja r­
dín Botánico, el soberbio Museo de Pinturas, repu­
tado como de los mejores del mundo por la riqueza
y valí»]* de sus cuadros; la gran plaza fie Cánovas,
el clásico Salón del Prado, la. hermosa plaza de Cas-
telar, el paseo de Recoletos, donde se alza el m ag­
nifico ediíicio en que se hallan instalados la Biblio­
teca y Museos Nacionales, la gran plaza de Colón,
— 128 —

con su hermoso monumeijlo en el cenlm al descu­


bridor de Amóiica, el paseo de la Castellana, lodo
ello adornado por fuentes monumentales y hermosas
estatuas, por jardines, arboleda y suntuosos pala­
cios.

M onu m en to A C alón, e n Madrid.

A la derecha de tan grandiosa vía se halla el mo­


numental an:o de triunfo de la Puerta de Alcalá,
— 120 —
frente al cual tiene una ríe .sus entradas el Retiro ó
Parque de Madrid, extenso y delicioso paseo, repu-
— 130 —
la parte opuesta posee otros también grandes y am e­
nos, como la Casa de Campo, la Florida v la Mon-
cloa, amén del Campo del Moro, hoy reservado al
Palacio Real, que, situado en la famosa plaza de la

Arm ería, es uno de los edificios m ás notables de


Europa.
Tiene Madrid calles anchurosas, entre las que des­
cuella la de Alcalá; plazas hermosas, como la de
— 131 —

Oriente, en ol centro de cuyos jardines se levanta la


soberbia estatua ecuestre de Felipe IV; iglesias lan
notables como San Jerónimo el R e a l, de estilo gó­
tico; San Francisco el Grande y San Isidro, hoy
Catedral, y edificios tan suntuosos como el Banco
de España, la Equitativa, el Ministerio de Instrucción
pública, la Bolsa, las estaciones del ferrocarril lla­
m adas del Mediodía y del Norte (tiene otras tres
más) y otros muchos que fuera largo de enum erar.

La P u e r t a del Sol, en M adrll.

Abundan en la villa y corte las estatuas y las


fuentes, sobre lodo estas últimas, pues Madrid es
rico en aguas, que proceden, unas de los antiguos
viajes, y oirás, las inásT del antes de ahora citado
Canal de Isabel II, ó del Lozoya, En el centro está
la famosa Puerta del Sol, amplia plaza semicircular,
y en los extremos se hallan barrios tan populosos y
de grandes calles como los de Salam anca, Pacífico,
Chamberí V Arguelles; de este último parle el boule-
m rd , en su m ayor parte de nueva construcción,
que term ina en la plaza de Colón y comprende
calles tan amplias y herm osas como las de Sagasta
y Génova. Con todo ello, falta aún mucho por hacer
y reformar para que Madrid se halle á la altura de
las grandes capitales de E uropa: desde el punto de
vista de su higienización, deja mucho que desear.
El Guadarrama. Nace en la sierra de su nombre
(Cordillera Carpelo-Yetó nica) y puertos de Fuen fría
y Novacerrada, desembocando en el Tajo algo más
abajo de Toledo. En su curso, que ordinariamente
es de caudal escaso, riega tierras del Escorial (de
que ya hemos hablado), y de Villaviciosa de Odón
(del partido de N avalcarnero, en la provincia de
Madrid, con unos 1.600 habitantes), donde se con­
serva el histórico cas! ilio construido por el famoso
Juan de H errera, y en el que murió Fernando VI y
estuvo preso durante su desgracia el célebre Godo v,
favorito de Carlos IV. Desde la desembocadura del
Guadarram a, el terreno que recorre el Tajo es rico
en cereales y frutos.
El Alberche. Tiénese este río como el m ás impor­
tante de los afluentes del Tajo; viniendo del suave
collado que forman las Param eras de Ávila y la
Sierra de Gredos, riega muchos pueblos de las pro­
vincias de Ávila, Madrid y Toledo, y desagua en el
Tajo por Talavera. De los pueblos que riega este río,
el más importante es Cebreros, en la provincia de
— 133 —

Avila, y cabeza del partido de su nombre, con más


de 4.000 habitantes. A unque en un principio el valle
del Alberche es profundo, pedregoso y estéril, trans­
fórmase luego en agradable, risueño y productivo,
de «vegetación espesa, dice Arteche, en la que con
los cereales y bosques de pinos, robles, castaños y
encinas, alternan el olivo, el alm endro, la vid, los
árboles de fruta y las plantas de huerta».
El Tiétar, que corre por las provincias de Avila y
Cáceres, bordea la Sierra de Gredos y la feraz co­
marca, denominada «Vega de Plasencia» y desem­
boca en el Tajo junto á Vitlarreal de San Carlos,
en la segunda de dichas provincias. El aspecto do
los campos que recorre esle rio es m uy vario. Al
principio se ofrecen engalanados de rica y variada
vegetación: «Desde los m usgos y los liqúenes—dice
el autor que acaba de citarse—que comienzan á ta--
j>izar las rocas á la inmediación de los neveros,
hasta el naranjo de los sitios ta jo s y abrigados, y la
m orera, que sirve para criar el gusano de seda, se
hallan representadas todas las zonas de vegetación.
Los pastos, los bosques de pinos, encinas, robles y
castaños, los campos de trigo y de centeno, impor­
tantes viñedos y olivares, productivas huertas y plan­
tíos de árboles frutales, hacen rico este valle delicioso
elegido para su retiro por Carlos V». Pero hacia el
Tajo cambia el paisaje de un modo notable, ofrecién­
dose los campos incultos y originando, por ellos, los
famosos despoblados de Cáceres.
El A lag ó n , que tiene su origen en la provincia de
Salam anca, v después de recorrer parte de la de Cá-
ceres, vierte sus aguas en el Tajo, cerca de Alcán-
tara, ya mencionada. Como este rio, tiene el Alago n
ásperas y alias orillas, y con frecuencia atraviesa
llanuras pedregosas, desiertas y tristes. E n la pro­
vincia de Cáceres recibe las aguas del O uerpo de
H om bre, que mueve los telares de paño á que debe
su incremento industrial la Pase-Julia de los rom a­
nos, la ciudad de B éja r, en la provincia de Sala­
m anca, cabeza del partido judicial de su nombre y
con una población de má-s de 9,500 habitantes.
Es también aíluenle del Alagón el río Jerte, quo
nace en Tornavacas, riega á Plawncia, donde tiene
cinco puentes y fecunda fértilísimo valle, y desagua
en el Alagón por bajo de Galisico, que filé una de
las m ansiones rom anas en la calzada de Salam anca,
con el nombre de Rustida na. Entre las poblaciones
por que pasa el Alagón, merece citarse la antigua
ciudad de Coria, rodeada de robustas m urallas y con
una herm osa catedral gótica, que sólo consta de una
nave; el origen de esta población, á que los roma nos
dieron preponderancia, se hace rem ontar ¡i la época
en que los griegos estuvieron en España.
L as citadas poblaciones pertenecen todas á la pro­
vincia de Cáeeres: Plasencia y Coria son cabezas de
Los respectivos partidos judiciales, la primera con
unos 8.000 habitantes y con coi ca de 3.000 la segun­
da; Galisteo es un pueblo del partido de Plasencia,
con poco m ás de 1.000 alm as.
~F1T. < 3 - T J ^ L 3 D I JA .3 Ñ T -¿ L

Es esto río el A nas ó Ana de los romanos; los


árabes le dejaron esle nombre, llamándole Guad-ia
na, esto es, rio de ánades, sin duda por los m uchos
patos que en él había y hay.
Nace el m anso y majestuoso Guadiana al S ur do
la Serranía de Cuenca (de la Cordillera Ibérica). Sus
primeras aguas, aum entadas con las que recibe de
la Osa de Monliel, se reúnen con las de otros arroyos
en las diez y siete lagunas de Ruidera (Albacete), las
cuales se hallan escalonadas de Sur á Norte y vierten
unas sobre oirás, formando entre sí unas veres ca­
nales de escasa pendiente, y oirás pintorescas cas­
cadas. De ellas es la más notable la llamada del Rey,
que se precipita desde una altura do 15 metros, uti­
lizándose su caída como motor de una fábrica do
pólvora. «Las aguas de las lagunas, dice Arteche,
mueven varios molinos y batanes, cuyo estruendo
alborotó y desasosegó tanto al de la Triste Figura y
á su chistoso escudero, y en lugar no lejano se en­
cuentra la Cueva de Montesinos, que inspiró á Cer­
vantes uno de los más bellos episodios de su fábula».
Del modo dicho formado, corre el Guadiana por
terreno llano; pero á poco empiezan á filtrarse sus
aguas, rjue entre juncos y espadañas desaparecen del
todo más abajo de Argamasilla (en este pueblo de la
provincia de Ciudad Real escribió el insigne Cer­
vantes su famosísimo Don Quijote), en donde ter­
m ina el Guadiana alio 6 de Ruidera. A los 40 kiló­
metros» en el término de Yillarrubia de los Ojos (en
la misma provincia), existen abundantes manantiales
ó hervideros de puras y cristalinas aguas llamados
los Ojos. De ellos sólo tres se notan, y son los dichos
Mari-López, la ('anal y Cercano, que unidos forman
una gran laguna, en la que la transparencia de las
aguas permite v e r la s brotar con fuerza. Aquí rea­
parece el río magnifico y con caudal sorprendente,
y se dice que tiene su nacimiento el Guadiana bajo
ó de ¿os Ojós. Ambas partes son tenidas por algunos
como independientes, y en lo tanto, como dos ríos
distintos.
Considerándolo desde su origen como un solo y
mismo río, el Guadiana es, por su longitud (más de
720 kilómetros), el cuarto de los principales de E s-
pana. Después de atravesar las provincias de Ciudad
Real y Badajoz, penetra en Portugal, sirve de limite
fronterizo entre este reino y el nuestro, y vierte sus
aguas en el Atlántico, por Ayamonte, en la provin­
cia de Iluelva. E n su desembocadura forma varias
islas, que o rigin an dos canales, de los que el más
próximo A Ayam onte está casi cegado por las are­
nas, y el otro, el de Villa Real de San Antonio (Por­
tugal), ofrece mejores condiciones para la 'navega­
ción. De las islas indicadas, son las mayores la Cris­
tina y La Canela, am bas pertenecientes ú España.
Mientras que en su primera parte se presenta
como un río poco considerable, en la segunda, sobre
lodo desde que recibe las aguas de varios afluentes,
se ofrece m uy caudaloso, de cauce muy ancho, ex ­
tendido y tranquilo, y poco profundo; ya en Portu­
gal, en las inmediaciones de Merlo la, se hace tan
rápida su corriente, que llega á form ar la grandiosa
cascada conocida con el nombre del Salto del Lobo.
Desde la citada población portuguesa es navegable
el Guadiana (-18 kilómetros), por el que hacen un
tráfico considerable los pueblos españoles de A ya-
monte, San Lúcar de Guadiana y la Laja para su
aprovisionamiento y para la carga de mineral de
cobre procedente de las m inas de los Pastos y Santo
Domingo.

II
Después de correr cerca de Villanueva de la Se­
rena y do Don Benito (am bas cabezas de los parti­
dos de sus nombres, en la provincia de Badajoz, con
13.500 y 16.500 habitantes respectivamente), fecun­
dando sus términos, de los que hace una región pri­
vilegiada por lo producliva (la especie de anfiteatro
que forman los llanos de La Serena), pasa el G ua­
diana en Espafia por las siguientes poblaciones,
que, como las dos m entadas, corresponden á la pro­
vincia de Badajoz;
Medellin, la Cecilia M eidlina de los latinos, le­
vantado ó engrandecido pe ir el Cónsul Marcelo, pa-
* tríade! famoso conquistador de Méjico H ernán Cor­
tés, cuya casa fué destruida en 1809 por los franceses,
quienes m andados por el general Víctor ganaron el
— 138 —

28 de Marzo la batalla conocida con el nombre ile


este pueblo, en el que tiene el Guadiana un buen
puente. Medellin pertenece al partido de Don Benito
y tiene una población que excede de 1.500 habi­
ta ntos.
Mórida, elegida por Augusto para m ansión colo­
nial de los veteranos (Em éritos), que acababan de
sofocar una rebelión cántabra; de donde proviene el
nombre de Emérita Augusta, con que los rom anos
designaron á Merida, que fue capital de Lusitania, y
una de Us.s poblaciones m ás importantes de la Espafia
de aquella época: llegó á ser colonia de dereelio Au­
lico. Cuéntase que al conquistarla Muza, cuando la
invasión sarracena, quedó atónito anle la grandio­
sidad y señorío de Met id a , y antes de entrarla ex­
clamó : «(Bien haya quien logre señorear ciudad tan
magnífica!» Rodeábala gruesísim a m uralla, flan­
queada por 3.700 torres, y en sus 33 kilómetros de
perímetro, se encerraban numeroso vecindario y
multitud de monumentos, de cuya magnificencia son
hoy elocuente testimonio las ruinas que se conser­
van y que atestiguan la grandeza que alcanzó Me­
tida en tiempos de romanos, godos y árabes. Ade­
m ás de los Acueductos, el Arco de Trajano, el Anfi­
teatro, el Circo, la N aum aquia y la Columna de
Santa Eulalia, merece citarse su colosal puente, de
6-1 ojos y cerca de un kilómetro de longitud, que
m uestra, por otra parte, lo ancho que por allí es el
cauce del Guadiana. En este magnífico puente con­
fluyen las carreteras de Badajoz, Sevilla, Cáceres y
Madrid, á la vez que el ferrocarril de Madrid A Lis­
boa y de Sevilla á Cáceres. Mérida es cabeza del par-
— 139 —

tilla ríe su nombre y tiene una población de m ás ríe


9.000 habitantes.
Badajoz, capitel de la provincia de su nom bre y
plaza fuerte, frente ¡\ las portuguesas de Elvas y
Cam pom ayor. Se halla situada en un cerro á la iz­
quierda del Guadiana, sobre el cual tiene el gran
puente de las Palm as (tle más ríe medio kilómetro),
que es orgullo de E xtrem adura, región de la quo
es considerada Badajoz como la capital. Badajoz,
que en lo antiguo se llamó Badanza y en tiempo de
los rom anos P a x Julia, tiene una buena catedral
con honores de fortaleza, y una población que ex­
cede de 31.200 alm as.

III

Á m ás de 130 se hacen subir los ríos que tributan


sus aguas al Guadiana, y de ellos merecen citarse
los siguientes:
El Z á n c a ra y el O igüela, que se forman en la
Sierra de Cuenca, y uniéndose no m uy lejos de A l­
cázar de San Juan, capital del Priorato de la Orden
de San Juan, vierten sus aguas al Guadiana por la
orilla derecha. Ambos ríos tienen largo curso, amplio
valle y modesto caudal de aguas, arrastrando g ra n ­
des cantidades de limo. Á pesar de estas sem ejanzas
en sus condiciones físicas, el Cigüela, que suele con­
sid e ra re como el verdadero Guadiana, es el atinente
más considerable de este río; en su valle se conserva,
en Ucler, el Castillo conventual de la Orden de S an­
tiago.
Alcázar de San Juan pertenece ü, la provincia de
— ] 40 —

Ciudad Real, es cabeza del partido de su nombre y


punto de empalme de los ferrocarriles del Medite­
rráneo y Andalucía (lo que le ha dado gran im por­
tancia) y cuenta con una población de unos 11.300
habitantes.
El A zuel, que tiene sus fuentes cerca del Guadiana
alto, V dirigiéndose por entre varios pueblecillos á
Solana, Membrillo-, Manzanares y Daimiel (todos
de la provincia de Ciudad Real), cuyos términos
riega, a Huye al Guadiana bajo en la orilla izquierda,
después de M anzanares, por el magnífico y extenso
bosque de Zacate na, cuando 110 está seco, lo que por
la porosidad del terreno y el aprovechamiento de las
aguas para el riego, le sucede g ran parte del afio.
En término de esa población se ha construido un
canal para fertilizar la cam piña, y se han abierto
norias en número considerable, que cual las 10.000
que existen en Daimiel, m uestran el agua ám u y poca
profundidad, y que la desolada Mancha no es tan
pobre de aguas como generalm ente se piensa; lo que
hace falta es utilizarlas, pues aparte de los afluentes
nom brados y de otros muchos, «todavía en las llanu­
ras donde no se ve u n arro y u elo ni una m a ta —dice
un ilustrado geólogo, — el agua está tan som era, que
basta abrir un pozo de pocos m etros para establecer
una mina inagotable». No á la naturaleza, sino á, la
incuria de los hombres, debe la M ancha, como
deben otras regiones de España, su proverbial y rui­
nosa esterilidad.
M anzanares y Daimiel son cabeza de los parti­
dos judiciales de su nombre, con una población la
prim era de unos 11.200 habitantes, y de m ás de
— Í41 —

11.800 la segunda. Membrilla tiene cerca de 5,000 y


La Solana m ás de 8.000.
El J a b a ló n . Procede este río del Campo de Mon-
tiel, célebre en la historia patria desde que por muerte
de D. Pedro el Cruel pasó la corona de Castilla á. su
herm ano y m atador D. Enrique de Trastam ara, y
¡jasa por el castillo de Calatrava, establecido allí para
vigilar las avenidas de Sierra M orena. Recorre el
Jabalón un valle m uy angosto, desnudo y pedregoso,
semejante en un todo á los de los tres ríos anteriores,
y en el que la animación se debe al cultivo de la vid,
que constituye la riqueza principal de Vaklepcilas
como de varias otras poblaciones cuyos términos
atraviesa el Jabalón, que desemboca en el Guadiana
por la orilla izquierda.
Valdepeñas es cabeza del partido judicial que en la
provincia de Ciudad Real lleva su nombre; es célebre
por sus famosas vinos, que cosecha en abundancia,
y tiene una población de unos 20.700 habitantes.
En la misma orilla izquierda del Jabalón existe la
Fuen-Santa, importante balneario, y en la derecha
v sobre un altozano, desde el que se domina el G ua­
diana, se descubren los vestigios de la ciudad y for­
taleza de Atareos, donde en 1195 tuvo lugar uno de
los m ayores desastres que sufrió la Esparta cristiana
de la Reconquista, consumado, como dice el Arzo­
bispo D. Rodrigo, historiador de la época y testigo
ocular de buena parte de aquellos sucesos, por «la
turba vomitada sobre nuestras costas por África, y
que desde el Estrecho se dirigió por Córdoba y Se­
villa al valle del Guadiana, arrasando la hierba de
los llanos, volcando los peñascos que le tajaban el
— H3 —

tránsito, trasm ontando sierras encum bradas y ago­


tando con la muchedum bre de su soldadesca las co­
rrientes de los ríos».
En esta desdichada jornada quedó destruida Alar-
eos y deshecho el ejército de Alfonso V III por el
de Yacub, Em perador de M arruecos, quien en con­
memoración de su triunfo mandó erigir la lam osa y
tan gallarda Giralda de Sevilla; los cristianos cons­
truyeron en el cerro que ocupó la ciudad destruida,
ol Santuario de Sania Alaria de Alarcos. Á los diez
y siete años de suceso tan infausto para la causa.de
los españoles, desquitóse con creces el mismo don
Alfonso con la gloriosa batalla de las Navas de
Tolosa, en la que tan m al parado quedó el poderío
m usulm án y tan alto el A 'a l o r de las arm as cristianas.
El Z újar, Zuja ó Sujar, como le llam an en Bada­
joz, tiene su origen entre Asuaga y Fuwiicocejuna,
y por cerca de Viilanueoa de ¿a Serena desagua en
la orilla izquierda del Guadiana. Es de los ríos mfts
abundantes de aquella región, merced á sus afluen­
tes, entre los que es el m ás importante el G u a d a l-
m ez; en su cuenca se halla enclavado Almadén,
donde se encuentran las tan afam adas minas de m er­
curio, tenidas como las prim eras del m undo en su
clase; el Z újar sirve un gran trecho de límite entre
las provincias de Córdoba y Badajoz.
Azuaga corresponde al partido de Llerena, en la
provincia de Badajoz, y tiene una población de más
de 14.100 habitantes. Villanueva de la ¡Serena, es ca­
beza de partido de la misma provincia y con una
población de 13.500 alm as. Fuenteovejuna es cabeza
del partido de su nombre, en la provincia de Córdoba,
— 143 —

v tiene unos 11.000 habitantes. También Almadén


es cabeza de partido judicial en la provincia de Ciu­
dad Real, con unos 7.500 habitan Les: sus imponde­
rables m inas producen las nueve décimas del azogue
que se consume eu el m undo, y de ellas proviene su
nombre actual, que cambiaron el primitivo de Sisapo
6 Stsyiorij con el que fué muy celebrada por griegos
y rom anos, por el de Almadén (al-m á-din), que
significa la mina.
El M a ta c h e l y el G é v o ra son también afluentes
del Guadiana por la m argen izquierda el prim ero y
por la derecha el segundo, que desemboca frente ú
Badajoz. El Matachel recorre la fértil y poco apro­
vechada Tierra de Barros y «abre el camino que ser­
vía á los Caballeros de Santiago para sus algaradas
en Andalucía por Llerena». El curso del Gévora es
dilatado y abundante, formando una línea de inte­
rés, por ser fronteriza en gran parte con Portugal,
donde nace. Por este río pasaba la lamosa, vía ro­
m ana de Lisboa á Mérida, y en su valle y al pie de
la Sierra de San Pedro, tuvo lugar la batalla de Za-
laca (10S6), en que los alm orávides, mandados por
Yüsuf, derrotaron &los cristianos, llevados á la pelea
por Alfonso VI, quien á, d uras penas pudo salvarse.
E L G - X J ^ . r D A . L Q /X J X V I I ^

Con el nombre de Tarteso fue designado p o rlle ro -


doto el Guadalquivir, al que los historiadores y
poetas latinos dieron e| de Bríis, y los árabes el que
actualmente lleva, que significa Rio Grande (Güed-
el-K cbir), y proviene de la extensión y feracidad
de las com arcas que riega.
El Guadalquivir, que es un río esencialmente an­
daluz, figura por su extensión (680 kilómetros) en el
quinto lugar de los de prim er orden en España. Tiene
su origen en las Sierras de Cazorla y Segura (de la
cordillera Ibérica), en la provincia de Jaén, á una
altura de 1.-109 metros sobre el nivel del m ar, y
donde hay una extensa llanura eu la que nieva mu­
cho. Las aguas detenidas en ella de Los deshielos for­
man el depósito de que se surte este rio, cuya carac­
terística es la de serlo de llanuras. Además de la
nombrada de Jaén, recorre el Guadalquivir las pro­
vincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz, eu la que ter­
mina su curso, pues que por Sanlúcar de Barrameda
desemboca en el Atlántico.
M ientras que los otros tres grandes ríos oceánicos
(el Duero, el Tajo y el Guadiana) descienden por
escalones y rápidos, el Guadalquivir tiene en su cur-
— H5 —

so escasa pendiente, salvo en sus principios, en que


forma un salto ó pequeña cascada; pero luego, sobre
todo desde Córdoba, corre por camino llano. En la
parte inferior de su curso el cauce es amplio, y poco
m ás allá de Sevilla sus aguas se extienden hasta di-
vidii-se en tres brazos, en la m arism a, que aíslan dos
porciones de tierra llamadas Isla Mayor 6 Hernan­
do, ú Isla Menor ó Amelia. En los límites de la
provincia de Cádiz vuelven A unirse esos brazos, si­
guiendo su curso el rio, con gran caudal, hasta el
punto en que hemos dicho que desagua en el
Allá utico.
Desde este punto, es decir, desde Sanlúcar de B a-
rraineda hasta Sevilla, es navegable el Guadalquivir*
Lo fuó antiguamente también y hasta el reinado de
D. Pedro, desde Sevilla á Córdoba, merced á obras
realizadas al intento por los rom anos y sostenidas por
los árabes; nuestra proverbial incuria ha hecho que
quede inutilizada tan importante vía lluvial, que tanto
agradecería hoy el comercio tener expedita.
Fertiliza grandem ente el Guadalquivir las regio­
nes por donde pasa, al punto de alim entar por do­
quier vergeles y dar vida á jardines tan deliciosos
como los que pueblan sus i-iberas, especial mente por
Sevilla, U trera y Palm a del Río; pero al propio tiem­
po suele devastar en su «Mera corriente» esas mismas
regiones con sus desbordamientos y las terribles
inundaciones que produce,
«... runrido airado
Dilata. liadla tos m on tes su rib e ra » .

Por otra parte, la feracidad proverbial de las co-


— ! -1G —

m arcas que riega el Guadalquivir no se opone á que


se encuentren en ellas terrenos eriales ¿infecundos,
señales evidentes de nuestra nativa dejadez. A pesar
de esto, y aunque sus aguas no se aprovechan
cuanto ¡ludiera y debiera, el Guadalquivir es uno de
los ríos de los que mayores beneficios reportan nues­
tros campos y, por lo tanto, nuestra agricultura: es
una gran fuente de riqueza nacional.

II

Por varias poblaciones de importancia pasa el


Guadalquivir, y de ellas son las prirrúpales:
A n d ú ja r, de la provincia de Jacn. Conocióse en lo
antiguo con el nombre de IUlurgis, como pertene­
ciente á la región de los túrdidos. Sitiada por el
ejército cartaginés, la libertaron los Escipiones, que
la elevaron á Municipio. Pero habiéndose significado
después contra los rom anos, uno de eso;; Escipiones
la atacó, pasando á cuchillo ú sus m oradores, cuya
heroica y porfiada defensa 110 pudo impedir que los
rom anos se hicieran dueños de la población y la
arrasaran. Después la reedificaron y la denominaron
Forum Julíum, nombre que los árabes cambiaron
por el de A ltar <ji ó A liar j a , y, al fin, A n dújar, que
en la lengua de aquéllos significa «tierra morena».
V arias veces t’ué ganada por los moros y recuperada
por los cristianos, hasta 1224, en que Fernando III
el Santo la incorporó para siempre á los dominios de
Castilla.
A ndújar se halla asentada al pie Sur de Sierra
M orena, en la m argen derecha del Guadalquivir,
— 147 —

en pintoresca y dilatada llanura poblada de caseríos,


quintas, casas de campo, huertas, olivares, viñedo y
arboleda. Poseo valiosos restos de monumentos anti­
guos, como, por ejemplo, los d e sú s m urallas árabes
y el puente de la época de Teodosio. Es m uy notable
la iglesia de Sania M aría, prim era que tuvo Andú-
jar, y se levantó en el siglo xm sobre los cimientos
de la antigua mezquita árabe; su fachada es de estilo
plateresco y el interior gótico adulterado, llamando
en él la atención un alto relieve del Santo Entierro,
de autor desconocido. Aparte de la iglesia de Santa
M arina, es digna de notarse la de San Miguel, como
lo son una puerta de estilo árabe puro y una torre
m uzárabe del siglo xiii . L a Casa de Ayuntamiento,
donde se conservan los restos de San Eufrasio, pa­
trono del pueblo, es notable por sus proporciones y
esbeltez. P or último, es nom brada A ndújar por su
industria alfarera, que empezó en el siglo xvi.
A ndújar, cabe/a del partido judicial de su nombre,
tiene una población de 1(1.400 habitantes.
M o n to ro (en la provincia de Córdoba), famoso
por sus extensos y ricos olivares, de los que se co­
secha abundante y excelente aceite. En esta pobla­
ción tiene el Guadalquivir un magnífico puente.
Montoro es cabeza del partido judicial que lleva su
nombre, y tiene unos 11.400 habitantes.
C ó rd o b a ó Contaba, respecto de cuyo origen no
conforman cronistas é historiadores. Lo m ás seguro
es que la reedificó el cónsul Marcelo, que César
entró en ella á sangre y fuego porque pertenecía al
partido de Pompeyo, y que fué de derecho itálico con
el nombre dé Colonia Patricia, gozan do el privilegio
— 14S —

de acunar moneda. Fué capital del poderoso Califato


de su nombre, rival del de Oriente.
Se halla emplazada Córdoba en las m árgenes del
gran río andaluz, sobre el que tiene antiquísimo
puente, al pie de la pintoresca Sierra de su nombre,
y con una rica, dilatada y deliciosa cam piña. Por lo ■
mismo que íiguró en los tiempos ibéricos, que alcan­
zó señalada importancia durante la dominación ro­
m ana y que fué el centro del poder, de la cultura y
de la riqueza de la Esparta árabe, su recinto es un
verdadero museo de antigüedades, en el que abun­
dan los monumentos de las diferentes épocas de
nuestra historia. Enlre ellos descuella la famosa
Mezquita, rival de la de Damasco, construida por
Abderrahm án I y su hijo llixem , y consagrada al
culto católico por el rey San Fernando, que recon­
quistó A Córdoba en 123G: esta Mezquita se fundó
sobre el templo erigido por los rom anos á Juno, y es
hoy Catedral considerada como una de las m a­
ravillas de la arquitectura m usulm ana, sobre todo el
mihrab ó atíoratorio, que es una verdadera filigrana
de esta arquitectura. La inmensa nave que forma
la catedral se ludia compartida en otras 19 de Norte
íl Sur, cruzándose con 30 m ás estrechas, de lo que
resulta que en todas direcciones se ven lilas de co­
lum nas con dobles arcadas y capiteles rom anos, co­
rintios y árabes, que forman un verdadero laberinto,
que al contemplar por prim era vez no puede el visi­
tante menos de quedar sorprendido y como extasia-
do. M uchas otras cosas hay que adm irar en la cate­
dral de Córdoba; por ejemplo, la rica sillería de
caoba, obra de D, Pedro Duque Cornejo, los púlpi-
rúenle sobro el Guadalquivir, «a Córdoba,
— 150 —

tos v la esbelta custodia de plata, de estilo gótico del


tercer período, y tenida como uno de los mejores tra­
bajos de orfebrería que se conservan en Esparta: la
labró Enrique de Arfe.
P ara expresar la grandeza que Córdoba alcanzó
duranLe la dominación de los Califas, atribuyóle la
leyenda 200.000 casas, 89.000 palacios, 900 baílos
y 12.000 pueblos como arrabales. Córdoba ha sido
cuna de los dos Sénecas, Lucano, Ambrosio de Mo­
rales, Góngora, Alrnauxor y el Gran Capitán.
Cei“ca de Córdoba liene el Guadalquivir el Puente
deAlcolea, donde en 1S6S se libró la sangrienta ba­
talla que dió el triunfo á la revolución española y
abrió una nueva época en la historia contem poránea
de España.
El puente que tiene el Guadalquivir en Córdoba
es obra de los romanos; consta de 16 arcos, al lin
de los cuales, en el extremo opuesto á la pobla­
ción, está la antigua fortaleza denominada la Ca-
rraola, que recuerda las luchas que hubo que sos­
tener contra las demasías de D. Pedro el Cruel; la
puerta, que da acceso por el puente á la ciudad se
llama de Sevilla, y se atribuye al famoso arqui­
tecto Juan de H errera.
Entre los m onumentos notables de Córdoba, de­
ben mencionarse la iglesia de San Miguel, el Alcá­
zar viejo y nuevo con sus jardines, el Triunfo y,
especialmente, la legendaria torre llamada de la
Malniueria, situada entre las antiquísimas puertas
del Colodro y del Osario.
Córdoba es capital de la provincia de su nombre
y tiene una población de m ás de 56.000 habitantes.
— 150 —

tos v la esbelta custodia de plata, de estilo gótico del


tercer período, y tenida como uno de los mejores tra­
bajos de orfebrería que se conservan en Esparta: la
labró Enrique de Arfe.
P ara expresar la grandeza que Córdoba alcanzó
duranLe la dominación de los Califas, atribuyóle la
leyenda 200.000 casas, 89.000 palacios, 900 baílos
y 12.000 pueblos como arrabales. Córdoba ha sido
cuna de los dos Sénecas, Lucano, Ambrosio de Mo­
rales, Góngora, Alm anzor y el Gran Capitán.
Cei“ca de Córdoba liene el Guadalquivir el Puente
deAlcolea, donde en 1S68 se libró la sangrienta ba­
talla que dió el triunfo á la revolución española y
abrió una nueva época en la historia contem poránea
de España.
El puente que tiene el Guadalquivir en Córdoba
es obra de los romanos; consta de 16 arcos, al lin
de los cuales, en el extremo opuesto á la pobla­
ción, está la antigua fortaleza denominada la Ca-
rraola, que recuerda las luchas que hubo que sos­
tener contra las demasias de D. Pedro el Cruel; la
puerta que da acceso por el puente á la ciudad se
llama de Sevilla, y se atribuye al famoso arqui­
tecto Juan de H errera.
Entre los m onumentos notables de Córdoba, de­
ben mencionarse la iglesia de San Migue!, el Alcá­
zar \iejo y nuevo con sus jardines, el Triunfo y,
especialmente, la legendaria torre llamada de la
Malniueria, situada entre las antiquísimas puertas
del Colodro y del Osario.
Córdoba es capital de la provincia de su nombre
y tiene una población de m ás de 56.000 habitantes.
- 151 —

Desde antiguo es m uy celebrada su industria de


cuero y de platería.
L o ra del R ío, en la provincia de Sevilla, cerca
de los confines de la do Córdoba, rodeada de her­
mosos naranjales en la lera/, llanura que so exliendo
enlre el Guadalquivir y Sierra M orena: es capital
del partido de su nombre y cuenta una población do
unos 7.000 habitantes.

lleco nqnlsta de Sevilla.

