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E ntre Tupas y Perros

Carta abierta a Eleuterio Fernández Huidobro


a propósito de la experiencia guerrillera
en América Latina

Daniel De Santis
E ntre Tupas y Perros

Carta abierta a Eleuterio Fernández Huidobro


a propósito de la experiencia guerrillera
en América Latina

Daniel De Santis
ÍN DICE

Prólogo de Luis Horacio Santucho......................................

Introducción...........................................................................

Carta abierta a Eleuterio Fernández Huidobro.................

APÉNDICE:

a. Un postergado debate (una respuesta a Luis Mattini).........

b. La lucha obrera en Propulsora Siderúrgica


y las Jornadas de junio y julio de 1975.............................
...el MLN Tupamaros, el Movimiento de Izquierda
Revolucionario (MIR), el Ejército de Liberación Nacional (ELN)
y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), llaman a los tra-
bajadores explotados latinoamericanos, a la clase obrera, a los
campesinos pobres, a los pobres de la ciudad, los estudiantes e
intelectuales, los cristianos revolucionarios y a todos aquellos
elementos provenientes de las clases explotadoras dispuestos a
colaborar con la justa causa popular, a tomar con decisión las
armas, a incorporase activamente a la lucha revolucionaria
antiimperialista y por el socialismo que ya se está librando en
nuestro continente bajo la bandera y el ejemplo del Comandante
Guevara.

“A los pueblos de América Latina”,


Che Guevara,
Revista de la Junta de Coordinación Revolucionaria,
nº 1, noviembre de 1974
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Carta a un Tupamaro

N OT A SO BRE LA EDICIÓN :

El libro que el lector tiene entre manos se compone de tres


textos. El primero (y que constituye su cuerpo central) es un
extenso debate entre el autor, militante del Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP) de Argentina y
Eleuterio Fernández Huidobro, el dirigente tupamaro uruguayo,
a propósito de las causas de la derrota de los años '70. Ha sido
escrito exclusivamente para esta edición. A los efectos de aclarar
aspectos del debate que el lector pueda desconocer, se editan tam-
bién como apéndice dos trabajos más de Daniel De Santis. Uno
de ellos está destinado a la polémica con Luis Mattini acerca de
la división del PRT en el exilio. El otro busca informar sobre
aspectos de la lucha de clases en la coyuntura revolucionaria y el
lugar que De Santis ocupó en ella. Ambos circularon en versiones
que han sido corregidas para esta ocasión, el primero en diferen-
tes formatos y publicaciones, el segundo, en la revista Taller.

Los Editores

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Daniel De Santis

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Carta a un Tupamaro

PRÓLO GO
Luis Horacio Santucho

“Desde el alma y con dolor”, cual si fuera el Gaspar Ruiz de


Joseph Conrad, noble guerrero sanmartiniano, el compañero
Daniel De Santis, empapado de pasión revolucionaria, recons-
truye la historia de su amado PRT-ERP, la suave doncella esplen-
dente de los tiempos del vencer o morir por la Argentina.
El Teniente Federico Méndez, sobreviviente de la guerrilla
del EGP al mando del Comandante Jorge Ricardo Masetti, dijo
alguna vez que había que esperar 20 años para escribir la historia
de esa experiencia revolucionaria. Lamentablemente, este heroi-
co guerrillero falleció cuando se disponía a exhumar los doloro-
sos recuerdos, guardados respetuosamente entre el silencio y el
ninguneo de propios y extraños. Su compañera Sara y sus hijos
conservan escrupulosamente la memoria de este acontecimiento
frustrante en la historia de la guerra popular y se mantienen
indignados y decorosos ante las múltiples versiones en torno a
este fallido intento guevarista.
Más tarde, otro egregio guerrero de la revolución, Carlos
Samojedny, desaparecido en el fallido intento de copamiento al
Regimiento 3 de La Tablada, el 23 de enero de 1989, había escrito
la historia del PRT-ERP y ahí está, aún guardada bajo el rescoldo
de amor de su compañera Cintia Castro.
Otros por el contrario, y al mejor estilo de un Regis Debray
adocenado, prefirieron escribir la historia desde el sitio de la asep-
sia absoluta o desde la psicosis del arrepentimiento preclusivo, y
cuando aún todos aturdidos por los fogonazos de Monte Chingolo
y la división perretiana en el exilio.
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Daniel De Santis
De este modo nace la primera versión de la historia del PRT-
ERP, bajo la pomposa denominación de “Hombres y Mujeres del
PRT-ER”, escrita por el “renunciante” y responsable directo de la
posición liquidacionista que se fue elaborando posteriormente en
un sector del partido.
Así llega este Señor K, que ve siempre desde lejos, envuel-
to en el aroma pulcro de su atalaya intelectual, increpando en
duros términos a la doncella revolucionaria. Así aparecen los
siguientes epítetos arrojados impunemente: “soberbia elitista”,
“infantil interpretación del proceso cubano”, “foquistas”, “espí-
ritu de clan casi de gens en el FRIP”, “El Vº Congreso comete un
error fatal al declarar la guerra revolucionaria en la Argentina”.
Hasta alcanzar, vacío de sutileza, la figura del Comandante:
“Santucho no entiende la política”, “impulsivo”, son algunos tra-
mos ejemplificadores del daño inferido al honor de la generación
más brillante de la historia argentina.
Lamentablemente, desde esta algazara derrotista,
Eleuterio Fernández Huidobro hace suya esta devaluada y des-
acreditada versión de la historia del PRT-ERP. En función de
ello, condena arbitrariamente el proyecto más claro de poder en
la Argentina setentista. Digna y triste respuesta la de Daniel De
Santis, porque hay tristeza cuando se responden golpes upalleros.
Pero a la vez digno y altivo, reivindicando “la verdadera verdad”
de una historia que debe ser contada sin ocultamientos pero al
mismo tiempo “aventando la espesa niebla del diversionismo ide-
ológico”, como decía nuestro Comandante Santucho. Por ello
aquí está la respuesta de un auténtico revolucionario de estirpe.
Digna y triste como la mirada de Raúl Sendic, que desde algún
sitio horada la conciencia de todos nosotros…

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Carta a un Tupamaro

DESDE EL AL MA Y CON DOLOR

Carta abierta a Eleuterio Fernández Huidobro

En la Cátedra Che Guevara que coordino aquí en la ciudad


de La Plata, teníamos programada, como cierre del curso “Las
Revoluciones del siglo XX en América Latina”, la clase sobre los
Tupamaros. Habíamos tenido la suerte de contar, en clases ante-
riores, con compañeros de países limítrofes: Bolivia, Chile y
Brasil que nos ilustraron, mucho mejor de lo que podíamos
hacerlo nosotros, sobre sus respectivos procesos de lucha. En el
caso de Uruguay intentamos invitar un dirigente histórico de la
hermana organización Tupamaros, invitación que no pudimos
concretar.
Dadas así las cosas, no hubo otro remedio que ponerse a
leer de apuro. Contábamos, entre otros textos, sus tres tomos
sobre la Historia de los Tupamaros. Consultado un librero amigo
nos recomendó lo que podríamos llamar el tomo 4, que no cono-
cíamos, titulado En la nuca. El martes 7 de setiembre a las 6:30
hs. de la mañana, pronto a salir para contribuir como fiscal de
mesa con la lista de la alianza de izquierda en las elecciones
sindicales de CTERA (gremio docente al que pertenezco desde
poco tiempo después de mi retorno del exilio, en diciembre de
1983), hojeé las primeras páginas. Muy grande fue mi sorpresa al
leer que teníamos, el PRT-ERP, una destacada actuación en el
golpe en la nuca propinado a los Tupamaros. Dada la poca
afluencia de votantes, y previo aclararle a mi ocasional contrin-
cante que si bien yo era bastante locuaz tenía que preparar una
15
Daniel De Santis
clase para el viernes siguiente, me dediqué, en esas 10 horas de
votación, a devorar las páginas de En la nuca, lectura que me
causó un tremendo impacto emocional y me dejó una mezcla de
desazón y dolor que motivan esta carta.

A mod o de pr esentació n

Usted probablemente no me conozca, salvo que haya


reparado en mi presencia en la feria del libro de Buenos Aires
de 1995, cuando se acercó a saludar a Luis Mattini. En aquella
oportunidad, me tocó hacer de panelista en la presentación de
la reedición del libro de éste, Hombres y mujeres del PRT-ERP,
que usted utiliza en las citas de En la nuca. Le recuerdo que mi
intervención generó una situación de tensión en el autor y
demás co-presentadores, debido a mi caracterización de comu-
nista ortodoxo y no inspirado en el marxismo latinoamericano
del libro (cosa que no le podía sorprender al autor, con quién
había polemizado duramente en varias oportunidades y en parti-
cular en el proceso de nuestra división, ni al editor, a quién le
había advertido de mi posición).
Paso a presentarme en los términos que creo vinculados
con el tema que nos ocupa. Nací en 1948. Soy originario de
Chivilcoy, ciudad de la pampa gringa de la provincia de Buenos
Aires en la que varios miles de campesinos sin tierra se convir-
tieron en chacareros (gracias a un efectivo programa de coloniza-
ción) y en la que poco después, sus trabajadores, el 1 de mayo de
1890, realizaron uno de los cuatro actos fundadores del movi-
miento obrero argentino. Quizás influenciado por la activa mili-
tancia radical de mi padre y la formación católica de mi madre y
abuela me inicié de muy niño en la militancia. Primero en agru-
paciones católicas y luego, también, en el centro de estudiantes
de mi escuela secundaria. En la época en que cursaba el cuarto
año mantuve, dentro de la Acción Católica, una polémica contra
la posición saavedrista, rosista, peronista y antisemita del Cura y
en defensa de la Revolución de Mayo, de Mariano Moreno y con-
16
Carta a un Tupamaro
tra el antisemitismo, la que marcó el inicio de mi ruptura con la
Iglesia Católica.
Llegué a La Plata en enero de 1966 para estudiar en la
Universidad. A poco de eso se produjo el golpe de estado del 28
de junio y, como muchos otros jóvenes, fui conmovido por la
intervención a la Universidad y por el golpe mismo ya que, como
dije, provengo de una familia de activos militantes radicales. En
octubre de 1967, recibimos con dolor la caída del Che Guevara y
en enero del año siguiente seguimos con sumo interés la ofensiva
del año nuevo lunar del Vietcong contra los yanquis. Al prome-
diar esta ofensiva sentí que no sólo la razón me vinculaba con los
vietnamitas, sino que mi corazón ya latía junto a ellos. El Che y
los vietnamitas me ganaron para las ideas del socialismo y me
puse a militar en una agrupación que curiosamente se llamaba
Movimiento de Liberación Nacional, pero no Tupamaros sino
Malena. La mayor parte del tiempo de nuestra militancia era
ocupado por la solidaridad con la recién nacida CGT de los
Argentinos, cuyo periódico vendíamos, y con la heroica huelga de
61 días que sostuvieron los seis mil obreros petroleros de la
Destilería de Berisso. El Malena reivindicaba la revolución cuba-
na, pero no a la guerrilla, aunque yo aún no cerraba posición al
respecto. Al año siguiente, 1969, hice la “colimba” y de regreso
“mi” MLN, Cordobazo y Rosariazo mediante, se había disuelto.
Los compañeros con los que me reuní hablaban de la tupamari-
zación, idea a la que adherí inmediatamente, ya que la brillante
línea operativa de los tupamaros a muchos nos había ganado para
la estrategia guevarista. Unos días antes de comenzar a escribir
esta carta comentaba esto a dos compañeras del PRT de mi
misma edad. Les dije que el Che y los vietnamitas me habían
ganado para el socialismo, pero que los que me habían ganado
para la guerrilla habían sido los tupamaros. Me contestaron que
ellas sentían lo mismo. Como dice el cantor que tuvieron ustedes,
“una gota con otra se hace aguacero”. En esta época, comenzaban
las acciones guerrilleras en la Argentina y tanto los diarios como
la población decían: “fueron los tupamaros”. No por confusión
sino porque de este lado del Río de la Plata llegó primero la pala-
bra tupamaro que guerrillero.
17
Daniel De Santis
Después de estar un año sin pertenencia orgánica, me deci-
dí por los que tenían una clara concepción marxista, una línea
operativa muy dinámica y que mejor realizaban la propaganda
armada. Entonces, me incorporé al PRT y al ERP como militan-
te del frente universitario. A finales del 71, en una reunión de la
agrupación universitaria, un compañero de incipiente bigote,
muy bajito, muy chiquito y muy buen militante nos dijo que él,
por problemas personales, por un tiempo no iba a poder venir a
las reuniones, pero que nosotros no nos desalentáramos ya que él
iba a volver a militar. Me llamó la atención que sus palabras no
transmitieran tristeza sino convicción. No lo vimos más ni supi-
mos de él hasta que en El Combatiente, periódico del PRT, leímos
un comunicado del MLN Tupamaros que decía: “el 22 de agosto
de 1973 fueron asesinados en el cuartel Florida, de Montevideo,
los compañeros Walter Arteche y Gerardo M. Alter, miembros de
MLN Tupamaros. Alter era también militante del PRT y comba-
tiente del ERP y había sido enviado al Uruguay en ejercicio del
internacionalismo proletario, concepción común a ambas organi-
zaciones”.
A partir del 72, comenzaron a llegar uruguayos a la
Argentina. La solidaridad con ellos y una escuela política con
compañeros bolivianos (que funcionaba clandestinamente en
una casa que me habían prestado), me hizo comprobar que lo del
internacionalismo para el PRT no era una cuestión sólo de decla-
raciones o de programa. Sabíamos que en el ERP militaban
muchos tupas y que su tarea era de primera. Gran admiración
causaban las obras de ingeniería clandestina que los comentarios
atribuían fundamentalmente a nuestros vecinos. Se hablaba de
las “tatuceras”, esas cosas mitológicas que ellos habían construi-
do en su paisito sin montañas ni bosques.
Ese mismo año había dejado la universidad y me había
proletarizado1. Fue lo mejor que me pasó en la militancia. Trabajé
en fábrica hasta mediados de 1975 y participé en la lucha de sus
trabajadores. A fines de julio, el PRT realizó la reunión del
Comité Central Ampliado “Vietnam Liberado”, con la presencia
de compañeros de la Junta de Coordinación Revolucionaria2 (el
Mayor Sánchez de Bolivia, Edgardo Enríquez de Chile y Juan
18
Carta a un Tupamaro
-por lecturas actuales supongo que se trata de Félix Bentín- un
Peludo del MLN). En esta reunión se entregaron condecoraciones
por acciones militares y trabajos de masas, siempre guardé como
uno de mis mayores orgullos el diploma por el trabajo de masas
que me entregó el Peludo tupamaro Juan, quién, recuerdo, había
perdido un ojo en la lucha de clases, no sé si por la explotación o
en un combate (un culatazo, me dijo hace poco Cacho Ledesma).
Años después mi hijo mayor cavó todo el jardín de su abuela,
buscando el pergamino que desafortunadamente, para ambos, se
había tragado la tierra. En aquella reunión, el Negro Carlos
Ferreyra, un tucumano, militante de base hasta ese momento y
obrero de la gran industria en Buenos Aires, me propuso para
integrar el CC, propuesta que fue aprobada.
En mayo-junio de 1977, mientras cumplía una tarea en el
exterior junto a otros compañeros, se produjo la caída de la
estructura nacional del PRT, lo que motivó que replegáramos
hacia el exterior a los grupos de compañeros sobrevivientes y que
nos quedáramos los que ya estábamos. Luego, ante la incapaci-
dad de organizar el retorno, se produjo la división del Partido.
Esta significó, para casi todos nosotros, la mayor tragedia de
nuestra vida militante. El PRT lo era todo, allí nos habíamos for-
mado, con él teníamos puestas las esperanzas de construir un
mundo mejor, le habíamos dedicado los mayores esfuerzos, habí-
amos contribuido a su construcción, habíamos abierto frentes,
construido zonas y dirigido regionales, lo habíamos ligado al pro-
letariado de las grandes fábricas y dirigido muchas de sus luchas:
estábamos derrotando al populismo en sus mismas entrañas y,
después de muchos años de hegemonía peronista, la juventud
obrera se estaba haciendo socialista. En él aprendimos a comba-
tir, a tener miedo y controlarlo. El estrecho pero fructífero marco
de la célula nunca fue un obstáculo para nuestro desarrollo indi-
vidual, por el contrario, el Partido lo potenciaba, teníamos nues-
tros amigos y nuestros amores. Habíamos perdido a muchos
entrañables compañeros, pero el Partido era nuestra casa, nuestra
familia y también nuestro padre.
Yo me fui con mi sector a militar a Nicaragua. En esos años
de división y soledad, cuando las fuerzas flaqueaban, tuve un
19
Daniel De Santis
amigo, El Coco, que era un militante tupamaro. En una de esas
conversaciones de exiliados nostálgicos, llenas de dolor por todas
las pérdidas que se nos juntaban, escuché de Coco el mejor de los
elogios, de esos que ayudaban a llenar un rinconcito del vacío en
el alma que teníamos. Me dijo que le hacía acordar a los viejos
militantes tupamaros. Años después, a fines de los 80, calculo, me
encontré en Buenos Aires con un dirigente del MLN. Después de
varias horas de conversación, cuando la charla derivó hacia
Nicaragua, le describí a mi amigo tupa. Llegó a la conclusión que
Coco era su hermano. No pasó mucho tiempo para que viajara a
Montevideo a visitar a mi amigo del exilio. Al encontrarme con
el dirigente del MLN me dijo que estaba confundido, que Coco no
era su hermano, no existía, Coco se transformó en una entelequia.
Regresé con cierta incertidumbre.... Luego hice algunos intentos
de vincularme al MLN, pero todos estuvieron regidos por una
formalidad rayana en el más polar de los fríos. Algo comencé a
sospechar cuando hace unos años Juan Carlos Cacho Ledesma me
dijo que los tupamaros estaban enojados con el Gringo Menna
porque había influido en ellos en la época de la Junta de
Coordinación Revolucionaria. Estos desencuentros fueron inex-
plicables, para mí, hasta la mañana del 7 de setiembre de 2004.
Comenzaré citando ampliamente todo lo referido al PRT-
ERP de En la nuca, para responder, primero, apreciaciones par-
ciales que usted hace y, luego, las dos cuestiones de fondo: la
supuesta colonización del MLN por el PRT y su opinión acerca
de que fue nuestra ideología la que nos llevó al desastre. La simi-
litud en la derrota de ambas organizaciones y las crisis posterio-
res que llevaron a sus respectivas fragmentaciones son tan simi-
lares, cosa que intentaré demostrar, que me veré en la obligación
de relatar los hechos e ideas que provocaron la nuestra. Desde
hacía algunos veranos, le venía prometiendo a mis jóvenes com-
pañeros que escribiría sobre este tema pero nunca había encon-
trado el empuje para meterme en tan dolorosos y tristes sucesos.
Para bien o para mal, el tiempo dirá, usted me ha dado el empujón
que me faltaba.

20
Carta a un Tupamaro

En la nu ca

Usted comienza el tomo 4 de su Historia de los Tupamaros


(En la nuca), con una de cal: “Hay que entrar con mucho respeto
en la Argentina de 1975. Vamos a tocar lugares, personas, pueblos
que llegaron a los puntos más altos de heroísmo (...) Nivel sólo
parangonable en la región y hasta la fecha con el 1810. (...) Esa es
por lo tanto nuestra pr imer a concl usi ón ”. Conclusión con la que
estamos de acuerdo.
Luego continúa relatando que, en 1985, se reunieron la
mayoría de los tupamaros en la Tercera Convención Nacional del
MLN, que marcó el comienzo de su reconstrucción. El tema de la
autocrítica fue uno de los centrales. Y nos dice que entre las cua-
renta y tres tesis sobre el “temita”, estaba la suya que sostenía que:

“El gran golpe al MLN se produjo después de 1972 debido


a las gravísimas decisiones tomadas en Chile y en Argentina.
Entre ellas hubo una que resultó fatal: se r eso lvió l a au to crítica .
(…) Esta autocrítica y sus funestas consecuencias deberían for-
mar parte de la de hoy. Autocrítica de la autocrítica porque fue el
golpe en la nuca del MLN. (…) En los casos de más cruda res-
ponsabilidad, los que entonces dirigían con absolutismo al MLN
y lo transformaron por decreto en el ‘Partido del proletariado’
para sacarlo de sus deformaciones pequeño burguesas (causa
principal, según ellos, de la derrota de 1972), terminaron en el
Partido Nacional unos y en el Colorado otros... Hasta hoy.
Traicionaron desde la dirección suprema, abandonaron en plena
batalla armas y bagajes (...) Pero no estuvieron solos: muchos los
acompañaron (...) y muchos (…) acompañaron las disparatadas
conclusiones teóricas. El agujero negro en la historia del MLN y
en especial la única autocrítica oficial y orgánica elaborada hasta
la fecha reconoce orígenes varios y muy ‘comprensibles’.”

Luego continúa citando otro de sus libros, escrito en cola-


boración con Graciela Jorge, Chile Roto. Allí leemos que:
21
Daniel De Santis
“En febrero de 1973 los tupamaros de Uruguay, Argentina
y Chile realizan una importantísima reunión en Viña del Mar. A
ese encuentro lo llamaron Simposio (…). En Chile, los uruguayos
‘descubrieron’ a las masas movilizadas. (…) Se dice en Viña del
Mar que el principal error del MLN (…) era la debilidad ideoló-
gica: no habíamos sido suficientemente marxistas-leninistas. Por
lo tanto (…) se pasa a transformar al MLN en un Partido (‘El
Partido’), ‘recaracterizar’ a los cuadros y a una campaña (...) de
formación ideológica ‘proletarizando’ a los militantes (en su
mayoría, según el Simposio, pequeño burgueses o influidos por la
pequeña burguesía y sus deformaciones...). (…) El MIR chileno y
f unda mentalm ente 3 el PRT argentino cobrarán una influencia y
un peso determinantes en la vida interna del MLN. Habrá una
colonización ideológica. Un vicio -la copia- del que los tupama-
ros se venían salvando al extremo que su ‘heterodoxia’ los carac-
terizaba. Se crea la Junta de Coordinación Revolucionaria entre
el MIR chileno, el ELN boliviano, el PRT argentino y el MLN
uruguayo. Se funda y comienza a funcionar en Chile una aplas-
tante ‘escuela de cuadros’ internacional. (…) Este proceso va a
ser el golpe en la nuca del MLN. Se trataba, como los hechos
demostraron después, de una sofisticada racionalización de la
derrota y de la falta de respuestas (o falta de ganas) frente a lo que
había que hacer -concretamente- en el Uruguay. (…) Viña del
Mar, Chile, febrero de 1973, es el comienzo de lo que va a condu-
cir, en dos años, a la atomización del MLN (...).”

Como la crítica de sus dichos nos llevaría a un ir y volver


permanente a su libro, prefiero citar, ahora y de un tirón, todo lo
que le hace falta saber al lector para comprender el debate. Cito,
entonces, extensamente y sin comentarios, a Huidobro:

“El dedo está puesto en la llaga por algo que también


sigue surgiendo, como fantasma que no cesa, desde Argentina:
el tono paternalista. Forma parte, a nuestro juicio, de una
estructura ideológica o, más bien, psicológica, que por lo general
condujo y conduce al desastre. Fantasma porque vamos a demos-
trar que ese paternalismo dio sus frutos en 1975. El PRT-ERP colo-
22
Carta a un Tupamaro
nizó ideológicamente a la Dirección del MLN (entendiendo por tal
no sólo al grupo que la ocupaba sino a su entorno de colaborado-
res). Debido a ello el MLN pasó, por decreto, a ser el brazo arma-
do del ‘Partido’ que comenzó a construirse seleccionando para
ello, a dedazo limpio desde la Dirección, a los ‘cuadros’ que por
su ‘extracción de clase’ o su nivel teórico en la ‘ciencia’ del mar-
xismo-leninismo o por su ‘firmeza ideológica’ estaban ‘en condi-
ciones’ de dirigir al resto. (…)
Para poder llevar adelante la ímproba tarea (no carecía de
audacia el disparate) se decretó desde el ‘Bureau’ Político (que
por un restito de pudor fue denominado ‘Comisión Política’ para
su traducción uruguaya) un descomunal y macarrónico proceso
llamado de ‘recaracterización de los militantes’ a lo largo y ancho
del por entonces inmenso MLN. (…)
Se tomaron otras dos importantes medidas para construir
el Partido y corregir ‘los errores del pasado’. A una se la llamó
‘Proceso de homogeneización ideológica’. La denominación, por
sí sola, ya es temible. Y elocuente. Para ello se constru-yeron -no
podía ser menos- unas formidables aplanadoras denominadas
‘Escuelas de Cuadros’, destinando ingentes recursos materiales y
humanos tanto en Chile como en Argentina. Por aquellas tritura-
doras debían ir pasando los pobres tupamaros para ser cortados
parejito sacándoles, como en máquina de picar carne, las densas
nervaduras pequeño-burguesas ‘causantes de la derrota del 72’.
Para complementar la colosal tarea de homogeneizar -se
trabajaba febrilmente-, los mimeógrafos y las imprentas clandes-
tinas sudaron ríos de tinta editando manuales de estudio (elabo-
rados por la dirección) sobre el marxismo-leninismo. Los que
tenemos a la vista -pruebas documentales de lo que venimos
diciendo e insuperables piezas de museo- no tienen desperdicio
en materia de catecismos pero tampoco tenían ninguna novedad:
los viejos militantes de la izquierda tradicional uruguaya (aque-
lla de la que nos habíamos ido para fundar el MLN) ya los habí-
amos sufrido como tres o cuatro veces a lo largo de nuestra
doliente vida. Casi todos esos cuadernillos coleccionables y de
lectura obligatoria so pena de baja inmediata, terminan ordenan-
do tres o cuatro ‘lecturas de apoyo’ (Marx, Lenin, Mao, Engels...)
23
Daniel De Santis
que montaban a veces la friolera de unas cuatrocientas páginas
por cuadernillo... Era, como se ve, algo muy apropiado para la
clase obrera y para transformar la recua de pequeñoburgueses en
ciclópea falange de hoplitas proletarios.
La otra gran medida destinada a dar cabal cumplimiento a
la ‘autocrítica’ consistió en lo que dio en llamarse al principio:
‘Proceso de proletarización de los militantes’. Sin embargo, y
antes de pasar adelante, debe decirse que la palabra ‘proletariza-
ción’ dio lugar a una polémica ‘de fondo’ en el seno de la brillan-
te Dirección que nos conducía. Finalizada la misma, que fue
larga y tendida, emitieron el veredicto: En el ‘Partido’, la palabra
que debía utilizarse era ‘peludización’. Gracias a esa genialidad,
el proceso pasó a llamarse entonces ‘Proceso de peludización de
los militantes’ y las profundas razones y significación de tal cam-
bio fueron, para que nadie se animara a sonreír tan siquiera, eru-
ditamente fundamentadas en largas diarreas teóricas abarrotadas
de citas clásicas... (…)
Pero, la ‘peludización’, esa cosa, no quedó reducida a libros:
la militancia debió pasar por un dantesco proceso f í si co.
‘Peludizarse’ era vestir, comer, cortarse el pelo de cierta manera,
en especial las compañeras, realizar mucho trabajo físico y de ser
posible vivir en colonias anaerobias... Como ciertos protozoarios.
Este patológico fenómeno es por otra parte muy conocido.
Cualquier estudiante de psiquiatría puede describir causas y con-
secuencias. Las sectas son tan viejas como la humanidad y no
pueden existir sin dogmas.
También sabemos, cualquiera lo sabe, que este tipo de
‘partidos’ produce, segrega -y fatalmente- el jugo de la superio-
ridad. Los ‘elegidos’ estarán orgullosos de serlo y en el mejor y
más complaciente de los casos tratarán a los demás con un bene-
volente paternalismo, tanto a las ‘masas atrasadas’ como a las
demás desgraciadas organizaciones amigas que aún no han lle-
gado a escalar la cordillera ideológica desde la que nosotros los
vanguardizamos -mal que les pese- por no poder llegar a ser parte
del ‘partido’ que representa indudablemente los intereses histó-
ricos del proletariado de los que ni la mismísima clase obrera,
pobrecita, es consciente. Si a todo esto le agregamos unas gotas de
24
Carta a un Tupamaro
lucha armada, el cóctel resultante puede ser pavoroso. (…)
Los tres o cuatro conceptos: el Partido dirigiendo al
Ejército, la proletarización, la importancia desmesurada de las
Escuelas de Cuadros y los Órganos Centrales de Línea y
Formación, la imprescindible homogeneización ideológica, ade-
más de ser universales en la materia (como leyes físicas que rigen
este tipo de fenómenos) son fundamentos explícitos del PRT-
ERP y podemos demostrarlo con documentos a la vista.
Aquellos dirigentes del MLN fueron encandilados por la
verbor rag ia tro scoi dal per retista muy co no ci da po r los v iejo s
Tupam aro s4. Por cuatro causas. U na: por su juventud en el MLN
y -paradójicamente- por su extracción de clase en el sentido de
sus antecedentes militantes.
Otra: porque algunos de ellos, habiendo sido derrotados en
la I Convención Nacional de enero de 1966 cuando propusieron
exactamente lo mismo, se tuvieron que ir pero luego, reconocien-
do su error, abandonaron el ‘Partido’ que en vano trataron de
construir y reingresaron al MLN, llegaron por casualidad y por
nuestros propios errores a la Dirección y dando otra ‘vuelta de
carnero’ para atrás, con la cancha libre, impusieron a partir del
‘Simposio de Viña del Mar’ la receta que no pudieron imponer en
la I Convención del MLN. La crucial opción estratégica dirimida
en enero de 1966 fue revisada en 1973 como parte sustancial de la
autocrítica. Los que se impusieron en la I Convención Nacional,
del MLN, fueron derrotados siete años después sin que casi nadie
se diera cuenta. Subrepticiamente. Detrás de la denominada
‘desviación ideológica’ como explicación de la derrota del ‘72
venía, de contrabando, una formidable revancha y un destino que
ya había sido previsto en 1966 cuando la mayoría de aquella
Convención también fue caracterizada como pequeñoburguesa
por la minoría. Según ellos, no comprendíamos la importancia
del ‘Partido’ y, por lo tanto, que esa era la gra n ta rea. A la ‘mayo-
ría’ se nos ocurría la frivolidad pequeñoburguesa de fundar el
MLN.
Otra : porque a falta de análisis y respuesta serios venía muy
bien esta envasada ‘explicación’ que explicaba todo sin explicar
nada.(…) Otra : tal vez la decisiva: se necesitaba urgentemente una
25
Daniel De Santis
buena racionalización, lo más grandilocuente e ‘izquierdista’
posible para justificar lo injustificable: quedarse en el ‘cómodo’ -
para los dirigentes- exilio, sin arriesgar, de ser posible, un milí-
metro de pellejo, una gota de hemoglobina propia.
Porque todo esto se hace mientras en Uruguay ocurren acon-
tecimientos históricos decisivos. Mientras en Chile se monta y pro-
duce la epopeya y la tragedia. Mientras en Argentina y en Bolivia
se desatan batallas definitivas. Esta causa resulta irrefutable: los
principales dirigentes huirían a la postre, vergonzosamente y para
siempre, rumbo a Europa. Después de hacer tanto desaguisado, se
bajan del caballo por la izquierda. Se van del MLN con una rim-
bombante declaración autocrítica: según ellos, renuncian al inten-
to idealista de transformar una organización tan pequeñoburguesa
como el MLN en un Partido Proletario. (…)
Ese ‘nacionalismo’ -típica desviación pequeño-burguesa,
según ellos- fue uno de los centros de su autocrítica devenida en
lisa y llana crítica trapera a los viejos tupamaros que no se podían
defender porque estaban muertos, presos, o perseg uid os i nterna -
men te por esta gente. Ingobernables porque fue allí, en la base,
en la historia, en las cárceles, en el exilio heroico y en la clandes-
tinidad peleadora de Uruguay, donde se mantuvo viva la llama de
nuestra identidad.
Se van entonces por la ultraizquierda diciendo que a fundar
el Partido del Proletariado para entrar poco después, triple salto
mortal, en las proletarias filas de Wilson Ferreira Aldunate (…).
A Sendic estos proletarios de pacotilla lo transformaron en
'modelo' de material plástico para la ‘peludización’ (por suerte no
lo pudieron broncear), sin confesar que Raúl -como ellos sabían
muy bien- jamás aceptó, dados tal vez sus antecedentes socialis-
tas, a Lenin dogmáticamente (aquel canario se animaba a hacer-
le críticas nada menos que a Lenin...) y mucho menos al mate-
rialismo dialéctico en el marco de una herejía rayana en la exco-
munión varias veces. Raúl era, para ellos, modelo de proletario
marxista-leninista por el modo de vestirse... Esa sarcástica patra-
ña resultó intragable por más disciplinados que fueran (que
nunca lo fueron mucho gracias a Dios) los tupamaros.
Porque esta gente copió -como siempre pasa cuando se
26
Carta a un Tupamaro
copia- lo peor del Perreté. Organización y proceso que por otra
parte eran muy conocidos por Sendic (‘El Trosco’) y los viejos
tupamaros. Habíamos leído a Nahuel Moreno... Buenas palizas
teóricas se habían llevado años antes algunos charlatanes de feria
que luego fundaron el PRT-ERP después que los echamos del
MLN por desertores y cuentamusas en plena ‘derrota’ de diciem-
bre de 1966.
Tal el caso de Joe Baxter (ver ‘Historia de los Tupamaros’
por E.F. Huidobro Tomo III, páginas 74 y 89), quien pocos años
después aparece en pleno Congreso del PRT como mano derecha
de Santucho y delegado nada menos que de la IV Internacional
(fue peronista de derecha, luego pro-chino, después tupamaro,
posteriormente dirigente del PRT-ERP, trotskista cuando
Santucho dejaba de serlo, conspirador contra Santucho, fraccio-
nalista y a la postre sinvergüenza acusador -desde Chile y a buen
resguardo como siempre- de los fugados de Trelew... Nada menos.
Murió en su ley: viajando a París se le cayó el avión en Orly), des-
lumbrando con su parafernalia teórica al PRT. Oigamos:

‘Santucho se presentó acompañado de un extraño persona-


je que parecía saberlo todo, no tener la mínima duda y dar por
sentado que todo lo que se había discutido acerca de las formas
de llevar adelante la guerra revolucionaria no tenía absolutamente
ningún valor, hablaba con la soltura con la que podía haber
hablado el general Giap después de haber derrotado a los nortea-
mericanos en Vietnam. Este señor fue presentado con el nombre
de guerra Rafael, y después se supo que se trataba del famoso Joe
Baxter.’ (Luis Mattini, Hombres y mujeres del PRT-ERP. p. 58.)

Mattini, único sobreviviente junto con Gorriarán de la


Dirección del PRT-ERP, agrega en la página 99: ‘En realidad este
personaje resultó ser, tal cual lo intuía la base en el V Congreso,
un típico chanta (difícilmente pueda encontrar en el castellano
una palabra más apropiada que este lunfardo para calificar a Joe
Baxter, un charlatán del cual no consta su participación efectiva
-mucho menos como jefe- en ninguna operación del ERP)’. Baxter
hizo con el tiempo y sin saberlo una genial carambola a tres bandas:
27
Daniel De Santis
deslumbró a los del PRT, quienes con la misma verborragia des-
lumbraron luego a la Dirección del MLN que así compró un tran-
vía de tercera mano cuyo origen y fin provenía... ¡del MLN! ¡Si
habremos ‘lavao’ cebaduras en Montevideo discutiendo con Baxter
en 1964 y 1965 para lograr descubrir que era un chanta! (…)
Pues a dos años de la autocrítica oficial y orgánica, quienes
la hicieron, impusieron, y aplicaron ya la estaban autocriticando
tajantemente; presos en las mallas de esa enfermedad propia de
las derrotas: la autocriticonitis aguda, no pararán. Los pequeño-
burgueses, como se verá, siguen siendo los demás y al barrer. En
ella reconocen plenamente (y ésta no es la única prueba que tene-
mos) haber caído en una desviación trotskista (eufemismo por no
nombrar a Mario Roberto Santucho, concretamente). (…)
Los renunciantes se autodisolverán (autocrítica suprema)
apenas dos años después (1977), entrando alegremente en ambos
partidos tradicionales, donde no sabemos cuántos desastres y
autocríticas más habrán causado. No le deseamos mal a nadie
pero ojalá no hayan perdido capacidad. Por último, cabe señalar
que este tramo final del triste proceso se vive a fines de 1974 y
principios del 75. Los renunciantes no se irán solos: muchos se
unirán, entusiasmados, el rumbo propuesto (?) en este documen-
to. Por la fecha, cualquiera puede imaginar las consecuencias que
tuvo para el MLN esta deserción en masa de su Dirección en lo
más crudo de la batalla, tanto en Chile, como en Argentina o en
Uruguay. Se van con gente, contactos vitales, secretos peligrosos
y recursos financieros, dejando colosales deudas (un millón dos-
cientos mil dólares que aún le estamos debiendo al MIR de Chile,
por ejemplo) de las que hasta hoy no han rendido cuentas. (…)
El MLN fue colonizado a partir de 1973 por la influencia
ideológica del PRT-ERP y las consecuencias fueron funestas.
Viejos documentos internos lo evidencian. Presentaremos docu-
mentos ACTUALES [1995] corroborantes y demostrativos de que
aquel error tiene aún hoy consecuencias. Los fantasmas de hace
veinte años vuelven desde Argentina. Entre 1983 y 1987, en
Suecia, Luis Mattini (sobreviviente del Buró Político) dio a luz
un libro autocrítico: Hombres y mujeres del PRT-ERP que, amplia-
do y corregido, ha sido reeditado este año (1995). Según dice
28
Carta a un Tupamaro
(pág. 103), en julio de 1971 Santucho realizó en Cuba (?) los pri-
meros contactos con el MLN tendientes a la coordinación regio-
nal. Cabe señalar que, al mismo tiempo, el PRT mantenía dura
polémica con la IV Internacional (de la que se irá separando) y
con el Partido Comunista de Cuba. Dicha coordinación plasmó
en 1973 con la creación de la Junta de Coordinación Revolucio-
naria entre el PRT, MLN, MIR de Chile y ELN de Bolivia. La
JCR tuvo funcionamiento activo entre 1973 y 1976, disolviéndo-
se en Europa entre 1976 y 1977 con pena y sin gloria... Dice
Mattini en la pág. 375:

‘El PRT, por iniciativa y cuidado especial de Santucho y


Menna, justo es destacarlo, puso mucho celo en el apoyo a las
organizaciones de los países vecinos. Santucho insistía en que la
superación de las diferencias políticas pasaba en primer lugar
por la práctica en común y por lo tanto abrió las puertas del PRT
para que los militantes de las otras organizaciones que residían
en Argentina, participaran en los frentes de masas, incluso en las
unidades de combate del ERP. Al mismo tiempo, en una muestra
de legítima generosidad internacionalista, invitaba a las direc-
ciones de las organizaciones miembros de la JCR para participar
cotidianamente en las sesiones políticas y organizativas del Buró
Político, como así también en las reuniones del Comité Ejecutivo
o los plenos del Comité Central. Entre los resultados prácticos
más importantes que logró la JCR, merecen especial mención los
esfuerzos para ayudar a reorganizarse al Movimiento de
Liberación Nacional Tupamaros en el exilio y su intento de rein-
gresar a la lucha en el Uruguay. En esa tarea no se ahorró ni en lo
humano ni en lo material y el PRT en particular puso todo el
peso de sus recursos y su fuerza militante. Si el cometido no logró
éxito se debió a causas que no son motivo de este libro. En la
misma dirección se orientaron las energías sobre el ELN de
Bolivia quien regresó al país organizado como PRTB, es decir
Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia. A su vez,
para el PRT significó la acumulación de una enorme experiencia
política y también muy especialmente avances técnicos, en
materia de documentación, en infraestructura, etc. Uno de los
29
Daniel De Santis
productos más notables fue la fabricación conjunta de una subame-
tralladora que se llamó precisamente JCR y que ya se ha men-
cionado.’

