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V I S O R revista literaria

Nº 24- May. / Ago. 2022

Reseñas: Cristina Rentería Garita / Agustín Gómez Arcos


Ensayos: El universo femenino en la obra de Teresa de la
Parra y Concha Espina / Clarice Lispector. Centenario de una
autora de culto / Elementos feéricos en Jane Eyre Creación:
Manuel Alcalde Herrera / Jaime Cortés / Cintia Ledesma /
Azla Ravéht / Arturo Hernández González / Óscar Benítez
© Revista Literaria Visor
ISSN 2386-5695
Revista Literaria de difusión cuatrimestral Contenido
Dirección:
Noel Pérez Brey
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com
Editorial..................................................................................3
Consejo Editorial:
Vega Pérez Carmena
Noel Pérez Brey Reseñas.................................................................................. 4
Juan y los murmullos. Cristina Rentería Garita..................5
Imágenes:
Portada: Steffen Tuck / Fuente: Flickr Un pájaro quemado vivo. Agustín Gómez Arcos................7
https://www.flickr.com/photos/steffentuck/
Contraportada: Goran Djikic/ Fuente: Flickr Ensayos.................................................................................. 9

Contenido: Florent Devauchel / Fuente: Flickr; Reseñas:
Bob Stewart / Fuente: Flickr; Ensayos: Lauren Farmer / Fuente: Flic- Dos mujeres, dos países, dos voces: el universo femeni-
kr; Creación: Noemí Díaz Patiño / Fuente: Flickr. no en la cuentística iberoamericana a través de la obra
Diseño:
de Teresa de la Parra y Concha Espina, por Ainoa López
Noel Pérez Brey Riesco............................................................................................10
Clarice Lispector. Centenario de una autora de culto,
por Eduardo Garrido Pascual................................................16
Esta revista se edita desde Illescas (Toledo - España) a través de la
siguiente dirección: Elemento feéricos en la novela Jane Eyre, de Charlotte
www.visorliteraria.com Brontë, por Laura Martínez Gimeno....................................20
Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente dirección de
correo electrónico: Creación.............................................................................. 29
visorliteraria@gmail.com Fernando y Bernardine, por Manuel Alcalde Herrera... 30
El corazón de la abuela, por Jamie Cortés..........................33
@ visorliteraria @ visorliteraria Pequeñas victorias, por Cintia Ledesma............................37
Domo de agua, por Azla Ravéht........................................... 46
Elogio a las personas alegres, por Arturo Hernández Gon-
Todos los textos e imágenes publicados en este número son propiedad zález.............................................................................................. 50
de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohibida la reproduc- La muralla, por Óscar Benítez...............................................53
ción total o parcial de los contenidos de esta publicación en cualquier
medio sin el consentimiento expreso de los mismos. Por otro lado, esta
publicación no se responsabiliza de las opiniones o comentarios ex- Colaboraciones..................................................................61
presados por los autores en sus obras.
EDITORIAL

Celebridad o cuento

Este abril, Cristina Peri Rossi fue galardonada con el Premio Cervantes. Aprovechamos
para darle la enhorabuena por el reconocimiento y os invitamos a leer a esta magnífica es-
critora uruguaya. Pero hablemos ahora de otros autores célebres, aquellos que, en vez de
por su autoría, parecen importar más a las editoriales por su celebridad.
Según informaba la prensa, al almuerzo previo a la entrega del Cervantes acudió, en ca-
lidad de escritora, una famosísima presentadora de televisión. Ojo, no criticamos su libro ni
para bien ni para mal, no lo hemos leído, solo queremos apuntar lo facilísimo que es ser es-
critor, publicar con una gran editorial (Harper Collins, en este caso) y pegarte una comilona
con el rey si, antes de escribir, te has preocupado de ser conocido.
En esta línea, y también en abril, una editorial del grupo Planeta trajo a España la pri-
mera obra de una conocida supermodelo, a lo que sumamos los incontables libros escritos
por futbolistas, políticos, cantantes o famosetes de turno. Suponiendo que no hay por medio
negros literarios (seamos buenos), nos parece que quienes os partís el alma por escribir lo
estáis haciendo todo al revés. Para qué estudiar, documentarse, leer y teclear sin descanso,
enviar manuscritos a revistas y concursos, llamar a las puertas de las editoriales equivo-
cadas hasta centrar el tiro, pensar tramas, perfilar personajes, corregir, corregir y corregir
otra vez… Quizá sea más provechoso dedicar ese tiempo y esfuerzo a ser deportista, modelo
o actor, pues entonces, aunque nunca hayas mostrado el más mínimo interés por los libros,
Re s e ñ a s
el talento literario te poseerá y podrás escribir una obra digna de ser publicada por una
editorial importante, los lectores harán cola con tu novela bajo el brazo para que se la de-
diques y hasta almorzarás con el mismísimo rey.
Hace poco, en una entrevista para un trabajo de investigación de la Universidad Com-
plutense de Madrid, nos preguntaron si creíamos que, en los medios de comunicación ge-
neralistas, se le da a la literatura la importancia que merece. Enseguida se nos vino a la ca-
beza «A fondo» (solo hemos visto vídeos, aún no habíamos nacido), el antigua programa de
Televisión Española, donde se realizaban extensas entrevistas a escritores de primer orden:
Cortázar, Rulfo, Rosa Chacel, Miguel Delibes, Borges… Por resumir, contestamos que no,
claro. Pero no seamos ingenuos. Las editoriales, los medios, la televisión son negocios y, por
tanto, buscan rentabilidad. Es decir, programan o editan aquello que, según sus estudios de
mercado o audiencia, se vende y da beneficio, así que tal vez no debamos culparlos a ellos,
sino a nosotros mismos como consumidores.
Sea como sea, aquí no dependemos de ninguna editorial ni de la subvención del gobierno
de turno y no nos mueven los resultados económicos, por lo que solo publicamos aquellos
textos que nos atrapan, que nos conmueven, que nos divierten, sin importarnos un carajo
que su autor sea un personaje conocido, un tótem de la literatura o un escritor novel. Bien-
venidos.

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RESEÑAS RESEÑAS

Juan y los murmullos Todos los ins-


trumentos de la
tura y con la obra de Rulfo, como personaje
dentro de su obra, como ejercicio de inter-
muerto en su conciencia, tienen sombra».
Todo en ella es el encuentro con la ruina
Cristina Rentería Garita orquesta son co- textualidad metaliteraria. de lo que somos, de lo que fuimos o cons-
nocidos perfec- Juan Preciado puede ser el eco y el hijo de truimos con esa capacidad para insertar la
tamente por Ren- Damiana Cisneros, su conversión en alacrán. violencia que «va avanzando sin ruido hasta
En Bartleby y compañía (2000), Enrique Vi-
tería Garita y en Porque todo es posible que se metamorfosee producir un incendio».
la-Matas incidía en una idea que siempre y cambie, se adapte a un submundo que va Rentería Garita ha sabido seguir un ca-
su obra trata de
presidió su obra: el hecho de que «no puede surgiendo de la nada entre muertos, como la mino hollado, perfectamente adaptado a su
llegar a ellos de
existir ya buena literatura si en esta no hay muerta Susana de San Juan, ya que donde es- sensibilidad y modo de ver la literatura que
nuevo en una es-
implícita de fondo una reflexión que cuestio- tamos, Comala, es «el espanto de lo eviden- nace de su capacidad para la sorpresa y la
pecie de bildungs-
ne incluso la posibilidad o la noción misma te». mutación y, como decía el propio Vila-Matas,
roman.
de la literatura». Surge así el síndrome de Advierte que A través de frases cortas, directas, suges- su capacidad para cuestionarse el sentido de
Bartleby en honor al célebre personaje de Juan y los murmullos tivas, con una búsqueda del valor connotati- esta. Y, en este sentido literario que persigue
en su libro hay
Melville (el escribidor que ha dejado de es- Cristina Rentería vo de la palabra, con su receptáculo abierto el juego escénico de la metaliteratura, en una
cuatro tiempos:
cribir), esa «atracción por la nada que hace Garita y plural, Rentería Garita nos va adentrando entrevista de una joven mexicana nacida en
el de Rulfo, el de
que ciertos creadores, aun teniendo una con- Ediciones Azimut en ese inframundo donde el niño «sabe lo que París, pero con apellido extraño, le pregunta
los seres que vi-
ciencia literaria muy exigente (o quizá preci- Málaga, 2020 tiene que hacer», también Juan Rulfo, claro, a Rulfo por el proceso de creación de Pedro
ven en Rulfo, el
samente por eso), no lleguen a escribir nun- de Comala y sus ánimas y el de Juan Precia- y los mayates (esos insectos ciegos), y entra- Páramo, y este responde: «—Ya estaba hecho
ca; o bien escriban uno o dos libros». Este es, do, el observador de Comala y aquí amigo de mos en la historia de Palmira y nos adentra- —responde Juan con sinceridad—. Solo ha-
sin duda, el caso de Juan Rulfo, al que citará Rulfo. Pero también hay un hecho que hacia mos en pequeños riachuelos, como el de To- bía que encontrarlo».
en varias ocasiones Vila-Matas como uno de el final de la obra surge con especial interés ribio Alderete, que habla con los caballos, o Tanto Rulfo como Juan Preciado sa-
los grandes bartlebies de la historia. Rulfo simbólico, la figura de Clara, la esposa de los indios y la Virgen de Guadalupe, y el niño ben que no hay salida, que todo está escri-
fue uno de los grandes escritores que llegó Rulfo y una reveladora imagen. que es Juan en el orfanatorio: «Juan siente la to, como también lo sabe la enana poeta, y
a ser reconocido como tal por tan solo dos A través de 68 microrrelatos, algunos de insoportable angustia». que la culpa y el miedo van apoderándose de
obras, Pedro Páramo y El llano en llamas. apenas dos líneas, Rentería Garita asume el Es la sensación que nos va produciendo todo como una niebla espesa, en ese infra-
Con Juan y los Murmullos, Cristina Rente- poder de la palabra, su capacidad para meta- este recorrido por la nada, esta entrada en el mundo donde Juan Preciado fue a buscar a
ría Garita rinde un homenaje sublime a este morfosearse y ser creadora de imágenes, sa- infierno y la degradación donde todo surge a su padre Pedro Páramo y se encontró con los
gran narrador mexicano, a cuya obra tuve bedora de su recorrido vital pero también de través de espasmos, de ritmos cíclicos del co- restos mortuorios de un ajuar disoluto.
oportunidad de dedicar todo un curso hace su paraguas mortuorio. Por eso existen tan- razón que se agita con las mareas del texto, Solo ese espasmo que produce el encuen-
muchos años y entrar en las claves concep- tos recursos metafóricos, simbólicos, cam- con su capacidad para entregarnos los restos tro con Clara, tras la brevería de las niñas
tuales y simbólicas de su mundo putrefacto. pos semánticos precisos… que advierten de de un naufragio como en la historia de Refu- convertidas en siamesas, puede servir de epí-
Bajo el paraguas de Pedro Páramo, ese ha- un lenguaje connotativo profundo y rico, por gia Martínez: «Cuando mueres, lo ves todo». logo abierto a un mundo cerrado. Clara, la
cedor de infantes, Comala es un inframundo ejemplo, cuando dice que al niño se le «exi- Porque, como dice la autora en el relato 27: mujer de Rulfo, «tiene en la boca gusto a nie-
al que llega Juan Preciado porque quiere co- lia del océano de su madre». Surge ese niño «En Comala, los sueños tienen vida propia; se ve de limón, como el día que conoció a Juan»,
nocerlo, pero allí solo va a encontrar muer- Juan Rulfo, que nace muerto, pero todavía no desparraman apoderándose de todo cuanto a Juan Rulfo, cuya presencia como hilo con-
te, degradación e infamias. Rentería Garita lo sabe, y las Ánimas que tienen el sentido de tocan. Por eso siempre se oyen voces plati- ductor es absoluta tanto en el espíritu como
ha leído en profundidad a Rulfo, conoce sus la pérdida y lo desconocido, y como en Pe- cando, para no dormir». en su palabra.
claves literarias, su lenguaje que nace de la dro Páramo, Juan Preciado es un guía por el Está claro que en Comala la muerte sigue Las últimas singladuras de este enclave de
brevería, la concisión y la intensidad, la emo- infierno de Dante, un guía que vivifica lo que viva, nunca «duerme”», aunque quiera. Los riachuelos, que son estos microrrelatos, para
tividad de la palabra, los alambiques del do- estamos viendo, a lo que estamos asistiendo, muertos nacen como las flores, entre los es- llegar al gran río de siempre, el gran río que
ble sentido y las interpretaciones semánticas. que no es sino un reencuentro con la litera- combros, y «En Comala, solo aquellos con un va a dar a la mar que es la muerte, nos per-

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RESEÑAS RESEÑAS

miten recorrer simbólicamente un todo que tra así en el nuevo infierno de Dante, una sel- en el que se mueve y mantiene viva de for- jantes. Un pájaro quemado vivo es una novela
fluye: sillas, mesas, pies, voces (calladas), so- va oscura, y el asalto de las bestias, incapaz ma enfermiza la memoria de sus antepasa- ejemplar con un ambiente subyugante, des-
llozos (descansados), carteros, niñas, novias, de encontrar la «diritta via» a la salvación, dos, dando la espalda a la llegada de nuevas cripciones minuciosas y como casi todas las
poetas, violines…, la oscuridad y… el niño, acaso también con la alegoría de la lujuria, aperturas y libertades. Doña Paula teme la de Gómez Arcos, a la vez trágica y lúdica por
Juan niño, Juan Preciado echando la figura- la codicia y la soberbia. Pero sobre todo con caída del Antiguo Régimen (Arcos describe su sana forma de satirizar una España verte-
da botella al mar, al mar de la muerte, con el canto siempre presente de la muerte y la la muerte de Franco con puntillosa crueldad brada por el pensamiento fascista y el miedo
todo el mensaje y la existencia de Comala. sapiencia de la palabra poética que toma en la mente enfermiza de su protagonista a la libertad. Nuevamente sofocantes micro-
Una gran historia y un pulso narrativo cuerpo. femenina), se escandaliza por las huelgas y cosmos, personajes de muy distintos estratos
preciso, consistente y enormemente suge- se muestra incapaz de amar a su prometido sociales y una violenta requisitoria contra el
rente, conducido por este inframundo de la © F. Morales Lomas sin anteponer el interés económico. Con po- totalitarismo instalado todavía en nuestras
mano sabia de Juan Rulfo. El lector se aden- cos personajes y un hábil uso de metáforas y instituciones desde tiempos lejanos. La odi-
monólogos interiores, el autor atrapa al lec- sea de esta mujer, entre la locura y la ambi-
tor en el devenir de una mujer atada al viejo ción, nos muestra los rescoldos del franquis-
orden y refugiada en su mansión de Las Tres mo que permanecen en la sociedad a pesar
Palmeras convertida en una suerte de altar de la llegada de la democracia, a la que ella
y campo de batalla emocional. Gómez Arcos da la espalda con sus negocios, su altanería y
se toma su tiempo para hacer descripciones tratos con el clero. Episodios como el intento
psicológicas agudas que acaban conforman- de golpe de Estado del 23 F se convierten en
do un fresco social demoledor marcado por ella en una loca esperanza de instauración
Un pájaro quemado vivo tes y la des-es-
tructuración de los celos, el rencor, la doble moral, la som- del antiguo régimen mientras antiguos polí-
Agustín Gómez Arcos microcosmos bra del franquismo y un tipo de personajes ticos se reciclan para el nuevo, como su joven
marcados por llenos de complejos sexuales y servidumbres prometido, hijo de un notario. Otro libro es-
las señales de la humanas. El pasado arrolla en presente y crito con furia y primor, obra mayor de uno
Agustín Gómez Arcos, exiliado republica- marca el futuro y, como en María República o de los nombres peor conocidos de la litera-
guerra y sus se-
no en Francia, es uno de los mejores escrito- cuelas. Incluyen- La enmilagrada, la religión católica es presen- tura universal, reeditado recientemente por
res de nuestra memoria histórica. Regresó a do alegatos femi- tada como una farsa en la que se refugia el la editorial Cabaret Voltaire.
España en los años sesenta, donde vio coar- nistas y progays. conservadurismo para expiar su inmovilismo
tada su libertad creativa, y fue reconocido en Gómez Arcos social y justificar su tiranía sobre sus seme- © Eduardo Nabal Aragón
varios países y traducido en diversas lenguas explora en sus
aunque bastante poco en su lugar de naci- obras la España
miento. En Un pájaro quemado vivo, escrita ya profunda, esa Un pájaro quemado
en los años ochenta y finalista del premio España pobla- vivo
Concourt, como en la transgresora y homoe- da de caciques, Agustín Gómez Arcos
rótica El cordero carnívoro (una de las grandes Cabaret Voltaire
explotados, de
novelas del siglo pasado) retrata con feroz Madrid, 2019
miedo y religio-
ironía y demoledor humor negro la España de sidad turbulen-
los vencedores a través de figuras atrapadas ta. En Un pájaro quemado vivo, la protagonista
en una suerte de carnaval literario opresivo es una huérfana de ideas fascistas que mal-
y barroco donde no faltan elementos buñue- trata a una antigua prostituta republicana
lescos como la beatería, la represión sexual, a su servicio al tiempo que trata de escalar
el odio en el seno de las familias pudien- en el entramado social lleno de hipocresía

