Con los materiales de tus sueños.... ¡te inundarás!

Nuestra presencia en la era del consumo
Por: Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

importada como la de fabricación local), trátese de libros, música, software, etc., entonces podemos decir que estamos viviendo una orgía consumista de deshechos, mezclada con basura, productos de pésima calidad y desconocimiento permanente de derechos ajenos. Si a todo lo anotado agregamos la utilización de productos de todas las calidades para preparar comidas, la mezcla de toda clase de líquidos para producir bebidas alcohólicas y refrescantes, la propaganda sin límite para tabaco y bebidas alcohólicas, la falta casi absoluta de control de las escasas e inadecuadas normas de higiene, etc., todo ello va conformando un panorama no sólo poco saludable, sino suicida para el consumidor local. El uso de las divisas, difícil y trabajosamente conseguidas por el país (tan difícilmente que ni cubrimos nuestra balanza comercial), en toda esta montaña de deshechos y basura, es un hecho económico difícilmente explicable. El costo de oportunidad de las divisas utilizadas en chatarra, productos usados y otros, tiene como consecuencia no sólo un modelo consumista desenfrenado, sino una satisfacción muy precaria, riesgosa y antieconómica de necesidades. El costo de reposición de esta chatarra, así como los riesgos para la salud y la seguridad de las personas derivados de esta nauseabunda importación, no han 1

De un tiempo a esta parte parece que hemos logrado una nueva especialidad nacional: intercambiar nuestras materias primas y productos de buena y excelente calidad, por chatarra, basura, productos usados, vencidos, obsoletos o reacondicionados. Sea que se trate de autos usados, como los temidos "transformer", de ropa usada, aparatos telefónicos o de la importación de productos alimenticios, farmacéuticos y fotográficos, cuyas fechas de utilización se hallan vencidas o a punto de vencerse, de deshechos químicos e industriales (generalmente enviados por los campeones mundiales de la depredación, las grandes fábricas químicas e industriales), de equipos y maquinaria usada, reacondicionada o próxima a la obsolescencia, parece que en todo ello ya nos vamos perfilando como campeones mundiales. Si a lo anterior sumamos toda la piratería en curso (tanto la

sido cifrados, pero podemos suponer que superan ampliamente los beneficios de corto, mediano y largo plazo que se pueden esperar de ella. Es cierto que somos pobres, pero este desenfreno por remedar el consumismo foráneo nos está llevando a extremos de desprecio de las mínimas normas de seguridad, rayan con ello en la falta de toda previsión y cuidado. Un vendedor de autos, especializado en vender chatarra, me comentaba que prefería importar repuestos para vehículos de mala calidad, porque se vendían más y él tenía mayores utilidades. Este es un ejemplo característico de los ajustes que inducen las leyes de oferta y demanda en un marco signado por la fe ciega en las bondades de las fuerzas del mercado y por la absoluta carencia de políticas que premien el buen uso de las divisas y desincentiven el malo. Los cientistas sociales de las décadas del 60 y 70 han hablado hasta el cansancio del llamado "efecto demostración". Parece que nosotros en Bolivia no sólo nos hemos decidido a imitar los modelos consumistas, sino que hasta hemos confeccionado nuestros sueños con los artículos de la producción en masa que sale de las grandes fábricas del Norte. Al fin vamos realizando esos sueños, pero con los deshechos industriales, la chatarra, lo obsoleto y usado. La falta de una organización

nacional, departamental y municipal, de defensa y orientación del consumidor, con sus correspondientes expresiones estatales y cívico-ciudadanas (de eso deberían ocuparse la COB, CSUTCB, CEPB y otras organizaciones), la insuficiencia de normas y la casi completa falta de control de su cumplimiento, son sólo algunos de los aspectos que conforman esta realidad. Para concluir esta nota de advertencia contra las consecuencias de este consumismo desquiciado, es necesario indicar que ya es tiempo de movilizar el Estado y las organizaciones de la sociedad civil para hacer frente a este mal endémico, y diseñar una política y los instrumentos adecuados para superarlo, y para hacer que en nuestros sueños predominen los materiales nobles que poseemos. El tiempo ha llegado. ----------(*) Economista. Artículo publicado originalmente en el periódico PRESENCIA, de La Paz, Bolivia, el 9 de septiembre de 1997.
Lamentablemente el periódico PRESENCIA dejó de publicarse hace ya varios años, pero sus páginas guardan una muy importante memoria histórica de medio siglo de la vida nacional. Ojala que alguna instancia público-privada y la misma Iglesia Católica, que era la propietaria del medio, pudieran hacer esfuerzos para poner a disposición del público, vía

2

digital, todo ese valioso material. El país lo requiere y necesita, y sentimos su ausencia, especialmente en tiempos en que percibimos una gran carencia de orientación y de opinión mucho más informada, calificada y meditada en múltiples temáticas y cuestiones, como era la que solía publicar este matutino paceño.

3

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful