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DOMINGO SIETE DE PASCUA

PRIMERA LECTURA, HECHOS 1:12-14

La perseverancia en la oración comunitaria

12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los


Olivos, que dista de la ciudad como media hora de camino. 13
Entraron en la ciudad y subieron a la habitación superior de la
casa donde se alojaban. Allí estaban Pedro, Juan, Santiago y
Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de
Alfeo, Simón el Zelotes, y Judas, hijo de Santiago. 14 Todos ellos
perseveraban juntos en la oración en compañía de algunas
mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.BLA

La primera comunidad no se limitaba a los apóstoles, pues también las mujeres que seguían
a Jesús ocuparon un lugar destacado durante la pasión y las manifestaciones de Jesús
resucitado, Lucas 23,55. María jugó un papel decisivo durante esos días en que los
apóstoles y la comunidad repensaban todo lo que habían visto y aprendido de Jesús, ya que
sólo ella podía hablarles de la Anunciación y de muchas otras cosas de la vida privada de
Jesús, ayudándoles así a entrar en el misterio de su personalidad divina. Como ya hizo Juan
al recordar las palabras de Jesús en la cruz, Juan 19,26, Lucas también revela aquí la
maternidad espiritual de María.

Y a pesar de que María ocupe el primer lugar en la casa de Juan, ahora se retira y no es
más que una presencia orante.

1:12 “media hora de camino” era una medida de la distancia que uno podía caminar sin
violar el Sabbath.

1:13 Los once fueron enumerados. La tradición da distintos énfasis a las diferentes
agrupaciones; pero los cuatro primeros fueron los dos conjuntos de hermano y los primeros
en ser llamados: Pedro y Andrés, Juan y Santiago. Observa que Lucas reorganiza la lista en
una jerarquía de importancia; así, Juan había reemplazado a Andrés en la segunda posición.

Estos pocos versos de los Hechos responderán a las preguntas de “¿quién?" y ¿Qué? ¿Quién
estuvo presente después que Jesús ascendiera al cielo? ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué
estaban esperando? Estas respuestas fueron transitorias en la naturaleza, porque este era
el tiempo de espera entre la Ascensión y Pentecostés

Lucas enlista los once –comenzando con el liderazgo dentro del grupo, el grupo sin nombre
de las mujeres que siguieron a Jesús y, por último, la familia de Jesús. Es interesante
observar que Lucas intentó contrarrestar la manera de ver la familia de Jesús que
encontramos en el Evangelio de Marcos. La madre y la familia de Jesús en Marcos 3,31-35
intentaron realizar una intervención: llevar a casa Jesús y aislarlo y restaurarlo en privado.
Así, podía salvarse la posible vergüenza social mencionada en Marcos 3:30; pero Lucas
enlista la madre y la familia de Jesús como creyentes. Todos estaban juntos en la oración.
La fuerza del griego significa más que compartir la oración, rezaron la misma oración. Ellos
anticipaban los dones y la presencia del Espíritu. La tercera persona de la Trinidad marcaría
la realización del final de los tiempos.

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¿Quién? Los apóstoles, las mujeres, la familia de Jesús. ¿Qué? En la oración, esperando el
espíritu. Si aplicamos estas preguntas para los tiempos presentes, nos uniríamos a quienes
en el cielo y en la tierra esperan y oran sinceramente por los dones del Espíritu.

Como cristianos, disfrutamos el Don del Espíritu. Mientras esperamos la fiesta de


Pentecostés, oremos al Espíritu para que nos de dirección y fuerza en nuestro caminar
cristiano.

¿Por qué dirección orarás esta semana? ¿Dónde puede tu vida usar esa dirección? ¿Quién –
además de Dios?

SALMO 27

Junto a Dios, no hay temor –

En medio de las luchas de la presente vida, el militante no se desanima, porque grande es


la esperanza que le reserva el Señor al final de su combate.

La experiencia de Dios es adictiva. Tenemos un sentido de angustioso poder y paz, un


sentido de nuestra insignificancia y amor abrumador. Cuando tenemos una experiencia
como tal, podríamos sentirnos pequeños, pero igualmente podemos sentirnos fácilmente
que estamos en buenas manos. Con Dios, el mal no nos toca. Cuando la experiencia ha
pasado, nos sentimos perdidos, queremos estar una vez más con Dios. Él se convierte en
nuestro enfoque, en nuestro objetivo y en nuestro amado. Sin él, nos sentimos incompletos.
Lo queremos, lo necesitamos.