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ENSAYOS

Fuente: ViceVersa Magazine

E n s ay o s
Dos mujeres, dos países, para trasladarse al mundo real en forma de
estereotipos y modelos de conducta. Pero es
dos vo c e s: el universo
que esos personajes fueron, en su totalidad,
femenino en la cuentística concebidos por hombres en culturas de raí-
iberoamericana a través de ces fuertemente patriarcales. Un buen ejem-
la obra de Teresa de la Parra plo de ello lo encontramos en el contexto de
y Concha Espina la Grecia Clásica, donde figuras literarias tan
por Ainoa López Riesco inolvidables como Electra o Lisístrata llega-
ron a configurar sólidos arquetipos femeni-
nos que serían perpetuados en el tiempo por
La mujer siempre ha ocupado un lugar el resto de culturas herederas de la griega,
destacado como protagonista de las gran- dando lugar a un imaginario femenino cons-
des obras literarias de nuestra historia. Son truido desde una tiránica óptica masculina
incontables los nombres de personajes feme- que trascendería a lo largo de los siglos.
ninos que han logrado incrustarse en lo más Hubo que esperar hasta finales del siglo
hondo del imaginario cultural de las mismas XIX para asistir al alzamiento de toda una
sociedades que les dieron vida. Es más, fue tal serie de voces con sello de mujer dispues-
la repercusión de sus aventuras que muchas tas a acabar con aquellos clichés del pasado
de ellas traspasaron las páginas de los libros y mostrar al mundo otra realidad bien dis-

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ENSAYOS ENSAYOS

tinta. Concha Espina (1887-1955) y Teresa carácter privado e intimista a través de la tal función de tocar la hora. Al contrario que Por lo tanto, a través de este sucinto aná-
de la Parra (1889-1936) fueron dos de estas que poder escapar de esa sociedad que las el personaje principal de su novela Ifigenia, lisis, vemos cómo también puede realizarse
escritoras pioneras que consiguieron desta- mantenía aisladas. Fray Bernabé es un hombre, pertenece al gé- una lectura en clave femenina del cuento de
car dentro de un mundo de hombres, una en En este sentido, resulta sencillo darse nero masculino. Sin embargo, las virtudes y Teresa de la Parra, el cual no hace más que
España y otra en Venezuela, e introducir en cuenta de la enorme carga autobiográfica deberes que encarna están en estrecha rela- evidenciar la vinculación de la escritora con
la literatura iberoamericana todo un nuevo que Teresa de la Parra volcó dentro de sus ción con lo que en tiempos de la escritora se las ideas feministas que tanto defendió en su
cosmos femenino contado desde la propia libros. En Las memorias de Mamá Blanca, la au- relacionaba con la buena educación feme- época de madurez. Si bien dichas ideas no se
experiencia de una mujer. tora pone por escrito sus propios recuerdos nina: sumisión, obediencia, docilidad, disci- manifestaron de forma intensa o explícita en
A través de esta conjunción entre las dos de infancia en Venezuela junto a su familia, plina y aislamiento. El oscuro y angosto re- la escritora, sí contribuyeron a generar un
escritoras coetáneas, procedentes de lugares dentro de los cuales cobra gran importancia cinto que constituye la capilla representa la cuestionamiento generalizado acerca de esa
tan lejanos y distantes, se ha querido poner la figura de su abuela, personaje mediante el realidad aislada y apartada de la mujer, del sociedad patriarcal donde la mujer apenas
de manifiesto un sentimiento global que flo- que Teresa de la Parra presenta la tradición mismo modo que la estricta tarea llevada a contaba con unas pocas libertades.
reció a finales del siglo XIX y que se extendió vinculada al espacio femenino en su país. cabo rigurosamente por el monje simboliza
a lo largo de la siguiente centuria: la reivin- El interés de todo esto radica en el giro que las labores domésticas propias de las amas Los cuentos de Concha Espina: entre la tra-
dicación de lo femenino y la defensa de la la escritora venezolana da con sus novelas a de casa. Asimismo, el mundo que espera a dición y la modernidad
mujer y sus derechos en un mundo dominado toda la producción literaria anterior. Ahora, Fray Bernabé más allá de los confines de su
Fue a través de la pluma de la célebre es-
enteramente por el género masculino en to- la vida de estas mujeres es contada desde un reloj no es otra cosa que ese espacio social
critora santanderina Concha Espina por la
dos y cada uno de los ámbitos de la sociedad. punto de vista exclusivamente femenino. Es- al que la mujer, por su condición de género,
tamos, por tanto, ante uno de los primeros tenía prohibido acceder. Una vez que el mon- que el mundo visto a través de los ojos de
casos de literatura sobre mujeres creada por je conoce esa realidad externa que le había una mujer se coló en la literatura española
La figura de la mujer en la obra de Teresa de de principios de siglo XX. Como escritora,
la Parra: El ermitaño del reloj una mujer en Venezuela. sido vetada, no es capaz de retomar su anti-
Igualmente, la producción cuentística de gua rutina, por lo que, desesperado, decide cultivó distintos géneros literarios, desde la
Al abordar la obra de Teresa de la Parra, Teresa de la Parra posee los mismos rasgos terminar con su vida. novela —La esfinge maragata (1914)— hasta el
nos encontramos con todo un manifiesto a que caracterizan a sus novelas: el cuestiona- La investigadora Estela Marta Saint-An- teatro y el periodismo, habiendo destacado
favor de la mujer dentro de la rígida sociedad miento del papel femenino dentro de la so- dré, coautora del libro Leer la novela hispa- enormemente dentro del campo de la cuen-
venezolana de principios del siglo XX. Nove- ciedad, los elementos autobiográficos y las noamericana del siglo XX (1997), destaca la tística con títulos como Trozos de vida (1907),
las tan significativas como Ifigenia (1924) o escenas familiares y costumbristas. De ella existencia de grandes similitudes entre este Pastorelas (1920) o Siete rayos de sol (1930).
Las memorias de Mamá Blanca (1929) evidencian destacan sus tres cuentos Historia de la seño- pequeño cuento e Ifigenia, poniendo en rela- Pero Concha Espina no solo fue una mu-
la incuestionable importancia de la autora rita grano de polvo bailarina del sol, El genio del ción las distintas fases en las que se suceden jer adelantada dentro del ámbito de las letras
como portavoz de los nuevos ecos feministas pesacartas y El ermitaño del reloj. Será este últi- los acontecimientos en ambas publicacio- sino también en su vida personal, ya que, en
de su generación. De hecho, Ifigenia, nombre mo relato sobre el que recaerá toda nuestra nes. Según Saint-André, tanto Ifigenia como la temprana fecha de 1908, decidió poner
cuya raíz se encuentra en el mundo clási- atención, ya que en él aparecen todos esos El ermitaño del reloj se desarrollan siguiendo el fin a su matrimonio y marcharse a la capi-
co, viene a significar «mujer de raza fuerte», elementos a los que se ha hecho mención. esquema «encierro — libertad — deseo de li- tal madrileña a ejercer con total libertad su
con el que, sin duda, Teresa de la Parra qui- El ermitaño del reloj cuenta una historia de bertad — muerte» y destaca que, aunque Ma- profesión como escritora. De ello se deriva la
so bautizar a todas esas mujeres que vivían objetos inertes que cobran vida para simboli- ría Eugenia, protagonista de Ifigenia, no fa- enorme producción tanto de ensayos y artí-
sometidas bajo las rígidas normas sociales zar una de las problemáticas sociales que su llezca al final de la novela, lo que sí perecen culos periodísticos como de cuentos que se
impuestas desde la férrea autoridad mascu- autora quiso trasladar al papel: la cosifica- son sus anhelos y deseos al someterse a las conserva de la autora cántabra, resultado de
lina. Además, no hemos de pasar por alto el ción de los seres humanos dentro del sistema imposiciones de la sociedad. De este modo, la necesidad económica de una madre sepa-
subtítulo que completa dicha novela: Diario establecido. El protagonista de la narración y siguiendo las palabras de Saint-André, «los rada a cargo de dos hijos. Esta es, también, la
de una señorita que escribió porque se fastidiaba, el es un monje capuchino que vive encerrado personajes de Teresa de la Parra se animan razón por la que sus cuentos apenas exceden
cual apela a la necesidad generada por esa en un reloj del que no puede ausentarse en más al pensamiento de la liberación que a las la extensión de una hoja, dado que fueron
represión de refugiarse en una escritura de ningún momento ya que de él depende la vi- acciones liberadoras» (1997, p. 44). creados con la intención de ser publicados

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ENSAYOS

en revistas y periódicos. Es aquí donde se encuentra una diferencia sus-


tancial entre Teresa de la Parra y Concha Espina: la primera, debido a
sus orígenes aristócratas, se ubicó en un espacio social completamente
distinto al de la española, quien se vio obligada a trabajar para mante-
ner a su familia.
Donde sí se establece una similitud entre las dos autoras es en la am-
bigua y polarizada recepción de su producción literaria. Al igual que
Teresa de la Parra, la obra de Concha Espina también ha sido objeto
de controversias dentro de la crítica debido al profundo sentimiento
tradicional y regionalista, un tanto conservador, que se destila de sus
escritos. Y es que Concha Espina aprovecha pequeños relatos como Las
mañanitas de abril o Con rumbo a México para censurar la inmigración y la
pérdida de valores asociados al amor por la patria. Además, la temática
central de gran parte de su producción cuentística se sitúa en las mon-
tañas de su Cantabria natal y sus tradiciones más arraigadas, tal y como
sucede con sus dos conjuntos de relatos más notables: Pastorelas (1920)
y Cuentos (1922).
No obstante, como sucedía con la escritora venezolana, a pesar del
carácter excesivamente costumbrista y tradicionalista de sus cuentos,
no se puede negar la importancia de Concha Espina como una de las
primeras introductoras del punto de vista femenino en la literatura es-
pañola de principios de siglo XX. Su obra, a menudo, está encabezada
por mujeres, como es el caso de Rosa Luz, protagonista del cuento La
ruta blanca, quien se pierde en la montaña cántabra a causa de una neva-
da, o la niña madrileña de La cizaña, relato de corte ideológico a través
del que la autora pretende destacar las ventajas de la vida rural frente
a la vida en la ciudad. Igualmente, en el prólogo a Pastorelas, Concha Es-
pina habla en primera persona, manteniendo un diálogo con el lector,
donde expresa sus propias inquietudes acerca del proceso de creación
y las sensaciones que experimenta durante el mismo, de forma que uno
se introduce directamente dentro de la mente de la escritora, quien des-
cribe con esmerado detalle cada imagen.
En definitiva, el amor por la tierra natal, la reivindicación de lo rural
en detrimento de lo urbano y la vida cotidiana filtrada a través de la pu-
pila femenina son los tres ejes principales en torno a los que gira la obra
de Concha Espina, una mujer que abrió la puerta a toda una generación
de escritoras que la sucederían en los años venideros.

Conclusión
El valioso legado que Teresa de la Parra y Concha Espina dejaron en
herencia a la posterior promoción de mujeres escritoras y, en general,

Fuente: Círculo Literario de Mujeres visorliteraria.com | 14


ENSAYOS ENSAYOS

a toda la población femenina, la cual per- embargo, a pesar de los grandes esfuerzos
manecía oculta tras los muros de sus casas ejercidos por todas estas grandes mujeres, el
en manos de los designios de una sociedad sendero que ellas comenzaron a andar nece-
que las reprimía y acallaba, sembró la semi- sita seguir siendo recorrido para que, algún
lla para el futuro cuestionamiento de todos día, las voces femeninas sean escuchadas,
esos valores patriarcales que regían el mun- estudiadas y valoradas sin que su condición
do. Ellas formaron parte de aquel grupo de de género sea tenida en cuenta.
mujeres valientes que, a principios del siglo
XX, decidieron tomar partido y alzar su voz Bibliografía
para reivindicar la autonomía femenina y Díaz Navarro, E. y González J. R. (2002). El
una serie de derechos que les otorgasen nue- cuento español en el siglo XX. Madrid: Alianza
vas oportunidades y libertades. Ellas fueron Editorial.
quienes allanaron el camino a la siguiente Pupo-Walker, E. (coord.). (1995). El cuento his-
oleada de mujeres que tomaron la decisión panoamericano. Madrid: Editorial Castalia.
de dedicar su vida a la escritura, las cuales, Ramos Rodríguez, F. (2016). «Teresa de la Pa-
a su vez, tuvieron que luchar y hacer frente rra e Ifigenia (1924): Mujer y escritura». En
a una infinidad de impedimentos derivados Folios, nº 43, pp. 3-15.
del devenir histórico en ambos países. Es Saint-André, E. M., Rolón, A., González, D.
por ello que también merecen una mención Fuente: WMagazín
B. y Casini, S. (1997). Leer la novela hispanoa-
especial escritoras como Antonia Palacios, mericana del siglo XX. Universidad Nacional
María Calcaño, Luz Machado, Carmen Mar- de San Juan: Servicio de Publicación de la
tín Gaite, María Zambrano o Emilia Pardo FFHA.
Bazán, entre muchísimos otros nombres. Sin
Clarice Lispector. Centenario no se produce». Y precisamente ahí, en ese
océano etéreo, es donde se sitúa la obra com-
de una autora de culto
por Eduardo Garrido Pascual pleta de la gran dama de Río de Janeiro. En
todo momento, como si de una composición
musical se tratara, el ritmo, la cadencia y la
El pasado mes de diciembre se cumplieron armonía están presentes. Ahora bien, puede
Ainoa López Riesco (España, 1989). Graduada en Historia del Arte por la Universidad cien años del nacimiento de la escritora bra- irse, volver, incluso improvisar, retorcer cada
de Salamanca con especialidad en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, codirige sileña Clarice Lispector. Siempre elegante, palabra, cada frase, llegar hasta el umbral
en la actualidad el estudio de edición artística y galería de arte Ora Labora Studio, donde melancólica y enigmática, su escritura, más de la disonancia pero sin traspasarlo, como
trabaja como comisaria y gestora cultural. Ha publicado artículos en medios especializados allá de modas y etiquetas, se mantiene incla- si leyera una partitura inalcanzable. Esa ten-
sobre arte, literatura y educación como la revista AIRES, editada por la Universidad de Gra- sificable. sión, ese estar siempre al límite acompañado,
nada. Elevada a la categoría de mito, su inno- en última instancia, por la incertidumbre, es
vadora y poética narrativa nos traslada a el lugar donde puede darse el milagro de la
un entorno comparable al de la auténtica creación artística.
búsqueda mística, donde la mirada se vuel- Nacida el 10 de diciembre de 1920, en la
ve hacia lo más íntimo, en una introspec- localidad ucraniana de Chetchelnik, Cha-
ción profunda, para tratar de hallar lo más ya Pinkhasovna Lispector, cuya madre ha-
universal. Borges definía el hecho estético bría sido violada durante la primera guerra
«como la inminencia de una revelación que mundial y contraído sífilis, fue concebida