Más adelante (pág. 377) agrega:

‘En el Buró Político se habían dado algunas discusiones


más o menos parciales sin llegarse a fondo, pues precisamente
por el carácter práctico de que hemos hablado, no afloraban posi-
bles dudas o diferencias. La discusión a fondo del tema puso en
relieve la falta de homogeneidad en el organismo ya que algunos
miembros concebían la JCR como una alternativa a los partidos
comunistas y un instrumento en la lucha ideológica contra el
reformismo, mientras que otros tendían a verla como una simple
coordinadora. Con respecto a la valorización de cada miembro de
la Junta, aquí se puso en evidencia una vez más la existencia de
puntos de vista cargados de formalismo que interpretaban, por
ejemplo, que los Tupamaros era la organización más afín al PRT.
Esta afirmación errónea partía del hecho de que los Tupamaros
eran menos discutidores y su experiencia de lucha armada les
hacía hablar menos y hacer más. Tampoco se tenía en cuenta en
esta observación formal el indiscutible hecho de la mayor simili-
tud en idiosincrasia y tradición histórica entre argentinos y uru-
guayos. Las opiniones de Santucho cayeron como mazazos en el
seno del Buró Político y no abandonó el tema hasta que la discu-
sión estuvo agotada y se cercioró de que todos estaban convenci-
dos. Afirmó cate-góricamente con esa seguridad que le caracteri-
zaba que la mayor afinidad ideológica y política del PRT era con
el MIR, ya que se trataba de partidos marxistas-leninistas y no de
Movimientos de Liberación de corte nacionalista progresista y
revolucionario que todavía tenían un largo camino hacia su pro-
letarización ideológica. Reiteraba que la aparente unidad de cri-
terios políticos e ideológicos con el MLN Tupamaros se debía a
que dicho movimiento carecía en lo esencial de ideología y por lo
tanto, vitales aspectos estratégicos no entraban en la discusión.
No en vano la mayor parte de los temas tratados con los
Tupamaros giraban en torno a la técnica y al aparato militar. En
30
Carta a un Tupamaro
cambio el MIR, definido ideológicamente y con gran experien-
cia política, tenía mucho que trasmitir y discutir. Por último
remataba Santucho afirmando que esa equivocada valoriza-
ción, revelaba una expresión del militarismo cuyo simplismo
hacía ver como principales aliados a los que están con las
armas en la mano, sin tener en cuenta las circunstancias de la
realidad observada.
Santucho impulsó una práctica común con los cuatro par-
tidos de la JCR para -además de las tareas intrínsecas de la
misma- desarrollar un intenso intercambio y discusión política a
los efectos de hacer avanzar a los dos movimientos, el MLN y el
ELN, hacia la concepción de partido y decidirlos a construir el
Partido Revolucionario en sus respectivos países. En ese terreno
verdaderamente logró mucho, toda vez que tanto el ELN como el
MLN tomaron el estudio del marxismo y empezaron a trazar una
estrategia para sus propios países que tuviera en cuenta la política,
el papel de la clase obrera y las necesidades de alianzas con otras
clases interesadas en la revolución. Fue notable el impulso dado
a la propaganda con sentido leninista, la necesidad del periódico
partidario, la conformación de ese periódico, su regularidad rigu-
rosa como instrumento de educación de las capas populares.
También se hicieron acuerdos y se concretaron entre el
PRT, el ELN y el MLN para que algunos cuadros del PRT fueran
a militar al Uruguay y Bolivia ayudando en la reconstrucción de
las organizaciones en la clandestinidad. Fue, en palabras de
Santucho: una pálida reciprocidad frente al aporte de tantos compa-
ñeros bolivianos y uruguayos a nuestra organización. Más adelante se
repetirá con chilenos. Quizás precisamente por ser la organiza-
ción más afín, el PRT mantenía la discusión político-ideológica
más aguda con el MIR de Chile. Tres eran los puntos en que el
PRT hacía hincapié en la crítica del MIR: a) La falta de una seria
política de proletarización; b) La aparente indefinición con res-
pecto a Partido o Movimiento; c) Su indecisión para dar comienzo
a la lucha armada en Chile contra el régimen de Pinochet.’

Se podría decir que a reconocimiento de parte relevo de


prueba. El paternalismo del PRT, propio de su ideología, sigue
31
Daniel De Santis
vivo. Cabría agregar que también la Dirección del MLN abrió sus
reuniones a la presencia de dirigentes del PRT; hecho insólito,
producto del servilismo en la imitación. Las consecuencias fue-
ron nefastas. Pero, la verdad sea enteramente dicha, aquella ide-
ología llevó también al desastre al PRT. La historia dictó vere-
dicto. Veamos ahora de dónde venía la idea macarrónica de la
homogeneización ideológica y la proletarización (o peludiza-
ción). Dice Mattini (págs. 45 y ss.):

Rev ol ució n ideo ló gi ca y ru ptu ra co n Mor eno

El conjunto del Partido, pegado a todos los conflictos socia-


les que empezaron a crecer después de pasada la expectativa ante
el golpe militar, se preparaba para la guerra revolucionaria. Esta
preparación no era sólo en estudios de la ciencia militar; acumu-
lación de pertrechos, propaganda en el pueblo, etc., sino muy
especialmente en la preparación “ideológica” interna. Es en ese
camino que se da la revolución ideológica en el PRT, la cual, ajui-
cio de Santucho, no fue más que ‘los aspectos ideológicos de la
proletarización partidaria’. Esa “revolución ideológica” estuvo
guiada por los siguientes criterios posteriormente desarrollados
en un extenso artículo en los números 54 y 55 de El Combatiente:
‘Se produce entonces un doble proceso de formación dentro del
Partido revolucionario: de un lado los obreros de vanguardia se
elevan a la comprensión de su ideología de clase que les lleva la
intelectualidad pequeño-burguesa. De otro lado los elementos
obreros del Partido exigen a sus camaradas intelectuales la prole-
tarización de su modo de ser y de vivir, obligándoles a romper con
su clase. A trabajar, convivir y luchar con las masas, adoptando
sus puntos de vista y sus características de clase…’ Natural-
mente, ningún obrero, ningún militante honesto, aceptarían un
camarada que mantuviera una forma de vida burguesa con bru-
tales privilegios. Todo militante debe adoptar una forma sencilla
de vida. Pero en la Argentina de los años sesenta y setenta, la
frontera formal en el nivel de vida entre los obreros de la gran
industria y la pequeña burguesía no eran tan fácil de discernir.
Frecuentemente los obreros industriales tenían una entrada eco-
32
Carta a un Tupamaro
nómica superior a los demás asalariados (maestros, profesores,
técnicos, empleados, etc.) y no sólo en Buenos Aires, sino allí
donde estuviera la gran industria.
Las diferencias de nivel de vida de los trabajadores varia-
ban de acuerdo a grupos industriales o regionales del país. Por lo
tanto los abnegados militantes que provenían de la pequeña bur-
guesía, en su afán de “proletarizarse” optaban por seguir el
modelo de los sectores más postergados y con harta frecuencia se
transponían los niveles de la clase obrera para orillear el lumpe-
naje. En todo caso se podía adoptar un modo de vida, porque eso
es concreto y tangible; pero lo que no se podía “adoptar” eran los
“puntos de vista” y mucho menos las “características de clase”,
sin caer en el formalismo más atroz y deformante de la persona-
lidad del individuo. Así, la moral, una supuesta “moral proleta-
ria”, se confundía con la ideología. Era la reacción contra el inte-
lectualismo inoperante y charlatán de la escuela morenista que se
llevó a cabo con conceptos casi jesuíticos y lo que es peor aun, por
supuestos teóricos de un “materialismo dialéctico” teñido de
positivismo, a lo que se sumaba el reciente descubrimiento del
maoísmo que había “simplificado” tanto la dialéctica hasta qui-
tarle el contenido.
Las divergencias internas sobre distintos puntos de vista
fueron poco a poco interpretadas como la expresión de las clases
sociales dentro del Partido y se fue incubando en la mente de
Santucho su teoría sobre “la lucha de clases en el seno del
Partido”. Se comenzaron a buscar “modelos” de partidos y, así
como había sido distorsionada la experiencia cubana por los
foquistas, ahora se interpretaba a gusto propio, la mal conocida
trayectoria del Partido del Trabajo de Vietnam. La práctica bol-
chevique empezaba a ser mirada con desdén porque fueron
demasiado “discutidores”. Toda la trayectoria del marxismo
europeo en las tres internacionales se la desdeñaba y pasó a ser
una regla no escrita que cuando más analfabeto, más proletario
sería el militante. Sólo en el Partido se adquiría la verdadera
“cultura”. Algunos vicios morenistas no fueron superados duran-
te años y, por el contrario, se incrementaban más en este proceso.
[...]
33
Daniel De Santis
Los resultados de la “revolución ideológica” fueron la
homogeneización de la militancia en pos del objetivo de la “gue-
rra revolucionaria”, la formación de una escuela de “militantes
de bronce”, entregados de ‘cuerpo y alma’ a la causa, capaces de
las hazañas más increíbles de la voluntad. Fue en realidad una
revolución moral, no ideológica. Esto explica por qué la moral
combatiente fue el rasgo más distintivo del PRT. En cuanto al
fenómeno negativo de la castración ideológica que hemos des-
cripto, el mismo no hubiera tenido demasiadas consecuencias si
sólo hubiera sido una expresión momentánea de la infancia del
Partido. Pero sus efectos no sólo persistieron, sino que se incre-
mentaron hasta niveles casi surrealistas por lo menos hasta
1974/75.’

Fue así como, producto de la copia, Walter González, viejo


dirigente de UTAA, pudo ver en una de las ‘colonias’ proletari-
zantes a otro compañero enderezando miles de clavos en suplicio
interminable. Extrañado, le preguntó qué estaba haciendo: ‘El
Partido resolvió que mi principal defecto pequeñoburgués es la
falta de constancia y por eso me encomendaron esta tarea... Hasta
que me co rri ja ’.5

Cabo s suel to s

Antes de pasar al análisis detallado de sus dichos, una


digresión necesaria. A raíz de unas declaraciones de Enrique
Gorriarán de 1995, la prensa uruguaya de derecha, sacándolas de
contexto, las utilizó para criticar a los Tupamaros. Debido a ello
usted relata situaciones que no hacen al tema que yo me he pro-
puesto tocar, pero dentro de ellas hay una que se vincula y que me
interesa aclarar. Para mejor entendimiento de los lectores repro-
duzco, de su libro, lo siguiente: “Que en noviembre de 1972 se
fundó en Chile -y se lo declaró públicamente- la Junta de
Coordinación Revolucionaria entre el PRT-ERP de Argentina, el
MIR de Chile, el ELN de Bolivia y el MLN de Uruguay. Que esos
contactos venían de mucho antes”. Y luego para aclarar la mala
34
Carta a un Tupamaro
intención usted dice: “Que la coordinación no era ‘con Gorriarán’
sino con el PRT-ERP, a cuya dirección éste dejó de pertenecer en
1974 (recién después de la caída en combate de Santucho en 1976
Gorriarán volverá a la dirección del PRT-ERP)”.
Que la coordinación no era con Gorriarán sino con el PRT-
ERP es obvio que así era, pero luego usted recoge una verdad a
medias originada en la versión mattinista de nuestra historia.
Gorriarán fue separado de los organismos ejecutivos de la direc-
ción partidaria (situación informada internamente por medio del
Boletín Interno n° 74 del 31 de enero de 1975), no así del Comité
Central organismo que siguió integrando. Durante la mayor
parte de ese año fue el responsable militar de Córdoba y luego de
cumplir con un trabajo de masas en la zona rural y logístico en
relación a la Compañía de Monte en Tucumán, hasta junio del
año siguiente, (¡no lo enviaron a enderezar clavos!) había sido
designado, antes de la caída de Santucho, Jefe del Batallón
General San Martín de Buenos Aires, principal unidad militar
del ERP en ese momento, cargo que en la práctica correspondía
a la máxima responsabilidad militar. Si, como afirma Mattini, no
había sido Gorriarán designado Jefe del Estado Mayor, el cargo
estaba sin cubrir. Le aclaro que sobre estos hechos y en la inme-
diata posterior caída de Santucho y demás compañeros del Buró
Político media un abismo entre la versión de Mattini y la de
Gorriarán.
Eleuterio, en el PRT no usábamos la palabra bureau , sino
bur ó (figura como tal en el diccionario de la lengua española),
que es la castellanización de aquel término francés. Es como chó-
fer (en Argentina chofer) del francés chauffeur. Pero mejor ejem-
plifica la palabra co mi té , que tanto ustedes como nosotros usába-
mos para denominar, por ejemplo, al Ejecutivo, proveniente de la
palabra inglesa comm ittee . Ese tipo de argumentos pueden servir
cómo golpe de efecto en una discusión, pero para tratar temas tan
serios y graves como estos habría que obviarlos.
Tampoco es correcta su afirmación de que Baxter fundó el
PRT, ya que este se incorporó al mismo en su V Congreso en julio
de 1970. Este Congreso sí fundó al ERP. Por otro lado usa el plu-
ral. No tenemos conocimiento de qué otro desertor del MLN,
35
Daniel De Santis
como Baxter, haya participado del V Congreso. Sí tenemos noti-
cias de que un tal Diego acompañaba a Baxter y fue incluido con
él en el CC, pero no sabemos quién es y creemos muy improba-
ble que hubiese militado en el MLN. El tal Diego fue expulsado
junto con Baxter. Le observo lo del plural porque deja picando la
idea de que la resaca de los tupamaros fundó al PRT o al ERP,
cosa que no es verdad.
Baxter era un “legendario” militante del nacionalismo
revolucionario, luego devenido en marxista y trotskysta. Se había
hecho conocido a raíz del asalto al Policlínico Bancario en 1963.
Fue presentado al PRT, previo al V Congreso, por la Cuarta
Internacional -organización a la que adhirió el PRT hasta fines
de 1972-. Baxter integró la dirección del Partido y la de su
Regional Buenos Aires junto a Luis Enrique Pujals y Rubén
Pedro Bonet, ambos de formación trotskysta, quienes al calor de
la lucha supieron convertirse en destacados dirigentes revolucio-
narios (lo que demuestra que no se debe encasillar a nadie, ni por
derecha ni por izquierda). El propio Luis tuvo que superar el
escollo que significaba Baxter, que trababa la actividad del ERP.
Es así que en abril de 1971, los comandos general San Martín y
Ángel Bengochea6 del ERP tomaron la localidad de Gonnet diri-
gidos por Pujals. Posteriormente, Bonet, estando en la cárcel
(había sido detenido cuando participaba de una acción) recono-
ció las debilidades que tuvo ante el chanta Baxter, y no en teoría
sino en la práctica, se cubrió de gloria cumpliendo un destacado
papel dirigente en la fuga del Penal de Rawson y en los sucesos
de Trelew, que culminaron el 22 de agosto de 1972 con el fusila-
miento y masacre de los 19 compañeros fugados.
De su mismo relato surge que a ustedes tampoco les fue
fácil descubrir a Baxter, les llevó el mismo tiempo que a nosotros
y, tenga en cuenta que cuando llegó a nuestro V Congreso, suma-
ba a su “curriculum” haber sido tupamaro y haber “combatido”
en Viet Nam. Cuando habla de la carambola a tres bandas y, más
sutilmente, a lo largo de toda la Primera Parte de En la nuca,
usted pone en el mismo plano a Santucho y a los demás dirigen-
tes del PRT, héroes sin tacha de nuestra revolución, con Baxter.
Creo que usted se equivoca y mucho. Santucho no era un chanta,
36
Carta a un Tupamaro
ni un burócrata que hablaba y hablaba sin hacer nada, que man-
daba a sus compañeros al frente, que dirigía desde algún exótico
“bureau”. Santucho siempre fue el primero en todo y en particu-
lar en el combate. Si hasta los peores detractores nos reconocen
que para nosotros el decir y el hacer eran una misma cosa. Y en
eso Robi llevaba la bandera.
Le cuento una chiquita: apenas fundado el ERP, una de las
acciones que más se realizaban eran desarmes a policías que iban
o volvían de su trabajo. Cómo se habían dado varios casos en que
los policías se resistieron, Santucho explicó que esto se debía a
que no se “apretaba” con suficiente energía, pero no se quedó en
la explicación: acompañó a todos los equipos del ERP enseñán-
doles en la práctica cómo se debía apretar a un policía.
Eleuterio, usted es un hombre culto, un líder revoluciona-
rio y un nombre grande en la historia uruguaya: no se puede
rebajar a repetir afirmaciones de segunda mano de alguien como
Santucho, sin haber hecho una revisión, al menos medianamente
profunda, del personaje. Para evitar en el futuro error tan grose-
ro le relato muy brevemente los orígenes de la formación político
ideológica de nuestro jefe, a quién consideramos no menos que
vuestro (y nuestro) Raúl Sendic.

Pr imer a f orm ació n teóri ca de San tu ch o

Nacido el 12 de agosto de 1936 en Santiago del Estero, fue


el octavo hijo y séptimo varón de Francisco Santucho. Su padre
fue diputado radical en la década de 1930. De los diez hermanos,
casi todos fueron militantes: el mayor, Amílcar, dirigente del
Partido Comunista en la Provincia, Carlos Híber peronista, Raúl
y Omar Rubén radicales, Francisco René, al igual que Oscar
Asdrúbal, eran nacionalistas e indigenistas, simpatizaban con el
APRA peruano de Haya De la Torre (Alianza Popular
Revolucionaria Americana). Se crió en un ambiente del que son
conocidas las polémicas ideológicas en la mesa familiar.
Francisco René fue el que mayor influencia ejerció sobre Mario
Roberto. En esa época leyó, entre otros, a Scalabrini Ortiz,
37
Daniel De Santis
Manuel Gálvez y Arturo Jauretche. Todo esto nos hace pensar que
conocía las diferencias entre Haya De la Torre y José Carlos
Mariátegui, fundador del marxismo latinoamericano, y también
otras controversias del marxismo de la época.
Por iniciativa de la librería Aimará, de Francisco René, y a
través de la revista Dimensión, por él orientada, realizaron en
Santiago una intensa actividad político cultural por la que pasa-
ron los más destacados intelectuales de la izquierda, del naciona-
lismo, y de la cultura de la época: Atahualpa Yupanqui, Rodolfo
Kuhn, Beatriz Guido, Sergio Bagú, Héctor Agosti, Bernardo
Canal Feijóo, Carlos Astrada, Juan José Hernández Arregui. Este
último, un escritor nacionalista, hispanista, muy erudito, que
posteriormente va a ser tomado como principal teórico por los
militantes de Montoneros y de otros sectores del peronismo revo-
lucionario. Por supuesto que también conocía a Rodolfo Puiggrós
y su teoría nacionalista de las “causas internas”, en contraposi-
ción con la concepción leninista de estudiar las situaciones polí-
ticas y las relaciones de fuerzas sociales partiendo de la situación
internacional.
Mario Roberto, siendo estudiante universitario en
Tucumán, fundó el MIECE (Movimiento Independiente de
Estudiantes de Ciencias Económicas), diferenciado de las
corrientes estudiantiles hegemónicas de aquella época: el huma-
nismo, el integralismo y el reformismo. Su planteo innovador fue
sacar al estudiantado de los marcos estrictamente universitario.
De allí su propuesta de la unidad obrero-estudiantil, consigna
que significó un completo cambio en la política universitaria de
la época.
Junto a Francisco René, Oscar Asdrúbal y otros compañe-
ros fundaron, el 9 de j uli o de 1961, el Frente Revolucionario
Indoamericanista Popular, cuyo contenido ideológico está explí-
cito en el nombre de la organización. El FRIP editaba un boletín
mensual bilingüe, en castellano y en quichua. En poco tiempo
logró extenderse a todo el noroeste argentino.
La reciente Revolución Cubana apuró la radicalización
ideológica del FRIP, terreno fértil debido a su activa participa-
ción entre los campesinos y los trabajadores de la industria fores-
38
Carta a un Tupamaro
tal en Santiago y de los azucareros tucumanos, principal lugar de
militancia de Robi, además del estudiantado universitario. Esta
maduración está contenida en las diez Tesis políticas del FRIP7 de
enero de 1964, previo al acuerdo con Palabra Obrera, cuyo líder
era Nahuel Moreno. Estas tesis, con muy pocas modificaciones,
van a estar presentes en la línea del PRT hasta su fragmentación
en 1979. La tesis 1 se titula: La República Argentina es un país semi-
colonial seudo industrializado. Con la primera parte define el carác-
ter de la dependencia y, con la segunda aplica y amplía, a la rea-
lidad argentina, la tesis de Lenin del desarrollo desigual y la de
Trotsky del desarrollo desigual y combinado. Con esto resolvía
una vieja polémica en la izquierda “negando que nuestro país
haya llegado a través del desarrollo de sus fuerzas productivas al
capitalismo y de lo que se trate ahora sea de desbrozar el camino
de las supervivencias feudales para un más amplio desarrollo de
ese capitalismo, esto es, que la burguesía argentina realice la
inconclusa revolución democrático-burguesa”. La tesis 2 comien-
za afirmando: “La burguesía nacional en su conjunto es incapaz
de luchar por la liquidación de la dependencia de nuestra patria,
por un desarrollo nacional independiente”. Esta tesis, que com-
pleta la anterior, se contrapone con la de la revolución en etapas de
los partidos comunistas. Estos esperaban que en América Latina se
produjera una revolución democrático burguesa liderada por la
burguesía nacional que barrería las relaciones de producción
feudal (luego le llamaron precapitalistas) que abriría recién las
posibilidades de iniciar la lucha por el socialismo. El FRIP usa el
concepto burguesía nacional, en el sentido marxista, porque con
él está indicando a la burguesía autóctona, en este caso la argen-
tina. Este concepto fue tergiversado por el estalinismo y por
corrientes del nacionalismo de izquierda para denominar con él
a una supuesta burguesía antiimperialista. La Revolución
Cubana vino a derribar esta concepción de la revolución por
etapas y del supuesto papel revolucionario de la burguesía
nacional. Ambas tesis habían sido desarrolladas años antes por
el intelectual (historiador, abogado y sociólogo) militante Silvio
Frondizi8, y por el también intelectual militante Milcíades Peña9.
Santucho, al momento del Frente Único entre el FRIP y
39
Daniel De Santis
Palabra Obrera, estaba por cumplir 28 años y tenía ya una impor-
tante experiencia militante y una sólida formación teórica. En
Cuba había estado presente cuando la Segunda declaración de La
Habana. Indudablemente, el vínculo con Palabra Obrera les abrió
un horizonte más amplio a los jóvenes militantes del FRIP. No
descubrieron a Trotsky pero incorporaron su lectura, eso es ver-
dad, lo cual no es un pecado sino una virtud. Pero estas lecturas
las hacían militantes que tenían pensamiento crítico. Además,
algunos teóricos tienden a pensar que toda la realidad es la que
está escrita en los libros, que todo venía de Moscú o Pekín, lo que
les impide recoger la otra parte de la historia. Estos jóvenes
tenían, además de sus firmes convicciones ideológicas y su sólida
experiencia política, sus muy bien arraigados principios éticos
que diferían del manijeo, la rosca, el primereo, el chamuyo, el
meloneo, el fin justifica todo, la inflación, la mentira, el dogma-
tismo, etc. Tenían, además, otra concepción de las relaciones
humanas. Estas concepciones, que logró imponer la Tendencia
leninista en el Frente Único y luego en el PRT, estaban origina-
das en su auténtico compromiso de asumir los riesgos de luchar
por la revolución.
Del Primer Congreso del PRT, no realizado por casualidad
el 25 de Mayo de 1965, fue memorable la polémica que llevaron
adelante “la gente del Norte” contra la consigna “CGT partido
político” que, como veremos más adelante, dividía aguas con el
trotskysmo argentino, particularmente con el morenista.
También contradicen la idea de la homogeneización ideo-
lógica, que siguiendo a Mattini usted nos achaca, las recomenda-
ciones que hacía Santucho para que se leyera la Historia de San
Martín, de Bartolomé Mitre, en particular el capítulo sobre la
guerra de guerrillas en las republiquetas. Mitre, como sabe, era
un liberal que escribió la historia oficial argentina, pero allí
narraba con muchos detalles las tácticas y proezas de los guerri-
lleros (Güemes, Padilla, Juana Azurduy, etc.), que había instrui-
do San Martín para frenar el avance español por el Alto Perú
(Bolivia). Santucho la tomaba porque tenía apertura mental, sólo
falta que algunos se la reconozcan.
Por esto le digo, Eleuterio, que plantear que Santucho se
40
Carta a un Tupamaro
formó al lado de Nahuel Moreno... bueno, un aspecto de verdad
tiene, consolidó su formación en lucha contra Moreno. O plante-
ar que era trotskysta, o que estaba dejando de serlo, son simplifi-
caciones que rayan en la falsedad y que no sirven para escribir la
historia desde este lado. Cito a Huidobro de nuevo: “Porque esta
gente copió -como siempre pasa cuando se copia- lo peo r del
Perreté. Organización y proceso que por otra parte eran muy
conocidos por Sendic (‘El Trosco’) y los viejos tupamaros.
Habíamos leído a Nahuel Moreno... Buenas palizas teóricas se
habían llevado años antes algunos charlatanes de feria que luego
fundaron el PRT-ERP después que los echamos del MLN por
desertores...”. Epa, Eleuterio, ¿qué le pasó? ¿Se le fue la mano o
se le soltó la lengua? Usted no es ingenuo, ni inocente.
Detengámonos en este juego de ideas que realiza. Para un lector
desapercibido, y no tanto, usted está diciendo que los charlatanes
de feria del PRT eran desertores del MLN que tenían la línea
política de Nahuel Moreno, a los cuales, Sendic y los viejos tupa-
maros les habían dado buenas palizas teóricas. Esta porquería de
gente, como Ud. insinúa, habrían fundado el PRT.
Su afirmación, redactada como lo hizo antes usted, es de
una falsedad absoluta. No tiene contestación ya que no es una
cuestión de interpretación porque que sus afirmaciones no tienen
ni una pizca de asidero en los hechos reales, ni en la cronología
histórica. Y, por otro lado, los que si acaso copi aron , no lo peor
sino muy mal , fueron militantes formados por ustedes no por
nosotros. Es de buena gente no hacer leña del árbol caído, hacer-
se cargo de las propias miserias y no enchufárselas al primero que
pasa como ocurre habitualmente en esta época de hegemonía del
individualismo.
No sabía que a Sendic le decían El Trosco. Seguro que su
forma de pensar y actuar no cuadraban en los moldes oficiales
de la izquierda uruguaya. Acabo de leer la biografía de Sendic
de Samuel Blixen, en la que cuenta que este apodo le quedó de
una vez que lo confundieron con su hermano Alberto (que era
trotskysta) y reforzado por un entrevero con el Secretario
General del Partido Socialista, lo que no desmiente mi suposi-
ción. Mire qué casualidad a nosotros, gran parte de la izquierda
41
Daniel De Santis
y del progresismo de Argentina, todavía nos caen encima con el
mismo mote.
Sobre la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), en la
cita de Mattini que usted reproduce, leemos que: “La discusión a
fondo del tema puso en relieve la falta de homogeneidad en el orga-
nismo -se refiere el Buró Político- ya que algunos miembros con-
cebían la JCR como una alternativa a los partidos comunistas y un
instrumento en la lucha ideológica contra el reformismo, mientras
que otros tendían a verla como una simple coordinadora”.
Podría citar varios documentos pero para evitar cuestiones
de interpretación lo voy hacer con uno inapelable, el artículo 43
del Estatuto del PRT (Título IX. Internacional), aprobado en
julio de 1975, referido a la Junta:

“El PRT está afiliado a la Junta de Coordinación


Revolucionaria, organismo regional internacional del Cono Sur
Latinoamericano, desde cuyo seno impulsa e impulsará con toda
energía revolucionaria y método proletario la herencia leninista
y el espíritu internacionalista del Che, hacia la coordinación y
unidad orgánica del campo socialista de todas las fuerzas revolu-
cionarias de nuestro continente y del mundo, porque para los fines
de la revolución proletaria el PRT, interpretando cabalmente la
concepción marxista del internacionalismo proletario y la expe-
riencia de la lucha revolucionaria universal, considera de plena
vigencia la tesis leninista de oponer al frente mundial del impe-
rialismo el frente mundial de la revolución.”

Usted sabe que un estatuto se aprueba en un Congreso o


Convención y que sólo ella lo puede modificar. Por lo tanto no es
una resolución de valor circunstancial sino estratégico. No niego
que en el BP haya habido alguna discusión pero le puedo asegu-
rar que en ningún momento sentimos un “mazazo” al debatir este
punto: habíamos nacido en una Internacional y lo más natural era
que buscásemos su reemplazo por otra que estuviera integrada
por verdaderos partidos y/u organizaciones revolucionarias. Lo
que ocurre es que Mattini ha hecho esfuerzos, con bastante éxito,
para modificar la historia del PRT de tal modo que justifique el
cambio de rumbo que tomó nuestro Partido a la muerte de sus
principales dirigentes y bajo su dirección.
42
Carta a un Tupamaro

N uestro renun ci ante

Como en el resto de esta carta voy a referirme nuevamente,


y en reiteradas ocasiones, al que fuera Secretario General, luego
de la caída del Buró Político del PRT, me adelanto para presen-
tarle una similitud más entre vuestra derrota y golpe en la nuca
y nuestra derrota y golpe en la nuca. Mire cómo son las cosas la
historia se repite, en este caso, las dos veces como tragedia. Uno
de vuestros renunciantes llamado, Kimal Amir, era maoísta en
1966 y lo seguía siendo en 1974. En cambio Mattini primero mili-
tó junto a Silvio Frondizi, a quién no leyó, me consta; luego fue
trotskysta; posteriormente marxista-leninista; simultáneamente
santuchista de izquierda mientras éste estuvo vivo, también me
consta; para seguir “evolucionando” como santuchista de derecha
después de su muerte; stalinista tardío, en 1986 se incorporó al
CC del PC argentino; libre pensador, partidario de Chacho Álva-
rez todavía cuando éste se alió con De la Rua; ex marxista y anar-
quista libertario como lo asumió públicamente en la Asamblea de
Parque Lezama o situacionista según cuadre y actual funcionario
del gobierno justicialista. Este personaje, al que podríamos lla-
mar saltimbanqui ideológico si no estuviésemos tratando temas
serios y graves, fue quién planificó y ejecutó la división del PRT
en 1978, proceso que detallaré más adelante, pero al igual que
vuestros renunciantes no estuvo solo, muchos lo acompañaron Es
más, tengo el dato preciso, fue el 50 % de la militancia en el exi-
lio protagonista única de nuestra división, ya que integré, en
representación de la Tendencia Leninista, la Comisión de
Fiscalización y de Garantías hacia el divisionista VI Congreso.
Esta fracción del PRT lo eligió Secretario General hasta que, en
1980, según su propio relato, “el CC me separó de la secretaría
general... y finalmente renuncié al Partido convencido de que
estaban agotadas todas las posibilidades de reconstruirlo en el
exilio”. Como usted bien dice Eleuterio, la disolución y renuncia
constituyen la autocrítica suprema. Siguiéndolo a usted en el sen-
tido de no cargar las tintas con adjetivos muy fuertes, sobre todo
43
Daniel De Santis
para esta época, a partir de ahora nos vamos a referir a él como
nuestro renunciante.
Eleuterio, qué pensaría usted, o cualquier otro tupamaro, si
a alguno de nosotros se nos hubiese ocurrido utilizar el docu-
mento de ruptura de los renunciantes para hacer una caracteri-
zación del MLN, ensuciar el nombre de Sendic y luego concluir
“a reconocimiento de parte...”. Se lo observo porque es lo que ha
hecho con nosotros.

¿Lo s tupam aro s y Raú l Send ic pequeño -bu rgu eses?

Ni ebrio ni dormido a ningún militante del PRT se le


hubiese ocurrido decir, ¡que digo, decir!, ni siquiera pensar que
Raúl Sendic, o alguno de los nueve rehenes o un peludo o cual-
quier militante tupamaro, por el hecho de serlo, fuera un
pequeño burgués. Todo lo contrario, Raúl Sendic era y es para
nosotros, quizás más local, tan grande como el Che. Las mar-
chas cañeras por las Tierras y con Sendic, de las que sólo cono-
cíamos estos datos y que bajaban del norte, se nos presentaban
como leyendas épicas que fortalecían nuestra convicción en el
triunfo de la revolución.
De creerle a nuestro renunciante, lo cual supone una gran
cuota de audacia, del mismo párrafo citado no se desprende que
nosotros caracterizáramos al MLN, o a Sendic, como una organi-
zación pequeño burguesa. Pero de la lectura de su propio libro
queda claro que ustedes no se reivindicaban marxistas (lo que
constituye una real diferencia) y le dan la razón a Santucho en el
sentido de que había más diferencias que con el MIR.

La revo luci ón i deol óg ica

El libro de nuestro renunciante es muy peligroso, más que


el documento de ruptura de vuestros renunciantes, ya que está
escrito “desde adentro” con ese tono de ambigua “objetividad”
donde el vaso está siempre medio vacío. No es una forma ingenua
44
Carta a un Tupamaro
de escribir, está muy bien estudiada sicológicamente. Tras una
aparente objetividad que “reconoce” el lado positivo de las cosas,
luego se potencia lo negativo, que siempre existe, hasta darle una
dimensión que desfigura la realidad alcanzando el resultado bus-
cado: ensuciar, destruir. El párrafo que vamos a analizar es un
claro ejemplo de esta afirmación10.
Este comienza diciendo algunas verdades, algo distorsio-
nadas, hasta la cita de El Combatiente, cuyo contenido reivindi-
camos. Primero veamos como distorsiona el contenido de las
palabras de Santucho. Éste, en las resoluciones del V Congreso,
bajo el título La lucha de clases en el seno del Partido, nos narra
acerca del contenido de clase y del proceso histórico por el cual
el PRT pasó de círculo de propaganda economista a partido de
combate. Vamos a citar cuatro párrafos de este documento para que
las afirmaciones de Santucho adquieran su verdadero significado:

“En los últimos meses de 1966, la base obrera de la Regional


Tucumán comienza a plantear la necesidad de pasar a la lucha
armada. Los compañeros que hacían este planteo venían de
varios años de lucha pacífica, predominantemente sindical: habí-
an dirigido importantes movilizaciones obreras y sufrido final-
mente una brutal derrota en ese terreno, pese a haber comenza-
do a utilizar métodos crecientemente violentos.
El planteo de la lucha armada irrumpe en el PRT entonces no
a través de estudiantes o intelectuales revolucionarios influidos
por la experiencia revolucionaria de otros países. Surge de la
experiencia directa de las masas obreras argentinas y es incorpo-
rada al Partido por su vanguardia, que ha recorrido previamente
el camino de la lucha pacífica, que ha comenzado por las huelgas
corrientes, por la participación en elecciones, que ha pasado a la
ocupación de fábricas con rehenes, a las manifestaciones calleje-
ras violentas, hasta que, cerradas todas las posibilidades legales
con la asunción de Onganía, se orienta correctamente hacia la
guerra revolucionaria...
Es en ese enero de 1967 que los dirigentes de la Regional
Tucumán llevan verbalmente a la Dirección Nacional el planteo
formal de adoptar una línea armada centrada en una guerrilla

45
Daniel De Santis
rural en Tucumán (...) Moreno no rechazaba en teoría a la gue-
rrilla, pero en lugar de concebirla como el inicio de una guerra
revolucionaria prolongada, la ubicaba como un elemento de pre-
sión en el marco de la concepción estratégica espontaneísta de
que ya hemos hablado, y sobre todo, no estaba dispuesto a prota-
gonizarla.
A lo largo de 1967, mientras la corriente leninista adopta pro-
gresivamente una correcta óptica de guerra revolucionaria,
comienza a manifestarse la lucha de clases en el seno del Partido.
La agudización de las contradicciones sociales en el país influye
favorablemente en el Partido facilitando que la presión proleta-
ria en la Regional Tucumán, con su punto de vista de clase,
comience a repercutir en el conjunto del Partido. Los militantes
y los cuadros obreros, en distintas regionales, adoptan posiciones
más activas y parte de la intelectualidad revolucionaria, en espe-
cial los cuadros y militantes jóvenes, encabezan lo que se dio en
llamar ‘la revolución ideológica en el Partido’, que no es otra cosa
que los aspectos ideológicos de la proletarización partidaria.”

Como hemos leído, con esta expresión, Santucho se está


refiriendo a la transformación en la situación interna partidaria,
al cambio radical de la línea empujada por la base obrera de
Tucumán, y a la nueva formación que iban adquiriendo los mili-
tantes del PRT antes y después del IV Congreso, proceso que se
profundizaría después del V Congreso que fundó al ERP. Como
se ve con claridad, no se trata de una confusión entre moral pro-
letaria e ideología, el renunciante confunde a ambas con la histo-
ria, ya leímos a Santucho, y con la política.
Para confirmar que la transformación arrancaba en la polí-
tica, un botón alcanza como muestra. Antes del IV Congreso el
PRT levantaba consignas como “la CGT partido político” o como
“el partido obrero de Vandor”11, ambas expresiones de un econo-
micismo seguidista de la burocracia sindical. En su lugar, en el
IV Congreso se proponía:

“que, junto con la preparación e inicio de la lucha armada, el


segundo gran salto que debe pegar nuestro Partido es el de trans-
formarse de círculo de propaganda que hace actividad sindical,
46
Carta a un Tupamaro
en partido revolucionario que hace propaganda de alto nivel polí-
tico sobre la vanguardia política del movimiento obrero, y una
permanente agitación política sobre las mas amplias capas del pro-
letariado... Así, desentumeceremos los miembros del Partido... [y]
crearemos en cada militante una actit ud m ás agu errida .”

Eleuterio, ¿aquellas consignas morenistas habrán sido las


que leyeron Sendic y los viejos tupamaros? Para que calibre nues-
tro trotskysmo, le amplío con esta cita de una nota del El
Combatiente de julio de 196912: “Para los grupos, sectas o movi-
mientos seudorevolucionarios que proclaman la ‘necesidad de la
lucha armada’, la cuestión se reduce a incorporar esta lucha como
un ‘principio’ a su programa (...) para el partido revolucionario la
cuestión es distinta. La guerra revolucionaria y la construcción
del ejército del pueblo no es un ‘principio’ del ‘programa máxi-
mo’, sino una tarea práctica, concreta, inmediata, cotidiana, que
empieza hoy mismo (...)”. Y como los compañeros del ala leni-
nista del PRT eran revolucionarios de verdad, no se quedaron en
los análisis sino que los concretaron ampliamente.
No sólo que no nos vamos a autocriticar de esta “revolución
ideológica” sino que esos cambios fueron la base, el cimiento, de
la organización que llevó más a fondo en la Argentina el cuestio-
namiento del capitalismo y a la lucha por la revolución socialis-
ta. Esta transformación amplió la Tendencia Leninista nacida al
calor de las luchas del proletariado azucarero en 1965/67, ten-
dencia que derrotaría al morenismo en el IV, al neomorenismo en
el V Congreso, y cuyos restos (la gran mayoría estaban muertos o
desaparecidos) enfrentó a nuestro renunciante y los suyos cuan-
do en 1978 y en el exterior quisieron transformar al PRT en un
“maduro” partido stalinista, en el mejor de los casos.
También encontramos la misma expresión en el documen-
to del IV Congreso de febrero de 1968, refiriéndose a la clase
obrera y no a la militancia partidaria. Bajo el título Qué sentido
tiene el “retroceso” de nuestra clase obrera, se decía:

“Tratemos ahora de penetrar en el sentido del actual ‘retroce-


so’ de la clase obrera... Nuestra clase obrera industrial, desde el

47
Daniel De Santis
surgimiento del peronismo hasta hoy, apoyó la política y las con-
cepciones de la dirección peronista y la burocracia sindical. En
esta etapa vivió ascensos y descensos, períodos de luchas y perío-
dos de retroceso, pero el común denominador de todos ellos fue
que la dirección burguesa y la burocracia sindical siguieran con-
tando con el apoyo de la clase obrera (...) Hoy la situación ha
cambiado, la c lase obre ra vive u n a e n i nt en sa re voluc ión ide oló-
gic a. Las concepciones pequeño burguesas que le inculcó el pero-
nismo, la confianza en las direcciones sindicales burocráticas, se
encuentran profundamente corroídas por las duras derrotas
sufridas en los últimos 12 años y por el ejemplo que significa la
existencia de una dirección revolucionaria continental: el cas-
trismo (...) Por primera vez en 25 años comienzan a darse las con-
diciones para que un reanimamiento de la clase obrera desembo-
que en un auge ‘verdaderamente’ revolucionario. En la prepara-
ción y en el curso de ese auge, se fortalecerá, desarrollará y adqui-
rirá influencia en grandes sectores de masas, nuestro Partido; en
la preparación armada y en el curso de ese auge, nuestro Partido
fortalecerá el ejército revolucionario, sin el cual, desde Lenin
hasta el presente, todos los revolucionarios sabemos que la victo-
ria es imposible, y al cual debemos comenzar a crear ya mismo,
con la preparación e iniciación de la lucha armada.”

Si uno lee los capítulos 4 y 5 de este documento, va a tener


una cabal compresión del radical cambio en la concepción ideo-
lógica y política del PRT. Independientemente del nombre que se
le quiera poner, no cabe ninguna duda de que significó una asun-
ción plena del marxismo revolucionario y sobre todo una verda-
dera revolución política en el seno del Partido: nos habíamos
sacado de encima el economismo, oportunismo y ‘pacifismo’
morenista. Considero, además, que este análisis que se hacía en
1968 significó un completo acierto, confirmado por el Cordobazo.
Y no sólo un acierto en lo político, sino también muestra de que
en la práctica teórica, el PRT, pensaba en abierta confrontación
con las esclerosadas concepciones del materialismo dialéctico del
stalinismo.

