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ELEMENTOS

DEL
ARTE DE PENSAR,
ó
LA LÓGICA
Reducida á lo que es meramente útil:
, ESCRITA BN FRANOES

P O R M. B O R R E L L Y
-■v
de la Académia de las Ciencias , Bellas Letras,
y Artes de Marsella , Individuo de la de Pru-
s ia , y Catedrático de Eloqüencia
& c. & c.
tr a d u c id a eñ c a s t e lla n o

por D . Josef M a r ía M a g a llo n

y A r m e n d a r iz

M arques d s S an tiag o . ¿

CO N PERMISO. '
E n M a d r id : p o r A z n a r . A £ o 179 7·
.
Omnia enim breviora reddet orio
modus
, ,
et ratio et

Quintil. instit. orat. lib. 19· cap. 1 1 .


A LA JUVENTUD ESPAÑOLA

E L TRADÜCTOR.

L a mala lógica no solo no rectifica


tos ideas , sino que produce disputas
inútiles sobre palabras y definiciones
poco exactas, pervirtiendo el juicio
II
humano, é inutilizándole para descu­
brir la verdad, que debe ser el objeto
y fruto de todas nuestras tareas. Pa-
ra alcanzarla hemos de exáfhinar las
reglas ciertas que dirigen nuestra ra­
zón , deponiendo los errores á que nos
conducen los Sofistas corruptores de
¡a buena lógica. Sería vano intento
demostrar las utilidades que resulta­
rán á nuestra juventud del estudio de
los verdaderos medios de conseguir­
la , y la necesidad que todos tienen
de conocer este arte.
Sin lógica nada se sabe, nada se
averigua, ni llega el hombre jamás al
fin que se propone. Los que gobier­
nan y los que obedecen necesitan de su
auxilio , sin el qual todas nuestras
operaciones saldrán erradas , y alter­
nativamente seremos víctimas unos de
otros por falta de su conocimiento,
abusando de esta suerte de las dis­
posiciones naturales de nuestro enten-
III
dimiento, que ciertamente nos hacen
superiores á todos los demás vivien­
tes. Empecemos , pues, desde nues­
tros primeros años á fortalecer el
entendimiento, dedicándole á adquirir
las nociones mas acomodadas á la edad
en que no existen ni vicios ni virtu­
des positivas; y si del gran libro de
la naturaleza, abierto para todos, sa­
camos las utilidades que nos ofrece,
se logrará el verdadero deseo de sa­
ber , que nos es tan propio como la
razón misma, con tal de que evitemos
los obstáculos que retraen nuestra cu­
riosidad. Por este medio me persua­
do que la misma razón humana obra­
rá según sus leyes con mas acierto
y utilidad general, que por las que
le ha prescripto la superstición y ¡a
ignorancia.
A vosotros, jóvenes Españoles,
ofrezco esta traducción del arte de
pensar, cuyo objeto se dirige á exd-
IV
minar el origen y certeza de los co­
nocimientos del hombre , y á descubrir
al mismo tiempo su extensión y lími­
tes , evitando qüestiones q u e, lexos
de seros útiles , debilitan vuestras
buenas disposiciones , alexandoos de
la verdad, y privándoos del verda­
dero placer y utilidad que resulta de
su adquisición.
S i be acertado en la elecion del
original, y en la traducion que os
presento , me lisongeará infinito la
idea de baberos proporcionado un li­
bro bueno, entre tantos malos como nos
cercan; y. sino, estimad á lo menos los
deseos de seros ú til, y de suavizar
vuestras tareas en el dificil camino
de la investigación de la verdad.
E l autor de estos elementos los
publicó en, la corte de Berlín en i ? ? ? ,
donde ocupaba un lugar distinguido
entre la multitud de sabios, que la ge*·
nerosidad y beneficencia del difunto
V
Federico I I acogía y convidaba de
todas partes para hacer floreciente
su reyno por medio de las luces que
propagan las ciencias y las artes. Ha­
biéndose dedicado á este trabajo tan
modernamente , logró la ventaja de
aprovecharse de los escritores ante­
riores , como Locke, Condillac, S e . ,
y por consiguiente de escoger y en­
tresacar lo mejor en materia de ló­
gica , y de evitar por este medio los
defectos de las antiguas, que le esti­
mularon á componer ésta báxo de un
método enteramente nuevo..
En efecto, ninguna lógica está en
el dia mas bien recibida y acredita­
da que ella en los reynos extrange-
ros, particularmente en Francia, doni
de la estudié yo mismo en mis prime-*
ros años, y aun concebí desde en­
tonces el proyecto de traducirla eik
castellano á mi regreso á España?
como lo eimecuto ahora por el bien.ge­
VI
neral de la juventud, y particular­
mente impelido del fraternal amor de
un tierno joven , con quien me extre-
chan en dulce lazo las leyes de la
sangre y de la naturaleza, para que
le sirva de segura guia en la car­
rera de instrucion en que va á en­
trar , y en la direcion de sus talen­
tos naturales , en que esencialmente
consiste el uso arreglado ó desarre­
glado del ingenio , la buena ó mala
conducta del hombre , la utilidad ó
inutilidad propia y del estado en la
maduréz de la edad, y la felicidad
ó infelicidad futura de la vida.
Las lógicas que de algún tiempo á
esta parte se han publicado en nues­
tro idioma , entrando las dos traduc­
ciones mancas que tenemos de la de
Condillac , y aun las lógicas latinas
de Berney , Jaquier, Baldinoti S e .
ó pecan por difusas, ó por demasiado
concisas yy acaso acaso por poco me­
VII
tódicas. Borrelly evitó estos dos te­
mibles extremos, siguiendo aquel con-
sejo de un sabio : guardando el justo
medio , caminarás segurísimo \ y á
este efecto ilustró el texto de la obra
con las notas y observaciones críticas
que los lectores bailarán al f in , si­
guiendo las remisiones señaladas con
números árabes según la parte del
libro á que correspondan v. g. las de
la historia de la lógica las primer as,
y succesivamente las de la I , I I , I I I
y i r parte en que está dividido. Con
este método ha conseguido el Autor
hacer rápida y corriente la lectura
del cuerpo de la obra, por decirlo
así, y explicar y aclarar con mas ex­
tensión , y como á parte, los lugares,
términos , proposiciones &c. que re­
querían una mas completa exposición.
He aquí como él mismo se expli­
ca acerca de su obra , en la adver­
tencia que se halla al principio de la
VIII
edición francesa , por donde se colé-
gira el loable empeño con que este
sabio estaba dedicado á la instruc­
ción común.
» Quando publiqué, dice, mi plan
»»de reforma de los estudios ele-
» mentales , signifiqué que la primera
»obra que pensaba componer , sería
»un curso de lengua francesa, que
»era á la sazón el mas adelantado de
»todos los libros elementales en que
»estoy trabajando. Pero despues be
n creído conveniente mudar de opinion,
»y empezar por estos elementos de
»lógica , pues hacen parte de la en-
tjseñanza de que estoy encargado en
»la Real Académia de Nobles de Ber-
»Un $ y también porque mi principal
» objeto debe ser el de hacerme útil
**á esta porcion de la noble juventud
»prusiana que S . M. se ha dignado
»fiar á mi cuidado. T en efecto, nin-
ttguna otra cosa debe merecerme mas
IX
nía preferencia, que lo que es pro-
**pio de las obligaciones y empeños
•>de mi profesion.
» No olvidarán los lectores que
« un tratado de lógica de la natura-
» leza del presente, está únicamente
**destinado para los principiantes:
»que no expongo en él mas que las
»nociones de mayor importancia y ne-
» cesidad$y en suma, que en lugar de
» seguir el camino trillado de los ló~
*>gicos precedentes, solamente be tra-
»tado de las diferentes operaciones
»del alma , prescindiendo absoluta-
emente de los diversos signos que las
» representan. Esta última parte la
» desempeñaré en mi Gramática fi-
» losófica, que no tardará en salir
*>á luz.
»Todo el mundo echará de ver
»desde luego que yo he refundido en
»estos elementos lo mejor y mas ins-
” tructivo que be hallado en los lógi-
X
»>eos antiguos y modernos, sin que
npor eso tema me lo atribuyan á de*
»>lito los hombres sensatos y de inte-
'nligencia en la materia. Por otro
»lado , i no sucede en la lógica, co-
»>mo en la mayor parte de las artes
ny ciencias, el que se encuentran mu~
» chas mas cosas superfluas que qui­
ntar , que verdaderamente útiles y
» nuevas que añadirá”
Pág. i

HISTORIA SUCINTA
DE LA LÓGICA
KN QUE SE INDICAN LAS’ MEJORE*
OBRAS QUE TR A TAN DE
E$TE . ARTE.

L a obscuridad y confusion en La lógica


que estaba envuelta la lógica en en sus pri­
meros
sus primeros tiempos, no con­ tiempos·
sistía sino en la falta de reglas
que en el dia se han adquirido;
por consiguiente en aquellas épo­
cas la lógica sólo se reducía al
arte de disputar ’ sobre pala­
bras ( i ) , de altercar sobre va­
gas definiciones (2) y quiméri­
cas distinciones'“(3) : en suma,
al arte de éxércitar el espiri­
to en querellas y disputas (4)
interminables, desfigurando la
Verdad , y burlándose de la ra-
2 H istoria
zon misma. Este arte fué cul­
tivado por los Sofistas (5) qué
no eran mas que unos perennes
charlatanes, de los quales se en­
cuentran mas ó menos en todos
los siglos, que hacian un trá­
fico sórdido de su falsa sabidu­
ría. Profesaban la filosofía con
una vana ostentación de pala­
bras; no se ocupaban sino en
sutilezas despreciables, y todo
su estudio se dirigia á sorpre-
hender á los demás con discur­
sos .falaces y capciosos ; vaga­
ban· continuamente;, de una par­
te á otra para vender su ciencia*
discurriendo sobfe todo, sin te­
ner otro objetQ que el de sostener
el pro y 1el contra con igual fa­
cilidad. Estos inagotables dia­
lécticos dividieron á su modo el
universo en diferentes clases que
llamaban misteriosamente las
escalas de las cosas: y quando
se les proponía alguna qüestioni
cada término lo referían á 1?
DE LA LÓGICA. 3
clase que mas les convenía; y
en lugar de responder á la pre­
gunta y resolverla, se limitaban
á reproducirla, transformando- .
la en un lenguage mucho mas
obscuro. Tales fueron Protágo-
ras, Pródicó, Hyppias y Gor­
gias el Leontino.
El primero* impío por or- pr¡nCipa-
gullo y blasfemador por espíri- ies sofis-
tu de venganza , despues de ha· tas.
ber sido echado de Atenas co­
ano una peste pública, corrió
las islas del Mediterráneo, don- Protágo-
de desacreditó la filosofía por ras.
su infame avaricia y charlata­
nismo; su talento mas sutil (6),
que sólido lo empleaba única­
mente en inventar argumen·*·
tos (7) sofísticos en defensa de
las peores causas;; su árma favo-*··
rita era el Dilema (8). »El al-*
»>ma, según é l, no se diferenciá
*>de los sentidosy y- todo lo que
’ »estos nos enseñan es eviden*
*»te.? A esto se reducían poco
4 H istoria
mas ó menos sus conocí miente»
filosóficos , según las noticias
que de él tenemos.
Pródico. El segundo tuvo un mérito
mas verdadero; pero su avari­
cia no fué menos vil y sórdi­
da ; hablaba con bastante elo-
qüencia, y en las diferentes par­
tes donde hizo ostentación de
su dialéctica le colmaron de
obsequios. Tenia algunas piezas
sobresalientes, entre ellas una
arenga que no recitaba sino
á aquellos que le pagaban dé
antemano cincuenta dragmas.
Hyppias. Los antiguos apenas hacen
mención del tercero, y solamen­
te se sabe que fué orador y so»
fista, es decir, que exerció co­
mo los otros el despreciable ofi-
•cio de hablar vagamente de tt*·
d o , fascinando así á los necios.
Una máxima suya le distinguió
de los demás, y se reduce á de­
cir que "el verdadero bien de
n este mundo consiste en nó iie-
D E LA LÓGICA. 5
» cesitar de los demás : ” verdad
de sentimiento , mas bien que
de hecho, y que por desgracia
desmiente la experiencia.
Uno de los mas célebres so- Gorgías.
fistas fué sin duda alguna Gor­
gías : poseía, el talento de hablar
de repente sobre todo género de
materias con la mayor facilidad
y eloqüencia, y era en su es­
pecie lo que son hoy en día los
famosos improvisantes italianos.
Siempre tenia razones para to­
do, y lograba la ventaja que tie­
nen la mayor parte de los em­
píricos impudentes, que reco­
gen muchos aplausos y cauda­
les de la muchedumbre, al pa­
so que.se hacen despreciables
de los sabios.
Llegaron, por fin, estos hom- sofistas
bres célebres á hacerse tan des- desprecia-
preciables por su falsa dialéc- bles,
tica, que solo el nombre de so·»
fista pasaba por una injuria. To­
do el mundo los abominaba, aun
6 H istoria
antes del siglo de Platon, y de
Filipo de Macedonia. Se sabe
que Isócrates compuso una ora-
cion para cubrirlos de oprobrio
en el concepto de sus conciu­
dadanos, y de todos los grie­
gos.
Aristóte­ Aristóteles fué el primero
les. que formó cierto número de re­
glas que era preciso observar
si se habia de discurrir con exác-
titud, y descubrir los falsos ra­
ciocinios con que los sofistas
obscurecían la verdad. Pero en
lugar de no dar á esta ciencia
mas que la extension que debía
tener, la complicó muchísimo
con palabras, divisiones (9) y
subdivisiones. Se mira comun­
mente como una cosa admira­
ble el que, mediante las dife­
rentes combinaciones que hizo
de todas las formas stlogísti-
«as (10) de que puede usar el
entendimiento para discurrir, le
baya encadenado de tal modo
DE LA LÓGICA. JT
con las reglas, que ni una so­
la vez pueda apartarse de ellas
sin que raciocine inconsiguien­
temente. Pero á la verdad, ¿ no
es abusar el hombre extraña­
mente de su propio talento y
conocimiento, el no servirse de
estas reglas, como él hizo, sino
para cortar el vuelo y poner
trabas inútiles á la razón hu­
mana ? i De qué sirve su libro
de las categorías y el de la in­
terpretación , donde lo poco bue­
no que se encuentra sembrado
aquí y a llí, se halla anegado ea
una fastidiosa abundancia de pa­
labras enigmáticas? ¿quién pue­
de iisongearse de haber llegado
á entender sus analíticos, don­
de pretendió, enseñar todo el ar­
te del silogismo? Los que ha­
blando de su lógica , sostie­
nen gravemente que este filóso­
fo» "descubre en ella las prin«
»cipales fuentes del arte de dis-
•>curxir , y que enseña á pen-?
8 H istoria
»sar y formar verdaderas ideas
»de las cosas & c .” ó no le
han leído en su vida y le han
creído sobre la palabra de otro,
6 han manifestado bien poco
juicio en sus aserciones. Sus su­
blimes especulaciones son, dí­
gase lo que se quiera, de cor­
to auxilio para perfeccionar la
razón humana. Esto no quita
sin embargo, que Aristóteles fue­
se de grandísimo ingenio. Aca­
baba de nacer la sana lógica,
y por otra parte es indubitable
que sus escritos padecieron al­
teración en manos de los comen­
tadores.
Discípu- Estos acabaron de enmara-
los y Co- ñar la lógica, haciéndola inin-
mentado- teligible. Por desgracia lo esta­
res de ba ya bastante, como dice Ci-
Anstóte- ceron ^qUand0 estos mismos Fi·
es* lósofos apenas comprendían na*
da de e lla : Aristóteles ipsts phi-
losophis tgnotus. Cada uno aña­
día lo que le parecía, y la so«
DE LA LÓGICA. Q
brecargaban con alguna nueva
idea quimérica: de suerte que
la dialéctica de este filósofo,
lexos de dirigir el entendimien­
to humano, le extravió por es­
pacio de cinco ó seis siglos, con­
fundiéndole con una gerigonza
de expresiones barbaras y qües*
tiones frívolas y absurdas, que
solo contribuían para fomentar
la ignorancia y promover el
orgullo de las escuelas.
Cicerón acusa á Cleanto y Cleanto y
á Chrisyppo de haberla embro­ Chrisyp­
llado con sus vanas sutilezas. No po.
obstante, conviene observar que
el primero comparaba los peri­
patéticos ( n ) de su tiempo á
los winstrumentos de música que
»»hacen ruido sin entenderse;”
y el segundo estaba tan poseí­
do de su amor propio, que pa­
ra él eran enteramente despre­
ciables los demás filósofos: prue­
ba cierta de que el amor pro­
pio desordenado ha sido en to~
ro H is t o r ia
dos tiempos el patrimonio de
las almas pequeñas é ignoran­
tes. Pero entre estos dos secta­
rios de la filosofía estoyca , hu­
bo esta diferencia, que el uno
tuvo muy poco talento, y el
otro nació dotado de grande in­
genio. En efecto, fué tal la su­
tileza de Chrisyppo que se de­
cía en su tiempo que "si los
»Dioses necesitaran de dialéc­
t i c a , no se valdrían de otra
»»que la suya. ”
Como quiera que sea , los
Suerte del
filósofos que sucedieron á Aris­
Peripate-
tísimo·
tóteles , alteraron extraordina­
riamente sus principios, inven­
tando una infinidad de nombres
extravagantes que no se atrevie­
ron á explicar. No obstante es­
to y á pesar de la razón, el pe-
ripatetismo se estendió insensi­
blemente por todas partes, aun­
que no con igual éxito. En Fran­
cia fué proscripto en el año de
1209 por Un concilio, y ade­
D E LA LÓGICA. II
más por una junta de obispos
celebrada en París, en el rey-
nado de Felipe Augusto.
Mas á pesar de todas estas Funda­
proscripciones hubo filósofos mentos
que se atrevieron á dedicarse á del esco­
la explicación de la doctrina lasticis­
peripatética, y echaron los ci­ mo.
mientos del escolasticismo.
En los primeros tiempos de Primera
esta filosofía barbara Guiller­ época.
mo de Champeaux pretendió
Guillermo
"que no había en todos los in-
Cham­
»»divíduos (12) mas que una co- peaux.
»»sa esencialmente una; y que
»»si habia alguna diferencia en-
»»tre ellos , solo consistía en los
»»accidentes (13).”
Abelardo , su discípulo , se Abelardo.
opuso á la opinion del maestro,
y le hizo mudar de opinion,
obligándole á sepultarse de ver­
güenza en la obscuridad de un
claustro.
Roscelino , el mas terrible Rosceli­
^ todos los disputadores de no.
12 H istoria
de aquel tiempo, imaginó "que
»los universales (14) no existían
»»fuera del entendimiento (15),
»»y que en la naturaleza no ha-
»»bia mas que individuos, cuya
»»semejanza expresamos por me-
»»dio de una denominación ge-
»»neral; ” y báxo de estos prin­
cipios fundó la nueva secta de
los nominales.
Pedro Pedro Lombardo publicó el
Lombardo maestro de las sentencias , cu­
y demás ya obra fué como el crepúscu­
filósofos, lo de la razón , aunque muy dé­
hasta Des*
car tes.
bil todavía por las muchas qües-
tiones insustanciales que con­
tiene.
Segunda A él se siguieron Alexandro
época* de Hales, Alain de la Isla, Al­
berto el Grande, Santo To­
más, S. Buenaventura, Escoto
& c. que dotados de un talento
perspicáz y de grande sutileza
de ingenio, hubieran merecido
el título de verdaderos filóso­
fos (16) en otro siglo de mas
DE LA LÓGICA. x3
luces. En esta segunda época se
inventó lo que se llama ente de
razón (17); descubrimiento in-
geniosp, aunque de ninguna uti-
lidad para la posteridad.
La escuela se dividió enton­ Escuela
ces en dos sectas (18), una de dividida
las quales sostenía el universal en dos sec­
d parte r e i ; y la otra el uni­ tas.
versal d parte mentís; célebres
desatinos que deshonran al es­
píritu humano, y degradan nues­
tra razón. Estas sectas no se ocu­
paban sino en sostener proposi­
ciones y supuestos frívolos ; no
se suscitaba en las escuelas mas
que disputas interminables so­
bre las categorías (19) y uni­
versales de Aristóteles ; no se
trataba de enseñar la verdad,
pero sí de defender sus opinio­
nes verdaderas ó falsas, siendo
lo mas vergonzoso para los con­
tendedores el quedar reducidos
al silencio por sus contrarios. De
aquí tantas ideas absurdas y va-
14 H istoria
cías de sentido ; se embrollaban
las cosas mas sencillas ; se de­
fendían tenazmente las proposi­
ciones mas ridiculas, y la lid
jamás se terminaba.
Tercera Fué la tercera y última épo·
.
época ca del escolasticismo la de Gui­
llermo Durán , quien por su au­
Guiller­
mo D u -
dacia filosófica mereció el nom­
rán. bre de doctor atrevido. Oka­
Okamo. mo , discípulo de Escoto, reno­
vó la secta de los nominales, y
se grangeó el sobrenombre de
doctor singular é irrefragable por
el tesón con que sostenía sus
nuevas opiniones.
Nueva fi­ En tales tiempos de cegue­
losofía. dad é ignorancia apareció Ga­
Gasendo.
sendo como un astro refulgente,
en medio de una tenebrosa no­
che. Auxiliado de la lectura de
algunos filósofos antiguos, y
sostenido por su vasto ingenio,
fué el primero que combatió la
filosofía escolástica, publicando
contra Aristóteles científicas di-
DE LA LÓGICA. 15
sertaciones que fueron recibidas
con ansia de todos ios filósofos
de la Europa. Nada había mas
inútil, según este filósofo, que
el estudio de la lógica. “ Con
»»los ojos vemos (dice), con los
»»oídos oímos; todas las demás
»»facultades exercen sus funcio-
»»nes sin necesidad de preceptos.
»»El entendimiento también pue-
>»de raciocinar, buscar la ver-
»»dad, hallarla, y juzgar sin el
»»auxilio de la lógica.” Esta es
la condicion del espíritu huma­
no, el confundir casi siempre
el abuso que se hace de las co­
sas , con las cosas mismas! Na­
da era menos apropósito sin du­
da para perfeccionar la razón
humana, que la lógica hasta el
tiempo de Gasendo; pero no se
seguía de aquí que pudiese de-
xar de admitir reforma, y lle­
gar á ser útil.
A Gasendo succedió Descar- Descar­
tes >» quien acabó de arruinar las tes.
16 H istoria
quimeras escolásticas. Recobró
el espíritu humano sus derechos,
la razón , el juicio, la luz na­
tural fueron las solas reglas que
se emplearon ; y la lógica aris*
totélica llegó á ser una de las
partes mas despreciables de la
filosofía. Descartes demostró evi­
dentemente "que no proporcio-
»»naba á los entendimientos mas
»»limitados sino conocimientos
»>muy comunes; que enseñaba á
»»discurrir ridiculamente acerca
»»de lo que se ignoraba, y cor-
»»rompía la razón natural en
»»lugar de auxiliarla.” No obs­
tante, este filósofo no despre­
ció tanto la lógica escolástica
como Gasendo , pues á lo me­
nos aconsejaba que se estudia­
se en ella un cierto número de
principios razonables.
Bacoa de Aun antes de estos dos gran­
Verula- des hombres, el Lord Bacon en
raio. Inglaterra se levantó con el ma­
yor vigor contra el peripate-
DE LA LÓGICA. I$r
tismo 6 filosofía escolástica.
''Aristóteles (según él) se va­
nagloriaba de obscurecer la
»verdad con artificiosas contra-
»diciones, y sus discípulos se
»ocupaban mucho mas en eter-
»nizar las disputas que en resol-
»verlas y terminarlas.” Decía
del método escolástico "que no
»producía sino dificultades y
»espinas; y comparaba el pe-
»ripatetismo al escollo de scy-
»la en donde los mas avisados
»naufragan.” Para reformar los
defectos de la antigua lógica,
compuso su nuevo órgano de las
ciencias. E l principal objeto de
esta obra inmortal era mostrar
de qué manera se debía hacer
una buena inducción (20); en
lugar de que la lógica de Aris­
tóteles solo enseñaba el modo
de formar un buen silogismo.
Sirvieron muy poco los esfuer­
zos de Bacon, Gasendo y Des­
cartes para purgar la antigua 16-
18 H istoria
gica de las futilidades escolás­
ticas.
La lógica Los aristotélicos siguieron
barbara se ocupándose en tratar de las doc­
siguió en­ tas bagatelas que absorvian to­
señando· do su talento, y á cuyo obje­
to se dirigían sus principales me­
ditaciones y disputas. Tal es
la fuerza de la costumbre y de
las preocupaciones! Los esco­
lásticos continuaron entretenien-
dose en qüestiones impertinen­
tes, v. g.: ¿"Si la filosofía to­
pinada colectivamente ó de un
»»modo distributivo, existe en
»»el entendimiento, ó en la vo-
»luntad? ¿si el ente es unívo->
»>co por lo que mira á la sus­
t a n c i a , y al accidente? ¿si
»»Adán tuvo ciencia infusa 6 fi-
»»losofía habitual? ¿si Ja lógi-
>»ca docente se distingue de la
»»lógica práctica habitual? ¿si
♦»los grados metafísicos en el in-
»»divíduo se distinguen realmen-
♦ite , ó solo virtualmente y .poi
DE LA LÓGICA. 19
»»abstracción del entendimien-
»>to ?; ” y á este tenor sería muy
fácil juntar aquí una infinidad
de qüestiones, no menos ridi­
culas que las anteriores; pero
apartemos nuestra vista de se­
mejantes pobreterías de espíri­
tu, que deshonran la razón hu­
mana.
Los sabios de Puerto Real Lógicos
empezaron en el último siglo á de Puerto
restablecer algún tanto la repu* Real.
tacion de la lógica con su obra
que publicaron con el título de
arte de femar. Ellos manifes­
taron la necesidad que había de
establecer un método exácto pa­
ra dirigir bien nuestras ideas y
formar juicios mas arreglados;
y á este fin se dedicaron á pro­
poner ciertas reglas precisas y
determinadas para que la lógi­
ca fuese mucho mas útil. Es
preciso confesar sin embarga,
que su arte de pensar es en
cierto modo una coleccion de
20 H istoria
qiiestiones de metafísica, de mo-
r á l, de física y matemáticas,
mas bien que una lógica juicio­
sa y purgada de superfluidades.
Ellos mismos indican doce ca­
pítulos seguidos, que contienen
sutilezas enteramente inútiles ó
superfluas. ¿A qué fin, según
esto, introducirlos en su lógi­
ca ? Por donde se ve claramen­
te que estos sabios conservaban
todavía algún resto de respeto
y deferencia ácia la filosofía
escolástica. La lógica de Puer­
to Real tiene otro defecto y es
el de ser demasiado erudita,
y mas propia para talentos ya
maduros y esclarecidos, que pa­
ra principiantes que necesitan
de obras elementales y senci­
llas. "E l tiempo , que destruye
»todas las cosas, ( dice un fi­
ló so fo moderno ) cada dia au-?
»toriza mas y mas la estima*
»cion que se hace de la lógica
»de Puerto Real:” lo quaí es
DE LA LÓGICA. ¡21
muy cierto por muchos respe­
tos. En ella no se encuentra
aquella algarabía ininteligible,
ni aquel tropél de qüestiones
pueriles que hacían tan repug­
nantes é insípidas las lógicas an­
tiguas. A esto se agrega (pues
es una especie de justicia que
nos consideramos obligados á
hacer á los autores del arte de
pensar ) que el mayor número
de los que posteriormente han
tratado de lógica, han tomado
de esta obra una gran parte de
las reglas y exemplos que pro­
ponen ; y quizá no tenemos en
el dia un manantial mas puro
y fecundo en este género. Los
principios y método de Descar­
tes han sido el fundamento de
la lógica de Puerto Real; y ella
ha producido casi todas las que
la han seguido. Pero confese­
mos de buena fé que nuestra
juventud sería muy digna de
lástima, si solo estuviese redu-
22 H istoria
cida á aprender el arte de pen­
sar por esta obra.
Lógica re· Las ideas de la sana filosofía,
formada y particularmente de la lógica,
por Locke nunca, han sido expuestas con
y el Padre mas claridad que en el ensayo
Malebran-
sobre el entendimiento humano de
che.
Juan Locke, y en la obra no me­
nos famosa del Padre Malebran-
che de la investigación de la ver­
dad. Estos dos filósofos han si­
do despues acá los oráculos de
todos los que se han ocupado
en los mismos objetos.
Locke. Locke publicó por la prime­
ra vez su ensayo en el año 1697.
El conocimiento del entendi­
miento humano le pareció un
preliminar indispensable, para
todo el que quiera hacer rápi­
dos y sólidos progresos en la
verdadera filosofía y en el des­
cubrimiento de la verdad. Se­
ría de desear que todos los que
hasta aquí han escrito cursos
de filosofía hubiesen consulta­
D E LA LÓGICA. 23
d o, como é l , á la razón sobre
este punto. ¿Cómo será posible
formar ideas justas sin haber he­
cho antes un estudio muy pro­
fundo del instrumento de nues­
tros conocimientos ? El gran
principio de Locke consiste en
este antiguo axioma (21) "que
«nada existe en el entendimien-
” to que primeramente no haya
»»pasado por los sentidos ” (22);
de donde concluye "que no hay
»»ninguna idea moral que sea
»»innata. ” ¿Qué autor ha pro­
fundizado con mas juicio y so-
lidéz las materias filosóficas ? El
sigue paso á paso á la natura­
leza , y conforme á ella, dis­
tingue las diferentes operacio­
nes del alma. Los maestros de­
berán meditar continuamente su
obra, pues aunque no siempre
los conduzca á la verdad, á lo
menos les hará amar el cami*
no que él indica para llegar á
alcanzarla. Quanto mas profun-
24 H istoria
das son las ideas de este filóso­
fo, tanto menos aproposito es su
tratado, para que ande indis­
tintamente en manos de la ju­
ventud. Por otra parte, es bas­
tante difuso y freqüentemente
obscuro; y los verdaderos prin­
cipios se hallan mezclados en
cierto modo con una multitud
de qüestiones extrañas y super-
ñuas al asunto.
Winne.
Estas razones fueron sin du­
da alguna tas que movieron á
M. Winne de la universidad de
O xfort, y despues obispo de
San Azaph en Inglaterra, á ha­
cer un compendio del ensayo
sobre el entendimiento humano;
y este extracto raciocinado fué
traducido del inglés al francés
por Bosset en 1719 é impre­
so en Ginebra en 1738. Es muy
exácto y conforme al original,
y se debe decir, en alabanza
suya, que la exposición que ha­
ce del sistema de la naturaleza
DE LA LÓGICA. Sg
y de la formación de las ideas,
dexa muy poco que desear por
lo que mira á la exáctitud y
claridad. Pero es muy extraño
que se encuentren en este au­
tor , como igualmente en Locke,
algunos principios que desmien­
te la verdadera filosofía, y que
son contrarios á los verdaderos
principios de la buena moral.
Locke es sin duda alguna uno
de los mejores filósofos que ha
habido: merece estudiarse con
la mayor reflexión ; pero no
todas sus opiniones deben adop­
tarse ciegamente. Nadie igno­
ta que , según él , no había
imposibilidad en que la* mate­
ria pensase; y esto solo basta
para desconfiar de la temeridad
de sus aserciones.
Este escritor es el autor de Le Clerc.
una lógica muy apreciable que
compuso á imitación de la de
Locke y del arte de pensar de
Puerto Real. El Padre Buffier
26 H istoria
dice que tiene una prerrogati­
va sobre las demás, y es la
de contener muchísimas cosas
útiles, siendo al mismo tiem­
po sumamente sucinta. A lo
que se puede añadir que es mu­
cho mas clara y exácta; y los
exemplos con que corrobora é
ilustra sus principios, son pot
la mayor parte sacados de asun­
tos interesantes. Pero su lógi­
ca ofrece algunas veces aser­
ciones demasiado arriesgadas y
temerarias, por las quales se de­
xa conocer que se propuso á
Locke por modelo.
Malebran- El Padre Malebranche dió
che. á luz *en 1673 su investigación
de la verdad. E l h o m b r e (*) de
Descartes, cuya obra habia leí­
do con todo aquel entusiasmo
que se apodera de los hombres

(*) Obra de Descartes con este


titulo.
D E LA LÓGICA. 2JT
de ingenio quando tienen la fe­
licidad de encontrar una pro­
ducción que los ilumina , le hi­
zo conocer su talento y le ar­
rastró, á pesar suyo , á la car­
rera filosófica. Poseía en el mas
alto grado el arte de presen­
tar con claridad las ideas mas
abstractas, de unirlas y de se­
guir su filiación ó afinidad.
Quizá ningún otro ha tratado
hasta ahora las materias filosó­
ficas con mas ardor y vivaci­
dad : su imaginación era fuer­
te y brillante al mismo tiem­
po ; pero esta misma fuerza de
su imaginación le hizo adoptar
sistemas que, bien considerados,
parecen mucho mas especiosos
que sólidos. Según é l, <cel ser
«supremo es como un espejo en
»»el qual continuamente nos mi-
»»ramos, y donde descubrimos
»>todos los objetos de nuestros
»»pensamientos. Y así todos nues­
tr o s conocimientos dimanan
28 H isto ria
»del seno de la misma divinl·
»dad:” ilusiones sublimes mas
dignas de un poéta que de un
filósofo. Pero no es menos cier­
to que la investigación de la ver­
dad (*) será siempre un libro

