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P. FELIPE SOLANES, S. J.

COMENTARIO
A LOS
EJERCICIOS ESPIRITUALES
DE
SAN IGNACIO DE LOYOLA
COMENTARIO
A LOS

EJERCICIOS ESPIRITUALES
DE

SAN IGNACIO DE LOYOLA


POR EL

F. FELIPE SOLANES, S J.

CON UN PRÓLOGO DEL

P. ARTURO COPINA, S. J.

EDITORIAL BALMES
DURAN I BAS, I I

B a r c e lo n a :: 19 41
COMENTARIO
A LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES
DE SAN IGNACIO DE LO Y OLA
IM P R IM I POTEST
A l FRED us M o n d r ía , S. J
Praep. Prov. Arag.

N IH IL OBSTAT

El Censor,
D r. G abriel SolA B runet, P bko.

Ba rcelona, 26 de febrero de 1940

IM P R IM A TU R

M I G U E L D E L O S S A N T O S , A. A. de Barcelona

Por mandato de Sil Excia. Rdma.,


D r. L uis U rpí C arbonell, P bro.
Canciller-Secretario
Anima Christi, sanctifica me.
Corpus Christi, salva me.
Sangtiis Christi, inebria me.
x4.qua lat.eris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
0 bone Iesu, exaudí me:
In tra tua vulnera, absconde me:
Ne permittas me separari a te:
Ab hoste maligno defende me:
In hora mortis meae voca me,
E t iube me venire ad te,
Ut cum Sanctis tuis laudem te
In saecula saeoulorum. Amen.
D E D IC Á 'W R m

Padres y Hermanos míos amadísimos, que


con la práctica de las enseñanzas del libro de l»s
Ejercicios Espirituales de San Ignacio, nuestro
Padre, -glorificasteis a Cristo dvraníe casi tu s
años, de. opresión roja:
A vosotros dedico con toda veneración y cariño
el pt:e¿eiite ..Co m e n t a r i o a l o s E j e r c i c i o s E s p i ­
r i t u a l e s de; S a n I g n a c io de L o y o ^a . .

Las noticias que íbamos recibiendo de vuestros


trabajos apostólicos por la salvación de las almas
con jnanifiesto peligro, y a veces inminente, de
vuestras vidas: la constancia en vuestra labor
(a trece mil asce?idió el número de form as para
la celebración del Santo Sacrificio que hizo uno
de vosotros, y las form as para la Comunión
llegaron a doscientas mil); los padecimientos en
las cárceles y chekas, de unos: los martirios de
otros; tan variados y con tormentos tan refinados
r exquisitos; me hacían ver clara como nunca,
la vida verdadera que muestra el Sumo y ver­
dadero Capitán: suma pobreza espiritual y
actual, oprobios y injurias, por más en ellas le
imitar, e iluminaban con nueva luz los ojos de mi
6 D edicatoria

espíritu . para entender, siquiera especulativa­


mente, sublimes verdades.
Vosotros, los supervivientes, podréis saborear
en este Comentar io los amargos frutos de la
cruz , que fueron vuestro habitual manjar en
estos últimos años, pero que tan dulces se os hicie­
ron con la consideración e imitación de Cristo
doloroso y quebrantado.
Los que habéis pasado el mar rojo y habéis
legado ya a la tierra de promisión; los que des­
pués de la atribulación grande », estáis en pre­
sencia del Cordero con vuestras vestiduras que
lai'asteisy que blanqueasteis en sil Sangre divina;
los que ostentáis en vuestras manos las palmas
del triunfo; los que os alegráis y gozáis in ten ­
sa m e n te de tanta gloria y gozo de Cristo
n u estro Señor; rogaréis ciertamente para que,
con toda, fidelidad y perfección, cumplamos la
doctrina del libro de los Ejercicios Espirituales,
aquellos que por unos años compartimos con
vosotros las penas y alegrías que nos fueron
comunes en nuestros ministerios por la gloria de
Dios y la salvación de las almas.
A todos, en el año de la Victoria, os dedica
con amor fraternal este trabajo
E l A utor. .

H ospital M ilitar de Santa M aría de Veruela,


2 de julio de KJ39·
PRÓLOGO

No será una sorpresa la publicación del


presente libro para quienes saben que el au­
tor se ha pasado la mayor y mejor parte
de su vida religiosa ocupado en la form a­
ción de los novicios de la Compañía de J e ­
sús, o en la dirección de los jóvenes jesuí­
tas, que hecha la primera profesión, se de­
dican al estudio de las letras, procurando
adquirirlas no sólo sin detrimento, sino
tam bién con aumento del espíritu que han
alcanzado en el noviciado. Con esto queda
dicho lo muy bien preparado que ha de es­
tar el P. Solanes para ofrecem os un co­
mentario de los Ejercicios de San Ignacio,
puesto que estos Ejercicios son, después de
la gracia de Dios, el medio más poderoso
con que cuenta un Maestro de novicios de
la Compañía para formar a éstos según el
espíritu de San Ignacio, y un Padre espiri­
tual para continuar durante los estudios
8 Prólogo

la labor com enzada por el Maestro en lor,


dos años de probación.
Ante todo ha sido un gran acierto dispo­
ner y trabajar el Comentario de manera
que no se puede éste utilizar sin tener a la
vista el mismo texto de los Ejercicios, no
sólo todo entero, sino dispuesto en la m is­
ma forma que lo dejó su santo autor. Con
esto queda ya m anifiesto que no pertenece
esta obra a aquellas de las cuales dice el
P. R oothaan que inopes nos copia fecit, la ­
mento del Santo General, fundado en el
hecho de que algunos, satisfechos con los
comentarios, no siempre acertados, pero or­
dinariam ente de más fácil lectura que el
original de San Ignacio, prescinden del tex­
to de los Ejercicios y poco a poco se apar­
tan de los caminos trazados por el Santo,
o al menos dejan pasar inadvertidos ver­
daderos tesoros que ciertam ente verían, si
conociesen bien el texto de San Ignacio.
Esto no sucederá a los que leyeren y es­
tudiaren el Comentario del P. Solanes, pues
no da un paso adelante, sino llevado por la.
mano, digámoslo así, del mismo texto de
San Ignacio.
Cuanto a la interpretación del texto, que
es lo principal, entendem os que, general­
m ente hablando, le da el P. Solanes el se n ­
tido que San Ignacio quiso darle, sin in ­
troducir cosas que no están en él, sin alam ­
bicar de manera las palabras del Santo, que
Prólogo 9
pueda uno decir o sospechar que más que
comentar el texto, se exponen las propias
opiniones sobre ciertas materias. Cuando
expone el autor su modo de ver personal
por otra parte nada alambicado, lo advier­
te claram ente, y prueba su dicho con la
modestia y solidez conveniente, v. gr., cu an ­
do explica en la nota 12.:i, fundado en lo¿
Directorios y en el texto de San Ignacio, la
manera de disponer los cinco ejercicios de
la primera semana.
Una de las cosas que más resplandece en
este libro, es el conocimiento profundo de
los Ejercicios que se muestra en la pericia
con que sabe el autor relacionar las d ife­
rentes partes de la obra de San Ignacio,
aclarándolas y confirmándolas unas con
otras, lo cual produce la impresión gratí­
sim a y saludable de ver cómo el Santo P a­
triarca, sin haber pretendido escribir un
tratado teórico de espiritualidad, nos legó
sin embargo un cuerpo de doctrina, siem ­
pre constante consigo mismo, y nos trazó
un camino espiritual, iluminado a trechos
con potentes focos de luz, siguiendo los
cuales no se puede perder la ruta.
Véase, por ejemplo, en las páginas 292-
294 cómo desde el coloquio del primer ejer­
cicio de la 1.a semana se va preparando el
ejercitante para llegar al tercer modo de
humildad, donde podrá ver el lector, entre
otras bellísimas cosas, la gradación y con-
10 Prólogo

siguientem ente la diíerencia notable entre


la oblación final de la contem plación del
reino de Cristo, y la petición, final tam ­
bién, de la m editación de dos banderas.
No dejará de causar buena im presión y
fruto el ver confirm ada la doctrina de los
Ejercicios de San Ignacio por la del Doctor
místico San Juan de la Cruz, de quien cita
el P. Solanes muy buenos y oportunos pa­
sajes (págs 289, 300, etc.)
Finalm ente queremos llamar la atención
sobre una novedad sencillísim a per una
parte y muy práctica por otra. Reproducido
cada misterio de la vida de Cristo, tal como
lo dejó San Ignacio en su libro, tenem os al
pie del texto ignaciano los textos completos
de los Evangelios correspondientes, de modo
que, sin necesidad de otras concordancias
evangélicas, hallará el director de los ejer­
cicios en este libro cuanto puede desear del
texto sagrado para completar la historia de
las contem placiones de la vida de Cristo,
que San Ignacio ordinariamente no hace
más que indicar.
Con fundam ento, pues, debemos esperar
que el presente libro contribuya eficazm en­
te a extender el conocimiento, aprecio y
fruto de la obra, por muchos conceptos
fundam ental, de San Ignacio de Loyola.
A rturo C o d in a , S. J.
Romo., Enero 1941
CONSTITUCIONES APOSTÓLICAS

“S u m m o r u m P o n t if ic u m ”

P í o O b is p o

Siervo de los siervos de Dios , para perpetua


memoria
A

Cuidado fué siempre muy principal de los Su­


mos Pontífices recomendar con las mayores ala­
banzas y promover con todo empeño aquellas
prácticas que más conducen al fomento de la
piedad y a la perfección de la vida cristiana.
Ahora bien, entre los diversos medios para
conseguir este fin, ocupa lugar preferente el
que San Ignacio con una especie de instinto
divino introdujo en la Ig lesia : Nos referimos
a los Ejercicios Espirituales.
Bien es verdad que por la bondad de Dios
misericordioso, nunca han faltado quienes, des­
pués de haber penetrado profundamente las
cosas celestiales, las expusieron con destreza a
la consideración de los fieles; pero Ignacio fué
el primero que en el librito que escribió (pre­
cisamente en tiempo en que le faltaba por
completo formación para escribirlo) y al que
él mismo puso por título Ejercicios Espirihtalcs:
fué el primero, decimos, que comenzó a enseño r
1,'nnst ii ut'io.no.s a p o sio ljrn s

su método y a mostrar un camino peculiar para


hacer los retiros espirituales, mediante los cua­
les se ayudasen los ñeles de modo maravilloso
a detestar ios pecados y disponer santam ente
sus vidas a ejemplo de Nuestro Señor Jesu­
cristo.
Con la virtud de este método ignaciano se ha
podido comprobar la utilidad de estos Ejerci­
cios. como afirmó Nuestro Predecesor, de escla­
recida memoria, León XIII. “con la experiencia
de ya tres siglos... y con el testimonio de aque­
llos varones que sobresalieron en todo este tiem­
po, o por el magisterio de la ascética, o por la
santidad de vida”
A tantos varones, y por su virtud tan escla­
recidos, principalmente de la misma fam ilia ig-
naciana, que abiertamente han declarado ha­
ber sacado su virtud de esta como fuente, Nos
es grato añadir y hacer mención de aquellas
dos lumbreras de la Iglesia que pertenecierori
al clero seglar, San Francisco de Sales y San
Carlos Borromeo.
Francisco, para disponerse debidamente a su
ordenación episcopal, · hizo con toda diligencia
los Ejercicios de Ignacio, y en los mismos orien­
tó aquella forma de vida que conservó siempre,
según los principios que para la reforma de
vida pone en su librito San Ignacio.
Carlos Borromeo, como probó Nuestro prede­
cesor, Pío X, de feliz memoria - y como Nos
mismo, antes de ser elevados al Sumo Ponti­
ficado, demostramos en documentos históricos
que procuramos fuesen impresos, después de
haber experimentado en sí mismo la eficacia
de estos Ejercicios, por cuyo medio se había
sentido llamado a una vida de mayor perfec-

1 Ep. Ignatianae comendationes ad. P Lud.


M artín, Praey. Gen. Soc. Ie.su.
" TJU. Knoyfi. E d ita r sap/p<J.
Consti I,liciones uposlólicits 13
ción, difundió entre el clero y el pueblo la
práctica de los mismos.
De entre los.varones y mujeres santos que
han pertenecido a Ordenes religiosas, bastará
mencionar, por ejemplo, a aquella maestra de
altísima contemplación, Teresa de Jesús, y al
hijo del seráfico Patriarca, Leonardo de Puer­
to Mauricio, qttien tal aprecio tenía dei li-
brito de San Ignacio, que confesó haber seguido
con toda fidelidad el método ignaciano en los
trabajos que emprendió para la salvación de
las almas.
Así pues, este librito, pequeño ciertamente si
atendemos al tamaño, pero libro admirable ya
desde su primera edición fué solemnemente
aprobado por los Romanos Pontífices, colmado
de alabanzas y protegido por la Autoridad Apos­
tólica 2. Más adelante no han cesado los mis­
mos Pontífices de aconsejar su uso, ora enri-

i B e n e d ic tu s XIV in L itt. Apost. Q u a n tu m


secessus.
- “Nos, escribe P aulo III. que h em os h ech o
exam inar esto s d oou m en tos y Ejercicios, los c u a ­
les, se g ú n el te stim o n io y relación que Nos ha
sid o h e c h a .... está n llen os de piedad y santidad ,
y que h em o s, v isto y experim en tad o que son y
h an d e ser en ad elan te sobre m anera ú tile s y
salu d ab les para la ed ifica ció n y e sp ir itu a l apro­
v ech a m ien to de los fieles; ten ien d p asim ism o la
d eb id a con sid eración a los a b u n d a n tes fru to s que
Ign acio y la C om pañía por él fu n d ad a n o cesan
de producir por to d a s partes en la Iglesia de Dios,
y que la prin cip al ayuda para e llo con razón
d ebem os atribuirla a d ich os E jeroicios: m ovidos
por las sú p lica s que se Nos h an hecho, por ten or
de las p resen tes, de n u estra cien cia cierta, apro­
bam os, alabam os y con el am paro del p resen te
escrito corroboram os los sobredichos d ocu m en tos
y E jercicios; y exh ortam os en el Señor con todo
en ca recim ien to a tod os los fieles de Cristo, de
u n o y otro sexo, qvic d o cu m en to s y E jercicios de
ta n ta piedad los p ractiq u en con toda volu n tad ,
y procuren ser en ellos d ev o ta m en te Instruidos. "
14 C onstituciones apostólicas
queciendo el libro con santas indulgencias, o,ra
honrándolo con nuevas alabanzas
Por tanto, persuadidos de que los m ales do
nuestros tiempos en gran parte traen su origen
de que ya no hay “quien medite dentro de su
corazón” y siendo cosa averiguada que los
Ejercicios Espirituales practicados conforme al
método ignaciano, son sumamente apropiados
para solventar las más arduas dificultades que
en nuestros días tienen confundida por todas
partes a la humana sociedad; y por la expe-

i A l e j a n d r o VII, Br. C u m s ic u t Nobis, 12 oct.


1657. B e n e d i c t o XIV, Br. Q u a n tu m secessus, 2
m er. 1753 ac Br. D e d im u s s a n e , 16 m ai. 1753.
E stos dos P o n tífic e s con ced ieron in d u lg e n c ia
p len aria a to d o s los fieles que h a g a n los E jerci­
cios E sp iritu a les de San Ign acio por cu a lq u ier
espíxcio de días, u n a o varias veces en el año,
con las co n d icio n es ordinarias de c o n fesió n , de
c o m u n ió n y v isita de iglesia, y ru eg u en por las
in te n c io n e s del S u m o P on tífice.
P ío X , per tra m ite m S. C. In d u lg ., 22 iu n . 1904,
añ ad ió a e sta in d u lg e n c ia p len aria la b e n d ic ió n
A p ostólica, para c u a n to s h agan e sto s E jercicios d u ­
ra n te tres días, con la co n d ició n de q u e a sista n
a c in co actos por lo m en os. Son n ecesarias, ade­
m ás, las m ism as co n d icio n es de co n fesió n , co m u ­
n ió n , con oración a in te n c ió n d el R om an o P o n ­
tífic e .
El m ism o P ío X . con ocasión del q u in c u a g é si­
m o añ o de su sacerdocio, escribió en la E xh orta­
ción q ue h izo al clero ca tó lico : “R estau rad a y
a u m en ta d a en el orden clerical la vida de la
gracia sacerdotal, N u estros proyectos de reform a
en tod a su ex ten sió n , ten d rán , D ios m ed ia n te,
m u c h o m ayor eficacia...
Es el prim ero, el tan con ocid o y recom endado
d e tod os, a u n q u e no por tod os ig u a lm e n te exp e­
rim en tad o, el piadoso retiro del alm a para h a ­
cer los llam ad os E jercicios E sp iritu ales cada año
si es p osib le, ya en privado cada u n o. ' a co n otros,
q u ed an d o en pie las prescrip cion es de los O bis­
pos. Nos h em os ponderado ya las v e n ta ja s de
e sta in s titu c ió n , m an d an d o alg u n a s cosas en esto
referen tes al clero ro m a n o .” (En E x p e rien d ó ad
Card. in urbe V icarium 2 deo. 1904).
2 Ier., X II, 11.
C on stitu cioA es a p ostólicas
riencia que tenemos de que la consoladora co­
secha de frutos de virtud, como en tiempos pa­
sados, así también hoy, en los sagrados retiros
llega a sazón, tanto entre las familias reli­
giosas y el clero secular, como entre los segla­
res y (cosa digna de singular mención en nues­
tros días) aun entre los mismos obreros; viva­
mente anhelamos que se vaya extendiendo más
y más cada día el uso de estos Ejercicios Es­
pirituales, y que sean cada vez más florecientes
las casas de piedad en las que o por un mes
entero o por ocho días o por varios al menos,
cuando otra cosa no es posible, se recojan los
fieles como en gimnasios donde se adiestran
para una perfecta vida cristiana.
Esto rogamos a Dios por el amor que a la
grey del Señor profesamos; y accediendo a los
ardentísimos deseos y ruegos de los sagrados
Obispos de uno y otro rito, que de casi todo el
orbe Nos llegan, y deseando Nos mismo dar una
clara muestra de Nuestra gratitud al Santo Pa­
triarca en este año, en que por feliz coinciden­
cia recurre la celebración del tercer centenario
de su canonización y cuarto de esté áureo libri-
to, siguiendo el ejemplo de Nuestros Predece­
sores, los cuales designaron Patronos y Titula­
res propios a las diversas instituciones, oídos en
consejo Nuestros venerables hermanos los Car­
denales de la Santa Iglesia Romana puestos
al frente de la Sagrada Congregación de Ritos,
con Nuestra autoridad Apostólica, declaramos,
constituimos y nombramos a San Ignacio de
Loyola, Celestial Patrono de los Ejercicios Es­
pirituales, y por esto mismo, de las fundaciones,
cofradías y asociaciones de cualquier género a
la obra de los Ejercicios Espirituales consagra­
das.
Y decretamos que estas Nuestras Letras son y
serán siempre firmes, válidas y eficaces, y que
tengan y produzcan sus efectos íntegramente y
16 C o n s tü u e io ju 's apostólica«

en (oda su plenitud, sin que se oponga cosa al*


puna en contrario.
Dado en Roma y en San Pedro, el año del
Señor 1922, día 25 del mes de julio, de Nuestro
Pontificado el año 1.°

A. Card. Vico. Obispo Port. y de la Sta. Rufina.


Pref. de la S. R. C.
O. Card. Cagiano, Cancl. de la S. I. R.
Rafael Virili, Protonotario Apost.
Leopoldo Capitani, Sust. Reg. por déleg. espec.

“M e n s N ostra ”

La Encíclica “Mens Nostra” es sin duda una


de las más acabadas apologías que han hecho
los Romanos Pontífices, de los Ejercicios Espi­
rituales de San Ignacio.
Copiaremos algunos párrafos solamente 1.
Al tratar Pío X I de los Ejercicios Espirituales
como medio excelente para formar al hombre
sobrenatural, esto es, al cristiano, señala los
Ejercicios como un antídoto el más excelente
contra el veneno irreligioso y naturalista de
nuestros tiempos. Dice así:

“En estos difíciles tiempos, en los cuales el


verdadero sentido de Cristo, el espíritu sobre­
natural, esencia de nuestra santa Religión, vive
cercado de tantos estorbos e impedimentos, mien­
tras por todas partes campea y triunfa el na­
turalismo que enerva y enflaquece la fe y ex­
tingue las llamas de la caridad cristiana, im­
porta sobre toda ponderación que el hombre se
sustraiga a esta fascinación de la vanidad que
“oscurece el bien”, y se escónda en aquella

1 T raducción de Sal Tcrrac.


C o n stitu cio n es ap ostólicas 17

oienaventurada soledad donde, alumbrado por


celestial magisterio, aprenda a conocer el ver­
dadero valor de la vida humana, para ponerla
al servicio de Dios; aborrezca la fealdad del
pecado; conciba el santo temor de Dios; vea
claramente como si se le rasgase un velo, la
vanidad de las cosas terrenas, y animado por
los ejemplos y enseñanzas de Aquél que es “el
camino, la verdad y la vida”, se despoje del
hombre viejo, se niegue a sí mismo y, acom­
pañado de la humildad, de la obediencia y de
la propia mortificación, se revista de Cristo, y
se esfuerce por llegar a ser “varón perfecto”,
para conseguir la completa “medida de la edad
perfecta según Cristo”, como dice San* Pablo, y
hasta procure con todas sus energías poder él
también repetir con el mismo Apóstol: “Yo
vivo, o más bien, yo no soy el que vive, sino
que Cristo vive en mí.”
“Por todos estos grados sube el alma a la
consumada perfección, y se une suavísimamen-
te con Dios, mediante el auxilio de la gracia
divina, alcanzada durante estos días de retiro
con más fervorosas oraciones y con la partici­
pación más frecuente y devota de los sacrosan­
tos misterios.”
“Sabido es, escribe en la misma Encíclica,
que entre todos los métodos de Ejercicios Espi­
rituales que laudablemente se fundan en los
principios del tan recto ascetismo cristiano, uno
sobre todos ha obtenido siempre la primacía,
que adornado con plenas y repetidas aprobacio­
nes de la Santa Sede y ennoblecido con las ala­
banzas de los varones preclaros en santidad y
ciencia del espíritu, ha conseguido, grandes fru­
tos de santidad en el espacio de casi cuatro si­
glos : Nos referimos al método propagado por
San Ignacio de Loyola. al que cumple llamar
especial y principal Maestro de los Ejercicios
Espirituales, cuyo “admirable libro” desde el
12. — COMENTAKIO A LOS EJERC ICIO S
IS Const-U nciones a p o stó lic a s

primer momento sobresalió y se distinguió como


código sapientísim o y com pletam ente universal
de normas para dirigir las almas por el camino
de la salvación y de la perfección, como fuente
inexhausta de piedad a la vez brillantísima y
solidísima, y como fortísimo estímulo y perití­
simo maestro para procurar la reforma de las
costumbres y alcanzar la cima de la vida sobre­
natural. ..
“Y ciertamente, la excelencia de la doctrina
espiritual, ajena por completo a los errores del
falso misticismo; la admirable facilidad de aco­
modar estos Ejercicios a cualquiera situación y
estado de los hombres, bien sea que éstos se de­
diquen en los conventos a la contemplación,
va sea que lleven una vida activa en los asun­
tos del siglo; la convenientísima relación entre
sus diversas partes; el admirable y claro orden
con que de las verdades que se han de meditar
unas siguen a otras; las enseñanzas espiritua­
les, finalm ente, que, sacudido el yugo de los
pecados y desterradas las enfermedades que
atacan a las costumbres, llevan al hombre por
las sendas seguras de la abnegación y de la
extirpación de los malos hábitos, a las más ele­
vadas cumbres de la oración y del amor divino;
sin duda alguna, son tales todas estas cosas que
muestran suficiente y sobradamente la natu­
raleza y fuerza eficaz del método ignaciano y
recomiendan abundantamente las meditaciones
de San Ignacio.”

Esta Encíclica firmóla el Sumo Pontífice el


20 de diciembre de 1929.

“A d C atholici S acerdotii”

Seis años más tarde, en esta misma fecha,


20 de diciembre de 1935, firmaba el mismo
C o n stitu cio n es ap ostólicas 19

Pío XI la encíclica Ad Catholici Sacerdotii, en


la cual escribió de nuevo sobre los Ejercicios
Espirituales de San Ignacio, y los propuso a
todos los sacerdotes como ayuda poderosísima
para caminar de un modo digno cual corres­
ponde a la excelsa vocación sacerdotal.
He aquí sus palabras:
“A esto (a caminar de un modo digno del lla­
mamiento con que fuisteis llamados) os ayudará
sumamente aquel medio que Nuestro predecesor,
de santa memoria, Pío X, en su piadosísima y
afectuosísim a “Exhortación al Clero Católico”
(cuya lectura asidua calurosamente os recomen­
damos), pone en primer lugar entre las cosas
que más ayudan a conservar y aumentar la
gracia sacerdotal; aquel que Nos también varias
veces, y sobre todo en Nuestra Carta Encíclica
“Mens Nostra”, paterna y solemnemente in­
culcamos a todos Nuestros hijos, pero especial­
mente a los sacerdotes: a saber, la práctica
frecuente de los Ejercicios Espirituales.
Y así como al cerrarse Nuestro jubileo sacer­
dotal, no creimos poder dejar a Nuestros hijos
recuerdo mejor y más provechoso de aquella
fausta solemnidad, que invitarlos por medio de
la susodicha Encíclica a beber con más abun­
dancia el agua que salta hasta la vida eterna,
en esta fuente perenne, puesta por Dios provi­
dencialmente en su Iglesia: así ahora a vos­
otros, queridos hijos, especialmente amados por­
que más directamente trabajáis con Nos por el
advenimiento del Reino de Cristo en la tierra,
no creemos poder mostrar mejor Nuestro pa­
ternal afecto, que exhortándoos vivamente a em­
plear este mismo medio de santificación, de la
mejor manera posible, según los principios y
las normas expuestos por Nos en la citada En­
cíclica, recogiéndoos al sagrado retiro de los
Ejercicios Espirituales, no solamente en los tiem­
pos y en la medida estrictamente prescrita por
20 C o n s titu c io n e s ap ostólicas
las leves eclesiásticas pero aun con la mayor
frecuencia y el mayor tiempo que os será permi­
tido. no dejando de tomar después de cada mes
un día para consagrarlo a más fervorosa ora­
ción y a mayor recogimiento, como han acos­
tumbrado siempre los sacerdotes más celosos.”

A continuación, se dirige el Padre Santo a


aquellos que por ventura hayan recibido la ex­
celsa dignidad del sacerdocio sin haber tenido
verdadera vocación.
A estos también se refiere San Ignacio cuan­
do escribe en el tercer punto “para tomar noticia
de qué cosas se debe hacer elección” [172]: “En
la elección inmutable, ya que una vez se ha
hecho elección, no hay más que elegir, porque
no se puede desatar, así como es matrimonio,
sacerdocio, etc. Sólo es de mirar que si no ha
hecho elección debida y ordenadamente, sin
afecciones desordenadas, arrepintiéndose, procu­
re hacer buena vida en su elección...”

Las palabras de Pío X I son é s ta s :


“En el retiro y en el recogimiento podrá tam­
bién “reavivar la gracia de Dios” quien por
ventura hubiera venido “en la herencia del Se­
ñor” no por el camino recto de la verdadera vo­
cación, sino por fines terrenos y menos nobles;
puesto que, estando ya, aun el tal, unido indi­
solublemente a Dios y a su Iglesia, no le queda
otra cosa, sino seguir el consejo de San Ber­
nardo: “...sean buenos en adelante tus proce­
deres y tus aspiraciones y sea santo tu minis­
terio: y de este modo, si no hubo antes vida
santa, por lo menos háyala después. La gracia
de Dios, y especialmente la que es propia xlel
sacramento del Orden, no dejará de ayudarle,
si con sinceridad lo desea, a corregir lo que
1 Cfr Cotí. Jur. Can., cc. 120. 595. 1001. 1307,
Con& tltuciojies ap ostólicas 21

entonces hubo de defectuoso en las disposiciones


personales, y a cumplir todas las obligaciones
del propio estado, como quiera que él haya en­
trado.”

“NoSTI PRGFECTO”

En fin, el actual Romano Pontífice, Pío XII,


en las Letras Apostólicas que acaba de dirigir
al General de la Compañía de Jesús con mo­
tivo del IV centenario de la fundación de esta
religión, escribe, entre otras cosas, de los Ejer­
cicios.

“...Y an.te todo, permítasenos hacer un elo­


gio de la ascética ignaciana, que," al aplicarse a
gobernar, según ella, a los fieles, no tiene otro
fin sino hacer que Cristo reine en todos y en
todas las cosas, para que todo se enderece úni­
camente a la mayor gloria de Dios como a su
último fin. Esta enseñanza ascética, tanto a
vuestros religiosos como a cualesquiera otros
fieles que deseen su propia salvación, se propone
especialísimamente por medio del uso ya muy
reconocido de los Ejercicios Espirituales, según
las normas del libro de oro escrito por San Ig­
nacio, libro que con mucha razón y a boca llena,
llamó admirable Nuestro predecesor Benedic­
to XIV... Por esto los hijos de San Ignacio
tengan estos Ejercicios como centro de sus amo­
res, dediquen a ellos con suma diligencia y per­
severante voluntad, el tiempo señalado por sus
Constituciones, y considérenlos como la verda­
dera semilla de donde nació su Instituto reli­
gioso ; pues, según piadosa tradición, cuando el
Santo Fundador estaba retirado en la cueva
de Manresa separado del tumulto de cosas y
personas y dedicado a la vida de oración y me­
ditación, entonces fué cuando se le ofreció p >r
Co u.s t i t nc* io.aes a pos tú 1lea s

primera vez, como en celestial visión, la idea


.clara de la Compañía de Jesús.
Y no sólo los propios hijos de Ignacio, para
conseguir su propia perfección, se han de ejer­
citar con toda diligencia en esta palestra de la
vida espiritual, sino que han de procurar tam­
bién, como ya lo hacen, que otros muchos, ya
del clero secular, ya de toda clase de personas
laicas, acudan a las casas de Ejercicios en donde
puedan con toda libertad emplearse en piadosas
meditaciones.”
INTRODUCCIÓN

I. D os a cu sacion es : u n a contra la doctrina, otra


con tra la a u te n tic id a d del libro de los Ejerci
c io s —2. A yudas de orden natu ral y de orden
sob ren atu ral que tu v o el S an to Padre.—3. ¿In
tervin o N u estra Señora? Im p ortancia que d e ­
bem os dar al silen cio del S an to en esta m a­
teria.—4. Dos partes principales del libro de
los E jercicios E spiritu ales : Ejercicios propia­
m en te ta les y D ocu m en tos : P. La Palm a.

1. Dos clases de persecuciones tuvo el


libro de los Ejercicios Espirituales de San
Ignacio: unas fueron contra la doctrin-a
del mismo, otras contra su Autor.
Los adversarios de la doctrina llegaron
hasta condenar, ya en vida del mismo san­
to Padre, como tem erarias y aun heréticas
algunas de sus proposiciones.
Esto es tanto más de maravillar, cuanto
que, como escribe Ribadeneira: “Era admi­
rable el fruto que en toda clase de gentes
se hacía en España con el uso de los Ejer­
cicios Espirituales.”
-4 In tro d u c ció n

Esto no obstante, “no rallaron personas,


continúa el mismo autor, bien intenciona­
das, pero m al avisadas, que sin querer en­
tender nuestras cosas ni inform arse de la
verdad, .se dejaron decir y aun escribir
m uchas censuras y pareceres contra el li­
bro de los Ejercicios, calificando y notando
sus proposiciones, hasta ponerlo en manos
de la santa Inquisición.” 1.
Esta acusación cae com pletam ente por
tierra en nuestros días, después de tantos
documentos pontificios en alabanza del li­
bro de los Ejercicios Espirituales, y dadas
las prescripciones del Código de Derecho
Canónico, que hacen obligatorios los Ejer­
cicios a sacerdotes, a religiosos y a sem i­
naristas -.
i Vida de San Ignacio, lib. IV, c. 9.
^ Al prescribir el Código· de D erecho Canó­
n ic o la práctica de los E jercicios E sp iritu a les a
sacerdotes, a religiosos y a sem in a rista s, n o es­
pecifica m étod o determ in ad o. E sto n o ob stan te,
n os parece ten er fu n d a m ejito para afirm ar q u e el
Código se refiere a, los E jercicios de San Ignaoio.
Vam os a indicar algu jias razones.
1.a A un cu an d o n o se h u b iera te n id o cuenta
con los E jercicios de San Ign acio en la redacción
de los cán on es que ¡tratan de los E jercicios Espi­
ritu a les; una vez que el m éto d o ig n a cia n o ha
sid o declarado por la Iglesia com o el m ejor y más
fru ctu oso, ten em os fu n d a m e n to para afirmar
que. segú n las a ctu ales norm as de la Iglesia, a
los E jercicios E sp iritu ales de S an Ig n a c io se re­
fiere el C ódigo en d ich os cán on es, a los Ejerci­
cios que com p u so el Santo, declarado por el Ro­
m an o P on tífice celestia l Patro,uo de tod os los
E jercicios E sp irituales. E sto parece in n egab le.
Pero de hecho, la Iglesia ¿ha declarado como
el m ejor de to d o s el m étod o ign acian o?
Escribe Pío X I en la E ncíclica M ens NostrCt:
In trod u cción 25

Las im pugnaciones en contra del Autor


se reducían a que Ignacio había tomado
estos Ejercicios de autores antiguos.
No es nuestro propósito vindicar para el

“Por lo dem ás, sabido es que entre tod os los


m étod os de E jercicios E sp iritu ales que lau d ab le­
m en te se fu n d a n en los principios del ta n recto
a scetism o cristian o, u n o e n tre todos ha o b te n id o
sie m p r e la p r im a c ía que, adornado con plen as y
rep etid as aprobaciones de la S a n ta Sede у едп о-
b lecido con las alabanzas de los varones p recla­
ros en sa n tid a d y cien cia del espíritu , h a c o n se ­
gu id o grandes fru to s de sa n tid a d en el espacio
de casi cu atro siglos : Nos referim os al m é to d o
p r o p a g a d o p o r S an Ignacio d e Loyola, al que
c u m p le llam ar esp ecial m aestro de los E jercicios
E s p ir itu a le s ...”
Сод to d o acierto, pues, escribió .el obispo de
S alam an ca, Excm o. Sr. D. Enriqi^e Pía y D eniel ел
su P astoral Los Ejercicios E spiritu ales d e San Ig­
n acio d e Loyola para el Clero : ‘Si los E jercicios
E s p ir itu a le s del Clero h an de responder a los de­
seos de la. Iglesia, sacándose de ellos el m ayor
fr u to y em p lean d o el m étod o h oy por el R om ano
P o n tífic e declarado el m ejor, o sea, el de E jerci­
cios d e S an Ign acio en c o m p le to retiro, üebe se
g'uirse fid e lísim a m e n te el m étod o propuesto por
el S a n to en su inspirado libro de los Ejercicios
E spirituales.
2.i A frm am os m ás. C uando los redactores fo r ­
m aron los cán on es q ue a los E jercicios E spiritua
les atañ en , n o sólo tu vieron cu en ta con *los Ejer­
cicios de San Ignacio, sin o que a ello s se refi­
rieron. P u es era m u y obvio q u e se refirieran a
aq u ellos E jercicios que, o por leyes particulares
o por lau d ab le costu m b re se h acían casi um ver­
sa lm en te por los ordenandos, a n te s del Código
Y ta le s son los E jercicios de San Ignacio, com o
lo afirm a exp resam ente el Secretario de la Sagra
da C. de D iscip. Sacram . en la ocasión de que
pronto h ablarem os e n la 4.a razón que vam os a
aducir. Escribe el d ich o Secretario : “E xercitia spi
ritu alia, quorum a u ctor ex sta t S. Ig n a tiu s de Loyo
la, S o c ieta tu s Iesu F u n dator, sive lege particular i.
(A lexander VII, C onst. A p o stólica so llic itu d o 7 Au-
g u sti 1662; S. C. Ep. et Reg., Encyc ad E p . fta .
liae, 9 O ctobris 1682), sive lau d ab ili co n su etu d in e,
a prom ovendis ad Sacros ordines, an te Codicis
-0 in tro d u c c ió n

Santo, constituido pocos años hace por la


Santidad de Pío XI, Celestial Patrono de
todas las obras de Ejercicios Espirituales,
la gloria de haber dado a la santa Iglesia

iu ris ca n o n ici p ro m u lg a tio n em , fere u b iq u e per-


a g e b a n tu r .”
3.» T an ob vio pareció ta m b ié n a P ío X I que
a los E jercicios d e S an Ig n a c io se referían los
cá n o n es del Código, q u e al recom endar los Ejer­
cicio s del sa n to P atriarca ios j u n ta co n to d a n a ­
tu ralid ad co n las leyes e c le siá stic a s q u e prescriben
ios E jercicios E sp iritu ales. E scribe lia c ia el fin
de la E n cíclica A d C a t h o l i c i S a c e r d o tii: ( “ ...a v o s­
otros, qu erid os h ijo s (lo s sacerdotes), jio creem os
poder m ostrar m ejor N u estro p a tern a l afecto , que
exh ortán d oos v iv a m e n te a em p lear e ste m ism o
m ed io de sa n tific a c ió n (los E jercicios E sp iritu a ­
les) de la m ejor m anera p osib le, se g ú n los p r in ­
c ipios y las n o r m a s e x p u e s to s p o r Nos en la c ita d a
Encíclica (M en s N o s tr a ), recogién d oos al sagrado
retiro de los E jercicios E sp iritu ales, n o so la m en te
en los tiem p o s y en la m ed id a estrícitam ejite pres­
crita. p o r las leyes canónicas, pero a u n co n la m a­
yor frecu en cia y el m ayor tie m p o q u e os será per­
m it id o ”. Ahora, b ien estos p rin cip io s y norm as e x ­
p u esto s en la E n cíclica M ens N o stra son los prin­
cip ios y norm as que d a . S an Ign acio.
4.a F in a lm e n te , el Secretario de la S. C. de
D iscp. Sacram . en. varias de las ob servacion es que
h izo con ocasión d e ciertas dud as acerca d el cá-
n o n 1001 que h ace o b ligatoria la p ráctica de los
E jercicios a n te s de la recep ción de cada u n a de
las O rdenes m ayores, expresa con to d a claridad
que lo s E jercicios a que el ca n o n se refiere, son
los que escribió San Ig n a cio d e Loyola, F u n dador
d e la C om pañía de Jesús. Se p reg u n ta b a a la Sa­
grada C-, en tre otras cosas, si el ordenado estaba
ob ligad o a hacer los E jercicios a n te s de cada
O rden a u n en el caso en que las tres m ayores las
recibiera en brevísim o tie m p o , por ejem p lo, en. el
esp acio de u n m es. C on testó la S. C ongregación
afirm ativam en te, y al exponer la. razón el Secre­
tario en la ob servación 8>, da la razón de la res­
p u esta afirm a tiv a : “Ya q ue los E jercicios E spiri­
tu ales, dice, segú n las n o rm a s q u e d a S. Ignacio
d e Loyola, se hacen po r espacio d e u n m e s ”. (Acifc.
Ap. Sed., N oviem bre 1928, págs. 369-362).
In tro d u cció n

uno de los medios que desde que apareció


su libro, más poderosa y eficazm ente han
contribuido a la salvación de las almas 1
Tan sólo nos permitirem os hacer dos
observaciones: Pío XI, en la Constitución
Apostólica „Summorum Pontificum, escri­
be estas palabras acerca de los Ejercicios:
“Inter varia eiusmodi adium enta — quae
ad pietatem vitaeque christianae conduce-
rent, — insignem sibi locum vindicant ea
quae Sanctus Ignatius, divino quodam ins-
tinctu in Ecclesiam invexit, Exercitia Spi-
ritualia... rationem quamdam et viam
peculiarem peragendi spirituales secessus
docere coepit.”
Cosa parecida había escrito ya el papa
Paulo III en vida del Santo: “Cum ergo
dilectus filius Ignatius de Loyola... quae-
dam documenta, sive Exercitia Spiritualia,
ex sacris Scripturis et vitae spiritualis ex-
perim entis elicita, composuerit, et in ordi-
nem ad pie movendos fidelium ánimos ap-
tissimum redegerit..."
2.a observación: Es muy digno de notar­
se que en la persecución que se levantó
contra la doctrina de los Ejercicios, en
España de modo particular, ni a San Ig­
nacio ni a sus compañeros se les ocurrió
salir en defensa del libro* escudándose en
los autores antiguos de donde, según los
1 Vide : A. Codina. Los Orígenes de los Ejerci-
cáos E s p ir itu a le s d e San Ignacio d e Loyola.
•J8 lu'troducoióíi
adversarios, habían tomado las enseñan­
zas y normas que en el librito se contienen.
Creemos y confesam os sinceram ente que
aquellos que levantaron y propalaron esta
acusación, o desconocieron el plan, unidad
y trabazón tan adm irables e n ,e l libro de
los Ejercicios, o si de ello tuvieron algún
conocim iento, fué éste muy superficial.
2. Puede preguntarse de dónde sacó el
Santo la doctrina y las norm as m aravillo­
sas para la vida sobrenatural que nos dejó
en su libro.
Paulo III en el texto que acabam os de
copiar, escribe que “Ex Sacris Scripturis
et vitae spiritualis experim entis.” Pero in­
dudablemente debió tener tam bién ayudas
especialísim as, y creemos que h asta sobre­
naturales: “Divino quodam instinctu in
Ecclesiam invexit”, escribe Pío XI.
Y a la verdad: ¿cómo es posible que un
libro que ha sido y sigue siendo maestro
y guía de los principales varones que en la
santa Iglesia han florecido en santidad y
en ascética; que un libro tan recomendado
en todos tiempos por los Romanos Pontí­
fices, lo escribiese un soldado recién con­
vertido, y que había vivido tan entregado
a las vanidades del mundo, que Ribade-
neira, le llama ’‘mozo -pulido, amigo de
galas y de traerse bien” \ “hombre m eti­

1 Vida de San Ignacio, lib. !.<>, c. 1.


In tro d u cció n 29

do hasta los ojos en las vanidades del


mundo” \ “soldado desgarrado y vano”
de un hombre tan apartado de las prác­
ticas de piedad, que de él afirma Nadal,
“nihil cogitabat de religione et pietate”?
Y en las lecciones de la vida del Santo
dice el breviario romano: “Manresam se-
cessit; ubi... per annum commoratus est.
Claris adeo illustrationibus a Deo recrea-
tus... quo tempore, homo, litterarum p la­
ñe rudis, admirabilem illum composuit
Exercitiorum librum, Sedis Apostolicae iu-
dicio et omnium utilitate comprobatum.”
“Cuando nos faltaran otros testimonios
para probar las pocas letras de Ignacio en
su juventud, la misma prolijidad con que
siguió después paso a paso la carrera ecle­
siástica empezando por los rudimentos de
latín, demuestra sobradamente que en
materia de estudios todo estaba por h a ­
cer” 3.
Un libro tal, escrito por un hombre, con
tan escasa instrucción religiosa meses an ­
tes, no parece concebirse sin una inter­
vención muy particular de Dios nuestro
Señor, intervención tal, que casi nos atre­
vemos a llamar sobrenatural. Negar esta in ­
tervención es hacer de San Ignacio un

‘ Itoid., c. II.
2 Ibid.. lib. 2.o, c. XVIII,
* A strain, H istoria de la Com pañía de J e sú s
en la A sisten cia d e E sp a ñ a , t. 1.°, lib. L<\ c, 1,°
n. 4.
JPb in tr o d u cc ió n

hombre que traspasa los lím ites de lo h u ­


mano, un fenómeno.
3. Por lo que toca a la Intervención de
la Madre de Dios en la composición de
los Ejercicios, la creemos, por lo menos,
muy probable '.
Y que el Santo no hiciera m ención al­
guna, que sepamos, sobre esta interven­
ción, nos parece muy obvio. Tales gracias
sobrenaturales las tienen bien ocultas los
siervos de Dios, y de ningún modo las des­
cubren si no ven en ello una voluntad
manifiesta del Señor, o no tienen m an­
dato expreso. Recuérdese el silencio de
la Santísim a Virgen cuando San José
andaba perplejo y desconcertado, y esta­
ba a punto de abandonarla. El Señor
intervino de un modo sobrenatural en la
milagrosa concepción del Verbo Encarna­
do; y pues no se sentía movida nuestra
Señora a confiar el misterio a su casto
Esposo, aguardó a que sobrenaturalm ente
tam bién acudiese la Providencia de Dios
nuestro Señor.
Un ejemplo muy al caso tenem os en el
mismo Santo Padre. Aquellos Padres de
Roma pudieron recabar del santo Patriar­
ca que les diese algunas noticias sobre su
vida, noticias que forman lo que pudiéra­
mos llamar autobiografía de San Ignacio.

1 Cfr. Codina, Los Orígenes de los Ejercí


cios E sp iritu a les, cap. VII.
In tro d u cció n *1
Pero ¡qué de largas íué dando el Santo!
Pues si tanto costó a aquellos Padres, a
quienes amaba tan tiernam ente y de los
cuales era ta n fielm ente correspondido,
sacar aquellas notas históricas, ¿cuál de­
bía ser la cautela de nuestro santo Fun­
dador en m anifestar las gracias sobrena­
turales que recibía de Dios nuestro Señor?
De no haber obrado así nuestro Santo
Padre ¡qué noticias tan consoladoras po­
seeríamos, por ejemplo, acerca de las Cons­
tituciones! : cuáles fueron aprobadas y con­
firm adas por nuestra Señora, cuáles por
nuestro Señor Jesucristo, cuáles, en fin.
por la Trinidad Santísim a.
Su silencio, por tanto, nada quita de
probabilidad a la fundada creencia que te ­
nem os sobre la parte que tuvo la S an tí­
sima Virgen en el libro de los Ejercicios.
4. Por fin, para la mejor inteligencia
de los Ejercicios vamos a distinguir dos
partes principales de lo contenido en este
libro: los Ejercicios Espirituales propia­
m ente tales, y los Documentos o normas
que va dando el Santo, y que se encuentran
diseminados por todo el libro.
Esta división la distinguió ya el papa
Paulo III en el breve Pastoralis Officii, co­
mo fácilm ente puede verse en diversas
partes de este documento pontificio con el
que el Romano Pontífice aprobó el libro
de los Ejercicios a petición del entonces
32 In tro d u cció n

duque de Gandía, San Francisco de Borja.


Sobre los Ejercicios Espirituales vamos
a ver lo que el mismo Santo Padre escribe
declarando la naturaleza y fin de los m is­
mos con la concisión y claridad que le son
tan características; y en cuanto a los D o­
cumentos, copiaremos la doctrina que da
uno de los mejores comentadores, por ven­
tura el mejor, y de los más profundos co­
nocedores de los Ejercicios Espirituales, el
P. Luis de la Palma.

Las operacio­
E j e r c ic io s E s p ir it u a l e s . —
nes espirituales que hacem os en el estudio
de las ciencias son ciertam ente ejercicios
espirituales. Mas evidentem ente que no to ­
ma San Ignacio en este sentido lo que él
llama Ejercicios Espirituales.
Son tam bién ejercicios espirituales nues­
tras operaciones espirituales en el estudio
de la Teología, sea que en él busquemos
conocim iento de los atributos divinos, sea
que pretendam os conocim iento, amor y
complacencia de su divina Majestad. T am ­
poco es este el sentido que a sus Ejercicios
Espirituales da el Santo Padre.
Más aún, el mismo “examinar la con­
ciencia, meditar, contemplar, orar vocal y
m ental y otras espirituales operaciones”
que va declarando en su libro, no serán
Ejercicios Espirituales, según la m ente del
Santo, sino cuando se encam inen a “pre-
In trod u cción 33
parar y disponer el ánim a para quitar de
sí todas las afecciones desordenadas, y,
después de quitadas, para buscar y hallar
la voluntad divina en la disposición de su
vida para la salud del ánim a”.

D ocum entos. — Llama el P. La Palma,


Documentos a “los preceptos, reglas y avi­
sos que se deben guardar, y fácilm ente,
escribe, se pueden acomodar a cualquier
m ateria.
“De estas reglas, continúa este autor, está
lleno este libro, unas que están al fin de
él con nombre de reglas de varias m ate­
rias, como son las de discreción, de escrú­
pulos, de repartir limosnas, etc.: otras que
están embebidas en el mismo cuerpo de
los Ejercicios por todas cuatro sem anas con
nombre de notas, de adiciones, anotacio­
nes, preámbulos, y otros varios avisos que
sin otro ningún título están repartidos por
el libro, y puestos en sus propios lugares” *.
Estos documentos prueba el mismo Pa­
dre que son la parte más principal del
libro de los Ejercicios. Más aún. aftade que
la misma m ateria de los ejercicios la pro­
pone el Santo con frecuencia como Docu­
m ento o normas que debemos seguir en
ejercicios o m editaciones de m aterias se­
m ejantes: “Y es mucho de advertir, escri-

i C a m in o E spiritu al, lib IV. c. 2.°.


3 — COMENTARIO A LOS F JE R C IC IO S
33 Initroduccióp

be, que aun en aquellas partes donde se


pone la m ateria de algún Ejercicio, no se
tiene tanto respeto a aquella m ateria en
particular, cuanto a dar método y regla
cómo se han de formar otros ejercicios o
m editaciones en m ateria sem ejante; por­
que tuvo nuestro Autor por m ás fácil po­
ner en práctica el ejercicio en alguna m a­
teria particular, y darle como por ejem ­
plar para formar otras m editaciones, que
no decir la teoría y dar reglas de cómo se
han de formar los preámbulos, puntos y
coloquios que debe tener cada m edita­
ción...; pues luego aun en aquellos m ism os
lugares donde se ponen los preámbulos,
puntos y coloquios en alguna m ateria par­
ticular, no sólo se debe atender a aquella
materia, sino mucho m ás al modo y for­
ma con que se dispuso, y tomarlo por re­
gla con que regirse en otras m aterias...”
Y después de haber probado su aserto con
varios lugares de las m editaciones del li­
bro de los Ejercicios, saca esta conclusión:
“Luego, según esto, lo principal que se h a ­
lla en este libro son reglas y Documentos;
y los mismos lugares en que se practica el
ejercicio en alguna m ateria particular se
han de convertir en regla, tom ándola de
allí para guardar la misma form a en otras
m aterias diferentes.” Y en el mismo capí­
tulo escribe: “Que haya sido este el in ten ­
to del Autor, y ése claram ente, porque cuan
In tro d u cció n 85
largo y abundante es de estos avisos, tan
corto es en poner m ateriales para la m edi­
tación, dejando esto para otros libros y au­
tores que lo han tratado copiosa y prove­
chosam ente.” 1.
Así, pues, las m editaciones mismas, tal
como las propone el Santo Padre, son jun­
tam ente Documentos y normas que pode­
mos y debemos tomar para obrar de m a­
nera parecida en ejercicios sem ejantes.
Y esta verdad, que con la claridad y
solidez tan propias suyas va probando el
P. La Palm a con textos de las m editacio­
nes del libro, nos la enseña el mismo San
Ignacio en dos lugares fuera de las m e­
ditaciones.
En la segunda anotación nos la m ani­
fiesta con toda claridad cuando instruye
al que da los Ejercicios sobre el modo de
proponer las m editaciones o contem pla­
ciones: “...La persona, dice, que da a otro
modo y orden vara m editar o contem ­
plar” [2]. No puede hablar más claro.
Y al tratar de las contemplaciones de
la segunda sem ana “que según que cada
lino quiere poner tiempo [dar más o m e­
nos tiempo] o según que se aprovechare,
puede alongar o abreviar”, da la razón de
este alargar o acortar el número de con­
templaciones. y escribe: "Porque esto es

i Ib.
36 Introchiceióji
dar una introducción y modo -para después
m ejor y más cum plidam ente con tem ­
p la r” [162].

Las reglas para la elección son tam bién


Docum entos de la más consum ada pru­
dencia [178]-[1891.
I

Anotaciones

1. ¿Q ué son? — 2. A q u ién es van dirigidas. —


'3. P in de las m ism as. -4. A ctividad en el d i­
rector y en el q u e se ejercita (nota 1.a).-
5. P lan general de las an otacion es.--6. De las
an o ta cio n es en particular, y esp ecialm en te en
la I.» a n o ta ció n a q u ella f r a s e : “Otras E spi­
ritu a les o p e r a c io n e s” (n ota 2.a).

[1 ] ANNOTACIONES PARA TOMAR ALGUNA INTE­


LIGENCIA e n l o s E j e r c ic io s E s p ir it u a l e s que
SE SIGUEN, Y PARA AYUDARSE ASÍ EL QUE LOS HA
DE DAR, COMO EL QUE LOS HA DE RECIBIR.

1. Son las Anotaciones ciertas normas


o reglas que pone San Ignacio como pró­
logo a los Ejercicios Espirituales.
2. Van dirigidas así al que da los Ejer­
cicios como al que los recibe, con la dife­
rencia que aquel que da los Ejercicios de­
be habérselas hecho fam iliares todas; en
38 In trod u cción a los E jercicios

cambio, el que los recibe no debe conocer


sino algunas de estas anotaciones.
3. Dos fines principales pretende el
Santo: “tom ar alguna inteligencia en los
Ejercicios E spirituales; 2.° a y u d a r s e Dice
tomar alguna inteligencia, y nada m ás que
alguna, pues son, según hem os advertido,
como el prólogo a los Ejercicios en el cual
no hace su Autor sino orientar, y no da
en el prólogo una idea o inteligencia com ­
pleta del libro, sino alguna. Esta inteligen­
cia dala en las anotaciones 1.a y 4.a, de m o­
do particular.
4. Es digno de notarse que no escribe
el Santo, para dar alguna inteligencia, sino
para tom ar alguna inteligencia. Creemos
que usó este verbo para expresar con él la
actividad del director y del dirigido en los
Ejercicios Espirituales; actividad que con
toda claridad vemos expresada en el ver­
bo ayudarse que inm ediatam ente pone. Con
lo cual, ya en la primera página de su
libro llama la atención sobre la actividad
que exigen sus Ejercicios tanto en el que
los da, como en el que los recibe.
Aquél deberá estar muy alerta para no
errar, y para no desviar al que hace los
Ejercicios, del camino escabroso y difícil
que en estos días va a recorrer. El que re­
cibe los Ejercicios tendrá que desplegar
suma actividad, poniendo en práctica las
normas que se le vayan dando para quitar
I. A n otacion es 39
ios im pedim entos que sin duda irá encon­
trando en este camino, o sea, las aficiones
desordenadas, para, de este modo, buscar
y hallar lo que desea, que es la voluntad
divina en la disposición de su vida para
la salud de su alma.
El que da los Ejercicios debe tener bien
conocidos las varias agitaciones y pensa­
m ientos que los varios espíritus traen al
dirigido; el que se ejercita deberá poner
en práctica con decisión los consejos y ad­
vertencias de su director. Todo lo cual re­
quiere de ambos notable actividad; ‘’Para
ayudarse así el que los ha de dar, como el
que los ha de recibir.”
Nota 1.a (V. pág. 538).
5. Antes de declarar cada una de estas
anotaciones en particular, veremos de un
modo general el orden y plan de las m is­
mas.
La 1.a trata de la naturaleza y fin de ios
Ejercicios Espirituales.
En las 2.a y 3.a se declara cómo debemos
ejercitar la memoria, los raciocinios y dis­
cursos del entendim iento, y los actos de la
voluntad.
En la 4.a se nos propone la materia so­
bre la cual versarán los Ejercicios y el
tiempo que éstos han de durar.
La 5.a es exclusivam ente para el que se
ejercita. Positivam ente debe cooperar a la
acción de Dios; ofrecerse u El sin negarle
40 in i roduccion a los Ejercicios
nada; y positivam ente debe estar dispues­
to a darle cuanto le pida con toda genero­
sidad.
De la 6.a a la 10.a instruye el Santo al
que da los Ejercicios; cómo debe portar­
se con -su dirigido cuando éste no experi­
m enta lucha; y según sean los estorbos o
dificultades, le dará normas convenientes
o de 1.a o de 2.a sem ana.
La 11.a va para el que recibe los Ejerci­
cios: éste no confie sacar más adelante el
fruto que pretende; antes bien trabaje co­
mo si todo el fruto dependiese exclusiva­
m ente de la presente semana.
12.a y 13.a Procure el que da los Ejerci-
cicios que aquel que los recibe dé la hora
entera a cada uno de los cinco ejercicios;
y si por ventura siente éste desgana o se
encuentra desolado, aconséjele que alar­
gue un poco el ejercicio.
14.a, 15.a y 16.a Si siente fervor el diri­
gido, no le induzca el director a hacer voto
ninguno ni a tomar estado de perfección.
Lo cual hay que tenerlo más en cuenta si
el que hace los ejercicios es de carácter
ligero o arrebatado. Deje obrar a la gra­
cia, y ayude siguiendo la acción del Es­
píritu Santo, de ningún modo previnién­
dola. Un im pedim ento se especifica en la
regla o anotación 16.a, para cuya destruc­
ción se propone un remedio eficaz.
17.a De todo esto se colige la necesidad
I. A n otacion es 41
de que tenga el director conocim iento de
las varias agitaciones y pensam ientos que
al dirigido le traigan los dos espíritus, el
bueno y el malo.
18.a, 19.a y 20.a Estas tres últim as tratan
de las ciases de personas a quienes pueden
darse los Ejercicios, y de los actos o ejer­
cicios que convendrá dar a cada clase.
6. De las A n o t a c io n e s en pa r t ic u l a r .

2.a Anotación. Algo hemos declarado


esta anotación en la introducción, al es­
tudiar la naturaleza de los Ejercicios.
Nos da San Ignacio una idea muy exac­
ta y muy clara de la naturaleza de los
Ejercicios y del fin que en ellos se pre­
tende; lo cual es muy lógico que se haga
al principio del libro.
Este fin no es otro que hallar la volun­
tad divina en la disposición de su vida
para la salud del ánima.
Ahora bien, para hallar esta voluntad
divina, es preciso buscarla. Difícilm ente
podremos buscarla, si no quitamos antes
los impedimentos, que son nuestras afi­
ciones desordenadas. A preparar, pues, y
disponer el ánima para quitar de si todas
las afecciones desordenadas, se ordenan
los Ejercicios Espirituales; y la van pre­
parando con los exámenes de conciencia,
con la meditación, contemplación, con la
oración mental y vocal y con otras espi-
42 in tr o d u c c ió n a '.os E jercicios

rituales operaciones; v., gr., las que hace­


m os para la elección y reforma de vida. El
Santo lo enseña con estas palabras:
1* anotación. La primera anotación es,
que por este nombre, Ejercicios Espirituales, se
entiende todo modo de examinar la conciencia,
de meditar, de contemplar, de orar vocal y m en­
tal, y de otras espirituales operaciones, según
que adelante se dirá. Porque así como el pa­
sear, caminar y correr son ejercicios corporales;
por la misma manera, todo modo de preparar
y disponer el ánima, para quitar de sí todas
las afecciones desordenadas, y después de qui­
tadas, para buscar y hallar la voluntad divina
en la disposición de su vida para la salud del
ánima, se llaman Ejercicios Espirituales.
Nota 2.a (V. pág. 540).
[2] 2.a La segunda es, que la persona que
da a otro, modo y orden para meditar o con­
templar, debe narrar fielm ente la historia de la
tal contemplación o meditación, discurriendo
solamente por los puntos con breve o sumaria
declaración; porque la persona que contempla,
tomando el fundamento verdadero de la his­
toria, discurriendo y raciocinando por sí mismo,
y hallando alguna cosa que haga un poco más
declarar o sentir la historia, quier por la ra­
ciocinación propia, quier sea en cuanto el en­
tendimiento es ilucidado por la virtud divina;
es de más gusto y fruto espiritual, que si el
que da los Ejercicios hubiese mucho declarado
y ampliado el sentido de la historia; porque
no el mucho saber harta y satisface al ánima,
mas el sentir y gustar de las cosas interna­
mente.
Se refiere esta anotación al que da los
ejercicios y al que los ’ecibe.
I. A n ataclojies 1°

El que los da, conténtese con narrar


fielmente la historia de la contemplación
o meditación, evitando en absoluto exage­
raciones y circunstancias inverosímiles y
sin fundam ento; pues la verdad no tiene
necesidad de tales vestidos y adornos pos­
tizos que la desvirtúan.
Además, tales exageraciones impedirían
que aquel que recibe los ejercicios tomase
el verdadero fundam ento de la historia,
que es lo que a todo trance debemos sal­
var. Lo contrario será m ás bien perjudi­
cial, y como edificar sobre fundamentos
falsos y poco estables, teniéndolos tan ver­
daderos y firmes las verdades y misterios
de nuestra santa Fe.
Esto no quita que el director haga algu­
nas aclaraciones y que insinúe algunas
aplicaciones apropiadas al que se ejercita;
pero todo con sobriedad; discurriendo so­
lam ente por los puntos con breve o suma­
ria declaración', lo necesario y suficiente
para que el ejercitante, que a solas deberá
ir discurriendo sobre las verdades o m is­
terios, despliegue su actividad tan esencial
en los ejercicios, como queda dicho.
El aclarar m ás extensam ente la historia
es más propio de la persona que medita o
contempla; y esto lo consigue trayendo a
la memoria los hechos históricos verdade-
deros, y fundando en éstos los discursos y
raciocinios.
44 In tro d u c c ió n a los Ejercicios
Estos raciocinios, sea por la fuerza n a ­
tural y la virtud dei entendim iento, sea
por la virtud sobrenatural dei Espíritu
Santo que obra en nosotros, y de vía ordi­
naria, tanto más, cuanto mejores son nues­
tras disposiciones, harán que el que recibe
los ejercicios, halle mayor gusto y mayor
fruto y, como cosa propia, supuesta, ya
se entiende, la gracia divina, sienta más
las verdades y se le graben más profun­
damente.
Aplica el P. La Palm a la doctrina que
propone el Santo Padre en esta 2.a anota­
ción, a la manera como debe ser ayudada
la memoria en la m editación o contem ­
plación de la sagrada Pasión \ y concluye
con una comparación sum am ente expre­
siva: “Todo esto se ha dicho, escribe este
autor, para declarar la segunda cosa que
nuestro glorioso Padre San Ignacio enseria
acerca del modo de proponer la m ateria
de la m editación; conviene a saber: que
de tal manera se dé una breve declaración
de la historia para despertar la conside­
ración, que se le deje algo en qué trabajar
por sí mismo al que medita. Porque así
como para hincar un clavo en un madero,
le ábrimos camino con un barreno propor­
cionado al tam año del clavo, y después de­
jam os que rompa lo demás el clavo por sí
mismo con los golpes que le dan, porque
1 Prólogo, p árrafo 8 .“
I. A n otacion es

sin esta ayuda del barreno el clavo no en­


tra, y si la queremos dar mayor para que
entre holgado y con descanso, no prende
ni tiene fuerza; lo mismo suele suceder
a los que m editan, que es menester dar­
les átlguna declaración o ponderación pro­
porcionada a su capacidad e ingenio, por
la cual encam inen su discurso, y luego de­
jarlos que prosigan con su trabajo y co­
nato propio; porque si no se les dice n a ­
da, ellos no hacen nada ni hallan qué
pensar nada, y así o se divierten a negocios
temporales o vagueaciones inútiles, o dan
en unas consideraciones secas y estériles,
de que no puede resultar sino cansancio
y desvanecim iento de la cabeza; y por el
contrario, si para excusar este inconve­
niente, les damos las consideraciones h e ­
chas y los afectos expresados y puestos
en práctica, no prenden ni hacen fuerza
en los pensam ientos y afectos ajenos, co­
mo lo hicieran si fueran suyos propios.”
Así el P. La Palma.
[31 3.a Encamínala el Santo principal­
m ente a la manera cómo debemos ejerci­
tar los actos de la voluntad en nuestro
trato con Dios o con sus Santos.
Siempre es necesaria la reverencia en
la presencia de Nuestro Señor, sea que pen­
semos en sus excelencias o recordemos sus
beneficios, sea que ejercitemos los actos
del entendim iento; pero mucho mayor de­
1* In tro d u cció n a los E jercicios

berá ser esta reverencia cuando vocal o


m entalm ente nos dirigimos a su divina
Majestad, ejercitando los actos de la vo­
luntad, o hablam os con sus Santos. Escribe
San Ignacio:
La tercera, como en todos los ejercicios si­
guientes espirituales usamos de los actos del en­
tendimiento discurriendo y de los de la volun­
tad afectando: advirtamos que en los actos de
la voluntad, cuando hablamos vocalmente o
mentalm ente con Dios nuestro Señor o con sus
Santos, se requiere de nuestra parte mayor re­
verencia, que cuando usamos del entendimiento
entendiendo.
Tres condiciones exige esta reverencia:
1.a, que nuestra oración vocal sea íntegra,
de modo que si rezamos con otros, no co-
menzemos hasta que haya term inado aquel
con quien rezamos; 2.a que pronunciemos
con gravedad, sin precipitación; 3.a que
demos sentido a las. frases como quien h a ­
bla con la infinita Majestad de Dios Nues­
tro Señor.
De nuestro Santo Padre es esta memora­
ble sentencia: “La oración se diga en m a­
nera que dé edificación, o no se diga.” l.
Si siempre deben tener cumplimiento en
nosotros las palabras de Nuestro Salvador:
“Sic luceat lux vestra coram hominibus,
ut videant opera vestra bona et glorificent
Patrem vestrum qui in caelis est.”2; m u-
1 Const., P. IV, c. 16, n. 4, C,
2 M th., V. 16.
I. A n otacion es 47
cho m ás cuando hablamos con nuestro
Padre que está en los cielos.
[4] 4.a La cuarta: dado que para los ejer­
cicios siguientes se toman cuatro semanas,
por corresponder a cuatro partes en que se
dividen los Ejercicios, es a saber, a la primera,
que es la consideración y contemplación de los
pecados; la 2.a es la vida de Cristo nuestro Se­
ñor hasta el día de ramos inclusive; la 3.a la
pasión de Cristo nuestro Señor; la 4.a la resu­
rrección y ascensión, poniendo tres modos de
orar: tamen, no se entienda que cada semana
tenga tíe necesidad siete o ocho días en sí. Por­
que como acaesce que en la primera semana
unos son más tardos para hallar lo que buscan,
es a saber, contrición, dolor, lágrimas por sus
pecados; asimismo, como unos sean más dili­
gentes que otros, y más agitados o probados de
diversos espíritus; requiérese algunas veces
acortar la semana, y otras veces alargarla; y
así en todas las otras semanas siguientes, bus­
cando las cosas, según la materia subiecta; pero
poco más o menos se acabarán en treinta días.
Se propone la materia de los Ejercicios
dividida en cuatro semanas. En cada una
de las cuales es diferente la materia de la
contemplación o meditación, y en cada
una nos proponemos un fin particular.
El Santo especifica el fruto de la 1.a se­
mana y el tiempo que deberá ésta durar: y
añade que se proceda del mismo modo en
las sem anas siguientes.
El acortar o alargar cada semana m ás
o menos, depende de q^e se halle más o
menos pronto el fruto de la misma, para lo
48 In tro d u c c ió n a los Ejercicios
cual pueden influir o las cualidades del
ejercitante o su cooperación y trabajo o
los im pedim entos que tendrá que superar.
En cualquier caso, los Ejercicios poco más
o menos se acabarán en treinta días.
Í51 5* La quinta: al que recibe los Ejerci­
cios. mucho aprovecha entrar en ellos con
frrande ánimo y liberalidad con su Criador y
Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad,
para que su divina Majestad, así de su persona
como de todo lo que tiene, se sirva conforme a
su .santísima voluntad.

Anotación im portantísim a. Al que reci­


be los Ejercicios mucho aprovecha entrar
en ellos “con grande ánimo y liberalidad
con su Criador y Señor” : debe entrar en
ellos dispuesto a no negarle nada, absolu­
tam ente nada de lo que entenderá que el
Señor le pedirá. Y no contento con esta
disposición negativa, deberá tener una po­
sitiva de sum a trascendencia para que
consiga plenam ente el fruto de los Ejerci­
cios: “Ofreciéndole todo su querer y liber­
ta d .”
Nada m ás justo que tales disposiciones;
nada m ás ventajoso.
Nada más justo, puesto que Dios es nues­
tro Criador y Señor; verdad que debemos
desmenuzar y en la que debemos profun­
dizar bien, y que el Santo nos propone en
el Principio y Fundamento. Todo cuanto
tenem os, de Dios es; y por más que le
J. A n otacion es

ofrezcamos y demos, siempre quedaremos


alcanzados.
Nada más ventajoso para nosotros:
cuanto más damos a Dios, más recibimos
de su in fin ita bondad y liberalidad; m ás
ricos quedamos nosotros. Escribe San Ig­
nacio en las Constituciones: 1 “Y general­
mente, cuanto más uno se ligare con Dios
nuestro Señor, y más liberal se mostrare
con la divina Majestad, tanto le hallará
más liberal consigo; y él será más dis­
puesto para recibir in dies mayores gra­
cias y dones espirituales.”
Además, uno ignora los planes que acer­
ca de él tiene Dios nuestro Señor. Si se ­
cunda estos planes divinos quitando todos
los impedimentos, y, más aún, cooperando
positivam ente, ofreciéndole todo su querer
y libertad, para que su divina M ajestad, así
de su persona como de todo lo que tien e,
se sirva conforme a su santísima voluntad,
solam ente Dios sabe el grado de santidad
a que llegará, y las obras del divino servi­
cio que será capaz de hacer, conforme a
una máxima celebérrima del mismo San­
to: “Muy pocos hay. y por ventura no hay
ninguno en esta vida, que perfectam ente
entienda lo que de su parte estorba, lo que
Dios, si no lo estorbase, obraría en él.”
Y no hay duda que estos días de Ejer­
cicios son apropiados, como ninguno, para
1 Const., P. III, c l.o. n. 22.
'I —COM ENTARIO A LOS EJERCICIOS
50 In tro d u cció n a los E jercicios

alcanzar estas disposiciones excelentísi­


mas.
En la últim a contem plación de estos
Ejercicios cumpliremos, con una oblación
solem ne que haremos a Dios nuestro Se­
ñor. y de una m anera perfecta y acabada,
la anotación que tan a los principios nos
propone el Santo Padre.
[6] 6.a Para San Ignacio no había m e­
dio m ás poderoso y eficaz tanto para la
santificación y perfección propia, como para
ayudar a los demás y conducirlos a la per­
fección, que estos Ejercicios Espirituales
bien hechos.
Escribiendo el Santo a su director espi­
ritual, y deseando pagarle el bien que h a ­
bía hecho a su alma el tiempo que estu­
vo en Alcalá, dijo estas palabras de los
Ejercicios: “Lo mejor que yo en esta vida
puedo pensar, sentir y entender, así para
el hombre poderse aprovechar a sí m is­
mo, como para poder fructificar, ayudar y
aprovechar a otros m uchos.”
Según este aprecio que tenía de los Ejer­
cicios. estaba persuadido de que aquél que
los hiciese con las debidas disposiciones sa­
caría “frutos notables y muy apacibles a
Dios nuestro Señor”. Y por esta razón te ­
nía ccmo cosa tan cierta que quien los
hiciese había de experim entar luchas y
agitaciones provenientes o del ángel malo
que le pondría estorbos, o del bueno de
I. A n otacion es 51
quien recibiría ayudas, que no experim en­
tarlas era cosa peligrosa y como señal de
que no hacía debidamente los Ejercicios.
A esto es debida la presente anotación:

La s e x ta : el que da los Ejercicios, cuando


siente que al que se ejercita no le vienen algunas
mociones espirituales en su ánima, así como
consolaciones o desolaciones, ni es agitado de
varios espíritus; mucho le debe interrogar cer­
ca los E jercicios: si los hace, a sus tiempos des­
tinados y cómo; asimismo, de las adiciones, si
con diligencia las hace, pidiendo particularmen­
te de cada cosa destas. Habla de consolación y
desolación [316-324], de adiciones [73-90].

[7-8-9-10]. 7.a, 8.a. 9.a, 10.a Conforme a


lo expuesto en la anotación precedente,
aquel que se ejercita será agitado de varios
espíritus. En estas cuatro anotaciones h a ­
bla principalm ente de las desolaciones y
tentaciones que podrán turbar y desazo­
nar al que recibe los Ejercicios.
En tales circunstancias, él que da los
Ejercicios... no se haya con él, duro v i de­
sabrido, más blando y suave, dándole áni­
mo y fuerzas vara adelante; y descubrién­
dole las astucias del enemigo de natura hu­
mana y haciéndole preparar y disponer
para la consolación ventura [7].
Según sea la índole de la desolación, y
dígase lo mismo de la consolación y bue­
nos deseos (que tam bién en esto puede an­
dar la mano del enemigo de natura hum a­
b? I n tro d u c c ió n a los Ejercicios
na, el cual con capa de bien pretenderá
apartarle del mismo bien e inducirle al
mal) podrá platicarle las reglas de la p ri­
mera y segunda sem ana [8], que declara el
Santo al final del libro [816-324] y [328-
336].
Al tentado grosera y abiertam ente platí-
quele las reglas de 1.a sem ana, pues las
propias de la 2.a más bien le serían per­
judiciales [9]. Por el contrario, si es ba­
tido y tentado debajo de especie de bien,
entonces es propio de platicarle sobre las
reglas de segunda sem ana [10].
Escribe el Santo:

7.a La séptima : el que da los Ejercicios si ve


al que los recibe, que está desolado y tentado, no
se haya con él duro ni desabrido, mas blando y
suave, dándole ánimo y fuerzas para adelante:
y descubriéndole las astucias del enemigo de
natura humana, y haciéndole preparar y dis­
poner para la consolación ventura.
8.a La o c ta v a : el que da los Ejercicios, según
la necesidad que sintiere en el que los recibe, cer­
ca de las desolaciones y astucias del enemigo,
y así de las consolaciones; podrá platicarle las
reglas de la primera y 2.a semana, que son para
conocer varios espíritus.
9.a La n o n a : es de advertir cuando el aue se
ejercita anda en los Ejercicios de la primera
semana, si es persona que en cosas espirituales
no haya sido versado, y si es tentado grosera
y abiertamente, así como mostrando impedi­
mentos para ir adelante en el servicio de Dios
nuestro Señor, como son trabajos, vergüenza y
temor por la honra del mundo, e tc .; el que
I. A n otacion es 53
da los Ejercicios, no le platique las reglas de va­
rios espíritus de la 2.a semana; porque cuanto
le aprovecharán las de la primera semana, le
dañarán las de la 2.a, por ser materia más sub-
til y más subida que podrá entender.
10.a· La décima: cuando el que da los Ejerci­
cios siente al que los recibe, que es batido y ten­
tado debajo de especie de bien, entonces es pro­
pio de platicarle sobre las reglas de la segunda
semana ya dicha. Porque comúnmente ex enemi­
go de natura humana tienta más debajo de espe­
cie de bien, cuando la persona se ejercita en la
vida iluminativa, que corresponde a los Ejercicios
de la 2.a semana, y no tanto en la vida purgativa,
que corresponde a los Ejercicios de la 1.a se­
mana.
[11] 11A La undécima: Al que toma Ejer­
cicios en la primera semana aprovecha que no
sepa cosa alguna de lo que ha de hacer en la
segunda semana; mas que ansí trabaje en la
primera, para alcanzar la cosa que busca, como
si en la 2.a ninguna cosa buena esperase hallar.

La doctrina que se da en esta Anotación


es sum am ente práctica, y con mucho pro­
vecho se aplicará a todas las obras de la
vida: Omnia tempus h a b e n t1 “Age quod
agis”. Esta Anotación nos recuerda aquel
consejo lleno de prudencia que escribió el
P. Laínez a los estudiantes de la Compa­
ñía de Jesús: “De tal modo debéis aplica­
ros a los estudios m ientras dure el tiempo
de vuestra formación, como si Dios nuestro
Señor no os hubiera puesto para otro fin
en este mundo.”
i Ecol., III, i.
64 In tro d u c ció n a los E jercicios
L121 12.a La duodécima: el que da ios Ejer­
cicios, al que los recibe ha de advertirle mucho,
que como en cada uno de los cinco ejercicios o
contemplaciones, que se harán cada día, ha de
estar por una hora, así procure siempre que el
animo quede harto en pensar que ha estado una
entera hora en el ejercicio, y antes más que me­
nos. Porque el enemigo no poco suele procurar
de hacer acortar la hora de la tal contempla­
ción, meditación o oración.
Señala el Santo Padre el tiempo que de­
berá durar cada ejercicio. Debe ser una
hora y completa. Suma im portancia da a,
no acortar lo más mínimo esta hora en
ninguno de los cinco ejercicios de cada
día. Esta im portancia se desprende, 1.° de
las palabras que usa con tanto encareci­
m iento: “Procure siempre que el ánimo
quede harto en pensar que ha estado u n a
hora e n t e r a en el ejercicio y a n t e s m á s que
m e n o s ” 2.° por el empeño que el enemigo
pone para que se quite algo de la hora:
“Porque el enemigo no poco suele procurar
de hacer acortar la hora de la tal co n tem ­
plación...”
[13] 13.!l La terdécima: asimismo es de
advertir que, como en el tiempo de la con­
solación es fácil y leve estar en la contempla­
ción la hora entera; así en el tiempo de ■la
desolación es muy difícil cumplirla; por tanto,
la persona que se ejercita, por hacer contra la-
desolación y vencer las tentaciones, debe siem­
pre estar alguna cosa más de la hora cumplid^.;
porque no sólo se avece a resistir al adversario,
mas aún a derrocalle.
I. A n otacion es 55
La fidelidad en dar la hora entera, de
que habla la Anotación anterior, deberá ser
mayor en el tiempo de la desolación, por­
que en él tiem po de la desolación es muy
difícil cumplirla.
En la norma que da para este caso, nos
revela el Santo Padre aquel carácter va­
ronil, enérgico, entero, debido al cual, pudo
realizar tantas empresas para la mayor
gloria de Dios: guerra sin cuartel al ene­
migo hasta aniquilarlo. He aquí sus pala­
bras: Por tanto, la persona que se ejerci­
ta, por hacer contra la desolación y ven ­
cer las tentaciones, debe siempre estar al­
guna cosa más de la hora cumplida; por­
que no sólo se avece a resistir al adversa­
rio, mas aun a derrocalle.
Normas cortadas por el mismo patrón
son las que nos dará más adelante para
luchar contra la desolación: “Mucho apro­
vecha el intenso mudarse contra la misma
desolación, así como es en instar más en
la oración, meditación, en mucho exami­
nar, y en alargarnos en algún modo con­
veniente de hacer penitencia" [319]. Y en
otra parte: “Es propio del enemigo enfla­
quecerse y perder ánimo, dando huida sus
tentaciones, cuando la persona que se ejer­
cita en las cosas espirituales pone mucho
rostro contra las tentaciones del enemigo
haciendo el oppósito per diametrum [325].
Este mismo carácter descubrimos en las
5o In tro d u c c ió n a los Ejercicios
disposiciones que exige al que está en el ter­
cer binario [155], y en la nota de los bina­
rios L157], y en diversas partes de su libro.
Véase la anotación 16.a por ejemplo, [16].
[14-15-161. 14.a, 15.a y 16.' Asi oomo
desde la 7.a a la 10.a de las anotaciones da
el Santo norm as sobre el modo de haberse
con el que se ejercita, cuando éste expe­
rim enta desolación o tentación bajo espe­
cie de bien, así ahora en estas tres ano­
taciones advierte al que da los Ejercicios
la cautela con que debe proceder cuando
ve que el ejercitante anda consolado. En
un m om ento de fervor y de consolación
sensible, peligro hay que uno haga prome­
sas cuyo cum plim iento pueda ser más tar­
de sobre sus fuerzas. Lo cual deberá el que
da los Ejercicios tenerlo muy en cuenta, y
tanto m ás cuanto que va conociendo que
el que los recibe es de ligera condición,
irreflexivo, precipitado en el obrar, de im a­
ginación demasiado viva, etc. Escribte el
Sabio: “Melius est non vovere, quam post
votum promissa non reddere.” '. Mas con
estas palabras de ningún modo prohíbe
el Santo que se hagan promesas u vo­
tos en tiempo de ejercicios, ni mucho
menos. Lo que enseña es que no se hagan
precipitadam ente y sin la debida conside­
ración; que no se haga, dice, promesa ni
voto alguno inconsiderado y precipitado.
* Ecc-l., V, 4.
I. A n otacion es 57

Quiere San Ignacio que en el camino de la


santidad vayam os seguros; que asentemos
muy bien el pie sin volver atrás. Estas son
sus palabras:

L14] 14:·1 La quatuordécima: el que los da si


ve al que los rescibe que anda consolado y con
mucho hervor, debe prevenir que no haga pro­
mesa ni voto alguno inconsiderado y precipita­
do; y cuanto más le conosciere de ligera condi­
ción, tanto más le debe prevenir y admonir. Por­
que dado que justamente puede m over-uno a
otro a tomar religión, en la cual se entiende ha­
cer voto de obediencia, pobreza y castidad; y
dado que la buena obra que se hace con voto, es
más meritoria que la que se hace sin él; mucho
debe de mirar la propia condición y subiecto, y
cuánta ayuda o estorbo podrá hallar en cumplir
la cosa que quisiese prometer.

[15] Como consecuencia de la anota­


ción 14.a es la siguiente. En efecto, si debe
el que da los Ejercicios prevenir que su di­
rigido no haga promesa ni voto alguno
inconsiderado, mucho menos deberá po­
sitivam ente mover a nadie más a pobreza
ni a promesa que a sus contrarios; ni a un
estado o modo de vivir que a otro. Debe
seguir la acción del Espíritu Santo, no pre­
venirla. Deje inmediate obrar al Criador
con la criatura, y la criatura con su Cria­
dor y Señor. Mas si buscando el alma la
voluntad divina, y comunicándose el m is­
mo Criador y Señar a la su ánima devota,
advirtiere el director que nuestro Señor
58 I n tro d u c c ió n a los Ejercicios
llam a al alm a para la vida de perfección,
evidentem ente que deberá secundar la ac­
ción del Divino Espíritu y de ninguna m a­
nera impedirla. Escribe el Santo:
La décim aquinta: el que da los Ejerci­
cios, no debe mover al que los recibe más a po­
breza ni a promesa, que a sus contrarios; ni a
un estado o modo de vivir, que a otro. Porque,
dado que fuera de los Ejercicios lícita y merito­
riamente podamos mover a todas personas, que
probabiliter tienen subiecto, para elegir conti­
nencia, virginidad, religión y toda manera de
perfección evangélica; tamen, en los tales Ejer­
cicios Espirituales más conveniente y mucho
mejor es, buscando la divina voluntad, que el
mismo Criador y Señor se comunique a la su
ániraa devota abrazándola en su amor y ala­
banza, y disponiéndola por la vía que mejor
podrá servirle adelante. De manera que el que
los da no se decante ni se incline a la una par­
te ni a la otra; mas estando en medio como
un peso, deje inmediate obrar ai Criador con
la criatura, y a la criatura con su Criador y
Señor.
116]. Ya hem os dicho que “buscar y h a ­
llar la voluntad divina en la disposición
de su vida para la salud de su ánim a” es
lo que pretende el que se ejercita. O con
otras palabras: conocer en qué estado de
vida es voluntad de Dios que le sirva; y sea
en un estado, sea en otro, debe buscar el
que hace los Ejercicios servirle con per­
fección.
Las personas con las» que reza la Ano­
tación 16.a son las que probabiliter tienen
I Anotaciones 59

subiecto, para elegir continencia, virgini­


dad, religión y toda manera de perfección
evangélica; de estas personas habla la Ano­
tación anterior. Con tales almas se comu­
nica el mismo Criador y Señor y las dispone
por la vía que mejor podrán servirle ade­
lante. Y para que el Criador y Señor obre
más ciertam ente en la su criatura, en estas
almas, les da el Santo la doctrina de la
presente Anotación. Con esto no queremos
decir que sea esta Anotación exclusivamen­
te para los que han de abrazar el estado de
perfección, ni lo pretende el mismo San Ig­
nacio. El mism o Criador y Señor que se co­
munica a la su ánima devota, y la dispone
por la vía que m ejor podrá servirle adelan­
te, puede poner a la su ánima devota en
otra vía que no sea estado de perfección.
En todo caso, sea en el estado religioso, sea
en el estado seglar y dentro de éste, en con­
tinencia o en matrimonio, deberá el alma
resolverse a servir a Dios con perfección,
con la mayor perfección dentro del estado
al cual Dios nuestro Señor la llame.
Un estorbo pueden tener estas almas, y
por ventura es más común de lo que se
cree, sin ellas mismas darse cuenta, y es
para usar la frase del Santo Padre, si por
ventura la tal ánima está afectada y incli­
nada a una cosa desordenadamente. Para
estas alm as va la presente Anotación, cuya
doctrina nos hará aplicar resueltamente
oO In tro d u c c ió n a los Ejercicios
San Ignacio inm ediatam ente antes de h a ­
cer la elección de estado o la reforma de
vida. L^a Anotación es como sigue:
1 tí.u La d ecim asexta: para lo cual, es a sa­
ber, para que el Criador y Señor obre más
ciertamente en la su criatura, si por ventura
la tal ánima está afectada y inclinada a una
cosa desordenadamente, muy conveniente es
moverse, poniendo todas sus fuerzas, para ve­
nir al contrario de lo que está mal afectada;
así como si está afectada para buscar y haber
un oficio o beneficio, no por el honor y glo­
ria de Dios nuestro Señor ni por la salud es­
piritual de las ánimas, mas por sus propios
provechos y intereses temporales, debe afec­
tarse al contrario, instando en oraciones y
otros ejercicios espirituales, y pidiendo a Dios
nuestro Señor el contrario, es a saber, que ni
quiere el tal oficio ni beneficio ni otra cosa al­
guna, si su divina Majestad, ordenando sus de­
seos, no le mudare su afección primera. De
manera que la causa de desear o tener una cosa
o otra, sea sólo servicio, honra y gloria de la
su divina Majestad.
[17] 17.a De todo lo expuesto se ve la
gran conveniencia de que el director esté
bien enterado de las agitaciones y pensa­
m ientos que traen al alma del que recibe
los Ejercicios tanto el bueno como el mal
espíritu. Por otra parte, este conocimiento
debe ser tal que no quite al director la li­
bertad para dar Ejercicios acomodados al
estado del alm a del que se ejercita, y eso
se conseguirá si el director desvía entrom e­
terse en lo que se refiere a pensam ientos y
I. A n otacion es 61

pecados propios de su dirigido. La impru­


dencia en este punto podría hacer perder
la confianza que en su director debe tener
el que recibe los Ejercicios. Si el director es
prudente en el modo de cumplir la A nota­
ción 6.a, con facilidad tendrá de su dirigido
el conocim iento conveniente que esta Ano­
tación requiere.

17.11 La décim aséptim a: mucho aprovecha, al


que da ios Ejercicios, no queriendo pedir ni sa­
ber ]os propios pensamientos ni pecados del
que los recibe, ser informado fielmente de las
varias agitaciones y pensamientos, que los va­
rios espíritus le traen; porque según el mayor
o menor provecho le puede dar algunos Espi­
rituales ejercicios convenientes y conformes a
la necesidad de la tal ánima así agitada.

Í18-19-20] 18.a, 19.a y 20.a Cinco clases


.de personas distingue el Santo en estas tres
últim as Anotaciones, a quienes podrán dar­
se los Ejercicios, y propone diversos modos
de darlos acomodados a las diversas dispo­
siciones de aquellos que han de recibirlos.
Los que pertenecen a las tres primeras
clases no están dispuestos a recibir todos los
Ejercicios, ya por falta de voluntad, ya por­
que no reúnen las cualidades necesarias.
Sería contraproducente darles cosas que no
podrían descansadam ente llevar, o de las
cuales no se habrían de aprovechar.
Tres causas señala el Santo que indica­
remos en cada clase.
Introducción a los Ejercicios

Clase 1.a: Falta de voluntad. Estos po­


seen lo que en frase de San Ignacio podría­
mos llamar partes o cualidades para hacer
todos los Ejercicios, pero no se quieren dis­
poner: se quieren ayudar para se instruir,
y para llegar solamente hasta cierto grado
de contentar a su ánima.
Clase 2.a: Falta de inteligencia. Las per­
sonas más rudas o sin letras. Esto es, que
les falta ingenio y disposición para discu­
rrir. Y parece recalcar el Santo la rudeza
de estas personas, “ más rudas”, para dar
a entender que trata de las de* muy corta
capacidad.
Clase 3.a: Falta de lo que llama subiecto
<de poco subiecto ) o de poca capacidad na­
tural: “De poco subiecto” , es decir, éhfer-
mizos, de complexión raquítica, de corta o
de avanzada edad... “De poca capacidad,
natural” , o sea, de cortos alcances no tanto
como los de la clase anterior, frívolos, lige­
ros, irreflexivos, precipitados; faltos de ca­
rácter que con gran dificultad pueden ad­
quirir: en una palabra, de quienes con fun­
damento no se puede esperar mucho fruto
ni para sí ni para los demás.
Los de las dos últimas clases que siguen
tienen todas las cualidades necesarias para
hacer los Ejercicios según el plan y la
mente de su Autor; pero con una diferen­
cia.
Clase 4.': Están embarazados en cosas
I. Anotaciones 63
públicas o negocios convenientes y no pue­
den vacar a los Ejercicios sino por algún
tiempo.
Clase 5.a: Es más desembarazado y en
todo lo posible desea aprovechar.
Veamos el diverso modo de proponer los
Ejercicios a cada una de estas cinco clases.
Advertimos que el Santo habla de la mane­
ra cómo se deberán proponer a las tres pri­
meras clases en la Anotación 18.a, a la 4.a
en la 19.a, y a la 5.a en la Anotación 20.a
Escribe en la Anotación 18.a:

18.a· La décima octava: Según la disposición


de las personas que quieren tomar Fjercicios
Espirituales, es a saber, según que tiener edad,
letras o ingenio, se han de aplicar los tales Ejer­
cicios; porque no se den a quien es nido o de
poca complexión, cosas que no pueda descansa­
damente llevar, y aprovecharse con ellas. Asi­
mismo, según que se quisieren disponer, se debe
dar a cada uno, porque más se pueda ayudar y
aprovechar. Por tanto, al que se quiere ayudar
para se instruir, y para llegar hasta cierto gra­
do de contentar a su ánima, se puede dar el
examen particular, y después el examen gene­
ral; juntamente por media hora a la mañana,
el modo de orar sobre los mandamientos, pe­
cados mortales, etc.; ccmendándolc también la
confesión de sus pecados de ocho on rcho días,
y, si puede, tomar el Sagramento de quince en
quince, y, si se afecta, mejor de ocho en ocho.
Esta manera es más propia para personas más
rudas o sin letras, declarándoles cada manda­
miento, y así de los pecados mortales, preceptos
de la Iglesia, cinco sent idos, y obras de miseri­
cordia. Asimismo, si el que da los Ejercicios viere
Inu'oüueekm a los Ejercicios

al que los recibe ser de poco subiecto..o de poca


capacidad natural, de quien no se espera mu­
cho fruto, más conveniente es darle algunos des­
tos Ejercicios leves hasta que se confiese de
sus pecados : y después, dándole algunos exá­
menes de conciencia, y orden de confesar más
a menudo que solía, para sé conservar en lo que
ha ganado, no proceder adelante en materias de
elección, ni en otros algunos ejercicios, que
están fuera de la primera semana; mayormen­
te cuando en otros se puede hacer mayor pro­
vecho, faltando tiempo para todo.
Por esta Anotación, vemos que el Santo
no prescribe, o mejor, omite los actos o ejer­
cicios de primera semana a los contenidos
en los dos primeros grupos; no hay que dar­
les, por tanto ninguno de los cinco ejerci­
cios de los pecados y penas de los mismos;
nada para éstos de Principio y Fundamento.
¿Qué Ejercicios, pues, hay que darles?
A los de la primera clase se puede dar el
examen particular, y después el examen ge­
neral; juntamente (es decir, además), por
media hora a la mañana, el modo de orar
sobre los mandamientos, pecados mortales,
etcétera. En este etcétera entran sin duda
lo que más abajo prescribe el Santo que se
dé a los más rudos, o sea, preceptos de la
Iglesia, cinco sentidos y obras de misericor­
dia. Todo esto por lo que se refiere a lo que
han de hacer en tiempo de Ejercicios.
Para después, recomiéndeseles la frecuen­
cia de Sacramentos: Comendándole también
la confesión de sus pecados de ocho en ocho
I. Anotaciones 65

días, y, si puecle, tomar el Sacramento de


quince en quince, y, si se afecta, mejor de
ocho en ocho. Dadas las normas de la santa
Iglesia, en nuestras tiempos recomendaría
la comunión diaria.
Lo mismo, poco más o menos, hay que
hacer con los del 2.° grupo; sólo que a éstos,
como más rudos, escribe expresamente el
Santo Padre que se les declare cada man­
damiento, y así de los pecados mortales, etc.
Es evidente que si el director viere que en
el que los recibe con las disposiciones de los
de la primera clase, iban apareciendo indi­
cios de generosidad, de grande ánimo y li­
beralidad con su Criador y Señor, en tal
caso, decimos, convendría darle los Ejerci­
cios del tercer grupo, que inmediatamente
vamos a ver, o algo más, teniendo siempre
a la mira el bien del que recibe los Ejerci­
cios y procurándole los medios con que
más se pueda ayudar y aprovechar.
Algo más prescribe San Ignacio para los
del tercer grupo. En el decurso de los Ejer­
cicios puede descubrir el director que el que
los recibe es de poco subiecto, o de poca ca­
pacidad natural, de quien no se espera mu­
cho fruto. A estos tales se les dé algunos
destos Ejercicios leves, o sea, algunos de los
de cinco de la primera semana; dice el San­
to leves. Por ventura da a entender con esta
palabra que se omitan los ejercicios 3.° y 4.°.
es decir, las repeticiones y resúmenes. Todo
5 COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
t>6 Introducción a lo« Ejercicios

esto antes de la confesión: Hasta que se


confiese de sus pecados. Hecha la confesión,
ordena el Santo que se le den algunos exá­
menes de conciencia; mas como antes de la
confesión ya debió ser instruido el que re­
cibe los Ejercicios acerca del examen, pare­
ce que ahora mira el Santo para lo porvenir.
Salga bien pertrechado y provisto de armas
espirituales. Lo mismo se diga de la otra ad­
vertencia del Santo: Dándole... orden (mo­
do, método o norma) de confesar más a m e­
nudo que solía. No hay duda que procura
con todo esto San Ignacio confirmar y ha­
cer duradero el fruto de los Ejercicios:
Para se conservar en lo ganado. Téngase
en cuenta que los cambios obrados por los
Ejercicios en aquellos que los hicieron a
los principios llamaba poderosamente la
atención de amigos y enemigos, y que és­
tos enemigos no pudiéndolos negar, no te­
nían otro remedio que apelar a la única
evasiva, a que no podían ser duraderos ni
bien sazonados, los frutos que en tan corto
espacio de tiempo habían madurado.
Con que conserven lo que han ganado se
contenta el Santo, y dadas las disposicio­
nes de los de este grupo, ordena no pro­
ceder adelante en materias de elección, ni
en otros algunos Ejercicios que están fue­
ra de la primera semana. Creemos no serla
contra la mente del Autor dar además al­
gunos otros Ejercicios, si el director viese
I. Anoítacio/ies 67

disposición en el dirigido, máxime si al que


da los Ejercicios no le faltase tiempo. Y
hasta parece iñdicarlo así el Santo en las
palabras con que pone fin a esta Anota­
ción: Mayormente cuando en otros se pue­
de hacer mayor provecho, faltando tiempo
para todo.
U na advertencia . E s muy digna de te­
nerse en cuenta la importancia que da el
Santo Padre a los exámenes particular y
general y al primer modo de orar. Y si el
Santo propone estos actos a aquellos que
apenas gustan los Ejercicios, parece lógi­
co, y aun a fortiori, que ni exámenes ni
primer modo de orar se omitiese cuando
se dan los Ejercicios a personas mejor dis­
puestas. Fué San Ignacio un maestro de
la vida espiritual de los más insignes, co­
mo todos lo reconocen. Sepamos aplicar
sus normas llenas de prudencia humana
y sabiduría divina. Uno que salga de los
Ejercicios bien orientado con ambos exáme­
nes, bien instruido y experto en aplicar a
los mandamientos, a los pecados mortales,
a las potencias del alma y cinco sentidos,
etcétera, esta forma, modo y ejercicios con
que el ánima se apareje y aproveche en
ellos, tenemos como cosa cierta que sin di­
ficultad podrá se conservar en lo que ha
ílanado, que es uno de los principales fru­
tos de Ejercicios, que nunca hemos de per­
der de vista.
68 Introducción a ios Ejercicios

Vengamos ya a los del 4." grupo, para


quienes reza la Anotación 19.a, que es como
sigue:

19.' La diecinueve: al que estuviere embara­


zado en cosas públicas o negocios convenientes,
quier letrado o ingenioso, tomando una hora y
media para se ejercitar, platicándole para qué
es el hombre criado, se le puede dar asimismo
por espacio de media hora el examen particu­
lar. y después el mismo general, y modo de con­
fesar y tomar el Sacramento, haciendo tres días
cada mañana por espacio de una hora, la medi­
tación del 1.". 2." y 3.° pecado [45 M 54 ]; des­
pués otros tres días a la misma hora, la medi­
tación del proceso de los pecados [55M 611; des­
pués por otros tres días a la misma hora, haga
de las penas que corresponden a los pecados
! 651-1711, dándole en todas tres meditaciones las
diez adiciones [73]-[89], llevando el mismo dis­
curso por los misterios de Cristo nuestro Señor,
que adelante y a la larga en los mismos Ejer­
cicios se declara.

El Santo da normas sobre los Ejercicios


de la 1.a semana y el modo cómo se han de
dar a los del grupo 4.°, normas que deben
aplicarse a las semanas siguientes: Llevan­
do el mismo discurso por los misterios de
Cristo nuestro Señor, que adelante y a la
larga en los mismos Ejercicios se declara.
La materia de 1.a semana la divide en tres
triduos en la siguiente forma: Asigna hora
y media para cada día: Tomando una hora
y media para se ejercitar; media hora la
dedica a la plática, que debe versar sobre el
I. Anotaciones 69

examen particular y general, sobre el modo


de confesar y tomar la Santísima Eucaris­
tía: Se le puede dar asimismo por espacio
de “media hora ” el examen particular, y
después el mismo general, y modo de con­
fesar y tomar el Sacramento. Es digno de
notarse que para el Principio y Fundamento
no determina tiempo: Tomando una hora y
media para se ejercitar, platicándole para
qué es el hombre criado, se le puede dar asi­
mismo por espacio de media hora el exa­
men, etcétera.
La hora de meditación versará el primer
triduo sobre el 1.", 2.° y 3.° pecado; el se­
gundo, sobre el proceso de los pecados; el
último triduo, acerca de las penas que co­
rresponden a los pecados. Estas nueve me­
ditaciones se harán cada mañana y a la
misma hora. La materia de las diez adicio­
nes se ha de distribuir en tal forma que su
declaración se haga durante las nueve me­
ditaciones: Dándole en todas tres medita­
ciones [de los tres triduos] las diez adicio­
nes.
Por las noticias que tenemos de los pri­
meros tiempos de la Compañía, no era cosa
rara en aquellos principios los Ejercicios en
esta forma. Véase lo que a San Ignacio es­
cribía desde Ratisbona el B. Fabro en 26 de
febrero de 1541: “Ayer comencé a dar Ejer­
cicios a un caballero de la corte de su Majes­
tad, doctor en cánones y persona muy prin-
70 Introducción a los Ejercicios

cipal; y esta mañana he hecho princi­


pio con el embajador de Portugal para símil
conversación, deseándolo él motu proprio,
y rogándome que comencemos el lunes a
platicar cada día una hora o dos. Otros hay
muchos, y más que yo no podré suplir, que
demandan mi conversación, sabiendo a qué
efecto [esto es, para hacer los Ejercicios]...
ninguno, tamen de éstos los quiere secun­
dum ordinem principalem et primum. To­
dos se contentan con darme, ultra el tiem­
po de platicar, una hora y media.”
De dos cartas del mismo Beato fechadas
en 3 de mayo y en 28 del mismo mes, cons­
ta que el Obispo de Meissen, Juan de Mál-
titz, estuvo cerca de un mes con los Ejer­
cicios de primera semana: “Al Obispo Mis-
nense, su ejercitante ha ya llevado hasta
la confesión general, la cual hace hoy, (28
de mayo) con grandísimo contentamiento,
de esta prima parte de los Ejercicios.”
Así los hizo también el P. Antonio Pose-
vino, como de sí escribe el mismo Padre, en
tiempos en que fué secretario del P. Everar-
do Mercuriano. No pudiendo disponer sino
de hora y media diaria, estuvo 47 días en los
Ejercicios de l . 1 semana, dirigido por el
P. Mirón, quien había hecho los Ejercicios
bajo la dirección del P. Doménech.
Claro está que, según dispongan de más
o menos tiempo los de este grupo, podrán
I. AnoLacioíift.'j 71

acortar o alargar los días en cada semana,


como nota el Directorio, cap. IX, n. 13.
Tal vez tengamos en nuestros días algo
abandonado este modo de aprovechar con
los Ejercicios a muchos que no pueden ha­
cerlos en otra forma.

20.a Por fin, la última anotación es para


aquellos que están enteramente libres de
todo impedimento, tienen subiecto y desean
aprovecharse cuanto les sea posible de es­
tos Ejercicios.
Prescribe el Santo el más completo re­
cogimiento interior y exterior; y para esto:
a) apartamiento completo de conocidos y
de todo negocio terreno, para vacar al en
cierto modo único negocio, y al cual deben
estar subordinados todos los demás; b) te­
ner libre el entendimiento para poderse
dar más de lleno a una sola cosa, a ser­
vir a su Criador y al aprovechamiento de
su propia alma; y así preparado y dispues­
to el que se ejercita, hacerse más apto para
se acercar y llegar a su Criador y Señor,
y, por consiguiente, para recibir gracias y
dones de la su divina bondad.
Antes de copiar las palabras del Santo,
queremos hacer notar que las casas levan­
tadas en nuestros tiempos para hacer en
completo retiro los Ejercicios, son ayuda
poderosísima para aquellos que reúnen las
72 Introducción a los Ejercicios

condiciones que requiere esta última ano­


tación.
20.a La vigésima: al que es más desembara­
zado y que en todo lo posible desea aprovechar,
dénsele todos los Ejercicios Espirituales por la
misma orden que proceden, en los cuales, por
vía ordenada [por vía ordinaria: plerumque,
commiiniter, traduce el P. Roothaan] tanto más
se aprovechará, cuanto más se apartare de to­
dos amigos y conocidos, y de toda solicitud te­
rrena; así como mudándose de la casa donde
moraba, y tomando otra casa o cámera para
habitar en ella, cuanto más secretamente pu­
diere; de manera que en su mano sea ir cada
día a misa y a vísperas, sin temor que sus co­
nocidos le hagan impedimento, del cual apar­
tamiento se siguen tres provechos principales
entre otros muchos: el primero es, que en apar­
carse hombre de muchos amigos y conoscidos, y
asimismo de muchos negocios no bien ordena­
dos, por servir y alabar a Dios nuestro Señor, no
poco meresce delante su divina Majestad; el
segundo, estando ansí apartado, no teniendo el
entendimiento partido en muchas cosas, mas
poniendo todo el cuidado en sola una, es a sa­
ber, en servir a su Criador, y aprovechar a su
propia ánima; usa de sus potencias naturales
más libremente, para buscar con diligencia lo
que tanto desea; el 3.° cuanto más nuestra áni­
ma se halla sola y apartada, se hace más apta
para se acercar y llegar a su Criador y Señor;
y cuanto más así se allega, más se dispone para
rescibir gracias y dones de la su divina y suma
bondad.