S evilla, henchida también de m onum entos y re­


cuerdos históricos. Se halla emplazada en el centro
de una extensa llanura, á la m argen izquierda del
Guadalquivir, sobre el que tiene un gran puente de
hierro que la une con el populoso y afam ado barrio
de T riana.
— 152 —

Entre los monumentos arquitectónicos que atesora


esta. gran ciudad, reconquistada á los moros por San
Fernando en 1218, merece especial mención su ma­
jestuosa ú incomparable Catedral, con su esbelta

¡Ü

La Oimlds. de Ib Caledral do Sevilla,

torre la Giralda, que tiene fama universal: «Ha­


gamos una iglesia tal y tan grande que los que la
— 153 —

vieren acabada nos tengan por locos»; (al dijo uno de


los prebendarlos que idearon esta grandiosa Catedral
en 1401, que se levantó sobre el terreno que ocupó

P atío do la Casa do P ilatos, en Sa villa.

la Mezquita sevillana, de la que procede la Giralda,


que fué erigida por orden del Calila Yakub, segúo
en otro lugar decimos, en conmemoración de la
- Jó 1 —

batalla de Atareos; la poética Torre del Oro. en el


puerto mismo que en la ciudad andaluza tiene el
Guadalquivir; el A lcázar morisco, preciosa joya del
estilo árabe y mansión favorita del rey D. Pedro el
Cruel; el hermoso edificio de la Casa Lonja; el pla­
teresco que ocupan las Casas Consistoriales; el Acue­
ducto, llamado de los Cafios de Carmona; la linda
Casa de Pilatos; la primorosa fachada clcl Concento
de Santa Paula; el suntuoso Palacio de San Telmn,
y, en fin, la Cartuja, en donde se halla establecida
una gran fábrica de loza, son, enLre otros, edificios
quo atestiguan el esplendor de la ciudad que ha sido
cuna de tanto hombre ilustre, de los cuales sólo
citaremos á los insignes poetas Herrera y li.ioja, los
grandes pintores Murillo y Velázquez, y al insigne
historiador de Indias, l;'ray Bartolomé de las Casas.
Cerca de Sevilla, en Sautiponce, se hallan las rui­
nas de la tan afamada colonia romana, que recuerda
en su tan celebrada y conocida Canción Rodrigo
Caro (y no Rioja, como se ha creído por mucho
tiempo), y que empieza así:
listo s, F a b io , ¡ay dolor! cjiio ves a lio ru
C am p o s de so le d ad , m u stio collad o ,
F u e r o n un tium po Itá lic a lam osa.

A ella se refiere el valiente soneto del poeta sevi­


llano Pedro deQuirós, que empieza con cslecuarlelo:
IItálica! ¿Do o;-¡tásí T u lo za n ía
R en d id .i yaco a l fíolpo do los años:
¿Q uién ¡i la luz quo d a n tu s d e se n g a ñ o s
E n la .so m b ra veloz del tie m p o fía t

Itálica, edificada por Escipíón el Africano, fué


— 155 —

cuntí de los emperadores romanos Triija.no y Adria­


no, y de su grandeza y magnificencia apenas que­
dan seriales en las ruinas que hay cerca de Sevilla,
en las que todavía puede adm irar el viajero restos de
soberbio anfiteatro con sus galerías y gradas y de
las «termas regaladas»,
César rodeó de tuertes m urallas y dió el dictado de
Julia Romulea á Sevilla, acerca de cuya fundación
exisíen varias opiniones: unos la atribuyen al capi­
tán de los naturales, Dionisio Baco; otros á los he­
breos que trajo Nabucodonosor; otros á los griegos,
y otros, en fin, á Hércules Líbico y su hijo Hispan,
que le dió nombre. Esta última opinión se halla con­
firmada por la siguiente inscripción que se leía en la
puerta llamada., de Jerez de la renom brada ciudad
and alu za:
Hércules me edificó,
JulioCÓ3ÍJI’ me cercó
De muros y torrea
Y el San Lo Rey me ganó
Con Gaiví Pérez de Vargas.

Sevilla, que por tocios estilos es una ciudad m uy


hermosa, es la capital de su provincia; su renom­
brada feriase considera como la prim era de España,
así como sus procesiones de Sem ana S an ta: su po­
blación es de unas 148.000 almas.
S a n lú c a r d e B a rra m e d a , cabeza del partido ju ­
dicial de su nombre, con 23.800 habitantes (en la pro­
vincia de Cádiz), célebre por sus vinos, especialmente
ol Mamado manzanilla.
Se halla situada esta rica población, que circundan
hermosos jardines, en la izquierda del Guadalquivir,
— 15f) —

;i 2 kilómetros de su desembocadura, y en la barra


de este río tiene el puerto llamado de Bonanza. «De
estas riberas partieron las tres naves de Hernando de
M agallanes, y á ellas arribó Juan Sebasli&n Eloano
después de haber dado por primera vez la vuelta al
mundo».

III

Tiene el Guadalquivir m ás de 80 afluentes, de los


que son los principales:
El Guadalimar, que es el m ás importante de los
que recibe por la derecha. Nace en el Pico de Alme-^
liara, en la sierra de Alcaraz y junto al río Mundo;
con . poco caudal y largo curso, , term ina cerca de
Baeza, después de recibir las aguas del Guadar-
m ino. E n las épocas griega y rom ana se consideró
el Guadalim ar como rio principal del valle.
Baeza es cabeza del partido de su nom bre, con
una población de unas 14.000 almas; su Instituto
ocupa el edilicio de la antigua Universidad.
El Guadiana menor, que vierte sus aguas por la
izquierda del Guadalquivir, cuyo caudal aum enta,
acrecentándolo después el citado Guadalimar. Tiene
su origen el Guadiana m enor en la Sierra de Baza,
y por su largo curso ha sido considerado cómo el
verdadero Guadalquivir. Le envían sus aguas, por la
derecha, el Guardes (dicho también Grande y B a r*
bata), y por la izquierda el Fardal, ó rio de Giiadix,
los que, con el de Baza, son los que realmente for­
man la parle principal de su corriente.
El G u a d a jo z, de largo curso,que vierte sus aguas
— 3 57 —

por la orilla izquierda clel Guadalquivir, :V unos 10


kilómetros de Córdoba. Fecunda el Guadajoz los
campos de varias poblaciones, como Castro del Rio,
cuyo terreno es feraz, y Espejo (ambas cordobesas)
y ceñido de frondosas alam edas y cultivos de g ran
riqueza, atraviesa un llano limitado por montes,
entre los que descuellan el cerro en que se asentó
Castro el Viejo y la eminencia que se cita en los Co­
mentarlos de César con el nom bre de Campo de Por-
trtniio.
Castro del Río es cabeza del partido judicial de s u '
nombre, al que pertenece Espejo: la prim era de
estas poblaciones tiene 11.800 habitantes y la segunda
unos 6,000.
El Genil, al que se une el D a rro cerca de G ra­
nada. Ambos ríos besan el pie de las m urallas de la
herm osa ciudad, en cuyas puertas se junlan y cuyos
deliciosos contornos fertilizan, formando esa vega
cuyo paisaje se ha comparado tantas y tantas veces
con el de Damasco, De ól se ha dicho que es «el
cuento de los viajeros y la conversación de las vela­
das»... «que Dios tendió como un tapiz sobre un llano
que surcan los arroyos y los rios»... «donde no hay
espacio alguno desolado ni yermo hasta el mismo
límite donde las abejas tienen sus colmenas».
Granada, capital de- la provincia de su nombre,
con unos 76.000 habitantes, es la población principal
de las que bafia el Genil, por lo que debemos decir
algo de ella.
Recostada en la espaciosa falda septentrional do
Sierra Nevada, il lo largo de dos colinas separadas
por profundo y ameno valle, con un ambiente puro
y de herm osa luz abrillantada por la blancura que
refleja aquella sierra de perennes nieves, con sus
abundantes aguas, su risueña vega y sus am enísi­
mos vergeles; con sus cárm enes llenos de «pensiles
cubiertos de verdura siempre fresca y aromática», v,
en fin, con su soberbia Alhambra, verdadero. pro­
digio de la graciosa y brillante arquitectura árabe,
y con su Gcncralije de encantadores jardines, pobla­
dos de multitud de variadas flores, fuentes, estan­
ques y cascadas, Granada, la escogida de los Alba-
m ares, es merecedora de los dictados de «Edén»,
«granada de rubíes», «corona de rosas salpicada de
rocío», «gacela de los jardines» y «estrella del medio­
día»; «Fuente que se derram a», «la ciudad m ás her­
mosa que el sol alum bra», «vergel amenísimo», etc.,
etc., con que celebran sus encantos los escritores
orientales, á los que pertenece también el siguiente
párrafo:
«Hay allí tal abundancia de aguas, que desbordán­
dose á torrentes de los estanques y alboreas, forman
en las pendientes arroyos y cercados cuyo sonoro
m urm ullo se siente á larga distancia. Rodean el
muro de aquella población (Granada) dilatados ja r­
dines propios del Sultán, y arboledas frondosísi­
m as, brillando como astros, á través de su vei'de
espesura, las blancas alm enas. No hay, en fin, en
torno de aquel recinto espacio alguno que no esté
poblado de jardines, de cárm enes y de huertos».
No puede hablarse de G ranada sin al punto recor­
dar la hermosa Leyenda que para celebrarla compu­
so el insigne vate José Zorrilla, el gran cantor de
nuestras tradiciones populares, y á quien G ranada
Patio da los Loemos, en 1& A¡h*mbra.
— 160 —

recompensó dándole,' en cambio de aquella valiosa


joya literaria, los herniosos laureles con que ornó
sus sienes al coronarlo de la m anera fastuosa que lo
hizo en la misma ciudad.
G ranada, en lo antiguo Ébora, tiene,-com o las
otras capitales andaluzas de que hemos tratado, un
origen remotísimo que por lo mismo es imposible
determ inar: según el Rey Sabio, fué fundada por
Pirro ó Pirros y su esposa Iberia, hija del rey His­
pan; otros achacan al patriarca No 6 la fundación
de esla ciudad, a. la que dió el nombre de Cruna,
m ientras que 110 falta quien la atribuya á Hércules ó
Hespero; por último, los Arabes han dichoque G ra­
nada filó construida por los hebreos, de cuya opinión
participa Arias Montano, según el cual ese nombre
proviene de granad, que quiere decir ciudad de los
peregrinos.
E 11 la suntuosa catedral de Granada yacen los
restos de los Reyes Católicos, quienes con la toma
en 1492 de ciudad tan preciada y tan llorada por los
musulmanes, último reino de los moros en España,
coronaron grandiosamente la obra inmortal de tantos
siglos de épicas luchas y de héroes y hechos legen­
darios á que la historiada el nombre de Reconquista
española.
Yol vamos al Genil y al Darro. El primero, llamado
también N ilo español ó M il Arilos (el Xenil de los
árabes), se origina en Sierra Nevada y silio deno­
minado Corral de la Veleta, según-la-opinión m ás
general, y, según otros, en la L aguna L arga, al
lado del Mulbacen; y el segundo, cuyas arenas
llevan oro, es terrible por sus inundaciones, con Jas
— 1C1 —

que más de una vez lia pueblo en rluro trance ú la


población que atraviesa ¡mies de su unión con el
Genil, de donde viene este caular:

Pensamiento tiene llirro


De fasuiy.* con G enil,
Y 1c lia ilo lle v a r e n dote
l'lüi/.ti n u e v a y Za<’¡itiu.

Al Genil, que es uno de los pocos ríos que en Es­


paña tienen fuentes de alimentación permanente,
debe Granada las ventajas de que «por sus copiosas
y deleitables aguas, su tierra admita una siembra en
pos de otra y dé unos pastos Iras otros durante el
ano». Estas aguas, lan fértilizadoras, surten las
acequias que construyeron los moros para el riego
de la vega.
El Genil, que desde su origen forma una larga
serie de rápidos y á poco de él una bonita cascada,
con una herm osa vista de la Alcazaba en el fondo,
eorre luego entre lindos pueblecillos y desemboca en
el Guadalquivir por la orilla izquierda, junto á Pnl-
m ri del Rio (en la provincia de Córdoba, partido de
Posadas, con cerca de 8.000 habitantes), después de
pasar por poblaciones tan importantes como éstas:
Suniaffí (cabeza del partido de su nombre, en G ra­
nada, con unos 6.501) habitantes), fundada por los
Reyes Católicos durante el silio de G ranada y con
ocasión del fuego que destruyó el campamento del
ejército cristiano; Lnja (también en esa provincia y
cabeza del partido de sil nombre, con más de líXOOQ
almas), situada en profundo y delicioso valle, en el
que se contemplan los vistosos paisajes conocidos
por los «Infiernos de Laja»; B em m eji y Puente
Genil (en la provincia da Córdoba), con 4.600 y
13.000 habitantes respectivamente, v, por último,
Ecija (en la de Sevilla), llamada «la sartén de A n­
dalucía», por el calor que hace, no obstante hallarse
situada en alegre y pintoresca cañada y haber en su
término m uy frondosas huertas- ficija es cabeza del
partido de su nombre y tiene m ás de 23.000 habi­
tantes.
Tanto como £1 Granada celebraron los autores
árabes el Genil, que describen con símiles é hipér­
boles brillantísimos, con todas las pomposas galas de
la poesía oriental. He aquí» por vía de m uestra, una
de esas descripciones:
«Las aguas del río, semejantes ¿Lun brillante di-a­
gón que al m order las colinas de su ribera dejaba
salpicadas sus frentes, que engendraba á su paso,
por derecha y por izquierda, las serpientes de num e­
rosos arroyos, y que cenia el cuello de la ciudad con
un collar de pintadas guijas semejantes á preciosas
perlas, dejando la tierra cubierta con un verdor que
daba envidia al vergel del cielo, á las flores desnu­
dando sus dientes con suave sonrisa y mostrando,
en fin, la vidadel mundo con todas sus seducciones».
El mismo autor dice del Genil, que es «un río que
se derram a desde los collados sobre la Alham bra
con un ímpetu semejante al de los peregrinos que
bajan del monte Aratat», y que «cuando corre con
velocidad semeja una espada aguda y bruñida, y
cuando detiene sus giros una ancha arm adura».
EL SIEGKU'IR/.A.

Por la longitud de su curso, de 226 kilómetros,


es este río el octava de los nueve que consideramos
como principales ele España. Nace el Segura en la
elevada, asperísima y casi intransitable Sierra de su
nombre (de la Cordillera Ibérica), en la provincia
de Jaén; y después de correr en ella por un valle
m uy escabroso y lleno de bosques, atraviesa las
provincias de Albacete, Murcia y Alicante, en la
que desagua en el Mediterráneo por G uardam ar,
entre el Cabo Cervera y el de Santa Pola.
El Segura es un rio de curso tortuoso, que en su
parte superior ofrece desfiladeros notables, como los
del Infierno y Peñas Horadadas. Después forma una
serie de salvajes gargantas, especialmente la angos­
tura de los Almadenes, donde tiene 200 varas do
profundidad y unas 4 de anchura. Esto no obstante,
en sus ásperas cuencas hay hoyas fértilísimas y en
el fondo de sus valles y al pie de m ontañas m uy
áridas, existen vegas m uy productivas y centros
de población de relativa importancia. Al e n tra re n
el llano abierto, es causa de la teriilidad incompa­
rable, de la amenidad y de la densidad de población
— 1C4 —

de Ias dos renombrarlas huertas de Murcia y Ori-


huela.
De la fertilidad que ofrecen las comarcas que atra-
viesii el Segura, 110 obstante las condiciones poco
favorables para ello de gran porción de su curso,
son causa, de una parte, la abundancia de aguas que
corren por aquella región que, á veces, recibe el Se­
gura en forma de impetuosas corrientes, y de otra, el
núm ero considerable de acequias que desangran esle
rio y se iilili^m para el riego. El Segura es uno de
loslrios de que los españoles sacan m ás partido para
beneficiar los campas. A una y otra circunstancia
se debe que, cual antes indicamos, haya vegas
fértiles y poblaciones de la importancia de Calaspa-
rra, Cie/.a, V eda y Cara vaca, al pie de m ontanas
áridas, que apenas ofrecen olra vegetación que
enanas y descoloridas matas de esparto.

II

lín su curso baña el Seguía varias poblaciones,


de las cuales deben mencionarse aquí, por su m ayor
importancia, las siguientes que, por otra parle, son
las en cuyos términos se aprovechan más y m ejor las
aguas de aquel río :
Oieza, cabeza del partido judicial de su nombre
(13.6IX) habitan les), en la provincia de Murcia. Se
halla situada esa población en una herm osa planicie,
que casi convierte en península el Segura, que lame
sus m uros. En Cieza da sus aguas el Segura á cua­
tro grandes acequias que fertilizan aquella huerta,
y continúa luego fecundando el pintoresco valle de
— 3G4 -—

tle I:l-S dos renombrarlas huertas de Murcia y Ori-


huela.
De la fertilidad que ofrecen las comarcas que atra-
viesii el Segura, 110 obstante las condiciones poco
favorables para ello de gran porción de su curso,
son causa, de una parte, la abundancia de aguas que
corren por aquella región que, á veces, recibe el Se­
gura en forma de impetuosas corrientes, y de otra, el
núm ero considerable de acequias que desangran esle
rio y se iilili^m para el riego. El Segura, es uno de
loslríos de que los españoles s acan m ás partido para
beneficiar los campos. A una y otra circunstancia
se debe que, cual antes indicamos, haya vegas
fértiles y poblaciones de la importancia de Calaspa-
rra, Cie/.a, Yecla y Cara vaca, al pie de m ontanas
áridas, que apenas ofrecen otra vegetación que
enanas y descoloridas matas de esparto.

II

En su curso baña el Seguía varias poblaciones,


de las cuales deben mencionarse aquí, por su m ayor
importancia, las siguientes que, por otra parle, son
las en cuyos términos se aprovechan más y m ejor las
aguas de aquel río :
Oieza, cabeza del partido judicial de su nombre
(13.6IX) habitantes), en la provincia de Murcia. Se
halla situada esa población en una herm osa planicie,
que casi convierte en península el Segura, que lame
sus m uros. En Cieza da sus aguas el Segura á cua­
tro grandes acequias que fertilizan aquella huerta,
y continúa luego fecundando el pintoresco valle de
— 105 —

Ricote, cubierto de uti verdadero bosque de árboles


frutales, entre los que sobresalen el naranjo y el
limonero, que en el país constituyen la m ás copiosa
fuente de riqueza. A la conclusión de es'.e valle se
hallan los renom brados bailas medicinales de A r-
chcna .

M urcia, capital de la provincia y del antiguo reino


de este nombre, con 111.700 habitantes próxim a­
mente. La feracidad de su término contrasta sobre­
m anera con la aridez de las m ontanas vecinas. Se
halla situada Murcia en el centro de herm osa y feraz
huerta, y divídela el Segura, el cual serpentea por
entre millares de m oreras que pueblan la campiña
que dicho rio fecunda, mediante multitud de acequias
que reparten por aquellos campos la savia, á la m a­
nera que las arterias distribuyen por el cuerpo h u ­
m ano la sangre de que se nutre. E s notable en M ur­
cia la torre barroca, de 140 metros de altura, que
tiene su catedral, en la que hay m uy artísticas capi­
llas y valiosas esculturas de Saltillo.
O rih u ela , cabeza del partido de su nombre (con
28.500 alm as), en la provincia de Alicante, «ciudad
episcopal, célebre por haberse pactado en ella el re­
conocimiento del reino de Teodomiro en el año 713
de nuestra era, asi como por la participación que lo­
m aron sus habitantes en las famosas germ anías de
principios del siglo xvi y en la causa del pretendiente
austríaco en los del xviu». Tanto como la de M urcia
es feraz la huerta de Orihuela, que también fecunda,
m ediante numerosos canales de riego, el Segura,
que asimismo atraviesa la ciudad. La vegetación de
esta deliciosa comarca es exuberante, gigantesca, y
— 166 —
consiste principalmente en m oreras, naranjos y li­
moneros, entre los que se elevan gallardas multitud
de palmeras, las cuales contribuyen ’á aum entar la
gracia y el encanto del paisaje. L a fertilidad del
terreno ha motivado este proverbio: «Llueva ó no
llueva, trigo á Oriliuela».
Después de esta ciudad se hallan las orillas del río
sembradas de bonitos pueblos y cortadas por multi­
tud de acequias, las cuales tienen su desagüe eu la
Albufera de Elche, en cuyo vasto depósito se^unen
las aguas del Segura con las de Vinalupó. No faltan
en Orihuela edificios notables, por ejemplo, la cate­
dral, el palacio episcopal y el seminario.

III

De los varios ríos que tributan sus aguas al Segu­


ra, los principales son los dos siguientes :
El MundO; que procede de la Sierra de Alcaraz,
teniendo sus fuentes junto á las m inas de cinc de
Híopar, V corriendo desde un principio en dirección
casi paralela al Segura, afluye á este río por la
orilla derecha por Líctor ó Isso. El Mundo, que es
el primero de los afluentes del Segura, pasa no lejos
de H ellin, la segunda población de la provincia de
Albacete y cclebre por su ricas m inas de azufre,
situadas cerca de la confluencia de ambos ríos.
Hellín es cabeza de pulido de su nombre, y cuenta
con una población de m ás de 12.700 almas.
El Sangonera, ó la Rambla Sangonera, como
también se dice, que en su origen se forma prin­
cipalmente de dos ríos: el María, que nace en las
— ] 07 —

faldas septentrionales de la Sierra de su nombre, y


el V éle/, que, procedente de la misma Sierra, pasa
por VtHcz Rubio. El Sangonera lxiiia á la antigua
liareis, es decir, á Lorca, en cuya inmediaciones
murió Escipión vencido por Aníbal (212); ciudad
importante, con una vega de tierra feracísima, pero
talla de agua, la cual se suministraba antes por el fa­
moso pantano de Puentes, que ha causado innum e­
rables desgracias á. la ciudad. Cerca de Lorca, en la
cúspide de la Sierra del Caño, en cuya falda meridio­
nal se asienta la población, hay un castillo, y en el
recinto de éste existe la notable Colegiata de San Pa­
tricio, celebrada tanto como por su mérito artístico,
por la valentía de su construcción. Después de regar
á Lorca pasa el Sangonera por cerca de Toiana,
yendo á desembocar en el Segura, no m uy lejos de
Murcia.
Vélez Rubio es cabe/a del partido de su nom ­
bre (con m ás de 10.100 habitantes), eu la provincia
de Almería; tiene un valle delicioso, en su m ayor
parte plantado de viñedo. Lorca y Totana son tam­
bién cabezas de los respectivos partidos judiciales en
la provincia de Murcia, teniendo una población de
69.900 alm as la prim era, y de 13.700 la segunda.
De los otros afluentes del Segura merece especial
mención, dejando aparte otros (el Muía y el Quí-
par, por ejemplo), el O a ra v a e a , que tiene su ori­
gen en la provincia de G ranada, no m uy lejos de la
Puebla de Don Fadrique, y pasa por la antiquísima
villa de su nombre, que perteneció á los Templarios,
y luego á la orden de Santiago. Después de regar
este rio, que también se le denom ina Argos, la
— 1GS -
huerta de Caramen, sigue á fecundar la de Cehogin,
y más larde la de Calasp'trra, por un valle estrecho,
pero en una buena parte fértil y bien cultivado.
Las tres poblaciones nombradas corresponden ¿í
la provincia de Murcia; Cara vara, con 15.800 habi­
tantes* es cabeza del partido judicial que lleva su
nombitj, al cual pertenecen Cehegín, con más de
11.500 habitantes, y Calaspnrra, con unos 6.500.
«La cuenca del Segura fue el prim er abrigo de los
fugitivos de la jornada del Guadalete, que tunda ron
el reino llamado de Teodomira, reconocido primero
por Abdalazid al pÍ3 de los m uros que defendían las
m ujeres de Orihuela, y poco después incorporado al
Califato de Córdoba. L'.u la Reconquista, y dueños los
reyes cristianos de aquel vasto territorio, t'uó s a n ­
griento teatro de las irrupciones de los granadinos,
que á él llevaron la prim era artillería de que haya
memoria en Europa, y que sólo cesaron en sus
correrías cuando Fernando ú Isabel conquistaron la
ciudad de Baza».
Como antes quedó dicho, el recocimiento del
reino de Teodomiro ó de Todnitr, tuvo lugar a prin­
cipios del siglo vru, en Orihuela, de donde se vió
obligado á retroceder Teodomiro (uno de los que con
m ás bríos pelearan en la famosa jornada que lleva
el nombre del Guadalete), después de haber í'esislido
tenazmente en Cazorla y Segura, En Orihuela le al­
canzó otra suerte, merced, en parte, á la estratagema
de que se valió, arm ando á las m ujeres disfrazadas
de hombres, para abultar ante el enemigo el número
de los defensores de la población. Ello es que Abda-
lazid tuvo que avenirse á una capitulación (Abril
— 1G'J —

ele 713), por la que Teodomiro quedaba reconocido


como jete ú rey de las siete ciudades de Orí huela,
Valencia, Alicante, Lorca, Muía, liricaret y Aspir.
El reino de Toclinir dejó de figurar eu 779, en que
quedó incorporado al gran Califato de Córdoba, rei­
nando el vicioso y cruel Haken 1.
lEED «TTÍrQJ^IR,

Los árabes llamaron á este río G tlad-el-X ttcar,


que quiere decir Río de la piala .
El Júcar, que por la longitud de su curso (511 ki­
lómetros) es el sexto de los ríos principales de E s­
paña, nace en las pendientes occidentales de la Sie­
rra de Albarracíu, por la parte septentrional de la
provincia de Cuenca; sus Fuentes, que son abundan-
lea, se encuentran no m uy lejos de las que dan ori­
gen al Tajo, Después de por dicha provincia pasa el
Júcar por la de Albacete, y luego por la de Valen­
cia, desaguando en el Mediterráneo por debajo del
puente de barcas que hay en Cullera y al pie de las
rocas que forman el cabo de este nombre.
Corre el Júcar al principio por terrenos asperísi­
mos, entre macizos irregulares, y después, sobre
todo cerca del m ar, por planicies de suelo igual ó
poco accidentado; de aquí que el carácter torrencial
que le distingue en la prim era parte lo pierda en la
segunda, especialmente al desem bocaren la ribera.
Pero, ora corriendo con impetuoso torrente, ora des­
lizándose m anso y apacible, fertiliza extensas regio­
nes, y con frecuencia deshace su obra fecundadora
— 171 —

devastando, al salirse de m adre, lo mismo que antes


beneficiara.
Porque el Júcar es el río de las grandes inundacio­
nes. En el pasado siglo originó hasta diez y odio,
algunas de ellas verdaderamente extraordinarias y
lodas terribles. L a poca fuerza de su cauce, que con
frecuencia lo abre nuevo, es motivo para que el
Jú car lo mismo dé que quite terreno en sus desbor­
damientos,
A pesar de esto, el Júcar es uno de los ríos m ás
útiles á la agricultura: sus aguas riegan unas 72.000
hectáreas de terreno, y son aprovechadas al punto
de que el cauce de ellas aparezca seco antes de
afluir al m ar. Débese esto á las sangrías que hacen
al rio, particularm ente en la época del cultivo del
arroz, las acequias de Villanueva de Castellón, An-
tilla, Carcagente, Real del Júcar y otros canales de
riego. Si todos nuestros ríos se aprovechasen del
propio modo que éste, el Segura y el Turia, otra sería
la suerte de nuestra agricultura y el estado econó­
mico de nuestro país.
«La gran acumulación de depósitos arenosos ha
rellenado la canal inferior del Jú c ar en tales térm i­
nos, que lio y sólo la cruzan pequeñas lanchas. No
hace m uchos siglos que el Jú car pasaba con aguas
abundantes por Cullera y desembocaba en el m ar
con profundidad bastante para que cuando las ave­
nidas 110 cerraban las bocas, llegaran las naves husla
dicha villa, que servía de puerto de invierno ¡i las
escuadras aragonesas».
n

L as poblaciones principales por que pasa el Júcar,


son :
Cluenca, que es la capital de la provincia de su
nombre; su población de unas 10.700 almas. Ocupa
esla ciudad una posición, casi en el centro de la pro­
vincia, por extremo original y excepcionalmente
pintoresca, en lo alto de una roca que se recorta á
pico sobre las dos profundas y estrechísimas g argan­
tas ú hoces, por donde corren el Júcar y el Huócar,
que se unen á su pie, y dominada por tres altos picos.
Fundada, .según algunos, por Lesbos, dió nombre á
los pueblos lobetanos, y se llamó por su fundador
Concaca■ó Con cana, que quiere decir concha retor­
cida, por razón de su forma. Posee Cuenca una
buena catedral gálica, de cuyo crucero es proverbial
la magnificencia.
A lcira, cabeza del partido judicial de su nombre
(unos 20.000 habitantes), y de las prim eras poblacio­
nes de la provincia de Valencia. Se halla situada en
el centro de la especia de isla formada por el Júcar
y en medio de vasta y feraz llanura, llamada por su
belleza el jardín de Valencia. L a fertilidad prodi­
giosa de esta campiña, en la que se cosechan con
abundancia el arroz y la naranja, se debe en gran
paile á la magnífica acequia denominada Real de
Alcira, obra del rey D. Jaime, aum entada reciente­
mente con la del Nuevo Proyecto; tiene esta acequia
quince puentes, y de ella se originan m uchas otras
acequias peqúefias, mediante las cuales se riega la
huerta toda de Alcira, desde Antello hasta el m ar, en
la izquierda del Júcar, de cuya agua se surte.
C u llera, de la misma provincia que Alcira, y
cual ústa produce gran cantidad de arroz y se halla
poblada de verdaderos bosques de naranjos. Como
ya se ha dicho, por esta población vierte el Júcar sus
aguas al Mediterráneo. Cullera pertenece al partirlo
judicial de Suepa, siendo su población de 12.000 ha­
bitantes próximamente.

III

El O abriel es el principal de los afluentes del Jú­


car, que tíone pocos y de escasa importancia. Pro­
viene ese río de los Montes Universales (en la Cor­
dillera Ibérica), y con un cauce estrecho y firme,
con altísimos escarpes verticales en sus orillas y con
un curso tortuoso por la multitud do recodos que
forma, vierte sus aguas en el Júcar por la orilla
izquierda, poco después de haber traspasado este río
la provincia de Albacete.
El M u g ró n ó R a m b la d e A lg e m e sí afluye tam­
bién at Júcar por la orilla izquierda por bajo de Al-
cira, ya mencionada. Nace este rio en el Pico lia-
nera, y pasa por Uticl y Requena, poblaciones im­
portantes donde ss cultiva en abundancia y coi i es­
mero la vid, y últimamente por Algemesí, en cuyo
término vierte sus aguas en el Júcar.
Las tres poblaciones que acaban de nombrarse
pertenecen & la provincia de Valencia. Requena
— 174 —

(16.200 habitantes) es cabeza del partido judicial de


su nombre, al cual corresponde Uliel, de unas 11-600
almas. Algemesí es del partido de Alcira y tiene
unas 8.000 alm as, y de notable una esbelta y ele­
gante torre de 50 metros de altura, que descansa so­
bre la puerta principal, sin otra base ni punto de
apoyo.
EXj tttdrxa.

Además de este nombre, que quiere decir Rio


Blanco, recibe esle río el de Guadalaviar, del pue­
blo junto al cual tiene su origen. Con este nombre
os m ás conocido hasta Teruel, y desde esta población
á su desem bocadura, con el de Turia.
El Guadalaviar ó T uria nace en Ja falda oriental
do la Sierra de Albarracín, en la Muela de San
Juan, en aquella parte de los Montes Universales por
donde tienen su origen el Tajo, el Júcar y el Gabriel,
Desde la provincia de Teruel, que riega en buena
parte, penetra en la de Valencia, donde tiene el salto
y desfiladero de Chulilla, para desaguar en el Medi­
terráneo, por el Grao de Valencia. El curso del
T uria es de 215 kilómetros, por lo que al respecto de
la longitud figura este río en el último lugar de los
nueve considerados como principales.
Tiene el Turia muchos puntos de semejanza con el
Júcar. Como él, corre al principio por terrenos es­
pesísimos, entre angosturas y macizos irregulares,
y luego, cerca del m ar, por planicies de suelo igual
y poco accidentado. Después de Teruel, por donde
forma estrecho valle, corre el Guadalaviar en la
— JTG —

provincia, de Valencia censado por ásperos montes,


y forma el estrecho de Chulilla, do 150 metros de
profundidad y unos 20 de anchura, y con m uros ver­
ticales, por los que tienen que descolgarse los hom ­
bres para rom per los atascos que forman los maderos
que bajan á Valencia por el río, que en dicho desfila­
dero y después corre realmente acanalado. Por úl­
timo, desde los términos de Lil ia, se desliza el Turia
por feraz llanura, cubierta de riquísima vegetación.
Pero la, semejanza m ás digna de notarsede las que
hemos dicho que hay entre el Júcar y el Turia, con­
siste en el aprovechamiento que de las aguas de este
río se hace para el riego de los campos, al punto de
quedarse casi seco en verano antes de llegar á V a­
lencia. Porque, en efecto, aquella feracísima huerta
resulta «regada por innum erables canales y acequias
construidas por los árabes con la m ayor inteligencia.
Son ocho : cuatro por cada orilla del Turia, al que,
en veranos calurosos, dejan sin agua. Los d é la de­
recha riegan 17 pueblos de la huerta, y los de la iz­
quierda 37, cercados por* todas partes de las acequias
y las innumerables hijuelas que se desprenden de
ellas, para, además, mover uu núm ero m uy grande
de molinos harineros». Las sangrías de semejante
modo hechas ni Turia, derram an por los campos
valencianos, en millares de hectáreas, la savia que
los nutre, haciendo de ellos una de las regiones m ás
femees y m ás productivas de España, á lo que con­
tribuye sobrem anera el persistente esmero de un
cultivo realizado con m ucha inteligencia.
II

De las poblaciones por cuyos términos corre el


Guadalaviar ó Turia, requieren especial mención las
dos siguientes, cuyos m uros lame :
Teruel (unos 10.700 habitantes), capital de la pro­
vincia de su nombre, y, según dijera el inspirado
autor de Los Amantes de Teruel,
Ciudad que ayer se fundó
Del Turia en la fresca orilla.
Cuyos muros, enlre horrores
De guerra atroz levantados,
Fueron con sangre amasados
De sus fueries pobladores.

