Historia Medieval de España

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ORIGEN DE LOS REINOS Y CONDADOS CRISTIANOS
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993. 1. EL REINO ASTURLEONÉS El dominio musulmán sobre la Península no fue total. Protegidos por las montañas y por su escasa vinculación al reino visigodo, astures, cántabros y vascones occidentales mantuvieron su independencia, limitándose en algunos casos a pagar tributos a Córdoba como símbolo de su dependencia, sin que los emires tuvieran control sobre el avance hacia Galicia y León. Al este, navarros, aragoneses y catalanes, aliados con muladíes rebeldes y apoyados por carolingios crearon en el 800 reinos y condados donde Córdoba no tuvo autoridad.
1. COVADONGA Y LOS ORÍGENES DE LA RECONQUISTA

Hasta hace pocos años, la batalla de Covadonga (718-722, según versiones), indicaba el comienzo de la reconquista. Hoy la tesis ha perdido fuerza. Para los cronistas del Islam sólo fue una escaramuza entre una expedición de castigo y los montañeses asturianos residentes en zonas de difícil acceso sin interés para los emires que se conformaban con evitar los saqueos de aquellos « salvajes» y enviando expediciones que recordaran la autoridad cordobesa con el cobro de tributos. La versión cristiana es distinta y fue descrita por mozárabes huidos de Al-Ándalus en el siglo IX. La Crónica Mozárabe del 754 no habla de Pelayo ±héroe de Covadonga-, y la única referencia a una reconquista es de carácter personal. Al mencionar el asesinato de Abd al-Aziz, que aconseja el asesinato para sacudirse el yugo árabe y recuperar el reino de Iberia. A finales del Siglo IX las sublevaciones de muladíes y mozárabes dan la posibilidad de expulsar a los musulmanes, justificando la operación las crónicas de los mozárabes llegados a Asturias que reflejan no los intereses de los astures, sino los de los mozárabes herederos de los visigodos y obligados a abandonar sus ciudades tras la revuelta de mediados de siglo, de la ejecución de sus dirigentes y la pérdida de importancia de los cristianos al islamizarse Al-Ándalus.
2. NEOGOTICISMO EN EL REINO ASTURLEONÉS

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Los astures se convierten en sucesores de los visigodos a través de Pelayo, presentando como espatario de los reyes Witiza y Rodrigo, hijo del duque Favilia o nieto de Rodrigo, realzando su nobleza al emparentarlo con el duque Pedro de Cantabria, descendiente de Leovigildo y Recaredo. Establecido este lazo entre reyes de Asturias y visigodos se entra en el proyecto reconquistador expuesto en el diálogo entre el obispo Oppas y su primo Pelayo y en la adaptación de la profecía de Ezequiel sobre Gog y Magog. La profecía se ve reforzada con la petición de Pelayo en Covadonga. A través de estos textos se afirma que Alfonso III y sus sucesores tiene derecho y obligación de expulsar a los musulmanes y extender su autoridad de los territorios que habían

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pertenecido a la monarquía visigoda. La idea de unidad de España bajo la dirección de los reyes astur-leoneses tiene en Covadonga su punto de arranque y en los cronistas mozárabes sus defensores. La realidad es distinta y los orígenes del reino astur hay que retrasarlos a mediados del s VIII coincidiendo con la sublevación de los beréberes y el abandono de las guarniciones situadas frente a las tribus montañesas, contenidas en sus territorios y poco controladas por los visigodos y rebeldes igualmente a los musulmanes. Covadonga tiene poco que ver con la defensa del cristianismo; es obra de tribus que defienden su modo de vida y organización económico-social frente a los musulmanes, herederos y respetuosos con la organización visigoda basada en la gran propiedad y en la desigualdad social. Sólo a mediados del VIII, cuando Alfonso I destruye las guarniciones abandonadas por los beréberes puede hablarse de los orígenes de un reino astur cristianizado con un contingente hispanogodo que controlará política e ideológicamente el nuevo reino. Al proclamarse emir Abd al-Rahmán I en el 756, tras las guerras civiles el reino asturleonés vuelve a ser vasallo de Córdoba durante los reinados de Aurelio, Silo, Mauregato y Vermudo (768-791) siguiendo una política de amistad y sumisión hacia los musulmanes, lo que no impidió la sublevación de gallegos y vascos.
3. EL TRIBUTO DE LAS CIEN DONCELLAS Y CLAVIJO

La sumisión astur-leonesa a córdoba se expresa con la entrega de tributos, los que están en desacuerdo se agrupan en torno a Alfonso II, proclamado rey a la muerte de Silo. Si Alfonso I fue el creador del reino, Alfonso II lo afianza e independiza, lo que se refleja en el aspecto económico con la supresión del tributo de las Cien Doncellas, en lo eclesiástico en la independencia de la iglesia astur respecto a la toledana y en lo político en la creación de una extensa tierra a orillas del Duero que durante 2 siglos separará a cristianos de musulmanes. Si la leyenda de las Cien Doncellas no es cierta, puedo serlo pues el conde barcelonés Borrell II, llevaba a Córdoba numerosos grupos de esclavos. Era frecuente la entrega de mujeres de la familia real como esposas o concubinas de los emires y califas. El pago de este tributo refleja una realidad y su cese sólo era posible si el reino tiene fuerza militar para oponerse a los emires que castigan a quienes se resisten. Alfonso II podía negar los tributos gracias a las sublevaciones de los muladíes y mozárabes que impidieron a los cordobeses lanzar sus campañas de intimidación contra los astures, protegidos indirectamente por la revuelta de los muladíes del Ebro y por la intervención de los carolingios en apoyo de los montañeses de Pamplona, Aragón y Cataluña. Se atribuye a la intervención milagrosa del Apóstol Santiago el fin de los tributos, combatiendo junto a Alfonso en la Batalla de Clavijo, sobre la que no hay acuerdo en su fecha. Estudios actuales prueban que el Apóstol difícilmente pudo venir a la Península y las posibilidades de que fuera enterrado en Compostela son escasas, pero los hombres medievales lo creyeron convirtiendo Compostela en lugar de peregrinación (la ofrenda actual al Apóstol es recuerdo de la liberación del tributo). Castilla tendrá como protector celestial a San Millán, a cuyo monasterio pagan tributo los castellanos hasta épocas modernas. La independencia astur no se limita al campo político, también al eclesiástico, porque los hombres medievales saben que no hay independencia real mientras el clero esté

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sometido a otras fuerzas políticas. Los clérigos del reino astur dependen del metropolitano de Toledo en tierras musulmanas. La aceptación del adopcionismo por Elipando de Toledo ofrece a Alfonso II la oportunidad de romper los lazos con la iglesia « musulmana» y lo mismo hará Carlomagno en la diócesis de Urgell. La ruptura fue acompañada de una fuerte visigotización del reino. Esto se reflejó en un cronicón perdido, escrito por un monje mozárabe del séquito de Alfonso, en donde se identifica a los reyes astures con los visigodos, adoptando la organización y el Liber Iudicorum como norma jurídica del reino. La organización político-jurídica refuerza a la eclesiástica, trasladando la metrópoli de Braga a Lugo, restaurando la sede de IriaCompostela, creando un obispado en Oviedo y erigiendo iglesias y monasterios. Afianzado el reino, Alfonso inicia una política ofensiva: ayuda a muladíes y mozárabes de Toledo y Mérida, amparando a los sublevados contra Córdoba, ataca dominios musulmanes ocupando Lisboa y apoderándose de abundante botín destinado a la construcción de palacios y monasterios.
4. DE ASTURIAS A LEÓN (REPOBLACIÓN)

Durante los primeros cien años de su historia, el reino astur permanece a la defensiva, protegido por las montañas y por las revueltas de los muladíes fronterizo, e intentando unificar a los pueblos que lo forman: gallegos, astures, cántabros y vasco, enfrentado en ocasiones entre sí o rebeldes al poder central. El carácter electivo de la monarquía, siempre dentro de una familia, favorece la aparición de bandos nacionales en torno a los candidatos al trono. A la muerte de Alfonso (843) los gallegos apoyan a Ramiro I, astures y vascones a Nepociano o a otros nobles que pagaron con su vida y la ceguera su rebeldía. A pesar de ello, los ataques vikingos a las costas gallegas (844) Ramiro adelantó las fronteras y ocupó León aunque la conquista definitiva fue obra de Ordoño I (850-856) quien repobló las ciudades de Astorga, Tuy o Amaya, con importante población de campesinos. Este avance se relaciona con las sublevaciones muladíes, complicadas con la oposición de los mozárabes al poder musulmán. Los astures apoyan a los rebeldes siendo derrotados cerca de Toledo, pero la presencia astur tan lejos de su territorio prueba la importancia del reino. Los toledanos mantienen la revuelta obligando a los cordobeses a concentrar en la zona a sus mejores hombres, con lo que los astures sólo están amenazados por oriente por los muladíes del Ebro, cuyo dirigente Musa Ibn Musa fue derrotado por Ordoño en Albelda (859). Los hijos de Musa colaboran con astures frenando a los cordobeses que sólo en el 865 derrotan a Ordoño. Nuevos conflictos entre muladíes y árabes permiten a Alfonso III conquistar Oporto, Coimbra y repoblar el norte de Portugal antes de firmar con el emir un tratado de paz en el 883. A pesar del tratado se realizan expediciones en busca de botín durante la sublevación de Umar Ibn Hafsún, a cuya actuación se deben los éxitos de los reyes y condes cristianos de la época: independencia de condados catalanes, afianzamiento del reino de Pamplona y expansión astur-leonesa (nueva capital en León). Las campañas de Ordoño I y Alfonso III conllevan la repoblación de tierras ocupadas, repoblación que necesita la reconstrucción de murallas y creación de fortalezas que defiendan el territorio y sus campesinos. Ordoño repoblará León, confía Astorga a su hermano Gatón, Amaya al conde de Castilla Rodrigo. Alfonso III repuebla tierra orensana, encarga la repoblación de Oporto al conde de Vimara Pérez, a Hermenegildo Pérez la de

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Coimbra, a Diego Rodríguez la de Burgos. De la forma de repoblación depende la organización social. La presura individual permitirá la existencia de campesinos libres y pequeños propietarios. Las llevadas a cabo por nobles y clérigos originan extensas propiedades cultivadas por colonos o siervos y absorberán a los pequeños campesinos con más o menos rapidez según las zonas. 2. LA MARCA HISPÁNICA Y LOS CANDADOS CATALANES La proximidad de los dominios musulmanes y las tribus independientes de los Pirineos suponían un peligro para Carlomagno. La derrota de Roncesvalles en el 778 es un intento de someter a los vascones de Pamplona y serán éstos los que consigan alejar a los carolingios de los Pirineos orientales durante 30 años. La desastrosa campaña del 778 tuvo una compensación en los movimientos anticordobeses iniciados en Gerona y Urgell-Cerdaña, cuyos habitantes buscaron la alianza con los francos contra los musulmanes y aceptaron la autoridad carolingia en el 785. Si Abd al-Rahmán I no pudo intervenir, su hijo Hisham recuperó las comarcas sublevadas y saqueó los territorios francos entre Narbona y Toulouse. Ante el grave peligro musulmán, Carlomagno presionó militarmente sobre Urgell. Con la presencia del adopcionista Félix de Urgell en el 798 Carlomagno, tras controlar la barrera pirenaica (Aragón, Pallars-Ribagorza, Vic, Cardona y Pamplona) intenta dominar Huesca, Lérida, Barcelona y Tortosa. Fracasa en todas las expediciones excepto en la dirigida contra Barcelona, ocupada en el 801. El gobierno de los nuevos dominios fue confiado a los francos o a hispanovisigodos refugiados en territorio carolingio: Gascón Velasco en Navarra, Aureolo en Aragón y Guillermo en Pallars-Ribagorza. Los hispanos Borrell en Urgell-Cerdeña y Bera en Barcelona se sublevarán contra los carolingios aceptados para librarse de los musulmanes.
1. SIGNIFICADO

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El término « marca hispánica» usado en textos del IX y la posterior unión de los condados de la zona catalana, hizo pensar que las tierras catalanas controladas por carolingios constituían una entidad administrativa y militar con mando único, que sería el precedente de Cataluña. Esta marcha habría incluido Toulouse, Septimania y la actual Cataluña y fragmentada en dos hacia el 817 con la división del imperio realizada por Luis el Piadoso: al oeste la marca tolosana y al este la marca Gótico -Hispánica que comprendería Urgell-Cerdeña, Gerona, Barcelona, Narbona, Rosellón y Ampurias. En 865 Narbona y Rosellón formarían la marca Gótica y los condados situados al sur de los Pirineos integrarían la Marca Hispánica: podría decirse que las tierras catalanas tuvieron unidad desde el siglo IX. Frente a estas teorías, Ramón de Abadal ha probado que « marca hispánica» sirve a los cronistas para designar una parte del dominio carolingio, tiene un valor geográfico y no es una división administrativo-militar del imperio con un jefe único. La marca o regnum hispanicum está dividida en condados no vinculados entre sí. La persona que se encuentra al frente de varios recibe el título de duque o marqués. Pero estos condados se disgregan y reagrupan a voluntad del rey. Cada condado tiene un conde que ejerce la autoridad. En zonas de peligro para una mejor coordinación de la defensa se acumulan los condados en una misma persona, en el 812 Bera es conde de Barcelona y Odilón de

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Gerona, tres años más tarde, como consecuencia de un ataque musulmán, se unen Barcelona y Gerona en manos de Bera. No se puede ignorar la historia del Imperio Carolingio en la historia política de los condados catalanes. Cada conde aspira a hacer hereditario su cargo y sus posesiones. El emperador encarna la autoridad y el poder, gobierna por medios de asambleas anuales a través de los administradores locales (condes) y por mediación de los missi o delegados del rey. Al conde se le confía la administración, la justicia, la política interior y la defensa militar del territorio. Su autoridad, casi absoluta, depende de la voluntad del monarca y del poder que éste tenga. Las guerras civiles provocadas al dividir Luis el Piadoso el reino entre sus hijos obliga a los condes a tomar partido, con lo que éstos consolidan o pierden sus cargos según la orientación de la guerra. Los candidatos al trono tienen que hacer concesiones a sus partidarios con lo que la monarquía sale debilitada sin poder evitar la formación de clanes y partidos con más fuerza que los condes nombrados por el vencedor. Por esta razón fue sustituido, en el 820, el hispanogodo Bera por el franco Rampón y el nombramiento posterior de Bernardo de Septimania. Los condes francos de la corte carolingia tienen como misión poner fin a los afanes independentistas del conde de Barcelona -Gerona y de sus seguidores, que llegan a aliarse a los musulmanes contra los carolingios, aunque no se pueda hablar de independencia catalana sino de independencia del conde. Bernardo de Septimania recibe, por someter a los rebeldes, el condado de Narbona y desde sus condados toma partido contra el emperador al dividir Luis el Piadoso el imperio entre sus hijos (Pipino, Luis el Joven y Carlos el Calvo). Bernardo y su hermano Gaucelmo, conde de Rosellón y Ampurias, perdieron sus condados a favor de Berenguer, conde de Pallars-Ribagorza y Toulouse. En el 834 Galindo de UrgellCerdeña se apodera de Pallars-Ribagorza. El emperador nombra a Suñer conde de Rosellón y Ampurias y Bernardo de Septimania recupera los condados cedidos a Berenguer y uniendo el de Carcasona. Muerto Luis el Piadoso (840) Bernardo de Septimania apoyó a Luis el Joven contra sus hermanos, perdiendo el condado al firmarse el tratado de Verdún en 843 por el que las tierras catalanas pasaban a Carlos el Calvo y, por delegación, a Sunifredo, conde de Urgell-Cerdeña y hermano de Suñer, que mantendrán su fuerza aunque los acontecimientos les hagan perder los condados. Sus descendientes Vifredo, Mirón y Suñer II serán condes de Urgell-Barcelona-Gerona y Besalú, Rosellón y Ampurias, iniciándose la dinastía catalana que perdura hasta 1410. La tendencia a heredar los cargos se observa en los monarcas carolingios que nombran condes a los hijos de Sunifredo y Suñer 30 años después de la muerte de éstos, porque la función condal conlleva una serie de privilegios que no se extinguen con la deposición de los titulares, elegidos entre grandes propietarios cuyo poder heredan los descendientes. Para combatir a los rebeldes, el rey se apoya en las grandes familias, dinastía condales, con lo que acentúa el carácter hereditario del ca rgo condal. Esto cristalizó al morir Carlos el Calvo (877) cuando le sucedieron tres monarcas en once años sin que ninguno hiciera frente al peligro normando ni a los ataques musulmanes, por tanto los condes se ven obligados a actuar por su cuenta. Uno de estos condes,
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Eudes, será elegido rey en el 888 y la ruptura dinástica dará el pretexto para afianzar su independencia a los condes carolingios a los catalanes entre ellos. El imperio carolingio es sólo un recuerdo reflejado en las fechas de los documentos por los años del reinado del monarca. La independencia se manifiesta en el reparto de los condados entre los hijos del conde que ya no son bienes públicos sino propiedad del conde, creando nuevos condados o confiando el gobierno a varios de sus hijos conjuntamente: Vifredo, primer conde catalán independiente dejó al morir en 897 a su hijo Sunifredo el condado de Urgell, a Miró II los de Cerdeña y Besalú, a Vifredo, Borrell y Suñer, conjuntamente los de Barcelona, Gerona-Vic, que se mantendrán unidos y serán el núcleo de la futura Cataluña. La independencia política debe ir acompañada del control eclesiástico. Los reyes carolingios sustituyeron el clero adopcionista por el franco imponiendo en los monasterios de obediencia visigoda la regla benedictina; los condes catalanes intentaron controlar a los eclesiásticos de sus territorio evitando que obispos dependientes de otro conde tuvieran autoridad en sus dominios. El primer intento de independencia se dio en el 888 con la creación de un arzobispado en Urgell del que dependían las diócesis de Barcelona, Gerona, Vic y Pallars. El intento fracasó por la rivalidad entre los condes. La nueva sede beneficiaba a Ramón de Pallars y a Suñer de Ampurias, el primero crea un obispado propio para no depender ni de los francos ni de los demás condes catalanes y el segundo logra que se deponga al obispo de Gerona y se nombre para el cargo a uno de sus fieles. La negativa de Vifredo, inseguro y temiendo un ataque franco, reconoce al monarca y con ayuda del arzobispado de Narbona suprime el de Urgell y logra la deposición del obispo gerundense, aunque no consiguió que desapareciera el obispado de Pallars. Las divisiones y reagrupamientos de los condados imposibilitaron que en cada uno existiera una sede episcopal. En algunos casos un condado pertenecía a dos diócesis situadas fuera de los dominios del conde; el recurso era favorecer a los monasterios de la zona y lograrles la independencia respecto al obispado correspondiente. El monasterios de Eixalda-Cuixá (fundado hacia el 840) debe su grandeza a esta circunstancia, logrando relativa independencia del obispado de Elna. La dependencia de los condados catalanes respecto a los carolingios ha prestado especial atención a la crisis del imperio para explicar respecto a los carolingios la desvinculación de los condes, pero esta no se explica sin la presencia del mundo islámico: la presencia musulmana hace que la población apoye a los condes porque ve en ellos a sus jefes inmediatos por encima del rey, que está demasiado lejano cuando se producen los ataques musulmanes; por otro lado las disensiones musulmanas permiten la consolidación de los condados; gracias a ellas Vifredo ocupa la comarca de Vic y los monasterios de Ripoll y San Joan de les Abadeses para repoblar estas tierras. Al morir Vifredo (897) los condes catalanes reconocen la autoridad de la restaurada dinastía carolingia en la persona de Carlos el Simple, aunque ya no fue efectiva, Vifredo Borrell fue el último conde en prestar fidelidad a los reyes francos para que se reconocieran los derechos heredados y buscar ayuda frente a los musulmanes que habían dado muerte a Vifredo I habían obligado a evacuar Barcelona. Los orígenes del condado de Barcelona no escapan a la leyenda ni su primer conde independiente Vifredo, cuya historia se novela: « Vifredo, tras una serie de

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circunstancias recupera Barcelona tras dar muerte al franco Salomón y salvar el honor de su padre muerto. Ante los ataques musulmanes y la imposibilidad de contar con la ayuda del rey, es capaz de expulsarlos él solo, permaneciendo el honor de Barcelona en sus manos y en las de sus herederos. El honor de Barcelona pasó de la potestad real a manos de las de los condes de Barcelona» . MARCA HISPÁNICA RESUMEN La proximidad de los dominios musulmanes y las tribus independientes de los Pirineos suponían un peligro para Carlomagno. La derrota de Roncesvalles es un intento de someter a los vascones de Pamplona y serán los vascones los que consigan alejar a los carolingios de los Pirineos orientales durante 30 años. Debido a la derrota de Roncesvalles, Gerona, Urgell-Cerdeña buscan una alianza con los francos contra los musulmanes y aceptan la autoridad carolingia 785. Ante la amenaza musulmana Carlomagno presionó militarmente sobre Urgell contra la barrera pirenaica e intenta dominar Huesca, Lérida, Barcelona y Tortosa. Sólo consigue Barcelona que ocupa en 801. El gobierno de los nuevos dominios fue confiado a francos o a hispanovisogodos. El término Marca Hispánica usado en textos del s IX y la posterior unión de los condados de la zona catalana constituían una entidad administrativa y militar con mando único, que sería el precedente de Cataluña. Según esto podría decirse que las tierras catalanas tuvieron unidad desde el s. IX. Pero frente a estas teorías, Ramón de Abadal ha probado que Marca Hispana sirve a los cronistas para designar una parte de los dominios carolingios, tiene un valor geográfico y no es una división administrativamilitar del imperio con un jefe único. La marca está dividida en condados no vinculados entre sí. La persona que se encuentra al frente recibe el título de marqués o duque, pero estos condados se disgregan o reagrupan a voluntad del rey. Cada condado tiene un conde que ejerce la autoridad. Cada conde aspira a hacer hereditario su cargo y sus posesiones. El emperador encarna la autoridad y el poder, gobierna por medio de asambleas anuales a través de los administrados y por mediación de los delegados del rey. Al conde se le confía la administración, la justicia, la política militar y la defensa del territorio. Las guerras civiles provocadas al dividir Luis el Piadoso el reino entre sus hijos obligan a los condes a tomar partido con lo que éstos consolidan o pierden sus cargos según la orientación de la guerra. Los condes francos de la corte carolingia tienen como misión poner fin a los afanes independentistas del conde de Barcelona-Gerona que llegan a aliarse a los musulmanes contra los carolingios. Se puede hablar de independencia del conde. Muerto Luis el Piadoso (840) Bernardo de Septimania que había recibido el condado de Narbona por someterse a los rebeldes, apoyó a Luis el Joven contra sus hermanos, perdiendo el condado en el tratado de Verdún (843), por el que las tierras catalanas pasaban a Carlos el Calvo y por delegación a Sunifredo, conde de Urgell-Cerdeña. Sus descendientes Vifredo, Mirón y Suñer II serán condes de Urgell-Barcelona, Gerona y Besalú, Rosellón y Ampurias, iniciándose la dinastía catalana que perdura hasta 1410.

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La tendencia a heredar los cargos se observa en los monarcas carolingios que nombran condes a los hijos de Sunifredo y Suñer. Para combatir a los rebeldes el rey se apoya en grandes familias dinásticas condales, con los que se acentúa el carácter hereditario del cargo condal. El primer conde catalán independiente es Vifredo el Velloso que dejó al morir, en 897, en herencia a sus hijos los condados de su propiedad, pues aquí se pone de manifiesto que los condados ya no son bienes públicos sino de propiedad del conde. La independencia de los condes con respecto a los carolingios tiene su explicación en la presencia musulmana, que hace que la población apoye a los condes porque ven en ellos a sus jefes inmediatos por encima, ya que el rey está demasiado lejos cuando se producen los ataques musulmanes. Las discrepancias musulmanas permiten la consolidación de los condados, gracias a estas discrepancias Vifredo ocupa la comarca de Vic, creando el condado de Ausona, el obispado de Vic y los monasterios de Ripoll y San Juan de Las Abadesas para repoblar estas tierras. Al morir Vifredo (897) los condes catalanes reconocen la autoridad de la restaurada dinastía carolingia y será Vifredo Borrell el último conde en prestar fidelidad a los reyes francos para que se reconocieran los derechos heredados. Vifredo recupera Barcelona y pasa dicha ciudad de la potestad del rey a mano de los Condes de Barcelona. 3. CAROLINGIOS Y MULADÍES EN ARAGÓN Y PAMPLONA El valle del Ebro, como el resto de la Península, se sometió a los musulmanes sin oponer resistencia y las ciudades y puntos estratégicos recibieron guarniciones árabes o beréberes islamizándose como hicieron los jefes visigodos. Las zonas montañosas no fueron ocupadas y sus habitantes sólo pagaban tributos a los cordobeses. La diferencia ente montaña y llano se agudiza tras la conquista: en la montaña hay islamización, representa la libertad política con economía pastoril, agrícola basada en la propiedad individual, en las ciudades y comarcas del llano el Islam reporta ventajas, abunda la gran propiedad heredada de la época romana-visigoda. Los intereses de cada grupo son distintos pero tiene enemigos comunes en los carolingios y en los omeyas y se unirán contra unos y otros sin que desaparezcan sus diferencias. La separación respecto a Córdoba es simultánea y tiene iguales causas que en el territorio catalán: aprovechando las guerras civiles islámicas, los carolingios intentan dominar los pasos pirenaicos para prevenir nuevos ataque cordobeses. Hacia el 800 los valles de Pallars y Ribagorza están unidos al condado de Toulouse, la zona de Jaca la gobierna, en nombre del emperador, el franco Aureolo y 6 años después el gascón Velasco está al frente de Pamplona. El primer conde aragonés conocido fue el franco Oriel o Aureolo, sustituido en el 810 por el indígena Aznar Galindo, quizá para lograr la adhesión de los aragoneses. Coincidiendo con los primeros enfrentamientos entre Luis el Piadoso y sus hijos, García, yerno de Aznar, expulsó del condado a su suegro y a los partidarios de la vinculación con los carolingios, pues en los Pirineos occidentales los carolingios son rechazados una vez que han liberado el territorio de la presencia islámica.
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Expulsado de Aragón, Aznar Galindo recibió del emperador el condado de UrgellCerdaña al que su hijo Galindo unirá el de Pallars-Ribagorza. Durante las guerras civiles carolingias, Galindo perdió Urgell y recuperó Aragón, gobernando de manera independiente y manteniendo un equilibrio entre los poderosos vecinos. Galindo se alía con el navarro García Iñiguez para hacer frente a la presión musulmana y c arolingia. Una vez debilitado el imperio y fragmentados los musulmanes por las revueltas muladíes, los navarros se expanden hacia el sur y el este, cortando la expansión aragonesa, entonces Aznar II y Galindo II establecen pactos con los musulmanes de Huesca y con los condes de Gascuña, a pesar de lo cual Sancho Garcés I de Navarra (905-925) con ayuda de los astur-leoneses ocupa zonas situadas al sur de Aragón y sometiendo a tutela el condado reflejado en el matrimonio de la aragonesa Andregoto Galíndez con el navarro García Sánchez cuyo hijo, Sancho Abarca, unirá Aragón y Navarra. El condado mantiene su organización dirigido por los barones aragoneses reforzando su autonomía con la creación de un obispado a comienzos del s X. Rompiendo los vínculos con los carolingios: con esto se crearon numerosos monasterios como San Zacarías o S. Pedro de Siresa. El influjo carolingio perdió fuerza al producirse una migración de clérigos mozárabes que introdujeron la cultura y organización hispanogoda, creando monasterios como S. Juan de la Peña, cuya crónica habla de la llegada a la peña de cristianos fugitivos derrotados por musulmanes. El recuerdo de la cueva se mantuvo por una ermita que atrajo a más monjes y cuando en el s IX los musulmanes lanzan nuevas campañas, los cristianos se refugian en la cueva. Protegidos por la cueva y su patrón, los aragoneses hicieron frente a los musulmanes con éxito. Navarros y aragoneses se independizan al mismo tiempo de los carolingios, pero mientras los segundos tienen cierta subordinación reflejada en el título condal de sus dirigentes, los primeros formaron una monarquía adoptando sus jefes el títulos de reyes, destacando su independencia frente a carolingios y cordobeses. El carácter de esta monarquía en el s IX es desconocido pero la escasa cristianización-visigotización del territorio y el rechazo carolingio, indican que no tenían otras características que las de su papel de señores naturales del país que se opone a injerencias extrañas, aliándose con la familia muladí de los Banu Qasi del Ebro, aunque según las circunstancias, se opondrán a ellos. A fines del VII gobernaba Pamplona un miembro de esta familia de conversos, Mutarrif en nombre del emir. Los pamploneses se sublevaron en el 798. Aliados a la familia pamplonesa de los Arista, los Banu Qasi recuperaron Pamplona en el 803, extendiendo su influencia hasta Zaragoza. Su excesivo poder y las tendencias independentistas de los muladíes, hicieron que interviniera el emir cordobés, confiando el gobierno al valí de Huesca quien años antes terminó con la revuelta muladí de Toledo. A la muerte del valí, Carlomagno recupera Pamplona, pero los Arista, dirigidos por Iñigo Iñiguez y los Banu Qasi dirigidos por Musa Ibn Musa, expulsan a los carolingios en el 816 y derrotan al ejército franco 8 años después. El reino de Pamplona se afianza pero sin la total independencia por ser una especie de protectorado de Musa Ibn Musa que alterna independencia y sumisión a Córdoba y arrastra a los reyes de Pamplona en su política.

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La ruptura entre navarros y muladíes se produce hacia el 858, cuando la flota vikinga entrando por el Ebro se apodera del rey García Iñiguez sin que Musa interviniera; libre, tras pagar un fuerte rescate, se une a los astures de Ordoño I y vencen a Musa en la batalla de Albelda (859). Un año después los Banu Qasi vengaban su derrota permitiendo el paso por sus dominios al ejército cordobés que hizo prisionero a Fortún hijo de García de Pamplona y fue retenido más de 40 años. La fragmentación muladí a la muerte de Musa (62 fue catastrófica para el reino astur, pues suponían una defensa indirecta frente a Córdoba: los ejércitos musulmanes en sus campañas contra los astures evitaban el valle del Duero, desierto, donde no podían hallar alimentos; se dirigían al valle del Ebro y desde allí hacia el oeste por la frontera castellana de León. Estas campañas exigían colaboración de los Banu Qasi y mientras éstos se opusieran las campañas cordobesas eran limitadas. Al desaparecer el escudo muladí, el reino astur queda expuesto a los ataques cordobeses y se necesita recrear una fuerza que impida o debilite la amenaza: Ordoño I y su hijo Alfonso III se aliaron con los hijos y nietos de Musa y cuando éstos fueron derrotados y sustituidos por tuchivíes, reforzaron la amistad con Pamplona, donde la ausencia de Fortún Garcés, prisionero en Córdoba, permitió el ascenso de la familia de los Jimeno, cuyo jefe, Sancho Garcés I (905-925) subió al trono con la ayuda astur-leonesa.

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ENTRE LA UNIDAD TEÓRICA Y LA DIVERSIDAD POLÍTICA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

1. ALFONSO III (866-911) La unidad visigoda resucitada por los cronistas de Alfonso III choca con la realidad. Hispania está fragmentada en reinos y condados que desean expulsar a los musulmanes, reconquistando el territorio godo, pero no quieren reconocer la autoridad del monarca leonés. Estas diferencias de criterio se reflejarán en la literatura de siglos posteriores (Poema Fernán González). Algunos clérigos leoneses dan título de emperador al rey astur-leonés Alfonso III, aunque nunca utilice este rey el título imperial. Con el traslado a León de la capital a comienzos del X y la repoblación del valle del Duero. León se convierte en el reino cristiano más importante de occidente y el sepulcro de Santiago convierte a Compostela en la 2ª sede apostólica de occidente después de Roma, con autoridad sobre clérigos de otros reinos y condados cristianos. Si en las ideas los clérigos aceptaban la unidad, en la práctica reyes y condes cristianos no aceptan la superioridad leonesa: los condes catalanes no aceptan el nombramiento de Cesáreo de Montserrat y la hegemonía en la 2ª ½ del X la tiene Navarra, cuyos monarcas intervienen en el nombramiento y destitución de los reyes leoneses que no mantuvieron la unidad de sus dominios, de los que se independizó Castilla y en el que los condes gallegos actuaron con gran independencia. 2. LA DIVISIÓN LEONESA (SUCESORES DE ALFONSO III DE ASTURIASLEÓN) Las diferencias surgen en los años finales de Alfonso III, cuyos hijos se sublevan y a su muerse te proclaman reyes de León, Asturias y Galicia (años después, los hijos de Ordoño reinaron en León, Galicia y Portugal) aunque reconociendo la superioridad leonesa. Al reconstruir la unidad del reino de Ordoño II (914-924), los castellanos rechazan la alianza con Navarra porque favorece la expansión de este reino a costa de los castellanos, cuyos condes son destituidos por no participar en la batalla de Valdejunquera (920) contra Abd Al-Rahmán III una vez finalizados los problemas internos de Al-Ándalus, impidiendo la repoblación de lugares como San Esteban de Gormaz, Osma o Viguera. Al morir Ordoño sus hijos se dividen el reino y León no recobra la unidad hasta el reinado de Ramiro II (931-951), que intenta unir a los cristianos contra el califa, apoya a los rebeldes toledanos, refuerza la alianza con Navarra y atrae a los tuchibíes del Ebro derrotando a Abd Al-Rahmán en Simancas (939), lo que le permite consolidar la posición leonesa en el valle del Duero repoblando Sepúlveda, Ledesma y Salamanca. Las victorias ante los musulmanes no impidió que se sublevara el conde castellano Fernán González y se independizara a la muerte de Ramiro, iniciándose la decadencia del reino leonés, cuyos monarcas son nombrados por castellanos y navarros, sometidos

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ambos a la tutela de los omeyas en cuya corte se refugian los destronados y los aspirantes al trono. Allí acuden condes y reyes en busca de apoyo, para reconocer su dependencia y pagar los tributos a los califas. Fernán González y la reina Toda de Navarra ponen y quitan reyes a su antojo, uniéndose en ocasiones a los musulmanes. Depuesto Sancho I por el conde castellano, se refugia en Pamplona y Córdoba. Los cordobeses reponen a Sancho tras comprometerse éste a devolver 10 fortalezas ocupadas; en Córdoba le sustituirá el rey depuesto cuya presencia amenazaba la estabilidad del reino leonés, aunque navarros y castellanos apoyaron a Sancho y tuvieron la ayuda del conde de Barcelona. Unos y otros fueron derrotados por Al-Hakán (936) y a Córdoba peregrinaron condes y reyes de diferentes lugares en señal de sumisión, sin que pudieran evitar la destrucción de Zamora por Almanzor (981) ni la derrota de castellanos, navarros y leoneses ante Rueda el mismo año. Los cordobeses permanecen en León y saquean Coimbra, Sahagún, Esconza con ayuda de condes rebeldes al monarca cuando Vermudo II intenta librarse del protectorado musulmán. Tras las campañas contra Santiago de Compostela (997) Almanzor mediará entre el conde castellano y el portugués, Menendo González, que disputan la tutela de Alfonso V. El reino leonés, debilitado desde mediados del X, no puede ampliar sus fronteras ni evitar la presión castellana sustituida por la navarra al morir el conde García (1029), pasando Castilla a los dominios de Sancho el Mayor que ocupa León con título de emperador, según algunos documentos, para indicar su poder sobre León. Fernando I hijo de Sancho el Mayor de Navarra, rey de Castilla en 1035, derrota al último rey leonés, Vermudo III, dos años más tarde proclamándose rey de León. 3. CASTILLA INDEPENDIENTE Los cronistas de Alfonso II hacen historia en doble sentido: recuerdan el pasado e « inventan» una historia futura en la que el antiguo reino visigodo será unificado por los monarcas asturianos, herederos de los godos, cuya idea pasará a los reyes de León y de éstos a los de Castilla, cuyos orígenes e historia ha sido muy estudiada, lo castellano se ha identificado con lo español además de mitificarse. En sus orígenes Castilla fue sólo frontera oriental del reino astur-leonés, zona más expuesta a los ataques cordobeses por el sur y a los de los musulmanes del Ebro por el este. Predomina las llanuras lo que hace que sea una comarca diferenciada dentro del reino. Por una parte su población ha de ser guerrera: cuando Alfonso I desmantela las guarniciones musulmanas, la población mozárabe de Castilla se retira a las montañas y Castilla será repoblada en el IX y X por vascos occidentales poco civilizados, poco adaptados a la vida romano visigótica. La libertad individual frente a la servidumbre gótico-asturleonesa será la primera característica de la población castellana que defiende la frontera de ataques muladíes y cordobeses. Los repobladores de Castilla no conocen la jerarquía social de León y las desigualdades entre los primeros castellanos se deben a la función que cada uno desempeñaba en una sociedad guerrera: es noble el que por su riqueza puede combatir a caballo, su situación es semejante a sus vecinos excepto cierta benevolencia fiscal. El carácter fronterizo de Castilla no anima a instalarse ni a la vieja nobleza ni a clérigos mozárabes huidos de Córdoba. En Castilla no habrá grandes linajes ni monasterios ni grandes sedes

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episcopales que someten a los campesinos en las montañas o en las nuevas tierras repobladas. En Castilla no se produce la concentración de la propiedad hasta época tardía y se mantiene la libertad individual garantizada por la mayor resistencia que ofrecen las comunidades locales (agrupadas en grandes núcleos) a la absorción por grandes propietarios. El origen de sus pobladores y su situación fronteriza explican las diferencias sociales, económicas y jurídicas: sin una tradición visigótica. En Castilla se prefieren la costumbre ancestral, la decisión de hombres justos, a la ley representada por el Liber Iudicorum visigodo y cuando crean sus propias leyendas las centran en los jueces de Castilla, representantes y defensores de la diferenciación jurídica y política respecto a los leoneses, expresión de distintas formas de vida. Un descendiente de estos alcaldes o jueces será Fernán González, considerado el primer conde independiente de Castilla, aunque antes se habían producido las primeras manifestaciones de particularismo castellano. Desde la creación de condados en Castilla sus habitantes construyen fortalezas por la ausencia de defensas naturales, desde ellas los condes desafían la autoridad leonesa como lo hacen contra el poder carolingio los condes situados en las zonas fronteriza. Esta oposición se atestigua por la prisión de condes castellanos en épocas de Ordoño II. Como razón se da la ausencia de huestes castellanas en el desastre de Valdejunquera. Si así fuese, se derivaría que los condes, que habían sufrido los primeros ataque de Abd alRahmán y siendo destruidas sus fortalezas y sus cosechas en el mes de junio prefirieron dedicarse a la reparación y reconstrucción que defender al navarro Sancho Garcés I, al que apoyaba Ordoño II. Antes, uno de los condes castellanos, Nuño Fernández, había demostrado su independencia frente a Alfonso III del que conseguiría la liberación de García, acusado de conspirar contra su padre. El proceso de independencia de Castilla tiene puntos semejantes a los de los condados catalanes: la división de Castilla en numerosos condados, cuyos dirigentes no siempre actúan de acuerdo, permite a los monarcas de León mantener la autoridad. Las necesidades militares exigen un poder unificado llega cuando Fernán González, cuya fidelidad se garantiza con el matrimonio de una de sus hijas con el heredero leonés, recibe de Ramiro II los condados de Burgos, Lantarón, Álava, Lara y Cerezo, dándole la fuerza suficiente para enfrentarse al monarca. Fernán González utiliza las dificultades de León, apoyando a su conveniencia a uno y otro candidato al trono leonés. Alternando la sublevación con la sumisión y los pactos con Navarra, Fernán González consigue mantener unidos los condados y transmitirlos a su hijo García Fernández que actuará como señor independiente aunque reconozca la superioridad del monarca leonés. Enfrentado a los generales musulmanes, el conde castellano favorece a los campesinos que dispongan de caballo para la guerra, les concede categoría de infanzones o nobles de 2º grado, ocupando con su ayuda diversas plazas en la zona del Duero. García alterna la guerra con la sumisión provocando disensiones entre los musulmanes al atraerse a los hijos de Almanzor, pero su propio hijo, Sancho, colabora con los árabes y, más tarde, pide a Almanzor, sin éxito, la tutela del rey leonés Alfonso V. Desaparecido el peligro musulmán por los enfrentamientos entre beréberes y eslavos, Sancho vende sus servicios a los primeros, obteniendo plazas fronterizas en el valle del

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Duero donde se intensifica en estos años la labor de repoblación, fortaleciendo la autoridad condal, hasta el punto de que a la muerte de Sancho (1007) el condado pudo ser regido por un menor, García. El peligro viene ahora de Navarra y los castellanos intentan evitar la anexión mediante una alianza con los leoneses lograda con el matrimonio de García con Sancha, hermana de Vermudo III de León quien reconocería al conde el título de rey, es decir, la independencia castellana. El asesinato de García en León llevaría a los castellanos a entregar el condado a Sancho el Mayor de Navarra 4. ARAGÓN Y PAMPLONA La rapidez de los avances cristianos en la zona occidental sólo se explica si aceptamos la relativa despoblación de esta zona sin interés para los musulmanes como asentamiento tras el abandono de las guarniciones beréberes a mediados del siglo VIII. El valle del Ebro está más poblado y los dirigentes, árabes o nobles visigodos convertidos al Islam, ofrecen mas resistencia, siendo más lento el avance cristiano. Ya antes de la intervención carolingia, los pamploneses se negaron a seguir pagando tributo a los musulmanes, lo mismo hicieron los habitantes del Pirineo aragonés, rompiendo el lazo que les unía al mundo musulmán, iniciándose una frontera en una línea que se extiende desde la sierra de Codés en occidente hasta Benabarre pasando por el valle de Berrueza, las estribaciones de Montejurra y el Carrascal hasta el río Aragón en Pamplona y desde el Aragón por Luesia, Salinas, Loarre, Guara y Olsón en el condado aragonés. Esta línea no se superó hasta inicios del X en tiempos de Sancho Garcés I (905-925), que subió al trono ayudado por Alfonso III interesado en que los navarros cerrasen el paso a musulmanes del Ebro y cordobeses y protegiesen el flanco oriental del reino. Sancho I, con ayuda leonesa, domina Mojardín, Nájera, Calahorra y Arnedo, a pesar de la derrota de Valdejunquera. Se expande hacia el este por la cuenca del Aragón, quedando sin posibilidad de ampliar el territorio excepto por la orilla izquierda del Gállego. Aragón se unirá al reino navarro aunque conserve sus instituciones y su personalidad. El artífice de la unión navarro-aragonesa parece haber sido la reina Toda, regente de García Sánchez I, al que casó con Andregoto Galíndez de Aragón y al que hijo intervenir en León al morir Ramiro II. Toda, aliada con Fernán González o de acuerdo con los califas, nombra y depone reyes en León y pone en peligro la independencia de Castilla que tuvo que ceder el monasterios de San Millán de la Cogolla y su entorno a Navarra. Este monasterio sería saqueado por Almanzor igual que Santiago de Compostela a pesar de la sumisión de Navarra y León a los musulmanes a finales del X. Vermudo II de León y Sancho II de Navarra reconocen su dependencia de Córdoba con la entrega a Almanzor de una hermana y una hija como esposas. SANCHO III DE NAVARRA Y SU HERENCIA Las expediciones de Almanzor no fueron en Navarra tan sistemáticas como en las demás regiones cristianas. Entró el reino de Pamplona s XI con todos sus recursos militares intactos y gobernado por Sancho el Mayor (1000-1035). La actividad guerrera y política de Sancho III se dirigió más a conseguir la hegemonía política entre los cristianos que a conquistar tierras en poder musulmán. Anexó a su reino los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. Ocupó el monasterio de San

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Millán de la Cogolla (1009), que pertenecía al condado de Castilla y se apoderó de tierras del actual País Vasco. Al morir sin descendencia el último conde de Castilla, el infante García, Sancho III lo reclama íntegro como herencia de su mujer, hermana de García. El vasto reino que había logrado consolidar Sancho III lo divide a su muerte entre sus cuatro hijos. Se aplicaba el principio patrimonial, que consideraba las tierras del rey como heredables y divisibles. Además al dividir su reino, Sancho el Mayor respeta las unidades administrativas romanas, separando de Castilla y anexionando a Navarra las tierras que habían pertenecido a la antigua Tarraconense. El primogénito García Sánchez recibe el reino de Navarra en su integridad originaria, pero con la incorporación de las tierras de habla vasca que antes habían pertenecido a Castilla. A Fernando le otorga el condado de Castilla con el título de rey, más la comarca del río Céan tomada al rey leonés. A Ramiro I le corresponde el condado de Aragón, también con el título de rey y heredó los condados de Sobrarbe y Ribagorza que había recibido de su hermano Gonzalo. El rey de Castilla, Fernando, consiguió la hegemonía sobre los restantes reinos de la Península. Tras la muerte del rey leonés Vermudo III en el campo de batalla, Fernando I heredó el antiguo reino astur-leonés, proclamándose rey de Castilla y León. A la muerte de Fernando I repartirá los reinos entre sus hijos: Sancho II recibe Castilla, Alfonso VI León, García reinará en Galicia, mientras las infantas Elvira y Urraca reciben el señorío sobre los monasterios de los reinos. La hegemonía castellana se ve contrarrestada por el título imperial que corresponde al leonés Alfonso VI y que su padre Fernando I refuerza, entregándole el derecho de conquista sobre el reino musulmán de Toledo. Pero el primer rey castellano (Fernando I) complicó aún más la cuestión al repartir las parias. Sancho II de Castilla recibe las parias de Zaragoza y se enfrentará con los intereses de Navarra porque su rey García Sánchez III hijo de Sancho el Mayor había recibido de éste tierras castellanas como los Montes de Oca y la Bureba. Ocupar estas zonas era el objetivo de Sancho II quien en 1037 ataca Navarra y 1068 derrota al leonés Alfonso VI; pero la batalla no fue decisiva y los dos hermanos e unen para destronar a García de Galicia. Alfonso VI recibe las parias de Toledo, símbolo de la unidad peninsular a la que alude el título imperial concedido a los reyes leoneses desde la época de Alfonso III. Además recibió la incorporación de la Tierra de Campos. García rey de Galicia recibe las parias de Badajoz y Sevilla. Castilla tenía cerrada su expansión al sur por las parias de León y de Galicia, al oeste había perdido la Tierra de Campos y al este chocaba con Navarra. Por esto las guerras entre hermanos fueron continuas. Fernando I se lució con el reparto. Alfonso VI de León fue derrotado en Golpejera y buscó refugio en Toledo. Sancho fue asesinado por Vellido Dolfos cuando intentaba ocupar Zamora que defendía Urraca. De este suceso se deriva la « jura de Santa Gadea» , en la que Alfonso VI tiene que jurar que no ha

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intervenido en la muerte de su hermano. Así Alfonso VI consigue reunificar los dominios de su padre, pero la Bureba y los Montes de Oca no pasarán a control castellano hasta 10678 con Sancho II de Castilla. 5. LOS CONDADOS CATALANES La frontera cristiano-musulmana se estabiliza a comienzos del IX en la línea formada por las sierras de Boumort, Cadí, Montserrat y Garraf, quedando entre las primeras una zona de nadie sin ocupar hasta la época de Vifredo y de forma definitiva en los años finales del X, coincidiendo con los ataques de Almanzor. La repoblación se hizo mediante aprisio o presura controlada por los condes y sus funcionarios colaborando la sede episcopal de Vic y los monasterios de Ripoll y San Joan de les Abadeses, uniéndose nobles con siervos y vasallos y campesinos-pequeños propietarios con una evolución semejante a los de Galicia y León. Al principio libres, pero perderán la libertad en un largo proceso que se extiende hasta el XI. La fragmentación política es constante en los dominios cristianos de la zona oriental, pero esta corriente coexiste con una tendencia a la unidad, reconociendo el prestigio y autoridad de los condes de Barcelona que intentarán en el X unificar eclesiásticamente los condados catalanes reconstruyendo la metrópoli tarraconense, que reforzará la unidad, permitiendo la ruptura de los vínculos francos representados por la archidiócesis de Narbona de la que depende el clero catalán. Fracasado el intento de Cesáreo de Montserrat, que buscó el nombramiento de León, los condes de Barcelona logran que el obispo de Vic, Atón, sea nombrado arzobispo de Tarragona con jurisdicción sobre Barcelona, Gerona, Vic, Urgell y Elna. El arzobispo fue asesinado a consecuencia del revuelo provocado por su nombramiento que separaba las iglesias catalana y franca para ponerla en manos del conde de Barcelona, controlando el condado de Ampurias, políticamente diferenciado. El recurso a Roma para contrarrestar la presencia carolingia se fortalece con los cluniacenses, dependientes directamente del pontificada, cuya regla adoptan en el X la mayoría de los monasterios catalanes. La ruptura abierta con los monarcas francos no era aconsejable mientras existiera el peligro musulmán, al menos mientras los reyes francos ayudaran en caso de ataque. Fiados de este apoyo, los condes catalanes dirigen algunas expediciones contra dominios musulmanes en la 1ª ½ del X, pero al afirmarse la autoridad de Abd al Rahmán III y sus sucesores, Borrell II (954-992) se reconcilia con el califa y las embajadas de Barcelona se alternan en Córdoba con las leonesas, castellanas y navarras, probando su buena disposición hacia los musulmanes, obedeciendo los deseos de los califas, aunque Barcelona recibió ataques de Almanzor (985) que atacó las capitales de los reinos y condados cristianos. La falta de ayuda franca, la extinción de la dinastía carolingia (985) y la falta de esperanza en la ayuda de los Capetos fueron el pretexto de Borrell II para romper con la monarquía franca y los catalanes de Urgell y Barcelona actuarán en adelante con independencia, real y teórica. Juntos colaboran con los eslavos en las luchas internas en Al-Ándalus a la muerte del 2º hijo de Almanzor. Por 1ª vez los catalanes abandonan una política defensiva y emprenden una campaña, aunque con fracaso, que constituyó un triunfo psicológico con importante botín que permitió mayor circulación monetaria y activación del comercio. Se reconstruyeron los castillos destruidos por Almanzor y se

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repoblaron tierras abandonadas. Esto sirvió para afianzar la autoridad del conde barcelonés frente a los vasallos y demás condes catalanes. La unión de condados lograda por Vifredo el Velloso no le sobrevive: el condado de Urgell se unirá al núcleo barcelonés hacia 940 para separarse poco después y permanecer independiente hasta el XIII. Cerdaña-Besalú también permanecen al margen del núcleo Barcelona-Gerona-Vic hasta comienzo del XII, como consecuencia de la distribución de los condados entre los hijos de los condes como si se tratase de una propiedad. Este concepto patrimonial no impedirá que se mantengan unidos BarcelonaVic-Gerona aunque para lograrlo sea preciso atribuir condados conjuntamente a dos o más hijos del conde, como ocurrió a la muerte de Vifredo (898), de Suñer (954) o de Berenguer Ramón I (1035), durante cuya minoría peligró la política unificadora de Borrell II seguida por Ramón Borrell. Parece que entre Ramón y su madre Ermesinda hubo desavenencias que aprovecharon los nobles para independizarse del conde buscando los grupos en pugna ayudas ajenas al condado: Ramón Berenguer se inclinó hacia Sancho el Mayor de Navarra y Ermesinda hacia los normandos. La situación caótica por las diferencias, por la insubordinación de la nobleza y la anarquía es conocida por la actuación del abad Oliba (1ª ½ del XI). Descendía de los condes de Cerdeña y fue mediados en los conflictos entre condes catalanes y entre éstos y sus vasallos. Culmina su acción con la difusión de las « constituciones de paz y tregua» en las que se basan los condes de Barcelona para pacificar sus dominios. Junto a los esfuerzos del mundo laico, fijación de derechos y deberes de señores y vasallos feudales, se da en el mundo eclesiástico la institución de Paz y Tregua de Dios, por la que se protege los bienes eclesiásticos en todo tiempo y los de los fieles en días festivos para que cumplan los deberes religiosos. Oliba introduce esta disposición en Cataluña en su sínodo celebrado en Tolugas (1027). Se ratifican los decretos para garantizar la seguridad de los fieles; el castigo por infringirlos es la excomunión. Ningún cristiano se relacionará con un excomulgado, excepto para tratar del arrepentimiento. Los que mueren excomulgados no reposan en lugar sagrado ni se reza por ellos. En 1030 y 1033 se extiende la Paz de Dios desde el jueves al lunes, se amplía la excomunión a falsificadores de moneda y a los que molesten a los mercaderes en el mercado o en el viaje. La protección a bienes eclesiásticos ampara a campesinos y hombres de villas no combatientes. La Paz de Dios se completa con la Tregua que va desde el día primero de Adviento a la octava de Reyes, desde el lunes antes de Cuaresma al lunes después de Pascua, desde el lunes anterior y posterior a la Ascensión y octava de Pentecostés y en diferentes vigilias y festividades. Con el tiempo la Paz y Tregua se hace laica y es paz y tregua del príncipe según consta en los « Usatges» de Barcelona o en asambleas celebradas por los condes-reyes que utilizan la fórmula para tener pacificados los dominios en sus ausencias.

