Está en la página 1de 205

F A R A

LA MASONERIA Y SU OBRA
Estudio documental de la labor masó­
nica publicado en francés, ruso y
búlgaro

VERSION ESPAÑOLA CON NOTAS


Y APENDICES RELATIVOS A LA
HISTORIA, ORGANIZACION Y AC­
TIVIDADES DE LA MASONERIA EN
ESPAÑA
F A R A

LA MASONERIA Y SU OBRA

The world is governed by very dif­


ferent personages to what is imagined
by those who are not behind the sce­
nes.

«El mundo está gobernado por per-


✓ sonajes muy distintos de los que se
imaginan quienes no están entre bas­
tidores.»

(Disraeli, Coningsby, p. 183-184.)


INDICE

Págs.

Prólogo dei traductor.................................................................. 1


Introducción ................................................................................. 9
CAPITULO I.—LOS ORIGENES DE LA FRANC-MASO-
NERIA.
I.—Origen templario o rosacruciano................................... 13
II.—Origen judio......................................................................... 21
CAPITULO II.—LA FRANCMASONERIA ES UNA SO­
CIEDAD SECRETA................................................................ 23
I.—La Masonería oculta su existencia................................ 24
II.—El misterio de las iniciaciones....................................... 28
III.—La organización oculta...................................................... 31
IV.—El juramento masónico..................................................... 33
CAPITULO III.—LA FRANC-MASONERIA ES LA CON-
TRAIGLESIA.
I.—Los fines aparentes............................................................. 43
II.—El verdadero fin de la Masonería: la irreligión...... 49
CAPITULO IV.—LA FRANCMASONERIA ES EL CON­
TRAESTADO .......................................................................... 57
I.—Origen de las ideas revolucionarias............................ 58
II.—La Masonería y la Revolución de 1879......................87
III.—Otras revoluciones.............................................................. 70
IV.—La.. revolución mundial...................................................... 79
CAPITULO V. — LOS JUDIOS EN LA FRANCMASO­
NERIA ..................................................................................... «1
I.—Las fuentes talmúdicas..................................................... 82
II.—Paralelismo judeo-masónico.............................................. 84
Págs.

i n . —Las logias, instrumentos de Israel............................... 93


CAPITULO VI.—LA FRANC-MASONERIA, DUEÑA DE
LA POLITICA.
I —Los principios políticos de la Masonería..................... 97
n .—La batalla por la escuela................................................. 100
HL—La manumisión de la Prensa.......................................... 106
CAPITULO VII.—COMO SE EJERCE LA DICTADURA
MASONICA.
I.—Organización general.......................................................... 109
II.—La labor de las asambleas masónicas........................ 111
IIL—Las filiales de la Masonería.......................................... 116
CAPITULO VIII.—LA INTERNACIONAL JUDEO-MASO-
NICA.
L—Cómo se fundó la Sociedad de Naciones..................... 121
n .—Organización de la Sociedad de Naciones................. 12S
CONCLUSION ............................................................................. 133
APENDICE PR IM ERO.-LOS MASONES EN ESPAÑA... 137
» SEGUNDO. — LOS GRADOS MASONICOS
SEGUN LA CONSTITUCION DEL GRAN­
DE ORIENTE ESPAÑOL DE 1902............. 157
» TERCERO. — GRANDES OFICIALES DEL
SUPREMO CONSEJO DEL GRADO 33
PARA ESPAÑA Y SUS DEPENDENCIAS. 159
» CUARTO. — ORGANISMOS FILOSOFICOS
SUBORDINADOS DEL SUPREMO CON­
SEJO DEL GRADO 33................................... 161
» QUINTO.—ORGANIZACION DEL GRANDE
ORIENTE ESPAÑOL........................................ 164
» SEXTO. — LOGIAS Y TRIANGULOS DE­
PENDIENTES DEL GRANDE ORIENTE
ESPAÑOL .......................................................... 172
» SEPTIMO.—ORGANIZACION DE LA GRAN
LOGIA ESPAÑOLA.......................................... 191
» OCTAVO.—LOGIAS Y TRIANGULOS DE­
PENDIENTES DE LA GRAN LOGIA ES­
PAÑOLA ............................................................ 193
» NOVENO.—CRECIMIENTO DE LA MASO­
NERIA ESPAÑOLA DESDE 1922 A 1933... 197
» DECIMO—MASONES Y ROTARIOS............ 198
Prólogo del traductor

Nihil novum sub sole.

Cuando y.o estudiaba latín— ya ha llovido desde


en ton ces^ estu v e en cierta ocasión arrodillado d u­
rante m edia hora en un rincón de la clase co n los
brazos en cruz, extendidos rígidam ente al prin cip io
y con los puños fuertemente apretados, uno dirigid·,
en actitud am enazadora hacia el sillón del p rofesor
y otijo apuntando con m anifiestos deseos de vengan­
za hacia el com pañ ero causante de mi desgracia. A
los p ocos m inutos 'la cruz se había deform ado por
una inclinación a cuarenta y cin co grados de los bra­
zos, que em pezaban a dolerm e, y p oco después los
c o d o s se me pegaron al tronco y sólo el cúbito y el
ra d io pugnaban por mantenerse en posición h ori­
zontal.
No pasó m ucho tiem po sin que el Padre X *** se
diera perfecta cuenta de la situación, y con esa. .
crueldad tan característica de los Jesuítas, d escendió
pausadamente las gradas de su cátedra y ... continuó
sus explicaciones en pie junto a la pizarra y de e s­
paldas al reo para que éste, sin m erina de la autori­
dad académ ica, pudiera descansar, com o efectiva­
mente lo lr ce apoyando una m ano en la falleba de la
puerta que me brindaba con la huida hacia el patio
de recreo y la otra en el respaldo de un banco que
me ofrecía la perspectiva halagüeña de un cam bio
de postura.
La crueldad del Padre X*** culm inó transcurri­
dos los treinta m inutos con la siguiente despiadada
a d m o n ic ió n : «Señor Fulánez, tradúzcam e usted esta
fra se: «Kgo te absolvo».
No me pude con ten er; pegué un sa¡lto que me dejó
sentado en el banco inm ediato y se m e escapó un
«gratias ágim us tibi» tan litúrgico y tan espontáneo,
que esta vez fué el Padre X*** el que soltó la carca­
jada coreado por toda la clase, que celebraba a un
tiem po la clem en cia del terrible Padre y la gansada
de este servidor de ustedes.
P orque la causa de mi castigo había sido precisa­
mente un delito de lesa com postura escolar, una so­
nora carcajada que rasgó el silencio solem ne del aula
en el m om ento en que Rodríguez, un latinista en c ie r ­
nes, a la sazón congregante de la Inmaculada y hoy
no sé si Caballero Kadosh o Sublim e Príncipe del Real
Secreto, contestando a preguntas de otro com pañ ero
que pretendía ganarle el puesto en desafío, nos decía
textualm ente: «Nihil 'novum sub solé» quiere d ecir...
pues... nada nuevo debajo del suelo.»
Muchas veces al leer y traducir este librito. librito
por su volum en, pero librazo por su contenido, me
he acordado de R odríguez y de su traducción filológi­
cam ente disparatada aunque en realidad no despro­
vista de sen tid o; del Padre X***, hoy perseguido p o r

n
los am igos de R odríguez y del trabado que a mi me
costaba extender los brazos en cru z.
Nada nuevo por debajo del su e lo ; es decir, nada
nuevo en lo subterráneo, en lo que está oculto, en lo
que se m aquina clandestinam ente; y eso lo decía R o ­
dríguez^ que hoy colabora en los trabajos inconfesa­
bles de las sociedades secretas. ¿S e habrá dado cuenta
a estas fechas de que era una verdad com o un templo
lo que nos decía «inocosuena m ocosu ene» hace. . no
sé cuántos años?
Si él no se ha dado cuenta, tú, lector, lo puedes
fácilm ente com probar si te decides a leer con atención
las páginas siguientes. Nada perderás cpn ello y
aprenderás en cam bio mil cosas que ignorabas y que
no por eso eran desconocidas para los que han estu­
diado estas cuestiones. Verás que «nada nuevo» hay
en el contenido ideológico de las sectas desde hace
siglo y ntedio y nada nuevo en 'la táctica que em plean
en cualquier parle del m undo estos «renovadores»
que no saben cam biar el disco desgastado de su eter­
na canción.
República y dem ocracia, parlamentarismo, laicis­
m o en la enseñanza, persecución contra curas y frai­
les, supresión de sím bolos religiosos, destituciones de
funcionarios desafectos, em brutecim iento de las ma­
sas en nom bre de la cultura, atentados contra la li­
bertad en nom bre de la libertad, ansias de dom in a­
ción v di* enriquecim iento de, ios predicadores de la
igualdad, y la fraternidad prostituida y reducida a
un plebeyism o soez.
Estas y otras muchas cosas por el estilo puedes
contem plar hoy con poco que alejes tu mirada, y
puedes reconocerlas sin variaciones sensibles en tiem­
pos pretéritos y en lugares distintos a poco que c o m ­
pruebes datos y fechas que se citan en este libro.
Pero por encim a del suelo, «debajo del sol» si c o ­
rregim os la traducción de Rodríguez, tam poco hay

III
nada nuevo. La m ism a ignorancia, hasta hoy por lo
m enos, por tu parte, lector, y por la mía, respecto
de ese subsuelo que está m inado por todas partes,
am enazando con una explosión que no deje rastro de
la civilización cristiana. La m ism a indifere>ncia su ici­
da de los que saltarem os en pedazos si se produce la
explosión. La m ism a apat’a inconsciente v el m ism o
m iedo que tuvieron nuestros antepasados a .oponer
una resistencia individual y colectiva bien organizada
a las m aquinaciones, burdas e irracionales a p oco que
se m edite en ellas, de las sectas y de sus colaborad o­
res. Las m ismas dificultades y la m ism a resistencia
a tender los brazos en cruz en actitud penitente para
expiar las risas alegres con que hem os venido tom an­
d o a chirigota cóm odam ente las falsedades, las utopías,
las bajezas y la saña de los que, sin «nada nuevo»
que ofrecernos para arreglar el m undo, reproducen
constantem ente los engaños arcaicos que com o prin­
cipios renovadores han utilizado para em baucar a los
papanatas de todos los tiem pos y de todas las lati­
tudes.
Lee, am igo mío, entérate, que este libro no tiene
desperdicio, y piensa después si ha llegado el m om en­
to de sacudir «los nervios y de elevar los ojos al cielo
cayendo de rodillas y en cruz para levantarte c o n fo r­
tado y resuelto * no volar hacia el patio de recreo, ni
para dejarte caer descansadamente en el banco de la
paciencia, sino r?ra lanzarte al com bate con todos
los m edios de que dispongas contra las viejas, des­
gastadas, fracasadas y destructoras con cepcion es del
ruinoso liberalism o internacional, espejuelo de la
judeo-m asonería para cazar las alondras in con scien ­
tes que (es avu din a im plantar su tiránica dictadura
sobre el m undo.

IV
INTRODUCCION

La masonería, su historia, sus orígenes, su orga­


nización, sus fines, sus m edios, sus arm as; tal es el
asunto que me prop ongo abordar en este folleto. E xis­
tencias enteras se han consagrado a las investigacio­
nes sobre esta materia, cuya literatura es tan rica
com o variada. P or mi parto, nada nuevo he de d ecir
-en esta breve exposición, en la que sólo daré un re­
sumen de los dato? extraídos de diversas fuentes, c o ­
m o fruto de mis horas de descanso dedicadas a este
estudio interesante > com plejo.
La literatura antim asónica, aunque m uy con sid e­
rable, es desgraciadam ente m uy poco conocida, pero
también es cierto que su estudio requiere prudencia
y circun sp ección. Porque m uchas de las obras sobre
la franc-m asonería han sido escritas por los m ism os
masones con el fin de orientar la acción antim as6nica
en una falsa dirección, y ¿stas son precisam ente las
p roducciones que más se han propagado entre eí pú­
b lico, mientras que las otras, indeseables para la

9
secta, desaparecen de la circulación con una rapidez
asom brosa.
La 1ileraltira puramente m asónica, es decir, la
reservada de un m odo exclusivo a los masones, se
oculta cuidadosam ente a la vista de los profanos,
por lo que resulta dificilísim o estudiarla y sólo nos
ofrece para estas investigaciones inform es eventuales,
p ublicaciones m asónicas que casualmente han ido a
parar a los archivos de antim asones notables, y Anal­
mente algunos libros o artículos de revistas y perió­
dicos escritos por masones, en los que, algunas veces,
se consigue levantar una punta del velo que oculta
el trabajo de las sociedades secretas.
Una de las fuentes principales que proporcionan
datos para este estudio es la lectura atenta de los bo­
letines y m em orias de los congresos y asambleas ma­
són icos, que, claro está, nu se publican para los «p ro­
fanos», pero su colección com pleta sólo puede encon­
trarse en contadísim as bibliotecas particulares. C on­
viene observar que m uchas veces las cuestiones más
interesantes dejan de m encionarse en tales boletines
y m em orias y aparecen frecuentem ente sustituidas
por líneas de puntos al final de las cuales se d ic e :
«Esta m oción queda aprobada».
Por otros cam inos, sin em bargo, se pueden en con ­
trar datos de interés acerca de estas fuerzas ocultas,
cu y o objetivo es la destrucción de la civilización cris­
tiana. Existen organizaciones que, sin tener en apa­
riencia ninguna relación con la masonería, persiguen
ia m?snri finalidad, y e stu d im rb sus trabajos pueden
d escubrirse indicaciones preciosas acerca de sus d i­
rectivos y de sus inspiradores.
Dem uestra la experiencia que dondequiera que se
presenta la lucha contra el cristianism o, su m oral y
su cultura, contra los Estados y sus instituciones,
contra todo espíritu de orden y de disciplina, se re­
co n o ce inmediatamente no sólo la presencia, sino la

10
d irección de la m asonería en esta obra de destruc­
ción.
Y, sin em bargo, ¡cu ántos hay que nada saben o
nada quieren sabe:· de esla fuerza satánica! ¿P o r
q u é : ¿P or qué esU cuestión de tan vital interés, esla
clave de los acontecim ientos pasados y presentes, es
tan poco co n o c ’ da y despierta tan escaso interés en
la opinión pública?
Los unos form an parte de las sociedades secretas
sin saber ellos miamos muchas veces cuáles son sus
verdaderos fines; los otros obedecen inconscien te­
mente las órdenes de la m asonería diciendo que se tra­
ta de cuentos Inventados por los partidos políticos de
la d erech a ; otros son dem asiado perezosos para re­
flexionar sobre problem as tan co m p le jo s ; otros, en
fin, se dan cuenta de la fuerza m asónica, tienen al­
guna noción de su funesto trabajo, pero, com o el
avestruz, ocultan la cabeza debajo del ala para no
ver el pel:gro.
Suelen decir estos últimos que «si la m asonería
es una fuerza taa temible que ha consegu ido ap od e­
rarse del poder en casi todo el m undo, la lucha se
h a :e inútil y está condenada a un fracaso cierto».
No. la lucha contro las fuerzas ocultas no sólo es p o­
sible, sino necesaiia. Las sociedades secretas temen
a la luz y a la verdad y su fuerza reside exclusiva­
mente en su m isterio, en su ti abajo subterráneo, en
sus mentiras, en su bellaquería constante. Desenmas­
carando sus im posturas, rom piendo las tinieblas con
que envuelven suí trabajos, se las puede desarmar,
se las puede hacer inofensivas y evitar que continúe
su obra de destrucción del cristianism o y de cuanto
éste ha creado en el transcurso de los siglos.
He de ceñirm e en estas páginas a dar un breve re­
sum en de la cuestión masónica, y tal vez en ellas en­
contrará el lector la ayuda necesaria para em prender
el estudio de esta m ateria; tal vez le incitarán a in­

11
teresarse en el trabajo antim asónico y le persuadirán
•de la necesidad de reaccionar contra esta fuerza terri­
b le, o evitarán al m enos que la secunde in con scien ­
temente.
CAPITULO I

Los orígenes de la Franc-Masoneria

I.—ORIGEN TEMPLARIO O ROSAC RUCIANO

El 24 de ju n io de 1917, día de San Juan, la m aso­


nería universal celebraba su bi-centenario. En todas
las logias de los diferentes ritos se celebraron sesio­
nes solem nes. Se editaron publicaciones especiales,,
ilustradas con retratos de todos ¡los Grandes Maestres
y vistas de todos los tem plos m asónicos, que se re­
partieron, claro está, únicam ente entre los iniciados.
Los p eriódicos y las revistas m asónicas se llenaron
de artículos consagrados a este gran acontecim iento.
¿Q uiere esto decir que la m asonería no existía
antes de 1717? X o ; existía m ucho antes de esa fecha,
y se con oce un docum ento m asónico, fechado en «24
de ju n io de 1535 de la llamada era cristiana», en el

1*
qu e se habla de la «antigua Orden de los F ra n c m a ­
sones» y de su organización, semejante a la de la
m asonería m oderna (1). Y un historiador m asón,
el II.·. Clavel, atestigua que hubo logias inglesas
que funcionaban ya en 1155 (2).
La m asonería no es una organización creada es­
pecial y espontáneamente. P or una parte se ha v en i­
d o desarrollando poco a poco, y tanto sus ideas com o
sus m edios de acción le han sido transm itidos por
una p orción de sociedades más o m enos ocultas, y
por o Ira se ha ido filtrando en ciertas agrupaciones,
qu e ha llegado a absorber, lom ando de ellas lo que
-consideraba necesario.
Eslo nos obliga a seguir la historia de toda una
sen e de sociedades secretas, algunas ya disueltas,
otras todavía existentes, sectas y ó rd e n e s que han
servido de base a la masonería, que hacia los com ien ­
zos del siglo XVIII tom ó las form as actuales. Estas
sociedades son m uy 'numerosas y sólo estudiaremos
las principales.
Existen dos versiones acerca del origen de la pa­
labra masón o franc-m asón. Según la primera, el
día siguiente al de la ejecu ción del último Gran
Maestre de la Orden de los Tem plarios. Jacobo de
M olav (1312), siete caballeros disfrazado? de albañi­
les (3) vinieron a recoger ilas cenizas de la hoguera
en que su jefe había expiado los crím enes de qm' se
se le acusaba. Estos siete caballeros fu ndaron la or­
den de los frane-m asones (4), cuyas constituciones

(1> P. DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la So­


ciedad».
(2) CLAVEL, «Historia pintoresca de la Pranc-Masonería».
(3) Albañil, en francés, «magon».—N. del T.
(4) «Franc», en francés; franco, libre, independiente, en
castellano.—N. del T.
fueron calcadas sobre las de la orden disuelta p or
Felipe el Hermoso (1) (2).
Si esta versión es la verdadera, la orden no fuó
fundada antes de 1312, y la afirm ación de C la v e l: «Y a
en 1155 encontram os logias de Franc-M asones d irig i­
das por la Orden de los T em plarios» (3), es inexacta.
Parece más verosím il la segunda versión, que en­
contram os muchas veces conlirm ada (4), según la
cual en el año 92J se organizó en la provincia inglesa
de Y ork una asociación profesional de albañiles, o
más bien de obreros de la edificación, que fué ex cep ­
tuada del pago ü° cierto» im puestos. Esta asociación
de «albañiles libres» se regía por un estatuto m uy es­
pecial que les prohibía la divulgación de sus secretos
profesionales, se reconocían entre sí por medio de
ciertos signos y tenían una jerarquía peculiar.
Se introdujeron en esta organización algunos
m iem bros de la Orden del Tem ple (según otra ver­
sión de los Rosa-Cruz), al principio com o protectores,
pero poco a p o c j fueron suplantando a los albañiles
profesionales y acabaron por no conservar de la an­
tigua sociedad sino algunos sím bolos y ritos.
Findel, historiador alemán afiliado a la m asonería,
cuenta q u e : «La transform ación de los m asones co n s­
tructores en m asones sectarios se operó sin pertur­
baciones y sin ruido. Y, com o el Fénix renaciendo de

(1) PIERRE FOURRIER CHAPPUY, «La confesión de un


pecador», capitulo IX, página 106. El autor de «La confesión»,
vicario de Faviércs y antiguo masón, abandonó la Orden des­
pués de haber leído documentos que mostraban la verdadera
faz de la secta, documentos encontrados después de la muerte
del cura de Méricourt, masón como el anterior.
(2) Felipe IV, el Hermoso, Rey de Francia, nieto de San
Luis, que disolvió la Orden de los Templarios.—N. del T.
(3) CLAVEL, «Historia pintoresca de la masonería».
(4) P. DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la So­
ciedad.

15
sus cenizas, la nueva institución nació a la vida el
día de San Juan Bautista, durante la fiesta de las
R osas del año 1717» (i). ¿Qué fiesta de las Rosas es
ésta? Findel no nos lo dice, pero probablem ente se
trata de una solem nidad rosacruciana.
Esta segunda versión hace posible la existencia
de logias m asónicas en 1155. Tal vez en aquella época
conservaban todavía su oarácter profesional, pero la
influencia de las sociedades secretas pudo m anifestar­
se en ellas, y, com o pretende el H. ·. Clavel, pudie­
ron ser los T em plarios los verdaderos dirigentes de
estas sociedades de albañiles, sin que este carácter
profesional se perdiera por com pleto hasta p rincipios
del siglo XVIII. Según el II. *. R agon (2), en febrero
de 1717 se reunieron cuatro logias inglesas por im i ­
tación de los «Tlosa-Cruz» A shm ole (cabalista, alq u i­
m ista y arqueólogo), Cam ber, Flud y oíros, adoptaron
un nuevo estatuto presentado por A shm ole «y sacu­
dieron el \ugo de la antigua corp oración de franc­
m asones de Y ork ».
La frano-m asunería m oderna desciende, por lo
tanto, directam ente de la Orden de los Caballeros del
T em ple o de la Orden de los Rosa^Cruz. Estudiem os
i\*ias dos organizaciones, probablem ente enlazadas
una con olra.
* * *
La Orden de los Caballeros del Tem ple (3) fué fun­
da-la en J ívrsaK '.i en 1118 o 1128 por Hugo de Payens

(1) FINDEL, «Los principios de la Franc-Masonería». Obra


citada por la «Revista Internacional de Sociedades Secretas).
Véase (1913) pág. 253.
(2) RAGON, «Ortodoxia masónica», cap. II.
(3) Parece ser que el nombre de Caballeros del Temple
o del Templo se debe a la circunstancia de que el primer edifi­
cio en que se albergó la Orden se levantaba en las proximi­
dades del lugar que ocupó el Templo de Salomón.—N. del T.

16
y G odofredo de Saint A dhem ar. Los caballeros pres­
taban los juram entos acostum brados en todas las fór-
■denes y tenían com o especial m isión la protección a
los peregrinos de Tierra Santa. Su patrón era San
Juan, y de aquí el nom bre que también se les ha
d ad o de sanjuanistas. Creció la orden rápidam ente y
«no tardó en adquirir fuerza, influencia y riquezas in­
m ensas. Citando «Le tableau de Paris», de Sebastián
M ercier, cuenta el historiador m oderno Funk-Bren-
Aano (i) que la ciudadela principal de los T em plarios,
la «villa nova T em pli» o Tem ple de París, construido
•en ei siglo XIII, gozaba de ciertos derechos y privile­
gios. Los cuatrocientos habitantes del Tem ple esta­
ban exentos de la ju risdicción del R eino y «acataban
la soberanía de la Orden de San Juan de Jerusalén».
¿C óm o pudo esta orden, cristiana y protectora de
los peregrinos, llegar a ser fundadora de sociedades
ocultas anti-cristianas, continuadora de la Kabbala
ju d ía y adoradora de Satán? Sería difícil explicarlo,
pero sus crím enes fueron probados en el curso del
proceso com enzado en octubre de 1307 por el rey Fe­
lip e IV el Herm oso y el Papa Clem ente V (Bertrand
<le Goth), que se term inó con la supresión de la Or­
den y la condenación a la hoguera de su último Gran
Maestre, Jacobo de M olay. T odos los docum entos re­
lativos a este proceso se encuentran en los archivos
<iel V aticano.
La Orden de los Caballeros del Tem ple se d en o­
m inaba «M ilita Tem pli Salom onis» o «Fratres Tem pli
S a lo m o n is »; sus relaciones con las sectas orientales
de los Ismaelitas y de los A ssassinos (2) así com o una
es trocha unión con la Kabbala judía, están hoy abso-

(1) FUNK-BRENTANO, «El Rey», pág. 289-290.


(2) «Assassinos» o «Achichinos», de la palabra árabe «ha­
chich», que significa cáñamo, planta con la que preparaban
•cierta bebida.—N. del T.

IT
lutam ente com probadas por eruditos de tanta serie-
ílad com o G ougenot des M ousseaux y otros. Si la Or­
den del Tem ple tfué fundada por «iniciados» con un
designio especial, o si fueron filtraciones ocultas las
que la corrom pieron, son cuestiones que perm anecen
en la oscuridad, pero el proceso antes citado d em os­
tró (1) que en el Tem ple se tramaba u*na conspiración
contra el Estado, que se practicaban por los caballe­
ros costum bres infamantes y que los altos dignatarios
de la Orden se dedicaban al culto de Satán, el dios
Baphom et (2), cuyo ídolo ha desaparecido.
S egún el kabbalista Eliphas Levy (3), «La idea de
los hierofantes cristianos {es decir, de los con sp irad o­
res de la Kabbala) había sido la de apoderarse hábil­
mente del poder y retenerlo solapadam ente en su be­
n eficio.» Debían en consecuen cia «crear una sociedad
obligada a la obediencia por votos solem nes, protegí-
da por reglam entos severos, que se reclutaría por la
iniciación, y que, única depositaría de los grandes se­
cretos religiosos y sociales, liaría reves y pontífices
sin exponerse, com o tal asociación, a los desgastes
del poder.»
Esta idea fué «el sueño de las sectas disidentes de
pnlósticos o de ilum inados», que pretendían adaptar
su fe a la tradición prim itiva del cristianism o de San
Juan, y llegó a constituir una am enaza para la Iglesia
y para la sociedad cuando una orden rica y disoluta,
iniciada en las m isteriosas doctrinas de la Kabbala,

(1) P. DESCHAMPS, obra citada


(2) En las ceremonias del grado 29 hace uso la masonería
de un símbolo llamado Baphomet, al que se atribuye un sig­
nificado panteístico, que tiene cabeza de cabrito con una an­
torcha en medio de los cuernos, alas de arcángel, brazos y
manos de hombre que hacen el signo del exoterismo, cuerpo
de mujer y una cruz con una rosa en el pecho.—N. del T.
(3) ELIPHAS LEVY, «Historia de la magia» (edición
1860), pag. 273.

18
parecía dispuesta a rebelarse contra ia autoridad le­
gítim a y am enazaba al m undo con una inm ensa revo­
lu ción ... «Los Tem plarios, cuya historia es tan mal
conocida, fueron estos conspiradores», añade G ouge-
not des M ousseaux (i).
D isuelta oficialm ente la Orden d é lo s T em plarios en
13 de octubre de 1307 algunos de sus m iem bros fue­
ron ejecutados y otros se dispersaron por diferentes
países, especialm ente por Inglaterra y Escocia, donde
crearon nuevas sociedades secretas. A los objetivos
anticristianos y revolucionarios de la antigua orden
se sum ó el deseo de vengar su fin p oco g lo rio so . V e­
rem os, por otra parte, cóm o explica la m asonería un o
de sus sím bolos, la leyenda de Hiram, relacionándolo
con la ejecución de Jacobo de M olay.
Pero parece ser que la Orden del Tem ple no fué
totalmente absorbida por las sociedades m asónicas.
Descham ps (2) n os cuenta que «en 1808 los m iem bros
de la Orden del Tem ple atravesaron la villa (París)
en procesión y en traje de cerem onia y se reunieron
en la iglesia de San A ntonio, donde se pron un ció so­
lem nem ente la oración fúnebre de Jacobo de M olay».
Es difícil poder afirm ar que la orden exista todavía,
pero no sería extraño porque las sociedades secretas
desaparecen a veces súbitamente para renacer algún
tiem po después.
* * *
Se considera a los Tem plarios com o fundadores de
la m asonería; pero esta gloria, llam ém osla así, puede
corresp ond er igualm ente a la herm andad de los R o ­
sa-Cruz.
No esltl dilucidado todavía si era esta herm andad

(1) GOUGENOT DES MOUSSEAUX, «El judío, el ju­


daismo y la judaización de los pueblos cristianos», pag. 525.
(2) P. DESCHAMPS, obra citada.

19
una organización independiente que existía antes de
la creación de la Orden del T em ple o si fué la conti­
nu ación de esta última.
El II.·. R agon (i) pretende que «está definitiva­
mente d e m o stia d j que los herm anos Rosa-Cruz kab-
balistas fueron los iniciadores de los T em plarios y de
la m asonería m edieval en E u ro p a »; y en su libro «Las
sociedades secretas y los ju d íos» escribe L. Dasté (2 ):
«¿Q uiénes eran estos sectarios cuya m isteriosa jerar­
quía se sobrepuso a los tres grados de los antiguo^
albañiles tibres? Los Rosa-Cruz, que procedían direc­
tamente de la Kahbala ju día.»
Son m uy escasa? las noticias exactas acerca de los
orígenes y la organización de la Orden de los Rosa-
Cruz. C om o fundadores de esta secta se cita a von
R osenkreutz, m ago y alquim ista que vivió de 1378 a
1484, y a Valentín Andrea, que publicó en 1615 «La
confesión de un R osa-Cruz». No sabríam os decir cuál
de los dos es el verdadero fundador, pero es de notar
que el Rosa-Cruz Cam ber (3) habla de una sociedad
secreta fundada por los T em plarios que se refugiaron
en Escocia, cuyos m iem bros reciben el nom bre de
«The lon g livers·), que quiere decir «los longevos».
Puede verse en e¿le nom bre una alusión a la lon gevi­
dad (106 años) de Rosenkreutz, el presunto fundador
de la orden. No hay datos seguros, com o ya se ha d i­
cho, acerca de esta secta, pero su existencia en nues­
tros días es todavía posible (4) (5).

(1) RAGON, «Ortodoxia masónica», cap. II.


(2) L. DASTE, «Las sociedades secretas y los judíos», pá­
gina 63.
(3) Uno de los fundadores de la masonería moderna.
(4) «Revue International des Societés Secrétes» (R. I. S. S.),
número 2 (1913), pág. 323.
(5) La interesantísima revista antimasónica citada en la
nota anterior se edita en 96, Boulevard Malesherbes. Paris
XVIIe.—N. del T.

20
II.—ORIGEN JUDIO

Estudiando la historia de ia m asonería no puede


considerarse a los Tem plarios y a los Rosa-íCruz c o ­
m o sus únicos fundadores. Existe un libro interesan­
tísimo, publicado en 1787, que se titula «P recioso re­
sum en de la M asonería A dhoniram ita que contiene
los catecism os de los cuatro prim eros g rados» (1) en
el que se dice que «los prim eros m asones fueron los
sacerdotes egipcios, sobre todo los de M enphis y He-
liópolis. Conocían las ciencias físicas, la astronom ía
y la verdadera religión, que es la religión natural.
Junto a ellos vinieron a instruirse Orfeo, Thales, So-
Ion, Pitá^oras, L icu rgo y M oisés. Las enseñanzas de
los iMagos se conservaron en el pueblo judío hasta
el tiempo de Salom ón. Después de la destrucción del
tem plo de Jerusalén el paganism o se apoderó de los
secretos y de las cerem onias m asónicas, pero alteró
su espíritu. Felizm ente la verdadera m asonería reapa­
reció con el cristianism o y desprendiéndose poco a
poco de las form as de la nueva religión se convirtió
rn un cristianism o purificado. El objeto que persi­
guen los masones es la reconstrucción del T em plo de
.Terusalén, reconstrucción que sim boliza su obra
m oral.»
P or otra parte dice el historiador m asónico H . \
Bazot que «habiendo sido destruida Jerusalén, víctim a
de las revoluciones, v habiéndose dispersado el pue­
blo judío, esta m ism a M asonería se extendió con él
por toda la tierra» (2).

(1) Hay un estudio de esta obra en el folleto titulado


«La Franc-Masonería», de JULES LEMAITRE (edición 189«),
página 48.
(2) BAZOT, «Cuadro histórico», citado por P. DESCHAMPS
en su obra ya mencionada.

21
Los ritos y sím bolos de la m asonería y de das otras
sociedades secretas recuerdan constantem ente la Iíab-
ba»la y el ju d a is m o : la reconstrucción del Tem plo de
S alom ón, la estrella del rey David, el sello de Salo­
m ón, los nom bres de los diferentes grados, com o, por
ejem plo, caballero Kadosh (i), príncipe de Jerusalén,
príncipe del Líbano, caballero de la serpiente de Ai-
rain, etc. Y la plegaria de los m asones ingleses, adop­
tada en una reunión celebrada en 1663, ¿n o recuerda
de una manera evidente el ju daism o? (2).
Finalmente, la m asonería escocesa se servía de la
era ju d ía ; por ejem plo, un libro del m asón am ericano
Pike (3). escrito en 1881. está fechado e»n el «anno
mundi 56Ü ». Actualmente n se conserva esta cro n o ­
logía sino en los altos grados, mientras que los m aso­
nes añaden generalm ente cuatro mil años a 'la era
cristiana y no 37*30 com o los judíos.
La existencia de un vínculo de unión entre la Kab-
bala judía, la m asonería y sus ascendientes es un he­
cho actualmente com p robad o del que volverem os a
hablar en otro capítulo.
'Podemos afirmar, en resum en, que la m asonería
m oderna desciende de los Tem plarios o de los R osa-
Cruz, quienes, a su vez, tienen sus orígenes en la Kab-
bala judía.

(1) «Kadosh» en hebreo significa santo.—N. del T.


(2) Véase «Revista Internacional de Sociedades Secretas»,
número 2 (1913), pág. 358. Editada en París, 96, Boulevard
Malesherbes.
(3) PIKE, «La moral y el dogma en el Rito Escocés».

22
CAPITULO U

La Franc-Masonería es ana sociedad secreta

Las sociedades m asónicas, en el sentido más am­


p lio de la palatra, son m uy variadas, no solam ente
en cuanto a sus form as exteriores sino también desde
^1 punto de vista de su organización interior y de los
ílnes que se proponen conseguir. iMuchas sociedades
secretas que son una sola por la idea que persiguen,
son diferentes en su organización y en sus m étodos.
Un núm ero todavía m ayor de sociedades están aliadas
•a Jas prim eras y dirigidas por ellas. A la prim era ca­
tegoría pertenecen los diferentes ritos masónicos,* a 8a
segunda una infinidad de sectas y sociedades filiales
de la masonería, algunas de las cuales citarem os más
adelante.
En la actualidad existe la masonería, más o m enos
'declaradamente, en todos los países del m undo y a
p rim era vista parece inexacto el calificativo de «secre-
que felizmente algunos ejem plares vienen a caer en
m anos de los antim asones (1).
La m asonería oculta cuidadosam ente su obra; y en
p ru eba de ello pueden citarse las discusiones soste­
nidas acerca de este punto por los m iem bros de las
Asam bleas m asónicas.
Una circular del C onsejo de la Orden, fechada en 2
d e abril de 1889, m anifiesta que queda prohibido c o ­
m unicar a la Prensa cuanto se refiere a los asuntos
m asónicos, y se ruega en ella a los «herm anos perio­
distas» que se abstengan, no solamente de esas com u -
.nicaciones, sino de «todo com entario con ocasión de
las palabras y actos de los m asones com o tales». En
la A sam blea general de 1893 el herm ano M oinnier (2)
indicaba que siem pre que se discutía acerca de una
cuestión im portante se suprim ía en la m em oria la
m ención correspondiente, substituyéndola por varias
líneas de puntos. El H. ·. M oinnier encontraba exce­
lente este sistema porque «podría existir un peligro
para la Orden si ciertos hechos se hicieran p ú blicos».
En 1891 el herm ano M*** «considera el secreto m asó­
nico com o obligatorio para todo cuanto sucede en las
logias, a causa especialm ente de los funcionarios, que
pudieran exponerse a serios peligros», y el herm ano
S*** expone la siguiente p roposición : «en lo sucesi­
v o el «Boletín del Gran Oriente» cesará de publicar
los nom bres de los herm anos que hayan d eclarado...
q u e no disfrutan de una posición* lo bastante indepen­
diente para manifestar públicam ente que pertenecen
a la gran familia m asónica» (3).

(1) J. BIDEGAIN, antiguo secretarlo del G.\ O.·, de


Francia, confiesa que ni aun los Boletines ordinarios se llevan
a la Biblioteca Nacional.
(2) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de
Francia de 1893, pág. 503.
(3) Memoria de la Asamblea general del G.*. O.*, de
Francia, 1894, pág. 193.

26
Por último, en 1913, .el relator de una de las c o m i­
siones de 'la Asam blea general, el H. \ Briois, declara
lo que s ig u e : «La (Comisión se preocupa del hecho
•de existir un cierlo peligro en m ultiplicar los n om ­
bres de los nuestros, o de los que pretenden serlo, en
hojas de papel que pueden caer en todas las m anos,
extraviarse y p roporcion ar en tal caso verdaderos per­
ju icios, sea a los profanos, sea a los m asones» (1).
T oda persona, al afiliarse a la masonería, jura no
divulgar jamás los secretos de la secta y este ju ram en­
to se renueva en cada nuevo grado .obtenido por el
adepto. «Prom eto no revelar jamás los signos distinti­
vos del grad o» »2) (3); «Juro por lo más sagrado...
guardar con una fidelidad a toda prueba los secretos
que me sean confiados» ( i ) : «Juro cum plir con abne­
gación la ley m asónica y no divulgar nada de lo que
me sea com u nicado en secreto» (5); «Juro... guardar
todos los secretos que me sean confiados... no escribir
nada sin autorización y únicamente en el sentido que
se me indique» (6).
Podríam os continuar citando una infinidad de tex­
tos análogos, pero es evidente que la m asonería se cu i­
da m uy bien de guardar sus secretos, 4o que perm ite
decir al P. D esch a m p s: «La M asonería tiene por lo
tanto muchas cosas que ocultar, m uchos secretos que

(1) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de


Francia, 1913, pág. 47.
(2) Juramento del Rosa-Cruz (grado 18), citado por «Les
Cahiers de l’Ordre», número 2 (1926), pág. 5.
(3) La revista antimasónica mencionada en la nota an­
terior se edita en 14, Rué de l’Abbaye, París VIe.
(4) Juramento del Caballero de Asia, citado por «La
Pranc-Masonería desenmascarada», número 3 (mayo 1884), pár
gína 90. Organo de la Asociación Antimasónica de Francia.
(5) «Fórmulas del G.\ O.·, de Francia», edición 1880,
página 21.
(6) Fórmulas de la logia «Clemente Amitié», pág. 13-14.

27
repugnarían a la opinión y que no pueden ser reve­
lados» ( i ) ; y Ch. N icoullaud (2) exclam a con sobrada
ra z ó n : «jA s í es com o los m asones justifican sus pre­
tensiones de ilum inadores de la hum anidad! Quie­
ren alum brar al m undo ocultándose en la som bra. ¿A
que ruines m enesteres se dedican cuando no sólo se
esfuerzan en ocultarlos, sino que además se aver­
güenza de confesar su filiación sectaria, escondién­
dose com o m alhechores?»
Así, ocultándose tras el tupido velo del secreto, es
com o prosigue su trabajo secular la masonería, de la
qu e dice Schlegel que «ni puede tener una tendencia
.verdaderamente cristiana, ni ser políticam ente justa,
ni ejercer una acción bienhechora sobre la hum ani­
dad en general» (3).

II.—EL MISTERIO DE LAS INICIACIONES

«La táctica m asónica ha sido siem pre la m ism a.


Siem pre ha consistido en mentir, engañar y sugestio­
nar poderosam ente a las almas inferiores» (4); esta es
la base de todo el ritual m asónico.
La iniciación del profano se verifica con un co m p li­
cado cerem onial, se rodea de una solem nidad im po­
nente, que m uy a m enudo cae en lo ridículo, se exigen
juram entos terribles, etc., todo lo cual sirve para «su­
gestionar a las almas inferiores». La d isposición del
«tem plo», todas esas colum nas, collares, sím bolos,
m andiles blancos y ramas de acacia; las denom ina-

(1) P. DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la So­


ciedad».
(2) CH. NICOULLAUD, «Las ideas masónicas en 1913»,
página 27.
(3) SCHLEGEL «Filosofía de la historia».
(4) J. BIDEGAIN, «Magistratura y justicia masónicas»,
página 212.

28
ciones de los grados, los utensilios de albañilería y
otros accesorios, actúan ciertam ente sobre la m oral
del profano, y explicándole gradualm ente el sentido
de todo este sim bolism o, es com o le lleva la m asone­
ría a la aceptación de sus fines y de sus tareas si se
m uestra «d ign o» de llegar a ser un celoso m asón. T o­
m em os por ejem plo la leyenda m asónica de Hiram
y verem os cóm o, por la explicación que se le da, se
inculca en el adepto la idea de lucha contra la Iglesia
y el Estado. El lugar preponderante que ocupa esta
»leyenda en el sim bolism o m asónico, nos decide a d e ­
tenernos en ella.
Según esta leyenda (1), el rey de Tiro, Hiram, en­
vió a Salom ón en el m om ento de la construcción del
templo de Jerusalén, un afamado arquitecto llamado
Hiram A biff. Por su parte, S alom ón hizo venir a otro
arquitecto, Hiram o Huram, «hijo de una viuda de la
tribu de Nephtalí». Queriendo apoderarse de los se­
cretos de su arte, tres com pañeros albañiles (magons)
organizaron un com plot contra Hiram A biff y le m a­
taron. Después de este crim en, Hiram, el hijo de la
viuda (2), fuó el único a quien se consideró dign o de
suceder en el cargo al maestro asesinado.
La explicación de esta leyenda se da en la m aso­
nería gradualm ente. Se sabe que el objetivo p rin ci­
pal de la secta es la reconstrucción del tem plo de Sa­
lom ón ; este Tem plo es todo el universo que los m a­
sones quieren reconstruir de acuerdo con sus prin ci­
pios. Prim eram ente se inculca al adepto un odio fe­
roz contra los asesinos del maestro Hiram, es decir,
contra los que im piden el establecim iento del paraíso

(1) «Antigua revelación masónica» del H.\ CHURCH­


WARD en la revista «El franc-masón»; «Tradicional historia
de Hiram Abiff», por el Rev. Morrison Rosembaum, y otros.
(2) Los franc-masones se denominan frecuentemente «hi­
jos de la viuda».