48
Carta a un Tupamaro

So bre la pro letariza ci ón

Veamos ahora el controvertido tema de la proletarización


de los militantes. Esta era una práctica habitual en algunos par-
tidos de la izquierda argentina, pero en el PRT tenía una mani-
festación bastante diferente, tan diferente como lo eran las líneas
políticas. Para nosotros no era hacer “la experiencia en fábrica”.
Tenía objetivos bien prácticos: llevar la teoría revolucionaria y el
socialismo a la clase obrera y luego organizar la célula y el comité
fabril partidario en esa fábrica y, complementariamente, el fortale-
cimiento ideológico del militante. Pero este trabajo no era un
esquema dogmático, se podía comenzar por cualquier actividad.
De hecho muchas veces se comenzaba por la sindical, aunque
manteniendo la propaganda y la agitación política, y se daba habi-
tualmente el caso de que se llegaba a dirigir sindicalmente una
fábrica antes de construir la célula. Se dieron otros casos en los que
se formaba primero la escuadra del ERP antes de la célula misma,
o que el Boletín Fabril del Partido se ganara la estima de los obre-
ros y múltiples variantes del trabajo de organización partidaria
entre los trabajadores. Que hubo errores, seguro, pero muchos más
aciertos. Está por escribirse esa parte de la historia.
El trabajo de organización partidaria se iniciaba observan-
do pacientemente, participando en las distintas actividades de la
vida social de los trabajadores, “mostrando” una actitud cohe-
rente ante la vida y sus dificultades, no siendo un marciano,
actuando con prudencia pero con firmeza. Luego a través de la
propaganda, la agitación y la participación plena en sus luchas.
Por otro lado, el no obrero aprehendía hábitos de la clase obrera
que difícilmente un intelectual tenga incorporados.
Por mi propia experiencia, le puedo contar que lo primero
que aprendí, en el mismo momento que me presenté, fue a aga-
char la cabeza, dejar el orgullo pequeño burgués para mejor
oportunidad. Me preguntaba lo que debía sufrir un proletario de
verdad que debe agacharla, no guiado ideológicamente como
tuve que hacerlo yo, sino de verdad. Porque éste si se queda sin
49
Daniel De Santis
trabajo se queda sin comer. El primer día me tocó participar en
el llenado de una losa, 13 hs. con una de descanso y 7 hs. más al
otro día, hasta terminar. Recuerdo que luego de comer el asado
de falda, que era característico en esa época, a las 3 menos 25 de
la tarde, me descomponía y me caía de cansancio. Pero aguanté
con la cabeza. Que nuestro renunciante le llame como quiera,
pero le puedo asegurar que esto servía y mucho. Le podría nom-
brar a varias/os compañeras/os (recuerdo a muchas más mujeres
que hombres) que se proletarizaron. Ninguna/o tuvo esas aluci-
naciones que cuenta nuestro renunciante, ni mucho menos vivían
en el limite del lumpenaje. Todas/os se fortalecieron y muchas/os
realizaron buenos trabajos políticos. Siempre pensé que si he
seguido militando, pese a todo, mucho tiene que ver esta expe-
riencia de proletarización, sobre todo los dos años en una gran
fábrica.13
Que nosotros no teníamos una visión escolástica de la mo-
ral proletaria queda claro en uno de los documentos más leídos
en el PRT, escrito en la cárcel por Julio Parra a mediados de 1972,
que se llamó Moral y proletarización. Mucho se lo ha estigmatiza-
do posteriormente, pero pocos lo releyeron. Treinta y cuatro años
después se le podrán hacer algunas observaciones, a cuál no, pero
en lo esencial este es un documento marxista. Con sólo citar
breves párrafos se desmorona todo la pirotecnia de nuestro
renunciante en torno a la proletarización:

“¿Quiere decir esto que los obreros por el sólo hecho de ser
tales están libres del nefasto individualismo? Categóricamente
no (...) Pero sucede que el propio papel que el obrero desempeña
en la producción mercantil, origina en él la tendencia contraria
(...) Así la propia situación de explotado origina en el obrero pro-
fundo odio de clases y una tendencia al igualitarismo (...) Marx
lo señala con toda claridad en el capítulo VI del Libro I de El
Capital (hasta hace poco inédito) cuando dice: ‘Aquí el obrero
está desde un principio en un plano superior al del capitalista, por
cuanto este último ha echado raíces en ese proceso de enajenación
(del trabajo) y encuentra en él satisfacción absoluta, mientras que por
el contrario, el obrero en su condición de víctima del proceso se
encuentra de entrada en una situación de rebeldía y lo siente como
un proceso de avasallamiento’. ¿Cuál de las dos tendencias prima en
la conciencia del obrero, la tendencia individualista, negativa que le
50
Carta a un Tupamaro
impone la hegemonía burguesa en la sociedad o la tendencia
colectivista positiva, que surge de su carácter de explotado? Es un
problema que se resuelve en las luchas de clases.”

Como puede verificar, Eleuterio, no hacíamos una ideali-


zación del obrero, sino que al desarrollo de su conciencia la veía-
mos como resultado de la lucha de clases. Y nos basábamos en
Marx quien, algo más que nuestro renunciante, profundizó sobre
las contradicciones en la sociedad capitalista.

So bre la fo rma ci ón teó rica

Con respecto al estudio es otra falsedad total. Desde la


dirección se alentaba con mucha firmeza el estudio, se leía todo
y, dentro del marxismo, fundamentalmente a los clásicos. No se
recomendaba o se desalentaba (nunca se prohibió leer nada) la
lectura de manuales o resúmenes, ni los soviéticos ni los de Marta
Harnecker. Se alentaba el estudio individual, parte del temario
de la célula era la lectura, teníamos al menos tres niveles de
escuelas de formación política y dos militares, y le puedo asegu-
rar que no producían ninguna asfixia. Yo estuve en dos niveles. El
primero daba una formación básica en el marxismo y la historia
del movimiento obrero. Le puedo contar con qué alegría pasaban
por ella los compañeros de las fábricas al entender teóricamente
el proceso de explotación capitalista. La escuela de tercer nivel
consistía en un seminario de un mes, con un programa y una tre-
menda biblioteca a nuestra disposición. En el PRT no había oscu-
rantismo como ha habido en otras parroquias de la izquierda
(alguno más papista que el Papa siempre hay pero no era la regla
ni la línea).
Si bien en un momento se comenzó a leer mucho a los viet-
namitas, no se dejó de hacerlo con Marx, Engels y Lenin y el resto
de los clásicos. Además, la apreciación del renunciante es ahistó-
rica: para ninguna organización en la Argentina fue lo mismo la
década del '60 que la del '70. La primera fue la fragua teórico-
práctica de la línea revolucionaria, lo cual llevaba al estudio de
los clásicos (sobre todo, teníamos más tiempo para hacerlo).
51
Daniel De Santis
Cuando nuestro renunciante dice que se desdeñaba a los bolche-
viques porque eran discutidores, como todas sus verdades, es una
verdad a medias. No todos pensábamos así, menos que menos los
dirigentes, y si él era un débil de espíritu, no es culpa del Partido
ya que, además de los dirigentes, fuimos muchos los que empu-
jábamos en otra dirección. Es también una verdad a medias por-
que lo que realmente no se quería discutir más eran temas ya
resueltos (si partido de masas o partido de cuadros, el carácter de
la revolución en la Argentina, guerrilla rural o guerrilla urbana)
y otros bizantinismos con que se entretenía la izquierda que no
metió las patas en el barro, las manos en la grasa y el dedo en la
cola del disparador.
Que en el PRT no se orientaba hacia una homogeneización
ideológica es algo fácil de demostrar ya que cualquier militante
lo sabía. Según el propio renunciante, en el Buró Político se estu-
diaba fuerte, en particular se leía la Ciencia de la Lógica de Hegel.
Le decía, Eleuterio, que cualquier militante sabía que Santucho
no recomendaba la lectura de los manuales “marxistas”, sino la
lectura de los clásicos sin intermediarios, pero esto para el renun-
ciante parece ser un síntoma del pensamiento positivista (no
logro descifrar que quiso decir). En el próximo título amplío
sobre el tema.
“¡Qué cuando más analfabeto, más proletario sería el
militante!” Sólo se puede decir que es una afirmación falsa, ¡no
pensábamos así! Todo lo dicho y lo que seguiremos diciendo lo
niega categóricamente. ¡Qué algunos vicios morenistas no fueron
superados sino que se incrementaron! ¡Qué diga cuáles! Ese juego
de las escondidas es muy usado por la propaganda burguesa.
Bueno, no le podemos pedir a nuestro renunciante otra actitud.
Mientras los dispersos fragmentos del PRT, que él logró destruir,
pugnábamos más mal que bien por encontrar un camino de retor-
no, nuestro renunciante se retiró por largos años a “cuarteles de
invierno” -Suecia- para mal escribir sobre la historia heroica del
PRT y del ERP, con el que reafirmaría su derrotero de inconse-
cuencia ideológica (que lo condujo en la actualidad a formar
parte del gobierno justicialista).
El concepto de lucha de clases en el seno del partido no se
52
Carta a un Tupamaro
fue incubando en Santucho, ya que está expresado con toda cla-
ridad en el V Congreso partidario. Pero negar la existencia de la
lucha de clases dentro de una organización revolucionaria, sean
partidos o movimientos14, es cerrar los ojos deliberadamente. El
renunciante, entonces stalinista, recoge los conceptos, elaborados
en infinitas masturbaciones teóricas y vertidos por los dirigentes
de la Cuarta Internacional trotskysta en polémica con nuestro
Partido en la época en que nos armaron una fracción (hecho que
apuró nuestro alejamiento de esa Internacional). Ellos querían
justificar como actividad principal de militancia la lucha de
ideas, desde un cómodo, sin comillas, Bureau en el centro de
París. La práctica social influye sobre la conciencia y esta con-
ciencia se expresa, unas veces, como lucha de ideas que reflejan
distintas prácticas en la actuación revolucionaria y, otras, como
lucha de clases producto de intereses bien definidos.

S obre el marx i smo -l enini smo y el tr otsky smo en el PRT

La definición marxista-leninista que asumía el PRT no se


emparenta con la del marxismo-leninismo pensamiento Mao, ni
con la de los partidos stalinistas ya que para ellos era como un
dogma en el que todo pensamiento culminaba en Lenin o en
Mao, o sea en el pasado. Por el contrario, con marxista-leninista
queríamos decir dos cosas: una estricta, que no nos reivindicába-
mos trotkystas; y una amplia: que tomábamos todas las vertientes
del marxismo revolucionario sin cerrarnos sobre ninguna. Para
nosotros esto ya estaba claro, al menos, desde el IV Congreso,
como veremos. Luego, en polémica con la internacional trots-
kysta afirmábamos en el artículo de El Combatiente del 17 agosto
de 1973 Por qué nos separamos de la cuarta internacional:

“Para nosotros el socialismo científico, la teoría revolucionaria


del proletariado, ha sido elaborada en lo fundamental por Marx y
Engels. Lenin ha realizado a esta teoría aportes esenciales, espe-
cialmente la teoría científica del partido revolucionario, que justi-
fican plenamente la designación del socialismo científico como
marxismo-leninismo. Mao-Tse-Tung, Ho-Chi-Minh, Giap, Le Duan,

53
Daniel De Santis
Kim-Il-Sung, Fidel Castro y el Che Guevara han realizado grandes
aportes al marxismo-leninismo, en el curso de su experiencia como
dirigentes de la revolución en sus países, sobre todo en lo que hace
a la teoría de la guerra revolucionaria y a la construcción del socia-
lismo. León Trotsky, también ha hecho aportes valiosos, especial-
mente la teoría de la revolución permanente y la caracterización de
la burocracia y el fascismo. Otros aportes menores podemos encon-
trar en Antonio Gramsci y otros y todos los que con aciertos o erro-
res han luchado y luchamos por el triunfo de la revolución socia-
lista. Pero ninguno de estos aportes justifica ya el cambio de desig-
nación a la teoría científica de la clase obrera. Esta no es una mera
cuestión de nombres, sino que la IV Internacional, al sostener que
‘el trotskysmo es el leninismo de nuestro tiempo’, desvaloriza el
aporte de otros revolucionarios y maneja el pensamiento de
Trotsky en bloque, negando sus errores (...) La IV niega el carácter
de verdaderos y completos partidos marxistas-leninistas a los com-
pañeros vietnamitas y cubanos (...) Y a nadie puede caber duda
alguna sobre lo que vietnamitas y cubanos han hecho en el terreno
de la práctica revolucionaria.”

Resulta común, ante la carencia de conceptos que permitan


aprehender nuevas situaciones, etiquetar a las personas, a las
organizaciones y a esas mismas situaciones. Tal es el caso del
PRT, que no cabía en los moldes conocidos. Como la etiqueta
trotskysta sobre el PRT está pegada con fuerza en la jerga mili-
tante argentina, merece que ampliemos sobre su constitución
política e ideológica. En el Partido Revolucionario de los
Trabajadores confluían distintas vertientes: había mucha gente
que venía del trotskysmo, muchos otros del indoamericanismo y
del nacionalismo, otros eran más afines al maoísmo, incluso
había algunos que simpatizaban con Stalin. También había com-
pañeros que venían de distintas corrientes universitarias como el
integralismo. El grueso de los que nos incorporamos al PRT,
como no podía ser de otra manera en la Argentina de aquellos
años, teníamos ascendencia familiar en el radicalismo y en el
peronismo. Pero el PRT fue una identidad nueva. Pudo amalga-
mar esas distintas expresiones, esas distintas corrientes. Una

54
Carta a un Tupamaro
expresión de eso es el primer capítulo del Cuarto Congreso,
cuando se hace la valoración de la estrategia de poder y lucha
armada de los clásicos, Marx, Engels, Lenin, del trotskysmo, del
maoísmo y del castrismo. Eso fue lo novedoso, lo rico del PRT: no
haberse quedado encasillado en una corriente del marxismo,
haber aplicado sin ataduras mentales el método marxista, la
experiencia del marxismo, a una realidad concreta que era la
Argentina.
Para los demás éramos trotskystas, es cierto. Pero, lo que
ocurre es que el PRT tenía un componente importante de ese ori-
gen, porque toda la gente que venía de Palabra Obrera se había
formado en el trotskysmo. Por ejemplo, Leandro Fote que era un
importante dirigente azucarero y mantuvo la táctica del entrismo
en el peronismo más allá de la línea del Partido. Hay testimonio
de eso: en la película La hora de los hornos, de Pino Solanas, lo pre-
sentan como un militante del peronismo. El Negrito Fernández,
por dar otro ejemplo, se formó al lado de Leandro y de Santucho.
Los compañeros de Rosario tenía una fuerte influencia trots-
kysta: Luis Pujals, Cacho Delfino, Susana Gaggero (que era la
mujer de Luis), etc. Pero también venían de, o tenían, influencia
trotskysta, en Córdoba, el Gringo Menna y Pichón Foti y, en
Buenos Aires, Rubén Pedro Bonet, que luego fuera fusilado en
Trelew y que era uno de los compañeros más representativos.
Una cosa que se asociaba con el trotskysmo era la firme
posición del PRT con respecto a la burguesía nacional, nosotros
planteábamos que no había que tener expectativas en la burgue-
sía nacional, porque no jugaba ese papel antiimperialista que le
atribuían las corrientes nacionalistas y stalinistas. Esto quedó
muy claro una vez que triunfó la revolución cubana, allí la bur-
guesía “nacional” (en realidad, sería más correcto decir “burgue-
sía no azucarera”), después de una tibia participación en contra
de la dictadura de Batista, se pasó abierta y beligerantemente a la
contrarrevolución armada. Muchas corrientes que militaban en
el marxismo, en particular el PC y sectores del peronismo com-
bativo no sacaron esta conclusión. Por ese elemento se nos seguía
diciendo trotskystas, pero esto no era patrimonio sólo de algunas
corrientes trotskystas sino que salía de la experiencia de lucha en
55
Daniel De Santis
Argentina, en América Latina. También es cierto que reivindicá-
bamos aspectos de Trotsky, de su participación en la Revolución
Rusa, la construcción del Ejército Rojo, la teoría de la revolución
permanente, la crítica a la burocracia soviética. Pero hasta ahí,
otras cosas no. También hay que tener en cuenta que durante
mucho tiempo, y aún subsiste, el mote trotskysta era una forma
de hacer maccartismo dentro de la misma izquierda (incluso,
más correcto sería decir: de hacer stalinismo). Pero si se estudia
la historia del PRT se verá que ya en el Quinto Congreso la adhe-
sión a la Cuarta Internacional trotskysta estaba condicionada,
limitada. A diferencia de la Cuarta, el PRT no se reivindicaba
trotskysta, sino marxista-leninista. Estas diferencias hicieron cri-
sis en 1972 cuando un sector de la Cuarta realizó un trabajo frac-
cional dentro de nuestro Partido. Allí nos separamos de esta orga-
nización y progresivamente nos fuimos alejando de las influen-
cias trotskystas. Después del ‘76-‘77, hay como un rechazo al
trotskysmo que progresivamente nos fue acercando al sovietismo,
que creo yo es la parte menos reivindicable del PRT.
Del maoísmo hay elementos más diluidos. Del que se decía
que era maoísta era Benito Urteaga. Una vez tuve una discusión
con él porque le daba una gran importancia al campesinado y yo
le dije que en la Argentina el porcentaje de campesinos era
mucho más chico que en China, que la clase obrera era mucho
más grande. Hizo un gesto como asintiendo, y se me quedó
mirando como pensando en lo que le había dicho. Ahí se terminó
la discusión. Lo que ocurría, al respecto, era que desde el punto
de vista de la estrategia del PRT esta discusión ya tenía una reso-
lución práctica. Nosotros habíamos dividido a la Argentina en
dos regiones estratégicas: el Sur, urbano, proletario y popular, y
el Norte, rural, proletario y campesino. En general yo he escu-
chado decir que Benito era maoísta. Pero esto en sí no era ni
bueno ni malo. Era bueno en la medida que expresaba una plu-
ralidad dentro del pensamiento marxista, que no tenía nada que
ver con el pluralismo ideológico que le quieren imponer a Cuba
(pluriporquería dijo Fidel). Ideología burguesa agregamos noso-
tros. Nosotros leíamos cosas de Mao. Se reivindicaba la guerra
popular, la formación del ejército, las cuatro tesis filosóficas.
56
Carta a un Tupamaro
Luego comenzamos a leer mucho a los vietnamitas a Giap,
Le Duan, Trong Ching, a Burchett, un periodista australiano que
escribió mucho sobre Viet Nam. Hay un autor importante que se
llama Michael Löwy, que creo que en su Antología El marxismo en
América Latina nos caracterizaba como marxismo vietnamita.
Según Löwy no éramos ni trotskystas, ni castristas, ni stalinistas,
ni maoístas, sino vietnamitas. Lo dice con fundamento, no es que
lo inventa. Nosotros tomábamos mucho de la experiencia vietna-
mita: el tipo de partido, la relación partido-ejército, la formación
de los cuadros, todo eso era tomado, copiado casi tal cual de los
vietnamitas; incluso, creo yo, que en la eterna polémica acerca de
si “partido de cuadros” o “partido de masas”, en la conclusión o
la síntesis a la que llegamos (que se expresaba como “partido de
las masas”) mucho han tenido que ver los vietnamitas.
El leninismo estaba muy presente en nuestra formación. Al
que más leíamos era a Lenin, desde el ¿Qué hacer?, pasando por
El Estado y la Revolución, El imperialismo, fase superior del capitalis-
mo, El Izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo, Dos tácti-
cas..., hasta La Insurrección de Moscú, La guerra de guerrillas, Las
tesis de abril... Cada vez que había una situación política comple-
ja Santucho recurría a Lenin y eso lo expresaba en las editoriales
de El Combatiente.
Por todo esto creo que circunscribir la identidad del PRT a
una de las vertientes del marxismo es equivocado. Incluso al final
había compañeros que admiraban a Stalin, la época menos reivin-
dicable del PRT, sobre todo el período del exilio (de hecho el tra-
bajo que hice de recopilación de documentos, lo interrumpo en
marzo de 1977, ya que a partir de esa fecha son documentos del
exilio que para mí no reflejan la historia del PRT). Nosotros nos
reivindicábamos marxistas-leninistas, pero yo creo que habíamos
generado una identidad política propia, que la podríamos definir
como “guevarismo argentino” y denominarla con la palabra
“revolucionario”, ya que éramos la única organización que toma-
ba ese adjetivo en su nombre. Otros se llamaban comunistas,
comunistas revolucionarios, socialistas, montoneros, peronistas,
maoístas, trotskystas, en cambio nosotros nos llamábamos
Partido Revolucionario, Ejército Revolucionario.
57
Daniel De Santis

So bre el partido leni ni sta

Además de su opinión, Eleuterio, he leído la de Osvaldo


Chato Peredo, dirigente del ELN boliviano que integraba la JCR,
expuesta en su libro Volvimos a las montañas. En él tiene opinio-
nes coincidentes con las suyas sobre el concepto de partido leni-
nista. Aunque con respecto al PRT argentino es muy respetuoso,
quizás porque durante 1975 militó en sus filas realizando una
experiencia en la fábrica Rigolleau. Él carga las tintas contra sus
compañeros bolivianos. De la lectura de ambos libros y por mi
propia experiencia sobre el tema veo con mucha claridad que
gran parte de vuestras críticas a los llamados partidos leninistas
son correctas pero, creo, que no se corresponden con nuestro par-
tido ni con nuestra experiencia. Es más, el PRT se forjó en lucha
contra esas concepciones. La introducción al documento del IV
Congreso se inicia así: “Nada estuvo más alejado de las preocu-
paciones de los ‘marxistas’ argentinos hasta el presente que el
problema del poder y la lucha armada”. El Chato Peredo descri-
be a los integrantes de la máxima dirección ejecutiva del PRT de
Bolivia (nombre que adoptó el ELN en 1975) como teorizantes,
ratas de bibliotecas, discutidores, remadores exhibicionistas, que
el organismo escindía la actividad política de la militar, etc. Si
esto es verdad, le puedo asegurar que no se parecían en nada a los
aguerridos miembros de nuestro Buró Político y que en el PRT la
política siempre se hizo, en lo fundamental, armada. El PRT era
todo lo contrario a una secta burocrática y discutidora. Era un
partido creado para el combate y forjado en el combate. Que
muchas veces se pecaba de formalismo es verdad, pero ¿usted
puede afirmar que en el MLN nunca se expresó el formalismo?
Creo que en ambas experiencias, uruguaya y boliviana, se
intentaron construir formalmente partidos como el nuestro, el
que, le puedo asegurar, tenía muchas virtudes. Vuestros dirigen-
tes debieron ser los artistas que tomaran lo que les servía y dese-
charan lo que no se correspondía con otras realidades -le digo
esto fuera de todo paternalismo ya que nosotros tomábamos de
ustedes, de los chilenos, de los bolivianos, de los cubanos y de
58
Carta a un Tupamaro
todos los revolucionarios-. La diversidad es algo que surge más
allá de la teoría. En el mismo PRT no era lo mismo el partido en
Córdoba que en Tucumán o que en Santiago del Estero, y todos
éstos diferían con el de Buenos Aires, sobre todo con el de la
Capital, donde más dificultades tuvimos (una confirmación más
de que éramos un partido provinciano y el resto de la izquierda
argentina eran y son partidos metropolitanos).
En la actualidad junto con un grupo de compañeros inten-
tamos construir un partido inspirado en el PRT y fracasamos
olímpicamente, porque la gente tiende a pensar que los proble-
mas se resuelven teóricamente y que luego la práctica fluye por sí
sola de la teoría revolucionaria. Sabemos que no es así. No he
abandonado mi idea acerca de la importancia de la organización
de tipo leninista, pero creo que no hay que perder de vista que el
nivel de la organización, en todos los aspectos, se corresponde
con el nivel de la lucha de clases, y por supuesto hay que estar
abiertos a las nuevas realidades de la estructura de clases y secto-
res de clases de nuestras sociedades y de otros tipos de manifes-
taciones sociales. Esa apertura mental la aprendimos en el PRT.
Mi gran dilema es cómo se construye, o se aporta a construir, una
organización revolucionaria sin una situación revolucionaria.
Otro aspecto que ustedes critican creo correctamente,
incluyo al Chato, es la escisión de la organización partidaria con
el trabajo entre las masas y la construcción de organizaciones de
masas. Eso es así en un partido donde se ha adoptado formal-
mente y superficialmente la concepción leninista. En el PRT no
sin lucha, a veces sorda pero feroz, se enfrentaban estas dos con-
cepciones y en general, a la larga o a la corta, siempre lograba
triunfar la que tenía una genuina vocación hacia las masas, y los
máximos dirigentes siempre apuntalaron a esta.
Le cuento una anécdota con doble moraleja. En abril de
1974 se reunió el II Congreso del Movimiento Sindical e Bases
impulsado y hegemonizado por el PRT. En el primer día se reu-
nieron los delegados, además de otras resoluciones, eligieron una
Mesa Nacional integrada por quince miembros, doce del PRT y
tres aliados. Al día siguiente, en el acto de clausura del Congreso,
al que asistieron unos cuatro mil trabajadores, compañeros de
59
Daniel De Santis
cuatro agrupaciones pidieron que se ampliara la Mesa a dieciséis
integrantes, para incluir uno que los representara. Se llevó la pro-
puesta a votación y le impusimos la “democracia” de los números.
La propuesta fue rechazada. Santucho al bajar del Monte y ente-
rarse de este desastre sectario realizó una furibunda crítica y
ejemplificó diciendo que en ese caso habría que haber elegido
tres del Partido y doce aliados. Nuestro renunciante, santuchista
de izquierda en esa época, fue uno de los responsables pero,
zorrastrón, metió la cola entre las piernas y todo el peso de la crí-
tica cayó sobre Carlos Germán.
El problema grave se presentó en el exterior dónde no esta-
ban las masas (ni Santucho) como “árbitro” (entre comillas por-
que no estoy haciendo un culto al espontaneísmo: la política
revolucionaria se hace con y para el pueblo y si éste no está, no
hay criterio de verdad). En ese contexto intentamos recurrir a los
compañeros con más trayectoria, más probados y con más expe-
riencia. Ya veremos de todo lo que nos acusaron, nuestro renun-
ciante y sus acólitos, por recurrir a la trayectoria militante.

So bre l a ideo lo gía que no s ll evó al desa stre

¿Nuestra ideología nos llevó al desastre? ¿A qué o cuál


desastre? No voy a repetir ahora aspectos de nuestra línea para
preguntarle cuál de ellos nos llevó al desastre porque la cuestión
es mucho más sencilla. Si usted compara, ambas organizaciones
sufrieron un primer desastre ante las fuerzas represivas de las mis-
mas proporciones y por razones políticas, más precisamente, por no
adecuar su estrategia, o no hacerlo a tiempo, ante el cambio de
etapa. Pero encuentro una diferencia en las políticas de aniquila-
miento de las organizaciones revolucionarias y de sus militantes
por los genocidas de aquí y de allá. Las comparaciones son odiosas
y esta es la más odiosa de las comparaciones, ya que puede originar
interpretaciones desafortunadas, pero usted me ha obligado debido
a la virulencia de su crítica: en Argentina, la desaparición forzada y
el asesinato alcanzaron su máxima expresión en América Latina.
Metodología de exterminio no irracional, aplicada por parte de los
militares argentinos y que va a tener sus consecuencias.
60
Carta a un Tupamaro
Con respecto al segundo desastre, que motivó la fragmenta-
ción de las organizaciones, veremos que no sólo en el MLN sino
también en el PRT, luego del primero, crecieron como hongos con-
cepciones dogmáticas amparadas ambas en el marxismo-leninis-
mo, pensamiento Mao allí, pensamiento Mario Roberto Santucho
aquí. Ese dogmatismo y el sectarismo que lo acompañó, llevaron a
que en las dos organizaciones se produjeran una serie de divisiones
que le quitaron toda posibilidad de reorganizarse efectivamente
durante ambas dictaduras. En el caso de los tupamaros, usted nos
relató que, en la Tercera Convención Nacional realizada en 1985,
iniciaron su reconstrucción. Veamos ahora la situación del PRT.
En 1975 o 1976, cualquier militante del PRT preguntado
sobre los principales dirigentes del Partido no hubiese tenido la
menor duda en mencionar a Rubén Pedro Bonet, Juan Manuel
Carrizo, Antonio del Carmen Fernández, Enrique Haroldo
Gorriarán, Juan Eliseo Ledesma, Domingo Menna, Luis Enrique
Pujals, Mario Roberto Santucho y Jorge Benito Urteaga. Entre los
nueve estaba Santucho, nuestro líder. Nueve compañeros, el mismo
número que los héroes tupamaros rehenes de la dictadura urugua-
ya, entre ellos Raúl Sendic, que fueron el factor aglutinante de las
dispersas fuerzas tupamaras.
El PRT sufrió su primera división por la acción deliberada,
como demostraremos, de nuestro renunciante (entonces stalinis-
ta) y no se pudo reu nif ica r, no po r ser mar xi sta-l enin ista si no
porqu e s us nuev e pr inci pales di ri gentes ha bí an si do f usi lado s o
desapar ecido s (salvo Gorriarán). Además, otros cinco cuadros del
mismo nivel (Castello, Germán, Fote, Merbilháa y Pujol) tam-
bién estaban desaparecidos. Con sus dos Comités Centrales (ele-
gidos en 1970 y en 1975), más los cooptados al CC entre 1971 y
1975, contando también a los principales cuadros y jefes milita-
res, suman alrededor de 100 compañeros (80 de ellos muertos en
combate) asesinados o desaparecidos. De los seis mil militantes
que llegó a tener, aproximadamente la mitad, o sea tres mil, están
muertos o desaparecidos (estimación hecha por integrantes del
Equipo de Antropología Forense). En vuestro caso, los nueve
rehenes y muchos otros héroes tupamaros (la palabra es muy
breve para poder significar lo que son ustedes, la uso porque no
61
Daniel De Santis
tengo otra mejor) estaban vivos. Alrededor de ellos, afortunada-
mente, se reunificaron, hecho que nos llenó de profunda alegría.
Yo los buscaba justamente por eso, porque pudieron reunificarse
y vincularse con su pueblo, para que nos dieran una mano. Si no
era a ustedes, ¿a quién debí haber recurrido?
Quisiera hablarle, Eleuterio, de esos otros cinco cuadros.
Leandro Fote fue, sin dudas, uno de los mayores dirigentes obreros
de la Argentina. No sólo destacadísimo dirigente sindical azucare-
ro y fundador del sindicato de los obreros citrícolas sino, también,
diputado obrero, guerrillero urbano y finalmente guerrillero rural.
Si no tiene aquel reconocimiento es por el sectarismo de la izquier-
da, que no quiere reconocer semejantes méritos en un militante
orgánico del PRT. Leandro venía de Palabra Obrera, debería haber
sido trosco. Luego no sé, él era Leandro Fote no necesitaba más.
Hugo Castello, otro obrero surgido de la fábrica Fíat en Córdoba,
como Ledesma, era dirigente de masas y cuadro organizador del
Partido, posteriormente miembro del Buró Político, verdadero
animador, junto con Fote, de la Mesa Sindical del PRT (que coor-
dinaba nuestro renunciante). Carlos Germán, que había militado
en el PC, fue un legendario dirigente del proletariado cordobés y
miembro del Buró Político. Bajo su dirección, la Regional
Córdoba se constituyó en la más importante del Partido. El Piqui
Pujol fue otro gran cuadro del partido. Venía del viejo PRT, un
santafecino que había estudiado en La Plata, expulsado de la
Universidad en el '68, reincorporado, detenido, muy torturado,
preso político, cuadro organizador, olfato de masas, brillante ora-
dor: ¿qué más se le puede pedir a un compañero? También le
quiero nombrar a Eduardo Merbilháa, que si bien no era un
histórico, como los nueve o como Fote, silenciosamente se había
convertido en uno de los principales dirigentes, al punto que
todavía hoy Gorriarán y el renunciante se disputan su amistad.
Yo pienso que, por la autoridad que había ganado, de haber
estado vivo Merbilháa quizás la historia de nuestra división
hubiese sido diferente.
Le traigo el recuerdo de esos nombres de nuestros diri-
gentes y podría hacerlo con varios más (el Zurdo Ramón Rosa
Jiménez, César Cerbato, el Negrito Berra Crecencio Ibáñez, Mario
62
Carta a un Tupamaro
Cacho Delfino, Osvaldo Sigfrido Debenedetti), o el de los
Capitanes del ERP (Jorge Carlos Molina, Oscar Asdrúbal
Santucho, Guillermo Rubén Pérez, Hugo Alfredo Irurzún, Lionel
Mc Donald, Jorge Arreche, Santiago Hernán Krasuk, Juan
Mangini, y el Teniente Manuel Negrín, el más veterano guerri-
llero rural argentino), para decirle que ninguno de ellos estaban
vivos al final de la dictadura. O Eduardo Foti, que padece con
dignidad las consecuencias de la represión. Tampoco estaba el
también Capitán Abigail Attademo, Capitán Miguel, Pedro o
Panfleto, sobrenombre que sugiere que sería algo dogmático. Pero
mire usted, hasta donde llegó: al frente de los 70 combatientes de
la Compañía de asalto al Batallón de Arsenales de Monte
Chingolo, les tomó la mitad del cuartel pese a que nos estaban
esperando con artillería pesada. Mientras reagrupaba sus fuerzas
para ocupar el resto del cuartel llegaron las tropas del
Regimiento 3 de Infantería. En tan delicada situación ensayó un
contraataque para permitir la retirada propia. ¡Qué presencia de
ánimo! ¡Qué capacidad de mando! ¡Qué experiencia militar! ¡Qué
huevos hay que tener para resolver brillantemente una situación
como esa! Un jefe como él y como muchos otros, no se “encandi-
laron por la verborragia troscoidal perretista”. Y soy injusto por-
que me “olvido” de muchos otros compañeros de similar valor.
Usted sabe mejor que yo que los militantes se forman en la línea
de la organización. Estos compañeros se formaron en la línea del
PRT, que no era verborrágica, ni troscoidal. Sí era perretista y de
eso estamos más que anchos de orgullo los que no hemos bajado
las banderas.
Le cuento una anécdota menor para que sopese la verbo-
rragia troscoidal perretista y el tipo de partido que era el nuestro,
muy distinto al pensamiento Mao uruguayo. Cuando se estaba
organizando el asalto al Batallón de Monte Chingolo, fueron
secuestrados Juan Ledesma, Jefe del Estado Mayor del ERP, que
tenía el grado de Comandante y varios compañeros más. Por este
hecho, del plan operativo original se suspendió la parte que con-
templaba la agitación política entre las masas, que incluía movi-
lizaciones con cortes de calles y rutas, tarea a cargo de la estruc-
tura política del Partido. En una actitud para nada verborrágica,
63
Daniel De Santis
ni burocrática; los cinco miembros del Secretariado de la
Regional Sur de Buenos Aires del PRT -dentro de su área de res-
ponsabilidad estaba ubicado el Cuartel- participaron de la
acción. El responsable militar, como jefe de todas las acciones
fuera del Cuartel, el responsable político colaboraba con el
mando de la operación y los otros tres, que no habían sido con-
vocados, cada uno por su cuenta se “escaparon” para participar
en la Batalla de Monte Chingolo, como la llamó Gustavo Plis-
Sterenberg, autor de una brillante investigación sobre estos
hechos que le recomiendo leer. Tres de ellos cayeron en la Batalla:
Jorge Arreche responsable militar, Hugo Colautti responsable del
trabajo legal y Alejandro Bulit, responsable de propaganda.

“La h isto ria dictó ver edicto”

No Eleuterio. No hemos llegado al final de la historia. La


historia sigue. La verdadera historia, que se abre paso entre la
historia oficial de los vencedores y la historia oficial de los renun-
ciantes, está escribiéndose. La historia está dictando su veredicto
con la publicación de los documentos del PRT-ERP que le reco-
miendo leer, con la publicación de La Batalla de Monte Chingolo,
cuando se escriba la historia de la Compañía de Monte en
Tucumán, cuando se investigue el enorme desarrollo de masas del
Partido, cuando en toda la Argentina Santucho de diablo se trans-
forme en santo, como está ocurriendo en Santiago del Estero, la
historia dictará otro veredicto. Por ahora seguimos remando
como podemos. El que yo espero es el veredicto que dicten los
pueblos en el próximo auge revolucionario.

Las ca usas de la d erro ta

Comenzaremos con un breve repaso de la vida del PRT


correspondiente al período de su mayor crecimiento. Con la
caída de la Dictadura, la consecuente ampliación de los marcos
democráticos y la liberación de los presos políticos, el 25 de mayo
64
Carta a un Tupamaro
de 1973, el PRT se fortaleció mucho. En los tres años posteriores,
de 450 pasó a contar con alrededor de 6.000 miembros orgánicos,
sumando militantes del Partido (los que a su vez eran comba-
tientes), combatientes del ERP que no eran militantes del Partido
(estos nunca llegaron a ser muchos) y los militantes de la
Juventud Guevarista. El PRT tenía unos 30.000 simpatizantes y
contactos y se vendían semanalmente y en la clandestinidad más
de 10.000 ejemplares de El Combatiente y quincenalmente 14.500
de Estrella Roja. De este último, de cada uno de sus cuatro núme-
ros legales se vendieron alrededor de 40.000 ejemplares.
El 22 de agosto de ese año, en el primer homenaje a los
Héroes de Trelew asistieron, en Buenos Aires, entre diez y quin-
ce mil personas al acto realizado en la Plaza Congreso. Los actos
unitarios impulsados por el PRT en Córdoba, Tucumán y Salta
fueron los más numerosos. A los pocos días en las masivas movi-
lizaciones de condena al golpe militar en Chile, varios miles de
manifestantes se encolumnaron tras las banderas del ERP. Los
sucesivos Congresos del Frente Antiimperialista y por el
Socialismo, liderado por el PRT, convocaban cada vez más com-
pañeros: seis mil en el cuarto realizado en Sáenz Peña, Chaco15;
ocho mil en el quinto, en la ciudad de Córdoba; y finalmente, a
mediados del ‘74, se llenaron las tribunas y campo de juego del
estadio del Club Tiro Federal, en la ciudad de Rosario, con vein-
ticinco mil asistentes. Rosario, Buenos Aires y Córdoba aporta-
ron el grueso de la concurrencia, pero el impacto lo provocó, ya
con el estadio lleno, el ingreso de los dos mil compañeros tucu-
manos al grito de: ¡A la lata, al latero, los ranchos tucumanos son for-
tines guerrilleros! A lo que la concurrencia respondía: ¡Y ya lo ve, y
ya lo ve, es el glorioso Perreté!
Hacia 1973, según encuestas de la época, la guerrilla contaba
con algo más del 50% de apoyo en la población, principalmente
entre los trabajadores y la clase media. El PRT centró su trabajo
organizativo entre los sectores más dinámicos de las masas, entre
los obreros de las grandes fábricas (en particular en muchas de las
doscientas cincuenta fábricas con más de quinientos trabajadores),
el estudiantado universitario y secundario, en las villas y barrios
populares, en el campesinado pobre del noroeste y el noreste.
65
Daniel De Santis
El PRT, junto a sus aliados del FAS, se encontraron con una
situación tremendamente complicada, ya que la guerrilla pero-
nista se alineó con el gobierno y con Perón, mientras que el
Partido Comunista, que en los primeros meses se mantuvo en
oposición al Gobierno, a partir del discurso de Perón del 12 de
junio de 1974 le brindó un apoyo total al ala Gelbard. Con sus
poco más de cuatrocientos aguerridos militantes, la mayoría cua-
dros con experiencia (pero que casi la mitad recién salía de las
cárceles y tenía que reinsertarse entre las masas), debió enfrentar
al conjunto de la burguesía que se había unido con el objetivo de
salvar al sistema capitalista ante el peligro de la revolución
social. El PRT optó por el camino correcto: apoyar y apoyarse en
el impetuoso avance de las masas, su creciente toma de concien-
cia, y denunciar y enfrentar la táctica del engaño tramada entre
Perón y Lanusse. La actitud consecuente del Partido con sus
principios políticos e ideológicos, llevó a que de entre los sectores
populares surgieran hombres y mujeres que se incorporaron
masivamente y dieran lugar a su acelerado crecimiento.
La aplicación de esta línea maduró en 1974, un año de un
rápido crecimiento y de profunda inserción en el movimiento
obrero y con el fogueo de los oficiales y combatientes del ERP en
cientos de acciones, incluidas dos tomas de cuarteles, una exi-
tosa y la otra frustrada. Este crecimiento era consecuencia de la
sostenida movilización de masas que se mantenía desde el
Cordobazo y de la radicalización en la conciencia de cada vez
más amplios sectores populares, en particular la clase obrera
industrial.
Como el PRT visualizaba bastante claramente la compleja
composición de clases sociales de Argentina, en su línea trataba
de darle respuestas a todos los sectores que podían enfrentarse en
cada etapa con el enemigo principal. En primer lugar, partido de
la clase obrera, pero no era un partido cerrado ya que por ejem-
plo incorporaba en sus filas hasta sacerdotes, uno de ellos llegó a
integrar la dirección de la Regional Córdoba. Tampoco era un
partido meramente “político” ya que todos sus militantes eran
combatientes del ERP. Al Ejército no se lo concebía como el
brazo armado del partido sino del pueblo, o sea como un ejército
66
Carta a un Tupamaro
popular que pudiera contener en su seno compañeros proceden-
tes de distintas clases sociales y de distintas filiaciones políticas
e ideológicas del campo popular, aún procedente de los movi-
mientos y partidos de la burguesía como el peronismo y el radi-
calismo, o del cristianismo. Proponíamos una alianza básica entre
la clase obrera, el campesinado y la pequeña burguesía urbana con
sus organizaciones políticas y sociales, y distintos frentes tácticos
para ampliar al máximo las alianzas de acuerdo a cada coyuntura
e intentar aislar al enemigo principal. Así se propusieron, primero
un Frente Antiimperialistas y por el Socialismo y luego distintos
frentes con contenido antiimperialista, democrático, patriótico,
antifascista o una combinación de estos contenidos. No éramos un
movimiento pero ello no implicaba carecer de una política abarca-
dora de las más amplias capas y clases sociales argentinas. Por el
contrario, el Partido la propiciaba.
La maduración de la que estamos hablando se reflejó en la
reunión del CC de setiembre de 1974, en sus resoluciones sobre
organización y en el folleto Poder burgués poder revolucionario. En
él Santucho realizó un planteo muy audaz, que siempre fue muy
elogiado pero que, indirectamente, recibió críticas vergonzantes
luego de la derrota revolucionaria. Desde nuestro punto de vista
Santucho estuvo a la altura de los grandes líderes revolucionarios
en situaciones similares:

“Las tendencias de la lucha de clases argentina que se venían


marcando cada vez más nítidamente apuntando hacia el fin del
proyecto populista, y el comienzo de un período de grandes
enfrentamientos de clase, han comenzado a cristalizar a partir del
mes de julio de 1974. Perón, líder de masas, pese a su intransi-
gente defensa de los intereses capitalistas conservaba aún alguna
influencia sobre sectores de nuestro pueblo. Poseía autoridad,
experiencia y habilidad para mantener a flote el desvencijado
barco del sistema capitalista en el tormentoso mar de la lucha
obrera y popular; y había logrado restablecer trabajosa y preca-
riamente el equilibrio con la maniobra táctica del 12 de junio. Por
eso es que su muerte colocó a la burguesía ante la necesidad de
adoptar de inmediato definiciones políticas -que explotadores y

67
Daniel De Santis
opresores deseaban postergar aún por unos meses- con la consi-
guiente agudización de la crisis interburguesa. Este fenómeno, un
notable impulso del auge de las masas, y un fortalecimiento ace-
lerado de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, se com-
binan para configurar el inicio de una etapa de grandes choques
de clases, antesala de la apertura de una situación revolucionaria
en nuestra Patria. En otras palabras, entramos en un período de
grandes luchas a partir del cual comienza a plantearse en la
Argentina la posibilidad del triunfo de la revolución nacional y
social, la posibilidad de disputar victoriosamente el poder a la
burguesía y al imperialismo. Pero apertura de una situación revo-
lucionaria (...) no quiere decir que ello pueda concretarse de
inmediato (...) Ese período -que debe contarse en años- será mayor
o menor en dependencia de la decisión, firmeza, espíritu de sacri-
ficio y habilidad táctica de la clase obrera y el pueblo, del grado
de resistencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, y fundamen-
talmente del temple, la fuerza y capacidad del Partido proletario
dirigente de la lucha revolucionaria.”