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ECONOMÍA, SOCIEDAD Y CULTURA DE LOS REINOS Y CONDADOS PENINSULARES
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993. 1. EL FEUDALISMO PENINSULAR La vinculación de una parte importante de medievalista a las corrientes históricas de tipo jurídico ha llevado a afirmar que en la Península sólo pueden ser considerados feudales los condados catalanes, relacionados con el mundo carolingio, pero en lo referente a la aristocracia militar, no lo es menos que todos los dominios cristianos de la Península son muy parecidos a la Europa durante este período, y si bien es verdad que no existe un feudalismo pleno, de tipo francés, si se dan condiciones económicas y sociales que permitan hablar de una sociedad en diferentes estados de Feudalización. En cada caso, la situación geográfica, la abundancia o escasez de tierra, la posición militar, los orígenes de los pobladores, las modalidades de repoblación, influyen y determinan una evolución distinta de esta ciudad, en la que puede verse todas las fases del proceso feudal. 2. LOS CONDADOS CATALANES El feudalismo catalán presenta numerosas peculiaridades y un ritmo de evolución propio que viene determinado por la situación inicial de la sociedad en la que se implanta y por las circunstancias en la que se desarrolla. A comienzos del XI coexisten en los condados de la Marca dos estructuras administrativas y dos formas de vida: la de la población autóctona (payeses), agrupada en valles en los que predomina la pequeña propiedad y la igualdad social de sus habitantes, y la impuesta por Carlomagno, que divide el territorio en condados y confía su defensa a hispanos (miembros de la antigua nobleza refugiados en el reino carolingio) o a francos unidos al emperador por lazos de fidelidad y dotados con tierras situadas en zonas estratégicas que repueblan con la ayuda de colonos. La aproximación entre ambos es lenta, sufre avances y retrocesos, y el triunfo de la 2ª, de la gran propiedad, no se producirá hasta los siglos XI-XII. Sin embargo, la necesidad de atender a la defensa militar de estas fronteras incitaría a los condes a incluir en el círculo de sus fieles a los miembros más destacados de la comunidad indígena y de algunos que se sentían atraídos por las ventajas que la condición de vasallo al conde podía reportarles. La independencia lograda a fines del XI no modifica mucho la situación, pero sin duda el conde instalado en la zona, intensificaría las relaciones con la población indígena cuyos dirigentes, así como los de origen hispano o franco asentados en el territori , o adquirirían una estabilidad que no tenía en los años precedentes. Durante el IX el conde representa al monarca: en su nombre recibe los juramentos de fidelidad, hace cumplir las órdenes reales, concede los derechos de ocupación de la tierra y entabla negociaciones con los musulmanes, está encargado de administrar las tierras fiscales y las personales del rey, así como de la administración de los derechos reales (portazgo, censos, servicios personales de los súbditos) y de las cecas. Como jefe militar del

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condado se encarga de reclutar y dirigir las tropas y dispone de contingentes permanentes a sus órdenes, garantiza la paz en el territorio y preside los tribunales (para estas tareas cuenta con funcionarios que actúan en nombre del conde y son retribuidos con los derechos condales). Los cargos más importantes son los de vizconde y veger. El Vizconde actúa como sustituto del conde, cuando es necesario, y tiene sus mismas atribuciones. En muchos casos se le encomienda la dirección de una parte del condado, cuando éste incluye un nº importante de valles. El Veger ejerce una autoridad más directa aunque geográficamente más limitada: es el representante del conde en los castillos, que no son simples fortalezas sino centro administrativo dotado de un territorio propio. A estos funcionarios con poderes similares a los del rey en su reino o del conde en su territorio habría que añadir los cargos especializados: jueces, recaudadores de impuestos, administradores directos de los bienes fiscales, procuradores judiciales del conde. Este sistema de gobierno ha tenido como efecto más importante romper la organización tribal de la población de los valles. Estos pierden su carácter administrativo al fragmentarse en castillos y agruparse en vizcondados y condados. A romper esta estructura ha colaborado la organización eclesiástica, que divide los valles en parroquias y los agrupa en obispados, y a fines del IX los valles y sus pobladores están organizados no con criterios geográficos sino de tipo militar y eclesiástico en parroquias, castillos, valles (que comprenden más de un valle geográfico y equivalen a veces a los vizcondados), condados y obispados. Al frente de cada uno de estos organismos están personas que se distinguen por sus funciones, a veces por su riqueza, del resto de la población. La reorganización de Al-Ándalus por Abd al-Rahmán III tuvo importantes repercusiones militares en los condados catalanes, al acelerar la construcción de castillos. Dado que el conde no puede ocuparse de construir ni de defender, la defensa de estos castillos, vende parte de ellos a las corporaciones eclesiásticas (obispado de Vic, catedral de Barcelona, monasterio de Sant Cugat) o a los laicos que poseen suficientes medios para organizar su defensa (vizcondes, fieles, vergeres o particulares enriquecidos). En otros casos autoriza la construcción de castillos en zonas fronterizas ocupadas por laicos o eclesiásticos mediante el sistema de aprisio. Los castillos que dependen del conde y tienen un distrito siguen bajo la autoridad del veger, cuyas funciones tienden a hacerse hereditarias, así como las tierras unidas al castillo, lo que aumenta la importancia de estos personajes. El proceso de creación de grandes dominios se acelera a fines del X coincidiendo con esta privatización de los castillos: la autoridad y la fuerza que da la posesión de una plaza fuerte se combina con la necesidad de protección sentida por los campesinos, que en muchos casos se encomiendan y entregan sus bienes a militares a cambio de protección (en este momento la concentración de la tierra tiene gran importancia por lo que tanto los grandes propietarios como las corporaciones eclesiásticas invierten los beneficios de otras actividades en la obtención de nuevas tierras con el fin de aumentar la concentración de sus tierras). Así las cosas, la autoridad del conde sólo se conserva mientras posee suficiente fuerza para imponerse a los castellanos y garantizar el ejercicio de la justicia. Las campañas de Ramón Borrell sobre Córdoba, en ayuda de los esclavos, le permiten mantener el

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control del condado barcelonés, pero a su muerte (1018) los condados de BarcelonaGerona-Vic quedan en manos de Ramón I. Hombre de débil carácter, al morir dividió los condados entre sus hijos, todos ellos menores de edad. Con esta decisión se va debilitando el poder condal lo que lleva a las grandes familias catalanas a crear un sistema que les permite regular entre ellas sus propios problemas, mediante acuerdos o convenios, mediante pactos feudales en los que se fijan los derechos y deberes de cada una de las partes. Con esto tratan de imitar las normas feudales vigentes en el mundo europeo aunque en el territorio catalán esta organización no aparecerá hasta época posterior.
LOS HONORES NAVARRO-ARAGONESES

La situación de guerra constante en que viven las sociedades navarra y aragonesa, situadas entre los carolingios del norte y los musulmanes al sur, causa las primeras diferencias sociales: a la población agrícola y ganadera se superpone, en los siglos IX y X, un grupo militar cuyos jefes, los barones, son los colaboradores del rey o conde. El nº de barones es reducido, pero su importancia social aumenta al confiarles los condes y reyes el gobierno de algunos distritos y dotarles de tierra en plena propiedad, autorizándoles a poner en cultivo otras, es decir, las declara libres de las cargas fiscales y concederles honores, es decir, tierras que no se puedan incorporar a sus bienes patrimoniales pero de las que recibe tributos y derechos del rey sobre quienes habitan en ellas, aunque el alcance de la concesión viene fijado en cada caso por el monarca, que se reserva siempre la mitad de los ingresos y tiene libertad para cambiar el emplazamiento de las dotaciones. Los deberes de los barones como usufructuarios del honor son militares y judiciales, semejantes a las obligaciones de los vasallos del emperador carolingio. El servicio militar en ayuda del señor es obligatorio y lo paga el barón con sus medios durante los 3 días y es retribuido si exige más tiempo. En ocasiones, los barones reciben 2 honores complementarios: uno en el interior, en la retaguardia, que proporciona los ingresos necesarios para defender el honor concedido en la frontera.
INMUNIDADES Y SEÑORÍOS OCCIDENTALES

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De los reinos y condados cristianos surgidos tras la invasión musulmana, el reino asturleonés fue el más influido por la tradición visigoda y teóricamente debería haber sido el más feudalizado, si tenemos en cuenta que este reino se hallaba en el 711 en un estado similar al del Imperio Carolingio cien años más tarde. Sin embargo, no fue así debido a que en sus orígenes el reino fue creación de las tribus cantábrica y galaica entre las que predominaba la pequeña propiedad y no existió hasta época tardía una nobleza que pudiera imponerse sobre los campesinos y éstos conservan su libertad mientras haya amplios territorios desiertos o poco labrados cuya colonización interesa al monarca, que por otra parte, tiene en Asturias-León un poder muy superior al de los reyes visigodos. Si es verdad que no existe una feudalización del reino, sí se dan numerosas instituciones feudales como el vasallaje, el beneficio o prestimonio y la inmunidad, que llevan a la constitución de señoríos básicos y eclesiásticos, pero ni el régimen señorial se generalizó suficientemente ni el grupo nobiliario adquirió conciencia como tal y el rey pudo mantener el todo momento unos derechos básicos que reducían considerablemente la autoridad de los nobles.

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Resumiendo, la sociedad astur-leonesa conoció un desarrollo bastante considerable del vasallaje a cambio del cual se obtiene una soldada o un beneficio. Los reyes se rodean de clientes armados a los que llama milites y milites palatii, que deben al monarca servicios de guerra o de corte por los que reciben donativos en tierras, que en algunos casos son declarados inmunes, libres del control del rey. Junto al vasallaje real se desarrolló el privado y los nobles y eclesiásticos se rodean igualmente de milites, según fuentes del X, parece que imponen a los infanzones y milites la obligación de tener señor. Desde comienzos del X se dan en Castilla privilegios por los que los funcionarios reales no pueden actuar en las tierras declaradas inmunes, lo cual suponía, según Sánchez Albornoz, los siguientes derechos para el propietario, que en general, coinciden con las atribuciones y derechos que tienen los señores feudales: ·Cobrar los tributos y servicios que los habitantes estaban obligados a pagar al soberano. ·Administrar justicia dentro de sus dominios. ·Cobrar las caloñas o penas pecuniarias atribuidas al monarca. ·Recibir fiadores o prendas para garantía de la composición judicial. ·Encargarse de la policía de sus tierras inmunes. ·Exigir el servicio militar a los moradores del coto y nombrar funcionarios que sustituyen al rey Pero la diferencia radica en que en el caso feudal el gran propietario actúa como señor inmune al atribuirse las funciones públicas, mientras que en el reino leonés el privilegio es una concesión del rey, que puede revocarlo y otorgarlo libremente según la fuerza de que disponga. Y, a diferencia de lo ocurrido en el imperio carolingio, los reyes leoneses y más tarde los castellanos tuvieron casi siempre la fuerza necesaria para imponerse a la nobleza. 3. LIBRES E INDEPENDIENTES La existencia de gran nº de hombres libres en los reinos hispánicos ha servido par a negar la feudalización del territorio, pero a veces se olvida que el proceso feudal el lento y que en el siglo IX son numerosos los libres, en los siglos X y XI disminuye su nº y que en gran nº de casos aparecen en los documentos precisamente cuando han perdido sus propietarios, por venta o donación y con ellas la libertad personal.
EL CAMINO HACIA LA DEPENDENCIA

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El paso de la libertad a la dependencia puede realizarse directamente por medio de la encomendación que supone, por parte del campesino, aceptar como señor a un noble o institución eclesiástica a la que entrega sus tierras a cambio de protección, pera volver a recibirlas ya no como propietario sino como cultivador que reconoce los derechos señoriales pagando determinados tributos o realizando diversos trabajos para el señor. Incluye una primera fase de pérdida de la propiedad en los años difíciles y una segunda pérdida de la libertad cuando el campesino, sin tierras, se ve obligado a aceptar las condiciones del gran propietario. Hay múltiples formas de absorber la pequeña propiedad y reducir a dependencia a sus cultivadores. ·En los condados catalanes, los condes, los funcionarios y los monasterios e iglesias se convirtieron rápidamente en señores de las tierras y de los servicios y

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derechos de los hombres que las cultivaban, bien por compra, cesión real, usurpación, o por entrega voluntaria (como las 18 familias de Bañen que entregaron en el 920 todos sus bienes al conde Ramón I de Pallars para obtener su protección contra todos los hombres del condado). ·Los pequeños propietarios castellanos pudieron defenderse mejor de la presión nobiliaria y eclesiástica por el hecho de que los condes los necesitaban para mantener su independencia frente a León, Navarra y Córdoba y por no existir en Castilla hasta época tardía un clero organizado ni una aristocracia fuerte. Además, la libertad castellana se vio favorecida por la existencia de comunidades rurales que ya en el X tenían una organización y una personalidad jurídica que permitía a sus habitantes tratar colectivamente con nobles y eclesiásticos y defender sus derechos con eficacia. Colabora a la supervivencia de los hombres libres en Castilla la elevación a un cierto tipo de nobleza de los campesinos que tenían medios suficientes para combatir a caballo (caballeros villanos) que aunque existían en otros reinos no alcanzaron la importancia que en Castilla. En el Fuero de Castrojeriz del 974, equipara a los caballeros villanos con los infanzones o nobleza de sangre y a los peones con los caballeros villanos de otras poblaciones, se alude también a la modalidad de dependencia. ·En león quedan sometidos quedan sometidos a un señor mientras vivan y transmiten a sus hijos la dependencia. En Castilla conservan, al menos en teoría, la libertad de romper sus relaciones con el patrono, de moverse libremente y de elegir por señor a quien quieran, al que deberán prestar determinados servicios, como trabajar sus tierras en determinadas ocasiones (sobre todo en determinadas faenas temporeras del campo: podar, segar, vendimiar, etc.).
LIBERTOS Y SIERVOS

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Junto a los hombres libres figuran los libertos, cuyo modo de vida y situación es similar a la de los campesinos encomendados ya que, igual en Europa, ha desaparecido la división tajante entre libres y no libres y se tiende a dividir la sociedad en propietarios y no propietarios o en propietarios o cultivadores de la tierra. Libertos y colonos son hombres de un señor, del propietario cuyas tierras cultivan y transmiten su condición social a los descendientes, que no pueden abandonar la tierra sin permiso del dueño al que están obligados a prestar una serie de servicios y a pagar trib utos, por lo que en muchos textos los llaman tributarios y foreros. Otros nombres son los de hombres de mandación, iuniores, collazos, solariegos, vasallos, en León y Castilla. En Cataluña commanentes y stantes, para indicar su obligación de permanecer en la tierra. En Aragón y Navarra les denominan mezquinos. Tanto los libertos como los colonos deben al señor censos y prestaciones personales de cuantía muy variable, pero generalmente consisten en trabajar las tierras que se reserva el señor durante un cierto número de días en las épocas en las que hay más trabajo. Jurídicamente distintos de libertos y colonos son los siervos, que pueden ser vendidos como cosas y cuya situación es parecida a la de los colonos por cuanto el señor prefiere liberar a los siervos y entregarles unas tierras para que las cultiven, pagando los censos y prestaciones habituales. Liberándoles el señor actúa de acuerdo con las enseñanzas de la iglesia y dándoles tierras para que las pongan en cultivo, aumenta sus ingresos, evita los gastos de manutención de los siervos, obtiene unos censos suplementarios y puede disponer de mano de obra cuando lo necesite. Cuando mejora la suerte de estos siervos

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y empeora la de libertos y encomendados, ambos grupos se confunden y sólo perviven los siervos domésticos.
LIBRES Y PRIVILEGIADOS

La acumulación de la propiedad en manos de nobles y eclesiásticos está relacionada con la función que realizan los miembros de estos grupos (siervos y encomendados). La defensa del territorio y de los hombres contra los enemigos es compensada mediante la entrega de tierras en propiedad o en beneficio, feudo o prestimonio a los milites o bellatores y la búsqueda de protección ante la divinidad explica las donaciones a clérigos y oratores que ven cómo reyes y particulares dotas iglesias y monasterios mientras ellos incitan a los fieles a despojarse de sus bienes. Los reyes y condes ven en la dificultad del cristianismo y de los centros eclesiásticos un factor de expansión política y posibilidad de poner en cultivo sus tierras, lo que les lleva a hacer continuas donaciones y a proteger los bienes eclesiásticos hasta hacer de la iglesia el mayor propietario territorial de la Edad Media. Dentro del grupo nobiliario puede distinguirse entre alta nobleza cuyos miembros reciben los calificativos de magnates, optimates, próceres y barones y los nobles de segunda fila. Los primeros son los que han desempeñado funciones militares en los primeros tiempos o han estado al frente de cargos administrativos de importancia, tienden a constituirse en grupos cerrados y transmiten sus privilegios a los herederos, tienen grandes propiedades, intervienen en las asambleas palatinas, gobiernan los distritos de los reinos y condados y se hallan unidos al rey o conde por vínculos especiales de vasallaje. Más numerosa y abierta es la 2ª de la que pueden formar parte los descendientes de la alta nobleza (nobles de sangre o infanzones) y todos los que tienen medios para combatir a caballo al servicio de un señor (vasallos caballeros) o guardan un castillo (castellanos). Ambos grupos se funden en una nobleza de linaje, la de los caballeros infanzones o nobles (claramente diferenciados de los caballeros villanos de los concejos) y suelen estar ligados a los reyes o magnates de los que reciben beneficios o sueldos a cambio de ayuda militar. Todos los nobles están exentos del pago de tributos personales y territoriales y tienen ante la ley una categoría superior a la de los simples libres. Sólo pueden ser juzgados por el rey y su comitiva y su testimonio tiene en juicio más valor que el de un simple libre. 4. ECONOMÍA DE LOS REINOS Y CONDADOS CRISTIANOS Frente al predominio urbano e industrial de Al-Ándalus, los dominios cristianos sólo pueden ofrecer una economía agrícola y pastoril carente de moneda propia, sin proyección exterior importante y destinada fundamentalmente a la alimentación, vestido y calzado de sus habitantes. También carecemos de fuentes para el estudio de la economía. Pese a todo, es posible afirmar que la economía de estos territorios se basa en el botín y en el cultivo de la tierra, es decir, muy parecida a Europa, aunque no puede hablarse de igualdad de situaciones porque mientras las roturaciones de tierras no se producen en Occidente hasta el año mil, en la Península tiene lugar desde mediados del IX. Este desfase cronológico va unido a diferencias sociales: la población de los reinos y condados peninsulares es una población joven, poco evolucionada, primitiva y será

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preciso un lento y largo proceso para que se llegue a la sumisión personal y territorial del campesino a los señores-propietarios de la tierra. La guerra es más rentable para los señores y sólo a medida que las fronteras se alejan presionan los propietarios sobre los campesinos para labrar la tierra. Es preciso recordar que la situación de guerra permanente, y no sólo contra los musulmanes, mantuvo el prestigio de reyes y condes, jefes similares ante todo y les permitió mantener un mayor control sobre los grandes propietarios y sobre los funcionarios.
EL BOTÍN

La importancia del botín en la historia peninsular puede ser entrevista todavía en el XIII, cuando los nobles navarros intentan limitar los poderes del monarca, extranjero, Teobaldo de Champaña, le recuerdan que tras la ocupación de la Península por los musulmanes, algunas personas no aceptaron la nueva situación, reunieron en las montañas de Ainsa y Sobrarbe hasta 300 caballeros, llevaron a cabo numerosas cabalgadas contra los infieles y sólo aceptaron un rey cuando, incapaces de ponerse de acuerdo sobre el reparto de las ganancias, siguieron el consejo del Papa, de los lombardos y de los francos, no sin antes poner por escrito sus derechos y obtener la promesa de respetarlos por parte del futuro monarca. En fuero, en cuanto intento de limitar el poder real, es obra del XIII, pero se ajusta a la realidad del VIII al afirmar que fueron los hombres de las montañas los únicos que ofrecieron resistencia a los nuevos señores de la Península y que lo hicieron no para oponerse al Islam y defender la fe cristiana, sino en busca de botín y de tierras para una población a la que los recursos de la montaña no bastaban y en defensa de una situación (pequeña propiedad y libertad individual) que los diferenciaba del mundo civilizado en el que predomina la gran propiedad y la esclavitud o la servidumbre. Las dificultades internas de Al-Ándalus habían permitido a los astures llevar sus fronteras hasta el Duero en connivencia con los muladíes sublevados en Toledo, Badajoz, Bobastro. El reino leonés dispone de una ideología que no sólo justifica la guerra sino que hace del enfrentamiento armados con los musulmanes la razón de ser del nuevo reino visigodo y otro que como el se hallaba en guerra con los musulmanes como el reino de Pamplona, el condado de Aragón y los condados catalanes. Con el muro que ponen a los musulmanes Pamplona y Castilla, León pierde importancia militar a lo largo del X y la defensa del reino queda en manos de los castellanos, cuyos condes alternan la sumisión a Córdoba con la realización de campañas de saqueo como la llevada a cabo en el 974. También Pamplona, Aragón y los condados catalanes basaron una parte de su economía en las campañas de saqueo, únicas que pueden explicar las riquezas acumuladas por el monarca pamplonés en el IX (fue apresado por los normandos y tuvo que pagar un cuantioso rescate). Respecto a los catalanes, se sabe que alternaban las campañas en búsqueda de botín con el comercio: por tierras catalanas pasaban los rebaños de esclavos adquiridos en Europa por emires y califas, y al comercio y la piratería. Los condes de Barcelona y Urgell intervienen activamente en la guerra entre beréberes y esclavos apoyando a éstos tras exigir que cada uno de los combatientes recibiría dos dinares diarios, además de vino y comida, el conde recibía 100 dinares por día y que les pertenecía todo lo que arrebataran a los berberiscos.

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SUELDO, MODIO Y OVEJA

Al margen del botín, durante los primeros tiempos, tanto en la parte occidental como en la oriental, debía predominar la ganadería sobre la agricultura. Los avances hacia el sur harían posible el cultivo de cereales, viñedos. El comercio apenas supera el ámbito local o regional y sólo la nobleza y los clérigos disponen de objetos de lujo procedentes de Al-Ándalus. En el reino astur-leonés, la economía agraria-ganadera viene atestiguada por la equivalencia entre sueldo de plata, el modio de trigo y la oveja, que utilizan en numerosos casos como moneda real ante la inexistencia o insuficiencia de la moneda. La naturaleza de los documentos conservados, mayoritariamente título de p ropiedad, impiden conocer el valor de los objetos empleados en la vida diaria y de los productos alimenticios, pero la lista de objetos y productos vendidos demuestra una gran actividad comercial, sobre todo de artículos de lujo como ornamentos eclesiásticos y alhajas. Dentro de la producción local los mayores precios corresponden al ganado equino y mular, utensilio de comedor, dormitorio y prendas de vestir. En último lugar figuran el ganado vacuno, objetos de uso diario como colchones, lienzos, pieles de conejos o corderos, el ganado asnal. Es importante destacar la importancia del caballo como arma de guerra. En León y Castilla, la posesión de un caballo de guerra llegó a ser requisito suficiente para acceder a un cierto grado de nobleza. Los objetos manufacturados fueron escasos debido a la falta de mano de obra, ya que todas las fuerzas de trabajo se dedicaban a la producción agrícola o a la defensa del territorio, escaseaba la mano de obra especializada. Importante destacar que los objetos de lujo de alto precio se encuentran en la mayoría de los casos en zonas gallegas, donde se ha creado una aristocracia territorial importante. Los utensilios están más extendidos, pero abundan más en Galicia que en León y Castilla mientras que los arreos de cabalgar, las armas y el ganado caballar alcanzan precios superiores en Castilla y León que en Galicia. Los bienes raíces, tierras cultivadas y yermas, molinos, prados e iglesias, son más baratos si comparamos sus precios con los artículos de lujo o simplemente con l s o objetos manufacturados de uso corriente, lo que explica la abundancia de la tierra y las facilidades que da el rey para ocuparlas. Iglesias y molinos carecen de valor por su reducido tamaño y por su rústica construcción. Los precios se mantuvieron estables con excepción del alza experimentada en el valor de los ganados y de los bienes muebles a raíz de las campañas de Almanzor. El estudio de monasterios castellanos y leoneses es importante para conocer la economía, evolución y mentalidad de la época. El monasterio de San Millán recibe entre los años 931 y 970 la donación de cinco ermitas, diez iglesias, un monasterio, siete villas, ocho eras de sal, una casa, cuarenta hombres y nueve vaquerizos, y tan sólo compra las salinas que precisa para conservar carne y pescado, para los monjes y para la alimentación del ganado. A comienzos del XI, el monasterio basa su economía en la producción de cereales, de vino y de sal, en la pesca y en la ganadería, aunque ésta pierde importancia a favor de la agricultura. Se realizan pequeñas obras de regadío, mejoran los molinos, pesqueras y la difusión del hierro permite cultivar mejor la tierra.

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Según la documentación del monasterio de Sahagún reunida por José Mª Mínguez confirma el predominio de la economía ganadera y del sistema de trueque: los pagos se hacen en ganado hasta los años setenta del X y el tipo de ganado que se entrega depende de las características geográficas de cada región. En la montaña predomina el pago de ganado ovino, en el páramo se alterna el pago entre ganado ovino, bueyes, caballos y ganado lanar, en la llanura se emplea el ganado vacuno y sobre todo cereales. Las vegas de los ríos están densamente pobladas las llanuras y son campos abiertos dedicados a los cereales y en ocasiones aparecen cercas que delimitan los prados para forraje y los huertos en el páramo, los campos alteran con los bosques de encinas, robles y fresnos y con el monte bajo. Puede afirmarse que existe una íntima asociación entre la agricultura y la ganadería. El monte está destinado a la roturación y mientras la parcela explotada rinde fruto, el campesino acondiciona otra que pondrá en cultivo cuando la anterior se agote.
HACIA UNA ECONOMÍA MONETARIA

La situación es similar en Pamplona, Aragón y Cataluña. En los condados de Pallars y Ribagorza se generaliza una economía tendente a satisfacer las necesidades alimenticias, vestidos y alejamiento, agricultura en las zonas prepirenaicas y la ganadería en la montaña. En la zona occidental existen pequeños mercados agrícolas donde se realizan compraventas, pero, al menos hasta avanzado el XI, los pagos se hacen casi siempre en productos. Una excepción encontramos en el condado de Barcelona, donde los documentos encontrados muestran que entre los años 880 y 1010 los pagos se efectúan directamente en moneda. Sin embargo, en otros condados como Vic, Cerdaña, Besalú y Gerona se establece el pago en productos. La cantidad de moneda circulante aumenta a partir de la 2ª ½ del X, pero ésta se halla en manos de monasterios y nobles que lo invierten en la compra de propiedades agrícolas, cuyos dueños anteriores pasan a la situación de colonos. Las campañas de Almanzor llevaron consigo un enrarecimiento de la moneda y el regreso momentáneo a una economía seminatural del pago en especie. El botín logrado en las campañas sirvió para reactivar y relanzar la economía catalana. Pese a los paralelismos señalados entre la economía castellano-leonesa y la catalana, las diferencias entre una y otra son considerables: los condados orientales, incluyendo Pamplona, son un lugar de pago entre dos civilizaciones, entre el mundo islámico y el carolingio europeo y por sus tierras cruza un activo comercio que contribuyó a acelerar el paso de una economía natural a la monetaria. Por otro lado, mientras en León no existía una conciencia monetaria ni siquiera a nivel político como lo prueba la utilización del modio y la oveja como monedas de cuenta y que las primeras acuñaciones reales datan de la 2ª ½ del XI, en Cataluña, aún cuando se pague en productos por escasear la moneda, los bienes se valoran siempre en moneda y tanto los reyes carolingios como, en el siglo X, los condes independientes acuñaron piezas en territorio catalán. La vinculación al mundo europeo permitió que sobreviviera la moneda. Los intercambios con Al-Ándalus, que disponían de abundante y fuerte moneda, hicieron que se activara la circulación de las piezas amonedadas y la necesidad de los condes de señalar por la emisión de moneda propia, su independencia respecto a los monarcas carolingios les llevaron a acuñar moneda de planta en el siglo X y mancusos de oro en el XI. Castilla y León no emitirán moneda de oro hasta después del 1172.

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Los condados catalanes utilizan igualmente las monedas preexistentes de época visigoda, las musulmanas y las acuñadas por carolingios y, desde el X por los condes. Esta moneda utiliza como moneda de cuenta la libra y el sueldo y como moneda real el dinero, que equivale a la duodécima parte del sueldo y éste a un vigésimo de la libra. Aunque en menos medida, puede hablarse de una atracción similar en la zona occidental de la Península. Según Sánchez Albornoz, que ha reconstruido la ciudad de León, puede afirmarse que a este centro urbano acudían junto a hebreos que llevaban artículos de gran precio destinados a satisfacer las necesidades de lujo de los grupos dirigentes, campesinos que intercambiaban sus animales, venden el ganado caballar indispensable para la guerra y para el prestigio social de los ciudadanos, o venden productos alimenticios en el mercado semanal.
ARTE Y CULTURA DE LOS REINOS CRISTIANOS

Las riquezas acumuladas mediante la guerra y la explotación de la tierra fueron empleados en gastos de prestigio y en sacrificios a la divinidad. Las donaciones a los monasterios e iglesias de objetos de lujo fueron muy frecuentes. La construcción de edificios se halla frecuentemente relacionado con el prestigio o con el culto. La búsqueda de este prestigio dio como resultado las edificaciones realizadas por los monarcas astur-leoneses en las proximidades de Oviedo, las iglesias mozárabes diseminadas por el N de la Península, las cruces ofrecidas a la catedral de Oviedo entre los siglos IX y comienzos del X. La independencia asturiana y los avances territoriales durante los años de Alfonso II el Casto se refleja en el traslado de la capital a Oviedo y en la construcción en esa ciudad de una serie de edificaciones cuyo centro será la catedral dedicada al Salvador. Los monarcas asturianos defensores ahora del cristianismo, se plasma en la leyenda que lleva escrita la Cruz de los Ángeles conservada en la Cámara Santa: « Con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo» . Ramiro I continuaría la labor constructora de Alfonso en las proximidades de Oviedo con la construcción de Santa María del Naranco y las iglesias de San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena. Al monarca Alfonso III se debe la construcción de San Salvador de Valdediós y la elaboración en los talleres reales de la Cruz de la Victoria. La visigotización de los reyes asturianos es el reflejo de la influencia cultural de los mozárabes llegados de AlÁndalus, a los que se debe la reorganización de la vida eclesiástica y la construcción de iglesias mozárabes como las de San Miguel de Celanova (Orense), San Miguel de Escalada y Santiago de Peñalba en León, San Cebrián de Mazote (Valladolid), Santa María de Lebeña, con precedentes en la iglesia de Santa María de Melga, edificada en las cercanías de Toledo todavía bajo dominio musulmán. Para los clérigos de estas iglesias y de las sedes episcopales restauradas se iluminas en los monasterios obras como el Antifonario de León, el salterio de San Millán de la Cogolla o el Comentario del Apocalipsis de Beato de Liébana, mozárabes son loas crónicas escritas en el siglo VIII (bizantina-arábica del 714, mozárabe del 754) así como los asturianas escritas en la corte de Alfonso III a finales del IX y continuadas por el obispo de Astorga. Mozárabes parecen ser los autores de los himnos dedicados al apóstol Santiago, el 1º de los cuales pudo ser escrito, según Díaz, por uno de los seguidores de Mauregatol que a través del himno lleva a cabo una apología de la política de colaboración con los musulmanes seguida por el rey en los años anteriores a Alfonso II.
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Los centros culturales mejor conocidos se localizan en la zona leonesa del Bierzo, en las tierras discutidas por Castilla y Navarra y en torno al monasterio de Ripoll. La cultura berciana gira en torno a San Genadio, fundador de monasterios como San Pedro de Montes, San Andrés y Santiago de Peñalba, a los que dotó de una biblioteca importante para la época. La vida cultural de los monasterios navarros se conoce a través de las cartas enviadas por Eulogio de Córdoba al obispo Wilesino de Pamplona que lo acompañó en su viaje por estas tierras en las que visitó Leire, etc., haciendo copiar para su biblioteca obras de San Agustín, Virgilio y Avieno que no se conservaban en el mundo mozárabe. Centro de cultura de 1ª línea es el monasterio de San Millán de la Cogolla, que interesa destacar las llamadas « Glosas emilianenses» , de mediados del X, consideradas como el primer testimonio escrito de las lenguas castellana y vasca: al copiar sermones, letanías y otros textos en latín, el copista explica algunas palabras que le parecen de difícil comprensión y si a veces aclara los conceptos con nuevas palabras latinas, en otros momentos recurre a palabras tomadas de la lengua oral. Glosas semejantes se conservan en otro texto escrito del monasterio de Silos, y al dorso de una donación hecha en el año 959, anotada con rasgos más romances que latinos, una relación de los quesos dispensados por el monasterio de Rozuela. « La noticia de kesos» y las glosas son, hoy por hoy, la 1ª manifestación del idioma que ha derivado del latín, que es todavía la lengua culta de los reinos hispánicos. También en los condados catalanes se abre paso el idioma romance, aunque sus manifestaciones escritas sean más tardías y también son los centros eclesiásticos los conservadores y difusores de la cultura heredada del mundo visigodo, del carolingio y de los musulmanes de Al-Ándalus, cuya influencia más visible la encontramos en Ripoll, único en el que se enseñan, por influencia musulmana, las ciencias del quadrivium.

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UNIÓN Y DIVISIÓN POLÍTICA EN LOS REINOS OCCIDENTALES
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993. INTRODUCCIÓN La historia política de los reinos occidentales de los siglos XI y XII. Castilla y León pasan por un proceso de acercamiento y distanciación que culminará en la unión definitiva en el 1230, pero manteniendo sus diferencias, reuniéndose en Cortes separadas, planteando los problemas específicos de cada reino, etc., hasta el siglo XIV. Para entonces, la independencia de Portugal, cuyos orígenes están en el siglo XII, estará afianzada. Las diferencias entre los tres reinos no impidieron ampliar las fronteras a costa de los musulmanes. El proceso expansivo no fue lineal: en el siglo XI las ampliaciones territoriales son escasas y de reducida importancia (Toledo). Avances y retrocesos se alternan hasta el primer cuarto del siglo XIII, ya que la expansión no sólo choca con los intereses de los árabes, sino de los propios de cada reino cristiano que no son siempre coincidentes y sobre todo con las insuficiencias económicas y demográficas que no permiten dedicar los medios y las personas necesarias para la ocupación efectiva del territorio. Las bases de la economía en el siglo XI serán: la guerra, el cultivo de los campos y el pastoreo. Pero lentamente irá surgiendo una pequeña artesanía y un comercio interior y exterior gracias a los intercambios efectuados a lo largo del camino de Santiago. La sociedad hispánica, al igual que la europea, es una sociedad estamental dividida en clérigos, nobles y labradores, pero dentro de esta clasificación aparecen otras diferencias internas basadas en la riqueza y en la posición que cada uno ocupa en la escala de valores sociales. 2. LA HERENCIA DE SANCHO III EL MAYOR DE NAVARRA Como esto es un complicado enjambre de las dinastías de los diferentes reinos cristianos, al final existen unos esquemas aclaratorios. El siglo XI tiene tres fechas capitales: ·1031 desaparición del califato y su sustitución por numerosos reinos de taifas, incapaces de hacer una resistencia eficaz a los reinos cristianos. ·1035 Sancho III el Mayor de Navarra divide sus dominios entre sus hijos y recuperarán la independencia, convertidos en reinos, los condados de Castilla y Aragón. ·1037 En Tamarón hallará la muerte Vermudo III de León y le sucede Fernando I de Castilla en nombre de su mujer Sancha, hermana del rey leonés. Castilla buscará en la guerra la recuperación de sus fronteras de época condal, con León inicia un largo proceso de uniones y separaciones que culminará en 1230 con la unión definitiva de ambos reinos, bajo la hegemonía del primero. Estas divisiones son el

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reflejo de la situación económica, social y militar y de la personalidad de los reyes. Fernando I (1032-1065), considerará los reinos bienes propios y así los reparte entre sus hijos: Sancho II recibe Castilla, Alfonso VI León y García reinará en Galicia, mientras las infantas Elvira y Urraca reciben el señorío sobre los monasterios de los reinos. La hegemonía castellana está contrarrestada por el título imperial que corresponde al leonés Alfonso VI y que su padre Fernando I refuerza entregándole el derecho de conquista sobre el reino musulmán de Toledo. Pero el primer rey castellano (Fernando I) complicó aún más la sucesión al repartir también las parias, señalando a su vez la zona de influencia y futura conquista de cada reino: ·Sancho II de Castilla recibe las parias de Zaragoza y va a enfrentarse con los intereses de Navarra porque además su rey García Sánchez III (1035-1054) había recibido de Sancho III el Mayor tierras castellanas como los Montes de Oca y la Bureba, ocupar estas zonas era el objetivo de Sancho II quien, en 1037 ataca Navarra y en 1068 derrota al leonés Alfonso VI en Llantada. Pero la batalla no fue decisiva y los dos hermanos se unen para destronar a García de Galicia. ·Alfonso VI de León recibe las parias de Toledo, antigua capital visigoda, símbolo de la unidad peninsular a la que alude el título imperial concedido a los reyes leoneses desde la época de Alfonso III. Además recibió la incorporación de tierra de Campos. ·García rey de Galicia recibe las parias de Badajoz y Sevilla. Castilla tenía cerrada su expansión al sur por las parias de León y Galicia, al oeste había perdido la Tierra de Campos y al este chocaba frontalmente con Navarra. Por esto las guerras entre hermanos fueron continuas. Alfonso VI de León fue derrotado en Golpejera (1072) y buscó refugio en Toledo. Sancho fue asesinado por Vellidos Dolfos cuando intentaba ocupar Zamora que defendía la infanta Urraca. De este suceso se deriva la « jura de Santa Gadea» en la que Alfonso VI tiene que jurar que no ha intervenido en la muerte de su hermano. Así que Alfonso VI ha conseguido reunificar los dominios de su padre, pero la Bureba y los Montes de Oca no pasarán a control castellano hasta 1067 con Sancho II de Castilla. 3. LA PRESENCIA AFRICANA Y EUROPEA Alfonso VI rey de León y de Castilla seguirá las directrices políticas de su padre frente a los musulmanes y las parias seguirán afluyendo al reino hasta que en 1085 ocupa Toledo, ciudad en la que sería restablecida la sede primada como símbolo de la unidad eclesiástica de España, mientras el título imperial utilizado por Alfonso VI refleja la unidad política. En el campo musulmán la ocupación de Toledo puso fin al círculo vicioso en que se movían los reinos de taifas: el pago de las parias era el precio para evitar los ataques cristianos, pero su cobro obligaba a aumentar la presión fiscal y ocasionaba revueltas de la población que sólo podían ser sofocadas con la ayuda cristiana, con el pago de mayores parias que a su vez ocasionaban mayor presión fiscal. El círculo se rompe cuando las parias dejan de ser una protección eficaz: tras la conquista de Toledo los reyes taifas piden ayuda a los almorávides del Magreb, cuyos ejércitos ponen en peligro
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las conquistas del XI y unifican Al-Ándalus. Sólo el Cid es capaz de hacerles frente en Valencia, reino sometido al pago de parias por Alfonso VI . A la penetración africana desde el sur se contrapone la entrada en los reinos cristianos de numerosos fracasos, que se instalan en los monasterios del Camino de Santiago como artesanos, mercaderes y monjes o contribuyen a la defensa del territorio y a la repoblación de las ciudades situadas en el valle del Duero. Entre los caballeros más destacados están Raimundo de Borgoña y Enrique de Lorena que se convierten en el brazo derecho del rey que les dará a sus hijas Urraca y Teresa en matrimonio, y con ellas los condados de Galicia y Portugal, respectivamente. Estos enlaces son importantes, con el de Enrique de Lorena y Teresa comenzará a fraguarse la independencia de Portugal. Por otro lado, al morir el heredero de Alfonso VI en la batalla de Uclés, Urraca es designada para la sucesión, pero ya había fallecido su marido Raimundo de Borgoña, con quien había tenido un hijo, el futuro Alfonso VII. Se decidió que debía casarse de nuevo, el pretendiente ideal fue Alfonso I el Batallador que había unido los reinos de Navarra y Aragón, pero el matrimonio fue un fracaso, no hubo heredero y no se pudieron unir los reinos de Castilla y León con Navarra y Aragón. Frente a Alfonso el Batallador se alzaron los clérigos francos en defensa de los derechos de Alfonso Raimúndez (Alfonso VII). Tras varios años de guerra civil entre los partidarios de Urraca y los de su marido Alfonso y de enfrentamientos entre clérigos francos y sus vasallos, que apoyan al monarca navarro para liberarse de la dependencia feudal. El matrimonio sería disuelto por Roma y proclamado rey Alfonso VII, que en 1134 adoptaría el título de emperador. Este rey va a tener una formación plenamente feudal y entre sus vasallos se encuentran los reyes de Navarra y Aragón, separados tras la muerte de Alfonso I en 1134, los condes de Barcelona, reyes musulmanes y el conde de Portugal que ha utilizado la guerra civil para actuar en su condado con absoluta independencia, como un rey más, título que adoptará en fecha temprana. 4. LOS CINCO REINOS. S. XII. ALFONSO VII 1134 El título imperial de Alfonso y los derechos feudales que reflejaba no sobrevivieron al emperador, que dividió el reino entre sus hijos: Sancho III sería rey de Castilla y Fernando II de León, la frontera entre ambos reinos, la polémica Tierra de Campos es atribuida a Castilla y para suavizar las tensiones es convertida en infantado para la hermana de Alfonso VII, Sancha. Los reyes de Castilla y León no contentos con el reparto, se reúnen en Sahagún (1158) para buscar una solución a la Tierra de Campos, repartirse la zona de influencia de AlÁndalus y dividirse el recién nacido reino de Portugal. Pero este mismo año muere el rey de Castilla, sucediéndolo un menor de edad, Alfonso VIII y se rompen los acuerdos de Sahagún. Fernando II ocupa la Tierra de Campos ante el vacío de poder en Castilla y las tensiones entre sus nobles dirigidas por los Lara y los Castro, éstos se alían con el rey de León. A partir de entonces Fernando II se ocupa de la frontera sur de su reino amenazada por almohades y portugueses cuyo caudillo Geraldo Sempavor (el Cid portugués) llegó a dominar la actual Extremadura. Mientras Castilla-León-Portugal han permanecido juntos poco importa que Toledo, sede primada, haya sido conquistada por los castellanos, pero quien controle Toledo tendrá el control sobre todo el clero de todas las sedes episcopales que dependen de la sede primada. Por ello León intenta recuperar Mérida, antigua metrópoli arzobispal anterior a

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Santiago ante la imposibilidad de ocuparla, Fernando II se alía con los almohades para que no la consigan los castellanos o los portugueses. El resto de los reinos cristianos reaccionaron contra la sede episcopal de Toledo, los catalano-aragoneses y portugueses restaurando las antiguas metrópolis de Tarragona y Braga. Castilla, amenazada al oeste por León y al este por Navarra y Aragón-Cataluña (unidos en 1137), firma la paz con los almohades, que se convierten en árbitros de la situación, seguros ante la división de fuerzas cristianas, atacarán y reconquistarán la mayor parte de las zonas conseguidas por Alfonso VII. Pero el peligro común para los cristianos hizo que tras el ataque almohade de 1197 se llegara a una nueva alianza mediante el matrimonio del leonés Alfonso IX, sucesor de Fernando II y la castellana Berenguela, hija de Alfonso VIII, que llevaría como dote la polémica Tierra de Campos. Nuevos problemas, el matrimonio fue disuelto por razones de parentesco, pero la unión política de ambos reinos va a ser posible en la persona de Fernando III, sucesor de Alfonso IX, en 1230, y que recibirá de Berenguela el reino de Castilla al morir sin herederos Enrique I de Castilla en 1217. Pero los sucesores de Fernando III no podrán evitar la separación e independencia de Portugal, a pesar del tratado de Sahagún en 1158. 5. DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS Desde este punto de vista parece que las divisiones de los reinos eran voluntades de los reyes, pero no es así, también los súbditos intervienen aceptado o desechando uniones y separaciones, ya que se sientes diferentes. Así, tras la independencia de la frontera oriental del reino de León (Castilla), los condes crean monasterios e iglesias que civilizan y evangelizan a los castellanos y poco a poco se convierten en centros económicos y de atracción de las propiedades de los pequeños campesinos libres que pasan a depender de un centro eclesiástico o de un noble. Fernando I tendrá que combatir a la nobleza leonesa que lucha por mantener sus derechos feudales y actúan en sus tierras con gran independencia, estos a su vez se enfrentan a la nobleza castellana por conseguir un puesto en la corte. Para poner fin a las disputas, Fernando I lanzará a los nobles a las campañas de Viseo y Lamego en la zona natural de expansión leonesa, donde el botín compensará a los nobles leoneses. Los beneficios de las parias hacen aconsejable la unión, por ello los nobles castellanos aceptarán de buen grado al rey Alfonso VI, una vez puesto a salvo la fidelidad a Sancho II con la jura de Santa Gadea el Cid será desterrado pero no por ser castellano, sino por haber sido hombre de confianza de Sancho II y haber tenido un papel destacado en la jura. En esta época no estamos en una sociedad nacionalista, aunque aceptemos el enfrentamiento entre castellanos y leoneses, es una sociedad abierta que admite a francos, navarros y aragoneses en la repoblación del valle del Duero. Las diferencias entre los castellanos del norte y los de León desaparecen al abrirse nuevas tierras donde se acepta a cuantos quieren intervenir. Las diferencias sociales se van a establecer entre el norte y el sur de los dos reinos: campesinos libres en su mayoría en el sur y campesinos dependientes en el norte. La guerra civil que sucederá a la muerte de Alfonso VI no va a ser una guerra entre leoneses y castellanos, sino entre los partidarios de Alfonso el Batallador y los de Doña Urraca y Alfonso Raimúndez. En ambos bandos habrá leoneses y castellanos que

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defienden los intereses de grupo y no de autoridad, aunque al final de la guerra, tras la muerte de Urraca (1126) puede hablarse de un enfrentamiento castellano-leonés, ya que Alfonso el Batallador controla la mayor parte de Castilla y Alfonso VII domina en León, la paz de Tamara en 1127 va a resultar ventajosa para los navarros que recuperan las fronteras de la época de Sancho el Mayor. Los condes de Portugal apoyarán alternativamente a uno y otro de los contendientes para asegurarse la semiindependencia que tienen, Alfonso VII permitirá esta situación, siempre que se reconozca su autoridad. Además Alfonso VII deberá dar preferencia al este (Castilla) para intervenir en Navarra y Aragón tras la muerte de Alfonso el Batallador, por lo que la expansión natural del reino de León se verá perjudicada por la independencia de Portugal, reconocida por el emperador en 1142, mientras recuperaba las tierras cedidas a Navarra en Tamara y se repartía Navarra con el rey de Aragón-conde de Barcelona (unidos en 1137). Las circunstancias y la mentalidad feudal llevaron a cabo una nueva división tras la muerte de Alfonso VII, el tratado de Sahagún de 1158 fue una revisión de la política del emperador por parte de sus hijos, la desaparición del reino favorecía a los leoneses, que tenían cerrado el camino hacia el sur, pero tras la muerte del castellano Sancho III el pacto fue inviable y los nobles y Fernando II orientaron su política a crear un pasillo hacia el sur entre Portugal y Castilla y ocupar la actual Extremadura. Alf onso VIII, nuevo rey castellano, se alía con los portugueses para cerrar ese pasillo, frente a Navarra se unirá con los aragoneses, mientras los leoneses ayudan a los navarros. Esta situación dará lugar a que la frontera sur se encuentre sin protección, po lo que se crean las r milicias concejiles y las órdenes militares para combatir a los musulmanes desde Castilla, León y Portugal. Aunque en un principio las órdenes de Santiago y Alcántara sean leonesas y Calatrava castellana, las tres órdenes tienen posesiones en Castilla, León y Portugal y defienden indistintamente los tres reinos y repueblan Extremadura y La Mancha. Tras la victoria en las Navas de Tolosa, donde luchan unidos todos los reinos cristianos, se abre el camino de los portugueses hacia el Algarve, leoneses y castellanos hacia Andalucía y Murcia, catalano-aragoneses hacia las Baleares y Valencia. LEÓN Ramiro III (966-984) Vermudo II (984-999) CASTILLA NAVARRA ARAGÓN
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Condado Condado dependiente anexionado por de León. Hacia 1029 García Sánchez Navarra. Por pasa a depender de II (994-1000) matrimonio de Navarra García Sánchez I

Alfonso V (999Sancho III el Mayor (1000-1035)Rey de Navarra, Castilla y 1027) Aragón, al morir reparte sus dominios entre sus Hijos. Vermudo Castilla y Aragón, reinos III (102737) García Sánchez (1035Fernando I (1032-1065)Desde III Ramiro 1037 une León a sus dominios. Al 1054) 1063) Sancho Garcés morir divide los reinos IV (1054-1075) I (1035-

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García rey Sancho de Galicia 1072)

II

(1065-

Sancho 1094

I

(1063-

Alfonso VI (1072-1109) une los tres reinos nuevamente Alfonso VII (1126-1157) Guerra civil

Pedro I (1094-1104) Alfonso 1134) I (1104-

García Ramírez Ramiro II (1134(1134-1150) 1137) Fernando II Sancho (11571158) 1188) III (11571137 Unión Aragón-Cataluña

Alfonso VIII (1158- Sancho IV Alfonso II (11671214) (1150-1194) 1196) Alfonso IX Enrique (11881217) 1230) I (1214Sancho El Pedro Fuerte (11941213) 1234) II (1196-

Fernando III (1217-1252)

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PROYECCIÓN EXTERIOR DE LOS REINOS OCCIDENTALES
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

INTRODUCCIÓN La división de Al-Ándalus a comienzos del XI coincide con la unión de castellanos y leoneses (a la muerte de Vermudo III de León) con Fernando I (1037-1065) que sucede a su hermana Sancha, lo que significaba fuerza suficiente para derrotar a los reinos musulmanes, sin embargo, como ni un reino ni el otro disponía de recursos humanos para establecer guarniciones militares y repobladores para asegurar la permanencia en las zonas ocupada, se preferían las campañas de intimidación a las de conquista. En el reinado de Fernando I se cobran parias por servicios militares así como por no atacar los dominios de los que pagan. También cobrará a dos reinos enfrentados, reservándose el derecho a intervenir, según conveniencia, a favor de uno y otro. Asimismo no dudará en atacar a otro reino cristiano para defender a sus protegidos, porque protege sus fronteras. Del mismo modo entrega a su hermano García de Navarra tierras que posteriormente intenta recuperar dando muerte a su hermano en Atapuerca (Burgos). En 1043 apoyó a al-Mamún de Toledo en contra de Sulymán Ibn-Hud de Zaragoza y veinte años más tarde defendía a éste contra su hermano Ramiro I de Aragón, quien moriría en la batalla de Graus, en la que intervino el Cid. También alMamún colaboró al sometimiento de Valencia y Murcia. El cobro de parias tenía un doble interés: ·Económico, principal fuente de ingresos. ·Político, las fronteras del reino protector teóricamente se extendían hasta las del protegido. 2. DE TOLEDO A LAS NAVAS DE TOLOSA Fernando I dividió sus dominios y con ellos los reinos de taifas entre sus hijos, correspondiendo Badajoz y Sevilla a García de Galicia; al rey de León, Alfonso VI el de Toledo con Valencia; y Zaragoza para Castilla, con Sancho II. Éste no acepta el testamento por el reparto de parias-taifas que impedían su expansión hacia el sur, obligándole a orientarse hacia el este, entrando en competencia con aragoneses, navarros y catalanes. Intenta recuperar las tierras cedidas por Sancho el Mayor de Navarra con el apoyo del rey vasallo de Zaragoza y derrota al leonés en 1168 en Llantada, luego ambos se unirían para destronar a García (1972). En Golpejera Alfonso es derrotado y se refugia en Toledo, regresando al ser asesinado Sancho cuando trataba de ocupar Zamora, defendida por Urraca en nombre de Alfonso. Con la muerte de Sancho y la prisión de García vuelven a reunificarse los territorios paternos con Alfonso VI (1072-1109), después de jurar en Santa Gadea el no haber tomado parte en el asesinato de su hermano. Mantiene la misma política frente a los musulmanes que en épocas anteriores, apoya a Sevilla contra Granada (los beréberes se

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niegan a pagar parias) y ayuda a Toledo a ocupar Córdoba anexionada por Sevilla. El resultado es el aumento de parias con el descontento popular, que adopta actitudes violentas en Toledo, a la muerte de al-Mamún. Al-Qadir, el nuevo rey cede a las presiones y expulsa de Toledo a los partidarios de la sumisión a Castilla y se niega a pagar las parias. Al quedarse sin apoyo de Castilla-León no puede controlar una revuelta en Valencia (posiblemente instigada por los agentes de Alfonso VI, así como la guerra entre Badajoz y Toledo), por lo que acabó negociando su rendición a Alfonso VI, no sin antes perder gran parte de tierras cordobesas. Los ataques de almorávides ponen en peligro la conquista de Toledo, la cual hubiera sido ocupada si los norteafricanos hubieran unido sus dominios andaluces, los reinos de Zaragoza y Valencia (ambas independientes hasta 1110 y 1102, respectivamente). La resistencia de los valencianos se debió a Rodrigo Díaz de Vivar, antes servidor de Sancho II y ahora de Alfonso VI, hasta que le expulsa en 1081, cuando siendo recaudador de parias en Sevilla entra en conflicto con García Ordóñez que intentaba tomar el reino, por lo que obligado a ganarse la vida ofrece sus servicios al rey de Zaragoza, quien lo acepta con la esperanza de librarse de la tute de los reyes de la Castilla-León, Navarra-Aragón y los condes de Urgell y Barcelona. A la muerte de este rey sus hijos se enfrentan pero el Cid permanece al lado del de Zaragoza combatiendo incluso con los protectores cristianos. Cuando el rey moro de Valencia muere, Alfonso VI quiere poner al depuesto de Toledo, al-Qadir, en contra de los intereses de los reyes de Lérida, apoyada por el conde de Barcelona con el que se establece alianza y Zaragoza, defendida por el Cid, produciéndose un acercamiento entre él y Alfonso VI, con lo que es admitido de nuevo, después de la victoria de los almohades en Sagrajas, unifican las fuerzas para defender al rey vasallo de Valencia. Al-Qadir es asesinado (1092) y Rodrigo ocupa militarmente la ciudad en la que actuó hasta su muerte en 1099, después de haber establecido alianzas con el conde de Barcelona y el rey de Castilla frente al peligro almorávide. Alfonso VI no consigue mantener Valencia y abandona la ciudad después de incendiarla. La fragmentación del imperio norteafricano es aprovechada por los cristianos para nuevas expediciones hacia al sur, con la ocupación por Alfonso VII de Coria y otras ciudades próximas. Ahora con éste (hijo de Urraca, hermana de Alfonso VI, a la muerte del heredero en Uclés (1108) y que en 1134 adoptará el título de emperador, puesto que entre sus vasallos se encuentran reyes) se repueblan y fortifican las ciudades del valle del Duero, hasta entonces semiabandonadas, que se perderán con su muerte, ya que sus herederos alternarán la guerra entre sí, alianzas y enfrentamientos con los almohades o con los reyes taifas. A su muerte divide el reino entre sus hijos: para Sancho III, Castilla, León para Fernando II, como frontera la polémica Tierra de Campos que dará lugar a años de enfrentamiento entre Castilla y León y León y Portugal. En 1165 Alfonso I de Portugal y Fernando II de León firman la paz de Lérez y ambos atacan a los musulmanes con la colaboración del conde de Urgell Armengol VII y el caudillo portugués Geraldo Sempavor, quien para sitiar Badajoz pide ayuda a su señor en contra de Fernando II. Vencido el rey portugués, renuncia a esta plaza y además cede Cáceres. Geraldo es hecho prisionero y sólo recobrará la libertad al entregar algunas plazas. Tras esta victoria, Fernando II de León se alía con los almohades para mantener sus posesiones frente a Portugal.

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Castilla padece problemas internos por enfrentamientos entre nobles y en guerra con Sancho IV de Navarra que ocupa La Rioja durante la minoría de Alfonso VIII. Problemas con los almohades y sólo el rey Lobo de Murcia, al lado de Castilla pusieron freno a los norteafricanos en 1172. En 1173 castellanos y portugueses firman treguas con los almohades para unirse contra Navarra y León, respectivamente. El sultán almohade en paz con Castilla y Portugal rompe la que tenía con León en 1169 y llega a Ciudad Rodrigo recuperando las plazas ocupadas por Fernando II. Treguas y guerras, éxitos y fracasos como el estrepitoso de Alarcos (1194 por Castilla). A pesar de este fracaso habían aprendido que unidos podían derrotar al musulmán. Así, a comienzos del XIII se firman acuerdos entre Castilla, Navarra, Aragón y Portugal y además cuentan con el apoyo del Papa, con lo que la guerra adquiere carácter de cruzada en la que intervendrán nobles europeos. El resultado será la gran batalla de Las Navas de Tolosa de 1212, que acabará con la decadencia y desaparición del imperio almohade. 3. DE LA DEPENDENCIA DE PORTUGAL A LA UNIDAD CASTELLANOLEONESA La independencia de Portugal tiene precedentes lejanos en movimientos independentistas registrados en Galicia y en el N de Portugal en el siglo X y próximos en la creación de Fernando I del reino de Galicia (la concesión por Alfonso VI del condado portugués al conde Enrique de Borgoña casado con su hija Teresa, lo que no suponía la independencia del territorio, la cual sería conseguida en la guerra civil provocada por el matrimonio de Urraca y Alfonso el Batallador). En esta guerra, Enrique apoya a Urraca o a su hijo Alfonso, según conveniencia y el pago de estos servicios los recibe mediante plazas que van ampliado su condado. Tras la muerte del conde (1114) Teresa y su hijo Alfonso Enríquez (Alfonso I) siguen la misma política hasta 1127, momento en que Alfonso VII les recuerda militarmente la dependencia. Desde ese año Alfonso Enríquez utiliza el título de infante o príncipe que cambia en 1139 por el de rey, reconocido por Alfonso VII pero con limitaciones y obligaciones propias de un vasallo feudal, ya que Portugal sigue formando parte de León. El librarse de esta dependencia será su objetivo para lo que recurre al sistema de otros reyes y condes haciéndose vasallo de la Santa Sede, mediante tributo anual. Roma, 35 años después, dará validez legal y le concederá el título real (1179) que utilizaba ya desde 1157 tras la muerte de Alfonso VII considerando que su dependencia feudal acaba con la muerte de su señor. Esta independencia política se verá reforzada con la eclesiástica al unir los obispados portugueses bajo la dirección del metropolitano de Braga. La disputa por las tierras próximas y la frontera enfrentarán a Portugal con León lo que le llevará a convertirse en aliado de Castilla a pesar de que Sancho III pactará con Fernando II el reparto del reino portugués en 1158. en la minoría de Alfonso VIII, Alfonso Enríquez se une a la nobleza contra el leonés que replica creando Ciudad Rodrigo.