29
m asónico sobre la tierra. Estos asesinos, estos com p a­
ñeros infieles, son las supersticiones, la fuerza bru­
ta, los prejuicios. Pero en los grados superiores, el
m asón aprende que bajo el nom bre de Hiram se debe
ver al último Gran Maestre de la Orden de los T em ­
plarios, Jacobo de M olay (i), y «los tres com pañeros
asesinos de Hiram son la religión, la autoridad y la
realeza» (2).
Véase de qué m odo interpreta la m asonería una
leyenda tan inocente y la utiliza para secundar sus
tenebrosos designios (3).
«La secta m asónica— escribe J. Bidegain—^4), es c o ­
m o una m áquina com plicada y m aravillosa en la que,
por m edio de sugestiones hábilmente graduadas, se
verifica la transm utación de las almas m ejor templa­
das», y Bernard A ca ry escribe citando al H. ·. De-
la u n a y : «Las concepcion es más m onstruosas, las le­
yendas más absurdas y contrarias a la verdad histó­
rica y ¡los sistemas más extravagantes, han sido fre­
cuentem ente lanzados, im aginados y em pleados para
alucinar a los neófitos» (5). Y es que el veneno m asó­
nico, penetrando en pequeñas dosis en las almas, lle­
g a p oco a poco a cegarlas, a corrom perlas y a per­
derlas.
«Los profanos están m uy poco enterados de lo

(1) DESCHAMPS, obra citada.


(2) RAGON, «Ritual masónico».
(3) Es interesante el testimonio del antiguo masón Haug-
witz, ministro prusiano, miembro del Congreso masónico de
Wilhelmsbad, en 1777: «Los hechos han demostrado—escribe
en sus Memorias—que no fué impremeditada la conducción
de Luis XV I al Temple, de donde salió para ser sacrificado a
los manes de Molay».
(4) J. BIDEGAIN, «Una conspiración bajo la tercera Re­
pública», pág. 236.
(5) B. ACARY, «La Franc-Masonería del Gran Oriente
de Francia, pág. 30.

30
qud es la m asonería», escribe J. Bidegain (1), «pero la
m ayor parte de 'los m asones *no lo están m ucho m á s.»
V am os a intentar, con datos indiscutibles, el estudio
d e la organización de la m asonería m oderna.

III.—LA ORGANIZACION OCULTA

Los principales ritos actuales de la m asonería m un­


dial s o n : el rito M israim, el rilo E scocés (en el que
están agrupadas la m ayor parte de las logias) (2)f eí
rito Francés y, por último, el rito llam ado «El Dere­
ch o Hum ano». Las diferencias entre estos ritos son
p oco sen sibles; sus fines y sus m edios son casi idén­
ticos.
* * *
No nos detendrem os en el mito M israim, acerca del
cu al se tienen m uy pocos datos, y sólo indicarem os,
c o m o rasgo característico, que la m ayor parte de sus
m iem bros tienen nom bres ju díos (3). El m isterio casi
im penetrable de que este rito aparece rodeado, deja
cam p o libre a todas las suposiciones (-4).
* * *

El rito Escocés, que se practica en todos los países

(1) Ibid, pág. 20.


(2) Rito Escocés antiguo y aceptado.
(3) No confundirlo con las logias masónicas de los B’nal
B ’rith, exclusivamente reservadas a los judíos.
(4) El Rito Misraim, o Menphis-Misraim, aunque basado
en los principios tradicionales de la Orden, eleva a 97 el nú­
mero de grados y se consagra especialmente a los estudios
ocultistas y herméticos. Su fundación data de fines del siglo
X V III, y entre sus Grandes Maestres han figurado Marco-
nis, Papus y Teder, escritores masónicos del siglo pasado. Ac­
tualmente tiene en Francia tres logias, y en Bélgica tres lo­
gias y un «capítulo». Estos talleres publican una revista titu­
lada «Adonhiram». El actual Gran Maestre es J. Bricaud.—
Nota del Traductor.

31
d el m undo, está d irigido en cada uno de ellos por el
S u p rem o C onsejo del llito. Estos C onsejos, en el C on­
g reso que celebraron en Lausanne el 21 de septiem bre
de 1875 (1), crearon un estatuto al que sirvieron de
base las Constituciones de Anderson, Désaguliers y
otres (1723). P ero algunos años después (1880) varias
logias se separaron del S uprem o Consejo, au nqu e
conservan do el nom bre de «logias escocesas». Este
cism a, sin em bargo, no duró m ucho tiem po.
En el rito Escocés hay treinta y tres grados o cate·
gorías (2 ): grades sim bólicos (aprendiz, com p añ ero
y maestro), grados capitulares (del 4° al 18°\ grados
filosóficos (del 19° al 30°) y grados sublim es del 31·
al 33°). En Francia el rito E scocés está representado
por la Gran Logia de Francia, dom iciliada en París,
rué de Puteuux, núm ero 8, y tiene bajo su dependen­
cia un gran núm ero de logias o «talleres», tanto en
Francia com o en el extranjero.
* # *
El rito francés (Gran Oriente de Francia;, rué Ca-
det, núm ero 16, París, se distingue del rito Escocés,
en que sólo existen &n aquél ocho grados (3) y en
que las cerem onias de las «tenidas» o sesiones han
sid o ligeram ente cam biadas y sim plificadas.
El rito del Derecho Humano o M ixto se distingue
de los otros en que no solam ente ios hom bres, sino
también las m ujeres, pueden ser m iem bros de las
logias. La cuestión de la participación de las m ujeres
en el trabajo m asónico ha sido m uchas veces deba­
tida y hasta el presente no se ha llegado a una solu ­
ció n definitiva, por lo que el rito M ixto no ha sido

(1) OSWALD WIRTH, «El libro del aprendiz», pág. 79.


(2) J. LEMAITRE, «La Franc-Masonerla», pág. 23-24.
(3) J. BIDEGAIN, «Magistratura y justicia masónicas»,
página 55.

32
recon ocid o oficialm ente por los poderes m asóni­
cos (1) (2).
El autor anónim o de un libro publicado en 1472 de­
clara categóricam ente q u e : «Las m ujeres están e x ­
cluidas de la Orden, y hasta tal punto que jamás p o­
drán hacerse ilusiones sobre este particular)) (3), pe­
ro por una resolución del Gran Oriente de Francia
del 11 de junio de 1774 las m ujeres fueron adm itidas
en los trabajos m asónicos y entre los m iem bros de la

(1) «Revista Internacional de Sociedades Secretas», nú­


mero 2 (1913), pág. 343.
(2) El doctor Georges Martín y la señora María Derasmes
fundaron en París, en el año 1892, la «Gran Logia Simbólica
Escocesa Mixta de Francia «El Derecho Humano», organiza­
ción que fué desde un principio «excomulgada» por el Oran
Oriente y la Gran Logia de Francia, por apoyarse en «princi­
pios revolucionarios absolutamente nuevos en Masonería». Pero,
a pesar de la hostilidad de las masonerías masculinas, el «De­
recho Humano» se extendió rápidamente por Europa y Amé­
rica, adoptando la denominación de «Orden Masónica Mixta
Internacional «El Derecho Humano», que cuenta en la actua­
lidad con unos 20.000 hermanos y hermanas repartidos en cua­
renta y dos naciones y mantiene con las demás potencias ma­
sónicas relaciones de amistad, no siempre cordiales. Entre los
principios que sustenta son de notar los siguientes: Igualdad
de derechos de los cónyuges, tanto en la sociedad conyugal
como en el campo de la política; la maternidad, considerada
como una función social retribuida; obligatoriedad del ingreso
de todas las futuras madres en una casa de maternidad; edu­
cación prenupcial para los dos sexos; supresión de la herencia;
escuela única y antimilitarismo.
El representante en España del Supremo Consejo del «De­
recho Humano» es el conspicuo teósofo don Mateo Hernández
Barroso, que es también Gran Canciller, Gran Secretario del
Supremo Consejo del grado 33 para España y sus dependen­
cias, y que fué nombrado director de Telégrafos cuando, al
advenimiento de la República, desempeñó la cartera de Co­
municaciones don Diego Martínez Barrio, Gran Maestre del
Grande Oriente Español—N. del T.
(3) «Apología de la Orden de los Franc-Masones», por
M. N., miembro de la Orden. La Haya, 1742, pág. 11.

:s
logia «El C a n d o r .encontramos a la duquesa de Or-
leáns, la princesa de Lam balle y otras. En 1775 la
duquesa de Bouillon organizó una logia exclusiva­
mente femenina, la logia «San Antonio», y en 1805
la em peratriz Josefina fué nom brada Gran Maestre
de las m ujeres afiliadas a la m asonería. En 1850, en
vista de la opinion desfavorable de la m asonería en
la cuestión relativa a la adm isión de m ujeres en la
secta, se fundó la Orden de la «Estrella de Oriente»(l).
una especie de sección m ixta de la franc-m asonería
con su íitual especial y sus cin co grados de iniciación.
M asones m uy consp icuos, com o por ejem plo el d oc­
tor ErnsL Schultze (2), se .oponen a la adm isión de las
m ujeres en las logias, al m ism o tiem po que el perió­
dico m asónico «Latom ia» publica suplem entos espe­
cialm ente destinados a las «herm anas», es decir, a los
m iem bros fem enino« de la familia m asónica, y otro
periódico de la secta (3) nos habla de la fundación en
Baviera en i 878 de una asociación especial de «her­
m anas». Uno de los partidarios más fervientes de la
adm isión de las m ujeres fué el Gran Maestre de la
Gran L ogia de Bayreuth, von R einhard (4 ); pero a
pesar de sus cam pañas, esta adm isión sigue con sid e­
rándose en nuestros días indeseable y la m asonería
de las m ujeres se ha visto oM igada a refugiarse en
•u rito e s p e /a l (5).
* * *

(1) «Revista Internacional de Sociedades Secretas», nú­


mero 2 (1913). pág. 343.
(2) Dr. SCHULTZE. «Die Kulturaufgaben die Freimau­
rerei», pág. 179.
(3) «Die Baunhutte», número 2 (23 de mayo de 1908).
(4) «Die Baunhutte», núm. 28 (13 de julio de 1907).
(5) En España fueron admitidas las mujeres en la Ma­
sonería por lo menos desde 1S06, fecha que aparece en las cu­
biertas de los rituales utilizados por el Grande Oriente Espa-

34
No nos detendrem os en una serie dp rilos y orga­
nizaciones m asónicas secundarias y, dejando a un
lado las pequeñas diferencias entre los ritos, hablare­
m os en adelante de la m asonería en general co m o de
una organización única.
Kn la base de la organización m asónica se encuen­
tra prim eram ente la Logia o Taller presidido p or el
Venerable. Estos talleres o logias se agrupan form an­
do parte de una «O bediencia», es decir, un Gran
Oriente (de Francia, de Inglaterra, etc.) o d e una Gran
Logia. El poder suprem o se ejerce en el.rito E scocés
por el Suprem o Consejo del Rito, cu y o s m iem bros der
l>en habe; alcanzado uno do :os tres últim os grados.
Estos grados, nos dice J. Bidegain, «son conferidos

ñol para las aprendizas, compañeras, maestras y maestras per»


fectas, únicos grados existentes en la masonería femenina de
España.
A pesar de ello, eran poquísimas las mujeres que entonces,
y aún después, formaban parte de la «Cámara, de Adopción de
la Logia «Ibérica», de Madrid, única tal vez entre todas las de
España que tenia esa Cámara. Buena prueba de ello es que en
el «cuadro lógico» de dicho Taller, correspondiente al año 1915,
sólo figuraban como pertenecientes a la mencionada Cámara
de Adopción seis u ocho mujeres.
Desgraciadamente, ha progresado después la masonería fe­
menina en España, y en la «Hoja Oficial del Lunes» del 10 de
octubre de 1932 puede verse una información del entierro de la
escritora y profesora de la Normal de Maestras Carmen de
Burgos, que, según el citado periódico y otros varios de Madrid
que lo confirmaron, presidió hasta su muerte el Triángulo
«Amor», dependiente de la Gran Logia Española.
El Grande Oriente Español tiene también en la actualidad
su logia de mujeres, que se titula «Reivindicación», domiciliada
en Madrid, y que depende directamente de la logia «Con-
dorcet». Está presidida por doña Luz Fernández Berbiela de
Flórez, y ha organizado diferentes actos, tales como una «te­
nida blanca», celebrada en noviembre de 1932, para conme­
morar el aniversario de Riego, en la que pronunciaron discur­
sos la mencionada presidenta y otras masonas, entre ellas la
diputada radical doña Clara Campoamor.—N. del T.
únicamente por el Gran C onsejo», cuyos m iem bros
se reclutan por cooptación y «ad vitam» (i). El dere­
cho electivo, tan cacareado por la m asonería, no es
bueno, por lo visto, más que para los profanos. En el
m om ento en que se establece en un país un Gran C on­
sejo sus organizaciones m asónicas dejan de prestar
obediencia al Gran Oriente o a la Gran Logia extran­
jera de que ante.-, dependían, y form an una Obedien­
cia ¿u tón om a (2j.
T odos los a r (-í se reúnen los congresos o asam­
bleas generales de todas las logias de la m ism a Obe­
diencia, y en casos extraordinariam ente graves la m a­
sonería organiza congresos internacionales (3).
* * *
Es difícil precisar ilas atribuciones y la im portan­
cia de cada uno de los d iv e rs o s grados m asónicos.
Bidegain nos dice que «la asamblea general está co m ­
puesta, en su inm ensa m ayoría, por m asones del gra­
do de Maestro (3er. grado)« (4), y Deschamps añade
que «las autoridades oficiales rigniflcan poca cosa en
la Masonería, y !a* fuerzas que le im prim en m ovi­
miento actúan quiéranlo o no esas autoridades (5),
Y efectiva mejitp. hay con frecuencia V enerables y
hasta Grandes Maestres que sólo han alcanzado los
grados in fe rio r a , ^ incluso m asones de los grados

(1) J. BIDEGAIN, «Magistratura y justicia masónicas»,


página 56.
(2) El 10 de febrero de 1927 se estableció un Gran Con­
sejo para los masones rusos residentes en Francia. Véase el
«Boletín de los Talleres Superiores», número 14 (marzo 1927).
Citado por «Les Cahiers de l’Ordre» número 3 (julio 1927),
páginas 206-210.
(3) Conviene observar que estos congresos tienen lugar
cada vez que el mundo está amenazado de una catástrofe, de
una guerra o de una revolución (1777, 1785, 1846, 1913...).
(4) J. BIDEGAIN, obra citada, pág 58.
(5) DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la Sociedad».

3G
32 y 33 que no desem peñan aparentem ente ningún
papel en la secta. I.a m ayor parte de los herm anos
— precisa Bi iegain— , incluso lo~ del grado 33, ign o­
ran en absoluto los asuntos más im portantes de la
se::tá/> (i), y según Dfscham ps, «los Grandes Maes­
tres son casi siem pre ajenos a los secretos de la Or­
den. Sirven solam ente de panSil'a» (2).
Estas pantalla* suelen ser personas de viso, cuya
posición social puede ser útil a las logias, tales com o
el duque de ürleáns (Felipe Igualdad), o Jo.r?é Bona­
parte, h e m -u io d»-j N apoleón 1 (3).
¿Quiénes son los verdaderos dirigentes de la m a­
sonería? Este es uno de los m isterios de la secta, uno
de los secretos más cuidadosam ente g u a rd ad os; pero
puede asegurarse que el trabajo m asónico en el m un­
do entero se d e-a riolla de acuerdo con un m ism o y
único plan, que sus m edios son siem pre y en todas
partes idénticos y que los íines perseguidos soji c o n s­
tantemente los m em os. Esto nos induce a creer que
existe un centro único que dirige todos los m ovim ien­
tos de la secta.
Más adelante abordarem os esta cu estión ; pero re­
cord em os aquí que la «Carta de Colonia», fechada en
24 de ju n io de 1535, habla de un director de la m aso­
nería : el Gran Maestre; o Patriarca que, aunque c o ­
nocid o por muy pocos herm anos, existe en realidad;
y Gougenot des M ousseaux indica que «esta selección
de la Orden, estos jefes efectivos que m uy pocos ini­
ciados conocen, funcionan en la provechosa y secreta
dependencia de ios kahbalistas israelitas» (·'»', y que

(1) BIDEGAIN, «La lucha antimasónica», pág. 66.


(2) DESCHAMPS, obra citada.
(3) «Revista Internacional de Sociedades Secretas», nú­
mero 32 (1927), pág. 529.
(4) GOUGENOT DES MOUSSEAUX, «El judío, el judais­
mo y la judaización de los pueblos cristianos», págs. 338-339.

Z7
los verdaderos jefes de la m asonería son «los am igos,
los auxiliares, los vasallos del ju d io a quien acatan
com o soberano señor» (1).
De la m ism a opinión participan Eckert, Drumont,
Deschampa, M gr. Jouin, Lam belin y otros co n o ce d o ­
res de las cuestiones m asónicas y judías.
Dotada de una organización tan secreta, la m aso­
nería se vo obligada a reclutar sus m iem bros con m u­
cha prudencia, y por ello se ha establecido la «in ves­
tigación m asónica» de que habla el herm ano Eissen
a la asam blea general del Gran Oriente de Francia
celebrada en 19! «La investigación m asónica— dice
Eissen—no es una investigación ordin aria; no se tra­
ta solam ente de saber si el candidato es un hom bre
h o n ra d o ; es preciso con ocer su grado de desinterés,
así com o la naturaleza y sinceridad de las c o n v ic c io ­
nes filosóficas y políticas del que pretende entrar en
nuestra Orden» t2). La honradez y la m oralidad del
aspirante tienen, por lo tanto, una im portancia se­
cu n daria; io interesante son sus aptitudes para se­
guir el ideal m asónico. -Si se le juzga digno de ser
adm itido, ju ra el neófito, com o antes hem os d icv,o.
que guardará el secreto más absoluto sobre todo lo
que oiga y vea en su lo g ia : y no es m enos importante
el juram ento que presta de obedecer ciegam ente, «pe-
rinde ac cadaver». todas las órdenes de las autorida­
des m asónicas.

IV.—EL JURAMENTO MASONICO

En el texto del juram ento del «Caballero Kadosh»


(grado 30), citado por el I í .·. Ragrm (3), se d ic e :

(1) ibid. p. xxxn.


(2) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de
Francia, 1913, pág. 71.
(3) RAGON, «Ortodoxia masónica».

38
«¿Ju ráis y prom etéis hacer, decir y escribir en todo
tiempo, en todo lugar y en toda hora lo que os sea
prescrito por las órdenes de una potestad legítima,
a la cual juráis obediencia aunque os sea desconocida
y pueda seguir siéndolo todavía m ucho tie m p o ?» : y
en el (juramento del «Caballero de A sia» (1 ): «Juro
obediencia sin restricciones al jefe de este Consejo
o a quien le represente. Juro no recon ocer n-orlai
alguno superior a é l...» De esta m anera queda el nu e­
vo herm ano despojado do toda iniciativa personal, y
garantida la Orde-n contra toda indiscreción por su
parte en lo que se refiere al trabajo m asónico, des­
pués de lo cual «el iniciado queda relevado de todos
los juram entos prestados con anterioridad a la Pa­
tria y a las leyes» (2). A quí com ienza el adiestram ien­
to del nuevo masón, que si es capaz de adaptarse a
los fines y a los m edios de la secta, escalará rápida­
mente los grados de la jerarquía m asónica. En caso
contrario quedará relegado a los grados inferiores,
persuadido de que no existen otros superiores.
* * *

Pero hasta en la m asonería son posibles las «trai­


cion es». M ason¿s ha habido que. ocupando cargo«
•elevados, han com prendido al fin lo que es la m aso­
nería y cuáles son sus verdaderos fln^s, y entonces,
d ecepcionados y arrepentidos, no sólo han abando­
nado la secta, sino que han divulgado por todas par­
tes su obra nefasta.
¿Cuál es en estos casos la conducta de la m asone­
ría? Nos da la respuesta el ya citado «P recioso resu-

(1) «La Franc-Masonería desenmascarada», número 3 (ma­


yo 1884), pág. 90. Organo de la Asociación Antimasónica Fran­
cesa.
(2) DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la «So-
-ciedad».

39
men de la M asonería A dhoniram ila» (i), donde lee­
mos que «la m asonería los castiga. Es cierto que n o
los reduce a p risió n ; pero los difam a y los olvida».
A unque no es sólo con la difam ación y el olvido com o
se castiga a los herm anos traidores, J. B idegain (2)
nos relata el hecho siguiente, confirm ado por Des-
cham ps y otros autores y por docum entos auténticos
conservados en los archivos judiciales del Estado de
V irgin ia (A m é rica ):
Un periodista, W illiam M organ, y su am igo el p in­
tor David Mill.er publicaron los secretos de las logias.
M iller fuó víctim a de un atentado, y M organ fuó se­
cuestrado y arrojado al Niágara (1826). El crim en fuó
descubierto por ia Policía, y un año después, en 1827,
los m asones Latón Lawson, Nicolás G. Chusbro y el
coron el Edward Saw yer fueron condenados por el
asesinato de M organ. Existe en Datavia una estatua
que lleva al pie la siguiente inscripción : «A la m e­
m oria de W illian M organ, ciudadano de Virginia En
1828 fué secuestrado por los franc-m asones en las p ro ­
xim idades de este lugar y asesinado después por ha­
ber revelado los secretos de su Orden».
El tantas veces citado Juan Bidegain, antiguo secre­
tario del Gran Oriente de Francia y principal insti­
g a d o r en el célebre asunto de las fichas, fué m uchas
veces víctim a de agresiones después de haberse se­
parado de la orden en 1904. Estos atentados no cesa­
ron hasta que Bidegain hizo saber al Gran Oriente
que si él m oría de m uerte sospechosa serían divul­
gados ciertos docum entos com prom etedores para la
m asonería.
A sí es com o castiga la m asonería a sus antiguos

(1) Página 20. Citado por J. BIDEGAIN en «La lucha


antimasónica», pág. 33.
(2) J. BIDEGAIN, «Magistratura y justicia masónicas»,
página 204.

40
adeptos. Afirm a E idegain que existe en -el Gran Orien­
te un T ribunal de Casación (i), y en la circular del
tiran Oriente de Francia fechada en 4 de noviem bre
de 1904, Armada por el H. ·. Laferre, Presidente del
C onsejo de la Orden, se lee lo sig u ie n te : «E sperando
el justo castigo de su crim en, el C onsejo de la Orden
som ete el caso Bidegain a 4a justicia m asónica» (2).

(1) J. BIDEGAIN, cMagistratura y Justicia masónicas»,


página 60.
(2) Ibld., pág. 35.

41
CAPITULO DI

La Franc-Masonería es la Contra-Iglesia

I.—LOS’ FINES APARENTES

El p úblico que sólo conoce de oídas a la m asonería


n o ve en ella muchas veces más que una especie de
sociedad filantrópica, y la m ism a m asonería tiene em ­
peño en m anifestarse con el carácter de asociación de
beneficencia. P or eso el S uprem o «Capítulo Escocés,
en su sesión d?l 20 de d iciem bre de 1912, votó una
m oción por la que se negaba a pagar los im puestos
a que toda sociedad está sujeta, pretextando su ca­
rácter de sociedad benéfica (1). P ero en la A sam blea
general del Gran Oriento de Francia, celebrada en

(1) «Revista Internacional de Sociedades Secretas», nú­


mero 2 (1913), pág. 375.

43
1913, el II. ·. Charlet, ponente de la C om isión de
control de la ^ aja central de solidaridad, nos explica
la naturaleza de esa beneficencia m asón ica: «Es evi­
dente— dice — que la Caja central de solidaridad ha
sido creada para acudir en socorro de 'los m asones ve­
teranos, pero no se ha instituido para los que ya esta­
ban necesitados antes d-e entrar en la orden, porque
éstos ni son ni pueden ser de utilidad ninguna para
la m asonería. No debem os adm itir entre nosotros a
los que carecen de los m edios necesarios para sub­
venir a sus necesidades, no sólo porque constituyen
un carga para nosotros, sino también porque tienen
el deber de reservar en su presupuesto los fondos n e­
cesarios para su iniciación y para el pago de sus c u i ­
tas» (1). Entonces cabe p regu ntar: ¿para qué ha sid>>
creada esa caja de solidaridad? Los masones, según
esto, deben ser todos personas adineradas, y m uy co n ­
siderables deben ser sus cotizaciones cuando tan la
im portancia pueden tener en el presupuesto fam iliar
de los herm anos.
Es verdad que, además de esta caja de solidaridad,
la m asonería francesa tiene instituciones de benefi­
cencia, comcs por ejem plo, un asilo para los huérfa­
nos de masones, pero este asilo estd subvencionado...
¡p o r la villa de París! En el presupuesto m unicipal
de 1913 (2) se con sign ó para 25 asilos y hospicios una
su bvención de 38.000 francos, de los que 10.000, es
decir, el 26,3 por 100, se destinaron al asilo m asónico
d e ía rué de Crimée, núm ero 19. Y no es esto to d o ;
esta m ism a institución de beneficencia m asónica co ­
bra 6.000 francos del presupuesto del departam ento
d el Sena y recibe cierto porcentaje en las apuestas

(1) Citado por CH. NICOLLAUD en «Las ideas masóni­


cas de 1913», pág. 10.
(2) «Boletín Oñcial de la Villa de París» de 3 de enero*
de 1913. (Capítulo 20, apartado séptimo del presupuesto.)
m utuas de las carreras de caballos. Resulta, por c o n ­
siguiente, que la beneficencia m asónica de París, d on ­
de las logias son tan num erosas, se limita a educar
82. niños a expensas del contribuyente, y que la caja
de solidaridad no se ha creado en ben eficio de los que
fueran necesitados antes de entrar en la secta.
- Jamás se ha oíd o hablar de otras instituciones de
beneficencia m asónica, pero también es cierto que
en ninguna parte aparece inscrita la m asonería co m o
sociedad benéfica. El «Boletín Oficial» de la villa de
París de 3 de enero do 1913 contiene la nota siguien­
te : «3 de enero de 1913.— Graai Oriente de Francia,
sociedad que tiene com o fin e s : investigación de la
verdad, estudio de la moral, socorros mutuos, traba­
jo s para la m ejora de la situación material y m oral,
así com o del nivel intelectual y social de la hum ani­
dad. D om icilio so c r a l: ruc Cadel, 19. París.»
Más adelante verem os que esta definición dista
m ucho de estar de acuerdo con 'la v e r d a d ; es, por el
contrario, falsa en todas sus palabras, y si algun os
extrem os de las antiguas constituciones m asónicas se
aproxim an vagam ente a semejante definición, actual­
m ente no queda de ellos el me<nor rastro.
* * *
Estudiando los actos de la m asonería universal, se.
ve claram ente que su «investigación de la verdad»
está basada en el p rin cipio establecido por una de las
colum nas de la secta, el filósofo H. ·. Diderot, que
escribía en su «Sistem a social» (1 ): «La m entira es
esencialm ente tan p oco condenable en sí m ism a y por
su naturaleza, que sería una virtud si pudiera ser
útil.» T oda la «m oral» m asónica es un conjunto de
extravagancias y eslá expuesta en pocas palabras por

(1) DIDEROT, «Sistema social», parte primera, cap. II.

45
el H. *. Rey nal cuando escribe ( i ) : «Ser virtuoso es
ser útil, ser vicioso es ser perjudicial. Esta es la ver­
dadera m oral.» A quí lo útil y lo perjudicial se co n si­
deran desde el punto de vista m asónico, que no tiene
ciertam ente nada de com ún con el de la m oral c ris­
tiana.
En la A sam blea general del año 1912, el H. ·.
L’ Hermite (2) decía con razón que la falsedad es un
«elem ento m oral» indispensable, sin el cual «la vida
social se hace im p osib le»; la vida social m asónica,
naturalmente. El II.·. -Sicard de Plauzoles va toda­
vía más lejos, proclam ando que «nuestros actos están
determ inados por dos necesidades prim itivas funda­
mentales : el hambre y el apetito sexual» (3), m ien­
tras que uno de los oradores de la Asam blea general
de 1895 declara en un arranque de sinceridad que «la
Franc-M asonería ha llegado a ser fuerte apelando, so­
bre todo, a los malos sentim ientos» (4).
El m ism o socorro mutuo, qu e tan alto proclam a
la Orden, es m uy relativo. «Cierto que el Franc-M a-
són tiene en todo m om ento el deber de ayudar, ilus­
trar y proteger a su Hermano, aun a riesgo de su
vida» (5), pero desde el mom&nto en que un herm ano
deja de ser útil a la Orden, cesa por com pleto esta
protección. Bien lo experim entó el duque de Orleáns.
Gran Maestre de la Franc-M asonería. En el m om ento
en que se le consideró inútil fué detenido por uno de

(1) «Historia filosófica y política», tomo VII.


(2) «Acacia», septiembre 1912, pág. 589.
(3) Asamblea general del G.\ O.·, de Francia, 1913, pá­
gina 383.
(4) Idem id. id. 1895, pág. 94.
(5) Constitución del G.*. O.·, de Francia. Citada por
J. BIDEGAIN en «Magistratura y justicia masónicas», pá­
gina 155.

46
sus herm anos, M erlin (abril de 1793), y pereció en o i
cadalso (1).
P or do que se refiere a la «elevación del nivel in-
telectuail y social de la hum anidad», dem ostrarem os
con datos irrefutables que en él trabaja la m asonería
destruyendo toda religión, todo orden social basado
en los prin cipios cristianos, y que para llegar a este
ftn tan codiciad o encuentra buenos todos los m edios,
hasta los más infames, y lodos los procedim ientos,
incluso los más crim inales, le parecen excusables (2).
Gomo hem os indicado .en el capítulo precedente, al
hablar de la leyenda de Hiram, el principal enem igo
de la m asonería ts el poder espiritual y con él, la re­
ligión en general. La frase de V o lta ir e : «A plastem os
al infam e» (3), es decir, a la iglesia, es una de las c o n ­
signas de la ma>vnería, pero en su conjunto no llegó
ésta a sus con cepcion es anticristianas sino p oco a
poco, y aun hoy m ism o su carácter antirreligioso n o
es con ocid o sino p.or los m asones de cierto grado.
En el siglo XVIII «la Orden no adm ite m ás que
cristianos. No puede ni debe ser recibido com o m asón
quien no pertenezca a la Iglesia cristiana. P or eso
los judíos, los irahom etanos y los paganos quedan

(1) WALLON, «Historia del Tribunal Revolucionario», to­


mo I, pág. 9.
(2) La máxima número 28 de las redactadas en primero
de septiembre de 1823 por el Grande Oriente Español dice asi:
«El principal trabajo de todas las logias y de todos los her­
manos que gobiernen será prohibir desde luego o hacer cesar
todos los periódicos realistas... y a este fin no se omitirá re­
sorte que pueda ser útil para conseguirlo, ya sea la calumnia,
ya el dinero, ya el veneno o el asesinato».—N. del T.
(3) Como dice el H.\ Mosh, Venerable de la logia «La-
lande», Voltaire era miembro de la logia «Las Nueve Herma­
nas» (Véase «La Franc-Masonería desenmascarada», número
2, 1913, pág. 21), en la que fué admitido en 1726. (Véase DES-
CHAMPS, obra citada.)

47
•excluidos com o ínfleles» (i). Pero al m ism o tiem po
se habla de cierto? herm anos «que son más o m enos
indiferentes a toda religión,, (2). De esta indiferencia
al ateísm o no hay más que un paso. T oda religión es
bu ena y <da r e lig a n de la Pranc-M asonería no enseña
la creencia en Jesucristo», se dice en las constitu cio­
nes m asónicas d.i A nderson (3).
En su prim itiva redacción ;4), el artículo prim ero
del estatuto m asónico estaba con cebid o en los siguien­
tes térm in os: «La Pranc-M asonería tiene por prin­
cip ió la existencia de Dios, la inm ortalidad del alma
y la solidaridad humana. Estima la libertad de co n ­
cien cia com o un derecho propio de cada hom bre y
<no excluye a nadie por sus creencias» (5); todas las
decisiones se toman invocando al «Gran Arquitecto
del U niverso». Pero en 1877 el nom bre del Gran A r­
quitecto del Universo fué suprim ido por acuerdo del
Gran Oriente de Francia (14 de septiem bre), y en
1884 se m odifica com o sigue el artículo prim ero del
estatuto: «La Franc-M asonería, considerando las co n ­
cepcion es m etafísicas com o del dom inio exclusivo de
la apreciación individual, renuncia a toda afirm ación
d ogm áticas» (6).
De este m odo las cuestiones religiosas fueron poco
a p oco relegadas a un segundo térm ino, aunque en
realidad eso fuó solam ente para el público, es decir,
para dos m asones de grados inferiores. A sí lo corn­

i l ) «Apología de la Orden de los Franc-Masones», por


M. N., miembro de la Orden. 1792, pág. 14-15.
(2) Ibid, pág. 16.
(3) Según el H.\ GODHES, citado por MACKEY en
€Manual de la Logia», pág. 95.
(4) Hasta 1884.
(5) JOUIN, «El cuarto centenario de Lutero y el bi-
centenario de la Franc-Masonería», pág. 29.
(6) J. LEMAITRE, obra citada, pág. 58.

18
prendieron inmediatamente los Papas, y la m asone­
ría fué muchas vec.es; condenada y excom ulgada p or
los Soberanos Pontíilces.

II.—EL VERDADERO FIN DE LA MASONERIA: LA


IRRELIGION

Y a el 28 de octubre de 1765 el historiador y p u bli­


cista W alpole escribía a su am igo C o n w a y : «Los filó­
sofos (es decir, los franc-m asones Voltaire, Rousseau,
Diderot y otros) trabajan en la destrucción de la re­
ligión .» Es verdad que este trabajo se llevaba a cabo
con una extrem ada prudenc ia porque en aquel enton­
ces 'la Orden contaba entre sus m iem bros con un
gran núm ero de eclesiásticos; incluso había algunas
logias fundadas por éstos, com.o la logia ^(Triple uni­
dad» de Fócanip (1). No obstante, el Iralmjo anticris­
tiano proseguía sin descanso, y el herm ano Karl von
Gagern pudo escribir en un periódico m asónico de
L eip zig : «Estoy firm emente convencido de que llega­
rá, y debe llegar, un tiempo en que el ateísmo será la
opinión de la hum anidad» (2), y el pastor Zille, re­
d actor de ese m ism o periódico y director de un c o le ­
ga de Leipzig, escribía : «S ólo los im béciles, los ig n o­
rantes y los pobres de espíritu hablan de Dios y sue-
fian con la inm ortalidad» (3).
Pero, en su odio tenaz hacia el cristianism o, la
m asonería no se limita a expon er declaraciones y a
m anifestar deseos platónicos, sino que alienta a sus
adeptos a una lucha franca e im placable contra toda
religión. El 19 de agosto de 1880 se organizó una
«U nión dem ocrática de propaganda antieflerioal», c u ­

tí) Véase «Journal d ’Amiens», 21 de octubre de 1865.


(2) «Frelmaurer Zeitung», 15 de diciembre de 1866.
(3) Idem id. Id. id.

48
vos tres fundadores principales eran m asones (i), y
en la m ism a época el herm ano Lanessan decía en un
banquete de la logia «Clém ente A m it ié » : «S í; debe­
m os aplastar al infame, pero el infam e no es el cleri­
calism o, el infam e es Dios» (2).
En 1912 decía el H. ·. L e b e y : «V osotros sentís la
necesidad de acabar de una vez para siem pre con la
Iglesia, con todas las Iglesias. Estamos obligados a
con segu ir lo que m uchas revoluciones no han logra­
do por haber sido dem asiado indulgentes. Mientra?
n o lo hayam os conseguido, ni podrem os trabajar efi­
cazm ente ni edificar nada sólido» (3), y un año des­
pués el H. ·. Sicard d e Plauzoles se expresaba a sí:
«Hay una paz que nosotros no podem os firmar, un
desarm e que n o podem os co n se n tir; hay una guerra
que debem os proseguir sin descanso hasta la victoria
o hasta la m uerte : la guerra contra los eternos enem i­
gos de la M asonería y de la R epública, los enem igos
del libre examen, de la razón, de la ciencia, de la ju s­
ticia humana, la guerra contra todos los dogm as, to­
das las Iglesias y todas las ortodoxias» {4).
En la m em oria de la Asam blea general de 1922
puede leerse (5 ): «Destruyam os ese signo de horror
V de espanto, es?, foco de m alignidad universal y r e ­
anudem os el du^o com bate de siem pre al grito reno­
vado de Volt-aire- «¡A pla stem os al in fa m e !» ; y más
ad ela n te: «No dudem os en hacer la guerra a todas las
religiones, porque ellas son 'o> verdaderos enem igos
de la hum anidad» (0).

(1) VICTOR HUGO, GARIBALDI y LUIS BLANC.


(2) «El Mundo Masónico», abril 1680. pág. 502.
(3) Memoria de la Asamblea general del Gran Oriente
de Francia de 1912. pág. 270.
(4) Idem id. id. de 1913, pág. 393.
(5) Idem id. id. de 1922. oág. 102.
(6) Idem id. id. de 1922, pág. 198.


Pudrían citarse una infinidad de textos análogos,
porque esos gritos de odio ciego llenan los discursos
de los herm ano* y las páginas de los p eriódicos ma­
sónicos, e involuntariamente- :'c siente la tentación de
com pararlos con las palabras de un rabino francés,
pronunciadas en Í8 8 0 : «Hace diez y och.o siglos que
nuestros sabios luchan denodadam ente contra la C ruz
con una perseverancia que nada puede abatir... Diez
y ocho siglos han pertenecido a nuestros enem igos,
pero el siglo acíual y los siglos venideros deben per­
tenecem os a nosotros, al pueblo de Israel... Es n ece­
sario, por lo tanto, infiltrar hasta donde sea posible
en las inteligencias de los que profesan la religión
cristiana las ideas de libre pensamiento, escepticism o
y cism a, y provocar las controversias religiosas» (1).
* * *
Desde hace m ucho tiempo, por no decir desde
siem pre, la m asonería ha proclam ado estas ideas de
libre pensam iento y de escepticism o y las discusiones
religiosas han sido, cuando no provocadas, sostenidas
por los íranc-m asones. El periódico m asónico «The
Ligth» anota lo sig u ie n te : «<Los que curiosean en los
orígenes históricos de la m asonería se asom brarán
de las relaciones de Lutero con los m ísticos de su
tiem po y particularm ente de que tuviera com o prin­
cipal colaborador a M elanchton, m iem bro de la fra­
ternidad de San Juan, «organización enlazada con la
corporación m asónica de Strasburgo» (2).
Si el m ism o Lutero era masón y si la R eform a se
debió exclusivam ente a los trabajos de la secla, son
cuestiones todavía sin d ilu cida r; pero, sea com o fue-

(1) «El Contemporáneo» de 1 de julio de 1886, citado por


Mgr. JOUTN en «El peligro judeo-masónico», t. I, pág. 19.
(2) «The Ligth» (Louisville) de 1 de marzo de 1917, pá­
gina 162.

51
re?, el seilo personal usado por Lulero tenía los em*
blemas roáacrucianos <l) y m uchos de sus am igos y
colaboradores pertenecían a las sociedades secretas.
Sostenían éstas con todas sus fuerzas la R eform a v no
podían sino regocijarse ante un g olpe tan certero
asestado contra la religión católica y ante un m ovi­
miento lan propicio a la provocación de controversias
.rcligiOí»as.
Se observa, por otra parte la activísim a participa­
ción de la m asonería en la revolución inglesa, revolu­
ción que íje inició bajo la bandera de la lucha entre
el catolicism o y el protestantism o y term inó con una
victoria tem poral de los protestantes acaudillados
por el m asón Crom well. Un libro titulado «.Los Franc-
M asones triturados», que se p ublicó en A m sterdam
en 1747, cuenta con toda clase de detalles có m o Crom ­
well organizó personalm ente una logia y con sig u ió
introducir eji ella a sus am igos e incluso a algunos de
sus adversarios 2).
Es digno de notar que en cuanto surge un acon ­
tecim iento que puede ser desfavorable a 4a religión
la m asonería aparece com plicada en él, si n o es que
ella misma lo ha provocado (3).

(1) ABBE BARBTER. «Las infiltraciones masónicas en la


Iglesia», 124.
(2) Véase cLa Franc-Masonería» número 2 (1884), pági­
nas 35-38. (A partir del tercer número, esta revista, órgano
de la Asociación Antimasónica de Francia, se tituló «La Franc-
Masonorfa Desenmascarada».)
(3) Entre las cincuenta máximas redactadas en 1 de abril
de 1824 por él Grande Oriente Español se encuentran las si­
guientes:
«36.—Siendo los conventos e iglesias de España las escuelas
y muros antimasónicos más terribles... se cambiará de táctica
en esta parte, atacándolos insensiblemente por medio de los
incendios; los cuales se harán recaer sobre aquellos de más
concurrencia y celebridad, para disminuir a los fanáticos el
incentivo de sus beaterías, que ya no será fácil reedificarles.

52
No vam os a estudiar aquí los acontecim ientos ac­
tuales, flue por desgracia nos tocan tan de cerca,
pero en ellos se descubre claram ente el trabajo anti­
cristiano de las sociedades secretas. Citaremos tan
sólo algunas de esas corrientes antirreligiosas y a>nti"
sociales, tales com o la Sociedad teosófica, presidida
por la II. ·. A nnie Besant, del grado 33 (i), sociedad
que con frecuencia cede sus locales (fiquaro Rapp,
núm ero 2, París) para la celebración de actos pura­
mente m a són icos; la Iglesia Liberal Católica (rué de
Sévres, 72. París), presidida por el '«Obispo» C. ‘W .
taadbealer (2), m asón también del grado 33; la m uy
conocida Y . M . C. A .; la secta «Ghristian S cience»,
etcétera. Todas estas sociedades profesando' una es­
pecie de super-cristianism o no hacen sino propagar
ideas absolutam ente opuestas a la verdadera religión,
abriendo así un vasto cam po a las luchas religiosas

»37.—Serán las primeras, por ejemplo, las de k » llamados


Jesuítas, antiguos e implacables enemigos de la masonería...
El íuego se ha de disponer según la gran receta y secreto
anunciados por cifras, hace poco tiempo, y que tanto efecto
produjo en la iglesia del Espíritu Santo, de Madrid, aunque
con la desgracia de no haber conseguido el principal objeto
a que se dirigía.
»38.—Estas infaustas ocurrencias se procurarán atribuir a
los facciosos y realistas descontentos, convirtiendo contra ellos
el odio de los pueblos, en. medio del desorden y disgusto que
aquéllas producirán. Pero tendrán buen cuidado nuestros her­
manos. sus autores, de ser los primeros que se presenten en
estos conflictos a cortar el fuego, lamentándose de tamañas
desgracias, y haciendo el papel del más fanático santurrón.»—
N. del T.
(1) «La Luz Masónica», septiembre-octubre 1912, pág. 472.
(2) C. W. LEADBEATER, al mismo tiempo que colabo­
rador de ANNIE BESANT, está a la cabeza de la Masonería
Mixta de Australia. Otro jefe, WEDGWOOD, también masón
del grado 33, es secretario de la Sociedad teosófica de Ingla­
terra y miembro del Gran Consejo del Rito Misralm. Véas.?
«Les Cahiers de l’Ordre» número 4 (1926), pág. 11, y número
4 (1927), pr.g. 307.

