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Neurociencia de la afectividad. Opiniones de Jaak Panksepp.

Por Germanico

Los afectos, sucesivos niveles de control que van de las emociones primarias hasta los
más elevados sentimientos -entremezclados con pensamientos- surgen de la necesidad
que tiene el organismo de dar rápidas respuestas adaptativas a su entorno ecológico y
social, y se articulan en una serie de redes neurales genéticamente perfiladas, situadas en
las regiones subcorticales profundas por debajo de la neocorteza cerebral. Dichas regiones
constituyen lo que se conoce como cerebro afectivo o emocional.

Ya Charles Darwin abordó la cuestión de los aspectos conductuales de las emociones en


su libro La Expresión de las Emociones en los Animales y en el Hombre, poniendo de
manifiesto el enorme parecido que se daba entre nuestras expresiones emocionales y las
de otros mamíferos. Si nuestra cara es el espejo de nuestra alma, debió pensar Darwin, el
alma debe de ser algo natural. Sin embargo Darwin no exploró tal posibilidad hasta sus
últimas consecuencias.

El estudio de las emociones se ha desarrollado principalmente en la psicología, pero dadas


las asfixiantes restricciones impuestas por el conductismo, el progreso ha sido lento. Hasta
hace poco venía siendo aceptado que las causas más importantes de las conductas
-incluidas entre ellas nuestras emociones- se hallaban en el medio ambiente. Hoy la
mayoría de la gente acepta que el cerebro hace también contribuciones únicas, si bien
éstas, por el momento, resultan más difíciles de entender.

Un análisis detallado no puede quedarse en el nivel conceptual y lingüístico, siendo


precisas, entre otras cosas, observaciones pormenorizadas de la conducta animal, estudios
de genética de la conducta y una mayor y mejor comprensión del cerebro.

Quizás el mejor modo de cumplir con la exhortación del frontispicio del Templo de Delfos,
"Conócete a ti mismo"• sea conocer cómo nuestros afectos afloran desde nuestros
organismos y cerebros, y cómo operan, en combinación con el ambiente, ora subrepticia
ora abiertamente, para guiarnos por la vida.
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Consagrado a la labor de entender las emociones en los animales y en el hombre, más


allá¡ de la faz de su expresión, profundizando en el cerebro mamífero que las alberga y
produce y retomando el trabajo de Darwin donde este lo dejó, el neurocientí-fico
estonio-americano de la Washington State University, Jaak Panksepp, ha dedicado toda
una vida investigadora y publicado cientos de artículos girando siempre en torno al núcleo
fundamental de las emociones básicas que la Madre Naturaleza hizo surgir de los cerebros
hace millones de años. Él mismo ha bautizado su campo como neurociencia de la
afectividad.

Después de realizar a comienzos de los 70, investigaciones sobre nutrición y balance


energético corporal y fisiología del sueño se entregó apasionadamente a su primer interés
por entender las diversas formas de afectividad. Comenzó con las negativas, más
comúnmente estudiadas, tales como el odio y los miedos innatos que experimentan las
ratas ante el olor de los gatos pero, tras pasar por una experiencia sumamente trágica, y
una subsiguiente e insondable depresión, se entregó con más entusiasmo al más alegre
estudio de las emociones positivas, como la diversión, la risa y la felicidad.

Panksepp pronto se percató de que era fácil estudiar la alegría en ratas jóvenes. De ahí-
que, junto con sus estudiantes comenzó a investigar cómo controla el cerebro las
interacciones sociales joviales. Entre otras cosas descubrieron que las ratas se comunican
entre ellas con una especie de risa ultrasónica (muy por encima del umbral de percepción
humano) durante sus juegos y, tras esto, que experimentaban cosquillas, emitiendo su
peculiar risa ultrasónica al contacto del mismo modo que lo hubiera hecho un niño humano
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con la característica risa de nuestra especie. Por primera vez era documentada la risa en
otra especie animal (o al menos un rudimento de esta), y era descrito cómo es controlada
esta reacción en el cerebro.

Panksepp no ha dudado en defender las emociones en otros animales, como lo hiciera


Darwin. Incluso ha defendido la capacidad de estos de experimentar su vida
emocionalmente. Ha hecho más, ha probado la naturaleza de los mecanismos cerebrales y
argumentado como pueden estos relacionarse para entender las emociones humanas, así-
como los problemas emocionales, contribuyendo a explicarlas en un contexto evolutivo
más profundo que el ofrecido por otros estudiosos.