(*) Un conocido mío está para


publicar en castellano la investiga­
ción de la verdad del Padre M ale-
branche con las correcciones conve­
nientes de los filósofos posteriores en
este sabio escritor , cuyo ingenio pers­
picaz y profundo ha investigado , me­
jor que nadie , el mecanismo de los
sentidos , y descubierto los errores á
que nos inducen , quando no son bien
dirigidos y auxiliados unos por otros.
Por manera que en esta parte, y á
excepción de su extraña opinion de
que vemos todas las cosas en Dios,
ni Locke ni Condillac ni algún otro
de los modernos explica las mate­
rias filosóficas y los puntos mas in­
trincados de Ja metafísica , con mas
claridad, orden, naturalidad y soli­
dez que este Padre del oratorio. La
traducion que se prepara en los tér-
HE LA LÓGICA. 29
muy estimable al qual deberán
acudir los filósofos si quieren
aprovechar, principalmente por
lo que mira á la dialéctica.
Al principio de este siglo Wolffio.
apareció un filósofo de primer
órden, que por sus talentos na­
turales, y todavía mas por la
extension de sus conocimientos
adquiridos , no podía menos de
hacer época en la Alemania con
respecto á las ciencias filosófi­
cas. Este filósofo fué Wolffio;
estudió profundamente todas las
obras de Descartes, particular­
mente su método ·, y llegó á aña­
dir sus propias ideas á las de
su predecesor. Su mérito fué
desconocido, y aun perseguido
largo tiempo, pero al fin el

minos expresados, contribuirá sin


duda á la extensión de los conoci­
mientos filosóficos en nuestra penín­
sula.
30 H istoria
Rey de Prusia le honró con su
estimación y le remuneró con
magnificencia. La lógica latina
de este filósofo , nos ofrece los
principios mas profundos y las
reglas mas exáctas; pero se no­
ta en sus obras lo que se ve
en todas las de los grandes eru­
ditos , esto es, que lo bueno es­
tá como abismado en una mul­
titud de especies extrañas ó su-
perfluas. " Pocos (dice Formey )
»»tienen valor y constancia pa-
*>ra leér con toda la atención
»»necesaria muchos volúmenes
»»escritos según el método de
»los geómetras.”
Formey. A Formey se le debe el ha­
ber purgado la lógica de W olf-
fio , y expuesto los principios de
este filósofo de un modo inteli­
gible para el común de los le-
tores. Pero para conocer mejor
los principios de M. Formey es
necesario leér los diferentes ar­
tículos de lógica que ha sub-
DE LA LÓGICA. 31
ministrado en gran número á la
encyclopedia, en los quales ex­
plica los diferentes sistemas de
los filósofos antiguos y moder­
nos , y particularmente el de
Wolffio.
Sgravezande, catedrático de Sgrave­
filosofía en Leyden, compuso zande.
en 1734 para la instrucción de
sus discípulos , su introducción d
la filosofía. Esta apreciable obra
digna de su autor , fué tradu­
cida al francés, y tan bien re­
cibida , que se han hecho mu­
chas ediciones de ella en Ley-
den y Venecia.
En la colecion de las obras Fontene­
de Fontenelle se encuentran cier­ lle.
tos fragmentos de un tratado
acerca de la rascón humana , las
leyes del pensamiento, el racioci­
nio , el conocimiento del espíritu
humano y el origen de nuestras
*deas. No se advierte á la ver­
dad en estos fragmentos ni aque­
lla claridad, ni aquel sano jui—
32 H isto ria
cío de que por otra parte es­
taba dotado un hombre tan sen­
sato y metódico como este
ilustre académico ; y á 110 reco­
nocerse visiblemente en dichos
fragmentos el estilo de su au­
tor, creeríamos que era una pro-
ducion supuesta; porque ver­
daderamente es indigna de su
ingenio , y de la reputación que
como filósofo y escritor se ha
grangeado justamente en el or­
Buffier.
be literario.
El Padre Buffier Jesuíta es
autor de una obra voluminosa
cuyo título es curso de ciencias,
en la que se exponen los prin­
cipios del raciocinio con toda
la claridad y amenidad de es­
tilo que caracterizan las pro-
duciones de este apreciable es­
critor. No se debe confundir
esta obra en folio , con -otras
muchas que solo sirven para
ocupar un rincón en una vas­
ta biblioteca: ni deb^n despre-
D E LA LÓGICA. 33
ciar los filósofos un manantial
como éste, no menos puro que
abundante , donde se hallan
ideas generalmente exáctas, ver­
dades bien demostradas y prue­
bas tan precisas como conclu­
yentes por su exáctitud.
Las diversas produciones fi­ Crouzás.
losóficas de Crouzás contienen
excelentes principios, de que de­
ben hacer un uso continuo los
maestros públicos. Su lógica ó
sistema de reflexiones que pueden
contribuir á la claridad y exten­
sión de nuestros conocimientos , es
una obra muy erudita, aunque
el plan es demasiado vasto, el
estilo muy difuso, la locucion
poca correcta, y las observa­
ciones por la mayor parte dema­
siado metafísicas ó superfiuas.
El autor era uno de aquellos
eruditos que jáinas creen haber
dicho lo bastante sobre un asun­
to» y que por un amor propio
mal entendido, ó mas bien por
34 H istoria
falta de gusto, se esmeran en
hacer ostentación de la varie­
dad de su saber, antes que pre­
sentar clara y distintamente su
objeto sin perderle nunca de
vista. ¿A qué viene el confun­
dir así unas cosas con otras
enteramente diferentes? ¿Y qué
necesidad h ay, quando se tra­
ta de lógica , de dar nociones
circunstanciadas de distintas
ciencias ? De este sentir pare­
ce fué el mismo Crouzás quan­
do reduxa posteriormente su
obra á un solo volumen, de
quatro ó seis de que antes se
componía.
Warn. Tenemos una lógica del cé­
lebre Isaac W atts, que fué tra­
ducida del inglés al latin por
Juan David Hahn. Esta obrita
es verdaderamente preciosa así
por la claridad de las ideas, co­
mo por el órden y distribución
de los objetos , aunque todavía
se notan en ella algunos ves­
D E LA LÓGICA. 35
tigios de la antigua dialéctica
que la afean.
Despues de la muerte de du
Marsais salió á luz una lógica Du Mar-
que este gramático, verdade­ sais.
ramente filósofo, habia com­
puesto sin duda para el uso de
sus discípulos. Está dividida en
veinte y un artículos, en los
quatro primeros explica el au­
tor la diferencia de las dos sus-
tandas espiritual y corporal; la
distinción que hay entre el espí­
ritu angélico y el humano; lo que
resulta de la unión del alma y
del cuerpo ; quales sean' las leyes
de esta unión, y finalmente las
propiedades del alma. Estos son
en cierto modo los prelimina­
res de su lógica, cuyo autor
era demasiado ilustrado para
dexar de conocer que el estu­
dio del arte de pensar y supo­
ne necesariamente algunos co­
nocimientos metafísicos sobre el
ente racional. En los demás ar-
36 H istoria
tículos trata succesivamente del
alma , de la idea , del juicio , del
raciocinio y del método. Pero es
preciso convenir en que, aun­
que es muy apreciable todo
quanto se contiene en esta ló­
gica, está muy lexos de ser com­
pleta. El autor solo ha expli­
cado bien los sofismas, y aun
en esta parte no ha hecho mas
que compendiar la lógica de
Puerto Real. Se puede consi­
derar su lógica mas bien como
un bosquejo de un hombre de
ingenio, que como un tratado
completo ; y aun es de presu­
mir que si M. du Marsais hu­
biera tenido intención de publi­
carla , la hubiera hecho mas in­
teresante y útil á la instrucción
pública.
Cochet, el
Estos filósofos han escrito
Marques
d’ Argens,
de lógica con bastante clari­
Bertrand, dad y precisión, desterrando
y YVande- de ella todas las superfluida­
laincourt. des y sutilezas de la escolásti-
DE LA LÓtílCA.
ca s haciéndola por otro laido
perceptible á todos por la so-
lidéz y' amenidad del estilo.
Esta sucinta noticia de los Condillac.
mejores lógicos que ha habido,
no puede terminarse mejor, á
mi parecer, que haciendo aquí
la analisis de dos obras igual·
mente célebres de Condillac.
La una se intitula : ensayo sobre
el origen? 'de· Jar. ¡conocimientos hu­
manos ; y la otra: arte de ra-
eminar-y. que hacen parte de su
curso de estudios dedicado á la
instrucción déb Príncipe de Par­
d a; En quanto á· la ‘primera,
hé aquL.el juicio que forma de
ella el autor defc' artículo lógi­
ca qu&iae halla en el diciona-
riq · e ilc y clo p é d ic o v el siste4-
♦»ijoai ;de.; CondiUac'.(dice) es -el
»»ínismaique, el deiLocke, aun-
»que mucho mas perfecciona*-
*>do. No se le puede tachar co-
«mo á Le Clerc de ¡ haber sido
»urt. ¡copiante servil del autor
38 H istoria
»inglés. La precisión de la len-
»gua francesa ha hecho des­
aparecer todas las difusiones,
»»repeticiones y desorden en que
»»abunda la obra inglesa; y la
»»claridad, compañera común
»de la precisión, ha ilustrado
»los pasages obscuros y esca­
mbrosos del- original. El autor
»»se propone., á imitación de
»»Locke, el estudio del enten-
»»di miento humano , no con el
»fin de indagar su naturaleza,
»mas sí coit etd e conocer sus
«operaciones-: : observa el arte
»»con que sé combinan y el mo-
*>do con qtiedebemos conducir-
»las para lograr toda la· inte·
»ligerida-de que somos capa·'
>»ces; y remontándose al origen
»de las ideas descubre iu. ge-
»»neracion * las sigue hasta los
»límites que .les ha presentó la
»»naturaleza, y fixa de este mo-
»do la extensión y límites de
»»nuestras conocimientos. E l en-
D E LA LÓGICA. 39
»lace de las ideas, bien sea con
»»los signos ó entre sí mismas,
»»es la basa y fundamento de su
»sistema. Mediante este princi-
»pio, tan sencillo por sí mis-
>imo como fecundo al mismo
»»tiempo en sus conseqüencias,
»»hace ver qual sea el origen de
»nuestros conocimientos, qua-
»»les los materiales de que se
»»forman» cómo se ponen en
»execucion, qué instrumentos
»»se emplean para esto, y el mo-
»»do de servirse de ellos. Este
»»principio no es una proposi-
»»cion vaga, una máxima abs-
»»tracta i ni una suposición gra-
»»tuita, sino una experiencia
»constante, cuyas conseqüen-
?>cias sin excepción alguna es-
»»tán confirmadas con nuevas
»»experiencias. Para executar su
»»designio se remonta hasta la
»>percepción, que es la primera
»»operación que se descubre en
»»el alma; y hace ver cómo y
4o H is t o r ia
«en qué órden produce todas
»aquellas, cuyo exercicio so-
»mos capaces de adquirir. Des-
»pues desciende al lenguage de
» acción y explica como ha pro-
»ducido todas las artes que son
»propias para expresar nuestros
»pensamientos, como di arte del
»gesto , la danza , el habla , la
»declamación , la prosodia , la
»pantomima , la música , la poe-
»sía , la eloqiiencia, el arte de
» escribir y la índole y diferen-
»cias características de las len^-
»guas. Esta historia del lengua-
»ge sirve para mostrar las cir­
cunstancias en que los signos
»fueron inventados, dando á
»conocer su verdadero sentido^
»enseñando á evitar los abusos,
»y no dexando ninguna duda
»sobre el origen de las ideas.
»En suma, despues de haber
»manifestado los progresos de
»las operaciones del alma y los
»del lenguage, indica por qué
D E LA LÓGICA. 4*
«medios se puede evitar el er-
>»ror, y señala los caminos que
»»deben seguirse, ya sea para
»»hacer descubrimientos, como
»»para instruir á otros en los que
»»se han hecho. Según este au-
*»tor las sensaciones y operacio­
n e s de nuestra alma son los
*»materiales de todos nuestros
»»conocimientos; pero la refle-
r»xíon es la que los pone en exe-
»»cucion, indagando por medio
»»de combinaciones, las relacio-
»»nes que contienen. Los gestos,
»los sonidos , los números, las
»>letras , son los instrumentos de
»»que se sirve la reflexión pa~
»>ra elevarnos á los conocimien-
»»tos mas sublimes. Este enlace
«necesario de los signos con
»»nuestras ideas que Bacon sospe­
c h ó , y Locke entrevio, ha
»»sido completamente demostra­
ndo por Condillac. Locke cre-
»»yó que inmediatamente que el
»»alma recibe ideas por los sen-
42 H istoria
»tidos , puede, á su antojo, re­
p e tir la s , combinarlas, unirlas
»unas con otras hasta el infi-
»nito, y hacer de ellas toda es-
»pecie de nociones complexás;
»»pero es constante que en nues­
t r a infancia hemos experimen­
t a d o sensaciones, mucho an­
t e s de saber formarnos ideas
»de ellas. Por consiguiente, ca-
»reciendo nuestra alma en los
» principios del exercicio de to-
*»das sus operaciones, era una
»cosa esencialísima, para me-
*>jor comprender y averiguar los
»muelles ó resortes del enten­
dim iento humano, el manifes-
»tar cómo adquiere este exer-
»cicio y quales son sus pro-
«gresos. Locke, como acabo de
»»decir, no hizo mas que co-
»lumbrar esto mismo, y no pa-
»rece que hasta ahora haya ha-
»>bido alguno que le hiciese ver
»»esta falta, ó intentáse corre-
*>gir esta parte de su obra si-
d e l a lógica. 43
»»no el Abate Condillac. Final-
»»mente, para concluir lo que
»rae resta que decir acerca de
»»la obra de Condillac, añadi-
»>ré que su principal mérito , es
»»estar bien concebida y execu*
»»tada con aquel espíritu analí-
»tico y enlace de ideas, que en
»»ella se propone como el princi-
»»pio mas sencillo, mas lumino-
mso y profundo, al qual debía el
»»espíritu humano todos sus pro-
»»gresos, al mismo tiempo que no
»»echaba de ver su influencia.”
Este elógio no puede ser
mas grande ni merecido con
mas justicia. Los ingleses, que
generalmente pasan por los mas
hábiles metafísicos de la Euro­
pa , quizá no han tenido uno
mas exácto que Condillac, por
mas que murmuren ciertos crí­
ticos de nuestra nación que pa­
rece se han propuesto rebaxar
el mérito de sus más ilustres
compatriotas, exáltando exce-i
44 H is t o r ia r
sivamente el de los mas comu­
nes literatos extrangeros.
El arte de raciocinar del
mismo escritor, no es menos
estimable en su especie que
el ensayo sobre el origen de los
conocimientos humanos. Pero se
equivocaría el que miráse esta
obra como una lógica propia­
mente t a l; pues Condillac so­
lo se propuso en ella acostum­
brar el espíritu del jóven Prín­
cipe á quien educaba, á aque­
lla exáctitud de raciocinio, que
es tan esencial y deseable en
los que por su estado y naci­
miento están destinados á hacer
felices 6 infelices á los pueblos
que gobiernan. En el libro pri­
mero del arte de raciocinar ense·'
ña Condillac al Príncipe los d i­
ferentes medios que hay p a ra ase­
gurarnos de la verdad. Le pruer
ba en el segundo de qué modo
¡a evidencia de hecho, y la evi­
dencia de razón concurren á su
DE LA LÓGICA. 45
descubrimiento. En el tercero le
conduce á la aplicación de sus
principios a l sistema de Newton.
Le indica en el quarto los me­
dios de que nos valemos quando
f a lt a la evidencia. Finalmente,
le manifiesta en el quinto por
qué serie de congeturas , observa­
ciones , analogías y razonamientos
se ha descubierto el movimiento de
la tierra , su fig u r a ·, órbita &c.
Por esta sucinta exposición
se ve en primer lugar, que el
autor , como acabo de decir,
no ha intentado hacer una ló­
gica completamente tal como lo
han creído ciertos diaristas; en
segundo que esta o b ra, una de
las mas preciosas y mejor me­
ditadas que se han publicado
de mucho tiempo á esta par­
te , mas bien sirve para cons-
solidar á los entendimientos
éxercitados de antemano en el
arte de pensar, que para abrir
las puertas á la juventud de
46 H is t o r ia
un estudio tan necesario.
Lógica ¿Qué resta, por último, en
que falta esta parte, despues de tantas
todavía. obras como acabo de c ita r , y
otras mnchas que me veo pre­
cisado á omitir ? A mi parecer
resta todavía formar una lógi­
ca que sea el resultado de lo
mejor y mas instructivo que se
encuentre en las demás: que no
contenga sino lo útil y relati­
vo al arte de pensar ; que pre­
sente, en suma, un plan uniforme
y bien combinado de los princi­
pios mas ciertos y universales
de tantos como han escrito de
lógica.
Objeto de Este es el fin que me he pro­
estos ele­ puesto en estos elementos , ha­
mentos· biéndome esmerado en hacerlos
particularmente útiles á la ju­
ventud y adequados para la ins­
trucción pública. El juicio de
los filósofos me hará conocer si
el desempéño corresponde á la
eficacia de mis deseos.
ELEMENTOS
DEL

ARTE DE PENSAR.

P rimera par t e .
S ección I.

DE LA LÓ G IC A E N GENERAL.

L a lógica puede considerarse


báxo de diferentes aspectos, Báxo de
qué aspec­
mas ó menos importantes: I. tos puede
i cómo se debe definir, y si es conside­
confundible con la dialéctica? rarse la ló­
II. ¿si es arte, ó ciencia? III. gica.
i qué diferencia hay entre lo que
se llama lógica natural y arti­
ficial? IV. ¿quales son las uti­
lidades de esta última ? V . ¿ de
qué partes consta? Otras mu­
chas qüestiones se podrían ha-
48 P arte I.
cer sohre este asunto, pero el
primer paso y el mas esencial
que debe darse en el estudio de
qualquier arte ó ciencia es apar­
tar á un lado é ignorar todo
aquello que no es de una ver­
dadera utilidad.
¿Q ué es Los filósofos antiguos y mo­
lógica, y dernos han definido la lógica
si se con­ de varios modos, y la mayor
funde ctm
la dialéc­
parte de sus definiciones son
tica ? falsas ó incompletas (1). Algu­
nos , por exemplo, confundién­
dola con la dialéctica, la han
llamado el arte de raciocinar y
disputar con exactitud. Pero es
evidente, que esta definición no
abraza mas que una parte de las
funciones de la buena lógica,
por quanto no solamente se tra­
ta de dirigir al entendimiento en
sus raciocinios y enseñarle có­
mo se han de hacer ; sino tam­
bién de acostumbrarle á formar
ideas exáctas de los diversos ob­
jetos de sus pensamientos; á juz-
S e c c ió n I . 49
gar sanamente de estos mismos
objetos, y á ordenar sus ideas,
juicios y raciocinios, de modo
que consiga con menos obstácu­
los descubrir por sí mismo la
verdad, y darla á conocer des-
pues á los demás.
La lógica es el arte de pen­
sar. Un arte es una coleccion
de reglas y principios para har-
cer bien lo que se puede hacer
bien ó mal. Asentado este prin­
cipio , el arte de pensar será la·
colección de las reglas d qué de­
ben. conformarse nuestros pensa­
mientos (2) , p a ra que sean exdc-
tos. Y dando mas extensión 4
ésta-primera -definición se diré
cóñ los sabios de Puerto Reah
que la lógica es el arte de con­
ducir rectamente la razón (3)
tn el conocimiento de las cosas , a s í
p a r a la instrucción propia , comí
de., los demás. ¿La lógica
Se ha disputado largo tiem­ es arte, ó
po ea las escuelas sobre la va-: ciencia?
50 P arte J.
na qüestion: ¿si la lógica es ar­
te ó ciencia ? Y á la verdad era
muy fácil convenirse diciendo
que es arte y ciencia á un mis­
mo tiempo; porque lo que cons­
tituye las ciencias es la teoría,
y la lógica tiene la suya; y lo
que constituye las artes es la
práctica, y la lógica también
la tiene (4). Pero ésta es una
de aquellas qüestiones que cier­
tamente no merecen la pena de
que se discutan.
Diferen­ La lógica puede distinguirse
cia entre en natural y artificial. La que
la lógica llamamos natural, no es otra
natural y cosa mas que la razón nátural
la artifi­ con que nacemos; y : la artifi­
cial.
cial es esta misma razón y dis-
cernimiento perfeccionado con
el conocimiento de las reglas
que se deben observar para pen­
sar bien. La lógica natural pre­
cede al arte, suple á él las mas
veces y le aplica siempre con
mas ó meaos éxito (5). E suoq
S e c c ió n T. 51
especie de instinto intelectual
que rara vez engaña á los que
le poseen. Pero aunque la ra­
zón sea un don que la natura*
leza concede gratuitamente, y
haya ingenios tan felices que sin
el auxilio del arte y usando so*
lamente de sus facultades natu­
rales , son capaces de percibir
los objetos, comparar las per­
cepciones , formar juicios y ra­
ciocinios , enlazarlos unos con
otros metódicamente^ y deducir
de ellos las conseqüenciasí mas
remotas: no es menos cierto que
la lógica artificial purifica nues­
tras ideas, rectifica nuestros jui­
cios, dirige nuestros raciocinios
y nos hace baminaricóh mas se­
guridad por; la senda de la in·*
vestigacion de la verdad. La ra»
zon ó la lógica· ráaeural es la
bas» del· estudio -de la lógica ar­
tificial , y sin ella lexos de ade­
lantar se atrasa;en .«ste impor­
tante estudio (6). Pero no se ha
52 P arte I.
de confiar tanto en la u n a, que
se descuide: enteramente la otra;
pues de su mutuo auxilio resul­
ta la perfeccipn del entendimiea*
to humano.
Utilidad Nuestra razón se extravía
de la lógi­ fácilmente, y-la experiencia nos
ca en el enseña con demasiada freqiien-
estudio de cia , quan expuesta está á ser
las cien­ deslumbrada por las apariencias.
cias y be­
llas artes, De aquí se infiere la necesidad
y aun por que tenemos· de ciertas reglas
lo que mi­ para preservarnos de las ilusio­
ra á las nes de que somos susceptibles;
costum- ' y á estas reglas, inventadas por
bres. los hombres ., se les'da el nom­
bre de lógica. Las demás cien­
cias tienen un uso limitado ; pe·
ro la. utilidad de la lógica se
extiende tarito como la de. la.ra­
zón misma»? y por esto se mi­
ra como la llave de las ciencias
y bellas artes , sin cuyo: auxi­
lio no es posible sobresalir ni
en estas ni en ,aquellas. "Se pue-
¿>de decir: cí>n. propiedad· {oh?
S e cción I. 53
»serva Dalembert) , que ape-
» ñas hay ciencia ó arte en que
»no pueda instruirse en rigor
» y á beneficio de una buena
»lógica el talento mas limita­
ndo ; porque hay pocas, cuyas
»proposiciones ó reglas no pue-
»dan reducirse á nociones sim-
»ples, y encadenarse de tal mo­
ndo que todos los eslabones es·
»tén seguidos y bien coloca-
wdos,” Con igual fundamento
se puede añadir que no es me­
nos útil este precioso arte por
lo que toca á las costumbres y
conducta humana, pues auxilia­
dos de sus principios, aprehen­
demos á ser justos y equitati­
vos. Estas qualidades morales
dependen sin la menor duda
de la exáctitud de nuestros jui­
cios ; y una buena lógica no
tiene mas objeto que perfec­
cionar en nosotros la razón, ed-
señandoíos á discernir lo ver­
dadero de lo falso, el bien del
54 P arte I.
m a l, y la virtud del vicio.
D e qué La lógica es el arte de pen­
partes sar ; y se requieren quatro co­
consta la sas para pensar con exáctitud:
lógica. I. concebir bien (7) ó percibir
con claridad: II. juzgar sana­
mente de los objetos que se per­
ciben (8): III. raciocinar con
conseqüencia, ó discurrir con
exáctitud acerca de estos mis­
inos objetos (9): IV. coordinar
bien ó enlazar metódicamente
las ideas , los juicios y racioci­
nios, para llegar uno por sí mismo
al descubrimiento de la verdad,
ó conducir á otros á ella (10).
En estas quatro operaciones del
alma estriva toda la lógica.

Sección II.
/
Objeto é D e z a s id e a s y su te o r ía .
importan­
cia de la
doctrina D o s objetos merecen fixar la
de las atención en esta primara parte
ideas. de la lógica : primero, la teo-
S e c c ió n I I . 55
ría de nuestras ideas : segundo,
los medios de perfeccionarlas y
hacerlas exáctas. Por medio de
las ideas se ilustra nuestro es­
píritu, y adquiere los diferen­
tes conocimientos que necesi­
ta ( n ) . Por consiguiente, la doc­
trina de las ideas es una de las
mas importantes, f, como el
fundamento de toda la lógica.
La idea , que igualmente se Qué es
llama percepción (13), es aquel idea.
primer pensamiento del enten­
dimiento por el qual percibe al­
guna cosa sin afirmar ó negar
nada' de ella. Y así quando el
objeto de mi pensamiento es la
tierra y su redondéz, sin afir­
mar ni negar que sea redonda,
los pensamientos que pasan den­
tro de mi alm a, son lo que se
L a idea
Uama ideas.
considera­
La idea se puede considerar da como
como un termino abstracto (13); un termi­
y en este sentido es el punto de no abs­
reunión al qual referimos todo tracto»
56 P arte I.
aquello que no es sino una sim­
ple consideración de nuestra al­
ma. Quando me represento un
triángulo , la impresión que re­
cibe mi alma en aquel instante
se llama idea del triángulo. Por
consiguiente, idea es el nom­
bre que se da á las impresio­
nes ó afecciones del alm a, que
concibe ó se representa un ob­
jeto sin formar ningún juicio.
Diferen­ Es fácil de distinguir la di­
cia entre ferencia que hay entre la idea
la idea y y el sentimiento. La idea pertene­
el senti­
ce al espíritu ó al entendimien­
miento.
to , esto es, á el alma en quan-
to percibe ó conoce sin afir­
mar ó negar.
E l senti­ Por el contrario, el senti­
miento. miento pertenece al corazon ó
á la voluntad, esto e s , á el al­
Báxo de
ma en quanto quiere y está afec­
qué aspec­
tos puede tada de placer ó dolor, de gus­
conside­ to ó de disgusto.
rarse la La idea puede considerarse
idea« báxo de tres diferentes aspee-
II.
S e c c ió n 57
to s: I. por parte de su objeto:
H. por parte de su causa: 111.
por parte del sugeto.
Él objeto de la id ea, según Objeto de
algunos filósofos, es lo que ella la idea.
representa á el alma y lo que és­
ta percibe y conoce por me­
dio de las ideas. Otros filóso­
fos entienden por objeto de la
idea , lo que el alma debería re­
presentar , esto es, el objeto ex­
terior como él es en sí.
La idea considerada por par­ Idea ver­
te del objeto que representa, dadera
siempre es verdadera. En efec­ por parte
to , no es posible que dexe de del objeto
representar lo que representa; que repre­
senta.
por consiguiente , es imposible
que no sea conforme á su ob­
jeto , y por lo mismo verdade­
ra. Quando vemos una torre de
lexos nos parece redonda, aun­
que realmente sea quadrada; por
coákiguiente, el objeto repre­
sentado por mi idea es una torre
redonda.
58 P a r te I.
Idea falsa La idea considerada por par­
por parte te del objeto que debería repre­
del objeto
que debe­
sentar , es muchas veces falsa;
ría repre­ y si es evidente que siempre re­
sentar. presenta lo que representa, no
lo es menos que no siempre re­
presenta el objeto exterior co­
mo realmente es en sí.
Ideas ver­ Aunque en el uso común de
daderas y hablar no está autorizada la dis­
falsas en tinción de ideas verdaderas é
el lengua- ideas falsas, la precisión del
ge común.
lenguage lógico exige esta dis­
tinción ; y se debe observar: I.
que la idea verdadera es la que
representa el objeto como es en
sí mismo: 11. que la idea fal­
sa es la que le representa di­
ferentemente de lo que él es en
sí.
Ideas ver­ Quando se dice qjie una idea
daderas y es verdadera, no se pretende de­
falsas, en cir que para que sea verdadera­
sentido ri­ mente tal haya de represeitar
guroso. todo lo que realmente pertene­
ce al objeto exterior, pues se·
S e c c ió n I I . 59
mejante idea sería perfecta, y
solo Dios tiene ideas perfectas.
Para que una idea sea verda­
dera, basta que represente la
esencia de un objeto , y que to­
do lo que representa convenga
á este objeto. Tener idea de uná
cosa , es conocer su esencia y
naturaleza, porque sin este co­
nocimiento no es idea.
Idea falsa es aquella que no
solamente no representa la esen­
cia de un objeto, sino que repre­
senta mas ó menos cosas que no
pertenecen al mismo objeto; y
quanto mas se aparte del obje-
t o , tanto mas falsa será la idea.
La idea considerada por par­
Ideas cla­
te de su objeto se divide ade­ ras y con­
más: I. en idea clara: II. en fusas.
idea confusa. Las ideas claras
son aquellas que se perciben fá­
cilmente, y que de una ojeada
se descubre toda su extensión;
v· g. las de un triángulo y un
quadrado.
6o P arte I.
Propiamente hablando no
hay ideas confusas sino con re­
lación á otras que tenemos ó he­
mos tenido mas distintas y cla­
ras. La idea de un hombre visto
de lexos, es la idea clara de un
hombre visto de lexos; pero por­
que tenemos la idea clara y com­
pleta de un hombre que vemos
de cerca , llamamos confusa la
idea de aquel que vemos de le­
xos. La idea confusa no es mas
que una idea incompleta, esto
e s , una pintura, una imagen del
objeto, á la qual sabemos, por
nuestra propia experiencia y re­
flexión, que falta alguna cosa.
Ideas per­ Las ideas humanas no pue­
fectas é den representar perfectamente
imperfec­ todo loque constituye la esencia
tas. de los objetos, ni todas sus pro­
piedades y qualidades; pero pue­
den representarlas mas 6 me­
nos. Se llama idea perfecta aque­
lla que nos representa , además
de la esencia de un objeto, sus
S e c c ió n II. 61
propiedades y qualidades , sien­
do representadas estas mismas
propiedades y qualidades por
ideas que llamamos parciales.
Quantas mas especies haya de
ideas parciales reunidas á la
que nos representa la esencia
del objeto, tanto mas perfecta
será esta idea y el conocimien­
to del objeto; y quantas me­
nos haya , tanto mas imperfec­
ta será nuestra idea. Consiguien­
temente la perfección ó imper­
fección de la idea , depende de
las ideas parciales de que debe
estar acompañada para repre­
sentarnos y darnos á conocer,
además de la esencia del obje­
to , sus propiedades y qualida­
des.
Las ideas consideradas por IcIeas si
parte de su objeto, son de dos pies y
especies : I. simples: II. comple- comple­
xas ó compuestas. La idea sim- *ás.
pie en general es la que no
puede dividirse en otras, ni ha-
02 Parte I.
cerse mas comprehensible por
medio de la division , v. g. la
idea de existencia , la de sen­
sación y otras muchas. La ma­
yor ó menor simplicidad del ob­
jeto , es lo que determina el gra­
do de simplicidad de las ideas;
y esta mayor ó menor simpli­
cidad , no se determina por el
mayor ó menor número de las
partes del objeto, sino por el
número mayor ó menor de las
propiedades que en él se con­
sideran. Y así aunque el espa­
cio y el tiempo se componen de
partes, y por consiguiente no
son entes simples, sin embargo
la idea que tenemos de estas
dos cosas es simple ; porque to­
das las partes del tiempo y del
espacio son absolutamente seme­
jantes , igualmente que la idea
que tenemos de ellas , la qual
no puede descomponerse ni di­
vidirse sin que se destruya; en
lugar de qu e, aunque quitemos
S e c c ió n II. 63
de lá idea de cuerpo, por exem-
p lo , la idea de impenetrabili­
dad de figura y de color, que­
da todavía la de extensión.
La idea complexá 6 compues­
ta , es la que representa un ob­
jeto compuesto. Toda idea que
representa una sustancia modi­
ficada , es una idea compues­
ta. La composicion de una idea
depende únicamente del objeto
que se representa á la mente,
mediante esta idea. Todas las
ideas que representan los obje­
tos sobre los quales se exerce
nuestro' ju icio, se componen de
ideas parciales, excepto la idea
del ente en general, que repre­
senta todo lo que existe ó pue­
de existir.
Todo aquello que podemos Diversos
conocer ó de que podernos for­ objetos de
mar una idea, es, ó sustancia, ó nuestras
m odo, ó sustancia modificada. ideas.
P°r consiguiente, la idea con­
siderada relativamente á sus di-
64 P arte I.
versos objetos , se divide: I. en
idea de sustancia: II. en idea de
modo : III. en idea de sustancia
modificada.
Idea de la La idea de la sustancia (14),
sustancia.
es la que representa una sustan­
cia. Tal es la idea de D ios, la
de nuestra alma y la del cuer­
po , porque sus objetos son sus»
tancias.
Idea del La idea del modo (15), es
modo· la que representa un modo ó
una qualidad. Tal es la idea del
movimiento, la de la figura y
la del color, porque sus objetos
son modos.
Idea de la La idea de la sustancia mo­
sustancia dificada, es la que representa
modifica­ la sustancia como determinada
da·
por una cierta manera de exis­
tir , qualidad ó modo. Así la
idea de un cuerpo que se mueve
es una idea de la sustancia mo­
¿Hay otros dificada.
modos de De aquí es que todo lo que
concebir? concebimos, se representa á núes-
S e c c ió n II. 65
tra alm a, ó como sustancia , ó
como m odo, ó como sustancia
modificada , siendo imposible
hallar mas modos de concebir
que los tres precedentes. El pri­
mero , nos representa las sustan­
cias ó las cosas que subsisten
por sí mismas: el segundo , las
qualidades y atributos que de­
terminan su manera de existir;
y el tercero, nos ofrece á un
tiempo las sustancias y los atri­
butos que las determinan ó mo­
difican.
La idea considerada relati­ Segunda
vamente á su objeto se divide división
además: I. en idea singular ó de la idea,
individual: II. en idea particu­ relativa­
lar : 111. en idea colectiva: IV. mente á su
objeto.
en idea universal y abstracta.
La idea singular es la que Idea sin­
representa una sola sustancia de­ gular ó in­
terminada , ó un modo solo de­ dividual.
terminado. Tal es la idea de Só­
crates , porque representa un
hombre determinado : tal es
66 P arte I.
también la idea del pensamien­
to que actualmente afecta á el
alm a, porque tiene por objeto
un solo modo determinado. La
idea singular se llama también
individual; y el objeto que re­
presenta se llama individuo ( i 6).
Idea par­ La idea particular es la que
ticular. representa una sustancia sola ó
un modo solo, pero de una ma­
nera indeterminada. Así la idea
de un cuerpo , de una figura,
de un color en general, es una
idea particular.
Idea co­
La idea colectiva es la que re­
lectiva. presenta muchas sustancias jun­
tas y conexás entre sí. Tales son
las ideas de un exército , de un
rebaño , de un pueblo & c.
La idea universal es aque­
Idea uni­
versal.
lla cuyo objeto, bien sea sustan­
cia ó modo, nada contiene que
no sea común á todos los in­
dividuos del mismo género ó
especie. Y así la idea de hom­
bre y la de figura en general,
S e c c ió n II. 6jr
son ideas universales (17).
Hay cinco especies de ideas Cinco es-
universales: I. los géneros: II. pecies de
las especies : III. las diferen- «leasum-
cias : IV. él propio : V. los ac- versales‘
cidentes.
La idea universal se llama
género quando se extiende á Género,
otras que son también universa­
les. En otros términos, lo que
es común á diversas especies, ó
lo que comprehende báxo de sí
muchas especies diferentes (18).
Báxo del genero animal, por
exemplo, se comprehenden dos
especies, el hombre y el bru­
to. Báxo del genero sustancia se
comprehenden igualmente dos
especies, la de cuerpo ó la de
sustancia extensa , y la de es­
píritu ó sustancia que piensa. *
La idea universal es espe- Especie,
cié quando se comprehende bá­
xo de una idea mas general; ó
si se quiere, la especie es lo que
se comprehende dentro del géne-
68 P arte J.
ro é incluye báxo de sí muchos
individuos. Y así el cuerpo ani­
mado y el inanimado son dos
especies (19),
Diferen­ Quando el objeto de la idea
cia. universal es un atributo esencial
que distingue una especie de
o tra , se llama diferencia. En
esta definición el alma es una sus­
tancia incorpórea: sustancia es
el género, é incorpórea es la
diferencia que constituye el al­
ma y la distingue de las sus­
tancias corpóreas (20).
Propio. Si el objeto de la idea uni­
versal es un atributo pertene­
ciente á la esencia, aunque no
sea el primero que se concibe
en esta esencia, sino una de­
pendencia del primero, se lla­
ma propio. Tal es divisible con
respecto al cuerpo, é inmortal
con respecto á el alma.
Acciden­ La idea universal se llama
te. accidente común , quando su ob­
jeto es un modo que puede se-
S e c c ió n II. 69
'
pararse, á lo menos mentalmen­
te , de la cosa de que es acci­
dente , sin que la idea de esta
cosa se destruya en nuestra men­
te ; y así blanco, redondo, pia­
doso, prudente & c. son acci­
dentes.
Se entiende por causa de la Causa de
idea lo que contribuye á pro­ la idea.
ducirla y excitarla en nuestra
alma. Pero ¿qué causa es ésta?
los filósofos nunca han estado
acordes sobre este punto, acer­
ca del qual hay varios sistémas,
que irémos exponiendo su cesi­
vamente , dexando á la refle­
xión de los lectores el pesar las
razones de cada uno.
Los filósofos que sostienen Razones
,que podemos tener ideas Inna­ del siste­
tas independientemente de las ma de las
impresiones que exercen los ob­ ideas in­
natas.
jetos sensibles sobre los órga­
nos de nuestros sentidos , pro­
ponen como tales la idea de
D io s, la de nuestra alma, y la
Jro P arte I.
del infinito: fundándose en que
semejantes ideas son anteriores
á toda sensación; pero estas opi­
niones tienen mas de aéreas que
de sólidas (*).

