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LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL Y SU IMPORTANCIA EN LA ACTUALIDAD

Jorge Luis De Jesús Lázaro

Todas, absolutamente todas las personas tienen derecho a expresarse,


transmitir, saber, investigar y construir conocimiento. No importa su raza, credo,
estatus económico o cultura, hemos sido llamados para transformar e inspirar
vidas, eso es educar.

México es un país pluricultural de inicio a fin, no podemos negarlo, sin


embargo, poco sabemos sobre nuestras verdaderas raíces; algunas de ellas son
estigmatizadas por el color de piel, lengua o apariencia; olvidando que lo más
valioso en nuestros días es todo aquello intangible para nuestros sentidos: Amor,
confianza, paz, seguridad… pero sobre todo la educación.

Cuando analizamos la situación histórica de las culturas indígenas de


México, en comparativa con otros países de América Latina, encontramos una
educación lacerada por otras culturas dominantes, opresivas y de explotación
infrahumana. Este escenario ha repercutido gravemente en la mentalidad actual
de los jóvenes que poseen una formación educativa universitaria, percibiéndose
jóvenes bajo un nivel poco competitivo y sumiso; un ejemplo muy claro sería la
teoría-práctica donde la gran mayoría de jóvenes que egresan de un nivel
universitario anhelan incorporarse al mundo laboral a través de convertirse en
“empleado” antes de “empleador”, es decir, su mentalidad es reducida al mínimo,
no estimulando las vertientes creadoras, pensantes e innovadoras que México
necesita actualmente.

Todo lleva un proceso, sin embargo, es increíble cómo las TIC´s se han
incorporado sigilosamente en la vida cotidiana de los seres humanos, esto debería
hacernos reflexionar que, si podemos aspirar a ese tipo de alcances, entonces la
educación intercultural también puede consumarse en cada individuo.

Es menester recordar y aceptar que la educación multicultural posee


grandes asimetrías, la más evidente es la socioeconómica, ya que la gran mayoría
de los alumnos viven en condiciones poco favorables para un aprendizaje
esperado (alimentación, luz, agua, estimulación mental, entre otros). A esta
situación se anexan realidades sinérgicas como la política, sociedad actual,
transporte, viáticos, entre otros.

Es cierto que a la educación multicultural no le compete combatir todas las


asimetrías educativas que enfrentamos, pero sí hay algunas que deberían ser de
principal énfasis y atención prioritaria, por ejemplo:

1. Rezago educativo. Es lamentable y espinoso observar trabajos


universitarios con un gran rezago educativo, bajo promedio de
aprovechamiento, reprobación y deserción escolar. Sin embargo, no es
gratificante y suficiente dar a conocer este tipo de panoramas, antes
bien, debemos establecer parámetros específicos que no sólo avalen
“estadísticas favorables de no alfabetismo”, sino que necesitamos palpar
una educación multicultural reflejada en los niveles superiores. ¡Qué
gran reto para la educación multicultural universitaria graduar a un
alumno(a) con analfabetismo y rezago educativo! No podemos cerrar los
ojos y permitir que un alumno que, por su condición de rezago, deba
ostentar un título sin merecerlo, antes bien, debemos crear estrategias
que no sólo aplaudan un egresado más, sino que se convierta en
alguien capaz de convertir un México transcultural, bajo el estandarte del
verdadero propósito educativo: Aprendizaje significativo
2. Apreciación. Pocos han aprendido a dar valor a la educación
transcultural, aunque suene minoritaria no es denigrante. Tristemente,
algunos países introyectan la idea intercultural con un enfoque racista o
discriminatorio, sin embargo, esta es una idea imprecisa, de
autorreferencia negativa y poco visionaria. No podemos menospreciar la
educación intercultural pues es quien forma vidas a partir de un “futuro
histórico”, donde el pasado nos ayuda a no prevenir errores del pasado,
no olvidando de dónde venimos y hacia dónde vamos.

