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Antonin Artaud

“El teatro de la crueldad”

El siguiente texto, con fecha del 19 de noviembre de 1947, fue escrito


especialmente para formar parte de la emisión radiofónica Para acabar de una
vez con el juicio de dios. Por motivos de tiempo –tirano también en la radio–,
fue elidido de la grabación. Artaud lo remitió para su publicación a la revista 84
(nº 5-6, 1948). Se reproducen a continuación tanto esta última versión como la
primera redacción del texto.

Las presentes versiones de “El teatro de la crueldad”, traducidas al castellano


por Ramón Font, están incluidas en Antonin Artaud. Van Gogh, el suicidado de
la sociedad / Para acabar de una vez con el juicio de dios. Madrid: Editorial
Fundamentos, 1975. Entre corchetes se consigna la paginación original.

***

¿Conocéis algo más ultrajantemente fecal


que la historia de dios
y de su ser: SATAN,
la membrana del corazón
la marrana ignominiosa
de lo ilusorio universal
que de sus babosas ubres
nunca nos ha disimulado más que
la Nada?

Frente a esta idea de un universo preestablecido,


el hombre nunca consiguió hasta ahora establecer su superioridad sobre los
imperios de la posibilidad.

Pues si nada existe,


no existe nada,
más que esta idea excremencial
de un ser que por ejemplo hubiera creado las bestias.

Y en tal caso, ¿de dónde vienen las bestias?


De que el mundo de las percepciones corporales
no está a su nivel,
y no está a punto,

de que existe una vida psíquica


y ninguna verdadera vida orgánica, [103]
de que la simple idea de una vida orgánica pura
puede plantearse,
de que se ha podido establecer
una distinción entre
la vida orgánica embrionaria pura
y la vida pasional
y concreta íntegra del cuerpo humano.

El cuerpo humano es una pila eléctrica


en la que se han castrado y reprimido las descargas,

cuyas capacidades y acentos


han sido orientados hacia la vida sexual
cuando ha sido creado
precisamente para absorber
con sus desplazamientos voltaicos
todas las disponibilidades errantes
del infinito del vacío,
de los huecos de vacío
cada vez más inconmensurables
de una posibilidad orgánica nunca colmada.

El cuerpo humano necesita comer,


pero ¿quién ha ensayado alguna vez las inconmensurables capacidades de los
apetitos a otro nivel que el de la vida sexual?

Haced que la anatomía humana baile por fin,

de arriba abajo y de abajo arriba,


de atrás hacia adelante y
de adelante hacia atrás, [104]
pero mucho más de atrás hacia atrás,
por otra parte, que de atrás hacia delante,

y el problema de la rarefacción
de los víveres
ya no tendrá que resolverse,
porque ni siquiera
llegará a plantearse.

Al cuerpo humano se la obligado a comer,


se le ha obligado a beber,
para evitar
hacerle bailar.

Se le ha obligado a fornicar con lo oculto


para dispensarse
de exprimir
y ajusticiar a la vida oculta.

Pues no existe nada


que necesite más de un ajusticiamiento
que la llamada vida oculta.

Ahí es donde dios y su ser


pensaron huir del hombre demente,
ahí, en ese término cada vez más ausente de la vida oculta
en que dios quiso hacer creer al hombre
que las cosas podían verse y captarse en espíritu,
cuando en realidad no hay nada existente ni real,
más que la vida psíquica exterior,
y todo lo que huye y se aparta de ella
no es más que los limbos del mundo de los demonios. [105]

Y dios quiso que el hombre creyera en esa realidad del mundo de los
demonios.

Pero el mundo de los demonios está ausente.


Nunca llegará a alcanzar la evidencia.
El mejor medio para curarse de él
y destruirlo
es terminar de construir la realidad.
Porque la realidad está por terminar,
aún no está construida.
De su consumación dependerá
en el mundo de la vida eterna
el retorno de una eterna salud.

El teatro de la crueldad
no es el símbolo de un vacío ausente,
de una espantosa incapacidad de realizarse en su vida de hombre.
Es la afirmación
de una terrible
y además ineluctable necesidad.

En las nunca visitadas laderas


del Cáucaso,
de los Cárpatos,
del Himalaya,
de los Apeninos,
cada día tienen lugar,
de noche y de día,
desde hace muchísimos años,
espantosos ritos corporales
en los que la vida negra,
la vida jamás controlada y negra [106]
se ofrece ágapes espantosos y repugnantes.

