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LA BELLA DURMIENTE de FLORENCIA ESSES. cuna.

Los años pasaron, los quince años llegaron y, también, el momento de la


venganza. Un día, la princesa, paseando por el bosque, descubrió una torre oscura y
Había una vez una reina y un rey que lo que más deseaban en el mundo era aparentemente abandonada. Sintió tanta curiosidad por saber qué había allí, que subió.
tener un hijo. Después de esperar muchos años, finalmente, tuvieron la hija con la que Cuando llegó al fin de la larga escalera una anciana la miró y le dijo “te estaba
tanto habían soñado. Era una bebita preciosa que los colmó de felicidad. Para festejar, esperando”. Entonces le mostro un objeto que la niña desconocía: una aguja. La
se organizó una fiesta en el castillo. La reina eligió a siete madrinas que durante la fiesta princesa la tomó entre sus dedos la tocó entre sus dedos y, apenas la tocó, quedó
formularon deseos para la princesa. dormida.

–¡Que seas la princesita más hermosa, como este ramo de rosas! –le dijo la primera La malvada anciana grito “¡lo logré, lo logré!” con su voz de trueno y huyó rápido
madrina, dejando a los pies de la cuna inmenso ramo que perfumó hasta el último rincón de su torre. Tan fuerte fueron sus gritos que se escucharon desde el palacio. La reina y
del palacio. el rey enseguida se dieron cuenta de la desgracia y corrieron a buscar a su adorada hija.
–¡Que cantes como el más afinado de los pájaros del bosque! –dijo la segunda madrina, Pero cuando llegaron, ya era tarde. El día tan temido había llegado: su hija había caído
mientras abría una ventana y el canto de los pájaros alegraba el salón. en un profundo sueño que duraría ¡cien años!
–¡Que bailes con la gracia de los cisnes! –dijo la tercera madrina.
–¡Que seas tan buena como tu madre y padre! –le deseó la cuarta madrina El rey y la reina acostaron a su hija en una hermosa cama de oro y plata.
–¡Que crezcas saludable como el árbol de naranjas del palacio! –le deseó la quinta –Si mi hija duerme cien años, yo también dormiré –dijo la reina.
madrina. –Si mi esposa y mi hija duermen cien años, yo también dormiré –dijo el rey.
–¡Que seas feliz! –le deseó la sexta madrina, dándole un dulce beso. –Si nuestros amos duermen cien años, nosotros también dormiremos –dijeron los
–¡Que tengas la simpatía de tu querida tía! –le dijo la séptima, que era la hermana de la sirvientes del palacio.
reina.
Y como en los cuentos todos puede pasar, el castillo se quedó dormido: los
Entonces entró al palacio una señora vestida de negro y dijo con voz de trueno: perros, los gatos, los cocineros, las costureras… Los años pasaron, los árboles que
–¿No pensaba invitarme a esta fiesta?, ¿acaso pensaron que se salvarían de mi rodeaban al castillo crecieron. Tanto crecieron que el castillo quedó tapado por ramos y
presencia? hojas. Casi ni se lo veía desde lejos. Cuando se cumplieron exactamente cien años
desde el día que el castillo se había dormido, un joven príncipe, que recorría el bosque,
La señora de la voz de trueno era nada más ni nada menos que una vieja vio desde lejos la punta de la torre que apenas sobresalía del espeso bosque.
gruñona y solitaria que vivía en una torre oscura en el medio del bosque. No tenía
amigos, era malhumorada y peleadora. Ni siquiera los pájaros se acercaban a su casa. –¿Quién vive en esa torre escondida? –preguntó el joven a la gente del lugar
Como nunca salía de su torre nadie se había acordado de ella. A pesar de que los con la que se encontraba. Un campesino le contó la leyenda de la bella durmiente del
guardias intentaron detenerla, la anciana se acercó todo lo que pudo a la cuna de la bosque. El príncipe, que además de buen mozo era muy valiente, fue abriéndose camino
bebe y, como si pudiera adivinar el futuro, dijo: con su espada. Cortó enormes ramas y esquivó plantas espinosas hasta llegar a la
–Cuando esta pequeña niña cumpla quince años se pinchará con una aguja y ese será puerta del castillo.
el último día de su vida. El rey y la reina fueron los primeros en llorar. Se pusieron tan,
tan tristes que ni siquiera podrían gritar de la bronca. Cuando llegó, abrió la puerta del palacio y pudo comprobar lo que le habían
contado: todos los habitantes del palacio dormían plácidamente. El castillo parecía
Enseguida, la madrina más joven les dijo: congelado en el tiempo. El príncipe recorrió uno por uno los pasillos del castillo, hasta
–Yo les aseguro que lo que acaba de decir la anciana no se cumplirá. El día que la encontrar la habitación donde la princesita. Era muchísimo más hermosa de lo que
princesa se pinche con la aguja no será el último día de su vida, será el primer día de un imaginaba. Inmediatamente se enamoró y la beso, ¡y la princesa se despertó! También
profundo sueño que durará cien años. Dormirá plácidamente hasta que un príncipe la se despertaron los reyes, los cocineros, los perros y los gatos. Cuando la princesa abrió
despierte con un beso de amor. Créanme, así será. El rey y la reina, tratando de evitar los ojos también se enamoró del príncipe. No pasó ni un minuto y el castillo estaba otra
que se cumpliera las predicciones, tomaron una decisión: desde ese día las agujas vez en movimiento, ¿había que preparar la fiesta de casamiento!, ¡todos estaban felices
quedarían prohibidas. La gente del reino, entonces, comenzó a utilizar ramitas de todos y contentos! Y así, después de cien años de profundo sueño, termina este cuento.
los árboles del bosque para reemplazar las agujas. Todos hicieron desaparecer las
agujas. Todos menos una persona. Florencia Esses.
Versión de un cuento de Charles Perrault.
La princesa creció feliz junto a su familia. Era una niña juguetona y hermosa.
Sabía bailar y tocar instrumentos tal como lo habían deseado sus madrinas junto a su

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