La primera mitad del año 1975 fue de grandes triunfos


populares y del PRT y el ERP en particular. A principios de este
año Santucho, en el editorial de El Combatiente del 7 de abril,
titulaba Nítidas luchas político-revolucionarias y analizaba que:

“los meses de febrero y marzo de 1975 han mostrado clara-


mente el nuevo carácter de la lucha de clases, el nuevo carácter del
potente auge revolucionario de la clase obrera y el pueblo argentino
y de los propósitos y límites del accionar de las fuerzas contrarre-
volucionarias. El fracaso del gobierno peronista, la gravísima cri-
sis económica y la experiencia de lucha y grado de organización
adquiridos por nuestro pueblo particularmente en los últimos
años, ha dado un nuevo contenido a los actuales combates obreros
y populares (...) En cuatro frentes principales se está hoy comba-
tiendo y en ellos es posible comprobar fácilmente que se trata de
enfrentamientos políticos, de fondo revolucionario. En el Ingenio
Ledesma de Jujuy, en los departamentos de Famaillá, Monteros y
Chicligastas de Tucumán, en la ciudad de Córdoba y en las ribe-
ras del Paraná, la clase obrera y el pueblo se bate vigorosamente
68
Carta a un Tupamaro
con todos sus recursos y motorizado por las fuerzas revoluciona-
rias, frente a los personeros del capitalismo que empeñan también
gran parte de sus fuerzas (...) Para comprender cabalmente el
momento político que vive nuestra Patria es muy importante
tener claro que estos cuatro frentes son las trincheras avanzadas
del combate político-revolucionario (...) son los primeros choques
de una lucha por el poder, de una verdadera lucha revolucionaria
que comienza a tomar fuerza de masas (...) El carácter político de
la lucha y la existencia de dinámicas fuerzas revolucionarias polí-
ticas y militares le ha dado consistencia al campo popular y exten-
derá los combates mucho más allá de su desenlace inmediato.”

Seis días después de publicado este editorial, el ERP reali-


zó, en las cercanías la ciudad de Rosario, la más grande e impor-
tante acción militar exitosa de todo el período revolucionario ini-
ciado con el Cordobazo, tal como podemos leer en el periódico
del ERP Estrella Roja: “Reverdeciendo los gloriosos laureles de
San Martín, en las históricas barrancas del Paraná, que fueran
escenario de aquel victorioso combate de la guerra de nuestra pri-
mera independencia, la Unidad Combate de San Lorenzo del ERP
escribió una vibrante página militar, cubriéndose de gloria en el
triunfal ataque al batallón de Arsenales 121 del ejército opresor”.
Lo que hizo más resonante el triunfo de las armas del pueblo fue
que los militares lograron montar el sistema de defensa del
Cuartel, pese a lo cual el ERP logró todos sus objetivos, derro-
tando en combate abierto a las fuerzas enemigas. Curiosamente
este hecho de armas no se encuentra o se encuentra muy dismi-
nuido en los analistas que se han dedicado a opacar o destruir la
historia del PRT.
A los cuatro frentes principales que mencionaba Santucho
se le sumarían en los meses de junio y julio, luego de años de pre-
paración, las luchas del proletariado de Buenos Aires que llegaba
con retraso pero con una acelerada toma de conciencia política
revolucionaria y con toda la significación de su enorme peso
numérico. En estas movilizaciones, conocidas como las Jornadas
de junio y julio, que se dieron en todo el país al calor de las discu-
siones por los Convenios Colectivos de Trabajo, jugaron un papel

69
Daniel De Santis
dirigente las Coordinadoras de Gremios en Lucha, constituidas
por militantes del sindicalismo clasista y entre ellos, jugando en
la mayoría de los casos un papel dirigente, los militantes del PRT,
de Montoneros y de la OCPO. Las luchas obreras de este año, con
peso decisivo en las que se dieron hasta el mes de agosto, suma-
ron 25 millones de jornadas de huelga, superando en número a
todas las realizadas en América Latina en la década16.
En el intento de ampliar las libertades democráticas soste-
nidas por las luchas recientes, el PRT adoptó tardíamente la pro-
puesta de convocar una “Asamblea Constituyente Libre y
Soberana”. Mientras tanto Montoneros impulsaba la “Renuncia
de Isabel Perón y Elecciones Libre en 60 días”, y el PC clamaba
por un “Gobierno de Amplia Coalición Democrática Cívico
Militar”. Las principales organizaciones del campo popular tení-
an distintas propuestas y no llegaron a coordinar una política
para darle a ese enorme estado de movilización obrera y popular
una salida política. Santucho, consecuente con su lucha por la
unidad, había titulado el editorial de El Combatiente y a la vez
informe al CC ampliado: Ante las posibilidades democráticas Forjar
y Fortalecer la Unidad. Las consignas eran distintas pero no anta-
gónicas, las tres estaban en el terreno democrático, explicaba
Santucho.
Al no lograrse la unidad del campo popular y decaer
momentáneamente el accionar de la guerrilla, al no lograr “unir
la lucha reivindicativa a la lucha democrática y formular, progre-
sivamente, un único programa democrático y reivindicativo, que
exponga sintéticamente las principales aspiraciones del pueblo
argentino (...) en la perspectiva de un extenso Frente Democrá-
tico y Patriótico”, comenzó un decaimiento en las movilizaciones
tal como lo observó correctamente el Partido en un artículo del
Boletín Interno del 25 de setiembre titulado Por qué no se ha con-
cretado la movilización. Este boletín, cuyas ideas hemos resumido
al inicio del párrafo, concluía que:

“Tal como se desarrolla en el editorial de EC nº 184 y como lo


señala el informe de la situación de las masas del último CE, el
estado de ánimo de las masas, si bien es favorable para el trabajo

70
Carta a un Tupamaro
revolucionario, para organizar y preparar grandes movilizaciones,
éstas ni se mantuvieron ni se ampliaron en relación a las de junio-
julio, lo que produjo una relativa calma para las fuerzas enemigas.
No se concretaron las contundentes movilizaciones generales que
se requerían para forzar una situación de legalidad. Tampoco el
Partido supo incidir lo suficiente en las masas como para influir
en su estado de ánimo y en la lucha; y si se hizo, fue sólo en algu-
nos lugares, como en Córdoba, donde se logró la destitución del
interventor fascista Lacabanne, pero no lo suficiente como para
incidir en el conjunto del país.”

Como causantes del retroceso en las movilizaciones es


necesario considerar dos hechos. Uno, la división del pueblo
entre una numerosa vanguardia social, que se identificaba con las
organizaciones revolucionarias (integrada por la clase obrera
industrial, gran parte del estudiantado universitario, elevado
porcentaje de la población de algunos centros urbanos como
Córdoba y Villa Constitución y muchos barrios de otras ciudades
muy politizados y algunas regiones particulares como la pobla-
ción rural de Tucumán) y el grueso de la población, que mante-
nía expectativas en el gobierno peronista y en Perón. El otro, y
complementario con el anterior, el aislamiento de la clase obrera
industrial, por el agotamiento de las clases aliadas y el aniquila-
miento de sus dirigentes.17

Mo nte Ch ing olo

En este contexto nacional, el ERP realizó, el 23 de diciem-


bre de 1975, el asalto al Batallón de Arsenales de Monte
Chingolo, ubicado a menos de 20 km. de la casa de Gobierno. El
objetivo militar que se perseguía era el siguiente: “De acuerdo a
lo que se sabía de seguro que había, y a la capacidad instalada de
nuestros depósitos, se pensaba sacar: 900 FAL con 60.000 tiros,
100 M-15 con 100.000 tiros, 6 cañones antiaéreos automáticos de
20 mm. con 2.400 tiros, 15 cañones sin retroceso con 150 tiros, ita-
lasas con sus proyectiles, 150 subametralladoras, etc., totalizando

71
Daniel De Santis
aproximadamente unas 20 toneladas”. Desde el punto de vista
operativo: “Se consideraba posible cumplir ese objetivo aislando
por varias horas el Cuartel mediante el corte de los 9 puentes
carreteros del Riachuelo y las dos rutas La Plata-Capital Federal,
únicos accesos para los refuerzos militares enemigos, y neutrali-
zando las Comisarías principales con ataques de hostigamiento.
Además se estableció un cordón defensivo en las calles principa-
les de acceso, a una distancia aproximada de 2.000 metros del
Arsenal”.18
El principal objetivo político era dificultar y retrasar los
planes golpistas del Partido militar. Una acción revolucionaria de
tamaña envergadura, si resultaba exitosa, obligaría a los milita-
res a una mayor preparación del golpe y podría alentar la movi-
lización de masas, lo que también dificultaba los planes enemi-
gos. Como es conocido, ese día se produjo el mayor encuentro de
armas entre la burguesía y el proletariado de toda la historia
argentina. De la derrota sufrida por nuestras fuerzas y de las crí-
ticas a nuestros dirigentes se han escrito páginas que consumie-
ron ríos de tinta. Pocos se detuvieron a analizar en detalle lo ocu-
rrido en la ahora denominada Batalla de Monte Chingolo por
Gustavo Plis-Sterenberg en su libro que precisamente lleva este
nombre. Del relato de Gustavo surge un tipo de militante y un
tipo de organización revolucionaria de nuevo tipo (muy alejada
del marxismo-leninismo pensamiento Mao) que sólo se pudo for-
jar, como ya le he dicho antes y usted lo sabe por su experiencia,
por una línea política también revolucionaria y de nuevo tipo. Lo
que aquí nos importa decir es si esta acción estaba justificada políti-
camente y si se inscribía en la línea del PRT o se debía a que los diri-
gentes del PRT “a esta altura estaban perdiendo totalmente la con-
ciencia, la iniciativa y entraban en la desesperación”19, como afirma
el renunciante en el libro que usted cita. Respecto a lo primero es
necesario considerar todos los elementos de la realidad y no hacerlo
bajo un corte populista de la misma. Respecto a lo segundo creo que
significaba un necesario salto en el desa-rrollo de la guerra y de las
fuerzas militares revolucionarias, opiniones que paso a exponer.
La mayoría de los análisis del período critican la continui-
dad de la lucha armada bajo un gobierno constitucional pero,

72
Carta a un Tupamaro
esos análisis, no mencionan un hecho determinante en la situa-
ción política, tan o más importante que la enorme fiesta popular
que significó la asunción del presidente Cámpora, representante
de Perón y del ala progresista del peronismo (y su punto culmi-
nante con la liberación de los presos políticos el 25 y 26 de mayo).
Nos referimos a la “Masacre de Ezeiza”, el 20 de junio de 1973, a
sólo veintiséis días de asumido el nuevo Gobierno. Ese día, para
recibir a Perón que regresaba del exilio, se realizó la movilización
de masas más grande de toda la historia argentina, alrededor de
dos millones de personas. La derecha peronista, responsable de la
organización del acto, planificó y ejecutó una verdadera embos-
cada a las enormes columnas de Montoneros y la Juventud Peronista
y en realidad contra todos los asistentes al acto. Desde el palco y
desde distintos puntos elegidos tácticamente se lanzó una lluvia de
disparos, con armamento de guerra, sobre la masa indefensa. ¡La
misma cúpula peronista masacró a sus propios simpatizantes! Perón,
jefe del peronismo, realizó declaraciones esa misma noche avalando
completamente la matanza. Decir esta verdad es muy difícil en la
Argentina, ya que se nos responde con una suerte de terrorismo ide-
ológico. Les respondemos: ¡no nos crean a nosotros, lean a Perón!
Este hecho marcó el inicio de la contraofensiva derechista
contra las fuerzas populares que la habían tomado el 29 de mayo de
1969 con el Cordobazo. El BP del Partido, debido a varios hechos de
signo progresista del gobierno, consideró la posibilidad de suspen-
der la continuidad de las acciones militares, posibilidad descartada
después de Ezeiza. Decisión reforzada luego de consumado el auto-
golpe contrarrevolucionario del 13 de julio de 1973, que derrocó a
Cámpora, a sólo cuarenta y nueve días de asumido el nuevo
Gobierno. De todas maneras el ERP no realizó ninguna acción
armada durante el Gobierno de Cámpora, ni luego de derrocado
este, hasta el mes de setiembre, pese a que nuestro compañero
Eduardo Giménez, mientras realizaba una pegatina, fue detenido y
asesinado el 29 de julio. Es necesario remarcar la verdad histórica ya
que, muy superficialmente, casi todos nuestros críticos no se toman
el trabajo de investigar los hechos y nos achacan haber realizado
acciones durante el Gobierno de Cámpora y soslayan a la Masacre
de Ezeiza.
73
Daniel De Santis
Los análisis que ven en Monte Chingolo las causas de la
derrota, parten de los mismos supuestos que los que critican la
lucha armada revolucionaria. El más utilizado es que: las masas
no habían madurado lo suficiente. Por lo tanto, no era el momen-
to, se debía esperar. Para los críticos nunca llegará el momento de
la lucha con la esperanza infantil de que las masas le saquen las
castañas del fuego. En cambio, para la concepción guevarista hay
una relación, si me permite, dialéctica entre lucha de masas y
lucha armada, en la que una se alimenta de la otra. En particular,
nuestros críticos no tienen en cuenta que se trataba de una gran
acción de cuyo resultado dependía la situación política posterior.
Un éxito hubiese fortalecido política y orgánicamente al Partido
y al ERP, hubiese multiplicado al menos por 10 su poder de
fuego, se podrían haber armado varias compañías en la zona rural
-hombres y mujeres dispuestos había- y completado el armamen-
to de todas las urbanas. Pero la afirmación que puede resultar
más controvertida, que está en la esencia de la línea del PRT y en
la del guevarismo, es que una acción victoriosa en ese momento
hubiese repercutido favorablemente en el estado de ánimo de las
masas, fortaleciendo políticamente al conjunto del movimiento
revolucionario.
Debemos recordar que en la otra región estratégica, el
monte, habíamos sufrido pocos meses antes, el 28 de mayo, una
derrota en el plano político aunque, paradójicamente, un triunfo
militar. El ERP, por intervención de su Compañía de Monte
(reforzada), se dirigía al departamento de Famaillá, en la
Provincia de Tucumán, donde estaba asentado el Comando
Táctico de la V Brigada del ejército enemigo con el objetivo de
tomarlo completamente. Para ello debió salir del Monte o sea
operar en terreno desfavorable. En la marcha de aproximación,
en el paraje llamado Manchalá, la cabeza de la columna fue ata-
cada por fuerzas enemigas. La actuación de los combatientes y
oficiales del ERP fue muy destacada ya que, pese a la sorpresa,
batieron a las fuerzas enemigas y se retiraron ordenadamente.
Pero esta suerte de emboscada enemiga abortó los objetivos de la
acción. Este desenlace negativo del proyectado copamiento del
Comando Táctico y una línea táctica errada que había fijado la
74
Carta a un Tupamaro
guerrilla al terreno, sobre la cual no nos vamos a referir ahora,
llevaron a que el ERP perdiera la iniciativa militar en la Región
y con ella la política. Por su parte no había sido completamente
exitosa la mayor acción militar llevada adelante por los
Montoneros. El 5 de octubre de 1975 se ocupó parcialmente y se
recuperó importante armamento del Regimiento de Infantería de
Montaña n° 29 con asiento en la ciudad de Formosa, cercana a la
frontera paraguaya.
Anteriormente sólo hemos detallado algunos de los hechos
más importantes, los que dan cuenta de un año de enormes avan-
ces y de un despliegue inusitado de las fuerzas revolucionarias,
políticas y militares, de las masas y de la vanguardia (debemos
agregar que Montoneros y otras fuerzas revolucionarias se mos-
traban muy activas en el plano militar y en la acción de masas)
pero que no habían culminado en la unidad de los revoluciona-
rios y del campo popular sino que este seguía dividido, lo que no
permitió explotar al máximo la situación favorable generada por
las masas en las jornadas de junio y julio. En este contexto polí-
tico y militar se inscribe la decisión del PRT, en todo de acuerdo
con la tradición revolucionaria mundial: la as pira ción a m ante-
ner l a of ens iva . Dentro de esta concepción hay que analizar la
decisión de realizar la ocupación del Comando Táctico de la V
Brigada en Tucumán y la toma del Batallón de Monte Chingolo
en el Gran Buenos Aires.
Sólo después de ocurridas las dos derrotas del ERP, una
política en el Monte Tucumano, y la derrota militar y política de
Monte Chingolo, y de un éxito parcial de Montoneros en
Formosa, a las que debemos agregar el desbaratamiento a media-
dos de febrero de 1976 del intento del ERP de abrir un segundo
frente rural en El Cadillal, al norte de la ciudad de Tucumán y,
de un primer frente, en la misma zona y en el mismo momento,
por parte de Montoneros; repito sólo después de estos hechos,
hubiese sido correcto prever que el retroceso en las movilizacio-
nes de los últimos meses de 1975 se podía convertir en un reflu-
jo de masas, producto del golpe militar que se esperaba. Se reque-
ría realizar un análisis muy valiente y descarnado de la situación
en aquel momento (ahora es muy fácil), pero a su vez muy difícil
75
Daniel De Santis
de realizar por verdaderos revolucionarios que habían logrado,
debido a su espíritu de ofensiva, hacer avanzar las luchas hasta las
puertas de un situación revolucionaria. Este hipotético análisis nos
hubiese indicado que el golpe militar en lugar de provocar un
nuevo auge hubiese producido el efecto contrario. Esta conclusión
hay que sostenerla con firmeza pero con voz muy serena, con
mucho respeto por los compañeros que tuvieron esa responsabili-
dad porque ellos, desde hace muchos años, no tienen voz.

A nte el go lpe m ili tar

En varios documentos del Partido se afirmaba que en la


Argentina se vivía un auge ininterrumpido del proceso revolu-
cionario iniciado en 1969 con el Cordobazo, y que este se sosten-
dría por el desarrollo de las fuerzas revolucionarias políticas y en
particular militares. Nuestro renunciante, en su libro Hombres y
Mujeres del PRT-ERP, atribuye la visión de un auge ininterrum-
pido al contenido positivista (sic.) del pensamiento de Santucho.
A nuestro entender este concepto provenía, más que de un aná-
lisis lógico, de una generalización de las revoluciones China,
Cubana y Vietnamita, las que eran tomadas como ejemplos de
revoluciones donde se había seguido un proceso de guerra popu-
lar prolongada, en los que la lucha de las masas se habían soste-
nido en las fuerzas militares de la revolución.
Coherente con esta concepción, al producirse el golpe del
24 de marzo, el Comité Central que se reunió inmediatamente,
llegó a la conclusión de que la ofensiva militar era un paso más
en la espiral represión-resistencia, la que se quebraría en el
momento en que las fuerzas populares y revolucionarias supera-
ran a las del sistema. En consecuencia se redactó un llamamien-
to en el que se instaba a los “¡Argentinos a las Armas!”. En él se
analizaban las características de la dictadura y se concluía que:
“No se trata de un régimen provisorio (...) Es el tipo de gobierno
definitivo que se dan las fuerzas burguesas-imperialistas para
luchar contra las fuerzas revolucionarias argentinas”.20 En la
misma proclama Santucho puso especial acento en el elemento
76
Carta a un Tupamaro
principal y permanente de su concepción revolucionaria: la nece-
sidad de fortalecer y mantener unido al Partido. Decía al respec-
to: “Y hoy más que nunca, la principal de nuestras tareas, la que
garantizará avances consistentes en todos los aspectos de la acti-
vidad revolucionaria, es la construcción del Partido, su consoli-
dación y desarrollo, su fortalecimiento incesante”. Ya ve
Eleuterio, no hace falta demostrar que en el centro de nuestra
concepción se encuentra la idea del partido revolucionario, aquí
Santucho lo reafirma, una vez más, en forma contundente.
Pero más interesante resulta leer el párrafo con que el Robi
culmina el llamamiento, con el que seguramente usted estará de
acuerdo y que nuestro renunciante olvidó dos años después.
Cuando muchos años después volví a leer el párrafo que voy a
citar me causó una viva impresión, sentí que Santucho estaba
expresando un mandato, y a la vez una clara visión del futuro que
se avecinaba, ya que era probable que él y otros dirigente cayeran
en la lucha pero que la continuidad estaría dada por la unidad en
torno al CC, y así lo creíamos firmemente. Leamos con qué con-
vicción lo expresaba: “EEstrech amente un ido s en to rno al Co mi té
Cen tra l, siguiendo el elevado y poderoso ejemplo de nuestros
héroes y mártires, los militantes del PRT cumpliremos cabal-
mente y con honor nuestras misiones revolucionarias”.
En los dos meses siguientes al golpe, la imposibilidad de
aplicar la línea votada y una serie de caídas de importantes cua-
dros del Partido y la pérdida de grandes recursos materiales,
hicieron comprender a Santucho que se había cometido un “error
de apreciación táctica que nos debilitó en lo ideológico y en lo
orgánico. En lo ideológico en cuanto dificultó el enraizamiento
de la concepción de guerra prolongada, y en lo orgánico en cuan-
to no nos orientamos con máxima energía a simplificar el apara-
to y volcar más compañeros a los frentes de masas”.21 El error con-
sistía en no haber previsto el reflujo del movimiento de masas.
Inmediatamente se reunió el CE, se modificó la línea táctica, la
cual consistió en replegar al Partido y al ERP, una reducción gene-
ral de los aparatos nacionales, y de la Compañía de Monte, dirigir
el trabajo de esos compañeros hacia las masas, suspender las gran-
des unidades militares y por lo tanto las grandes acciones, pero
77
Daniel De Santis
manteniendo activos los comandos guerrilleros ya que “el accio-
nar guerrillero mantendrá viva la llama de la resistencia popu-
lar... porque en el presente período la lucha armada ocupa el cen-
tro de la lucha política, es y será el eje de la política nacional”.22
En un intento por fortalecer al Partido en lo orgánico, entre
otras cosas, se resolvió democratizar su vida interna, para lo cual
debían ser elegidos por la base todos los responsables de las célu-
las, elegir en plenarios estatutarios las direcciones zonales y
regionales (los Estatutos contemplaban estas elecciones pero
muchas veces no se cumplían). El CC había sido elegido en agos-
to de 1975, por un Comité Central Ampliado, previo plebiscito en
la base del Partido consultada sobre la suspensión del VI
Congreso. Santucho siempre estuvo muy atento a la democracia
interna, esto es de mucha importancia, porque un partido de
combate en el que no hay posibilidad de obtener bienes materia-
les y en el que la mayor responsabilidad trae como consecuencia
mayores riesgos y compromisos, no está ajeno al surgimiento de
desviaciones como el burocratismo, el culto a la personalidad y la
obsecuencia. Estas desviaciones, en germen, estuvieron presentes
en la aceptación pasiva del error de Santucho por el Comité
Central y luego del conjunto del Partido de lo resuelto por el CC.
Santucho no desfallecía ante las crecientes dificultades,
miraba con optimismo el presente y, sin dudas, con mucho rea-
lismo percibía la aparente contradicción entre el reflujo de las
masas y la creciente toma de conciencia de las mismas. A partir
de los nuevos análisis proponía, como corresponde a un revolu-
cionario, nuevas tareas:

“En aparente contradicción con el reflujo, las masas viven


una intensa vida política de características profundas y singula-
res (...) las masas obreras y populares van dejando de ser meras
espectadoras del choque entre la guerrilla y las fuerzas represivas
y comienzan a tomar partido activamente por los revoluciona-
rios. Al mismo tiempo amplias capas de proletariado y el pueblo
acrecientan su interés por el socialismo, comienzan a considerar
seriamente la necesidad y la posibilidad de un profundo cambio
de sistema. Y una nueva vanguardia obrera y popular, mucho

78
Carta a un Tupamaro
más amplia que la anterior irrumpe en la política nacional (...)
Educar y formar esa nueva vanguardia, en el curso de la resis-
tencia a la dictadura de Videla, transmitirle la rica experiencia
acumulada, aprender de ella, renovando con su fresco y vigoroso
impulso las estructuras revolucionarias, es una de las misiones
fundamentales de la reciente ‘promoción’ de templados cuadros
que se forjó en los primeros seis años de guerra revolucionaria.”23

Pero que Santucho no tenía una visión estrecha de la polí-


tica revolucionaria y que no se plantaba ante ella con una actitud
sectaria para nosotros siempre estuvo claro. El ERP desde su fun-
dación venía levantando una consigna que proponía la unidad de
las organizaciones revolucionarias. Cuando esta unidad estaba a
las puertas de concretarse nos transmitió su enorme entusiasmo,
en su penúltimo escrito que acabamos de citar. Bajo el subtítulo
de “Un gran paso unitario” y a continuación de la frase antes cita-
da escribió:

“Esta gran tarea se verá considerablemente facilitada por los


recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos
han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir
una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y
Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un
transcendental proceso hacia la completa unidad política y mili-
tar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares
(el partido de la clase obrera, el ejercito popular y el frente de
liberación nacional). Dar este paso significará iniciar un proceso
de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo difícil
de exagerar.”

Luego analizaba el impacto que este hecho tendría en el


ánimo de las masas, la repercusión a nivel internacional y daba
una serie de recomendaciones para que este paso no se frustrara.
El CE del Partido había resuelto que Santucho saliera del país.
Este solicitó quedarse unos días más para dejar firmado el acuer-
do unitario, porque temía que diferencias secundarias pudieran
frustrarlo. Insistía en que si se podía realizar un acuerdo que

79
Daniel De Santis
condujera a concretar los tres ejes estratégicos antes menciona-
dos (partido, ejército y frente) era aconsejable, si era necesario,
ceder en los demás puntos. Ponía como ejemplo el hecho de que
Montoneros impulsaba una CGT en la Resistencia y nosotros no
acordábamos con ella. Es así que Santucho, además de un héroe
y mártir de la revolución, lo fue también de la unidad de los
revolucionarios.
El conjunto de resoluciones que rectificaban la línea nunca
pudo ser aplicado plenamente, porque el enemigo fue asestando
golpe tras golpe. Poco antes del 19 de julio habían caído el
Comandante Juan Manuel Carrizo y Eduardo Castello. La caída
de Santucho originó un estado de sospecha entre los dirigentes
que nos desviaron de la tarea central, que era reorganizar al
Partido con la táctica de repliegue. En los meses siguientes caye-
ron, junto a muchos compañeros, otros importantes dirigentes:
Eduardo Merbilháa, Carlos Germán, Leandro Fote y Norberto
Pujol, lo que nos impidió reorganizarnos eficazmente. Esto llevó
a que un error que se apreciaba como táctico se convirtiera en
estratégico.24 Queremos insistir sobre esta conclusión: el error
que llevó a la desarticulación del PRT, luego de haber realizado
los mayores esfuerzos en mantener la ofensiva, fue no prever, y
sobre todo no ver, el reflujo de masas en los términos en que lo
hemos expuesto. Incluso en junio/julio de 1976 se estaba a tiem-
po de rectificar el rumbo, lo que no se pudo concretar por la caída
de Santucho y los demás compañeros. En muchos balances de
esta experiencia se pone el acento en que la equivocación fue
haber continuado la lucha armada durante el gobierno peronista,
o, como veremos, que no fuimos suficientemente marxistas-leni-
nistas. Nosotros ya hemos dado nuestra opinión. Para ser conse-
cuentes con la teoría del conocimiento del marxismo debemos
decir que lo primero es un hecho objetivo: muertos, desapareci-
dos, pérdidas materiales, derrota, exilio, división, desintegración
como fuerza política. Lo segundo es un análisis político que no
tiene en cuenta que aquellos grupos revolucionarios que apoya-
ron al gobierno peronista corrieron nuestra misma suerte. En
cambio, el punto en común a todas las organizaciones revolucio-
narias fue no ver el reflujo de masas y replegarse a tiempo. Por su
80
Carta a un Tupamaro
parte la insuficiencia de marxismo-leninismo es una abstracción
que no dice nada.
Desde el 20 de junio de 1973, con la masacre de Ezeiza,
hasta Monte Chingolo, la lucha de clases había tomado contornos
muy definidos: de un lado la gran burguesía y el imperialismo con
su Partido militar, el peronismo burgués y burocrático, la mayoría
de la dirigencia radical y las demás formaciones políticas de la
burguesía; del otro la clase obrera, fundamentalmente la indus-
trial de las grandes fábricas, el sindicalismo clasista con sus
Coordinadoras de Gremios en Lucha, las Ligas Agrarias, los curas
del tercer mundo, los cristianos por el socialismo, el peronismo
revolucionario, dignas individualidades del radicalismo y de otros
partidos burgueses, la intelectualidad revolucionaria, gran parte
del estudiantado universitario y las organizaciones revoluciona-
rias que los acaudillaban. Los dos polos de la lucha de clases se
disputaban los sectores intermedios de las masas. En la resolución
de esta lucha jugó un gran papel a favor de la burguesía el pero-
nismo burgués y burocrático. Las fuerzas revolucionarias pusie-
ron todas sus fuerzas por mantener la ofensiva iniciada con el
Cordobazo y esas fuerzas mantuvieron la disputa hasta finales de
1975. Valoro como absolutamente correcto haber aceptado el desa-
fío. Disputa que a nuestro entender comenzó a definirse en la
segunda mitad del año 1975 por los motivos enunciados.
Como acaba de leer, Eleuterio, en mi opinión, la derrota de
las fuerzas revolucionarias y de las masas argentinas se dio en el
terreno de la lucha política, no en el ideológico. A esta altura del
análisis es legítimo preguntarse si el agotamiento de los sectores
aliados del proletariado y luego del proletariado mismo se produ-
jo por la táctica del engaño de la burguesía con el Gran Acuerdo
Nacional, la acción terrorista de los paramilitares, la cuña metida
por Perón y el peronismo burgués y burocrático entre el grueso de
la población y sus sectores sociales de vanguardia, los fracasos de
las últimas y más importantes acciones guerrilleras, o una combi-
nación de ellos y otro factor de suma importancia que hemos men-
cionado, la división en la vanguardia. Pero como nuestra inten-
ción no es dar una respuesta cerrada, y para que el balance nos
sirva como guía ante posibles futuras situaciones revolucionarias,
81
Daniel De Santis
le cedemos la palabra a Santucho quien, en su último escrito, nos
dejó como enseñanza cuál debe ser la actitud de un revoluciona-
rio ante las más grandes dificultades:

“Pero los profundos cambios que registra la realidad nacional


no provienen de una evolución lineal e incruenta. Como todo
proceso revolucionario se viene desarrollando en espiral, con
avances y retrocesos, en tendencia siempre ascendente, y a costa
de sensibles pérdidas. Como dijo Mao Tsé Tung ‘luchar, fracasar,
volver a luchar, volver a fracasar, volver a luchar hasta la victoria’
es una ley de la lucha revolucionaria. En la guerra de nuestra pri-
mera independencia los ejércitos patrios intentaron avanzar dos
veces por Bolivia hacia Perú, hasta descubrir el triunfal camino
de Chile; Bolívar, a su vez, fue 4 veces vencido en Venezuela y 4
veces se exilió, hasta encontrar en su quinto intento el camino de
la victoria definitiva. Así ocurre y ocurrirá en nuestra guerra
revolucionaria. Cada paso adelante ha sido conquistado atrave-
sando pruebas y errores, sufriendo dolorosas pérdidas (...) Y en
este momento de reflujo de las masas (...) las fuerzas revolucio-
narias podrán analizar serenamente las experiencias, ‘hacer un
alto en el camino’, reagrupar, reorganizar y consolidar el poten-
cial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa
y organizadamente para la máxima extensión y potencia del pró-
ximo auge obrero-popular.”25

Respu esta a la supu esta col oni zació n del MLN por el PRT

Una primera respuesta que, creo, casi nos eximiría de


otros comentarios es que usted nos acusa de haber introducido
en el MLN una concepción política que no tiene absolutamente
nada que ver con la nuestra. Muy difícilmente nosotros hayamos
podido introducir en el movimiento tupamaro esa concepción
llamada marxismo-leninismo pensamiento Mao ya que nos era
completamente ajena y hasta antagónica con la nuestra.

82
Carta a un Tupamaro

Mar xi smo -l enini smo pens ami ento Mao

Usted nos vincula a esa ideología denominada marxismo-


leninismo pensamiento Mao, con la que nosotros no tenemos nada
que ver, mucho menos que ustedes, ya que entre 1964 y 1965 for-
maron un Coordinador con compañeros de esa tendencia ideoló-
gica y algunos regresaron al MLN y llegaron a la dirección tupa-
mara, como usted mismo lo informa. Nosotros no estamos vincu-
lados ni histórica ni ideológicamente con ese pensamiento. Es
más, aquí en la Argentina también existe esa corriente y tiene, al
menos, dos vertientes bien definidas las cuales nunca tuvieron
nada que ver con nosotros, ni nosotros con ellos. Por lo que
conozco, he leído y comprobado en la militancia práctica, esas
corrientes se parecen a lo que usted describe en sus críticas de los
grupos que ocuparon la dirección del MLN después de 1972.
En cambio nosotros no hablábamos de construir un parti-
do, lo construimos. Fundamentalmente, en el proletariado de las
grandes fábricas, para ello antes nos tuvimos que desprender del
lastre morenista que se negaba a tomar en sus manos la lucha
política y condenaba a la organización a un tímido sindicalismo
combativo. Nosotros no hablábamos de construir un ejército,
aquí también tuvimos que derrotar teóricamente al morenismo,
que en algún momento llegó a coquetear con la lucha armada
pero que le tenía terror pánico a efusión de hemoglobina. En
enero de 1969 iniciamos la lucha armada revolucionaria y fuimos
construyendo esa fuerza militar al calor del combate armado. En
julio de 1970 fundamos el ERP. Teníamos un semanario partida-
rio El Combatiente y una revista quincenal del ERP, el Estrella
Roja. A través de ellos se homogeneizaba la línea política y la
línea militar, no la ideología, al menos en el sentido que usted la
usa. En ellos se reflejaba la historia de lucha de nuestro pueblo y
la lucha de otros pueblos del mundo. Para nosotros no había con-
tradicción entre el internacionalismo proletario, el latinoameri-
canismo y la lucha nacional. En las reuniones importantes se can-
taban el Himno Nacional Argentino, La Internacional y la
Marcha del ERP, y eso nunca se vivió como una contradicción. La
83
Daniel De Santis
bandera del Partido era roja con la sigla PRT en negro, la bande-
ra del ERP combinaba los colores de la bandera de San Martín
con la estrella roja del socialismo. Lo que nunca nos sentimos fue
nacionalistas, no adheríamos a la artificial línea Rosas-Irigoyen-
Perón, ni a la de Mitre y Roca. Antiimperialistas si, latinoameri-
canistas también, que teníamos un proyecto para la Nación
Argentina seguro, que éramos argentinos y no rusos, ni chinos
también, que metíamos las raíces en lo más profundo de nuestra
historia no lo dude. Si hasta en los inicios llegamos a publicar
una revista bilingüe, en castellano y en quichua. Si a eso es a lo
que usted llama la homogeneización ideológica entonces sí, le
digo, que no coincidimos. En ese caso, lo invito a que critique
directamente nuestra concepción y no lo haga a través de la críti-
ca al marxismo-leninismo pensamiento Mao que, como ya dije,
nos es completamente ajeno.