Teruel lia representado un gran papel en guerras


antiguas y m odernas, lo mismo en las de los rom a­
nos, y especialmente en la de Num ancia, que eu la
de la Independencia á principio del siglo xix, y las
civiles originadas posteriormente. Se halla situada
Teruel en considerable altura, y entre sus m onu­
mentos descuella un hermoso acueducto de 50 me->
tros de elevación y dos pisos. Es notable, además,
la torre árabe de San Martin, que por su pie abre
paso á la ciudad con pintoresca osadía. En la iglesia
de San Pedro se conservan las momias de los famo­
sos Amantes, Diego Marsilla 6 Isabel de Segura, tan
cantados por la poesía, y que tan popular han he­
cho el nom bre de Teruel.
Valencia, que también es capital de la provincia
de su nombre, con m ás de 215.000 habitantes. Ocupa
esta ciudad, considerada como la tercera de España,
— 178 —

una situación que, sin disputa, es la mus privilegiada


de todo nuestro litoral. Merced á la m anera como,
según ya se ha dicho, se aprovechan las aguas de su
río, no sólo se sostiene aquella tíin bella, rica, fera­
císima y m uy variada huerta, sino que se lia hecho
de Valencia un encantador vergel, un dilatado y
amenísimo jardín, debiéndose á ello que sea consi­
derada como la reina de lasJlores la herm osa y poé­
tica ciudad del Turia. Á pesar de cercarla m ontañas
ó páram os elevados, su vega, de valor incalculable,
es fértilísima y produce en abundancia m uy variados
frutos.
Entre los num erosos.m onum entos que guarda
Valencia en su recinto sobresale la catedral, de cons­
trucción rom ana, con su gran cam pana de las horas
en la famosa torre ochavada dicha Miguelcte (M i-
calei), de 45 metros de altura : 207 esfcalones hay
hasta la plataforma, desde la cual se contempla en
todo su esplendor el magnífico y variado panoram a
que ofrece la herm osa vega valenciana. L a notable
basílica de Valencia posee m uchas reliquias, entre
ellas, según la tradición, el mismo cáliz en que Jesús
dió de beber á sus discípulos la memorable noche de
la cena; y en una de sus puertas (la denom inada de
los Apóstoles), se reúne todos los jueves el famoso
Tribunal de las Aguas, que verbal y sucesivamente
decide, sin otra intervención, cuantas cuestiones se
originan en la huerta con motivo de los riegos. Sin
contar algunos otros templos (el de San Bartolomé,
que fué basílica en tiempo de Constantino, y la ca­
pilla de Nuestra Señora de los Desamparados, por
ejemplo, con sus herm osos frescos pintados por Pa-
loinino), recordaremos estos otros monumentos de
los que Valencia atesora: la Lonja ele la Seda, sun­

tuoso edificio gótico, ricamente adornado y arleso-


iiado; la tachada plateresca del p la c ió del Marqués
— ISO —

de Dos Aguas, y el palacio de la Audiencia, del


orden dórico, donde se conservaba la espada del
rey D. Jaim e, conquistador de Valencia, con las
llaves y el pendón de la ciudad, que hoy están en
las Casas Consistoriales. La fábrica de Cigarros, la
Universidad y varios asilos de beneficencia son tam ­
bién dignos de mencionarse por el mérito de los edi­
ficios que ocupan.
Valencia es cuna de muchos preclaros varones,
entre los que se e n cu en tran : San Vicente Ferrer,
los poetas Gil Polo v Cristóbal de Virués, el gran
filósofo Luis Vives y Juan de Juanes, fundador de
lina de nuestras m ás afam adas escuelas de pintura.
Este arte, como el de la escultura y la poesía, se han
cultivado siempre con éxito en la bella ciudad del
Turia, que ya en los tiempos de Roma gozaba de
im portancia: César la hizo colonia de derecho itá­
lico, y Junio Bruto transportó á ella los lusitanos
que sirvieron á las órdenes del famoso Viriato, te­
rro r y asombro de los rom anos.

III

El A lfa m b ra es el afluente de alguna considera­


ción que recibe el Guadalaviar ó Turia. Nace en la
Sierra de Gudar (ramal de la Cordillera Ibérica), y
remontándose hacia el Norte en forma de un semi­
círculo prolongado, desciende por el Oeste hasta
Teruel, por donde vierte sus aguas al Turia. Corre
precipitadamente al principio por entre asperísimos
m ontes, y luego por dilatada vega.
— 1SI —

Por esta vega, en término do Concud, y como á


una legua de Teruel, se encuentra el osario llamado
de las Calaveras, que tanto ha excitado la curiosidad
de los sabios, y que sirvió al P. Feijóo do asunto
para sus Cartas eruditas.
EL EBBO

Esle rio es el segundo de España por la longitud


de su cui'so (928 kilómetros), y el primero por la ex­
tensión de su cuenca y la importancia militar de su
linea, que sirvió de división entre la España Citerior
y la Ulterior de los romanos. Llamóse en lo antiguo
Ibero (de ir, caliente, y bero, agua), que quería sig­
nificar Rio de agua caliente, y, como se ve, hadado
nom bre A Ja Península ibérica, 110 obstante que,
cual acontece A la Cordillera que lleva este mismo
nombre, es exclusivamente español.
A unque no falla quien señale el río H ijar como
origen del Ebro y haya otros que vean este origen
en Las Fuentes de Kenlosa, considéranse como las
fuentes v e n a d e ra s de dicho gran río los pozos de la
dehesa de la Guardia, en Fontihre, provincia de San­
tander, A unos 6 kilómetros del citado Reinosa, don­
de m anan abundantes las aguas, merced á las nieves
que hay casi todo el ano en los elevados macizos ó
páram os en que tiene el río su origen.
Durante su largo curso, corre el Ebro por las
provincias de Santander, Burgos, Logroño, N ava­
rra, Zaragoza y T arragona: las de Álava y Huesca
alcanzan algo de sus riberas. Desemboca el Ebro en
— 183 —

el Mediterráneo por el gran delta de los Alfaques


(cerca de San Carlos de la Rápita, eu la d iad a pro­
vincia de Tarragona) y por diferentes bocas que for­
man la isla de liúda. Al desem bocar se hace tan im­
petuosa su corriente, que divide las aguas del m ar,
entre las cuales forma por largo trecho un canal de
agua dulce. ,
Se considera dividido el Ebro en tres secciones :
la superior, desde sus fuentes á M iranda; la media,
desde esta población, d Zaragoza, y la inferior, desde
aqui á su desembocadura.
En la prim era sección corre el Ebro por entre
asperezas y profundos barrancos, por un valle ce­
rrado unas veces eu angosto desfiladero, y otras
m ás ancho, hasta que entra en el valle poco acci­
dentado de M iranda. En la segunda, recorre un
terreno m ás llano, pero bajo, monótono, árido y
triste, sobre todo desde que por Tudela deja el alto
valle y entra eu la llanura aragonesa; en esta segun­
da sección recoge el Ebro las aguas de varios afluen­
tes, con lo que toma el aspecto de un río caudaloso,
y de ello proviene este adagio: Arr/a,. Ega y Aragón
hacen al Ebro varón. En la tercera sección recorre
un espacioso valle hasta M equinenza, desde donde
se halla obstruido por num erosos obsUlculos su
curso, que tiene que atravesar hasta Tortosa g ran ­
des desfiladeros.
En la primera parle apenas pueden aprovecharse
para el riego las aguas del Ebro; en cambio en la
segunda se utilizan casi en su totalidad con ese ob­
jeto, merced á canales y num erosas acequias; en la
última parte sólo se emplean esas aguas para mover
— 183 —

el Mediterráneo por el gran delta de los Alfaques


(cerca de San Carlos de la Rápita, en la d iad a pro­
vincia de Tarragona) y por diferentes bocas que for­
man la isla de liúda. Al desem bocar se hace tan im­
petuosa su corriente, que divide las aguas del m ar,
entre las cuales forma por largo trecho un canal de
agua dulce. ,
Se considera dividido el Ebro en tres secciones :
la superior, desde sus fuentes á M iranda; la media,
desde esta población, d Zaragoza, y la inferior, desde
aqui á su desembocadura.
En la prim era sección corre el Ebro por entre
asperezas y profundos barrancos, por un valle ce­
rrado unas veces en angosto desfiladero, y otras
m ás ancho, hasta que entra en el valle poco acci­
dentado de M iranda. En la segunda, recorre un
terreno m ás llano, pero bajo, monótono, árido y
triste, sobre todo desde que por Tudela deja el alto
valle y enlra eu la llanura aragonesa; en esta segun­
da sección recoge el Ebro las aguas de varios afluen­
tes, con lo que toma el aspecto de un río caudaloso,
y de ello proviene este adagio: Arr/a,. Ega y Aragón
hacen al Ebro varón. En la tercera sección recorre
un espacioso valle hasta M equiuenza, desde donde
se halla obstruido por num erosos obstáculos su
curso, que tiene que atravesar hasta Tortosa g ran ­
des desfiladeros.
En la primera parle apenas pueden aprovecharse
para el riego las aguas del Ebro; en cambio en la
segunda se utilizan casi en su totalidad con ese ob­
jeto, merced á canales y num erosas acequias; en la
última parle sólo se emplean esas aguas para mover
— 181 —
algunos molinos por Flix y Cherta, y regar la pro­
ductiva huerta de Tortosa.
Respecto de la navegación del Ebro se ha pro­
yectado y se habla bastante, y algo se ha hecho, por
m ás que sea poco comparado con lo mucho que se
necesita hacer. Como en su desembocadura carece
#de punto de refugio, se ha abierto para suplirlo en
los Alfaques el Canal marítimo de Amposta ó de
San Carlos, de unos 10 kilómetros de longitud, que,
casi cegado, apenas sirve para la g ran navegación.
Además es navegable el Ebro por barcas, de una
m anera irregular hasta Tudela, y de un modo m ás
normal hasta Mequinenza, y m ás aún y para em ­
barcaciones m ayores, hasta Tortosa, donde exisle
un puente de barcas que pone en comunicación am­
bas orillas y la ciudad con los arrabales. El Canal
imperial de A ragón, que como el de Tauste, sirve
para el riego, se utiliza también p a ra la navegación,
que en la época rom ana se hacía por el Ebro desde
la desembocadura hasta Logroño.

II

L as poblaciones importantes por donde pasa el


Ebro s o n :
Miranda de Ebro (en la provincia de Burgos),
que ocupa posición estratégica m uy ventajosa, don­
de se cruzan el ferrocarril del Norte y el de Tudela
á Bilbao. M iranda, donde tiene el Ebro sóüdo y es­
pacioso puente, es cabeza del partido judicial de su
nom bre, y cuenta una población de 6.000 habitantes.
Haro (en la provincia de Logroño), capital de
— 185 —

la Rioja AlUi y famosa en la Edad Media por’ sus


Condes, y hoy por sus vinos, en aspecial el llamado
«clarete». El profundo barranco denominado las
Conchas de Haro cierra el valle poco accidentado
de Miranda. Haro es cabeza del partido judicial de
su nombre, y tiene una población de cerca de 8.000
habitantes.
Logroño, capital de la provincia de su nom bre
(con población de unos 19.000 habitantes), asentada
sobre m uy fértil campiña : tiene sobre el Ebro anti­
quísimo puente y en su recinto varios m onum entos
de nota, entre los que descuella la iglesia de Santa
María del Palacio, con una torre piramidal de 55
metros fie altura, construida hace m ás de diez si­
glos. También es notable la iglesia de San Bartolo­
mé, que ostenta una puerta adintelada m uy artística.
Calahorra (en dicha provincia), ciudad antiquí­
sima, situada cerca de la confluencia del río Cidacos
con el Ebro, á la orilla derecha de éste. C alahorra ó
Calacfurris es, por su historia, una de las ciudades
más memorables de los antiguos vascones; su origen
se rem onta á los años 2121 antes de Jesucristo. «Ata­
cada primero por Aníbal, supo defendei*se heroica­
mente, y m ás tarde Afranio, lugarteniente de Pom-
peyo, la sitió, sosteniéndose por largo tiempo los
habitantes sin m ás alimento que la carne de to d a s.
las personas incapaces para tom ar las arm as. En su
escudo se le e : Prevaled, con tra Roma y Cartago; el
hambre calagurrriana nos ha quedado como un
proverbio; los dictados de cencida 6 invicta acom pa­
ñan al nombre de la ciudad. En algunas medallas
de la dominación rom anase la designa con la deno-
— ISO —

minación de Julia, así como también con la. de Vás-


cica ó ciudad de los vasconcs. Es p:itria del precep­
tista Quintiliano». C alahorra, muy rica en producios
* agrícolas, entre los que sobresalen los decantados
pimientos, es cabeza del partido que lleva su nom ­
bre, y tiene una población de 9.500 habitantes.
Alffl.ro (de la misma provincia de Logroño), eu
cuyo término se hallan las tierras m ás feraces de las
que eu su largo curso baña el Ebro. Alfaro es tam ­
bién cabeza de partido judicial, con 6,000 habitantes
próximamente.
T u d e la (en N avarra), con un considerable puen­
te sobre el Ebro, que es la llave de Pam plona y Za­
ragoza, y asentada en feraz campiña, en la cual
empieza el Canal Imperial de Aragón. Tudela es
cabeza de partido judicial, siendo su población de
unos 9.000 habitantes.
Z a rag o z a , la César-Augusía de los rom anos y
cuya fundación con el nombre de Auripa, se atri­
buye á Túbal ó Taráis, es capital de la provincia de
su nombre, y se halla asentida sobre frondosa vega,
que además del Ebro, fertilizan el Jalón, el Gallego,
el H uerva y el Canal Imperial.
Entre los m onumentos de Zaragoza descuellan :
la grandiosa B isilic a de Nuestra Señora del P ilar,
que los aragoneses veneran con fervoroso entusias­
mo, y en la que existe suntuosísimo coro, obra de
Esteban Obray; la majestuosa Catedral de. ¿a Seo,
cuyo cimborrio, en forma dé liara, recuerda la dig­
nidad pontilicia de Pedro de L una (Benedicto XTII),
que mandó construir templo tan afamado; la A lfa -
feria, antiguo palacio de recreo de los reyes moros
de Zaragoza; la Lonja, en las Casas Consistoriales,
con su soberbio salón gólico; los palacios de la Au­

■Nursln» Señora, del Piinr, en Zarazo

diencia, de la Diputación provincial, de Toivellas y


de Sástago; la Casa de la Infanta ó de Zapoi-ta, y
— ÍSS —

varios templos, algunos verdaderam ente suntuosos,


como la parroquia de San Pablo, de estilo gótico.
Además de la famosa Torre Nueva, de construcción
inclinada, debe citarse el templo subterráneo de las
Santas M asas, en el que se hallan depositadas las

La Torro N ueva, en Zaragoz».

cenizos de los m ártires sacrificados á la vez que


Santa Engracia durante la persecución de Diocle-
ciano.
El nombre de la invicta y heroica Zaragoza, que
inmortalizaron los épicos y casi legendarios com­
— ISO -

bates tle lfiOS y 180!), no puede menos de .suscitar eu


la mente el recuerdo de tanto héroe, de tanta sangre
y de tantas glorias como brotaron durante la epo­
peya llamada «Guerra fie la Independencia», en la
cjue parece que retoñaron en nuestro suelo, con vi­
gorosa lozanía, los sublimes heroísmos y las inm ar­
cesibles hazañas de Sagunto y de N um ancia. Con
razón se ha dicho, pues, refiriéndose á la patria de
Agustina de A ragón, que «su ejemplo» mil veces
imitado, pero nunca igualado, se cita dondequiera
que es preciso luchar contra los déspotas y los inva­
sores» .
Zaragoza, capital de la provincia de su nombre,
cuenta una población que excede de 98.000 habi­
tantes.
G aspe (de la provincia de Zaragoza), célebre en
la historia patria porque en ella se reunieron los
compromisarios que eligieron para rey de A ragón
A D. Fem ando de Antequera; de aquí el llamado
Compromiso de Caspe. Esta población se halla si­
tuada en la confluencia del río Guadalope con el
Ebro y en medio de olivares notables por sus dimen­
siones: es cabeza del partido judicial de su nom bre
y su población asciende á unos 7.800 habitantes.
Tortosa (en la provincia de T arragona), plaza
fuerte rodeada de rica huerta y célebre por el papel
que ha desempeñado en nuestras discordias civiles;
es centro m uy importante de comercio. Hasta esta
población es navegable el Ebro. Tortosa es cabeza
del partido judicial que lleva su nom bre y tiene una
población de m ás de 24.000 alm as.
Amposta (de la misma provincia), que ocupa
— 1‘JU —

pintoresca posición en el ferrocarril de Valencia á


T arragona, y en donde realmente empieza la des­
embocadura del Ebro, formando barras, y el delta
de los Alfaques por junto á San Carlos de la Rápita.

Compromiso do Cuspo,

Amposta corresponde al partido judicial de Torlosa


y su población es de 4.100 habitantes.

III

A unos 130 se hace subir el níimero de los ríos


que vierten sus aguas en el Ebro, y de ellos son los
m ás im portantes:
El Aragón, que baja desde los Pirineos, por
donde se despeña, recogiendo las aguas de N avarra
— lili
v Huesca» v después de correr por valles estrechos,
entre ellos el angosto de Canfranc, y por llanos in­
fecundos, y de lam er las históricas Pena de Oroel y
Sierra de San Juan de la Peña, vierte sus aguas en
el Ebro por !a orilla izquierda, hacia Milagro y por
Frente á Al faro. La ciudad griega do Jaca (laca ó
ciudad de cabeza armada) es la población m ás im­
portante de las que riega el A ragón : esta bonita
ciudad, en cuyas inmediaciones se halla San Juan
de la Peña, tenido como el Covadonga de los Piri­
neos, es plaza fuerte, cabeza de partido judicial de
su nom bre (con m ás de 4.800 almas) y posee una
catedral bizantina, del tiempo de Ramiro I.
AHuente del Aragón es el Arga, rio que tiene su
origen en el puerto de U rtiaga, paso de la Cordillera
á los Alduides, y en cuya ribera izquierda se halla
asentada Pamplona, capital de la provincia de N a­
varra, plaza fuerte, y ciudad cuyo origen se rem onta
á. la época de los griegos en España; fue reedificada
por Pompeyo, que la llamó Popolo. Pam plona, que
lia desempeñado gran papel en todas nuestras gue­
rras, singularm ente en las civiles, se halla situada
en un llano cercado por montes que form an lo que
se llama la «Cuenca de Pam plona», y tiene una
buena catedral gótica, cuya soberbia fachada, de
estilo greco-romano, obra del siglo xvm , 110 guarda
proporción con la pureza y sencillez de la arquitec­
tu ra gótica del interior. La población de Pam plona
es de 30,600 almas.
El J a ló n , que es el primero de los afluentes de
importancia que recibe el Ebro por la derecha. Nace
ese río en Sierra Ministra, de la Cordillera Ibérica,
— 1‘J J —

y de las poblaciones que riega es la m ás importante


Calaiayud, donde se Je une su afluente el Jilo c a ,
llamado el rio de Lafru ta >merced á la clase de plañ­
áis que produce el terreno que fertiliza en su curso.
Calalayud, la B ilb ilis de los romanos, patria del
gran poeta epigramático Marcial y la segunda ciu­
dad de la provincia de Zaragoza, es cabeza de par­
tido con más de 11.000 habitantes, y se Jialla asen­
tada en la parle m;is fértil de toda ella. Calatayud
tiene dos Colegiatas: Santa María, antigua mezquita
de los á ra b e s,'y el Santo Sepulcro, metrópoli en
otros tiempos de esta Orden en España.
Pasa el Jalón, por el pintoresco pueblo de Atkam a
(del partido de Ateca, en esa provincia, con 1.600
habitantes), tan celebrada desde las épocas rom ana
y árabe por sus concurridos bafios termales, y por
hallarse cerca del rio P ie d ra , también afluente del
Jalón, y lamoso por el Monasterio á que da nombre,
lugar en extremo encantador por sus hermosas gru­
tas, caprichosas cascadas, alam edas y jardines deli­
ciosos y sorprendentes paisajes. De las maravillas
que atesora ese histórico y poético monumento, se
dice que «la poesía nunca llega á la realidad», y ha
escrito nuestro gran poeta Campoamor en su pre­
cioso poema EL amor y el rio P ie d ra :

íQuereis amar á Dios? ¡Pues id ú Piedra;


uquol Edén que con vordoi’ oterno
aleara, hasta lo triste del invierno
con sus musgos, sus mirtos y su hiedra;
pues siendo un fiel traslado
de un sueño de Virgilio, mejorado,
no lia y mortal que lo vea
— 1 03 —

que, como vo, encantado,


no admire, pienso en Dios, se postre y crea!

En el mismo sentido se expresó otro vate lam -


bién insigne, Núñez de Arce, en esta estrofa :
V enga el aleo y fijo sus miradas
en las raudas cascadas

en esa gruta colosal que arredra


con sus monstruos de piedra,
su oculto lago y despenado rio :
que al ver tantas grandezas
dirfi. asombrado : — ¡Creo
en tu invisible majestad, Dios mío!

De las múltiples m aravillas que se ofrecen á la


vista de los que contemplan el Monasterio de Piedra,
es de las m;is sorprendentes la gruta conocida con
el nombre de Cola del Caballo, de la cual dice uno
de los que la han visto, que «parece ser gótica Ca­
tedral form ada de paredes tobáceas con raras incrus­
taciones de mil coloridos diferentes, con imitaciones
en su bóveda de infinidad de reptiles que se retuer­
cen y abren sus grandes bocas como si pretendie­
ran salir de su petrosa prisión. Las estalactitas de
gran tamaño que forma el agua al filtrar por la bó­
veda semejan multitud de boas que se desprenden
como atraídas hacia el centro de aquel subterráneo,
museo de preciosidades naturales. Torrentes de iri­
sada luz penetran por la boca de la cueva, cuando el
salón de plata es bañado por los rayos luminosos».
En el álbum del Monasterio, donde se guardan
impresiones de los muellísimos viajeros que lo han
visitado, se leen declaraciones como «sio™Antes •
— 104 —

«Hoy 3 de Agosto de 1871, se lian reunido aquí el Presi­


dente del Senado y el del Congreso de los Diputados, y d:indo
un paseo tan rápido como su edad consiente, lian visto ta n ta s
cascadas y tórrenles como pueden ccrse atravesan do toda la
Suüav.

F r a n c is c o S a n t a C r u z . — S a l u s t ia jío d e O l ó z a g a .

« P i e d r a . —La joya más preciosa con que la naturaleza ha


ornamentado el pueblo más noble que yo conozco.—24 Agos­
to i « « » .
A. W mssj C atedrático en L an dres.
*
* *

«Me avergüenzo da no haber visitado hasta ahora esta sin


par maravilla, muy superior á todas las de esta clase que se
admiran en Suiza, cuyo pais he recorrido. — 4 Septiem­
bre 1883».
J uan C a v e r o .

• •*
La gruta del Iris vi,
y cuando en su fondo entró,
dijo la Oliscada a s i:
«Traed soberbios aquí,
que yo los humillará»,
J o a q u ín G imf .n o .

El Monasterio, que hoy sirve cíe albergue A los


excursionistas, data de principios del siglo xm y
estuvo rodeado de dilatada m uralla de mármol sin
labrar, cortada á trechos por torreones que le daban
aspecto de fortaleza, de los que se conserva en m uy
buen estado, el imponente, bello y majestuoso que
le servia y sirve de entrada, llamado Torre del H o­
— 195 —

menaje, en la que es fama que se encerraba á los


monjes que cometían alguna falta.
El H uerva, que también afluye al Ebro por la
derecha. Nace en las faldas occidentales de la Sie­
rra de Segura, y entra en aquel gran rio, lamiendo
las tapias de Zaragoza; se le llama el rio del aceite,
porque todo el terreno que cruza se halla cubierto
de olivos, con los que en algunos puntos alternan
las vides.
El G állego, que desemboca en el Ebro por la iz­
quierda, á corta distancia de Zaragoza, después de
haber atravesado el desierto aragonés y los llanos
de la Violada : nace al pie del Pico del Mediodía, en
unas fuentes del Puerto de Sallent, y su valle es es­
trechísimo.
E l Martin, que nace en la Sierra de Segura y
vierte sus aguas en el Ebro por la orilla' derecha y
por Escatrón. No obstante su escaso caudal, debido
á no recibir ningún afluente considerable, fertiliza
varias vegas, como el valle muy ameno de Olite y
la huetla de Hijar (Teruel).
Escatrón pertenece al partido judicial de Caspe
(Zaragoza) y tiene unos 2.300 habitantes; Olite, al
de Tafalla (Navarra), con 2.600 almas, 6 Hijar es
cabeza del que en la provincia de Teruel lleva su
nombre, y cuenta con más de 3.300 habitantes.
El G uadalope, que es famoso por las buenas
anguilas que en él pululan, nace en las vertientes
septentrionales de la Sierra de Gúdar, y desemboca
en el Ebro, también por la derecha, entre Caspe ya
citado y Chiprana. Las aguas de este rio, aumen­
tadas considerablemente por unos manantiales as­
— 190 —

cendentes de fuerza v abundancia extraordinarias,


llamados en el país «fontanals», riegan la vega de
Calanda, que contrasta grandemente con el desierto
de este nombre, pues es una de las más fértiles de
la provincia de Teruel, y originan un valle ferací­
simo. En Calanda existe una capilla consagrada á,
Nuestra Seftora del Pilar y erigida en la habitación
en que, según la leyenda, por intercesión de la V ir­
gen recobró Miguel Juan Pellicer, natural de aque­
lla villa (29 de Marzo de 16-10), una pierna que le
había sido ampulada dos anos y cinco meses antes,
eu el Hospital de Zaragoza.
Calanda pertenece al partido judicial de Alcaíiiz
(Teruel), y tiene cerca de 4.000 habitantes; y Chi-
prana al de Caspe (Zaragoza), con unos 1.400.
El Segre, llamado «río de los Pirineos centra­
les», por tener en ellos su origen (en la parto de
Francia). Corre poruña cuenca abrupta y estrecha,
surcada por terribles desfiladeros, y entrega sus
aguasal Ebro, por la izquierda, cerca de Mequinen-
sa, engrosado con las de varios afluentes de impor­
tancia, entre ellos el C inca, que le llevan todas las
aguas que corren entre el Monte Perdido y el de
Corlitte. El Segre riega además de Mequinenza, á
Puigcerdá, por donde entra en Hispana, la Seo de
Urgcl, Balagtter y Lérida, poblaciones todas de im­
portancia, y la última capital de la provincia de su
nombre.
Mequinenza, con un castillo en la confluencia
del Ebro y el Segre, corresponde al partido judicial
de Caspe (Zaragoza), y tiene 2.800 habitantes. La
Seo de Urgel es cabeza del partido de su nombre en
— 19“ —

la provincia de Lérida y plaza fuerte, con unas


3,000 almas. Balnguer, también cabeza de partido
en la misma provincia, tiene una hermosa Plaza
Mayor (el Mercada!) y un convento llamado de
Santa Clara, en el que se venera una famosa efigie
del Salvador que la tradición atribuye á Nicodemus:
su población es de 5.000 habitantes próximamente.
Lérida se halla situada en forma de anfiteatro,
al pie de un monte escarpado, y rodeada de terreno
fértil; es plaza fuerte, y como la llave de Aragón
y Cataluña. Tiene un castillo bien defendido, y
entre sus monumentos arquitectónicos descuella la
antiquísima catedral, resto magnífico de los estilos
bizantino, gótico y árabe, que en ella se ven mez­
clados. En esta catedral, página interesante de la
historia del arte, hay una esbelta torre, llamada de
las Campanas (por tener ocho arregladas al diapa­
són), desde la cual so descubre bellísimo panorama,
cuyo centro atraviesa la ondulosa corriente del S e -
gre. Lérida fu ó la metrópoli do los ilérgetes, y en
sus inmediaciones fueron vencidos por César los go­
bernadores de Pompeyó, Afranio y Petreyo. La ac­
tual población de Lérida se eleva A21.400 habitantes.
Entre los ríos tributarios del Cinca figura el A l-
canedre, que á su vez recoge las agu;is de otros
varios, uno de ellos el Isu e la , que baja de la Sierra
de Guara, en los Pirineos, y pasa por Huesca.
El origen de Osea (así ye llamó esa población en
lo antiguo) se pierde en la noche de los tiempos.
Como Pamplona, se halla situada Huesca en feraz
llanura, rodeada de montanas que forman su fa­
mosa Hoya, sembrada de pueblos y caseríos.
— 1 98 —

Huesca atesora en su recinto monumentos arqui­


tectónicos é históricos muy valiosos. En su catedral
son de admirar la bellísima portada de estilo ojival
y el retablo que representa la Pasión y se considera
como una de las joyas más preciadas del arle na­
cional. L a iglesia bizantina de San Pedro el Viejo
tiene tanlo valor artístico como histórico; en su claus­
tro pasó Ramiro II el Monje los diez últimos aíios
de su vida, y en él se hallan hoy depositados los
restos de Alfonso el Batallador. Es también digno de
recordai’se el Instituto, establecido en la antigua y
nombrada Universidad oscense, y en el que se con­
serva del viejo Alcázar la tétricamente célebre sala
conocida con el nombre de la Campana de Huesea;
en ella, como es sabido y las crónicas refieren, el
citado D. Ramiro el Monje, ofendido de que los no­
bles le menospreciaran y le llamasen el rey Cogulla,
los reunió so pretexto de consultarles para mandar
hacer una gran campana, y los degolló en número
de 15. De los sitios de valor histórico que hay en los
contornos de Huesca requieren especial mención las
ruinas de Monte-Aragón, «inexpugnable fortaleza y
monasterio, residencia de poderosos abades y pan­
teón de grandes monarcas». Huesca es capital de la
provincia de este nombre, y su población se eleva á
unos 12.000 habitantes.
DE OTROS RÍOS ftUE DESAGUAN EN EL MAE

Hemos tratado en las páginas precedentes de los


nueve ríos españoles considerados, con más ó me­
nos propiedad, como de primer orden, y de sus
principales tributarios ó afluentes.
Pero — ya lo dijimos á su tiempo, — además de
esos ríos, surcan el suelo patrio otros que, sin tener
sus cursos y sus cuencas la extensión de los nueve
principales, llevan, como ellos, direclamente sus
aguas al mar. Algunos tienen, además de la impor­
tancia que deben á los beneficios materiales que re­
portan á los campos y la riqueza nacional, el valor
histórico de los recuerdos que evocan sus nombres
y los lugares por donde corren.
Como es natural, los ríos á que ahora nos referi­
mos desembocan en el mar por alguna de las ciialro
vertientes generales, ti las que por lo mismo hemos
de atenernos para dar á conocer los más impor­
tantes.

