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SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE CARACAS “SANTA ROSA DE LIMA”

INTRODUCCIÓN A LA
TEOLOGÍA Y AL
MÉTODO TEOLÓGICO
Apuntes para uso interno
Pbro. Lic. Francisco José Morales Villegas

El hombre, en su quehacer
INTRODUCCIÓN histórico
A LA y desde
TEOLOGÍA Y su
ALvinculación
MÉTODOaTEOLÓGICODios, ha elaborado
un lenguaje teológico, un discurso teológico racional e intuitivo, con el que ha
intentado expresar la grandeza del Misterio Revelado. Hay otros lenguajes
religiosos, presentes en el arte, la literatura, la liturgia, la pintura o la
arquitectura, todos ellos son deudores de la reflexión teológica, y de la
experiencia del artista.
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U.C.: 3

HORAS SEMANALES: 3 H. TEORÍA: 3 H.


PRÁCTICA: 0

JUSTIFICACIÓN:
Nuestro tiempo exige un vigoroso despertar de la conciencia cristiana, en
virtud de un nuevo impulso evangelizador, por tal motivo, al adentrarse en
los estudios teológicos se hace necesario definir los rasgos característicos
de la teología, así como sus métodos. De aquí que sea imprescindible para
los agentes de pastoral y, particularmente, para los futuros pastores,
estudiar las fuentes y el método de la teología, sus objetivos, su previsible
estatuto científico, sus mediaciones y sus criterios de certeza.

OBJETIVO:
Al finalizar esta asignatura, el estudiante será capaz de comprender los
elementos más importantes y significativos para entender el ser y el
quehacer teológico a través de un análisis de las fuentes, el método, sus
objetivos, su previsible estatuto científico, sus mediaciones y sus criterios
de certeza.

CONTENIDO:

ESTRATEGIAS METODOLÓGICAS:
Exposición, lecturas, asignación de tareas y de trabajos de investigación en
forma Individual y en equipos, discusión en clase.

EVALUACIÓN:
Participación en clase, trabajos personales, pruebas parciales escritas y
orales, prueba final escrita.

BIBLIOGRAFÍA:
• Beinert, W. (1981). Introducción a la teología. Barcelona: Herder.
• Berzosa, R. (1994). Hacer teología hoy. Madrid: San Pablo.

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• Berzosa, R. (1999). ¿Qué es teología? Una aproximación a su
identidad y a su método. Bilbao: Desclée de Brouwer.
• Congregación para la Doctrina de la Fe. (1993). El don de la
verdad. Sobre la vocación eclesial del teólogo (Instrucción y
Comentarios). Madrid: Palabra.
• Cordovilla, A. (2007). El ejercicio de la teología. Salamanca:
Sígueme.
• Equipo interdisciplinar de docencia e investigación teológica
Didaskalia. (2007). Los métodos en teología. Bogotá: Pontificia
Universidad Javeriana.
• Fisichella, R. (1988). Introducción a la teología fundamental.
Navarra: Verbo Divino.
• Flick, M y Alszeghy, Z. (1976). ¿Cómo se hace teología? Madrid:
Paulinas.
• González de Cardenal, O. (1986). El lugar de la teología. Madrid:
Real Academia de las Ciencias Morales.
• Illanes, J. L. y Saranyana, J. I. (1995). Historia de la teología.
Madrid: BAC.
• Kasper, W. (1969). Unidad y pluralidad en teología. Salamanca:
Sígueme.
• Latourelle, R. (1968). La Teología, Ciencia de la Salvación.
Salamanca: Sígueme.
• Lonergan, B. (1988). El método en teología. Salamanca:
Sígueme.
• Lorda, J. L. (1999). Avanzar en teología. Presupuestos y
horizontes del trabajo teológico. Madrid: Palabra.
• Martínez Fernández, L. (1998). Los caminos de la teología.
Historia del método teológico. Madrid: BAC.
• Moltmann, J. (1992). ¿Qué es teología hoy? Salamanca: Sígueme.
• Ratzinger, J. (1985). Teoría de los principios teológicos.
Barcelona: Herder.
• Rovira Belloso, J. M. (2002). Introducción a la teología. Madrid:
BAC.
• Schmaus, M., Grillmeier, A. y Scheffczyk, L. (1977). El método
teológico. Madrid: BAC.
• Tresmontant, C. (1978). Introducción a la teología cristiana.
Barcelona: Herder.
• Wicks, J. (1998). Método Teológico. Estella: Verbo Divino.
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1.- PREGUNTAS INICIALES.

