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RAMÍREZ GALVIS RAÚL ALBERTO

Lectura del evangelio según San Juan (1 al 12)

Muchas veces tenemos la costumbre de ver el evangelio de Juan como obra teológica poco
común. Sin embargo, la obra de Juan demuestra ser muy sencilla, y desde la visión literaria
pobre, esto se sustenta al observar por ejemplo el griego que se usa, el cual es muy sencillo,
pero que no significa que sea de baja calidad. Esto nos indica que Juan utiliza un lenguaje
propio de la época que es único y común, conocido como Kainé. No obstante, estas
condiciones limitantes no le restan la madurez del lenguaje y estilo del evangelio, donde
podemos ver una obra de profunda intensidad, en ella los contenidos van caminando de una
manera armoniosa y coherente hasta llegar al centro del mensaje.
A lo anterior, le podemos sumar por ejemplo que fuera de ser un lenguaje limitado es también
unitario, y se observa claramente porque no hay diferentes estilos en los personajes, incluso
no existe distinción entre el lenguaje del narrador y el lenguaje de Jesús, lo que nos puede
parecer algo confuso, y a su vez resultar difícil hacer una distinción de quien habla en
realidad, si Jesús, el evangelista o los personajes, un ejemplo de ellos es Juan 3.
En esta línea podremos observar que será más fácil calificar los temas que desarrolla juan,
los cuales no están en la misma línea con los temas de los sinópticos, pues mientras los
sinópticos hablan del reino de Dios, de su venida, de su presencia, de su fuerza etc. Juan no
va por esta mismo lineamiento, es más, pareciera que desconociera este anuncio, su
pensamiento o mensaje es mas de creer en Jesús, esta es la razón por la cual el evangelio es
tan interesante, por la dificulta que presenta a la hora de hacer un estudio comparativo con
los sinópticos.
Esta labor desempeñada en el evangelio de Juan es muy peculiar, porque tiene “una fuerza y
una personalidad tan grande, que parece haber traducido los fragmentos tradicionales de
manera que resulta muy difícil detectar que fragmentos pertenecen a etapas de tradición
antigua y que fragmentos han sido incorporados por el evangelista.” Lo que demostraría
que es una obra redactada en distintas etapas, con un núcleo narrativo el cual va aumentando
a medida de las enseñanzas que van cumpliendo el objetivo de la obra.
Podríamos hablar de una falta de plan por definir en la obra de Juan, también de la presencia
de aporías en el texto etc. Con respecto al plan por definir, el texto refleja claramente una
falta de método desde el punto de vista cronológico; es evidente que después del prólogo se
presenta un orden en este aspecto por la utilización de la expresión “al día siguiente” seguido
de una serie de noticas y acontecimientos que dan un orden en tiempo y lugar, como por
ejemplo el evento de las bodas de Caná, la evocación de una fiesta de pascua etc. Y que como
lectores nos daría la sensación de una obra ordenada cronológicamente, sin embargo, después
de estos hechos es evidente la perdida de este hilo cronológico, y la obra ya empieza a nadar
en importantes lagunas, por ejemplo, las fiestas judías, que de cierta manera encierran la
actividad de Jesús. Y es así que desde Juan 2, 13 hasta Juan 5,1 no se ve ningún indicio
cronológico que nos de herramientas para situar las escenas que se nos presentan. Otro
ejemplo de esta inconsistencia es Juan 6,4 donde se habla de una fiesta de Pascua, pero donde
Jesús no está presente en Jerusalén sino en Galilea, así ocurre con otros pasajes donde las
inconsistencias cronológicas son muy evidentes; con respecto a este primer punto se puede
decir que el relato no tiene una línea equilibrada y la ausencia de cronología dificulta para
quienes se acercan a la obra, su comprensión y ubicación en la misma.
El segundo punto, que son las aporías, reflejan en la obra de Juan una dificultad, pues
presenta escenas que dan la sensación de no haber sido terminadas, “dando la impresión de
que no se ha llegado a encajar bien en el conjunto todo el material de que se disponía”
también se encuentran que no tienen un final, o no son concretados, como por ejemplo 3, 1.
O pasajes que están a la deriva y que podrían haber sino completados en otras escenas como
por ejemplo 3, 31-36; 12,44-50 las cuales tendrían más sentido y comprensión si se hubieran
enlazado en otros pasajes: “la noticia de 7,20-24 acerca de la obra realizada por Jesús