Hemos visto el orden y plan de las ano­


taciones que pone el Santo Padre al prin­
cipio de su libro.
I. Anataclojie« 7S

Sólo resta advertir que varias de ellas de­


be conocerlas el que se ejercita y practi­
carlas cuanto antes; como son, v. gr., 1.a,
2.a, 3.a y sobre todo, la 5.a. La mayor parte
de las restantes, el que da los Ejercicios ve­
rá el modo y cuándo deberá tomarlas para
ir orientando y ayudando al que los re­
cibe.
n

Título del libro de los Ejercicios

1. Fin que en los Ejercicios Espirituales nos


proponemos.—2. Cotejo entre este título y la
1.a anotación.—3. Sentido de la frase “ Sin
determinarse por afección alguna que des
ordenada sea” , sacado de diversos pasajes del
libro mismo de los Ejercicios, y confirmado con
la doctrina del Doctor Místico, del B. Claudio
de la Combiére, del P. La Palma, del P. Roo-
thaan y de un autor contemporáneo, (noita 3-a).

[2lT “Éxltreicios espirituales para ven ­


cer A SÍ MISMO Y^ORDENAR SU VIDA, SIN DETERMI­
NARSE por affecctSn Alguna que desordena ­
da SEA,” ' ■.
■ '■
. *;·
· * ' " ’* · ■ ·

1. He aquí lo que, bien pudiéramos lla­


mar título de los Ejercicios, y en él nos
declara é l ’Santo Padre el fin de los mis­
mos.
Recuérdese que este fin ya nos lo puso
II T ítu lo del libro ele lo« Ejercicios 76

delante en la l.:i de las anotaciones 11J Que


son como el proemio del libro de los Ejer­
cicios Espirituales.
2. Aunque, por supuesto, se dice lo mis­
mo en los dos pasajes, pero en el título en­
contramos una aclaración de excepcional
importancia hecha de puño y letra del mis­
mo Autor de los Ejercicios, como vamos a
ver.
Tanto en la anotación como en el título
propone San Ignacio: 1.° el mismo fin;
2.° nos da el mismo medio para conseguir­
lo ; 3." lo que 'en la anotación no expresa el
Santo sino de un modo general, “preparar
y disponer el ánima”, nos lo concreta en el
título: Vencer a sí mismo.
Para la mejor inteligencia, copiaremos las
palabras de los dos pasajes:
Escribe en la anotación: “Todo modo de
preparar y disponer el ánima, para quitar
de sí todas las afecciones desordenadas y,
después de quitadas, para buscar y hallar
la voluntad divina en la disposición de su
vida para la salud del ánima, se llaman
Ejercicios Espirituales” .
Y en el título: “Ejercicios Espirituales
para vencer a sí mismo y ordenar su vida,
sin determinarse por afección alguna que
desordenada sea”.
l.° F i n . El propuesto en la anotación
es: Habitual cumplimiento de la voluntad
divina en el estado de vida que hemos ele-
76 Introducción a los Ejercicios

gido o hemos de elegir: ...hallar la volun­


tad divina en la disposición de su vida...
Y en el título: Ordenar su vida.
2." M edio . En la anotación: QuitaY de
si todas las afecciones desordenadas; en el
título: Si7i determinarse por afección algu­
na que desordenada sea. Pronto intentare­
mos probar cómo significan lo mismo estas
dos expresiones.
3.°
C oncreta en el título lo que de m an e ­
ra vaga in d ic a en la 1.a an o tació n : Prepa­
rar y disponer el ánima, dice en la anota­
ción; Vencer a sí mismo, escribe en el tí­
tulo. Obra el Santo con grandísima pru­
dencia. La primera vez que expone la natu­
raleza de los Ejercicios se contenta con
una indicación algo general: Preparar y
disponer el ánima; ahora que ya está el
ejercitante en las inmediatas, abiertamente
y sin rodeos le manifiesta el medio nece­
sario para preparar el alma y disponerla, si
quiere y desea quitar de sí todas las aficio­
nes desordenadas, y quiere hallar la volun­
tad divina en la disposición de su vida para
la salud del alma '.Vencer a sí m ism o : Que
es exactamente la condición expresa y ne­
cesaria que pone Cristo nuestro Señor a to­
dos los que quieran ir en pos de El: “Si
quis vult po.st me venire, abneget sem et-
ipsum...”
3. Acabamos de decir que significan lo
mismo las dos frases: Quitar de sí todas
II Ti lulo del libro de los Ejercicios 77

las afecciones desordenadas, y Ordenar su


vida sin determinarse por afección alguna
que desordenada sea. En efecto, en un prin­
cipio escribió San Ignacio en el título “ ...or­
denar su vida sin afección alguna que des­
ordenada sea” ·, pero al repasar más ade­
lante esta frase, la corrigió; y entre sin y
afección intercaló estas dos palabras: de­
terminarse por , resultando: sin determinar­
se por afección alguna que desordenada sea.
Vió el Santo que ordenar la vida sin ex­
perimentar aficiones desordenadas, era, de
vía ordinaria, poco menos que imposible.
Por otra parte, nada impedirán la perfec­
ción estas aficiones, si no hacen mella en
nosotros, si no influyen en nuestras resolu­
ciones, si no nos determinamos por ellas.
Nota 3.a.
III

Presupuesto

1. Sentido de este Presupuesto.—2. Razón del


mismo.—3. Dos acusaciones falsas contra San
Ignacio por no haberse tenido en cuenta la doc­
trina del Presupuesto : 1> su método ascé­
tico da excesiva importancia a las fuerzas
naturales; 2 a El Autor de los Ejercicios es
intransigente en su m é to d o : (nota 4.a).—
4. Cómo y cuándo debe exponerse la doc­
trina del Presupuesto.

PROSUPUESTO
1. [22] Para que así el que da los Ejercicios
Espirituales como el que los recibe, más se ayu­
den y se aprovechen; se ha de presuponer, que
todo buen cristiano ha de ser más prompto a
salvar la proposición del prójimo, que a con­
denarla; y si no la puede salvar, inquira cómo
la entiende; y si mal la entiende, corríjale con
amor; y si no basta, busque todos los medios
convenientes para que, bien entendiéndola, se
salve.
III. Presupuesto 79
Este principio tan conforme a la urbani­
dad y a la caridad, establece San Ignacio
antes de entrar eñ los Ejercicios, principio
que debiéramos tener presente toda la vida.
Por naturaleza, somos más inclinados y
más prontos a interpretar mal y condenar
las palabras y acciones de nuestro prójimo.
Seguimos aquel refrán, “piensa mal, y
acertarás”, cuando más bien debiéramos se­
guir aquel otro, más justo y más caritativo
y más cristiano, “nemo malus nisi probe-
tur”.
El presupuesto viene a corregir esta mala
inclinación nuestra. ¿Somos más inclinados
a interpretar mal, a condenar? ¿Somos más
prontos a juzgar mal las palabras y accio­
nes del prójimo? Pues deberá ser lo contra­
rio: Todo buen cristiano ha de ser más
pronto a salvar la proposición del próji­
mo, que a condenarla. Y nótese que no dice:
Ha de salvar; sino ha de ser más pronto
a salvar.
Mucho hace la ausencia de pasión y la
buena voluntad; mas si con toda nuestra
buena voluntad, no nos es posible salvar la
proposición, débanos inquirir en qué sen­
tido la entiende ajjuel que la profiere o de­
fiende. Proposiciones hay que tienen dos o
más sentidos, o pueden tenerlos, de los cua­
les uno, y a veces varios, sqrá verdadero,
y podrá defenderse.
Si por ventura no fuese esto posible, en­
SO Introducción a lo« Ejercicios

tonces deberá tener lugar el aviso o correc­


ción; pero con amor, con deseo de que se
entienda y se ponga en claro la verdad; no
con ánimo de llevar la suya adelante. Obra
de caridad es corregir al que yerra, máxime
si se hace la corrección con prudencia y
con entrañas de amor.
Cuando esto no bastare, búsquense todos
Jos ynedios convenientes para que, bien en­
tendiéndola , se salve. Esto es lo que hay
que procurar: que se entienda bien y se
salve.
Se salve. Estas palabras pueden referirse
o bien a la proposición, y entonces habre­
mos conseguido aquello a que éramos más
prontos; o bien a nuestro prójimo, y en este
caso, no le condenaremos, sino que le ha­
bremos salvado.
No hay duda que muchas disputas se
hubieran evitado, con sólo haber tenido
bien presente esta doctrina del Presupues­
to. No son pocas las cuestiones debatidas
en las que las dos partes vienen a decir en
sustancia lo mismo. Si se hubiera empe­
zado por inquirir y determinar el sentido
de la proposición o del término, fácilmen­
te hubieran convenido las dos partes.
Un caso práctico tenemos en los mismos
Ejercicios. Mucho se ha discutido acerca
del sentido dej quitar de sí todas las afec­
ciones desordenadas (anotación 1.a); so­
bre si deberá leerse todo lo deja en afecto o
III. Presupuesto «l

en efecto del tercer binario Í155I. Ambas


partes deben convenir en lo sustancial; y
bien entendidos los términos, por ventura
no habría lugar a discusión: QuaeStio de
nomine.
2. Adviértase que este Presupuesto lo
pone el Santo Padre vara que así el que da
los Ejercicios como el que los recibe, más se
ayuden y aprovechen. Sin duda que el Pre­
supuesto fué fruto de la experiencia. A los
principios, no faltaron varones, aun reli­
giosos y eminentes en doctrina, que reci­
bieron con prevención e impugnaron este
libro, tan alabado entonces y más adelante
por los Romanos Pontífices, y por muchos
Santos y varones esclarecidos por sus virtu­
des y su saber.
Tal prevención en contra fué tanto ma­
yor, cuanto que eran notabilísimos los cam­
bios obrados en las almas por estos Ejerci­
cios en breve tiempo. Estos cambios, según
imaginaban algunos, no podían ser frutos
ni duraderos, ni sazonados, ya que eran tan
prematuros. Aumentaba tal prevención en
contra de estos Ejercicios, el hecho de ha­
ber aparecido por aquel tiempo los novado­
res y falsos reformadores, y era de temer,
decían, que con capa de virtud se ocultasen
males y errores que más adelante no fuese
cosa fácil atajar.
3. Si entonces se hubieran tenido pre- *
sentes y se hubieran practicado estas ense-
6 COMENTA!? ÍO A LOS EJERCICIOS
8‘J Introducción a ios Ejercicios

ñanzas del Presupuesto, no se hubiera con­


denado temeriamente ai Santo, ni se hubie­
ra hecho tan cruda guerra al libro de los
Ejercicios.
Nota 4.a
4. Esta doctrina no se proponga así en
general cuando comienza uno ¡los Ejer­
cicios. Tal vez convendrá hacerlo en el de­
curso de los mismos. El director verá el
tiempo más oportuno *.

1 Directorio, c. 11, n. 6.
PRIMERA SEMANA

a) Principio y Fundamento

1. En %ué. sentido estas verdades son Princi­


pio, en qué sentido son Fundamentó.—2.. Si
se proponen como meditación, hágase ente­
ramente según las normas que da el Santo
Padre.—3. Oración preparatoria : qué se en­
tiende por acciones, qué por operaciones.—
4. Mi nada por lo que a mí se refiere —
5. Cuánto influyó esta verdad en la san­
tidad y en los escritos de San Ignacio (no­
ta 5.a).—6. Mi ‘excelencia por lo que se re­
fiere a. mis relaciones para con Dios.

[23] P rin cipio y F undamento

El hombre es criado para alabar, hacer reve­


rencia y servir a Dios nuestro Señor, y median­
te esto, salvar su ánima. Y las otras cosas so­
bre la haz de la tierra son criadas para el hom­
bre. y para que le ayuden en la prosecución del
84 Primera Semana

fin para que es criado. De donde so signe, que


el hombre tanto ha de usar de lias, cuanto le
ayudan para su fin. y tanto debe quitarse dellas,
cuanto para ello le impiden. Por lo cual es me­
nester hacernos indiferentes a todas las cosas
criadas, en todo lo que es concedido a la liber­
tad de nuestro libre albedrío, y no le está prohi­
bido: en tal manera que no queramos de nues­
tra parte más salud que enfermedad, riqueza
que pobreza, honor que deshonor, vida larga que
corta, y por consiguiente en todo lo demás; so­
lamente deseando y eligiendo lo que más nos
conduce para el fin que somos criados

En las palabras del primer párrafo asien­


ta el santo Padre dos verdades, que no de­
muestra.
1. Son principios, de los cuales sacará
las consecuencias que se contienen en los
párrafos que se siguen, consecuencias que
irán iluminando al que se ejercita durante
todo el camino que va a recorrer, de su sal­
vación y perfección; pero le iluminarán de
modo particular en las principales jorna­
das.
Son además fundamento, y solidísimo, so­
bre el que descansará el edificio de la per­
fección, alto y seguro, que el ejercitante va
a levantar.
2. Si se proponen estas verdades en for­
ma de meditación como suele hacerse, se­
gún declaramos en la nota, debemos ajus­
tamos con la mayor fidelidad a las normas
que para las meditaciones da el Santo Pa­
dre. sin omitir preámbulo ninguno, y eli-
1. Principio y Fundamento 85

giéndolos tales que preparen y dispongan


al alma para la meditación o contempla­
ción.
Vamos, pues, a formar varias meditacio­
nes con sus preámbulos y puntos corres­
pondientes. Nota 4.a (bis)
A) Creación. Y consideraremos la de­
pendencia absoluta que el hombre tiene de
Dios;
B) Fin del Hombre;
C) Fin de las criaturas;
D) Consecuencias.
A) C reación : “ E l hombre es criado .”
Oración preparatoria. Sea tal como la
propone el Santo en el n. [46], que debe ser
la misma, sin mudarse, en todas-las medi­
taciones [49]. Es como sigue:
“Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para
que todas mis intenciones, acciones y ope­
raciones sean puramente ordenadas en ser­
vicio y alabanza de su divina Majestad.”
3. Acciones; se refiere a lo exterior.
Operaciones; *a los actos de las tres po­
tencias; y en este mismo sentido toma tam­
bién esta palabra San Ignacio en la ano­
tación 1.a Otras espirituales operaciones.
Es, al fin y al cabo, una aplicación prác­
tica del Principio y Fundamento: El hom­
bre es criado para alabar, hacer reveren­
cia y servir a Dios nuestro Señor.
Composición. Imaginar a Adán en el pri­
mer momento de su existencia... con un
86 Primera Semana

conocimiento clarísimo de que todo cuanto


tenia, acababa de recibirlo de Dios su Cria­
dor y su Señor; de su dependencia absolu­
ta de Dios .
Petición; Conocimiento semejante de mi
dependencia absoluta de Dios, mi Criador y
Señor.
Punto 1.° M i nada por lo que a mí se re­
fiere.
Punto 2.° Mi excelencia por lo que se re­
fiere a Dios.
4. 1.° “Mi nada por lo que a mí se refie­
re.”
Creación. Concepto de creación: Ex ni-
hilo. Mi alma, que es la parte más noble de
mi sér, salida immediate de manos de Dios;
mi cuerpo lo recibí de Dios medíate; se va­
lió de causas segundas. Una estatua es del
escultor; un cuadro es del pintor, quienes al
ñn y al cabo tuvieron necesidad de materia
preexistente para sus producciones. Mayor
es mi dependencia de Dios que me sacó de la
nada. Mi dependencia, absoluta, esencial.
Consideraré mi sér y mis cualidades, a
esta luz de la creación.
Mi sér. Es menos que una gotita de ro­
cío, menos que un poquito de humo, por lo
que a mí se refiere; ya que en este sentido
mi ser es nada. Por lo que a mí toca, la
nada y yo somos la misma cosa. (Permítase
la expresión). Aquello que me distingue o
por lo que me distingo de la nada, no es
I. Principio y Fundamen/to 87

mío, es de Dios. Substantia mea, tamquam


nihilum ante te, escribe el Salmista x. Si
quis existimat, escribe el Apóstol, se aliquid
esse, cum nihil sit, ipse se seducit 2.
Mis cualidades. No son mías; son de
Dios. San Pablo: Quid habes quod non ac-
cepisti? Si autem accepisti, quid gloriaris
quasi non acceperis? 3.
Soy un pordiosero vestido con traje rico
y precioso, mas de otro; adornado con jo­
yas, todas ajenas...
No tenerme, por mis cualidades, por ex­
celentes que éstas sean en realidad, o por
excelentes que a mí me parezcan, en más
que los otros. Que sean más excelentes, na­
da dice en favor mío, sino en favor de Dios,
de quien unas y otras proceden.
5. Este es el fundamento de la humil­
dad, fundamento firmísimo, sobre el cual
ha de descansar el edificio de mi santidad:
Mi dependencia absoluta, esencial de Dios;
yo todo de Dios. Tal fué el fundamento de
la santidad de San Ignacio.
Nota 5.a
Añade a esto que tu creación está Dios
como prolongándola y ejerciéndola sobre ti
continuamente: te está conservando.
La conservación parece expresarla el san­
to Padre en el modo de hablar en todo el

1 Ps. 38, 6.
^ Gal., VI, 3.
3 l.H Cor., IV. 7.
3S Primera Seuiaiva
Principio y Fundamento. Pone en tiempo
presente el verbo crear las cuatro veces que
emplea este verbo: “El hombre es criado
para alabar...; las otras cosas... son cria­
das para el hombre, y para que le ayuden
en la prosecución del fin para que es cria­
do... lo que más nos conduce para el fin que
nomos criados.”
6. 2." “Mi excelencia por lo que se refie­
re a Dios.”
1) Por razón de tu origen: Dios por sí
mismo sacó tu alma de la nada. No se valió
de intermediario alguno. No puede tu no­
bleza ser mayor.
2) Por lo que es tu alma: imagen y se­
mejanza de la Santísima Trinidad: tres
potencias.
3) Por razón de tu fin: que es alabar,
hacer reverencia y servir a Dios nuestro
Señor, primero temporalmente en este
mundo; y luego por toda la eternidad en
el cielo.
f, Principio y Fundamento 89

b) Principio y Fundamento

1. Fin del h om b re: la gloria de Dios Gloria


intrínseca y gloria extrínseca.—2. Cómo se
declara en la sagrada Escritura este “ alabar,
hacer reverencia y servir a Dios nuestro Se
ñor” .—3. Servir a Dios : explanación del Pa­
dre Roothaan.—4. Tal fin es justo, fácil y
provechoso.—5. “ Mediante esto, salvar su áni­
ma” : negocio importantísimo y personal.

B)
F in del hombre : “ P ara alabar, hacer
reverencia y servir a D ios N uestro S e ­
ñor, y mediante esto , salvar su ánim a .”

Oración. La misma.
Composición. La misma también que en
la meditación precedente. Podemos fácil­
mente comprender los sentimientos de
nuestro primer padre cuando se dió cuen­
ta de su existencia, conoció sus perfeccio­
nes y sintió que todo acababa de recibirlo
de Dios... ¡Cómo ardería en deseos de em­
plearlo todo en alabanza, reverencia y ser­
vicio de su Criador y Señor!,
Petición. Pedir a Dios nuestro Señor
sentimientos semejantes.
1. Este fin del hombre no podía ser otro
que la gloria de Dios.
Distingamos en Dios nuestro Señor la
Primera Semana

principio y Fundamento. Pone en tiempo


presente el verbo crear las cuatro veces que
emplea este verbo: “El hombre es criado
para alabar...; las otras cosas... son cria­
das para el hombre, y para que le ayuden
en la prosecución del fin para que es cria­
do... lo que más nos conduce para el fin que
sojnos criados.”
6. 2." “Mi excelencia por lo que se refie­
re a Dios.”
1) Por razón de tu origen: Dios por sí
mismo sacó tu alma de la nada. No se valió
de intermediario alguno. No puede tu no­
bleza ser mayor.
2) Por lo que es tu alma: imagen y se­
mejanza de la Santísima Trinidad: tres
potencias.
3) Por razón de tu fin: que es alabar,
hacer reverencia y servir a Dios nuestro
Señor, primero temporalmente en este
mundo; y luego por toda la eternidad en
el cielo.
I. Principio y Fundamento 89

b) Principio y Fundamento

1. Pin del h om b re: la gloria de Dios Gloria


intrínseca y gloria extrínseca—2. Cómo se
declara en la sagrada Escritura este “ alabar,
hacer reverencia y servir a Dios nuestro Se­
ñor” .—3. Servir a Dios : explanación del Pa­
dre Roothaan.—4- Tal fin es justo, fácil y
provechoso.—5. "Mediante esto, salvar su áni­
ma” : negocio importantísimo y personal.

B) F in del hombre : “ P ara alabar, hacer


reverencia y servir a D ios N uestro S e ­
ñor, y mediante esto , salvar su ánim a .”

Oración. La misma.
Composición. La misma también que en
la meditación precedente. Podemos fácil­
mente comprender los sentimientos de
nuestro primer padre cuando se dió cuen­
ta de su existencia, conoció sus perfeccio­
nes y sintió que todo acababa de recibirlo
de Dios... ¡Cómo ardería en deseos de em­
plearlo todo en alabanza, reverencia y ser­
vicio de su Criador y Señor!.
Petición. Pedir a Dios nuestro Señor
sentimientos semejantes.
1. Este fin del hombre no podía ser otro
que la gloria de Dios.
Distingamos en Dios nuestro Señor la
Primera Semana

gloria esencial o intrínseca, y la accidental


o extrínseca.
La primera consiste en el conocimiento
que de Sí mismo tiene Dios, y en el amor
que a Sí mismo se profesa. Esta gloria es
siempre la misma; y no puede crecer ni dis­
minuir.
La extrínseca o accidental puede aumen­
tar y disminuir; y de hecho es mayor o
menor, según es más o menos alabada, re­
verenciada y servida de sus criaturas la di­
vina Majestad, pues consiste en el conoci­
miento y amor que de Dios nuestro Señor
tenemos sus criaturas.
2. A labar , hacer reverencia y ser ­
vir a D ios N uestro S eñor.
Este fin del hombre lo expresó el gran
legislador Moisés, cuando en el cap. XXVI,
vv. 18 y 19 del Deuteronomio, dijo en nom­
bre del Señor a su pueblo: Dominus ele-
git te ut... custodias omnia praecepta il-
lius', et faciat te excelsiorem cunctis gen-
tibus quas creavit in laudem et nomen, et
gloriam suam. Te ha elegido el Señor pa­
ra que guardes todos sus preceptos; y para
hacerte grande sobre todas las gentes que
creó para alabanza, fama y gloria suya.
Y el Sabio, todo cuanto en el libro del
Eclesiastés escribió, lo resume en una ad­
mirable sentencia que pone en el último
de sus capítulos y que es, en sustancia, el
fin del hombre tal como lo expresa el san-
i. Principio y Fundamento 91

to Padre: Finem loquendi pariter omnes


audíamus: Deum time, et mandata eius
observa; hoc est ením omnis homo Oi­
gamos todos juntos el fin de cuanto he
escrito: Teme a Dios y guarda sus manda­
mientos; porque esto es todo el hombre.
A l a b a r , o sea, celebrar, elogiar con pa­
labras: Magnus Dominus, et laudabilis ni-
mis, dice el Salmo 47, 2. El Señor es
grande y digno sobremanera de toda ala­
banza. Populus qui creabítur, leemos en
el Salmo 101, 19, laudabit Dominum; el
pueblo que será creado alabará al Señor.
El Salmo 116 comienza con estas palabras:
Laúdate Dominum omnes Gentes ; laúdate
eum omnes populi; Alabad al Señor todas
las Gentes; alabadle todos los pueblos. Ύ
para no multiplicar textos de la Divina
Escritura, aduciremos solamente uno de
Malaquías (1, 11): Ab ortu solis usque ad oc-
ca um, magnum est nomen meum in genti-
bus; que es lo que dice también el Salmo
112, 3: “Desde el lugar donde nace el sol.
hasta el último puñto en que se oculta, dig­
no es de alabanza el nombre del Señor.” Y
también el Eclesiástico “Bendecid al Señor,
ensalzadle cuanto podáis: porque superior
es a toda alabanza” 2.
H acéis r e v e r e n c ia . Regnum iminóbile
suscipientes, escribe el Apóstol a los He-

1 Eccl., c X II, 13.


^ Eccl i., X L III, 33.
Primera Semana

breos, habemus gratiam: per quavi ser-


viamus placentes Deo, cum metu et reve-
rentia" l. Recibiendo un reino inmovible,
tenemos gracia; por la que agradando a
Dios, le sirvamos “con temor y reverencia” .
Esta reverencia es aquel santo temor de
Dios que tan repetidas veces nos reco­
mienda la Sagrada Escritura.
3. S ervir a D ios N uestro S eñor. “Servir
a Dios, dice el P. Roothaan, es depender de
la voluntad de El en todo; hacer todas· las
cosas en todas partes, en todo tiempo* y
siempre del modo que Dios quiere. Que esto,
y no otra cosa, es servir a Dios, Pues aquel
que sirve a otro, no hace la voluntad suya,
sino la voluntad de. aquél a quien sirve.
Éste servicio abraza lo siguiente:
1.° La observancia de los mandamientos
de Dios; lo cual es común a todos.
2.° Fidelidad en el cumplimiento de las
obligaciones del propio estado.
3.° En aquéllos que no han hecho elec­
ción de estado y que pueden elegir libre­
mente, exige tomar a pechos este importan­
te negocio.
4.° Finalmente, ordenar toda la vida, los
pensamientos, palabras y acciones, no a
nuestro gusto; mas a la voluntad divina
que nos es manifestada o por la autoridad
legítima, o por luces e inspiraciones que
Dios nos envía.
1 Hebr. XII, 28.
I. Principio y Fundamento

Servir a Dios es también tributarle obse­


quios, pues aunque de ellos ciertamente no
tiene necesidad ninguna, no obstante, es
muy merecedor de que las criaturas suyas
hagamos en su obsequio todo cuanto enten ­
damos que le es grato y acepto; obsequios
que el Señor por su benignidad admite y se
digna remunerar con toda liberalidad. Y
acerca de tales obsequios, aquéllos sirven
a Dios de manera más señalada que ponen
toda su industria y conato en que a Dios
se& tributada la alabanza, la reverencia y el
servicio.” Así e! P. Roothaan.
4. Este fin es justo, es fácil, es prove­
choso temporal y eternamente.
Justo; yo soy criado; Dios es mi señor ab­
soluto;
Fácil: 1) a todas las criaturas es fácil con­
seguir su fin; luego también al hombre, y
más a éste; 2) es completamente propor­
cionado a nuestra naturaleza dotada de en­
tendimiento y voluntad, ya que Dios «8 la
misma Verdad, el sumo Bien; 3) se trata, sin
término medio, de. una felicidad o desven­
tura eternas, e irreparabie si es desventura:
luego Dios justo, bondadoso, amante.... lo
ha hecho fácil', 4) Mí yugo es suave, mi car­
ga ligera 1. Sus mandatos no son pesados 2.
Provechoso; Esta ha sido la sabiduría y
caridad de Dios para con el hombre, que
1 Mt.. XVI. 26.
’ l.n To v ft
Primera Semana

haya Dios identificado, por así decirlo, su


gloria extrínseca con nuestra felicidad en
esta y en la otra vida. Cuanto con mayor
perfección cumplamos este fin, tanto más
felices temporal y eternamente seremos.
Ninguno se arrepintió de haber servido a
Dios; ninguno se alegró de no haberle ser­
vido: el Hijo Pródigo es figura de todos.
Siempre será verdad: Gústate et videte quo-
niam suavis est Dominus 1. El mayor y más
funesto error de los hombres es no ati­
nar con este fin. Buscan felicidad en ri­
quezas. honores, placeres...; mas como Dios
les há criado para un fin muy distinto, de
aquí tal desorientación, tanta desventura.
Si todos acertaran, sería la presente vida
un Cielo anticipado.
Acabar con el Pater noster...sANeriFicETUR
nomen tuum : Con estas palabras, la prime­
ra de las peticiones, a la cual pueden redu­
cirse todas las demás, nos expresó nuestro
Señor Jesucristo el fin para el que somos
criados.
5. Y MEDIANTE ESTO SALVAR SU ÁNIMA.
“Mediante” no significa que “alabar, ha­
cer reverencia...” sea medio o fin próximo,
y “salvar su ánima” sea fin último; sino
que el sentido es este: ipso fa d o que ala­
bes, etc. salvarás el alma.
Negocio importantísimo y personal.

I Ps. XXXIII, 9
I. Principio y fu n d a m en to 95

Importantísimo: Salvado éste, para mí,


todos salvados y asegurados; perdido, para
mí, todos los demás perdidos. Salud, rique­
zas, honor, vida larga... ¿De qué me apro­
vechará todo, si pierdo mi alma? Enferme­
dad, pobreza, deshonor, vida corta... ¿qué
me perjudicarán, si logro salvar mi alma?
Quid prodest homini si mundum universum
lucretur, animae vero suae detrimentum
yatiatur? aut quam dabit homo commuta-
tionem pro anim.a sua? 1. Una sola cosa es
importante, necesaria: Unum est necessa-
rium 2. Todo lo demás, en comparación de
esto, nada importa; no vale nada.
Personal: Como, según queda dicho, to­
dos los demás bienes de esta vida desapare­
cen en comparación de la salvación del
alma y son como nada, Dios ha hecho que
este negocio de la salvación sea exclusiva­
mente personal de cada uno, supuesta, ya
se entiende, la gracia y ayuda divina. Podrá
ser que no consigas la salud por medios que
pongas para recobrarla; dígase lo mismo de
riquezas, honores, vida larga, etc. Lo que
ciertamente conseguirás, si de veras quieres,
es la salvación. Podrán quitarte los hombres
la salud, riquezas... Lo que ninguno, por po­
deroso que sea, podrá impedirte es conse­
guir tu salvación eterna.
' Mt.. XVI, 26
í Le.. X. 42.
% Primera Sem ana

cx Principio y Fundamento

1 Fin de las criaturas : qué se entiende por


“ las otras cosas” .—2. Sentido de “ son criadas” .
—3. “ Para el hom bre” : dativo de provecho.
-4. “Para que le ayuden” : Cómo por nues­
tro medio, las otras cosas dan gloria a Dios
nuestro Señor : Hoja en blanco que la cria­
tura. presenta firmada a su Dios para que El
escriba

C)F in de las criaturas : “Y las otras


COSAS SOBRE LA HAZ DE LA TIERRA SON CRIADAS
PARA EL HOMBRE, Y PARA QUE LE AYUDEN EN LA
PROSECUCIÓN DEL FIN PARA QUE ES CRIADO.”

Composición, la misma : Sentimientos de


Adán cuando el Señor puso bajo su do­
minio todas las cosas criadas: cuáles serían
sus firmes resoluciones de servirse de ellas
puramente en servicio y alabanza de su di­
vina Majestad.
Sea esta la petición.
1. L as otras cosas : Personas: superiores,
iguales, inferiores, con tal carácter, ge­
nio...; animales que me dan placer o mo­
lestia; sucesos prósperos o adversos; incle­
mencias de tiempo, frío, calor...
2. S on criadas : í. e., vienen de Dios que
7. Principio y Fundamento n

las quiere o las permite, pone en todas ellas


su firma o el V® B.°, tengan o no buena
intención, pretendan mi bien o mi mal las
causas segundas que, en fin de cuentas, no
son otra cosa que instrumentos de la Cau­
sa primera. En entender esto y en su prác­
tica está el secreto de la santidad y de la
más alta perfección.
3. P ara el hombre: Dativo de provecho:
para el bien del hombre. En todo lo que
Dios quiere o permite no pretende otra cosa
que mi bien; si viste los lirios y da de co­
mer a los pájaros y tiene contados mis cabe­
llos que ni uno caerá sine Patre vestro,
¿cuánto más no ha de cuidar de mi bien?
•Job, Sagrada Familia, como veremos. Dios
es muy fino, atento y delicado... no pretende
molestarme. Tendré ciertamente molestias:
mas no es eso lo que pretende Dios nuestro
Señor: quiere mi bien y siempre mi bien.
Düigentibus Deum omnia cooperantur in
bonum 1.
4. y PARA QUE LE AYUDEN EN LA PROSECUCIÓN
del... Cosa parecida a lo dicho anteriormen­
te: no hay acontecimiento... que no pueda
ayudarme si yo quiero: luego debe ayudar­
me.
Las cosas, acontecimientos... de la pre­
sente vida no pueden por sí mismos ala­
bar... a Dios, darle glória extrínseca; sí
pueden y deben ayudarme a que la dé yo
' Povn., VIII, 28.
7 COMENTARIO A 1-OS EJERCICIOS
<>8 Primera Semana

mediante ellos o por el uso o por la absten­


ción y abnegación...
Presento a mi Dios y Señor cada mañana
una hoja en blanco firmada por mí o con
mi V.° B.° para que él escriba lo que sea más
de su gusto. Ya lo tengo firmado... ¡Cuánto
debe gustar esto a nuestro Señor! La ma­
yor confianza que podemos hacerle.

d) Principio y Fundamento:
Consecuencias
1. La ley del gusto y del disgusto o repugnan­
cia.—2. Fuerza de “ quitarse” confirmada con
la doctrina del Evangelio.—3. “ Agere contra ” .
—4, Indiferencia: qué es y cuál se nos pi­
de.—5. En qué sentido debemos estar indife­
rentes para los cuatro extremos que especi­
fica. San Ign acio--6. Daños de la falta de in­
diferencia—7. Analogías y diferencias entre
el Principio y Fundamento y la Contempla­
ción para alcanzar amor, (nota 6.a).

D)C onsecuencias : “ D e donde se s i ­


gue, QUE EL HOMBRE TANTO HA DE USAR DELLAS,
CUANTO LE AYUDAN PARA SU FIN; Y TANTO DEBE
QUITARSE DELLAS, CUANTO PARA ELLO LE IMPIDEN.”

Esta consecuencia primera es muy lógi­


ca: las otras cosas sobre la haz de la tierra
no son sino ayudas, medios, instrumentos.
J. Principio y Fundam ento 99

1. La sencilla práctica de esta primera


consecuencia nos llevaría habitualmente a
la perfección más subida. Esta debiera ser
nuestra norma en nuestro modo habitual
de obrar. Pero sucede que nuestra norma
es con frecuencia muy distinta: la ley del
gusto o de la repugnancia influye podero­
samente en nuestras determinaciones cuan­
do se trata del más importante de nues­
tros negocios, de nuestra salvación eter­
na. En todo lo demás no procedemos así:
camino, medicina, instrumentos de oficio,
etcétera. Aquello que me ayuda para con­
seguir mi fin, es bueno, aun cuando me
disguste y me repugne; aquello que no me
ayuda o que positivamente me aparta de
mi fin, es malo, aun cuando me guste. Lo
contrario es un absurdo, una locura Locos
somos ante Dios y sus Santos cuando no
obramos conforme a estas hormas, por más
que nos tengan los hombres por cuerdos y
prudentes.
2. Es digno de notarse el verbo que usa
el santo Padre, “quitarse dellas” , que denota
el esfuerzo y violencia que deberemos ha­
cernos muchas veces, y que será de todo
punto necesario para nuestra salvación.
“Si tu mano o tu pie te escandaliza,
córtalo y échalo de ti: porque mejor te es
entrar en la vida manco o cojo, que, tenien­
do las dos manos o los dos pies, ser echado
en el fuego eterno. Y si tu ojo te escanda-
Primera Semana

liza, sácalo y échalo de ti; que mejor te es


entrar en la vida con so’.o un ojo, que tener
los dos y ser echado en la gehenna del fue­
go”
3. “Tanto debe quitarse dellas” . Con. esta
corta frase que en la primera página de la
primera semana pone San Ignacio, nos pro­
pone el Santo de modo general aquel prin­
cipio tan fecundo, que el P. Roothaan re­
sumió en sólo dos palabras, “Agere con­
tra”, del cual tendremos que echar mano
con tanta frecuencia durante los Ejercicios
y aun toda nuestra vida, si queremos ser es­
forzados y llegar al monte de la perfección.
“ P or lo cual es m enester hacernos in d ife ­
rentes A TODAS LAS COSAS CRIADAS, EN TODO· LO
QUE ES CONCEDIDO A LA LIBERTAD DE NUESTRO LI­
BRE ALBEDRÍO, Y NO LE ESTÁ PROHIBIDO.”
4. “Por lo cual es menester hacernos in­
diferentes...” Con toda lógica escribió el
santo Padre: “Por lo cual” ya que la falta
de la indiferencia nos impediría el recto
uso del “Tánto cuánto”. Es, por tanto, de
absoluta necesidad hacernos indiferentes.
Dice hacernos, porque debemos trabajar y
esforzarnos por lograr esta indiferencia.
Indiferencia es la disposición de la vo­
luntad pronta a obrar o no; a obrar esto
o aquello. Decimos pronta porque aquí
se trata de una disposición activa, no pa­
siva. Es la disposición del “enlace” , y
' Mt., XVIII. 8 y 9.
1. Principio y Fundam ento 101

permítasenos usar esta comparación, que


está pronto y dispuesto inmediatamente
a llevar la orden o no llevarla; a llevarla
a tal parte o tal otra.
No se refiere al sentimiento, al gusto que
experimento o a la repugnancia. El gusto
o disgusto es cosa meramente accidental.
Se refiere, como hemos dicho, a la disposi­
ción de la voluntad, la cual puede sentir,
y de hecho siénte muchas veces repugnan­
cias. Esta es la indiferencia esencial. Se
extiende a todo lo que es concedido a la
libertad de nuestro libre albedrío. Excluye
lo mandado o prohibido.
“E n TAL MANERA QUE N0 QUERAMOS DE NUES­
TRA PARTE MÁS SALUD QUE ENFERMEDAD, RIQUE­
ZA QUE P0BRE2A, HONOR QUE DESHONOR, VIDA
LARGA QUE CORTA, Y POR CONSIGUIENTE EN TODO
lo demás . S olamente deseando y eligiendo
LO QUE MÁS NOS CONDUCE PARA EL FIN QUE
SOMOS CRIADOS.”
5. Cuatro extremos propone el santo Pa­
dre: Salud, enfermedad', riqueza, pobre­
za; honor, deshonor; vida larga, vida cor­
ta. No todos estos extremos tienen la mis­
ma importancia. Hay cosas que debemos
querer, debemos procurar y tenemos obli­
gación de procurar para el fin; otras, en
cambio, podemos desearlas y procurarlas.
En unas y otras, puestos los medios para
alcanzarlas, quedar en paz, aun cuando no
las consigamos. Dios pide que pongamos
101Í Primera Serrana

los medios, no precisamente que consiga­


mos lo que pretendemos, cosa que muchas
veces no está en nuestra mano.
6. Sin esta indiferencia no podremos
agradar plenamente a Dios nuestro Señor;
no podremos prometernos esas. ayudas es­
peciales, de las que tanta necesidad tene­
mos para nuestra perfección y para el fru­
to de nuestros ministerios; no disfrutare­
mos de paz verdadera y llena; nos expon­
dremos a que nuestros Superiores nos pon­
gan en lugar, oficio... distinto del que Dios
quiere.
Deseando, pero como los deseos pueden
ser, sin darnos cuenta y engañándonos, ve­
leidades, y eligiendo. Lo que más... es con­
secuencia lógica del “tánto cuánto” .
En la explanación del Principio y Fun­
damento, parece que debemos tender m&s
bien a no particularizar demasiado. Ya irá
llegando todo.
7. Nota 6.a
II

Examen particular

1. Doctrina del Santo Padre.—2. Su importan­


cia —3. Su virtud.—4. Algunas advertencias
para hacerlo más eficaz.

1. [24]. E xam en particular y cotidia ­


no; CONTIENE EN SÍ TRES TIEMPOS Y DOS VECES
examinarse . '

El primer tiempo es, que a la mañana luego


en levantándose, debe el hombre proponer de
guardarse con diligencia de aquel pecado par­
ticular o defecto, que se quiere corregir y en­
mendar.
125] El segundo, después de comer, pedir a
Dios nuestro Señor lo que hombre quiere, es a
saber, gracia para acordarse cuántas veces ha
caído en aquel pecado particular o defecto, y
para se enmendar adelante, y consequenter haga
el primer examen demandando cuenta a su áni­
ma de aquella cosa proposita y particular de la
cual se quiere corregir y enmendar, discurriendo
104 Primera Senuuui

de hora en hora o de tiempo en tiempo, comen­


zando desde ia hora que se levantó hasta la
hora y puncto del examen presente; y haga en
la primera línea de la g = tantos punctos cuan­
tos ha incurrido en aquel pecado particular o
defecto; y, después, proponga de nuevo de en­
mendarse hasta el segundo examen que hará.
f26] El tercero tiempo, después de cenar se
hará el 2.° examen asimismo de hora en hora,
comenzando desde el primer examen hasta el
2.° presente, y haga en la 2.a línea de la mis­
ma g = tantos punctos cuantas veces ha incu­
rrido en aquel particular pecado o defecto.

[27] SÍGUENSE CUATRO ADDICI0NES PARA MÁS


PRESTO QUITAR AQUEL PECADO 0 DEFECTO PARTI­
CULAR.

1.a Adición. La primera adición es que cada


vez que el hombre cae en aquel pecado o de­
fecto particular, ponga la mano en el pecho,
doliéndose de haber caído; lo que se puede
hacer aun delante muchos, sin que sientan lo
que hace.
[28] 2:· La 2.a; como la primera línea de la
g=significa el primer examen, y la 2.a línea
el 2.° examen, mire a la noche si hay enmien­
da de la primera línea a la 2.a, es a saber, del
primer examen al 2.°
[29] 5.a La 3.a : conferir el segundo día con
el primero, es a saber, los dos exámenes del día
presente, con los otros dos exámenes del día
pasado, y mirar si de un día para otro se ha
enmendado.
130] 4.a La 4.a adición: conferir una semana
con otra, y mirar s: se ha enmendado en la se­
mana presente de la primera pasada.
L31) Nota. Es de notar que la primera g -
grande que se sigue, significa el domingo; la se-
II. Exameu particular
cunda más pequeña el lunes; la tercera el mar­
tes, y ansí consequenter.

</ ........................
(/.....................................
<J.......
9 ........................................

a ........................
<j....................
</................

E xam en P articular

2. Importancia : La que le da San Igna­


cio es grandísima:
1.° Él lo apuntó hasta el fin de su vida.
2.° Con este examen fué formando a sus
primeros compañeros y moldeándolos en
París para la obra magna que realizó, la
fundación de la Compañía de Jesús.
3.° Es notable la insistencia con que va
repitiendo cada semana el uso del examen
particular para quitar faltas, defectos y ne­
gligencias sobre Ejercicios y adiciones: [90].
[160], [207].
4.° A aquellos que por una causa o por
otra no pueden hacer todos los Ejercicios
podrá dispensarle de más o menos actos;
nunca del examen particular.
3. Su virtud. Pocos medios, tal vez nin­
guno, habrá tan eficaces para quitar y des­
arraigar defectos, para adquirir hábito de
las virtudes y para formar el carácter, como
este examen bien llevado, es decir, siguien-
100 Primera Sem ana

do las normas que da el Santo. Conocemos


personas que han corregido notablemente y
hasta han llegado a desarraigar defectos
naturales en tiempo 110 largo, y que con fa­
cilidad han ejercitado las virtudes que han
tomado a pecho por medio de esta poderosa
arma. Eso de proponer a la mañana tan
pronto como uno se levanta, examinarse al
mediodía y a la noche, conferir la mañana
con la tarde para ver si ha habido enmienda,
un día con otro, una semana con otra; si
uno lo hace con constancia en la forma que
propone el Santo cumpliendo con fidelidad
lo que llama adiciones, no dudamos afir­
mar que se apartará del mal, obrará el
bien y formará el carácter.
A priori bastaba que un maestro de la
vida espiritual de la talla de San Ignacio
le diese tanta importancia y lo recomen­
dase con tanto encarecimiento, para con­
cluir sin temor de errar que es medio po­
derosísimo para conseguir el fin que con
este examen se pretende.
4. Algunas advertencias: 1* Hay que te­
ner acierto para escoger la materia del exa­
men particular; debe llevarse éste de una
materia que interese; ha de convencerse
uno del provecho que obtendría en la vida
espiritual con el desarraigo de tal defec­
to, con la adquisición de tal virtud. Esto
puede fácilmente conocerse por los exá­
menes generales de cada día reflexionando
II. Examen particular 107

cuál sea el defecto en que cae con más


frecuencia, la pasión que le hace más gue­
rra, cuál la virtud que más le falta...; y so­
bre todo pidiendo luz al Señor para acer­
tar. #
2.·' puede llevarse, y muchas veoes será
conveniente llevarlo, sobre el ejercicio de
alguna virtud. En este caso, creemos será
también de no pequeño provecho espiritual
volver de tiempo en tiempo a llevarlo de
algún defecto, máxime si sale al exterior,
y notamos levanta cabeza; echando mano
de este examen todo el tiempo que enten­
damos es necesario 1.
3.a es bastante común el uso de libre­
tas en las que se apunta por medio de
números los actos del examen particular
postergando el medio que propone el San­
to Padre de las dos líneas para cada día,
y hacer en cada una tantos puntos cuan­
tas veces ha incurrido en aquel particular
pecado o defecto. No reprobamos, ni mu­
cho menos, el sistema de números; al fin.
uno y otro es cosa accidental a este exa­
men. Pero ¿no sería laudable no perder de
vista el sistema de puntos tan poco usa­
do? Y esto lo decimos no sólo por conser­
var y fomentar esta minucia del Santo
Padre, sino por parecemos que el sistema

1 Sobre el examen particular oír. Rodríguez.


Ejercicio de Perfección, Darte 1.«. trat. 7.«, cc. II
VII.
108 Primera Semana

de puntos entraría más por los sentidos.


Más semejante a esto de los puntos nos
parecen las gráficas, sistema bastante
usado; pero, en fin, nos inclinamos por el
que propone el San^p. Creemos que el sis­
tema de números tan obvio y fácil, no fué
inadvertido a nuestro Santo Padre, quien
propuso el de puntos; y no dudamos que
San Ignacio fué un gran sicólogo.
m

Gxamen general

1. Doctrina de San Ignacio. — 2. "Del Pensa­


m iento” : distintos modos de merecer y de
faltar—3. ¿Trata el Santo de la manera de
faltar gravemente con el pensamiento? — 4
“De la Palabra,” . Juram ento: condiciones pa­
ra que sea, meritorio. “ Es más concedido a los
perfectos jurar por la criatura, que a los im­
perfectos” .—5. Palabras ociosas. — 6. Infama­
ción o crítica.: recato del Santo en el hablar:
(nota 7.a).—7. “De la Obra” .—8. Modo de
hacer el Examen General: "Y primero del
pensamiento, y después de la palabra, y des­
pués de la obra”—.9. Algunas notas para que
sea más fructuoso este Examen.

1. [3 2 ]. E x a m e n g e n e r a l de c o n s c i e n c i a
PARA LIMPIARSE Y PARA MEJOR SE CONFESSAR.

Presupongo ser tres pensamientos en mí, es


a saber, uno propio mío, el cual sale de mi mera
libertad y querer; y otros dos que vienen de
fuera, el uno que viene del buen espíritu y el
otro del malo.
no l ’ i i i m ' i a fcjomanu

D ei , P e n s a m ie n t o

133] 1 * Hay dos maneras de merecer en el


mal pensamiento que viene de fuera: v. gr„ vie­
ne un pensamiento de cometer un pecado mor­
tal, al cual pensamiento resisto impromptu y
queda vencido.
[341 La 2a manera de merecer es, cuando
me viene aquel mismo mal pensamiento, y yo le
resisto: y tórname a venir otra y otra vez, y
yo siempre resisto, hasta que el pensamiento
va vencido; y esta 2.a manera qs de más me­
recer que la prímerá.
[35] Venialmente se peca, cuando el mismo
pensamiento de pecar mortalmente viene, y el
hombre le da oído haciendo alguna mórula o
recibiendo alguna delectación sensual, o donde
haya alguna negligencia en lanzar al tal pensa­
miento.
[36] 1.a Hay dos maneras de pecar mortal-
mente: la primera es. cuando el hombre da
consentimiento al mal pensamiento, para obrar
luego, así como ha consentido, o para poner en
obra si pudiese.
[37} 2.a La 2.a manera de pecar mortalmente
es cuando se pone en acto aquel pecado, y es
mayor por tres razones: la primera por mayor
tiempo; la 2.a por mayor intensión; la 3.a por
mayor daño de las dos personas.

D e la P alabra

[38] No jurar ni por Criador ni por criatu­


ra, si no fuere con verdad, necesidad y reve­
rencia; necesidad entiendo, no cuando se afir­
ma con juramento cualquiera verdad, mas cuan­
do es de algún momento cerca el provecho del
ánima o del cuerpo, o de bienes temporales.
Entiendo reverencia, cuando en el nombrar de
III- E x am e n general 111
su Criador y Señor, considerando, acata aquel
honor y reverencia debida.
1391 Es de advertir que, dado que en el vano
juramento pecamos más jurando por el Criador
que por la criatura, es más difícil jurar debida­
mente con verdad, necesidad y reverencia por la
criatura, que por el Criador por las razones si­
guientes :
1.*1 ratio. La Ia: cuando nosotros queremos ju­
rar por alguna criatura, en aquel querer nom­
brar la criatura no nos hace ser tan atentos ni
advertidos para decir la verdad, o para afirmar­
la con necesidad, como en el querer nombrar al
Señor y Criador de todas las cosas.
2.a La 2.a es, que en el jurar por la criatura
no tan fácil es de hacer reverencia y acatamien­
to al Criador, como jurando y nombrando el
mismo Criador y Señor; porque el querer nom­
brar a Dios nuestro Señor trae consigo más aca­
tamiento y reverencia que el querer nombrar la
cosa criada; por tanto, es más concedido a los
perfectos jurar por la criatura, que a ^os imper­
fectos: porque los perfectos, por la asidua con­
templación y iluminación del entendimiento, con­
sideran, meditan y contemplan más ser Dios
nuestro Señor en cada criatura según su propia
esencia, presencia y potencia; y así, en jurar
por la criatura son más aptos y dispuestos para
hacer acatamiento y reverencia a su Criador y
Señor, que los imperfectos.
3.a La 3.a es, que en el asiduo jurar por la
criatura, se ha de temer más la idolatría en los
imperfectos que en los perfectos.
[40] No decir palabra ociosa, la cual entien­
do, cuando ni a mí ni a otro aprovecha, ni a tal
intención se ordena, de suerte que en hablar
para todo lo que es provecho, o es intención de
aprovechar a.1 ánima propia o ajena, al cuerpo
o a bienes temporales, nunca es ocioso; ni por
hablar alguno en cosas que son fuera de su es-
112 Primera Semana

tado, así como si un religioso habla de guerras


o mercancías Mas en todo lo que está dicho
hay mérito en bien ordenar, y pecado en el mal
enderezar o en vanamente hablar.
1413 No decir cosa de infamar o murmurar;
porque si descubro pecado mortal, que no sea
público, peco mortalmente; si venial, venial­
mente: y si defecto, muestro defecto propio. Y
siendo la intención sana, de dos maneras se pue­
de hablar del pecado o falta de otro.
1* manera. La l.u: cuando el pecado es pú­
blico, así como de una meretriz pública, y de
una sentencia dada en juicio o de un público
error que inficiona las ánimas que conversa.
2.a Segundo, cuando el pecado cubierto se
descubre a alguna persona para que ayude al que
está en pecado a levantarle, teniendo tamén
algunas coniecturas o razones probables que le
podrá ayudar.

D e la O bra

1421 Tomando por obiecto los diez manda­


mientos y los preceptos de la Iglesia y comen-
daciones de los superiores; todo lo que se pone
en obra contra alguna destas tres partes, según
mayor o menor calidad., es mayor o menor pe­
cado. Entiendo por comendaciones de superiores,
así como bulas de cruzadas y otras indulgencias
como por paces, confesando y tomando el San­
tísimo Sacramento ; porque no poco se peca era-
ronces. en ser causa o en hacer contra tan pías
exhortaciones y comendaciones de nuestros ma­
yores.

Antes de hablar el Santo de la práctica


de este examen, con la brevedad y clari­
dad tan propias suyas, nos expone la doc­
trina completa sobre las distintas maneras
I ll Exainep general 113
de merecer y de faltar por pensamiento,
palabra y obra.
[321 Comienza distinguiendo tres pen­
samientos: Uno propio mío, otro que pro­
cede del buen espíritu y el tercero que
viene del malo. Presupongo ser tres pensa­
mientos en mí, es a saber, uno propio mío,
el cual sale de mi mera libertad y querer:
y otros dos que vienen de fuera, él uno que
viene del buen espíritu y el otro del malo.
2. D el P e n sam ie n to . Prescinde el San­
to del pensamiento propio mío y del que
viene del buen espíritu, y habla del mal
pensamiento que viene del mal espíritu, o
sea del mal pensamiento que viene de
fuera.
Nótese que trata el Santo en este párra­
fo “Del Pensamiento” , no sólo del mérito
y pecado de pensamiento, sino también
de aquellos pecados de deseo y de obra
que, como de su fuente, se derivan de los
pecados de pensamiento.
[33] y [34] Ninguna dificultad ofrecen
las dos maneras de merecer con el mal
pensamiento: Tanto mayor será el mere­
cimiento, cuanto mayor sea la insistencia
del mal pensamiento al cual resisto im­
promptu y queda vencido. Hay dos mane­
ras de merescer en el mal pensamiento que
viene de fuera, verbi gracia, viene un pen­
samiento de cometer un pecado mortal al
H COM K NT AIM O A LOS EJERCICIOS
Ill Primera ¡Semana

cual pensamieno resisto impromptu y que­


da vencido.
2.a La 2.a manera de merescer es, cuan­
do me viene aquel mismo mal pensamiento,
y yo le resisto, y tórname a venir otra y otra
vez, y yo siempre resisto, hasta que el pen­
samiento va vencido; y esta 2.a manera es
de más merescer que la primera.
Una vez expuesta la manera de merecer,
trata de la manera de pecar venialmente.
[35]. Tres causas señala por las cuales
un pensamiento de materia grave (entién­
dase siempre sin pleno consentimiento y
sin plena deliberación) será pecado venial:
1.a cuando el hombre le da oído haciendo
alguna mórula; 2.a cuando recibe, rescibien-
do alguna delectación sensual;
3.a donde haya alguna negligencia, en
lanzar al tal pensamiento, es decir, en po­
ner los medios para evitarlo, como son.
pensar en alguna cosa distinta, sea buena,
sea indiferente, pedir el auxilio del Señor,
de la Santísima Virgen, etc.
3. Inmediatamente después de haber de­
clarado la manera de merecer y de pecar
venialmente con el pensamiento, se pone
a tratar el Santo de la manera de pecar con
el deseo y con la obra. Parece que deja in­
completa la materia y es muy lógico que
puesto a dar doctrina, la diese completa, y
tratase de la manera de pecar mortalmente
con el pensamiento.
Ill Examen general

Antes de proseguir, vamos a solventar es­


ta dificultad.
Nos parece que esta manera de pecar
gravemente con el pensamiento está in­
cluida en el n. [35]. En efecto, si “venial­
mente se peca, cuando el mismo pensa­
miento de pecar mortalmente viene, y el
hombre le da oído haciendo alguna móru­
la o rescibiendo alguna delectación sensual,
o donde haya alguna negligencia en lanzar
al tal pensamiento” ; si hay algo más que
dar oído, algo más que mórula, etc., ten­
dremos · pecado grave de pensamiento, la
delectación morosa, o sea, “complacencia
deliberada en un objeto malo, pensado co­
mo presente, sin deseo de ponerlo por obra.”
O mucho nos engañamos, o en todos estos
números “Del Pensamiento” habla San Ig­
nacio principalmente, de pensamiento con­
tra el 6.° mandamiento. Y nos fundamos
sobre todo en las tres razones que pone
en el n. [37], máxime en la 3.a, para probar
que el pecado de obra es mayor que el de
deseo. La 3.a, dice, por mayor daño de las
dos personas. Trata, pues, esta escabrosa
materia sin nombrarla por lo recatado que
fué siempre en este punto. Y por ventura
incluyó por esta misma razón en el n. [35]
la delectación morosa claramente, aunque
sin nombrarla. En los Ejercicios, lo mismo
que en las Constituciones, sigue el Santo el
116 Primera Semana

consejo del Apóstol: “ Fornicatio... nec 110-


minetur in vobis" '.
4. D e l a P a l a b r a . También distingue en­
tre el mérito y la falta en lo que a la palabra
se refiere.
A tres cabezas reduce San Ignacio lo que
toca a la palabra: 1.a al juramento; 2.a a
las palabras ociosas; 3.'' a las palabras de
infamación y crítica.
1.a Juramento. [38]. Para que el jura­
mento sea meritorio, tres condiciones se re­
quieren: verdad, necesidad y reverencia.
Una de éstas que falte, deja de ser meri­
torio y habrá pecado. No jurar, escribe, ni
por Criador ni por criatura, si no fuere con
verdad, necesidad y reverencia. Esta nece­
sidad la expresa con estas palabras: Nece­
sidad entiendo, no cuando se afirma con
juramento cualquiera verdad; mas cuan­
do es de algún momento cerca él provecho
del ánima o del cuervo o de bienes tempo­
rales. Y acerca de la reverencia dice: En­
tiendo reverencia cuando en el nombrar de
su Criador y Señor, considerando, (es decir
con reflexión, sin ligereza), acata aquél ho­
nor y reverencia debida.
[39] Advierte en este número que si bien
es más grave el pecado de vano juramento
cuando juramos por Dios que cuando jura­
mos por la criatura; eso no obstante, es
más difícil jurar debidamente por la cria-
J Eph., V, 3.
III. Examen general 117

tura que por el Criador; sobre todo a los


imperfectos. Los perfectos apenas tienen
peligro de jurar por la criatura sin las con­
diciones debidas por el conocimiento que de
Dios nuestro Señor tienen; y así a éstos
es más concedido jurar por la criatura.
5. 2.a Palabras ociosas. [40]. Todo lo que
sea hablar para aprovechar o con inten­
ción de aprovechar, nunca será ocioso; y
esto aun cuando de hecho no aproveche
ni al prójimo ni al que habla. Será ociosa
toda palabra que ni aprovécha ni a tal fin
se ordena. La falta o pecado en esta ma­
teria habrá que medirla por la intención
o fin que tiene él que habla. Oigamos al
Santo: No decir palabra ociosa, la cual
entiendo, cuando ni a mi ni a otro apro­
vecha, ni a tal intención se ordena. De
suerte que en hablar para todo lo que es
provecho, o es intención de aprovechar al
ánima propia o ajena* al cuerpo o a bienes
temporales, nunca es ocioso; ni por hablar
alguno en cosas que son fuera de su esta­
do, así como si un religioso habla de gue­
rras o mercancías. Mas en todo lo que está
dicho hay mérito en bien ordenar, y pe­
cado en el mal enderezar o en vanamente
hablar.
6. 3.a Palabras de infamación y crítica.
[41] Con toda claridad distingue entre el
pecado mortal y el venial y el defecto
cuando se trata de infamación o mur­
lis Primeutt Semana

muración: No decir cosa de infamar o mur­


murar; porque si descubro pecado mortal,
que no sea público, peco m ortalmente; si
venial, venialmente; y si defecto , muestro
defecto propio.
Por lo que se refiere a los dos casos en
que se puede hablar del pecado o falta
de otro , nótese la condición: siendo la in­
tención sana. Si no es sana la intención,
habrá falta o pecado en intención torcida.
Nota 7.a

7. D e l a O b r a . [42]. Es pecado todo lo


que se pone en obra contra los diez man­
damientos y los preceptos de la Iglesia y
comendaciones de los superiores. Y tanto
mayor será el pecado, cuanto sea de más
autoridad aquel que habla en contra. Al
leer cómo especifica el Santo estas comen-
daciones de los superiores, no pueden menos
de venir a la mente las reglas que nos pone
al final del libro “para el sentido verdadero
que en la Iglesia militante debemos tener”,
todo oportuno para aquellos tiempos en que
levantaba cabeza el protestantismo en .
abierta rebelión, contra la santa Iglesia.
[352].

3. [4 3 ]. M odo de h a c e r e l e x a m e n g e n e ­
r a l y c o n t ie n e e n s í c in c o p u n t o s .

1 .° punto. El primer punto es dar gracias a


Dios nuestro Señor por los beneficios recibidos.
III Exame/i general 119

2y El 2.": pedir gracia para conocer los pe­


cados y lanzallos.
3 o El 3.°: demandar cuenta al ánima desde
la hora que se levantó hásta el examen presente,
de hora en hora, o de tiempo en tiempo; y pri­
mero del pensamiento, y después de la palabra,
y después de la obra, por la misma orden que
se dijo en el examen particular.
4:> El 4.°: pedir perdón a Dios nuestro Señor
de las faltas.
5.° El quinto: proponer enmienda con su
gracia. Pater noster.
Este modo de hacer él Examen General
es por demás sencillo y racional. Contie­
ne en sí cinco puntos. “El primer punto es
dar gracias a Dios nuestro Señor por los
beneficios recibidos
Con lo cual vemos la manera cómo se
ha portado con nosotros Dios nuestro Se­
ñor.
“El 2.° pedir gracia para conocer los pe­
cados y lanzallos
Doble gracia nos hace pedir el Santo Pa­
dre: luz para el entendimiento, fuerza pa­
ra la voluntad. En las meditaciones y con­
templaciones que iremos haciendo en el
decurso de los Ejercicios, será muy común
hacernos pedir al principio de cada una
estas dos mismas gracias.
“El 3.° demandar cuenta al ánima: des­
de la hora que se levantó hasta él examen
presente de hora en hora, o de tiempo en
tiempo; y primero del pensamiento, y des­
pués de la palabra, y después de la obra.
Primera Semana

por la misma orden que se dijo en el exa­


men particular.”
Así como en el primer punto vimos la
manera como se porta Dios nuestro Señor
con nosotros; así en este tercero vemos la
manera como nosotros nos hemos porta­
do con nuestro Señor, el modo cómo he­
mos correspondido a sus beneficios. Con
estas consideraciones no puede nuestra al­
ma quedar mejor dispuesta para los dos
puntos que se siguen, para el dolor y el
propósito. Esta forma de examinarnos es
la misma que usará el Santo en el primer
punto del segundo ejercicio. [56] “Traer
a la memoria todos los pecados de la vida,
mirando de año en año o de tiempo en
tiempo.”
Es digno de notarse el orden que sigue
el Santo Padre en este tercer punto: “ Y
primero del pensamiento, y después de la
palabra, y después de la obra.” Por ven­
tura no es lo más frecuente llevar este
orden que señala San Ignacio; y no obs­
tante, no deja de ser sumamente práctico.
No es que pretenda el Santo Padre, es evi­
dente, que vayamos repasando con toda
minuciosidad primero todos los pensamien­
tos, todas las palabras después, y por fin
todas las obras. Siguiendo el orden pres­
crito por San Ignacio es cosa fácil dar con
las faltas. Repetimos lo que en el examen
particular al tratar del sistema de puntos:
III. Examen general 121

Basta que sea norma del Santo, para que


no seamos fáciles en apartarnos de ella.
El 4.a pedir perdón a Dios nuestro Se­
ñor de las faltas
“El 5.° proponer enmienda con su gra­
cia. Pater noster.”
9. N otas. Será de mucho provecho
1 .a
dar gracias en el primer punto por algún
beneficio especial que hayamos recibido en
el día, o detenernos en alguno general que
particularmente nos mueva, y luego fundar
en tales beneficios el dolor y el propósito
cuando lleguemos a los puntos 4.° y 5.°
2.a Persuadirse en el segundo punto de
la necesidad que tenemos de la gracia de
Dios para conocer nuestras faltas e im­
perfecciones. Examinar en este punto ade­
más de las faltas las causas y las ocasio­
nes de las mismas.
3.a En el punto 5.° proponer evitar no
solamente las faltas, sino sus causas y
ocasiones también.
4.a Si alguna falta se repite con faci­
lidad, ponerse sanción, aunque sea peque­
ña, pero constante, y si esto no bastara,
aplicar un tiempo el examen particular.
5.a En el primer punto estarán bien
aprovechados cuatro o cinco minutos; dos
o tres en el segundo y tercero, máxime si
el examen se hace una o dos veces cada
día; y medio cuarto de hora para los dos
últimos puntos.
IV

Confesión general

1. Palabras del Santo—2. Debe el director ir


preparando al que se ejercita., para esta Con­
fesión—3. Modo de proceder con los escru­
pulosos y con los perturbados con excesivas
inquietudes—4. Hágase al final de la pri­
mera semana y antes de la segunda—5· Con
quién deberá hacerse.—6 . Ayúdese al que se
ejercita con algún libro apto.

[44]. C onfession general con la C omu­


n ió n .

1. En la general confesión, para quien vo­


luntarle la quisiere hacer, entre otros muchos,
se hallarán tres provechos para aquí.
1,° El primero: dado que quien cada año se
confiesa, no sea obligado de hacer confesión ge­
neral, haciéndola hay mayor provecho y mérito,
por el mayor dolor actual de todos pecados y ma­
licias de toda su vida.
2." El segundo : como en los tales Ejercicios
Espirituales se conocen más interiormente los
IV. Confesión general 123
pocados y la malicia dellos, que en el tiempo qur-
el hombre no se daba así a las cosas internas,
alcanzando agora más conocimiento y dolor de­
llos, habrá mayor provecho y mérito que antes
hubiera.
3.° El 3.° es consequenter que estando
más bien confesado y dispuesto, se halla más
apto y más aparejado para recibir el Santísimo
Sacramento, cuya recepción no solamente ayu­
da para que no caiga en pecado, mas aun para
conservar en aumento de gracia; la cual confe­
sión general se hará mejor inmediate después de
los ejercicios de la primera semana.

2. Para quien “ voluntarle” la quisiere


hacer. Debe ser esta confesión comple­
tamente voluntaria. Pero el director vaya
preparando y disponiendo a su dirigido y
aun suavemente indúzcale a la confesión
general, ya que son tan notables los pro­
vechos que de ella se seguirán.
3. Con todo, tenga muy en cuenta el
director que esta confesión si bien puede
ser necesaria o conveniente, puede ser tam­
bién perjudicial para el que hace los Ejer­
cicios. El verá lo que se debe hacer o lo que
conviene. Asimismo vea si la confesión ha
de ser general de toda la vida o de parte
de ella solamente. Si el ejercitante no la ha
hecho en toda su Vida y no está pertur­
bado por excesivas inquietudes o escrúpu­
los, no será pequeño el fruto que sacará
de la confesión general, pues, como nota el
santo Padre, en estos día» de retiro conoce
uno más las misericordias divinas, y tiene
1L’4 Primera Semana

además más claro conocimiento de la ma­


licia y gravedad de sus culpas, con lo que
concibe dolor más intenso y perfecto de
ellas.
4. Hace notar San Ignacio que esta con­
fesión general tiene ventajas en este tiem­
po, terminados los ejercicios de la primera
semana y antes de comenzar los de la se­
gunda: La cual confesión general se hará
mejor inmediate después de los ejercicios
de la primera semana. Si se hiciese antes,
no estaría el alma tan bien dispuesta; si
después, podría estorbar en los ejercicios
siguientes.
5. Será conforme a la anotación 17.a [17]
que el confesor sea distinto del que da los
Ejercicios. Esto no obstante, sucederá con
frecuencia que el mismo dirigido prefiera
confesarse con el director.
6. Mucho le ayudará al que recibe los
Ejercicios tener a mano un buen devocio­
nario para el examen de la confesión, para
el cual examen cuide el director de señalar
tiempo.
V

Primer ejercicio
$

Primer preámbulo, o composición del lugar :


Cómo lo explica el P. La Puente. Doctrina del
Santo Padre—2. Segundo preámbulo, o peti­
ción : Doctrina del Santo. Cuán admirable­
mente disponen al ejercitante estos preámbu­
los.—3. Modo y orden que sigue San Ignacio
en los tres puntos —4. Eji cada, uno de los tres
puntos consideramos : a) el pecado; b) circuns­
tancias agravantes del mismo; c) efectos o
castigo; d) lo que vimos eji el 2 ° preámbu­
lo, a saber, cuántos han sido dañados por nn
solo pecado mortal, o lo que en sustancia es lo
mismo, que han ido al infierno muchos sin
cuento por menos pecados que yo he hecho
y cuántas veces yo merescia ser condenado para
siempre por mis tantos pecados - - 5. La grada
ción de los tres puntos deshace las razones es­
peciosas con que podría, escudarse la soberbia
del hombre para disminuir su culpa.—6. Un
fruto de este primer ejercicio que nos dispo­
ne para el ejercicio que se sigue—7. Colo
quio : cuándo y cómo debe hacerse.

[45] PRIMER EXERCICIO ES MEDITACIÓN CON


TRES POTENCIAS, SOBRE EL 1.°, 2.° Y 3.° PE-
Primera Semana

CADO; CONTIENE EN SÍ, DESPUÉS DE UNA ORA¿


CIÓN PREPARATORIA Y DOS PREÁMBULOS, £RES
PUNTOS PRINCIPALES Y UN COLOQUIO1.

1461 O r a c ió n . La oración preparatoria es pe­


dir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas
mis intenciones, acciones y operaciones sean pu­
ramente ordenadas en servicio y alabanza de su
divina Majestad.

De esta oración se habló ya en el Prin­


cipio y Fundamento. Es siempre la misma
[23].
1. l.or p r e á m b u l o . Copiaremos ante todo
para este preámbulo lo que enseña el Padre
La Puente en Introducción a la oración
mental, párrafo VII: “Aunque la oración
mental es obra de las tres potencias supre­
mas del alma..., con todo esto, ayudan para
ejercitarla las otras potencias del alma que
son más inferiores. Entre las cuales, la
primera es la imaginativa, la cual, asi co­
mo impide notablemente la oración cuan­
do está mal doñeada y es vagabunda; así
también ayuda mucho cuando puede con
facilidad formar dentro de sí algunas fi­
guras o imágenes de las cosas que se han
de meditar; porque esto es como atarla a
un solo lugar, y poner delante del alma
espiritualmente la cosa que medita.
Según esto, antes de comenzar la medi­
tación, es bueno procurar con la imagi­
nación hacer dentro de nosotros alguna
V Primer ejercicio 127
figura o imagen de la cosa que pretende­
mos meditar, con la mayor viveza y pro­
piedad que pudiéremos..., advirtiendo que
esto se haga sin quebrar la cabeza; por­
que quien tiene mucha dificultad en ha­
cer tales figuras, mejor es dejarlas y usar
solamente de las potencias espirituales. Por
el contrario, los muy imaginativos han de
estar sobre aviso, porque sus vehementes
•imaginaciones les pueden ser ocasión de
muchas ■ilusiones, pensando que su imagi­
nación es revelación, y que la imagen que
dentro de sí forman, es la misma cosa; y
por su indiscreción suelen quebrarse la
cabeza, y convierten en su daño lo que
tomado con moderación puede ser de pro­
vecho.”
La doctrina que da San Ignacio sobre
esta materia es como sigue:
[47] í.° preámbulo. El primer preámbulo es
composición viendo el lugar. Aquí es de notar
que en la contemplación o meditación visible,
así como contemplar a Cristo nuestro Señor, el
cual es visible, la composición será ver con la
vista de la imaginación el lugar corpóreo, donde
se halla la cosa que quiero contemplar. Digo el
lugar corpóreo, así como un templo o monte,
donde se halla Jesu Cristo o Nuestra Señora,
según lo que quiero contemplar. En la invisi­
ble, como es aquí de los pecados, la composición
será ver con la vista imaginativa y considerar
mi ánima ser encarcerada en este cuerpo co­
rruptible, y todo el compósito en este valle,
como desterrado entre brutos animales; digo
todo el compósito de ánima y cuerpo.
Primera Semana

2. [481 2y preámbulo. El segundo es deman­


dar a Dios nuestro Señor lo que quiero y deseo.
[Nótese cómo habla el Sonto: “Lo que quiero y.
deseo.” La petición debe ser de una gracia que
queremos y deseamos do veras 1. La demanda ha
de ser según subiecta materia, es a saber, si la
contemplación es de resurrección, demandar go­
zo con Cristo gozoso; si de pasión, demandar
pena, lágrimas y tormento con Cristo atormenta­
do. Aquí, será demandar vergüenza y confusión
de mí mismo, viendo cuántos han sido daña­
dos [condenados] por un solo pecado mortal, y
cuántas veces yo merescía ser condenado para
siempre por mis tántos pecados.

Nótese lo bien dispuesta que entra el


alma en la meditación con estos tan apro­
piados preámbulos. Hay que escogerlos siem­
pre tales que nos pongan como en el am­
biente de la meditación momentos antes de
entrar en ella.

[49] Nota. Ante todas contemplaciones o me­


ditaciones. se deben hacer siempre la oración
preparatoria sin mudarse, y los dos preámbulos
ya dichos, algunas veces mudándose según sub­
iecta materia.

3. Antes de proponer los puntos, veamos


el modo y orden que sigue el Santo, para
hacer nosotros en los demás casos de ma­
nera parecida.
En los puntos 1.° y 2.°, en los cuales con­
sideramos pecados concretos, el pecado de
los ángeles y el de Adán y Eva, primera­
mente expone en general el pecado de estas
v. Primer ejercicio 129

criaturas; inmediatamente después nos ha­


ce consideraciones muy atinadas y muy
propias para discurrir por cuenta propia
y mover los afectos de la voluntad. Luego
con más pormenores explana estos mismos
pecados repitiendo con sobriedad algunas
de las consideraciones anteriores o añadien­
do alguna nueva.
En el punto 3.°, donde no especifica pe­
cados, no hace sino considerar el pecado en
general en seres menos culpables, y fun­
dar la gravedad y malicia del mismo en
que es contra la bondad infinita del Cria­
dor y Señor. Dice así:
4. [50] 1.° punto. El primer punto será traer
la memoria sobre el primer pecado, que fué de
los ángeles, y luego sobre el mismo el entendi­
miento discurriendo, luego la voluntad, que­
riendo todo esto memorar y entender por más
me avergonzar y confundir, trayendo en com­
paración de un pecado de los ángeles tantos
pecados míos; y donde ellos por un pecado
fueron al infierno, cuántas veces yo le he me­
recido por tantos. Digo traer en memoria el pe­
cado de los ángeles, cómo siendo ellos criados en
gracia, no se queriendo ayudar con su libertad
para hacer reverencia y obediencia a su Criador
y Señor, viniendo en superbia. fueron converti­
dos de gracia en malicia, y lanzados del cielo al
infierno; y así consequenter discurrir más en
particular con el entendimiento, y consequenter
moviendo más los afectos con la voluntad.
Clarísimo aparece el ejercicio de las tres
potencias: Traer la memoria sobre el pri­
mer pecado..., y luego sobre -el mismo “el
9 COMENTAniO A. LOS EJERCICIOS
*130 Primera Semana

entendimiento discurriendo", luego ”la vo­


luntad’” etc.
Propone sumariamente algunas conside­
raciones mientras va exponiendo de modo
general el pecado de los ángeles: Trayend.)
en comparación de “un pecado ” de los án­
geles “ taiitos pecados” míos; y donde ellos
“por un pecado" fueron al infierno, “ cuán­
tas veces" yo le he merecido por tantos.
Es muy de notar también lo admirable­
mente que va preparando y disponiendo al
que se ejercita para alcanzar aquella ver­
güenza y confusión de que habla en la pe­
tición: Queriendo todo esto memorar [ re­
cordar] y entender “por más me avergonzar
y confundir ”
Especifica enseguida este pecado de los
ángeles y pone 1.° dos circunstancias agra­
vantes: fueron criados en gracia y usaron
contra su Criador la libertad que les había
concedido: Cómo siendo ellos criados en
gracia, no se queriendo ayudar con su li­
bertad para hacer reverencia y obediencia,
a su Criador y Señor (Principio y Funda­
mento) ;
2.°, dice cuál fué el pecado: viniendo en
superbia.
La soberbia raíz de todos los pecados y
males. Contra ella asestará certero los ti­
ros en los ejercicios de “El Rey Temporal»
Dos Banderas, tercer grado de humildad”,
etcétera;
V Primer ejercicio 131

3.°, efectos del pecado: Fueron converti­


dos de gracia en malicia, y lanzados del
cielo al infierno.
Con esto el que se ejercita ya puede dis­
currir y raciocinar “por sí mismo, y hallar
alguna cosa que haga un poco más declarar
o sentir la historia” [2]. Y así consequenter
discurrir más en particular con el entendi­
miento, y consequenter moviendo más los
afectos con la voluntad.
5. Pudiera nuestra soberbia escudarse en
que las criaturas que en este primer punto
consideramos eran, al fin, ángeles, y presen­
tar algunas circunstancias atenuantes: tu­
vieron más claro conocimiento de Dios, no
fueron tentados, etc. En el punto que se
sigue vamos a considerar el pecado de seres
de nuestra misma naturaleza, y los casti­
gos correspondientes a este pecado.
[51] 2.° punto. El segundo: hacer otro tan­
to, es a saber, traer las tres potencias sobre el
pecado de Adán y Eva, trayendo a la memoria
cómo por el tal pecado hicieron tanto tiempo
penitencia, y cuánta corrupción vino en el gé­
nero humano, andando tantas gentes para el
infierno. Digo traer a la memoria el 2.” pecado
de nuestros padres; cómo después que Adán fué
criado en el campo damaceno y. puesto en el
paraíso terrenal, y Eva ser criada de su cos­
tilla, siendo vedados que no comiesen del ár­
bol de la ciencia y ellos comiendo y asimismo
pecando, y después vestidos de túnicas pellí-
ceas y lanzados del paraíso, vivieron sin la
justicia original, que habían perdido, toda su
vida en muchos trabajos y mucha penitencia.
Er

13:’ , Primera Semana

y consequenter discurrir con el entendimien­


to más particularmente, usando de la voluntad,
como está dicho.

Lo mismo que en el anterior vemos tam­


bién en este punto ejercitadas las tres po­
tencias: Traer “las tres potencias” sobre el
pecado de Adán y Eva, “trayendo a la me­
moria” ... Digo traer “ a la memoria” el 2.°
pecado de nuestros padres... y consequenter
“discurrir con el entendimiento más par­
ticularmente, usando de la voluntad ” , como
está dicho.
Habla de modo general del pecado de
Adán y Eva. e indica tres efectos o casti­
gos del pecado; 1.°: por el tal pecado hi­
cieron tanto tiempo penitencia; 2.°: cuán­
ta corrupción vino en el género humano ;
3.° andando tantas gentes para el infierno.
Declara en qué consistió el pecado; pone
las circunstancias agravantes, e indica al­
gunos efectos del mismo insistiendo en la
penitencia.
El pecado: Siendo vedados que no co­
miesen del árbol de la ciencia y ellos co­
miendo, y asimismo pecando.
Agravantes: 1.a Adán recibió cuerpo “que
hizo Dios” ', 2.a puesto en el “paraíso terre­
nal” ', 3.a Eva ser criada de "su” costilla.
Efectos 1.° Lanzados del paraíso; 2 ° sin la
justicia original que habían perdido', 3.° to­
da su vida en muchos trabajos y mucha pe­
nitencia.
V. Primer ejercicio 133

Mucha penitencia. De nuevo hace men­


ción de la penitencia como castigo del pe­
cado de nuestros padres, y precisamente
de la penitencia que por el tal pecado hi­
cieron: Cómo por el tal pecado hicieron tan­
to tiempo penitencia, es decir, vivieron toda
su vida en mucha penitencia. Tal vez habla
así el Santo con el fin de estimular al ejer­
citante a la penitencia. Recuérdese la que
hicieron así él como sus compañeros mien­
tras hicieron los Ejercicios: fué excesiva,
según confesó más adelante; aunque ni se
arrepintió de haberla hecho él ni de ha­
berla permitido a los suyos. La medida
que pone en las penitencias, “cuanto más
y más, mayor y mejor” [83] y “quanto más
y más, mejor” [84], al tiempo en que se ha­
cen esas meditaciones principalmente hay
que aplicarla; ya que de estas meditacio­
nes sale el que se ejercita, al menos así
parece suponerlo el Santo, algo quebran­
tado, según escribe más adelante [129]: “Si
la persona que hace los Exercicios... de la
1.a semana ha quedado en alguna manera
débil, es mejor” etc.
Pudiera también objetar nuestro orgu­
llo que nuestros padres estuvieron ador­
nados de dones particularísimos, cosa que
agrava la culpa. En el punto siguiente va­
mos a considerar los castigos de seres de
nuestra misma naturaleza menos culpa­
bles que nosotros.
134 Primern Semana

152] 3.'' punto. El tercero: asimismo hacer


otro tanto sobre el tercero pecado particular dp
cada uno que por un pecado mortal es ido al
infierno, y otros muchos sin cuento por menos
pecados que yo he hecho. Digo hacer otro tanto
sobre el 3.° pecado particular,· trayendo a la me­
moria la gravedad y malicia del pecado contra
su Criador y Señor, discurrir con el entendi­
miento, como en ei pecar y hacer contra la*
bondad infinita, justamente ha sido condenado
para siempre, y acabar con la voluntad, como
está dicho.
También es claro en este tercer punto
el ejercicio de las tres potencias.
Aquí no habla de pecado alguno con­
creto, sino del pecado en general. Y es
muy de notar que no afirma San Ignacio
que hayan ido muchos ni pocos al infier­
no por un solo pecado mortal. Solamente
nos propone hacer otro tanto sobre el ter­
cero pecado particular de cada uno que
por un pecado mortal es ido al infierno ;
y otros muchos sin cuento por menos pe­
cados que yo he hecho.
Porque este hacer otro tanto no signifi--
ca que sean muchos los condenados por
un solo pecado mortal; sino que el séli1·
tido es este que da el mismo santo Padre:
Digo “hacer otro tanto” sobre el tercero
pecado particular, es decir: Trayendo a id
memoria la gravedad y malicia del peca­
do contra su Criador y Señor, discurrir
con el entendimiento, cómo en el pecar y
hacer contra la bondad infinita, justa-
V. Primer ejercicio 135

mente ha sido condenado para siempre.


No es exaj erado el Santo al expresarse
en estos términos; no juzga con rigor. Por
un solo pecado se merece infierno e infier­
no eterno. El pecado es un mal gravísi­
mo, es un mal sumo contra el Criador,
contra el Señor. El pecador hace contra la
bondad infinita de Aquel de quien no reci­
be otra cosa que beneficios, y esto conti­
nuamente ; y por lo .mismo cualquiera que
esté en el infierno por un solo pecado
mortal, justamente ha sido condenado pa­
ra siempre.
6. No hay duda que el principal fruto de
este primer ejercicio es vergüenza y confu­
sión de mí mismo, como dice en el 2.° preám­
bulo; pero juntamente se saca otro fruto
de suma importancia, y es: un conocimien­
to profundo de la gravedad y malicia del
pecado mortal, que en los tres puntos ve­
mos castigado de manera tan terrible por
un Dios más inclinado a perdonar que a
castigar, y que én el castigar se queda cor­
to. Con esto queda el alma preparada y
dispuesta para el 2.° ejercicio.
7. [53] Coloquio. Imaginando a Cristo
nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer
un coloquio, cómo de Criador es venido a ha­
cerse hombre, y de vida eterna a muerte tem­
poral, y así a morir por mis pecados. Otro tan­
to mirando a mi mismo, lo que he hecho por
Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo ha­
cer por Cristo: y así viéndole tal, y así colgado
№ la cruz, discurrir por lo que se ofreciere.
13ó Primera Semana

De Criador es venido a hacerse hombre.


En el coloquio lo mismo que en los tres
puntos, considera a Dios Criador [Principio
y Fundamento].
De vida eterna a muerte temporal: Tuvo
más cuenta con mi vida eterna, que con su
muerte temporal.
Y así a morir por mis pecados. Motivo
supremo de confusión... Y si alguna difi­
cultad todavía se nos pone delante, poner­
la entre Cristo colgado en cruz por nues­
tros pecados, y nosotros... Ir discurriendo...
anotación 5.a...
El coloquio puede caer muy bien después
de cada uno de los puntps anteriores, o sin
esperar al fin de cada punto, donde uno se
sintiere movido. El Santo lo trae al fin de
la meditación que es cuando la voluntad de
suyo ha de sentirse, al menos tiene moti­
vos particulares para sentirse, especialmen­
te movida.
[54] En este número, después de pro­
poner por vez primera el coloquio de la me­
ditación, nos da modo y orden para hacer
los coloquios, que más adelante [199] com­
pletará.
[54] El coloquio se hace propiamente ha­
blando así como un amigo habla a otro, o un
siervo a su Señor, cuándo pidiendo alguna gra­
cia. cuándo culpándose por algún mal hecho,
cuándo comunicando sus cosas y queriendo
consejo en ellas; y decir un Pater noster.
VI

Segundo ejercicio

1. Magisterio del Santo en ir disponiendo gra­


dualmente al ejercitante por medio de estos
dos primeros ejercicios, al más “crecido e in­
tenso dolor de los pecados”.—2. Proceso de los
pecados.—3. Fealdad y malicia del pecado mor­
tal en s í—4. Gravedad del mismo, ya se con­
sidere al hombre pecador en comparación de
Dios, ya consideramos lo que es el cuerpo, y lo
que es o fué el alma.—5. Gravedad del pe­
cado si consideramos a Dios según sus atri­
butos comparándolos a sus contrarios en el
pecador.—6. La exclamación adviirative puede
muy bien ejercitarse cuando la voluntad se
sienta movida, aun antes del 4 .o punto—7.
Cuán bien nos preparan para el coloquio el
“crescido e intenso dolor y lágrimas de mis
pecados” del 2 .« preámbulo, y la benignidad
que experimentamos de Nuestro Señor.

[55] S egundo exercicio es meditación de


LOS PECADOS Y CONTIENE EN SÍ, DESPUÉS DE LA
ORACIÓN PREPARATORIA Y DOS PREÁMBULOS. CINCO
PUNTOS Y UN COLOQUIO.
l„8 Primera «em ana

Oración. Oración preparatoria sea la misma.


l.° preámbulo. El primer preámbulo será la
misma composición.
2y preámbulo. El 2." es demandar lo que quie­
ro : será aquí pedir crese ido y intenso dolor y
lágrimas de mis pecados.

1. Nótese el magisterio admirable del


Santo. Cuando en la meditación pasada
nos ha presentado “la gravedad y malicia
del pecado contra su Criador y Señor”,
nos propuso la consideración de pecados
ajenos; de este modo nuestro amor pro­
pio y nuestra soberbia no pudieron influir
tanto en nuestro ánimo para dejar de sen­
tir vergüenza y confusión por nuesitras
culpas. Ahora que ya hemos sentido esta
vergüenza y confusión, ahora que ya co­
nocemos la gravedad y malicia del peca­
do, estamos más preparados y dispuestos
para dolemos y llorar los nuestros sin pe­
ligro de ser ofuscados; estamos mejor dis­
puestos para que este dolor sea crecido, in­
tenso y hasta acompañado de las lágri­
mas de perfectisima contrición.

2. [56] ly punto. El primer punto es el


proceso de los pecados, es a saber, traer a la
memoria todos los pecados de la vida, mi­
rando de año en año, o de tiempo en tiem­
po ; para lo cual, aprovechan tres cosas: la
1.a mirar el lugar y la casa adonde he habita­
do; la 2 .a, la conversación que he tenido con
otros; la 3.·1, el oficio en que he vivido.
VI Segundo ejercicio 139

Ir haciendo humilde confesión a Dios


nuestro Señor, de todos nuestros pecados.
Saborear textos apropiados de la Sagrada
Escritura (los versículos del miserere son
excelentes); de los Santos Padres. Busco
los años de mi inocencia, gemía San Agus­
tín, y no los encuentro: tan pequeño, y ya
tan pecador! ¿Cuándo fui yo inocente? Y
San Buenaventura escribe: “Cada día nos
están recordando (los Angeles) los beneficios
de Dios: ¿Quién es el que te crió, el que te
redimió? ¿Qué hiciste? ¿A quién ofendiste?
Estas cosas si bien las consideras, no ten­
drás otro remedio que llorar.” Puede verse
también la meditación 3.a, punto 1.° t. 1."
del P. La Puente.
No descender en este punto a muchos
pormenores, máxime en materias que pue­
dan excitar nuestra sensibilidad, como se­
ría el pecado de ira o contra el 6.° man­
damiento, etc.

3. [57] 2.° punto. El 2.°: ponderar los pecados


mirando la fealdad y la malicia que cada pe­
cado mortal cometido tiene en sí, dado que no
fuese vedado.

Donde es de notar el verbo que usa el


Santo Padre: ponderar. En el punto ante­
rior hemos examinado los pecados; en éste
segundo los ponderamos.
Dado que no fuese vedado, es decir, aun
cuando no estuviese prohibido el pecado
140 Primera Semana

mortal. No hay peor ni más deforme feal­


dad que la del hombre esclavo del pecado,
dominado por sus pasiones, ira, odio, etc.
La razón, que debiera ser la señora, que­
da como esclavizada por los apetitos des­
ordenados: en cierto modo, el hombre se
hace inferior a las bestias... Véase La
Puente, ib., punto 3.°.

4. [58] 3.' punto. En este punto conside­


ramos en primer lugar lo que es el hom­
bre en comparación de Dios (1.°, 2.° y 3.°);
luego, qué es el hombre en cuanto al cuer­
po, y por fin, lo que es en cuanto al al­
ma (4.°).
El tercero: mirar quién soy yo, disminuyén­
dome por ejemplos: primero, cuánto soy yo en
comparación de todos los hombres; 2.° qué cosa
son los hombres en comparación de todos los
Angeles y Santos del paraíso; 3.°, mirar qué
cosa es todo lo criado en comparación de Dios;
pues yo solo ¿qué puedo ser?; 4.°, mirar toda mi
corrupción y fealdad corpórea; 5.° mirarme como
una llaga y postema de donde han salido tan­
tos pecados y tantas maldades y ponzoña tan
turpísima.

La Puente, med. 4.a, puntos 3.°, l.° y 2.°


Siendo, pues, yo tal, parece que no vale
la pena de que todo un Dios infinito se
cuide ni se ocupe en aplastarme, destruir­
me... Quien ha cometido un solo pecado
mortal... parece que no debiera levantar
cabeza en tod'a su vida...
VI Segundo ejercicio 141

La inmensa bajeza, la distancia infini­


ta entre Dios ultrajado y el pecador, pa­
rece expresarla el Santo en la frase: Pues
yo solo que puedo ser?” ; no dice ¿qué
soy?
5. [593 4." punto. Comparar los atri­
butos de Dios contra quien he pecado, atri­
butos que yo he como herido y deshonra­
do. Este punto 4.° tiene mucha fuerza.
Cuatro atributos enumera el Santo, que no
pueden ser mejor escogidos: su sapiencia,
su omnipotencia, su justicia, su bondad.
k
El cuarto: considerar quién es Dios, contra
quien he pecado, según sus atributos, compa­
rándolos a sus contrarios en m í: su sapiencia,
a mi ignorancia; su omnipotencia, a mi fla­
queza: su justicia, a mi iniquidad; su bondad,
a mi malicia.

La Puente, med. V, puntos 1.° y 2.°

6. [60] 5." punto. Este punto no es


preciso que se guarde para después del 4.°:
muy bien podemos echar mano de él des­
pués del 3.", o cuando la voluntad se sien­
ta movida.

El quinto: exclamación admirative con cres-


cido afecto, discurriendo por todas las criatu­
ras, cómo me han dejado en vida y conser­
vado en ella; los ángeles, como sean cuchillo
de la justicia divina, cómo me han sufrido y
guardado y rogado por m í; los santos, cómo han
sido en interceder y rogar por mí: y los cielos.
142 Primera Semana
sol, luna, estrellas y elementos, i'ruLos, aves,
peces y animales; y la tierra cómo no se ha
abierto para sorberme, criando nuevos infier­
nos para siempre penar en ellos.

Dos cosas muy dignas de notarse: 1.a un


Dios que en el ejercicio'anterior vi tan
justiciero, y que tan terrible venganza to­
ma de sus criaturas rebeldes, le veo tan
benigno en el presente ejercicio conmigo
criatura vilísima, de corrupción y fealdad
corpórea que tan abominable me hacen;
conmigo, llaga y postema de donde han
salido tantos pecados y tantas maldades y
ponzoña tan turpísima.
Llega a lo sumo esta benignidad de Dics
para conmigo, quien no solamente me
aguantó, sino que en cierto modo contuvo a
las criaturas, aun inanimadas, para que no
tomasen conmigo venganza de su Dios por
mi ultrajado, y acabasen mi vida; y que se
hubo, para hacer uso de una frase que San
Ignacio empleará más adelante, ad modum
labor antis, para que me sustentaran y re­
galaran. mientras yo le ofendía y vivía en
enemistad con su divina Majestad.
2.a El dolor tan inmenso que tan a los
principios y en tan corto tiempo nos ha
hecho concebir de nuestras culpas, pues nos
parece poco el infierno de los condenados
para nuestros pecados, y quedamos como
atónitos y aturdidos, exclamación admira t
-
tiv'e con crescido afecto, considerando la
VI. Segundo ejercicio H3

lierra cómo no se ha abierto vara sorberme,


criando nuevos infiernos vara siemvre pe­
nar en ellos.
7. Con estos sentimientos entramos en
el coloquio, que no es posible sea de otra
materia que de misericordia, razonando so­
bre esos juicios de Dios tan misericordiosos,
tan ocultos y tan profundos, dando gracias
a mi Dios, que tan mío es y ha de serlo en
lo sucesivo, porque me ha dado vida a mí,
criatura infeliz y despreciable, hasta aho­
ra: verdades que deberán despertar en mi
alma los sentimientos más vivos de grati­
tud, los más sinceros propósitos.

f61J Coloquio. Acabar con un coloquio de


misericordia, razonando y dando gracias a Dios
nuestro Señor, porque me ha dado vida hasta
agora, proponiendo enmienda con su gracia pa­
ra adelante. Pater noster.

Detenerse en la "palabra Pater.


VII

Tercer ejercicio

1. Repetición : cómo debe hacerse y a qué fin


se encamina—2. Importancia de los coloquios
en ella. Cuánta importancia da San Ignacio
a que se interese la parte sensible o sintamos
(nota 8.a).—3. Doctrina de la Mediación de
Nuestra Señora.—4. Suavidad con que nos dis­
ponen para la reforma de vida las tres gra­
cias que pedimos—5. Por qué no pide el San­
to que sintamos conocimiento del mundo.—
6 Oportunidad del conocimiento del mundo
en este coloquio—7. Mediadores nuestros en
los asuntos de mayor importancia.

r 621 T e r c e r o e x e r c ic io es r e p e tic ió n d e l
1 ' Y 2.° EXERCICIO h a c i e n d o t r e s c o l o q u i o s .

1 Después de la oración preparatoria y dos


preámbulos, será repetir el primero y 2.° ejer­
cicio, notando y haciendo pausa en los puntos
que he sentido mayor consolación o desolación
o mayor sentimiento espiritual, después de lo
cual haré tres coloquios de la manera que se
.sigue.
VII. Tercer ejercicio 145

En estas Repeticiones no debieran propo­


nerse propiamente puntos. El que se ejer­
cita note y haga pausa en aquellos puntos
ío ideas, verdades, sentimientos, y esto no
se haga sin orden y concierto, sino, como
advierte el P. Roothaan, ordenadamente y
uno después de otro), en que sintió o mayor
consolación o mayor desolación o mayor sen­
timiento espiritual. Mayor desolación, escri­
be el Santo, puesto que es muy propio de
nuestro Señor hacer salir agua de la peña
dura al segundo golpe cuando no salió al
primero, y pagar con generosidad nuestra
perseverancia en la buena obra.
Estas Repeticiones se encaminan princi­
palmente a robustecer las resoluciones de
la voluntad. Se cumple en ellas aquello de
la anotación 2.á: “No el mucho saber harta
y satisface al ánima, mas el sentir y gustar
de las cosas internamente” [2].
2. Lo importante en ellas son los colo­
quios que no hay que dejar en ningún caso,
y a los cuales hay que dar buena parte del
tiempo. Nada menos que tres coloquios pres­
cribe San Ignacio en esta primera Repeti­
ción.
[63] 1.0 coloquio. El primer coloquio a Nues­
tra Señora, para que me alcance gracia de su
Hijo y Señor para tres cosas: la primera para
que sienta interno conocimiento de mis pecados
y aborrescimiento dellos: la 2.a para que sienta
fl desorden de mis operaciones, para que, abo-
rresdondo. me enmiende y me ordene: la 3.a
10. - COM KNTAiaU A LOS EJERCICIOS
14o Primera Sernmui
pedir conocimiento del mundo, para que abo-
rresciendo, aparte de mí las cosas mundanas y
vanas, y con esto un Ave María.
2.° coloquio. El segundo, otro tanto al Hijo,
para que me alcance del Padre, y con esto el
Anima Christi.
3:' coloquio. El tercero, otro tanto al Padre,
para que el mismo Señor eterno me lo conceda,
y con esto un Pater noster.
(Nota 8.a]

Dos cosas dignas de particular mención


encontramos en estos coloquios: 1.a la doc­
trina de la mediación de la Virgen Santí­
sima para con su Hijo, y la del Hijo para
con el Eterno Padre; 2.a las tres gracias
que nos hace pedir.
3. 1.a Mediación: El primer coloquio a
Nuestra Señora para que me “ alcance” (no
dice para que me conceda, aunque pudiera
muy bien decirlo) gracia de su Hijo y Se­
ñor , para... Otro tanto al Hijo, para que me
“alcance" (no dice tampoco conceda) del
“P adre’. Exactamente la forma de orar que
usa la santa Iglesia en la oración de la fies­
ta B. M. V., omnium gratiarum Mediatrícis:
“Domine Jesu Christe, noster apud Patrem
mediator, qui B. V. Matrem tuam, matrem
quoque nostram et apud te Mediatricem
constituere dignatus es:...”
2.a Tres gracias: No solamente nos hace
pedir conocimiento interno, íntimo, profun­
do de los pecados, sino que sienta un cono-
miento tal de mis pecados y aborrecimien-
VII. Tercer ejercicio 147

lo dcüos. Si se ha logrado el íruto, si hemos


alcanzado las gracias que pedimos en las
meditaciones precedentes, con facilidad ob­
tendremos esta primera del presente colo­
quio.
4. En la segunda petición pasamos más
adelante: Para que “sienta ” el desorden...
El punto 2.° del ejercicio anterior sirvió y
dispuso maravillosamente al ejercitante pa­
ra sentir tal desorden, aun sin darse tal vez
cuenta, vY es cosa verdaderaramente celes­
tial y divina, lo lejos que nos pone del pe­
cado el santo Padre en tan corto espacio de
tiempo, con verdades de todos muy cono­
cidas, pero tan lógica e íntimamente enla­
zadas y, sobre todo, preparando y dispo­
niendo al que se ejercita de manera tan
suave y eficaz con su actividad y su co­
operación a la gracia.
Para que aborreciendo, me enmiende y
me ordene. He aquí como la semilla, el fun­
damento, para la reforma de la vida, con­
forme a la divina voluntad.
5. En la petición de la tercera gracia no
pide el Santo como lo hace en las dos an­
teriores, que sienta , y sin duda que inten­
cionadamente deja de usar esta palabra.
Cuando se trata de pecados y desórdenes
pasados, de penas que debiéramos padecer
por los mismos, según veremos en el 5.°
ejercicio, de hacer nuestros los sentimien­
tos de nuestro Señor Jesucristo, como vere-
148 Primera Semana

mos en la 3.a semana; emplea el Santo Pa­


dre el verbo sentir. Tratándose del mundo,
no hay por qué pedir que sintamos sus co­
sas, sus vanidades, sus pompas, etc.; es
suficiente que las conozcamos, y sólo este
conocimiento nos bastará para aborrecer
y apartar de nosotros las cosas mundanas y
vanas. En efecto, ¡qué ridículo y vano y
despreciable es en sus cosas, en sus mo­
das... y qué voluble e inconstante! ¡Qué ti­
rano con sus seguidores! Lo que hoy está de
moda, mañana ya será anticuado. ¡A qué
privaciones hay que sujetarse para ciertas
exigencias de sociedad! En fin, vanitas va-
nitatum; et omnia vanitas: todo el mundo
se engaña mutuamente. Y aunque todos es­
tán convencidos de la adulación, de la fal­
sedad, de la mentira,... todos gustan, todos
buscan... tales engaños y vanidades. Con
toda insistencia debemos pedir en los tres
coloquios este conocimiento del mundo para
que aborreciendo, aparte de mí las cosas
mundanas y vanas.
6. Conocimiento del mundo para que
aborreciendo, aparte de mí las cosas mun­
danas y vanas. Muy oportuna tal petición
en este coloquio. Hemos vivido en medio de
un mundo cuyas máximas y principios, dia­
metralmente opuestos a las máximas y prin­
cipios del Evangelio, han sido la norma en
nuestro obrar sin haberlo advertido nos­
otros mismos; han sido la causa de núes-
V II. Tercer ejercicio 149

tros extravíos, de nuestros pecados. Aho­


ra caemos en la cuenta de engaño y error
tan funesto.
Por el daño que nos ha hecho el mundo
podemos conocerlo bien; pero no es menor
el conocimiento que del mismo mundo po­
demos sacar por el daño que puede hacer­
nos aún. Es enemigo mortal; y tenemos ne­
cesidad de vivir en medio de él.
Escribe el apóstol San Juan: “No queráis
amar al mundo ni las cosas mundanas. Si
alguno ama al mundo, no habita en él la
caridad del Padre: porque todo lo que hay
en el mundo, es concupiscencia de la car­
ne, concupiscencia de los ojos y soberbia
de la vida; la cual no nace del Padre sino
del mundo. Pasa el mündo y su concupis­
cencia” 1 y Santiago escribió: “ ¿No sabéis
que el amor de este mundo es una enemis­
tad contra Dios? Así, pues, todo aquel que
quiere ser amigo del mundo, se constituye
“enemigo de Dios” 2.
Para que aborreciendo. Tal conocimien­
to del mundo nos llevará a un aborreci­
miento práctico del mismo, que nos hará
obrar de un modo enteramente opuesto a sus
máximas y principios. Con el cual aborre­
cimiento quedarán nuestras almas admira­
blemente dispuestas para los coloquios del
“Rey Eternal” y de “Dos Banderas” . Es por

1 1*. II, 15 17.


·? 1\ r A
*50 Primera- Semana
tanto muy oportuna esta tercera petición
en los coloquios de este tercer ejercicio,
7. También podemos aprender los Me­
diadores que debemos tomar para con el
Padre en los asuntos de mayor importan­
cia al menos, y la suma reverencia con que
debemos presentarnos ante el Señor y trar
tar con su divina Majestad.
VIII

Cuarto ejercicio

1. Resumen : diferencia entre el resumen y la


repeticióji.—2. Modo de resumen que pone el
Santo Padre al fijial de la 3.a- semana.

1. [6 4 ] C uarto e x e r c ic io es r e s u m ie n d o

ESTE MISMO TERCERO.

Dije resumiendo, porque el entendimiento, sin


divagar, discurra asiduamente por la reminis­
cencia de las cosas contempladas en los Ejer­
cicios pasados, y haciendo los mismos tres co­
loquios.

