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Sucker

Carson McCullers

Siempre fue como si yo tuviera una pieza para mí. Sucker dormía en mi cama, conmigo, pero eso no
molestaba para nada. El cuarto era mío y yo lo usaba como quería. Me acuerdo que una vez serruché
una puerta secreta en el piso. El año pasado, cuando cursaba el penúltimo año de la escuela
secundaria, pinché en mi pared unas fotos de chicas de las revistas y una de ellas sólo tenía puesta la
ropa interior. Mi madre nunca me molestó porque tenía que ocuparse de los más chicos. Y Sucker
pensaba que cualquier cosa que yo hiciera era bárbara.
Cada vez que yo traía amigos a mi cuarto me bastaba con echarle una mirada para que él
abandonara lo que estaba haciendo y quizás medio me sonriera y salía sin decir una palabra. Nunca
trajo otros pibes aquí. Tiene doce años, cuatro menos que yo, y siempre supo, sin necesidad de que yo
se lo dijera, que no me gusta que los chicos de esa edad se metan con mis cosas.
La mitad del tiempo solía olvidarme que Sucker no es mi hermano. Es mi primo hermano, pero desde
que tengo memoria ha estado con nuestra familia. Sus padres, saben, murieron en un naufragio
cuando era un bebé. Para mí y para mis hermanas menores era como un hermano.
Sucker recordaba y creía siempre cada palabra que yo decía. Fue así como recibió su sobrenombre.
Una vez, hará un par de años, le dije que si saltaba de arriba del garaje con un paraguas, éste actuaría
como un paracaídas y que no caería fuerte. Lo hizo y se reventó la rodilla. No es más que un ejemplo. Y
lo divertido era que, a pesar de todas las veces que lo engañaba, me seguía creyendo. No es que fuera
tonto en otros sentidos, sino que era su manera de actuar frente a mí. Miraba todo lo que yo hacía y
serenamente lo repetía.
Hay algo que he aprendido, pero me hace sentir culpable y es duro darse cuenta. Si una persona lo
admira mucho a uno, uno la desprecia y no le importa, pero la persona que no se fija en uno es la que
uno puede admirar. Esto no es fácil de entender. Marybelle Watts, esta compañera del último año se
portaba como si fuera la Reina de Saba y hasta llegó a humillarme. Sin embargo, en ese mismo
momento, yo hubiera hecho cualquier cosa en el mundo para llamarle la atención. No podía pensar en
otra cosa, noche y día, que no fuera en Marybelle hasta que me volví casi loco. Cuando Sucker era pibe
y después hasta la época en que tuvo doce años creo que lo trataba tan mal como Marybelle a mí.
Ahora que Sucker ha cambiado tanto es difícil recordarlo como era antes. Nunca imaginé que de
pronto ocurriría algo que nos hiciera tan diferentes a los dos. Nunca supe que para comprender lo que
ocurrió directamente en mi cabeza
desearía volver a pensar en él tal como era y comparar y tratar de arreglar las cosas. Si hubiera
podido ver el futuro yo habría actuado de otra manera.
Nunca le presté mucha atención o pensé en él y cuando se considera cuánto tiempo tuvimos en un
cuarto juntos es gracioso las pocas cosas que recuerdo. Solía hablar muchísimo consigo mismo cuando
creía que estaba solo, que luchaba con gangsters y que estaba en una estancia en el campo y ese tipo
de cosas de chicos. Se metía en el cuarto de baño y se quedaba como una hora y a veces su voz se
hacía alta y excitada y se lo oía por toda la casa. Sin embargo, en general, era muy tranquilo. No tenía
muchos amigos entre los chicos del barrio y tenía la mirada de un chico que observa el juego de los
otros y está esperando que lo inviten a jugar. No le importaba usar las tricotas y los sacos que me
quedaban chicas, aun cuando las mangas le quedaban grandes y le hacían aparentar unas muñecas tan