El Profesor Panksepp ha tenido la amabilidad de respondernos unas preguntas,


preparadas por Aníbal (2,3,7) y por un servidor (1,4,6,8), y puestas en un correcto inglés
por José. Asimismo ha revisado esta introducción, añadiendo algunos datos relevantes y
matizando detalles. Sus respuestas han sido traducidas al castellano por Marzo. El original
inglés lo tienen en La Nueva Ilustración Evolucionista.

1. Qué son las emociones? ¿Qué son los sentimientos? ¿Cuál es su significado
evolutivo?

Las emociones son funciones cerebrales complejas, cuya mejor descripción científica
temprana es la de Darwin en su libro de 1872 La expresión de las emociones en el hombre
y los animales. Sabemos ahora que hay muchos sistemas operativos cerebrales
coherentes, homólogos entre especies de mamíferos, que generan muchas de estas
manifestaciones conductuales coherentes; lo sabemos porque podemos activarlas
sencillamente mediante la estimulación eléctrica de redes cerebrales específicas. Los
sentimientos emotivos en bruto emergen al parecer de estos sistemas cerebrales provistos
por la evolución, ya que la activación de algunos (BÚSQUEDA, DESEO SEXUAL,
CUIDADO Y JUEGO) puede servir como "recompensa", mientras que la de otros (IRA,
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TEMOR y ANSIEDAD) puede servir como "castigo" (los escribo en mayúsculas para
subrayar que sus referentes son redes diferenciadas del CerebroMente, con distintas
propiedades afectivas, de modo que evitemos confusiones entre el todo y la parte). Hay,
por supuesto, otros sentimientos sensoriales y homeostático-corporales (soberbiamente
estudiados por Kent Berridge y Derek Denton, respectivamente), de todos los cuales es
muy difícil hablar con claridad en modelos animales. Sin embargo, a nuestro grupo le
interesan sobre todo los sentimientos emocionales intracerebrales (emociones definidas
por características de circuitos cerebrales, y categorías de conductas "instintivas") ya que
son los más importantes para entender los transtornos psiquiátricos.

Ente paréntesis, el uso de lenguas humanas para discutir la naturaleza de las mentes
animales es problemático, y un modo de evitar la caja de Pandora es generar un nuevo
tipo, más científicamente limitado, de convenciones lingüísticas, como lo destaca también
nuestro uso de las mayúsculas. Los usos de las lenguas vernáculas son intrínsecamente
desorientadores, en especial cuando se aplican a animales; de aquí- que necesitemos
nuevos términos para discutir la naturaleza de sus mentes.

Los sistemas emocionales son muy "sensatos" ya que proporcionan un sustrato neural
para varios tipos de coherencia organá-smica. También hacen de los animales "agentes
activos" en el mundo, por oposición a simplemente "procesadores de información"
conductistas. Tener emociones en bruto incorporadas en estos sistemas, como memorias
evolutivas, permite a los animales anticipar automáticamente amenazas a la supervivencia,
y también proporcionan un sustrato para ulterior aprendizaje. En cierto sentido, la principal
función del CerebroMente (necesitamos un concepto unificado como este) es anticipar
necesidades para la futura supervivencia. El "sentido" evolutivo de tener sentimientos
afectivos brutos (de proceso-primario) es que identifican "incondicionadamente" amenazas
primarias específicas a la supervivencia, y estos estados cerebrales pueden también
usarse como elementos de información para procesos mentales superiores de aprendizaje.

Es un "sinsentido" científico que neurocientí-ficos y psicólogos evolucionistas ignoren estas


cuestiones CerebroMentales de proceso-primario (las llamadas respuestas incondicionadas
del cerebro) y dediquen mucho más esfuerzo a los procesos secundarios y terciarios con
los que están enlazadas mediante el aprendizaje. Las agendas de conductistas,
cognitivistas y psicólogos evolucionistas no pueden completarse sin una comprensión más
clara de las redes cerebrales de estimulo y respuesta incondicionados (es decir, las
muchas herramientas neuropsicológicas para vivir que son "instintivas" e "innatas" pero
refinadas por la experiencia).

2. Desde el siglo XIX se han usado argumentos evolutivos para describir la evolución
del sistema nervioso de los mamíferos. Una imagen común es el modelo del "cerebro
triuno" propuesto por Paul MacLean, que consiste en tres cerebros distintos: el
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cerebro reptiliano, el cerebro paleomamí-fero y el cerebro neomamífero (primate),


cada cual con su propio modo de funcionar. ¿Tiene aún predicamento esta visión
ente los neurocientí-ficos, o es una supersimplificación que no tiene en cuenta las
complejas interrelaciones entre distintas partes del cerebro, considerado como una
entidad integrada?