El Salmo 27 toca estas dos experiencias. 27:1-6 es una declaración del creyente a la altura
de una experiencia con Dios. 27:7-14 es una oración para volver a su presencia. El lenguaje
del creyente –Declaración vs. Oración –ha conducido a algunos estudiosos a proponer que
dos poemas fueron entretejidos para formar el Salmo único. A pesar de esta teoría, el
cambio en el lenguaje pone de manifiesto la naturaleza de la presencia–ausencia de la
experiencia religiosa

Salmo de David

1 El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿A quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de


mi vida; ¿De quién tendré temor? 2 Cuando los malhechores vinieron sobre mí
para devorar mis carnes, Ellos, mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y
cayeron. 3 Si un ejército acampa contra mí, no temerá mi corazón; Si contra mí se
levanta guerra, A pesar de ello, yo estaré confiado. 4 Una cosa he pedido al
SEÑOR, y ésa buscaré: Que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi
vida, Para contemplar la hermosura del SEÑOR Y para meditar en Su templo. BLA

El Salmo 27 comenzaba con dos preguntas retóricas. Con Dios presente, ¿qué temía el
salmista? A pesar del asedio del enemigo, Dios podría rescatar al creyente –especialmente

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al Rey, desde el momento mismo de la prueba. Como reza el dicho profano, "podría estar
hasta los ojos en las fauces del lobo...", pero todavía colocaría mi confianza en el Señor.
27:1-4

5 Porque en el día de la angustia me esconderá en Su tabernáculo; En lo secreto


de Su tienda me ocultará; Sobre una roca me pondrá en alto. 6 Entonces será
levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan, Y en Su tienda ofreceré
sacrificios con voces de júbilo; Cantaré, sí, cantaré alabanzas al SEÑOR. BLA

¿Dónde creía el hebreo antiguo que Dios habitaba? En el templo. Se trataba de un lugar de
la presencia divina y, por lo tanto, seguro. Una topografía del templo y sus alrededores
podría ayudar a entender el 27:4-6. Si alguna vez has visto una imagen de la vieja ciudad
de Jerusalén, habrás notado que el monumento de la Cúpula de la Roca 1 domina el
paisaje.

Este santuario Islámico se erige aproximadamente en el mismo lugar donde se encontraba


el templo, en el punto más alto de la ciudad, construido en terrenos abruptos. En el tiempo
antes de Jesús, Herodes reconstruyó el Templo y su Palacio –adyacente al Templo. El
Templo con el palacio fueron construidos para ser fácilmente defendidos así como para ser
vistos fácilmente por los defensores para fortalecer su espíritu. –Es interesante hacer notar
que los Judíos defendieron ferozmente el Templo contra los Romanos en el 70 a. C.,
después que los muros de Jerusalén fueron derribados; cuando el Templo fue incendiado
misteriosamente y fue rápidamente consumido, cesó la resistencia a los invasores. La
seguridad que ofrecía el Templo permitía al Rey celebrar un culto en desafío en contra de un
asedio –27:5-6. "Tienda" –en 27:6, era otro nombre para el Templo durante el éxodo, la
tienda fue un precursor al Templo.

7 Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; Ten piedad de mí, y respóndeme. 8


Cuando dijiste: "Busquen Mi rostro," mi corazón Te respondió: "Tu rostro, SEÑOR,
buscaré." 9 No escondas Tu rostro de mí; No rechaces con ira a Tu siervo; Tú has
sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, Oh Dios de mi salvación. 10
Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, El SEÑOR me
recogerá. 11 SEÑOR, enséñame Tu camino, Y guíame por senda llana Por causa de
mis enemigos. 12 No me entregues a la voluntad de mis adversarios; Porque
testigos falsos se han levantado contra mí, Y los que respiran violencia. 13
Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del
SEÑOR En la tierra de los vivientes. 14 Espera al SEÑOR; Esfuérzate y aliéntese tu
corazón. Sí, espera al SEÑOR. BLA

1
La Cúpula de la Roca (Wikipedia) Es un templo islámico situado en Jerusalén, en el centro del Monte del templo.
Fue construido entre los años 687 y 691 por el noveno califa, Abd al-Malik. También se le conoce como la mezquita
de Umar –aunque en realidad no se usa como una mezquita –debido a que es el lugar donde el segundo califa
Umar rezó tras la conquista de Jerusalén por parte de los musulmanes. Los musulmanes consideran además que
éste fue el lugar donde Mahoma subió al cielo.