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La creación de esta ciudad dio lugar a protestas de los salmantinos que ofrecieron su ciudad al portugués y declaran la guerra a Fernando II en 1162. la actuación de Geraldo Sempavor en Extremadura los enfrentará nuevamente a pesar de firmar alianzas y ratificarlas con matrimonios con duración mientras interesa. A la muerte del monarca navarro-leonés (1134) Alfonso el Batallador deja sus reinos a las órdenes militares, lo que no fue aceptado ni por navarros ni aragoneses que elegirán su propio rey. Zaragoza acepta al castellano Alfonso VII (1109-1157), único capaz de hacer frente a los almorávides, el cual le cede a Ramiro II de Aragón a cambio de vasallaje y el de su hija Petronila y su futuro marido el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, además el acuerdo de repartirse Navarra en 1140. García Sánchez salva el reino declarándose vasallo del emperador que renovará su hijo Sancho IV en 1151. Con la muerte de Alfonso VII de Castilla, los lazos feudales se rompen y Navarra recupera (durante la minoría de Alfonso VIII) la Rioja con Aragón conquistada y repartirse Murcia (estaba el rey Lobo principal aliado de Castilla) y Valencia. Pero Alfonso VIII compra al aragonés y conde de Barcelona, con las parias pagadas por el musulmán, además en el acuerdo iba implícito el apoyo contra la monarquía francesa por el control de la Provenza, ya que Castilla aspiraba a hacer efectiva la dote de Leonor de Aquitania (casada con Alfonso VIII). Esta colaboración acabó con el siguiente reparto de tierras musulmanas: Valencia para Aragón-Cataluña y Murcia para Castilla. 4. LA APROXIMACIÓN A EUROPA (REVUELTAS NOBILIARIAS DEL CAMINO) A fines del XI es cuando se produce la incorporación de los reinos hispánicos al mundo europeo a través del mundo eclesiástico, monjes cluniacenses y peregrinos acuden a la tumba del apóstol Santiago, así se producen intercambios culturales. En 1073 cuando es elegido Papa Gregorio VII, recuerda a los hispanos que forman parte de la donación hecha por Constantino al Papa, por tanto debían renunciar al rito mozárabe, rasgo distintivo hispánico y aceptar el rito romano. Esta medida encuentra la resistencia del clero local y enfrentó a Ricardo, legado pontificio y a Roberto llegado de Cluny, que Alfonso VI había designado para dirigir el monasterio de Sahagún. Los monjes no lo aceptan y abandonan el monasterio, se enfrentan a Ricardo pero éste para mantener su posición en la corte abjura rápidamente. El rito mozárabe sólo desaparecerá cuando Alfonso VI, amenazado de excomunión, acuerde mediante concilio (Burgos 1080) adoptar la liturgia romana y pone al frente del monasterio de Sahagún al cluniacense Bernardo (1086 el primer arzobispo de Toledo). Desde 1080 Alfonso VI llega a un acuerdo con Al-Qadir de Toledo y así restauran la sede que ofrece a García obispo de Jaca. El Papa Gregorio VII se opone y entonces es cuando se elige a Bernardo al que le otorga poder sobre todos los clérigos del reino, con el apoyo del pontificado.
4.1 DESARROLLO DEL PONTIFICADO

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Bernardo favoreció el nombramiento de francos o formados por ellos para sedes y monasterios más importantes del reino, de tal manera que a principios del XII estos

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eclesiásticos eran un grupo político muy poderoso con participación decisiva en las luchas a la muerte de Alfonso VI, en las que también intervinieron artesanos, mercaderes y grupos militares francos llegados a fines del XI. La incipiente burguesía se opone a esta nobleza feudal-eclesiástica que controla las ciudades y ve en la guerra civil la oportunidad de manifestarse abiertamente intentando suprimir los señoríos. Movimientos que se producen en todas las ciudades castellanas, leonesas y gallegas del camino de Santiago. Las principales manifestaciones se produjeron en Sahagún (1110-1115) y en Santiago (1116-1117), los clérigos apoyan a Alfonso Raimúndez y los burgueses a Alfonso el Batallador.
4.2 SAHAGÚN

Es un señorío cuyos vecinos deben al abad un censo anual, sujetos al monopolio del horno no pueden vender vino ni paños o pescados antes de que lo hagan los monjes. Contra estos privilegios se produce la 1ª revuelta en 1087. Más tarde, en 1095, consiguen suprimir el monopolio del horno y transformarlo en un censo anual, también consiguen suprimir el tributo de la mañería. El gran ataque contra el abad tuvo lugar en 1115, cuando los burgueses anulan los fueros de Sahagún y se promulgan leyes nuevas en las que figura una cláusula que dice que ni el rey ni la reina entrarán en esta ciudad hasta que juren guardar la costumbre que habían escrito y ordenado y por otra parte el hecho de que el abad se vinculara al grupo eclesiástico para anular el matrimonio de Alfonso el Batallador y Urraca radicalizó las posturas. Los burgueses se unieron y destruyeron bienes y fincas de los que habían permanecido fieles al abad, cuyo poder fue reducido al poner fin a la inmunidad del señorío y luego ser expulsado al nombrar al rey otro abad, a Ramiro, hermano del rey aragonés (que reinará después con el nombre de Ramiro II, el monje).
4.3 SANTIAGO

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Un grupo de burgueses aspiraba, con la ayuda de los canónigos, a sustituir al obispo al frente de la ciudad para así compartir el control de la misma, enriquecida por la afluencia de peregrinos al sepulcro del santo. Los canónigos también descontentos con la reorganización del cabildo catedralicio, llevada a cabo por Gelmírez. No obstante, ante el interés común frente al peligro, acallan sus intereses y apoyan a Alfonso VII contra el Batallador y Urraca. Cuando el navarro abandone la lucha, los rebeldes volverán a la carga contra el obispo, nombrarán funcionarios y renovaban leyes y costumbre, sin embargo, no podrán resistir los ataques de Gelmírez apoyado por Urraca y su hijo Alfonso VII Estos movimientos fracasaron e independientemente a ellos, siguen los contactos con Europa.
4.4 PORTUGAL

Por lo que respecta a Portugal, el hecho de vincularse a Roma facilitó su independencia, pero también la puso en peligro pues el rey descuidó sus obligaciones como vasallo de

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Inocencio III, le exigió el pago de censos desde 1179 a 1198, amenazándole con estimular la alianza de castellanos y leoneses contra Portugal. No se sabe si por política o por piedad Alfonso I hizo sustanciosas donaciones al clero, hasta el punto de lesionar los intereses de la monarquía. Sancho I (1185-1211) quiso poner remedio a esta situación tratando de reducir el poder del clero, la chispa saltó con el obispo de Porto, cuando el rey intervino en el proceso de anulación del matrimonio del heredero con Urraca de Castilla. Estos enfrentamientos entre el monarca y el obispo tenían como objetivo el control de la ciudad, cuyos habitantes dependientes del señorío eclesiástico desde el XI aprovechan para declararse súbditos del rey, lo mismo que sucedió en los monasterios de Sahagún y Santiago. El clero no podía tolerar este despojo de la sede y obligó a Sancho I a volver a la situación anterior, produciéndose nuevos enfrentamientos en los siguientes reinados de Alfonso II (1211-1223) y Sancho II (1223-1247).
4.5 ALFONSO II (1211-1223)

Se inicia su reinado con la claudicación ante el clero (igual que Juan sin Tierra en Inglaterra, con los condes y la Carta Magna). En las cortes de Coimbra reconoce la vigencia del fuero eclesiástico, exención de impuestos y cumplir con los legados de su padre Sancho I. Esto lesiona los intereses de la monarquía y los funcionarios intentan mediante investigaciones sobre los derechos, anular las donaciones. Los eclesiásticos y los nobles son apoyados desde el exterior por Alfonso IX de León y el pontífice, ahora Honorio III, quien como señor amenazó al monarca con privarle del reino, amenaza que fue llevada a cabo más tarde, ya en el reinado de Sancho II.
4.6 SANCHO II (1223-1247)

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Es sustituido, con apoyo de Roma, por su hermano Alfonso de Boulogne que se comprometerá a suprimir las modificaciones introducidas por su padre Alfonso II y su hermano Sancho II (éste abandonado por sus partidarios se refugia en Castilla). 5. LA ÉPOCA DE LAS GRANDES CONQUISTAS (FERNANDO III) Fernando III rey de Castilla desde 1217 y de León en 1230, amplía los dominios recibidos a costa de los musulmanes. En sus campañas colaboran de forma destacada las órdenes militares hispánicas creadas en 1170. A ellas se debió la conquista y la repoblación de La Mancha y de Extremadura. Este monarca sigue la política de sus antecesores, ayuda a los sublevados contra almohades o apoya a reyes taifas enfrentados entre sí y cuando la ocasión es propicia, ocupa plazas y reinos. Hacia 1224, organiza una expedición de apoyo al señor de Baza para ocupar Quesada. Estas intervenciones militares son pagadas con botín o con entrega de ciudades. También con los almohades firma treguas y pagan parias a cambio de ayuda contra almohades sublevados, las parias recibidas por la ayuda de Murcia y Valencia sirven para comprar la renuncia al trono de León de las infantas portuguesas hijas de Alfonso IX.

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Unidos Castilla-León y los acuerdos con Portugal y Aragón, facilitan el ataque a los musulmanes. Ibn Hud que había logrado unificar Al-Ándalus, compra la paz. Fernando III se une luego al rey moro de Granada y ocupan Córdoba en 1236. El de Granada intenta ocupar Murcia que pide ayuda a Castilla, aceptando establecer guarniciones castellanas en las ciudades importantes, algunas se oponen a las tropas del heredero, Alfonso X el Sabio. Más adelante castellanos y aragoneses se repartirán los reinos de Murcia y Valencia respectivamente y establecerán las fronteras distintos reinos. Una vez asegurada la frontera en la zona orienta, le concentra la atención hacia la zona más occidental donde los portugueses iban obteniendo victoria y amenazaban con invadir tierras castellano-leonesas, habían puesto sitio a Jaén, el rey de Granada al no poder socorrerla acepta la rendición y con ella renueva el vasallaje a Fernando III, para salvar el resto de sus dominio, luego colabora con Castilla en el ataque a Sevilla, por tierra, rendida en 1248, con ayuda de una flota cantábrica que impide el desembarco de refuerzos norteafricanos. Con los musulmanes de Granada, vasallos del castellano se limita la expansión de aragoneses y portugueses hacia el sur y queda Castilla como reino de mayor importancia de la Península. Portugal, independiente, frente a los musulmanes adopta la misma política de sus vecinos, paces, treguas, hizo la guerra solo o aliado con Castilla y León. La falta de fronteras de las zonas de influencia de los reinos cristianos dio lugar a enfrentamientos, esa situación se resolvió en 1253 con la cesión de los territorios en litigio a Alfonso X quien la mantendría en nombre del rey portugués hasta que el hijo de éste (matrimonio de Alfonso III con una hija del castellano) llegara a la edad de 7 años (hijo de Alfonso VI y Berenguela de Castilla).

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NAVARRA, ARAGÓN Y CATALUÑA SIGLOS XI AL XIII
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Las uniones y separaciones, alianzas y enfrentamientos en la historia de Al-Ándalus y de los reinos cristianos occidentales tienen su equivalente en la zona oriental en este período que se inicia con la división de los dominios de Sancho el Mayor entre navarros y aragoneses 1035. se unen en 1076 y se separan definitivamente a la muerte de Alfonso el Batallador en 1134. tres años más tarde Aragón se une al condado de Barcelona para toda la Edad Media, pero conservando cada Estado su propia organización, intereses políticos, cortes, etc. Navarra teóricamente forma parte de la Corona de Aragón (Roma incluye territorios navarros bajo la metrópoli de Tarragona) pero en la práctica los navarros mantienen su independencia gracia a una hábil política de equilibrio entre Aragón y Castilla, a pesar de diversos pactos entre ambas para repartirse el reino, lo que le hará buscar en sus vecinos próximos, los franceses, apoyo militar frente a Castilla o Aragón, mediante alianza 1º con la nobleza francesa (condes de Champaña) y hacia la 2ª ½ del XIII con la casa real francesa, cuyos herederos serán la mismo tiempo reyes de Navarra. Navarra, Aragón y Cataluña se enfrentan y colaboran en el cobro de parias y control de los reinos taifas. El reino de Zaragoza (conquistado por Alfonso el Batallador) se incorpora a Aragón lo que corta la expansión de navarros hacia tierras musulmanas del sur, orientándose hacia el N de los Pirineos. También Aragón y Cataluña penetran hacia el sur de Francia al mismo tiempo por tierras musulmanas. Sin embargo, la frontera catalano-aragonesa quedará sin definir hasta el XIII. Se repoblarán tierras abandonadas, como el campo de Tarragona donde se restaurará la sede arzobispal que servirá como símbolo de la unidad político-eclesiástica entre Cataluña-Aragón y el reino de Navarra. Las repoblaciones, lo mismo que ocurre en tierras castellanas, exige conceder privilegios para compensar a sus habitantes del riesgo de permanecer en zonas expuestas a correrías musulmanas o de los reinos vecinos. Estos nuevos habitantes tenían una condición nueva, libertad individual y la unión entre los pobladores de cada aldea, valle o ciudad. Se les atrae con concesiones, fueros, cartas de población o cartas de franquicia, se fijan normas de convivencia entre los vecinos. Destaca la ciudad de Barcelona que recibe su carta de población en 1025 y en la que surge un importante núcleo de artesanos y mercaderes, cuya actividad se ve favorecida por la proximidad del Mediterráneo. Esta proximidad es la que diferencia a las ciudades costeras de las del interior, donde predomina la actividad agrícola. El auge del comercio convierte a Cataluña en el motor de la Corona de Aragón que orienta su política exterior hacia el Mediterráneo.

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1. DEL IMPERIO DE SANCHO EL MAYOR A LA CORONA DE ARAGÓN Con la división de los dominios de Sancho el Mayor entre sus hijos se pone fin a la obra unificadora y la monarquía pamplonesa queda en un 2ª plano, mientras en occidente sobresale el nuevo reino de Castilla unida al leonés y en oriente el condado de Barcelona.
1.1 NAVARROS Y ARAGONESES ENTRE LA UNIÓN Y LA SEPARACIÓN

Sancho el Mayor no dividió el reino sino que confió el gobierno de sus dominios a sus hijos, Fernando, Ramiro y Gonzalo, que jurídicamente dependerían del único rey, García de Navarra, pero que en la práctica actuaron como independiente y se opusieron a las pretensiones de García contra el que sublevaron en 1043, Ramiro y en 1054 Fernando, para rectificar fronteras fijadas por Sancho. Derrotado y muerto en Atapuerca García, la situación se invierte y el nuevo monarca Sancho IV (1054-1076) ya no será señor sino vasallo del castellano. Castellanos y aragoneses por las parias de Zaragoza llegan a una guerra en la que muere el aragonés Ramiro (1063 en Graus). Más tarde cuando Sancho II de Castilla inicie guerra fronteriza con Sancho IV, el aragonés Sancho Ramírez acudirá en ayuda del navarro pero no podrá impedir la ocupación de ciertas plazas. Por esta épocas entran los cluniacenses en Aragón lo que aumenta la influencia de Roma, cuya presencia se ve como garantía de estabilidad y poder (Roma representa el poder supremo de occidente) y a Roma se dirigen aquellos que quieren dar legitimidad a sus adquisiciones. Allí acudirá Sancho Ramírez de Aragón para legitimar sus derechos frente a sus vecinos, especialmente navarros. Se hace vasallo de la Santa Sede, como hará 50 años más tarde Alfonso Enríquez de Portugal para librarse de la tutela castellano-leonesa y afirmar su independencia. Los cluniacenses son los agentes de la intervención romana que se manifiesta mediante la infeudación del reino y la supresión del rito mozárabe y antes en el ensayo de lo que a fines de siglo serán las cruzadas, el objetivo de este ensayo será la toma de Barbastro (1064 en las que intervendrán caballeros italianos, franceses y catalanes, dirigidos por el obispo de Vic y el Conde de Urgell) que compartirán con Sancho el control de la plaza, reconquistada por el musulmán de Zaragoza en 1065. Por las parias de Zaragoza el rey navarro y el conde de Urgell se comprometen a no apoyar a los francos que querían atacar Zaragoza y a mantener la paz y seguridad en los caminos a cambio del pago de las parias. Esto enfrenta a navar ros y aragoneses y cuando en 1076 muere el navarro, Sancho Ramírez es aceptado como único rey. En ataque a Huesca muere en 1096, su hijo Pedro (1096-1104) la ocupará y 4 años más tarde tomará Barbastro. Estas tierras ocupadas serán repobladas en tiempos de Alfonso el Batallador (1104-1134) quien casa con Urraca de Castilla e interviene en las guerras de sucesión de Alfonso, en sus conquistas fue ayudado por las órdenes militares, del Temple y Hospital, con las que proyecta una especie de cruzada contra Zaragoza en la que también participan francos dirigidos por Gastón de Bearne, el éxito fue total. El precedente de estas Órdenes Militares se halla en la Cofradía de Belchite, cuyas metas estarán marcadas en la « carta fundacional» : luchar contra los musulmanes por la

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ruta de Zaragoza camino al mar y de allí a Jerusalén. De cuanto ganen nada habrán de dar al rey, éste cede a la cofradía ciudades, castillos, botín y exime de todos los impuestos a los mercaderes que negocien en nombre de la cofradía, el aumentar los recursos para llevar a cabo la misión militar. Como guerreros, los cofrades tienen los beneficios eclesiásticos reservados a los clérigos. Con la ayuda de estas cofradías y con los francos, Alfonso se apoderó de las tierras de las cuencas del Jalón y Jiloca (Zaragoza) y penetró en la serranía de Cuenca, asedió Valencia y en 1125 llevó a cabo una expedición por Andalucía. Todo esto explica que en su testamento ceda sus reinos a las órdenes. Lógicamente, este testamento no es aceptado ni por los nobles navarros, ni aragoneses que deciden nombrar su propio rey.
1.2 CATALUÑA Y LOS INICIOS DE LA POLÍTICA ULTRAPIRENAICA Y MEDITERRÁNEA

El saqueo y destrucción de Barcelona por Almanzor en 985 obliga al conde de Barcelona, Ramón Borrell a tomar relaciones con los musulmanes y romper con Francia. Se dirige a Córdoba como aliado de los eslavos (moros asentados en la zona levantina). La campaña fue un gran éxito y el botín permitió la reactivación del comercio, así como la reconstrucción de castillos y repoblación de tierras abandonadas y además sirvió para afianzar la autoridad frente a sus vasallos. Cuando el califato desaparece, los condes siguen la misma tónica que los demás reinos hispánicos y se centran en el cobro de las parias, buena fuente de ingresos, y lo defienden si es preciso con las armas. Firmas acuerdos con otros condados como el de Urgell y Cerdaña, para juntos conseguir y repartirse las parias. Barcelona se consolida como centro y cabeza de Cataluña y sus condes, la saga de los Ramón Berenguer y Berenguer Ramón se dedican a unificar sus dominios paternos para dividirlos a su vez y lo mismo que en otros reinos, cuando el gobernante es débil, los nobles tratan de independizarse, tal y como sucedió en la minoría de Ramón Berenguer I (1018-1035) bajo la tutela de su madre Emersinda. De entre todos estos condes destaca Ramón Berenguer III (1097-1131) llamado el Grande, por la ambición de su política y los éxitos logrados tanto frente a los musulmanes como al N de los Pirineos. Intensificó la repoblación de la comarca de Tarragona, lo que le permitió restaurar la sede arzobispal (1089-1091), fijando la residencia del metropolitano en el obispado de Vic. Ramón Berenguer en 1112 se casa con Dulce de Provenza y hace valer sus derechos sobre Carcasona, cuyo señor reconoce la soberanía del conde y se declara su vasallo. La muerte, sin herederos, de los condes de Besalú y Cerdaña le valen la incorporación de estos dominios. Sus posesiones pirenaicas y provenzales le hacen entrar en conflicto con el conde de Toulouse con el que llegó a un acuerdo por el que se dividían la Provenza. Las crónicas catalanas dan una versión mucho más poético-caballeresca de esta incorporación, en ellas cuentan que el conde había recibido el condado de manos del emperador alemán en recompensa por haber combatido a los nobles que acusaban a la emperatriz de adulterio. En colaboración con una flota pisana interviene en la toma de Mallorca. Esa intervención tenía por finalidad acabar con la piratería de los mallorquines, tomando la

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isla y repoblándola, pero como los catalanes no disponían de hombres suficientes, la isla fue rápidamente ocupada por una flota almorávide. A su muerte, 1131, hereda el condado Barcelonés Ramón Berenguer IV y el 2º de sus hijos Berenguer Ramón, la Provenza, con la condición de que si ambos mueren sin descendencia, heredera de Ramón Berenguer será Berenguela, mujer de Alfonso VII de Castilla y de Berenguer Ramón sus otras hermanas.
1.3 REYES DE ARAGÓN, CONDES DE BARCELONA

Cuando en 1134 moría Alfonso el Batallador su testamento (dejó sus dominios a las órdenes militares del Temple, Hospital y Santo Sepulcro) fue discutido y rechazado por navarros, aragoneses, zaragozanos y catalanes, porque Alfonso podía disponer libremente de las tierras conquistadas pero no de las heredadas, cuyos herederos legítimos eran García Ramírez de Navarra y Ramiro el Monje de Aragón (según el derecho aragonés un clérigo o una mujer transmiten sus derechos, pero no los ejercen plenamente sino por medio de un bajulus (tutor o marido). Los aragoneses aceptan a Ramiro quien contrae matrimonio para dar un heredero, nace Petronila a la que hay que buscar un marido que se haga respetar. También los repobladores cristianos de Zaragoza hacen caso omiso al testamento y entregan el reino al monarca castellano Alfonso VII, quien acepta a Ramiro (éste una vez reconocidos sus derechos se apresura a devolvérselo) y se piensa en casar a Petronila con el hijo mayor, Sancho III. Este testamento afecta también al condado barcelonés enfrentado con Aragón por el cobro de las parias y por las zonas de expansión. Prefieren aliarse con los almorávides antes que permitir la ocupación aragonesa. En Fraga, los almorávides seguros de la neutralidad de los catalanes, concentran sus tropas y vencen a Alfonso el Batallador, que muere meses más tarde sin resolver los problemas del testamento que las Órdenes reclaman. Roma interviene para llegar a un acuerdo y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV es elegido para marido de Petronila, así se evita que se unan Castilla y Aragón. Los derechos de las órdenes son compensados mediante acuerdos. Este es el doble origen de la autoridad de Ramón Berenguer IV sobre Aragón: ·Cesión de las Órdenes Militares y ·Matrimonio con Petronila (a su hijo en el testamento le llama Alfonso el casto, mientras que su marido le llama Ramón a fin de perpetuar la saga).
1.4 NAVARRA, ALBARRACÍN Y URGELL ENTRE ARAGÓN Y CASTILLA

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La independencia política de los condes fue seguida de la creación de sedes episcopales en cada uno de los condados y tendencia a unificarlos eclesiásticamente mediante la restauración de la sede tarraconense y así rompen la dependencia de Narbona, a la que estaban vinculados desde la ocupación de estas tierras por Carlomagno y de Toledo, donde desde 1086 hay un primado de Hispania. Cataluña consigue que Roma incluya la iglesia navarra en la órbita tarraconense e intentan hacer valer sus derechos política y militarmente, para lo que negocian con Castilla el reparto de Navarra. El vasallaje feudal que el conde debía a Castilla será suprimido a costa de que el rey aragonés

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renuncie a la conquista de Murcia, esto será en 1177 de manera definitiva con Alfonso el Casto, cuando acuda en ayuda del castellano Alfonso VIII para asediar Cuenca. Se prestan homenaje mutuo y modifican las zonas de influencia, Valencia para el Casto y Murcia para Castilla. Con este acuerdo se fijan los límites orientales de Castilla y Aragón-Cataluña. Los repartos de las tierras navarras son neutralizados por García Ramírez y Sancho VI (1150-1194) mediante una hábil política que le lleva a reafirmar dependencia feudal respecto a Castilla y a colaborar con el rey-conde aragonés. La inestabilidad entre Castilla y Aragón lleva a los monarcas navarros a buscar contrapesos como alianzas matrimoniales con Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra y con Teobaldo de Champaña, cuyos descendientes en el XIII serán reyes de Navarra. Hacen alianzas con Castilla que luego sustituyen por León contra los castellanos. Cuando Alfonso VIII quiere hacer vales sus derechos sobre Aquitania por su matrimonio con Leonor hija de Enrique II de Inglaterra, los navarros colaboran con él en las Navas de Tolosa. La sucesión de Alfonso VIII y minoría de Jaime I de Aragón, permite a Sancho VII reforzar la frontera. En 1230 León y Castilla se unen con Fernando III que presiona al monarca navarro, el cual firma un pacto con Jaime I y ofreciendo la corona a Teobaldo de Champaña con el que se unían las dinastías francesa y navarra. Albarracín: la unificación almohade acaba con los reinos taifas a pesar de la ayuda prestada por los cristianos al rey Lobo de Murcia y Valencia, al que sucede en Albarracín uno de sus auxiliares, el navarro Pedro Ruiz de Azagra, caudillo cristiano, que crea su propio señorío como hiciera el Cid años antes. Azagra mantendrá su independencia y aumentará sus dominios oscilando entre Aragón y Castilla, con apoyo de Navarra. Transmite sus derechos sobre Albarracín a su hermano, que mantiene la misma política de equilibrio y hace alianza con la orden de Santiago a la que nombra heredera en 1190, aunque el señorío pasó a sus hijos, la orden de Santiago se convirtió en garantía de la independencia. Por razones de situación geográfica, se fue vinculando cada vez más a Aragón para pertenecer a este reino definitivamente a fines del XIII. Urgell: la presión que los condes de Barcelona ejercen sobre este condado no acaba con su relativa independencia, cuyos condes mantienen una política de equilibrio con las potencias vecinas, lo mismo que Navarra y Albarracín. Armengol IV dispone en su testamento que si sus hijos mueren antes que él, el condado pasaría al infante Pedro de Aragón y si ese muriera sin descendencia, el condado pasaría al conde de Barcelona, en el caso que el urgelitano muriese siendo su hijo menor de edad, el gobierno le pertenecería al condado catalán y al reino aragonés, pero la tutela sería para Alfonso VI, esa era su salida de equilibrio, con esto se inicia una mayor aproximación a Castilla. 2. LAS TIERRAS NUEVAS DE ARAGÓN Y CATALUÑA Las obligaciones feudales de Ramón Berenguer IV incluyen la ayuda a su señor Alfonso VII, al igual que el navarro García Ramírez, además cuenta con la ayuda naval de Génova. A pesar de la intervención conjunta de aragoneses, urgelitanos y barceloneses, las tensiones de años anteriores no desaparecen. Se realizan diversos ataque contra tierras musulmanas de Valencia, aunque se prefieren las alianzas y las parias con el rey Lobo que sirve de barrera contra las incursiones almohades. La conquista de estas zonas

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no supone la incorporación directa, puesto que con frecuencia el conde-rey paga a los nobles que colaboran en campañas militares los servicios prestados, mediante señoríos. La obtención de un señorío lleva consigo intervenir en el nombramiento de funcionarios municipales, participar en los impuestos, así como en las multas. Pero por el contra les obliga a la defensa de las ciudades. Se les hace promesas que no siempre se cumplen. También a las órdenes militares se les compensa su renuncia a los derechos al trono por la entrega de plazas y castillos. Se recupera Tortosa, que Alfonso el Casto entrega a la orden del Temple, reservándose la mitad de los ingresos de la ciudad, y Lérida, 1236. en cuanto al condado de Urgell, en adelante será una prolongación del condado de Barcelona, aunque teóricamente independiente. Se recupera Tarragona cedida en propiedad al arzobispo Olegario, 1118, que es devuelta en feudo a Ramón Berenguer en 1151, para que la poseyera en nombre y como vasallo de la iglesia, además del señorío disponía de un horno y un molino señoriales y los ingresos de la ciudad (menos los eclesiásticos) mitad entre la iglesia y el conde. 3. POLÍTICA OCCITANA Rivales en el sur por el control de las parias, los reyes de Aragón y condes de Barcelona chocan también en el N. 1118. Alfonso el Batallador recibe el homenaje feudal del conde de Tolosa, quien ofrece una serie de ciudades. Por medio de pactos y alianzas se convierten en señores feudales al N de los Pirineos con predominio catalán. La política occitana en los años iniciales del XIII no es fácil de entender puesto que influye en la misma la situación europea: el territorio dividido en condados y vizcondados relacionados mediante acuerdos que continuamente cambian según los intereses del momento. Los enfrentamientos entre ingleses y franceses repercuten al apoyar los ingleses a Provenza, los franceses a Toulouse y por encima del emperador, señor de Provenza. Problemas religiosos por la difusión del catarismo es estas ciudades y por último, enfrentamientos entre burgueses y señores feudales, así como rivalidad por el control del comercio entre pisanos y genoveses. Las paces que se firman por cinco años duran meses o días y el fallecimiento de un personaje pone en marcha nuevas alianzas. A pesar de la dificultad, podemos distinguir 3 etapas: ·Hasta la muerte de Ramón Berenguer IV en 1152, característica la intervención del emperador alemán que confirma los derechos del conde sobre la Provenza. ·1162-1176 la rivalidad entre pisanos y genoveses se traduce en relativo equilibrio entre tolosanos y provenzales que firman la paz en 1176. ·1176-1213, la política se complica con la intervención eclesiástica frente a los cátaros, cuyos seguidores tienen obispos en las principales ciudades del S de Francia y en el valle de Arán, incorporado a la corona en 1176 por vasallaje de sus habitantes. La paz de fines de ese mismo año coincide con el entendimiento entre el Pontificado y el imperio y permite a la Iglesia intervenir contra los cátaros, que en el III concilio de Letrán de 1179 acuerda prohibir la defensa de los herejes y comerciar con ellos (la herejía se extiende a través de los mercaderes). Por ello se ponen bajo la protección

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eclesiástica todos aquellos que tomen las armas para reducir a los herejes. Así, bajo el manto de cruzada se camuflan las campañas políticas, tal como ocurrió en 1213 en que los cruzados de Simón de Montfort al servicio de la monarquía francesa pusieron fin a la presencia catalana en Occitania y dieron muerte a Pedro el Católico en la batalla de Muret. 4. LOS REYES CONDES La convergencia en los reyes de las dinastías catalanas y aragonesas crea confusiones en la numeración de sus monarcas. Así, el 1º, Alfonso sería Alfonso II de Aragón y I de Cataluña, ese desfase sería hasta finales de la Edad Media. Para evitar equívocos, generalmente se les nombra por el calificativo con que fueron conocidos: el Casto, el Católico, el Liberal, el Benigno, etc. Alfonso el Casto (1152-1196) y su hermano Pedro el Católico (1196-1213) fueron confiados a la tutela de Enrique II de Inglaterra, lo que serviría de contrapeso al monarca francés aliado de los condes de Toulouse. El conde-rey Alfonso el Casto para dar satisfacción a los nobles aragoneses continúa con las campañas de conquista ultrapirenaicas catalanas. También participó en las campañas de Castilla contra Cuenca (1177), se atrajo la influencia de Albarracín. Buscó una salida a la relación vasallática con Castilla por el rey de Zaragoza y a la independencia de Navarra. Temas resueltos en el tratado de Cazorla (1179) por el que castellanos y aragoneses se repartirán Navarra, se ponía fin al vasallaje aragonés a cambio de la renuncia al reino de Murcia. Este tratado sin resultados políticos prácticos, pues llegarán a formar un bloque aragonés-navarro-leonés-portugués contra Castilla, cuya política expansiva representaba un peligro para todos los reinos peninsulares. La intervención ultrapirenaica estuvo motivada por la muerte sin herederos de Ramón Berenguer III de Provenza, 1166, llevó a varios años de enfrentamientos, paces y alianzas. Alfonso consiguió la renuncia de los condes de Toulouse a los posibles derechos sobre Provenza, los acuerdos de nada sirvieron porque tras el conflicto Provenza-Toulouse se debatía el predominio de Francia e Inglaterra en el S de Francia. Así, Felipe II Augusto apoya a Ramón V de Toulouse y Enrique II de Inglaterra a Alfonso de Aragón, al final de su reinado Alfonso logra controlar la Provenza que luego confió a su hijo segundo Alfonso y sus dominios peninsulares a su primogénito Pedro el Católico. Este último (1196-1213) pone fin a las luchas con los condes de Toulouse, cuando Inocencio III Papa desde 1198, inició la lucha contra los albigenses y su protector el conde tolosano. El monarca francés, que había debilitado el poder de Inglaterra, no tenía interés en mantener al tolosano contra el Papa, por lo que Ramón VI se ve obligado a buscar la amistad del rey aragonés, el cual se convirtió en protector y señor feudal de la mayor parte del S de Francia, especialmente desde su matrimonio con María, quien llevaba la dote la ciudad de Montpellier. Ante el problema albigense intenta quedar bien con sus vasallos, pero también con respecto a sus deberes hacia Roma, a la que acude para hacerse coronar rey y renueva el vasallaje al Papa. Este le recuerda la obligación de combatir a los herejes y realiza algunas campañas para justificarse. Luego abandona el S de Francia y se dedica a los

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asuntos peninsulares, pacta con el monarca castellano una nueva división de Navarra. Por falta de medios económicos tiene que renunciar a las campañas militares, esta situación es aprovechada por Sancho VII de Navarra para comprar la paz y hacerle un préstamo. En 1212 el rey de Aragón colabora en la cruzada castellana contra los almohades, interviniendo de forma muy activa en la victoria de las Navas de Tolosa. Un año más tarde moría en Muret al intentar defender a sus aliados vasallos contra los cruzados de Simón de Montfort, contra Francia.

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LA GRAN EXPANSIÓN CRISTIANA DEL SIGLO XIII
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

El siglo XIII se inicia en la Península con dos hechos de distinto signo y de consecuencias similares: ·La victoria sobre los almohades en Las Navas de Tolosa (1212) que aceleró la disgregación del imperio musulmán norteafricano y posibilitó el avance de castellanos, leoneses y portugueses hacia el sur. ·La derrota y muerte de Pedro el Católico de Aragón en Muret (1213) que obligó a catalanes y aragoneses a renunciar a su presencia en Occitania y buscar expansiones por los dominios islámicos. A través de dicha expansión los reinos peninsulares acentuaron su incorporación económica a Europa. Castellanos y leoneses, unidos en 1230 y portugueses llevan sus fronteras hasta el Estrecho de Gibraltar y con ello facilitan la navegación cristiana entre el Mediterráneo y el Atlántico, los intercambios comerciales entre las ciudades italianas y flamencas. Las costas de Portugal y de Castilla se convirtieron en etapas de la navegación europea. Los mercaderes activaron la importación de productos de lujo y la exportación de materias primas. Por su parte, los aragoneses y catalanes ocuparon el reino valenciano. Los catalanes llevaron su expansión a las Baleares desde las que pudieron intervenir en el comercio del Mediterráneo occidental, compitiendo con las ciudades italianas. Sólo Navarra, aislada, permaneció al margen de la expansión de los reinos peninsulares y acentuó su relación con Francia, para librarse de la opresión aragonesa y castellana. Las nuevas tierras conquistadas en Andalucía y Murcia fueron incorporadas a CastillaLeón. El Algarve se uniría a Portugal. En la corona de Aragón, el siglo transcurrido desde la unión acentuó las diferencias económicas, sociales y políticas entre aragoneses y catalanes que actuaron por separado tanto en la conquista como en la repoblación. Mallorca, ocupada por los catalanes estará unida a Cataluña, el reino valenciano fue ocupado conjuntamente por catalanes y aragoneses. Ambos intentarán imponer sus leyes y costumbres. Se haría precisa la intervención del monarca que, para evitar enfrentamientos, crearía un nuevo reino independiente. Unido a Aragón y Cataluña por la corona, pero completamente diferente a éstos. La procedencia y origen de los repobladores y el destino de los antiguos habitantes de las tierras ocupadas serán decisivos en la historia de las nuevas zonas: castellanos y portugueses, agricultores y ganaderos, colonizarán el campo andaluz, murcianos y del Algarve, sólo Sevilla se transformará en ciudad comercial gracias a la llegada de comerciantes genoveses, catalanes y francos, en Murcia la permanencia de musulmanes conservará la agricultura intensiva, de época islámica frente a la agricultura extensiva castellano-andaluza. Artesanos y mercaderes catalanes se sentirán atraídos por los núcleos urbanos de Mallorca y del litoral valenciano, donde permanecen los huertanos musulmanes. El interior de Valencia, conquistado por nobles aragoneses continuará
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dedicado a la agricultura y hablará aragonés. El valenciano-catalán será la lengua del litoral. UNIDAD INTERNA Y DE EXPANSIÓN La expansión de los reinos cristianos es una manifestación de la superioridad del mundo europeo sobre el africano y oriental musulmán, dividido en sectas e imperios. La expansión cristiana obedece, en muchos caso, a la necesidad de buscar en el exterior una salida a los problemas internos: al rechazo de una parte de la nobleza a la unión de castellanos y leoneses bajo Fernando III. A los enfrentamientos de los monarcas portugueses con la Iglesia, a la rivalidad entre aragoneses y catalanes en el interior de la corona. Los beneficios de los ataques a los musulmanes pueden posponer los problemas y la debilidad de los reinos surgidos de la disgregación almohade permite que el cobro de parias dé paso a la ocupación de ciudades y reinos musulmanes con la colaboración de otros musulmanes vasallos de los reyes cristianos.
1.1 CASTILLA Y LEÓN UNIDOS

Los problemas fronterizos que enfrentaban a castellanos, leoneses y portugueses acentuaban la cohesión dentro de cada reino y aumentaban los recelos ante los otros. Hubo algunos intentos de colaboración militar frente a los almohades y se concertaron alianzas mediante matrimonios. Estos tenían como objetivo resolver los problemas de frontera mediante la entrega a los contrayentes de las zonas en litigio, pero en ningún caso se buscaba la unión política de los dos reinos. Cuando las alianzas que servían de base a estos matrimonios se rompían, se buscaba la anulación del matrimonio ante Roma, basándose en el parentesco de las familias reales. Uno de estos matrimonios, el celebrado entre Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla, hija de Alfonso VIII, permitía 30 años después reunir de nuevos ambos reinos en la persona de Fernando III. Muerto Alfonso VIII en 1214, Castilla quedó en manos de Enrique I (1214-1217) bajo la tutela del noble Alvar Núñez de Lara, que actuó como verdadero rey apoyándose en la fuerza económica de su familia y de las órdenes militares. Tres años después de su subida al trono moría Enrique I y la corona pasaba a Berenguela, que cedía sus derechos a su hijo Fernando III, habido de su matrimonio con Alfonso IX de León. Alvar Núñez y los concejos de la Extremadura castellana y de la Transierra se opu sieron al nuevo monarca con la colaboración del rey leonés, que aspiraba a recuperar las tierras leonesas arrebatadas por Alfonso VIII y a evitar que la expansión leonesa quedara cortada por Castilla y Portugal. Pero la entrega de algunas plazas y una fuerte compensación económica alejaron al rey leonés. Sin su ayuda Alvar Núñez fue vencido. La desaparición de los conflictos internos y la presión pontificia, tras la celebración del Concilio de Letrán (1215) hizo centrar la atención en la lucha contra los almohades, debilitados tras la derrota de las Navas y amenazados en África por los benimerines y en Al-Ándalus por nuevos reyes de taifas. El avance portugués hizo que Alfonso IX intentara, sin éxito, la conquista de Cáceres, que sería ocupada en 1227 durante la guerra civil que siguió a la muerte del Sultán Yusuf II, guerra en la que Fernando III ofreció su ayuda a los jefes militares de Murcia, Córdoba, Granada y Sevilla contra el sultán marroquí, al que opusieron la figura del rey Ibn Hud de Murcia. Las parias pagadas por los musulmanes, permitirá a Fernando III

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unir León a Castilla en 1230 al morir Alfonso IX, en cuyo testamento dejaba León a Sancha y Dulce, hijas de un matrimonio anterior con Teresa de Portugal; Fernando III y su madre Berenguela compraron la renuncia de las infantas al trono leonés. Así se unieron en 1230 los reinos separados por Alfonso VII 60 años antes. Esta unión y un acuerdo con Portugal permitieron la acción contra los musulmanes cuyos dominios fueron atacados simultáneamente por los aragoneses de Jaime I. Ibn Hud tendrá que hacer frente a estos ataques y a las sublevaciones de Granada, Sevilla y Valencia que le obligan a comprar los servicios de Fernando III, pero no pudo impedir que Castilla apoyara a Muhammad Ibn Nasr (cabeza de los nazaríes) de Granada y que tropas castellanas ocuparan Córdoba en 1236. A la muerte de Ibn Hud (1238), el rey de Granada extendió su autoridad por Málaga y Almería. Sevilla solicitó apoyo de los almohades africanos; Murcia, amenazada en el S y el O por Granada y en el N por los catalano-aragoneses obtuvo la protección castellana y aceptó el establecimiento de guarniciones militares en los centros más importantes. Poco después se firmaría el tratado de Almizra (1244) por el que se fijaban definitivamente las fronteras entre Murcia y Valencia o entre Castilla y Aragón. Se ponía fin a las vacilaciones de los tratados de Tudillén y Cazorla. Aseguradas las fronteras en la zona oriental, Fernando III se concentró en la ocupación de Jaén, donde los ejércitos portugueses obtenían importantes victorias. Sitiada la ciudad por hambre, no pudo ser socorrida por Muhammad de Granada que se vio obligado a aceptar la rendición de Jaén (1246) y a declararse vasallo de Castilla para salvar el resto de sus dominios. El vasallaje se tradujo en el cerco por tierra de Sevilla, mientras una flota procedente del Cantábrico dirigida por Ramón Bonifaz impedía la llegada de refuerzos norteafricanos. La ciudad se rindió en 1248. acababa el período expansivo del reino castellano-leonés, en menos de 20 años se había reducido a los musulmanes del reino granadino y limitando la expansión de aragoneses y portugueses, convirtiéndose en el reino más importante de la Península. El cumplimiento de sus obligaciones vasalláticas hacia Fernando III, permitió a Muhammad consolidar su dinastía, el éxito de las campañas cristianas favoreció a los nazaríes granadinos al refugiarse en el reino los jefes musulmanes vencidos. Es fácil pensar que en los planes de Fernando III se incluía la ocupación posterior de Granada, pero la muerte del monarca en 1252, las dificultades del reinado de Alfonso X y de sus herederos y la insuficiencia demográfica de Castilla permitieron sobrevivir a la dinastía granadina hasta 1492.
1.2PROBLEMAS INTERNOS Y EXPANSIÓN ARAG ONESA JAIMEN I

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La muerte de Pedro el Católico en Muret (1213) dejó el reino en manos de Jaime I, menor de edad, bajo la tutela de Inocencio III, señor feudal de Aragón y Cataluña. El pontífice procedió a organizar el reino devastado por las sublevaciones nobiliarias y arruinado por la mala administración de Pedro el Católico. El conde Sancho, procurador del reino, restableció la paz interior mediante la construcción de paz y tregua, firmó treguas con los musulmanes por 3 años, favoreció a las ciudades de Cataluña eximiéndolas del pago de impuestos hasta la mayoría de edad del monarca y reorganizó las finanzas de la corona por disposición de Inocencio III, quien confió la administración de los bienes de la corona a los templarios: una parte de las rentas, las

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procedentes de Montpellier, sería destinada al monarca, por haber nacido allí. Los restantes ingresos serían para pagar las deudas contraídas por Pedro el Católico. Los intentos catalanes de proseguir la política occitana hallaron en todo momento la oposición de los pontífices, que obligaron a las tropas catalano-aragonesas a evacuar la ciudad de Toulouse ocupada en 1217 contra Simón de Montfort. Ante el riesgo de provocar una nueva cruzada que estaría dirigida contra los dominios peninsulares de la corona, obligaron al conde Sancho a renunciar a la procuración del reino, que en adelante será gobernado por los nobles del consejo del rey nombrados por el pontífice. Al desaparecer de la escena política el conde Sancho y debilitarse el poder pontificio por la acción del emperador Federico II, cada consejo actúa como señor independiente en sus dominios procurando ampliarlos sirviéndose de su posición ante el rey para compensar la disminución de los ingresos por el cese de conquistas a partir de fines del XII. El reino entró en esta época en un período de crisis económica a la que Pedro el Católico buscó la solución más fácil: la acuñación de moneda de mala calidad, que al provocar alteraciones en los precios, agravó más la situación. Los ingresos de la corona estaban empeñados y la nobleza sólo podía aumentar sus rentas mediante la guerra contra los musulmanes o la guerra interior, mientras los almohades mantuvieron su cohesión. Lo mismo que en Castilla y Portugal la expansión hacia el S se debió, en parte, a la necesidad de buscar solución a los problemas internos planteados por los nobles: al dirigir las campañas de conquista y ocupar en ellas a los nobles, la monarquía les facilitaba nuevos ingresos e indirectamente pacificaba el interior. Los primeros años del reinado de Jaime I estuvieron dedicados a luchar, sin éxito, contra los nobles y a reorganizar las finanzas del reino, comprometiéndose a mantener el peso y la ley de la moneda durante 10 años y ordenando una inspección a cargo de frailes templarios, de la actuación financiera de los oficiales reales. El mantener la estabilidad monetaria significaba una pérdida de ingresos para la monarquía al perder ésta los derechos de acuñación y los beneficios derivados de la disminución del peso y de la ley (con la misma cantidad de metal se acuñaba mayor número de monedas) y la pérdida fue compensada mediante un impuesto, el monedaje, que equivalía al 5% del valor de los bienes muebles e inmuebles de todos los súbditos sin excepción. La fragmentación del imperio almohade permitió a Jaime I la posibilidad de intervenir en Valencia, pero tanto el asedio de Peñíscola (1225) como un ataque lanzado desde Teruel fue un fracaso, no encontró apoyo de la nobleza de Aragón. Ésta prefería actuar por su cuenta y atacar, como Pedro Ahonés, a los musulmanes, a pesar de las treguas y de las parias que pagaba Abu Zeyt de Valencia. La muerte del noble a manos de los hombres del rey dio lugar a un levantamiento general en Aragón. Las causas profundas hay que buscarlas en el malestar entre los nobles aragoneses por la pérdida de importancia del reino en comparación con el principado y en el olvido o ruptura de los lazos especiales que unían al monarca con los nobles. Tradicionalmente, los nobles estaban obligados a combatir al lado del rey durante 3 días ampliables a 3 meses cuando el noble tuviera del monarca « tenencias de honor» (distritos territoriales) cuya concesión y revocación dependía de la voluntad del rey, hasta que los nobles, durante los años que siguieron a la muerte de Alfonso el Batallador consiguieron que el monarca no pudiera revocar las concesiones sin causa justificada, que no pudiera
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concederlas a extranjeros y que, si revocaba por justa causa, debería entregarla a los parientes del perjudicado. Para evitar la conversión en propiedad de las concesiones temporales, los monarcas pagaron los servicios nobiliarios mediante la concesión de « caballerías de honor» ; el rey otorga las rentas de un determinado lugar (en el XIII una caballería equivale a 500 sueldos) o los ingresos de ciertos impuestos a cambio de que el beneficiario sirva con un número de caballeros proporcionado a la cantidad recibida; pero esta política no evitó el convertir en hereditarias las concesiones. El proyecto de recuperar la corona las concesiones indebidamente privatizadas por los nobles fue la causa del levantamiento de la nobleza aragonesa a la que se unieron algunos nobles catalanes dirigidos por Guillén de Moncada, Vizconde de Bearn y señor de importantes dominio en Aragón. La falta de solidaridad entre los nobles y el apoyo al rey de la nobleza catalana permitieron al monarca imponerse en Aragón un año más tarde (1227), pero los acuerdos con la nobleza fueron más una transacción que una victoria de Jaime I: los jefes rebeldes fueron perdonados y recibieron determinado número de caballerías según su importancia. Pese a esto, la oposición aragonesa se mantendrá latente durante todo el XIII y parte del XIV. Pacificados los dominios aragoneses y catalanes, Jaime I tuvo que atender a los problemas surgidos en el condado de Urgell, sometido a la tutela de los condes de Barcelona. La vieja rivalidad entre los condes de Urgell y los vizcondes de Cabrera por el dominio del condado se acentuó en 1229 al reclamar sus derechos Aurembiaix de Urgell que reclamó el arbitraje del rey; rechazado éste por Guerau y por su hijo Ponce de Cabrera, Jaime los expulsa militarmente del condado que es, cada vez más, una prolongación del condado barcelonés al que está destinado a unirse según el acuerdo de concubinato suscrito por Jaime y Aurembiaix 10 años más tarde (ésta le deja a Jaime I como heredero del condado de Urgell, a pesar de estar casada con Pedro de Portugal). La importancia política de las ciudades catalanas fue reconocida en 1214 por el Cardenal Pedro de Benevento, al hacer jurar la constitución de Paz y Tregua a los ciudadanos, al eximir a las ciudades de Cataluña de todo impuesto hasta la mayoría de edad de Jaime I y al ordenar que en cada ciudad fueran elegidos, por el consejo del obispo, dos pahers (encargados de mantener la paz). Las reuniones para declarar paz y tregua se celebran en los momentos en que es preciso poner orden en el interior o preceden a las campañas en el exterior como las celebradas en Tortosa (1225) antes de los ataques a Peñíscola o en Barcelona (1228) para preparar la expedición contra Mallorca a instancias de las ciudades catalanas interesadas en mantener e incrementar su comercio, amenazado por competidores mallorquines. La importancia naval y comercial de Cataluña fue reconocida por el monarca en 1227 al dictar medidas proteccionistas según las cuales ningún barco procedente o que se dirigiera al N de África o al Mediterráneo oriental podría transportar mercancías salidas o enviadas a Barcelona mientras hubiera barcos barceloneses disponibles para efectuar el transporte. Al amparo de estas normas serían construidos en Barcelona nuevos barcos. Esto daría lugar a represalias por parte de los mallorquines a los que se acusa en 1228 de haber capturado naves de mercaderes barceloneses que se ofrecieron al monarca para invadir las Baleares en un momento en el que la división almohade impedía cualquier ayuda al reino balear.

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Organizada la campaña en 1229, con participación de los ciudadanos de Marsella y Montpellier, Mallorca se rindió en diciembre del mismo año, Menorca se declaró tributaria del rey en 1231 e Ibiza fue conquistada en 1235. La conquista de Baleares fue posible por la coincidencia de intereses entre las ciudades costeras, Barcelona ante todo y la nobleza catalana que veía en la guer exterior la ra posibilidad de incrementar sus ingresos y recuperar prestigio. En la conquista valenciana, los intereses fueron distintos y a menudo contrapuestos. La conquista interesaba a la nobleza de Aragón deseosa de aumentar sus dominios. Por otro lado, el rey estaba interesado también en la conquista y en evitar un excesivo protagonismo de los nobles; por último, el reino valenciano era para mercaderes y nobles catalanes zona natural de expansión. Puede admitirse que en la conquista valenciana intervinieron de un lado los nobles de Aragón y de otro el rey, secundado por catalanes y aragoneses de la frontera. La conquista fue lenta, tras un período en el que tomaron la iniciativa los nobles aragoneses (conquista Morella en 1232) y las milicias de Teruel (toma de Ares), el rey se hizo cargo de la campaña y ocupó Burriana en 1233 y con esta ciudad toda la Plana castellonense; más tarde ocuparían la llanura y la huerta valenciana con la capital del reino (1238). Por último incorporaron la zona del Júcar entre 1239 y 1245 (Cullera, Alcira y Játiva). Aunque las campañas mallorquina y valenciana ocuparon gran parte de los esfuerzos de Jaime I, no por ello se desentendió de la política occitana. Intentó, por medios pacíficos, contrarrestar la presencia de los Capetos en el S de Francia y aunar los esfuerzos de los condes de Toulouse y Provenza, pero no pudo contrarrestar la presencia francesa ratificada por los matrimonios de Luis IX de Francia y de Carlos de Anjou con Margarita y Beatriz de Provenza, respectivamente. Ante la imposibilidad de recuperar Provenza, Jaime I firmaba con Luis IX el tratado de Corbeil (1258) por el que renunciaba a sus posibles derechos sobre Provenza y Languedoc a cambio de la supresión de los vínculos feudales que, teóricamente al menos, unían al conde de Barcelona con el rey de Francia. Corbeil fue el reconocimiento oficial de dos realidades que ambos monarcas consideraban irreversibles.
1.3 NAVARRA SE APROXIMA A FRANCIA

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Desde su separación del reino aragonés, los monarcas navarros mantienen una línea de equilibrio entre sus vecinos castellanos y catalano-aragoneses con los que colaboran militarmente (participación en las Navas de Tolosa) y económicamente (préstamos a Pedro el Católico de Aragón), lo que no impide que Alfonso VIII ocupe Álava y Guipúzcoa y corte la posibilidad de expansión hacia el S de Navarra, cuyo rey Sancho VII acentuará las relaciones con el N donde consiguió que le rindieran vasallaje los señores de Tartaix, Agramunt y Ostabat y donde buscó una salida marítima mediante acuerdos con Bayona. Frente a Castilla, Sancho VII se apoyó en Aragón (Jaime I), firmó un pacto de filiación mutua según el cual el monarca superviviente heredaría los dominios del que falleciera primero (1231). Esto equivaldría a unir de nuevo Navarra y Aragón más Cataluña, pero la unión no interesaba a los nobles navarros quienes al morir Sancho ofrecieron el trono a Teobaldo de Champaña (1234), sobrino de Sancho VII, después de hacer jurar los

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fueron navarros y a comprometerse a reparar los agravios hechos por Sancho a barones y nobles, que son los que rechazan a Jaime I, quizá porque años antes éste se había opuesto a privilegios de los nobles aragoneses similares a los navarros. También porque Jaime I era impuesto por Sancho VII y los nobles prefirieron elegir ellos mismos al nuevo rey, que les confirmaría los derechos tradicionales de la nobleza navarra. El predominio de los consejeros procedentes de Champaña y el incumplimiento de los fueros provocaron un levantamiento nobiliario contra el rey, que se vio obligado a pedir ayuda a Roma: en 1235 Teobaldo se comprometió a intervenir en la cruzada. Gregorio IX ordenó que se disolvieran las juntas y hermandades de nobles que impedían al rey partir a Jerusalén, ya que no era posible abandonar el reino mientras persistiera la revuelta. La excomunión contra los rebeldes fue insuficiente y Teobaldo tuvo que pactar, nombrar una comisión encargada de decidir cuáles eran las obligaciones del rey para con los súbditos y las de éstos hacia el monarca. Esta comisión, presidida por Teobaldo y por el obispo de Pamplona e integrada por 10 ricoshombres, 20 caballeros y 10 eclesiásticos, redactó el Fuero Antiguo de Navarra, que regulaba los derechos de los nobles sobre los honores y limitaba la autoridad monárquica. En el prólogo de este Fuero, los nobles dieron su propia versión de la reconquista y de la creación de la monarquía en los reinos peninsulares: tras la desaparición del último rey godo, los caballeros continuaron combatiendo a los musulmanes y peleando entre ellos por el reparto del botín. Para poner fin a las disputas, acordaron elegir rey a uno de ellos, sometido a normas de conducta previamente fijadas. Así se situaba a la comunidad por encima del monarca, cuyo derecho no derivaba de Dios, como en la monarquía francesa con la que se relacionaba Teobaldo, sino de la comunidad, de sus electores. Las obligaciones aceptadas por el elegido se concentran en el mantenimiento del derecho tradicional, corrección de las violencias y agravios cometidos por sus antecesores, compromiso de repartir los bienes de cada tierra entre los barones, hidalgos, clérigos y hombres de las villas, de no conceder más de cinco cargos en cada bailía a extranjeros y de no declarar la guerra, paz o tregua ni administrar alta justicia sin el consejo de los ricoshombres. Tras aceptar los acuerdos de 1238, Teobaldo pudo participar en la Cruzada. Fracasaron en Gaza, vuelto a Europa, el monarca continuó la política de atracción de los señores pirenaicos. En los últimos años de su reinado, murió en 1235, tuvo que hacer frente al obispo de Pamplona. Al iniciar su reinado (1235) Teobaldo II prestó el juramento exigido por los ricoshombres, caballeros, infanzones y representantes de las villas y se comprometió a aceptar hasta su mayoría de edad la tutela de una persona elegida por la comunidad. También se comprometió a mantener la moneda estable durante 12 años. La sumisión de los monarcas navarros se contrarresta mediante la introducción de prácticas jurídicas y de consejeros franceses que practicaron en Navarra los consejos dados por Jaime I a Alfonso X: entendimiento con el poder eclesiástico, del que consiguieron la unción regia, símbolo de que el poder venía de Dios y no de la comunidad. La minoría de edad facilitó un nuevo ataque de los castellanos al que se opondrá el rey de Aragón hasta la firma de la paz de Soria (1256) por el resultado incierto de las campañas militares, por la rebelión contra Alfonso X de los nobles castellanos y por la revuelta de los musulmanes de Valencia y de parte de la nobleza aragonesa contra Jaime I.

