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DICCIÓN

DE

CANTO
El prestigioso profesor de técnica vocal W. Vennard decía, en
referencia a la dicción lírica, que sonar natural requiere un
estudiado artificio y el célebre Lamperti que la pronunciación del
cantante está en la faringe, no en la boca. Estas dos máximas
parecen poner en duda la italiana tan aceptada se canta como se
habla. Sin embargo, es necesario un análisis exhaustivo del tema y
plantearnos las siguientes preguntas: ¿se estudia la técnica vocal
para la voz impostada y proyectada hablada como se hace para la
cantada? ¿se es consciente de tener algún pequeño defecto
fonatorio desde el punto de vista de la dicción, aunque sea tan
insignificante que no nos obstaculice el entendimiento con los
demás? ¿y algún tipo, aunque sea leve, de dislalia funcional?

Según el profesor G. Canuyt, todo el mundo habla sin haber
aprendido técnica vocal así que, la mayoría de la gente habla mal,
abusa de su órgano vocal y fatiga su voz. Y concluye diciendo: El
arte de la palabra es indispensable para todos los
profesionales de la voz.

Y si es importante la diferencia que se emplea para una
conversación y la que se emplea para la declamación o recitación
(habla coloquial-habla impostada), porque para este segundo caso
hay que aplicar la técnica de la impostación, no digamos ya la
diferencia entre habla y canto en el que la voz, además de ser
impostada, ha de seguir una melodía. Aunque el mecanismo y el
proceso básico para hablar y cantar sea el mismo, aunque ambos
comparten el mismo aparato respiratorio, la misma laringe, los
mismos resonadores y los mismos articuladores, ¿en qué se
diferencian entonces desde un punto de vista fisiológico?

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La principal diferencia es el nivel de exigencia al que se
somete a todos estos órganos que, de una u otra forma, participan
en el acto de la fonación. Las exigencias músculo-esqueléticas,
fonadoras, articulatorias... se llevan al límite y todos los sistemas
han de coordinarse y graduarse al milímetro. La merma en uno de
ellos significa la sobrecarga de los demás, así que, mientras más a
punto se encuentren todos, mejor funcionará el conjunto tanto para
la voz impostada hablada como para la cantada.

Y, fisiológicamente hablando, el primer hecho que se constata
es que el habla se mueve a velocidades más altas que el canto, así
que, tanto las consonantes, como las vocales, tienen mayor
duración en el canto que en el habla. El habla, fonéticamente, usa
de muchos sonidos neutros debido a que se encuentran en sílabas
átonas.

Como el canto es más lento, es necesario establecer unas
reglas para pronunciar correctamente estos sonidos para que no
resulte difuso para el espectador entender el canto, teniendo en
cuenta que una sílaba átona puede estar acentuada musicalmente y
ser mantenida durante un espacio de tiempo. En el habla, debido a
la velocidad, prima la comodidad de emisión. Por eso la apertura
entre maxilares suele ser mínima. Pero cantar o hablar en voz alta
para un público puede originar dos problemas:

-La sobrearticulación puede llegar a enfatizar tanto las
consonantes, que las vocales no lleguen a oírse. Sólo se
escucha una sucesión de consonantes, con lo que la voz se
convierte en una exhalación de aire continua. La tensión de la
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sobrearticulación se comunica, desde los órganos de
articulación, al sistema entero de fonación, con lo que la
respiración puede llegar, incluso, a invertirse, se dejará de
apoyar la voz y el cantante o el orador realizará un esfuerzo
desmesurado para ser oído, empujará la voz desde la
garganta y las cuerdas vocales acabarán tensándose y
forzándose.

-El segundo problema es que, se enfatizan tanto las vocales
que las consonantes desaparezcan. En este caso la voz se
parecerá más a una continua vocalización. Los órganos de
articulación no trabajan lo necesario, el chorro vocal amortigua
las consonantes y el habla parece compuesta sólo de vocales
con lo que el mensaje, el texto, se perderá y nadie podrá
comprender nada de lo que decimos.

Otra diferencia fisiológica entre voz normal y voz impostada es
que, a medida que el tono de voz se hace más alto, aumenta la
presión hiperbárica subglótica. Lo que hace necesario un control
respiratorio cuya exigencia es directamente proporcional al aumento
de tono. Es decir, a menor tono, menores necesidades de control
respiratorio.

Estudios recientes han demostrado que, en un mismo sujeto,
la voz cantada resulta ser de, al menos, 10 db de intensidad más
alto que la hablada. Además, en el acto de cantar, es la partitura la
que, musicalmente nos indica cuándo podemos respirar, mientras
que en la voz hablada podemos respirar con más frecuencia. No
sólo el aumento de intensidad, sino la extensión tonal de la voz
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impostada, en especial la cantada, es lo que hace que necesitemos
de mayor volumen aéreo y control respiratorio.

Otras diferencias fisiológicas se centran en torno al papel de
la laringe. De la laringe depende la frecuencia, es decir, los tonos
agudos y los graves y, como consecuencia directa, la entonación de
una melodía. Así que, su relevancia es importantísima en el canto.

