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Quien pide, recibe milagros de Dios

Aprenda cinco principios que dinamizarán su vida devocional y le


llevarán a la dimensión de los milagros...
Los milagros pueden ocurrir. Están a disposición de su vida. Hoy aprenderá cinco
principios que resultarán eficaces en su existencia, llevándolo a un nuevo nivel: la
dimensión de los milagros.
1. Las batallas las libramos en oración
Con demasiada frecuencia enfrentamos los problemas en nuestras fuerzas. Salir al paso
de la crisis confiando en la capacidad individual nos lleva a la frustración, el desánimo y
la indescriptible sensación de encontrarnos en un callejón sin salida. ¿Le ha ocurrido
alguna vez? Probablemente muchas veces, entonces comprenderá de qué le estoy
hablando.
El meollo del asunto radica en que dejamos de lado a dios porque desconocemos u
olvidamos que las batallas debemos librarlas en oración. Ahí está el secreto del éxito
frente a las dificultades que emergen a cada paso en la existencia.
Nehemías era un alto funcionario gubernamental del rey Artajerjes. Los especialistas
coinciden en señalr que sería el mes de diciembre del 446 a.C., cuando en palabras del
propio Nehemías “…estando yo en la ciudadela de Susa, llegó Jananí, uno de
mis hermanos, junto con algunos hombres de Judá. Entonces les pregunté
por el resto de los judíos que se habían librado del destierro, y por
Jerusalén. Ellos me respondieron: «Los que se libraron del destierro y se
quedaron en la provincia están enfrentando una gran calamidad y
humillación. La muralla de Jerusalén sigue derribada, con sus *puertas
consumidas por el fuego.» Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo
por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo.”(Nehemías 1.1-4)
El panorama de Jerusalén era desolador: cautividad y ruinas. ¿Qué hizo este creyente
judío?¿Acaso se dejó arrastrar por la desesperación y el deseo de morir? En absoluto.
Nehemías volvió la mirada a Dios en ayuno y oración. Él había creído en un Dios de
milagros para el cual no hay nada imposible.
2. Pida creyendo que recibirá ese milagro que necesita
El mayor impedimento para que ocurran los milagros lo constituye la duda. Se convierte
en una enorme barrera que pone tropiezo a las bendiciones que Dios tiene para nuestras
vidas.
El Señor Jesús enseñó a sus discípulos y también a nosotros que simplemente debemos
pedir y creer. No hay límites. Él dijo: “Así que yo les digo: Pidan, y se les dará;
busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el
que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.”(Lucas
11:9, 10. Nueva Versión Internacional)
¿Cuántas veces pidió un milagro y al dejar de orar permitió que la duda anidara en su
corazón? Posiblemente en muchas ocasiones. Cada vez que dudó literalmente minimizó
a Dios y lo hizo tan pequeño como su grado de fe. No se extrañe, entonces, que no haya
ocurrido nada.
¡Es hora de romper el ciclo! Desde hoy clamar y creer serán sus dos cimientos para
entrar en la dimensión del poder divino.
3. No deje de orar
Es necesario orar siempre. Así lo enseñó el apóstol Pablo en su primera carta a los
creyentes de Tesalónica: “... oren sin cesar, den gracias a Dios en toda
situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.”(1
Tesalonicenses 5:17, 18. Nueva Versión Internacional)
A través de la oración desarrollamos intimidad con Dios. Es un proceso en el que vamos
creciendo. No se produce en un abrir y cerrar de ojos, es algo progresivo. Hay que orar
pero no una vez únicamente o dos, sino siempre.
4. Aplique el principio de perseverar en oración
Generalmente y cuando pienso en quienes oran, asocio la imagen con la de un atleta.
Sólo llegan a la meta los que persisten. Aquél que se desanima ante los primeros
obstáculos jamás se llevará el título de ganador. Alcanzan milagros quienes asumen el
principio de la perseverancia.
El Señor Jesús enseñó sobre la importancia de persistir al orar: “Jesús les contó a
sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin
desanimarse.”(Lucas 18:1, Nueva Versión Internacional)

El apóstol Pablo, por su parte, escribió a los creyentes de Roma que “Alégrense en la
esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la
oración.”(Romanos 12:12. Nueva Versión Internacional)
Si hasta el momento ha sido de aquellos cristianos que se desaniman cuando los
milagros no ocurren de manera inmediata, debe aprender de las Escrituras y cambiar el
esquema aplicado hasta el momento en su forma de pensar. Desde hoy asumirá un
fundamento: la perseverancia. ¡Puedo asegurarle que su vida jamás será la misma!
Entrará en la dimensión de los milagros. Es algo apasionante que nos revela a un Dios
para el cual no hay nada imposible.
5. Dios quiere responder a sus oraciones
Dios nos ama mucho más de lo que cualquiera pueda imaginar. Desea lo mejor para
usted y para mi. Sin duda su corazón se duele cuando nos ve sufrir; déjeme decirle:
sufrimos porque queremos. Si tan solo nos atrevemos a pedir y a creer los milagros
ocurrirán.
Recuerde que nuestro amado Padre celestial oye las oraciones y responde al clamor de
Su pueblo, que somos nosotros: “Míos son el consejo y el buen juicio; míos son
el entendimiento y el poder. Por mí reinan los reyes y promulgan leyes
justas los gobernantes. Por mí gobiernan los príncipes y todos los nobles
que rigen la tierra. A los que me aman, les correspondo; a los que me
buscan, me doy a conocer. Conmigo están las riquezas y la honra, la
prosperidad y los bienes duraderos. Mi fruto es mejor que el oro fino; mi
cosecha sobrepasa a la plata refinada..”(Proverbios 8:14-19. Nueva
Versión Internacional)
No tema pedirle ese milagro a Dios. Recuérdelo: Él le ama y quiere responder con poder
a sus oraciones.
¡Hoy es el día para que reciba su milagro!
No tiene sentido que siga luchando en sus propias fuerzas. Temprano o tarde chocará
con una pared infranqueable. Allí si que se enfrentará a la angustia y la desesperanza,
porque está luchando en sus fuerzas y no en las de Dios. Sin embargo el panorama
puede ser diferente y cambiar el curso de su historia. Basta que vuelva la mirada a dios y
clame por ese milagro. Simplemente ocurrirá. El Dios en el que hemos creído es un Dios
de milagros.
Recuérdelo siempre: hay tres pasos claves… Orar, perseverar y recibir de parte de Dios.