(*) La opinion de la existencia de las


ideas innatas está hoy destituida de
patronos en todas las naciones en don­
de ha penetrado la luz de la sana fi­
losofía : y aun en nuestra España son
ya muy contados los que la sostie­
nen. Antiguamente se creía que la
hipótesi contraria no era muy con­
forme á los principios recibidos , y
aún que conducía á conseqiiencias pe­
ligrosas ; pero habiendo demostrado
últimamente varios filósofos muy or-
thoddxos que no hay idea ni cono­
cimiento humano que no provenga
de los sentidos corporales: y que poc
otra parte es la cosa mas perjudicial
que puede discurrirse el apoyar las
opiniones filosóficas en puras imagi­
naciones y no en la experiencia y
observación , se ha disipado en gran
parte entre nosotros tan rancia preo­
cupación. Condillac es el que mas ha
con-
S e c c ió n II.
Los Peripatéticos piensan por Sistémade
los que no
el contrario que todas las ideas
admiten
nos vienen de los sentidos; no las ideas
porque ellos crean que han exís- innatas.

contribuído á la destrucción de se­


mejante error, probando primeramen­
te en su tratado de las sensaciones,
que no hay idea alguna innata en el
hombre, sino que todos nuestros co­
nocimientos y facultades nos vienen
de los sentidos, ó hablando con mas
«xáctitud, de las sensaciones; y des-
Pues en el tratado de los animales\
^ P · 6 y f explica con la maestría
que acostumbra , como el hombre ad­
quiere el conocimiento de Dios y los
Principios de moralidad que le dis­
tinguen de los brutos , remontándose
Poco á poco de los efectos visibles
(en que tanto resplandecen la omni­
potencia , providencia, bondad y jus­
ticia divina ) á la causa universal,
°culta é invisible. Y esto lo demues­
tra con tal evidencia de raciocinio,
que remitimos á nuestros lectores á
dichos dos capítulos, bien seguros de
que quedarán convencidos. Oygamos
P arte I .
tido en los sentidos del mis­
mo modo que en nuestra alma,
sino porque se han formado (21)
de las que han pasado por di-

lo que dice , rebatiendo la ilusión de


los que establecen sobre falsos ó dé­
biles cimientos ciertas opiniones que
desmiente la experiencia , creyendo
ellos ( por error de entendimiento y
no de voluntad ciertamente) hacer
un señalado servicio á la buena cau­
sa , siendo así que la arruinan quan-
to está de su parte, si , como no lo
e s , fuera capaz de ser ^arruinada.
Empieza así : “ quanto mas impor-
„ tante es una verdad , con tanto mas
„cuidado se ha de procurar no apo-
„ yarla sino en razones sólidas y cons-
„ tantes. La existencia de Dios es
„ u n a contra la' qual se embotan to-
„ dos los tiros del ateísmo ; mas si
„ la establecemos sobre débiles prin-
„ cipios , i no es de temer que el in-
„ crédulo se figure tener una ventaja
„ sobre la verdad misma , que no ten-
„ d r ía en la realidad sino sobre núes*
9P tros frívolos raciocinios , y que es-
S e c c ió n II.
chos sentidos (2 2 ), afectados
por las impresiones de los ob­
jetos exteriores.
Locke tampoco admite mas Sistéma
que dos fuentes ó manantiales de Locke.
de nuestras ideas, conviene á
saber, la sensación (23) y la re­
flexión (24). Las cosas externas
y naturales son los objetos de la
sensación; y las mismas opera­
ciones de nuestra alma son los
objetos de la reflexión. Quantos
mas objetos exteriores exercen
sus impresiones sobre nuestros
sentidos, tantas mas ideas sim­
ples adquirimos por nuestras
sensaciones. Del mismo modo,
quanto mas reflexionamos sobre
estas primeras ideas producidas

» ta falsa victoria le haga mas tenaz


» y acérrimo en su error?,, Despues
Va siguiendo en su demostración , que
es > á mi parecer, la mas clara y evi­
dente que presenta la metafísica.
P arte I.
por los sentidos en nuestro en­
tendimiento , tantas mas ideas
nuevas nos proporcionan las ope­
raciones de nuestro espíritu. Así,
según este filósofo, la reflexión
recae sobre las ideas que nues­
tra alma ha recibido por los
sentidos, y las impresiones he­
chas en nuestros órganos son la
ocasion próxima ó remota de
todas nuestras ideas; de suerte
que sin estas impresiones care­
ceríamos de ideas.
Sistema Unicamente la facultad de
a ctu a l, y sentir y pensar es innata en el
el mas ge­ hombre; todo lo demas es ad­
neralmen­ quirido. En efecto, nuestra al­
te adop­ ma en los primeros tiempos de
tado.
su existencia es como una ta­
bla rasa en la qual nada hay
escrito. Niiestros sentidos son la
causa ocasional de que pense­
mos en las cosas que existen
fuera de nosotros, y por este
medio adquirimos las ideas que
nos subministran los cinco sen-
II.
S e c c ió n jrg
tidos corporales: esto e s , por
la vista adquirimos la idea de
la luz y los c o b re s; por el
oído la del sonido; por el olfa­
to la de los olo^s ; por el gus­
to la de lo dulce y lo amar­
go ; y por el tacto la de lo
duro y lo blando. Supongamos
un hombre enteramente falto
de estos cinco sentidos y de las
diferentes ideas que nos trasmi­
ten, y le verémos destituido de
toda nocion abstracta; porque
el hombre no puede llegar al co­
nocimiento de lo abstracto, si­ D istin-
no por lo sensible. cion entre
Las ideas que recibimos por las ideas
que ad­
los sentidos ó por la sensación,
quirimos
deben distinguirse cuidadosa­ por los
mente de aquellas que nos vie­ sentidos,
nen por la reflexión. Las pri­ y las que
meras se llaman adventicias ó recibimos
inmediatas, y las segundas fac­ por la re­
flexión.
ticias ó mediatas.
La idea adventicia 6 inme­ vIdea ad­
diata (25) es aquella que re- ven ticia.
jr6 P arte I.
cibimos inmediatamente de los
objetos ; de suerte, que sin las
impresiones f u e estos hacen en
nuestros órganos , no podríamos
tener ideas segttn nuestra cons­
titución natural. Tales son to­
das las que entran en nuestra
alma por la vista, el oído, el
olfato, el gusto y el tacto; pues
todas estas son producidas por
los objetos exteriores.
Idea fa c - La idea facticia ó media-
ticia. ta (2 6 ) es aquella que nos for­
mamos de las ideas que han
pasado por nuestros sentidos, y
cuyos objetos nunca habian exis­
tido , juntos ó reunidos, fuera de
nosotros mismos; esto es, que
son meramente obra de nues­
tra reflexion. Tal es la idea de
un monte de oro. La idea de
un relox fué facticia en la men­
te del primero que concibió el
proyecto de una máquina tan
ingeniosa v antes que realmente
existiese. El juntó las diteren-
S e c c ió n I I .
tes ideas de contrapeso, pén­
dulo , cuerdas, ruedas, gnomon
ó manecilla, minutero , qua-
drante & c . , que jamás habían
existido reunidas^ como lo es­
tán en esta máquina , y propor­
cionó por este medio al mun­
do un instrumento de mucha
utilidad. La idea que Zeuxis
se formó de una belleza per­
fecta, reuniendo cada una de
las perfecciones de muchas be­
llezas existentes, fué también
facticia. Estas especies de ideas
solo nos vienen por medio de
las primeras impresiones , que
Quales
hemos recibido por los senti­ son las
dos. ideas que
Pueden referirse á la clase pueden re­
de ideas facticias: I. las ideas putarse
abstractas: II. las exemplares: como fac­
III. las accesorias. ticias.
Idea abstracta es aquella que Idea abs­
nos representa solamente una tracta·
parte de las ideas simples que
distinguimos en la idea total dé
Jr8 P a r te I.
un individuo; por exemplo, quan­
do yo tomo una bola de már-
fil en la m^no, distingo su re­
dondez , su blancura, su gra­
vedad & c .; ,por consiguiente,
despues de haber recibido estas
impresiones, puedo , por un ac­
to de mi entendimiento, sepa­
rarlas del objeto que las ha pro­
ducido ; y entonces formo una
idea abstracta (27).
Idea Idea exemplar es aquella que
exemplar. sirve, por decirlo a sí, de mo-
délo á las que después recibi­
mos. Tal es la idea de redon­
dez que el disco de la luna ó
qualquier otro círculo particu­
lar , nos ha hecho formar (28).
Idea ac­ Idea accesoria es aquella que
cesoria. se excita en nosotros con mo­
tivo de otra idea. Supongamos
que se hayan excitado en no­
sotros dos ó mas ideas á un
tiempo : si en lo succesivo se
presenta la una de ellas á nues­
tra alm a, por lo común se pre-
S e c c ió n I I .
sentará también la o tra; y es­
ta última es lo que llamamos
idea accesoria. S i , por exem-
p lo , se habla de una ciudad
donde hemos estado, se pre­
sentará á nuestra imaginación
la imagen de algún objeto que
allí hayamos visto, y excitará
en nosotros una idea acceso­
ria (29).
Se entiende por sugeto de la Sugeto de
idea aquello en que existe. El la idea,
espíritu ó el alma es por consi­
guiente el sugeto de todas nues­
tras ideas, porque existen, igual­
mente que todos los demas pen­
samientos, en nuestra alm a, que
es lo que piensa en el hombre.
Toda idea considerada por Toda idea
parte del sugeto ó de nuestra al* es simple
m a , es necesariamente simple; por parte
porque por muy compuesto que dei suge-
sea un objeto, la operacion por to*
la qual le concebimos es única
é instantánea; y así por medio s'
de esta operación simple, llega- *
80 P a r t e 7.
mos nosotros á concebir un cuer­
po como una sustancia extensa,
impenetrable , colorada & c.
Diversas Nuestras ideas consideradas
especies relativamente al sugeto, son:
de ideas I. claras ó obscuras: II. distin­
conside­ tas ó confusas: rtl. fuertes ó
radas de ligeras : IV. completas ó in­
parte del
completas : V. adequadas ó in-
sugeto.
adequadas : VI. totales ó par­
ciales : VII. superficiales ó pro­
fundas : V Í 1I. perfectas ó imper­
fectas.
Idea clara. Es clara la idea quando bas­
ta para hacernos conocer un ob­
jeto y distinguirle de otro (30).
Tal es la idea que tenemos de
los colores, si sabemos distin­
guirlos unos de otros y reco­
nocerlos siempre que se nos pre­
senten. Lo mismo sucede en lo
moral; si sabemos distinguir una
acción virtuosa de otra que no
lo es, en este caso tenemos una
Idea obs­ idea claVa de la virtud.
cura. La idea obscura, contraria á
S e c c ió n II. 81
la clara, es la que no basta pa­
ra darnos á conocer un objeto
y distinguirle de otro. Esto se
verifica siempre que algunos ob­
jetos causan en nosotros las mis­
mas sensaciones que otros di­
ferentes pueden causar igual­
mente , en cuyo caso no po­
demos decidir por estas sensa­
ciones quál sea el objeto que
las produce.
Las ideas claras y obscuras Grados de
tienen diversos grados, según las ideas
que estas ideas lleven en sí mis­ claras y
mas mas ó menos señales pro­ obscuras.
pias para dar á conocer y dis­
tinguir un objeto de otro qual-
quiera de. la misma especie. La
idea de una misma cosa es por
otra parte mas clara para unos,
menos para otros, obscura pa^a
estos y obscurísima para aque­
llos. Además de que puede ser
para una misma persona obs­
cura en un tiempo y clarísima
en otro.
82 P arte I.
Idea dis Una idea clara llega á ser
tinta. distinta, quando el alma perci­
be y penetra con viveza los di­
versos caractéres que sirven pa­
ra distinguir un objeto de otro.
Tales son las ideas de círculo
y de triángulo en la mente· de
un geómetra, el qual se halla
en estado de circunstanciar to­
do lo que ha observado en es­
tas ideas, de indicar los carac­
téres por los quales le son co­
nocidas , y de manifestar las di­
ferencias que las distinguen (31).
Idea con­ La idea confusa se opone á
fusa. la distinta, por quanto no nos
presenta en un objeto bastan­
tes qualidades y caractéres , no
solo para distinguirle de otro,
sino para definirle y describir­
le. Nosotros conocemos nuestras
sensaciones en un grado que ja­
mas equivocamos una con otra,
pero solo tenemos ideas confu­
sas de ellas; pues que ni sa­
bemos definirlas ni manifestar-
S e c c ió n I I . n
las con palabras á los que no
tienen todavía ningún conoci­
miento de ellas. Y así solo te­
nemos ideas confusas de los ob­
jetos simples; y por lo que mi­
ra á los compuestos, nuestras
ideas son confusas mientras no
percibimos con exáctitud los
caractéres distintivos de ellos,
y conocemos una por una to­
das sus partes.
Las ideas distintas y con­ Grafios de
fusas tienen también sus grados las ideas
como las ideas claras y obscu­ distintas
y confu­
ras. En efecto, quantas mas di­
sas.
ferencias y caractéres distingui­
mos en un objeto , por los qua-
les conocemos la diferencia que
hay entre él y otro qualquiera,
tanto mas distinta es nuestra
id ea; y quantas menos adver­
timos , tanto mas confusa es ella.
Idea fuerte es aquella que Idea fuer­
hace grande impresión en nues­ te.
tro espíritu , y fixa toda su aten­
ción por algún tiempo , como
84 P a rte I.
por exemplo , la que causa en
la mayor parte de las gentes
un nuevo y magnífico expec-
táculo.
Idea li Idea ligera es aquella que
gera. hace una impresión superficial
en nuestra alm a, que se borra
con facilidad, y á la qual su­
cede otra con rapidéz. Tales
son comunmente las ideas de
las cosas que nada tienen de
sensible, como las ideas que re­
presentan precisamente la natu­
raleza y esencia de los objetos.
Las de bondad, prudencia, jus­
ticia y otras mnchas que des­
aparecen en el instante mismo
en que son excitadas en nues­
tra alma , se llaman igualmente
ideas ligeras.
Idea com­ La idea completa es aque­
pleta. lla que presenta á el alma bas­
tantes caractéres para conocer
lina cosa y distinguirla en todo
tiempo de o tra, sin atribuirla
jamás lo que no le conviene.
S e c c ió n I I . 85
. al es la idea que tenemos de
Dios, quando le consideramos
como el ente infinitamente per­
fecto , el sér por esencia , y el
principio de todos los seres.
Idea incompleta es la que idea in-
nos representa un objeto de un completa,
modo imperfecto, exponiendo-
nos á atribuirle cosas que son
incompatibles con el tal objeto.
Tal es la idea que los idólatras
y los impíos tienen de Dios, re­
presentándosele diferentemente
de lo que él es en sí, quiero
decir, con pasiones y debilida­
des que solo son propias de la
naturaleza humana.
Idea adequada es aquella Idea ade-
que representa su objeto de un quada.
modo, que no solo percibimos
claramente los caractéres que
le distinguen de otro qualquie-
ra , sino que también descubri­
mos en cada uno de estos ca­
ractéres las propiedades que res­
pectivamente le pertenecen. Tal
86 P arte I.
e s , por exemplo, la idea que
formamos de la envidia, quan-
do no solo sabemos que es el
fe s a r del bien ageno , sino que
podemos definir y entender cla­
ramente lo que es p e s a r , bien
ageno ixc. Quanto mas adelante
llevemos esta analisis, tanto mas
adequada será nuestra idea, es
d e cir, tanto mas conforme á
su objeto, tan extensa como él,
y por consiguiente capáz de re­
presentarle en sus mas peque­
ñas partes.
Idea in- La idea es inadequada, quan-
adequacja. do con la idea total de su ob­
jeto no representa las ideas par-
' ticulares que en él sé contienen:
ó quando nuestra alma solo con­
cibe confusamente los diversos
caractéres que distinguen un ob­
jeto de otro, ó algunos de ellos
solamente. Tal es la que tene­
mos de la virtud, si sabiendo qué
es el hábito de conformar nues­
tras acciones libres á la ley na-
S e c c ió n I I . 8*r
tur a l , ignoramos qué es hábito,
qué es conformar las acciones d
una ley , qué son acciones li­
bres f r c . , ó á lo menos, si no es­
tamos en estado de determinar
exáctamente algunas de las ideas
particulares que se hallan com­
prendidas en la definición, an­
tecedente.
Idea total es aquella que nos Ideas to­
representa un objeto en todas tales y
sus partes las mas mínimas; y parciales.
la parcial al contrario.
Quando penetramos hasta lo Ideas pro­
mas íntimo de las cosas, llega­ fundas y
mos , por lo regular, á repre­ superficia­
les.
sentarnos no solamente los ca­
ractéres distintivos de los obje­
tos, sino también sus diferentes
partes , y aun los caTactéres de
los caractéres mismos. En este
caso la idea es profunda; y se-
superficial quando solo nos
representa la superficie 6 cor­
teza , por decirlo a sí, de los
objetos, y no su interior.
88 P arte I.
Idea per­ La idea perfecta es aquella
fecta é im­
que nos representa todo lo que
perfecta.
existe en un objeto. Pero esta
especie de ideas es una prerro­
gativa propia del ser infinita­
mente perfecto, y á él solo re­
servada. En el hombre dos ó
mas ideas parciales, reunidas y
combinadas entre s í, forman una
idea compuesta , tanto mas per­
fecta, quanto contiene mayor
mimero de aquellas.
Idea im­ La idea imperfecta es la que
perfecta. solo representa algunas perfec­
ciones , algunos defectos, algu­
nas propiedades ó algunas par*
tes de un objeto. Todas nuestras
ideas son de esta naturaleza. El
hombre halla siempre algo que
descubrir en los objetos cono­
cidos , los quales jamas se pre­
sentan á su vista sino por par­
tes ; y el objeto mas pequeño
es un fondo inagotable de con­
sideraciones para la mente hu­
mana.
89
S e c c i ó n III.

M EDIOS DE PERFECCIONAR
XAS ID E A S .

E s una cosa de la mayor im­ Importan­


portancia el tener una teoría cia del es­
completa de nuestras ideas, pues­ tudio de
to que nada conduce tanto á estos me­
dios·
formar en nosotros aquel espí­
ritu filosófico, que es y ha sido
siempre de tanto uso así en
las artes y ciencias, como en
los negocios y trato del mundo.
Pero no es menos esencial el
conocer los obstáculos que se
oponen á la perfección de es­
tas mismas ideas, y los medios
con que podemos rectificarlas y
hacerlas exáctas.
Son diferentes los obstácu­ Obstácu­
los que se
los que se oponen á la perfec­
oponen á
ción de nuestras ideas: I. las la perfec­
preocupaciones: II. la presun*- ción de
cion: 111. las pasiones: IV. la nuestras
autoridad: V. el lenguaje co- ideas.
90 P a r t e I.
m un: VI. el espíritu de partido.
Preocupa­ Las preocupaciones nacen,
ciones. por decirlo a s í, con nosotros
mismos, y desde la cuna ape­
nas vemos ni oímos cosa algu­
na que no concurra á influir en
nuestro espíritu las falsas ideas
de la costumbre, en lugar de
las verdaderas de la sana ra­
zón. Y así nos acostumbramos
á juzgar de to d o , no por las
pruebas que están al alcance
de nuestro entendimiento, sino
por lo que nos han dicho ó en­
señado en la niñez. ¡ Quánto in-
fluxo no tienen los hábitos de
la infancia, no solo sobre nues­
tro espíritu, sino también so­
bre el corazon!
Presun­ La presunción es el origen
ción· mas común de las flaquezas y
necedades humanas, y uno de
los mayores obstáculos para el
discernimiento de las ideas (32);
porque no solamente nos quita
la perseverancia en nuestro mo*
S e c c ió n I I I . 91
do de pensar, sino que supone
las condiciones que se requieren
para el discernimiento de nues­
tras ideas donde verdaderamen­
te faltan. Todo hombre , poseí­
do de este vicio , es incapáz de
adquirir verdaderos conocimien­
tos : nunca ve las cosas sino su­
perficialmente ; nada exámina
con atención, y se cree el mas
ilustrado aunque carezca total­
mente de las nociones mas sim­
ples y comunes.
£1 efecto mas natural de las Pasiones,
pasiones es ofuscar la luz de
nuestro entendimiento; de suer­
te , que mientras ellas están en
un determinado grado de aca­
loramiento y violencia , no nos
permiten percibir los objetos co­
mo ellos son en sí. Las pasiones
nos hacen ver como grande lo
que es pequeño, y pequeño lo
que es grande; y en lo moral,
como nocivo lo que es ú til, y
como útil lo que es pernicioso;
92 P a r te I.
como bueno lo que es m alo, y
como malo lo que es bueno. El
hombre dominado de las pasio­
nes no se ha formado jamás una
idea exácta del objeto de su pa­
sión ; y por esto se comparan
las pasiones á los prismas ó v i­
drios de colores, que siempre
nos representan los objetos bá-
xo de falsas apariencias.
Autori- La autoridad agena (*) nos
dad. alucina, ó por lo menos nos ex­
pone á caer en error, siempre
que no está fundada en una ver­
dadera superioridad de luces,
conocimientos, auxilios y cir­
cunstancias; y no debemos re­
currir ni someternos á ella , si­
no en el caso en que no poda­
mos ver por nosotros mismos,

(*) Lo que aquí dice el autor se


debe entender de la autoridad huma­
na ó filosófica , y no de la divina ó
religiosa.
S e c c ió n III. 93
ni reconocer por verdadero lo
que efectivamente lo es. La ig ­
norancia orgullosa pretende sa­
cudir todo yugo y rebelarse con­
tra toda autoridad ; pero en to­
do hay un justo medio, y así
como en las materias que no
somos capaces de comprender,
es necesario dexarse dirigir y
pasar por las decisiones de las
personas instruidas, así también
es una cosa absurda y arriesgada
el no asegurarnos antes de la
legitimidad de la autoridad á la
qual debemos* deferir.
E l lenguaje común está lle­ Lenguaje
no de obscuridad y confusion, común.
y en él se abusa de mil mo­
dos de las palabras ; y de esta
falta de expresarse y darse á
entender los hombres, resultan
una multitud de ideas inexác-
tas en el trato humano.
De estos diferentes obstácu­ Espíritu
los , que igualmente se oponen de parti­
¿ la perfección de nuestras ideas, do.
94 P a rte I.
el mas fuerte y quizá el menos
evitable, es el espíritu de cuer­
po ó partido. Insensiblemen­
te contraemos el hábito de no
v e r , sentir, ni juzgar sino co­
mo los demas. El interés ge­
neral de la sociedad, á que per­
tenecemos , es la pauta de to­
das nuestras opiniones , y no
acertamos á hacer uso de nues­
tras propias luces desde el pun­
to en que creemos haber descu­
bierto alguna cosa contraria á
dichas opiniones. De aquí tan­
tas sectas supersticiosas y faná­
ticas , que son el azote de los
estados y el oprobrio de la hu­
manidad.
Necesidad El primer paso ácia la per­
de vencer fección es superar los obstácu­
estos obs­ los que nos impiden el llegar á
táculos.
ella. Debemos, pues, aplicarnos
sin intermisión á desnudarnos
de preocupaciones, á libertar­
nos de la presunción, á descon­
fiar de nuestras ideas en razón
S e c c ió n III. 95
del interés que tenemos en creer­
las justas y exéntas de ilusiones,
á no someterlas sino á la auto­
ridad legítima ; en suma, á es­
tar siempre alerta contra el len­
guaje común, y principalmente
contra el espíritu de partido. A
tan importante fin solo se pue­
de aspirar por medio de esfuer­
zos continuos y de una aplica­
ción infatigable , pues en todas
las cosas humanas jamas se con­
sigue la perfección sino á cos­
ta de trabajo y constancia.
Removidos los obstáculos, Medios de
que se oponen á la perfección perfeccio­
de nuestras ideas , resta toda­ nar nues­
vía el saber usar.de los medios tras ideas.
mas proporcionados para llegar
á ella. Entre estos medios se
pueden señalar los siguientes:
í· exáminar los objetos con una
atención continuada : II. obser­
varlos á una conveniente dis­
tancia: III. servirse quanto sea
posible de varips sentidos á un
96 P a r t e I.
tiempo para asegurarse me­
jor de su verdadera existencia:
IV. aclarar las dudas por la ex­
periencia : V . descomponer lo
que es complexo: VI. compa­
rar los objetos unos con otros,
ó las ideas entre s í : VII. coor­
dinar las verdades con tal co­
nexión , que todos los eslabones
de la cadena estén seguidos:
VIII. finalmente, no rendirse
sino á la evidencia, y en su de­
fecto á la mayor probabilidad·
Examen. Conviene no asentir á las
cosas que son de la jurisdicion
de la razón, sino despues de
un exámen tan maduro y re­
flexivo que las veamos y per­
cibamos como son en sí. Quan-
to mas continua y sostenida sea
la atención ó aplicación (33)
del espíritu, tantas mas ideas
particulares 6 parciales adqui-
rirémos; y quanto menos divi­
dida ó distraída sea esta aten­
ción , tanto menos obscuras y
S e c c ió n IIL 97
confusas serán nuestras ideas.
Se puede comparar esta opera­
ción de nuestra alma á un micros­
copio que aumenta los objetos á
nuestra vista, y nos hace des-
cubrir en ellos mil propiedades
que se ocultan á una vista cor­
ta ó distraída.
Quando se trata de objetos Observa­
sensibles, es necesario, para evi­ ción.
tar la ilusión, observarlos á una
distancia conveniente. Una tor­
re quadrada nos parece redon­
da mirada de muy lexos; y so­
lamente acercándonos á ella la
vemos como realmente es en sí.
Del mismo modo no hay obje­
to que á mucha distancia no nos
parezca mas pequeño de lo que
es efectivamente, y para for­
mar una idea exácta de su ta­
maño y volumen , debemos con­
siderarle de cerca y exáminar
por menor todas sus partes. Y
flsí'es que la observación (34)
no nos es útil ni nos grangea
98 P a r t e J.
verdaderos conocimientos, sino
en quanto los objetos están al
alcance de nuestros sentidos.
Reunion Cada uno de nuestros sen­
de muchos tidos en particular es suscepti­
sentidos· ble de ilusión, pero es imposi­
ble que todos ellos reunidos se
engañen y nos alucinen. De aquí
e s , que debemos valernos, en
quanto nos sea posible, del tes­
timonio común de dos, tres 6
mas juntos, si queremos asegu­
rarnos mas y mas de la existen­
cia real de los objetos exterio­
res. Una varita recta, metida en
el agua hasta la mitad, parece
torcida á la simple vista; pero
en tocandola con nuestra mano
descubrimos al instante este er­
ror. Quando nuestras ideas se
fundan en el testimonio de los
sentidos reunidos, entonces son
incontestablemente exáctas; y
en este caso podemos estar se­
guros de que nos hemos pre­
servado del error, particular-
S ec c ió n III. 99
mente si este testimonio es con­
forme al de los sentidos de otras
personas igualmente bien orga­
nizadas que nosotros. En gene­
ral , cada uno de nuestros sen­
tidos percibe los objetos tan di­
ferentemente uno de otro, que
es casi imposible que lo que ha­
ce ilusión á los unos, sea ca­
paz dé seducir á los otros.
Pero los sentidos jamas están Experien-
menos expuestos á engañarse cia.
que quando los auxilia la expe­
riencia (35), la qual nos preser­
va de muchos errores en que
los sentidos solos nos inducirían.
Así es que solo por el uso con­
tinuo de las cosas aprendemos
á representarnos las distancias
V juzgar de ellas por la vista,
exáminando por el tacto los cuer­
pos que vem os, y observando
su situación á diferentes distan­
cias y de diversas maneras. A
veces basta prestarnos á los sen­
timientos que excitan en noso-
io o P arte I.
tros los objetos exteriores; y
otras es menester juntar las fuer­
zas del arte á las de la natu­
raleza , aplicando las unas á las
otras. Este arte , dice un filó­
sofo moderno (*), "es uno de
»»los principales medios que de-
»bemos emplear para descubrir
»»muchas verdades , no solamen-
»te sobre la naturaleza de los
»»cuerpos en general, sino tam-
»»bien sobre las fuerzas y efec-
Ȓtos de todo lo que nos ro-
»»dea. ”
Descom­ La descomposición analítica
posición. es de absoluta necesidad para
exáminar y averiguar de qué
número y especie de ideas sim­
ples se componen las comple­
xas ; porque siendo tan débil
el entendimiento humano no
puede acordarse siempre del nú­
mero de las partes que las com-

(*) Encyclop. art. cxptrienc.


