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Diversidad y tipos de agroecosistemas:

Consideraciones para diseño

José María Ramos Prado Silvia del Amo Rodríguez José A. Arévalo Ramírez

Conceptos generales

Si partimos de la idea que un agrosistema es un ecosistema que contiene especies cultivadas agrícolamente, podemos distinguir dos grupos extremos. Uno de éstos, actualmente más extendido, se califica de "moderno", tecnificado o industrial y se caracteriza por requerir subsidio a través de insumos para su mantenimiento y por ser simple estructuralmente (monocultivos, extensivos en el caso de plantaciones). En el otro extremo se encuentran los sistemas tradicionales, típicamente diversificados, que se caracterizan por contener diversidad de especies, que además tienen necesi- dades pequeñas de insumos externos, debido a su semejanza en estructura y función a los ecosiste- mas naturales (Lowrance et al., 1984; Odum, 1984). Dentro de los agrosistemas diversificados podemos distinguir aquéllos que sólo incluyen especies anuales (cultivos múltiples), especies perennes y/o leñosas (plantaciones mixtas) y aquéllos con especies anuales y leñosas (sistemas agroforestales) (Fasshender, 1987; Harwood, 1987). La FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación) propone el término agrosilvopasto- ril, para definir con precisión la combinación productiva de tres elementos: el bosque, los cultivos de especies animales y el ganado. El ICRAF (International Council for Research on Agro-Forestry) (Raintree, 1986 y 1987), considera a la agrosilvicultura como un manejo sostenible del suelo, cuyas características son: 1) aumentar la productividad total, combinar la producción de especies anuales con especies arbóreas y/o animales, en forma simultánea o secuencial, sobre la misma superficie de terreno, y 2) aplicar prácticas de manejo compatibles con las prácticas culturales de la población local. Esta definición resalta la importancia que se le da a la característica dinámica del sistema y a la participación de la población local mediante sus expresiones culturales. Según Von Maydell, 1984 (en Fassbender, 1987) la agrosilvicultura se caracteriza por ser una combinación de prácticas forestales con agricultura y/o pastoreo, sobre la misma unidad de superficie. Esto implica que en la agrosilvicultura sólo se hace referencia a aquellas unidades de producción en las que los árboles y los arbustos, así como los cultivos agrícolas y los animales de pastoreo, se encuentran juntos sobre una determinada parcela, en forma tal que exista una influencia ecológica mutua. Combe y Budowski (1978) definen las técnicas agrosilvícolas como una opción en la utilización de tierras en las regiones tropicales y subtropicales del mundo en la búsqueda de técnicas que inte- gren, sobre una misma superficie, diferentes modalidades de producción con especies distintas que presentan exigencias diferentes para su crecimiento. Estas definiciones expresan la búsqueda de una nieta aún no alcanzada sobre el manejo de !os recursos naturales en forma sostenible. El desarrollo agrícola sostenible se refiere a la compatibi- lidad que se establece entre el mantenimiento, o aumento en la producción, con la utilización y conservación a largo plazo del recurso, en donde la población humana y el potencial productivo son factores limitantes (Savage, 1987; Ramos, 1991). Para alcanzar el desarrollo sostenible de la socie- dad, se requiere hacer un manejo integral de los recursos naturales renovables (Child, 1987). Para abordar el problema del desarrollo sostenible, es necesario tomar en cuenta tanto la con- servación de los Recursos Naturales Renovables, (RNR) y no renovables, así como de los factores de tipo tecnológico, económico y social (Cernea, 1981; Wilken, 1987, 1991). El éxito en la utilización de los RNR a corto mediano y largo plazo, depende de una adecuada planeación en donde se tomen en cuenta los diferentes tipos de recursos (Hanson, 1987; Leff et al., 1990). De acuerdo a lo anterior, el diseño de agrosistemas, desde el punto de vista del manejo integral de los RNR, debe responder a los siguientes criterios: 1) potencial productivo de la región, 2) necesidades de los habitantes locales y sus limitaciones ecológicas y tecnológicas, 3) crecimiento poblacional local y global, 4) los planes de desarrollo, tanto nacionales como globales.

Tipos de manejo de agroecosistema

Se reconocen diferentes tipos de agrosistemas diversificados manejados por el hombre, en función de la cantidad, distribución y tipo de especies que se manejan (Budowski, 1983; Fassbender,

1987).