Creo que podemos estar todos de acuerdo en que el cerebro es producto de una
evolución, y, por tanto, también lo son ciertos aspectos de nuestras mentes. Una simple
visión tripartita de la evolución del cerebro no será¡ una descripción adecuada y precisa; la
de MacLean fue una simplificación didáctica que dirigió la atención de la gente a las fases
globales de la evolución del CerebroMente, pero era una buena aproximación. Ayudó a
mucha gente a enfocar su atención en el hecho de que aún existen mentes antiguas dentro
de nuestras mentes humanas modernas, y que no entenderemos nuestros procesos
mentales superiores a menos que encaremos seriamente las soluciones neurales más
tempranas que aún influyen en el complejo aparato mental de los mamíferos altamente
encefalizados.

Con un órgano tan complejo como el CerebroMente de los mamíferos, necesitamos


ciertamente alguna ayuda conceptual, a menudo simplificaciones evolutivas, para empezar
a hacernos una idea con sentido del conjunto integrado. Yo prefiero un concepto tripartito
de las complejidades algo diferente, que no nos meta en "problemas" neuroanatómicos: i)
procesos-primarios, que como resultado de la evolución proveen útiles vitales toscos pero
eficaces, muchos de las cuales típicamente reflejan "intenciones-en-acciones" intrínsecas
âEUR"procesos tradicionalmente tratados como "innatos" o "instintivos" y que han
engendrado tanto acalorado debate (los sustratos neurales generalmente corresponden a
los cerebros reptiliano y paleomamífero de MacLean); ii) procesos-secundarios, que
reflejan las capacidades cerebrales básicas de aprender mediante
sensibilización-habituación, condicionamientos clásico y operante, etcétera (estos están
representados en todos los niveles de organización cerebral), y iii) procesos-terciarios, que
incluyen todos aquellos procesos "reflexivos" del CerebroMente superior que incluimos en
conceptos tales como pensamiento, deliberación, planificación y las formas superiores de
la intencionalidad (esto es, intenciones-de-actuar), y de esto no podemos tener mucho sin
las funciones de aprendizaje general evolutivamente marcadas de nuestras expansiones
neocorticales.

Según se asciende en esta jerarquía de complejidad mental, hay cierta clase de


complejidad neuronal paralela. La tricotomía de MacLean iba en la buena dirección para su
época, una época en la que las cuestiones evolutivas no eran populares ni en la psicología
ni en las neurociencias. El pensamiento evolutivo moderno necesitará retener lo mejor de
esa visión y seguir adelante para encarar, de manera cada vez más realista, las autenticas
complejidades jerárquicas bidireccionales de la evolución del CerebroMente. Al hacer esto,
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espero que hallaremos que las funciones mentales-evolucionadas más discretas y


definitivas existen principalmente en las regiones cerebrales inferiores, más antiguas,
caudales y mediales.

Las funciones mentales que emergen más bien epigenéticamente y durante el desarrollo se
basan mucho más en expansiones cerebrales más recientes, del cerebro rostral y lateral,
que se encuentran en abundancia en el neocórtex. Podemos confiar más en hallar
especializaciones funcionales fruto de la evolución en regiones cerebrales inferiores,
antiguas, que en expansiones superiores, más recientes, como el neocórtex. La
"modularización" de la función (un concepto muy azaroso), especialmente cuando se
detecta en adultos con técnicas como la IRMf y la TEP, no es evidencia de modularización
genético-evolutiva. A pesar de los sueños y los mejores deseos de los psicólogos
evolucionistas, montones de evidencia sugieren que en el nacimiento la mayor parte del
neocórtex es parecida a la tabula rasa. La futura unión de la psicología evolucionista con la
imaginería cerebral moderna debe recordar que lo que acaba quedando "modularizado" en
regiones superiores del cerebro no lo estaba al nacer. Esto también vale para las
"neuronas espejo". Además, algunas de nuestras espectaculares herramientas nuevas,
como la IRMf, no se adecuan bien al estudio de funciones del CerebroMente antiguo donde
la liberación de potentes neurotransmisores (por ejemplo neuropéptidos) es más
importante que los cambios a gran escala de las frecuencias de los potenciales de acción
que caracterizan las funciones del cerebro superior.

3. Las respuestas afectivas intrínsecas de nuestro cerebro son más complejas de lo


que pensábamos. ¿Podemos decir que son "inteligentes"?