Allí, los miembros y órganos considerados viles


por haber sido
perpetuamente envilecidos,
rechazados
lejos de las rapacidades de la vida lírica exterior,
son utilizados con todo el delirio de un erotismo que carece de freno,
en medio del derramamiento,
cada vez más fascinante
y virgen,
de un licor
cuya naturaleza nuca ha podido averiguarse,
porque cada vez es más increada y desinteresada.

(No se trata en particular del sexo o del ano,


que por otra parte deben contarse y liquidarse,
sino de la parte superior de los muslos,
de las caderas,
de los ijares,
del vientre total y sin sexo
y del ombligo).

De momento todo esto es sexual y obsceno


porque nunca se ha podido trabajar ni cultivar
fuera de lo obsceno
y los cuerpos que allí bailan
son inseparables de lo obsceno,
sistemáticamente se han unido a la vida obscena,
pero hay que destruir
esa danza de cuerpos obscenos
para sustituirla por la danza [107]
de nuestros cuerpos.

Durante años
estuve enloquecido
y tetanizado
por la danza de un espantoso mundo de microbios
exclusivamente sexualizados,
donde reconocía
en la vida de ciertos espacios reprimidos
a hombres, a mujeres,
a niños de la vida moderna.

No han cesado de atormentarme los picores de intolerables eczemas


en los que todas las purulencias de la vida erótica del ataúd
se daban rienda suelta.

Sólo en esas danzas rituales negras debe buscarse


el origen de todos los eczemas,
de todas las zonas,
de todas las tuberculosis,
de todas las epidemias,
de todas las pestes
que la medicina moderna,
cada vez más desorientada,
se muestra incapaz de cauterizar.

Desde hace diez años


mi sensibilidad se ha visto obligada
a bajar los peldaños de los sarcófagos más monstruosos,
del mundo aún inoperado de los muertos
y de los vivos que han querido
(y en el punto a que hemos llegado, es de puro vicio), [108]
que han querido vivir muertos.

Pura y simplemente hubiera evitado caer enfermo


y conmigo
todo un mundo que constituye todo lo que conozco.

o pedana
na komev
tau dedana
tau komev

na dedanu
na komev
tau komev
na come

copsi tra
ka figa aronda

ka lakeou
to cobbra

cobra ja
ja futsa mata

DU serpent n’y en
A NA

Puesto que habéis permitido que los organismos saquen la lengua,


a los organismos había que cortarles
su lengua
a la salida de los túneles corporales. [109]

La peste,
el cólera,
la viruela negra
sólo se deben a que la danza
y en consecuencia el teatro
aún no han empezado a existir.

Entre los médicos de los cuerpos racionados de la miseria actual ¿cuál ha


intentado ver un cólera de cerca?
Auscultando la respiración o tomando el pulso a un enfermo,
aplicando el oído, ante los campos de concentración de esos cuerpos
racionados de la miseria,
a las palpitaciones de pies, de troncos y de sexos
del inmenso y reprimido campo de acción
de ciertos microbios terribles
que son
otros tantos cuerpos humanos.

¿Dónde están?
A ras de suelo o en las profundidades
de algunas tumbas
en lugares históricamente
cuando no geográficamente insospechados.

ko embach
tu ur ja bella
ur ja bella

kou embach

Allí, los vivos se citan


con los muertos [110]
y determinados cuadros de danzas macabras
no tienen otro origen.

Esos levantamientos
en que el encuentro de dos mundos inauditos se pinta sin cesar
son los que crearon la pintura del Medioevo,
como por lo demás toda pintura,
toda historia
y diría que
toda geografía.

La tierra se pinta y se describe


bajo la reacción de una terrible danza
a la que aún no se ha obligado a dar
epidémicamente todos sus frutos. [111]
POST-SCRIPTUM

Allí donde hay metafísica,


mística,
dialéctica irreductible,
oigo retorcerse
el gran colon
de mi hambre
y bajo los impulsos de su vida sombría
dicto a mis manos
su danza,
a mis pies
o a mis brazos.

El teatro y la danza del canto,


son el teatro de las furiosas rebeliones
de la miseria del cuerpo humano
ante los problemas que no penetra
o cuyo carácter pasivo,
falaz,
ergotizante,
impenetrable,
inevidente
lo excede.