De acuerdo con la asociación entre componentes se distinguen: a) sistemas agrosilvícolas en el caso que se asocien árboles con cultivos agrícolas; b) sistemas agrosilvopastoriles, en el caso de que se asocien árboles con cultivos agrícolas y pastos (con o sin pastoreo directo); y c) sistemas silvopastoriles, en el caso de que se asocien árboles con pastos (con o sin pastoreo directo). Tomando en consideración el uso que se le dé a los elementos arbóreos, el agrupamiento puede hacerse así: a) sistemas de producción de madera para construcción, leña, forraje o fruticultura; b) sistemas de protección y servicios, p.ej. mejoramiento del suelo, sombra para cultivos y/o animales, cercas vivas, o cortinas rompevientos. Al considerar la distribución del componente forestal en el tiempo y en el espacio, Combe y Budowski (1978), reconocen dos combinaciones: a) permanente, si el componente forestal es man- tenido durante una o más rotaciones, incluyendo la renovación continua del cultivo asociado; y b) temporal, en el caso que el componente forestal dure menos de una rotación. En este caso, la producción agrícola y forestal son secuenciales. En los sistemas simultáneos existe la integración continua de cultivos anuales y perennes (árboles maderables, frutales o de uso múltiple), y/o ganadería (por ejemplo huertos familiares y sistemas agrosilvopastoriles). Los sistemas secuenciales son aquéllos en los que existe una sucesión cronológica entre las cosechas anuales y los productos arbóreos. Dentro de este tipo se incluyen formas de agricultura migratoria con manejo de barbechos.

Diseño de agroecosistemas

Odum (1983, 1984) se refiere a los agrosistemas como ecosistemas domesticados cuya fuente de energía, al igual que los ecosistemas naturales, es el sol. Sin embargo, difieren de éstos en que las fuentes auxiliares de energía para aumentar la productividad son combustibles fósiles, además de la fuerza de trabajo humana, animal y de maquinaria. Además, la biodiversidad es reducida para maximizar la producción de bienes específicos. El control del sistema es externo y orientado a obje- tivos particulares, en contraste con el control interno de retroalimentación de los ecosistemas naturales. Para el diseño y establecimiento de agrosistemas de producción sostenible, es necesario considerar las características de diversidad, estructura y función de los ecosistemas naturales que existieron originalmente en la localidad. También deben tomarse en cuenta las condiciones socio-económicas de la zona. Existe información básica suficiente con realización a los RNR, y sobre la estructura y función de los ecosistemas como para establecer algunos principios para el manejo de estos recursos (Richards,1957; Gómez-Pompa et al., 1976; Hartshorn,1980; Whitmore, 1982, 1984). La variabilidad de los ecosistemas naturales y sus procesos sucesionales pueden ser usados como 'modelos' para el diseño de sistemas agroforestales de producción múltiple y sostenida (Hart, 1980; 1984; Oldeman, 1983). También la estructura y función del ecosistema natural, sus ciclos de agua y nutrientes, pueden ser imitados en el diseño de agroecosistemas (Brünig y Sander, 1983). Muchos de los sistemas agrícolas tradicionales pueden ser considerados como modelos para el diseño de sistemas opcionales (del Amo, 1990; del Amo y Ramos, manuscrito). Además, prácticamente son los únicos sistemas de producción que conservan una alta diversidad biológica y hacen uso sostenible de los recursos naturales en forma exitosa (Hart, 1980 b).

Implicaciones del diseño de manejo de los recursos bióticos

Mediante los "modelos" que ofrecen la naturaleza y la agricultura tradicional, se pueden visualizar todos los aspectos involucrados en el diseño de agroecosistemas. También permiten desarrollar un plan de acciones y ubicarlo en el tiempo y en el espacio. En términos generales, un agroecosistema es un ecosistema (conjunto de factores bióticos y abióticos en un lugar y tiempo determinado) cuya producción está dirigida a bienes o satisfactores humanos. Esta premisa permite considerar que los métodos de análisis del ecosistema se aplican igualmente a los agroecosistemas. El objetivo de cada agroecosistema específico depende de las necesidades ya sea locales o