53
y dirigiendo sus golpes, directa o indirectam ente. co n ­
tra la Iglesia de Cristo. Es m uy corto el cam ino que
conduce desde ese super-crislianism o al m aterialis­
mo y al ateísm o. Se em pieza por un neocristianism o,
una especie de interconfesionalism o y se cae después
en el ateísm o, en el libre pensamiento y m uchas ve­
ces en el culto de Satán.
* * *
Conform e a la táctica habitual las ideas satánicas
y aun el ateísmo sólo se divulgan entre los m asones
de los grados superiores. Se dice prim ero que «la m a­
sonería «no es ni una iglesia ni una religión y debo
huir de nom brar a Cristo para ser verdaderam ente
tolerante» {1 ); pero se proclam a en seguida que «la
Franc-M asonería es más grande que ninguna Iglcski
porque abarca todas las religiones en una religión
única y hom ogénea» (2). y llega a la deificación del
individuo. cual permito decir al autor anónim o
de un artículo titulado «La fuerza y la debilidad de la
M asonería» (3) que «esta secta intolerante y vengativa
quiere un m undo franc-m asón sin olro Dios que el
dios-naturaleza, que tiene en el hom bre su más alta
expresión, y por encim a de esto. nada».
El T i.·. Clavel en su «Historia pintoresca de la
Franc-M asonería» (\) dice que «el Caballero del Sol
(grado 28) tiene la misión de establecer la religión
natural sobre las ruinas de todas las religiones reve­
ladas». Aquí es donde com ienzan las blasfem ias in­
nobles, los gritos de odio satánico contra la Iglesia,

(D «Escuadra y Compás?) (Nueva OrleánsK junio 1917.


(2) H.\ ALBERT FINSLAW REYSON, «La Franc-Maso­
nería y la Iglesia», en «American Tyler», Keystone, julio 1917.
(3) «La Franc-Masonería», número 2 (abril 1884), pág. 45.
(4) H.\ CLAVEL, «Historia pintoresca de la Franc-Ma­
sonería», pág. 116.

54
la religión y el m ism o Dios, para terminar por el
culto de Satán, herencia directa de la m agia.
Lejos de mi ánim o la afirm ación de que el sata­
nism o se practica por todos los masones, sea cualquie­
ra su grado de iniciación, constituyendo una especie
de religión oficial de la secta. Este culto a L ucifer
está sin em bargo m uy extendido entre los adeptos
d e las sociedades secretas y aparece com o un co ro ­
namiento lógico de su program a anticristiano. Evi­
dentemente este culto está en la francm asonería tan
escondido com o !o estuvo entre sus antepasados los
Tem plarios, p e r j algunos m asones abordan, a pesar
de todo, esta tenebrosa cuestión. El H. ·. Lhérmitte,
m iem bro de la logia «A lsacia Lorena», en su estudio
sobre la «m oral m asónica» decía ( i ) : «He intentado
destruir o al m enos perturbar vuestras conviccion es
m orales. Esta es la m isión satánica, y los cristianos
no están tan equivocados cuando acusan a los filó so ­
fos, y a nosotros sobre todo, de ser d em on íacos»...
Otro conspicu.) masón, el H. ·. Oswald W irth, en
su conferen cia filosófica sobre «La iniciación en el
Espiritism o», encuentra m uy adm isible (2) la existen­
cia de un cierto vinculo entre la M asonería y Lucifer,
jefe de los ándeles rebeldes. Según W irth, L ucifer
se rebeló y arrash ó con sigo a m ultitud de ándeles a
causa de las injusticias flagrantes de la adm inistra­
ción divina». El ángel de la Luz representa el espí­
ritu de rebeldía y en este sentido acepta la m asonería
el calificativo de «íuciferima».

(1) «Informe presentado en la Asamblea general de 1912,


«Acacia», septiembre 1912, pág. 597. Citado por la «Revista
Internacional de Sociedades Secretas», número 2 (1913), p. 433.
(2) El día 28 de marzo de 1912. Esta conferencia aparece
citada en «La Alianza Espiritista» de marzo de 1913. Véase la
«Revista Internacional de Sociedades Secretas» núm. 6 (1912),
página 354.
Ha habido un caso en quu la m asonería ha decla­
rado abiertamente su culto a S atán; sucedió en R om a
el día do Pentecí &tés de 1889 cuando recorrió las ca­
lles de la ciudad una m anifestación m asónica que lle­
vaba un cartel .'011 la inscripción : «V iva Satán nues­
tro R ey» (i).
Creo suficientes los textos citados para m ostrar
a grandes rasgos la .obra anticristiana de la m asone­
ría, y podem os resum ir este capítulo con la frase de
un o de los m iem bros del Congreso m asónico de Bel-
fort, en 1911: »No olvidem os que som os ia Contra-
Iglesia» (2). P or m edio de su obra destructora de toda
religión es c o it o p ie p a /a esta Contra-Iglesia el terre­
n o f ara alcanzar su segundo objetivo y para llegar &
ser también el €..mtra-Estado.

(1) «R. I. S. S.» núm. 2 (1913). pág. 273.


(2) A. MICHEL, «La Dictadura de la Franc-Masonerífi
en Francia», pág. 70.
CAPITULO IV

La Franc-Masonería es el Contra-Estado

liem os visto en el capítulo precedente que uno de>


los fines principules de la franc-m asonería es la lu­
cha contra el cristianism o. Pero al m ism o tiem po es­
ta lucha encarnizada aparece co m o uno de io s m e­
d ios m ás eficaces para consegu ir el secun do fin, la
destrucción de* tetad o basado sobre los principios de
la i i.oral cristiana. Estudiando seriam ente y con im ­
parcialidad la historia de las revoluciones sociales
se advierte fácilm ente ol nefasto papel que desem peña
en ellas la masonería. Es cierto que m uchos historia­
dores no han tenido en cuenta en sus estudios, por
otra parte m uy m inuciosos, este factor esencial, y
esa es la causa de que hayan quedado inexplic-adas
ciertas fases de las revoluciones (1). Esta manera de

(1) Consúltese la interesantísima reproducción fotomecá­


nica de «Españoles: Unión y Alerta. Extracto de un papel co-

ST
presentar los hechos se acom oda perfectam ente a la
láctica m asónica.
El silencio absoluto acerca del papel revoluciona­
rio de la fran c-m asoaena se com p rend e perfectam en­
te en dos historiadores que pertenecen a las lo g ia s;
pero desgraciadam ente otros historiadores no m a­
sones, Taine por ejem plo, demuestran cierto m iedo
a pronunciar el nom bre de la secta m aldita cu yo tra­
bajo, solapado y encubierto, es la única explicación
de algunos fenóm enos sociales.
No es posible reproducir en este corto ensayo, ni
aun en sus líneas generales, la historia de las revo­
luciones, tema infinitamente com p lejo. Trataré úni­
cam ente de dem ostrar en pocas palabras que las re­
voluciones sociales, causa de tantas ruinas bajo las
cuales han perecido, y todavía perecen, m uchas vidas
humanas, no son sino las consecuencias directas de
la aplicaci6n de las teorías m asónicas.

I.— ORIGEN DE LAS IDEAS REVOLUCIONARIAS

Los prim eros propagandistas de las ideas llam a­


das liberales fueron los enciclopedistas, es decir, lo s
filósofos, m asones que tenían la m isión de inocular el
veneno m asónico en los cerebros de sus contem p o­
ráneos y que para obtener m ejores resultados ro­
deaban estas ideas de im á ^ n e s atrayentes y de una
herm osa fraseología, tan atractiva com o engañosa.
Se presentaban estas ideas com o un platonism o que
no im plicaba ninguna acción política directa, pero

gido a los masones cuyo título es como sigue: Máximas e ins­


trucciones políticas que el Grande Oriente Español ha man­
dado poner en ejecución a tedas las logias de la Masonería
Egipciana. Impreso en Córdoba, en la Imprenta Real, año
1824». Esta reproducción ha sido recientemente editada por
«Acción Española», Femando VI, 4, Madrid.—N. del T.

58
■con ellas se tendía a un fin p reconcebido, puesto
que establecían una corriente d e errores, de relaja­
c ión de los sentim ientos religiosos, de discordia y de
desorden, creando un am biente propicio a toda obra
de destrucción.
«Sea proscrito de las asambleas de los franc-m aso-
nes cualquier asunto que se refiera a los n egocios del
Estado», escribía en 1746 un m iem bro de la Orden,
qu e añade d e sp u é s: «Sí, lo repito, nosotros desterra­
mos de nuestras logias todos los discursos políti­
cos... y el juram ento por el que los m asones están
sujetos a sus Príncipes es para ellos tan sagrado que
rom perlo constituiría un enorm e crim en» (i).
En sus estatutos llega la m asonería a p roh ibir «fo r­
m almente a sus asambleas toda d iscu sión en m ate­
ria religiosa o política» (2).
Y a hem os visto de qué manera respeta la secta
esta «prohibición form al» en lo que con ciern e a las
cuestiones religiosa^. Vam os a com p robar que lo
m ism o sucede con las cuestiones políticas.
El Gran Oriente de B élgica acordó el 21 de octu­
bre de 185'i abohr el artículo 135 de su antiguo esta­
tuto, que estaba con cebid o en los siguientes té rm in o s :
«Las logias no podrán ocuparse en ningún caso de
cuestiones políticas o religiosas» (3). La Gran L ogia
de Francia no d erogó el artículo concerniente a e s­
tas cúestioncs hasta el 12 de abril de 1884, votándose
entonces por unanim idad k\ siguiente m oción p ro­

el) «La Franc-Masonería en la República, o reflexiones


apologéticas sobre las persecuciones de los franc-masones», por
un miembro de la Orden. Francfort, 1746, pág. 17.
(2) Articulo segundo de la Constitución del Gran Orierte
de Francia, citado por la «República Masónica», octubre 1833,
y «La Franc-Masonería». núm. 1 (1884), pág. 27.
(3) «La Gaceta de Lieja». Véase «R. I. S. S.», núm. 2
(1913>, pág. 363.

59
puesta por el presidente de Ja Cómisbóm. II. ·. M esu­
re u r : «... suprim ir com o inútil el párrafo de la con s­
titución por el cual se prohíbe en la Gvua L ogia toda,
discusión política» (i).
Por lo que se refiere al Oran orien te de Francia
■leemos en el «Boletín» de septiem bre de 1886: «Si en
aLgún m om ento fuá necesario declarar, más por puro
form ulism o, que com o regla obligatoria, que la ma­
sonería no se ocupa ni de religión ni de política,
fué debido a que bajo la amenaza de las leyes y de la
política nos vim os obligados a disimula:· lo que con s­
tituía nuestra única m isión» (2).
C om o siem pre, los estatutos m asónicos oficiales
no sirven simo para encu brir m ejor los verdaderos
fines de la secta, y la verdad no reside sino en aque­
llas de sus declaraciones q u 0 se dirigen exclu siva­
mente a los iniciados.
En el Ritual m asónico se dice lo sigu ien te: «Nues­
tros esfuerzos deben tender constantem ente a liber­
tar el pcnsam ienio hum ano» (3), y ya Voltaire y R ou s­
seau siguieron estos preceptos. Su filosofía, basada
en la negación de la religión y del orden <vn el Esta­
do, m oldeó la generación que desencadenó la revo­
lución ile 1780 y preparó los cuadros que, habiendo
com pletado su educación en las logias, ya m uy n u ­
m erosas, acabaron por destruir la antigua Francia.
El historiador lle.nri iMartín declara sin rodeos que
<das logias fueron hasta 1789 el instrum ento general
de la filosofía y el laboratorio de la rrvolución» (4):

(1) «Boletín Oficial de la G.\ L.\ de· FT&neia», vol. VII


(1884), pág. 30. Véase «R. I. S. S.» núra. 2 (1913), pág 301.
(2) Idem id. de la id., septiembre 1886, pág. 545. Véase
«R. I. S. S.» núm. 2 (1913). pág. 301.
(3) Citado por H. du PASSAGE en secreto de las
logias», pág. 5.
(4) HENRI MARTIN, «Historia de Franeis».

60
y el m asón Gastón Martín, en su ensayo histórico so­
bre los orígenes de Ut revolución, manifiesta que «la
m asonería 110 sólo había predicado las doctrinas de la
revolución, sino que preparó también a sus jefes» (i).
Cada m asón aportó su correspondiente sillar al ed i­
ficio com ún, cuyos arquitectos geniales habían sido
los filósofos» (2).
No dejarem os de citar aquí el testim onio de Luis
Blanc, uno de los prom otores de la revolución de 1848,
que por estar· afiliado a la m asonería conocía per­
fectamente la im portancia de su trabajo.
«Es interesan le — dice Luis B lanc— «in troducir al
lector en la mina que bajo los tronos y los altares
excavaban entonces los revolu cionarios... Una aso ­
ciación com puesta de hom bres de todos los países,
de todas las religiones y de todas las clases sociales
ligados entre .sí por conviccion es sim bólicas... en esto
consiste la franc-m asonería... extendida por toda Eu­
ropa... agitaba sordam ente la Francia y presen­
taba la imagen de una sociedad fundada sobre
principios contrarios a los de la sociedad civil... A
las escuelas subterráneas donde se cursaban sem e­
jantes enseñanzas aludía C ondorcet prom etiendo re­
velar los golpes que la idolatría m onárquica y la
superstición habían recibido de las sociedades se­
cretas, hijas de la Orden de los T em plarios» (3).
Queda dem ostrado que la masonería, por m edio
de sus órganos de Prensa oficiales y por sus represen­
tantes más '.alineados, declara que su trabajo único,
su sola razón de ser son ila destrucción de la religión
y del Estad·) cristiano, y basta seguir la obra de la

(1) GASTON MARTIN, «La Franc-Masonería francesa y


la preparación de la revolución», pág. 150. Véase «Les Cahiers
de l’Ordre» núm. 1 (1926), pág. 7.
(2) Ibid. pág 96.
(3) LOUIS BLANC, «Revolución francesa», vol. II. pág. 74.

61
secta para encontrar en ella. las pruebas irrefuta­
bles (1).
Es im posible detallar en este breve resum en toda
la acción revolucionaria de la fran c-m asonería: me
limitaré a citar algunos hecho? y textos característi­
cos. El odio de las sociedades secretas contra la m o­
narquía es tan profundo y tan feroz com o el que le>
inspira Ja religión. El H. \ W illaum e reproduce, por
ejem plo, un discurso pronunciado con ocasión de una
recepción en logia, en el cual se d i c e : «La primera
«le vuestras obligaciones será irritar al pueblo co n ­
tra los reyes y contra los sacerdotes... para llegar
al cum plim iento final de nuestra m isión sagrada, qur
es el aniquilam iento de toda m onarquía» (2).
La preparación de la revolución de 1789 no fu<* otra
cosa que este trabajo constante y solapado que co n ­
sistía por una parte en sublevar al pueblo contra la*
clases dirigentes, y por otra en envenenar a esta? ú l­
timas con las teorías de los enciclopedistas, tan a la
moda en aquella época.
Según el masón Malapert, «en *»1 siglo XVIII la
m asonería estaba ya tan extendida por el m undo que
puede afirm arse que desde entonces nada se hace
sin su consentim iento», y el anlUruo m asón Pierre

(1) La primera de las máximas redactadas por el Grande


Oriente Español en 1.» de septiembre de 1823 dice lo siguien­
te: «Las bases primordiales de todas las Logias serán sostener
y aumentar la fuerza moral de la revolución, y preparar la
física por todos los medios imaginables. Para esto se suminis­
trarán abundantes socorros pecuniarios a todos los periodistas
extranjeros, a fin de que esparzan las doctrinas y opiniones
liberales, ínterin se dirigen nuestros conatos al sacudimiento
general que se pretende».—N. del T.
(2) «Discurso de recepción en el grado de Soberano
Sublime Escocés», VILLAUME, «Manuel masónico», citado
por P. DESCHAMPS en «Las sociedades secretas y la So­
ciedad».

62
P ourrier Ghappuy en «La ConfeskVn de un pecador),
d ice lo siguiente
«Era -en la primavera, de 1780 cuamdo em pezaban
a ferm entar en ledos lo? cerebros las icteas de liber­
tad, de ias que ye era tanto más entusiasta, cuanto
m ás veía en ellas las teorías que había aprendido en
la franc-m asonería >> (1).
El secretario del Gran Oriente de Francia, H. ·..
Bazot, decía en uno de sus d is c u r s o s : «No hay lucha
ni puede haberla entre la franc-m asonería y los hom ­
bres ilustres de la filosofía (Helvetius, Voltaire, R ou s­
seau., C ondoreet;, in e s to que el íln que unos y otros
persiguen es el m ism o» (2).
(J. js asuntos de la revoluci-ón van cada vez m ejor
en Francia», escribía en 1791 el H. ·. Mavillón al
H. ·. Cuhn (3): «Espero que en poco tiem po prenderá
esta llam a por todas partes y el incendio será g en e­
ral. Entonces podrá nuestra Orden hacer grandes
cosas». Claro está que una declaración sem ejante no
podía confiarse sino a un m iem bro de la Orden.
Afirma el h n trriad or masón Gastón Martín que
la franc-m asonería francesa m antuvo oficialm ente su
neutralidad en la lucha, siguiendo con simpatía a los
herm anos que se m ezclaron en ella» (-i); pero ©1 m is­
m o autor nos expilica la naturaleza de e^ta neutrali­
dad : .(Se suscitaron motines cada vez que se crey ó
necesario presionar a la autoridad» (5). Probablem en-

(1) P. FOURREER CHAPUY, vicario de Faviéres, «La


confesión de un pecador», cap. n , pág. 25. Véase «R. I. S. S.»
número 28 (1926), pág. 462.
(2) Citado por DESCHAMPS en «Las sociedades secretas
y la Sociedad».
(3) Citado por Barruel en «Memorias para la historia
del Jacobinismo».
(4) GASTON MARTIN, «La Franc-Masonería francesa y
la preparación de la revolución», pág. 129.
(5) IWd.. pág. 222.

63
to para que no dudem os de la neutralidad m asónica
el herm ano-historiador no precisa quién era ese «se»
im personal y m isterioso que necesitaba presionan
a la autoridad
Quien haya estudiado la historia de la revolución
se asom brará tal vez de la inercia de las tropas, que
no opusieron si .10 una débil resistencia a las hor­
das revolucionarias, porque ila Realeza fué abando­
nada por la m ayor parte de lo? que hubieran debido
salvarla, incluso con el sacrificio de sus vidas (1).
I>a actitud del Ejército, indiferente y más bien favo­
rable a Ja revolución, está explicada también por el
autor precitado : «Lo que explica en gran parte el me­
d io c r e con cu rso que ofrecieron las tropas al Poder
en 1789 es el espíritu de las logias» (2). Descham ps
en su detallado estudio sobre las sociedades secretas,
es de la m ism a opinión : «¡Casi toda la alta nobleza y
los parlamentarios estaban afiliados a la fraile-m a­
sonería. En ella se ven figurar entre un gran núm e­
ro de consejeros deíl parlamento a m uchos Canóni­
gos y R eligiosos. Añádese el hecho capital de que en
casi todos los regim ientos había talleres m asónicos...
y claram ente se explica esta anarquía espontánea,
esta desorganización de todas las instituciones que
estalló desde los prim eros meses de 1789 (3).
Los rum ores más infundados, las noticias más ab­
surdas, la irritación de las masas y el desorden consi-

(1) aCon estos elementos tan heterogéneos entrará la con­


fusión y el desorden en el nuevo ejército; tras de esto, la di­
visión. y en seguida su disolución o inutilidad; y por este me­
dio resultará que en los momentos más críticos o no tengamos
quién nos contrarreste, o hallemos en el ejército masón-realista
el apoyo que necesitamos». Máxima 62 del Grande Oriente Es­
pañol. 1 de septiembre de 1823.—N. del T.
(2) GASTON MARTIN, obra citada, pág. 118.
(3) P. DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la So­
ciedad!.

64
guíen te, no pueden explicarse sino por la existencia
de un centro de donde emanaban las órdenes oportu­
nas (1). En efecto, ese centro existía : era el Palacio
Real, el palacio del Gran Maestre de la Orden M asó­
nica, el duque Felipe de Orleáns, que m uy pronto, ab­
dica n d o sus títulos, tom ó el nom bre de Felipe Igual­
dad. (Cuenta Taine, el historiador serio e im parcial,
q u e el secretario del duque de Orleáns (2) repartía di­
nero sin ninguna reserva, en el patio m ism o del Pa­
lacio Real, entre los que tomaban parte .en las m ani­
festaciones revolucionarias.
Hay un hecho en la revolución del 89 que, por­
uña causa inexplicable, no ha sido consignado por
la m ayor parte de los historiadores; «el gran m iedo»,
el pánico que se apoderó de toda Francia en los c o ­
m ienzos de la revolución (3). Sin causa alguna
aparen!«, esta ola de pánico increíble cu n dió por to­
do el país; la población, presa de un espanto tanto
m ayor cuanto más ilógico, atrancaba sus puertas,
fortificaba los pueblos y se arm aba contra un ene­
m igo invisible .»■ desconocido. «A lguien » había lan­
zado el rum or cíe que los bandidos recorrían todo

(1) Los planes de las logias «se reducirán a encender las


pasiones y los partidos, contrariar a todos los Gobiernos, des­
conceptuarlos y calumniarlos con cautela y con tesón y propa­
gar noticias y rumores, que engrían o abatan, según conven­
ga. Para esto ponderarán, sobre todo, las miserias públicas, la
falta de industria y de comercio, lo exorbitante y gravoso de
las contribuciones y la marcha equivoca del Gobierno real,
que persigue, deshonra y desprecia a los realistas verdaderos:
que no se administra justicia; que a nadie se pagan sus suel­
dos y pensiones, y, en fin, cuanto pueda inducir desconfianza
y aversión al Rey, para que pierda el prestigio o fuerza moral
con los pueblos que le idolatran». Máximas 9 y 10 del Grande
Oriente Español, redactadas en 1 de septiembre de 1823.—
N. del T.
(2) TAINE. «Los orígenes de la Francia contemporánea».
(1) FUNK-BRENTANO, «El Rey y el antiguo régimen».
el país, asesinando y destruyéndolo todo a su paso,
y aunque nadie pudo verlos nunca ni dar acerca do
ellos indicaciones precisas, toda la población esta­
ba e¡n pie, olvidando sus ocupaciones habituales y
presa de una excitación inaudita. Extranjeros veni­
dos, no se sabe de dónde, aprovechaban el pánico y
organizaban reuniones, propagaban doctrinas revo­
lucionarias y em pujaban al pueblo enloquecido a una
sublevación sangrienta. Un pánico semejante no po­
día evidentem ente ser espontáneo, sobre todo en una
ópoca en que las com u nicaciones eran difíciles y len­
tas y la Prensa casi inexistente. Para haber podido
surgir sim ultáneamente en todo el territorio de Fran­
cia, tenía este pánico que estar preparado de antema­
no por una organización que poseyera m uy vastas
ram ificaciones. .Ningún historiador señala la existen­
cia de organización alguna semejante, com o no sea
la franc-m asonería, que tenía logias establecidas en
todas las poblaciones. Allí está, en mi opinión, ¡la
única explicación posible de este fenóm eno con ocid o
con el nom bre de «el gran m iedo».
Las palabras «Libertad. Igualdad y Fraternidad»,
que constituyen la divisa de toda revolución, no son
otra cosa que la divisa de la m asonería. El periódico
«El Mundo M asónico» (1} lo dice claramente y el II. \
Veslay. decano de «la C om únne» de París, en IS71
lo confirm a : «La bandera de la masonería ostentaba
la noble divisa «Libertad, Igualdad y Fraternidad» (2),
Es verdad que e1 TI. Ragon nos da la siguiente
pequeña rectificación : Las palabras libertad, igual­
dad y fraternidad pronunciadas en nuestras logias
no pueden tomarse en sentir!;i m aterial» f3), pero

(1) «Nuestra divisa: Libertad. Igualdad. Fraternidad».


(2) «Diario Oficial de la Commune de París». 31 marzo 1871.
(3) «Curso filosófico e interpretativo de las iniciaciones»,
página 332. (Autorizado por el Gran Oriente de Francia.)


las masas arrastradas por esta divisa la interpretan
a su manera. La Libertad com o abolición de toda ley,
posibilidad de rom per todos los vínculos, licencia
com p leta ; por Igualdad entienden la supresión de
toda autoridad y de toda superioridad, sobre todo in­
telectual y moral - y en cuanto a la Fraternidad, de la
que se habla lo m enos posible, no consiste sino en el
em pleo del tuteamiento general y del calificativo de
ciudadano o ciudadana.

II.—LA MASONERIA Y LA REVOLUCION DE 1879

R epito que no voy a seguir todas la- fases de


la R evolución, porque es tema dem asiado com p le­
jo, y me limitaré a citar algunos textos tom ados de
las obras y discursos de los m asones y de Io^ auto­
res que han esllidiado la participación do la Orden
en la R evolución.
Uno de los testim onios más interesantes es segu­
ramente el del masón Haugwitz, inspector de las lo­
gias de Prusia y de P olonia. «En 1777— escribe en
sus m em orias— me hice cargo de la d irección »1e las
logias de Prusia, Polonia y Rusia. Allí he adquirido
la firme, convicción de que todo lo que ha sucedido
en Francia desde 1780. la R evolución en una pala­
bra, incluso el asesinato del R ey con todos sus ho­
rrores. no sólo se había deeretodn en a q u e l tiempo,
sino que todo fu ó preparado por m edio de reuniones,
instrucciones, juram entos y señales que no dejan lu­
gar a duda ninguna acerca de la inteligencia que
todo lo m editó y dirisri»'·^ 'P .
En lo que concierne al asesinato <1·' Lu?« X V I tene­
mos r-n'Tlmen!.· el testim onio del jesuíta Padre Abel.
«En 178i, d e cía n , tuvo liítror en Francfort una re­

(1) Von HAUGWITZ, «Memorias».

67
unión extraordinaria de la Gran Logia E cléctica...
uno de los m iem bros puso a d iscusión la condena­
ción a m ueite de Luis XVI, rey de Francia, y de Gus­
tavo III, rey de Suecia. Ese hom bre se llamaba A bel.
Era mi abuelo» U)· Después de esta reunión un o do
sus m iem bros, t i m arqués de Visieu, declaraba lo
sig u ie n te : «Lo que puedo deciros es que se trama
una conspiración tan bien urdida y tan profunda
que será m uy d ilícil que no sucum ban la religión y
los G obiernos» £ ) .
La existencia de esta conspiración y su p rop ó­
sito de asesinar al rey de Francia y al rey de Suecia
aparecen igualm ente confirm ados por la m ayor parte
de los autores que han hecho investigaciones serias
sobre la cuestión m asónica (3), y ‘l os acontecim ientos
trágicos las confirm an igualm ente. El 21 de enero de
1793 el rey Luis X V I m uere guillotinado después de
un sim ulacro de ju icio en el que la m ayoría de los
jueces son m asones. Un año después, el rey Gusta­
vo III es asesinado por lAukastrem, discípulo de Con-
dorcet. El m ism o año desaparece m isteriosam ente el
em perador L eopoldo.
Asom an por todas partes las garras de las socie­
dades secretas, y todos estos acontecim ientos dan un
profundo sentido a las palabras de Louis B la n c : «E n­
tonces es cuando se establece esta adm inistración,
invisible en todas partes y en todas partes presente,
de que hablan »’ «m tanta frecuencia los escritos co n ­
tem poráneos» 4).

(1) Declaración del P. Abel en Viena en 1898. Véase «La


Nueva Prensa Libre», citada por VIDEGAIN en «Magistratura
y justicia masónicas», pág. 201.
(2) BARRUEL, «Memorias para la historia del Jacobi­
nismo».
(3> P. DESCHAMPS, Cardenal MATHIEU, Monseñor BES-
SON y otros.
(4> LOUIS BLANC, «Historia de la Revolución francesa».

68
En un discurso pronunciado el i de marzo de 1882
en la logia «Libre Pensam iento» de A urillac decía el
m asón Paul R o q u e s : «Después de haber trabajado en
la revolución política, la Pranc-M asonería debe tra­
bajar en la revolución social» (1); y en la A sam blea
general del Gran Oriente de 1013 el orador H. . Si-
oard des Plauzoles se expresaba a s í : «Un enem igo
de nuestra Orden (Bord) ha dicho que el espíritu m a­
són ico creó el espíritu revolucionario. Es el más pre­
cioso testim.onio que se puede rendir a la acción m a­
són ica en el pasado» (2).
Más adelante leem os en la m em oria de la citada
A sa m b le a : «Que Francia, para vivir, no sacrifique la
razón m ism a de su existencia : el ideal filosófico, p o­
lítico y social de sus antepasados de 1879; que n o
apague la antorcha del genio revolucionario con la
que ha ilum inado al m undo (3).» Y añade el m ism o
o r a d o r: «La peor hum illación para Francia consisti­
ría en renegar de la obra de la revolu ción..., que pe­
rezca al m enos sin haber abdicado su ideal.»
«Nunca se podrá olvidar que fué la revolución fran­
cesa la que dió realidad a los p rincipios m asónicos
preparados en nuestros T em plos», decía un orador
en el -Congreso m asónico de Bruselas (4), y en una
reunión de la logia de A ngers celebrada en 1922 ex­
clam aba uno de los h e rm a n o s: «La Franc-Alasonería,
que ha desem peñado el papel más im portante en 1789,
debe estar dispuesta a sum inistrar sus cuadros de
com bate a una revolución siem pre posible» (5).

(1) «Cadena de Unión», julio 1882.


(2) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de Fran­
cia, 1913, pág. 337.
(3) Ibid., pág. 393.
(4) Congreso Internacional de Bruselas, 1910. Memoria, pá­
gina 124.
(5) «Boletín Oficial del G.\ O.*, de Francia», octubre 1922,
página 281.
III.—OTRAS REVOLUCIONES

Estas declaraciones de los m iem bros de la secta


son m uy suficientes para evidenciar el papel revolu­
cionario de la Franc-iMasonería, tanto más cuanto
que todas las revoluciones que han seguido no lian
hecho sino reproducir los principios de la del 89.
Entre esos principios revolucionarios encontram os
siem pre la persecución del clero, la desm oralización
de las masas, la destrucción de toda organización de
g obierno y, com o consecuencia lógica, la miseria, el
hambre y la ruina Entre dos revoluciones sucesivas
suele haber un corlo intervalo de reposo: en Francia
no dura m ucho tiempo. Cuando el pueblo acaba por
desengañarse de las prom esas, jamás cum plidas, de
los jefes revolucionarios y las m ismas sociedades se­
cretas necesitan una tregua para reorganizar sus fu er­
zas, surge fatalmente la reacción.
¿Cuáles fueron los resultados del reinado de Na­
poleón I? Oesoham ps los resum e com o sig u e : «Des­
tronam iento de las dinastías nacionales, igualdad de
cultos, expulsión de los religiosos, venta de los bienes
eclesiásticos, destrucción de las provincias y de las
libertades locales... (1 )»; y, según vMeternich : «El bo-
naparlism o presenta una extensa superficie que se
extiende desde el despotism o militar hasta la sociedad
de los «A m igos d?l Pueblo», sociedad m asónica, pode­
m os nosotros agregar.
El iioinparíism o. este nuevo fenóm eno histórico
que había brotado de la revolución, era m ucho m enos
peligroso, desde el punto de vista m asónico, que la

(1) P. DESCHAMPS, «Las sociedades secretas y la So­


ciedad».

70
restauración de la dinastía legítim a. La m ayor parte
d e los colaboradores de ¡Napoleón I eran hom bres ex­
traídos de la nada en un am biente revolucionario ma
sónico, o at m enos masonizante, que tenían m otivos
para temer esa restauración legítim a. «N apoleón I,
que tal vez fuera masón en su juventud, cuando era
un sim ple oílcial de artillería, fuó tolerado y aun sos­
tenido por los poderes ocultos para evitar un mal m a­
yor, la restauración de los Borbones (1)». Pero el pa­
nel asignado a Napoleón por la m asonería no se re­
ducía a e s t o : «La Orden considera al E m perador c o ­
m o un instrum ento destinado a destruir todas las na­
cionalidades eu rop eas; después de este gigantesco
derrum bam iento esperaba realizar más fácilm ente su
plan de lina R epública universal» (2). Las tropas do
N apoleón, atravesando toda Europa, llevarían a todas
partes las ideas revolucionarias, y es sabido que el
m ism o em perador no desdeñaba el em pleo de la pro­
paganda política com o un arma contra sus adversa­
rios. La cam paña de Italia, por ejem plo, se orientó
en ese sentido y aparece com o una em presa más p o­
lítica que militar y com o una preparación de las revo­
luciones futuras que trastornaron a Italia (3).
En cuanto a Napoleón III, está dem ostrado que no

(1) «Les Cahiers de l’Ordre» núm. 2 (1927), pág. 89.


(2) JANSEN, «El tiempo y la Historia».
(3) Según el masón VL. LABEDEP, «la iniciación del
ejército ruso en la vida europea durante su permanencia en
Francia, con motivo de la guerra de 1812, tuvo una importan­
cia enorme para Rusia. El orden de las cosas que habían po­
dido observar en el extranjero, los efectos de la Revolución
francesa y, poco después, una serie de revoluciones que esta­
llaron en diferentes naciones europeas, dejaron una impresión
profunda en los oficiales y soldados rusos que habían tomado
parte en la campaña. Por aquel tiempo se constituyeron rápi­
damente en Petersburgo y en Moscú varias sociedades secre­
tas, entre cuyos miembros activos había muchos franc-maso-
jnes».—N. del T.

71
sol j perteneció a la sociedad secreta de los C arbona­
rios, sino también que tom ó parte activa en la guerra
contra el G obierno Pontificio (1).
En ¡la circular dictada el 16 de enero de 1862 por
el m ariscal Alagnan, Gran Maestre de la M asonería,
nom brado por N apoleón III (11 de enero), se l e e : mEI
(el em perador) lecu erda que N apoleón I íu é el Gran
P rotector de la Orden m asónica y que su herm ano, el
rey -Tosé íué Gxdn \laestre» (2).
* * *
\ olv ien d o a la cuestión de las revoluciones, obser­
vem os que las revoluciones de 1830, 48 y 71, asi co m a
las de Suiza, Itai-a, etcétera, se parecen m ucho a la
de 1879. A partir á* esta última revolución, organizó
la m asonería toda una serie de filiales, clubs políticos,
asociaciones, part’ dos y a veces hasta sociedades se­
cretas que, siguiendo las inspiraciones de los dirigen­
tes m asónicos, preparaban los m ovim ientos revolu cio­
narios (3). Las principales de estas filiales son las
sociedades de los Ilum inados y de los C arbonarios.
La de los Carbonarios, fundada a prin cipios del
siglo X IX (4), es por una parte una ram ificación d e
la m asonería y por otra de la secta de los Ilum inados
de Baviera, fundada por W eishaupt y Knigge. Se­
g ú n el P. Deschpm ps, «las logias fueron la cuna y
el vivero de la célebre sociedad do los C arbona-

(1) «R. I. S. S.» núm. 13 (1927), pág. 201; P. DES-


CHAMPS, obra citada, y otros.
(2) «R. I. S. S.» núm. 32 (1927), pág. 529.
(3) «Siendo la impunidad de nuestros hermanos e ínti­
mos corresponsales los Comuneros, Anilleros, Carbonarios y de­
más gentes del «gran secreto», lo que nos ha de salvar de la
borrasca que nos envuelve...» Máxima 41 del Grande Oriente-
Español, 1 de septiembre de 1823.—N. del T.
(4) De la HODDE, «Historia de las sociedades secretas»-

72
ríos» (i). Los grados se corresponden coin los de la
franc-m asonería y utilizan ciertos sím bolos m asónicos,
aunque enm ascarándolos para inspirar confianza»*
(2). Los m étodos y los fines de los Carbonarios eran
los m ism os de la m asonería, y cabe pregu ntar: ¿ p o r
qué se em plearon tanto tiempo y tantas energías ei*
crear un instrum ento ¡nuevo y com plicado cuan­
do existía la masonería, que podía desem peñar el
m ism o trabajo de destrucción revolucionaria? La
respuesta es m uy sencilla. Hacia la term inación del
siglo X VIII se había extendido de tal m odo la m a­
sonería, era tan con ocid a su obra destructora, que le
era m uy difícil proseguir la lucha contra la religión
y contra el Estado, sobre todo en Italia, y le fué n e­
cesario ocultarse 'bajo un nuevo disfraz, todavía des­
con ocid o para su adversario el Papado. Esto explica
por qué se destacó de la m asonería una nueva so­
ciedad secreta íntimamente ligada con la prim era y
cu y a finalidad era «la m ism a de Voltaire y de la re­
volu ción fran cesa: el aniquilam iento para siem pre
del catolicism o y de la idea cristiana» (3).
E xisten multitud de estudios sobre el carbonaris-
m o, cuyo trabajo y cuya organización son hoy per­
fectam ente con ocidos. Los archivos de uno de los
principales dirigentes de la sociedad, Nubius, caye­
ron en m anos de la P olicía y fueron enviados al Car­
denal Bernetti. Entre los docum entos así encontra­
dos figuran las instrucciones secretas y toda 4a c o ­
rrespondencia de N ubius con sus lugartenientes y
con varios franc-m asones e ilum inados, no carbona­
rios, entre los que figuran Pestel y -Mouravieff,
m iem bros de la conjuración rusa de 1825, llam ada

(1) DESCHAMPS, obra citada.


(2) «Les Cahiers de l’Ordre» núm. 2 (1927), pág. 90.
(3) Idem Id. núm. 2, pág. 94.

73
de los «Decembristas)). En los docum entos abiertos a
la muerte del m ariscal B ourm ont hay uno que se
refiere al propósito con cebid o por los carbonarios de
asesinar al Em perador Nicolás I ; para organizar este
asesinato fueron enviados a Rusia diez y ocho m iem ­
bros de la sociedad (i).
Los carbonarios, casi todos ya afiliados a ilas lo­
gias m asónicas, estaban agrupados en «ventas loca­
les», por encim a de las cuales funcionaban las «ven ­
ias centrales», subordinadas a su vez a la «alta ven­
ta». La Alta Venta era un verdadero g obierno secreto
de cuarenta m iem bros pertenecientes a diversas na­
cionalidades, con predom inio de los italianos y de
algunos ju díos ;2). A la cabeza de toda la organiza­
c ión figuraba un personaje que se ocultaba bajo el
seu dón im o de «X ubius», y la dirección financiera
en manos de un ju dío que se hacía llamar P iccolo
T igre. Este Xubm s, descendiente de una antigua fa­
m ilia italiana, con m uchas relaciones en la alia so­
ciedad y con entrada fácil en la Corle Pontificia, es­
taba indicadísim o para dirigir una sociedad política
secreta, sobre todo desde que M etternich le había
otorgado toda *-u confianza y resultaba, por co n si­
guiente. depositario de la m ayor parte de los secre-
loc políticos de Europa (3).
Pero, adem ás, por encim a de Xubius había otros
dirigentes, personajes desconocidos incluso para !la
m ayor parte de los iniciados de los más altos grados.
No eran con ocidos sino de Xubius y de sus más pró­
xim os colaboradores y sus nom bres no figuran en
ningún docum ento, ni aun en los más íntimamente
confidenciales. «Han echado sobre nosotros una carga

(1) «R. I. S. S.» núm. 28 (1926). pág. 469.


(2) «Les Cahiers de l’Ordre» núm. 2 (1927), pág. 91.
(3) GOUGENOT DES MOUSSEAUX, «El judío, el judais­
mo y la judaización de los pueblos cristianos», pág. 372.

74
m uy pesada», escribía -Malegari, otro carbonario co n s­
picuo. refiriéndole evidenlem enle -a un «jefe supre­
m o» que no era Nubius (1).
El fin perseguido por los carbonarios era en un
prin cipio exclusivam ente antirreligioso, co m o lo ates­
tiguan cartas e instrucciones. «Es necesario descatoli-
zar al m undo... No conspiram os sino contra R om a »
(2), escribe Piccuio Tigre. En esta conspiración están
adm itidos todos los m edio? y los carbonarios no se
detienen ni an'e el asesinato. «En determ inadas
circunstancias — escribe X ubius a su colaborad or
V indico— arreglém onos para que m ueran un Papa
y dos o tres Cardenales... Una droga bien preparada
y m ejor administrada que pudiera debilitar al pa­
ciente hasta la postración, sería, a mi entender, de
gran utilidad» ' 3 j .
i.a propia masonería. cosa extraña, fué la que
desvió los planes de los carlx narios. Se aproxim aba
el a i io 18'i8; la ¡.ropaganda revolucionaria de ilas
lo g io - rx-iin:>a it< cerebros de toda Europa y m u­
chos carbonarios, sobre todos los jóvenes, abandona­
ban la lucha exclusivam ente antirreligiosa para lan­
z a r a a la lúe*'*, furam ente política. El carbonario
uMT’/in i a bandolín a la sociedad \- fundaba bacía
184-i una ¡nueva sociedad secreta, «La Joven Italia»,
con ••ar;i -ter puramente revolucionario. La Alta V en­
ta se disolvía y Xubius, retirado de la política, m o­
ría en 1848.
* # *

Este fracaso fie una de sus filiales no im pidió a


la franc-rnasonería triunfar en toda la línea. El 24

(1) «Les Cahiers de l’Ordre» núm. 1 (1927), pág. 260.


(2) Carta a Breidenstein en 1835. Véase «Les Cahiers
de l’Ordre» núm. 4 (1927), pág. 261.
(3) Carta de 18 de enero de 1822. Véase «Les Cahiers
de l’Ordre» núm. 4 (1927), pág. 248.