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Teobaldo consiguió de Roma una bula de disolución de las juntas y hermandades (1264) y junto a San Luis de Francia participó en la cruzada contra Túnez, donde halló la muerte en 1270. El sucesor fue Enrique I, hermano de Teobaldo. Durante su breve reinado (1270-1274) Jaime I se convirtió de nuevo en aspirante al trono navarro y exigió el cumplimiento del testamento de Sancho VII, pero una vez más dificultades internas (sublevación de Fernán Sánchez contra Jaime) salvaron al reino navarro. En el que comienzan a organizarse grupos favorables a la unión con Castilla, a la incorporación del reino a la corona de Aragón y a la alianza con la monarquía francesa: la heredera es Juana, de año y medio, a la que se ofrecen como marido un nieto de Jaime I o de s Alfonso X o un hijo de Felipe III de Francia. El matrimonio en cualquiera de los casos, legitimaría los derechos adquiridos diplomáticamente o por medio de la presión militar. La guerra civil entre los grupos se inicia en 1274, al morir Enrique. Fue Pedro, hijo de Jaime I el encargado de exponer los derechos aragoneses que se basaban en la unión navarro-aragonesa de tiempos de Sancho el Mayor de Navarra y en los acuerdos firmados por Sancho VII. Jaime I se mostró dispuesto a mantener las libertades y fueros del reino y a preservar la independencia de Navarra; se comprometió a que no coincidiera en la misma persona el título de rey de Aragón y de Navarra: mientras él sería rey de Aragón, su hijo Pedro lo sería de Navarra y cuando éste accediera al trono aragonés, Navarra sería regida por el primogénito del monarca navarro-aragonés. Disposiciones parecidas fueron adoptadas por Alfonso X de Castilla, que renunció a los derechos sobre Navarra a favor de su hijo Fernando. Jaime I dejó los asuntos navarros en manos del infante Pedro, aceptado como rey en las Cortes de Olite en 1274 tras comprometerse a respetar los fueros; incrementar el valor de las « caballerías navarras» (de 400 a 500 sueldos) y prometer que mantendría las donaciones hachas por los reyes anteriores, que todos los oficiales serían elegidos entre naturales del reino y que durante sus ausencias, el nombramiento de lugarteniente sería competencia de la Curia navarra. El nombramiento no tuvo efectividad, una nueva sublevación de los nobles aragoneses y catalanes requirió la atención de Jaime I y su hijo. Sus partidarios ante la falta de apoyo militar y también ante la actitud del monarca ante los rebeldes se unieron a los partidarios de Fernando de Castilla o a los partidarios del rey francés quien nombró rey de Navarra a su hijo Felipe IV, casado finalmente con Juana. El matrimonio no puso fin a la presión de Alfonso X cuyos partidarios explotaron las diferencias entre navarros y francos de Pamplona: junto a los primeros combatió la mayor parte de la nobleza; junto a los segundos, el senescal enviado por Felipe III, que se vio obligado a solicitar un poderoso ejército para someter a los rebeldes y recuperar el reino. En adelante, Felipe III hará caso omiso de los fueros y gobernará con entera libertad, a pesar de la oposición de la hermandad de las villas y de la junta de hidalgos.

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REVUELTAS NOBILIARIAS Y PROYECCIÓN EXTERIOR EN EL SIGLO XIII
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

INTRODUCCIÓN En la 2ª mitad del XIII, Alfonso X de Castilla, Alfonso III de Portugal, Jaime I de Aragón y sus sucesores tienen que hacer frente a continuas revueltas nobiliarias. Los reyes de Navarra se ven obligados a aceptar las imposiciones nobiliarias recogida en el Fuero. Las causas son complejas: la introducción del Derecho Romano en occidente disminuyó los privilegios de la nobleza al reforzar la posición del monarca. Va acompañado de una pérdida de importancia militar, económica y social. La caballería pierde importancia ante la infantería, las huestes nobiliarias dejan de ser el grupo militar exclusivo, se contratan mercenarios profesionales. Amenazada su posición privilegiada por el ascenso de mercaderes y ju ristas, la nobleza recurrió a la revuelta para ampliar sus dominios y forzar al rey a limitar la influencia de los juristas (el desarrollo del comercio favoreció en principio a los terratenientes, al conseguir mejores precios agrícolas, pero los contratos a largo plazo mediante los cuales estaban arrendadas muchas tierras de los nobles impedían actualizar los ingresos). Por otra parte, el alza de los productos manufacturados favoreció a los mercaderes. Los juristas, funcionarios de la monarquía alcanzaron gran prestigio a través de sus cargos. Dichas revueltas serán básicas para entender los avances y retrocesos en el exterior. Fundamental es la intervención pontificia tan influyente en la política. Los matrimonios de Fernando II con Beatriz de Suabia y de Jaime I con Violante de Hungría obedecieron al deseo de los pontífices de evitar problemas de parentesco (posibles anulaciones). Ambos matrimonios tendrían efectos contrarios a los intereses de Roma. El hijo de Beatriz, Alfonso X, sería aceptado a la muerte de Federico II como emperador de Alemania por parte de los electores y por algunas ciudades italianas que ven en el monarca castellano la posibilidad de imponerse a Roma, las pretensiones imperiales de Alfonso sólo sirvieron para empobrecer al reino y obligarle a aceptar las exigencias nobiliarias. La unión de Jaime y Violante de Hungría repercutió gravemente sobre la situación interna de Aragón y condicionó su expansión mediterránea. Para dotar a los hijos de este 2º matrimonio, Jaime redacta testamentos en los que separa Valencia y Mallorca e incluso Aragón y Cataluña y provoca el malestar del heredero que contará con el apoyo de la nobleza aragonesa. La oposición nobiliar influye en la política mediterránea al negar su apoyo a Pedro el Grande cuando éste ocupa Sicilia: al morir Federico II, Roma separó los dominios alemanes de los italianos y cedió los segundos a Carlos de Anjou, señor de Provenza, gracias a la ayuda de los papas y de los cruzados de Simón de Montfort; con la cesión de Sicilia, Roma ponía en peligro el comercio catalán con el N de África. Frente a los Anjou y frente al Pontífice, Pedro el Grande, en nombre de su

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esposa Constanza de Sicilia, ocuparía la isla en 1282. Por caminos distintos, Castilla y Aragón entraban en la política europea e intentaban convertirse en herederos de los emperadores alemanes: Alfonso X en Alemania y Pedro el Grande en Sicilia. Problemas europeos y sublevaciones nobiliarias condicionan los últimos años del reinado de Alfonso X y de Pedro el Grande. El 1º, enfrentado a una revuelta dirigida por su hijo Sancho, buscó la ayuda de Felipe II de Francia, aliado del pontífice, e intentó por mediación del monarca francés que Roma aceptara sus derechos al trono imperial; frente a Pedro de Aragón, Roma excomulgó al monarca y concedió sus reinos al francés Carlos de Valois. El castellano Sancho se convirtió en aliado natural del monarca aragonés, del que no podía prescindir pues en Aragón se hallaban los infantes de la Cerda, proclamados por Alfonso X herederos del trono castellano. 2. EL SUEÑO IMPERIAL DE ALFONSO X
2.1 ECONOMÍA Y POLÍTICA PENINSULAR

Los dos primeros actos conocidos del reinado de Alfonso son el mejor exponente de la situación del reino en 1252. Devaluó la moneda, como consecuencia se encarecieron las cosas, lo que obligó a fijar en las Cortes celebradas en Sevilla los precios de numerosos artículos, limitar los gastos suntuarios, intentar frenar la especulación, prohibir la exportación de animales y productos alimenticios y tomar medidas para restaurar la economía. La subida de salarios y precios y la tendencia al lujo termina por arruinar al reino, excepto a los mercaderes. Explica las continuas sublevaciones, el fracaso de la política exterior y las reformas intentadas por Alfonso X. En los primeros años del reinado, la nobleza encontró una salida a sus problemas económicos en la intervención en el Algarve, cedido por Sancho II a Alfonso en 1245 como recompensa por la ayuda castellana en la guerra civil portuguesa y reclamado por Alfonso III en 1252. La guerra finalizó con un acuerdo por el que el Algarve y los castillos de Moura, Serpa, Aroche y Aracena eran atribuidos a Portugal pero quedarían en poder de Castilla hasta que el hijo de Alfonso III y Beatriz de Castilla (matrimonio concertado al firmar la paz de 1253) llegara a los 7 años. El éxito portugués fue seguido de una intervención en Navarra donde Alfonso pretendía ser reconocido como señor feudal por Teobaldo II; la intervención de Jaime I apoyando a Navarra impidió la ocupación del reino por Alfonso X, cuya presencia en Navarra sirvió para renovar los derechos castellanos sobre Gascuña, región incluida en la dote y nunca entregada a Leonor la esposa de Alfonso VIII y ofrecida ahora a Alfonso por Gastón de Bearn, sublevado contra el monarca inglés. Ni Inglaterra ni Castilla tenían interés en iniciar una guerra por Gascuña. Tras una alianza contra Navarra, los rebeldes gascones fueron perdonados y Alfonso entregó Gascuña en dote a su hermana Leonor, que casaría con Eduardo de Inglaterra.
2.2 REVUELTAS NOBILIARIAS

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Las campañas contra Navarra se suspendieron al sublevarse los nobles castellanos dirigidos por el infante Enrique, hermano de Alfonso, y por Diego López de Haro, que se ofrecieron al rey de Aragón. Entre los hermanos existían antiguas desavenencias

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agravadas por la forma de llevarse a cabo el reparto andaluz: Enrique fue uno de los menos favorecidos y parte de sus bienes fueron confiscados por Alfonso en 1254; al mismo tiempo, Enrique pretendía actuar como jefe natura de la nobleza castellana y se veía relegado por Nuño González de Lara, hombre de confianza de Alfonso. Si los Lara están a favor del monarca, en su contra estarán los Haro desde el siglo XII; ambas familias eran equiparables en poder y se consideraban con derecho a dirigir a la nobleza y a controlar el reino de Castilla sirviendo al rey o enfrentándose a él cuando el monarca se inclinaba hacia un miembro de la otra familia. A la muerte de Enrique, Ios Lara apoyaron a Alfonso IX de León contra Fernando III, a cuyo lado estuvieron los Haro. Asentado el poder de Fernando, los Lara contrarrestaron a sus antagonistas alineándose al lado del heredero Alfonso y cuando éste llegó al trono, los Haro pasaron a dirigir la oposición nobiliaria. Las expediciones contra los musulmanes suavizaron las tensiones, pero no las pusieron fin. En los últimos años de reinado Alfonso se vio obligado por una revuelta nobiliaria a suspender las campañas contra Navarra. Durante todo su reinado mantuvo una incesante actividad diplomática destinada a incorporar Navarra a Castilla. Al final, ante el fracaso diplomático intentó de nuevo la aventura militar que provoca la intervención de Felipe III de Francia y condiciona la política exterior de los reinos hispánicos.
2.3 LA SUCESIÓN DE FEDERICO II DE ALEMANIA

A la muerte de Federico II, se disputan su herencia, entre otros los reyes de Castilla y Aragón, que intervienen en los enfrentamientos entre güelfos y gibelinos, partidarios los primeros de la hegemonía del Pontífice y los segundos del predominio del emperador. Alfonso X, como hijo de Beatriz de Suabia tenía derechos al trono imperial, ofrecidos en 1256 por la ciudad gibelina de Pisa. La elección imperial en 1257 dio lugar al nombramiento de dos emperadores: Alfonso de Castilla y Ricardo de Cornualles, hermano del rey de Inglaterra. Ambos aceptaron el nombramiento y Alfonso X intentó movilizar las fuerzas económicas del reino para hacer efectivo el título imperial, pero su elección no fue aceptada por el Pontificado y Castilla se negó a financiar las campañas imperiales. A pesar de ello, Alfonso mantuvo sus pretensiones hasta 1275 y orientó la política exterior hacia la obtención de aliados para convertir en realidad el sueño imperial. Los pisanos envían una embajada a Soria para ofrecer el trono al rey castellano. Intentan favorecer los intereses de Pisa e Italia en el Mediterráneo. Otro sueño, también fallido, de Alfonso es organizar una cruzada contra los musulmanes del N de África. La ciudad italiana ofreció además de su ayuda interesada por las campañas del N de África, el título imperial como señuelo para convencer a Alfonso X. Estos intereses quedaron al descubierto en los acuerdos firmados en Soria: en un primer documento Alfonso proclamó sus derechos al trono imperial y Lancia, en nombre de Pisa, lo aceptó como emperador; el mismo día se fijaron las condiciones de la ayuda pisana: Alfonso se comprometía a combatir al lado de Pisa contra Luca, Florencia, Génova y a conceder territorios y privilegios comerciales a los pisanos en Sicilia, desde donde se controlaba el comercio con Túnez, el Algarve y el N de África. Por su parte, Pisa ofrecía al monarca 10 galeras para sus campañas en Italia y en el N de África. El acuerdo no prosperó. Los pisanos, al referirse al Imperio, aludían únicamente a su parte italiana y Alfonso sólo se interesaba por Alemania. Años después, Pedro el

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Grande de Aragón llevaría a cabo los proyectos italianos expuestos por Pisa al monarca de Castilla.
2.4 CONTROL DE LA ECONOMÍA A TRAVÉS DE LAS CORTES

La situación económica de Castilla y el malestar de los nobles convierten en irrealizable el sueño de Alfonso. Las medidas tomadas en 1252 fueron incapaces de contener el alza de precios y el lujo de la población castellana. Las Cortes de Segovia suprimieron, al parecer, las tasas puestas en 1252 ya que si antes los precios subían de un modo oficial, después de los acuerdos de Sevilla los mercaderes se negaron a vender a los precios fijados y los revendedores acapararon los productos, provocaron su escasez artificial y los vendieron aprecios más altos. Una nueva devaluación monetaria agravó más la situación, contribuyó a incrementar los precios y dificultó cualquier aportación económica del reino al Imperio ofrecido en 1256. Dos años después, las Cortes reunidas en Valladolid intentaron reorganizar la economía mediante una serie de medidas. Las leyes suntuarias aprobadas en estas Cortes (su incumplimiento hará que se renueven periódicamente) tienen un objetivo: reducir el gasto al tiempo de evitar la confusión entre los diferentes grupos sociales: cad uno a habrá de vestir, calzar y comer de acuerdo con su categoría. Las limitaciones afectan a todos: en lo que se refiere al monarca se limitan sus gastos de alimentación, aunque se le autoriza a utilizar cuantos trajes quiera; sobre los oficiales y nobles al servicio del rey se dispone que coman más mesuradamente y que hagan menos gasto; se prohibe a los nobles acudir a la Corte sino cuando sean llamados, o tengan algún asunto que resolver, su estancia se limitará a 3 días y su séquito no podrá incluir más de 10 caballeros; no más de 2 serán los representantes de los concejos ante la corte, serán elegidos entre personan que no tengan otra cosa que hacer, es decir, cuyo trabajo no fuera necesario para la producción, lo que, indirectamente dejaba la representación de los concejos en manos de los grupos privilegiados. En estas mismas Cortes se limitó al 33% el interés de los préstamos hechos por los judíos, se disminuyó el número de peajes y montazgos cobrados sobre el ganado y se fijó su cuantía en un 2 Å y se prohibieron las asociaciones de mercaderes para evitar acuerdos sobre los precios. Pero no se tomaron medidas para aumentar la producción, sólo la caza fue protegida con diversas disposiciones. En estas Cortes o quizás en las celebradas un año después en Toledo obtendría Alfonso los subsidios para la cruzada norteafricana en la que contaba con la ayuda de Aragón, siempre que no atacase las tierras tunecinas donde está asentado el comercio catalán. Se obtuvo un solo éxito: la conquista de Sale (1260), abandonada ese mismo año. Su pérdida fue compensada por la victoria obtenida sobre los musulmanes en el reino de Niebla (1262) que, tras haberse acogido a la protección castellana, se sublevaron adelantándose a la gran sublevación de los mudéjares en Andalucía y Murcia apoyados por Granada y los benimerines norteafricanos. Alfonso X logró reducir a los andaluces mientras Jaime I sometía a los murcianos para que la sublevación no se extendiera por Valencia. Solucionado el problema mudéjar Alfonso llegó a un acuerdo con el monarca portugués y renunció a las posesiones del Algarve, decidas en 1267 a su nieto Dionís, hijo del rey portugués. Esta cesión realizada en contra del parecer de los nobles fue el pretexto de la revuelta nobiliaria iniciada en 1269, aunque no faltan las causas de carácter económico.

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La penuria económica castellana fue la causa de la convocatoria de las Cortes de Jerez (1268). Las medidas superaron a las acordadas anteriormente. El monarca se comprometió a no alterar la moneda y a uniformar los pesos y medidas como medio necesario para dar efectividad al resto de los acuerdos, referidos a los precios de una serie de productos, entre los que figuraban el oro, la plata, el cobre, el estaño, el plomo, los tejidos, las pieles, los cueros, las armas, las aves de caza, el ganado, etc. Se repitieron algunas de las leyes suntuarias, se fijaron los salarios, se prohibió la exportación de oro, plata, cueros, seda, lana sin hilar, trigo, vino, carne y pescado y se fijaron los puertos por los que debía realizarse la exportación en los casos en que fuera autorizada; se dispuso, para paliar la escasez de mano de obra que ningún peón ande baldío.
2.5 LAS REVUELTAS NOBILIARIAS IMPIDEN EL SUEÑO IMPERIAL

En 1269 los nobles dirigidos por Nuño de Lara ofrecieron sus servicios a Jaime I, molesto con Alfonso por no haber mantenido éste el repartimiento de la ciudad y huerta de Murcia ordenado en 1266 por el rey aragonés. La falta de apoyo de Jaime I llevó a los nobles a ofrecer sus servicios al rey de Navarra y, después al granadino, entre los sublevados figuran los hermanos de Alfonso y personajes importantes de la nobleza castellana (1271), agraviados porque intenta sustituir el Fuero Viejo de Castilla, favorable a los privilegios nobiliarios, por un nuevo código en el que se fortalece la autoridad del monarca, al agravio jurídico se une el económico. Se quejan del exceso de impuestos, de la extensión de la alcabala, del impuesto del 10% sobre las ventas, a los hidalgos y de la creación de pueblos de realengo en León y Galicia, que atraen a los campesinos de las tierras nobiliarias. Nobles sublevados y fieles al monarca (dos formas de alcanzar un mismo objetivo) insisten en que su actuación tiene como finalidad el bien de la tierra a lo que el rey se resiste como queda expuesto en una carta dirigida en 1275 a su hijo Fernando, en la que se expone la usurpación por parte de los nobles de los bienes y poder del rey. Base de los problemas a los que tuvieron que enfrentarse durante el siglo XIII todos los reyes peninsulares. Aceptadas las exigencias de 1271, los rebeldes pidieron que se reservase a los hidalgos el cargo de juez, que se destruyeran las pueblas castellanas mandadas hacer por el rey, que fueran sustituidos los merinos reales por adelantados (nobles), que se suprimieran los diezmos en los puerto y se eximiera de tributos a los vasallos nobiliarios, lo que equivalía a dar el gobierno de Castilla a los nobles y convertir sus dominios en inmunes. Los nobles y eclesiásticos fieles al monarca obtuvieron concesiones que equivalían a las pedidas por los sublevados, limitó el cobro de los diezmos de los puertos a un plazo máximo de 6 años y accedió a que los nobles se rigieran por los fueron antiguos. Las concesiones se extendieron a los rebeldes en 1274 para conseguir su apoyo en el fecho del imperio, quimera a la que Alfonso nunca renunció. Para su realización llegó a pedir a los sublevados que solicitaran del rey granadino una fuerte ayuda económica. Pacificado el reino, Alfonso se fue a entrevistar (en Beaucaire, Francia) con Gregorio X y conseguir el reconocimiento de sus aspiraciones imperiales. El gobierno quedó confiado a Fernando quien murió en Andalucía al intentar contener a los benimerines (1275). Teóricamente, la sucesión correspondía a los hijos de Fernando, los infantes de la Cerda a cuyo lado se situarán los Lara, mientras que los Haro aceptarán como

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heredero al segundo hijo de Alfonso, Sancho IV, alegando la minoría de edad de los infantes. Los éxitos militares de Sancho fueron decisivos para que, al regresar Alfonso de Beaucaire, aceptara como heredero a Sancho, cuyo nombramiento interesaba, además por razones de política exterior. La presencia entre los valedores de Sancho del señor de Vizcaya, Lope Díaz de Haro, exigía la aceptación de Sancho si Alfonso quería intervenir en navarra donde desde la muerte de Enrique I (1274) existía un partido favorable a la unión con Castilla y otro a la unión a Francia cuyo rey Felipe III había tomado partido por sus sobrinos los infantes de La Cerda. El problema sucesorio castellano se transformaba en conflicto internacional, cuyo objetivo inconfesado era Navarra. Ante el resultado indeciso de los combates, Alfonso X intentó negociar con Felipe III, cuyo apoyo le era necesario para que el pontífice reconociera sus derechos al Imperio, y llevó el pleito sucesorio a las Cortes cuyo beneplácito era previo a la concesión de ayuda económica. Las Cortes de Segovia (1278) ratificaron el nombramiento de Sancho y concedieron los subsidios, pero el cobro se retrasó y Alfonso tuvo que recurrir a la ayuda de los judíos que le adelantaron el dinero y se encargaron de efectuar el cobro de las ayudas votadas. El matrimonio de la heredera navarra con el primogénito francés puso fin a las pretensiones de Alfonso y con ellas desapareció el apoyo a Sancho: el rey castellano buscó una solución de compromiso que le permitiera repartir el reino entre Sancho y los infantes, refugiados en Aragón. Sancho se opuso a la división y encabezó una nueva revuelta. Se le unieron gran parte de la nobleza, eclesiásticos y numerosas ciudades. Alfonso sólo pudo contar con algunos nobles, con Sevilla y Murcia y con el monarca francés, interesado en asegurarse mediante los infantes cierto control sobre Castilla. El aliado exterior de Sancho sería el rey de Aragón, enfrentado al monarca francés desde la ocupación de Sicilia en 1282. En su último testamento, Alfonso X desheredó a su hijo y proclamó herederos a los infantes bajo la tutela de Felipe III de Francia, que heredaría Castilla si los infantes murieran sin descendencia. Abandonado, el rey Sabio murió en Sevilla en 1284, su testamento no fue respetado. 3. DE OCCITANIA AL MEDITERRÁNEO Los problemas del reinado de Jaime I (1214-1276) guardan cierto paralelismo con los castellanos: revueltas nobiliarias, que aquí se complican con tendencias nacionalista o anticatalanas, intervención en Navarra, sin éxito a pesar de los pactos de filiación con Sancho VII, implicación de los problemas europeos desde Toulouse y Provenza a pesar del fracaso de Muret, interviniendo directamente en la sucesión de Federico II y en las luchas por el control del comercio en el Mediterráneo occidental.
3.1 LAS DIFERENCIAS ENTRE ARAGÓN Y CATALUÑA

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Entre la muerte de Pedro el Católico y la mayoría de edad de Jaime I la anarquía fue total en Aragón. Al ser proclamado rey Jaime I tuvo que reprimir los abusos de Rodrigo de Linaza, de Pedro Fernández de Azagra y después de Pedro Ahonés, uno de los que había colaborado con el monarca a sofocar la anterior sublevación; la muerte de Pedro daría lugar a una sublevación general de los aragoneses. En Cataluña la situación no fue muy diferente: contra Guillén de Montcada fue valedor del monarca Nuño Sánchez, cuya colaboración fue decisiva para controlar al vizconde de Cardona, Ramón Folc y

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Nuño y Ramón se aliarían finalmente a los rebeldes aragoneses y catalanes, que unidos, exigieron al rey que echase de su corte a aquellas personas que le aconsejaban mal y siguiese el parecer de los ricoshombres. La campaña mallorquina permitió resolver las dificultades económicas de los nobles catalanes y desviar su belicosidad hacia el exterior: Jaime se había comprometido a recompensar a los prelados y ricoshombres que participaran. La conquista de Valencia pudo tener en Aragón los mismos efectos que la de Mallorca en Cataluñ pero los a, problemas surgidos sobre la aplicación del fuero aragonés complicaron las relaciones entre el monarca y la nobleza y entre Aragón y Cataluña. A partir de la ocupación del reino valenciano, se observa (aún manteniéndose las rivalidades entre los nobles) una alianza de la nobleza aragonesa como grupo contra el monarca, que cuenta con el apoyo de los catalanes; la división por familias, predominante en la nobleza castellana y en la catalano-aragonés de los primeros momentos, es sustituida por la oposición por países. Los catalanes apoyan al Rey, los aragoneses se le oponen. A la supresión del fuero aragonés en Valencia, problema que no será solucionado hasta mediados del XIV, se unieron como motivo de los agravios aragoneses los repartos y divisiones de sus dominios por Jaime I. Al separarse en 1229 de su primera esposa, Leonor de Castilla, reconoció como sucesor en Aragón y en el señoría de Lérida a su hijo Alfonso, y se reservó el derecho de disponer de Cataluña para los hijos que pudiera tener más adelante. 3 años después, Jaime declaró a Alfonso heredero universal, pero no mantuvo su acuerdo y al celebrar su segundo matrimonio (1235) concedió a Violante de Hungría y a sus futuros hijos el reino de Mallorca los condados de Rosellón y Cerdaña; el Conflent, Vallespir, la ciudad de Montpellier y las conquistas que llevase a cabo en Valencia. Los dominios del primogénito, Alfonso, quedaron reducidos al nacer el que sería Pedro el Grande de Aragón y Cataluña, con exclusión de las tierras catalanas situadas al norte de los Pirineos; y nuevos testamentos, a medida que nacían nuevos hijos, dejaron la herencia de Alfonso reducida al antiguo reino de Aragón del que se desprendieron el reino de Valencia y la ciudad de Lérida, que fue incluida en Cataluña. El descontento aragonés por la pérdida de Valencia y Lérida se tradujo en un apoyo a las reclamaciones del primogénito, cuya sublevación (1243) fue utilizada por Castilla para exigir una modificación de las fronteras entre Valencia y Murcia en el tratado de Almizra (1244), confirmado mediante el matrimonio de Violante de Aragón con Alfonso X de Castilla que, así, se desentendía de la suerte del heredero aragonés. La desmembración de Lérida, la negativa real a aceptar el fuero aragonés en Valencia y la preferencia dada a Cataluña, mantuvieron el resentimiento aragonés, puesto de nuevo en manifiesto en 1248 y 1264 con motivo del nuevo testamento del monarca en el primer caso y de la petición de ayuda económica y militar para intervenir en Murcia contra los mudéjares sublevados contra Castilla. En 1248 el pleito sucesorio sometido al arbitraje de las Cortes aragonesas y catalanas decidieron dejar la gobernación de Aragón y Valencia al infante Alfonso reservando el principado de Cataluña para el infante don Pedro, hijo mayor de la reina Violante. El testamento definitivo sería redactado en 1252 tras la muerte de Alfonso. Se mantenía la unidad de los territorios peninsulares (Cataluña, Aragón y Valencia) concedidos a Pedro; su hermano Jaime recibía el reino de Mallorca con los dominios ultrapirenaicos.

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En 1264, las Cortes de Aragón controladas por los nobles tras recordar que no estaban obligados a servir al rey fuera de Aragón y menos en el caso de que la guerra no les afectara de modo directo, negaron la ayuda al monarca hasta que se repararan los agravios sufridos y se aceptara la vigencia del fuero aragonés en Valencia. Jaime intentó mediatizar el voto de las Cortes atrayendo a su bando a quienes más se habían opuesto a la concesión de la ayuda: les ofreció la exención para ellos y los suyos si convencían a los demás para que votaran los subsidios pedidos. Pero no fue aceptada porque la negativa de los nobles tenía razones políticas de fondo y era previa la reparación de agravios como la concesión de honores a extranjeros y a personas que no tenían la categoría de ricoshombres, únicos que tenían derecho a honores y a juzgar los pleitos. Jaime accedió en parte a las peticiones nobiliarias: a no dar tierra ni honores a extranjeros, a que los nobles aragoneses que tuvieran posesiones en Valencia fueran juzgados a fuero de Aragón y a que los pleitos entre el rey y los nobles fueran sometidos al Justicia de Aragón, que de ser un asesor de la Curia se convirtió en juez en los asuntos nobiliarios. A pesar de estas concesiones, no participaron en la campaña murciana. Un nuevo pretexto de disconformidad se presentó a los nobles aragoneses con motivo del enfrentamiento entre el infante Pedro y su hermanastro Fernán Sánchez (1271). En Cataluña, con mejor situación económica, no puede hablarse hasta 1270 de sublevaciones nobiliarias sino de enfrentamientos entre grupos de nobles, pero la devolución a Castilla del reino murciano, provocó la oposición a Jaime I cuando éste solicitó ayuda para una nueva expedición a Andalucía en apoyo de Alfonso X. Jaime respondió ordenando el embargo de castillos y honores recibidos en feudo por los rebeldes y el grupo nobiliario se alió a los aragoneses partidarios de Fernán Sánchez y a los castellanos sublevados contra Alfonso X. En principio, la medida iba contra el vizconde de Cardona, que tuvo la habilidad de convertir su caso personal en general. Logró atraer a una gran parte de la nobleza catalana que mantuvo su rebeldía hasta que en 1275 Fernán Sánchez fue ajusticiado. Los nobles volvieron a la amistad con el monarca, conservaron sus bienes y alejaron el peligro de nuevas intervenciones monárquicas en 1282, al hacerse pagar sus servicios militares con el reconocimiento de los derechos tradicionales.
3.2 SICILIA, NUEVA ETAPA DE LA EXPANSIÓN MED ITERRÁNEA

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La derrota de Muret no supuso el abandono de los derechos aragoneses en el S de Francia. El conde Sancho, como gobernador del reino, apoyó a los sublevados de Toulouse contra Simón de Montfort. Esto provocó una fuerte presión pontificia y la amenaza de cruzada contra Cataluña y Aragón por lo que Jaime I sustituirá las armas por la diplomacia para mantener los condados de Toulouse y Provenza en la órbita política de la corona. Indispensable para hacer frente a la presión francesa era la unión de los condados y a unirlos dedicó Jaime I sus esfuerzos, frustrados por el pontífice al no legalizar el matrimonio de Sancha de Toulouse y Ramón Berenguer V de Provenza, cuyo condado aportaría su hija Beatriz a Carlos de Anjou, hermano de Luis IX de Francia, esto ponía fin a la presencia catalano-aragonesa. Por el tratado de Corbeil (1258), Jaime I reconocía el triunfo diplomático de la dinastía francesa y renunciaba a sus derechos, no sin antes hacer constar su oposición a Carlos de Anjou u ceder sus

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posibles derechos sobre Provenza no a Beatriz sino a Margarita, esposa de Luis IX y heredera por ser la hija mayor de Ramón Berenguer. Los angevinos provenzales y los catalanes chocarían de nuevo por el control del comercio del Mediterráneo y por la herencia italiana del emperador alemán Federico II. Al morir éste (1250), el pontificado dividió los dominios alemanes italianos del sur e hizo cuanto pudo para anular a los herederos del emperador alemán contando en Alemania e Italia con la monarquía francesa. El reino de Sicilia quedó en manos de Manfredo, hijo del emperador alemán y Roma ofreció el reino (1263) a Carlos de Anjou que derrotó a Manfredo en Benevento (1266) y a su sobrino Conradino en Tagliacozzo (1269). La aceptación del reino siciliano por el conde de Provenza perjudicaba al rey de Castilla que se consideraba emperador y al infante Pedro de Aragón, casado en 1262 con Constanza, hija de Manfredo. Este matrimonio, realizado contra los deseos de Roma, tenía como objetivo garantizar las relaciones y combinar los intereses de Sicilia y Cataluña en Túnez, cuyos reyes musulmanes están sometidos a un cierto control político desde Sicilia y donde el comercio catalán estaba sólidamente asentado. Desde su matrimonio el infante Pedro actuó contra los intereses angevinos. Los sicilianos partidarios de Constanza se acogieron a la corte catalana y otros se refugiaron en Túnez bajo la protección de milicias catalano-aragonesas al servicio del rey musulmán. Contra éstos se dirigiría la cruzada organizada por Luis IX de Francia en 1270 para desde allí, por tierra, llegar a Egipto, Siria y Jerusalén. Resultado de esta cruzada fue la disolución de las milicias cristianas, catalanas, al servicio de los musulmanes y la firma de un tratado comercial entre Sicilia y Túnez, en perjuicio de los catalanes. Pedro intervendrá en Sicilia en la primera ocasión favorable. Se presentó en 1282 cuando los sicilianos sublevados contra los Anjou solicitaron ayuda al monarca aragonés que envió una flota para expulsar a los angevinos e incorporar Sicilia a los dominios catalanes y poner el comercio tunecino bajo control de los mercaderes de Barcelona.
3.3 LA EXPANSIÓN COMERCIAL CATALANA DIRIGIDA POR BARCELONA

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El trasfondo de la expansión catalana por Mallorca, Valencia o Sicilia fue comercial. La participación de los mercaderes en las campañas de Jaime I se inicia con la conquista de Mallorca, decidida en Tarragona a instancias de Pedro Martel, mercader, que hizo ver al rey el interés para que la navegación comercial catalana tenía la toma de la isla, cuyos mercaderes-corsarios dificultaban el comercio, dirigido ya en 1227 a los mercados de Constantinopla, Siria, Alejandría y Ceuta. En la campaña mallorquina los ciudadanos barceloneses colaboraron activamente con sus naves y obtuvieron del rey, en pago, exención de impuestos por la compra o venta de mercancías en Mallorca y Menorca. Exención que en 1232 fue ampliada a todos los dominios de la corona. La ayuda barcelonesa al monarca alcanzó su mayor importancia en el terreno económico: la ocupación de Mallorca y Valencia, la campaña sobre Murcia y la lucha contra los nobles no hubieran sido posibles sin los subsidios concedidos por las ciudades. A cambio, obtuvieron privilegios para organizarse en municipios y para desarrollar sus actividades comerciales.

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Las Ordenanzas de la Ribera de Barcelona aprobada en 1258 son un verdadero código para el transporte marítimo en el que se fijaban las responsabilidades de los dueños de las naves y de los marineros respecto a las mercancías que transportaban, se exigí la a presencia de un escribano en cada nave, se pedía la solidaridad de los barcos en caso de peligro, se fijaba el armamento de cada nave, las cargas que podían llevar, etc. El texto, que presupone la existencia de una organización o gremio de mercaderes que intervienen en la redacción de las ordenanzas, va seguido en 1266 de otro documento en el que se regula la actuación de los cónsules catalanes en los barcos que van a ultramar (Siria y Egipto). Su autoridad se extiende sobre todos los súbditos de la corona que vayan a estas zonas o los que fijen allí su residencia. Los cónsules sólo están sometidos a los consellers de Barcelona, que son los encargados de vigilar su actuación. Junto a estas disposiciones se toman medidas contra los competidores expulsando de Barcelona a mercaderes lombardos, florentinos, sieneses y luqueses o prohibiendo que los dueños de naves y los mercaderes extranjeros carguen en la ciudad mercancías que no les pertenecen. Se llegó a un entendimiento completo entre los mercaderes y el monarca quien les apoyó. En ocasiones modificó sus decisiones a petición de éstos: la conquista de Mallorca fue seguida de la creación de una flota de guerra para combatir a los musulmanes de Túnez que enviaban ayuda a los mallorquines, pero la expedición no fue aprobada por los mercaderes barceloneses, temerosos de que la presión militar pusiera en peligro la actividad comercial. Será el veguer de Barcelona quien presida la embajada que negoció la paz con los tunecinos en 1235. Una nueva embajada presidida por un mercader barcelonés logró en 1238 que los tunecinos no acudieran en ayuda de Valencia y Jaime I llegaría a pedir a Inocencio IV que excluyera de los objetivos de la cruzada general contra el Islam al reino de Túnez, en el que los catalanes estaban representados por milicias al servicio de los reyes musulmanes, por mercaderes y misioneros al menos desde 1253, año en el que está comprobada la existencia de un consulado y una alhóndiga o almacén en la ciudad de Túnez; 6 años después consulado y alhóndiga existen en Bujía y desde antes de 1257 está documentada la existencia de una milicia cuyo jefe es nombrado por el rey aragonés que percibe una parte del sueldo de los caballeros y de su jefe. Por esta época, dominicos y franciscanos, trinitarios y mercedarios están presentes en el reino tunecino. Los primeros crean una escuela para enseñar el árabe a los misioneros. Las relaciones amistosas catalano-tunecinas se firmaron por el matrimonio del infante Pedro y Constanza de Sicilia, pero la revuelta, dos años después, de los musulmanes de Murcia y Andalucía, apoyados por los tunecinos puso en peligro las relaciones comerciales con Túnez, reino con el que Jaime mantuvo la paz al tiempo que autorizaba la actuación de corsarios para contrarrestar la actuación bélica tunecina. La presencia catalana se mantuvo hasta la cruzada dirigida por Luis IX de Francia, en 1270, inspirada por Carlos de Anjou interesado en anular a los sicilianos refugiados en Túnez y a los catalanes. Jaime I autorizó a sus milicias a combatir al lado de los musulmanes. Muerto Luis IX durante la cruzada, Carlos de Anjou puso fin a la guerra tras firmar un tratado con el sultán de Túnez, éste se avenía a pagar una indemnización de guerra, aceptaba el pago de un tributo anual al rey de Sicilia y se obligaba a expulsar a todos los cristianos enemigos de los cruzados, es decir, a los refugiados sicilianos y a los catalanes. Liberado de la presencia de los cruzados, el sultán restableció las relaciones

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comerciales y diplomáticas con la corona de Aragón con la que firmó en 1271 un nuevo tratado comercial. Desde 1232 hay mercaderes catalanes en Orán. Poco más tarde una colonia mercantil entra en contacto desde Tremecén con las rutas caravaneras que desde el centro de África llevaban hasta el Mediterráneo el oro africano, marfil, plumas de avestruz, esclavos, etc., comercio controlado en parte por las colonias judías relacionadas con los hebreos mallorquines y catalanes. También hubo en Tremecén una milicia catalana formada por caballeros rebeldes y delincuentes que querían alejarse del reino, como el caso de Guillén Galcerán, sublevado contra el monarca y jefe de la milicia. Vuelto a Cataluña en 1272 obtuvo el perdón para los que habiendo cometido algún delito, se enrolaran en la milicia de Tremecén, controlada por el rey que recibe una parte del sueldo de estos guerreros y, desde 1272, un tributo del rey musulmán. Menos importantes fueron los contactos con Marruecos desde el comercio y la protección armada contaban con mercaderes y milicias genovesas y castellanas. En Ceuta en 1269 se firmó un tratado de amistad con el señor de Ceuta, amenazado por los benimerines. Sitiada la ciudad, 5 años después Jaime se alió al sultán meriní Abu Yusuf con el que firmó un tratado de colaboración militar a cambio de mantener las ventajas comerciales adquiridas en Ceuta. Aragón proporcionaría al sultán meriní un ejército de 500 caballeros y una flota de 10 galeras, 10 naves y barcos de menor tonelaje, y el sultán se comprometía a pagar un tributo anual a la corona una vez se hubiese conquistado Ceuta. La ciudad se sometió al sultán en 1275; los acuerdos no se respetaron, marinos y mercaderes catalanes fueron expulsados de la ciudad. La preferencia dada a los intereses de los mercaderes explica el caso omiso que había Jaime I a veces de las prohibiciones pontificias de vender a los musulmanes productos de interés militar: hierro, armas, madera, etc. El pontífice prohibe vender estos artículos a los sarracenos y Jaime publica el documento reduciendo la prohibición a los dominios del sultán de Alejandría, donde los intereses comerciales catalanes eran reducidos. 4. LOS MONARCAS PORTUGUESES ANTE LA IGLESIA Y LAS CORTE Alfonso III (1248-1279) elegido por los obispos portugueses mantuvo una política de amistad con la Iglesia durante sus primeros años de reinado, le devolvió los bienes confiscados por Sancho II y pagó con donaciones los servicios prestados por los eclesiásticos cuya influencia es visible en las normas, equiparables a las constituciones de paz y tregua, dictadas en 1251 para poner fin a la anarquía: severas penas a los salteadores, protección a los viajeros y de modo especial a los mercaderes. El interés del monarca por el fortalecimiento de los concejos y el desarrollo del comercio, se explica por la necesidad de disponer de una fuerza fiel que le permita disminuir la presión de sus valedores eclesiásticos. También por las necesidades económicas de la corona que tenía sus bienes en manos de nobles y eclesiásticos y sólo podía contar con los ingresos de tipo fiscal. Dentro de esta política de acercamiento a concejos y mercaderes se inscribe la concesión de fueros a numerosas poblaciones y la creación de ferias permanentes en diversos lugares del reino. Las dificultades económicas del reino se hallan en la base de las primeras Cortes portuguesas conocidas como Lisboa-Leiria-Coimbra de 1253-54. Alfonso intenta poner
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freno a la subida de precios. El monarca atribuye la subida al temor de que en fecha próxima se alteraría el valor de la moneda, temor que no era infundado según escritos del monarca dirigidos a dignatarios eclesiásticos y al pontífice. Si la alteración de la moneda era responsable de la subida de precios, la salida lógica suponía la estabilidad monetaria a la que accedió el rey por un plazo de 7 años, tras obtener un servicio extraordinario. Se hizo un ordenamiento de precios y salarios que, como ocurrió en Castilla por los mismos años, tuvo efectos contraproducentes y sólo sirvió para encarecer los artículos tasados. Se inicia con la equivalencia de las monedas circulantes en por, se fijan los precios del cobre, estaño, bueyes, vestidos, pieles, etc., se indican los salarios y se toman medidas para evitar la exportación indiscriminada de artículos. En ningún caso podrá sacarse plata. La negativa de parte del clero a pagar el servicio extraordinario a cambio de la estabilidad de la moneda disminuyó los ingresos del monarca que se vio obligado a reducir gastos y a intentar la recuperación de los derechos usurpados: en 1248 Alfonso ordenó realizar inquiriçoes en la zona entre el Duero y el Miño para conocer la situación de los bienes y derechos pertenecientes a la corona. Como resultado, en 1265 se prohibió a los nobles y oficiales del rey exigir posada y yantar a los hombres de realengo, se ordenó que fueran devueltos a la corona numerosos bienes en poder de eclesiásticos y nobles, se castigó a vasallos que habían abandonado los lugares de realengo y se dispuso que las caballerías estuvieran sometidas al pago de impuestos ya que la exención era la contrapartida de los servicios militares contra los musulmanes y al cesar éstos no había razón para mantener el privilegio. Los obispos intentaron evitar el cumplimiento de las normas mediante amenaza de penas canónicas y el recurso a Roma. Pero la autoridad pontificia era menor, la nobleza no secundó a los obispos; estos no permanecieron unidos y en 1265 el rey podía apoyarse en los concejos que habían pagado los subsidios votados en las Cortes de Coimbra de 1254 y votarían nuevas ayudas en 1261 para mantener estable la moneda, al tiempo que concejos con los de Lisboa hacían préstamos al monarca. Los obispos acusaron al rey ante el papa de agravios hacia sus súbditos y en particular hacia el clero. Los agravios iban desde la ocupación ilegal de terrenos particulares o municipales hasta la obtención por la fuerza de préstamos, la imposición del matrimonio a vírgenes, a viudas. Más numerosas eran las quejas de los clérigos, nombraba y deponía abades, párrocos, e intervenía en el nombramiento de obispos, tenía funcionarios judío no s, pagaba los diezmos de las propiedades reales, etc. Ante la orden pontificia de corregir los abusos, el monarca sé reunión en Santarem (1273) con los de su consejo, con los ricoshombres y con los concejos, en ausencia de la mayor parte del brazo eclesiástico y se acordó nombrar una comisión que analizara los agravios y tomara las medidas oportunas. El historiador portugués Herculano considera esta reunión una comedia representada con toda solemnidad que refleja el cambio de relación de fuerzas operado en por desde mediados de siglo. 5. NAZARÍES Y ESCAYUELAS DE GRANADA El reino granadino fue creación de Muhammad ben Yusuf ben Nasir al-Ahmar (Muhammad I), sublevado en Arjona hacia 1232 contra Ibn Hud de Murcia, unificador

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de los dominios almohades. Desde Arjona, Muhammad extendió sus dominios sobre Guadix-Baza-Jaén y logró ocupar Granada en 1237 después de haber colaborado con Fernando III de Castilla en la ocupación de Córdoba. Tras la muerte de Ibn Hud el reino granadino se extendió por Málaga y Almería, pero no pudo evitar que Castilla ocupara Jaén en 1246. A partir de esta fecha, Muhammad figura como vasallo de Fernando III, colabora en sus campañas militares contra Sevilla y paga tributo al castellano. La sumisión fue confirmada en los primeros años de Alfonso X (1254) pero los problemas internos de Castilla permitieron obtener ventajas económicas: el tributo pasó de 300.000 maravedíes de la moneda antigua a 200.000 de la devaluada por Alfonso X. La sublevación de los castellanos y el descontento de la población musulmana de Andalucía y Murcia permitirían recuperan algunos de los territorios perdidos y sobre todo evitar la sumisión a Castilla. Pero los éxitos militares se vieron limitados, igual que en los demás reinos hispánicos, por las revueltas nobiliarias. Granada contó con la colaboración de milicias norteafricanas cuyos jefes fueron recompensados en perjuicio de la aristocracia local dirigida por los Askilula (Escayuela) que gobernaban Guadix, Málaga y Comares. Descendientes de los tuchibíes de Zaragoza, los Escayuela colaboran activamente con Muhammad en la creación del reino nazarí. Sus servicios son pagados por el monarca, su poder llega a eclipsar al de Muhammad y en ciertos momentos actúan con independencia de Granada. Al verse postergados, los Escayuela ofrecieron sus servicios al rey castellano que pudo así obligar a los granadinos a firmar el pacto de Alcalá por el que el rey musulmán se comprometía a pagar anualmente la cantidad de 250 mil maravedíes y a colaborar militarmente en la ocupación de Murcia, Alfonso X prometió por su parte, desamparar a los Escayuela. No obstante, los Escayuela actuarán en todo momento como aliados de Alfonso X y los rebeldes castellanos hallarán acogida en el reino de Granada. La alianza entre los Escayuela y el monarca de Castilla se fortaleció en 1272, año en que Alfonso concedió a un hijo del arraez de Málaga diversos bienes en Murcia para contrarrestar la colaboración de los nobles castellanos con Muhammad I, muerto en 1273 combatiendo a sus nobles. Su hijo, Muhammad II (1273.1302) privado del apoyo de los nobles castellanos al acceder Alfonso a las pretensiones nobiliarias, se vio obligado a firmar la paz, a hacerse armar caballero por Alfonso y a pagar un tributo, lo que no impediría la alianza del monarca de Granada con los benimerines norteafricanos, que mantendrán la amenaza sobre Castilla hasta mediados del XIV, aunque en ocasiones meriníes y castellanos se alíen contra Granada.

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CONSECUENCIAS DE LA EXPANSIÓN DEL SIGLO XIII
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

1. GUERRAS Y PARIAS Durante el siglo XI las fronteras entre cristianos y musulmanes no experimentan las variaciones que cabría esperar de la superioridad de los cristianos (salvo algunas poblaciones aragonesas y Toledo, importante por su valor simbólico de la unidad peninsular de época visigoda), pocas son las conquistas realizadas por los reinos cristianos que dedican sus esfuerzos a la consolidación de sus fronteras y a la repoblación de zonas ocupadas anteriormente y no repobladas hasta que el peligro almorávide obliga a establecer una línea defensiva. Las conquistas se detienen debido a la escasez de población ±de nada sirve la ocupación militar si no se dispone de personas capaces de asegurar el control- y a la falta de interés de reyes y nobles que prefieren el dinero de las parias a la ocupación y llegan a proteger a los musulmanes y a enfrentarse entre sí para conseguir ese dinero (apoyo de El Cid a los reyes de Zaragoza y Valencia, enfrentamientos entre catalanes, aragoneses, navarros y castellanos por las parias de Zaragoza, Lérida, Tortosa o Valencia, etc.). El dinero de las parias sirvió a Ramón Berenguer I de Barcelona para comprar los derechos de su madre al condado, llegar a soluciones de compromiso con la nobleza feudal y asegurar la hegemonía del condado barcelonés. Las parias también están en el origen de la política ultrapirenaica de los condes de Barcelona, compradores de algunos derechos sobre el condado de Razés y la ciudad de Carcasona (para legarlos en herencia a los segundones). Sin el dinero de las parias no se explicaría la proliferación de monumentos románicos en el N de los reinos cristianos ni la fortificación de las fronteras, así como la llegada de importantes grupos de francos a la Península (en León, Raimundo de Borgoña, repoblador del valle del Duero, Enrique de Lorena, primer rey de hecho de Portugal, casados ambos con hijas de Alfonso VI, etc.). También el dinero de las parias es importante en la activación del Camino de Santiago, cuya ruta principal se fija en los tiempos de Alfonso VI de Castilla-León y Sancho Ramírez de Aragón, concediendo una serie de privilegios y exenciones de peajes y portazgos a los peregrinos y a repobladores o fundadores de nuevos asentamientos (muchos de ellos francos). Las parias siguen cobrándose en los siglos XII y XIII al desintegrarse los imperios almorávide y almohade respectivamente, pero los ingresos de la guerra proceden fundamentalmente del botín que pertenece a los combatientes, una vez entregado el quinto al rey o conde, y de la explotación de las nuevas tierras incorporadas así como de las soldadas percibidas por los mercenarios, cuyos máximos representantes pero no únicos son los almogávares. Las grandes conquistas del XIII fueron seguidas de la entrega de tierras a quienes habían intervenido en la campaña y en casos como el mallorquín, el inicio de la guerra
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fue precedido del reparto en función de la contribución militar o económica ofrecida por cada uno. Jaime I se reservó la mitad de la isla y distribuyó el resto entre los nobles; de la parte real saldrían las concesiones hechas a los oficiales del rey, a las ciudades que habían intervenido en la campaña y a quienes quisieron repoblar la isla. El territorio andaluz, aunque los sistemas de repoblación variaron de unos a otros lugares en función de la modalidad de conquista, puede aceptarse que fue dividido en donadíos y heredamientos, los primeros constituyen la recompensa a quienes han intervenido en la campaña de modo directo (fuerzas militares) o indirecto (persona y organizaciones que han contribuido a financiar las expediciones, avituallar las tropas, gobernar el reino durante las ausencias del rey), y los segundos son entregados a los repobladores que acuden a sustituir a los musulmanes huidos o expulsados. La extensión de los donadíos varía considerablemente según la importancia del beneficiario. Finalizadas las conquistas peninsulares, los nobles buscan salida en el exterior contratándose como mercenarios entre los que cabe destacar en los años iniciales del XIII a Sancho VII de Navarra, cuyo reino carece de fronteras con los musulmanes, que obtiene de su actividad militar dinero suficiente para convertirse en prestamista de los reyes de Aragón; tropas castellanas intervienen en la defensa del N de África e igual papel realizan las milicias catalano-aragonesas existentes desde mediados del XIII en Túnez, Bona, Bujía y Constantina, cuyo jefe era nombrado por el rey aragonés al que correspondía una parte del salario de estos caballeros, valorada entre cuatro y nueve mil dinares de oro al año. B. LIBERTAD Y SERVIDUMBRE TRAS LA CONQUISTA Tanto en los reinos occidentales como en los orientales, los avances cristianos se efectúan sobre tierras de difícil defensa si no se consigue atraer a pobladores ofreciéndoles privilegios que compensen el evidente riesgo que supone habitar en zonas expuestas a las correrías de los musulmanes o a los ataques de los reinos vecinos. El ofrecimiento de condiciones favorables, entre ellas la libertad para los pobladores de nuevas tierras, tuvo repercusiones sociales, no sólo sobre el territorio fronterizo sino también sobre las zonas alejadas de la frontera, cuyos pobladores intentarán trasladarse a las nuevas tierras o conseguir condiciones similares en sus lugares de origen. Se produce así un doble fenómeno en las regiones del norte de todos los reinos peninsulares:
·Por una parte, los señores reforzarán los lazos jurídicos que unen a los campesinos a la tierra (para evita r que la abandonen). ·Por otra, mejorarán las condiciones materiales de estos mismos campesinos.
2. REINOS OCCIDENTALES

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La conquista de Toledo permitió incorporar definitivamente a los dominios castellanoleoneses la extensa zona situada entre el Duero y el Tajo; para colonizarla fueron llamados campesinos de las zonas norteñas y de los reinos y condados europeos llegados con los peregrinos, clérigos y caballeros francos que se acercan al Apóstol.

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La repoblación tiene carácter político-militar y está dirigida por el rey o los personajes allegados a él y encargados de organizar las nuevas poblaciones, los concejos surgidos en la cuenca del Duero, en la Extremadura castellana, leonesa o portuguesa:
·En la parte central · se crean los concejos de Medina, Cuéllar, Arévalo, Sepúlveda y Olmedo, repoblados desde Palencia, Valladolid, Burgos y La Rioja. ·La repoblación más importante se efectúa en la cuenca del Bajo Duero en la que el conde Raimundo de Borgoña dirige la colonización de Segovia, Ávila y Salamanca con pobladores de origen franco, navarro, aragonés y mozárabe. ·Al aragonés Alfonso el Batallador se debe la creación de los municipios de Soria, Berlanga, Almazán y Belorado.