comerciales, de las condiciones socio-económicas de la zona y del valor cultural que den los habitantes locales a sus recursos naturales. En la actualidad, la tendencia de desarrollo de los agroecosistemas se ha polarizado en función de sus objetivos: en un extremo están los agrosistemas "modernos", que requieren altos volúmenes de insumos y cuya producción satisface los mercados. En el otro están los sistemas de subsistencia, manejados con tecnología tradicional, que satisfacen las necesidades locales. En los primeros se hace una transformación radical del ecosistema natural y en los segundos, se conservan algunas de las características de estructura y función de los ecosistemas originales. Esta polarización ha pro- vocado un dilema de uso y manejo de los RNR debido a los efectos a corto, mediano y largo plazo de ambos extremos. La agrosilvicultura es considerada una alternativa de uso del suelo aplicable tanto a sistemas agrícolas de subsistencia, como a sistemas en los que se pretende obtener el máximo rendimiento. Para el establecimiento de sistemas agrosilvícolas es necesario incorporar la participación comunitaria, con el objetivo de determinar:

1)

las condiciones socio-económicas de tos habitantes de la zona;

2)

el nivel de conocimiento de los recursos de la región;

3)

el grado de conservación de las formas de uso tradicionales;

4)

la capacidad de aceptación y adaptación de nuevas tecnologías;

5)

el tipo de uso del suelo en la zona;

6)

el destino de los productos (autoconsumo, intercambio, comercialización).

La participación activa de los miembros de la comunidad puede significar el éxito del diseño (Raintree, 1983, 1987). Et desarrollo rural participativo constituye una herramienta indispensable para toda actividad relacionada con el uso, manejo y conservación de los recursos naturales. Al realizar ejercicios de desarrollo rural participativo con una comunidad, surgen preguntas tales como: ¿cómo mantener y/o mejorar la calidad de vida? y ¿cómo conservar y/o restaurar el ecosistema? En la actualidad se cuenta con información de sistemas agroforestales exitosos a nivel de experiencias piloto en campos experimentales (Chavelas-Polito, 1978; Ewell y Babbar, 1981) pero la validación de éstos con los usuarios requiere de un desarrollo rural participativo. Tanto la calidad de vida como la conservación del recurso, están en función de las características del ecosistema y de la población humana, así como de su interacción. Las entradas y salidas de ambos están interconectadas, pues existen flujos de información y procesos de control entre ambos componentes. Se requiere, para esto, de una estrategia que permita evaluar y optimar el funcionamiento de sistemas complejos. El análisis de sistemas y el desarrollo de modelos de simulación ofrecen una metodología para lograrlo (Patten, 1975: UNESCO, 1981; Brünig, 1982). A continuación, a manera de ejemplo, se presentan los ejes del diseño de un programa de manejo integral de recursos naturales, propuesto p' Ramos (1991) para el ejido "Agustín Melgar", en Uxpanapa, Veracruz. Los objetivos del ejemplo se enuncian explícitamente a continuación.

Elevar la calidad de vida de la población local

La calidad de vida está en función de la capacidad del ecosistema de "satisfacer las necesidades básicas de la población, además de la producción de "excedentes" para su intercambio por bienes producidos fuera de la comunidad. Se reconoció que la calidad de vida está directamente asociada al desarrollo socio-económico. Entre las necesidades más importantes se identificaron: la alimentación, vivienda, vestido, combustible, salud y educación. La productividad de los sistemas agrícolas constituye la limitante para obtener los bienes que satisfagan las necesidades básicas, y también para el mercado. Aunque técnicamente se puede au- mentar la productividad de un área, no siempre es rentable ecológica y económicamente (Landsberg, 1986). Una opción es el mejoramiento de la tecnología, a través de sistemas de uso más eficiente del suelo. Sin embargo, la determinación de la forma actual de uso del suelo y los manejos para hacerlos más eficientes a largo plazo, son tareas difíciles que requieren de un trabajo en equipo a largo plazo y de compromiso con la población local.