75
de íebrerc de 18 o estalla la revolución en París, el
13 de marzo en V ^ n a , el 18 de marzu el m asón von
Gagern p rod am a id república en Berlín, el rcism o
día com ienza la revolución en Milán, el 20 en Par-
ma, el 22 en Y enecia, Rom a, Nápoles y Toscana.
Basta consultar estas fechas para encontrar la prue­
ba evidente de una d irección com ún de estos aconte­
cim ientos y es indiscutible que esta fuerza directora
no podía ser otra que la m asonería con sus diversas
secciones.
La época en ju e la m isión anticristiana y revolu­
cionaria de la m asonería se m anifiesta más clara­
mente, es sin duda ninguna la de la Com m une. Sin
necesidad de insistir sobre los trabajos preparato­
rios de la secta, sobre el papel prim ordial que des­
em peñó durante la gu erra franco-prusiana, sobrei
las actividades de Bazaine, juguete entre las manos
del Gran Oriente, sobre los descalabros del m aris­
cal M ac-M ahón, algunos de ellos debidos a las m a-
quina-ciones del coron el .Magnam (1), sobrin o del
Gran Maestre, bastará señalar las públicas m anifes­
taciones de la m asonería después de la caída del
Im perio y de la proclam ación de la C om m une.
E xam inem os la prim era proclam a de la C om m u­
ne : «Som os a teos porque el hom bre no será nunca
libre mientras no haya expulsado a Dios de su inte­
ligencia y de su razón... Que la Com m une libre de
Dios para siem pre a la hum anidad... En la Com m u­
ne no hay lugar para el sacerdote. Toda m anifesta­
ción, toda organización religiosa debe proscri­
birse...» (2).
Son condenados a muerte I03 rehenes, -escogi-

(1) Véase «El papel de la masonería en los acontecimien­


tos de 1670», «R. I. S. S.» núm. 4 (1927), pág. 773.
(2) Máxime du CAMP, «Las convulsiones de París», II,
página 78.

76
d os principalm ente entre el clero. En prim er lugar
el A rzobispo de París, M onseñor D arboy (i), y luego
los sacerdotes más prestigioso*:, Seignenet, Reynaud,
M iquel, Olmer, Olivier y otros. Puede decirse qu «
d e los setenta y tres días que duró la C om m une no
pasó uno solo sin que hubiera encarceiamie-ntos en ­
tre los m iem bros del clero. A l m ism o tiem po se
arrancan las cruces (2), se cierran Jas iglesias y se
autoriza en ellas el asalto y el pillaje. M erece citarse
el cartel coloca do sobre la puerta de la iglesia de San
Pedro, en M ontmartre, el 10 de a b ril; este d ocu m en ­
to da por sí solo una idea exacta del odio im placable
de los m iem bros de la ICommune hacia la r e lig ió n :
«C onsiderando que los curas son unos bandidos, y
que las iglesias son las guaridas donde han asesina­
d o m oralmentu a las masas, hum illado a F rancia
bajo las garras de los infam es Bonaparte, Pavre y
Trochu, el delegado civil de la ex-prefectura de P o ­
licía ordena que la iglesia de San Pedro (M ontm ar­
tre) sea clausurarla, y decreta la prisión de los curas y
de los frailes.— 10 de abril de 1871.— Le M oussu .»
¿Cuáles fueron las actividades directas de la fran c­
m asonería durante los acontecim ientos de 1871? El
«D iario Oficial» de la C om m une (3) cita una procla­
ma firm ada por el redactor de «París L ibre» con ce­
bida en los siguientes té rm in o s: «A los franc-m aso-
nes de todos los ritos y de todos los grados. Herma-
m anos : iLa Coinm une, defensora de nuestros prin ci­
pios sagrados, os llama. V osotros lo habéis enten­
dido así y nuestras banderas veneradas han sido des­
garradas por las balas v destrozadas por los obuses
de sus enem igos. V osotros habéis respondido heroi­

(1) 4 de abril de 1871.


(2) El 31 de marzo de 1871 la cruz del Pantheon fue
reemplazada por la bandera roja.
(3) «R. I. S. S.» núm. 40 (1927), pág. 648.

77
cam en te; seguid adelante con la ayuda de las agru­
paciones. La instrucción que hem os recibido en
nuestros respetables talleres dictará a cada uno de
nosotros el deber sagrado qm* debe cum plir. Dicho­
sos los que triunfen, g loria a los que sucum ban en
este lucha santa. ¡A las arm as! ¡T o d o por la Re­
p ú blica! ¡T o d o por la C o m m u n e !»
Fué lanzada esta proclam a después de haber re­
gresado de Versalles, con sus banderas a la cabeza,
una delegación de todas las logias enviada para ob ­
tener la suspensión de las hostilidades. Es de notar
que el fuego cesó en cuanto la delegación apareció
sobre las barricadas y no se reanudó por una y
otra parte sino después de su regreso a Parí?.
El 2G de abril los m iem bros de la Com m une re­
cibieron en el A y u n t a m i e n t o , of i ci a lm e n t e \ c o n gr an
solem nidad, a una delegación masónica, y durante
la recepción «todos los corazones palpitaban al uní­
son o», com o se dice en el acta de la sesión.
Un m iem bro de la Com m une, el herm ano Tiri-
faque, declara que la Francia m asónica ha com p ren ­
dido que la íCoinmune sería la base de nuestras re­
form as sociales. Le fr a n g ís (1), otro m iem bro de la
C.ommune, dice que está convencido desde hace m u­
cho tiempo de que el fin perseguido por la m asone­
ría es el m ismo de la i’oniim ine. y el ciudadano
A lix, cbmpa.fiero de los anteriores, añade que la
Com m une de París pone en práctica en una nueva,
form a lo que la m asonería lia sostenido siem pre.
El II. ·. -M*** de «la R osa escocesa» anuncia que «la
Com m une, nuevo T em plo de Salom ón, es la obra
a que los fraile-m asones deben consagrarse» ;2).

(1) Miembro de la Logia Escocesa, núm. 133.


(2> «Diario Oficial de la Commune», jueves 27 de abril
do 1871.

78
Creo suficientes estos textos para dem ostrar la
existencia de m uy estrechas conexiones entre la ma­
sonería y las llamadas revoluciones populares. Des­
truir la religión, substituir el orden verdadero del
Estado por una lamentable parodia que se llama R e­
pública, derribar al verdadero yefe del G obierno,
responsable ante Dios, ante su conciencia, ante su
Patria y ante la propia familia, colocand o en su lu ­
g ar un fantoche im potente e irresponsable, un presi­
dente, juguete cintre las m anos de los partidos polí­
ticos, ¡ese es el fin que persigue la m asonería desde
hace sig los!

IV.—LA REVOLUCION MUNDIAL

Pero, una v e / obtenido ese resultado, una vez


lograda la im plantación del régim en republicano,
¿hace un alto la m asonería en su obra de destrucción
y de ruina? ¡N o ! La m isión de la secta satánica no
se reduce sólo a eso. «H erm anos— leem os en el «B o­
letín» de la Gran Logia— (i), perm itidm e que os e x ­
prese mi esperanza de que la Franc-M asonería, que
tanto ha hecho ñor la em ancipación de los hom bres,
y a la que de be la historia las revoluciones naciona­
les, sabrá también hacer la m ayor de las revolucio­
nes, la R evolución Internacional... Esta revolución
internacional es la obra futura de la Franc-M aso­
nería».
Después de destruir el poder legítim o y toda la
organización gubernam ental creada por las fuerzas
naturales históricas y nacionales, la m asonería con ­
tinúa su obra. Los dirigentes ocultos de la secta,
enem igo* im placables de la civilización cristiana,

(1) «Boletín Oficial de la G.\ L.\ de Francia», octubre


1922, pág. 236.

79
exigen algo m is todavía de sus esclavos los m aso­
nes : la destrucción de las civilizaciones nacionales, de
las nacionalidadís, de la con cien cia m ism a de los
pueblos, y reclama la república universal. Sólo así
podrán acaparar c o n sus m anos ávidas y ensangren­
tadas todo el poder, proclam ar su dictadura sobre
todo el universo, hum illado y esclavizado por su des­
p otism o infame.
CAPITULO V

Los judíos en la Franc-Masonería

El que, sin prejuicio alguno, haya estudiado la


historia, especialm ente la historia de las revolu cio­
nes, se habrá encontrado fatalmente en presencia de
la cuestión m asónica. El estudio im parcial de la
cuestión m asónica nos lleva, fatalmente también, a
la cuestión judía. Estas dos cuestiones están tan ín­
timamente enlazadas y sus conexiones son de una
evidencia tal que sólo los ciegos pueden negarse a
recon ocer su existencia. Pero, desgraciadam ente,
¡cuántos ciegos voluntarios encontram os a cada
paso!
Trataré de descubriros esas conexiones en una
rápida ojeada basando mi argum entación en las de­
claraciones de significados persona/jes judíos y en los
estudios de investigadores em inentes de la cuestión
judeo-m asónioa.

•i
I.—LAS FUENTES TALMUDICAS

No nos detendrem os en las doctrinas esotéricas-


de las diíerentes sectas secretas, la m asonería entre
ellas, doctrinas en su m ayor parte desconocidas de
la m asa y aun de los m ism os adeptos y cuidadosa­
mente conservadas por los pocos iniciados. Es m uy n o­
table su sem ejanza con las de los tailmudistas hebreos
que acusa una com unidad de origen. El estudio de
esta com plicada cuestión se saldría del cuadro que
nos hem os trazado y nos lim itarem os a consignar
que en el fondo de esas doctrinas se vislum bra la
kabbala «disidente» de la que decía G ougenot des
M o u ^ a u x : «La Kabbaia disidente es la obra de los
rabinos, que han falsificado la tradición talm ú­
dica» íi).
Esta Kabbala, o «enseñanza verbal» que los he-
braos recibieron de los ca'ldeos, fu<* transcrita reci­
biendo el nom bre de Zohar o Sepher-ha-Zohar (2),
que significa «L ibro del E splendor». Este trabajo se
debe, según una versión, al rabino Samuel Johaides,
anterior a la destrucción de Jerusalón, y según otra,
a M oisés de León, que vivió en el siglo X V de nues­
tra era /3).
Según el kabbalista Eliphas Levy «la doctrina
cabalística, que es el dogm a de la alta m agia, está
contenida en el Sepher-Jeserah, p1 Zohar y el T al­
m ud» (4). Esta m ism a Kabbala. com o doctrina filosó­
fica, sirve de base a la ideología de todas las socieda-

(1) GOUGENOT DES MOUS3EAUX, «El judío, el judais­


mo y la judaización de los pueblos cristianos», pág. 50.
(2) ROULAND. «Historia de los judíos», págs. 316-17.
(3) PAUL VEILLAUD, «La Kabbala judia».
(4) ELIPHA6 LEVY, «Historia de la magia», pég. 28.

82
des secretas, incluso «la gran asociación cabalística
con ocida en nuestros días en Europa con el nom bre
de 'Masonería» (1J.
Hoy en día nadie cree en la existencia de la ma­
gia, de la alquim ia y demás m anifestaciones d e la
Kabbala. Generalmente se considera la m agia com o
una especie de charlatanería y no cabe dudar de que
detrá3 d e esta charlatanería aparente se oculta una
doctrina religiosa y filosófica diametralm ente opues­
ta al cristianism o.
El sabio rabino Benam ozegh escribe lo que sig u e :
«Los que quieran tomarse el trabajo de exam inar
cuidadosam ente las cuestiones de las relaciones en­
tre el judaism o > la Franc-M asonería filosófica, la
teosofía y los misterios en general, perderán... un
poco de su s o b e r b i o d es d én por la Kabbala. Cesarán
de sonreír despectivam ente ante la idea de qUe la
teología kabbalístiea pueden tener una misión que
cu m plir en la transform ación religiosa del porve­
n ir» (2). Estas m anifestaciones en boca de un sabio
rabino m uy destacado, de un personaje muy califi­
cado, no puede m enos de hacernos reflexionar seria­
mente.
Pero, se nos dirá, la m asonería actual no se ocu ­
pa sino de política v para nada le interesa ia filosofía
ni m enos aún, la kabbala. Es c ie rto ; la m ayor parte
de los masones no sospechan la existencia de un
sistema filosófico privativo de la secta, pero no debe
olvidarse que junto a las logias azules, las logias
políticas o 4a .«dem ocracia de la Orden», como la lla­
ma N icoullaud (3) existen otras logias, la aristocra-

(1) Ibid., pág. 23-24.


(2) BENAMOZEGH, «Israel y la humanidad», pág. 71. Ci­
tado por R. LAMBELIN en «Las victorias de Israel», pág. 212.
(3) Ch. NICOLLAUD, «Las ideas masónicas en la Asamblea
general de 1913», pág. 124.

83
cia de la secta (i), que dirigen la organización y que
mo han olvidado ni el origen kabbalístico de la filo­
sofía m asónica, ni 511 objetivo final.

II.—PARALELISMO JUDEO-MASONICO

Dejemos a un lado las enseñanzas dogm áticas de


la m asonería y del hebraísm o y exam inem os las
alianzas entre el judaism o y la m asonería desde el
punto d.í vi.-la puramente práctico y real. D iscu­
rriendo co n lógica no puede m enos de aceptarse la
con clu sión siguiente form ulada por L. de P oncins
en «l*as fuerzas secreta.-' de la revolu ción» (2 ): «La
universalidad de la Franc-iMasonería, su duración,
la invariabilidad de sus fines, que se explican
perfectam ente si se trata de una creación judía pa­
ra servir intereses judíos, serían absolutam ente in­
com prensibles si su origen fuera cristiano. J*a m is­
ma finalidad de la franc-m asonería, la destrucción
de la civilización cristiana nos descubre al jud o,
porque sólo el judío puede resultar beneficiado y
únicamente el judío está anim ado de un odio sufi­
cientem ente violento contra el cristianism o, para
crear una organización sem ejante.»
«I.a Franc-M asonería — prosigue P oncins — es
una sociedad secreta. Está dirigida por una minoría
internacional. Ha jurado un odio im placable al c ris ­
tianism o. Estos tres rasgos característicos son pre­
cisam ente los m ism os que definen al judaism o y

(1) Ibid.
(2) L. de PONCINS, cLas fuerzas secretas de la Revolu­
ción», pág. 139-40 de la edición francesa, y 120 de la traducción
española. Ediciones FAX, Madrid, 1932.

«4
constituyen la dem ostración de que los ju díos son
ei elem ento director de las logias» ;i).
Pero» además de estas consecuencia? lógicas, no
carecem os de datos directos que prueban el origen
ju d ío de la m asonería y el reclutam iento de sus prin­
cipales directores entre los hijos de Israel. T odo el
sim bolism o m asónico, desde la estreJla hasta las de­
nom inaciones de los diferentes grados, tiene, co m o
antes hem os dicho, un m arcado sabor ju daico que
confirm an m uchos ju díos y m asones significados.
V eam os lo que en 1855 escribía el doctor Isaac
W e is e : «La m asonería es una institución judía, cuya
historia, cu yos deberes, cuyas contraseñas, cuyas'
enseñanzas son judías desde el prin cipio hasta el
lin» (2). Y Bernard Lazare, otro escritor judío, lo
confirm a cuan do d i c e : «Es cierto que desde la m is­
ma cuna de la Franc-M asonería hubo en ella judíos,
los ju díos kabbalistas, com o lo demuestran ciertos
ritos que aún se conservan» (3).
Si consultam os la literatura aiiti-mastónica en con ­
traremos en todos los investigadores más im portan­
tes la confirm ación de la existencia de vínculos de
w - ó n entre esas dos fuerzas destructoras (4).
Antes hem os com p robad o que la franc-m asonería
es u'na ^organización esencialm ente anticristiana y
sería superlluo que pretendiéram os dem ostrar el
odio del judaism o contra 'los cristianos. Según el
Talm ud, q ue e? la base religiosa, filosófica, política
y sociológica del hebraísm o, los no judíos, es decir,
los «goi'm», no son ni s iq u e r a hom bres. E! fam oso

(1) Obra citada, pág. 141 de la edición francesa, y 121 de


la española ya mencionada.
(2) Dr. ISAAC WEISE, «El Israelita» de 3 de abril de 1855.
(3) BERNARD LAZARE, «El Antisemitismo», pág. 339.
(4) JOUIN, DESCHAMPS, GOUGENOT, ECKERT, LAM-
BELIN, etc.

85
A.slier Ginsberg, uno de «los «príncipes del destie­
rro», com ienza ¿us com entarios del Talm ud con es­
tas palabras:' «Es sabid.o de todos, com o axiom a na­
tural, que en la escala de la creación hay distintos
g r a d o s : los minerales, las plantas, los animales, los
hom bres y por encim a de todo esto, los ju díos» (i).
Prescribe el Talm ud que una com adrona judía no
puede asistir en sábado al parto de una cristiana,
«porque el akoum (cristiano, go'im) debe ser con sid e­
rado com o un anim al» (2).
«V osotros sois tías ovejas de mis pastos», dice el
T alm u d ; «vosotros tenéis la calidad de hom bres,
mientras que las naciones del m undo sólo tienen la
calidad de brutos», y en el Talm ud y en los otros li­
bros rabínicos abundan las sentencias de este g é ­
nero (3).
En el folio 26 del A boda-Zara se aconseja arrojar
los cristianos a los p o zo s; el tratado M oschen-Ham -
mischpath (425, 5) recom ienda que se les ahogue en
el m ar; el versículo 122 del Pessahim d ic e : «Está
perm itido matar a los que niegan la existencia de
Dios», y claro que este perm iso se refiere al sacrifi­
cio de ios no ju d ío s : y por último es m uy con ocida
la fam osa fórm ula del Talm ud : «Tú matarás al m e­
jor de los goím ». frase que se repite dos veces (4).
De todo lo cual se deduce que la obra anticristia­
na de la m asonería no puedo m enos de ser m uy
agradable al judaism o talm údico, y su objetivo, la

(1) Citado por «R. I. S. S.» núm. 34 (1923), pág. 839, y por
R. LAMBELIN en «El imperialismo de* Israel», pág. 289.
(2) Tratado «Aboda-Zara», folio 26. Véase ECKERT, «El ju­
daismo a la luz de la verdad».
(3) TALMUD (Amsterdam. 1645). tratado BABA-METSIG-
NA. fol. 114. Véase GOUGENOT DES MOSSEAUX, obra ci­
tada. pág. 128.
(4) ZOHAR, III. 14. ABODA-ZARA, 26.

86
'destrucción del cristianism o, co in cid e exactam ente
«con las aspiraciones de Israel. «Es por lo tanto ne­
cesario—decía en 1880 un gran rabino— infiltrar
hasta donde sea posible en las inteligecias de los que
profesan la religión cristiana las ideas de libre pen­
samiento, escepticism o y cism a y provocar las c o n ­
troversias religiosas» (i). Som os testigos, desgracia­
dam ente, de que los consejos del rabino se han se­
g u id o .en nuestros días al pie de la letra.
* * *■
T odavía encontram os una nueva confirm ación de
la identidad de aspiraciones del «pueblo escog ido»
•y ae la m asonería en el periódico «El Universo Is­
raelita» cuando d i c e : «El program a de la Alianza (2)
n o consiste en frases huecas. Este program a es la
gran obra de la humanidad, el aniquilam iento del
e r io r y del fanatism o, la unión de la sociedad hu­
m ana en una fraternidad sólida y fiel» (3). En estas
frases fácilm ente se reconocen los térm inos habitua­
les de que usa y abusa la m asonería.
En todo tiempo y en todo lu#ar ha em pleado la
m asonería sus fuerzas en la destrucción del orden
del Estado y en preparar el advenim iento de la re­
pública universal. Para consegu ir ese fin tan anhe­
lado no desdeña la secta ningún procedim iento, em ­
plea todos Jos m edios perm itidos o no, honestos o
inm orales, y a veces crim inales y terribles por su
crueldad, para asegurar su victoria. C onseguido el
prim er éxito, la caída del régim en m onárquico, se
apoderó la masonería del poder y, ayudada por el

(1) Tomado de «El Contemporáneo» de 1 de julio de 1886.


citado por Mgr. JOUIN en «El peligro ludeo-masónico», tomo I.
página 19.
(2) Alianza Israelita Universal, fundada en 1860 por ADOL­
FO CREMIEUX para la defensa de los intereses judíos.
(3) «Universo Israelita». VIII (1867). pág. 375.

87
tinglado gubernam ental republicano, prosigue su
obra nefasta, que consiste en la destrucción de toda
con cepción religiosa y m oral.
Idéntico trabajo desarrolla ed judaism o. N osotros,
los em igrados rusos, hem os visto con (nuestros pro­
pios ojos la inm ensa cantidad de judíos que figura
en las ülas de los autores de la revolución. P rescin­
diendo de los trabajos preparatorios de esa revolu­
ción y de los sucesos de 1905 veam os lo que en 191 f
escribía el p eriódico judío de Y iena «El M artillo»
a propósito del asunto Beylis (1 ): «El G obierno ruso
ha resuelto declarar la guerra a los judíos de Kiew.
Pues bien, es necesario que sepa que de esta guerra
depende 'la suerte, no de los judíos, porque el pue­
blo ju dío es invencible, sino la suerte del pueblo
ruso. Para el Gobierno ruso es cuestión de vida o
muerte. Su victoria en este asunto será el com ien zo
de su ruina. Que tengan cuidado los gobernante? ru­
sos. Nosotros ofrecem os al m undo entero la dem os­
tración de que no. se puede ju gar im punem ente con
los judíos, sean éstos de Kiew o de cualquier otro
lugar» (2).
Desgraciadam ente para R usia y para todo el uni­
verso civilizado, no fué vana esta amenaza. Seis años
’neis tarde se había realizado. D em os algunas c ifr a s :
El prim er C onsejo (Soviet) de diputados, obreros
y soldados se com p on ía de 23 m iem bros, de los que
19 eran ju d ío s ; el C onsejo de los Com isarios del
P ueblo de J920 tenía 17 judíos entre sus 22 m iem -

(1) Asunto del asesinato ritual en Kiew. El judio BEYLIS


fué absuelto por el Jurado; pero quedó demostrado el carácter
ritual del asesinato.
(2) PER HAMMER, núm. 254 (1911). Citado por el gene­
ral NETCHWOLODOFF en «El Emperador Nocalás n y los ju­
díos»; Mgr. JOUIN, «El peligro judeo-masónico»; «El frente úni­
co» (1927), edición del «Petit Oranais».

m
b r o s ; entre los 43 altos funcionarios de la C om isa­
ría d e Guerra había 34 israelitas; la Com isaría del
In terior tenía 54 ju díos entre sus 6-4 e m p le a d o s; la
de N egocios Extranjeros, 13 ju díos y 17 m iem bros.
En la adm inistración de la Hacienda el porcentaje
de ju díos se elevaba al 86 por 100 y en la de Justicia
al (J5 por 100, etc.
Para resum ir esta estadística consignarem os que
entre los 545 agentes principales de la llamada revo­
lución rusa 447 pertenecían al «pueblo elegido», 68 a
diferentes nacionalidades (letones, aleman-es, pola:
eos, etc.) y sólo 30 eran de nacionalidad rusa (1). A ña­
direm os que en la actualidad hay 16 ju díos entre los
22 agentes com erciales de los Soviets en el extran­
jero (2).
Pasem os al estudio de la participación de los ju ­
díos en las revoluciones en general. Ya en 1648 el
g ia n jefe revolucionario Cromwell estaba sostenido
por los ju d ío s ; una delegación venida «del fondo de
A sia y dirigida por el rabino Jacob ben Azabel ?e
presentó ante el dictador inglés. No se hicieron es­
perar los resultados de las conversaciones que se en­
tablaron y Cromwell usó de todo su poder para de­
rogar las leyes de restricción im puestas a los ju díos
en Inglaterra (3). Uno de los más íntim os colabora­
dores de iCromwel! fué el rabino de Amsterdam, Ma-
nassé ben Israel (4).
Ernesto Renan, que no puede ser sospechoso de

(1) Estas cifras, sacadas de fuentes de información bol­


cheviques, figuran en un folleto titulado «Quién gobierna en
Rusia», publicado en Nueva York en 1920. Véase Mgr. JOUIN,
«El peligro judeo-masónico», n , pág. 108 y siguientes.
(2) «Boletín de la Agencia Urbs» de 25 de agosto de 1927.
citado por R. LAMBELIN en «Las victorias de Israel», pág. 170.
(3) LEON HALEVY, «Resumen de la historia de los judíos».
(4) R. LAMBELIN, «Las victorias de Israel», pág. 44.

89
antisem itismo, escribía lo que s ig u e : «Em el m ovi­
miento revolucionario francés el elem ento judío
desem peñaba un papel capital» y es m uy difícil no
estar de acuerdo co n él. Es verdad que hacia 1789 los
judíos operaban con mucha prudencia y ocultaban
iras las organizaciones m asónicas y las sociedades
íilosóflcas, pero esto n o im pedía que algunos de los
hijos de Israel tomaran parte activa en los acon teci­
m ientos revolucionarios y se aprovecharan de ellos
desde el punto de vista material. El prim er tiro co n ­
tra los guardias suizos de las Tullerías, el 10 de
agosto de 1791, fué disparado por el judío Zalkind
Hourwitz Lang ·;!). Pero com o este ardor bélica e n ­
cierra m u v ;0 s peligros, prefirieron los judíos dedi­
carse a otras actividades m enos peligrosas y sobre
■todo más lucrativas (2).
El avituallamiento de los Ejércitos republicanos
se realizaba por los israelitas Biderm ann, M ax Beer,
M oselm ann v otros, v esto dio lugar a las quejas
íornnjiada? por el com andante Bernanville, del E jér­
cito ded Mosela, porque se le enviaban para las tro­
pas calzados de adolescente con suela de cartón, m e ­
dias de niñ o y lonas para tienda com pletam ente p o ­
dridas .(3).
En cuanto fueron abolidas las leyes que restrin-
íriiin los derecho* de los judío« gracias a la interven­
ción del abate Gregoire, de Mirabeau. R obespierre
y otros (esto lo hacen el prim er día todos los Gobier-

(1) LEON KAHN, «Los judíos de París durante la revo­


lución».
(2) «El viejo hebreo Benoltas. hombre millonario de esta
plaza (Cádiz), queda nombrado por ahora tesorero general de
la Orden, y cuenta ya con un fondo disponible de trescientos
mil pesos fuertes». Máxima 44 del Grande Oriente Español. 1 de
abril de 1824 —N. del T.
(3) P. GAXOTTE, «La Revolución francesa», pág. 279-280.

90
nos revolucionario?}, y «en cuanto prevalecieron das
ideas de 1780, descargó sobre Francia», com o d ice
Capefigue, «una verdadera nube de extranjeros, es­
pecialm ente judíos d e las orillas de R hin » (1). Enton­
ces fué cuando aparecieron en la arena política los
Klotz, los Benjam ín Veitel Ephraim, los Etta Palm,
etcétera. «El Mesías ha venido para nosotros el 28 de
feb rero de 1790 con los Derechos del H om bre» (2),
escribía el ju dío Cahen, y, en efecto, la co-ncesión a
los judíos de todos los derechos d e ciudadanía fué
una de las grandes victorias de Israel. «’La revolu­
ción de 1830. dice el judío Bedarride, «n o ha hecho
sino consagrar estos felice* resultados» (3).
«Cuando en 18í8 la soberanía del pueblo alcanzó
sus últimos límites», añade cínicam ente el m ism o
autor, «surgieron nom bres israelitas en ilas más a l­
tas regiones del poder» '\). Estos elegidos, estos r e ­
presentantes del pueblo ostentaban apellidos tan
franceses com o los de Fould, Cerfbeer. iCremieux,
etcétera. La costum bre de que haya por lo m enos un
representante judío en el G obierno de la república
se ha observado, salvo raras excepciones, hasta
nuestros días.
P ero no fué sólo en Franeia donde la judería des­
em peñó un papel preponderante en los m ovim ien­
to? revolucionarios. "El m ovim iento revolucionario
que agitó la Europa central en 18í8». escribe Lam -
belin. «fuié preparado y sostenido por los ju díos» (5 );
así lo demuestran num erosos hechos y docu m en tos.

(1) CAPEFIGUE. «Las grandes operaciones financieras».


(2) «Archivos Israelitas». VIII (1847). pág. 801. Citado por
GOUGENOT DES MOUSSEAUX en su obra mencionada, p. 453.
(3) BEDARRIDE, «Los judíos en Francia, en Italia y en
^España», pág. 428.
(4) BEDARRIDE, obra citada, pág. 430.
(5) R. LAMBELIN, «Las victorias de Israel», pág. 10.

91
Entre los autores de la revolución de 1870 y entre
los m iem bros de la Gom mune, aparecen igualm ente
los ju díos representados por Ravel, Isaac Calmer,
Jacob Pereyra y otros. El autor precitado señala Ja
p resencia de 18 ju díos entre los principales m iem ­
bros de la C om m une (1). Es interesante consignar
que durante el incendio de París en 1871 los petro­
leros dejaron intactos los 150 edificios que pertene­
cían a la familia Rothschild (2).
C ontinuando el estudio de estos m ovim ientos en
E uropa, volvem os a encontrar a los ju d ío s : el poeta
Heine, Carlos M arx, Lassalle, y otros m uchos.
«Para destruir la antigua sociedad que lo repelía»,
escribe Drumont, «el ju dío ha sabido colocarse a la
cabeza de la acción dem ocrática. Los Carlos Marx,
los I^assaM-e, los principales nihilistas, todos los je ­
fes de la revolución cosm opolita non judíos. De este
m odo im prim en los judíos al m ovim iento la direc­
ción que les conviene» (3).
No olvidem os que los fundadores de la Interna­
cional en iS3í fueron los ju díos Marx, Neumeier,
Fribourg, James Cohén, LassaJle, Aaron, Adler,
Franckel y, el único no ju d ío (?), Gom pcrs.
Para dirigir el m ovim iento revolucionario se fun­
d ó en Francia el tan con ocid o diario «L ’Humanité».
Para ello se abrió una suscripción que p roporcion ó
la sum a de 780.000 francos. Citaremos los nom bres
de los doce donantes, que «p or casualidad» eran to­
dos ju d ío s : Levv Brul, Levy fíram . A. Dreyfus,
L. Dreyfus, Herr, Eli Rodríguez. León Pieard, Blum,
R ouff, Kasevitz, Salom ón Reinach y LS'ach*.
Después de lt-ído lo que precede no puede causar

(1) R. LAMBELIN, obra citada, pág. 62.


(2) E. DRUMONT, «La FTancia Judia».
(3) Ibid.

92
extrañeza que en e! sínodo judío de Leipzig del 29
de junio de 18&) se aprobara la siguiente m o c ió n :
«El S ínodo reconoce que el desarrollo y la realiza­
ción de los principios m odernos (léase revolu ciona­
rios) son las más ílnne^ garantías para el presente
y el porvenir del judaism o y de sus m iem bros. S on
las con d icion es más enérgicam ente vitales para la
existencia expansiva y el m ayor desarrollo del ju ­
daism o» (i).
En m ucho* aspectos la revolución no ha sido sino
una aplicación del ideal que «Israel había traído al
m undo» (2), según escribe Leroy iBeaulieu, autor nada
lachado de antisem itism o. .Es preciso darle la razón
porque no se puede negar la im portancia de la inter­
v en ción judía en la obra revolucionaria.

III.—LAS LOGIAS INSTRUMENTO DE ISRAEL

Suficientemente demostrada esta verdad, la c o n ­


clu sión se im pone. iSi no presentam os aquí d ocu m en ­
tos auténticos que pongan en evidencia 4a d irección
judía en los trabajos de la m asonería y su influencia
sobre ella, no por eso resulta m enos evidente que
estas dos Tuerzas actúan de com pleto acuerdo.
Para consegu ir sus ílnes ha sabido introducirse la
m asonería en la prensa, en el teatro, en las escuelas:
en una palabra, em. todo lo que puede influir en el
pensamiento hum ano e im prim irle la dirección pre­
tendida por las logias. Simultáneam ente ha acapara­
do el judaism o los m ism os órganos vitales, pero sin
estorbar nunca a la masonería. l\ o quiero fatigar al

(1) Moción de PHILIPPON. Véase GOUGENOT DES


MOUSSSAUX, obra citada, pág. 332.
(2) LEROY BEAULIEU. «Israel entre las naciones», p. 65.

93
lector citando textos que dem uestren estas activida­
des judías. Basta con un p oco de atención para darse
cuenta de que la m ayor parte de los periódicos, li­
bros, agencias de inform ación y de publicidad, casas
editoriales, teatros, «cines», etc., están bajo el control
de los judíos, arm a terrible puesta en m anos de quie­
nes saben m uy bien utilizarla. Si se tiene en cuenta
que esa m isma influencia se ejerce sobre el m undo
financiero, se com prenderá la fuerza form idable de
destrucción de que disponen el judaism o y la m aso­
nería para sus trabajos com binados.
Es extraordinariam ente difícil presentar docu m en­
tos que dem uestren de un m odo concluyente que la
frainc-masonería está gobernada por los (judíos; tales
docum entos, por su extraordinaria im portancia, de­
b e « estar guardados celosam ente, pero se tienen su­
ficientes pruebas indirectas que no permiten la más
pequeña duda.
El núm ero de ju díos afiliados a las logias es in­
m enso ; dice M ackey que «todo el m undo sahe que los
más significados ju díos son m asones» (1), v la exis­
tencia de la Orden m asónica de los B’nai B’rith, Orden
reservada exclusivam ente a los judíos, es con ocida de
todos. Los m asones no ju dío«, aunque pertenezcan a
los grados más elevados, no son adm itidos en las
asambleas de los B ’ nai B'rith, mientras que los m iem ­
bros de estas últimas tienen el derecho de asistir a
las «tenidas» de todos los ritos m asónico?. Es eviden­
te, por lo tanto, q u e los m asones judíos de las logias
B ’ nai B ’ rith están, dentro de la jerarquía m asónica,
por encim a de todos los restantes herm anos.
Suele hablarse de un «Gran Maestre de la M aso­
nería Universal», pero sería difícil demostrar la exis­
tencia de una s o la . persona directora de toda esta

(1) MACKEY, «Manual de las logias», pág. 95.

94
secta internacional, ya que el más profundo m isterio
debería envolverla. Sería más exacto considerar al
«Oran M aestre de la M asonería Universal» n o com o
el jefe suprem o de la secta, sino más bien com o el
ejecu tor oficial de las órdenes de la persona o del C on­
sejo que ejerce efectivam ente el poder suprem o so­
bre toda la asociación m asónica internacional. Se
d ice que los Grandes Maestres han sido en los últi­
m os tiem pos dos judíos, Gohn y después Nathan, lo
cual viene a confirm ar la hipótesis de una suprem a
d irección judía.
El antiguo m asón y notable kabbalista D oinel co n ­
firm a también esta suposición : «La acción judía— es­
cribe— , la infiltración judía, el odio judío. Cuántas
veces he oído a los franc-m asones lam entarse de la
d om in ación que los judíos im ponen a la? logias, a los
talleres filosóficos, a 'los Consejos, a los Grandes
Orientes, en todos los países, en todos los puntos del
triángulo, co m o d ice a ellos» (i).
T odos los especialistas de la cuestión m asónica
hacen resaltar osta preponderancia judía. T odos los
estudios vienen a coin cid ir en las m ism as co n clu sio ­
nes que form ula P oncin? del m odo sig u ie n te : «Pode­
m os, por lo tanto, afirm ar con toda certeza que existe
una estrecha aliainza entre los franc-m asones y los
judíos, y, sin que tengam os una prueba material ab­
soluta, prueba m uy difícil de encontrar en una cu es­
tión tan oculta, hay una serie de hechos que tienden
a afirm ar la d irección (judía de la Franc-M aso-
nería» (2).
Para resum ir este capítulo podem os, con com ple-

(1) BARBIER, «Las infiltraciones masónicas en la Igle­


sia», pág. 121.
(2) L. de PONCINS. «Las fuerzas secretas de la Revolu­
ción», pág. 144.

95
Xa tranquilidad dt* conciencia, adoptar la definición
qu e da de la m asonería H. de Guilebert cuan do d i c e :
«La continuación del m undo de la Kabbala que actual­
mente se designa con el nom bre de judeo-m asonería.
Esta expresión puede conservarse, haciendo toda cla­
se de reservas acerca de su exactitud, para designar
el organism o com puesto del ju dío kabbalista y de la*
sociedades secretas, considerado com o un todo que
tiene una doctrina y una disciplina com u nes y un
fin y unos m edios com unes tam bién» (i).
En una palabra, puede reconocerse en el judaism o
y en la masonería una fuerza oculta única destinada
a destruir la cultura cristiana y a ensalzar, por co n ­
siguiente, la cultura judaica, preparando el reino de
Israel sobre el universo esclavizado.

(1) «R. I. S. S.» núm. 26 (1927), pág. 423.

96
CAPITULO VI

La Franc-Masonería dueña de h política

I.—LOS PRINCIPIOS POLITICOS DE LA MASONERIA

«Jamás ha habido un régim en más secreto, más


m isterioso que la tercera R epública», dice Bide-
gain ;i). V efectivamente, los senderos tortuosos y
oscuros por los que cam ina la política republicana
serían absolutam ente d esconocidos e incom prensibles
si no buscáram os una solución l a n z an do una ojeada
a le quo ocurre entre bastidores. «Las instituciones—
cnnliiiiúa Bidoirain— quo sirven de fachada a la R e­
pública no son sino engañosas decoraciones tras de

(1) J. BIDEGAIN, «Una conspiración bajo la tercera Re­


pública», pág. 87.

07
las cuales pasan m uchas cosas ignoradas para el
v u lg o» (1).
Lancem os una m irada indiscreta por detrás de
esas decoraciones, escuchem os a los m asones, siga­
mos, aunque sea brevem ente, su trabajo en esta R e­
pública, y se aclarará el m isterio. D esgarrem os ese
velo tejido de mentiras, de trapacerías y de frases
huecas que tienden sobre sus obras las fuerzas o cu l­
tas, y m uchas cosas extrañas e incom prensibles apa­
recerán a nuestra vista claram ente ilum inadas; el
trabajo presente y futuro de la secta se m ostrará en
toda su ignom inia.
«La esencia de la República, decía R obespierre,
consiste en la destrucción de cuanto a ella pueda op o ­
n erse.» El presidente del Gran Oriente de Francia,
senador II. ·. Dcsm ons, nos da una definición todavía
m ás característica de esa pretendida form a de g o ­
bierno : ^R epública— decía en el banquete de clausu­
ra de la A sam blea general de 1899— quiere decir para
m í antim ilitarism o, anticlericalism o, socialism o» (2).
A sí es com o efectivamente puede definirse no la R e­
p ública misma, sino el cam ino que conduce a la im ­
plantación del ideal m asónico, es decir, de la R epú­
blica universal.
El antim ilitarism o socava la l»a?e de la con cien cia
nacional, «1 ejército indispensable para la seguridad'
de un país, la tradición de gloria y do nobleza, única
p rotección eficaz de la patria contra sus enem igos e x ­
teriores e in teriores; la con cepción sublim e del sa­
crificio patriótico, sin la que no se concibe la existen­
cia de ningún país.
El anticlericalism o, que es la pantalla del ateísmo,
corrom pe al pueblo, arrebatándole el discernim iento

(1) J. BIDEGAIN, «La lucha antimasónica», p&g. 66.


(2) J. BIDEGAIN, «Una conspiración...», pág. 52.

98
mpral, lo rebaja al nivel del bruto y, excitando sus
más viles instintos, lo em puja bajo el yugo de las
fuerzas ocultas que lo llevan a la ruina.
El socialism o es el coronam iento digno de esa
obra inldine. Gracias a 61 reniega el país de sus tra­
diciones, renuncia a su destino histórico y da un
paso de gigante hacia ese abism o donde debe su cu m ­
bir su personalidad propia, hacia el internacionalis­
mo. El socialism o es el odio feroz, la rabia animal, el
incendio de la guerra civiil; es el ignom inioso m er­
cantilism o de la conciencia, la dem agogia, la arbi­
trariedad recubierta de una palabrería hueca, d espro­
vista de sen tid o; es la esclavitud del pueblo, con ver­
tido en un juguete de los sindicatos o, más bien, de
sus je fe s ; es la m iseria y la ruina de todo el país.
(«Necesitamos la paz y la R epública para conti­
nuar nuestra obra de evolución y de progreso», decía
u»no de los oradores de la Asam blea general de
1913 (1), y Crémieux, el tan co n ocid o judío v m asón,
proclam aba en 18í8 q u e : «la R epública hará lo que
hace la Franc-M asonería» (2).
Si estudiam os la táctica y los fines de las socie­
dades secretas verem os en qué consiste ese progreso,
esa evolución y esa obra de la R epública, que n o es
más que una de las prim eras victorias de la m asone­
ría, una etapa en su cam ino hacia el id e a l: la R e­
pública universal bajo el control de las logias.
Desde el advenim iento de la R epública la acción
m asónica entra en una nueva fase. Procura acaparar
todos los sectores de la vida nacional y adueñarse de
toda ila nación para hacer de ella un instrum ento dó-

(1) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de Fran­


cia en 1913, pág. 393.
(2) Respuesta de Crémieux a la delegación del G.\ O.·, el
24 de marzo de 1648.
cil (1). Trata, en prim er lugar, de cam biar la p sicolo­
gía de la nactán y de subordinarla al capricho de los
«nuevos dom inadores, y por eso los prim eros esfuer­
zos se dirigen contra la instrucción pública y la
prensa. C on la dom inación de estos dos factores pri­
m ordiales pretende la m asonería atraerse al pueblo,
burlándose de 61, privándole de voluntad y de inteli­
gencia y de la posibilidad de distinguir a sus am igos
de sus enem igos.

II.— LA BATALLA POR LA ESCUELA

Los prim eros atentados contra la educación de la


juventud se com etieron en F rancia m ucho antes de
1739. En el siglo XVIII estaba esa obra casi exclu si­
vam ente en m anos de los jesuítas, y ol duque de
R ichelieu C¿) cita -la fecha de la expulsión de estos
religiosos (5 de agosto de 1762) com o una gran victo­
ria de la masonería. »La revolución del 8(J— dice Ri-
chelien— la han hecho los rranceses nacidos después
de 1750, ilum inados por la filosofía de aquel tiem po y
preservados desde 1763 de la educación de la Com­
pañía.»
A lgunos años antes de la revolución, el Procura­
dor del Rey, el herm ano La ¡Ghalotais (3). publicaba

(1) «...de manera que tenga nuestra «Venerable Orden»


en todos los ramos del Estado personas diestras e inteligen­
tes que trabajen en favor de nuestro sistema; no olvidándose
la máxima de que los colccadcs por acaso o política del par­
tido de nuestros enemigos sean de poco talento, ambiciosos y
sin experiencia, o que, siendo fáciles de seducir, sobornar o
atraer por el bello sexo, no pueda temerse nada de ellos».
Máximo. 27 de los redactadas por el Grande Oriente Español
en 1 de septiembre de 1823.—N. del T.
(2) Duque de RICHELIEU, «Memorias», t. IX. pAg. 143.
(3) «Ensayo de educación nacional», por LA CHALO-
TAIS, 1763. Citado ñor DESCHAMPS en su obra mencionada.