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El 27:7 marcó un giro en el tono. El salmista ahora solicitaba la presencia de Dios en la


"noche oscura del alma". El, todavía, tenía la esperanza de que Dios se encargaría de él,
incluso si él era rechazado por su clan –rechazo por los padres significaría, en la antigua
cultura semítica, un rechazo por la familia extendida, 27:10. Oró para una existencia más
tranquila y el rescate de los enemigos –observa el cambio de tono entre 27:5-6 y 27:12. El
Salmo terminaba con una nota de anhelo para que Dios estuviera cerca, y de esperanza por
su eventual llegada, –27:13-14.

La experiencia religiosa cambia de una realización que Dios está presente a un anhelo para
que él esté cerca. El Salmo 27 era una respuesta a los dos extremos de la experiencia
religiosa. Como el Salmo, nuestra vida de oración debe basarse en esas dos emociones. De
hecho, deberíamos orar para centrarnos en la percepción de la presencia y la ausencia de
Dios.

SEGUNDA LECTURA, 1 PEDRO 4: 13-16

Seamos felices aun cuando suframos, porque Cristo sufrió por nosotros.

¿Cómo tu vida diaria es una carga? ¿Quiénes o qué son las “espinas en tu vida?

12 Queridos hermanos, no se sorprendan por el incendio que ha


prendido en medio de ustedes para ponerlos a prueba. No es algo
insólito lo que les sucede. 13 Más bien alégrense de participar en
los sufrimientos de Cristo, pues también se les concederán las
alegrías más grandes el día en que se nos descubra su gloria. 14
Si son insultados a causa del nombre de Cristo, felices ustedes,
porque la gloria y el Espíritu de Dios descansan sobre ustedes. 15
Sería una lástima que alguno tuviera que sufrir por asesino,
ladrón, malhechor o delator; 16 pero si sufre por ser cristiano, no
tiene por qué avergonzarse, sino que más bien debe dar gracias a
Dios por llevar ese nombre. BLA

4, 12: …el incendio que ha prendido en medio de ustedes para ponerlos a prueba… es
literalmente “algo que quema hacia la tentación entre ustedes. La vida no va a cambiar;
pero uno puede cambiar para ser feliz. Así, que no te preocupes. ¡Se feliz!

Necesitamos una razón para ser felices, incluso ante las injusticias de la vida. El autor de 1
Pedro nos da una razón, a pesar de que no deseáramos aceptarla. Deberíamos ser felices
aun cuando sufrimos, señala, porque ¡Cristo sufrió por nosotros! De hecho, dio a entender,
que nuestros sufrimientos anuncian la venida de Cristo en la gloria. Y como reza el dicho:
"sin dolor, no hay ganancia" el sufrimiento en esta vida revela el dolor y la gloria del Final
de los Tiempos. Esto era el significado del sufrimiento de Cristo. Es el sentido de nuestro
sufrimiento.

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Aunque la vida sea dura, a veces, tenemos una razón para ser feliz. La fe es la clave. Con fe
en Dios, podemos poner nuestro sufrimiento en contexto, porque lo vemos en la sombra de
la Cruz. Incluso podemos ofrecer nuestro sufrimiento como una forma de glorificar a Dios.
La gloria de Dios es una de las mejores razones para ser feliz.

¿Cómo te ayuda la fe en los tiempos difíciles para permanecer feliz?

EVANGELIO, JUAN 17:1-11

El Hijo es glorificado y le da gloria al Padre

La salvación, como el patriotismo, es una demostración de gloria; pero esta no es la gloria


de los desfiles o el saludo a los dignatarios o las calles llenas de colorido. Es una
demostración del poder desde la impotencia. Es la gloria que fue mostrada en la Cruz. Es
una gloria que mostró el amor del Padre al Hijo.