La s upues ta co lo nizaci ón

Clara Aldrigui, autora de una investigación sobre la ideo-


logía y la identidad de los tupamaros, resume el del militante
Martín: “al conocerse las resoluciones de Viña del Mar en el
Penal Libertad, los dirigentes históricos estimaron que revelaban
no tanto la influencia de las organizaciones marxista-leninistas
de Chile, Argentina y Cuba, sino el peso político que habían
adquirido en la dirección militantes de origen pro-chino, como
Kimal Amir”. Luego el propio Martín relata que: “el Regional de
la isla ocultó deliberadamente (...) la carta de los compañeros
presos, es decir la autocrítica que analizaba las razones de la
derrota, elaborada en el Penal en 1973, y que no tenía ningún
punto de contacto con las resoluciones de Viña”.26 Como usted
dice, Eleuterio, “a reconocimiento de parte...” y de una parte que
tiene mucho más valor que la de vuestros y nuestro renunciante.
Por su parte vuestro renunciante Luis Alemañy reconoce
que integrantes de la dirección tupamara conocieron en Chile a
militantes brasileños, bolivianos y chilenos del MIR, con quienes
realizaron un proceso de maduración que los llevó a adoptar el
84
Carta a un Tupamaro
marxismo-leninismo en febrero de 1973. Este renunciante invo-
lucra en esta decisión principalmente a chilenos del MIR y cuba-
nos. Aclara que el objetivo más importante que se logró en Viña
del Mar fue impedir que se reiniciaran las acciones armadas.
Luego amplía el propio renunciante diciendo que “posterior-
mente el PRT-ERP tuvo una grandísima influencia en el MLN de
Argentina, pero también el Partido cubano”.27
Más interesante resulta el testimonio de “Elena” ya que por
la forma de expresarse o sigue en el MLN o siente un gran respe-
to por él: “Pero nuestra aceptación del marxismo no tenía nada
que ver con los dogmatismos que los renunciantes quisieron
imponer después, la ‘pureza marxista-leninista’ y las formas de
aplicarla. Curioso, porque luego terminaron en el Partido
Nacional, creo (...) Se fueron para construir el partido según la
ideología, y no hicieron nada. Nada de nada. Desmovilizaron, eso
sí. A pes ar de esta adh esió n al m arx ism o- leni nis mo , ni el MIR ni
el PRT qui sier on ma ntener rela cion es con ell os cuan do f raccio -
naro n l a o rgan izaci ón ; comprendían que una cosa es lo que se
dice y otra lo que se hace. Y eso que habían sido ellos mismos los
que habían mantenido los vínculos con el MIR y el PRT”.28
La lectura del libro de Aldrighi resulta muy esclarecedora
al respecto. De los citados y de varios testimonios más resulta
claro que la asunción dogmática del marxismo-leninismo y de la
concepción del partido tenía su origen en el estado de conciencia
creado por la derrota. En aquel momento nuestros dirigentes no
habían vivido una experiencia similar, como nos tocó luego a los
que sobrevivimos. Recién pasados varios años pudimos compro-
bar comportamientos similares en nuestra organización y com-
prender estos fenómenos mentales.
Detengámonos en lo que termina diciendo “Elena”: ni el
MIR ni el PRT continuaron teniendo relaciones con los renun-
ciantes. Eso fue así porque nosotros teníamos relación con el
MLN a través de su dirección y en ese momento ellos eran la
dirección. Tenga en cuenta que éramos muy respetuosos de vues-
tra organicidad, al igual que con la de las demás organizaciones
de la Junta. De la misma forma actuó siempre el PC cubano con
nosotros. En 1978 en plena lucha interna dentro del Partido,
85
Daniel De Santis
nuestro posteriormente renunciante y sus aliados en la dirección,
“descubrieron” al supuesto agente infiltrado que había entregado
a Santucho y, además, se le cargaba con una larga lista de hechos.
El supuesto agente era un miembro del BP que se alineaba con
la mayoría del CC. Los compañeros del PC cubano siempre
mantuvieron las relaciones con nosotros a través del Secretario
General. Pese a ello nunca se nos ocurrió echar la culpa a los
cubanos de nuestros males. Nuestros males eran gravísimos,
pero eran nuestros.
De las palabras de vuestro renunciante Luis Alemañy que-
dan despejadas, si acaso subsistiera alguna duda, las responsabi-
lidades en la ruptura del MLN: “Llego a la Argentina en 1974
discrepante con todo, con el ERP, con el proyecto de asimilar el
MLN al ERP (...) Ahí comienza el proceso de ruptura del MLN,
a partir de los que tomamos distancia. L a rup tu ra la i nici amo s
no so tr os , n i bien yo s alg o de U ru guay para Ar gentin a”.

Pasemos, ahora, a analizar las cuatro causas que usted


esgrime como elementos de la colonización del MLN por el PRT.
Usted dice que “Aquellos dirigentes del MLN fueron encandila-
dos por la verborragia troscoidal perretista muy conocida por los
viejos tupamaros”. Esto, más que una opinión es una afrenta,
como hay varias en su texto. Le confieso que me he propuesto no
entrar en ese juego, pero esté seguro que me está costando un
gran esfuerzo. Quizás lo logre por la alta estima que siempre he
tenido y sigo teniendo por ustedes. Veamos las “cuatro causas”
que Ud. enumera para explicar el “encandilamiento”.
“UU na: por su juventud en el MLN y -paradójicamente- por
su extracción de clase en el sentido de sus antecedentes militan-
tes”. Es una causa fuerte, la misma que le permitió a nuestro
renunciante catequizar a sus acólitos, desperretizarlos en las
escolásticas escuelas de cuadros de Italia, en 1978, destinadas a
demostrar que la tierra no se movía y que Santucho y el PRT eran
demócratas revolucionarios. “O Otr a: porque algunos de ellos,
habiendo sido derrotados en la I Convención Nacional de enero
de 1966 cuando propusieron exactamente lo mismo, se tuvieron
que ir pero luego, reconociendo su error, abandonaron el ‘Partido’
86
Carta a un Tupamaro
que en vano trataron de construir y reingresaron al MLN, llega-
ron por casualidad y por nuestros propios errores a la Dirección.”
En nuestro caso la revancha no se dio portada por los mismos
hombres, Nahuel Moreno y los suyos nunca volvieron al PRT,
pero algunas de sus ideas se enseñorearon en el CE de abril de
1977 en Roma. Peor todavía, ahora se habían puesto el ropaje del
stalinismo y el sovietismo que nosotros muy bien habíamos
rechazado y criticado durante muchos años. Se volvía a una suer-
te de pacifismo, a la espera del auge que nos redima de los males
del retroceso, no explícito, solapado, muy conocido por los viejos
militantes de la Tendencia leninista. Viraje del que casi todos fui-
mos partícipes, aunque no necesariamente conscientes. Pero
observe que aceptamos pasivamente el viraje en el plano ideoló-
gico en el que no teníamos esa homogeneidad que el renunciante
y usted nos atribuyen; cuando este viraje se intentó aplicar en lo
político se produjo la reacción de la vieja Tendencia leninista. Ya
ve cómo las derrotas nos llevaron, en busca de explicaciones teó-
ricas “profundas”, por caminos más equivocados que los supues-
tos errores de la época del período revolucionario.
“Otra: porque a falta de análisis y respuesta serios venía
muy bien esta envasada ‘explicación’ que explicaba todo sin
explicar nada”. Coincidentemente, en ese CE de Roma se hizo
mucha alharaca diciendo que habíamos descubierto el origen de
los errores al comprender que el reflujo de masas no había
comenzado con el golpe del 24 de marzo, sino después de las
movilizaciones de junio y julio de 1975. Simple canto al esponta-
neísmo como vimos en las causas de la derrota. Y pregonaban que
no lo habíamos detectado, al reflujo, por no haber sido suficien-
temente marxistas-leninistas. “O Otra: tal vez la decisiva: se necesi-
taba urgentemente una buena racionalización, lo más grandilo-
cuente e ‘izquierdista’ posible para justificar lo injustificable:
quedarse en el ‘cómodo’ -para los dirigentes- exilio, sin arriesgar,
de ser posible, un milímetro de pellejo, una gota de hemoglobina
propia”. Léase usted El partido de calidad, escrito por nuestro
renunciante en 1978, súmele la consigna de la insuficiencia de
marxismo-leninismo, más las escolásticas escuelas de Italia, la
adopción de la palabra “científico” que usaban cada tres renglones
87
Daniel De Santis
cubría su falta de ideas, y la grandilocuente Tendencia Marxista-
Leninista pensamiento Mario Roberto Santucho que proponía
un temario de discusión que iba desde la revolución agrícola al
espacio virtual y comprobará que la misma receta y la misma
actitud de vuestros renunciantes, cobró vida en nuestro Partido
revestida de una profundización del marxismo-leninismo.

En la nuca del PRT

Luego de la caída de Santucho, Urteaga y Menna, el 19 de


julio de 1976, en los meses anteriores Carrizo y Ledesma y a
mediados del ‘74 el Negrito Fernández, el único miembro titu-
lar de Buró Político del PRT que quedó con vida fue el a la pos-
tre renunciante. Él afirma que fue designado (no elegido)
Secretario General por el CE reunido en agosto, sus acólitos en
un documento de mayo de 1979 dicen que fue designado en
forma interina. Por su parte, Gorriarán afirma que en esa reu-
nión Norberto Pujol planteó que no había condiciones para ele-
gir Secretario General y se aceptó. Más allá de las formas son opi-
niones confluyentes.
La presión enemiga se acentuó en los meses siguientes de
1976 sobre el conjunto de la organización, en particular sobre la
dirección y los principales cuadros y estructuras. Pese a las enor-
mes dificultades, el conjunto de la militancia partidaria no bajó
los brazos y siguió luchando con la misma entrega. En setiembre
de este año salieron al exterior el renunciante y Gorriarán con el
objetivo de establecer vínculos internacionales y crear condiciones
en el exterior para replegar parte de la dirección partidaria y otros
cuadros políticos y militares. Al regresar Gorriarán, en diciembre,
se encontró con que varios de los principales cuadros habían des-
aparecido: Merbilháa, Fote, Pujol, Germán y Mc Donald. Se com-
pletó la lista de compañeros a replegar al exterior junto con los
demás miembros del BP y algunos cuadros de la dirección del tra-
bajo político “Legal”. El repliegue de estos compañeros se efectuó
entre enero y marzo de 1977, quedando a cargo del Partido y del
ERP una Dirección Interior integrada por tres compañeros.
88
Carta a un Tupamaro
Poco después, en abril de 1977, se realizó una extensa reu-
nión del CE en Roma (asistimos varios que integrábamos el CC).
Esta reunión no aportó, en el mejor de los casos, nada nuevo ya
que su principal conclusión política fue que el reflujo de masas
había comenzado luego de las jornadas de junio y julio. Situación
que ya estaba presente en los análisis de la dirección partidaria y
publicado en el Boletín Interno de setiembre del ‘75 que hemos
citado. Diez días de discusión para tan poco. En realidad al estar
pensando y escribiendo este trabajo me di cuenta que ese análisis
contenía, desapercibidamente, un cambio en la concepción del
PRT. La derrota nos hizo retroceder hacia lo que habíamos lla-
mado el espontaneísmo, el cual se expresaba con pensamientos
como este: si el reflujo comenzó en julio del ‘75 no se debió hacer
Monte Chingolo y se debió suspender la actividad militar a la
espera del nuevo auge, un canto al morenismo que habíamos
derrotado en 1968.
Pero que el proceso de nuestra división no se dio en el
plano de la ideología, como usted afirma, sino en el de la políti-
ca, de a poco va a ir quedando claro. Ya vimos el primer punto.
Veamos ahora el segundo. En la misma reunión de Roma, conso-
lidamos el viraje hacia el stalinismo o sovietismo: se aprobó el ali-
neamiento con la URSS y su teoría de los dos campos -la contra-
dicción fundamental campo socialista vs. campo capitalista-; las
tres vertientes -los países socialistas, el movimiento obrero de los
países capitalistas y los movimiento de liberación nacional- y la
URSS como bastión fundamental. La JCR pasó a ser una simple
Coordinadora. Es por esto que el renunciante, en su libro, escan-
daliza sobre este punto. Ningún mazazo, revisionismo puro. Esta
resolución que se presentó como el abandono definitivo del trots-
kysmo no era más que una justificación teórica, ante el descon-
cierto, por la derrota que no se lograba asumir. De estas resolu-
ciones casi todos fuimos partícipes, pero ya veremos que cuando
esta línea ideológica se intentó llevar al plano de la política prác-
tica, estallaron las diferencias.
El CE eligió, ad referéndum del CC, al futuro renunciante
como Secretario General y al BP que quedó integrado por el
renunciante, Enrique Gorriarán, Julio Oropel, Leopoldo (o
89
Daniel De Santis
Rogelio Galeano) y el Vasco Daniel Martín. Recuerdo que el
argumento más concreto que se esgrimió fue que como él estaba
en funciones que siguiera: “no vamos andar haciendo cambios
ahora” dijo alguien, que creo era Leopoldo. A mi me pareció sufi-
ciente el argumento debido a que pensaba que esta elección era
una cuestión secundaria, ya que el Partido estaba unido y esa uni-
dad se había consolidado en todos esos años de lucha; por lo tanto
no había que preocuparse porque el colectivo resolvería correcta-
mente los problemas. ¡Estaba equivocado!
Otro punto que sutilmente fue contrabandeado en el docu-
mento que “resumió” las resoluciones de Roma, y que más ade-
lante sería asumido como bandera de firmeza revolucionaria por
los acólitos del renunciante, fue la cuestión de sobre quién había
caído la derrota, si sobre la vanguardia exclusivamente o también
sobre el movimiento de masas. La primera posición en aparien-
cia es más revolucionaria, más de izquierda, pero en la práctica
es otro canto al espontaneísmo. Como comprobamos en la prác-
tica posterior, este argumento abrió de par en par las puertas para
que todo tipo de concepciones reformistas se colaran en los movi-
mientos revolucionarios y que en la actualidad impregnan
muchos genuinos esfuerzos populares. En cambio la posición
derrotista, como la llamaron los acólitos, tenía en cuenta que la
vanguardia era tal y, en consecuencia, esas masas acompañaron
hasta el final. Es más, luego del golpe fue la clase obrera indus-
trial y de servicios la protagonista principal de los enfrentamien-
tos a la dictadura y si no pasó a la ofensiva, como correctamente
había previsto Santucho, fue porque se había quedado sin van-
guardia. Lo dicho no niega el reflujo de masas, pero los acólitos,
en las asfixiantes escuelas de Italia, en lugar de estudiar el mar-
xismo se dedicaron a beber como maná del cielo la metafísica
materialista de DIAMAT stalinista. No podían comprender que
el profundo reflujo de masas no excluyó que las luchas obreras
continuaran al menos durante un año más, hasta que finalmente
y junto con su vanguardia se consumara su derrota durante 1977,
a manos de la dictadura terrorista.
Pero la posición triunfalista no era inocua. En la reunión del
Ejecutivo los compañeros del Comité Interior habían informado
90
Carta a un Tupamaro
que, al asumir, se encontraron un Partido paralizado y que éste,
ahora, se encontraba “formado esperando la orden de combate”.
Por parte de alguno de los asistentes hubo un intento de reacción,
neutralizado por Leopoldo para no ventilar, en el plenario de la
reunión, las diferencias en el Buró Político. La irresponsabilidad
izquierdista tuvo consecuencias inmediatas.
Finalizada la extensa reunión del CE, los compañeros del
Comité Interior regresaron a la Argentina. Casi inmediatamente,
en los primeros días de mayo, se inició una serie de caídas que se
prolongaron hasta principios de julio y que alcanzaron toda la
estructura nacional del Partido. Desde Europa fueron enviados
varios compañeros para hacer contactos con los sobrevivientes y
replegar al exterior a los que estuvieran en una situación com-
prometida; o sea casi la totalidad de los compañeros que queda-
ban. En este contexto alguien dijo “al exterior todo el mundo” y
gran parte de los compañeros salieron. El renunciante, fiel a su
posición izquierdista, escandaliza contra esta decisión. Afirma
que no se cumplió con el “muy elaborado plan de repliegue hacia
el movimiento de masas”. Puras patrañas, no había plan. La deci-
sión del repliegue se tomó en junio de 1976, se lo profundizó ver-
balmente luego de la caída de Santucho, se le dio otra vuelta de
tuerca cuando volvió Gorriarán en diciembre, se insistió confusa
y contradictoriamente en el Ejecutivo de Abril de 1977, y justa-
mente por esto último no se aplicaba, cayendo la estructura
nacional. El renunciante, Leopoldo y Oropel, la troica izquier-
dista del BP, no había asumido que “el error de apreciación tácti-
ca nos debilitó en lo ideológico”. Santucho, en junio de 1976, vio
mucho más lejos que todos los “científicos” análisis del renun-
ciante, la troica y sus acólitos. Hace unos años me informaron
que el que dijo “al exterior...” fue el compañero Mario de Capital.
Creo que, sobre el terreno, tomó una decisión valiente y acertada.

E n la n uca, dos

Con la mayor parte del Partido en el exterior, con pocos


recursos y la incomprensión del campo socialista (salvo el PC
91
Daniel De Santis
cubano), de la Socialdemocracia y de todo el progresismo euro-
peo, ya que para ellos en la Argentina se había derrocado un
gobierno fascista (fascistoide lo llamaba Santucho, lo cual era
aproximadamente cierto pero incompleto), había algo peor: la
Dictadura terrorista. La solidaridad la tuvimos que ganar a
pulso. En esto hay que destacar la persuasiva tarea de los compa-
ñeros a cargo de las relaciones políticas en Europa, acompañados
por la militancia partidaria. En 1978, los militantes del Partido
nos encontrábamos en su mayoría diseminados en casi todos los
países de Europa, un número importante de ellos concentrados
en dos escuelas en Italia, pero también había numerosos compa-
ñeros en México, Brasil, Venezuela y algunos otros países de
Latinoamérica, cuatro núcleos de militantes de masas y otro de
inteligencia en Argentina y una enorme cantidad de compañeros
presos en las cárceles. Un número similar estaba todavía con vida
en los campos clandestinos de la dictadura.
En el marco de esta situación, en diciembre de 1977 y en
abril del año siguiente, se realizaron dos reuniones del CC que no
resolvieron nada, absolutamente nada. La falta de acuerdos en el
BP que no trascendían, salvo en el CC de abril de 1978 en el que
informaron que había habido diferencias pero que éstas ya esta-
ban superadas, nos tenía paralizados. Después de esta última
reunión los ánimos comenzaron a calentarse.
El a la postre renunciante apuró los planes para transfor-
mar al PRT de partido de combate (como habíamos sido) en un
tímido partido stalinista clásico, obviamente disfrazado; en
forma vergonzante se aceptaba la lucha armada pero en los
hechos se trabajaba en la dirección opuesta (año 1978); en el más
oportunista de los análisis se consideraba que la derrota había
sido sólo de la vanguardia pero no de las masas. El plan de rup-
tura estaba bien pensado: a los nuevos militantes se les podía
inculcar el stalinismo o el sovietismo, disfrazado de profundiza-
ción del marxismo-leninismo; a los viejos perros de la Tendencia
leninista que habían fundado el ERP era más difícil hacerles tra-
gar gato por liebre. La reacción surgió de la vieja militancia par-
tidaria o al menos lo que quedaba de ella que estaba dispersa en
varios países.
92
Carta a un Tupamaro
Luego de una numerosa cantidad de indecisiones, se resol-
vió que un grupo del CC y otros compañeros fuésemos a realizar
una escuela política a Cuba. Eleuterio, le tengo que confesar que
tengo una estructura mental ingenua ya que recién a esa altura
comencé a sospechar que las cosas no andaban bien. Le cuento un
chismecito de la interna. En una reunión preparatoria de nuestro
viaje a Cuba, de la que participábamos sólo cinco personas, el
futuro renunciante me pasó, por debajo de la mesa, una tirita de
papel en la que se leía: “Consulta a los miembros del CC. Está de
acuerdo con la realización del VI Congreso. Si - No. Tache lo que
no corresponda. Secretario General”. Me tomó por sorpresa ya
que realizar un Congreso en esas condiciones era un despropósi-
to. Al finalizar la reunión, mientras el futuro renunciante habla-
ba con los otros dos compañeros presentes, le pregunté a Julio
Oropel, miembro del BP: “¿de qué se trata esto?”, mostrándole el
papelito. Me respondió: “no sé, preguntale a Luis”. Guardé el
papelito y me dije, “¡está todo podrido!”. Allí comencé a preocu-
parme por el futuro del Partido. Me quedé pensando en que ya no
éramos una gran familia, se estaban jugando métodos desconoci-
dos en el PRT desde el V Congreso.
En su afán de sacarnos del medio, para travestir el pasado
heroico del Partido de Santucho y el Negrito Fernández, nos envia-
ban a Cuba. Nos dijeron y escribieron que era una tarea estratégi-
ca, pero ya no les creímos. Simultáneamente preparaban la “reno-
vación del CC”29 elegido en el combate por otro que surgiría en los
Alpes italianos. El dulce era tentador ¡Cómo negarnos a conocer la
cuna de nuestro sueño! Bajo protesta fuimos. Pero no calcularon
que estaban cometiendo un error, nos reunieron en un mismo lugar,
en el que además soplan vientos de revolución. Estos vientos (para
nada estoy hablando de injerencia cubana, ellos eran respetuosos,
como lo fuimos nosotros con ustedes, de la organicidad) nos ayuda-
ron a despabilarnos. A los pocos días de llegar, después de un inter-
cambio de opiniones, nos dimos cuenta que ninguno había querido
ir, dada la gravedad de la crisis partidaria. A Gorriarán, que venía
de una visita a las FAR colombianas, le expusimos nuestra visión de
la situación partidaria, la cual dijo compartir. Luego de un silencio
de más de dos meses nos llegaron tres documentos juntos.
93
Daniel De Santis
Del primero surgían diferencias acerca del papel del
Partido en el Frente Antifascista o Antidictatorial, pero esta era
una diferencia secundaria en el sentido de que no atentaba con-
tra la unidad partidaria, ya que se podían contener esos matices
e incluso sintetizarlos en un debate de ideas. El segundo era un
mamotreto de 65 páginas en dos tomos, llamado El Partido de
calidad, firmado por el Secretario General de entonces. A noso-
tros que sabíamos de memoria el Qué hacer y lo habíamos aplica-
do, nos venían a decir que la derrota del PRT había sido por un
insuficiente dominio del marxismo-leninismo en cuestiones de
organización. Me he tomado el trabajo de releer estas aburridas y
tediosas páginas. De ellas no se puede sacar una idea, es sólo una
arenga abstracta llena de buenas y malas intenciones. Ya ve que
esta cantinela de la insuficiencia de marxismo-leninismo no se
escuchó sólo en las filas tupamaras, a nosotros, nuestro renun-
ciante, troica y acólitos, también nos corrían con la necesidad del
estudio del marxismo-leninismo. ¿Qué cree usted que estábamos
estudiando nosotros? Justamente eso, pero así y todo espantaban
con esa bandera.
El tercero era una comunicación en la que se llamaba al VI
Congreso partidario, prácticamente al otro día de nuestra parti-
da hacia la escuela en Cuba, convocatoria que no había sido for-
mulada por el CC como estatutariamente correspondía, incluso
sabiendo que la mayoría de éste no estaba de acuerdo. Para no
aburrirlo, voy a destacar sólo dos elementos que se daban alrede-
dor de esta convocatoria, además de la ilegalidad partidaria. Se
proponía un temario maratónico, que justificaba la inacción de la
dirección y la permanencia en Europa, reconociendo una falta
más grave todavía: “el llamado al Congreso se hizo público
mediante el Boletín Interno 112 y mediante una charla del
Secretario General dada en Madrid, acompañado de M, para con-
versar con distintas fuerzas políticas, a los efectos de que aporta-
ran su propia experiencia...”30. ¡Co ngr eso del PRT pú blico en
Eu rop a y co n i nvi ta dos de ese co ntinen te! No me voy a extender
sobre lo que esto significaba para la Argentina de 1979. En estas
circunstancias enviamos una propuesta de suspensión del
Congreso, una inmediata reunión del CC, que en todo caso
94
Carta a un Tupamaro
resolvería sobre esta convocatoria, reemplazar el Congreso con
un CC ampliado y con un temario acotado poniendo la atención
en los planes de retorno al país.
Fue entonces que utilizaron el arma mortal, el g olpe en la
nuca defini tivo : acusaron de anti democráticos y fraccionalistas a la
mayoría del CC. Reitero la mayoría del CC pasamos a ser “los frac-
cionalistas” y la minoría “el Partido”. El pecado de leso marxismo-
leninismo santuchismo fue pedir la reunión de la máxima direc-
ción partidaria en condiciones estatutarias. Pero no sólo de los
estatutos se habían olvidado. También se habían “olvidado” del
mensaje de Santucho a la semana del golpe: “Estrechamente uni-
dos en torno al Comité Central”. El “trotskysta” y “demócrata
revolucionario” Santucho se “bancó” tres años siendo minoría en
el CC liderado por Moreno31, el marxista-leninista “maduro” no
se bancó ni una sola reunión.
Habíamos explicado que en la editorial de El Combatiente
del 9 de junio, que reflejaba las resoluciones del CE recién reu-
nido, Santucho nos habla de un “error de apreciación táctico que
nos debilitó en lo ideológico y en lo orgánico”, él explica detalla-
damente las implicancias de este error, el cambio en la línea y
enumera una serie de medidas prácticas de corrección. Leamos
cómo valoraban, el renunciante y los suyos, esas conclusiones de
Santucho y del CE con la mayoría de sus cuadros vivos: “La valo-
ración de nuestros errores, por parte del CE, ha quedado amplia-
mente superada por la autocrítica actual”. ¿Le suena Eleuterio?
Pero hay más: “No fue error de apreciación táctica, sino errores de
carácter estratégico de origen ideológico”32.
Santucho, en un texto escrito poco antes de morir, que no se
ha conservado, afirmaba que habíamos “manejado sólo briznas de
marxismo”. El renunciante, para combatir esos males ideológicos
que según él provenían de la época del morenismo, que tardó 10
años en descubrir y luego de la derrota partidaria, se había apro-
piado de esa expresión de Santucho, modificada a su gusto como
“insuficiente dominio del marxismo-leninismo”, para introducir a
la militancia partidaria en el estudio de la obra del DIAMAT
(materialismo dialéctico) stalinista y para que, con estas “nuevas
herramientas teóricas”, descubriésemos el origen de la derrota.
95
Daniel De Santis
Bajo el eslogan de que Santucho y la dirección partidaria
padecieron de una insuficiencia de marxismo-leninismo, proce-
dieron a liquidar la concepción revolucionaria del PRT. Veamos
sólo unos breves párrafos de un kilométrico documento para
conocer cómo opinaban al momento del ataque fraccionalista:

“Lo que el Partido careció, fundamentalmente, fue de una


estrategia precisa para el proceso revolucionario argentino, que
definiera científicamente las etapas de la revolución, las clases a
derrotar en cada etapa dada y las alianzas en dichos períodos.
Confundimos frecuentemente formas de lucha con estrategia,
táctica política con respuestas coyunturales, desarrollándose
simultáneamente un erróneo concepto de ininterrumpibilidad
(¡sic!) del proceso revolucionario que no tenía en cuenta flujos y
reflujos en la lucha de las masas. Esta falta de precisión en nues-
tra estrategia, estos equivocados conceptos acerca de la táctica y
su relación con la estrategia, la carencia de una mayor precisión en
las fases posibles del proceso revolucionario argentino y plataformas
programáticas para esas fases, son la expresión concreta de nuestro
insuficiente dominio del marxismo-leninismo; y es lo que expli-
ca que invariablemente la pauta que se repite en la experiencia
de los últimos nueve años, es que en las distintas coyunturas
damos una respuesta parcialmente correcta, producto de un aná-
lisis que en lo general es correcto, pero que en su implementa-
ción, invariablemente adolece de gruesos errores. Porque la res-
puesta a la coyuntura no prevista, es fundamentalmente impro-
visada sobre la marcha.”

Para que se ría un poco Eleuterio, ¡gárgara de palabras! Pero


curioso, en su libro el renunciante le atribuye a Santucho un pen-
samiento positivista porque proyectaba políticas para el futuro.
Vaya uno a entender al aprendiz de filósofo. Pero no desesperemos
hay más: “Es importante tener en cuenta que el insuficiente domi-
nio del marxismo-leninismo, la corta experiencia y juventud del
Partido, favorecía la convivencia dentro de la organización de las
corrientes no leninistas, las cuales, según la agudeza de la lucha, la
presión del enemigo, cobraban mayor o menos influencia”. ¡Qué

96
Carta a un Tupamaro
sinuoso equilibrio para no decir la lucha de clases en el seno del
partido, por la presión de las clases hostiles, cuyo núcleo es la con-
tradicción pequeña burguesía-proletariado!
Un último esfuerzo Eleuterio y no lo atormento más. “Tal
es el caso más conocido y claro de la desviación militarista de los
años ‘71-‘72, que condicionaron seriamente nuestras posibilida-
des de participación en la apertura democrática”33. Mire lo que
uno viene a descubrir en este tipo de investigaciones. La menta-
da desviación militarista del año 1971, ya analizada largamente
por el Partido en 1973, se dio en un momento en el que la mayor
parte de la dirección partidaria había sido detenida: Santucho,
Gorriarán, Menna, Bonet, Foti y Pujals desaparecido, mientras
que Benito Urteaga se batía casi solo contra ella y Carlos
Germán se destacó por orientar correctamente su trabajo en
Córdoba. La pregunta que me queda para nuestro renunciante
es: ¿Qué hacías tú en la guerra, papá?
Volviendo al relato histórico, le cuento que los revisionistas
se atrincheraron bajo la autoridad del Secretario General y como
no podían plantear abiertamente sus concepciones (abandono de
la lucha armada, que la derrota había sido solamente de la van-
guardia y no de las masas, partido stalinista tipo europeo,
Congreso público con invitados de ese continente, eliminación de
los puestos dirigentes de las viejos militantes de la Tendencia
leninista) se enmascararon detrás de la ampulosa definición de
Tendencia Marxista-Leninista “pensamiento” Mario Roberto
Santucho. Lo de pensamiento es una ironía que me permití para
mostrarle hasta qué punto las derrotas producen comportamien-
tos similares y si no se lo pusieron fue justamente porque no pro-
veníamos de esa cultura política, pero no dude de que actuaron
en consecuencia.
El renunciante confiesa en su libro que le faltó valor para
plantear sus posiciones a fondo. Con esta expresión quiso con-
mover al lector demostrando un rapto de honestidad y humil-
dad, mentiras, pura pose para la foto. No planteó sus posiciones
porque se quedaba solo, ni sus acólitos lo hubiesen seguido de
conocer sus planes. Muchos de ellos fueron seducidos por el dis-
curso ideologizado del renunciante, aunque no todos. No era
97
Daniel De Santis
fácil descubrirlo, le quedaban las mañas de su origen sindicalero,
discursear por izquierda y cerrar por derecha. En 1980 cuando
sus seguidores, que él había catequizado en las escuelas de Italia,
descubrieron sus verdaderas actitudes, más que sus posiciones
que nunca pudieron superar, lo pasaron a la base y se convirtió en
nuestro renunciante.
Luego de trastabillar con la estratagema del Congreso, para
recuperar la iniciativa, no vaciló en acusar de agente enemigo a
un integrante de la mayoría del CC y miembro del BP. Justo vein-
te años después, en diciembre de 1998, en un bar del barrio de
Boedo en Buenos Aires, me confesó que se trató de una locura
sectaria. Pero no les alcanzó. Luego realizaron una conferencia de
prensa en Madrid en la que se denunció al supuesto agente ene-
migo, la “expulsión del traidor a la revolución Gorriarán” y la
“expulsión como traidores al PRT” del resto de la mayoría del
CC. Con este movimiento no quedó ningún resquicio para conti-
nuar la discusión política, que casi no había comenzado por los
motivos expuestos. Un mes después regresamos los miembros del
CC que estábamos en Cuba, los compañeros comenzaron a cono-
cer los hechos que estamos narrando y en dos semanas se equili-
braron las fuerzas lo que nos permitió realizar un esfuerzo más
por mantener la unidad, pero más por voluntarismo que por rea-
les posibilidades de revertir una situación consolidada.
Integramos la Comisión de Fiscalización y Control hacia el
Congreso, en ella estaban en absoluta mayoría pero como no
esperaban la reacción de la militancia partidaria, boicotearon sus
funciones. Como allí se sentían dueños de los destinos de la frac-
ción que lograron construir, terminaron reconociéndose, a los gri-
tos, como los responsables de la división del Partido.
Para tranquilizar su conciencia el renunciante escribió en
el prólogo a la segunda edición: “permítaseme algunas conside-
raciones (...) que me llevan a dar por cerrada la historia del PRT-
ERP (...) Existe hoy una ruptura histórica que tiene múltiples
manifestaciones pero que se sintetizan (...) en el ocaso de la era
industrial y la caída de las absolutizaciones de la modernidad”.
Aquí, sin tapujos, exhibe su soberbia, no se sentía satisfecho con
haber destruido el PRT, ahora “decretaba” su muerte definitiva.
98
Carta a un Tupamaro
Esta clase de inveterados elitistas luego serán los teóricos de la
horizontalidad, el situacionismo y esas nuevas formas que adop-
tó, en el campo popular, la ideología de la clase dominante. Con
este tipo de razonamiento está propiciando la disolución del PC
cubano para que, todos los que nos juntamos bajo la herencia
guevarista, corramos presurosos al Departamento de Estado nor-
teamericano a preguntarle a Francis Fukuyama cómo continua-
ría la historia del lagarto verde del Caribe y los sueños de liber-
tad de los pueblos de la América Latina.
Un día a principios de 1976, llegó Benito Urteaga, como
habitualmente lo hacía, a la reunión semanal del Secretariado de
la Regional Sur. En un momento, fuera de toda afectación, en un
dialogo natural que se refería a las dificultades que tendríamos
ante el inminente golpe militar dijo que mientras quedara un
solo militante del PRT vivo, éste seguiría existiendo. Pese a la tra-
gedia que significó para todos nosotros la división partidaria, un
destacamento de nuestro sector (encabezado por Gorriarán, es
justo decirlo) participó en la ofensiva final que culminó con el
triunfo de la Revolución sandinista y posteriormente otros con-
tingentes se sumaron a colaborar con el Frente Sandinista en
Nicaragua. En el hermano pueblo de Sandino y Carlos Fonseca,
los aguerridos militantes del PRT cumplimos otras misiones
revolucionarias y dejamos en ellas un héroe, como Hugo Alfredo
Irurzún, ascendido luego a Comandante sandinista.

¿Cóm o va lor aba nu estro r enunci ante a Sa ntu cho en 19 83 /87 ?

En el libro del cual usted toma las citas el renunciante dice:


“Pero, aún en esta sencilla minuta, este Santucho convive con el
otro, el ‘demócrata revolucionario’, con sus prejuicios políticos
que lo llevan a no entender la política, ni siquiera a nivel de polí-
tica sindical”34. Lo dice porque Santucho impulsaba una corrien-
te sindical por la “guerra y el socialismo” que era resistida por los
dirigentes sindicales que militaban en el PRT. Pero aún en esto
Santucho demostró ver más allá de la nariz de Pinocho de nues-
tro renunciante, ya que preveía la necesidad de la lucha sindical
99
Daniel De Santis
en condiciones de máxima represión y por lo tanto de clandesti-
nidad. Claro, afirma eso luego de la derrota revolucionaria y de
la proliferación de concepciones oportunistas y pro capitalistas
que, con el prestigio de haber sido Secretario General del PRT y
con el de Comandante Jefe del ERP que nunca ejerció, él contri-
buye a embellecer.
Pero para penetrar en lo más profundo de su pensamiento,
nada mejor que leer, no sus críticas sino, sus más encendidos elo-
gios que escribe como epitafio de su mentor y Jefe: “el argentino,
que reflejó mejor que nadie en su garra, en su talento, en su indis-
cutible altruismo, a la generación de su tiempo. Cualquiera
hayan sido sus limitaciones y errores, no invalidan en lo más
mínimo su mensaje ético, la perspectiva histórica y el papel del
hombre en la transformación social”35.
Claro, de política Santucho no entendía nada, de organiza-
ción revolucionaria tampoco, de formación de cuadros ni que
hablar, representante de la clase obrera argentina una locura,
tampoco principal enemigo del capitalismo en la Argentina, pen-
sador revolucionario ya sería un exabrupto, y menos que menos
máximo exponente del guevarismo en Argentina, como lo ha lla-
mado hace poco un joven intelectual argentino. Sólo la garra, el
talento, el altruismo, la ética, sus errores y limitaciones. Yo me
pregunto ¿cuántos argentinos/as por generación merecen estos
calificativos? Sin lugar a dudas muchos miles, quizás millones.
¿Por qué, entonces, todavía recordamos, hablamos, escribimos,
homenajeamos, nos inspiramos, los jóvenes que se acercan a las
ideas revolucionarias lo toman como referencia? Me respondo: lo
que a Santucho no le perdonarán nunca, ni la burguesía, ni los
pseudo intelectuales pequeño burgueses, ni nuestro renunciante,
es que haya sido el mejor de todos, el que sacó al marxismo argen-
tino de su cómoda modorra y lo transformó en una política revo-
lucionaria. El que puso en un rincón a la burguesía y la tuvo
groggy. En definitiva, el que construyó una política que le dispu-
tó el poder.
Me sigo preguntando ¿por qué nunca se desmitifica al Che,
a Sendic, a Enríquez, a Fonseca, a los Peredo, a de la Puente, etc.
etc.? ¿Por qué esa saña con Santucho? Será que era provinciano,
100
Carta a un Tupamaro
negrito, por sus venas corría sangre indígena, feúcho para la esté-
tica occidental y cristiana, hablaba con la zeta, no da para póster,
no es una respuesta pero ayuda. No lo sé, quizás así ocurra con
cada líder revolucionario en su propio país. Como vivo en la
Argentina y tenemos el cuero curtido de recibir lonjazos “pro-
pios” sobre nuestra historia, este que llegó de Montevideo no lo
esperábamos. Espero haber contribuido en algo para cambiar la
errónea idea que usted expresa sobre nosotros en En la nuca.

***

Acuerdo con usted en muchos puntos de vista. Quiero resaltar


tres. Uno es la banalización y manipulación de la autocrítica. Ésta,
en muchos casos, se transformó en el levantamiento cotidiano de la
bandera blanca de rendición ante el enemigo. No ahorran esfuerzos
para que les crean: ¡ahora somos serios, nunca más la revolución!
Otro es cuando usted asume que fueron foquistas -entiendo que
como recurso polémico ya que no lo fueron- y que les fue bien, ¡y
cómo, si hasta captaban militantes en otros países! En nuestro caso
nos acusan de haber sido militaristas (también foquistas pero no es
una acusación seria). Les respondemos que sí. Tomábamos cuarteles
y pensábamos y pensamos que la lucha armada es parte esencial de
la lucha revolucionaria y que en determinados momentos la lucha de
masas se sostiene en la lucha armada. El tercero es que la derrota no
fue nacional sino latinoamericana y mundial. Por lo tanto, que no es
bueno flagelarse buscando la “quinta esencia” de la derrota o el eli-
xir que nos redima de ella. Como éstos no existen, esa infructuosa
búsqueda a lo único que conduce es a un vaciamiento de las con-
cepciones revolucionarias.
Eleuterio, por mi parte, hemos llegado al final de esta polé-
mica. Le cuento una anécdota de la adolescencia. Tendríamos 13
o 14 años, la edad que aquí se le llama “del pavo”. Con mis ami-
gos nos reíamos de los nombres de nuestros padres. El que se
llevó las palmas de la pavada adolescente fue Cándido Eleuterio.
Como me ha ocurrido en muchos casos, y creo que en general
ocurre, un nombre desprovisto de la persona que lo porta puede
sonar más lindo o más feo, pero cuando se encarna en personas
101
Daniel De Santis
reales ese nombre se resignifica. Para mí, después de la adoles-
cencia y ya entrado en la juventud, el nombre Eleuterio siempre
estuvo asociado a los grandes hechos de la historia uruguaya.
Desde la otra orilla le envío a usted, Eleuterio Fernández
Huidobro, un afectuoso abrazo de militante.