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ENSAYOS ENSAYOS

deliberadamente para curar la enfermedad siempre mantuvo el contacto con los medios razón salvaje en francés, con portada de Henri clásico del término, es decir, con trama, desa-
de su progenitora. Por aquel entonces, en el de comunicación de su país, con los que ha- Matisse. En 1963 publica la que es considera- rrollo y todas las características del género,
este de Europa se tenía la creencia popular bía empezado a colaborar con tan solo quin- da por parte de la crítica su obra maestra, La se lee: «Si todavía escribo, es porque no ten-
de que un embarazo podía resultar sanador. ce años. Se separó en 1959 y regresó a Río con pasión según G.H., una de las novelas más per- go nada más que hacer en el mundo mientras
Finalmente, cuando tenía nueve años, su ma- sus dos hijos, uno de ellos esquizofrénico. turbadoras e inquietantes del siglo XX. Es- espero la muerte». En menos de cien páginas
dre murió y ella siempre arrastró esa carga Propensa a la depresión y creadora in- crita en tan solo unos meses, su protagonista, nos retrata a una chica que, al igual que ella
por no haber cumplido su misión. Quizá, ese agotable, «creo que cuando no escribo estoy una mujer moderna, urbana e independiente, años atrás, viaja del noreste a Río de Janeiro.
episodio explique la profunda melancolía de muerta», Clarice aborda temas tradicionales se ve enfrentada, a través del encuentro con Desolada ante la inmensidad del mundo, la
su personalidad que se traslada a muchos de y costumbristas donde queda de manifiesto una cucaracha, a la materia prima de la vida, imposibilidad de abarcarlo y mucho menos
sus textos: «Toda historia de una persona es su necesidad de inventar y transmitir sensa- al origen esencial de la existencia. de entenderlo, se encuentra profundamen-
la historia de su fracaso». Fue la tercera hija ciones más allá de hechos. Su estilo plantea Elena Losada Soler, en el prólogo de Cla- te sola. Clarice Lispector camina sin rumbo,
de Pinkhas y Mania. Su nacimiento en Ucra- una búsqueda lingüística incesante y una rice Lispector, la náusea literaria, de la mexicana junto a sus protagonistas, desesperanzada,
nia fue fortuito, consecuencia de la huida de inestabilidad gramatical que impiden leer Carolina Hernández Terrazas, ha encontrado por un vacío que la lleva a ninguna parte. Su
sus padres, judíos rusos. Su abuelo fue asesi- con demasiada rapidez puesto que no siem- la llave, «la palabra rigurosa», para entender obra nos habla de lo que no se puede hallar,
nado y su padre, sin recursos, exiliado al otro pre se entiende el significado a la primera. su obra: «La palabra de Clarice Lispector es de lo inasible, de la búsqueda desesperada
lado del mundo. Al llegar a Brasil, todos to- Esta peculiaridad hay quien la atribuye a la rigurosa porque debe traducir algo que es de sentido, y de la angustia de saber de an-
maron nombres portugueses y Chaya recibió influencia del misticismo judío que su padre mucho más grande que el lenguaje. Debe tra- temano que no hay solución al enigma. La
el de Clarice. le enseñó. Como una meditación poética, su ducir el misterio y lo que no tiene nombre, partida está perdida antes de empezar, pero
En Brasil, gracias al empeño de su padre, manera de contar, laberíntica y excesiva, es debe ser capaz de contar el instante y el acto aun así hay que jugarla. Esa es la paradoja de
que se ganaba la vida vendiendo ropa y ape- un recorrido introspectivo a los pensamien- mínimo que está en el origen de todo. Y para estar vivo.
nas lograba mantener a la familia, Clarice tos, los miedos, las angustias, los afectos, la todo ello la palabra es insuficiente». «Finjamos que no vamos al hospital, que
pudo continuar su educación más allá de lo vida, en definitiva, casi siempre protago- El libro más abstruso de la autora brasi- no estoy enferma y que nos vamos a París»,
habitual en una chica de su nivel económico. nizada por mujeres que viven atrapadas en leña es, probablemente, Aqua viva (1973). En le dijo a su amiga Olga Borelli, que la acom-
Entró en la Facultad de Derecho Nacional de universos convencionales como el suyo. La sus páginas, cuyo argumento vuela libre sin pañaba en el taxi, poco antes de que la muer-
la Universidad de Brasil, una escuela de élite maternidad, el cuidado de la casa y los hi- atenerse a nada que lo sujete, el lector asis- te la alcanzara. Murió el 9 de diciembre de
donde no había judíos y solo tres mujeres. No jos ya se habían escrito antes, pero nadie lo te desconcertado, a través de sus monólogos 1977, un día antes de cumplir 57, víctima de
obstante, sus estudios le dejaron poca huella, había hecho como ella. Esa característica fu- palpitantes, a una suerte de delirio donde se un cáncer de ovarios. Sus restos descansan
sus sueños la llevaban a las redacciones de sión entre vida cotidiana y reflexión metafí- puede intuir la búsqueda última de lo que en en el cementerio judío de Río de Janeiro. En
los periódicos de la capital, donde su belleza sica convierte su literatura en una auténtica realidad no se puede hallar. «No me gusta lo su lápida, simple, pone en hebreo: Chaya Bat
y su inteligencia no pasaban desapercibidas. confesión que permite al lector atento atis- que acabo de escribir; pero estoy obligada a Pinkhas, «la hija de Pinkhas».
Era una joven culta y exótica, nunca perdió el bar, siquiera por un momento, el insondable aceptar todo el párrafo porque él me ha ocu- La aparición en 2009 de Why this World, la
acento de una niña criada en yiddish. De una mundo interior de la autora. Es una de las rrido». Escrito con una libertad a la que no monumental biografía que le dedicó el perio-
madurez impropia en una universitaria de escritoras latinoamericanas más populares, se está acostumbrado, sin límites, se podría dista estadounidense, columnista de The New
apenas veintiún años, su primera novela, Cer- pero menos comprendidas. «No escribo para decir, Aqua viva transita senderos incompati- York Times, Benjamin Moser, la encumbró al
ca del corazón salvaje, recibió el premio Graça agradar a nadie», respondía con naturalidad bles con la racionalidad, puro desconcierto olimpo de los grandes escritores al aparecer
Aranha. «Rompía con la tradición barroca de cuando le reprochaban que sus obras no se onírico. Y como en toda experiencia ascéti- en la portada de The New York Review of Books,
la narrativa brasileña», en palabras del críti- entendían. co-mística se repetirán las alusiones a lo yer- convirtiéndola en el primer autor brasileño
co Basilio Losada, quien prologó la edición Su segunda novela, El lustre, se publica en mo, al silencio, al desierto como expresión merecedor de tal reconocimiento.
del libro para España. 1946 y tres años más tarde aparece La ciudad física del despojamiento. Leer a Lispector es adentrarse en un terri-
En 1943, mientras estudiaba Derecho, se sitiada. En 1954, un año después del nacimien- Sus libros son ficción pero no hay nada torio arriesgado, lo más opuesto al turismo
casó con el diplomático Maury Gurgel Va- to de su segundo hijo en Estados Unidos, sale más real. En el último, La hora de la estrella literario propio de nuestros tiempos. Nadie
lente. Vivió en Nápoles, Berna y EE UU, pero a la luz la primera traducción de Cerca del co- (1977), una de sus pocas novelas en el sentido sale indemne tras su lectura. Hay que estar

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dispuesto a hacer un esfuerzo considerable Bibliografía


para convivir con la incertidumbre. Habrá Hernández Terrazas, Carolina. Clarice Lispec-
que aprender a regresar de las lejanías igno- tor, la náusea literaria. Fórcola Ediciones.
tas adonde nos arrastra. El que vuelve ya no Madrid, 2017.
es el mismo que partió. El lector que viva su Lispector, Clarice. La pasión según G. H. Much-
afición como oficio, que no desista ante la di- nik Editores. Barcelona, 2000.
ficultad, sentirá la paradoja de la pasión. Por —. Cerca del corazón salvaje. Siruela. Madrid,
una parte, padecerá ante la incapacidad de, 2015.
en muchos momentos, entender lo que tiene —. Aprendizaje o El libro de los placeres. Siruela.
delante, por percibir cómo se le escapa entre Madrid, 2018.
los dedos sin poder evitarlo. Por otra, tam- —. La hora de la estrella. Siruela. Madrid, 2020.
bién pasión en tanto que asombro y emoción —. Aqua viva. Siruela. Madrid, 2021.
por sentir, más allá de la razón, que en lo que Moser, Benjamin. Por qué este mundo. Una bio-
se está leyendo hay verdad. grafía de Clarice Lispector. Siruela. Madrid,
2017.

Fuente: GQ España

Eduardo Garrido Pascual (Barcelona, España, 1961). Editor y periodista, ha sido du-
rante más de veinte años director y responsable de innumerables proyectos en las más cono-
cidas editoriales del país: Anthropos, RBA, Círculo de Lectores, Salvat, Paidós, etc. Elementos feéricos en la de identidad a los personajes a lo largo de la
trama. La autora engendró una novela mara-
Fue editor para España (Salvat) de las guías de viaje Le Guide du Routard, Hachette, París. novela Jane Eyre, de Charlotte
Editor de la colección de «Clásicos italianos» dentro de la obra Biblioteca Universal del Círcu- villosa que discute los conflictos, privilegios
Brontë e inmoralidad de la sociedad del siglo XIX.
lo de Lectores, proyecto considerado de interés cultural y educativo por la UNESCO
por Laura Martínez Gimeno En su interior se desarrollan las iniquida-
Asimismo, ha sido redactor jefe de la revista Historia y Vida. En la actualidad colabora, entre
otras, en Historia y Vida, La Vanguardia, Diario de Ávila, Claves de Razón Práctica, Librújula, Quinzai- des de temas como la orfandad, la pobreza,
nes. Lettres, artes et idées (París), Nuit Blanche (Magazine littéraire de Quebec). la rebeldía, el maltrato, la independencia, el
El corazón de este estudio es el concep- encarcelamiento, la locura y la libertad de
to de la obra romántica y gótica, Jane Eyre las mujeres, concibiendo por encima de todo
(1847), de la autora Charlotte Brontë (1816- una denuncia socio-histórica.
1855) como novela escrita en clave de cuen-
«—Yo era joven en aquel entonces, y toda
to de hadas. Todo componente en la estruc-
suerte de fantasías buenas y malas pobla-
turación de la obra tiene significado propio ban mi mente. Los recuerdos de los cuentos
debido al recurrente uso de agentes pertene- infantiles cohabitaban con otros desatinos,
cientes a la mitología clásica y la propuesta y cuando se reavivaban, mi madurez inci-
de reinvención de argumentos de la tradi- piente los teñía de un vigor y una viveza
ción folclórica, así como el evidente reflejo que la niñez no podía imaginar» (Charlotte
Brontë: 2016, 161).
configurado por medio de un amplio marco
simbólico de elementos feéricos que dotan El despliegue del imaginario fantástico lo

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hallamos en los personajes de Rochester y las poniendo que Rochester experimenta el pre- partir de este momento que Charlotte Brontë su fealdad o carencia de atractivo, sino debi-
heroínas Jane Eyre y su doble, Bertha Mason. sentimiento de que Jane Eyre se ha cruzado refuerza y afianza la dicotomía entre sustan- do a que su entidad opera y se relaciona con
Desde la primera interacción establecida por en su camino para concederle luz y sosiego, y cias. Por una parte, otorga a la personalidad fuerzas oscuras originando un halo de miste-
los protagonistas se conforma un abanico de que su compañía le beneficiará con el tiempo de Jane Eyre la fantástica y positiva propie- rio e incertidumbre que lo envuelve y define.
motivos, elementos mágicos y acontecimien- de forma moral y como guía espiritual. Pro- dad de ser reconocida a ojos de Rochester «―Ella viene de otro mundo, de la mora-
tos sobrenaturales que respaldan la expuesta mesa que es consumada en numerosas oca- como un hada de luz, mientras que éste es re- da de personas que están muertas; ¡y me lo
teoría romántica. siones en la novela; en primer lugar, en el ca- tratado de manera negativa como su criatura dice cuando ella me encuentra aquí en el
La crítica Paula Sulivan apunta en su ar- pítulo XII, la joven lo rescata de la montaña opuesta, el brownie. crepúsculo! ¡Si me atreviera te tocaría para
tras haber caído del caballo y lo conduce de ver si eres sustancia o sombra, pequeño
tículo, Fairy Tale Elements in Jane Eyre (1978),
duende! ¡Tú burlón cambiante ― nacida
que en el instante en que sendos personajes regreso a las puertas de Thornfield Hall. De La dualidad maravillosa de los personajes
de hadas y criada por humanos! […] Te en-
principales se conocen en el cruce del cami- nuevo, en el capítulo XV, es salvado de morir Jane Eyre y Rochester cuentro bastante inquieto cuando te exa-
no, Rochester piensa instintivamente en los en la cama de fuego desatada por el persona- mino de cerca; hablas de que soy un hada;
El antihéroe Rochester describe en reite-
anillos de las hadas al contemplar la pálida y je de la loca del ático, Bertha Mason. Y, por pero estoy segura de que eres más como
radas escenas la personalidad de Jane Eyre
quieta figura de Jane Eyre, al tiempo que ésta último, tras la terrible pero profética des- un brownie» (Charlotte Brontë: 2016, 335,
con los calificativos «mitad hada, mitad dia-
última confunde el perro negro Pilot y su ca- trucción de la mansión, puesto que la pro- 609).
blillo», «provocadora marioneta», «elfo ma-
ballo con el mítico ser Gytrash1. Dicha bestia tagonista regresa para atenderlo y será a su La novelista Charlotte Brontë establece
licioso», «duende», y el más importante y
aparece en los relatos que Bessie le narrara lado que el antihéroe sanará recuperando la de esta manera una partición entre los per-
distintivo de todos, changeling2 o lo que es lo
durante su infancia en Gateshead. De este vista y su autonomía. sonajes de Jane Eyre y Rochester como las
mismo «cambiante», haciéndola responsable
modo, Charlotte Brontë confiere con seme- La simpatía y equitativa relación que se mágicas entidades de los seres «cambiante»
de su desventura con el caballo al perfeccio-
jantes asociaciones la dicotomía luminosa y procesan Jane Eyre y Rochester están mar- y brownie. El hada de luz y bondad que es la
nar un encantamiento.
oscura de sendas personalidades, las cuales cadas por los indicios de la imaginación, la muchacha se enfrenta a una incesante lucha
espontaneidad y el asombro «romántico», ya «―No me extraña que tenga usted aspec-
son percibidas por el lector de manera intui- to de ser de otro mundo. Me preguntaba de contra el gélido y malvado ser de oscuridad
tiva al presenciar la enigmática y misteriosa que ambos piensan en el otro como ánima que es Rochester, retratando desde lo simbó-
dónde había sacado esa cara. Cuando nos
esencia del otro. maravillosa poseedora de fuerzas inexplica- encontramos anoche en la vereda de Hay, lico el conflicto pero también entendimiento
bles. Por otro lado, las conversaciones entre pensé sin saber por qué en los cuentos de y complicidad que hallamos en la unión de
«Al aproximarse aquel caballo y mientras
esperaba su aparición en el crepúsculo, re-
tales personajes enfatizan su doble naturale- hadas y casi estuve a punto de preguntarle lo apolíneo y lo caótico o dionisíaco4. Los
cordé uno de los cuentos de Bessie sobre za, debido a que sus diálogos son de carácter si había hechizado a mi caballo. Todavía no aspectos y características que implican la
un espíritu del norte de Inglaterra llamado ambiguo y poco corriente para con la esfera estoy muy seguro de ello. ¿Es este mi pe-
invención de sendos protagonistas son una
Gytrash, el cual, bajo la forma de un caballo, de lo ordinario y mundano. Y es que hablan queño elfo pálido? Sí, adorable pequeña, te
llevaré prendada en mi pecho» (Charlotte quimérica articulación de sucesivas inter-
una mula o un gran perro, frecuentaba los constantemente por medio de alegorías, fór-
Brontë: 2016, 175). pretaciones prolongadas desde el primer en-
caminos solitarios y algunas veces se acer- mulas, adivinanzas y deducciones, respon- cuentro en la vereda de Hay hasta el desenla-
caba a viajeros tardíos, tal como ese caba- diendo preguntas mediante la enunciación Por el contrario, Jane Eyre se refiere a él
llo se acercaba a mí. […] Lo siguió el caba- ce de la novela. Mas el nombre de la última
de otras cuestiones. como brownie3. La señalada figura proviene casa, Ferndean, también porta connotaciones
llo, un corcel alto, montado por un jinete.
El hombre, el ser humano, rompió el hechi- El primer intercambio de opinión que rea- del mito de Hermes como consecuencia de maravillosas, pues al comienzo de la novela
zo en el acto. Nadie montaba a un Gytrash, lizan en el salón principal de Thornfield Hall su condición de Dios embaucador, sus ha- Jane Eyre observa su reflejo en un espejo y
que siempre andaba solo, y los trasgos, que es extraño e irreal, pues se someten a prueba bilidades de estratega y su talante dañino, súbitamente imagina que contempla:
yo supiera, aunque podían ocupar los cuer- mutuamente, recurriendo incluso a la bur- travieso y malicioso. Semejante proceder lo
«Un espíritu real: lo pensé como uno de
pos ignorantes de las bestias, difícilmente la, el engaño y a notas de ironía y sarcasmo. presenciamos en el capítulo XIX protagoni-
esos pequeños fantasmas, mitad hada, mi-
podían aspirar a ocultarse bajo formas hu- Por lo que cae un aura de secreto y misterio zado por Rochester, el cual decide engañar tad diablillo. Los cuentos del anochecer de
manas normales. Éste no era un Gytrash»
sobre el intelecto del lector, debido a que a sus invitados disfrazándose de gitana para Bessie, representados como salidos de hele-
(Charlotte Brontë: 2016, 161, 162). pretenden ocultar la verdad, no obstante, no leerles la buena fortuna. El anti héroe no es chos solitarios en páramos / ferny dells in moros»
La estudiosa Paula Sulivan prosigue ex- desmienten la esencia mágica del otro. Y es a comprendido por Jane Eyre como brownie por (Charlotte Brontë: 2016, 24).

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El lugar donde se encuentra Ferndean significa literalmente donde vi-


ven las hadas.
Otros hechos y cruciales indicios para la defensa de esta hipótesis
son la historia fantástica que Rochester narra a la pequeña Adèle Va-
rens durante una excursión a la ciudad. Este relato actúa como catali-
zador alegórico respecto a la declaración de amor a Jane Eyre —con la
cual está dispuesto a seducirla y arrastrarla a una unión conyugal ile-
gítima y bigámica—, asociando y fusionando ambos escenarios. Un fas-
cinante Rochester finaliza el cuento con la siguiente alusión a su hija,
«La señorita es un hada», sentencia que posibilita que Adèle Varens re-
lacione la personalidad de la recién llegada institutriz con una aureola
de misticismo y existencia sobrenatural.
El siguiente ejemplo es el regreso de Jane Eyre a Thornfield Hall tras
visitar a la enferma y moribunda señora Reed en los capítulos XXI y
XXII. En su desarrollo encontramos a Rochester sentado en una roca en
el jardín de la mansión, éste al distinguir la figura de Jane Eyre aproxi-
mándose desde la lejanía, imagina que su esencia maravillosa ha vuelto
para ejecutar una influencia todavía mayor y más poderosa en su espí-
ritu. Como he indicado con anterioridad, para el personaje masculino
toda acción o decisión ejecutada por la joven tiene un propósito y una
determinación más profunda, lacerante y trascendental que si fuesen
cometidas por el resto de los mortales.