Nos hacemos algunas preguntas:

¿Qué es la teología? ¿A qué llamamos teología? ¿Por qué decimos que es un


estudio científico? ¿Qué tipo de ciencia es la teología? ¿Qué método utilizan
los teólogos para investigar? ¿Ha cambiado la teología su forma de ser
estudiada? ¿Existe una o varias teologías? ¿Qué papel juega el Magisterio
de los Obispos?

Este primer capítulo, introductorio de los estudios de teología, ha sido


tradicionalmente encuadrado en la Teología Dogmática. Es, por tanto una
materia troncal que nos va a permitir situarnos ante la teología, y
relacionarla con el resto de los estudios científicos.

En esta introducción nos proponemos alcanzar los siguientes objetivos:

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1. Conocer el concepto de teología. Saber qué es la teología.

2. Descubrir la teología como una ciencia, desde la aproximación que nos


ofrece la filosofía del lenguaje. Intentamos captar la realidad de Dios con
las palabras.

3. Profundizar en el método teológico, siendo conscientes de los grandes


cambios que ha experimentado la ciencia teológica en los últimos decenios.
Ofreceremos los dos métodos más empleados en la historia.

4. Una dialéctica importante: Si hay una fe, ¿por qué se habla de pluralidad
de teologías y de teólogos? Analizamos cuál es el papel del Magisterio.

El hombre en su quehacer histórico, y desde su vinculación a Dios ha


elaborado un lenguaje teológico, un discurso teológico racional e intuitivo,
con el que ha intentado expresar la grandeza del Misterio Revelado. Hay
otros lenguajes religiosos, presentes en el arte, la literatura, la liturgia, la
pintura o la arquitectura, todos ellos son deudores de la reflexión teológica,
y de la experiencia del artista.

Hoy, desde algunos sectores ideológicos se piensa que la religión es algo


caduco, decadente o trasnochado. Sin embargo, la experiencia nos dice
que sigue siendo un referente importante para muchas personas, y con un
papel decisivo en la aún no terminada historia de la humanidad. El debate
laicista coloca a la religión en la vida privada, sin repercusión pública,
reducen el campo de vida de la religión a la trinchera de la sacristía y la
catacumba. Estas corrientes de pensamiento desprecian la reflexión
teológica, acusándola de irracional o subjetiva, de hecho son los
responsables de que hoy no figure en muchos países occidentales como
estudio en la Universidad pública.

Sin embargo, los creyentes pensamos que la religión es algo público, y que
requiere y evoluciona en lo social. La reducción a lo privado es un modo de
represión encubierta. Su campo de desarrollo es indistintamente público y
privado, con manifestaciones distintas según se trate. Por otra parte, hay
que señalar que la reflexión teológica, tiene como punto de partida la fe,
pero es un discurso tan racional y subjetivo como el que puede hacer un
matemático, un físico o un historiador; cuyos puntos de partida también
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son escogidos por el investigador o estudioso. La idea de racionalidad es
aplicable a cualquier ciencia social, discursiva, con una lógica y una
argumentación deductiva en sus proposiciones.

En muchas introducciones a la teología, el primer planteamiento que se


presenta es el de la Teología como Historia de Salvación y de la Revelación.
Nosotros preferimos examinar esa cuestión en el capítulo catorce, sentando
ahora unos pilares sobre qué es y qué debe hacer la teología.

2.- ACERCAMIENTO A UN CONCEPTO DE TEOLOGÍA.

Por teología no siempre se ha entendido lo mismo. En la cultura clásica


"teología" servía para definir al poeta que cantaba los mitos de los dioses.
Era el rapsoda, el creador que se dedicaba a salmodiar a la divinidad,
inventando sus hazañas y episodios. Aristóteles usará este término
numerosas veces, casi siempre con un sentido despectivo. En otras
ocasiones lo utilizará como la ciencia que habla de Dios y que tiene a Dios.