El Santo distingue entre Repetición, que


fué el ejercicio anterior, y Resumen, que
es el presente. Vimos ya que la repetición
se encamina principalmente a consolidar y
fortificar la voluntad, aunque en la repe­
tición recibe el entendimiento también más
luz para entender con mayor claridad las
15'J Primera Semana

verdades ya contempladas. El Resumen se


dirige principalmente al entendimiento, y
tiene por fin revolver y grabar más pro^
fundamente en él las verdades que por va­
rias veces se han contemplado, y esto lo
hace con constancia (asiduamente) con fa­
cilidad (sin divagar), siguiendo suavemente
el hilo de las cosas contempladas en los
anteriores ejercicios, y que sin dificultad va
recordando: El entendimiento sin divagar,
discurra asiduamente por la reminiscencia
de las cosas contempladas en los ejercicios
pasados; con todo, no excluye, como es na­
tural, los actos de la voluntad, por esto ter­
minamos el Resumen haciendo los mismos
tres coloquios.
2. A este Resumen parece referirse el
Santo Padre en el final de la 3.a semana.
Para aquellos que hacen los Ejercicios sin
acortarlos ni alargarlos, dice [208, 7.° día]:
“En lugar de las dos repeticiones y de los
cinco sentidos, considerar todo aquel día,
cuanto más frecuente podrá, cómo el cuer­
po sacratísimo de Cristo nuestro Señor que­
dó desatado y apartado del ánima, y dón­
de y cómo sepultado. Asimismo conside­
rando la soledad de Nuestra Señora con tan­
to dolor y fatiga; después por otra parte
la de los discípulos.” Esta fué la materia de
contemplación del día anterior. Y este mis­
mo día 1.“ y último de la 3.a semana hace
tomar al ejercitante “en el ejercicio de la
VIII. Cuarto ejercicio 153

media noche y de la mañana toda la pasión


junta."
Este Resumen, para aquellos que quieren
alargar la.s meditaciones de esta misma 3.a
semana, deberá hacerlo el ejercitante du­
rante tres días: “Asimismo, después de aca­
bada la pasión, tome un día entero la mitad
de toda la pasión, y el 2.° día la otra mitad,
y el 3.° día toda la pasión” [209].
Finalmente, para los que quieren abreviar
la semana, escribe: “No haciendo repeticio­
nes ni el traer de los sentidos, haga cada día
cinco ejercicios distintos, y en cada uno
ejercicio, distinto misterio de Cristo nues­
tro Señor, y después de así acabada toda la
pasión, puede hacer otro día toda la pasión
junta, en un ejercicio o en diversos, como
más le parecerá que aprovecharse podrá”
[209]. De manera que para éstos quita re­
peticiones y el traer de los sentidos, y les
señala un día entero que deberán consa­
grar a resumir toda la pasión, cosa que
pueden hacer en un ejercicio o en diversos.
IX

Quinto ejercicio

1. Por qué se propone como aplicación de sen­


tidos sin haber precedido meditación particu­
lar del infierno (nota 9·*).—2. Ejercicio muy
propio también para los que camijian por las
vías iluminativa y unitiva.—3. Admirable ma­
gisterio del Santo en proponer como motivo
de dolor de los pecados las penas que padecen
los condenados, después de haberlo fundado
en motivos más nobles y perfectísimos : (no­
ta 10.a).—4 . Especial empeño de San Ignacio,
en que advirtamos el crecido número de los
que se condenan : (nota 11 .a) —5 . Sentimien­
tos de gratitud y de celo que despierta en el
corazón del que se ejercita, el coloquio del
quinto ejercicio.

1. [ 6 5 ] Q u i n t o e x e r c i c i o e s m e d i t a c i ó n del
in f ie r n o : c o n t ie n e e n s í , d e s p u é s de l a o r a ­

c ió n PREPARATORIA Y DOS PREÁMBULOS, CINCO


PUNTOS Y UN COLOQUIO.

1. [Nota 9.a]
ÍX . Quinto ejercicio

Oración. La oración preparatoria sea la só­


lita.
1.° preámbulo. El primer preámbulo, compo­
sición, que es aquí ver con la vista de. la ima­
ginación la longura, anchura y profundidad del
infierno.
2." preámbulo. El segundo, demandar lo que
quiero: será aquí pedir interno sentimiento de
la pena que padeseen los dañados, para que si
del amor del Señor eterno me olvidare por rnis
Jaitas, a lo menos el temor de las penas me
ayude para no venir en pecado.

Dañados, es decir, condenados.


Dañados es abreviatura de damnados\ y
damnado, del latino damnato es lo mismo
que condenado.
Pedimos, no ya conocimiento solamente,
sino sentimiento y sentimiento interno, pro­
fundo; que se interese nuestra misma par­
te inferior.
2. Es, por tanto, esta meditación así para
los pecadores, como para los que aborrecen
los pecados y hasta el desorden de las ope­
raciones. Esto podemos deducirlo del lugar
que ocupa esta meditación, a saber, inme­
diatamente después de los coloquios del 3.°
y 4.° ejercicio; se deduce también de la pe­
tición que hacemos en el ejercicio presen­
te: Para, que si del amor del Señor eterno
me olvidare por mis faltas, a lo menos el
temor de las penas me ayude para no venir
en pecado.
Sea este santo temor como el fiador de
15o Primera Semana

mis propósitos; sea si es permitido hablar


en esta forma, como el último cartucho;
téngalo yo de reserva por si alguna vez lle­
gara a olvidarme del amor. Y lo tendré
ciertamente, si logré aquel interno senti­
miento de la pena que padescen los dañados
que he pedido en el 2.° prámbulo.
3. Nota 10.a
[66] i." punto. El primer punto será ver con
la vista de la imaginación los grandes fuegos,
y las ánimas como en cuerpos ígneos.
167] 2y El 2.°: oír con las orejas llantos,
alaridos, voces, blasfemias contra Cristo nues­
tro Señor y contra todos sus Santos.
[68] 3.° El 3.°: oler con el olfato humó,
piedra azufre, sentina y cosas pútridas.
[69] 4.° El 4.°: gustar con el gusto cosas
amargas, así como lágrimas, tristeza y el ver­
me de la consciencia.
[70] 5.° El 5.°: tocar con el tacto, es a sa­
ber, cómo los fuegos tocan y abrasan las áni­
mas.
[Nota 11»].
[71] Coloquio. Haciendo un coloquio a Cris­
to nuestro Señor, traer a la memoria las ánl·
mas que están en el infierno: unas porque no
creyeron el advenimiento; otras creyendo, no
obraron según sus mandamientos, haciendo tres
partes:
2.a parte. La 1.a antes del advenimiento; 2.¡l
La 2.a en su vida; 3.a La 3.a después de su vida
en este mundo; y con esto darle gracias, por­
que no me ha dejado caer en ninguna destas
acabando mi vida.
Asimismo, cómo hasta agora siempre ha te­
nido de mí tanta piedad y misericordia, aca­
bando con un Pater noster.
IX . Q uinlo ejercicio 157

5. Un sentimiento muy principal y muy


noble despierta en nuestras almas este co­
loquio: gratitud profunda a Cristo nuestro
Señor tan misericordioso conmigo: Hacien­
do un coloquio a “Cristo nuestro Señor"...
y con esto “ darle gracias” porque no me ha
dejado caer en ninguna destas (partes o
grupos de almas condenadas).acabando mi
vida. Asimismo, cómo hasta agora siempre
ha tenido de mí “tanta piedad y miseri­
cordia”...
Además; del número tan crecido de con­
denados, que aparece en este coloquio, otro
sentimiento también nobilísimo, pretende
sin duda San Ignacio despertar en el ejer­
citante: celo, que se avivará en el modo
original como propondrá la contemplación
de la Encarnación: allá contemplaremos a
tantos hermanos nuestros que se condenan
irremediablemente, y por cuya salvación el
mismo Hijo de Dios toma nuestra naturale­
za pasible y mortal.
Así, pues, además de un propósito firmí­
simo de no volver a pecar en lo sucesivo,
que es el fin principal de esta meditación,
como vimos en el 2.° preámbulo, debe el que
se ejercita sacar estos sentimientos tan no­
bles de gratitud a Cristo y de celo por las
almas.
Otros ejercicios
para esta primera semana

1 Muerte y juicio: conveniencia de estas dos


Pecado venial—2. Misericordia
m e d ita c io n e s .
de Dios.: conveniencia de esta meditación—3.
Advertencia que convendrá tenerse en cuenta
en el último de los ejercicios, que se añada aí
último de los cinco que propone el Santo.—
4. ¿En qué forma deberán hacerse los cinco
ejercicios de esta 1 .a semana? (nota 12.a)—5.
Disposiciones del ejercitante al final de esta
semana : humildad, confianza, gratitud a Cris­
to y celo.

1. Después del 5.° ejercicio, con provee­


dlo se darán las meditaciones sobre la
MUERTE y EL JUICIO.
Proponer tales meditaciones es muy con­
forme a lo que San Ignacio aconseja en
la adición 6.' [781, que se vaya pensando en
estos días... “ trayendo más en memoria la
muerte, el juicio \
X Otros ejercidos

No poco ayudará también haber hecho


estas meditaciones cuando se llegue ■a la
elección, máxime si se hace por el 2." modo
f186 y 1871.
De ayuda poderosísima serán estas mis­
mas meditaciones para reforzar los propó­
sitos del tercer ejercicio. Recuérdese que «n
el coloquio pedimos que -"Sienta el desorden
de mis operaciones, para que, aborreciendo,
me enmiende y me ordene.” Maravillosa es
la verdad del juicio particular para conse­
guir este fruto. Y la meditación de la muer­
te es eficaz como ninguna otra para alcan­
zar “conocimiento del mundo, para que
aborreciendo, aparte de mí las cosas munda­
nas y vanas.”
Propónganse, pues, estas dos meditacio­
nes; pero ordénense a conseguir estos fru­
tos que el Santo se propone en esta 1.a se­
mana. No se salgan del marco.
De estas dos meditaciones dice el Direc­
torio: “el que se omitan estos dos ejercicios
ha de ser un caso muy raro, porque son de
grandísima importancia y muy eficaces pa­
ra apartarnos de todo amor desordenado a
estas cosas visibles; y en estas meditacio­
nes concibe el alma aquel santo temor de
Dios que dará por resultado el espíritu de
salud.” (cap. 15, n. 4).
En cuanto al lugar donde deben propo­
nerse, es evidente que, dada la trabazón de
los cinco ejercicios de primera semana; hay
lhO Primera Semana

que colocarlas después del 5.°. Obrar de otro


modo creemos que sería contrario al plan
de estos ejercicios, y perjudicial.
Cierto que según el orden cronológico, an­
tes del infierno están la muerte y el juicio;
pero este orden en tales ejercicios no debe
ser tenido en cuenta; más bien sería per­
judicial. como hemos dicho.
Lo que se ha escrito de las meditaciones
de la muerte y del juicio, hay que aplicarlo
a la del p e c a d o v e n i a l si por ventura se
diera. También es a propósito para asegu­
rar el fruto del tercer ejercicio.
2. Es muy común añadir y poner como
última, una meditación sobre la m i s e r i c o r ­
d ia de Dios.

Creemos que no es necesaria; pero sí


conveniente. Decimos que no es necesaria
porque los coloquios de los ejercicios 1.°, 2.°
y 5.° respiran todos amor inmenso por par­
te de nuestro Señor Jesucristo, paciencia
y bondad infinitas por parte de Dios nues­
tro Señor. Lo cual deberá tener muy en
cuenta el director. Nunca presente a Dios
riguroso, sino justo, que no es lo mismo, y
para el ejercitante preséntele infinitamen­
te misericordioso y amante, que así lo hace
el santo Padre en estos coloquios.
Por otra parte, es conveniente dar una
meditación sobre la misericordia divina: he­
mos considerado en los ejercicios preceden­
tes á un Dios que castiga; con provecho
X Otros ejercicios 161

consideraremos también a un Dios que per­


dona, sobre todo si atendemos al modo co­
mo perdona, es decir, enteramente y, cuan­
to está de su parte, sin acordarse ya de lo
pasado.
3. Añádanse los ejercicios que se crean
convenientes. Una advertencia, que creemos
de importancia, vamos a hacer: Salga el
ejercitante del último ejercicio con los sen­
timientos del coloquio del infierno, que es
el último ejercicio que propone el Santo,
sentimientos que son la disposición más ex­
celente para el primer ejercicio de 2.a se­
mana “el llamamiento del Rey temporal...”
celo, gratitud a Cristo nuestro Señor [71].

4. [72] Nota. El primer ejercicio se hará a


la media noche; el 2.° luego en levantándose
a la mañana; el 3.° antes o después de la misa,
finalmente que sea antes de comer; el 4.° a la
hora de vísperas; el quinto una hora antes de
cenar. Esta repetición de horas, más o menos,
siempre entiendo en todas las cuatro semanas:
según ia edad, disposición y temperatura [com­
plexión] ayuda a la persona que se ejercita,
para hacer los cinco ejercicios o menos.

Nota 12.a

F r u t o de l a 1.a s e m a n a

5. El fruto que el ejercitante habrá saca­


do de esta 1.a semana, creemos que puede
reducirse a las disposiciones en que debe en­
contrarse al fin de ella. Son las siguientes:
11- COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
lt>i? Primera Semana

Humildad, confianza, gratitud a Cristo


nuestro Señor y celo.
Humildad, fundada: a) en su nada; b),eri
castigos de menos culpables; c) en sus pe­
cados, aunque ya perdonados; d) en el in- ■
fierno que tiene merecido.
Confianza, fundada: a) en que es criatu­
ra de Dios; b) en los pecados que le perdonó
Dios nuestro Señor; c) en que no ha sido
arrojado al infierno. Algo pretende Nues­
tro Señor de él cuando le ha perdonado y
no le ha castigado por toda una eternidad.
Gratitud a Cristo nuestro Señor que sacó
sin duda alguna del coloquio del primer
ejercicio y del quinto.
Celo, según vimos en el comentario al
n. [71].
Estas excelentes disposiciones tienen al
que se ejercita verdaderamente preparado
y dispuesto para comenzar la segunda jor­
nada.
Es maravillosa y. si se permite la frase,
es divina, la manera como San Ignacio va
preparando y disponiendo el ánima me­
diante los ejercicios que preceden, para ha­
cer con fruto los que inmediatamente si­
guen.
Adiciones

1. Qué son —2. Su importancia.—3. Eficacia de


las mismas : doctrina del Directorio, del Padre
Diego Mirón y del P.’ Roothaan—4. Adverten­
cias.

[7 3 ] A d d i c io n e s para m e jo r hacer los

EXERCICIOS Y PARA MEJOR HALLAR LO QUE DESEA.

1. Con lo que el Santo Padre enseña en


las anotaciones, con los documentos que da
para los actos o ejercicios, oración prepara­
toria, preámbulos, modificados éstos según
subiecta materia, con las indicaciones que
va haciendo sobre la manera de ir ejerci­
tando las tres potencias en el primer ejer­
cicio, así en los puntos como en el colo­
quio [461-[541, todo lo cual es aplicable a
los Ejercicios, meditaciones y contempla·
164 P rim era ¡S em a n a

clones de las cuatro semanas; nos suminis­


tra todo lo necesario y conveniente para,
hacer los ejercicios. Tenemos lo sustancial,
por así decirlo, para ejercicios, meditacio­
nes y contemplaciones. Pero además el San­
to añade ciertas normas, que llama Adicio­
nes, y que encamina a que se hagan mejor
los Ejercicios, y hallar de este modo mejor
lo que uno desea.
No era amigo San Ignacio de encareci­
mientos. ni mucho menos gustaba de alabar
y encarecer sus cosas; más bien decía o
escribía con sencillez. El título que pone a
estas Adiciones es una muestra. Uno que se
contente con leer el título sin conocer el
carácter del Santo, podrá creer que en es­
tas Adiciones se trata de unas normas de
poca monta, de ciertas prácticas de supe­
rerogación, como si dijéramos. No es así.
Son normas importantísimas, como vamos
a ver.
2. Importancia .—La que les da el San­
to es grandísima: durante todos los Ejer­
cicios hace llevar al ejercitante el examen
particular de defectos sobre Ejercicios y
Adiciones: [90]. Con todo cuidado irá des­
cendiendo cada una de las semanas muy
minuciosamente a las Adiciones que con­
vendrá mudar y a la manera como se ha­
brán de modificar: [130], [206], [207], [229],
Es digna de notarse la insistencia con que
habla al final del número [130] : “De ma-
X I. Adiciones 165

ñera que se hagan todas las diez adiciones


con mucho cuidado.”
3. Eficacia. Claro que esta importancia
de las Adiciones es principalmente por la
eficacia que tienen para conseguir lo que
se pretende. Y al usar esta palabra efica­
cia, no es nuestro ánimo vincularles una
especie de infalibilidad en obtener el efec­
to quasi ex opere operato; pero sí una
eficacia fundada en que: “Facienti quod
est in se, Deus non denegat gratiam” .
Porque este es el arte divino del Santo
Padre, tanto en estas Adiciones como en
otras normas y documentos que va dando
en el decurso de los Ejercicios: que coopere­
mos a la obra de la gracia cuanto alcanzan
nuestras fuerzas, con lo cual podemos pro­
meternos, sin ser temerarios, el auxilio di­
vino para conseguir lo que queremos y de­
seamos.
Cumplidas fielmente todas las Adiciones,
es tal la confianza que tiene el Santo, que
si a aquel que se ejercita no le vienen algu­
nas mociones o del buen espíritu que le
anima a seguir adelante, o del malo que le
pone impedimentos, no duda en atribuirlo
o a que el ejercitante no hace bien los
Ejercicios o a que no cumple con diligencia
las Adiciones. Estas son sus palabras: “El
que da los Ejercicios, cuando siente que al
que se ejercita no le vienen algunas mocio­
nes espirituales en su ánima, así como con-
160 Primera Semana

solaciones o desolaciones, ni es agitado de


varios espíritus; mucho le debe interrogar
cerca de los Ejercicios, si los hace, a, sus
tiempos destinados y cómo: asimismo de
las Adiciones si con diligencia las hace, pi­
diendo particularmente de cada cosa des­
tas" [6].
Esta eficacia les da también el Directo­
rio “ Hae Additiones curandum est ut
exacte serventur, quia ex ipsis valde pendet
fructus spiritualis Exercitiorum
Podemos confirmarla con dos testimonios
de singular autoridad. El 1.° por ser de un
Padre formado por el mismo San Ignacio,
de los que más han profundizado en el estu­
dio y conocimiento de los Ejercicios, del
P. Diego Mirón: “Si se omiten fácilmente,
escribe, o se tienen en poco algunas de las
anotaciones o de las Adiciones, se pierde el
fruto que depende de la guarda perfecta de
aquellas... Por lo cual las Adiciones de sus
Ejercicios están de tal manera apropiadas
a estas o aquellas meditaciones, a esta o a
la otra semana, que si se practican de dife­
rente manera, pierden su eficacia.”
El 2.° testimonio es de un varón insigne,
conocedor como pocos de los Ejercicios; del
R. P. Roothaan: “De tan gran importancia
son todas y cada una de estas cosas (Adi­
ciones), que bien puede uno persuadirse que
aquél que las guarde todas, aprovechará
J Directorio, c. 15, n. 9.
X I. Adiciones 167
mucho; poco el que guarde algunas; y quien
las descuide todas, motivos tiene para creer
que nada aprovechará.”
4. Advertencias. 1.a Aunque tal eficacia
está vinculada a la guarda fiel de estas Adi­
ciones, conviene tener en cuenta lo que
con mucha prudencia hace notar el Direc­
torio en el lugar antes citado, a saber: “Con
todo, deberá evitarse todo exceso; y convie­
ne tener muy presentes las personas que
hacen los Ejercicios y la complexión de las
mismas, de manera que si algunas son me­
lancólicas por naturaleza, no deben ser
coartadas; más bien hay que proceder con
ellas dándoles alientos para que hagan estos
Ejercicios con ánimo dilatado; dígase lo
mismo de los de salud débil y que no están
acostumbrados a estos trabajos. Por todo lo
cual se verá que son necesarias la pruden­
cia y discreción.”
2.a Por lo que se refiere a las meditacio­
nes o contemplaciones de cada día, las
Adiciones 1.a, 3.a, 4.a, 5.a, 8.a y 9.a no hay
que mudarlas; las 2.a, 6.a 7.a y 10.a se modi­
ficarán conforme a la materia que se me­
dite o contemple, según ya haciendo notar
el Santo cada semana.
3.a Todas estas Adiciones conviene ob­
servarlas también aun fuera del tiempo de
Ejercicios. Así lo dice el P. Roothaan: “Ta­
les Adiciones no puede encarecerse de cuán­
ta importancia sean, no sólo durante los
168 Primera Semana

Ejercicios, sino en todo tiempo, si deseamos


meditar bien y con fruto, y hacer progre­
sos en la vía del Señor” \

Adiciones en particular
5. Lo que debe observarse “después de acosta­
do” : Supone esta adición que se lleva prepa­
rada para el dia siguiente la materia de la
meditación—6. ‘ Cuando me despertare” : con­
veniencia de ejemplos y de comparaciones más
bien que discursos para el ejercicio de la media
noche o de la mañana—7. Modo de hacerse
esta adición, según San Ignacio, en las sema­
nas siguientes—8 . Equivalente de esta 2.a adi­
ción en los ejercicios distintos del de la media
noche y de la mañana—9. Humildad y reve­
rencia interior y exterior al entrar en la ora­
ción : San Alonso Rodríguez —10. Postura del
cuerpo. Como debemos proceder cuando ha­
lláremos lo que queremos. (Doctrina del Pa­
dre Alonso Rodríguez).—11. Examen del ejer­
cicio, una vez terminado. Apuntar las inspi­
raciones. (P. Alonso Rodríguez).—12. No salir­
se durante el día del ambiente de los Ejei’ci-
cios —13. Penitencia interna y externa. Manera
y grado de la externa. Norma que debe seguir­
se para tomarla con más seguridad.—14. Efec­
tos o motivos por los que principalmente se
hacen las penitencias.—15. Oportunidad de tra­
tar de la penitencia en esta parte de los Ejer
cilios.

5. [73] 1.a Adición. La primera Adición es, des­


pués de acostado, ya que me quiera dormir, por
J P. Roothaan, 1.a hebd., n.^ 30.
X I. Adiciones 169

espacio de un Ave María pensar a la hora que


me tengo de levantar, y a qué, resumiendo el
ejercicio que tengo que hacer.

Después de acostado; luego estando ya


en cama. Ya que me quiero dormir, es de­
cir, una vez que he decidido dormirme; así
pues, no cumple aquel que hace esta Adi­
ción y luego piensa en cosas y negocios
para el día siguiente, etc., y después deter­
mina dormirse. Por espacio de un Ave Ma­
ría, poco más o menos; por lo mismo no en­
tretenerse en consideraciones por buenas
que sean. No es tiempo de eso entonces.
Más bien puede estorbar y cansar, como
le sucedió al Santo Padre. Pensar a la hora
que me tengo de levantar, para que cuando
oiga la señal o llegue el tiempo de levan­
tarme, me levante inmediatamente sin pa­
rarme a considerar si me conviene alargar
el sueño o no. Que no es el momento de
despertarme a propósito para discernir si
he de prolongar el sueño o si he de levan­
tarme. Cosa parecida ordena el Santo en la
última de las reglas para ordenarse en el
comer [217]: una vez determinada la can­
tidad de comida, por ningún apetito ni ten­
tación se pase adelante; por semejante ma­
nera, una vez determinada la hora de le­
vantarse, no retardarla. Y a qué. Poner el
pensamiento en lo primero que tengo que
hacer al día siguiente, para quitarlo, cuanto
es posible, de la necesidad de dormir. Pre-
170 Primera Semana

tende San Ignacio el mismo intento que en


las reglas antes citadas para ordenarse en
el comer : [2141 y [215]. Ya que no podemos
prescindir de estas dos necesidades, hurte­
mos el cuerpo, como quien dice: poner la
atención, mientras se come, en algo dis­
tinto de la comida para de esto modo “to­
mar menos delectación y sentimiento en el
manjar corporal” ; de modo parecido, pen­
sar en algo distinto del sueño cuando ya
quiero dormirme, para así tomar menos
gusto en esta necesidad de la naturaleza.
Resumiendo el ejercicio que tengo de ha­
cer. Este resumen deberá ser muy breve y
sin descender a muchos pormenores, según
queda dicho, pues ha de durar el espacio
de un Ave María.
Suponen estas palabras de la Adición que
se ha preparado la materia para la medi­
tación del día siguiente o de la media noche,
lo cual es enteramente conforme a lo que el
Santo enseña en la 3.a nota de la 4.a sema­
na: “Mucho aprovecha, antes de entrar en
la contemplación conyecturar y señalar los
puntos que ha de tomar en cierto número”
[228].
Es evidente que esta Adición se prescribe
exclusivamente para la meditación o con­
templación de la mañana.
[74] 2 .1 adición. La 2.a: cuando me des­
pertare, no dando lugar a unos pensamientos
ni a otros, advertir luego a lo que voy a con-
X I, Adicione« 171

templar, en ('i primer ejercicio de la media no­


che, Huyéndome en confusión de mis tantos pe­
cados, poniendo ejemplos, así como sí un caba­
llero se hallase delante de su rey y de toda su
corte, avergonzado y confundido en haberle mu­
cho ofendido, de quien primero rescibió muchos
dones y muchas mercedes; asimismo en el 2."
ejercicio haciéndome pecador grande y encade­
nado, es a saber, que voy atado como en cade­
nas a parescer delante del sumo Juez eterno,
trayendo en ejemplo cómo los encarcerados y
encadenados ya dignos de muerte parescen de­
lante su juez temporal; y con estos pensamien­
tos vestirme, o con otros según subiecta ma­
teria. - '

6. Cuando me despertare, es decir, siem­


pre que, o cuantas veces me despertare; to­
do está en que no se admitan pensamientos
ajenos a la materia de la meditación, me­
jor aún, que todos los pensamientos sean
conformes a la materia que he de meditar o
contemplar al día siguiente, una vez hecha
la 1.a Adición. Advertir luego a lo que voy
a contemplar en el primer ejercicio de la
media noche. Nótese que el Santo i^o pres­
cribe que se haga un resumen propiamen­
te, que se repase la materia. No está el en­
tendimiento para este trabajo cuando aca­
bamos de despertarnos. Un medio más fácil
indica el Santo Padre y de mayor provecho:
usar de comparaciones que con suavidad en­
caucen las potencias hacia las verdades o el
misterio que vamos a contemplar, compa­
raciones acomodadas a la materia de la
17J l Mi mera Semana

meditación. Dos ejemplos propone suma­


mente adecuados para alcanzar este fin: él
caballero traidor delante de su rey y de
toda su corte para el primer ejercicio; el
pecador grande y encadenado a punto de
.parecer delante del sumo juez eterno para
el segundo... Estas comparaciones o ejem­
plos darán mejor resultado que recordar
puntos, hacer resúmenes. Y en cualquier
materia, sea de verdades eternas, sea de los
misterios de la vida del Señor, etc., con­
vendrá seguir tan preciosos documentos,
cosa que parece indicar el mismo Santo en
las palabras que pone al final de esta adi­
ción: Y con estos pensam ientos vestirme,
“ o con otros, según súbiecta materia” .
7. Véase lo que escribe sobre la manera
de hacer esta 2.a adición en la 2.a semana
[130]: “En la segunda [adición] será luego
en despertándome poner enfrente de mí
la contemplación que tengo de hacer, de­
seando más conocer al Verbo eterno en­
carnado, para más le servir y seguir.” No­
temos de paso que la petición de esta
contemplación de la Encarnación y esta se­
gunda adición que pone el Santo están muy
en consonancia: “Demandar lo que quiero:
será aquí demandar conocim iento interno
del Señor, que por mí se ha hecho hombre,
para que más le ame y le siga” [104].
Pongamos un ejemplo práctico sobre la
manera de aplicar estas normas del San-
XI. Adicionéis 173

to Padre a los misterios de la vida del


Señor, que es la materia más ordinaria de
nuestras meditaciones, al Nacimiento, por
ejemplo: Tan pronto como me despierto,
mientras me visto, me lavo, etc., voy pen­
sando: ya es nacido el Niño; he de asear­
me, lavarme bien... para presentarme y
ofrecerle mis dones. Ya están la Santísima
Virgen, y San José, y los pastores... Pron­
to voy a ofrecerle... a pedirle... etc. Lo
mismo se diga en las contemplaciones de
la 3.a y 4.a semana.
Sobre el modo de hacer esta 2.a adición
en la 3.a semana, escribe el Santo: “ ...lue­
go en despertándome, poniendo delante de
mí a dónde voy y a qué, resumiendo un
poco la contemplación que quiero hacer,
según el misterio fuere, esforzándome mien­
tras me levanto y me visto, en entriste­
cerme y dolerme de tanto dolor y de tanto
padescer de Cristo nuestro Señor” . En estas
palabras usa resumiendo, pero añade un
poco, por la razón que se ha indicado [206].
Cosa parecida a lo de la semana 2.a y
3.a dice en la 4.a: “La segunda (adición)
será luego en despertándome, poner en­
frente la contemplación que tengo de ha­
cer, queriéndome afectar y alegrar de tan­
to gozo y alegría de Cristo nuestro Señor”
T229].
Repetimos lo que dijimos al hablar de la
importancia que a las adiciones da San
174 Primen» Semana

Ignacio; no podemos menos de hacer no­


tar que no se contenta con repetir y re­
cordar cada semana que se cumplan, sino
que repite el modo de hacer esta 2.a casi
con las mismas palabras.
8. El fin de esta Adición es preparar el
alma para el ejercicio, de modo que nó
entremos en él de pronto; es como la an­
tesala de la meditación o contemplación;
por lo mismo, aunque tal como la vamos
estudiando y la trae el Santo Padre, es
para la contemplación o ejercicio de la
media noche y el de la mañana, pero en
ios otros ejercicios durante el día, hay
que suplirla, y así lo enseña expresamen­
te el Santo con estas palabras: “En todos
los Ejercicios, dempto en el de la media no­
che y en el de la mañana, se tomará el equi­
valente de la 2.a adición, de la manera que
se sigue: luego en acordándome que es
hora del ejercicio que tengo de hacer, an­
tes que me vaya [antes de ir a él] po­
niendo delante de mí, a dónde voy y de­
lante de quién, resumiendo un poco el ejer­
cicio que tengo de hacer, y después ha­
ciendo la 3.a adición, entraré en el ejer­
cicio” [131].
Expresamente habla el Santo del equi­
valente de esta 2.a adición en cada uncK de
los tres modos de orar: [239], [244], |2$6],
[249] y [258].
XI. Adiciones 175

y. I75I 3;' adición. La 3.a: un paso o dos


antes del lugar donde tengo de contemplar o
meditar me pondré en pie por espacio de un
Pal,er no.ster,. alzado el entendimiento arriba,
considerando cómo Dios nuestro Señor me mira,
etc., y hacer una reverencia o humillación.

Es la oración como una audiencia, a la


cual somos admitidos por Dios nuestro Se­
ñor. Por medio de esta 3.a adición parece
que decimos a su Divina Majestad: ¿Da
Vuestra Majestad su permiso? Y como ob­
tenida la venia, nos presentamos ante el
acatamiento de la Majestad infinita de
Dios; y en breve tiempo, por espacio de un
Pater noster, un paso o dos antes del lu­
gar donde tengo de meditar o contemplar,
hacemos dos actos: uno interior, que con­
siste en posesionarnos y como penetrarnos
de la presencia de la Majestad augusta de
Dios, ante la cual nos presentamos para
tratar nuestros asuntos, alzado el enten­
dimiento arriba, considerando cómo Dios
nuestro Señor me mira, etc.] otro exte­
rior, que es como una manifestación ex­
terna de nuestra indignidad de presen­
tarnos ante la Majestad del Señor; y ha­
cer una reverencia o humillación.
Acerca de esta adición hace notar el
P. Roothaan que esta viva aprensión de
la presencia de Dios debe ser antes de do­
blar las rodillas, y que no debe ir como
preludio antes de la oración preparatoria,
17h Primera Semana

sino precederla como debe preceder a cual­


quier otra oración.
No se insistirá demasiado acerca de la
importancia que tiene el fiel cumplimien­
to de esta tercera adición, mediante la
cual en tan corto espacio de tiempo hace­
mos actos tan importantes, y que tanto han
de influir para conseguir el fruto de la
meditación o contemplación. “Lo que hago
notar, escribe el P. Roothaan, con tanto
mayor insistencia, cuanto que son muchos
los que. a juzgar por lo que aparece en lo
exterior, ise ponen de rodilas precipita­
damente y como por asalto, sin atender a
lo que van a hacer”
Será del gusto de nuestros lectores leer
la encantadora sencillez con que nos cuen­
ta San Alonso Rodríguez el modo cómo
hacía él habitualmente la 2.a y 3.a adición:
“Pues luego esta persona, escribe el San­
to, se pone con Dios y con la Virgen su
Madre, y suele decir: Deus in adiutorium
meum intende: Domine ad adiuvandum me
festina. Gloria Patri, etc. Y a la Virgen
María suele decir la letanía, que la sabe
de coro. Y vistiéndose, y después se enco­
mienda a Dios, y le pide licencia para en­
trar en la oración, a negociar con su Ma­
jestad, aunque indigno de estar en su pre­
sencia por verse tan malo delante de un
Dios tan bueno, haciendo allí grandes ac-
1 De Ratione medltandi, c. 1.
X I. Adiciones 177

tos de contrición y pesar de haberle ofen­


dido; y con grande humildad le pide le
dé gracias para que todo lo que allí hi­
ciese con su memoria, entendimiento y vo­
luntad, vaya todo a honra y gloria suya, y
así se lo ofrece todo; y haciendo tres pro­
fundas reverencias, como quien tiene ya
la licencia, levantando el corazón a Dios,
empieza su oración” 1.

10. [76] 4.a adición. La 4.a: entrar en la


contemplación cuándo de rodillas, cuándo pos­
trado en tierra, cuándo supino rostro arriba,
cuándo asentado, cuándo en pie. andando siem­
pre a buscar lo que quiero. En dos cosas adver­
tiremos: la primera es que si hallo lo que quie­
ro de rodillas, no pasaré adelante; y si pos­
trado. asimismo, etc.; la 2.a, en el punto en el
cual hallare lo que quiero, ahí me reposaré, sin
tener ansia de pasar adelante, hasta que me
satisfaga.

Vamos a la oración, para usar la frase


del Santo Padre, siempre a buscar lo que
quiero. A este fin, por tanto, deberemos
subordinar la postura que convendrá to­
mar durante la misma; eso sí: guardando
siempre la mayor reverencia posible. Aque­
llo que de suyo es lo mejor, no siempre lo
será para mí. Y si para hallar lo que quie­
ro no me ayuda o me impide una postura
que en sí es más reverente, deberé pres­
cindir ele ella. Con todo, téngase en cuen-
1 M e m o r i a l . n.° 60.
COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
* 178 Primera ¡áenuum

ta que, si bien no vamos a la oración a


mortificarnos, mucho menos vamos a bus­
car la comodidad. Apliqúese a esto de la
postura lo que escribe el Santo Padre acer­
ca de la claridad o temporales cómodos
en 4.a semana: [229] “ ...cuanto el alma
piensa o conyecta que la puede ayudar...”
Entrar en la contemplación cuándo de
rodillas, cuándo postrado en tierra, cuán­
do supiJio rostro arriba, cuándo asentado,
cuándo en pie, andando siempre a buscar
lo que quiero. Nótese que al escribir el
Santo estas adiciones, se pasaba largas ho­
ras de oración cada día de rodillas o pos­
trado sobre la dura y fría tierra en lá
cueva de Manresa.
De esta Adición dice san Ignacio en el
n. [88]: “Nunca se hará en la iglesia de­
lante de otros, sino en escondido, como en
casa, etc.”
Es digna de consideración la frase que
usa en la 2.a advertencia: En el punto en
el cual hallare lo que quiero, “ahí me re­
posaré ” , sin tener ansia de pasar adelante,
“hasta que me satisfaga” . Esta adverten­
cia es muy puesta en razón: si hallo ló
que busco, y estoy consiguiendo lo que
quiero en un punto o consideración, ¿a
qué buscarlo en otra? Fuera de que bien
pudiera suceder que pasando a otra con­
sideración. perdiese la vena, etc. Reposar
o detenerme en la consideración; sin an-
X I. Adiciones 179

sia, sin inquietud por temor de que falte


el tiempo para los puntos siguientes.
Un admirable comentario de esta adición
nos da el P. Alonso Rodríguez en Ejercicio
de Perfección Escribe el Padre: “Pues que
la meditación y discurso del entendimiento,
le tomamos como medio para mover a la
voluntad a los afectos, y este es el fin de
todo este negocio, tanto hemos de usar de
la mediación y discurso del entendimiento,
cuanto fuere menester para esto, y no más;
porque los medios se han de proporcionar y
medir con su fin. Y así, en sintiendo aficio­
nada y movida la voluntad con algún afecto
de alguna virtud, como con dolor de peca­
dos, de desprecio del mundo, amor de Dios,
deseo de padecer por El, u otro semejante;
luego habernos de cortar el hilo del discur­
so del entendimiento, como quitan a los
arcos o puentes las cimbras de madera, y de­
tenernos y hacer pausa en ese afecto y de­
seo de la Voluntad, hasta satisfacernos, y
embeberle muy bien en nuestra alma.
Este es un aviso muy importante, y nos
le pone nuestro Padre en el libro de los
Ejercicios Espirituales, adición 4.a, donde
dice, que en el punto que halláremos la de­
voción y sentimiento qué deseamos, ahí pa­
remos, y en eso nos detengamos sin tener
ansia de pasar a otra cosa hasta que que­
demos satisfechos: así como el hortelano
' Trat. 5.<\ c. XI.
18© Primera Semau«

cuando riega una era, en comenzando a eujr


trar el agua en ella, detiene el hilo de
corriente, y deja empapar y embeber i el
agua en las entrañas de la tierra seca,,y
hasta que está bien empapada y embebida,
no pasa adelante; así comenzando a entrar
el agua del buen afecto y deseo en nuestra
alma, que es como una tierra sin agua, co­
mo dice el Profeta: Anima mea sicut térra
sine aqua tibi l, habernos de detener la co­
rriente del discurso del entendimiento,,· y
estarnos gozando de ese riego y afecto de
la voluntad, cuanto pudiéremos, hasta que
se embeba y empape en el corazón, y que­
demos bien satisfechos.
El bienaventurado San Juan Crisóstomo
trae otra comparación muy buena para de­
clarar esto. “ ¿No habéis visto, dice* cuando
un corderillo va a buscar los pechos de su
madre, que no hace sino dar una vuelta por
aquí y otra por allí, y ahora toma la ubre
y luego la deja; pero en comenzando a ve­
nir el golpe de la leche, luego para, y con
sosiego está gozando de ella? Así es en la
oración: antes que venga el rocío del cielo
anda el hombre discurriendo de aquí para
allí; pero en viniendo aquel rocío celestial,
luego habernos de parar y gozar de aquella
suavidad y dulzura.”
11. F77] 5.a Adición. La quinta : después
de acabado el ejercicio, por espacio de un eüár-
1 Peal. CXLII, 6 .
XI. Adicione« 181
to de hora, quier asentado, quier paseándome,
miraré cómo me ha ido en la contemplación o
meditación; y si mal, miraré la causa donde
procede, y así mirada arrepentirme, para me
enmendar adelante; y si bien, dando gracias
a Dios nuestro Señor; y haré otra vez de la
misma manera.
Trata esta Adición de uno de los medios
más eficaces para adelantar en el santo
ejercicio de la meditación. Importante de­
be ser cuando el Santo Padre da cada día
durante los Ejercicios cinco o cuatro cuar­
tos de hora a este examen. Uno que sea
constante en su cumplimiento será hom­
bre de oración, y creemos que en breve
tiempo. Porque no se" trata de un examen
superficial, sino a fondo. Y este examen
no es precisamente de faltas, como suce­
de en el que hacemos diariamente dos ve­
ces y en el de la confesión; sino de exa­
minar cómo me ha ido en la meditación
o contemplación; de manera que no va­
mos a buscar las faltas precisamente, sino
a mirar cómo nos ha ido. Si ha ido mal,
no debo contentarme con dolerme y pedir
perdón a Dios; hay que investigar la cau­
sa: miraré la causa de donde procede, y asi
mirada, arrepentirme, para 'm e enmen­
dar adelante; y si bien, dando gracias a
Dios nuestro Señor; y haré otra vez de la
misma manera: Esto es lo que dará efica­
cia para alcanzar pronto la divina cien­
cia de saber orar.
18- I*ri mora Semana

Muy conforme será a la presente Adición


y como complemento de ella anotar con
brevedad las luces que se han recibido V
las resoluciones que se han formado, prác­
tica muy usada en la Compañía por mu­
chos, comenzando por el Santo Fundador
y sus compañeros.
Escribe el mismo P. Rodríguez acerca de
esta 5.a adición: “Ayudará también mucho
(para aprovecharnos de estos Ejercicios
Espirituales) aquel aviso que nuestro Padre
nos da. y quiere que guardemos siempre en
la oración, que después que haya acabado
uno su hora de oración, por espacio de
un cuarto de hora, o cerca, sentado o pa­
seándose, haga examen de la oración, y
se tome cuenta cómo le ha ido en .ella;,
y si le ha ido mal, mire la causa de donde
procedió; mire si lleva bien preparado el
ejercicio, si dió lugar a otros pensamien­
tos impertinentes, si se dejó vencer del
sueño, si se detuvo demasiado en la es­
peculación del entendimiento, si estuvo en
la oración con el corazón caído y remiso,
si no procuró de ejercitar los afectos de la
voluntad, si no tuvo la intención tan pu­
ra como era razón buscando más su· conr
suelo que el beneplácito divino; y si ha­
llare haber faltado, arrepiéntase de ello,
y proponga la enmienda para adelante,
Y si le ha ido bien, dará gracias a Dios
XI. Adiciones 1*8

nuestro Señor, procurando haberse de la


misma manera en las demás oraciones.
Este documento es de mucha importan­
cia: lo primero, porque con este examen y
reflexión que uno hace de cómo le ha ido
en la oración, toma experiencia por donde
le va mal para quitarlo; y por donde le
va bien, para seguirlo: con lo cual se al­
canza la discreción espiritual, y el magis­
terio que nace de la ciencia experimental...
Lo segundo que ha de hacer uno en este
examen, y muy principal, ha de mirar cuál
es el fruto que ha sacado de aquella ora­
ción, y tornarse a actuar de nuevo en él;
como cuando uno repite la lección, y saca
en limpio las conclusiones y verdades, y
hacer como un epilogo de ellas: y hase
de tener por de tanta importancia este
examen, que cuando uno no tuviese tiem­
po para hacerlo después de la oración,
le debe hacer en la misma oración al fin
de ella.
Podemos añadir aquí otro punto, y es
que será muy buen consejo apuntar uno
lo que saca de la oración, escribiendo, no
a la larga sino brevemente, los deseos y
propósitos que saca de ella, y también al­
gunas verdades e ilustraciones o desenga­
ños que el Señor suele aílí dar, unas veces
acerca de algunas virtudes, otras acerca
de los mismos misterios que se meditan.
Y así vemos que lo usaron nuestros Pa­
184 Primera Semana

dres, nuestro Padre San Ignacio, el B. Fa-


bro, y tenemos algunas cosas suyas que
escribieron de esto: y el mismo Padre San
Francisco Javier aconsejaba también lo
mismo; y en el Directorio de los Ejerci­
cios se nos pone también este aviso; y
nuestro Padre General Claudio Aquaviva
en las industrias que escribió tratando de
la oración, encomienda esto.
Y fuera de que con esto se perfeccionan
más los propósitos y deseos, y se arraigan
más en el corazón, tenemos experiencia que
se aprovecha u n o. mucho después de leer
estas cosas; porque como han sido propias
y las ha sentido uno como tales, muévenle
después más que otras, y fácilmente se
torna a actuar en ellas. Y cuando ve que
después no llega a aquello, confúndese de
que no es tal, cual entonces era, y que en
lugar de ir adelante, vuelve atrás; de ma­
nera que, o se anima a llevar adelante
aquello, o a lo menos suple con confusión
lo que le falta de perfección: y así siem­
pre suele ser esto de mucho provecho, pero
particularmente lo es en tiempo de Ejer­
cicios” \
Este examen cuotidiano de la medita­
ción, si es constante, es medio maravilloso
para formar el carácter, como se dijo tam­
bién de los otros exámenes principalmente
del particular.
1 Tb c. X X V II.
X I. A diciones 185

12. [78] 6\íl Adición. La sexta: No querer


pensar en cosas de placer ni alegría, como de
gloria, resurrección, etc.; porque para sentir
pena, dolor y lágrimas por nuestros pecados,
impide cualquier consideración de gozo y ale­
gría; mas tener delante de mí quererme do­
ler y sentir pena, trayendo más en memoria la
muerte, el juicio.
[79] 7.a Adición. La 7.a : privarme de toda
claridad para el mismo efecto cerrando venta­
nas y puertas, el tiempo que estuviere en la
cámara, si no fuere para rezar, leer y comer.
L30J S.a Adición. La 8.a: No reír ni decir
cosa motiva a risa.
[81] 9.a Adición. La nona: refrenar la vis­
ta, excepto al rescibir o al «despedir de la per­
sona con quien hablare.
En estas cuatro Adiciones se ve el plan
del Santo Padre, que es, aun fuera del
tiempo de la meditación y contemplación,
dirigir al mismo intento todas las fuerzas
y energías del alma, que, como son limi­
tadas, tenemos necesidad de aprovecharlas
y encauzarlas bien en estos Ejercicios que
totum hominem requirunt. Debemos, pues,
prescindir de aquellos medios que, aunque
buenos en sí, pudieran dividirnos y dis­
traernos y desviarnos del camino que he­
mos emprendido; y tomar aquellos otros
que han de sernos de ayuda. Es al fin y
al cabo, aplicar el tanto cuanto de la ver­
dad del Principio y Fundamento.
Por lo que hace a la Adición nona, tener
mucha cuenta con el buen uso de la vis­
ta. Las faltas en esta materia fácilmente
186 Primera Semana

podrían sacarnos del ambiente en que de­


be desenvolverse nuestro espíritu durante
estos santos días. La excepción que potíe,
al rescibir o al despedir la persona con
quien hablare, es enteramente conforme
a lo que pide la urbanidad.
13. La Adición 10.a se refiere a la pe­
nitencia. Dos cosas notaremos: 1.a la
claridad con que en un par de páginas
nos expone el Santo un tratado muy com­
pleto sobre esta materia; 2.a lo muy opor­
tuno que está al tratar de la penitencia
en esta parte de los Ejercicios.
Ante todo copiaremos sus palabras:

[82] 10.a Adición. La décima adición es pe»·


nitencia, la cual se divide en interna y exter­
na. Interna es dolerse de sus pecados con fir­
me propósito de no cometer aquellos ni otros
algunos; la externa o fruto de la primera, es
castigo de los pecados cometidos, y principal­
mente se toma en tres maneras.
[83] 1.a manera. La 1.a es cerca del comer,
es a saber, cuando quitamos lo superfluo no es
penitencia, mas temperancia; penitencia es
cuando quitamos de lo conveniente, y cuanto
más y más, mayor y mejor, sólo que no se co­
rrompa el subiecto, ni se siga enfermedad no­
table.
[84] 2.·1 manera. La 2.·1: cerca del modo del
dormir; y asimismo no es penitencia quitar lo
superfluo de cosas delicadas o moles, mas es
penitencia cuando en el modo se quita de lo
conveniente, y cuanto más y más mejor, sólo
que no se corrompa el subiecto, ni se siga en­
fermedad notable, ni tampoco se quite del sue-
X I. Adiciono« 167

ño conveniente, si íorsan no tiene hábito vicioso


de dormir demasiado, para venir al medio.
[851 3.a manera. La 3 .1: castigar la carne,
es a saber, dándole dolor sensible, el cual se da
trayendo cilicios o sogas o barras de hierro so­
bre las carnes, flagelándose o llagándose y otras
maneras de asperezas.
[861 Nota. Lo que paresce más cómodo y
más seguro de la penitencia, es que el dolor sea
sensible en las carnes y que no entre dentro en
los huesos, de manera que dé dolor y no en­
fermedad; por lo cual paresce que es más con­
veniente lastimarse con cuerdas delgadas, que
dan dolor de fuera, que no de otra manera que
cause dentro enfermedad que sea notable.
14. 1.87] Nota. La primera nota es que las
penitencias externas principalmente se hacen
por tres efectos: el primero por satisfacción de
los pecados pasados; 2.° por vencer a sí mes-
mo, es a saber, para que la sensualidad obe­
dezca a la razón, y todas partes inferiores es­
tén más subiectas a las superiores; 3." para
buscar y hallar alguna gracia o don que la per­
sona quiere y desea, ansí como si desea haber
interna contrición de sus pecados o llorar mu­
cho sobre ellos o sobre las penas y dolores que
Cristo nuestro Señor pasaba en su pasión, o
por solución de alguna dubitación en que la
persona se halla...
[89] 3:·' nota. La 3.a : cuando la persona que
se ejercita aún no halla lo que desea, ansí
como lágrimas, consolaciones, etc., muchas ve­
ces aprovecha hacer mudanza en el comer,
en el dormir y en otros modos de hacer peni­
tencia; de manera que nos mudemos haciendo
dos o tres días penitencia, y otros dos o tres
no; porque a algunos conviene hacer más pe­
nitencia y a otros menos; y también porque
muchas veces dejamos de hacer penitencia por
el amor sensual y por juicio erróneo, que el
188 Primera Semana

subiecto humano no podrá tolerar sin notable


enfermedad; y algunas veces, por el contrario,
hacemos demasiado, pensando que el cuerpo
pueda tolerar; y como Dios nuestro Señor en
infinito conosce mejor nuestra natura, muchas
veces en las tales mudanzas da a sentir a cada
uno lo que le conviene.
1.a El Santo divide la penitencia en in­
terna y externa. Interna es dolerse de sus
pecados con firme propósito de no cometer
aquellos ni otros algunos. De ésta habló al
explicar los exámenes particular y gene­
ral; y esta penitencia hizo ejercitar in­
tensamente en los ejercicios pasados. Todo
cuanto va a decir de la penitencia se re­
fiere a la externa.
Puede tomarse en tres maneras. Hace
una distinción muy oportuna entre lo que
es verdaderamente penitencia, y lo que
no es sino templanza. Por fin, enseña en
qué' grado o intensidad podemos tomarla.
Puede ser acerca del comer, acerca del
modo de dormir y castigar la carne, es
a saber, dándole dolor sensible.
Nótese la diversa manera de hablar del
Santo cuando trata de la penitencia en el
comer y en el dormir: acerca del comér,
dice, y acerca, no del dormir,, sino del
modo de dormir.
No es penitencia en el comer y en el
dormir, cuando quitamos lo superfXuo en el
comer, y lo superfluo de cosas delicadas o
moles en el dormir; es penitencia cuando
X I. A diciones 189

acerca del comer, lo convenien­


q u ita m os:
te, y acerca del dormir, lo conveniente en
el modo ; v. gr., cama dura, ropa áspera,
almohada con poca lana, etc.
Quitar de lo conveniente én el sueño
será una excepción: Ni tampoco se quite
del sueño conveniente, si forsan no tiene
hábito vicioso de dormir demasiado, para
venir al medio.
Por lo que hace a la castigación de la
carne, es a saber, a darle dolor sensible,
tiene lugar cuando se llevan cilicios o so­
gas o barras de hierro sobre las carnes,
cuando uno se azota, se abre llagas, etc.
El grado a que debe llegar nuestra peni­
tencia es muy sencillo: cuanto más, me­
jor: Cuanto más y más, mayor y mejor,
dice al hablar del comer; y hablando del
sueño, escribe: y cuanto más y más, me­
jor. Una norma da que es la que deberá
regular siempre y únicamente la p en i-'
tencia: sólo que no se corrompa el subiec-
to ni se siga enfermedad notable; es decir,
que la penitencia no nos debilite o estropee
de modo que nos impida el cumplimiento
de nuestras obligaciones, y mucho más aún.
que se siga enfermedad notable.
Esta misma doctrina aplicará en la for­
mación de las constituciones: penitencia
ha de haber; mas no ha de llegar a tales
extremos que impida mayores bienes: esto
ya sería inmoderado, lo cual en todo se
!<*) Primera öemaua

ha de evitar. De manera que la penlte&qia


no nos quebrante notablemente, toi, nqs
impida hacer las obras a que estamos qbtyr
gados por obediencia y por caridad V- ,
Por esto. Con exquisita prudencia pone
inmediatamente una nota que, bien guar­
dada. evitará la inmoderación: Lo que pa^
rece más cómodo y más seguro de la- pe*
nitencia es que el dolor sea sensible en las
carnes, y que no entre dentro en los hue­
sos . de manera que dé dolor y no enfer­
medad. Dice más cómodo porque la peni*
tencia así tomada no impedirá que cum­
plamos con nuestras obligaciones; añade
más seguro porque las penitencias inmo­
deradas además de perjudicar al cuerpo,
tienen el peligro, si no se va muy sobre
aviso, de criar cierto espíritu de singula­
ridad, de dureza de juicio e hinchazón que
no es tan fácil quitar.
Por lo que hace a las penitencias inmor·
deradas en la comida, fácilmente podre­
mos evitarlas si guardamos las normas
que nos da en las reglas para ordenarse
en el comer, principalmente en las 4 pri­
meras [210-213].
15. 2.a Tratar de la penitencia en esta
parte de los Ejercicios no puede ser más
oportuno, y esto por tres razones: A): Peí
ser esta penitencia castigo de los pecados
cometidos; B): si atendemos a los efee-
‘ Const , P. III, c. 2.o, n. 5.
XI. Adiciones Y) 1

tos o motivos por los cuales se toma, que


señala el Santo en la primera de las no­
tas que pone a continuación [87J; C) por
ser una muy principal ayuda para la ora­
ción o contemplación, como indica en la
nota tercera [89].
A) Castigo de los pecados cometidos.
En efecto, como nunca, se conoce en estos
días la gravedad y malicia de los pecados
cometidos; y aun llegamos más allá: a
sentir aborrecimiento hasta del desorden
de nuestras operaciones. Es, pues, muy na­
tural que el ejercitante, concebido un san­
to odio contra sí mismo, tome de sus des­
órdenes pasados venganza tan cumplida
como le sea posible; de lo cual espontá­
neamente brota el fruto de la penitencia
externa.
B) Atendiendo a los efectos o motivos
por los que se toma, también es gran acier­
to tratar de la penitencia en esta parte
de los Ejercicios. El primero es muy per­
fecto: Por satisfacción de los pecados pa­
sados, y esto, aun cuando estén ya per­
donados. No ponemos tanto la mira en
nosotros para tomar venganza contra nos­
otros mismos; la ponemos principalmente
en un Dios infinitamente bueno a quien
dimos pesar cuando fuimos pecadores. Con
los Ejercicios de estos días caemos en la
cuenta de lo que hicimos, de nuestras pa­
sadas ofensas a Cristo nuestro Señor que
Primera Semana

llegó a morir por nuestros pecados, a un


Dios lleno de misericordia que me conser­
vó la vida... A toda costa querría uno des­
hacer lo hecho. Y si algún remedio hay,
no ve otro que ofrecer satisfacción y re­
paración a Dios infinito, afligiendo su
cuerpo por medio de la penitencia, y, co­
mo enseña san Pablo, ofreciendo para la
santificación los miembros que sirvieron a
la iniquidad e inmundicia (Rom., VI, 19).
Con este espíritu ofreció el Santo los rigo­
res de las más duras' penitencias en Mani-
resa. en los primeros pasos que dió de su
conversión a Dios.
El segundo motivo de penitencia es el
vencimiento propio, es decir, para tener a
raya y bien sujetas las pasiónes de modo
que la sensualidad obedezca a la razón,
y todas partes inferiores estén más sujetas
a las superiores. Con la penitencia tomada
por tal motivo, nos da San Ignacio un ar­
ma formidable para luchar contra el ma­
yor enemigo, que es la carne, que recalci­
tra y se yergue principalmente en los prin­
cipios de nuestra conversión a Dios.
El tercer efecto de la penitencia es, dice
el Santo, para buscar y hallar alguna gra­
cia o don que la persona quiere y desea.
A este motivo pueden referirse los demás
que podamos tener para hacer penitencia;
pero el Santo Padre hace particular men­
ción de aquellos que son más propios para
X I. A diciones 193

este tiempo, a saber: ansí como si desea


haber interna contrición de sus pecados o
llorar mucho sobre ellos, o sobre las penas
y dolores que Cristo nuestro Señor pasaba
en su pasión, o por solución de alguna du­
bitación [por ejemplo, elección o reforma
de vida] en que la persona se halla. Más
adelante nos propondrá el Santo una ma-
ñera de humildad, que llama perfectísi-
ma, y con ella un principio cuya aplica­
ción a la penitencia hará que la practi­
quemos por el móvil más perfecto que pue­
de haber: por imitar y parescer más ac­
tualmente a Cristo nuestro Señor.
C) La penitencia, ayuda poderosa para
la meditación. Como tal la propone el
Santo Padre en la nota 3.a [89]: “Cuando
la persona que se ejercita “aún” no halla
lo que desea, ansí como lágrimas, consola­
ciones, etc., muchas veces aprovecha hacer
mudanza en el comer, en él dormir y en
otros modos de hacer penitencia ; de ma­
nera que nos mudemos haciendo dos o tres
días penitencia, y otros dos o tres no.”
La razón de ir alternando las peniten­
cias algunos días, es: porque a algunos
conviene hacer más penitencia, y a otros
menos... Y como Dios nuestro Señor en in­
finito conoce mejor [conoce infinitamente
mejor] nuestra natura, muchas veces en
las tales mudanzas da a sentir a cada uno
lo que le conviene. Con aquellos a quienes
13 COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
Primera Semana

conviene más penitencia, reza lo que es­


cribe el Santo: Muchas veces dejamos de
hacer penitencia por el amor sensual y po,r
juicio erróneo , que el subiecto humano 1^0
podrá tolerar sin notable enfermedad’, y
para aquellos a quienes convendrá hacer
menos penitencia son estas otras palabras
del mismo San Ignacio: Y algunas veces,
por el contrario, hacemos demasiado, pen­
sando que el cuerpo pueda tolerar.
SEGUNDA SEMANA

El llamamiento del rey temporal


1. Composición sumamente apropiada a las dis
posioiónes del que se ejercita.—2. Persona del
Rey.—3; Plan del mismo.—4. Respuesta de
los buenos súbditos; ignominia de los malos —
5. Correspondencia de los tres puntos en am­
bas partes—6. Persona y plan de Cristo nues­
tro Señor, Rey Eterno—7. Respuesta de todos
los que tuvieren juicio y razón.—8. Los que
más se querrán afectar y señalar. Oblación de
sumo momento —9. Gradación del coloquio de
esta contemplación y del de Dos Banderas y
Tres Binarlos—10. Qué parte de los evange­
lios podrá leerse en esta semana y las siguien­
tes : (nota 13.a)·

T91] El llamamiento del rey temporal


ayuda a contemplar la vida del rey eternal .

Por medio de una parábola sumamente


apropiada nos introduce el Santo a una
l'jo ¡Segunda Semana

contefiipl^ción que es capital par^J$aNB(ie|j


cicios que vamos a hacer en las tres
manas restantes: la «ontemíilasl&ra jifii
Cristo que se presenta como Rey Eterno
y Conquistador l.

1. Oración. La oración preparatoria sea la


sólita.
1." preámbulo. El primer preámbulo es com­
posición viendo el lugar, será aquí ver con la
vista imaginativa sinagogas, villas y castillos
por donde Cristo nuestro Señor predicaba.
t
Esta composición ' responde admirable­
mente a las dispQSipi®nes>de}&i^iti^ud|ft £tyis-
to y de celo por la salvación de. las almas,
que sacó el ejercitante de la meditacióp
del infierno, como se ha dicho, la última
que pone San Ignacio en la; 1.a semaria.

2.c preámbulo. El 2.°: demandar la gracia que


quiero; será aquí pedir gracia a Nuestro Señor
para que no sea sordo a su llamamiento) ’ mas
presto y diligente para cumplir su santísima
voluntad. ;

Da por supuesto el Santo Padre que nues­


tro Señor llamará, y nos hace ¡pedir dos
gracias principales: 1.a no ser sordo a este
divino llamamiento: más aún: 2*, ser pres­
to y diligente. Es digno de notarse l ó ’ que
/“ fj i/
' Coincidencia bien singular por cie rto : la
primera parte de la parábola, responde admirable­
mente al día de las Misiones ; ¡ la segunda1’ íkfarte
forma una meditación propia, como la q u e inAs,
para la fiesta de Cristo-Rey. : ■
1 El íltimrtmlénto del rey temporal J97
escribe: para cumplir su santísima volun­
tad. A cumplir la voluntad divina se enca­
minan los Ejercicios: a “ buscar y hallar
la voluntad divina en la disposición de su
vida para la salud del ánima” .

2. 192 j 1.° punto. El primer punto es poner


delante de mí un rey humano, elegido de mano
de Dios nuestro Señor, a quien hacen reveren­
cia y obedecen· todos los príncipes y todos los
hombres cristianos. ■

En este primer punto nos presenta la per­


sona del rey, que es de nuestra misma na­
turaleza, hum ano; á&Úo por el mismo Dios
a todos los cristiañós, con autoridad reci­
bida del misíno Ditís sobré todos vellos, y a
quien de hecho todÓs ’lóS cristianos, hasta
los príncipes, acatan y obedecen: elegido dé
mano de Dios: nuestro Señor, a qüien hacen
reverencia y obedecen todos los hombres y
principes cristianos.
Prescindiendo del plan de' este rey, que
declarará a todos los suyos en el punto se­
gundo, solo el rio seguirle será una felonía
tal que aquel de los cristianos que rehusar-
ra seguirle sería por solo esto merecedor a
que todo el mundo le mirase con desdén...
ípunto 3.°).
Muy conforme a este primer punto, pué­
dese traer algún caso notable - de fidelidad
de los súbditos a su rey. Véase por ejemplo
la respuesta de Urías y la de Ethai, geteo.
m Segunda Semtum

al rey David: Lib. 2.° de los Reyes, cap. XI,


11; y el mismo Lib. 2/, cap. XV, 19-21.

3. [93] 2.° punto. El 2.°: mirar cómo este rey


habla a todos los suyos, diciendo: Mi voluntad
es de conquistar toda la tierra de infieles; por
tanto, quien quisiere venir conmigo, ha de ser
contento de comer como yo, y así de beber y
vestir, etc., asimismo ha de trabajar conmigo en
el día, y vigilar en la noche, etc.; porque así
después tenga parte conmigo en la victoria,
como la ha tenido en los trabajos.

En el plan de conquista que nos propone


este rey podemos considerar las palabras y
juntamente ver las obras. Notemos que este
plan, si bien este rey quiere llevarlo a· feliz
término, y lo conseguirá, pero juntamente
es plan que le ha encomendado Dios nuefiftgo
Señor.
Por lo que se refiere al plan, conquistar
toda la tierra de infieles, el ejercitante que
habrá salido con las disposiciones debida?
no podrá menos de exclamar: este rey ha
adivinado mis pensamientos; y no podrá
menos de poner todos los medios para,con-r
seguirlo, por costosos que éstos sean, y los
pondrá con decisión tanto si atiende a la
persona del rey que le invita, como al plan
que es exactamente lo que él anhela con
todas sus ansias; por tanto, admitirá con­
tento las conoiipiones todas que ponga ©1
rey. A una sola pueden reducirse todas: a
padecer, a llevar vida de sacrificio. Mas es-:
I El llam am iento del rey temporal 19‘

ta vida, por áspera que sea, queda notable­


mente suavizada, 1.° porque todo cuanto ha­
ga y padezca será en compañía de su rey,
quien le precederá con el ejemplo: por tan­
to, quien quisiere venir conmigo ha de ser
contento de comer como yo, y así de beber
y vestir, etc . ; asimismo, ha de trabajar con­
migo en el día y vigilar en la noche, etc.;
también la hace suave, 2.° el que la reali­
zación de plan tan glorioso y tan del agra­
do del ejercitante, se conseguirá con toda
seguridad a pesar de los trabajos, o por me­
jor decir, con todos estos trabajos: Por­
que así después tenga parte conmigo en la
victoria, como la ha tenido en los trabajos.

4. [94] 3.° punto. El 3.°: considerar qué deben


responder los buenos súbditos a rey tan liberal y
tan humano; y, por consiguiente, si alguno no
aceptase la petición de tal rey, cuánto sería
digno de ser vituperado por todo el mundo y
tenido por perverso caballero.

Dos cosas propone el Santo: 1.a conside­


rar; 2.a lo que deben responder.
Considerar, es decir, pensar con deten­
ción. Y claro está: este considerar no es pa­
ra que se pare ahí y se contente el que se
ejercita con una consideración estéril, me­
ramente especulativa; sino para que pase
adelante, y obre.
Parecida manera de hablar usa en el
Examen (c. IV, 44): “Es mucho de advertir,
»0 Segunda Semana

escribe, encareciéndolo y ponderándolo de­


lante de nuestro Criador y Señor, en cuánto
grado ayuda y aprovecha a la vida espiri­
tual aborrecer en todo y no en parte cuant­
ío el mundo ama y abraza...” Donde este
mucho advertir... es para que conocido y
apreciado este tal grado de perfección tan
precioso en la vida espiritual, se dé uno con
todas sus fuerzas a adquirirlo con la prác*
tica de “ la mayor abnegación y continua
mortificación en todas cosas posibles.” .
Por semejante manera, este considerar
qué deben responder los buenos subditos,
es para aceptar la petición de rey tan li­
beral y tan humano; y con tal disposición
será cosa muy llana y hacedera afectarse y
señalarse en todo servicio de su Rey Eterno
y Señor universal, y hacer las oblaciones dé
mayor estima y mayor momento en él pun­
to tercero de la parte segunda.
Lo que deben responder los buenos súbdiy>
tos a rey tan liberal y tan humano. Por lo
mismo, aquel que no* aceptase la petición
de tal rey, no cumpliría con su deber; no
sería buen súbdito; se haría acreedor al
baldón de la mayor ignominia. Y por con»
siguiente, si alguno no aceptase la petición-
de tal rey, cuánto seria digno de ser
perado por todo el mundo y tenido po¥'p^th
verso caballero.
Si era digno de reproche tan humillante
aquel que dejase de seguir a este rey, aten-
1. El llam am iento del rey temporal

íiiciu sola su perdona·,: ¿¿uánfco más tíJgno


de vituperio sería quien no le siguiese con
las condiciones que en el punto 2,° propone?

S egunda parte

1951' En la 2.a parte. La segunda parte de


este ejercicio consiste en aplicar el sobredicho
ejemplo del rey temporal a Cristo nuestro Se­
ñor, conforme a los tres puntos dichos.
,·■·<

5. El primer punto de esta segunda parte


comprende los dos puntos primeros; de la
parábola el segundo punto corresponde al
tercero del rey temporal·; por fia,; ektefjce.?
ro es como complemento del . segundo, el
segundo punto llevado a la máxima perfec­
ción. En efecto, los del punto 2.° ofrecerán
todas sus personas al trabajo; los del 3.a, joq
solamente ofrecerán sus personas al trabajo,
mas aun... harán oblaciones de mayor esti­
ma' y mayor momento, de que pronto trata­
remos. Aquella oblación tan general tie
que habla la anotación 5.*, y que hizo el
ejercitante al principio, la renueva ieh este
tercer punto, pero no de una manera tan
vaga, sino particularizando ya. ·

6. ly punto. Y cuanto al primer punto* si


lal vocación [llamamiento I consideramos del rey
temporal a sus súbditos, cuánto es cosa más
íliirnn do consideración ver n Crtst.b nuestro Sé-
202 $egu.nda Semana

ñor, Rey eterno, y delante dél todo el universo


mundo, al cual y a cada uno en particular
llama y dice: Mi voluntad es de conquistar
todo el mundo y todos los enemigos, y así en­
trar en la gloria de mi Padre; por tanto, quien
quisiere venir conmigo, ha de trabajar con­
migo, porque siguiéndome en la pena, también
me siga en la gloria.

Con cuanta razón escrita? el Santo Pa­


dre: cuánto es cosa más digna de conside­
ración ver a Cristo nuestro Señor... En
efecto, no es ya solamente un rey huma­
no, sino que es un rey hombre y junta­
mente Dios; no es un elegido de mano de
Dios únicamente, sino que es el mismo
Dios que revestido de nuestra humana na­
turaleza, hecho carne, viene a conquistar
por sí mismo todo el mundo, abrazándose
para ello voluntariamente con una vida
llena toda ella de trabajos. Rey Eterno lo
llama el Santo, es decir, eterno a parte an­
te y a parte post; y por ser Rey y eterno,
tiene derecho a reinar, y quiere reinar de
hecho en todo el mundo y en todos los
enemigos, con esta particularidad de que
los enemigos voluntariamente se sujeten
a este Rey, o Señor universal, como le llama
en el punto 3.°: “Oh Christe, Princeps Paci-
fer ,= M en tes rebelles subiice, = Tuoque amo-
re devios = Ovile in unum congrega.” Así
canta la Iglesia en el himno de vísperas en
la fiesta de Cristo Rey. Y después de'con­
quistados todos los enemigos, así entrar
i. El llamamiento del rey temporal Jt#

en la gloria de mi Padre. Plan verdadera­


mente misericordioso y efecto de la nimia
caridad con que el Padre 'nos amó. A to­
dos llama, a todos invita a que le secunden
en este plan: quien quisiere venir. Y para
que nadie se llame a engaño, advierte a
cuantos quieran ir con El, que .la vida que
han de llevar deberá ser no de descanso
sino de trabajo; no de goces, sino de pe­
nas: Ha de trabajar conmigo, porque si­
guiéndome en ,la pena... Eso si; El entrará
victorioso en la gloria de su Padre, y lle­
vará infaliblemente consigo a todos cuan­
tos le sigan: también me siga, en la gloria.

7. [96] 2.° punto. El 2.°: considerar que to­


dos los que tuvieren juicio y razón, ofrecerán
todas sus personas al trabajo.

Ya hemos indicado que este 2.° punto del


Rey Temporal corresponde al 3.° de la pa­
rábola.
Escribió el santo Padre en el punto 3.° de
de la parte anterior: Y por consiguiente, si
alguno no aceptase la petición de tal rey,
cuánto seria digno de ser vituperado por
todo el mundo y tenido por perverso ca­
ballero.
En la aplicación del sobredicho ejemplo
del rey temporal a Cristo nuestro Señor,
dado el conocimiento que tiene ya el ejer­
citante, de Cristo; conocida la deuda in­
mensa que con el Señor tiene contraída por
Segunda Semana

no haberle dejado caer en ninguno de los


grupos de condenados, y conocida la invit
tación que le hace a él en particular para
que le ayude a llevar al cabo su plan tan.
divino; parece cosa imposible, y un ab­
surdo en la mente de San Ignacio, que
exista uno solo que no acepte sin titubear
invitación tan gloriosa. No se necesita otra
cosa que tener juicio y razón para ofrecer
toda su persona al trabajo.
Ofrecerán todas sus personas al trabajo^
es decir, tienen la abnegación y mortifica­
ción suficientes para seguir a Cristo nues­
tro Señor a toda costa sin negarle nada de
cuanto entiendan que El les pedirá; están
dispuestos a perder todos los bienes (y esta
es la suma pobreza que los siervos y ¿nii-
gos de Cristo nuestro Señor predicarán a
todos) [146], dispuestos a perder la misina
vida antes que perderle a El por el peCardoi
mortal; hasta tal punto que ni la tritala*'
ción ni la angustia ni el hambre ni ¡la
desnudez ni el peligro ni la persecución ni;
el cuchillo serán poderosos para apartarles
de la caridad de Cristo. Todo lo superarán
por Aquel que les amó J.
3. Los del tercer punto de esta 2.a parte
no se contentan con esto: no sólo están dis­
puestos a la suma pobreza espiritual, sinó'
que están decididos cuanto es de parte de
ellos, a abrazarse con la pobreza actual,-coifi;
■ Rom , VHI. 35 y 37.
1. El llam am iento útil r e y temporal 205

injurias y vituperios, y esto aun cuando


tengan que luchar contra su propia sen­
sualidad y contra su amor carnal y mun­
dano; no sólo ponen la mira en no perder
a Cristo por el pecado, sino que se ofrecen
con toda resolución a hacer y padecer lo
que en cierto modo podemos llamar de su­
pererogación, por no exigirlo Jesucristo
como absolutamente necesario para la con­
quista del reino de los cielos; no lo exige
bajo pena de pecado grave.
He aquí las palabras del.Santo:
[971 3.° punto. El 3.°: los que más se querrán
afectar y señalar en todo servicio de su Rey
eterno y Señor universal, no solamente ofrece­
rán sus personas al trabajo, mas aun háciéhdo
contra su propia· sensualidad y contra su amor
carnal y mundano harán oblaciones de mayor
estima y mayor momento.

Se querrán afectar y señalar en todo ser­


vicio. No solamente están decididos a pres­
tar a Cristo todo servicio sino que en este
completo servicio del Señor se quieren afec­
tar, es decir, con toda voluntad y gene­
rosidad; y señalar, o lo que es igual, dis­
tinguirse, sobresalir.
Haciendo contra su propia sensualidad,
contra el gusto de los sentidos, contra las
comodidades, aun en cosas lícitas; Y con-
tra su amor carnal y mundano: contra el
amor a carne y sangre, familia, patria:
contra las máximas y modo habitual de
?06 Segunda Semana

proceder que tiene el mundo, del cual se


trató en el coloquio del tercer ejercicio de la
1.a semana [63] hacia el final *.
Los de este punto 3.® harán oblaciones de
mayor estima y mayor momento, diciendo:

1981 Eterno Señor de todas las cosas: yo


hago mi oblación con vuestro favor y ayuda, de­
lante vuestra infinita bondad, y delante vuestra
Madre gloriosa y de todos los Santos y Santas
de la corte celestial, que yo quiero y deseo y es
mi determinación deliberada, sólo que sea vues­
tro mayor servicio y alabanza, de imitaros en
pasar todas injurias y todo vituperio y toda
pobreza así actual como espiritual, queriéndome
vuestra santísima Majestad elegir y rescibir en
tal vida y estado.

Oblación a la verdad de suma trascen­


dencia. Nótese que no se pide nada. El ejer­
citante hace una oblación, un holocausto,
una resignación completa de sí mismo en
manos del Eterno Señor de todas las co-
i Siendo los enemigos del hombre mundo,
demonio y carne ¿cóm o no habla, el Santo aquí
del demonio? Creemos que lo hace expresamente.
Este enemigo es más solapado. Tentará con capa
de bien más adelante, cuando el ejercitante haya
llegado a las inmediatas de su elección de estado
o reforma de vida. En las Dos Banderas hablará
expresamente de este enemigo, y. para saberlo
distinguir, nos dará señales bien seguras. Én
cambio, durante los misterios de la ijifanoia y
vida oculta del Señor, no es tan fácil que nos
acometa nuestro adversario: a lo más. en la su­
bida al templo, cuando contemplemos en n u e s t r o
Señor Jesucristo los ejemplos de perfección evan­
gélica que nos dará “ dejando a su padre adop­
tivo y a su Madre natural, por vacar en puro
servicio de su Padre Eteroal” ; pero entonces nos
encontraremos en la antjesala. de la m editaron
de Dos Banderas.
I El llam ainienlo del rey temporal W¡

sas; y después de haberlo pensado muy


bien, después de haberse dado perfecta
cuenta de la trascendencia de su oblación.
es mi determinación deliberada, manifiesta
su voluntad y deseo, que yo quiero y deseo ;
se ofrece a imitar en aquello que es más
difícil a nuestra naturaleza, al Eterno Se­
ñor de todas las cosas (hecho hombre), si
es mayor servicio y alabanza del Señor, y si
le quiere recibir su divina Majestad en tal
vida y estado.
Aquello a que se ofrece es, al fin y al
cabo, a recibir una gracia señaladísima,
que gracia y muy señalada es imitarle (al
Señor de todas las cosas) en pasar todas in­
jurias y todo vituperio y toda pobreza asi
actual como espiritual. Y que esto sea gra­
cia tan señalada, parece lo da a entender la
frase: Queriéndome vuestra santísima Ma­
jestad elegir y recibir...
Gracia grande es; pero al mismo tiempo
no deja de ser juntamente un sacrificio cos­
toso a nuestra naturaleza. Por esto apela­
mos a la infinita bondad del Señor; y como
para tomar alientos, hacemos la oblación
delante de su Madre gloriosa y de todos los
Santos y Santas de la corte celestial.
Con mucha razón llama el P. Roothaan
a esta meditación: “Alterum Exercitiorum
Spiritualium Fundamentum’\
9. Cuando el ejercitante haga más ade­
lante el coloquio de las Dos Banderas, pa-
to s Segunda Semimii

sará más allá: ya no se ofrecerá solamen­


te, si es mayor gloria de Dios; sino que
pedirá padecer de hecho injurias y 'opro­
bios! si su divina Majestad fuere servido y
le quisiere elegir [147}. Por fin, echando
mano repetidas veces si es necesario, · de la
nota que sigue a los Binarios [157, 1593.
pedirá, con palabras muy apremiantes ser
elegido para aquello que más le cueste,
con sólo que sea servicio y alabanza de la su
divina bondad. Esta gradación deberá tener
muy en cuenta el director para que no iíaga
caminar a su dirigido más aprisa de lo que
conviene. Que este es el método que sigue el
santo Padre: paso a paso, pero con segu­
ridad. i
r i

[99] i.a nota. Este ejercicio se hará-dos ve­


ces al día, es a saber, a la mañana en levantán­
dose. y a una hora antes de comer o de cenar.

Bien pudiera hacerse el día de descanso


de la 1.a semana, y comenzar el primer día
de la 2.a semana con la contemplacióñ3r£fe
la Encarnación.

TIOOT 2.a rióta. Para la segunda serñana, y ásí


nara adelante, mucho aprovecha el· leer algunos
rstos en los libros De Imitatione Christi o de lo«
evangelios y de vidas de santos.

10 Nota 13.a
II

Primera contemplación

1. Advertencia : Decisión irrevocable que debe


tener el ejercitante, de imitar a Cristo—2. La
salvación del mundo huma ñámente imposible :
necesidad de que tomemos para salvarlo, los
mismos medios que tomó el Señor. No pierdan
nunca de vista verdad tan importante los que
trabajan en la salvación de las almas : (nata
14.a).—3 . Historia fiel y sumaria.. Composición
de lugar—4. Petición : la misma toda esta
semana, conocimiento interno del Señor, que
lleve al amor y seguimiento o imitación. Doc­
trina que da el P. La Puer\te sobre este cono­
cimiento interno—5. Ver las personas, oír lo
que hablan, mirar lo que hacen.—6. Cómo ex­
plica el mismo P. La Puente esta forma de
meditar o contem plar—7. Coloquios: enca­
minarlos a conseguir la gracia que queremos,
a saber, el seguir e imitar al Señor nuestro.

E l primero día y primera contem ­


[1 0 1 ]
ES DE LA ENCARNACIÓN; Y CONTIE­
p la c ió n
NE EN SÍ LA ORACIÓN PREPARATORIA, 3 PREÁM­
BULOS Y 3 PUNTOS Y UN COLOQUIO.

14.— COMENTARIO A LOS E JE R C IC IO S


210 Segunda Semana
1. Nota. Como dejamos notado al prin­
cipio de esta 2.a semana, son dos los senti­
mientos principal^ que experimenta el ejer­
citante al terminar el 5." y último ejerci­
cio de la semana anterior, a saber, grati­
tud a Cristo nuestro Señor y celo por la
salvación de las almas.
Añadimos ahora que del ejericicio del
Rey Eternal sale el que se ejercita decidido
a imitar a todo trance a nuestro Rey y Ca­
pitán, Cristo Jesús.
Así. pues, cuando comenzamos las con­
templaciones de esta 2.a semana, tres son
los sentimientos principales que experimen­
tamos: celo, gratitud a Cristo, deseo de
seguirle, de imitarle.
En esta primera contemplación se fun­
den en uno solo estos tres sentimientos. Avi­
vado el celo por la salvación de sus her­
manos, ve el ejercitante con toda claridad
que el único modo de explayar con fruto su
celo, es emplear los mismos medios que
tomó Jesucristo 'para salvar al mundo, o
sea, la práctica de aquellas virtudes que. ve
ya tan a los principios ejercitadas en el
Verbo Eterno hecho carne. Este celo y esta
gratitud son dos estímulos, a cual más efi­
caces, para la imitación de Cristo con la prác­
tica de las virtudes por costosa que ésta sea.
Con esta advertencia, apenas hay nece­
sidad de comentario en esta primera con­
templación.
IT. Primera contemplación 211

Oración. La sólita oración preparatoria.


2. En los dos primeros preámbulos y en
todos tres puntos nos presenta San Igna­
cio al mundo, como el cadáver de Lázaro:
muerto de cuatro días, en putrefacción; lo
contemplamos enteramente perdido, y hu­
manamente sin remedio posible. Lo que ha­
blan las personas de la haz de la tierra.
cómo juran y blasfeman, etc.; lo que hacen.
así como herir, matar, ir al infierno, etc.\
descorazona al más optimista. Pero esto es
si ponemos los ojos en los medios huma­
nos; de ningún modo si los ponemos en los
divinos. Cristo lo salvó. Ahora bien, como
es voluntad de nuestro Rey y Capitán que
nosotros le ayudemos en esta divina empre­
sa de salvar al mundo, según vimos ya en
la contemplación del Rey eternal, y vere­
mos en la meditación de las Dos Bande­
ras, es absolutamente necesario que tome­
mos los mismos medios que tomó el Hijo
de Dios para su salvación, y no otros.
Estos medios, estas armas para la con­
quista del mundo fueron, como iremos vien­
do en el decurso de las contemplaciones si­
guientes, la pobreza, la humillación, el sa­
crificio, una muerte ignominiosa... En el
punto 3.° de la contemplación del Nacimien­
to [116] los resume el Santo con estas pa­
labras: “Mirar y considerar lo que hacen,
así como es el caminar y trabajar, para que
II Primera coivlomplucltm

el Señor sea nascido en suma pobreza, y


al cabo de tantos trabajos, de hambre) 'de
sed, de calor y de frío, de injurias y afren­
tas, para morir en cruz... después refl«?n
tiendo, sacar algún provecho.”
Es preciso que el ejercitante salga d$
esta contemplación íntimamente convenci­
do de que para salvar las almas no .hay
otros medios eficaces distintos de éstos-,
Todos los otros medios naturales que
memos, y debemos tomar, deberán reci­
bir su virtud, su eficacia de aquellos, qu,^.
vemos ejercitados en nuestro divino mcde^
lo, Jesucristo: “Aquellas interiores (las vir­
tudes sólidas y perfectas) son las que ha®
de dar eficacia a estos exteriores (a los
dones naturales y humanos) para el fin que
se pretende” , escribe San Ignacio en ,1^.
Constituciones, parte 10.a, n. 2.
Nota 14.a

3. U021 l:-r preámbulo. El primer preám­


bulo es traer la historia de la cosa que tengo
de contemplar: que es aquí, cómo las treá1'Per­
sonas Divinas miraban toda la p lañ id a© re­
dondez de todo el mundo llena de hombres ; y
cómo viendo que todos descendían al infierno,
se determina en la su eternidad, que la Segunda
Persona se haga hombre, para salvar el género
humano; y así, venida la plenitud de los tiem­
pos, enviando al ángel San Grabiel a Nuestra
Señora. Cf. [2621.
[ 1031 2/> preámbulo. El 2/\ composición vien­
do el lugar: aquí será ver la grande capacidad
y redondez del mundo, en la cual están tantas
II. Primera contemplación 213
y kan diversas gentes; asimismo, después par­
ticularmente, la casa y aposento de Nuestra Se­
ñora, en la ciudad de Nazaret, en la provincia
de Galilea
4. 1104]. 3;· preámbulo. El 3.°, demandar
lo que quiero: será aquí, demandar conocimien­
to interno del Señor, que por mí se ha hecho
hombre, para que más le ame y le siga.
Conforme a las verdades expuestas sobre
la necesidad de usar para la salvación, los
mismos medios que usó Cristo nuestro Re­
dentor y modelo, será la petición que des­
de ahora vamos a hacer en las contempla­
ciones de esta 2.a semana, a saber, el segui­
miento e imitación de Cristo nuestro Se­
ñor: pidiendo según que efi sí sintiere,
dice el Santo en el coloquio de esta primera
contemplacipn, “para más seguir e imitar
al Señor Nuestro” ... [109]; petición que hici­
mos en el ,3.'’ preámbulo de esta misma con­
templación: Conoscimiento interno del Se­
ñor, que por mí se ha hecho hombre, “para
que 'más le ame y le siga”. Parecida será la
petición, y en la misma forma haremos el
coloquio en las contemplaciones restantes
de esta semana: <113-117).
Conocimiento interno, del Señor. Escri­
be el P. La Puente en la Introducción a las
meditaciones, parte 2.a, declarando en qué
consiste este conocimiento de nuestro Se­
ñor Jesucristo: “Hemos de procurar por
medio de estas meditaciones conocer a Je­
sucristo nuestro Señor, Dios y hombre ver-
214 Segunda Semana
dadero, con un conocimiento cierto, propio,
entero y perfecto, que llegue a entender y
penetrar la infinita dignidad de su Persona,
y las inestimables riquezas y tesoros de su
gracia, con grande estima y aprecio de
ellas. Porque en este conocimiento, como
dijo el mismo Señor, está la vida eterna
por cuanto de El, como de semilla, proce­
den los medios para alcanzarla” .
[105]. Nota. Conviene aquí notar que ésta
misma oración preparatoria sin mudarla, como
está dicha en el principio, y los mismos tres
preámbulos se han de hacer en esta semana y en
las otras siguientes, mudando la forma, según
la subiecta materia.

Podemos ver confirmado en estas pala­


bras lo que declaramos al final de la in­
troducción, o sea, cómo en las mismas me­
ditaciones y contemplaciones da el Santo
normas admirables para bien meditar y
contemplar; y también la libertad que deja
al ejercitante, conforme probamos al co­
mentar el Presupuesto.
5. i.1061. l.° punto. El primer punto es ver
las personas, las unas y las otras; y primero
las de la haz de la tierra, en tanta diversidad,
así en trajes como en gestos, unos blancos y
otros negros; unos en paz y otros en guerra;
unos llorando y otros riendo; unos sanos, otros
enfermos; unos naciendo, y otros muriendo, etc.
2.i Ver y considerar las tres Personas Divi­

1 lo., XVII, 3.
II. Primera contemplación 215
nas, como en el su solio real o trono de la su
divina Majestad, cómo miran toda la haz y re­
dondez de la tierra y todas las gentes en tanta
ceguedad, y cómo mueren y descienden al in­
fierno.
jo; ver a Nuestra Señora y al Angel que la
saluda, y reflectir para sacar provecho de la tal
vista.

De la tal vista. Se refiere no sólo a Nues­


tra Señora y al Angel, sino también a las
personas del 2.° y 1.° punto, a las del cielo
y a las de la tierra.

[107] 2.° punto. El 2.°: oír lo que hablan las


personas sobre la haz de la tierra, es a saber,
cómo hablan unos con otros, cómo juran y blas­
feman. etc.; asimismo lo que dicen las Per­
sonas Divinas, es a saber: “Hagamos reden­
ción del género humano”, etc.; y después lo
que hablan el Angel y Nuestra Señora; y reflec­
tir después para sacar provecho de sus palabras.

De sus palabras. Es decir, de las pala­


bras de las personas del cielo y de la tie­
rra, cómo en el punto anterior.

[108]. 3.° punto. El 3.°: después mirar lo que


hacen las personas sobre la haz de la tierra, así
como herir, matar, ir al infierno, etc.; asimismo
lo que hacen las Personas Divinas, es a saber,
obrando la santísima Encarnación, etc.*; y «sí-
mismo lo que hacen el Angel y. -NuesJ¡r* -Beñora,
es a saber, el Angel hacienda oficio de lega­
do, y Nuestra Señora hu^iU4ndose y haciendo
gracias a la divina Majestad*; y después reflec­
tir para sacar algún provecho de eadst eosa ties­
tas.
Segunda Semana
De cada cosa destas. O sea de lo que ha­
cen las personas sobre la haz de la tierra,
las Personas Divinas, el Angel y Nuestra
Señora, lo mismo que en los puntos ante­
riores.
Nota el Directorio (c. 19, n. 5) que este
contemplar las personas y las palabras y
obras en los misterios de la vida del Señor,
debe entenderse siguiendo la distribución
por puntos, como está al fin del libro de
los Ejercicios, pensando ordenadamente en
cada punto, personas, palabras y obras;
mas no es preciso pensar primero en todas
las personas del misterio, luego meditar
por separado todas las palabras y, por fin,
las obras.
6. Oigamos de nuevo al P. La Puente
(1. c.): “El modo de meditar estos misterios
ílos de la vida del Señor] para salir con lo
que pretendemos, ha de ser llevando pues­
tos los ojos en cuatro cosas para ponderar­
las con atención: La 1.a es mirar las per­
sonas que intervienen en el misterio con
las excelencias y afectos interiores que
hay en ellas; la 2.a es considerar las pala­
bras que dicen; la 3.a es, mirar las obras que
hacen y las virtudes que en tales obras res­
plandecen; y la 4.a considerar las cosas que
padecen, con todas sus circunstancias, pon­
derando los fines y motivos de ellas. Y de
todas cuatro cosas he de sacar siempre al­
gún provecho para mí mismo, animándome
II. Primera contemplación 217
a imitar lo que puede ser imitado, con los
demás afectos y coloquios. Todo esto se ha
de hacer en cada uno de los puntos que tu­
viere la meditación siguiendo el orden de
la historia.
Y porque la persona a quien tocan mu­
chos de estos misterios, es muy principal,
la Virgen Nuestra Señora, hemos de aten­
der muy principalmente a sacar de estas
meditaciones conocimiento y amor suyo e
imitación de sus heroicas virtudes, subiendo
de la imitación dé la Madre a la imitación
de su Hijo; pues nos puede decir mucho me­
jor que San Pablo: Imitadme a mí, como
yo imito a Cristo.” (1.a Cor., IV, 16).

7. [109] Coloquio. En fin, hase de hacer un


coloquio, pensando lo que debo hablar a las tres
Personas Divinas, o al Verbo Eterno encamado,
o a la Madre y Señora nuestra, pidiendo, según
que en si sintiere, para más seguir e imitar al
Señor nuestro, así nuevamente encarnado, di­
ciendo un Pater noster.

Para más seguir e imitar al Señor. Esta


fué la petición que hicimos en esta prime­
ra contemplación, y ésta misma será la que
haremos en las demás contemplaciones de
esta segunda semana. Tal petición debe­
mos hacer también en el coloquio de cada
una de las contemplaciones, y hasta pa­
rece que esto mismo indica el Santo en
el coloquio de la contemplación del Naci­
miento: “Acabar con un coloquio, así como
218 Segunda Semana
en la precedente contemplación [117]. Y en
el coloquio de la quinta contemplación, o
aplicación de sentidos dice: “Acabapse ha
con un coloquio, como en la primera y se­
gunda contemplación [126]. Lo que debe
entenderse en todas las contemplaciones de
esta 2.a semana.
III

Segunda contemplación

l. Verosimilitud dé los pormenores que trae el


Santo en la historia—2. Particularidades a
que suele descender eji el 2.° preámbulo —
3. Normas que nos da y que debemos seguir
en las contemplaciones de la vida del Señor,
de Nuestra. Señora y de los Santos : tomar
parte activa, profunda humildad, reverencia
interior y exterior. Admirable semejanza entre
estos sentimientos y los atribuidos a San
Buenaventura.~4. Cuánto importa en todas
estas contemplaciones no perder de vista que
cuanto hizo y padeció el Señor fué por mí.
5. Doctrina y práctica del P. La Puente.

[1 1 0 ] La segunda c o n t e m p l a c ió n es del

n a s c im ie n t o .

Oración. La sólita oración preparatoria,


flll] l.o preámbulo.—El primer preámbulo
es la historia: y será aquí, cómo desde Nazaret
salieron Nuestra Señora grávida quasi de nue­
ve meses, como se puede meditar píamente, asen-
‘220 Soguncla Semana
tada en una asna, y Josep y una ancila, llevan»
do un buey para ir a Belén a pagar el tributq
que César echó en todas aquellas tierras. 0$
1264.1.

1. Todos estos pormenores debió leerlos


el Santo en la vida de Cristo Nuestro Se­
ñor. Todos son o verdaderos o verosímiles:
El que desde Nazaret saliera Nuestra Seño­
ra grávida casi de nueve meses, con San
José, lo cuenta el evangelista; lo de 'ir
Nuestra Señora sentada en el asna, puede
meditarse píamente y con mucho funda­
mento. pues no iba a consentir el Santo
que su Esposa en tal estado hiciese a pie
un viaje, que debió durar de cuatro a cin­
co días; también es muy verosímil que el
santo Patriarca hubiera tomado una cria-
dita por algunos meses al menos; final­
mente lo que escribe sobre el buey, es muy
conforme a la antigua tradición de haber
habido un buey y una muía o asna en la
cueva euando nació el divino Niño.
[112]. 2:J preámbulo. El segundo: composi­
ción, viendo el lugar ; será aquí, con la vista
imaginativa ver el camino desde Nazaret a Be­
lén, considerando la longura, la anchura, y si
llano o si por valles o cuestas sea el tal ca­
mino; asimismo mirando el lugar o espelunca'
del nacimiento, cuán grande, cuán pequeño, cuán
bajo, cuán alto, y cómo estaba aparejado. ,

2. Es notable lo en particular que des­


ciende el Santo a pormenores que podrían
111. ¡áeguntla contemplación 221
parecer insignificantes, en las composicio­
nes dei lugar de las contemplaciones en es­
tas tres semanas.
[1131. 3.° preámbulo. El 3.° será el mismo y
por la misma forma que fué eri la precedente
contemplación.
[114] í.or punto. El primer punto es ver las
personas, es a saber, ver a Nuestra Señora y a
Joseph y a la ancila y al Niño Jesús, des­
pués de ser nascído; haciéndome yo un po-
brecito y esclavito indigno; mirándolos, con­
templándolos y sirviéndolos en sus necesidades,
como si presente me hallase, con todo acata­
miento y reverencia posible; y después reflectir
en mí mismo para sacar algún provecho.

3. Varias cosas dignas de consideración:


En primer lugar, lo fructuoso que será con­
templar viendo las personas, según se dijo
en la precedente contemplación. Y en la
manera de proponer este punto nos da
normas sumamente provechosas para que
obremos del mismo modo en las otras con­
templaciones: a) interviniendo en los mis­
terios y tomando parte activa en ellos,
como si presente me hallase’, es decir, no
considerar lo qúe contemplamos como pa­
sado hace tantos siglos, sino como si ac­
tualmente tuviese lugar, mirándolos (actu)
contemplándolos y sirviéndolos en sus ne­
cesidades; b) humildad profunda que in­
dica el Santo en los diminutivos que usa
y en el calificativo “indigno” . hacié?idome yo
un pobrecito y esclavito indigno; c) suma
Segunda Semana
reverencia, con todo acatamiento y reveren­
cia posible. Por grande que sea la confianza
y aun la familiaridad que Nuestro Sefior y
Dios nos conceda en el trato con su divina
Majestad, siempre debe ir acompañada de
estas dos virtudes, humildad y reverencia l.
11151 2.° punto. El 2,°: mirar, advertir [dándo­
nos muy bien cuenta! y contemplar lo que ha­
blan: y reflictiendo en mí mismo, sacar algún
provecho.
[116] 3.° punto. El 3.°: mirar y considerar
lo que hacen [nótese el verbo considerar 1.. así
como es el caminar y trabajar, para que el Se-

1 Admirablemente concuerdan con estos sen­


timientos del santo Patriarca los que leemos en
una de las meditaciones atribuidas por mucho
tiempo a San Buenaventura (Medit. Vitae Christi
cap. 13) : Trata esta meditación de la vuelta del
Niño Jesús de Egipto : “Insistamos, escribe, en la
vuelta del Señor. Acerca de la cual atiende dili­
gentemente. que es meditación de veras piadosa-
Vuelve, pues, a Egipto con el solo fin de hacer
una visita al Niño Jesús. Por ventura lo encon­
trarás fuera de casa con otros de su edad. Tan
pronto como El te vea, te saldrá al encuentro;
que es benigno y afable. Tú entonces postrado de
rodillas, besa sus pies, luego tómale en tus bra­
zos y recréate con El un ra.tito. En fin, es posi­
ble que te diga : Se nos ha dado la orden de
volver a nuestra tierra, de modo que has llegado
a buen tiempo, pues podrás acompañarnos. A esta
propuesta, tú deberás responder al instante que
te alegras mucho con tan buena nueva y no tie­
nes otro deseo que ir en compañía suya a donde
quiera que El vaya. Y con estas o parecidas con­
versaciones pasarás con El un rato delicioso. Ya
te he dicho que el meditar estas consideraciones
que narecen puerilidades, es de poderosa ayuda, y
con las tales llega uno a oración más levantada.
El mismo Niño te presentará a su Madre la cual
te recibirá y te tratará con suma afabilidad. Te
oondrás arrodillado y le harás una reverencia, y
lo mismo n1 santo Patriarca José; y descansa con
ellos/’
1JI. Segunda contemplación ‘¿23
ñor sea nascido en suma pobreza, y a cabo de
tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y
de frío, de injurias y afrentas, para morir en
cruz; y todo esto por mí; después reflictiendo,
sacar algún provecho espiritual.

4. Merece notarse la expresión por mí.


No hay que perder de vista qn estas con­
templaciones de la vida del Señor que cuan­
to hizo y padeció, fué por mí en particular.
Es cierto que· por todos los hombres trabajó
y padeció el Hijo de Dios hecho hombre;
pero sus trabajos y padecimientos me apro­
vechan a mí en particular como si por mí
solamente hubiera trabajado y padecido.
De manera parecida que el sol que hace
Dios salir para beneficio de todos los hom­
bres, me beneficia a mí, como si por mí úni­
camente lo hiciese Dios salir cada día.

[117] Coloquio. Acabar con un coloquio, así


como en la precedente contemplación, y con un
Pater noster

1118] L a t e r c e r a c o n t e m p l a c ió n s e r á r e ­
p e t ic ió n DEL PRIMERO Y 2.° EXERCICIO 2.

Después de la oración preparatoria y los tres


preámbulos, se hará la repetición del primero
y segundo ejercicio, notando siempre algunas
partes más principales, donde haya sentido la
persona algún conocimiento, consolación o de-

1 Véase el comentario aJ u·«' [109|.


Véase el comentarlo al n.« 1621.
22. Segujidn Semana
reverencia, con todo acatamiento y reveren­
cia posible. Por grande que sea la confianza
y aun la familiaridad que Nuestro Señor y
Dios nos conceda en el trato con su divina
Majestad, siempre debe ir acompañada de
estas dos virtudes, humildad y reverencia l.
11151 2.° punto. El 2.°: mirar, advertir [dándo­
nos muy bien cuenta! y contemplar lo que ha­
blan: y reflictiendo en mí mismo, sacar algún
provecho.
[1161 3,° punto. El 3.°: mirar y considerar
lo que hacen [nótese el verbo considerar1, así
como es el caminar y trabajar, para que el Se-

1 Admirablemente concuerdan con estos sen­


timientos del santo Patriarca los que leemos en
una de las meditaciones atribuidas por mucho
tiempo a San Buenaventura (Medit. Vitae Christi;
cap. 13) : Trata esta meditación de la vuelta del
Niño Jesús de Egipto: “Insistamos, escribe, en la
vuelta del Señor. Acerca de la cual atiende dili­
gentemente. que es meditación de veras piadosa.
Vuelve, pues, a Egipto con el solo fin de hacer
una visita al Niño Jesús. Por ventura lo encon­
trarás fuera de casa con otros de su edad. Tan
pronto como El te vea, te saldrá al encuentro;
que es benigno y afable. Tú entonces postrado de
rodillas, besa sus pies, luego tómale en tus bra­
zos y recréate con El un ratito. En fin, es posi­
ble que te diga : Se nos ha dado la orden de
volver a nuestra tierra, de modo que has llegado
a buen tiempo, pues podrás acompañarnos. A esta
propuesta, tú deberás responder al instante que
te alegras mucho con tan buena nueva y no tie­
nes otro deseo que ir en compañía suya a donde
quiera que El vaya. Y con estas o parecidas con­
versaciones pasarás con El un rato delicioso. Ya
te he dicho que el meditar estas consideraciones
que narecen puerilidades, es de poderosa ayuda, y
con las tales llega uno a oración más levantada.
El mismo Niño te nresentará a su Madre la cual
te recibirá y te tratará con suma afabilidad. Te
oondrás arrodillado y le harás una reverencia, y
lo mismo ni santo Patriarca José; y descansa con
pilos."
7 III. Segunda contemplación ‘¿ 23

ñor sea nascido en suma pobreza, y a cabo de


tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y
de frío, de injurias y afrentas, para morir en
cruz; y todo esto por mí; después reflictiendo,
sacar algún provecho espiritual.

4. Merece notarse la expresión por mi.


No hay que perder de vista §n estas con­
templaciones de la vida del Señor que cuan­
to hizo y padeció, fué por mí en particular.
Es cierto que· por todos los hombres trabajó
y padeció el Hijo de Dios hecho hombre;
pero sus trabajos y padecimientos me apro­
vechan a mí en particular como si por mí
solamente hubiera trabajado y padecido.
De manera parecida que el sol que hace
Dios salir para beneficio de todos los hom­
bres, me beneficia a mí, como si por mí úni­
camente lo hiciese Dios salir cada día.

[117] Coloquio. Acabar con un coloquio, así


como en la precedente contemplación, y con un
Pater noster *.

1118] La t e r c e r a co n te m p la ció n será r e ­


p etición DEL PRIMERO Y 2.° EXERCICIO 2.

Después de la oración preparatoria y los tres


preámbulos, se hará la repetición del primero
y segundo ejercicio, notando siempre algunas
partes más principales, donde haya sentido la
persona algún conocimiento, consolación o de-

1 Véase el comentario al n." 11091.


2 Véase el comentarlo al n.o |62|.
•221 tít'giuitlu ¡átimuuu
solación. haciendo asimismo un coloquio al fin,
y un Pater noster.
f 1191 En esta repetición y en todas las si­
guientes se llevará la misma orden de proceder,
que se llevaba en las repeticiones de la primera
semana, mudando la materia y guardando la
forma.

[1 2 0 ] L a c u a r t a c o n t e m p l a c ió n s e r á r e p e ­
DE LA 1 .a Y 2 .a. de l a m i s m a m a n e r a
t ic ió n

QUE SE HIZO EN LA SOBREDICHA REPETICIÓN.

[1 2 1 ] LA QUINTA SERÁ TRAER LOS CINCO SEN­


TIDOS SOBRE LA PRIMERA Y SEGUNDA CONTEMPLA­
CIÓN.

Oración. Después de la oración preparatoria


y de los tres preámbulos, aprovecha el pasar de
los cinco sentidos de la imaginación por la 1.»
y 2.a contemplación de la manera siguiente:
[122] 1.° punto. El primer punto es ver las
personas con la vista imaginativa, meditando y
contemplando en particular sus circunstancias,
y sacando algún provecho de la vista.
[123] 2." punto. El 2.°: oír con el oído [es­
piritual] lo que hablan o pueden hablar, y re-
flictiendo en sí mismo, sacar dello algún pro­
vecho.

