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Traducido por Germán Monje. Sólo con fines educativos.

Temuco.2007.

Centre of Excellence for Early Childhood Development


Encyclopedia on Early Childhood Development

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EL Apego y su Impacto en el Desarrollo Infantil:


Comentarios sobre van IJzendoorn, Grossmann &
Grossmann, y Hennighausen & Lyons-Ruth.
CHARLES H. ZEANAH JR., MD
PRACHI SHAH, MD

Institute of Infant and Early Childhood Mental Health


Te University Health Sciences Center, USA

(published online July 6, 2005).

Tema
Apego

Introducción

Hace más de 50 años atrás, se le encargó, a través de la World Health Organization, a


un psiquiatra infantil británico, llamado John Bowlby, escribir una monografía sobre las
necesidades de salud mental de los niños pequeños. La conclusión de Bowlby fue que
“lo que se cree que es esencial para la salud mental es que una infante y un niño
pequeño deberían experimentar una relación intima, cariñosa e continua con su madre
(o madre sustituta – o madre sustituta permanente – una persona que constantemente lo
cuide maternalmente) en que tanto encuentre satisfacción como placer (1)”. Grossmann
& Grossmann, van IJzendoorn, y Hennighausen & Lyons-Ruth han revisado el estado
actual de màs de 35 años de investigación que ha sido afirmado, refinado y extendido la
tesis central de Bowlby. En este comentario, revisamos las interpretaciones de los
autores de esta investigación, las implicaciones para la policía, y damos a luz áreas
adicionales para enfatizar.

Investigación y Conclusiones

Varios problemas y conclusiones son revisadas en las secciones sobre apego y su


impacto en el desarrollo infantil:

(1) Las diferencias individuales en la organización de la conducta de apego de los niños


pequeños expresadas hacia el cuidador ha sido probada que son predictores
razonablemente robustos de la adaptación psicosocial subsiguiente del niño. Una
pregunta importante que ha sido foco de la atención empírica y el debate se relaciona
con el grado por el cual las diferencias individuales en el apego son atributos del niño o
son, de hecho, atributos de la relación del niño con un cuidador especifico. van
IJzendoorn concluye que es la “crianza” más que la “naturaleza” lo que cuenta para las
diferencias en la seguridad del apego. Su hipótesis es bien sustentada por la
investigación que él cita y es apoyada aún más por descubrimientos repetidos de que el
niño puede tener diferentes clasificaciones de apego con diferentes cuidadores (2).

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Temuco.2007.

(2) si los patrones de apego reflejan las características relacionales más que tendencias
en el niño, uno esperaría que las características de la interacción diádica estarían
asociadas con los patrones de apego. La investigación citada por van IJzendoorn apoya
el rol causal de la sensibilidad parental en el desarrollo de la seguridad del apego,
aunque mucha menos investigación ha sido dirigida hacia los patrones interactivos que
preceden el apego evitante y resistente. La investigación revisada por Hennighausen &
Lyons-Ruth también han demostrado que ciertas conductas parentales, como el
alejamiento, respuestas negativas-intrusivas, respuestas de confusión de roles,
respuestas desorientadas, conductas temerosas o atemorizantes y errores
comunicacionales afectivos, que incluyen respuestas contradictorias a las señales de los
infantes, son más probables de ser más evidentes en el contexto de ciertos tipos de
psicopatología parental, y han sido documentados como estando asociados con el apego
desorganizado (3,4).