VISRTIi: NTK s i : p t e n t r i o n a l

Manda sus aguas al mar Cantábrico, cuyas cos­


tas se hallan cuajadas de pintorescos y deliciosos
— 200 —

puertos, que son agradables estancias para el verano


y están enclavados en amenos parajes de las pro­
vincias de Guipúzcoa, Vizcaya, Santander, Asturias
y parte de Galicia.
Los ríos que desaguan en el mar por esta ver­
tiente, por la que 110 lo hace ninguno de los consi­
derados corno de primer orden, son, en proporción
con su corta longitud, caudalosos, y además de
cuencas accidentadas y montañosas, de corriente
constante, de cauce pendiente, con numerosos sal­
tos, pedregosos y de profundos álveos. Por estas y
otras condiciones son esos ríos poco aprovechados
por la agricultura, pero en cambio abundan en pe­
ces: «son las corrientes que remontan los salmones
y las anguilas y que producen delicadas truchas».
En general, los cursos de agua de que tratamos
ahora tienen grandes rías, verdtuleros'valles sumer­
gidos, como alguien las ha llamado.
De semejantes ríos, los más dignos de mención
son los siguientes:
E l Bidaeoa, que tantos recuerdos históricos sus­
cita y de tantas luchas ha sido teatro. Nace en el
Baztán (Navarra), cuyo áspero valle recorre, entra
en Guipúzcoa por Endarlaza, pasa por EUzondo y
Behovia, y después de servir de frontera entre Es­
paña y Francia, desemboca por frente al cabo de
Higuer, entre la «muy noble, muy leal, muy valiosa
y siempre muy fiel ciudad» de Fuentcrrabia y la
población francesa de Hcndaya, cerca de frím. Por
aquí se divide el Bidasoa para formar la isla neutral
de los Faisanes, donde se concertó en 1657, entre
D. Luis de Haro y el Cardenal Mazarino, la paz lia-
— 201 —

rnada de los Pirineos y la boda de Luis X IV con la


infanta María Teresa, hija de Felipe IV . En su
curso deja el Ujdasoa á la izquierda el histórico San
Marcial, donde, después de la de Vitoria (1813), se
libró la batalla en que los españolea derrotaron por
última vez. ú los ejércitos de Napoleón y penetraron
en Francia, llegando victoriosos hasta Bayona, en
persecución de los invasores: con esta batalla, que
dió por resultado el tratado de Yalencey, terminó la
gloriosa guerra de la Independencia española.
De las citadas poblaciones/las más importantes
son Irúu, con Aduana de primera clase y una po­
blación de cerca, de 10.000 almas, y Fuenterrabía,
en la desembocadura, del Bidasoa, que la tiene de
4.500; ambos corresponden al partido judicial de
San Sebastián.
El D eva, que desde el collado de Arlaban se di­
rige á la preciosa villa que lleva su nombre (tan
favorecida durante el verano), por donde desemboca
eu el Cantábrico. Riega el escabroso valle en que so
asientan Salinas de Lontz y sus fábricas de sal, y
los pintorescos pueblos guipuzeoanos de Escoriaba,
Arechavaleta y Mondragón, los tres correspondien­
tes al par! ¡do judicial de Ver gara, y con una pobla­
ción de unas 1.900 almas el primero, de cerca de
2.000 el segundo v de 3.500 el tercero, que es mi
pueblo hermoso, cuyas casas están casi todas he­
chas de piedra.
En ese valle se encuentran los famosos baños
medicínales de Santa. Agueda y de Arechavaleta,
poco distantes entre sí. Después pasa el Deva por
Vergara, población de aspecto suizo v renombrada,
— 202 —

además de por el convenio con que Espartero y


Maroto pusieron término ú la guerra civil, llamada
de los siete años (31 de Agosto de 1839), por su Reai
Seminario ele Nobles, fundado por Carlos III, por
consejo de su Ministro Florid.-ibla'nca; para ese Se­
minario, que es el primero que se estableció de su
clase, escribió Samaniego sus populares fábulas.
Vergara es cabeza del pnrtidn judicial de su nom­
bre, y tiene una población de (5.000 habitantes.

A brazo de V e rg a ra .

Otra de las poblaciones que liana el Deva as


Placencia, tan nombrada por su notable fábrica de
armas; corresponde al partida judicial de Vergara,
V tiene poco más de 2.000 habitantes.
El N ervión, que es el más caudaloso de los ríos
— 2 03 —

de Vizcaya. Arranca de la notable hoya de Orduña


(Álava), á la que se precipita desde sus rúenles en
la Peña de ese nombre, formando el Salto del Agua
á una allura tan considerable, que sus aguas se
transforman eu lluvia «que impele el viento, algu­
nas veces con tal fuerza, que la hace remontar al
cielo como pata devolverla A su primitivo seno».
Corre el Nervióu por estrechos destiladeros de espe­
sísimas rocas eortadas.verticalmente, y en su curso»
pendiente y onduloso, riega varias bonitas poblacio­
nes, como Amnrrio y IJorltot hasta desembocar en
el m ar por Portugalete, en la llamada Concha de
Bilbao, rodeada de los pueblos vizcaínos de Saniur-
cc, Portugalete, Algorla y GuecAo, los dos primeros
del partido judicial de Yalmaseda, con 7.000 y 5.000
almas, respectivamente, y Guecho, del partido de
Bilbao, con 5.400 habitantes.
El D urango, que es tan importante como él, y
el CJadagua, en Lucharía, que recuerda la lamosa
batalla de este nombre, son los anuentes principales
del Nervión, el cual forma la ponderada y anima-
disima Ría de Bilbao, de 11 kilómetros de longitud.
El Nervión es, pues, el río de Bilbao, la villa
más poblada, rica, industrial y comercial de las pro­
vincias Vascongadas, y una de las más bellas de
España. Merced á su hermosa ría, por la quo en­
tran en el Xervión buques de bastante porte, y gra­
cias también á sus astilleros, á la abundancia del
hierro que se extrae de Somormstro y al carácter de
sus moradores, se han desarrollado en Bilbao un
tráfico asaz considerable y una industria de las más
florecientes. Sus calles, entre las que descuella la
Gran via ríe López de Haro, bonitas y limpias, pa­
recen tiradas ñ cordel, y .se halla embellecida por

Gran Vía do López de Haro, en Bilbao.

un gran paseo, llamado el Arenal, en el que tiene el


— 205 —

Nervión magnífico puente de hierro, que es donde


comienza la zona marítima. Los gloriosos sitios
sostenidos contra las huestes del carlismo han dado
á Bilbao justificada celebridad, haciéndola notoria y
reiteradamente acreedora á los títulos de «invicta y
muy heroica» que con noble orgullo ostenta entre
sus demás blasones. Bilbao es la capital de la pro­
vincia de Vizcaya, y su población asciende á unos
83.000 habitantes.
El Be Baya, que nace á corla distancia de Fon li­
bre (Santander), cerca, de las fuentes del Ebro, v
después de cortar el F,sendo de Cabuérniga y hafiar
á Torrdacega, y de recibir una porción de peque­
ños afluentes, desemboca en el Cantábrico por la
ria de Suances, puerto al que acuden algunos bu­
ques á cargar trigo, harina, y sobre todo maderas
de construcción, en que abundan los montes del Be-
saya, ligados á los frondosos bosques de la Lióbana.
Torrelavega es cabeza del partido judicial de su
nombre, al que corresponde Suavices: la primera de
estas poblaciones tiene unas 7.S00 almas, y cerca
de 2.000 la segunda.
El Nalón, que es el rio más caudaloso de Astu-
ruis. Con ese nombre nace en el puerto de T am a,
siendo el rio de Pola de Labiaria, Sania y Trubia,
y uniéndosele después el Narcea, el río de Cangas
de Tinco, se forma el Nalón caudaloso, que afluye
al Cantábrico por Prama, formando la hermosa y
pintoresca ría de este nombre, que tantos encantos
tiene para los que gustan de contemplar los paisajes
que la naturaleza ofrece. Cerca de esta ría, hacia el
Este, se halla la no menos importante de Aoilóa}
— 206 —

con un puei'to de excelentes condiciones. Avilés


encierra notables monumentos, y es nombrada en
la historia patria por la confirmación del Fuero ó
Carta-puebla de su nombre que en 1155 otorgó el
Emperador Alfonso V II, y se considera corno el
primer documento escrito en prosa castellana ó ro­
mance del vulgo, que se d ic e .'
De las poblaciones mentadas son cabeza de par­
tido judicial, Labiana (m ás de 8.000 habitantes),
Cangas de Tineo (23.000 próximamente), Avilés
(unos 12.700) y Pravia (cerca de 4.500). Sama de
Langreo (del partido de I.abiana, con 18.700 habi­
tantes) es un pueblo rico y celebrado por sus minas
de hierro y carbón de piedra. Trubia debe la cele­
bridad de que goza á la gran fábrica de fundición
de cañones que en su término tiene montada el
Cuerpo de Artillería,
Sobre la orilla derecha del Nalón, en suave pen­
diente á la falda de la sierra Naranco, se asienta la
Lauda de los romanos, Oviedo, capital del princi­
pado de Asturias, Esta histórica ciudad, fundada por
el Rey Brigo IV , de España, encierra en su recinto
buenos monumentos arquitectónicos, entre los que
descuella la grandiosa Catedral gótica construida
por Fruela I, que es considerada como una de las
más notables de España, y á la que presta singular
belleza una altísima y afiligranada torre, muy ad­
mirada por su esbeltez y gentileza. Es también digno
de mención en Oviedo el Monasterio de Benedicti­
nos, donde escribió sus obras y terminó su vida, á
los ochenta y ocho años de edad, el P. Feijóo (1704).
Oviedo, capital de la provincia de su nombre, tiene
— 207 —

una buena fábrica de fusiles y una población do


más de 48.000 habitantes.
Debe citarse el Navia como el rio de curso más
largo de esta vertiente, y que, originándose 011 la
sierra de Cebrero, riega varios pueblos y va á des­
embocar en la villa de su nombre (la Flavionavta
de los romanos, fundada por los iberos), pequeño
puerto enclavado en las pintorescas costas de Astu­
rias. Navia pertenece al partido judicial de Lúa rea,
y tiene 5.800 habitantes.
Por la parle de la región gallega enclavada en
la vertiente septentrional corren varios ríos de esca­
sa importancia por su curso, que tributan sus aguas
al mar por la porción más occidental de esta vertien­
te, Entre los que se encuentran en semejante caso,
es, sin duda, el más importante el Bum e. Riega este
río varias poblaciones, de las que es la principal la
villa de Pueníedeu/ne, que debe su nombre al mag­
nífico puente feudal, de 1.250 metros de longitud y
52 ojos, que á tiñes del siglo xiv fundó el Conde de
Lemos. Puenledeume es cabeza de partido judicial
y su población es de 6.000 habitantes. Desde esta
villa empieza ó formar el Eume la ría de Ares, por
la que desagua en el mar.
Esta extensa ría — en cuyo extremo NO. se en­
cuentra la anchurosa y cómoda playa de Ares, al pie
del monte F a ro ,—es una parte de la de Betanzos, y
se halla al S. y muy próxima á la del Ferrol, en
cuya ribera septentrional y entre dos ensenadas se
halla la importantísima ciudad de este nombre.
El Ferrol, segunda población de la provincia
(Corufia), es un puerto de los primeros y más segu­
— 208 —

ros de España, y casi exclusivamente militar, en el


que á sus excelentes condiciones naturales, ha aña­
dido el arte de la guerra las necesarias para hacerlo
inexpugnable. Cuéntase que cuando el célebre Mi-
nislro inglés Pitt volvió á su país después de haberlo
visitado (1776), dijo que Inglaterra 110 tenía otro
igual, y que ai lo tuviera debía rudearlo de una sóli­
da muralla de plata. En lo antiguo se llamó al F e­
rrol, cuya fundación se remonta á los griegos, Puer­
to de ¿os Artabrús, y ya era tenido como uno de los
lugares más cómodos y seguros para resguardo de
embarcaciones, llegando á ser por ello uno de los
puertos más famosos. El Ferrol es cabeza del par­
tido judicial de su nombre y cuenta con una pobla­
ción de 26,000 almas.

Como al principio dijimos, las montañosas y po-


bladisimas costas de esta vertiente se hallan cuaja­
das de puertos, ú los que durante el verano acuden
millares de viajeros en busca de descanso al arrullo
del oleaje y las brisas del mar, y bajo la benigna
influencia de aquel apacible clima. Antes monopo­
lizaban casi exclusivamente los bienes de Liles atrac­
tivos los puertos encimados en las provincias de
Guipúzcoa, Vizcaya y Santander; pero desde que
nuevas comunicaciones han facilitado el conoci­
miento de los demás, empiezan á ser muy visitados,
y cada día lo serán más, los de Asturias y Galicia,
Además de los puertos de la vertiente septentrio­
nal que liemos nombrado con ocasión de los ríos
que desembocan por ella en el Cantábrico, hay mu-
— 209 —

dios otros merecedores de mención, como, por ejem­


plo, los siguientes:
Desde luego San Sebastián, cuya playa es tenida
como la mejor y la más concurrida de España. De
aspecto muy bello, la capital de Guipúzcoa se halla
ventajosamente situada en una especie de península
formada por la ensenada de la Zurrióla y la cele­
brada Concha, que es una hermosa playa rodeada
de lindos hoteles, y el punto de reunión de los ba-
íiislas. Los edificios más dignos de notarse son el
Casino, de estilo Renacimiento; la Diputación pro­
vincial, y el antiguo Castillo de la Mola. La pobla­
ción de San Sebastián es de unos 37.800 habitantes.
A la misma provincia de Guipúzcoa correspon­
den los puertos tan bonitos y tan concurridos du­
rante el verano, de Moirico (16.000 habitantes), pa­
tria del gran marino Clmrruca, que murió en Tra-
falgar; Gueto,ría (1.300 habitantes), que lo es de Juan
Sebastián de Elcano, primer navegante que dió la
vuelta al globo; Zaraus (3,000 habitantes), de dila­
tada playa poblada de palacios y jardines, y Pasajes
(2.500 habitantes), tenido como el punto más capaz
y seguro de estas costas.
En Vizcaya, merecen recordarse, además del de
Bilbao, de que ya hemos tratado, los puertos de Le-
queitio (4.200 habitantes) y Bermeo (unos 9.500), que
son los más productivos en pesca de la provincia, y>
también se hallan muy concurridos durante el vera­
no; el segundo se encuentra cerca del cabo Machi-
chaco, y el primero se distingue por sus buenos pa­
lacios y la antigüedad de su iglesia.
Santander, capital de la provincia de su nom-
— 2] O —

bre, con más de 54.300 habitantes; es una de las pri­


meras plazas mercantiles de España y un gran
puerto, dolado de magnífico muelle, y cuya playa,
llamada del Sardinero, compile en hermosura con
la de San Sebastián, siendo, como ésta, muy concu­
rrida durante la estación de los han os de mar.
De la misma provincia son estos puertos: Castro-
Urdiales (cabeza de partido judicial con más de
14.000 almas), que por su tráfico es de los más im­
portantes de ella; Laredo, también cabeza de partido
judicial y más de 5.000 habitantes, que se dedican
en su mayor parte á la pesca; Santofía, igualmente
cabeza de partido judicial (4.700 habitantes), y plaza
fuerte denominada «el Gibraltar del Norte»; Comi­
llast muy concurrido como estación veraniega y
donde el Marqués de ese nombre ha levantado sun­
tuosos edificios para Iglesia, Santuario, Instituto de
segunda enseñanza y Escuelas primarias; y, en fin,
después de Suaticcs, ya citado, San Vicente de la
Barquera (cabeza de partido judicial con más de
1,700 habitantes), á cuyos lados rompen la costa dos
profundas y pintorescas rías.
San Vicente es una de las villas más interesan­
tes de la costa Cantábrica, pues á la excelente playa
y grata temperatura de aquel litoral hay que afíadir
«excepcional paisaje, y no pocos monumentos y
ruinas que recuerdan hechos pasados, despiertan
ideas, hablan al espíritu y permiten que éste se re­
cree en la contemplación é interpretación de restos
de lejanas edades». Lugar por tantos estilos grato y
deleitoso ha servido de estancia á las primeras colo­
nias de vacaciones organizadas con escolares de la
— 211 —

corte por el Museo Pedagógico de Madrid, que es el


que ha implantado en nuestra patria esa bienhechora
institución, tan extendida por el extranjero, y de la
que tantos beneficios ha reportado y reportará en
todas partes, la salud de los pobres niños que la tie­
nen deteriorada* Los,antiguos alumnos de la Ins­
titución Libro de Enseñanza han llevado también á
San Vicente sus colonias de ninos, institución que,
merced á esas y otras iniciativas, se generaliza bas­
tante al presente en Espafia.
L a pintoresca é histórica región asturiana abun­
da en puertos de mar, algunos de ellos de verdadera
importancia y lodos muy agradables como residen­
cia de verano. Además de los de Avilós, Pravia y
N ada, de que ya hemos hablado, deben citarse los
siguientes:
Llanes (cabeza del partido judicial de su nombre,
con m ás de 18.500 habitantes), en que á la vez que
rica pesca, abundan la caza, el ganado y los pro­
ductos más variados del reino vegetal. Ribadesella
(con unos 7.100 habitantes), que en la desemboca­
dura del río Sella— que riega á Cangas de Onis, re­
sidencia de los primeros reyes de Asturias,—es uno
de loa mejores puertos de la provincia. Villadciosu,
cuyo fértil v delicioso terreno se halla poblado de
manzanos y otros frutales: Villaviciosa (unos 21.000
habitantes) es cabeza del partido judicial de su nom­
bre; en su puerto desembarcó Carlos V al venir á
España y en su término radica el histórico monas­
terio de Vatdcdiús. Gtjón, cabeza del partido de su
nombre, Con una población de unas 17-000 almas;
está reputado como el mayor puerto de la costa y es.
patria del insigne Jovellanos, cuyo nombre lleva el
Instituto por él fundado en líiti populosa y próspera
villa, en la que es de notar el palacio del Conde de
Revillagigedo. Lnarca, que sólo puede abrigar en
sus aguas embarcaciones peque fías. Y , en fin, Ca$-
tropol, cabeza de partido, con 7.700 almas, en la
desembocadura del río Eo, que sirve de límite entre
las provincias de Asturias y Lugo; y en la ría que
forma el puerto gallego de Ribadeo, cabeza de par­
tido judicial en la provincia de Lugo, con más de
9.000 habitantes.
También en las costas gallegas abundan los
puertos de condiciones excelentes para ser utilizados
en la estación veraniega. Aparte del ya nombrado
del Ferrol, y de los que más adelante citamos como
enclavados en la vertiente occidental, no puede de­
ja r de mencionarse el de la Coruña, que es un buen
punto de escala para la navegación entre la Penín­
sula y las Antillas que fueron nuestras, Inglaterra y
Portugal, y los puertos del Mediterráneo, así como
para las comunicaciones con la Judia, por Suez.
L a Coruña, cuya fundación se atribuye al rey
Brigo (de aquí su antiguo nombre de Brigantio), es
capital de la provincia de su nombre y plaza fuerte.
Se halla situada en el istmo de la península que allí
forma la costa, y al pie de un montecillo en que se
asienta la famosa y antiquísima Torre de Hércules,
que hoy sirve de faro. Es una población populosa
(4-1.000 habitantes), de mucho comercio y muy prós­
pera, y no carece de buenos monumentos arquitec­
tónicos, entre los que descuella una Colegiata góti­
ca. «En la Coruña se reveló el sentimiento de los
— 213 —

españoles por las empresas que empezara á aco­


meter el emperador Carlos V, dando lugar á la gue­
rra de las Comunidades; de su puerto zarpó, ol 21
de Julio de 15SS, La Invencible, aquella desgraciada
escuadra destinada á la destrucción de Inglaterra y
sumergida por las tempestades en el fondo del Océa­
no; y en sus inmediaciones, en El vina, tuvo lugar
la batalla que permitió á los ingleses su embarque
en 1809*. 4

II

V ER TIH N TU O C C ID EN TA L

Es la mayor de todas, como que se extiende


desde el Cabo do Toriñana, en la provincia de la
Coruila, hasta la punta de Tarifa, en la de Cádiz.
Por esta vertiente desembocan en el Atlántico cinco
de los ríos considerados como de primer orden (Mi­
llo, Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir), y mu­
chos otros, de los cuales sólo trataremos aquí de los
que lo hacen por las costas de Galicia y de las pro­
vincias andaluzas de Iluelva v Cádiz; es decir, los
que desaguan por territorio español.
Varios son los ríos pequeños que desembocan en
las costas de Galicia, las cuales, con ser apacibles y
muv fértiles, abundan en espaciosas rías y pequeñas
islas, y están cuajadas de pintorescos y deliciosos
puertos, que brindan cómoda y agradable estancia
de veraneo. De ellos debe recordarse, sin contar con
los ya citados de la vertiente septentrional, el de
Villagarcía, situado en la tan celebrada ría de Aro-
— 214 —

sa (reputada como la mejor de España), tenido como


uno de los primeros de la provincia de Pontevedra,
á la que por su fertilidad se llama «jardín de Gali­
cia». ¡Y 110 digamos nada del bellísimo puerto de
Vigo, en la hermosa ría de su nombre y uno de los
más amplios y seguros de España y aun de Europa,
y al que por la belleza y grandiosidad del paisaje
que ofrece ponen en parangón marinos y viajeros
con los de Lisboa y Constanlinopla, que en ese sen­
tido no tienen rivales en el mundo!
Villagareía, del partido de Cambados, en la pro­
vincia de Pontevedra, tiene una población de 7.800
habitantes; y Vigo, cabeza del partido de su nombre,
en la misma provincia, la cuenta de más de 23.000
almas. En Vigo existe un buen lazareto, que se halla
situado en la isla de San Simón.
De los ríos gallegos de segundo orden que des­
embocan en el mar por la vertiente occidental, de­
ben pilarse los dos siguientes :
El T am b re, que corre por la provincia de la
Coruña y desemboca en la ria de Muros, por la pe­
nínsula y pueblo de este nombre; y
El U lla, que pasando por Padrón, en la misma
provincia, desemboca en la citada ría de Arosa, en
cuyo fondo se halla Carril> uno de los mejores y
más seguros puertos de Pontevedra y de la costa
gallega. En esa ría se halla el hermoso puerto de
Villagareía, de que ya se ha hecho mención.
Más abajo de la mentada ría de Arosa, se halla
la también extensa de Pontevedra, en cuyo fondo y
en la confluencia de tres pequeños ríos, se asienta
la población de este nombre (con 22.800 habitantes),
— 2151 —

que es el de la provincia á que sirve de capital. Se


lialla situada Pontevedra en hermoso valle, y ello y
las brisas del mar son causa del clima benigno de ese
importante puerto, que también ofrece buenas con­
diciones como eslación de verano. Entre sus monu­
mentos es notable la iglesia gótica de Sania María
la Mayor y el convento-iglesia de San Francisco, en
el que existe el sarcófago de Payo Gómez, reciente­
mente declarado monumento nacional. Son dignas
de estudio las ruinas de la iglesia de Santo Domin­
go, en las que se descubren vestigios del más puro
estilo ojival. La mitología atribuye el origen de Pon­
tevedra á Díómedes, que la llamó Helenos.
Y más arriba de Pontevedra, ya en la provincia
de la Coruña y beneficiado por la ría y el Tambre,
el bonito pueblo de Noya (cabe/.a del partido de su
nombre, con unos 10.000 habitantes), rico en pesca
de agua salada y de agua dulce, asentado en terre­
no feracísimo, queda dos cosechas al año. y acerca
de cuya antigüedad refieren los cronicones: «Fun­
dóla el patriarca Noé cuando vino de, África á Espa­
ña, años del mundo criado 1915, aute^ de redimido
2.046; llamóla Noela en memoria de su nueva mu­
je r Japhet, corrupto Noya, si ya no queramos decir
la impuso el suyo, á cuya causa tomó por armas el
arca en que este segundo padre escapó del general
diluvio sobre las ondas marítimas, en la ventana su
cabeza, como mirando, y arriba la' paloma con el
ramo de oliva en el pico»*
Por la misma vertiente occidental, y en las cos­
tas andaluzas, vierten sus aguas al Atlántico los si­
guientes ríos de segundo orden :
— 216 —

El O diel y el T into, que corren por Ja provin­


cia de Huelva, entre los últimos ramales de la Cor­
dillera Mariánica. El primero, al que los romanos
llamaron Luxia, desciende de la.sierra de Aracena,
teniendo sus fuentes junio á. la villa de este nombre;
y el segundo, Saqitia ó Asequia, de los árabes, se
origina en las famosas y riquísimas minas de cobre
que llevan su nombre (las minas de Riotinto)t y des­
pués de recibir algunos afluentes y de regar A Nta­
bla, baja á Maguer, desde donde va á unirse al
Odiel por el Canal de Palos, rodeando á Huelva,
que se halla situada casi al extremo de la especie de
península que determinan ambos ríos, los cuales
desembocan juntos por dicho punto formando an­
churosa ría.
Á ese puerto, es decir, á la antigua Onuba (Huel­
va) se dice que arribaron, guiados por el oráculo,
los primeros fenicios que llegaron á España. No hay
para qué decir que en semejantes condiciones situa­
da, goza Huelva de posición ventajosa, con su se­
guro puerto y sus pintorescos alrededores, cubiertos
de viñedos y árboles frutales y fertilizados por los
canales y ríos que cercan la ciudad, y surcan fre­
cuente mente naves de blancas velas. Huelva posee
algunos monumentos antiguos, entre los que mere­
cen citarse un castillo y las ruinas del acueducto ro­
mano, la iglesia de San Pedro, construida sobre las
ruinas de la mezquita, y la de la Concepción, del
siglo x v i; en la del Salvador existe un pulpito con­
siderado demérito extraordinario. E s también nota­
ble la estación del ferrocarril de Sevilla, que es de
estilo árabe.
— 217 —

Niebla, del partido judicial dé Moguer, cuenta


una población de unos 1 ..“>00 habitantes; la de Mo-
guer es de «S.500 y la de Huelva, capital de la pro­
vincia de este nombre, de 21.000 almas.
L as riberas dél Odiel y el Tinto traen á la me­
moria recuerdos muy gratos para todo buen español.
En la ensenada que forma el Tinto se halla el citado
Maguer con su bonita torre, imitación de la Giralda
de Sevilla, y como señalando at celebre puerto de

Salida do Culón.

Palos («Palos de Moguer», se dice), de donde en


1492 bajaron por dicho río las modestas y gloriosas
carabelas Santa María. Pinta y Niña, con que el
inmortal Colón surcó la inmensidad del Océano en
busca del Nuevo Mundo. Á tres kilómetros de Palos
— 218 —

se halla el convento de la Rábida, cuyo guardián,


F r. Juan Pérez de Marchena, tomó parte principa­
lísima, como protector del insigne genovés, en la
realización de aquella tan atrevida y tan memorable
empresa. Cuije, pues, decir que*en esas risueñas
playas andaluzas empezó la sublime epopeya del
descubrimiento de América.
Á esta memorable epopeya y su inmortal prota­
gonista se lia levantado un hermoso monumento en
el centro de la elevada plaza en donde se halla el
famoso convento citado de Santa María de la Rábida.
Este monumento se ha erigido con motivo del cuarto
centenario del descubrimiento de América, que con
esplendor inusitado v fervoroso entusiasmo celebró
España entera en Octubre de 1S92. Una de las mu­
chas fiestas que se dispusieron fué la celebración de
un Congreso de Americanistas, que precisamente se
reunió en el histórico convento, en el que con tal
molivo se hicieron reparaciones de importancia.
El G u ad alete ó Iber de los antiguos, que corre
por la provincia de Cádiz, tiene también gran sig­
nificación en la historia patria. En su curso, no muy
dilatado, riega este río varias poblaciones, entre ellas
la populosa de Jerez de la Frontera, tan celebrada
por sus exquisitos vinos, y desemboca en el Atlán­
tico por junto al Puerto de Santa María, también
abundante en buenos vinos, y no lejos de Puerto
Real, comparable por su regularidad á un tablero
de ajedrez, y famoso por el Cano del Trocadero,
que tanto papel hizo cuando el bombardeo de Cádiz
por los franceses durante la guerra de la Indepen­
dencia. Del Puerto de Santa María han zarpado es­
— 2111 —

cuadras que, cual la que salió en 1580 para Ja-con­


quista de Portugal, dejaron muy bien puesto el pa­
bellón de nuestra Marina.
Jerez de la Frontera, que constituye dos partidos
judiciales, cuenta una población de más de 61.000
alm as, y tiene monumentos tan notables como la
fachada gótica de la iglesia de la Cartuja y el templo
ojival de San Miguel, Puerto de Santa. María es ca­
beza del partido de su nombre, con una población de
20,000 habitantes. Puerto Real, del partido anterior,
cuenta una población de 10.000 almas.
Enfrente del Puerto de Santa María, y de la des­
embocadura del Guadalete, se levanta la Goales de
los fenicios, que la fundaron antes <le la guerra de
Troya, la importante ciudad de Cádiz, á que los
griegos dieron el nombre de Afrodism en honor á
Venus, diosa á la cual erigieron allí un templo, como
asimismo se lo erigieron á Juno, por lo que también
se llamó Isla de Juno aquella preciada porción do
patrio suelo. Según Fstrabón, ninguna ciudad del
imperio romano aventajaba á esta isla, á cuyos na­
turales concedió César, desde Córdoba, el derecho
de ciudadanía romana.
Se cuenta, de Cádiz que Ilispúu hizo una torre en
memoria de su abuelo y una. estatua de metal miran­
do al Oriente, de donde é\ había venido, con una
llave en la mano derecha como en señal de haber
sido el primero en abril’ el camino, y en la izquierda
escritas estas palabras: Gades de Hércules. Se refiere
también que agrandaron ti Cádiz los hebreos é Iberia,
hija del citado rey Iíispún. San Agustín habla de ri­
quezas fabulosas recogidas y enviadas á su patria
— 220 —

por el esposo de Dido; y las historias antiguas nos


cuentan que Pigmaleón regaló al leniplo de Hércu­
les un grande olivo de oro, cuyas aceitunas estaban
representadas por hermosas esmeraldas. Sabido es,
por otra parte, que la opulencia de Cádiz enardeció
la codicia de los cartagineses, que para apoderarse
de tan preciada colonia emplearon lodo género de
máquinas de guerra, algunas inventadas para el
caso y usadas por vez primera con tal objeto.
Cádiz es hoy capital de la provincia y departa­
mento marítimo de su nombre, siendo su población
de 70.000 almas próximamente.
«Hállase situada esta ciudad en la lengua de tie­
rra que forma el extremo septentrional de la isla
Gaditana. Báñala el mar por todas fiarles menos por
el largo istmo que la une á San Fernando,'tan estre­
cho en algunos punios, que escasamente tendrá un
tiro de honda. En tiempos pasados lué Cádiz empo­
rio de riqueza; mas hoy se halla vencida por la com­
petencia que han hecho á su comercio Sevilla y Má­
laga. Esta ciudad es agradable por la igualdad, sun­
tuosidad y hermosura de sus edificios, entre los que
descuella la Catedral, y por la policía, limpieza y
ornato de sus vías. En Cádiz se reunieron las pri­
meras Corles populares que promulgaron la Cons­
titución de 1812. Tres veces cuna de la libertad y
último baluarte déla independencia en aciagos dias,
Cádiz merece la gratitud y consideración de toda
España. Patria de ¡lustres varones ha sido esta me­
morable ciudad, pues en ella vieron la luz eu la
antigüedad Lucio Cornelio Balbo, Columela, el geó­
grafo Pomponio Mela, y en los tiempos modernos,
221 _

el general Ricardos, y los grandes oradores Alcalá


Gnliano, González Bravo y Emilio Caslelar»,

Constitución de Cjídíi.

En la misma isla que Cádiz se lia!la San F e r­


nando, con sil famoso Observatorio, de .cuyo meri­
diano se sirve la Marina. San Fernando constituye
un partido judicial, y es capital del departamento
marítimo do Cádiz, del que depende el arsenal de la
Carraca, situado á un kilómetro de distancia de
aquella población, que hoy cuenta cerca de 30.000
almas.
Pero volvamos al Guadalete. Con su nombre se
designa la sangrienta batalla librada en 711, y en la
que sucumbió á manos de los árabes la Monarquía
visigoda en España, y se entronizó en nuestro suelo
__ 2 2 2 __

el poder musulmán para, no abandonarlo en siete


siglos, que lo fueron de lucha encarnizada y sin tre­
gua enlre moros y cristianos, árabes y españoles.
Aunque dicha batalla es conocida con el nombre

del «Guadaletex», está averiguado que se libró á ori­


llas de la laguna de Janda, i\ que da aguas el río
B a rb a to , y cerca de Medlnasidonia (cabeza del
partido de su nombre, con 11.000 habitantes, en la
provincia de Cádiz), y no junto á Jerez, como gene­
ralmente se dice.
El S alad o es uno de los riachuelos que al SE .
del Barbato bajan al Océano de las colinas que sepa­
ran del mar la laguna de Janda. Y ya que hemos
recordado el terrible desastre del Guadalete, debe
__ 223 __

recordarse también la para nosotros tan favorable


batalla librada en 1340 á orillas del Salado, con cuyo
nombre se la conoce en la historia patria. Ganóla
Alfonso X I, y despuús de ella no volvieron los mo­
ros ¿l pelear para imponerse y conquistar tierras,
sino sólo para defenderse y conservar sus desave­
nidos reinos. Para los musulmanes fué la batalla del

B a ta lla del rio Salado.

Salado el principio del fin de su dominación en Es­


parta, y para nosotros un honroso desquite de la
derrota llamada del Guadalete.
Y no son estos solos los recuerdos que suscita el
Salado. Su proximidad A Tarifa hace pensar en esta
plaza fuerte, una de las llaves del Estrecho de Gi-
brallar, y por donde los árabes hicieron su primer
__ 2 2 4 — ^

desembarco en España. Tarifa data de las primeras


edades. Reconquistada á los musulmanes por San­
cho el Bravo (1292), no volvieron éstos A recuperar­
la, antes bien, al pie tie .sus? muros sufrieron rudos
y tremendos escarmientos. Tari la, que también en

Sitio de T arifa.

los tiempos modernos ha resistido y rechazado asal­


tos impetuosos de las tropas más aguerridas del
mundo, trae A la memoria el rasgo notabilísimo de
amor patrio y de valor cívico, que tan alto puso en
1294 el nombre de su gobernador, I). Alfonso Pérez
de Guzmán, conocido con el sobrenombre de el Bue­
no, que consintió en el sacrificio de su hijo por no
entregar la plaza quo defendía. «Antes querré que
me matéis ese hijo, que daros esta villa que tengo
— 225 —

por el rey», dijo á los sitiadores arrojándoles su pro­


pio puñal para que con él llevasen á cabo tan bár­
bara venganza. Tarifa se halla situada en el Cabo
de su nombre; conserva en su recinto el famoso
castillo de los Guzmanes, corresponde al partido ju ­
dicial de Algeciras, en dicha provincia, de Cádiz, y
tiene 11.700 habitantes.