Entonces baila
en montones de
KHA, KHA

infinitamente más áridos


pero orgánicos;

mantiene a raya
la negra muralla [112]
de los desplazamientos del licor interno;

el mundo de las larvas invertebradas


del que se desprende la noche sin fin
de los insectos inútiles:
piojos,
pulgas,
chinches,
mosquitos,
arañas,
no se produce
más que debido a que el cuerpo de todos los días
ha perdido bajo el hambre
su cohesión primigenia
y pierde en bocanadas,
en montañas,
en bandas,
en teorías sin fin
los negros y amargos humos
de las cóleras
de su energía [113].

POST-SCRIPTUM

¿Quién soy?
¿De dónde vengo?
Soy Antonin Artaud
y si lo digo
como sé decirlo
inmediatamente
veréis mi cuerpo actual
saltar en pedazos
y reunirse
bajo diez mil aspectos
notorios
un nuevo cuerpo
con el que no podréis
olvidarme
nunca jamás. [114]
***

Primera redacción de “El teatro de la crueldad”

El cuerpo es el cuerpo,
está solo
y no necesita órganos,
jamás el cuerpo es un organismo,
los organismos son los enemigos del cuerpo,
las cosas que se hacen
suceden por sí solas,
sin el concurso de ningún órgano,
todo órgano es un parásito,
encubre una función parasitaria
destinada a dar vida a un ser
que no debería existir.
Los órganos sólo han sido hechos para dar de comer a los seres,
mientras que éstos han sido condenados en su principio y no tienen razón
alguna de existir.

La realidad aún no está construida porque los verdaderos órganos del cuerpo
humano aún no han sido compuestos y colocados.

El teatro de la crueldad ha sido creado para terminar esta colocación y


emprender, mediante una nueva danza del [277] cuerpo del hombre, un
destrozo de ese mundo de microbios que no es más que nada coagulada.

El teatro de la crueldad pretende emparejar la danza a los párpados con los


codos, las rótulas, los fémures y los dedos de los pies,
y que sea visible. [278]

II

¿Conocéis algo
más ultrajantemente fecal que
la historia de dios
y de su ser Satán el imbécil,
la membrana del corazón,
la marrana ignominiosa,

idea del furúnculo y de la membrana paseándose por los espacios,

idea del hombre que era el furúnculo y la membrana


pero al que sucesivamente el furúnculo y la membrana venían a demostrarle su
superioridad,
por último idea del hombre, que no era más que un hombre y el hombre, pero
que nunca consiguió establecer de forma definitiva su superioridad sobre los
imperios de la posibilidad.

Pues en última instancia ¿de dónde vienen las bestias?

De que el mundo de las percepciones corporales


no está a su nivel,
y no está a punto,
de que existe una vida psíquica [279]
de que la simple idea de una vida orgánica pura puede plantearse,
de que se ha podido establecer una distinción entre la vida orgánica
embronaria pura
y la vida pasional y concreta íntegra del cuerpo humano.

El cuerpo humano es una pila eléctrica


en la que se han castrado y reprimido las descargas,

cuyas capacidades y acentos han sido orientados hacia la vida sexual,


cuando ha sido creado precisamente para absorber con sus desplazamientos
voltaicos todas las disponibilidades errantes del infinito vacío,
de los huecos de vacío
cada vez más inconmensurables
de una posibilidad orgánica nunca colmada.

El cuerpo humano necesita comer,


pero quién ha ensayado de algún modo que no sea en el plano de la vida
sexual las capacidades inconmensurables de las atracciones.

Haced que la anatomía humana baile por fin,

y el problema de la rarefacción de los víveres ya no tendrá que resolverse


porque ni siquiera llegará a plantearse.

Al cuerpo humano se le ha obligado a comer,


se le ha obligado a beber,
para evitar hacerle bailar. [280]

Se le ha obligado a fornicar con lo oculto


para dispensarse de exprimir y ajusticiar a la vida oculta.

Pues no existe nada que necesite más de un ajusticiamiento que la llamada


vida oculta.

El teatro de la crueldad no es el símbolo de un vacío ausente,


de una espantosa incapacidad,
es la afirmación de una terrible y además ineluctable necesidad.
En las nunca visitadas laderas del Cáucaso, de los Cárpatos, del Himalaya, de
los Apeninos,
cada día tienen lugar,
de noche y de día
desde hace muchísimos años,
espantosos ritos corporales
en los que la vida negra,
la vida jamás controlada y negra
de los miembros y órganos considerados viles
por haber sido
perpetuamente envilecidos,
rechazados lejos de las rapacidades de la vida lírica exterior,
se entrega a todos sus delirios
en medio del derramamiento cada vez más fascinante y virgen de un licor cuya
naturaleza nunca ha podido averiguarse
porque cada vez es más increada y desinteresada.