No hay que olvidar que la laringe se haya suspendida y
conectada a los órganos de articulación y resonación por muchos
músculos y cartílagos, y que todo movimiento de cada uno de los
órganos de fonación afecta a los demás. Por ello son todos los
demás órganos, tanto articuladores como resonadores, los que han
de adaptarse por completo a la técnica y facilitar la emisión laríngea
lo que sólo se puede hacer a través de la modificación de los
patrones articulatorios que existen en la voz hablada. Es decir, a
través de una cierta deformación articulatoria que no, y esto es
importantísimo, acústica de los sonidos vocálicos y consonánticos.
Esto es lo más importante de todo, la deformación articulatoria pero
no acústica.

Los sonidos no pueden sonar deformados, tienen que ser
claros y puros. Los formantes de cada sonido en el canto, han de
ser más marcados que los del habla porque, si no, un tono hablado
resultaría difuso en el habla. Es lógico, mientras que la posición del
velo del paladar ha de ser elevada, la posición mandibular ha de ser
baja y la lengua ha de jugar el papel esencial de permanecer en una
posición en la que su raíz no obstaculice el paso libre del sonido por
la faringe. En este estado de cosas, en el canto, se pueden llegar a
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manejar en torno a las dos octavas mientras que en el habla,
raramente se excede de una cuarta o una quinta. Es decir, la media
del tono en el canto es más agudo que en el habla.

La cavidad bucal, que es el órgano articulador por excelencia,
es muy móvil. Pero lo principal para esa independencia de la que
hemos hablado es darse cuenta que el más mínimo movimiento de
ese articulador tiene influencia sobre todo lo demás. Por ejemplo, el
velo del paladar, al ascender o bajar hace que el sonido sea nasal u
oral; la lengua, según la consonante o la vocal que esté emitiendo,
puede obstruir la faringe en mayor o menor medida, su raíz puede
tensar la articulación de la mandíbula y las zonas faríngea y
laríngea. La mandíbula ha de permanecer relajada pero más o
menos descendida según la altura tonal del sonido emitido. ¿Cómo
conjugar la articulación del canto con la articulación de la fonética?

La articulación y la resonancia deben ser adaptadas a la
altura de la nota laríngea y, a menudo, tiene muy poco parecido
con la articulación hablada. (Greene The voice)

Es un hecho constatado por eminentes profesores que han
escrito artículos, libros... sobre este tema, como son: Richard Miller,
Nicole Scotto diCarlo, Ingo Titze, Nico Castel, Madeleine Marshall,
Berton Coffin, Joan Wall, Richard G. Cox, G. Cornut, J. Perelló, G.
Canuyt y tantos otros. Por ejemplo, la profesora de dicción lírica
italiana E. Colorni, cuando hace notar la gran diferencia entre
estudiar un lenguaje extranjero para hablarlo a estudiarlo para
impostarlo y cantarlo. Las reglas que se aplican a la dicción lírica,
en gran parte, son distintas a las aplicadas a la conversación.
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Muchos son las cuestiones planteadas por todos estos
profesores, entre ellos, destaca una muy interesante del profesor de
técnica vocal David Jones cuando, en alguno de sus artículos,
pregunta: ¿por qué la dificultad en las clases viene, no con la
vocalización, sino al cantar una determinada partitura, en el
momento de introducir, sobre todo, las consonantes? Algunas
personas tienen la habilidad de poder hacerlo sin problemas,
pronunciar en la faringe como decía Lamperti. Son personas que
nacen con la voz impostada hablada o cantada de natura. Pero a la
mayoría les supone un esfuerzo más, igual que estudiar técnica de
canto.

La fonética articulatoria es un instrumento muy valioso a la
hora de aprender un idioma. La fonética articulatoria aplicada al
canto es una parte esencial en la formación de cualquier cantante,
nos enseña unas normas básicas de adaptación de la lengua
hablada al canto, así que, cómo negar la diferencia entre la fonética
hablada y la cantada. Pero la dicción lírica aúna la fonética de canto
con los conocimientos de la estructura y fisiología fonatoria de cada
cantante, pequeñas características sobre las que poco se puede
teorizar y cuyo conocimiento proviene de la observación directa
fruto de la experiencia.

Así que, mientras la fonética aplicada al canto tiene más de
disciplina lingüística que de otra cosa, porque nos proporciona las
reglas articulatorias, la dicción lírica es la que adapta esas reglas
articulatorias al caso real del cantante valiéndose del concurso de
otras disciplinas como la fonética acústica, el conocimiento de la
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técnica vocal de la voz impostada y del canto... Es decir, es como la
logopedia del cantante, la que busca posturas y movimientos
articulatorios que faciliten la emisión del sonido y que pueden ser
distintos para cada cantante. Lo que a uno le facilita a otro le puede
obstaculizar y viceversa.

Por eso la dicción lírica debe trabajar codo con codo, en
profunda cooperación con el profesor de técnica vocal. Porque, en
el caso del canto lírico, por ejemplo, la más mínima desviación
puede echar por tierra el paciente trabajo de horas y horas con el
profesor de canto. Cualquier pequeña incorrección de articulación
puede destruir la línea vocal, el legato, el apoyo respiratorio y la
resonancia faríngea.

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