S ección III. 101
ponen , y toma fácilmente la
pluralidad por la to^lidad, en
que únicamente consiste su esen­
cia y exáctitud.
Si la analisis nos manifiesta Compara·
las especies y número de las cion.
ideas parciales é individuales de
que se compone una idea com­
plexa , la comparación de nues­
tras ideas entre s í , nos muestra
en qué se semejan sus objetos,
en qué se diferencian, y si son
mutuamente incompatibles. Una
ligera atención no nos hace per­
cibir sino algunos caractéres de
semejanza ó de diferencia en los
objetos , y una mas prolixa nos
descubre comunmente una mul­
titud de semejanzas 6 diferen­
cias que el espíritu junta ó se­
para en su totalidad, afirman­
do lo que no e s , y negando lo
que es ; en suma , dice mas de
lo que percibe, y hace juicios
falsos. Subordi-
No es menos esencial el co- nación de
102 P a r t e I.
las verda- ordinär las ideas en nuestro es­
des entre pfritu, y establecer entre las ver-
S1, dades que se descubren, una su­
bordinación tan íntima, que pa­
rezcan como nacidas unas de
otras; esto es lo que constitu­
ye el genio sistemático , y lo
que caracteriza al verdadero fi­
lósofo. Los literatos y eruditos
saben muchas cosas, y tienen
llena la cabeza de infinitas ideas
pertenecientes á varias ciencias;
pero si no se hallan en estado
de ver el encadenamiento y co­
nexión de sus conocimientos, y
no se han acostumbrado á se­
guir imperceptiblemente las sen­
das que nos conducen de una
verdad á otra , todavía están
muy distantes de merecer el tí­
tulo de filósofos.
Evidencia L a r e g la m as Útil q u e P ° "
y probabi- demos seguir para no formar si-
lidad. 110 ideas exáctas en todo lo que
es susceptible de aquella eviden­
cia rigurosa , que no dexa
S ección III. 103
ningún recelo de error, es en­
tregarnos absolutamente á ella;
y en las cosas que solamente son
susceptibles de una evidencia
moral (jp ) , no prestar nuestro
asenso sino despues de haber pe­
sado maduramente los motivos
en que parecen estar fundadas.
La evidencia propiamente dicha,
es la regla infalible por la que
discernimos lo verdadero de lo
falso; y es en toda suerte de hi­
pótesis («8) el primer princi­
pio , la Dasa y fundamento de
la certeza del juicio humano.
Solo los insensatos, y los que
voluntariamente quieren estar
ciegos , pueden pretender resis­
tirse á su fuerza y negarse á
su claridad. La evidencia mo­
ral solo se funda en signos, si
no enteramente equívocos, á lo
menos tan débiles de por s í, que
es necesario reunirlos para que
puedan obtener el asenso de un
hombre racional; viene á ser
10 4 P arte I.
como una especie de cantidad,
que va creciendo hasta hacer­
se igual á la certeza (29). So­
lo un entendimiento exácto, aten­
to y exercitado, es capa^de cal­
cular y medir con precisión sus
diferentes grados ; y sin esta
especie de cálculo aplicable á
una infinidad de cosas y cir­
cunstancias , son quasi siempre
falsos nuestros juicios , y vaci­
lantes nuestros pasos.
™5

S egunda p a r t e .

Sección I.

T E O R IA D E NUESTROS JUICIOS.

l 3 os objetos formarán la divi­ Importan­


sión de este tratado: I. la teo cia de es«
ría de nuestros juicios: II. los ta teoría.
■nedios ó reglas prácticas que
debemos seguir, ya para recti­
ficar n u evos juicios, ya tam­
bién para pesar y apreciar los
de'otros. No basta tener ideas,
s*no que es igualmente nece­
sario tener juicio. De esta fa­
cultad de nuestra alma depen­
den principalmente la evidencia
y certeza de nuestros conoci­
mientos. ¿De qué nos serviría
Percibir distintamente todos los
objetos de la naturaleza, si no
^eramos capaces de discernir
io6 P a r t e II.
los unos de los otros , distin­
guiendo al mismo tiempo sus di­
ferentes qualidades y relacio­
nes ?
Qué cosa
El juicio es aquella opera­
sea juicio. ción de nuestra alm a, por la
qual despues de haber exámi-
nado y comparado dos ideas,
las halla (i) semejantes ó de­
semejantes entre s í, y decide so­
bre su conveniencia ó discon­
veniencia (2); y viendo que el
objeto de la una excluye ó con­
viene el objeto de la otra, las
une por la afirmación (3), ó las
separa por la negación (4). Con­
siguientemente el juicio es úna
decisión de nuestra alma sobre
las relaciones que percibe en­
tre los objetos de sus ideas.
En qué se El juicio supone la percep­
diferencia ción de la relación dé conve­
de la idea
niencia ó disconveniencia entre
6 percep­
ción. los objetos de nuestras ideas;
pero el juicio no es la misma
percepción, pues podemos per-
S e c c ió n I . 107
cibir semejante relación sin juz­
gar ó afirmar nada de ella. La
idea ó percepción es aquel pen­
samiento del alma que repre­
senta un objeto sin atribuirle ó
quitarle ninguna cosa ; y el ju i­
cio por el contrario, atribuye
ó quita algo á su objeto, afir­
mando ó negando de él alguna
propiedad.
La sensación es la causa del Causa del
ju icio , y la que le produce siem juicio,
p re; porque juzgar no es mas
que percibir las relaciones, las
quantidades, las qualidades ó
modos de ser de los objetos. Y
así estos atributos forman una
parte de las sensaciones repre­
sentativas de los objetos. Por
exemplo, una puerta cerrada
produce la sensación de una
puerta cerrada, una cinta blan­
ca la de una cinta blanca, un
palo largo y otro corto compara­
dos , nos producen. la sensación
de largo y de corto, Y así juz-
108 P a rte IJ .
gar que una puerta está cerra­
da , que una cinta es blanca, que
un palo es mas largo ó mas cor­
to que otro, no es sino sentir y
percibir estas sensaciones como
ellas son en sí.
Dos espe- El juicio es de dos especies;
ciesde jui­ porque aunque negar que hay
cios. conveniencia entre dos objetos,
y afirmar que se diferencian,
sean dos juicios equivalentes,
que igualmente iluminan nues­
tro entendimiento, sin embargo
pueden considerarse como mo­
dos diferentes del alma , que
conviene no confundir. Y así di­
vidiremos el ju icio : I. en afir­
mativo : II. en negativo.
Juicio a - El juicio es afirmativo quan-
firmativo. do aseguramos la conveniencia
de dos ideas comparadas entre
sí, cuyos objetos unimos por me­
dio de la afirmación; v. gr. quan-
do comparamos la idea de Dios,
que nos representa un sér suma­
mente perfecto, con la idea de
S e c c ió n 1. 109
Justo, que nos representa un sér
que distribuye á cada uno lo
que le es debido, percibimos
que la idea de Dios contiene la
idea de justo , y expresamos in­
teriormente que Dios es justo.
Esta idea por la qual afirma­
mos que Dios es justo, es un
juicio afirmativo.
El juicio es negativo quan- Juicio
d o expresamos la disconvenien- gativo.
cia de dos ideas comA iradas en­
tre s í, separando sus objetos por
la negación. S i, por exemplo,
comparamos la idea de trián­
gulo , que nos representa una fi­
gura de tres lados, con la de qua-
drado, que nos representa una
de quatro, vemos que la idea
de triángulo excluye la de qua-
drado , como la de quadrado
excluye la de triángulo; y afir­
mamos interiormente , que el
triángulo no es un quadrado, ni
el quadrado un triángulo. Por
consiguiente, este pensamiento
no P arte I I .
por el qual se separan los ob­
jetos de estas dos ideas, es un
juicio negativo.
Báxo qué El juicio puede considerarse
aspecto báxo de tres diferentes aspec­
puedecon­ tos : I. por parte de las ideas de
siderarse que se compone: 11. por parte
el juicio.
de las cosas de que se juzga:
III. por parte del entendimien­
to que juzga.
Materia El juicio se compone de
del juicio. ideas , y encierra en sí nece­
sariamente dos; la una se lla­
ma sugeto, y la otra atributo,
á que se agrega lo que los la­
tinos llaman cópula, cuyo oficio
es unir el sugeto y el atributo.
Sugeto. E l sugeto (5) del juicio es
aquella idea que se juzga con­
venir ó no convenir con alguna
otra: ó en otros términos, aque­
llo de que se afirma ó niega al­
guna cosa. Si yo digo Dios es
benéfico; Dios es el sugeto de
este juicio que es afirmativo. Si
digo asimismo el triángulo no es el
S e c c ió n I. m
quadrado ; t r i a n g u l o es el su-
geto de este juicio que es ne­
gativo.
El atributo del juicio es la Atributo.
idea que conviene ó disconvie­
ne al sugeto, ó lo que es afir­
mado. ó negado. En este juicio
afirmativo : el hombre es mortal;
m o r t a l es el atributo, ó lo que
se afirma del hombre. En este
juicio negativo, la sabiduría nun­
ca es despreciable; d e s p r e c i a b l e
es igualmente el atributo ó lo
que se niega de la sabiduría. Llá­
mase también predicado , por­
que es lo que se dice del su­
geto.
Se llama cópula en un juicio, el Cópula.
término ó signo que expresa la
comparación ó la unión que ha­
ce el entendimiento del atribu­
to y del sugeto. Quando digo
la tierra es redonda ; el verbo
Es , es el que expresa la acción
de mi entendimiento, por la
qual une el atributo redonda
H2 P a r t e II.
con el sugeto, que es tierra. E l
verbo puede considerarse como
lina parte esencial del atributo;
porque en el juicio precedente,
la tierra es el sugeto del juicio
interior que formo quando pien­
so que la tierra es redonda: es
redonda , es el atributo; y en
este atributo está el verbo es,
que expresa mi juicio acerca de
la redondez de la tierra; es de­
cir , que considero la tierra co­
mo redonda. Algunas veces se
hallan comprendidos en una so­
la palabra la cópula y el atri­
buto ; pero aun en este caso no
hay juicio ó proposición que no
pueda convertirse de modo que
se separen. Y así quando digo
Dios existe : e x is t e contiene la
cópula y el atributo, que se dis­
tinguirán diciendo : Dios es exis­
tente. La afirmación ó negación,
que determinan el juicio á que
sea afirmativo ó negativo , siem­
pre recaen sobre la cópula.
S ección I. 113
Aunque la evidencia no con- Dos suer-
venga con propiedad mas que tesdejui-
á la idea ó percepción, pues ver, C10S d*
por lo que mira al entendimien- J^rteicjea^
to , no es otra cosa que perci- que ios
b ir; sin embargo el ju icio , con- compo-
siderado con relación á las ideas nen.
que le componen, se divide: I. en
juicio evidente: II. en juicio obs>
curo.
Juicio evidente es el que se Juicio
compone de ideas evidentes; es evidente,
decir, aquel cuya idea, que es el
sugeto del ju icio, incluye evi­
dentemente su atributo , quan-
do el juicio es afirmativo; ó
aquel cuya idea, que es el su­
geto de é l , excluye evidente­
mente lo que es su atributo,quan-
do el juicio es negativo. Este
juicio afirmativo, D ios es justo ,
es evidente; porque la idea de
D ios, encierra evidentemente la
de justo. Este juicio negátivo, el
triángulo no es el quadrado , es
igualmente evidente; porque la
1 14 P a r t e II.
idea de triángulo, excluye evi­
dentemente la de quadrado.
Juicio El juicio obscuro es aquel
obscuro. que se compone de ideas obs­
curas; es decir, aquel cuya idea,
que es el sugeto del ju icio , no
encierra claramente la idea que
es su atributo quando el juicio
es afirmativo; ó aquel cuya idea,
que es el de el sugeto, no excluye
Dos espe­
cies de jui­
claramente lo que es su atributo,
cios por lo quando el juicio es negativo.
que mira El juicio considerado por lo
á las co­ que pertenece á las cosas de que
sas de que se ju zg a , es igualmente de dos
se juzga. suertes: I. verdadero: II. falso.
Juicio E l juicio es verdadero quan­
verdade­ do afirma de un sugeto lo que
ro. le conviene, ó niega lo que no
le conviene; quiero decir, quan­
do se juntan por la afirmación
dos ideas, que el objeto de la
una contiene el de la o tra , ó
quando se separan por la nega­
ción dos ideas, que el objeto de
la una excluye al de la otra. Si
S e c c ió n I . 115
digo, por exemplo: la rosa es
una Jlor , mi juicio es verda­
dero, porque la idea de rosa
comprende la de flor. Lo blan­
co no es negro , mi juicio es
igualmente verdadero , porque
la idea de blanco excluye la de
negro.
El juicio falso es aquel que Juicio fal­
junta por la afirmación dos ideas, so.
y ninguna de ellas comprende
la otra , ó que separa por la ne­
gación dos ideas que no se ex­
cluyen mutuamente. Y así es­
tos dos juicios : el triángulo es
ti quadrado ; el todo no es mayor
que su parte , son juicios fal­
sos. El primero junta por la afir­
mación dos ideas, que la Una
excluye la o tra ; y el segundo
separa por la negación dos ideas Dos espe­
cies de
que se contienen la una en la
juicios de
otra. parte del
El juicio considerado de par­ entendi­
te del entendimiento que juzga, miento
se divide nuevamente en dos es- quejuzga·
116 P a r t e II.
pee ¡es que son : I. juicio cierto:
II. incierto.
Juicio Juicio cierto es aquel de cu­
cierto. ya verdad no duda el que juz­
ga : y así quando las razones de
afirmar ó' negar disipan todas
las dudas de una justa descon­
fianza, y no dexan recelo al­
guno de engañarse , el juicio es
cierto, y en este caso la dispo­
sición del entendimiento es cer­
teza (6).
Juicio E l juicio es cierto de dos
cierto de modos : teológica y filosófica­
dos mo­ mente (7). El cierto teológi­
dos. camente, es aquel de cuya ver­
Teológi­ dad no se duda , no porque es­
camente. ta verdad sea clara y evidente
por sí misma , sino porque se
funda en el testimonio de Dios
que la ha revelado (8). El cier­
Filosófica­ to filosóficamente, es aquel cu­
mente. ya verdad está fundada en el
testimonio de la razón (9).
Juicio in­ El incierto es aquel de cuya
cierto. verdad duda el que juzga; lo que
S e c c ió n I. u jr
sucede siempre que carecemos
de lo que los filósofos llaman
certeza de motivo (10).

Se c c ió n II.

MEDIOS DE RECTIFICAR
NUESTROS JUICIOS.

E i mismo cuidado y atención Importan­


debemos poner en rectificar nues­ cia del es­
tros juicios, que en perfeccio­ tudio de
estos me­
nar nuestras ideas. Un hombre dios,
de ideas poco exáctas y poco
conformes á los objetos que ellas
representan, juzgará mal de to­
do , será incapáz de percibir la
conveniencia ó disconveniencia
de las ideas entre s í , se condu­
cirá mal en sus operaciones, y no
dará sino pasos falsos. Es nece­
sario por consiguiente, exá minar
con mucha atención, quáles son
las causas de los falsos juicios
que formamos, y quales las re­
glas prácticas que conviene se-
118 P a r t e II.
guir antes de juzgar para pre­
servarnos del error.
Dos fuen­ El origen de nuestros falsos
tes de que juicios consiste: I. en los de­
dimanan fectos de nuestro espíritu: II. en
los falsos
las pasiones ó vicios de nues­
juicios.
tro corazon. Los defectos mas
Defectos comunes de nuestro espíritu y
del espí­ los mas opuestos á la precisión
ritu.
y exáctitud de nuestros juicios,
pueden reducirse á tres, que
son: la disipación, la ligereza
y la precipitación. Un espíritu
disipado no pára su atención en
nada de lo que o y e , ni en lo
mismo que piensa y obra; nin­
guna cosa fixa su consideración,
porque todo le es indiferente.
Un espíritu ligero no se detiene
en ningún objeto ni le profun­
d iza, y todo lo ve superficial­
mente ; no percibe las propie­
dades , las qualidades ni las re­
laciones de los objetos, porque
apenas le atrae y ocupa algu­
n o, quando su imaginación le
S ección I I . 119
distrae á otro. Un espíritu pre­
cipitado habla sin pensar, obra
sin reflexionar, y se resuelve
sin experiencia: decide de to­
do temerariamente y casi sin
m otivo, porque prefiere el en­
gañarse á la fatiga de hacer un
discernimiento exácto por me­
dio de un exámen maduro y re­
flexivo. Así son la mayor parte
de los hombres. ¿ Cómo pues
con tales defectos pueden de-
xar de cometerse una infinidad
de falsos juicios?
E l corazon humano es co­ Vicios del
mo un abismo donde se reúnen corazon.
todas las pasiones para hacerse
la guerra; y de estas diferentes
pasiones , que continuamente le
agitan , nacen todos los vicios
que le subyugan y tiranizan: he
aquí el principal origen de nues­
tros errores (11). Las pasiones
nos hacen dar en toda suerte de
extravíos, y nada hay tan cier­
to como aquella maxíma que di-
1 20 P a r te II.
c e : el espíritu siempre es la vícti­
ma del corazon. En el instante
que nos dominan las pasiones,
somos incapaces de percibir la
verdad (12); no vemos las co­
sas como ellas son en s í, sino
como nuestras pasiones nos las
representan , y por consiguiente
juzgamos mal de ellas. Un hom­
bre arrastrado de su pasión, mi­
ra con indiferencia todo aque­
llo que no contribuye á lison-
gearla ; todo le parece laudable
en el objeto de su am or, y to­
do vituperable en el de su
odio (*).

(*) Esta materia de las pasiones hu­


manas, de su verdadero origen, de sus
efectos útiles ó perniciosos & c. , ha
sido siempre él objeto de la meditación
de los filósofos morales de todos tiem­
pos , que la han mirado como el pun­
to mas esencial de la felicidad á que
es llamado el hombre por la natura­
leza. La juventud , cuya buena edu­
cación consiste en penetrarse de las
S ección II. 121
Hay varias reglas que po­ Reglas
drían prescribirse para antes de que es ne­
juzgar, á fin de evitar el error; cesario ob­
servar an­
pero las tres siguientes basta­ tes de juz­
rán desde luego, si se acostum- gar.

máximas sanas que conducen á la fe­


licidad propia, y de los demas, no
tiene en nuestro idioma aquellos libros
que son necesarios en asunto de tan
conocido interés , y que traten ma­
gistralmente de este objeto. Entre
todos los que han escrito de morali­
dad en los tiempos antiguos y pre­
sentes , lleva la preferencia , en mi
Concepto (y en el de su sábia nación,
y aun del orbe literario), el celebér­
rimo inglés Adam Sm ith, autor de la
obra riqueza de las naciones, que te­
nemos bien traducida en castellano·
No hablo aquí de esta obra , que es,
como todas las suyas, magistral en
punto de economía política, sino de
otra que se intitula : teoría de los sen­
timientos morales; cuya traducción,
hecha del original in glés, he visto
manuscrita y ya dispuesta para darse
á la prensa. La filosofía moral mas
122 P arte II.
bra el hombre desde los prin­
cipios á observarlas rigurosa­
mente. i . " No juzgar de los ob-
»jetos sino quando tengamos de
»ellos ideas evidentes , quiero
»decir, claras y exáctas, que
»»nos los representen ni mas ni
»menos como son en sí mis-
» 11105. ” Por medio de estas ideas
percibimos distintamente la con­
veniencia ó disconveniencia que
hay entre sus objetos; y el en­
tendimiento no puede negarse
á su lu z, ni aun nos dexan li­
bertad para sospechar la me­
nor ilusión en nuestros juicios.
2. " Dudar y proponer franca-
» mente las dudas, quando las
»razones de afirmar ó negar son
»insuficientes (13). 3. Si las ra-

pura , y los principios mas seguros y


proporcionados para la felicidad del
hombre, se exponen en la citada obra
con toda la energía de la verdad , y
la gracia y valentía del estilo·
S e c c ió n II. 123
wzones de afirmar 6 negar son
«suficientes, pero que no disi-
>>pan todas las inquietudes de
»una justa desconfianza; es de-
» c ir , si la verdad solo es pro-
» bable ó verosímil, contentarnos
»con exponer nuestras opinio­
n e s (14). ” Quando el hombre
cede con demasiada facilidad y
ligereza, son quasi siempre li­
vianos y temerarios sus jui­
cios (15).
124 .

T er c er a p a r t e .

S e c d 1o n I.
1/
TEORIA DEL RACIOCINIO

EN GENERAL.

Importan­ E sta parte, quizá la mas impor­


cia de esta tante de la ló g ica , se dividirá
teoría« en quatro secciones , en que se
expondrán: I. la teoría del ra­
ciocinio en general: Ií. las re­
glas particulares del silogismo
y sus especies: III. los diferen­
tes vicios que se introducen en
nuestros raciocinios y constitu­
yen la diversidad de sofismas:
IV. la diferencia entre el ra­
ciocinio lógico , y el oratorio.
El entendimiento humano es
muy limitado, y no siempre se
halla en estado de juzgar de la
verdad ó falsedad de una pro-
S e c c ió n I. 125
posicion, por la simple conside­
ración de dos ideas que la com­
ponen. Freqiientemente se ve en
la necesidad de recurrir á una
tercera idea, por medio de la
qual descubre la conexíon, re­
lación ú oposicion que hay en­
tre ellas. Por consiguiente, ne­
cesitamos valernos del racioci­
nio siempre que la verdad que
buscamos no se puede percibir
á primera vista , ó nos es im­
posible manifestarla á los de­
mas intuitivamente.
E l raciocinio consiste en de- Qué sea
. ducir un juicio desconocido de racioci­
otros ya conocidos. Por exem- nio.
p lo , si no percibo intuitivamen­
te la relación (1) que hay en­
tre estas dos ideas sabiduría y
fe lic id a d , recurro á una tercera
idea, que es la de contento; y
comparando estas ideas entre sí,
d igo :
El sabio vive contento en la medio­
cridad.
I2Ó "Parte III.
El que vive contento, es fe liz :
Luego el sábio es feliz en la medio­
cridad.

Todos estos juicios , tomados


colectivamente, forman lo que
se llama un raciocinio, cuya ba­
sa es este principio incontesta­
ble: quando dos ideas tienen al­
guna relación ó conexíon (2) con
otra tercera , guardan la misma
entre sí. Y así el raciocinio es
aquel a cto , aquella operacion
del entendimiento , por la qual,
de dos ó mas juicios, se saca un
tercero, que es idéntico con los
anteriores (3).
Su uso. De esta explicación de la
naturaleza del raciocinio resul­
ta , que sirve para probar la
verdad ó falsedad de un juicio
ó proposicion, por medio de
dos ó mas juicios ó proposicio­
nes. Por exemplo , para probar
que Pedro es anim al, consulto
la idea que tengo de P edró, y
S e c c ió n I.
12?
la que tengo de animal, y vien­
do que es uno de los individuos
que me han hecho formar la
idea de animal, discurro así:

Todo ente que siente y se mueve, es


animal.
Pedro siente y se mueve:
Luego Pedro es animal.

En el raciocinio se han de Adverten­


advertir seis cosas : 1. la ques­ cias para
tion : II. las premisas: III. el me­ el racio­
cinio.
dio : IV. la donclusion: V. el con­
siguiente : VI. la conseqiiencia.
La qiiestion (4) en el racio­ Qüestion.
cinio , es el juicio ó proposicion
con que se prueba la verdad 6
falsedad de una cosa. Si digo:

Nunca debemos dexar de cultivar


aquellas facultades intelectuales que
nos distinguen esencialmente del
bruto , y que mas contribuyen í
nuestra felicidad.
Es así que la razón es una de las
facultades intelectuales que nos dis­
tingue esencialmente del bruto, y
128 P arte III.

que mas contribuye á nuestra fe­


licidad :
Luego nunca debemos dexar de cul­
tivarla.

La qiiestion 6 juicio que se


va á probar en este raciocinio,
es que nunca debemos dexar de
cultivar nuestra razón.
Premisas. Llámanse premisas, las pro­
posiciones generales que en un
raciocinio sirven de fundamento
á la conclusion. Y a s í, para pro­
bar la sensibilidad del hombre,
se asienta por principio que to­
do hombre es an im a l , y que to­
do animal siente ; y se concluye
de aqu í, que es preciso que to­
■i ·
do hombre sienta. Las dos pri­
meras proposiciones se llaman
prem isas , porque preceden á la
conclusion que se saca de ellas.
Medio. Llámase medio aquella ter­
cera idea con la qual se com­
paran las dos que componen uñ
juicio , para ver si convienen ó
S e c c ió n I. 129
no convienen entre sí. Convie­
nen , si cada una de ellas con­
tiene la tercera. No convienen,
si cada una de ellas excluye
la tercera. Quiero probar, por
exemplo, que el Rey es amado
de sus vasallos , y digo :

Todo príncipe benéfico es amado de


sus vasallos.
El Rey es un príncipe benéfico :
Luego es amado de sus vasallos·

En este raciocinio , benéfico es


el medio por el qual descubro
que el Rey es amado de sus v a ­
sallos ; porque si la idea de Rey,
y la de amado de sus vasallos ,
contienen igualmente la idea de
benéfico , se sigue que estas ideas
convienen entre sí.
La conclusion es el juicio ó Conclu­
ía proposicion que se deduce de san­
ias premisas. Si hago este racio­
cinio :

Un sét esencialmente perfecto y jus-


130 P a r te III.
to , no castigará al inocente, como
si fuese culpado.
Dios es esencialmente perfecto y justo:
Luego Dios no castigará al inocente,
como si fuese culpado.

Esta última proposicion, que


es una conseqüencia necesaria
de las precedentes, es lo que
se llama conclusión.
Consi- El consiguiente es la propo-
guiente. sicion ó juicio que se infiere de
las premisas de un raciocinio.
En el exemplo siguiente:

Si los hombres fueran naturalmente


malos , tendrían remordimientos de
la virtud y no del vicio.
Es así que solamente tienen remor­
dimientos del v ic io , y no de la
virtud :
Luego los hombres no son natural­
mente malos.

Esta última proposicion es el


consiguiente. Y así el consiguien­
te y la conclusión son una mis-
S ec c ió n I. 131
ma cosa , y solo se diferencian
en la expresión.
La consequencia es la co­ Conse-
nexión ó encadenamiento de una qüencia.
proposicion.con las premisas de
que se deduce , y es indiferente
que las premisas sean verdades
ras ó falsas para que sea legí­
tima la deducción; en lugar de
que el consiguiente no está bien
deducido sino en quanto las pre­
misas son ciertas. Luego es el
signo de la consequencia ó co­
nexión que se supone entre el
consiguiente y las premisas.

Sección II.

REGLAS PARTICU LARES DEL


SILOGISMO , E N T I MEM A
Y SOR IT E S .

E l raciocinio puede contener Tres espe­


nías ó menos juicios ó propo­ cies de ra­
siciones. Si contiene tres, se lla­ ciocinio.
ma silogismo: si solo se com-
132 P a r t e III.
pone de dos, se llama entime-
rna; y si consta de mas de tres,
se llama sórites.
Silogismo. E l silogismo es un racioci­
nio compuesto de tres juicios ó
proposiciones, y contiene ne­
cesariamente tres ideas, de las
quales la una representa el sugcto
de la qüestion y de la conclu­
sion , la otra el atributo, y la
tercera , que se llama idea me­
dia ó el medio, sirve para des­
cubrir si hay conveniencia ó dis­
conveniencia entre las dos pri­
meras. En este silogismo:

Todos los hombres pueden engañarse.


T ú eres hombre:
Luego puedes engañarte.

Tu , es el sugeto de la con­
clusion y de la qüestion. Pue­
des engañarte, es el atributo.
Nombres
de las pro­
Hombre, es la idea media ó el
posiciones medio.
del silogis­ De las tres proposiciones
mo. que componen el silogismo, la
133
S e c c ió n IT .
primera se llama mayor, la se­
gunda menor, y la tercera con­
clusion.
La mayor contiene la con­ Mayor.
clusion :

Todo hombre verdaderamente sábio


merece respetarse.
Sócrates es un verdadero sábio :
Luego Sócrates merece respetarse.

Esta conclusion Sócrates me­


rece respetarse, es en substan­
cia el mismo juicio que éste:
todo verdadero sabio merece res­
petarse , porque es lo mismo que
si se dixese: Sócrates merece
respetarse, porque es un ver­
dadero sabio. La mayor no se
diferencia de la conclusion si­
no en quanto aquella es mas ex­
tensa y general.
La menor sirve únicamente Menor.
para hacer ver que el sugeto de
que se trata , se comprende en
la extension de la idea general
de la proposicion m ayor, y que
13 4 " P a r t e III.
tiene la propiedad que se le dis­
puta :
Los físicos convienen en que todo lo
que es caliente , dilata el ayre.
Es a s í, que el sol se comprende en la
extensión de la idea general de lo
que es caliente :
Luego el sol dilata el ayre , por quan-
to necesariamente ha de tener las
mismas propiedades que lo que es
caliente.

Conse­ La conseqíiencia es la mis­


cuencia. ma proposicion que se va á pro­
b a r, y que se llama qüestion
mientras no está probada.
Silogismo Considerado el silogismo ma­
considera­ terialmente ó por parte de las
do por palabras, se compone de tres
parte de diferentes términos: 1. el ter­
los térmi­ mino m ayor, en latín majus ex-
nos.
tremum : II. el termino menor,
minuf extremum: y III. el medio
médium, que expresa la idea me*
día.
Termino El termino m ayor se llama
mayor. a s í , porque se puede decir de
S e c c ió n II. 135
mayor número de individuos. En
el silogismo siguiente:
E l ser todo poderoso debe ser ado­
rado.
Dios es el sér todo poderoso:
Luego Dios debe ser adorado.

Debe ser adorado , qüe es el


atributo de la qüestion y de la
conclusion , es el termino mayor.
El termino menor se llama Termino
a s í, porque es menos extenso y menor.
general que el atributo ó el ter­
mino mayor. En el silogismo
precedente, Dios, que es el su-
geto de la conclusion, es el ter­
mino menor.
El medio se llama así, por­
que mediante é l, se averigua si
el atributo de la conclusion con­
viene ó no conviene al sugeto
de dicha conclusion:

Todo inventor es hombre de ingenio.


D ecartes fué inventor:
Luego Descartes fué hombre de inr
genio.
1 36 P a r t e III .
Inventor es el medio por el
qual se descubre que el atributo
hombre de ingenio, conviene al su-
Dos espe­ geto que es Descartes.
cies de
El silogismo es de dos es­
silogis­
mos. pecies : afirmativo y negativo.
El afirmativo es quando la
6ilogismo conclusion es afirmativa. Por
afirmati­
exemplo el siguiente:
vo.
El sér esencialmente perfecto, es justo.
Dios es el sér e&ncialmente perfecto:
Luego Dios es justo.

E l silogismo afirmativo tie­


ne por fundamento este princi­
pio : “ Lo que conviene á todos
«los individuos de una especie,
»»debe convenir igualmente á
»»qualquiera otro de la misma
»»especie. ”
Silogismo El silogismo es negativo
negativo. quando la conclusion es nega­
tiva , como en el siguiente:

El hombre entregado á sus pasiones,


no es feliz.
S ección I I . i3$r
E l libertino está entregado á sus pa­
siones :
Luego no es feliz.

En el silogismo negativo to­


do se reduce á este principio:
" Lo que se niega de toda una
»»especie, se debe negar igual-
emente de todo lo que se com-
»prende báxo de esta especie.’*
Se entiende por silogismo q u¿ se
sim ple, aquel en el que se com- entiende
paran separadamente con el me- por silo-
dio las dos ideas ó los dos ter- g jsmosim-
minos de la qüestion : p e*
Todos los hombres son mortales.
Tú eres hombre:
Luego eres mortal.
Dos espe-
Hay dos especies de silo- cics de si-
gismos simples : complexo é in- logismos
complexo. . simples.
El silogismo simple es in- silogismo
complexo quando cada idea de simple in-
la qüestion ó de la conclusión, complexo,
se junta toda entera con el me-
1 38 P a r t e III.
dio en cada una de las dos pre­
misas. Exem plo;
Todo espíritu es indivisible.
Es así que el alma es espíritu ;
Luego es indivisible.

Silogismo El silogismo simple se hace


simple complexo quando componiéndo­
complexo, se la qüestion y la conclusión
de ideas complexas , solo se to­
ma una parte de estas ideas para
juntarlas con el medio en una
de las premisas; y todas las res­
tantes , que se consideran como
una sola idea complexa , se agre­
gan al medio en la otra pre­
misa ; v. g.
Dios manda honrar á los padres,
Tú tienes padre:
Luego Dios te mand* honrar á tu
padre.

Silogismo Se entiende por silogismo con­


conjunti­ juntivo ó condicional , aquel
vo condi­ en el qual las dos ideas ó los
cional. dos términos que componen el
II.
S e c c ió n 139
juicio ó la proposición mayor,
que se llama question, se com­
paran á un mismo tiempo con
el medio:

Si Cicerón supo agradar , convencer


y mover, fué orador.
Es a s í, que supo agradar, convencer
y m over:
Luego fué orador.