El racismo es traducido como un rechazo que se expresa en diferentes


formas de agresividad, violencia simbólica y maltratos hacia las minorías,
concentrándose allí donde cohabiten grupos étnicos distintos. Ahora bien, otro
concepto aunado al racismo es la xenofobia la cual se basa en el miedo a lo
distinto y se expresa en el rechazo y la exclusión integral a cualquier identidad que
no sea la propia. Finalmente lleva al sentimiento de odio frente a la diferencia.

Las lenguas indígenas forman parte de un todo, son la ventana de lo


aplaudible y la puerta de acceso al universo de conocimientos. Muchos saben
valorar la buena educación, sin embargo, pocos saben valorar la educación máter.
Si el mundo actual menosprecia sus orígenes entonces, ¿cómo podríamos hacer
la reflexiva de “dónde vengo” y hacia “dónde voy”?

El concepto de interculturalidad alude a un enfoque dualista bicultural, el


cual busca incesantemente la responsiva de no discriminación, buenos
rendimientos y eficiencia ante la realidad de los pueblos minoritarios. Es el único
salvavidas para rescatar no sólo educación, sino tradiciones, historia, costumbres
y legados transformacionales que permean nuestro país. No es extraño que las
universidades con educación intercultural despunten en certificaciones
relacionadas a eventos culturales e históricos, pues cuentan con el respaldo
suficiente para encontrar el “punto de equilibrio” entre los planes actuales y la
complejidad de sus raíces.

Existen algunos problemas asociados a contextos de cambios culturales


que presiden de una globalización actual, donde las sociedades latinoamericanas
debieran promover nuevas maneras de formar a los futuros educadores. Docentes
que debieran basarse en un tipo de investigación acerca de lo inter y multicultural
actual, donde sean capaces de visualizar procesos de socialización y educación
en un contexto de inmigraciones crecientes y cambiantes.

Entendemos explícitamente que el maestro es irrefutablemente uno de los


principales protagonistas en el proceso de aprendizaje en los alumnos y en las
innovaciones que se adjuntan para mejorar su proceso académico, alcanzando un
mejor resultado para la educación de nuestro país. Sin embargo, debiéramos
replantear la importancia objetiva y subjetiva del maestro en la educación inter y
extra cultural universitaria.
Se debiera tener por objetivo último una serie de alcances en torno a los
posibles efectos simbólicos de estas representaciones sociales, sus implicancias y
la importancia del desarrollo de una conciencia personal sobre dichas
representaciones.

Me encanta la cita de Pérez (1997), en relación a la situación de las


instituciones educativas y la importancia del papel que debiera desempeñar cada
docente, el cual expresa: “La inmersión acrítica del futuro docente en el clima
profesional de la escuela, la ausencia de análisis sobre las representaciones,
potenciar el desarrollo y proliferación de prácticas uniformes rutinarias y
estereotipadas, exigidas, de alguna manera, para la permanencia y reproducción
del statu quo de la escuela. Sin el apoyo conceptual y teórico de la investigación
sistemática y rigurosa, el proceso de socialización del profesor, a través de las
prácticas, fácilmente reproduce los vicios, prejuicios, mitos y obstáculos
epistemológicos acumulados en la tradición empírica”

Cuando afinamos el término de educación intercultural no se debiera reducir


exclusivamente al conocimiento profundo de una cultura distinta, sino que
debiéramos visionar y proyectar la importancia de las relaciones, dando cabida al
respeto, a sus convicciones y modos de vida, así como a la corresponsabilidad
que debemos ejercer con el prójimo. Esto permitirá no sólo una educación
transversal sino de carácter moral, permitiendo así la integración de elementos
horizontales que respeten sus propias convicciones y modos de vista mediante el
diálogo profundo y coherente.

Porque al hablar de educación lo primero que pensamos es en la educación


de saberes y contenidos de este estudiante inmigrado, pero en realidad lo que
importa es su acogida y ésta debe estar basada en una acción ética donde la
palabra clave es hospitalidad, lo que implica que el educador debe ser siempre
responsable del otro inmigrado. La responsabilidad, el diálogo y el cuidado hacia
aquel que solicita ayuda y atención, que nos necesita, es un valor primordial en
educación intercultural. No obstante, mantener esta postura asimétrica implica
sustentar paternalismo, pues el emigrado también debe intentar adaptarse a las
nuevas condiciones en el contexto de acogida brindado; y si esto no es visto por
ellos debe, pedagógicamente, ser mostrado.