100
una m em oria relativa a la instrucción pública. Sus
planes, que cualquier masón de nuestros días firma­
ría de buena gana, preconizaban la estatiílcación de
Ta enseñanza, que debía ser gratuita y obligatoria.
Los religiosos, por supuesto, quedabam excluidos del
personal docente y los textos debían ser substituidos
por otros m ejores desdo el punt-o de vista do la secta.
Este proyecto difiere m uy p oco de los principios
sustentados por la «Sociedad de nueva educación»,
fundada en 1871, y por la «Liga de la Enseñanza»,
del II. *. Massó, p rincipios proclam ados en nuestros
días por las asambleas anuales y por los partidos po­
líticos de ¡la izquierda. El program a m asónico está
bien claro : suprim ir en la escuela todo lo que pueda
recordar a Dios, arrebatar a los niños el sentim iento
nacional y patriótico y hacer de ellos instrum entos
dóciles en manos de los directores cosm opolitas de
la masonería. El famos.o laicism o, ese gran principio
de los partidos de izquierda, no es otra cosa que el
viejo p rincipio antirreligioso de da secta.
La preocupación principal de las logias es la su­
presión de la enseñanza r e lig io s a : « I » prim ero que
hay que hacer en la enseñanza es quitarle todo es­
píritu clerical y dogm ático» (1), leem os en la m em o­
ria de la Asam blea general de 1901. Pero este prin­
cipio había sido proclam ado m ucho antes de esa
fecha (2).
La «.Sociedad de nueva educación» opinaba en

(1) «Boletín Oficial de la Asamblea general del G.\ O.·,


de Francia», 1901, pág. 249.
(2) «...se cuidará mucho de que no varíen los planes de
enseñanza pública, que nuestros venerables hermanos de las
Cortes tanto trataron de sostener... para que no decaigan nues­
tras sanas doctrinas y opiniones políticas y religiosas, que los
fanáticos llaman impiedad y libertinaje». Máxima 16 del Gran­
de Oriente Español, 1 de septiembre de 1823.—N. del T.

101
1871 (1 ): «... que la instrucción re-ligiosa o dogm ática
sea inmediata y radicalmente suprim ida para los dos
sexos en todas las escuelas... Que esas casas de ins­
trucción y de educación no tengan en los lugares ex­
puesto a las miradas de los alum nos o del público
ningún objeto del culto... Que n o se enseñen ni se
practiquen en com ú n ni oraciones ni d ogm as...»
La «Liga de 1ü Enseñanza», instrum ento del lai­
cism o, no oculta sus contactos m asónicos. «La obra
de 4a L iga—decía su fundador, el H. \ «Massé— es la
aplicación de los prin cipios proclam ados por las lo ­
gias» (2); y el H. ·. Lecoque dice con toda cla rid a d :
«N o olvidem os que junto a la M asonería está su hija,
la «Liga de la Esperanza» (3).
Las escuelas y los colegios libres estorban la difu­
sión de los principios de educación m asónicos, y por
eso la secta exige su supresión al g obiern o republi­
cano, que le sirve siem pre con toda docilidad. Es
verdad que la educación está m ucho m ejor organiza­
da en las escuelas libres gracias a su sistema de en­
señanza y al nivel m oral y profesional de su profe­
sora d o; pero eso im porta poco a la masonería, que
«pide con razón i; -nuestros herm anos parlamentarios
(¡ue exijan del Gobierno 'la aplicación de la ley v la
proh ibición de enseñar reunidos o individualm ente a
los m iem bros de las C ongregaciones» (4). El Gran
Oriente reclam a lo m ism o en 1923, es decir, «la apli­
cación de las leyes de 1901 y 1904 que prohíben la

(1) «Diario Oficial de la Commune» del 26 de marzo 1871.


(2) «Boletín Oficial de la L. de la E.», citado por A. MI-
CHEL en «La dictadura de la F.·. M.·. en Francia», pág. 21.
(3) Ibid.
(4) Memoria de la Asamblea general de la G.\ L.\ de
Francia, 1922, pág. 220.

102
enseñanza, la educación y la propaganda a los je­
suítas» (1).
«Una de las obras de la R epública a la que debe­
m os prestar la atención más vigilante y el más con s­
tante celo es la educación nacional, la instrucción
laica de todos los niños», decía el H. ·. Sicard des
Plauzoles. «Debem os velar por que ■este derecho del
.<niño se realice íntegram ente» '2), y este derecho, se­
g ú n la atinada frase de H. du Passage, «consiste sobre
todo en que sea educado, sin com petencia posible, en
una escuela que esté bajo la dependencia de las lo ­
gias» (3).
listos propósitos, estas Ligas, estas S ociedades se­
rían poco peligrosas si el gobierno de la R epública no
estuviera tan enteramente som etido a las logias. Pero
la persecución de las escuelas libres, es decir, no
m asónicas, y de las personas que envían a ellas a sus
hijos no son obras que se queden entre los m uros
de los templos m asónicos. En septiem bre de 1924,
el m inistro de Instrucción pública. Frangois Albert,
envió una circular a los prefectos excitándoles a am o­
nestar a los funcionarios del Estado que confiasen la
ed u cación de sus hijos a los colegios libres (4). Dos
religiosos profesores del L iceo de M avence fueron
destituidos en 31 de diciem bre de 1924 a petición de
la Liga de los Derechos del Hombre (5). P or orden
del m inistro Herriot, el inspector de Academ ias ho­
norario R n ^ ig n o l fué obligado a presentar su dim i-

(1) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de


Francia, 1923, citado por A. MICHEL, obra mencionada, p. 30.
(2) Memoria de la Asamblea general del G.\ O.·, de
Francia, 1913, pág. 34.
(3> H. du PASSAGE. «El secreto de las logias», pág. 23.
(4) A. MICHEL, «La dictadura de la Franc-Masonerfa
en Francia», pá. 34.
(5) Ibid.
sión a causa á'¿ un articulo publicado en ;<La Y ic-
toire», artículo que tuvo la desgracia de m olestar a
las logias > a los hijos de Israel (1). Pero a todo esto,
los catedráticos com unista» se mantienen en su? fun­
ciones a pes.'ir de las peticiones firmadas por cente­
nales de padres de familia solicitando su destitución.
Lo? que se interesan en las cuestiones de instruc­
ción pública deberían ojear los textos en uso en las
escuelas laicas. Les irás instructivos son »los de his­
teria, donde los h e;h os se presentan en tal form a
que no ^ay quien les conozca, y com entados en tales
térm inos que lo asom broso es que no haya en Fran­
cia más com unistas y anarquistas.
Pero haberse apoderado de la educación escolar
n o le parece suficiente a la m asonería; hay todavía
escuelas libres donde lo? niños reciben una enseñan­
za basada en la religión y en la moral, y queda toda­
vía la familia, que, según los masones, ejerce sobre
el niño demasiada influencia.
Los derechos de los padres y los del Estado en
m ateria de educación fueron discutidos en 1910 por
el periódico m asónico («Acacia». Según la opinión de
este papel «... En nuestra sociedad dem ocrática, el
Estado, expresión suprem a de la colectividad, es el
único capacitado para determ inar... los límites de los
derechos de los particulares» (2).
Las Asam bleas generales se ocuparon (3) de ‘«la
escuela única» y de la «nacionalización de la ense­
ñanza», es decir, de la concentración de la obra de ¡la
enseñanza en m anos del Estado. Los derechos de lo?

(1) «Echo de París» de 2 de Julio de 1927.


(2) «Acacia», julio-agosto 1910, pág. 456.
(3) Memoria de la Asamblea general de la G.\ L.\ de
Francia en 1925, pág. 154-155; «Boletín del Derecho Humai:o».
julio 1923, pág. 63; Memoria de la Asamblea general del «De­
recho Humano», 1924, págs. 8-14, etc.

104
padres en esta materia deben ser transferidos al Es­
tado, y, por consiguiente, a las logias, que en la re­
pública se disim ulan bajo ese nom bre.
Estos proyectos pueden resum irse con una frase
del H. ·. I>esmons <1): ¿Querem os arrancar el porve­
nir al clericalism o, y por eso querem os educar a »las
generaciones futuras.»
Para lograr ese propósito necesita la secta d ispo­
ner d e sujetos que ejecuten sus órdenes ciega y dó­
cilm ente, y para con seg u ir su form ación exige la di­
rección absoluta de la enseñanza pública.
O bservem os que el gobierno republicano se apre­
sura a satisfacer los deseos de la m asonería; las c o n ­
clusion es acordadas en la A sam blea general de la
Gran Logia en lo relativo a Instrucción pública fu e­
ron remitidas en 1026 a-1 m inistro H erriot (2), que
p rom etió exam inarlas con el m ejor deseo.

III.—LA MANUMISION DE LA PRENSA

E xam inando la cuestión de la prensa se observa


que la m asonería ha com p ren d ido hace m ucho tiem ­
po la im portancia de este gran factor de la vida m o­
derna. «El vulgo no tiene tiem po de leer libros», de­
cía E. Drum ont (3), y la m ayoría de nuestros co n ­
tem poráneos "no piensan, ni tienen tiem po de pen­
sar, ni saben p en sa r; no piensan más que por su pe­
r ió d ic o ; tienen un cerebro de papel» (\). A caparando
la prensa, «los masones han sabido, con una p rodi­
giosa paciencia, gracias, sobre todo, al periódico, mo*

(1) «La Masonería Universal», 1887, póg. 365.


(2) «Les Cahiers de l’Ordre» núm. 5 (1926). pág. 13.
(3) E. DRUMONT, «El testamento de un antisemita», pá­
gina 61 .
(4) Ibid, pág. 58.

105*
d iíicar la m entalidad de la dem ocracia y, por decirlo
así, crear la historia» (i).
Esta nueva mentalidad, útil a ia m asonería, se
m oldea con la deform ación de los hechos, con su in­
terpretación tendenciosa, silenciando ciertos aconte­
cim ientos o m intiendo descaradamente.
De esta manera crea la m asonería la llamada «o p i­
nión pública» qut, a su vez, ejerce presión sobre los
poderes p úblicos en el sentido que a la secta le co n ­
viene.
Nada más lejos de mi ánim o que acusar de vena­
lidad y de falsedad a todos los representantes de la
prensa. Hay entre sus m iem bros m ucha gente co n ­
vencida, invariable en sus opiniones, tenaz en la lu ­
cha por la verdad y el d e re ch o ; pero, desgraciada­
m ente, la prensa de la izquierda em plea con sobrada
frecuencia procedim ientos verdaderam ente repug­
nantes.
Una interpretación arbitraria y falsa de ciertos he­
ch os, el silencio sobre otros, la calum nia y la falsía,
son procedim ientos de que usa y abusa la prensa
m asónica y m asonizante. Se encuentran estos p roce­
dim ien tos en la prensa de izquierdas que profesa
ideas vecinas de las ideas m asónicas, prensa funda­
da m uchas veces por la m ism a m asonería y subven­
cionada por ella.
El diario «Paris-Soir», por ejem plo, en u.na edi­
ción especial enviada a todas las logias en abril de
1924, solicitaba una ayuda material para su propa­
ganda i{2). «Es necesario... que reservem os nuestra

(1) J. BIDEGAIN, «Magistratura y justicia masónicas»,


página 211.
(2) H. du PASSAGE, «La dictadura de la F.·. M.\ en
Francia», pág. 14.

106
perra gorda para la prensa republicana» (1), decía
un o de los m iem bros de la A sam blea general de
1922; y la A sam blea de la Gran Logia, e-n 1923, «p ro­
testa contra todas las m aniobras de una coalición de
grand es periódicos que im pide la difusión de los pe­
riódicos de la izquierda» (2).
No sólo los periódicos pueden servir para la con ­
quista de la opinión p ú b lic a : «Es preciso que haga­
m os un esfuerzo de propaganda..., la que podría lla­
marse la propaganda por los grandes m edios, las
conferencias, los folletos, los artículos de pren­
sa...» (3). Cuando «algún herm ano haya presentado
un trabajo serio, interesante, instructivo, que no
dude la logia en im prim irlo» (4), claro está que la
utilidad de este trabajo se ha de d iscern ir desde el
punto de vista m asónico, y el Gran Oriente aboga
finalmente por que «únicam ente los trabajos que
sean verdaderam ente educativos puedan im prim irse
y repartirse baj<) H patronato del Gran Oriente (5).
Tal es la tela de araña que tiende la m asonería
alrededor de sus víctim as con el concurso, o p or lo
m enos con la abstención, de los poderes públicos re­
publicano?. Los niños, depravados por la educación
laico-m asónica, y los adultos, por la prensa m asoni-
z a n te; los libros, las revistas, las conferencias, etcé­
tera: y todo este trabajo se hace en nom bre de la
igualdad, la libertad y la fraternidad. La «libertad»
prepara la sum isión de la humanidad a un puñado

(1) Memoria de la Asamblea general del G.'. O.*, de


Francia, 1922, pág. 374.
(2) Memoria de la Asamblea general de la G.\ L.\ de
Francia, 1923, pág. 94.
(3) Memoria de la Asamblea general del G.*. O.*, de
Francia, 1922, pág. 381.
(4' Idem id. id. de 1922, pág. 274.
(5) Memoria de la Asamblea general del G.*. O.*, de
Francia, 1922, pág. 275.

107
(le m iem bros de las sociedades secretas; la «igual­
d ad » y la «fraternidad» les proporcionan esclavos
El número de los que no pueden o no quieren
com p ren d erlo es, por desgracia, considerable. La m a­
sonería, acaparando la escuela, la prensa, y, en los
países de régim en republicano, todo el tinglado g u ­
bernamental, ha consegu ido difundir, si no las ideas
m asónicas, por lo m enos un am biente m uy esp ecia l;
no st atreve ¡la g en le a criticar esas ideas por m iedo
a parecer reaccionario y a hacer el ridículo ante la
«opinión pública», esa arma terrible en m anos de las
sociedades secretas. Si quisiéram os oponerle una re­
sistencia cualquiera o si nos decidiéram os sencilla­
m ente a no secundar, aunque inconscientem ente, sus
indicaciones, no asistiríam os a la ruina del m undo
cristiano, al ocaso de. la civílizacif'Vn, y no tendríam os
que soportar el y u g o ensangrentado de la inlernacio-
aial m asónica.
CAPITULO VD

Cómo se ejerce la dictadura masónica

I.—ORGANIZACION GENERAL

ííem o? dem ostrado en el capítulo anterior que el


G obierno republicano es un juguete en m anos de los
m asones. Es evidente que los llam ados a dirigir la
república sólo pueden ser los afiliados o som etidos a
la serta, puesto que la república es evidentemente
obra suya. La confirm ación de eslo se encuentra en
los acuerdos de las Asam bleas y en las actas de los
parlamentos y de los gobiernos republicanos. El ré­
gim en parlamentario, esa herencia de las revolucio-
mes, es*1 reinado de una m ayoría muchas veces in­
com petente y vendida, facilita singularm ente la ac­
ción masónica. La secta ya no tiene ¡necesidad de

109
con v en cer a m illones de ciudadanos, de apoyarse en
su voluntad y en su opinión para hacer triunfar sus
p rin cip ios; eso sería para ella perder inútilm ente el
tiem po y las fuerzas. Los m ism o* resultados pueden
conseguirse por la creación de dos o tres partidos po­
líticos m asonizantes dotándoles de una prensa de gran
tirada y haciendo elegir, a fuerza de co rru pción y
de intrigas, a u a cierto núm ero de adheridos a esos
partidos som etidos al poder suprem o de la m asonería.
Los destinos del país quedan de ese m odo a m er­
ced de los m asones, porque no hay que olvidar que
los «representantes de la aiación», com o p om posa­
mente se titulan diputados y senadores, no son sino
los representantes de los partido? p olíticos; y las
resoluciones de los parlamentos no son, por con si­
guiente, las del pueblo.
Luis. Blanc, m iem bro del G obierno provisional de
1848, jefe socialista en aquel tiempo, e sc r ib ía : «La
m ayor parte de ios departam entos eran todavía m o­
n árquicos en 18Í3: habían sabido el advenim iento de
la república con verdadero estu p or; más que acla­
m arla la recon ocieron » (i). Y enum erando las difi­
cultades con que él y su partido tropezaron, incluye
entre ellas el im perio ejercido por «los prejuicios
m onárqu icos sobre las cuatro quinta^ parte? de la na­
ción, la debilidad num érica de los partidos republi­
c a n os...» (2), lo que n o im pidió, sin em bargo, la pro­
clam ación del nuevo régim en. El establecim iento de
la tercera república se acordó pe r un solo voto de
m ayoría.
Adem ás de contar con el parlamento, necesitaba
la m asonería apoderarle del poder ejecutivo. Despo­
ja r al presidente de la república de todn autoridad y

(1) LOUIS BLANC, «Historia de 1?. revolución del 48».


(2) LOUIS BLANC, «Historia de la revolución del 48».

110
privarle de la facultad de dirigir el Estado fué cos;v
m uy fácil, y para acaparar todo el m ecanism o g u ­
bernamental, para disponer de los m inistros y de sus
subordinados, inventó la m asonería un m inisterio
que se decía responsable ante el parlamento.
Habría que ser ciego para ino ver claram ente la
com pleta irresponsabilidad de los m inistros. Incapa­
ces m uchas veces y perjudiciales para el país, sin
nin gún conocim ien to técnico, sin experiencia, sia
que se les exija com petencia ninguna, permanecen-
en los puestos a que han sido elevados por designa­
ción de las logias hasta que éstas lo erren convenien­
te, o hasta que el g ru p o político a que pertenecen
pierde la m ayoría en el parlamento. Un abogado, ab­
solutam ente ignorante de las cuestiones militares,
puede llegar a ser m inistro de la Guerra, y un den­
tista puede resultar encargado de adm inistrar la ha­
cienda del país.

II.—LA LABOR DE LAS. ASAMBLEAS MASONICAS

Este acaparam iento del gobierno por los dipu­


tados, m inistros y funcionario? data de m ucho tiem ­
po. Cuenta el historiador m asón Gastón Martín que
m ucho antes de 1878, la m asonería «dirigía la op i­
nión parlamentaria» 1\ Y respecto a los Estados
generales de 17S9, que dieron la prim era señal de
la revolución, dice el m ism o h is to ria d o r: «Cerca de
la mitad de los diputado? de lo? E?tados Generales
pertenecían com o m iem bros activos al Gr?.n Oriente
de Francia» (2).
El C ongreso de lo? loaría? del M ediodía de Francia'

(1> GASTON MARTIN, «La Franc-Masonería y la pre­


paración de la Revolución», pág. 198.
(2) GASTON MARTIN, obra citada, págs. 152-153.

111
adoptó en 1888 ¡la m oción sig u ie n te : «Invitam os al
Gran Oriente a intervenir, por todos los m edios dis­
ponibles, cerca del G obierno y de todos nuestros re­
presentantes, para llegar cuanto antes a la depura­
ción del personal de las adm inistraciones del Estado
y aun de las m unicipales. Se debe despedir y cerrar
al acceso a todos los enem igos de las instituciones
republicanas y m asónicas» (f).
En 1895 la m asonería se sentía p o d e r o s a : «La
Franc-M asonería—leem os en la M em oria de la Asam ­
blea general de aquel año— cuenta en el parlamento
con adeptos suficientes para agitar la opinión públi­
ca en torno a dos o tres reformas políticas... y para
forzar al g obiern o a presentarlas a la aprobación de
¡la Cámara» {2).
La A sam blea general de 1897 continúa con el
tem a: i«Los acuerdos de la A sam blea serán transm iti­
dos por el C onsejo de la Orden a los diputados y se­
nadores pertenecientes a la iPranc-LMasonería paraj
que, tom ándolos com o suyos, los transform en en pro­
yectos de ley que presentarán a las Cám aras» (3).
El de 1901 se ocupa principalm ente de los fu ncio­
narios, y discute las m edidas que se han de tomar
«para evitar que se introduzcan en la plaza nuestros
enem igos y para que sean jubilados los funcionarios
m anifiestamente hostiles a nuestras instituciones» (4).
Hacia 1905 «m ás de la mitad de los m iem bros del
Parlam ento eran Franc-M asones o ligados con la

(1) H. VASSAIL, «Acuerdo de la logia «Independencia


Francesa», Ob.\ de Toulon. Citado por. J. BIDEGAIN en «Una
conspiración...», pág. 10.
(2) Citado por J. LEMAITRE en «La Franc-Masonería.),
página 31.
(3) J. LEMAITRE, «La Franc-Masonería», pág. 32.
(4) Asamblea general del G.·. O.:, de Francia de 1901.
Citado por J. BIDEGAIN en «Una conspiración...», pág. 9.

112
M ason ería; Esta es la que en realidad posee en Fran­
c ia el poder. La Orden m asónica es hoy quien dom i­
na y será el tirano de mañana» (i).
Y a se ejercía entonces esta tiranía por la vigilan­
cia estrecha de los parlamentarios y de los fu nciona­
r io s ; ¡d esgraciado del que n o se doblega a la v olu n ­
tad todopoderosa de la secta! L os m ism os herm anos
no le ocultan y consideran este estado de cosas com o
perfectam ente norm al. «No necesito— decía el H. ·.
Lalerre en la Asam blea general de 1906— extenderm e
en largas consideraciones para justificar la vigilancia
republicana que hem os ejercido sobre los fu n cion a­
rios civiles o militares de la R epública, y para justi­
ficarla me basta con decir que esta vigilancia tradi­
cional de los que tienen a su cargo 'la adm inistración
de los intereses del Estado ha sido siem pre una obli­
g a ción de la Franc-M asonería v de las logias m asó­
nicas» (2).
Hubo, sin em bargo, parlamentarios que debían el
acta a las logias que se negaron a obedecer las órde­
nes de éstas: su suerte \fué discutida en la A sam blea
general de 1913. El H. \ M assonneau provocó los
aplausos unánim es de la A sam blea exigiendo sancio­
n e s : «¿Q u é hacem os nosotros— pregunta— contra esos
diputados m asones que ocasionan un perjuicio con ­
siderable a la M asonería? No hacem os nada. Debiéra­
m os exigir que se llamase al orden a esos herm anos,
qu e se les diga que su deber en la vida profana es el
de hacer que se apliquen los principios directores de
la Masonería. Yo pido en consecuencia a la A sam blea
que se una a mí para invitar al C onsejo de 'la Orden

(1) J. BIDEGAIN, obra citada, p6gs. 31-32.


(2) Asamblea general del G.\ O.·, de Francia de 1905.
Citado por J. BIDEGAIN* en su obra mencionada, pág. 189.
Se trataba del infame régimen de relación organizado por
«1 H.·. Combes.
a temar las m edidas convenientes para infundir en
esos herm anos sentim ientos m uy distintos de los que
les animan en esta ocasión» (i).
P oco a p oco se acentúa la presión m asónica sobre
los poderes legislativo y ejecu tivo; la A sam blea g e ­
neral de 1922 «protesta contra las persecuciones in­
tentadas contra los funcionarios por razón de sus op i­
niones políticas e sindicales» (2). El Gobierno cede
y facilita el acceso de los elem entos com unistas y
anarquistas a los destinos del Estado. En esta ocasión
se había apoyado la Asam blea en el artículo 10 de la
D eclaración de los D erechos del Hom bre (3). La m is­
ma A sam blea exige la amnistía inm ediata y com pleta
para «el IL ·. M arty y todos los detenidos polí­
ticos» (4).
El G obierno suscribe íntegramente todas las exi­
gencias m asón icas; a veces hasta se ve obligado a
ejercer una fuerte presión sobre los tribunales de ju s­
ticia, com o sucedió, por ejem plo, con m otivo de la
revisión del p roceso de M alvy y Caillaux, exigida por
la Gran L ogia (5).
«D ebem os exigir a los parlam entarios Franc-M a-
sones, no palabras vanas, sino afirm aciones form a­
les— se dice en la m em oria de la A sam blea general de
1922— . Hay dem asiados parlam entarios Franc-M aso-
nes que n o s deben su fortuna, y que nos han pagado

(1) Asamblea general del G.\ o.·. de Francia de 1913.


página 348.
(2) Asamblea general del G.\ O*. de Francia de 1922,
página 111.
(3) Asamblea general del G.\ o.·. de Francia de 1922,
página 265.
(4) Asamblea general del G.\ o.·. de Francia de 1922,
página 11.
(5) Asamblea general de la G. ·. L.· . de Francia de 1920,-
página 33.

114
m uy mal, para qu.e renunciem os a exigirles co m p ro ­
m isos form ales» U). Los parlamentarios que son «una
em anación de la Orden (2) deben í.ormar en el seno
del parlamento grupos que se ocupen con loda ac­
tividad de los intereses de la Franc-M asonería. Tienen
la obligación de dar cuenta de su mandato ante sus
Talleres en épocas determ inadas» (3).
«El Congreso de las 'Logias de la región Sud-Este
invita al Consejo de la Orden y a las Logias a exa­
m inar m uy de cerca los actos y los votos de los elec­
tos y de los m iem bros del Gobierno masón, de m odo
que no puedan faltar a los com prom isos que lian co n ­
traído... pide que la lista de todos los parlam entarios
Franc-Masone.s sea com unicada a los Venerables de
todas las Logias a fin de facilitar la vigilancia y la
com p robación de sus votos» (i).
Existe en la Cámara de los Diputados un «C om i­
té de V igilancia», organización encargada de inspec­
cionar las actividades ,5) de los diputados m ason es;
dió pruebas de una energía incom parable durante la
discusión de la ley electoral de 1027 (6).
¡A sí es com o se manifiesta «la voluntad del pue­
blo» de que tanto hablan todos esos republicanos de­
mócratas, radicales y demás defensores del régim en
parlam entario!

(1) Asamblea general de la G.\ L.\ de Francia de 1922,


página 265.
(2) Asamblea general de la G.\ L.\ de Francia de 1922,
página 365.
(3) Ibid.
(4) Asamblea general del G.\ O.·, de Francia de 1923,
página 364.
(5) «Les Cahiers de l’Ordre» núm. 1 (1927), pág. 42.
(6) Véase «La Liberté» de 3 y 7 de julio; «Echo de Pa­
rís» de 1 de julio de 1927.

115
III.—LAS FILIALES DE LA MASONERIA

T eniendo bajo su yugo al Parlamento, y, por con ­


siguiente, a los m inistros, que son un producto de
aquél, resulta ser la m asonería el jefe suprem o de la
república y el único árbitro de sus destinos. Para pe­
netrar más a fondo en el organism o «nacional y social,
funda la m asonería una infinidad de sociedades, ligas
y asociaciones dirigidas casi siem pre por los herma­
nos ; de este m odo crece la influencia de la secta, que
se va filtrando en la vida m isma del país.
«Las Logias se han de preocupar de m ezclarse en
la vida profana por interés de la república», se dijo
en la Asam blea general de 1923. <aAsociarln su acción
a la de otros grupos que persiguen el m ism o fin de
defensa del laicism o y de progreso dem ocrático so­
cial : Liga de los Derechos del Hombre, Sociedad del
Libre Pensamiento, Universidades populares, patro­
natos laicos, obras post-escolares, com ités políticos
o herm anos que trabajen individualm ente» (1).
Adem ás de las organizaciones precitadas existen
m ultitud de otras sociedades y alianzas, inocentes a
prim era vista, pero que, a pesar de su apariencia, tie­
nen por objeto la difusión de las ideas m asónicas. Las
sociedades deportivas, las cooperativas, las de am igos
del teatro, hacen muchas veces el m ism o trabajo que
las sociedades teosófleas, las ligas esperantistas o las
secciones de exploradores (2).
«En vanguardia, en prim era línea, las agrupacio-

(1) Asamblea general del G.\ O.·, de 1923. pág. 300.


(1) «La Franc-Masoneria desenmascarada» núm. 5 (1923).
página 44. Véase «R. I. S. S.» núm. 11 (1927). págs. 163-164;
carta de la H.\ Annie Bessant, presidenta de la Sociedad
Teosóñca a los teósofos judíos.

116
nes híbridas em las que especialm ente se opera la su­
gestión : -Exploradores, Fem inism o, Esperanlism o, et­
cétera. En segundo plano, las tropas de. choque, las
Ligas de la Enseñanza, de los D erechos del Hombre,
del Libre Pensam iento, etcétera. A retaguardia, la
L ogia m asónica, tam bién ella m ism a escalonada, y,
por últim o, entre bastidores, teniendo todos los hilos,
el Judío, el eterno Judío» (1 ); tal es el cuadro que
n os presenta Mon&eñor Jouin de la organización ocul­
ta que envuelve al universo en una sutil tela de
araña.
* * *

Nos falta el tiem po y nos falta el espacio necesario


para trazar aquí, aunque fuera brevem ente, la .obra
de estas filiales de la m asonería; espero poder hacerlo
más adelante, pero no debo dejar de consignar algu­
nas intervenciones de la Liga de los Derechos del
H om bre en cuestiones que para nada le conciernen.
Protesta esta Liga ante el m inistro de N egocios
Extranjeros contra las expulsiones de extranjeros in­
deseables, contra las «persecuciones por opiniones
políticas» y contra las expulsiones de los extranjeros
pertenecientes al partido com unista o «sospechosos
de serlo» (2). La m ism a L iga exigía del m inistro de
la Guerra que no fueran nom brados para los m andos
militares los m iem bros de la A cción Francesa. P ro­
testando contra la ejecución de veinte destierros en
la R usia soviética (1027), la Liga de los Derechos del
Hambre habla más bien del «terror fascista» que del
terror bolchevista.
Bastan estos ejem plos para señalar la orientación

(1) Monseñor JOUIN, «El peligro judeo-masónico», t. I,


página 212.
(2) Diario ruso «Dernieres Nouvelles». París, 23 de agos­
to de 1927.

117
d e esta institución, recon ocida com o K<muy útil» por
el Congreso de la Gran Logia de Francia (i). Esta
utilidad desde el punto .de vista m asónico es tanto
más grande cuanto que la Liga, así com o la Alianza
¿Masónica Internacional, son organizaciones universa­
les con ram ificaciones en todos los países, que les
perm iten desem peñar un papel prim ordial en el co ­
ronam iento de la obra m asónica, es decir, en la crea­
ción de la república universal.
* * *

Esta república universal será el «T em plo de Salo­


m ón», en cuya recon stru cción vienen trabajando los
m asones desde hace siglos. La lucha encarnizada
contra la religión y contra la ordenación cristiana
del Estado debe, según las aspiraciones de las logias,
terminar con la fusión de todas las ¡naciones en una
república cosm opolita, una e indivisible, dirigida por
los «hijos de la viuda», que la habrán establecido so­
bre las ruinas del universo cristiano.
Para consegu ir esta aspiración suprem a es nece­
sario terminar la destrucción de los Estados, des­
arraigar lodo sentim iento nacional, llevar a todos los
pueblos a 'la miseria, al hambre, a la postración físi­
ca y mural y, en una palabra, a una catástrofe uni­
versal. con el fin de presentarse después de esta ca­
tástrofe com o los salvadores de la humanidad. En­
tonces será más fácil a la m asonería inculcar en los
pueblos destrozados sus ideas de salvación por el
internacionalism o.
«La victoria de los aliados debe ser el triunfo de
los principios m asónicos» (2), exclam aba el Gran

(1) «Boletín Oficial de la G.\ L.\ de Francia», marzo


1923, pág. 60.
(2) Congreso masónico de Lisboa, 13 de mayo de 1917.
Citado por el «Noticiero de Zurich» del 28 de julio de 1917.

118
M aestre de la m asonería portuguesa, \lagalhaes Li­
m a. Ahí están, en mi concepto, las verdaderas cau­
sas de la guerra m undial, de las revoluciones que de
ella se derivaron, de esa ola de pacifism o de que so­
m os testigos y, Analmente, la verdadera razón de
-que se organizara esc futuro super-gobierno interna­
cional con ocido con el nom bre de «Sociedad de las
N aciones».
CAPITULO VIO

La Internacional Judeo-Masónica

I.—COMO SE FUNDO LA S. DE N.

La idea de la creación de un centro diplom ático-


internacional, al que se som etieran los conflictos en­
tre los Estados, no es una novedad. Y a en 1777 las
instrucciones dadas al em bajador de Francia en S ui­
za p or el conde de P olign ac preconizaban la organi­
zación d e una alianza entre todos los países de E u­
ropa, llam ada «Sociedad de flas N aciones» (1). Los
esfu erzos de P olign ac fueron inútiles, y la idea fu é

(1) «El Intermediario de investigadores y curiosos», julio


ltl7, pág. 40.

12r
abandonada. Fué durante el reinado del E m perador
N icolás II, y por su propia iniciativa, cuando el pro­
yecto se convirtió en realidad mediante la C onferen­
cia Internacional de La Haya y su T ribunal. Esta or­
ganización es, de todos m odos, m uy distinta de la
Sociedad de las N aciones; los Estados representados
en la C onferencia no están .obligados a recurrir a
ella, y, al revés de lo que ocurre en la Sociedad de
Naciones, no tiene la pretensión de presentarse com o
una especie de super-parlam ento o su per-gobierno.
Dos años antes de la fundación de la Sociedad de
las Naciones escribía M onseñ or J o u in : «La S. D. N.
-es para las logias el advenim iento definitivo de las de­
m ocracias, el prim er paso hacia Jos Estados Unidos
de Europa, si no hacia los Estados Unidos del Mun­
do. la aurora de la R epública Universal» (i). Exam i­
nem os las m em orias de las Asam bleas generales, los
discu rsos y los artículos de los franc-m asones más
con sp icu os, y verem os que esas palabras del em inen­
te especialista de la cuestión ju deo-m asónica son
profundam ente verdaderas.
La opinión pública está persuadida de que la idea
de la S. D. N. pertenece al presidente W ilso n y de
que fuó lanzada y discutida en el C ongreso de V er-
salles, en 1919. Esta con cepción absolutam ente falsa
ha sido sostenida por ’la prensa m asónica, y en rea­
lidad se ignora generalm ente que la creación de un
super-gobierno fué estudiada en I03 centros m asóni­
cos m ucho antes de la term inación de la guerra
m undial.
Y a en 1S67 se organiza «la liga internacional per­
manente de la y su secretario, el judío Passy,

(1) Monseñor JOUIN, «El cuarto centenario de Lutero


y el bicentenario de la Franc-Masonería», pág. 14.

122
«sb oza la idea de un tribunal para zanjar sin apela­
ción todos los conflictos entre las naciones (1).
E! periódico -(Los A rchivos Israelitas» soñaba con
un tribunal análogo en 1864. «¿N o es natural y aun
necesario— escribía un tal Levy B ing— que veam os
pronto establecido otro tribunal, un tribunal supre­
mo al que se som etan los grandes conflictos públicos,·
las querellas entro nación y nación, que juzgue en
últim a instancia y cuya última palabra haga fe? Es­
ta palabra será ia palabra de Dios, pronunciada por
sus hijos prim ogénitos (los hebreos), y ante la cual
se inclinará con respeto la universalidad de los hom ­
bres, nuestros hermanos, nuestros am igos, nuestros
discípulos» (2).
Tales son los sueños de Israel. iGomo siem pre, c o ­
inciden con los do la masonería. «¡Guando se haya es­
tablecido la R epública en toda la vieja E uropa bajo
el nom bre de los Estados Unidos de E uropa (3)— es­
cribe el «Alm anaque de los F ra n cm a so n e s»— , será
cuando reine Isiael en autócrata sobre esta vieja
Europa.
En el C ongreso de la Unión Universal de la Ju­
ventud Judía, celebrado el 4 de agosto de 1926, pro­
clam aba el II. ·. Justin Godard que los judíos son «el
más firme sostén de la (Sociedad de las Naciones, que
les debe su exislencia» (4). Aún precisa más el judío
C a s s in : «El renacim iento del Sionism o es obra de

(1) «R. I. S. S.» núm. 8 (1926), pág. 269.


(2) «Archivos Israelitas», 1864, pág. 335. Citado por GOU-
GENOT en «El judío, el judaismo y la judaización de los pue­
blos cristianos», pág. 466.
(3) «Almanaque de los franc-masones», Leipzig, 1884. Ci­
tado por «La Pranc-Masonería desenmascarada» núm. 3 (1884),
página 91.
(4) «Les Cahiers de l'Ordre» núms. 3-4 (1926), pág. 22.

123
la Sociedad de las N aciones» íl). P o r eso las organi­
zaciones judías ¿p presentan com o defensoras de la
S ociedad de las N aciones y por eso los representan­
tes del pueblo elegido pululan en Ginebra.
«La S. D. N.— escribe uno de los colaboradores de
«Les Gahiers de l’Ordre»— , producto de las con cep ­
ciones m asónicas, favorece abiertam ente los prop ósi­
tos y las am biciones de los ju d íos» (2).
Sigam os el trabajo oculto de la masonería, los pre­
parativos en logia de esta Sociedad antes d e su inau­
guración (10 de enero de 1920), así com o las m odifi­
caciones que pretende introducir en los estatutos d e
la m asonería universal.
A principios ae 1916 tuvieron lugar las prim eras
conferen cias que trataron de la futura Sociedad de las
N a cion es; el 5 de marzo, en la logia «Los T rinita­
rios», habla el II. ·. Gastón M ceh «del Pacto de la S o­
ciedad de las N aciones» (3). Esta conferen cia se re­
pite el 25 de abril en la reunión de las logias de Pa­
rís y sus arrabales (4): el 5 de mayo, delante de cin ­
c o logias parisienses reunidas, el m ism o orador tra­
tó la cuestión de las «Garantías de la S. D. X .» Una
serie de conferencias del H. ·. M och que se im pri­
m ieron bajo ese título (5), se repartió profusam ente
en los m edios m asonizantes.
Influenciado seguram ente por la lectura edifican­
te de esas conferencias, exclam aba el profesor H. ·.
A u la r d : «Una inm ensa esperanza ha atravesado el

(1) «Les Cahieres de l’Ordre», núm. 3-4 (1926), p&g. 23.


(2) Ibid, núm. 2 (1927), pág. 104.
(3) Monseñor JOUIN, «El cuarto centenario de Lutero...»,
página 15.
(4) Monseñor JOUIN, «El cuarto centenario de Lutero...»,
pftglnp.
(5) H.\ MOCH, «La garantía de la S. D. N.» (H.\ Mous-
Bés, editer, 84, rué St. Charles, París.)

124
m u n d o : es la Sociedad de las Naciones, que es la
idea m ism a de la R evolución francesa» (1).
Después de haber preparado la opinión pública,
com ien za la m asonería el trabajo de organización.
L os días 14 y 15 de enero de 1917 tuvo lugar en Pa­
rís una conferen cia de la m asonería de los países alia­
dos que decidió convocar un «C ongreso de la M a­
sonería de las naciones aliadas y neutrales» para «es­
tudiar los m edios de llegar a la constitu ción de la
Sociedad de las Naciones, a fin... de que la hum ani­
d ad pueda librarse en e! porvenir de los desastres que
paralizan la m archa de la civilización» (2), según reza
la convocatoria, en la q ue más adelante se l e e : «Es
un deber de la masonería, com o consecuen cia del
dram a cruel que se desarrolla actualmente, hacer
o ír su clam or humanitario y dirigir a los pueblos ha­
cia una organización general que será su salva­
guardia.
Otro párrafo de esta carta, dem asiado larga para
transcribirla íntegramente, es algo verdaderam ente
in e s p e ra d o : «Naturalmente que el C ongreso m asóni­
co no ha de salirse del terreno puram ente hum anita­
rio y, de acuerdo con nuestras constituciones m asó­
nicas, no abordará n in guna cuestión de orden p olí­
tico». D ebem os creer que «la organización general de
los pueblos» no e.« para los HH. ·. Gorneau y Pei-
gn é sino una cuestión de orden puramente interior,
de organización m asónica que no afecta para nada
a la política.

(1) «Le Pays» del 8 de noviembre de 1916, citado por


Mgr. JOUIN en su obra mencionada, pág. 16.
(2) «Alpina» de 31 de mayo de 1917. pág. 114; «The Ligth»
de 15 de junio, pág. 1; «Southwestern Freemason», junio 1917,
etcétera. La convocatoria es de 25 de marzo y está Armada por
el presidente del Cons.·. de la Orden, el H.\ Corneau, y «*1
G.·. M.\ de la G.\ L.\. general Peigné.

1.25
A pesar de todo, lo? HH. ·. Corneau y P eigiié
definen el objeto del C ongreso en estos té rm in o s:
«Preparar los Estados Unidos de Europa, crear una
autoridad supernacional destinada a resolver las di­
ferencias entre las n a cion es; la Franc-M asonería
será el agente de propaganda de esta con cepción de
paz y de felicidad universal que se llamará la Socie­
dad de las N aciones» (1).
S egún el H. ·. Lebey, esta Sociedad de las N acio­
nes deberá asegurar «la práctica simplificada, n or­
mal, legail y obligatoria del derecho internacional)),
que «podrá aplicar sanciones tales que sirvan para
am edrentar de antem ano a los que pudieran sentirse
tentados de faltar a su palabra» (2).
En la sesión del 28 de junio, presidida por el ge­
neral Peigné, Gran Maestre de la Gran Logia de Fran­
cia, fué volado e· estatuto de la futura. Sociedad de
las X a cion e s; citarem os algun os artículos (3):
«A rtículo I.— ... los países firm antes... acuerdan
constituir entre ellos una unión política, económ ica
e intelectual b a p el nom bre de Sociedad de las Na­
ciones.
»A rtículo VIII.— En el Parlam ento Internacional
el poder ejecutivo se ejerce por un m inisterio o C on­
sejo de las Naciones com puesto sobre la base de la
representación a razón de un m iem bro por nación.
Estos m iem bros serán elegidos por el Parlam ento In­
ternacional de su propio seno. El presidente del .Con­
sejo de las Naciones será elegido por los m iem bros
del Parlamento.
»A rtículo I X — El Parlamento Internacional elige

(1) Memoria del Congreso de las naciones aliadas y neu­


trales, 1917, pág. 8.
(2) Ibid.
(3) Memoria del Congreso de las naciones aliadas y neu­
trale, 1917, pág. 8.

126
igualm ente do su seno, a razón de un m iem bro por
nación, un poder judicial, creándose una especie d e
T ribunal Internacional de Justicia al que se som ete­
rán todos los conflictos de orden nacional entre las
nacion es.
»A rtículo X II.— El Parlam ento Internacional de-
signará el lugar de sus reuniones, la población que
haya de ser la Capital del M undo, cu yo territorio será
internacionalizado.»
Huelga todo com entario, puesto que los estatutos
de la Sociedad de las Naciones, tal com o figuran en
el Tratado de Versalles, están redactados casi en los
m ism os térm inos acordados en el Congreso m asónico
precitado, salvo algun os artículos suavizados y reto­
cados a instancias del H. ·. León B ourgeois, que los
encontró prem aturos.
La Asam blea general del G. ·. O. ·. de Francia de
1917 se pron un ció en el m ism o sentido que ese Con­
greso : «La Asam blea general del Gran Oriente de
F rancia... invita a sus m iem bros a una v igorosa e
infatigable acción ... para... el desarm e general y la
institución de un tribunal internacional con las san­
cion es indispensables para el m antenim iento de la
paz firm ada bajo la protección soberana de 'la liber­
tad y la (justicia fl).
Para com pletar el cuadro citarem os el acuerdo
adoptado por el C ongreso del partido socialista cele­
brado en Burdeos del 6 al 10 de octubre de 1927: «La
realización de los trabajos de preparación de la Socie­
dad de las Naciones para una política desprovista de
im perialism o» (2).