Con los Padres de la Iglesia el vocablo en cuestión se va cristianizando


progresivamente: será la teología el tratado sobre Dios y sobre Cristo. San
Eusebio de Cesarea (s. IV) introducirá el término con un significado más
oportuno, el teólogo es la persona conocedora de Cristo desde la
experiencia y la espiritualidad. Este vocablo entra, no obstante, despacio en
Occidente. Se prefiere usar otros términos como "Sagrada Doctrina",
"Economía de salvación" o "Doctrina Cristiana".

Desde el siglo XIII en adelante, se va a ir identificando "teología" como la


ciencia que estudia la realidad de Dios. La ciencia cuyo objeto de estudio es
Dios. Aún distinguirá Sto. Tomás de Aquino entre "teología filosófica" para
referirse a la teología de Aristóteles, de la "Theología in Sacra Scriptura"
que es la teología de Dios que se refleja en la Biblia.

En la Edad Moderna el concepto de teología y su mismo estudio será


progresivamente puesto en entredicho. Se va a proponer como autoridad
primera y absoluta la razón, arrinconando cada vez más la fe y su entorno.
Con el empirismo marginarán los estudios teológicos, argumentando la
imposibilidad de demostración. Ya en el siglo XIX, el positivismo de Comte
proclamará como única verdad objetiva lo demostrable, esto es la ciencia
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(o lo que él dice que es la ciencia), de lo demás mejor no hablar. Tanto el
racionalismo, el empirismo, como el positivismo tuvieron que sucumbir al
triunfo de los inventos, de la tecnología. La ciencia ha quedado hoy
condenada a su aplicación práctica, creándose todo un debate en filosofía
de la ciencia sobre su razón de ser, su metodología, su subjetividad o su
naturaleza. Hoy no saben bien los científicos qué es exactamente la ciencia.

La teología continuó su camino identificándose y sacando de Santo Tomás


muchas de sus pautas de actuación. Ya no ocupará el primer lugar en la
Universidad, siendo fuertemente interrogada desde otras ciencias. Sin
embargo, no podemos hablar de agotamiento o crisis. La misma teología
inició un camino de renovación espectacular desde finales del siglo XIX.
Cambió su metodología, y su lenguaje se va actualizando para responder a
las preguntas del hombre de hoy. Esto irá sucediendo hasta bien entrado el
siglo XX, con una eclosión en el Concilio Vaticano II.

La definición de teología que nos proporciona el Diccionario de la Real


Academia Española es demasiado escolástico todavía: "teología es la
ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones". Tendríamos
que añadir que también es el discurso que habla de las cosas de Dios y que
estas deben ser comprendidas desde los hombres en su relación con Dios.
Es la ciencia de la Palabra de Dios revelada de forma definitiva en Jesús de
Nazaret y aceptada en la fe. Es el discurso del hombre oyente de la Palabra
y que busca mejorar su lenguaje sobre Él. En este sentido la teología no es
sólo una, dependerá de las múltiples perspectivas que tengan los hombres.
Más bien hablamos de una fe pero numerosas teologías a lo largo del
tiempo y del espacio.

3.- LA TEOLOGÍA COMO CIENCIA.

La primera afirmación que hacemos es que la teología no es un fin en si


mismo sino que busca explicar mejor el Misterio Revelado. Es en este
sentido una mediación. Esa reflexión se explicita siempre en unos
enunciados, unas proposiciones lingüísticas concretas, deudoras de un
lenguaje que cambiará según el momento y el lugar en que hable el
teólogo. Este lenguaje está influenciado por la cultura de esa época, por
eso lo concebimos en permanente transformación. No entendemos la
teología como algo inmutable, sino que la buena teología será la que de
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pistas al hombre de su tiempo y explicite mejor el misterio de lo
Trascendente.

El hombre siempre se ha preguntado por la realidad de las cosas. El mundo


que lo rodea representa una realidad tan amplia, que los hombres han
necesitado delimitarla para poder hablar de ella. Nos sería difícil hablar de
la naturaleza en abstracto, pero nos es más fácil hacerlo sobre un medio
ecológico concreto. La ciencia sería el conocimiento general y sistemático
de la realidad bajo un determinado objeto formal. Es decir, buscamos de
manera ordenada saber y conocer la realidad de todas las cosas, pero lo
hacemos parcialmente, poniendo fronteras a los "saberes", y delimitando
rigurosamente qué queremos saber. El camino para conocer esa realidad se
presenta siempre a través de una serie de enunciados, proposiciones o
juicios. El hombre está obligado a emplear un lenguaje concreto, también
sometido a su realidad contingente de espacio y tiempo.

