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Artículo escrito para el “El Rezaor”:

Igualdad real, ¡ya!


Por Antonio Muñoz Tapia

No consigo entender que a estas alturas, en 2022, esté escribiendo esto. Pero
desgraciadamente seguimos anclados en el pasado. Desafortunadamente, la Iglesia y como
consecuencia el mundo cofrade, es una de esos reductos donde en la práctica se sigue
discriminando en función de tu orientación sexual.

Y ya es hora de decir basta. Es hora de reclamar una igualdad absoluta, ¡ya!

Algunos dirán que no hay discriminación, que a nadie lo echan por ser gay o lesbiana, faltaría
más. Pero, ¿hay igualdad?, ¿en la Iglesia, en las cofradías?, ¿en serio? Entonces ¿por qué no
me puedo casar con mi marido delante de mi Virgen como cualquier otra pareja? ¿Por qué
saltaban las alarmas cuando algunos pensaron que yo iba a ser la propuesta para ser
pregonero hace unos años? ¿Por qué algunos se rasgaban las vestiduras ante una declaración
de no discriminación en la agrupación de cofradías? ¿Por qué no puedo volver a ser Hermano
Mayor de una cofradía de la que lo he sido durante 20 años? ¿O vicepresidente de la
Agrupación de Cofradías, como ya lo fui? ¿Por qué? Porque antes “no era gay”, o es que lo
importante es no decirlo. ¿Lo importante es mentir y ocultar cómo eres? ¿El mandamiento no
decía “no mentirás”?

Eso sí, el gay viene de maravilla en las cofradías si es para poner flores, arreglar las imágenes,
bordar el palio, montar un altar, ¡que la Imagen vaya preciosa!, ¡que la Iglesia quede
estupenda! Para eso no hay problema. Para eso estamos todos encantados seas lo marica que
seas. Para eso da igual que tu pluma sea más grande que la del casco del romano, porque
interesa. A ver cómo iban a salir la mayoría de las cofradías sin todos esos gays a los que
después se les desprecia. Para eso sí, pero para tener los mismos derechos que los demás,
¡está claro que no! Y todos callados.

Que estemos aun así, cuando hasta el propio Papa Francisco da continuas muestras de
apertura, solo se entiende por una jerarquía eclesiástica más preocupada de su sillón que de
cuidar de su feligresía. Jerarquía con mentalidad medieval que le hace un flaco favor a la
religión. ¿Quién decide que hay categorías de cristianos? ¿Quién determina que somos menos
católicos que otros en función de a quién cogemos de la mano?

A veces me preguntan qué hago en una institución como la Iglesia, que no me respeta como
soy. A veces yo también lo pienso, pero creo que se puede provocar el cambio, conseguir una
evolución. Que no tienen por qué hacerme abandonar mis creencias. Porque está claro que no
somos nosotros los que hacemos daño por el amor que yo pueda expresar por quien sea. Peca
el que utiliza nuestro amor para sacar a relucir su odio.

“Amaos los unos a los otros”, eso es lo que dijo Jesús. No recuerdo que especificara a quién, ni
que se pusiera cortapisas ni apellidos al hecho de querer.

Y que nadie se preocupe, que no tengo interés en volver a ocupar ningún puesto, ni
representar nada. Solo quiero que tanto yo como todos los demás tengamos los mismos
derechos que cualquier otro cofrade, sea como sea, quiera a quien quiera. Que nadie de los
que luchamos por nuestras hermandades sea discriminado, o tratado como diferente. Es solo
una cuestión de igualdad, simplemente de dignidad, la que se merece cualquier cristiano.

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