En todas estas poblaciones se acepta discriminadamente a cuantos quieren repob lar siempre que se comprometan a fijar en ellas su domicilio al menos durante un año; sus habitantes son eximidos de tributos feudales como la mañería y el nuncio{1}; de peajes, portazgos y montazgos. Cada concejo tiene sus propias milicias, que actúan con gran independencia y a las que Castilla y León debieron el mantenimiento de sus fronteras durante los ataques almorávides y almohades. La guerra con los musulmanes es una fuente importante de ingresos para estas milicias, además se reconoce una superior categoría social a quienes dispongan de un caballo de guerra y se concede a estos concejos amplias zonas de influencia, de tierra no conquistada por la que pueden y deben extenderse por la acción de estos caballeros concejiles, populares o villanos que alternan la guerra y pastoreo. La superioridad militar de los pastores-guerreros sobre los campesinos sedentarios provoca una diferencia social que los fueros recogen al establecer un estatuto distinto para los caballeros y encomendarles no sólo la defensa permanente del territorio sino también la protección del ganado comunal. Toledo, entregada a Alfonso VI en 1085 es un caso especial, éste se comprometió a mantener a la población musulmana, judía y mozárabe, por lo que más que de repoblación hay que hablar de castellanización y de romanización eclesiástica llevada a cabo por los nuevos pobladores castellanos y francos, minoritarios que acabarán imponiéndose sobre los antiguos pobladores. Entre 1100 y 1300, los mozárabes perdieron la propiedad de las tierras que cultivaban, sus diferencias litúrgicas (rito mozárabe) y lingüísticas (hablaban árabe) irán desapareciendo bajo la presión de los arzobispos y de sus auxiliares francos. Los mudéjares fueron numerosos durante los primeros años, pero la inseguridad de las fronteras animaría a la emigración, al menos a la aristocracia musulmana y en el reino toledano sólo permanecieron los campesinos, sucesores sin duda de los que en el VIII aceptaron resignadamente a los musulmanes. Los judíos controlaban gran parte de la administración toledana en el momento de la conquista y los reyes les mantuvieron en sus funciones y les utilizaron como prestamistas, administradores y recaudadores de impuestos. Tanto francos como

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castellanos gozaban de fueros específicos, que fueron suprimidos en 1118 por Alfonso VII al conceder a todos un mismo fuero, el de Toledo visigodo, el Fuero Juzgo, para conseguir la convivencia que los distintos fueros hacían difícil. Las tierras situadas al sur del Duero e incorporadas a fines del XI se perdieron en su mayor parte durante los contraataques de almorávides y almohades y sólo se mantuvieron en poder de los castellano-aragoneses Toledo, Talavera, Madrid, Maqueda y Guadalajara que fueron organizadas de forma semejante a la empleada en los concejos del Duero. La conquista y repoblación de estas tierras, sobre todo las situadas al sur del Tajo, fue obra de las Órdenes Militares, cuya importancia repobladora se explica no sólo por su actividad militar sino también por su papel de agentes de la centralización eclesiástica a los que Roma favorece con privilegios. En las tierras dominadas por las Órdenes, La Mancha y la Extremadura actual, no hubo establecimientos monásticos de importancia ni grandes ciudades porque las Órdenes se reservaron diversos privilegios que coartaban la libertad y reducían el estímulo de los nuevos pobladores. La frontera portuguesa apenas tuvo cambios hasta mediados del XII; el condado y 2 posteriormente el reino tenía una extensión próxima a los 30.000 km , divididos en tierras o territorios. Las conquistas efectuadas al disgregarse el imperio almorávide situaron la frontera en las orillas del Tajo. La repoblación se hizo de forma semejante a la empleada en León o Castilla, cuyos fueros (forais) se hallan aplicados en numerosos lugares de Portugal, tanto en la frontera con los musulmanes como en tierras próximas a León. La zona del Tajo fue repoblada en gran parte por las Órdenes Miliares.
4. ARAGÓN

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Entre 1087 y 1170 este reino incorporó a sus dominios unos 48.000 km2, entre la Tierra Nueva de Huesca, el reino de Zaragoza y la comarca de Teruel, cuya conquista se diferenciaba de lo ocurrido en los reinos occidentales por haberse efectuado en tierras, que a excepción de la comarca turolense, tenían abundante población musulmana cuya permanencia garantizaban las capitulaciones firmadas entre vencedores y vencidos, aparte del interés de estos últimos de mantener en cultivo estas tierras. En el campo se mantuvo la mayor parte de la población, aunque sometida ahora a los nuevos señores que se limitaron a sustituir a los dirigentes musulmanes. En las ciudades se toleró la presencia de los musulmanes durante un año, siendo obligados después a fijar su residencia extramuros de la ciudad, en sitios donde no fueran una amenaza para el control militar de la zona. En todos los casos fueron respetadas las costumbres, religión y organización interna de la comunidad musulmana. Para sustituir a los ciudadanos expulsados y a los campesinos fugitivos, ni Aragón ni su aliada Navarra disponían de hombres suficientes ni los monarcas se hallaban en condiciones de obligar a la nobleza que permitiera la salida de sus colonos o siervos de las zonas del N, para atraer pobladores era preciso ofrecerles, como en el Tajo, condiciones ventajosas: propiedad de las tierras que cultivaran dentro y fuera de la ciudad y concesión de la libertad. Francos, campesinos libres y siervos fugitivos de Aragón y Navarra acudieron en estas condiciones a repoblar Zaragoza, pero su número sólo fue suficiente para repoblar las tierras más rentables, las de regadío, las de secano

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serán repartidas de nuevo posteriormente, a pesar de lo cual esta zona estuvo escasamente poblada. Dificulta la repoblación que aumenta en las zonas de frontera expuestas a la guerra, en las que se hace preciso conceder los fueros de los concejos castellanos, el de Sepúlveda, a las poblaciones de Soria, Almazán, Medinaceli, Calatayud, etc. La ciudad que servía de centro a este tipo de repoblación se confiaba a un noble que, con su comitiva, era el organizador de la defensa y de los ataques a tierras musulmanas en busca de botín, que es una fuente normal de ingresos en poblaciones fronterizas. El concejo y sus funcionarios están en algunos aspectos a las órdenes del señor de la villa, pero tan sólo en cuanto éste era delegado del rey; la nueva situación era incompatible con las atribuciones señoriales y el concejo no estará sometido a un señor sino que constituirá una entidad de gobierno con autonomía derivada de los fueros. A la diversidad territorial de Aragón corresponde una clara diferenciación social:
·En los núcleos originarios de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, zona de valle y hábitat disperso, predomina el campo sobre la ciudad, la organización señorial sobre el derecho territorial. ·En la Nueva Tierra, de hábitat concentrado, predominan los núcleos locales con derecho y normas de gobierno propias aunque en el campo existan distritos militares y señoríos laicos y eclesiást icos donde los campesinos musulmanes pasan de aparceros a siervos adscritos a la gleba.

Los vecinos de la Tierra Vieja necesitan poseer caballo para ser libres por habitar en esta zona y sus hombres sólo acuden al fonsado, a la guerra, con el rey y bajo su dirección, por lo que se convierten o se intenta convertirles en eficaz contrapeso del poder nobiliario y en valiosos auxiliares del monarca. El único vínculo que une a todos los aragoneses es la dependencia del rey y estos lazos se refuerzan al unirse Aragón y Cataluña: las diferencias entre aragoneses y catalanes hacen que disminuyan las existentes dentro del reino.
6. CATALUÑA

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La Cataluña Vieja sólo supera ligeramente los límites alcanzados en vida de Carlomagno. Las diferencias entre esta zona y la situada al sur eran tan evidentes, que ya desde el XII puede darse a las segundas el nombre de Cataluña Nueva para indicar su distinta organización social, directamente relacionada con el sistema de repoblar el territorio. El sistema concejil y la concesión de fueros especiales a los repobladores de frontera no es una innovación aparecida en el XI ni se limita a Castilla; también en Cataluña los condes ofrecen privilegios cuando se trata de repoblar zonas fronterizas: exención de peajes y tributos, inmunidad a los criminales que acudiera a repoblar y libertad a los seirvos. La creación de estos concejos se incrementó tras la expedición de los condes de Urgell y de Barcelona a Córdoba el año 1010, para apoyar a los eslavos en la guerra civil

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musulmana. Este tipo de fuero o carta de población sería otorgado en 1025 a la ciudad de Barcelona por el conde Ramón Berenguer I en un documento en el que se habla de una zona franca, libre, que comprende el territorio asignado a la ciudad. La concesión de franquicias y cartas pueblas no se generalizó hasta la 2ª ½ del XII, es decir, hasta que fueron conquistadas y fortificadas Lérida y Tortosa y pudieron asentarse en ellas nuevos pobladores con garantías de continuidad. Lérida y Tortosa eran ciudades con una fuerte población musulmana, cuyos derechos fueron mantenidos según los modelos de Tudela y Zaragoza, es decir, permitiendo la permanencia en el campo, y durante un año en el núcleo urbano. A los pobladores cristianos de Tortosa se les concedió la plena propiedad del suelo, la exención de impuestos y la promesa de que la administración de justicia sería regulada por el conde junto con los prohombres de la ciudad. Su territorio fue repartido entre los genoveses que habían colaborado en la conquista (un tercio), el noble Guillermo Ramón de Montcada (un tercio) y el conde de Barcelona, que cedió la quinta parte de sus derechos a los templarios. La repoblación de Tarragona se inicia oficialmente en 1118 con la entrega al obispo barcelonés Olegario y a la sede tarraconense de la ciudad y de su territorio para cuya repoblación se autorizaba a reunir pobladores de cualquier procedencia y clase social y se les ofrecía la libre posesión de sus bienes de acuerdo con las normas que, en su momento, dictara Olegario. Barcelona, Lérida, Tortosa o Tarragona son los puntos sobresalientes de una repoblación que se extiende en los siglos XI y XII a otros muchos lugares y lleva a la instalación de nuevas poblaciones en las zonas protegidas por los castillos. Para evitar la huida de campesinos del N hacia estas localidades, los señores feudales se vieron obligados a mejorar las condiciones de sus hombres, con declaraciones de ciertas poblaciones como villa franca o villa libre, aunque este método sólo será utilizado de modo sistemático a fines del XII y durante el XIII por los condes-reyes para crear núcleos fieles al monarca y contrarrestar la influencia de los señores feudales.
7. LAS FRONTERAS ENTRE LOS REINOS CRISTIANOS

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La Rioja fue una zona fronteriza disputada desde la muerte de Sancho el Mayor, entre navarros y castellanos hasta la definitiva incorporación a Castilla por Alfonso VIII entre 1173 y comienzos del XIII al tiempo que ocupaba Álava y Guipúzcoa. Las 3 zonas fueron repobladas y en ellas se establecieron concejos de frontera con poblaciones de origen castellano en Vitoria, Treviño, San Sebastián. Los incidentes fronterizos entre Castilla y León en la 2ª ½ del XII dieron lugar a la fortificación de la Tierra de Campos por Fernando II y Alfonso IX de León y Alfonso XIII de Castilla, estableciéndose fuertes guarniciones en varias poblaciones de ambos reinos. El sistema de repoblación fue en todos los casos el concejil con asentamiento de numerosos caballeros villanos encargados de la defensa del territorio. La frontera castellano-leonesa en el sur fue reforzada por Alfonso VIII con la creación de los concejos de Béjar y Plasencia, castellanas, mientras que Cáceres y Mérida, ocupadas más tarde, serán leonesas.

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Las fronteras entre León y Portugal fueron reforzadas en la zona gallega, pero lo s intentos de implantar concejos fracasaron en parte por la resistencia opuesta por los señores eclesiásticos y por la negativa de los pobladores libres a instalarse en zonas de fácil control por señores con atribuciones feudales. Con la repoblación de este lugar, Fernando II recortaba los límites del poderoso concejo salmantino. Obispo y concejo no dudaron el alzarse contra el monarca y en pedir ayuda al monarca portugués, sin éxito.
8. LA REPOBLACIÓN INTERIOR

La emigración hacia el sur y la insuficiencia demográfica de los reinos cristianos, obligados a dar preferencia a la repoblación fronteriza, dejaron sin poblar numerosos lugares del interior, que serán repoblados por artesanos y mercaderes de origen franco a lo largo del Camino de Santiago (llamado camino francés) bajo la dirección de clérigos cluniacenses en el XI y por los monjes del Císter a partir de mediados del XII. En todos los lugares que atravesaba el Camino de Santiago, en sus diferentes ramas, se estableció una población relativamente importante de francos que trabajaban como campesinos en algunos casos y en otros como artesanos y mercaderes. A pesar de la actividad comercial realizada en las ciudades situadas en el Camino, ni en Aragón ni en Navarra y Castilla surgió una burguesía activa durante la E.M. a causa de que, en ningún caso, estas ciudades crearon una artesanía e industria de mediana importancia y se limitaron a recoger los beneficios del comercio efectuado a través del Camino en Al-Ándalus y Europa, entre los cristianos y musulmanes. Al desaparecer en el XIII su privilegiada situación de intermediario entre el Islam y Europa por la destrucción de los reinos islámicos y la apertura del estrecho a la navegación europea, estas ciudades desaparecieron como centros económicos y perdieron importancia del mismo modo que la perdió el Camino de Santiago al quedar reducido a su papel de camino de peregrinación. Los monjes cistercienses llegados a mediados del XII se instalan en lugares desiertos de las montañas de Galicia, León y en las nuevas tierras de Cataluña y Portugal. Todos los monasterios (Sacramenia, Veruela, Huerta, Alcobaça, Poblet, etc.) se hallan en la mitad norte de la Península y la mayor parte está en la Meseta, a ambas orillas del Duero. El Tajo parece actuar como frontera de las abadías: el sur es zona reservada a las Órdenes Militares. El establecimiento de los cistercienses ±llegaron a tener 70 abadías- se inicia con la deforestación de las cercanías del monasterio, realizado por los propios monjes, auténticos expertos en el trabajo agrícola, ayudados por conversos o por jornaleros cuando el dominio se extiende lejos de la abadía; en estos casos se crean granjas en las que residen estos trabajadores y que, con el tiempo, se transforman en villas, en nuevos centros de población en los que se acepta a cuantos tienen algo que hacerse perdonar. En determinados casos las abadías cistercienses se transforman en verdaderos señoríos feudales como ocurre en Las Huelgas de Burgos, o en Poblet. C. EFECTOS SOCIALES DE LA EXPANSIÓN DEL SIGLO XIII
9. EL REINO CASTELLANO -LEONÉS

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La fertilidad de las tierras ocupadas y las facilidades dadas por los soberanos deberían haber atraído a una gran masa de campesinos semilibres del N, si bien el número de gallegos, asturianos y leoneses instalados en Sevilla fue menor al de castellanos y leoneses procedentes de los concejos creados en los siglos XI y XII y de las zonas castellanas de Burgos, Palencia y Valladolid donde la fuerza nobiliaria era menor; no obstante, el control del reino por los nobles no fue total y resultó imposible evitar la huída de los campesinos, según se desprende de la exigencia presentada ante Alfonso X por los nobles en 1271 para que cesara la creación de las nuevas poblaciones reales porque hacían disminuir las rentas y vasallos que la nobleza tenía en León y Galicia:
·No podían permitir los nobles que fueran abandonadas sus tierras para acudir a pueblas reales. ·Y mucho menos instalarse en Andalucía. ·Sólo aceptando estos supuestos puede entenderse la permanencia de la población musulmana hacia 1264 y la relativa despoblación posterior de las tierras ocupadas por los monarcas de los reinos occidentales.

A la insuficiencia demográfica y a la resistencia nobiliaria se añadieron razones de carácter político-militar, psicológico y económico para explicar la permanencia de musulmanes en los primeros momentos: Fernando III debió la mayor parte de sus conquistas a la alianza con los reyes musulmanes y más que de conquista debe hablarse de capitulaciones cuyos pactos han de respetarse, entre ellos el de permitir la permanencia de los antiguos habitantes. Por otra parte, los siglos de convivencia en la Península de cristianos y musulmanes, aún cuando frecuentemente estaban enfrentados, no habían producido un odio irreparable entre ambas comunidades, y tanto la experiencia aragonesa y valenciana como la castellana demostraron que era posible la convivencia pacífica entre ambas comunidades si se privaba a los vencidos de sus dirigentes y los vencedores controlaban castillos y plazas fortificadas, por tanto, ni el rey castellano ni los que con él colaboraron en las campañas militares tenían el menor interés en prescindir de una población que era necesaria para mantener la producción agraria y urbana. Sólo tras la sublevación de 1264 se produjo un cambio de población en Andalucía y Murcia con características distintas:
·En Andalucía predominaron los grandes latifundios, cuyos dueños terminarían controlando a los repobladores de las ciudades. Todos los intentos de los reyes castellanos para contrarre star la influencia nobiliaria fracasarían al no instalar en las ciudades población artesano -comercial; la escasa industria y el importante comercio quedaron en manos de extranjeros a los que el fuero vedaba la particilación en el gobierno municipal, y en p oco tiempo los grandes propietarios agrícolas extenderían su acción sobre las ciudades.

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Los pequeños propietarios de los concejos de la zona del Duero, los únicos que podían moverse libremente, fueron los más atraídos por las nuevas tierras y para acudir a Andalucía malvendieron o abandonaron sus propiedades y con ello facilitaron la concentración de la propiedad y la aparición de las dehesas o latifundios salmantinos y

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extremeños, que si no alcanzaron la importancia de los andaluces, sirvieron como éstos para romper en favor de la nobleza el equilibrio económico y político entre nobles y concejos, con graves consecuencias económicas.
·En Murcia, Alfonso X completó la repoblación inicial dirigida por Jaime I, aunque con criterios diferentes: el aragonés llevó a cabo un reparto de carácter señorial al otorgar grandes extensiones de tierras de re gadío a un grupo reducido de caballeros a los que estarían sometidos los habitantes de la ciudad, Alfonso X quiso evitar la excesiva fuerza de los nobles y alejó a estos de Murcia dándoles grandes extensiones de tierra en las zonas próximas a la frontera granadina, donde la población era escasa y con economía predominantemente ganadera y dicha población se agrupó alrededor de las fortalezas. En la huerta, la atribución de bienes a los repobladores se realiza con gran cuidado, y cuando se conceden grandes ex tensiones, éstas se dividen en lotes separados sin posibilidad de unirlos por compras, permutas o donaciones, expresamente prohibidas por el rey.
11. LA CORONA DE ARAGÓN

Aquí, los nobles, antes que permitir la emigración de sus campesinos, apoyaron a los mudéjares sublevados contra Jaime I en 1248 y 1254 o consintieron el relativo despoblamiento de Valencia o Mallorca. Cabe distinguir diferentes repoblaciones en los distintos stados que conforman la corona de Aragón:
11.1 Mallorca
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Hubo numerosos campesinos procedentes del Ampurdán, zona fuertemente señorializada, por lo que cabe suponer que se establecerían en las tierras concedidas a los nobles. Mallorca absorbería el excedente demográfico de la montaña catalana y una vez restablecido el equilibrio entre la población y los recursos ampurdaneses se impediría la emigración porque la despoblación de la Cataluña Vieja suponía la pérdida de ingresos señoriales. El sistema de repoblación empelado en Mallorca impidió la creación de grandes propiedades, y el carácter urbano de los repobladores de la ciudad permitió mantener actividades artesanales y comerciales que la isla había tenido bajo dominio musulmán.
11.2 Reino de Valencia

Pueden distinguirse dos zonas, todavía diferenciables en la actualidad:
·En el litoral, repoblado por catalanes y aragoneses de la frontera, predominó la pequeña propiedad, y se mantuvo un cierto comercio que alcanzaría su mayor desarrollo en el XV. ·En el interior, repoblado por nobles aragoneses, abunda la gran propiedad, escasean las ciudades y la economía es exclusivamente agrícola.

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11.3 Reino de Aragón

A lo largo del XIII los nobles obtuvieron de la monarquía concesiones judiciales y económicas que dejaron a los colonos de las tierras señoriales totalmente en manos de los dueños de la tierra. Ciertamente, un recrudecimiento de la dependencia campesina habría sido inconcebible mientras hubiera tierras libres si no hubiese ido acompañado de una mejora de la situación económica de los campesinos. Las condiciones de trabajo, arbitrarias hasta el XIII, comenzaron a ser especificadas en los contratos, desaparecieron o disminuyeron las prestaciones personales que fueron sustituidas por el pago de una cantidad en productos o en dinero. Este endurecimiento de las relaciones señoriales parece haber sido mayor en las comarcas del norte, de tierras más pobres, es decir, allí donde los campesinos habrían abandonado las tierras si los señores no hubieran dispuesto de la fuerza material y legal para impedírselo.
11.4 Cataluña

La expansión hacia el sur y hacia el Mediterráneo fue acompañada en el interior del doble fenómeno ya descrito: concesión de franquicias y de privilegios a los campesinos y por otro lado, aumento de las presiones señoriales en las zonas montañosas y de escaso rendimiento. De esta forma se produjo una diferenciación en el mundo campesino de la Cataluña Vieja:
·En las zonas fértiles, de llanura, no fue preciso someter al campesino a una mayor dependencia para evitar la huída, bastó hacer algunas concesiones económicas que, por otra parte , el señor podía permitirse dada la fertilidad de la tierra. ·En las zonas pobres, los privilegios y franquicias eran insuficientes para retener a los campesinos y se les impidió la emigración de manera legal.

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Esta diferencia será decisiva a la hora de explicar el distinto carácter de los movimientos campesinos a fines de los siglos XIV y XV: en la comarca próxima a Barcelona y en Vic desaparecieron los malos usos a fines del XIII y los campesinos luchan para que se les permita cultivar la tierra en condiciones ventajosas, mientras que en el N se exige el derecho de abandonar la tierra, los primeros se muestran dispuestos a negociar, para los segundos la única opción es la revuelta para conseguir la libertad, para redimirse. La remensa, la obligación de pagar un rescate para abandonar la tierra, se fijó en el XIII, sin duda para frenar el movimiento migratorio. En 1283, Pedro el Grande reconoció la vigencia de la remensa y dispuso que los campesinos de los lugares donde acostumbraban a redimirse no podían fijar su residencia en villas de realengo si antes no pagaban la cantidad exigida; en estas mismas Cortes se fijó la dependencia de los vasallos respecto a su señor, aparte de otras medidas regresivas (como la disposición en desuso de 1202). Para evitar la competencia entre señores, la atracción de campesinos de unos por otros, en 1202 se prohibió a todos recibir bajo su protección al hombre de otro señor sin la autorización de éste.
12. LOS GASTOS SUNTUARIOS Y DE PRESTIGIO

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La existencia de un público comprador que dispone de dinero en abundancia y la pacificación relativa del Mediterráneo tras el control del Estrecho que supone la ocupación del Algarve y de Andalucía hicieron posible la llegada masiva de productos italianos y flamencos cuya posesión se convierte en símbolo de riqueza y de importancia social. Los vestidos y los adornos que eran sólo el símbolo y reflejo de una situación económica y de la categoría social correspondiente, pasaron a ser el elemento esencial y se consideró más rico y más importante desde el punto de vista social a quien más lujosos vestidos y objetos de adorno poseía. Se inició así una desenfrenada competencia que acabó por provocar la ruina de numerosas personas y la confusión externa entre los diversos grupos sociales. La búsqueda de nuevos ingresos para mantener su prestigio social daría lugar a las sublevaciones nobiliarias de la 2ª ½ del siglo y obligaría a los reyes a tomar medidas:
·Fijación de precios y salarios. ·Adopción de medidas proteccionistas. ·Promulgación de leyes suntuarias con las que se pretendía tanto reducir el gasto como fijar claramente los signos externos que podría utilizar cada persona de acuerdo con su condición social.

Notas Mañería: prestación económica que era satisfecha al señor por el colono estéril o mañero para poder trasmitir por herencia el predio cultivado y por extensión sus otros buenos cultivos. Nuncio: prestación que los vasallos satisfacían a su señor para poder trasmitir a sus hijos las tierras que habían recibido de éste en beneficio. Esta prestación mortuorium tenía origen en el derecho germánico.
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LOS TRABAJADORES DEL CAMPO Y SUS MODOS DE VIDA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

INTRODUCCIÓN: TRABAJADORES, CLÉRIGOS Y NOBLES La sociedad medieval se conforma según un esquema tripartito: unos trabajan y de su trabajo viven los demás. Otros tienen la función de defender la tierra y los últimos rezan. Los tres grupos se necesitan y sus funciones son complementarias, pero el trabajo de unos y otros no tiene el mismo valor: ·El primer puesto de la jerarquía social lo ocupan los clérigos cuya mediación relaciona al hombre con el más allá y su función se compensa entregándoles tierras, animales y productos en forma de diezmos, primicias, ofrendas a la hora de recibir los sacramentos, donaciones en el momento de la muerte; a las riquezas así acumuladas y al ascendiente que les proporciona su función se une el prestigio de una mayor formación cultural que les lleva a convertirse en consejeros y asesores del monarca y en representantes y dirigentes culturales de la sociedad. ·Siguen a los clérigos en importancia los guerreros, imprescindibles en una sociedad amenazada e insegura, cuya función exige medios suficientes y al igual que en el caso de los clérigos, personas que trabajen por y para ellos, que les libren de la obligación de buscar el sustento para que puedan dedicarse a la guerra. Ésta lleva aparejada la dirección de la sociedad, la reserva de los cargos públicos. ·En último lugar figuran los trabajadores de cuyas manos sale cuanto necesitan clérigos, guerreros y ellos mismos. --- Si son propietarios de la tierra que cultivan entregarán una parte de su producción a nobles y eclesiásticos, además de al rey. --- Si carecen de tierra pondrán su fuerza de trabajo a disposición de los propietarios, que les permitirán quedarse con una parte de la producción, les cederán una parcela para que la tengan en usufructo o les pagarán un jornal por su trabajo. Cuando se desarrollen las ciudades, el mundo de los trabajadores se diversifica y junto a los laboratores-labradores aparecen artesanos y mercaderes que, por vivir en los burgos, en los nuevos barrios surgidos junto a las fortalezas o a las ciudades episcopales, reciben el nombre de burgueses. Su forma de vida no se adapta a ninguno de los modelos existentes y aunque en principio fueron considerados un grupo marginal dentro de la sociedad, la fuerza económica, la cultura y en muchos casos la potencia militar de los ciudadanos terminará imponiéndose y romperá el viejo esquema tripartito de la sociedad medieval. Por otra parte, la división de la sociedad, atendiendo a la función que cada uno desempeña, pierde gran parte de su eficacia ante las nuevas condiciones de vida, mucho más diversificadas, y la sociedad tiende a organizarse en grupos de acuerdo con su

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riqueza y su poder político. En el XIV, aunque los orígenes son anteriores, la sociedad aparecerá dividida en tres grupos: ·Integran el 1º los altos cargos eclesiásticos, los miembros de la nobleza, los oficiales del rey de mayor importancia y los dirigentes de las ciudades y concejos que no sólo tienen el poder económico sino también el político a través de su vinculación con el monarca o gracias a su intervención en las reuniones de las Cortes. ·El 2º grupo lo integran los restantes cargos eclesiásticos, la nobleza de 2ª fila, los oficiales menores, los miembros de las profesiones liberales urbanas, los dueños de industrias y los pequeños mercaderes. ·En el 3er grupo están los campesinos, el bajo clero y los demás habitantes de las ciudades. A. CAMPESINOS PROPIETARIOS, DEPENDIENTES Y JORNALEROS EN LOS REINOS OCCIDENTALES El estatus laboral y la forma de vida de los campesinos en este período variará dependiendo de la zona en que habiten y de la estructura socio-política que predomine en ésta. El pequeño propietario libre surgido en los siglos iniciales de la Reconquista va lentamente perdiendo su propiedad y cae bajo la dependencia de un noble o de un centro eclesiástico, a través de diversos medios, que éstos utilizan para incrementar sus bienes: ·Un préstamo hecho en años de malas cosechas y no devuelto a tiempo, se saldará con la entrega de la tierra del campesino, lo único que éste posee. ·Ésta servirá igualmente para pagar las multas judiciales, para hacerse perdonar delitos en los que el señor o los clérigos son los jueces. ·Con la tierra se pagarán los tributos que el señor tiene derecho a cobrar. ·Otras veces, no será la presión económica sino la política o militar la que lleve al campesino a entregar sus tierras: necesidad de protección, incluyendo la necesidad de salvar el alma. ·Incluso hay ejemplos de campesinos obligados a vender porque sus tierras están en zonas cuyo control interesa a un noble o monasterio (concentración de parcelas dispersas). Privado de su tierra, el campesino se ve obligado a ofrecer su trabajo a un propietario, que le entregará en usufructo una parcela o su antigua tierra a cambio de que reconozca el señorío, aceptando su dependencia mediante el pago de ciertos tributos y el cultivo durante ciertos días al año de las tierras que se reserva el señor (reserva dominical). Podemos hablar ya de campesinos dependientes. Los hombres de behetría castellanos, que se entregan a un señor para que les proteja y defienda, también han de reconocer su dependencia. Inicialmente, éstos conservan su libertad de movimiento y pueden elegir como señor a quien le plazca. En la práctica abundan las behetrías hereditarias y el protector se transforma en señor de una familia o de una aldea completa en las behetrías colectivas, percibiendo tributos muy diversos (según el Fuero Viejo de Castilla: infurción o tributo con el que se reconoce la
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dependencia, posada y alimentos cuando visita el lugar). No obstante, hay diferencias según se trate de la Zona Norte y de la Zona Sur. En la Zona Norte existe la dependencia generalizada, consecuencia de la creación de grandes propiedades laicas y eclesiásticas, a lo que contribuye decisivamente la entrada en la Península, por el Camino de Santiago, de las ideas y de la organización feudal europea (por ejemplo, el fuero concedido a Sahagún en 1085), que reconoce la dependencia y el total dominio del señor, bien sea laico o eclesiástico. Los vasallos, en ocasiones, se rebelaron contra su señor cuando las circunstancias les son favorables, es decir, cuando se producen enfrentamientos entre los señores y el monarca, siendo utilizados por éste en su lucha contra clérigos y nobles. No es que el monarca sea antiseñorial y apoye a los vasallos, los utiliza en su lucha contra la iglesia cluniacense. Esto es prueba del malestar campesino que se agudiza a medida que se aleja la frontera musulmana y puede prescindirse de los campesinos para la defensa de la zona. La guerra había permitido a los campesinos de Castilla y en menor medida a los de León y Portugal, tener una libertad de movimientos mayor que sus contemporáneos europeos. Pero ahora servirá a largo plazo para fortalecer a los guerreros: su función perderá sentido, pero la fuerza adquirida les permitirá controlar a los campesinos. En la zona Sur, la conquista de Toledo habría sido inútil si no se hubieran reforzado las zonas próximas y repoblado las tierras situadas entre el Duero y el Sistema Central (entre los años finales del XI y primeros del XII), con la ocupación definitiva y permanente de las provincias de Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora y se crean o restauran estos núcleos y Olmedo, Medina, Coca, Cuéllar, Sepúlveda. Los pobladores son libres o adquieren libertad junto con la propiedad de la tierra, por el hecho de instalarse en estos lugares. Puede afirmarse que gracias a la guerra, en la zona repoblada en este período predominan los campesinos libres propietarios de la tierra que cultivan mientras en el Norte se acentúa la dependencia en parte para evitar la migración masiva hacia nuevas tierras. Pero sería erróneo afirmar que los habitantes de los concejos del Valle del Duero son todos libres e iguales, pudieron serlo en el momento inicial de la repoblación, pero en el XII hay claras diferencias: ·Entre los habitantes de la villa o ciudad y los de las aldeas que forman el territorio o alfoz de cada concejo. ·Entre los que poseen casa y tierra y los que trabajan para otros. ·Entre los agricultores y los pastores que alternan esta actividad con las militares (guerreros-pastores) en defensa del concejo. Estos nuevos guerreros concejiles o caballeros villanos tienden a reservarse en exclusiva los cargos concejiles, aumentando las diferencias con el resto de la población. A pesar del predominio de los concejos de realengo en el Valle del Duero y la abundancia en ellos de hombres libres, el rey concede tierras y derechos a nobles y eclesiásticos, los cuales repueblan sus dominios poniendo a los pobladores condiciones diversas. En muchos casos, campesinos y señores están ligados por contratos agrarios de clara naturaleza feudal, reconociendo el señorío de nobles o eclesiástico, pagarle tributos y trabajar determinados días al año la reserva dominical (prestaciones personales en forma de corveas, jeras o sernas, durante las cuales los campesinos son alimentados por el propietario). Este trabajo en la reserva señorial va desapareciendo, sustituido por pagos en dinero, a medida que se reactive el comercio pues el propietario

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prefiere ceder nuevas partes de la reserva a nuevos vasallos o a jornaleros que la cultiven. El campesino sale beneficiado al no tener que abandonar sus tierras en las fechas clave (siembra, siega, trilla y acarreo) para cultivar las del señor. Propietarios teóricos de la tierra que cultivan el resto del año, su propiedad está fuertemente limitada: están obligados a residir en el lugar para mantener sus derechos y no pueden vender la tierra sino al señor o a otro vasallo que acepte su dependencia y las obligaciones que conlleva. La libertad y la propiedad tienen como límite los derechos señoriales, que en ningún caso deben verse perjudicados. Si el señorío es eclesiástico se obliga a los campesinos a ser parroquianos de la iglesia local, a recibir de ella los sacramentos y entregarle los diezmos, primicias y ofrendas de todo tipo. Junto a los campesinos libres y dependientes (propietarios en una u otra forma) hay otros que carecen de tierra y viven como criados en casa de un señor de forma permanente, o como jornaleros que alquilan su trabajo con carácter temporal. Los primeros se integran plenamente en la familia del señor, que los alimenta y responde por ellos en juicio. Los jornaleros están unidos al propietario mediante un contrato verbal o escrito en el que se especifican sus derechos y obligaciones con respecto al señor para el que trabajan, contratos que en principio son acordados libremente por las partes, pero en momentos de crisis es el rey el que debe obligar a los jornaleros a ofrecer sus servicios a precios por él fijados. Las diferencias de salario son consecuencia del mayor o menor nivel económico y de la mayor o menor necesidad de mano de obra (menos necesarios en la zona norte, de predominio de campesinos dependientes, absolutamente necesarios en las tierras andaluzas). Los sueldos de las mujeres son la ½ que los de los hombres. B. LA DEPENDENCIA EN NAVARRA, ARAGÓN Y CATALUÑA Al igual que ocurre en los reinos occidentales, el libre en los siglos iniciales de la Reconquista, evoluciona a la dependencia del noble o la Iglesia por motivos de tipo económico; préstamos o rentas impagados, multas judiciales y de tipo político-militar; petición de protección a un señor noble o eclesiástico. Para atender a estos compromisos o necesidades, el campesino tiene que pagar con lo único que posee: su tierra. En Aragón y Navarra esta dependencia se acentúa por el hecho de la imposibilidad de expansión hacia Levante, con lo que los señores feudales ven mermada su capacidad de adquisición de nuevas tierras (sobre todo tras la toma de Valencia), y aumentan la presión sobre el campesinado. A pesar de este endurecimiento de la relación señorvasallo, la situación económica mejora, ya que, a partir del siglo XIII los pechos y servicios que el campesino presta, quedan reflejados por escrito en documentos que obligan a ambas partes. Existen ejemplos como la carta donde el monasterio de Rueda da a poblar la villa de Jaulín en 1217, los nuevos pobladores adquieren una serie de compromisos como construir casa en el lugar, residir en él, trabajar heredades, pagar diezmos y primicias, ayudar a la siembra que se reserva el monasterio. El monasterio se reserva la exclusiva de administrar justicia, dominio del lugar y el horno. Si alguien quiere vender su parte se la ofrecerá en primer lugar al monasterio; caso de venderse a otro, éste deberá cumplir con todos los compromisos que tuviera el antiguo poblador.

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En Cataluña durante los siglos XI y XII numerosos campesinos pierden la propiedad y se convierten por tanto en dependientes de un señor: « homes propis i solius» , y, en el siglo XIII este número aumenta cuando el campesino busca protección militar. En los « Usatges de Barcelona» se relatan las múltiples maneras de dependencia: ·Lo que encuentran los campesinos en la tierra como oro, plata, animales, es propiedad del señor, reservándose éste la facultad de galardonar al campesino por lo encontrado. ·Para las peticiones de Justicia, hay que acudir al señor, que es quien la administra entre sus vasallos. ·Cuando el vasallo muere sin testar, el señor recibe 1/3 de la propiedad si el difunto tenía mujer e hijos y ½ si sólo tiene mujer o sólo tiene hijos. C. GANADEROS Y AGRICULTORES: LA MESTA Con la concesión de los primeros fueros que se conceden a tierras altas de interés militar adaptadas a la economía pastoril, vislumbramos, a fines del siglo XIII el comienzo del predominio ganadero cuyas causas podemos expresarlas en: ·Insuficiencia demográfica. ·Dada la escasez de población, la ganadería se convierte en único medio de explotación de grandes espacios. ·El ganado es de más fácil defensa en condiciones de emergencia. ·La oveja, al igual que el grano, es medio de pago. Los grandes propietarios no sólo se quedaron con tierras al sur del Duero. La trashumancia se extendió también al norte quedando algunas zonas no aptas para la agricultura. En la corona de Aragón y Navarra hubo más equilibrio con la agricultura por ser tierras más pobladas y la expansión más lenta. Los grandes propietarios de ganado eran los monasterios, los grandes nobles y los caballeros de los concejos. Estos últimos que, al mismo tiempo, son guerreros, forman mestas locales para defender sus intereses buscando nuevas tierras, bien a costa de musulmanes o de otros concejos. Su cohesionada fuerza les lleva a hacerse cargo del poder de los concejos (caballeros villanos, milicias concejiles) organizando para su interés los usos de los pastores de los predios municipales. Los conflictos a resultas de ello con el otro poder ganadero (monasterios-iglesias) fueron numerosos. El aumento de la cañada ganadera crea la necesidad de buscar nuevos pastizales, no tanto en propiedad sino en el derecho de uso de esos pastos. Para ello, arrancan el monarca la merced de poder pacer sus ovejas en condiciones análogas al ganado regio. Esta situación de precariedad buscando siempre acuerdos, pactos, concordias, hace aunar posturas a las mestas locales (Cuenca, León, Soria, Segovia) para conformar en el año 1273, bajo el reinado de Alfonso X, el Honrado Concejo de la Mesta. El monarca sólo se limitó a dar oficialidad a una organización ya existente. En la corona de Aragón se crea la Casa de Ganaderos de Zaragoza entre otras agrupaciones. La fuerza de esta organización regida por las oligarquías pastoriles (reduciendo a la larga la autonomía de las mestas locales) incrementa aún más su poder en detrimento de la agricultura.

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La Mesta regula las cañadas en las zonas de cultivo, regulando las rutas ganaderas más importantes como son las Cañadas Reales segoviana, soriana, manchega y leones. El Fuero municipal más completo en cuanto a la trashumancia resulta ser el de Cuenca. Por último, añadir que el desarrollo de los grandes rebaños de ovino (raza merina) no lleva implícito un aumento de la actividad textil. Al contrario, esta lana se vende en el extranjero y regresa como artículo manufacturado y sensiblemente aumentado de precio. Las Cortes proclaman que se prohíba la exportación de lana y se cree una infraestructura textil, pero una industria solvente no interesa a los grandes propietarios del ganado. La información que tenemos de la agricultura es escasa y casi siempre a través de fueros o fuentes económicas y ejemplos aislados. Así se nos indica sobre la propiedad campesina la forma de explotación de la tierra o los aperos de labranza o el ajuar de una casa campesina.

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LA SOCIEDAD URBANA EN LOS REINOS HISPÁNICOS
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. ARTESANOS Y MERCADERES Alrededor del año mil en Europa se produce un progreso por: mejores cosechas agrícolas, cese de las guerras, mejores útiles técnicos en la agricultura. Al haber mejores cosechas se produce una mejor alimentación de la población y con ello expansión demográfica, excedentes agrícolas y su comercialización. La fiebre de las construcciones en Cataluña: iglesias, centros urbanos y barrios extramuros o burgos; el bienestar de los ricos trae el gusto por lo superfluo y por el lujo y el interés por los libros y creación de escuelas catedralicias o monasterios que derivan en el siglo XIII en universidades. El progreso material no es sólo cuantitativo sino cualitativo: la roturación de nuevas tierras previa desecación de pantanos, talas de bosques y construcción de caminos; con los nuevos caminos y con la existencia de excedentes se produce el intercambio de productos de unas zonas a otras y de unos productos por otros. En principio este intercambio lo realiza directamente cada propietario, pero a medida que aumenta el número de productos y las distancias donde había que transportarlos, aparecen los mercaderes, personas que viven del comercio. Estos se instalan cerca de los posibles clientes a la entrada de los castillos y ciudades, la ciudad recupera su función económica sin perder la administrativa, eclesiástica o militar. Surgen los barrios o burgos donde se instalan los artesanos. El mercado pasa de ser sólo agrícola a la fabricación de objetos manufacturados que atienden las necesidades de la comarca. Productos: origen animal, vegetal, mineral y manufacturados. Los nuevos burgos surgen en todo el territorio hispánico y con ellos sus habitantes, artesanos y mercaderes; en las zonas costeras tuvieron contactos con el mundo europeo. En el interior estos mercados tuvieron menos importancia, pues las ciudades eran dominadas por guerreros-pastores, villanos, nobles y clérigos y el interés fundamental estaba en la producción de lana y su exportación para obtener dinero. Esto produjo una gran explotación de la ganadería y el poco desarrollo de la artesanía. La artesanía tuvo gran desarrollo en el Camino de Santiago en el siglo XI y sigue las mismas pautas que en Europa: los mercados locales y regionales de carácter agrí ola c ganadero semanal; sigue pronto la instalación de tiendas en ciudades y concejos y la posibilidad de comprar productos de otras zonas hace que surjan los mercados anuales o ferias, estas se mantienen hasta la actualidad. Los mercados diarios están copi dos del a zoco. Las ferias, aunque autorizadas y creadas por los reyes, sólo prosperan cuando están en zonas aptas por su riqueza y por su situación estratégica.

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El mercado periódico no puede realizarse sin garantizar el orden, para ellos se prohíbe el uso de armas en los mercados. El funcionario que dirige y controla el mercado es el zabazoque, para controlar pesos y calidades, mantener el orden, aunque en algunos concejos esto lo realicen los jueces y alcaldes, el sayón es el encargado de percibir las caloñas o multas; los impuestos que recargan la entrada de mercancías las cobran los teloneros, portazguero o portero. B. EL COMERCIO INTERNACIONAL CATALÁN La reactivación agraria de los siglos X y XI en los condados catalanes se manifiesta en la creación de industrias, que si en un principio sirvieron para atender necesidades locales, a partir del siglo XIII también suministraron productos para un activo comercio internacional. A través de acuerdos (Paz y Tregua) se garantiza a los mercaderes la paz del mercado. A partir del siglo XIII aparecen los primeros gremios que apoyan y organizan a los artesanos. La industria textil fue la más importante, siendo exportada a Castilla y norte de África. También destacan la elaboración de joyas y la construcción naval. Junto a estas actividades industriales o artesanales se desarrollan las comerciales, facilitadas por la proximidad al Mediterráneo y por la pacificación de los condados. Los mercaderes sufragan mediante préstamos las conquistas y financian la ocupación de Mallorca. Los mercaderes con sus residencias y tiendas en las ciudades también realizan viajes fuera de los condados para desarrollar su actividad en ferias y mercados. Debido a esta expansión comercial surgen peajes como el de Barcelona de 1222 para los productos locales e importados. En el arancel de 1271 se fijan por los conseller de Barcelona las cantidades que deben cobrar los corredores o intermediarios y evitar los fraudes. Los aranceles de Valencia (1243 y 1271) se hallan exentos de peaje, debido tal vez a la falta de una artesanía capaz de atender a las necesidades locales y que estaban obligados a la importación de artículos para abastecer el mercado. La proyección externa de los mercados catalanes no habría sido posible sin una organización, siendo la primera la de la Ordenanza de la Ribera de Barcelona de 1258, en la que se definen los derechos y obligaciones de marinos y mercaderes, con disposiciones como: ·El capitán y los marineros no abandonarán la vigilancia y cuidado de las mercancías, hasta que éstas hayan sido desembarcadas. ·Un escribano deberá levantar acta de lo que ocurra entre ambas partes; señor de la nave y los mercaderes o dueños de las mercancías. ·Servicio de vigilancia en función del valor de las mercancías. ·Solidaridad y ayuda que deben prestar a las naves de Barcelona en caso de apuro. ·Nivel de carga que puede transportarse sin peligro. ·Crea la figura de cónsules en el exterior. Entre 1260 y 1270 los barceloneses procederán a una nueva redacción de las Ordenanzas en el « Libro del Consulado» . En la segunda mitad del siglo XIV será aceptado en todo el Mediterráneo como código marítimo el « Llibre del Consolat del Mar» donde están reguladas la construcción y reparación de naves, derechos y
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obligaciones de los accionistas, obligación del patrón y marineros, condición de los fletes, normas de carga y descarga y forma de compensar los daños causados y las relaciones entre el patrón, los mercaderes y los pasajeros embarcados. La expansión del comercio exterior está estrechamente relacionada con la expansión política, la unión de Aragón y Cataluña (1137), la conquista de Baleares y Valencia y el protectorado sobre Túnez (Jaime I), la incorporación de Sicilia (Pedro el Grande), Cerdeña (Jaime II) y los ducados de Atenas y Neopatria (Pedro el Ceremonioso) y Nápoles y el protectorado de Epira (Alfonso el Magnánimo). Los mercaderes necesitan un apoyo político militar. Entre las causas de la expansión tiene lugar preferente la económica, apoyada por los burgueses. Cataluña en general y Barcelona en particular (desarrollo agrícola, comercio de esclavos, oro, marina). Las rutas del comercio fueron: ·Norteafricana, se inicia a comienzos del siglo XIII. La mayor parte de los mercaderes son catalanes y mallorquines. Los productos eran oro y esclavos. Las ciudades Ceuta, Túnez y Trípoli. Otros productos como el marfil, incienso, cera, atún, coral, dátiles, azúcar, pimienta, ámbar, alumbre y desde el siglo XIV, cereales. ·Mediterráneo central y el acceso a Bizancio, a las islas griegas, Siria y Egipto, amenazada por Carlos de Anjou, con quien se enfrentan catalanes por defender el comercio tunecino y su acceso a la ruta de las especias, además de la necesidad del abastecimiento del trigo siciliano para Barcelona. ·Bizancio y de las islas griegas, además del aspecto comercial, existe el intento de aproximarse a Chipre, mediante el matrimonio de Jaime II con María de Lusignan. A pesar del fallido matrimonio de Jaime se mantienen las relaciones negociadas por mercaderes y por la presencia en Rhodas de la Orden de San Juan. A los puertos de Siria y Egipto llegan mercaderes catalanes y sus cónsules, también existen relaciones piadosas y humanitarias, como la petición del cuerpo de Santa Bárbara al sultán egipcio Abu Al-Fatah, el cual exige a cambio el envío a Egipto de artículos prohibidos por Roma como armas, hierro, naves y material para su construcción y alimentos. El comercio de estas rutas proporciona numerosos artículos a los mercaderes catalanes que negocian en el mundo europeo, haciendo intercambios de productos orientales en la feria de Champagne por paños flamencos que serán distribuidos por Roma, Gaeta, Nápoles, Palermo y norte de África. Otro centro importante del comercio catalán es Sevilla, donde los catalanes obtienen numerosos privilegios durante los reinados de Alfonso X y Sancho IV; desde mediados del siglo XIV misioneros y comerciantes catalanes y mallorquines se establecen en las Islas Canarias, convertidas en el gran centro de exportación de esclavos. En los libros de mercaderías se detallan los productos, clases y procedencias, forma de descubrir los fraudes, las monedas, pesos y medidas utilizadas en cada zona, los

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jornales, el coste de los fletes, las tasas mercantiles y aduaneras. Las ciudades con las que se traficaba estaban reflejadas en el Primer manual hispánico de mercaduría: Damasco, Trìpoli, Alejandría, El Cairo, Constantinopla, Chipre, norte de África, Génova, Montpellier, Pisa, Sicilia, Narbona, Carcasona, Limoges, Ipres, Brujas, París y Saint-Homer, entre otras ciudades. C. MOZÁRABES, MUDÉJARES Y JUDÍOS Entre los pobladores de los reinos hispánicos de los siglos XIII y XIV se encontraban tres grupos diferenciados, atendiendo a su etnia, religión o cultura: los mozárabes, judíos y mudéjares que convivían con la población cristiana. Los mozárabes eran los cristianos que habían vivido en territorio musulmán, conservaban su idioma árabe y la cultura visigoda. Eran muy numerosos en territorio musulmán hasta el siglo XIII pero al aumentar la inseguridad se trasladan a las zonas cristianas y a Toledo, conquistada en 1085, manteniendo su código: el Fuero Juzgo. Conocían bien ambas culturas por lo que se adaptaron e integraron entre los cristianos, e incluso fueron traductores cualificados por su dominio del romance y del árabe y sus clérigos hablaban latín, lo que les permite actuar de intermediarios entre cristianos y musulmanes. Los judíos mantenían sus diferencias religiosas y vivían en juderías, apartados físicamente de los cristianos, aunque en todos los reinos hispánicos. Su situación estaba condicionada por las normas de la Iglesia, que a partir del siglo XIII les exigía identificarse. Estaban en condiciones de inferioridad con respecto a los cristianos, tanto en el ámbito social (cargos laborales inferiores) como religiosos (se les prohibía salir los Viernes Santos por considerárseles autores de la muerte de Jesucristo). A este estado de cosas se llegó a través de diversos concilios y sínodos ya desde principios del siglo XIV como el celebrado en Zamora en 1313. Sin embargo, ciertos comerciantes judíos se fueron enriqueciendo y poco a poco ocupando cargos de responsabilidad bajo la protección del monarca, a quien favorecían económicamente (se dedicaban a recaudar impuestos, eran administradores de Hacienda), convirtiéndose en funcionarios del monarca y adquiriendo una autoridad que por su condición les estaba negada. Esto hizo que entre la población cristiana surgiera una gran animadversión hacia los judíos, especialmente a finales del siglo XIV. Muchos hubieron de emigrar o convertirse al cristianismo. Sin embargo, con Jaime I de Aragón o Alfonso XI, se autorizó su vuelta y se les protegió. Los mudéjares eran musulmanes que habían permanecido en los territorios ocupados por los cristianos, eran muy modestos social y económicamente, pues se dedicaban generalmente a la agricultura o artesanía. Eran respetados en su religión y tolerados socialmente (tenían sus propios jueces, como la aljama sarracena de Lérida). No obstante, esta tolerancia no era aceptación plena al igual que los judíos, eran obligados a llevar distintivos para no ser confundidos con los cristianos. Las minorías mudéjares y las judías no pueden equipararse entre ellas, pues a pesar del desdén que los cristianos sentían por ellos, los judíos podían llegar a ocupar altos cargos en la sociedad mientras que los mudéjares debían conformarse con puestos más modestos.

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DEFENSORES Y CABALLEROS (1)
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. NOBLEZA CASTELLANO-LEONESA Al cambiar la situación a partir del siglo XI, serán los reyes cristianos quienes exijan parias a los musulmanes, exigencia también de los nobles fronterizos cristianos para no ocupar el territorio musulmán. Una vez ocupado, el botín se reparte de una manera previamente establecida: un quinto para el monarca y el resto proporcional a los nobles. El oro musulmán sirve entre otras cosas para primar servicios militares y políticos a los nobles. Para éstos, ya no es la tierra, sino la moneda, la posesión de artículos de lujo, lo que muestra la categoría de quien los posee. En un principio, la nobleza es un grupo abierto, al que se accede por intervenir en la guerra, por repoblación o por cargos en el gobierno de las tierras conquistadas, por tener tierras y caballo. Poco a poco esto irá cambiando; los cargos se van haciendo hereditarios así como las donaciones reales y la nobleza pasará a ser un grupo cerrado al que se pertenece por nacimiento. Los nobles intentarán establecer diferencias juríd icas con el resto, como privilegios fiscales y judiciales, consolidándose en textos legales. El primer fuero nobiliario del que se tiene noticia es de la época de Alfonso VII, al cual se alude siempre en época de sublevaciones (el buen fuero anterior). Además se redactaron otros en Nájera y en León, referentes a las relaciones de los nobles con los vasallos. Todas estas recopilaciones pasaron al « Fuero viejo de Castilla» y al « libro de los fueros de Castilla» (que también se refieren a León). Del ordenamiento de León recogemos leyes referidas a las obligaciones de hidalgos y ricoshombres con el monarca, además de otros derechos señoriales. El poema del Mío Cid es un claro ejemplo de estas costumbres y leyes establecidas. Hay una clara diferencia entre ricoshombres (unos 30 linajes) y simples nobles. Los primeros tienen fuerza militar y política suficiente para provocar las sublevaciones e intervenir en el reino. Los segundos obtienen cargos en Cortes y municipios. La nobleza militar de épocas anteriores se va transformando en cortesana y los ingresos y tierras obtenidos por conquista se obtienen ahora en la Corte, estando cerca del rey. Ahora, la pérdida de ingresos equipara muchas veces a los nobles con mercaderes y burgueses enriquecidos. Esto es lo que los nobles tratan de evitar con la aprobación de leyes suntuarias (cada uno viste según la categoría) y la defensa del estatuto nobiliario, así como la de poder pertenecer a una Orden de Caballería. Ordenarse caballero será como un sacramento con funciones específicas consideradas sagradas, que dan sentido a la continuidad de su status. Las revueltas nobiliarias se producirán por intentar mantener ese status y salvar los fueros, por obtener más tierras del rey y más cargos que realcen social y políticamente a los nobles.

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Las revueltas condicionan los reinados de Alfonso VIII de Castilla, Fernando II, Alfonso IX de León y, ya en el siglo XII de Fernando III. Hay bandos nobiliarios importantes: los Haro, los Castro, los Lara, que capitanean las revueltas. Los problemas surgen con Alfonso X, a pesar de que consiguen del monarca más tierras y dinero de las que habían tenido nunca. El pretexto será que este rey pretende imponer el Derecho Romano frente al nobiliario. Alfonso necesita a los nobles, su ayuda económica y militar para sus aspiraciones imperiales y por eso acaba accediendo a todas sus demandas. La situación será muy parecida en Portugal, en donde, desde el siglo XII hay división en los bandos de los grandes nobles. Alfonso II crea una nueva nobleza cortesana. La monarquía intenta seguir una política centralizadora creando mecanismo como las « inquirioes» . Esta política acabará en una auténtica guerra civil en tiempos de D. Dionis. También es Castilla la monarquía intenta regular los derechos y deberes de los nobles. B. EL FUERO GENERAL DE NAVARRA Sancho VII de Navarra había previsto la unión de su reino al de Aragón, pero a su muerte (1234) los nobles y el obispo de Pamplona ofrecieron el reino a Teobaldo de Champaña, sobrino de Sancho. Los nobles navarros impulsaron, promovieron y aprovecharon el cambio de dinastía para defender mejor sus intereses; a tal efecto consiguieron imponer un fuero, cuyo objeto no era otro que limitar considerablemente las atribuciones y poderes del nuevo monarca. A diferencia de la nobleza de los reinos occidentales que utilizaron las dificultades del rey para imponer sus puntos de vista. En 1238 una comisión formada por diez ricoshombres, veinte caballeros y diez eclesiásticos discutirán con el rey y con el obispo los derechos y obligaciones que corresponden al monarca y a cada uno de los grupos sociales representados. La concreción de estos privilegios de ambas partes se recogieron en el llamado « Fuero Antiguo» que regulaba, entre otras cuestiones: ·La estructura de la monarquía y la sucesión del reino. ·Los derechos de los ricoshombres en relación con la corona « ... el rey no puede quitar tierra ni honor a los ricoshombres sin sentencia judicial previa...» ·Las garantías procesales de los infanzones « ...los infanzones sólo pueden ser juzgados en la corte del rey, en presencia del alcalde de la corte y de tres a siete ricoshombres que sean de la misma tierra que el acusado... « ·El sistema hereditario de ricoshombres, caballeros, infanzones y dueñas de linaje. ·La distribución de las conquistas que efectuarán el monarca y los ricoshombres, etc. Es significativo el prólogo del « Fuero Antiguo» , ya que los nobles navarros recuerdan a Teobaldo de Champaña que sus derechos al trono proceden de su elección más que de su parentesco con Sancho VII y consecuentemente su legitimidad viene de sus súbditos y no de Dios.

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Enlazando así con el viejo derecho germánico, del que tomaban también el rito de proclamación del rey: jurar los fueros, recibir la orden de caballería, alzamiento sobre el escudo, reparto de monedas entre el pueblo y una vez realizado todo ello, doce ricoshombres, en nombre de todos los navarros, juran defender al rey, a la tierra y a los fueros. La imposición de estas cláusulas tiene por un lado una base histórica, Aínsa-Sobrarbe (nobles contra musulmanes), así como paralelismo con Covadonga. El « Fuero Antiguo» fue la matriz a partir de la cual, en los siglos posteriores, se fue conformando y amejorando el que hoy conocemos como « Fuero General» . En este amejoramiento hay que incluir a Felipe III, en 1630. El poder de los ricoshombres se manifestó en un frente común ante los reyes extranjeros, lo que no impidió la formación de bandos desde finales del XIII. C. LOS GRUPOS PRESENTADOS A CORTES
13. PRECEDENTES

Los reyes y condes hispanos gobiernan aconsejados por nobles y eclesiásticos que siguen a la corte o son llamados en circunstancias especiales, como los concilios de Carrión en 1130 que Alfonso VII ordena convocar a Diego Gelmírez o el de León 5 años más tarde. Las separaciones de los reinos da lugar a curias por cada uno de los reinos separados. Estos concilios y curias no son las únicas asambleas. En Cataluña se convocan asambleas más amplias, las de « paz y tregua» para legislar sobre las paces y las treguas perpetuas en los territorios. Suelen estar relacionadas con campañas exteriores, como por ejemplo, la toma de Valencia.
14. LAS CORTES

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Los diferentes reinos peninsulares se disputan la prioridad de las Cortes pero es en León en 1188 donde se convocan las consideradas más antiguas, no sólo en España posiblemente también en Europa, por ser las primeras en convocar a los ciudadanos junto con los clérigos y los nobles y que además conllevan el compromiso de seguir los consejos de los « obispos, nobles y hombres buenos» . Las Cortes pierden su función de consejo (que procedía de la curia) a favor de la ayuda económica, política y militar. Las Cortes suponen la debilidad monárquica al exigir siempre contrapartidas a la ayuda monetaria. Preocupándose con frecuencia, los representantes, más de sus intereses que de los generales. Los asistentes a cortes representan al reino según el concepto y la forma de la tradición medieval.
15. LOS COMPONENTES DE LAS CORTES

Los clérigos: arzobispos, obispos, cabildos catedralicios, clérigos regulares (monjes y frailes) y órdenes militares. Estos no sólo se representan a sí mismos, también a todos los que viven bajo su protección, son los territorios de abadengo.