Estas proposiciones las clasificamos en dos grupos: juicios analíticos o


sintéticos, por un lado; y proposiciones "a priori" o "a posteriori". Llamamos
"juicios analíticos" a las proposiciones cuyo sujeto está plenamente
contenido en el predicado, por ejemplo "Jesús es un hombre". Por el
contrario hablamos de "juicios sintéticos" cuando el predicado añade algo
al sujeto, en estos casos se emplean datos experimentales, la observación
es determinante. Por eso añadimos que son juicios "a posteriori", porque se
forman más tarde.

También existen los llamados juicios sintéticos "a priori". El ser "a priori"
supone que no son empíricos, que no están basados en la observación, es
un nuevo tipo de ciencias, donde incorporaríamos las ciencias sociales,
incluidas la filosofía y la teología. Se añade algo al predicado pero no por el
experimento. Kant fue defensor de estas proposiciones, que también
ayudan a captar la realidad. Ejemplo "Jesús es el Mesías" o "Napoleón se
equivocó al atacar Rusia". No parte este enunciado de la observación
empírica en un laboratorio, sino que arranca de la razón interna del sujeto,
tratando de afirmar la realidad y explicitarla. No es irracional y tiene un
punto de partida. En la historia serán los acontecimientos seleccionados por
el historiador y su interpretación, en la teología será la Revelación
presentada en la Biblia.

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La teología se fundamenta así en las verdades de fe, en la Revelación y en
el Ser de Dios explicitado en los dogmas. Utiliza la razón para conseguir
unas proposiciones lingüísticas que mejoren la comprensión del objeto de
estudio: en este caso Dios. Lógicamente nunca podremos afirmar todo de
Dios, cuya realidad se nos escapa, se nos vuelve misteriosa. Su inmensidad
y grandeza nos impide su posesión, y nos obliga a un saber intuitivo y
aproximado. Algo parecido le sucede a un historiador, se ve condenado a
no poder comprender totalmente la realidad de los acontecimientos, tras
un historiador viene otro que interpreta las cosas de manera distinta,
siquiera mejor.

El problema de las ciencias sociales fue que la cultura positivista del XIX
encontró que sólo eran importantes aquellos enunciados que fueran
demostrables; todos los demás se consideraron arbitrarios. Lo objetivo era
el dato del historiador, su interpretación era subjetiva e insuficiente. En el
caso de los enunciados teológicos se despreciaron por no poder ser
demostrados empíricamente, pero en este desprecio entraron también
todas las ciencias sociales y humanistas. El punto de partida del historiador
era subjetivo, escogía los hechos que pretendía interpretar, igual que el
teólogo partía de unos "mitos", indemostrables y ajenos al saber científico
verdadero, que quedó reservado para las "ciencias naturales".

Esta cultura positivista entró en crisis, porque seguía sin resolverse el


porqué de las cosas. En el campo jurídico se afirmaba que bastaba con
conocer la legislación "positiva", pero la realidad era insuficiente, no
llegaba con conocer las leyes, también era importante interpretarlas. La
legislación de la Alemania Nazi era una legislación positiva, pero no era
buena, había que hablar de justicia y de moral, aunque fuera subjetivo y no
demostrable, seguía siendo necesario el discurso de la razón subjetiva.
También entró en crisis el positivismo porque las mismas proposiciones
objetivas de la ciencia se intuían como no tan objetivas. El que elabora el
discurso es un científico con corazón, un "subjeto". Su lenguaje científico,
las proposiciones empleadas, son tan subjetivas como su ciencia. La
demostración de las cosas no pueden ser contadas aséptica y
objetivamente por el científico. Aunque el experimento que realice se repita
una y otra vez, no significa que la proposición que lo explica sea cierta. Por
eso la ciencia acaba refugiándose en el campo de las hipótesis, son
científicas las proposiciones que son susceptibles de poder demostrarse su
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falsedad alguna vez, dirá Popper ya en el siglo XX. Sin embargo, la ciencia
sigue hoy sin ponerse de acuerdo sobre cuándo una proposición es
científica y verdadera y cuándo no, no sabe bien cuándo algo está
demostrado o no. Se habla de consenso científico, de un paradigma que
cambia o de la mayoría de la comunidad científica. La idea de ciencia como
progreso no la afirman hoy los científicos, el progreso está en la tecnología,
que es un saber práctico y rentable. En el fondo al positivismo le faltaba
corazón para poder comprender nuestro mundo totalmente, se quedo en lo
visible y en lo material sin saber lo que era. El triunfo aparente de la ciencia
es para el inventor, para el técnico. El ingeniero, incluso sin conocer lo que
es, saber conjugar las propiedades de los elementos para crear aparatos,
técnicas, materiales,... La tecnología es tan antigua como el hombre y la
religión, existe desde el principio, y es fruto de la inteligencia abstracta del
hombre, de la observación y la necesidad.