III

V ER TIEN TE MERIDIONAL

Se extiende desde la punta de Tarifa al Cabo de


Gata, es la menor de las cuatro, y cual acontece en
la septentrional, con la que tiene mucha semejanza,
no desagua por ella en el mar ninguno de los nueve
ríos principales, y, como se ha dicho, «presenta un
terreno de los más hermosos y feraces de la tierra».
«Valles profundos, continúa quien hizo esa afir­
mación, pero cubiertos de una vegetación admira­
ble, donde el calor de un sol ardiente está templado
por los mil an'oyuelos que descienden de la sierra y
por los vientos que pasan tocando á sus perpetuas
nieves, ofrecen un espectáculo encantador con sus
variados contrastes y con sus diversas produccio­
nes, desde su fondo, donde se encuentran las de los
trópicos, hasta las cumbres, donde aparecen las de
las regiones polares».
Comprende esta vertiente, que en su totalidad es
andaluza y tiene buenos puertos, una porción bas­
tante considerable de la provincia de Cádiz, casi
toda la de Málaga, una corta porción de la de Gra­
— 226 —

nada, y gran parle de la de Almeria. Los ríos que


por ella desembocan en el Mediterráneo son pocos,
de corto curso y pequeño caudal y no se aprove­
chan lo bastante en el riego de los campos, por lo
que la agricultura obtiene de ellos escasos benefi­
cios. He aquí los principales de esos ríos :
El G uadiaro, que con el nombre de Guadaleotn
nace en la Sierra Tolox, en la provincia de Málaga,
que atraviesa de N. á S .; por dos recodos que hacs
penetra en la de Cádiz, por la que vierte sus aguas
al mar cerca de San Roque (cabeza de partido judi­
cial, con unos 8.700 habitantes), que da su nombre
al campo que se extiende hacia Gibraltar.
En su curso superior, pasa el Guadiaro por
Ronda (de la provincia de Málaga), que divide en
dos parles, al correr por la angosta, profunda, negra
y medrosa garganta ó grieta denominada Tajo de
Ronda, á la salida del cual forma el río, que desde
entonces toma el nombre definitivo de Guadiaro,
hermosas y pintorescas cascadas, y se halla san­
grado por varias acequias que sirven para regar
buen número de huertas, mover fábricas de harina
y luz eléctrica y hacer andar las muelas de unos
veinte molinos. La divei-sidad de aspectos y pers­
pectivas de la severa y grandiosa garganta, llamada
Tajo de Ronda, que cambia de forma y de color á
cada revuelta, es de los espectáculos más notables
que la Naturaleza presenta en nuestro pais.
Ronda disfruta, por eso, de una siluaciún topo­
gráfica de que no hay ejemplo en el reino, realzada
por la esplendidez de la elevada planicie y rica cam­
piña en que se halla asentada, en un vasto círculo
de montes. Para poner en comunicación las dos par­
les en que la divide sil famoso Tajo, hay sobre éste
tres puentes: el Viejo, de construcción árabe muy
atrevida; el de las Curtidurías, que es el más bajo,
de fábrica romana, y el llamado Puente Nuevo, que
data de Tines del siglo xvrn, y es uno de los más
elevados de cuantos se han construido en España.
De ese tan celebrado puente, dice un escritor fran­
cés, que «hace el oficio de la clave de una bóveda ó
de una cuña colocada entre dos paredes que ame­
nazasen caer una sobre otra; obra maestra del ge­
nio, que concibió un monumento imponente en me­
dio de montañas que lian recibido de la Naturaleza,
ese carácter grandioso, y cuya comparación sólo las
pirámides de Egipto y la fábrica de Ronda tienen el
privilegio de no temer». Tan soberbio y magnifico
puente se debe al arquitecto malagueño D. José
Martin de Aldehuela, que luvo la desgracia de caer­
se, al recorrer los trabajos, mostrando con su muer­
te los peligros de que su notable obra salvaba á los
moradores de Ronda. De la altura de tan atrevido
puente se ha escrito que «110 parece lanía porque la
achica la de las moles enormes de roca entre las
cuales se halla tendido; mas si se comparase su ele­
vación con la de las casas de dos ó tres pisos edifi­
ca las como nidos de águila en la parte superior de
aquellas peñas, se formaría idea de su magnitud».
En Ronda nació, el 28 de Diciembre de 1551, el
que luego fué beneficiado de sus iglesias, Vicente
Espinel, novelista y poeta famoso por haber inven­
tado la estancia de diez versos octosílavos, llamada
al principio espinela y después décima, y por atri-
— 228 —

huírsele la adición de una quintil, ó sexta cueida á la


vihuela, líonda es una población rica, cabeza del
partido judicial de su nombre, y cuenta muy cerca
de 21.000 alm as; es celebrada por los exquisitos
peros que en su término se producen.
El G u ad alh orce. Á fines del siglo xv llamóse
Guadal qido¡rijo , nombre que recibió de los caba­
lleros cristianos que fueron á la conquista de Mala­
ga. Es por su curso el primero de los ríos de la ver­
tiente meridional, y proviene del Puerto de los Ala­
zores, en la Cordillera Penibética y término de la
provincia de Málaga, por la que corre. Atraviesa en
su curso la fértilísima llanura antequerana, la sal­
vaje brecha de los Gaitanes ó Tajo del Gaitán, como
dicen en el país (angostísima abertura por la que se
despeña el río y por las entrañas de cuyas moles
corre el ferrocarril de Córdoba á Málaga), el terreno
tan ásparo como pintoresco, de Alora y La Pizarra,
donde se da una vegetación espléndida, c internán­
dose en la tan afamada Hoya de Málaga, desem­
boca en el Mediterráneo, no lejos de esta población.
Consiste esa Hoya en «riquísima vega, abundante
en cuanto la Naturaleza puede proporcionar dem ás
necesario al hombre, aun en las regiones más cáli­
das y húmedas».
Fertiliza el Guadalhoree los campos de impor­
tantes poblaciones. Á poco de su nacimiento pasa
cerca de Arciiidona, lamiendo por su base la nove­
lesca «Peña de los Enamorados». Pasa después por
Antequera (al pie de la elevada sierra llamada «Tor-
cal de Antequera»), ciudad muy próspera y de po­
blación considsrable, de riquísima y extensa vega, y
— 220 —

cuyos codiciados muros han presenciado y sido base


de muchos combates. «Conquistada por el infanta
D. Fernando, después rey do Aragón, á consecuen­
cia del Compromiso de Cuspe, el cual llevó el nom­
bre de El de Antequcra, fin': constantemente conser­
vada por los cristianos, quienes, en la última gue­
rra de Granada, tuvieron en ella la base de sus ex­
pediciones». No lejos de Antequera se halla la famo­
sa «Cueva de Menga», que es un gigantesco dolmen
tenido como el monumento más antiguo de los ibe­
ros, y cerca están los tan afamados baños medicina­
les de Carratraca.
Por último, próxima á la desembocadura del
Guadalhorce se encuentra Málaga (de origen feni­
cio), capital de la provincia de su nombre, rica y
populosa, con su gran puerto, que os uno de los me­
jores situados y de más tráfico, y al que debe tan
hermosa ciudad ser llamada «la perla del Medite tra­
nco». De fructífera campiña y de comercio florecien­
te, Málaga atesora en su seno hermosos monumen­
tos, rio ellos la catedral de estilo del Renacimiento,
notable entre otras cosas por la magnífica sillería
del coro y por su soberbia escalinata de mármol
de 5 metros de altura. L as parroquias del Sagrario
y de la Victoria, el Palacio episcopal, la Aduana,
el Consulado, la Albóndiga y el Ayuntamiento, son
edificios dignos de Málaga, cuyo clima primaveral la
hacen muy á propósito como estación de invierno.
L a población de Málaga excede hoy de 131.000
almas; la de Archidona, cabeza del partido de su
nombre, de 8.800, y la de Antequera, también cabe­
za de partido, de 31.600.
— 230 —

El G uadalfeo. que se origina en Sierra Nevada


y en los altos picos de Panderón, Mulhacen y Ve-
lela; corre en la provincia de Granada, desembo­
cando en el Mediterráneo, por la hermosísima vega
de Motrilj donde prosperan el algodón, el labaco,
el añil y todos los frutos de África y América, y que
es, como con mucha razón se ha dicho, «el terreno
más adecuado para la caña de azúcar y una de las
comarcas de más porvenir de España el dia en que,
conocidas las condiciones de este litoral, incompa­
rablemente superiores á las de los Alpes Marítimos
y á las Riberas de Génova, llegue poblarse de esta­
ciones de invierno que compitan con Cannes, Niza,
Mentón, San Rem o, Porto Maurizio, Genova y
Spezia».
Mucho antes que á Motril baila el Guadalfeo á
Órjica, también de vega riquísima y dilatada, cua­
jada de naranjos, almendros, y sobre lodo de gran­
dísimos olivos, y cubierta de perpetuo v ei^ o r: en­
cerrada en el triángulo que forman tres ríos, Órjiva
resulta ser una verdadera isla. No muy lejos se en­
cuentra Lanjarón, con sus celebradas aguas medi­
cinales. Próximo á dos ríos y en la falda de la her­
mosa sierra granadina, ocupa este pueblo una situa­
ción por lodo extremo pintoresca, á lo que hay que
afiadir la variedad y riqueza de su término en pro­
ductos minerales y vegetales; respeclo de estos, se
da el hecho curioso de que, formado el núcleo del
pueblo por una extensa cálle, en un extremo de ella
se ven en abundancia los naranjales, y en el otro,
grandes bosques de castaños.
Como queda indicado, los tres pueblos dichos
— 231 —

pertenecen ú la provincia de Granada: Motril y Ór-


jiva son cabeza de los partidos judiciales de su nom­
bre, non 18.500 almas el primero y 4.300 el segando;
al partido de Órjíva pertenece Lanjarón, que cuenta
con 4.200 habitantes.
El A d ra , que nace en el puerto de Ragua,
rompe las sierras por las de Gádor y Contraviesa, y
después de servir de limite entre las provincias de
Granada y Almería (por ambas corre), desemboca
en el Mediterráneo por la segunda y la villa que lleva
su nombre; es decir, por la fenicia Abdera ó Adra,
la mansión de Boabdil después de su destronamien­
to. Esla poblaciónt que es notable por su fondeadero
en el antiguo puerto de Abdera, tiene una fecunda
vega sembrada de plantas tropicales; pertenece al
partido de B erja, y tiene una población que excede
de 11.000 habitantes.
Extranjeros que han viajado mucho celebran en
extremo los hermosos panoramas que presentan
Adra y Motril, en cuyo fondo se elevan hruscamente
las alturas gigantes cubiertas de nieve, del S. de Es-
paila. «De todos los interesantes aspectos que esta
cadena de montanas ofrece (la de Sie/ra Nevada),
dice un ilustre profesor extranjero, ninguno es tan
sorprendente y grandioso como el de Salobreña.
un pueblecillo al O. de Motril. El panorama, desde
aquí, puedo compararse con los m;is hermosos y
sublimes de la ribera de Italia; y aun los sobre­
puja, porque tan gran contrvisle entre el mar azul
y los campos de batatas y de cafia de azúcar, al pie,
hasta el Mulhacen, vestido de nieve en el fondo, no
se encuentra en ningún otro sitio de Europa».
El A lm ería nace por las mismas sierras que el
anterior. Llamáronle los árabes Andara v, y reco­
giendo las aguas de Sierra Nevada, de Filabres y
Gádor, riega amenos y fértiles valles y bonitas po­
blaciones, yendo á desembocar por la de Almería
en el golfo de este mismo nombre. El puerto de esta
capital andaluza, también de origen fenicio, es de
los más animados merced al comercio de importa­
ción y exportación que por él se hace. No obstante
esto, Almería ha decaído mucho, y no es ni sombra
de lo que era en tiempo de los árabes: los reyes de
Granada la eslimaban como la más preciada joya de
su corona, así por la fertilidad de su suelo como por
sus ricas manufacturas y su comercio con África,
Egipto y Siria.
Almería es capital de la provincia de su nombre,
con una población que excede de 47.000 habitantes.
Entre sus monumentos descuella la catedral, de es­
tilo gótico, que ofrece el aspecto de fortaleza. Es
también notable la morisca Alcazaba, sóbrela cum­
bre de una colina sembrada de históricas ruinas.

Las risueñas costas por las que desaguan los cita­


dos ríos andaluces en el Mediterráneo, son delicio­
sas y, como ya se ha dicho, particularmente las en
que tienen sus cuencas el Guadalhorce, Guadalfeo,
Adra, y Almería, muy adecuadas para servir de es­
tación de invierno. En las hermosas y ricas vegas
que esos ríos y sus tributarios fecundan, prosperan
y se cosechan con la vid, el olivo, el maíz y el
— aa:i —

naranjo, la caña dulce, el algodón, el tabaco, el


añil y otros frutos de Africa y América.

IV

VERTIEN TE ORIENTAL

Tiene una cosía casi tan extensa como la occi­


dental, pues se extiende desde el Cabo de Gata al de
Ci*eux, y por ella desembocan en el Mediterráneo
cuatro de los nueve rios considerados como de pri­
mer orden : el Segura, el Júcar, el Turia y el Ebro.
Comprende su vasta cuenca las más distintas y varia­
das regiones de nuestra Península, desde las pro­
vincias castellanas, andaluzas y de Levante, hasta
las aragonesas, catalanas y-parte de las vascas; por
lo cual, y por la posición de los ásperos montes y
elevadas mesetas que encierra, pasee el clima más
variado y, por consiguiente, se cosechan en ella los
productos más diversos. De aquí que, en conjunto,
se considere esta vasta región como la más fértil de
nuestra Península. Merced á todas esas circunstan­
cias, tiene muchos y muy importantes puertos. Por
su extensa costa desaguan en el mar varios ríos de
segundo orden, de los cuales merecen citarse los si­
guientes :
El A lm anzora ó Guadalniansor, que proviene
de la Sierra de Baza, entre la cual y las de las Es­
tancias y de Filabres corre por la provincia de Al­
mería. Este rio, temible en sus inundaciones, pasa
por Purchcna y desemboca en el Mediterráneo por
Vera, en la expresada provincia: ambos pueblos son
cabeza de los partidos que llevan sus nombres, el
primero con una población de 3.000 habitantes, y de
8.500 el segundo.
El V in a la p ó j quo nace en la Sierra Manola,
pasa por Vi/lena, cuya huerta, así como la de Sax,
fertiliza grandemente ramificándose en canales y
acequias, y luego de regar otras importantes pobla­
ciones, como Monóoar y Novclda, desemboca en el
Mediterráneo, al O. del Cabo de Santa Pola, por la
albufera de Elche. Con sus aguas surte, eu unión
del Segura, el pantano que fecunda la huerta de esta
hermosa población, de aspecto enteramente oriental,
aunque de origen griego, patria del célebre marino
Jorge Juan, pasando después de por ella, por su
incomparable bosque, único en Europa, de más de
80.000 palmeras, en el que se ofrece un paisaje á la
vez que nuevo, por todo extremo grandioso y admi­
rable. Todas estas poblaciones pertenecen A la pro­
vincia de Alicante, y son cabezas de partidos judicia­
les, á excepción de Sax, que corresponde al de Vi-
llena; la de este último nombre cuenta 14.000 habi­
tantes: Sax, 4.580; Monóvar, unos 10.600; Novel-
da, 11.400, y Elche, más de 27.300.
El Serp is. Aunque de cuenca reducida y corto
curso, ofrece interés este rio por los beneficios que
de íl reportan la industria y la agricultura. Sus sal­
tos de agua se utilizan para mover las fábricas de la
industriosa Alcoij, la segunda ciudad de la provin­
cia de Alicante y el primer centro manufacturero del
Mediodía de Espafia, por la producción de pafios,
bayetas, mantas, pañuelos y papel para escribir y
fumar: Alcoy es cabeza de su partido judicial, y tie-
— 235 —

lia una población que excede de 31.500 habitantes.


De la provincia de Alicante pasa el Serpis á la de
Valencia, para desembocar en el Mediterráneo por
Gandía, fecundando su extensa y hermosa vega, en
la que se hallan enclavados 29 pueblos: en esta
vega, umversalmente ponderada por su amenidad
y fertilidad, se cosechan los productos más tempra­
nos de la estación, y en punió á horticultura se rea­
lizan verdaderos primores. Gandía, que es cabeza
del partido de su nombre, cuenta unos 10.000 ha­
bitantes.
El P a la n cia . Procede este río de unas elevadas
peñas como cortadas á pico en la provincia de Cas­
tellón, corriendo al principio por asperísimo barran­
co. Á poco riega varias vegas, que fertiliza, no obs­
tante su poco caudal, merced al gran esmero con
que desde tiempos de los Arabes se utilizan sus aguas.
Y a más crecido llega A Vicer, pasando después por
Segorbe (población rodeada de buena huerta y con
una hermosa catedral) para internarse en seguida en
la provincia de Valencia y desemboten* en’ el Medite­
rráneo por el Grao de Murciedro, ó sea por aquella
tan afamada Sagunto, que con tenacidad sin ejem­
plo resistió á los cartagineses, dando con ello uno de
los ejemplos más grandes de heroísmo y de amor á
la independencia que registra la historia y ha canta­
do la poesía. En Sagunto se conservan aún, con los
de un circo romano (gloriosas ruinas ha poco decla­
radas monumento nacional), restos de su pasada
grandeza; la habitaban los hebreos cuando ¡Salomón
mandó á España un encargado para cobrará aqué­
llos los tributos con que debían contribuir á la cdus-
— 230 —

Irucción del famoso templo de Jerusalén, el cual


encargado murió y fuú sepultado en Sugunto.

D estru cció n de S a g u o lo .

Vivei\ Segorbe y Sagunto son cabezas de los


partidos judiciales de sus nombres; los dos primeros
en la provincia de Castellón, y el tercero en la de
Valencia, con unas 2.500, 7.000 y 6.800 almas res­
pectivamente.
El M ija re s es de curso más largo y mayor cau­
dal que el anterior. Nace en la provincia de Teruel
por la Sierra de Gúdar, a la entrada de la especie de
semicírculo que forma el Allambra en la primera
parte de su curso. Penetra después en la provincia
de Castellón, donde sus aguas son utilizadas para el
riego, al punto de que en verano queda el rio como
— 237 —

exhausto: en cambio contribuye á la abundancia de


la vegetación de aquella riquísima campiña. Pasa
por varias poblaciones, entre ellas la importante de
Villarreal, para desembocar en el Mediterráneo por
la de Almasora, villa rodeada de huertas y de plan­
tíos, de moreras, naranjos, olivos y frutales, y muy
próxima á Castellón, capital de la provincia de este
nombre, y situada casi en el centro del fértil terreno
de la Plana. Villarreal y Almazora pertenecen al
partido judicial de Castellón, la primera con más
de 16.000 almas, y con 7.200 la segunda.
Castellón que, cual Valencia, tiene su Grao para
comunicarse con el m ar, es población importante
por su vecindario (más de 30.000 almas) y riqueza;
y por su situación respecto del Maestrazgo, jugó
gran papel en las guerras civiles entre carlistas y
liberales. Se halla rodeada de vides y naranjos y de
bonitas casas de campo, llamadas masés en el país,
en las que se cultiva gran variedad de frutales.
Cerca de Castellón, y estrechando sobre él la
desembocadura del Mijares, se halla el famoso De­
sierto de las Palmas, que nada tiene de desierto,
pues lo forman montes que elevan picos en cuya
cúspide se descubren aún los restos de un antiguo
y misterioso castillo feudal objeto de mil leyendas
fantásticas, y rocas aisladas sin enlace alguno entre
sí, como gigantes guardadores del templo del De­
sierto. Porque entre esos ásperos montes, esos altos
picos, esas peladas rocas y los angostos y profun­
dos barrancos que los separan, existe un convento
de PP. Carmelitas (á los'que se debe la vegetación
que por allí se cultiva), y esparcidas allá y acullá,
— 238 —

á manera de las renombradas ermitas de Córdoba,


varias capillas destinadas á los ejercicios espirituales.
El Desierto de las Palmas ofrece al que lo visita
un espectáculo de salvaje y espléndida hermosura.
He aquí la bellísima descripción que de él hace en
unas Notas de viaje, la ilustre señorita Maria Car-
bonell y Sánchez en E l Correo de Valencia de 2 de
Septiembre de 1895:
«Creíamos encontrar un erial, pintoresco en me­
dio de su aridez, y hallamos una serie de monles
exuberantes de lozanía, de agreste belleza, de espon­
tánea vegetación, de encantador y bravio desorden.
Al internarnos por las enmara riadas sendas quo
forman como los primeros peldaños de aquellas ma­
jestuosas eminencias, empezamos á ver los monles
con toda su grandiosidad, coronando nuestras cabe­
zas, y mostrándonos nueslra insignificancia y pe­
quenez, al compararla con aquellas gigantescas
molas.

Montes esbeltos, de formas regulares, cónicas ó


redondeadas, contrastando con otros, al parecer dis­
locados, interrumpidos y truncados por internas y
espantosas convulsiones; alturas peladas, calvas,
mondas, rapadas y desnudas de follaje, junto á otras
tapizadas de verdes pinos, que ofrecían el aspecto de
gigantescas esmeraldas; riscos inaccesibles y fan­
tásticos, circuyendo y rodeando diminuios valles de
esplendida vegetación; en confusión revuelta, bra­
vuras salvajes y primores de cultivo; el pino, la ca­
rrasca, el madroñal, el alcornoque y el palmito, al­
ternando con el algarrobo, el olivo, el frutal, las
— 230 —

cepas y los maizales. Pero lo que en más alto grado


sorprende y maravilla es contemplar por entre dos
eminencias que forman 1111 amplio boquete, el mar,
prolongando la rompiente de sus olas hasta r o c ia r
con sus blancas espumas la base robusta de aque­
llas fortalezas. La descomunal abertura que deja ver
el límpido y cristalino espejo de las aguas, parece
ser la majestuosa puerta que pone en comunicación
las tres majestades de la inmensidad: el cielo, el mar
y las moles montañosas.
Siempre subiendo y serpenteando por entro lo­
mas y pendientes, llégase al monasterio, severo edi­
ficio habitado por una comunidad de padres carmel i'
tas, que, oculta entre aquellas asperezas, y no sé por
qué singular privilegio, ha resistido allí los furores
revolucionarios sin sentir los efectos de exclaustra­
ciones ni desvinculaciones.

Diseminadas por aquellas montañas existen gran


numero de pequeñas ermitas, en donde hicieron vida
austera y penitente otros tantos monjes antes de
reunirse para hacer vida en común. Más que todas
elevada, y como aspirando á vencer á las demás en
soledad y aislamiento, destácase en la cúspide más
alta de las que forman aquella desigual (i intermina­
ble crestería, la ermita dedicada a San Miguel, y en
lo antiguo habitada por el padre Bartolo, del cual ha
recibido el nombre la referida cumbre. Subir al pico
del Bartolo es llegar á la mela, es encontrar la tierra
prometida después del penoso viaje por el Desierto.
Con la esperanza de admirar en su totalidad el cua­
dro que á medias ya se nos ofrecía con grandísimos
— 240 —

atractivos, trepamos, más bien que subimos, por


aquel camino inverosímil, sólo accesible á los fuer­
tes y animosos....................................................................

¡Cuánto mar! ¡Cuánta tierra! ¡Cuánto cielo! Pero


el mar, no visto á distancia con vaguedades azula­
das que se confunden con el espacio, sino próximo,
basta respirarse ambiente salino y advertirse el mo­
vimiento que riza su superficie y la rompiente con­
tinua de sus olas. L a graciosa y suave curva del
golfo de Valencia dibújase casi por entero, desde las
estribaciones del cabo San Antonio hasta las costas
de Oropesa, y en día sereno y despejado vense las
islas Baleares, las Colúmbrelas y las torres y cúpu­
las de nueslra ciudad. Pueblos diseminados por to­
das parles; monles encumbrados, que desde aquel
observatorio parecen insignificantes colinas; valles,
llanuras, puertos, caminos, todo reducido y mos­
trando su relativa pequenez, al compararlo con las
obras de Dios, tan majestuosas y radiantes de su­
blime belleza... La luz y la sombra que proyectan
montes y nubes forman singular y agradable con­
traste; el aire, impregnado de sales marinas, de eflu­
vios resinosos desprendidos de los pinares, y de
esencias olorosas emanadas de tomillos y romeros,
es fresquísimo y agradable, aun en pleno día y en
Agosto... El silencio es tan completo y solemne cual
en el interior de un templo, y ante este cúmulo de
circunstancias que elevan y extasían, el espíritu, ol­
vidado del cuerpo, tiende á exclamar como los após­
toles que presenciaron la transfiguración de Cristo:
«¡Seílor, no bajemos de aquí I...»
— 241 —

Los cinco ríos nombrados desembocan en el Me­


diterráneo, al Sur del Ebro, y, salvo el primero, co­
rren por las provincias de Levante (Murcia, Alican­
te, Valencia y Castellón), donde son, como las del
Segura, el Jilear y el Turia, aprovechadas sus aguas
mucho y muy bien: A ello se debe en gran parte la
fertilidad y hermosura de aquellos campos y la ri­
queza del país. Los demás ríos de alguna importan­
cia (entre los de segundo orden) que desembocan en
el Mediterráneo lo hacen al Norte del Ebro, por lo
que se llama vertiente catalana, y de ellos deben
citarse los siguientes:
El F ra n eo lí. Nace este río, cuyo curso es peque­
ño, cerca del histórico monasterio de Poblet, que
sirvió de última morada á algunos reyes de Ara­
gón, pues con este objeto lo fundó Ramón Beren-
guer IV . Después de regar la villa de Montblanc,
cabeza del partido de su nombre en la provincia de
Tarragona, con unos 5.300 habitantes, atraviesa el
Campo de TarragoriHj cerca de cuya capital afluye
al Mediterráneo. Las aguas del Franeoli y de algu­
nos de sus tributarios se aprovechan de un modo
admirable pana mover muchas fábricas de papel y
turbinas harineras, y á ello deben las industrias de
que viven los pueblos esparcidos por aquella co­
marca.
Tarragona, capital de la provincia de su nombre,
con 26.000 habitantes, lia desempeñado papel im­
portantísimo en la historia patria, de la que es vene­
rable monumento; se atribuye su fundación á Tú-
bal. En la época romana fué capital de la Península
primero, y luego de la gran parte de ella, denomi­
nada Tarraconense, tuvo jurisdicción en cuarenta
leguas, disfrutó el privilegio de Convento jurídico y
fué visitada por César. De esos tiempos, en los que
tanto esplendor1alcanzara, conserva restos valiosos,
cuales son los del circo y palacio de Augusto (vulgo
Castillo de Pilatos), na elegante acueducto, el nota­
ble arco de Bará y la Torre de los Escipiones, los
cuales fueron enterrados en las robustas murallas
que cercaban la ciudad. En lo alto de la población
descuella la Catedral, obra majestuosa en la que se
hallan combinados los estilos románico, bizantino,
árabe y gótico; hay en ella un notable claustro, que
contiene una capilla llamada del Corpus Christi, en
la cual raposa completamente momificado el cuerpo
de D. Jaime el Conquistador. El campo que rodea á
Tarragona es muy fértil.
El L lo b re g a t. Nace esíe río, que es de bastante
más curso que el anterior, al pie de la sierra de Cadi
(en los Pirineos Orientales); atraviesa la provincia
de Barcelona, en la que con sus aguas mueve mul­
titud de telares y fábricas de varias poblaciones in­
dustriales y desemboca en el Mediterráneo, más
abajo de Barcelona, De los afluentes del Llobregat
merece nom brare el Oardoner, que pasa por la
importante y fabril ciudad de Manresa, y antes por
Cardona, en cuyas inmediaciones se halla la famosa
Montaña de Sal, de 80 metros de altura y 50 kiló­
metros de circunferencia: Manresa es cabeza de su
partido judicial, y su población excede de 23.000
almas, y Cardona pertenece al partido de Berga, y
cuenta 3.900 habitantes.
El B e s ó s es otro de los ríos que fertilizan la pro­
— 243 —

viuda de Barcelona, al Nordeste de cuya capital


desemboca en el Mediterráneo. Tiene su origen por
las faldas occidentales del Monseny, cuyas aguas
recoge; en su cuenca se halla enclavada la fértil y
bien cultivada comarca llamada El Valles, que ayu­
dan á fecundar varias acequias, una de las cuales
parte del Besús. Este rio lleva poca agua en la super­
ficie, pues la mayor parle de ella y la más constante
es subterránea, lo cual no obsta para que se apro­
veche para usos agrícolas ó industriales.
Entre las desembocaduras del Llobregat y el
Besós se halla encerrado el llano de Barcelona, pe­
queña, fructífera y rica comarca situada en medio
de la zona baja del litoral catalán, limitada en la
parte superior por la «costa de Levante», y en la
inferior por la «de Poniente», ambas risueñas, be­
nignas y muy productivas, merced á la laboriosidad
y constancia de sus moradores. Casi en el punto
medio de ese renombrado llano y de dicho litoral se
halla asentada la populosa, rica ú industrial Barce­
lona, capital de la provincia de su nombre y del
Principado de Cataluña. Y formando á modo de se­
micírculo en torno suyo, y como tendiendo á unír­
sele y con ella constituir un solo centro de pobla­
ción, los llamados «pueblos del llano», algunos
muy populosos y todos industriales y prósperos, á
saber: Sans, Las Coris, Sarrtát San Gervasio,
Gracia, Harta, San Andrés de Palomar y San
Martin de Provengáis, reputado como el primer
centro fabril de España (1).