Esta oración de Jesús puede ser dividida en dos secciones:


1. La oración por la gloria y
2. La oración por la unidad de sus seguidores.

Esta es la oración llamada con frecuencia “oración sacerdotal”. “Sacerdotal” lo es en un


sentido con relación a Jesús que se sacrificó para santificar a los suyos –Marcos 14,24; pero
además, en otro sentido, Jesús oró por el pueblo que desempeñaría un rol sacerdotal en el
mundo, el pueblo a quien Dios se dio a conocer, y que cumple ahora una misión única en el
mundo.

1 Dicho esto, Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: «Padre, ha


llegado la hora; ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a
ti! 2 Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que
comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. 3
Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al
que tú has enviado, Jesús, el Cristo. 4 Yo te he glorificado en la
tierra y he terminado la obra que me habías encomendado. 5
Ahora, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado
antes que comenzara el mundo. BLA

17,1: ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti! Puesto que la hora de la
gloria es la muerte de Jesús, "glorificar" tiene el significado de "mostrar la Gloria". Por lo
tanto, se puede traducir la frase: "Muestra la gloria de tu Hijo para que el Hijo pueda
mostrar Tu gloria". Este sentido de "Gloria" se refleja en Juan 17:4-5.

17,2: Todo aquello que le encomendaste, y no “todos”. Esto ya se leía en Juan 6,37 y se
encontrará de nuevo en Juan 17,24. Jesús no salva almas sin cuerpos, sino que con ellas
sus cuerpos y toda la parte del mundo y de su cultura que esas personas llevan consigo y
que, en ellas, ha sido renovada y bautizada.

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17,3: Equipara el conocimiento con la vida eterna. En el judaísmo, el conocimiento de Dios


vino a través de la revelación de Dios en la ley y la obediencia a la ley. Los judíos creían que
podían darse cuenta de la presencia de Dios en la vida cotidiana respetando el Torá. Y
obedeciendo el Torá, podían estar en la mente de Dios. Juan había seguido esa línea de
razonamiento, pero reemplaza la ley con la persona de Jesucristo. Para Juan, la vida eterna
no era simplemente la obediencia de la ley de Dios; pero el tener una relación con su Hijo.
El amor al hijo sustituía un estilo de vida de deber religioso.

17,5 “dame junto a ti…” tiene el mismo significado de “…en tu presencia…”

Juan el Evangelista era aficionado a utilizar una "A-B-A" o una estructura de un paso abajo-
un paso arriba para su escritura. En tanto que 17:1-6 no coincide con la estructura
explícitamente, sigue el patrón general.

A: glorifica a tu hijo
B: para que el Hijo te glorifique… él dio la vida eterna a… todos los que le diste.
C: esto es la vida eterna: conocerte, el único Dios verdadero y a quién has enviado,
Jesucristo.
B: Te he dado Gloria en la tierra, habiendo completado el trabajo que me diste a hacer.
A: Ahora dame gloria...

La estructura comienza y termina con la oración por la gloria. En la teología de Juan y el


contexto de la declaración, la gloria de la oración de Jesús fue la Cruz. En la Cruz, Jesús se
revelaría a sí mismo como el Cristo; en la Cruz, sus seguidores podían entender qué tipo de
Dios adoraban: un Dios de amor. A través de la Cruz, Dios ofrecería a sus fieles el regalo de
su vida, el don de la vida eterna.

La segunda y cuarta declaraciones temáticamente son las mismas: la obra de Cristo era dar
a sus seguidores la vida eterna. El núcleo de los pasajes radica en la definición de la vida
eterna: un conocimiento íntimo de Dios y AQUEL que él envió, Jesucristo. Este conocimiento
sólo puede obtenerse en una creciente relación de fe con el Padre y el Hijo. Juan parece
implicar que la vida eterna era no sólo un conocimiento de, pero un participando con, la
relación entre el Padre y el Hijo. De hecho, uno sólo puede adquirir conocimientos del Padre
y el Hijo siendo de alguna manera parte de esa relación.