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Los nobles, con éstos pasa lo mismo no sólo se representan a sí mismos, también a todos los que viven bajo su protección incluidos otros nobles bajo su jurisdicción, son los territorios solariegos. Los ciudadanos: dependen directamente del rey son llamados bien a título personal o bien elegidos entre los principales de las ciudades, son la caballería villana de los concejos semi-urbanos y los grandes mercaderes « los burgueses» de las ciudades, son gentes con gran poder económico. Proceden de las zonas de realengo (brazo real). La representación es la que corresponde a una sociedad basada en la desigualdad y el privilegio. Teóricamente todos están representados y a todos atañe lo pactado. En la práctica sólo una minoría con poder socioeconómico y militar actúa confundiendo en ocasiones, más que el bien común, sus propios intereses.

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Historia Medieval de España

DEFENSORES Y CABALLEROS (II)
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. LOS FUEROS DE ARAGÓN La palabra fuero, del latín « forum» = foro, etimológicamente significa juicio, lugar donde se administra la justicia, o territorio sobre el que se extiende la jurisdicción, aunque en legislación se refiere a uso, costumbre y « derecho, no observado de un modo general» , definiéndose entonces como « colección de privilegios, franquicias e inmunidades otorgadas por el poder público a determinadas localidades o clases sociales» . En el Derecho vigente se usa en equivalencia de « legislación especial» . Durante el siglo XIII vemos repetirse el mismo proceso en todos los reinos del nor te peninsular: los nobles, caballeros y defensores, a quienes las prerrogativas forales benefician, buscan ser plasmados de forma expresa los « Usos y Costumbres» que se remontan a tiempos ancestrales (principios de la Reconquista e incluso los visigodos) aprovechando cualquier período de debilidad real, sucesiones o peticiones de ayuda. Los reyes lógicamente eran remisos a sancionar lo que era para ellos pérdida de poder efectivo, de sus intereses centralizadores y sobre todo de la capacidad para represali r a debidamente a quien se alzara en armas o conjurara contra el poder real. El « Fuero Real» promulgado por Alfonso X para los territorios de Castilla y León, los « Usatges» de Cataluña, promulgados por Ramón Berenguer I (1068) y elevados a compilación legal con el Privilegio « Recognoverunt Proceres» dado por Pedro III en 1283, en la misma fecha y situación en que se vio obligado a otorgar el « Privilegio General» a los nobles aragoneses, o el « Fuero General de Navarra» , recopilado como consecuencia de las disidencias entre la nobleza y el rey Teobaldo I en 1287, todos ellos son el resultado de esa pugna entre el rey y la nobleza por delimitar sus respectivos campos de actuación. A diferencia de los anteriores, en Aragón no se produce confusión entre alta y baja nobleza, formando grupos diferenciados en su representación en Cortes. Los « Fueros de Aragón» son una colección de « cartas pueblas» y privilegios concedidos desde los comienzos de la Reconquista a Sobrarbe, Aínsa, Jaca, San Juan de la Peña (en cuyo monasterio se recopiló la Crónica que más tarde invocarían los nobles), Zaragoza, Belchite, Calatayud, Daroca, Alcañiz y Teruel. Fueron recopiladas por el Obispo de Huesca Vidal de Cañellas, por orden de Jaime I y aprobadas por las Cortes de Huesca de 1247, agregándose en 1283 el « Privilegio General» en las siguientes circunstancias: Tras la conquista de Sicilia, Pedro III fue excomulgado y depuesto por el Papa Martín IV y Felipe III se disponía a invadir el territorio. El rey necesitaba subsidios y a la nobleza para organizar la defensa pero, a pesar de su crítica situación, en las Cortes de Tarazona (septiembre) se resiste a las presiones nobiliarias. Un mes más tarde, en las Cortes de Zaragoza se ve obligado a otorgar 30 nuevas leyes añadidas a los Fu eros, dando lugar al « Privilegio General» , aceptando entre otras cosas, las siguientes:
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·Reunir Cortes todos los años. ·No proceder contra la clase privilegiada de oficio sino sólo a instancia de parte. ·Nombramiento del Justicia de Aragón entre caballeros o hijosdalgo y con el consejo de ricoshombres. ·Derecho a los honores y a trasmitirlos a sus hijos. ·Derecho de los ricoshombres a juzgar sus propios pleitos. ·Protesta por la concesión de un Fuero propio al reino de Valencia, y sobre todo ·Obligación de jurar los fueros como condición indispensable para ser aceptado como rey.

Sancionados los Fueros de Aragón, Cataluña y Valencia, se hace frente a los franceses derrotándoles en el paso de Panisars, donde muere Felipe III. Poco después muere el Papa Martín IV, Alfonso X y el propio Pedro III, superándose la crisis pero consolidándose una situación favorable a los intereses socio-económicos de la nobleza. Entre las consecuencias de la aprobación de los Fueros se pueden citar:
·Imposición de la noble za al poder real. ·Imposición de la nobleza a las nuevas clases sociales emergentes de burgueses y comerciantes. ·Consolidación de las estructuras feudales. ·Separación de los intereses aragoneses y catalanes. ·Reclamación sobre el reino de Valencia como z ona de expansión aragonesa y salida al mar. ·Intereses por los asuntos estratégicos del Mediterráneo. 97

B. LOS USATGES DE BARCELONA Usatges del latín « usatici» , derivado de « usus» (uso, costumbre). Son el fuero de Barcelona que se extienden a todos los dominios del conde y aunque en sentido estricto no pueden ser definidos como fuero nobiliario, son mayoría en ellos las disposiciones referentes a los nobles, comenzando por las que regulan la compensación que se ha de pagar por la muerte o herida causada a un vizconde, a un caballero, un burgués o un campesino. Otras disposiciones regulan las relaciones entre caballeros y sus señores, entre éstos y los campesinos que cultivan sus tierras, pero donde verdaderamente puede verse el derecho feudal catalán es en las « Conmemoracions» redactadas por el canónigo barcelonés Pere Albert (siglo XIII), subtituladas « Costumbres de Cataluña entre señores y vasallos» .

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Fijados los derechos feudales en los Usatges y en las Conmemoracions, las Constituciones de Paz y Tregua confirman la independencia de los señores y su autoridad sobre los campesinos:
·1173, Alfonso el Casto ponía bajo la protección de la paz y tregua las iglesias, personas y bienes eclesiásticos, las personas y propiedades de los campesinos y sus casas « siempre que no se hallaran en alodios de caballeros» sobre los que el conde -rey carece de jurisdicción. ·1202, se precisó aún más la independencia nobiliaria al adoptarse una disposición por la que los señores que maltrataran a los campesinos o les quitaran sus cosas no deberían composición alguna al rey, excepto en el caso de que los campesinos o sus bienes hubieran sido recibidos en feudo del rey o de personas eclesiásticas. ·1214, tras señalar las personas y bienes protegidos por la constitución, se aludió directamente a « los hombres de los alodios y castillos de los caballeros en los que el rey sólo poseía la potestad» (la justicia criminal); estos hombres no podían ser incluidos en la paz y tregua sin una declaración expresa de sus señores.

Las disposiciones legales no impiden la tendencia a la confusión entre los distintos grupos de nobles, al igual que en Castilla, y en las Constituciones de Paz y Tregua (1235) se adoptaron medidas semejantes a las tomadas por las Cortes Castellanas (1258): se prohibieron los vestidos lujosos. Al mismo tiempo se completó la tendencia a convertir la caballería en grupo cerrado al ordenar que nadie pudiera ser caballero si no era hijo de caballero, aunque no todos los hijos de caballeros llegan a esa categoría según se desprende de los Usatges, que reconocen al hijo de caballero la categoría paterna hasta que llegan a la edad de 30 años y de aquí en adelante se le considerará como a un payés si no reúne las condiciones de los caballeros, si ni tiene caballo, armas ni feudo, no va en hueste ni en cabalgadas, pleitos o cortes como corresponde a un caballero mientras no se lo impidan la vejez o la enfermedad. C. LOS GRUPOS PRESENTADOS A CORTES Los reyes y condes hispánicos gobiernan aconsejados por nobles y eclesiásticos que siguen a la Corte. Los concilios y la curia son los precedentes de las Cortes. Pero en Cataluña existen unas asambleas, anteriores a las futuras Cortes, denominadas « Paz y Tregua» , que se convocan junto con el consejo del rey-conde y que tienen como finalidad mantener pacificado el territorio en momentos de gravedad; desde el XII tendrán un significado político más que religioso. Lo acordado en estas asambleas difiere poco unas a otras. Es el caso de las asambleas de Ramón Berenguer III para mantener la paz, o de Jaime I, que aconsejado por obispos, nobles, caballeros y ciudadanos de Cataluña decreta Paces y Treguas perpetuas para llevar a cabo la conquista de Mallorca. Por esta paz están protegidos: iglesias, clérigos, viudas, huérfanos, campesinos, burgueses. Con la conquista de Valencia ocurrirá lo mismo, pero esta vez las asambleas de Paz y Tregua tomarán medidas de carácter social y económico como las leyes suntuarias que ponen límite a los gastos, reconocen la autoridad de los señores sobre sus hombres.

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Las Cortes heredan de la curia la función de consejo, pero éste va perdiendo importancia a favor de la ayuda económica, política y militar. La convocatoria de Cortes mostrará en ocasiones la debilidad de la monarquía, que servirá para exigir e imponer sus condiciones mediante pactos con el rey, que en adelante no podrá gobernar sin el consentimiento de las Cortes. Las limitaciones del poder monárquico se verán reflejadas por ejemplo en Navarra, donde al subir Teobaldo de Champaña e incumplir los fueros provocarán una revuelta nobiliar.
16. LOS COMPONENTES DE LAS CORTES

16.1 Iglesia

Fuertemente jerarquizada, a las Cortes van: arzobispos, obispos, miembros de los cabildos catedralicios, los clérigos regulares y los caballeros-monjes de las órdenes militares.
16.2 Nobleza

Guerreros a los que la actividad militar ha convertido en señores de vasallos. Su consejo y ayuda es doble: como especialistas de la guerra y como señores que deben autorizar la ayuda económica de sus vasallos. Serán compensados con el reconocimiento de sus derechos y privilegios.
16.3 Ciudadanos
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Aquéllos que se han desvinculado del rey-señor feudal, que poseen un mayor nivel económico, político y militar. Muchos son miembros de la caballería villana que controlaba los cargos municipales o quienes destacaban en los centros urbanos como mercaderes, llamados burgueses o ciudadanos. En Cataluña los funcionarios importantes de la administración: batlles (general de Cataluña, más tarde gobernador del Principado y lugarteniente real) y los veguers (que dirigen las catorce veguerías en las que se haya dividido el Principado). Teóricamente todos están representados y se cumple el principio de Derecho Romano. En la práctica, sólo una minoría de mayor fuerza económica, política y militar está presente en las Cortes. Mallorca carecerá de Cortes y deberá aceptar las catalanas. Las concesiones hechas por Pedro el Ceremonioso a las Cortes catalanas limitarán el poder real y someterán aún más a los vasallos de los señores feudales.

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LOS INTERCESORES ANTE DIOS
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

ORATORES = rezan e interceden

y y

En la Santa Misa Predican las verdades de fe
y y

Los clérigos se organizan, tienen intereses contrapuestos: Organización de los creyentes
y y

Órdenes militares Laicos / familiares

Diócesis secular) Órdenes regular)

(clero (clero

Los fieles deben ser conscientes de que no son dueños de los bienes que pertenecen a Dios las donaciones poder económico del clero. A. ARZOBISPADOS, DIÓCESIS Y PARROQUIAS Una de las características de la institución eclesiástica es la continuidad por encima de las contingencias políticas. La Iglesia hispana se organiza en época romana y visigoda, época unitaria y mantiene la idea de unidad incluso cuando la situación política es de clara diversidad y de enfrentamiento entre los reinos en que se ha dividido Hispania. La restauración del primado toledano es el símbolo de esta unidad, adaptándose a la realidad política permitiendo la restauración de sedes episcopales o la traslación de éstas y de sedes metropolitanas a lugares donde no las hubo en época romana o visigoda. La autoridad del primado toledano encontrará numerosas resistencias inicialmente entre los condes de Barcelona que se apresuran a restaurar la metrópoli tarraconense para evitar cualquier posible intervención del toledano-castellano. Cuando en Aragón y Barcelona se unan, la unidad política será reforzada con la eclesiástica. Tarragona extenderá su autoridad sobre las diócesis catalanas sobre los territorios de Aragón y también sobre Navarra con una serie de problemas. Plantea dos a raíz de las ocupaciones al independizarse Portugal a comienzos del siglo XII y separarse León y Castilla en 1157: el primado de Toledo-Castilla se contrarresta desde los arzobispados de Braga, en el que se ponen las diócesis y clérigos portugueses y de Mérida. Trasladado éste a Santiago de Compostela por orden de Diego Gelmírez. Esta realidad explica que Fernando II y los arzobispos de Santiago unan su esfuerzo en la ocupación de Extremadura, amenazada por castellanos y portugueses y hace que la Orden militar de Cáceres o de la Espada se convierta en la Orden de Santiago al hacerse familiar de

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ella el arzobispo de Santiago que ofrecerá a sus miembros la mitad de Mérida, puesto que el control de la ciudad garantiza que la sede metropolitana podrá seguir en Santiago y no volverá a Mérida. La de Sevilla en 1249 chocará con la de Toledo, extendiendo sus límites hasta Córdoba y la expansión de Portugal hacia el sur hará que se cree una provincia eclesiástica en Lisboa, cuyos intereses chocarán con los de Sevilla, esta incorporará la diócesis de Canarias y el obispado de Marruecos. La situación es cambiante y la fidelidad visigoda hace que los límites metropolitanos y políticos no coincidan de forma total. De Toledo dependen Palencia, Osma y Segovia. De Braga, Zamora y Astorga, más tarde dependerán de Compostela los obispos de León y Burgos consiguen que sus iglesias estén exentas, es decir, no dependan de ninguna metrópoli. Las diócesis se extienden sobre territorios demasiado extensos que es preciso subdividir en arcedianatos y éstos en arciprestazgos, cada uno de los cuales comprende varias parroquias, base de la organización eclesiástica que engloba a los fieles de cada barrio de las ciudades. El obispo es auxiliado en su tarea pastoral por el cabildo catedralicio, cuyos miembros forman una especie de aristocracia dentro del clero por su intervención en ceremonias litúrgicas, misas, horas canónicas y procesiones que se realizan en torno a la catedral y por la situación económica que disfrutan los canónigos. En todos los cabildos están las dignidades o personas entre los que se incluyen el deán o presidente del cabildo. B. MONASTERIOS Y CONVENTOS Hasta los reinos hispánicos llegan monjes cluniacenses, símbolo de la independencia de los monjes respecto al poder civil. Son los agentes de la centralización de la cristiandad emprendida por Roma. Su influencia se hizo sentir especialmente en Castilla y León. El primer monasterio, San Isidoro de Dueñas, se fundó en 1073. Monjes cluniacenses o clérigos formados por ellos llegarían a las más importantes sedes episcopales. La vinculación a Cluny será decisiva en el cambio del rito mozárabe por el romano. Pese a la importancia de la reforma, la iglesia mantuvo su estructura feudal, semejante a la de los laicos. Contra esta situación se alzan numerosos reformadores que exigen la vuelta de la iglesia al ideal evangélico de la pobreza. Dentro de esta corriente se inscribe la comunidad cisterciense, creada en 1099 por Roberto de Molesmes, quien aspiraba a que su grupo viviera del trabajo personal, en el más absoluto retiro y con sujeción estricta al ideal de pobreza individual y colectiva. Pero el grupo adquirió tal renombre que le llovieron los donativos y pronto sus monasterios rivalizaron en riqueza con los cluniacenses. En menos de 25 años el ideal evangélico de pobreza había pasado a un 2º plano. Los cistercienses llevaron a cabo una actividad repobladora de extraordinaria importancia. Entre las condiciones exigidas para aceptar la donación de tierras y fundar en ellas sus monasterios figuran la propiedad absoluta del lugar y la concesión por el obispo de lo que podemos llamar inmunidad episcopal, es decir, la renuncia a inmiscuirse en el gobierno de la abadía. Previamente a la aceptación de las tierras, dos o tres abades de la orden realizaban una visita de inspección para comprobar si los terrenos permitían la vida de los monjes en régimen de autosubsistencia y si se hallaban
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lejos de cualquier aglomeración urbana, característica que diferencia claramente a los monasterios cistercienses de los cluniacenses. San Bernardo de Claraval, cisterciense, está en la base de la creación y organización de las órdenes militares creadas para acoger y defender a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa y combatir a los musulmanes, objetivo que despierta gran interés en la Península, según se vio en el testamento de Alfonso el Batallador. Alfonso es también el creador de cofradías como Zaragoza, Uncastillo, Monreal y Belchite, precedente de las órdenes que se crearán en la 2ª ½ del XII, ante la falta de combatividad de las órdenes internacionales. Así nació la orden de Calatrava, la 1ª de una larga serie que incluye a las de Santiago, Alcántara, Avis y otras menos conocidas. Cistercienses, premostratenses, Comunidad de Fontevrault y cartujos aspiraban a reformar la iglesia mediante el ejemplo personal. Otros grupos aspiraban a reformar las costumbres mediante la predicación. Entre ellos no sólo hay clérigos sino también laicos. Entre los laicos destacaron Pedro Valdo y Francisco de Asís. El segundo se adaptaría a las exigencias de la jerarquía y su movimiento será incorporado tras la adaptación correspondiente al sistema eclesiástico y sus seguidores formarán la orden franciscana. Pedro Valdo se negaría a aceptar la injerencia eclesiástica y sus teorías serán condenadas como heréticas. Para combatir doctrinalmente a los valdenses y a los cátaros, se crea en el XIII, por Domingo de Guzmán la orden de los dominicos. Completan esta relación de órdenes surgidas durante este período, las creadas a comienzos del XIII para redimir cautivos (trinitarios y mercedarios) y las de origen eremítico (carmelitas y agustinos). Todos estos frailes, por estricta que sea la orden, viven en el mundo, en las ciudades y desempeñan un papel fundamental en ellas como agentes de Roma y promotores de universidades. Si en algún lugar podían surgir órdenes dedicadas a la redención de cautivos cristianos era en la Península, en las zonas costeras amenazadas por los piratas. Catalanes fueron los fundadores de trinitarios y mercedarios (San Juan de la Mata y Pedro Nolasco), cuyas casas hallamos repartidas por toda la geografía hispana.
17. VINCULACIÓN A ROMA

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Hasta fines del XI la influencia de Roma en la Península es reducida y los reyes, siguiendo el ejemplo visigodo, convocan concilios por sí mismos en los que se tratan tanto asuntos religiosos como políticos. En 1215 se celebró en Letrán, con presencia de numerosos obispos peninsulares, un concilio universal que concedió especial importancia a la reforma de las costumbres del clero, pero sus ecos apenas fueron oídos en la Península hasta la llegada en 1228-9 del legado pontificio Juan de Abbeville. Las disposiciones de Letrán relativas a la obligación de confesar y comulgar una vez al año, pagar los diezmos y en especial los acuerdos sobre las relaciones de los clérigos con las mujeres, la necesidad de tener unos conocimientos mínimos para ejercer dignamente el ministerio eclesiástico y la obligación de los canónigos de asistir al coro y al rezo de los oficios divinos, fueron el empeño de la obra de Juan de Abbeville, que, sin embargo, no tuvo continuidad. Equiparados los clérigos en muchos puntos a los nobles, como ellos ocupan cargos en la administración. Desde fines del siglo XIII se pide insistentemente que los clérigos sean

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apartados de cargos en la administración de los que no se les puede pedir responsabilidades por estar sometidos únicamente al fuero eclesiástico. Concilios y sínodos no son asambleas políticas, pero en ellos se hace hincapié en la defensa del fuero y de las propiedades eclesiásticas.

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DERECHO, LITERATURA Y ARTE, EXPRESIÓN DE LA SOCIEDAD
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. DERECHO REGIO Y DERECHO MUNICIPAL Los monarcas tienen un doble objetivo jurídico: instaurar un derecho nacional sustituyendo los derechos locales e instaurar el Derecho Romano que les permite ejercer poderes más amplios. Así, normas de mayor alcance empiezan a sustituir normas locales como es el caso de los Usatges de Barcelona en Cataluña y el Fuero Juzgo en León. En Castilla fracasa el intento de imponer el Fuero Real, imponiendo la nobleza los antiguos fueros. Serán las Cortes de Alcalá las que aprueben el Código de las Partidas, a propuesta de Alfonso XI, si bien coexistirá con los fueros locales y la consuetudo, además del reconocimiento del poder legislativo del monarca. En Aragón el derecho se mantiene codificado y unificado, pudiendo ser modificado por las Cortes y la costumbre que es la fuente preeminente del Derecho. Mediante el Justicia de Aragón se previenen las influencias legales foráneas. En Cataluña el derecho visigodo se mantiene si bien juntamente con el Derecho Romano, la costumbre y las normas canónicas. Se le reconoce al conde de Barcelona determinadas prerrogativas y su preeminencia en Cataluña. Al mismo tiempo que se refuerzan las instituciones feudales se fortalece la autoridad del príncipe. El Valencia el cuerpo normativo estuvo compuesto por el Fuero de Aragón y Les Furs de Valencia, aplicados territorialmente de manera diferenciada. Los grupos privilegiados consiguieron la renuncia real al ejercicio del poder legislativo libre del control de las Cortes, diferenciándose así de Cataluña y Aragón. En Mallorca la consuetudo carece de valor gozando el monarca de amplia capacidad jurídica. En Navarra se crea un derecho común sin perjuicio del derecho local y respetuoso con las costumbres, Fuero General de Navarra. Por otro lado, a medida que los concejos adquieren importancia, se recopilan los Fueros Extensos que contienen privilegios, costumbres y sentencias de los jueces con el objetivo de mantener la paz y seguridad ciudadanas. Cuando al frente de los concejos, los hombres buenos son sustituidos por caballeros, los fueros locales desembocarán en regulaciones diferenciadas para los grupos sociales. En Cataluña son los burgueses los que ostentarán el poder municipal. Los regidores (probi homines) terminan constituyendo un grupo social que, con el reconocimiento regio, representan a la ciudad. Disposiciones reales, en especial de Jaime I, regulan los nombramientos y funcionamiento de los concejos que colaborarán con el veguer, delegado real. El gobierno municipal acabará quedando en manos de los grandes mercaderes que crean un patriciado urbano que, mediante el Consejo de los
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Cien, repartirá los cargos entre los mismos beneficiarios, quedando relegado, sin atribuciones, el delegado real. De los fueros de Barcelona (Recognoverunt Proceres, 1284) se desprende un apoyo a la aristocracia urbana que confunde sus intereses con los municipales y que provocará conflictos sociales y levantamientos a lo largo del siglo XIII. B. POESÍA Y ARTE DE CORTESANOS Y CLÉRIGOS El arte es casi exclusivamente religioso. Símbolos de la unificación de la cristiandad de occidente son las rutas del Románico y del Gótico. El primero se difunde a través del Cluny y el segundo con el Císter. Son ejemplos del arte Románico Ripoll, la catedral del Jaca, San Isidoro de León, las catedrales de Zamora, Salamanca y Santiago y del Gótico: Las Huelgas, Poblet, Santa María del mar y catedrales de Burgos, Toledo, León, Gerona y Pamplona, estas dos últimas en el XIV. El Románico y el Gótico vinculan a la Península con Europa. El arte Mudéjar recuerda las diferencias en la Seo, El Salvador y San Martín de Teruel. En el aspecto literario, las lenguas romances se van imponiendo al latín, aunque éste conserve su importancia como lengua filosófica, científica y litúrgica. Tanto Alfonso X como Jaime I están interesados en favorecer la difusión de las lenguas habladas porque reflejan mejor el sentir de la población y además es una nota diferencial frente al Pontificado y el Imperio. La única epopeya conocida en castellano es el Poema del Cid. También hay fragmentos de otras en las Crónicas del siglo XIII y en el Romancero. Los orígenes de Castilla dan lugar a diversos poemas. También hay poesía erudita. Gonzalo de Berceo recuerda que San Millán salvó a los castellanos del peligro musulmán y éstos, agradecidos se obligan a pagar los Votos a San Millán como los leoneses los de Santiago. Surge la poesía lírica o cortés en las cortes señoriales europeas, cantadas por trovadores. Se utiliza como arma política. Algo después aparece la poesía gallego-portuguesa, también en el XIII, para unos, derivación de la lírica mozárabe, y para otros, imitación de la poesía provenzal llegada a Galicia con los peregrinos. Otra manifestación son los poetas goliardos, vagabundos que no se encuadran en ninguno de los grupos sociales existentes. Se desplazan siguiendo a los maestros célebres. Sus poesías atacan a la sociedad, a todos los grupos establecidos y cantan al juego, al vino y al amor. Uno de sus blancos preferidos es la jerarquía eclesiástica. Alfonso X está considerado como el creador de la prosa literaria castellana. Reunió todo el saber de la época en lengua castellana. Trabajan, traduciendo todo tipo de géneros de obras, árabes y hebreas, sabios judíos, musulmanes y cristianos.
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La primera crónica se redacta en el reinado de su hijo Sancho IV es la Primera Crónica General de España y finaliza en el reinado de Fernando III. También está la crónica o Llibre dels Feits (libro de los hechos) del reinado de Jaime I, en catalán y escrita por el monarca. Con esta obra se inicia la literatura catalana, cuyo mejor representante es Ramón Llull que utiliza por primera vez un léxico científico en catalán. El latín no perdió su carácter de lengua cultural y se escribieron himnos, poemas religiosos y obras de tipo histórico. En Ripoll se redacta la que comprende desde Vifredo el Velloso hasta Jaime I. En Castilla y León, el continuador de las crónicas del ciclo de Alfonso III es Sampiro. También está la Crónica Silense, la de Pelayo de Oviedo, la de Alfonso VII. De tema particular son la Historia Compostelana o de Diego Gelmírez y la Primera crónica anónima de Sahagún. La crónica de Jiménez de Rada y la rudense defienden la idea unitaria de la Península, identificando a los hispanos con los visigodos, de modo especial a los astur-leoneses-castellanos.

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LA CORONA DE ARAGÓN: DE LAS CORTES DE BARCELONA A LA DINASTÍA TRASTÁMARA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. LA DIFÍCIL UNIÓN POLÍTICA Y LA FORMULACIÓN DEL PACTO SOCIAL Los reinos de Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca forman la corona de Aragón, que es una confederación a cuyos miembros une la dependencia de un mismo monarca pero con un derecho distinto. En su testamento de 1262, Jaime I mantiene unidos los reinos de Aragón, Valencia y el Principado y separa el reino de Mallorca (Baleares, Rosellón, Cerdaña y Perpiñán). La presión de Pedro III el Grande de Aragón y de los mercaderes catalanes desembocó en el Tratado de Perpiñán (1279) por el que Mallorca y su rey se convierten en vasallos del aragonés. Los aragoneses se niegan a colaborar en la guerra provocada por la ocupación de Sicilia (1282) y culpan al rey de haber embarcado al reino aragonés en una guerra que en nada beneficia a Aragón. El precio por colaborar con Pedro III es el reconocimiento del Fuero de Aragón y el control del de Valencia por los nobles aragoneses agrupados en la Unión. También los catalanes negocian su ayuda al monarca en la guerra que le enfrenta con el rey de Sicilia, el Papa, el monarca francés y con Jaime II de Mallorca. Enfrentado a Carlos de Anjou, al Papa, al monarca francés y al rey de Mallorca, Pedro III (1276-85) necesita que aragoneses, valencianos y catalanes le faciliten hombres de guerra y dinero y para conseguirlo aceptará todas las exigencias de los súbditos. Los catalanes ponen otro precio: que el rey use el título de conde de Barcelona y más consejeros catalanes.
18. LA FORMULACIÓN POLÍTICA DEL PACTO SOCIAL

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Desde 1283 las limitaciones impuestas al poder monárquico serán un factor esencial en la historia política de Cataluña. Los acuerdos impuestos al monarca sirven para reforzar la autoridad de miembros destacados de la nobleza, eclesiásticos de alto rango y los dirigentes de las ciudades importantes. Pedro III, que había pretendido limitar la autoridad señorial, confirmó en 1283 las libertades y privilegios catalanes. Se restablece una Constitución de 1202 por la que se prohibía a los señores acoger en sus dominios a vasallos ajenos sin licencia del dueño. Por lo que se refiere a los patricios, se reafirma la independencia de las ciudades respecto al monarca. A los ciudadanos se les concedió el privilegio de proceder personalmente al embargo de los bienes de quienes no pagaran las rentas de las casas en las que viven. La presión de los acreedores combinada con un año de malas cosechas, con el alza de los impuestos y la subida de los precios, fue determinante en el levantamiento de los menestrales barceloneses que llegaron a instalar un auténtico gobierno popular (Berenguer Oller

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representa el primer intento de acceder al poder municipal para desde él anular las disposiciones que les imposibilitan la vida). Pedro III se negó a escuchar las razones del dirigente de la revuelta e hizo ahorcar a Oller y a siete de sus partidarios después de hacerles arrastrar por las calles de la ciudad. Ejecutados los dirigentes, el movimiento fue sofocado y Barcelona entra en un período de calma sólo alterada hacia la 2ª ½ del XIV por algunos motines populares provocados por la carestía de productos alimenticios y por abusos de los dirigentes urbanos. Los efectos de la ocupación de Sicilia fueron considerables: el Papa excomulgó a Pedro III el Grande y dictó el entredicho contra los dominios aragoneses. Jaime II de Mallorca aprovechó las dificultades del monarca aragonés para recuperar la independencia y se alió a los enemigos de Pedro III, que tuvo que hacer frente a los ataques angevinos en Sicilia, a los franceses y a los mallorquines. La división de Castilla entre los partidarios de Alfonso X (1252-1284) y de su hijo Sancho IV (1284-95) permitirá negociar el apoyo de uno de los bandos, el que, al seguir a Sancho tiene como enemigo al monarca francés y está obligado a mantener relaciones amistosas con Aragón mientras Pedro tenga en su poder a los infantes de la Cerda, candidatos al trono castellano. Pedro III murió mientras organizaba la expedición contra los dominios de Jaime II de Mallorca y su hijo Alfonso III el Franco dirigirá con éxito la campaña contra el reino de Mallorca que vuelve de este modo a formar parte de la corona de Aragón. Al morir Alfonso III dejó sus reinos a Jaime II de Sicilia, que a su vez, debería renunciar a Sicilia a favor del tercer hermano, Federico. Por el Tratado de Anagni (1295) Jaime II, rey de Aragón, abandona Sicilia, donde se proclama rey a Federico, devuelve Mallorca a Jaime II y en la negociación obtiene de Roma los derechos de ocupación de Córcega y Cerdeña y la paz con los angevinos y con Francia. Por el Tratado de Caltabellota (1302) se condecía a Federico la posesión del reino mientras viviera. Este acuerdo no fue respetado y, en definitiva, Sicilia continuará en manos de la dinastía catalana, pero la paz de 1302 dejó libres a los mercenarios de uno y otro, cuyos servicios fueron reclamados por diversas ciudades italianas y por el emperador bizantino para defender sus tierras contra los turcos. Recuperada la Corona de los gastos ocasionados por la actividad política de Jaime II, pudo el rey llevar a efecto la ocupación militar de Cerdeña (1323-1324). La independencia de cada uno de los reinos de la Corona no impide que Cataluña sea el centro político de los territorios. Los unionistas aragoneses, ante las disensiones entre Alfonso IV el Benigno (1327-37) y su hijo Pedro, jugaron la carta del heredero, confiando en recuperar el predominio: durante los primeros años de su reinado, Pedro IV el Ceremonioso (1336-87) tomó como principal consejero al arzobispo de Zaragoza, pero pronto el monarca confía el gobierno al catalán Pedro de Ribagorza, lo cual avivó el malestar aragonés, que halla ocasión de manifestarse en el momento en que Pedro IV hizo proclamar heredera a su hija Constanza. Los aragoneses se aliaron a los hermanos de Pedro IV y resucitaron la unión. El monarca aceptó las exigencias unionistas, pero mientras el rey negociaba con los nobles, sus partidarios organizaban el ejército que vencería a los unionistas y aseguraba el predominio catalán dentro de la corona. Pedro IV intenta en el XIV sustituir la unión personal de sus reinos por una vinculación más firme que vendría dada por la creación de cargos generales, con autoridad sobre
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todos los territorios. Su hijo Juan I creará vicecancillerías en cada uno de los reinos y en 1419 Alfonso V el Magnánimo nombrará para el reino de Valencia un Mestre nacional. La guerra civil que enfrenta a los catalanes entre 1462 y 1472 es el final de un proceso en el que se mezclan la pugna por el poder político entre el monarca y los grupos dirigentes de Cataluña, los enfrentamientos entre patricios y los maestros de los gremios de Barcelona por el control del municipio y la lucha de los campesinos por su libertad personal.
19. DEBILIDAD DE LA MONARQUÍA ARAGONESA

Rompe el equilibrio en el reino con un cambio de intereses en los grupos sociales que nos llevan directamente a un enfrentamiento entre todos: campesinos, ciudadanos, artesanos, rentistas, etc., y un acentuado pactismo en el reino. B. EL DESCONTENTO CAMPESINO Y LOS MOTINES URBANOS La colaboración entre el monarca y los ciudadanos mercaderes se rompe porque estos últimos preferían (s. XIV) comprar propiedades y vivir como nobles sin dejar de controlar los municipios. Se produce, al tiempo, una desvinculación con los artesanos que al ver que aquellos se habían alineado con los propietarios ven la solución en la modificación del régimen municipal de Barcelona para dar peso a los gremios. Al enfrentamiento ciudadanos-gremios se une el de campesinos-señores. Todos estos enfrentamientos tienen su reflejo en el pactismo político. El monarca es controlado por las Cortes y éste se apoya en campesinos y artesanos. La Remensa (obligación de pagar para poder abandonar las tierras señoriales) no es el único mal uso impuesto por los señores para incrementar sus beneficios gracias a otros usos conocidos con los nombres de intestia (morir sin testar), eixorquia (sin descendencia), cugucia (adulterio), arcia (incendios) y firma de spoli. El más importante es el de la remensa: en muchos contratos se incluye la renuncia específica de los payeses a fijar su residencia en los lugares de realengo y, para quienes olvidan su dependencia, las Cortes recuerdan en 1289, 1291, 1300 y 1321 la obligación de redimirse. Insisten en 1350 cuando a causa de la peste negra se acelera la emigración a la ciudad que declara ciudadanos a quienes tienen alquilada habitación y van a Barcelona en determinadas fiestas. El interés señorial radica en mantener la tierra en cultivo y en las zonas de montaña se restablecen estos malos usos para mantener en ellas a los campesinos. En comarcas como el Maresme y el Vallés se ofrece reducción de censos y se permite la ocupación de mansos abandonados. Así, mientras unos campesinos se enriquecen, otros se ven abocados a la miseria. Unos aspiran a obtener la libertad y otros, los campesinos ricos, a mantener su posición. En 1370-80 se originarán manifestaciones de descontento de los payeses de remensa por la reimplantación de los malos usos. Las amenazas de los campesinos se acompañan de una organización interna que permite, a fines de siglo, ofrecer a los reyes cantidades importantes para conseguir la redención en masa. A esta oferta se une el interés real por limitar el poder señorial y el
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convencimiento de la injusticia de la servidumbre. Pese a la buena disposición de la monarquía, los intentos de recuperar el patrimonio real no despertaron entusiasmo entre los campesinos cuyo interés está en la supresión de los malos usos y no en el pago al realengo donde subsiste la remensa, a pesar de las gestiones para que la supriman los eclesiásticos en sus dominios. Las manifestaciones del conflicto campesino coinciden con los intentos de modificar el régimen municipal para hacer frente a la situación del mundo urbano. Las primeras dificultades surgen en 1333 en que los cereales escasean, su precio aumenta y el descontento popular se ve atizado por frailes que acusan a los dirigentes de acaparar el trigo y provocar su encarecimiento. Las medidas tomadas no impidieron la revuelta, 1334, ni el saqueo de las casas y bienes de los consellers y la condena de los dirigentes de la revuelta. La escasez de cereales se debe a la dedicación de tierras de cultivo al azafrán, cáñamo y lino, de fácil salida comercial, que ocupan el lugar de los cereales y hay que traer éstos del exterior. Nuevas hambrunas y motines preparan la gran peste de 1348 que diezmó a la población urbana, subalimentada a pesar de los intentos de avituallamiento. Fueron asaltadas las casas de los patricios y judíos. El hambre y la peste fueron seguidas de un alza de precios y salarios y de una escasez de mano de obra que paralizó la ciudad, de la ruina de numerosos cambistas-banqueros y de la renuncia al comercio por algunos mercaderes que prefirieron invertir en tierras. Pedro el Ceremonioso aprobó el proyecto de búsqueda de una mayor democratización del gobierno municipal propuesto por algunos artesanos y mercaderes, quienes piden permiso para formar un sindicato. Sin embargo, el saneamiento de la hacienda municipal no prosperó ya que muere el rey y Juan I puso fin a la reforma. Las manifestaciones violentas se suceden y el odio popular se desvía hacia los judíos ricos y prestamistas que serán saqueados y atacados. El pueblo consiguió se autorizara la participación en las deliberaciones del Consejo de Ciento a personas que antes no formaban parte del mismo; se piden las cuentas del trigo, impuestos municipales, rebaja de los sueldos de los consellers. Durante algunos meses los menestrales controlaron las ciudades y los procesos contra los atacantes de los judíos como contra los que intervinieron en las reuniones del Consejo se prolongaron durante 2 años. En este tiempo se fue consolidando el poder de la oligarquía urbana aunque ésta asumió algunas de las peticiones de los populares como disminución de impuestos sobre alimentos, reforma de la moneda y medidas favorables al comercio. Los impuestos y las contribuciones de ciudades como Barcelona no bastan para hacer frente a las necesidades de éstas. Se recurre al crédito facilitado por los judíos o por los cambistas-banqueros; en la práctica cubrirán los gastos del municipio cuando se halle al descubierto; a cambio Barcelona deposita la mayor parte de sus ingresos en las taulas de los cambistas a los que se confiará el pago de los gastos previo el cobro de salario. Esto resuelve los momentos de apuro, pero al necesitar mayores ingresos se emite deuda pública (de censals y violaris), pero este tipo de préstamo se gasta en necesidades urgentes y provoca que se renuncie a la producción por parte de mercaderes y a colocar su dinero en deuda. Es un círculo vicioso: quiebra de cambistas-banqueros, creación de

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la Taula de Barcelona que inmovilizó capitales. Medidas para el relanzamiento económico (comercio, moneda) no ponen fin al problema. La falta de estabilidad de la moneda catalana trae consigo la tendencia a sustituirla por las francesas de oro y planta cuyo valor oficial es superior al que da el metal contenido. Esta sobrevaloración hace que se deje de llevar oro y plata a las cecas reales y el metal es ofrecido a las cecas francesas. Se dan varios intentos de revalorización de la moneda con fuerte oposición de los rentistas catalanes que no se fían. Contención indirecta de precios, rebajando los impuestos municipales, control de revueltas urbanas, disminución de deuda pública y solución a los problemas monetarios no bastan para devolver a las ciudades catalanas su esplendor: éste depende del comercio y para reactivarlo se creará el Con sejo de los Mercaderes y se dictarán o reactivarán ordenanzas proteccionistas como la de 1227 que daba prioridad a los barcos catalanes para cargar en Barcelona los artículos destinados a Ultramar. C. LA SUCESIÓN DE PEDRO EL CEREMONIOSO
20. JUAN I

La rivalidad entre Pedro el Ceremonioso y su hijo Juan es un reflejo de la división existente en el reino de Aragón: Pedro sigue fiel a los ideales mediterráneos de la dinastía y Juan se inclina hacia la colaboración con Francia y Castilla, países a los que los que seguirá en la obediencia al Papa de Aviñón, oponiéndose a la política tradicional de la monarquía aragonesa al negarse a unirse en matrimonio con María de Sicilia, mediante el cual se pretendía unir de nuevo la isla a la corona de Aragón. Anuló la reforma del Consell barcelonés y se enfrentó a unas Cortes que exigieron la expulsión de algunos de sus consejeros más influyentes porque consideraban que llevaban al rey hacia un gobierno personalista al margen de los fueros y derechos tradicionales, que reclamaban el derecho a intervenir en la elección del canciller y los consejeros reales, y que se negaban a enviar tropas tanto a Cerdeña como a Sicilia. A los problemas planteados por las Cortes, se unieron en 1391 manifestaciones de descontento popular que acabaron en el ataque y la destrucción de los barrios judíos y un intento de invasión dirigida por el heredero de Mallorca, conde de Armañac. En 1392 Juan I, ante la situación de Cerdeña, preparó una expedición que no llegó a producirse por las acusaciones de corrupción de los consejeros. El final del reinado acaba con malestar: tema de Benedicto XIII, problema de los consejeros denunciado por Valencia. Cuando muere el monarca sus fieles son juzgados.
21. MARTÍN I (1396-1410)

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Designado rey a la muerte de su hermano, centró su política en poner fin al cisma de la Iglesia con una solución favorable a Benedicto XIII, en afianzar la posición aragonesa en Cerdeña y Sicilia y, en el interior, proteger a los judíos, poner fin a las banderías, ambas sin éxito, y en recuperar el patrimonio enajenado por sus antecesores. Promueven esta política de recuperación las ciudades, que exigen al rey que incluya en su juramento de coronación el no vender ni empeñar los bienes patrimoniales ni siquiera en caso de

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extrema necesidad. El monarca, aunque no cumplió esto, ya que enajenó propiedades para financiar las campañas sardas, buscó la integración a la corona de los derechos jurisdiccionales y de los bienes cedidos por sus antecesores, de acuerdo con un inventario de los bienes del patrimonio real realizado por los consejeros de Juan I. La recuperación de tierras y castillos apenas se llevó a cabo debido a la falta de disponibilidad de dinero del monarca. Recuperar la jurisdicción se conseguiría si los habitantes de las villas y lugares enajenados corrían con los gastos de la recompra. Las Cortes de Valencia y Aragón prestaron al monarca cantidades para la redención del patrimonio y nombraron comisiones para llevarla a cabo. Esto exigía el nombramiento de representantes del monarca que controlasen las operaciones, autorizasen la celebración de asambleas generales que actuasen en nombre de la comunidad y negociasen con los hombres del rey las condiciones de la redención. Los campesinos de remensa fueron los más resistentes ante estas redenciones, aunque adquirieron conciencia de su fuerza, llegando al convencimiento de que el sistema empleado para la recuperación del patrimonio podría liberarles de los malos usos y de la autoridad señorial. Entre cataluña y aragón La ocupación de Valencia fue obra de aragoneses y catalanes, unidos bajo la misma Corona y diferentes, por su lengua, estructura social, sistema monetario, legislación, economía. El doble origen de los conquistadores-repobladores se manifestará posteriormente en sus formas de vida. En las comarcas montañosas próximas a Aragón se asentaría la población aragonesa bajo la dirección de su clase nobiliaria, el obispo de Tortosa y las órdenes Militares entre las que destaca la de Montesa y como consecuencia, con una organización socioeconómica feudal basada según las normas de las Cartas Pueblas aragonesas. En las zonas bajas, pero sobre todo en el litoral, el origen de los asentados sería de procedencia catalana y con una organización administrativa preferentemente en concejos. En estos lugares de realengo los ciudadanos se rigen por el derecho valenciano (los furs), que se extenderán a las tierras alicantinas (Elche, Orihuela, etc.) tras su incorporación al Reino en el XIV. La importancia económica de la ciudad, centro artesanal y comercial, y con una agricultura intensiva y de regadío y su identificación con el Reino, lleva a la confusión ciudad-reino que viene propiciada por los furs, que dicen estar vigentes en la ciudad de Valencia y en todo el reino, villas, castillos, etc.; a pesar de lo cual al menos 50 ciudades se rigen por el fuero aragonés, unas 12 por las costums de Lérida y unos 100 lugares en los que está vigente el derecho valenciano que se extenderá hacia Alicante. Según el franciscano Francesc Eximierais que escribe a fines del XIV, los mercaderes son la base de la riqueza valenciana. Sus palabras son reflejo de una sociedad próspera donde caben todos los estamentos sociales porque en la sociedad valenciana todos son necesarios y útiles. Con una economía relativamente saneada gracias a la fertilidad de sus tierras, al trabajo de sus artesanos y sobre todo a la actividad de sus mercaderes, a los cuales hay que favorecer quitándoles impuestos de tránsito, concediéndoles privilegios y honores especiales. D. EL COMPROMISO DE CASPE

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Martín I el Humano fue rey de Aragón de 1396 a 1410. Al morir sin descendencia su hermano, su hijo Martín el Joven tendrá el trono aragonés. En 1409 muere Martín el Joven sin hijos legítimos, planteándose el problema de la sucesión al no tener Martín el Humano, viudo, otros hijos. Podía contraer matrimonio buscando un hijo, o designar alguien capaz de sucederle. Casó nuevamente pero no tuvo descendencia y los juristas no aceptaron que Fadrique, hijo ilegítimo de Martín el Joven pudiera reinar. Sólo quedaba la posibilidad de pensar en algún pariente y así, se nombra a Jaime de Urgell como lugarteniente del reino, que no supo poner fin a las banderías internas y su candidatura no es aceptada por ninguno de los reinos de la corona. La elección tendrá que hacerse por acuerdo de las Cortes de Cataluña, Aragón y Valencia. Pero aragoneses y valencianos tienes parlamentos irreconciliables, al final, en 1412, una comisión de nueve personas procedió en Caspe a la elección como rey de Aragón del regente castellano Fernando de Antequera con el que se inicia la presencia de los Trastámara castellanos en la corona de Aragón. Los historiadores castellanos y catalanes consideran que con Fernando de Antequera comienza la unidad española y a favor de Castilla. Por otro lado, los nacionalistas catalanes culpan del declive nacional a las decisiones de Caspe. Los castellanistas apoyaban a Fernando de Antequera, sobrino de Martín y nieto de Pedro el Ceremonioso, contra él están Luis de Anjou, nieto de Juan I, Fadrique de Luja, Jaime de Urgell y Alfonso de Gandía, nieto de Jaime II. Ante tantos candidatos era lógico que Martín I preguntase a los juristas si el parentesco de los candidatos debía referirse a él o a sus antecesores. En Aragón, las mujeres no pueden reinar pero sí transmitir los derechos, mientras en Cataluña la herencia se transmite por línea masculina. La situación es muy complicada. Los candidatos con posibilidades eran Jaime de Urgell y Luis de Anjou, a los que apoyan uno de los bandos en que está dividida la nobleza: a Jaime le apoyan los Luna de Aragón, los Vilagut de Valencia y parte de la nobleza catalana. Apoyan a Luis los Urrea y los Centelles, algunos nobles catalanes enemigos de Jaime y parte de la burguesía catalana. El 1-6-1411 el arzobispo de Zaragoza, cabeza de los partidarios de Luis de Anjou, es asesinado, esto llevó a los aragoneses a buscar a Fernando de Antequera para que se enfrentase a los Luna. El nuevo aspirante, que en realidad tiene escasos derechos, tardará más de 4 meses en presentar su candidatura, pero tiene riquezas personales y es regente de Castilla (hijo de Juan I de Castilla y Leonor de Aragón y regente desde 1406), contando además con el respaldo de Benedicto XIII (el Papa Luna). El parlamento aragonés se reúne en Alcañiz, mientras las tropas castellanas dominan la mayor parte de Aragón. Por recomendación de Benedicto XIII se acuerda que la elección del rey fuese hecha por 9 personas, divididas en grupos de 3, se debería obtener 6 votos, siendo al menos 1 de cada grupo. En Alcañiz se confía la elección de los 9 al gobernador y al Justicia del Reino, pero en Tortosa los catalanes eligen 24 personas, de diversas tendencias, para que nombren a los 9. Los aragoneses designaron rápidamente a los 9, pero los catalanes no llegan a un acuerdo y al final tuvieron que aceptar íntegramente la propuesta de Alcañiz. Fernando será el único candidato posible, un parlamento reunido bajo las armas castellanas sólo podía elegir compromisarios adeptos al pretendiente castellano al que además apoyan los valencianos. Mientras catalanes y aragoneses discuten, las tropas
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castellanas penetran en Valencia, derrotan a los urgelistas y consiguen que el parlamento acepte a los 9 ofrecidos por Aragón. Fernando obtuvo los votos necesarios. El triunfo de Fernando se debió a la división existente entre los reinos y en el interior de cada uno, al poder que tenía como regente de Castilla y al apoyo de Benedicto XIII (que hasta 1411 apoyó a Fadrique de Luna, pero luego cambió su apoyo al castellano). Amenazado por el concilio, el Papa Luna necesitaba afianzar su posición, contar al menos con la obediencia de los reinos peninsulares y ni Luis de Anjou ni Jaime de Urgell garantizaban la obediencia de Aragón. La situación interior de Castilla favoreció también al infante, asimismo la nobleza y la reina Catalina de Lancaster confían en que Fernando renunciará a la regencia de salir elegido y dan toda clase de facilidades a pesar de que, legalmente, tuviera mayores derechos al trono aragonés el rey Juan II. Sólo Cataluña tuvo en sus manos la posibilidad de rechazar a Fernando, nombrando como rey a Jaime de Urgell inmediatamente después de la muerte de Martín I, e imponer después su candidatura en Aragón y Valencia con la ayuda de los urgelistas de estos reinos. Creyéndolo así, los historiadores hablan de claudicación de Cataluña, quienes piensan que debería haber sido elegido un catalán, otros hablan de madurez política catalana al permitir la elección de Fernando. Pero Cataluña no estaba unida como en las épocas de esplendor, después de la crisis del XIV si no se eligió a Jaime de Urgell en 1410 fue porque una parte importante de los catalanes no quiso aceptarlo debido a que sus intereses personales o de grupo eran opuestos a los defendidos por los partidarios del conde y para ellos sus intereses eran más importantes que el hecho de que el nuevo rey fuera o no catalán y Cataluña desunida nada podía hacer contra el parlamento aragonés unificado por Fernando de Antequera. La división era tal que se presentaron 6 opciones distintas e irreconciliables: sus intereses estarían mejor defendidos por el castllano que por cualquier candidato y otros porque la elección de Jaime podía provocar una guerra civil en la que no estaban interesados o porque podía dar lugar a la ruptura de la unidad de la corona de Aragón. Fernando I (1412-1416) sabe que el apoyo no ha sido unánime y al tiempo que premia a sus fieles intenta atraerse a los antiguos adversarios haciendo concesiones a nobles, eclesiásticos y ciudadanos: las barreras comerciales entre Castilla y Aragón desaparecen y se perdonan diversos impuestos debidos por los mercaderes mientras nobles y eclesiásticos logran que el rey les apoye en sus reivindicaciones. La sublevación de Jaime de Urgell no tuvo partidarios ni siquiera en Cataluña, fue fácilmente sofocada ese mismo año y Jaime permaneció en prisión hasta su muerte. En los breves años del reinado, Fernando impulsó considerablemente los asuntos mediterráneos y firmó la paz con Génova. El problema del cisma de la Iglesia halló una solución definitiva durante su reinado. La alianza y amistad con Benedicto XIII fueron mantenidas, pero las posibilidades del Papa Luna se terminaron al iniciarse el concilio de Constanza. El concilio exigió que Benedicto fuese depuesto, sin que de nada sirviera la defensa hecha por Fernando. En 1416 Aragón negaba obediencia al que en adelante sería el Papa de Peñíscola, su lugar de residencia y un año después Castilla se adhería a los acuerdos de Constanza. E. LOS INFANTES DE ARAGÓN ENTRE ITALIA Y CASTILLA