Sí-, la sutileza de la mente afectiva de proceso-primario apenas se ha estudiado en la


neurociencia o la psicología humanas. En gran medida porque en la investigación humana
no hay un acceso expedito a procesos tan fundamentales. Para progresar necesitamos
modelos animales, y nuestras tradiciones intelectuales, saturadas de positivismo lógico,
han elegido negar o quitar importancia a las vidas mentales de otros animales. Sin
embargo, podemos afirmar con confianza que, incluso en el nivel de los
procesos-primarios, los afectos son de muchas variedades, incluidas algunas que emergen
directamente de entradas sensoriales periféricas, otras de capacidades corporales internas
homeostáticas e interoceptivas, y otras que son en gran medida funciones intracerebrales
como los afectos emocionales.

Mi trabajo se ha enfocado en estos últimos, y podemos afirmar con confianza que hay
muchos "premios" y "castigos" intrínsecos (esto es, afectos) dentro del cerebro. Los afectos
emocionales de proceso-primario incluyen los que surgen de impulsos de BÚSQUEDA,
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TEMOR, IRA, DESEO SEXUAL, CUIDADO maternal, ANSIEDAD de pérdida social y


sistemas de JUEGO-lúdicos. Sabemos mucho sobre la naturaleza afectiva de estos útiles
vitales ancestrales porque las redes pueden estimularse mediante estimulación cerebral
localizada en todos los mamíferos, y estas activaciones pueden servir como "premios" y
"castigos" en tareas de aprendizaje tradicional. El desafío ahora es distinguir objetivamente
estos afectos con mayor claridad usando en animales diversas tareas de discriminación y
de aprendizaje dependiente de estados, así- como estudios de estimulación cerebral
psicológicamente sofisticada en seres humanos.

Tan pronto como avanzamos a niveles secundarios y terciarios de emergencia


CerebroMental las complejidades aumentan enormemente, a menudo de formas
ideográficas (individuales y dependientes de la cultura). Muchas pueden estudiarse sólo en
humanos.

¿Son "inteligentes" estos sistemas? Depende de cómo usemos ese complejo concepto.
Seguramente no existirán si no hubieran sido muy útiles para la supervivencia y la
reproducción. Tienen una "sabiduría callejera", una "gramática parda", en el sentido de que
los afectos proveen indicaciones inmediatas sobre qué hacer; si te hace sentirte bien hazlo
más, y si te hace sentirte mal hazlo menos. Sin embargo, tales respuestas simplistas
pueden resultar desatinadas en diversas situaciones complejas, especialmente situaciones
sociales. La evolución no ha construido siempre una comprensión de cuán desatinadas o
atinadas pueden ser a un nivel mental superior.

Eso se dejó mayormente al aprendizaje. Sin embargo, algunas vías de desarrollo están
evolutivamente "preparadas". Uno debería enterarse con presteza si sus deseos corren
peligro, y si algún intruso intenta atraer para sí- a la fuente de tu seguridad social-sexual
será útil aprender con rapidez diversas respuestas celosas que pueden ser una elaboración
compleja de sentimientos de BÚSQUEDA, TEMOR, IRA y ANSIEDAD.

Pienso que el dilema humano es cómo hacer a nuestras respuestas instintivas "gramáticas
pardas" más inteligentes y más capaces de servir a nuestros deseos y expectativas
superiores. Si permitimos que gobierne el cerebro inferior, nos metemos en toda clase de
problemas. Académicamente, uno es que la amígdala es "el centro" de nuestra vida
emocional. Absurdo. Las vidas emocionales de los humanos adultos están tan fuertemente
ligadas a nuestras capacidades cognitivas superiores como a nuestras redes emocionales
inferiores. Pero las primeras no tienen "vida propia". Todo lo que está en el piso de arriba
sigue ligado a las muchas redes emocionales de las regiones inferiores del CerebroMente.
Estos sistemas subcorticales pueden tener "vida propia". Las ratas jóvenes a las que se ha
extirpado quirúrgicamente todo el neocórtex son criaturas emocionalmente muy
coherentes, que los estudiantes son incapaces de distinguir de sus hermanas normales,
neurológicamente intactas. Simplemente, no sobrevivirán mucho tiempo en el mundo
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exterior. La coherencia emocional-motivacional-perceptual intrínseca de las regiones


cerebrales inferiores es una importante lección para la psicología evolucionista.

4. ¿Hay algún temor innato?

Sí-, claro. Que sepamos hay una red de TEMOR provista por la evolución que va de la
amígdala, por el hipotálamo medial, a las regiones dorsales de la sustancia gris
periacueductal, y que es capaz de orquestar un respuesta coherente de temor que incluye
componentes viscerales, somáticos y afectivos. ¿Cómo lo sabemos? La estimulación
cerebral localizada a lo largo de esta vía activa una respuesta coherente de temor en todas
las especies de mamíferos que se han sometido a prueba, y a los animales les disgusta
esta estimulación como lo indica su capacidad de servir como "castigo" en diversas tareas
de aprendizaje (es decir, huida y preferencias de lugar condicionadas). Es una lástima que
la mayoría de los que trabajan en acondicionamiento por temor no reconozcan la existencia
de este mecanismo cerebral, probablemente porque les interesa más el aprendizaje
individual y la memoria que la naturaleza de los sistemas de respuesta emocional
incondicionados, "instintivos" y universales que la evolución ha incorporado en los cerebros
de los mamíferos.