Retomamos el tema de la comunicación de la realidad observada. La


realidad de las cosas sólo puede explicarse lingüísticamente. El lenguaje
será la piedra donde se asientan las proposiciones, no sólo científicas sino
también culturales, sociales, artísticas o jurídicas. Wittgenstein, filósofo del
siglo XX, determinó que la ciencia y la realidad no son sino una
explicitación del lenguaje de los hombres. Wittgenstein, dijo en un primer
momento que, de todas las proposiciones, de todos los lenguajes posibles
sólo tienen sentido los que responden a la realidad, estos son los "juicios
sintéticos a posteriori". Si se dan "a priori" no son verificables, no
pertenecerán al campo de la ciencia y no se podrá hablar de ellos. El
problema entonces está en la misma naturaleza del lenguaje humano,
porque ninguno es exacto ni objetivo. De esto saben mucho los juristas,
que usan del lenguaje de derecho con pretensión de objetividad, al final
necesitan un intérprete que dé valor extraordinario a ese lenguaje: ese es
el Juez, qué quiere decir el legislador cuando dice "residencia". Ningún
lenguaje es perfecto, exacto u objetivo; y esa carencia afecta también al
lenguaje de los científicos.

De ahí que Wittgenstein abandonara esta primera etapa apoyando y


completando su filosofía del lenguaje con la afirmación de que el lenguaje
es siempre referente a la vida y a las cosas. El lenguaje está vivo, y su
sentido y significado está en correlación con los que lo utilizan. El lenguaje
esta siempre acompañado por las actitudes del sujeto que lo usa. Por eso,
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el discurso teológico como lenguaje tiene sentido en función de los oyentes
y de su lógica interna, al igual que cualquier otro discurso histórico,
literario, filosófico o artístico.

El lenguaje de la Teología no es ni más ni menos científico que otros


lenguajes. Es lo que llamó Wittgenstein el "juego del lenguaje". En el fondo,
los interlocutores usan el lenguaje con un significado impreciso e inexacto,
pero cercano a ambos. No será absurdo el discurso teológico cuando es
capaz de hacer que se encuentren las personas en torno a unos
argumentos. Por consiguiente la ciencia teológica delimitará su estudio en
la relación de Dios con los hombres. Partirá de la revelación de Dios, y
desde ahí, construirá los distintos enunciados teológicos. Elaborará un
discurso racional sobre Dios y su relación con los hombres. La teología sería
así un discurso humano, que trata de comprenderse a si mismo y al mundo,
comprensión que se extiende y da sentido a todas las cosas. Por eso
podemos entender la teología como la ciencia que da sentido a todas las
ciencias, porque trata de comprender la razón de ser de todo, su finalidad,
su significado último.

4.- EL MÉTODO TEOLÓGICO.

A lo largo de la historia, la forma de "crear" teología ha variado. En


consecuencia el método teológico ha sido distinto, llegando a conclusiones
diferentes según el momento y el lugar histórico. Fundamentalmente
hablamos de dos maneras de hacer teología. La primera es influencia de
Santo Tomás de Aquino, y ha estado presente hasta hace bien poco. Este
método nació con la Escolástica, si bien hoy se suele denominar "método
dogmático". Funcionaba así:

1. Se hacía una afirmación o "tesis" sobre alguna cuestión de la fe.

2. Se abordaba la explicación de esa afirmación recurriendo a las


decisiones del Magisterio de la Iglesia.

3. Se buscaban pruebas en la Escritura, en los Padres y en otros teólogos.

4. Se elaboraba la conclusión.

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Esta manera de hacer teología implica la solución, que se determinaba de
antemano. Impedía que los textos Bíblicos, los Padres y la historia de la
teología hablaran por sí mismos. En el fondo, se tergiversaban las fuentes
de la fe, yendo a ellas simplemente para dar más autoridad a un
argumento ya aceptado.