La condicion si une las dos


partes de la proposicion, y di­
ce que se sigue una de otra. Lo
que se sigue de la una se llama
antecedentf , y de la otra consi­
guiente,
El silogismo disyuntivo, es Silogismo
aquel cuya mayor es una pro­ disyunti­
posicion dfcyuntiva que contie­ vo.
ne toda la conclusion. Se pue­
de reducir al condicional, v. gr.
en el siguiente silogismo:
La hipocresía de costumbres es un vi­
cio ó una virtud.
L a hipocresía no es una virtud:
Luego es un vicio.
140 P a s t e III.
El qual es el mismo, en quan-
to al sentido y al modo de con­
cluir , que éste:

La hipocresía de costumbres es un v i­
cio , si no es una virtud.
N o es una virtud:
Luego es un vicio.

Qual es la Para juzgar si un silogismo


regla para es bueno ó m alo, si prueba ó
juzgar si no prueba la qüestion , ó si con­
un silogis­ cluye bien ó m al, no se «ece^
mo es bue­
no ó malo·
sita mas que una regla, que es
la siguiente:
**Una de las ideas de la qiies-
»»tion debe contener la tercera
»que llaman medio; y esta ter-
»cera contener ó excluir la otra
»»idea déla qüestion ó%iicio,que
»»se necesita probar.” Todas las
demas reglas no son sino coro­
larios (5) de ésta , que está sa­
cada de la naturaleza misma del
raciocinio. Si para probar esta
qüestion afirmativa, la lógica es
S ecció n I I . 141
ú til , hago el silogismo siguien­
te :
La ciencia que enseña á pensar bien,
es útil.
La lógica es la ciencia que enseña á
pensar bien:
Luego la lógica es útil.

Se ve desde luego que este


silogismo concluye bien ; por­
que la ló gica, sugeto de la qües-
tio n , contiene el medio , la cien-
cia que enseña a pensar bien ; y
este mismo medio contiene el
atributo de la qüestion es muy
útil. Asimismo se prueba muy
bien esta qüestion negativa: los
aduladores no son dignos de ser
amados , haciendo este silogis­
mo :

Los hombres que nos engañan, no


son dignos de ser amados.
Es así que los aduladores son hom­
bres que nos engañan :
Luego los aduladores no son dignos
de ser amados.
14 2 P a r t e III.
Es evidente que aduladores,
sugeto de la qüestion, contiene
el medio , hombres que nos enga­
ñan ; y que este medio excluye
el atributo de la qüestion , no
son dignos de ser amados.
Corno todos los razonamien­
tos pueden reducirse á silogis­
mo , se juzgará por esta sola re­
gla de todos los diferentes mo­
dos que hay dp raciocinar.
Lo que Un silogismo puede ser de­
hace un fectuoso : I. por la materia:
silogismo 11. por la forma : III. por la ma­
defectuo­ teria y la forma á un mismo
so.
tiempo. Es defectuoso en la ma­
teria quando contiene alguna
proposicion falsa; es defectuo­
so en la forma ,; quando es tal
el agregado de las proposicio­
nes , que la conclusión no se si­
gue naturalmente de las pre­
misas; es defectuoso en la ma­
teria y en la forma, quando cons­
ta de alguna proposicion falsa,
y la conclusión no se sigue ne-
II.
S e c c ió n 143
cesariamente de las premisas.
El entimema es un razona­ Entime­
miento compuesto de dos pro­ ma.
posiciones , una de las quales
se llama antecedente, y la otra
consiguiente; es un silogismo
perfecto en quanto al sentido,
pero imperfecto en qüanto á la
expresión,, porque fie suprime
una de las proposiciones para
abreviar el discurso, y hacer­
le mas rápido. Si d igo :

L a exáctitud es la mas útil propie­


dad del entendimiento:
Luego es preferible á las demas.

Este es un entimema, La
proposicion suprimida es ésta;
L a propiedad mas útil del enten­
dimiento, es preferible 4 las de­
m as; cuya proposicion es la ma­
yor , porque contiene el atribu­
to de la qüestion y de la con­
clusion , igualmente que el ter-
mino medio. Forma del
No es necesario que el an- entimema.
144 P arte III.
tecedente sea la primera pro­
posicion del entimema, y el
consiguiente la segunda. Quan­
do d igo :
E s necesario aprender la ló­
gica , porque perfeccciona el j u i ­
cio. La primera proposicion es
el consiguiente, y la segunda
el· antecedente; y es como si
dixese: la lógica perfecciona el
juicio : luego es preciso "aprender­
la ; y expresando la proposicion
suprimida en el entimema pre­
cedente , se hará un silogismo
en forma, que será éste :

Es necesario aprender lo que perfec­


ciona el juicio.
Es así que la lógica perfecciona el
ju ic io :
Luego es necesario aprenderla.

La proposicion que se su­


prime , unas veces es la mayor
Lo que se Y otras la menor,
entiende Algunas veces las dos pro-
por sen- posiciones del entimema están
S e c c ió n II. 145
contenidas en una sola; y esto tencia en-
es lo que se llama sentencia en- timemáti-
timemática. Tal es la siguiente: ca.

M o rta l, no conserves un odio in­


mortal.

E l entimema está muy en Uso del


uso, ya en las conversaciones, entimema.
ya en los escritos. E l entendi­
miento humano se lisongea de
que se le dexe alguna cosa que
suplir. El silogismo en forma
tiene menos gracia, y 110 es tan
expresivo. Si por exemplo, de
este dístico de la Medéa de Ovi­
dio : servare potui , ¿ perdere an
posim rogas ? se hiciese un ra­
ciocinio en forma silogística, se
le quitaría toda la gracia y
energía.
En general no hay cosa mas
empalagosa que los silogismos
de la escuela, donde se con­
tiene y repite pesadamente un
mismo pensamiento en tres pro-
146 P a r t e III.
posiciones diferentes. En el en­
timema por el contrario, se re­
duce lo que se dice á lo que es
meramente necesario para ha­
cerse entender.
Sórites. Por sórites se entiende un
razonamiento compuesto de mas
de tres juicios ó proposiciones.
Estas proposiciones deben estar
de tal modo encadenadas entre
s í, que despues de haber em­
pezado por una verdad sensi­
ble é incontestable, se proceda
como de una en otra , á una
conclusión remota.
Quatro Los sórites se dividen en
especies quatro especies: I. la gradua­
de sórites. ció n : II. el dilema: III. el epi-
cherema: IV. la inducción.
Gradua­ La graduación es un razo­
ción. namiento , cuyas diferentes pro­
posiciones deben ser colocadas
de modo que el atributo de la
primera , sea el sugeto de la se­
gunda ; que el atributo de la se­
gunda-sea el sugeto de la ter-
S ecc ió n IT. 14^
c e ra , y así de las demas has*
ta que el sugeto de la primera
se halle reunido con el atribu­
to de la última. Para probar,
por exemplo, que los ambiciosos
son infelices, se puede hacer el
razonamiento siguiente, que es
una graduación :

Los ambiciosos están llenos de de­


seos.
Los que están llenos de deseos, v i­
ven atormentados de estos mismos
deseos.
Los que viven atormentados de sus
deseos, jamás están contentos.
Los que jamás están contentos, son
infelices:
Luego los ambiciosos son infelices.

Esta graduación equivale á


tres silogismos, porque encier­
ra cinco términos; quiero de­
cir , tres medios ademas del su­
geto y el atributo de la qües­
tion y conclusion. Lo que
La graduación es buena y constituye
148 P a r t e III.
buena <! concluye bien, quando los tér­
mala la minos están íntimamente liga­
gradua­
dos y componen proposiciones
ción·
verdaderas. Pero esta especie
de razonamiento es susceptible
de una infinidad de errores que
pueden nacer de la ambigüidad
de los términos. Tal es la gra­
duación siguiente:

Pedro es hombre.
Un hombre es un animal.
Un animal es un genero.
Un genero es uno de los universales:
Luego Pedro es uno de los univer­
sales.

Algunas veces la graduación


solo se compone de proposicio­
nes particulares , que ninguna
de ellas explica la otra , ni con­
tiene la conclusión. Tal es és­
ta de Cyrano de Bergerac:
La Europa es la parte mas hermosa
del mundo.
La Francia es el mas hermoso rey-
no de la Europa.
S ección I L 149
París es la mas hermosa ciudad de
Francia.
El colegio de Bauvais , es el cole­
gio mas hermoso^de París.
M i quarto es el mas hermoso del co-
legio.
Y o soy el mejor mozo de mi quarto:
Luego yo soy el mejor mozo del
mundo.

E l dilema es un razonatnien· Dilema,


to en qu e, despues de haber di­
vidido un todo en sus partes, se
concluye afirmativa ó negativa­
mente del todo, lo que se ha con­
cluido de cada parte. Cada pro­
posicion se debe probar por una
razón particular. Si se quiere
probar, por exemplo, que nun­
ca debemos enfadarnos con na­
d ie , se puede hacer por este
dilema:

O la persona contra quien uno se


irrita , intenta irritarnos ó no.
Si intenta irritarnos , no debemos
enfadarnos, porque por este mis-
150 P arte III.

mo hecho se le proporciona una


satisfacción que no merece.
Si no lo intenta , tampoco debemos
enfadarnos, porque seria hacerle una
injusticia :
Luego jamás debemos irritarnos con-»
tra nadie.

Lo que El dilema es exácto ó de­


constituye fectuoso.
exácto ó 1. Quando la proposicion dis­
defectuo­ yuntiva comprende ó no com­
so el di­
lema.
prende todas las partes del todo
que se divide. E l filósofo Aris-
tippo quería probar que ningu­
no debia casarse , y decia:
Ó la muger con quien se casa el
hombre , es hermosa ó fea.
Si es hermosa, dará zelos.
Si es fe a , disgustará.

Esta división no es exácta,


porque puede encontrarse una
muger que esté en un medio,
esto e s , que ni sea hermosa,
ni tampoco fea. Y a sí, siempre
S ección II. ig i
que la enumeración es imperfec­
ta , la conclusion no es exácta.
a. El dilema concluye bien 6
m a l, quando las conclusiones
particulares de cada parte , son
ó dexan de ser necesarias, co­
mo por exemplo, el de Aristip-
p o , que peca también en esta
p arte, porque una muger pue­
de ser hermosa y al mismo tiem­
po tan virtuosa que no cause
zelos; y una fea puede agra­
dar por su carácter y prendas,
aunque desagrade por la figura.
3. El dilema es bueno ó ma­
lo : es bueno quando se dirige
contra el adversario solo; y
malo quando puede convertir­
se contra el que se sirve de él.
Un antiguo quería probar qut
ninguno dibia mezclarse en los ne­
gocios de la república, y decia:

que se mezcle en los negocios pú­


blicos , ó se conducirá bien ó mal.
Si se conduce bien , se iu u i ene­
migos.
1 5« P arte III.
Sí se conduce mal , enojará á los
Dioses.

Este argumento se convirtió


de este modo:

Si gobierna con prudencia, se hará


amigos.
S i gobierna conforme á ju sticia, com­
placerá £ los Dioses.

E l filósofo Protágoras, sofis­


ta y orador, hizo un convenio
con su discípulo Euthlo, de que
éste le había de pagar cierta
suma de dinero quando ganase
un pleyto de intereses que se­
guía ; y pareciendole á Protá­
goras que se dilataba demasia­
do la paga , reconvino al dis­
cípulo con este argumento:

Ó pierdes este pleyto, 6 le ganas.


Si le gan as, será forzoso pagar , en
virtud de nuestro convenio.
Si le pierdes, será forzoso pagar po*
la sentencia do los jueces»
S e c c ió n II. 153

E l discípulo le replicó:
Ó yo perderé mi causa, ó la ganaré.
Si la pierdo , no debo pagar , en fuer­
za de nuestro convenio.
Si la gan o , tampoco debo pagar por
la misma sentencia de los jueces·

E l epicherema es un argu­ Epiche­


mento en el qual se junta á ca­ rema.
da premisa su prueba particu­
lar. Si quiero probar, por exem-
p lo , que la lógica es una ciencia
de las mas útiles, haré el epiche­
rema siguiente:
La ciencia que perfeccionando el en­
tendimiento, perfecciona al mismo
tiempo el corazón , es de las mas
útiles , por quanto el hombre no es
verdaderamente hombre sino por las
perfecciones del entendimiento y
del corazon.
Es así que la lógica perfeccionando el
entendimiento, perfecciona también
el corazon $ pues haciéndanos pen­
sar con exactitud, nos inclina ¿
practicar la virtu d :
1 54 P a r t e 111.

Luego la lógica es una ciencia de las


mas útiles.

Crouzás propone este otro


exemplo del epicherema:

Es confoYme á la razón el pensar que


los bienes que tienen mas conexion
con lo que es mas excelente en núes«
tra naturaleza, son los mas propios
para hacernos felices ; porque la
perfección y la felicidad siempre
deben andar unidas, por quanto
ambas son el fin de nuestros de­
seos.
Es así que la ciencia y la prudencia
son bienes que perfeccionan lo que
es mas excelente en la naturaleza;
pues el entendimiento y la volun­
tad , son facultades mucho mas es­
timables que los sentidos:
Luego es conforme á la razón el pen­
sar que seremos mas felices por me­
dio de la ciencia y la prudencia#
que con los placeres de los sentidos*

Induc­ La inducción es un razona­


ción· miento por el qual se pasa del
S ecció n II. 155
conocimiento de muchas cosas
particulares ^ al conocimiento de
una verdad general. Se ha ob­
servado, por exemplo, que to­
dos los hombres desean recibir im­
presiones agradables , y que evi­
tan todas las que no lo son ; y
de estas diferentes observacio­
nes particulares, se ha sacado
por inducción, que todos los hom­
bres aman el bien , y aborrecen el
mal como mal. A veces nos con­
tentamos en la inducción con ca­
racterizar circunstanciadamente
las diferentes partes de un to­
do , para deducir de aquí algu­
na idea general y común á este
todo y sus partes.
Y así se probará por esta in­
ducción , que toda la filosofía
es ú til, diciendo:

La lógica es útil.
La metafísica es útil.
La moral es útil.
La física es útil.
156 P arte III.
Las matemáticas son titiles:
Luego toda la filosofía es útil.

Lo que La inducción se funda en es­


constituye te principio: "todo aquello qué
exacta la »»puede afirmarse ó negarse de
induc­ »»cada individuo de una espe-
ción. »cie , ó de cada especie de un
»»genero , puede también afir-
»»marse ó negarse de toda la es-
»»pecie ó de todo el genero.” Por
consiguiente, para que sea exác-
ta y concluya bien la induc­
ción , debe contener una enume­
ración exácta de todas las partes.

Sección III.

DE LOS VICIOS Y SOFISMAS


E N E L RACIOCINIO.

Importan­ N o hay cosa mas común entre


cia de es­ nosotros, que los falsos razona­
ta materia. mientos y los sofismas: y por
lo mismo es muy necesario que
S e c c ió n I I I . 15jr
nos apliquemos á descubrir y co­
nocer las sutilezas y vicios , que
por /varios y ocultos modos, los
hacen falsos y defectuosos; por­
que de lo contrario, aunque á
veces conozcamos, como efecti­
vamente lo conocemos á primeí
ra vista , la falsedad de un ra­
zonamiento , nos veremos sin em­
bargo muy embarazados para
averiguar y decir precisamente
en qué está lo capcioso ó lo fal­
so de ellos.
Se entiende por sofisma un Lo que se
agregado de proposiciones, cu- entiende
ya conclusión parece deducirse P°r so®s_
de premisas verdaderas, aun- ma*
que en la realidad no se deduz­
ca , por quanto estas premisas
no dicen equivalentemente la
misma cosa que la conclusión.
El sofisma considerado por Dos espe-
parte del sugeto que raciocina, cíes de so-
se divide en dos especies: I. en ^stnas*
sofisma del corazon: II. en so­
fisma del entendimiento.
158 P arte IIJ .
Sofisma Los sofismas del corazon son
del cora-
aquellos que tienen su origen en
zon.
las pasiones, y consisten en que
trasladamos nuestras propias pa­
siones á los objetos de ellas, y
creemos que estos objetos son
según nosotros deseamos que
sean. En el mundo se ven to­
dos los dias infinitos exemplos
de estos sofismas, sin que los
mismos que los cometen lo ad­
viertan. Por exemplo, nosotros
no decimos expresamente, abor­
rezco á este hombre ; luego no tie­
ne mérito : mas no por eso de-
xamos de discurrir interiormen­
te las mas de las veces de es­
ta suerte.
Sofisma Sofisma del entendimiento se
del enten­ llama aquel que proviene del
dimiento· modo de ver y mirar los obje­
tos báxo de un falso punto de
vista, y sin que intervengan las
Primer es­ pasiones ó afectos del alma.
pecie de La primera especie de sofis­
sofisma. ma del entendimiento, consiste
S ección I I I . 159
en probar otra cosa diferente de
la. que se qiiestiona. Y a s í, siem­
pre que probamos contra nues­
tro adversario otra cosa dife­
rente de lo que se disputa, ó
lo que él no niega, ó qualquie-
ra otra cosa extraña al asunto,
incurrimos en esta primera es­
pecie de sofisma. No hay cosa
mas freqüente que ver á los hom­
bres disputar con acaloramiento
sin entenderse, y atribuirse res­
pectivamente lo que no piensan;
y esto no solamente se observa
iodos los dias en las conversa­
ciones y disputas particulares,
sino también hasta en las mis­
mas obras didácticas ó de ins­
trucción.
La segunda consiste en su- Segunda
poner como cierto lo que está en especie de
qüestion; y esto es en otros ter- sofisma,
minos, lo que se llama petición
de principio (6). He aquí dos
exemplos: ¿ "Quées lo bello? Lo
»»que gusta y agrada á todos.
i6o P arte III.
»Por qué el opio hace dormir?
»Porque tiene virtud dormiti-
»va.” Por estos dos exemplos se
ve que la pregunta y la respues­
ta son la misma qüestion; de
manera, que queda qualquiera
tan en tinieblas con la respues­
ta , como con la pregunta.
Tercera La tercera dimana de supo♦
especie de fier como cierto lo que es falso. Los
sofisma, hombres son naturalmente tan
perezosos, que prefieren creer
lo que les dicen, al trabajo de
asegurarse por sí mismos de la
verdad, por evitar la fatiga del·
exámen; y ésta es la razón por­
que los antiguos adoptaron cie­
gamente las historias fabulosas
del Phenix, de la Rém ora, y
otros muchos cuentos vulgares
de que están llenos los libros.
Los hombres de buena fe es­
tán mucho- mas expuestos que
los que no lo son, á caer en
este sofisma, porque con difi­
cultad se persuaden á que se les
S ección III. 16 1
quiera engañar á sangre fria, y
muchas veces sin interés algu­
no. También sucede por el mis­
mo sofisma, que en lugar de
confesar los hombres su igno­
rancia sobre materias incom­
prensibles, explican lo que no
e s , por lo que tampoco es. To­
do el mundo sabe la historia de
aquel charlatan del siglo pasa­
do , que andaba mostrando, de
ciudad en ciudad, un joven de
quien aseguraba que tenia na­
turalmente un diente de oro. Los
filósofos intentaron demostrar
que la materia habia podido
combinarse en el diente del jó-
ven , del mismo modo que se
combina en las minas del oro;
hasta que, despues de muchísi­
mas disputas y disertaciones in­
útiles , descubrió un cirujano,
que el tal diente estaba engas­
tado en una hojita de oro, que
mañosamente habian embutido
en la encía.
16 2 P arte III.
Quarta es­ La quarta proviene de tomar
pecie de por causa de una cosa , lo que no
sofisma.
lo es. Aparece un cometa en el
cíelo , y al cabo de algún tiem­
po sucede una desgracia públi­
ca , como peste , hambre, la
muerte de un gran Príncipe ¿te. ;
y el vulgo no titubea en mirar
al cometa como la causa de
aquel suceso, sin reflexionar que
no hay la menor relación entre
los acaecimientos de esta natu­
raleza , y los fenómenos celes­
tes. Los antiguos Romanos ria­
da emprendían, sin consultar
antes á los agoreros , á fin de
saber si el éxito de la empresa
sería feliz ó desgraciado. Pero
¿qué conexíon podia haber en­
tre los acaecimientos futuros y
el vuelo de las aves ? Quan-
do Claudio el hermoso, cón­
sul y general del exército roma­
no, fue enviado contra los Car­
taginenses , fueron consultados
los pollos sagrados , los quales no
S ección III. 163
quisieron comer (*). Los Roma­
nos perdieron la batalla; pero
i ésta pérdida debia atribuirse á
los presagios?
Algunas veces se explican
los efectos físicos, atribuyéndo­
los á qualidades ocultas, como
el horror del vacío , la simpa­
tía ó t . ; pero ¿por qué no con­
fesar nuestra ignorancia, mas
bien que contentarnos con pala­
bras que no preséntan ninguna
idea al entendimiento ? ¿ No se­
ría obrar con mas cordura el
suspender nuestro juicio hasta
tanto que conociésemos una cau­
sa' verdadera, como lo exige la

(*) Nadie ignora que los Romanos


tenían unos pollos, que llamaban sa­
grados porque estaban en un tem­
plo , á los quales echaban de comer
antes de emprender alguna guerra ú
otro negocio g ra v e i y si comían, se
xniraba como un agüero próspero, y
como adverso si no lo hacían.
i 64 P arte III.
recta razón ? Hay gentes tan
preocupadas, que no se pondrán
á jugar por todo el mundo al
lado de ciertas personas, por­
que se figuran que de esto les
ha de resultar alguna desgracia;
como si la felicidad ó la des­
gracia fuese un ente re a l, que
se trasladase de una parte á otra.
Otros repugnan comer en una
mesa de trece convidados, por
la aprensión de que dentro del
año se ha de morir alguno de
ellos; pero aun quando se hu­
biese verificado alguna v e z , que
de trece personas que comiesen
en una misma mesa , hubiese
muerto una en aquel año, ¿ qué
influencia pudo tener sobre su
muerte semejante número? Otros
finalmente, consultan los sue­
ños , dan crédito á la chiroman-
cia, recurren á los encantamien­
tos , y . . . pero ¡ quánta especie
de supersticiones no degradan en
cierto modo al espíritu huma-
S e c c ió n I I I . 165
n o ! Solo hay un corto núme­
ro de sábios que atribuyan los
acontecimientos á sus verdade­
ras causas, ó que quando no las
alcanzan, confiesen sincéramen-
te que les son desconocidas.
La quinta consiste en la enu­ Quinta
meración imperfecta. Por no con­ especie de
sofisma.
siderar con atención los diver­
sos modos con que una cosa pue­
de ser ó suceder, concluimos
temerariamente que la tal cosa
es de éste ó del otro modo,
aunque en la realidad sea de
una manera para nosotros des­
conocida. Se incurre en este so­
fisma , quando conociendo uno
ó mas modos con que se hace
una cosa, creemos que solo es­
tos modos son la causa de este
efecto, siendo así que hay otros,
que no se cuentan, que son sin
embargo la verdadera causa del
tal efecto. Sexta
La sexta consiste en abusar especie de
de la ambigüidad de las pala- sofisma.
16 6 P arte III.
iras. No se ha de entender pre­
cisamente por ambigüidad de
las palabras, los equívocos ma­
nifiestos que todo el mundo co­
noce , sino generalmente todo
aquello que puede alterar el sen­
tido de las palabras, sin que la
alteración sea perceptible. í>i di­
g o , por exemplo:

En el cielo hay una constelación, que


es la de lcon.
Es así que el león ruje :
Luego en el cielo hay una constelación
que ruje.

La falsedad de este razona­


miento está en la ambigiiidad
de la palabra león; porque en
la primera proposicion , no ex­
presa sino el simple nombre de
una constelación, y en la se­
gunda significa una especie de
animal que ruje. Y así este ar­
gumento tiene quatro términos:
1. constelación en el cielo". II. león
tomado por el simple nombre
S e c c ió n I I I . i6{r
de esta constelación: III. león
tomado por un animal verdade­
ro : y I V . ruje. Ahora pues, un
argumento, como hemos dicho,
no debe tener sino tres térmi­
nos : el sugeto, el atributo de
la conclusión, y el medio.
Este argumento tiene el mis­
mo defecto que el precedente:
E l pez nada.
Es así que el pez es una sílaba :
Luego la sílaba nada.

La palabra p ez se toma aquí


en dos sentidos diferentes.
En la séptima especie se p a ­ Séptima
sa de lo que es cierto respecto de especie de
una cosa , d lo que es absolutamen­ sofisma.
te cierto ;
como si se dixese, por
exem plo:
Los etiopes tienen los dientes blancos:
Luego todos son blancos.

Los Romanos fueron comun­


mente supersticiosos, mas no por
esto dexaría de ser un sofisma,
1 68 P arte I I I .
si de aquí se concluyese que lo
fueron en todo, y en todos tiem­
pos. Sus historiadores escribie­
ron varios hechos fabulosos; se­
ría faltar á la razón el concluir
de aquí, que todo lo que han
escrito es fabuloso.
Octava En la octava se juzga, de una,
especie de cosa por lo que solo le conviene
sofisma. accidentalmente. Se raciocina así
quanclo se saca una conclusion
absoluta y sin restricción , de
lo que no es cierto sino con
relación á algunos individuos ó
algunas circunstancias particu­
lares , como hacen los que vi­
tuperan las ciencias y las artes
á causa de los abusos que al­
gunos hacen de ellas, ó atri­
buyen á una ciencia ó arte los
malos efectos que resultan de su
abuso.
Algunos médicos cometen grandes
yerros en el exercicio de la medi­
cina :
Luego se debe despreciar esta ciencia.
S e c c ió n III. 169
El emético mal administrado, produce
perniciosos efectos:
Luego jamás se debe usar.

La conseqiiencia no es exác-
t a , y semejante modo de dis­
currir sería verdaderamente ab­
surdo.
La novena especie consiste Novena
en concluir de la potencia a l acto; especie de
es una especie de petición de sofisma.
principio que se llama círculo
'vicioso. Se incurre en este sofis­
ma , quando para probar una
cosa que está en qüestion, nos
valemos de otra, cuya prueba
depende de la misma que se
ventila. Las conseqüencias de­
ben estar contenidas en las pre­
misas de donde se sacan.
La décima especie consiste Décima
en p a s a r del sentido dividido a l especie de
sentido compuesto , y del sentido sofisma.
compuesto a l dividido ; quiero de­
c ir, pasar de las cosas tomadas
separadamente , d las cosas to-
ijr o P a r t e III.
ruadas juntamente ,y de lis cosas
tomadas juntamente, á las toma­
das separadamente. Habiendo en­
viado el Bautista dos de sus dis­
cípulos á Jesu-Christo, para pre­
guntarle si era el M esías, les
respondió Jesu-Christo: los cie­
gos ven , los cojos andan , los sor­
dos oyen. En el sentido dividido
esta proposicion es cierta, por­
que se entiende de los sordos,
cojos y ciegos que lo eran an­
tes, y recuperaron despues sus
sentidos por un milagro de Je-
su-Christo. Pero no lo sería en
el sentido compuesto, esto es,
los sordos sin dexar de ser sor­
dos , o yen , los ciegos sin dexar
de ser ciegos, ven & c. Se toma
una cosa en sentido compuesto,
quando se considera juntamente
con o tra; y en sentido dividi­
do , quando se considera sepa­
radamente. Dios justifica á los
impíos: en esta proposicion, la
palabra impíos se toma en el
S e c c ió n I I I .1^1
sentido dividido; quiero decir,
que Dios los justifica por su gra­
cia , apartandolos de su impie­
dad. Los impíos no entrarán en el
reyno de los cielos : en esta se­
gunda proposicion, impíos se to­
ma en el sentido compuesto. En
el discurso de un mismo razo­
namiento , no es permitido pa­
sar del uno de estos sentidos al
otro sin cometer sofisma. En el
sentido compuesto una palabra
conserva su significación en to­
dos respetos; y esta significa­
ción entra en la composicion
de toda la frase. Pero en el di­
vidido la palabra no conserva
su primera significación, sino
con restricción y en determina­
do sentido.
La undécima especie se re­ Undéci
duce á pasar del sentido colectivo ma espe
a l distributivo , y del distributivo cié de so
a l colectivo, como se ve en el si­ fisma.
guiente sofisma:
El hombre piensa.
ip 2 P a r te IIL
Es así que el hombre está compuesto
de cuerpo y alm a:
Luego el cuerpo y el alma piensan·

E l hombre piensa en senti­


do distributivo , quiero decir,
según una de sus partes , que
es el alm a: lo que basta para
decir en general, que el hom­
bre piensa; pero el hombre no
piensa colectivamente según to­
das sus partes.
Duodéci­ La duodécima especie pasa
ma espe­ de un genero d otro , del orden f í ­
cie de so­ sico al orden metafísico , del na­
fisma·
tural al sobrenatural 6 a l a rti­
fic ia l ; y al contrario. Nosotros no
percibimos una idea del mismo
modo que percibimos un obje­
to rea l; y así los que miran las
ideas como entes reales, pasan
del orden metafísico al órden
físico. La materia en general no
es mas que un termino abstrac­
to , una pura invención de nues­
tra fantasía, y como di sugeto
S ección I I L
imaginado de las qualidades sen­
sibles de los diferentes cuerpos
particulares y reales que nos ro­
dean. Es , pues, pasar del or­
den metafísico ó id eal, al or­
den físico, el considerar la ma­
teria en general como un ente
real susceptible de toda espe­
cie de formas, y creer como
los Alchímistas, que los cuer­
pos particulares no son lo que
son, sino por la colocacion de
las partes de aquella preten­
dida materia prim era, qi:e no
teniendo la menor realidad por
sí misma, es preciso que tam­
bién carezca de partes. Los ma­
temáticos consideran la linea
por abstracción, como una sim­
ple longitud. Sería igualmente
pasar del orden metafísico al
físico, el no considerar la li­
nea física, sino según su lon­
gitud , y decir que una linea,
solo consta de longitud, y no
de latitud.
1^4 P arte I I I .
Décima- La dedma-tercia especie con­
tercia es­ siste en pasar de la ignorancia d
pecie de
la ciencia. La regla es pasar de
sofisma.
lo conocido á lo desconocido;
pero hay gentes que por el con­
trario quieren hacernos pasar de
lo desconocido á lo que ellos
creen conocer. Este modo de
raciocinar es muy opuesto á la
sana razón; y la buena lógica
no admite por prueba sino lo
que es mas claro y mas cono­
cido que lo que se intenta pro­
bar.
Décima- La decima-quarta especie con­
quarta’es­ siste en sacar de la consideración
pecie de de las cosas particulares una con-
sofisma·
seqüencia general. Se ha experi­
mentado en muchos mares, que
el agua es salada , y en muchos
ríos, que es du lce: de aquí se
ha inferido la conseqüencia ge­
neral , que el agua de mar es sa­
lada , y la de rio dulce. No te­
nemos noticia de ningún país,
donde los hombres no se val-
S ección III. 1^5
gan de los sonidos articulados
para significar sus ideas; de aquí
se ha inferido , que todos los
pueblos tienen un lenguaje. Es­
ta especie de conseqiiencias ge­
nerales no son exáctas , sino en
quanto lo es la enumeración de
las cosas particulares que entran
en ellas. Y así si se dixese:
Los Franceses, Ingleses, Italianos y
Alemanes , son blancos:
Luego todos los hombres son blancos.

La conseqüencia no sería jus­


ta por falta de exáctitud en la
enumeración, por quanto en la
Etiopia son negros los hom­
bres. Este sofisma tiene mucha si­
militud, según se ve, con la enu­
meración imperfecta. La diferen­
cia consiste en que en la enu­
meración imperfecta, no se con­
sideran suficientemente todos los
modos con que una cosa puede
ser ó suceder; de donde se con-
clu y e , que no existe la tal cosa
ip 6 P arte III.
aunque muchas veces exista de
un modo que nosotros no he­
mos advertido. A i contrario, en
el sofisma de que vamos hablan­
do, se empieza por la conside­
ración de las cosas particulares,
de donde se infiere despues una
conseqiiencia general.

S e c c i ó n IV.

D I F E R E N C I A E K T R E EL
RACIOCINIO LOGICO , Y EL
ORATORIO.

Objeto co- E l lógico y el orador se pro-


mun del ponen igualmente probar lo que
lógico y ¿icen , y convencer á aque-
del ora- jjos ¿ quienes hablan. Ambos
dor. · · ^ j · ·
por consiguiente deben racioci­
nar ; quiero decir, demostrar la
conveniencia de las ideas que
unen , ó la oposicion de las que
separan; pero no siguen el mis­
mo rumbo para llegar al mis­
mo fin.
S e c c ió n I V . i? ?
E l silogismo filosófico, co­ Silogismo
mo queda explicado, consta de filosófico
y orato­
tres proposiciones, mayor, me­
rio.
nor y conclusión. En el dis­
curso oratorio sería este mo­
do de raciocinar sumamente du­
ro y árido. Los oradores to­
man cada proposicion en parti­
cular , la extienden y amplifican
antes de llegar á la conclusión.
La oracion de Cicerón en de­
fensa de M ilon, solo se funda
ea un silogismo ; pero ¿con qué
maña no explica y desenvuel­
ve el orador todas sus partes?
Un lógico d iria ;
Es permitido matar á aquel que atenta
á nuestra vida.
Es así que Clodio atentó á la vida
de Milon :
Luego es lícito matar á Clodio.

