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Seminario Mayor de Hermosillo “Juan Navarrete y Guerrero”

Dios y el profeta
Pbro. Lic. Jose Rodolfo Garza Sem. Benjamín Castañeda Torres

José Luis Sicre Díaz (Cádiz, 1940) Jesuita, Doctor en Sagrada Escritura por el
Pontificio Instituto Bíblico de Roma, Profesor ordinario de la Facultad de Teología de
Granada.
Al hablar del profetismo a lo largo del A.T., la ocupación y caminar del profeta,
tendríamos que entender primero que ante tal trabajo debe primar la primera experiencia,
con más claridad, hablar de la vocación y de la experiencia de Dios.
Samuel no conocía a Dios (Cfr. Sm 3, 7). En los tiempos antiguos otros profetas
(Natán, Gad, Ajías, Elías, Miqueas) no hablaban de su origen profético. ¿Acaso no tendrá
relevancia dicho suceso? El profeta no es llamado para gozar de Dios, sino para realizar una
misión ante sus contemporáneos. La experiencia llamada como un “encuentro” coacciona la
totalidad del profeta.
Balaán un vidente no israelita, cuando se presenta a contratarlo para que maldiga a
Israel, no puede comprometerse hasta que sepa lo que Dios quiere. Y él sabe que Dios le
hablará esa noche durante un sueño (Nm 22, 8-13). Dios indica a los narradores esta
comunicación entre el mundo divino y el profeta de forma directa, en diálogo. Palabra y
visión aparecen frecuentemente unidas, como los dos cauces de comunicación divina al
profeta.
En la experiencia personal de Dios del profeta como es el caso de Jeremías, Amos y
Ezequiel hace palpable la acción de Dios por entrometerse en la vida del profeta y guiarla
hacia una tarea en específico. En el caso de Zacarias, la experiencia de Dios tiene su
repercusión en la misión futura. ¿Cómo se han dado estas experiencias? En las visiones.
La visión profética se consolidad por ver aquellas cosas que nadie ve y que nadie
quiere ver.
En la experiencia de encuentro, es decir, de consolidar con el profeta la misma
experiencia de Dios y de encarnar en su vida este dicho suceso. La experiencia propia del
profeta (Experiencia subjetiva) y la propia experiencia de Dios en él (Experiencia objetiva)
llevan en torno a su función profética una intimidad más a fondo de la propia misión y la
manera en la que ha de vivirla. En el lenguaje propi del profeta resalta en su labor para con
el pueblo aspectos como: una palabra de orden; que denuncia situaciones concretas;
Exhortaciones a que el pueblo desde su intimidad anide en su corazón la palabra que se eles
he revelada y un incentivo (estimulo) para concretar aquello que por Dios a través del
profeta se comunique.
Dios en la propia experiencia del profeta, quiere hablarnos a través de la totalidad de
su vida, que es medio de comunicación (puente) entre su pueblo y la meta de caminar hacia
él.

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