blancas y finas como las de una nena. Así lo recuerdo, poniéndose más grande cada año, pero siempre
el mismo. Así era Sucker hasta hace unos meses, cuando empezó todo este lío.
Marybelle estuvo un poco mezclada en lo que ocurrió, así que creo que debo empezar por ella. Hasta
que la conocí yo no le había dedicado mucho tiempo a las chicas. El otoño pasado se sentó cerca de mí
en la clase de Ciencias Generales y allí fue cuando empecé a fijarme en ella. Tiene el pelo del amarillo
más brillante que he visto nunca y a veces lo usa peinado en rulos con una especie de cosa pegajosa.
Tiene las uñas en punta y cuidadas y pintadas de un rojo brillante. Durante toda la clase solía observar
a Marybelle, casi todo el tiempo, excepto cuando pensaba que iba a mirar para mi lado o cuando el
profesor me llamaba. Una cosa que no podía era apartar mis ojos de sus manos. Son muy pequeñas y
blancas, con excepción de esa cosa roja, y cuando daba vuelta las hojas de su libro, siempre se
chupaba el pulgar y adelantaba el meñique y daba vuelta la hoja muy lentamente. Es imposible
describir a Marybelle. Todos los chicos están locos por ella, pero ni se fijaba en mí. En los recreos yo
solía pasar muy cerca de ella en el hall, pero casi nunca me sonreía. No me quedaba más que sentarme
a mirarla en clase, y a veces era como si todo el salón pudiera oír latir mi corazón y me daban ganas de
ponerme a aullar o escaparme y salir corriendo al infierno.
A la noche, en la cama, me imaginaba a Marybelle. A menudo esto me impedía dormirme hasta la
una o las dos. A veces Sucker se despertaba y me preguntaba por qué no podía dormir y yo le decía
que se callara la boca. Supongo que montones de veces fui malo con él. Supongo que yo quería
ignorarlo como Marybelle hacia conmigo. Por la cara de Sucker siempre se podía saber cuándo sus
sentimientos estaban heridos. Y no recuerdo la cantidad de cosas feas que le dije, porque cuando las
decía estaba pensando en Marybelle.
Eso duró casi tres meses y luego, de algún modo, ella empezó a cambiar. Todas las mañanas me
hablaba en los pasillos y me copiaba los deberes. Una
vez, a la hora del almuerzo, bailé con ella en el gimnasio. Una tarde junté coraje y me llegué hasta su
casa con un cartón de cigarrillos. Sabía que fumaba en el sótano de las chicas y a veces fuera de la
escuela y no quería llevarle caramelos porque creo que está muy visto. Estuvo muy amable y me
pareció que todo iba a cambiar.
Fue esa misma noche cuando, en realidad, comenzó todo este lío. Llegué tarde a mi cuarto y Sucker
ya estaba dormido. Me sentía muy feliz y estaba demasiado excitado para ponerme en una posición
cómoda y me quedé despierto largo rato pensando en Marybelle. Después soñé con ella y parecía que
la besaba. Me sorprendió despertarme y ver que estaba oscuro. Me quedé quieto y pasó un rato antes
de que pudiera darme cuenta de dónde estaba. La casa estaba silenciosa y la noche muy oscura.
La voz de Sucker me sobresaltó:
—¿Pete?
No contesté ni me moví.
—Me querés como si yo fuera tu hermano, no es cierto.
No podía sobreponerme a la sorpresa y era como si el verdadero sueño fuera este y no el otro.
—Siempre me has querido como si fuera tu verdadero hermano, o ¿no?
—Por supuesto —dije.
Después me levanté unos minutos. Hacía frío y me alegré de volver a la cama. Sucker se pegó a mi
espalda. Era chiquito y tibio y podía sentir su cálida respiración en mi hombro.
—A pesar de todo lo que hacías, siempre supe que me querías.
Yo estaba bien despierto y mis pensamientos parecían extrañamente mezclados. Estaba mi felicidad
por lo de Marybelle y todo eso..., pero al mismo tiempo algo en Sucker y en la voz con que decía estas