Cicerón extiende primera­


mente la mayor, y la prueba por
el derecho natural y de gentes,
y con exemplos. Desciende des-
Ijr8 P arte III.
pues á la segunda proposicíon,
y exáminando la com itiva, y
todas las circunstancias del via-
ge de Clodio , hace ver que és­
te intentaba verificar el proyec­
to de asesinar á Milon ; de don­
de concluye, que no era cul­
pable Milon en usar del dere­
cho que dá la necesidad para
una legítima defensa.
Quando en el discurso ora­
torio se emplea el silogismo fi­
losófico , debe ponerse el mayor
cuidado en desfigurarle , dándo­
le mas extensión , y añadiéndo­
le otras dos proposiciones, una
de las quales sirva de prueba
á la m ayor, y la otra á la me­
nor. Exem plo:

Debemos amar lo que nos hace mas


perfectos.
Es así que las bellas letras nos hacen
mas perfectos:
Luego debemos amar las bellas letras.

Este es un argumento filo-


S ección I V . 179
sófico , que vamos á hacer ora­
torio , amplificándole de esta
suerte:
Debemos amar lo que nos constituye
mas perfectos.

" Esta es una verdad que


»está impresa en nosotros, y
»de que nuestra razón y amor
»propio nos presentan pruebas
»nada equívocas para que de-
»xemos de reconocerla.”
Es así que las bellas letras nos ha­
cen mas perfectos:

"¿Quién puede dudarlo? Las


»»bellas letras enriquecen al en-
»tendimiento, suavizan las cos-
»tumbres, y comunican al hom-
»bre cierta civilidad, cierta com-
» postura exterior, y cierta pro­
b id a d que le hacen amable.’*
Luego debemos amar las bellas letras.

Pero el gusto, que no puede


sufrir este orden tan compasa-
180 P arte III.
d o , y que por otra parte co­
munica cierta dureza al discur­
so , exige que se invierta y des­
figure a sí: " ¿Pueden dexar de
»amarse las bellas letras ? Ellas
«son las que enriquecen al en-
»tendimiento, las que dulcifi­
c a n las costumbres, y las que
»civilizan al hombre y le per-
»feccionan. El amor propio y
»la razón, bastan para que las
»apreciemos, y nos empeñen en
»cultivarlas.”
Uso del E l entimema es el argumen­
entimema to (7) favorito del orador; por­
en la ora­ que siendo mas corto y menos
toria· metódico que el silogismo, es
al mismo tiempo mas enérgico
y mas apropósito para persua­
dir y mover las pasiones. Ca-
nuleyo, tribuno del pueblo, que­
riendo probar que era justo que
el pueblo romano pudiese elevar d
la dignidad de cónsules d los ple­
beyos : tlespues de haber mostra­
do que un plebeyo podia tener
S ección IV . 181
todas las qualidades necesarias
que requería el consulado, y
que por consiguiente debia ser
permitido el nombrar un cón­
sul plebeyo: que ademas era una
cosa absurda negar á los ciu­
dadanos un empléo que no se
habia negado á los esclavos ni
extrangeros; no argumenta con
silogismos diciendo:
Todo hombre que tiene las qualida­
des necesarias para el consulado,
puede ser elevado á esta dignidad.
Es así que un plebeyo puede tener
estas qualidades :
Luego puede ser elevado al consulado·

Tampoco d ic e :

N o debe negarse á los ciudadanos


lo que algunas veces no se ha ne­
gado I los esclavos ni ¿ los ex­
trangeros.
Es así que algunas veces no se ha ne­
gado el consulado á los esclavos
ni á los extrangeros:
Luego no se debe negar á los ciuda­
danos.
182 P arte III.
Este método es pesado y
fastidioso, y el orador que dis­
curriese de esta suerte, haria po­
quísima impresión en los áni­
mos de los oyentes. Canuleyo
se vale del entimema, por cuyo
medio oculta sus pruebas, acu­
mulándolas, sin observar aquel
orden didáctico, ni aquel mé­
todo frió y lánguido de los ló ­
gicos.
Concédete (dice) los empleos á hom­
bres indignos de ello s: los negáis
á los que los merecen. Se ha da­
do á los extrangeros la suprema au­
toridad : se niega á los ciudadanos.
Se han admitido esclavos á ella : ¡se­
rán excluidos hombres tan libres
como vosotros!

Uso de la
La graduación en la elo-
gradua­ qüencia, no es mas que el mo­
ción en la do y arte con que se encade­
el^qüen- nan muchos razonamientos: de
cia. manera, que la última palabra
del uno , sea la primera del si^
guíente, y sirva como de me-
S e c c ió n I V . 183
dio para llegar al otro. He aquí
como se explica el autor de la
epístola á los Romanos, capítu­
lo 10.

¿Cómo invocarán á aquel en quien


no creyeron? ¿ó cómo creerán en
aquel que no oyeron? ¿ y cómo oy-
rán sin predicador? ¿y cómo pre­
dicarán si no fueren enviados ?

Con este razonamiento, prue­


ba el Apostol, que para llegar al
conocimiento de D ios, es ne­
cesario que sea el mismo Dios
el que nos llame.
E l dilema es un razonamien- Uso del
to del que se sirven los ora- dilema,
dores con mas freqüencia, y
por lo común lo presentan bá- >
xo de la forma filosófica. Cice­
rón dice á C elio :
¿Cómo te portarás respecto de este
delito de Verres? ¿Se lo echarás
en cara á este indigno Pretor, 6
lo pasarás en silencio ? Si se lo
«chas en caca , te haces á tí mis-
184 P arte III.
mo el proceso, porque tu de­
lito y el suyo son uno mismo. Si
lo pasas en silencio , ¿ qué fuer­
za podrá tener tu acusación, quan-
do por no perderte á tí mismo, te
verás precisado á disculpar ai de­
línqueme en un asunto de tanta
importancia ?

Para probar el mismo ora­


dor que es necesario llevar con
resignación todos los trabajos,
se sirve también de este dilema:
Todo dolor es agudo ó lento. Si es
lento , será fácil de soportar. Si es
agudo , no será de mucha duración.

Uso del El uso del silogismo irregu­


epLhere- lar , llamado epicherema , solo
ma. sirve para las recapitulaciones
de los discursos oratorios, quan-
do los principios de que depen­
de su conclusion, han sido pre­
cedentemente establecidos y pro­
bados por orden. Se decía que
Celio era un hombre totalmen­
te entregado á la sensualidad, Y
S e c c ió n I V . i8 g
Cicerón le defiende con este epi-
chérema. Establece desde lue­
go el principio de que un hom­
bre no puede entregarse á la
sensualidad quando se halla de­
dicado al penoso estudio de la
eloqüencia ; por la considera­
ción de que el arte de la ora­
toria no dexa tiempo para otra
cosa ; é inmediatamente de­
muestra Cicerón : que Celio la
estudió , porque en todos sus dis­
cursos reynaba la eloqüencia.
De donde concluye : que su­
puesto este estudio es tan difí­
cil y penoso, y tan sabido que
Celio se había entregado ente­
ramente á é l , no era creíble vi­
viese tan desordenadamente co­
mo se suponía. riso de
La inducción en lógica es la induc­
un argumento que prueba una ción.
proposición general por la enu­
meración de partes, y se ne­
cesita que esta enumeración sea
exácta y completa ; pero en la
18 6 P arte III.
eloqüencia no se requiere la mis­
ma exáctitud. Y así quando prue­
ba Canuleyo, que era de dere­
cho que el pueblo romano pu­
diese elevar á la dignidad de cón­
sules á los plebeyos, hace una
suficiente enumeración quando
alega lo que se habia hecho en
favor Numa, el primero de los
Tarquinos, y de Servio Tulio.
Lo mismo hace quando opone
á sus adversarios la institución
de los Pontífices, de los Arús-
pices, de las Centurias, del Cen­
so , del Consulado, de los Edi­
les, de los Qüestores, y últi­
mamente de los Decemviros, pa­
ra manifestar que no era una
cosa inaudita el que en el go­
Quanto bierno de Roma se introduxesen
importa ai novedades.
orador es­ Resulta de los artículos pre­
tar instrui­
do en las
cedentes, que la dialéctica y la
reglas de eloqüencia tienen la mayor afi­
la dialéc­ nidad entre sí. Entrambas ra­
tica. ciocinan , difinen , dividen y
S ección IV . 187
prueban igualmente; pero la una
está limitada á reglas mas se­
veras , mientras que la otra se
extiende y dilata por un campo
mas espacioso, juntando al ra­
ciocinio el auxilio del sentimien­
to interior, y aspirando no so­
lo á instruir, sino á mover y
agradar. Cenon comparaba la
dialéctica al puño cerrado, y
la eloqüencia á la mano abier­
ta ; pero siempre es la misma
m ano, sin mas diferencia que
la diversa figura que presenta.

Q u a r t a p a r t e .

Se c c ió n I.

TEORÍA DEL METODO.

ü<sta parte se divide natural- Objeto de


mente en tres secciones: 1. ¿quál esta parte,
es la teoría del método? II. ¿có-
18 8 P arte IV.
mo se debe aplicar al arte de
instruirse uno mismo , y al de
manifestar á los demas las ver­
dades descubiertas? 111. ¿Qué es
método geométrico ó de los
geómetras ?
Importan­
Los talentos no han sido re­
cia de esta partidos entre los hombres con
teoría. igualdad. Unos apenas necesi­
tan hacer el menor esfuerzo
para adquirir los conocimien­
tos mas abstractos, y atinan ca­
si siempre sin saber por qué, de-
xandose conducir, por una es­
pecie de instinto que los diri­
ge. En nada hallan tropiezo,
pasan de una verdad á otra, en
qualquiera materia que sea, con
una facilidad extraordinaria, per­
ciben á primera vista las rela­
ciones mas remotas, y una sim­
ple intuición les basta para des­
cubrir distintamente en los ver­
daderos principios de las cosas,
todas las conseqüencias que de
ellos dimanan. Otros al contra·
S e c c ió n I. 189
r io , no dan un paso sino á tien­
tas , y todo es para ellos difí­
cil y tenebroso; las verdades
mas sencillas los confunden , y
las menores dificultades los atur­
den y embarazan.
Los primeros poseen lo que se
puede llamar· espíritu de método:
qualidad preciosa é infinitamen­
te preferible á todas las reglas,
y que solamente se recibe de la
naturaleza. Qualquiera que ten­
ga este espíritu ó talento, ha­
llará en sí mismo mil veces mas
recursos que quantos consejos y
reglás puedan prescribirse. Por
consiguiente, el método no es
útil á estos ingenios de primer
órden, sino en quanto contribu­
ye á hacerles correr con mas
prontitud y seguridad la vasta
carrera de las artes y ciencias.
Pero ¿ estos entendimientos pers;-
picaces, estos ingenios felices·
desde la cuna, son muy comu­
nes entre los hombres ? No por
190 P a r t e IV .
cierto ; hay muy pocos en el
mundo, y por consiguiente un
método exacto será siempre para
la mayor parte de los hombres,
de una necesidad absoluta. Sin
este método se confunden nues­
tras ideas, nuestros conocimien­
tos están como descosidos y sin
orden , olvidamos el punto de
donde partimos, perdemos de
vista el objeto que buscamos, y
en vez de adelantar, atrasamos.
Qué sea E l método en general es el
método en arte de combinar bien una sé-
general. rie de ideas, ya sea para des­
cubrir una verdad que se bus­
ca , como para darla á cono-
Dos espe- Cer á los demas quando se ha
c'V (*emé' ha^ac*°· Hay dos especies de
* métodos: el analítico y el sin­
tético.
Análisis. La anal ¡sis 6 método analí­
tico sirve para descubrir y ave­
riguar por nosotros mismos la
verdad. Este método consiste en
descomponer un todo y dividir-
S e c c ió n I . 19 1
lo , para considerar separada­
mente cada una de sus partes,
por cuyo medio subimos hasta
el origen de nuestras ideas pa­
ra conocer su generación, ha­
cemos diversas composiciones y
descomposiciones, y las compa­
ramos por todos los lados que
pueden manifestarnos sus rela­
ciones. Su oficio mas común es
proceder de las ideas compues­
tas á las simples, por medio de
las divisiones y de la analisis
metafísica (1).
La analisis tiene diferentes Sus diver­
nombres. Se llama método de re­ sos nom­
solución , porque sirve para des­ bres.
componer un hecho que se dis­
puta en todas sus circunstancias,
una proposición enunciada en
todas sus partes, una idea com­
puesta en todas las ideas parcia­
les que contiene, una qüestion
propuesta en todos sus puntos,
en todas sus relaciones y con­
diciones. Llámase también mé-
19 2 P arte IF.
todo de invención , no porque los
inventores le hayan seguido siem­
pre, sino porque han debido
seguirle con preferencia. En
efecto, no se puede dudar que
el orden analítico sea el mas
seguro , el mas ventajoso y el
mas conforme al curso natu­
ral del entendimiento humano.
Este método le ilumina instru­
yéndole , le pone en el camino
de los descubrimientos, y le ha­
ce presentir, por decirlo así, el
que debe seguir.
Método La síntesis ó método sinté-
sintético. tico sirve para enseñar á los de­
mas las verdades que hemos
descubierto. Este método con­
siste en raciocinar sobre los prin­
cipios , y pasar dé las verdades
mas simples , mas generales y
del primer orden á las verdades
del segundo, y de las del se­
gundo á las del tercero, y así
de grado en grado hasta llegar á
las verdades mas compuestas.
S e c c ió n I . 193
La síntesis tiene también Sus diver­
sus diversos nombres como la sos nom­
bres.
analisis. Se llama método de com­
posición , porque sirve para en­
cadenar los hechos, las circuns­
tancias , las ideas y las propo­
siciones ; de tal modo, que re­
sulte un todo (2), al qual no
falte nada, antes bien formen
sus diferentes partes una cade­
na bien seguida y eslabonada.
Llámase también método de doc­
trina , porque es la que adop­
tamos mas comunmente quandd
nos proponemos instruir y en­
señar á los demas las verdades
que hemos averiguado.
En la analisis y en la sín­ En qué
tesis siempre se procede de las convienen
cosas mas conocidas á las me­ ó se dife­
rencian
nos conocidas. Se diferencian
estos dos
coino los dos modos que hay métodos.
de probar una genealogía. Quan-
do uno ignora de quien descien­
de , y quiere probar su origen,
empieza contando desde sí mis-
194 P arte I V .
mo hasta su padre, desde su pa­
dre hasta su abuelo, desde su
abuelo hasta su visabuelo, y así
progresivamente hasta llegar al
tronco de la fam ilia; y este es
el modo de proceder de la aná­
lisis. P^ro quando se quiere des­
cifrar una genealogía conocida,
se empieza por el autor que se
llama el tronco , y haciendo
ver que el tal tuvo hijos, y que
estos han tenido los suyos, se
desciende progresivamente has­
ta la persona de que se trata;
y esto es lo que sucede en la
síntesis. En una palabra, en la
analísis se procede de lo mas
compuesto á lo mas sim ple, en
lugar de que en la síntesis se
procede de lo mas simple á lo
mas compuesto.
*95
Sección II.
APLICACIO N DE Z A ANALISIS
Y L A S IN T E S IS E N X A I N V E S T I ­
GAC IO N D E Z A V E R D A D .

L a analisis es el verdadero se­ Uso y uti­


creto para llegar á hacer des­ lidades de
cubrimientos útiles en las cien­ la analisis
cias , el método único para que y de la
síntesis.
nuestros raciocinios sean eviden­
tes y exáctos, y el solo medio
que debemos seguir en la in­
vestigación de la verdad.
Se recurre á la analisis siem­ En qué ca­
pre que hay que verificar he­ sos debe
chos dudosos, que indagar las recurrirse
causas de hechos ciertos, que á la anali­
sis.
aclarar proposiciones en las qua-
les se unen ó separan ideas, cu­
ya conveniencia no se percibe
con bastante claridad : en suma,
siempre que hay que resolver
qüestiones obscuras ó compli­
cadas ; lo qual no se puede con­
seguir con buen éxito sino por
196 P a r t e IV .
medio de este método. Este es
el modo con que la misma na­
turaleza procura instruirnos, por
quanto nuestros primeros cono­
cimientos se reducen á meros
hechos individuales, que los sen­
tidos ó la reflexión nos hacen
descubrir succesivamente ; y
quando hemos llegado á cono­
cer un cieño número de ellos,
los analizamos y comparamos
entre s í , hasta que finalmente
de inducciones en inducciones,
y de conseqüencia en conse-
qüencia llegamos á estos prin­
cipios generales, tan fecundos
en conseqüencias para los en­
tendimientos -exáctos y los in­
genios felices, que hacen de ellos
el objeto de su meditación (4).
Uso y ven­ El uso de la analisis es di­
tajas de la ferente del que se hace de la
síntesis. síntesis ; pero la grande ventaja
de ésta consiste en que evita las
repeticiones, porque estando con­
tenidas las verdades ó proposi-
S ec c ió n I I . 19 ?
ciones menos generales en las
mas generales, nos veríamos pre­
cisados , si se tratase de las pri­
meras, á repetir continuamente
las demas. Las especies , por
exemplo, están comprendidas en
los generos; por consiguiente, si
se empezase por la explicación
de las especies de un genero , se­
ría necesario tratar de la natu­
raleza del genero, al tiempo de
explicar la naturaleza de cada
especie. Esta es sin duda la ven­
taja que ha hecho á muchos fi­
lósofos preferir la síntesis.
Pero la analisis lleva ven­ Preferen­
taja á la síntesis, en que nun­ cia de la
analisis á
ca ofrece al entendimiento sino
la síntesis.
pocas ideas á un tiempo, y siem­
pre en la mas simple gradua­
ción : ella desecha los princi­
pios vagos, y no busca la ver­
dad por medio de proposicio­
nes generales, sino por una es­
pecie de cálculo; es decir, com­
poniendo y descomponiendo las
198 P ar te IV.
nociones, para compararlas en­
tre sí del modo mas favorable
á los descubrimientos que in­
tentamos hacer.
Loque de­ La naturaleza del asunto, y
be deter­ el objeto que nos propongamos
minarnos en nuestras investigaciones, se­
en la elec­
rá siempre lo que deberá de­
ción de
uno úotro
terminar nuestra elección en­
método· tre estos dos métodos. Por lo
general , el analítico es mas
propio para hallar las verda­
des y mostrar como se han ha­
llado ; el sintético para expli­
car y enseñar á otros las ver­
dades descubiertas. El primero
enseña á luchar contra las di­
ficultades , remontándose hasta
su origen ; y el segundo pone
al entendimiento en la fuente
misma de los principios , desde
donde no tiene mas que seguir
un curso fácil. El método ana­
lítico debe ser preferido al sin­
tético , particularmente en aque­
llas ciencias cuyo objeto no
S ección II. 199
existe fuera de nosotros, y cu­
yos progresos dependen única­
mente de la meditación; por­
que conten ¡endose, por decir­
lo a s í, dentro de nosotros mis­
mos todos los materiales de la
ciencia, la analisis es el mé­
todo mas simple y natural pa­
ra poner en execucion dichos
materiales, y hacer el uso con­
veniente de ellos.
Pero en aquellas ciencias cu­ En qué
yos objetos sou exteriores , ó consiste.
existen fuera de nosotros, el
método sintético que desciende
de los principios á las conse-
qüencias, y de las ideas abs­
tractas á las compuestas, pue­
de usarse comunmente con buen
éxito, y aun con mas sencillez
que el analítico; fuera de que
los hechos mismos son enton­
ces los verdaderos principios.
200 P arte IV.
Secció n III.
D E L MÉTODO GEOMÉTRICO.

H a y otra especie de método


que puede llamarse geométrico,
porque es el de los geómetras,
el qual consiste: I. en empezar
haciendo definiciones (5 ), con
el fin de no dexar ninguna am­
bigüedad en los términos, y no
usar en ellas, sino de térmi­
nos conocidos ó ya explicados:
II. en establecer despues princi­
pios claros y evidentes; como
por exemplo, que el todo es ma -
yor que sus partes tomadas se­
paradamente : III. en probar las
proposiciones algún tanto obs­
curas ó difíciles fie comprender,
por las definiciones que han pre­
cedido, ó por los axiomas que
al principio han sido explicados
y concedidos, ó por, otras pro­
posiciones ya demostradas.
F IN D E L A L Ó G IC A .
201

O B S E R V A C IO N E S
Y N O T A S C R ÍTICA S.

XÍOTAS A L A HISTORIA D E L A LOGICA.

(1) Disputas de palabras. No es estrafio


que en los primeros tiempos de la filosofía,
se haya disputado tanto sobre las palabras.
Los hombres de talento se páran esencial­
mente en las cosas y en las ideas , y los
grandes ingenios son siempre muy raros en
todas las naciones, quando las ciencias es-
tan todavía en su infancia. Las palabras
son los signos de nuestros pensamientos $ y
solo se han de apreciar como tales. El ver­
dadero lenguaje filosófico desecha los térmi­
nos obscuros, ambiguos y equívocos ; y en
la propiedad de estos términos consiste la
claridad de nuestras ideas.
(2) Definición. Explicar la naturaleza y
esencia de una cosa por su genero y di­
ferencia , es lo que se llama definición. Si
yo digo del hombre que es un animal racio­
nal , le defino exáctamente. Este término ani-
mal demuestra el genero, pues conviene
igualmente al hombre y al bruto; y racio­
nal determina la diferencia, pues no con-
202 N otas a la H is t o r ia
viene sino al hombre que discurre , y no
al bruto que está privado de esta facul­
tad. La definición es exácta, quando en to­
do tiempo se distingue por ella la cosa de­
finida de otra qualquiera; es arreglada, quan­
do conviene con su definido; c la ra , quan­
do es fácil de comprender y no hay en
ella palabras equívocas ó redundantes. N o
hay cosa mas propia y necesaria para dar
extensión á «uestro entendimiento y perfec­
cionar nuestras ideas, que exercitar á la ju­
ventud en el arte importantísimo de hacer
definiciones exactas.
(3) Distinción. La distinción no es mas
que la explicación de los diversos sentidos
que pueden darse á un termino ó propo-
sicion. Es una parte principal de la cien­
cia el saber distinguir bien , y en lo que bri­
llan principalmente la precisión y claridad
del entendimiento. Pero así como se abusa
de la definición (siempre que se aplica á
las ideas simples ó se introduce en ella lo
que no es sino accidental á lo que se difí­
ne) ; así también se abusa de la distinción
si milita acerca de relaciones imaginarias
ó diferencias quiméricas.
(4) Disputas. Aun hoy se entiende por
disputas, los actos públicos que se tienen
en las escuelas, donde por lo regular se
agita la qüestion por una y otra parte con
mas acaloramiento que razón , llevándose
de za L ó g ic a . 203
comunmente el aplauso, aquel que exercita.
mas sus pulmones y reduce al silencio á su
adversario , aunque quizá defienda mejor
causa.
(5) Sofista. El nombre de sofista se da­
ba indistintamente á los filósofos y retóri­
cos : título muy honorífico entre los anti­
guos ; pero los sofistas posteriores abusaron
de tal modo de su talento y se envilecie­
ron hasta tal punto, que ya no se daba
este nombre sino á aquellos que argumen­
taban artificiosamente , y cuyo mérito se re­
ducía á sutilizar.
(6) Talento sutil, y talento sólido. Se
califica de talento sutil , el que ve , entien­
de y penetra fácilmente lo que la mayor
parte de los demas hombres ni v e n , ni en­
tienden , ni penetran sino con mucha di­
ficultad; y de talento sólido , el que se atiene
á las cosas y á las ideas, mas bien que á
las palabras, y el que despreciando el oro-
pél de éstas , se adhiere únicamente á lo
que es re a l, efectivo y permanente.
(7) Argumento. El argumento es un ra­
ciocinio , mediante el qual , se deduce una
conseqüencia de una ó dos proposiciones.
Dícese argumento en forma , quando está he­
cho según las reglas silogísticas ; concluyen-
te , quando la conseqüencia se sigue nece­
sariamente de las premisas; sólido, quando
se compone de proposiciones que parecen
204 N otas a la H is t o r ia
incontestables ; demostrativo é ineluctabley
quando ni peca por la materia ni por la
form a, y son igualmente evidentes todas
sus proposiciones.
(8) Dilema. El dilema es una especie
de argumento que contiene dos proposicio­
nes contrarias ó contradictorias , dexando
al adversario la elección de qualquiera de
ellas , para convencerle sin recurso, elija la
que eligiere. El dilema no tiene réplica quan­
do las dos proposiciones son tales, que es
forzoso asentir á ellas, sopeña de negarse
á la evidencia.
(9) División. La división consiste en dividir
una idea complexa en sus diferentes partes
para exáminarla separadamente y sin confu­
sión. Mediante esta operacion se logra adqui­
rir ideas distintas y profundas ; pero quan­
do se usa de demasiadas divisiones y subdi­
visiones , en lugar de aclarar una materia , la
confunden , sobrecargando la memoria. Pa­
ra que una división sea exácta no ha de
constar de mas ni menos miembros que las
partes de que consta el dividido ; y sus
miembros jamas deben estar incluidos los
unos en los otros.
(10) Formas silogísticas. Las formas silo­
gísticas , es decir, los diferentes modos con
que se ordenan las proposiciones de que cons­
tan los raciocinios lógicos, son una inven­
ción de bastante utilidad , y es preciso confe-
de la L ó g ic a . 205
sar que en las materias obscuras é intrincadas
en que con dificultad puede el hombre llegar
por sí mismo al conocimiento de la verdad y
conducir á los demas al convencimiento , se
puede hacer un uso muy ventajoso de ellas.
Pero al mismo tiempo estas formas son tan
áridas y desagradables , que no se debe echar
xnano de ellas, sino en el caso de una nece­
sidad absoluta. ¿Quién tendría paciencia pa­
ra leer sin tedio un libro escrito según las
reglas rígidas de los silogismos y entimemas
escolásticos ? Luego si en toda clase de ra­
ciocinios se deben abandonar las formas si­
logísticas para no hacernos ridículos ni pe­
dantes ; ¿ á qué fin ceñirse tan escrupulo­
samente á ellas en el estudio de la lógica,
y aprender con tanto disgusto y fatiga lo
que nos hemos de ver precisados á olvi­
dar al salir de las escuelas ? Hace ya largo
tiempo que los hombres de talento están con­
formes sobre este punto ; y sin embargo , si
se recorren las obras elementales filosóficas de
que se hace uso en casi todos nuestros co­
legios ; v. gr. la de Pourchot , Dagoumer,
Mlonnier y otros muchos , se hallará que en
ellas están expuestas y tratadas silogística­
mente todas las qüestiones que contienen.
( n ) Per¡patetismo. El peripatetismo quie­
re decir la doctrina de Aristóteles ; y se en-*
tienden por peripatéticos , los que siguen la
doctrina de este filósofo.
2o6 N o ta s a l a H is t o r ia
(12) Individuo. Llámase individuo cada
ente organizado, bien sea animal ó vege­
tal , con relación á la especie de que es
parte.
(13) Accidente. Esta palabra accidente
significa lo que está de tal suerte inheren­
te á un sugeto, que puede dexar de exis­
tir en él sin destruirse el sugeto; como la
negrura ó la blancura en una pared, la re­
dondez ó qualquiera otra (¡gura en una mesa.
(14) Universales. Se entiende por uni­
versal en el singular, 6 por universales en
el p lu ral, lo que es común á los individuos
de un mismo genero y especie·
(15) Entendimiento. El entendimiento es
la potencia ó facultad del alm a, mediante
la qual concibe, conoce y comprende·
(16) Filósofo. Esta palabra filósofo se
toma en dos sentidos diferentes. En el pri­
mero , se aplica á un hombre dotado de
cierta firmeza y elevación de alm a, que le
hacen superior á los contratiempos de la
vida , y á las erradas opiniones del mun­
do. En el segundo, se dice de un hombre
que se aplica al estudio de las ciencias , y
procura conocer los efectos por sus causas
y principios.
(17) Ente de razón. Se llama ente de
razón lo que no es real ni subsiste sino en
ia imaginación ; por consiguiente , los uni­
versales son entes de razón·
de la L ógica · 207
(18) Secta. Secta se dice , en un sentido
colectivo, de muchas personas que siguen las
mismas opiniones, ó que hacen profesion de
una misma doctrina ; y sectario, todo aquel
que sigue las opiniones de algún filósofo ó
doctor de reputación.
(19) Categoría. La categoría es cier­
to órden en que se colocan muchas cosas
de diversa especie, pero que pertenecen á
un mismo genero. Las diez categorías de
Aristóteles de que en el dia ya es una cosa
casi vergonzosa el tratar por su inutilidad,
se reducen : I. á la sustancia: II. á la can­
tidad: III. á la qualidad: IV. á la relaciom
V . á la acción: VI. á la pasión: VII. al
lugar 9 esto es, lo que se responde á las qües-
tiones que miran al lugar : VIII. al quando,
es decir, lo que se responde á las qüestiones
que miran al tiempo: IX. á la situación z y
X. al hábito , esto es , estar vestido , arma­
d o , adornado & c. Así es como, por desgra­
cia nuestra, se acostumbran los jóvenes á
pagarse de palabras, creyendose sabios quan­
do solo han aprendido voces arbitrarias. ¿No
es mil veces preferible la ignorancia ¿ esta
falsa ciencia?
(20) Inducción. La inducción no es otra
cosa roas que la conseqüéncia que se saca
de una proposicion , y el silogismo es un
argumento compuesto de tres proposiciones;
conviene á saber , mayor, menor y conclu-
2o3 N o ta s a la H is to r ia
sion. Por tanto puede considerarse la induc­
ción como el fin y objeto del arte del ra­
ciocinio , y tiene lugar en todo genero de
obras y discursos. Por el contrario el silo­
gismo solo debe considerarse como un me­
dio ú especie de mecanismo inventado para
llegar á discurrir con exáctitud. Pero á la
verdad hay tan pocas ocasiones en que se
necesite recurrir al silogismo, que es un ab­
surdo detenerse tanto como muchos se de­
tienen en él en los estudios filosóficos, y es­
pecialmente en la lógica.
(2 1) Axioma. Se llama axioma una máxi­
ma ó proposicion general que está recibida
y establecida en una ciencia.
(22) Axioma antiguo mal interpretado. La
verdadera inteligencia de este axioma: nihil
est in intellectu qudd prius nonfuerit in sensu,
ha dado motivo á muchas disputas mas frí­
volas, que útiles y sólidas, interpretándole
la mayor parte literalmente. Pero el senti­
do racional en que debe tomarse , no es ni
puede ser otro que "nada pasa á nuestro en­
cendim iento sino por el ministerio de los
»sentidos” ; de manera, que sin ellos no pue­
de recibir el alma la impresión de los obje­
tos exteriores, ni formar ninguna idea. Este
sjstema es fácil de concebir , y está reduci­
do á estas simples nociones: I. los objetos
exteriores hacen impresión en nuestros sen­
tid o s :!!. nuestros sentidos comunican la im-
j> £ za L ó g ic a . 209
presión de estos objetos á nuestra alma:
III. nuestra alma excitada por esta sensación,
exerce la capacidad y facultad que tiene de
concebir , conocer y comprender: IV. y en
el instante en que el alma recibe la repre­
sentación ó imagen de las cosas, entonces
es quando forma ideas de ellas·

NOTAS A L A PRIMERA PARTE.

(1) Inutilidad de las controversias esco­


lásticas en las obras elementales. Es inútil
mostrar en que pecan por la mayor parte
todas estas disputas. ¿D e qué sirve cargar
la memoria de todos los absurdos y erro­
res de la antigua filosofía? Para disipar es·
pesas tinieblas no se necesita mas que opo­
nerles el resplandor de una viva luz. Este
es el método que se ha seguido en estos ele­
mentos. Un libro elemental no es una obra
polémica. Poner á la vista de los niños, so­
bre qualquiera materia que sea , muchos jui­
cios , muchas proposiciones que se contradi­
cen , es exponerlos seguramente al inconve­
niente de no saber á qué atenerse.
(a) Pensamiento. El pensamiento es aque­
lla operacion de la sustancia intelectual, por
la qual formamos la idea ó imagen de al­
guna cosa. Se puede mirar como una espe­
cie de discurso mental} es decir, como un
2 io N otas
discurso por el qual el entendimiento huma­
no conversa consigo mismo. En efecto, con­
sultemos nuestra propia experiencia, y re-
conocerémos la verdad de esta aserción de
Bernier (*) , u que siempre que pensamos , nos
»servimos tácitamente de las mismas pala;-
»bras que usaríamos quando expresásemos
w verbalmente nuestro pensamiento.”
(3) Razón. Se entiende por razón aque­
lla potencia del alm a, por la qual el hom­
bre se distingue del bruto, y es capaz de
inferir conseqüencias exáctas , de discernir
el bien del m al, lo verdadero de lo falso & c.
Todos los hombres están dotados de esta po~
tencia ó facultad, aunque no con la misma
extensión, proporcion y actividad, como se
advierte por la diferencia que hay de unos
hombres á otros. Pero esta diferencia y des­
igualdad de talento entre los hombres , no
debe considerarse únicamente como obra de
la naturaleza, sino particularmente como un
efecto de la cultura del entendimiento, la
qual consiste en el exercicio constante y
habitual del arte de pensar.
(4) Conocimientos especulativos y prácticos.
Entre los conocimientos humanos , los unos
puramente prácticos, tienen por único fin la

(*) Compendio de ia filosofía de (Jasen-


d o , tom. 1.
A LA PRIMERA PARTE. 211
execucion de alguna cosa; y los simplemente
especulativos se limitan al exámen de su ob­
jeto y de sus propiedades; finalmente, otros
sacan del estudio éspeculativo de su objeto,
el uso que puede hacerse de él en la prác­
tica. Y así la especulativa y la práctica es
lo que distingue principalmente las ciencias
de las artes. Pero como en la mayor parte
de nuestros conocimientos se reúnen la es­
peculativa y la práctica , no se sabe mu­
chas veces qué nombre darles; y en este
embarazo nos hallamos todos los dias en pun­
tos de lógica. tc ¡Quántas qüestiones y fati-
»gas no nos ahorraríamos (dice D* Alem-
»bert * ) si se fixase de una vez la signi-
»ficacion de las palabras con claridad y
»precisión! 9>
(5) La lógica natural es anterior á ¡a ar­
tificial , en el órden de la invención. En com­
probación de lo que acabo de decir en la
nota anterior, véase cómo discurre el filó­
sofo , cuya autoridad he citado. w N o se crea
»(dice), que la lógica artificial tiene el pri-
»mer lugar en el órden de la invención. El
»arte de discurrir es un don que la natu-
» raleza concede gratuitamente á los hom-
»bres de ingenio, y aun puede decirse que
»los libros que tratan de este arte solamen-

(*) Discurso prelim. de la Enciclop.