De momento todo esto es sexual y obsceno


porque nunca se ha podido trabajar ni cultivar fuera de lo obsceno
y los cuerpos que allí bailan son inseparables de lo obsceno,
sistemáticamente se han unido a la vida obscena, [281]
pero hay que destruir esa danza de cuerpos obscenos para sustituirla por la
danza de nuestros cuerpos.

Durante años estuve enloquecido y tetanizado por la danza de un espantoso


mundo de microbios, donde reconocía en la vida de ciertos espacios
reprimidos a hombres, a mujeres, a niños de la vida moderna,

no han cesado de atormentarme los picores de intolerables eczemas en los


que todas las purulencias de la vida erótica de la cerveza no cesaban de
darse rienda suelta.

Desde hace diez años mi sensibilidad se ha visto obligada a bajar los peldaños
de los sarcófagos más monstruosos,
del mundo aún inoperado de los muertos
y de los vivos que han querido (y en el punto a que hemos llegado es de puro
vicio).
que han querido vivir muertos,
mas pura y simplemente hubiera evitado caer enfermo y conmigo todo un
mundo que constituye todo lo que conozco.

o pedana
na komev
tau dedana
tau komev

na dedanu
na komev
tau komev
na come
cospi tra
ca figa aronda
ka lakeou
to cobra

cobra ja
ja futsa mata

du serpent n’y en
a na

Puesto que habéis permitido que los organismos saquen la lengua,


a los organismos había que cortarles la lengua a la salida de los túneles
corporales.

La peste, el cólera, la viruela negra


sólo se deben a que la danza y en consecuencia el teatro
aún no han empezado a existir.

Entre los médicos de los cuerpos racionados de la miseria actual ¿cuál ha


intentado ver un cólera de cerca?

Auscultando la respiración o tomando el pulso a un enfermo,


aplicando el oído, ante los campos de concentración de esos cuerpos
racionados de la miseria, a las palpitaciones de pies, de troncos y de sexos
del inmenso y reprimido campo de acción de ciertos microbios terribles
que son
otros tantos cuerpos humanos.

¿Dónde están?
A ras del suelo o en las profundidades de algunas tumbas en lugares
históricamente cuando no geográficamente insospechados. [283]

ko embach
tau r ta bella
ur ta bella

kau embach

Allí los vivos se citan a los muertos y determinados cuadros de danzas


macabras no tienen otros (…)

Esos levantamientos en que el encuentro de dos mundos inauditos se pinta sin


cesar son los que crearon la pintura del Medioevo, como por lo demás toda
pintura
toda historia
y diría que
toda geografía,
la tierra se pinta y se describe bajo la acción de una terrible danza a la que aún
no se ha obligado a dar epidémicamente todos sus frutos.
Etc., Etc.

19 de noviembre de 1947

ANTONIN ARTAUD

P.S. – Allí donde hay metafísica, mística, dialéctica irreductible


oigo retorcerse el gran colon de mi hambre
y bajo los impulsos de mi vida sombría
dicto a mis manos su danza,
a mis pies
o a mis brazos.

El teatro y la danza del canto,


son el teatro de las furiosas rebeliones de la miseria del cuerpo humano ante
los problemas que no penetra o cuyo carácter pasivo,
falaz,
ergotizante,
impenetrable,
inevidente
lo excede.

Entonces baila en montones de kha, kha


infinitamente más áridos,
pero orgánicos,
mantienen a raya la negra muralla,
los desplazamientos del licor interno,
el mundo de las larvas invertebradas del que se desprende la noche sin fin de
los insectos inútiles:
piojos, pulgas, chinches, mosquitos, arañas,
no se produce
más que debido a que el cuerpo de todos los días ha perdido bajo el hambre su
condición primigenia
y pierde en bocanadas, en montañas, en bandas, en teorías sin fin, los negros
y amargos humos de las cóleras de su energía.

P.S. – ¿Quién soy?


¿De dónde vengo?
Soy Antonin Artaud y si lo digo
como sé decirlo
inmediatamente veréis mi cuerpo actual
saltar en pedazos
y reunirse bajo diez mil aspectos
un cuerpo
con el que podréis
olvidarme nunca jamás. [285]