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¿Por qué existe el horario de verano y

por qué es tan impopular?


La primavera trae consigo muchos cambios: un tiempo más cálido, días más largos,
flores que salen de la tierra. Pero para muchas personas, la cercanía de la
primavera también significa el comienzo del horario de verano.

En España, este periodo empieza a las 2:00 horas de la noche del sábado 26 al
domingo 27 de marzo, cuando el reloj se adelantará una hora. El horario de verano
finaliza a las 2:00 horas de la madrugada del sábado 30 al domingo 31 de octubre,
cuando el reloj se retrasará una hora.

La idea de este cambio de hora es aprovechar al máximo la luz solar en el


hemisferio norte, ya que los días empiezan a alargarse en primavera y a acortarse
en otoño. La lógica es que al adelantarse y atrasarse el reloj, las personas añadirán
una hora de luz al final de la jornada laboral. Pero los beneficios de este cambio son
polémicos y puede tener repercusiones cuantificables en la salud.

¿A qué se deben los cambios en la luz solar?

Los cambios estacionales en la duración de un día se deben a la rotación


descentrada de la Tierra. Nuestro planeta gira sobre su eje a un ángulo
relativamente constante de 23,4 grados respecto a su trayectoria alrededor del Sol.
Esto quiere decir que, aunque el ecuador suele disfrutar de unas 12 horas de día y
noche durante todo el año, no ocurre lo mismo más al norte o al sur.

El verano marca una época de resplandor en el hemisferio norte. Se inclina hacia el


Sol, lo que causa días más largos y cálidos. Por su parte, el hemisferio sur está
sumido en los días cortos del invierno, ya que inclina alejándose del Sol. Seis meses
después, la situación se invierte y el invierno cubre el norte mientras la luz baña el
sur.
Cuando el carbón era la fuente de energía dominante, se puso en marcha el cambio
al horario de verano para aprovechar al máximo las horas limitadas de luz diurna.
Por este motivo, la participación de una región cualquiera depende, en parte, de lo
alejado que esté ese lugar del ecuador. Los países que están más alejados
presentan una diferencia más pronunciada en la duración de los días entre el verano
y el invierno y son más propensos a participar en el cambio de hora.

¿Cuándo comenzó el cambio de hora?

Muchos atribuyen a Benjamin Franklin la invención del horario de verano debido a


una carta posiblemente satírica que escribió para el diario Journal de Paris en 1784.
En la carta, expresó su sorpresa por que el sol saliera a las seis de la mañana,
mucho antes de que la mayoría de los parisinos vieran la luz del día.

Si se levantaran con el sol, escribió Franklin, la ciudad podría ahorrarse una «suma
inmensa» en velas quemadas en las horas oscuras de la tarde. Sin embargo, nunca
sugirió adelantar ni atrasar los relojes, sino que ofreció otras soluciones divertidas al
problema que incluían dispara cañones en la calle para despertar a la gente, cobrar
impuestos a las ventanas con persianas y restricciones de las ventas de velas.

Otros atribuyen la idea a George Hudson, un entomólogo de Nueva Zelanda que en


1895 sugirió un cambio de dos horas para poder cazar más bichos después de
trabajar. Poco después, un activista británico llamado William Willett propuso una
idea similar para prevenir el desperdicio de luz diurna, llevando el concepto al
Parlamento inglés a principios del siglo XIX.

Alemania decidió adoptar ese plan cuando escasearon los recursos durante la
Primera Guerra Mundial, poniendo en marcha el primer horario de verano en 1916
para aprovechar los recursos al máximo durante las horas de luz. Estados Unidos
pronto siguió su ejemplo y el primer cambio de hora estacional del país tuvo lugar en
1918.
¿Qué países aplican el horario de verano?

No todo el mundo adelanta o atrasa los relojes. A nivel global, la popularidad de los
relojes cambiantes también varía. La mayor parte de Norteamérica, Europa, Nueva
Zelanda y unas cuantas regiones de Oriente Medio suelen participar en este cambio
anual, aunque cada una tiene sus propias fechas. En cambio, la mayor parte de
África y Asia no cambia sus relojes. Sudamérica y Australia están divididas en este
asunto.

En Estados Unidos, Hawái, la mayor parte de Arizona (salvo la Nación Navajo) y los
territorios de Guam, Puerto Rico, la Samoa estadounidense, las Islas Vírgenes
estadounidenses y las Islas Marianas del Norte han rechazado el horario de verano.

Sin embargo, la participación de Europa pronto podría cambiar. En el 2019, la Unión


Europea votó para poner fin a la obligatoriedad del cambio de hora, que antes se
realizaba en marzo y octubre. Pero ese plan parece estar en suspenso por ahora:
se esperaba que los estados miembros decidieran para 2021 si se quedaban en
verano o en invierno, pero las negociaciones se han estancado a medida que el
bloque lidia con las consecuencias tanto del Brexit como de la pandemia de
COVID-19.

¿Tiene beneficios el horario de verano?

Para muchos, el cambio parece una intromisión por la que muchos se pierden
reuniones o están somnolientos. Hay efectos aún más graves. Algunos estudios
identificaron un incremento en los ataques al corazón que coincide con el adelanto y
un ligero descenso con el atraso. Otros estudios sugieren que el cambio de hora
podría estar vinculado a un aumento de los accidentes de coche mortales, aunque
el efecto es pequeño respecto a la cifra total de accidentes cada año. Con todo,
otras inquietudes incluyen repercusiones en el sistema inmunitario debido a la
pérdida de sueño inevitable.
Es más, muchos estudios han cuestionado si realmente ha habido un ahorro de
energía. Un estudio del 2008 del Departamento de Energía de Estados Unidos
sugería que, en el país, cuatro semanas más de horario de verano ahorraban
aproximadamente un 0,5 por ciento de electricidad total al día. Pero otros concluyen
que la situación es, en gran medida, un fracaso: las horas de luz más tarde suelen
reducir el uso de electricidad durante esta época, pero también fomentan un mayor
uso del aire acondicionado por la noche o mayores demandas energéticas para
iluminar las mañanas oscuras.

Con todo, estas repercusiones podrían depender de la localización. Un estudio


determinó que el horario de verano causaba un incremento de la demanda de
energía y las emisiones contaminantes en Indiana, mientras que otro reveló que
contribuía a ligeras reducciones del uso de energía en Noruega y Suecia.

Últimamente, los argumentos a favor del horario de verano suelen centrarse en el


impulso que proporciona este cambio de hora a las actividades durante la tarde y la
noche. Las personas suelen salir después de trabajar cuando hay luz —hacen
deporte, van a pasear, llevan a los niños al parque— en lugar de quedarse sentadas
en el sofá. Muchas industrias de actividades al aire libre, como el golf y las
barbacoas, han fomentado el horario de verano ya que, según dicen, incrementa
sus beneficios. La industria del petróleo también es partidaria, ya que las personas
conducen más cuando todavía hay luz después de trabajar o de ir a clase.

Pero en muchos lugares, este cambio de hora es muy impopular. La decisión


pendiente de Europa de dejar atrás este cambio anual se basó en una encuesta que
reveló que aproximadamente el 80 por ciento de los 4,6 millones de participantes
estaban en contra del horario de verano. Y algunos estados de Estados Unidos
también están empezando a demandar cambios. Sin embargo, por ahora, si vives
en una región que cambia la hora dos veces al año, ten cuidado con sus efectos.

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