(l) íJoiv Real decreto de 20 do Abril de 1897, quedaron


— 244 —

Según la creencia más generalizada, Barcelona


debe su fundación al cartaginés Amílcar Barca, que
le dió nombre; pero los que opinan que este caudi­
llo no llegó ti pasar el Ebro, afirman que la ciudad
condal era una factoría de los griegos establecidos
en Marsella, y de aquí su primitivo nombre de
Barlcinon: para algunos íué Hércules egipcio ó
griego el fundador de la capital de los laletanos.
Cualquiera que sea su origen, es lo cierto que Bar­
celona ha desempeñado importantísimo papel’en la
historia patria: los romanos, que la llamaron F a -
bcntia, fundaron en ella una colonia inmune hacién­
dola ciudad de derecho itálico. Actualmente es, por
su población, la segunda ciudad de España, y la pri­
mera por su comercio, y especialmente por su in­
dustria, en lo que no tiene rival en la Península. Su
anchuroso y bien acondicionado puerto, constante­
mente cuajado de buques, es de los primeros del
Mediterráneo, y se halla defendido por el fortísimo
castillo de Montjuich, desde el que se descubre gran­
dioso panorama.
De algunos años ¡i esta parte ha tomado Barce­
lona extraordinario incremento por lodos estilos, y
se ha embellecido de tal modo, que es contada entre
las ciudades más herpnosas de Europa. En su gran
recinto, que de día en día gana en extensión, atesora
muchos monumentos arquitectónicos que atestiguan
su antigüedad y la importancia que siempre tuvo;

agregados en su totalidad al término municipal de Barcelona


los pueblos de Gracia, San Martin de Provensals, Sans, S&n
Andrés do Palom ar, San Gervasio de Cas-solas y L&s Corts.
— 245 —

por ejemplo: la majestuosa Catedral, que es de es­

El puerto de B u w lo n a ,

tilo gótico, muy esbelta y elegante y muy rica en


primores arquitectónicos, de los que constituye va-
— 240 —

liosa muestra la monumental puerta llamada de la


Inquisición; el grandioso templo de Santa María del
Mar, que es otra joya en dicho estilo, por lo atrevi­
do, ligero y elegante de su construcción; el Monas­
terio de las Salesas, de construcción gótico-latina
del primer período del lie nacimiento; el Palacio de
los R eyes de A ragón, donde se halla establecido el
archivo general de la Corona de A ragón ; las Cusas
Consistoriales, con su histórico y famoso salón de
los Ciento; el magnífico edificio en que se hallan
instaladas la Diputación y la Audiencia; la U niver­
sidad, de construcción moderna, de estilo bizantino,
con detalles góticos, y la Lonja, con su magnífico
salón de Bolsa. De los monumentos antiguos mere­
ce recordarse la iglesia de Santa María del Pino,
cuya robusta torre octogonal recuerda el famoso
Miguelete de Valencia, y entre los modernos, que
son muchos y magníficos, el Banco y el muy gran­
dioso y artístico levantado á Colón frente al mar y
al principio del hermoso paseo de palmeras que
lleva el nombre del descubridor de Am érica y mira
A su concurrido y excelente puerto. Con la agrega­
ción de los pueblos del Llano, de que queda hecho
mérito, la población de Barcelona asciende ó. más de
529.000 habitantes.
El T e r. Nace también este río en los Pirineos
orientales, teniendo sus fuentes más arriba de Cam-
prodón (del partido de Puigcerdá, con unos 1.500
habitantes), en la provincia de Gerona; pasa luego á
la de Barcelona, donde riega la importante ciudad
de V'tch (la autigua Ausona, metrópoli de los ause-
tanos, hoy cubeza del partido de su nombre, con
— 247 —

más de 11.000 a lm a s ), cuna del insigne filósofo


Balines, y vuelve á internarse en la provincia de
Gerona (por cuya capital se le une el Oña, que la
atraviesa), para desembocar en el Mediterráneo por
el cabo Estardí, fren le á las islas Medas. El T er es
un rio torrencial, como el Llobregat, y cual acon­
tece con éste, son aprovechadas sus aguas para ol
riego de los campos y como fuerza motriz de la in­
dustria; á ello deben su vida y bienestar muchos
pueblos de aquellas comarcas.
L a población más importante de las que riega el
Tei' es la heroica Gerona, ciudad gótica según unos,
y para otros de origen celta, situada al pie d e d o s
montañas en forma de anfiteatro, con una Catedral,
restos de muralla ciclópea, que es uno de los monu­
mentos más notables de Cataluña, y una colegiata
(] ue se distingue por su b ello, esbelto y atrevido
campanario: es también notable el claustro rom á­
nico de San Pedro de Galligans. A l nombrar á Ge­
rona surge como por ensalmo en la mente el re­
cuerdo de los heroicos y memorables sitios que sos­
tuvo contra los franceses en la guerra de la Inde­
pendencia y qué han inmortalizado su nombre, el
cual llena una de las páginas más gloriosas de la
historia patria. Gerona, capital de la provincia de su
nombre, cuenta una población que excede de 15.600
almas.
Después de Camprodón riega el T e r las villas
de San Juan de las Abadesas y de Ripatl, nom­
brada la primera por sus ricas minas de carbón de
piedra, y la. .segunda por las ruinas del célebre m o­
nasterio de Benedictinos, hoy en restauración, que,
— 24$ —

á la vez que el de San .luán de las Abadesas, fun­


dó (874-898) W ifre d o el V elloso; sirvió de panteón
para los condes de Barcelona y de Resalú, y está
considerado como precioso monumento de la Edad
Media. Ambas poblaciones pertenecen al partido de
Puigcerdá, teniendo la primera cerca de 3.000 ha­
bitantes , y más de 4.800 la segunda.
P o r último, deben cilai’se también los ríos Flu-
viá y Muga, que eon un curso menor que el de los
anteriores, y como el de ellos torrentoso, corren por
la mentada provincia de Gerona. Los dos atraviesan
la llanura baja, rica y bien poblada del Ampurdán,
y van íi desembocar, el primero en el golfo de R o ­
sas, al N . de Ampurtas, y el segundo al S. del puerto
de Rosas, por unas lagunas próximas al mar. Arn-
purias recuerda la griega Emporion y la doble ciu­
dad Emportte de los latinos, cuyas ruinas existen
todavía. Las aguas de ambos ríos se aprovechan
para usos industriales en las diferentes poblaciones
por donde pasan, regando las del Fluvid la de Olot,
que se halla rodeada de volcanes extinguidos, y es
de las más industriosas de aquella comarca. Olot
es cabeza de su partido judicial, con una población
de unos 8.000 habitantes, y llosas, que pertenece al
de Figueras, cuenta con poco más de 2.600 almas.
LOS RÍOS

E l desierto, dijimos antes, es tan uniformemente


seco, estéril y abrasador porque no tiene montarías,
y porque carece de montanas, añadimos ahora, 110
tiene arroyos ni ríos, que son los que hermosean y
fertilizan la tierra. A llí donde no hay agua no hay
vegetación, no hay vida. El desierto mismo es prue­
ba de esto : donde, por la condición del terreno, re­
sulta un manantial, algo de agua, surgen los oasis,
especies de islas de vegetación que vienen á romper
la asfixiante y aterradora montonía de esos mares
de arena, y á ofrecer al jadeante viajero un lugar
en que poder descansar ¡í cubierto de los rayos abra­
sadores de un sol tropical.
Y es que el agua viste, adorna y fecundiza la
superficie del globo. Toda la vegetación le es deu­
dora de su existencia, y las comarcas más pintores­
cas deben casi siempre sus encantos á la bienhechora
corriente de algún río.
Ejemplos de ello, dentro de Espíala, nos lo ofre­
cen, entre multitud que pudieran citarse: los encan­
tadores cármenes de Granada, que riegan el Genil y
el Dari'u; los fructíferos huertos y deliciosos jardines
— 250 —

que embellecen las vegas que fertiliza el Guadalqui­


vir por Sevilla v Córdoba., y el T a jo por Aranjuez;
y, en fin, los poéticos vergeles que, fecundados por
las aguas del Tu ria, cercan la hermosa Valencia,
llamada por ello la «reina de las flores».
Recordem os, adem ás, lo que cotí frecuencia
ocurre. Vam os caminando por un campo seco,
árido, sin árboles ni vegetación alguna; de pronto
vemos á, lo lejos, casi tocando con el horizonte, una
franja verde, de la que al cabo distinguimos alzarse
algunos árboles; nos acercamos, anhelosos de dis­
frutar del paisaje, de la sombra y la frescura con
que nos brinda, y nos encontramos á la orilla de
un rio. ' '
L a vegetación anuncia siempre y seííala el curso
de los ríos, tendiendo por las riberas de ellos un ta­
piz verde matizado de llores diversamente colorea­
das, y elevándose sobre él los árboles, que á manera
de heraldos anuncian el paso del seflor de aquellos
dominios. N o parece sino que la Naturaleza gusta
de ataviarse con sus mejores galas para honrar á los
ríos que la fecundan.
L o s ríos, «cam inos que andan» ó «masas con­
tinentales que viajan», según dijera Pascal, son los
cursos de agua más considerables que surcan las
tierras, y llevan por todas partes la vida y la fecun­
didad.
Y este poder vivificador y fecundante no se debe
sólo al agua fertílizadora, sino, además, á los alu­
viones; es decir, á los diversos materiales que arras­
tran consigo esos cúreos de agua, y distribuyen en
depósitos progresivos á todo lo largo de su carrera.
— 251 —

De modo que los ríos, al regar los campos, los están


abonando constantemente.
Con la continua evaporación de sus aguas con­
tribuyen los ríos á sostener la humedad de la atmós­
fera y aun á prom over la lluvia, con lo que también
templan los rigores del clima y evitan ó disminuyen
la sequía. Sus aguas, siempre bienhechoras y ger­
men de vegetación, son sumamente productivas,
verdaderos manantiales de riqueza, cuando se sabe
aprovecharlas para el riego de los campos. Testimo­
nio elocuente de esto ofrece la región valenciana, á.
la cual se hace referencia en el párrafo que s ig u e :
«C erca del mar se encuentran fecundas planicies
de suelo igual ó poco accidentado; campos á nivel
para recibir el beneficio del riego; un clima casi
igual todo el ano y siempre benigno; una vegetación
espesísima, que ofrece todas las gradaciones posi­
bles del verde, realzado por el tono saliente de los
frutos de oro de los naranjos; numerosas casas
blancas y pintorescas chozas de zarza y tejados de
paja coronados de benditas cruces, que albergan
una numerosa población siempre ocupada, como
aquella tierra, que jamás descansa. Las moreras dan
tres y cuatro cosechas al año; cuatro y cinco planta­
ciones pueden hacerse en igual período; hasta nueve
y diez veces se siega la alfalfa».
Como dice el autor del párrafo copiado, toda esa
vegetación es obra de los ríos, pues se debe á las
aguas derivadas de ellos por las acequias y que sa­
ben utilizarse hasta el punto de regar con un caudal
tan pobre como el del Turia, en verano, más de
72.000 hectáreas de tierra.
Añadamos á lo dicho que los ríos alimentan va­
rias industrias, sirviendo sus aguas do motores á
molinos, batanes y fábricas, y que algunos, al ser
navegables (com o hemos visto que en más ó menos
extensión lo son el Miño, el Duero, el Tajo, el Gua­
diana y el Guadalquivir), sirven de medios de comu­
nicación, facilitando por ello el comercio, y se ten­
drá una idea bastante aproximada de los beneficios
que proporcionan los ríos á la agricultura, á la in­
dustria, á la riqueza y bienestar de los pueblos, en
una palabra.

Después de lo dicho, á nadie ha de parecer extra­


ño, antes bien, lógico y natural, que los pueblos an­
tiguos, impresionados por ello y por la imponente
majestad de los más caudalosos, sintieran por los
ríos esa admiración religiosa, que, convertida en
verdadero culto, llegó á divinizarlos. Tal aconteció,
por ejemplo, entre los persas, los egipcios, los grie­
gos y los romanos, que en ello 110 hicieron otra cosa
que imitar lo que los pueblos primitivos realizaron
con la m ayoría de los fenómenos y las fuerzas de la
Naturaleza.
De aquí que la M itología haya elevado los ríos á
la categoría de dioses. Generalmente los representa
bajo la figura de viejos, de barba espesa y largos
cabellos entrelazados con hierbas acuáticas, y te­
niendo en una mano un remo, símbolo de la navega­
ción, y apoyando la otra en una urna inclinada, de
la que sale el agua. También los ha solido represen-
— 253 —

lar por astas de loro, ya para significar quo el ruido'


de sus aguas semeja el bramido de ese animal, ora
porque los brazos de un río que se divide dan idea
de los cuernos de un toro. Á cada rio, por otra parte,
se le solía caracterizar por atributos especiales toma­
dos de los animales propios del país que riega, de
los peces que pululan en sus aguas, ó de las plantas
que crecen en sus riberas.
L a Pintura y la Escultura antiguas y modernas
han adoptado esas diferentes formas de personificar
los rios, \\ en su virtud, producido obras artísticas
de verdadero mérito, especialmente la segunda. He
ello dan testimonio las bellas estatuas del Tiber, del
N ilo y del Tigris (restaurada esta última por M i­
guel Á n g el) que nos lia legado la antigüedad y exis­
ten hoy, la primera en el Museo del Louvre (París),
y las otras dos en el del Vaticano (R om a). Los mis­
mos rios, más el Ganges, el Danubio, el Plata, el
R h in , el Sena y otros de menos nombradla, han
sido representados por pintores y escultores con­
temporáneos.
También la Poesía ha hecho de los ríos asunto
de inspiradas obras de arte y de apasionados acen­
tos. Aparte de las composiciones que muchos poe­
tas han consagrado á cantar las cualidades peculia­
res de determinados ríos, es muy común que se les
tome como base de los símiles v metáforas con que
se atavía el lenguaje poético. Con frecuencia se ve
comparar al de los rios el rápido curso de la vida
humana, como lo hizo Jorge Manrique en las tan
renombradas, tiernas y melancólicas Coplas que á
guisa de bella y peregrina elegía escribió con motivo
— 254 —

de la muerte de su padre, y en una de cuyas her­


mosas estrofas dice que

Nuestras vidas son los ríos


Que van á dar en la mar,
Que es el morir,

pensamiento que más tarde parafraseó el insigne


R io ja en su admirable y magistral Epístola moral,
en este sentido tetxieto ;

Como los ríos en veloz corrida


Se llevan ii la mar, lal soy llevado
A l úlLimo suspiro de mí vida.
LAGOS Y LAGUNAS DE ESPAÑA

Completan el sistema hidrográfico de un país las


llamadas aguas estancadas (en apariencia), ó por­
ciones de agua rodeadas por completo de tierra : lo
contrario precisamente que la isla. Según sus di­
mensiones, se dividen esas islas de agua en lagos y
lagunas. Cuando comunican con el mar, se llaman
albuferas. L a s lagunas cenagosas se dicen }iantano$.
Estanque es una laguna pequefia y artificial*
En Esparta no tenemos lagos que siquiera se pa­
rezcan á los tan hermosos de Suiza ó Italia, que no
son, por cierto, los m ayores de Europa. L o s que
existen no pasan realmente de lagunas, de las que
cuatro son albu feras: las conocidas con este nom­
bre en Valencia y Elche, y la denominada M a r
M en or en Murcia, En Mallorca (Baleares) hay otra.
L a Albufera de Valencia y el M a r M en or son
las más considerables y las que m ayores apariencias
tienen de la g o : la extensión superficial de la prime­
ra es de 8.500 hectáreas, y de 18.000 la de la segun­
da. Ambas son de aguas saladas v comunican con
el Mediterráneo, la de Valencia por el canal de des­
agüe llamado de Perelló, y por cerca del cabo de
Palos la murciana; la cual se debe á filtraciones del
— '250 —

mar, del que le separa una franja de arena. Se con­


sidera la Albufera valenciana como representación
de un antiguo lago desecado y depresión en que se
reúnen las aguas de varios barrancos, los sobrantes
de las acequias de riego de la derecha del Turia y de
la Real de A le ira, y sobre todo— porque esto no bas­
taría para explicar su abundancia — de avenam ien­
tos ó corrientes subtemineas que proceden de las
montanas inmediatas.
L a s otras lagunas son menos considerables por
su extensión; por ejemplo :
En la provincia de Orense, la de Antela, cuya
superficie es de 3.000 hectáreas. En la de Zaragoza,
la de Gallocanta, de aguas saladas, con una exten­
sión de 1.800 hectáreas, y á una altura sobre el ni­
vel del m ar de 960 metros. En la de Zamora, la de
Sanabria ó San M artin da Castañeda (también lla­
mada con cierta impropiedad de Benacente), que
ocupa 1.025 hectáreas á una altura de 1.000 metros
y con una profundidad de 80. En la de Ciudad Real,
la de los Ojos del Guadiana (donde reaparece el rio
de este nombre ó tiene su origen el Guadiana bajo),
que ocupa una superficie de 636 hectáreas á una
altitud de 634 metros. En los confines de la misma
provincia con la de Albacete, las de Ruídera, con­
sideradas como las fuentes del mentado río Guadia­
na , ó del Guadiand a lt o : están á 700 metros de
altura y miden una superficie de 317 hectáreas. En
la de Á vila, la de GredoSj que es la más elevada de
todas, pues su altitud excede de 2.000 metros, con
una superficie en forma de 8 y de 4 hectáreas de
extensión. Y en la de Cuenca, la de Uña, que sólo
— '¿ 5 7 —

ocupa 2 hectáreas, siendo su altura de 1.165 me­


tros. Deben citarse adem ás: la de la N a ca , en la
provincia de Palencia; la de B é ja r, en la de Sala­
manca; la de Fuente Pied ra , en la de M álaga; la
Salinosa de invierno, en la de Huelva, y en la de
Cádiz, la de Janda, en cuyas cercanías tuvo lugar,
como oportunamente dijimos, la batalla llamada del
Guadalete.
EL CLIMA Y EL SUELO DE ESPAÑA

INFLUEN CIA EN ELLOS DE LOS ÁRBOLES

El clima puede considerarse física y astronómi­


camente. El clima físico lo constituye el conjunto
de las afecciones atmosféricas que caracterizan una
región, ó, reduciéndolo á sus términos más vulga­
res, el grado de calor ó frío, de humedad ó sequía y
de salubridad de un país. El clima astronómico es
el que resulta de la situación en que el país se halle
con relación al Ecuador y los paralelos. Esta situa­
ción, la altitud, la proximidad al mar y las corrien­
tes de él, la posición y las condiciones de las mon­
tanas, los vientos y las lluvias, y la naturaleza y el
cultivo del terreno son factores que contribuyen á
formar el clima físico de una región.
E l de España no es precisamente el que corres­
ponde á la situación geográfica de la península ibé­
rica. Oigamos al Observatorio de Madrid :
«P o r su posición al SO. de Europa, entre los
paralelos 36” y 44° de latitud, casi por todas partes
rodeada por el mar, y bajo la influencia, aunque
lejana y débil, de la corriente marítima del golfo de
Méjico, y de la contrapon'ionio aérea de los vientos
alisios, la Península ibérica debería disfrutar clima
benigno y uniforme, si la naturaleza y elevado re­
lieve de su suelo, el abandono de los campos, la
desnudez de los moníes y las enormes quebraduras
de sus sierras y cordilleras muchos meses del año
coronadas de nieve, y la proximidad del continente
africano, de donde el aire sopla con frecuencia seco
y abrasador, no fuesen causa precisamente de lo
contrario».
Resulta, por esto, que el clima de nuestro país
no sea. uniforme. V aría grandemente entre unas y
otras regiones, en las que es corriente que se dé, á
la par que el templado, el frío y el caluroso más
extremos. En líneas generales, cabe decir que es
dulce y templado en las costas, caluroso en las pro­
vincias del Mediodía, y frío y destemplado en casi
todas las del interior. El promedio de la temperatu­
ra media anual es de 14", el de la media m áxima
de 37°, y el de la media mínima de 4o; el de la can­
tidad de lluvia de 520 milímetros, y de los días que
llueve 84.
El verano es riguroso en Andalucía, Extrem a­
dura, Valencia, Murcia y aun en Castilla la Nueva,
especialmente en Madrid y la Mancha, y se ofrece
más templado en las Provincias Vascongadas, en
Asturias y cosías de Galicia y en parle de Castilla
la V ieja; por todas estas regiones hay, como liemos
visto, puntos adecuados para veranear. El invierno
es templado en Extremadura, y casi primaveral en
gran parte de Andalucía y de la costa de Levante,
donde, como también liemos visto, existen lugares
— 2fiO —

A }>i'( ipósito para invernar ; es excesivamente frío en


Castilla la N ueva é interior de la V ieja, León, N . de
V alencia, una buena parte de las Vascongadas é
interior de Galicia. En Andalucía, por ejem plo,-va­
ría mucho el clim a: cálido en las costas, es más ó
menos templado en otros puntos y delicioso en al­
gunos, según las estaciones.
Puede, en lo tanto, concluirse que en España se
dan los climas de todas las zonas, pues á la vez
que hay en ella regiones en que las nieves son per­
petuas y los frios glaciales, en otras se sienten los
rigores del calor abitisador del desierto. Sin embar­
go, la nota más general y característica es la de un
clima templado y húmedo por el Norte y Occidente,
y extremo y seco por las regiones centrales y en el
Mediodía y Levante.

II

Gran parte de los beneficios que en uno de los


capítulos anteriores atribuimos á las montañas los
referimos á las pobladas de árboles. Estos «gigantes
del reino vegetal» benefician el clima y el suelo,
señaladamente cuando forman bosques y selvas, y
son necesarios hasta para mantener los ríos y hacer
que fertilicen los terrenos en vez de arrasarlos.
H e aquí, en resumen, los beneficios que propor­
cionan los árboles*
Condensando el calor atmosférico, atrayendo y
manteniendo la humedad y resguardando los cam­
pos, los árboles templan la sequía, los ardores del
verano y los frios del invierno; prolongan la dura­
— 261 —

ción de la primavera y del olofio; hacen más abun­


dante y frecuente el rocío, y promueven la lluvia
m ás'á menudo. Por estas y otras causas contribu­
yen los árboles á conservar y alimentar los depósi­
tos de aguas, á mantener el caudal de los arroyos
y ríos, v, por ende, á fertilizar ios campos. A esto
último contribuyen, además, abonando los terrenos
con sus raíces y hojas caídas, y haciendo que se
infiltre en ellos el agua A m ayor profundidad: por
esto se dice que «e l aumento de la tierra vegetal
está en razón directa de la cantidad de arbolado».
Sirven los árboles de abrigo y como de parapeto á
los campos, oponiéndose al ímpetu de los vientos, y
aun de las tempestades, cuya violencia y velocidad
amortiguan, con lo que aminoran sus desastrosos
efectos. P o r último, los árboles, que nos suministran
con sus frutos y maderas elementos de vida m uy
necesarios, son grandemente beneficiosos para la
salud, por lo que contribuyen á purificar la atmós­
fera y por lo que regularizan, moderan y suavizan
la temperatura y la humedad, v, en general, los fe­
nómenos meLeorológicos y las condiciones climato­
lógicas de un país.
«U n país poblado de árboles, se lia dicho mu v
oportunamente, recibe la lluvia como un tesoro que
de mil maneras aprovecha. Su suelo es una esponja
que retiene la humedad entre la tierra y las raici­
llas; dan éstas frondosa lozanía á los árboles; sua­
vemente se desliza el agua que sobra, buscando
nivel más bajo; infiltrase entre las meas y reapare­
ce en multiplicadas fuentes. Cada manantial origina
un arroyo que serpentea entre verdes prados, a m i-
— 202 —

lia las fiares con su murmullo, provoca los gorjeos


de los pájaros, y cruza por otros bosques hasta re-
unirse á un riachuelo, en cuyas apacibles márgenes
la vida llama á la vida y todo se alimenta de mate­
ria orgánica ».
P o r el contrario, un país sin árboles queda des­
pués de un temporal ó de un aguacero tan seco y
árido como anles en cuanto asoma el primer rayo
de sol; ni los ríos son en él tan fertilizadores como
en el otro caso; á la sequedad de la atmósfera sigue
la sequía, la aridez, y, consiguientemente, la pobre­
za del suelo.

*
* *

He ahí explicada la causa de que en muchas co­


marcas es pa fiólas sea lan seco el clima y los cam­
pos tan áridos y pobres. Merced á la ignorancia y á
un egoísmo mal entendido, se han talado montes y
bosques enteros para convertirlos en leña y madera
de construcción, sin cuidarse del porvenir ni de los
perjuicios que se irrogaban al suelo, á nuestra agri­
cultura (que á ello debe no pocos de los males que
la aquejan) y á la salud püblica. Á la falla de árbo­
les se debe que muchas de nuestras comarcas su-
fran los rigores de un calor abrasador ó de un frío
insoportable, carezcan de agua ó sean devastadas
por impetuosos y desbordados torrentes, según las
estaciones. E l clima y el suelo de nuestra patria no
son los que podían y debían ser por falta de arbo­
lado, falta que convierte muchas que pudieran ser
fértiles localidades en campos yermos, en verdade-
— -jr, j —

ros eriales. L a general escasez de arbolado es causa


evidente de que nuestro suelo sea iritis pobre de lo
que generalmente se piensa.
Leed, queridos lectores» lo que acerca de este
particular se dice con relación á España, donde se
ha acentuado más que en las restantes partes de
Europa la hostilidad hacia los bosques, muchos de
ellos arrasados enteramente por las generaciones
que nos han precedido:
«N uestro pueblo se interesa poco por el fomento
de los árboles. H ay provincias enteras donde se tie­
ne repugnancia al más hermoso adorno de la crea­
ción; á esos seres, á los cuales rinden pleito home­
naje las tiernas avecillas, y entre los que abren or­
gullosos las ñores sus corolas, dibujando con ellas
preciosos ramilletes; á esos seres, siempre bellos,
ya levanten sus brazos hacia las nubes, llenos de
, majestad, ya los vuelvan hacia la madre tierra para
abrigar todo lo nacido. H ay comarcas en donde es
general la aversión al arbolado, sin otro motivo que
la creencia de que atrae á los pájaros, y que éstos
devoran las semillas. ¡Prosaicas tierras de rudos
moradores! ¡Merecéis, en cambio, no tener una flor,
ni una gola de agua en vuestros campos, asolados
por millones de insectos! Que entre éstos, más que
semillas, buscan las aves su natural alimento.
¿Muchas montanas que hoy vemos improduc­
tivas, lo seguirán siendo por luengos siglos. En
cuanto se arrebató la vida á los árboles que Jas ves*
tían, sus raíces, ya muertas, quedaron sin fuerza
para entretejer el suelo con el césped que aprisio­
naba la lluvia; se agostaron las más humildes hier-
— 264 —

becillas y los arbustos; quedó sin defensa la tierra


vegetal, y el trueno de la tempestad se confundió
con el estrépito de los témpanos del suelo, que cedía
al empuje de las aguas. Aquellas montañas, coro­
nadas de flores en pasados siglos, tienen hoy sus
rocas al descubierto; antes eran cruzadas en todos
sentidos por inmensos rebaños, albergaban felices
moradores, las surcaban sendas en todas direccio­
nes; hoy no encontraréis más que ruinas, enormes
peñascos y grandes canteras. ¡Nada que pueda alte­
rar el silencio más absoluto!»
L o s países que carecen de arbolado se parecen
mucho á los desiertos, 110 sólo en lo referente al
clima y al suelo, sino también por lo que atañe á la
condición m oral de sus moradores. Como las mon­
tañas, desempeñan los árboles un papel m uy im­
portante en la economía moral de los pueblos.
«N o busquéis, en un país enteramente despro­
visto de árboles» abrigo alguno contra los rigores de
la estación; no os admiréis de no encontrar en él
una sola gota de agua ni un ser viviente; y si, por
ñn, halláis alguna aldea, no os sonrojen los detes­
tables caracteres de sus habitantes. Porque es lo ge­
neral que, en las comarcas escasas ó exentas de
árboles, las cualidades morales de sus pobladores
sean sumamente peores que las de otros cuya exis­
tencia corre venturosa entre una rica vegetación. En
éstos veréis todas las señales de la cultura; en aqué­
llos, la sequedad del suelo engendra la sequedad
del espíritu y rudeza y peores instintos. N o estimu­
léis su inteligencia embotada; no os inquietéis por
fomentar su educación; rechazan cuanto tienda á
— 265 —

m ejorar sus condiciones sociales, y se consideran


gozosos en su abandono y en su estado de incul­
tura».

*
*¡L K

Si los árboles son tan beneficiosos como queda


dicho para el clima, para el suelo y para la salud
pública de un país, la razón natural aconseja que,
en vez de con enem iga, se les trate como á amigos
bienhechores del hombre. Y si en España escasean
tanto y hacen tanta falta, la misma razón natural
aconseja también repoblar los montes que taló el
vandalismo y la ignorancia de nuestros antepasa­
dos, fomentar los bosques y las selvas, y, en fin,
plantar por doquier árboles. Y a lo dijo el gran poeta
Dante: «E l que ha plantado un árbol antes de morir,
no ha vivido inútilmente». Porque, como á su vez
dijera Fenelón, «nuestros árboles nos dan una som­
bra m ejor que la de los dorados alcázares de los
reyes». Un árbol no es sólo un amigo bienhechor
del hombre, sino A la vez un obrero que, al hermo­
sear y fecundar la naturaleza, trabaja constante­
mente en beneficio de la humanidad. P o r esto acon­
seja el Corán: «E n las invasiones y correrías por
tierras enemigas, no destruyáis los árboles ni asoléis
los campos y las casas»;
P o r todo ello, en la m ayoría de las naciones ci­
vilizadas son muy respetados los árboles y se casti­
ga con penas severas á las personas que los destro­
zan ó de algún modo atentan contra ellos. En arlgu-
uas, se fomenta la plantación de árboles por dife­
— 2GG —

rentes modos, como sucede, v. g r .r en Sajorna, en


donde, según la ley, nadie puede casarse si antes no
justifica que ha plantado seis árboles frutales y otros
tantos de sombra. En los Estados Unidos de A m é­
rica, se valen de las escuelas primarias para fomen­
tar las plantaciones de árboles é infundir en los
niños el respeto y el am or hacia eslos seres, adorno
de la creación natural. Desde 1872 consagran casi
todas las escuelas un día en la primavera á celebrar
la Jiesta del árbol, que consiste en plantar árboles,
de los que por este medio se habían plantado por los
mismos alumnos en un solo Estado (el de Nebras-
ka), y hasta 1892, unos 400 millones de todas las
especies. Ese día es de verdadera fiesta; la cerem o­
nia tiene por objeto principal hacer comprender á los
niños el valor de los árboles y su influencia sobre la
salud y la prosperidad del país. L o s profesores dan
ante ellos lecciones prácticas de botánica y clasifica­
ción, de las cuales obtienen excelentes resultados.

*
* *

Aunque con parsimonia, vamos entrando en Es­


paña por el buen camino en lo que atañe á los ár­
boles. L a Administración pública ha dictado algunas
disposiciones encaminadas á protegerlos y d procu­
ra i’ el repoblado de los montes. En las poblaciones
de alguna importancia se multiplican los árboles, y
empieza á cundir el respeto y el cariño hacia ellos,
á lo que, sin duda, ha contribuido la propaganda de
las Sociedades protectoras de animales y plantas,
que, aunque en ¡‘educido círculo, no han dejado de
prestar en nuestra patria sus cultos y bienhechores
servicios. Por último, también se va generalizando
entre nosotros (sobre todo por la región catalana) la
fiesta del árbol: lo que ahora hay que procurar es
que la fiesta no quede reducida á hechos aislados,
y se convierta en costumbre, extendiéndose íi otras
poblaciones de España. El Gobierno ha empezado á
p reocu pare de ella, ofreciendo algún estímulo para
su celebración.
Cualquiera que sea el resultado que para el por­
venir se obtenga de los ensayos que hoy se están
haciendo (en algunos pueblos pueden considerarse
como obra definitiva), lo que precisa es que por
cuantos medios puedan utilizarse se inculquen á las
nuevas generaciones Jos sentimientos y las ideas
que entraña este párrafo, que con análogo motivo
ha tiempo escribimos dirigiéndonos á los niños:
En vez de destructores debéis ser cuidadosos con
esos misteriosos sei’es que se llaman plantas, que
son á la ve/, «el alimento, el perfume y el adorno de
la tierra». Siempre que podáis, plantad un árbol.
N o olvidéis que, quien planta y cultiva un árbol,
como el que taladra un pozo en medio de la estepa,
ó aplana y escalona la roca y lleva á ella la tierra
vegetal y la hace producir, ó puebla un lago de
peces, ó pone un dique á los mares, ó diseca una
marisma ó una laguna pantanosa, purifica la at­
mósfera, beneficia el clima y agranda el suelo de la
Patria.
PRODUCTOS DEL SÜELO ESPAÑOL

PRO D UCTO S M IN E R A LE S

Es proverbial la rique/xi de nuestro suelo en


minerales, cuyos productos tienen gran importan­
cia, tanto por su variedad como por su cantidad y
rendimientos, no siendo éstos tan cuantiosos cual
pudieran y debieran ser, por causa de la también
proverbial incuria española. Contando las de todas
clases, y sin incluir terreros y escoríales, tenemos
unas 17.000 minas, lo que coloca á España en lugar
preferente entre las naciones europeas y aun del
mundo entero, porsu producción mineral. L a natu­
raleza ha encerrado entre las capas de tierra de
nuestro suelo elementos m uy importantes de rique­
za y poderío, siendo de notar, por lo abundantes y
numerosos, los metales, de los que tenemos en Es­
paña casi todos los conocidos, desde los más precio­
sos hasta los más comunes.
L os principales productos minerales de nuestro
país son, por la cantidad de ellos, por las industrias
que alimentan ó por los capitales que representan,
los siguientes:
— 2f>0 —

H ie r r o .— El más importante, sin duda, de los


muchos y potentes criaderos que tenemos de metal
tan útil, es el de Somorrostro ó Monte Triano, cerca
de Bilbao (V izca ya ), cuya explotación data del tiem­
po de los romanos. Adem ás de en esta provincia,
se explotan minas de hierro en las de Murcia, A l­
mería, Santander, Oviedo, Guipúzcoa, Sevilla, N a­
varra y Málaga, en la que se encuentra también
hierro magnético. En total y números redondos se
producen al-afio en España tres millones y medio de
toneladas de hierro.
O obre. — L a California del cobre se denomina
con bastante propiedad á la zona metalífera que se
extiende desde la provincia de Sevilla hasta parte de
Portugal. Á esta zona corresponde la porción cen­
tral de la provincia de Huelva, en donde se hallan
enclavadas las famosísimas minas de Ríotinto, que
lambién explotaron los romanos y que son de las
más ricas en mineral que se conocen. Siguenle en
importancia las de Tharsis, en la misma provincia,
de las que, como en las de Rioünto, se extrae en
abundancia la pirita ferro-cobriza, que también se
da en Linares (Jaén), como en Sierra N evada se
explota el cobre argentífero. E li Cataluña, Asturias,
Santander, Córdoba y otras provincias existen cria­
deros de cobre, del que al año se produce en España
millón y medio de toneladas.
M e rc u rio ó a zo g u e; c in a b r io .— El metal li­
quido llamado azogue ó mercurio, se extrae en abun­
dancia de las famosas minas de la antigua Sisapo
(h oy Almadén y Alm adenejos, en la provincia de
Ciudad R eal), consideradas como las más ricas del
— 270 —

mundo, pues que producen ¡as i nieve décimas par­


les del mercurio que en (A se consume. En dichas
minas se da también el azogue libre, pero en m uy
poca cantidad, pues casi toda la que se obtiene en
ella se extrae del cinabrio, que es el mineral del
azogue, y se encuentra, además de en las minas
mentadas, en las de Ríomonte (Galicia), Mieres del
Camino (Asturias), U sagre (Extrem adura), y algu­
nos otros puntos de las provincias de Teruel, N a -
varra, Alm ería y Granada. Anualmente se extraen
unas 24.000 toneladas de azogue.
P la t a y oro . — N o abundan en nuestro suelo
estos preciosos y tan codiciados metales.
L a plata se h a lla ; en Sierra Alm agrera, sitio de
las Herrerías, y en una m arga moderna (provincia
de A lm ería), y capilar sobre galena ó sulfuro de
plomo, en el Horcajo (Ciudad R ea!); de Hiendela-
encina (Guadalajara) se extrae también plata nativa,
que asimismo se produce en la provincia de Tarra­
gona. Es de advertir que gran parte de la plata que
se obtiene de nuestro suelo, procede de las galenas
y plomos argentíferos de Alm ería, Granarla, Mála­
g a , etc. L a producción anual de plata es de unas
9.000 toneladas.
El oro se halla, en mucha menos cantidad que la
plata, en L a N ava del Rico Malillo (Extrem adura),
Las Navas de Jadraque (G uadalajara), Peñafior
(Sevilla) y Carballo (Corlina). Se encuentra, ade­
más, oro en las arenas de los ríos Sil, Boeza, T o r­
mos y otros de León, Salamanca y Galicia; en esta
pintoresca región se halla enclavado el llamado por
los antiguos Valle del Oro, que surca el primero de
— 271 —

los ríos mentados. También el Darro, que baña á


Granada, arrastra oro en sus arenas.
P lo m o . — L o s minerales de que se extrae este
tan útil metal abundan en varias provincias, sobre
todo en las de Ciudad Real, Badajoz, Málaga, Mur­
cia, Alm ería y Jaén. En esta última son m uy nota­
bles, numerosas y abundantes las minas de Lin a­
res. Tam bién lo son, en la de Alm ería, los criade­
ros de Sierra A lm agrera, L a s Herrerías y Sierra de
Gádor. L o s minerales plomizos que más se dan en
estos puntos son los argenliferos, á cuya clase co­
rresponden los que se extraen en Cartagena (M u r­
cia). L a galena que con lanía abundancia se obtiene
en Linares, es de la más pura, por lo que tiene
gran salida en los mercados extranjeros, eomo la
tienen casi todos nuestros plom os, especialmente
para Inglaterra, L a producción de plomo de una y
otra clase se eleva anualmente en España á unas
370.000 toneladas.
N íq u e l. — Aunque en poca cantidad (unas 120
toneladas anuales), se extrae este metal, hoy m uy
estimado, en las provincias de Jaén (L op era ) y Má­
laga (Casarabonela y Carratraca) y en el Cabo Orte-
gal (Galicia),
C inc y ©ataño. — También abunda el cinc en
nuestro suelo. L o hay en las provincias de Murcia,
Albacete (en Ríopar, cerca de las Fuentes del Mun­
d o ), Oviedo, y, especialmente, en la de Santander
(Picos de Europa), donde se encuentran los prime­
ros criaderos que de este metal hay en España, como
se colige de estas noticias: gran parte del cinc espa­
ñol procede de la blenda que se beneficia en^ígunas
parles, por ejemplo en Asturias, cerca de Avilés, la
que se saca de los citadas Picos de Europa; la m ayor
parte del cinc de la Real Asturiana procede de las
minas de Reocín, cerca de Torrelavega (Santander),
cuya explotación es la primera de España. A unas
43.000 toneladas asciende nuestra producción anual
de cinc, con un producto al pie de fábrica de 3.000*000
de pesetas. En cuanto al estarlo, existen minas en
Viana y M onterrey (Orense) y en A lca lices (Z a ­
mora).
S a l com ú n.— Después de Austria, es España la
nación más rica en este producto. Adem ás de la la­
mosa montana de sal de Cardona (Barcelona), que
aparte de por-su extensión, es muy celebrada por
serlo de sal gamma, hay varios criaderos de sal-co­
mún en otros punios de Cataluña, y en las provin­
cias de V alencia, Murcia, Cádiz (Salinas de San
Fernando), Burgos, Santander (Cabezón de la Sal),
Alicante (las renombradas Salinas de T orrevieja),
Cuenca, Madrid (en Esparlinas, cerca de Aranjuez)
y Guadalajara (en Im ón). Á unas 150.000 toneladas
asciende la producción anual de sal común en Es­
paña .
Aunque su producción no pueda compararse, ni
con mucho, á la de la sal común, deben citarse aquí
el Magnesio (una de sus variedades, la sal de la
Higuera ó de Calatayud), el Alumbre y el Nitro,
que impuro se llama salitre. El primero lo hay en
los puntos que le dan nombre, el segundo en las
provincias de Teruel y Murcia, y el tercero en esta
última y la de Ciudad Real, y por Cataluña y
A ra gón .
Hulla 6 carbón de p ie d ra . — Aparte de nu­
merosos depósitos locales, tenemos en España doa
grandes centros carbón i feros : uno en Asturias
(L a n greo, Arnao, etc.) y las provincias de León y
Palencia (de Orbó á Otero de Dueñas), y otro en la
provincia de Córdoba, términos de Villaharta, Es-
piel, Bélm ez y Fuenteovejuna, continuando hasta
la de Badajoz. Entre los depósitos de menos exten­
sión, figura en primer lugar el de San Juan de las
Abadesas, en la provincia de Gerona. L a s minas de
Espiel y Bélmez son m uy celebradas por la gran
cantidad que producen de hulla, la cual constituye,
con el hierro, el plomo y el cobre, la m ayor riqueza
de nuestro subsuelo. E l carbón de piedra que anual­
mente se extrae de éste, asciendeá un millón y unas
doscientas mil toneladas.