212 N otas
»te son útiles para aquellos que pueden pa­
usar sin ellos. Ha habido raciocinios exác-
»tos mucho antes que la lógica reducida á
»principios enseñase á distinguir los malos
» de los buenos , ó á paliar muchas veces
>Wos malos báxo de una forma sutil y arti-
»ficiosa.”
(6) Inutilidad de la lógica artificial, sin la
natural. Se verifica del alma lo mismo que
del cuerpo. Un hombre que tuviese natu­
ralmente las piernas torcidas y los pies ácia
dentro, jamas conseguiría baylar bien, por
mas lecciones que le diesen los mejores maes­
tros. Así también, el que careciese de cier­
ta rectitud natural de talento, en valde apren­
dería las reglas de la mejor lógica ; pues
nunca llegaría á formar ideas exáctas y
exéntas de ilusiones, ni á raciocinar metó­
dicamente y con conseqüencia.
(7) Concebir. Concebir ó imaginar una
cosa es retratar en el alma su verdadera ima­
gen , y mediante esta imagen representarse
mentalmente la cosa; como quando nos re­
presentamos el s o l, un árbol & c . , sin for­
mar sin embargo ningún juicio. La forma
báxo de la qual nos representamos las cosas
ó aquella primera y simple percepción de
ellas, se llama idea.
(8) Juzgar. Juzgar es asegurar de una
cosa lo que e s , ó lo que ño e s , dándole lo
que ie conviene, y quitándole lo que no le
A LA PRIMERA PARTE. 2 T3
conviene. Quando decimos que la tierra et
redonda y no quadrada , afirmamos su re­
dondez , y negamos que sea de otra figura·
Quando aseguramos que el hombre es un
animal y no un árbol, le damos lo que le
conviene, y separamos de él lo que no le
conviene.
(9) Raciocinar. Raciocinar es inferir de
una ó dos proposiciones, una conseqüencia
legítima , como quando decimos, usando de
la forma silogística:
El ser esencialmente ju sto , debe pre­
miar la virtud , y castigar el vicio.
Dios es el ser esencialmente justo :
Luego debe premiar la virtud , y cas­
tigar el vicio.
(10) Coordinar. Coordinar es disponer 6
enlazar con sencillez y claridad las ideas,
juicios y razonamientos , que formamos so­
bre qualquiera materia 5 y esto es lo que se
llama método.
( 1 1 ) Conocimiento. El conocimiento no es
sino la perfección de la unión ó de la opo-
sicion de la conformidad ó diferencia que
se encuentra entre dos ó mas ideas. En qual­
quiera parte donde se encuentre esta percep­
ción hay conocimiento, y falta de él en
donde no se encuentre.
(12) Percepción. La percepción es el sen­
timiento producido en el alma por la impre-
214 N otas
sion de un objeto, y en este sentido no se
diferencia de la idea. Es preciso observar sin
embargo que freqüentemente esta palabra
percepción la toman los filósofos en un sen­
tido activo ; y entonces significa la facul­
tad que tiene nuestra alma de percibir y
formar ideas.
(i 3) Término abstracto. Término abstrac­
to se llama aquel que es signo de una idea
abstracta ; por consiguiente , hay otros tan­
tos términos abstractos, como ideas abs­
tractas.
(14) Sustancia. Llámase sustancia todo
ente que subsiste por sí mismo y no nece­
sita de otro para existir ; siendo todo lo con­
trario el accidente , el qual necesita estar
aderente á un sugeto ó individuo. Y así
D io s , nuestra alma , nuestro cuerpo & c. son
sustancias, porque existen por sí mismas, y
no necesitan de otro sugeto para existir. Co­
mo no concebimos sino dos cosas que sub-
sistenpor sí mismas que son el cuerpo y el
espíritu , por consiguiente no hay mas que
dos especies de sustancias i conviene á sa­
ber , la corporal y la espiritual. La corporal,
es la que es extensa, sólida , divisible , y
cuya propiedad es la inercia. La espiritual,
es la que tiene la facultad de pensar , de
percibir, de querer , de raciocinar y de sen­
tir , es d ecir, de experimentar afecciones
sensibles ; v. gr. el ángel y el alma racional·
A LA PRIMERA PARTE. 215
(i$), Modo. Llámase modo una manera
de ser ó de existir que no puede subsis­
tir sin un sugeto, sin una sustancia en la
qual exista. Así el movimiento, la figura y
el color , son modos, porque necesitan de
un cuerpo, un sugeto, una sustancia para
existir; y este cuerpo , este sugeto y esta
sustancia, toman de estos modos su deno­
minación de movido , figurado, colorado & c .
Los modos se dividen en aparentes y ver­
daderos. Los aparentes son aquellos que mi­
ramos como modos, aunque no lo sean. El
cuerpo no se distingue de la extensión, y
el espíritu del pensamiento , pues que el
cuerpo no es otra cosa mas que la sustancia
extensa , y el espíritu la sustancia que pien­
sa. Sin embargo , nosotros consideramos el
cuerpo como el sugeto de la extensión , y
la extensión como el modo del cuérpo: el
espíritu como el sugeto del pensamiento , y
el pensamiento como el modo del espíritu.
Y a s í, la extensión y el pensamiento son
modos aparentes. Los verdaderos modos son
aquellos que no se pueden concebir sino en
las sustancias, óNcon respecto á las sustan­
cias de que son modos. Y así, la figura qua-
drada , el color encarnado, son verdaderos
modos, porque no pueden concebirse sin
la extensión ó sin el cuerpo de que son
modos. Entre los verdaderos modos , hay
unos que son internos, y otros externos. Los
216 N o t a s
internos son aquellos que se conciben en las
sustancias ; v. gr. el movimiento, el repo­
so y la figura. Los externos son los que de­
penden de alguna cosa que no está en las
sustancias; v. gr. amado, deseado, abor­
recido , estimado, despreciado & c . , que son
modos tomados en la acción de otros. Hay
modos que se pueden llamar sustanciales, y
son aquellos que nos representan verdaderas
sustancias , aplicadas á otras sustancias co­
mo modos y maneras de se r; por exemplo,
vestido , armado & c . , que son modos de es­
ta especie. En suma , llámanse modos ne­
gativos aquellos que representan las sustan­
cias con la negación de algún modo ver-»
dadero. Tales son la ignorancia , la injusti­
cia , que representan la sustancia que pien­
sa , con un defecto de ciencia, de justi­
cia & c.
( 16) Lo qué caracteriza la idea individual.
En la naturaleza no hay sino seres particu­
lares. Pedro , Pablo , este diamante , esta pie­
dra , este doblon de oro son otros tantos se­
res particulares, y lo mismo sucede con to­
do lo que existe en el universo. Los filóso­
fos les han dado el nombre de individuos,
porque no pueden dividirse sin dexar de ser
lo que son. Este diamante, por exemplo, si
se divide , ya no será el mismo diamante,
porque no tendrá el misino valor , ni el
mismo peso , ni las mismas propiedades·
A LA PRIMERA PARTE. 2 T7
Consiguientemente, si yo me represento un
ente real, y al mismo tiempo pienso en sus
qualidades particulares, en este caso la idea
que yo formo de este individuo, es sin­
gular.
(17) Comprensión y extensión de la idea
universal. Es muy importante distinguir bien
en la idea universal , la comprensión y la
extensión. Se entiende por comprensión de
la idea universal, los atributos que le son
esenciales , y que no pueden quitársele sin
destruirla ; el cuerpo organizado y el alma
racional, pertenecen á la comprensión de la
idea universal del hombre. La comprensión
de la idea universal del triángulo, incluye
extensión , figura, tres líneas , tres ángulos
é igualdad de estos tres ángulos á dos rec­
tos. Se llama extensión de la idea univer­
sal , el sugeto á que conviene esta idea y
que ella puede representar. César , Alexan-
d r o , Aristóteles, Cicerón , pertenecen á la
extensión de la idea universal del hombre.
La idea de un triángulo en general, se
extiende á todas las diversas especies de trián­
gulos. La idea universal puede limitarse,
por lo que mira á su extensión, sin que sea
destruida. Esta restricción se hace de dos mo­
dos : I. por otra idea distinta y determina­
da que se le agrega, como quando á la idea
general de hombre , se añade la de sabio:
11. por una idea indistinta é indeterminada
2i8 N otas
de partes que igualmente se le agregan. Y
así , añadiendo la idea de alguno á la de
hombre , se restringe su extensión ; y enton­
ces esta idea ya no representa sino un solo
hombre indeterminado.
(18) Genero. Los generos se forman de
las semejanzas de las especies. Quando ve­
mos , por exemplo , un doblon , observamos
su figura , materia y peso & c . ; formamos la
idea de este doblon y de sus propiedades , y
despues nos enseña la experiencia, que el
tal doblon no es el único que hay en el
m undo; por consiguiente, se excita en no­
sotros la idea de que todos los doblones son
semejantes. Observando asimismo que los du­
cados son semejantes, y que se diferencian
de los doblones por sus propiedades, tene­
mos una idea de la semejanza y diferencia;
y esto es lo que los filósofos llaman gene-
ro y especie. En el exemplo citado el do­
blon es una especie de moneda , y el du­
cado otra. Moneda es el genero. Y a s í , to­
dos los seres entre los quales observamos
qualidades comunes , nos han hecho formar
la idea abstracta y metafísica de genero. La
idea que tenemos de moneda, es por consi­
guiente la idea del genero con relación á
las diferentes especies de monedas.
(19) Especie. La diferencia de los indi­
viduos del mismo genero es lo que forma
las especies. Todas las monedas, por exem~
A LA PRIMERA PARTE. 219
p ío , convienen entre s í , en quanto son la
materia que nos sirve para adquirir todo
aquello que necesitamos ; pero entre las mo­
nedas unas son de o r o , otras de plata y
otras de cobre, grandes y pequeñas & c. $ y
esto es lo que constituye las diferentes es­
pecies· La diferencia que observamos entre
los individuos del* mismo genero, es por
consiguiente la que nos hace formar la idea
abstracta y metafísica de especie.
(20) Diferencia. La diferencia divide el
genero, y constituye y forma las especies·
£1 espíritu y el cuerpo son las dos espe­
cies de la sustancia, que es el genero. Es
preciso pues que haya en la idea de cuerpo
alguna cosa mas que en la idea de sustan­
cia ; y debe suceder lo mismo por lo que
pertenece al espíritu , porque si cada una
de estas dos especies de la sustancia , no
comprendiese sino lo que se comprende en
el genero, nunca pasaría de genero. Ahora,
p u es, la primera cosa que nosotros vemos
de mas en el cuerpo, es la extensión ; y en
el espíritu, el pensamiento; por consiguiente,
la diferencia del cuerpo es la extensión, y
la del espíritu el pensamiento; es decir , que
el cuerpo es una sustancia extensa , y el es­
píritu una sustancia que piensa.
(2 1) Formación de las ideas según los
Peripatéticos. Según estos filósofos la forma­
ción de las ideas se hace de quatro modos*
220 N otas
I. por composición, como la de un monte
de oro : 11. por ampliación, como la de un
gigante : 111. por diminución * como la de un
pigm eo: IV. por acomodacion y proporcion,
como la de una casa que no hemos visto,
y de la qual formamos idea por otra que
hemos visto.
(22) Sentidos. Llámanse sentidos los di­
versos órganos por los quales percibimos in­
mediatamente las cosas que existen fuera de
nosotros. Hay dos especies de sentidos in­
ternos y externos. Los internos , son los que
residen en el celebro. Los externos, son aque­
lla parte exterior del cuerpo , por la qual
somos afectados, de modo que ninguna otra
parte es capaz de afectarnos de la misma
suerte. Y así nosotros no vemos sino con
nuestros ojos, ni oímos sino con nuestros
oídos & c.
(23) Sensación. La sensación no es otra
cosa mas que la impresión que el alma re­
cibe de los objetos por los sentidos. Las sen­
saciones se dividen en afectivas y en re­
presentativas. Las puramente afectivas, son
las que son distintas ó separadas de la ima­
gen de los objetos, por exemplo, los olo­
res , el sonido, el sabor, el calor , el frió,
el placer, el dolor, la lu z , los colores & c .
Las representativas, son aquellas que nos
hacen percibir el tamaño de los objetos, su
form a, su figura , su movimiento, su re-
A LA PRIMERA PARTE. 221
poso & c. De estas dos especies de sensacio­
nes se forman todas nuestras afecciones, to­
dos nuestros pensamientos y todos nuestros
conocimientos naturales y evidentes.
(24) Reflexión. La reflexión es la acción
de nuestro entendimiento sobre sí mismo, ó
el conocimiento que el alma tiene de sus
propias operaciones y de su diferencia.
(2 O Idea adventicia. Esta palabra ad­
venticia viene del latin a d v e n i r e , llegar;
y por esta razón las ideas que adquirimos
de este modo, se llaman también inmediatas.
(26) Idea facticia. Esta voz facticia vie­
ne asimismo del latin f a c e r e , hacer, por­
que en efecto nosotros las formamos de las
ideas adventicias; y aun por lo mismo se
llaman mediatas.
(27) Idea abstracta. Esta palabra abs­
tracta se deriva igualmente del latin a b s -
t r a h e r e , separar una cosa de otra. Por la
abstracción consideramos en un sugeto la
sustancia sin el modo de se r, ó los modos
sin la sustancia , ó las relaciones sin pen~
sar en los modos ni en la sustancia. Hay
dos especies de abstracción física y metafí­
sica. La física , consiste en separar una idea
de otra , y considerar separadamente cada
una de las ideas diferentes que presenta la
idea total de un individuo. Así , quando se
presenta á nuestra vista un objeto determi­
nado , inmediatamente percibimos su tamañc,
222 N otas
figura, movimiento & c . , que son otros tantos
objetos diferentes que podemos exáminar se­
parada é independientemente unos de otros,
pensando , por exemplo, en el movimiento,
sin penáar en la figura & c. Y recorriendo
sucesivamente todas las ideas que este, ob­
jeto presenta á nuestra consideración , le da­
mos en nuestro espíritu, por medio de la
abstracción, una realidad é existencia ideal,
que efectivamente no tiene.
La metafísica consiste en separar de la
idea de un individuo lo que tiene de co­
mún con otros, y en formar de aquí una
idea común á todos, la qual no representa
ya ningún individuo, sino únicamente los
caractéres por los quales los diversos seres
se semejan. Si separamos de la idea partí*
cular de un hombre determinado , por exem­
plo , Pedro, todo lo que tiene de propio ó
accidental, y no conservamos sino aquello
en que se semeja á los demas hombres que
conocemos, en este caso resulta la idea del
hombre en general. Si no fixamos la aten­
ción mas que en la vegetación, movimien­
to , sentimiento & c . , adquirimos la idea mas
general de anim al; y si nos limitamos á no
considerar en el hombre y los animales mas
que la disposición de las partes físicas que
sirven á la vegetación , formamos la idea
aun mas general de cuerpo organizado que
convendrá á los hombres, á los animales y
A LA PRIM ERA PARTE. 223
á las plantas. En suma, si dexando aparte
la idea de organización , no consideramos
mas que la extension y solidéz, adquirimos
la idea mas universal, de cuerpo en general,
igualmente, que haciendo abstracción de la
extension sólida sin detenernos solamente en
la existencia, formamos la idea mas gene­
ral de todas, que es la de ente.
Las ideas que adquirimos por la abstrac­
ción física, pueden ser simples y compuestas.
Son simples , quando no nos representan sino
un solo objeto indivisible. Las únicas ideas
simples que hay , consideradas cada una de
por s í , son las ideas abstractas de los mo­
dos ; y tales son las de color, sonido, gus­
to , extension , solidéz , movimiento & c . Pe­
ro las ideas abstractas de sustancia y de re­
lación , siempre son compuestas , lo mismo
que la de los modos mixtos, como la ver­
dad , el honor , la g lo ria , la virtud & c.
Las ideas abstractas metafísicas , se lla­
man igualmente generales ó universales, por­
que no nos representan sino lo que es co­
mún á muchos seres , haciendo abstrac­
ción de lo que es particular á cada uno de
ellos.
(28) Idea exemplar. Hemos dado un nom­
bre á esta idea abstracta, y llamado círcu­
lo , por exemplo, á toda figura, cuyas lí­
neas tiradas del centro á la circunferencia,
son iguales ; por consiguiente , los entes par-
224 N o t a s
ticulares son los que excitan en nosotros las
ideas ejemplares.
(29) Idea accesoria. Se entiende también
por idea accesoria todo aquello que, tenien­
do alguna relación con una cosa , no es sin
embargo esencial á ella en quanto al modo
actual de considerarla, ni tampoco necesa­
rio para la inteligencia del predicado que
se le atribuye; y en este sentido la idea
accesoria, es aquella que representa lo opues­
to de lo que constituye esencialmente la cosa
de que se trata.
(30) Idea clara. Lo que distingue un objeto
de otro, según los Wolfianos, son los dife­
rentes lineamentos y señales que se encuen­
tran en un objeto , y que no se hallan en los
demas de la misma especie. La presencia de
estos lineamentos ó caractéres , nos hace dis­
tinguir el objeto en que ellos se hallan, de
los que no los tienen. De este modo distin­
guimos por la simple vista el hombre de la
m uger, la rosa del jazmín & c.
(31) Quales son los objetos de que podemos
tener ideas distintas. Supuesto que la idea
distinta consiste en percibir los lineamentos
y caractéres , por los quales un objeto se
distingue de o tro , de modo que podamos re­
presentárnoslos separadamente , y hacer de
ellos una enumeración: se sigue que pode­
mos muy bien tener ideas claras de los ob­
jetos simples sin que las tengamos distintas.
A LA PRIMERA PARTE. 22§
Y a s i, aunque discernamos claramente cada
una de nuestras sensaciones de por s í, sin
embargo nos es imposible definirlas.
(32) Discernimiento, Por discernimiento
se entiende la . facultad de distinguir bien
las cosas , y juzgar sanamente de ellas. Con­
siguientemente el discernimiento es de dos
modos , directo y reflexivo. £1 primero, con­
siste en percibir simple y directamente en
toda su extensión una idea , y en no confun­
dirla con otra. El segundo, consiste en per­
cibirla con cierta reflexión tácita que nos
hace reconocer que esta idea no es ningu­
na de aquellas que podrían presentarse á
nuestro espíritu. Aquel no es otra cosa mas
que la percepción de una id e a , considera­
da como ella es en s í ; y éste no es mas que
lo que se llama \juicio 9 esto e s , la percep­
ción de una idea considerada por la rela­
ción que tiene con otra qualquiera con quien
puede ser comparada.
(33) Atención. La atención es aquella
©peracion de nuestra alma con que apli­
cándose á un objeto compuesto de tal mo­
do considera alguna de sus partes,que llega
á adquirir una idea clara y distinta de ella·
Quando la atención ó la tenaz aplicación de
nuestra alma en el exámen de algún obje­
to exterior, es fuerte y sostenida, el conoci­
miento que entonces adquirimos de este ob­
jeto , es tan íntimo, que absorve, por de-
226 No TAS
cirio a s í, todos los demas , y aun parece que
él solo ocupa todas las facultades de nuestra
alma.
( 34) Observación. Nadie duda de la uti­
lidad de la observación, pero comunmente
impiden su efecto dos poderosos obstáculos;
conviene á saber , la precipitación del juicio
y la preocupación. La precipitación, es el ori­
gen de todas las combinaciones falsas, de
todas las inducciones imperfectas , y de to­
das las ideas vagas con que complicamos los
objetos que todavía no conocemos sino s u ­
perficialmente. La prevención ó preocupación,
no es menos contraria al espíritu de obser­
vación. Quando estamos imbuidos de un sis-
téma particular, solemos interpretar todos los
hechos según nuestro sistéma favorito, no«
hacer caso de las circunstancias que son po­
co compatibles con los principios que hemos
adoptado, y detenernos por el contrario de­
masiado en las que parecen convenirle.
(35) Experiencia. La experiencia es el
conocimiento que se adquiere quando se exá-
minan atentamente las cosas que se presen­
tan á nuestros sentidos. De esta definición
se sigu e, que la experiencia y la observa­
ción son inseparables; ésta moviendo nues­
tra curiosidad , nos conduce á la experien­
cia : y alternativamente aquella nos condu­
ce á la observación por medio de la curiosidad
natural que está inquieta hasta satisfacerse·.
A LA PRIMERA PARTE. 22^
. La experiencia supone por principios : I. el
conocimiento histórico de su objeto , porque«
sin este conocimiento, es imposible propo­
nerse un fin : II. la capacidad de distin­
guir y diferenciar todas las partes de este
objeto: III. un espíritu capaz de reflexionar
sobre todo lo que es digno de observarse, de
pasar de los fenómenos á sus causas , de lo
conocido á lo desconocido, de profundizar­
lo to d o , y de penetrar los misterios de la
naturaleza en el modo con que ella se pres­
ta á revelárnoslos.
(36) Evidencia rigurosa. La evidencia
Consiste en tener ideas tan claras y distin­
tas de los objetos, que estemos tan afectados
de ellas, como de nuestras propias sensacio-
nes actuales. Es la luz del entendimiento
que resplandece por sí misma, bien así co­
mo la del sol que no necesita de otro auxi­
lio extraño para iluminar nuestra vista. La
evidencia rigurosa ó propiamente dicha , tie­
ne , por consiguiente , todos los requisitos
necesarios para ser la primera regla de to­
das las verdades filosóficas.
(37) Evidencia moral. La evidencia mo­
ral es aquella que no produce sino una cer­
teza m oral; quiero decir, aquella cuyas ra­
zones, aunque insuficientes en sí mismas y
tomadas en particular , son no obstante bas­
tante fuertes en virtud de su reunión , pa­
ra disipar nuestras dudas y determinar núes-
228 N o t a s
tro juicio. Esta segunda especie de eviden­
cia no es propiamente mas que una proba­
bilidad tan grande , que obliga á todo hom­
bre prudente y sabio á pasar por ella , en
todos los casos en que no puede llegar á la
evidencia rigurosa. Es de evidencia moral,
por exemplo, que existe una ciudad, llama­
da R om a; lo contrario no implica contra­
dicción , pues , rigurosamente hablando, es
posible que aquellos que dicen haberla visto,
esten de acuerdo para engañarnos, que los
libros que tratan de Roma se hayan hecho
á este fin , y que los diferentes monumen­
tos que tenemos de ella sean supuestos. A
pesar de esto sería una demencia no creer
que Roma existe, únicamente porque las prue­
bas que tenemos de su existencia , no son
susceptibles de una demostración matemática.
(38) Hipótesis. La hipótesis se toma en
tres diferentes acepciones, y significa: I. su­
posición de una cosa , sea posible ó impo­
sible , de la qual se deduce una conseqüen-
cia : II. un orden de cosas que se imaginan
y suponen para llegar mas fácilmente á la
aplicación de ciertos fenómenos ; lo que por
otro modo se llama sistéma: y III. una pro-
posicion particular comprendida en la tesis
general.
(39) Cinco especies de probabilidades. Hay
cinco especies de probabilidades que tienen
sus diferentes grados, es á saber: 1. la pro~
A LA PRIM ERA RARTE. 229
habilidad1 histórica : II. la hermenéutica:
111. la física: IV . la política : V. la práctica.
Probabilidad · histórica. La probabilidad
histórica se funda en el testimonio ageno,
y depende d e 1 la autoridad de los testigos,
como de la naturaleza de los hechos. Para
asegurarse del grado de probabilidad que re­
sulta de la .autoridad de los testigos , es
preciso atended á su discernimiento, á sus
lu ces, á sus intenciones , y á las circuns­
tancias en que se han hallado; v. gr. si han
sido capaces. de observar, bien; si han te­
nido todo el tiempo, toda la libertad y to­
dos los auxilios necesarios ; si han sido tes­
tigos oculares ó auriculares , contemporáneo?
ó posteriores ; si han tenido ios talentos, las
luces y la tranquilidad necesaria para no
engañarse ni ser engañados ó seducidos;
si las preocupaciones de la infancia , de la
educación, de la nación , de la autoridad & c.
no los han violentado á la persuasión ; si
han sido gentes, de buena fe y reputados por
tales; si crédulos ó desconfiados; si han te­
nido miras de interés ó ambición en las de­
claraciones que han d ad o ; finalmente, si
han sido capaces de dexarse arrastrar de al­
guna pasión violenta. Las circunstancias va­
rían según los tiempos, los lugares , las per­
sonas y la naturaleza de los hechos.
y Probabilidad hermenéutica. La probabili­
dad hermenéutica conduce á descubrir, á
230 N o t a s
comprender, á interpretar las palabras, los*
discursos , las opiniones de otros , y el ver«<
dadero sentido de los autores que se leen.
Este arte importante está fundado en las re-t·
glas que vamos á indicar : I. comprender
bien la lengua en que ha escrito el autor·
que se quiere interpretar, los usos* y siste­
mas de su tiempo, su objeto, sus opinio­
nes y su carácter : 11. poner el mayor cui­
dado en lo que precede y se sigue al pa-*
sage que se interpreta : III. desconfiar de'
los sistémas propios, porque seducidos los
hombres por la opinion que han abrazado,
y que se proponen defender, no ven e a
un autor, sino lo mismo que buscan·
Probabilidad física. La probabilidad f í-
sica es el arte de llegar desde el conocimien«
to de los fenómenos al de sus causas, ó de
ascender de las experiencias á la explicación
de lo que se ha observado y de lo que ha
sucedido. Por consiguiente, es necesario jun­
tar todos los fenómenos , compararlos, ha­
cer experiencias exáctas y reiteradas , des­
cubrir las causas posibles, ver aquellas que
corresponden mejor á las circunstancias , y
que explican mas naturalmente los princi·»
pales fenómenos: consultar, en un a pala­
bra , la analogía , pues en ella se fundan
todos nuestros conocimientos físicos. ¿
Probabilidad política. Por la probabilidad
política se procura deducir el conocimiento
A L A P R I M E R A PARTE.
del carácter de un hombre examinando su*
acciones. Este conocimiento es necesario en
todo el curso de la vida , principalmente pa­
ra aquellos que están destinados á la ad­
ministración de los negocios públicos. Las
mas .veces nos engañamos , por no haber
conocido á fondo el carácter de las personas
con quienes tratamos, de lo que se siguen
graves daños. Los medios de llegar á este
conocimiento importante, so n : conocer el
mundo y meditar profundamente sobre todo
lo que. en él pasa , hablar poco y hacer
hablar mucho á los demas , observándolos
atentamente, sobre todo en ciertas circuns­
tancias decisivas , y procurando descubrir los
motivos que los determinan ó impelen á
obrar.
Probabilidad práctica. La probabilidad
práctica nos conduce á congeturar ó preveer
con mas ó menos certeza lo que ha de su­
ceder. El sabio que prevee los acontecimien­
to s, rara vez se sorprende ó intimida, por­
que siempre tiene su alma dispuesta y pre­
parada para recibirlos. Este conocimiento
probable de lo venidero, se adquiere por la
analogía , por lo que ha sucedido en casos
semejantes , y por la combinación éxácta de
los acaecimientos pasados.
232

NOTAS A L A SEGUNDA PARTM.