cosas me preocupaba. De todos modos, supongo que uno entiende mejor a la gente cuando es feliz
que cuando algo lo preocupa. Era como si en realidad hasta ese momento nunca hubiera pensado en
Sucker. Sentí que había sido siempre desconsiderado con él. Una noche, unas pocas semanas atrás, lo
escuché llorar en le oscuridad. Me dijo que le había perdido el revólver de juguete a un chico y que
tenía miedo de que alguien se enterara. Quería que le dijera qué podía hacer. Yo tenía sueño y traté de
hacerlo callar y cuando no quiso callarse le di una patada. Esa era una de las cosas que recuerdo. Me
pareció que siempre había sido un chico solitario. Me sentí mal.
Las noches frías y oscuras tienen algo que hace que uno se sienta cerca de la persona con la que está
durmiendo. Cuando se conversa con esa persona es como si no hubiera nadie más despierto en la
ciudad.
—Sos un pibe fenómeno, Sucker —le dije.
Me parecía de repente que lo quería más que a cualquier otra persona conocida, más que a cualquier
otro muchacho, más que a mis hermanos, más, en cierto sentido, que a Marybelle. Me sentía todo
bueno, como cuando tocan música triste en las películas. Quería demostrarle cuánto lo apreciaba
realmente y hacer que me perdonara por cómo lo había tratado siempre.
Charlamos un buen rato esa noche. Hablaba rápido, como si durante mucho tiempo hubiera estado
guardando esas cosas para decírmelas. Mencionó que iba a tratar de construir una canoa y que los
chicos de la esquina no lo querían dejar entrar en su equipo de fútbol, y no sé qué otras cosas más. Yo
también hablé algo y me hacía sentir muy bien pensar que él se tomaba tan en serio todo lo que yo
decía. Hasta hablé un poco de Marybelle, sólo que lo planteé como si fuera ella la que me había estado
persiguiendo todo este tiempo. Sucker hizo preguntas sobre el secundario y esas cosas. Estaba
excitado y siguió hablando rápido, como si no pudiera decir las palabras a tiempo. Cuando me dormí
seguía hablando y yo podía aún sentir su respiración sobre mí hombro, cálida y cercana.
Durante las dos semanas siguientes vi muchísimo a Marybelle. Se portaba como si en realidad yo le
importara un poco. La mitad del tiempo me sentía tan bien que no sabía qué hacer conmigo mismo.
Pero no me olvidé de Sucker. Había un montón de cosas viejas guardadas en el cajón de mi
escritorio: guantes de box, libros de Tom Swift y un aparejo de pesca de segunda mano. Todo esto se
lo di. Tuvimos otras charlas y era, en realidad, como si recién lo estuviera conociendo. Cuando
apareció un tajo a lo largo de su mejilla me di cuenta de que había estado paveando con ese equipo de
afeitarse nuevo que era mío, pero no le dije nada. Su cara estaba diferente ahora. Solía parecer tímido
y como si temiera un golpe en la cabeza. Esa expresión había desaparecido. Su cara, con esos ojos tan
abiertas, y las orejas salidas y la boca que nunca estaba cerrada del todo le daban el aspecto de una
persona que está sorprendida y esperando algo maravilloso.
Una vez estuve a punto de mostrárselo a Marybelle y contarle que era mi hermano menor. Era una
tarde que daban una policial en el cine. Me había ganado un dólar trabajando para papá y le di un
cuarto de dólar a Sucker para que se fuera a comprar caramelos y esas cosas. Con el resto invité a
Marybelle. Estábamos sentados atrás y lo vi entrar. Apenas le cortaron la entrada y entró en el pasillo
empezó a mirar fijamente la pantalla, sin darse cuenta por donde caminaba. Empecé a pellizcar a
Marybelle, pero no me resolví del todo a hacerlo. Sucker parecía un poco bobo, caminando así como
un borracho, con los ojos pegados a la película.
Se limpiaba los anteojos con el borde da la camisa y era como si los pantalones cortos le flotaran.