Á los productos minerales mentados, que por lo


general, son los más abundantes y productivos, pue­
den añadirse muchos otros que dan idea de la rique­
za de nuestro suelo.
Así, por ejemplo, respecto á ca lizas, harto sabi­
do es que en casi todas nuestras provincias hay can­
teras de las que se extraen en abundancia piedras de
construcción. Se encuentran también variadísimas
clases de preciosos mármoles, algunos propios para
la escultura, en las provincias de Alm ería, Grana­
da, Toledo, Valencia., Tarragona, Sevilla, Córdoba,
Guipúzcoa, V izcaya y A ragón . En Begoña (V izca ­
ya), Molina de Aragón, Coveta (Guadalajara), Miu-
— 274 —

glanilla (Cuenca) y Burgos, se da la piedra litográ-


Jica, como en Oviedo y V izcaya la hidráulica, y en
varías otras, sobre todo en las de Santander y A s ­
turias, k creía ó tiza, que abunda en los Pirineos.
Como las calizas, pertenece al género cal el yeso,
que S3 encuentra, cual ósta, en casi todas nuestras
provincias, con frecuencia asociado con el azufre y
la sal común, y disuelto algo en las aguas de todos
los ríos.
También son muchas las provincias en que se
encuentra cu a rzo en sus diferentes variedades {cris-
ialisado, ágata, ópalo, jaspe, sílex), especialmente
las cristalizadas; así, tenemos: el cristal de roca, en
los Pirineos, la Sierra de Guadarrama y Asturias;
la amatista, en Monteen y y el Cabo de Gata; el j a ­
cinto de Comjwstela, en las provincias de Valencia
y Guadalajam ; el fa lso topacio, en la de Salamanca
(Hinojosa del Duero y Villasbuenas), y \d.venlurina,
en la de Madrid (Horcajuelo de la Sierra). En esta
misma provincia (Vallecas) se encuentran el ópalo
y el ágata, de la que además hay criaderos en Mon-
juich (Barcelona) y Cabo de Gata, En eslos dos úl­
timos puntos y en Vallecas y las provincias de
Córdoba y Murcia se halla el jaspe. E l sílex (peder­
nal, piedra de chispas, piedra de m olino) lo hay en
Cáceres, Granada, M álaga, Vallecas, etc.
De los BilicatoB se encuentran : la esmeralda ,
en Pontevedra; el granate, en los Pirineos catala­
nes, Sien-a N evada y el Cabo de Gata; la turmali­
na, en la Sierra de Guadarrama y en Valencia de
Alcántara (Cúceres); la serpentina.r en la citada Sie­
rra N evada y en la Berm eja (M álaga), asi como en
— 275 —

los Pirineos y Galicia, y el amianto, que se emplea


para fabricar tejidos incombustibles que utilizan es­
pecialmente los bomberos, en las mencionadas Sie­
rras Nevada y Bermeja, Asturias, V al lecas (Madrid)
y algún punto de la provincia de Lérida.
Abundan grandemente en nuestro suelo las a rc i­
lla s (quo se originan del silicato feldesptllico llama­
do «ortosa»), así las plásticas como las esmécticas,
lo cual explica el desarrollo que en otros tiempos
tuvo entre nosotros la cerámica- Las arcillas plásti-'
cas {¿ierra del alfarero), que son las que se empican
para fabricar el ladrillo, los objetos de alfarería
(pucheros, cántaros, tinajas, etc.) y la loza, abun­
dan en toda la Mancha, en Extremadura (T ierra de
Barros, en Badajoz principalmente), en Andújar
(Jaén), M álaga y Sevilla. De ellas se considera como
una variedad el caolín ó tierra de porcelana, cuyo
producto forma la masa de la china, loza ó porcela­
na, y se encuentra en varias comarcas de nuestro
país, sobre todo en la Sierra de Guadarrama (tér­
minos de Gal a pagar y Torrelodones, Puerto del
Paular, etc.), en Galicia, Sierra Morena y en Pue­
bla de Montalbán (T oledo). De las arcillas esmécti-
cas ó tierra de batán ó de quitar manchas, nos ofrece
un buen ejemplo la llamada ¿ierra de Segocta, como
la de Zam ora lo da de las arcillas refractarias.
Entre los fo s fa to s , requiere especial mención,
por la importancia que tiene para la agricultura, la
fosforita, que se emplea principalmente y con re­
sultados muy eficaces, paiti el abono de los cam­
pos. De tan útil substancia existen yacimientos en
la Sierra de Montánchez y Logrosán (Cáceres),
— 27f> —

Fuenteovejm ía (C órd ob a) y otros punios, siendo


el más importante el calícero de Cáceres.
De la clase de combustibles, tenemos yaci­
mientos de azufre, además de los de Benamaural
(Granada) y Ríodeva y Libros (Teru el), en Comí,
cerca de Cádiz v en Hollín (Albacete), que son dos
importantes criaderos; anualmente se producen unas
33.000 toneladas. L o s carbones fósiles abundan
en nuestro suelo; aparte de la hulla, en que ya
liemos visto que es muy rico, tenemos: el grafiio,
del que se hacen los lápices y crisoles, y hay en
Marbella (M álaga) un criadero de unas 12 leguas de
extensión, encontrándose además en las provincias
de Asturias, Jaén y Huesca; la antracita, ó hulla
brillante, que también la hay en Asturias, Guipúz­
coa y Granada; el lignito (carbón pardo ó madera
fósil), que abunda en España (se producen al año
más de 38.000 toneladas), particularmente en A li­
cante (A le o y ), A ra g ó n , A lm ería y Albacete; v la
turba, que además de combustible sirve com o abo­
no, y se encuentra en Castellón, én algunas locali­
dades de Madrid y en la desembocadura del Gua­
dalquivir. Como resina fósil debe citarse el ámbar
amarillo, que existe en Utrillas (Teruel), Oviedo y
Castellón, donde se encuentra dentro del lignito. En
lin, de betunes fósiles, ten em os: la nafta ó aceite
mineral, en algunos puntos de las provincias de San­
tander y Burgos, y en Escala (G erona) y Sigíieuza
■(G uadalajara); y el asfalto (betún de Judea, pez
mineral), en Burgos, Ciclones (Soria) y Torrelapaja
(Zaragoza).
Abundantísimo es nuestro suelo eu aguas m i­
nerales ó medicínales, de las que posee España. una
verdadera riqueza.- Esparcidos por todas las provin­
cias se cuentan unos 800 manantiales, de los quo
más de 100 tienen dirección oficial y su correspon­
diente establecimiento balneario, de los cuales cita­
remos los siguientes:
En la provincia de A lava, Sobrón; en la de Ba­
dajoz, Alan.jíj; en la de Barcelona, L a P u d a ] en la
de Ciudad Real, Puertollano ; en la de Córdoba, O r-
cajo; en la de Granada, Alham a y La n ja rón ; en la
de Guadalajara, Sacedón y Trillo; en la de Guipúz­
coa, Areehavaleía, Ceslona v Arbola ; en la de
Huesca, Paniicosa; en la de Jacn, Marm olejo; en
la de L ogroñ o, A rn ed illo ; en la de Madrid, L o e -
ckcs; en la de Málaga, Carratraea; en la de Murcia,
Alham a y Arehena: en la de N avarra, Bótela, y
Filero antiguo; en la de Oviedo, Caldas; en la de
Pontevedra, M ond a ria ; en la de Salamanca, Z/>
desnia; en la de Santander, Caldas de fiesaya,
Lié?ganes, Ontaneda y A U e d a ; en la de Vizcaya,
Elorrio, y en la de Zaragoza, Alhama de Aragón.
Con éstas y las demás fuentes salutíferas, hay en
España aguas medicinales de cuantas clases puedan
necesitarse para atender A todas las dolencias quo
requieran un tratamiento consistente en bañarse en
esa clase de aguas ó tomarlas en las diferentes for­
mas que prescribe la hidroterapia.
— 27 S —

II

PRO D UCTO S V E G E T A L E S

Por* lo mismo que nuestro suelo es m uv acciden­


tado y el clima varía hasta el punto de darse en una
sola comarca' y aun localidad con el propio de las
regiones de las nieves perpetuas el de las tropicales,
varían grandemente en Esparta los producios del
reino vegetal. Semejantes circunstancias hacen apto
al suelo patrio «para que todos los cultivos y todas
las vegetaciones, desde la carta de azúcar hasta el
pino alpestre, se desarrollen en él lozanos, forman­
do, á veces, al presentarse simultáneamente ¿i la
vista, lineas bien marcadas de admirable contraste».
Digam os algo de los productos indicados;
Trigo y otros cereales. — En casi todas las re­
giones de Esparta se cosechan cereales, principal­
mente el trigo, que abunda mucho en sus varias
clases, sobre todo en ambas Castillas, que lo pro­
ducen de superior calidad, y de donde se exporta á
otras provincias. En Extremadura, Andalucía, Gali­
cia, Murcia, Cataluña y Vascongadas se cosechan,
además, cebada} cenieno y m a l'. En la región va ­
lenciana se cultiva en gran escala y con mucho es­
mero el arroz, que también se da abundante en las
provincias de Castellón y Tarragona.
Más de 12.000.000 de hectáreas representa el te­
rreno que en Esparta se destina al cultivo de los ce­
reales, el cual produce, por término medio, unos
1.750 millones de pesetas al arto.
— 27'J —

L a V id . — Siempre lia sido grande y muy pro­


ductivo en España el cultivo de esta valiosa planta,
el cual ha tomado considerable incremento de algu­
nos años á esta parte, sobre todo por las provincias
levantinas, merced á la buena acogida que encuen­
tran nuestros vinos en los mercados extranjeros. Si
A la circunstancia de abundar los detritus potásicos
en las faldas de nuestras montañas v hasta en los
fondos de nuestros valles, se unen las de la altura
general de nuestro suelo y la del mucho sol que
disfruta, por esta causa y por su configuración, ten­
dremos explicado por qué la vid prospera tan fácil­
mente en toda la tieria española. Por lo dicho y por
la excelente calidad de los vinos, puede afirmarse,
sin incurrir en exageración, que España es la pri­
mer nación vinícola del mundo.
Tenem os en ella más de 500 variedades de uvas,
de las que se cosechan excelentes vinos, entre Los
que sobresalen, y son muy estimados en todas par­
tes, los tan renombrados de Jerez y Sanlúcar de
Barrameda (Cádiz), especialmente los llamados seco,
Ped ro Jiménez y manzanilla ; el tintilla de la Rola
en la misma provincia; el M álaga; el de Mantilla
y los Moriles, en la de Córdoba; el garnacha , de
A ragón y N avarra; el celebrado Cariñena, en la de
Zaragoza; los de Priorato en Tarragona, v F para
no citar más, los de la Mancha, de los que es el tipo
principal y más apreciado, entre los que, como el
exquisito R io ja , se llaman «vin os de m esa», los tan
estimados de Valdepeñas. De las uvas secas se
obtienen las pasas, que exportamos al Extranjero,
principalmente las de Málaga.
— 280 —

Unos dos millones de hectáreas se dedican en


España al cultivo de la vid, que en bruto produce
al año más de mil millones de pesetas.
E l Olivo. — Este frutal clásico d© la arboricul-
lura mediterránea prospera en treinta y tres de
nuestras provincias, principalmente en las de C ór­
doba, Sevilla, Jaén, Toledo, Tarragona, Lérida,
Valencia, Baleares, Málaga, Badajoz, Ciudad Real,
Guadalajara, Murcia y Alicante. El aceite de oitca
ríe Montoro (Córdoba) es muy celebrado por su cali­
dad y abundancia, lo que también cabe decir del
de otras provincias, la de Sevilla, por ejemplo.
Los olivares que hay entre todas abrazan más de
L 200.000 hectáreas de terreno.
E l N a ra n jo . — Como los cereales, la vid y el
olivo, caracteriza el naranjo una de las llamadas
«zonas de vegetación». Si bien se cultiva en varias
provincias, incluso Galicia (por las costas), donde
principalmente sienta sus reales es en Andalucía y
toda la costa de Levante (Murcia, Alicante, V alen­
cia, Castellón) hasta Tarragona. Como el limón, que
se produce en las mismas regiones, la naranja se
exporta al Extranjero, lo que da lugar á un com er­
cio m uy importante y ha originado un aumento con­
siderable del plantío del naranjo y un esmerado cul­
tivo de tan precioso frutal; que, por otra parle, con
sus hojas permanentes de abrillantado verde obscu­
ro, sus dorados frutos y su blanca flor de azahar,
embellece y perfuma los campos, las huertas, los
jardines y patios y hasta los paseos públicos de las
poblaciones andaluzas y levantinas.
Bosques. — Aunque, corno dijimos al tratar de
— 281 —

los árboles, se han talado muchos bosques y selvas,


y escasea el arbolado en nuestros montes y, en g e­
neral, en nuestro suelo, no por ello es despreciable
la riqueza forestal de España. El pino, la encina y
el alcornoque, como el álamo, el roble y el haya,
abundan en varias regiones formando extensos y
seculares bosques, de los que se obtienen buenas
maderas y se originan productivas industrias.
Abundan mucho los pinares, de los que los hay
verdaderamente grandiosos, como los de Valsaín
(S egovia) y N avas del R e y (Madrid), por ejem plo:
los primeros han dado y dan maderas en cantidad
prodigiosa, y de los segundos, también muy fecun­
dos en ellas, se beneficia en gran escala la resina.
Igualmente abundan los encinares, que cual los e x ­
tensos de la Alcudia (Ciudad Iieal y Córdoba) y de
Extremadura, sirven principalmente para alimentar,
con la bellota que producen, el ganado de cerda y
dan origen á la industria choricera. L o s alcorno­
ques, que abundan en Cataluña y más en Extrem a­
dura, alimentan la industria corchera, cada dia más
próspera en ambas regiones.
Otros árboles frutales y de madera. — T e ­
nemos en Espaila rica variedad de otros árboles,
sobre todo de fruta. Adem ás del avellano, castaño y
nogal, que forman extensos bosques, y así como
para comestibles, se aprovechan para madera, v,
aparte también del manzano, del que se saca la sidra
(dando lugar á una industria importante), y hay
grandes plantíos en Asturias, prosperan en nuestro
suelo el almendro, algarrobo, peral, membrillo, me­
locotonero, alburicoquera, rím elo, cerezo. Cfitindo,
— 2S2 —

higuera y granado, esparcidos por todas las regio­


nes, y en algunas de éstas hasta el plátano y la pal­
mera, que se cultivan por las provincias de Anda­
lucía y Levante. Las palmeras son estimadas, más
que por los exquisitos frutos que dan (los dátiles) y
por las aplicaciones industriales que se hacen de
otros productos de ellas, por su esbellez y gallardía;
son, por ello, un hermoso adorno de los campos,
jardines y paseos públicos. Recordemos una ve/,
más los incomparables bosques de palmetas que
tanto embellecen los pintorescos alrededores de
Elche.

Adémás de las mentadas, prosperan otras plan­


tas en el suelo patrio.
La caña dulce ó de azúcar se da en las costas de
Andalucía, especialmente por la provincia de Mála­
ga, donde su cultivo se halla extendido, y se ensaya
con éxito el del tabaco, que no se cosecha ya en
abundancia por las dilicultades que pone el lisco.
El Uno y el cáñamo (plantas textiles) se cosechan
en Galicia, León, Castilla, Aragón, Granada y
Murcia, donde tambión prospera el azafrán, como
en Motril y Almunécar (Granada) se cultiva la útil
planta del algodonero, de la clase de las textiles.
Así las legumbres como las hortalizas de todas
clases son muy comunes en nuestro suelo, en el que
también abundan las plantas de raíz alimenticia,
tales como la patata y la batata, la remolacha, la
zanahoria, el nabo y la chufa, de que se hace agra­
dable horchata para refrescar, y se culiva casi ex-
— 2S:i —

elusivamente en la costa de Valencia. La remolacha


se cultiva en gran escala en algunas provincias
(Granada y Málaga, por ejemplo) para la fabrica­
ción de azúcar, con lo que se va desarrollando en
EspaHa una industria importante.
Por último, 110 hay para quó decir que abundan
en España las plantas aromáticas y las flores.
Nuestais sierras y nuestros montes, y aun los te­
rrenos de menos accidentes, se hallan alfombrados
de romero, tomillo, cantueso, salda y otras plantas
silvestres, que con la fragancia que despiden embal­
saman la atmósfera, al mismo tiempo que la puri­
fican y la hacen más saludable. Cuentan algunos
navegantes haber reconocido nuestras costas á los
70 kilómetros de distancia por el olor á romero que
<i ellos llegaba.
En cuanto á las flores, bien sabido es que las
hay en riquísima variedad por todas las l egiones es­
pañolas, incluso en las centrales: testimonio elo­
cuente de esto son los hermosos jardines de la Gran­
ja y de Aranjuez. Pero donde hay mayor copia de
ellas, nacen más espontáneamente y son más her­
mosas, de colores más vivos y de perfume más em­
briagador, es en Andalucía y toda la costa del reino
de Valencia, en donde abundan los jardines y ver­
geles, y hasta las huertas se hallan cuajadas de ro­
sas, azucenas, jazmines, claveles, nardos y otras
mil clases de las vistosas y aromáticas ñores que,
con los naranjos y limoneros, adornan los delicio­
sos patios andaluces, entre los que descuellan por su
belleza los tan justamente renombrados de Sevilla.
Á propósito de las flores conviene recordar lo
— ¿8 4 —

que dijimos con ocasión de los Arboles y, en gene­


ral, de las plañías : que debemos ser con ellas cui­
dadosos y ha de procurarse cultivarlas.
Como ya dijera el gran Chateaubriand : «la flor
produce la miel, es la amable hija de la mañana,
el encanto de la primavera, el manantial de los per­
fumes, la gala brillante de la virgen y la inspiración
del poela».
A lo que añade nuestro inspirado vale popular,
Zorrilla:
Dios y ol pueblo aman las flo r e s ;
Dios las tiene tín los aliares,
Y de aquél son los m ejores
Atavíos y primores
En su» filis Las populares.

IIE

PRODUCTOS A N IM A L E S

Tenemos en España animales de muchas clases,


abundando bastante los útiles. Pero, como sucede
con la Agricultura en general, no se aprovechan
cual debiera, los productos del suelo, ni se hace pro­
ducir á éste cuanto produjera si se la atendiese más.
Concretándonos á la industria pecuaria (la que trata
del ganado), obligado es convenir en que «no hay
en España, ni con mucho, el esmero que se observa
en otros países en el cruzamiento, cuidado y mejora
de los animales útiles».
A que los productos animales no sean en nues­
tro país tan excelentes y abundantes como quisiéra­
— 285 —

mos, contribuye con nuestra proverbial indolencia,


la falta de buenos pastos, que son en España harto
pobres, comparados con los ricos del centro de Eu­
ropa; esto no obstante, en algunas comarcas los te­
nemos con cierta abundancia y de excelente calidad,
cual sucede, por ejemplo, en Galicia y Asturias,
donde son finísimos, á lo cual se debe que estas pin­
torescas regiones sean centros de importantes gana­
derías, especialmente la segunda.
Digamos algo de los animales útiles que más
abundan en España y mayor influencia ejercen en
la agricultura é industria nacionales.
Ganado caballar, mular y asnal.—El caballar
abunda principalmente en Valencia, Extremadura
y, sobre todo, Andalucía. Los caballos cordobeses
están reputados como los mejores de España, por
sus fornidos miembros, su gallardía y su ligereza,
siendo por ello tenidos como los mejor formados y
más bellos de Europa. En general, los caballos an­
daluces, entre los que merecen especial mención los
de Jaén, gozan fama universal y se emplean para
montar, sobre todo para la guerra y el paseo, y
también en el tiro de lujo. Los de Navarra, de pe­
queña alzada y gran resistencia, son propios para
tiro ligero. Debe recordarse aqui la famosa yeguada
de Aranjuez. En cuanto al ganado mular, se en­
cuentra extendido también por varias regiones, es­
pecialmente por Castilla la Vieja y la Mancha,-en
las que, así como en la provincia de Córdoba, se en­
cuentran las mejores razas del asnal.
Para el fomento del ganado caballar y mular hay
en España 85 paradas ó casas de monta del Estado
— 280 —

y 459 de particulares, cuyo producto se calcula en


2.000 cabezas anuales. El número total de éstas, en
números redondos, es de 725.000, de caballos;
1.022.000, de mulos, y 1.200.000 de asnos.
Ganado vacuno, cabrio y lanar.—Del vacu­
no, que se halla extendido en varias regiones (Cas­
tilla la Vieja, Asturias, León y Galicia principal­
mente), el gallego no cede á ninguno en bondad y
mansedumbre, y es el tipo más perfecto del desti­
nado á carnes, como el asturiano sirve particular­
mente para las mantecas y leches, y el leonés y
segoviano es más apto para el trabajo: el de Soria
recuerda las exquisitas mantequillas que se conocen
con el nombre de esta provincia, cuyas tres cuartas
partes mantienen ganado, especialmente vacuno.
Por ambas Castillas, Extremadura, Andalucía y
Aragón, abunda el ganado cabrio y lanar, siendo
muy renombradas las ovejas merinas, por las abun-
dantes y finas lanas que de ellas se obtienen : tam­
bién son estimables en ambos conceptos, las razas
churra, leonesa, manchega, segoviana, burgalesa y
zamorana.
Existen en España unos tres millones de cabezas
de ganado vacuno, más de cuatro y medio de cabrío,
y cerca de veintidós y medio de lanar.
Ganado d© cerda, — Como el anterior, abunda
por toda España, siendo las provincias en que hay
más y do mejores condiciones, las de Extremadura,
Andalucía, Galicia, Salamanca, Baleares y Astu­
rias, Los grandes encinares de la primera de estas
regiones alimentan en ella la cría del ccrdo común,
dando lugar á la importante industria choricera y
— 287 —

jamonera : los chorizos extremeños son superiores


y los jamones muy estimados, sobresaliendo los de
Montetnchez (Caceres), como en Andalucía se llevan
la fama los de Trevélez (Granada) y en Asturias los
de Avilés. En Galicia abunda mucho el cerdo, cu­
yos productos (chorizos, jamón y tocino) se venden
por gran parte de España. El jabalí ó cerdo salvaje
habita en los montes de varias comarcas de Espa­
ña, siendo objeto predilecto de los cazadores por lo
estimadas que son sus carnes.
Pasan de cuatro millones y medio las cabezas
que hay en España de cerdo común 6 jabalí domes­
ticado.
Las aves.—Pueblan nuestros campos, adornan
y alegran nuestras habitaciones y acrecientan nues­
tra riqueza multitud de aves de muy diversas cla­
ses. No hay que decir que las llamadas de corral
(gallinas, pavos, patos y gansos) se encuentran en
todas las comarcas españolas, así como las palomas,
de cuyas diversas castas es la más común entre
nosotros la llamada Carito, cuya cria tiene gran im­
portancia por Castilla la Nueva, Pasando por alto
las aves que, cual las mentadas, se emplean como
alimento (perdiz, codorniz, zorzal), debemos recor­
dar las canoras, del que es el tipo más simpático y
que 110 deja de abundar en nuestras alamedas y sel­
vas el «armonioso cantor de la noche», llamado rui­
señor; el canario, el jilguero, el verderón, el pardi-r
lio, el mirlo, la alondra y la calandria, por ejem­
plo, son también comunes en España, como igual­
mente lo es la parlera urraca.
Las abejas y bu s productos. — Abundando
— 288 —

por nuestros campos las flores, especialmente las


labiadas (las del romero, tomillo, cantueso, salvia,
espliego, etc.), es natural que abunden también esos
insectos, tan industriosos como útiles, diestros fabri­
cantes de la cera y la miel; queremos decir las «solí­
citas y discretas» abejas, como las llamara Cervan­
tes. De los varios lugares que en España se cultivan
éstas, merecen especial mención los pueblos de la
Alcarria, tan renombrada por la exquisita miel que
en ella se cosecha, merced ¡1abundar en su suelo las
flores aromáticas, de cuyo néctar gustan con prefe­
rencia libar las abejas para la elaboración de sus
preciados productos.
Aunque la apicultura (industria rural que tiene
por objeto la cria de las abejas para obtener miel y
cera en las mejores condiciones posibles de calidad
y cantidad) no se halla muy extendida en España,
se calculan sus rendimientos en unos siete millones
de pesetas anuales; mucho más pudiera obtenerse,
con un cultivo más esmerado, de un suelo tan pró­
digo en flores como el nuestro.
El gusano de seda. — El primitivo, ó sea el
originario de la China, es el que se alimenta de las
hojas de Ja morera, árbol que prospera en varias re­
giones de Esparta, ¡especialmente en las provincias
de Valencia, Murcia, Granada, Toledo y Cataluña.
Antes estaba, muy extendida en nuestro país la in­
dustria de la seda, que alcanzó gran florecimiento,
sobre todo en las cuatro primeras de las provincias
citadas; pero hoy ha decaído bastante, por causa de
las enfermedades que atacan al gusano y á la more­
ra, la cual se cultiva cada vez menos en España.
— 289 —

Además del gusano de la morera, hay otros,


v. gr., el del roble, que es menos delicado, pues se
cría al aire libre : la seda que produce es más ordi­
naria, pero muy fuerte. El Sr. Pérez de Nueras ha
logrado ucümatar en Espaíla el gusano de seda que
se alimenta del roble, y su cultivo se va generali­
zando, especialmente por Cataluña y las provincias
Vascongadas.
ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ADMINISTRATIVA
DE E S P A Ñ A

Se regula esta organización por la ley funda­


mental del Estado ó Constitución. La vigente en
España es la promulgada en 30 de Junio de 1876.
Según lo estatuido por ella, la forma de Gobierno
del Estado español es la monárquica, constitucional
y hereditaria, aun para las hembras. Para el ejer­
cicio de las funciones de todo orden propias del Es-
lado, la Constitución establece instituciones conoci­
das con el nombre de «Poderes públicos», que son:
el legislativo, el ejecutivo y el armónico ó mode­
rador.
El Poder legislativo es el encargado de hacer las
leyes, y reside en el Parlamento, ó sea las Cortes,
Cámaras ó Cuerpos Colegisladores, juntamente con
el Rey ó Monarca, el cual sanciona con su firma ó
pone el veto, negándosela, á las leyes aprobadas
por las Cortes, que en España se componen del Se­
nado, ó Cámara Alta, y del Congreso de los Dipu­
tados, ó Cámara popular.
El Poder ejecutivo es el encargado de aplicar las
leyes y hacer que se las preste, obediencia; se ejerce
por el Rey mediante su Gobierno responsable, que
lo componen los Secretarios del despacho ó Minis­
tros, que son los funcionarios que despachan los
asuntos de gobierno y administración, aconsejan al
Rey y son responsables de los actos de éste en el
ejercicio de sus funciones.
El Poder moderador está representado por el
Rey como encargado de dar enlace y armonizar
las funciones del Estado.
Lo que comúnmente se dice Gobierno, lo consti­
tuyen los Ministros á que antes se ha aludido, que
desempeñan sus funciones como Secretarios del
Rey y en su nombre. Estas funciones son de dos
clases: gubernativas y administrativas, pues en la
función ejecutiva se distinguen dos ramas, denomi­
nadas Gobierno y Administración. Cada Ministro
se halla encargado de un Departamento ó Ministe­
rio. El conjunto de todos los Ministros forman lo
que se llama Gabinete, Ministerio ó Consejo de M i­
nistros, el cual se halla regido por su Presidente,
(¡ue es aquel á quien el Rey encarga la formación
del Ministerio.
*
->r ir

Todos los asuntos relativos á los diversos servi­


cios públicos, así de gobierno como de administra­
ción, se reparten en los ocho Ministerios ó Depar­
tamentos ministeriales siguientes:
Ministerio de Estado, que tiene A su cargo las
relaciones políticas ó diplomáticas, y las comercia­
les ó consulares de España con las demás naciones.
Ministerio de Gracia y Justicia, al cual corres­
ponden los asuntos relacionados con la Administra-
292 —

eión de justicia, las Prisiones, los Registros Civil y


de. la Propiedad y el Notariado, así como los,que
originan las atenciones de Culto y clero de la Reli­
gión oficial del Esfado, que es la Católica Apostó­
lica Romana, según la Cojistitución, por la que, sin
émbargo, se establece la tolerancia religiosa.
Ministerio de la Guerra, encargado de todo lo
referente á la defensa del territorio y, por lo tanto,
al persoúal y material del Ejército de tierra.
Ministerio de Marina, que desempeña iguales
funciones respecto ¡i la Armada ó Marina de guerra.
Ministerio de Hacienda, que entiende en cuanto
sé relaciona con la recaudación é inversión de los
fondos públicos, la Deuda del Estado y la adminis­
tración de los tributos y bienes nacionales.
Ministerio de la Gobernación, al cual compelen,
con ciertos asuntos políticos, las atenciones que ori­
ginan la conservación del orden público, la admi­
nistración local, beneficencia y sanidad, y el servi­
cio.'de comunicaciones ó de Correos y Telégrafos,
Ministerio de Instrucción pública y Bellas A r ­
tes, á cuyo cargo está todo lo referente A la educa­
ción y ensefianza nacionales y fomento de las Bellas
Ailes, y dei, cual dependen las U ni veleidades. Ins­
titutos, Escuelas. Normales, de educación primaria
y demás centros de enseñanza, así como las Acade­
mias, Archivos, Bibliotecas y Museos.
Por último, el Ministerio de Agricultura, In ­
dustria y Comercio y Obras públicas, al cual corres­
ponden todos los asuntos que se relacionan con lo$
distintos ramos que indica su denominación.
.Cada Ministerio se halla dividido en varias de­
— 2nn —

pendencias, que se denominan Direcciones genera­


les y Secciones. Eslas últimas hacen en algunos
Ministerios las veces de las Direcciones, como suce­
de en el de Instrucción pública y Bellas Aries, que
«ólo tiene una Dirección general (la del Instituto
Geográfico y Estadístico), ó son parle de las Dired-
ciones, como acontece en el Ministerio de h\ Gober­
nación, que consta de tres direcciones generales: do
Administración, de Sanidad y de Comunicaciones
(Correos y Telégrafos), cada una: de las cuaíés se
divide en varias Secciones. Para el mayor orden y
mayor facilidad en el despacho de los asuntos, las
Secciones se subdividen en Negociados.
Salvo el Ministerio de Agricultura, Industria y
Comercio y Obras públicas, todos tienen un segun­
do Jefe, llamado Subsecretario, denominación que
proviene de que los primeros Jefes, ó sea los Minis­
tros, se consideran como «Secretarios del despa­
cho», ó Secretarios del Rey, por lo que se decía
antes, la Secretaría de Estado, la Secretaría de
Gracia y Justicia, de Gobernación, etc.
‘ Subsecretarios y Directores generales gozan de
igual categoría administrativa, pues todos son Jefes
superiores de Administración y disfrutan el mismo
sueldo. Tienen atribuciones propiasen el despacho
de los asuntos y para hacer ciertos nombramientos.
Naturalmente, desempeñan sus funciones bajo la
dependencia del respectivo Ministro.
Para asesorar ¿i los Ministros en la resolución do
los asuntos que tienen cierta importancia y grave­
dad y requieren conocimientos técnicos ó especia­
les, existen al lado de los diferentes MinisteVÍQS uiíáí
— 294 —

corporaciones llamadas Cuerpos consultivos. Tales


son, por ejemplo, el Consejo de Estarlo, que asesora
u todos los Ministros, y los de Instrucción, pública,
do Sanidad, de. Agricultura, industria y Comercio,
la Junta. J'acultafwa de Obras páblicas, la Consul­
tiva de Guerra, y otras por el estilo.