Bertha Mason como el doppelgänger maravilloso de Jane Eyre


El concepto de doppelgänger tiene su origen en la mitología y se em-
plea para definir al doble fantasmagórico o la otredad malvada de un
ser vivo. La noción está formada por la unión de las palabras doppel que
significa doble y gänger que se traduce como andante, ambos términos
fueron empleados por el escritor Jean Paul (1763-1825) que acuñó en el
año 1796 al que «camina al lado». Otra expresión utilizada para señalar
a dicha entidad oscura es el de «gemelo malvado». En la mitología y el
folclore la manifestación del doppelgänger es un augurio de mala suerte
y un aviso de una muerte cercana o prematura como observa el psicoa-
nalista Otto Rank (1884-1939) en su estudio, Der Doppelgänger, de 1925.
El autor y teórico Robert K. Martin defiende en su artículo, Jane Eyre
and the World of Faery (1977), que existe una afinidad entre los caracte-
res de las heroínas Jane Eyre y Bertha Mason que las convierte en el
desdoblamiento de la otra. Y es que en múltiples escenas de la novela
contemplamos cómo la esposa legítima del protagonista se desenvuel-
ve como la sombra de la heroína moviéndose por los pasillos y habita-
ciones de la mansión de Thornfield Hall e interactuando con Jane Eyre

Fuente: The Conversation visorliteraria.com | 24


ENSAYOS ENSAYOS

desde un distanciamiento simbólico. Por otro te carcajada retumbar por los pasillos de «La loca, que era tan astuta como una bru- que la autora incorpora un sistema simbó-
lado, al igual que sucede con el anti héroe, Thornfield Hall, y es precisamente dicho ja —descripción de Rochester sobre Bertha lico y semiótico en el que lo maravilloso, la
en esta ocasión también se produce una di- Mason […] Cuando un caballero de su edad ambigüedad y los dobles significados desem-
ruido y estremecimiento el que la despierta
se enamora de mujeres jóvenes, a menudo
cotomía entre las propiedades de lo lumínico y conduce hasta la salvación de Rochester. peñan una función crucial para la cohesión
son como si estuvieran hechizados ―inter-
y lo sombrío. No obstante, Robert K. Martin Por lo que podríamos afirmar que las carac- vención de un personaje tras la destrucción y estructura de la trama, al igual que para
va más allá y sostiene que dicha dualidad en- terísticas folclóricas de la figura mitológica de Thornfield Hall […] ―¡Cómo me conoces, la caracterización de los personajes que la
tre personajes femeninos hunde sus raíces en del doppelgänger se cumplen a la perfección, bruja! ―interpeló el señor Rochester―, protagonizan. Por lo tanto, se focaliza en el
los elementos y motivos de lo fantástico y lo debido a que la heroína logra proteger al pero ¿qué encontraste en el velo además de uso de elementos fantásticos y seres feéricos
maravilloso, puesto que articula que la con- los bordados? ¿Encontraste veneno, o una para describir la situación y posición de la
personaje masculino gracias a la experimen-
daga, para que pongas esa cara tan triste?»
dición de nuestra protagonista es la de bruja tación sonora de dicha criatura. Esto es po- mujer en la época victoriana. La literatura
(Charlote Brontë: 2016, 401, 593, 594).
refulgente y bondadosa, así como la natura- niéndola sobre aviso mediante la sensación periférica y folclórica de los cuentos de ha-
leza de su doble es la de hechicera tenebrosa propiciada por un mal augurio que la advier- Una interpretación que concierne a seme- das son los únicos relatos en los que la escri-
y malévola. te de un acontecimiento fatídico que consi- jante episodio del velo envenenado de Ber- tora es capaz de rastrear y desvelar las raíces
Uno de los capítulos más aclamados de la gue evitar airosa. El personaje de Rochester tha Mason es que ésta asume la clásica figura de un mundo no patriarcal. De este modo, se
obra romántica y gótica es el XV, en el que es el que dicta y sentencia como si se trata- de Medea. En la antigüedad y mitología grie- establece una frontera entre el mundo real
Jane Eyre salva a Rochester de perecer en la se de un bautismo la clemencia y simpatía, o ga, Medea fue una sacerdotisa de Hécate, y cristiano religioso del siglo XIX y el mun-
cama de fuego desencadenada y propagada la severidad y ferocidad de las mujeres en la hija del rey de la Cólquida y de la ninfa Idía. do ficcional y mágico de las mujeres y los
en secreto por Bertha Mason. Después de ser La disciplina fantástica de este personaje de niños. Se desautomatizan así las opresivas
novela, ya que tras la revelación que provoca
auxiliado se produce un diálogo entre sendos ficción era su habilidad de los principios de convenciones androcéntricas y se desvelan
que Jane Eyre abandone la mansión, éste la
personajes que afianza la sustancia mági- la hechicería que practicaba junto a su tía, la las creencias que subyugaban a las mujeres,
compara a un ángel, mientras que describe a
ca de las jóvenes y la transforma y potencia, maga y diosa Circe. Además, Medea es con- instaurando una nueva mitología basada en
Bertha Mason como una bestia embaucado-
pues la reconoce como una virtuosa maga siderada el arquetipo clásico de la bruja o la las sociedades paganas ancestrales y en las
ra y perniciosa y como una criatura sin alma
que lo ha liberado de una muerte prematu- hechicera, así como Circe envenenaba a sus civilizaciones de la antigüedad clásica.
y sin corazón. Se instaura así una distinción
ra y, en contraposición, contempla a Bertha enemigos con pociones mágicas cuando és-
básica de caracterización que descubrimos
Mason como una sibila nigromante que ha tos se revelaban en su contra. Bertha Mason
profundamente arraigada y que estructu- Notas
planeado y atentado contra su vida. en la novela encarna sendas personalidades
ra todo cuento de hadas; «la bruja buena y (1) El Gytrash es un temido y legendario perro
arquetípicas.
«―Por todos los duendes de la cristiandad, la bruja mala». La hechicera que emplea la Sin embargo, no podemos olvidar que es negro originario del norte de Inglaterra que
¿es Jane Eyre? ¿Qué ha hecho conmigo, magia para hacer el bien y la nigromante que el propio Rochester el que intenta emponzo- merodea por caminos solitarios esperando
bruja, hechicera? ¿Quién más está en la utiliza su arte para desencadenar la tragedia ñar a Jane Eyre incitándola a un matrimonio a los viajeros perdidos. En las narraciones
habitación? Sabía que me haría bien de al-
y el dolor a los protagonistas, y que, auto- ilegal e ilegítimo. En definitiva, por mucho suele aparecerse en forma de caballo, mula,
guna forma, en algún momento. Lo noté en
sus ojos la primera vez que la vi: su expre- máticamente, se convierte en la antagonista que el doppelgänger de la protagonista trate grulla o perro. Tales criaturas frecuentan los
sión y su sonrisa no… me deleitaron hasta de la narración. En resumen, tanto Jane Eyre en múltiples y ominosas ocasiones de aten- caminos y desvían de sus destinos a los tran-
el fondo de mi corazón sin motivos. La gen- como su doppelgänger son diestras en la disci- tar contra la vida del señor de Thornfield seúntes, no obstante, también pueden ser be-
te habla de simpatías naturales y he oído plina de la alquimia, partículas opuestas de Hall con el fin de asesinarle para conseguir nevolentes, auxiliando a los pasajeros extra-
hablar de hadas buenas: hay algo de ver- un mismo ser, mas la primera representa la indirectamente su libertad, también aspira a viados de vuelta al camino correcto.
dad hasta en las fábulas más fantásticas» joven bruja benevolente y deseada por el hé- salvar de una fortuna similar a Jane Eyre al (2) El niño cambiado es una criatura mítica
(Charlotte Brontë: 2016, 214, 217). roe, mientras que Bertha Mason simboliza lo desgarrar su velo de novia la noche antes de que aparece en diversas leyendas y creencias
Un aspecto muy importante de esta se- que sucede tras el matrimonio, es decir, una la boda. Bertha Mason anhela impedir que populares europeas. Dicha criatura es el hijo
cuencia de acciones es que, previamente vez que el velo ha sido rasgado —imagen a la su doble todavía impecable y fuerte sufra sus de un hada, elfo, trol u otra bestia fantástica
al incendio en la habitación del anti héroe, que recurre la doble de nuestra heroína para mismas etapas de encierro y locura. secretamente depositado en el lugar de un
Jane Eyre escucha una macabra y estriden- prevenirle del peligro que la atenaza. Como conclusión, me gustaría exponer niño robado. Estas hadas son cambiadas por

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ENSAYOS

niños humanos y, en consecuencia, criadas téticas como sucede en la arquitectura clási-


en el mundo terrenal. El motivo por el cual ca. Por otro lado, la deidad de Dionisos evoca
se produce semejante intercambio es por el los impulsos e instintos primarios haciendo
deseo feérico de poseer un sirviente humano. de la violencia de las pasiones la fuente cru-
(3) Tales entes cumplen de forma oculta bue- cial de toda invención- Entre todas las artes
nas acciones a pesar de su temperamental destaca la música y la poesía como plasma-
comportamiento y naturaleza. Además, son ción del exceso, lo irracional y lo caótico. La
físicamente diminutos, grotescos, sus cuer- primera mención del filósofo a tales divini-
pos deformes y su general apariencia es satí- dades se produjo en la obra El nacimiento de la
rica. Del mismo modo que Rochester es apre- tragedia desde el espíritu de la música (1872).
ciado por la opinión de la joven institutriz
como un hombre un tanto bajito y de faccio- Bibliografía
nes toscas, afiladas y poco simétricas. Brontë, Charlotte, 2016, Jane Eyre, Madrid,
(4) El filósofo Friedrich Nietzsche (1844- Alianza editorial.
1900) tomó para sendos adjetivos y expre- Martin, Robert K., 1977, «Jane Eyre and the
siones artísticas la figura simbólica de los World of Faery», An Interdisciplinary Critical
dioses Apolo y Dionisos. La deidad de Apolo Journal, pp. 85-95.
representa la creación de la obra ordenada, Sulivan, Paula, 1978, «Fairy Tale Elements in
perfecta en sus formas, lógica y armónica Jane Eyre», The Journal of Popular Culture,
que refleja la sabiduría y las proporciones es- pp. 61-74.

Laura Martínez Gimeno (Palma de Mallorca, España, 1997). Graduada en Literatura


General y Comparada por la Universidad Complutense de Madrid y especializada con el más-
ter de Estudios Literarios por la misma casa. Es autora de dos poemarios de carácter román-
tico y gótico, Versos desvelados (2019) e Hija de la brisa y la tempestad (2021), ambos publicados por
Editorial Amarante.
Actualmente es librera en «La Biblioteca de Babel Caixaforum» en Palma de Mallorca. Ha co-
laborado en distintas ocasiones en la sección de cultura de El Español e impartido la ponencia
«El ajedrez en las obras de Novalis y William Shakespeare» el pasado mes de diciembre para
la Universidad de Salamanca.

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CREACIÓN

© Gåselin
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Creación
Fernando y Bernardine acomodarse al final de la barra, a los pies de
por Manuel Alcalde Herrera la escalera que conducía al cuarto donde se
almacenaban las bebidas. Pitu (o Pitufo, su
hasky siberiano) le seguía sibilino y se recosta-
Fernando era ese tipo de cliente que te ba entre su dueño y la pared. Podía quedarse
encuentras en todos los bares que llevan ya allí dos horas sin que se notara, pero si entra-
abiertos unos cuantos años. Está allí el primer ba alguien, Fernando chasqueaba la lengua y
día que entras a trabajar, y sigue en el mismo Pitu se enrollaba entre las patas del taburete
sitio cuando decides marcharte en busca de de tal forma que desaparecía por completo.
algo mejor. Cada día, cuando Fernando asomaba por
Para un camarero joven, recién licenciado la puerta, sin necesidad de que él dijese nada,
y sin la menor idea de qué hacer con su vida, yo le servía una jarra bien fría de cerveza sin
ese cliente puede tomar la forma de un guía alcohol. Se bebía dos de esas por la mañana y
espiritual, y más si estamos hablando de al- dos por la tarde. En otros tiempos ni la cerve-
guien tan particular como Fernando. za era sin alcohol, ni las jarras eran solo dos,
Fernando tenía la costumbre de visitarnos pero de eso hacía mucho y yo apenas sabía
dos veces al día, y tenía el buen gusto de esfu- nada.
marse cuando el bar comenzaba a llenarse de Fernando se pasaba la mayor parte del
verdad. Hasta que ese momento llegaba, solía tiempo leyendo el periódico y observando de

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reojo nuestras idas y venidas. Nunca hablaba teatrillo, se inclinó hacia Pitu y le pidió que corría esa brisa tan particular de las noches dio cuenta y ella misma cerró de nuevo la
de sí mismo, pero a menudo me contaba co- se apartara un poco, para que yo pudiera sa- de verano en Granada. Me doblé los puños de servilleta entorno al brownie y lo dejó en mis
sas que habían ocurrido delante de mis na- lir de la barra sin tener que saltarle por enci- la camisa por debajo de los codos y me eché manos antes de desaparecer apresurada-
rices, y de las que yo no tenía la menor idea. ma. el mandil al hombro, pero en lugar de irme mente por la puerta del servicio. Me hubiera
Me las dejaba caer muy bajito, mesándose el Subí y cambié el barril en un pispás, le a casa inmediatamente, me quedé un poco gustado decirle algo definitivamente exage-
bigote bien poblado, y enarcando una ceja de serví su jarra y seguí con lo mío. Saqué un más junto a la puerta, disfrutando de unos rado (como que iba a recordar ese momento
vez en cuando. Se dirigía a mí como el que se vaso del lava y comencé a repasarlo; quema- segundos casi mágicos que a veces llegan toda mi vida), pero creo que no acerté siquie-
dirige a un niño, no fuera a ser que se me es- ba como mil demonios. Fernando le dio un después de un servicio tan largo, y que luego ra a darle las gracias.
capara algo, y yo me dejaba hacer porque me par de sorbos a la cerveza y me hizo un gesto se apagan rápidamente. A la mañana siguiente, cuando vi entrar
gustaba Fernando, y me calmaba los nervios para que me acercara. Me cogió por la muñe- De reojo vi cómo se abría la puerta de la a Fernando, me puse especialmente conten-
tenerle cerca. ca y, como si me estuviera haciendo una con- cocina, y me llevé una sorpresa muy agrada- to; estaba deseando contarle toda la historia
Si me preguntaran, diría que a él también fidencia de lo más íntima, me dijo: «Está muy ble cuando reconocí la cabeza de Berni, con del brownie. Tenía la convicción de que sabría
le agradaba mi compañía, aunque nunca se buena, pero tiene alcohol». Yo le miré sin en- su pelo rubio, casi blanco, y sus pendientes apreciarla, y me diría algo así como «La da-
sabe del todo. Creo que no me tomaba dema- tender una sola palabra de lo que me estaba de flamenca. Al verme, salió hacia mí como nesa vale mucho» o cualquier otra cosa por
siado en serio. A veces me daba la impresión diciendo. «¿La cerveza?», Fernando me soltó una flecha y, cuando llegó a mi lado, sin me- el estilo.
de que me miraba como si yo ya me hubiese la muñeca y se colocó bien la camisa dentro diar palabra, se sacó de alguna parte algo Saqué una jarra helada de la nevera y,
ido a cualquier otra parte, y le estuviese ha- del pantalón. «El periódico no es, seguro», y envuelto en una servilleta. Separó los bordes cuando se la estaba llenado, sin mirarme a
blando más bien a un recuerdo. comenzó a reírse de su propia ocurrencia. ligeramente y se llevó un dedo a la boca para los ojos, me dijo:
Fernando, en todo caso, sentía una debi- «Pero no es posible», le dije, y traté de hacer que no dijese nada. Dentro había un brownie —Ponme tres cuartos de esa y un cuarto
lidad especial por Berni, una chica danesa memoria. Estaba convencido de que lo había de chocolate. de la de ayer.
que apenas hablaba español, pero que tenía hecho todo bien y traté de convencerle. Fer- Berni lo había cogido a hurtadillas, para Y aunque en ese momento no entendí lo
una capacidad envidiable para beber tintos nando se limitó a poner cara de si tú lo dices. que no se enterase el jefe de cocina (que era terribles que eran esas palabras, ya no me vi
de verano sin que se le notase nada de nada. Y siguió bebiendo. un hijo de puta, pero hacía unos brownies con ánimos de contarle lo del brownie ni de
Berni (o Bernardine, como a él le gustaba lla- Le prometí que de todas formas subiría como no he vuelto a probar otros). No supe contarle nada.
marla) no era muy guapa, pero en muchos a comprobarlo, pero en ese momento entró cómo reaccionar; me llegó al alma. Berni se
sentidos era entrañable, y Fernando aprove- un grupo muy numeroso en el bar. Fernando
chaba cualquier oportunidad para retenerla hizo la señal y Pitu se escondió hábilmente
un segundo y hacerle alguna chanza. Berni lo entre las patas del taburete.
mismo se reía que resoplaba, y no se puede Aquella noche Fernando se fue como se
decir que ninguna de las dos cosas las hiciera iba siempre, en silencio, sin que me diera
con demasiada elegancia. cuenta, y a mí se me olvidó subir a revisar el Manuel Alcalde Herrera (Barcelona, España, 1982). Licenciado en Filosofía. Ha publi-
Un viernes por la noche, un poquito antes barril. Berni, por su parte, se bebió tantos tin- cado algunos de sus cuentos en revistas literarias como El Coloquio de los Perros, De-Lirio, Página
de que el bar se abarrotase hasta los topes, tos de verano como cualquier otro día, pero Salmón o Primera Página. En el verano de 2021 publicó su primera novela, El pescador de cangrejos.
Fernando me hizo un gesto para que le llena- esta vez algo falló, y ella y su bandeja termi-
se la jarra por última vez, pero cuando abrí el naron por los suelos. Yo me llevé un susto de El pescador de cangrejos: https://www.amazon.es/pescador-cangrejos-Manuel-Alcalde-Herre-
grifo, en lugar de cerveza, comenzó a escupir muerte, y salí de la barra atropelladamente ra/dp/8412408012
espuma con un ruido sordo y corto, como de para echarle una mano, pero Berni se recom- Enlaces a todas sus obras publicadas: https://linktr.ee/Manuel.Alcalde
estertores. «Se ha terminado, Fernando, subo puso admirablemente y, después de tomar un
a cambiar el barril». Él puso los ojos en blan- poco el aire, continuó con el servicio como si
co y le dio por hacer un poco el tonto, como si tal cosa.
aquello fuera el fin del mundo, o algo similar. Sobre la una me desaté el mandil y me des-
Cuando se dio por satisfecho con su propio pedí de mi compañero de barra. En la calle