(3) Un principio central de la teoría del apego ha sido que las experiencias tempranas
entre los niños pequeños y sus cuidadores proporcionan un modelo para las relaciones
intimas en la vida posterior. Aunque se cree que este modelo es modificable por las
experiencias subsiguientes, la teoría ha propuesto una tendencia conservadora para
resistir el cambio. Estas proposiciones sugieren que en un medioambiente de cuidado
estable, uno debería esperar encontrar patrones estables de apego, pero en
medioambientes caracterizados por cambios significativos, uno esperaría menos
estabilidad. Tras pensarlo mucho, estas afirmaciones son apoyadas por la investigación,
aunque los resultados desde 4 estudios longitudinales de apego desde la infancia hasta la
adultez no apoyan una relación lineal (5-8), estos estudios no demuestran estabilidad
uniformemente de las clasificaciones de apego desde la infancia a la adultez. Ellos sí,
sin embargo, apoyan una relación ente eventos de la vida y cambios en las
clasificaciones del apego. En el trabajo de Grossmann, también se encontró que eventos
estresantes y negativos de la vida comprometían la seguridad del apego. Los individuos
cuyas clasificaciones de apego cambiaron de seguro en la infancia a inseguro en la
adultez fueron más probables de haber experimentado eventos de la vida negativos
(como divorcio), y los niños que demostraron apego inseguro en la infancia fueron más
probables de permanecer inseguros si ellos habían experimentado eventos de la vida
negativos. Estudios conducidos y revisados por Grossmann & Grossmann (este
volumen) han ayudado a iluminar algunas de las complejidades de las vías del
desarrollo.

(4) Hennighausen & Lyons-Ruth justamente enfatizaron en la importancia del apego


desorganizado como un componente del estudio de la psicopatología infantil. Aunque la
distinción entre apego seguro e inseguro tiene algo de validez predictiva, el apego
desorganizado tiene vínculos mucho más documentados con tipos específicos de
psicopatología que los otros tipos de inseguridad (4,9). Incluso, se entiende mucho
menos sobre los mecanismos por los cuales el apego desorganizado afecta la expresión
de la psicopatología en el niño, y si es un contribuyente especifico o un marcador más
general de la psicopatología en general. El énfasis de Hennighausen & Lyons-Ruth de
que las intervenciones con las familias con mayor riesgo de tener niños con apegos
desorganizados han mostrado cumplir cuando ellas son intensas, basadas en el hogar y
de larga duración es un punto particularmente importante.

Problemas adicionales

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Lo que se extraña de estas contribuciones es una consideración del apego en


poblaciones más extremas, como los niños pequeños maltratados o severamente
deprivados. En contraste a la perspectiva del desarrollo que considera la calidad de un
apego de un niño pequeño a un cuidador como un factor protector o de riesgo para el
desarrollo de psicopatología, la tradición clínica considera que los apegos pueden estar
tan perturbados que ya constituyen trastorno establecido. El Trastorno Reactivo de
Apego (TRA) describe una constelación de conductas de apego aberrantes y otras
anormalidades conductuales sociales que se creen que son resultado de un “cuidado
patogénico” (10). Se han descrito dos patrones clínicos:

(a) Un patrón emocionalmente distante/inhibido, en el cual el niño exhibe limitada o


ausente iniciación o respuesta a las interacciones sociales con los cuidadores, y una
variedad de conductas sociales aberrantes, como reacciones inhibidas, hiper-vigilantes o
altamente ambivalentes; y (b) un patrón indiscriminadamente social/desinhibido, en el
cual el niño exhibe la falta de la selectividad esperada para buscar confort, apoyo y
cuidado, con falta de reticencia social con adultos no familiares y una buena voluntad de
“irse” con extraños.

Aunque el estudio sistemático de los trastornos del apego es bastante reciente, estos
trastornos han sido descritos por más de 50 años. Desde un puñado de estudios
recientes, parece claro que las señales de trastornos del apego son raros a no-existentes
en muestras de bajo-riesgo (11-13), que incrementan en las muestras de alto-riesgo
(12,13). Interesantemente, el tipo de TRA emocionalmente distante/inhibido es
fácilmente aparente en los niños pequeños que viven en instituciones y en niños
pequeños cuando ellos son puestos por primera vez en casas de acogida por maltrato,
pero es raramente evidente en muestras de niños adoptado fuera de las instituciones
(11,17). En contraste, el tipo de TRA indiscriminadamente social/desinhibido es
perceptible en los niños maltratados (16), institucionalizados (12, 13, 18) y post-
institucionalizados (11, 13, 17, 19-20).