(1) «Le Temps» del 24 de septiembre de 1927.


(2) «LÍHumanité» del 12 de octubre de 1917.

127
IL—ORGANIZACION DE LA S. D. N.

Hemos visto a la Sociedad de las N aciones funda­


da y sostenida por las m ism as fuerzas ocultas que
nos encontram os siem pre que se trata de destru ir;
h oy en día la m asonería, sus auxiliares, los partidos
de izquierda y, detrás de todos, la judería, tratan de
exterm inar el sentim iento nacional y el prin cipio de
soberanía de los Estados por la creación de un super-
gobierno internacional, y al m ism o tiem po de des­
m oralizar a los pueblos con. una propaganda antimi­
litarista y pacifista. Perdido el sentimiento nacional,
esos pueblos estarán com pletam ente desarm ados fren­
te a esta fuerza oculta y sagaz que pudiéram os llamar
el im perialism o judeo-m asónico (i).
La Sociedad de las Naciones fué inaugurada el
10 de enero de 1920; los estatutos elaborados en las
Asam bleas m asónicas fueron m uy poco m odificados;
sin em bargo, la masonería, que realiza la propagan-

(1) El H.\ Eugenio BERTEAUX ha propuesto reciente­


mente a la Gran Logia de Francia que se derogue el artículo
17 de la Constitución de dicha Gran Logia, que prescribe a
todos sus adeptos que se sometan «a la legislación del país
en que tengan la facultad de reunirse libremente y que se
hallen dispuestos a todos los sacrificios que su patria les exija»,
porque, «conforme a los principios de una moral universal,
todo franc-masón es, por definición, un hombre esencialmente
libre, que no depende sino de su conciencia», y «nuestra con­
ciencia masónica no puede exigir imperativamente a sus adep­
tos que estén dispuestos a todos los sacrificios que la patria
les exija». La derogación que propone redundará «en bene­
ficio de la salvaguardia de las conciencias individuales, en­
tendiéndose que. en caso de reproducirse conflictos trágicos,
esas conciencias individuales obedecerán o no, bajo su propia
responsabilidad, a los llamamientos de su sensibilidad, de su
razón y de su fe en la Verdad suprema».—N. del T.

128
da en favor de esta institución, espera ensanchar su
cam po de acción y hacerla más apta para ayudar al
triunfo de las fuerzas ocultas.
La A sam blea general de la G. *. L · ’ . de Francia
«queda enterada con satisfacción de que la A sam blea
general de la Sociedad de las Naciones, prim er bos­
quejo de un Parlam ento Internacional, se celebrará
en el mes de noviem bre p róx im o... Queda igualm en­
te enterada con satisfacción de la creación de una Ofi­
cin a Internacional del Trabajo, com o órgano perm a­
nente de la S. D N.» (1). La A sam blea general de
1922 use pronuncia a favor del prin cipio de la Socie­
dad de las N aciones constituyendo una Internacional
de los Pueblos» (2), y preconiza una serie de refor­
mas para aumentar los derechos y poderes de la S o­
ciedad de las Naciones y facilitar en consecuen cia su
m isión puramente m asónica. La secta encuentra in ­
suficiente la concentración de toda la actividad d ip lo­
m ática de E uropa en el parlamento de G inebra. Las
log ia s quisieran transferir al supergobierno interna­
cional la dirección económ ica d e ‘la vida de los pue­
blos y por eso elabora la A sam blea un plan «de
creación de una Banca Internacional basada sobre la
m ovilización de la propiedad inm ueble pública y pri­
vada (3).
Se considera igualm ente necesario «crear una m o­
neda internacional única, em itida hasta un total de
1.600 m illares de m illones» (4). C om o puede verse, las
logias han adm itido los prin cipios socialistas de na­
cionalización y socialización, y el acaparam iento de
todas las riquezas del m undo está tan m inuciosam en­
te estudiado que hasta se han precisado las cifras.

(1) Asamblea general de la O.’ . L.·. de Francia, 1939,


págs. 34-35.
(2) Ibid., pógs. 235-236.
(3) Ibid.. pág. 286.
(4) Ibid., pág. 282.

19
«Los principales com etidos de la S. D. N.— leem os
en la m em oria de la A sam blea general de 1922— co n ­
sisten en la organización de la paz, la abolición de la
diplom acia secreta, la aplicación del derecho de los
pueblos a disponer de sí m ism os... la difusión de
una educación pacifista general apoyada principal­
mente en la propaganda de una lengua internacio­
nal... la creación de un espíritu europeo, de un pa­
triotism o de la Sociedad de las Naciones, en una pa­
labra, la form ación de los Estados Unidos de E uro­
pa, o, m ejor aún, de la Federación del M undo» (1).
La organización federativa de los pueblos, se ha
dicho por otra parte, «im plica la constitu ción de un
sobre-Estadn supra-^nacional investido de los poderes
ejecutivo, legislativo y judicial, es decir, poseyendo
dos tres órganos indispensables a toda sociedad c o n s­
tituida : un Gobierno, un Parlam ento y un Tribunal
de Justicia. El T ribunal de Justicia debe estar p ro­
visto de un C ódigo Penal, un C ódigo Civil y un C ó­
d igo de procedim ientos internacionales. La autoridad
internacional debe estar apoyada por un ejército o
una policía internacional. D esarm ar a los Estados
desunidos, arm ar a la Federación de los Estados aso­
cia d o s; éstas son las dos fases de un m ism o pro­
g reso» (2).
«La (Sociedad de las N aciones», que nosotros he­
m os creado, tendrá una fuerza moral y real tanto
m ayor y tanta m ayor influencia sobre los pueblos
cuanto más se apoye sobre las agrupaciones m asóni­
cas del m undo entero» (3): pero para esto debe Ja

(1) Asamblea general de ls G \ L.\ de Francia de 1922,


páginas 235-236.
(2) «Boletín Oficial de la G.\ L. . de Francia», octubre
1922, pág. 235.
(3) Asamblea generad de la G L . . de Francia, 1923
página 238.

186
m asonería «aportar su concurso absoluto a la S o c ie ­
dad de las Naciones para quo 110 tenga que sufrir las
influencias interesadas de los Gobiernos» (1).
Los textos precitados deberían abrir los ojos de
to d js los defensores, tan cándidos com o ciegos, de
este parlam ento m asónico, de los que sueñan con
una paz universal, un paraíso terrestre organizado
sobre las ruinas de los Estados nacionales y del sen­
timiento patriótico, sin el cual .no es posible la exis­
tencia de ningún Estado y de ninguna civilización.
La masón h a Sociedad de las Naciones atenta
contra estos sentim ientos tanto com o contra la sobe­
ranía de los Estados. La A sam blea general del Gran
Oriente de Francia de 1925 confirm a los acuerdos de
las Asam bleas precedentes y se m uestra partidaria
de «que ios d ecision es de la S. D. N. sean ejecutadas
com o leyes del Estado, sin que sean som etidas a las
deliberaciones de Iol- organism os legislativos de las
diferentes naciones» (2?.
T odo com entario nos parece su perflu o; el lector
sacará las consecuencias necesarias; pero antes de
terminar este estudio citará u n .texto extraído de los
«P rotocolos de los Sabios de S ión» (3).
«Cansarem os tanto a los cristianos... que les obli­
garem os a ofrecernos un poder internacional, cuya
disposición sea lal que pueda, sin abatirlas, reunir
las fuerzas de todos los Estados del mundo y form ar

(1) Asamblea general del G . O. . de Francia de 1923,


página 356.
(2) Citado por la «Action Franyaise» del 18 de abnl
de 1927.
(3) Protocola núm. 5. Edición rusa do 1922, pág. 76; edi­
ción francesa, 1921 (Gra«set). pág 41; edición española (R. de
Lelzaola), pág. 72.

MI
un supergobierno. En substitución de los G obiernos
anuíales colocarem os mn espantajo que se denom ina­
rá A dm inistración del S uper-G obierno. Sus manos
llegarán, co m o gorras, a todas partes y su organiza­
ción será tan colosal que todos los pueblos le esta­
rán sujetos» (i);

(1) Lá realidad, gracias a Dios, no parece responder en


estos momentos a los designios judeo-masónicos, porque «...mía
sarcástica y contundente realidad desacredita de día en día
a la institución de Ginebra. Su desprestigio, consecuencia d?
su fracaso, reviste ya caracteres de maleficio. Su ínás firme
baluarte—la opinión francesa—, si no le vuelve· la espalda,
le retira el hombro. La Sociedad de las Naciones, que los es­
pañoles, con más propiedad, solemos llamar Sociedad de Na­
ciones, 66 no sólo una fe marchita, un ideal mancillado, sin.)
una contabilidad turbia y deficiente. Estados que no pagan la
cuota; Estados que obtienen, por uno u otro concepto, más
de lo que revierten a la Sociedad: funcionarios que perciben
die ta s y comisiones suculentas... En suma: la Sociedad de
Naciones—hablo por boca de la Prensa francesa, la Prensa
mús adicta a Ginebra—es un superestado, un superparlamento.
el cauto internacional y europeo de un cisne que agoniza bajo
todos los cielos. Políticamente, su influencia decae». («A B O
del 27 de septiembre de 1933. Crónica telefónica de su redac­
tor en París.)—N. del T.

132
CONCLUSION

Sólo he pretendido e-n este ensayo dar m*a ‘ dea de


ese terrible mal que se llama la judeo-m asonéría,
poner ante los ojos del lector una parle de los datos
que he podido recoger y, sobre todo, d escubrir el
trabajo de la m asonería francesa, actualmente 4a me­
nos oculta y al m ism o tiempo la más perniciosa.
Las logias han sabido acaparar, con la escuela y
la prensa, la adm inistración gubernam ental en la
m ayor parte de las R ep ú blicas; si no han llegado a
inculcar completam ente los principios judeo-m asóni-
cos han sabido por lo m enos difun dir en la masa el
tem or a caer en e· ridículo o a sentar plaza de retró­
g rado discu tia n d j esos principios, y un estado de
necedad extrema ante la «opinión pública», esa arma
form idable de las fuerzas ocultas.
Si una im portante m ayoría form ase el propósito
decidido de estudiar y com batir la acción de los m a­
sones, esos dem cledores internacionales; de fio se­
cun darlos incjonscientemenU·, ino asistiríam os a la
destrucción do la civilización cristiana y no pesaría
sobre nosotros la amenaza del yugo judeo-m asónico.
Debem os combatir· a la m asonería con todas nues­
tras fuerzas, ofrecerle con sta« temen te una tenaz re­
sistencia en todos los terren os; no olvidar jamás que
la judeo-m asonería trabaja para consegu ir el aniqui­
lam iento de la moral, de la cultura, del Estado cris­
tiano, en una p a la b ra : de la iglesia y de todo cuanto
ella ha creado en el transcurso de los siglos. Sobre
las ruinas de esta civilización quieren edificar la^

133
Apéndice primero

LOS MASONES EN ESPAÑA

Al ofrecer a los lectores españoles la traducción de este-


libro nos ha parecido indispensable añadir unas páginas dedi­
cadas a la Masonería española. Pero como el hacerlo en forma
completa hubiera dado a este Apéndice tanta extensión, por lo
menos, como a la obra misma, y una excesiva reducción en sus
proporciones obligaría a silenciar datos y noticias de gran in­
terés, hemos juzgado preferible reservar este trabajo para un
nuevo libro que, Dio6 mediante, no tardará en publicarse. En­
tretanto, y sólo como anticipo que pueda dar una idea de la
influencia, o más bien de la complicidad de la secta en los
desastres de nuestra historia moderna y contemporánea, da­
remos aquí una relación de los masones más caracterizados, en-

137
tre las que, desde 1727, fecha en que consta de un modo cierto
la existencia de la Masonería en España, han venido conspi­
rando contra la Iglesia y contra la Patria misma, muchos de
ellos desde los puestos más destacados de la vida nacional, y
todos influyendo masónicamente en la deformación de la con­
ciencia colectiva de nuestro pueblo. Porque, como ha dicho el
que fué Gran Maestre, don Miguel Morayta (1), «el masón,
aun sin proponérselo, propaga sos doctrinas en la cátedra, en
el periódico, en el libro, ea la reanión pública, en la tertulia
del café, en todas partes, ganando así la opinión de multitud
de gentes incapaces de percatarse de que ¡o que aplauden y
hacen suyo es parte del credo masónico?). Es decir, creando esa
llamada opinión pública, muy distinta en general del común
sentir de las gentes sensatas, en la que se han apoyado tantas
y tan funestas maniobras de los hombres políticos, que con
ello, como añade el mismo Morayta. ((proporcionaron intensas
alegrías a los Hijos de la Viuda, sin hacerse cargo de que mar­
chaban de acuerdo con la Masonería».
* * *
El primero que se ocupó en la reorganización de las logias,
hasta entonces dispersas y desunidas, fué el Conde de Aranda,
Capitán General de Castilla la Nueva y Presidente del Consejo
de Castilla bajo el reinado de Carlos HE. Fundó en 1780 el
Grande Oriente Nacional de España y fué su primer Gran
Maestre.
Su obra masónica culminante fué la expulsión de los Je­
suítas, en la que intervinieron además: el Duque de Alba, Con­
sejero de Estado; don Manuel de Roda, ministro de Gracia y
Justicia, y don José Nicolás de Azara, Embajador en Roma,
los tres masoneR. como lo fueron también en aquella época don

(1) Memoria leída en La Asamblea del Grande Oriente Ksp*


úol de 1916.

188
Pablo Antonio de (Maride, Síndico de Madrid y Superintenden­
te de las Colonias de Sierra Morena; el anciano don Melchor
de Macanas, que había servido como Ministro a Carlos n , Fe­
lipe V y Femando VI, y don José Mofiino, enviado a Roma
para lograr la extinción de la Compañía, cuyos servicios re­
compensó Carlos m con el condado de Floridablanca.

* * *

Fué ministro de Carlos IV el masón don Mannel Luis de


Urquijo, volteriano impenitente, en cuyos trabajos anticlerica­
les colaboraron, entre otros afiliados a la secta, don Jnan An­
tonio Llórente, Secretario del Santo Oficio; el dramaturgo don
Leandro Fernández de Moratín, el Conde de Campo Alanje, el
general OTarril y el Conde de Cabarrús.
La conspiración republicana llamada del cerrillo de San
Blas (1796) se fraguó en las logias bajo la dirección de don
Joan Picornell y con la complicidad de los masones don José
Lax y don Juan Pona Izquierdo, profesores de Humanidades;
don Sebastián Andrés, matemático; don Manuel Cortés, Ayu­
dante de la Escuela de la Real Comitiva y Colegio de Pajes;
don Bernardino Garosa, abogado y publicista, y don Joaquí»
Villalba, cirujano militar. Pieorneli, desterrado a América, fun­
dó allí numerosas logias desde las que se manejaban las fuer-
xas ocultas que prepararon y atizaron el levantamiento de nues­
tras Colonias contra la Madre Patria.
El abate Marehena y don Andrés María de Guzmán, que
colaboraron en los trabajos de la revolución francesa, sirvie­
ron de lazo de unión entre las logias francesas y españolas, y
ambos, a su regreso a España, fueron activos propagandistas
de la Masonería en las provincias andaluzas.
Al Conde de Aranda sucedió en la Gran Maestría de la
Orden el Conde de Montijo, hermano del padre de la Empera­
triz Eugonia, y i ¿I se debe ’.a organización del motín de Aran-

139
juez, causa de la abdicación de Carlos IV, en el que tomó parto·
activa disfrazado de hombre del pueblo.

-* * *

Jos« Bonaparte, que ciñó la corona de España apoyado por


las logias de afrancesados, era también masón, como lo fueron,
entre los políticos de que se rodeó: don José de Azanza, Presi­
dente de la Junta Nacional; los ya citados Urqnljo, OTarril y
Cabarrús, ministros de su Gobierno; don Sebastián Piñuelas y
don Gaspar Melchor de Jovellanos.
Este último y los también masones don Martín de Garay,
Calvo de Rozas y el poeta don Manuel José Quintana formaron
parte de la Junta Central Gubernativa del Reino constituida
en octubre de 1808.
En las Cortes de Cádiz de 1812, creadoras dp la primera cons­
titución liberal, tuvieron asiento, entre otros, los siguientes
miembros de la Orden: Conde de Toreno, don Diego Muñoz To­
rrero, don Agustín Arguelles, don Agustín García Herreros, don
José María Calatrava, que fué Ministro de Gracia y Justicia;
don Isidoro AntiUón, don Antonio Porcela y don José Mejía.
Abolida aquella Constitución por Femando VII se refugia­
ron los constitucionales en las logias y en ellas se tramaron las
conspiraciones y los pronunciamientos de que está lleno aquel
reinado. Se distinguieron en tales movimientos los generales
masones Espoz y Mina, Porlier, Lacy, Milans, Alava, Van Ha-
lem, O’Donojó, Torrijos, O’Donnell, Santander, Zayas, Morillo,
.Moreda, Valdés y Martínez de San Martín.
Entre los Jefes y oficiales que les secundaron, obedeciendo
más que a la disciplina militar al mandato de las logias, nos
han llegado los nombres de los masones: Ramón Latas, Joaquín
Vidal, Ignacio López Pintor;, Ensebio Polo, Nóñez de Arenas,
Patricio Domínguez, Facundo Infante, Antonio Qtriroga, Felipe
Azo, Juan Sánchez, Ramón Alvarez, Francisco Merlo, Ciprian·

140
laluente, Tomás Murciano. Laureano Félix. losé Ortega, Joa-
qoín Jacqnes, Joan Antonio Caballero. Ramón Maestre, Fran­
cisco Vitnri, Vicente Llorca, José Ramonet y Rafael del Riego,
jefe de la revolución de 1820, Gran Comendador de la Orden,
que murió retractándose de sus errores masónicos y liberales,
de los que el himno que lleva su nombre quiere ser hoy el
símbolo.
En el elemento civil contaba la Masonería de entonces con
don Vicente Cano Manuel, presidente de las Cortes; su herma­
no don Antonio. Ministro de Gracia y Justicia; don Juan AI·
varez Guerra, varias veces diputado y senador y Ministro de!
Interior en 1835; don Alvaro Flórez Estrada, diputado que tomo
parte activa en la revolución de 1820; el Marqués de Tolosa,
lundador de logias: don Juan Romero Alpuentc, diputado en
i880; don Martin Batuecas, entusiasta republicano; don Al­
fonso María de Barrantes, que participó en todas las revolu­
ciones de su tiempo y murió en las barricadas de París en 1848;
don Antonio Pérez de Tudela, Gran Comendador de la Orden:
don Mateo Seoane. diputado en 1823 que votó la destitución
del Rey; don José Manuel Vadillo, varias veces diputado y se­
nador; el poeta don José Espronceda, que dirigía el grupo más
exaltado de las logias de Madrid; don Bartolomé José Gallardo,
bibliotecario de las Cortes de Cádiz; don Francisco Martínez de
la Rosa, don Antonio Alcalá Galiaao, don Tomás Istúriz y don
Juan Alvares Mendizábal, más tarde ministros, y otros como
don Juan Hurtado, don José Alonso Partes, don Manuel Fi-
gueroa, don Pascual Navarro, don Antonio Oliveros, don Anto­
nio Zarrazábnl. don José Zorraquin, don Francisco Fernández
Golfín, don Ramón Félix, don Juan Antonio Yandiola, don
Joan Manuel Arréjula, don Salvador Garzón y Salazar, More­
no Guerra, don Cayetano Ripoll, don Domingo de la Vega, don
Sebastián Fernández Valera, don José María Montero, don Ma­
merto Landaburu. don Francisco Alvarez, don Francisco Lon-

141
jedo, don Gregorio Iglesias, (ion Domingo Badia (Ais Bey), don
Claudio Francisco Grande, don Nicolás Paredes, don Tomás
Francos, don Domingo Ortega, don Francisco Meseguer y don
Francisco Fidaigo. Muchos de los nombrados fueron diputados,
y todos, contagiados del liberalismo enciclopedista, influyeron,
más o menos activamente, en las conspiraciones de los cons­
titucionales.
Hasta la misma familia reinante llegó la contaminación
masónica en las personas del Infante don Francisco, hermano
del Rey; de su hijo el Duque de Sevilla, ckl Conde de Gorows-
ki y don José Güell y Renté, yernos del Infante, y de doña Isa­
bel Gorowski y Borbón. Esta y la Condesa de Chinchón, nieta
de Godoy, son las primeras mujeres españolas de algún relie­
ve que vemos afiliadas a la Masonería.
-* * *
Muerto Fernando VII y bajo la regencia cié su viuda, doña
María Cristina de Borbón, se constituyó un Gobierno del que
formaron parte loe masones: Martínez de la Rosa (presidente).
Gareüy, Burgos, Zarco del Valle y Vázquez Figueroa. Bajo este
Gobierno tuvo lugar la matanza de frailes de 1834.
El restablecimiento del régimen constitucional facilitó el
desenvolvimiento de las logias y figuraron en ellas, además de
los ya citados, don Joaquín María López, don Salustiano Oló-
zaga, don Antonio González, el Conde de las Navas, don Fer­
mín Caballero, don Telesforo Trueba, don José Llanos, don José
Villanucva, don Cayetano Cardero, don Mariano José de Larra
(Fígaro), Amoravieta, Olavarría, Calvo Mateo, Duque de Ri-
vas, Ventura de la Vega, los generales don Evaristo San Mi­
guel y López Baños, el brigadier Sancho y los coroneles Infan­
te, Grases, Era y, Merconehini, López Pintos, Valdés Qulrog¿,
Espinosa y ODaH.
En la Masonería encontró el Conde de Toreno, sucesor de
Martínez de la Rosa, sus ministros Alvarez Guerra y Alvarez
Mendlzábal, el de la desamortización.

142
Este último presidió también un Gobierno «¡n el que figxl_
rafean Alava, Martin de los Heros, Gómez Becerra y el C o n d e
de Almodóvar, que habían visto la «luz masónica».
Istúriz, masón como ya hemos dicho, que sucedió a Men-
dizábal, adjudicó senda« carteras a sus HH. ■. el Duque de
Rivas, Méndez Vigo y Alcalá Gabano.
El motín de La Granja, preparado y atizado por la Maso­
nería, dió el poder al masón don Ramón María Calatrava y
entraron a formar parte del Gobierno don Joaquín María Ló­
pez, don José Landero, don José Ramón Rodil, don Andrés
García C am ba y don Joan Alvarez Mendizábal. también todos
masones.
Este Gobierno convocó Cortes constituyentes, que presidió
Gómez Becerra, y de las que fueron diputados los siguientes
iniciados en el Arte Real: Arguelles, Alonso Cordero, Alvarez
Gómez, Acuña, Alcalá Zamora, Ayguals de Isco, Asparos, Ba­
llesteros, Beltrán de Lis, Olegario de los Cuetos, Cantero, Ca­
ballero, Cano Manuel, Espartero, Espoz y Mina, Ferros Mon­
taos, Fernández del Pino, Fernández de los Ríos, Feliú y Mi-
ralles, Fernández Baeza, Ferrer, Flores Estrada, González An­
tonio, García Blanco, Garrido, Martin de los Heros, Hndves,
Infante, Llanos, Madoz, Matheu, Millán Alonso, dózaga, Olle­
ros, Padilla, Roda, Seoane. Saívato, San Migué!. Sancho, Va-
dQlo y Vlcens.
Por entonces figuraban también en la Masonería don José
María Camacho, Gran Maestre adjunto; don Manuel Cortina,
reformador de la liturgia masónica; el periodista Mendildna
FiniDa, que organizó la Masonería politicamente; Concha y
Cano, Palarea, Zulneta, Flores Calderón. Calderón Coüantes.
Znrbano, el general Oráa, y, como queda dicho, el general Es­
partero, Duque de la Victoria, regente del Reino en 1840.
-* * ♦
La Masonería puso el ceroo a la Reina doña Isabel II desde
su advenimiento al trono, y fueron sus preceptores Quintana y

143
Ventara de la Vega; Arguelles, su tutor, y don Martín de los
Heros, su intendente.
Pero, aun con tan celoeo6 consejeros, no logró la Maso­
nería formar una reina a su medida, y las logias se revol-
\ieron en las frecuentes sublevaciones progresistas contra los
moderados y contra la misma Isabel II, a la que la secta
no podía perdonar el apoyo que prestaba a unos Gobiernos
que tenían la pretensión, absurda para los revolucionarios, de
que gobernar era mandar.
Por último triunfó en septiembre de 1868 la «gloriosa»,
preludiada con las sublevaciones de los generales masones
Pierrad, Moriones y Cuatreras, que estalló en la bahía de Cádiz
bajo la dirección de Los HH. * . Malcampo, Sagasta, Dulce,
Prira, Ruiz Zorrilla y Méndez Ñoñez, y secundada por los jefes
de los barcos, casi todos masones.
Entre los firmantes del manifiesto revolucionario de Sevi­
lla. que vino a echar leña al fuego, figuraban Antonio Arístegw.
Federico Rubio, Francisco Díaz Quintero, el general Peralta,
Manuel Carrasco, Antonio Machado, Tomás Arderíus y Manuel
Sánchez Silva, miembros todos de la familia masónica.
Én el período revolucionario comprendido entre el destro­
namiento de Isabel II y la Restauración influyó la Masonería
por medio de sus afiliados los presidentes del Consejo Prim,
Malcampo, Ruiz Zorrilla y Sagasta; los ministros Romero Ortiz,
Segismundo Moret, Cristino Marios, presidente del Congreso:
Eleuterio Maisonnave, Gran Comendador; Eduardo Chao, José
Cristóbal Sorní, Jacobo Oreiro, Gran Comendador; Francisco
Salmerón, Víctor Balaguer, Joaquín Bassols, Eugenio Gamin-
dez, José Pieltain, José Beránger, almirante; José Muro, Ra­
món Nouvilas y José Echegaray, y los diputados y senadores:
José Abascal, alcalde de Madrid; Marqués de Albaida, presi­
dente de las Constituyentes de 1873; Agustín Albors, Pablo
Alsina, Mariano Alvarez Acevedo, Jo6é Toribio de AmetUer, ge­
neral; Gabriel Baldrich, general; Roque Barcia, escritor; Ra-
144
tnón Cala, periodista; Luis Blanc, escritor; Manuel Becerra,
Oran Comendador; Manuel Cantero, ex m inistro; Manuel Ca­
rrasco, José María Carrascón, periodista; Juan Contreras, ge­
neral; Rafael Coronel y Ortiz, director de Administración;
Salvador Damato, militar; Francisco Díaz Quintero, abogado
y periodista: Domingo Dulce, general; Duque de la Victoria,
general; José Fantoni y Solís, abogado; Ruperto Fernández de
las Cuevas, ingeniero; Angel Fernández de los Ríos, escritor;
Miguel Ferrer y Garcés, catedrático; Santiago Franco Alonso,
abogado; Francisco García López, abogado; Gregorio García
Ruiz, periodista; Rafael Guillén y Martínez, Bernardo Gar­
cía, periodista; Francisco González User, industrial; Simón
Gris Benitz, abogado; Pedro Gutiérrez Agüera, Juan Manuel
González Acevedo, Santos de la Hoz y Sánchez, Adolfo Joarizti
Lasarte, José Lagunero, general; Manuel Llano y Persi, se­
cretario del Congreso; Baldomero Lostau, Romualdo Lafuente,
Ricardo López Vázquez, secretario de la Presidencia del Con­
sejo; Lorenzo Milans del Bosch, general; Domingo Morrones,
general; Pascual Madoz, ex ministro; Manuel Merelo, catedrá­
tico; Luis de Moliní, Marqués de Montemar, Juan Moreno Te-
linge, Vicente Morales Díaz, abogado; Juan Moreno Benítez,
gobernador de Madrid; Ricardo Muñiz, director de la Casa de
la Moneda; Pedro Muñoz Sepúlveda, actor; Pedro Mateo Sa-
gasta, director de Administración; Duque de Montpensier, Ce­
sáreo Martín Somolinos, farmacéutico; Juan Martínez VUler-
gaa, poeta satírico: Narciso Monturiol, José Navarrete, coman­
dante de Artillería; Salustiano Olózaga, ex ministro; genera­
les Pierrad, Palacios, Peralta y Rosell; Manuel Ortiz de Pine­
do, abogado; Eusebio Pascual Casas, periodista; José Paúl y
Angulo, Víctor Pruneda, escritor; Zoilo Pérez, médico; Floren­
cio Payela, abogado; Antonio Pedregui Guerrero, Antonio Ra­
mos Calderón, director de la Deuda; Ignacio Rojo Arias, Gran
Comendador, gobernador de Madrid; Federico Rubio y Galí,

US
cirujano; Facundo Ríos Portillo, gobernador y secretario de
las Cortes; Francisco Rispa y Perpiñá, Gran Comendador; Ro­
berto Robert, ministro plenipotenciario; Roldán del Palacio,,
abogado; José Reas y García, abogado; Manuel Regidor Ju­
rado, periodista; Marqués de Santa Marta, Gran Maestre; Gon­
zalo Serraclara, abogado; Juan Pablo Soler, escritor; Pruden­
cio Sañudo, abogado; Salvador Salaute, abogado; Salvador
Sampere y Miquel, académico e historiador, y Miguel Uzu-
riaga.
Otros masones que no figuraron en política, pero que no
dejaron de cooperar en la labor revolucionaria de la secta, se
llamaron: Clemente Fernández Elias, catedrático: Rosendo Arús,
Amable Escalante, general; Ricardo Díaz de Rueda, magistra­
do del Supremo; Nicolás Calvo Guasti, Felipe Picatosté, publi­
cista; Francisco José Barnés, catedrático; AntGnio Pirala, his­
toriador; Mariano García, ministro plenipotenciario; Ramón
Escandón, astrónomo; Juan Téllez Vicen, catedrático; Bernar­
do Orcasitas, alcalde de Madrid; Vicente Moreno de la Teje­
ra y Francisco Javier Parody.

Comienza con la Restauración una époc?. tíe decaimiento


de la Masonería, que perdió por entonces, en gran parte, su
carácter de conspiradora. Contribuyó a ello la renuncia que
presentó Sagasta, al ser nombrado Presidente del Consejo,
sucediendo a Cánovas, de sus cargos de Gran Comendador y
Gran Maestre del Gran Oriente de España, y no poco influyó
la desmoralización ocasionada en las filas masónicas por su
división en múltiples ramas, cada una con su Gran Maestre
Llegó al máximo esta división hacia el año 1889 en que exis­
tían las siguientes Obediencias:
Gran Oriente Nacional de Espafjí: 'Gran Maestre, José
María Pantoja).

146
Gran Oriente de España, legalidad electiva (Gran Comen­
dador, Pío Vinader).
Gran Oriente de España, legalidad posesiva escocesa (Gran
Comendador, Juan Antonio Pérez).
Gran Logia Simbólica (Gran Maestre, José López Padilla).
Confederación Masónica Ibero-Americana (Gran Maestre,
Jaime Martí).
Gran Oriente Español (Gran Maestre, Miguel Morayta).
Soberano Gran Consejo del Rito Memphis Misraim (Gran
Maestre, Ricardo López Salaberry);
y hubo, además, otras logias que se sometieron a la Obediencia
del Gran Oriente Lusitano Unido, en el que encontraban más
favorable ambiente los más inquietos conspiradores.
Ese decaimiento de la Masonería determinó el que sus filas
se debilitaran, y asi, a los nombres ya citados, sólo podemos
añadir con plena certeza los de don Bonifacio de Blas y Mu­
ñoz, don Gaspar Núñcz de Arce y don Vicente Romero Gi­
rón, que fueron ministros de la Restauración, y, por supuesto,
masones declarados.
Muchos de los políticos de entonces siguieron a don Ma~
noel Becerra, que, tras un breve tiempo en que el cargo fué des­
empeñado por Romero Ortiz, sucedió a Sagasta en la Gran
Maestría del Gran Oriente Nacional de España, legalidad elec­
tiva (1).
Siendo Becerra Gran Maestre se desató en Filipinas una
violenta campaña antirreligiosa y anticlerical, y de rechazo
antlespañola, como las que desencadenaron las logias en Cuba

(1) T odos los nom bres de masones hasta aquí citados proceden
<Iu los Boletines del G rande Oriento Español y del Supremo Conse­
jo del G rado 33 y de las obras escritas por el Gran Maestre don
M iguel M orayta y cor don N icolás D íaz y Pérez, grado 33 (b.
Viriato).

147
y Puerto Rico, con las que la Orden masónica coronó su obra
separatista iniciada por Picornell en tiempos de Carlos IV.
Masones, ya lo hemos dicho, fueron Sagasta (h . ·. Paz)
y Moret (h. ·. Cobden), que concedieron la autonomía a Cuba;
masón don Antonio Govin y Torres, fundador del partido au­
tonomista y Gran Maestre de ia Gran Logia Unida de Colón
y Cuba, y masones don Gabriel del Junco, don Laureano Mo­
rales, don Asencio Mayares, Marqués de Rabell, don Aurelio
Almeida, don José Piaría García Montes, don Rafael Montoro,
don Raíae! Fernández de Castro, don José Fernández Pellón,
don Segundo Alvares, Santisteban y Calixto García, cuyos nom­
bres tanto sonaron con motivo de la última guerra colonial.
El general Blanco, Marqués de Peñaplata (h.*. Barcelo­
na), nuestro último gobernador en Cuba, y sus adjuntos los
generales González Parrado (h . ·. Jesucristo!) y Bernal (h . ·.
Kleber), hubieron de entregar la Gran Antilla al ejército yan­
quis de ocupación, en el que figuraban, que se sepa, los ma­
sones Kent, Batos, Chafe, Summer, Ludlow, Ames y Wood, cum­
pliéndose así los acuerdos de la Masonería internacional, que
había decretado la pérdida de Cuba para España en castigo
de su tenacidad católico-obscurantista.
La separación de Filipinas fué una consecuencia de los
trabajos de los indígenas masones Marcelo Hilario del Pilar
(h . * Kupang), Ambrosio Flores (h . ·. Muza), Faustino Vi-
llarroel (h . · Klam), Ambrosio Salvador, Numeriano Adriano,
Arcadlo del Rosario, José A. Ramos, Teodoro Plata, Apolinario
Mabini, Moisés Salvador, Domingo Franco y Timoteo Pérez,
entre otros, en combinación con el Gran Maestre del Gran
Oriente Español don Miguel Morayta (h . ·. Pizarro), el Gran
Maestre del Gran Oriente Nacional de España, don José María
Pantoja, y su «alter ego» don Eduardo Caballero de Puga, que
se valieron en el archipiélago del famoso «Katipunan», que
no era otra cosa que una sociedad masónica, de la Asociación

148
Hispano-Fiiipina, constituida por los conspiradores residentes
en la Península, y del periódico «La Solidaridad», editado por
éstos en Barcelona.
España, como dijo entonces un insigne periodista, «con-
»quistó el archipiélago filipino, como había conquistado antes
»América, no por la fuerza de las armas, sino por la virtud
»sobrenatural de la Cruz de Cristo; y de América y Filipinas
»hemos sido arrojados por el triángulo masónico, enemigo de
»la Cruz», y enemigo de España, agregamos nosotros.
A fines del siglo XIX figuraban también en la Masonería
don Telesforo Montojo y Robledo, don Justo Jiménez, don Ma­
nuel Rosso, don Emilio Menéndez Pallares, G.an Maestre; don
Andrés Borrego, decano de periodistas; dori Fernando Soldevi-
Da ( h . · . Dióscoro), periodista y gobernador civil; don Miguel
Moya, director de «El Liberal», diputado a Cortes, grado 33 y
Gran Maestre adjunto de la Gran Logia Simbólica; don José
Francos Rodríguez, entonces director de «El Globo»; don Odón
de Buen, catedrático; don Anselmo Arenas y López (h. ·. Mun-
da), catedrático, y don Sergio Martínez del Bosch (1).
* * *

Durante los primeros años del presente siglo continúa en


la Masonería la depresión iniciada a fines del XIX. A pesar
de que Morayta logró reunir en el Grande Orlente Español
casi todas las Obediencias antes mencionadas, transcurrieron
los cuatro primeros lustros sin que las actividades masónicas se
exteriorizaran con el vigor que hablan desplegado durante los
tiempos en que se elaboraban una tras otra las Constituciones
liberales del siglo anterior.

(1) Algunos de los nombren de este pán.kío y de los que tratan


de Cuba y F ilipinas proceden de la obra de don M anuel P olo y
Peyrolon «Intervención de la M asonería en los desastre^ de E spa ­
ñ a », y de docum entos historíeos relativos a la insurrección tagala.

149
No estaban los logias en absoluto inactivas, como lo de­
muestran la semana sangrienta de Barcelona en 1909. cuyo
principal instigador fué el tristemente célebre Francisco Ferrer
Guardia ( h. *. Cero), y la campaña internacional antiespa­
ñola que organizó la Masonería con ocasión del proceso Ferrer.
Pero sin que su sectarismo anticatólico hubiera cedido, la
intervención de las logias en la vida política era en general
menos acentuada, por lo que hubo en las altac esferas quie­
nes confiadamente llegaron a creer a la Masonería poco menos
que extinguida y reducida a la práctica de sus ritos grotescos.
Al amparo de ese olvido imprudente de su existencia y de
sus fines pudo la secta reorganizarse cuando creyó propicio
el ambiente para urdir una vasta conspiración, cuyas conse­
cuencias estamos tocando.
Según datos del Anuario Masónico de 1928, el Grande Orien­
te Español tenia a fines de 1027 ochenta y cinco talleres sim­
bólicos, o sea cincuenta y dos más que en 1922, y la Gran Logia
Española había pasado en el mismo lapso de cinco años, de
diez a cuarenta y dos talleres. Andalucía fué la región más
«favorecida», pues sólo en ella llegó a haber en 1928 cincuenta
y cinco talleres masónicos. Las consecuencias de este privilegio
no ha tardado en conocerlas la antigua tierra de María San­
tísima.
Siendo la Masonería el instrumento más apropiado para toda
conspiración, lógico era que en ella se afiliasen cuantos, desean­
do un cambio político, eran capaces de recurrir a todos los me­
dios para conseguirlo y cuantos simpatizaban más o menos pla­
tónicamente con los elementos revolucionarios.
Las logias recibieron en consecuencia o volvieron a admitir
a personas como (1) Fernando de los Ríos, Gabriel Bonilla, En-

(1) T odos los nom bre« de masones que ea adelante se citan


}>rocedeu de las revistas, anuarios y boletines editados por las
logias.

150
rique Marti Jara, Luis Jiménez Asúa, Demóülo de Buen y José
Giral, catedráticos de nuestras Universidades: a les profesores
de Institutos, Escuelas Normales y de Comercio Rafael Timón
-de Lara, Amós Sabrás, Cesáreo Martínez, Rodolfo Llopis, Ra­
món y Enrique González Sicilia, Pedro Armasa Eriales, Ulde-
rico del Olmo, F. Duque y José Mejías; a periodistas tan co­
nocidos como Juan Sarradell, Antonio de Lezama, Luis Bello
Trompeta, Augusto Barcia, Alfonso Hernández Catá, Antonio
Fernández Velasco, Benito Articas Arpón, Augusto Vivero, Ma­
riano Benlliure y Tuero, Enrique Paúl Almarza, Salvador Que*
mades y Rafael Salazar Alonso, y agitadores políticos tan se­
ñalados como Daniel Anguiano, Vicente Marco Miranda, Eduar­
do Barriobero, Alvaro de Albornoz, Marcelino Domingo, Eduar­
do Ortega Gasset y el general López Ochoa.
Y pese a las protestas de inocencia y de alejamiento de las
actividades políticas que, cuando le conviene, formula para el
público «profano», la Masonería, por medio de los elementos
señalados y de otros cuyos nombres aparecen más adelante,
preparó y llevó a cabo la primera parte de una revolución
cuyo desenlace, si Dios no lo remedia a tiempo, puede ser la
Tuina definitiva de España.
Desde abril de 1931 han desempeñado altos cargos en la go­
bernación del Estado los siguientes masones:
Manuel Azaña Díaz, ministro de la Guerra y presidente
del Consejo de ministros.
Alejandro Lerroux y García, ministro de Estado y presi­
dente del Consejo de ministros.
Diego Martínez Barrio, Gran Maestre, ministro de Comu­
nicaciones, Guerra y Gobernación y presidente del Consejo
de ministros.
Fernando de los Ríos Urruti, ministro de Justicia, Instruc­
ción pública y Estado.

151
Marcelino Domingo San Juan, ministro tíe Instrucción pú­
blica y de Agricultura.
José Giral, ministro de Marina.
Alvaro de Albornoz Liminiana, ministro de Fomento y de
Justicia y presidente del Tribunal de Garantías Constitucio­
nales.
Emilio Palomo, gobernador de Madrid, subsecretario y más
tarde ministro de Comunicaciones.
Juan Botella Asensi, ministro de Justicia.
Rafael Guerra del Río, ministro de Obras Públicas.
Juan José Rocha García, embajador en Portugal, presi­
dente del Consejo de Estado, ministro de la Guerra y de
Marina.
Gerardo Abad Conde, subsecretario de Comunicaciones, pre­
sidente del Consejo de Estado, vocal del Tribunal de Garantías
y presidente del Patronato para la incautación de los bienes
de los Jesuítas.
Rodolfo Llcpis, director general de Primera Enseñanza.
Mateo Hernández Barroso, director general de Telégrafos.
José Salmerón, director general de Obras Públicas y de
Montes.
Antonio Pérez Torreblanca, director general de Agricultura.
Ramón Franco Bahamonde, director general de Aero­
náutica.
Augusto Barcia, Soberano Gran Comendador, delegado del
Gobierno en el Consejo Superior Bancario.
Benito Artigas Arpón, delegado del Gobierno en los Ca­
nales del Lozoya y director general de Comercio y Política
Arancelaria.
José Domínguez Barbero, ministro del Tribunal de Cuentas.
Salvador Albert Pey, embajador en Bélgica.
Francisco Maciá, presidente de la Generalidad de Ca­
taluña.