El sistema de proceso-primario del TEMOR, como todas las demás primitivas emocionales,
nace en gran medida "sin objeto"; esto es, la mayor parte de nuestros temores específicos
son aprendidos. Sin embargo, este sistema sí- parece tener ciertas entradas específicas,
sin duda algo diferentes en distintas especies. El dolor, la pérdida de apoyo físico y los
objetos que se aproximan rápidamente son efectivos instigadores de temor en la mayoría
de las especies de vertebrados. Sin embargo, las especies presa tienen además entradas
sensorio-perceptuales más específicas a su sistema de TEMOR, de las cuales la mejor
estudiada es el olor de los predadores en los roedores. Esta entrada sensorial de sus
sistemas olfatorios accesorios accede directamente (mediante los nervios vomeronasales)
al manantial del sistema del TEMOR en la amígdala. Las ratas se muestran
espontáneamente temerosas cuando se las expone a olor de gato. Este temor reflexivo
puede convertirse en una "atracción fatal": algunos parásitos (por ejemplo, el Toxoplasma
gondii) que necesitan completar su ciclo vital en un cierto tipo de "hospedador definitivo" (a
saber, gatos) han desarrollado un modo de facilitar que los "hospedadores intermediarios",
como las ratas, acaben en sus estómagos. A saber, las ratas infectadas por T. gondii
pierden su innato temor al olor de gato. Cuando están infectadas, se bloquea la entrada de
los temibles olores de los gatos a la circuitería incondicional del TEMOR (como muestran
trabajos recientes en el laboratorio de Robert Sapolski). De hecho, las ratas empiezan a
encontrar atractivos los olores felinos. Aoja!

5. ¿Por qué reímos?


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La risa humana es una respuesta instintiva-incondicionada de lo más intrigante que es


común sobre todo en fases tempranas del desarrollo durante el juego físico. Ha de tener
una larga historia evolutiva, ya que la circuitería dedicada a la risa está¡ situada en
regiones subcorticales profundas del cerebro. De hecho, la risa de proceso-primario puede
provocarse mediante cosquilleo tanto en niños humanos como en ratas jóvenes (en las que
toma la forma de un "gorjeo" de 50 kHz). Pensamos que su función como proceso-primario
es facilitar la coordinación afectivamente positiva de muchas conductas apetitivas, de la
compartición general-social a la especifica-sexual, entre animales mutuamente amistosos.
De aquí- que la risa pueda aumentar la aptitud reproductiva facilitando los lazos sociales.

Podemos activar la respuesta de gorjeo similar a la risa en cerebros de roedores


estimulando eléctricamente el sistema de BÚSQUEDA. En verdad, dondequiera que
obtenemos un gorjeo inducido por estimulación, el estimulo es de recompensa! Cuando
esta función cerebral de proceso-primario interactúa con procesos cerebrales secundarios
y terciarios es seguro que encontraremos muchas y fascinantes complejidades adicionales,
incluyendo, sin duda, la emergencia del humor. Podemos confiar en que hay impulsos que
generan diversión-goce lúdico incorporados en el cerebro, pero dudo que la evolución
construyese un sentido del humor. Sin embargo, el humor parece ser el estado positivo de
orden superior generado por el juego-verbal, que probablemente emerge principalmente
mediante el aprendizaje. Yo esperaría que el impacto afectivo del humor surgiese de la
misma matriz que el goce del juego. Me sorprendería que los niveles superiores del
cerebro humano contuviesen "módulos de humor" intrínsecos proporcionados
genéticamente, pues tales potenciales lúdicos podrían surgir con la misma facilidad
mediante el aprendizaje. Puede usarse el humor de tantas maneras para facilitar los lazos
sociales y para marginalizar a otros. Sin embargo, sospecho que un temperamento
genéticamente promovido amante del juego promoverá fácilmente un buen sentido de la
diversión y del humor.

6. ¿Qué es lo que no funciona correctamente en una enfermedad mental?