La conservación de los recursos naturales

En la conservación de los recursos naturales es esencial el mantenimiento de áreas significativas de ecosistemas naturales sin perturbación humana, mediante sistemas de áreas

protegidas. También puede implicar la restauración ecológica de áreas frágiles y de interfase, en especial en las orillas de ríos, cuerpos de agua, de recarga de acuíferos y susceptibles de erosión. El éxito de estas restauraciones radica en que estas áreas sean manejadas de acuerdo con las características de estructura y función de los ecosistemas naturales de la zona (Brünig y Poker, 1989). De igual forma, las unidades de producción deben diseñarse de tal forma que mantengan los recursos hídricos, edáficos y bióticos de las comunidades naturales (Burbridge, 1987). La conservación in situ de los recursos genéticos (Altieri y Merrick, 1987), se puede lograr mediante el establecimiento de sistemas diversificados de manejo. México se distingue por la riqueza de sistemas tradicionales que hacen uso de recursos y que son conservados por diversos grupos étnicos. Estos sistemas son en ocasiones más eficiente que las áreas protegidas (Reservas de la Biósfera, por ejemplo), ya que permite un sentido práctico a la conservación (del Amo, 1990).

Desarrollo de unidades diversificadas de producción, integrales y sostenibles

Las experiencias en cultivos múltiples y de manejo de la vegetación secundaria, desarrolladas en Uxpailapa, Veracruz (Caamal y del Amo, 1987; Arévalo y del Amo, 1990; del Amo y Ramos, manuscrito), así como en otros lugares en América tropical (Wadsworth, 1987), han permitido establecer un conjunto de premisas para el establecimiento de unidades de producción en zonas tropicales húmedas. Entre éstas, se distinguen: 1) establecimiento de mosaicos de unidades agroecológicas en estados sucesionales distintos, 2) mantenimiento de alta diversidad y uso de especies con estrategias ecológicas diferentes; 3) control de las aberturas en el dosel y de la estructura, tanto horizontal corno vertical de la vegetación, lo cual permite conservar parte de la vegetación sucesional e introducir mediante enriquecimiento, especies de valor comercial; y 4) suelos protegidos por un dosel y enriquecidos con materia orgánica, mediante técnicas de aclareo controlado del dosel. De esta manera se han logrado establecer cuatro unidades de producción que pueden operar simultánea o secuencialmente;

Milpa diversificada

operar simultánea o secuencialmente; Milpa diversificada Huerto múltiple Manejo de estados sucesionales jóvenes

Huerto múltiple

o secuencialmente; Milpa diversificada Huerto múltiple Manejo de estados sucesionales jóvenes Manejo de estados

Manejo de estados sucesionales jóvenes

Huerto múltiple Manejo de estados sucesionales jóvenes Manejo de estados sucesionales maduros Establecimiento y

Manejo de estados sucesionales maduros

Establecimiento y evaluación de sistemas múltiples de producción sostenida

El problema del manejo de los recursos naturales, así como el desarrollo de agrosistemas requiere de estrategias que permitan analizar problemas complejos. Los modelos diagramáticos nos permiten establecer el flujo o dirección de las acciones y detectar las áreas que requieren mayor información. También ayudan a visualizar la problemática del manejo de los RNR y a establecer los pasos a seguir en el diseño e implementación de sistemas agroecológicos. El diagnóstico de los sistemas de uso del suelo puede realizarse con la ayuda de las técnicas de análisis de sistemas y modelación, así como de técnicas de levantamiento fisiográfico de sistemas de información geográfica (UNESCO, 1981). También puede ser valioso el uso de fotografías áreas, mapas, encuestas y muestreos, además de información bibliográfica. Actividades que deben realizarse en el área para obtener la información necesaria en el diseño:

1) Diagnóstico de la zona de estudio. Se pretende clasificar y obtener información de los prin- cipales factores que definen los RNR de la zona, usando como variables la topografía, el suelo, la vegetación, los cultivos, las prácticas de uso del suelo y las zonas de asentamientos humanos.

2)

Evaluación de las características socioeconómicas y culturales de la zona. Considerando que

3)

la familia es la unidad de estudio. Los factores de clasificación (variables) son: miembros integrantes, edad, escolaridad, participación en la producción alimentación, forma de recreación. Determinación de las prácticas de producción agropecuaria y forestal. Se requiere información acerca de: tenencia de la tierra, extensión de superficie cultivada, estadísticas de producción agropecuaria y forestal, forma de financiamiento y técnicas de producción, comercialización e industrialización.

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