&
■V- ir

Para el mejor gobierno y administración de todo


el país se hacen varias divisiones del territorio na­
cional. La base de todas ellas es la de regiones (rei­
nos, principados, etc.), que al principio de esle libro
hemos dado á conocer y denominamos histórica,
conjuntamente con la que distribuye ese territorio
en provincias, que, como entonces vimos, son cua­
renta y nueve, y consisten en porciones del territo­
rio palrio formadas por la agrupación de varios
pueblos unidos entre sí por ciertos vínculos, y sepa­
radas unas de otras, generalmente, por limitas natu­
rales.
Al frente de cada provincia hay un Gobernador,
nombrado por el Gobierno central ó Poder ejecuti­
vo, al que representa en lo político y en gran parte
de lo administrativo. En tal concepto, los Goberna­
dores rigen los asuntos provinciales que se refieren
á los Ministerios de la Gobernación, de Instrucción
pública y Bellas Artes y de Agricultura, Industria y
Comercio y Obras públicas, y también al de Hacien­
da, aunque sólo en jiarte, pues al frente de los nego­
cios que ¿L éste competen, hay en cada provincia un
Dalegado de Hacienda, auxiliado por un Interven-
— —

íor y un Administrador y asesorado por los Abo~


gados del Estado.
Para la administración de los intereses propios
d© las provincias, existe en cada una de éstas una
corporación llamada Diputación provincial, com­
puesta de varios miembros elegidos por los vecinos
de la provincia, á quienes la ley concede este dere­
cho. Cuando la Diputación no está reunida en pleno,
ejercen sus funciones los individuos designados por
la misma, que son tantos como partidos judiciales
tiene la provincia: estos individuos constituyen lo
que se llama Comisión provincial.
Además de en los Partidos judiciales, de que
luego hablaremos, se gubdividen las provincias en
Municipios, al frente de los cuales, y para adminis­
trar sus intereses, hay un Ayuntamiento, compuesto
de varios Concejales, elegidos por los vecinos del
Municipio y regido por un Alcalde, nombrado por
el Gobierno en las capitales de provincia, en las
cabezas de partido judicial y en los pueblos que ten­
gan igual ó mayor vecindario que aquéllas, siempre
que no ba jen de 6.000 almas; en los demás el Al­
calde es nombrado por el Ayuntamiento mismo; pero
en uno y otro caso el nombramiento ha de recaer
precisamente en un Concejal, salvo en Madrid,
donde el Gobierno nombra libremente el Alpalde.
Las 49 provincias en que se divide España, in­
cluyendo los islas Baleares y Canarias, forman un
total de 495 Partidos judiciales y 9,266 Ayunta­
mientos.
— 2U8 —

La que acabamos de exponer es la fundamen­


tal, la que sirve de base á las demás divisiones que
se hacen del territorio nacional, al efecto de esta­
blecer la organización administrativa de los diver­
sos servicios públicos. Sería incompleta la idea que
hemos dado de esta organización, si no añadiése­
mos á ella el conocimiento de las divisiones territo­
riales siguientes:
a) División judicial. — Para la administración
de justicia se divide Esparta en quince territorios, en
la capital de cada uno de los cuales se halla encla­
vada una Audiencia territorial, cuya jurisdicción
se extiende á determinado número de provincias.
La Audiencia territorial de Madrid comprende
las provincias de Madrid, Toledo, Guadal ajara, Ávi­
la y Segovia; la de La Coruña, las de La Corulla,
Pontevedra, Orense y Lugo; la de Oviedo, sola­
mente la provincia de su nombre; la de Burgos,
comprende las de Soria, Logroño, Burgos, Santan­
der, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya; la de Zaragoza,
las de Huesca, Zaragoza y Teruel; la de Pamplona,
sólo la de Navarra; la de Barcelona, las de Gerona,
Barcelona, Tarragona y Lérida; la de Valencia, las
de Castellón, Valencia y Alicante; la de Albacete,
las provincias de Albacete, Murcia, Ciudad Real y
Cuenca; la de Seoilla, las de Cádiz, Huelva, Sevilla
y Córdoba; la de Granada, las de Almería, Grana­
da, Málaga y Jaén; la de Cáceres, las de Cáceres y
Badajoz; la de ValladoUd, las de Salamanca, Za­
mora, Valladolid, Falencia y León; la de Baleares,
comprende la provincia de Baleares, y la de Cana­
rias, la formada por estas islas.
En cada una de las cuarenta y nueve provin­
cias en que se divide la Nación hay además una
Audiencia provincial, que antes se llamaba de lo
criminal, porque sólo entiende en asuntos de esta
índole.
Las provincias se subdividen; al electo de la
Administración de justicia, en Partidos judiciales,
y éstos en Juzgados municipales, de los que cada
Ayuntamiento tiene uno por lo menos, pues en las
poblaciones de mucho vecindario 'hay tantos Juzga­
dos municipales y partidos judiciales cuantos son
los distritos en que se las divide, de conformidad
con el número de habitantes : en Madrid, por ejem­
plo, hay diez de cada clase.
Sobre todas las Audiencias y Juzgados está el
Tribunal Supremo de Justicia, que reside en la Cor­
te, y cuya jurisdicción se extiende á todo el territo­
rio nacional.
b) División m ilitar.—El territorio de la Penín­
sula se divide en siete regiones militares de Cuerpo
de ejército, cada una de las cuales comprende las
provincias siguientes;
Primera región. — Madrid, Segovia, Ávila, To­
ledo, Ciudad Real, Guadalajara, Cúceres y Badajoz.
Segunda región .— Sevilla, Córdoba, Cádiz,
Huelva, Jaén, Granada, Málaga y Almería.
Tercera región. — Valencia, Castellón de la Pla­
na, Alicante, Murcia, Albacete, Cuenca y Teruel.
Guaría región. — Barcelona, Gerona, Lérida y
Tarragona.
Quinla región, — Zaragoza, Huesca:, Navarra y
Logrofjo.
— 208 —

Sexta región.— Burgos, Alavn, Guipúzcoa, Viz­


caya, Santander, Palencia y Soria.
Séptima región.—Valladolirl, León, Salamanca,
Zamora, Oviedo, La Corufta, Lugo, Orense y Pon­
tevedra.
Dentro de esta última región, ó séptimo cuerpo,
subsiste la antigua Capitanía general de Galicia,
con las cuatro provincias gallegas.
Existen además las dos Capitanías generales de
Baleares y Canarias, y las tres Comandancias exen­
tas de Ceuta, Melilla y Campo de Gibraltar.
c) División marítima. — Para atender bien a
los servicios encomendados á la Marina de guerra
y los que se relacionan con la mercante, se divide
el litoral de la Península é blas adyacentes (las de
Baleares y Canarias) en (res Departamentos maríti­
mos, subdivididos en Comandancias y Ayudantías.
Estos Departamentos son :
Departamento de E l Ferrol. — Comprende las
Comandancias de líl Ferrol, Corufta, Villagar-
cía, Vigo, Gijón, Santander, Bilbao y San Sebas­
tián .
Departamento de Cádiz. — Las de Cádiz, Alge-
círas, Málaga, Almería, Sevilla, Sanlúcar, Huelva,
Canarias y Gran Canaria.
Departamento de Cartagena. — Las de Cartage­
na, Alicante, Valencia, Tarragona, Barcelona, Ma­
llorca y Mahón.
d) División eclesiástica. — Para atender á las
necesidades que origina el culto de la Religión ofi­
cial del Estado, se baila dividido el territorio en
nueve Arzobispados, cada uno de los cuales ejerce
— ¿cjt) —

jurisdicción sobre un determinado número de Obis­


pados ó Sedes episcopales.
Dichos Arzobispados son :
El de Toledo, primado de Espina y, por tanto,
superior ú todos los demis. Comprende los Obispa­
dos de Ciudad Rea!, Coria, Cuenca, Madrid-Alcalá,
Siguen za y Plasencia.
El de Santiago, con los Obispados de Lugo,
Mondoíledo, Orense, Oviedo y Túy.
El de Burgos, con los de Calahorra, León.
Osma, Palencia, Santander y Vitoria.
El de Zaragoza, con los de Huesca, Jaca, Pam­
plona, Tarazoua y Teruel.
El de Tarragona, con los de Gerona, Barcelona,
Lérida, Solsona, Torlosa, Seo de Urgel y Vich.
El de Valencia, con los de Mallorca, Menorca,
Segorbe y Oriliue'a.
El de Seoilla, con los de Badajoz, Cádiz, Córdo­
ba y Canarias.
El de Granada, con los de Almería, Málaga,
Jaón, Cartagena y Guadix*
Y el de Valladolid, con los de Aslorga, Ávila,
Segovia, Salamanca y Zamora.
Cada uno de estos Obispados se subdivide en
Arciprestazg03 y Parroquias, cuyo número guarda
relación con el de los habitantes de aquéllos. Todo
Ayuntamiento tiene una parroquia por lo menos.
e) División universitaria. — Para el gobierno
y régimen académico y administrativo de la Ense­
ñanza en lodos sus grados y clases, se divide lu
Nación en Distritos unicersitarios, cada uno de los
cuales comprende varias provincias, y está regido
— 300 —

por el Rector de la Universidad respectiva, asistido


del Consejo universitario y del Claustro de Profeso­
res. La Universidad y, por lo tanto, la cabeza de
cada uno de esos Distritos, salvo el de Santiago,
radica en la capital de la provincia que da nombre
al mismo.
Los Distritos universitarios son diez, ú saber:
:. El de Madrid, que comprende las provincias de
Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Sego-
A¡ia y-Toledo.
El de Barcelona, que abarca las de Baleares,
-Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona.
El de' Granada, las de Almería, Granada, Jaén
y Málaga.
El de Oviedo, las de León tv Oviedo.
•' El de Salamanca, las de Avila, Cáceres, Sala­
manca y Zamora.
El de Santiago, las de Coruña, Lugo, Orense y
Pontevedra.
El do Sevilla, las de Badajoz, Cádiz, Canarias.
Córdoba, Huelva y Sevilla.
Él de Valencia, las de Albacete, Alicante, Caste­
llón, Murcia y Valencia.
El dé Valladolid, las de Álava, Burgos, Guipúz­
coa, Palencia, Santander, Valladolid y Vizcaya. .
Y , en fin, el de Zaragoza, que comprende las de
Huesca, Logroño, Navarra, Soria, Teruel y Zara­
goza.
En cada Provincia hay una Junta provincial
de Instrucción pública, encargada de velar por los
intereses de la Enseñanza y hacer cumplir las disr
posiciones oficiales por que ésta se, rige, y que en lo
— 301 —

administrativo depende del Gobernador, que es su


Presidente, y en lo técnico, del Rector del Distrito
universitario A que corresponde. Forman parte de
esa Junta el Inspector de primera enseñanza, que
tiene ú. s u cargo la visita de las Escuelas de educa­
ción primaria de la provincia.
Por último, al lado de cada Ayuntamiento hay
una Junta local de primera enseñanza, que inme­
diatamente depende de la provincial respectiva; la
preside el Alcalde y tiene, respecto de las Escuelas
dél Municipio, facultades análogas á las de la Junta
provincial respecto de la Provincia.
De modo que, por lo que concierne ú. la Ense­
ñanza, el territorio nacional se considera dividido
en Distritos univei'sitarios, éstos on Provincias, y
éstas en Municipios. Hay además Distritos escola-
i’cs, formados por la reunión de varios pueblos me­
nores de 50Ó habitantes, que se asocian para soste­
ner una escuela elemental de primera enseñanza.
LA POBLACION DE ESPAÑA
SU CULTURA Y SU AGRICULTURA, INDUSTRIA Y COMERCIO

En 1." de Enero de l'JOl, la población de Espa­


ña, la de Jas islas Baleares y Canarias inclusive,
era de 18.831,574 habitantes, que con los 21,091 de
las posesiones de ÁFrica, hacen un total de 18.855,668
almas. Esta es la que se llama población absoluta;
la rv.latica, que se dice de densidad macha» viene A
ser de 36 almas por kilómetro cuadrado de los que.
comprende el territorio patrio, el cual dista bastante
de estar bien poblado, pues hay grandes porciones
de él que no alcanzan, ni con mucho, ese término
medio de densidad. El cual es en Portugal de 48
habitantes por kilómetro cuadrado, de 72 en Fran­
cia, de 105 en Italia, de 120 en la Gran Bretaña y
de SOS en Bélgica, que es el país de Europa que
resulta más poblado; la población es menos densa
que en España: en Grecia, que es de 34 habitantes
por kilómetro cuadrado; en Turquía, que lo es de 31;
en Montenegro, de 22; en la Rusia Europea, de 17;
en Suecia, de 11, y en Noruega, de 6.
La pobreza de muchas regiones de España, que
empuja á sus habitantes á emigmr en busca de la
subsistencia á países extranjeros, es causa de que
— 303 —

nuestra nación se halle menos poblada de lo que


debiera estar. A ello contribuye también la desidia
de los Gobiernos y del país en general, que no fa­
vorecen lodo Jo que precisa el progreso de la Agri­
cultura y de otros veneros de riqueza.
La población relativo, ó densidad media, varía
mucho en España de una á otras regiones: la más
elevada corresponde á las Provincias Vascongadas,
que es de 73 habitantes por kilómetro cuadrado;
sigílenle Galicia (65 habitantes por kilómetro), Va­
lencia (63), Baleares (02), Cataluña (60), Astu­
rias (55), Andalucía y Canarias (40), Navarra (29),
Murcia y Castilla la Vieja (28), León (27), Castilla
la Nueva (25), Extremadura (20) y Aragón (19).
Dentro de cada una de estas regiones varía también,
según las provincias, el número de habitantes por
kilómetro cuadrado; así, por ejemplo, en Cataluña,
mientras ese número es de 117 en la provincia de
Barcelona, en la de Lérida es de 21; en el reino de
Valencia, la provincia de Airante tiene 77 y la de
Castellón 45; en Castilla la Nueva, la provincia de
Madrid alcanza 85, y las de Ciudad Real y Cuenca
no pasan de 15 y 14 respectivamente; en Galicia el
número más alto, que es de 101, corresponde ¿t la
de Pontevedra, y el más bajo, 44, á la de Lugo.
Después de la de Barcelona, la provincia más po­
blada es la de Vizcaya (109 habitantes por kilóme­
tro), á la que sigue Pontevedra.
En cuanto á las capitales de provincia que al­
canzan mayor número de habitantes, son : Ma­
drid, que tiene 540,109; Barcelona, 528.916; Valen­
cia, 215.687; Sevilla, 147.271; Málaga, 13.1063;
— 304 —

Murcia, 111.693; Zaragoza, 98.125, y Bilbao, 81.956.


Las que tienen menos, son : Cuenca, 10.505; Cua-
dalajara, 10.944; Ávila, 11.224, y Huesca, 11.976*

vr
ü* *

En cuanto á cultura, no andamos muy allá en


España, Sí ha de m edite por la extensión de Ja
elemental, el resultado es deplorable. Según las
últimas estadísticas, y descontados los individuos
menores de seis años, que se calculan en un 14,50
por 100 de la población total (es decir, de los
18.831,574 habitantes que hemos dicho tiene Espa­
ña), el ano 1900 había unos 9 millones de analfabe­
tos, ó individuos mayores de dicha edad, que no
sabían escribir ni leer, ó sea 49 personas por cada 100
que carecían de toda instrucción, porque no se les
dió ó no la quisieron recibir. Sólo el 36 por 100,
poco más del tercio del número total de españoles,
había recibido en aquella época la instrucción ele­
mental, que respecto de muchos serla discutible,
puede asegurarse que era casi nula ó nula del todo.
Debe añadirse que el mayor número de analfabetos
corresponde al sexo femenina.
Las provincias en que hay menor número de
analfabetos son; Álava y Madrid, que sólo tienen
19,79 y 22,25 por cada 100 personas, respectiva­
mente; v en las que más, Granada y Jaén, que
cuentan 65,62 la primera y 65,79 la segunda.
Y;esto, á pesar de los progresos hechos desde
1860, en que ha descendido considerablemente el
número de analfabetos, que por término medio era
— 303 —

en toda España, por ese a fio, de 75,52 por cada 100


habitantes (algo más de las tres cuartas parles de
éstos), y á pesar también de las 25.348 escuelas de
primera enseñanza que teníamos en España en
1900. Lo que pone de manifiesto la necesidad de
aumentar y mejorar esas escuelas, y estimular á
los padres para que manden A ellas á sus niños', y
a éstos para que las frecuenten con puntualidad.
Los niños todos deben penetrarse de esta idea
que entraña una gran verdad: que la prosperidad
moral y material, el bienestar, el progreso y la
grandeza de los pueblos dependen de la cultura de
éstos y, en lo tanto, de la enseñanza y educación
que recibe la niñez. Los que quieran de veras & su
Patria y se estimen á sí mismos, deben asistir con
asiduidad á la escuela y esforzarse por aprovechar
las enseñanzas que les den sus maestros.
Además de las escuelas de primera enseñanza
mencionadas, hay en España muchos otros centros
de cultura. Tenemos primeramente los Institutos
Generales y Técnicos, en los que se amplía la ense­
ñanza primaria (por esto se les dice de segunda en­
señanza) y se preparan los jóvenes, que en ellos
reciben el grado de Bachiller, para seguir otros es­
tudios é ingresar en las Universidades, que, como
ya se ha dicho, son diez. En cada capital de provin­
cia hay un Instituto, y además lo tienen algunas
otas poblaciones, pues entre todos suman un total
de 58.
Para el estudio de las diversas carreras necesa­
rias para atender á las múltiples necesidades de la
Nación, el Estado sostiene diversos establecimientos
— 300 —

de enseñanza. En las Universidades, y en las qud


se llaman sus Facultades, se estudian las carreras
de Derecho y de Ciencias sociales>Medicina y Far­
macia, así como las que preparan para el Profeso­
rado, ó sean las de Filosofía y Letras y de Ciencias;
en las mismas Facultades, y según la índole de
ellos, se hacen los estudios propios de las carreras
del Notariado, de Archiveros, Bibliotecarios y Ar­
queólogos, de Pmclicantes, Matronas y Cirujanos-
Dentistas.
En las capitales de provincias existen otros cen­
tros de enseñanza no menos importantes. En casi
todas hay Escuelas Normales de Maestros y de
Maestras, y en varias de Veterinaria, Comercio, de
Artes é Industrias, de Bellas Artes, de Arquitectu­
ra y de Ingenieros de varias clases (de Caminos, de
Minas, de Montes, industriales, agrícolas, etc.), que
con otras de orden más modesto* y las Academias,
las Bibliotecas, los Archivos y los Muscos, coope­
ran á difundir la cultura por todas las clases socia­
les, á subvenir á las necesidades del país y á pro­
porcionar á los individuos medios de vida en co­
rrespondencia eon su posición social y aptitudes
intelectuales.
*
* *

Hemos visto en páginas anteriores que el suelo


patrio es muy rico en productos de los que sirven
para alimentar la Agricultura en todos sus aspectos
considerada y en sus diversas industrias. Esto, no
obstante, la Agricultura española no alcanza el gra*
307 —

do de desarrollo que debiera y la nación necesita*


El dicho vulgar de que «España es un pais emi­
nentemente agrícola», no responde á la realidad,
sin duda porque, fundándose en él, se ha dejado á
la sola acción de la Naturaleza mucho de lo que
necesita y debe ser obra del hombre. Nuestros cam­
pos no producen todavía, ni con mucho, cuanto
pudieran producir si fueran cultivados con mayor
esmero, asiduidad é inteligencia, y eso que desde
principios del pasado siglo la Agricultura española
ha realizado muy estimables progresos.
La nativa incuria de nuestro pueblo, quizá por
fiar demasiado en las bondades del clima y del
suelo, y esperarlo todo de las condiciones naturales;
la falta de cultura y sobra de ignorancia, que man­
tienen en vivo dañosos prejuicios y prácticas perju­
diciales; la devastación de los montes, y por ello v
otras causas, la éscasez de arbolado; el poco partido
que se ha sacado de nuestros ríos, y la pobreza en
número de canales de riego, y, en tín, el espíritu
poco emprendedor de nuestros agricultores y su
poca afición hacia los adelantos modernos, són las
causas generadoras del atraso en que todavía se
halla la Agricultura española, comparada con la de
otros países de condiciones naturales menos propi­
cias para hacerla adelantar y ponerla en el estado
floreciente en que la tienen.
En cuanto á la Industria en general, aunque la
nuestra ha adelantado bastante de medio siglo á
esta parte, no puede competir con la de naciones
que la tienen tan desarrollada como Inglaterra, Ale­
mania, Bélgica y Francia, ni con la de otros países!
— 308 —

que no han llegado á poseerla tan próspera cómo


Jos mentados.
Los grandes centros industriales de España son
Cataluña y Vizcaya. En la primera, en que hay un
grandioso movimiento fabril, abundan los producios
de hilado, lejido y estampado de hilo, algodón, lana,
seda, teraopelo, etc.; los químicos y de carburo de
cal; de galletas, curtidos, jabones y otros muchos.
En Vizcaya está muy desarrollada y floreciente la
industria del hierro (merced á la bondad y abun­
dancia de este mineral), y son famosos sus Altos
Hornos de fundición, asi como los productos de las
fábricas de armas de Eibar y Plasencia. También
se hallan estas y otras industrias en Asturias, como
las que se originan de la pesca lo están en Galicia,
que la tiene de quesos, mantecas, conservas y de
otros productos. En toda Andalucía está bastante
desarrollada la industria en general, asi como en el
reino de Valencia. Por todas nuestras regiones se
van consiguiendo progresos industriales, pero len­
tos y con atraso, comparados con los que han rea­
lizado otros pueblos.
El Comercio español corre parejas con el estado
de nuestra industria; también ha progresado bas­
tante de algunos años ú esta parte, así el interior
como el exterior. El primero, es decir, el que se
hace dentro de España, se ha desarrollado en medio
siglo de una manera considerable, merced al desen­
volvimiento que durante ellos han tenido los medios
de comunicación (carreteras, canales, ferrocarriles
y servicio de correos y telégrafos). El exterior, 0
sea el que tenemos cón las demás naciones, Se ha
— 309 -

triplicado en los úllimos cuarenta anos, siendo supe­


rior el de importación (el que consiste en traer á.
España productos de otros países) al de exportación
(llevar los de nuestro país ai Extranjero). Los pro­
ductos que importamos principalmente son: metales
fabricados (máquinas sobre lodo), tejidos, azúcares,
algodón, drogas, cacao, bacalao, maderas, carbón
mineral, cueros, etc.; y los que exportamos consis­
ten en vinos, frutas, aceites, metales, harinas, lana,
cereales, sal y otros.
En suma: que en Agricultura, Industria y Co­
mercio, si bien se han realizado en nuestra patria
mejoras y progresos de consideración, nos hallamos
todavía muy ú la zaga de muchos países, de los que
tenemos no poco que aprender. Necesitamos estu­
diar y trabajar bastante míls de lo que estudiamos y
trabajamos para poder hacer fíente á la competen­
cia que de fuera se nos hace, y, sobre todo, para
sacar de nuestro suelo y de nuestras energías el
partido que puede y debe sacaise á fin do que la
Agricultura, la Industria y el Comercio sean verda­
deros veneros de la riqueza, nacional y cooperen
brillante y eficazmente al engrandecimiento de la
Patria espartóla.
, Los hombres son los que realizan y resisten las
invasiones; los que constituyen los pueblos; los que
fundan las instituciones políticas, religiosas y socia­
les por que éstos se rigen; los que establecen las
costumbres y hacen las leyes; los que labran los
campos* crean y cultivan las artes, las industrias y
el comercio; los que, en fin, preparan y producen
los acontecimientos, los hechos, los elementos lodos
que forman la Historia: nada más lógico, pues, que
al tratar de dar á conocer un país se diga algo res­
pecto del origen, carácter y condiciones más salien
tes de sus naturales: he aquí la razón de que nos
ocupemos, pai*a terminar, de los españoles.

■K *

Los iberos, considerados como los primitivos es­


pañoles, se originaron de la fusión de tres razas que,
según las versiones más autorizadas, le precedieron
en la posesión de nuestro suelo, á saber: las llama­
das canstadi, cro-magnon y berebere.
De estas tres razas, la primera era la inferior
física y moralmente considerada. Aventajábale á
Uno y otro respecto la segunda, A la que por ambos
— 311 —

estilos filé superior la tercera, de la que sé afirma


que se distinguía en lo moral «por un fuerte senti­
miento de dignidad personal, de igualdad y de hos­
pitalidad, por su amor al trabajo y su apego al ho­
gar». Y como dicha raza, ó sea Ja berebere, fué la
predominante entre las que concurrieron á formar
la ibérica, sus cualidades constituyeron en lo funda­
mental el carácter de los iberos. Unidos á éstos los
celtas, que eran de natural pacífico, se originaron
los celtiberos, que participaron de las cuaüdades de
unos y otros pueblos, pudiendo afirmare que á ibe­
ros, celtas y celtiberos v, en general, á los primiti­
vos españoles, eran comunes estas cualidades que
les caracterizan: un fiero sentimiento de indepen­
dencia individual y de dignidad personal; valor in­
dómito y un como desprecio de la muerte; amor
acendrado al hogar v la familia; la llaneza en el
trato, la hospitalidad y la fidelidad; la frugalidad y
la afición al trabajo y el respeto á la palabra empe­
ñada.
Estas cualidades que adornaban & los iberos,
celtas y celtíberos, constituyen como el fondo pri­
mitivo y esencial del carácter español.

*
* •»

Señalados el origen y carácter primitivo de los


españoles, veamos cuál es su filiación como pueblo
ó i'aza.
Divídese comúnmente el género humano ó con­
junto de los hombres que pueblan nuestro planeta,
en cinco grandes rasas, cada una de las cuales se
— A12 —

subdivide en cartas familias, que á su vez se distri­


buyen en diversos pueblos. Conviene advertir que á
estos pueblos y Familias, como á la especie humana
en general, se.aplica también el nombre genérico de
«raza»; así, por ejemplo, se dice: «la raza humana»,
«la raza blanca», «la raza latina» y «la raza espa­
ñola».
La distinción de. los hombres en razas, familias
y pueblos, se funda en ciertos caracteres heredados
de generación en generación, y especialmente en
los relativos á la configuración del cráneo y consti­
tución del cerebro contenido dentro de él; en las
circunstancias de las facciones; en el color y otras
condiciones de la piel, los ojos y el cabello; en la
proporción de las extremidades; en la estatura; en
ciertas particularidades de la constitución física, y,
en fin, en el temperamento intelectual y moral. La
forma del cráneo y del cerebro se considera hoy
como la base más importante, segura y discreta para
distinguir las razas. El clima, el género de vida, los
alimentos, la educación, el grado de cultura, y hasta
las grandes catástrofes de la historia han contribui­
do y seguirán contribuyendo en la manera de ser
de las diversas especies de hombres.
De las cinco grandes razas en que se divide la
especie humana, se reputan como las principales ó
troncos de todas, la blanca ó caucásica, dicha cen­
tral; la negra ó etiópica y la amarilla ó mongólica,
llamadus extremas; las otras dos se consideran como
intermedias ó mixtas, á saber : la aceitunada ó ma­
laya, entre la caucásica y etiópica, y la cobriza ó
americana, entre la caucásica y la mongola:
— 313 —

- . Los españoles pertenecemos al tronco caucásico


ó blanco, cuyos caracteres distintivos son : cráneo
muy desarrollado y convexo; cara ovalada; frente
ancha; cejas bien arqueadas; ojos rasgados y hori­
zontales; nariz recia; pómulos y mandíbulas poco
salientes; labios y orejas pequeños; dientes vertica­
les; barba poblada y fuerte; cabello largo, sedoso,
liso y rizoso; piel transparente y blanca ó morena,
y brazos cortos ; sólo en esta raza hay cabellos ru­
bios y ojos azules. Todos estos caracteres distin­
guen, tomados en general, á las subrazas ó familias
y pueblos que se originan del tronco blanco ó cau­
cásico, y su conjunto indica la superioridad intelec­
tual de estas razas, que marchan á la cabeza de la
civilización.
Las subrazas ó familias principales de dicho
tronco son : la indo-europea ó asiática; la semita; la
harnita y la eúskara. La primera, que es á la que
con más propiedad puede llamarse europea, sintetiza
mejor que ninguna el tipo del tronco caucásico, y
se divide en varios pueblos, tales como el germano,
el slam, el latino, el celta, el iranio y el hindú.
El pueblo español (como el portugués, francés,
italiano y griego) pertenece á la familia indo-euro-
pea, y de ella á la rama latina (salvo, se entiende,
los vascos, que proceden directamente de la familia
eúskara); por ello nos decimos «hijos de la raza la­
tina», Mas debe tenerse en cuenta qu© por virtud de
las inmigraciones é invasiones de que ha sido objeto
nuestro país, nos hemos apropiado mucho los espa­
ñoles de otras razas. Así, pues, sobre el fondo pri­
mitivo y esencial de los antiguos iberos y celtíberos,
— 314 —

se distinguen en nosotros, con los propios de la fa­


milia latina, rasgos de la germana, de la slava y
aun de la semita, de la que la dominación árabe nos
dejó huellas, al parecer imborrables.
Pero, con las alteraciones debidas á las influen­
cias de esas razas, lo que predomina en los españo­
les es el carácter propio de la latina, muy grande
y muy noble, sin duda, pero no por ello exenta de
defectos que, cual sus virtudes, sintetiza y expresa
vigorosamente nuestro pueblo.

■fc

Los elementos señalados vienen como á tejer el


carácter del pueblo español, el cual se ha distingui­
do siempre por su amor ú la independencia y su
sentido democrático é individualista, su valor heroi­
co y su grandeza de alma en la adveleidad.
Á estas prendas características hay que añadir
la viveza de ingenio, propia de las razas meridiona­
les, y una imaginación exuberante que, saturada
de un pronunciado sentimentalismo romántico, ha
creado una gran literatura, á lo cual ha contribuido
poderosamente la rica, sonora, flexible y majestuo­
sa habla de Cervantes, la lengua castellana, que es
el idioma oficial de España y el que ha prevalecido
sobre los demás que, ¡i modo de dialectos, se hablan
en nuestra patria. Por virtud de las mismas condi­
ciones hemos sobresalido siempre en las otras Be­
llas Artes (Arquitectura, Escultura y Pintura), en
las que el genio español se ha revelado por modo
maravilloso, y, 'á manera de grandes luminarias,
— 315 —

ha dejado sembrada la patria de obras imperecede­


ras y grandiosos monumentos.
Pero si los españoles descollamos en todo lo que
exige mucha fantasía, mucho corazón, mucho sen­
timiento, nos quedamos en cambio muy á la zaga
de casi todos los pueblos europeos y del norteame­
ricano, en cuanto requiere talentos prácticos. Sedu­
cidos por lo poético é ideal, huimos de la prosa y la
realidad de la vida, que con deplorable frecuencia
perdemos de vista. Dominados por la fantasía {la
loca de la casa, como con razón se la llama), somos
poco reñexivos, muy impresionables, muy sonado­
res, muy proyectistas y nada prácticos.
Fantasear es el defecto capital de los españoles,
que sin él formaran el primer pueblo de ja familia
indo-europea, que á su vez es la primera de la raza
blanca, ó sea de la que marcha á la cabeza de la
civilización del mundo.

FIN

También podría gustarte