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Los compromisos reunidos en Caspe, le eligieron en efecto rey de Aragón (1412). En el momento de su elección estaba en Cuenca y marchó a Zaragoza, convocó Cortes, juró los fueros y libertades aragonesas, recibió el homenaje de sus súbditos y nombró heredero a su hijo primogénito Alfonso. Fernando I impulsó asuntos mediterráneos, pacificó Sicilia y Cerdeña y tuvo relación con el N de África. En estos años se transforma la Diputación General de Cataluña en un organismo político con atribuciones muy grandes. Fernando I no renunció a la regencia de Castilla y la utilizó para preparar el futuro de sus hijos, los Infantes de Aragón, de forma que controlaban todos los reinos peninsulares: el mayor, Alfonso, le sucedería en Aragón; el segundo, Juan, sería rey de Navarra por su matrimonio con Blanca; ambos apoyarían a Enrique, maestre de Santiago, para que gobernara Castilla como jefe de la nobleza; Sancho sería maestre de Alcántara, y la posición familiar se reforzaría mediante el matrimonio del primogénito Alfonso con María, hermana de Juan II de Castilla. Las dos hijas de Fernando, María, se casó con el monarca castellano y la segunda, Leonor, con el heredero portugués. El cabeza de familia, Alfonso V el Magnánimo (1416-58) intenta en los primeros años compaginar la defensa de los intereses de los infantes en Castilla con la política mediterránea de la corona, en la que encuentra dificultades semejantes a la de los reyes anteriores. Aunque no hubo acuerdo sobre el papel de las Cortes en el gobierno del Principado, Alfonso recibió la ayuda económica solicitada y puso fin a la revuelta de Cerdeña, además decide atacar una de las bases genovesas, la isla de Córcega, concedida a Aragón después del tratado de Anagni (1295). En 1420 un ataque realizado por Génova proporcionó pequeños éxitos militares que prepararon la incorporación de Nápoles a la Corona. En 1421 las naves de Aragón entraban en el puerto de Nápoles y poco después la reina Juana proclamaba heredero, virrey y lugarteniente general a Alfonso. En 1423 Alfonso regresa a la Península tras su fracaso en Nápoles y la situación de Castilla. Sin la colaboración de las Cortes de Cataluña no era viable la política del monarca y éste tuvo que aceptar cuanto fue exigido a su esposa María por las Cortes de 1421-3. Poco más tarde, Alfonso interviene activamente en la política castellana y forma una alianza con sus hermanos para anular al favorito Álvaro de Luna, mientras tanto, las Cortes no sólo actúan en el interior, sino que dirigen la política exterior y obligan a Alfonso a aceptar la tregua de Majano (1420) que puso fin a la intervención de Alfonso en los problemas de Castilla. Por lo tanto, la renuncia a intervenir en Castilla se debe al desinterés tanto de aragoneses como catalanes y valencianos. Eclesiásticos, nobles y ciudadanos formaron un frente común y actuaron divididos en otros por los que Alfonso tuvo el dinero solicitado y además intervino en Nápoles donde la presencia de la flota dio lugar a una coalición formada por el Papa, Venecia, Florencia, Milán ± Génova, bajo la dirección de Felipe María Visconti, duque de Milán y señor de Génova. Esta coalición teme la ruptura del equilibrio italiano si Nápoles se une a la corona de Castilla.
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HACIA LA GUERRA CIVIL CATALANA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Enfrentamientos entre el monarca y las Cortes-Diputación, revueltas campesinas y conflictos urbanos desembocan en la guerra civil del último tercio del XV, en donde el monarca, por estrategia política se une a campesinos y menestrales y una vez conseguida la victoria se aliará con el grupo dirigente catalán. A. LA BUSCA Y LA BIGA Compartir el poder municipal para resolver los problemas económicos es la aspiración de artesanos y mercaderes catalanes que radicalizan sus posturas a medida que encuentran resistencias y consiguen el apoyo de la monarquía que se une a ellos como forma de presionar a los dirigentes urbanos y de obtener dinero que éstos le niegan para mantener la política mediterránea. Se produce una crisis económica mediterránea hacia 1425 que conlleva a la intervención por medio de medidas proteccionistas, pero para aplicarlas hay que vencer la resistencia de la oligarquía. Las protestas y motines se suceden lo que da lugar a una serie de cambios y reformas (1436). Los mercaderes y menestrales proponen una serie de medidas: devaluación monetaria, prohibición de importación de productos, mejora de la producción textil, impuestos a extranjeros. Los ciudadanos proponen medidas más limitadas: trabajos públicos para atenuar el paro, etc. La intransigencia de los ciudadanos y su resistencia al cambio precipitaron la crisis económica y dividieron a los barceloneses, a partir de 1450, en dos grupos claramente diferenciados: la biga y la busca: ·La Biga, integrada por la mayoría de los ciudadanos y algunos mercaderes ± importadores de paños de lujo-, se considera, actúa y vive como un grupo nobiliario, tienen tierras, castillos y derechos señoriales y viven de las rentas. Se oponen a las alteraciones monetarias. ·La Busca, el partido de los menestrales y mercaderes que aspiran a controlar el gobierno municipal para hacer cumplir los privilegios, libertades y costumbres de Barcelona. Quieren la devaluación monetaria y medidas proteccionistas. Entre la Busca y la Biga, Alfonso el Magnánimo, que mantendrá una postura ambigua, ya que por un lado necesita dinero y lo aceptará tanto de buscaris como de bigaris y por otra parte, aspira como los demás reyes del XV a imponer su autoridad en las Cortes. Finalmente se inclinará a favor de campesinos y buscaris, a veces de manera directa y en ocasiones apoyando medidas antioligárquicas, como Galcerán de Requesens.
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La oposición sistemática a los mayores, la divulgación de las irregularidades cometidas y de los altos salarios cobrados por los ciudadanos, la insistencia en la necesidad de devaluar la moneda y la promesa de rebajar los impuestos sobre la carne, dieron a la Busca el apoyo del pueblo e hicieron posible el reconocimiento por el monarca del Sindicato de los Tres Estamentos (mercaderes, artistas y menestrales). El reconocimiento del Sindicato de los Tres Estamentos fue acompañado (1451) por una modificación del sistema de elección de los consellers y de una reorganización del Consejo de Ciento, con lo que el gobierno del municipio quedó en manos del Sindicato y la Biga en minoría. El triunfo de la Busca fue seguido de las reformas pedidas o prometidas. Sin embargo, no todo fueron éxitos en su gestión y a menudo cayeron en los mismos errores que los bigaris. Las diferencias entre el programa y las posibilidades reales de Barcelona, así como la heterogeneidad de los miembros del Sindicato, dieron lugar a una escisión en el grupo y el relativo fracaso de las medidas económicas le hizo perder parte del apoyo popular. Pero el fracaso no es imputable sólo a la Busca, desde el primer momento la Biga (apoyada por las Cortes y la Diputación) se opuso por todos los medios a las reformas y las hizo fracasar. Igualmente unidas, la Busca y la Biga, hicieron fracasar, retrasaron o anularon los efectos de la devaluación monetaria y de la prohibición de importar paños de lujo. La ofensiva contra el Consejo buscari continuó especialmente después de la muerte de Alfonso el Magnánimo (1458). Lentamente recuperó la Biga su ascendencia en el Consejo y de forma especial se confirmó el resurgimiento de los ciudadanos cuando la Diputación General creó el Consell Representant de lo Principat de Catalunya y lo puso bajo la dirección de la Biga: en 1461, después de la Capitulación de Villafranca que prohibía al monarca entrar en Cataluña y acusando a los buscaris de conspiradores, ajusticiaron a los más principales. B. EL SINDICATO REMENSA Por los mismos años en que se reconoce al Sindicato de los Tres Estamentos barcelonés tiene lugar la autorización a los payeses a reunirse y crear el Sindicato Remensa, después de años de dudas y ambigüedades, que se inician en las Cortes convocadas por Fernando de Antequera en 1412-3. El monarca pide ayudas que le permitan vivir como corresponde a su categoría y los nobles se la dan tras conseguir la reparación de los agravios sufridos y lograr la aprobación de la constitución, que alude a los derechos señoriales, en contra de los payeses que tras cambiar de domicilio pretendían mantener sus derechos sobre las tierras y amenazaban a los señores y a los nuevos cultivadores. En 1413 se da plazo de un año para vender a vasallos o ceder las tierras al señor junto con los documentos acreditativos de sus derechos. La Constitución tiene carácter retroactivo sin limitación de fecha; el objetivo fundamental es la recuperación de las tierras para cederlas en condiciones más ventajosas a otros payeses, cultivarlas directamente o venderlas.
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Los campesinos ven coartada su libertad de movimiento y limitados sus derechos sobre la tierra, pero indudablemente, la situación de los remensas es más dura y desde 1440 el primer objetivo de los campesinos es conseguir la libertad personal, la supresión de los malos usos mediante la compra de los derechos de los señores. Con esta finalidad se forma el Sindicato Remensa, en cuya creación intervienen abiertamente los oficiales del rey. Éste mantiene la política de ambigüedad que se ha visto al hablar de la Busca. El problema remensa aparece estrechamente ligado al de la recuperación del patrimonio real, iniciado en tiempos de Martín I. Ya en 1420 se autorizó a los habitantes de diversos lugares a reunirse para encontrar el modo de pagar la redención de los derechos señoriales y volver a la jurisdicción real. Pero esta política no aparece claramente definida hasta 1446, cuando Pere de Besalú fue encargado de inventariar y amortizar todos los títulos señoriales de posesión de castillos, villa, masías, casas, lugares y tierras de realengo y de embargar los bienes de cuantos señores no pudieran presentar títulos convincentes. Estas medidas se relacionan con las necesidades económicas del monarca, residente en Nápoles e incapaz de conseguir la ayuda de las Cortes mientras no las presidiera personalmente y regresar a Cataluña. Los remensas se ofrecieron a cubrir las necesidades del rey a cambio de volver a la jurisdicción real y los oficiales del monarca facilitaron las reuniones de los campesinos. Las protestas de las Cortes contra los instigadores de estas reuniones no se hicieron esperar y en 1447 llega a culparse de la agitación campesina a los malos juristas (los oficiales). Alfonso se limitó a disolver las Cortes y se inclinó hacia los campesinos y hacia los remensas a los que autorizó a reunirse en 1448. Asume la defensa de los señores la Diputación del General, que envía embajadas a Nápoles, se opone a que se haga pública la decisión real y manda detener a los oficiales que la pregonan. Colabora activamente con la Diputación el Consejo barcelonés, cuyos dirigentes y el propio municipio son propietarios de campesinos de remensa. Pese a la prohibición, se celebraron las reuniones, pero la oferta hecha en 1449 se quedó corta ante los 400 mil florines que ofrecieron las Cortes en 1452. Nuevas contraofertas payesas y la negativa de las Cortes a hacer efectiva la ayuda mientras el monarca no regresara a Cataluña le llevaron a apoyar de nuevo a los remensas y a suspender, provisionalmente, en 1455, los malos usos y servidumbres hasta que se llegara a un acuerdo. Tras una nueva anulación, la sentencia fue confirmada en 1457, cuando el rey anunció que renunciaba definitivamente a volver a Cataluña y recibir la ayuda ofrecida por las Cortes. Las necesidades económicas por sí solas no explican la actuación de Alfonso el Magnánimo, al que habría resultado más fácil entenderse con los señores que con los campesinos. En el fondo, lo que estaba en juego es el poder político de Cataluña: lo que se discute es la autoridad real, que no podrá ser efectiva por más din que se dé al ero monarca mientras no se recupere el patrimonio real y no se reduzcan los poderes señoriales. C. EL MONARCA SOMETIDO AL CONSELL DE CATALUÑA Fernando de Antequera reconoció en las Cortes atribuciones políticas a la Diputación del General. Las Cortes siempre apoyadas por el Consejo barcelonés van perdiendo fuerza hasta que son disueltas. Pero de nuevo con Alfonso V (1421-22) reconoce la
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vigencia de los usos y constituciones de Cataluña, el control a través de la Diputación y la facultad de nombrar representante ante la corte para vigilar el cumplimiento de las leyes. En las Cortes de 1454 presididas por Juan de Navarra (futuro Juan II) se produce una ofensiva contra el monarca, los buscaris y los payeses. Las Cortes, lógicamente hacen causa común con la Biga barcelonesa. Fueron disueltas sin acuerdos, pero quedó el problema del hijo de Juan de Navarra, el príncipe de Viana, enfrentado a su padre que se utilizará como pretexto para oponerse al monarca. Las Cortes asumirán su defensa cuando es encarcelado en 1460. Un año más tarde Juan II se ve obligado a firmar la concordia de Villafranca del Penedés con la que culmina el proceso pactista iniciado en 1283: Juan II no podrá entrar sin permiso en Cataluña en donde el poder corresponderá a su hijo de forma limitada, ya que la Diputación, el Consejo de Ciento barcelonés y el Consejo del Principado controlan el resto de aquel poder. Cuando muere en 1461 Carlos de Viana, el príncipe Fernando, su medio hermano, inicia los contactos con los aliados monárquicos buscaris y remensas para establecer el brazo real. El Consejo reacciona utilizando la violencia contra éstos y el rey, el 28 de mayo de 1462 rompe el acuerdo y entra en Cataluña. D. LA GUERRA CIVIL En la guerra de 1462-72 se enfrentan por un lado el monarca (apoyado por buscaris y remensas) y las Cortes (Biga). La causa de la guerra tiene como antecedente la prisión del príncipe Carlos cuyo error permite aglutinar, a través de la Diputación del General, a todos los catalanes y declararle la guerra a Juan II aunque lo que buscas no es su destronamiento sino la imposición de sus puntos de vista, tanto políticos como socioeconómicos. La Biga, mientras tanto, había afianzado su posición, frente a sus enemigos. La guerra se internacionalizó ya que Juan II buscó el apoyo de Luis XI de Francia (al que le da entre otras cosas en garantía el Rosellón y la Cerdaña) y Gastón de Foix (promesa de heredar Navarra). El Consejo de Cataluña, por su parte, buscará apoyos interiores y la desarticulación de las fuerzas opositoras: el partido buscari y los remensas. Al no obtener los resultados deseados, el Consejo comienza a ofrecer el Principado a candidatos que, 50 años después de Caspe, pueden albergar derechos en Cataluña. Se propuso nombrar conde de Barcelona al rey Enrique IV de Castilla si respetaba toda la particularidad catalana y la Concordia de Villafranca, además el rey castellano, aparte de sus derechos al trono, puede contar con la ayuda de los beamonteses navarros enemigos de Juan II y del conde de Foix. Ellos apoyan a Blanca, hermana de Carlos de Viana, ex mujer de Enrique IV. Enrique IV acepta el ofrecimiento ante la división de la nobleza. Las tropas castellanas dirigidas por Juan de Beamont obligan a levantar el cerco de Barcelona pero Juan II utiliza las divisiones de la nobleza castellana que acabará forzando a Enrique, por la sentencia de Bayona, con Luis XI de árbitro, a renunciar al Principado y, en compensación, se le entrega la merindad de Estella. Juan II renuncia a las rentas que le correspondían en Castilla.

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Tras el monarca castellano, la corona se le ofrece a Pedro de Portugal, descendiente de Jaime de Urgell que, dadas sus limitaciones, se alía con el duque de Borgoña enemigo de Luis XI. Aragoneses, valencianos y mallorquines, mientras tanto, prestan su apoyo a Juan II, además de los buscaris y remensas y algunos nobles y clérigos. Bernat Saportella, diputado (uno de los tres) del Principado de Cataluña se pasa con el rey con lo que la Diputación le permitirá la legalización de su situación. Muere el Condestable Pedro de Portugal en 1466 y se le ofrece la corona a Renato de Anjou, también descendiente de los candidatos de Caspe y enemigo de Alfonso V, lo que modificará el sistema de alianzas internacionales. Finalmente Juan II busca la alianza con Castilla a través del matrimonio de su hijo Fernando y, tras una serie de candidatas, consigue que se case con la infanta Isabel. Sin apoyos exteriores, los catalanes tienen que rendirse a la realidad: Barcelona se entrega a los realistas tras un perdón general. E. LA CAPITULACIÓN DE PEDRALBES (1472) Es el fin de una guerra que termina sin vencedores ni vencidos. Únicamente Juan II pide que no se dé por hecha la Concordia de Villafranca. Las medidas de clemencia y una preferencia a la Diputación rebelde frente a la realista permitiendo seguir en el cargo a diputados que habían sido opositores, trajo alguna división pero pacificó el país. Algo había que hacer para solucionar los graves problemas económicos, ya que Cataluña estaba arruinada tras la guerra. Las Cortes de 1473 abordan el tema de la recuperación que no se solucionará. Fernando II (el Católico) intentará solucionar todos los problemas, en primer luga r ocupando el Rosellón y la Cerdaña. El programa económico era, en parte, el de los buscaris desde 1450. se decide también la reforma de los organismos dirigentes de Cataluña: la Diputación y el Consejo. El problema remensa fue el último en solucionarse. Durante la guerra el jefe de los remensas Francesc Ventallat fue hecho vizconde de Hostolés, pero sobre los malos usos la política siguió siendo ambigua, lo que dará lugar a nuevas revueltas, como la de 1475, o se manifestará en medidas antirremensas (Cortes de 1480). Fernando tiene tantas dudas sobre la cuestión que los nobles recuperan derechos perdidos y entonces se produce la 2ª guerra remensa (1484) dirigida por Pere Joan Sala que consigue una revuelta de grandes proporciones. Esto fuerza el compromiso que se plasmará en la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486) en donde los malos usos son redimidos mediante el pago de sesenta sueldos por mansos y los campesinos lograrán una serie de libertades. Los señores fueron indemnizados y al monarca se le pagó una multa de 50 mil libras. Los señores siguieron teniendo derechos sobre los campesinos cultivadores pero no de la forma humillante como hasta aquel momento.
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EL REINO DE MALLORCA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

La conquista de la isla fue fundamentalmente obra de catalanes. La campaña fue financiada mediante el cobro en Cataluña del bovatge (impuesto para casos excepcionales). Conquistada Mallorca, los musulmanes que no la abandonan fueron reducidos a la esclavitud y sus bienes repartidos entre los conquistadores proporcionalmente a los contingentes militares aportados. Las ciudades que colaboraron en la conquista también fueron recompensadas, así, desde 1231 se conceden franquicias comerciales en la isla a mercaderes de Barcelona, Tarragona, Lérida, Perpiñán, Montpellier, etc. Si los catalanes logran franquicias en la isla, los nuevos mallorquines ven recogido en la Carta de Franquicia o de Franquesa, considerada la Carta Constitucional del Reino, el derecho a comerciar, exentos de cualquier carga fiscal, en todos los territorios sometidos a la jurisdicción de Jaime I y en aquellos que en un futuro pudieran conquistar. A. INDEPENDENCIA POLÍTICA Y VINCULACIÓN ECONÓMICA El libre comercio de mallorquines en los territorios de la Corona, de los catalanes en la isla y la concesión de la Carta de Franquesa, puede hacer pensar que Mallorca se incorpora a la Corona en plena igualdad con Cataluña, Aragón y, más tarde, Valencia, pero no es así. Jaime I utiliza las islas para resolver problemas peninsulares, así a cambio de los derechos sobre Urgell cede el feudo vitalicio Mallorca y Menorca y, durante 2 años, reservará la conquista de Ibiza a Pedro de Portugal y al conde Nuño Sánchez, a los que se unirá el arzobispo de Tarragona. Pedro de Portugal mantiene el feudo mallorquín hasta 1244. pero la entrega a Pedro del señorío mallorquín no anula los derechos de Jaime I que en todos los testamentos deja el reino a sus hijos. Según el último testamento, los hijos de Jaime I actuarían en sus respectivos dominios como soberanos independientes, pero en la práctica el reino de Mallorca está subordinado a los dominios del primogénito. Esto queda claro en el Tratado de Perpiñán (1279), en el que Pedro el Grande hace que su hermano Jaime II reconozca la dependencia política de Mallorca respecto a Aragón y la dependencia económica respecto a Cataluña. La ocupación de Sicilia en 1282 divide a los mallorquines: mientras la burguesía comercial se une a Pedro el Grande y colabora en la campaña, la nobleza y Jaime II se alían al Pontificado y a la monarquía francesa contra el rey de Aragón y ponen fin al vasallaje concertado en 1279. Pedro el Grande mantuvo su política de atracción de los mercaderes mallorquines y ratificó la exención de impuestos comerciales en las ciudades de la Corona. La presión económica con fines políticos es una práctica habitual que explica la facilidad con la que se acepta la ocupación del reino por el monarca aragonés en 1285 y las buenas relaciones que mantienen los mercaderes de Mallorca y la Corona después de la devolución del reino a Jaime II en 1298. En un intento de romper la dependencia económica de las islas respecto a la Corona y de finalizar su

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autoridad política, a comienzos del XIV Jaime II crea una moneda propia, adopta medidas para crear en la isla una industria lanera de cierta calidad, reorganiza el mundo rural para conseguir un mayor autoabastecimiento y eliminar en parte la dependencia del exterior, llevará a cabo una política proteccionista, lo que implicará malestar entre los comerciantes catalanes que verán afectado su comercio con las islas y pedirán al rey aragonés la adopción de medidas, llegando a declarar el boicot comercial al archipiélago, acompañado de la guerra de corso y la confiscación de naves insulares hasta conseguir la anulación del proteccionismo. Las medidas llevadas a cabo por Jaime II no lograron superar la crisis y Mallorca entró en un período de decadencia. En 1343 Pedro el Ceremonioso ocupó la isla y puso fin a la breve independencia de Mallorca iniciada a la muerte de Jaime I en 1276 e interrumpida entre 1285 y 1298. B. CIUDADANOS Y FORÁNEOS A los problemas económicos se añaden los políticos provocados por la oposición entre la ciudad y las villas de Mallorca desde la conquista por Alfonso el Franco en 1285: sólo la parte foránea, los campesinos ofrecen resistencia mientras los artesanos y mercaderes negocian condiciones de la redención, e igual sucede en 1343. El distinto planteamiento no se debe sólo a diferencias económicas, sino al malestar de los campesinos ante el control que los ciudadanos pretenden ejercer sobre todo el territorio insular a través del Consell creado en 1249. Los campesinos tienen una presencia honorífica porque no están representados en el Consell restringido. La reorganización de las villas iniciada en 1300 por Jaime II da a estos una mayor cohesión y fuerza que se manifiesta en la reforma del rey Sancho de Mallorca en 1315: la ciudad pagará sus gastos específicos y las villa contribuirán con un tercio de los gastos comunes y podrán controlar la gestión económica; cada villa tendrá dos representantes en el Consell amplio y la parte foránea en su conjunto designará 10 síndicos sin cuya conformidad no tendrán validez las ordenanzas que afecten a villas. La anexión del reino a la Corona coincide con un recrudecimiento de la guerra de corso en el Mediterráneo y con la aparición en las islas de la peste negra con un número de bajas alrededor de 10 mil. El mayor número de bajas se produce en las villas, quizá por emigrar sus pobladores a la ciudad donde muchos fijan su residencia una vez pasada la peste, uno de cuyos efectos es la reforma del Consell en 1351 para dar entrada a los menestrales, que tendrán igual número de representantes que ciudadanos, mercaderes y caballeros, tanto el Consejo General como en su comisión delegada o Consejo restringido. En esta reforma no se alude a los foráneos cuyas protestas contra los impuestos y representantes se ignoran. Las peticiones serán atendidas en parte por Pedro el Ceremonioso que pone fin a determinados abusos de la ciudad: las villas estaban obligadas a abastecer de alimentos a la ciudad y en 1358 el rey dispone que nadie pueda obligar a los foráneos a llevar sus alimentos a la ciudad, salvo en guerra. Tan importante como el reconocimiento efectivo de la proporcionalidad es conseguir la independencia de las villas, sometidos tradicionalmente al control de los jurados de la ciudad: en adelante, ni los jurados de las villas ni los síndicos estarán obligados a rendir cuentas ante los jurados de la ciudad, en lo relativo a fondos de cada villa o de comunidad foránea y la independencia se extiende a los funcionarios reales, prohibiendo

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a los bailes y escribanos de su curia intervenir en el manejo de los fondos municipales; los oficiales del rey no podrán elevar la cuantía de las multas por encima de lo señalado en las ordenanzas municipales.

C. CRISIS ECONÓMICA Y REFORMA DEL CONSEJO GENERAL Abella es el encargado de sanear las finanzas del reino mallorquín en 10 años. Éste se propone reducir el gasto público, fiscalizar las cuentas de la administración y amortizar la deuda en el plazo de 10 años (emisión de deuda pública cuyos intereses consumen el 90% de los ingresos mallorquines, siendo sus acreedores los barceloneses), reduciendo salarios y gastos, limitar la inversión en obras públicas, reducir a 2 los representantes del Reino en la Corte, vigilar la concesión de arrendamientos de impuestos, exigir informe anual a los jurados, reducción de intereses de violarios y censales. La oposición al plan de Abella parte de los ciudadanos que dilatan cuanto pueden su publicación a través del Consell y pretextando la falta de agilidad de éste, se reducen sus miembros. Se salva la independencia del Consejo y la letra del Privilegio de Franqueza, que se reserva la elección de los consejeros a los jurados de la ciudad y de las villas. Los jurados elegirán a los designados por el monarca. El plan Abella fracasa por la sequía, la peste, impuestos, deuda y por la continua exigencia de ayuda económica para la defensa de Cerdeña y la construcción de naves para defensa de las islas. Los menestrales de la ciudad lo mismo que en Barcelona, consideran que sus derechos no están suficientemente defendidos por el Consejo y aspiran a un mayor control político para resolver sus problemas económicos, con apoyo de los foráneos que intentan en vano que se revisen sus cuentas; la tensión crece a finales del XIV y Álvaro Santamaría define la situación como catastrófica. En este caldo de cultivo llegan al Reino noticias de los ataques a los barrios judíos en las ciudades peninsulares y tras el asalto al Call de Inca, foráneos y menestrales desahogan su odio hacia los judíos y dirigentes de la ciudad. Ésta fue cercada po r ejércitos foráneos que levantan el asedio cuando el gobernador acepta sus peticiones para democratizar el Consell y sanear la administración económica del Reino. De sanear la administración se encargaría un regente que no podría ser mallorquín, sino catalán, con poderes absolutos durante los 5 años de su mandato. La economía no se recupera y en 1405 se produce la quiebra de las finanzas del Reino: se firma el Contrato Santo en 1405 por el cual se crea una Junta Administrativa, formada por censalistas acreedores que centralizarán lo recaudado y realizarán los pagos: primero a acreedores catalanes, los más numerosos y con mayor volumen de deudas, y si es posible a los mallorquines. D. DE CASPE A LA SUBLEVACIÓN FORÁNEA La dependencia mallorquina respecto a Cataluña, económica y políticamente, se observa especialmente cuando se produce el interregno a la muerte de Martín el Humano (13961410).

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Los mallorquines se consideran y son parte interesada en la sucesión y como tales reciben en septiembre de 1409 y 22 de enero de 1410 dos cartas de Martín el Humano, en la primera comunica el matrimonio con Margarita de Prades y en la segunda pide al Consejo General envíe personas de todos los estamentos para que le aconsejen sobre a quien pertenece el derecho de sucesión. Tres de los candidatos se dirigen a los mallorquines pidiendo apoyo para su causa y el Consejo acaba enviando una delegación a la Península, donde permanece más de 7 meses. Los embajadores mallorquines presentan al Parlamento catalán un escrito en el que preguntan si consideran a Mallorca un reino por sí unido a los demás reinos y al Primado y si estiman que los representantes del Reino deben ser administrados en todos los actos relativos a la sucesión en plano de igualdad. La respuesta no llegó y el arzobispo de Tarragona convence a Mallorca para que retiren el escrito. Mientras Mallorca intenta hacer valer sus derechos políticos ante aragoneses y catalanes y por lo menos conseguir la misma consideración que Valencia, los problemas económicos se agudizan y el reino carece de fondos para atender las necesidades más urgentes. La tensión ciudad-villa impide reunir dinero para defensa del Reino y el Consejo decidió suspender el pago de sus rentas de los censalistas catalanes. Un acuerdo de revisión del Contrato Santo se firma en 1431: los acreedores aceptan un descenso de los intereses. En adelante los impuestos cobrados en Mallorca se dedican al pago de las pensiones y a la amortización de los censales. La administración la llevarían tesoreros del Reino, rindiendo cuentas ante la Junta de acreedores catalanes. La política mediadora de Alfonso el Magnánimo exige nuevos sacrificios económicos a mallorquines y fue el detonante de la gran revuelta foránea de mediados del siglo XV. Alfonso concede poderes absolutos al gobernador Berenguer d¶Olms al que nombró lugarteniente para que pacificara ánimos, restituyendo a cada uno sus derechos, especialmente en el caso de los préstamos de ciudadanos a campesinos foráneos. Durante los meses de enfrentamiento (1450-1451) los campesinos se niegan a contribuir en impuestos normales, a permitir a los ciudadanos vender las cosechas de las tierras que poseían en las villas e intentan anular préstamos recibidos alegando que sólo tenían para pagar hasta que las rentas se igualen al c apital. La parcialidad del gobernador aliado a los ciudadanos le llevó a condenar a los foráneos al pago de 2 mil libras anuales en concepto de servidumbre perpetua irredimible, rechazado por éstos, que inician la revuelta y asedian la ciudad. El monarca se limitó a restablecer la situación corrigiendo deficiencias que dieron lugar a la revuelta y exigiendo las responsabilidades oportunas. En mayo de 1454 libre de asuntos italianos, Alfonso dicta sentencia y concede indulto general excepto a delitos de sangre y se mantiene la organización tradicional del Reino. La economía se resintió después de 3 años de guerra abierta. Las tensiones continúan agravadas por el resurgimiento de bandería en el campo y en la ciudad hasta tiempos de Fernando el Católico y surgirán en época de Carlos V con el nombre de Germanías. El levantamiento foráneo se relaciona directamente con los conflictos entre buscaris y bigaris de Barcelona. La presión ejercida por los acreedores catalanes pudo ser una de

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las causas de la tensión entre Barcelona y Mallorca y quizá influyera, junto a la escasa consideración que el Reino merecía a los dirigentes del Principado en el apoyo de los mallorquines a Jaime II durante la guerra civil catalana. La primera medida fue la supresión del pago de las pensiones, que fueron puestas a disposición del rey. Para remediar la situación se pide al rey autorice a pagar los censales de los catalanes no en el Principado sino en la ciudad de Mallorca. Dando la razón a Mallorca frente a las reclamaciones de Pere Catllar y le condene al pago de Carta entre otras peticiones y tras la explicación ofrecerá al rey 2 mil florines de oro al tiempo que le pide se compadezca del Reino, destruido por continuas peticiones de donativos para el rey y por el pago de los censales barceloneses.

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VALENCIA, REINO INDEPENDIENTE
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. ENTRE CATALUÑA Y ARAGÓN La ocupación de Valencia fue obra de aragoneses y catalanes, unidos bajo la misma Corona y diferentes, por su lengua, estructura social, sistema monetario, legislación, economía. El doble origen de los conquistadores-repobladores se manifestará posteriormente en sus formas de vida. En las comarcas montañosas próximas a Aragón se asentaría la población aragonesa bajo la dirección de su clase nobiliaria, el obispo de Tortosa y las órdenes Militares entre las que destaca la de Montesa y como consecuencia, con una organización socio económica feudal basada según las normas de las Cartas Pueblas aragonesas. En las zonas bajas, pero sobre todo en el litoral, el origen de los asentados sería de procedencia catalana y con una organización administrativa preferentemente en concejos. En estos lugares de realengo los ciudadanos se rigen por el derecho valenciano (los furs), que se extenderán a las tierras alicantinas (Elche, Orihuela, etc.) tras su incorporación al Reino en el XIV. La importancia económica de la ciudad, centro artesanal y comercial, y con una agricultura intensiva y de regadío y su identificación con el Reino, lleva a la confusión ciudad-reino que viene propiciada por los furs, que dicen estar vigentes en la ciudad de Valencia y en todo el reino, villas, castillos, etc.; a pesar de lo cual al menos 50 ciudades se rigen por el fuero aragonés, unas 12 por las costums de Lérida y unos 100 lugares en los que está vigente el derecho valenciano que se extenderá hacia Alicante. Según el franciscano Francesc Eximierais que escribe a fines del XIV, los mercaderes son la base de la riqueza valenciana. Sus palabras son reflejo de una sociedad próspera donde caben todos los estamentos sociales porque en la sociedad valenciana todos son necesarios y útiles. Con una economía relativamente saneada gracias a la fertilidad de sus tierras, al trabajo de sus artesanos y sobre todo a la actividad de sus mercaderes, a los cuales hay que favorecer quitándoles impuestos de tránsito, concediéndoles privilegios y honores especiales. B. EL PREDOMINIO SEÑORIAL Tras la ocupación, las tierras de la actual provincia de Castellón fueron entregadas a nobles como Blasco de Alagón, a las Órdenes del Temple, del Hospital, de Calatrava, a los monasterios de Poblet. Entre todos ellos pronto destaca el Temple del que recibirá Montesa prácticamente toda la zona del Maestrazgo. Las numerosas cartas pueblas conservadas ponen de relieve la escasa importancia en esta zona de la reserva señorial y consecuentemente de las prestaciones personales. Los ingresos señoriales proceden fundamentalmente de las rentas en productos o dinero, del cobro de diezmos, primicias,
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monopolios de horno, molinos, herrerías a los que se unen los derechos de caza, la posada. Durante el XIV prácticamente desaparecen la reserva y las prestaciones personales excepto en las tierras cultivadas por musulmanes a los que llega a exigirse hasta ocho días de trabajos al año en la reserva, aunque algunas veces este trabajo se transforma en dinero: en un impuesto cobrado anualmente. El campesino, una vez pagados los diezmos, entrega al señor entre 1/3 y 1/6 de la cosecha, según los lugares y religión del campesino, aunque en muchos casos no se paga cantidad alguna por el derecho a explotar la tierra. Absolutamente obligatorio es el pago de diezmos y primicias sobre cereales, vino, aceite, lino, cáñamo, productos de huerta, ganado, animales de corral. Los derechos de pasto pertenecen generalmente a la Orden, igual que los monopolios, que se extienden ahora a carnicerías, pescaderías, baños y tabernas. Sólo el señor puede autorizar la instalación de una carnicería y cobrar la autorización o percibir una renta; y sólo la Orden de Montesa puede vender sal, autorizar el uso de pesos y medidas, controlar el paso de hombres y mercancías, cobrar el correspondiente peaje, percibir la sisa de todo cuanto se venda en las tierras del señorío. Completan los ingresos las multas, derechos de escribanía, impuestos personales pagados por musulmanes y judíos y las tallas extraordinarias. A partir del XIV adquiere especial importancia la lana del Maestrazgo exportada de modo regular a Italia y protegida, lana y ganado, mediante la creación de lligallós o comunidades ganaderas de municipios comarcales, con la misión de recoger, administrar, entregar a sus dueños o hacerse cargo del ganado perdido o extraviado. Al desarrollo ganadero se une un incremento de las actividades comerciales visible por la multiplicación de ferias y por la mayor importancia que se da a los puertos marítimos. En esta sociedad, que basa su economía en una agricultura de secano, en el desarrollo de la ganadería y en la exportación de materias primas como la lana, no faltan tensiones y enfrentamientos por cuestiones de límites entre los municipios, aprovechamiento de pastos, conflictos entre campesinos y señores, aunque en la mayor parte de los casos la tensión se resuelve en una resistencia pasiva, en el incumplimiento de las obligaciones, hasta que se produce el levantamiento de los unionistas aragoneses y valencianos contra Pedro el Ceremonioso a mediados del XIV: Montesa se alinea junto al monarca y los lugares de señorío se adhieren a las posturas de los nobles aragoneses, forman una hermandad o germanía, destruyen los bienes y los símbolos del poder de la Orden y cuando los unionistas son vencidos, la Orden recupera incrementados sus derechos señoriales e impone sanciones económicas que van desde la reconstrucción de las casas destruidas hasta el pago de cantidades relativamente importantes. C. VALENCIA Y LA UNIÓN ARAGONESA La revuelta de los nobles aragoneses contra Pedro el Ceremonioso se explica por su presencia en Valencia, pero hay algo más que un movimiento nobiliario ya que intervienen también los campesinos y el Consell de Valencia que nada tiene que ver con la nobleza.

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Los orígenes de la Unión se sitúan cuando Pedro el Ceremonioso nombra heredera a su hija Constanza. Los frustrados herederos hijos de su hermano son los que aglutinan a los nobles aragoneses descontentos con el rey y sus consejeros catalanes. Por parte del Consell Valenciano sólo aceptarán al heredero designado por las Cortes Generales de la Corona. El Consell llama en 1347 a constituir la Unión recogiendo los agravios y atentados sufridos por el reino, la ciudad y sus fueros, negando la validez de la decisión real y autorizando a los abogados a seguir ejerciendo sus actividades por considerar la decisión del monarca contraria a los fueros y privilegios del reino, oponiéndose al monarca y a sus consejeros catalanes y rosellonenses. Los nobles aragoneses en defensa de sus intereses señoriales y los burgueses valencianos que controlan el Consell (protagonistas de la Unión) contra la excesiva presión fiscal protagonizan la oposición al grupo dominante so pretexto de que no se respetan sus fueros. Los nobles agrupados en torno al gobernador del Reino formando una « Fraternitat» o Germanía y los Unionistas de la ciudad que tendrán el apoyo de los campesinos que aprovechan el conflicto para plantear sus reivindicaciones se enfrentan por el control del Reino aunque el predominio burgués y de la ciudad de Valencia en la Unión aparece claramente cuando se analiza la composición de los organismos de dirección unionistas. Sofocada la revuelta y vencidos los unionistas en Mislata (1348), Pedro el Ceremonioso limitará su justicia a castigar a 20 personas de las sólo 4 serán nobles. D. POBLACIÓN Y POBLADORES: LA PROSPERIDAD VALENCIANA Frente a la prosperidad valenciana del siglo XV defendida por numerosos historiadores, el Doctor Balaguer pone de manifiesto tres problemas: ·De tipo político: la pérdida de autonomía del Consell, de las Cortes. ·De tipo económico: la sangría motivada por las continuas peticiones de ayuda y préstamos por parte de los reyes, así como el intento de controlar los municipios y las Cortes, como puede verse en el siglo XIV y que da lugar a la formación de una clase de rentistas. La Ciudad emite Deuda Pública para atender a las peticiones del rey, los que suscriben retiran el capital de las actividades productivas y viven de las rentas, de las pensiones y de los censales. ·Las dificultades para aprovisionar de trigo a la ciudad que debe adquirirlo fuera del reino, a veces a precios excesivos y siempre con dinero procedente de las emisiones de censales que van aumentando las deudas de la Ciudad. Para evitar las alteraciones que puedan producirse ante la falta de pan, los dirigentes priman la importación, adelantando el dinero y cobrando un interés, permiten que se exporte arroz o vino a cambio de trigo o bien se arman naves para incautarse del trigo que puedan hallar. Valencia está controlada por los ciudadanos-mercaderes que tienen mayoría en el Consell Secret o Consejo restringido, integrado por 4 jurados, ciudadanos, en el siglo XIII y ya en el XIV se incorporan 2 jurados del estado de los caballeros, este concejo está asesorado por un Consejo amplio o Consejo de Ciento, formado por representantes de las parroquias y de los gremios (que aumenta según aumentan las cofradías). El consejo amplio o Consejo de Ciento, formado por 6 jurados, 6 consejeros caballeros 4
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juristas, 4 consejeros de cada una de las 12 parroquias y 4 representantes de cada oficio. El poder real radicaba en los 6 jurados, el síndico y los 3 abogados que forman el Consell Secret o Menor. Las competencias de este Consell son el abastecimiento urbano, la asistencia social y mantenimiento del orden moral y público; creación de un sistema social y financiero y la ordenación económica. El gobierno de los mercaderes es aceptado en momento de prosperidad pero discutido en las primeras dificultades. Todos aceptan que el comercio es el origen del bien público pero los valencianos no toleran que estén al frente del Consell quienes no practican el comercio, rentistas o importadores a los que nada interesa el desarrollo artesanal y que utilizan los cargos públicos para aplicar una política favorable a sus intereses. La cual puede ser intervencionista o liberal según convenga a sus negocios, permitiendo comerciar brocados a los extranjeros, comerciantes genoveses y florentinos a los que les estaba prohibido pues competían con la producción valenciana. La oposición a los mercaderes dirigentes urbanos, está protagonizada por los maestros de gremios que exigen una política proteccionista que elimine a los competidores extranjeros, impida que los productos elaborados en el mundo rural accedan al mundo urbano, esta política les enfrenta a los importadores y a los mercaderes -empresarios (que utilizan mano de obra rural).
22. ACTIVIDAD COMERCIAL

Los cereales consumidos en Valencia proceden de Cataluña, Aragón, Castilla, Francia e Italia. Los transportistas son en su mayoría mercaderes valencianos, a veces comerciantes del lugar de procedencia del trigo avecindados en Valencia. Entre los mercaderes se encuentra el rey cuyos beneficios son como los de otro mercader y recibe ayudas y subvenciones concedidas por el Consell a los importadores. Además de trigo, se importan otros productos alimenticios como quesos de Sicilia, Cerdeña y Baleares, pastas de Italia (artículos de lujo); aceite de Andalucía, del Atlántico Norte congrios, arenques, merluza, sardinas y otros. También productos medicinales, especias. Para la industria se importan materias primas como lana y seda, algodón, cáñamo, alumbre, colorantes, metales, pieles. Estas importaciones son pagadas, en parte, con productos valencianos: frutos secos, legumbres y productos de huerta que son vendidos a genoveses, castellanos y franceses directamente a través de intermediarios. Junto a los frutos secos, pasas, almendras, higos o dátiles, exporta seda en bruto o elaborada en las moreras o piezas más cuidadas elaboradas en centros urbanos (Valencia y Játiva), también paños de lana, elaborados a la manera inglesa de Bruselas o Courtray. Para atender a la alimentación de los valencianos se imponen limitaciones a la exportación de algunos artículos que sólo pueden ser sacados del Reino con licencia especial y previo pago de un impuesto, anotándose debidamente en el registro de « coses vedades» con todo lujo de detalles. Una gran parte de este comercio está en manos de mercaderes valencianos y son numerosos los extranjeros avecindados que comercian en la ciudad, entre ellos hay

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judíos valencianos, castellanos, portugueses, aragoneses, catalanes, mallorquines y algún navarro, argelino, maltés, que aparecen en los registros de « coses vedades» y como importadores. También son muy numerosos los italianos cuyas actividades son permitidas o prohibidas según las circunstancias políticas o recargadas con un impuesto el "dret italià". Hacia 1403 Martín el Humano puso fin a las diferencias con los italianos concediéndoles un privilegio por el que se les permite comerciar con la Corona de Aragón siempre que paguen tres dineros por libra del valor de los productos que introduzcan, con lo que obligará, posteriormente, a fijar los precios de los productos italianos. Junto a los mercaderes individuales existen las Compañías o factores representantes de Compañías internacionales como los Passi, Alberti, Dattini, encargados de tratar directamente con los productores obteniendo, al eliminar a los intermediarios, reducción de costes, para luego distribuir el producto entre otras compañías. Los productos a comerciar son: lana, tejidos, hojas de espadas, hilo de oro, papel, colorantes, paños de Flandes, hierro y armaduras. Los mercaderes valencianos también salen al exterior y crean empresas como Jaume Ferrer, en Génova, desde donde comercia con Barcelona, Tortosa, Valencia, Baleares y Pisa, mediante un impuesto "drictus catalanorum" similar al "Dret italià" en Valencia.
23. JUDÍOS Y MUSULMANES

En los años 1283-84 mediante una serie de disposiciones recogidas en el Privilegio General de Aragón se prohíbe a los judíos ocupar cargos públicos, no pueden ser bailes ni ejercer como recaudadores de impuestos ni otro oficio público que les dé jurisdicción sobre cristianos. Durante el XIV a pesar de contar con el apoyo de los monarcas, que siguieron utilizándoles en misiones diplomáticas, la excesiva presión fiscal creó problemas a algunas aljamas valencianas y a mediados del siglo se produjo un antisemitismo que desembocó en ataques a los judíos como ocurrió en la judería de Murviedro en 1348, durante el conflicto de la Unión, también el clero contribuyó a esta situación haciendo responsables a los judíos de todas las calamidades padecidas; esto llevó a los judíos a reunirse y pedir una bula en la que se les exima de estas culpas y se castigue a los cristianos que utilicen la violencia contra ellos. Tras la recuperación económica en la 2ª ½ del siglo, llega la tranquilidad en las relaciones entre cristianos y judíos, no obstante los recelos persisten y la población cristiana pide que moros y judíos no tengan "mustaçaf" propio en sus barrios. Se tiende a aislarlos mediante una serie de acuerdos, actitudes similares ocurren en todos los reinos hispánicos y en 1391 se producían asaltos a las juderías. Valencia fue la primera en atacar y destruir la aljama, que desaparece (los supervivientes viven entre los conversos o se trasladan a Murviedro donde se reúnen judíos escapados de otras aljamas y llegan a formar una comunidad). Ataques similares se producen en Játiva, Burriana, Alcira. Los sobrevivientes se convirtieron al cristianismo para salvar la vida. Tras los ataques a las juderías se producen los asaltos a las morerías. Los judíos al igual que los cristianos están divididos en manos (mayor, mediano y menor) cada una participa en las elecciones a los cargos de la aljama, cargos que

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acapara una oligarquía que basa su poder en tres fuentes: fortuna, saber y ascendencia y que vive del préstamo, arriendo de impuestos y el gran comercio, también en Valencia encontramos orfebres, sederos, zapateros, sastres. Contra las morería también se producen los ataques, si bien la menor importancia social y económica de este colectivo, en la Corona de Aragón, les permite sobrevivir más de un siglo a los hebreos. La separación se inicia con la residencia: los sarracenos habitan en la periferia, generalmente extramuros, durante toda la Edad Media si bien algunos cristianos no tienen inconveniente en instalarse entre ellos, algunos conversos y prostitutas. Esta separación se extiende a hostales, fiestas y convites. Con respecto a las relaciones sexuales entre personas de diferente religión en Valencia se castiga con pena de muerte en la hoguera, aunque en la práctica se ejecuta al sarraceno y se encarcela a la mujer cristiana, si se trata de cristiano y musulmana o judía, la pena se reduce a correr desnudos por la calle, se deja en libertad al cristiano y se reduce a cautividad a la musulmana y si ésta es esclava a nadie extraña las relaciones con su señor. A este castigo fijado por las leyes cristianas se une, más duro, el de las musulmanas, pena de azotes y en determinados casos lapidación y pérdida de los derechos hereditarios. Debían llevar determinados distintivos que permita reconocerlos a distancia, intentando además convertirlos a la verdadera fe obligándoles a asistir a las predicaciones, que duran varias horas. Los conversos siempre fueron mal vistos por los cristianos y por sus propios colegas que les insultaban, las conversiones se aprovechan para confiscar sus bienes, a pesar de las disposiciones de los monarcas que obliga a la judería o morería a hacerse cargo de las cantidades que correspondían al converso. Aunque raras, también existen conversiones al Islam especialmente de cautivos en Granada y no faltan enamoradas que aceptan la fe de sus amantes, marinos y soldados o intelectuales a través de las lecturas de la obra de Averroes. La libertad para practicar su religión sufre en los siglos XIV y XV recortes y trabas mediante la confiscación de mezquitas o prohibición de construir nuevas e incluso se llega a la profanación de mezquitas y de cementerios. También fue prohibido la llamada a la oración. Se cobra un impuesto a los peregrinos a la tumba del cadi Sid Buna al-Juzai muerto por Jaime I. Los musulmanes en su mayor parte son campesinos y su situación es comparable a la de los payeses de remensa, sometidos a sus señores. A mediados del XIV se les prohíbe el cambio de residencia y cuando éste se les autoriza pierden parte o la totalidad de sus bienes muebles. Con el fin de atraerlos, se les conceden privilegios pero con la condición de permanecer en el lugar, un número concreto de años y si este sistema falla se recurre a la coacción: los musulmanes podrían cambiar de residencia pero no las musulmanas solteras que deberán casarse dentro del grupo; para pasar de lugares de realengo a los de señorío se precisa licencia especial de la Corte. Las condiciones para cambiar de residencia varían de acuerdo con las Cartas Pueblas por las que se rigen, las cuales se fueron endureciendo y cada vez fue mayor el número de años a permanecer en las tierras del señor para recibir de éste tierras el plazo suele

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ser de doce años, aunque si hay causas importantes se puede abandonarla mediante una compensación económica al señor y además buscar un poblador moro de su misma condición. También están obligados a las prestaciones personales, ellos y sus animales. Además de su trabajo, mal pagado, deben entregar al señor el derecho de tasa de determinados productos alimenticios que éste paga a un precio inferior al de mercado. Por contraer matrimonio debe pagar el derecho de almería y otros impuestos gravan la tenencia del ganado, el uso de los pastos; cuando vende la tierra reconoce el derecho de « fadiga» del señor (reconoce que la tierra no es enteramente suya y da preferencia al señor en la compra por el mismo precio y si éste no estos interesado, pagará el luismo (una parte de lo recibido por sus bienes).

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ARAGÓN CABEZA DE LA CORONA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. LAS UNIONES ARAGONESAS De la atenta lectura del epígrafe que nos ocupa podemos colegir que la palabra « Uniones» tiene dos acepciones: una eminentemente geográfica, por cuando la ampliación del reino en lo que se refiere a sus fueros, usos y costumbres se haga en los territorios de Valencia, Teruel y Ribagorza, con independencia de las nuevas conquistas que se puedan ir añadiendo a la Corona, y otra eminentemente política, merced a la que Unión como tal es una institución formada fundamentalmente por los ricoshombres, que crean una hermandad para mantener sus privilegios, franquezas y libertades y las cartas de donaciones y cambios que tenían con el rey don Jaime y los reyes pasados. La duración de la Unión fue corta, de 1288 a 1348, y su verdadero auge o fuerza la tuvo desde su creación hasta 1291, año en que el rey Jaime II inicia una aproximación a Castilla, reino donde la institución monárquica, o mejor dicho el rey, tiene plenos poderes (la indicada aproximación consta de una tregua que firman ambos monarcas, Jaime II por Aragón y Sancho IV por Castilla, para hacer frente común contra los benimerines). Se entiende perfectamente que el rey de Aragón, a la sazón Pedro III el Grande, en su corto reinado (1276-85) antes de que se cree la Unión, ejerza sus funciones libremente y que un hecho como la toma de Sicilia, demandando dinero y hombres para llevar a cabo su impresa sea el desencadenante de la negativa de los nobles aragoneses, y maniaten al rey con una reglamentación (el Privilegio General de Aragón de 1283) que anula la autoridad regia e impide la actuación de éste en cualquier causa y orden. No hay lugar a pacto en Aragón, el rey se somete a lo que estipulen las Cortes, bajo amenaza de retirarle la obediencia, bien por escoger otro rey, bien, como le ocurrió en la realidad por quedar excomulgado por Roma, que haciendo gala del más profundo y estricto sentido del feudalismo, propone su propio monarca (Carlos de Valois). Las Cortes de Barcelona seguirán el mismo ejemplo que las de Aragón, pero aquí por lo menos el rey puede negociar, aunque las condiciones sean también muy duras y el monarca tenga que hacer numerosas concesiones, entre ellas reunirse una vegada l¶any (una vez al año). Es completamente natural que aunque el rey se ve por fuerza mayor obligado a respetar los fueros, trate de liberarse de tanta opresión e incumpla sus promesas. Sus sucesores, Alfonso III, que en 1288 tuvo que conceder el Privilegio de la Unión, Jaime II, Alfonso IV y Pedro IV el Ceremonioso, no tendrán más remedio que jurar los fueros del reino para que se invistieran y fueran reconocidos como reyes de Aragón. Hasta que este último vence a los unionistas en 1348, el mismo año en que se declara por 1ª vez la peste negra y en una irónica crónica declara que la Unión ha muerto y que bien la han llorado él y sus partidarios, por el humo que echaba la hoguera donde ardían, después de rotos con el puñal los privilegios y sello de la Unión. Por este hecho fue conocido aparte
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de El Ceremonioso (por lo excesivamente legalista que era), como El del Punyalet (porque al parecer se hirió con el puñal mientras rompía las hojas del libro donde constaban los privilegios de la Unión). La nobleza aragonesa se opone a la conquista de Sicilia y en general a la política expansionista del Mediterráneo de Pedro el Grande, porque se consideran ajenos a esta política, les granjea enemistad con Francia, no confía en sus propios súbditos aragoneses y tampoco les consulta en los asuntos de la guerra ni les pide parecer, por lo que al convocar Cortes el rey para pedir dinero, éstos le someten al privilegio ya aludido. Pese a la confirmación de los fueros y a la reparación de agravios, ni los nobles ni las ciudades aragonesas apoyan salvo Calatayud, Daroca y Teruel, el asedio de la plaza de Albarracín en manos del castellano Juan Núñez de Lara, aliado del rey francés Felipe III. El monarca nuevamente en dificultades militares tiene que volver a confirmar los privilegios exigidos por los unionistas especialmente en materia de justicia, extendiendo la autoridad del Justicia de Aragón al reino independiente de Valencia y al condado de Ribagorza que es a su vez reclamado por los catalanes, a quienes consideran extranjeros. Únicamente dando estas concesiones en 1285, los unionistas colaborarán con el rey en la campaña militar comenzada 3 años antes en Sicilia (situación harto repetida en el reino aragonés, que siempre favorecía a sus enemigos). Alfonso III el Franco, hijo y sucesor de Pedro III, jugará a quitar y dar concesiones a los unionistas en función de la fuerza que dispone en cada momento, bien por los fieles de los que se rodea y contrarrestan la acción de los unionistas, bien porque la situación internacional se vuelve en su contra y tiene que plegarse a lo estipulado. Se verá obligado bajo su reinado a conceder el Privilegio de la Unión y se comprometerá a reunir anualmente Cortes. La Unión en este caso se abroga el derecho de nombrar diversos cargos de la casa real, no ya a simples consejeros. Se da aunque no se logra, para la formación de Cortes, una situación parecida a la que será Diputación del General, con representación cuando se planteen asuntos de interés general de 4 ricoshombres, 4 mesnaderos, 4 caballeros aragoneses, 2 valencianos y 9 representantes de las ciudades. La Unión defiende los derechos de los ricoshombres frente al monarca y los de Aragón como cabeza de la Corona, sus intereses les llevarán a estar de un lado o de otro, especialmente cuando hay disparidad entre miembros de la familia real o por sentirse desplazados del Consejo Real por los catalanes y rosellonenses tras la anexión de Mallorca. Los aragoneses defienden el derecho de las mujeres a transmitir el trono, en el XII había el precedente de Petronila, pero esta situación era nueva para Cataluña, en el futuro volverá a suceder algo similar en Caspe. El rey que en estos momentos (1245) está preocupado por su sucesión al solo tener 2 hijas, Constanza y Juana, decide nombrar heredera a la primera. Esto dará lugar a resucitar la Unión, por cuanto ese término debe contar con el consentimiento de las Cortes que el rey no ha convocado desde el comienzo de su reinado y por tanto no se han podido manifestar al respecto. Los nobles, encabezados por Jaime de Urgell, Fernando y Juan, todos ellos hermanos del rey, resucitan la Unión, derrocan al Gobernador y al Justicia de Aragón y llevan las revueltas

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a Valencia y pretenden incluso llegar a Mallorca. Serán derrotados en dos batallas: en Épila la nobleza aragonesa y en Mislata la valenciana. B. CORTES Y DIPUTACIÓN DEL GENERAL Al desaparecer la Unión en 1348, existe una cierta normalidad en el funcionamiento de las Cortes, convocadas generalmente para solicitar ayuda económica en la guerra contra Castilla y mientras ésta dura las Cortes se convocan cada año. La ayuda es siempre concedida, con la única salvedad del brazo eclesiástico de que sirva sólo para defender al Reino y no para llevar la guerra fuera los límites de Aragón. Pedro el Ceremonioso se resiste a convocar las Cortes pero ante la toma de Calatayud por las tropas castellanas se ve obligado a reunirlas en Monzón en 1362-3 (ya consolidadas las Diputaciones de cada uno de los territorios de la Corona). El origen es el mismo en Aragón, Valencia y Cataluña; las Cortes atienden a las peticiones de ayuda económica del monarca pero ponen condiciones de cuyo cumplimiento se encarga un pequeño grupo de diputados o administradores de la ayuda y ni siquiera los hombres del rey, ni él mismo, pueden pedir las cuentas, una vez aprobadas por las personas que las Cortes designen pues se quemarán todos los documentos. Cada reunión de Cortes nombra su comisión permanente de administradores de la ayuda que, en representación de las Cortes, se encarga de reunir y administrar las ayudas; esta comisión se llama Diputación del General y actúa por primera vez en las Cortes catalanas de 1359. El dinero se recauda mediante un fogaje, cobrando en cada casa o fuego una cantidad y un porcentaje del salario a quien no tenga casa propia y trabaje para otros; la recogida y administración de este dinero se encomienda a 12 personas, 4 por cada brazo, que nombran recaudadores, piden préstamos, vigilan que se cumpla lo ordenado por las Cortes, y tienen la posibilidad de introducir cambios y decidir en los casos dudosos. Cinco años más tarde los diputados son 20, distribuidos en comisión: ·3 oidores de cuentas ·6 controlan a los combatientes y comprueban el armamento adecuado. ·11 los administradores de la ayuda Tres dirigentes siempre en Barcelona (donde se centraliza la administración) y los otros se desplazan por Cataluña para hacer efectivo el cobro. La Diputación aragonesa es semejante a la catalana, aunque los datos de que se dispone no son tan precisos. La organización interna de estas comisiones delgadas es importante pero también lo es la creación de impuestos propios de las generalidades. Estos impuestos extraordinarios acaban por convertirse en permanentes y serán la base del poder de las Diputaciones, aparecen por primera vez en 1362 en las Cortes de Monzón. El impuesto de las Generalidades va acompañado del siguiente programa económico: una parte de estos ingresos se obtiene mediante un impuesto que grava la fabricación y venta de paños de lana, por eso se prohíbe la venta de paños de lana extranjeros en la Corona, así los menestrales tendrán más trabajo, también favorece a los ganaderos que aumentarán los rebaños y las disponibilidades de lana y carne. El auge de la industria textil atraerá maestros de otras tierras que impartirán aquí sus conocimientos y la

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abundancia de paños hará que todos vistan mejor. La forma de hacer efectivo el impuesto es: Los paños fabricados en territorios de la Corona deberán llevar dos sellos uno con el símbolo de la Corona y otro de plomo (por un lado el símbolo del rey y por el otro la señal de la villa, ciudad o del señor del lugar en el que se ha fabricado), sólo estos paños pueden venderse en los territorios de la Corona. Los paños extranjeros tendrán que ser declarados en el plazo de dos días so pena de ser confiscados. El resto de las generalidades se obtiene de los impuestos sobre la exportación de azafrán, aceite, miel, plomo, hierro, cáñamo, sebo, alquitrán, vinos, arroz, frutos secos, pescado. El retraso en el cobro de las generalidades o los errores de cálculo sobre las cantidades y la urgencia del dinero lleva a las Diputaciones a emitir Deuda Pública, garantizada por las generalidades. La Diputación es y funciona como una comisión permanente de las Cortes y su nombramiento dura hasta que nuevas Cortes la revocan. Con la llegada al trono de los Trastámara, debido a la necesidad de que las comisiones tengan continuidad para cumplir sus objetivos, la Diputación deja de ser una comisión de las Cortes para convertirse en un organismo autónomo con: ·3 diputados, 3 oidores de cuentas, 2 abogados ·El mandato es de tres años tras los cuales ellos mismos y no las Cortes proceden a nombrar a los sucesores. La mala gestión de las generalidades entre 1436 1446 permitirá a Juan de Navarra, Lugarteniente de Alfonso el Magnánimo, modificar el sistema e intervenir en la elección de diputados evitando la cooptación: el arzobispo de Zaragoza y el Justicia de Aragón preparan una lista de las personas de cada brazo aptas para ejercer el oficio de diputados, sus nombres escritos en bolas de cera se meten en sacas extrayéndolos al azar. En 1461 se pone fin a la inmunidad de los diputados que podrán ser acusados ante el Justicia como cualquier oficial del rey si no cumplen con su cometido. Las funciones de la Diputación después del siglo XV son: ·Administración de la Hacienda ·Garantiza y controla la paz interna y externa. ·Actúa como árbitro entre nobles y ciudades. ·Controla al Justicia pues nombra a sus lugartenientes. Se convierte en defensora de los fueros aragoneses, protagonizará revueltas como en 1483 que se opone al establecimiento de la Inquisición en el reino aragonés. Pero tendría que rendirse a las presiones de Fernando el Católico, incluso vencida recordará que el rey no puede gobernar sin su consentimiento. C. DEL COMPROMISO DE CASPE A LA GUERRA CIVIL CATALANA Tras el acuerdo sucesorio adoptado en el Compromiso de Caspe (1412), se hizo cargo de la corona de Aragón Fernando de Antequera.