Esta oración, al igual que el Padre Nuestro, no está orientada hacia los hombres sino hacia
la gloria de Dios. Es esencial para él que una minoría de los seres humanos lo conozca
desde ya por medio de su Hijo. Quizás nos cueste comprender por qué el Dios eterno tiene
necesidad de ese reconocimiento, pero Jesús afirma que es así. Los discípulos de Jesús son
necesarios e irreemplazables para la gloria de Dios, y Dios no sería Dios si su gloria no fuera
en el mundo como lo es en la eternidad Mateo 6,9-10.

Ciertamente que Israel era y sigue siendo el pueblo de Dios “según la carne” –1 Corintios
10,18, pero este Israel esperaba la venida del Espíritu gracias al cual todos conocerían a
Dios Isaías 52,6; Jeremías 31,34. Ahora, en medio de los demás pueblos de la tierra que
Dios ha creado, que ama y que llama a compartir su gloria, un pueblo santo tiene el
privilegio de conocer a Dios y a su Enviado.

Jesús quiere que cada uno de los suyos conozca a Dios, lo que supone interiorización de la
palabra de Dios, oración perseverante, celebraciones comunitarias. Para eso tendremos la
ayuda del Espíritu Santo, del que proceden los dones de conocimiento y de sabiduría -

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Colosenses 1,9. Del conocimiento brotan las obras y el amor; éste es el comienzo de la vida
eterna, en que veremos a Dios tal como es –1Juan 2,3.

6 He manifestado tu Nombre a los hombres: hablo de los que me


diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, y tú me los diste y han
guardado tu Palabra. 7 Ahora reconocen que todo aquello que me
has dado viene de ti. 8 El mensaje que recibí se lo he entregado y
ellos lo han recibido, y reconocen de verdad que yo he salido de ti
y creen que tú me has enviado. 9 Yo ruego por ellos. No ruego por
el mundo, sino por los que son tuyos y que tú me diste 10 —pues
todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío—; yo ya he sido
glorificado a través de ellos. 11 Yo ya no estoy más en el mundo,
pero ellos se quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti. Padre
Santo, guárdalos en ese Nombre tuyo que a mí me diste, para que
sean uno como nosotros. BLA

17: 6 He manifestado tu Nombre a los hombres: hablo de los que me diste,


tomándolos del mundo. Ya que la gente en la antigüedad creía que el nombre de alguien
revelaba su carácter interior y su poder, invocando el nombre de una deidad invocaba a la
deidad misma. Cuando Jesús hizo el nombre del Padre manifiesto a sus seguidores, esto fue
un punto de la revelación, porque hizo visible a Dios mismo.

Eran tuyos, y tú me los diste…. Por definición, los fieles juraban lealtad a su Dios a
través de su fe; así que pertenecían a Dios, tanto como un plebeyo juraba lealtad a un Rey
y el regente había controlado el destino de su sirviente.

17: 9-11 Jesús oró por sus discípulos, pero hay algunos debates sobre cómo la frase "que
son tuyos" se refiere a la oración. Jesús ruega porque ya pertenecen a Dios. En cualquier
caso, los discípulos ahora forman parte de la relación entre el Padre y el Hijo –17: 10, y los
discípulos ahora revelan la gloria del Hijo a través de su testimonio. 17: 11 revela el
contenido de la oración: “guárdalos en ese Nombre tuyo que a mí me diste, para que
sean uno como nosotros”.

17,9: No ruego por el mundo. No hay que pensar que solamente los creyentes han sido
tocados por el Padre, o que escapan de un mundo malo. Este “mundo” son las tres cuartas
partes de la humanidad, y fueron mencionados brevemente a propósito del Verbo-luz en
Juan 1,9. Aquí Jesús concentra su oración en la misión propia de los suyos que,
precisamente, es la condición para que se salve el mundo Juan 3,16 –el mundo actual con
sus problemas de globalización.

Jesús dio a sus discípulos la vida eterna cuando reveló el nombre del Padre. Según la nota
anterior, esto era más que hablar de un nombre; Jesús reveló la presencia del Padre. Estos
discípulos ya habían prometido una lealtad de fe a Dios, por lo que "pertenecían" al Padre.
Ahora, Jesús revelaría la presencia del Padre a través de su presencia y su mensaje. Sus
seguidores aceptaban a ambos y "glorificarían" al hijo con su testimonio en el mundo.