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los muertos, a veces mos que caminar un par de kilómetros hasta


matar es una muestra la casa, un camino recto sin arboles bajo los
de decencia con uno cuales uno pudiera esconderse del sol. «No te
mismo», agregó mien- retrases muchacho… si querés almorzar te-
tras caminaba con afán nemos que poner una gallina en la olla», dijo
sin importarle que no recordándome el destino de la gallina. Mien-
me diera para seguirle tras la seguía, pensé en esos pobres animales,
el paso. Ella siempre lo ignoraban, pero alguna ya estaba muerta,
estaba afanada por aunque caminara despreocupada en el galli-
volver a casa, le preo- nero.
cupaba que el abuelo Cuando era niño pensaba mucho en el co-
postrado en la cama razón de la abuela, me angustiaba que dijeran
pudiera ahogarse con que no tenía, cuando yo sabía que ella podía
su propia saliva. Mamá ser la mujer más dulce del pueblo. Bastaba
decía que el corazón verla cuidando al abuelo, lo que se aguanta-
de la abuela era como ba para poder tratarlo sin lástima era sufi-
el pan, que lo había ciente para saber que tenía la paciencia que
endurecido el tiem- exige el amor verdadero. «Nadie puede vivir
po y ya no había nada sin corazón», alegaba yo como si esa lógica
que hacer con ella. No bastara para que la dejaran tranquila, pero
se equivocaba, lo que la gente insistía que había casos raros en los
nunca decía era que, que alguien nacía así, «nacen con una piedra
igual que el pan, la me- en el pecho», decían burlándose y sabiendo
nor muestra de amor que no podría contradecir ese disparate. Lo
lo reblandecía como cierto es que había razones para que la gen-
si lo remojaras en una te pensara eso. A la abuela le pasaron cosas
taza de chocolate ca- horribles, algunas me las contó ella misma,
liente. «A la abuela le otras las escuché de mi madre y las peores
pasó de todo —decía las supe oyendo conversaciones familiares;
mamá cuando ella em- a veces los adultos hablan como si los ni-
El corazón de la abuela do empanadas para los remedios del abue- pezaba a maldecir por cualquier cosa—, a la ños no existieran. Conservadores o liberales,
por Jaime Cortés lo, después supe que no lo hizo por miedo, vieja hasta los calzones la maltrataron y por nunca supo, la dejaron huérfana en Betulia
sino porque sabía que más que medicinas lo eso dejó de ponérselos aunque le dijeran que cuando era una niña durante la violencia; la
que necesitaba el abuelo era una muestra de era pecado», agregaba subiendo la voz para guerrilla le asesinó un hijo en Urrao porque
«Si no podés matar ni a una gallina, no vas amor. que la abuela la escuchara como si esa fuera sospechaban que eran paracos; una araña
a sobrevivir en este mundo», me dijo la abue- Ella no era de las que hablaba por hablar, su forma de decirle que la entendía y le per- bananera le mató un nieto en Ciudad Boli-
la después de misa. Como siempre, al salir sus palabras siempre estuvieron de acuerdo donaba cualquier cosa. «No le crea mijo, en el var por falta de atención médica; los paracos
de la iglesia ella estaba otra vez en guerra con sus actos. «La vida es así», explicó porque campo esas cosas son normales. A mi no ha la echaron de Urabá que dizque por ayudar
con todo el mundo. No la asustaron las pa- sabía que no me gustaba verla despescuezar pasado nada peor que a los demás», aclaraba a la guerrilla; una montaña se les vino enci-
labras intimidantes del cura. Aunque en ese las gallinas, «no ponga esa cara… ojalá a mi la abuela contradiciéndola cuando intentaba ma durante un aguacero en un pueblo que
momento me sorprendió que entregara en la me hubieran enseñado eso desde chiquita». justificarla. no recuerdo el nombre; el río se le llevó unos
limosna todo lo que había recogido vendien- «El quinto mandamiento no lo cumplen sino Ese día hacia mucho calor y aún tenía- animales en otro y un cáncer de pulmón se

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llevó a mi madre sin haberse fumado un solo esos animalitos después de haber estado en- «Vamos mijo, acompáñeme a la inspec- de ese cuerpo que lo tenía jodido. «Bendito
cigarrillo, y para rematar, al abuelo, el único cerrados ya no son capaz de vivir solos», le ción de policía, acaban de matar al abuelo… sea dios, pudiendo matar a cualquiera tuve la
hombre que la quiso, le dio un derrame que alegó mi mamá ese día reprochándole por- Digamos que fueron los paras o cualquiera de bendición de matar el hombre que más qui-
lo dejó postrado en la cama; cosas que pasan que había condenado a muerte al pájaro. esos malparidos que se mantienen matando se», dijo mientras se sentaba a llorar en una
en el campo todo el tiempo sin que quien vive «Mejor que se muera rápido y no de pena mo- gente por acá por un par de centavos», dijo piedra grande al lado del camino. El sol la
en la ciudad pueda imaginárselas. No hubo ral en esa jaula», le respondió la abuela con con total naturalidad. «Me demoré, su abuelo atacaba desde todas partes y el aire inmóvil
un pueblo de donde no la obligaran a irse ni su tradicional frialdad. Esa jaula sola, quieta, me lo pidió hace rato. Si es necesario usted no se conmovía ni un poco de su cuerpo su-
quien no quisiera sacarle ventaja, cualquier sin música, esa que nunca bajamos para que tiene que hacer lo mismo conmigo», agregó doroso. Miré el camino de arriba abajo bus-
intento de rehacer su vida fue siempre una nadie se atreviera a encerrar otro pajarito, mientras me arrastraba de la mano camino cando a alguien, a cualquiera, pero no había
perdida de tiempo. En el campo, los hombres me hizo pensar en la pieza del abuelo, los al pueblo. No mentía, había un cadáver, fal- nadie que pudiera ver ni sentir el fuego que
son como animales que enfrentan lo peor de animales y los seres humanos nos parecemos taba el dinero de las empanadas en la cajita le salía del pecho, solo estaba yo para sentir
los hombres y de la naturaleza. Ella que nun- mucho cuando uno se toma el tiempo de mi- de galletas y también era cierta la violencia que el calor del medio día era algo insignifi-
ca fue supersticiosa, acabó yendo a misa los rar con detenimiento. Las gallinas seguían que antes ya le había quitado las cosas que cante comparado con el que brotaba en ese
domingos por si se trataba de un castigo divi- picoteando sin saber que pronto acabarían más quería. Así como era cierto que ella no momento del corazón de la abuela.
no, se hizo cerrar el cuerpo en Remedios por cocinadas a fuego lento. Es triste, pero para podía seguir viviendo sin liberar al abuelo
si era cosa de brujería y se compró una esco- que algunos podamos seguir con vida otros
peta por si alguna vez alguien más intentaba tienen que morir todo el tiempo. Cuando
quitarle lo poco que le quedaba. Lo increíble miré de nuevo hacia la puerta entreabierta,
es que ella nunca se quejó, recibió cada golpe observé a la abuela buscando algo en el baúl,
sin reclamar porque no le gustaba atormen- de lejos me pareció una gallina buscando un Jaime Cortés (Medellín, Colombia, 1975). Ingeniero mecánico con Msc. Gestión Tecnoló-
tar a nadie. Yo, que en esa época creía que los gusano. Volví de nuevo la mirada al galline- gica. Mención honorifica 2014 en el II Concurso Nacional de cuento Biblioteca EPM Escribir
buenos sentimientos salían del corazón, lle- ro, y me pregunté, si me tocara escoger… ¿a tiene su ciencia, en asocio con la Fundación Taller de letras Jordi Sierra i Fabra. Ganador en 2017
gué a entender por qué a veces parecía que el cuál de ellas elegiría? ¿La negra o la roja? En del V Concurso nacional de cuento Biblioteca EPM Energía: historias que fluyen, en asocio con
suyo era más duro que un hacha. eso andaba cuando el ruido de la tapa del la Fundación Ratón de Bibliotecas. Tercer puesto 2018 del concurso Échame un cuento, organi-
Cuando llegamos a la casa, la muerte de baúl cayendo bruscamente me hizo mirar zado por el periódico El colombiano en el marco de la 12º Feria del libro y la cultura. Publicado
la gallina se pospuso porque el abuelo era nuevamente hacia la pieza. La jaula sin el pá- en 2019 en la revista DEMENCIA y por la editorial española El libro feroz en la antología de
la prioridad. Desde que se enfermó, la abue- jaro seguía inmóvil y la abuela había sacado minicuentos 100 palabras para mamá. Ganador del concurso Internacional de Minicuentos El
la no salía de esa pieza cambiando pañales, la escopeta, la misma que había conseguido Dinosaurio 2018 del Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso y el centro provincial
aplicando pomadas, suministrando reme- por si alguien intentaba quitarle otra cosa. del Libro y la Literatura de Sancti Spíritus en la Habana. Seleccionado entre los mejores 20
dios y moviendo al abuelo de un lado para En ese momento, aunque la imagen me sor- relatos del Festival de literatura de Pereira FELIPE y publicado en Cuentos cortos para esperas
otro para que no se pelara. Mientras ella lo prendió, no había entendido lo que pasaría largas. Tercer lugar en en la segunda edición del concurso Medellín en 100 palabras e hizo par-
atendía, me entretuve viendo a las gallinas después. La abuela me miró, no fue la típica te de la edición 108 del libro Palabras rodantes, organizado por la fundación PLAGIO de Chile.
buscar en el suelo cualquier cosa que les mirada de abuela, era la mirada del que quie- Publicado en 2020 por la revista literaria Argentina ANUKET en el libro 20 Relatos sin tapujos.
permitiera seguir con vida. Desde el galline- re que aprendas algo. Luego, miró al frente y Ganador de un accésit del Premio Internacional de Cuentos Breves FGR celebrado en España
ro, alcanzaba a ver a la abuela masajeando disparo la escopeta dos veces hacia la cama en agosto de 2020. Ganador del concurso «¿Cuál es tu cuento con el fútbol?», organizado por
cariñosamente los pies inútiles del abuelo, la del abuelo. Aunque en el campo matan gente la Universidad Pontificia Bolivariana en octubre de 2020. Tercer puesto en el I Concurso Na-
puerta entreabierta me permitía ver su cuer- todos los días, nunca había visto el fogonazo cional de Cuentos Malambo Escribe 2020. Tercer puesto en el Premio Nacional de Literatura
po rechoncho sobre un baúl ubicado al pie de un disparo, creo que eso mismo sorpren- Infantil Pedrito Botero 2021 otorgado por la secretaria de Cultura Ciudadana y La Biblioteca
de la cama. La jaula vacía colgada afuera de dió al abuelo antes de morir. Después de eso, Pública Piloto de Medellín. Uno de sus cuentos fue llevado a formato Ficción Sonora por el
la pieza me trajo el recuerdo del canto de un la abuela guardó la escopeta en el baúl, salió portal español Terror y nada más en febrero de 2022.
sinsonte que la abuela había dejado escapar del cuarto y se dio la bendición como si agra-
cuando se le murió la parejita. «Vos sabes que deciera haber cumplido una promesa.

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Pequeñas victorias
por Cintia Ledesma

H Guevara se agachó hasta el último cajón de su escritorio y, al ha-


cerlo, descubrió que su zapato tenía un nuevo agujero en la punta. Di-
minuto, pero agujero al fin. Luego abrió el cajón y sacó una caja metá-
lica de setenta centímetros de largo por cincuenta de alto. Del interior,
tomó su pistola Beretta 92 de 9 milímetros.; al sentirla en la palma de su
mano, se dijo que pesaba un poco más de lo que él mismo recordaba.
Con suavidad, la dejó sobre la mesa, hizo la caja a un costado y acomo-
dó la espalda a los huecos de su sillón destartalado.
H Guevara iba a suicidarse a falta de un motivo para no hacerlo.
Decidió no dejar notas póstumas ni deseos de muerto, se iba como
había llegado, antes de tiempo. Guevara tomó el arma y la colocó bajo
su barbilla, levemente inclinada hacia arriba, para asegurarse que el
destrozo de la bala en su recorrido fuera irrecuperable. El percutor es-
taba a punto de iniciar su trabajo cuando dos golpes toscos en la puerta
abortaron sus intenciones durante el tiempo que demorara en espantar
al intruso.
Un intruso que entró sin pedir permiso ni disculparse; no era hombre
de modales educados.
—Guevara.
El detective hizo un recuento rápido de sus varios acreedores y supo
que ninguno tenía los contactos ni dinero suficiente para contratarlo.
El Pianista, nombre real desconocido, ganó su mote una noche en el
barrio viejo por aniquilar él solo a una banda de traficantes de escla-
vas sexuales que amenazaba el liderazgo de su jefe, Adelmo el Cuervo
Ramírez, dueño de varias casas de citas en la ciudad y de otros tantos
negocios ilícitos, todos camuflados tras una inofensiva pero próspera
empresa de mudanzas.
Los masacró uno a uno aplastándoles el cráneo con la tapa de un
piano de cola en la casa de empeños que les servía de aguantadero.
Dicen que nunca pudo limpiarse la sangre del piso.
Ajeno a las cavilaciones de Guevara, el mafioso se sentó frente a él y
miró de reojo a la vieja Baretta.
—Puedo conseguirle algo mejor.
—Gracias, pero no creo que pueda pagarla y soy clásico con algunas
cosas.
—Le aseguro que podría comprarse un contenedor de esas si cumple
su parte en lo que vengo a proponerle.