152
Rafael Salazar Alonso, presidente de la Diputación pro­
vincial de Madrid y ministro de la Gobernación.
Eduardo Ortega Gasset, gobernador civil de Madrid.
Pedro Rico López, alcalde de Madrid.
Carlos Esplá Rizo, subsecretario de Gobernación.
Eduardo López Ochoa, capitán general de Cataluña, ins­
pector general de la Tercera Inspección del Ejército y vocal
representante del ministerio de la Guerra en el Tribunal re­
visor de los fallos por Tribunales de Honor.
Jaime Ayguadé, alcalde de Barcelona.
Casimiro Giralt, consejero de la Generalidad de Cataluña.
Dionisio Correas, consejero de Cultura.
Ramón González Sicilia, director general de Primera En­
señanza y subsecretario de Instrucción pública.
Demófilo de Buen, consejero de Estado, presidente del Pa­
tronato para la incautación de los bienes de los Jesuítas y
presidente de la Sala Quinta del Tribunal Supremo.
Lnis Jiménez Asúa, vicepresidente primero del Consejo Su­
perior de Protección de Menores.
Antonio Jaén, ministro de España en el Perú.
Manuel Torres Campañá, subsecretario de Gobernación y
de la Presidencia del Consejo.
José Moreno Galvache, subsecretario de Agricultura, de In­
dustria y Comercio y de Instrucción pública.
Nicolás Sánchez Belástegui, delegado del Gobierno en los
servicios hidráulicos del Guadalquivir.
Ramón Carreras Pons, comisario general de Cataluña.
Fernando Valera Aparicio, director peneral de Agricultura
y subsecretario de Justicia.
Pedro Vargas Guerendiain, subsecretario de Comunica­
ciones.
Sidonio Pintado, consejero de Cultura.

153
Gabriel González Taltabull, vocal del Tribunal de Ga­
rantías.
Ramón Pérez de Ayala, embajador en Inglaterra.
Rafael Blasco García, vocal suplente del Tribunal de Ga­
rantías.
Pedro Armasa Eriales, subsecretario de Instrucción pública.
Luis Doporto Marchori, director general del Instituto Geo­
gráfico, gobernador civil de Valencia y consejero de Cultura.
Eloy Vaquero Cantillo, director general de Previsión y Ac­
ción SociaL
Angel Rizo Bayona, delegado del Estado en el Consorcio
Nacional Almadrabero.
Clara Campoamor Rodríguez, directora general de Bene­
ficencia.
José Juncal, embajador en Portugal.
Antonio Toñón de Lara, director general de Beneficencia.
Alvaro Pascual Leone, director general de Administración
liOcaL
Antonio Montaner Castaño, gobernador civil de Sevilla y
director general de Ferrocarriles.
Angel Galarza Gago, Fiscal de la República, Director gene­
ral de Seguridad y Subsecretario de Comunicaciones.
Casi todos los nombrados han sido diputados de las Corte3
de la República; también han tenido asiento en el Congreso
los masones siguientes:
Melquíades Alvarez González, Eugenio Arauz Pallardo, Se­
bastián Banzo Urrea, Francisco Azorín Izquierdo, Miguel Bar-
£aüó Ardevol, Eduardo Barriobero Herrán, Luis Bello Trom­
peta, Cayetano Bolívar Escribano, Miguel de Cámara Cendoya.
Hermenegildo Casas Jiménez, Adolfo Chacón de la Mata, An
drés Domingo Martínez, Eladio Fernández Egocheaga, Joaquín
García Hidalgo Villanueva, Pedro Vicente Gómee Sánchez, Mi­
guel Granados Rurz, Emilio González López, Julio Just Jime-

Í154
no, Eduardo Layret Foia, Julio María López Orozco, Vicente
Marco Miranda, Lucio Martínez Gil, José Martín Gómez, Ma­
riano Merediz Díaz-Parreño, Manuel Moreno Mendoza, Manuel
Morón Díaz, Manuel Muñoz Martínez, César Oarrichena Je­
naro, Manuel Olmedo Serrano, Alonso Pérez Díaz, Joaquín Pé­
rez Madrigal, Domingo Pérez Trujillo, Manuel Pórtela Valla­
dares, César Puig Martínez, Romualdo Rodríguez Vera, Amós
Sabrás Garrea, Juan Antonio Santander Carrasco, Francisco
Saval Morí«, Jaime Simó BofarulL, Narciso Vázquez Lemus y
Rodolfo Viñas Arco.
No hemos citado a todos los masones que han desempe­
ñado cargos públicos, sino solamente a los que han ocupado
I06 de mayor significación, y aun así la lista ha sido larga.
Se concibe que la Masonería llame a la República «nuestro
régimen» (1). Lo que no se concibe es que en el mismo docu­
mento en que así se la califlca se afirme tranquilamente, ha­
blando del desgobierno en que vivimos, que «a la Franc-Ma-
sonería no le alcanza ninguna responsabilidad en estos la­
mentables espectáculos», y se pretenda hacer tragar a los
«profanos» o a los incautos «aprendices» la siguiente rueda
de molino: «Las contadas veces que hemos llegado hasta las
»representaciones del Poder público no se nos atendió; más
»aún, sistemáticamente se nos desdeñó. Y eso que nosotros
»—no es menester decirlo—jamás fuimos a pedir prebendas
»ni servicios, ni siquiera migajas del banquete político, que
»por ninguno de esos móviles actúa ni se deja arrastrar nues-
»tra institución.»
¿En qué quedamos, señores masones? ¿Es eso cierto, o es
más exacto que «la Masonería o es política o no es nada»,
como dijo el H.\ Barea. con la aprobación de todos los asie-

(1) Bolot.'a .ÍM Supremo Con ejo Jol Grado 33. Octubre 1933.

155
tentee a la Asamblea del Gran Consejo Federal Simbólica
celebrado en Sevilla en 1925?
* * *
Después de leído este libro, y de haber conocido por él
lo que es la Masonería, y después de leída esta relación de
los masones que han intervenido en la vida política española,
¿puede nadie extrañarse de que en España se hayan sucedido,
durante dos siglos de actividad masónica, los desaciertos, las
torpezas y, lo que es peor, las catástrofes, la ruina, los crí­
menes impunes, los robos sacrilegos y la desmoralización ge­
neral que nos envuelve?
Medítelo el lector y deduzca las consecuencias prácticas
que deba poner en inmediata ejecución.
* * *

No pocos de los masones que hemos citado han terminado


sus días, aun en época reciente, retractándose de sus errores
y encomendando su alma al Dios de las Misericordias. Que El
la tenga también de los que aún viven amarrados al yugo de
la secta y de esta pobre España, víctima de los pecados de
sus hijos.
Apéndice segundo

LOS GRADOS MASONICOS


Según la Constitución del Grande Oriente Español de 1902

Grados simbólicos:
1.° Aprendiz.
2.° Compañero.
3.® Maestro.

Grados capitulares:
4.° Maestro secreto.
5.° Maestro perfecto.
6.° Secretario íntimo.
7.° Frebcste y Juez.
8.° Intendente de los edificios.
9.° Maestro elegido de los Nueve.
10.° Ilustre elegido de los Quince.
11.° Sublime Caballero Elegido.
12.° Gran Maestro Arquitecto.
13.° Real Arco.
14.° Gran Elegido Períecto y Sublime Masón.
15.° Caballero de Oriente o de la Espada.
16.° Principe de Jernsalén.
17.o caballero de Oriente y Occidente.
18.® Soberano Príncipe Rosa-Cruz.
Grados consejiles o filosóficos:
19.° Gran Pontífice o Sublime Escocés.
20.° Venerable Gran Maestro de las Logias Regulares.
21.° Patriarca Noaquita.
22.° Caballero Real Hacha o Príncipe del Líbano.
23.° Jefe del Tabernáculo.
24.® Príncipe del Tabernáculo.
25.° Caballero de la Serpiente de Bronce o de Airain.
26.® Príncipe de Merced o Escocés Trinitario.
27.® Gran Comendador del Templo.
28.® Caballero del Sol.
29.° Gran Escocés de San Andrés.
30.® Gian Elegido Caballero Kadosh o del Aguila Blanca
y Negra.
Grados sublimes:
31.° Gran Inspector Inquisidor Comendador.
32.° Sublime y Valiente Principe del Real Secreto.
33.° Soberano Gran Inspector General.
En la actualidad sólo se confieren los tres grados simbólicos;
los grados capitulares 4.°, 9.°, 13.° y 18.( ; los filosóficos 24.° y 30/',
y los tres grados sublimet.
Apéndice tercero

Grandes Oficiales del


SUPREMO CONSEJO DEL GRADO 33 PARA ESPASA
Y SUS DEPENDENCIAS

(Fundad· en 1811)

Soberano Gran Comendador: José María Rodríguez y Ro­


dríguez (1).
Gran Secretario: Mateo Hernández Barroso.
Dirección: José Marañón, 3, entresuelo izquierda. Madrid.
• · ·
A fines de 1930 la Gran Logia Española acordó dar por

(1) F ué prom ovido a este, cargo en enero de 1934, com o conee.


anencia de la dim isión presentada hacia fines de 1983 por su ante­
cesor, A ugusto Baxcia, que vení* desempeñándolo deede 1929.

159-
constituido un Supremo Consejo del Grado 33 divergente del
de España y sus Dependencias, nombrándose la siguiente Co­
misión permanente provisional:
Soberano Gran Comendador: Ilustre h .\ Mariano Larra-
naga, teniente coronel de Infantería. Calle Mayor, 65.
Sober&no Gran Teniente Comendador: H u s .'. h .·. Herminio
Alvarez, comerciante.
Gran Orador: lius.·. h .\ Jesús Palencia, empleado.
Gran Tesorero: Ilus.·. h.·. Alvaro Guzmán, director-pro­
pietario de la Revista técnica de Madrid «Vida Financiera».
G raTi Canciller: IIus.\ h .\ Antonio Fernández de Velasco,
Abogado en ejercicio y funcionario del Ministerio de la Eco­
nomía Nacional, plaza de la Cruz Verde, 3, primero, derecha,
teléfono 14.359.
Se acordó domiciliar este Supremo Consejo en Madrid, calle
de Alcalá, 171 (hotel), teléfono 57.760.
El «TIustro y l\>»leroso Hermano» .José María Rodríguez y
Rodríguez, simbólico «A r f / n i f i n o » . Soberano fíran Comen­
dador del Supremo Consejo del Grado 33 para España v sus
Dependencias. (Reprodución de la fotografía publicada por
el «Boletín del Supremo Consejo del Grado 33 para Espa­
ña y sus Dependencias» en el número de Marzo de 1934.)
Apéndice coarto

ORGANISMOS FILOSOFICOS SUBORDINADOS D E SU­


PREMO CONSEJO DEL GRADO 33

Según consta en el número del 25 de enero de 1928 del Bo­


letín Oficial del Supremo Consejo del Grado 33, los organismos
filosóficos que en aquella fecha dependían de dicho Supremo
Consejo eran los siguientes:

Organismo y número Radicado en

Cap.*. «Lucentino», 1 ............................ ..Alicante.


— «Esperanza», 8 .......................... ..Madrid.
— «Integridad», 10 ...........................Barcelona.
«Azaña», 51 ................................. ..Santa Cruz de Tenerife.
— «Morayta», 56 .............................. .. Tánger.
— «Himanuel'>, 57 ..............................Salónica.
— «Mame», 6 0 .................................. ..Casablanca.
— «Paz y Jusiicis», 65 ................. ..Valencia.

181
Organismo y número Radicado en

Cap.·. «Asdrúbal», 6 8 ................................Cartagena.


— «Justicia y Libertad», 68 .......... .. Cádiz.
— «Firmeza», 63 .................................La Línea.
— «Sevilla», 70 ....................................Sevilla.
— «Hespérides», 71 ............................Larache.
— «Independencia», 72 .................. ...La Linea.
— «Constancia», 73 ........................... Almería.
— «Barcino», 74 .................................Barcelona.
— «Christus», 75 ................................Madrid.
Cam.\ «Igualdad», 1 ..................................Madrid.
— «L. Simarro», 16 ......................... ..Tánger.
— «J. Lescura», 17 ...........................Casablanca.
— «Germinal», 18 .............................Barcelona.
— «Canarias», 12 ............................... Santa Cruz de Tenerife.
— «Los Trece», 22 ..............................Valencia.
— «Hispania», 23 ................................Barcelona.

En virtud de acuerdo adoptado por el Supremo Consejo en


10 de abril de 1929, publicado en el Boletín Oflclal de junio si­
guiente. se verificó la fusión de los Capítulos «Integridad», nú­
mero 10, y «Barcino», número 74, de Barcelona, bajo la denomi­
nación «Integridad-Barcino», número 10.
En diciembre de 1930 los Capítulos «Christus», núm. 75, de
Madrid, e «Independencia», núm. 72, de La Línea, según consta en
el Boletín del Supremo Consejo correspondiente al citado mes,
comunicaron su decisión de proseguir sus trabajos fuera de la
jurisdicción de dicho Alto Cuerpo, y la Gran Cámara de Justi­
cia del Grado 31.°, resolvió, en vista de esta rebeldía, que se re­
vocaran las respectivas Patentes Capitulares y que, caso de con­
tinuar trabajando dichos organismos se hiciera declaración ex­
presa de su irregularidad.
Por un decreto fechado en junio de 1331, inserto en el Bo­
letín Oficial del mismo mes. se autorizó la constitución en Ovie-

162
.Augusto Ha re iu Tivll«·?. s i m b ó l i c o ' I.u .-s ít ¡< > . <>\ (¡ r; m
Maestre del Grande ( Irírnte Español y ex S o le v a n · * ( ¡ r . m
Comendador del Supremo Consejo del ( ¡i*;i<l>> 3 ; ¡»ara Ks-
paña y sus Dependencias, i Reproducción de la f o t o g r a f í a
publicada p«»r ··! - B o le tín Oficial del Supremo Conseco del
( I r a d o 33 para España y sus Dependencias· en el número
de A b r i l d e lí»28.;
do de un nuevo Capitulo de Caballeros Rosa-Cruces titulado
«Verdad», núm. 76.
En Málaga quedó constituido el Capitulo «Perseverancia»,
número 77, por decreto de noviembre de 1932, que se publicó en
el Boletín Oficial del mes siguiente.
Por otro decreto fechado en marzo de 1933 queda definitiva­
mente auspiciado por el Supremo Consejo el Capítulo «Alberto
de Lera», núm. 78, instalado en Gijón.
Apéndice qninto

ORGANIZACION DEL GRANDE ORIENTE ESPAROL

Para dar una idea de la organización del Grande Oriente


Español, desde su constitución hasta el momento presente,
nada nos ha parecido tan oportuno como reproducir lo que
acerca del particular se dice en la reseña de la Asamblea Na­
cional Simbólica (IV del Gran Consejo Federal Simbólico), ce­
lebrada en Sevilla los días 2, 3 y 4 de noviembre de 1925, de la
que copiamos los siguientes párrafos ( 1 ):
«El G r.\ O.·. Español, constituido en 18S9 por la refundi­
ción de todos los grupos masónicos hasta entonces existentes
en España, ha venido celebrando sus reuniones generales en
Madrid en las fechas siguientes:

(1) Concurrieron a esta Asamblea los HH.·. Martínez Ba­


rrio, Eladio Gardó, Gíiitta, Marco Miranda, Femando de los
Ríos, Estruch, A. Laplace, General López Ochoa, Demófilo de
Buen, Enrique Barea y Torres Campañá.
164
1\1 ( ¡ r a n M a e s t r e d e l ( i r á n ('< n p e j o l-'ederal S i m b ó l i c o d e l
( ¡ r a n d e O r i e n t e K s p a r i o l, D i e g o M a i t i n e y . H a m o . s i m b ó l i c o
« Yct-<//t'n<Hi! > c'n l a a c t u a l i d a d v s- i in l>ól c o -J iL s lir io n i io n-
t r a s po r t e n e c i ó »••■mo A p i v i i d iy ." y < ( V n i p a m r.·· a la l . n ^ i a
«Ke» »!«» S e v i l l a , d e Ja «| u ·*, s e g ú n el ' H o l e t i n O l i c i a l d e l
( i r a n d e O r i e n t e K s p a ú o l » . d e A b r i l ti«* 1!»:0. i iié dad«» d e
b a j a p o r f a l t a di· a s i s t e n c i a y p a g o » , i R e p r o d u c c i ó n d e la
f o t o g r a f í a p u b l ¡ c a d a p o r el « l i o l e t i n <f i l ial d e l S u p r e m o
C o n s e j o d e l ( i r a d o 33 p a r a K s p a ñ a y .sus I ) e p e : u ¡ e n « í : t s í e n
el n ú m e r o d e O c t u b r e tic 1 ·.·:{:<.)
ASAMBLEAS DEL GR.'. O.’. E.*. (TODAS CELEBRADAS
EN MADRID)

Julio de 1889.............. Qr.-.M.-. Miguel Morayta.


21 de marzo de 1890..
16 de mayo de 1891..
16 de mayo de 1892..
16 de mayo de 1893..
16 de mayo de 1894..
16 de mayo de 1895..
(Período hasta 1900 de persecuciones por las guerras coloniales.)
11 de junio de 1901.. . Gr. \ M .\ Emilio Menéndez Pallarés.
16 de mayo de 1902..
15 de dicbre. de 1902..
16 de mayo de 1903.. Accd.:. Adolfo Díaz. (1)
16 de mayo de 1904.. — Francisco Sosa, d''
16 de mayo de 1905.. — José Gordillo. (2)
16 de marzo de 1906.. — José Lescura. (3)
Miguel Morayta.
16 de mayo de 1907.. Accd. ·. A. López del Villar. (3)
16 de mayo de 1908. Miguel Morayta.
14 de julio de 1909.. Accd. ·. A. López del Villar. (3)
14 de Junio de 1910. Miguel Morayta.
12 de junio de 1911.
17 de Junio de 1912.
16 de junio de 1913.
15 de junio de 1914.

(1) El Gr.'. M.*. en propiedad era Menéndez Pallarás.


(2) El Gr.·. M .\ en propiedad era Marenco.
(3) El Gr.·. M .\ en propiedad era el H .\ Miguel Morayta
12 de junio cíe 1916... — Miguel Morayta. (1)
11 de junio de 1917... — Luis Simarro.
16 de mayo de 1918... — —
16 de mayo de 1919... — —
7 de junio de 1920... — —
Junio de 1921............... — —
4 de ocbre. de 1922... — Augusto Barcia.
«A partir de 1920 se inició en muchos Talleres la idea de
reformar substancialmente la Constitución de la Masonería es-
rañola, en sentido autonomista, o más propiamente, descentra-
lizador.
»Hasta entonces sabido es que la organización central fun­
cionaba sobre un pie forzado, derivación del llamado Pacto en­
tre el Simbolismo y el Filosofismo, según el cual el Gr \ M .\, el
Secretario y el Tesorero del Gr.·. Consejo de la Orden debían
ser forzosamente los mismos que en el Supremo Consejo del
gr.·. 33°. desempeñarán cargos idénticos (2). Al parecer, este
sencillo y sólido mecanismo tenía el defecto de que la inmovi­
lidad de personas y cargos en el Supremo traía aparejado el
mismo electo en el Consejo de la Orden, estancando la marcha
del Simbolismo y anquilosando, en general, el funcionamiento
de la Orden.

(1) Es extraño que en esta enumeración no aparezca la


Oran Asamblea de 1915, celebrada en Madrid en los días 14 a
22 de junio, siendo Gr.·. M .\ Miguel Morayta, que fué presidi­
da por el H. ·. Alberto de Lera y Alvarez, representante de la
Logia «Jovellanos», de Gijón.
(2) A pesar de que, tal como lo copiamos, aparece este
párrafo en la página 4 de la Reseña de la mencionada Asam­
blea de 1925, impresa en Madrid en la imprenta de Samarán y
Compañía, Embajadores, 64, es lo cierto que tanto en la Cons­
titución del Grande Oriente Español de 1902 como en la de
1914, hay un artículo 34 donde se dice que los cargos que han
de ser desempeñados por los mismos hermanos en el Gran
Consejo de la Orden y en el Supremo Consejo del Grado 33 son
los de Gran Orador, Gran Secretario y Gran Tesorero, y no el
de Gran Maestre, que, según el artículo 50 de ambas Constitu­
ciones, «se funda en el sufragio universal emitido libremente
por todos los masones activos del Grande Oriente».

16«
»Este ambiente, con propuestas e ideas encontradas, crista­
lizó en la famosa Asamblea de 1922 en una nueva organización
que suprimía el G r.\ Consejo de la Orden y .daba personalidad
a las Regiones, distribuyéndoles los Talleres que radicaban en
sus respectivas jurisdicciones, para que luego, auspiciadas siem­
pre las Grandes Logias Regionales, a los efectos de Rito y Re­
gularidad, per el Supremo Consejo del g r .\ 33°, se federasen
normalmente entre sí, reconstituyendo el G r.\ O.·. Español
sobre una base autonomista.
»Los masones, los Talleres, eran los mismos; variaba su or­
ganización interna.
»La reorganización ha tenido lugar durante el año 1923,
constituyéndose las Regionales siguientes:

NUMEROS Núm. de
Grandes Lngias Regionales SEDE Logias (3) Tr.-.(4)

1 Del C entro de E s p a ñ a ... M adrid.............. 4 b


2 Del N o r o e s t e ......................
G i j ó n ................. 4 1
3 Del N o r d e s t e ......................
B arcelona lí 1
4 De L e v e n te ........................ V alen cia............. 6 2
5 Del M eciiod í«...................... S e v il la ............... 25 11
0 D e C a n a r ia s ........................
S a n ti C ruz de
T en er ife.........
7 De M cirru ecos.................... T á n g er............... 6 >
8 H i s p a n o a m e r i c a n a c e S an Juan........... >
Puerto R ico ( i ) ...............
9 Del Archipiélago F ilipi­ Man. l a ............... > >
no (2 ) ..............................
10 D el Sueles!:: de E s p a ñ a .. C a r la g e r a ......... 5

(1) Estos organismos han obtenido su independencia bajo


los auspicios cíe la A.M. I. (Asociación Masónica Internacional).
(2) Idem id. id.
(3) En fin 1925.
<\) Idem id. id.

167
»Encargada lina Comisión de redactar un Estatuto o Pacto
Federal, se circuló el Proyecto a las Regiones, que, reunidas en
dos Asambleas nacionales simbólicas (octubre 1924 y marzo
1925), las estudiaron y redactaron conforme al referéndum,
quedando aprobado en la III Asamblea (mayo* 1925).»
Por este Estatuto se constituyó el Gran Consejo Federal
Simbólico, que tuvo en un principio su sede en Madrid, y al
que se encomendaba la representación del Simbolismo del
Grande Oriente Español en los actos internacionales (Asam­
bleas, Congresos, Conferencias, etc.) el refrendo de los títulos
del gr.·. 3.° expedidos por las Grandes Logias Regionales y la
resolución, en única instancia, de las contiendas y diferencia»
que pudieran surgir entre las Grandes Logias Regionales.
Trasladada más tarde a SeviUa la sede de este Gran Con­
sejo, estuvo allí funcionando bajo !a Gran Maestría de Demófi-
lo de Buen, hasta que en agosto de 1931 se trasladó a Madrid
por acuerdo de la X Asamblea Nacional Simbólica, donde se
decidió por unanimidad «que habiendo desaparecido las causa»
que motivaron el traslado de !a Sede de este Gran Consejo a
los Valles de Sevilla, y establecido en España el régimen de li­
bertad, justicia y derechos ciudadanos, pase nuevamente la
Sede del Grande Oriente a radicar en los Valles de Madrid, ca­
pital de la Nación, donde deberán encontrarse instaladas sus
oficinas el día 31 del actúa! mes de agosto, dirigiéndose la co­
rrespondencia a la dirección postal siguiente: señcr don Aselo
Plaza, calle del Príncipe, 12, segundo, Madrid (España)».
Así consta en la página 1 del «Boletín del Grande Oriente
Español» de 10 de agosto de 1931, donde figura también la si­
guiente relación de los «hermanos» que en la precitada Asam­
blea fueron designados para desempeñar en la Comisió/i Per­
manente los cargos de Luces, Dignidades y Oficiales. Como pue­
de verse, no sólo se mencionan en ella los cargos que a cada
uno corespondieron dentro de la Orden, sino también los pues­
tos políticos con que habían resultado agraciados en el reparto
hecho por las Logias. Esto demuestra el interés de la Masone­
ría en acapararlos y los beneficies que se proponía obtener en
consecuencia:

168
«Gran Maestre» Diego Martínez Barrio, ministro de Comu
nicaciones.
»Primer Vicepresidente, Marcelino Domingo, ministro de
Instrucción pública.
»Segundo Vicepresidente, Rodolfo Llopis, director genent
de Primera Enseñanza.
»Tercer Vicepresidente, Enrique Barea Pérez, secretarlo e»
pecial del Ayuntamiento de Madrid.
»Cuarto Vicepresidente, Vicente Costales, Industrial.
»Gran Orador, Emilio Palomo, gobernador civil de Madrid
»Gran Secretario, Aselo Plaza Vinuesa, industrial.
»Gran Secretario Adjunto, Francisco de la Mata, directa
del Colegio de Huérfanos de Correos.
»Gran Contador, Francisco Pérez Anega, empleado.
»Gran Tesorero, Roberto Ruis, empleado.
»Gran Maestro de Ceremonias. José Gómez de la Serna
abogado.
»Gran Hospitalario, Elias Palasí, gerente de la Sociedad
General de librería.
»Gran Guarda Templo, Celso Joaniquet, abogado.
»Vocal primero, Fernando de los Ríos, ministro de Gracia
y Justicia.
»Vocal segundo, Juan Sarradell, abogado y periodista.
»Vccal tercero, Pedro Rico López, alcalde de Madrid.
»Vocal cuarto, Ramón González Sicilia, catedrático y dipi*
tado a Cortes.
»Suplentes: Angel Rizo, marino y diputado a Cortes; Go»
rardo Abad Ccnde, subsecretario de Comunicaciones; Vicente
Marco Miranda, periodista y diputado a Cortes; Fernando Var·
lera, periodista y diputado a Cortes; Eloy Vaquero, abogado
diputado a Cortes; Adolfo Chacón de la Mata, comerciante
diputado; Manuel Muñoz, militar y diputado a Cortes, y Jua»
Santander, diputado a Cortes.»
Logrados los principales objetives masónicos con la form*
ción de unas Cortes Constituyentes hechura de las Logias y con
la promulgación de uiia Constitución a la medida de sus deseos
fueron desapareciendo del primer plano alguno de los mál

16·
conspicuos masones para ocultarse, conforme a su táctica ha­
bitual, entre bastidores, y ya en 1933, según pueae verse por los
datos que insertamos a continuación, tomados de un folleto pu­
blicado por el Grande Oriente, en el cuadro de dignidades f
oficiales ha disminuido considerablemente la proporción en que
se encuentran los personajes políticos de primera fila.

GRAN CONSEJO FEDERAL SIMBOLICO

Cuadro de Dignidades y Oficiales


I l.\ Gran Maestre, Diego Martínez Bnrrio.
ler. Gran Vicepresidente, Aselo Plaza Vinuesa.
2.· » » Juan Manuel Iniesta.
3er. j> » Angel Rizo Bayona.
4.° » » Demófilo de Buen I.ozana
Gran Orador, Félix Gil Mariscal.
» » adjunto, Adolfo Chacón de la Mata.
» Secretario, Ceferino González Castroverde.
Gran Secretario adjunto, Francisco de la Mata.
» Contador, Enrique de Balenchana.
» Tesorero, Roberto Ruiz García.
» Maestro de Ceremonias, Julio Hernández Ibáñes.
» Hospitalario, Abelardo Gutiérrez de la Solana.
» Guarda Templo, Elias Palasi.
Yocal I.» Antonio Tuñón de Lam.
» 2.°, Joaquín Velasco.
> 3.°, Eugenio Araúz.
» 4.°, Manuel Muñoz Martínez.
» 5.°, Ramón Cuesta.
Suplentes, Vicente Costales.
» José Royo.
» José Oliveira Guerreiro.
» José Luis Ccello de Portugal.

1Y0
Suplentes, Leonardo Polo.
> Teodoro César.
» Fernando García Peña.
» Antonio Guisasola.
» Domingo Goitia.
» Francisco Martín de Antonio.
Dirección privada: Ceferino González. Príncipe, 12, segun­
d a Madrid.
Apéndice sexto

LOGIAS Y TRIANGULOS DEPENDIENTES D E GRANDE


ORIENTE ESPAÑOL

En el mismo folleto, editado en 1933 por el Grande Oriente


Español, en que aparece el cuadro de Dignidades y Oficiales, que
copiamos al final del apéndice anterior, figura la siguiente enu­
meración de las logias y triángulos que en aquella fecha depen­
dían del Grande Oriente:

TALL.·. SIMBOLICOS DEPENDIENTES DEL GRAN CON­


SEJO FEDERAL SIMBOLICO

Resp.*. Log.·. «Perseverancia».—Sede: Salónica.


Dirección privada: Arbert D. Carasso, Boite Póstale, 01.
Salónica (Grecia).

Resp.·. Log.·. «Andamana».—Sede: Las Palmas (Canarias).


Ven.·. Maestr.·., Manuel Escribano Román.
Dirección privada: Raimundo Díaz Suárez, Inspector de
Emigración, Sagasta, 82, tercero, Las Palmas (Canarias).
172
Resp. Log.·. «Añaza», número 270.—Sede: Santa Cruz úe
Tenerife (Canarias).
Ven.·. Maestr.·., Francisco González Trujillo.
Dirección privada: Añaza, número 270. Apartado 76. Santa
Cruz de Tenerife (Canarias).

GRAN LOGIA REGIONAL DEL CENTRO DE ESPAttA.


SEDE: MADRID
M.·. Resp.·. Gran Maestre, Juan Manuel Iniesta.
Dirección privada: Gran Log.·. Regional del Centro de Es-
paña. Principe, 12, segundo. Madrid.

TALLERES SIM B.\ DEPENDIENTES DE LA GRAN LOGIA


REGIONAL DEL CENTRO DE ESPAÑA

Resp.*. Log.·. «Ibérica», número 1.—Sede: Madrid.


Ven.·. Maestr.·., Julio Hernández Ibáñez.
Dirección privada: Ibérica. Principe, 12, segundo. Madrid.

Resp.·. Log.·. «Hispano-Americana, número 2.—Sede: Ma­


drid.
Ven.·. Maestr.·., Vicente Costales Martínez.
Dirección privada: Hispano-Americana. Principe, 12, segun­
do. Madrid.
• · ·
Resp.*. Log.*. «Luis Simarro», número 3.—Sede: Madrid.
Ven.·. Maestr.*., Enrique Castell Baldó.
Dirección privada: Luis Simarro. Principe, 12, segundo.
Madrid

Resp.*. Log.·. «Nomos», número 5.—Sede: Madrid.


Ven.*. Maestr.·., José Benjumea Román.
Dirección privada: Nomos. Príncipe, 12, segundo. Madrid.
• * *

Resp.*. Log.*. «La Unión», número 9 —Sede: Madrid.


Dirección privada: Unión. Príncipe, 12, segundo. Madrid.

Resp.·. Log.·. «Mare Nostmm», número 11.—Sede: Madrid.


Ven.*. Maestr.·.. Enrique Balenchana Pieltain.
Dirección privada: Máre Nostrum. Príncipe, 12, segundo.
Madrid.

178
Resp.-. Log.·. «Matritense», número 12.—Sede: Madrid.
Ven.*. Maestr.·., Francisco de la Mata del Pozo.
Dirección privada: Matritense. Principe, 12, segundo. Ma­
drid.
n « »
Resp.*. Log.·. «Condorcet», número 13.—Sede: Madrid.
Ven.·. Maestr.*.. Rosendo Castell Ballespi.
Dirección privada: Condorcet. José Marañón, 3, bajo. Ma­
drid.
• * ·
Resp.*. Log.·. «Concordia», número 14.—Sede: Madrid.
Ven.·. Maestr.·., Antonio Guissasola Pedregal.
Dirección privada: Concordia. Príncipe, 12, segundo. Madrid.
• · *
Resp.:. Log.:. «República Portuguesa», número 18.—Sede:
Madrid.
Ven.·. Maestr.·., Felipe de Silva Méndez.
Dirección privada: República Portuguesa. Príncipe, 12, se­
gundo. Madrid.
* * *

Resp.·. Log.·. «Primero de Mayo», núm. 19.—Sede: Madrid.


Ven.· Maestr.·., José Calvet Beltrán.
Dirección privada: Primero de Mayo. Príncipe, 12, segun­
do. Madrid.
• · *
Resp.·. Log.·. «Génesis», número 20.—Sede: Madrid.
Ven.·. Maestr.·., Juan Utrera Rosado.
Dirección privada: Génesis. Príncipe, 12, segundo. Madrid.
* · *
Resp.·. Log.·. «Perfección».—Sede: Madrid.
Ven.*. Maestr.·., Augusto Casal.
Dirección privada: Perfección. José Marañón, 3. Madrid.
* * »
Resp.·. L0 5 .·. «Augusto Barcia».—Sede: Madrid.
Ven.·. Maestr.·., Juan Ruiz Magán.
Dirección privada: Augusto Barcia. José Marañón, 3. Madrid.
• * *
Resp.·. Log.·. «La Cantoniana».—Sede: Madrid.
Dirección privada: La Cantoniana. Príncipe, 12, segundo.
Madrid.

Resp.·. Log.·. de adopción «Reivindicación».—Sede: Madrid.


Dirección privada: Reivindicación. José Marañón, 3. Madrid.

m
Resp.·. Log.·. «Helmíntica».—Sede: Salamanca.
Ven.·. Maestr.·., Angel Arias Fernández.
• * ·
Resp.·. Tr.·. «Zurbano».—Sede: Logroño.
Ven.·. Maestr.·., Elias Sáez.

Resp.·. Log.*. «Altuna», número 15.—Sede: San Sebastián.


Ven.·. Maestr.·., Juan Tebar Alemany.
Dirección privada: José Julián Bellido. Plaza de Colón, nú­
mero 7. Irún (Guipúzcoa).
* * ·
Resp.·. Log.·. «Constancia», número 16.—Sede: Zaragoza.
Dirección privada: Antonio G. Díaz Rodríguez. San Pablo,
85, entresuelo. Zaragoza.
* · ·
Resp.·. Log.·. «Constancia», número 17.—Sede: Valladolid.
Ven.·. Maestr.·., José Getino Carreño.
Dirección privada: José Getino Carreño. Maclas Plcavea, 23,
segundo. Valladolid.
• * ·
Resp.·. Tr.·. «Goethe».—Sede: Bilbao.
Ven.·. Maestr.·., Ambi*osio Garbizu Pérez.
Dirección privada: Ambrosio Garbizu Pérez. Plaza Uribl·
tarte, 5, tercero. Bilbao.

GRAN LOGIA REGIONAL NOROESTE DE ESPAÑA.


SEDE: GIJON (OVIEDO)

M.·. Resp.·. Gran Maestre, Ropelio García Fernández.


Dirección privada: Rogelio García. Apartado 173. Gijón
(Oviedo).

TALLERES SIJISCLICCS DEPENDIENTES DE LA GRAN


LOGIA REGIONAL DEL NOROESTE DE ESPAÑA
Resp.·. Log.·. «Jovellanos», núm. 1.—Sede: Gijón (Oviedo).
Dirección privada: L. Jovellanos. Apartado 173. Gijón
(Oviedo).

Resp.·. Log.*. «Riego», número 2.—Sede: Gijón.


Dirección privada: L. Riego. Apartado 173. Gijón (Oviedo).
S · ·
Resp.'. Log.*. «López del Villar», núm. 14.—Sede: Gijón.


Ven.·. Maestr.·., Manuel Tejedor Riñón.
Tirpcción privada: M. T. Apartado 173. Gijón (Oviedo).
• · ·
Reso.·. liOg.·. «Argüelles», número 3.—Sede: Oviedo.
Dirección privada: L. Argüelles. Apartado 35. Oviedo.

Rssp.·. Log.·. «tíuevia». número 4.—Sede: La Coruña.


dirección privada: Alfredo Somoza. Santa Lucía, 39, terce-
M. í-a uoruña.
* · ·
Resp.·. Log.·. «Lucus», número 5.—Sede: Lugo.
Dirección privada: Camilo López Pardo. San Marcos, 9. Lugo.
• · ·
..esp.*. Log.*. «Libredón», número 6 .—Sede: Santiago (La
Coruña).
Dirección privada: Laureano Santiso Girón. Avenida 14 de
ADril, 28. Santiago (La Coruña).
• · ·
Resp.·. Log.·. «Helenes». número 7.—Sede: Pontevedra.
Dirección privada: Joaquín Maquieira Fernández. Farmacia.
Pontevedra.
• · ·
Resp.·. Log.·. «Vicus», número 8 .—Sede: VIgo.
Dirección privada: Vicus. Apartado 185. Vigo (Pontevedra).
m m m

Resp.·. Log.·. «Francisco Suárez», núm. 10.—Sede: El Ferrol.


Dirección privada: Ricardo Lloveres. Calle Sinforiano Ló­
pez, 175. El Ferrol (La Coruña).
• * «
Resp.·. Log.·. «Pensamiento y Acción», número 11.—Sede:
La Coruña.
Dirección privada: Domingo Quiroga. Igualdad, 8 , tercero.
La Coruña.
• · »
Resp.·. Log.·. «Augusto G. de Linares», número 12.—Sede:
Santander.
Dirección privada: Santos Tolosa. Apartado 207. Santander.
• « *
Resp.·. LGg.·. «ConLtanclr.», número 13.—Sede: Orense.
Dirección privada: Abdón Vide Villanueva. Progreso, 7, ter­
cero. Orense.
9 · »
Resp.*. Tr.·. «Ferrer», número 2.—Sede: Nava (Oviedo).

173
Dirección privada: Gustavo Acebo, farmacéutico. Nava
■(Oviedo).

Resp.·. Tr.·. «Libertad», numero 3.—Sede: León.


Dirección privada: José Molla Herrero, oficial de Correos.
León

Resp.·. Tr.·. «Costa», número 5.—Sede: Turón (Oviedo).


Dirección privada: Leoncio Villanueva, del Comercio. Turón
(Oviedo).

Resp. . Tr.·. «Amor y Trabajo», número 10.—Sede: Grandas


de Salime.
Dirección privada: José Naveiros Pastur, del Comercio.
Grandas de Salime (Oviedo).

GRAN LOGIA REGIONAL DEL NORDESTE DE ESPAÑA.


SEDE: BARCELONA
M .\ Resp.·. Gran Maestre, Justo Caballero Fernándes.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Gran Secretaria. Avifió,
número 27. Barcelona.

TALLERES SIMB.·. DEPENDIENTES DE LA GRAN LOGIA


REGIONAL DEL NORDESTE DE ESPAÑA
Resp.*. Log.·. «Helios».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.·., Gumersindo Bondía Teijeiro.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Helios. Avifió, nú­
mero 27. Barcelona.
* * ·
Resp.·. Log.·. «Fraternidad».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.·., Porvenir Ideal Ayerbe Lloverás.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Fraternidad. Avi-
ftó, 27. Barcelona.

Resp.*. Log.·. «Rectitud».—Sede: Barcelona.


Ven.·. Maestr.·., Julio Pubill Alsina.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Rectitud. Aviñó,
número 27. Barcelona.
• · ·
Resp.*. Log.*. «Cosmos».—Sede: Barcelona.

177
Ven.·. Maestr.·., Enrique Mahler Burén.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Cosmos. Avifió,
»limero 27. Barcelona.
• · ·
Resp.*. Log.-. «Lealtad».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.*., Franz Gerard Nabrink.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Lealtad. Aviñó,
número 27. Barcelona.
* * w
Resp.·. L og.\ «Hansa».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.·., Enrique Zoeller y de Visad.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección HanBa. Avifió,
número 27. Barcelona.

Resp.·. Log.·. «Liberación».—Sede: Barcelona.


Ven.·. Maestr.·., Juan Casanovas Perpiñá.
Dirección Privada: Ateneo Fénix, Sección Liberación. Avifió,
número 27. Barcelona.
* * *
Resp.·. Log.·. «Plus Ultra».—Sede: Barcelona.
Ven.*. Maestr.·., José Mur Arisa.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Plus Ultra. Aviñó,
número 27. Barcelona.
* * *
Resp.·. Log «Fénix»—Sede: Barcelona.
Ven.:. Maestr.:., José Villafranea.
Dirección privada: Ateneo i'eiuz. Sección Fénix. Aviñó. 27.
Barcelona.
* * *
Reep.·. Log.*. «Inmortalidad».—Sede: Barcelona.
Ven.*. Maestr.·., José M. Francis Ladrón de Cegama.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Inmortalidad. Avi­
ñó, 27. Barcelona.
• * *
Resp.·. Log.*. «Minerva».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.·., José Gaynés.
Dirección privada: Ateneo Fénix. Sección Minerva. Aviñó,
número 27. Barcelona.
* * *
Resp.·. Log.·. «Redención».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.·., Domingo Solé Vicens.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Redención. Aviñó,
número 27. Barcelona.

178
R esp.\ Log.·. «Democracia».—Sede: Barcelona.
Ven.·. Maestr.·., Br.rcolcmé Muntané Cirici.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Demccracia. Avi­
só, 27. Barcelona.

Resp.·. Log.·. «HelvetiR».—Sede: Barcelona.


Ven.· Maestr.·., Adolfo Gonzenbach.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Helvetia. Aviñó,
■úmero 27. Barcelona.

Resp.·. Log.·. «Hispano América».—Sede: Barcelona.


Ven.·. Maestr.·., Patrocinio Peñuela Ruiz.
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Hispano América.
Aviñó, 27. Barcelona.

Resp.·. Log.·. «Pitágoras».—Sede: Lérida.


Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Pitágoras. Aviñó,
múmero 27. Barcelona.

Resp.·. Tr.·. «Bétulo».—Sede: Badalona (Barcelona).


Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Bétulo. Aviñó, 27.
Barcelona.
* * *
Resp.·. Tr.·. «Renovación».—Sede: Seo de Urgel (Lérida).
Dirección privada: Ateneo Fénix, Sección Renovación. Avi-
üó, 27. Barcelona.

GRAN LOGIA REGIONAL BE LEVANTE.—SEDE: ALICANTE

M.·. Resp.·. Gran Maestre, Isidro Sánchez Martínez.


Dirección privada: Isidro Sánchez Martínez. Calle de Ba­
lón, 36, primero. Alicante.

TALLER?.S SIMIÍ. ·. DEPENDIENTES DE LA GRAN LOGIA


REGIONAL DEL LEVANTE DE ESPAÑA

Resp.·. Log.·. «Constante Alona», núm. 1.—Sede: Alicante.


Ven.·. Maestr.·., Rafael Blasco García.
Dirección privada: Constante Alona. Bazán, 36. primero.
Alicante.

179
Resp.·. Log.·. «Numancia», núm. 3.—Sede: Alicante.
Ven.:. Maestr.:., Francisco Ramón Lledó.
Dirección privada: El mismo. Calle Segarra, 9, primero.
Alicante.
* * *
Resp.;. Log.'. «Illice Constante», núm. 7.—Sede: Elche (Ali­
cante) .
Ven.·. Maestr.·.. Jerónimo Eernal Orozco.
Dirección privada: El mismo. Farmacia Bemal. Elche (Ali­
cante).