17, 10a: “todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío…” esta es la declaración más
explícita sobre la posición de los discípulos en la relación entre el Padre y el Hijo. Somos

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parte del amor entre el Padre y el Hijo; nosotros hemos sido "atrapados" en la vida de la
Trinidad. A pesar de que el Hijo ya no está en el mundo, implora a su Padre que conceda a
sus seguidores la unidad íntima que comparte la Trinidad. Esto es más que la convivencia
dentro de la Iglesia. Se trata de un lazo de amor que es un testigo mucho mayor que el
cristiano individual puede hacer solo. Es una oración para la comunidad a un nivel
sobrenatural; es una oración que todos nosotros podríamos compartir en la vida que el
Padre y el Hijo comparten. Se trata de la vida eterna. Esto muestra la verdadera Gloria del
Señor.

17,11: Guárdalos en tu Nombre, es decir, guárdalos en la irradiación de tu propia santidad, en


la que abrazas a tu Hijo. Y reciben esta promesa que el mundo creerá cuando ellos sean, no
solamente uno, sino uno en Dios.

Los apóstoles del ecumenismo se han fijado sobre todo en “Que sean uno como nosotros”
de 17,20-22 2. La unidad, sin embargo, sólo es la característica más visible del nuevo pueblo
de Dios; su principal virtud es el conocimiento del Dios único y de Jesús, el Enviado –hay
que notar que el verbo conocer aparece siete veces en esta oración.

¿Cómo puedes ser "atrapado" en la vida de la Trinidad? ¿Cómo puedes obtener tu lugar en
el amor entre el Padre y el Hijo?

Para mostrar la fe, agitamos la Cruz al igual que en un acto de patriotismo; pero, más
concretamente, vivimos la Cruz. Como la Cruz reveló el amor del Padre para el Hijo, nos
muestra nuestro lugar en el amor. Es una invitación a la vida eterna, y es una realización de
esa vida. Cuando vivimos la Cruz, participamos en el amor entre el Padre y el Hijo. Esta es
la verdadera gloria.

Reflexiona sobre tu lugar en la vida de Dios esta semana. ¿Dónde encuentras la Cruz en tu
vida? ¿Cómo has vivido esa Cruz? ¿Cómo te muestra la Cruz el amor de Dios?

2
Juan 17,22: Que sean uno. La historia de la Iglesia parece desmentir la oración de Jesús y su voluntad de edificar su Iglesia sobre la comunidad
de los Doce, haciendo de Pedro el testigo de la fe verdadera y la cabeza visible del grupo apostólico y de toda la Iglesia. Desde los primeros años
no faltaron quienes rechazaban la fe tal como la enseñaban los apóstoles; de ahí nacieron diversos grupos o sectas.

Más tarde, por razones históricas, los países del mundo romano se dividieron en dos grandes bloques: uno en oriente, el que seguía la cultura
griega; otro en occidente –Europa occidental, en el que, después de las invasiones de los pueblos bárbaros, surgió la cultura medieval. Entonces
fue cuando las Iglesias orientales, o sea, ortodoxas, se apartaron de la Iglesia romana.

Tiempo después, en una Iglesia que se dejaba invadir por el espíritu del “mundo”, el descuido de la jerarquía por atenerse en todo a la palabra
de Dios llevó a los protestantes a fundar otras iglesias llamadas “reformadas”.

Hoy en el mundo entero, numerosos creyentes se han desanimado por la falta de pastores en la Iglesia católica, por la frecuente ausencia de la
Palabra de Dios proclamada, por el peso de las instituciones y la centralización que a veces sofoca la vida. En consecuencia han optado por
formar iglesias independientes.

En este momento es urgente repensar la unidad de la Iglesia y de las Iglesias en torno al conocimiento verdadero de Dios y del Señor Jesús. Es la
tarea actual del ecumenismo; es el esfuerzo de reconciliación y acercamiento de las Iglesias que han reconocido a Cristo como el Hijo de Dios y
el único Salvador.

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