O pueden hablar, es decir, lo que verosí­


milmente hablan; y puede aplicarse y debe,
a todas estas contemplaciones de la Vidá
del Señor, no sólo a lo que dicen, sino tam­
bién a lo que hacen.

11241 punto. El 3.°: oler y gustar con el


olfato y con el gusto la infinita suavidad y dul*
III. Segunda contemplación 225

zura de la divinidad, del ánima y de sus virtu-


'des y de todo, según fuere la persona que se
contempla, reflictiendo en sí mismo y sacando
provecho dello.
[125] 4.° punto. El cuarto: tocar con el tac­
to, así como abrazar y besar los lugares, donde
las tales personas pisan y se asientan, siempre
procurando de sacar provecho dello.

5. Escribe el P. La Puente sobre el traer


los sentidos, o la aplicación de los sentidos,
en la meditación XXVI de la 2.a parte: “ El
modo de orar por aplicación de los sentidos
sobre los misterios de nuestra fe, es un
modo, más de contemplación que de me­
ditación; porque la meditación discurre de
una cosa a otra buscando las verdades es­
condidas; pero la contemplación es una
vista sencilla de la verdad, sin variedad de
discursos, con grandes afectos de admira­
ción y amor: y como regularmente se al­
canza después de la meditación; así des­
pués de haber meditado estos misterios de
Cristo nuestro Señor, es bien dar otra vez
vuelta sobre cada uno con este modo de
contemplación afectuoso, que llamamos
aplicación de sentidos; porque así como los
sentidos exteriores, brevísimamente, sin ro­
deos de discursos, perciben sus objetos, y
se deleitan y saborean en ellos; asi en esta
contemplación los sentidos interiores del
alma, que son sus mismas potencias inte­
riores con la variedad de sus actos, sin
nuevos discursos, presuponiendo los que
1 5 — C O M E N T A R IO A LO S E JE R C IC IO S
Seguixclu Semana
se han hecho en otros tiempos, perciben
estas verdades, y sacan de ellas afectos ma-*
ravillosos de devoción, previniéndolos nues­
tro Señor con su especial gracia, sin la
cual no acertaremos a entrar en tal modo
de contemplación, aunque de nuestra par­
te podemos ayudarnos algo en la forma que
sigue/’
A continuación pone una contempla­
ción por aplicación de sentidos, de los mis­
terios de la infancia del Niño Jesús, que
es de lo más acabado en esta materia, y
puede tomarse como un perfecto modelo en
esta forma de contemplación \

[1263 Coloquio. Acabarse ha con un colo­


quio, como en la primera y segunda contempla­
ción, y con un Pater noster.

Como en la primera y segunda con­


templación, a saber, pidiendo, según que
en sí sintiere, para más seguir é imitar al
Señor nuestro...

i Acerca de esta manera de contémplációri


puede verse el mismo P. La Puerute, Introducción
a la I.» parte de sus Meditaciones Espirituales,
párrafo 11, y el P. La Palma en el libro 3;<>, capí­
tulo 7.° del Camino Espiritual.
IV

Notas y Preámbulos
para considerar estados m

Lectura de los misterios de la vida del Se­


ñor—2. Número de ejercicios durante estos
días—3- Modificación de adiciones y equi­
valente de la segunda.—4. Orden y modo en
lr.s contemplaciones—5. Razón de alterar el
Santo el orden cronológico en las contemplacio­
nes de la vida oculta desde los doce años hasta
los treinta, y de la subida al templo cuando
era de edad de doce años.—6. El preámbulo
para considerar estados es como un toque de
atención al que se ejercita para que éste en­
tienda que ha llegado ya a las inmediatas dei
punto culminante de los Ejercicios Espiritua
les, de la elección de estado o reforma de la
vida.

1. [127] 1.a nota. Primera nota: es de ad-


irtir para toda esta semana y las otras si-
iientes, que solamente tengo de leer el miste-
o de la contemplación que inmediate tengo de
acer, de manera que por entonces no lea nin-
**>28 SegujLicia ¡Semana
gún misterio que aquel día o en aquella hora no
haya de hacer, porque la consideración de un
misterio no estorbe a la consideración del otro.

Quec’ a comentado este número en la nota


2.a. correspondiente al n. [100].
2. [128] 2.a nota. La 2.a: el primer ejerci­
cio de la Encarnación se hará a la media no­
che: el 2.° en amanesciendo; el 3.° a la hora
de misa; el 4.° a la hora de vísperas, y el 5.° an­
tes de la hora de cenar, estando por espacio de
una hora en cada uno de los cinco ejercicios;
y la misma orden se llevará en todo lo siguiente.
[129] 5.a nota La 3.a : es de advertir que si
la persona que hace los Ejercicios es viejo o
débil, o aunque fuerte, si de la 1.a semana ha
quedado en alguna manera débil, es mejor que
esta 2.a semana, a lo menos algunas veces, no
se levantando a media noche, hacer a la ma­
ñana una contemplación, y otra a la hora de
misa, y otra antes de comer; y sobre ellas una
repetición a la hora de vísperas, y después el
traer de los sentidos antes de la cena.

Si el que se se ejercita hizo los Ejerci­


cios de 1.a semana ajustándose fielmente a
las normas que le dió el Santo Padre, por
robusto que sea, difícilmente habrá dejado
de quedar debilitado; por lo mismo, cree­
mos que sin escrúpulo ninguno, puede de­
jar el ejercicio de la media noche. Más
aún; de complexión muy fuerte debe ser el
ejercitante a quien durante el mes de Ejer­
cicios se le permitan cinco ejercicios toda
esta 2.z semana si tiene ánimos para hacer
de veras los Ejercicios restantes, pues es
IV Notus para considerar estados 229

largo el camino que le queda por andar; y


esto tanto más, cuanto que está muy pró­
ximo el tiempo de la elección y podría ser
perjudicial al que se ejercita llegar a esta
parte de los Ejercicios fatigado l.

3. 11301 4.a· nota. La cuarta: en esta segunda


semana, en todas las diez adiciones que se dije­
ron en la primera semana, se han de’mudar la
2.a, la 6.a, la 7.a y en parte la 10.a
En la segunda será luego en despertándome,
poner enfrente de mí la contemplación que ten­
go de hacer, deseando más conocer el Verbo
eterno encarnado, para más le servir y seguir 2.
Y la 6.a será traer en memoria frecuente­
mente la vida y misterios de Cristo nuestro Se­
ñor, comenzando de su Encarnación hasta el
lugar o misterio que voy contemplando ;t.
Y la 7.a será que tanto se debe guardar en te­
ner obscuridad o claridad, usar de buenos tem­
porales o diversos, cuanto sintiere que le puede
aprovechar y ayudar para hallar lo que desea
la persona que se ejercita.
Y en la 10.a adición, el que se ejercita se
debe haber según los misterios que contempla ;
porque algunos piden penitencia, y otros no ;
de manera que se hagan todas las diez adiciones
con mucho cuidado.
[131] 5.a nota. La quinta nota: en todos
los Ejercicios, dempto el de la media noche y el
de la mañana [los cuales ya tienen la 2.a adi­
ción], se tomará el equivalente de la 2.a adición
de la manera que se sigue: luego en acordán­
dome, que es hora del ejercicio que tengo de
hacer, antes que me vaya, poniendo delante de

1 V. Roothaan, not. 38, 2.» hebdom.


2 Véase el comentario al n.° [741.
J Cfr. .nota del n. 11001 -
Segunda Semana

mí adonde voy y delante de quién, resumiendo


un poco el ejercicio que .tengo de hacer, y des­
pués haciendo la 3 .1 adición, entraré en el ejer­
cicio
4. [132]. 2 ° día. El segundo día tomar por
primera y segunda contemplación la presenta­
ción en el templo [2681; y la huida como en des­
tierro a Egipto [269]; y sobre estas dos con­
templaciones se harán dos repeticiones, y el
traer de los cinco sentidos sobre ellas, de la
misma manera que se hizo el día precedente.
[133]. Nota. Algunas veces aprovecha, aun­
que el que se ejercita sea recio y dispuesto, el
mudarse desde este 2.° día hasta el 4.° inclusive,
para mejor hallar lo que desea, tomando sola
una contemplación en amaneciendo, y otra a la
hora de misa, y repetir sobre ellas a la hora
de vísperas, y traer los sentidos antes de cena 2.
[134] 3.° día. El tercero día, cómo el Niño
Jesús era obediente a sus padres en Nazarét
[271]; y cómo después le hallaron en el tem­
plo 1272]; y así consequenter [sucesivamente,
siguiendo las normas de los días anteriores], ha­
cer las dos repeticiones y traer los cinco sen­
tidos.
i

5. En las meditaciones de este día: 3,9,


altera el orden cronológico de las medita­
ciones.
Por ventura pone el Santo primero la
vida oculta desde los doce años hasta los
treinta [271], y después la venida de Cristo
al templo cuando era de edad de doce dñós
[272], para subir de lo menos perfecto a lo

1 Cfr el comentario al n. (74).


- Cfr. el n. [891
IV Notos para considerar es-lados 231

más. En la primera de estas dos contem­


placiones, como vamos a ver en el número
siguiente [135], nos dará ejemplo Cristo
nuestro Señor para el primer estado, que
es custodia de los mandamientos·, en la 2.a,
de perfección evangélica.

[135J P reámbulo para considerar estados.

6. El fruto de las contemplaciones de es­


ta 2.a semana es, como hemos visto, además
de un conocimiento interno, íntimo de Cris­
to nuestro Señor, su seguimiento e imitación,
que para esto pedimos tal conocimiento en
todas las contemplaciones.
Las dos últimas, de la vida oculta y de
la subida al templo, se encaminan más par­
ticularmente a “preparar y disponer’' al
ejercitante para conocer cuál es “la vo­
luntad divina en la disposición de su vida
para la salud del ánima” ; en otras pala­
bras: en qué vida o estado de nosotros se
quiere servir su divina' Majestad.
Desde esta parte de los Ejercicios co­
mienza el que se ejercita a tomar este nego­
cio más a las inmediatas, para lo cual, a
la luz que seguirá recibiendo de los ejem­
plos que el divino modelo, Cristo, le da con
su vida, conocerá ciertamente en qué estado
deberá servirle, si pone cuanto es de su par­
te los medios. Desde ahora es preciso obrar
como nunca según el principio que expusi­
Segunda Semana
mos más arriba en este comentario: “Po­
ner todos los medios humanos como si
de ellos únicamente dependiese el éxito
y juntamente poner los divinos, como si
de los humanos nada pudiésemos espe­
rar” . Comenzaremos, escribe San Ignacio,
juntamente contemplando su vida, a “ inves­
tigar” y a “ demandar” en qué vida o estado
de nosotros se quiere servir su divina Ma­
jestad.
La materia de elecciones propiamente no
debe comenzar hasta el 5.° día, según ve­
remos en la nota del n. [163]; la meditación
siguiente de Dos Banderas y la de tres Bi­
narios, que deben hacerse el cuarto día,
no son sino como una introducción para
investigar y para demandar el conocimien­
to de la vida en la cual el Señor quiere ser­
virse de nosotros. En la de las Dos Bande­
ras veremos la intención dé Cristo nuestro
Señor, y por él contrario, la del enemigo
de natura humana. En la de Tres Binarios
veremos cómo nos debemos disponer para
venir en perfección en cualquier estado o
vida que Dios nuestro Señor nos diere para
elegir.
Las palabras del Santo son éstas:

Preámbulo. Ya considerado el ejemplo que


Cristo nuestro Señor nos ha dado para el pri­
mer estado, que es en custodia de los manda­
mientos, siendo El en obediencia a sus padres;
y asimismo para el 2.°, que es de perfección
IV Notas para considerar estado« 2¿S

evangélica, cuando quedó en el templo dejando


a su padre adoptivo y a su madre natural, por
vacar en puro servicio de su Padre etemal; co­
menzaremos juntamente contemplando su vida,
a investigar y a demandar en qué vida o, estado,
de nosotros se quiere servir su divina Majestad;
y así para alguna introducción dello, en el pri­
mer ejercicio siguiente veremos la intención de
Cristo nuestro Señor, y por el contrario la del
enemigo de natura humana; y cómo nos debe­
mos disponer para venir en perfección en cual­
quier estado o vida que Dios nuestro Señor nos
diere para elegir.
V

Meditación de Dos Banderas

3 ¿Por qué omite el Santo el artículo delante


de “Dos Banderas” ? (nota 15.a).—2. En ' la
historia puede convencerse el que se ejercita,
de la necesidad de lucha : Cristo y Lucifer lla­
man y quieren a todos bajo de las banderas
respectivas —3. Características absolutamente
opuestas—4. Aparece con toda claridad en la
petición el intento y fin de esta meditación
original: claro conocimiento de las intencio­
nes del sumo y verdadero Capitán y de las
del mal caudillo; gracia para Imitar al uno,
y ayuda para guardarse de los engaños del
otro. Petición sumamente oportuna.

1136] El quarto día meditación de dos ban­


deras: la una de Christo, summo capitán y se­
ñor nuestro; la otra de Lucifer, mortal ene­
migo de nuestra humana natura.

1. Nota 15.a
V. Meditación de Dos Banderas

Oración. La sólita oración preparatoria.


2. [137]. 1.° preámbulo. El primer preámbulo
es la historia: será aquí cómo Cristo llama y
quiere a todos debajo de su bandera, y Lucifer
al contrario, debajo de la suya.
Por estas palabras puede ver el que hace
Ejercicios que tanto Cristo nuestro, Señor
como Lucifer le quieren a él debajo de su
bandera, pero con muy contrarias inten­
ciones. Deberá, pues, estar bien alerta pa­
ra distinguir las voces de uno y de otro.

3. [138]. 2.° preámbulo. El 2.°, composición


viendo el lugar: será aquí ver un gran campo
de todá aquella región de Hierusalén, adonde el
sumo capitán general de los buenos es Cristo
nuestro Señor; otro campo en región de Babi­
lonia, donde el caudillo de los enemigos es Lu­
cifer.
Esta composición del lugar es una his­
toria o una parábola, por-medio de la cual,
el Santo pretende principalmente, a nues­
tro juicio, poner ante los ojos del ejerci­
tante, antes de entrar en materia, la carac­
terística de Cristo, que es la verdadera paz;
y la de Lucifer, que es confusión: Jerusa-
lén, Babilonia. También la absoluta oposi­
ción de estos dos campos, partidos, bande­
ras.

4. [139] 5.° preámbulo. El 3.°, demandar lo


que quiero: y será aquí pedir conoscimiento de
los engaños del mal caudillo, y ayuda para dellos
'.ne guardar; y conocimiento de la vida verda-
23o Segunda Semana
dera que muestra el sumo y verdadero capitán,
y gracia para le imitar.

Varias cosas dignas de consideración en


este tercer preámbulo: Téngase presente
que el fin de esta contemplación es, como
hemos visto en el preámbulo para conside­
rar estados, conocer la intención de Cristo
nuestro Señor y conocer las intenciones del
enemigo de natura humana.
Próximos a hacer la elección del estado
a que nos llama Dios nuestro Señor, por
ser capital en nuestra vida acertar en
ella, ya que en la acertada elección está
todo, el demonio, permítase la expresión,
echará el resto para desviarnos. Mas, como
a la altura en que nos encontramos, no
conseguiría fácilmente sus intentos ata­
cándonos abiertamente, lo hará solapada­
mente, con capa de bien trasfigurándose
en ángel de luz, aprovechándose de nues­
tras inclinaciones, de nuestras mismas vir­
tudes: acometerá, pues, con engaños ^vY
tan cierto es para San Ignacio, que nos
hace pedir conocimiento “de los engaños”
del mal caudillo y ayuda vara dellos me
guardar 2.
Por su parte, el sumo y verdadero Capitán
nos va a presentar todo su programa, que
1 Cfr. comentario al n. [327].
2 Véase cuán bien cuadra a lo que pedimos, lo
que del demonio dice en el Evangelio nuestro mis­
mo Salvador : “El (el diablo) fué homicida desde
el principio; y no permaneció en la verdad; por*
V. Mecii'Uicicm de Dos Banderas 237

no es otro distinto del que puso ante nues­


tros ojos el Rey Eternal, con la diferencia
de que en el primer ejercicio de esa sema­
na lo vimos bosquejado, y en la presente
contemplación se nos presenta con toda
claridad; en aquella meditación prometió
que sería el primero en ajustarse a su
programa, en ésta vemos cuán pefectamen-
te nuestro Capitán ha cumplido su pro­
mesa.
En el fiel cumplimiento de este divino
programa está la verdadera vida que nos
muestra el sumo y verdadero Capitán; y
aunque es una gracia muy grande la per­
fecta práctica de estas enseñanzas, y es un
premio excesivo el que corresponde al cum­
plimiento de la ley del Señor; pero a pesar
de todo esto, se le hará difícil a nuestra
débil naturaleza. Por lo cual, además de ha­
cernos pedir el Santo conocimiento de la
vida verdadera que muestra el sumo y ver­
dadero Capitán, quiere que pidamos t *m-
bién gracia para le imitar.

que no hay verdad en él. Cuando habla mentira,


de suyo habla, porque es mentiroso y padre de la
mentira.” (lo.. VIII, 44).
Siendo, pues, tal 'el enemigo, mucha ayuda ne­
cesitamos del cielo para no ser engañados· E6ta
pedimos.
238 Segunda Semana

A) P rimera parte

5. Las características del enemigo que en la


composición del lugar vimos, las tenemos más
concretas en este primer punto—6. A todos
alcanza la acción de nuestro mortal enemigo.
—7. Siempre con engaño induce a vano ho­
nor del mundo, y luego a soberbia : el medió
que toma para esto es, por lo común,, codicia
de riquezas. Normas para distinguir si las ri­
quezas, honores, etc·, son redes del enemigó.
—8. Por qué no hace mención el Santo de las
tentaciones contra la santa pureza.

5. [140] 1.° punto. El primer punto es


imaginar así como si se asentase el caudillo de
todos los enemigos en aquel gran campo de
Babilonia, como en una grande cátedra' de' fue­
go y humo, en figura horrible y espantosa

Si en este punto se para en la materia-


lid;. 1 de las palabras, muy poco cosa podrá
sacar de él el que se ejercita; hay que
considerar, pues, el significado de los epí­
tetos que el Santo pone al caudillo de to­
dos los enemigos, del cual nos hace San
Ignacio una como fotografía tan al Vivo
y tan expresiva, que difícilmente dejaremos
de reconocer al enemigo en el resto de
nuestra vida. Recorrámoslos:
Como si se asentase: parece que está sen­
tado; mas no lo está; parecen estables los
V. Meditación de Dos Banderas .39

bienes que promete; mas no lo son; parece


que llenan, etc.; mas no llenan. En aquel
gran campo de Babilonia: confusión. Como
en una gran cátedra: soberbia. De fuego:
:pasión (que aun en la realización de las
obras que son del servicio de Dios suele me­
terse, y debemos estar muy sobre aviso para
no dejarnos llevar). Y humo: oscuridad, ti­
nieblas. En figura horrible y espantosa. Es­
ta es la imagen del demonio tal cual es;
no tal cual aparece y se muestra a la
mente del hombre. Y aunque en los bienes
que nos propone y en sus engaños... su
figura no es repulsiva sino atractiva; mas
en realidad es horrible y espantosa

6. [141] 2.° punto. El 2.°: considerar cómo


hace llamamiento de innumerables demonios, y
cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a
los otros en otra, y así por todo el mundo, no
dejando provincias, lugares, estados ni personas
algunas en particular.

Y si toda la vida este enemigo de natura


humana, como le llama en frase muy grá­
fica el Santo Padre, máquina mi ruina, mu­
cho más en estos días de tan grande tras­
cendencia para mi salvación.
7. [142] 3.° punto. El 3.°: considerar el
sermón que les hace, y cómo los amonesta para
echar redes y cadenas; que primero hayan de
tentar de codicia de riquezas, como suele ut in
piuribus, para que más fácilmente vengan a vano
1 Cfr. Roothaan., nota 62.
240 Segunda Semana

honor del mundo, y después a crescida sober­


bia ; de manera que el primer escalón sea
de riquezas, el 2.° de honor, el 3.° de soberbia;
y destos tres escalones induce a todos los otros
vicios.

En el tercer preámbulo pedimos gracia


para guardarnos de los engaños del mal
caudillo, puesto que con engaños nos debía
tentar. Estos los significa el Santo con la
palabra redes: ya está el pez dentro de la
red. y el pez no se da cuenta de ello... Las
riquezas, él honor del mundo son cosas in­
diferentes: pueden ayudar para conseguir
la salvación y la perfección, y de hecho se
han salvado muchos y han conseguido la
perfección con riquezas y con honores; mu­
chos, en cambio, se han condenado con
ellos. Pueden ser, por tanto, redes, y pueden
no serlo. Para discernirlo, véanse las notas
características que vimos en el caudillo de
todos los enemigos; cotéjense asimismo con
las características de Cristo nuestro Señor,
que veremos inmediatamente [144]; veamos
si están conformes con la doctrina que el
mismo Señor nos expone en el n. [146].
Si no es ya solamente riquezas, honor:
mas codicia de riquezas, deseo inmodera­
do..., vano honor..., entonces ya es fácil
descubrir la red que nos tiende el enemigo.
Pueden darse sin pecado, pero imposible
dejar de ver el peligro en tales deseos.
De esta codicia de riquezas y de este vano
V. Meditación de Do« Banderas 241

deseo de honor del mundo, facilísimo es el


descender al precipicio de la soberbia, y de
crecida soberbia, y una vez dominado el
hombre por crecida soberbia, cosa fácil le
será al enemigo inducir a todos los otros vi­
cios. Una triste experiencia de todos los
tiempos, sin que hayan aprendido los mor­
tales estos ardides del demonio, nos de­
muestra con toda evidencia ser este el mo­
do más común que tiene el enemigo de ten­
tar y perder a los hombres. Con toda verdad
escribe San Ignacio: Que primero hayan
de tentar de codicia de riquezas, “como sue­
le ut in pluribus”.
8. Preguntan algunos: ¿cómo es que no
pone el Santo Padre la tentación contra la
santa pureza, siendo el pecado opuesto a
esta virtud, el que por ventura arrastra ma­
yor número· de almas al infierno?
La respuesta es por demás sencilla. Te­
nemos la solución en el fin que se propone
San Ignacio en la presente meditación:
prevenirnos contra los ardides, los engaños,
las redes del enemigo..., el cual tienta aho­
ra de manera solapada, según vimos en el
comentario al tercer preámbulo [139].
V. Meditación de Dos Banderas

B) S egunda parte

9. Cristo, en su persona y en su modo de pro­


ceder, enteramente opuesto a Lucifer, al mun­
do.—10. Características de Cristo ñuesfcró Se­
ñ o r—11. Al hablar San Ignacio de Lucifer,
dice que esparce innumerables demonios, y no
hace mención de personas, que son también
ministros de Satanás; por el contrario, del
Señor de todo el mundo escribe que escoge
tantas personas : apóstoles, discípulos, etc., sin
hacer mención alguna de ángeles, de quienes
también se sirve. Causa de hablar a s í: (nota
16.a).—12· Nobleza y suavidad de Cristo en
las palabras con que invita a los suyos a la
perfección en todos los estados—13. Claridad
con que habla de los trabajos, que no hizo
sino indicar de un modo general en el Lla­
mamiento del Rey temporal.—14. Capital im­
portancia de la suma pobreza, y ' cómo San Ig­
nacio va preparando para ella desde el Princi­
pio y Fundamento.—15. Diverso modo con que
habla Cristo de la pobreza, y de los oprobios
y menosprecios: razón de ello.—16. Gracias
extraordinarias que se piden en el coloquio:
pobreza actual y, no ya deseos de oprobios,
sino oprobios e injurias. Razón perfeotísima
en que fundamos esta petición, que es tam­
bién fundamento de la tercera manera de hu­
mildad.—17. Sentido en que podemos alegrar­
nos de los oprobios, aunque sea con displacer
de su divina Majestad.—18. Dos circunstan­
cias que hay que tener en cuenta en estos
oprobios : l.a no dar ocasión justa : 2.a que no
se siga de ellos menoscabo de la gloría de Dios:
ejemplo del Santo Padre (nota 17 a). Doctrina
V. Meditación de Dos Banderas 243
del P. La Palm a—19. La meditación de Tres
Binarios como complemento de la de Dos Ban­
deras. Por qué en lo restante de esta semana
se toma un solo misterio para los cijico ejer­
cicios de cada. día.

9. [143]. Así por el contrario, se ha de ima­


ginar del sumo y verdadero capitán, que es
Cristo nuestro Señor.

Por él contrario. Y así es efectivamente.


En su persona, en sus palabras, enseñanzas,
doctrina... es nuestro Señor Jesucristo com­
pletamente opuesto a Lucifer. Ya el mismo
Cristo lo dijo en su Evangelio: “Nemo po-
test duobus dominis servire: aut enim unum
odio habebit, et alterum diliget: aut unum
sustinebit, et alterum contemnet: Non po-
testis Deo servire et mammonae” Y el
Apóstol escribe a los corintios 2: Quae au~
tem conventio Christi ad Béliál?
Mas como el mundo es lo que podríamos
decir, hechura de Lucifer, “Mundus totus in
maligno positus est”, escribe San Juan 3, el
demonio y el mundo están identificados;
para San Ignacio basta que procedamos de
modo opuesto al del mundo o del demonio,
para que vayamos seguros. Con toda con­
fianza escribirá en las Constituciones4: “Es
mucho de advertir encareciendo y ponderán-

' Mt.. VI, 24


2 2.a Cor,. VI. 15.
l." lo., V, 19-
4 Ex., c. IV, n. 44
244 Segunda Semana

dolo delante de nuestro Criador y Señor, en


cuánto grado ayuda y aprovecha en la vida
espiritual aborrecer en todo y no en parte,
cuanto el mundo ama y abraza... Como los
mundanos que siguen al mundo, aman y
buscan con tanta diligencia honores, fama
y estimación de mucho nombre en la tie­
rra. como el mundo les enseña; asi los que
van en espíritu y siguen de veras a Cristo
nuestro Señor, aman y desean intensamen­
te todo lo contrario...”

10. [144] 1° punto. El primer punto es


considerar cómo Cristo nuestro Señor se pone
en un gran campo de aquella región de Hierusa-,
lén en lugar humilde, hermoso y gracioso.

Todo lo contrario al primer punto de la


parte 1.a: Jerusalén: paz, aquí no hay pa­
sión. y si se siente, la tenemos a raya, no
influye. Esto no quiere decir que en el ser­
vicio de Dios no se experimente contrarie­
dad. no se padezca...; pero en medio de las
adversidades, siempre tienen cumplimiento
aquellas palabras del Señor: “ Gaudium ve-
strum nemo tollet a vobis” (lo., XVI, 22). Y
exenta el alma de pasiones que la cieguen,
no hay fácilmente lugar a oscuridad, tinie­
blas... En lugar humilde: humildad. Y aun­
que la persona de Cristo en sus trabajos, en
su cruz... es a nuestra viciada naturaleza
poco atractiva; pero en realidad cuanto
más se conoce a Cristo, cuanto más se -le
V. Meditación de Dos Banderas ‘-'4ú

gusta, es más hermoso y gracioso. “Gústate


et videte quoniam suavis est Dominus” J.
[145]. 2.° punto. El 2.°: considerar cómo el
Señor de todo el mundo escoje tantas perso­
nas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por
todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina
por todos estados y condiciones de personas.
Nota i6.a
El Señor de todo el mundo escoge
tantas personas... y los envía por todo el
mundo. Señor es de todo el mundo Cristo,
el cual escoge a los que El quiere “Vocavit
ad se quos voluit ipse”, escribe San Mar­
cos al hablar de la elección de los Apósto­
les 2; y los envía a lo que es herencia y
propiedad muy suya, a todo el mundo.
12. [146] 3.° punto. El 3.°: considerar el
sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos
sus siervos y amigos, que a tal jornada envía,
encomendándoles que a todos quieran ayudar en
traerlos, primero a suma pobreza espiritual, y si
su divina Majestad fuere servida y los quisiere
elegir, no menos a la pobreza actual; 2.° a deseo
de oprobios y menosprecios, porque destas dos
cosas se sigue la humildad; de manera que sean
tres escalones: el primero pobreza contra ri­
queza; el 2.° oprobio o menosprecio contra el
honor mundano; y el 3.° humildad contra la
soberbia; y destos tres escalones induzcan a
todas las otras virtudes.
Hasta en las mismas palabras que usan
Cristo nuestro Señor y el caudillo de todos
1 Ps., XXXIII, 9.
2 Mo, III, 13.
Segunda Semana

los enemigos, advertimos la absoluta opo­


sición: Considerar... cómo [el caudillo] los
“ amonesta ” para echar redes y cadenas. En
este verbo, amonesta, fácilmente se descubre
la falsedad y doblez y odio del mal caudi­
llo, que aparece con toda claridai en las
redes y cadenas que manda echar. P . r el
contrario, en el sermón que hace Cristo
nuestro Señor a todos sus siervos y amigos
que a tal jornada envía, les habla encomén-
dándoles que a todos quieran ayudar. En-
coméndadoles: ¡Qué llaneza y qué suavidad
descubrimos en este verbo! ¡Cómo se cono­
ce que son siervos fieles y amigos aquellos
a quienes dirige la palabra y envía a tal
jornada!
13. Por lo que se refiere al programa,
podemos exclamar con los discípulos: “Ecce
nunc palam loqueris” \
En la introducción a esta 2.a semana, el
Rey Eternal nos habló de los padecimien­
tos, que por necesidad deberán abrazar
cuantos le sigan, pero nos habló de modo
muy general; y aun para suavizar tales as­
perezas, tuvo cuidado de hacer notar que
los padeceríamos con El y que seríamos re­
compensado«: “Quien quisiere venir conmi­
go, ha de trabajar conmigo, porque siguién­
dome en la pena, también me siga en la
gloria” ; mas ahora, después que hemos
considerado tantos trabajos de Cristo, pa­
í lo., X V I, 29.
V. Meditación de Dos Banderas 247

decidos precisamente por mí; después que


tantas veces le hemos pedido, le hemos
prometido seguir e imitar; puede con más
libertad y con mayor confianza hablar­
nos en concreto y con toda claridad: aque­
llos que se decidan a seguirle no aparten
los ojos de su programa de pobreza, y su­
ma pobreza; y no solo espiritual, sino ac­
tual, caso de que el Señor fuere servido y
los quisiere elegir; deseen oprobios y m e­
nosprecios y por este camino llegarán ne­
cesariamente a la verdadera humildad:
Y es de notar que esta manera de pro­
ceder que sigue San Ignacio es exactamen­
te la misma que usó Cristo con sus apósto­
les, discípulos... Quien no habló a los su­
yos abiertamente de sus trabajos hasta el
tercer año de su vida pública, tiempo en
que tan interno conocimiento tenían de El
por el trato tan frecuente y tan íntimo. Y
cuando en el tercer año les descubrió sin
atenuantes sus ignominias, azotes, cruz...
también tuvo cuidado de mentar la gloria
de su Resurrección. Y a los hijos del Zebe-
deo, a quienes bajo la metáfora de cáliz
y de bautismo les anunció los trabajos que
padecerían, les suavizó las asperezas de­
clarándoles que padecerían no solos, sino
con El, que serían comunes las penas:
“Calicem quidem meum bibetis”
Este programa de Cristo, necesariamen-
1 Mfc., X X , 23.
Segunda Semana

te había de ser opuesto en absoluto al de


Lucifer. ¿Este tienta con riqueza, que pone
como primer escalón? Cristo le opone po­
breza. ¿De la riqueza baja el demonio al
segundo escalón, del honor? Contra el ho­
nor mundano, opone el Señor oprobio o m e­
nosprecio. Al tercer escalón de soberbia
opone la humildad. Y así como el enemigo
por estos tres escalones induce a todos
los otros vicios, así también Cristo nuestro
Señor por estos escalones contrarios indu­
ce a todas las otras virtudes.
14. No es maravilla que el Santo ponga
como primera virtud para todos la pobre­
za espiritual. También la puso como funda­
mental nuestro Salvador en el sermón del
monte que dirigió a todos: “Bienaventura­
dos los pobres de espíritu, porque de ellos
es el reino de los cielos *. Por el contrario,
amenaza a aquellos que carecen de esta
pobreza espiritual: “Ay de vosotros los ri­
cos, porque ya tenéis vuestro consuelo” 2.
Por la falta de esta pobreza espiritual
negó el patriarca Abraham al rico Epulón
el refrigerio que le pedía mientras estaba
en los tormentos del infierno. “Acuérdate,
le respondió el santo Patriarca, que ya
recibiste tú bienes en tu vida” , es decir,
recibiste bienes, riquezas, de las que tan
mal uso hiciste 3.
' Mt., V, 3.
- Le., VI, 24
1 ib ., X V I 19 y sig u ie n te s.
V. Meditación de Dos Banderas 249

Contra esta clase de ricos es contra quien


escribe el apóstol San Juan: “El que tu­
viere riquezas de este mundo, y viere a su
hermano en necesidad, y no obstante le
cerrare sus entrañas, ¿cómo es posible que
more en él la caridad? Hijitos míos no
amemos de palabra, sino de obra y de ver­
dad” K
Por esta causa recomienda el Salmista:
“Si abundareis en riquezas, no peguéis en
ellas vuestro corazón” 2.
Para tal pobreza va San Ignacio prepa­
rando al que se ejercita ya desde el Prin­
cipio y Fundamento: “No queramos de
nuestra parte más... riqueza que pobreza".
Y también en la meditación primera de
esta 2.a semana dice el Rey temporal:
“Quien quisiere venir conmigo, ha de ser
contento de comer como yo, y así de beber,
vestir, etc.” Y en las oblaciones de mayor
estima y mayor momento que hace el que se
ejercita al final de esta meditación, se ofre­
ce a pasar toda pobreza así actual, como
espiritual. En el tercer punto de la contem­
plación del Nacimiento, escribe el Santo
Padre: “El 3.°, mirar y considerar lo que
hacen [las personas], así como es el cami­
nar y trabajar, para que el Señor sea nas-
cido en suma pobreza" [116].
Así dispuesto el ejercitante, pedirá ins-

1 1.» lo., III, 17 y 18.


Sal., 61, 11.
*J5Ü Segunda Semana

tantemente al Eterno Padre poniendo como


medianeros a la Madre y al Hijo, que yo
sea recibido debajo de su bandera... “en
suma pobreza espiritual” y si su divina Ma­
jestad fuere servido y me quisiere elegir,
y recibir, “no menos en la pobreza actual” ..,
1147].
Muy pronto, en la nota que pone inme­
diatamente después del coloquio de la medi­
tación de los Binarios, hará pedir al ejer­
citante que sienta afecto o repugnancia
contra la pobreza actual, que no sea in­
diferente a pobreza o riqueza, para extin­
guir tal afecto desordenado, hará pedir,
decimos (aunque sea contra la carne), que
el Señor le elija en pobreza actual... En
la reforma [189] y en las reglas para dis­
tribuir limosnas admiraremos la manera
tan cristiana y enérgica como pone en
práctica esta celestial doctrina, tan olvi­
dada o tan poco tenida en cuenta por mu­
chos ricos, que en la práctica obran como
si nada dijese el Evangelio acerca de la
necesidad de esta pobreza espiritual. Y, no
obstante, verdadera es esta sentencia sa­
lida de labios del divino Maestro: “Quam
difficile, qui pecunias habent, in regnum
Dei intrabunt” K
15. De la pobreza, lleva el Santo Padre
a deseo de oprobios y menosprecios, de lo
cual facilísimamente se sigue la humildad.
1 La, XVIII, 24. Cfr. |343| y 13441.
V. Meditación de Dos Banderas '¿:A

Nótese la diferencia: a suma pobreza es­


piritual y no dice, a oprobios y menospre­
cios. A la pobreza espiritual deben los mi­
nistros de Cristo llevar a todos los hombres,
y si éstos se resuelven a seguir de veras a
.Jesucristo, esta pobreza deberá ser suma.
En cambio, cuando se trata de oprobios y
menosprecios, basta deseo de ellos, pero ver­
dadero; y con esto, las disposiciones en el
seguimiento del Señor son excelentes. No a
todos y *siempre exige el seguimiento de
Cristo oprobios y menosprecios actu. Basta
que estén dispuetos para abrazarse con ellos
cuando vean que es necesario, cuando en­
tiendan que tal es la divina voluntad. Y
tendrán tales disposiciones todos los que
estén animados de estos deseos.
Creemos que se aclara esta doctrina con
la que da San Ignacio en el cap. IV del
Examen, n. 45.
Ordena el Santo que se pregunte al pre­
tendiente de la Compañía “si se halla en
los tales deseos (de pasar injurias, falsos
testimonios, afrentas... por desear parecer
y imitar en alguna manera a nuestro Cria­
dor y Señor Jesucristo) tan saludables y
fructíferos para la salud de su ánima” . Y
luego añade:
“Donde por la nuestra flaqueza humana
y propia miseria no se hallase en los tales
deseos así encendidos en ‘el Señor nuestro,
sea demandado si se halla con deseos algu-
252 Segunda Semana

nos de hallarse en ellos. Si respondiere af-


firmative, deseando hallarse en los tales y
tan santos deseos, para mejor venir al efec­
to dellos, sea interrogado si se halla deter­
minado y aparejado para admitir y sufrir
con paciencia, mediante la divina gracia,
cuando quiera que las tales injurias, ilu-*
siones y oprobios... se le hiciesen, no dando
a ninguno mal por mal, mas bien por mal”.
Es decir: si tiene estos deseos de opro­
bios y menosprecios de que habla en la
presente contemplación; si no los tiene el
que se ejercita, si desea tenerlos; esto se­
gundo ya no es tan difícil a nuestra fla­
queza. Por fin, si está dispuesto a sufrir
con paciencia las injurias, etc. Bien enten­
día el Santo que tales disposiciones favo­
recidas con la gracia y ayuda divina, no
tardarían en dar el sabroso fruto de ver­
daderos deseos de oprobios... y pondrían
al pretendiente en el segundo escalón. Con
estas disposiciones, ya está uno de jacto
en la humildad: porque destas dos cosas
se sigue la humildad. Puede escribir el
Santo con toda lógica y guardando el pa­
rangón entre los dos terceros puntos de
ambas partes: “De manera que sean tres
escalones: el primero, pobreza contra ri­
queza; el 2.,J oprobio o menosprecio con­
tra el honor mundano ; el 3o humildad con­
tra la soberbia; V destos tres escalones in­
duzcan a todas las otras virtudes
V. Meditación de Dos Banderas 253

16. [147]. Coloquio. Un coloquio a Nuestra


Señora, porque me alcance gracia de su Hijo
y Señor, para que yo sea recibido debajo de su
bandera, y primero en suma pobreza espiritual,
y si su divina Majestad fuere servido y me qui­
siere elegir y recibir, no menos en la pobreza
actual; 2.° en pasar .oprobios y injurias por más
en ellas le imitar, solo que las pueda pasar sin
pecado de ninguna persona ni displacer de su
divina Majestad, y con esto una Ave María.
2.° coloquio. Pedir otro tanto al Hijo para
que me alcance del Padre, y con esto decir Ani­
ma Christi.
3.° coloquio. Pedir otro tanto al Padre, para
que El me lo conceda, y decir un Pater noster.

Las gracias que nos hace pedir el Santo


Padre en este admirable coloquio, son ver­
daderamente extraordinarias para la vida
espiritual, y nos elevan, para hacer uso
de las palabras mismas del Santo, a “tal
grado de perfeccción tan precioso en la
vida espiritual” . Esto mismo nos revela ese
poner como mediadores para con el Padre
a Nuestra Señora y al Hijo.
Hemos dicho, y aquí es preciso repetir­
lo que sea cual sea el estado de vida que
tomemos por voluntad divina para servir
a Dios nuestro Criador y Señor, debemos
procurar la -perfección dentro de dicho
estado \ Con esta advertencia, se enten»-
derá mejor el coloquio que comentamos.

' “ Nos debemos disponer para venir en per


h’cción en cualauier estado o vida ciue Dios núes·
1i'o señor nos diere pnra elegir" |1351.
254 Segunda Semana

Un coloquio a Nuestra Señora, porque


me alcance gracia de su Hijo y Señor,
para que yo sea recibido debajo de su ban­
dera, y primero en suma pobreza espiritual.
Cierto que para imitar a Cristo en el gra­
do necesario para conseguir la salvación
del alma, no es preciso llegar a la suma
pobreza espiritual; pero a esta suma po­
breza deben aspirar cuantos pretendan al­
canzar la perfección cristiana dentro del
estado de vida a que les llame el Señor.
Y si su divina Majestad fuere servido y
me quisiere elegir y recibir, no menos en la
pobreza actual. Téngase presente el fin de
los Ejercicios: “Buscar y hallar la voluntad
divina en la disposición de su vida para
la salud de su ánima” . Por consiguiente,
si llega a entender el que se ejercita que
su divina Majestad quiere elegirle y reci­
birle en pobreza actual, deberá abrazarse
con ella y tomar esta elección como una
gracia especial que del Padre le alcanzan
Nuestra Señora y el Hijo.
2.° En pasar oprobios y injurias por más
en ellas le imitar. En el sermón que Cris­
to hizo a todos sus siervos y amigos, les
encomendó que a todos quisieran ayudar
en traer a deseo de oprobios y menospre­
cios. Conforme a estos deseos, pedimos en
el coloquio oprobios y injurias.
Si por ventura el ejercitante no sintiese
tales deseos de oprobios, debería en él co­
V. Meditación de Dos Banderas 255

loquio pedirlos a Nuestra Señora; y si


sintiese repugnancia a la pobreza, opro­
bios..., mucho le aprovecharía pedir contra
estas repugnancias, que el Señor le elija
para aquello a que siente repugnancia,
conforme a la nota que pone el Santo des­
pués de la meditación de tres binarios
[157].
Nótese la razón en que funda San Ig­
nacio la petición de pasar oprobios e inju­
rias, que es la perfecta imitación de Nues­
tro Señor: por más en ellas le imitar. En
todas, las contemplaciones de esta 2.a se­
mana ha venido pidiendo el ejercitante la
imitación y seguimiento de Cristo. Con
tales ejemplos de nuestro Redentor y Mo­
delo, dispuesto está para imitarle hasta
llegar a los oprobios, menosprecios e in­
jurias.
17. Solo que las pueda pasar sin pecado
de ninguna persona ni displacer de su divi­
na Majestad . Será muy ordinario, que los
oprobios que padecemos por Cristo nos ven­
gan con pecado de aquellos que nos ha­
cen padecer, con displacer de su divina
Majestad. Tales oprobios y padecimientos
ni debemos desearlos ni pedirlos. Pero una
vez que nos vienen, podemos alegrarnos,
pntre otras razones, porque con ellos imi­
tamos más a Nuestro Señor Jesucristo. Pues
aunque es un mal el pecado o falta de los
que nos procuran tales trabajos, pero no
256 Segunda Semana

deja de ser un bien la voluntad con que los


padecemos y ofrecemos a Dios.
18. Para tales padecimientos debemos
procurar no dar ocasión justa a nuestro
prójimo, que es lo que enseña el Santo Pa­
dre en el n. 44 del Examen de las Constitu­
ciones, que hemos ido copiando por partes
para confirmar la doctrina de los números
anteriores, y que, por ser una perfecta apli­
cación de toda la doctrina contenida en
esta meditación de las dos banderas, vamos
a copiar íntegro:
“Es mucho de advertir encareciéndolo y
ponderándolo delante de nuestro Criador y
Señor, en cuánto grado ayuda y aprove­
cha en la vida espiritual aborrecer en todo,
y no en parte, cuanto el mundo ama y
abraza, y admitir y desear con todas las
fuerzas posibles cuanto Cristo nuestro Se­
ñor ha amado y abrazado. Como los mun­
danos que siguen al mundo, aman y bus­
can con tanta diligencia honores, fama y
estimación de mucho nombre en la tierra,
como el mundo les enseña; así los que van
en espíritu y siguen de veras a Cristo nues­
tro Señor, aman y desean intensamente to­
do lo contrario, es a saber, vestirse de la
misma vestidura y librea de su Señor por su
debido amor y reverencia; tanto que, don­
de a la su divina Majestad no le fuese ofen­
sa alguna ni al prójimo imputado a pecado,
desean pasar injurias, falsos testimonios,
V. Meditación de Dos Banderas 257

afrentas, y ser tenidos y estimados por


locos, no dando ellos ocasión alguna de ello,
por desear parecer y imitar en alguna ma­
nera a nuestro Criador y Señor Jesucristo,
vistiéndose de su misma vestidura y li­
brea, pues la vistió El por nuestro mayor
provecho espiritual, dándonos ejemplo que
en todas cosas a nosotros posibles, median­
te su divina gracia le queramos imitar y
seguir, como sea la vía que lleva los hom­
bres a la vida” .
Por fin, otra circunstancia debemos te­
ner en cuenta en los oprobios, y es que de
ellos no se siga menoscabo de la gloria de
Dios. Porque, como la humildad, escribe el
P. La Palma \ principalmente mira la hon­
ra de Dios, allí no será verdadera humil­
dad despreciar su honra, cuando fuere con
detrimento de la honra de Dios. Y esto es,
prosigue el mismo autor, lo que tantas ve­
ces repite nuestro santo Padre, que el pa­
sar oprobios y afrentas, sea cuando en lo
contrario no se descubriere mayor gloria
divina...
Nota 17.ft

19. [148]. Este ejercicio se hará a media no­


che y después otra vez a la mañana, y se harán
dos repeticiones deste mismo a la hora de misa
y a la hora de vísperas, siempre acabando con
los tres coloquios de Nuestra Señora, del Hijo y

1 Camino Espiritual. 1.' 2.‘\ e 19.


17.- C O M E N T A R IO A LO S E JERCICIO S
258 Segunda Semana

del Padre. Y el de los binarios que se sigue, a la


hora antes de cenar.

Esta nota nos revela la importancia que


da el Santo a la presente meditación, y la
relación tan íntima que hay entre la medi­
tación de las dos banderas y la que sigue
de los tres binarios.
En todas las contemplaciones que prece­
den, de esta 2.a semana, propone el Santo
dos misterios para las dos primeras horas
de meditación o contemplación, luego una
o dos repeticiones sobre las mismas y, fi­
nalmente, el traer de los sentidos. Esta de
las dos banderas es la primera que tiene
ocupado al ejercitante durante todo el día,
con la particularidad de que la de tres bi­
narios viene a ser como complemento, y
debe hacerse el mismo día y a la hora en
que los restantes días de esta semana 2.a
se tiene la aplicación de sentidos...
En adelante, no se tomará como mate­
ria de contemplación sino un misterio sola­
mente para los cinco ejercicios del día. Y
el Santo debe obrar de este modo, porque
desde el 5.° día ha de comenzarse la mate­
ria de las elecciones [163]. En la 3.a y 4.a
semana vuelve de nuevo a los dos misterios
para la materia de la contemplación.
VI

Meditación de tres binarios


1 Fin que nos proponemos—2. Manera de cono­
cer si son eficaces los buenos deseos y pro­
pósitos—3. Historia: qué podemos entender
por ducados. Sentido de la frase no pura o de­
bidamente por amor de Dios, y de salvarse y
hallar en paz a Dios nuestro Señor.—4. Para
desear y conocer : desear antes que conocer.—
5. Petición : elegir lo que más a gloria sea de
su divina Majestad —6. Primer B inario: Sen­
tido de la frase hasta, la hora de la muerte —
7. Segundo Binario : Ejemplos—8. Teroer Bi­
nario : éste debemos abrazar—9. Gradación
de los tres Binarios —10. Déclarase m&s el ter­
cer binario. Enseñanzas del P. Codina.—11. Se­
ñal para en la práctica conocer que el afecto
que uno sienta, no es desordenado. Confirma­
se con la. doctrina del Santo Padre, con la del
P. La Palma y la del P. Codina.—12. Coloquio.
—13 N ota: Supone una voluntad completa­
mente decidida a extinguir el afecto desorde­
nado; dispone admirablemente para la tercera
manera de humildad.—14. Magnifico comen­
tarlo a esta meditación, sacado de la doctrina
del Doctor Místico.

11491 4.n día. El mismo cuarto día se haga


maditación de tres binarios de hombres, para
abrazar el mejor.
20(1 Segunda Semaini

1. Como hemos visto en el comentario al


Preámbulo para considerar estados [135],
el fin de esta meditación de tres binarios
no es otro que ver “ cómo nos debemos dis­
poner ” para venir en perfección en cual­
quier estado, o vida que Dios nuestro Señor
nos diere para elegir.
2. En efecto, puede salir uno de la me­
ditación de dos banderas creyendo que ha
hecho cuanto estaba de su parte, con bue­
nos deseos, pero ineficaces, que más bien
son ilusiones (cfr. Rooth., not. 64, 2 hebd.).
Contra estas ilusiones nos previno el San­
to en el mismo Principio y Fundamento con
estas palabras: “Solamente deseando y eli­
giendo lo que más nos conduce para el fin
que somos criados.” Y esta norma de tan
alta perfección que nos propuso algo en ge­
neral en lo que podríamos llamar antesala
de los Ejercicios, nos la repite casi con las
mismas palabras, mas aplicando la segur
a la raíz, como suele decirse, en la petición
que vamos a hacer en esta meditación:
“Pedir gracia vara elegir lo que más a gloria
de su divina Majestad y salud de mi ánima
sea”, vamos a disponer nuestra voluntad de
manera que nuestro único móvil para no
querer y para querer, para tomar la cosa
o dejarla, sea el deseo de mejor poder ser­
vir a Dios nuestro Señor.
Admirable y seguro magisterio «el del
Santo Padre. Los deseos, por buenos que
Vi. Meditación de Lies binarios

sean, pueden fallar; los mismos sentimien­


tos espirituales y consolaciones que expe­
rimentamos mientras pedimos a Dios nues­
tro Señor padecer por su amor y por más
imitar a su divino Hijo, pueden desvanecer­
se cuando pesa sobre nuestros hombros la
cruz; lo verdaderamente seguro es si esta­
m os dispuestos a poner actu todos los
medios, por cuesta arriba que sea a nuestra
naturaleza viciada; y con la única mira del
más fiel cumplimiento de la voluntad de
Dios, tomar lo que más a gloria de su di­
vina Majestad y salud de mi ánima sea.
A esto se encamina la presente-meditación
de tres binarios.

Oración. La sólita oración preparatoria.


3. [150] 1.° preámbulo. El primer preám­
bulo es la historia, la cual es de tres binarios de
hombres, y cada uno dellos ha adquirido diez
mil ducados, no pura o debidamente por amor
de Dios; y quieren todos salvarse y hallar en
paz a Dios nuestro Señor, quitando de sí la
gravedad e impedimento que tienen para ello, en
la afección de la cosa acquisita.

Tres binarios de hombres, es decir tres


clases de hombres.
Diez mil ducados: lo mismo puede ser
una cantidad de dinero, que un cargo, ofi­
cio, beneficio, etc.
No pura o debidamente por amor de
no es que los hayan adquirido injus­
Oíos :
tamente, pues en este caso no habría lugar
2 ol' Segunda Semana

a deliberación alguna. Han adquirido el


capital por medios justos. Mas con la luz
que han irradiado las verdades meditadas
en estos días, y más que otra cosa, con los
ejemplos de Cristo nuestro Señor, caen
ahora en la cuenta de que en la tal adqui­
sición, han elegido no atendiendo lo que
debieran a la alabanza -de Dios nuestro
Señor y salvación de sus almas; han ele­
gido y ordenando y trayendo [subordinan­
do] el fin al medio, y no el medio al fin,
contra lo que escribirá el Santo en el Preám­
bulo para hacer elección [169].
Y quieren todos salvarse y hallar en
paz a Dios nuestro Señor.
Ya se salvarían reteniendo los diez mil
ducados; pero no quieren salvarse de cual­
quiera manera, sino hallando en paz a
Dios nuestro Señor, es decir, salvarse en
forma tal, que nuestro Señor esté comple­
tamente satisfecho de ellos, sin que ten­
ga que reprocharles lo más mínimo; a to­
dos los bienes de la tierra anteponen el
agrado y complacencia de Dios nuestro
Señor. Ahora bien, con el conocimiento
que han adquirido de la vida espiritual
durante los Ejercicios, ven con toda cla­
ridad que la afición a estos diez mil du­
cados, adquiridos no pura o debidamen­
te por amor de Dios, es un peso, una gra­
vedad e impedimento para h a lla r .a Dios
nuestro Señor en paz, y están dispuesto# a
VI. Meditación de tres binarios 2b3

conseguir la salvación en la forma indi­


cada, quitando de sí la gravedad e impe­
dimento que tienen para ello, en la afec­
ción de la cosa acquisita, quitando tal afi­
ción.
4. [151]. 2.° preámbulo. El 2.°, composición
viendo el lugar: será aquí ver a mí mismo, có­
mo estoy delante de Dios nuestro Señor y de
todos sus santos, para desear y conocer lo
que sea más grato a la su divina bondad.
Esta composición del lugar nos recuer­
da aquella oblación que hicimos tan com­
pleta al principio de esta 2.a semana, en
la meditación del Rey Eterna!, al Eterno
Señor, delante de la Santísima Virgen y
de todos los Santos y Santas de la corte
celestial, cuando nos ofrecimos con toda
decisión y dándonos perfecta cuenta, con
“determinación deliberada” , a imitar a
Cristo “en pasar todas injurias y todo vitu­
perio y toda pobreza”. Estos Santos hicie­
ron todos sana y perfecta elección. Son
nuestros testigos y nuestros modelos.
Para desear y conocer [primero desear,
después conocer] lo que sea más grato a la
su divina bondad. Esto más grato a la su
divina bondad seguramente que la mayor
parte de las veces será costoso y repug­
nante a nuestra naturaleza mal inclinada;
por lo mismo, el amor propio nos cegará
y nos impedirá ver las cosas como son. En
cambio si tenemos verdaderos deseos de lo
204 Segunda Semana

que es más grato a la su divina bondad, es­


tos deseos contrarrestarán las inclinaciones
de nuestra naturaleza, disminuirán o sofo­
carán las excusas de nuestro amor propio,
con lo cual quedaremos mejor dispuestos
para conocer lo tiue sea más grato a la su
divina bondad.
5. [152]. 3.° preámbulo. El 3.°: demandar
lo que quiero: aquí será pedir gracia para ele­
gir lo que más a gloria -de su divina Majestad
y salud de mi ánima sea.

Queda comentado este n.° én el [149].


únicamente conviene notar que no se trata
ya de elegir lo que sea de gloria de su di­
vina Majestad y salud de mi alma, sino lo
que sea “de más gloria” de Dios; lo que sea
de más ayuda a la salvación de mi alma.
Lo que más nos conduce escribió San Igna­
cio en el Principio y Fundamento mismo,
como consecuencia lógica del tanto cuanto.
Estamos ya a las inmediatas de la elección
del estado de vida; se trata de aplicar este
celestial principio en paso de tanta tras­
cendencia, de poner fundamento inconmo­
vible en el edificio de nuestra perfección,
sea cual fuere el estado al que yo entienda
que me va a llamar Dios nuestro Señor.
6. [153]. l:j binario. El primer binario que­
rría quitar el afecto que a la cosa acquisita tie­
ne, para hallar en paz a Dios nuestro Señor, y
saberse salvar; y no pone los medios hasta la
hora de la muerte.
VI. Meditación de tres binarios 2o5

Querría quitar el afecto... Ve y siente el


ejercitante cuán bello es el estado del alma
que ha llegado a la unión, al trato íntimo,
a la amistad familiar con Dios nuestro Se­
ñor, que ha llegado a hallar en paz a Dios
nuestro Señor\ y querría encontrarse en
este estado. Ve con toda claridad que para
llegar a él, es de todo punto necesario qui­
tar el afecto, y querría quitarlo; pero sin
poner los medios. Esto es veleidad, es un
engañarse tontamente con deseos. Querría,
mas no tiene voluntad: no quiere. No pue­
de decirse que quiera el fin, aquél que no
pone los medios necesarios para conse­
guirlo.
No pone los medios hasta la hora de la
muerte. Lo que puede entenderse de dos
maneras: O porque uno se acobarda y sin
abandonar enteramente este asunto, lo de­
ja para arreglarlo antes de que llegue la
muerte; o tal vez porque lo va demorando,
como quien dice, por plazos: cuando llegue
tal tiempo, así que termine mi carrera, es­
tos estudios, este negocio que llevo ahora en­
tre manos, etc. Y esto segundo es por ven­
tura más común. Al enemigo de natura hu­
mana nunca le faltarán razones para ha­
cernos retrasar, aun con capa de bien, la
ejecución de nuestros buenos propósitos.
Pero el resultado es que llega la hora de la
muerte, y sorprende a los de este binario en
sus ineficaces deseos y propósitos... Los
266 Segunda Semana

tales ni durante la vida ni en la hora de la


muerte hallarán en paz a Dios nuestro Se­
ñor. iEstado por demás lamentable!
7. [154]. 2.° binario. El 2.° quiere quitar el
afecto, mas ansí le quiere quitar, que quede con
la cosa acquisita; de manera que allí venga Dios
donde él quiere, y no determina de dejarla, para
ir a Dios, aunque fuese el mejor estado para él.
El 2.° binario se diferencia del primero.
Porque los del 2.° quieren quitar el afecto,
en cambio, los del 1.° querrían; los del pri­
mer binario no ponen los medios hasta la
hora de la muerte, los del segundo están
dispuestos a poner todos los medios, y si se
quiere, los ponen para quitar la afición y
desorden, pero con tal que se queden con
la cosa acquisita. Por ejemplo: Me quedo
con la hacienda que emplearé en obras del
servicio de Dios; me quedo con este cargo,
en este lugar..., y trabajaré por la salvación
de las almas incansablemente, sin perdo­
nar fatiga...; siento que Dios me llama al
estado de perfección, pero me quedaré en
el mundo, y aquí ejerceré el apostolado se­
glar con todo ahinco, que también son ne­
cesarios apóstoles en el mundo... De estos
escribe el Santo: “Estos no van derechos
a Dios; mas quieren que Dios venga derecho
a sus affecciones desordenadas, y por consi­
guiente, hacen del fin medio y del medio
fin...” [169]. De manera que allí venga Dios
donde él quiere. Engañados viven por espe-
VI. Meditación de tres binarios ‘J67

ciosas que sean las razones con que quieren


paliar su ruin disposición. Ansí le quiere
quitar [el afecto] que quede con la cosa
acquisita. ¡Quedar con la cosa y quitar el
afecto! ¿qué revela este empeño de quedar
con la cosa, sino el afecto a la misma que
les domina y les tiene esclavizados? Tam*·
poco éstos podrán salvarse hallando en
completa paz a Dios nuestro Señor.

8. [155]. 3.° binario. El 3.° quiere quitar el


afecto, mas ansí le quiere quitar, que también no
le tiene afección a tener la cosa acquisita o no
la tener, sino quiere solamente quererla o no
quererla, según que Dios nuestro Señor le pondrá
en voluntad, y a la tal persona le parecerá
mejor para servicio y alabanza de su divina
Majestad; y entre tanto quiere hacer cuenta
que todo lo deja en afecto, poniendo fuerza de
no querer aquello ni otra cosa ninguna, si no le
moviere sólo el servicio de Dios nuestro Señor,
de manera que el deseo de mejor poder servir
a Dios nuestro Señor le mueva a tomar la cosa
o dejarla.

No pueden ser más excelentes las dispo­


siciones de los de este tercer binario. Y tales
debe procurar a toda costa aquel que se
ejercita: Meditación de tres binarios de
hombres, escribe San Ignacio, “para abrazar
el mejor”.
9. Veamos ahora la gradación de estos
tres binarios:
I o: Querría quitar el afecto', es decir:
no quiere quitar el afecto ;
268 Segunda Semana

2.°: Quiere quitar el afecto ; mas no quie­


re quitar la cosa en efecto ;
3.°: Quiere quitar el afecto, y juntamen­
te está dispuesto a quitar la cosa en efecto.
10. No se trata, por tanto, en esta medi­
tación de dejar en efecto la cosa acquisita,
lo cual queda para la elección; se trata
de disponer la voluntad para dejarla en
efecto , si así conviene para el servicio divi­
no y salud del ánima; se trata de quitar el
afecto a la cosa, haciendo una resolución
enérgica y poniendo fuerza de no querer
aquello ni otra cosa alguna, si no le movie­
re solo el servicio de Dios nuestro Señor.
En el caso de que al ejercitante no le sea
posible despojarse enteramente de la afec­
ción, ponga en práctica la doctrina que en­
seña el Santo Padre en la nota que se sigue,
y quede tranquilo.
11. Por lo dicho, nos parece que en la
práctica todo el punto de la dificultad está
en que el que se ejercita esté dispuesto a
dejar en efecto aquello a que tiene afición,
para que ofrezca garantías de que en rea­
lidad su afecto no es desordenado; para
que tanto si toma la cosa, como si la deja,
pueda vivir tranquilo teniendo el funda­
mento suficiente para creer que en tomar
o dejar la cosa, le mueve solamente el ser­
vicio de Dios nuestro Señor.
El mismo Santo Padre parece que lo en­
tiende así también en la manera de hablar
VI- Meditación de tres binarios 2<>9

al exponer este tercer binario: “ ...y entre


tanto, escribe, quiere hacer cuenta que todo
lo deja en afecto, poniendo fuerza de no
querer aquello ni otra cosa ninguna, si no
le moviere sólo el servicio de Dios nuestro
Señor; de manera que el deseo de mejor
poder servir a Dios nuestro Señor le mueva
a tomar la cosa o dejarla” Notemos que no
escribe San Ignacio: le mueva a querer to­
mar la cosa o a querer dejarla, sino a to­
mar o dejar la cosa. Pahi él, si está pron­
ta la voluntad a dejar en efecto la cosa por
solo servicio del Señor, no hay peligro de
desorden.
La misma explicación da, a nuestro juicio,
el P. La Palma en la Práctica y breve De­
claración del Camino Espiritual'. La pie­
dra de toque es la disposición de la volun­
tad en dejar en efecto aquello a que se
siente afición. Con esto, ya podemos echar
fuera los temores de desorden. Oigámos al
Padre:
“El fin de esta meditación [de tres bi­
narios]. como queda dicho, es insistir y
hacer fuerza en que no puede ser verdade­
ra la pobreza espiritual de aquel que no
está también dispuesto, cuanto es de su
parte, a la actual [luego si está dispuesto
a la actual, es verdadera su pobreza espi­
ritual], ni es verdad que tiene quitado el
amor a las riquezas, si no está resuelto de
dejarlas con efecto entendiendo ser esto
270 Segunda Semana

mayor servicio de Dios y provecho de su


alma. Y aunque de presente no ha de re­
solver nada, cuanto al retener o dejar lo
que posee, porque esta resolución queda
siempre remitida para el tiempo de las
elecciones, pero entre tanto ha de hacer
cuenta que todo lo deja [aquí el Padre omi­
te en afecto, sin duda que)con toda inten­
ción, ya que esta palabra afecto o efecto se
presta a discusión, y al Padre le basta tam­
bién que se deje todo en efecto para que la
disposición de la voluntad de que ahora
tratamos sea buena!, poniendo fuerza de
no querer aquello, ni otra cosa ninguna,
si no le moviere sólo el servicio de Dios
nuestro Señor. De manera que el deseo de
mejor servir a Dios nuestro Señor, le mue­
va a tomar la cosa o dejarla.”
Así, pues, el de este tercer binario está
dispuesto a quitar la cosa en efecto, mas no
la quitará ahora, ya que no se trata por
ahcra de esto, sino que la quitará cuando
llegue el ti 'mpo de la elección, o no la qui­
tará, según verá que ha de ayudarle para
mejor poder servir a Dios nuestro Señor;
y en esta disposición de quitar la cosa se
distingue del segundo binario.
Escribe el P. Arturo Codina: J “Por esto el
tercer binario, del todo resuelto a hallar en
paz a Dios nuestro Señor, aunque tiene afi^

1 Mantesa: “ ¿En afecto o Eji efecto?” año 1034t


pág. 198.
VI. Meditación de tres binarios 271

ción a la cosa, no le tiene affección a tener


la cosa acquisita o no la tener; esto es, si
no nos engañamos, no está resuelto a con­
servarla pomo el del segundo binario.”
Mas si al ejercitante le es imposible des­
pojarse enteramente de este afecto des­
ordenado, o para usar de las mismas pala­
bras del Santo Padre, no puede extinguir el
tal affecto desordenado, pida al Señor (aun­
que sea contra la carne) le elija para aque­
llo a que siente esta repugnancia, con solo
que sea servicio - y alabanza de la divina
bondad de Dios nuestro Señor, como escribe
el Santo en la nota [157].
Decimos “si le es imposible despojarse en­
teramente de este afecto desordenado, o no
puede extinguir el tal afecto” ; pues en va­
rias ocasiones hemos dicho que no se re­
quiere tanto, sino que basta que el tal afecto
no impida ni tuerza la buena elección: es
suficiente que el ejercitante no se determine
en la elección por este afecto.
Oigamos al mismo P. Codina 1: “En unos
cuantos días de Ejercicios que mediarán en­
tre la meditación de los binarios y la elec­
ción, no hay mucho tiempo para muchos
actos de desafecto a los diez mil ducados;
pero la intensidad de los actos, y sobre todo
la gracia de Dios, que nunca falta, y para
el ejercitante fervoroso del tercer binario
desciende copiosísima, puede llegarse y se
1 Ib., págs. 199 y 200.
272 Segunda Semana

llega a tal disposición, que si aquel afecto


no está del todo ?nuerto, estará por lo m e­
nos de tal manera mortificado, que no im­
pedirá ni perturbará la elección de lo que se
conozca ser de mayor gloria de Dios, aun­
que fuere dejarlo todo en efecto...”

12. [156]. 3 coloquios. Hacer los mismos


tres coloquios que se hicieron en la contempla­
ción precedente de las dos banderas.
13. [157]. Nota. Es de notar que cuando
nosotros sentimos afecto o repugnancia contra
la pobreza actual, cuando no somos indiferen­
tes a pobreza o riqueza, mucho aprovecha para
extinguir el tal afecto desordenado, pedir en
los coloquios (aunque sea contra la carne), que
el Señor le elija en pobreza actual; y que él
quiere, pide y suplica, sólo que sea servicio y
alabanza de la su divina bondad.

Queda suficientemente comentada esta


nota con las repetidas referencias que he­
mos hecho a la misma. Tres advertencias:
1.a lo que el Santo escribe del afecto o re­
pugnancia a la pobreza, hay que aplicarlo,
como es obvio, a todo aquello a que uno
sienta afecto desordenado; 2.a supone una
voluntad tan decidida a extinguir este afec­
to. que con toda insistencia pedimos merced
tan señalada: Que él quiere, pide y suplica;
3.a tan allá vamos en esto, que no ya si es
más servicio de Dios, sino con solo que sea
igual servicio divino, pedimos al Señor nos
elija en pobreza actual. Pronto veremos cuán
VI. Meditación de tres binarios 273

admirablemente nos dispone esta petición


para el tercer grado de humildad.
14. Magnífico comentario a esta medita­
ción de tres binarios son algunos capítulos
de Subida del Monte Carmelo, de San Juan
de la Cruz, señaladamente el XI del libro 1.°
Remitimos al lector a los 12 primeros capí­
tulos de este libro, de los cuales vamos a
entresacar algunas sentencias. Advertimos
ante todo que habla el Santo de las afi­
ciones y apetitos voluntarios, aun mínimos,
máxime si son habituales.
“ 1.a Estas aficiones a las criaturas son
delante de Dios como puras tinieblas. Luz
y tinieblas no pueden estar juntas.
2.a Son como nubes en los ojos, y a ve­
ces como cataratas.
3.a Las aficiones apagaron la luz de la
sabiduría en Salomón, el más sabio de los
mortales.
4.a Ponen al alma tan oscura, sucia y
fea, que en ninguna manera puede conve­
nir con Dios hasta que de este apetito se
purifique.
5.a Disminuyen las fuerzas para bien
obrar, ponen hastío en las cosas de Dios.
6.a Los que las tienen son como enfer­
mos con calentura, que nunca pueden apa­
gar la sed mientras dura la fiebre: quítese
ésta.
7.a Una imperfección basta para traer
()tra, y aquellas, otras. Y así, casi nunca se
'0 . CO M EN TARIO A LO S E JE R C IC IO S
274 Segunda Semana

verá en una alma que es negligente en ven­


cer un apetito, que no tenga otros mu­
chos.
8.a Con estas aficiones no puede dar fru­
to el alma, que es como tierra dura en la
cual nada aprovecha la buena semilla.
9.a Así como es necesaria a la tierra la
labor para que lleve fruto, y sin ella no
lleva sino malas yerbas; así es necesaria la
mortificación de los apetitos para que haya
provecho en el alma. Sin la cual oso decir
que para que haya provecho en la perfec­
ción y noticia de Dios y de sí mismo, nun­
ca le aprovechará más cuanto hiciere, que
aprovecha la semilla que se derrama en la
tierra no rompida.
10.a Tales aficiones enojan mucho a Su
Divina Majestad.
11.a Igualan a la misma alma con la cria~
tura; y cuanto mayor es la afición, tanto
más ia iguala y hace semejante, ya que el
amor hace semejanza entre lo que ama y
lo que es amado. Más aún: queda tan bajo
como aquella criatura y, en alguna manera,
más bajo; porque el amor no solo iguala,
sino que sujeta al amante y le hace escla­
vo de lo que ama. ¡Cuánto dista de Dios!
Todas las cosas en comparación de Dios son
como nada: Aspexi terram, et ecce vacua
erat et nihil; et cáelos, et non erat lux ín
eis J.
1 ler.. IV. 23.
VI. Meditación de tres binarios 275

12.a Los que están poseídos de ellas, co­


mo si no tuvieran bastante con Dios.
13.a Pierden mucho, pues no les sabrá
Dios ni las criaturas (Maná).
14.a Ponen en una balanza Dios con ni­
ñerías.
15.a Dejan la fuente de aguas puras y
cristalinas, y van a apagar su sed en char­
cos de agua corrompida: “Me derelique-
runt fontem aquae vivae, et foderunt sibi
cisternas, cisternas dissipatas, quae conti-
nere non valent aquas 1.
16.a No quiere reinar Dios con otro, sino
solo. No consintió que el dios de los filisteos
morase en uno con El.
17.a No se comunica Dios, que mandó a
Moisés subiese él solo al monte, y que ni
aun las bestias paciesen a vista del mon­
te 2.
Estas imperfecciones habituales son: co­
mo una costumbre de hablar mucho, un
asimentillo a alguna cosa que nunca acaba
de querer vencer, así como a persona, ves­
tido, libro, celda, tal manera de comida y
otras conversaciones y gustillos en querer
gustar de las cosas, saber y oír, y otras se­
mejantes. Cualquiera de estas imperfeccio­
nes en que tenga el alma asiento y hábi­
to, es tanto daño para poder crecer e ir
adelante en la virtud, que si cayese cada

' Jer., II, 13.


2 Ex., X X X IV , 3.
276 Segunda Semana

día en otras muchas imperfecciones, aun­


que fuesen mayores, que no proceden de or­
dinaria costumbre de alguna mala propie­
dad, no le impedirían tanto, como tener el
alma asimiento a alguna cosa... Porque eso
me da que esté una ave asida a un hilo del­
gado, que a un grueso; porque aunque sea
delgado, asida se estará a él en tanto que
no le quebrare para volar.
Y es lástima ver algunas almas, como
unas ricas naos, cargadas de riquezas de
obras y ejercicios espirituales, virtudes y
mercedes que Dios les hace, y por no tener
ánimo para acabar con algún gustillo, asi­
miento o afición (que todo es uno) nunca
pueden llegar al puerto de la unión per­
fecta, que no estaba en más que en dar un
buen vuelo, y acabar de quebrar aquel hilo
de asimiento” K

i Pueden leerse, v gr. lib. I, c. 11 y lib, III,


c. 37 de Imitación de Cristo, en que se declara la
misma doctrina.
VII

Quinto día

1. De la partida de Cristo Nuestro Señor de Na-


zaret al Jordán. Oportunidad de tal contem­
plación el dia en que empieza la materia de
las elecciones—2. Actividad más intensa en
estos días—3. Las contemplaciones de estos
días en gran manera oportunas para fomentar
la vida de apostolado.—4. Libertad para alar­
gar o acortar las contemplaciones de 2.a se­
mana.—5· Normas para contemplar que debemos
sacar. Cuán familiares .deben sernos los tres
coloquios y la nota.

1. [1581 5.° día. El quinto día, contempla­


ción sobre la partida de Cristo nuestro Señor
desde Nazaret al río Jordán, y cómo fué bap­
tizado [273].

Desde este día debe comenzar la mate­


ria de las elecciones, como advierte el San­
to en· el n. [163]. Muy oportunamente puso
tal contemplación e,n este lugar. Comenza­
mos meditando el sacrificio inmenso que
L’TS Segunda Semana

hicieron el Hijo y la Madre al separarse


después de tantos años de vida de familia
tan íntima, tan dulcemente deslizados, sa­
crificio que ambos ofrecieron al Padre con
tan admirable y divina conformidad. ¡Qué
ejemplo más confortante para aquellos a
quienes el Señor pida sacrificio semejante!
Tras este sacrificio, contemplamos la humi­
llación con que el Señor quiso dar princi­
pio a su vida pública: pide y recibe el bau­
tismo de penitencia. No podía pecar, mas
sí aparecer como pecador. El prodigio tan
señalado que siguió al bautismo, como una
especie de protesta del Padre y del Espíritu
Santo ante el mundo, para que todos en­
tendiésemos que aquel Hijo no era pecador,
antes bien objeto de las complacencias del
Padre, nos revela la grandeza de la humi­
llación de Cristo nuestro Señor.
2. [159]. 1.a nota. Esta contemplación se
hará una vez a la media noche, y otra vez a la
mañana, y dos repeticiones sobre ella a la hora
de misa y vísperas, y antes de cena traer sobre
ella los cinco sentidos; en cada uno destos cin­
co ejercicios preponiendo la sólita oración pre­
paratoria y los tres preámbulos, según que de
todo esto está declarado en la contemplación de
la Encarnación y del Nacimiento, y acabando
con los tres coloquios de los tres binarios, Q se­
gún la nota que se sigue después de los bina­
rios.

Estos días que se dan a la materia de las


elecciones se descubre una labor más inten­
VII. Quinto día 279

sa por parte del que se ejercita: 1.° porque


la misma materia de la contemplación se
tiene en los cinco actos del día, y al ñnal de
cada uno de estos tiene lugar el coloquio de
los binarios y, si experimenta repugnancia
la naturaleza, la nota que a ellos se sigue:
llevando en todo la misma forma que en el
quinto, escribe el Santo en el sexto día [161],
lo cual debe entenderse también de los días
siguientes; 2.° porque insiste de nuevo estos
días precisamente en que el examen par­
ticular después de comer y después de ce­
nar, se hará sobre las faltas y negligencia.8
cerca los ejercicios y adiciones deste día, y
así en los que se siguen. [160].
3. Nótese que el n. [161] propone mate­
ria para la contemplación que ayuda prefe­
rentemente a la vida de apostolado, como
indicamos también en la nota 17:
[161]. 6.° día. El sexto día contemplación
cómo Cristo nuestro Señor fué desde el río Jor­
dán al desierto inclusive, llevando en todo la
¡nisma forma que en el quinto.
7." día. El séptimo día, cómo sancto Andrés
y otros siguieron a Cristo nuestro Señor [2751.
8." día. El octavo, del sermón del monte, que
es de las ocho bienaventuranzas [278].
9." día. El nono, cómo Cristo nuestro Señor
aparesció a sus discípulos sobre las ondas de
ln mar [280].
10." día. El décimo, cómo el Señor predicaba
en el templo [2881.
11." día. El undécimo, de la resurrección de
Ur/íiro 1285].
280 Segunda Semana

12.° día. El duodécimo, del día de ramos [287].


4. [162]. 1.;‘ nota. La primera nota es que
en las contemplaciones desta segunda semana,
según que cada uno quiere poner tiempo o se­
gún que se aprovechare, puede alongar o abre­
viar. Si alongar, tomando los misterios de la
visitación de Nuestra Señora a sancta Elisa-
bet, los pastores, la circuncisión del Niño Je­
sús, y los tres Reyes, y así de otros. Y si abre­
viar, aun quitar de los que están puestos; por­
que esto es dar una introducción y modo para
después mejor y más cumplidamente contem­
plar.

Así, pues, como lo que únicamente o, al


menos, principalmente intenta el Santo Pa­
dre al proponer los misterios de esta segun­
da semana es dar rríodo, es decir, orientar al
ejercitante e introducirle en la oración y
contemplación para adelante una vez ter­
minados los Ejercicios, para después mejor
y más cumplidamente contemplar, el que
se ejercita hará lo que in Domino entienda
que más ha de aprovecharle por lo que toca
a acortar o alargar estos misterios.
5. De esta introducción y modo para
después mejor y más cumplidamente con­
templar, debe sacar el ejercitante un há­
bito para meditar y contemplar los mis­
terios de la vida de nuestro Señor Jesucristo
según el método ignaciano, teniendo muy
en cuenta los tres coloquios y la nota cuan­
do de ella tenga necesidad. Lo cual podrá
aplicar no sólo a la contemplación, sino a
VII. Quinto día i&l

las diversas circunstancias de la vida. Así


lo hacía el Santo en las dudas y negocios
de alguna trascendencia que se le ofrecían.
Para alcanzar del Señor la luz necesaria
cuando escribía las constituciones, fué muy
ordinario en San Ignacio echar mano de
los tres coloquios.

[163] 2.a nota. La 2.a : la materia de las elec­


ciones se comenzará desde la contemplación de
Nazaret a Jordán, tomando inclusive, que es el
quinto día, según que se declara en lo siguiente.
vm

Tres maneras de humildad

Por qué tres maneras de humildad más bien


que de obediencia : Modo de hablar de San
Pablo, de Santo Tomás y del P. Suárez : (no­
ta 18.a).—2. Sentido de afectarse. Vera doc­
trina de Cristo.—3. Primera humildad : dos
señales, una positiva y otra negativa..—4. Dis­
tinguir entre la parte sensitiva y la racional;
entre el estado habitual y el pecado o falta
per modum actus, advertencia que hay que
tener presente también en las dos maneras de
humildad siguientes —5. Segunda hum ildad:
Aplicación del tanto cuanto. Lo que escribe el
Santo del pecado venial, apliqúese a la regla
de la religión, y, en general, a cuanto des­
agrada a D ios—6. Tercera, humildad : no es
posible de ja cto ; se refiere a la disposición
de la voluntad. Amor el más puro y desinte­
resado que podemos tener a Cristo nuestro. Se­
ñor. Enseñanzas del libro "De Imitaitione
Christi” .—7. Error de aquellos que creen ser
los Ejercicios únicamente para poner al peca­
dor en vías de mejorar la v id a : (nota 19.»)·—
8. Doctrina del Místico Doctor.—9. Modo oó-
VIII. Tres maneras de humildad 28á
mo oonduce el Santo Padre a esta humildad
perfectísima ya desde el primer ejercicio.—
10. Conclusión del P. La Palma a toda esta
doctrina. San Juan de la Cruz.

1. Nota 18.*

[164] 3.a nota. La 3.a: antes de entrar en


las elecciones, para hombre efectarse a la vera
doctrina de Cristo nuestro Señor, aprovecha mu­
cho considerar y advertir en las siguientes tres
maneras de humildad, y en ellas considerando
a ratos por todo el día, y asimismo haciendo
los coloquios según que adelante se dirá.

Antes de entrar en las elecciones; luego


comenzando el día 5.° por lo menos.
2. Para hombre “a f e c t a r s e El P. Roo-
thaan traduce “ afectarse”, por “magno af-
fectu aestimare et amare” .
A la vera doctrina de Cristo nuestro Se­
ñor. Ya vimos en el sermón que hizo Cris­
to y en el coloquio de la meditación de las
Dos Banderas cuál es esta vera doctrina:
“Pobreza contra riqueza; oprobio o me­
nosprecio contra el honor mundano; humil­
dad contra la soberbia. Oprobios y injurias
por más en ellas le imitar”.
Aprovecha mucho considerar y advertir
en las siguientes tres maneras de humil­
dad. Casi las mismas palabras emplea, co­
mo vimos, en el n. 44 del cap IV del Exa­
men: “Es mucho de advertir, encarecién­
dolo y ponderándolo... en cuánto grado
284 Segunda Semana

ayuda y aprovecha en la vida espiritual...”


No es maravilla, pues enseña en ambas
partes la misma doctrina y nos exhorta en
ambas a abrazarla.
Considerar y advertir, es decir, que se
haga bien de asiento, cayendo bien en la
cuenta; y, por esto mismo en ellas conside­
rando a ratos por todo el día; y esto, no
solamente el día 5.°, sino los días que se
den al importante negocio de la elección.
Haciendo los coloquios en la forma que
dice el Santo en la nota del n. [168].

3. [165] 1.a humildad. La primera manera


de humildad es necesaria para la salud eterna,
es a saber, que así me baje y así me humille
cuanto en mí sea posible, para que en todo
obedezca a la ley de Dios nuestro Señor, de tal
suerte que aunque me hiciesen señor de todas
las cosas criadas en este mundo, ni por la pro­
pia vida temporal, no sea en deliberar en que­
brantar un mandamiento, quier divino, quier
humano, que me obligue a pecado mortal.

Es necesaria para la salud eterna... en


todo obedezca a la ley de Dios nuestro Se­
ñor. Con toda claridad lo dijo nuestro Sal­
vador al joven que le preguntó: “ ¿Qué bien
haré para conseguir la vida eterna? Si
quieres entrar en la vida, le respondió Je­
sús, guarda los mandamientos” l.
Aunque me hiciesen señor de todas las co­

* Mt„ X IX , 10 y 17.
VIII. Tres maneras ele humildad 285

sas criadas en este mundo, ni por la propia


vida temporal. Dos señales pone el Santo
para conocer si estamos en esta primera
manera de humildad, una positiva, ser se­
ñor de todas las cosas criadas en este mun­
do (el sexto día contempla el ejercitante a
Cristo nuestro Señor venciendo al enemigo
que le pone esta tentación); otra negativa,
ni por la propia vida temporal (“Quien
ama su vida, la perderá”) 1.
4. No sea en deliberar en quebrantar un
mandamiento... que me obligue a pecado
mortal. Advertir que aquí se trata de la
voluntad racional, no del sentimiento. Cier­
to que en los ejercicios de la primera se­
mana fácilmente adquirió el ejercitante un
horror instintivo al pecado mortal y aun
aborreció a par de muerte el desorden de
sus operaciones, y sin duda que conservará
y aun habrá perfeccionado disposiciones tan
excelentes [63]; pero siempre es convenien­
te distinguir entre la porción superior y la
inferior, entre la parte sensitiva y la racio­
nal. Y se debe ir con gran cautela, y no ba­
jar muy en particular estableciendo compa­
raciones, para explorar si uno se encuentra
en las disposiciones que requiere esta pri­
mera manera de humildad, comparaciones
las más de las veces peligrosas porque ex-

1 IO., X II, 25.


286 Segunda Semana

citan la fantasía. Cierta cosa es que con


frecuencia sentimos y nos afectan más la
pérdida de personas queridas o las desgra­
cias puramente temporales, que las mismas
ofensas de Dios nuestro Señor; y no obs­
tante esto, estamos muy fundados en Dios
y unidos con nuestro Señor, con el afecto
racional.
También puede darse que uno tenga esta
primera manera de humildad habitual­
mente, y con todo, caiga en pecado mortal
alguna vez suelta (per modum actus). Lo
cual, y lo que queda dicho del afecto sensi­
ble y del racional, conviene lo tengamos en
cuenta en las otras dos maneras de hu­
mildad. aplicándolo al pecado venial y a
faltas deliberadas.
5. [166]. 2.a humildad. La 2.a es más perfec­
ta humildad que la primera, es a saber, si yo
me hallo en tal punto, que no quiero ni me
afecto más a tener riqueza que pobreza, a querer
honor que deshonor, a desear vida larga que
corta, siendo igual servicio de Dios nuestro Se­
ñor y salud de mi ánima; y con esto, que por
todo lo criado, ni porque la vida me quitasen,
no sea en deliberar en hacer un pecado ye-
nial.
Los de esta segunda manera de humildad
no hacen sino aplicar aquella admirable
consecuencia del tanto cuanto. Poseen en
grado perfecto aquella indiferencia, de cuya
necesidad habla tan encarecidamente el
VIII. Tres maneras ele humildad 287

Santo Padre en el Principio y Fundamen­


to, “ a todas las cosas criadas...; en tal ma­
nera que no queramos de nuestra parte más
salud que enfermedad, riqueza que pobre­
za, honor que deshonor, vida larga que cor­
ta, y por consiguiente en todo lo demás”.
No sea en deliberar en hacer un pecado
venial Creemos que esta señal que pone el
Santo para que conozcamos si tenemos este
segundo grado de humildad, no ser en de­
liberar en hacer un pecado venial, puede
extenderse a todo aquello que a Dios nues­
tro Señor sea desagradable. De modo que
sin apartarnos lo más mínimo de la mente
del Santo; más aún, interpretándola con
toda fidelidad, podríamos escribir: No sea
en deliberar en hacer un pecado venial ni
cosa que desagrade a Dios nuestro Señor.
La razón es porque si uno hace deliberada­
mente lo que a Dios desagrada, hace uñ
acto que no es igual servicio de Dios nues­
tro Señor y salud de su alma; y deja de
existir la condición que expresamente po­
ne el Santo... Por lo mismo, no tiene esta
segunda manera de humildad aquel reli­
gioso, pongo por caso, que falta habitual­
mente y advertidamente a una de las re­
glas de su Orden por mínima que en sí sea.

6· 11(571. 3.» humildad. La 3.;| es humildad


es a saber, cuando incluyendo la
28S Segunda Semana

1.a y 2.a, siendo igual alabanza y gloria de la


divina Majestad, por imitar y parescer más
actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero y
elijo más pobreza con Cristo pobre, que riqueza;
oprobios con Cristo lleno de ellos, que honores;
y desear más de ser estimado por vano y loco
por Cristo que primero fué tenido por tal, que
por sabio ni prudente en este mundo.

“Siendo igual alabanza y gloria de la di­


vina Majestad”, por imitar y parescer más
actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero
y elijo más pobreza con Cristo pobre, que
riqueza... Esta manera de humildad, de
fa d o, no es posible: es decir, no es posible
que en igualdad de circunstancias, quiera
uno y elija más, pobreza y oprobios; quiera
y elija desear, más de ser estimado por vano
y loco, no por otra razón que por parecer­
se más actualmente a Cristo nuestro Señor;
y que este querer y este elegir sea igual
alabanza y gloria de la divina Majestad.
Este motivo de abrazarse con la ignominia
por ser más semejante a Cristo nuestro Sé-
ñor es inseparable de la mayor alabanza y
gloria de la divina Majestad, inseparable
también del mayor acrecentamiento de gra­
cia y perfección sobrenatural nuestra. Aquí
habla el Santo Padre de la disposición de la
voluntad, prescindiendo de que sea de más
gloria de Dios, prescindiendo de que sea
mayor nuestro mérito: “Abstrahentium non
VIII. Tres maneras de humildad 289

est mendacium” , escribió el Filósofo. Como


si dijera: dado caso que esto fuera posible,
querría y elegiría lo más humillante y duro
solamente y precisamente por asemejarme
más a mi Señor Jesucristo, siendo igual
gusto y alabanza de mi Señor, sin esperar
por mi parte retribución alguna.
Creemos no ser posible un amor más
puro, más desinteresado a nuestro Señor
Jesucristo, que el que se revela en esta 3.a
manera de humildad, humildad perfectisi-
ma, que nos propone San Ignacio. Ni nos
mueve el premio, ni nos aterra la cruz.
Guardando con toda reverencia la debida
distancia, a amores tales podemos aplicar
las palabras que escribe el Apóstol de Cris­
to nuestro Señor :Qui proposito sibi gaudio,
sustinuit crucem, confusione contempta l.
Esta es aquella admirable virtud de Dios,
aquella sabiduría de Dios, escándalo para
los judíos, y que para los gentiles fué locu­
ra 2.
Esta celestial doctrina escribió en muchas
páginas el inspirado autor dél libro De la
Imitación de Cristo, pero particularmente
en el capítulo XII del libro 2.°. Copiaremos
algunos párrafos: “No está la salud del al­
ma, ni la esperanza de la vida eterna sino
en la cruz.
1 Tlebr., XII, 2.
" 1 Cor., I. 23 y 24.
COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
290 Segunda Semana

Toma, pues, tu cruz, y sigue a Jesús, e


irás a la vida eterna. Él vino primero, y lle­
vó su cruz, y murió en la cruz por ti^, por­
que tú también la lleves y desees morir
en ella...
Cuanto más altamente alguno aprovecha­
re en espíritu, tanto más graves cruces ha­
llará muchas veces, porque la pena de su
destierro crece más por el amor.
Mas este tal así afligido de tantas ma­
neras, no está sin el alivio de la consola­
ción. porque siente el gran fruto que le cre­
ce en llevar la cruz... Y algunas veces tanto
es confortado del afecto de la tribulación
y adversidad por el amor y conformidad de
la cruz de Cristo, que no quiere estar sin
dolor ni tribulación, porque se tiene por
más acepto a Dios, cuanto mayores y más
graves cosas pudiere sufrir por El...
Ten por cierto que te conviene morir vi­
viendo; y cuanto más muere cada uno a sí
mismo, tanto más comienza a vivir para
Cristo. No hay cosa a Dios más acepta, ni
para ti en este mundo más saludable, que
padecr de buena voluntad' por Cristo.
Y si te diesen a escoger, más debieras de­
sear padecer cosas adversas por Cristo, que
ser recreado con muchas consolaciones;
porque asi le serías más semejante, y mas
conforme a todos los Santos...”
7. Nota 19*
8. Y como confirmamos con la doctrina
VIII. Tres maneras de humildad 291

de San Juan de la Cruz la que el Santo


Padre trae en el tercer binario; así nos es
sobre manera grato aducir las palabras del
mismo Autor y confirmar también con ellas
la doctrina de altísima perfección que con
tanta concisión y claridad nos propone San
Ignacio en esta 3.a manera de humildad.
Y escogemos con preferencia al Doctor Mís­
tico, por aquellos que tan desprovistos de
todo fundamento han llegado a afirmar
que los Ejercicios Espirituales de San Ig­
nacio de Loyola son a propósito para con­
vertir a los pecadores; no para elevar las
almas a la perfección. He aquí las palabras
del Doctor:
“ ...el verdadero espíritu antes busca lo
desabrido en Dios, que lo sabroso; y más
se inclina al padecer, que al consuelo; y
más a carecer de todo bien por Dios, que
a poseerle; y a las sequedades y afliccio­
nes, que a las dulces comunicaciones, sa­
biendo que esto es seguir a Cristo y negar­
se a sí mismo, y esotro por ventura es bus­
carse a sí mismo en Dios, lo cual es harto
contrario al amor. Mas buscar a Dios en
sí, es no solo querer carecer de eso y deso-
tro por Dios, sino inclinarse a buscar por
Cristo todo lo más desabrido, ahora de Dios,
ahora del mundo: y esto es amor de Dios” .
Todo el capítulo VII del libro 2.(> de Su­
292 Segunda Semana

bida del Monte Carmelo es una expla­


nación de esta misma doctrina.
9. Veamos la manera cómo conduce San
Ignacio mediante los Ejercicios a esta hu­
mildad perfectísima, a esta identificación
con nuestro Señor Jesucristo.
Ya en el coloquio del primer ejercició
considera el ejercitante a Cristo que pues­
to en cruz, muere; y muere precisamente
por sus pecados; y, por vez primera quizá,
siente deseos de hacer algo grande, algo qüé
valga la pena por Cristo. Ya basta por en­
tonces este deseo general.
En el coloquio del ejercicio quinto,· del in­
fierno, experimenta gratitud inmensa a
Cristo nuestro Señor, tan piadoso y Heno
de misericordia para con él, porque no per­
mitió que cayese en el infierno, donde per
nan tantísimos otros, muchos de ellos me­
nos culpables: “ Y con esto, darle gracias
porque no me ha dejado caer en ninguna
destas acabando mi vida. Asimismo, cómo
hasta agora siempre ha tenido de mí tanta
piedad y misericordia.”
Con el corazón henchido de tales Sénu
timientos, responde al llamamiento del Rey
Eternal y se ofrece con resolución, con de-¡
terminación deliberada, a Imitar a CPtóto,
con tal que sea de su mayor servicio y
VIII. Tres maneras cié humildad 93

banza, y si se digna admitirle en tal vida y


estado; pero a imitarle no en grado ordi­
nario, sino hasta llegar a las injurias y a
los vituperios y a la pobreza, y suma po­
breza.
Acreciéntanse y se confirman estos sen­
timientos y deseos con los ejemplos que
contempla en Cristo desde que se encarnó
hasta el final de su vida pública. Y cüando
Cristo, después de los ejemplos que ha dado
al ejercitante, de pobreza, de humillacio­
nes... despliega ante sus ojos la bandera y
expone claramente su verdadera doctrina,
no ya se ofrece éste, sino que pide al Padre,
con tantas veras que pone por intermedia­
rios a Nuestra Señora y al Hijo, ser recibido
debajo de esta bandera en suma pobreza
espiritual y, cuanto es de su parte, en suma
actual, y pasar actualmente oprobios e in­
jurias; y sin otras miras que la imitación
de Cristo, por más en ellas le imitar, corre
a la batalla por el camino de los padeci­
mientos, poniendo los ojos en Jesús, autor
y consumador de la Fe 1
Hace experiencia por la meditación de los
binarios, de la verdad y eficacia de estos
deseos, y quitando todo impedimento, toda
afición menos ordenada, desnudándose de

1 Hebr., X II, 1 y 2.
294 Segunda Semana

su mismo querer, olvidándose de sí mismo,


sin aspirar a otra recompensa que no sea
el mismo Cristo, su identificación con Cris­
to, y solamente por serle más semejante,
quiere y elige más pobreza con Cristo pobre,
que riqueza', oprobios con Cristo Ueno dé­
nos, que honores · y desear más de ser es­
timado por vano y loco por Cristo que
primero fué tenido por tal, que por sa­
bio ni prudente en este mundo. Puede ya
exclamar con 1 Apóstol: “Estoy clavado en
la cruz juntamente con Cristo. Yo vivo, o
más bien, no soy yo el que vivo, sino que
Cristo vive en mí. Así la vida que vivo
ahora en esta carne, la vivo en la fe del
Hijo de Dios, el cual me amó y se entre­
gó a sí mismo por mí 1.
[168]. Nota. Así para quien desea alcanzar
esta tercera humildad, mucho aprovecha hacer
los tres coloquios de los binarios ya dichos, pi­
diendo que el Señor nuestro le quiera elegir en
esta tercera mayor y mejor humildad, para
más le imitar y servir, si igual o mayor servicio
y alabanza fuere a la su divina Majestad.
Parece
Los tres coloquios de los binarios.
que el Santo cuando menciona en esta nota
los tres coloquios, debiera hacer referen­
cia más bien a la meditación de las dos
banderas que a los binarios, pues en la
meditación de los binarios hace referen*·
cía a la de dos banderas cuando habla
J Gal , II, 19 y 20.
VIII. Tres maneras de humildad 295

del coloquio. Tal vez obra así el Santo


porque puede el ejercitante tener necesi­
dad de la nota que pone en los binarios y
no en las banderas; aunque, como vimos,
en la misma meditación de dos banderas
puede muy bien echar mano el ejercitante
de la nota.
Pidiendo que el Señor nuestro le quiera
elegir... No dudemos que, aun cuando re­
pugne a la naturaleza, es una merced se­
ñaladísima esta tercera mayor y mejor hu­
mildad.
10. Terminaremos toda esta doctrina con
la conclusión que pone el P. Luis de la Pal­
ma en el último capítulo del libro 2.°. Co­
piaremos luego un párrafo acerca de esta
materia de San Juan de la Cruz; y podre­
mos admirar la armonía entre la doctrina
de estos dos célebres maestros de la vida
espiritual y la que da el Santo Padre en
esta 2.a semana.
Oigamos al P. La Palma: “Con estos pa­
sos hemos llegado ya al fin de esta segun­
da jornada, así quisiera Dios que fuese con
la obra como ha sido con la pluma.
El camino es muy largo y no menos difi­
cultoso; tiene muchos pasos en que perder­
se, muchas asperezas en que cansarse; mu­
chos enemigos con quien pelear; muchas
serpientes venenosas de pasiones de que
guardarse; poco regalo cuando hay falta de
consolaciones divinas, de manera que se
2% Segunda Semana

puede decir: Deest pañis, non sunt aquae,


fáltanos el pan, y no tenemos agua. Pero,
¿quién no se animará a pelear con todas
aquestas dificultades para llegar a la tierra
prometida, o por mejor decir, al cielo pro­
metido en la tierra, que es la unión con
Dios nuestro Señor? Principalmente tenien­
do por guía y por ayuda y ejemplo a Cristo
nuestro Señor, que por medio de su santa
Humanidad nos enseñó el camino para unir­
nos con Dios por amor y por contemplación.
Tú, Señor, por tu misericordia fuiste guía
del pueblo que redimiste, y le llevaste con
fortaleza a la morada santa tuya. Tú eres
en la oscuridad de la noche columna de
fuego que alumbras, y en los ardores del
día columna de nubes que refrigeras. Tú
eres en la hambre el pan vivo que bajó del
cielo y da vida al mundo, y en la sed, la
piedra viva de donde manan las aguas Vi­
vas que saltan hasta la vida eterna. Tú eres
el refrigerio de los fatigados, y la salud
de los sanos, y la medicina de los enfermos,
y la serpiente de metal, en la cual mirando
no mueren los mordidos de las serpientes,
sino alcanzan la vida eterna.
Todo este viaje se reduce a un solo pun­
to, que es conformarnos con Jesucristo cru­
cificado, y trasladar en nosotros la imagen
de este muerto, lo más al vivo que pudiéra­
mos; porque en esto consiste nuestra vida,
en hacernos imitadores de esta muerte. He*
VIII. Tres maneras de humildad 297

mos de ser tan pobres, que lleguemos a estar


desnudos de todos los bienes temporales.
Hemos de ser tan humildes, que lleguemos
a ser tenidos por locos y por malhechores.
Hemos de ser tan desinteresados, que no
estemos pendientes de las consolaciones es­
pirituales.
Y cuando por hacerle a Dios su gusto y
cumplirle su voluntad buena, y agradable,
y perfecta, hayamos perdido la hacienda y
la honra, y nos esconda Dios su favor y nos
esconda los rayos de su luz, y estemos pri­
vados de los consuelos humanos y de los
divinos, también hemos de estar fijos y per­
severantes en su cruz, aunque esté en nues­
tra mano, y todo el mundo nos lo pida, que
nos bajemos de ella. “Ve donde quisieres,
dice Contemptus mundi, que no hallarás
más alto camino en lo alto, ni más seguro
en lo bajo: si de buena gana llevares la
cruz, ella te llevará y guiará al fin deseado.“
Si las virtudes son muchas, con esta sola
lección las aprenderás todas. Si algunas vir­
tudes son aparentes y engañosas, con la
cruz se desharán todos los engaños, porque
en ella está la verdad y la vida. Y si dudas
por dónde has de empezar este camino, y
por cuál de las virtudes darás principio a
este ejercicio, en esta cruz está el principio
y el fin de la perfección. Empieza por la po­
breza y humildad, y acaba por la humildad
y pobreza de Jesucristo.
Segunda Semana

Y así como en la primera jornada, el


último paso fué el temor, que es como el
fiador de los propósitos de aquel estado de
los incipientes (según dice el Profeta: En­
clava, Señor, mis carnes con tu temor); así
en esta segunda jornada el último paso sea
el deseo de la conformidad y semejanza con
Jesucristo; el cual nos tenga fijos y perse­
verantes en su cruz, estando ciertos y per­
suadidos que no hay otra escalera para su­
bir a lo alto de la perfección. Y que si no
tomamos muy de asiento la unión con la
cruz, nunca llegaremos a la unión con Dios.”
Y el Doctor Místico escribe en el cap. VII,
lib. 2.°: “Y porque he dicho que Cristo es el
camino, y que este camino es morir a nues­
tra naturaleza en sensitivo y en espiritual;
quiero dar a entender cómo sea esto a ejem­
plo de Cristo: porque El es nuestro ejemplo
y luz.
Cuanto a lo primero, cierto está que El
murió en cuanto a lo sensitivo espiritual­
mente en su vida, y naturalmente en su
muerte. Pues, como El dijo, en la vida no
tuvo dónde reclinar su cabeza: Filius au-
tem hominis non habet ubi caput reclinet '·
Y en la muerte lo tuvo menos. Cuanto a lo
segundo, cierto está que al punto de la
muerte quedó desamparado y cotno aniqui­
lado en el alma, dejándole el Padre sin
consuelo en íntima sequedad. Por lo cual
I Mí . , VIII. 20.
VIII. Tres maneras de humildad '¿{í>

clamó en la cruz: *Deus meus, Deus meus,


ut quid, dereliquisti me? 1. Dios mío, Dios
mío, por qué me has desamparado? Lo cual
fué el mayor desamparo sensitivamente que
había tenido en su vida. Y así entonces hizo
la mayor obra que en toda su vida con mi­
lagros y maravillas había hecho, que fué
reconciliar y unir al género humano por
gracia con Dios.
Y esto fué al tiempo y punto que este
Señor estuvo más aniquilado en todo; con­
viene a saber: acerca de la reputación de
los hombres, porque como le veían morir
en un madero, antes hacían burla de El
que le estimaban en algo: y acerca de la
naturaleza, pues en ella en cierto modo se
aniquilaba muriendo: y acerca del amparo
y consuelo del Padre, pues en aquel tiempo
le desamparó, porque puramente pagase la
deuda y 'uniese al hombre con Dios, que­
dando así aniquilado y como resuelto en
nada de donde David dice de El: Ad nihilum
reddctus sum, et nescivi 2. Para que entien­
da el buen espiritual el misterio de la puer­
ta y del camino Cristo para unirse con Dios,
y sepa que cuanto más se aniquilare por
Dios, según estas dos partes sensitiva y es­
piritual, tanto más se une a Dios y tanto
mayor obra hace. Y cuanto viniere a quedar
resuelto en nada, que será la suma humil-

' Ib., XXVII, 46.


