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SISTEMAS DE CLASIFICACIÓN

La importancia de la existencia de los Sistemas de Clasificación de Trastornos Mentales

dentro de las disciplinas de la psicología y la psiquiatría reside en la frecuencia con la que los

trastornos mentales llegan a presentarse dentro de distintas sociedades y culturas, generando

diferentes niveles de discapacidad, limitaciones o sufrimientos en las personas que los padecen

(Gutiérrez et al., 2008). A partir de esto, la Organización Mundial de la Salud ha presentado

desde hace varios años una preocupación frente a la mejora del diagnóstico y la clasificación de

los trastornos mentales, presentando así la sexta edición de la “Clasificación Internacional de

Enfermedades” (CIE-6) e incluyendo en esta un apartado sobre trastornos mentales (Gutiérrez et

al., 2008). Posterior a esta publicación, la Asociación Americana de Psicología crea la primera

edición del “Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales” (DSM) como una

variante del CIE-6 (Gutiérrez et al., 2008). De esta manera, surgen estos dos sistemas de

clasificación tan importantes, y consigo una serie de avances científicos, investigativos y

estadísticos; además de algunas ventajas y desventajas que serán expuestas a continuación.

En primer lugar, se puede afirmar que una ventaja significativa de los Sistemas de

Clasificación es el hecho de que estos tienen como propósito proporcionar criterios diagnósticos

amplios y descriptivos, con el fin de aumentar la fiabilidad de los juicios clínicos (Gutiérrez et al.,

2008). En relación con lo anterior, se identifica que dentro de estos criterios se incluyen

especificaciones para el análisis de la gravedad del trastorno, el curso de la enfermedad, la

presencia de recaídas, el diagnóstico provisional, la consideración de dos trastornos simultáneos,

entre otras; las cuales, en suma, aportan a esa fiabilidad (Camacho, 2006).

Por otro lado, dado que ambos sistemas surgen de la necesidad de tener una clasificación de

trastornos mentales consensuada entre psicólogos y psiquiatras, gracias a estos se obtiene un

lenguaje común y una nomenclatura adecuada para pacientes que sufran de cualquier trastorno
mental (Gutiérrez et al., 2008; Camacho, 2006). Además, el contar con diagnósticos

universalmente aceptados permite compartir trabajos, investigaciones e información científica

más fácilmente, llegando así a la unificación de criterios y diagnósticos (Camacho, 2006).

Adicionalmente, estos sistemas, al tener la recopilación de datos científicos o contar con una

metodología descriptiva, se convierten en un instrumento para mejorar la comunicación entre

profesionales de la salud mental, clínicos de diferentes orientaciones y hasta investigadores

(Gutiérrez et al., 2008).

Para terminar con las ventajas, se destaca la evaluación multiaxial que presentan ambos

sistemas, partiendo de la utilización de 5 (DSM) y 3 ejes (CIE) para valorar la funcionalidad y

gravedad de un paciente desde diversos aspectos como: los diferentes tipos de trastorno que

existen, la presencia de otras enfermedades médicas, problemas ambientales y/o psicosociales

que puedan contribuir a cualquier trastorno, entre otros (Camacho, 2006; Gutiérrez et al., 2008).

Por otra parte, el DSM y el CIE son sistemas muy completos que también pueden ayudar a la

toma de decisiones relacionadas con campos específicos, ya sea para la selección de la terapia

más adecuada para el paciente, para la valoración de psicodiagnósticos o para la valoración de

una entrevista, requeridos por una escuela, la justicia o una empresa (Camacho, 2006).

En cuanto a las desventajas, aunque esta claro que estos manuales están hechos para la

clasificación de trastornos mentales y no de personas, en diversas ocasiones sigue ocurriendo la

estigmatización u objetivación de las personas. Lo anterior ocurre cuando únicamente se tiene en

cuenta un diagnóstico o el nombre de una enfermedad y no a la persona como una persona en sí

misma, borrando así su subjetividad (Camacho, 2006). Relacionado con este punto, también es

muy común que a las personas que sufren de trastornos mentales se les quite su capacidad de

pensar, entender y reflexionar, al explicar siempre todo tipo de acontecimientos solamente

mediante el diagnóstico, justificando los hechos en función de este mismo (Camacho, 2006).
Adicionalmente, a pesar de que los grupos de profesionales que escriben las nuevas

versiones o ediciones del CIE o del DSM siempre intentan ir por una misma línea para presentar

categorías y diagnósticos consensuados, en muchas ocasiones se pueden ver como dialectos

diferentes (Gutiérrez et al., 2008). A manera de ejemplo, Camacho (2006) expone que, a pesar de

ese trabajo colaborativo, en la CIE-10 “existen varias categorías que no tienen su equivalente en

el DSM-IV” (p. 6). Finalmente, existen dos limitaciones remarcadas a la hora de diagnosticar a

los pacientes, las cuales son cuando una persona padece de dos trastornos simultáneos y cuando

una persona no cumple con los síntomas necesarios para ser diagnosticada, pero está claro que si

padece de alguna afección (Camacho, 2006; Reed & Ayuso-Mateos, 2011).

Por un lado, existen casos en los que una persona puede padecer dos trastornos ubicados

en un mismo eje o clasificación, por esta razón los profesionales deben diferenciar entre los dos y

determinar cuál es el principal; tarea que, con frecuencia, no resulta fácil (Camacho, 2006). Por

último, dado que estos manuales presentan unos códigos o una serie de síntomas que los

pacientes deben cumplir para ser diagnosticados, pero en ocasiones se encuentran pacientes que

no presentan todos esos síntomas, los profesionales se ven en la labor de clasificar a estos

pacientes dentro de una categoría no especificada en el mismo grupo en el cual se encuentren los

síntomas que presentan (Camacho, 2006; Reed & Ayuso-Mateos, 2011).

Entonces, a manera de conclusión, se hace evidente que el avance que han permitido estos

dos sistemas de clasificación a través de los años ha sido muy amplio. Por esta razón, y por todas

las ventajas expuestas a lo largo del escrito, se podría decir que aunque los Sistemas de

Clasificación presenten algunas limitaciones o desventajas, los beneficios que han brindado y

siguen brindando han sido mayores, más importantes y más trascendentales que sus puntos

negativos, como para categorizarlos como un problema de la academia.


REFERENCIAS

Camacho, J. (2006). Los diagnósticos y el DSM IV. Fundaciónforo.com.

Gutiérrez Miras, M. G., Peñas Martínez, L., Santiuste de Pablos, M., García Ruipérez, D.,

Ochotorena Ramírez, M. M., San Eustaquio Tudanca, F., & Cánovas Martínez, M. (2008).

Comparación de los sistemas de clasificación de los trastornos mentales CIE 10 y DSM

IV. Atlas VPM, 5, 220-222.

Reed, G. M., & Ayuso-Mateos, J. L. (2011). Hacia una clasificación Internacional de los

Trastornos Mentales de la OMS de mayor utilidad clínica. Revista de psiquiatría y salud

mental, 4(3), 113-116.

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