parece que se refleja a 5,1-18 y , sin embargo, han pasado muchos meses -en medio se ha
colocado una fiesta de Pascua, la de los panes- entre una escena y la otra; 10,19-21 parece
fuera de lugar; 10,26-29 se refiere a la enseñanza de 10,1-18, pero ambos fragmentos se
distancian a través de 10,19-21 por un lado, y 10,22-25 por otro.” En síntesis, algunos textos
alcanzarían más comprensión y orden con otros.
Ahora bien, hemos observados algunas características importantes a tener en cuenta sobre la
obra de Juan, pero también es importante mirar su historia literaria, en este punto diremos
que el material más antiguo que compone la obra de Juan es el narrativo, también es sorpresa
saber que existen menos gestos extraordinarios de Jesús a comparación de los sinópticos,
conservando solo 7 signos, algo que demuestra una distinción muy grande con los evangelios,
por ejemplo Marcos dedica casi una tercera parte de su evangelio a los milagros de Jesús.
Pero esta reducción de signos en Juan tiene una finalidad como lo hace saber al final de la
obra, cuando dice “Jesús realizo en presencia de los discípulos otras muchas señales que no
están escritas en este libro” o como se manifiesta en el capítulo 21 “hay además otras
muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo
bastaría para contener los libros que se escribieran.” Por tanto, el autor es muy consciente
de esta reducción y a su vez nos debela sus claras intenciones en la creación o redacción del
texto, que no son dar un amplio relato de los signos realizados por nuestro Señor, sino que
su misión es distinta, quizás motivado o consciente que los demás acontecimientos, que sin
duda alguna son muy importantes para la evangelización, serán tomados y dados a conocer
por los demás evangelistas, lo que lo invitaría a reflexionar y tomar un rumbo distinto.
Ahora, es importante tener en cuenta que el tipo de milagros de la obra de Juan tiene una
relación muy significativa con los otros evangelios, y es así, por ejemplo, que tres signos bien
marcados en Jesús, presentados por Juan, los encontramos en los sinópticos: Juan 4, 46-54 =
Lc 7,1-10 y Mt 8,5-13 que hablan de la curación del hijo del funcionario real, la
multiplicación de los panes, Juan 6,1-15 = Mc 6,32-44 y el milagro de Jesús caminado sobre
las aguas Juan 6,16-21 = Mc 6,45-52. Y existen otros gestos, específicamente tres que son
muy iguales a otros pasajes de los sinópticos que son: la curación del paralitico, Juan 5,1-18
=Mc 2,1-12, la curación de un ciego Juan 9,1-7 = Mc 8,22-26 y Mc 10,46-52 y la resurrección
de un muerto. La única que no tendría paralelo sería el capítulo dos sobre la conversión del
agua en vino que podría decirse que no es muy distinto a la multiplicación de los panes.
A esta altura del estudio del evangelio de Juan también sale a la luz un aspecto importante a
tener en cuenta, y es que en la obra hay un nivel tradicional que después es ampliado y que
permite distinguir entre tradición y redacción, lo que llevaría a tener un problema en el
sentido de saber dónde empieza y dónde finaliza la tradición, lo que ha hecho especular sobre
el origen de una colección previa de los milagros que sirviera de base para la elaboración del
evangelio actual, “de hecho hay un dato especialmente indicativo en este sentido: el hecho
de que el evangelio hable del primer -signo- de Caná capítulo 2,11 y del segundo, capitulo
4,54.” Pero solo es una especulación.
No obstante, existen algunos pasajes que manifiestan evidentemente vestigios de material
tradicional incorporado a la obra, como por ejemplo Juan 1,19-51 como Juan 12,1-50
reflejando un contenido concentrado en datos tradicionales. Si nos volcamos al primer
ejemplo, es decir a Juan 1,19-51, encontraremos una concentración en títulos cristológicos
tradicionales aplicados a Jesús, dando la impresión de subrayar que en Cristo se han cumplido
todas las profecías mesiánicas.
También es importante ver que los signos narrados tienen un sentido concreto, y que
demuestran que no son breves narraciones de acontecimientos extraordinarios para reflejar
meras actitudes de un personajes en particular, sino que en su maduración y profundización
manifiestan los signos como lo hacen los sinópticos, como actos poderosos que repercuten,
que no quedan en un tiempo específico sino que siguen proyectándose en la vida del creyente
y ante todo y más importante, reflejan la presencia del reino entre los hombres.

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