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Guevara maldijo su suerte por no haberse del centro a eso de las seis, yo salí por unos la herida que tanto llamaba la atención del forma de salvarlo pero también sabía que en
matado ayer. trámites y cuando volví a eso de las dos, es- Pianista. un rincón, o en todo su ser, Guevara no podía
—Escucho su propuesta. taba tirado junto a la piscina, en medio de un La Morgue Judicial nunca cambiaba su ser salvado. No quería ni tenía la fuerza.
—Mi jefe, el Cuervo Ramírez, apareció charco de sangre que escurría por las cana- perpetuo olor a muerto, aunque intentaran —No puedo dejar que veas el cuerpo, todo
desangrado al costado de su piscina con un letas del piso hasta el agua… No hay cámaras disfrazarlo, siempre estaba. Guevara detes- lo que puedo decirte es que, aunque la poli-
agujero feo en el cuello, no es una bala, al de vigilancia, Ramírez siempre se sintió se- taba eso y la sensación de vacío que le dejaba cía diga que se trata de un balazo, no fue así.
menos no un calibre conocido. guro con su custodia personal, con sus Án- dentro a pesar de que cada tanto, arrincona- No es una bala, es otro objeto contundente,
El detective pensó que decir el Cuervo geles. Una vez que usted sepa el nombre del ba a una de las forenses sobre los mesones de chico y de escaso peso que tuvo impulso…
sonaba muy distinto a nombrar a Ramírez asesino me va a llamar y yo voy a venir con lo metal para sentirse un poco menos solo. claro que, si admitieran algo así públicamen-
como el señor Adelmo. La visita escondía al- prometido bajo el brazo. Entró por la puerta lateral y, luego de re- te, abriría la puerta a la novela de intrigas y
gún trabajo sucio. Guevara estaba lleno de preguntas, pero correr varios pasillos, llegó ante el escritorio todo lo que ellos quieren es un cierre rápido
Ajeno otra vez a sus cavilaciones, el otro no sabía si hacerlas. Siempre le pasaba lo de Gimena. y decoroso que no enoje a nadie.
siguió hablando. mismo, era afecto a preguntar todo lo inne- Gimena era esa mujer a la que él arrinco- —¿Algún detalle que deba saber?
—Necesito el nombre del asesino. Como cesario e irritante. naba en las mesas de metal, y era también la —Objeto de punta cuadra de no más de
se dará cuenta, todos saben quién soy y pue- —¿Los Ángeles? ¿el señor Ramírez era re- única que podía tener una pizca de compa- dos centímetros de lado.
de que se muestren algo reticentes a hablar ligioso? Además tendría que hacerme llegar sión para dejarle ver el cuerpo. Guevara encendió un cigarrillo, lanzó una
conmigo, por eso vine… A usted nadie lo to- una lista de posibles enemigos… Ella cerró la puerta antes de sentarse y bocanada de humo al aire y la miró a los ojos.
maría muy en serio. Veinte mil dólares, lo El Pianista sonrió y, al hacerlo, la cicatriz cruzarse de brazos. Hacía eso cada vez que Al hacerlo supo por qué quería suicidarse:
toma o lo deja. que le cruzaba el mentón se estiró hasta con- sabía que estaba a punto de escuchar algo para que fuera ella y no otra la que le acomo-
H. calculó sus posibilidades: quien fuera vertirse en una línea invisible. que, en el fondo, no le convenía. dara las tripas y el corazón adentro. No había
capaz de matar al Cuervo, tardaría menos —Ramírez llamaba Ángeles a los integran- Él no tenía tiempo que perder, otra ironía otra forma, él solo no podía.
de medio segundo en quitarlo del medio a él, tes de su guardia personal y olvídese de una en su nuevo status de suicida interrumpido. —¿Posible hora de la muerte?
pero a cambio del riesgo le ofrecían mucho lista obvia de sospechosos, lo que me tiene —Necesito ver el cuerpo de Ramírez. —De acuerdo a la temperatura del hígado,
más dinero del que había tenido en toda su desconcertado es quién pudo acercarse tan- —Mira qué fácil. Este caso lo tiene un poco murió entre las cero y las dos de la madru-
vida. Pensó en dejar el suicidio para cuando to. Le repito, no fue un arma de gran alcance. nervioso a mi jefe, sus jefes… y la lista sigue. gada.
lo acosaran nuevamente las deudas, sabien- —Después se levantó, dejó cuatro billetes de —Tengo que averiguar quién lo mató. —¿Tenía alcohol en sangre, drogas?
do que si fallaba, en lugar de dólares tal vez quinientos pesos sobre el escritorio y salió tal —No me digas que de pronto dejaste de —Nada.
recibiría balas. Al fin de cuentas todas las como había entrado. perseguir infieles y te pusiste serio. Guevara se dio cuenta que Gimena no iba
opciones lo daban por muerto. El detective se había pasado la vida espe- La ironía y las mujeres siempre lo trataron a darle ni media palabra más.
—Voy a necesitar dinero para viáticos, los rando un caso que desafiara a su inteligencia igual. —Está bien, estamos en contacto.
veinte mil los quiero una vez que usted tenga y a su instinto. Y de pronto esto le caía del —La mano derecha del Cuervo vino a ver- Ella lo dejo ir porque prefería pensar que
el nombre, no antes. cielo. me en persona. Quiere que descubra al ase- estaban siempre en contacto a sentir que la
El asesino dejó correr los segundos, le No sabía si achacarlo a la suerte o la iro- sino. excusa que tenía para retenerlo no era tan
gustaba hacerlo principalmente con sus víc- nía. En ese punto del relato, Gimena no pudo buena.
timas. Le fascinaba ver cómo el miedo les di- Con las primeras luces del día, Guevara aguantar la risa y la dejó ir suave, como un El nuevo día llegó bajo el tono amenazan-
lataba las pupilas, cómo el cuerpo se les aflo- entró al bar de siempre y pidió un té con li- hilito de agua entre las piedras. te de la Beretta sobre el escritorio, pero el in-
jaba y la respiración dejaba de ser un acto món. Por los diarios se enteró que el empre- —Esa gente no necesita de nadie, ya de- vestigador no la miró con esperanza ese día.
impensado. Finalmente habló. sario de logística Adelmo Ramírez fue halla- ben estar destripando media ciudad de in- En lugar de eso comenzó una lista de todos
—Dos mil pesos diarios, eso debe superar do muerto en el parque de su residencia con formantes para encontrar al responsable. los posibles motivos por los que el Cuervo
con creces su expectativa de vida, Guevara. un balazo en el cuello. La policía ya había —Eso mismo pensé yo… ¿Qué tenes para había terminado así: apuestas ilegales, trá-
Por lo demás, lo que tiene que saber es que, iniciado una investigación. mí? fico de personas, armas, drogas. Una lista
como todos los días, el jefe llegó de la oficina Antes que nada tenía que ver el cuerpo y Ella hubiese querido decirle que tenía la inmensa de certezas nunca confirmadas; al

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pero lo hubiesen hecho de una forma más dedor fuera a desmoronarse rendido.
cobarde, un ataque a distancia, una bomba… Ella se sentó en el sillón de enfrente, cru-
Pero algo tan cercano, Hermes, yo no entien- zó las piernas y dejó las manos sobre las ro-
do cómo se les escapó a los Ángeles. ¿A qué dillas, como en caída libre. Era evidente que
viene tanta pregunta? estaba acostumbrada a hacer todo sin darse
—Me contrataron para atrapar al culpa- cuenta.
ble. —El Pianista me dijo que preguntó por los
—¿Y queres empezar justo acá? El Pianis- Ángeles.
ta ya estuvo preguntando. Guevara pensó en diez chistes malos para
—Sí, pero estoy seguro que vos no le dijis- romper el hielo pero, por sana prudencia, los
te todo lo que sabes. dejó para una mejor ocasión.
Ella sonrió y se le marcaron los hoyuelos —Sí, estoy ayudando con la investigación
de las mejillas; ese gesto hacía que tuviera y quería hablar con los guardias.
veinte años otra vez. —Puede empezar por mí.
—No se qué decirte, Hermes. El Cuervo Guevara buscó una nueva posición en el
nunca estaba solo, siempre estaba su guar- sillón y trató de hablar sin tartamudear.
dia personal. Los llamaba los cuatro Ánge- —¿Usted es uno de ellos?
© Kieron Adams
Fuente: Flickr les, son francotiradores profesionales. No los Ella pensó que era una pregunta redun-
veías pero estaban ahí, nunca hubieran deja- dante pero eligió contestar.
do que alguien se acercara tanto… Eso es lo —Sí, yo no estaba cuando todo pasó, solo
que no entiendo, un asesino siempre tiene un quedaba uno de nosotros, el señor Ramírez
gesto que lo delata. se sentía seguro en su casa
—La custodia debe saber algo, algo de- —Me gustaría hablar con la persona que
concluir su enumeración se dio cuenta de Nuria entró al salón rodeada de ese aire
ben haber visto. —La madama se encogió de estaba de guardia.
que debía rechazar de plano todas las posi- de diva derrotada que la acompañaba desde
hombros. —No es necesario, el Pianista ya habló con
bilidades, porque, si el Pianista hubiera teni- tiempos inmemoriales y, después de pasear —No creo que quieran hablar a menos que él.
do la mínima sospecha de que la muerte de su mirada por cada rincón, fue directo a la los obliguen. La mujer lo dijo de una manera que le hizo
su jefe se trataba de un tema de negocios, ya mesa del detective. Guevara apuró su cerveza. Nuria tenía la comprender que no podría hablar nunca con
tendría al culpable con las vísceras sacadas —Ay, Hermes, qué mala cosa te trae por fatídica cualidad de achicarle los caminos, el sujeto a menos que él fuera a hacerle com-
por los ojos. acá. —Ella era la única que conocía el signi- dejándolo siempre con más preguntas que pañía en el fondo del río o en cualquier basu-
El crimen de Ramírez era otra cosa y cuan- ficado de esa H; Hermes de todos los Santos respuestas. Se levantó, besó a la mujer en la ral de las afueras.
do en un crimen los motivos no son suficien- Guevara. frente y caminó a la salida. —¿Qué más quiere saber? —Ella era im-
tes ni hay señales, la muerte tiene nombre de —¿Cómo te tiene lo que pasó? La mansión de Ramírez era toda calma paciente por naturaleza.
mujer. —Confundida. Adelmo era un buen aman- y cotidianidad. H. ya llevaba un par de ho- —Quisiera ver la escena del crimen.
Nadie sabía tanto de mujeres como Nuria. te, no tenía que terminar así. ras esperando en un sillón de cuero blanco, Al salir al parque, el investigador dijo que
Guevara entró a la casa de citas como Si él no la conociera tanto, le preguntaría perdido en su lista de pendientes cuando ella no necesitaba demasiado, que solo quería
cualquier cliente. Este, como varios garitos qué tiene que ver una cosa con otra, pero por apareció. hacerse una idea de la posición del cadáver.
de la ciudad, pertenecía al Cuervo Ramírez. ella, H abdicaba de a ratos su manía interro- Al principio fue el sonido seco de los ta- Ella lo tomó del brazo para hacerle saber que
El único hilo conductor entre todos era Nu- gatoria. cos sobre el mármol lo que puso en alerta al podía manejar cualquier cuerpo a su antojo
ria, la madama de este y los otros. Ella era la —¿Por qué crees que terminó así? cuerpo de Guevara, luego toda la mujer le y lo dejó en el mismo sitio donde el mafio-
única persona a la que Guevara podía inte- —No sé… dicen que ni siquiera saben con hizo pensar que el aire se movía por ella o tal so había caído fusilado, en línea recta con la
rrogar sin tener que cuidarse de la mentira. qué lo mataron. Adelmo tenía enemigos, vez, ella se movía por el aire como si el alre- puerta del fondo, a treinta centímetros del

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borde de la piscina. flor de tres pétalos tatuada en el tobillo dere- H entró por la puerta de siempre, sirvió —No me consta. El jefe no hablaba de sus
—De acuerdo a mi experiencia, debe tra- cho; el sello con el que Nuria marcaba a sus dos tanques de cerveza y se sentó frente a cosas. Esa noche ella no estaba y el responsa-
tarse de un arma chica, de poco calibre... tal chicas. Ella, la sin nombre, lo vio irse desde Nuria, a quien el paso de las horas solo con- ble de la guardia ya pagó su error.
vez una Máuser. su ventana y supo que solo un hombre tan seguía volverla más interesante. —Tal vez era el único que podía arrimar-
La guardaespaldas nombró el arma y H no acabado como ese sería capaz de llegar a la —Has venido dos veces en un mismo día, nos a la verdad y ahora yo solo embarro la
pudo contener una corriente cálida que lo verdad; esa dama de alquiler cara y exquisita Hermes, debes estar perdido. cancha.
cruzó entero. que se rinde ante quien quiere, como y cuan- —¿Por qué la mujer-Ángel tiene tu marca? —No soy un hombre de recursos tan esca-
—¿Sabe mucho de armas? do quiere. —Las que entran a mi círculo lo hacen sos. ¿De qué le sirve saber de ella?
—Lo suficiente como para ganarme la Guevara intentó dormir pero no pudo qui- para siempre, no importa de qué se vistan De un golpe impetuoso como el soni-
vida con ellas. tarse a esa mujer de la cabeza, mucho menos después. do final de la Beretta, Guevara recordó que
—¿Cuánto hace que trabajaba para Ra- librarse de las ganas de desbaratar uno a uno —Esa mujer se comporta como si fuera los suicidas son desesperados, los cobardes
mírez? sus enigmas: ¿por qué una mujer así termina algo más que una tiradora de elite. duermen y los valientes insisten. Dejó al Pia-
—Ya perdí la cuenta. en un prostíbulo? ¿Por qué una mujer así se —Adelmo la conoció y perdió la cabeza nista con la palabra en la boca y regreso a su
La mujer hizo acompañar a Guevara a la convierte en sicaria para un hampón? ¿Por por ella, pero no sé de dónde sacó su peri- casa-oficina. Lo primero que hizo fue guar-
salida y subió las escaleras. Él la vio irse y qué se mezclaría con esa parte indisoluble cia con las armas. —Una bailarina se acercó dar el arma en la caja y la caja en el cajón
se la guardó en los ojos, de las caderas a las de la vida que es la mugre? a Nuria y le dio un sobre—. Todo lo que sé de derecho del escritorio. Todo volvía a cero. La
pantorrillas. Entonces lo vio: esa pequeña Nuria tenía esas respuestas. ella está en este sobre. vida era una sucesión de ciclos.
H perdió la tranquilidad cuando leyó el Guevara no vio la resolución del caso has-
contenido del sobre. La chica no tenía un ta que no escuchó al Pianista hablando tan
trabajo antes del garito, el nombre y la fecha enamorado de la mujer-Ángel. Ella mató al
de nacimiento no correspondían a nadie en Cuervo, él lo supo de boca del sicario de tur-
cualquier base de datos, se trataba de un fan- no y por eso, se ocupó de silenciarlo. Esa mu-
tasma. jer se había metido sin permiso en la vida de
Ramírez era demasiado cauto como para todos y le había roto la aorta con un golpe
darle tanta confianza a alguien sin conocer seco de tacón. No precisó un arma porque
sus antecedentes. Toda la memoria que que- ella era capaz de convertir cualquier cosa en
daba del difunto era su segundo. un arma letal, como su metro sesenta y tres.
Se encontraron en un tugurio oscuro y Solo estando allí pudo saber cómo caía el
frío. El Pianista lo escuchó sin interrumpirlo cuerpo.
ni una vez y luego dijo lo que sabía sin inte- Nuria encontró a su amor adolescente
rrupciones. sentado a la orilla del río, algo en la exube-
—Nuria la encontró buscando carne fres- rancia de su pecho le decía que esa era la úl-
ca, la tiene que haber impresionado mucho tima vez que lo vería.
para aceptarla con una historia de vida tan —Lo único que quiero es que me digas por
floja detrás. Ella aprendió rápido, cuando el qué le dijiste al Pianista que me contratara.
jefe la vio, no quiso compartirla y se la llevó Sos la única que nos conecta a todos.
a la casa. Yo la juzgué mal, pensé que se iba —Él necesitaba a alguien que no llegara a
a dedicar a vivir la buena vida pero, en lugar la verdad y siempre fuiste el mejor para boi-
de eso, se empeñó en practicar hasta conver- cotearte.
tirse en una tiradora formidable. —Exacto, él la protege por amor… ¿Qué
—Y ella siguió compartiendo la cama con motivos tuviste para no alertar al Cuervo?
Ramírez a la vez que le cuidaba las espaldas. —Supongo que mi corazón sentimental

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me jugó una mala pasada. Esa chica me con- la mirada helada de aquella niña que lo vio
tó cómo el Cuervo había masacrado a su fa- torturar a sus padres escondida detrás de un
milia, yo le di una oportunidad, el resto que- ropero. Al reconocerla años después, prefi-
daba en sus manos. ¿Cómo lo supiste? rió no advertir a Ramírez y vigilarla de cerca.
—Como dijiste, en caso de sospecha, el ti- Cuando advirtió que ella estaba enamorada
rador habría actuado. Mi cerebro se despertó del jefe, olvidó el peligro.
cuando vi tu marca, después fue cuestión de Nadie le había advertido que las mujeres
sumar las piezas. tienen demasiadas vueltas en el alma.
H. Guevara caminó en silencio a su casa, Ella, enamorada y todo, cumplió su pa-
las cartas estaban ya sobre la mesa. Pasaría labra. Ahora cuida las espaldas de Guevara
los días esperando por una bala que no le porque más tarde que temprano vendrán por
perteneciera y le quitara el valor de insistir. él diciéndose que lo hace para proteger su se-
El Pianista jamás se perdonaría la muerte creto. Las vueltas de su alma, saben que ese
de su jefe. Nunca pudo quitarse de la cabeza perdedor tiene algo que logra confundirla.