¡Ojalá¡ lo supiéramos! La suposición que me parece mejor es que los problemas mentales
constitucionales reflejan déficits en las redes cerebrales emocional-afectivas de
proceso-primario. Si es así-, sería muy importante que la psiquiatría biológica dedicase
más esfuerzos a descifrar los detalles, especialmente los detalles neuroquímicos de los
endofenotipos emocionales de proceso-primario en los cerebros animales. Pensar en
desequilibrios en los sistemas emocionales básicos y en sus controles reguladores
superiores (por ejemplo la inhibición cortical de los impulsos emocionales) puede ser un
modo de discutir problemas psiquiátricos mejor que los actuales enfoques "sindrómicos"
heredados de épocas pre-neurocientíficas.

Una vez que la neurociencia empiece a enfrentarse seria y concertadamente con las
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antiguas redes emocionales del cerebro, se identificarán muchas nuevas vías bioquímicas
que quizá¡ proporcionen nuevas posibilidades para el desarrollo de medicinas. Por ejemplo,
usando técnicas genéticas (con mis colegas Jeff Burgdorf y Joe Moskal) hemos identificado
el factor de crecimiento insulí-nico tipo 1 como un sistema afectivo positivo estimulado por
el juego social. ¿Podría esto producir nuevos antidepresivos? Habrá¡ muchos sistemas de
neuropéptidos moduladores de emociones que estarán desequilibrados en desórdenes
psiquiátricos, lo que nos permitirá¡ ver y tratar mejor las complejidades del CerebroMente
que subyacen a los desórdenes psiquiátricos.

7. ¿Por qué es usted tan reluctante con el programa de la psicología evolucionista?

Soy tanto "reluctante" como entusiasta. Mi reluctancia se basa en que la mayor parte de los
psicólogos evolucionistas parecen poco interesados en las funciones reales de los
controles genéticos y las funciones cerebrales instintivas (no condicionadas).
Probablemente esto refleja falta de experiencia en esas cuestiones. Hasta ahora, la forma
tradicional de la Psicología evolucionista (PE) ha surgido de una tradición de
social-psicología que ha estado enfocando sus ideas e hipótesis en los aspectos
superiores, terciarios, de la mente, y persiguiendo historias de plausibilidad con poco
interés en vincular sus ideas a análisis neurocientí-ficos o genéticos. Al obrar así-, sus
ideas son muy susceptibles de errores fundamentales que no parecen demasiado
dispuestos a corregir. Hemos visto cómo convicentes semiverdades, como las propuestas
por los conductistas, han cautivado a generaciones de estudiantes hasta el día de hoy.
Temo que la PE hará¡ eso otra vez, pero ahora añadiendo las intrigantes complejidades
mentales que pueden emerger de nuestras confrontaciones epigenéticas/de desarrollo con
el mundo más que los efectos genético-evolutivos surgidos de las transcripciones y
traducciones de nuestro ADN-ARN. Pienso que las tendencias estadísticas que describen
podrían explicarse fácilmente si tuvieran una visión clara de lo que efectivamente
evolucionó en los niveles inferiores de los cerebros de los mamíferos más que en los
niveles superiores de la mente humana. Considere un "por ejemplo" muy complejo: el
aprendizaje del lenguaje tal vez se inicie mediante urgencias comunicativas
prosódico-emocionales (vocalizaciones afectivas que pueden haber sido los cimientos de la
música primigenia) más bien que por alguna clase de instinto lingüístico proposicional
inherente. El que el córtex de comprensión del habla (Área de Wernicke) está situado
donde está se explica fácilmente porque está acurrucado entre las cortezas visual, auditiva
y somatosensorial, lo que permite un óptimo procesamiento multimodal de la información
entrante.

En general, es científicamente más sensato ver en primer lugar si podemos generar una
comprensión neurobiológica duradera de las funciones cerebrales de proceso-primario que
está más claro que han evolucionado, a menudo compartidas homólogamente por todos
los mamíferos, antes que intentar tan vigorosamente aprehender las complejidades de
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orden superior del CerebroMente. Para progresar en los niveles superiores puede que
tengamos que hallar maneras de enlazar las cuestiones fundamentales con las mentales
superiores, y creo que disciplinas emergentes como el neuropsicoaná¡lisis están haciendo
esto de maneras científicamente más equilibradas que la Psicología evolucionista
tradicional de base en las ciencias sociales.