Siguió caminando hasta que llegó a las primeras filas, allí donde casi siempre van los pibes. Nunca
había pellizcado a Marybelle.
Pero me puse a pensar que había estado bárbaro llevando a los dos al cine con mi plata.
Me parece que las cosas siguieron más o menos así durante un mes o un mes y medio. Estaba tan
contento que no había modo de que me concentrara en nada ni de que pudiera usar mi cabeza para
estudiar. Quería ser bueno con todos. De golpe necesitaba hablar con alguien y por lo general el tipo
era Sucker. Él estaba tan contento como yo.
—Pete, soy tan feliz de saber que sos mi hermano —me dijo una vez—. Más que con cualquier otra
cosa en el mundo.
Después pasó algo entre Marybelle y yo. Nunca pude imaginarme qué fue. Las chicas como ella son
difíciles de entender. Empezó a ser distinta conmigo. Al principio no lo quería creer y pensaba que eran
imaginaciones mías. Era como si ya no la pusiera contenta verme. Casi siempre salía a pasear con el
tipo del equipo de fútbol, ese que tiene un coche amarillo. El pelo de ella tenía el mismo color del auto
y cuando salía del colegio se volvía con el tipo, riendo y mirándole la cara. Yo no sabía qué hacer y la
tenía metida en la cabeza día y noche. La vez que pude salir con ella estuvo insoportable y me ignoraba
completamente. Ahí me di cuenta que algo raro pasaba. . . me daba miedo que mis zapatos hicieran
ruido, que se notara cómo me temblaban las piernas o que ella descubriera que me temblaba la voz.
No bien Marybelle estaba cerca el cuerpo me ardía, si me ponía la cara rígida y empezaba a llamar a la
gente por el apellido y a decir malas palabras. De noche me pasaba las horas tratando de entender por
qué hacía esas cosas y al final me caía de sueño, muerto de cansancio.
Cuando todo empezó tenía tanto miedo que me olvidé de Sucker. Después me empezó a molestar.
Andaba siempre dando vueltas, esperando que yo volviera del colegio, como si tuviera algo que
decirme o quisiera que yo le contara algo. En la clase de trabajos manuales me hizo un cajón para
guardar revistas y durante toda una semana no almorzó para poder juntar plata y comprarme tres
paquetes de cigarrillos. No le entraba en la cabeza que yo estaba preocupado y que no podía andar
perdiendo tiempo con él. Todas las tardes pasaba lo mismo... me esperaba en mi pieza, con esa cara
de sufrimiento. Yo no le decía nada o le contestaba mal y al final se iba.
No me acuerdo bien, no puedo decir esto pasó tal día, esto pasó tal otro. Estaba tan confundido que
las semanas se me iban sin que yo me diera cuenta. Era como estar en el infierno y no me importaba
nada. No había pasado nada definitivo. Marybelle seguía saliendo con el tipo del coche amarillo y
algunas veces me sonreía, otras no. Me pasaba las tardes yendo de un lugar a otro, a ver si la
encontraba. Cuando ella era amable conmigo yo empezaba a pensar que todo se iba arreglar..., pero a
veces se portaba de un modo que, de no haber sido una mujer, la habría ahorcado, me daban ganas de
apretar ese cuello tan fino hasta ahogarla. Cuanto más vergüenza me daba hacer el estúpido más
andaba corriendo atrás de ella.
Sucker estaba cada vez más nervioso. Me miraba como si me acusara, pero a la vez se daba cuenta
de que eso no podía durar. Crecía rápido y vaya uno a saber por qué empezó a ponerse tartamudo. De
noche, a veces, le agarraban pesadillas o sino a la mañana se volcaba encima el desayuno. Mamá le
compró una botella de aceite de hígado de bacalao.
Después Marybelle y yo terminamos. Una vez iba a la farmacia y la encontré y la invité a salir. Cuando
ella me dijo que no, le hice un chiste. Me contestó que la enfermaba que la estuviese siguiendo todo el