© Douglas French
Fuente: Flickr

Cintia Ledesma (Departamento de General Alvear, Mendoza, Argentina, 1980). Es Téc-


nico Superior en Comunicación Social y escritora en un intento de entender al mundo y en-
tenderse en él.
Ha participado de dos antologías narrativas cooperativas en distintas provincias de la Re- Domo de agua vacío que la tristeza llena gota a gota.
pública Argentina y su cuento corto «El Cuadrado» fue publicado por la revista digital La por Azla Ravéht La doctora entró, venía con un enfermero
Sirena varada en su número de noviembre de 2018 en la Ciudad de México. El Cuento «Plan B» que cargaba una pecera pequeña en la que
fue publicado en el número de marzo de 2020 de la revista digital El Camaleón, de Guatemala. flotaba un diminuto pez rojizo.
Además obtuvo el primer lugar en el Concurso de Cuentos de SADE (Sociedad Argentina de Preguntó cómo estábamos.
Hasta ese punto, el ser humano tolera el ruido.
Escritores) delegación General Alvear en el año 2009 con el cuento La mujer del vestido. Silencio. Pregunta estúpida.
Cuando se sobrepasa, el dolor se suelta.
Antonio Di Benedetto.
Nos explicaron lo sucedido. Solo podía
concentrarme en la pecera, no distinguía
Nos mantenían en el pabellón de materni- bien al pez estático en el agua opaca, tal vez
dad. era un beta: un premio de consolación. Po-
El llanto de mi esposa no se escuchaba por dría ser política del hospital regalar un pez
los gritos de los recién nacidos. Alguien en el beta para incitar a sus pacientes a intentar-
pasillo, probablemente una enfermera, dijo lo de nuevo, cuando el plan alfa no funciona.
que los bebés estaban inquietos, que acos- Desperté del trance cuando la doctora dijo:
tumbran a dormir más. Esta noche lloran la «no pudimos salvar el embarazo», y mi espo-
falta de uno de ellos, pensé. sa comenzó a sollozar. La doctora la tranqui-
Agradecí el ruido. Tenía que sentirme mal lizó y repitió: «no pudimos salvar el embara-
por ella y por mí. Se puede volver a intentar, zo, pero sí al feto». El enfermero nos acercó
pero en ocasiones no quedan ganas, solo el la pecera y vimos bien su contenido: un em-

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cambiarle el agua cada doce horas, pero solo cal cuando comía o burbujeaba, era normal,
se llenaba a la mitad; él terminaba de llenar- hasta el quinto mes comenzaría a nadar un
la con líquido amniótico que producían sus poco, más o menos ya que estuviera en la pe-
riñones. Lo alimentábamos cada tres horas y cera número seis. Me aburría verlo, sacaba
lo absorbía con su cordón umbilical. Parecía mi celular o iba a la cocina por agua, cuando
la trompa de un elefante. Si necesitaba algo escuchaba que ella salía guardaba rápido el
entre horas, hacía burbujas. Ella aprendió de teléfono. No quería que pensara que no esta-
inmediato lo que significaban. ba atento.
Instinto maternal. Me levanto por un café. Desde la cocina
Apenas empezábamos y yo estaba asus- veo a Rex en la mesa el comedor, inmóvil
tado por el final. Las cuadradas eran para la como es su costumbre.
última etapa de gestación, cuando los pul- —¡Rubén!
mones se desarrollan. La doctora nos dijo —¡En la cocina! —No me escucha. Salgo
que debíamos que tener sumo cuidado, ya de la cocina. La veo aun en una toalla moja-
que el bebé flota a la superficie y llora, hace da. Corre a la mesa del comedor.
formal su nacimiento. Tenemos que sacarlo —¿No lo escuchas?
de inmediato o se puede voltear y ahogarse. En la superficie del agua nacen y mueren
© Rebecca Bentliff
Fuente: Flickr —Necesitamos ponerle nombre. burbujas muy pequeñas, no las podía ver
Regresé a trabajar, ella tenía permiso de desde donde estaba, y ni siquiera tan cerca
maternidad. las podía escuchar. El agua de la regadera
Los días que llegaba temprano la veía con corría. Toma a Rex para llevárselo, quiero
la pecera pegada en el vientre, acariciándola decir algo, me interrumpo cuando la veo res-
de arriba abajo. balar. No cae, la pecera tampoco, me acerco
brión, nuestro alfa. se la puse en las piernas cuando se terminó
Las primeras veces le cambiábamos el para ayudarla y me da una cachetada con lí-
Lloré. de acomodar en el asiento; le pasó el cintu-
agua juntos. Preparábamos una pecera más quido amniótico.
A los tres días los dieron de alta. rón de seguridad por enfrente presionándola grande para ponerlo, tirábamos el líquido, —¿Ves lo que provocas? ¡Lo pude perder
Compré catorce peceras (cada dos sema- contra su vientre. Manejé con toda la precau- lavábamos y rellenábamos hasta la mitad. de nuevo!
nas lo teníamos que cambiar a una nueva), ción posible, imaginé que hasta el mínimo El agua era especial, venía con las medidas Dormí en la sala hasta la siguiente pecera.
once esféricas y tres cuadradas. Incluían una golpe en el auto podría romper el contenedor de las peceras impresas al frente, de modo Aún quedaban once.
red de mano muy similar a las que se usan de nuestro hijo. Anette no habló en el cami- la cantidad siempre era la correcta. Una far- Ya no descansamos; ni Rex que gorgojea
en los acuarios. La diferencia es que esta era no, miraba el bebé en el acuario transparente macia cercana enviaba semanal las bolsas de toda la noche; ella que dice escucharlo y yo
de acero quirúrgico, el hilo de la red era del sobre su estómago. Hipnotizada, sonreía. Me agua a la casa, ya no teníamos que pedirlas. claro, que no lo escucho, pero me despierta
mismo que usan para poner suturas. El jue- recordó a un bote con fondo de cristal. No lo Y en caso de presentarse algo de urgencia para decirme exactamente eso. No cree en la
go de pecera y red venían en bolsas selladas mencioné, podía herirla. podíamos llamar, tenían todo lo necesario imposibilidad de mi oído de escuchar lo que
al vacío, para no comprometer su esterili- Lo acomodamos en una mesa de noche. para los bebés de acuario. está entre las burbujas.
dad antes de usarlas. Puse trece peceras en Ella dijo que era mejor dejarlo un par de días Ahora ella le cambia el agua. Paso más Dejó de bañarse. Ya no cuido del bebé,
el cuarto del bebé y la más pequeña en la en la pecera del hospital, que se acostumbra- tiempo en el trabajo, mi hijo ya no les impor- solo hago la cena y cenamos con él en medio
mesa del comedor. Dejé todo listo antes de ir ra a la casa y evitarle la tensión de otra mu- ta. Llegando después de las nueve lo único de nosotros. Es mi hijo y lo amo, pero verlo
a buscarlos. En el hospital nos dieron comida danza. Alejé la mesa de la cama, no quería que puedo hacer es vigilar la pecera mien- rojizo, en ocasiones rosa, comiendo con su
suficiente para dos semanas junto con un pa- que la golpeáramos mientras dormíamos. tras ella se baña, cuando termina preparo la trompa, no es algo que me dé hambre.
quete de gasas para el periodo de gestación. Repasamos la lista de cuidados hasta que cena. Ha comenzado a llamarme todos los días
Me dio la pecera mientras se metía al auto; pudimos recitarla de memoria. Teníamos que Rex no se movía, solo su trompa umbili- al trabajo desde que la doctora le dejó de

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contestar. tarde unos minutos o llegar tarde unas ho-


—No se calla. ras. Me quedo sentado en el auto hermético,
Es todo lo que dice, hemos terminado en escuchando nada, disfrutando el abismo que
urgencias en más de una ocasión, siempre genera la ausencia de ruido.
con el mismo diagnóstico: «Todo bien», «es A diferencia de lo que espero, la casa se
normal». No lo cree. encuentra en un silencio tan rotundo que el
Cuando llego a casa es la misma imagen. movimiento de mis llaves parece una tor-
Ella en el cuarto con la televisión o la música menta, chocando una con otra, generando
en el estéreo a todo volumen. Dice que aún lo truenos artificiales. Arriba, le jala al baño y
escucha. libera el ruido de un tifón en toda la casa. Si-
Pequeñas burbujas. gue despierta. Escucho diminutos plops des-
La grasa se le acumula en el cabello. Las cendiendo por las paredes. Subo las escale-
ojeras. Los dientes amarillos. Esta situación ras como si estuviera aprendiendo, despacio
se ha llevado a mi esposa. y tambaleante. Paso por el cuarto de Rex,
Necesito resolver esto, tal vez hay otros pa- veo las peceras vacías, aun nos falta camino.
dres que nos puedan dar consejos o un grupo Abro la puerta de nuestro cuarto y el soni-
de padres anónimos que se reúnan todos los do de agua me golpea los tímpanos, la taza
© Eva Malfoy
jueves en alguna iglesia, después de los alco- del inodoro se está llenando tan lenta como Fuente: Flickr
hólicos. De camino a casa paro en iglesias, en siempre. Dejo que la luz del pasillo se derra-
un centro doble A y en algunos consultorios me en mi lado de la cama. En la oscuridad
a pedir informes. Ninguno de ellos tiene un puedo oler su champú. Ahí recién dormida
grupo como el que necesito, pero me dicen vuelve a ser ella. ¿Cuánto tiempo tardará en
que si hay uno en el centro de rehabilitación estallar la siguiente burbuja? Me siento en la
que se encuentra a diez minutos fuera de la cama y veo la mesa de noche, la pecera está Elogio a las personas alegres ria es, como ya señalaba Agustín de Hipona,
ciudad. vacía. por Arturo Hernández González el estómago del alma. El ulcerado estómago
Callo el motor, veo la luz de nuestro cuar- El inodoro termina de llenarse. de un alma dañada. Pero lo que quería decir
to extinguirse. Es tarde, debería bajarme y es que solía caminar y divertirme aunque no
entrar, pero no hay diferencia entre llegar Esto sucedió hace un par de años. Solía vi- fuera feliz. Esa es, no obstante, una de las co-
vir cerca de las viejas librerías del centro de sas que envidio más de los alegres: poder di-
la ciudad. Salía a caminar casi todos los días vertirse aunque sean felices y viceversa. Este
e iba a menudo a la antigua cinemateca o a la parece ser un atributo común entre quienes
biblioteca Luis Ángel Arango, donde a veces logran contentarse con los pequeños frutos
se ofrecían deliciosos conciertos de música salobres de la autocomplacencia.
clásica. Y léase clásica aquí como un eufemis- Yo no he visto nunca a alguien que repre-
Azla Ravéht (Mazatlán, Sinaloa, México, 1990). Ha publicado en la revista digital Efecto mo para viejas e instrumentales composiciones de sente mejor el arquetipo del autocompla-
Antabus. Participante del dossier sin nombre. ciente moderno que G., mi cuñado. Y es que,
cámara… pues también hay otros sonidos que
bien podrían merecer tal adjetivo: Garzón y como venía diciendo, hace un poco más de
Collazos, Santos Discépolo, Hank Williams, un par de años me escribió para invitarme a
W.C. Handy, Eddie Cochran, Chuck Berry y cenar. Tan solo había hablado con él un par
más recientemente, Lemmy Kilmister. Pero, de veces en mi vida y hacía más de veinte
lo siento, esto no tiene nada que ver con lo que años que no nos veíamos. Era inoportuno, in-
estoy contando. Divago. A mi edad la memo- conveniente, inesperado y me sentí tentado a

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decirle que no, pero añadió que debía decir- pués de eso escupió una tras otra las tristes era bueno para las cosas del amor?», respon- filosofía que quiere saberse a sí misma y que
me algo importante. Así que le dije dónde po- palabras de su congoja. «El matrimonio al dí sonriendo. «Ha dicho que quiere quitarse pese a todo, encuentra siempre algo fallido e
día encontrarme la noche siguiente y le reco- igual que la verdad son cosas difíciles», con- la vida», dijo con gravedad y entonces enten- insuficiente como para alimentar al dios per-
mendé ser puntual. Al otro día caminé como cluyó entornando los ojos. Me sentí humilla- dí a qué se refería. No sé si me puso de mal sonal de los asombros. El poco amor propio
de costumbre por las horribles e inconclusas do. Ensayaba ese tono melancólico e idiota humor o si logré convencerme de que la falta que pueda uno conservar intacto desde los
aceras peatonales y gasté la mañana hojean- para parecer interesante y no titubeaba al de tacto era indisoluble a su condición exis- primeros días de la vida, cuando nace junto
do una vieja, casi tan vieja como yo, edición pensar un poco las sílabas de lo que decía. tencial, pero sí recuerdo haber formulado la con nosotros el instinto de la autoconserva-
parisina de L’embarras du choix, en la que Brice Probablemente había preparado en su ca- única pregunta que podía hacerle: «Cuando ción, es la potencia definitiva y última con la
Parain interpreta el papel de un filósofo de- beza toda aquella retahíla, recalentándola lo dijo… ¿lo hizo con ira?». que se puede resolver no-estar.
cente. Almorcé y me entretuve después con cada vez que otro pensamiento encharcara «Sí —replicó después de sopesar la pre- «¡Qué bueno! —me interrumpió con la
la película Vivre sa vie, de Jean-Luc Godard, sus sesos con el dulce vacío monótono y la gunta—. Ella se enteró de que yo…, estaba fu- misma sonrisa de antes—. Entonces tú crees
en la que Brice Parain interpreta el papel de felicitación subsiguiente de su patético amor riosa y entonces ella…»; sentí un leve deseo que no tengo nada de qué preocuparme». Un
un filósofo decente que actúa a su vez como propio. de golpearlo por hacerme perder el tiempo. joven camarero se detuvo a la izquierda de la
un mediocre actor de cine obligado a ser él «¿La verdad?», interrumpí. «Sí, creo que «Nadie que en verdad desee suicidarse está mesa y nos preguntó si estábamos listos para
mismo, pero en la vida real. la verdad tiene muchos matices», contestó motivado por la ira —comenté—. La inte- ordenar. Lo miré con un amable desasosie-
Estaba viendo todavía la película en mi y añadió de inmediato: «uno puede amar, rrupción de la vida por algún drama pasio- go, volví a mirar a G. y de vuelta al camarero.
cabeza cuando llegué a la cafetería en la que sentir también que ya no ama y ambas co- nal es más común entre las parejas jóvenes y Observé la mancha café durante un segundo
G., me estaba esperando. Yo llegaba tarde. sas pueden ser verdad ¿no es así?». Respiré ninguno de nosotros se está quitando días de más. «No, no tienes nada de qué preocupar-
Cuando le vi la cara, me di cuenta de que profundamente, conté hasta diez y respondí: encima. Uno simplemente se quita del medio te. Esto es lo mejor de las personas alegres
había olvidado quejarme solo antes de lle- «No». La luz era amarilla y escasa y yo no sa- o no lo hace. El dolor suele ser pasajero en —dije— que siempre están mejor estando
gar y pensé en lo fermentadas que estarían bía cuál de aquellas circunstancias era lo que los corazones débiles. Desear acabar con uno alegres pero lejos de mí». Me levanté y salí
mis palabras. Se puso en pie y me abrazó. Nos más lastimaba mis ojos, pero tuve que aga- mismo es realmente un pasatiempo cotidia- corriendo de ese lugar.
sentamos y pedimos un café antes de comer. char la cabeza y seguir hablando sin levantar no, como regar las plantas o mirarse la pal-
«¿Cómo has estado?», preguntó sonriendo. la mirada de la mancha café que sobrevivía ma de las manos. Decidir morir es como una
«Vivo, por desgracia», contesté con descui- en el fondo del pequeño vaso desechable. La
do y caí en la cuenta de que había olvidado verdad es irreparable. Cualquier interrup-
que él era una de las personas con las que ción en su engreída integridad la asesina,
no se podía hablar honestamente. «¿Estás la convierte en otra cosa. Los sentimientos
enfermo?», replicó. «Solo si los años cuen- pueden ser contradictorios. Sin embargo, su
tan», respondí. «Hace un rato entró aquí otro naturaleza no es igual que la de la verdad.
Arturo Hernández González (Bogotá D. C., Colombia, 1995). Poeta, docente, tra-
anciano y pensé que eras tú —adelantó sin No hay espacio en ti o en mí para la verdad.
ductor y escritor colombiano. Su obra poética ha sido ampliamente difundida y publicada en
dejar de sonreír—, casi me levanto para sa- Puedes hablar de la verdad de tu corazón si
reconocidos medios hispanoamericanos. Su trabajo literario ha sido incorporado en múltiples
ludarlo». Sentí pena por G. La gente así está te place, pero no ensucies las palabras con
antologías, mereciendo reconocimientos y premios en Colombia, México y España. Es autor
condenada a que le mientan porque son un significados que escapan tan fácilmente a
de los libros Olor a Muerte publicado por la Red Distrital de Bibliotecas Públicas (BibloRed,
peligro andante para la libertad y la higiene nuestras contingencias…
2011; 2012) y Breviario de lo Incierto (2017). Dirige la revista internacional de cultura y artes Noche
individual del pensamiento. «Pues no es de Parecía confundido, así que tuve que ob-
Laberinto.
extrañar —dije— un perro se parece a otro viar lo que le había dicho y preguntarle: «¿A
perro, aunque uno tenga la mala costumbre qué te refieres exactamente?». «Es algo que
de parecerse a sí mismo». dijo —avanzó de repente—. Tú siempre has
«¿Qué era lo que querías decirme?», ade- sido bueno para estas cosas y por eso tenía
lanté sin tacto. Suspiró. Aguardó un segundo. que preguntarte». Reflexioné por un instante.
«Las cosas no están bien», dijo al fin. Y des- «¿Quién ha sido el idiota que te dijo que yo