5 l’Hftl.. 72, 22.
300 Segunda Semana

dad, quedará hecha la unión entre el alma


y Dios, que es el mayor y más alto estado
a que en esta vida se puede llegar.
No consiste, pues, en recreaciones ni gus­
tos ni sentimientos espirituales, sino en una
viva muerte de cruz, sensitiva y espiritual,
interior y exterior.
No me quiero alargar y hablar más de
esto, aunque no quisiera acabar de tratar
de ello, porque veo es poco conocido Jesu­
cristo de los que se tienen por sus amigos,
pues los vemos andar buscando en El sus
gustos y consolaciones amándose mucho a
sí mismos, más no sus amarguras y muertes
amándole mucho a El.”
Práctica de la elección de estado

1. Preámbulo. Trascendencia del acierto de la


elección de estado para nuestra felicidad ©ter­
na y temporal. — 2. Descuido de los hombres
en este negocio, y daños que de esto se siguen.
—3. Las causas que impiden acertar en este
negocio, quítalas San Ignacio con los Ejerci­
cios. — 4. Insistencia con que en este preám­
bulo y en todos los Ejercicios trae el Sanito a
la consideración del ejercitante las verdades
del Principio y Fundamento: (nota 20A). —
5. El ojo de nuestra intención debe ser sim­
ple.
6. Materia de elección : a) debe ser de cosas bue­
nas en sí y no repugnantes a la santa Iglesia;
b) elección inmutable y elección mudable. Por
qué en la inmutable no se hace mención ex
presa del estado religioso; c) elección inmuta
ble hecha debidamente y hecha no ordenada­
mente ; d) elección mudable hecha según Dios,
y elección mudable no sincera.
7 Tiempos para hacer elección. Sentido de la
Palabra tiempo . Dios nuestro Señor, principal
«gente; el hombre interviene con su coopera­
302 Segunda Semana
ción. - 8. Atendida esta cooperación, tres,
tiempos señala el Santo en orden descenden­
te : en el primero interviene menos la volun­
tad, en el tercero más. — 9. Dos modos de
elegir en el tiempo tercero: a) el primer modo'
tiene seis p u n to s: sencillez de paloma, con
filial confianza en Dios nuestro Señor y ex­
quisita prudencia; b) el segundo mpdo tiene
cuatro reglas y una nota,.

[169]. P reámbulo para hacer elección

1. No hay para el hombre apunto de ma-


yjor trascendencia que el acierto en4 él
estado de vida que Dios nuestro Señor le
tiene señalado. De acertar en eso depende
sobre todo nuestra felicidad eterna y aun
la temporal.
Crió Dios al hombre para que sea feliz
no sólo en la otra vida, sino también en la
presente. Pero su Providencia amorosa y
paternal tiene señalado a cada uno de los
hombres muy en particular el estado de
vida en que debemos servirle, y a 'este
estado tiene también vinculadas abundan­
cia de gracias con que le sirvamos alabán­
dole y juntamente labrando nuestra feli­
cidad. Laetabitur Dominus in operibus éüis,
dice el Salmista '. Y si esto se afirm a con
verdad de todas las criaturas en general,
razón particular hay para afirmarlo del
hombre criado a imagen y semejanza de
Dios, quien tiene particular contento, como
' Ps„ 103. 31.
IX Práctica de la elección de estado 303

leemos en el libro de los Proverbios, de mo­


rar con los hijos de los hombres. Et deliciae
meae esse cum filiis hominum l.
2. No parece sino que esta verdad es un
tesoro escondido para la mayor parte de
los mortales. En negocios bien secundarios
los vemos tan afanados, preguntando, bus­
cando, desentrañándose por salir · con su
intento. Y este negocio importantísimo, co­
mo si no dijese con ellos. De esta raíz na­
cen frutos tan amargos para toda la vida.
Cuántas veces hemos oído esta o parecidas
frases: Si las cosas pudieran hacerse dos
veces...! De este error, muchas veces irre­
parable, proceden la mayor parte de las ca­
lamidades y penas que padecen los hom­
bres.
Es, por tanto, fundamental en la vida
del hombre acertar en la elección.
3. A tres pueden reducirse las causas
de no acertar en negocio tan importante:
1.°, a que no se tiene en cuenta el fin para
que nos ha criado Dios nuestro Señor; 2.a, a
irreflexión y precipitación en elegir estado;
3.a, a la ceguera de nuestro entendimiento
por las aficiones o por la pasión.
Contra la irreflexión y las aficiones des­
ordenadas, nos previno el Santo en las ano­
taciones 14.a y 15.“ [14] y [15]; y a sofocar
estas aficiones hemos encaminado más in-

1 Prov., VIII, 81.


304 Segunda Semana

mediatamente la meditación de los bina­


rios. A que no perdamos de vista, antes lo
tengamos muy presente, el fin para que
nuestro Señor nos ha criado, dirige San Ig­
nacio este Preámbulo para hacer elección.
4. 1.° punto. En toda buena elección, en
cuanto es de nuestra parte, el ojo de nuestra
intención debe ser simple, solamente mirando
para lo que soy criado, es a saber, para ala­
banza de Dios nuestro Señor, y salvación de mi
ánima; y así, cualquier cosa que yo eligiere, debe
ser a que me ayude para el fin para que soy
criado, no ordenando ni trayendo el fin al me­
dio. mas ei medio al fin. Así como acaece que
muchos eligen primero casarse, lo cual es me­
dio, y secundario servir a Dios nuestro Señor eñ
el casamiento, el cual servir a Dios es fin. Asi­
mismo, hay otros que primero quieren haber be·1
neficios, y después servir a Dios en ellos. De
manera que éstos no van derechos a Dios, mas
quieren que Dios venga derecho a sus afecciones
desordenadas; y, por consiguiente, hacen del fin
medio, y del medio fin. De suerte que lo que ha­
bía de tomar primero toman postrero; porque
primero hemos de poner por obiecto querer ser­
vir a Dios, que es el fin, y secundario tomar be­
neficios o casarme si más me conviene, que es el
medio para el fin. Así ninguna cosa rae debe
mover a tomar los tales medios o a privarme
dellos, sino sólo el servicio y alabanza de Dios
nuestro Señor y salud eterna de mi ánima.
Nota 20.
5. El ojo de nuestra intención debe W
simple, es decir, que en la elección no debe­
mos tener sino una sola intención: el servi­
cio de Dios. Tal es la explicación que da el
IX . Práctica de la eleccióp. de estado 305

Santo: Solamente mirando para lo que soy


criado. Si alguna otra intención se mezcla,
no solamente debe ser secundaria, sino que
debo tenedla -en cuenta únicamente en
cuanto me sirva y ayude para lo que yo
pretendo, el servicio de Dios nuestro Señor
y salvación de mi alma. Primero, escribe el
Santo al final de este Preámbulo, querer
servir a Dios, que es el fin; y secundario to­
mar beneficio o casarme si más me conviene
que es el medio para el fin. Así ninguna
cosa me debe mover a tomar los tales me­
dios o privarme dellos, sino "sólo” el servi­
cio y alabanza de Dios nuestro Señor y sa­
lud eterna de mi ánima.
Una vez que el Santo ha fijado bien el
fin único que debe proponerse aquel que
hace la elección, a tres capítulos refiere
cuanto en este importante negocio debí
tener presente: A) Materia', B) Tiempo:
C) Modo.

A) M ateria

6. l.°: debe ser la elección de cosas en sí


Indiferentes o buenas, y además que sean
conformes a las normas y costumbres de la
santa Iglesia; de ninguna manera opuestas.
2.°: esta materia es o de cosas que caen
debajo de elección inmutable o mudable.
3.°: Si la elección es inmutable, o se hizo
ya debida y ordenadamente, o no. Si lo pri-
'¿o COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
306 Segunda Semana

mero, bastará perfeccionarse en el estado


que una vez se eligió, siguiendo las normas
que se proponen en el n. [189] “para enmen­
dar y reformar la propia vida y estado” ; si
se hizo con miras torcidas, aficiones des­
ordenadas. remédiese el error en la única
manera que es posible, arrepintiéndose y
procurando llevar una vida buena dentro
del estado que torcidamente se abrazó.
4.° Si se hizo la elección sobre cosa mü^
dable, debida y ordenadamente, perfecció­
nese en ella cuanto pudiere; si etfta elec­
ción mudable no se hizo sincera y bien or­
denada. este es tiempo muy a propósito para
que se haga debidamente.
Copiaremos y comentaremos las palabras
del Santo:

[170].
P ara tomar noticia de qué cosas
SE DEBE HACER ELECCIÓN, Y CONTIENE EN SI
CUATRO PUNTOS Y UNA NOTA.

a/ 1.° punto. El primer punto : es nece­


sario que todas cosas, de las cuales queremos
hacer elección, sean indiferentes o buenas en
sí, y que militen dentro de la santa madre
Iglesia hierárquica, y no malas ni repugnantes
a ella.

Pudiera maravillar la manera de hablar


del Santo en lo que toca a lo que escribe
que sea conforme a las enseñanzas de la
santa Iglesia lo que se elige. Recuérdese
que cuando escribió este libro, comenzaba a
JX. Práctica de la elección de este-do 307

levantar cabeza el protestantismo y hacia


horribles estragos en naciones enteras con
doctrinas opuestas a la santa Iglesia. Es la
Iglesia Católica columna y firmamento de
la verdad 1 asistida por el Espíritu Santo y
no puede errar en sus enseñanzas; por lo
mismo, cualquier cosa que sea disconforme,
y mucho más si es repugnante a la santa
madre Iglesia hierárquica, debe rechazarse
en absoluto, no puede caer dentro de la
elección. Con esto se entenderá la razón de
excluir expresamente de las cosas de que
queremos hacer elección, las que no militen
dentro de la santa madre Iglesia hierár­
quica.

b) [171] 2° punto. Segundo: hay unas co­


sas que caen debajo de elección inmutable, así
como son sacerdocio, matrimonio, etc.; hay
otras que caen debajo de elección mutable, así
como son tomar beneficios o dejarlos, tomar
bienes temporales o lanzallos.

Así como son sacerdocio, matrimonio, etc.


Parecía obvio que entre las cosas que caen
debajo de elección inmutable, hubiera he­
cho mención particular del estado de per­
fección: “ continencia, virginidad, religión
y toda manera de perfección evangélica”
como lo hace en la anotación 15.a [15]. Sin
duda que no especificó porque no pareciera
Qwe se decantaba o se inclinaba a la una
1 1.* Tim., III, 16.
308 Segunda Semana

parte o a la otra, obrando entonces contra


lo que aconseja en esta Anotación.
c) [172] 3.° punto. Tercero: en la elección
inmutable, que ya una vez se ha hecho elec­
ción, no hay más que elegir, porque no se
puede desatar, así como es matrimonio, sacer­
docio, etc. Solo es de mirar que si no se ha he­
cho elección debida y ordenadamente, sin afec­
ciones desordenadas, arrepintiéndose, procure
hacer buena vida en su elección, la cual elec­
ción no parece que sea vocación divina por ser
elección desordenada y oblica, como muchos en
esto yerran, haciendo de oblica o de mala elec­
ción vocación divina; porque toda vocación di­
vina es siempre pura y limpia, sin mixtión de
carne ni de otra afección alguna desordenada.

Es fácil que este tercer punto rece con


muchos ejercitantes que durante estos días
de retiro se encontrarán con la triste sor­
presa de que la elección inmutable que hi­
cieron no fué hecha debida y ordenadamen­
te. Muchos yerran en esto, escribe el Santo.
Dos cosas debe hacer aquel que se en­
cuentre en estado inmutable que no parece
que sea vocación divina: 1.a, arrepentirse;
2.a. hacer buena vida en su elección. Arre­
pintiéndose, procure hacer buena vida en
su elección. Lo hecho ya no tiene remedio;
no se puede desatar. Por parte de la mise­
ricordia de Dios nuestro Señor no quedará.
Viva, pues, el que eligió equivocadamente de
tal manera que con sus buenas obras haga
cierta su vocación, como escribe San Pedro:
IX . Práctica de la elección de estado 309

Magis satagite, ut per bona opera c'ertam


vestram vocationem et electionem faciatis '.

d) [173] 4° punto. Cuarto: Si alguno ha


hecho elección debida y ordenadamente de co­
sas que están debajo de elección mutable, y no
llegando a carne ni a mundo, no hay para qué
de nuevo haga elección, mas en aquella perfec­
cionarse cuanto pudiere.

Tanto para los de este n.° como para los


del anterior, dice lo que: “Para enmendar y
reformar la vida y estado” escribe San Ig­
nacio en el n. [189].

[174] Nota. Es de advertir que si la .tal


elección mutable no se ha hecho sincera y
bien ordenada, entonces aprovecha hacer la
elección debidamente, quien tuviere deseo que
dél salgan frutos notables y muy apacibles a
Dios nuestro Señor.
*
Entonces es tiempo oportuno· como nun­
ca para hacer según Dios elección mutable,
0 para elegir debidamente estado de vida
inmutable.

B) T iempo

7. [175].
T res tiempos para hacer sana
y BUENA ELECCIÓN EN CADA UNO DELLOS.

Toma el Santo la palabra tiempo no en


01 sentido en que solemos tomarla de ordi-
' 2.« Petr., I, 10.
310 Segunda Semana

narió, sino refiriéndose al estado en que se


halla el alma al hacer la elección.
En cualquier estado en que el alma se
halle, siempre la previene Dios nuestro Se­
ñor para obrar, para elegir; siempre con­
tinúa el Señor ayudándola en todo el de­
curso de la obra; y en este sentido se di­
rige la santa Iglesia a nuestro Señor cuando
le ruega: Tua, nos quaesumus, Domine, gra­
fía semper et praeveniat, et sequatur: ac
bonis operíbus iugiter praestet esse inten­
tos. (Dom. 16.a, p. Pent.). En este sentido
pide también que nuestra oración y opera­
ción toda entera empiece por El, y una vez
comenzada, por El termine: Actiones no-
stras, quaesumus, Domine, aspirando ptae-
veni, et adiuvando prosequere: ut cuneta
nostra oratio et operatio a te semper ítiqí-
piat, et per te coepta finiatur. Y él apóstol
San Pablo‘ escribió: Deus est qui operatur
in vobis et velle, et perficere pro bona vo­
lúntate *. Así, pues, Dios y el hombre inter­
vienen en la obra: Dios previniendo e in­
vitando; el hombre cooperando y respon­
diendo a la invitación de Dios.
8. Si atendemos a la parte que toma el
hombre, advertiremos que el Santo pone
los tiempos en orden descendente: en el
primero es cuando menos interviene usan-
de de la razón y de la voluntad; en el ter-

1 Phll., II, 13.


IX . Práctica de la elección de estado 311

cero pone más de su cosecha; el segundo


tiempo es.intermedio entre el primero y ter­
cero. Escribe áan Ignacio:
1.° tiempo. El primer tiempo es cuando
Dios nuestro Señor así mueve y atrae la vo­
luntad, que sin dubitar ni poder dubitar, la tal
ánima devota sigue a lo que es mostrado; así
como San Pablo y San Mateo lo hicieron en
seguir a Cristo nuestro Señor.

...Dios nuestro Señor así mueve y atrae


la voluntad, que sin dubitar ni poder dubi­
tar, la tal ánima devota sigue a lo que es
mostrado. Habla el Santo Padre en este pri­
mer tiempo, de la ilustración del entendi­
miento y de la moción de la voluntad con
que Dios nuestro Señor previene al alma
para que ésta siga obediente el divino
llamamiento. La luz con que ilumina ál
entendimiento es tan clara y tan viva que
el alma ni duda ni puede dudar. Esta luz
tan intensa no necesita, no obliga a la vo­
luntad, no le quita la libertad para elegir
libremente (al menos esto es lo ordinario, y
Dios bien podría hacer que la voluntad irre­
sistiblemente y sin libertad siguiese el im­
pulso divino), sino que la mueve y atrae.
Con esto, quedándole al hombre la libertad,
tiene el mérito de la acción.
Tal manera de mover y atraer la volun­
tad es verdaderamente extraordinaria, y la
concede su divina Majestad por una gracia
especial suya. De entre los doce Apóstoles.
312 Segunda Semana

a dos únicamente sabemos por los evange­


listas que llamó el Señor en esta forma, a
San Felipe y a San Mateo. Así llamó a San
Pablo también, después que Cristo subió a
los cielos.
[176] 2.° tiempo. El segundo: cuando se to­
ma asaz claridad y conocimiento por experien­
cia de consolaciones y desolaciones, y por ex­
periencia de discreción de varios espíritus.

Asaz claridad y conocimiento. No una cla­


ridad y conocimiento cualquiera sino muy
notable. Esto nos significa con el adverbio
asaz.
Por experiencia. Lo cual supone estar el
ejercitante ya versado en lo que toca a
consolaciones y desolaciones y discreción
de espíritus: supone notable adelanto en
la vida espiritual.
[177] 3.° tiempo. El tercero tiempo es tran­
quilo, considerando primero para qué es nacido
el hombre, es a saber, para alabar a Dios nuestro
Señor y salvar su ánima; y esto deseando, eli­
ge por medio una vida o estado dentro de los
límites de la Iglesia, para que sea ayudado en
servicio de su Señor y salvación de su ánima.
Dije tiempo tranquilo, cuando el ánima no
es agitada de varios espíritus, y usa de sus po­
tencias naturales libera y tranquilamente.

C) Modo
9. [178] Si en el primero o segundo tiempo
no se hace elección, síguense cerca este tercero
tiempo dos modos para hacerla.
IX . Práctica de la elección de estado 318

a) El p r im e r m odo para hacer sana y

BUENA ELECCIÓN CONTIENE EN SÍ SEIS PUNTOS.

l.° yunto. El primer punto es proponer de­


lante la cosa sobre que quiero hacer elección,
así como un oficio o beneficio para tomar o
dejar, o de otra cualquier cosa que cae en elec­
ción mutable.

O de otra cualquier cosa. Toda esta doc­


trina se puede aplicar, y muchas veces será
un gran acierto aplicarla, máxime en ne­
gocios m ás graves e importantes. Así lo
practicó el Santo en muchos puntos de las
constituciones.
Que cae en elección mutable. Es decir,
también hay que aplicar estas normas que
d a , a cosas que caen en elección mudable.
Que sean para l a elección de vida o estado,
y a lo dijo en el tercer tiempo, elige por
medio una vida o estado dentro de los lími­
tes de la Iglesia; y cerca este tercero tiem­
po síguese este primer modo.

1177] 2.° punto. Segundo: es menester tener


por obiecto el fin para que soy criado, que es
para alabar a Dios nuestro Señor y salvar mi
ánima; y con esto hallarme indiferente sin afec­
ción alguna desordenada, de manera que no esté
más inclinado ni afectado a tomar la cosa pro­
puesta que a dejarla, ni más a dejarla que a
tomarla; más que me halle como en medio de
un peso para seguir aquello que sintiere ser más
(n gloria y alabanza de Dios nuestro Señor y
salvación de mi ánima.
314 Segunda S em a n a .

A adquirir esta disposición que es tan ne­


cesaria para la elección sana y buena, va
preparando San Ignacio el alma del ejer­
citante desde el Principio y Fundamento.
Es labor del director principalísima ir dis­
poniendo al que se ejercita para esta indi­
ferencia, como leemos en la anotación 16.a
[16], en forma que cuando llegue éste a la
meditación de los binarios y a la elección,
como sin sentir, se encuentre en disposición
de tanta trascendencia.
[180] 3.° punto. Tercero: pedir a Dios nues­
tro Señor quiera mover mi voluntad y poner en
mi ánima lo que yo debo hacer acerca de la
cosa proposita, que más su alabanza y gloria
sea, discurriendo bien y fielmente con mi en­
tendimiento, y eligiendo conforme su santísima
y beneplácita voluntad.

Pedir a Dios nuestro Señor quiera mover


mi voluntad y poner en mi ánima. Este mis­
mo pedir ya es una gracia que el Señor nos
hace. ¡Qué petición tan puesta en su pun­
to, momentos antes de hacer la elección, y
qué grata a su divina Majestad! Ya moverá
mi voluntad, ya pondrá aspiraciones en mi
ánima (vide com. n. [175]; pero es mucho
lo que obligamos a nuestro Señor con esta
humilde súplica. Gracia muy grande es la
que pedimos y de extraordinaria trascen­
dencia para nuestra vida, y sabemos que las
gracias que con su divina providencia tiene
determinado Dios nuestro Señor c o n c e d e r
IX . Práctica, ele la elección de estado 3i»

a ios hombres “ ab aeterno” , las concede en


tiempo oportuno por medio de la oración,
como enseña Santo Tomás con varios santos
Padres \
Que más su alabanza y gloria sea. Innu­
merables veces repite esta idea en Ejerci­
cios y Constituciones; pero merece ser te­
nida en cuenta sobre todo cuando tratamos
de elegir un estado que influirá en toda
nuestra vida. Solamente deseando y eli­
giendo lo que más nos conduce para el fin
que somos criados. En el punto siguiente
atenderá a los cómodos y a los incómodos
que se nlé siguen para sola la alabanza de
Dios nuestro Señor. Finalmente, en la en­
mienda y reforma de la propia vida, con
que corona toda esta materia de elecciones,
mira únicamente a la gloria divina: No
queriendo ni buscando otra cosa alguna,
sino en todo y por todo mayor alabanza y
gloria de Dios nuestro Señor.
Discurriendo bien y fielmente ucon el en­
t e n d i m i e n t o Sin hacer caso de gustos o
repugnancias, ahogando aficiones desorde­
nadas que uno ¡sienta, sin determinarse por
ellas, atendiendo únicamente a lo que me
dicta la razón: discurrir... con el entendi­
miento. Mirar dónde más la razón se incli­
na, y así según la mayor moción racional, y
no moción alguna sensual (en estas últimas

1 S. Thoni 2-2. Q. 83, art. 2.


316 Segunda Semana
i
palabras parece suponer el Santo que pue­
de sentirse alguna afición desordenada), se
debe hacer deliberación sobre la cosa pro­
posita. Asi escribe en el punto 5.°

[181] 4.° punto. Cuarto: considerar racioci­


nando cuántos cómodos o provechos se me si­
guen con el tener el oficio o beneficio propues­
to, para sola la alabanza de Dios nuestro Señor
y salud de mi ánima; y por el contrario, consi­
derar asimismo los incómodos y peligros que
hay en el tener. Otro tanto haciendo en la se­
gunda parte, es a saber, mirar los cómodos y
provechos en el no tener; y asimismo por el
contrario, los incómodos y peligros en el mismo
no tener.
[182] 5° punto. Quinto: después que así he
discurrido y · raciocinado a todas partes sobre
la cosa proposita, mirar dónde más la razón se
inclina, y así según la mayor moción racional,
y no moción alguna sensual, se debe hacer de­
liberación sobre la cosa proposita.
[183] 6.° punto. Sexto: hecha la tal elec­
ción o deliberación, debe ir la persona que tal
ha hecho, con mucha diligencia a la oración
delante de Dios nuestro Señor, y ofrecerle la
tal elección para que su divina Majestad la
quiera recibir y confirmar, siendo su mayor ser­
vicio y alabanza.

Después de haber obrado con exquisita,


prudencia en los cinco primeros puntos,
junta en este sexto la sencillez de paloma,
una confianza filial con nuestro Señor que
encanta.
IX Práctica cíe la eleccióp de estado 317

b) [184] E l segundd modo pa ¿ a hacer sana


Y BUENA ELECCIÓN CONTIENE EN SÍ CUATRO RE­
GLAS Y UNA NOTA.

1.a regla. La primera regla es que aquel amor


que me mueve y me hace elegir la tal cosa,
descienda de arriba del amor de Dios, de forma
que el que elige sienta primero en sí que aquel
amor más o menos que tiene a la cosa que elige,
es sólo por su Criador y Señor.
f185] 2.a regla. Lá 2.a: mirar a un hom­
bre que nunca he visto ni conocido, y de­
seando yo toda su perfección, considerar lo que
yo le diría que hiciese y eligiese para mayor
gloria de Dios nuestro Señor y mayor perfec­
ción de su ánima, y haciendo yo asimismo,
guardar la regla que para el otro pongo 1.
[186] 3.a regla. La 3.a: considerar, como si
estuviese en el artículo de la muerte, la forma
y medida que entonces querría haber tenido en
el modo de la presente elección, y reglándome
por aquélla, haga en todo la mi determinación.
[187] 4.a regla. La 4.a: mirando y conside­
rando cómo me hallaré el día del juicio, pensar
cómo entonces querría haber deliberado acerca
la cosa presente; y la regla que entonces que­
rría haber tenido, tomarla ahora, porque en­
tonces me halle con entero placer y gozo.
[188] Nota. Tomadas las reglas sobredichas
para mi salud y quietud eterna, haré mi elec­
ción y oblación a Dios nuestro Señor conforme
al 6.° punto del primer modo de hacer elección.

'* Tal regla siguió el Santo en París para que


el P. Nadal se juntase con él y sus compañeros;
más no había sonado por entonces para Nadal la
hora de Dios.
X

Reforma de vida

1 Qué han. de considerar los que están consti­


tuidos en prelatura o en estado de matrimo­
nio para la reforma de vida. — 2. ¿Por qué
ponemos tanto empeño en la abnegación y
y vencimiento? — 3. Así llegamos a la cari­
dad encendida y aun desinteresada que hape
una nuestra voluntad con la. de Cristo.

[189] P a r a e n m e n d a r y r e f o r m a r l a pro­
p ia VIDA Y ESTADO.

1. Es de advertir que acerca de los que están


constituidos en prelatura o en matrimonio
<quier abunden mucho de los bienes temporales,
quier no) donde no tienen lugar o muy pronta
voluntad para hacer elección de las cosas que
caen debajo de elección mutable, aprovecha mu­
cho. en lugar de hacer elección, dar forma y
modo de enmendar y reformar la propia vida
y estado de cada riño dellos; es a saber, po­
niendo su creación, vida y estado para gloría
y alabanza de Dios nuestro Señor y salvación
de su propia ánima.
X Reforma de vida 319

Para venir y llegar a este fin, debe mucho


considerar y ruminar por los ejercicios y modos
de elegir, según que está declarado, cuánta
casa y familia debe tener, cómo la debe regir y
gobernar, cómo la debe enseñar con palabra y
con ejemplo; asimismo de sus facultades, cuán­
ta debe tomar para su familia y casa, y cuánta
para dispensar en pobres y en otras cosas pías,
no queriendo ni buscando otra cosa alguna,
sino en todo y por todo mayor alabanza y gloria
de Dios nuestro Señor. Porque piense cada uno
que tanto se aprovechará en todas cosas espi­
rituales, cuanto saliere de su propio amor, que­
rer e interesse.

a) Es de advertir que acerca de los que


están constituidos en prelatura o en ma­
trimonio. No significa esto, dice el P. Ferru-
sola 1 que esto que escribe San Ignacio so­
bre la enmienda y reforma, se refiera úni­
camente a los constituidos en prelatura o
matrimonio, sino que es de mayor impor­
tancia para los tales por el hecho de ser
prelados o cabezas de familia.
b) Donde no tienen lugar... para hacer
elección de las cosas que caen debajo de
elección mutable. O por falta de luz para
conocer con claridad si debe hacerse esta
elección, o porque la prudencia aconseja
Que por este tiempo no se haga, o por algu­
na dificultad por entonces insuperable, o,
en fin, por razones ajenas a la voluntad del
Que se ejercita.
O O muy pronta voluntad. Por estas
' Sfic.l,. V il, cap. 7.°
320 Segunda Semana

palabras manifiesta el Santo que para la


elección se necesita no una voluntad cual­
quiera, sino una voluntad pronta y decidida,
resuelta a todo. De lo contrario, o no se ha­
ría bien dicha elección o duraría poco.
Con éstos, pues, que al llegar a la elec­
ción se dan cuenta de que les falta muy
pronta voluntad, y que sin duda pertene­
cen al primero o segundo binario, ¿qué hay
que hacer? ¿Deberán abandonar entera­
mente lo que se refiere al perfeccionamien­
to de su vida para lo porvenir? No, dice el
Santo Padre. A estos aprovecha ínucho, en
lugar de hacer elección, dar forma y modo
de enmendar y reformar la propia vida y
estado de cada uno dellos. Con estas pala­
bras se confirma lo que expusimos hacia el
final del comentario a la anotación 18a [18],
a saber, que el Santo procura con todo esto
confirmar y hacer duradero el fruto de los
Ejercicios.
Asimismo, de sus facultades, cuánta debe
tomar para... “dispensar en pobres ” . No po­
día faltar en la enmienda y reforma el
punto de la pobreza después de lo encare­
cidamente que habló de esta virtud.
2. Porque piense cada uno que tanto se
aprovechará en todas cosas espirituales,
cuanto saliere de su propio amor, querer e
interesse que es, en otras palabras lo que
escribe Contemptus mundi en el último ca­
pítulo del libro 1.° Tantum proficies, quan­
X Reforma de vida 321

tum tibi ipsi vim ifituleris. A vencer a sí


mismo encamina San Ignacio sus Ejerci­
cios Espirituales, como puso en el título. Y
hemos podido experimentar la asiduidad y
eficacia con que hace trabajar al que se
ejercita en el vencimiento propio.
Pero ¿cuál es la causa, pudiera preguntar
alguno, de que pongamos tan constante em­
peño en la abnegación y vencimiento? Bas­
taba que nuestro Señor Jesucristo hubiera
propuesto esta abnegación como primera
condición a cuantos quieran seguirle, para
que entendamos ser de suma importancia.
La razón es la siguiente: La suma de la
perfección debe ponerse en la caridad y
amor de Dios, manifestado en la práctica
con el cumplimiento habitual y perfecto de
la divina voluntad, según declaró el mismo
Señor a sus apóstoles: “Si diligitis me, man­
iata mea servate” A esta voluntad divi­
na se opone la nuestra viciada y mal in­
clinada; todo el punto, pues, está en que a
nuestra voluntad depravada, 1.° la negue­
mos; 2.° la conformemos, y más aún, la ha­
gamos una misma con la voluntad de Dios.
Por lo que llevamos dicho hasta ahora, he­
mos podido ver cuán perfectamente condu­
cen lo¿> Ejercicios Espirituales a esta uni­
formidad de voluntades, por el camino del
vencimiento propio. Este vencer a si mis­
mo, este ordenar su vida, este quitar todas

1 lo, XIV, 16.


COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
322 Segunda Semana

las afecciones desordenadas o sin determi­


narse por afección alguna que desordenada
sea; todo, todo va encaminado a buscar y
hallar la voluntad divina en la disposición
de su vida.
Y como este camino del vencimiento o
abnegación es tan escabroso, vimos la ma­
nera divina como lo suaviza el Santo con
la perfecta imitación de Cristo nuestro Se­
ñor, quien nos invita a que le sigamos des­
pués que lo hemos considerado tan aman­
te, puesto en cruz por nuestros pecados, y
tan misericordioso, que no permitió cayé­
semos en ninguno de los numerosos grupos
de condenados que para siempre penan en
los infiernos.
Paso por paso, y casi sin darnos cuenta,
nos va conduciendo a un olvido tan com­
pleto de nosotros mismos y juntamente a
una imitación tan perfecta de Cristo que,
en igualdad de circunstancias, siendo Igual
gloria de Dios, llegamos a querer y a elegir
lo más mórtificativo, lo más deshonroso,
lo más humillante por la única razón de
hacernos más semejantes a Cristo nuestro
Señor.
3. No es posible una caridad más encen­
dida, un amor más desinteresado y puro,
una voluntad más una con la voluntad de
Cristo. Tan despojados de nuestras pasio­
nes, tan muertos a nosotros mismos y vi­
viendo ya aquella vida escondida con Cris­
X. Reforma de vida 323

to en Dios, de que habla San Pablo a los


Colosenses ', tan identificados con Cristo
nuestro Señor, entramos en las contempla­
ciones de su sagrada pasión; facilísima cosa
nos será con la ayuda divina, hacer nuestros
los sentimientos y padecimientos del Se­
ñor.

i Col. III. 3.
TERCERA SEMANA

Primera contemplación

Preámbulos.—2. Modo de usar de los tres úl­


timos puntos en esta sem ana: a) padece en la
humanidad, padecimientos interiores y exte­
riores; o quiere padecer, deseos vehementes de
que a todos los hombres, aun a sus enemigos,
aprovechen los tormentos de su pasión, y oon
esto, deseos de nuevos padecimientos cuanto
era de su parte; b) cómo la divinidad se es­
conde: reflectir, es decir, no echar de nosotros
los trabajos aun cuando en nuestra mano
estuviera librarnos de ellos; o) qué debo yo
hacer y padecer por E l : cuán conforme este
6.0 punto a la petición que vamos a hacer
en todas las contemplaciones siguientes de
esta 3.» sema.na. Explanación que de estos seis
puntos hace el P. La Palma.—3. Coloquio;,
a) razonar y pedir; b) sea de cosas particula­
res y acomodadas a las disposiciones en Que
nos encontramos; c) cuán familiares deben
sernos los tres coloquios.—4. Con las contení-
I. Primera contemplación 325
placiones de esta semana debemos confir­
marnos en la perfección de la vida que ele­
gimos.

[1 9 0 ] 1.° día. L a p r i m e r a c o n t e m p l a c i ó n
a la m e d ia n o c h e e s , c ó m o C r i s t o n u e s t r o
S e ñ o r fu é d e s d e B e t h a n i a p a r a H i e r u s a l e m a
la ú l t i m a c e n a i n c l u s i v e [ 2 8 9 ] ; y c o n t i e n e
EN SÍ LA ORACIÓN PPEPARATORIA, 3 PREÁMBULOS,
6 PUNTOa Y UN COLOQUIO.

Oración. La sólita oración preparatoria.


1. [191] 1° preámbulo. El primer preámbu­
lo es traer la historia, que es aquí, cómo Cristo
nuestro Señor desde Bethania envió dos dis­
cípulos a Hierusalem a aparejar la cena, y des­
pués El mismo fué a ella con los otros discípu­
los; y cómo después de haber comido el cor­
dero pascual y haber cenado, les lavó los pies,
y dió su Santísimo Cuerpo y preciosa Sangre a
sus discípulos, y les hizo un sermón después
que fué Judas a vender a su Señor.
[192] 2.° preámbulo. El segundo, composición
viendo el lugar: será aquí, considerar el ca­
mino desde Bethania a Hierusalem, si ancho, si
angosto, si llano, etc. Asimismo el lugar de la
cena, si grande, si pequeño, si de una manera, o
si de otra!

Repetimos lo que hicimos notar en la


composición del Nacimiento [112]: las par­
ticularidades y pormenores a que desciende
el Santo en las composiciones del lugar en
los misterios de la vida del Señor.

1193] 3.a preámbulo. El tercero, demandar lo


HUO quiero: será aquí, dolor, sentimiento y con­
32o Tercera Semana

fusión, porque por mis pecados va el Señor a la


pasión.
[194] l.° punto. El primer punto es ver las
personas úe la cena, y reflictiendo en mí mis­
mo. procurar de sacar algún provecho dellas.
2:·’ punto. El segundo: oír lo que hablan, y
asimismo sacar algún provecho delló.
3.° punto. El tercero: mirar lo que hacen,
y sacar algún provecho.

2. Los tres puntos siguientes no hay que


dejarlos para después de haber contempla­
do los tres anteriores; sino que en cada uno
de los tres primeros hemos de considerar
Juntamente estos últimos, según nos sinta­
mos movidos. Y de esta manera lo entiende
el P. Roothaan.
1195] 4.° punto. El 4.°: considerar l o , que
Cristo nuestro Señor padessce en la huma­
nidad, o quiere padecer, según el páso que se
contempla; y aquí comenzar con mucha fuerza
y esforzarme a doler, tristar y llorar, y así
trabajando por los otros puntos que se siguen.

a) Padece en la humanidad. Considerar


no sólo los padecimientos físicos y que apa­
recen al exterior, sino también los que fue­
ron más acerbos, los interiores: la mala
voluntad, envidia y rencor... de unos; la
Ignorancia y engaño de otros... Y como
amaba con amor intensísimo, sentía el da­
ño que a todos sobrevenía de sus mismos
padecimientos, en vez de provecho, mayo­
res tormentos en el infierno para mu(5h9f···
O Quiere padecer. De este amor tan la-
I. Primera contemplación 327

tenso a todos los hombres, incluso a sus


enemigos, nacía un deseo vehemente de que
a todos aprovechasen los tormentos de su
pasión, y de que todos se salvasen. Y con
esto experimentaba deseos de nuevos pa­
decimientos cuanto estaba de su parte, si
fuera necesario para la salvación eterna
de todos.
Y aquí comenzar con mucha fuerza y es­
forzarme a doler, tristar y llorar...

1196] 5.° punto. El 5.°: considerar cómo la


Divinidad se esconde, es a saber, cómo podría
destruir a sus enemigos y no lo hace, y cómo
deja padecer la sacratísima humanidad tan cru-
delísimamente.

b) Cómo la Divinidad se esconde. Es de


; cii, padece cómo si fuese puro hombre,
como si no estuviese en su mano librarse de
tantas penas... Así, pues, cuando el peso
de la tribulación nos abrume, no queramos
echarlo de nosotros; pensemos que Cristo
nuestro Señor padeció penas más graves, y
pudiendo librarse de ellas, no quiso echar­
las de sí; antes las admitió y se abrazó con
todas voluntariamente, etc.
Cómo deja padecer la sacratísima huma-
í nídad tan crudelísimamente. No sólo en lo
exterior, sino, como hemos dicho en lo in­
terior: desolaciones, desamparo de su Pa­
dre...
Tercera Semana

[197] 6.° punto. El sexto: considerar cómo


todo esto padece por mis pecados, etc.; y qué
debo yo hacer y padecer por El.

c) Hacer y “padecer” por El. Padecer:


nótese que la petición en toda esta tercera
semana desde que comienzan las contem­
placiones de la sagrada pasión, es dolor,
quebranto... con Cristo doloroso, quebran­
tado.
Veamos como expone estos seis puntos el
P. La Palma en su “Historia de la Sagrada
Pasión” , (prólogo, párrafo IV):
“La primera [de las circunstancias que
se pueden considerar] es de las personas que
Intervienen en aquel paso, conviene a sa­
ber, quiénes son, su dignidad o indignidad,
zus méritos o deméritos, el hábito, el gesto
y disposición de ellos, su mansedumbre y
modestia, o su descompostura y crueldad,
y cosas semejantes; y a esto se reduce aque­
lla ponderación tan necesaria en esta ma­
teria, esto es, quién es la persona que pa­
dece, y cuáles las personas de quien pa­
dece, y por quién padece.
La segunda es, considerar las palabras
que se dicen: conviene a saber, las calum­
nias, acusaciones, falsos testimonios, inju­
rias y blasfemias; y no menos las respues­
tas de Cristo nuestro Señor tan llenas de
sabiduría y de humildad de mansedumbre
y de entereza, de modestia y de majestad:
^obre todo se debe considerar el silencio
I. Primera contemplación 329

del Salvador, que fué tan grande y en tal


ocasión, que bastó para que el juez siendo
gentil, se admirase vehementemente.
La tercera, considerar las obras que se
hacen: conviene a saber, por una parte los
tormentos y la manera y gravedad de ellos,
y por otra la paciencia y mansedumbre y
las demás virtudes que resplandecen en el
Salvador.
La cuarta, pasar al interior del Corazón
de Cristo nuestro Señor, y considerar sus
iristezas y congojas, y las causas y motivos
de ellas; y mucho más el deseo y hambre
de padecer, la sed de la salud de las almas,
y el encendido amor y caridad de Dios y de
ios hombres con que padecía, y los demás
afectos y sentimientos de su sagrado Cora­
zón.
La quinta, subir más arriba a la consi­
deración de su divinidad, y mirar cómo es­
taba escondida y disimulada, sufriendo
aquellas injurias, y no estorbando la tris­
teza ni loá tormentos de la santísima hu­
manidad, ni castigando a los atormentado­
res, antes los sustentaba y les daba sér y
movimiento, etc. Item, cómo estaba dando
valor infinito a las pasiones de Cristo: item,
cómo estaba reconciliando a todo el mun­
do con el Padre, consigo y con el Espíritu
Santo, como dijo el Apóstol, que Dios esta-
ta en Cristo reconciliando el mundo con-
Tercera Semana

tigo: Quoniam quidem Deus erat in Chris-


ío mundum reconcilians sibi \
La sexta mirar por quién padece estas
penas: conviene a saber, por mí y por mis
pecados; y considerar qué será razón que
yo haga y padezca en retorno y agradeci­
miento de tan alto beneficio: y ayudará
mucho mirar estos misterios, como si se
hubieran obrado por mí solo. Porque yo es­
tuve tan presente a los ojos de Cristo nues­
tro Señor, cuando padecía, como si yo fuera
solo y no hubiera otro en el mundo; y a mí
me cupo tanta parte, y me puedo aprove­
char tanto de estos merecimientos, como
si yo fuera solo el que se aprovechaba de
ellos. Porque no goza menos cada uno de la
luz del sol, por haber otros muchos que
gozan de ella, ni la gozara más, si fuera él
sólo y no hubiera otro ninguno en el mun­
do ; y finalmente, porque la caridad de Cris­
po nuestro Señor fué tanta, que si necesa­
rio fuera, padeciera por mí solo lo que pa­
deció por todo el mundo. Y por todas estas
razones debo hacerme a mí solo el cargo de
<ste beneficio, y tenerme por obligado a
agradecerle, y aprovecharme de él, como si
fuera yo solo. De esta manera parece que
meditaba la pasión el apóstol San Pablo,
cuando decía: Qui dilexit me, et tradidit
semetipsum pro me 2.
I. Primera contemplación 331

Estas son las circunstancias de que se


puede ayudar el entendimiento, para entre­
tener y dilatar su discurso en la medita­
ción de la sagrada pasión: mas no por eso
es necesario meditarlas todas en cada pun­
to, ni por este orden con que aquí se ponen:
pero puédensé considerar todas o alguna,
y por el orden que fuere más acomodado,
sin hacer violencia a la historia, ni per­
der el gusto que suele traer ella misma
consigo: y por eso lo mejor es dejarse lle­
var del corriente de la historia, discurrien­
do y ponderando aquella circunstancia que
fuere más a propósito de ella”. Hasta aquí
el P. La Palma.

3. [198] Coloquio. Acabar con un coloquio a


Cristo nuestro Señor, y al fin con un Pater­
nóster.
[199] Nota. Es de advertir, como antes y en
parte está declarado, que en los coloquios debe­
mos de razonar y pedir según la subiecta mate­
ria, es a saber, según que me hallo tentado o
consolado, y según que deseo haber una virtud
o otra, según que quiero disponer de mí a una
parte o a otra, según que quiero dolerme o go­
zarme de la cosa que contemplo; finalmente, pi­
diendo aquello que más eficazmente cerca algu­
nas cosas particulares deseo; y desta manera
puede hacer un solo coloquio a Cristo nuestro Se­
ñor, o si la materia o la devoción le conmueve,
puede hacer tres coloquios, uno a la Madre, otro
al Hijo, otro al Padre, por la misma forma que
»'■stá dicho en la segunda semana en la me­
ditación de los tres binarios, con la nota que
sigue a los binarios.
332 Tercera Semana

a) Razonar y pedir. Las peticiones con­


viene que sean razonadas, es decir, funda­
das en razones que con humildad podemos
presentar y proponer a nuestro Señor.
b) Hemos de descender a cosas muy con­
cretas y particulares. Es notable la cantidad
de pormenores a que desciende el Santo Pa­
dre. Y sobre todo conviene que pidamos se­
gún los sentimientos de que estamos pe­
netrados, conforme a las necesidades, etc.
c) Si la materia o la devoción le con­
m ueve, "puede hacer “tres coloquios” . Estos
tres coloquios debemos hacérnoslos familia­
res. Ya dijimos cuánto lo eran a nuestro
Santo.
4 Y puesto que en esta tercera semana
ros afianzamos y confirmamos en la elec­
ción de una vida más perfecta, hecha ya,
ooniéndonos delante como dechado a Cris­
to Señor y Salvador nuestro, y precisamen­
te en circunstancias las más difíciles y do-
lorosas de su Vida, en su sagrada Pasión *,
en que resplandecieron con nuevos fulgores
sus excelentísimas virtudes, a consolidarnos
en el estaco de vida ya resuelto, y en el
ejercicio perfecto de las virtudes, debemos
también enderezar los coloquios en esta
bercera semana.

i Direct., cap 35, n. 1 °


II

Las demás contemplaciones

1. Preámbulos—2. La petición en esta semana


es sustancialmente la misma que en la si­
guiente—3. Número de misterios que hemos
de tomar para cada día, y número de ejer­
cicios que debemos hacer—4. Modificación
en las adiciones. En qué forma hemos de
traer en memoria los trabajos, fatigas y do­
lores de Cristo desde el punto en que nació.—
5. Materia del examen paiiticular—6. Miste­
rios para los días 2.° y siguientes.—7. Contem­
plación para el día 7.^—8. Normas que debe­
mos seguir según 3e alarguen o se abrevien
las contemplaciones, y modo de hacer resu
men de la pasión.

[200]
S egunda contemplación a la ma -
MANA SERÁ DESDE LA CENA AL HUERTO INCLUSIVE.

Oración. La sólita oración preparatoria.


12011 1.<> preámbulo. El primer preámbulo es
la historia: y será aquí cómo Cristo nuestro Se­
ñor descendió con sus once discípulos desde el
monte Sión, donde hiao la cena, para el valle
Tercera Semana

de Iosaphar, dejando ios ocho en una parte del


valle y los otros tres en una parte del huerto,
y poniéndose en oración, suda sudor como gota«
de sangre, y después que tres veces hifco ora4·
ción al Padre, y despertó a sus tres discípulos,'
y después que a su voz cayeron los enemigos,
y Judas dándole la paz, y San Pedro derrocan­
do la oreja a Maleo, y Cristo poniéndosela en su
lugar; seyendo preso como malhechor, le lle­
van el valle abajo y después la cuesta arriba
para la casa de Anás.
[202] 2.° 'preámbulo. El segundo es ver el
lugar: será aquí considerar el camino desde
monte Sión al valle de Josaphar, y ansímismo
el huerto, si ancho, si largo, si de una manera,
si de otra.
[203] 3.° preámbulo. El tercero es demandar
lo que quiero, lo cual es propio de demandar en
la pasión, dolor con Cristo doloroso, quebranto
con Cristo quebrantado, lágrimas, pena interna
de tanta pena que Cristo pasó por mí.

2 La petición de esta tercera semana


sustancialmente es la misma que la peti­
ción que haremos en la cuarta: es a saber,
hacer propios los sentimientos de nuestro
Señor Jesucristo. En la tercera semana con­
sideramos a Cristo paciente, doloroso, que­
brantado? Pues el que se ejercita necesa­
riamente experimentará, dolor, quebranto...
En la semana siguiente contemplaremos a
Cristo glorioso, lleno de gozo? Nuestros ha­
remos su gozo y su gloria, y no podremos
menos de alegrarnos de tanta gloria y gozo.
Así será para aquel que entra en es­
ta semana con las disposiciones de .la ter·
II. Las demás contemplaciones 335

cera manera de humildad. Llegó el ejer­


citante a un olvido tan completo de sí
mismo, a una identificación por decirlo así,
cal con Cristo, que para él nada, absoluta­
mente nada vale lo de este mundo, sino en
cuanto le sirve para ser más semejante a
Cristo, le hace imitar y ¡parecer más actual­
mente a Cristo nuestro Señor. A ninguno
se pueden aplicar con más propiedad las
palabras del Apóstol a los Corintios: Vos es-
tis corpus Christi et membra de mem-
hro Y siendo cierto lo que enseña el mis­
mo Santo, escribiendo a los mismos fieles:
Si quid patitur unum membrum; compa-
tiuntur omnia membra: sive gloriatur unum
membrum, congaudent omnia membra 2;
cuánto más si el miembro que padece o goza
no es uno cualquiera, sino la misma cabeza,
es decir, Cristo que es cabeza del cuerpo
de la Iglesia: Ipse est caput corporis Eccle-
ñae 3.
Se ve, pues, por lo dicho, que no es sino
una misma en la sustancia la petición de
estas dos últimas semanas. Y no es mara­
villa, porque para el ejercitante, Cristo lo es
todo y en todas las cosas: Omnia et in óm­
nibus Christus 4. El amor que a Cristo pro­
fesa es superior, inmensamente superior al
amor que se tiene a sí mismo. Mirando a
1 l.» Cor., X I I , 27.
2 Ib., XII, 26.
;1 Col., I, 18.
4 Ib., III, 11.
336 Tercera Semana

Cristo, él desaparece, o, para hacer uso de


la frase de San Juan de la Cruz, queda
aniquilado; para él no hay ya más penas
ni más alegrías, que las penas y alegrías de
Cristo, su Señor.

3. [204] 1.a nota. En esta segunda contempla­


ción, después que está puesta la oración prepa­
ratoria con los tres preámbulos ya dichos, se
tendrá la misma forma de proceder por los
puntos y coloquio que se tuvo en la primera con­
templación de la cena; y a la hora de misa y
vísperas, se harán dos repeticiones sobre la pri­
mera y segunda contemplación, y después an­
tes de cena se traerán los sentidos sobre las dos
sobredichas contemplaciones, siempre prepo­
niendo la oración preparatoria y los tres pre­
ámbulos. según la subiecta materia, de la mis­
ma forma que está dicho y declarado en la
segunda semana.
r205] 2.a nota. Según la edad, disposición y
temperatura, ayuda a la persona que se ejerci­
ta, hará cada día los cinco ejercicios o menos.

Temperatura, es decir, temperamento.


Complexio traduce el P. Roothaan.
Cinco ejercicios “o menos” . Por estas pa­
labras. vemos la indulgencia det Santo Padre
con el que se ejercita, quien sin duda habrá
salido fatigado con los ejercicios tan inten­
sos de Ja segunda semana.

4. [206] 3.a nota. En esta tercera semana se


mudarán en parte la segunda y sexta adición;
la segunda será, luego en despertándome, po­
niendo delante de mí a dónde voy y a qué, re­
sumiendo un poco la contemplación que quiero
II. Las demás contemplaciones 337

hacer, según el misterio fuere, esforzándome


mientras me levanto y me visto, en entristecer­
me y dolerme de tanto dolor y de tanto padecer
de Cristo nuestro Señor 1.
La 6.a se mudará no procurando de traer pen­
samientos alegres, aunque buenos y santos, así
como son dé resurrección y de gloria, mas antes
induciendo a mí mismo a dolor y a pena y que­
branto, trayendo en memoria frecuente los tra­
bajos, fatigas y dolores de Cristo nuestro Señor,
que pasó desde el punto que nació hasta el
misterio de la pasión en que al presente me
hallo.

Trayendo en memoria frecuente los tra­


bajos, fatigas y dolores de Cristo Nuestro
Señor, que pasó “desde el punto que nació
hasta él misterio de la pasión en que al pre­
sente me hallo” Es decir, que cualquier mis­
terio de la vida del Señor que traiga en
memoria lo refiera a la pasión, que tan
presente tuvo también nuestro Señor Jesu­
cristo durante toda su vida. 2.
5. [207] 4.a nota. El examen particular so­
bre los ejercicios y adiciones presentes se hará,
así como se ha hecho en la semana pasada.
6. í2081 2° día. El segundo día a la me­
dia noche, la contemplación será desde el huer­
to a casa de Anás inclusive [2911; y a la ma­
ñana, de casa de Anás a casa de Caiphás in­
clusive [2921; y después las dos repeticiones y
el traer de los sentidos, según que está ya di­
cho.
3.° día. El tercero día a la media noche, de
easa de Caiphás a Pilato inclusive [2931: y a
1 Cfr. comcnt. n. 174].
2 Cfr.. not, 17.
22. COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
338 Tercera Semana

la mañana, de Pilato a Herodes inclusive [294];


y después las repeticiones y sentidos por la
misma forma que está ya dicho.
4.° día. El cuarto día a la media noche, dé
Herodes a Pilato [295], haciendo y contemplan­
do hasta la mitad de los misterios de la misma
casa de Pilato, y después en el ejercicio de la
mañana, los otros misterios que quedaron de lá
misma casa, y las repeticiones y los sentidos
como está dicho.
5.° día. El quinto día a la media noche, dé
casa de Pilato hasta ser puesto en cruz [296];
y a la mañana, desde que fué alzado en crti¿
hasta que espiró [297]; después las dos repe­
ticiones y los sentidos.
6.° día. El sexto día, a la media noche desde
la cruz descendiéndole, hasta el monumento
inclusive [298]; y a la mañana, desde el mo­
numento inclusive, hasta la casa donde Nues­
tra Señora fué después de sepultado su Hijo.

Hemos subrayado inclusive por la siguien­
te razón: el Santo Padre escribe exclusive en
el texto del 6.° día, y al hacer referencia a
la historia [298], pone inclusive; esto para
la meditación de la media noche.
7. 7.° día. El séptimo día contemplación
de toda la pasión junta en el ejercicio de la
media noche y de la mañana; y en lugar de
las dos repeticiones y de los sentidos, considerar
todo aquel día, cuanto más frecuente podrá,
cómo el cuerpo sacratísimo de Cristo núestro
Señor quedó desatado y apartado del ánima,
y dónde y cómo sepultado. Asimismo conside­
rando la soledad de Nuestra Señora con tahto
dolor y fatiga; después por otra parte la dé los
discípulos
i Oír., fomfjjjlario al n. 64.
II. Las demás contemplaciones 339

8. [209] Nota. Es de notar que quien más


se quiere alargar en la pasión, ha de tomar en
cada contemplación menos misterios, es a sa­
ber, en la primera contemplación solamente la
cena; en la 2.a el lavar de los pies; en la 3.a el
darles el Sacramento; en la 4.a el sermón que
Cristo les hizo; y así por las otras contempla­
ciones y misterios.
Asimismo, después de acabada la pasión, tome
un día entero la mitad de toda la pasión, y el
2.° día la otra mitad, y el 3.° día toda la pasión.
Por el contrario, quien quisiere más abreviar
en la pasión, tome a la media noche la cena,
a la mañana el huerto, a la hora de misa la
casa de Anás, a la hora de vísperas la casa de
Caiphás, en lugar de la hora antes de cena la
casa de Pilato; de manera que no haciendo re­
peticiones ni el traer de los sentidos, haga cada
día cinco ejercicios distintos, y en cada uno
ejercicio, distinto misterio de Cristo nuestro Se­
ñor; y después de así acabada toda la pasión,
puede hacer otro día toda la pasión junta en
un ejercicio o en diversos, como más le pa­
recerá que aprovecharse podrá

Haga cada día cinco ejercicios. Al hacer


el Santo esta afirmación de cinco ejerci­
cios, cabe la duda de si no reza con los que
abrevian la pasión la nota del n. [205] “hará
cada día cinco ejercicios o m enos” Creemos
que aquel que abrevie debe tender más bien
a hacer los cinco ejercicios; no obtante, si
el director entiende que será más conve­
niente disminuir el número, es natural que
no deberán ser cinco.
I
1 Cfr. coment. ftl n. [641
ni

Reglas para ordenarse en el comer


para adelante ■,-»

1 ¿Tuvo San Ignacio alguna razón para poner


estas reglas en la 3.a semana? a) ¿Por qué
se han puesto después de adquirida expe­
riencia de los Ejercicios? b) ¿por qué pre«¡
cisamente en la 3.a semana? (nota 21.a) /-
2. No se trata aquí de penitencia preei-
sameme. sino de ordenarse en el comer.—
3. Qué se entiende por ordenarse.—4. Piftn de
estas reglas.—5. Resumen auténtico de las
mismas.

[210] R eglas para ordenarse en el comer


PARA ADELANTE.

1. Nota 21.a
2. No trata aquí el Santo de la peniten­
cia precisamente, sino de oídenaráe ett el
comer.
De la penitencia en la comida trató al fin
de la 1.a semana por dos razones entre
III. Reglas para ordenarse en el comer 341

otras: 1.a Porque cuando uno está desorde­


nado o en un extremo vicioso, conviene que
se ponga en el otro extremo, si no es éste
pecaminoso, para alcanzar el medio en que
consiste la virtud; 2.a porque en primera
semana más bien es necesaria penitencia
en la comida, que ordenarse en la misma,
por los efectos o fines que indica el Santo
[87]. En cambio, próximos a entrar en la
4.a semana, venía más a propósito hablar de
ordenarse en el comer, ya que en lugar de
la penitencia se aconseja la templanza, [229]
hacia el fin.
Al afirmar que no trata en este lugar San
Ignacio de la penitencia, hemos añadido
precisamente, porque, si bien trata de ella,
es como medio para conseguir ordenarse en
el comer.
3. Por ordenarse en el comer entiende el
Santo que uno coma o beba lo que debe o lo
que le conviene, según se desprende de lo
que escribe en la regla 4.a: “ ...alcanzará
más presto el medio que debe tener en su
comer y beber... fácilmente vendrá a juz­
gar lo que conviene más a su sustentación
corporal.”
4. En las dos primeras reglas trata de los
manjares, pan y bebidas.
En la tercera y cuarta, de la penitencia
como medio para ordenarse en el comer,
cuanto a la calidad y cuanto a la cantidad.
En la quinta y sexta da distintos medios
342 Torcera Semann

para sentir menos el deleite de los manja­


res, y con esto ponernos más lejos del des^
orden. Todos estos medios se reducen a
uno: a tener la mente ocupada en conside­
raciones espirituales o en negocios tempo­
rales, que hagan menos sensible el gusto en
los manjares.
La séptima es una consecuencia de las
anteriores: dominio de sí mismo, edificar
tanto en la manera.de comer, como en los
manjares que se comen.
En la octava nos da una regla segura
para no caer en desorden, y revela el ca­
rácter enérgico y varonil del Santo, como
hemos visto en varias partes de este comen­
tario.
Ordenado ya en el comer, muy convenien­
te le será al ejercitante ir repasando de
tiempo en tiempo reglas tan acertadas, por
la dificultad que hay de resbalar en esta
materia, según declaramos en la nota.

1.a regla. La primera regla es que del pan


conviene menos abstenerse, porque no es man­
jar sobre el cual el apetito se suele tanto des­
ordenar, o a que la tentación insista (incita,
dice el Padre Roothaan que debe leerse) como
a los otros manjares.
1211J 2 > regla. lia segunda: acerca del be­
ber parece más cómoda (más oportuna o con­
veniente) la abstinencia, que no acerca el comer
del pan; por tanto, se debe mucho mirar lo que
hace provecho, para admitir, y lo que hace dafio>
para lanzallo.
[212] 3.!í regla. La tercera: acerca de lo3
III. Reglas para ordenarse en el comer 343

manjares se debe tener la mayor y más entera


abstinencia; porque así el apetito en desorde­
narse, como la .tentación en investigar; (paré-
cele al P. Roothaan que debe leerse más bien
instigar), son más prontos en esta parte; y así
la abstinencia en los manjares para evitar des­
orden, se puede tener en dos maneras: la una
en habituarse a comer manjares gruesos; la
otra, si delicados, en poca cantidad.

Acerca de “los manjares”, distintos del


pan, puesto que del pan habló expresamen­
te en la 1.a regla.
Se debe tener “la mayor y más entera
abstinencia” . Téngase presente que en to­
das estas reglas trata el Santo de evitar el
desorden; por lo mismo, el consejo de tal
abstinencia no es para toda la vida, sino
para el tiempo en que uno trabaja por evi­
tar el abuso o desorden en su comer. Ad­
vertencia que debe tenerse presente tam­
bién en las reglas 4.a y 8.a principalmente.
La una en habituarse a comer manja­
res “gruesos” ; la otra, si “delicados”, en
poca cantidad.
Por estas palabras, parece que trata San
Ignacio de la abstinencia de los manjares
en cuanto a la calidad “gruesos” , “deli­
cados”, distinta de la regla siguiente en que
se refiere al extremo a que conviene lle­
gue esta abstinencia cuanto a la cantidad.

12131 4.a regla. La cuarta ; guardándose que


no caiga en enfermedad, cuanto más hombre
niiil.arr* de lo conveniente, alcanzará más presto
344 Tercera Semana

el medio que debe tener en su comei y beber, por


dos razones: la primera porque así ayudándose
y disponiéndose, muchas veces sentirá más las
internas noticias, consolaciones y divinas ins­
piraciones para mostrársele el medio que le
conviene; la 2.a si la persona se ve en la tal
abstinencia, y no con tanta fuerza corporal ni
disposición para los ejercicios espirituales, fá­
cilmente vendrá a juzgar lo que conviene más
a su sustentación corporal.

Se trata en esta regla, como acabamos


de decir, de la penitencia en cuanto a la
cantidad, para conseguir más presto el or­
denarse en el comer, o como dice el Santo,
para alcanzar más presto él medio qúe debe
tener en su comer y beber.
Esta penitencia deberá ser la mayor po­
sible, con tal de que no se caiga en enfer­
medad, y se ha de hacer quitando de lo
conveniente, no de lo necesario: Guardán­
dose, dice, que no caiga en enfermedad,
cuanto más hombre quitare de lo conve­
niente.
En las dos razones que da. nos parece que
echa mano de la doctrina que expuso al
hablar de los tres tiempos para hacer sana
y buena elección: en la primera de las ra­
zones aplica la doctrina del 2.° tiempo, en
la segunda, la del 3.° [176] y [177].

[214] 5.a regla. La quinta: mientras la per­


sona come, considere como que ve a Cristo
nuestro Señor comer con sus apóstoles, y cómo
bebe, y cómo mira, y cómo habla; y procure
III. Reglas para ordenarse en el comer 345

de imitarle. De manera que la principal parte


del entendimiento se ocupe en la consideración
de nuestro Señor, y la menor en la sustenta­
ción corporal, porque así tome mayor concierto
y orden de cómo se debe haber y gobernar.

Estas palabras del Santo nos recuerdan


aquella su presencia de Dios al principio de
sus estudios, cuando consideraba a Nuestro
Señor en su maestro y a los apóstoles en
sus condicípulos.
Notemos que además de aprender del Se­
ñor la manera de comer y de beber, nos hace
considerar también cómo mira, y cómo ha­
bla mientras come, para que procuremos
imitarle en el mirar y en el hablar mientras
comemos.

[215] 6.a regla. La sexta: otra vez, mientras


come, puede tomar otra consideración, o de
vida de santos o de alguna pía contemplación
o de algún negocio espiritual, que haya de ha­
cer; porque estando en la tal cosa atento, to­
mará menos delectación y sentimiento en el
manjar corporal.
[216] 7 .a regla. La séptima: sobre todo se
guarde que no esté todo su ánimo intento en
lo que come, ni en el comer vaya apresurado
por el apetito; sino que sea señor de sí, asi en
la manera de comer, como en la cantidad que
come.
[217] 8.a regla. La octava: para quitar de­
sorden, mucho aprovecha que después de comer
o después de cenar, o en otra hora que no sien­
ta apetito de comer, determine consigo para la
comida o cena por venir, y así consecuenter ca­
da día, la cantidad que conviene que coma;
346 Tercera Semana

de la cual por ningún apetito ni tentación pase


adelante; sino antes por más vencer todo ape­
tito desordenado y tentación del enemigo, si es
tentado a comer más, coma menos.

En otra hora que no sienta apetito de co­


mer. Como si dijera “Tiempo tranquilo”,
cuando el cuerpo no es molestado, ni menos,
arrastrado por el apetito
De la cual “por ningún apetito ni tenta­
ción pase a d e l a n t e Por las cuales palabras
vemos que el desorden en el comer puede
provenir por el apetito y también por ten­
tación (Reglas 1.a y 3.a).
5. Un buen resumen de lo dicho puede
ser lo que escribe el Santo en las Constitu­
ciones: “En la refección corporal se tenga
cuidado que la templanza, honestidad y de­
cencia interior y exterior se observen en
todo... Y entre tanto que se come, dándose
alguna refección asimismo al ánima, con
leerse algún libro pío, más que difícil, que
todos puedan entender y dél aprovechar­
se...”

1 Par. III, c. I.», párrafo 6.»


CUARTA SEMANA

Primera contemplación

1. Preámbulos, a) Intensidad de nuestro gozo y


razón del mismo; b) gracia verdaderamente
extraordinaria—2. En qué se diferencian las
peticiones de estas dos últimas semanas.—
3. La Divinidad paresce y se muestra... a) Por
la Humanidad sacratísima de Cristo subimos
a la contemplación de su Divinidad; b) opor­
tunidad de este cuanto punto para alcanzar
la petición de la 4.a semana.—4. Oficio de
Consolador: Cristo siempre el mismo.—5. Colo­
quio : a quién podemos dirigirlo.

[218] La primera contemplación cómo


C risto nuestro S eñor apareció a nuestra S e ­
ñora. [299].

Oración. La sólita oración preparatoria.


1. [219] 1.° preámbulo. El primer preámbulo
<‘s la historia, que es aquí cómo después que
Cristo expiró en la cruz, y el,cuerpo quedó se­
348 Cuarta Semana

parado del ánima y con él siempre unida, la


Divinidad, la ánima beata descendió al infierno,
asimismo unida con la Divinidad; de donde sai
cando a las ánimas justas y viniendo al sépifljj
ero y resucitado, apareció a su bendita Madré
en cuerpo y en ánima.
[2201 2.u preámbulo. El 2.° composición vien­
do el lugar, que será aquí ver la disposición del
santo sepulcro, y el lugar o casa de Nuestra
Señora, mirando las partes della en particular,
asimismo la cámara, oratorio, etc.
[2211 3.v preámbulo. El tercero : demandar
lo que quiero, y será aquí pedir gracia para me
alegrar y gozar intensamente de tanta gloria
y gozo de Cristo nuestro Señor.
Conviene advertir en la gracia que se
pide, que es en verdad extraordinaria: gra­
cia para me alegrar y gozar; y no pedimos
una alegría y un gozo ordinario, sino in­
tenso: intensamente. Y la causa de gozo
tan intenso no es otra que la gloria y el
gozo tan grandes de Cristo nuestro Señor:
de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro
Señor \
De varones muy perfectos es propio gozo
tan puro, y tan desinteresado.
2. Apuntamos en ei comentario al
n. [203] ser la misma sustancialmente la
petición en la tercera y cuarta semana. El
ejercitante que llegó a la tercera manera
de humildad, queda como identificado con
Cristo nuestro Señor, doloroso con los do­
lores de su Señor, gozoso con sus glorias.
1 Cfr. comentarlo al n. 1203].
I. Primera contem plación 849

Con todo una diferencia observamos en la


petición de estas dos semanas.
Si admitiésemos algún grado en la ani­
quilación de nosotros mismos, pudiéramos
decir que en la cuarta semana la aniquila­
ción es más completa, es absoluta; en la
tercera en cambio, conservamos alguna mi­
ra o referencia a nosotros mismos, refe­
rencia que ciertamente nos une estrecha­
mente con Cristo, que no desvirtúa nuestro
amor hacia El, que no impide nuestra unión
con Dios nuestro Señor. El dolor, el que­
branto, las lágrimas y pena interna, son
de tanta pena que Cristo pasó “por mi”.
Conforme a esto, nos hace considerar San
Ignacio en el sexto punto cómo todo esto
padece “por mis pecados etc.’* En una pa­
labra, si atendemos a la petición de la ter­
cera semana, consideramos a Cristo nuestro
Señor paciente por mi bien; por esto en la
contemplación de los misterios de la Pasión
reflectimos: Qué debo yo hacer y padecer
por Él.
Mayor olvido, o si se quiere, completo ol­
vido de nosotros mismos manifestamos en
la petición de la cuarta semana: gracia
para me alegrar y gozar intensamente “de
tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Se­
ñor.”

1222] 1." punto, 2.° punto, 3." punto. El pri­


mero, 2." y 3.° punto sean los mismos sólitos que
Uivimo.s en la cena do Cristo nuestro Señor.
360 Cuarta Semana

3. [223] 4.° punto. El cuarto: considerar


cómo la Divinidad, que parecía esconderse en
la Pasión, parece y se muestra agora tan mi-
raculosamente en la santísima Resurrección, por
los verdaderos y santísimos efectos della.

a) Después que el ejercitante ha llegado


a ser tan uno con Cristo nuestro Señor, el
Santo Padre por medio de la Humanidad
sacratísima de Cristo le hace subir a la
íntima unión con Dios. En todas las con­
templaciones siguientes aparece y se mues­
tra la Divinidad, que, como enseña el Após­
tol habita en Cristo, no por una simple
comunicación de la gracia, sino corporal­
mente, es decir, sustancial y esencialmen­
te, y en toda su plenitud, por razón de la
unión de su naturaleza humana con la na­
turaleza divina en la Persona del Verbo:
Quia in ipso (in Christo) inhabitat omnis
plenitudo divinitatis corporaliter
b) Este 4.° punto también es muy a pro­
pósito para alegrarnos y gozarnos inten­
samente de tanta gloria y gozo de Cristo
nuestro Señor; así como la consideración
de cómo la Divinidad se escondía, nos ayu­
dó para sentir dolor, quebranto y pena in­
terna de tanta pena de Cristo.

4. [224] 5.'> punto. El quinto: mirar el oficio


d*j consolar, que Cristo nuestro Señor trae, y
comparando cómo unos amigos suelen consolar
a otros.
1 Col., II, 9.
I. Primera contem plación 351

Oficio de consolar. No solamente con­


suela Cristo, sino que éste es como oficio
suyo: consolar hacer felices a los suyos. No
cambia de condición en esta parte después
de resucitado. Es siempre el mismo, en vida
mortal y en vida gloriosa.

5. [225] Coloquio. Acabar con un coloquio


o coloquios según subiecta materia, y un Pater
noster.

O coloquios. Pues además del coloquio con


Cristo nuestro Señor, bien podemos hacer
coloquios al Padre, a la Santísima Virgen,
a los sagrados Apóstoles, etc. de modo pare­
cido a lo que escribe San Ignacio en el
coloquio de la contemplación de la Encar­
nación: “En .fin, hase de hacer un colo­
quio pensando lo que debo hablar a las tres
Personas Divinas o al Verbo encarnado o a
la Madre y Señora nuestra...”
II

Los demás ejercicios de la


cuarta semana

1. Forma y manera en las contemplaciones de


esta semana—2. Número de ejercicios. Repe­
ticiones : por qué no hace el Santo mención
de desolaciones en la cuarta semana, como lo
hizo en las semanas anteriores—3. Distribu­
ción -de ,las contemplaciones en .puntos —
4. Modificación de las adiciones.—5. Semejanza,
o más bien uniformidad del ejercitante con
nuestro Señor Jesucristo, que revela la adi­
ción 7.a.

1. T2261 1.a nota. En las contemplaciones


siguientes se proceda por todos los misterios
de la Resurrección, de la manera que abajo se
sigue, hasta la Ascensión inclusive, llevando y
teniendo en lo restante la misma forma y ma­
nera en toda la semana de la resurreción que
se tuvo en toda la semana de la pasión. De suer­
te que por esta primera contemplación de la
resurrección, se rija en cuanto los preámbulos,
según subiecta materia; y en cuanto los cinco
puntos sean los mismos; y las adiciones que es-
II. Los dem ás ejercicios 358

tán abajo sean las mismas; y así en todo lo que


resta se puede regir por el modo de la semana
de la pasión, así como en repeticiones, cinco
sentidos, en acortar o alargar misterios, etc.
2. [227] 2.a nota. La segunda nota: común­
mente en esta cuarta semana es más convenien­
te que en las otras tres pasadas, hacer cuatro
ejercicios y no cinco: el primero luego en le­
vantando a la mañana; el 2.° a la hora de misa
o antes de comer, en lugar de la primera repeti­
ción; el 3.° a la hora de vísperas, en lugar de
la segunda repetición; el 4.° antes de cenar, tra­
yendo los cinco sentidos sobre los tres ejercicios
del mismo día, notando y haciendo pausa en
las partes .más principales, y donde haya sen­
tido mayores mociones y gustos espirituales.
Comúnmente... es más conveniente... ha­
cer cuatro ejercicios y no cinco. Parece in­
clinarse el Santo a qae por regla general
se hagan en esta cuarta semana cuatro
ejercicios. Al especificar la hora en que
deberá hacerse cada ejercicio, advertimos
1.° que omite el de la media noche; 2.° que
el de la hora de la misa es indiferente ha­
cerlo a una u otra hora con tal que se
haga antes de comer. A estas dos adverten­
cias creemos que podemos ajustarnos cuan­
do en las semanas 2.a y 3.a da libertad para
hacer cuatro ejercicios. 1133] y [205].
Notando y haciendo pausa en las partes
más principales ,(y donde haya sentido ma­
yores mociones y gustos espirituales” . Nó­
tese la manera singular de expresarse en
esta cuarta semana en lo referente a las
repeticiones.
CO M U N TAIMO A l.O S l:\l U U C I C I O S
354 Cuarta Semana

Al hablar en la 3.a semana sobre este par­


ticular, hace referencia a la doctrina que
da en las semanas anteriores [204]. Y tan­
to en la 2.a como en la 1. escribe que haga­
mos pausa no solo en aquellas partes don­
de hemos sentido consolación, sino en las
que hayamos experimentado desolación
[118] y [62]. En cambio en esta 4.a semana
no menciona la desolación.
Por ventura es la causa porque si bien
es verdad que en la vía unitiva se puede
andar sin consolaciones; pero no#es menos
cierto que en esta vía hay mayores y más
frecuentes consolaciones que en las demás
jornadas del camino espiritual, como en­
seña el P. La Palma *. “Et varón mortifica­
do y perfecto, escribe este autor, nunca
está tan desamparado y en tan profunda
oscuridad, que en l o secreto de su c o r a z ó n
no le quede algún rayo de luz para conocer
a Dios y descansar con seguridad en sií
voluntad, dejándose gobernar confiada­
mente de su providencia, de que resulta
la leticia interna, que nuestro Santo Padre
dice, que quieta y pacifica al alma en su
Criador y Señor... Y por ventura por esa
causa, nuestro santo Padre no dijo que se
había de insistir en las virtudes y p r o c u r a r
de caminar siempre adelante, ora sea con
visitaciones espirituales, ora sin ellas; sino
dijo: Ahora sea con muchas visitaciones es-
1 Llb. 3.o, caps. VIII y IX .
II. Los dem ás ejercicios 355

pirituales, ahora con menos; dando a en­


tender a los fervorosos qué perseveran en
los ejercicios espirituales, y pelean contra
las tentaciones, e insisten en las verdaderas
y sólidas virtudes, que principalmente des­
pués de vencidas estas batallas, cuando van
a lo último de esta jornada y más vecinos
a su último fin, muchas o pocas, más o me­
nos, nunca les faltan del todo algunas con­
solaciones y visitaciones espirituales.”

3 [228] 3.a nota. La tercera, dado que en


todas las contemplaciones se dieron tantos pun­
tos por número cierto [determinado] así como
tres o cinco, etc., la persona que contempla pus-
de poner más o menos puntos según que mejor
se hallare; para lo cual mucho aprovecha antes
de entrar en la contemplación coniecturar y se­
ñalar los puntos, que ha de tomar en cierto
[determinado] número.

Esta distribución de la materia de la, con ­


templación o meditación en puntos ciertos
y determinados debe hacerse ordinariamen­
te en la preparación de dichos ejercicios,
según declaramos en el comentario al n.
[731.

4. 12291 4.a· nota. En esta 4.a semana, en to­


das las diez adiciones se han de mudar la 2.*
la 6.a, la 7.a y la 10.n ♦
La 2.a será, luego en despertándome, poner en­
frente la contemplación que tengo de hacer,
queriéndome afectar y alegrar de tanto gozo y
alegría de Cristo nuestro Señor.
La 6.", traer a la memoria y pensar cosas rao-
356 Cuarta S em ana

tivas a placer, alegría y gozo espiritual, así co­


mo de gloria.
La 7.a, usar de claridad o de temporales có­
modos, así como en el verano de frescura, y eñ
el invierno de sol o calor, en cuanto el ánima
piensa o coniecta que la puede ayudar, para se
gozar en su Criador y Redentor.

5.Para se gozar en su Criador y Reden­


tor. Nótese bien la razón de estos tempo­
rales cómodos, que es conseguir la petición
propia de esta cuarta semana. Es el tanto
cuanto de aquellas primeras verdades que
consideramos en el Principio y Fundamen­
to. Este usar de temporales cómodos, esta
temperancia en lugar de la penitencia ¡qué
amor tan fino revelan a Cristo nuestro Se­
ñor!
Podemos afirmar que San Ignacio fué
desde su conversión todo de Cristo, todo
para Cristo. Su obsesión divina, si es lícito
hablstr en esta forma, la mayor semejanza
posible con nuestro Señor Jesucristo. Deseó
haber sido hebreo por ser más parecido al
Señor; y el amor que a Cristo profesó llegó
a dominarle hasta tal punto que, pensando
en la muerte, no podía detener las lágri­
mas que de pura alegría sus ojos destilaban,
porque tenía por muy mejor con el Apóstol,
ser desatado y v í v í b con Cristo, que vivir en
la carne. Y en este deseo ardía, hace notar
su biógrafo, no sólo por alcanzar para sí
aquel sumo bien, sino mucho más por de­
sear ver la gloria felicísima de la sacratí-
Contem plación para alcanzar amor 357

sima Humanidad del mismo Señor, a quien


tanto amaba.

La 10.a, en lugar de la penitencia, mire la


temperancia y todo medio, si no es en preceptos
de ayunos o abstinencias, que la Iglesia mande,
porque aquéllos siempre se han de cumplir,
si no fuere justo impedimento.

[230] Contemplación
para alcanzar amor
1. ¿Cae denitro del cuerpo de los Ejercicios Es­
pirituales?—2. Caminos por donde nos ha con­
ducido nuestro Santo Padre a este monte de
la perfección—3. Oportunidad de esta, con­
templación inmediatamente después de las
cuatro semanas : (nota 22.^)—4. Dos adver­
tencias preliminares : l.a El amor se debe po
ner más en las obras... : Enseñanzas de Cris­
to nuestro Redentor; 2.^ comunicación de las
dos partes : a) Comunicación total : P. La Pal­
ma : b) manera cómo podemos dar a Dios bie­
nes que en cierto .sentido no tiene : doctrina
del mismo P. La Palma; c). comunicación de
bienes por parte de Dios al hombre : P. Roo-
than.—5. Preámbulos : cuán bien nos dispo­
ne para ésta contemplación el “ interpelar” de
los que han llegado ya a la claridad consu­
mada.- 6. Admirable correspondencia de las
notas preliminares con la petición y con los
puntos que se siguen—7. Manera cómo pone
en práctica Dios nuestro Señor las dos notas en
el punto l.o, y cómo debe practicarlas el hom­
bre. Ejercicios de las tres potencia« en este
punto. 8. Tomad, Señor y recibid..., oblación
358 Contemplación

más bien que petición, como escribe el P. Roo-


thaan. Sentido en que ofrecemos y damos a Dios
nuestro Señor.—9. Gradación de los tres pri­
meros pu n tos—10. Amor perfectísimo y purí­
simo en el punto 4.o; cómo nos llevan a él
los tres puntos anteriores: P. Roothaan
11. Magnífica explanación del P. La Palma.--
12. Indicio que señala el mismo Padre para
conocer si se ha llegado a este último grado
de amor.—13. Con esta contemplación pone el
Santo Padre al ejercitante, a la entrada de la
contemplación o en la antesala de la unión
oon Dios nuestro Señor. Normas, para aquel
que ha llegado a este estado, que dan Blosio,
*jl Eximio Doctor y el P. La Palma.

Creemos que esta contemplación cae den­


tro de los Ejercicios. En efecto, én ella.se
guardan los mismos preámbulos. El 1.° re­
cuerda el de los Tres Binarios; la petición
es luz para el entendimiento y fuerza para
la voluntad, como en 1.a y 2.a semanas;
también ejercitamos las tres potencias; y
si pertenece a la vía unitiva esta contem­
plación, a la vía unitiva pertenecen tam­
bién las de 4.a semana por lo menos.
2. Eso sí, esta admirable Contemplación
es la práctica, no violenta ni forzada, sino
suave y como connatural (después de he­
chos los Ejercicios Espirituales) de la unión
más íntima y elevada con Dios nuestro Se­
ñor. Por el conocimiento y por el vencimien­
to propio; por el conocimiento y por la imi­
tación de Cristo Modelo y Señor nuestro;
por escabrosos senderos que nos suaviza
para alcanzar amor 359

Cristo caminando delante de nosotros, nos


encontramos, casi sin darnos cuenta al fin
de la jornada, en la cumbre de este eleva-
dísimo monte.
3. Nota 22.

4. Nota. Primero conviene advertir en dos


cesas:
La primera es que el amor se debe poner más
en las obras que en las palabras.
[231] La 2.a, el amor consiste en comunica­
ción de las dos partes, es a saber, en dar y co­
municar el amante al amado lo que tiene o de
lo que tiene o puede, y así por el contrario el
amado al amante; de manera que si el uno
tiene sciencia, dar al que no la tiene, si hono­
res, si riquezas, y así el otro al otro.

Con breves palabras expone el Santo


la importancia d¿ éstas dos cosas. Son, sin
embargo, de tal trascendencia, que la fuer­
za y eficacia de cada uno de los cuatro
puntos que va a proponer, está en la acer­
tada aplicación de estas cosas en que con­
viene advertir. Uno y otro elemento son
esenciales en las leyes del verdadero amor.
1) La primera es que el amor se debe
voner más en las obras que en las palabras.
No dice que el amor no consiste también
en las palabras, antes supone que también
en las palabas, ya que escribe: El amor se
debe voner “ más” en las obras...
Esta misma verdad inculcó repetidas ve-
eos el Salvador a sus discípulos cuando de
360 Contemplación

ellos se despedía en la noche de la última


cena: Si diligitis me, mandata mea servate.
Qui habet mandata mea, et servat ea, ille
est qui diligit me. Si quis diligit me, sermo-
nem meum servabit. Qui non diligit me,
sermones meos non servat x.
Y cuanto las obras son más costosas, tan­
to es mayor el amor que se manifiesta. Por
eso afirmó el mismo Señor: Maiorem hac
dilectionem nemo habet, ut animam suam
ponat quis por amicis suis 2.
2) La 2.a, el amor consiste en comunica­
ción de las dos partes, es a saber, en dar
y comunicar el amante al amado lo que tie­
ne, o de lo que tiene o puede, y así por el
contrario, el amado al amante; de manera
que si el uno tiene ciencia, dar al que no la
tiene, si honores, si riquezas, y así él otro al
otro.
En el verdadero amor no hay mío ni tu­
yo: todo es de los dos. Omnia mea tua sunt
dijo a su hijo mayor el padre del hijo pró­
digo 3. Y nuestro Señor orando a su Padre
poco antes de salir del cenáculo para el
huerto le dijo: Et mea omnia tua sunt, et
tua mea sunt 4. Así, pues, él amor consiste
en comunicación de las dos partes.
Tal comunicación debe ser de bienes que
el amante tiene y puede dar al amado, y vi­
ceversa el amado al amante.
» lo., XIV, 15, 21, 23, 24. 2 ib .; XV; 13-
3 Le., XV, 31. 4 lo ., XVII, 10.
para alcanzar amor 36!

a) “De manera, dice el P. La Palma co­


mentando esta advertencia de San Ignacio,
en Práctica y Breve declaración del Camino
Espiritual: que ninguno se persuada que el
amor le ha de salir de balde, sino que ha
de ser, a costa, si fuere menester, de todos
sus bienes. Por lo cual quien trate de ejer­
citarse en amor, ha de entrar en resolución
de perder su honra y de su hacienda y de
su comodidad y regalo siempre que fuere
menester para servir al amado; y de em­
plear su salud y su ciencia y todos sus ta­
lentos en lo que fuere de mayor servicio y
voluntad del amado.”
b) En cuanto a esta comunicación, pu­
diera haber dificultad por parte del hom­
bre: nada le falta a Dios, y por lo mismo,
nada puede dar el hombre a Dios que no lo
tenga ya el Señor.
El mismo P. La Palma explica en el ca­
pítulo XIII, lib. III, del Camino Espiritual
las diversas maneras con que podemos dar
a Dios bienes que en cierto sentido no tiene.
1.a Respecto de lo que nosotros debemos
a Dios, fáltanle muchas cosas: la honra que
no le damos; la obediencia que le quitamos;
el amor que no le tenemos; de lo cual se
Queja por el profeta Malaquías 1: Filius ho-
norat patrern, et servus dominum suum: si
w/o Pater ego svm, ubi est honor meus? et

1 Mnlneh., I, (i.
Contemplaeióu

si Dominus ego sum, ubi est timor meus?


Podemos, pues, dar nuestra honra y nuestra
obediencia a Dios, a costa de nuestra honra
y nuestro regalo, a costa de nuestra salud
y comodidad.
2.a Después que Dios se hizo hombre y
cabeza de los hombres, hizo suyas todas
nuestras menguas y necesidades; por lo
cual dijo: Amen dico vobis, quamdiu fecistis
uni ex his fratribus meis minimis, mihi fe ­
cistis J.
3.a Algo faltó a las pasiones de nuestro
Señor Jesucristo que podemos nosotros su­
plir con las nuestras. Escribe el Apóstol:
Adimpleo ea quae deswnt passionum Chri-
sti, in carne mea, pro corpore eius, quod est
Ecclesia 2.
c) Si atendemos a esta comunicación de
bienes por parte de Dios al hombre, escribe
el P. Roothaan, con toda exactitud dice el
santo Padre que el amante (Dios) da y co­
munica al amado (el hombre) de lo que tie­
ne o puede. Pues es imposible que Dios, in­
finito, por amante que sea del hombre, co­
munique a su criatura finita todo cuanto
tiene o puede. Hay falta de capacidad por
parte del amado. Así, pues, muy bien se dice
en esta 2.a nota que el amante comunica
al amado de lo que tiene o puede, propor­
cionalmente a la capacidad del hombre.

> Mat. X X V 40,


2 Col , I, 24 .
para alcanzar amor

5. L232] Oración. Oración sóliia.


1.° preámbulo. Primer preámbulo es compo­
sición, que es aquí ver cómo estoy delante de
Dios nuestro Señor, de los Angeles, de los San­
tos interpelantes por mí.

Muy .bien podemos ver de manera p£ >


ticular a Nuestra Señora y al Santo Padre.
Interpelar, es decir, implorar el auxilio de
Dios nuestro Señor, recurrir a El solicitando
su amparo y protección en favor nuestro.
Admirablemente nos dispone para esta con­
templación este interpelar de todos los bie­
naventurados de la gloria que han llegado
a la caridad consumada.
[233] 2.° preámbulo. El segundo, pedir lo
que quiero: será aquí pedir . conocimiento in­
terno de tanto bien recibido, para que yo, en­
teramente reconociendo, pueda en todo amar y
servir a su divina Majestad.

Conocimiento interno “de tanto bien re­


cibido” , es decir, de lo que Dios ha hecho
conmigo y de lo que me ha dado, que son
las dos manifestaciones del amor.
Reconociendo, o sea, confesando y m os­
trando de una manera práctica la obliga
ción de gratitud debida a Dios nuestro Se -
ñor por sus beneficios, y esto enteramente ,
porque todo cuanto he recibido y recibo e.;
Puro beneficio de Dios.
Pueda “en todo amar” . Mi amor esté en
consonancia con el de Dios; y asi como el
amor de Dios a mi, es de obras y de comu·
364 Contemplación

nicación de lo suyo, que puede comunicar­


me, así mi amor a Dios sea recíprocamente
de obras y de comunicación de todo lo mío.
De modo que tome yo el amor que Dios me
tiene no sólo por motivo y despertador, sino
también por regla y por ejemplar del que
yo debo tenerle.
6. Y servir. Asi será si mi amor es de
obras. Todo en servicio de Dios. Con esto se
empieza a descubrir el magisterio con que
está ordenada esta “Contemplación para
alcanzar amor” , y la correspondencia que
tiene con las dos notas que se pusieron como
fundamento de ella.
Esto supuesto, no hay que hacer otra cosa
en cada uno de los puntos que se siguen,
sino reflectir aplicando estas dos notas.
[234] 1° punto. El primer punto es traer a
la memoria los beneficios recibidos de crea­
ción, redención y dones particulares; ponde­
rando con mucho afecto cuánto ha hecho Dios
nuestro Señor por mí, y cuánto me ha dado de
lo que tiene, y consequenter el mismo Señor
desea dárseme en cuanto puede, según su or­
denación divina.
Y con esto reflectir en mí mismo, conside­
rando con mucha razón y justicia lo que yo
debo de mi parte ofrecer y dar a la su divina
Majestad; es a saber, todas mis cosas y a mí
mismo con ellas, así como quien ofrece afec­
tándose mucho: Tomad, Señor, y recibid toda
mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y
toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer;
vos me lo distes, a vos, Señor, lo torno; todo
es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad;
para alcanzar amor 365

dadme vuestro amor y gracia, que ésta me


basta.
Traer a la memoria los beneficios recibi­
dos de creación, redención y dones par­
ticulares. A tres grupos reduce el Santo to­
dos los beneficios: naturales, sobrenatura­
les y particulares. “Conocimiento interno de
tanto bien recibido” , pedimos en el 12.°
preámbulo; y lo primero que hacemos en el
primer punto es traer a la memoria tanto
beneficio recibido.
7. Ponderando con mucho afecto “ cuán­
to ha hecho Dios nuestro Señor por mí” y
“cuánto me ha dado de lo que tiene” , y con-
sequenter el mismo Señor desea dárseme “en
cuanto puede”, según su ordenación divina.
Con toda claridad expone San Ignacio cuán
bien cumple Dios nuestro Señor por su par­
te las dos notas, fundamento del verdade­
ro amor: Obras, cuánto ha hecho; comuni­
cación, cuánto me ha dado de lo que tiene:
desea dárseme en cuanto puede.
El consequenter que usa, parécenos que
no es consecutivo, Sino que significa “ en lo
sucesivo” , o “ además” .
Según su ordenación divina. Es decir, por
lo que a Dios toca, de modo que por parte
de Dios no quedará.
Y con esto reflectir en mí mismo , consi­
derando con mucha razón y justicia lo que
yo debo de mi parte ofrecer y dar a la su
'hvina. Majestad.
366 C ontem plación

Con mucha razón y justicia. Es muy pues­


to en razón y muy justo que todo lo ofrez­
ca y dé a Dios de quien todo lo recibo.
Ofrecer y dar. Dar dice más que ofrecer;
es entregar mostrando deseos y empeño de
que se reciba lo que ofrecemos. Y así en
la oblación que pronto vamos -a hacer al
Señor, creemos que a ofrecer y a dar res­
ponde tomad y recibid, como si dijéra­
mos: tomad (os ofrezco) y recibid (os rue­
go instantemente que os dignéis aceptar
mi ofrecimiento).
Todas mis cosas y a mi mismo con ellas.
Todas mis cosas son suyas, y yo mismo por
la creación.
Así como quien ofrece. Porque ¿cómo pue-
co ofrecer de veras a Dios, a quien no pue­
do dar cosa alguna que no sea suya?, que
no le deba de justicia?
Afectándose mucho. Con toda voluntad;
llegando 3o más allá que podamos, pues
siempre nos quedaremos cortos en dar.
Es notable cuán repetidas veces se sig­
nifica lo entero de nuestra oblación: Toda
mi lioertad; toda mi voluntad; todo mí
haber; todo es vuestro. Y en el 2.° preám­
bulo: Para que yo enteramente reconocien­
do, pueda en todo amar...
Nótese el ejercicio de las tres potencias
en la presente contemplación: Traer a la
memoria... ponderando con mucho afecto.··
para alcajnzar amor 367

reflectir... lo que yo debo de mi parte ofre­


cer y dar...
8. Tomad, Señor, y recibid toda mi liber­
tad. Notemos ante todo con el P. Roothaan,
que este coloquio no es precisamente una
petición, como si rogásemos a Dios nuestro
Señor que nos quite los dones suyos que con
tanto amor puso en nosotros; sino que es
una mera oblación, es decir, un acto de
completa entrega y perfecta resignación.
Las palabras del coloquio, como expresa­
mente lo dice el santo Padre, son de quien
ofrece todas sus cosas y a si mismo con
ellas.
Lo cual no quita que esté dispuesto quien
hace esta perfecta oblación para que el
Señor, si así a El le place, le tome los bie­
nes exteriores y hasta la libertad, memoria
y entendimiento. Esto queda a cargo de
nuestro Señor, el cual nunca tomará de
nosotros cosa que no sea muy suya.
De nuestra parte con esta oblación tan
llena y perfecta nos resolvemos a usar en
lo sucesivo de nuestras facultades, de nues­
tros dones, como de cosa de Dios nuestro
Señor.
Oblación excelentísima y muy oportuna
después de la sagrada comunión.
Aunque es verdad que todo cuanto tene­
mos es más de Dios que nuestro, pero bien
podemos decir que propiamente lo ofrece­
mos a Dios nuestro Señor, porque en núes-
368 Contemplación

tra mano está no ofrecérselo; y el mismo


Señor premia este ofrecimiento y el exacto
cumplimiento de lo que ofrecemos como si
no se lo debiéramos de justicia.
En esta oblación predominan más bien
los sentimientos de gratitud y de amor,
según vimos en la nota 5.\
En este punto y en los dos siguientes con­
viene considerar a Dios nuestro Señor que
nos da bienes, que está en ellos presente y
que trabaja y labora en todos ellos con
amor a mi; en lo que me gusta y en lo que
no es de mi agrado, he de vér siempre a
Dios providente y amante, quitando los ojos
de causas segundas.
9. [235] El segundo mirar cómo Dios habi­
ta en las criaturas: en los elementos dando ser,
en las plantas vegetando, en los anjmales sen-
sando. en los hombres dando entender; y así en
mí dándome ser. animando, sensando, y hacién­
dome entender; asimismo haciendo templo de
mí siendo criado a la similitud y imagen de su
divina Majestad: otro tanto reflictiendo en mí
mismo, por el modo que está dicho en el primer
punto o por otro que sintiere mejor. De la mis­
ma manera se hará sobre cada punto que se
sigue.

En el punto anterior contemplamos a


Dios nuestro Señor que nos daba dones, nos
hacía beneficios; y reflectimos ofrecién­
dole estos dones, dándoselos y a nosotros
mismos con ellos. En este segundo punto
vamos más adelante: contemplamos a Dios
para alcalizar amor

presente en los dones, y es muy obvio que


reflictamos viendo a Dios en los dones que
nos da.
En el hombre está presente de un modo
muy particular y más perfecto que en las
otras criaturas. En mí habita como en su
templo vivo; ha estampado en mi alma su
divina imagen: Haciendo templo de mí,
siendo criado a la similitud y imagen de
su divina Majestad. Tanto a mí como a
mis semejantes debo mirar, por consiguien­
te, como templo donde habita Dios nuestro
Señor.
[236] El tercero: considerar cómo Dios tra­
baja y labora por mí en todas cosas criadas so­
bre la haz de la tierra, id est, habet se ad rao-
dum laborantis. Así como en los cielos, elemen­
tos, plantas, frutos, ganados, etc., dando ser,
conservando, vegetando y sensando, etc. Después
reflectir en mí mismo.

Nuevo grado de amor de Dios más levan­


tado y más perfecto que el anterior. Así co­
mo Dios nuestro Señor no se contenta con
estar presente en el don que da, sino que
trabaja dando ser, conservando, vegetando,
sensando y dando entender, según la na­
turaleza de las criaturas; así nosotros por
nuestra parte, no debemos contentarnos con
una presencia de Dios ociosa, sino obrado­
ra. De tal manera hagamos presencia de
Dios, que cumplamos en todo su santa
voluntad; y de tal manera acudamos al
l'OMKN TAIMO A LOS KJERCICIOS
370 Contemplación

cumplimiento de su voluntad, que, cuanto


fuere posible y sufre el estado de nuestra
peregrinación, no salgamos de la presencia
de Dios. “El que se ejercita en este tercer
grado de unión, escribe La Palma \ procure
imitar a los santos Angeles, que, como se
dice en el Salmo 102, estando mirando a
Dios, son los que hacen la palabra de Dios,
y están prontos y atentos para oír y cum­
plir la voz de su mandamiento.”

10. [237] El cuarto: mirar cómo todos los


bienes y dones descienden de arriba; así como la
mi medida [finita, limitada] potencia de la
suma e infinita de arriba; y así justicia, bon­
dad, piedad, misericordia, etc., así como del sol
descienden loé rayos, de la fuente las aguas, etc.
Después acabar reflictiendo en mí mismo, según
está dicho. Acabar con un coloquio y un Pater
noster.

Oigamos de nuevo al P. Roothaan:


“Contiene este cuarto punto la razón del
amor purísimo y perfectísimo a Dios, es
a saber, solamente vor Sí mismo y por sus
infinitas perfecciones. Y esta razón de amar
a Dios con todo acierto la reservó el san­
to Padre para este último punto. A este
amor perfectísimo nos preparan los puntos
2.° y 3.°, cuando en las criaturas nos pre­
sentan a Dios que habita en ellas y en ellas
trabaja. Pero hay una diferencia entre es­
tos dos puntos y el 4.°. En efecto, en aque-
< Lib 3.o. c. 17.
pura alcanzar amor 371

líos consideramos los dones de Dios como


bienes vara mí; pues en el 2.° se dice: d án ­
dome ser, etc.; y en el 3.°: labora por mí,
etcétera. En cambio, en este 4.° punto pres­
cindimos del biefr nuestro, y se nos propone
la razón pura, purísima de la perfección
absoluta en Dios, a la contemplación de
la cual- somos introducidos con la consi­
deración de las perfecciones que descubri­
mos en las criaturas, las cuales, por ex­
celentes que nos parezcan, no son al fin
y al cabo, sino débiles rayos, no son sino
arroyuelos de aquella Perfección infinita.”
11. Comenta el P. La Palma en su Prác­
tica y breve Declaración del Camino Es­
piritual este cuarto punto de la manera
siguiente: En el cuarto punto nótese lo pri­
mero, que la materia de la meditación en
este cuarto grado de amor, son todas las
perfecciones divinas; en que se descubre
gran campo a la meditación, y grande in­
centivo al amor.
Item se descubre camino para conocer
las perfecciones divinas, por el rastro de
las perfecciones que vemos en las criatu­
ras. Y esto es lo que dice: Mirar cómo to
dos los bienes y dones descienden de arri­
ba; así como la mi medida potencia de la
suma e infinita de arriba; y asi justicia .
bondad, piedad, misericordia, etc. Porque
°ios nuestro Señor de tal manera comu­
n a estas perfecciones a sus criaturas, que
372 Contemplación

se queda con ellas; y de tal manera las re­


parte. que se queda con todas, y las une
en sí en una simplicísima perfección que
es la original de donde procedieron todas.
Lo segundo nótese en qué forma debo ha­
cer reflexión sobre mí en esta considerar
ción de las perfecciones divinas. Lo pri­
mero, “ apartando, cuanto es posible, de mí
el amor de todas la¿ criaturas, por ponerle
en el Criador de ellas, a El en todas aman­
do” . pues hallamos en ellas rastro de su
hermosura y perfección, “y a todas en El
conforme a su santísima voluntad” , como
dice el mismo santo Padre en la 3.a parte
de las Constituciones x. ...Lo segundo, no
sólo debo apartar el amor de las demás
criaturas, sino también de mí mismo por
ponerle en Dios, del cual depende todo mi
ser y perfección: Así como del sol descien­
den los · rayos, y de la fuente las aguas.
Pues así como la conservación de los rayos
depende más del sol que no de ellos; y la
conservación del arroyo depende más de la
fuente, que de sí mismo; así el bien del
hombre más depende de Dios, que de sí
, mismo; porque Dios es la fuente y el ma­
nantial del ser y de todo lo bueno...
De aquí nace mirarse uno, no como cosa
suya, ni de nadie, sino todo de Dios, pen­
diente todo en su ser espiritual y corporal
de aquel piélago infinito de ser y de per-
J Cap. I, n. 36.
para alcanzar amor 373

fección, que hay en Dios. Y de aquí nace


hallarse el espíritu libre y desembarazado
para ir a Dios con toda la fuerza de su in­
tención y de su amor; porque no halla qué
amar, ni a quien agradar fuera de Dios;
pues todo lo que hay en las criaturas, lo
halla con infinitas ventajas en Dios.
Cuando uno ha llegado a este estado, por
muy varias y diferentes que sean sus obras,
siempre es uno mismo el fin que pretende
en ellas. Y siempre consigue el fin que pre­
tende si, cerrando los ojos a todas las cria­
turas, como si no fuesen, no pretende más
que agradar a la divina Bondad por sí
misma. Porque bién puede ser que, miran­
do los fines particulares de cada obra, ten­
gan nuestras acciones diferentes estados^
porque unas veces estarán al principio,
otras al medio, y otras al fin; y muchas ve­
ces por diferentes estorbos que suceden, y
contradicciones que se atraviesan, no con­
seguirán su fin; pero mirando a la inten­
ción del que obra, siempre están en su
fin. Porque en cualquier estado que la obra
esté, el que la hace con esta intención,
siempre está al fin de lo que pretende, que
es agradar con sus obras a Dios; y por esto
ningún suceso ni contradicción puede es­
torbarle que no consiga su fin.
Según esto, gran cosa es haber llegado
il e n t e n d e r con luz del cielo, cómo todos los
tienes y dones descienden de arriba; y que
374 Contemplación

hay allá arriba una infinita potencia, in­


finita bondad, y sabiduría, y misericor­
dia, y una infinita hermosura, de donde se
derivan estas propiedades, que tan limi­
tadamente vemos participadas en las cria­
turas. Y gran cosa es haber descubierto al
sol por sus rayos, y, guiándonos por el arro­
yo, haber venido a dar en la fuente, y ha­
ber cogido el centro donde se vienen a
juntar y unir la multiplicidad de las per­
fecciones criadas; porque allí descansará
nuestro amor, sin tener que buscar otra
cosa más adelante: y esto será amar a Dios
con todo el corazón, con toda el alma, con
toda la mente y con todas las fuerzas.”
Todo esto es del P. La Palma.
12. ün indicio señala el mismo autor de
haber llegado el alma a este último grado
de amor 1: “Cuando de mis obras, dice, no
quiero otro fruto más que haber agradado
a la divina Majestad, esto es, que no deseo
otro efecto ni otro suceso, ni miro, ni re­
paro, ni examino otra cosa en ellas sino
ésta tan solamente: Si han salido y se han
hecho a gusto de Dios. Y si hallare que han
salido tales (cuando todo lo demás haya
sido adverso), esto sea bastante para darme
suma alegría, como quien ha conseguido su
fin.
Porque así como en el primer grado pon-

i Ltb 3 ", O. 18.


para alcanzar amor 375

go en las manos de Dios todo cuanto soy


y tengo, para que de ello disponga a su vo­
luntad; y en el segundo me pongo en su
presencia, y de allí saco el conocimiento de
su voluntad; y en el tercero me aplico al
trabajo de las obras que son de su volun­
tad; así en el cuarto, después de ejecuta­
das, no tengo de tener otra regla para ver
si en ellas he conseguido mi fin, sino ésta
tan solamente: Si se han hecho conforme
al agrado de la divina M ajestad".
13. Con esta admirable Contemplación
termina San Ignacio sus Ejercicios Espiri­
tuales y pone a su ejercitante a la entrada
de la contemplación, o, si se quiere, en ca­
mino para la unión con Dios. Y como el
alma, en este estado no está ya sujeta a
reglas por ser el Espíritu Santo su maestro,
termina el Santo, contento con haber pues­
to a su ejercitante a la vista de esta tierra
prometida, contento con haberle dejado
normas segurísimas para que no pierda el
camino, ya que aun en ese estado es ne­
cesaria la cooperación del hombre, y ade­
más, como enseña Blosio: “Los que por gra­
cia especial de Dios han sido levantados a
esta unión con su divina Majestad, cuando
cesa la divina operación, deberán renovar
inmediatamente su propia actividad, exci­
tando en sí mismos las santas imágenes que
antes tenían.” (Speculum spirituale, capí­
tulo 11). Esto no es otra cosa que aconse­
376 Contemplación para alcanzar amor

jar que vuelvan al trabajo de la meditación,


dice el P. Suárez, para que no sean remisos
en el ocio de la contemplación \
Y el P. La Palma escribe 2, declarando
la razón de no haber usado nuestro santo
Padre el nombre de unipn o de vía uniti­
va: “Pues así como el que quiere guiar a
otro, por tierra fragosa y doblada hasta
ponerle en alguna ciudad, no se detiene en
platicarle los caminos que se apartan, y
las sendas que se atraviesan, y los lugares
que quedan a una mano y a otra; ni tam­
poco gasta tiempo en enseñarle los nom­
bres particulares de pagos, dehesas, mon­
tes y ciudades que hay en el camino; ni
menos gasta palabras en pintar la grandeza
de la ciudad, los templos, edificios y jar­
dines que hay en ella, porque todo esto
importa poco para el oficio de guía de que
se ha encargado; sino antes callando y
yendo delante paso a paso sin fatigarle la
memoria y el entendimiento, le pone a la
vista de la ciudad, y allí le deja, porque allí
cesa el oficio de la guía, donde cesa el pe­
ligro de perder el camino; esto mismo hizo
nuestro gran maestro de la guía de la per­
fección, que habiendo llevado al ejercitante
por todos los pasos dificultosos y peligrosos
de las dos primeras jornadas, le deja a la
vista de la unión con Dios, instruyéndole

1 Cap. VI, nn. 9 y 10.


2 Lib 3.0 , C. 1.0
Tres modos ele orar 377

con pocas palabras en ella, y no cargándole


la memoria con nombres que para él son
nuevos y desusados, ni fatigándole la ca­
beza con especulaciones, sino animándole a
andar el camino con los pies, esto es, a ejer­
citarle con la obra. Y con esto le va levan­
tando, sin que lo entienda, sobre todas las
cosas criadas y sobre sí mismo, y que ya
no le falte sino abrazarse y unirse con
Dios.”