Sería sensato que los psicólogos evolucionistas reconociesen algunos principios


fundamentales de la organización del CerebroMente. Por ejemplo, las regiones superiores
del neocórtex, con matrices de "columnas" corticales autosemejantes que se parecen a
circuitos de ordenador, al nacer se parecen funcionalmente más a unidades de proceso de
información de acceso aleatorio, de propósito general, que a sustratos para "módulos"
especializados en funciones determinadas por la evolución. Por todo lo que sabemos, no
hay en el cerebro un neocórtex visual intrínseco, genéticamente dictado. Como ha
demostrado espectacularmente el grupo de Mriganka Sur en el MIT, en los ratones la
competencia visual se programa epigenéticamente durante el desarrollo temprano. Lo
mismo puede suponerse de cada función cortical, aunque yo espero que las funciones
ejecutivas-frontales tendrán marcas evolutivas más definidas. Si resultan ser aplicables
también a otros procesos sensorioperceptuales del neocórtex, estos datos suponen un
enorme obstáculo para la agenda de la Psicología evolucionista tradicional. Si-, el cerebro
está¡ genéticamente preparado para aprender de muchas maneras diferentes, pero el
resultado final no justifica un relato evolutivo a menos que se haya considerado cómo
controlan los sistemas cerebrales antiguos el desarrollo y la programación de redes
cerebrales de evolución más reciente como las del neocórtex.

La psicología evolucionista necesita ser más disciplinada en sus especulaciones, o


tendremos que contender con un "monstruo" más robusto que el que nos legó el
conductismo de "no hay mente". Considerando el valor evolutivo del autobombo, es
improbable que los perpetradores de tales errores vayan a esforzarse en corregirlos. De
todas formas, hoy la mayor parte de los relatos evolutivos surgidos de análisis
exclusivamente psicológicos son letras de cambio que pueden explicarse más
parsimoniosamente mediante la manera en que nuestros afectos ancestrales pueden
controlar y regular nuestros procesos cognitivos superiores. Lo verdaderamente único de
los humanos es la complejidad de nuestras capacidades lingüísticas (todos nuestros otros
logros se siguen de este), pero aun esto es permitido, no dictado, por las expansiones tipo
memoria de acceso aleatorio de nuestras regiones neocorticales superiores.

8. ¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál es su máximo reto? ¿Cuál el misterio que sueña con
desvelar?

Siguen interesándonos mucho todos los sistemas emocionales básicos y su relación con
los trastornos psiquiátricos. Lo que más nos interesa es cómo media el sistema de
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ANSIEDAD sensible a las pérdidas sociales la angustia de separación (una forma de "dolor
psíquico") y cómo contribuye eso a la depresión. Nos interesan igualmente las
complejidades de los sistemas de JUEGO, ya que son muy importantes para entender el
afecto social positivo, diversos problemas de la infancia (como el trastorno por déficit de
atención con hiperactividad), contrarrestar la depresión y entender la política de poder (tal
como la simboliza nuestro amor por los deportes profesionales). Estamos también
sondeando cómo el juego temprano, que está claro que surge de circuitos subcorticales,
programa epigenéticamente funciones cerebrales superiores.

El más alto reto conceptual es escardar el campo de conceptos inservibles y pertinaces


que nos extravían el pensamiento; por ejemplo el postular "módulos psicológicos resultado
de la evolución" en regiones superiores del cerebro, mucho antes de que haya evidencia
genética satisfactoria de semejantes especializaciones. Una parecida chamarileara
conceptual afecta a mi propio campo, la neurociencia conductual, que está¡ aún fijada en la
existencia de un mitológicamente unitario "el sistema cerebral de recompensa" isomórfico
con los sistemas dopaminárgicos ascendentes. Hay muchos, muchos procesos cerebrales
relacionados con recompensas.

Hay varias recompensas sensoriales diferentes, recompensas homeostáticas y


recompensas emocionales, con buena evidencia de que el sistema dopaminérgico
mesolá-mbico/mesocortical y los opioides endógenos participan hasta cierto punto en todas
ellas. Sin embargo, el papel primario de "el sistema cerebral de recompensa" es fomentar
tendencias de acción coherentes pero generalizadas que intervienen en la obtención de
toda clase de diferentes recompensas detectadas mediante nuestros portales sensoriales.
Así- pues, hay hoy una masa de evidencia de que este sistema participa afectivamente
mucho más en los "entusiasmos-anticipatorios" o en todas las conductas de búsqueda de
recompensa, más que en las delicias de la "consumación-recompensa". Aparte de algunos
otros investigadores de parecida opinión, sobre todo Kent Berridge, este punto de vista
apetitivo-motivacional sigue estando descuidado. En lugar de eso, aquellos a quienes les
encantan los conceptos conductista-cognitivistas, como "error de predicción de
recompensa", los conceptos de proceso de información más que los etológicos como
BÚSQUEDA/querer, malinterpretan potencialmente sus soberbios estudios de disparo de
neuronas dopaminérgicas en monos atados a sillas que nos informan abundantemente
sobre qué está escuchando el sistema dopaminérgico, pero nada acerca de qué está
haciendo corriente abajo (es decir, ¿un clásico ejemplo de confundir correlatos con
causas?).