día y que yo nunca le había importado nada. Me dijo eso. Me quedé parado ahí y no le contesté nada.
Me volví a casa caminando despacito.
Me quedé qué sé yo cuántas tardes solo en mi pieza. No quería ir a ninguna parte, no tenía ganas de
hablar con nadie. Sucker entraba y me miraba con cara de gracioso y yo le gritaba que se fuera.
Trataba de no pensar en Marybelle y me quedaba sentado frente a mi escritorio leyendo Mecánica
popular o armando cosas con madera. Me parecía que me la estaba olvidando muy bien a esa chica.
Lo que no se puede aguantar es el dolor que se nos viene encima a la noche. Eso fue lo que agravó
todo.
Bastante tiempo después de mi encuentro con Marybelle soñé de nuevo con ella una noche. Era
como antes y yo le empecé a apretar fuerte el brazo a Sucker y él se despertó. Entonces me buscó la
mano.
—¿Qué te pasa, Pete?
De repente estaba tan enojado que me ahogué... enojado conmigo, con Marybelle, con Sucker y con
toda la gente que conocía. Me acordé de todas las veces que Marybelle me había humillado y de todas
las porquerías que habían pasado. Durante un instante sentí que nadie me quería, salvo un estúpido
como Sucker.
—¿Por qué no somos tan amigos como antes?
—Cállate la boca, imbécil —le dije.
Tiré la ropa de la cama y cuando me levanté prendí la luz. Él se sentó en el medio del colchón; abría y
cerraba los ojos, muerto de medio.
No sé qué pasó, no me pude controlar. Sólo una vez en la vida uno puede llegar a enojarse así.
Empecé a hablar, atropellado, sin saber lo que decía. Recién mucho después pude recordar cada una
de las cosas que dije y comprender todo claramente.
¿Por qué no somos amigos? Porque sos el tipo más imbécil que conozco. ¿A quién le importás vos?
Te tuve lástima, siempre te tuve lástima, por eso. ¿O te vas a creer que si no iba a hacer algo por un
imbécil como vos?
Si yo le hubiera gritado o le hubiera pegado no habría tenido ninguna importancia. Pero le hablé
despacio, muy tranquilo. Abrió la boca, como uno a quien le dan un codazo. Estaba pálido y sudaba. Se
secaba el sudor con la mano y se quedaba quieto, la mano levantada como si tratara de mantener algo
alejado de su cuerpo.
—¿Qué sabés vos? ¿Alguna vez saliste afuera? ¿Por qué no te buscás una novia en vez de estar todo
el día dándome vueltas? ¿Qué sos? ¿Una princesa? ¿Eso te crees que sos?
No tenía ni idea de lo que iba a pasar. No me podía controlar, no podía pensar.
Sucker no se movía. Llevaba un pijama mío y su cuello flaco sobresalía. El pelo le caía húmedo sobre
la frente.
—¿Por qué me andás siguiendo todo el tiempo? ¿No te das cuenta cuando no quieren verte cerca?
No me puedo acordar el momento en que su cara cambió. La palidez fue desapareciendo lentamente
y cerró la boca. Arrugó los ojos y apretó los puños. Nunca había estado así. Era como si hubiera
empezado a crecer. Tenía una mirada profunda, endurecida, una mirada rara en un chico de esa edad.
Una gota de sudor le resbaló por la cara y no se dio cuenta. Estaba ahí, me miraba con esos ojos, sin
hablar, la cabeza rígida, inmóvil.
—¿No te das cuenta cuando no quieren verte cerca? Sos muy imbécil. Como tu nombre. Un imbécil.
Un sucker.
Era como si algo me molestara adentro. Apagué la luz y acomodé una silla cerca de la ventana. Me
temblaban las piernas y estaba tan cansado que podía haberme vuelto loco. La pieza estaba fría y
oscura. Me senté ahí un rato y fumé uno de los cigarrillos que me había guardado. Afuera el jardín
estaba oscuro y silencioso. Después de un rato escuché que Sucker se acostaba.
Se me había ido el enojo, estaba cansado. Me pareció horrible haberle dicho esas cosas a un chico