Tres modos de orar


1. Confirman estos tres modos de orar lo que
afirmamos acerca del método ignaoiano, a sa­
ber, que es muy bien fundado en raciocinio,
reflexivo y eficaz—2. Primer modo de orar;
a) sobre mandamientos; b) sobre pecados
mortales; c) sobre las patencias del alm a;
d) sobre los sentidos corporales—3. La imi­
tación de Cristo nuestro Señor, de Nuestra
Señora y de los Santos en el uso de los sen­
tidos—4. Doctrina que da el P. La Puente
acerca del primer modo de orar.—5. Segundo
modo de orar.—6. Ayuda poderosa que encon
tramos en este modo de rezar con devoción
las oraciones vocales —7. Doctrina del P. La
Puente—8. Estos dos primeros modos de orar
1242 y 2521, son una aplicación de la cuarta
adición 176]. Tercer modo de orar—9. En qué
convienen y en qué se diferencian los mo­
dos de orar 2.« y 3.°.—10. Doctrina del P. La
Puente acerca de este modo 3.°

1 El arte de santidad, bien podemos lla­


garlo así, que enseña San Ignacio en sus
0/0 Tres modos ele orar

Ejercicios Espirituales, es eminentemente


racional y reflexivo. Como ningún otro pre­
viene contra ilusiones y sentimentalismos.
La razón, iluminada por las verdades de
la Fe, nos hace recorrer con seguridad el
escabroso y oscuro camino de la perfección
evangélica. Van juntas en armonía admi­
rable la acción con la oración y contem­
plación. No parece sino que las fuerzas
humanas llegan hasta el límite, hasta don­
de pueden alcanzar ayudadas de la gracia
divina. Bien hemos podido verlo en lo que
llevamos comentado.
Principio del Santo es: “No el mucho sa­
ber harta y satisface al ánima; mas el sen­
tir y gustar de las cosas internamente” [2].
Las repeticiones, los resúmenes y las apli­
caciones de sentidos, el reflectir en cada
punto, el cuarto de hora de examen des­
pués de cada uno de los cuatro o cinco
ejercicios diarios, además de los exámenes
particular y general; todo manifiesta el co­
nocimiento tan profundo que se adquiere
de las verdades, lo mucho que se sienten y
gustan las cosas internamente, lo bien fun­
dados en razón y en reflexión que procede­
mos en el método ignaciano.
Siguiendo las normas que nos da San Ig­
nacio, adquirimos conocimiento claro y pro­
fundo de lo que nos está mandado, para
cumplirlo con perfección, y de lo que nos
está vedado, para evitarlo por medio de de-
Primer moclo de orar

tenido examen (al que nos ha acostumbrado


desde el principio mismo de los Ejercicios)
[240, 241, 242J. Las tres potencias del alma
y los cinco sentidos corporales los ordena­
mos para emplearlos en servicio de Dios
nuestro Señor; y proponiéndonos como mo­
delos a Cristo, a Nuestra Señora y a los
Santos, hacemos como una aplicación de
sentidos que nos facilita en el uso de los
mismos el copiar en nosotros las virtudes de
Cristo, modelo acabadísimo de todos los
predestinados, de Nuestra Señora y de los
demás Santos, cuya imitación nos propone­
mos.
Con estas advertencias, apenas necesita
de comentario alguno cuanto acerca de
estos tres modos de orar enseña el Santo.

A) PRIMER MODO DE ORAR


2. [238] T r e s m o d o s de o r a r , y p r im e r o s o ­
b r e MANDAMIENTOS.
La primera manera de orar es cerca de los
diez mandamientos, y de los siete pecados mor­
tales, de las tres potencias del ánima, y de los
cinco sentidos corporales; la cual manera de
orar es más dar íorma, modo y ejercicios cómo
el ánima se apareje y aproveche en ellos, y para
que la oración sea acepta, que no dar form i ni
modo alguno de orar.

Es más dar forma, modo y ejercicios ...


De manera parecida habló en la 2.a semana
cuando trató de la libertad con que el que
se ejercita “ puede alongar o abreviar” [ i82].
360 Primer modo

Y con esto tenemos nueva confirmación de


la doctrina que en la introducción expusi­
mos sobre la parte de los Ejercicios que son
documentos.
[239] Primeramente se haga ei equivalente
de la 2.a adición de la 2.a semana, es a saber,
antes de entrar en la oración, repose un poco
el espíritu, asentándose o paseándose, como me­
jor le parecerá, considerando a dónde voy y a
qué; y esta misma adición se hará al principio
de todos modos de orar 1.
[240] Oración. Una oración preparatoria, así
como pedir gracia a Dios nuestro Señor, para
que pueda conocer en lo que he faltado acerca
los diez_ mandamientos, y asimismo pedir gra­
cia y ayuda para me enmendar adelante, de­
mandando perfecta inteligencia dellos para me­
jor guardallos, y para mayor gloria y alabanza
de su divina Majestad.

Como hemos podido observar, es muy


ordinaria esta petición en todos los ejerci-
cicios: luz para el entendimiento, “ conocer
en lo que he faltado acerca los diez manda­
mientos, y fuerza para la voluntad, pedir
gracia y ayuda para me enmendar adelan­
té\
Y conforme a lo que hemos advertido en
el comentario al n. [238], demandando per­
fecta inteligencia dellos para mejor guar­
dallos.

[241] Para el primer modo de orar conviene


considerar y pensar en el primer mandamiento
1 Cfr. comentario al n. [74J, los doe últimos
párrafos.
de orai' 38)

cómo le he guardado, y en qué he faltado, te­


niendo regla por espacio de quien dice tres ve­
ces Pater noster y tres Ave María, y si en
este tiempo hallo faltas mías, pedir venia y
perdón dellas, y decir un Pater noster; y desta
misma manera se haga en cada uno de todos
los diez mandamientos.
[242] Es de notar que cuando hombre viniere
a pensar en un mandamiento, en el cual halla
que no tiene hábito ninguno de pecar, no es me­
nester que se detenga tanto tiempo; mas, se­
gún que hombre halla en sí que más o menos
estropieza en aquel mandamiento, así debe más
o menos detenerse en la consideración y escru­
tinio dél, y lo mismo se guarde en los pecados
mortales.
Según esta nota, si uno halla que tiene
hábito de pecar y entiende ser necesario
alargar el tiempo de considerar y pensar,
evidentemente que debe alargarlo, lo cual
es también conforme a la doctrina que
trae el Santo en la 4.a adición [76].
[243] 2.a nota. Después de acabado el dis­
curso ya dicho sobre todos los mandamientos,
acusándome en ellos, y pidiendo gracia y ayu­
da para enmendarme adelante, hase de acabar
con un coloquio a Dios nuestro Señor, según
subiecta materia 1
12441 S egundo sobre pecados m ortales.

Acerca de los siete pecados mortales, después


de la adición, se haga la oración preparatoria,
por la manera ya dicha, sólo mudando que la
materia aquí es de pecados que se han de evi­
1 Tal modo de orar sobre mandamientos pue
f,(: aplicarse admirablemente iv orar sobre las
ri'Rlí>8 de la religión.
1)82 Primer modo

tar, y antes era de mandamientos, que se han


de guardai·, y asimismo se guarde la orden y
regla ya dicha y el coloquio.
[245] Para mejor conocer las faltas hechas
en los pecados mortales, mírense sus contrarios,
y así para mejor evitarlos, proponga y procure
■a persona con santos ejercicios adquirir y te­
ner las siete virtudes a ellos contrarios.
[246] 3.° SOBRE LAS POTENCIAS DEL ÁNIMA.

Modo. En las tres potencias del ánima se


guarde la misma orden y regla que en los man­
damientos, haciendo su adición, oración pre­
paratoria y coloquio.

[247] 4.° SOBRE LOS CINCO SENTIDOS CORPO­


RALES.

Modo. Cerca los cinco sentidos corporales se


tendrá siempre la misma orden, mudando la
materia dellos.
:j. [248] Nota. Quien quiere imitar en el uso
de los sentidos a Cristo nuestro Señor, .enco­
miéndese en la oración preparatoria a su divi­
na Majestad; y después de considerado en cada
u.i sentido, diga un Ave María o un Pater noster;
y quien quisiere imitar en el uso de los senti­
dos a Nuestra Señora, en la oración preparatoria
se encomiende a ella, para que le alcance gra­
cia de su Hijo y Señor para ello; y después de
considerado en cada un sentido, diga un Ave
'■/Taria.

La doctrina que da el Santo en esta nota


hace sumamente fácil y aun grato este mo­
do de orar, que con mucho provecho pode­
mos aplicar a la imitación de los Santos, por
ejemplo del santo Padre.
4. Escribe el P. La Puente acerca de este
de orar 383

modo de orar: “El fin principal no ha de


ser conocer solamente la malicia y fealdad
de los vicios, y aborrecerla, sino poner lue­
go manos a la obra, y mortificar las pasio­
nes y aficiones desordenadas que han echa­
do raíces en el corazón; porque como dice
S. Basilio, no se vencen los vicios, ni se
ganan las virtudes con solas consideracio­
nes, sino con fuertes ejercicios de mortifi­
caciones; para los cuales ayuda la morti­
ficación y oración, moviendo nuestra volun­
tad a que quiera mortificarse, y alcanzan­
do de Nuestro Señor fuerzas para ello. Y
aunque es verdad que todos los pecados
mortales se quitan juntos y de un golpe
con la contrición y confesión, en la cual no
se perdona un pecado mortal sin otro, pero
las costumbres viciosas que quedan en el
alma, y las pasiones del apetito en que se
fundan, se lian de mortificar por sus par­
tes y poco a poco; por lo cual dijo Moisés
a su pueblo: “Dios consumirá y destruirá
estas naciones poco a poco y por sus partes,
y no podrás destruirlas todas juntas” , tra­
zándolo así la divina Providencia para nues­
tro ejercicio y humillación, porque durandc
más la guerra, será más segura y provecho­
sa la victoria” ’ . Y a continuación pone el
Padre una serie de meditaciones sobre los
Pecados mortales, los diez mandamientos
elnoo sentidos y potencias del alma.
1 P 1 ». med. X V II.
384 ¿Segundo modo

B) SEGUNDO MODO DE ORAR

5. .[249] 2.° MODO DE ORAR ES CONTEMPLANDO


L\ SIGNIFICACIÓN DE CADA PALABRA DE LA ORA­
CIÓN.

[250] Adición. La misma adición que fué en


el primer modo de orar, será en este segundo.
[251] Oración. La oración preparatoria se
hará conforme a la persona a quien se ende­
reza la oración.
[252] 2.° modo de orar. El segundo modo de
orar es, que la persona, de rodillas o asentado,
según la mayor disposición en que se halla y
más devoción le acompaña, teniendo los ojos
cerrados o hincados en un lugar, sin andar con
ellos variando, diga Pater, y esté en la consi­
deración desta palabra tanto tiempo, cuanto
halla significaciones, comparaciones, gusto y
consolación en consideraciones pertinentes a la
tal palabra; y de la misma manera haga en
cada palabra del Pater noster o de otra oración
cualquiera que desta manera quisiere orar.

Este segundo modo de orar es ni más ni


menos que una aplicación de la adición 4.a
[76]. Y así lo aclara el Santo más en par­
ticular en la 2.a regla que va a dar inme­
diatamente en el n. [254].
Teniendo los ojos cerrados o hincados en
un lugar sin andar con ellos variando. Re­
comienda San Ignacio con estas palabras
tener la vista recogida mientras oramos.
Por regla general, ayudará más este recoger
de orar 385

la vista, que andar con los ojos variando


mirando altares, adornos, imágenes, etc.
[253] 1.a regla. La primera regla es, que es­
tará de la manera ya dicha una hora en todo el
Pater noster, el cual acabado, dirá un Ave Ma­
ría, Credo, Anima Christi y Salve Regina vocal
o mentalmente, según la manera acostumbrada.
[254] 2.a regla. La segunda regla es, que si
la persona que contempla el Pater noster hallare
en una palabra o en dos tan buena materia
que pensar y gusto y consolación, no se cure
pasar adelante, aunque se acabe la hora en
aquello que halla, la cual acabada, dirá la resta
del Pater noster en la manera acostumbrada.
[255] 3.a regla. La tercera es, que si en
una palabra o en dos del Pater noster se de­
tuvo por una hora entera, otro día cuando que­
rrá tomar a la oración, diga la sobredicha pa­
labra o las dos según que suele; y en la pala­
bra que se sigue inmediatamente comience a
contemplar, según que se dijo en la segunda
regla.
[256] í.a nota. Es de advertir que, acabado el
Pater noster en uno o muchos días, se ha de ha­
cer lo mismo con el Ave María y después con
las otras oraciones, de forma que por algún
tiempo siempre se ejercite en una dellas.

Con estas palabras parece indicar el San­


to que su plan es que no se dé algún día
suelto a este modo de orar, sino que se em­
pleen en él varios días seguidos.
[2571 2.a nota. La segunda nota es, que aca­
bada la oración, en pocas palabras convirtién­
dose a la persona a quien ha orado, pida las
virtudes o gracias, de las cuales siente tener
•nás necesidad.
‘¿ 5 CO M EN TARIO A LOS E J E R C IC IO S
38b Segu n do m odo

En pocas palabras, por lo mismo, breve­


mente.
6. Este segundo modo de orar es prove­
chosísimo y de ayuda muy poderosa para
rezar con mayor devoción y mayor fruto las
oraciones, entre las cuales tienen la pri­
macía, por su excelencia y por el frecuente
uso de las mismas, las dos que propone el
Santo Padre en primer lugar, el Padrenues­
tro y el Avemaria.
7. Acerca de este segundo modo de orar
escribe el P. La Puente: “El segundo modo
de orar es por palabras, tomando por ma­
teria de meditación algún salmo de David,
o algún sermón o sentencia de Cristo nues­
tro Señor, o alguna oración o himno de la
Iglesia, rumiando cada palabra por si, y
sacando el espíritu y afecto que hay en
ella; porque como las palabras de la divina
Escritura fueron dictadas por el Espíritu
Santo, todas tienen algún misterio digno
de ponderación: y como la Iglesia es regida
por el mismo Espíritu Santo, no dice pala­
bra que no tenga mucho espíritu.
La forma de meditarla es, mirando quién
dice aquella palabra, a quién se dice o ende­
reza, a qué fin, con qué modo y espíritu se
dijo, y qué es lo que significa; es a saber,
qué es lo que manda o aconseja, amenaza
o promete, o qué es lo que se pide o pre­
tende con ella, sacando de todo afectos
conformes a lo que se hubiere ponderado.
de orar 357

Porque de otra manera se han de medi­


tar las palabras que Dios dice al hombre,
o las que el hombre dice a Dios. Las prime­
ras, como quien oye a Dios, que es su maes­
tro, legislador, consejero, protector y ga­
lardonados oyéndole con deseo de apren­
der lo que enseña, de ejecutar, lo que man­
da, de seguir lo que aconseja, de temer lo
que amenaza, y esperar. lo que promete, y
amarle por lo que dice.
Las segundas se han de mirar con el es­
píritu con que las dijo el que las ordenó, y
conforme al fin a que van ordenadas. Lo
cual se ve claramente en los salmos de
David, porque unos hizo con espíritu de
alabar a Dios y agradecerle los beneficios
que había hecho a su alma, o a su pueblo:
otros con espíritu de contrición, para pe­
dirle perdón de sus pecados: y otros con
espíritu de aflicción junto con grande con­
fianza, para pedirle ayuda en las tribulacio­
nes. Y así, para rumiarlos y decirlos con
provecho nos hemos de vestir, como advier­
te Casiano, del mismo espíritu con que se
dijeron, como si nosotros mismos los hubié-
mos compuesto para este fin.
Y la misma experiencia nos enseña, que
quien se siente alegre por los beneficios re­
cibidos de Dios, dice con devoción los sal­
aos de alegría... Y al contrario, quien está
Eligido con sus pecados, dice con devoción
l!l salmo Miserere mei, Deus... Lo cual se
388 S egun do m odo

ha de advertir para escoger por materia de


meditación las palabras y oraciones que fri­
san con el espíritu que sentimos y con el
fin que pretendemos.
Este segundo modo de orar es más pro­
pio de los que caminan por la vía ilumina­
tiva...”
Por este mismo segundo modo de orar
va explanando el Padre la oración del Ave­
maria l. el Magníficat 2, y el Paternóster 3.
8. Estos dos primeros modos de orar no
vienen a ser otra cosa que una aplicación
de la adición 4.a. Veámoslo:
Escribe el Santo hablando de esta adi­
ción: “Entrar en la contemplación cuándo
de rodillas, cuándo postrado en tierra,
cuándo supino rostro arriba, cuándo asen­
tado, cuándo eri pie, andando siempre a
buscar lo que quiero. En dos cosas adver­
tiremos: la primera es que si hallo lo que
quiero de rodillas, no pasaré adelante, y si
postrado, asimismo, etc.; la segunda, en el
punto en el cual hallare lo que quiero, ahí
me reposaré, sin tener ansia de pasar ade­
lante hasta que me satisfaga” [76].
Comparemos las enseñanzas de esta adi­
ción con los dos primeros modos de orar.
Después de haber explicado el primer mo­
do de orar, escribe San Ignacio en la 1.a

1 P. 2.a, m ed. 6.a, pnt. 2."


2 P. 2.a, m ed. 12, pjit. 6.°
3 P. 3.a, m ed. 14.
ele orar 3b9

nota: “Es de notar que cuando hombre vi­


niere a pensar en un mandamiento, en el
cual halla que no tiene hábito ninguno de
pecar, no es menester que se detenga tan­
to tiempo; mas según que hombre halla en
sí que más o menos tropieza en aquel
mandamiento, así debe más o menos dete­
nerse en la consideración y escrutinio dél,
y lo mismo se guarde en los pecados mor­
t a l e s [242].
Y del segundo modo de orar, enseña el
Santo: “El segundo modo de orar es, que la
persona, de rodillas o asentado, según la
mayor disposición en que se halla y más
devoción le acompaña, teniendo los ojos
cerrados o hincados en un lugar, sin andar
con ellos variando, diga Pater, y esté en la
consideración desta palabra tanto tiempo,
cuanto halla significaciones, comparaciones,
gusto y consolación en consideraciones per­
tinentes a la tal palabra, y de la misma
manera haga en cada palabra del Pater
noster o de otra oración cualquiera que des­
ta manera quisiere orar” [252].

C) TERCER MODO DE ORAR

9. [258J 3.° MODO DE ORAR SERÁ POR COM­


PÁS.

Adición. La adición será la misma que fué


ol primoro y 2.° modo de orar.
390 Tercer modo

Oración. La oración preparatoria será como


en el segundo modo de orar.
3.° modo de orar. El tercer modo de orar es,
que con cada anhélito o resollo se ha de orar
mentalmente diciendo una palabra del Pater
noster o de otra oración que se rece, de manera
que una sola palabra se diga entre un anhélito
y otro; y mientras durare el tiempo de un
anhélito a otro, se mire principalmente en la
significación de la tal palabra, o en la persona
a quien reza o en la bajeza de sí mismo, o en
la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza
propia; y por la misma forma y regla proce­
derá en las otras palabras del Pater noster; y
las otras oraciones, es a saber, Ave María, Ani­
ma Chnsti, Credo y Salve Regina hará según
que sUele.
[259] I a regla. La primera es, que en el
otro día o en otra hora que quiera orar, diga
el Ave María por compás, y las otras oraciones,
según que suele, y así conseqüentemente [suce­
sivamente] procediendo por las otras.
[260] 2.a regla. La segunda es, que quien
quisiere detenerse más en la oración por com­
pás, puede decir todas las sobredichas oracio­
nes o parte del las, llevando la misma orden del
anhélito por compás, como está declarado.
En el segundo modo de orar se emplea
una hora entera en la oración, como dice el
Santo Padre [253] y terminada la oración,
se toman las otras oraciones que él señala
por espacio de varios días [258].
Diferentes son las normas para este ter­
cer modo de orar. Se toma una sola oración,
o si se prefiere, varias, que deben rezarBe
en corto tiempo.
En una cosa convienen estos dos modos
d# orar 391

de orar: en que terminada una oración se­


gún las normas correspondientes a cada
uno de estos modos, se dicen las demás se­
gún que suele.
10. Escribe el P. La Puente acerca de este
tercer modo de orar: “El tercer modo de
orar es por vía de aspiraciones y afectos,
que responden a las respiraciones del cuer­
po, procurando que entre respiración y res­
piración salga de lo íntimo de nuestra alma
algún afecto santo, o algún gemido del es­
píritu, o alguna breve oración de las que
llamamos jacúlatorias, gastando todo el
tiempo que hay entre una respiración y
otra en la ponderación o sentimiento y
gusto espiritual de lo que deseamos o pedi­
mos, o de la cosa por que gemimos y suspi­
ramos a Dios.
Este modo es muy acomodado a los que
caminan por la vía unitiva, aspirando y an­
helando a la unión actual con Dios, y con
este deseo procuran orar con la mayor con­
tinuación y frecuencia que pueden; porque
tan necesaria es la oración para la perfecta
vida espiritual del alma, como la respira-
ración para la vida del cuerpo, según aque­
llo de David que dice: Abrí vii boca, y atra­
je el espíritu, porque deseaba tus manda­
m i e n t o s Y en testimonio de esto, cuantas
vcces abren la boca para respirar, tan­
tos querrían orar; y ya que esto no es po-
' Ph., 118, 131,
3s>2 M isterios de la vida

sible por nuestra flaqueza, toman a ciertos


tiempos algunos ratos para este ejercicio,
frecuentando de esta manera las oraciones
jaculatorias, arrojándolas al cielo como
dardos o saetas que salen del corazón como
de un arco, con gran ímpetu de amor”

Puntos de meditación de los misterios


de la vida de Cristo nuestro Señor

[261] Los MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO


nuestro S eñor.

Nota. Es de advertir en todos los misterios


siguientes, que todas las palabras que están in­
clusas en paréntesis, son del mismo Evangelio,
y no las que están de fuera; y en cada misterio
por la mayor parte hallarán tres puntos para
meditar y contemplar en ellos con mayor faci­
lidad.

[262] De la anunciación de nuestra Se­


ñora escribe S an L ucas (Cap. I, 26-38).

l.° El primer punto es que el ángel San Ga­


briel, saludando a Nuestra Señora, le significó
la concepción de Cristo nuestro Señor: (En­
trando el Angel adonde estaba María, la sa­
ludó diciéndole: Dios te salve, llena de gracia;
concebirás en tu vientre y parirás un hijo).
2:> El segundo: confirma el Angel lo que
dijo a Nuestra Señora, significando la concep-
1 Introducción de Ja oración mental, IX,
final.
ele Cristo 393

ción de San Juan Bautista, diciéndole: (Y mira


que Elisabet, tu parienta, ha concebido un hijo
en su vejez).
3.° JC1 tercio: respondió al Angel Nuestra
Señora: (He aquí la sierva del Señor; cúmplase
en mí según tu palabra).

Texto Evangélico: 1 Estando ya Isabel en


su sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel
a Nazaret, ciudad de Galilea, a una Virgen
desposada con cierto varón de la casa de
David, llamado José; y el nombre de la
Virgen era María.
Y habiendo entrado el Angel a donde ella
estaba, le dijo: Dios te salve, oh llena de
gracia; el Señor es contigo; bendita Tú
eres entre todas las mujeres.
Al oír tales palabras, la Virgen se turbó,
y púsose a considerar qué significaría una
tal salutación. Mas el Angel le dijo: Oh
María, no temas, porque has hallado gracia
en los ojos de Dios. Sábete que has de con­
cebir en tu seno y parirás un Hijo, a quien
pondrás por nombre Jesús. Este será grande
y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el
Señor Dios dará el trono de su padre Da­
vid, y réinará en la casa de Jacob eterna­
mente; y su reino no tendrá fin.
Pero María dijo al Angel: ¿Cómo ha de
ser eso? Pues yo no conozco ni conoceré va­
rón alguno.
El Angel en respuesta le dijo: El Espíritu
i T o m a m os In traducción do Torres Am at.
394 Misterios de la vida

Santo descenderá sobre ti, y la virtud del


Altísimo te cubrirá con su sombra, o fecun­
dará. Por cuya causa, el fruto santo que de
ti nacerá será llamado Hijo de Dios.' Y ahí
tienes a tu parienta Isabel, que en su vejez
ha concebido también un hijo; y la que se
llamaba estéril hoy cuenta ya .el sexto mes;
porque para Dios nada es imposible.
Entonces dijo María: He aquí la esclava
del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y en seguida el Angel desapareciendo se
retiró de su presencia.
'

[263] D e la V isitación de N uestra S eño­


ra a E lisabet dice S an L ucas (Cap. I, 39-56).

1 .° Primero: como Nuestra Señora visitase


a Elisabet, San Juan Bautista, estando en el
vientre de su madre, sintió la visitación que
hizo Nuestra Señora: (Y como oyese Elisabet
la salutación de Nuestra Señora, gozóse el niño
en el vientre de ella; y llena del Espirita San­
to Elisabet, exclamó con una gran voz, y dijo:
Bendita seas Tú entre las mujeres, y bendito
sea el fruto de tu vientre).
2 .° Segundo: Nuestra Señora canta el cán­
tico diciendo: (Engrandece mi ánima -al Señor).
J.° Tercio: (María estuvo con Elisabet quasi
tres meses, y después se tomó a su casa).

Texto Evangélico: Por aquellos tiempos


partió María, y se fue apresuradamente a
las montañas de Judea, a una ciudad de
la tribu de Judá; y habiendo entrado en la
de Criato 395

casa de Zacarías, saludó a Elisabet. Lo mis^


mo fué oír Elisabet la salutación de María,
que la criatura o el niño Juan dió saltos de
placer en su vientre: y Elisabet se sintió
llena del Espíritu Santo: y exclamando en
alta voz, dijo a María: Bendita Tú eres en­
tre todas las mujeres y bendito es el fruto
de tu vientre. Y ¿de dónde a mí tanto bien
que venga la Madre de mi Señor a visitar­
me? Pues lo mismo fué penetrar la voz de
tu salutación en mis oídos, que dar saltos
de júbilo la criatura en mi vientre. ¡Oh
bienaventurada Tú que has creído! Porque
se cumplirán sin falta las cosas que se te
han dicho de parte del Señor.
Entonces María dijo: Mí alma glorifica
al Señor, y mi espíritu está trasportado de
gozo en el Dios Salvador mío. Porque ha
puesto los ojos en la bajeza de su esclava:
por tanto, ya desde ahora me llamarán bie­
naventurada todas las generaciones. Porque
ha hecho en Mí cosas grandes Aquel que es
todo poderoso, cuyo nombre es Santo; y
cuya misericordia se derrama de generación
en generación sobre los que le temen. Hizo
alarde del poder de su brazo: deshizo las
miras del corazón de los soberbios; derribó
del solio a los poderosos; y ensalzó a los
humildes. Colmó de bienes a los hambrien­
tos; y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, acogió a
!srael su siervo, según la promesa que hizo
396 Misterios cío la vicia

a nuestros padres, a Abraham y a su des-


cencia por los siglos de los siglos.
Y detúvose María con Elisabet cerca de
tres meses; y después se volvió a su casa.

[264] D el nacim iento de C risto nuestro


S eñor dice S an L ucas (II, 1-14).

1.° Primero: Nuestra Señora y su esposo José


van de Nazaret a Belén: (Ascendió José de
Galilea a Belén para conocer subiección a Cé­
sar, con María su esposa, y mujer ya preñada).
2.° 2.°: (Parió su Hijo primogénito y lo en-'
volvió con paños y lo puso en el pesebre).
3° 3.°: (Llegóse una multitud del ejército
celestial que decía: Gloria sea a Dios en los
cielos).

Texto Evangélico: Por aquellos días se


promulgó un edicto de César Augusto, man­
dando empadronar a todo el mundo. Este
fué el primer empadronamiento hecho por
Cyrino que después fué gobernador de la
Siria. Y todos iban a empadronarse cada
cual a la ciudad de su estirpe. José, pues,
como era de la casa y familia de David, vino
desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciu­
dad de David, llamada Belén, en Judea,
para empadronarse con María su esposa, la
cual estaba encinta. Y sucedió que hallán­
dose allí, le llegó la hora del parto. Y parió
a su hijo primogénito, y envolvióle en pa­
ñales, y recostóle en un pesebre porque no
hubo lugar para ellos en el mesón.
de Cristo 397

[265] De los pastores escribe S an L uc^s


(II, 8-20).

Primero: La Natividad de Cristo nuestro


Señor se manifiesta a los pastores por el Angel:
(Manifiesto a vosotros grande gozo, porque hoy
es nacido el Salvador del mundo)
2.°: Los pastores van a Belén: (Vinieron
con priesa, y hallaron a María y a José y al
Niño puesto en el pesebre).
3.°: (Tornaron los pastores glorificando y
laudando al Señor).

Texto Evangélico: Estaban velando en


aquellos contornos unos pastores, y hacien­
do centinela de noche sobre su grey, cuan­
do de improviso un Angel del Señor apare­
ció junto a ellos, y cercólos con su resplan­
dor una luz divina, lo cual los llenó de
santo temor.
Díjoles entonces el Angel: No tenéis que
temer; pues vengo a daros una nueva de
grandísimo gozo para todo el pueblo: y es,
que hoy os ha nacido en la ciudad de Da­
vid el Salvador, que es el Cristo o Mesías,
el Señor nuestro. Y sírvaos de seña que
hallaréis al Niño envuelto en pañales, y re­
clinado en un pesebre. Al punto mismo se
dejó ver con el Angel un ejército numeroso
de la milicia celestial alabando a Dios y
diciendo: Gloria a Dios en lo más alto de
los cielos, y paz en la tierra a los hombres
de buena, voluntad.
Luego que los Angeles se apartaron de
398 Misterios de la vida

ellos y volaron al cielo, los pastores se de­


cían unos a otros: Vamos hasta Belén y
veamos este suceso prodigioso que acaba de
suceder, y que el Señor nos ha manifestado.
Vinieron, pues, a toda prisa, y hallaron a
María y a José y al Niño reclinado en el
pesebre. Y viendo, se certificaron de cuan­
to se les había dicho de este Niño.
Y todos los que supieron el suceso se ma­
ravillaron: igualmente de lo que los pasto­
res les habían contado.
María, empero, conservaba todas estas co­
sas dentro de sí, ponderándolas en su co­
razón.
En fin, los pastores se volvieron, no ce­
sando de alabar y glorificar a Dios por todas
las cosas que habían oído y visto, según se
les había anunciado por el Angel.

[266] De la C ircuncisión escribe S an


L ucas (II, 21).

l:j Primero: Circuncidaron al Niño Jesús.


2.° 2.°: (El nombre dél es llamado Jesús, el
cual es nombrado del Angel antes que en el
vientre se concibiese).
3.° 3.°: Tornan el Niño a su Madre, la cual
tenía compasión de la sangre que de su Hijo
salía.

Texto Evangélico: Llegado el día octavo


en que debía ser circuncidado el Niño, le
fué puesto por nombre Jesús, nombre que
le puso el Angel antes que fuese concebido.
de Cristo 399

[267] D e los tres R eyes M agos escribe


San M ateo (II, 1-12).

1.° Primero: Los tres Reyes Magos guiándose


por la estrella, vinieron a adorar a Jesús, di­
ciendo: (Vimos la estrella dél en oriente, y ve­
nimos a adorarle).
2.° 2.°: Le adoraron y le ofrecieron dones:
(Postrándose por tierra, lo adoraron y le pre­
sentaron dones, oro, incienso y mirra).
3.° 3.°: (Recibieron respuesta estando dur­
miendo, que no tornasen a Herodes, y por otra
vía tomaron a su región).

Texto Evangélico: Habiendo, pues, nacido


Jesús en Belén de Judá, reinando Herodes,
he aquí que unos Magos vinieron del orien­
te a Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está
el nacido Rey de los judíos? Porque nos- *
otros vimos en oriente su estrella, y hemos
venido con el fin de adorarle.
Oyendo esto el rey Herodes, turbóse y con
él toda Jerusalén. Y convocando a todos los
príncipes de los sacerdotes y a los Escribas
del pueblo, les preguntaba en dónde habla
de nacer el Cristo o Mesías. A lo cual ellos %

respondieron: En Belén de Judá; que asi


está escrito en el Profeta. Y tú, Belén, tie­
rra de Judá, no eres ciertamente la menor
entre las principales ciudades de Judá: por­
que de ti es de donde há de salir el caudillo,
Que rija mi pueblo de Israel.
Entonces Herodes llamando en secreto o
o solas a los Magos, averiguó cuidadosamen-
400 Misterios de la vida

te de ellos el tiempo en que la estrella les


apareció; y encaminándolos a Belén, les
dijo: Id, e informaos puntualmente de lo
que hay de ese Niño; y en habiéndole ha­
llado, dadme aviso, para ir yo también a
adorarle.
Luego que oyeron esto al Rey, partieron:
y he aquí que la estrella que habían visto
en oriente, iba delante de ellos hasta que
llegando sobre el sitio en que estaba el
Niño, se paró. A la vista de la estrella, se
regocijaron por extremo. Y entrando en la
casa hallaron al Niño con María su Madre;
y postrándose, le adoraron, y abiertos sus
cofres, le ofrecieron presentes de oro, in­
cienso y mirra. Y habiendo recibido en sue­
ños un aviso del cielo para que no volviesen
a Herodes, regresaron a su país por otro
camino.

[268] De P urificación de N uestra Se­


la
ñora t representación del niño J esús escribe
S an L ucas, (II, 22-39).

'ly Primero: Traen al Niño Jesús al templo,


para que sea representado al Señor como primo­
génito, y ofrecen por El (un par de tórtolas o
dos hijos de palomas).
2/> 2.°: Simeón veniendo al templo (tomólo
en sus brazos;, diciendo: (Agora, Señor, deja a
tu siervo en paz).
3.° 3.°: Ana (veniendo después, confesaba al
Señor y hablaba dél a todos los que esperaban
la redempción de Israel).
de Cristo 401

Texto Evangélico: Cumplido asimismo el


tiempo de la purificación de la Madre, se­
gún la Ley de Moisés, llevaron al Niño a
Jerusalén, para presentarle al Señor, como
está escrito en Ley del Señor: Todo varón
que nazca el primero será consagrado al
Señor; y para presentar la ofrenda de un
par de tórtolas, o dos palominos, como está
también ordenado en la Ley del Señor.
Había a la sazón en Jerusalén un hom­
bre justo, llamado Simeón, el cual esperaba
de día en día la consolación de Israel o la
venida del Mesías, y el Espíritu Santo mo­
raba en él. El mismo Espíritu Santo le habla
revelado, que no había de morir antes de ver
al Cristo o Ungido del Señor. Así vino ins­
pirado de El al templo. Y al entrar con
el Niño Jesús sus padres para practicar con
El lo prescrito por la Ley, tomándole Si­
meón en sus brazos, bendijo a Dios, dicien­
do: Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz
de este mundo a tu siervo según tu pro­
mesa; porque ya mis ojos han visto al Sal­
vador que nos has dado: al cual tienes
destinado para que, expuesto a la vista de
todos los pueblos, sea luz brillante que ilu­
mine a los Gentiles y la gloria de tu pueblo
de Israel. Su Padre y su Madre escuchaban
con admiración las cosas que de El se de­
flan. Simeón bendijo a entrambos, y dijo a
María su Madre: Mira, este Niño que ves,
®Rtá destinado para ruina, y para resurrec-
'•W í ’oiYIKrMTAinO A LOS EJERCICIOS
402 Misterios de la vida

ción de muchos en Israel, y para ser el blan­


co de la contradicción de los hombres; lo
que será para ti misma una espada que tras­
pasará tu alma, a fin de que sean descu·-
biertos los pensamientos ocultos de mu­
chos.
Vivía entonces una profetisa llamada
Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser,
que era ya de edad muy avanzada, y la cual,
casada desde la flor de ella, vivió con su
marido siete años, y habíase mantenido
viuda hasta los ochenta y cuatro de su edad,
no saliendo del templo, y sirviendo en él
a Dios día y noche en ayunos y oraciones.
Esta, pues, sobreviniendo a la misma hora,
alababa igualmente al Señor; y hablaba de
El a todos los que esperaban la redención
de Israel.
Y María y José con el Niño Jesús, cum­
plidas todas las cosas ordenadas en la Ley
del Señor, regresaron a Galilea a su ciudad
de Nazaret.
[2 6 9 ]. D e la h u íd a a E g i p t o e s c r i b e San
M a teo: (II, 1 3 -1 8 ).

Ir Primero: Herodes quería matar al Niño


Jesús, y así mató a los Inocentes; y antes de la
muerte dellos, amonestó el Angel a José que
huyese a Egipto: (Levántate, y toma el Niño
a su Madre, y huye a Egipto).
2.° 2.°: Partióse para Egipto: El cual levan­
tándose de noche, partióse a Egipto).
3 ° 3 ° : (Estuvo allí hasta la muerte de He­
rodes).
de Cristo 403

Texto Evangélico: Después que ellos (los


Magos) partieron, un Angel del Señor apa­
reció en sueños a José diciéndole: Leván­
tate, toma al Niño y a su Madre, y huye
a Egipto, y estáte allí hasta que yo te avi­
se. Porque Herodes ha de buscar al Niño
para matarle. Levantóse José, tomó al Niño
y a su Madre de noche, y se retiró a Egip­
to, donde se mantuvo hasta la muerte de
Herodes; de suerte que se cumplió lo que
dijo el Señor por boca del Profeta (Oseas,
XI. 1): Yo llamé de Egipto a mi Hijo.
Entretanto, Herodes, viéndose burlado de
los Magos, se irritó sobremanera y mandó
matar a todos los niños que había en Be­
lén y en toda su comarca, de dos años
abajo, conforme al tiempo de la aparición
de la estrella que había averiguado de los
Magos. Vióse cumplido entonces lo que pre­
dijo el profeta Jeremías (XXXI, 15), dicien­
do: Hasta en Ramá se oyeron las voces,
muchos lloros y alaridos: Es Raquel que
llora sus hijos, sin querer consolarse porque
ya no existen.
[270]. D e cómo C risto nuestro S eñor
tornó de E gipto escribe S an M ateo : (II
19-23).
í " Primero: El ángel amonesta a José para
que torne a Israel: (Levántate, y toma el Niño
v su Madre, y ve a la tierra de Israel).
2." 2.°: (Levantándose, vino en la tierra de
tarar']).
404 Misterios de la vida

3.° 3.°: Porque reinaba Arquelao, hijo de He-


rodes. en Judea, xetrájose en Nazaret.

Texto Evangélico: Luego después de la


muerte de Herodes, un ángel del Señor
apareció en sueños a José en Egipto, di-
ciéndole: Levántate, y toma al Niño y a
su Madre, y vete a la tierra de Israel: por­
que ya han muerto los que atentaban la
vida del Niño. José, levantándose, tomó al
Niño y a su Madre, y vino a tierra de Is­
rael. Mas oyendo que Arquelao reinaba en
Judea en lugar de su padre Herodes, temió
ir allá: y avisado entre sueños, retiróse a
tierra de Galilea. Y vino a morar en una
ciudad llamada Nazaret, cumpliéndose de
este modo el dicho de los Profetas: Será
llamado Nazareno.

[271] D e la vida de C risto nuestro S e­


ñor desde los doce años hasta los treinta
escribe S an L ucas : (II, 51-52).

!.·> Primero era obediente a sus padres. (Apro­


vechaba en sapiencia, edad y gracia).
2p 2.°: Parece que ejercitaba la arte de car­
pintero, como muestra significar San Marcos en
el capítulo sexto: (¿Por aventura es éste aquel
carpintero?).

Texto Evangélico: En seguida se fué con


ellos, y vino a Nazaret; y les estaba sujeto.
Y su Madre conservaba todas estas cosas
en su corazón. Jesús entre tanto crecía en
de Cristo 405

sabiduría, en edad, y en gracia delante de


Dios y de los hombres.

[272J D e l a v e n id a de C r is t o a l T e m p l o
CUANDO ERA DE EDAD DE DOCE AÑOS ESCRIBE SA N
Lucas: (II, 41-50).

1.° Primero : Cristo nuestro Señor de edad de


doce años ascendió de Nazaret a Jerusalén.
2.° 2.°: Cristo nuestro Señor quedó en Jeru­
salén, y no lo supieron sus parientes.
3.°: Pasados los tres días, le hallaron dis­
putando en el templo, y asentado en medio de
los doctores: y demandándole sus padres dónde
había estado, respondió: (¿No sabéis que en
las cosas que son de mi Padre me conviene es­
tar?)

Texto Evangélico: Iban sus Padres todos


los años a Jerusalén por la fiesta solemne
de la Pascua. Y siendo el Niño ya de doce
años cumplidos, habiendo subido a Jeru­
salén, según solían en aquella solemnidad,
acabados aquellos días, cuando ya se vol­
vían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén,
sin que sus padres lo advirtiesen; antes bien
persuadidos de que venía con alguno de los
de su comitiva, anduvieron la jornada en­
tera buscándole entre los parientes y cono­
cidos. Mas como no le hallasen, retornaron
a Jerusalén en busca suya. Y al cabo de
tres días de haberle perdido, le hallaron en
el templo sentado en medio de los doctores,
que ora los escuchaba, ora les preguntaba.
406 Misterios de la vida

Y cuantos le oían quedaban pasmados de


su sabiduría y de sus respuestas.
Al verle, pues, sus Padres, quedaron ma­
ravillados. Y su Madre le dijo: Hijo, ¿por
qué te has portado así con nosotros? Mira
cómo tu Padre y Yo llenos de aflicción te
hemos andado buscando. Y El les respon­
dió: ¿Cómo es que me buscabais? ¿No sa­
bíais que Yo debo emplearme en las cosas
que miran al servicio de mi Padre? Mas
ellos por entonces no comprendieron el
sentido de su respuesta.

[273] D e c ó m o C r i s t o s e b a u t iz ó e s c r ib e
San M ateo: (III, 13-17).
1 .° Primero: Cristo nuestro Señor, después
de haberse despedido de su bendita Madre* vino
desde Nazaret al río Jordán, donde estaba San
Juan Baptista.
2.° 2? : San Juan baptizó a Cristo nuestro Se­
ñor, y queriéndose excusar, reputándosé indigno
de lo baptizar, dícele Cristo: (Haz esto pór el
presente, porque así es menester que cumplamos
toda la justicia).
3.° 3.°: (Vino el Espíritu Santo y la voz del
Padre, desde el cielo afirmando: Este es mi
Hijo amado, del estoy muy satisfecho).

Texto Evangélico: Por este tiempo vino


Jesús de Galilea al Jordán en busca de
Juan, para ser de él bautizado. Juan, em­
pero, se resistía a ello diciendo: Yo debo
ser bautizado de Ti y ¿Tú vienes a mí? A
lo cual respondió Jesús diciendo: Déjame
de Cristo 407

hacer ahora, que así es como conviene que


nosotros cumplamos toda justicia. Juan en­
tonces condescendió con El.
Bautizado, pues, Jesús, al instante que
salió del agua, se le abrieron los cielos, y
vió bajar al Espíritu de Dios a manera de
paloma, y posar sobre El. Y oyóse una voz
del cielo que decía: Este es mi querido
Hijo, en quien tengo puesta toda mi com­
placencia.

[274] D e cóm o C r is t o fué t e n ta d o e s c r i­


be S an L u cas: (IV, 1-13) y M ateo (IV, 1^11).

1.° Primero: Después de haberse baptizado,


fué al desierto, donde ayunó cuarenta días y
cuarenta noches.
2.° 2.°: Fué tentado del enemigo tres veces:
(Llegándose a El el tentador, le dice: Si Tú eres
Hijo de Dios, di que estas piedras se tornen
en pan.—Echate de aquí abajo.—Todo esto que
ves te daré, si postrado en tierra me adorares).
3.°: (Vinieron los ángeles y le servían).

Texto Evangélico: Eh aquella sazón Je­


sús fué conducido del Espíritu de Dios al
desierto, para que fuese tentado allí por
el diablo. Y después de haber ayunado cua­
renta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Entonces, acercándose el tentador le di­
jo: Si eres él Hijo de Dios, di que esas pie­
dras se conviertan eh panes. Mas Jesús le
respondió: Escrito está: No de solo pan
vive el hombre, sino de toda palabra o dis­
408 Misterios ele la vicia

posición que sale de la boca de Dios. (Deut.,


VIH, 3).
Después de esto, le trasportó el diablo a
la santa ciudad de Jerusalén, y le puso
sobre lo alto del templo, y le dijo: Si eres
el Hijo de Dios, échate de aquí abajo; pues
está escrito que te ha encomendado a sus
ángeles, los cuales te tomarán en las pal­
mas de sus manos, para que tu pie no tro­
piece contra alguna piedra (Ps., 90, 11).
Replicóle Jesús: También está escrito: No
tentarás al Señor tu Dios (Deut., VI, 16).
Todavía le subió el diablo a un monte
muy encumbrado, y mostróle todos los rei­
nos del mundo, y la gloria de ellos, y le
dijo: todas estas cosas te daré, si postrán­
dote delante de mí me adorares. Respon­
dióle entonces Jesús: Apártate de ahí, Sa­
tanás, porque está escrito: Adorarás al Se­
ñor Dios tuyo, y a El sólo servirás (Deut.,
VI, 13).
Con esto le dejó el diablo: y he aquí que
se acercaron los Angeles y le servían.

[2 7 5 ] D e l l l a m a m ie n t o de l o s A p ó s t o l e s .
[lo., I, 35-51; Le., V, 1-11; Me. I, 16-20].
l.r> Primero: tres veces parece que son lla­
mados San Pedro y San Andrés: 1.° a cierta no­
ticia; esto consta por San Juan en el primero
capítulo; secundariamente a seguir en alguna
manera a Cristo con propósito de tornar a po­
seer lo que habían dejado, como dice San L u ca s
en el capítulo quinto; terciamente para seguir
de Cristo 409

para siempre a Cristo nuestro Señor, San Ma­


teo en el 4.° capítulo, y San Marco en el pri­
mero.
2 .° 2.°: llamó a Pilipo, como está en el pri­
mero capítulo de San Juan, y a Mateo, como el
mismo Mateo dice en el nono capítulo.
3.° 2 ° : llamó a los otros apóstoles, de cuya
especial vocación no hace mención el Evange­
lio.
Y también tres otras cosas se han de con­
siderar: la 1.a, cómo los apóstoles eran de ruda
y baja condición; 1a. 2.a, la dignidad, a la cual
fueron tan suavemente llamados; la 3.a, los
dones y gracias por las cuales fueron elevados
sobre todos los padres del viejo y nuevo Tes­
tamento.

Texto Evangélico: Estaba Juan con dos


de sus discípulos, y viendo a Jesús que pa­
saba, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
Los dos discípulos, al oírle hablar así, se
fueron en pos de Jesús. Y volviéndose Jesús,
y viendo que le seguían, díjoles: ¿Qué bus­
cáis? Respondieron ellos: Rabbi (que quiere
decir Maestro), ¿dónde habitas? Díceles:
Venid y lo veréis. Fueron, pues, y vieron
dónde habitaba, y se quedaron con El aquel
día: era entonces como la hora de las diez.
Uno de los dos, que oído lo que dijo Juan,
siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de
Slmó’n Pedro. El primero a quien éste halló
fué Simón, su hermano, y le dijo: Hemos
hallado al Mesías (que quiere decir el Cris­
to), y le llevó a Jesús. Y Jesús, fijos los
°ios en él, le dijo: Tú eres Simón, hijo
41 u Misterios de la vida

de Joña o Juan: Tú serás llamado Cefas,


que quiere decir Pedro o piedra.
Al dia siguiente determinó Jesús enea
minarse a Galilea, y en el camino encon­
tró a Felipe, y dijóle: Sígueme. Era Felipe
de Betsaida, patria de Andrés y de Pedro.
Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos
encontrado a Aquel de quien escribió Moisés
en la Ley, y prenunciaron los Profetas, a
Jesús de Nazaret, el hijo de José. Respondió
Natanael: ¿Acaso de Nazaret puede salir
cosa buena? Dicele Felipe: Ven y lo verás.
Vió Jesús venir hacia si a Natanael, y
dijo de él: He aquí un verdadero Israelita,
en quien no hay doblez ni engaño. Dícele
Natanael: ¿De dónde me conoces? Respón­
dele Jesús: Antes que Felipe te llamara, yo
te vi cuando estabas debajo de la higuera.
Al oír esto Natanael, le dijo: ¡Oh Maestro
mío: Tú eres el Hijo de Dios; Tú eres el
Rey de Israel! Replicóle Jesús: Por haberte
dicho que te vi debajo de la higuera, ¿crees?
Mayores cosas que estas verás todavía. Y
le añadió: En verdad, en verdad, os digo
que algún día veréis abierto el cielo, y a los
ángeles de Dios, subir y bajar sirviendo al
Hijo del hombre...
Sucedió un día que hallándose Jesús jun­
to al lago de Genezaret, las gentes se agol­
paban alrededor de El, ansiosas de oír la
palabra de Dios. En esto, vió dos barcas a
la orilla del lago, cuyos pescadores habían
*
de Cristo 411

bajado y estaban lavando las redes. Subien­


do, pues, en una de ellas, la cual era de
Simón, pidióle que la desviase un poco de
tierra; y sentándose dentro, predicaba des­
de la barca al numeroso auditorio.
Acabada la plática, dijo a Simón: Guía
mar a dentro,.y echad las redes para pes­
car. Replicóle Simón: Maestro, toda la no­
che hemos estado fatigándonos, y nada he­
mos cogido; no obstante, sobre tu palabra,
echaré la red. Y habiéndolo hecho, reco­
gieron tan gran cantidad de peces, que la
red se rompía. Por lo que hicieron señas a
los compañeros de la otra barca, que vinie­
sen, y les ayudasen. Vinieron luego, y lle­
naron tanto de peces las dos barcas, que
faltó poco para que no se hundiesen.
Lo que, viendo Simón Pedro, se arrojó a
los pies de Jesús, diciendo: Apártate, Señor,
que soy un hombre pecador. Y es que el
asombro se había apoderado así de él como
de todos los demás que con él estaban, a
vista de la pesca que acababan de hacer.
Lo mismo que sucedía a Santiago y a Juan
hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Entonces Jesús dijo a Simón: No tienes
que temer: de hoy en adelante, serán hom­
bres los que has de pescar. Y ellos, sacando
las barcas a tierra, dejadas todas las cosas,
le siguieron...
Pasando por la ribera del mar de Gali­
lea, vió a Simón y a su hermano Andrés,
412 Misterios ele la vida

echando las redes al mar, pues eran pes­


cadores; y díjoles Jesús: Seguidme, y Yo
haré que seáis pescadores de hombres. Y
ellos prontamente, abandonadas las redes,
le siguieron.
Habiendo pasado un poco más adelante,
vió a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan,
su hermano, ambos asimismo en la barca
componiendo las redes. Llamóles luego; y
ellos, dejando a su padre Zebedeo en la
barca con los jornaleros, se fueron en pos
de El.
[2 7 6 ] D e l p r i m e r o m i l a g r o hecho e n l a s
bodas de C ana G a l il e a e s c r ib e S an Juan:
(II, 1-11).
ly Primero: Fué convidado Cristo nuestro
Señor con sus discípulos a las bodas.
2.° 2.°: La Madre declara al Hijo la falta del
vino diciendo: (No tienen vino); y mandó a los
servidores: (Haced cualquiera cosa que os di­
jere;.
3.° 3.°: (Convirtió el agua en vino, y mani­
festó su gloria, y creyeron en El sus discípulos).

Texto Evangélico: Tres días después se


celebraron unas bodas en Caná de Galilea,
donde se hallaba la Madre de Jesús. Fué
también convidado a las bodas Jesús con
sus discípulos.
Y como viniese a faltar el vino, dijo a
Jesús su Madre: No tienen vino. Respon­
dióle Jesús: Mujer, ¿qué nos va a mí y á ti?
aún no es llegada mi hora.
de Cristo 413

Dijo entonces su Madre a los sirvientes:


Haced lo que El os dirá.
Estaban allí seis hidrias de piedra desti­
nadas para las purificaciones de los judíos;
en cada una de las cuales cabían dos o tres
cántaras.
Díjoles Jesús: Llenad de agua aquellas
hidrias. Y llenáronlas hasta arriba.
Díceles después Jesús: Sacad ahora en
algún vaso, y llevadle al maestresala. Hi­
riéronlo así.
Apenas probó el maestresala el agua con­
vertida en vino, como él no sabía de dónde
era, bien que lo sabían los sirvientes que la
habían sacado; llamó al esposo, y le dijo:
Todos sirven al principio el vino mejor; y
cuando los convidados han bebido ya a
satisfacción, sacan el más flojo; tú, al con­
trario, has reservado el buen vino para lo
último.
Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el pri­
mero de sus milagros, con que manifestó
su gloria, y sus discípulos creyeron más
en El.

[277] De cóm o C r is to ech ó fu e r a del


t e m p lo lo s que v e n d ía n e s c r ib e San Juan:
(II, 13-22).

1■" P r i m e r o : E c h ó t o d o s lo s q u e v e n d ía n fu e -
la flt'l t e m p lo c o n u n a z o t e h e c h o d e c u e r d a s .
2.‘>: Derrocó las mesas y dineros de los
banqueros ricos que estaban en el templo.
414 Misterios de la vida

3.° 3.°: A los pobres que vendían palomas,


mansamente d ijo: (Quitad estas cosas de aquí,
y no queráis hacer mi casa, casa de mercadería).

Texto Evangélico: Estaba ya cerca la


Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jeru-
salén; y encontrando en el templo gentes
que vendían bueyes, y ovejas, y palomas,
y cambistas sentados en sus mesase habien­
do formado de cuerdas como un azote, los
echó a todos del templo juntamente con
las ovejas, y bueyes, y derramó por el suelo
el dinero de los cambistas derribando las
mesas.
Y hasta a los que- vendían palomas les
dijo: Quitad eso de aquí, y no queráis hacer
de la casa de mi Padre una casa de tráfico.
Entonces se acordaron sus discípulos que
está escrito: El celo de tu casa me tiene
consumido (Psal. 68, 10).
Pero los judíos se dirigieron a El y le
preguntaron: ¿Qué señal nos das de tu au­
toridad para hacer estas cosas? Respon­
dióles Jesús: Destruid este templo, y Yo en
tres días le reedificaré.
Los judíos le dijeron: cuarenta y seis años
se han gastado en la reedificación de éste
templo, ¿y tú le has de levantar en tres
días? Mas El les hablaba del templo de bu
cuerpo.
Así, cuando hubo resucitado de entre los
muertos, sus discípulos hicieron memoria
de que lo dijo por esto, y creyeron con más
de Cristo 415

viva /e a la Escritura y a las palabras de


Jesús.

[27&] D e l s e r m ó n que h iz o C r is t o e n e l
m onte e s c r ib e S an M ateo: (Cap. V).
í.° Primero: a sus amados discípulos aparte
habla de las ocho beatitúdines: (Bienaventura­
dos los pobres de espíritu, los mansuetos, los mi-
sericordes, los que lloran, los que pasan hambre
y sed por la justicia, los limpios de corazón, los
pacíficos y los que padescen persecuciones).
2 .° 2 .°: los exhorta para que usen bien de sus
talentos: (Así vuestra luz alumbre delante los
hombres, para que vean vuestras buenas obras,
y glorifiquen vuestro Padre, el cual está en los
cielos).
3.°: se muestra no transgresor de la Ley.
mas consumador, declarando el precepto de no
matar, no fornicar, no perjurar y de amar los
enemigos: (Yo os digo a vosotros que améis a
vuestros enemigos, y hagáis bien a los que os
aborrescen) 1.

[279] D e có m o C r i s t o N u e s t r o S e ñ o r h iz o
soseg a r l a tem p esta d del m ar e s c r ib e San
Mateo: (V in, 23-27).
Primero: estando Cristo nuestro Señor dor-
miendo en la mar, hízose una gran tempestad.
2.°: sus discípulos atemorizados, lo desperta­
ron, a los cuales por la poca fe que tenían, re­
prehende diciéndoles: (¿Qué teméis, apocados
de fe?)
3.p: mandó a los vientos y a la mar que ce­

1 Concreta el Santo tan admirablemente el


’"so capitulo vde San Mateo que dejamos de
''nnserlblr el texto evangélico.
416 M isterios de la vida

sasen, y así cesando, se hizo tranquila la mar,


de lo cual se maravillaron los hombres dicien­
do: (¿Quién es éste, al cual el viento y la mar
obedescen?)

Texto Evangélico: Entró, pues, en una


barca acompañado de sus discípulos: y he
aquí que se levantó una tempestad tan re­
cia en la mar, que las ondas cubrían la
barca; mas Jesús estaba durmiendo.
Y acercándose a El sus discípulos le des­
pertaron diciendo: Señor, sálvanos, que pe­
recemos. Díceles Jesús: De qué teméis, ¿oh
hombres de poca fe? Entonces, puesto en
pie, mandó a los vientos y al mar que se
apaciguaran, y siguióse una gran bonanza.
De lo cual asombrados todos los que esta­
ban allí se decían: ¿Quién es Este, que los
vientos y el mar le obedecen?

[280] D e cóm o C r is t o an d aba so b r e la m ar


e s c r ib e San M ateo (XIV, 22-33).
Primero: estando Cristo nuestro Señor en el
monte, hizo que sus discípulos se fuesen a la na­
vecilla, y, despedida la turba, comenzó a hacer
oración solo.
2.°: la navecilla era combatida de las ondas,
a la cual Cristo viene andando sobre el agua,
y los discípulos pensaban que fuese fantasma.
3/* diciéndoies Cristo: ("Yo soy, no queráis
temer;, San Pedro por su mandamiento vino a El
andando sobre el agua, el cual dudando, co­
menzó a zampuzarse; mas Cristo nuestro S eñ or
lo libró, y le reprehendió de su poca fe , y des­
pués entrando en la navecilla, cesó el v ie n to .
de Cristo 4J7

Texto Evangélico: Inmediatamente des­


pués [de la multiplicación de los cinco pa­
nes], Jesús obligó a sus discípulos a embar­
carse, e ir a esperarle al otro lado del lago,
mientras que despedía a los pueblos. Y des­
pedidos éstos, se subió solo a orar en un
monte, y entrada la noche se mantuvo allí
solo.
Entretanto la barca estaba en medio del
mar batida reciamente de las ol^s, por tener
el viento contrario.
Cuando ya era la cuarta vela de la no­
ch e, vino Jesús hacia ellos caminando so­
bre el mar. Y viéndole los discípulos cami­
nar sobre el mar, se conturbaron, y dije­
ron: Es un fantasma. Y llenos de miedo,
comenzaron a gritar.
Al instante Jesús les habló diciendo: Co­
brad ánimo, soy Yo; no tengáis miedo.
Y Pedro respondió: Señor, si eres Tú.
mándame ir hacia Ti sobre las aguas. Y El
le dijo: Ven. Y Pedro, bajando de la barca,
iba caminando sobre el agua para llegar a
Jesús. Pero viendo la fuerza del viento, se
atemorizó: y empezando luego a hundirse,
dió voces diciendo: ¡Señor, sálvame! Al
Punto Jesús, extendiendo la maño, le cogió
del brazo, y le dijo: Hombre de poca fe,
¿Por qué has titubeado? Y luego que subie-
r°h a la barca, calmó el viento.
Mas los que dentro estaban, se acercaron
COMKNTAIllO A LOS EJERCICIOS
418 Misterios de la vida

a El y le adoraron, diciendo: Verdadera­


mente eres Tú el Hijo de Dios.

[281] De cóm o los apóstoles fueron en -


, VIADOS A PREDICAR ESCRIBE SAN MATEO: (X, 1<-
16).

Primero: llama Cristo a sus amados discípu­


los, y dales potestad de echar los demonios de los
cuerpos humanos y curar todas las enfermeda­
des.
2.°: enséñalos de prudencia y paciencia: (Mi­
rad que os envío a vosotros como ovejas en me­
dio de lobos; por tanto, sed prudentes como ser­
pientes y símplices como palomas).
3.°: dales el modo de ir: (No queráis posser
oro ni plata; lo que graciosamente recibís, dad­
lo graciosamente); y dióles materia de predicar:
(Yendo, predicaréis diciendo: Ya se ha acer­
cado el reino de los cielos).

Texto Evangélico: Después de esto [aca­


ba de narrar el Evangelista la compasión
entrañable que experimentó el Señor al
contemplar las gentes tan mal paradas y
tendidas como ovejas sin pastor, vista que
le hizo prorrumpir en aquella exclamación:
“La mies es verdaderamente mucha, m a^
los obreros son pocos; rogad, pues, al Due­
ño de la mies que envíe a su mies obreros],
habiendo convocado a sus doce discípulos,
les dió potestad para lanzar los espíritus
Inmundos, y curar toda especie de dolen­
cias, y enfermedades...
de Cristo 419

A estos doce envió Jesús, dándole« las


siguientes instrucciones: No vayais ahora
a tierra de gentiles, ni tampoco entréis en
poblaciones de Samaritanos; mas id antes
en busca de las ovejas perdidas de la casa
de Israel.
Id, y predicad diciendo: Que se acerca
el reino de los cielos. Y en prueba de vues­
tra doctrina, curad enfermos, resucitad
muertos, limpiad leprosos, lanzad demonios:
dad graciosamente lo que graciosamente
habéis recibido.
No llevéis oro, ni plata, ni dinero alguno
en vuestros bolsillos; ni alforja para el
viaje, ni más de una túnica y un calzado;
ni tampoco palo u otra arma para defende­
ros, porque el que trabaja merece que le
sustenten.
En cualquiera ciudad o aldea en que en­
tréis, informaos quien hay en ella hombn
de bien o que sea digno de alojaros; y per­
maneced en su casa hasta vuestra partida.
Al entrar en la casa, la salutación ha de
ser: La paz sea en esta casa. Que si la casa
la merece, vendrá vuestra paz a ella; mas
si no la merece, vuestra paz se volverá con
vosotros.
Caso que no quieran recibiros ni es­
cuchar vuestras palabras, saliendo fuera
de la tal casa o ciudad, sacudid el polvo
fJe vuestros pies. En verdad os digo que
s°doma y Gomorra serán tratadas con me­
420 Misterios de la vida

nos rigor en el día del juicio, que no la tal


ciudad.
Mirad que Yo os envío como ovejas en
medio de lobos: por tanto, habéis de ser
prudentes como serpientes y sencillos como
palomas.

[2 8 2 ] De la c o n v e r s ió n de M agdalena
e s c r ib e San L ucas: (VII, 3 6 -5 0 ).

Primero: entra la Magdalena adonde está


Cristo nuestro Señor asentado a la tabla, en
casa del fariseo, la cual traía un vaso de ala­
bastro lleno de ungüento
2° 2.°: estando detrás del Señor, cerca sus
pies, con lágrimas los comenzó de regar, y con
los cabellos de su cabeza los enjugaba, y besaba
sus pies, y con ungüento los untaba.
3.° 3.°: como el fariseo acusase a la Mada-
lena. habla Cristo en defensión della, diciendo:
(Perdónanse a ella muchos pecados, porque amó
mucho; y dijo a la mujer: tu fe te ha hecho
salva: vete en paz).

Texto Evangélico: Rogóle uno de los fa­


riseos que fuera a comer con él. Y habien­
do entrado en casa del fariseo, se puso a
la mesa.
Cuando he aquí que una mujer de la ciu­
dad, que era o había sido de mala conduc­
ta, luego que supo que se había puesto a
la mesa en casa del fariseo, trajo un vaso
de alabastro lleno de bálsamo o perfume.
Y arrimándose por detrás a sus píes, co-
do Cristo 421

menzó a lavarlos con sus lágrimas, y ios


limpiaba con los cabellos de su cabeza, y
los besaba, y derramaba sobre ellos el per­
fume.
Lo que viendo el fariseo que le había
convidado, decía para consigo: Si este hom­
bre fuera ^profeta, bien conocería quién, y
qué tal es la mujer que le está tocando, o
que es una mujer de mala vida.
Jesús, respondiendo a su pensamiento,
dícele: Simón, una cosa tengo que decirte.
Di, Maestro, respondió él.
Cierto acreedor tenía dos deudores: uno
le debía quinientos denarios; y el otro cin­
cuenta. No teniendo ellos con que pagar,
perdonó a entrambos la deuda. ¿Cuál de
ellos a tu parecer le amará más? Respon­
dió Simón: Hago juicio que aquel a quien se
perdonó más. Y díjole Jesús: Has juzgado
rectamente.
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Si­
món: ¿Ves a esta mujer? Yo entré en tu
casa, y no me has dado agua con que se
lavaran mis pies; mas ésta ha lavado mis
Pies con sus lágrimas y los ha enjugado
con sus cabellos. Tú no me has dado el
ósculo de paz; mas ésta desde que llegó, no
ha cesado de besar mis pies. Tú no has un­
gido con óleo o perfume mi cabeza; y ésta
ha derramado sobre mis pies sus perfumes .
Por todo lo cual te digo que le son per­
donados muchos pecados, porque ha amado
422 Misterios d(‘ la vida

mucho. Que ama menos aquel a quien me­


nos se le perdona.
En seguida dijo a la mujer: Perdonados
te son tus pecados.
Y luego los convidados empezaron a de­
cir interiormente: Quién es este que tam­
bién perdona pecados. Mas El · dijo a la
mujer: Tu fe te ha salvado: vete en paz.

[283] D e c ó m o C r i s t o n u e s t r o S e ñ o r d ió a
COMEE A CINCO MIL HOMBRES ESCRIBE. SAN MAt
teo: (XIV. 13-21).

1.° Primero: los discípulos, como ya se hicie-


S3 tarde, ruegan a Cristo que despida la multi­
tud de hombres, que con El eran.
2.° 2.‘>: Cristo nuestro Señor mandó que le
trujesen panes, y mandó que se asentasen a la
tab}a, y bendijo, y partió, y dió a sus discípulos
los panes, y los discípulos a la multitud.
3.° 3.°: (Comieron y hartáronse, y sobraron
doce espuertas).

Texto Evangélico: Jesús, pues, habiendo


oído aquello que Herod.es decía de El, reti­
róse de allí por mar, a un lugar desierto,
fuera de poblado: mas entendiéndolo las
gentes, salieron de sus ciudades, siguién­
dole a pie por tierra.
Y Jesús, al salir del barco, viendo tan
gran gentío se movió a lástima, y curó a
los enfermos.
Al caer de la tarde, sus discípulos se lle­
garon a El diciendo: el lugar es desierto,
de Cristo 423

y la hora es ya pasada: despacha esas gen­


tes para que vayan a las poblaciones a
comprar que comer. Pero Jesús les dijo:
No tienen necesidad de irse: dadles vos­
otros de comer. A lo que respondieron: no
tenemos aquí más de cinco panes y dos
peces. Díjoles El: Traédmelos acá.
Y habiendo mandado sentar a todos so­
bre la yerba, tomó los cinco panes y los
dos peces, y, levantando los ojos al cielo,
los bendijo y partió, y dió los panes a los
discípulos, y los discípulos los dieron a la
gente. Y todos comieron y se saciaron, y
de lo que sobró recogieron doce canastos
llenos de pedazos. El número de los que
comieron fué de cinco mil, sin contar mu­
jeres y niños.

[2 8 4 ] De la T r a n s fig u r a c ió n de C r is to
escribe San M a teo: (XVII, 1-8).

1.° Primero: tomando en compañía Cristo


nuestro Señor a sus amados discípulos Pedro,
Jacobo y Juan, transfiguróse, y su cara resplan­
decía como el sol, y sus vestiduras como la
nieve.
2.° 2.°: hablaba con Moisés y Elias.
3° 3.°: diciendo San Pedro que hiciesen tres
tabernáculos, sonó una voz del cielo que decía:
(Este es mi Hijo amado, oidle). La cual voz,
como sus discípulos la oyesen, de temor caye­
ron sobre las caras, y Cristo nuestro Señor to­
cólos y dijoles: (Levantaos y no tengáis temor;
a ninguno digáis esta visión, hasta que el Hijo
fol hombro resucite).
424 Misterios de la vida

Texto Evangélico: Seis días después [de


haber hecho el Señor la promesa: “En ver­
dad os digo que hay aquí algunos que no
han de morir antes que vean al Hijo del
hombre en su reino” ] tomó Jesús consigo
a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano,
y subiendo con ellos solos a un alto monte,
se transfiguró en su presencia. De modo
que su rostro se puso resplandeciente como
el sol, y sus vestidos blancos como la nie­
ve.
Y al mismo tiempo les aparecieron Moi­
sés y Elias conversando con El de lo que
debía padecer en Jerusalén. Entonces Pe­
dro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Se­
ñor, bueno es estarnos aquí: si te parece,
formemos aquí tres pabellones, uno para
Ti, otro para Moisés y otro para Elias.
Todavía estaba Pedro hablando, cuando
una nube resplandeciente vino a cubrirlos;
y al mismo instante resonó desde la nube
una voz que decía: Este es mi querido Hijo
en quien tengo todas mis complacencias:
a El habéis de escuchar.
A cuya voz los discípulos cayeron sobre
su rostro en tierra, y quedaron poseídos
de un grande espanto. Mas Jesús se llegó
a ellos, los tocó y les dijo: Levantaos, y ñ°
tengáis miedo. Y alzando los ojos no vieron
a nadie sino a solo Jesús.
de Cristo 421

[285j De la R esurrección de L ázaro :


(Ioannes, XI, 1-46).
1.° Primero: hacen saber a Cristo nuestro
Señor Marta y María la enfermedad de Lázaro,
la cual sabida, se detuvo por dos días, para que
el milagro fuese más evidente.
2 .° 2.°: antes que lo resucite, pide a la una
y a la otra que crean, diciendo: (Yo soy resur­
rección y vida; el que cree en Mi, aunque sea
muerto, vivirá).
3.° 3.°: lo resucita después de haber llorado
y hecho oración; y la manera de resucitarlo fué
mandando: (Lázaro, ven fuera).

Texto Evangélico: Estaba enfermo por


este tiempo un hombre llamado Lázaro ve­
cino de Betania, patria de María y de Mar­
ta sus hermanas. (Esta María es aquella
misma que derramó sobre el Señor el per­
fume, y le limpió los pies con sus cabellos
de la cual era hermano Lázaro que estaba
enfermo). Las hermanas, pues, enviaron a
decirle: Señor, mira que aquel a quien amas
está enfermo.
Oyendo Jesús el recado, díjoles: Esta en­
fermedad no es mortal, sino que está, orde­
nada para gloria de Dios, con la mira de
que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.
Jesús tenía particular afecto a Marta y a
su hermana María y a Lázaro. Cuando oyó
que éste estaba enfermo, quedóse dos días
wiós en el mismo lugar; después de pasa­
dos éstos, dijo a sus discípulos: Vamos otra
V('z a la Judea.
42o Misterios de la vida

Dícenle sus discípulos: Maestro, hace


poco que los judíos querían apedrearte, ¿y
quieres volver allá? Y Jesús les respondió:
Pues qué, ¿no son doce las horas del día?
El que anda de día no tropieza, porque ve
la luz de este mundo; al contrario, quien
anda de noche tropieza, porque no tiene
luz. Así dijo, y añadióles después: Nuestro
amigo Lázaro duerme; mas Yo voy a des­
pertarle del sueño. A lo que dijeron sus dis­
cípulos: Señor, si duerme, sanará. Mas Je­
sús había hablado del sueño de la muerte;
y ellos pensaban que había hablado del sue­
ño natural.
Entonces les dijo Jesús claramente: Lá­
zaro ha muerto: y me alegro por vosotros
de no haberme hallado allí, a fin de que
creáis. Pero vamos a él.
Entonces Tomás, por otro nombre Dídi-
mo, dijo a sus condiscípulos: ¡Vamos tam­
bién nosotros, y muramos con El!
Llegó, pues, Jesús, y halló que hacía ya
cuatro días que Lázaro estaba sepultado.
(Distaba Betania de Jerusalén como unos
quince estadios). Y habían ido muchos de
los judíos a consolar a Marta y a María,
de la muerte de su hermano.
Marta, luego que oyó que Jesús venía, le
salió a recibir, y María se quedó en casa.
Dijo, pues, Marta a Jesús: Señor, si hu­
bieses estado aquí, no hubiera muerto mi
hermano: bien que estoy persuadida de que
de Cristo 427

ahora mismo te concederá Dios cualquiera


cosa que le pidieres. Dícele Jesús: Tu her­
mano resucitará. Respondióle Marta: Bien
sé que resucitará en la resurrección univer­
sal, que será en el último día. Dícele Jesús:
Yo soy la resurrección y la vida: quien cree
en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá: y
todo aquel que vive y cree en Mí no m o­
rirá para siempre. ¿Crees tú esto? Respon­
dióle: ¡Oh Señor! Sí que lo creo: y que
Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que
has venido a este mundo. Dicho esto, fuese
y llamó secretamente a María su hermana,
diciéndole: Está aquí el Maestro, y te lla­
ma.
Apenas ella oyó esto, se levantó apresu­
radamente, y fué a encontrarle; porque
Jesús no había entrado todavía en la al­
dea, sino que aún estaba en aquel mismo
sitio en que Marta le había salido a recibir.
Por eso, los judíos que estaban con María
en la casa, y la consolaban, viéndola levan­
tarse de repente y salir fuera, la siguieron
diciendo: Esta va sin duda al sepulcro para
llorar allí.
María, pues, habiendo llegado a donde
estaba Jesús, viéndole, postróse a sus pies
y le dijo: Señor, si hubieses estado aquí,
no habría muerto mi hermano. Jesús al
verla llorar, y llorar también los judíos que
habían venido con ella, estremecióse en su
alma, y conturbóse a sí mismo; y dijo:
428 M isterios de la vida
u

¿Dónde le pusistéis? Ven, Señor, le dije­


ron, y lo verás. Entonces a Jesús se le
arrasaron los ojos en lágrimas.
E cl vista de lo cual, dijeron los judíos:
Mirad cómo le amaba. Mas algunos de
ellos dijeron: Pues éste, que abrió los ojos
de un ciego de nacimiento, ¿no podía ha­
cer que Lázaro no muriese?
Finalmente, prorrumpiendo Jesús en nue­
vos sollozos, que le salían dél corazón, vino
al sepulcro, que era una gruta cerrada con
una. gran piedra. Dijo Jesús: Quitad la
piedra. Marta, hermana del difunto, le res­
pondió: Señor, mira que ya yede, pues hace
ya cuatro días que está aquí. Dijóle Jesús:
¿No te he dicho que si creyeres, verás la
gloria de Dios?
Quitaron, pues, la piedra. Y Jesús, le­
vantando los ojos al cielo, dijo: ¡Oh Pa­
dre! gracias te doy porque me has oído.
Bien es verdad que yo ya sabía que siem­
pre me oyes; mas lo he dicho por razón de
este pueblo que está alrededor de Mí; con
el fin de que crean que Tú eres el que me
has enviado.
Dicho esto, gritó con voz muy alta o so­
nora: ¡Lázaro, sal a fuera! Y al instante
el que había muerto salió fuera, ligado de
pies y manos con fajas, y tapado el rostro
con un sudario. Dijoles Jesús: Desatadle,
y dejadle ir.
Con esto, muchos de los judíos que h »'
de Cristo 429

bían venido a visitar a María y a Marta,


y vieron lo que Jesús hizo, creyeron en El.
Mas algunos de ellos se fueron a los fari­
seos, y les contaron las cosas que Jesús
había hecho.

[286] De la cena en B etania (Mat., XXVI


6-13).

1.0 Primero: el Señor cena en casa de Simón


leproso juntamente con Lázaro.
2.°: derrama María el ungüento sobre la ca­
beza de Cristo.
3.° 3.°: murmura Judas diciendo: (¿Para qué
es esta perdición de ungüeñto?). Mas El excusa
otra vez a Madalena diciendo: (¿Por qué sois
enojosos a esta mujer, pues que ha hecho una
buena obra conmigo?)

Texto Evangélico: Estando Jesús en Be­


tania en casa de Simón el leproso, se llegó
a El una mujer con un vaso de alabastro,
lleno de perfume o ungüento de gran pre­
cio, y derramólo sobre la cabeza de Jesús,
el cual estaba a la mesa.
Algunos de los discípulos, al ver esto, lo
llevaron muy a mal diciendo: ¿A qué fin
ese desperdicio, cuando se pudo vender
esto en mucho precio y darlo a los po­
bres?
Lo cual entendiendo Jesús, les dijo: ¿Por
Qué molestáis a esta mujer y reprobáis lo
Me hace, siendo buena, como es la obra
We ha hecho conmigo; pues a los pobres
430 Misterios de la vida

los tenéis siempre a mano; mas a mí no


me tenéis siempre. Y derramando ella so­
bre mi cuerpo este bálsamo, lo ha hecho
como para disponer de antemano mi se­
pultura. En verdad os digo que doquiera
que se predique este Evangelio, que lo será
en todo el mundo, se celebrará también en
memoria suya lo que acaba de hacer.

[2 8 7 ] D o m in g o de R amos (M a t., X X I - 1 -
17).

í.° Primero: el señor envía por el asna y el


pollino diciendo: (Desatadlos, y traédmelos; y
si alguno os dijere alguna cosa, decid que el Se-
ñoi los ha menester, y luego los dejará).
2.0 2 °: subió sobre el asna cubierta con las
vestiduras de los Apóstoles.
3.° 3.°: le salen a recebir tendiendo sobre el
camino sus vestiduras y los ramos de los árbo­
les y diciendo: (¡Sálvanos, Hijo de David!
¡ Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡ Sálvanos en las alturas!)

Texto Evangélico: Acercándose a Jeru-


salén, luego que llegaron a la vista de Bet-
fage al pie del Monte de los olivos, des­
pachó Jesús a dos discípulos, diciéndoles:
Id a esa aldea que se ve en frente de vos­
otros, y sin más diligencias encontraréis
una asna atada y su pollino con ella: de­
satadlos, y traédmelos: que si alguno os
dijere algo, respondedle que los ha me­
nester el Señor, y al punto os los dejará
de Ci-isto 431

llevar. Todo esto sucedió en cumplimien­


to de lo que dijo el Profeta: Decid a la
hija de Sión, mira que viene a ti tu Rey
lleno de mansedumbre, sentado sobre una
asna y su pollino hijo de la que está acos­
tumbrada al yugo (Is. LXII, 11; Zac., IX,
9).
Idos los discípulos, hicieron lo que Jesús
les mandó: y trajeron el asna y el pollino:
y los aparejaron con sus vestidos; y le hi­
cieron sentar encima. Y una gran muche­
dumbre de gentes tendían por el camino
sus vestidos; otros cortaban ramos u ho­
jas de los árboles, y los ponían por donde
había de pasar. Y tanto las gentes que
iban delante como las que venían detrás,
clamaban diciendo: Hossanna, salud y glo­
ria al Hijo de David! ¡Bendito sea el que
viene en nombre del Señor: ¡Hossanna
en lo más alto de los cielos!

[288] De la p r e d i c a c ió n en el tem plo

(Luc., XIX, 47-48).

1.° Primero : estaba cada día enseñando en


el templo.
2.° 2.°: acabada la predicación, porque no
había quien lo recibiese en Jerusalén, se volvía
a Betania.

Texto Evangélico: Y enseñaba todos los


días en el templo. Pero los príncipes de los
sacerdotes y los escribas y los principales
432 Misterios de la vida

del pueblo buscaban cómo quitarle del mun­


do; y no hallaban medio de obrar contra
de El porque todo el pueblo estaba sus­
penso de sus labios escuchándole.

[289] De l a cena (Mat., XXVI, 17-30;


lo.. X n i, 1-30).
1.° Primero: comió el cordero pascual con
sus doce Apóstoles, a los cuales les predijo su
muerte: (En verdad os digo que uno de vosotros
me ha de vender).
2 .° 2 ° : lavó los pies de los discípulos, hasta
los de Judas, comenzando de San Pedro, el cual
considerando la majestad del Señor y su propia
bajeza, no queriendo consentir, decía: <Señor,
¿Tú me lavas a mí los pies?) mas San Pedro no
sabía que en aquello daba ejemplo de humildad,
y por eso dijo: (Yo os he dado ejemplo, para
que hagáis como Yo hice).
3.° 3.°: instituyó el sacratísimo Sacrificio de
la Eucaristía, en grandísima señal de su amor,
diciendo: (Tomad, y comed). Acabada la cena,
Judas se sale a vender a Cristo nuestro Señor.

Texto Evangélico. (M ateo): Instando el


primer día de los ázimos, acudieron los dis­
cípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde
quieres que te dispongamos la cena de la
Pascua? Jesús les respondió: I d a la c iu d a d
en casa de tal persona, y,dadle este reca­
do: El Maestro dice: mi tiempo se acerca
ya; voy a celebrar en tu cfisa la Pascua con
mis discípulos. Hicieron, pues, los discípu­
los lo que Jesús les ordenó, y prepararon
lo necesario para la Pascua.
de Cristo 433

Al caer de la tarde, púsose a la mesa con


sus doce discípulos. Y estando ya comiendo,
dijo: En verdad os digo que uno de vosotros
me hará traición. Y ellos afligidos sobre­
manera empezaron cada uno de por sí a
preguntar: ¿Señor, soy yo acaso? Y El en
respuesta, dijo: El que mete conmigo su
mano en el plato vara mojar él van, ese es
el traidor. En cuanto al Hijo del hombre,
se marcha, conforme está escrito de El.
Pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo
del hombre será entregado! Mejor le fuera
al tal si no hubiese jamás nacido. Y toman­
do la palabra Judas, que era el que le en­
tregaba, dijo: ¿Soy quizá yo. Maestro? Y
respondió Jesús: Tú lo has dicho, tú eres.
Mientras estaban cenando, tomó Jesús el
pan, y le bendijo y partió, y diósele a sus
discípulos diciendo: Tomad y comed: este
es mi Cuerpo. Y tomando el cáliz, dió gra­
cias, le bendijo, y diósele diciendo: Bebed
todos de El. Porque esta es mi Sangre que
será el sello del nuevo Testamento, la cual
será derramada por muchos para remisión
de los pecados. Y os declaro que no beberé
ya más desde ahora de este fruto de la vid.
hasta el día en que beba con vosotros de el
nuevo cáliz de delicias en el reino de mi
Padre. Y dicho el himno de acción de gra-
rí<ís, salieron hacia el Monte de los olivos.
(Juan): Víspera del día solemne de la
Pascua, sabiendo Jesús que era llegada la
•l|' ' '»MI' N I AIMO A liOS E J E R C IC I O S
434 Misterios de la vida

hora de su tránsito de este mundo al Padre:


como hubiese amado a los suyos que vivían
en el mundo, los amó hasta el fin. Y así,
acabada la cena, cuando ya el diablo había
sugerido en el corazón de Judas, hijo de Si­
món Iscariote, el designio de entregarle; Je­
sús, que sabía que el Padre le había puesto
todas las cosas en sus manos, y que como
era venido de Dios, a Dios volvía; levántase
de la mesa, y quítase sus vestidos, y habien­
do tomado una toalla, se la ciñe; echa des­
pués agua en un lebrillo, y pónese a lavar
los pies de los discípulos, y a limpiarlos con
la toalla que se había ceñido.
Viene a Simón Pedro, y Pedro le dice: Se­
ñor, ¿Tú lavarme a mí los pies? Respondió­
le Jesús y le dijo: Lo que Yo hago, tú no
lo entiendes ahora; lo entenderás después.
Dícele Pedro: ’Jamás por jamás no me la-,,
varás Tú a mí los pies. Respondióle Jesús:
Si Yo no te lavare, no tendrás parte con­
migo. Dícele Simón Pedro: Señor, no sola­
mente mis pies, sino las manos también y
la cabeza. Jesús le dice: El que acaba de
lavarse, no necesita lavarse más que los pies,
estando como está limpio todo lo demás.
Y en cuanto a vosotros, limpios estáis, bien
que no todos. Que como sabía quien era el
que le había de hacer traición, por eso
dijo: No todos estáis limpios.
Después, en fin, que les hubo lavado los
pies, y tomó otra vez su vestido, puesto de
de Cristo 435

nuevo a la mesa, dijoles: ¿Comprendéis lo


que acabo de hacer con vosotros? Vosotros
me llamáis Maestro y Señor, y decís bien,
porque lo soy; pues si Yo, que soy el Maestro
y el Señor, os he lavado los pies; debéis
también vosotros lavaros los pies uno al
otro. Porque ejemplo os he dado para que
pensando lo que Yo he hecho con vosotros,
así lo hagáis vosotros también. En verdad,
en verdad os digo que no es el siervo más
que su amo; ni tampoco el enviado o emba­
jador mayor que aquél que le envió.
Y añadió: si comprendéis estas cosas, se­
réis bienaventurados como las practiquéis.
No lo digo por todos vosotros; Yo conozco
a los que tengo escogidos. Mas ha de cum­
plirse la Escritura: Uno que come el pan
conmigo levantará contra mí su calcañar
(Ps. 40, 10). Os lo digo desde ahora, antes
que suceda; para que cuando sucediere, me
reconozcáis por lo que soy, esto es, por el
Mesías. En verdad, en verdad os digo que
quien recibe al que Yo enviare, a mí me
recibe; y quien a mí me recibe, recibe a
Aquél que me ha enviado
Habiendo dicho Jesús estas cosas, se tur­
bó en su corazón; y abiertamente declaró
y dijo: En verdad, en verdad os digo: que
uno de vosotros me hará traición. Al oír
esto los discípulos horrorizados, mirábanse
unos a otros dudando de quien hablarla.
Estaba uno de ellos, al cual Jesús amaba,
436 Misterios ele la vicia

recostado a la mesa con la cabeza casi sobre


el seno de Jesús. A este discípulo, pues, Si­
món Pedro le hizo una seña dicléndole:
¿quién es ese de quien habla? Y entonces
recostándose más sobre el pecho de Jesús,
le dijo: ¿Señor, quién es? Jesús le respon­
dió: Es aquel a quien ahora daré pan mo­
jado. Y habiendo mojado un pedazo de pan,
se le dió a Judas hijo de Simón Iscariote.
Y después que tomó éste el bocado, se apo­
deró de él Satanás plenamente. Y Jesús con
majestuoso desdén le dijo: Lo que piensas
hacer, hazlo cuanto antes. Pero ninguno de
los que estaban a la mesa entendió a qué
fin se lo dijo; porque como Judas tenía la
bolsa, pensaban algunos que Jesús le hubie­
se dicho: Compra lo que necesitemos para
la fiesta; o que diese algo a los pobres. El,
luego que tomó el bocado, se salió, y era ya
de noche.

[290]
D e los m isterios hechos desde la
CENA HASTA EL HUERTO INCLUSIVE (Mat., XXVI,
30-46; Marc., XIV, 26-42; Le. XXII, 39-46).
2.° Primero: el Señor, acabada la cena y
cantando el himno, se fué al Monte Oliveti con
sus discípulos llenos de miedo; y dejando los
ocho en Getsemaní diciendo: (Sentaos aquí
hasta que vaya allí a orar;.
2." 2 °: acompañado de San Pedro, Santiago
y San Juan, oró tres veces al Señor diciendo:
cPadre, si se puede hacer, pase de mí este cáliz;
con todo, no se haga mi voluntad, sino la tuya;
de Cristo 437

y estando en agonía, oraba más prolijamente).


3.° 3.°: vino en tanto temor, que decía: (Tris­
te está mi ánima hasta la muerte). Y sudó san­
gre tan copiosa, que dice San Lucas: (Su sudor
era como gotas de sangre que corrían en tierra),
lo cual ya supone las vestiduras estar llenas de
sangre.
Texto Evangélico (M ateo): Y dicho el
himno de acción de gracias, salieron hacia
el Monte de los Olivos. Entonces díceles Je­
sús: Todos vosotros padeceréis escándalo
por ocasión de mí esta noche y me abando­
naréis. Por cuanto está escrito: Heriré al
pastor y se descarriarán las ovejas del re­
baño. Mas en resucitando, Yo iré delante
de vosotros a Galilea, donde volveré a reu­
nirás. Pedro respondiendo, le dijo: Aun
cuando todos se escandalizaren por tu cau­
sa, nunca jamás me escandalizaré yo ni te
abandonaré. Replicóle Jesús: Pues yo te ase­
guro con toda verdad que esta noche antes
que cante el gallo, me has de negar tres
veces. A lo que dijo Pedro: Aunque me sea
forzoso morir contigo, yo no te negaré. Esto
mismo protestaron todos los discípulos.
Entretanto llegó Jesús con ellos a una
granja llamada Getsemaní, y les dijo: Sen­
taos aquí, mientras Yo voy más allá y hago
oración. Y llevándose consigo a Pedro y a
tos dos hijos del Zebedeo Santiago y Juan,
empezó a entristecerse y angustiarse. Y les
^Jo entonces: Mi alma siente angustias
Mortales; aguardad aquí y velad conmigo.
438 Misterios de la vida

Y adelantándose unos pasos (y apartándose


de ellos como la distancia de un tiro de
piedra, Luc., XXII, 41), se postró en tierra
caído sobre su rostro, orando y diciendo:
Padre mío, si es posible, no me hagas beber
este cáliz: pero no obstante, no se haga lo
que Yo quiero, sino lo que Tú.
Oh Padre, Padre! Todas las cosas te
son posibles; aparta de mí este cáliz; mas
no se haga lo que Yo quiero, sino lo que
Tú, (Mar., XIV, 36).
(Padre, si es de tu agrado, aleja de mí
este cáliz. No obstante, no se haga mi vo­
luntad, sino la tuya, Luc., XXII, 42).
Volvió después a sus discípulos, y los halló
durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Es posible que
no hayas podido velar una hora conmigo?
Velad y orad para no caer en la tentación:
que si bien el espíritu está pronto, mas la
carne es flaca.
Volvióse de nuevo por segunda vez, y oró
diciendo: Padre mío, si no puede pasar este
cáliz sin que Yo le beba, hágase tu volun­
tad. Dió después otra vuelta, y encontrólos
dormidos, porque sus ojos estaban cargados
de sueño. Y dejándolos, se retiró aún a orar
por tercera vez repitiendo las mismas pa­
labras.
(En esto, le apareció un Angel del cietó
confortándole. Y entrando en agonía, ora*
ba con mayor intensión. Y vínole un sudor
como de gotas de sangre que chorreaba
de Cristo 439

hasta el suelo. Y levantándose de la oración,


y viniendo a sus discípulos, hallólos dormi­
dos por causa de la tristeza. Y díjoles: ¿Por
qué dormís? Levantaos y orad para no caer
en tentación. No había terminado de hablar
todavía, cuando sobrevino un tropel de gen­
te, delante de la cual iba uno de los doce
llamado Judas... Luc., XXII, 43-47) 1.
En seguida se volvió a sus discípulos, y
les dijo: Dormid ahora y descansad. He aquí
que llegó ya la hora, y el Hijo del hombre
va luego a ser entregado en manos de los
pecadores. ¡Ea! levantaos; vamos de aquí:
ya llegó aquel que me ha de entregar. Aún
no había acabado de decir esto, cuando
llegó Judas, uno de los doce...

[291] De los m isterios hechos desde el


HUERTO HASTA LA CASA DE ANAS INCLUSIVE
(Mat., XXVI, 47-58 y 69-70; Marc., XIV.
43-54 y 66-68; Luc., XXII, 47-57).
l.° Primero: el Señor se deja besar de Judas,
y prender como ladrón, a los cuales dijo: (Co­
1 Acomodándonos al orden que sigue el san­
to Padre, ponemos el sudor de sangre de Nues­
tro Señor en la tercera oración. Este orden es
conforme al sagrado texto y también muy pro­
bable. Como San Lucas, que es el único que nos
cuenta este sudor, no pone sino una oración, el
sudor y la confortación del Angel lo mismo pudo
tener lugar en la primera oración o en la se­
gunda, que en la tercera. Con itodo, pareoe más
Probable que el Padre envió al Angel que con­
fortase a su Hijo amado después de largas luchas
contra las repugnancias de la naturaleza, en la
tornera oración.
440 Misterios de la vida

mo a ladrón me habéis salido a prender con


palos y armas, cuando cada día estaba con vos­
otros en el templo enseñando, y no me prendis­
teis); y diciendo: (¿A quién buscáis?) cayeron
en tierra los enemigos.
2.° 2.°: San Pedro hirió a un siervo del pon­
tífice, al cual el mansueto Señor dice : (Torna
tu espada en su lugar), y sanó la herida del
siervo.
3.° 3.°: desamparado de sus discípulos, es lle­
vado a Anás, adonde San Pedro, que le había
seguido desde lejos, le negó una vez; y a Cristo
le fué dada una bofetada diciéndole: (¿Así res­
pondes al pontífice?).
Texto Evangélico. (M ateo): Estando toda­
vía hablando, llega Judas Iscariote, uno de
los doce, acompañado de mucha gente ar­
mada con espadas y con garrotes, enviada
por los príncipes de los sacerdotes, por los
escribas y por los ancianos.
El traidor les había dado una seña di­
ciendo: A quien yo besare él es; prendedle
y conducidle con cautela. Así, al punto que
llegó, arrimándose a Jesús, le dijo: Maes­
tro mío, Dios te guarde, y besóle. Díjole
Jesús: Amigo, ¿a qué has venido?
(M arcos): Oh Judas, ¿con un beso entre­
gas al Hijo del hombre?
(Juan): Jesús, que sabía todas las c o s a s
que le habían de sobrevenir, salió a su en­
cuentro y les dijo: ¿A quién buscáis? Res­
pondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Je"
sús: Yo soy. Estaba también entre ellos Ju­
das el que le entregaba. Apenas, pues, les
do Cristo 441

dijo, Yo soy, retrocedieron todos y cayeron


en tierra. Levantados que fueron, les pre­
guntó Jesús segunda vez: ¿A quién bus­
cáis? Y ellos respondieron: A Jesús Naza­
reno. Replicó Jesús: Ya os he dicho que
Yo soy. Ahora bien, si me buscáis a mí, de­
jad ir a estos...
Entretanto, Simón Pedro que tenía una
espada, la desenvainó, y dando un golpe a
un criado del pontífice, le cortó la oreja
derecha. Este criado se llamaba Maleo. Pero
Jesús dijo a Pedro: Mete tu espada en la
vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre,
he de dejar de beberle? (XVIII, 4-11).
(M ateo): Todos los que se sirvieren de la
espada por su propia autoridad, a espada
morirán. ¿Piensas que no puedo acudir a
mi Padre, y pondrá al momento a mi dis­
posición más de doce legiones de ángeles?
Mas ¿cómo se cumplirán las Escrituras, se­
gún las cuales conviene que suceda así?
(Lucas): Dijo después Jesús a los prin­
cipes de los sacerdotes y a los prefectos del
templo y a los ancianos que venían contra
El: Habéis salido armados con espadas y
garrotes como contra un ladrón. Aunque
cada día estaba con vosotros en el templo,
nunca me habéis echado la mano; mas esta
es la hora vuestra y el poder de las tinie­
blas.
(Juan): En fin, la cohorte de soldados,
el tribuno o comandante y los ministros de
442 M iste r io s de la vida

los judíos prendieron a Jesús, y le ataron.


De allí le condujeron primeramente a casa
de Anás, porque era suegro de Caifás que
era sumo pontífice aquel año...
Iba siguiendo a Jesús Simón Pedro, y otro
discípulo que era conocido del pontífice,
y así entró con Jesús en el atrio del pon­
tífice, quedándose Pedro fuera en la puerta.
Por eso, el otro discípulo conocido del pon­
tífice, salió a la puerta y habló a la por­
tera, y franqueó a Pedro la entrada.
Entonces la criada portera dice a Pedro:
¿No eres tú también de los discípulos de
este hombre? El respondió: No lo soy.
Los criados y ministros que habían ido a
prender a Jesús, estaban a la lumbre, por­
que hacía frío, y se calentaban. Pedro asi­
mismo estaba con ellos calentándose.
Entretanto el pontífice se puso a interro­
gar a Jesús sobre sus discípulos y doctrina.
A lo que respondió Jesús: Yo he predicado
públicamente delante de todo el mundo;
siempre he enseñado en la sinagoga y en
el templo, a donde concurren todos los ju­
díos: y nada he hablado en secreto. ¿Qué
me preguntas a mí? Pregunta a los que
han oído lo que Yo les he enseñado; pues
esos saben cuáles cosas haya dicho Yo.
A esta respuesta, uno de los ministros
asistentes dió una bofetada a Jesús dicien­
do: ¿Así respondes al pontífice? Respon­
dióle Jesús: Si he hablado mal, manifiesta
de Cristo 443

lo malo que he dicho; pero si bien ¿por


qué me hieres? (XVIII, 12-23).

[292] D e los m isterios hechos desde la


casa de A nas hasta la casa de C aifas in clu ­
sive (Mt., XXVI; Me., XIV; Luc., XXII;
lo., XVIII).

1.° Primero: lo llevan atado desde casa de


Anas a casa de Caifás, adonde San Pedro lo
negó dos veces; y mirado del Señor (saliendo
fuera, lloró amargamente).
2.° 2.°: estuvo Jesús toda aquella noche ata­
do
3.° 3.°: aliende desto los que lo tenían preso
se burlaban dél y le herían, y le cubrían la cara,
y le daban de bofetadas; y le preguntaban:
(Prophetiza nobis quién es el que te hirió; y
semejantes cosas blasfemaban contra El).

Texto Evangélico. (Juan): Anas le envió


atado a casa de Caifás. Y estaba allí en
pie Simón Pedro calentándose. Dijéronle,
pues: ¿No eres tú también de sus discípu­
los? El lo negó diciendo: No soy. Dícele
uno de los criados del pontífice, pariente
de aquel cuya oreja había cortado Pedro:
Pues ¡qué! ¿no te vi yo en el huerto con
El? Negó Pedro otra vez, y al punto cantó
el gallo.
(Marcos): Los que estaban allí decían
nuevamente a Pedro: Seguramente tú
eres de ellos pues eres también galileo. Aquí
comenzó a echarse maldiciones, y a asegu­
444 Misterios ele la vida

rar con juramento: Yo no conozco a ese


hombre de que habláis. Y al instante cantó
el gallo la segunda vez. Con lo que se acor­
dó Pedro de la palabra que Jesús le había
dicho: antes de cantar el gallo por segunda
vez. tres veces me habrás negado.
(Lucas): Y volviéndose el Señor a Pedro,
le miró. Y Pedro se acordó luego de la pa­
labra que el Señor le había dicho: antes
que cante el gallo, me negarás tres veces.
Y habiéndose salido afuera, lloró amarga­
mente.
Mientras tanto, los que tenían atado a
Jesús, se mofaban de El y le golpeaban; y
habiéndole vendado los ojos le daban bofe­
tones, y le preguntaban diciendo: Adivina:
quién es el que te ha herido? Y repetían
otros muchos dicterios blasfemando con­
tra El.
M a teo: Empezaron a escupirle en la cara
y a maltratarle a puñadas.

[293] De los m is t e r io s hechos desde la

casa de C a if a s h a sta l a de P il a t o in c l u s iv e :
(Mt., X X V II; Le., X X III; Me., XV; lo.,
XVIII).

1p Primero: le llevan toda la multitud de los


judíos a Pilato, y delante dél lo acusan dicien­
d o : (A este habernos hallado que echaba a per­
der nuestro pueblo, y vedaba pagar tributo a
César).
2.° 2.°: después de habello Pilato una vez y
de Cristo 445

otra examinado, Pilato dice: (Yo no hallo culpa


ninguna).
3.° 3 .° : le fué preferido Barrabás, ladrón :
(Dieron voces todos diciendo: No dejes a Este,
sino a Barrabás).

Texto Evangélico. (M ateo): Venida la


mañana, todos los príncipes de los sacerdo­
tes y los ancianos del pueblo, tuvieron con­
sejo contra Jesús para hacerle morir. Y de­
clarándole reo de muerte, le condujeron
atado al presidente o gobernador Poncio
Pilato.
(Juan): Era muy de mañana y ellos no
entraron en el pretorio por no contaminar­
se a fin de poder comer de las víctimas de
la Pascua. Por eso salió Pilato afuera, y les
dijo: ¿Qué acusación traéis contra este
hombre? Respondieron y dijéronle: Si éste
no fuera malhechor, no le hubiéramos pues­
to en tus manos. Replicóles Pilato: Pues
tomadle vosotros y juzgadle según vuestra
ley. Los judíos le dijeron: A nosotros no
nos es permitido matar a nadie, esa potes­
tad es tuya. Con lo cual vino a cumplirse
lo que Jesús dijo indicando el género de
muerte de que había de morir.
(Lucas): A éste le hemos hallado per­
virtiendo a nuestra nación, y vedando
Pagar los tributos a César, y diciendo que
es Cristo o el Ungido Rey de Israel.
(Juan): Oído esto, Pilato entró de nuevo
¡ 011 el pretorio, y llamó a Jesús y le pregun-
446 Misterios de la vida

tó: ¿Eres Tú el Rey de los judíos? Respon­


dió Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te
lo han dicho de mí otros? Replicó Pilato:
¡Qué! ¿Acaso soy yo judío? Tu nación ,y
los pontífices te han entregado a mí: ¿qué
has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no
es de este mundo: si de este mundo fuera
mi reino, claro está que mis gentes me
hubieran defendido para que no cayese en
manos de los judíos: mas mi reino no es
de acá. Replicóle a esto Pilato: Con xjrae
¿Tú eres Rey? Respondió Jesús: Así es tí'cR'
mo dices: Yo soy Rey. Yo para esto nací
y para esto vine al mundo, para dar testi­
monio de la verdad: todo aquel que per­
tenece a la verdad escucha mi voz. Dícele
Pilato: ¿Qué es la verdad? ¿de qué verdad
hablas? Y dicho esto, salió segunda vez a.lo»s
judíos, y les dijo: Yo ningún delito hallo en
este hombre. Mas ya que tenéis la costum­
bre de que os suelte un reo en la Pascraa*
¿queréis que os ponga en libertad al Rey
de los judíos? Entonces todos ellos volvie­
ron a gritar: No es ese, sino a Barrabás. Es
de saber que este Barrabás era un ladrón
y homicida .

[294] De los m is t e r io s hechos d esd e ·, i *


casa de P il a t o h asta la de H erodes: (L c ·'
XXIII. 5-12).
l.° Primero: Pilato envió a Jesús galillo &
Herodes, tetrarca de Galilea.
de Cristo 447

2.° 2.°: Herodes curioso le preguntó larga­


mente; y El ninguna cosa le respondía, aunque
los escribas y sacerdotes le acusaban constante­
mente.
3.° 3.°: Herodes lo despreció con su ejército,
vistiéndole con una veste blanca.