Claramente, existe un necesidad de entender cómo las perspectivas clínicas y del


desarrollo sobre el apego se interrelacionan. Algunas sugerencias iniciales de que los
apegos seguros, inseguros, desorganizadas o perturbados podrían ser seleccionados en
un espectro de adaptación saludable y no saludable (21) o que el apego desorganizado
en sí mismo debería ser considerado un trastorno del apego que no ha sido apoyado por
la investigación hasta la fecha. De hecho, la imagen que está comenzando a emerger es
que las perspectivas clínicas y del desarrollo sobre los apegos perturbados ofrecen
diferentes vías para entender las perturbaciones del apego.

Implicaciones para la Policía y los Servicios

La propensión de los infantes humanos para formar apegos con sus cuidadores y para
los cuidadores de DRAWN para cuidar a los infantes humanos parece ser innato.
Grossmann & Grossmann además enfatizan la importancia de la relación de apego
padre-hijo en niños mayores y adolescentes, y en consecuencia, las intervenciones con
las familias no deberían sólo focalizarse en el periodo de la infancia temprana, sino más
bien estar apuntadas en proporcionar apoyo consistente y asistencia a través del
desarrollo del niño. Finalmente, Hennighausen & Lyons-Ruth correctamente enfatizan
que la intervención temprana para los infantes y niños que ya caminan con apego

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desorganizado probablemente reducirán la necesidad para intervenciones más caras una


vez que la psicopatología ha emergido.

Sin duda todas los colaboradores estarían de acuerdo que ya que sabemos lo suficiente
como para identificar los niños en riesgo de trastornos del apego y su psicopatología
asociada. Sin embargo, las intervenciones preventivas, quizás incluso antes de que el
niño nazca, tiene un enorme potencial de alterar las trayectorias conductuales y del
desarrollo que pueden ocurrir en los niños nacidos en familias de multi-riesgos. Los
colaboradores además afirman que la policía y la práctica deberían focalizarse en la
identificación temprana de las dificultades de la relación padre-hijo con la esperanza de
proporcionar los servicios que puedan aliviar el riesgo para el desarrollo de
psicopatología posterior.

La policía debería identificar los recursos por los cuales las familias pueden acceder a
una parentalidad consistente y el apoyo psicológico a través del curso de la vida del
niño. Los proveedores de salud primaria y los profesionales de cuidado-infantil son dos
grupos que tienen contacto con la mayoría de las familias de los niños y adolescentes.
Cómo estos profesionales pueden apoyar mejor las necesidades de los padres y que
intervenciones son más beneficiosas para aumentar la sensibilidad parental y el apego
infantil pertenece a materia de debate. Un meta-análisis reciente de las intervenciones
en la infancia temprana afirmaron que las intervenciones breves (<5 sesiones)
focalizadas en incrementarla sensibilidad infantil y aumentar la seguridad de apego
infantil fueron más efectivas que las intervención a largo-plazo (23). En contraste,
Hennighausen & Lyons-Ruth citaron evidencia de que al apego desorganizado responde
mejor a intervenciones en el hogar, intensas y a largo-plazo. En otras palabras, desde
una perspectiva de promoción de salud (promover apegos seguros), se puede preferir
intervenciones más cortas y más focalizadas, pero desde una perspectiva de reducción
de riesgos (reducir el apego desorganizado), pueden necesitarse intervenciones más
largas e intensas. Los desafíos que aún quedan son demostrar aproximaciones validas
para identificar diferentes niveles de riesgo en las familias y las intervenciones costo-
efectividad para optimizar los resultados en el desarrollo posterior u conductual para los
niños pequeños.

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Referencias

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