que sólo tenía doce años. No podía dejar de pensar. Me decidí a ir y hablarle y pedirle disculpas. Pero
seguí sentado ahí, muerto de frío, un buen rato. Me puse a planear cómo iba a hablarle a la mañana
siguiente. Después me volví a la cama, tratando de que el elástico no hiciera ruido.
Cuando me levanté al otro día Sucker se había ido. Y después, cuando traté de pedirle disculpas
como había pensado, él me miró con esa mirada seria y no me animé.
Todo eso pasó hace unos tres meses. Desde entonces Sucker creció más rápido que ningún otro
chico que yo haya visto. Está casi tan alto como yo y su cuerpo es robusto y pesado. Ya no se pone mi
ropa usada y se compró el primer par de pantalones largos... los sostiene con unos tiradores de cuero.
Esos sólo son los cambios que se pueden ver y describir.
Nuestra pieza ya no es mía. Se trajo un grupo de amigos y tienen un club. Cuando no se la pasan
cavando trincheras en los baldíos se vienen a mi pieza. En nuestra puerta hay algunas estupideces
escritas con pintura fosforescente del tipo de: Fuera los intrusos, firmadas con dos tibias cruzadas y sus
nombres secretos. Instalaron una radio y se pasan la tarde aturdiendo con una música infernal. Una
vez yo iba a entrar y escuché a uno de los pibes contar en voz baja lo que su hermano más grande
estaba haciendo en el asiento de atrás de su auto. Lo que no alcancé a oír lo puedo adivinar. "Eso
hacen ella y mi hermano. Es la verdad... con el auto estacionado." Sucker lo miró un momento,
sorprendido, y después su cara volvió a ser la de siempre. Estaba serio y distante. "¿Y de qué te
asombrás, idiota?", dijo. "Qué novedad. ¿Quién no sabe eso?" No se había dado cuenta de que yo
estaba ahí. En seguida empezó a contar que durante años había planeado irse a Alaska y convertirse en
un cazador.
De todos modos, Sucker está solo la mayor parte del tiempo. Lo peor es cuando nos quedamos solos
en la pieza. Se tira en la cama con esos pantalones de corderoy y los tiradores y me mira con esos ojos
duros, medio irónico. Yo empiezo a revolver mi escritorio y no me puedo quedar quieto por culpa de
esa mirada. Y lo grave es que tengo que ponerme a estudiar porque en este cuatrimestre tengo tres
aplazos. Si me bochan en inglés ya no me puedo recibir el año que viene. No quiero ser un vago y
quiero usar mi cabeza. No me interesa Marybelle ni ninguna otra chica en especial. El único problema
que tengo es lo que pasa con Sucker. No hablamos nunca, a no ser que haya algún otro de la familia.
Ya no lo quiero llamar Sucker. A no ser que cuando me olvido lo llamo por su nombre verdadero,
Richard. A la noche, cuando él está en mi pieza, no puedo estudiar y me voy a perder el tiempo y a
fumar, cerca de la farmacia, con los muchachos que andan vagando por ahí.
En realidad lo que yo quiero es ordenarme las ideas. Extraño la forma divertida en que nos
tratábamos antes. Es triste. Nunca hubiera creído que íbamos a llegar a esto. Ahora todo es tan
distinto, me parece imposible que pueda encontrar algo para que él y yo volvamos a ser amigos. A
veces pienso que una buena pelea nos ayudaría. Pero no puedo pelear con él porque tiene cuatro años
menos. Y hay otra cosa: algunas veces, esa mirada que hay en los ojos de Sucker me hace pensar que,
si él pudiera, me mataría.
Trabajo con el cuento
1. “Mi madre nunca me molestó porque tenía que ocuparse de los más chicos.” ¿Qué situación
familiar se infiere a partir de este dato?
2. ¿Qué datos biográficos tenemos de Sucker al comienzo del cuento?
3. “(...) le dije que si saltaba de arriba del garaje con un paraguas, éste actuaría como un
paracaídas y que no caería fuerte. Lo hizo y se reventó la rodilla. No es más que un
ejemplo.”  ¿Qué intenta ejemplificar el narrador?