Texto Evangélico: Pero ellos insistían


más y más diciendo: Tiene alborotado al
pueblo con la doctrina que va sembrando
por toda la Judea, desde la Galilea donde
comenzó hasta aquí. Pilato, oyendo Galilea,
preguntó si aquel hombre era galileo; y
cuando entendió que era de la jurisdicción
de Herodes, remitiólo al mismo Herodes,
que en aquellos días se hallaba también en
Jerusalén.
Herodes holgóse sobremanera de ver a
Jesús, porque hacía mucho tiempo que de­
seaba verle por las muchas cosas que ha­
bía oído de El, y con esta ocasión esperaba
verle hacer algún milagro. Hízole. pues,
muchas preguntas; pero El no le respondió
palabra.
Entretanto los príncipes de los sacerdotes
y los escribas persistían obstinadamente en
acusarle. Mas Herodes con todos los de su
séquito le despreció; y para burlarse de El.
le hizo vestir de una ropa blanca.

[2951 De los m is t e r io s h ech o s desde la

casa de H erodes hasta la (Mt,,


de P il a t o :
XXVII; Le., X X III; Mc„, XV; lo., XIX).
448 Misterios cle la vida

1 ° Primero: Herodes lo torna a enviar a Pi-


lato, por lo cual son hechos amigos, que antes
estaban enemigos.
2 ° 2 . ° : tomó a Jesús Pilato y azotólo; y los
soldados hicieron una corona de espinas, y pu­
siéronla sobre su cabeza, y vistiéronlo de púr­
pura, y venían a El y decían: (Dios te salve,
Rey de los judíos); (y dábanle de bofetadas).
3.° 3.°: lo sacó fuera en presencia de todos:
(Salió, pues, Jesús fuera coronado dé espinas
y vestido de grana; y dijoles Pilato: He aquí
el hombre). Y como lo viesen los pontífices, da­
ban voces diciendo: (¡Crucifica, crucifícalo!).

Texto Evangélico. Herodes le


(Lucas):
volvió a enviar a Pilato, con lo cual se hi­
cieron amigos aquel mismo día Herodes y
Pilato, que antes estaban entre sí enemis­
tados.
Habiendo, pues, Pilato convocado a los
príncipes de los sacerdotes y a los ma­
gistrados juntamente con el pueblo, les
dijo: Vosotros me habéis presentado este
hombre como alborotador; y he aquí que
habiéndole yo interrogado en presencia
vuestra, ningún delito he hallado en El de
los que le acusáis. Pero ni tampoco Hero­
des: puesto que os remití a él, y por el he­
cho se ve que no le juzgó digno de muerte.
Por tanto, después de castigado, le dejaré
libre.
(Juan): Tomó entonces Pilato a Jesús, y
mandó azotarle.
(M ateo): Enseguida los soldados del pre­
sidente, cogiendo a Jesús y poniéndole en
de Cristo 449

el pórtico del pretorio o palacio de Pilato,


juntaron alrededor de El la cohorte o com ­
pañía toda entera: y desnudándole, le cu­
brieron con manto de grana; y entrete­
jiendo una corona de espinas, se la pusie­
ron sobre la cabeza, y una caña poj cetro
en su mano derecha. Y con la rodilla hin­
cada en tierra le escarnecían diciendo:
¡Dios te salve, Rey de los judíos! Y escu­
piéndole, tomaban la caña, y le herían en
la cabeza.
(Juan): Y dábanle de bofetadas.
Ejecutado esto, salió Pilato de nuevo afue­
ra y díjoles: He aquí que os le saco fuera,
para que reconozcáis que yó no hallo en
El delito ninguno. (Salió, pues, Jesús lle­
vando la corona de espinas y revestido del
manto o capa de púrpura). Y les dijo Pi­
lato: He aquí al hombre. Luego que los
pontífices y los ministros le vieron, alzaron
el grito diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!

[296] De los m is t e r io s h ech o s d esde la

casa de P il a t o h asta la C ruz in c l u s iv e :

(lo., XIX, 13-22; Luc.. XXIII).


í.° Primero: Pilato, sentado como juez, les
cometió a Jesús, para que le crucificasen, des­
pués que los judíos lo habían negado por Rey
diciendo: (No tenemos Rey sino a César).
2° 2.°: llevaba la cruz a cuestas, y no pudién­
dola llevar, fue constreñido Simón cirenense
Para que la llevase detrás de Jesús.
3·° 3.°: lo crucificaron en medio de dos la-
COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
450 Misterios de la vida

drones, poniendo este título: (Jesús Nazareno,


Rey de los Judíos).
Texto Evangélico. (Juan): Los judíos
daban voces diciendo: Si sueltas a ese, no
eres amigo de César; porque cualquiera que
se hace Rey, se declara contra César. Pi-
lato, oyendo estas palabras, sacó a Jesús
consigo afuera; y sentóse en su tribunal
en lugar dicho en griego Lithostrotos, y en
hebreo Gabbatha. Era entonces el día de
la preparación o el viernes de Pascua, cer­
ca de la hora sexta, y dijo a los judíos:
Aquí tenéis a vuestro Rey. Ellos, empero,
gritaban: i Quita, quítale de en medio, cru­
cifícale! Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey
tengo yo de crucificar? Respondieron los
pontífices: No tenemos Rey sino a César.
Entonces se le entregó para que le cruci­
ficasen.
(Lucas): Al conducirle al suplicio, echa­
ron mano de un tal Simón natural de Cy-
rene, que venía de una granja, y le carga­
ron la cruz para que la llevara en pos de
Jesús.
Seguíale gran muchedumbre de pueblo y
de mujeres las cuales se deshacían en llan­
tos y le plañían. Pero Jesús, vuelto a ellas,
les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por
mí; llorad por vosotras mismas y por vues­
tros hijos: porque presto vendrán días en
que se diga: Dichosas las estériles y dichó-
sos los vientres que no concibieron, y l°s
ciu Cristo 451

pechos que no dieron de mamar. Enton­


ces comenzarán a decir a los montes: Caed
sobre nosotros; y a los collados: Sepultad­
nos. Pues si al árbol verde le tratan de esta
manera, en el seco ¿qué se hará?
Eran también conducidos con Jesús a la
muerte otros dos facinerosos. Llegados que
fueron al lugar llamado Calvario u Osario,
allí le crucificaron: y con El a dos ladro­
nes, uno a la diestra y otro a la izquierda.
(Juan): Escribió asimismo Pilato un le­
trero, y púsolo sobre la cruz. E n él estaba
escrito: J e sú s N a za r e n o R ey de los J ud ío s .
Este rótulo leyeron muchos de los judíos,
porque el lugar en que Jesús fué crucifica­
do estaba contiguo a la ciudad, y el título
estaba en hebreo, en griego y en latín. Con
esto, los pontífices de los judíos represen­
taban a Pilato: N o has de escribir: R ey de
los J u d ío s ; sino que E l ha d ic h o : Yo soy
R ey de l o s J u d ío s . Respondió Pilato: Lo es­
crito, escrito.

[297] De l o s m is t e r io s hechos e n l a cruz

(Mt., X X V II; Me.. XV ; Luc., X X III; lo.,


XIX).

Primero : habló siete palabras en la cruz:


rogó por los que le crucificaban; perdonó al la­
drón; encomendó a San Joán a su Madre, y a
'a Madre a San J oán ; dijo con alta voz (Sitio),
v rliéronle hiel y vinagre; dijo que era desam­
orado ; dijo. (Acabado es); dijo (Padre, en tus
'nanos encomiendo mi espíritu).
452 MisU'vios de la vida

2 .° 2.°: el sol fué escurecido, las piedras que­


bradas, las sepulturas abiertas, el velo del tem­
plo partido en dos partes de arriba abajo.
3.° 3.°: blasfémanle diciendo: (Tú eres él
que destruyes el templo de Dios; baja de la
cruz ■; fueron divididas sus vestiduras; herido
con la lanza su Costado, manó agua y sangre.

Texto Evangélico.(Lucas): Entretanto


Jesús decía: Padre mío, perdónales, por­
que no saben lo que hacen...
Y uno de los ladrones que estaban cru­
cificados, blasfemaba contra Jesús, dicien­
do: Si Tú eres el Cristo o Mesías, sálvate
a ti mismo y a nosotros. Mas el otro le
reprendía diciendo: ¡Cómo! ¿ni aún tú
temes a Dios, estando cómo estás en el mis­
mo suplicio? Y nosotros a la verdad, -esta­
mos en él justamente, pues pagamos la pe­
na merecida por nuestros delitos; pero Este
ningún mal ha hecho. Decía después a Je­
sús: Señor, acuérdate de mí cuando hayas
llegado a tu reino. Y Jesús le dijo: En ver­
dad te digo que hoy estarás conmigo en el
Paraíso.
(Juan): Estaba junto a la cruz de Jeáús
su Madre y la hermana o parienta de su
Madre, María, mujer de Cleofás, y María
Magdalena. Habiendo mirado, pues, Jesús
a su Madre y al discípulo que El amaba·
el Qual estaba allí, dice a su Madre: Mujer,
ahí tienes a tu hijo. Después dice al discí­
pulo: Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquel
ele Cristo 453

momento encargóse de Ella el discípulo, y


la tuvo consigo en su casa.
(M ateo): Y cerca de la hora de nona, ex­
clamó Jesús con una gran voz: Eli, Eli Lam-
ma sabaethani? Esto es: ¡Dios mío, Dios
mío! ¿Por qué me has desamparado?
(Juan): Después de esto, sabiendo Jesús
que todas las cosas estaban a punto de ser
cumplidas, para que se cumpliese la Escri­
tura (Ps., 68, 22), dijo: Tengo sed. Estaba
puesto allí un vaso lleno de vinagre. Los
soldados, pues, empapando en vinagre una
esponja y poniéndola alrededor de una
caña de hisopo, aplicáronsela a la boca.
Jesús, luego que gustó el vinagre, dijo:
Todo está cumplido.
(Lucas): Entonces Jesús, clamanando con
una voz muy grande, dijo: Padre mío: En
tus manos encomiendo mi espíritu. Y di­
ciendo esto, expiró.
(M ateo): Desde la hora de sexta hasta la
hora de nona, quedó toda la tierra cubierta
de tinieblas. Y al momento después de la
muerte de Jesús, el velo del templo se ras­
gó en dos partes de alto a bajo, y la tierra
tembló, y se partieron las piedras.
(Marcos): Los que iban y venían blasfe­
maban de El, meneando sus cabezas y di­
ciendo: ¡Oh! Tú que destruyes el templo de
Dios, y que le reedificas en tres días: Sál->
vate a ti mismo bajando de la cruz. De la
misma manera, mofándose de El los prín­
454 M is te r io s do la vida

cipes de los sacerdotes con los escribas, se


decían los unos a los otros: A otros ha sal­
vado; y no puede salvarse a sí mismo. El
Cristo, el Rey de Israel descienda ahora de
la cruz, para que seamos testigos de vista
y le creamos.
(Juan): Entretanto los soldados, habien­
do crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos
(de que hicieron cuatro partes, una para
cada soldado) y la túnica, la cual era sin
costura y de un solo tejido de arriba abajo.
Por lo que dijeron entre sí: No la divida­
mos; mas echemos suertes para ver de
quién será. Con lo que se cumplió la Escri­
tura que dice: Partieron entre sí mis ves­
tidos: y sortearon mi túnica (Ps., XXI, 19)...
Como era el día de preparación o viernes,
para que los cuerpos no quedasen en la
cruz el sábado (que cabalmente era aquel
un sábado muy solemne), suplicaron los
judíos a Pilato que se les quebrasen las
piernas a los crucificados, y los quitasen
de allí. Vinieron, pues, los soldados y rom­
pieron las piernas del primero y del otro
que había sido crucificado con El. Mas al
llegar a Jesús, como le vieron ya muerto,
no le quebraron las piernas, sino que uno
de los soldados con la lanza le abrió el Cos­
tado y al instante salió sangre y agua. Y
quien lo vió es el que lo asegura, y su tes­
timonio es verdadero. Y él sabe que dice
la verdad, y lo atestigua para que vosotros
de Cristo 455

también creáis. Pues estas cosas sucedie­


ron en cumplimiento de la Escritura: No le
quebraréis ni un hueso (Ex., XII, 46;
Núm., IX, 12). Y del otro lugar de la Escri­
tura que dice: Dirigirán sús ojos hacia
Aquél a quien traspasaron (Zach., XII, 10) \
[298] D e los m isterios hechos desde la
cruz hasta el sepulcro inclusive (lo., XIX,
38-42).
1 .o Primero: fué quitado de la cruz por Jo­
seph y Nicodemo, en presencia de su Madre do­
lorosa.
2.° 2.°: fué llevado el cuerpo al sepulcro y
untad·? y sepultado.
3 .° 3.°: fueron puestas guardas.

Texto Evangélico: Después de esto, José,


natural de Arimatea (que era discípulo de
Jesús, bien que oculto por miedo de los
judíos), pidió licencia a Pilato para reco­
ger el cuerpo de Jesús... Vino también Nico-
demo, aquel mismo que en otra ocasión ha­
bía ido de noche a encontrar a Jesús, tra­
yendo consigo una confección de mirra y
de aloé, cosa de cien libras. Tomaron, pues,
el cuerpo de Jesús y bañado en las espe­
cies aromáticas, le amortajaron con lien­
zos, según la costumbre de sepultar de los
judíos.
Había en el lugar, donde fué crucificado,
1 Como ve el lector, en la narración hemos
Regúlelo el orden que pone el santo Padre en
*°» tros puntos.
M isterios ele la vida

un huerto; y en el huerto un sepulcro nue?-


vo, donde hasta entonces ninguno había
sido sepultado. Como era la víspera del sá­
bado de los judíos y el sepulcro estaba cer­
ca, pusieron allí a Jesús.
[299] D e la R esurrección de C risto nues ­
tro S eñor. D e la primera aparición suya .

1.° Primero: apareció a la Virgen María, lo


cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene
por dicho, en decir que aparesció a tantos otros;
porque la Escritura supone que tenemos en­
tendimiento, como está escrito: (¿También
vosotros estáis sin entendimiento?).

[300] D e la 2.a aparición (Mc., XVI, 1-


11; lo., XX, 1-2, 11-18; Mt„ XXVIII, 1-7).
1 « Primero: van muy de mañana María
Madalena, Jacobi y Solomé, al monumento, di­
ciendo: (¿Quién nos alzará la piedra de la
puerta del monumento?)
2 ° 2.°: ven la piedra alzada y al Angelo que
dice: (A Jesús Nazareno buscáis; ya es resu­
citado, no está aquí).
3.° 3.°: aparesció a María, la cual se quedó
cerca del sepulcro, después de idas las otras.

Texto Evangélico. (Marcos): Y pasada la


fiesta del sábado, María Magdalena y Ma­
ría, madre de Santiago, y Salomé, compra­
ron aromas para ir a embalsamar a Jesús.
Y partiendo muy de madrugada el domin­
go o primer día de la semana, llegaron al
sepulcro, salido ya el sol. Y se decían una
a otra: ¿Quién nos quitará la piedra de
de Cristo <167

la entrada del sepulcro? Mas echando la


vista, repararon que la piedra estaba
apartada, la cual realmente era muy
grande. Y entrando en el sepulcro o cue­
va sepulcral, se hallaron con un joven
sentado al lado derecho, vestido de ¡un
blanco ropaje, y se quedaron pasmadas.
Pero él les dijo: No tenéis que asusta­
ros vosotras venís a buscar a Jesús Na­
zareno, que fué crucificado: ya resucitó;
no está aquí: mirad el lugar donde le pu­
sieron. Pero id, y decid a sus discípulos y
especialmente a Pedro, que El irá delante
de vosotros a Galilea, donde le veréis, se­
gún que os tiene dicho. Ellas, saliendo del
sepulcro, echaron a huir, como sobrecogi­
das que estaban de pavor y espanto, y a
nadie dijeron nada en el camino; tal era
su espanto.
Y Jesús, habiendo resucitado de mañana
el domingo o primer día de la semana se
apareció primeramente a María Magdalena,
de la cual había echado siete demonios.
(XVI, 1-9).
(Juan): María Magdalena estaba fuera
llorando cerca del sepulcro. Con las lágri­
mas en los ojos se inclinó a mirar el sepul­
cro, y vio a dos ángeles vestidos de blanco,
uno a la cabecera y otro a los pies, donde
estuvo colocado el cuerpo de Jesús. Dijé-
ronle ellos: Mujer, ¿por qué lloras? Res­
pondióles: Porque se han llevado de aquí
458 M is te r io s de lu vida

a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.


Dicho esto, volviéndose hacia atrás, vió a
Jesús en pie, mas no conocía que fuese
Jesús. Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras?
¿a quién buscas? Ella suponiendo que sería
el hortelano, le dice: Señor, si tú le has
quitado, dime dónde le pusiste, y yo me
le llevaré. Dícele Jesús: ¡María! Volvióse
ella al instante y le dijo: Rabboni! (que
quiere decir, Maestro mío). Dícele Jesús:
No me toques, porque no he subido todavía
a mi Padre; mas anda, ve a mis hermanos,
y diles de mi parte: Subo a mi Padre y
vuestro Padre; a mi Dios y vuestro Dios.
Fué, pues, María Magdalena a dar parte
a los discípulos, diciendo: He visto ál Se­
ñor, y me ha dicho esto y esto (XX, 11-18).
Nota 23/’
[301] D e la 3.a apa ric ió n : (Mt., XXVIII,
8 - 10).
1 ° Primero: salen estas Marías del monu­
mento con temor y gozo grande, queriendo anun­
ciar a los discípulos la resurrección del Señor.
2.° 2.° : Cristo nuestro Señor se les apareció
en el camino diciéndoles: (Dios os salve); У
ellas llegaron y pusiéronse a sus pies y adorá­
ronlo.
3.° 3.°: Jesús les dice: (No temáis; id* У
decid a mis hermanos que vayan a Galilea,
porque allí me verán).

Texto Evangélico: Salieron [las mujeres!


al instante del sepulcro con miedo У
de Cristo 459

gozo grande, y fueron corriendo a dar la


nueva a los discípulos. Cuando he aquí que
Jesús les sale al encuentro diciendo: Dios
os guarde. Y acercándose ellas postradas
en tierra, abrazaron sus pies, y le ado­
raron. Entonces^Jesús les dice: No temáis:
Id, avisad a mis hermanos para que vayan
a Galilea, que allí me verán.

[302J D e la 4.a aparición (Ιο., X X , 1-10;


Le., XXIV, 33, 34).

i.u Primero: oído de las mujeres que Cristo


era resucitado, fué de presto San Pedro al mo­
numento.
2° 2.°: entrando en el monumento, vio solos
los paños, con que fué cubierto el cuerpo de
Cristo nuestro Señor, y no otra cosa.
3.° 3.°: pensando San Pedro en estas cosas,
se le apareció Cristo, y por eso los Apóstoles de­
cían: (Verdaderamente el Señor ha resuscitado
y aparescido a Simón).

Texto Evangélico. (Juan): El primer día


de la semana, al amanecer, cuando todavía
estaba oscuro, fué María Magdalena al se­
pulcro, y vió quitada de él la piedra. Y sor­
prendida, echó a correr, y fué a Simón
Pedro y al otro discípulo amado de Jesús,
y les dijo: Se han llevado del sepulcro al
Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
Con esta nueva salió Pedro y el dicho
discípulo, y encamináronse al sepulcro. Co­
pian ambos a la par; mas este otro discí-
M is te r io s de la vida

pulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó


primero al sepulcro. Y habiéndose inclina­
do, vió los lienzos en el suelo, pero no entró.
Llegó tras él Simón Pedro, y entró en el
sepulcro y vió los lienzos en el suelo, y ^el
sudario o pañuelo que habían puesto sobre
la cabeza de Jesús, no junto con los demás
lienzos, sino separado y doblado en otro
lugar. Entonces el otro discípulo, que había
llegado primero al sepulcro, entró también:
y vió y creyó que efectivamente le habían
quitado; porque aún no habían entendido
de la Escritura que Jesús debía resucitar de
entre los muertos. Con esto los discípulos
se volvieron otra vez a casa.
(Lucas): Y levantándose al punto, regre­
saren [de Emaús] a Jerusalén, donde halla­
ron congregados a los once Apóstoles, y a
otros de su séquito, que decían: Él Señor
ha resucitado realmente, y se ha aparecido
a Simón.
[3031 De la 5.a aparición (Lc., XXIV,
13-3Í».
l.o Primero: se aparesce a los discípulos que
iban a Emaús hablando de Cristo.
2.° 2 .,j: los reprehende mostrando por las
Escrituras que Cristo había de morir y resuci­
tar : <¡ Oh nescios y tardos de corazón pa-1®
creer todo lo que han hablado los Profetas! ¿No
era necesario que Cristo padesciese, y así en­
trase en su gloria?)
3." 3 °: Por ruego dellos se detiene allí» y
estuvo con ellos hasta que on c o m u l g á n d o l o s .
de Cristo 461

desapareció; y ellos tomando, dijeron a los dis­


cípulos, como lo habían conoscido en la comu­
nión.

Texto Evangélico: En este mismo día dos


de ellos iban a una aldea llamada Emaús.
distante de Jerusalén el espacio de sesen­
ta estadios. Y conversaban entre sí de las
cosas que habían acontecido. Mientras así
discurrían y conferenciaban recíprocamen­
te, el mismo Jesús, juntándose con ellos,
caminaba en su compañía; mas sus ojos
estaban como deslumbrados para que no le
reconociesen. Díjoles, pues: ¿qué conversa­
ción es esa que caminando lleváis entre los
dos, y por qué estáis tan tristes? Uno de
ellos, llamado Cleofás, respondiendo le di­
jo: ¿Tú solo eres tan extranjero en Jerusa­
lén, que no sabes lo que ha pasado en ella
estos días? Replicó El: ¿Qué? Lo de Jesús
Nazareno, respondieron, el cual fué un pro­
feta poderoso en obras y en palabras; a los
ojos de Dios y de todo el pueblo: y cómo
los príncipes de los sacerdotes y nuestros
jefes lo entregaron a Pilato para que fuese
condenado a muerte, y le han crucificado.
Mas nosotros esperábamos que El era el
que había de redimir a Israel; y no obstan­
te, después de todo esto, he aquí que esta­
mos ya en el tercer día después que acae­
cieron dichas cosas. Bien es verdad que al­
gunas mujeres de entre nosotros nos han
sobresaltado, porque antes de ser de dia
462 Misterios de la vida

fueron al sepulcro, y, no habiendo hallado


su cuerpo, volvieron diciendo habérseles
aparecido unos ángeles, los cuales les han
asegurado que está vivo. Con eso algunos
de los nuestros han ido al sepulcro, y halla­
do ser cierto lo que las mujeres dijeron;
pero a Jesús no le han encontrado.
Entonces les dijo El: ¡Oh necios y tardos
de corazón para creer todo lo que anuncia­
ron ya los profetas! Pues ¡qué! ¿Por ven­
tura no era conveniente que el Cristo, pade­
ciese todas estas cosas, y entrase así en su
gloria? Y empezando por Moisés y discu­
rriendo por todos los Profetas, les interpre­
taba en todas las Escrituras los lugares que
hablaban de E l..
En esto llegaron cerca de la aldea a don­
de iban; y El hizo ademán de pasar ade­
lante. Mas le detuvieron por fuerza dicien­
do: Quédate con nosotros porque ya es<tar£
de, y va ya el día de caída. Entró, pues, con
ellos; y estando juntos a la mesa, tomó el
pan, y le bendijo, y habiéndole partido, se
les dló; con lo cual se les abrieron le® ojos
y le conocieron. Mas El de revente desapa­
reció de su vista.
Entonces se dijeron uno al otro: ¿No es
verdad que sentíamos abrasarse nuestro co­
razón mientras nos hablaba por el camino
y nos explicaba las Escrituras? Y •levaBMrt"
dose al punto, regresaron a Jeruflalén, don"
de hallaron congregados a los ótiCé A>P¿8'
de Cri&to 46$

toles y a otros de su séquito, que decían; El


Señor ha resucitado realmente y se ha apa­
recido a Simón. Ellos por su parte contaban
lo que les había sucedido en el camino: y
cómo le habían conocido al partir el pan.

[3 0 4 ] D e l a 6 .a a p a r i c i ó n : (L e . X X I V ; l o . .
XX).

1.° Primero: los discípulos estaban congre­


gados (por el miedo de los judíos), excepto San­
to Tomás.
2.° 2.°: se les aparesció Jesús estando las
puertas cerradas, y estando en medio de ellos,
dice: (Paz con vosotros).
3.° 3.°: dales el Espíritu Santo diciéndoles:
(Recibid el Espíritu Santo: a aquellos que per-
donáredes los pecados, les serán perdonados).

Texto Evangélico. (Lucas): Mientras esta­


ban hablando de estas cosas (Juan: Siendo
ya muy tarde, y estando cerradas las puer­
tas por miedo de los judíos), se presentó
Jesús de revente en medio de ellos, y les
dijo: La paz sea con vosotros: soy Yo, no
temáis. Ellos, empero, atónitos y atemori­
zados, se imaginaban ver a algún espíritu.
Y Jesús les dijo: ¿De qué os asustáis, y por
qué dais lugar en vuestro corazón a tales
Pensamientos? IMirad mis manos y mis
pies, Yo mismo soy: palpad y considerad
We un espíritu no tiene carne ni hueso,
como vosotros veis que Yo tengo. Dicho
464 Misterios de la vida

esto, mostrábales las manos y los pies (Juan:


y el costado).
Mas como ellos aún no lo acabasen de
creer, estando como estaban fuera de sí
de gozo y de admiración, les dijo: ¿Tenéis
aquí algo de comer? Ellos le presentaron un
pedazo de pez asado y un panal de miel.
Comido que hubo delante de ellos, tomando
las sobras se las dió. Di joles enseguida:
Ved ahí lo que os decía cuando aún estaba
con vosotros: que era necesario que se
cumpliese todo cuanto está escrito de mí
en la Ley de Moisés y en los Profetas, y en
los Salmos. Entonces les abrió el entendi­
miento para que entendiesen las Escritu­
ras. Y les dijo: Que así estaba escrito; y
así era necesario que el Cristo padeciese,
y que resucitase de entre los muertos al
tercero día; y que en nombre suyo se pre­
dicase )a penitencia y el perdón de los pe­
cados a todas las naciones, empezando por
Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas
cosas.
(Juan): Y les repitió: La paz sea con vos­
otros. Como mi Padre me envió, así os envío
también a vosotros. Dichas estas palabras,
alentó o dirigió el aliento hacia ellos, y les
dijo: Recibid el Espíritu Santo: quedan per-
donados los pecados a aquellos a quienes
lo* perdonareis; y quedan retenidos a
que se los retuviereis.
de Cristo 165

[305] 7.a a p a r ic ió n (Ιο., XXV, 24-29).

Jf.° Primero: Santo Tomás, incrédulo, porque


era absente de ,1a aparición precedente, dice:
(Si no lo viere, no lo creeré).
2.° 2.°: se les aparece Jesús desde ahí a ocho
días, estando cerradas las puertas, y dice a
Santo Tomás: (Mete aquí tu dedo, y vee la
verdad, y no quieras ser incrédulo, sino fiel).
3.° 3.°: Santo Tomás creyó diciendo: (Señor
mío y Dios m ío); al cual dice Cristo: (Biena­
venturados son los que no vinieron y creyeron).

Texto Evangélico: Tomás, empero, uno


de los doce, llamado Dídimo, no estaba ccn
ellos cuando vino Jesús. Dijéronle después
los otros discípulos: Hemos visto al Señor.
Mas él respondió: Si yo no veo en sus manos
la hendidura de sus clavos, y no meto mi
dedo en el agujere que ellos hicieron, y mi
mano en la llaga de su costado, no lo creeré.
Ocho días después estaban otra vez los
discípulos en el mismo lugar, y Tomás con
ellos. Vino Jesús, estando también cerradas
las puertas, y púsoseles en medio, y dijo:
La paz sea con vosotros. Después dice a To­
más: Mete aquí tu dedo, y registra mis ma­
nos; y trae tu mano, y métela en mi costa­
do; y no seas incrédulo, sino fiel. Respondió
Tomás, y le dijo: Señor mío, y Dios mío.
DtJole Jesús: Porque me has visto, oh To-
roás, has creído. Bienaventurados aquellos
Que sin haberme visto han creído.
' ΊΙ ΜΚΝ' Ι Λ Ι Μ Ο Λ I.OS K. l E n n i ' I O R
46b Misterios de la vida

[306] De la 8.1 a p a r i c i ó n . (lo., XXI, 1-23).


1.° Primero: Jesús aparesce a siete de sus
discípulos que estaban pescando, los cuales por
toda la noche no habían tomado nada, y esten­
diendo la red por su mandamiento, (no podían
sacalla por la muchedumbre de peces).
2.° 2.°: por este milagro San Juan lo conos-
ció, y dijo a San Pedro: (El Señor es), el cual se
echó en la mar, y vino a Cristo.
3.° 3.°: les dió a comer parte de un pez asa­
do y un panar de miel; y encomendó las ovejas
a San Pedro, primero examinado tres veces de
la caridad, y le dice: (Apacienta mis ovejas).

Texto Evangélico: Después de esto, Jesús


se apareció otra vez a sus discípulos a la
orilla del mar de Tiberíades, y fué de esta
manera: Hallábanse juntos Simón Pedro y
Tomás, llamado Dídimo, y Natanael, el cual
era de Caná de Galilea, y los hijos del Ze-
bedeo, y otros dos de sus discípulos.
Díceles Simón Pedro: Voy a pescar. Res-
póndenle ellos: Vamos también nosotros
contigo. Fueren, pues, y entraron en la
barca, y aquella noche no cogieron nada.
Venida la mañana, se apareció Jesús en
la ribera; pero los discípulos no conocieron *
que fuese El. Y Jesús les dijo: Muchachos,
¿tenéis algo que comer? Respondiéronle:
No. Dijoles El: Echad la red a la derecha
del barco, y encontraréis. Echáronla, pues,
y ya no podían sacarla por la multitud de
peces que había. Entonces el discípulo aquel
de Cristo 467

que Jesús amaba dice a Pedro: Es el Señor.


Simón Pedro, apenas oyó: Es el Señor; vis­
tióse la túnica, pues estaba desnudo, y se
echó al mar. Los demás discípulos vinieron
en la barca tirando de la red llena de pe­
ces (pues no estaba lejos de la tierra, sino
como unos doscientos codos).
Al saltar a tierra, vieron preparadas bra­
sas enqendidas, y un pez puesto encima, y
pan. Jesús les dijo: Traed acá de los peces
que acabáis de coger. Subió al barco Simón
Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento
cincuenta y tres peces grandes. Y en me­
dio de ser tantos, no se rompió la red. Dí-
celes Jesús: Vamos, almorzad. Y ninguno
de los que estaban comiendo osaba pregun­
tarle, ¿quién eres Tú? sabiendo bien que era
el Señor. Acércase, pues, Jesús, y toma el
pan, y se lo distribuye, y lo mismo hace del
pez.
Acabada la comida, dice Jesús a Simón
Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú
más que éstos? Dícele, sí, Señor, Tú sabes
que te amo. Dícele: Apacienta mis corde­
ros. Segunda vez le dice: Simón, hijo de
Juan, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor,
Tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis
corderos. Dícele tercera vez: Simón, hijo de
Juan, ¿me amas? Pedro se contristó de que
r>or tercera vez le preguntase si le ama-
*3í'. y así respondió: Señor, Tú lo sabes
468 Misterios de la vida

todo; Tú conoces bien que yo te amo. Dí-


cele Jesús: Apacienta mis ovejas. En ver­
dad, en verdad te digo que cuando eras
mozo, tú mismo te ceñías el vestido, e ibas
a donde querías; mas en siendo viejo, ex­
tenderás tus manos en una cruz, y otro te
ceñirá, y te conducirá a donde tú no gus­
tes. Esto le dijo para indicar con qué géne­
ro de muerte había Pedro de glorificar a
Dios. Y después de esto, añadió: Sígueme.
Volviéndose Pedro a mirar, vió venir de­
trás al discípulo amado de Jesús, aquél que
en la cena se reclinara sobre su pecho, y
había preguntado, Señor, ¿quién es el que
te hará traición? Pedro, pues, habiéndole
visto, dijo a Jesús: Señor, ¿qué será de.
éste? Respondióle Jesús: .Si Yo quiero que
así se quede hasta mi venida, ¿a ti qué te
importa? Tú sígueme. Y de aquí se originó
la voz que corrió entre los hermanos, de
que este discípulo no moriría. Mas no le
dijo Jesús, no morirá; sino: si así quiero
Yo que se quede hasta mi venida ¿a ti qué
te importa?

[307] De la 9.: a p a r ic ió n . (Mt., XXVIII.


16-20).

Ir Primero: los discípulos por mandato del


Señor, van al monte Tabor.
2r 2 ° : Cristo se les aparesce y dice: (Dada
me es toda potestad en cielo y tierra).
3r 3.": ios envió por todo el mundo a predi-
de Cristo 469

car, diciendo: (Id y enseñad todas las gentes


bautizándolas en nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo).

Texto Evangélico: Los once discípulos


partieron para Galilea, al monte que Jesús
les había señalado; y allí al verle, le ado­
raron, si bien algunos tuvieron sus dudas.
Entonces Jesús acercándose, les habló en
estos términos: A Mí se me ha dado toda
potestad en el cielo y en la tierra: Id, pues,
e instruid a todas las naciones en el cami­
no de la salud, bautizándolas en el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo,
enseñándolas a observar todas las cosas que
Yo os he mandado. Y estad ciertos que Yo
mismo estaré continuamente con vosotros
hasta la consumación de los siglos.

[3 0 8 ] D e l a 1 0 .a a p a r i c ió n e n l a p r i m e r a
EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS. (XV, 6).
(Después fué visto de más de 500 hermanos
juntos).

(San Pablo): Posteriormente se dejó ver


en una sola vez de más de quinientos her­
manos juntos; de los cuales, aunque han
muerto algunos, la mayor parte viven toda­
vía.

[3 0 9 ] De la 11 j * a p a r i c i ó n e n l a p r im e r a
e písto la a los C o r in t io s . (XV, 7 ).

(Aparesció después a Santiago).


470 Misterios de la vida

(San Pablo) : Se apareció también a San­


tiago.

[310] De la 12.a aparición .


Aparesció a José abarimatia, como píamente
se medita y se lee en la vida de los Santos.

[311] De la 13.a aparición (1.a Cor., XV,
8 y 9).
Aparesció a San Pablo después de la Ascen­
sión, (finalmente, a mí como abortivo se me
aparesció).
Aparesció también en ánima a los Padres san­
tos del limbo, y después de sacados y tomado
a tomar el cuerpo, muchas veces aparesció a los
discípulos, y conversaba con ellos.

(San Pablo): Finalmente, después de to­


dos se me apareció también a mí, que ven­
go a ser como un abortivo; siendo como soy
el menor de los Apóstoles, que ni merezco
ser llamado Apóstol, pues que perseguí la
Iglesia de Dios.

[312] D e la A scen sión de C risto nuestro


S eñor (Act. I, 1-12; Le., XXIV, 50-52).

1.° Primero: después que por espacio de 40


dias aparesció a los Apóstoles, haciendo muchos
argumentos y señales, y hablando del reino de
Dios, mandóles que en Hierusalén esperasen el
Espíritu Santo prometido.
2.° 2.° : sacólos al monte Oliveti (y eri P*e~
sencia dellos fué elevado, y una nube le hizo
desaparecer de los ojos dellos).
de Cristo 471

3.° 3.°: mirando ellos al cielo, les dicen los


Angeles: (Varones galileos, ¿qué estás mirando
al cielo? este Jesús, el cual es llevado de vues­
tros ojos al cielo, así vendrá como le vistes ir
en el cielo.)

(Los Hechos de los Apóstoles): He habla­


do en primer lugar, oh Teófilo, de todo lo
más notable que hizo y enseñó Jesús desde
su principio, hasta el día en que fué recibi­
do en el cielo, después de haber instruido
por el Espíritu Santo a los Apóstoles que El
había escogido. A los cualos se había mani­
festado también después de su pasión, dán­
doles muchas pruebas de que vivía, apare-
ciéndoseles en el espacio de cuarenta días,
y hablándoles de las cosas tocantes al rei­
no de Dios.
Y por último, comiendo con ellos les man­
dó que no partiesen de Jerusalén, sino que
esperasen el cumplimiento· de la promesa
del Padre, la cual, dijo, oísteis de mi boca,
y es: que Juan bautizó con el agua; mas
vosotros habéis de ser bautizados o bañados
en el Espíritu Santo dentro de pocos días.
Entonces los que se hallaban presentes le
hicieron está pregunta: Señor: si será este
el tiempo en que has de restituir el reino
de Israel. A lo cual respondió Jesús: No os
corresponde a vosotros el saber los tiem­
pos y momentos que tiene el Padre reser­
vados a su poder soberano. Recibiréis, sí,
^ virtud del Espíritu Santo que descenderá
47‘J Misterios de la vida do Cristo

sobre vosotros; y me serviréis de testigos


en Jerusalén, y en toda la Judea y Samaría,
y hasta el cabo del mundo.
Dicho esto, se fué elevando a vista de
ellos por los aires, hasta que una nube le
encubrió a sus ojos. Y estando atentos a
mirar cómo iba subiéndose al cielo, he aquí
que aparecieron cerca de ellos dos perso­
najes con vestiduras blancas, los cuales les
dijeron: Varones de Galilea', ¿por qué es­
táis ahí parados mirando al cielo? Este Je­
sús, que separándose de vosotros, se ha su­
bido al cielo, vendrá de la misma suerte
que le acabáis de ver subir allá.
(Lucas): Después los sacó a fuera camino
de Betania; y levantando las manos, les
echó su bendición. .Y mientras les bendecía,
se fué separando de ellos y elevándose al
cielo.
Y habiéndole* adorado, regresaron a Jeru­
salén con gran júbilo.
I
Preámbulo
a las Reglas de discreción de espíritus
propias para la 1.ay 2.a semana

1. Pruébase con textos de la sagrada Escritura


poder provenir de tres agentes las mociones
que se causan en nuestra alma : de Dios, del
Angel bueno y del dem onio—2. Enseñanzas del
Doctor Eximio que vienen a ser perfecto co­
mentario a estas reglas: a) diferencia entre
la moción de Dios y la de cualquier espíritu
creado; b) necesidad del don de discreción
de espíritus; c) puede este don ser ordina­
rio y extraordinario; d) puntos capitales para
poder distinguir las mociones internas: 1.°,
objeto o materia; 2.«, fin ; 3.», modo. Puede
ser el modo o sensible, o enteramente inter­
no y espiritual; e) razón de pYoponerse nor­
mas para el discernimiento de espíritu y ne­
cesidad de las m ismas; f ) no bastan tales
normas; requiérese además o un don espe­
cial de Dios, o sabiduría y experiencia en las
cosas espirituales.

1 Las mociones internas que ciertamen-


^ se dan en nuestra alma asi en el enten-
474 Preámbulo a las Reglas

dimiento como en la voluntad, de tres agen­


tes pueden provenir: de Dios nuestro Se­
ñor inmediatamente, del ángel bueno y del
ángel malo.
De Dios nuestro Señor: “Mis ovejas oyen
mi voz ” , dijo el Señor a los judíos *. “Llamé,
y me rechazastéis” , leemos en los Prov. 2;
y el levita Esteban dijo a los que formaban
el concilio: “Vosotros estáis resistiendo
siempre al Espíritu Santo ” s.
Del ángel bueno: Leemos en el libro del
Exodo, del santo Angel 4: “He aquí que yo
enviaré a mi Angel para que vaya delante
de ti, y te guarde durante el camino, y te
lleve hasta el lugar que te he preparado. No
lo pierdas de vista y escucha su voz... Por­
que si oyeres su voz, seré enemigo de tus
enemigos...”
Del demonio: Cristo Señor y modelo nues­
tro permitió que el demonio le tentase por
tres veces en el desierto. Y lo que hizo el
mal espíritu con nuestro Señor, lo hace
también con nosotros con tal frecuencia,
que el apóstol San Pedro nos avisa que sea­
mos cautos y que estemos apercibidos: “Sed
sobrios y vigilad: porque vuestro adversa­
rio, el diablo, da vueltas a vuestro alrede­
dor como león rugiente y que busca a quien
devorar: resistidle fuertes en la Fe; tenien-
1 io., X, 27.
a t 24 .
* Áct., VII, 61.
* XXIII, 20-22.
para conocer los espíritus 470

do entendido que la misma tribulación pa­


decen vuestros hermanos esparcidos por el
mundo Y San Pablo exhorta a los de
Efeso: “Confortaos en el Señor y en el po­
der de su virtud. Vestios la armadura de
Dios para que os podáis mantener firmes
contra las asechanzas del diablo. Porque
nosotros no tenemos que luchar contra la
carne y la sangre; sino contra los princi­
pados y potestades, contra los gobernadores
de estas tinieblas del mundo, contra los
espíritus de maldad en los aires...” 2. Ene­
migos tanto más temibles, cuanto que se
transforman en ángeles de luz como el
mismo Apóstol escribe a los Corintios 3.
2. Como comentario a los dos grupos de
reglas expondremos con la brevedad que
nos sea posible, la doctrina que trae el Doc­
tor Eximio en su obra De Religione Socie-
tatis Iesu, lib. IX, c. V, nn. 30-42.
No es que el P. Suárez haga propiamente
un comentario a los Ejercicios. En lo que
escribe no hace sino resolver algunas difi­
cultades contra varias frases del libro; mas
la doctrina que con toda claridad expone
resulta comentario muy acabado de diver­
sas partes del libro de los Ejercicios Espi­
rituales.
a) Conviene notar, escribe Suárez. que
47b t-reambulo a las Reglas

entre Dios y cualquier espíritu creado hay,


entre otras, esta diferencia que el ángel
únicamente puede excitar la voluntad me­
diante el entendimiento y el apetito sensi­
tivo, y a éstos, mediante los fantasmas u
objetos sensibles e imaginarios. Dios, en
cambio, puede mover inmediatamente el
entendimiento y la voluntad, según la ca­
pacidad de estas facultades; ya que solo
El tiene infinita eficacia, y además, sólo El
es el autor de estas potencias, las cuales
así como de solo Dios penden en el ser, así
también de solo El pueden ser movidas y
excitadas inmediatamente [330].
b) Colígese de todo esto, prosigue el Pa­
dre Suárez, lo necesario que le es al hombre
poder discernir de donde proceden estas
mociones internas. Por esto decía ya San
Juan: “Probad los espíritus si son de
Dios” ', porque si no se hace con exquisita
diligencia esta discreción, peligro hay de
errar, ya que, como enseña San Pablo, se
transfigura Satanás en Angel de luz. Y por
esto, entre las gracias gratis datas se en­
cuentra la discreción de espíritus 2.
c) Este don dalo a veces el Espíritu San­
to de modo extraordinario y especialmente
sobrenatural; mas a pesar de esto, es ne­
cesario que exista en la Iglesia algún modo
ordinario, merced al cual, tomando como
* 1.» lo., IV, 1.
a 1.» Cor., XII. 10.
para conocer los espíritus 477

fundamento los principios sobrenaturales,


sea posible discernir estas mociones inte­
riores o espíritus valiéndonos de la razón,
de la experiencia y de la prudencia. Así
como también, aunque se da gracia espe­
cial de sanidad, de lenguas, de interpreta­
ción de las Escrituras, etc.; pero en el mo­
do ordinario de obrar, no nos valemos ha­
bitualmente de estas gracias singulares
para la consecución de los efectos; si no
que recurrimos a la doctrina, ciencia y arte
que con el auxilio divino podemos alcan­
zar.
d) Y en los números 35 y siguientes,
asienta tres puntos capitales o principios
para poder distinguir estas mociones in­
ternas: 1.°, el objeto o materia; 2.°, el fin;
3.°, el modo.
1.° objeto o materia sobre qué versa la
moción. Si el objeto es pecado, evidente­
mente que el impulso proviene del demonio.
Si es bueno y honesto, no por esto sólo po­
demos asegurarnos que sea del buen espí­
ritu. Lo cual significó San Ignacio en la
regla 4.a [332]. La razón es porque lo bueno
puede hacerse mal, y así, puede a veces el
demonio sugerir una cosa buena, aunque
con fin malo.
2." Fin. Si el fin es malo, no se puede
dudar que viene la moción del mal espíritu.
•Si bueno, indicio tenemos y bastante segu-
ri). de que procede del espíritu bueno; con
4/W Preámbulo a las Reglas

todo, este indicio no es suficiente. Y esto,


ya porque la acción para que sea buena no
basta que sea bueno el fin, sino que es
preciso que la materia u objeto, o medio
en cuanto está propuesto con tales circuns­
tancias, ni sea de suyo malo ni esté prohi­
bido; ya porque bajo aquella apariencia de
bien es ^posible que no se pretenda la bon­
dad de la obra, sino que se impida un bien
mayor o más perfecto.
3.° Modo. Doble puede ser el modo: sen­
sible, o sea por los sentidos externos o tam­
bién por la interna moción del fantasma,
y enteramente interno y espiritual.
a) El sensible se puede conocer fácil­
mente; con todo, por sola esta manera no
es posible dar un juicio cierto e infalible
de que tales mociones provienen del buen
espíritu o del malo. Mas por otro modo de
mover que pueden tener los espíritus, se­
ñala San Ignacio una muy buena conjetura
en las últimas reglas que da acerca de esta
materia [335]; porque unas veces se da esta
moción interna con dulzura y suavidad y
con gran tranquilidad del alma; otras con
dureza y como violentamente y producien­
do en el ánimo intranquilidad. En estos
casos dice el Santo Padre, es preciso tener
en cuenta la condición de la persona Que
es movida; porque si la tal persona va en
el servicio de Dios de bien en mejor su-,
blendo y hace adelantos en el ejercicio de
para conocer Jos espíritus 479

las virtudes, al ser movida suavemente,


ofrece claros indicios de que es el buen es­
píritu quien la mueve; así como si es mo­
vida con violencia, la moción proviene del
malo.
Y al contrario, si la persona va de peca­
do mortal en pecado mortal o es negligen­
te en el divino servicio, la mueve'el buen
espíritu con violencia e inquietud, y el
malo suavemente; ya que el intento de
ambos espíritus es o hacer cambiar al alma
de las disposiciones que le son contra­
rias, o hacerlas perseverar, y fomentar en
las almas las disposiciones que a los mis­
mos espíritus son conformes; y esta mu­
danza no se hace de ordinario sin conmo­
ción y violencia; en cambio, el que con­
tinúe o sea promovida el alma a modo de
vida conforme a los dichos espíritus se hace
con suavidad. Además, mientras el hombre
resiste al espíritu bueno, respecto de éste
tiene necesidad de reprensión y de aspe­
reza; mas si con él condesciende, se hace
acreedor a ser consolado y a que el ángel
bueno le mueva con suavidad. Por el con­
trario, contra aquel que va creciendo en la
virtud arremete el demonio como contra a
un adversario, y le ataca con dureza, para
llevarle a un estado contrario del que
tiene; y deja en paz y aun mueve suave­
mente* al que es negligente en el servicio
de Dios. Todo lo dicho es muy buena con­
jura, aunque no infalible.
480 Preámbulo a las Reglas

b) Por lo que hace al modo enteramen­


te interno y espiritual, proviene de Dios
inmediatamente. Confiesa el Doctor Eximio
que es difícil percibir tales mociones inter­
nas, y señala dos indieios para conocerlas:
uno de parte del entendimiento, otro de
parte del afecto.
De parte del entendimiento, es a saber,
cuando se obra en la mente una aprensión
o conocimiento que, dadas las circunstanT
cias actuales, no puede en tal hombre ser
excitado por la imaginación, y esto por dos
motivos, o porque es de un objeto tan no­
ble que no pudo jamás caer en el campo
de los sentidos, o porque tiene lugar de
manera tan súbita y con tan clara in­
teligencia de la verdad que no es posible
atribuirse a la fuerza de los fantasmas.
Puede esto acontecer sobre todo en los jui-
*

cios prácticos acerca de amar a Dios, de


arrepentirse de los pecados, de seguir la
perfección, etc.; porque de manera tan
repentina y con tanta vehemencia se ofre­
cen a la mente estas cosas algunas veces,
que aparece casi con toda evidencia no ser
debido su origen ni a objetos sensibles ni
a fantasmas; antes si entonces acompaña
alguna aprensión de la fantasía, es exci­
tada por el entendimiento.
De parte del afecto, el juicio hay due
formarlo principalmente del modo, es de­
cir, que aun cuando obre la voluntad acer­
para conocer los espíritus 481

ca de un objeto conocido, sin embargo .se


mueve hacia él con mayor vehemencia de
lo que este objeto puede o suele mover de
por sí. Como por ejemplo, si al proponerse
un objeto, se siente la voluntad aficionada
a él con ímpetu y como irresistiblemente,
al menos por simple afecto, o que piensa
en él y a él se inclina con mayor deleite
y suavidad de lo que suele o puede incli­
narse cuando por su propia industria lo
busca y lo procura. Y dígase cosa parecida
al tratarse de un objeto que se ha de huir,
si experimenta terror con más vehemencia,
y lo mismo de otros afectos. Porque cuan­
do estos afectos versan inmediatamente so­
bre bienes de orden superior y espiritual,
y son de suyo honestos, si la voluntad
tiende a ellos del modo dicho, es señal de
que es movida por el mismo Espíritu Santo
ya que no tiene criatura alguna tanta efi­
cacia sobre la voluntad humana. Todo esto
significólo el Santo Padre en aquellas pa­
labras sin causa precedente, cuando no
hay objeto que pueda causar por sí tal
consolación.
e) Con razón se nos propone un mé­
todo y norma para discernir estos espíri­
tus; porque, si bien es cierto que no es
Posible juzgar con evidencia o con certeza
fe acerca de los mismos: podemos, no
Estante, formar juicios y conjeturas muy
^obables y hasta moralmente ciertas al-
11 CUMRNTAIUO A LOS EJERCICIOS
482 Preámbulo a las Reglas

gtúias veces; para lo cual pueden servir


sobre todo las reglas fundadas en los ver­
daderos principios de Teología y en lar­
gas experiencias. Y tales son las reglas que
da San Ignacio, las cuales, si se consideran
con detención, se verá que se pueden todas
reducir a los tres puntos capitales o prin­
cipios que acabamos de exponer.
La necesidad que tienen los varones es­
pirituales de ser instruidos en este arte, es
clarísima, porque no se debe creer con te­
meridad a cualquier espíritu, según el pa­
saje de San Juan antes citado 1; coma ni
tampoco se debe ir al extremo opuesto de
despreciar o reprobar estas mociones, con­
tra lo que escribe San Pablo: Spiritum mo­
nte extingúete; prophetias nolite sperne-
re: omnia autem probate, quod bonum est
tenete 2.
f) Y termina este punto el P. Suárez
con estas palabras: “Aunque se señalan es­
tas reglas generales y estos indicios, no a
todos es dado usar de tales enseñanzas, o
formar juicios fundados en las mismas;
sino que se requiere o un don especial de
Dios o un varón dotado de sabiduría y bien
ejercitado en las cosas espirituales.”
Supuesta esta doctrina que da el Doctor
Eximio, comentaremos brevemente las re­
glas que trae el Santo Patriarca.

' 1* lo., TV, 1.


2 1.a Thes., V. 39-21.
II

Reglas... más propias


para la primera semana

Modo ordinario que tienen los espíritus bue­


no y malo de influir en el alma del pecador.
—2. Manera, de proceder de los mismos esp?
ritus en el alma del ju s to —3. Qué es con
solaoión espiritual—4. Qué es desolación.—
5 Manera de portarnos en la. desolación :
a) nunca hacer mudanza; b) luchar o m u­
darse contra la misma desolación; c) per­
suadirse que tiene uno la suficiente gracia
y ayuda de Dios para resistir; d) tener pacien­
cia. y confiar que pasará pronto la desola­
ción si se ponen las diligencias que' indicó
el Santo.—6. Tres causas principales de la
desolación—7. Dos consejos para el que está
consolado y uno para el que está en desola­
ción : el consolado piense cómo se habrá en
la desolación, y humíllese pensando cuán para
Poco es en tiempo de desolación; el deso­
lado entienda que puede resistir, y tome
fuerzas en su Criador y Señor. Doctrina, del
Uhro “ De la Imitación de Cristo” ·- 8. Con tres
'otnitaraciones bien originales hace ver el
484 Reglas pura

Santo la necesidad de la fortaleza en tiempo


de tentación, la necesidad de la olaridad de
conoiencia con Quien puede ayudarle, necesi­
dad que confirma con las sutilezas y astucias
del enemigo tan versado en tentar.

[313] R eglas para en alguna manera


se n t ir y conocer las varias mociones que
EN LA ANIMA SE CAUSAN! LAS BUENAS PARA RE­
CIBIR Y LAS MALAS PARA LANZAR; Y SON MÁS
PROPIAS PARA LA PRIMERA SEMANA.

1. [314] 1.a regla. La primera regla: en las


personas que van de pecado mortal en pecado
mortal, acostumbra comúnmente el enemigo
proponerles placeres * aparentes, haciendo ima­
ginar delectaciones y placeres sensuales, por
más los conservar y aumentar en sus vicios y
pecados; en las cuales personas el buen espí­
ritu usa contrario modo, punzándoles y remor­
diéndoles las conciencias por la sindérese de la
razón.

Comúnmente: dice el Santo comúnmen­


te, pues también a las personas que van
intensamente purgando sus pecados pro­
pone el enemigo estos placeres aparentes;
pero lo más ordinario es que use este modo
con las personas a las que se refiere esta
regla, con las que van de pecado mortal
en pecado mortal.
2. F315] 2.a regla. La segunda: en las per­
sonas que van intensamente purgando sus pe*
cados, y en el servicio de Dios nuestro Señor
de bien en mejor subiendo, es el contrarío modo
que en la primera regla; porque entonces pro-
conocer los espíritus 485

pió es del mal espíritu morder, tristar y poner


impedimentos inquietando con falsas razones,
para que no pase adelante; y propio del bueno
dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas,
inspiraciones y quietud, facilitando y quitando
todos impedimentos, para que en el bien obrar
proceda adelante.
3. [316] 3.a regla. La tercera de consolación
espiritual: llamo consolación cuando en el áni­
ma se causa alguna moción interior, con la cual
viene la ánima a inflamarse en amor de su
Criador y Señor, y consequenter cuando ninguna
cosa criada sobre la haz de la tierra, puede
amar en sí, sino en el Criador de todas ellas.
Asimismo, cuando lanza lágrimas motivas a
amor de su Señor, agora sea por el dolor de sus
pecados, o de la pasión de Cristo nuestro Señor,
o de otras cosas derechamente ordenadas en su
servicio y alabanza; finalmente, llamo consola­
ción todo aumento de esperanza, fe y caridad
y toda leticia interna que llama y atrae a las
cosas celestiales y a la propia salud de su
ánima, quietándola y pacificándola en su Cria­
dor y Señor.

De otras cosas derechamente ordenadas


en su servicio y alabanza, por ejemplo las
ofensas de Dios que no podemos remediar,
la pérdida de tantas almas, etc. Con las
palabras derechamente ordenadas... se nos
da una norma para distinguir la verdadera
consolación de lo que más bien pueda ser
sentimentalismo.
Quietándola y pacificándola... Nótese
una señal muy segura para distinguir la
verdadera consolación: paz y quietud fun­
dadas en su Criador y Señor.
486 Reglas para

4. L317] 4.a regla. La cuarta de desolación


espiritual: llamo desolación todo el contrario
de la tercera regla; así como escuridad del áni­
ma, turbación en ella, moción a las cosas bajas
y terrenas, inquietud de varias agitaciones y
tentaciones, moviendo a infidencia, sin es­
peranza, sin amor, hallándose toda perezosa,
tibia y triste, y como separada de su Criador
y Señor. Porque así como la consolación es
contraria a la desolación, de la misma manera
los pensamientos que salen de la consolación,
son contrarios a los pensamientos que salen de
la desolación.
ó. a) [318] 5.a regla. La quinta: en tiem­
po de desolación nunca hacer mudanza, mas
estar firme y constante en los propósitos y de­
terminación en que estaba el día antecedente a
la tal desolación, o en la determinación en que
estaba en la antecedente consolación. Porque
así como en la consolación nos guía y aconseja
más el buen espíritu, así en la desolación el
malo, con cuyos consejos no podemos tomar
camino para acertar.
Nunca hacer mudanza. Regla prudentí­
sima y muy necesaria. Aquel que padece
desolación fácilmente, para usar de una
írase vulgar, lo echaría todo a rodar, y más
tarde tendría que arrepentirse. Esta regla
y las dos siguientes se aplicarán con no
poco provecho a las diversas circunstancias
de la vida en las dificultades y sucesos ad­
versos.

bj L319] 6.a regla. La sexta: dado que en


la desolación no debemos mudar los primeros
propósitos, mucho aprovecha el intenso mudar*
se contra la misma desolación, así como es ®n
conocer los espíritus 4b7
instar más en la oración, meditación, en mucho
examinar, y en alargamos en algún modo con­
veniente de hacer penitencia.

Esta manera de luchar contra la desola­


ción es en sustancia la misma que nos pro­
puso en la nota de los binarios [157], el
opposito per diametrum de la regla 12.a
[325], aquel derrocar al adversario [13], etc.

c) [320] 7 .a regla. La séptima : el que está


en desolación, considere cómo el Señor le ha
dejado en prueba en sus potencias naturales,
para que resista a las varias agitaciones y ten­
taciones del enemigo; pues puede con el auxilio
divino, el cual siempre le queda, aunque clara­
mente no lo sienta; porque el Señor le ha abs­
traído su mucho hervor, crecido amor y gracia
intensa, quedándole, tamen, gracia suficiente
para la salud eterna.

El Señor le ha dejado en prueba “en sus


potencias naturales”, para que resista... No
es el sentido de que pueda el hombre resis­
tir con solas las fuerzas naturales indepen­
diente del auxilio y gracia de Dios sufi­
ciente y necesaria. El mismo Santo enseña
en este mismo número que puede el que
está en desolación resistir a las varias
agitaciones y tentaciones del enemigo
con el auxilio divino, el cual siempre le
Queda... Y en la regla 11.a [324] escribe:
"El que está en desolación puede mucho con
gracia suficiente para resistir a todos
s'is enemigos...” Y esta misma regla que
466 Reglas para
comentamos, la termina el Santo Padre con
estas palabras: quedándole cal que está en
desolación) tamen, gracia suficiente vara
la salud eterna.

d) [321] S.a regla. La octava: el que está


en desolación trabaje en estar en paciencia, que
es contraria a las vejaciones que le vienen, y
piense que será presto consolado, poniendo las
diligencias contra la tal desolación, como está
dicho en la sexta regla.
6. [322] 9.a regla. La nona: tres causas prin­
cipales son porque nos hallamos desolados: la
primera es por ser tibios, perezosos o negligen­
tes en nuestros ejercicios espirituales; y así
por nuestras faltas se aleja la consolación espi­
ritual de nosotros; la 2.a por probarnos para
cuánto somos, y en cuánto nos alargamos en
su servicio y alabanza, sin tanto estipendio de
consolaciones y crecidas gracias; la 3.a por dar­
nos vera noticia y conocimiento, para que inter­
namente sintamos que no es de nosotros traer o
tener devoción crecida, amor intenso, lágrimas
ni otra alguna consolación espiritual, mas que
todo es don y gracia de Dios nuestro Señor; y
porque es cosa [en casa traduce el P. Roothaan]
ajena no pongamos nido, alzando nuestro en­
tendimiento en alguna soberbia o gloria vana,
atribuyendo a nosotros la devoción o las otras
partes de la espiritual consolación.,

Tres causas “vrincivales”. A estas tres


causas pueden reducirse todas las d em ás:
1.a por nuestras faltas; 2.a para p r o b a r n o s ;
3.a para que c o n o z c a m o s y r e c o n o z c a m o s
nuestra impotencia. Esta última, sobre todo,
b ie n podemos aplicarla al fruto en nuestros
conocer los espíritus 469

trabajos apostólicos: Todo es don y gracia


de Dios nuestro Señor ; que es lo que dijo
el mismo Señor: Sine me, nihil potestis fa -
cere 1.

7. [323] 10.a regla. La décima: el que está


en consolación piense cómo se habrá en la de­
solación que después vendrá, tomando nuevas
fuerzas para entonces.

Dos consejos de mucho provecho da en


esta regla: 1.° la consolación no durará
siempre; pasará y vendrá la desolación.
Cosa parecida escribió de la desolación en
la regla 8.a [321]; 2.° este tiempo de conso­
lación es el oportuno para prevenirse y pen­
sar la manera cómo habrá de proceder en
la desolación, pues ya advirtió el Santo que
el tiempo de desolación es de oscuridad y
que no es a propósito para discurrir, for­
mar determinaciones y hacer propósitos
[318].
[324] 11.a· regla. La undécima: el que está
consolado procure humillarse y bajarse cuanto
puede, pensando cuán para poco es en el tiem­
po de la desolación sin la tal gracia o conso­
lación. Por el contrario, piense el que está en de­
solación, que puede mucho con la gracia sufi­
ciente para resistir a todos sus enemigos, to­
mando fuerzas en su Criador y Señor.

Este modo de haberse en las consolacio­


nes y desolaciones lo enseña con mucha
' io, x v . 6.
490 ilegkus para

frecuencia el autor de Imitación de Crist&,


cuya lectura tan familiar era a nuestro
Santo Padre. “ Hijo (dice en una parte), más
me agradan la humildad y la paciencia en
la adversidad, que el mucho consuelo y de­
voción en la prosperidad. ¿Por qué te en­
tristece una pequeña cosa dicha contra ti?
Aunque más fuera, no debieras inquietar­
te. Mas ahora déjala pasar, porque no es la
primera, ni nueva, ni será la última, si mu­
cho vivieres...
Mira tu gran fragilidad, que experimen­
tas a cada paso en pequeñas ocasiones;
mas todo este mal que te sucede redunda
en tu bien.
Apártalo como mejor supieres de tu cora­
zón, y si llegó a tocarte, no permitas que te
abata ni te lleve embarazado mucho tiem­
po. Sufre a lo menos con paciencia, si no
puedes con alegría. Y si oyes algo -contra
tu gusto y te sientes irritado, refrénate y
no dejes salir de tu boca alguna palabra
desordenada que pueda escandalizar a los
inocentes. Presto se aquietará el ímpetu ex­
citado en tu corazón, y el dolor interior se
dulcificará con la vuelta de la gracia.
Aún vivo Yo, dice el Señor, dispuesto para
ayudarte y para consolarte más de lo acos­
tumbrado, si confías en Mí y me llamas con
devoción.
Ten buen ánimo, y apercíbete para tran­
cos mayores.
conocer los espíritus 4'>1

Aunque te veas muchas veces atribula­


do o gravemente tentado, no por esto está
ya todo perdido. Hombre eres, y no Dios;
carne, y no ángel l.
Cuando viene la gracia de Dios al hom­
bre, escribe en otra parte, entonces se hace
poderoso para toda cosa; y cuando se va,
será pobre y enfermo, y como abandonado
a las penas y castigos.
En estas cosas, no debes desmayar ni
desesperar; mas estar constante a la vo­
luntad de Dios, y sufrir con igual ánimo
todo lo que viniere, a la gloria de Jesucris­
to. Porque después del invierno viene el ve­
rano, y después de la noche vuelve el día,
y pasada la tempestad, viene gran sereni­
dad 2.
Y en otro capítulo escribe: “Cuando el
hombre se está en sí mismo, de ligero se
desliza en las consolaciones humanas. Mas
el verdadero amador de Cristo y estudioso
imitador de las virtudes, no se arroja a las
consolaciones ni b«sca tales dulzuras sensi­
bles; mas antes procura fuertes ejercicios,
y sufrir por Cristo grandes trabajos...
Así, cuando Dios te diere consolación
espiritual, recíbela con hacimiento de gra­
cias más entiende que es don de Dios, y no
merecimiento tuyo.
No quieras ensalzarte demasiado, ni pre­

1 UIj ;$.<«, c. LVII. .


' MI). 2.", C, VIII.
•JsC Reglas para

sumir vanamente; mas humíllate por el


don recibido, y sé más avisado y temeroso
en todas tus obras; porque se pasará aque­
lla hora, y vendrá la tentación.
Cuando te fuere quitada la consolación,
no desesperes luego; mas espera con hu­
mildad y paciencia la visitación celestial,
porque poderoso es Dios para tornarte mu­
cho mayor consolación.
Esto no es cosa nueva ni ajena de los que
han experimentado el camino de Dios; por­
que en los grandes Santos y antiguos Pro­
fetas acaeció muchas veces esta manera de
mudanza.
Por esto decía uno cuando tenía presen­
te la gracia: “Yo dije en mi abundancia,
no seré ya movido para siempre.” Y ausen­
te la gracia, añade io que experimentó en
sí, diciendo: “Volviste tu rostro, y fui lleno
de turbación.”
Mas por cierto, entre estas cosas, no de­
sespera, sino con mayor instancia ruega a
Dios, y dice: “A Ti, Señor, llamaré, y a mi
Dios rogaré.” Y, al fin, alcanza el fruto de
su oración, y confirma ser oído, diciendo:
“Oyóme el Señor, y tuvo misericordia de
mí; el Señor es hecho mi ayudador.” ¿Más
en qué? “Volviste, dice, mi llanto en gozo,
y cercásteme de alegría” \
Y si así se hizo con los grandes Santos,
no debemos nosotros, enfermos y pobres,
* PS., XXIX, 12.
conocer los espíritus 193

desconfiar si algunas veces estamos en fer­


vor de devoción, y a veces tibios y fríos.
Por que el espíritu se viene y se va, según
la divina voluntad. Por eso dice el bien­
aventurado Job: “Visítasle en la mañana,
y súbito le pruebas” 1.
Pues sobre qué puedo esperar, o en quién
debo confiar, sino solamente en la gran
misericordia de Dios y en la esperanza de
la gracia celestial?
Porque aunque esté cercado de hombres
buenos, o de hermanos devotos, o de ami­
gos fieles, o de libros santos, o de tratados
lindos, o de cantos suaves e himnos; todo
aprovecha poco y tiene poco sabor, cuando
soy desamparado de la gracia y dejado en
mi propia bajeza.
Entonces no hay mejor remedio que la
paciencia, y negándome a mí mismo, po­
nerme en la voluntad de Dios... No es dig­
no de la alta contemplación de Dios, el que
no es ejercitado en alguna tribulación. Por­
que suele ser la tentación precedente, señal
que vendrá la consolación...
Dase también la divina consolación, para
que el hombre sea más fuerte en sufrir las
adversidades y también se sigue la tenta­
ción, porque no se ensoberbezca del bien” 2.
8 T3251 í2.a regla. La duodécima: el ene-
wíro so hace como mujer en ser flaco por fuer-

' lob. c. VII, 18.


2 r'H). ü.o, c. IX.
Reglas para

za, y fuerte de grado: porque así como es pro­


pio de la mujer, cuando riñe con algún varón,
perder ánimo, dando huida cuando el hombre
le muestra mucho rostro; y por el contrario, si
el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la
ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy
crecida y tan sin mesura: de la misma manera
es propio del enemigo enflaquecerse y perder
ánimo, dando huida sus tentaciones, cuando la
persona que se ejercita en las cosas espirituales
pone mucho rostro contra las tentaciones del
enemigo haciendo el oppósito per diametrum;
y por el contrario, si la persona que se ejercita
comienza a tener temor y perder ánimo en su­
frir las tentaciones, nó hay bestia tan fiera
sobre la haz de la tierra como el enemigo de
natura humana, en prosecución de su dañada
intención con tan crecida malicia.
En esta regla pone de manifiesto el San­
to lo poco de temer que es el demonio y la
facilidad con que le superaremos si le hace­
mos rostro. Ya vimos cómo le llama San
Pedro león que ruge; pero que nada puede
contra los que están prevenidos. San Agus­
tín lo compara a un perro, pero atado a la
cadena, que no puede morder sino al que
se le acerca, al que quiere ser mordido:
Latrare potest, sollicitare potest; mordere
(minino non potest nisi volentem (lib. 20
de Civit. Del, c. 8).
La manera, pues, de hacerle rostro es
sirviéndonos de la misma tentación para
ejercitar las virtudes contrarías y acudir
a Dios; pues si el enemigo nos sirve de des­
pertador para darnos a la virtud, cierta-
conocer los espíritus 495

mente, pronto dará huida, y comenzará a


tener temor y perder ánimo.
Comentario de gran valor a esta regla es
la doctrina que da San Francisco Javier en
una carta a los de Goa. Dice así: 1
“Quiso Dios nuestro Señor hacerme tan­
ta merced de quererme dar a sentir y cono­
cer por experiencia muchas cosas acerca
de los fieros e espantosos temores que el
enemigo pone, cuando Dios le permite y él
halla mucha oportunidad para los hacer; y
de los remedios que hombre ha de usar,
cuando en semejantes trabajos se halla,
contra las tentaciones del enemigo... En
suma, de todos los remedios en tales tiem­
pos, mostrar muy grande ánimo contra el
enemigo, totalmente desconfiando hombre
de sí, y confiando grandemente en Dios,
puestas todas las fuerzas y esperanzas que
tiene en El, y con tan grande defensor y
valedor, guardarse hombre de mostrar co­
bardía. no dudando de ser vencedor...
Y como el demonio no pueda más mal
hacer de cuanto Dios le da lugar, en seme­
jantes tiempos más se ha de temer la des­
confianza en Dios, que el miedo del enemi­
go. Permite Dios al demonio desconsolar y
vejar aquellas criaturas que de pusilánimes
dejan de confiar en su Criador, no tomando
fuerzas esperando en El...”

1 MovAtm. Xavcr.. t.° I. pág, 576. Vtde S, Alon-


8°. “Obras...” , t. I, pág. 249, n. 12,
496 Reglas para

[326] 13.a· regla. La terdécima: asimismo se


hace como vano enamorado en querer ser secreto
y no descubierto: porque así como el hombre
vano, que hablando a mala parte requiere a una
hija de un buen padre, o a una mujer de buen
marido, quiere que sus palabras y suasiones sean
secretas; y el contrario le displace mucho,
cuando la hija al padre o la mujer al marido
descubre sus vanas palabras y intención depra­
vada, porque fácilmente colige que no podrá
salir con la empresa comenzada: de la misma
manera cuando el enemigo de natura humana
trae sus astucias y suasiones a la ánima justa,
quiere y desea que sean recibidas y tenidas en
secreto; mas cuando las descubre a su buen
confesor o a otra persona espiritual, que conozca
sus engaños y malicias, mucho le pesa; porque
colige que no podrá salir con su malicia comen­
zada, en ser descubiertos sus engaños manifies­
tos.

Con una comparación por demás expre­


siva nos hace ver la necesidad de la cla­
ridad de conciencia, claridad que es ne­
cesaria principalmente a los principios de
la vida espiritual y en el tiempo en que se
hacen estos Ejercicios, según se desprende
de las anotaciones, particularmente de la
17 [17]. Decimos principalmente porque no
es exclusiva esta claridad de los princi­
piantes. Y muchas veces para vencer las
tentaciones y para ser dirigidos con segu­
ridad, exige el Señor que nos humillemos a
aquellos que El ha puesto en su lugar.
[327] 14* La cuatuordécima: asimismo se
hace como un caulillo, para vencer y robar lo
conocer los espíritus 497

que desea; porque así como un capitán y cau­


dillo del campo, asentando su real y mirando
las fuerzas o disposición de un castillo, le com­
bate por la parte más flaca; de la misma ma­
nera el enemigo de natura humana, rodeando
mira en torno todas nuestras virtudes teologa­
les, cardinales y morales; y por donde nos
halla más flacos y más necesitados para nues­
tra salud eterna, por allí nos bate y procura,
tomarnos.

Esta manera de tentar que sigue el ene­


migo y que expone San Ignacio en esta re­
gla 14, es exactamente la misma con que
el tentador acometió a Nuestro Señor en
las dos primeras tentaciones, después de los
cuarenta días de ayuno en el desierto \
Aprovechándose el maligno espíritu del
hambre que padecía Jesús, acercóse a El, y
le dijo: Si Filius Dei est, dic ut lapides isti
panes fiant. Cierto que no era pecado obrar
un milagro y conyertir en pan las piedras;
pero no había necesidad de un milagro tal.
Y así respondió el Señor: Non in solo pane
vivit homo, sed in omni verba, quod proce­
da de ore Dei. Con las cuales palabras,
hizo Cristo alusión al capítulo VIII, v. 3 del
Deuteronomio. Vió con su entendimiento
de ángel el demonio que aquel hombre a
Quien acababa de tentar dominaba la sa­
grada Escritura y tenía ilimitada confianza
pu Dios; y al momento urdió una nueva

1 MI·., IV. 1- 7 .
«'OMKNTAIUO A LOS EJERCICIOS
Regias pora conocer los espíritus

tentación oponiendo un texto de las Es­


crituras en el que dominase la confianzá
en Dios nuestro Señor: Mitte te deorsum.
Seriptum est enim : quia angelis sui$ man-
davit de te, et in manibus tollent te, ne
forte offendas ad lapidem pedem tuUm.
III

Reglas
para el mismo efecto... y conducen
más para la segunda semana

1. Características de las mociones de Dios y de


sus ángeles en el alma del justo, y caracte­
rísticas de las mociones del enemigo.—2. Con­
solar sin causa precedente, exclusivo de Dios
—3. Con causa pueden consolar tanto el án­
gel bueno como el malo, por contrarios fines.
—4. El malo entra en el alma devota como
con disfraz de ángel bueno acomodándose a
los principios al alma justa : Comentario au
téntico tomado del modo que seguía el Santo
en ayudar a las almas.—5. Señal para cono·
cor los engaños del mal espíritu, y experiencia
que debe sacar el alma.—6. Modos contra­
rios que tienen ambos espíritus con aquellos
Que proceden de bien en mejor, y con los
Que proceden de mal en peor—7. No hay
Que d¡ir fácilmente crédito a las mismas con-
fiolnclonc.s sin causa precedente. Aun cuando
en si no pueden ser sino de Dios, con tbdo,
ol tiempo siguiente a la consolación, p\№-
500 Reglas para

den intervenir ambos espíritus y también el


hombre con discursos propios que no son cid
Dios.—8. Un ejemplo que confirma esta. dde¿
trina.—9. Aclaración de la misma con las pi^.'
labras del Doctor Místico.—10. Manera de pro­
ceder en la práctica que debe seguir el direc­
tor : 1." pida a su dirigido cuenta exacta y fiel
sin mostrar en lo exterior que da gran im­
portancia; 2.o aun supuesto que la revela­
ción sea de Dios, no se precipite en la ejecu­
ción por lo que se refiere al modo y a,l tiem­
p o : 3.o si en algún caso particuar encuentra
error, no por esto tenga todo por engaño;
4 ° no haga uso para su gobierno de lo que
conoce por este medio extraordinario—11. Co­
mentario auténtico de estos dos grupos^ -de
reglas—12. Notable semejanza entre estas re­
glas de San Ignacio y las que sobre la mis­
ma materia escribió mil años antes San An­
tonio abad (nota 24.a).

[3 2 8 ] R e g la s para e l mismo e fe c t o con


MAYOR DISCRECIÓN DE ESPÍRITUS, Y CONDUCEN
MÁS PARA LA 2 .a SEMANA.

1. [329] 1.a· regla. La primera: propio es de


Dios y de sus ángeles en sus mociones, dar ver­
dadera alegría y gozo espiritual, quitando toda
tristeza y turbación, que el enemigo induce; del
cual es propio militar contra la tal alegría y con­
solación espiritual, trayendo razones aparentes,
sotilezas y asiduas falacias.

Trayendo razones “aparentes” . Claro es


que las razones que el enemigo presenta
para quitar la verdadera alegría y go2o es­
piritual, necesariamente han de ser
rentes y sin fundamento sólido.
conocer los espíritus 501
2. [330] 2.a regla. La segunda: Sólo es de
Dios nuestro Señor dar consolación a la ánima
sin causa precedente; porque es propio del
Criador entrar, salir, hacer moción en ella, tra-
yéndola toda en amor de la su divina Majestad.
Digo sin causa, sin ningún previo sentimiento
o conocimiento de algún obiecto, por el cual
venga la tal consolación mediante sus actos de
entendimiento y voluntad.
3. [331] 3.a regla. La tercera: Con causa
puede consolar al ánima así el buen ángel como
el malo, por contrarios fines: el buen ángel
por provecho del ánima, para que crezca y su­
ba de bien en mejor; y el mal ángel para el
contrario, y adelante para traerla a su dañada
intención y malicia.
4. [332] 4.a regla. La cuarta : propio es del
ángel malo, que se forma sub angelo lucís, en­
trar con la ánima devota, y salir consigo; es
a saber, traer pensamientos buenos y santos
conforme a la tal ánima justa, y después poco a
poco" procura de salirse trayendo a la ánima a
sus engaños cubiertos y perversas intenciones.

Puede servir de comentario a esta regla


la manera que guardaba el Santo para ayu­
dar a las almas, según escribe Ribadeneira
en la Vida del Santo Padre, lib. 5.°, cap. XI:
“Decía TSan Ignacio] que nosotros habíamos
de usar para la salvación de las ánimas,
de las mismas artes y mañas que el demonio
usa para nuestra perdición. Porque... no en­
tra de rondón, sino poco a poco, como con
Pies de plomo, hasta que gana la voluntad,
y en fin, se lanza en las almas del todo, to­
mando posesión de ellas. Así el sabio maes­
tro espiritual se ha de haber conformándo­
502 Hog las para

se con el natural de las personas que trata;


y al principio disimular y pasar por muchaá
cosas, y hacer que no las ye: y después de
ganadas las voluntades de los que trata,,
hacerles guerra con sus mismas armas, <y
conquistarlos para Dios.”
5. [333] 5.a regla. La quinta: debemos raa-
cho advertir el discurso de ios pensamientos; y
si el principio, medio y fin es todo bueno, indlfe
nado a todo bien, señal es de buen ángel; más
si en el discurso de los pensamientos que traéj
acaba en alguna cosa mala o distractiva, o m&·
nos buena que la que el ánima antes tenía pro*
puesta de hacer, o la enflaquece o inquieta "o
conturba a la ánima, quitándola su paz, tran­
quilidad y quietud que antes tenía; clara señal
es proceder de mal espíritu, enemigo de nuestik)
provecho y salud eterna. !
[334] 6.a regla. La sexta: cuando el enemigo
de natura humana fuere sentido y conocido de
su cola serpertina y mal fin a que induce, apro­
vecha a la persona que fué dél tentada, mirar
luego en el discurso de los buenos pensamientos
que le trujo, y el principio dellos, y cómo poco
a poco procuró hacerla descender de la suvidad
y gozo espiritual en que. estaba, hasta traerla,a
su intención depravada; para que con lW tal
experiencia conocida y notada, se guardé páia
adelante de sus acostumbrados engaños. .
6. [335] 7 .a regla. La séptima: en los que
proceden de bien en mejor, el buen ángel toca
a la .tal ánima dulce, leve y suavemente, cottio
gota de agua que entra en una esponja; f
malo toca agudamente y con sonido y inquietad,
como cuando la gota de agua cae sobre la pie*
dra; y a los que proceden de mal en peor,, tO'
can los sobredichos espíritus contrario irtbd'ó:
cuya causa es la disposición del ánima ser fe
conocer los espíritus

dicho ángeles contraria o símile; porque cuan­


do es contraria, entran con estrépito y con sen­
tidos, perceptiblemente; y cuándo es símile,
entra con silencio como en propia casa a puerta
abierta.
7. L336J 5.a regla. La octava: cuando la con­
solación es sin causa, dada que en ella no haya
engaño por ser de solo Dios nuestro Señor, como
está dicho, pero la persona espiritual, a quien
Dios da la tal consolación, debe con mucha vi­
gilancia y atención, mirar y discernir el propio
tiempo de la tal actual consolación, del siguien­
te en que la ánima qüeda caliente, y favorecida
con el favor y reliquias de la consolación pasa­
da; porque muchas veces en este segundo tiem­
po por su propio discurso de habitúdines y con­
secuencias de los conceptos y juicios, o por el
buen espíritu o por el malo forma diversos pro­
pósitos y pareceres, que no son dados inmedia­
tamente de Dios nuestro Señor; y por tanto
han menester ser mucho bien examinados, antes
que se les dé entero crédito ni que Se pongan
en efecto.

En esta última regla trata él santo Pa­


triarca de la cóñsolaclón verdadera que
viene inmediatamente del misrtio Dios, y
en la que por lo mismo, no cabe engaño.
De estas consolaciones que provienen de
Dios inmediatamente, y apliqúese la misma
doctrina a las revelaciones, antes que se les
dé entero crédito ni que se pongan en efec­
to, han menester ser mucho bien examina­
das, escribe el Santo.
La razón que da es porque a la consola­
ción o revelación verdadera, sigue lo que él
504 Reglas para

llama un segundo tiempo en el cual puede


intervenir o el ángel bueno o el malo o el
mismo que recibió la locución de Dios, y
evidentemente puede ésta torcerse o por el
enemigo o por el discurso, interpretación,
ilusión, etc., de aquel que recibió la con­
solación.
8. Pongamos un ejemplo: Todos sabemos
y recordamos con horror el abismo de ma­
les en que estaba sumida nuestra Patria
días antes del glorioso y salvador Movimien­
to de julio de 1936. Recordamos con dolor
las profanaciones que con toda desvergüen­
za se hicieron repetidas veces e impune­
mente en el santo templo del Pilar. Las
amenazas con el puño en alto, el canto de
la Internacional, los vivas a la Rusia sovié­
tica, etc., etc., estaban a la orden del día.
En cambio, desgraciado de aquel que echaba
un “ viva España” .
Ahora bien, si Dios nuestro Señor hubie­
ra manifestado a alguno con toda claridad
que antes de pasado un mes se organizaría
una manifestación que, partiendo de Capi­
tanía, iría al Pilar recorriendo los princi­
pales paseos de Zaragoza, y que tal mani­
festación desfilaría presidida por las mismas
Autoridades, y que el gentío sería inmen­
so, y que se echarían vivas a la Virgen
del Pilar, y que tocarían la Marcha Real las
bandas de música, y que ondearía nuestra
bandera bicolor,..; es muy probable que la
conocer los espíritus 505

persona favorecida con esta revelación, hu­


biera tenido como un hecho fuera de toda
duda, que la república se iba a hundir in­
mediatamente, y que la salvación de nues­
tra Patria era cosa de días, y que en España
pronto iba a reinar el Corazón de Jesús, y
Dios sabe cuántas felicidades más. Y esto
no obstante, nada se había manifestado en
la revelación de todas estas prosperidades.
9. Puede leerse con mucho provecho Su­
bida al M onte Carmelo, lib. II, cc. 18, 19 y
20, donde San Juan de Cruz prueba con
ejemplos y autoridades de,la divina Escri­
tura, cómo las visiones y locuciones de Dios,
aunque sean verdaderas y ciertas en sí, pue­
den no serlo a nuestro entender, y esto por
dos razones: o por nuestra defectuosa ma­
nera de entender, o porque lo que manifies­
ta o promete el Señor, aunque parezca ab­
soluto, lo hace depender a veces de una
condición.
Y en la última parte del capítulo XXII
da una doctrina acerca de las revelaciones,
que podrá ser de gran provecho al director
espiritual; la cual doctrina, aunque algo
extensa, vamos a copiar por ser juntamente
un acabado comentario a las palabras de
la regla que vamos comentando, o sea, que
la persona que recibe la consolación o re­
velación, en el segundo tiempo forma di­
ver,sos propósitos y pareceres, o por su pro­
pio discurso de habitúdines y consecuencias
50o Reglas para

de los conceptos y juicios, o por el buen es­


píritu, o por el malo. Escribe el santo Doc^-
tor:
“ ...Dado caso que la persona tenga cerr
teza, aunque la revelación sea de Dios, to­
davía el hombre puede errar en la ejecu­
ción y en lo tocante a ella. Porque Dios nó
siempre, aunque dice lo uno, dice lo otro:
y muchas veces dice la cosa, y no el modo
(y tiempo, pudiéramos añadir) de hacerla.
Porque ordinariamente, todo lo que se
puede hacer por industria y consejo huma­
no, no lo hace El ni lo dice, aunque trate
muy afablemene mucho tiempo con el alma.
Y vemos esto claro en el Exodo, donde tra­
tando Dios tan familiarmente con Moisén,
nunca le había dado aquel consejo tan sa­
ludable que le dió su suegro Jetró, es a sa­
ber, que eligiese otros jueces para que le
ayudasen, y no estuviese esperando el pue*
blo desde la mañana hasta la noche El
cual consejo Dios aprobó, y no se lo había
dicho, porque aquello era cosa que podía
caer en juicio y consejo humano... Y así no
hay que asegurarse, porque, como leemos.en
los Actos de los Apóstoles, con ser San Pe­
dro cabeza de la Iglesia, y que inmediata"
mente era enseñado de Dios, acerca de cier­
ta ceremonia que usaba entre las gentes
erraba (y callaba Dios), tanto que le íe-

‘ Exod . XVIII. 21 y 22-


conocer los espíritus 507

prendió San Pablo J. Y Dios no advertía


esta falta a Pedro por Sí mismo, porque era
cosa que podía saber por vía ordinaria.
Concluyendo, pues, en esta parte, digo, y
sácolo de lo dicho, que cualquier cosa que
el alma reciba por vía sobrenatural, de
cualquier manera que sea, clara, rasa y
sencillamente ha de comunicarla con toda
verdad con el maestro espiritual.” Todo
esto es de San Juan de la Cruz.
10. Pues si en las consolaciones y reve­
laciones que son de Dios es preciso que pro^/
cedamos con tanta cautela, y todo es poco,
fácilmente podrá entender el maestro-espi­
ritual con cuánta vigilancia y atención de­
berá mirar y discernir todo lo que a reve­
laciones se refiere; y por tanto, para hacer
uso de las palabras con que San Ignacio
termina estas reglas, han menester ser mu­
cho bien examinadas , antes que se les dé
entero crédito ni que se pongan en efecto.
La manera de proceder en la práctica en
los casos que se presenten de revelaciones,
de locuciones y visiones que se creen de
Dios, puede ser el siguiente:
1.° Exija el director espiritual del alma
a quien se ha comunicado la revelación, que
la persona le dé cuenta exacta , lisa y llana,
de lo que se le haya dicho o haya visto, sin
interpretar, sin añadir ni mucho ni poco.

1 (iíil., II, 14.


508 Reglas para

Y esto hágalo el director sin mostrar ni dar


gran importancia.
2.° No se precipite y proceda con suma
cautela y prudencia en cuanto al modo y
tiempo.
3 ° Así como al hablar de las tres mane­
ras de humildad, dijimos que podía uno es­
tar habitualmente en la primera, y con
todo cometer algún pecado mortal suelto,
per modum actus, y lo mismo, el que está
en la segunda y aun tercera podía cometer
per modum actus un pecado venial; por
semejante manera, creemos que un alma
favorecida por la bondad del Señor con
verdaderas revelaciones, puede errar en al­
gún caso suelto, y entendemos que esto su­
cedería por no haberse tenido en cuenta lo
que hemos escrito en los números primero
y segundo. Cosa que debe tener presente el
director espiritual por si se encontrase que
en algún caso particular había error. No
por esto lo dé todo por perdido como si todo
hubiese sido falso.
4.° No haga uso de lo sabido por esta vía,
para su gobierno; fácilmente puede errar,
que aun cuando sea de Dios la revelación,
no suele hacerla por este fin l.
11. Acerca de estos dos grupos de reglas
poseemos un comentario de singular valor
1 Cfr. “ Audi, Filia B. Juan de Avila—, cc. LI
LV, y la carta que escribió a Sta Teresa de J esú s
(Epistolario, trat. 2 .<>, carta l.a). “ Guía Espiritual
P. La Puente- . cc. X X I I I y X X I V .
conocer los espíritus 509

por ser auténtico. Es una larga carta del


mismo Santo Padre escrita a Teresa Raja-
dell, monja en el convento de Santa Clara
de Barcelona. Esta señora había hecho mu­
cho bien al santo en el año que moró en
Manresa. Dice así la carta 1:

“ ...Asimismo me pedís enteramente


os escriba lo que el Señor me dice, y
determinadamente diga mi parecer;
yo lo que siento en el Señor, y deter­
minado diré de mucha buena volun­
tad; y si en alguna cosa pareciere ser
agrio, más seré contra aquel que pro­
cura turbaros, que contra vuestra per­
sona. En dos cosas el enemigo os hace
turbar, mas no de manera que os
haga caer en culpa de pecado, que os
aparte de vuestro Dios y Señor; mas
os hace turbar y apartar de su mayor
servicio y vuestro mayor reposo. La
primera es, que pone y suade a una
falsa humildad. La segunda pone ex­
tremo temor de Dios a donde dema­
siado os detenéis y ocupáis.
Y cuanto a la primera parte, el cur­
so general, que el enemigo tiene con
los que quieren y comienzan servir a
Dios Nuestro Señor, es poner impedi­
mentos y obstáculos, que es la prime-

('ir. Movumcnta Ignatiami. ser. I T, pítgi


" ,H " » y fllgg.
510 Regias para

ra arma con que procura herir, es a


saber; ¿cómo has de vivir toda tu vida
en tanta penitencia, sin gozar de pa­
rientes, amigos, posesiones, y en vida
tan solitaria sin un poco de reposo?
cómo de otra manera te puedas sal­
var sin tantos peligros; dándonos a
entender, que hemos de vivir en una
vida más larga por los trabajos que
antepone, que nunca hombre vivió, no
nos dando a entender los solaces y
consolaciones tantas, que el Señor
acostumbra dar a los tales, si el nue­
vo servidor del Señor .rompe todos es­
tos inconvenientes, eligiendo querer
padecer con su Criador y Señor.
Luego procura el enemigo con la
segunda arma, es a saber, con la jac­
tancia o gloria vana, dándole a enten­
der, que en él hay mucha bondad o
santidad, poniéndole en más alto lugar
de lo que merece. Si el siervo del Se­
ñor resiste a estas flechas, resiste con
humillarse y bajarse, no consintiendo
ser tal cual el enemigo suade, trae la
tercera arma, que es de falsa humil­
dad, es a saber; como ve al siervo del
Señor tan bueno y tan humilde, que,
haciendo lo que el Señor manda , pien­
sa que aun todo es inútil y mira sus
flaquezas, y no gloria alguna, pónele
on el pensamiento, que sí alguna ctísa
conocer los espíritus 511

halla de lo que Dios Nuestro Señor le


ha dado, así en obras, como en propó­
sitos y deseos, que peca por otra espe­
cie de gloria vana, porque habla en su
favor propio. Así procura que no hable
de cosas buenas recibidas de su Señor,
porque no haga ningún fruto en otros,
ni en sí mismo, tanto porque acordán­
dose de lo que ha recibido, siempre se
ayuda para mayores cosas, aunque este
hablar debe ser con mucha mesura, y
movido por el mayor provecho. dellos.
digo de sí mismo, y de los otros, si ba­
ila tal aparejo, y creyendo serán cré­
dulos y aprovechados; así . en hacer­
nos humildes, procura de traernos en
falsa humildad, és a saber, a una ex­
trema y viciada humildad; desto dan
vuestras palabras apto testimonio. Por­
que después que narráis algunas fla­
quezas y temores, que hacen al propó­
sito, decís sois una pobre religiosa, pa-
réceme deseosa de servir a Cristo Nues­
tro Señor, que aún no osáis decir sois
deseosa de servir a Cristo Nuestro Se­
ñor, o el Señor me da deseos de servir­
le; mas decís; paréceme ser deseosa. Si
bien miráis, bien entendéis que aque­
llos deseos de servir a Cristo N. S. no
son de vos, mas dados por el Señor; y
a,sí hablando, el Señor me da crecidos
closoos do servirle al mismo Señor, lo
512 Reglas para

alabáis, porque su don publicáis, y en


El mismo os gloriáis, no en vos, pues
a vos misma aquella gracia no atribuís.
Así debemos mirar mucho, y si el ene­
migo nos alza, bajarnos, contando nues­
tros pecados y miserias; si nos abaja y
deprime, alzarnos en verdadera fe y
esperanza en el Señor, y numerando los
beneficios recibidos, y con cuánto amor
y voluntad nos espera para salvar, y el
enemigo no cura si habla verdad o men­
tira, más sólo que nos venza. Mirad
bien cómo los mártires, puestos* delan­
te de los jueces idólatras, decían que
eran siervos de Cristo; pues vos, pues­
ta delante del enemigo de toda natura
humana, y por él así tentada, cuando
os quiere quitar las fuerzas, que el Se­
ñor os da, y os quiere hacer tan flaca
y tan temerosa con insidias y con en­
gaños, no osareis decir, que sois de­
seosa de servir a Nuestro Señor, antes
habéis de decir y confesar sin temor,
que sois su servidora, y que antes mo­
riréis, que de su servicio os apartéis;
sí él me representa justicia, yo luego
misericordia; sí es él misericordia, yo
al contrario digo la justicia. Así es me­
nester que caminemos para que no sea­
mos turbados, que el burlador q u e d e
burlado, alegándonos aquella a u t o r i d a d
do la Sasrrada Escritura que dice:
conocer los espíritus 513

guarde no seas así humilde, que así hu­


millado te conviertas en estulticia.
Viniendo a la segunda, como el ene­
migo ha puesto en nosotros un temor
con una sombra de humildad, la , cual
es falsa, y que no hablemos, ni aun de
cosas buenas, santas y provechosas,
trae después otro temor mucho peor, es
a saber, si estamos apartados, segrega­
dos y fuera del Señor nuestro; y esto
se sigue en mucha parte de lo pasado;
porque así como en el primer temor al­
canzó victoria el enemigo, halla facili­
dad para tentarnos en este otro; para
lo cual en alguna manera declarar,
diré otro discurso que el enemigo tie­
ne; si halla a una persona [que] tiene
la conciencia ancha y pasa los pecados
sin ponderarlos, hace cuanto puede que
el pecado venial no sea nada, y el mor­
tal venial, y el muy gran mortal poca
cosa; de manera que se ayuda con la
falta, que en nosotros siente; es a sa­
ber, por tener la conciencia demasiada­
mente ancha. Si a otra persona halla
de conciencia delgada, que por ser del­
gada no hay falta, y como ve que no
sólo echa de sí los pecados mortales, y
los veniales posibles, que todos no es­
tán en nosotros, y que aun procura
f'ohar de si toda semejanza de pecado
denudo en perfección y defecto, enton-
1 f'OMRNTAlUO A LOS EJERCICIOS
514 Reglas para

ces procura envolumar aquella con­


ciencia tan buena, haciendo pecado
donde no es pecado, y poniendo defecto
donde hay perfección, a fin que nos
pueda desbaratar y afligir; y donde no
puede muchas veces hacer pecar ni es­
pera poderlo acabar, a lo menos procu­
ra de atormentar.
Para más en alguna manera declarar
el temor cómo se causa, diré, aunque
breve, de dos lecciones, que el Señor
acostumbra dar o permitir. La una da,
la otra permite; la que da es consola·?
ción interior, que echa toda turbación,
y trae a todo amor del Señor; y a
quienes ilumina en tal consolación, a
quienes descubre muchos secretos y
más adelante. Finalmente con esta di­
vina consolación todos trabajos son pla­
cer y todas fatigas descanso. El que
camina con este fervor, calor y conso­
lación interior, no hay tan grande carga
que no le parezca ligera; ni penitencia,
ni otro trabajo tan grande, que no sea
muy dulce. Esta nos muestra y abre el
camino de lo que debemos seguir, y huir
de lo contrario; esta no está siempre
en nosotros, mas camina siempre sus
tiempos ciertos según la ordinación; 7
todo esto para nuestro provecho; pues,
quedado sin esta tal consolación, luego
viene la otra lección, es a saber; núes-
conocer los espíritus 515

tro antiguo enemigo poniéndonos todos


inconvenientes posibles por desviarnos
de lo comenzado, y tanto nos veja y
todo contra la primera lección, ponién­
donos muchas veces tristeza sin saber
nosotros por que estamos tristes, ni
podemos orar con alguna devoción, con­
templar, ni aun hablar, ni oír de co­
sas de Dio§ N. S. con sabor o gusto in­
terior alguno; que no sólo esto, mas,
si nos halla ser flacos y mucho humi­
llados a estos pensamientos dañados,
nos trae pensamientos, como si del todo
fuésemos de Dios N. S. olvidados; y ve­
nimos en parecer que en todo estamos
apartados del Señor Nuestro; y cuanto
hemos hecho y cuanto queríamos ha­
cer, que ninguna cosa vale; así procu­
ra traernos en desconfianza de todo y
así veremos que se causa nuestro tanto
temor y flaqueza, mirando en aquel
tiempo demasiadamente nuestras mise­
rias, y humillándonos tanto a sus fala­
ces pensamientos. Por donde es menes­
ter mirar quien combate; si es conso­
lación, bajarnos y humillarnos, y pensar
que luego viene la prueba de la ten­
tación; si viene la tentación, oscuri­
dad o tristeza, ir contra ella sin tomar
resabio alguno, y esperar con paciencia
•a consolación del Señor, la cual secará
todas las turbaciones, tinieblas de fuera.
516 Reglas para

Ahora resta hablar, lo que sentimos


leyendo de Dios N. S., cómo lo he­
mos de entender, y entendido sabernos
aprovechar. Acaece que muchas veces
el Señor nuestro mueve y fuerza a nues­
tra ánima a una operación o a otra
abriendo nuestra ánima; es a saber,
hablando dentro della sin ruido alguno
de voces, alzando toda a su divino amor,
y nosotros a su sentido, aunque quisié­
semos. no pudiendo resistir, y el sen­
tido suyo que tomamos, necesario es
conformarnos con los mandamientos,
preceptos de la Iglesia y obediencia de
nuestros mayores, y lleno de toda hu­
mildad, porque el mismo espíritu divi­
no es en todo. Donde hartas veces nos
podemos engañar es, que después de la
tal consolación o inspiración, como el
ánima queda gozosa, allégase el enemi­
go todo debajo de alegría y de buen
color, para hacernos añadir lo que lie­
mos sentido de Dios N. S., para ha­
cernos desordenar y en todo descon­
c e r t a r . O tr a s veces nos hace disminuir
de la lección recibida, poniéndonos em­
barazos, inconvenientes, porque entera­
mente no cumplamos todo aquello, Que
nos ha sido mostrado. Y es menester
más advertencia que en todas las otras
cosas; veces muchas r e fr e n a n d o Ia
mucha gana de hablar las cosas de
conocer los espíritus 517

Dios N. S.; otras veces hablando más


de lo que la gana o movimiento nos
acompaña; porque en esto es menes­
ter más mirar el sujeto de los otros,
que los mis deseos. Cuando así el ene­
migo ayuda a crecer o menguar el
buen sentido recibido, de manera que
así vayamos tentando para aprovechar
a los otros, como quien pasa el vado;
si halla buen paso, o camino, o espe­
ranza que se seguirá algún provecho,
pasar adelante; si el vado está turba­
do, y que de las buenas palabras se
escandalizarán, tener rienda siempre,
buscando el tiempo o la hora más dis­
puesta para hablar.”

2. Nota 24.a
IV

Reglas que deben guardarse


en el ministerio de distribuir limosnas

1. Materia tratada por el Santo cuando habló


de “Enmendar y reformar la propia vida y
estado” [189]. Allá se trataba principalmente
de bienes que ujio posee; en esitas reglas, de
limosnas o bienes de D ios—2. Impedimento
para que se haga según Dios la distribución.
—3 Aplicación de las reglas dadas en el se­
gundo modo de hacer sana elección, y de la
doctrina del tercer binario.—4. Norma que
convendrá seguir en aplicar los bienes a sí
mismo.

[337J En el ministerio de distribuir li­


mosnas SE DEBEN GUARDAR LAS REGLAS SIGUIEN­
TES I

1. Estas reglas en el ministerio de dis­


tribuir limosnas, no son cosa nueva en la
doctrina que ha dado el Santo durante los
Ejercicios. Cuando habló de enmendar y
distribuir l i mo s n a s 519

reformar la propia vida [189], escribió es­


tas palabras: “Asimismo de sus facultades,
cuánta debe tomar para su familia y casa,
y cuánta para dispensar en pobres y en
otras cosas pías, no queriendo ni buscando
otra cosa alguna, sino en todo y por todo
mayor alabanza y gloria de Dios nuestro
Señor/’
Como se ve, allá se trataba principalmen­
te de acertar en la distribución de los bie­
nes conforme al mayor beneplácito de Dios
nuestro Señor; y de estos bienes se hacían
tres partes: 1.a para su familia y casa;
2.a para dispensar en pobres; 3.a para dis­
pensar en otras cosas pías. La misma dis­
tribución hace el Santo en la 7.a y última
de las reglas que vamos a comentar, y que
se refiere a la persona y estado del que es
llamado de Dios nuestro Señor para el tal
ministerio de distribuir limosnas. Propo­
niendo como modelo a los que viven en es­
tado de matrimonio el ejemplo de San Joa­
quín y de Santa Ana, escribe: “los cuales
partiendo su hacienda en tres partes, la 1.a
daban a pobres; la 2.a al ministerio y ser­
vicio del templo; la 3.a tomaban para la
sustentación dellos mismos y familia.”
En la reforma de vida parece que se trata
más bien de bienes que uno posee. Con los
ejemplos de pobreza que ha visto en Cristo
aquel que se ejercita después de haber oído
'a invitación tácita del Rey Eternal, a la
ó'Ai Reglas para
que respondió con la oblación que hizo con
determinación deliberada de pasar, cuanto
estaba de su parte toda pobreza asi actual
como espiritual [95] y [98]; persuadido
luego de que el primer escalón para su rui­
na es de riquezas [142], y que por el con­
trario, el primer escalón para la perfección
en el estado que Dios nuestro Señor le die­
re para elegir [135], es pobreza contra ri­
queza [146]; se resuelve al llegar al punto
de la reforma de vida a ordenar, según el
beneplácito divino, el uso de los bienes que
Dios le ha dado.
En las presentes reglas, aunque no se
excluyen estos bienes, parece que San Ig­
nacio habla más propiamente de limosnas,
que el Santo llama en la regla 6.a [343]
bienes de Dios.
2. La inclinación natural y la afición
hacia algunas personas pudieran impedir
que esta distribución se hiciese según Dios,
y mucho más si se debe aplicar a sí mis­
mo. A quitar tales impedimentos encamina
San Ignacio estas reglas.
3. En las cuatro primeras no hace sino
aplicar aquellas otras cuatro reglas Que
propuso en el segundo modo para hacer I
sana y buena elección; [184]-[187]. En la i
regla 5.a aplica la doctrina del tercer W* I
narío [155]. I
Oigamos al Santo Padre; I
distribuir liinosnas 521

L338J 1.a regla. La primera: si yo hago la


distribución a parientes o amigos o a personas
a quien estoy aficionado, tendré cuatro cosas
que mirar, de las cuales se ha hablado en parte
en la materia de elección.
La primera es, que aquel amor que me mue­
ve, y me hace dar la limosna, descienda de arri­
ba, del amor de Dios nuestro Señor; de forma
que sienta primero en mí que el amor más o
menos, que tengo a las tales personas, es por
Dios, y que en la causa porque más las amo,
reluzca Dios.