El "método hermenéutico" sería la forma que últimamente se utiliza para


elaborar la teología. Ya no se discute estas variantes, si acaso el debate
gira más sobre nuevos lugares teológicos. Este sistema hermenéutico
presupone lo siguiente:

1. Partimos de la Escritura que es ya una interpretación del acontecimiento


de la fe. La teología debe esforzarse por manifestar el significado de la
Palabra de Dios en la actualidad.

2. No vamos a la especulación sino a la comprensión histórica, haciendo


desde ahí un ejercicio de memoria y profecía, es decir, indagamos en el
pasado y lo actualizamos para el presente. Se respetan las fuentes
históricas dejando que hablen por sí mismas.

3. La Tradición de la Iglesia y la Escritura se alimentan en una relación de


escucha. El teólogo tratará, en esa escucha, de formular mejor el dogma.

En esta perspectiva el Magisterio no está por encima de la Escritura sino


que es expresión de la comunidad eclesial, atenta a la Palabra de Dios. El
esquema que hoy podemos encontrar en gran cantidad de libros y estudios
de teología es el siguiente. Primero se profundiza en la Sagrada Escritura,
después se va al estudio de la Historia de la iglesia desde los Padres y su
evolución teológica en los siglos, y finalmente se realiza un intento de
sistematización atendiendo a otras aportaciones: otras ciencias
contemporáneas, reflexión del creyente, o la praxis concreta.

Ponemos un ejemplo. ¿Cómo decir mejor el misterio de Dios en el trabajo?


Vamos primero a lo que la Biblia dice sobre esto, buscamos el AT y el NT,
intentando ver que quiso decir el autor sagrado sobre este tema. Después
acudimos a la historia. Estudiamos a los Padres de la Iglesia, vemos las
distintas épocas y pensamientos teológicos. Descubrimos cómo el mensaje
Evangélico ha podido ser interpretado, a veces de manera contraria a la
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misma Escritura, vemos finalmente el tema del trabajo desde la actualidad,
descubriendo el sentido del mismo para el hombre de hoy, recolocamos las
categorías y valores del evangelio, profundizamos en su significado
teológico,.... Son tres etapas: Biblia, Historia y Sistematización.

5.- UNA FE EN LA PLURALIDAD TEOLÓGICA. EL PAPEL DEL


MAGISTERIO EN LA TEOLOGÍA.

Tenemos que partir de que la unidad total y perfecta sólo existe en Dios.
Sin embargo, Dios es además de Unidad, Trinidad. De ahí que siendo
comunidad sea Dios también una pluralidad de personas: Padre, Hijo y
Espíritu Santo. Por tanto los dos valores pertenecen a la fe, y debemos
colocarlos en equilibrio, la unidad y la pluralidad.

El teólogo tiene por función elaborar un discurso, pero estos discursos no


son siempre los mismos. Desde la unidad de Dios, apreciamos que la Biblia,
la Revelación tiene un sentido, una unidad, una línea narrativa. Pero
también ésta se manifiesta en múltiples lenguajes diferentes, distintos
según la época o el género literario empleado en su momento. La pregunta
que nos hacemos es si hay algún criterio para afirmar la existencia de una
unidad básica de la que puedan partir todos los teólogos. En caso contrario,
¿podríamos fragmentar el cristianismo, aceptando y justificando todas las
tesis y opiniones teológicas?

Debemos considerar dos principios. Primero que todas las teologías tienen
que tener un punto de partida común que es la Revelación, que Dios ha
dado de sí mismo y que se conserva en la Sagrada Escritura y la Tradición.
La teología lo más que llegará a decir es que estamos ante algo minúsculo
comparado con el misterio tan grande del que tratamos de hablar. En boca
de Santo Tomás de Aquino: "Todo lo que se ha escrito me parece paja en
comparación con lo que me ha sido revelado”. Lo que expresa la teología
será la verdad, pero no toda la verdad. Desde esta limitación surge el
pluralismo, que afirmará también que ninguna teología cristiana tiene su
certeza por si misma. Realmente todas extraen su convicción de la
Revelación. La verdad revelada es una verdad dada por Dios, y el hombre
va detectando y experimentando esa verdad. En este sentido la Revelación
es Una, y plural será su explicitación teológica.