Tiempo de la historia (los hechos) y el tiempo del relato (la forma que se cuentan esos hechos):
el relato cronológico y acronológico

La alteración en el orden del relato: el narrador elige armar su discurso adelantando


acontecimientos que en la historia ocurrieron después o interrumpiendo el fluir de los hechos
con la evocación de otros que sucedieron antes del punto en que se encuentra. Las dos
distorsiones de orden son la analepsis y la prolepsis. El tiempo del relato que es interrumpido
por las anticipaciones (prolepsis) o por retrospecciones (analepsis) se denomina tiempo base.
Analepsis: es un segundo relato insertado en el relato base que narra hechos anteriores en el
tiempo. Puede estar a cargo del narrador o de cualquiera de los personajes.
Prolepsis: es un adelanto en el tiempo, una anticipación de sucesos en relación a los narrados
en el tiempo base. Es necesario aclarar que la prolepsis implica un adelanto de sucesos que
acontecen efectivamente en la historia. No son prolepsis las premoniciones, ni las amenazas o
promesas.

 
4. A partir del marco teórico expuesto arriba, el fragmento de la pregunta 3, ¿se trata de una
analepsis o una prolepsis?
5.  “Cuando Sucker era pibe y después hasta la época en que tuvo doce años creo que lo
trataba tan mal como Marybelle a mí”.  Este fragmento también se trata de una analepsis.
¿Te parece que abarca más o menos tiempo que la analepsis analizada antes?
 

Los ritmos del relato

Necesitamos comparar el lapso temporal al que alude la historia, es decir, el tiempo que
estos hechos podrían demorarse en la vida real; y la cantidad de espacio físico, o sea,
páginas, renglones, palabras, que el relato les adjudica. Comparamos la duración de unos
hechos en el tiempo de la historia y el tiempo del relato.

El resumen, la elipsis, la pausa y la escena son recursos que alteran la velocidad del relato.
Estas alteraciones ayudan a construir el ritmo narrativo, haciéndolo más ágil o más lento.
Resumen: La duración del relato es menor a la que los hechos tienen en la historia. Implica
una condensación del tiempo y como efecto sentimos la velocidad con la que avanza el
relato.
Elipsis: implica la ausencia del relato. Silencia o evita contar acontecimientos que en
realidad ocurrieron en la historia, pero que no se narran. En algunos casos se explicitan,
como cuando  aparecen fórmulas del tipo : "Después de tres años". Las elipsis implícitas
son más comunes en las novelas que por su extensión muchas veces sintetizan o pasan por
alto lo que no es significativo. En un cuento, en cambio, la elipsis se utiliza con una
marcada intencionalidad estética, como cuando lo elidido representa una revelación o un
indicio que debe interpretar el lector. "Si todo se narrase, el mapa sería tan extenso como el
territorio".

Pausa: los hechos de la historia están detenidos, hay una ausencia de acontecimientos.
Estas pausas son casi siempre descriptivas, aunque hay otras evaluativas, en las que el
narrador interrumpe el relato de las acciones para reflexionar sobre lo que narra.

Escena: el tiempo del relato es casi igual al tiempo de la historia. El término escena se
relaciona rápidamente con el texto teatral y con el guión, el diálogo entre los personajes es
un buen ejemplo ya que la escena parece desarrollar la historia ante nuestros ojos.

6. Seleccioná fragmentos donde se puedan observar estas cuatro alteraciones de la velocidad


del relato.  
7. ¿Cuanto dura el tiempo cronológico narrado en el cuento? ¿Qué marcas explícitas tenés en
el texto para darte cuenta de este tiempo cronológico?
8. Antes de empezar a contar la  historia con Marybelle, el narrado explicita
algunos aprendizajes. Selecciona algunas frases que muestren  esos aprendizajes.
9. ¿Qué intenta expresar el narrador cuando dice que “Es imposible describir a Marybelle?
Qué importancia tiene este personaje en la relación entre Pete y Sucker?
10. “No me acuerdo bien, no puedo decir esto pasó tal día, esto pasó tal otro. Estaba  tan
confundido que las semanas se me iban sin que yo me diera cuenta.” ¿Que acontecimiento
sucedió que altera al narrador y lo confunde? ¿Qué efecto produce en el lector que el
narrador recuerde algunas cosas y otras no, o  que algunos hechos sean recordados con
mayor o menor detalle ?
11. “ Cállate la boca, imbécil —le dije.” ¿Por qué podemos pensar que este es el punto de
quiebre, el desequilibrio dentro de este relato? Utilizá el apunte teórico siguiente para
elaborar tu respuesta.

Llamamos tripartita a la estructura que justamente se divide en tres partes y que subyace a gran
parte de los textos narrativos. Los relatos canónicos siguen esta estructura.
Desde pequeños cuando escuchamos las historias que nos cuentan los mayores, empezamos a
captar las características del relato. Una de esas características es la forma de comenzar el
relato, a la que podemos llamar situación inicial. Allí entramos en contacto con los personajes y
con el marco de la historia: el tiempo y el espacio donde se desarrolla. En esta parte del texto
encontramos la situación en equilibrio.