La Plata, 24 de febrero de 2005

102
Carta a un Tupamaro

NOT AS

1
Se le llamaba así cuando un estudiante iba a trabajar a una fábrica
para hacer trabajo político en ella y también vivir directamente, al
menos en parte, las calamidades de la explotación capitalista.
2
Fragmento del artículo “Junta de Coordinación Revolucionaria oríge-
nes y perspectivas”:
“A 1968 se remontan los antecedentes de la colaboración mutua
entre las cuatro organizaciones que hoy integran la Junta de
Coordinación Revolucionaria. Hasta noviembre de 1972, que como
veremos es la fecha en que empieza a concretarse la idea de una
coordinación orgánica permanente, se producen numerosos contac-
tos bilaterales entre el ELN, el MIR, el MLN (T) y el PRT-ERP.
Recordamos entre ellos la reunión entre un miembro de la dirección
nacional del PRT y el Inti Peredo, en 1969 en La Paz, la serie de reunio-
nes entre un delegado del MLN y Chato Peredo, en 1970 en La Paz,
varios contactos entre compañeros del MLN y del PRT-ERP en
Buenos Aires y Montevideo en 1971 y 1972, varias reuniones entre
dirigentes del MIR y del PRT en Santiago de Chile desde julio de
1971 en adelante etc. (…) Los primeros días de noviembre de 1972,
se realiza en Santiago de Chile una reunión trascendental. Participa
la Comisión Política del MIR en pleno, tres miembros de la direc-
ción nacional del MLN (T) y tres miembros del Buró Político del
PRT. Inicia la sesión Miguel Enríquez, Secretario General del MIR
y expone lúcidamente la necesidad de una nueva organización inter-
nacionalistas a partir de nuestras tres organizaciones. Un ‘pequeño
Zimmerwald’ llama Enríquez a la organización que propone cons-
truir, una referencia inequívoca al antecedente leninista de 1915 (...)
La propuesta de Miguel Enríquez es aceptada unánimemente sin
observaciones y en pocos minutos se pasa a discutir los pasos prácti-
cos para concretar el objetivo propuesto. Ya en la reunión de noviem-
bre se informó de conversaciones sostenidas por dirigentes
Tupamaros con dirigentes del ELN en las que se hablo de la posibi-
lidad de que el ELN participara en el proyecto del ‘pequeño
Zimmerwald’. Posteriormente, en conocimiento de las resoluciones
de noviembre, el ELN planteó formalmente su total coincidencia y
su voluntad de incorporarse a ese esfuerzo internacionalista”. En
Che Guevara, Revista de la Junta de Organización Revolucionaria,
103
Daniel De Santis
nº 2, febrero de 1975.
3
La negrita es de Fernández Huidobro, Eleuterio: En la nuca. Historia
de los Tupamaros, Ediciones La Banda Oriental. Montevideo, 2004. p. 15.
4
La negrita es mía.
5
Hasta aquí llega la cita de Huidobro. Por razones de tipo estético-edi-
torial, no hemos respetado la separación de párrafos original, aunque sí
reproducido puntillosamente el texto, indicando con (…) las partes
suprimidas. Los extractos citados se encuentran entre las páginas 17 y
43 de En la nuca. [Nota del editor]
6
El Vasco Ángel Bengoechea fue militante del trotskysmo desde 1947.
Rompió con Nahuel Moreno en 1962 y se convirtió en el precursor del
marxismo revolucionario en la Argentina. Compañero del Che, al igual
que Jorge Massetti, en su proyecto de revolución latinoamericana en
territorio argentino.
7
De Santis, Daniel: A vencer o morir. Historia del PRT. Documentos. T. I V.
1., Nuestra América, Buenos Aires, 2004, pág. 84 a 93.
8
Silvio Frondizi adhirió al marxismo siendo un hombre de una sólida
formación intelectual, lo que le permitió superar la polarización stali-
nismo-trotskysmo y realizar aportes originales a la teoría marxista,
como su tesis acerca de La integración mundial capitalista, a mediados de
la década de 1940. Por supuesto que, al no entrar en los moldes ideoló-
gicos de la época, fue catalogado de trotskysta y combatido por el PC
argentino. Silvio murió asesinado por la Triple A a los 67 años, siendo
militante del PRT. Sus asesinos, que sabían del poder de su pensamien-
to, dirigieron a su cerebro los más de ochenta disparos con que lo asesi-
naron. Compartimos con Néstor Kohan que “El balance de Frondizi se
asentaba en un extenso estudio previo sobre las condiciones del capita-
lismo latinoamericano, en tiempos de integración mundial imperialis-
ta, bajo la hegemonía del imperialismo norteamericano. Formulaba la
hipótesis del agotamiento histórico del intento de las burguesías nacio-
nales latinoamericanas por desarrollar un ‘capitalismo autónomo’.
Como ejemplo puntual, analiza el fenómeno peronista, ensayo frustra-
do de realizar -bajo una forma política bonapartista- la revolución
democrático-burguesa en Argentina. De allí, Silvio Frondizi infería que
el carácter de la revolución argentina y latinoamericana no podía ser
otro que el de una revolución antiimperialista y socialista (como fases
de un mismo proceso ininterrumpido). Es por ello que, cuando viaja a
Cuba, se encuentra con la confirmación del diagnóstico que él mismo
había vaticinado y propuesto pocos años antes. Probablemente, ésa sea
una de las razones principales por las que Frondizi defiende con tanto
ahínco la revolución cubana en su libro de 1960. Habría que esforzarse
demasiado para no detectar y no reconocer la presencia de todo este
cúmulo de lecturas en el pensamiento político maduro de Robi
Santucho y en el modo como él y sus compañeros visualizaban la estra-
tegia continental de la revolución cubana, de la que se sentían vital-
104
Carta a un Tupamaro
mente parte”. Néstor Kohan: Otro mundo es posible, Nuestra América,
Buenos Aires, 2003.
9
Milcíades Peña fue un autodidacta, no terminó la escuela secundaria y,
por su propio esfuerzo y en el marco de la organización en la que mili-
taba desde muy joven, Palabra Obrera, se había convertido en un desta-
cadísimo historiador y economista. Su obra sobre la historia argentina
es diferente a la historia oficial de la corriente liberal burguesa
(Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López), como también de la historio-
grafía oficial del Partido Comunista, del peronismo de izquierda
(Rodolfo Puiggrós) y de la izquierda nacional (Abelardo Ramos). “Baste
decir que la conocida teoría sobre el carácter ‘feudal’ de la colonización
sirvió durante largo tiempo a los moscovitas criollos como telón de
fondo para afirmar que la Argentina ‘muestra aún hoy en su estructura
rasgos inconfundiblemente feudales’ y para enrollar la madeja de una
fantasmagórica revolución ‘antifeudal’ que abriría el camino a una
supuesta ‘etapa’ capitalista. Atados a sus dogmas y compromisos políti-
cos y frenados por su propia incapacidad, los teóricos comunistas pos-
teriores a Puiggrós usan su definición de la colonia como sociedad feu-
dal sólo para oponerse al socialismo en la Argentina de hoy, puesto que
significaría 'proponernos hoy tareas históricas inexistentes’... ¡Y esto fue
escrito cuatro años después de la revolución cubana!”. Milcíades Peña:
Antes de mayo., Fichas, Buenos Aires, 1973.
10
Véase p ágin a xx, p árraf o xx
11
Vandor fue el arquetipo de dirigente burocrático, jefe absoluto del
movimiento obrero en la década de 1960 y maestro de todos los traido-
res a la clase obrera argentina.
12
En enero de 1969 se había realizado el asalto al Banco de Escobar, pri-
mera acción militar importante del PRT.
13
Remitimos al lector al apéndice sobre la experiencia del PRT (y del
autor) en Propulsora Siderúrgica.
14
No es tan tajante la diferencia entre partido y movimiento. En reali-
dad un movimiento del tipo del 26 de julio cubano y sus similares no
dejan de ser partidos, aunque es verdad que no necesariamente leninis-
tas.
15
De este encuentro recordamos la masiva presencia de los pueblos
Toba, Matacos y Mocovíes y las palabras de uno de sus jefes: que ellos
eran pocos numéricamente, por lo que la liberación de sus pueblos pasa-
ba por la alianza con la clase obrera argentina.
16
Revista Internacional, Praga, 1975.
17
Años después los Montoneros analizaban que el reflujo de masas
había comenzado a partir del 1 de mayo de 1974, día en que Perón los
echó de la Plaza de Mayo. En cambio, el PRT, en el CE de abril de 1977,
analizaba que el reflujo comenzó después de las movilizaciones de junio
y julio de 1975. Hoy, a la distancia, podemos ver que en la primera fecha
comenzó la desmovilización de la Juventud Peronista, del movimiento
105
Daniel De Santis
estudiantil, y de los barrios, y se amplió la movilización reivindicativa
del movimiento obrero; al llegar a la época del Rodrigazo (culminación
de Jornadas de junio y julio) éste último produjo las más grandes movili-
zaciones de nuestra historia. Aunque decreciendo en intensidad, la
movilización obrera se mantuvo hasta el golpe militar, sobre todo en el
oeste y en el sur del Gran Buenos Aires.
18
Ambas citas son del Boletín Interno del PRT, n° 98 del 27 de diciembre
de 1975.
19
Luis Mattini, op. cit., p. 435.
20
“¡Argentinos a las Armas!”, editorial de El Combatiente, n° 210, miércoles
31 de marzo de 1976.
21
“Con Fuerza hacia las Masas”, editorial de El Combatiente, n° 220,
miércoles 9 de junio de 1976.
22
Ibid.
23
Boletín Interno nº 121, del 14 de julio de 1976.
24
Los conceptos táctica y estrategia son relativos. Si tomamos en cuen-
ta que el PRT denominaba a su estrategia como de una guerra popular
prolongada, el error cometido fue de orden táctico, lo cual no quiere
decir que fuera de menor importancia.
25
“Diez años de luchas y experiencias”, editorial de El Combatiente, n°
225, miércoles 21 de julio de 1976.
26
Aldrighi, Clara: La izquierda armada. Ideología, ética e identidad en el
MLN Tupamaros, Ediciones Trilce, Montevideo, 2001, p. 99.
27
Ibid, p. 99.
28
Ibid, p. 123.
29
El CC había quedado reducido a 11 miembros. En los temas centrales
que venimos y seguiremos exponiendo fue quedando claro que habría
una mayoría de seis miembros y una minoría de cinco. Esta distribu-
ción no necesariamente se reflejaba en todas las demás cuestiones.
30
Boletín Interno n° 113, del 16/1/79, correspondiente a la fracción enca-
bezada por el renunciante. A partir de este número comenzaron a salir
dos BI, uno de cada sector.
31
Al ganar Santucho la mayoría, Moreno se retiró del CC y del Partido
en enero de 1968.
32
VI Congreso, mayo 1979. El destacado es del original.
33
Las cuatro últimas citas son de VI Congreso, mayo de 1979.
34
Mattini, op. cit. p. 114
35
Idem, p. 475

106
Carta a un Tupamaro

UN POST ERGADO DE BAT E

Para abordar con mayor profundidad algunos temas, que


amplían el balance realizado, me valdré de un recurso muy usado
por los fundadores del marxismo: el debate.1 En este caso con
Luis Mattini (quien después de la muerte de Santucho, Urteaga
y Menna fuera elegido Secretario General del PRT2), por consi-
derar que su libro Hombres y Mujeres del PRT es el trabajo que
analiza con mayor amplitud y profundidad la historia que nos
ocupa.
Aunque la polémica que sigue encerrara tan sólo un valor
histórico, sería desde ya importante. Pero, desde mi punto de
vista, además de ello, tiene un valor actual, o sea tiene importan-
cia política. Si el PRT fue una organización que expresó la
Democracia Revolucionaria, como intenta demostrar Mattini,
como él mismo dice, fue el Partido de un auge, entonces no tiene
más valor hacia el futuro que el de un ejemplo ético y volitivo. En
cambio, si es como pensamos nosotros, que constituyó el intento
más importante en la construcción de un partido revolucionario
de la clase obrera, si fue la organización que aplicó y desarrolló el
marxismo leninismo en la Argentina, entonces será obligatorio
conocer, estudiar y referenciar los presentes y futuros esfuerzos
revolucionarios con la experiencia del PRT.
Comenzaré citando extensamente a Mattini, de forma tal
que aparezca expresada claramente su concepción y luego iré
refutando los puntos centrales de ella. En el prólogo a la segunda
edición de su libro Mattini dice:
“El párrafo inicial del capítulo primero refleja sintéticamente
toda mi concepción sobre los procesos sociales y la historia en
107
Daniel De Santis
aquel momento. Una concepción con fuerte contenido de te rm i-
nista de la historia. Estaba todavía convencido que el mundo vivía
la etapa del tránsito del capitalismo al socialismo. Y seguía soste-
niendo la existencia de un suje to h istóric o ‘su stanc ial’ , de term i-
nado p or su p ap e l e n la p rodu cc ión m at erial (...): el proletariado
industrial. La interpretación de este ensayo-testimonio está
impregnada de dichas concepciones y, según éstas, el mayor logro
del PRT-ERP fue su capacidad para aproximarse a, y hasta ganar-
se parcelas de, este sector social; y su defecto, precisamente lo con-
trario: las limitaciones para fundirse en el mismo. La h ipóte sis de
que el PRT reflejaba los puntos de vista de ‘la democracia revolu-
cionaria’ y no del proletariado se inscribe dentro de este intento
de establecer un modelo teórico para el análisis de los aciertos y
errores. Por otra parte el libro no buscaba sólo reflejar una histo-
ria sino que pretendía... formar parte de las fuentes de referencia
para la constitución de un nuevo proyecto político popular. De
modo que cada aspecto relatado y analizado de la historia del PRT
y de la parte de la lucha de clases nacional, tenía y tiene al mismo
tiempo (...) pretensión de t esis.”3

Mattini, por confusión o deliberadamente, invierte los


términos, ya que su hipótesis es en realidad lo que quiere
demostrar: que el PRT expresaba la Democracia Revolucionaria
y no al proletariado con su concepción del mundo, el marxismo
leninismo. Se apoya para eso en su verdadero punto de partida,
su verdadera hipótesis, según el cual en la Argentina lo que esta-
ba y está planteado es la Revolución Democrática, idea que expo-
ne en el último renglón del capítulo 16, página 318. En el párra-
fo inicial del capítulo primero, refiriéndose al PRT, dice: “ellos,
que se creían sinceramente la ‘van gua rdia de l a clas e o brera ’ han
sido quizás, la expresión más honesta decidida y radicalizada (y
hasta ‘pprol etarizada’, si se quiere) de la ‘Democracia Revoluciona-
ria’.”4 Y en la llamada al pie de la misma página se amplía el con-
cepto de Democracia Revolucionaria diciendo que:

“El estudio del papel positivo y revolucionario de la ‘Demo-


cracia Revolucionaria’, era un enfoque relativamente nuevo en el

108
Carta a un Tupamaro
marxismo, pues sería un fenómeno particular de los países en vía
de desarrollo, en especial América Latina por las peculiaridades
de su desarrollo socioeconómico y se distingue claramente de las
expresiones de la ‘desesperación pequeño-burguesa’ típica de los
países europeos (populismo, anarquismo y otros ‘revoluciona-
rios’). La ‘Democracia Revolucionaria’ representaría los intere-
ses y puntos de vista de las masas de trabajadores no proletarios,
que en las condiciones de nuestros países, se nutren del ascenso
del movimiento obrero y de las ideas del comunismo científico,
logrando cierta autonomía e incluso hasta la conducción transi-
toria de los procesos revolucionarios.”5

Luego, en varios capítulos, Mattini intenta presentar un


Santucho dual: por un lado un revolucionario marxista-leninista
y por el otro un demócrata revolucionario, para concluir que se
trataba de esto último. En el capítulo 7 pág. 144, leemos:

“Este Santucho, el que trabaja así, que orientaba hacia las


masas, que combatía el ultraizquierdismo y hasta el espontaneís-
mo, que podía incluir hasta el detalle en [el] funcionamiento de
las células, éste era el que avanzaba y en ese sentido podía pre-
sentar la faz de intérprete de los intereses históricos del socialis-
mo en la Argentina. Pero, aún en esta sencilla minuta, este
Santucho convive con el otro, el ‘demócrata revolucionario’, con
sus prejuicios políticos que lo llevan a no entender la política, ni
siquiera a nivel de política sindical.”6

Como hemos leído, nuevamente Mattini caracteriza a


Santucho y al PRT como demócratas revolucionarios y no como
marxistas, y lo acusa de no entender la política ni siquiera a
nivel de política sindical. Mattini dice esto porque Santucho
impulsaba, entre otras, una agrupación sindical por la guerra y
el socialismo, la que era resistida por los sindicalistas del
Partido. Pero desprender de esto que no entendía nada de polí-
tica es una afirmación muy audaz, aún en el ámbito de la polí-
tica sindical, ya que Santucho hizo muchos aportes en este
terreno. Veremos luego que Mattini no usa la misma vara con

109
Daniel De Santis
que mide una táctica sindical para medir la desviación refor-
mista del PC.
De la lectura atenta de todo el libro se va intuyendo que
Mattini le exige a Santucho que éste tenga “la idea absoluta” de
la revolución en la Argentina, es decir la idea de la Revolución
Democrática, idea a la cual el Santucho proletario se acercaba y
de la que el Santucho demócrata revolucionario se alejaba; idea
que él “descubre” recién en 1985, y expone en la página 318 como
una tesis renovadora y reveladora:

“Los comités fabriles del PRT, fueron una de sus mejores


herencias (...) Órganos de éste tipo, que si bien en el caso del
PRT, fueron estrechamente partidarios y carentes de política,
pueden ser estudiados como la base para la formación de orga-
nismos frentistas populares que ampliando el concepto de demo-
cracia, sirvan de escuela política, no sólo de la clase obrera sino
del conjunto del pueblo, consoliden día a día las libertades demo-
cráticas y acumulen fuerza política hacia la Re volu c ión
Dem ocrática .”7

Este es uno de los pocos párrafos de todo el libro en el que


Mattini expone su verdadera hipótesis, su verdadero punto de
partida. Nos vamos a detener en él y desde aquí empezaremos a
responder. Al comenzar la cita leemos: “Los comités fabriles (...)
fueron estrechamente partidarios (...) pueden ser estudiados
como la base para la formación de organismos frentistas popula-
res”. En primer lugar se confunde la organización política de los
trabajadores, su Partido, con un Frente (confusión agravada por-
que Mattini no aclara qué tipo de Frente, si un Frente popular
dirigido por la burguesía o un Frente antiimperialista dirigido
por el proletariado). A este tipo de enredo se llega cuando se olvi-
da de que en la sociedad capitalista existen las clases sociales. Y
por lo tanto el proletariado necesita de una organización propia
para mantener su independencia de clase y, con ella, su Partido,
intentar acaudillar la alianza de clases necesaria en las distintas
etapas de lucha en un país dependiente. Al respecto será muy útil
analizar la experiencia del Frente Grande, al cual concurrieron
110
Carta a un Tupamaro
varios grupos obreros y socialistas sin contar con un partido que
los representara. La experiencia demostró que nada pudieron
hacer por imponer una dirección consecuentemente antiimperia-
lista y, el Frente Grande, hegemonizado por la pequeña burgue-
sía giró, a partir del 10 de abril de 1994, en pocas semanas, del
antiimperialismo al proimperialismo.
En este punto, como en muchos otros, el PRT había resuel-
to correctamente los niveles organizativos correspondientes a los
respectivos niveles políticos: Comités Fabriles como organismos de
base del Partido y Comités de Base como órganos de base y de
masas de la política de alianzas. ¿¡Estrechos!?, nos dice Mattini.
¡Pero si justamente se crearon para ampliar la política del Partido
y de la clase obrera! El comité fabril no sólo debía organizar el
trabajo y la lucha en la fábrica, sino ser el centro de la actividad
en toda la zona de influencia de esa fábrica: el barrio, la escuela,
el hospital, los talleres, el club, etc. Eran concebidos como la
forma organizativa de la hegemonía del proletariado dentro del
conjunto de las masas.
“...carentes de política”. Es parcialmente cierto, pero a
veces una verdad a medias se convierte en una falsedad; es como
pedirle a un niño recién nacido que juegue al fútbol, cuando
todavía no sabe caminar. Los Comités Fabriles, por su misma con-
cepción, tendían a politizar la línea del Partido en su zona de
actuación. Por nuestra experiencia directa podemos afirmar que
se politizaban en la medida que iban ganando influencia entre las
masas y la consecuente necesidad de responder a ese sector del
pueblo obligaba a sus miembros a elevar el análisis político del
Comité Fabril en su zona y vincularlo con la realidad provincial y
nacional. Y no es un detalle menor observar que los Comités
Fabriles o las células ganaban influencia entre las masas por su
trabajo consecuente, pero sobre todo por la política del PRT.
El párrafo finaliza diciendo: “consoliden día a día las liber-
tades democráticas y acumulen fuerza política hacia la Revo-
lución Democrática”. En primer lugar esta afirmación encierra
una tautología, ya que si se consolidan día a día las libertades
democráticas, entonces deja de ser necesario hacer una revolu-
ción democrática, porque el objetivo se ha logrado por evolución.
111
Daniel De Santis
Pero contradictoriamente a esta línea de pensamiento, sujeta a la
lógica formal, la realidad de Argentina y América Latina nos
muestra y demuestra que la estabilidad del sistema democrático
ha traído como consecuencia la pérdida de libertades democráti-
cas y no su ampliación. Y esto es así porque, como nos enseñara
Silvio Frondizi primero, lo confirmara la Revolución Cubana
luego y fuera línea del PRT, la burguesía nacional ha perdido
toda capacidad de liderar un proceso de avance democrático de la
sociedad, y este objetivo se encuentra mucho más lejos aún de los
intereses del gendarme económico y militar del mundo, el impe-
rialismo norteamericano.
Dejamos para el final la verdadera hipótesis política del
libro, y que nosotros la hemos asimilado a la idea absoluta hege-
liana: la Revol ució n Demo cr ática8. Justifica este ejercicio teórico
el no encontrar, en todo el libro, ningún argumento, ninguna
frase, ni siquiera una palabra, que sostenga la supuesta conclu-
sión hacia la cual están dirigidas todas sus reflexiones. Si no que
esta idea se posa sobre la realidad como dictada por una fuerza
exterior a ella. Pero, como ya dijimos antes, esto ocurre porque en
realidad éste es su verdadero punto de partida, que no puede
demostrar. Y no lo puede demostrar porque la historia de
Argentina y América Latina se encargó de refutar las posiciones
similares, aunque no tan retrógradas, sustentadas por el Partido
Comunista Argentino durante aquellos años, cuando caracteriza-
ba a la revolución en la Argentina como democrática, popular y
antiimperialista, cuyo instrumento político era un amplio frente
de coalición democrática, cívico-militar, el cual, agregamos noso-
tros, siempre estaría dirigido por la burguesía.
Para caracterizar la revolución en nuestro país Mattini
debería haber comenzado por analizar las relaciones de produc-
ción. Allí encontraría que las relaciones de producción dominan-
tes en nuestro país, tanto vertical como horizontalmente, son las
capitalistas, las relaciones pre-capitalistas son totalmente secun-
darias y la destrucción actual de la fuerza de trabajo es provocada
por la globalización capitalista y el carácter dependiente de “nues-
tra” economía. En segundo lugar, debiera hacer un análisis histó-
rico de las clases en un país dependiente y así verificaría, junto
112
Carta a un Tupamaro
con Guevara, que “las burguesías nacionales han perdido toda
capacidad de oposición al imperialismo, si alguna vez lo tuvie-
ron”. En tercer lugar, si se colocara en el punto de vista de la clase
obrera, vería que en la Argentina no están planteadas tareas
democrático-burguesas en el sentido clásico, ya que éstas fueron
resueltas, a su modo, por la burguesía nacional. Las tareas de
democratización de la sociedad tienen un contenido altamente
clasista, es decir, deben ser dirigidas por el proletariado. Las tare-
as antiimperialistas tienen el mismo sentido. De esta manera lle-
garía a la misma conclusión que Ernesto Guevara: “o Revolución
Socialista o caricatura de revolución”.
Pareciera que Mattini ha comprendido mal a Marx y a
Hegel, tomando de este último sólo su sistema (su dogma), pues
reclama que las ideas se vayan desarrollando dialécticamente
hacia la idea absoluta (la Revolución Democrática) y no su méto-
do (la dialéctica), según el cual el proceso del conocimiento y de
la verdad se adquiere en la praxis, o sea en la realidad práctico-
crítica.
Mattini reconoce en el primer párrafo citado que todavía se
siente influido por una concepción determinista, y quiere hacer
responsable de sus limitaciones filosóficas, a la política del PRT
de 1970. El marxismo que nos llegó a la Argentina en gran parte
estuvo influido por su desviación stalinista, que lo había impreg-
nado de un fuerte dogmatismo. El marxismo y las enseñanzas de
las revoluciones triunfantes, y en muchos casos deformaciones de
estas, se presentaban como verdades absolutas tal como intenta
hoy (1985) hacer Mattini con su teoría de la Revolución
Democrática. En cambio Santucho y el PRT comenzaban (y digo
sólo comenzaban) a romper con ese dogmatismo y a redescubrir
el marxismo como una concepción del mundo y una teoría de la
praxis llena de vida que se crea y se recrea todos los días, o sea en
la actividad teórico-práctica, basando su criterio de verdad en la
práctica social y no en dogmas preestablecidos.
Muchos teóricos post-modernos afirman que el positivismo
fue la expresión filosófica del avance extraordinario de las cien-
cias naturales en el siglo XIX, e incluyen dentro del positivismo al
marxismo. En el fin del siglo XX concluyen en que el positivismo
113
Daniel De Santis
ha sido superado. Por supuesto que ha perecido el dogma que se
construyó en reemplazo del materialismo histórico y el dialéctico.
Creemos necesario que la reflexión sea hecha sobre las verdaderas
ideas de Marx y Engels. Tomemos por ejemplo este párrafo del
Engels maduro (no sospechado de idealismo) escrito en 1886 en
su trabajo sobre Ludwig Fehuerbach en el cual expone el método
de Hegel:

“En Hegel, la verdad que trataba de conocer la filosofía, no


era ya una colección de tesis dogmáticas fijas que, una vez encon-
tradas, sólo haya que aprenderse de memoria; ah ora, la verd ad
re sid ía, e n el p roc eso mism o d e con oce r, en la larga trayectoria
histórica de la ciencia, que, desde las etapas inferiores, se remon-
ta a fases cada vez más altas de conocimiento, pero sin llegar
jamás, por el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a
un punto donde ya no pueda seguir avanzando, en que sólo le
reste cruzarse de brazos y sentarse a admirar la verdad absoluta
conquistada (...) Todas las fases son necesarias y, por lo tanto,
legítimas para la época y para las condiciones que la engendran;
pero todas caducan y pierden su razón de ser al surgir condicio-
nes nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su
propio seno, tienen que ceder el paso a otra fase mas alta, a la que
también le llegará, en su día, la hora de caducar y perecer.”9

Comprender esto nos permitirá asumir que el marxismo no


es una concepción concluida en 1883, ni en 1895, ni tampoco con
la muerte de Lenin, sino que debemos “exprimir” nuestros cere-
bros, alimentados en la práctica social, para que de ellos salgan
la s nueva s ideas que actualicen la visión marxista de la historia y
la sociedad. Pero el gnoseológico no es el único error que comete
Mattini. Citamos antes su nota al pie de la página 28, donde nos
habla de la Democracia Revolucionaria como un enfoque relati-
vamente nuevo en el marxismo. (¿Quiénes son los marxistas para
Mattini? Nos lo dirá más adelante).
Según nuestro conocimiento ya se llamaban demócratas
(revolucionarios) los jacobinos del grupo encabezado por
Robespierre (1790)10. Dentro de la terminología marxista lo

114
Carta a un Tupamaro
encontramos en 1895, cuando Plejanov y Lenin lo usaron para
caracterizar a los socialistas pre-marxistas rusos: Herzen,
Chernishevsky y otros11 (1860-80), quienes veían en el campesi-
nado la fuerza revolucionaria fundamental y al grupo “la volun-
tad del pueblo”, los que el 1 de marzo de 1881 realizaron un aten-
tado con una bomba contra el Zar Alejandro II, matándolo, grupo
al que pertenecía Alejandro Úlianov, hermano mayor de Lenin12.
Y, por último, creemos que Mattini no reparó en que también
Lenin caracterizaba como demócrata revolucionario al pope
Gapón13 quien condujo, el 9 de enero de 1905, a la masacre de
cientos de obreros y campesinos rusos, hecho conocido como el
“domingo sangriento”.
Hemos citado tres ejemplos del uso de la categoría “demó-
crata revolucionario” por los marxistas. Ellos -los verdaderos mar-
xistas- la usaron para definir a los movimientos revolucionarios
anteriores al surgimiento del marxismo. Luego de la aparición y
desarrollo de éste se siguió utilizándolo, pero ahora para caracte-
rizar a movimientos retardatarios, retrógrados o directamente
reaccionarios y contrarrevolucionarios. Como hemos visto esta
terminología no es nueva ni feliz. Sí es de reciente incorporación
(fines de los ‘70) al acerbo conceptual de los Partidos Comunistas
en un intento por producir un acercamiento con los movimientos
revolucionarios del Tercer Mundo inspirado, entre otras cosas, por
la presión del Partido Comunista Cubano.
Los comunistas de aquellos años se pensaban a sí mismos
como los únicos revolucionarios y, por lo tanto, los movimientos
de liberación nacional y social, e incluso partidos marxistas leni-
nistas, eran caracterizados como pequeño-burgueses desespera-
dos, o con adjetivos aún peores. Y en la página 312, Mattini nos
dice quiénes son, para él, los marxistas:

“Posiblemente Handal y Santucho sean las expresiones más


lúcidas de las dos corrientes revolucionarias latinoamericanas
(exceptuadas las direcciones del Partido Comunista Cubano y del
Frente Sandinista) que necesariamente deben converger en una
corriente única (...) Pero la diferencia fundamental entre estos dos
revolucionarios ejemplares está en que, mientras el primero es
hijo de la tradición comunista, y por lo tanto proletaria -con el

115
Daniel De Santis
reformismo incluido- y pudo descartar los lastres negativos y
mantener y desarrollar la enorme acumulación de experiencia de
esa tradición, auténticamente marxista, el segundo, arrastraba el
fuerte contrapeso de la influencia de la ‘democracia revoluciona-
ria’, agravado por su formación en el trotskismo.”14

Para Mattini la tradición comunista, con el reformismo


incluido (Mattini no se priva de nada), es la proletaria auténti-
camente marxista. Por lo tanto asume esa posición política y
defiende su concepción de la Revolución Democrática, hipóte-
sis desde la cual intentó negar (¿dialécticamente?) la experien-
cia del PRT.
Por respeto a miles de heroicos militantes obreros del
Partido Comunista que dedicaron su vida a la lucha revoluciona-
ria por el socialismo, sentimos pudor en recordar que en la
Argentina de 1976 no podía haber confusión sobre quiénes eran
los militares argentinos, y menos en 1985. Para Mattini esto es un
detalle sin importancia: Santucho era demócrata revolucionario
y no entendía nada de política porque proponía una agrupación
sindical que no se desarrolló15, y la colaboración del Partido
Comunista con la Dictadura de Videla era una política que
expresaba, según Mattini, al proletariado.
Éstas son, a mi entender, algunas de las ideas que Mario
Roberto Santucho, Benito Jorge Urteaga, Domingo Menna, todo
el PRT, con sus héroes, sus mártires y sus sobrevivientes, se mere-
cían que fueran discutidas cuando en los años ‘78-‘79 nos dividi-
mos, en lugar de ocultarlas tras la fábula de una lucha entre
democráticos y antidemocráticos, como se afirma en el libro de
Luis Mattini. Nosotros sabemos que hemos cometido errores
grandes y errores pequeños, tácticos y estratégicos, que hemos
manejado sólo “briznas de marxismo”, pero aquí se ha intentado
discutir algo diferente, algo que creemos también esencial, y eso
es la actitud teórico-práctica de un revolucionario frente a la
revolución social.

La Plata, 19 de julio de 1996

116
Carta a un Tupamaro

NOT AS

1
Este texto forma parte de un escrito más extenso inicialmente titulado
En homenaje a Santucho, Urteaga y Menna, publicado el 19 de julio de
1996 con motivo de cumplirse el 20 aniversario de la caída en combate
de nuestros compañeros. Este trabajo fue ampliado y su versión defini-
tiva, bajo el nombre Apuntes para un balance, apareció publicada como
introducción al Tomo 2 de A vencer o morir, el 19 de julio de 2000.
2
En realidad fue designado interinamente, no elegido. En la carta a
Huidobro se analiza más ampliamente esta situación. Este error se
cometió por falta de información al momento de su publicación. En
homenaje a Santucho (...) fue el inicio de mis esfuerzos por rescatar la
historia y los documentos del PRT y del ERP.
3
Mattini, Luis: Hombres y mujeres del PRT-ERP, Editorial La Campana
(edición ampliada), 1995, p. 14. Los subrayados son nuestros.
4
Op. cit. p. 27 y 28.
5
Op. cit. p. 28.
6
Op. cit. p. 144.
7
Op. cit. p. 318. La negrita es nuestra.
8
La Revolución Democrática es, para los marxistas, la revolución políti-
ca de la burguesía en aquellos países en los que han madurado las rela-
ciones de producción capitalistas, y por lo tanto la modificación radical
de la superestructura de la sociedad, que le permita a la clase revolu-
cionaria eliminar las relaciones económicas sobrevivientes del feudalis-
mo y otras relaciones de producción precapitalistas. La Revolución
Democrática típica fue la francesa de 1789, y la única en Europa en la
que la burguesía jugó “su” papel revolucionario. Luego, los marxistas
han escrito toneladas de libros analizando las inconsecuencias de las
burguesías en “su” revolución, por lo que se concluye que este papel
debió jugarlo el proletariado. En nuestro país se han alternado la dicta-
dura militar (bonapartista primero y terrorista después) con la demo-
cracia parlamentaria como formas de dominación, sin modificación
progresista de la estructura económica. Peor aún, la contradicción entre
democracia y dictadura no fue resuelta por las fuerzas revolucionarias
sino por su derrota. Esto les ha permitido imponer una democracia par-
lamentaria restringida, corrupta, mafiosa, donde los representantes sur-
gen, igual que en la época de Lenin, por el poder del dinero. Esta demo-
cracia no puede evolucionar progresivamente, porque su esencia es,
como hemos visto, reaccionaria.

117
Daniel De Santis
9
Engels, Federico: Ludwig Fehuerbach y el fin de la filosofía clásica alema-
na, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1975, p. 30 y 31. El subrayado es
del autor.
10
Atlas Histórico Mundial, Istmo, Madrid, Tomo 2, p. 19.
11
Historia de la Ideas Políticas, Cartago, Buenos Aires, 1959, cap. XX.
12
Al cumplirse el sexto aniversario del atentado, un grupo de la misma
organización encabezado por Alejandro, el hermano de Lenin, intentó
repetir el atentado con el Zar Alejandro III, pero fue descubierto y
Alejandro y cuatro de sus compañeros fueron ahorcados.
13
Lenin: “Dos tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución
Democrática”, en Obras Escogidas, Problemas, Buenos Aires, 1946, p. 52.
14
Mattini, op. cit., p. 312.
15
Incluso este tema está sujeto a discusión. Santucho veía en 1974 más
lejos que Mattini en 1985. El primero proponía una agrupación sindical
por la guerra y el socialismo porque preveía la necesidad de una orga-
nización sindical clandestina en condiciones de una dictadura militar
cuyo advenimiento era inminente.

118
Carta a un Tupamaro

LA LU CHA O BRE RA
EN PRO PU LSO RA SIDE RÚ RGICA
Y LA S JORN ADA S DE J UN IO Y JU LIO DE 19 75

Intro ducció n

Recoger los hechos históricos parece una cosa natural para


los pueblos, por que lo hacen desde la antigüedad, y parecería
que no es necesaria mayor justificación para ello. En nuestro
caso, además de esta actitud, creemos que existen motivos parti-
culares que lo hace útil y necesario. En la historia de lucha de los
pueblos y de las clases explotadas es natural que la historia oficial
sea escrita por los vencedores, y relegada al olvido, en el mejor de
los casos. Es común también que sean calumniados los pueblos o
clases que sufrieron la derrota; otro tanto se hace con los hombres
que participaron en aquellas contiendas. Hoy es doblemente
importante y difícil rescatar la experiencia del movimiento obre-
ro y de los revolucionarios que dentro de él protagonizaron las
luchas del período 1966/76. Es doblemente difícil porque en ese
período se construyó un poderoso movimiento obrero y popular,
revolucionario, que tal vez como nunca antes cuestionó el poder
de las clases dominantes, motivo fundamental que llevó a éstas al
golpe de 1976 y a ejercer sistemáticamente el terrorismo de
Estado contra el pueblo.
Nos proponemos contar una experiencia desarrollada en la
zona de Ensenada, Berisso y La Plata, donde había surgido un
activismo fabril que planteaba posiciones combativas y se con-
traponía a las direcciones sindicales, otrora combativas, surgidas
en su mayoría, en los planes de lucha de la CGT entre los años
1964 y 1965, las que se habían ido burocratizando. Podemos men-
cionar, entre otras, luchas desarrolladas en Hilandería Olmos, en
la construcción, en UTA, en los frigoríficos Swift y Armour, en las
119
Daniel De Santis
metalmecánicas INDECO, SIAP, Káiser Aluminio, OFA y Casa
de las Juntas, en Corchoflex, en Judiciales, ATULP, Hospital de
Gonnet, Hospital Gutiérrez, Astilleros Río Santiago y Propulsora
Siderúrgica. Por haber participado directamente en esta última,
centraré el relato allí, lo que no implica desconocer al resto del
movimiento obrero y sus luchas, las que en buena medida con-
fluyeron hacia 1975 en la Coordinadora de Gremios, Comisiones
Internas y Delegados en Lucha de La Plata, Berisso y Ensenada.1

E l f raud e electo ral

Propulsora Siderúrgica fue una fábrica que comenzó su


producción de laminados planos en 1969, con una tecnología
muy avanzada a la que incorporó a obreros jóvenes -promedio 25
años- con mediana y alta calificación, técnicos de las escuelas
industriales o jóvenes habían cursado algunos años de la escuela
secundaria, y un nivel salarial alto para el mercado. Sindical-
mente se organizó un cuerpo de delegados a instancias de la
Directiva de la seccional de la UOM, integrada por miembros de
la Lista Azul Rosendo García. En el mes de octubre de 1973 fue-
ron convocadas elecciones para renovar la totalidad del Cuerpo
de Delegados, del que surgiría luego la Comisión Interna. La
Comisión Directiva de la UOM propuso la integración de una
lista única, con la condición de excluir de ella a Salvador
Delaturi, por ser comunista. La propuesta no fue aceptada.
Rápidamente se produjo la reacción de la mayoría de los delega-
dos entre los cuales había militantes de la Juventud Peronista, del
Partido Comunista y del Peronismo de Base y numerosos delega-
dos independientes, los que tenían posiciones democráticas y
combativas. Finalmente se produjo la ruptura y se conformaron
dos listas: la Azul, ligada a la directiva de la UOM, y la Blanca
integrada por la mayoría de los delegados.
La elección se desarrolló durante tres días, por lo que la
urna debía guardarse, en las dos noches intermedias, en el local
de la Seccional. Los de la Directiva, además de la urna, proveye-
ron los sobres para emitir los votos. Estos eran translúcidos -por
120
Carta a un Tupamaro
lo que dejaban ver el color de la boleta colocada en su interior-.
Al finalizar el segundo día de votación, con voto “cantado” y
escrutinio contado, era evidente que ganaba la Lista Blanca por
amplio margen. Esto decidió a los azules a consumar el fraude
que tenían planificado ante la emergencia. Cargaron la urna en
un auto Falcon para llevarla al Sindicato, mientras eran perse-
guidos por delegados de la Lista Blanca en un Citröen. Los pri-
meros se perdieron en la zona del Bosque de La Plata y cambia-
ron los votos. Al otro día se realizó el escrutinio y ganó la lista
Azul, por 550 a 350 votos aproximadamente. La reacción de los
miembros de la Blanca, ante el fraude, fue levantar firmas que
avalaran la anulación de la elección. En cuarenta y ocho horas se
recogieron setecientas treinta y dos firmas, más del doble de los
votos “obtenidos”, las que fueron llevadas al local sindical por
una comisión de obreros acompañados por una escribana. Al
intentar ingresar al Sindicato fueron arrojados violentamente.
De esta manera concluyó esa primera resistencia y así se consu-
mó el fraude electoral.
En los meses siguientes hubo mucha bronca por este hecho
y porque los delegados fraudulentos no respondían a los intereses
de los trabajadores. Puedo relatar una pequeña anécdota muy
demostrativa de su actitud. Me encontraba trabajando, en un
lugar bajo techo, con un compañero que era afiliado comunista
-esto era conocido en la fábrica- embalando bobinas de chapa.
Una gran máquina que se usaba para mover las bobinas, un
Hyster, quemaba mucho aceite y sumado al lugar cerrado nos
afectaba considerablemente. Cuando llamamos a un delegado
para que lo parara, nos acusó de haraganes y comunistas, que lo
que queríamos era hacer lío. Luego, recurrimos al jefe de turno y
éste paró el Hyster. Ante hechos como estos los trabajadores fue-
ron acumulando mucha bronca. Mientras tanto, por la inflación,
nuestro salario iba cayendo.