( 1 ) Comparación. Todo ente que subsis­


te por sí mismo, tiene sus qualidades bue­
nas ó malas y sus relaciones. Nuestro en­
tendimiento se ocupa naturalmente en des­
cubrirlas , siempre que concibe la represen­
tación ó imagen de alguna sustancia , y aun
se puede decir que no exerce sino en este
objeto la facultad que tiene de percibir. Tan
pronto compara una sustancia con otra pa­
ra juzgar de sus mutuas relaciones , tan
pronto compara una sustancia con sus atri­
butos y propiedades. Esto supuesto, percibir
las relaciones y diferencias entre las ideas
que se comparan, es lo que se llama ju z -
gar.
(2) Conveniencia y disconveniencia de las
ideas. Todo juicio se funda en la conve­
niencia ó disconveniencia de las ideas que
se quieren unir ó separar. Se entiende por
conveniencia la relación , conformidad y
conexion que hay entre dos objetos; y por
disconveniencia , la falta de relación, con­
formidad y conexion que se halla entre los
objetos. Hay quatro clases de conveniencias
y disconveniencias : I. conveniencia de iden­
tidad : 11. de relación : 111. de coexistencia
ó de no coexistencia en el mismo sugeto:
IV . de existencia real y actual. L a conven
A L A SEGUNDA PARTE. 233
niencia de identidad de una idea con otra,
consiste en que un objeto de nuestro pensa­
miento , formado por el primer acto del en­
tendimiento , sea el mismo que el objeto for­
mado por el segundo ; de suerte , que el
entendimiento no encuentre diferencia algu­
na entre el objeto de estos dos actos. S i , por
exemplo, el objeto de nuestro pensamiento
es el numero dos , y por un acto segundo,
el objeto de nuestro pensamiento es también
el número dos , conocemos y juzgamos que
dos es dos. Este es el primer paso y el
exercicio mas simple de que es capaz el en­
tendimiento humano en el acto de pensar.
Quando nuestro entendimiento por un acto
segundo nos representa un objeto diferente
de aquel que es representado por el acto
primero , juzgamos en tal caso , que el un
objeto no es el otro. S i , por exemplo, en el
segundo acto nos representamos el número
tr e s , despues de habernos representado en
el primero el número dos , percibimos que
tres no son dos , como dos no son tres.
La conveniencia de relación no es mas
que la perfección de la relación que hay
entre dos ideas de qualquiera especie que
sean , sustancias, modos & c. Y a s i, dos es
dos , tres es tres , tienen una relación de
conveniencia; porque en las dos proposicior-
nes $e halla el mismo objeto formado por
dos diferentes actos del entendimiento. Toda
234 N otas
da diferencia que se encuentra éntre ía* con­
veniencia de identidad y la de relación , con­
siste en que la una tiene una identidad nu­
mérica, y la otra una identidad especifica
ó de semejanza. La primera se indica en
esta proposicion , el circulo a , es el circulo a ;
y la segunda en ésta , el círculo a es el mis­
mo que el circulo b.
La conveniencia de coexistencia ó no
coexistencia en el mismo sugeto , pertenece
principalmente á las sustancias. Y a sí,q u a n -
do afirmamos que el oro es inalterable, de­
cimos que tiene la propiedad de resistir al
fuego sin alterarse, y esta es una idea que
acompaña siempre á la substancia que llama­
mos oro. La convenienci de existencia ac­
tual y real , conviene á alguna cosa que
existe en nuestra mente, como es la de esta
proposicion : Dios existe. Aquí se expresa
una conveniencia de existencia actual y real·
(3) Afirmación· Esta palabra afirma­
ción sirve para significar el estado del al­
ma que ve y siente que una idea está com­
prendida en o tra ; como la de bondad en la
idea de Dios , la de desorden moral en la
de* mentira. Por consiguiente , solo puede
caber la afirmación en quanto tenemos dos
id eas, á lo menos en nuestro entendimiento,
denlas quales la una contenga la otra.
(4 Y Negación. Esta palabra negación sirve
para significar el estado del alma que ve que
A L A SEGUNDA. P A R T E . 235
ana idea no está comprendida en otra , co­
mo Ja de injusticia, en la idea de un ser
esencialmente perfecto. La negación supine,
igualmente que la afirmación , una compa­
ración que hace el entendimiento de dos
ideas que mutuamente se excluyen , y no
puede tener lugar sino en quanto vemos ó
creemos ver la una excluida por la otra·
( 0 Quatro especies de sugetos. Hay qua-
tro especies de sugetos : 1. sugeto simple,
así en el singular como en el plural; II. su­
geto multíplice: 111. sugeto complexo : y
IV . sugeto enunciado por varias palabras
que forman un sentido total y que son equi­
valentes á un nombre. El sugeto simple se
'enuncia en una sola palabra: salió el sol,
el s o l es el sugeto simple en el singular:
los astros brillan , los a s t r o s son el sugeto
simple en el plural.
E l sugeto es multíplice quando para abre­
viar se da un atributo común á muchos ob­
jetos diferentes : la fe , la esperanza y la
caridad , son tres virtudes teologales. Estas
tres palabras , la f e , la esperanza y la ca­
ridad , son el sugeto multíplice , al qual se
<Ja un atributo común , diciendo : son tres
virtudes teologales. Sería muy largo de ex­
presar , si se dixese : la fe es una virtud teo­
logal , la esperanza es una virtud teologal, y
la caridad es una virtud teologal. Mucho mas
corto es reunir estas tres palabras para aña-
936 N v T A S
dirías despues un atributo que* les es común·
El sügeto es complexo quando está acom­
pañado de algún adjetivo ó algún otro mo­
dificativo. Si digo: Alexandro hijo de Fili -
po venció á Darío , el sugeto es simple aun­
que complexo, y las palabras hijo de Filipof
son las que le constituyen tal. Como las len­
guas no son suficientes para expresar por
medio de un nombre particular , cada idea
ó pensamiento de los que se nos ocurren, es
necesario recurrir á la perifrase. Por exem-
plo , malograr la ocasion , regularmente es
perderla para siempre. El sugeto, se anuncia,
según se v e , en muchas palabras que for­
man el sentido total malograr la ocasion ; y
deteste sugeto es de quien se dice regular­
mente es perderla para siempre. :
(6) Certeza. Esta es la especie de certe­
za á que han llamado los filósofos, certeza
de sugeto ; y consiste en la firmeza del asen­
so que prestamos á una verdad qualquiera.
Para que esta certeza sea racional, debe ser
siempre proporcionada á la fuerza de los mo­
tivos que la producen , pues de lo contrario
no se distinguiría de la obstinación con que
á veces sostenemos los errores mas extrava­
gantes.
(7) Fe y evidencia. La fe y la evidenr
cia constituyen la certeza del ju ic io , ó lo
que los filósofos llaman certeza objetiva. La
fe nos tenseña verdades que no pueden ser
A LA SEGUNDA P A R T E .
cortbcidas por las luces de la razón. La evi­
dencia se limita á los conocimientos pura­
mente naturales. Estamos ciertos con certe­
za objetiva , de que hay un Dios en tres
personas , porque la fe así nos lo enseña;
como también que el circulo es redondo , por­
que es una verdad fundada en la eviden­
cia & c. & c .
- (8) Revelación· Se da el nombre de re­
velación al acto de la voluntad de D io s, por
la qual se ha dignado manifestar á los hom­
bres , por medios extraordinarios, las ver­
dades que *pertenecen á su culto y atribu­
tos , como igualmente sus esperanzas y obli­
gaciones. Esta revelación se puede comuni­
car de diferentes modos: si se hace por una
acción inmediata de Dios sobre el entendi­
miento humano, se llama inspiración, ilu­
minación divina . Tal es la revelación hecha
á los Profetas y Apóstoles , que no sola­
mente nos transmitieron las verdades de la
religión , sino que establecieron su misión
con milagros. Esta comunicación se hace de
viva voz y por escrito; y así los libros sa­
grados son el depósito de la revelación,
quiero decir , de las verdades religiosas que
debemos creer y que deben ser la regla de
nuestra conducta. Esta revelación era nece­
saria por la corrupción de los hombres.
(9) Razón. La razón no se nos ha dado sino
para que nos sirva como de antorcha y guia«
^38 N o t a s · ’
Todo lo que es. conforme á ella es necesa­
riamente cierto, y nosotros debemos mirar­
lo como tal.> Lo contrario sería engañarnos
el mismo Dios , y hacernos víctimas de sus
:dones; lo que repugna á la idea de un ser
esencialmente perfecto , justo y benéfico. Por
el contrario., todo lo que se opone á la ra­
zón , es necesariamente falso; y nosotros de­
bemos reputarlo como tal sin el menor te­
m or ó receló·
(10) Certeza de motivo. Esta certeza no
es mas que la conexion del motivo en que
se funda nuestra persuasión con la verdad
de la proposicion que creemos ; y quanto
mas fuerte es esta conexion, menos suscep­
tible es de error nuestro juicio.
( n ) Error. El error consiste en la opo-
sicion de nuestras ideas con la verdad , y
jse encuentra igualmente én nuestras percep­
ciones , juicios y raciocinios. Nosotros erra­
mos siempre que nos representamos las co­
sas de diferente manera que son en sí,
siempre que unimos dos ideas que no con­
vienen mutuamente, ó las separamos quan-
do convienen; en suma, siempre que saca­
mos una conclusión de dos proposiciones que
no se deducen necesariamente una de otra.
Son tantas las causas de nuestros errores,
que es imposible referirlas todas. Las unas
.son internas, y las otras externas. Las pri­
meras proceden de nuestra alma ó de núes-
A LA SEGUNDA P A R T E · 239
tro* cuerpo. Tales son : I. ía debilidad y
■poca capacidad de nuestras facultades inte­
lectuales , y el deseo extravágante de que­
rer conocerlo to á ó : II. la falta de volun­
tad propia : y IIL· nuestras pasiones y cos­
tumbres. Estas diferentes causas de nuestros
errores provienen del alm a; los que provie­
nen del cuerpo, -Son i I. su pesadéz ó inercia
n atu ral: II. el temperamento: 111. la ima­
ginación : y· IV . los sentidos. Las causas ex­
ternas son : I. nuestros parientes: 11. nues­
tros maestros : IH. los libros: y IV. la na­
ción á que pertenecemos. * Cómo podrémos
preservarnos de todos los errores quando nos
es tan difícil conocer sus causas?
(12 ) Verdad. Se debe entender por ver­
dad la relación ó conveniencia de nuestras
ideas con sus objetos, la conformidad de nues­
tros pensamientos con la naturaleza misma
de las cosas. Hay dos suertes de verdades:
verdades reales, y verdades puramente es­
peculativas ó ideales. Las verdades reales
son aquellas que consisten en las relaciones
exactas y evidentes que tienen los objetos
reales con las sensaciones que causan. Las
‘ideales son aquellas que no consisten sino en
las relaciones qfue- las sensaciones tienen en­
tr e d i , separadamente de los objetos reales
de estas sensaciones. Tales son : las verda­
des metafísicas , geométricas , lógicas , con­
jetu rales que se deducen de ideas facticias,
240 N o t a s *
6 de ideas abstractas generales. Los sue<-
Üos, el delirio , la locura, producen también
verdades ideales, porque en estos casos el
entendimiento no se decide del mismo mo­
do que quando se decide por las relacio­
nes que tienen entre si las sensaciones de
que está afectado. Un hombre que sueña que
está solo en un bosque , y ve á su lado un
león , tiembla y resuelve idealmente subirse
á un árbol para ponerse á salvo. El enten­
dimiento de este hombre saca conseqüencias
exáctas de sus sensaciones, pero estas sen­
saciones no son menos falsas relativamente
¿ los objetos que representan.
La verdad, igualmente que el error, se
encuentran recíprocamente : 1. en nuestras
ideas: II. en nuestros juicios : y 111. en
-nuestros raciocinios. Se encuentra en nues­
tras ideas , quando representan las cosas co­
mo son en s í ; de donde se sig u e , que la
verdad en las ideas es unas veces física y
otras moral. La física consiste en la justa
relación de nuestras sensaciones con los ob­
jetos físicos: lo que sucede quando estos ot>-
,jetos nos afectan del mismo modo que á
todos los demás. La moral consiste en U
exáctitud de las relaciones que vemos , ya
sea entre los objetos morales, como entre
los objetos y nosotros. La verdad se en­
cuentra en nuestros juicios quando afirma­
mos ó negamos lo que debe ser negado ó
A LA SEGUNDA PARTE. 241
afirmado. En suma , la verdad se encuen-«
tra en nuestros raciocinios quando los prin­
cipios contenidos en las premisas son verda-
deros , y se deduce naturalmente la conse-
qüencia. ■. ;
Hay cierta série y órden entre las ver->
dades. Las unas son simples , y las otras
compuestas· Las verdades que no dependen*
de ninguna otra , son las mas simples y la#
primeras. Las que solamente dependen d&
las primeras , son verdades de segundo ór-f
d en , ó seguridas verdades; y aquellas que
dependen-de las primeras y segundas, son*
las terceras ó las verdades de tercer gra-
do & c. Las verdades son tanto mas com­
puestas , quanto dependen de mayor núme­
ro de otras.
(13) Duda* La. duda es aquella disposi­
ción del entendimiento que reusa formar ju i­
cio sobre una proposicion , cuya verdad le
es desconocida. Esta suspensión de juicio,
este estado del entendimiento por el que no
pos atrevemos ni á afirmar ni á negar , es lo
que se llama época ó. suspensión: principio
estéril entre los Scépticos , que se conten­
taban can destruir sin edificar, infatuados
con el sistéma de una duda universal; pero
principio fecundo y origen de luz y verdad
para los verdaderos filósofos que quieren evi­
tar las preocupaciones y errores en la sen­
da de la investigación de la verdad· Pero
242 . N ota s \
na se ha de confundir la duda con la< ig -;
norancia, pues la duda supone un exámenr
profundo é imparcial, y el que duda por-,
que no conoce las razones de. credibilidad,,
no es mas que un ignorante. Hay dos es­
pecies de dudas : 1. la metódica: 11. la efec­
tiva. La metódica es aquella por la quai el
entendimiento suspende su juicio ó asenso
sobre verdades que no le son perfectamente
conocidas, á fin de juntar pruebas que las
bagan inaccesibles á todos las argumentos
contrarios. La efectiva es .aquella por la que
el entendimiento está suspenso entredós pro­
posiciones contradictorias , sin tener mas mo­
tivo para inclinarse á una- que á otra. La
duda metódica es la de Descartes y sus dis­
cípulos , que solo dudan para afirmarse me­
jor en sus conocimientos. De este modo du­
dan todos los verdaderos filósofos, y de esta,
duda nace la verdadera luz ; de modo, que
puede decirse que es el primer paso ácia la
verdad.
La duda efectiva es la de los Scépticos,
que dudando de todo , persistían siempre en
esta duda : sistema de tinieblas que nos ale·
xa de la verdad en vez de acercarnos á ella·
(14) Opinión. Esta palabra opinion sig­
nifica el estado de nuestra alm a, por lo que
mira á una proposicion que no está sufi­
cientemente probada para quitar toda sospe­
cha de que sea falsa. Es fácil conocer en
A L A S E G U N D A PARTE. 243*
qué se diferencia de la ciencia· Quando to­
das las razonen se reúnen* en favor de una
aserción , considerada báxo de todas sus re­
laciones ;·.y qnarido en el'exámen de éstas
relaciones no se encuentra ninguna que la>
contradiga , en tal caso hay- la ciencia de
esta verdad , y la prestamos nuestro asenso*
con entera confianza. A l ^contrario sucede en*
la opinioñ, porque aunque hay razones.paxi
ra suponer la verdad de una proposicion*
las hay también ^para suponer la falsedad·!
E l temor ó recelo de que sea falsa, se fan-í
da en el conocimiento ímiúio de nuestra ig­
norancia , y de lo que nois falta que saber
para aseguramos .de su verdad« La opiniom
puede ser por consiguiente verdadera ó falsa,
según se conforme mas ó menos con lo. que
es. Pero gquál es entonces el estado de núes-,
tro entendimiento? N o duda Teaimente , si«,
no que mira la proposicion como verdade­
r a , aunque con recelo de que sea falsa.
(15) 1Juicio temerario. Se entiende por
juicio temerario aquel que no se funda en
conocimientos suficientes, ni ideas claras y>
exactas. Y a s i, siempre que juzgamos de los
objetos, no por lo que realmente son , si*
no por lo que nos parecen s e r , formamos
juicios temerarios.
*44
NOTAS A X A TERCERA PARTE.

. ( i ) Relación· Se entiende por relación lo


que es una cosa con referencia á otra con
que se compara f v . gr. la que hay entre el
criador y la criatura, un padre y su hijo,
un sabio y un ignorante, un rico y un po­
bre , un fuerte y un débil & c. Estas es­
pecies de delaciones se fundan en la exis­
tencia de los seres y de los individuos, en
la extensión de sus fuerzas 9 en su situación
respectiva , en el tiempo de su existencia
y duración , en la naturaleza de sus accio­
nes , y en los efectos que estas producen.
, (2) Conexion. Esta palabra conexion, sig­
nifica conveniencia , conformidad ; y se di­
ce igualmente de la especie de encadena­
miento y relación que ciertas cosas tienen
entre sí. Los filósofos distinguen entre co­
nexiones y relaciones. Llaman conexiones,
las semejanzas ó diferencias que percibimos
entre las ideas simples, sin que el objeto
de la una influya ó pueda influir en el es­
tado de la otra , sino precisamente sobre
el juicio que formamos. Quando digo, por
exemplo, trer. es la tercera parte de nueve;
indico la diferencia que hay entre estos dos
números. Doy á conocer la conexion , pero
no presento dos entes de los quales uno in­
fluya ó pueda influir sobré el estado del
A LA TERCERA PARTE. 3 4S
otaro.Quando digo i asimismo, Dios es justo,
expreso la conexion que hay entre la idea
de Dios y la de justo, y no presento aquí
dos seres, de los quales uno influya ó pue­
da influir sobre el estado del otro. Las co­
nexiones son , por consiguiente, las conve­
niencias ó disconveniencias, las semejanzas
ó diferencias que el entendimiento percibe
entre las ideas que compone , cuya ciar '¿r-
cepcion constituye lo que se llama ju>»*o ó
razonamiento.
Por el contrario , los filósofos llaman re­
laciones á las semejanzas ó diferencias, y í
la situación respectiva de los seres indivi­
duales , en conseqiiencia de las quales el uno
ha influido , influye ó puede influir en el
modo de ser del otro.
(3) Identidad. La identidad es lo que
hace que dos ó muchas cosas no sean sino
una , y estén comprendidas báxo de *tma:
misma idea. Pueden distinguirse tres espe­
cies de identidades : 1. identidad de sustan­
cia : II. de naturaleza : y 111. de semejan­
za. La identidad de sustancia se halla en
las partes de un ser individual ; la de na­
turaleza entre dos seres que son de la mis­
ma especie ; y la de semejanza entre dos ob­
jetos que tienen los mismos atributos y los
mismos modos ó maneras de ser.
( 4) Question. Se puede definir la ques­
tion en general un problema que se b& de
246 N otas ·, ,
resolver, y cuya verdad ó falsedad se trata»
de averiguar. Todas las qüestiones son: de
voces ó de cosas. Las qüestiones de voces*
son aquellas en q u e , por medió de las pa<*
labras, se buscan las cosas $ v. gr. las que
tienen por objeto descubrir el sentido y sig­
nificación de un enigma , ó explicar lo que
ha.querido decir un autor con palabras obs­
curas y ambiguas. Las questioneS de cosas
son aquellas que solo se refieren á la sus­
tancia misma de los asuntos. La principal
regla que se ha de observar en el discurso
ó razonamiento , es determinar bien el es­
tado de la qüestion , evitando cuidadosamen­
te el equívoco en el sentido y en las pala-«
bras.
(5) Corolario. Por corolario se entiende
una conseqüencia sacada de una proposicion
propuesta ó demostrada. Y a s í, estas dos pa­
labras corolario y conseqüencia , son sinóni­
ma»
;(6) Petición de principio. La petición de
principio no e s . mas que recurrir en diver­
sos términos á la misma cosa que acaba de
ponerse en. qüestion , ó expresar en los pro­
pios; términos la misma pregunta.
(7) Argumento. Esta palabra argumento
ae:toma en dos diferentes acepciones, tanto
en lógica como en r*tórica. A veces signi­
fica, lo que llamamos razonamiento. Y así se
dice | que el silogismo es el argumento de
A L A TERCERA P A R TE . 247
los lógicos , y el entimema el de los ora­
dores.

NOTAS A LA QUARTA PARTE.

(1) Análisis metafísica. Se entiende por


analisis metafísica la operacion del entendi­
miento , el qual por abstracción descompo­
ne una idea compuesta , y la resuelve en
todas las ideas parciales que contiene; ya
sea con la mira de formarse una idea dis­
tinta de un sugeto , considerando separada­
mente cada una de las ideas simples é in­
dividuales que puede ofrecerle este mismo
sugeto, ó ya para formar ideas generales y
universales que convengan á muchos objetos
diferentes.
(2) Todo. Hay dos especies de todo: I. un
todo se compone de muchas partes realmente
distintas , llamado en latin totum, cuyas par­
tes se denominan partes integrantes. Y así,
una casa tiene sus habitaciones , una ciu­
dad sus barrios, un reyno sus provincias,
un hombre su cuerpo y alma , el cuerpo
sus miembros & c . : II. otra especie de todo
es el que Jjos latinos han llamado omne 9 cu­
yas partes se llaman partes subjectivas ó in­
feriores $ porque este todo es un termino
comun ,- y las partes son los sugetos com­
prendidos báxQ de su extensión. Animal es un
248 N otas
todo de esta naturaleza , cuyós inferiores
hombre y bestia , comprendidos báxo de su
extensión , son las partes subjcctivas.
(3) Principio. Esta palabra principio se
toma en dos sentidos: ó como la razón de
la existencia de otra co sa, ó como la pro­
posicion que sirve para descubrir la verdad
de qualquiera otra. Y así decimos en el
primer sentido, que Dios es el principio de
todos los seres y de sus propiedades; que un
padre es el principio de sus hijos (2c, ; y en
el segundo, que el gran principio de las be­
llas artes y es la imitación de la bella natura­
leza,
(4) Meditación. La meditación no es otra
cosa que la atención del espíritu aplicado
largo tiempo á un mismo objeto. Es de la
mayor importancia exercitarse desde la ni­
ñez en el arte de la meditación , arte del
mayor interés para todos los hombres sin
distinción, ya sean políticos , literatos, sa­
bios , filósofos, artistas & c. Y para conse­
guirlo , he aquí las principales reglas que
conviene segu ir: I. es necesario acostumbrar
nuestro espíritu á fixarse largo tiempo en un
objeto sin distracción. Aquellos que por un
efecto natural de su ligereza , de su perer-
za , ó de la violencia de sus pasiones, no
sean capaces de hacer esfuerzos continuados,
y de poner una atención inalterable* en va­
no pretenden meditar: 11. el objeto dé la mtr
A LA QZTARTA P A R T S . 249
d/tacion déle ser determinado , y ser 'necesi­
ta ademas haber juntado antes un número su-¡
ficiente de ideas claras y distintas acerca dé
éste objeto. Querer meditar sobre qualquie-
ra materia que se a , sin habér hecho de an­
temano cierta pro visión de esta especie de
ideas , es como querer emprender la cons­
trucción de un edificio sin materiales: IILJew
hemos despuer esforzarnos en abrazar todas
las diferentes partes de la materia , y distin-
guir las unas de las otras para exdmimr-
las y profundizarlas separadamente. Sin estas
divisiones no puede haber órden , y el en­
tendí tniento hallándose confundido 110 sabe
por donde empegar , ni como acabar; en
cuya situación se desvía del objeto, y pier­
de el tiempo y el trabajo. IV. Debemos ase­
gurarnos de los principios ciertos de donde di­
manan las verdades que nos proponemos acla­
rar ó demostrar , y deducir despues ios axio­
mas las proposiciones y todas las conséqüen*
cías esenciales que de ellos resultan·1 V . fi­
nalmente, es necesario que al formar la ca­
dena de las ideas y y al pasar de io simple
á lo compuesto , se siga el órden que mas con­
venga , teniendo siempre presente la división*
del objeto para no apartarse del. Pero en es­
te' particular no hay cosa que-mas forme a l
hombre como la práctica y los exemplos»
; ({) Definición. La definición no es .otra
cosa que la exposición clara de las ideas, sim-
2 $o N o t a s
pies que contiene una palabra. Hay dos es­
pecies de definiciones que conviene no con­
fundir: 1« las definiciones de palabras: II. las
de cosas. Las primeras son arbitrarias, en
lugar de que las últimas no dependen de
nosotros; ¿ sino de lo que se contiene en la
verdadera idea de las cosas. La definición
de pálabras es una proposicion, por la qual
se muestra claramente lo que se quiere sig­
nificar por una palabra. Algunas veces se
dan á ' conocer las ideas que se aplican á
esta palabra en el sentido coíttun , y otras
las ideas particulares que queremos agre­
garle es decir, el sentido particular en
el que sé quiere que una palabra sea enten­
dida. para usarla en este sentado en la sé-?
rie del discurso. Y a s í , definir una palabra,
es determinar y circunscribir, por decirlo
a s í , su sentido; de m odo, que no pueda
haber duda í - cerca del sentido dado, ni
estenderle, restringirle , ni atribuirle á nin­
gún ¿tro termino. Este genero de definición
es muy útil para evitar disputas.que solo
se fundan en ios diversos sentidos dados á
una misma palabra , y para no alucinatse
con* sofismas que consisten siempre en algún
equívoco. Pero ha.y palabras que nunca de­
ben definirse; porque de otro modo .todas
las definiciones no formarían sino una es­
pecie de círculo vicioso , resultando de aquí,
que una palabra se explicaría por otra que
A LA QZTARTA P A R T E . 251
hubiese servido para explicar la misma. ¿Qua­
les son las palabras q u e , según todos , no
deben definirse ? Son principalmente: I. aque­
llas que expresan las propiedades generales
de los seres , como existencia , extensión , pen­
samiento , tiempo : II. las palabras vulgares
que no contienen sino una idea simple , pues
que ninguna definición podría dar á enten­
der mejor su sentido ó significación.
L a definición de una palabra debe re­
caer: L sobre el sentido exdcto de esta pala­
bra , y no sobre el vago. Por exemplo, esta
palabra dotor se aplica igualmente á las pa­
siones del ánimo , que á las sensaciones des­
agradables del cuerpo. La definición de esta
palabra, no debe por consiguiente contener
estos dos sentidos á un tiempo. Esto es lo
que se llama sentido vago ; porque contiene
á un tiempo el sentido primitivo y el senti­
do por extensión. Y a s í, el sentido exácto
y primitivo de la palabra dolor , señala las
sensaciones desagradables del cuerpo; y des-
pues se ha extendido á las pasiones del áni­
mo : II. la definición de palabras no debe re­
caer jamas sino sobre el sentido propio; y el
sentido metafórico no debe añadírsele , sino co-
mo una conseqüencia y dependencia del prime­
ro. La definición de cosas es una proposi­
cion que explica la naturaleza de una cosa;
es d ecir, lo que es mas importante y prin­
cipal en' ella , y lo que es preciso y basta
N ot as
conocer para discernir bien su fondo. E l
objeto de la definición es aclarar la cosa de*
finida ; por consiguiente, quando una co­
sa se dexa entender tan claramente por sí
misma, que no es posible darla á conocer
mejor , es un absurdo quererla definir. Im­
porta mucho exercitarse desde la niñez en
hacer definiciones exactas, y en exáminac
las de los escritores juiciosos. Adquirir el
hábito de definir b ien , es ponerse en esta­
do de acostumbrar el entendimiento á la
exáctitud, y poder entrar en el santuario de
las artes y ciencias. Por este medio se des­
componen las ideas , se abrazan las partes
esenciales, y se descubre toda su genera­
ción. El medio mas seguro de acostumbrar
el entendimiento ^1 exercicio de hacer con.
facilidad definiciones exactas , es elegir al-,
gunos asuntos y ensayarse en definirlos, com-,
parando estos ensayos con las definiciones de
un autor que haya tratado bien tales mate­
rias. Este exercicio es muy ú t il, y el úni­
co medio capaz de formar el entendimiento.
Las definiciones (dice Marmontel ) ; son tan-;
to mas esenciales, aun en las cosas mas fa-k
m iliares, quanto los hombres jamas están en
contradicción sino por no haber definido, 6
haber definido mal. El error casi nunca con­
siste sino en los términos. Lo que aseguro,
de un objeto , lo aseguro de la idea que le.
aplico» Lo que niego de este mismo objeto,;
A L A QUARTA P A R T S . 253
lo niego también de la idea que se le aplica·
Las principales reglas que es necesario
observar quando se define, se reducen á las
dos siguientes : I. es necesario, en quanto sea
posible9 que el genero que entra en la de­
finición , sea el genero próximo de la cosa de·
finida , y no solamente el genero remoto. Si
yo defino el hombre un ser racional , no es
buena mi definición : este termino, este ge­
nero ser es muy vago , miiy general, y
confunde al hombre con muchas cosas. El
terminó anim3t~e$ menos genérico y común}
por consiguieate, mas propio para definir
y caracterizar al hombre : II. es necesario
que la diferencia^ que entra en la definición^
sea particular y propia al definido. Si digo,
el hombre es un animal mortal, mi definición
es viciosa. Este termino mortal no es pro­
pio al homfré , pues no le caracteriza , $
por otra part$ conviene á todas las espe-r
cies de animales. El de racional le convie­
ne particularmente , y es el que debe usarse.
Hay muy- pocas cosas que puedan defi­
nirse con exáctitud t, pero toda definición
que haga conocer bastantemente la cosa pa­
ra discernirla de otra, debe ser admitida.
Por exemplo , ésta , el hombre de entendi­
miento es aquel que posee el talento de con-
cebir fácilmente, con claridad y prontitud las
cosas, y de explicarlas bien. Algunas veces
se define una cosa por las partes integran-
254 N o T A s.
tes de que se compone; v. gr. el hombre es
un compuesto de alma y cuerpo. También se
define por las causas , la materia, la forma
y el fin: como si se definiése un relox, una
máquina compuesta de diferentes ruedas , cu­
yo movimiento ordenado es á proposito para
señalar las horas.

F I N .

E RRA TA S.
Pág. . Un......... ............ d ice.................léase. . ·
ao. . £ de la nota, posterio- . . . . . posterio­
r a rn res á
7 5 · . 5 ................o/orox................ olores.
i o 6 . . 14 . . ...........conviene........... contiene.
148. . 7 ...............ambigüidad. ambigüedad.
Y alguna otra poco considerable, que
puede fácilmente suplir el lector.
SS5
INDICE
D E LAS MATERIAS CONTENIDAS
en esta obr^»,

Historia sucinta de la légtca , pág. i


hasta la 46.

PRIMERA PA R ÍE .
- · t
DE J.A I D É A.

S e c c i ó n I.

D e la lógica en general. . . ......... 47,


Qué es lógica. y si confunde con la
dialéctica. . ... ............................48.
$ i ~es arte 6 ciencia.............·. . . 49.
Diferencia entre la natural y ar-
tijicial. ·>. . · . ... * . . 50.
Su utilidad. .. ................... ... 52.
Partes de que consta.....................54.

S ección II. 1
Objeto é importancia de ia.doctri-
2g6
na de Ijts ide<xs,'. . . . . . 54.
Qué es idea y sus diferentes consi-
r der&e’iohes.' . . . ... . * ·$$.
Diferencia etitre Id idea y el sen-
. . timicjito*—- . . · . . . . . . . . . . . . . 56.
Objeto de la idea......................... 57.
ideas 'verdaderas y falsas. . . . 58'.
— Claras y confusas. : i . . . . £9.
— Perfectas é imperfectas. . . . 60.
.— Simples vy compuestas. . . . . 61.
Idea de la sustancia , del modo,
de la sustancia modificada. . . 64.
S i hay otros modos de concebir. . 65.
Idea singuldr ó individual. . . · 65.
Idea particular , colectiva univer- ..
. sal. .................. ... '. . I . . . 66.
Cinco especies de ideas universales,
■ el genero ,· la diferencia , el pro-
• pió y el .accidente. . . . 67 y 68.
Causa de la idea. . ................... 69.
Razones, del. sistema· de las ideas
■■innatas............... .. 69 y 7 0*
Sistema de los que no admiten ideas
innatas. , . . . . . . . . 71 / 72.
Sistema dé'Locke. ................ 73.
Sistema actual y el mas general-- >
2 - 57
mente adoptado. . . .. .. , . 74·
Diferencia entre las idea*, adqui­
ridas par los sentidos, y las re*
cibidas por la reflexión. . . . . 7 5 .
Idea adventicia y facticia . . . . 7 6 .
Abstracta , exemplar, accesoria, 7 7 / 7 8 .
Sugeto de la idea ................ . . <·. 7 9 .
, obscura , 7
dos.. . . . . . . . . . . . . 8 0 .7 8 1 .
distinta , confusa y sus gra­
dos. . . »' · S2.
fuerte , ligera , completa , «t-
completa ádeqtíada , in'adequa-
da. . . . ; . 84 hasta la. 86.
/<&<* total, pa rcia l , profunda , jm-
perjlcial,. perfecta é imperfec-
ta. . . . . . . ............. 87 7 88,

S ección III.

Medios de perfeccionar las ideas y


obstáculos que es necesario remo­
ver .................................... . . . 89.
"Preocupación , presunción , pasiones,
autoridad, lenguage común y, es­
píritu de partido.. . 90 h a sta la 93.
258
Necesidad de remover estos obstá­
culos y medios de perfeccionar
las ideas. . . . . . . . . 94 y 9$.
Examen , observación , reunión de
muchos sentidos, experiencia , des­
composición , comparación , sub­
ordinación de las verdades en­
tre s'í , evidencia y probabili-
. dad. . . . . . . 96 hasta la 103.

SEGUNDA PARTE.

P i X JVICIO.

S e c c ió n I.

Teoría del juicio. . .....................105.


Qué es juicio y en qué se diferen­
cia de la percepción................ 106.
Causa del juicio y sus especies. . 107.
Juicio afirmativo y negativo. . . 108.
M ateria y sugeto del juicio. . . . 110.
Oficio del sugeto , del atributo y de
la cópula en los juicios, m ^ 112.
Juicio evidente , obscuro , ver­
dadero , falso , y sus espe­
cies. .................113 hasta la 115.
259
Juicio cierto de dos modos. . . . 116.

Sección II.

Medios de rectificar Jos juicios. 117.


Origen de los falsos juicios. 118 y 1 19.
Reglas para antes de juzgar. . 121.

TE R C ER A PARTE.

V Ití.' R A C I O C I N I O .

S ección I.

Teoría del raciocinio en general. 124.


Qué es raciocinio............. ... . . 125.
Advertencias p a ra .el uso del ra­
ciocinio................................. 127.
Qüestion , premisas , medio , con­
clusión , consiguiente, conseqüen-
cia. . . . . . . 127 basta la 130.

Sección II,

Reglas particulares del silogismo,


entimema y sórites.................131.
Silogismo., sus especies y explica-
2Ó0
don de sus partes. 132 hasta la 142.
Enttmema y su explicación. 143 has­
ta la 146.:
Sórites y sus especies. 146 hasta la 148.
Dilema y su explicación.·> 149 hasta
la 152. 1'
Epicherema. . ............... . . 153.
Jnducion............................. 154.

Sección I II .

J> £ XOS SOFISMAS.

Especies del sofisma...................1 57·


Primera especie. . . . . . . . . 158.
— S egunda. ...............................159.
— Tercera. . ................ ... 160.
— Quarta ...................................162.

— Quinta y sexta ....................165.
— Séptima. . . ......................... 167.
— Octava ................................... 168.
— Novena, y décima. . . . .... 169.
•— Undécima...............................17 *·
— Duodécima...................... . · 172.
— Decima-tercia y décima-quar­
ta .................... . . . . . . 174.
a6i
S ección IV.

Diferencia entre el raciocinio ló­


gico y el oratorio..................... 176.
Silogismo filosófico y oratorio. . 1 7 7 .
Uso del entimema en la oratoria. 180.
Uso de la graducion en la elo-
qüencia..................................... 182.
Uso dtl dilema............................ 183.
Uso de epicherema..................... 184.
Uso de la inducion...................... 185.

Q Ü A R TA PARTE.

DEL METODO.

Sección I.
Teoría del método....................... 187.
Qué es método............................. 190.
Método analítico..........................191.
Método sintético..........................192.
Diferencia entre los dos métodos. 193.

S e c c ió n II.

Aplicación de la analisis y la
262
síntesis en la investigación de
la verdad ..................................195.
Quando se ha de recurrir d la
analisis. . ................................195.
Uso y ventajas de la, síntesis. . . 196.
Preferencia de la analisis á la sin-
tes%s^ * · · · · · · ■ · · · · · » 197.
D el método geométrico...................200.

Se hallará en ésta1Corte en las Li­


brerías de Barco. , carrera de S.
Gerónimo; y de Llera , plazuela
del Angel : á 8 rs. en rústica y 10
en pasta.
En las citadas librerías se hallan de
venta las obras siguientes '.

Espíritu de la Biblia : escrito en


toscano por el célebre traductor de
la Biblia el Abad M artini, y tradu­
cido en castellano por un Clérigo
Reglar de la Congregación de S. Ca­
yetano de esta C orte: un tomo. Es­
ta obra, poco conocida todavía en Es­
paña , y adaptable á todos los esta­
dos y condiciones en que el hombre
v iv a , enseña la moral universal que
hace á los hombres felices, hacién­
dolos buenos christianos, buenos fi­
lósofos y buenos ciudadanos, báxo
de qualquiera gobierno posible. Es
propia para gentes de todas edades
y estados, y principalmente para la
juventud, en cuyas manos deberían
ponerla los gobiernos, los padres de
familia y maestros públicos desde la
infancia, para lograr los sazonados
frutos de su doctrina sana, ú til, uni­
versal y verdadera.
Pamela Andrews 6 la virtud recom­
pensada : historia verdadera, escrita
en inglés por Tomás Richardson, y
traducida de este idioma al castella­
no. Es la historia mas tierna y mas
instructiva que se ha publicado en
Inglaterra. Consta de ocho tomos que
se venden enquadernados en quatro.
Catecismo de Fleuri en francés j
en castellano. Este libro está dispuesto
para qualquiera que aprenda á tra­
ducir el francés por sí solo sin ne­
cesidad de maestro.
E l Christiano en el Templo : obra
del difunto Marqués de Caracciolo.
Este librito es de lo mejor que en su
especie se ha escrito en este siglo.

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