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Pero afirmamos también, en segundo lugar, que la fe está inserta en un
contexto cultural, y que se hace siempre presente en una cultura concreta.
Según la época y el lugar se expresará de forma distinta. Por esto la
confesión de fe no es materialmente inmutable. El misterio que discursea la
teología es inmutable, pero no la expresión usada en distintas épocas por
los teólogos. La labor de la teología consistirá en actualizar el lenguaje de la
fe. Por eso la teología es plural según tiempos y lugares distintos.
Llamamos a esta síntesis "unidad multiforme de la fe".

De aquí deducimos varias cosas. La misma revelación no puede darse más


que en un contexto cultural concreto, en la fe cristiana hablamos de un
contexto cultural judío del siglo primero. Deducimos también que el alma
de toda teología será la Sagrada Escritura, esto lo dice el Vaticano II. En
este sentido subordinamos las hipótesis teológicas a los resultados de la
exégesis que emplea los métodos histórico-críticos (ya se verán estos
conceptos en el cap. 2). Deducimos también que las definiciones
dogmáticas deben reinterpretarse a la luz de la lectura de la Escritura y
desde la experiencia eclesial en el mundo de hoy. Necesitamos estar
atentos a la jerarquía de verdades, dice el Vaticano II. Concluimos también
que la Iglesia debe interpretar y actualizar el mensaje cristiano en las
culturas actuales, no necesaria y exclusivamente la cultura occidental. En
definitiva, la catolicidad debe asumir un pluralismo de teologías, de
prácticas e incluso de confesiones.

Esto, por supuesto, va a provocar el riesgo a la división dentro de la


comunidad eclesial, lo cual no nos deja indiferentes. La respuesta está en la
Eclesiología. Es verdad que el carisma de explicitar y aclarar la fe la tiene el
teólogo, pero el carisma de garantizar la unidad, de evitar la dispersión y
de evitar el riesgo de la fragmentación teológica la tiene el Pastor, el
supervisor de la comunidad, en una palabra el Obispo, y con él el
Magisterio de la Iglesia. Por eso es un elemento determinante para la
comunidad cristiana la confesión de fe que realizamos en el "credo", cuya
verdad es inmutable, y cuyo discurso tratan los teólogos de actualizar.

Los Obispos tienen el carisma de atestiguar la fe de los Apóstoles, y de


velar para que esa coherencia en la diversidad de funciones ministeriales
redunde en beneficio de toda la comunidad cristiana. El teólogo y su
teología no están por encima de la comunidad cristiana, sino al servicio de
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ésta. El Obispo velará para que así ocurra; puesto que le corresponde el
carisma de gobierno y de unidad. La investigación del teólogo suele estar
llena de riesgos, al igual que sucede en cualquier comunidad científica. La
enseñanza del teólogo no goza de una garantía total; sino que está sujeta a
los vaivenes de su mismo quehacer investigador. Pero la enseñanza del
Obispo forma parte de la misión que ha recibido. El Vaticano II insiste en
esto, que la enseñanza del teólogo es garantía cuando está confirmada por
el Magisterio. El teólogo se mueve en la inseguridad, la confirmación de la
fe la realiza la Comunidad Cristiana por medio de su Obispo.

Esto implica que los sacerdotes y obispos, aunque no investiguen


directamente en la teología, sí deben conocer lo elaborado. De alguna
forma son teólogos, en cuanto que parten de estas investigaciones para
confirmar la teología realizada. El teólogo a su vez, no debe repetir sin más
el Magisterio, su función es traspasar lo que presenta el Magisterio, volver a
las fuentes de la fe, enriquecer el lenguaje y su expresión, hacerlo más
vivo.

No identificamos necesariamente "teólogo" con religiosos o sacerdote, sino


que también puede haber laicos teólogos. De hecho, esto es frecuente en
las Iglesias Orientales, donde los teólogos suelen ser personas casadas y
con un trabajo extraeclesial. Por otra parte, la actividad de la teología debe
ser sometida al rigor de la oración. Lo que aparentemente parece
importante, es fácilmente relativizado a la luz de la oración. En el fondo es
volver a someter la "teología" a la escucha de la Palabra, en un trabajo
alternante.

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