L a huel ga g rand e

Entre abril y mayo de 1974 se reactivó el grupo de traba-


jadores que habían formado la Lista Blanca2. En las sucesivas
121
Daniel De Santis
reuniones que se realizaron se decidió convocar a una asamblea
para el día jueves 23 de mayo, con el objetivo de solicitar un
aumento de salarios. El volante con la convocatoria tenía un texto
brevísimo y de muy pequeño tamaño, casi ridículo para la subje-
tividad de un militante que venía de la Universidad, pero esas
pequeñas tiras de papel eran pasadas de mano en mano como un
tesoro. Al día siguiente en el diario El Día de La Plata se podía
leer entre los principales titulares: “Paro docente en todo el país,
con elevados índices de ausentismo, en La Plata fue práctica-
mente total. Realizaron una manifestación; Se levantó ayer el
paro de FATUN; Bombas a dos médicos del Swift; Empresarios
de Ensenada dijeron que hay desabastecimiento y mercado negro
en muchos productos; O cu paro n l as ins ta lacio nes en Pro pul sor a
Si derúrg ica ”.
Ese día jueves a las 14:00 horas -cambio de turno- se reu-
nieron los trabajadores frente a los vestuarios y se improvisó
una tribuna con un tanque de 200 litros, la concurrencia era
numerosa y expectante. Lo primero que hicimos fue explicar los
motivos de la convocatoria y solicitar la presencia de los delega-
dos, pero se informó que se habían escapado por los fondos de la
fábrica. Inmediatamente preguntamos por el monto del aumen-
to: “¿70.000 $ m/n? ¡No!”, respondió la asamblea. “¿80.000 $ m/n?
¡No!”, resuelve nuevamente. “¿90.000 $ m/n?” y otra vez la nega-
tiva, hasta que se aprobó la cifra mágica de 100.000 $ m/n.
El paso siguiente fue elegir una Comisión de quince obre-
ros para elevar la solicitud a la patronal. Ésta no recibió a la
Comisión, lo que provocó una situación indefinida. Por parte de
la patronal, interpretaron que se había ocupado la Planta; por
parte de los trabajadores no se sabía muy bien qué hacer y se
esperaba. Pasadas unas dos o tres horas se comenzó a tomar con-
ciencia de que, aún sin proponérnoslo, habíamos tomado la fábri-
ca. En consecuencia se resolvieron algunas medidas: se organiza-
ron las entradas y salidas, se comenzó a acumular comida, se for-
maron comisiones de propaganda, de vigilancia, etc.
A las 19:00 horas llegó un representante del Ministerio de
Trabajo, se interesó por la situación general y preguntó por los
rehenes a lo que se respondió que los ejecutivos presentes no eran
122
Carta a un Tupamaro
tales y que sino se habían ido era porque no lo querían. Cuando
estos se enteraron abandonaron el lugar precipitadamente. Antes
de finalizar el día ampliamos la Comisión de 15 a 33 compañe-
ros. De esta manera quedó constituido el Cuerpo de Delegados
de acuerdo con la proporcionalidad que establecían los estatutos.
Dentro de la fábrica, tanto en la planta de producción como en el
taller mecánico y aún en las oficinas, reinaba gran actividad;
todos nos preparábamos para sostener la ocupación. La solidari-
dad y afecto de los compañeros se manifiesta en forma exultante.
A media noche, al llegar a mi sección, Decapado3, los compañeros
me habían preparado una cama con papeles de envolver bobinas
dentro de una de las cabinas de la sección.
Al amanecer mateamos y la actividad continuó. Me vinie-
ron a ver el Turco Cherri y Roberto Lopresti. Me dijeron: “Te bus-
camos toda la noche porque queremos saber tu opinión. Creemos
que al Cuerpo de Delegados y al movimiento en su conjunto hay
que darle una dirección centralizada. Los estatutos establecen
que para esta fábrica corresponde una Comisión Interna de 5
miembros, la cual tendría que estar integrada por nosotros dos de
Montoneros, el Pato Rave del Peronismo de Base, el Pampa
Delaturi del Partido Comunista y vos del Partido Revolucionario
de los Trabajadores, ¿qué opinás?” Les respondí que me parecía
bien. “Pero, insistieron, el problema es que no sabemos cómo
hacer la propuesta”. Les respondí: “es muy fácil, se convoca al
cuerpo de delegados, se hace la propuesta y se vota. Luego esta
resolución se la lleva a una asamblea como propuesta del Cuerpo
de Delegados”. Ese mismo día se efectuó esta propuesta por el
procedimiento indicado y una asamblea la aprobó. La composi-
ción de la Comisión Interna representaba a los compañeros que
habíamos organizado el movimiento y a las fuerzas políticas
populares que existían en la fábrica.
Dentro de la fábrica había gran actividad, pero el aspecto
más destacado era la realización permanente de asambleas para
tomar las decisiones, todo se discutía y resolvía colectivamente.
Se inició así una rica experiencia de democracia obrera, la que
con altibajos se mantuvo hasta marzo de 1976. Esto es necesario
recalcarlo porque por parte de la patronal, la burocracia y los ser-
123
Daniel De Santis
vicios se ha intentado ocultar y tergiversar esta situación. Fueron
los activistas encuadrados en las organizaciones revolucionarias
los que impulsaron y educaron a sus compañeros en la democra-
cia obrera, ya que el sistema de explotación y la burocracia no lo
hacían.
El mismo viernes una delegación de trabajadores concurrió
a la casa de gobierno, fueron recibidos por el secretario general
de la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, a quien se le
informó de la real situación en la planta y los objetivos de la
medida de fuerza. Luego la delegación se entrevistó con el perio-
dismo para informarle de la situación y desvirtuar las versiones
de toma violenta y la existencia de rehenes. También se explicó
que desde un primer momento se había recabado la presencia de
directivos de la UOM, para que tomaran la representación de los
trabajadores y buscaran una solución al conflicto, pero “hasta el
medio día del viernes no hemos contado con la presencia de los
dirigentes gremiales”. Asimismo se denunció que la empresa esta-
ba incurriendo en acaparamiento de material. Por su parte, repre-
sentantes de la patronal señalaron a la prensa que no podían hacer
tratativas porque desconocían la representatividad gremial de los
delegados recién elegidos. Ese día se recibieron adhesiones de la
Regional VIII de la Juventud Peronista, la agrupación Evita y el
Partido Socialista de los Trabajadores.
Se intentaron distintas vías para quebrar el conflicto. El
sábado 25 de mayo la Comisión Directiva de la UOM convocó a
una asamblea en la sede sindical a la que concurrió una gruesa
columna de obreros -otros quedaron en la planta- y la asamblea
no se realizó porque la burocracia no la podía controlar. Mientras
tanto, dentro de la planta se organizó una olla popular la que se
sostuvo con contribuciones de la población, fundamentalmente
de Ensenada. Desde el Comedor Universitario la Federación
Universitaria de La Plata envió comida.
Mientras en la fábrica se formaban comisiones para distri-
buir alimentos y medicamentos que recibíamos de la solidaridad
popular, se le reclamaba a la Comisión Directiva de la UOM que
reconozca la representatividad de los delegados, para así iniciar
tratativas tendientes a solucionar el conflicto. La Comisión
124
Carta a un Tupamaro
Directiva, manifestó que la UOM no dialogaría con los ejecuto-
res de la medida de fuerza hasta tanto no desocuparan la fábrica.
Su Secretario Adjunto, Rubén Diéguez, expresó a la prensa que
“hasta ahora nos hemos negado a hablar con los trabajadores de
la planta (...) pero cuando ellos se den cuenta que han sido enga-
ñados, los que pudieran estar en el establecimiento, porque la
mayoría no está, y otros que se hallan presionados o amenazados
y normalicen sus tareas, la asamblea que ellos solicitan la convoca-
rá directamente el gremio, como así asumirá la derivación de esta
situación con toda la responsabilidad en defensa de los obreros”.
Otro directivo agregaba que se está “aguardando que se expida el
juez interviniente en la causa que fue iniciada por la subsecreta-
ría de trabajo, Dr. Ramón Silva Pelossi”.
Se vivieron todo tipo de experiencias. Dentro de la planta
hubo activistas que intentaron quebrar la lucha. Respondían a
corrientes políticas sin representatividad entre los trabajadores.
Así, por ejemplo, en una reunión del cuerpo de delegados, uno de
ellos sostuvo que para mayor democracia era necesario hacer
asambleas cada dos horas. Este planteo era ridículo desde todo
punto de vista, ya que implicaba prácticamente vivir en asam-
blea. Por lo tanto se decidió, como ocurría hasta ese momento,
que ellas fueran convocadas cuando había algo importante que
decidir, pues llamar a asamblea mecánicamente sin tener algún
tema que resolver sólo podía producir el desgaste de los delega-
dos, de los trabajadores y de la misma institución asamblea.
El día domingo 26, fue el pico más bajo en la toma, debido
a los días feriados seguidos y la consecuente falta de novedades.
Esta situación fue aprovechada por otros “quinta columna” para
sembrar la duda y el desánimo. Recuerdo que agitaban la necesi-
dad de realizar una asamblea para discutir la situación y la falta
de resultados. Se llamó a asamblea y se expresó el objetivo bus-
cado: desconocer al cuerpo de delegados, “ya que estos sólo quie-
ren el conflicto y no se ha logrado nada hasta ahora”. La pro-
puesta recibió algunos apoyos. Nosotros no sabíamos qué hacer,
pues era real que no había novedades, ya que la patronal buscaba
el desgaste del movimiento. En pocas palabras, nos quedamos sin
línea. En ese momento pidió la palabra un compañero que vivía
125
Daniel De Santis
en Berisso, descendiente de polacos, que había sido obrero de la
carne en el frigorífico Swift y era de más edad que la mayoría de
nosotros, o sea tenía más experiencia, un veterano de treinta y
pico. Les habló a los compañeros y les pidió que no se dejaran
confundir, que apoyen a los delegados, ya que en sus años de
fábrica nunca había visto tanta democracia y participación y que
en esto tenía que ver la actitud de los delegados; esto argumentos
revirtieron la situación. No recuerdo haber escuchado nueva-
mente a este compañero hablar en las asambleas, lo que sí recuer-
do es que se repitieron hechos como éste. Compañeros que no
eran activistas intervinieron en momentos claves y resolvieron
situaciones difíciles. Una de las enseñanzas que nos dejó esta
experiencia es que cuando un fenómeno es realmente de masas la
participación es inagotable.
Es muy difícil describir tantos años después la solidez que
envolvía a aquel grupo, basada en el trato fraternal y solidario
entre los compañeros, que se guiaba por la simple consigna o
t od os o n ing un o. Lo que sí puedo afirmar es que en estas jornadas
se fue fraguando una conciencia que quince años después todavía
vive en los protagonistas de aquellos días de gloria. La solidari-
dad se expresó desde todos los sectores: tuvieron una participa-
ción activa la población de la zona, la Cámara de Comercio e
Industria de Ensenada, la JTP, FULP, ATULP, Judiciales, el FIP,
APR, UCR, JR, las agrupaciones estudiantiles, el cura Chicho, o
sea el párroco de Cambaceres, Félix Bianchini.
El lunes 27 de mayo se le presentaron a la patronal los cinco
puntos que serían los que sostuvieron al conflicto (que se prolon-
gará hasta el 9 de setiembre): 1) Ningún despedido; 2) Pago de los
jornales caídos; 3) No represión; 4) Cien mil pesos de aumento; 5)
Reconocimiento del Cuerpo de Delegados y de la Comisión
Interna de Reclamos. A la actitud patronal y de la UOM, se sumó
la del gobierno que desplegó sus efectivos sobre la planta. Así rela-
tó el diario El Día del 28 de mayo lo acontecido el día anterior
(diario no sospechado de parcialidad hacia los obreros):

“Se reforzó considerablemente el número de efectivos y se


movilizaron carros de asalto y ambulancias en previsión de tener
126
Carta a un Tupamaro
que desalojar a los obreros de acuerdo a la orden judicial. A las
14:30 horas se hizo presente el juez en lo penal Dr. Ramón Silva
Pelossi. También arribaron a la planta el diputado nacional
Leonardo Bettanin, y el dirigente de la JTP Enrique Juárez. El
juez se retiró una hora después y volvió a ingresar a las 19:30
horas. Se temía que se iniciara la represión. Ingresaron también
Bettanin y Juárez y se prosiguió la reunión hasta las 21:45 hs. en
que se retiró el juez Pelossi. De hecho la patronal reconocía a los
delegados obreros ya que accedió a dialogar con ellos. La patro-
nal accedió al pago de los días caídos, que no habría despedidos
y que se trataba de llegar a una desocupación pacífica de la plan-
ta. (…) Eran cuestionados (por parte de la patronal) los puntos
referidos al aumento y al reconocimiento de la representación
obrera (…) Los principales accesos a Propulsora Siderúrgica fue-
ron fuertemente custodiados por efectivos de la policía provin-
cial. Se notó el desplazamiento de carros de asalto y otros vehí-
culos. El acceso de personas fue rigurosamente controlado y des-
pués de justificar que vivían en la zona se les permitía el paso (...)
Los obreros y el diputado Bettanin hicieron gestiones para que se
permitiera el acceso al periodismo, pero no se accedió a ello. (…)
Una delegación de trabajadores dialogó con Ricardo Balbín, fue-
ron acompañados por el párroco de Cambaceres Felix Bianchini
y el presidente del comité de agrupaciones políticas de Ensenada
Vicente Seguini.”

De las reuniones que se realizaron con funcionarios y políti-


cos la que tengo más presente es la realizada, dentro de la planta,
entre los cinco miembros de la Comisión Interna y dos altos jefes
de la Policía de la Provincia. Uno de ellos tenía tres soles y el otro
dos, por lo que deduje que el gobierno le daba mucha importan-
cia a la situación planteada. Ellos nos exigieron la desocu-pación
inmediata de la planta. Luego, más relajados hicieron insinua-
ciones sobre la militancia política de algunos de nosotros y trata-
ban de obtener o precisar la de los que no tenían esa información.
Nuestra actitud fue firme y cortante en todo momento. Nuestro
mejor argumento y nuestra mayor verdad era que no podíamos
tomar una decisión, ya que ello era privativo de una asamblea.
Además le expresábamos algo que ellos podían comprobar: que
127
Daniel De Santis
nadie tenía deseos de desalojar la planta y nos manteníamos uni-
dos, organizados y dispuestos a ofrecer resistencia. Finalmente
acordamos seguir conversando al día siguiente, ya que se hacía de
noche y en esa situación no se podían realizar modificaciones.
Mientras tanto, dentro de la planta, en las primeras horas
de la noche se realizó una asamblea en la que hablaron muchos
compañeros proponiendo resistir hasta la última gota de sangre.
Lo que finalmente resolvió la asamblea fue resistir y preparar la
defensa. En esta asamblea se lució la oratoria y la capacidad de
organización del Pampa Delaturi, quien le habló a sus compañe-
ros como un general revolucionario le hablaría a sus soldados.
Para la defensa se ubicaron bobinas colgadas de las grúas y carros
en los lugares de acceso, nos distribuimos planificadamente den-
tro de la planta, se reforzaron los puestos de observación en la
periferia de la fábrica.
Durante la noche se siguió conversando y con mayor sere-
nidad se fue llegando a la conclusión de que había que desalojar
la planta pero negociando una salida decorosa. Esta posición se
sustentaba en el relativo equilibrio de fuerzas. Ellos disponían de
la fuerza para reprimir y, pese al enorme costo político que ello
significaba en aquel momento, habíamos llegado a la conclusión
de que era una decisión tomada. Por nuestra parte había gran dis-
posición para resistir, conocíamos bien el lugar, contábamos con
enormes máquinas rodantes, centenares de bobinas que podía-
mos mover y, dentro de la planta, los puentes grúas. Pero nuestra
mayor fortaleza era política. Existía una unidad monolítica y los
pocos opositores estaban neutralizados, teníamos el apoyo de las
agrupaciones populares y fundamentalmente la manifiesta sim-
patía de la población de la zona.
De haber mantenido la toma se hubiese producido un duro
enfrentamiento con alto costo para las dos partes, pero por la
nuestra peligraba la integridad física y las vidas de nuestros com-
pañeros, por lo tanto el costo mayor sería el nuestro. Además esti-
mábamos que no era correcto jugarnos al todo o nada, sino que
debíamos ceder algo pues teníamos fuerza para proseguir la
lucha de otra forma. Con esta convicción se accedió a salir a las
11:00 hs. de la mañana, para permitir la llegada de los grupos de
128
Carta a un Tupamaro
manifestantes que nos apoyaban y, para hacer una picardía,
pedimos que un destacamento de policía se ubicara frente a la
entrada principal.
Se entregó la planta en perfectas condiciones. Se firmó un
acta que a su vez se entregó al periodismo como comunicado de
prensa. Allí se consignó que:

“en la ciudad de Ensenada, Provincia de Buenos Aires, en la


planta de Propulsora Siderúrgica, a los veintiocho días del mes
de mayo de 1974, el personal del establecimiento que se encon-
traba realizando una asamblea que se desarrolló sin solución de
continuidad, procedió a desalojar las instalaciones de la misma,
sin que se produjeran incidentes. Ante la ausencia de personal
jerárquico la planta se encuentra bajo custodia del comisario de
Ensenada. En el interior de la planta no se produjo pérdida algu-
na de bienes materiales, encontrándose las instalaciones en per-
fectas condiciones.”

En un clima de extrema tensión se organizó la columna


obrera, formada por secciones y estas por escuadras de 10 tra-
bajadores, todos con ropas de trabajo. El guía derecho de la
primera escuadra llevaba una banderola que identificaba a su
sección y así todas las secciones. El departamento de produc-
ción, encabezado por la sección Tandem4 se identificaba por sus
cascos amarillos; luego seguían las secciones del taller mecá-
nico y de mantenimiento con sus cascos azules y por último,
cerrando la marcha, los compañeros de control de calidad y de
las oficinas con sus cascos grises y blancos respectivamente.
La columna obrera era imponente. La marcha, tensa y
solemne. Se comenzó a cantar el Himno Nacional, lo que obligó al
destacamento policial a saludar militarmente a los trabajadores. El
día era soleado, la atmósfera diáfana, lo que permitía ver a lo lejos,
en el acceso, a nuestros familiares y a las más de dos mil personas
que nos esperaban. El encuentro fue emotivo, después de saludar-
nos, marchamos todos juntos hasta la plaza Belgrano de Ensenada,
de allí marchamos a La Plata hasta las calles 7 y 49. Durante el tra-
yecto un cordón de personas nos saludaba y alentaba.

129
Daniel De Santis
Desde allí una delegación del cuerpo de delegados se
dirigió al Ministerio de Economía para entrevistarse con el
delegado del Ministerio de Trabajo de la Nación, Centeno
Quiroga. “La reunión duró desde las 17 hs. hasta las 20:30 hs.
La representación obrera estaba integrada por Omar Jacinto
Cherry, Salvador Delaturi y Daniel De Santis a quienes acom-
pañaban sus abogados Cesar Calcagno y Jorge Brandwaiman”.
Allí solicitamos la firma de un acta donde se comprometía a
una reunión conjunta de directivos de Propulsora Siderúrgica,
de la UOM y la Comisión Interna con participación del
Ministerio de Trabajo. El delegado del Ministerio de Trabajo
no accedió a este pedido. Para este y su secretario Darío
Alesandro, militantes de la derecha peronista, la reunión no
era más que parte del enfrentamiento con la izquierda de su
movimiento. Para nosotros no era así, estábamos compenetra-
dos de nuestras reivindicaciones como trabajadores.
El secretario Darío Alessandro, en la conversación previa
a la reunión, comenzó a chicanearnos, entre otras cosas nos
decía que habíamos repartido cascos a los estudiantes univer-
sitarios, ya que allí no había trabajadores. Esto dio origen a un
contrapunto con el Turco Cherry, curtido en la vida de la calle,
que dejó al militante de la Concentración Nacional
Universitaria sin palabras. Allí comencé a conocer las caracte-
rísticas del Turco y del Pampa en las reuniones con la patronal.
El primero conversador, de rápida respuesta y proclive al ping-
poneo dialéctico en el que se sabía hábil; el Pampa era la perso-
nalidad opuesta, ya de por sí serio, con la patronal era una roca,
inflexible, de pocas palabras, nunca esbozó una sonrisa ni en
esa reunión ni en ninguna otra. Él pensaba que iba a la guerra
de clases con la burguesía y así actuaba en todo momento. El
Pampa parecía forjado en acero.
Mientras se desarrollaba esta reunión en el hall del
Ministerio, encabezados por el Pato Rave estaban presentes 18
delegados que gestionaron el ingreso del periodismo a la sala
de reunión, pero tampoco se accedió a este pedido. Para mati-
zar la espera, subió a la sala una fuerte dotación policial para
intimidar a los compañeros allí reunidos. La confianza que se
130
Carta a un Tupamaro
fue ganando aquella dirección se basaba además de la combati-
vidad y la participación democrática, en la permanente y más
amplia información de todos los pasos y gestiones realizadas.
Finalizada la reunión nos dirigimos nuevamente hasta las
calles 7 y 49 donde aguardaban, además de nuestros compañeros,
alrededor de 5.000 personas que eran solidarias con nuestra
lucha. Dimos allí un amplio informe de lo actuado e invitamos a
marchar hasta la casa de gobierno y allí desconcentrarnos. Eran
las 22:00 hs., de lo que había sido un día agitado. Después de seis
días de toma de fábrica, movilizaciones, negociaciones, y de la
febril actividad que ello implicaba, estábamos muy cansados,
pero rebosantes de felicidad. Todas estas jornadas tenían para
nosotros sabor a gloria, habíamos desplegado energías inmensas
y era nuestra convicción que serían coronadas con el éxito.
Al día siguiente nos concentramos en el local de la
Asociación Trabajadores de la Universidad de La Plata (ATULP),
un sindicato amigo y solidario con nuestra lucha y en general con
la de todos los trabajadores. Alrededor de las 17:00 hs. comenzó
la asamblea citada el día anterior, con un marco ya tradicional
formado por los grupos juveniles de los distintos sectores de la
izquierda y el peronismo por un lado, y por otro un amplio dis-
positivo policial encabezado por la brigada antiguerrillera. En la
asamblea se ratificó el paro y luego se inició una marcha hacia las
calles 8 y 48, permaneciendo allí hasta las 20:30 hs. ¿Por qué, si
esa era una asamblea obrera, se la controlaba con la brigada anti-
guerrillera? Esta era otra evidencia que la tan promocionada gue-
rrilla industrial no era más que la disposición de lucha y ascenso
de la movilización en las fábricas. ¿Se le podrá llamar, acaso, gue-
rrilla industrial a la organización obrera?
Ya una vez fuera de la fábrica fue necesario reforzar la orga-
nización del cuerpo de delegados con una red de comunicaciones
de tal manera que, en menos de 24 horas, se pudiera convocar al
conjunto de los compañeros. Como base organizativa tomamos la
misma organización implantada por la patronal para la produc-
ción, la cual ya la hemos descrito en la formación de la columna
que abandonó la fábrica después de la toma: escuadra, integrada
por diez obreros, cuatro escuadras formaban una sección, un
131
Daniel De Santis
grupo de secciones formaban un departamento. Entre los cuatro
departamentos (Producción, Taller Mecánico y Mantenimiento,
Control de Calidad y Administración) estaban incluidos la totali-
dad de los trabajadores. Cualquiera que haya hecho el servicio mili-
tar sabe que ésta es la estructura de un batallón o de un regi-
miento; incluso, hasta los nombres coinciden: diez soldados
integran una escuadra, tres o cuatro escuadras forman una sec-
ción o pelotón, tres secciones una compañía y tres de estas, un
batallón. Y algo más y muy importante, la disciplina impuesta
por la producción en serie es muy similar a la disciplina mili-
tar. Ya en el Manifiesto del Partido Comunista Carlos Marx reali-
za esta comparación.
El jueves 30 se dedicó a la organización interna y además
se hicieron gestiones ante el gobernador Victorio Calabró (que
también era dirigente de la UOM), el que se desligó del conflicto
diciendo que estaba en la jurisdicción del Ministerio de Trabajo.
Antes de finalizar el día se convocó a una conferencia de prensa
en ATULP para informar el estado del conflicto y las negociacio-
nes realizadas.
El viernes 31 de mayo la UOM convocó a asamblea en la
sede gremial, se reunió el cuerpo de delegados y decidió invitar a
los compañeros a participar. En este sentido se tenía la posición
de participar en las instancias orgánicas del gremio. Por la tarde
se realizó la asamblea con la asistencia de más de 800 compañe-
ros dentro del local. Afuera quedaba la multitud que movilizaba
el conflicto: agrupaciones políticas de izquierda y de la tendencia
revolucionaria del peronismo, junto a la “compañía” normal de
la policía con sus carros de asalto, patrulleros, policía montada e
integrantes del Grupo Tigre de la brigada antiguerrillera.
En la asamblea participó Rubén Diéguez, que además de
ser el Secretario Adjunto a cargo de la Secretaría General de la
seccional de la UOM, era diputado provincial. Este se compro-
metió a gestionar ante la patronal para que no hubiera ningún
despedido, el pago de los días caídos, la renuncia de los delega-
dos elegidos fraudulentamente, e intervenir gremialmente la
fábrica para llamar a nuevas elecciones en treinta días. Después
de nueve días de lucha, el conjunto consideró que era una buena
132
Carta a un Tupamaro
base para continuar la lucha dentro de fábrica, por lo que se acep-
tó la propuesta, con la condición de que si había un solo compa-
ñero despedido se proseguía el plan de lucha. El o t od os o nin gu no
seguía pesando. Ese mismo día se formó en Ensenada una comi-
sión de solidaridad encabezada por el padre Bianchini.
Ese sábado primero de junio, a las 6:00 de la mañana, no
todos los compañeros recibieron el telegrama de ingreso.
Calculamos que faltaban alrededor de 200 telegramas, por lo que
en asamblea de puerta de fábrica se decidió no ingresar y prose-
guir con el plan de lucha tal como habíamos resuelto. Se llamó
una nueva asamblea general para el lunes siguiente. Ese día se
congregaron los trabajadores en ATULP y resolvieron continuar
con el paro. En ese momento llegaron activistas de la Lista Azul
a informar que la UOM llamaba a una asamblea en su sede, ante
lo cual decidimos concurrir. Al concentrarnos cerca de la seccio-
nal se acercó un activista de la UOM, quien nos invitó a pasar
diciendo que nuestra casa era el sindicato. Recogimos la “invita-
ción”, arengamos a nuestros compañeros para entrar ordenada-
mente y con los dirigentes encabezando la columna.
Comenzó la asamblea hablando Rubén Diéguez. Este insis-
tió en que la solución llegaría por medio del diálogo y que debía-
mos dejar el conflicto en manos de la Comisión Directiva del
Sindicato. Nosotros reivindicamos las acciones desarrolladas
hasta allí y denunciamos la traición de la Comisión Directiva. La
asamblea bramaba, hasta que habló Salvador Delaturi con una
posición conciliadora. Paulatinamente el clima se fue modifican-
do hasta que nos era evidente que el estado de ánimo había cam-
biado. Diéguez aprovechó la situación y propuso el reingreso a la
fábrica, que no hubiera despedidos y el pago de los días caídos.
Con este nuevo marco sentimos que si repetíamos las interven-
ciones del principio de la asamblea los abucheados íbamos a ser
nosotros, por lo que tuvimos que acceder a los planteos de
Diéguez pero condicionándolos con seguir la huelga de brazos
caídos dentro de la fábrica. Además, si el viernes siete no habían
ingresado todos los trabajadores se abandonaría la fábrica a par-
tir de las 14:00 hs.
¿Qué había ocurrido? Previo a la asamblea, la dirección del
133
Daniel De Santis
Partido Comunista de La Plata había negociado con Diéguez el
reingreso a la fábrica y el descabezamiento del conflicto. En los
días previos, por iniciativa de Delaturi quién era un organizador
consumado, se constituyó un “Cuerpo de Representantes” con
funciones superpuestas con las del Cuerpo de Delegados. Este
hecho nos abrió un nuevo frente de conflicto, esta vez interno, el
que logramos neutralizar mediante una táctica algo sutil ya que
en lugar de enfrentarlo, junto con el Turco Cherri, nos pusimos al
frente de este nuevo cuerpo y le asignamos la tarea de organizar
piquetes de huelga, los que por otro lado también eran organiza-
dos por el Cuerpo de Delegados. En pocos días dejó de existir el
Cuerpo de Representantes.
¿Cómo explicar que un compañero como el Pampa hiciera
esto? Ya lo hemos caracterizado en parte. Podemos agregar ahora
que era muy disciplinado, y en particular fiel a su Partido al cual
se había incorporado hacía diez años siendo obrero ferroviario en
su provincia natal. Delaturi vivía la contradicción de ser un mili-
tante proletario revolucionario, fiel a su clase y pertenecer a un
partido no proletario, reformista. Posteriormente la agudización
de la lucha obrera en Propulsora Siderúrgica, en el gremio meta-
lúrgico, en Villa Constitución, y la situación general irán agudi-
zando esta contradicción hasta que finalmente la resolvió aban-
donando el Partido Comunista e incorporándose plenamente al
Partido Revolucionario de los Trabajadores.
El martes 4 a las 6:00 hs. de la mañana ingresarán los tra-
bajadores con un sabor amargo en la boca ya que se tenía con-
ciencia que había compañeros que no podían ingresar. De todas
formas, la lucha siguió con la huelga de brazos caídos dentro de
la planta. Se recibió la adhesión solidaria de la Asociación
Judicial Bonaerense. Al día siguiente la Comisión Directiva de la
UOM aceptó las renuncias de los delegados fraudulentos.
Hicimos un balance y se calculó que faltaban 85 telegramas de
reincorporación y se recibió información de que habría entre 40
y 45 despedidos. Algunos puestos de trabajo de compañeros no
reincorporados fueron ocupados por personal contratado.
El jueves 6 se reunieron en el Ministerio de Trabajo los
directivos de la UOM y los de Propulsora Siderúrgica y acorda-
134
Carta a un Tupamaro
ron que no habría despidos. En este “acuerdo”, como en otros
compromisos anteriores, se puso de manifiesto que eran tácticas
de distracción para que se levantaran las medidas de fuerza.
Como buen discípulo del lobo Vandor, Diéguez se comprometió a
negociar para que no hubiera despedidos pero, en realidad, con-
feccionó con la empresa la lista de los mismos.
Durante la semana siguiente en la planta de Obras Sani-
tarias, pegada al acceso de la fábrica, se realizaron tres asam-
bleas. En la primera, el lunes 10, la Comisión Interna propuso
continuar con la huelga de brazos caídos dentro de la planta; la
Lista Azul mocionó el quite de colaboración. La primera
moción obtuvo un 90% de los votos. En la segunda asamblea, el
miércoles 12, se repitieron las mismas mociones y volvió a ganar
la primera moción con el 70% de los votos. Pero a la tarde se
produjo un hecho importante: habló el presidente Perón, quien
hizo un llamado a sostener el Pacto Social. El resultado en el
campo sindical fue el levantamiento de muchas medidas de
fuerza. En este marco, el viernes 14 de junio, en una nueva
asamblea, se repitieron las mociones y volvió a ganar la conti-
nuidad de la huelga de brazos caídos pero por estrecho margen.
Rápidamente los miembros de la Comisión Interna comprendi-
mos que con esta pequeña mayoría no se podía sostener una
huelga prolongada y contrapropusimos, ante la paridad de la
votación, levantar la huelga y aplicar un quite de colaboración
con algunas medidas accesorias. Esta moción fue aprobada por
unanimidad y nos permitió seguir conduciendo el conflicto.
A los pocos días se realizó una nueva asamblea, esta vez
dentro de la fábrica. Habían transcurrido veinte días desde el ini-
cio del conflicto y se iba desinflando; la totalidad del Cuerpo de
Delegados y de la Comisión Interna estaban fuera de la fábrica,
aunque aún no había despidos efectivizados. A las posiciones de
la Lista Azul se le sumó un sector político de poca incidencia en
la fábrica pero que contaba con el apoyo de algunos directivos del
SMATA Córdoba. Ingresaron a la fábrica, estuvieron presentes
en la asamblea y expresaron su “solidaridad”. Un delegado de
esta corriente propuso que se eligiera un nuevo Cuerpo de
Delegados, con el argumento de que los otros estaban afuera y no
135
Daniel De Santis
podían actuar. Esta moción en los hechos significaba desconocer
al Cuerpo de Delegados y a la Comisión Interna y abonar el terre-
no para su despido.
Ante la ausencia de la mayoría del activismo, otra vez se
puso de manifiesto la riqueza de un movimiento de masas, un
compañero planteó que no se podía desconocer a los delegados
porque ellos mismos los habían elegido y estos habían dado la
cara por todos, y que había un compromiso de honor: o t odos o
n ing un o. Finalizó diciendo que el desconocimiento sería el aval
para el despido de los delegados. Se impuso la moción de este
compañero que nunca antes había hablado y que nunca después
volvió a hablar y que, como dato curioso, complementaba sus
ingresos trabajando como modelo de ropa.
Durante el resto del mes de junio y todo julio continuó el
quite de colaboración el que fue muy efectivo, ya que era prácti-
camente una huelga de brazos caídos, porque al no completarse
las escuadras, el trabajo no se iniciaba. El grado de solidaridad y
combatividad se ponía de manifiesto todos los días buscando
alguna argucia para no completar las escuadras. Una noche en la
sección Decapado se había intentado todo y de todas formas la
escuadra se completó, por lo que había que comenzar a trabajar.
Un compañero, el Pelado Candia, tomó un casco, se golpeó la
mano y pidió ir a la enfermería. Esta vez tampoco se trabajó en
aquella sección.
Llegado el mes de agosto, los compañeros del Tandem -sec-
ción que era el corazón de la fábrica, lo que ocurría allí tenía
mucho peso en el resto- decidieron incrementar el quite de cola-
boración con un paro de media hora por turno. Como nosotros
estábamos afuera -en el acceso- no conocimos los detalles de lo
que ocurrió, pero sabemos que se originó un enfrentamiento con
los pichones de burócratas y finalmente se decidió un abandono
de la planta. Los que estábamos afuera esperábamos a que salie-
ra hasta el último compañero. Para confirmar que no había que-
dado nadie reingresó un compañero a recorrer el vestuario, por lo
que en el acceso quedábamos sólo dos trabajadores y despedidos.
En ese momento se nos acercaron lentamente dos Chevy del ser-
vicios de vigilancia que había contratado la Empresa a raíz del
136
Carta a un Tupamaro
conflicto. Se detuvieron, bajaron, se abrieron en abanico, nos
rodearon cuatro parapoliciales a cada uno y nos comenzaron a
golpear con sus armas y a insultarnos. Recuerdo uno de los insul-
tos porque lo repetían: “¡huelguistas hijos de puta!”. A mí me las-
timaron la cabeza con la punta de una pistola. Luego nos orde-
naron correr y efectuaron un disparo, supongo que al aire porque
no nos dieron. Corrimos hasta la Planta Depuradora de agua, al
llegar a ella miramos hacia atrás y justo pasaba un colectivo de la
línea 202 hacia Ensenada, que tomamos, mientras nos seguían los
servicios que venían en los Chevys. Algunas cuadras después
abandonaron la persecución. Finalmente nos dirigimos a Radio
Universidad -en manos de la Tendencia revolucionaria del pero-
nismo- donde hicimos públicamente la denuncia de la agresión
sufrida.
El viernes 2 de agosto a las 14:30 hs., bajo una copiosa llu-
via, desde un automóvil Torino de color blanco con cuatro hom-
bres en su interior, se efectuó una ráfaga de ametralladora contra
varios trabajadores que estaban en el mismo refugio, la parada de
micros en la que habíamos sido atacados días pasados. Luego
dirigieron el fuego hacia la guardia y al ser repelido el ataque se
originó un tiroteo. Diez minutos después, cerca de allí, otros cua-
tro integrantes del mismo grupo que viajaban en un Peugeot 504
color gris, atacaron a tiros y con golpes a Julio Quiroga, Carlos
Alberto Fauci y Roberto Urriza. Urriza recibió dos tiros y los
demás también fueron heridos. Omar Cherri y Roberto Lopresti
denunciaron que los atacantes fueron integrantes de la UOM y
del Gobierno Provincial, y que, curiosamente, los dos patrulleros
que estaban de custodia en forma permanente frente a la fábrica,
fueron retirados poco antes del atentado. Como respuesta a la
agresión el domingo se concretó un paro total de actividades.
Informará el diario El Día que el lunes 5 de agosto, en “res-
puesta al cese de actividades que un grupo de trabajadores llevó
a cabo el domingo último, sin autorización de la organización
natural que los nuclea, la Unión Obrera Metalúrgica”, la empre-
sa suspendió las actividades hasta las seis horas del martes y des-
pidió a doce compañeros de los que no habían sido reincorpora-
dos, entre ellos a la totalidad de la Comisión Interna, “por no
137
Daniel De Santis
estar comprendidos dentro de lo que exige la empresa para el
desarrollo de sus tareas”. Diéguez reclamó el pago de los días caí-
dos, mientras la directiva de la UOM, por él encabezada, les apli-
caba el famoso artículo 9 del estatuto a los mismos doce compa-
ñeros que habíamos sido despedidos por la patronal. El artículo
en cuestión habla de las causales de expulsión del gremio.
La Comisión Interna denunció que el conflicto continuaba,
sin interrupción, desde el 23 de mayo, y que no había comenzado
el 4 de agosto, ya que no se hacían horas extras y se llevaban a
cabo paros por sector. (El Día). El martes 6 se realizó una asam-
blea que ratificó la continuidad de la lucha. Días más tarde, se
produjo una nueva agresión por parte de los parapoliciales -una
custodia especial contratada por la patronal para la huelga- a un
compañero. La UOM, en un intento de tomar la dirección del
movimiento, decretó un paro para el día sábado 24 de agosto. El
lunes 26 según el diario El Día, “la empresa decide un cese de
actividades por 72 horas ante la irregularidad en que se vienen
desarrollando las tareas, dado el retiro de colaboración dispuesto
por los obreros”. Al otro día, a las 9:00 hs el Ministerio de Trabajo
llamó a una audiencia de conciliación entre las partes: la UOM y
la Empresa. La UOM acusó a la Empresa de que la medida se ori-
gina en el paro de 24 hs. La empresa dice que “por la irregularidad
en que se desenvuelven las tareas a raíz del trabajo a reglamento
del personal y a la falta de definición del Ministerio de trabajo”,
pero acepta levantar la suspensión por 72 horas. Se manifestaban
con claridad los roces entre la patronal y la burocracia. Esta última
era la más dura en contra de la solución del conflicto.
El martes 3 de setiembre se declaró conflicto colectivo. “La
solución vendrá por las resoluciones de esta autoridad de
Aplicación” dijo el delegado del Ministerio de Trabajo. Aquí
aprendimos la trampa de la conciliación obligatoria ya que ésta
se dictó, no a partir del 23 de mayo sino, en una fecha posterior
al 5 de agosto cuando ya se habían producido los despidos. Ese
mismo día a las 14:00 hs. la Comisión Interna se reunió con la
patronal, mientras en la planta se desarrollaba una asamblea
para decidir si se acataba o no la conciliación. Nuestra posición
en un principio era dura, de no aceptación de la conciliación
138
Carta a un Tupamaro
obligatoria pero, en ese momento, nos llegó la información de
que la asamblea había decidido acatar la conciliación obligatoria.
Pedimos un cuarto intermedio y finalmente decidimos acatar la
conciliación. Siempre nos guiábamos por la decisión de las
asambleas. Más tarde corrió el rumor de que había sido secues-
trado el ingeniero Mascardi, directivo de la Empresa. Final-
mente el viernes 6 se confirmó que la organización Montoneros
se hacía responsable.
El lunes 9, Omar Jacinto Cherry, delegado y miembro de la
Comisión Interna, anunció ante los trabajadores que había llega-
do un mensaje, portado por una paloma blanca, en el que se afir-
maba que el Ingeniero Mascardi se encontraba en su casa y la
empresa se comprometía a aceptar cuatro de los cinco puntos del
pliego de reclamos y de hecho ya había reconocido el quinto.
Estos eran: 1) Pago de los días caídos; 2) Reincorporación de los
12 despedidos; 3) Ninguna sanción; 4) Aumentos de salarios que
iban entre 70.000 y 100.000 $m/m; 5) Reconocimiento del Cuerpo
de Delegados y de la Comisión Interna.
Se habían suspendido las tareas, el entusiasmo y la alegría
de los asambleístas se transformó en un festejo que adquirió
“mil” formas: nos abrazábamos, llorábamos y gritábamos nuestra
alegría, los puentes grúas hacían sonar sus sirenas... En medio de
la euforia, y todavía reunidos en asamblea, el Turco Cherry, héroe
de la jornada, me dijo que propusiera la incorporación de los
obreros de Propulsora a la Coordinadora de Gremios, Comisión
Interna y Delegados en Lucha. Esta propuesta fue transmitida a
la asamblea, la cual provocó un profundo silencio demostrativo
de que el planteo era descolgado. Comprendiendo esto, reaccio-
namos rápidamente y propusimos dejarla como una propuesta
para pensar lo que aflojó la tensión producida. De haber forzado
la cuestión seguramente se hubiese aceptado la participación
pero formalmente. Más adelante esta idea fue madurando en el
conjunto de los compañeros.
Estos fueron los hechos objetivos de aquella lucha. Me per-
mitiré hacer sólo una conjetura: el secuestro de Mascardi estuvo
acordado entre la Empresa y Montoneros y esta suposición se
basa en los siguientes hechos: 1) El conflicto después de tres
139
Daniel De Santis
meses no había podido ser quebrado, lo que indicaba la fortaleza
y unidad de los trabajadores; 2) La empresa se había convencido,
hacía tiempo, que los verdaderos representantes éramos los dele-
gados elegidos democráticamente; 3) La UOM se opuso a todo
arreglo con los trabajadores y sobre todo exigía el despido de los
activistas a los que expulsó del Sindicato; 4) La patronal quería
arreglar porque en tres meses y 18 días había producido menos de
lo equivalente a un mes y, además, se le vencían compromisos de
exportación; 5) Una forma “elegante” de zafar de este aprieto era
el secuestro; 6) La limpieza, prolijidad y la falta de dramatismo
con se vivió el secuestro, además de lo rápido de la resolución; 7)
Mascardi no era un ejecutivo de mayor jerarquía5.
Pero, reiteramos, el punto fundamental que llevó a la reso-
lución del conflicto fue, la fortaleza y la unidad de los trabaja-
dores y el compromiso inclaudicable con la lucha de su direc-
ción. Todo lo demás, incluido el secuestro, pudo ser posible por
el coraje demostrado. Si bien este fue el fin de un conflicto, se
abrió en la zona una nueva situación para el movimiento obrero
y sindical. En ella el clasismo, la combatividad, la juventud y el
coraje se pudieron conjugar con la coherencia y la sensatez del
conjunto y sus dirigentes.