Resp.*. Log.·. «Amor», núm. 9.—Sede: Elche (Alicante).


Ven.·. Maeotr.*.. Jos6 Verdú Cuenca.
Dirección privada: El mismo. Academia Verdú. Elda. (Ali­
cante).
A * *
Resp.·. Tr.·. «Resurrección».—Sede: Alcoy (Alicante).
Ven.·. Macstr.·., César Puig Martínez.
D irección p riv a d a : El mism o, abogado. Alcoy (A licante).
* * *
Resp.·. Log.·. «Federación Valentina», núm. 2 —Sede: Va­
lencia.
Ven.·. Maestr.·., Francisco Sebastián Bonafé.
Dirección privada: J. B. Casanova Payá. Borras, 4, primero.
Valencia.

Resp.*. Log.·. «Patria Nueva», núm. 4,—Sede: Valencia.


Ven.·. Maestr.·., Gonzalo Tejero Langarita.
Dirección privada: Arturo Indarte Martín. Historiador Dia-
go, 25. Valencia.
♦ · *
Resp.·. Log.*. «Blasco Ibáñez», núm. 11.—Sede: Valencia.
Ven.·. Maestr.·., Joaquín Roger Femenia.
Dirección privada: Ei mismo. Gonzalo Julián, 37, entre­
suelo, derecha. Valencia.
* * *
Re3p.·. Log.·. «Pitágoras», núm. 12.—Sede: Palma de Ma­
llorca (Baleares).
Ven.·. Maestr.·., Jaime Valls Segura.
Dirección privada: El mismo. Calle Vallori, 6 , segundo. Pal­
ma de Mallorca (Baleares).

100
GRAN LOGIA REGIONAL DEL MEDIODIA DE E.3PASA.
SEDE: SEVILLA
M .\ Resp.·. Gran Maestre, Fermín de Zayas Molina.
Dirección privada: El mismo. Roque Barcia, 5. Sevilla.

TALLERES SIMB.·. DEPENDIENTES DE LA GRAN LOGIA


REGIONAL DEL MEDIODIA DE ESPAÑA
Resp.*. Log.·. «Isis y Osiris».—Sede: Sevilla.
Ven.·. Maestr.·.. Manuel Lora Partera.
Dirección privada: El mismo. Roque Barcia, 5. Sevilla.
* * *
Resp.*. Log.·. «Fe y Democracia».—Sede: Sevilla.
Ven.*. Maestr.·., Felipe Sánchez García.
Dirección privada: El mismo. Roque Barcia, 5. Sevilla.
* + +
Resp.·. Log.·. «España y Trabajo».—Sede: Sevilla.
Ven.·. Maestr.·., Nicolás Sánchez Balástegui.
Dirección privada: El mismo. Roque Barcia, 5. Sevilla.
* * *
Resp.·. L cg.\ «Rizal».—Sede: Utrera (Sevilla).
Ven.·. Maestr.·., Julio González Tirado.
Dirección privada: El mismo, labrador. Utrera (Sevilla).
* « »
Resp.·. Log.·. «Filipinas».—Sede: Alcalá de Ouadaira (Se­
villa).
Ven.·. Maestr.*., Antonio Cano.
Dirección privada: El mismo. Ferrer Guardia, 11. Alcalá de
Guadaira (Sevilla).
* * *

Resp.·. Log.·. «Mártires del Deber».—Sede: Lora del Río


(Sevilla).
Ven.·. Maestr.·., Cirilo Arana Zabala.
Dirección privada: Isidoro Mateo Martín, administrador
de Loterías. Lora del Rio (Sevilla).

Resp.·. Tr.·. «Adelante, Hermanos».—Sede: Fuentes de An­


dalucía (Sevilla).
Ven.·. Maestr.·.. José Gómez Perez.
Dirección privada: El mismo. Estrella, 21. Fuentes de An­
dalucía (Sevilla).

181
Resp.*. T r.\ «Ferrer».—Sede: La Campana (Sevilla).
Ven.*. Maestr.·., José García García.
Dirección privada: El mismo. Marquesa, 51. La Campana.
(Sevilla).
* * *
Resp.*. Tr.·. «Astigis».—Sede: Ecija (Sevilla).
Dirección privada: Juan Tejero Romero. Luis Vélez de Que-
vara, 2. Ecija (Sevilla).

Resp.:. Tr.·. «Germinal».—Sede: Constantina (Sevilla).


Ven.·. Maestr.·., José Lira Pacheco.
Dirección privada: José Manchión Muñoz. Campo Bajo, 19.
Constantina (Sevilla).

Resp.·. Log.·. «Patria Grande».—Sede: Málaga.


Ven.·. Maestr.·., José Pérez Ramírez.
Dirección privada: El mismo. Duque de la Victoria, 1.
Málaga.

Res.·. Log.·. «Pitágoras».—Sede: Málaga.


Ven.·. Maestr.·., Francisco Guerrero Andrades.
Dirección privada: Manuel Pargas, Aduana Nacional. Már
laga.

Resp.·. Log.·. «Rebelión».—Sede: Málaga.


Ven.·. Maestr.·., Bernardo Rodríguez González.
Dirección privada: El mismo. San Lorenzo, núm. 1, primero.
Málaga.

Resp.·. Log.·. «Liberación».—Sede: Málaga.


Ven.-. Maestr.·., Modesto Escobar Urbano.
Dirección privada: El mismo. Córdoba, 1. Málaga.
• * »
Resp.·. Log.·. «Giner».—Sede: Ronda (Málaga).
Ven.·. Maestr.·., Francisco Díaz Vecino.
Dirección privada: El mismo. Fermín Galán, 72. Ronda
(Málaga).
* · *
Resp.·. Tr.*. «Renacer».—Sede: Benaoján (Málaga).
Ven.·. ¡Maestr.·., José Sánchez Ruano.
Dirección privada: El mismo, Oficinas de Correos. Benao­
ján (Málaga).

182
Resp.’. Log.·. «Hijos de Hiram».—Sede: Cádiz.
Ven.·. Maestr.*., Enrique Raggio.
Dirección privada: Jcaquín Díaz Romero. Rosario, 37. Cádiz.
* · ♦
Resp.·. Log.·. «Hermano Vigor».—Sede: Cádiz.
Ven.·. Maestr.·., Manuel Muñoz Martínez.
Dirección privada: Manuel Ruiz. Rosario, 4, platería. Cádiz.
9 0 0
Resp.·. Log.·. «Resurrección».—Sede: La Línea (Cádiz).
Ven.·. Maestr.-., Francisco Chacón Matorrell.
Dirección privada: El mismo. Primero de Mayo, 9. La Línea,
(Cádiz).

Resp.*. Log.*. «Floridablanca».—Sede: La Línea (Cádiz).


Ven.·. Maestr.·., José Agüero Baro.
Dirección privada: El mismo. Agente comercial. Calle del
Doctor Pulido. La LL.ea (Cádiz).
* · *
R esp.·. Log.*. «V illacam pa».—Sede: L a L in ca (C ádis).
Ven.·. Maestr.·., Juan Peinado Martín.
Dirección privada: El mismo. Jaime Vera, 24. La Linea
(Cádiz).
• · *
Resp.·. Log.·. «Fiat Lux».—Sede: La Línea (Cádiz).
Ven.·. Maestr.·., Antonio Zambrana Romero.
Dirección privada: Manuel Aguilar Tornati. José Nakens, 9.
La Linea (Cádiz).
• * ·
Resp.·. Log.·. «Autonomía».—Sede: La Línea (Cádiz).
Ven.·. Maestr.·., José Luengo Vallejo.
Dirección privada: El mismo. Calle Cádiz y Colón, Comer­
cio. La Línea (Cádiz).
• * ·
Resp.*. Log.*. «González Roncero». — Sede: Los Barrios
(Cádiz).
Ven.·. Maestr.·., Francisco Palacios del Pino.
Dirección privada: El mismo. Paseo de Caridad. Loa Barrios
<Cádiz).
• * *

Resp.·. Log.·. «Igualdad». — Sede: San Fernando (Cádiz).


Ven.*. Maestr.*., José Requena Pérez.
Dirección privada: El mismo. Manuel Roldán, 12. San Fer­
nando (Cádiz).

118
Resp.*. Log.·. «Colón».—Sede: Puerto Real (Cádiz).
Ven.*. Maestr.:., José Blanco Pinzón.
Dirección privada: El mismo. San Francisco, 8 . Puerto ReaL
(Cádiz).
* * «

Resp.·. Log.·. «Trafalgar».—Sede: Algeciras (Cádiz).


Ven.·. Maestr.·., Ramón Alba Guerrero.
Dirección privada: Antonio Puig. 14 de Abril, 19. Algeciras
(Cádiz).
• · *
Resp.·. T r.\ «El Pelicano».—Sede: Jerez de la Frontera.
(Cádiz).
Dirección privada: Manuel Moreno Mendoza. Café «La
Moderna». Arcos, 2. Jerez de la Frontera (Cádiz).
* * *
Resp.·. Tr.·. «Fraternidad».—Sede: Puerto de Santa María
(Cádiz).
Ven.·. Maestr.·., Juan A. Pérez Jarillo.
Dirección privada: Frarcisco de P. Dizque. Castelar, 1&.
Puerto de Santa María (Cádiz).
• * *
Resp.·. Log.·. «Evolución».—Sede: Almería.
Ven.·. Maescr.·., Enrique Enciso Amat.
Dirección privada: José Enciso Amat. Avenida de la Re­
pública, 2. Almería.
* * *
Resp.·. Log.·. «Actividad».—Sede: Almería.
Ven.·. Maestr.·., Manuel Martínez Sánchez.
Dirección privada: El mismo. Zaira, 6 . Almería.
* * *
Resp.·. Log.·. «Salmeroniana».—Sede: Alhama de Salme­
rón (Almería).
Ven.·. Maestr.·., Eloy López y López.
Dirección privada: Miguel Gálvez Gil. Agente comercial.
*lhama de Salmerón (Almería).
• * *
Resp.·. Log.·. «Alpujarra».—Sede: Dalias (Almería).
'T“r. ·. Maestr.·., Antonio Lirola Joya.
Dirección privada: El mismo. Industrial. Dalias (Almería).
• * *

Resp.*. Log.·. «Minerva».—Sede: Huelva.


Ven.·. Maestr ·., Alfonso Morón de la Corte.
Dirección privada: El mismo. Cánovas, 6 . Huelva.

184
Resp.·. Log.·. «Redcncic:-:>.—Sede: Ayamonte (Hueiva).
Ven.·. Maestr.·., Pablo Ojeda Ojeda.
Dirección privada: El mismo. Muelle del Sur, ll. Aya-
monte (Hueiva).
* * *
Resp.·. Tr.·. «Hijos de la Luz».—Sede: Aroche (Hueiva).
Ven.*. Maestr.·., José Díaz.
Dirección privada: El mismo. Eduardo Dato, 9. Aroche
(Hueiva).

Resp.*. Log.·. «Luz y Prosperidad».—Sede: Palma del Rio


(Córdoba).
Ven.·. Maestr.·., Antonio España Ocafia.
Dirección privada: El mismo. Industrial. Palma del Río
(Córdoba).
• « ·
Resp.·. Log.·. «18 de Brumario».—Sede: Puente Genil (Cór­
doba).
Dirección privada: Antonio Romero Jiménez. Labrador.
Puente Genil (Córdoba).

Resp.·. Tr.·. «Justicia».—Sede: Peñarroya-Pueblo Nuevo


(Córdoba).
Dirección privada: Rodrigo García Alejo. Oficial de Co­
rreos. Pueblo Nuevo del Terrible (Córdoba).
* · *

Resp.·. Tr.·. «Isis Lucentino».—Sede: Lucena (Córdoba).


Ven.·. Maestr.·., Javier Tubio Aranda.
Dirección privada: El mismo. Profesor mercantil. Lucena
(Córdoba).

Resp.*. Log.·. «Lealtad».—Sede: Jaén.


Ven.*. Maestr.·., Francisco Angel Bago.
Dirección privada: El mismo. Abogado. Jaén.
* * ·
Resp.'. Log.·. «Humana».—Sede: Linares (Jaén).
Ven.*. Maestr.·., Luis Robles.
Dirección privada: El mismo. Peral, 1. Linares (Jaén).
■> * *

Resp.·. Tr.·. «Alhambra».—Sede: Granada.


Ven.·. Maestr. ., José Megías Manzano.
Dirección privada: El mismo. Gran Vía de Colón. 39, pri­
mero derecha. Granada.
186
Resp.·. Tr.·. «Renovación».—Sede: Badajoz.
Ven.·. Maestr.·, Angel Joven Nieto.
Dirección privada: El mismo. Prim, 41. Badajoz.
* * *
Resp.·. Log.·. «Moray ta».—Sede: Tánger.
Ven.·. Maestr.·., Abraham J. Benchetrit.
Dirección privada: León Güita. Apartado 116. Tánger (Ma­
rruecos).
* * *
Resp.·. Log.·. «Hércules».—Sede: Ceuta (Marruecos).
Ven.·. Maestr.·., Antonio Muñoz I'oorra.
Dirección privada: Apartado 115. Ceuta (Marruecos).
♦ * *
Resp.·. Log.·. «El 14 de Abril».—Sede: Melilla (Marruecos).
Ven.·. Maestr.·., José María Burgos Nicolás.
Dirección privada: Sociedad de Estudios Filosóficos y Socia­
les «El 14 de Abril». Apartado postal. Melilla (Marruecos).

GKAN LOGIA REGIONAL DEL SUDESTE DE ESPAÑA.


SEDE: CARTAGENA
M.·. Resp.·. Gran Maestre, Angel Rizo Bayona.
Dirección privada: Luis Romero. Cuatro Santos, 32, prime­
ro. Cartagena.

TALLERES SIMB.·. DEPENDIENTES DE LA GRAN LOGIA


REGIONAL DEL SUDESTE DE ESPAÑA
Resp.·. Log.·. «Aurora» número 1.—Sede: Cartagena.
Ven.·. Maestr.·., Luis Romero Ruiz.
Dirección privada: El mismo. Cuatro Santos, 32. Cartagena.
* * *
Resp.·. Log.·. «Tolstoy», número 3.—Sede: Cartagena.
Ven.·. Maestr.·., Francisco López Gonzálvez.
Dirección privada: Fernando Pastor. Mayor, 11. Cartagena.
• * *
Resp.·. Log.·. «Atlántida», número 5.—Sede: Cartagena.
Ven.·. Maestr.·., Francisco Naves Ruiz.
Dirección privada: L. Atlántida. Sambazar, 7, segundo. Car­
tagena.
O * *

Resp.·. Log.·. «Lealtad», número 6 .—Sede: Cartagena.


Ven.·. Mae6 tr.·., Jacinto Moneada Ruiz.

186
Dirección privada: Ei mismo. Duque, 19, segundo. Car­
tagena.

Resp.·. Log.·. «Paz, Trabajo y Justicia», número 7.—Sede:


Cartagena.
Ven.·. Maestr.·., José González Fuentes.
Dirección privada: Jerónimo Balsalobre. Mayor, 38, segun­
do. Cartagena.
• * *
3,esp.\ Log.·. «Paz y Amor», número 9.—Sede: Almansa
(Albacete).
Ven.·. Maestr.·., Jesús Sáez Cuenca.
Dirección privada: Fernando Sempere, calle de Francisco
Ferrer. Almansa (Albacete).

Resp.·. Log.*. «Venus», número 10.—Sede: Aguilas (Murcia).


Ven.·. Maestr.·., Juan de Larrea Carmona.
Dirección privada: Ginés Salas. Cartero. Aguila (Murcia).
* · ·
Resp.·. Log.·. «Blasco».—Sede: Lorca (Murcia).
Ven.·. Maestr.·., José Sastre Barnés.
Dirección privada: El mismo. Café de la Cámara. Lorca
(Murcia).
* * *

Resp.*. Tr.·. «Atlante», número 11.—Sede: Ferrol (Coruña).


Ven.:. Maestr.·., José Paz Martínez.

Rebp.·. Log.·. «Miravete», número 2.—Sede: Murcia.


Ven.·. Maestr.·., Javier Paulino Torres.
Dirección privada: José M. Aulló. Vara del Rey, 5. Murcia.

Resp.·. Tr.·. «Garibaldi», número 12.—Sede: Archena.


Ven.·. Maestr.·., José Alcolea Lacal.
Dirección privada: Mario Spreáfico. Médico. Archena
(Murcia).

GR. . LOG.·. REGIONAL DE MARRUECOS.—SEDE: TETUAN


M.·. Resp.·. Gran Maestre, José Alberola Feced.
Dirección privada: Cristóbal de Lora. Apartado 9. Tetuán
(Marruecos).

117
TALLERES SIMB.·. DEPENDIENTES DE LA GRAN LOGIA
REGIONAL DE MARRUECOS
Resp.·. Log.·. «Atlántida».—Sede: Tetuán.
Ven.·. Maestr.·., Salvador Possati.
Dirección privada: El mismo. Nicolás Salmerón, 10. Tetuán
(Marruecos).
* * ·
Resp.·. Log.·. «Luz».—Sede: Tetuán.
Ven.·. Maestr.·. Andrés Pérez Gomáriz.
Dirección privada: El mismo. Imprenta. Tetuán (Ma-
iruecos).
• · *
Resp.·. Log.:. «Oriente».—Sede: Tetuán.
Ven.·. Maestr.·. Cristóbal de Lora Castañeda.
D irección p riv a d a : El mism o. A p artad o 9. T e tu á n (M a­
rruecos).
* * ·
Resp.·. Log.·. «Lixus».—Sede: Larache.
Ven.*. Maestr.·., José Pedresa Sánchez.
Dirección privada: El mismo. Apartado 99. Larache (Ma­
rruecos).
• · ·
Resp.·. Log.·. «Cabo Esparte!».—Sede: Alcazalquivlr.
Ven.·. Maestr.·., José Lczano Ruiz.
Dirección privada: El mismo. Veterinario. Alcazalquivir
(Marruecos).
• * *
Resp.·. Log.·. «Casablanca».—Sede: Casablanca.
Ven.·. Maestr.·., Garzón (Jacques).
Dirección privada: Boite Póstale, 813. Casablanca (Ma­
rruecos).
* * *
Resp.·. Log.·. «Fiat Lux».—Sede: Casablanca.
Ven.·. Maestr.·., Josué J. Pinto.
Dirección privada: El mismo. Eoite Póstale, 813. Casablan­
ca (Marruecos).
* * ·
Resp.·. Log.·. «Samuel Güita».—Sede: Casablanca.
Ven.·. Maestr.·., Marcos J. Toledano.

186
Dirección privada: El mismo. Boite Póstale, 153. Casablan­
ca (Marruecos).
* * *
Resp.·. Leg.·. «Fez Lumiére».—Sede: Fez.
Dirección privada: EUe Kadok. Ecole Israelite. Sefrón. Fez
(Marruecos).
• · ·
Resp.·. Tr.·. «Lombroso».—Sede: Xauen.
Ven.·. Maestr.·., Vicente Arlandis Marzal.
Dirección privada: El mismo. Teniente de Intervenciones
Militares. Oficina de T&iair.bot. Xauen.
• · *
Resp.·. Tr.·. «Cabo Quilates».—Sede: Villa Alhucemas.
Resp.'. Maestr.·., Rodolfo Wágr.er.
Dirección privada: José Icaria Gómez. Pablo Iglesias. 14.
Villa Alhucemas (Marruecos).

Con posterioridad a la publicación del folleto de donde


se han tomado estos datos hemos tenido noticias de las si­
guientes variaciones:

GRAN LOG.·. REG.·. DEL CENTRO DE ESPAÑA


Nuevos talleres:
Resp.·. Log.·. «Life».—Sede: Madrid. (Instalada en 5-IX-33.)
Re6p.·. Log.·. «Solidaridad».—Sede: Madrid.
Resp.·. Log.*. «Adelante».—Sede: Toledo (Instalada en
26-VH-33.)
GRAN LOG. . &£G ·. DEL NOROESTE DE ESPAÑA
Nuevos talleres:
Resp.·. Lo?.·. «Hijos de Kiram».— Sede: Vicedo (Lugo).
(Instalada en IX-33.)
(Resp.·. Log.·. «Breogan».—Sede: Ferrol (se instaló en
IX-33, como transformación del antiguo Tr.·. «Atlante» de
Ferrol, que dependía de la Gran Log.·. R eg.\ del Sudeste de
España.)
(Resp.·. Log . «Emilio Menéndez Pallarés».—Sede: León.

189
(Instalada en ll-IX-33, como transformación del Tr.·. «Liber­
tad», número 3.)
Resp.·. T r.\ «Astúrica».—Sede: Astorga.

GRAN LOG.·. REG.·. DEL NORDESTE DE BSPASTA


Nuevos talleres:
Resp.·. Log.·. «Bétulo».—Sede: Earcelona. (Instalada en
28-V-33, como transformación del Tr.:. del mismo nombre.)
Resp.·. Log.·. «Libertad».—Sede: Barcelona. (Instalada n
12-VI-33.)
Resp.·. Tt. \ flotante (1) «Cristóbal Colón».—Sede: Bar­
celona. (Instalado en 12-VI-33.)
Resp.·. Tr.·. flotante (1) «Acacia».—Sede: Barcelona. (Ins­
talado en 14-IX-33.)
Resp.·. Tr.·. «Luz». — Sede: Tarragona. (Instalado en
26-V1T-33.)
GRAN LOG.·. REG.*. DEL SUDESTE DE ESPAÑA
El Tr.·. «Atlante», de Ferrol, ha pasado a depender de la
Gran Log.·. Reg.·. del Noroeste de España, transformado en
Log.·. cBreog&n».

(1) Instalado a bordo de un bares.

1M
Apéndice séptimo

ORGANIZACION DE LA GRAN LOGIA ESPADOLA

La Gran Logia Catalanc-Balear que, como indica su nom­


bre, extendía sus dominios masónicos a las regiones de Cataluña
e Islas Baleares, fué fundada en 1885. En 1914 se incorporó al
Grande Oriente Español sin perder su nombre y organización
y «sin detrimento de la dignidad de las dos entidades que se
unían en estrechos lazos de sincera fraternidad». (1) Pero esta
fraternidad, a pesar de tratarse de una de las «virtudes» de que
más se precia la Orden, no tardó en romperse, y en 1921, des­
oyendo «los acentos de concordia y los llamamientos» (2 ) que

(1) Memoria de la Gran Secretaría general leída en la


Gran Asamblea de la Federación del Grande Oriente Español,
celebrada en el mes de junio de 1914.
(2) Memoria de la Gran Secretaría general leída en la
Gran Asamblea de 1921.

191
le luciera el Grande Críente, «sostuvo sus principios de inde­
pendencia e intolerancia» que ya venía manteniendo desde
la Asamblea de 1920 y se separó del Grande Oriente, constitu­
yendo. con e! nombre de Gran Logia Española, una obediencia
distinta, a la c;ue se incorporaron algunas de las logias domici­
liadas en Cataluña.
En 1922 sólo estaba formada la Gran Logia por diez talleres,
uno en Alicante y nueve en Cataluña, con un total de 200 miem­
bros.
No tardó, sin embargo, en extenderse por el resto de Espa­
ña, y actualmente cuenta con logias y triángulos en todas las
regiones españolas y en algunas localidades de Africa. Su sede
estuvo establecida en Earcelona hasta 1933 en que fué trasladada
a Madrid.
Según el Anuario de la Asociación Masónica Internacional,
publicado en 1932, sus Grandes Oficiales eran entonces los si­
guientes:
Gran Maestre, Francisco Esteva-Bertrán.
Primer Gran Maestre adjunto, José Grau Ticó.
Segundo Gran Maestre adjunto, Casimiro Giralt.
Gran Secretario, Louis Gertsch.
Gran Tesorero, Andrés González.
Con posterioridad a la publicación del citado Anuario, el
Boletín de la Gran Logia Española correspondiente a los meses
de agosto a noviembre de 1932 da la siguiente composición de
su soberano Consejo de Gobierno:
Muy Respetable Gran Maestre: Francisco Esteva. Grandes
Consejeros: K H .\ Roig, Argila, Gatell, Salvat, Gertsch, Ruiz,
Moracho, Fontanilles, Soriano, Llopis, Mías (E.), Matamata,
Antiga. Vidiella, González, Marvich, Margelí, Balsera y Roeell.
Apéndice octavo

LOGIAS Y TRIANGULOS DEPENDIENTES DE LA GRAN


LOGIA ESPAÑOLA

Las logias que en 1932 dependían de la Gran Logia Españo­


la eran, según datos publicados en el Anuario de la Asociación
Masónica Internacional de aquella fecha, las siguientes:
Resp.·. Log.·. «Simarro Esteva».—Sede: Alicante.
Dirección postal: Vicente Antón García, San Femando, B.

Resp.·. Log.·. «Salmeroniana».—Sede: Alhama (Almería).


Dirección postal: Miguel Gálvez, Prim, 31.

Resp.·. Log.·. «Redención».—Ssde: Barcelona.


Dirección postal: Ateneo Humanidad, calle Zurbano, 1.

Reep.·. Log.·. «Humanidad».—Sede: Barcelona.


Dirección postal: Ateneo Humanidad, calle Zurbano, 1.

198
Resp.·. Log.·. «Adelante».—Sede: Barcelona.
Dirección postal: Ateneo Humanidad, calle Zurbano, 1.
• * *

Resp.·. Log.'. «Justicia».—Sede: Barcelona.


Dirección postal: calle Zurbano, 1.
**·
Resp.*. Log.· «La Sagese» (en francés).—Sede: Barcelona.
Dirección postal: Ateneo Humanidad, calle Zurbano, 1.
• **
Resp ·. Log.·. «Themis».—Sede: Barcelona.
Dirección postal: Ateneo Humanidad, calle Zurbano, 1.
***
Resp.·. Log.·. «Progreso».—Sede: Blanes (Gercna).
Dirección postal: Bruno Centrich, Casa del Pueblo.

Resp.·. Log.·. «Luis Marolda».—Sede: Cádiz.


Dirección postal: Leonardo Zambombino, Calvo Valero, S.

Resp.·. Log.·. «Hércules».—Sede: Coruña.


Dirección postal: Fernando Martínez, Real, 36.
• *·
Resp.·. Lcg.·. «Luz de Figueras».—Sede: Figueras (Gerona*.
Dirección postal: Ramón Soriano, Av. Presidente Wilson.
• * ·

Resp.·. Log.·. «Internacional».—Sede: Gibraltax.


Dirección postal: Miguel Agius. Secretary’s Lañe, 7.

Resp.·. Log.·. «Unión Fraternal».—Sede: Granollers (Bar­


celona).
Dirección postal: Pedro Vegué, Condestable Portugal, 1.

Resp.·. Log.·. «Francisco Esteva».—Sede: Huelva.


Dirección postal: Ricardo Carillo, Ciudad de Aracona, 2.

Resp.*. Log.·. «Fénix».—Sede: Jerez de la Frontera (Cádiz».


Dirección postal: Emilio López Domínguez, oficial de Correos.
• * »

Resp.·. Log.·. «Minerva».—Sede: La Línea.


Dirección postal: Antonio Muñoz. Príncipe Asturias.

194
Resp.·. Log.·. «Acacia».—Sede: La lin ea .
Dirección postal: Antonio Gil Ruiz, Paz, 0.
• *·
Resp.·. Log.’. «Renovación».—Sede: La Línea.
Dirección postal: Aurelio Sterrico, Pi y Margall, 16.
* 4 »
Resp.·. Log.-. «Germinal».—Sede: Lubrin (Almería).
Dirección postal: Aurelio Martínez, Sol, 1, imprenta.

Resp.·. Log.·. «Mantua».—Sede: Madrid.


Dirección postal: Alcalá, 171 (hotel).

Resp.·. Log.*. «Life».—Sede: Madrid.


Dirección postal: Alcalá, 171 (hotel).
***
Resp.·. Log.·. «Solidaridad».—Sede: Madrid.
Dirección postal: Alcalá, 171 (hotel).

Resp.·. Log.*. «Primero de Mayo».—Sede: Madrid.


Dirección postal: Alcalá, 171 (hotel).
*· *
Resp.·. Log.*. «Fraternidad».—Sede: Málaga.
Dirección postal: Francisco García, Cristo de la Epidemia, 10.

Resp.·. Log.·. «Renovación».—Sede: Palma de Mallorca.


Dirección postal: José Porta Blay, Industria, 10.
*♦·
Resp.·. Log.·. «Osiris».—Sede: Sabadell.
Dirección postal: Jaime Torrella, Salud, 127.
***
Resp.·. Log.·. «Fe y Democracia».—Sede: Sevilla.
Dirección postal: Guillermo Roslnes, General Castaños, 8.

Resp.*. Log.·. «Andalucía».—Sede: Sevilla.


Dirección postal: Justo Feria, Enladrillada, 74, F.
**#
Resp.·. Log.·. «Kaueh».—Sede: Utrera (Sevilla).
Dirección postal: Francisco Carrillo, Menéndez Pelayo, 35.
*· »
Resp.·. Log.·. «Fernandina».—Sede: Santa Isabel (Fernan­
do Poo).
195
Dirección postal: José Ruambo, calle Castill.
***
Resp.·. Log.-. «Paz y Trabajo».—Sede: Casablanca (Ma­
rruecos).
Dirección postal: Enrique Perera, Avenida de París, 94.

Resp.*. Log.·. «Veritas».—Sede: Fez (Marruecos).


Dirección postal: Moise Conqui, Café Glacier.
^ ** *

Resp.·. Log.·. «Perseverancia».—Sede: Larache (Marruecos).


Dirección postal: Pajares. «La Ibérica».
***
Resp.·. Log.*. «Tánger».—Sede: Tánger.
Dirección postal: Asunción Robles, Cuesta de la Playa.
«**
Resp.·. Log.*. «Andamana».—Sede: Las Palmas (Canarias).
Dirección postal: Canalejas, 19.

Resp.*. Log.·. «Abora».—Sede: Santa Cruz de la Palma


(Canarias).
Dirección postal: Santiago, 61.
***
Resp.*. Log.·. «Añaza».—Sede: Santa Cruz de Tenerife.
Dirección postal: Pérez Galdós.
***
Las tres últimas Logias pertenecen a la Gran Logia de Ca­
narias, que funciona bajo los auspicios de la Gran Logia Espa­
ñola. y cuya dirección es: Vendervalle. General Antequera, 15,
Santa Cruz de Tenerife.
No aparecen en el citado Anuario las siguientes Logias y
Triángulos instalados después de su publicación:
Log.·. «Ganivet». en Granada; Log.·. «Alvarez de Castro», en
Gerona; Log.·. «Alfa», en Tetuán; Log.·. «Internacional», en La
Linea; Log.·. «La Unión», en Madrid; Log.·. «Thader», en Mur­
cia; Log.·. «Fraternidad», en Almería: Tr.·. «Fidelidad» en Rubí
(Barcelona); Tr.·. «Constancia», en Ceuta.

196
Apéndice noveno

CRECIMIENTO DE LA MASONERIA ESPADOLA DESDE


1922 A 1933

T A L L E R E S

Grande Oriente Gran Lacla Tvfcü

1922 . . . . . . . . . . . 37 10 47
1928 . . . . . . . . . . . 85 42 127
1930 . . . . . . . . . . . 105 52 157
1932 118 38 156
1933 147 55 202

397
Apéndice décimo

MASONES Y ROTAMOS

¿QUE CRITERIO U OPINION TIENH FORMADA LA IGLE­


SIA RESPECTO DEL ROTARISMO?

En 23 de enero de 1929 publicó el Cardenal Segura, no


sólo como Primado de España, sino en nombre y con autori­
zación expresa de los Reverendísimos Metropolitanos, una Ad­
monición Pastoral en la que, refiriéndose a los Clubs Rotarios,
el Lyceum Club Femenino y las Ligas de Bondad, decía de éstas
Sociedades que ■«debajo de un aspecto comercial, recreativo,
pedagógico, filantrópico, internacional, neutral, pero siempre
laico, y debajo de la protesta de hacer «caso omiso de la Re­
ligión» o de serle indiferente, mientras predican una moral sin
religión para la paz universa!, ocultan la negación de la moral
verdadera y de la verdadera Religión, que tratan de scstituir
con una moral y ana religión que no es la de Jesucristo».

198
«Esa neutralidad religiosa de que tales asociaciones blasonas
es la que no pocas veces condenaron los Romanos Pontífices
y especialmente León XIII en su Encíclica «Humanum genos».
Y termina la Admonición del Primado con las siguiente»
categóricas y clarísimas palabras: «Guárdense les fieles de dar
su nombre a asociaciones de esta índole».
Esta prohibición deberla bastar a los católicos españoles
para rechazar, sin más averiguaciones, todo lo que pudiera
tener sabor rotario, aun cuando no hubiera sido precedida y
seguida de las condenaciones de otros Prelados nacionales y
extranjeros y acompañada de una abundante literatura en la
que se pone de manifiesto la vacuidad del contenido de la
moral rotaría, si no es que con ella se pretenden finalidades
que los dirigentes de la institución no acaban de declarar
abiertamente.
Pero hay hombres de derechas, y aun algunos que quieren
pasar por buenos católicos, a quienes, al parecer, no han con­
vencido tan autorizadas declaraciones, y continúan formando
parte de los Clubs Rotarlos. Tal vez alguno de ellos que nos
lea abra los ojos ante la evidencia) si siguiere leyendo lo que
•sigue.

«¿QUE CRITERIO U OPINION TIENE FORMADA LA MA­


SONERIA ESPAÑOLA RESPECTO DEL ROTARISMO?»
Esta segunda pregunta está literalmente copiada de la Re­
seña de la VI Asamblea Nacional Simbólica del Grande Orien­
te Español, celebrada en Madrid los días 24 a 28 de mayo de
1£27. La formulaba la Gran Logia Regional del Centro de
E .paña, representada en dicha Asamblea por su Gran Maestre,
B.uiiel Anguiano, y por los delegados Rafael Salazar Alonso
y Fernando García Peña, sometiéndola a. la consideración de
las distintas Grandes Logias Regionales allí congregadas, que
estaban a su vez representadas por los HH.·. Antonio López

199
del Villar, Jaime 3 . Viliesid, José Olivar t Sapera, que osten­
taba la representación de Juan José Rocha García, Gran Maes­
tre de la Regional Nordeste; Eduardo Layret, Porfirio Ruiz,
José Estruch, Pedro Vargas Guerendiain, Julio María López
Orozco, Diego Martínez Barrio, Fernando de les Ríes Urruti,
Antonio Tuñón de Lara, Angel Rizo Bayona, Marcelino Do­
mingo San Juan, José Moreno Galvache, José Salmerón Gar­
cía, Demóíilo de Buen, Ramón González Sicilia, Antonio Mar­
tínez de León y Miguel Durán, quienes por este orden aparecen
citados en las páginas 10 y 11 de la mencionada reseña ( 1 ).
Encabezaba esa pregunta una proposición en la que se
decía que «de un tiempo a este, parte obsérvase un crecimiento
del rotarismo en España», añadiendo que aunque «algunos her­
manos forman en sus lilas» y «no muchos, pero algunos elemen­
tos de significación liberal figuran en sus reuniones, no es me­
nos cierto que son las fuerzas de ir. derecha quienes empujan
ese movimiento».
No sería fácil encontrar la demostración de que el rota­
rismo haya sido nunca «empujado» por fuerzas de la auténtica
derecha. Con menos dificultad se podría demostrar lo contrario.
Pero esa afirmación no puede extrañamos en boca de los
masones, a cuya derecha pueden figurar, porque todo es rela­
tivo, muchos elementos de nuestra izquierda.
La consecuencia interesante, desde nuestro punto de vísta,
que se deduce de esta afirmación es que la sola suposición de
que el rotarismo se pudiera «desvirtuar»—y luego veremos por
qué empleamos esta palabra—puso en guardia a los masones
de la Asamblea de 1927, que determinaron en ella «aclarar la

(1) Asistieron también a esta Asamblea como visitadores


e intervinieron en sus discusiones los HH.·. Manuel Torres
Campaña, Alvaro de Albornoz, Luis Jiménez Asúa y Juan Sa-
rradell Farrás, según consta en la página 37 de la reseña ya
citada.

200
situación con objeto de apoyar el r o ta r ismo o combatirlo si
es reaccionario». «Todo menos admitir el actual confusionis­
mo, que puede crear a algunos hh.·. y a la Orden situaciones
difíciles y violentas» d i.
Las condenaciones de los prelados, que no habían logrado
convencer a algunos sedicentes católicos, convencieron muy pron­
to al Grande Oriente de que el rotarismo no era reaccionario
y de que, en consecuencia, merecía su apoyo. Asi lo declaró en
la Asamblea Nacional Simbólica de 1929 el H .\ Pérez Torre-
blanca con las siguientes palabras: «El movimiento retarlo,
condenado por la Iglesia y perseguido por los Obispos, merece
una simpática consideración e incluso el apoyo de integrarlo
allí donde las posibilidades masónicas lo permitan (2 ).
Pem no han sido sólo las condenaciones de la Iglesia las
que han movido a la Masonería a mirar con «simpática consi­
deración» los Clubs Rotarios. Hay algo en el rotarismo que
hace que los masones no lo pierdan de vista y traten de utili­
zarlo, porque lo consideran instrumento útil para sus fines.
Prueba de ello son las deliberaciones a que se consagró
sobre este punto la Asamblea Nacional Simbólica del año 1928,
en la que la Comisión permanente del Gran Consejo Federal
Simbólico presentó una ponencia que comienza diciendo que

(1) Reseña de la VI Asamblea Nacional Simbólica del


Grande Oriente Español, proposición número 9, págs. 265 y 266.
(2) Asistieron también a la Asamblea de 1929, celebrada
en Barcelona los días 9 a 11 de julio, los HH.-. Pedro Rico
López, Vicente Costales Martínez, José Gómez de la Sema,
Enrique Ruiz Delgado, Avelino García, Antonio Montaner Cas­
taño, Ramón Gassol, José Olivart Sapera, Antonio Pérez Guasch,
Frítz Unger, Francisco Soto Más, Emilio Orozco Albentosa,
Diego Martínez Barrio, Fernando de los Ríos, Alfonso Morón
de la Corte, Francisco Saval Moris. Adolfo Chacón de la Mata,
Angel Rizo Bayona, Miguel de Guzmán Hernández y el judío
de Casablanca H. Levy. (Reseña de la VIII Asamblea Nacional
Simbólica del Grande Oriente Español. Tipografía Minerva,
Roque Barcia, 5, Sevilla, págs. 11, 12, 131 y 132.)
201
«hacer ana historia del movimiento rotaris ta lleva rían os a con­
sideraciones que no cree oportunas la Comisión Permanente».
¿Por qué no era oportuno hacer en esta Asamblea una
historia del movimiento rotarista? Tal vez porque a la Maso­
nería española no le conviniera declarar francamente los orí­
genes de la institución rotaría en una Asamblea Simbólica, de
cuyas deliberaciones y acuerdos habían de tener conocimiento
los masones de grados inferiores, para quienes es sabido que
permanecen secretos la mayor parte de los asuntos importan­
tes de la Orden.
Pero, a pesar de esta reserva, la citada ponencia contiene
la siguiente importante afirmación: «Por sus orígenes, los Clubs
Kotarios cumplen una función internacional muy parecida a
la masónica, aunque La limitación de sus fines los coloque en
la situación de h e r m a n o s m en ores d e nuestra Orden».
Traducido este párrafo al lenguaje «profano», dice clarísi-
mamente y con toda la solemnidad propia de una declaración
de la Comisión Permanente del Gran Consejo Federal Sim­
bólico del Grande Orlente Español, que si los Clubs Rotarlos
no fueron creados para servir de auxiliares a la Masonería,
por lo menos hay algo en sus orígenes y en su constitución
que hace que aquélla los considere aptísimos como instrumen­
tos para servir al desarrollo de sus planes y merecedores, por
lo tanto, de su cariño fraternal y de su tutela.
Dice más adelante la citada ponencia de la Comisión Per­
manente que «la Masonería debe colaborar en este movimien­
to para que no se desnaturalicen sus objetivos primordiales».
Pero la Masonería es siempre la misma en sus procedimientos
tortuosos y en su manera encubierta de producirse para no
dar la cara, y por eso, según aconseja la Comisión Permanen­
te, esa colaboración ha de prestarse «dentro de los límites dis­
cretos que c e den lugar a la malicia de que se trata de con­
vertir los Clubs Rotarios en organizaciones filiales masónicas».

202
Como resumen de la ponencia se propuso a la Asamblea el
siguiente orden del día:
«Primero.—La Asamblea Nacional Simbólica declara su sim­
patía por la finalidad pacifista, de mutuo apoyo y relación que
persiguen y fomentan los Clubs Rotarlos.
Segundo.—Excita el celo de los masones adheridos al Gran­
de Oriente para que colaboren, dentro de su posibilidad, en
el movimiento rotarísta.
Tercero. — Encarga a las Grandes Logias Regionales que
anualmente, con carácter obligatorio, presenten a las Asam­
bleas Simbólicas un informe de las actividades rotarías en las
regiones respectivas» (1).
¿Necesitarán los inconscientes rotarles derechistas de me­
jores testimonios que los aducidos para cerciorarse de que cán­
didamente están sirviendo de compáreos a la Masonería, que
los considera sus «hermanos menores»?
Mucho lo dudamos de los que no quisieron someterse desde
un principio a las advertencias apremiantes y a las órdenes
indiscutibles de los Prelados de la Iglesia; pero, como entonces
dijo uno de éstos, «íes conveniente, y así el Señor lo permite,
que haya sembraderos del mal para que conozcamos quiénes
son de una virtud bien probada y quiénes se limitan a cubrir
formulismos».

(1) Representaron en esta Asamblea a las Grandes Lo­


gias Regionales los H H .\ Daniel Anguiano, José Giral Pereira,
Manuel Torres Cainpañá, Manuel M. Alvarez. Antonio de Le-
zama, Alberto de Lera, Félix Alonso Miyar, Gerardo Abad Con­
de, Máximo Mata Cubría. Luis de Santos Freire, José Estruch,
Vicente Marco Miranda, Julio María López Orozco, Pedro Var­
gas Guerendiain, José Marín Civera, Diego Martínez Barrio,
Fernando de los Ríos, José María Infante Franco, Gabriel Mo­
rón Díaz, Ramón González Sicilia y Antonio López del Villar.
(Reseña de la VII Asamblea Nacional Simbólica del Grande
Oriente Español, celebrada en Gijón los días 18 a 24 de Junio
de 1928.—Tipografía Minerva, Roque Barcia, 5, Sevilla, pági­
nas 7, 8 y 61.)
203
Este libro, que se publica con las debi­
das licencias, es propiedad de la

Editorial Tradicionalista, S. A.
y se imprimió en el estable­
cimiento tipográfico de
José MuriDo, de
Madrid, en sep­

tiembre de
1934.

También podría gustarte