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CREACIÓN

La muralla
por Óscar Benítez

A decir verdad, a ninguno de los cuatro nos entusiasmaba la idea de


volver a vernos. No es que nos cayéramos mal, ni mucho menos, pero
nunca habíamos sido amigos del alma. Simplemente, en el pasado ha-
bía surgido cierta complicidad entre nosotros porque nos conocimos en
un lugar en el que casi nadie compartía nuestros intereses. El lugar no
era otro que la Facultad de Periodismo y el objeto de nuestro interés, el
periodismo.
En cualquier caso, cuando Irene nos invitó a cenar en su casa de Ge-
rona, todos aceptamos sin pensarlo demasiado. Al fin y al cabo, la re-
unión no dejaba de ser una excusa para intercambiar cotilleos y hacer
networking, únicas razones por las que los treintañeros de profesiones
liberales seguimos conservando las amistades superfluas.
Adrián me esperaba en un bar de la plaza del Norte para ir juntos a
Gerona. No sabía por qué, pero siempre me había parecido que aquella
plaza tenía un aire inquietante, como de tienda de pelucas tras echar el
cierre. Según Adrián, que también lo había notado, el motivo era que
los celadores de un psiquiátrico cercano solían sacar a pasear a sus pa-
cientes por allí, lo que producía una suerte de sobrecarga mental en la
atmósfera.
Esperé a que se terminase el café y nos dirigimos a su coche, que te-
nía aparcado en un garaje cercano. Una vez en el automóvil, tuvo que
maniobrar largo rato para sacarlo de la estrechísima plaza en la que se
encontraba. Con todo, tras conseguirlo, me dijo:
—Cuesta un poco sacar el coche de aquí, pero pago una miseria. Es
una puta ganga.
Ya en la carretera, Adrián me desveló el motivo por el que Claudia
—la otra invitada— se había descolgado de la reunión. Aunque había
pretextado un contratiempo ineludible, lo cierto es que llevaba varios
días deprimida y no se veía con ánimo de acudir. Al parecer, me contó
Adrián, sus crisis se habían ido haciendo más frecuentes a medida que
se acercaba a los 40 —puede que Philip Roth tenga razón y la vejez sea
una «masacre», pero no hay duda de que la mediana edad es dañina
como una bomba de racimo.
Aún así, los vaivenes emocionales de Claudia no me sorprendieron.
En sus ojos siempre relució un inequívoco brillo neurótico. También
esa concupiscencia compulsiva con la que algunas mujeres ciclotími-
cas tratan de ajustar cuentas con un pasado traumático. En los últimos

@ Nelson L. visorliteraria.com | 54
Fuente: Flickr
CREACIÓN CREACIÓN

tiempos, solo había sabido de ella por sus co- protegerla, y en parte porque quería seguir lado. Para colmo, la decoración, que combi- trellando sus auriculares contra la ventana.
mentarios políticos en las redes, que refleja- follándosela —lo hacían una vez por la ma- naba sin empacho figuras de dioses hindúes El cristal no llegó a romperse, pero el instan-
ban un radicalismo preocupante. ñana y otra por la noche, siguiendo una es- con bolas de discoteca, hacía que aquello se te quedó escrito en negrita en el anecdotario
Adrián, que salió con ella tras la univer- tricta posología sexual dictada por él mismo. pareciese más a un casa okupa con ínfulas de la Facultad.
sidad, me explicó que Claudia creció en Enfrascados en la conversación, el viaje que a una villa gatopardiana. La alarma del horno nos convocó a la
una familia acaudalada venida a menos que transcurrió en un soplo. Lo primero que vi- El tour concluyó en el salón, donde espe- mesa, donde la conversación viró hacia el te-
no supo adaptarse a su declive. A ello se le mos al entrar en Gerona fue su horrible vía ramos a que la comida estuviese lista con rreno amoroso. Mientras servía el pato a la
sumó que sus padres, liberales y cultivados, de tren, que afea la ciudad como una man- una copa de vino. El alcohol —que Irene nos naranja, Irene confesó que aún estaba resta-
mantuvieron durante décadas una relación cha bascular en una cara bonita. Tras atrave- servía con generosidad— ayudó a romper el bleciéndose de una relación tóxica. Un chico
abierta cuyos desahogos venéreos, aunque sar el centro, aparcamos en un extremo de su hielo, levantando a nuestro alrededor un di- con el que salió fugazmente se había obse-
esporádicos e insatisfactorios, constituyeron célebre muralla y fuimos a pie hasta la casa que refulgente que nos protegía de la fealdad sionado con ella tras la ruptura, asediándola
una fuente inagotable de conflicto. Y es que, de Irene. Adrián me guió hasta allí siguiendo del mundo. En su interior, flotábamos en un por teléfono durante meses. Al parecer, per-
al contrario de lo que suele pensarse, una re- las indicaciones de su smartphone, que enar- líquido nostálgico que sobredimensionaba seguía preservar la amistad con ella a toda
lación abierta no consiste en follar con mon- bolaba a la altura de sus ojos como un criado nuestros vínculos. Lo que no impidió que yo costa, prolongación afectiva a la que Irene se
tones de personas, sino en discutir mucho portando un candil. guardase un recuerdo borroso o directamen- negaba —y más después de conocer su veta
con una sola. Una vez en el portal, le hicimos una lla- te distinto de casi todas las anécdotas que monomaníaca—. El asunto la angustió tanto
También me contó que la neurastenia de mada perdida a modo de timbrazo. Nos abrió salieron a colación. Es triste que incluso en que la idea de suicidarse la asaltaba con fre-
Claudia, más que malograr su relación con y subimos cuatro pisos por una escalera os- la exaltación del pretérito compartido per- cuencia.
ella, contribuyó a su éxito. La razón es que, cura y estrecha. Irene nos esperaba apoyada manezcamos fosilizados en nuestra subjeti- —Y creedme: no ayuda vivir en una ciu-
mientras él se sentía atraído por chicas ines- en el quicio de la puerta, con un look que pa- vidad, que la memoria colectiva no sea más dad medieval con un puente tentándote en
tables necesitadas de protección, ella lo ha- recía desmentir su condición de anfitriona: que un daltonismo múltiple. cada esquina —dijo, medio en broma medio
cía por hombres de carácter paternal. Por rostro sin maquillar, pantalones de chándal Poco antes de comer, Irene desapareció en serio.
otro lado, aquel enjuague psicoanalítico no y una camiseta desteñida muy poco favore- en su habitación para regresar maquillada y Su confesión dejó una vibración enrare-
era lo único que los unía: cedora. Aunque se disculpó por recibirnos luciendo un bonito vestido vintage. No es que cida en la atmósfera. Tampoco ayudó que el
—Claudia era tan guarra como yo¬. En la de esa guisa —alegó que nos esperaba más de repente luciese espectacular, pero su as- postre que nos había preparado —un pudín
cama lo petábamos —aclaró. tarde a pesar de nuestra puntualidad— me pecto era mucho más agradable. Y es que su turco de hígado y pollo— no terminase de
En aquel instante, recordé la tenaz libido dio la impresión de que se había vestido así atractivo nunca radicó en su imagen, sino en gustarnos. Para disipar aquellos nubarrones,
de Adrián, pulsión que lubricaba hasta el úl- a propósito. Si mis sospechas eran ciertas, un su intelecto: en la universidad, era una lecto- Adrián propuso ir a dar un paseo por la ciu-
timo pliegue de su cerebro. Era uno de esos psicólogo diría que su atuendo nos retaba a ra bulímica y no había conversación o debate dad. Surtió efecto, porque yo no conocía Gi-
hombres para los que el sexo con las mujeres que la quisiéramos de forma incondicional. en los que no diese gusto escucharla hablar rona y a Irene le hacía mucha ilusión ejercer
no era tanto un acto de placer o afecto, sino Un estilista, sin embargo, no diría nada: se —el espectáculo de la inteligencia siem- de cicerone conmigo. Por lo demás, andar
de codicia y expolio. Follar consistía en in- practicaría el harakiri. pre me ha resultado vivificante—. Gracias a nos vendría bien para mitigar la escabechina
cautarse de un bien que el otro no concedía De acuerdo con el protocolo —ahora sí—, nuestros gustos comunes —así como a cierta ocasionada en nuestros píloros por el dulce
con facilidad. Así, lo suyo no era la sensuali- lo primero que hizo fue enseñarnos su casa, pedantería—, trabamos amistad enseguida. turco.
dad de un tigre, sino la lascivia de un roedor. de la que estaba muy orgullosa. Al parecer, No obstante, su carácter esquinado — Ya en la calle, Irene nos contó que trabaja-
Esa figura de padre protector la desem- sus habitaciones habían sido originalmente como macerado en nitroglicerina— no tardó ba de camarera pero que echaba de menos el
peñaba ahora con una neoyorquina a la que las dependencias de los criados de la vivien- en enfriar la relación. Un trabajo hecho al fragor de las redacciones. Yo mentí diciendo
había conocido en unas vacaciones. Por des- da paredaña, un suntuoso palacete decimo- alimón generó un conflicto absurdo y estuvi- que sentía lo mismo, imagino que para refor-
gracia, la chica era una caradura que llevaba nónico. Es cierto que los techos artesonados mos un año sin hablarnos. Por otra parte, sus zar esa ligadura de tinta que nos unía. Al lle-
instalada en su casa varios meses sin pagar y las baldosas venecianas certificaban ese singulares arrebatos no pasaban inadverti- gar a un puente —acaso uno de los candida-
un céntimo. Sin embargo, Adrián se veía in- linaje aristocrático. Sin embargo, el piso ape- dos a nadie. Una vez, zanjó una discusión con tos a convertirse en disparadero de nuestra
capaz de echarla. En parte porque quería nas tenía luz y se encontraba medio destarta- un compañero de la asignatura de Radio es- amiga hacia la nada—, se le ocurrió tomar-

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CREACIÓN

que se ven en las car- na razón se sentía incapaz de romper con él.
nicerías. Una noche, guiada por un impulso, le envió
Mientras paseába- un whatsapp diciéndole que lo amaba. Ob-
mos, Adrián glosaba viamente, no era cierto, pero al verbalizarlo
con fruición la arqui- consiguió librarse de aquel sentimiento, que
tectura gerundense, se evaporó al instante como un eructo del
de la que era un gran alma.
entendido. A pesar de Al anochecer, decidimos coronar la jor-
ello, no pudo evitar nada tomando una cerveza en la plaza de la
que su otra gran pasión Independencia. Sentados a una terraza, Irene
hiciera acto de presen- nos contó que durante una borrachera había
cia, susurrándome en bailado en medio de aquella plaza en bragas
un aparte: y sostén. La estampa no era muy excitante,
—Imagínate follarte pero la celebramos como si lo fuese. Sabía-
a una extranjera entre mos que a pesar de su falta de atractivo —o
esas arcadas góticas. tal vez por eso mismo— nuestra amiga adop-
¡Tela! taba a veces maneras de fémina despampa-
A continuación, nante, lo que resultaba tan tierno como un
animado por su ocu- niño empeñado en marcar bíceps.
rrencia, opinó que Media hora más tarde, tras una diserta-
debíamos repetir en- ción poco inspirada a cargo de Adrián sobre
cuentros como aquel. escritores y alcoholismo y de un rutinario in-
A Irene le encantó la tercambio de opiniones sobre las series del
idea porque en Gerona momento, la conversación dio síntomas de
apenas tenía vida so- agotamiento. Acatamos el designio de finitud
cial. que flotaba en el ambiente y emprendimos el
—¿Echas de menos camino al coche. Irene, que a lo largo del día
Barcelona, entonces? se había mostrado más o menos centrada,
—le pregunté. parecía ahora presa de una rara inquietud.
—No, para nada — Adrián y yo lo advertimos, pero no se lo hi-
nos una foto a Adrián y a mí. Ambos éramos morada de nosotros. Y aunque nunca albergó dijo—. Cuando te acostumbras a la soledad, cimos notar.
alérgicos a que nos fotografiasen, pero ter- esperanzas de salir conmigo porque ya tenía descubres que no necesitas a nadie. Aquí es- Cuando llegamos al coche ya era noche
minamos accediendo. Después de varios dis- novia, durante años acarició la fantasía de toy estupendamente. cerrada. Adrián nos dijo que tenía un com-
paros, aseguró que en una de las imágenes hacerlo con Adrián. Sin embargo, él jamás Sin duda, reivindicaciones de esa índole lo promiso más tarde, por lo que no debíamos
nos parecíamos a Jack Kerouac y Neal Cass- mostró el más mínimo interés en ella. La ra- único que evidencian es lo solas que se sien- entretenernos. Al escucharlo, Irene se so-
ady en la portada de En el camino. En realidad, zón era que su listón físico con respecto a las ten las personas que las pronuncian. bresaltó como si le hubieran informado del
la única semejanza con aquel libro era que mujeres, como corresponde a los hombres de Instantes después, y como enlazando in- accidente de un familiar. Le preguntamos si
nuestras vidas también podrían haberse es- aspecto mediocre, era muy alto. Pertenecía conscientemente un asunto con otro, Irene se encontraba bien, pero nos respondió que
crito en un gran rollo de papel, pero en nues- a esa estirpe masculina que evalúa a las mu- reveló que en los últimos tiempos había esta- «perfectamente». Aunque poco convencidos,
tro caso higiénico. jeres despiezando su anatomía en múltiples do viéndose con un hombre casado. El señor nos despedimos y nos dispusimos a subir al
En cualquier caso, el comentario no me porciones —culo, tetas, piernas, etcétera—, en cuestión era un sexagenario tripudo¬¬ automóvil. Mientras sacaba las llaves del
sorprendió: Irene siempre estuvo medio ena- igual que esos mapas de terneras parceladas que no la atraía en absoluto, pero por algu- bolsillo, Adrián me dijo que no olvidásemos

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CREACIÓN CREACIÓN

comprar agua en la estación de servicio. Ire- ser Irene para convertirse en una especie de dial de éxitos populares de los 80, que escu- cia mí y gritó:
ne dijo entonces que si teníamos sed podía- subconsciente andante. Esa imagen me gene- chamos sin inmutarnos. De repente, advirtió —¡Mierda, no hemos comprado agua!
mos regresar a la plaza y tomar otra cerveza. ró un gran rechazo. Instintivamente, traté de con un respingo que habíamos dejado atrás
Teniendo en cuenta que llevábamos todo el librarme de ella dando unas breves sacudi- la estación de servicio. Entonces, se giró ha-
día juntos y que Adrián acababa de decirnos das con la cabeza, como cuando te dicen que
que tenía prisa, su propuesta estaba fuera de tienes un bicho en el pelo. Fue estúpido pero
lugar, pero la declinamos con amabilidad y me ayudó a recobrar la serenidad. Seguimos
nos montamos en el vehículo. Sin embargo, andando durante lo que se me antojó una
antes de que cerráramos las portezuelas, Ire- eternidad —que, en realidad, no debieron de
ne prorrumpió en gritos: ser más de diez minutos—. Finalmente, llega-
—¡Esperad! ¡Óscar no ha visto la muralla! mos al final de la maldita muralla. Óscar Benítez (Barcelona, España, 1976). Es guionista y periodista. Fue guionista del
¡No os podéis marchar aún! Una vez allí, Irene volvió en sí como mo- programa El Intermedio durante seis años, así como redactor de los diarios La Razón, Metro y
Su exabrupto nos tomó por sorpresa y nos vida por un resorte. La prueba incontestable Crónica Global. Actualmente, es redactor en ElLiberal.cat. Algunos de sus autores favoritos son
quedamos unos instantes sin saber qué decir. de que había recobrado la lucidez radicaba Fante, Umbral, O’Hara o Proust.
Aún no habíamos reaccionado cuando volvió en la vergüenza que se asomaba a su rostro,
a la carga: enrojecido por completo. Cabizbaja, balbu-
—No serán más de cinco minutos. ¡Seguid- ceó una disculpa:
me, joder! —Siento si me he puesto un poco terca,
Acto seguido, se dio la vuelta y se dirigió pero… es que no os podías marchar sin ver la
frenética hacia la muralla, uno de cuyos ac- muralla… no me lo hubiera perdonado.
cesos se encontraba a pocos metros. «Pero Le dijimos que no tenía importancia, pero
qué coño…», masculló Adrián. «¡Joder! ¿qué sin mucha convicción. Mientras regresá-
hacemos?», dije yo. En ese momento, seguirla bamos al coche por la carretera que discu-
era lo último que nos apetecía, pero permitir rría junto al muro, Irene parloteó sin cesar
que se internase sola por aquel camino oscu- de naderías, tratando de borrar lo ocurrido.
ro tal y como se encontraba no nos pareció Pero nosotros apenas abrimos la boca. Aquel
razonable. Resignados, salimos del coche y episodio —que más tarde recordaría con in-
apretamos el paso hasta alcanzarla. Cuando dulgencia pero que terminó malogrando sin
lo hicimos Irene ni siquiera se volvió a mi- remedio nuestra relación— nos había dejado
rarnos, enfrascada en su marcha hacia nin- en estado de shock.
guna parte. Nosotros tampoco dijimos nada, Llegados al coche, nos despedimos con
deseando que todo aquello terminase cuanto una normalidad impostada. Irene recurrió
antes. A partir de ese instante, lo único que al habitual «tenemos que repetirlo pronto»,
se escuchaba en la oscuridad era el tropel de pero en su fuero interno debía de saber que
nuestros pasos. En un par de ocasiones, dirigí aquello no parecía muy probable. De vuelta
mi mirada a Adrián para compartir mi fas- en la carretera, Adrián me dijo que prefería
tidio, pero solo me encontré con una silueta no hablar hasta que se le pasara el enfado
muda y flotante. Seguimos avanzando pero por lo ocurrido. Con lo que, durante unos
la muralla no terminaba nunca. La noche, veinte minutos, viajamos sin interactuar ni
ya puramente abstracta, parecía haber di- un ápice, indiferentes como esos maniquíes
suelto la realidad convencional. La enajena- que se usan en las pruebas de impacto. Lue-
da figura que nos precedía había dejado de go, Adrián encendió la radio y sintonizó un

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