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Lic.

Rodolfo Martinez
IMPORTANCIA DE LA MACROECONOMIA

La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para el


desarrollo y el crecimiento. Sin embargo, la evidencia de las dos
últimas décadas muestra que las ideas y recomendaciones de
políticas en boga acerca de cómo se logra la buena administración
macroeconómica y la estabilidad, han sido demasiado limitadas. De
hecho, en muchos países han llevado a lo opuesto a lo que
pretendían.

Su estudio es muy importante porque, a través de ésta, se genera


información que respalda decisiones de política pública de los
países, para obtener crecimiento económico, fomentar el empleo y
mantener una balanza de pagos sostenible

Los acontecimientos de la década pasada han cambiado en todo el


mundo las percepciones acerca de la naturaleza de las políticas
macroeconómicas deseables.

La crisis financiera asiática de fines de los años noventa y el


colapso en Argentina al comienzo de la década evidenciaron que
estrategias fiscales aparentemente “prudentes” pueden ir asociadas
a procesos macroeconómicos insostenibles capaces de generar
crisis.

El énfasis puesto explícitamente por las Naciones Unidas y la


comunidad internacional en alcanzar los Objetivos de Desarrollo del
Milenio, así como la necesidad de asegurar el financiamiento para
el desarrollo, han puesto de relieve la necesidad de cambiar el
rumbo de las estrategias económicas.
Todo ello sumado a otros factores relacionados, ha conducido a un
amplio acuerdo por el cual la administración macroeconómica de las
economías en desarrollo abiertas debe estar guiada por los
siguientes principios:

 La política macroeconómica debe desarrollarse dentro de un


marco coordinado, de tal manera que las políticas de
administración fiscal, monetaria, cambiaria y de capital, sean
coherentes.
 El horizonte temporal debería ser de medio plazo, establecido
dentro de un marco sistemático que provea los contornos
dentro de los cuales se organicen las estrategias
macroeconómicas y de gasto público.
 Se le debe dar importancia al crecimiento económico, la
estabilidad de los medios de vida, y la generación de empleo,
y dichos objetivos no deberían verse desplazados por un
enfoque de miras cortas centrado en la estabilidad
macroeconómica y el control de la inflación.
 No solamente la tasa agregada de crecimiento económico es
fundamental, sino también el patrón de ese crecimiento. De
hecho, una tasa de crecimiento moderada, pero sostenible
que implique la generación de empleo y la reducción de la
pobreza es preferible a una tasa superior de crecimiento
basada en mayores desigualdades de renta y con un mayor
potencial de volatilidad y crisis.
 La meta primordial para la mayoría de países debería ser la
generación de empleo productivo, capaz a su vez de
proporcionar “trabajo digno”. Esto requiere de algo más que
una mera política macroeconómica; en particular, políticas
industriales que ofrezcan incentivos a fin de promover la
inversión deseada y políticas financieras que incluyan el
crédito dirigido, bien pueden desempeñar un papel importante.
 La importancia del gasto público en el sustento y la expansión
de la base de los recursos humanos productivos de un país a
través del gasto social, debe ser reconocida. Las políticas
macroeconómicas deben asegurar que el gasto público en los
sectores sociales se mantenga en niveles adecuados
 Los gobiernos de los países en desarrollo deben confiar más
en los efectos positivos de una política fiscal expansiva
adecuada y, en particular, en el papel crucial de la inversión
pública.
 Se debe hacer hincapié en el incremento de los recursos
públicos de manera que no perjudique a los ciudadanos más
pobres, a través, por ejemplo, de la implementación eficaz de
una tributación progresiva directa, impuestos (flexibles) al
comercio e impuestos a los movimientos de capital.
 La política monetaria debería acomodarse a la política fiscal, y
no al revés, y ambas deberían apuntar a metas económicas
reales tales como la generación de empleo, la protección y
expansión de los medios de vida y la reducción de la pobreza.
Esto tiene implicaciones en el grado de independencia que se
debe otorgar a los bancos centrales. También significa que la
meta inflacionaria en sí misma, no puede ser el objetivo
central de la política monetaria.
 Los tipos de cambio deberían manejarse con flexibilidad, aún
al punto de crear una banda dentro de la cual se permita
operar a las fuerzas del mercado. Esto requiere cierto control
de los movimientos en la cuenta de capital, de preferencia a
través de una serie de instrumentos flexibles.
 Finalmente, todas las políticas macroeconómicas debe n tener
en cuenta las consideraciones e impactos en la equidad.

En resumen, el pragmatismo, dentro de un marco que enfatice el


crecimiento, y la flexibilidad, guiada por los requerimientos
específicos del contexto de cada país, debería ser el principio
orientador, más allá de una visión dogmática basada en una
“receta universal”

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