Tristemente algunas personas han llegado a creer erróneamente que las


instituciones interculturales sólo deben construirse desde contextos con diversidad
cultural explícita; sin embargo, no se debiera ejercer ese nivel de impacto, sino
que debieran incorporarse de contextos externos producidos por las
contradicciones socioculturales de nuestras propias sociedades, como es el caso
de las subculturas (flaites, sectores dominados por el narcotráfico, etc.), debieran
ser un parteaguas que impongan nuevos desafíos para educar en la diversidad, el
respeto y la solidaridad.

Creo firmemente que la educación intercultural, y su organización, deben


impulsar metástasis desde un espíritu innovador, creativo, crítico, secuencial y
humanismo en comparativa con el actual modelo de educación cerrado. Es decir,
debería comenzarse por una transformación partiendo por la democratización de
los espacios de discusión y toma de decisiones, contemplando todos los aspectos
referidos a Derechos Humanos.

Un punto de reflexión en todo esto sería que cuando se trata de decidir el


futuro de una institución, los alumnos, padres, madres, catedráticos y
administrativos debieran impulsar una voz prioritaria, generando un nuevo modelo
a construir. Donde las armas pacifistas del conocimiento puedan superar a las
luchas confrontativas de la educación. Las instituciones educativas debieran abrir
sus puertas, cerradas hacia la comunidad, involucrándose más efectiva y
activamente en su vida y cultura.

Es menester el uso de prácticas pedagógicas innovadoras, capaces de


mirar el proceso aleatorio de cambios transgeneracionales en la cultura. En este
sentido, los profesores y directivos juegan un papel predominante, ya que el sujeto
impulsor de cambios educativos es el profesorado consciente de sus contextos,
limitaciones y posibilidades, a través de prácticas reflexivas y liberalizadoras.
En definitiva, en la praxis didáctica de la interculturalidad es de suma
relevancia que los catedráticos, así como los pedagogos en formación, trabajen en
conjunto por la erradicación de estereotipos y prejuicios propios que la misma
sociedad ha instalado en la mentalidad de sus pupilos. No es una tarea sencilla,
estoy seguro de ello, sin embargo, estoy convencido que hemos sido llamados
para docencia, por tal motivo, hago una extensiva para el mismo profesorado deba
iniciar por modificar su visión del mundo, ignorando así las conductas que ejerzan
influencias racistas o xenófobas.

Ahora bien, después de lo expuesto, lo lógico sería que con prontitud


pudiéramos incorporarlo como parte del diseño curricular en la formación inicial del
docente, así como de cada alumno egresado de cualquier institución educativa.
Sin embargo, antes de eso, debemos recordar que un currículum intercultural no
se puede reducir únicamente a los contenidos sino también ha de considerar la
metodología, por lo tanto, debiéramos ofrecer alternativas en dicha formación, ya
que esto impulsará la superación de sesgos de exclusión, contribuyendo a formar
una ciudadanía plural, equitativa y de respeto. Este proceso de formación, desde
esta nueva mirada, espera que el estudiante tome conciencia de su experiencia de
vida y su relación directa con los agentes de socialización escolar y de las teorías
interculturales que subyacen en las prácticas docentes.

Es momento de valorar la educación intercultural, la cual debe llegar a toda


población, de lo contrario no podremos ostentar un México diverso, sería una
contradicción no hacerlo. Si hablamos de una posición ética distinta, con inclusión
educativa basada en el respeto, entonces la educación intercultural es para todos.

Muchas gracias.
Referencia Bibliográfica:

Pérez Gómez, A. (1997). Socialización Profesional del Futuro Docente en la


Cultura de la Institución Escolar. El Mito de las Prácticas. Universidad de
Zaragoza. Revista Universitaria de Formación del Profesorado. Nº 29.

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