Luego se plantea el conflicto, el problema o la dificultad que el sujeto de la acción debe


enfrentar. Hay conflictos de distinto tipo: internos, que enfrenta el personaje consigo mismo y
externos en cuanto lo enfrentan a algún oponente. Lo importante es que ese conflicto es el que
mueve al personaje a la acción y el que motoriza o pone en marcha la historia misma. Sin un
buen conflicto la historia pierde fuerza, vigor. Todas esas acciones que llevará a cabo el
personaje constituyen el desarrollo.
Finalmente, el relato nos lleva al desenlace o resolución, es decir, el momento en que el
conflicto se resuelve y termina el relato. Recordemos que esto no implica un final feliz, el
conflicto puede resolverse a favor de los intereses del protagonista o en contra de ellos. Luego
de esta resolución, muchas veces se plantea una nueva situación de equilibrio.
12. La mayoría de los relatos de la literatura del siglo XX y XXI se mueven con cierta libertad
en relación con la estructura tripartita. Dentro de esas forma de organizar la estructura de la
narración, ofrecemos algunas que están presenten en muchos cuento. Luego de leer el
apunte, cuál tipología se adecua al cuento Sucker.

Comienzo in media res: el relato comienza en la mitad de la historia, es decir,


no tenemos esa típica situación inicial que es tan tranquilizadora porque nos
ubica en el contexto en el que los hechos van a desarrollarse, nos presenta a los
personajes y a sus características. Este tipo de comienzos plantean otra relación
con el lector y otro tipo de lector. Hay información que no se da, o por lo
menos no en el principio, habrá que hacer hipótesis y deducciones y soportar la
espera, hasta que el narrador nos otorgue la información faltante; o lo que es
más difícil aún, tolerar no saber: a veces la información que deseamos no llega
nunca.
Final abierto: la variación está en el final. El conflicto no se resuelve. El lector
podrá imaginar finales posibles pero ninguno podrá ser ratificado por el texto.
Estos finales generan una incertidumbre que no se compensa en la lectura,
permanece en el lector.
Conflictos extremadamente débiles o inexistentes: hay textos que se
inscriben en el límite del género. Podríamos preguntarnos qué pasa con esos
textos que casi no plantean conflicto, ¿siguen siendo relatos? Si son breves y
relatan hechos ficcionales, ¿Siguen siendo cuentos? Son relatos que se
construyen desde la negación de la estructura más clásica y viven en esa zona
límite.
Relatos acronológicos: hay relatos que comienzan con el final de la historia,
anticipan cómo va a terminar. Son relatos que no están movilizados por la
intriga, no buscan un lector que sostenga su lectura por el deseo de saber qué va
a ocurrir. Proponen otro tipo de lectura y de lector. Si sabemos cómo termina
una historia desde la primera línea, podemos leerla para saber todo lo demás,
cómo llegó el personaje a esa situación, quién es, cuál es su historia, cómo se
cuenta una historia en la que se mata la sorpresa en la primera línea.

13. ¿Por qué crees que el cuento comienza y termina en el “territorio” de la pieza? ¿Qué valor
real y simbólico tiene este cuarto?
14. En los cuentos de aprendizaje se atraviesa una experiencia de la cual se sale transformado
¿Qué transformaciones podés observar en Sucker y Pete?
15. A partir del siguiente artículo publicado en El país de España qué relación podes establecer
entre el cuento y las características de la autora puestas de relieve en el artículo.
16. Ejercicio de escritura: el personaje de Sucker llega a nosotros a través de lo que nos cuenta
el narrador, un narrado implicado con el personaje que muestra su mirada, su recorte sobre
los hechos y las personas. A la manera del narrador, en primera persona escribí un breve
texto que cuente el punto de vista de Sucker a través de su propia voz. Para concentrar la
mirada, elegí algún momento de la historia para hacer foco en un aspecto de todos los
contados en la historia.

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