La l ucha si ndi cal com ienza


a to mar el ementos de luch a de clas es

Finalizada la huelga se normalizó el trabajo. Los delegados


cumplían con su labor, pero la situación política general era muy crí-
tica. La triple A estaba actuando abiertamente. Amenazaron de
muerte al Turco Cherry y a Roberto Lopresti, que tuvieron que dejar
la fábrica, una tremenda baja para la Comisión Interna. Un tercer
integrante de la misma, el Pampa Delaturi, renunció porque su par-
tido, el PC, le impuso una política de conciliación con la burocracia
(el mismo partido aportó dos de sus militantes como colaboradores
de la intervención que suplantó al Cuerpo de Delegados fraudulen-
to). Las bajas en la Comisión Interna se cubrieron con dos compa-
ñeros de la JTP, Manuel Carrete y el Muerto Suárez, y otro del PRT,
el Rifle Passini.
140
Carta a un Tupamaro
Pasaron algunos meses sin hechos de relevancia, lo que fue
interpretado, por algunos, como el “desinfle” del Cuerpo de
Delegados, y sobre todo por la gente de la Lista Azul. Se decidie-
ron a explotar esa situación, organizando una amplia campaña de
propaganda dentro y fuera de la fábrica. Imprimieron, según
decían, “cien mil” volantes que fueron repartidos, profusamente,
por las tres ciudades de la región y hasta en los partidos de fút-
bol. Denunciaron un acuerdo “zurdo-patronal”, capitaneado por
Agustín Roca, Presidente de Techint y Daniel De Santis, delega-
do y miembro de la Comisión Interna.
Uno de esos hechos sin relevancia fue la respuesta de la
Comisión Interna ante la falta de información sobre la actividad
del Cuerpo de Delegados, por lo que se decidió a editar una hoja
de fábrica con las actividades desarrolladas y los reclamos de
todos los trabajadores. Esta hoja tuvo una importancia muy gran-
de ya que organizó el trabajo y fue expresando a las secciones en
sus reclamos; por otro lado le daba presencia al Cuerpo de
Delegados entre sus compañeros y nucleaba al movimiento. La
aparición de este boletín fortaleció inmediatamente la imagen
del Cuerpo de Delegados.
Simultáneamente con esta campaña, en febrero de 1975, se
percibió la necesidad de pedir un reajuste de salario, por lo tanto
se puso en marcha el mecanismo de la democracia obrera, el que
funcionaba así: después de percibida la inquietud obrera, el
Cuerpo de Delegados elaboraba un petitorio, el que volvía a ser
discutido en las secciones, las que a su vez enviaban por medio de
sus delegados el mandato; se reunía el Cuerpo, este elaboraba sus
conclusiones y luego las llevaba como temario a la asamblea. En
esta oportunidad se la convocó el lunes 12 de marzo a las 14:00
hs. para discutir los siguientes puntos: 1) Realización de eleccio-
nes libres; 2) Aumento de salarios de 150.000 $; 3) Participación
en las paritarias.
Producto de esta convocatoria y la expectativa existente
entre los trabajadores, la patronal y su aliado, la burocracia, tra-
tando de enfriar, otorgaron una sentida reivindicación: la bonifi-
cación al turno rotativo por un monto promedio de 60.000 pesos.
Días antes habían incrementado el pago de horas extras al 100 %
141
Daniel De Santis
durante el día, y al 120 % por la noche, con lo cual intentaban
estimular la superexplotación.
El viernes 9 de marzo, luego de reunirse con la patronal y
firmar el acta por la bonificación al turno rotativo, el Secretario
General de la Seccional, Héctor Dateo, se reunió con la Comisión
Interna provisoria “para llegar a un acuerdo entre dirigentes”,
dejando a un lado, por ambas partes, a las “cabezas irritativas”.
Ante este planteo se le respondió que el único pacto y la única
unidad posible era con el estricto acatamiento de la voluntad de
los compañeros, que debían elegir libremente y sin proscripcio-
nes a sus representantes, sección por sección, fueran blancos,
azules, o del color que fueran. Seguros de su derrota en eleccio-
nes libres, Dateo se negó a aceptarlas argumentando que prime-
ro se tenían que conocer, realizando varias entrevistas y hacer
buena letra. Como culminación de su campaña la Lista Azul
llamó a asamblea de fábrica, el mismo 12 de marzo, en el mismo
lugar: los vestuarios, pero, a las 13:00 hs. Colocaron como tribu-
na un trailer, ya que ellos manejaban la sección transporte (en las
asambleas convocadas por el Cuerpo de Delegados se usaba, con
el mismo fin, un tanque de 200 litros).
El día 12, llegadas las 13:00 hs., se juntó un reducido grupo
de trabajadores, principalmente de las secciones transporte y
taller mecánico, porque varios de sus delegados respondían a la
Azul. Pero el grueso recién se nucleó a las 14:00 hs. que era la
hora del cambio de turno. Se inició la asamblea con gran concu-
rrencia de compañeros y se informó todo lo actuado por el Cuerpo
de Delegados y la Comisión Interna provisoria; los miembros de la
Azul que eran también colaboradores de la intervención, trataban
de confundir. Intervino el colaborador Fernández acusando a los
delegados de hacerle el juego a la patronal por disminuir la pro-
ducción, por provocar el ausentismo, y que se buscaba un nuevo
Chile, etc. Después de varias acusaciones y al quedarse sin aire y
sin línea, un miembro de la Comisión Interna, dando un paso al
frente le respondió, refutando una por una las acusaciones y reto-
mando así la iniciativa. En ese momento hubo un intento, por
parte de los activistas de la azul, de desalojar del trailer a la
Comisión Interna. Este hecho fue percibido por los asambleístas:
142
Carta a un Tupamaro
desde arriba se vio claramente como la asamblea, como un solo
cuerpo, se movió suavemente hasta rodear parcialmente el trailer.
Segundos después sólo quedaron allí los miembros de la
Comisión Interna, los que fueron aplaudidos por sus compañe-
ros. La asamblea, hasta ese momento había tenido carácter rei-
vindicativo, pero en un nuevo intento de derrocar a la Comisión
Interna apareció un “tapado”, invocando los seis millones de
votos del gobierno popular y diciendo que lo que buscaban los
delegados era derribarlo, creando el desabastecimiento. Se escu-
charon silbidos y abucheos. El repudio a esos argumentos se
transformó indirectamente en un repudio al gobierno. La asam-
blea terminó con un amplio triunfo obrero aprobando los tres
puntos y autoconvocándose para el miércoles 19 de marzo con el
fin de discutir el plan de lucha en caso que no prosperasen las
negociaciones con la patronal y la burocracia.
En la nueva asamblea hubo dos posiciones, la mayoría del
cuerpo de delegados planteó lanzar un plan de lucha que se ini-
ciaría con un quite de colaboración. Por su parte, Murmullo
Gómez6, de un sector de la Azul, dijo que no se habían agotado las
instancias, que no se había hablado con la UOM para que esta a
su vez gestione ante la empresa. Aunque para nosotros era claro
de que se trataba de una maniobra dilatoria, también percibimos
que la propuesta logró algún consenso. De haberse votado proba-
blemente hubiese ganado la primera moción, sobre todo por el
prestigio de los delegados, pero sin un consenso suficiente como
para sostener una lucha que podría ser más o menos prolongada.
Se retiró la primera moción y se integró una propuesta para ago-
tar las negociaciones.
El murmullo de Gómez venía con eco. El día jueves 20 de
marzo a las 4:00 hs. de la mañana se produjo la intervención a la
UOM de Villa Constitución7 y se lanzó, desde Rosario a San
Nicolás, un gran operativo represivo. Mientras en las oficinas se
realizaban las últimas negociaciones, en las secciones se discutió
y se aprobó que si no había una respuesta positiva al petitorio se
iniciaría el plan de lucha, el que debía ser aprobado en la asam-
blea prevista para el lunes 24 de marzo a las 14:00 hs.
Ese día, durante la mañana, se citó a una reunión del cuerpo
143
Daniel De Santis
de delegados para evaluar la situación. Entre los delegados había
temor de que se repitiera contra el Cuerpo de Delegados de
Propulsora la represión que vivían los trabajadores de Villa
Constitución, por lo que se opinaba que no era conveniente llevar
adelante el plan de lucha en ese momento. Algunos compañeros
se mantuvieron firmes y sostuvieron que menos que nunca había
que aflojar, que el plan del gobierno se debía enfrentar con lucha
y no replegándose y, además, las secciones ya se habían manifes-
tado a favor del lanzamiento del plan de lucha. Después de una
prolongada discusión se impuso esta última opinión, la que se
llevó como moción a la asamblea. Allí algunos delegados infor-
maron sobre las tratativas realizadas sin obtener respuesta, otros
explicaron el carácter anti-obrero de la intervención a la UOM de
Villa, poniendo en evidencia la colaboración de la dirigencia
metalúrgica al denunciar que, ni la directiva nacional ni la sec-
cional habían dicho una sola palabra, al contrario se mostraban
eufóricos. Al respecto, por nuestra parte, se aprobó la solidaridad
activa con los compañeros, también se afirmó el carácter antipo-
pular del gobierno, argumentos que fueron seguidos con singular
atención por la asamblea, que ante el calificativo de traidores a la
clase obrera aplicado a los dirigentes nacionales de la UOM, se
pronunció con un fuerte y sostenido aplauso. La burocracia ya no
intentó respuesta, pero militantes del Partido Comunista
Revolucionario asumieron su defensa y la del gobierno con el
argumento de estar contra el golpe yanqui o ruso, pidiendo que
se definan los delegados si estaban por el golpe. Las intervencio-
nes de estos compañeros fueron abucheadas y se escuchó, desde
la masa de los asambleístas gritar: “No hagas política”. Alguien
en falsete agregó: “Que no me gusta”. La asamblea tuvo un neto
contenido político, pero con una diferencia: con una política de
clase, con la política de la clase obrera.
Por parte de la patronal y la burocracia se acusaba de
comunistas a los obreros de Villa Constitución con la intensión
de dividir y debilitar la solidaridad. Pese a ello se envió una comi-
sión que llevó la solidaridad militante y material con una impor-
tante suma de dinero recaudado entre los trabajadores de
Propulsora Siderúrgica. Después de veinte días de quite de cola-
144
Carta a un Tupamaro
boración se obtuvo el triunfo en lo salarial, al que intentó mon-
tarse Héctor Dateo, que no estaba tan quemado como su adjunto
Rubén Diéguez. Por nuestra parte se puso de manifiesto que las
conquistas obtenidas habían sido el resultado de la lucha colectiva.
En una de estas asambleas se decidió participar activa-
mente en la Coordinadora de Sindicatos, Comisión Interna y
Delegados en lucha de La Plata, Berisso y Ensenada. A diferen-
cia de lo ocurrido cuando el festejo de setiembre, la idea de la
Coordinadora había ido madurado en el conjunto de los trabaja-
dores, por lo que esta decisión tuvo mucha fuerza dentro de fábri-
ca y produjo un salto en calidad de la propia Coordinadora.
Poco tiempo después, a mediados de abril, se produjeron
nuevos cambios en la Comisión Interna, ya que la dirección de mi
partido, el PRT, me recomendó que dejara la fábrica porque esta-
ba muy expuesto por mi actividad pública y porque, por otras cir-
cunstancias, había llegado al ejército enemigo detalles de mi
militancia partidaria. También por esta época Salvador Delaturi
rompió con el Partido Comunista y se incorporó al Partido
Revolucionario de los Trabajadores, lo cual le devolvió el crédito
que había perdido y se reincorporó a la Comisión Interna.
Resulta interesante repasar el rápido y amplio desarrollo alcan-
zado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores: varios
delegados se habían incorporado o eran simpatizantes del
mismo, principalmente los de las secciones Tandem, Temper8,
Decapado y Línea de Corte9, en las que se realizaba lo esencial del
proceso productivo y el trabajo alcanzaba la mayor coordinación
entre los integrantes de cada escuadra. La lectura de El
Combatiente era habitual en las secciones y las simpatías por el
PRT y el ERP eran amplias.10

Las jo rnada s de ju nio y j uli o

El 2 de junio, en el marco de las discusiones paritarias para


llegar a los convenios colectivos de trabajo, asumió como
Ministro de Economía Celestino Rodrigo. Estas negociaciones se
fueron recalentando por las medidas tomadas por el gobierno. El
145
Daniel De Santis
5 de junio los combustibles y la electricidad aumentaron entre un
50% y un 75%, se devaluó el peso aumentando el dólar el 100%,
se liberaron las tasas de interés y, había versiones sobre, un tope
de 45 % para los aumentos de salarios. Entre el diez y el doce
hubo reuniones entre la CGT y CGE y el Ministerio de Economía
para dar por terminadas las paritarias. En un marco de moviliza-
ción permanente, el 17, se movilizaron las automotrices y los
Astilleros de la zona norte del Gran Buenos Aires: Ford, General
Motors, Crysler, Peugeot y Astilleros de Tigre. El 20 de junio se
firmaron numerosos convenios con aumentos que iban entre el
45% y el 110%. Beneficiaban a 600.000 metalúrgicos, a 350.000
textiles. Siguieron las movilizaciones: Luz y Fuerza, Telefónicos,
Petroleros, Correos. El 25 de junio fue declarado ilegal el paro de
la CTERA. Pero el 28 de junio se produjo el hecho detonante de
lo que se conocerá como el Rodrigazo. La Presidente María
Estela Martínez de Perón, junto a todo su gabinete, el Presidente
de la Cámara de Diputados y los Comandantes de la Fuerzas
Armadas, anunció que no se homologarían los convenios firma-
dos en paritarias y en su lugar habría un aumento del 50% desde
el 1ro. de junio, un 25% en octubre y otro 15% en enero de 1976.
Toda la Argentina, que poco a poco se venía recalentando, se esta-
ba convirtiendo en una caldera pronta a estallar. El movimiento
obrero se expresaba de distintas formas, con quites de colabora-
ción, paros, pero sobre todo movilizaciones en las calles. Las ciu-
dades de La Plata, Ensenada y Berisso se convirtieron en uno de
los principales centros de la lucha obrera.
En la semana del 22 al 28 de junio se discutió la modalidad
que debía adquirir la lucha para enfrentar la decisión del gobier-
no. En Propulsora Siderúrgica había quedado muy arraigado en
el activismo la idea de que el quite de colaboración era una medi-
da muy efectiva. En realidad lo era porque se demostró eficaz en
la huelga grande del año anterior y en el plan de lucha de marzo
y abril de ese año. Pero la situación había cambiado, se trataba de
un enfrentamiento global entre el movimiento obrero y el gobier-
no por la vigencia de los acuerdos paritarios. Preocupado por esta
situación, el 28 de junio, llamé por teléfono a la fábrica en
momentos en que se desarrollaba una asamblea. A través de mi
146
Carta a un Tupamaro
compañero delegado de la Comisión Interna, el Rifle Passini, hice
llegar mis ideas expuestas anteriormente y les proponía que “si se
quiere que se realice un quite de colaboración, pero lo funda-
mental es salir a la calle”.
El lunes 30 me dirigía a presenciar la asamblea prevista para
la fecha y poco antes de llegar me encontré con los compañeros que
ya estaban marchando hacia el Astillero. Habían decidido la movi-
lización y toda Propulsora Siderúrgica le llevaba la propuesta a los
compañeros de Astilleros, donde a su vez se estaba desarrollando
una asamblea para tratar el mismo tema. Al llegar debimos espe-
rar alrededor de una hora en la entrada, muy lejos de la planta de
producción, cuando finalmente nos informaron que la asamblea
no decidió la movilización. Este he hecho produjo bronca entre
los trabajadores de Propulsora, “¡ya va a venir a hacer horas
extras en Propulsora!” se escuchaba rezongar a muchos compa-
ñeros, y una actitud más comprensiva entre el activismo debido a
que éramos conscientes que allí, en el Astillero, si bien había un
estado de gran combatividad y numerosos activistas revoluciona-
rios todavía mantenían su prestigio dirigentes de la burocracia y
de la izquierda reformista. Ante esto resolvimos marchar a La
Plata y, una vez allí, “tomamos” varios colectivos para llegarnos a
una concentración que se estaba desarrollando desde la mañana
en la puerta de la CGT, en la calle Azopardo de la Capital.
Cuando arribamos, alrededor de la seis de la tarde, 20.000 traba-
jadores exigían a la conducción un plan de lucha nacional.
Nuestra columna irrumpió en perfecta formación de fábrica, lo
que impactó en la concurrencia por su disciplina y masividad,
hecho que nos permitió llegar hasta el lugar que hacía las veces
de palco y desde allí hablar a la concentración. Pese a la masivi-
dad y a lo amplio de la movilización obrera, se nos hizo evidente
que no teníamos propuesta para seguir11.
Durante el regreso ocurrió un hecho que recuerdo profun-
damente y el que en los años de exilio me volvía reiteradamente
a la memoria. Como había dejado la fábrica y expresado pública-
mente en asamblea mi militancia en el Partido Revolucionario de
los Trabajadores, mis compañeros -y no me refiero sólo a los mili-
tantes de mi organización- me plantearon que, por seguridad,
147
Daniel De Santis
regresara aparte. Para llevarme se ofreció una pareja de jóvenes
que tenían un pequeño automóvil marca Decarlo. Al cruzar el
puente Avellaneda nos detuvo el control policial, nos pidieron los
documentos, mientras nos apuntaban con sus fusiles FAL. Como
mi documento estaba muy deteriorado el policía me dijo que eso
no servía. Afortunadamente, en ese instante comenzó a cruzar la
columna de colectivos con los obreros de Propulsora. Al vernos se
detuvieron los colectivos, bajaron los compañeros y rodearon al
grupo de policías fuertemente armados. Algunos compañeros
comenzaron a discutir con los policías, se produjo una situación
muy tensa, la que aproveché para retirarme con mi destruido
documento y subir a uno de los colectivos. Los compañeros del
autito también pudieron irse.
Este y otros hechos similares, vividos en esos tiempos,
ponían de manifiesto la solidaridad de los trabajadores aún a
riesgo de su propia seguridad y también desmienten ese mito de
que los trabajadores “usaban” a los jetones -mito arraigado entre
la vieja militancia de la pequeña burguesía- para que den la cara
y no correr riesgos ellos, aún sin considerarlos sus dirigentes. No
sé si en algún lugar ocurría esta utilización de los jetones, mi
experiencia me dice lo contrario. Los obreros democráticamente
elegían a aquellos que consideraban más capaces para defender
sus intereses, los respetaban y reconocían como sus dirigentes. Es
más, entre los militantes de origen pequeño-burgués existía el
mito de que el dirigente obrero tenía que hablar mal, comerse las
eses, tomar mucho vino y decir malas palabras, nada más alejado
de la realidad. Puedo asegurar que nunca escuché tantas malas
palabras y bromas pesadas como en el vestuario de la fábrica,
pero en las asambleas la cosa era muy diferente, se debía ser muy
respetuoso y educado, ante alguna palabra fuerte la asamblea
abucheaba. Recuerdo que en una de estas, oportunidad en la que
estaba muy enojado, sentí la obligación de pedir permiso para
decir la palabra cojones.
Durante el martes primero y el miércoles 2 hubo gran agi-
tación en todo el movimiento obrero. Se debatía la actitud a
seguir. Interpretando el sentir del conjunto y a su vez impulsan-
do la movilización, la Coordinadora de Gremios, Comisiones
148
Carta a un Tupamaro
Internas y Delegados en lucha de La Plata, Berisso y Ensenada
convocó, para el jueves 3 de julio a las 10:30 hs., una concentra-
ción en la Plaza Belgrano de Ensenada. De allí marcharían a La
Plata y para confluir con los demás trabajadores de la zona en la
sede de la CGT Regional, que en aquella época funcionaba en el
local de la UOCRA.
Debido a que los canales de comunicación con mis compa-
ñeros eran rudimentarios, a que por seguridad, ya no vivía en La
Plata y porque tenía muchas tareas en la estructura de mi
Partido, no me había enterado de la convocatoria. Ese día a las
8:00 hs. de la mañana concurrí a una reunión del Secretariado
Regional del PRT en algún barrio de Berazategui. Al comenzar la
reunión, leyendo el diario, nos enteramos de la convocatoria, dis-
cutimos y decidimos que dejara la reunión y concurriera a
Ensenada. Antes de salir les pregunté a mis compañeros “¿qué
planteo?”. Se hizo un silencio llamativo, hasta que uno de ellos,
el responsable, me dijo: “y, si te apuran mucho planteá las elec-
ciones”. El Partido Revolucionario de los Trabajadores, si bien a
mediados del año anterior había previsto esta evolución de las
movilizaciones, no tenía propuesta para la coyuntura12.
Así, desnudo políticamente, me dirigí a la plaza Belgrano de
Ensenada. Al llegar me encontré con unos 3.000 obreros de
Astilleros. Alguien me informó que la columna que marchaba
desde Propulsora Siderúrgica no podía avanzar, pues en el puente
de la calle Bosinga la había detenido un cordón policial. Ante esta
novedad me dirigí a uno de los delegados de Astilleros de apellido
Flamini, quien a su vez era dirigente regional del PC, para pedirle
marchar con una columna de trabajadores de su fábrica hasta
donde estaba la columna de Propulsora Siderúrgica y entre ambas
columnas presionar el cordón policial. No fue posible. Me recibió al
grito de “¡traidor, abandonaste a los compañeros en medio de la
lucha!”. Mi respuesta tampoco fue prudente. Le dije al oído: “¡calla-
te, hijo de puta, vas a aparecer flotando en el Río de la Plata!”. El
compañero comenzó a gritar: “¡me amenazó!, ¡me amenazó!”. Lo
cual provocó que me rodeara un grupo de trabajadores con inten-
ciones de pegarme. Advertidos de esto otro grupo de compañeros,
que me conocían, a su vez me rodearon para que no me golpearan.
149
Daniel De Santis
Esperamos un rato mientras seguían llegando trabajadores
de distintos talleres y fábricas de Ensenada y Berisso, de Ipako y
municipales. Finalmente apareció la columna de 1.500 trabaja-
dores de Propulsora Siderúrgica engrosada por obreros de la
construcción, de la planta depuradora de agua de Cambaceres y
de talleres de la zona. Aproveché la situación y me “escapé” hacia
mis compañeros. Estos al advertir mi presencia me subieron en
andas y comenzaron a corear mi apellido. Rodeamos la concen-
tración hasta ubicarnos frente al monumento que hizo de tribu-
na. Allí comenzó una novedosa asamblea obrera, hablaron com-
pañeros de distintos lugares de trabajo, se discutió sobre la situa-
ción política y cuál debía ser la actitud a asumir.
Si bien la concentración estaba convocada por la vigencia
de los convenios colectivos de trabajo, rápidamente tomó un tono
político, se criticó a López Rega, a Rodrigo y a la política econó-
mica del gobierno. El otro eje del debate se desarrollaba entre
delegados de Astilleros. Las intervenciones más relevantes fueron
las de Flamini, quien insistía en que ya estaban cumplidos los
objetivos y había que volver a Astilleros, y la de un militante de
la JTP, que proponía marchar con los demás trabajadores.
Finalmente la vibrante y combativa oratoria de Carlos Peláez, el
Mono de la JTP, logró imponerse y alrededor del 70% de los com-
pañeros de Astilleros adhirieron a la marcha, aunque un nutrido
grupo siguió a Flamini y regresó a la planta.
El camino Rivadavia, que une Ensenada con La Plata, se
convirtió en escenario de la marcha obrera jamás vista en aquella
zona. La columna era tan larga que cuando la cabeza llegaba a la
calle 122 (límite entre La Plata y Ensenada) dejaba la cola aún
saliendo de Ensenada, por lo menos así se veía en perspectiva y
es como lo guardamos en el recuerdo. Años después, el Loncha
que en aquella jornada era un aprendiz de quince años de
Astilleros dirá: “no sabíamos muy bien a donde íbamos, pero
sabíamos que íbamos a la lucha”. Allí, en la calle 122, nos espe-
raban los trabajadores de SIAP, OFA, INDECO y en general de
los talleres y otros lugares de trabajo de los caminos General
Belgrano y Centenario. Como siempre ocurre, en estas situacio-
nes, el encuentro generó alegría e hizo crecer el entusiasmo y la
150
Carta a un Tupamaro
confianza en las propias fuerzas. Todos juntos marchamos ahora
hacia la sede de la CGT Regional.
De esta parte de la marcha recuerdo una anécdota que sirve
para pintar el clima y que a su vez nos muestra la rápida evolu-
ción de la conciencia en los momentos álgidos de la lucha.
Cuando en marzo realizábamos el plan de lucha por mejores sala-
rios, simultáneamente con la lucha de los metalúrgicos de Villa
Constitución, uno de los argumentos de la burocracia sindical
para quebrar nuestra solidaridad con ellos fue que los obreros de
Villa Constitución eran comunistas. Volvamos a la marcha, se me
acercó un compañero y me preguntó: “Daniel, ¿así eran las movi-
lizaciones en Villa Constitución?”, a lo que respondí: “mirá, no
estuve, pero por lo que sé, calculo que más o menos así. ¡No!, ¡no!
-me corrigió- ¡esto es superior!”.
El jefe del pelotón del Ejercito Revolucionario del Pueblo
de La Plata me informó que una escuadra del mismo marchaba
con la columna y que se ponía a mis órdenes. La llegada se pro-
dujo alrededor de las 14:00 hs., nos encontrábamos reunidos más
de 10.000 trabajadores, en su mayoría obreros industriales, pues
la Coordinadora no había logrado aún incidencia entre los
empleados públicos. De todas maneras se enviaron piquetes a los
Ministerios para proponer allí el abandono de los mismos. Otros
piquetes que se formaron levantaban colectivos para ir a buscar a
los compañeros de Petroquímica Sudamericana, que marchaban
hacia la CGT. Nos encontrábamos concentrados trabajadores de
Petroquímica General Mosconi, Petroquímica Sudamericana,
OFA, Cochoflex, IPAKO, SIAP, INDECO, Propulsora
Siderúrgica, Káiser Aluminio, Hospital de Gonnet, Hospital
Gutiérrez, Judiciales, ATULP, ATUDI, Municipales de
Ensenada, Astilleros Río Santiago, ocupando la avenida 44 desde
calle 4 hasta Plaza Italia. En la esquina de 4 y 44 se encontraba
apostado un fuerte destacamento de la policía de la Provincia.
El edificio de la UOCRA era una moderna construcción de
tres pisos, retirada varios metros de la línea de edificación y cer-
cada por altas y gruesas rejas. Allí dentro se encontraba la con-
ducción de la CGT Regional, Antonio Balcedo, Rubén Diéguez y
otros dirigentes. Comenzó a hablar Rubén Diéguez, traidor de la
151
Daniel De Santis
huelga de Propulsora Siderúrgica. Tenía una aparente actitud
conciliadora, pero era tan grande el odio de los trabajadores de
Propulsora Siderúrgica, que ocupaban el frente del edificio, que
lo rechiflaron durante toda su intervención. Luego hablé yo y
propuse la formación de una comisión de movilización integrada
por el secretariado de la CGT y la Coordinadora de Gremios en
Lucha, para llamar a un plan de lucha nacional por el objetivo
común de la vigencia de la ley 14.250 y la homologación de los
acuerdos paritarios. Se nos acercó hasta la reja un representante
del secretariado de la CGT y nos dijo que esperemos, que ya nos
iban a contestar. Eran las 14:30 hs., estábamos movilizados desde
las seis de la mañana, había cansancio general e inocencia por
nuestra parte, por lo que nos dispusimos a esperar la respuesta,
previo haber informado al conjunto de los compañeros.
Artera y sorpresivamente, a las 15:30 hs., comenzó la repre-
sión desde todas las direcciones posibles. Desde la Avenida 4
esquina 44 atacó, con gases, la policía allí apostada. Simultánea-
mente hicieron lo mismo desde un helicóptero que sobrevolaba la
concentración. Se sumaron los efectivos apostados dentro y en la
terraza del edificio ubicado en la esquina de 44 y 5. Esto produjo
una estampida imposible de controlar. Pasada la sorpresa inicial,
se reorganizaron grupos de trabajadores, algunos armados, tras lo
que se sucedieron enfrentamientos en todo el centro de la ciudad
hasta que, pasadas las 18 hs., comenzó el repliegue hacia los
barrios. Una vez más los trabajadores que manifestaban pacífica-
mente, pero con independencia de la burguesía y la burocracia,
eran reprimidos violentamente. Luego, como es de costumbre, se
acusará a activistas subversivos por la responsabilidad de los
hechos13.
Al día siguiente la CGT Regional dispuso, desde el medio-
día, un paro de 48 hs., que se cumplió con total acatamiento, y en
espera de que el Comité Central Confederal instrumentara medi-
das de lucha. Finalmente el Comité Central Confederal resolvió
un paro de 48 hs. a partir del lunes 7 de julio, el que se cumplió
nacionalmente y al que adhirió la población en su conjunto. El
gobierno aceptó la derrota y en consecuencia se confirmó la
vigencia de los acuerdos paritarios. Se produjo la renuncia de
152
Carta a un Tupamaro
todo el gabinete y se aceptó en forma inmediata la de José López
Rega, que abandonó el país. Días después, renunciaron también
Rocamora, Sabino y Rodrigo y Luder fue designado presidente
provisional del Senado. Como consecuencia de esto el paro se
levantó el martes 8 a partir de las 14:00 hs. El día12 las Cámaras
legislativas interpelaron a Celestino Rodrigo, el 18 presentó su
renuncia y, al día siguiente, abandonó el cargo quien pasaría a la
historia por ser el detonante de estas jornadas aquí relatadas y
que se repitieron en todo el país. Jornadas que se conocerán
popularmente como Rodrigazo y que nosotros preferimos llamar
las Jornadas de junio y julio de 1975. El plan de Rodrigo fue un anti-
cipo de la política económica que luego implementará la dictadu-
ra militar, más radicalmente favorable a los grandes monopolios, el
capital financiero, y el imperialismo. Pero el pueblo estaba organi-
zado, contaba con importantes organizaciones revolucionarias y,
sobre todo, con un fuerte movimiento obrero, que comenzaba a
encontrar las formas organizativas y de acción para expresarse con
independencia de la clase capitalista que fueron suficientes para
derrotar este intento de los monopolios.
De esta manera, las Jornadas de junio y julio de 1975 finali-
zaron con un amplio triunfo obrero. Significaron el punto más
alto de organización e independencia de clase del proletariado
argentino. Simultáneamente, la sensación apenas perceptible en
aquel momento fue que la clase obrera industrial estaba sola.
Comprendimos años después que la táctica del engaño combina-
da con represión, del gobierno peronista, había captado la expec-
tativa de amplios sectores de las masas menos politizadas y había
diezmado las filas del estudiantado revolucionario y otros secto-
res medios muy movilizados. La otra limitación fue la división de
la vanguardia organizada en partidos políticos, ya que las tres
organizaciones de mayor influencia en la masa obrera sostuvie-
ron diferentes alternativas. El Partido Comunista propuso un
“Gobierno de amplia coalición democrática cívico-militar”;
Montoneros pedía la “renuncia de Isabel y el llamado a eleccio-
nes en 60 días”; el PRT propugnaba una “Asamblea Consti-
tuyente libre y soberana”. Pensamos nosotros que esta propuesta
era la más avanzada, acorde con la situación, pero llegó tarde
153
Daniel De Santis
pues ya había pasado la cresta de la movilización.
Tendrán que recurrir más tarde al golpe militar y al terro-
rismo de Estado para doblegar la valentía y la generosidad del
proletariado industrial y destruir las organizaciones de vanguar-
dia y de masas que él había logrado construir.

La Plata, mediados de 1990

154
Carta a un Tupamaro

NOT AS

1
Trabajé en Propulsora Siderúrgica (Grupo Techint, actual planta de
Siderar en Ensenada) entre el 1° de agosto de 1973 y fines de abril de
1975. Integré la Comisión Interna de Reclamos desde mayo de 1974.
2
En la primera de estas reuniones me incorporé activa y públicamente a
la actividad sindical dentro de la fábrica. Quiero destacar el positivo
recibimiento de mis compañeros, los que en su mayoría eran militantes
orgánicos de fuerzas políticas. En particular la generosidad de los dos
cuadros de la JTP, uno de ellos, el Turco Cherry, líder de los trabajado-
res junto a Delaturi (quien en esa reunión me dio un entusiasta apoyo
en público), y el Gringo Lopresti, cuadro organizador que desde un pri-
mer momento sostuvo insistentemente, ante la conducción montonera,
mi inclusión en la Comisión Interna.
3
Decapado: sección de la fábrica en la que se iniciaba el proceso de lami-
nado. La materia prima eran bobinas laminadas en caliente que pesa-
ban en su mayoría más de 10 toneladas, llegando algunas hasta las 20
toneladas. La bobina se desenrrollaba para que la chapa pasara por pile-
tones de ácido para quitarle el oxido, y luego por piletones de agua para
quitarle el ácido, a una velocidad de hasta 200 m por minuto, para final-
mente ser enrolladas nuevamente.
4
Tandem: en esta sección se realizaba específicamente el laminado
plano. La chapa entraba con un espesor de unos 5 mm y salía con el
espesor definitivo, menos de un milímetro para hojalata, y entre 2 y 3
milímetros o más para la industria automotriz. Este aplastamiento se
lograba por presión, para esto la chapa pasaba por 4 o 5 pares de enor-
mes rodillos (cada par de rodillos eran llamado jaula) a una velocidad
de hasta 800 metros por minuto. Como la refrigeración de la chapa y de
los rodillos se hacía con agua, de las jaulas salían densos chorros de
vapor. En este sentido el Tandem se parecía a una gran locomotora
ferroviaria de vapor. El final de una bobina, o sea la cola, se soldaba con
la punta de la siguiente, cuando este trabajo estaba listo un silbato indi-
caba que la chapa iba a comenzar a pasar por las jaulas. Los diez inte-
grantes de la escuadra saltaban al mismo tiempo hacia sus puestos de
operaciones, comenzando lo que parecía una danza frenética, por
momentos velada por nubes de vapor, que concluía con un nuevo silba-
to que indicaba la finalización de la bobina.
5
Cuando algunos compañeros me manifestaron que al decir esto hago
155
Daniel De Santis
quedar mal a Montoneros, les remarqué que de ninguna manera, todo
lo contrario. De haber existido el acuerdo no fue más que una salida
para un conflicto que en sus dos actores principales, los trabajadores y
la patronal, ya tenía una resolución desde hacía tiempo. En otras pala-
bras, Montoneros no habría hecho más que aportar el escenario que
dejaba afuera al obstáculo que significaba la UOM.
6
Este sobrenombre provenía de que tenía muy mala dicción al hablar,
pero era un hombre con mucha experiencia y clara percepción del esta-
do de ánimo de las masas.
7
La Seccional Villa Constitución, después de un largo proceso de luchas,
era dirigida, desde mediados del año anterior por una Comisión
Directiva clasista, combativa y antiburocrática. Era una astilla clavada
en el corazón de la burocracia peronista de la UOM. El gobierno de
Isabel y López Rega cumplió con gusto y ferocidad antiobrera el deseo
de Lorenzo Miguel al declarar zona de emergencia toda la ribera del
Paraná, desde Campana hasta Rosario, e intervenir la Seccional, dete-
ner a todos los dirigentes que encontraron y reprimir con la brigaba
antiguerrillera la heroica huelga de 60 días de los metalúrgicos y todo el
pueblo de Villa Constitución, que contó con el apoyo de las poblaciones
vecinas y la simpatía de todo el movimiento obrero clasista.
8
Temper: Sección de la fábrica donde se le daba maleabilidad a la chapa.
9
Después de pasar por el Tandem, las bobinas de chapa dividían su
camino: las que se destinaba para hojalata iban a la Sección Recocido;
las que se usaban para trabajos más finos, como chapa de automóviles
iban a Temper y de allí a la Línea de Corte, donde, como su nombre lo
indica, se cortaba la chapa en planchas de 2 a 3m según los pedidos.
10
Por otra parte, se ha convertido en lugar común afirmar que el PRT
retiraba de las fábricas a sus cuadros o militantes para enviarlos al
Monte. Esto es una opinión muy ideologizada que oculta el criterio de
selección que se aplicaba. O sea, lo esencial, por lo que termina siendo
una falacia. El PRT distribuía a sus militantes de acuerdo a una con-
cepción de partido revolucionario, que tenía en la lucha armada su
forma principal -no única- de lucha y, al proletariado fabril como su
principal lugar -no único- de construcción partidaria. Formas de lucha
y principales lugares de trabajo son tareas que se encuentran en dos pla-
nos diferentes y paralelos, por lo tanto no excluyentes entre si, concep-
ción del PRT y del leninismo incomprensibles para el reduccionismo de
la izquierda reformista. Voy a dar dos ejemplos que aclaran más que
muchas palabras. En la fábrica del vidrio Rigolleau de Berazategui, el
PRT había alcanzado un importante desarrollo, sus cuadros, en parti-
cular Luis Angelini, habían sido los organizadores del cuerpo de dele-
gados, integraban mayoritariamente este Cuerpo, la Comisión Interna
y la lista Naranja ganadora de las elecciones de la seccional
Berazateguy, incluyendo su Secretario General. De allí salió más de un
combatiente del ERP, incluso para el Monte, sin debilitar la estructura
156
Carta a un Tupamaro
sindical de la fábrica. En el caso de Propulsora mi salida no fue para ir
al Monte ni para pasar a la estructura militar, sino para hacerme cargo
de la responsabilidad sindical en la Provincia de Buenos Aires y la
Capital. Meses más tarde una demora en retirarlo de la fábrica, por no
debilitar la estructura interna partidaria y sindical, permitió a la repre-
sión secuestrar a Salvador Delaturi, perdiendo así el proletariado argen-
tino y el Partido a uno de sus más experimentados cuadros.
11
El empuje de la columna de Propulsora me permitió llegar hasta el
megáfono desde el que hablaban los oradores y hacerme de él. Hablé y
en el desarrollo de mis breves palabras me fui dando cuenta que con el
aumento de salarios no alcanzaba, que había que ir más lejos, por lo que
improvisé una propuesta: “Vayamos al Congreso a...” La falta de con-
vicción por la falta de línea hizo que otro se hiciera con el megáfono.
12
Santucho desde hacía un tiempo se encontraba en el Monte tucumano.
A su regreso va a dotar al Partido de la línea de la Asamblea Constitu-
yente libre y soberana, pero ya pasado el pico de las movilizaciones.
13
Para ubicar esta movilización en el contexto nacional reproducimos un
párrafo del artículo “Victoriosa movilización de masas”, del quincena-
rio Estrella Roja: “Culminando esta formidable ola de movilizaciones el
jueves 3 de julio, cuando el proletariado de Buenos Aires escribió una
de las mejores páginas de su historia hasta nuestros días. (…) Al norte,
desde Pacheco, acaudillados por los obreros de la Ford Motors
Argentina, más de 15.000 obreros se lanzaron por la ruta Panamericana
en una interminable caravana de cerca de 200 ómnibus en dirección a
la Capital Federal (...) Al llegar a la avenida General Paz (...) encontrá-
banse apostadas las hordas de la Policía Federal. La presencia de las
fuerzas represivas enardeció más a los trabajadores, pero no faltaron
aquellos miembros de organizaciones reformistas y populistas que sem-
braron la confusión en las filas obreras (...) Simultáneamente, los obre-
ros de General Motors, en asamblea, resolvían organizarse para marchar
junto a sus compañeros de Ford. (…) Ese mismo día... encabezados por
los trabajadores de Propulsora y Astilleros, el grueso de los obreros de
Ensenada y La Plata iniciaron con renovada combatividad y energía la
marcha hacia la Capital Federal (…). Mientras tanto en Rosario, gigan-
tescas columnas de 6 y 7 cuadras colmadas de manifestantes obreros (...)
revivieron las jornadas del Rosariazo (...) en otras ciudades argentinas
como Santa Fe, Mendoza, etc. miles de trabajadores y amplios sectores
populares daban muestras de su repudio al gobierno”.

157
Daniel De Santis

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