Así-, nuestro concepto de EXPECTATIVA-BÚSQUEDA, que tiene ya tres décadas, es aún


radical para la mayoría de los investigadores, pero no deberíamos olvidar que la actividad
de este sistema es máxima cuando los animales están buscando los recursos, no cuando
se consumen las recompensas. Si seguimos cometiendo errores de concepto como "El"
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Sistema Cerebral de Recompensa, seguiremos apoyando la hegemonía de errores


conductistas en nuestro pensar sobre la organización primigenia del CerebroMente. Hoy
aún estamos dedicados al mito de que pueden obtenerse buenos conceptos científicos
para describir el CerebroMente a nivel de proceso-primario a partir de experimentos de
aprendizaje sobre animales restringidos a cámaras de observación carcelarias (por ejemplo
las cajas de Skinner), que son enormemente cómodas para nuestras necesidades de
investigación, más bien que a partir del estudio de las secuencias de conducta naturales
(incondicionadas en su forma, si no en su dirección) que los animales exhiben en el mundo.
Al obrar así-, los conceptos CerebroMentales etológicamente relevantes mediadores de
emociones reciben menos atención experimental de la que merecen.

El mayor desafío científico es generar una comprensión neurocientí-ficamente creíble de


los sentimientos emocionales brutos. Sabemos ya dónde buscar. Los sentimientos en bruto
están Íntimamente entremezclados con sistemas operativos emocionales de
proceso-primario que engendran respuestas emocionales coherentes. Pero cómo emerge
de hecho la magia de los sentimientos afectivos de estas actividades sistémicas sigue
siendo en su mayor parte un proceso por desarrollar que requiere mejores ideas y
tecnologías. Un desafío es descubrir maneras creí-bles de estudiar la dinámica de red en
los cerebros de animales vivos, comparable a las que tenemos para estudiar las
actividades de neuronas aisladas. Por ahora el estudio de la naturaleza neural de los
comportamientos emocionales instintivos, los muchos útiles vitales ancestrales que pueden
excitarse mediante estimulación cerebral localizada en animales vivos, parece ser el mejor
método que tenemos para estudiar las experiencias de proceso-primario en el cerebro de
los mamíferos. Sin embargo, estamos discutiendo proyectos para ver si podemos
desarrollar un modelo de sección cerebral in vitro para observar el aprendizaje anticipatorio
espontáneo en los circuitos de BÚSQUEDA.

¿Mi sueño? Penetrar más en los aspectos experimentados de las actividades cerebrales en
animales y humanos. Para conseguirlo, espero que tendremos que tener una confrontación
neuroconceptual y empírica con el "alma" mamífera; esos tipos "YO-central" de redes
neurales antiguas (es decir, subcorticales) que permiten a los organismos ser coherentes,
espontáneamente activos, organismos sintientes en el escenario de la vida. Sospecho que
entender los procesos del YO nomotético (universal) del cerebro mamífero preparará el
terreno para entender los muchos yos ideográficos (individualistas) superiores que
emergen epigenéticamente durante el desarrollo en las regiones superiores de nuestras
mentes/cerebros. De análisis comparativos de abajo arriba de los CerebroMentes
mamíferos surgirán coherentemente, si son ciertas, las variantes neurocientí-ficamente
más convincentes de la psicología evolucionista, más bien que las variantes prevalentes de
orientación humana, solamente psicológicas, que parecen hoy de rigor.

Los humanos somos espectaculares variantes de antiguos temas mamíferos, pero la mayor
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parte de nuestra unicidad puede surgir de cómo la "naturaleza del desarrollo" (la
epigénesis) moldea la amplia funcionalidad de las regiones superiores de nuestro cerebro.
Pero será ciencia difícil, y tal vez también difícil de "vender", como la evolución misma.
Lamentablemente, si nuestras hipótesis funcionales no están constreñidas por lo que ya
sabemos sobre la evolución y la organización del cerebro, seremos propensos a cometer
muchos errores de concepto. Si es así-, otros acabarán teniendo que hacer limpieza detrás
de nosotros... en general más despacio de lo que es beneficioso para el avance del
conocimiento sustantivo. Pero ese es un riesgo perenne de las inquisiciones científicas
profundas, lo que ayuda a explicar por qué la mayor parte de la neurociencia básica busca
permanecer completamente en niveles de análisis superficiales, de detalle, aprendiendo
cada vez más sobre cada vez menos.

Fuente: http://www.desdeelexilio.com/

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