Si hago la distribución “a parientes o


amigos o a personas a quien estoy aficio­
nado”. No es que se prohíba hacer la dis­
tribución entre tales personas. Más aún,
tratándose de parientes hay motivo par­
ticular de que sean beneficiados; mas co­
mo el amor y la afición natural fácilmente
puede hacernos ver mayor necesidad o con­
veniencia en favorecer a nuestros allega­
dos, y ser causa de que la distribución no
sea ordenada, nos dispone el Santo para
que antes de distribuir nos despojemos de
estas aficiones.
[339] 2.a regla. La segunda: quiero mirar a
un hombre que nunca he visto ni conocido; y
deseando yo toda su perfección en el ministeriq
y estado que tiene, como yo quería que él tu­
viese medio en su manera de distribuir, para
mayor gloria de Dios nuestro Señor y mayor
perfección de su ánima; yo haciendo así ni más
ni menos, guardaré la regla y medida que para
el otro querría, y juzgo ser tal.
[3401 3.a· regla. La tercera: quiero conside­
rar como si estuviese en el artículo de la muer­
te, la forma y medida que entonces querría ha­
ber tenido en el oficio de mi administración; y
reglándome por aquella, guardarla en los actos
de la mi distribución.
[341] 4.a· regla. La cuarta : mirando cómo me
hallaré el día del juicio, pensar bien cómo en­
tonces querría haber usado deste oficio y cargo
del ministerio; y la regla que entonces querría
haber tenido, tenerla agora.
[342] 5.a regla. La quinta: cuando alguna
persona se siente inclinada y aficionada a al­
gunas personas, a las cuales quiere distribuir,
se detenga y rumine bien las cuatro reglas so­
bredichas, examinando y probando su afec­
ción con ellas; y no dé la limosna, hasta que
conforme a ellas, su desordenada afección ten­
ga en todo quitada y lanzada.
4. [343] 6.a regla. La sexta: dado que no
hay culpa en tomar los bienes de Dios nuestro
Señor para distribuirlos, cuando la persona es
llamada de nuestro Dios y Señor para el tal
ministerio; pero en el cuánto y cantidad de lo
que ha de tomar y aplicar para sí mismo de lo
que tiene para dar a otros, hay duda de culpa
y exceso; por tanto, se puede reformar en su
vida y estado por las reglas sobredichas.
[344] 7.a regla. La séptima: por las razones
ya dichas y por otras muchas, siempre es me­
jor y más seguro, en lo que a su persona y es­
tado de casa toca, cuanto más se cercenare y
disminuyere, y cuanto más se acercare a nuestro
sumo Pontífice, dechado y regla nuestra, que
es Cristo nuestro Señor. Conforme a lo cual,
el tercero concilio cartaginense (en el cual es­
tuvo San Agustín) determina y manda que la
supeléctile del obispo sea vil y pobre. Lo mismo
se debe considerar en todos modos de vivir, mi­
rando y proporcionando la condición y estado
de las personas; como en matrimonio tenemos
d is lr ih u ír Jimo.si'jí'is

ejemplo del Santo Joaquín y de Santa Ana.


los cuales, partiendo su hacienda en tres partes,
la primera daban a pobres, la segunda al minis­
terio y servicio del templo, la tercera tomaban
para la sustentación dellos mismos y de su fa­
milia. ,

“Siempre es mejor y más seguro"... cuan­


to más se cercenare... Por estas palabras se
ve que él Santo habla más bien de con­
sejo que de precepto.
V

Para sentir y entender escrúpulos

1. Dos clases de escrúpulos : de acciones pasa­


das y de acciones presentes o futuras. De
cuáles se trata. Remedio contra, unos y otros :
obediencia ciega.—2. Qué po es escrúpulo —
3- Qué es escrúpulo—4. Cuándo es o puede
ser provechoso al alma—5. Táctica del ene­
migo en los escrúpulos—6. Manera de resistir.

[3 4 5 ] P ara s e n t ir y entender escrúpu­

los Y SUASIONES DE NUESTRO ENEMIGO, AYUDAN


LAS NOTAS SIGUIENTES.

1. A dos clases pueden reducirse los es­


crúpulos, que quitan la paz y tranquilidad
al alma: o son de cosas pasadas, o de ac­
ciones presentes o que debemos hacer.
El Santo habla más bien en estas n o t a s
de estos últimos, para cuyo remedio s e ñ a l a
medios sumamente aptos.
Contra los escrúpulos de la primera cía-
entender escrúpulos 525

se nos dejó documentos bien eficaces cuan­


do habló del examen de la conciencia.
Remedio general para ambas clases de
escrúpulos es una obediencia ciega al pru­
dente confesor.
2. [346] 1.a nota. La primera: llaman vul­
garmente escrúpulo, el que procede de nuestro
propio juicio y libertad, es a saber, cuando yo
líberamente formo ser pecado lo* que no es pe­
cado; así como acaece que alguno después que
ha pisado una cruz de paja incidenter. forma
con su propio juicio que ha pecado; y este es
propiamente juicio erróneo y no propio escrú­
pulo.

Como se ve, comienza San Ignacio expli­


cando qué no es escrúpulo. Y sin duda, co­
mienza haciendo esta aclaración, porque
como es corriente dar nombre de escrúpulo
a lo que no es sino juicio erróneo, sería muy
perjudicial al alma y expuesto a muchos
embrollos y enredos confundir los escrú­
pulos propiamente tales con los juicios
erróneos . Aun sabiendo distinguir entre el
escrúpulo y lo que no lo es, son los escrú­
pulos no pocas veces un torcedor terrible
para las almas.
No es raro dar también el nombre de
escrúpulo a la fidelidad en observar un pre­
cepto o regla que no obliga de suyo a pe­
cado.
3 í347J 2.a nota. La segunda: después que
vo he pisado aquella cruz, o después que he
526 Reglas yaru

pensado o dicho o hecho alguna otra cosa, me


viene un pensamiento de fuera que he pecado;
y por otra parte me parece que no he pecado;
tamen, siento en esto turbación, es a saber, en
cuanto dudo y en cuanto no dudo; este tal es
propio escrúpulo y tentación que el enemigo
pone.
4. [348] 3.a nota. La tercera: el primer es­
crúpulo de la 1.a nota es mucho de aborrecer,
porque es todo error; más el 2.° de la 2.a nota,
por algún espacio de tiempo no poco aprovecha
al ánima que se da a espirituales ejercicios; an­
tes en gran manera purga y limpia a la tal
ánima, separándola mucho de toda apariencia
de pecado, iuxta illud Gregorii: “Bonarum men-
tium est ibi culpam cognoscere, ubi culpa nulla
est.”

En el servicio divino debemos ir siempre


exentos de error, por lo cual debemos abo­
rrecer lo que llaman vulgarmente escrú­
pulo.
El verdadero escrúpulo también perju­
dicaría a nuestro aprovechamiento espiri­
tual si durase mucho; en cambio, por al­
gún espacio de tiempo servirá para hacer­
nos más delicados de conciencia, y más fie­
les en el servicio divino.

5. [349] 4* nota. La cuarta: el enemigo


mucho mira si una alma es gruesa o delgada;
y si es delgada, procura de más la adelgazar en
extremo, para más la turbar y desbaratar:
V. gr., si ve que una ánima no consiente en
sí pecado mortal ni venial ni apariencia alguna
de pecado (deliberado, entonces el enemigo,
cuando no puede hacerla caer en cosa que pa-
entender escrúpulos 5-7

rezca pecado, procura de hacerla formar pecado


adonde no es pecado, así como en una palabra
o pensamiento mínimo.
Si la ánima es gruesa, el enemigo procura de
engrosarla más; v. gr., si antes no hacía caso
de los pecádos veniales, procurará que de los
mortales haga poco caso; y si algún caso hacía
antes, que mucho menos ó ninguno haga agora.

Procura de hacerla formar pecado adon­


de no es pecado. Cosa parecida podría­
mos decir: Procura que se cargue de prác­
ticas piadosas, devocioncitas... y que les
dé tal importancia como si fuesen obliga­
torias, etc. De todo lo cual puede derivar­
se hastío, horror a las prácticas de virtud
que son de obligación, etc.

6. [350J 5.a nota. La quinta: la ánima que


desea aprovecharse en la vida espiritual, siem­
pre debe proceder contrario modo que el ene­
migo procede, es a saber, si el enemigo quiere
engrosar la ánima, procure de adelgazarse: asi­
mismo si el enemigo procura de atenuarla para
traerla en extremo, la ánima procure solidarse
en el medio para en todo quietarse.

Procure solidarse en el medio. Esta ma­


nera de hablar no responde a lo que an­
tes escribe el Santo: Siempre debe pro­
ceder “contrario modo". Ni era posible que
respondiera, pues como la virtud está en
el medio, cuando el extremo opuesto es vi­
cioso, la manera de proceder deberá ser
solidarse en el medio.
528 R eglas para en ten d er escrú p u los

[351] 6.a nota. La sexta: cuando la tal áni­


ma buena quiere hablar o obrar alguna cosa
dentro de la Iglesia, dentro de la inteligencia
de los nuestros mayores, que sea en gloria de
Dios nuestro Señor; y le viene un pensamiento
o tentación de fuera, para que ni hable ni obre
aquella cosa, trayéndole razones aparentes de
vana gloria o de otra cosa, etc.; entonces debe
alzar el entendimiento a su Criador y Señor:
y si ve que es su debido servicio o a lo meijos
no contra, debe hacer per diametrum contra la
tal tentación, iuxta Bemardum eidem respon-
dentem: “Nee propter te incepi, nec propter te
finiam” l .

1 Acerca de esta materia de escrúpulos, oír.


Arregui. Summ. Theol. Mor. n. 37.
VI

Para el sentido verdadero


en la Iglesia militante

1. Resumen que de estas reglas hace el P. Suá-


rez —2. Obediencia absóluta a ouanto ordena
“ 1a. vera Esposa de Cristo” .—3. Disposiciones
prontas para alabar y defender la confesión
y comunión frecuente, la asistencia a la misa,
oraciones, votos religiosos, indulgencias y pe­
nitencias, y finalmente todo cuanto se re­
fiere al esplendor del culto de Dios nuestro
Señor y de sus Santos, contra todo lo cual
militaban las herejías que comenzaban a le­
vantar cabeza cuando el Santo escribía los
Ejercicios.—4. Prudencia en hablar pública­
mente y ante el pueblo menudo de ordena­
ciones y costumbres de nuestros mayores —
5. Aprecio de la doctrina positiva y escolás­
tica—6. Sentido de la frase lo "blanco que yo
veo, creer que es negro, si la Iglesia Hierár-
quica así lo determina.—7. A estas reglas de­
bemos referir también el fiel cumplimiento
de las rúbricas (nota 26·.»).—8. Cautela en el
modo de hablar de la predestinación—9. Ex­
celencia del santo temor de Dios, ayn dpi
servil, donde otra cosa mejor o más útil el
hombre no alcance.
<'<>MKNTARIO a LOS EJERCICIOS
IU'k Uls pura

[3521 Para e l sen tid o verdadero que en


l a I g le s ia m ilita n te debemos te n e r , se guar­
o s » LAS REGLAS SIGUIENTES:
1. La doctrina que con toda brevedad y
claridad expone el Doctor Eximio sobre es­
tas reglas, podrá ser el mejor comentario
de las mismas
“ En algunas reglas que, para el sentido
verdadero que en la Iglesia Militante de­
bemos tener, pone San Ignacio al fin de
todo su libro, se advierte en general que
todas tienden a apartarnos lo más posi­
ble de los errores de nuestros tiempos (de
los protestantes), profesando tanto de pa­
labra como con las obras doctrinas contra­
rias; como son la · obediencia que a la
Iglesia se debe, el uso frecuente de la sa­
grada Comunión y del santo sacrificio de
la Misa, los cantos y ceremonias eclesiás­
ticas y los divinos oficios, votos religiosos,
celibato, culto y veneración de Santos, de
sus Reliquias e Imágenes, Jubileos, pere­
grinaciones y obras satisfactorias, y en
general la Fe, las obras, el temor de Dios
tanto servil como filial; finalmente, el con­
servar las tradiciones de los Padres y las
doctrinas y enseñanzas de los Santos y
Teólogos aprobados, y otras cosas semejan*
tes que con toda claridad revelan un es­
píritu diametralmente opuesto al espíritu
de Lutero, espíritu que sin duda alguna
1 De ¡tf'ligionr Societatis Iam. VII. 43.
NUlKÜr COXJ lu IglC H Íit

concedió Dios a San Ignacio como a uno


de loa principales capitanes que suscitó
contra aquel heresiarca.”
2. T353I 1.«· regla. La primera: depuesto to­
do juicio, debemos tener ánimo aparejado y
pronto para obedecer en todo a la vera Esposa
de Cristo nuestro Señor, que es la nuestra santa
madre Iglesia Hierárquica.

Nótense las palabras: Depuesto todo jui­


cio, por clara que sea la verdad, por evi­
dencia que yo tenga. En la regla 13 [3651.
usará de una frase rajante, que no admite
excepción: “ Para en todo acertar, lo blan­
co que yo veo, creer que es negro, si la
Iglesia Hierárquica así lo determina.”
Debemos tener ánimo, no sólo aparejado,
sino pronto, para obedecer en todo: obe­
diencia pronta y absoluta. Y no será pron­
ta y absoluta, sí no alabamos lo que ella
alaba, y no reprobamos lo que ella reprue­
ba; si no tenemos ánimo pronto para bus­
car razones en su defensa, y en ninguna
manera en su ofensa.
La vera Esposa de Cristo nuestro Señor,
que es la nuestra santa madre Iglesia Hie­
rárquica. ¡Con qué reverencia y con qué
umor habla de la santa Iglesia!
3. 13541 2.11 regla. La segunda: alabar el
Kinfessar con sacerdote y el recibir del santísimo
Sacramento una vez en el año, y mucho más en
•arla mes, y mucho mejor de ocho en ocho dina,
•oí) las condición oh requisitas y debidas.
532 Heglas para

[355] 3.a regla. La tercera: alabar el oír mi­


sa" a menudo, asimismo cantos, salmos y largas
oraciones en la iglesia y fuera della; asimismo
horas ordenadas a tiempo destinado para todo
oficio divino y para toda oración y todas ho­
ras canónicas.
[356] 4.a regla. La cuarta: alabar mucho re­
ligiones [estado religioso], virginidad y conti­
nencia, y no tanto el matrimonio como ninguna
destas.
[357] 5.a regla. La quinta: alabar votos de
religión, de obediencia, de pobreza, de castidad
y de otras perfecciones de supererrogación. Y
es de advertir que como el voto sea cerca las
cosas que se allegan a la perfección evangélica,
en las cosas que se alejan della no se debe
hacer voto, así como de ser mercader, o ser
casado, etc.
[358] 6.a regla. Alabar reliquias de santos,
haciendo veneración a ellas y oración a ellos:
alabando estaciones, peregrinaciones, indulgen­
cias, perdonanzas, cruzadas y candelas encendi­
das en las iglesias.
[359] 7.» regla. Alabar constituciones cerca
ayunos y abstinencias así como de cuaresmas,
cuatro témporas, vigilias, viernes, y sábado;
asimismo penitencias no solamente internas,
mas aun externas.
[360] 5.a regla. Alabar ornamentos y edificios
de iglesias; asimismo imágenes, y venerarlas
según que representan.
[361] 0.a regla. Alabar, finalmente, todos pre­
ceptos de la Iglesia, teniendo ánimo pronto para
buscar razones en su defensa, y en ninguna
manera en su ofensa.
4. [362] 10* regla. Debemos ser más pron­
tos para abonar y alabar así constituciones, co-
mendacíones como costumbres de nuestros ma­
yores; porque dado que algunas no sean o no
«(üi'lir con la Igloslrc

fuesen tales, hablar contra ellas, quier predi­


cando en público, quier platicando delante del
pueblo menudo, engendrarían más murmuración
y escándalo que provecho; y así se indignarían
el pueblo contra sus mayores, quier temporales,
quier espirituales. De manera que así como hace
daño el hablar mal en absencia de los mayores
a la gente menuda, así puede hacer provecho
hablar de las malas costumbres a las mismas
personas que pueden remediarlas.

Esta regla, como nunca, es oportuna en


nuestros días. Estamos acostumbrados a cri­
ticar y a oír criticar de las acciones de
nuestros superiores, es decir de la autoridad
tanto eclesiástica como civil. Y este ha
sido uno de los mayores males que nos
trajo el liberalismo. Cautela y suma cau­
tela recomienda el Santo Padre para hablar
contra constituciones, comendaciones y
costumbres de nuestros mayores, máxime
predicando en público o platicando delante
del pueblo menudo, sobre todo cuando se
prevé con fundamento que engendrarán
más murmuración y escándalo, que prove­
cho. Y esto entiéndase de superiores o ma­
yores quier temporales, quier espirituales.
Por supuesto que el varón apostólico por
nada debe dejar de hablar de las malas
costumbres siempre que haya necesidad, y
sobre todo acudir a las autoridades que tie­
nen obligación de remediarlas, y esto con
la debida prudencia y la debida libertad
evangélica.
534 Ut'iílas pit ni

Escribe el P. Francisco García en la Vi­


da de San Ignacio, lib., V, cap. XIII: “Las
acciones de los Príncipes y grandes Prela­
dos, de ninguna manera las censuraba y
notaba; y aunque públicamente se murmu­
rase de su gobierno, nunca hablaba mal
de él, ni decía: Este negocio se podía haber
gobernado de esta manera; ni aquel se
hubiera acertado de esta; ni decía las cosas
que los Gobernantes podían cómodamente
hacer para lo adelante con mucho acierto
(si no era consultado de ellos) por no notar
su desacierto o falta de prudencia, o equi­
dad.”
Y Ribadeneira dejó escrito en el libro V,
cap. X : “Cuando veía (San Ignacio) alguno
muy celoso y ferviente, y deseoso de re­
formar los males públicos que cada día
vemos en el mundo, solía decir, que lo que
el hombre en semejantes casos ha de hacer
es, pensar atentamente de qué le pedirá
Dios cuenta el día del juicio, y aparejarse
para ello, viviendo de manera que la pue­
da dar sin recelo. Pedirános Nuestro Señor
cuenta, decía, de nuestra vocación y esta­
do, si como buenos religiosos tuvimos me­
nosprecio del mundo y fervor de espíritu;
si fuimos abrasados de caridad, amigos de
la oración y mortificación, solícitos y cui­
dadosos en confesar y predicar, y ejercer
los otros ministerios de nuestro Instituto.
De esto nos pedirá cuenta, y no si reíor-
seniir con la Iglebiu 536

mamos lo que no está a nuestro cargo.


Aunque debemos arder de deseo de la hon­
ra y gloria de Nuestro Señor, y hacerle
fuerza, por decirlo así, con nuestras conti­
nuas y abrasadas oraciones, suplicándole
que El mueva con su espíritu a los que lo
han de remediar; y también, cuando se
ofreciera la ocasión, hablar y solicitar a los
Gobernantes para que hagan su oficio, y
quiten los escándalos públicos.”

5. Í363] 11.a regla. *Alabar la doctrina posi­


tiva y escolástica ; porque así como es más pro­
prio de los doctores positivos, así como de San
Hierónimo, San Agustín, de San Gregorio, etc.,
el mover los afectos para en todo amar y ser­
vir a Dios nuestro Señor; así es más propio de
los escolásticos, así como de Santo Tomás, San
Buenaventura y del Maestro de las sentencias,
etcétera, el definir o declarar para nuestros
tiempos, de las cosas necesarias a la salud eter­
na, y para más impugnar y declarar todos
errores y todas falacias. Porque los doctores en
colásticos, como sean más modernos, no sola­
mente se aprovechan de la vera inteligencia de
la Sagrada Escritura y de los positivos y san­
tos Doctores; más aún siendo ellos iluminados
y esclarecidos de la virtud divina, se ayudan de
los concilios, cánones y constituciones de nues­
tra santa madre Iglesia.
[364] 12.«· regla. Debemos guardar en hacer
comparaciones de los que somos vivos a los bien­
aventurados pasados, que no poco se yerra en
esto, es a saber, en decir: éste sabe más que
San Agustín, es otro o más que San Francisco,
«s otro San Pablo en bondad, santidad, etc.
fi. 1365] 13.a regla. Debemos siempre tener.
530 Reglas para

para en todo acertar, que lo blanco que yo veo,


creer que es negro, si la Iglesia Hierárquica así
lo determina; creyendo que entre Cristo nues­
tro Señor, esposo, y la Iglesia su esposa, es el
mismo Espíritu que nos gobierna y rige para la
salud de nuestras ánimas, porque por el mismo
Espíritu y Señor nuestro que dió los diez man­
damientos, es regida y gobernada nuestra santa
madre Iglesia.
Lo blanco que yo veo, creer que es ne­
gro, si la Iglesia Hierárquica así lo deter­
mina. Evidentemente que el Santo no
quiere significar con tsta célebre expresión
que la Iglesia pueda definir y proponer a
los fieles esta verdad como uno de los
dogmas de nuestra santa Fe. No son estas
las verdades que define la santa Iglesia.
El sentido es, que en lo que se refiere a lo
que debo creer u obrar, si se me ofrece una
verdad que para mí sea tan clara como la
luz del mediodía, tan evidente como las co­
sas que ven mis ojos, rindiendo en absolu­
to mi juicio y cerrando mis ojos a la evi­
dencia, crea firmemente lo que la santa
Iglesia determinare, puesto que en estas
determinaciones es asistida inmediatamen­
te por el mismo Espíritu Santo que ni pue­
de errar ni puede permitir que la Iglesia,
su esposa, se equivoque, como ni pudo errar
cuando dió loS diez mandamientos.
7. Nota 25.a
8. 1366] 14 regla. Dado que sea mucha ver­
dad que ninguno se puede salvar sin ser pre­
sentir con lu Iglchia

destinado y sin tener fe y gracia, es mucho de


advertir en el modo de hablar y comunicar do
todas ellas.
1367] J5.:i No debemos hablar mucho de la
predestinación por vía de costumbre; mas si
en alguna manera y algunas veces se hablare,
así se hable que el pueblo menudo no venga en
error alguno, como algunas veces suele, dicien­
do : Si tengo de ser salvo o condenado, ya está
determinado, y por mi bien hacer o mal, no
puede ser ya otra cosa; y con esto entorpecien­
do, se descuidan en las obras que conducen a la
salud y provecho espiritual de sus ánimas.
[368] 16.a De la misma forma es de adver­
tir que por mucho hablar de la fe y con mucha
intensión, sin alguna distinción y declaración,
no se dé ocasión al pueblo para que en el obrar
sea torpe y perezoso, quier antes de la fe for­
mada en caridad o quier después.
[369] 17.a Asimismo no debemos hablar tan
largo instando tanto en la gracia, que se engen­
dre veneno para quitar la libertad. De manera
que de la fe y gracia se puede hablar cuanto
sea posible mediante el auxilio divino, para ma­
yor alabanza de la su divina Majestad, mas no
por tal suerte ni por tales modos, mayormente
en nuestros tiempos tan periculosos, que las
obras y libero arbitrio reciban detrimento al­
guno o por nihilo se tengan.
9. [370] 18.a· Dado que sobre todo se ha de
estimar el mucho servir a Dios nuestro Señor
por puro amor, debemos mucho alabar el temor
de la divina Majestad; porque no solamente
el temor filial es cosa pía y santísima, mas aún
el temor servil, donde otra cosa mejor o más
útil el hombre no alcance, ayuda mucho para
salir del pecado mortal; y, salido, fácilmente
viene al temor filial, que es todo acepto y grato
a Dios nuestro Señor, por estar en uno con el
amor divino. Finis.
NOTAS

1» Es nota muy característica en los Ejercicios


Espirituales y en general en la ascética de San
Ignacio la cooperación y actividad del hombre en
la obra de su santificación y perfección.
Esta actividad la expresa con toda claridad el
Santo en las primeras palabras que pone en el
título de las anotaciones, en las primeras pala­
bras que escribe al Principio de los Ejercicios
Espirituales: para ayudarse.
Сод no menos claridad nos expondrá la mis­
ma idea cuando ya en la primera anotación nos
declare la naturaleza de los Ejercicios: Todo
modo de preparar y disponer el ánima...
Ед efecto : “preparar y disponer el ánima pa­
ra" quitar de sí todas las afecciones desordenadas
y, después de quitadas, para buscar y hallar la
voluntad divina...” , requiere suma actividad en
“ examinar la conciencia, meditar, contemplar, orar
vocal y mental y otras espirituales operacio­
nes” que va el Santo declarando en el libro de
los Ejercicios.
Para ceñidos exclusivamente a las anota­
ciones, tal actividad la manifiesta muchas ve­
ces en la misma manera de hablar cuando nom­
bra al que recibe los Ejercicios, ya. que es muy
común esta frase por demás significativa: el
que se ejercita. Véanse, por ejemplo los дп. (6,
9, 13) etc.
La misma comparación que toma de los ejer­
cicios corporales, “Así como el pasear, caminar
y correr”, dan a entender bien claramente, oo
ino escribe el P. Roothaaji, a aquellos que ha­
cen estos Ejercicios Espirituales, que deberán in­
tervenir no 'pasiva, sino activamente : que debe­
rán ejercitarse. “Ex ipso ejiim nomine Exercitio-
rum—escribe el Padre—, comparatione facta cum
exercitiis corporalibus, sentient (quotquot Exer-
citia obituri sunt) debere ipsos sese exercere ».
Aquella advertencia, la primera que hace San
Ignacio al que da a otro, modo y orden para me­
ditar y contemplar, de “ exponer fielmente la his­
toria con breve y sumaria declaración, para que
la persona que contempla... discurriendo y racio­
cinando por sí mismo, y hallando alguna cosa
que haga un poco más declarar y sentir la his­
toria, quier por la raciocinación propia...” ; aquel
empeño en recomendar al que toma los Ejercicios
en la primera semana que “ así trabaje en la pri­
mera para alcanzar la cosa que busca, como si en
la segunda ninguna buena esperase hallar” (11);
aquel “ advertir mucho que como en cada uno
de los cinco ejercicios o contemplaciones que se
harán cada día. ha de estar por una hora, así pro­
cure siempre que el ánimo quede harto en pensar
que ha estado una hora entera en el ejercicio, y
antes más que menos” (12); aquel alargarse en
la desolación y tomar la ofensiva, contra el ad­
versario, “ la persona que se ejercita, por hacer
contra la desolación y vencer las tentaciones,
debe siempre estar alguna cosa 7nás de la hora
cumplida, porque no sólo se avece a resistir al
adversario, mas aun a derrocalle” (13); no dejan
lugar a la menor duda sobre la importancia que
da el Santo a la actividad y cooperación del que
se ejercita.
Esta misma actividad denota el titulo mismo
del libro, Ejercicios; no meditaciones o contem­
placiones. *

1 Nota 5.» primae hebd.


540 Notas
Y si recorremos los títulos de los cinco aotos
de primera semana, a los oinco da San Ignacio
el nombre de Ejercicios [46, 55, 62, 64 y 66]. Véa­
se también el n. [72].
Y a las contemplaciones de la segunda, terce­
ra y ouarta semana, a todas llama con el nombre
genérico de Ejercicios: [128, 205 y 277].

2.» Y de otras espirituales operaciones, según


que adelante se dirá.
Sin duda que con estas palabras significa el
Santo lo que a la elección de estado y reforma de
vida se refiere. No está dispuesto tan a los prin-
oiplos el que se ejercita a que se le hable tan
abiertamente y tan por menudo de este fin prin­
cipalísimo al que llegará mediante estos Ejerci­
cios. Esta es la divina táctica que usará el Autor
de los Ejércelos Espirituales : poco a poco y con
firmeza irá conduciendo al dirigido hasta la ele­
vada cumbre del monte de la perfección. Oigamos
a este propósito al P. Roothaan :
“ Otros varios Ejercicios hay en el libro, los
cuales no pertenecen rigurosamente hablando a
los Ejercicios expresamente mencionados por el
Santo Padre. Son estas otras espirituales operacio­
nes aquellas importantísimas de Elección y Re­
forma de vida y otros parecidos dooumentos que
se proponen más adelante, en los cuales, mien­
tras uno se ejercita, propiamente ni examina su
conciencia, ni medita, ni contempla, ni ora vocal
o mentalmente; y no obstante esto, con itoda ver­
dad podemos afirmar que se ejercita el espíritu
Mas con toda prudencia,—sigue escribiendo el Pa­
dre Roothaan—no habla de ellos expresamente el
Santo por no dar lugar a que la ansiedad o te­
mores inútiles inquietasen al ejercitante no bien
preparado y dispuesto. Tal discreción y prudencia
del Santo Padre deberá imitar el Direotor. Pues,
por lo general, aquellos que por primera vez em­
piezan los Ejercicios non possunt portare modo."
Notas 541
3.a SI el Santo Padre no hubiera hecho por
si mismo la c o r r e c c ió n , y hubiera dejado la frase
tal como la escribió la primera vez, “Ordenar su
vida sin afección alguna que desordenada sea”,
de dos modos pudiera haberse interpretado esta
frase: 1.« ordenar su vida sin experimentar, sin
sentir afeociones desordenadas; 2.« ordenar su
vida experimentando tales afecciones desorde­
nadas, pero sin regirse, sin determinarse por
ellas. Y pues el mismo S. Ignacio aclaró por sí
mismo el sentido y le dió esta acepción, nos
pareoe que ese mismo sentido debe darse no sólo
en este pasaje, claro está, sino también en la
1.» anotación: “ Para quitar de sí todas las afec­
ciones desordenadas y, después de quitadas..."
Parece más lógico explicar el sentido de estas pa­
labras por las que corrigió el Santo, y no vice­
versa. Y esto tanto más cuanto que tal explica,
ción es itambién más conforme a la manera de
hablar del mismo Santo en otros pasajes del li­
bro. Véase, por ejemplo, la anotación 16.a 116),
donde habla del alma, que “Está afectada y In­
clinada a una cosa desordenadamente... así como
si está afeotada para buscar y haber un oficio
o beneficio no por el honor y gloria de Dios nues­
tro Señor.” "Debe afeotarse,—continúa el S a n to -
ai contrario... es a saber que ni quiere el tal
oficio o beneficio ni otra cosa alguna, si su di­
vina Majestad, ordenando sus deseos, no le mu­
dare su afección primera.” Y a continuación ex­
plica el sígnifloado de este ordenar sus deseos.
de este mudar su afección primera ; “De manera,
-dice—que la causa de desear o tener una oosa u
otra, sea sólo servicio, honra y gloria de la su di­
vina Majestad” . Por tanto, con tal que la causa de
desear obtener una cosa u otra sea el servicio de
Dios nuestro Señor, tendrá ordenados sus deseos.
;um cuando sienta inclinación desordenada. Lo
contrario serln un absurdo. Es decir, creemos que
sería un absurdo dejar de desear o de tomar una
542 Notas

cosa que es servicio de Dios nuestro Señor, por


sentir afeooión desordenada hacia ella. En la
práctica, aun los que defienden otro sentido de
la famosa frase, aconsejarían sin duda que se
desease o se tomase la cosa, purificando antes la
intención no se determinando por esta afición
desordenada. Y todos convendrán que la persona
qxie obrara conforme a este prudente consejo,
obraría rectamente y agradaría a Dios nuestro Se­
ñor más que si dejase de obrar. Esta misma doo-
trina enseña en la nota de los binarios [157]. Nin­
guno dirá que aquel que sienta afecto o repug­
nancia contra la pobreza actual; que aquel que
no es (no se siente) indiferente a pobreza o ri­
queza, y que no ha extinguido (en cuanto al sen­
tim iento ) tal afecto desordenado; ninguno dirá,
repetimos que tiene desorden, si pide en coloquios
(aunque sea contra la oarne) que el Señor le eli­
ja en pobreza actual: y que él quiere, pide y
suplica, solo que sea servicio y alabanza de la su
divina Majestad.
Con esto, no negamos que varones esforzados
que entran en estos Ejercicios “con grande áni­
mo y liberalidad con su Criador y Señor, ofre­
ciéndole todo su querer y libertad” y que perse­
veran constantes en el cumplimiento fiel de las
normas que marca el Santo Padre, salen de los
Ejercicios hombres nuevos, que van oreciendo de
virtud en virtud hasta la muerte, y pueden afir­
mar con el Santo Padre que han ganado siempre
tierra en el camino de la perfección desde que
se dieron de lleno a Dios. Lo que afirmamos es
que el sentir o no estas aficiones desordenadas
es cosa accidental a la perfección, con tal que
uno no se determine por ellas; como es acciden­
tal a la virtud de la obediencia, v. gr., sentir o
tener gusto o repugnancia a lo que manda, el
superior, con tal que se sobreponga a estos aíeo-
tos, y obedezca por la razón formal de obedeoer
a Dios representado por el superior; como es ao-
Notas 543
cidental a la indiferencia sentir afición des­
ordenada a uno de dos extremos, con tal que en
el obrar no se cuente con este desorden, o lo que
es lo mismo, no se determine por él. Por lo de­
más, como enseña el P. Roothaan, comentando
este pasaje: “ Quam difficile est inveniri aliquem
ita plañe constitutum, ut sit absque ulla affec
tione inordinata” .
Por lo expuesto hasta aquí, creemos poder
hacer dos afirmaciones: 1.a aquellos que hagan
estos Ejercicios dispuestos a dar con toda libe­
ralidad a su Criador y Señor cuanto entiendan
que El les pedirá, si son fieles cooperadores a
sus gracias, fácilmente podrán salir de los Ejer­
cicios sin aficiones desordenadas, es decir, sin­
tiéndolas, pero sin determinarse por ellas de un
modo habitual; 2.a el que salgan de los Ejer­
cidos sin sentir tales aficiones nos parece tan
imposible, como imposible es que una tierra
después de bien escardada y preparada, no vuelva
a brotar malas yerbas. Y si se nos urge que no
faltan varones que han salido de estos Ejercicios
con tales disposiciones más divinas que huma­
nas, admitimos gustosísimos estos casos, pero
los consideramos como verdaderos milagros en
el orden de la gracia. Aun puesta toda nuestra
cooperación, es ésta una merced muy señalada y
muy extraordinaria de la inmensa Bondad de Dios
nuestro Señor, la cual a muchos ciertamente no
da y a otros ciertamente da por su infinita mise­
ricordia. Aquí tiene fiel cumplimiento aquella
misteriosa sentencia del Apóstol a los Romanos:
“Non volentis ñeque currentis , sed miserentis est
Dei” i.
Confirmaremos esta doctrina con testimonios
de cinco autores verdaderamente eminentes en
esta materia. Tales son San Juan de la Cruz, el
B. Claudio de la Colombiére, el P. La Palma,
r Roothaan y un autor contemporáneo.
1 Ron)., IX . 16.
544 Notas

Prueba el Doctor Místico "Cómo es necesario


para llegar a la Divina ünlón, careoer el alma de
todos los apetitos por pequeños que sean” i. Y
explanando esta verdad, escribe :
“ Parece cosa reola y muy difioultosa poder
llegar el alma a tanta ^pureza y desnudez, que
no tenga voluntad ni afición a ninguna cosa.
A esto se responde: lo primero que es verdad
que no todos los apetitos son tan perjudiciales
unos como otros, ni embarazan al alma todos en
igual grado; hablo de los voluntarios, porque los
apetitos naturales poco o nada impiden al alma
para la unión, cuando no son consentidos ni
pasan de primeros movimientos. Y llamo na­
turales y de primeros movimientos, todos aque­
llos en que la voluntad racional antes ni des­
pués tuvo parte. Porque qiiitar estos y mortifi­
carlos del todo en esta vida, es imposible. Y estos
no impiden de manera que no se pueda llegar a
la Divina unión, aunque del todo, como digo,
no estén mortificados; que bien los puede te­
ner el natural) y estar el alma según el espíritu
racional muy libre de ellos... Luego claro está
que para. venir el alma a unirse oon Dios con
amor y voluntad, ha de carecer primero de todo
apetito de voluntades por mínimo que sea. Esto
es que advertida y conocidamente no consienta
con la voluntad en imperfección y venga a te­
ner poder y libertad para poderlo hacer en ad­
virtiendo. Y digo conocidamente, porque sin ad­
vertirlo o entenderlo, o sin ser en su mano en­
teramente, bien caerá en imperfecciones y pe­
cados veniales, y en los apetitos naturales ya di-
ohos. Que de estos tales pecados no tan volunta­
rlos está escrito que el justo caerá siete veces
en el día, y se levantará: Septies enim cadet
iustus cL resurget Mas los apetitos volu n ta rios
y enteramente advertidos, aunque sean de cosas
1 Subida del Monte Carmel,o, lib 1 cap. XI·
2 Prov., XXIV. Ifi
Notas 545

mínimas, como se ha dicho, cualquiera que no se


venza basta para impedir."
Y al ñnal del capítulo siguiente, en que trata
y declara "Cuáles sean los apetitos que bastan
para causar en el alma los daños ya dichos” , es­
cribe : “De los demás apetitos naturales Que no
son voluntarios, y de los pensamientos que no
pasan de primeros movimientos, y de otras ten­
taciones no consentidas, no trato aquí; porque
estos ningún mal de los dichos causan en el
alma,. Que aunque a la persona por quien pasan
le hagan pareoer que la pasión y turbación que
entonces le causan, la ensucia y ciegan, no es
así; antes ocasionalmente le causan los prove­
chos contrarios. Porque en tanto que los resiste,
gana fortaleza, pureza, luz y consuelo, y mu­
chos otros bienes. Según lo cual dijo- nuestro
Señor a San Pablo: “Virtus in infirmitate perfi-
citur”. QUe la virtud se perfecciona en la fla­
queza. Mas los voluntarios, todos los dichos y
más males causan” . En otros términos: sentir
afecoiones desordenadas no impide la perfección
si uno no se determina, por ellas. Ni está en
nuestra mano carecer de ellas.
Como anillo al dedo vienen a este propósito
los sentimientos espirituales que el B Padre
Claudio de la Colombiére escribió en sus Retiros
Espirituales al final de la primera semana : “Una
idea que me consuela mucho, y que me parece
capaz, con la gracia de Dios, de calmar parte
de mis turbaciones, es que para saber si estamos
pegados humanamente a la cosas que nos man­
da la obediencia, si disgustamos a Dios al satis­
facer, por ejemplo, las necesidades de la vida, o
al gozarnos de la gran reputación o de la gloria
que se sigue a nuestros trabajos, o en el placer
que sentimos oonversando de cosas santas, etc.,
para saber, digo, si no se desliza algo dehum ajio
on todo eso, es necesario juzgar no por el sen­
timiento, porque ordinaria mente es imposible no
COMENTARIO A LOS EJERCICIOS
546 Notas

sentir el placer que lleva consigo esta dase de


bienes, como es Imposible no sentir el fuego
cuando se aplica a tina parte sensible.
Pero hay que examinar:
l.o SI hemos buscado de algún modo el pla­
cer que experimentamos;
2 o Si tendríamos pena en dejarlo;
3.o SI siendo igual gloria de Dios y teniendo
libre elección, escogeríamos con preferencia las
cosas desagradables y oscuras.
Cuando se está, en esta disposición, hay que
trabajar con libertad y ánimo en las obras de
Dios, y despreciar todas las dudas y esorúpulos
que podrían detenernos o turbarnos.”
Escribe el P. La Palma aclarando el sentido
de la indiferencia, de que habla el Santo Padre
en el Principio y Fundamento: "...no pretende­
mos aquí ahogar el sentimiento natural ni quitar
la repugnancia de la parte sensitiva a las oosas
que el sentido juzga por disconvenientes y con­
trarias, sino pedimos la indiferencia de la vo­
luntad que debe estar conforme en todo con la
divina... Cristo nuestro Señor que pidió la cla­
rificación de su nombre para después de sü glo­
riosa ascensión, se puso indiferente a la, entrada
de su pasión, para las injurias y afrentas, para
los azotes y espinas, y para, dar su vida en la
cruz.”
Evidentemente que el P. La Palma con estas
últimas pala,bras se refiere a la luoha que el Se­
ñor sostuvo durante su oración en el huerto de
los olivos, y con la cual quiso dar principio a su
sagrada pasión : “Padre mío, si es posible, pase
de Mí este cáliz; con todo, no sea lo que Yo
quiero, sino lo que quieres Tú.” 2.
Esta misma corrección del Santo Padre co­
menta asimismo el P. Roothaan con estas pala­
bras : " Sin determinarse. Es muy digna de po-
' Camivo Espiritual llb. 5 ° cap. XV.
7 Mt„ XXVI, 39.
Notas M7
tarse en este pasaje1 Té. sabiduría y discreción
bien singulares del Santo Padre. Habla escrito
al principio ordenar su vida sin affecci&n alguna
que desordenada sea. Pero eata expresión pareció
más adelante al Santo Padre no bastante dlscre
ta o al menos tal, que pudiera entenderse o
proponerse de modo Indiscreto. Y ciertamente,
qué difícil es hallar a uno tan sefior de si que
ss véa libre de toda afldón desordenada! Oorrl-
gló, pues, el Santo y escribió al margen con su
propia, mano sin " determ inarse por” afección
alguna... y restringe la carencia de toda afec­
ción desordenada al tiempo y al acto de la mis­
ma determinación, en este sentido: que aquél
que en el Ordenar su vida se determina a alguna
cosa, lo haga apartando y excluyendo toda des­
ordenada afición, sin que afldón alguna des
ordenada le mueva a tomar una. determinación ”
En fin, aduoiremos para terminar el testimo­
nio de un autor contemporáneo conocedor como
pocos de los Ejercicios Espirituales:
Habla el P; Codina de las correcciones que el
Santo Padre -fué haciendo en su libro probable­
mente por la experiencia que Iba sacando de su
trato con el prójimo.· y al. llegar a la corrección
que hizo en ¡el título de los Ejercicios, que es
precisamente la que estamos comentando, inter­
calando entre sí» y afeoción la frase determ i­
narse por , escribe en esta form a: “Tal ver se
encontró coh. almas que, deseosas de la perfec­
ción y sintiendo todavía en sí mismas la fuerce
de las aficiones desordenadas de esta n&turaleea
sensual, se afligían en demasfa por pensar que
no acababan de vencerla y ordenar su vida sin
afición alguna, desordenada, oomo decía el titulo
de los Ejercidos antea-de las últimas correccio­
nes. Y Síiji Ignacio, para, hacer ver a aquellas
almas y a las demás, que hicieran ejercidos, que
lo malo y lo im perfecto no está en sentir aficio
ne<t. desordenadas, sino en determ inarse por ellas.
54S Notas

modificó el título esoriblendo: “ Ejercicios Espi­


rituales para vencerse a sí mismo y ordenar
vida sin determinarse por afición alguna que
desordenada sea.” '· ,,
Podemos confirmar esta misma doctrina cpn
otra corrección que hizo el Sapito en el tercer
punto de la segunda parte del Rey Temporal [97],
donde escribió San Ignacio: “ ...mas aun fa ­
ciendo contra su propia sensualidad, si alguna
tuviesen y contra su amor carnal...” “Debióle
enseñar la experiencia,—comenta el mismo P. Có-
dina,—que esta huéspeda importuna, instalada en
nuestra casa aun antes que nosotros conozca­
mos ni la casa ni la huéspeda, por maravilla se
va sin dejar raíces; y borró del texto la restric­
ción expresada por la frase si alguna tuviesen,
que efectivamente se ve borrada· en el autógrafo
castellano” 2.

4 .a A propósito de la doctrina de San Ignacio


en el Presupuesto, no oreemos ajeno a esta ma­
teria tratar de dos acusaciones principales levan­
tadas contra el Santo, y que fueron efecto más
de ignorancia que de malicia. No están despro­
vistas enteramente de fundamento. A punto de
entrar en el comentario a los Ejercicios Espiri­
tuales, haremos ver la falsedad de dichas acusa­
ciones. Lo cual creemos que habrá· de ser de tanto
mayor provecho, cuanto que servirá lo que escri­
bamos para conocer mejor el carácter del Autor
de los Ejercicios, que tan fielmente refleja el li-
brito que el Santo escribió en Manresa, y por
consiguiente, para entender mejor las enseñan­
zas que nos da en su precioso libro. A la par,
pondremos nosotros en práctica lo que el Pr©·
supuesto prescribe: ...todo buen cristiano hade

1 Los Orígenes de los Ejercicios Espirituales,


págs. 100 y 10 1 .
2 Ib., pág. 100.
Notas 549
ser más pronto a salvar la proposición del pró­
jimo, Que a condenarla...
Es la primera acusación que en su método a.v
cético da excesiva importancia a las fuerzas e
industrias humanas-, atribuyendo a éstas exclu­
sivamente o en su mayor parte la santidad; pa­
rece tener su método resabios pelagianos.
La otra es de intransigencia.. Impone a los de­
más su sistema ascético. Sin tener en cuenta que
el Espíritu Santo es uno y múltiple, corta, si se
permite hablar en esta forma, una especie de
patrón para la santidad, al cual deben acomo­
darse cuantos quieran seguir su escuela.
Ambas acusaciones se deshacen con la doctrina
que expone el Doctor Eximio en su tratado De
Religione Soeietatis lesu, lib. EX, e. 6.°, p. 3 :
“Aunque el principal autor del aprovechamiento
espiritual y del ejercicio mediante el cual se ob­
tiene este aprovechamiento, es el Espíritu Santo,
esto no obstante, es necesario que de nuestra
parte nosotros seamos los que plantemos y re­
guemos para que dé Dios el crecimiento; puesto
que la gracia e ilustración divina no excluye la
cooperación y preparación del hombre, sino que
más bien la requiere. Por lo mismo, para que
haga el hombre cuanto está de su parte, podrá
ayudarse de consejos y reglas, las cuales, sin em­
bargo, no se dan con intención de atar al hom­
bre, ni con intención de poner leyes al Espíritu
Santo, para que no pueda mover a su criatura
ccmo El quiere. Sino que el fin de tales reglas
es únicamente instruir al hombre ya sobre el
modo cómo ha de empezar a obrar, a meditar y
a discurrir cuando no siente premoción especial
del Espíritu Santo, ya también para hacerle ap*
to a reoibir el impulso del mismo Espíritu Di­
vino, y pueda con esto sentirlo y seguirlo. Lo
cual se advierte ya en los mismos Ejeroioios, oomo
consta por las anotaciones que se ponen al pria.-
Notas»
olpio de ellos y por otros muchos pasajes de los
mismos.” Hasta aquí el P. Suárez.
El fundamento de la aousadón primera es que
ел realidad, San Ignacio da, mucha importancia
a las fuerzas e Industrias humanas, a la coope­
ración y actividad del hombre ед el negocio de su
salvación y perfección.
Este modo de obrar aconseja la prudencia que
sigamos en todos los negocios, y no hay motivo
para que excluyamos el más importante de todos,
el de nuestra salvación.
Mas no prescinde, ni mucho menos excluye (y
este es el error o la ignorancia) no excluye el
auxilio y ayuda de la gracia divina; antes la
está pidiendo constantemente al principio de
cada ejercicio: “ La oración preparatoria, dice,
es pedir gracia a Dios nuestro Señor para, que
todas mis intenoiones, acciones y operaciones
sean puramente ordenadas en servicio y alabanza
de su divina Majestad” (46]. Y “Ante todas
contemplaciones o meditaciones, se debe hacer
siempre la oración preparatoria sin mudarse” [29J
¿Cómo, pues, ha podido afirmarse que el método
ignaciano prescinde ni mucho ni poco de .,1a
gracia y ayuda de Dios?
Pero ahora afirmamos m ás: Afirmamos que no
existe (íbamos a decir no es posible) un método
ascético que dé mayor importancia a la gracia
divina que el que enseña San Ignacio. P91· no
ser prolijos, nos ceñiremos a la meditación de los
binarios y al primer modo para hacer sana y
buena elección. Esta es la petición que hace en
Jos binarios: “Demandar lo que quiero: aqui,
será pedir gracia para elegir lo que más a gloria
de su divina Majestad y salud de mi ánima
sea” 1152]. 3·« binario “ ...quiere solamente Que­
rerla о до quererla (la cosa acqulslta) según que
Dioe nuestro Señor le pondrá en voluntad, У Р
la tal persona le parecerá mejor para servicio
Notas 551
y alabanza de su divina Majestad” I155J. Cir.
nota [157].
Y en el primer modo para Hacer elección:
“Tercero: pedir a Dios nuestro Señor quiera mo­
ver mi voluntad y poner en mi ánima lo que yo
debo hacer acerca de la cosa propósita, que más
su alabanza y gloria sea...” [180]; “Sexto: hecha
la tal elección o deliberación, debe ir la perso­
na que tal ha hecho, con mucha diligencia a la
oración delante de Dios nuestro Señor, y ofre­
cerle la tal elección, para que su divina Majes­
tad la quiera rescibir y confirmar, siendo su ma­
yor servicio y alabanza” [183].
Lo admirable y muy peculiar de San Ignacio,
no sólo en sus escritos, Ejercicios, Constituciones
y cartas, sino también en los negocios que empren­
dió para la gloria dé Dios, es la práotiea. de una
sentencia que repetidas veces se le oyó en tina
u otra forma : “ Ha más de treinta años, dijo una
vez al P. Ribadeneira, que Dios nuestro Señor
me ha enseñado, que en las cosas de su servi­
cio tengo de tomar todos los medios honestos y
posibles; pero de tal manera que no ha de estri­
bar mi esperanza en los medios que tomare, sino
en el Señor por quien se toman." Admirable sen­
tencia : Poner todos los medios humanos como
si de ellos únicamente dependiese el éxito; mas
entender y estar bien persuadidos que no son su­
ficientes todas nuestras industrias, si el Señor
no pusiere la m ano: “Nisi Dominus aedlfioave-
rlt..., in vanum "; “nisi Dominus custodierit...,
in vanum...” Poner también todos los medios
divinos; mas entender y persuadirse que tam­
poco, de ley ordinaria son suficientes si no po­
nemos la cooperación que Dios suele exigir. No
se separen estos dos miembros si no se quiere
falsificar y mutilar el método ignaciano.
Tampoco falta, fundamento para formular la
segunda acusación, o sea, que el Santo es exclu­
sivista en su método; pero esto es falsísimo.
Notas

Insiste, es cierto, en muchas prácticas, muy


conformes por otra parte al modo de obrar de
nuestra naturaleza racional, prácticas que a los
profanos en estas materias principalmente, po­
drán parecer minucias de poca monta. Al modo
de hacer los Ejercioios y a. la diligencia en cum­
plir las adiciones, vincula en gran parte el apro­
vechamiento y fruto; pero esto, como se verá
al tratar de las adiciones, remueve los obstáculos
y nos dispone para que obre en nosotros la gra­
cia divina. Además es notable la libertad que da
al que se ejercita, en las mismas normas y ejer­
cicios : Véase, por ej.em.plo, cuando explica con
alguna detención qué sea coloquio [199]; y en
el 2 .o punto de contemplación para alcanzar
amor ecribe: “ ...Otro tanto reflictiendo en mi
mismo, por el modo que está dicho... o por otro
que sintiere mejor". [235]. Eto.
Del Santo es esta admirable sentencia: “Nin­
gún yerro es más pernicioso en los maestros de
las cosas espirituales, que querer gobernar a los
otros por sí mismos, y pensar que lo que es
bueno para ellos es bueno para todos.” Y sería
un absurdo afirmar tan sin fundamento, como
se ha afirmado, que San Ignacio fué el primero
en obrar contra este principio. Absurdo, deoimos,
pues nadie puede negar que el que profirió esta
sentencia fué uno de los más prudentes y expe­
rimentados maestros de las cosas espirituales,
que ha habido en la Iglesia de Dios.
Por lo demás, los santos y maestros de espí­
ritu de la Compañía de Jesús, todos se han for­
mado en esta escuela de los Ejercioios Espiritua­
les; y no solamente de la Compañía sino, como
afirmaba el sumo pontífice Pío XI haciendo
suyas las palabras de León XIII, todos los que
se han señalado en ascética o en la santidad de
vida desde que se conoce este admirable libro
(así le llama Benedicto XIV) han comprobado
Nota» 553
utilidad de estos Ejercicios. (Const., Ap. Sum-
morum Pontificum).
¿ Podrá decirse que es deficiente un método
ascético, que es malo un árbol que ha producido
por varios siglos taji opimos frutos?

Nota 4.a (bis).


Estas verdades se dirigen principalmente al
entendimiento. Son de suma trascendencia pa­
ra toda la vida, y ahora muy particularmente
durante todos los Ejercicios. Quizá por esto no
señala el Santo tiempo determinado a la consi­
deración de las mismas, como lo señala para
las meditaciones y otros ejercicios : de la hora
y media, que destina a la clase de personas in­
cluidas en ía anotación 19, media la da a ins­
trucción sobre exámenes, etc., una a la medita­
ción. Y cuando habla del Prijicipio y Funda­
mento, escribe sin fijar tiem po: Platicándole
para qué es el hombre criado.
No prescribe San Ignacio que se propongan
estas verdades en forma de meditación, según
hemos dicho; con todo, no es contra su mente,
antes muy conforme a ella, dar el Principio y Fun­
damento eji forma de meditación, y así se viene
haoiendo desde muy antiguo l.

5.» Verdad primera y fu n d a m e n ta lE l do­


minio esencial y absoluto que tiene Dios sobre
mí; por consiguiente, mi dependencia absoluta
y esencial de Dios : yo todo de Dios.
La luz de esta verdad iluminará todos los ac­
tos del santo Padre desde los principios de su
conversión al Señor.
Yendo tras la honra vana del mujido, con una
vida desarreglada se hizo como independiente
ele Dios y eohó de sí el yugo de su santa ley?

1 Directorio, c. 12.
Ó54 Notas
Pues ел la única lorma que por entonces se le
ofreoia, a los principios de su conversión, devol­
verá a su Dios y Señor lo que le quitó : ocultar
su linaje, dejarse crecer uñas y cabello para que
el mundo le menosprecie, serán medios con que
en la forma que le será posible devolverá a. su
Dios la honra que le había arrebatado.
Maoeraciones de la carne terribilísimas, riguro­
sos ayunos, prolongadas horas de oración de ro­
dillas y sin apoyar el cuerpo extenuado por las
sangrientas disciplinas diarias, cortas horas de
sueño sobre duro y frío suelo; en esta forma
devolverá a su Dios lo que le quitó con los de­
sórdenes de la carne.
Ejercicios, Constituciones, cartas, conversacio­
nes : todo lleva el sello de este principio: “Yo
todo de Dios” ; “Dios mi Criador y Señor”.
La oblación tan completa que hace de sí en
la última de las contemplaciones de los Ejerci­
cios, no es sino una consecuencia lógica, de esta
dependencia esencial de su D ios: “ Con mucha
razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofre­
cer y dar a la su divina Majestad, es a saber, to­
das mis cosas y a mí mismo con ellas” [234]. La
oración preparatoria de todas las meditaciones y
contemplaciones, no es más que una aplicaoión
de esta verdad fundamental. Y para no alargar­
nos en la demostración de verdad tan clara para
todo el que está medianamente versado en el co­
nocimiento del libro de los Ejercicios, léase sola­
mente el primer ejercicio de la primera semana.
Ед todos tres puntos y en el coloquio aparece
esta suprema verdad de Dios mi Creador.
“Digo traer en memoria el pecado de los án­
geles, l escribe en el punto 1 .°], cómo siendo ellos
criados en gracia, no se queriendo ayudar oon su
libertad para hacer reverenda y obediencia o·
su Criador y Señor...” [50].
Y en el segundo pu n to: “Digo traer a la me­
moria el 2 " pecado de nuestros padres; cómo
Notas
después, que.¡Ada.» fué criado en el campo da-
maceno y puesto en el paraíso terrenal, y Eva
ser criada de su costilla... "151 j.
“Trayendo a la memoria, lescribe en el punto
3 .uJ , la gravedad y malicia del pecado contra su
Criador y Séñor, discurrir...” T52J.
“Hacer un coloquio, cómo de Criador es venido
a hacerse hombre...” ¡53'J.
Sí examinamos sus escritos, estas dos palabras
Criador y Señor aparecen con tal frecuencia, que
pudieran tenerse como muletilla por quienes no
conozcan al Santo.
En los puntos j.más solemnes de las Constitu­
ciones leemos juntas estas t dos palabras ; y siem­
pre ¡ qué admirablemente traídas!
Cuando en el proemio hace una especie de pro­
testa de que todo cuanto es la Compañía no es
obra suya, sino de Dios, escribe: “Aunque la
suma sapiencia y bondad de Dios nuestro Cria­
dor y Señor, es la que ha de conservar y regir
y llevar adelante en su santo servicio esta míni­
ma Compañía de Jesús como se dignó comen­
zarla...”, (Froem. Const., n. 1 ), Es mucho de ad­
vertir encareciéndolo y ponderándolo delante de
nuestro Criador y Señqr, en cuánto grado ayuda
y aprovecha...” (EK·. c. IV. n. 44).
Léase el comienzo de sus cartas y la forma pon
que terminan. ¡ Cuántas veces nos encontramos
con frases como éstas: Dios nuestro Criador y
Señor, o Dios nuestro Señor, o en el Señor nues­
tro I Muy contadas serán las páginas en que no
se lea : Dios nuestro Señor; en cambio, en no
pocas páginas se lee •,'sta. frase repetidas veces.
Cosa parecida podemos afirmar del fin del hom
bre “Para alabar, hacer reverencia y servir a Dios
uuestro Señor.”
Es tan frecuente *1 uso de esta frase en el
libro de los Ejercioios, que nos parece completa­
mente superfluo Insistir sobre esta verdad.
Abrase por oualquler parte el libro de las (?ons-
53t> NOtil.5

tltuciones. y no será posible leer unas pocas lí­


neas, sin que den nuestros ojos con frases como
éstas: A mayor gloria, para mayor alabanza, ob-'·
sequío de Dios...; y lo notable es que tan bien
traídas siempre que parece no podrían encon­
trarse otras más apropiadas.
Finalmente, del Santo escribe 1a. santa Iglesia
en las lecciones del día de su fiesta: “Ipse inde-
fessus lucrandis Deo animis instabat; auditus
aliquando dicere, si optio daretur, malle se be^r
titudinis incertum vivere, et interim Deo inser-
vire et proximorum saluti, quam certum eius-
dem gloriae statim mori” .

6 .a· Entre esta meditación y el punto l.® de la


Contemplación para alcanzar amor hay úna^di­
ferencia : En el Principio y Fundamento coüsi-
deramos a Dios como Criador y Señor ; en 1 la
última contemplación lo consideramos más bleii
como Padre y Bienhechor.
En esta primera meditación de los Ejercidos
las criaturas son medios de que necesariamente
hemos de usar o de los cuales hemos de quitar­
nos. atendiendo únicamente a lo que nos ayu­
dan para la prosecución del fin para que somos
criados
En la última de las contemplaciones, tomamos
las criaturas como beneficios de aquella inmen­
sa bondad de Dios nuestro Señor, que nos llevan
a la más rendida gratitud, con la cual “ entére
mente reconociendo, podamos en todo amar y
servir a su divina Majestad” .
Leemos en el Directorio, cap. 12 , n. 5: "La
consideración de todo esto (de las verdades dfel
Principio y Fundamento) no debehios diWfeiAa
tanto al agradecimiento, como lo hacemos cuan­
do consideramos los beneficios de Dios, ouáhto;
al fin propio de este Principio y Fundamento,
a saber, que todos aquellos bienes nos los oón-
Notas 557
cede Dios para que lleguemos a aquel último
fin.’’·

7.» Acerca de la. primera manera de poderse


hablar del pecado o falta de otro, es decir, citan­
do el pecado es publico, adviértase que trata de
licitud, o sea, de cuando se puede hablar sin
cometer pecado. No porque me sea lícito, me
será conveniente hablar, como enseña el Após­
tol : “Omnia mihi licent; sed non omnia ex
pediunt” Oportuno nos parece recordar lo re­
catado que fué el santo Padre en hablar de pe­
cados y aun de faltas, aun cuando fuesen públi­
cas, y la cautela con que procedía siempre que
tenía necesidad de descubrir, defecto de otro para
corregirlo, que es la segunda manera que señala
para poder hablar de faltas ajenas. Escribe el
P. Ribadeneira: “No hablaba en su conversa­
ción de los vicios ajenos aunque fuesen públicos
y se dijesen, por las plazas; y procuraba que los
nuestros hiciesen lo mismo. Y si por ventura
alguna vez alguno se descuidaba y trataba algo
de lo que públicamente andaba en boca de to­
dos, o lo excusaba, o lo ablandaba, o, cuando
esto no podía, salvaba la intención del que había
errado. Mas si la cosa era tan evidente y culpa­
ble que no daba lugar a. excusa, ni tenía otra
salida, asíase de la Escritura y decía : “No que­
ráis. juzgar antes de tiempo”, y aquel otro dicho
del Señor a Samuel: “Dios sólo es el que mira
los corazones”, y “en el acatamiento de su Señor
está cada uno de pie o caído." Y ouando más
condenaba, era diciendo: “Yo. cierto, no lo hicie­
ra así.” Como quien tenía en su alma impresas
aquellas palabras del Señor: “No juaguéis y no
seréis juzgados; no condenéis, y no seréis con­
denados” ... Si alguno hacía alguna cosa meaos
decente de lo que convenía, no la descubría a na-

' 1.··» Cor., VI. 12.


f>58 Notas

die sino a quien la hubiese de enmendar, yi ■en­


tonces con tan grande miramiento y recato; y
con tanto respeto al buen nombre del que había
faltado, que si para -m remedio bastaba uno sólo
que la supiese, no la decía a dos : y no hacía
más de poner la culpa delante de los ojos, sin
más ruido, ni reprensión, ni ponderación de pa­
labras. Yo le oí al mismo Padre una vez decir,
que se había ido a confesar para acusarse de
sola una culpa., que era el haber tratado de la
falta de uno con tres Padres, bastando, dos para
su remedio, siendo la cosa tal, que no perdía
con el tercero reputación ninguna por ello el que
era notado. Y así hablaba de todos, Que cada
uno se persuadía que Ignacio tenía buena opi­
nión de él, y le amaba como Padre” J.

8.a Acerca de este nodo de hablar del ¡Santo


Padre en los Ejercicios Espirituales, es muy de
notarse la importancia que da, a que se interese
la parte sensible, a que sintamos. Véanse algu­
nos pasajes: Si recorremos las peticiones de los
cinco Ejercicios de la 1.& semana y de las medi­
taciones y contemplaciones de las semanas <8 !l
y 4», en todas se expresa la pedición de este
sentir: Vergüenza y confusión de mí mismo,
crescido e intenso dolor y lágrimas de mis peca­
dos, sentim iento de la pena que padescen ' los
dañados; y en la repetición que vamos comén-
tando dice : haciendo pausa en los puntos qüe
he sentido mayor consolación. .; y ya había es­
crito en la anotación 2.a, lo que harta y satisface
al ánima es sentir y gustar de las cosas interior­
mente. Lo mismo pedímos en la 3.a semana : do­
lor, sentim iento y confusión, porque pói· mis
pecados va el Señor v la pasión; demandar...
dolor con Cristo doloroso, quebranto con ¡Cristo
quebrantado, lágrimas, pena interna de tanta
, v <I |
1 Vida de S, Ignacio, lib. V, 0. 6.°
Notas 559
pena que Cristo pasó por mí; y en el punto 4.«
de esta tercera, semana: considerar lo que Cris­
to nuestro Señor padesce en la humanidad, o
quiere padescer...; y aquí comenzar con mucha
fuerza y esforzarm e a doler , trístar y llorar; y
así trabajando por los otros puntos que se si­
guen- En fin, pide en la 4.» semana gracia para
me alegrar y gozar intensamente de tanta glo
ría...
Tiende San Ignacio a que las verdades contem­
pladas se graben en el entendimiento lo más
indeleblemente que -rea posible: Non m ulta, sed
m ultum . La vida espiritual es muy provechoso
reducirla a pocas verdades o principios; pero
penetradas profundamente. Del Santo Padre dijo
el P. Laínez que era hom bre de pocas verdades,
es decir, de pocos prlnoipios; pero bien penetra­
dos y bien aplicados. Esta es sin duda alguna la
principal o una de las más principales causas
de su temple, de su carácter, de su santidad.
Recuérdese lo que dijimos en el Principio y Fun­
damento, sobre lo profundamente que grabó en
su alma aquellas verdades, y la manera como
las fué aplicando en &u vida y en los Ejercidos
Espirituales y en las Constituciones y en sus
cartas. Por el contrario, la falta de reflexión,
de penetración cría caracteres irreflexivos, su­
perficiales..., que son ’ a ruina de la sociedad:
‘‘Desolatione desolata est omnis térra, quia nul-
lus est que recogitet oorde” *.

9.» Pudiera maravillarse alguien de que pon­


ga este ejercicio San Ignacio como aplicación de
sentidos, siendo así que es la primera meditación
qui propone sobre esta materia. Esto no obs­
tante, nada más natural que obrar en esta for­
ma. Este 5.o ejercicio es como oomplemento de
los anteriores, y el Santo lo ha, hecho hacer al

i Ier., 301, 11.


560 No la .i

ejercitante en cada uno de ellos, aunque Bln


hablar data opera del Infierno. Veámoslo:
Todo el primer ejercicio está como impreg­
nado del castigo terrible del infierno : Petición:
“ .. cuántos han sido dañados (condenados) por
un solo pecado mortal, y cuántas veces yo me.
rescía ser condenado para siempre por mis tan­
tos pecados". Punto t.o : "...y donde ellos por
un pecado fueron al infierno, cuántas veces yo
lo he merescido por ta n tos,... fueron converti­
dos de gracia en malicia y lanzados del cielo al
infierno’'. Punto 2.o : “ ...andando tantas gentes
para el infierno”. Punto 3.° : Todo.
En el 2.o ejercicio queda el ejercitante como
desconcertado, y no le es posible concebir cómo
no se ha abierto la tierra para sorberle “criando
nuevos infiernos para siempre penar en ellos".
Estas mismas verdades va sintiendo y se vaji
grabando en su entendimiento en la repetición
y en el resumen.
Bien puede, por r;anto, San Ignacio hacemos
traer los sentidos en este 5-o ejercicio, aun cuan­
do no haya propuesto artes meditación especial
sobre él.
De la trabazón tan estrecha que existe entre
el 5.o ejercicio y los anteriores se sigue una en­
señanza muy práctica, y er que sería grave error
intercalar la meditación de la muerte o del jui­
cio o cualquier otra. Si se han de proponer, há­
gase después del 5.o ejercicio.

10.a Magisterio en verdad divino el del Santo,


quien antes de hablar adrede del infierno,
nos ha hecho concebir y fundar los motivos de
nuestro arrepentimiento ei razones más nobles:
1.» en vergüenza y confusión de nosotros mismos
al ver cuántos fueron condenados por un solo
peoado mortal y muchos, innumerables, por me­
nor número de pecados que los que nosotros co­
metimos : o sea en ver castigados seres menos
Notas 561
culpables y tantos; 2a en contrición muy per­
fecta nacida de creacido e intenso dolor, cuando
conocimos por vez primera lo que somos en com­
paración de Dios, y cuando consideramos sus
divinos atributos comparados a sus contrarios
en nosotros. Y sólo ;ios propone el sentimiento
interno de las penas de los condenados como
ayuda para no pecar, por si del amor del Señor
eterno nos olvidáremos per nuestras faltas, cuan­
do nuestra conversión a Dios la tenemos ya
muy bien fundada en motivos perfectísirnos.
Esta misma doctrina aplicará cuando forme las
Constituciones de la Compañía de Jesús, al tratar
de la rectitud de intención que desea en sus
hijos, “no solamente acerca del estado de su
vida, pero aun de todas cosas particulares, siem­
pre pretendiendo' en ellas puramente el servir
y complacer a la divina Bondad por sí misma y
por el amor y beneficios tan singulares en que
nos previno, más que por temor de penas, ni es­
peranza de premios, aunque de esto deben tam­
bién ayudarse” (P. 3.a, o. l,o, n, 26),

11.a Traer a la memoria las ánimas que están


en el infierno : unas... Parece que el Santo pone
un cuidado especial c>n hacernos advertir la mul­
titud de los condenados. Y esto mismo pareoe
indicarnos la composición del lugar: Ver con la
vista de la imaginación "la longura, anchura y
profundidad del infierno".
Y antes en el 2.« punto del primer ejercicio
151) : andando “tantas gentes” para el infierno;
y en el· 3.o escribió : Y “otros muchos sin cuen­
to ” por menos pecados que yo he hecho [52].
Esto mismo veremos er la contemplación de
la Encarnación, y repetidas veces: 1.« preámbu­
lo... cómo las tres Personas divinas miraban toda
la planicie o redondez de todo el mundo llena de
hombres, y cómo viendo que “todos descendían al
infierno’* 11021; esto repite en el punto 1.®...
Ii (i. C O M E N T A R IO A LOS E J E R C IC IO S
N otu s

el segundo día: el 3.", el tercer día, con repetí,


clones, eto."
Vista la doctrina de los directorios, pasemos
a declarar el sentido en que hemos de tomar la
nota que comentamos.
Primer sentido, o sea, proponer los cinco ejer­
cicios el primer día y repetirlos en los día« suce­
sivos hasta conseguir el fruto de primera semana,
Parece que no se puede admitir por las razo­
nes siguientes, fundadas en la doctrina del libro
de los Ejercicios y de los Dii'ectorios.
1.a Sucederá con frecuencia que un punto del
primer ejercicio dará materia para toda una hoT
ra. y dígase lo mismo del ejercicio segundo. Por
otra parte, avisa el Santo en la. 4.a adición [76] :
“En el punto en el cual hallare lo que quiero,
ahí me reposaré sin tener ansia de pasar afielan­
te hasta que me satisfaga.” Según esto, sucede­
ría que toda la hora la habría invertido el que
se ejercita en el primer punto, y a veces con solo
un ejercicio pasará el ejercitante las dos prime­
ras horas de meditación. Resulta, pues, que con
un punto, o con la materia del primer ejercicio
nos habremos pasado las dos primeras meditacio­
nes. Mas como en el tercero, cuarto y quinto ejer­
cicio, hemos de tener la repetición, el resumen y
la aplicación de sentidos, todo el primer día lo
habremos invertido en el primer ejercicio. Como
puede ver el lector, lo que acabamos de exponer
coincide en lo substancial con el directorio del
P. Victoria.
2.a Examinemos el modo como propone San
Ignacio los misterios de la vida del Seftor en. 2,»,
3.» y 4.a semana.: la materia está dispuesta tan
limitada y en tal forma, que de cada misterio
puede hacerse descansadamente una contempla­
ción dividida en tres puntos. Desp\iés de las dos
primeras contemplaciones señala una o dos re­
peticiones (según seon 4 ó 6 el número de aotps
o ejercicios del día), y Ja aplicaolón de sentido)»·
Nota« 565
Ahora bien, sí con tanto cuidado va el bajito en
no cargar demasiado y propone los puntos dan­
do suficiente, mas no excesiva materia, después
que aquel que se ejercita está avezado a meditar
y contemplar, ¿creeremos que tan a i06 princi­
pios va a darle manjar tan abundante para lá
primera meditación y tanto o más para la segun­
da, y sin que apenas tenga el estómago virtud
para cocer manjar tan abundante y tan sólido, y
al oual ‘por otra parte está tan poco acostum­
brado, se siga a las pocas horas una repetición y
luego un resumen y aplicación de sentidos; y
esto que lo haga un director prudente y de tan­
ta experiencia en las cosas espirituales y que tie­
ne como principio “no el mucho saber harta y
satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las
cosas internamente?”
Pudiera objetarse que el santo Padre en la nota
que estamos comentando habla con tal claridad
que no parece admisible interpretación alguna:
“El primer ejercicio se hará a la media noche;
el 2.o luego en levantándose a la mañana; el 3.°
antes o después de la misa; el 4.» a la hora de
vísperas; el 5.° una hora antes de cenar.”
A esta dificultad se responde que ella prue­
ba más bien la elasticidad de ios Ejercicios, pues­
to que los directorios de que hemo6 hablado da­
tan del tiempo mismo de San Ignacio, quien los
tenía por buenos.
En fin, claramente dice Polanco que la nota
puesta después del quinto ejercicio (que es la que
comentamos) acerca de las horas, a media noche,
al amanecer, etc., no se entienda se haya de ob­
servar cuando se propone cada ejercicio en par­
ticular, sino después que hubieren sido todos
propuestos.
Segundo sentido, es decir, formar toda tina
meditación o ejercicio con uno o dos puntos del
mismo.
Notas
tiori la vida del Señor, aun lo que se refiere a
l.i vida pública y a la pasión;
2.» sucederá con frecuencia que los sacerdotes
darán buena parte del dia por razón de la misa,
del rezo del oficio divino, etc., a la consideración
de misterios que no han contemplado todavía.
Nadie dirá que obran contra las normas que da el
Santo Padre. Cosa parecida se diga de los ejer­
citantes en general, si rezan el santo rosario con­
templando los misterios.
Así, pues, la forma de leer el libro de los Evan­
gelios creemos que es la siguiente: que no se
se lea de modo que su leotura, o por hacerla
poco antes de preparar el ejercicio o por traer­
nos como absortos durante el día, puede ser im­
pedimento para la contemplación.
El mismo Auitor del libro nos da fundamento
para esta interpretación· Escribe 1127] : “ ...sola­
mente tengo de leer el misterio de la contem­
plación que inm ediate tengo de hacer” . Al escri­
bir inm ediate , evidentemente que no prohíbe la
lectura de otros misterios fuera del tiempo en
que inm ediate preparamos la contemplación.
Aclaran esta interpretación las palabras que a
continuación escribe : "De manera que por en­
tonces no lea ningún misterio que aquel día o
en aquella hora no haya de hacer”, por consi­
guiente la prohibición de leer otros misterios es
solamente por en ton ces, es decir cuando se pre­
para la contemplación que se va a hacer inme­
diate. Pasado este tiempo, no existe tal prohibi­
ción.
Por lo que hace a la adición 6 * en estas tres
«.emanas, para cuyo cumplimiento exhorta el San­
to a que no se pase la lectura del lugar o mis­
terio que vamos contemplando, se refiere a una
consideración que nos traiga embebidos, oomo
sería la de aquel que quisiera traer en memoria
frecu en tem en te la vida y m isterios de Cristo
nuestro Señor.
Notas 56'y

14 11 No solamente lo« ministro» del Evangelio,


sino también todos aquellos que forman paite de
asociaciones o entidades morales que se dedican
a la obra divina de ayudar a la salvación de lás
almas, y de modo particular los de la Acción Ca­
tólica, deben tener siempre muy en cuenta esta
verdad.
Tal obra es más divina que humana, la cual,
por lo mismo por medios principalmente divinos
deberá llevarse a feliz término. Y sería un ab
surdo tomar para llevarla al cabo, medios dis­
tintos de aquellos que iomó Cristo, nuestro mo­
delo y nuestro Salvador.
Trabájese en el apostolado en buena hora, sin
descanso y agotando todos los medios humanos;
mas no se pierda de vista que, si bien son ne­
cesarios, nada absolutamente aprovecharán, si no
son como revestidos de la virtud sobrenatural y
divina, puesto qUe divina y sobrenatural es la
obra de la salvación de las almas.
Un hombre de excelentes cualidades naturales
podrá ser todo lo apto que se quiera para llevar
adelante las empresas naturales y humanas, y sa­
lir airoso en ellas; mas un hombre de extra­
ordinarias prendas naturales y humanas, de nin­
gún modo será apto para esta divina empresa, si
llega a faltarle la gracia santificante, si obra lle­
vado de pasiones y miras torcidas...
Podrá suceder que el Señor en su misteriosa
Providencia se sirva de un hombre en tan ruines
disposiciones; pero no es esto lo más ordinario
Procuremos eii esta obra de nuestra coopera­
ción a la salvación de las almas principalmente,
poner a disposición de Dios nuestro Señor todos
l o s dones y cualidades que de El recibimos: los
de la gracia y los de la naturaleaa.

15.» Meditación de Dos Banderas... Suelen pre­


cintar cuál podrá ser la razón de haber omitido
570 NOtUM

el amito Padre el articulo ante* de la palabra


bandera*.
Oreemos que la omisión de esto arüoulo no es
ouestlón de gran Interés por vurlaa razones:
1.»; varias veces omite el mismo articulo do­
lante del sustantivo hom bre. Vayan algunos
ejemplos: “En apartarse hom bre do mucho« ami­
gos y conocidos... no poco merece” |20|. "Pedir u
Dios nuestro Señor lo que hom bre quiere” 125);
“ Para hom bre afectarse a la vera doctrina, de
Cristo” [164]; "Cuanto más hom bre quitare de
lo oonvenlente, alcanzará méta presto..." (213];
etcétera. Y no aduolmos textos en que el artioulo
está expreso por ser esto lo más ordinario en el
texto del libro.
2.* : en cambio, al hacer San Ignaolo referen­
cia a esta meditación de “dos Banderas”, pone
el artículo: “Hacer —escribe—, los mismos tres oo·
loqulos que se hicieron en la contemplación pre*
cedcnte de las dos banderas" 11601.
3.» : en el enunciado do esta misma contempla­
ción, omite el articulo, como vemos, delante de
banderas, y en cambio, lo escribe delante de ban*.
dera al hacer alusión a la bandera de Cristo y .a
la de Lucifer: “ Meditación de dos banderas: la
una, dé Cristo, sumo Capitán; la otra, de Lu­
cifer...”

10.» Sorprende la manera de hablar del Saato


en este 2° punto. En la primera parte escribe
que Lucifer hace llamamiento de Innumerables
demotíios y los esparce...; y jio hace mención
de los hombres perversos que son Instrumento
del· demonio. En esta segunda parte dice qu· el
Señor escoge tantas personas, apóstoles, discípu­
los, etc., y no menciona, a los ángeles, los cuales
ciertamente ayudan a los hombres con sus Ins­
piraciones. Tal como enuncia ol Santo estos dos
puntos no existe perfecta correspondencia.. Y no
obstante, para el fln que pretende on esta me-
Notos 671
<11tfkMóW.’ ambos punto» по podien proponeme
rorrrtn. distinta. Vamos a verlo:
Como varias veces bim o· notado, es la pri
mora parte pretende que el ejercitante conozca
loe engaños del enemigo. Conformo a eeto, m lo
más propio qu«, una vez conocidas las caracte
tílortft de los adverearloH, entendamos que tatos
Hoa muchos, Innumerables, y que lo llenan todo,
y que oon oadu uno en particular entran en lu­
cha, y por consiguiente también oonmlgo; y oomo
.son tan arteros y astutos y ademéui Invisibles, es
menester nos prevengamoH contra sus aseobanzas
y 'embustee en ositos día* de un modo particular.
rtlKUlondo asi ol ooneejo del Apóstol a lot[ efeelon »:
"VeHtlos la armadura de Dios paro que podáis
estar Armes contra la» asechanzas del diablo:
porque no es nuestra lucha contra la carne y la
Mimgro (oohitra hombree visibles); sino contra los
principados y potestades, contra los que rigen
efti/Лй (tinieblas del mundo, contra los espíritus
do maldad en los aires; por tanto, tomad la ar
mad\ira de Dios para que podáis resistir en el
clin malo (de la tentación)..." Adquirido un со
nocdmlento tan perfecto del enemigo, se nos
propone en el tercer punto el modo que tiene de
dentar. Todo lo cual basta y es más que sufioien-
i/o paru conseguir el fin que nos proponemos en
unta primera parte : el conocimiento de los frau
Une del enemigo, sin que haya necesidad ninguna
do mencionar a los secUaoes de Luolfer, los oualea
componen el'm undo: son con r u s malos ejemplo·
y 1perversas máximas ose mundo del oual habla­
mos en «1 comentarlo al n. [1431.
Además, los hombree, por perversos que sean,
no son ni pueden ser tan de la oonflanaa de Lu­
olfer como los demonio·, ni tan aptos como estos
ángeles oaldos para oooperar a los malévolos y
artortM planes del mentiroso, d*l padrn «te le

1 Eph.. VI, 11 y Blg*.


572 Notas

mentira, según expresiones del mismo Jesuar^sto.


En fin. los hombres pueden fallar y volverse con­
tra sus planes; y de necho le han fallado mu
chas veces oonvirtiéndose a la verdad.
En cambio, ouando habla del Señor en el 3.0
punto de la parte segunda, nada dice de los án­
geles; y si de tantas personas, apóstoles, discí­
pulos, etc.
No hay dificultad, escribe el P. Roothaan co­
mentando este pasaje, en que pensemos también
cómo el Señor se sirve de los ángeles buenos;
así como tampooo hay inconveniente alguno en
hacer mención de los hombres malos en este
2.0 punto de la primera parte: “ Sed non erat
hic proprius huius meditationis scopus” , añade
el Padre.
En efecto, veamos de* nuevo el fin de este ejer­
cicio, la petición que hacemos : “pedimos oono^
oimiento de la vida verdadera que muestra el
sumo y verdadero Capitán, y gracia para le imi­
tar” .
Que muestra “quam ostendit” , itraduoe el P>
Roothaan, es decir que manifiesta claramente sin
ocultar nada.
Esta vida verdadera, contenida en su sagrada
doctrina, en su modo ordinario de obrar, la ma­
nifiesta El a los suyos para que éstos la lleven
a todo el m undo; “No os llamaré ya siervos,
porque el siervo no sabe lo que ha de hacer su
Señor. Mas a vosotros os he llamado amigos, por­
que todo cuanto de mi Padre he oído, os lo he
manifestado. Que no sois vosotros los que me
habéis elegido a Mí. Yo os he escogido a vos­
otros para que vayáis y hagáis fruto”
Una vez que el Señor de todo el mundo ha
escogido tantas personas, apóstoles· discípulos,
etcétera, los envía por todo el mundo para que
enseñen a todos su sagrada doctrina, después de

< lo., XV, 15-10.


Notas 673

conocida, para que todos la practiquen : "Id, y


enseñad a todas las gentes... Enseñándolas a
guardar las cosas que os he mandado”
Así pues, los que continúan, por disposición
del mismo Cristo, su obra en la conversión de
las almas son los hombres, tantas personas, após­
toles y disd-pulos, etc., más bien que los ángeles,
aunque de éstos también se sirva. Muy razo­
nable era, por tanto, que el Santo Padre, de per­
sonas... más bien que de ángeles hiciese men­
ción en este punto.
Añádase a esto que la meditación inmediata
antes de esta de las dos banderas, la del Hiño en
el templo, y las que se van haciendo en los días
siguientes, 5.o, 6 .0, 7.°... (y téngase presente ade­
más que la elección se va haciendo junto con las
contemplaciones de estos días) tales ejercicios,
decimos, tienen la particularidad de ser suma­
mente apropiados para preparar y disponer al al­
ma más bien a la vida de apostolado. Presentado
el 2.0 punto en la forma que lo hace San Ignacio,
fomenta esta vida para el apostolado, más bien
que si hioiese mención de ángeles, haciéndola de
personas, apóstoles y discípulos, etc.

17.a Por no dar causa justa de que le despre­


ciasen y tuviesen por loco, reprimía su gran de­
seo de padecer injurias. Deseaba que todos se
burlasen de él. escribe su biógrafo, y decía que
si se dejara llevar de su fervor y deseo, se andu­
viera por las calles desnudo y emplumado y lleno
do lodo para, ser tenido por loco.
La práctica de esto se víó en lo que sucedió
en los estudios de París a nuestro padre San Ig­
nacio. Porque con ocasión de ciertos estudiantes
eme con la comunicación del Santo se hablan mo­
vido a dejar el mundo v seguir la perfección de
l:i vida evangélica, el rector y maestros del colegio

1 m i i . . x x v m . 19 -20.
574 Ñolas
de Santa Bárbara se habían resuelto de &доег
oon él un oastlgo ejemplar y público de acotes
dentro de las escuelas, como a perturbador.de ios
estudios. Y llegado esto a noticia del S&nto,
ofreciéndose de su parte a esta deshonra públloa,
se vino a las escuelas, y entrando dentro le cerra­
ron las puertas para ejecutar lo que tenían de­
terminado.
Pué en aquella hora combatido el ánimo de
Ignacio, escribe Ribadeneira, de d.os espíritus,
que aunque parecían contrarios ambos se endera-
zaban a un mismo ñn : el amor de Dios junto
con un encendido deseo de padecer por Jesu­
cristo y de sufrir por su nombre dolores y afren­
tas, le llevaba, para que se ofreciese alegremente
a la infamia y a los azotes que a punto estaban·
Mas por otra parte, el amor del mismo Dios, сод
amor de la salud de los prójimos y el celo des
sus ánimas, le retiraba y apartaba de aquel pro­
pósito. Y en realidad, había peligro de que los
principiantes en la vida de perfección se volvie­
sen atrás, con los azotes y deshonras de su maes­
tro.
Con esta resolución, se va al Dr. Gobea, rector
del colegio, y declárale su ánimo y determinación,
diciéndole que ninguna cosa en esta vida le po­
día venir a él más dulce y sabrosa, que ser azo­
tado y afrentado por Cristo, como ya lo había
experimentado en las cárceles y cadenas donde le
habían puesto por la misma causa; más que
temía la flaqueza de los principiantes. Y que lo
mirase bien, porque le hacía saber que él de sí
ninguna pena tenía, sino de los tales era toda su
pena y cuidado. Proclamó el reotor delante de
iodo el colegio la santidad de Ignacio, quien no
tenía cuenta con su afrenta, sino con el provecho
del prójimo.
é

Ití.* Dice el saruto Padre “ tree maneras de


hum ildad" más bien que tres maneras de o b e d W 1
Notas 575
cía; y en el modo de hablar: “Así me baje y
así me humille... para que en todo obedezca a
la ley de Dios nuestro Señor..." se acomoda a
la manera de expresarse del Apóstol : Humiliavit
semetipsum factus obediens... 1 ; se humilló a
Sí mismo hecho obediente...
En la misma forma habla el Doctor Angélico :
“La humildad, escribe, considerada como virtud
especial, se refiere a la sujeción del hombre para
con Dios; de aquí es que aquel que quiere tener
esta virtud, se somete también a los demás hom
bres; Humilitas, secundum quod est specialis
virtusr praecipue respicit subiectionem hominis
ad Deum, propter quem etiam aliis humiliandus
se subiicit 2. Cuando escribía el santo Padre la
doctrina de la primera manera humildad, no pa­
rece sino que tenía presente este lugar de la
Suma de Santo Tomás.
Comentando Suárez este lugar de los Ejercidos
y estas palabras del Angélico, escribe : “ Parece,
según estas palabras (de Sto. Tomás) que tiene
la humildad cierta semejanza con la obediencia
o con la penitencia o justicia para oon Dios; di­
fiere, no obstante formalmente de estas virtudes,
porque propiamente y per se no ordena nuestras
almas con respecto al prójimo, sino que modera
el afecto de la propia excelencia, y de este modo
mantiene al hombre sujeto a Dios y a todos
cuantos participan de la excelencia de Dios; y
por esta razón se dice que la humildad sujeta el
hombre a Dios; y como esta sujeción 1a. ejerci­
tamos principalmente por la observancia de los
mandamientos, de aquí que la humildad se de­
clara por la guarda de los mismos” 8.
19.a El ejercitante ¡que ha adquirido tales
disposiciones con los Ejercicios de esta segunda

1 Phil. II, 8 .
2 2 .i, 2 .«*, q. 10 1 , a 1 , ad 6 .
3 De Religionc Soc. lesv. ltb. IX. c. V. n. 24.
576 Notus
semana, ha llegado a la imióu coa Dios nuestro
Sefior, tterra prometida, o. por mejor decir, cielo
prometido en la tierra, según frase del P. La
Palma.
"Y siendo éste, como es. escribe el Padre, el
ejercicio y camino de la unión, sácase claramen­
te ser error manifiesto lo que algunos han pen­
sado, que el intento de nuestro Santo Padre en
este libro, fué solamente instruir a los princi­
piantes en un buen modo de meditar y hacer
una confesión general con verdadero dolor de
sus pecados y propósito de la enmienda, dando
principio de ahí adelante a mejorar la vida, sin
querer tratar de otros modos de oración o con­
templación más levantada, ni de los ejercicios de
los varones perfectos, ni de los secretos que par
san en el alma cuando h a llegado a la unión con
Dios. Esto, como digo, es engaño manifiesto.
Porque si lo sólido y lo verdadero de la unión
con. Dios consiste en lejar un hombre sus pro­
pias voluntades y conformarse perfectamente con
la voluntad divina, buscando en todo la mayor
gloria y alabanza de Dios, qué otra cosa es la que
se trata en este libro sino ésta, y qué otros pa­
sos son los de este ejercicio espiritual sino és­
tos...?”

20.a Llama poderosamente la atención en este


preámbulo la insistencia con q u e una y otra vez
trae San Ignacio a la consideración del ejerci­
tante las verdades del Principio y Fundamento·
Lo cual es tanto m á s digno de ser tenido en
cuenta, si consideramos q u e el Santo suele ser
más bien conciso y b r e v e e n l o q u e esoribe. La
importancia q u e d a a q u e el ejercitante no pier­
da de vísta en la elección q u e v a a hacer, el fin
para que es criado, a s a b e r . l a gloria de Dios
nuestro Sefior y la s a lv a c ió n de s u a lm a , es no
1 able 3 0 b r e t o d a ponderación.
Después de haberlo repetido varias veces en el
Notas 577
preámbulo, vuelve sobre lo mismo en el punto 3 n
para hacer elección : “ Considerado primero para
qué es nacido el hombre, es a saber, para alabar
a Dios nuestro Señor y salvar su ánima; y esto
deseando, elige por medio una vida o estado den
tro de los limites de la Iglesia, para que sea ayu­
dado en servicio de su Señor y salvación d e su
ánim a” [177].
Y en el 2.o punto sobre el primer modo para
hacer sana elección dloe: "Es menester tener por
obiecto el fin para que soy criado, que es para
alabar a Dios nuestro Señor y salvar mi ánima-, ...
mas que me halle como en medio de ün peso
para seguir aquello que sintiere ser m ás en glo­
ria y alabanza d e Dios nuestro Señor y sa lva ción
de mi ánim a” [1791.
En el punto 3 .o escribe: "Pedir a Dio6 nuestro
Señor quierk... poner en mi ánima lo que yo
debo hacer... qu e más su alabanza y gloria
sea” [180].
"Considerar raciocinando —escribe en el 4.®—.
cuántos cómodos o provechos se me siguen oon
el tener el oñcio o beneficio propuesto, para sota
la alabanza de Dios nuestro Señor y salud d e mi
ánim a” [181].
Hecha ya la elección, ordena el Santo que la
ofrezcamos a Dios nuestro Señor, "para que su
divina Majestad la quiera rescibir y confirmar.
aiendo su mayor servicio y alabanza ” [1831·
La misma idea nos repite en el segundo modo
para hacer sana y buena elección: [184-186-188].
En fin, la advertencia que pone “Para enmen­
dar y reformar la propia vida y estado” , termina
con estas palabras : "No queriendo ni busoando
otra cosa algtina, sino en todo y por todo mayor
alabanza y gloria d e Dios nuestro Señor. Porque
piense cada uno que tanto se aprovechará en
todas cosas espirituales... ” [ 1891 . ^

2 i.a ¿Estas reglas para ordenarse en el oamer


¡i7 - C O M E N T A R IO A LOS E JE R C IC IO S
578 Notas
púsolas el Santo Padre al final de la 3.* semana
sin motivo particular? ¿Las puso, por decirlo
así, porque en una u otra parte tenía que po­
nerlas?
Creemos que no Y esto por varias razones.
Era habitual en San Ignacio obrar por razón,
y después de bien pensadas y pesadas todas las
circunstancias. No pudo menos, por tanto de ha­
ber elegido el final de la 3 .a semana como el lugar
más apropiado para las reglas de que tratamos.
Su razón t\ivo para ello.
Dos cosas vamos a probar: 1 .a la conveniencia
de haber sido puestas tales reglas no al princi­
pio de los Ejercicios, sino después que el que se
ejerolta ha adquirido buena práctloa de los mis­
mos; 2.a por qué en la 3.» semana.
a) Una razón muy poderosa es la, dificultad
no pequeña que hay en ordenarse en él comer
para adelante y que el medio que el Santo pro-'
роде, para conseguir este ordenarse, requiere mu­
cha experiencia en la vida espiritual. En efecto,
este medio consiste en quitar lo más posible de
lo conveniente teniendo solamente la mira a que
no «se quebranten notablemente las fuerzas:
"Guardándose —escribe—, que no caiga en enfer­
medad, cuanto más hombre quitare de lo con­
veniente, alcanzará más presto el medio que debe
tener en su comer y beber” f213 ].
Del uso de este modo de penitencia nos ha­
bló el Santo en el n.° [83], y en este oaso
particular de que tratamos no hace sino aplloar
la doctrina que enseña en la nota [87J acerca
de los efectos o fines por los que se hace la pe­
nitencia.
Pues si atendemos a la primera, de las razones
que da para que hagamos uso de este medio,
es evidente que habla сод un varón bien ejer­
citado en las oosas espirituales, en las Internas
noticias, en consolaciones y divinas inspiraciones.
Estas son sus palabras: "...porque así ayudándo­
Notas 579

se y disponiéndose, muchas veces sentirá, más las


internas noticias, consolaciones y divinas inspi­
raciones vara mostrársele él medio que le con­
viene ” [213].
Sácase de todo esto que no es tan fácil atinar
o ón ' el medio y conseguir este ordenarse en el
comer; y «Jtie si hemos de usar penitencia rigu­
rosa en el comer y beber para alcanzar más pres­
to lo que buscamos sintiendo más las internas
noticias, nos es necesario estar más que media­
namente versados en la vida espiritual.
A esta razón extrínseca o de autoridad que to­
mamos de lo que enseña San Ignacio en la 4.» de
estas reglas, para demostrar la dificultad que
hay eji la moderación u orden en el comer, po­
demos añadir otra intrínseca y que todos cono­
cemos por experiencia propia.
El comer y beber nos es de absoluta neoesi-
dad para la vida, por lo cual, Dios nuestro Se­
ñor, Autor de la naturaleza, ha pue^o en nos­
otros un gusto natural con que se facilita y
hace agradable esta operación necesaria para lá
conservación, el desarrollo y perfeccionamiento
del individuo. Esta facilidad, este gusto que ex­
perimentamos en los manjares nos hacen resba­
lar al desorden facilísimamente.
b) Admitido ya que estas reglas era conve-
nienté ponerías después que «1 que se ejercita
está bien versado en los EJeroloios Espirituales,
pudlérase preguntar: ¿y por qué precisamente
hay que ponerlas en la 3 ® semana?
Upa razón puede ser que el Santo aconseja
parft. la cuarta semana la templanza más bien
que la penitencia.: "En lugar de la peDite&da.
mire la temperancia y todo medio..." Parece, por
consiguiente, que está muy en su punto 'tratar
de este ordenarse en el comer cuando estamos
próximos a comenzar la cuarta semana.
Además, siendo tan difícil, según hemos visto,
ordenarse en el oomer, el ejemplo de Cristo núes-
582 NotftS

lilea (XXIII, 55), y que fueron valde diluculo


(XXIV, 1); y que estas mujeres eran María
Magdalena, y Juana, y María, madre de San­
tiago, y las otras sus compañeras (Ib., 10),
Como s© ve, según S. Juan parece que María
Magdalena fué al sepulcro sola; según San Ma
teo, fué acompañada de la otra María; San
Marcos escribe que María Magdalena fué al sepul­
cro con dos más : con María Jacobi y con Salomé;
San Lucas dice que fué María Magdalena con
Juana, con María, madre dé Santiago y con las
otras mujeres, sus compañeras, es decir, con ias
que habían venido con Jesús desde Galilea.
Si atendemos al tiempo de la ida al sepulcro,
San Juan pone la ida de María Magdalena cuan­
do todavía estaba oscuro, cum adhuc tenebrae es-
sent; San Mateo, al amanecer, quae íucespit ixi
prima sabbati; San Marcos, muy de mañana, val-
de mane, y que llegaron al sepulcro salido ya el
sol, orto iam solé; San Lucas mucho antes de.l
crepúsculo matutino, valde diluculo, mucho agites
del alba.
Con los datos que nos dan los Sinópticos, di­
fícil cosa es explioar la aparición a María Mag­
dalena de que habla San Marcos (XVI, 9 y 10 ) ;
en cambio, con los datos y pormenores que n^S
da San Juan, nos es fácil explicar esta aparición
de modo bastante satisfactorio, como veremos.
“ Jesús, habiendo resucitado de maftana el pri­
mer día de la semana, se apareció primeramente
a María Magdalena, de la cual había lanz$4o sie­
te demonio« Y Magdalena fué luego a dar la
nueva a los que habían andado con El...” ,
Pongamos otro hecho concreto: La ida de &№
Pedro al sepulcro después que supo no estar; el
Señor en el monumento. La narran San Lupas, y
San Juan:
San Lucas (XXIV, 12) : "Pedro, no obstante
fué corriendo al sepulcro; y asomándose a él>
víó la mortaja sola allí en el suelo; y se voWió
/ Notaa 583
admirando para consigo el suceso.” Si no tuvié­
remos otras noticias de esta ida de San Pedro,
ni la más mínima duda abrigaríamos de que había
ido solo al sepulcro.
San Juan: “ Con esta nueva, salló Pedro y el
otro discípulo (Juan), y encamináronse al sepul­
cro. Corrían ambos a la par; mas este otro dis­
cípulo corrió más que Pedro, y llegó primero al
sepulcro. Y habiéndose inclinado, vió los lienzos
en el suelo, pero no entró. Llegó tras él Simón
Pedro, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos en
el suelo, y el sudario o pañuelo que habían pues­
to sobre la cabeza de Jesús, no junto con los
demás lienzos, sino separado y doblado en otro
lugar. ”
Ninguno se hubiera atrevido, no ya a interpre­
tar el heoho de la ida de Pedro al sepulcro con
tan peregrinos pormenores, pero ni aún a afir­
mar que habían ido juntos Pedro y Juan...
Este hecho y otros parecidos nos ofrecen moti­
vo racional para la interpretación de los hechos
narrados por varios Evangelistas, y tanto más,
si en las mismas narraciones hallamos funda­
mentos para la interpretación.
A esta luz vamos a narrar la aparición a María
Magdalena, y luego haremos algunas aclaraciones
que podrán hacer más probable el hecho.
Salió María Magdalena para el sepuloro sola,
cuando (todavía era oscuro.
Llegó al monumento, y se encontró con que la
piedra estaba quitada, y el sepulcro sin el cuer­
po del Señor.
Corrió inmediatamente a Pedro y Juan les dió
cuenta de que el cuerpo de Jesús había sido qui­
tado del sepulcro, y no se sabía dónde lo habían
puesto (Jüan, XX, 1 y 2).
Los dos Apóstoles van oorriendo al sepulcro, se
cercioran por sí mismos de la nueva que les había
dado María Magdalena, y se vuelven. [Ib., 3-10]
Mientras tanto Magdalena se junta con las otras
584 N o ta «

mujeres, las ouales íormando un solo grupo o


varios уад al monumento.
Los Angeles les anuncian la Resurrección del
Señor y les mandan que la comuniquen a los
discípulos.
Todas se van corriendo; pero María Magdalena
queda junto al sepulcro (“ la cual —dice San Ig­
nacio—, se quedó cerca del sepulcro, después de
idas las otras) [300] 3·°
En seguida tiene lugar la aparición del Señor
a ella sola que duraría, poco más o menos, el
tiempo que se invierte en la lectura de dicha
aparicló.n.
Corre María Magdalena a anunciar la resureo
ción a los Apóstoles, y aún pudo juntarse сод
sus compañeras antes de que se apareciese el
Señor a todas juntas.
Aclaraciones: El hecho de haber ido María
Magdalena al sepulcro antes que las demás y
siendo todavía oscuro, está muy en consonancia
con su carácter impetuoso у сод el amor vehe­
mente que tenía al divino Maestro. Este mismo
amor nos da fundamento para afirmar que quedó
junto al sepulcro cuando se fueron las otras.
Los varios grupos en que fueron las mujeres
al sepulcro, en nada se opone a la narración evan­
gélica, y explicaría perfectamente que no hubiese
contestado María a la pregunta que se hacían las
mujeres del otro grupo : “ ¿Quién nos quitará la
piedra?” Si no es que suponemos que aun cuan­
do iban todas formando un solo grupo, estaba
tan absorta y como enajenada la Magdalena, que
no se daba cuenta de lo que trataban sus com­
pañeras. Tal enajenamiento lo mostró en el se­
pulcro, cuando ninguna impresión hizo en ella
la vísta de los Angeles, cuando dió el título de
señor al que creía hortelano o custodio del huer­
to, cuando le hacía proposición tan fuera de
propósito como era el que le dijera dónde había
dejado el cuerpo del Señor, si en realidad le ha­
Notas
bía él tomado, y que se lo entregase para llevár­
selo ella.
Ninguna dificultad ofrece Interpretar más cer­
canas de la aurora las frases valde mane y valde
diluculo de Marcos y de Lucas, que la frase de
Juan, cum adhuc tenebrae essent; tanto más
cuanto que San Marcos dice que llegaron al se­
pulcro orto iam solé. La explicación no podrá
ser enteramente satisfactoria; mas no se pierda
de vista que la presentamos como probable.

24.:i Tendrán gusto nuestros lectores de leer


la3 reglas que acerca de esta materia escribió con
frases muy parecidas mil años antes que nuestro
Santo Patriarca, el Padre de los monjes de Orlen­
te, San Antonio abad: la influencia de ambos
espíritus, del bueno y del malo, las señales con
que podemos distinguirlos, los efectos que en el
alma causan, la desolación y consolación.
He aquí las célebres reglas, recogidas por San
Atanasio: 1
“Al discernimiento de los buenos y malos espí­
ritus’ es posible y fácil llegar con el auxilio de la
gracia de Dios.
La vista de los Santos no causa turbación:
No se quejará, no clamará, ninguno oirá su voz
Pasa con dulzura y tranquilidad, y crea luego
la alegría y la confianza en el alma. El Soltar
está oon ellos, el Señor que es la alegría y poder
de Dios Padre.
Los pensamientos son apacibles, sin agitación,
de manera que el alma contempla los que van
viniendo en una serena luz
El deseo de las cosas divinas y de los bienes
futuros la penetra, y le penetra la voluntad de
unirse a ellos si con ellos le fuera permitido
irse.
1 Cfr. Cavallera, Vida de S. Antonio, cc. XXXV-
XXXVII.
a Is., XLII, 2.
586 Notas
Si, porque son hombres, algunos temen la vi­
sión de los espíritus buenos, la aparición de és­
tos disipa todo temor por su claridad. Así pro­
cedió Gabriel con respecto a Zacarías; así tam­
bién el Angel del sepulcro con las santas mujeres.
El temor que el hombre experimenta resulta, jio
de la timidez del alma, sino del hecho de reco­
nocer la presencia de un sér superior. Tal es la
visión de los Sajitos.
La irrupción de los espíritus malos, por el
contrario, está llena de turbación. Va acompaña,-
#

da de ruidos, sonidos, gritos, cual si se «tratase de


un tumulto de jóvenes canallescos, o de bando­
leros El alma al punto se siente temerosa. Es
la perturbación y el desorden de los pensamien­
tos, el abatimiento, la repulsión a los ascetas, la
melancolía, la tristeza, la memoria de los allega­
dos, el temor de la muerte; finalmente, el deseo
del mal, el entumecimiento en la virtud y el
trastorno del carácter. ”

25.a Evidentemente que a estas reglas perte­


nece el exacto cumplimiento de aquellas leyes
que la santa Iglesia tiene establecidas para dar