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Fernando I (1412-16) consciente de que su nombramiento no había contado con todos los apoyos, puso en práctica medidas conciliadoras con sus viejos adversarios, en especial con las Cortes catalanas, lo que no impidió la sublevación del antiguo candidato Jaime de Urgell. Aprovechando esta revuelta, las Cortes Catalanas de 1413 arrancaron del monarca amplias concesiones, imponiendo su concepción pactista, lo que suponía una limitación efectiva del poder real; en aquellas Cortes se adoptó la nueva composición de la Generalitat y el rebustecimiento de sus poderes. Sólo tras la derrota del conde pudo el rey recuperar parte de sus prerrogativas. Pero la mayor parte de sus esfuerzos se encaminaron a impulsar la política mediterránea de sus antecesores, pacificando Cerdeña y Sicilia, estrechando relaciones con Nápoles y reestableciendo las relaciones comerciales con el N de África. Durante su breve reinado se solucionó definitivamente el problema del Cisma en la Iglesia, al retirar Aragón su obediencia al Papa Benedicto XIII, por negarse éste a aceptar las resoluciones del Concilio de Constanza. A Fernando I le sucede su hijo Alfonso V el Magnánimo (1416-58), gran amante de las artes y las letras, que también dedicó gran parte de sus esfuerzos a la política mediterránea, residiendo muchos años en Italia. Uno de sus primeros objetivos fue la conquista de Córcega, atribuida a los catalanes por el tratado de Anagni (1295), pero controlada, de hecho, por los genoveses. Un primer ataque, en 1420, no dio los frutos deseados. Simultáneamente, Alfonso interviene en Nápoles, como consecuencia de una petición de apoyo de la reina Juana contra Luis de Anjou, lo que fue recompensado por ésta con la designación de Alfonso como heredero del trono de Nápoles, si bien una sublevación de los napolitanos en 1423 le obligó a abandonar precipitadamente Italia. Sólo tras el fallecimiento de la reina Juana en 1435, puso nuevamente Alfonso sus ojos en Nápoles. Inicialmente su flota es derrotada en Ponza por un flota coaligada de a varios reinos italianos, que veían en la intervención aragonesa un peligro para sus intereses, siendo el rey hecho prisionero. Tras su rescate, en alianza ahora con los milaneses, reanuda la lucha y en 1442 entra triunfante en Nápoles, que se convierte así en el centro efectivo de los dominios de Alfonso V, aunque este reino nunca se incorporase efectivamente a la corona de Aragón, pues se designó como heredero a Ferrante, hijo ilegítimo del rey. Durante sus ausencias italianas, los asuntos peninsulares son atendidos por la reina María y nuevamente las Cortes catalanas se enfrentan al rey, negándose a apoyar económicamente las pretensiones políticas de los infantes de Aragón en Castilla, pero sobre todo se recrudecen los conflictos políticos y sociales, principalmente con las revueltas de los payeses de remensa en Cataluña y los movimientos contra la oligarquía ciudadana en Mallorca de 1450, sofocados al cabo de varios años. A Alfonso le sucede su hermano Juan II (1458-79), hombre de larga experiencia política, tanto en Castilla (era uno de los Infantes de Aragón), como en Navarra, de donde era rey desde 1425, o en Cataluña, de donde era lugarteniente desde 1454. Pero durante su reinado el clima de enfrentamiento social y político preexistente acaba por estallar en Cataluña, desembocando en la guerra civil de 1462 a 1472. Entre los factores que la justifican se encuentra la crisis económica latente desde el XIV, la agitación de los payeses y el conflicto municipal de Barcelona. Durante su período como lugarteniente de Cataluña, Juan había apoyado a los buscaris y a los payeses, por lo que los grupos nobiliarios del Principado se encontraban en guardia desde al ascenso al trono del nuevo rey. La chispa que encendió la guerra fue las diferencias que mantenía

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Juan II con su primogénito Carlos, Príncipe de Viana, por su condición de heredero al trono de Navarra. El clima emocional generado por la prisión de Carlos, ordenada por su padre en 1460, hizo pasar a la ofensiva a las clases privilegiadas del Principado. Las Cortes de Lérida de aquel mismo año eligen un Consell del Principat que exigió al rey la inmediata liberación de su hijo. Esta enérgica actitud, unida al levantamiento de los beamonteses navarros y a la movilización castellana en la frontera de Aragón, obligaron al rey a ceder, liberando a Carlos y aceptando las capitulaciones de Villafranca del Penedés (1461), donde se recogían las reivindicaciones políticas de la oligarquía catalana, entre otras, la prohibición al rey de entrar en Cataluña sin permiso del Consell. Pero la súbita muerte del Príncipe de Viana a las tres semanas de su liberación alteró la aparente pacificación. Los realistas, apoyándose en sus tradicionales aliados, buscaris y payeses, intentaron recuperar posiciones, provocando un levantamiento campesino en 1462 y con el apoyo del rey de Francia, Juan II penetró en el Principado sin permiso del Consell. La respuesta de los catalanes consistió en organizar un ejército para sofocar el levantamiento campesino y destituir al monarca en junio de 1462. Durante el desarrollo de la guerra el trono vacante es ocupado sucesivamente por Enrique IV, rey de Castilla (1462-4), por el condestable Pedro de Portugal (1464-6) y por Renato de Anjou (1466-72), quien a pesar de la situación desfavorable, pudo mantenerse en el poder gracias al apoyo militar de Luis XI, rey de Francia, hasta entonces aliado con Juan II. Este cambio de actitud obliga al aragonés a buscar nuevos aliados, que encuentra en Castilla, gracias al compromiso matrimonial de los herederos de ambas coronas, Fernando e Isabel. A partir de ahí, el bando rebelde empieza a descomponerse. La entrada de Juan II en Barcelona en 1472, tras anunciar medidas de clemencia hacia los rebeldes, puso prácticamente fin a la guerra civil, que se consuma con la capitulación de Pedralbes en octubre de ese año. En esta capitulación se pretende una paz sin vencedores ni vencidos, pues si bien se anula la anterior de Villafranca, también se acuerdan numerosas medidas de gracia. Aunque buena parte de los problemas subsistieron, el agotamiento general del Principado hizo renacer la paz, que se mantuvo hasta la muerte de Juan II en 1479. D. ECONOMÍA Y SOCIEDAD ARAGONESA Aunque Aragón no tenga salida al mar, sí orienta su economía hacia la actividad comercial. En el campo se producen cereales, aceite y vino, cada vez dedicó más superficie al cáñamo, lino o azafrán (monocultivo en algunas zonas); se obtiene madera en Albarracín y valles pirenaicos, ésta dedicada a la construcción naval de Cataluña y Valencia a donde llegan los troncos por los cauces de los ríos; la permanencia en el Valle del Ebro de musulmanes permite mantener el sistema de regadío y huertas. El ganado lanar tiene mucha importancia por la buena acogida de la lana de la oveja merina. El pastoreo está organizado por la Casa de Ganaderos de la ciudad de Zaragoza, se organizan como zonas ganaderas Teruel, Daroca y Albarracín; en el norte del reino existe una impotente cabaña que abastece a la industria textil, aunque nunca pudo competir en calidad con los paños catalanes, italianos, flamencos o franceses. Los pardillos tienen buena acogida en Castilla.

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Cuenta con otras industrias como el trabajo del barro (alfarería de Huesca, Calatayud o Teruel); metales en la zona del Moncayo o el trabajo de la piel. Pese a la escasa importancia de la industria aragonesa, el comercio es muy activo y se basa en la exportación de materias primas del reino (frutos, trigo, lana, azafrán, aceite, cueros y madera) y la importación de artículos manufacturados y d lujo: especias, e algodón, azúcar, pescado, paños, telas de lujo. Los intercambios son con Cataluña y Francia y en menor medida con Castilla, Valencia y Navarra. Las ciudades aragonesas viven en gran parte de la agricultura. La más importante es Zaragoza con casi 15.000 habitantes. El acceso a los cargos municipales depende de la posibilidad económica. Las desigualdades sociales en los siglos XIV y XV aumentan por los privilegios y exenciones que logran los grupos dirigentes, que impiden a otros el acceso a los cargos; hasta 1441 los impuestos se repartían por parroquias. Para evitar las injusticias, se clasificó la población en 8 grupos sociales, según ingresos. El sistema de cooptación de los dirigentes municipales deja el poder en manos de uno de los bandos en los que está dividida la población, para poner fin a los enfrentamientos Alfonso el Magnánimo instaura el sistema de insaculación, que consiste en elaborar una lista para 10 años de las personas con derecho a ejercer los cargos municipales, sus nombres en bolsas de las que se extraen a la suerte, así se evita que los salientes nombren a los sucesores y que el gobierno esté siempre en las mismas familias. Todos los ciudadanos seleccionados, por una comisión en la que están representados todos los barrios de la ciudad, tienen las mismas posibilidades. Un grupo importante de la población aragonesa está formado por judíos que llevaron una vida floreciente hasta el saqueo de la mayoría de las aljamas en 1391. Los sobrevivientes emigran o se convierten gracias a las predicaciones de personajes como Vicente Ferrer, a las que son obligados a asistir bajo pena de fuertes multas y castigos. Estas conversiones en masa plantean problemas a las aljamas que han emitido deuda y puesto a la venta censales, que suelen comprar los cristianos; los intereses son garantizados por la comunidad hebrea, si uno de sus miembros se convierte, al desligarse de todo compromiso con su grupo, su parte de la deuda recae sobre los demás, se arruinan las aljamas y los censalistas y hubo que bajar el tipo de interés y obligar a los conversos a contribuir. En la ciudad también hay morerías, pero el núcleo más importante vive en el campo bajo la jurisdicción de la nobleza o del rey. Teóricamente los musulmanes son libres y pueden fijar su residencia donde quieran; hay momentos en que ante la insuficiencia demográfica se establece una pugna entre los señores y entre éstos y el rey para atraer a esta población; se supone que al igual que en Valencia, esta libertad de movimientos moros fue restringida; aumentaron los impuestos ordinarios, la pecha (un quinto o un sexta parte de la cosecha) y extraordinarios sobre estos pobladores que, como los judíos, recurrieron a la emisión de deuda, de censales. En los lugares de señorío han de pagar la utilización de los monopolios señoriales del horno, lagar y molino, contribuyen con su trabajo, al cultivo de las tierras del señor, a la reparación de los caminos y fortalezas, y pagar los impuestos extraordinarios que el señor imponga en momentos de necesidad.
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Por lo que respecta a las mujeres, su formación varía según la condición social, las de la nobleza aprenden buenos modales y recurren a la lectura de libros piadosos y formativos, de tal manera que sean conscientes de su privilegiada situación y los deberes que ello comporta. Las del común, sabe de cuentas apenas lo necesario, cocinar, llevar una casa y en casos concretos los oficios de sus padres o maridos (carnicero, tejedor, etc.). A veces los ejercen con total independencia, como las panaderas. También hubo vendedoras internacionales.

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NOBLEZA Y MONARQUÍA CASTELLANA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. LOS REINADOS DE SANCHO IV Y FERNANDO IV A raíz del problema sucesorio planteado con la herencia de Alfonso X, se van a suceder en Castilla una serie de revueltas nobiliarias protagonizadas por la nobleza, agrupada principalmente en dos familias que venían alternando en los cargos más cercanos al monarca, en contra del poder representado por los concejos, en los cuales se apoyaba el rey en tiempos de crisis. Este juego de contrapesos entre una nobleza dividida y unas Cortes a las que el monarca utiliza en contra del estamento nobiliario será la base de una monarquía fuerte no pactista como en el caso de los reinos orientales. El detonante de las revueltas va a ser la cuestión sucesoria junto con las minorías de edad. En el caso de Sancho IV, ante la ausencia del monarca (Alfonso X) más preocupado en sus ansias imperialistas y a la muerte de su primogénito en la lucha con los benimerines, cederá su sucesión a los hijos de su difunto hijo: « los infantes de La Cerda» que en su minoría se verán apoyados por una parte de la nobleza representada por los Lara, mientras el otro bando nobiliario representado por los Haro aceptará como heredero a Sancho IV, triunfador frente a la amenaza benimerí. Todo esto en medio de un juego de alianzas internacionales dará la herencia a Sancho IV, siendo la clave Navarra, que al intentar atraerla hacia Castilla, favoreciendo al partido del Señor de Vizcaya (López de Haro), en contra del monarca francés aliado de los Infantes. El matrimonio del rey francés con la heredera de Navarra pondrá fin a las pretensiones de Alfonso X, con lo cual dejó de apoyar a Sancho IV y buscó una solución « salomónica» entre los aspirantes. Sancho se opuso a la división contando con nuevos apoyos de la nobleza, clero y el rey aragonés, enemigo del francés, aunque Alfonso X dejará el testamento a favor de los Infantes, éste no sería respetado.
24. SANCHO IV

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En la 1ª ocasión que tuvo (Cortes de 1285) ratificó su autoridad, revocando privilegios de nobles, ciudades y Órdenes Militares y concediendo ciertas contrapartidas a ciudades sobre todo en el orden fiscal en contra de los judíos, defensa y recuperación del patrimonio regio en contra de los nobles, así como evitar la injerencia de éstos en las ciudades. Para favorecer a las ciudades, el rey retiró a los guardianes y encomendó el cobro de los impuestos a los hombres buenos de las villas. Salió reforzado el privado del rey, López de Haro. Éste entregó la administración de las finanzas a Abraham el Barchillón que al volverse a apoyar en el elemento judío (hacienda) se enemistará no sólo con el otro bando nobiliario sino también con las ciudades, lo que provocaría la caída del Señor de Vizcaya so pretexto de su amistad con Aragón. Ante las revueltas, tendrá el monarca que volver a apoyarse en los concejos frente a los nobles descontentos y de nuevo volverá a otorgar concesiones a las ciudades en las Cortes de Alfaro y posteriormente en 1293 se reunirán por separado los reinos de León y Castilla en Valladolid (prueba de las diferencias existentes sobre todo del «

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nacionalismo» leonés), donde de nuevo se revisarán sobre todo problemas fiscales, tipos de intereses en los préstamos de los que el elemento judío eran los acreedores, así como otra serie de beneficios de la nobleza y el clero.
25. FERNANDO IV

El reinado se inicia con la minoría de edad de Fernando IV que servirá entre otras cuestiones de excusa para intentar los reinos vecinos (Aragón, Portugal, Granada que reivindicarán territorios fronterizos), junto con el apoyo de la nobleza (ahora unida) frente a la creciente importancia de las Cortes, a las que acuden sólo los concejos, para dividir el reino. A favor del monarca estará su madre, María de Molina, que autorizará la creación de Hermandades junto con un pequeño grupo nobiliario. Será la ocasión de los concejos que reivindicarán los privilegios recibidos desde la época de Alfonso VII y otros monarcas anteriores, junto con otra serie de disposiciones a favor de ellos de las que habían estado privados en anteriores reinados. La respuesta de la clase nobiliaria tanto como la eclesial no se hizo esperar, sobre todo en el caso del clero, lo que hizo rectificar a María de Molina ante las amenazas de Bonifacio VIII de excomunión; las concesiones hechas en 1295 (Cortes de Valladolid) a los clérigos fueron suficientes para atraérselos a su bando, pero al igual que en el estamento nobiliario, se producirán devaneos constantes según la situación dominante y los intereses particulares que harán muy divisible y por medio de diversas concesiones tanto en tierras como en títulos o dinero o bien cargos que saldrán principalmente de los concejos y de la monarquía castellana, por lo cual volveremos a la situación de partida de una nobleza que apenas ha perdido poder y fuerza, frente a sus vecinos. También el reino perderá ciertas posiciones fronterizas en el juego de alianzas para mantenerse en el poder. Dionis de Portugal es atraído al campo real cuando se concierta el matrimonio de Constanza de Portugal con Fernando IV; otros ejemplos: los infantes Enrique y Juan también fueron tratados y los dirigenes de la nobleza Lara y Haro. La división de los consejeros del rey explica los fracasos militares contra musulmanes y el monarca de Aragón, al que se le cede Alicante y otras ciudades en 1304. A los concejos se les reconoce el derecho a participar en el gobierno, pero la sangría económica, la administración de justicia, etc., no evitan que a la muerte de Fernando IV el reino siga en crisis. En conclusión, se mantuvo la unidad de Castilla frente a las divisiones propuestas por los aspirantes, que si aceptan a Fernando IV es por el creciente predominio de los concejos en las Cortes, pero al final del reinado de éste veremos el predominio del estamento nobiliario que desembocará en una nueva minoría en Alfonso XI con nuevas revueltas. B. CORTES Y HERMANDADES Fue María de Molina, viuda de Sancho IV, quien mantuvo la unidad castellano-leonesa durante la minoría de edad de su hijo Fernando IV, para ello se atrajo la lealtad de los concejos, ya que éstos aceptaban las divisiones propuestas por los aspirantes a repartirse

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el reino: León, Galicia y Asturias para el infante Juan, Castilla, Toledo y Andalucía para Alfonso de la Cerda y Murcia para Jaime II de Aragón. Si los nobles aceptan finalmente a Fernando IV es porque quieren poner fin al ascendiente de los hombres de las ciudades, quienes consiguieron en 1297 que se les reconozca su papel en el gobierno del reino. En 1302 se puede decir que el poder está ya totalmente en manos de la nobleza, según se desprende de las Actas de las Cortes, donde los procuradores de los concejos se quejan de que « ricoshombres, caballeros y otros poderosos les exigen impuestos indebidos» . Son los campesinos y ciudadanos los únicos que contribuyen al pago de los impuestos, pues clérigos y nobles están exentos. La justicia se muestra impotente para reprimir estos abusos y las quejas del pueblo no serán oídas hasta 1312, cuando un grupo de nobles pretenda sustituir a Fernando IV por su hermano Pedro. El rey de nuevo se ve obligado a solicitar ayuda a los concejos ofreciendo: ·La administración de justicia se encomendará a doce alcaldes legos, ·Se prohibirá ejercer como abogados en la corte a los eclesiásticos, ·Se reorganizará la cancillería para evitar que se concedan cartas en blanco y selladas para que luego sean utilizadas en beneficio de particulares. Todas estas concesiones habrían permitido la independencia de los concejos frente a nobles y eclesiásticos, pero el mismo año que las otorga (1312) muere Fernando, dejando el reino en una nueva minoría (su hijo Alfonso XI contaba un año de edad) y entrando en una nueva crisis. Por la tutela del monarca y el control del reino se enfrentarán nobles, infantes y las reinas María de Molina y Constanza de Portugal, abuela y madre de Alfonso XI. Durante 2 años reina la anarquía y la inseguridad hasta que los concejos y prelados se ponen de acuerdo y ordenan que la tutoría corresponda conjuntamente a María de Molina y a los infantes Pedro y Juan (Cortes de Palencia de 1313, ventajas de las ciudades, endurecimiento contra los judíos, etc.). En 1319 y en la guerra granadina mueren los infantes y en 1321 fallece María de Molina, por lo que la tutoría pasa al infante D. Juan Manuel (nieto de Fernando III), a Juan, hijo del infante muerto en Granada del mismo nombre y a Felipe, hermano de Fernando IV: ·D. Juan Manuel domina Toledo y Extremadura. ·Juan domina Castilla. ·Felipe domina Andalucía, Galicia y León. Durante estos años las banderías nobiliarias, la opresión de los señores a los campesinos, los continuos robos, hacen que muchos campesinos abandonen el reino y vayan a poblar lugares de Aragón y Portugal. En estas condiciones se encontró el reino Alfonso XI cuando llega a la mayoría de edad (1325). Cada uno de los tutores convoca sus propias cortes y los concejos se verán más o menos favorecidos, dependiendo de las necesidades económicas de dichos tutores. Las

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concesiones que se hacen a los concejos tienen su origen en las necesidades políticas, económicas y militares de reyes y tutores. También hay que tener en cuenta la presión que realizan las villas organizadas en Hermandades para defender sus derechos de los abusos de los nobles y también para mantener el orden persiguiendo a los malhechores. El origen de las hermandades con finalidad política parecer ser que fue en tiempos de Sancho IV (1282), cuando se enfrentó a su padre Alfonso X. Sancho autorizó la formación de hermandades de clérigos y ciudadanos para mantener la unión de sus partidarios, pero una vez pasado el peligro las suprime en 1284. Con María de Molina en 1295 las hermandades resurgen y las legaliza en las Cortes. Cada reino crea su propia hermandad con capital en Burgos, León, Toledo y Murcia. Se comprometían a guardar los derechos de Fernando IV y sus herederos. A cambio, el monarca se compromete a guardar los fueros, usos, costumbres, franquicias y privilegios de los concejos y los autoriza a unirse para mantener sus derechos frente al rey, contra sus oficiales, frente a los nobles y contra los particulares. Durante el reinado de Fernando IV las hermandades pierden fuerza, pero en 1315 (Alfonso XI) se reorganizan creando la Hermandad General, que engloba a la baja nobleza y a los vecinos de las villas de todo el reino. La rama castellana de la Hermandad General pronto cayó bajo la influencia de los ricoshombres y en las Cortes de Carrión de 1317 se puso fin a esta hermandad. Junto a estas hermandades que engloban a todos los concejos de uno o todos los reinos, existen otras más pequeñas: entre nobles y eclesiásticos, entre dos o más ciudades, baja nobleza o entre la alta nobleza para mantener su situación privilegiada. La Iglesia que sufre los efectos de la anarquía e intenta paliarlos mediante la creación de hermandades, como las de los monasterios benedictinos, cistercienses y premonstratenses de Castilla y León, sínodos de Peñafiel (obispos castellanos) y de Salamanca (leoneses), hermandades episcopales, etc. Las ciudades del Cantábrico también se unen creando su propia hermandad en 1295 para defender sus intereses, ya que la importancia comercial de estas ciudades era muy grande. Estarán representados en Cortes por los procuradores de la marisma (Fernando IV confirmó los fueros bilbaínos). Directamente relacionado con la revitalización de los puertos del Cantábrico está la disputa por el control del Señorío de Vizcaya, que acabará pasando a los propios reyes. A finales del XIII se crearon hermandades de carácter económico en Toledo, Ciudad Real y Talavera, como la de los Colmeneros o Santa Hermandad Vieja, para protección de colmenas y ganados, unidos para expulsar a los bandoleros. A comienzos del XIII y para proteger el ganado trashumante se crea otra hermandad en Ávila, Segovia y Plasencia. La Hermandad de Toledo, de la que forman parte los colmeneros, ballesteros y propietarios, se rige por dos alcaldes que son nombrados anualmente. Su misión es conservar los privilegios reales, mantener el orden en los caminos y juzgar a los malhechores. Los reyes les dieron su protección, organizada militarmente, fue ampliada

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a todo el reino por Pedro I en 1351. Más tarde dará lugar a la creación de la Santa Hermandad por los RR.CC. C. CONSOLIDACIÓN DE LA MONARQUÍA CASTELLANA: EL REINADO DE ALFONSO XI En 1325 termina la larga minoría de Alfonso XI durante la cual Castilla estuvo dividida entre los tutores del rey, más interesados en consolidar su posición social y la de los nobles que les apoyan que en la gobernación del reino. Obligado a elegir entre los tres grupos nobiliarios que se disputan el poder, Alfonso se apoya en los partidarios del infante Felipe e intenta atraerse a D. Juan Manuel, pidiendo en matrimonio a su hija Constanza, al tiempo que manda asesinar a D. Juan (1326); todos los bienes del rebelde pasaron a manos del monarca, que consiguío, además, comprar el Señorío de Vizcaya a la madre de D. Juan. Abandonado el proyecto matrimonial con Constanza (acordado en momentos de dificultad para romper la alianza de los nobles), Alfonso casará con María de Portugal, con lo que quita a los nobles el apoyo del portugués. Después, casará a su hermana Leonor con Alfonso el Benigno de Aragón y con la ayuda que le proporcionan las Cortes en 1329 compra los servicios de D. Juan Manuel e inicia la guerra contra Granada, cuyo rey se declara vasallo del castellano. La atracción de los nobles y los concejos continúa en los años siguientes. Ya en 1325 los concejos habían pedido al monarca que fijara las soldadas de ricoshombres y caballeros, de manera que pudieran vivir dignamente, sin necesidad de recurrir al robo y destrucción del reino; argumentos semejantes emplearán los dirigentes nobiliarios para prestar su ayuda militar contra los benimerines. D. Juan Manuel exigió que sus dominios de Murcia fueran convertidos en un ducado hereditario exento de tributo real y con permiso para acuñar moneda. Juan Núñez pidió la devolución del Señorío de Vizcaya y de los bienes confiscados a su padre, exigencias que no fueron atendidas por Alfonso XI. Los nobles fueron vencidos militarmente en 1336 y desde ese momento parece existir una colaboración sincera entre ellos y el monarca. Las sublevaciones nobiliarias y la energía que usó para dominarlas han hecho que Alfonso XI pase a la historia como un rey antinobiliario, pero puede afirmarse que fue un decidido partidario del acuerdo con los nobles, intentando atraerlos a su servicio y exaltando los ideales caballerescos: él mismo se hizo armar caballero por una imagen articulada de Santiago en el monasterio de Las Huelgas, creó la Orden de la Banda para premiar los hechos de caballería y armó a más de cien caballeros en una ceremonia celebrada en Burgos en 1332. Para el rey, la milicia no es un simple ejercicio de armas, sino que requiere de una cierta moralidad; esto le lleva a prohibir los juegos de azar durante el servicio y a aprobar leyes que prestigien a los caballeros y permitan distinguir claramente por el aspecto externo a los diferentes grupos y jerarquías (el monarca tomará 4 comidas al día, los prelados y ricoshombres 3 y los demás 2). Las mujeres de la alta nobleza podrán utilizar vestidos de seda, siempre que no lleven oro; las demás no tendrán este derecho. El monarca necesitaba mantener a su servicio a los nobles, pero éstos sabían que la mejor forma de incrementar sus beneficios era servir al rey desde los puestos de gobierno. Para lograr este objetivo, los nobles no dudarán en sublevarse o aceptar la voluntad real si ésta les compensa, como ocurrió en 1338, cuando el rey ordena la

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reconciliación dando forma a un estatuto que fija los sueldos, tipos de armas, tiempo de servicio, etc., que será perfeccionado en 1348 con los ordenamientos de Nájera, auténtico fuero de los nobles, atribuidos a Alfonso VII el Emperador. Los salarios, punto más importante del estatuto, fueron actualizados en las Cortes de Alcalá de 1348. La estabilidad dada con estas normas al grupo militar pacificó a los nobles e hizo posible la realización de campañas contra los musulmanes. La nobleza permanecerá sumisa durante algunos años, pero el alza de precios que ocasionó la peste negra hará que los nobles vuelvan a sublevarse e intenten imponerse a Pedro I.
26. PRESIÓN FISCAL

Las revueltas nobiliarias dejaron al reino en ruinas y controlado por los prestamistas judíos. Las Cortes proponen que se perdone la 3ª parte de las deudas. Finalmente se perdona la 4ª parte de las deudas y el resto se harían en pagos cuatrimestrales durante un año. Como tampoco eso fue la solución, se decide acuñar moneda, para lo cual Alfonso XI fija el precio de la plata. Los perjuicios fueron para la población por la especulación de los prestamistas. Pero las Cortes siguen quejándose. Las necesidades militares predominan sobre los intereses del reino como se ve en las concesiones a los nobles y las decisiones sobre la cría caballar. El control sobre la nobleza es posible gracias a la colaboración voluntaria de los concejos. Se desarrolla la política de control de las ciudades a través de corregidores. Las Cortes de 1348 confirman el triunfo monárquico frente a las ciudades y la política de colaboración y apoyo a la nobleza. Otra manifestación de la victoria monárquica se ve en la implantación del « Código de las Siete Partidas» . Sólo se utilizará cuando las leyes promulgadas por Alfonso XI y los fueros dados no sean suficientes para resolver las cuestiones planteadas.
27. POLÍTICA EXTERIOR

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Como en todos los reinos, los problemas internos condicionan la política exterior. Las relaciones con la corona de Aragón se afianzan tras el matrimonio de la hermana del rey y Alfonso el Benigno, aunque habrá tensiones por el afán de Leonor de dejar a sus hijos herencia (Fernando) en el realengo aragonés. Para conjurar el peligro benimerí, Alfonso XI pacta con los nobles, aumenta los impuesto, impone autoridad sobre concejos y Cortes y pide ayuda de otros reinos. Con ayuda de portugueses y aragoneses el rey derrota a los benimerines en la batalla del Salado (1340) e inicia la lucha contra los granadinos a los que vence en Palmones (1343) aunque no logra ocupar la plaza de Gibraltar, en cuyo asedio muere de peste.
28. REVUELTAS NOBILIARIAS GRANADINAS

Los problemas internos de Castilla dificultan o hacen imposible la guerra contra los musulmanes. Pero Granada no está libre de revueltas nobiliarias en todo semejantes a las que se producen en los reinos cristianos, que facilitan, en ocasiones, los avances castellanos. Entre 1302 y 1354 se suceden al frente de Granada: Mohamad III, depuesto por su hermano Nasr, quien es nombrado por una coalición de castellanos-aragoneses-meriníes apoyada por los nobles granadinos. Su vasallaje fue la causa de que los nobles se

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volvieran a sublevar y pusieran en el trono a Ismael I, que logró consolidar su poder, creando un grupo de adictos que asegurarían la sucesión en su hijo, tras su asesinato. Mohamad IV, menor de edad, fue sometido a la tutela nobiliaria hasta su deposición y muerte. Su hermano Yusuf I fue nombrado rey por los nobles. Todos estos cambios repercuten en la política exterior y, a veces, estuvieron condicionados y provocados por ella. Con el fin de consolidar su posición en Castilla, los tutores de Alfonso XI aprovechan las divisiones entre musulmanes para iniciar las campañas contra Granada en 1319. Esto no impide que cristianos y musulmanes mantengan unas relaciones que pueden ser consideradas como caballerescas (uno de los tutores, muerto en tierra musulmana, recibe honores de rey en Granada, quien manda rezar y velar su cadáver a los cristianos cautivos en Granada).

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LA HEGEMONÍA CASTELLANA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993. A. CAMBIO DE DINASTÍA EN CASTILLA Desde la unión en 1137 del reino aragonés y del condado de Barcelona, la corona de Aragón y el reino Castellano-Leonés aparecen como las dos fuerzas políticas más importantes de la Península, pero este equilibrio de potencias se romperá a mediados del XIV coincidiendo con la guerra que enfrentó a castellanos y aragoneses y el cambio dinástico producido en Castilla. Esta nueva hegemonía castellana en lo político-militar irá acompañada de un auge en lo económico y una crisis en Cataluña. Los hechos históricos que provocaron el decisivo cambio dinástico en el reino de Castilla-León tuvieron su origen en las Cortes de 1351 (poco después del inicio del reinado de Pedro I), en las cuales, aparte de aprobar algunas medidas contra la mendicidad, bandolerismo y la regulación de precios, salarios y comercio, el hec ho político más importante fue la concesión de behetría y otras disposiciones favorables a la nobleza, pero esto no puso fin a las diferencias entre nobles y es posible que éstas aumentaran al tratar de repartir las behetrías, o cualquier otro de los ingresos que dependían del monarca. Los lugares de behetría son en los que los campesinos pueden elegir señor. Los nobles piden su conversión en señoríos inmunes. Pedro I manda hacer un inventario para conocer la organización de estos lugares, llegando a tener un índice fiscal, además de conocer la pertenencia de las behetrías. Así, el rey, entre otras cosas de importancia, se enteró de la autenticidad o falsedad de los derechos nobiliarios. En este sentido hay que explicar que, en la secular lucha por el poder entre nobleza y realeza, la 1ª se había dividido en bandos nobiliarios que luchaban por el control del rey; estas facciones estaban dirigidas durante el reinado de Pedro I por los hijos de Alfonso XI y Leonor de Guzmán (Enrique de Trastámara, Fabrique y Tello) de un lado, y frente a ellos, por el infante Fernando y su hermano Juan (hijos de Leonor de Castilla y Alfonso el Benigno de Aragón). Contra el rey se alzará Tello (Señor de Vizcaya) pero con el apoyo del grupo del infante Fernando será derrotado y obligado a refugiarse en Aragón. Sin embargo, a pesar de este éxito ante el primer brote de rebeldía, Pedro I provocará que los diversos grupos nobiliarios, apoyados por la Iglesia, se unieran contra él al abandonar a su esposa Blanca de Borbón y poner fin a la tradicional amistad castellana con Francia. Por tanto, el rey tuvo que someterse a la nobleza, siendo total el control de los hijos de Alfonso XI y del infante Fernando, pero pronto surgirán nuevas desavenencias entre los nobles y con ayuda de Fernando y su hermano, a los que el monarca ofreció numerosas posesiones, Pedro I vencerá a Enrique de Trastámara quien buscará refugio en Francia. El rey gobernará con la ayuda de la burguesía, de los recaudadores judíos y otros, y los nobles, descontentos, buscarán apoyo en Pedro IV de Aragón (1356). La guerra con Aragón fue, en sus comienzos, una complicación más de la guerra entre Aragón y Génova que era aliada de Castilla. Invocando esa alianza y aprovechando que dos naves genovesas habían sido destruidas en aguas castellanas, Pedro I declara la

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guerra al monarca aragonés. El rey castellano aspira a recuperar los lugares que en tiempo de María de Molina pasaron a Aragón. También hay disputas por los pastos que afectan a castellanos y valencianos, y cuestiones comerciales: Cataluña y Mallorca quieren acabar con la flota genovesa y castellana, etc. La guerra entre ambas potencias, que oficialmente durará desde 1356 hasta 1365, aunque las operaciones bélicas se prolongaron hasta la victoria de Enrique de Trastámara sobre Pedro I en 1369 y aún más tarde hasta la paz de Almazán que consagra el triunfo y la hegemonía castellana. El desarrollo de los hechos fue el siguiente: ·En una primera fase se enfrentan los reyes de Castilla y Aragón, Pedro I cuenta con gran número de nobles castellanos dirigidos por Enrique de Trastámara (al que el rey aragonés hizo importantes concesiones a cambio de su apoyo contra Castilla). La tregua que siguió a esta 1ª fase fue aprovechada por Pedro I de Castilla para poner fin a las ambiciones de la alta nobleza y reunir en sus manos todos los poderes mediante muertes y persecuciones (Fabrique y el infante Juan de Aragón, entre otros, serán asesinados). Esta política ha valido a Pedro I el apelativo de El Cruel. ·En una segunda fase los protagonistas son el rey castellano, que cuenta con la colaboración de ingleses, portugueses, granadinos y navarros, y el aspirante al trono de Castilla, Enrique, apoyado por Aragón y compañías de mercenarios franceses. ·En una tercera fase la iniciativa pasaba ahora del monarca aragonés al Conde de Trastámara, que reclamaba para sí el trono castellano en posesión de su hermanastro. En 1358 los ataques castellanos alcanzan no sólo a los reinos de Aragón y Valencia sino también a Cataluña. No obstante, en 1360 los trastamaristas fueron vencidos en Nájera. En 1362 Pedro I está en una situación óptima pero la entrada de las compañías de mercenarios pagadas por el Papa y Francia le da la vuelta a la guerra a favor de Enrique. En 1366 Enrique logró penetrar en Castilla y hacerse coronar en el monasterio de Las Huelgas. Este triunfo supuso la unión de la flota castellana a la francesa e Inglaterra intervino en el conflicto, la guerra continuará hasta la muerte de Pedro el Cruel a manos de su propio hermanastro en Montiel en 1369, consumándose el cambio dinástico. Con la victoria de Enrique de Trastámara triunfaba la nobleza en Castilla frente al único rey que se había atrevido a enfrentarse directamente a ella, el nuevo rey castellano se impondrá a su antiguo aliado Pedro el Ceremonioso y a los antiguos partidarios de Pedro el Cruel, a todos los cuales impondrá la paz en términos ventajosos para Castilla. B. LOS TRASTÁMARA EN LOS REINOS HISPÁNICOS Desde 1365 Enrique de Trastámara (hijo bastardo de Alfonso XI) se convierte en aspirante al trono castellano. La guerra entre los nobles y el monarca conlleva una fuerte propaganda para desacreditar a Pedro I, provocar revueltas en el interior, participar a Enrique y conseguir para él el apoyo internacional. El clero y la nobleza en principio

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tienen recelos para aceptar un rey bastardo, pero desaparecen tras la campaña de rumores sobre el origen judío de Pedro I. Así se desata el odio hacia los judíos, a su predominio económico (recaudadores, prestamistas) e incluso político. Los terratenientes se presentan como libertadores de la tiranía personal del monarca, defensores del pueblo frente a los judíos y musulmanes. Esta propaganda propició la entrada de Enrique en Castilla: Pedro fue abandonado por parte de sus partidarios y los nobles ocuparon el eje Burgos-Toledo-Sevilla. Pronto aparecen las primeras dificultades para Enrique ya que se presentó decido a prescindir de los judíos y a reducir la presión fiscal, cosa que no cumplió, pues necesitaba dinero para pagar los servicios que había recibido. Para mantenerse en el poder, Enrique acudió a los servicios del ejército nobiliario. Los nobles por ello recibieron títulos, cargos y donaciones (las llamadas « Mercedes Enriqueñas» ) y los judíos fueron protegidos de nuevo y volvieron al servicio del rey, y los impuestos aumentaron. Su prestigio cayó en picado y fue derrotado en 1367 en Nájera (en las Cortes de 1367 Enrique todavía no era rey). Enrique también se dedicará al control y reorganización del reino. Mientras su autoridad no está asentada, transigirá a las peticiones hechas en Cortes siempre que no pongan en peligro el entendimiento entre el monarca y los nobles. En Burgos (1367) permitió reconstruir las hermandades y concedió a los concejos un papel político. Los nobles recibieron cargos y donaciones y confirmó los fueros y privilegios de cada ciudad, pero a pesar de su política antijudía, confesó su dependencia económica respecto a los judíos, los únicos que se hicieron cargo de las rentas del reino y adelantaron al rey el dinero que necesitaba nada más empezar el reinado, ya que necesitó su dinero para pagar a los auxiliares. Pedro I reinaba de nuevo en Castilla gracias a la colaboración de navarros e ingleses (a cambio de la entrega de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava). Al no cumplir lo prometido, Pedro I, la situación quedó en manos de los mercenarios franceses que reestablecieron definitivamente en el trono a Enrique de Trastámara en 1369. Los primeros años de su reinado fueron difíciles: en el interior abandonan los partidarios de Pedro y en el exterior se forma una coalición contra Castilla en la que están todos los reinos peninsulares e Inglaterra. El problema interno fue resuelto con una nueva concesión de « mercedes» a la nobleza (parientes del rey, capitanes extranjeros, pequeña nobleza y expartidarios de Pedro I). Esta política supuso un aumento de impuestos a los concejos, a los que se atrajo permitiéndoles crear hermandades, fijando precios de artículos básicos, concediendoles un mayor papel político, etc. La falta de coordinación entre los distintos reinos peninsulares (Granada, Aragón, Portugal y Navarra) posibilitó que Castilla negociara o combatiera por separado con cada uno e impusiera su paz, acompañada siempre de acuerdos matrimoniales que garantizaran el reconocimiento de la nueva dinastía haciendo olvidar sus orígenes bastardos. Enrique se enfrentó con éxito a Inglaterra y para ello necesitó la colaboración de los marinos del Cantábrico que se unieron a la flota francesa para derrotar a la inglesa en La

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Rochela en 1372. Así quedó el convenio del Cantábrico y del Canal de la Mancha en manos de marinos y mercaderes castellanos. Tras el triunfo definitivo en 1369, las Cortes de Toro buscaron soluciones a los graves problemas del reino: aumento del bandolerismo, escasez de mano de obra, alza de salarios, etc. A pesar de anular las disposiciones de su hermanastro Pedro I, se repiten casi literalmente los acuerdos y disposiciones tomados por Pedro I en 1351 (aquí se favorece a los propietarios) y en 1369 se fijan los precios de los artículos de primera necesidad. Pero las medidas de contención de precios y salarios fueron inútiles y perjudiciales, y las ciudades pidieron que anulara el ordenamiento general del reino y fuera sustituido por ordenanzas válidas para cada localidad. En las Cortes de Toro de 1371, Enrique ha consolidado su poder y puede llevar a cabo su propia política sin tener en cuenta las peticiones de las ciudades contra las « mercedes» hechas a los nobles y contra los judíos. Pero como no es posible sustituir a los judíos, las ciudades piden que se les humille socialmente obligándoles a llevar un distintivo que les diferencie de los cristianos. A pesar de las donaciones hechas a los nobles y de la aprobación de leyes suntuarias en las que se diferencia a nobles de otros grupos sociales, Enrique no estuvo totalmente sometido a la nobleza: los grandes nobles fueron alejados de la política, los cargos de gobierno se confiaron a la segunda nobleza y a juristas que no representaron peligro para la monarquía (Cortes de Burgos de 1379). Con Enrique se puso fin al enfrentamiento entre la monarquía y la nobleza, pero ésta mantendría intacta su potencia económica y militar, por lo que sigue aspirando a poder controlar al rey. C. NAVARRA, LIBRE DE LA TUTELA FRANCESA Y APROXIMACIÓN A CASTILLA Unida de hecho a Francia tras el matrimonio de Juana y Felipe IV, Navarra mantuvo una independencia teórica reconocida por los monarcas franceses que evitaron la existencia de un mismo rey en Navarra y Francia, renunciando a su poder y cediendo sus derechos a los herederos, que sería reyes privativos de Navarra. En la práctica, Felipe III gobernó el reino hasta su muerte (1285) y Felipe IV nombró para los cargos a franceses adictos, a pesar de que el título correspondía a Juana y luego a su hijo Luis el Hutín (X de Francia), cuya presencia en el reino fue exigida por asambleas de prelados y nobles. Sólo a la muerte de Felipe IV (1314) tendrán navarros y franceses el mismo rey (Luis), cuya sucesión fue problemática, al morir sin hijos varones, correspondiendo a Juana II el reino navarro que fue entregado a Felipe V (hermano de Luis). Según el derecho francés, los varones son preferidos y a Felipe IV sucederán en el trono sus hijos Luis X, Felipe V (1316-22) y Carlos IV (1322-28). El derecho navarro reconocía la capacidad de las mujeres de transmitir los derechos a sus hijos, así pues, los navarros reconocieron como soberanos a Juana II y a su marido Felipe de Évreux, aceptados como reyes tras la muerte de Carlos IV sin hijos y la sustitución en Francia de los Capeto por los Valois.

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El nuevo rey supo atraerse a los súbditos al jurar ante los tres estados que conservaría los fueros, franquezas y libertades de cada estamento, repararía los agravios, compartiría los bienes con los súbditos, dejaría el reino a su hijo con la mayoría de edad y en caso de morir antes, abandonaría el reino. En el exterior, mantuvo una política de amistad con los reinos vecinos, alterada con Castilla por las disputas sobre el monasterio de Fitero y el castillo de Tudején. La independencia se confirma con Carlos II (1349-87) con acciones tendentes a sanear la administración y asegurarse el apoyo de los nobles. En Navarra los señores reciben la pecha taxada, algo que afecta a los campesinos que tienen que pagar la misma cantidad a pesar de ser menores en nº, lo que provocará desacuerdos. La mediación entre campesinos y señores para disminuir la pecha desemboca en aplazamientos temporales (soffriencas) e incluso en su anulación (restancas), aunque legalmente nunca se renuncia. Ante esto, los nobles buscan una salida en la guerra exterior, tanto en Francia como en Castilla, ofreciéndose como soldados a quien los necesite y presionan al monarca para que confirme las mesnadas que perciben por sus servicios nobiliarios. Pacificado el reino, Carlos II intervino activamente en la política francesa tras la muerte de Felipe VI, el navarro era uno de los nobles de categoría en la corte y no dudó en asesinar al favorito de Carlos de España (o de la Cerda) cuando éste recibió tierras que el navarro consideraba propiedad de los Évreux, ni tuvo reparos en alternar la obediencia al rey con la revuelta. Hecho prisionero en 1356 por el monarca francés, su encarcelamiento precedió a la derrota de Juan II en Poitiers, hecho que inicia el intento de los burgueses (E. Marcel) de controlar el reino. Carlos apoya a la burguesía parisina contra el Delfín y sólo abandona a sus aliados cuando se unen a los campesinos. El navarro será uno de los miembros de la represión contra la Jacquerie y mantiene alianzas con ingleses hasta la paz de Bretigny (1360) entre ingleses y franceses. Vencido en Cocherel (1364), Carlos se olvida de los asuntos franceses y se concentra en la Península, donde participa en el conflicto castellano-aragonés, tan pronto al lado de Pedro el Ceremonioso como de Pedro el Cruel, del que obtuvo por su ayuda militar, tras la 1ª entrada en Enrique de Trastámara en Castilla, las zonas de Guipúzcoa y Álava. Muerto Pedro el Cruel (Castilla), Carlos se unió a los monarcas de Portugal, Granada y Aragón contra Enrique de Trastámara, pero los aliados no fueron capaces de coordinar sus acciones bélicas y Carlos firmó el tratado de Briones (1373 y 1379) donde se estipulaba el matrimonio del heredero navarro, Carlos III, con Leonor, hija de Enrique II de Castilla. Frente a la capacidad política de Pedro el Ceremonioso (IV de Aragón) y de Carlos II de Navarra para engrandecer sus dominios y evitar la integración en la órbita castellana, los herederos de ambos reinos desarrollaron una política de pacifismo y amistad con Castilla. Ni Pedro ni Carlos supieron sacar partido de la crisis castellana de 1385. Ámbos mantuvieron cierta independencia respecto a Castilla y se negaron a secundar a Juan I respecto al cisma de la Iglesia, sólo a la muerte de Carlos y Pedro (1387) Navarra y Aragón prestaron obediencia al Papa aviñonés y tomaron partido en la Guerra de los Cien Años a favor de Francia. El cambio de actitud simbolizado por la aceptación de Benedicto XIII parece ser atribuido a la situación en el interior de ambos reinos: repetidos fracasos militares

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agravan la crisis económica y se produce una aristocratización de la sociedad. El cambio fue mental al tiempo que material: el ideal de vida burgués cedió ante el caballeresco (algo que ya había sucedido en Castilla y Francia). La conjunción de cambios económicos, mentales y sociales explicarán la nueva actitud de Navarra y Aragón, cuyos intérpretes serán Carlos III y Juan I. Al morir Carlos II, el heredero al trono navarro (Carlos III) se hallaba en Castilla, con cuyos monarcas mantuvo las mejores relaciones de su reinado a pesar de la intromisión de su mujer, Leonor, en asuntos castellanos durante la minoría de Enrique III. Contingentes navarros colaboraron en las campañas de Fernando de Antequera contra los musulmanes, de la misma forma que antes habían intervenido al lado de Juan I de Castilla en la guerra de Portugal. Las relaciones de Navarra con Aragón fueron amistosas, esto se refleja en el matrimonio de Blanca de Navarra y Martín el Joven. Al morir Martín I, Carlos III apoyó la candidatura de Fernando de Antequera y autorizó el matrimonio de Juan, hijo del anterior, con Blanca de Navarra. El progresivo alejamiento de Francia se nota en el arreglo de los problemas pendientes, así en 1404, Carlos renuncia a los condados de Champagne y de Brie a cambio de 12.000 francos anuales. En el interior, Carlos III continuó la política de navarrización mediante el nombramiento de navarros para los cargos administrativos, y uno de sus primeros actos fue hacerse coronar de acuerdo con el viejo ritual del reino (jura respetar el fuero, recibe el juramento de los súbditos, los eclesiásticos le dan la unción que simboliza el origen divino de su poder y sube a un escudo donde están pintadas las armas de Navarra). Partidario del ideal caballeresco, creó las órdenes del Lebrel Blanco y de la Bonne Foi para premiar a los caballeros más distinguidos. Su política no sirvió para poner fin a las guerras nobiliarias de dos sociedades antagónicas, el Llano y la Montaña dirigidos por los Agramunt y los Beamont, que darán nombre a los agramonteses y beamonteses, cuyos enfrentamientos llenan el XV navarro. También en las ciudades tuvo que intervenir para poner fin a las banderías, como en Estella, donde los Ponce y Learza se disputan el control de la villa, así el nombramiento del alcalde será perpetuo en vez de anual para evitar los enfrentamientos y sería designado por el monarca entre tres candidatos elegidos por el sistema de insaculación. En Pamplona continúan los enfrentamientos entre el Burgo, la población y la Navarrería hasta la firma de un acuerdo en 1423 por el que se forma un solo municipio.

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EL REINO DE PORTUGAL
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. SESMARÍAS Y COMERCIO PORTUGUÉS Portugal tiene, como en el caso castellano, desde finales del XIII, un tema político recurrente: la afirmación del poder monárquico frente a los nobles, que se mezcla con temas sociales y económicos por el papel ejercido por los burgueses de Oporto y Lisboa. Hay que añadir, además, las revueltas de los eclesiásticos que se remontan a tiempos de Alfonso III y no terminan con la muerte del rey. Los reinados de Dionís (1279-1325) y de Alfonso IV (1325-1357) conocen tanto el reforzamiento del poder monárquico como la contestación de los grupos sociales que se resisten a él. Los Inquiriciones o pesquisas ordenadas por el rey Dionís para conocer la legitimidad de los derechos señoriales pueden ser el origen de esa contestación. En ambos reinados los reyes portugueses intervinieron en Castilla, generalmente, apoyando a los rebeldes, que también es una manifestación de independencia de Portugal junto con hechos como la creación de una universidad, la de Lisboa, que evitaba la dependencia salmantina. Alfonso IV también ayudó a los rebeldes castellanos, pero otro problema adicional fue el matrimonio de su hijo Pedro I y la afición del heredero por Inés de Castro quien fue asesinada, lo que acabó por provocar la guerra civil entre grupos nobiliarios. El malestar de los nobles se sigue perfectamente por las Cortes a lo largo de todo el XIV. Destaca la convocatoria de 1340, pero aquellas revueltas nobiliarias no impidieron sus actividades en Flandes, Inglaterra y Francia con gran éxito. Desde 1349 los concejos y ciudades fueron protagonistas en el reino al preconizar Alfonso IV un fuerte intervencionismo en los municipios para evitar la despoblación, causa directa de los efectos de la peste. Las disposiciones no funcionaron y las Cortes de Lisboa de 1352 mostraron el descontento de los concejos que culparon a clérigos, nobles, jornaleros y hasta judíos. Pedro I (1357-1367) y Fernando I (1367-1383) llevaron a cabo una política de pacificación interna y de protección a la agricultura y el comercio a pesar de las divisiones políticas que se observan dentro del Consejo Real. La división se refiere, básicamente, a los partidarios de la colaboración con Francia (nobles) y los que apoyan, por intereses comerciales a Inglaterra (concejos, burgueses). Las diferentes Cortes repiten las quejas y agravios e intentan aportar la solución a los problemas internos portugueses. Pedro I logró reunir un importante tesoro más tarde dilapidado en la guerra contra Castilla. La devaluación de la moneda que siguió al agotamiento de las reservas tuvo consecuencias en el alza de los precios y salarios. Esto incitó a la especulación, cosa que intentaron evitar las leyes aprobadas en las Cortes de 1372 y 1375, de gran importancia, conocidas como las « Leyes de las Sesmerías» . La ley pretende evitar la escasez de cereales y su carestía, incrementar el número de campesinos y de ganado de labor para atender mejor a la población y ofrecer estímulos a los agricultores. Muchas son las disposiciones de estas Leyes de las Sesmerías, destacando las que obligan a

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poner a los propietarios en cultivo sus tierras, directa o indirectamente, o a vender el grano a precio señalado. Las bandas de mendigos y desocupados se utilizaron como mano de obra. Tan importante como la agricultura en Portugal fue el comercio exterior cuyo desarrollo favoreció el monarca (compra de naves, seguro de mercancías, etc.). Hubo privilegios para los que construyeran o compraran barcos. Las medidas para favorecer el comercio fueron muchas: matrícula de barcos con más de 50 toneladas, bolsa común a compensar a quienes perdieran, sin culpa, sus naves, anulación de las normas que prohibían sacar de las poblaciones determinados productos, acuñación de monedas de oro y plata, etc. Pedro I mantuvo una política de recelo y control de los clérigos, favoreció a la nobleza y en política exterior, mantuvo la alianza con Castilla y con Inglaterra. La llegada del Trastámara, Enrique II, le obliga a elegir y también a su sucesor, entre la amistad y la alianza con Inglaterra. Los nobles apoyan la 1ª opción (Castilla), los mercaderes la 2ª (Inglaterra). Estos últimos, en las Cortes de 1372, le leyeron la « cartilla» al rey. Fernando I apoyó a los enemigos de Enrique de Trastámara pero, en el Tratado de Alcoutim proyectó su matrimonio con una hija del castellano aunque, más tarde, rompió el acuerdo para casarse con Leonor Téllez y, aliado de Inglaterra, ataca los dominios castellanos. La paz de Santarem (1373) se basa en matrimonio de familias reinantes. B. LA REVOLUCIÓN PORTUGUESA DE 1383-1385 Juan I de Castilla anuló el matrimonio de Fadrique de Benavente con la heredera portuguesa para ofrecerse él mismo como rey consorte. Este gesto le condujo a una guerra con Portugal que, ayudado por los ingleses, marca un antes y un después en la historia portuguesa. Portugal derrotó a los castellanos en Aljubarrota después de que los artesanos y mercaderes de Lisboa y Oporto se impusieran a los nobles y eligieran como rey al maestre de Avís. El matrimonio de Juan I con la heredera de Portugal, en principio, respeta la independencia portuguesa al mantener los reinos separados y gobernar Enrique, el primogénito del monarca en Castilla y los hijos de Beatriz de Portugal. Pero los efectos fueron los contrarios a los buscados. Y los nobles disidentes se pasaron al partido de los burgueses del maestre de Avís que pronto solicitó la ayuda de Juan de Gante. Cuando muere Fernando I, los lisboetas pidieron que se incluyeran ciudadanos en el Consejo. La reina Leonor no se comprometió y los representantes de los concejos se sublevarán dirigidos por el infante Juan, maestre de Avís e hijo de Pedro de Portugal. Juan I entró en Portugal hallando una fuerte resistencia en las ciudades comerciales, que no pudieron tomarse. Incluso comenzaron a ser discutidos los derechos al trono de Beatriz, la mujer de Juan I. Este hizo lo propio llamando ilegítimos a los defensores del maestre de Avís. Las Cortes de Coimbra tienen un claro paralelismo con Caspe. Incluso el maestro Joao das Regras es comparable con Vicente Ferrer. En Coimbra los defensores del maestre de Avís, que tenía todos los apoyos económicos, militares y políticos, primaron sobre la ilegitimidad y la condición de clérigo del Maestre. Las Cortes le eligieron rey.
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Aljubarrota, 1385, fue una batalla trascendental tanto para la Castilla de Juan I, en donde perdieron la vida numerosos nobles (López de Ayala fue hecho prisionero) ya que el rey castellano tuvo que hacer frente a compensaciones ante las Cortes (Consejo Real) sino y sobre todo, para Portugal que inició un ascenso imparable en política exterior que la llevaría a la era de los descubrimientos. C. LA CRISIS CASTELLANA Durante su reinado Enrique II intenta evitar la intervención política de nobleza y Cortes. Los soportes en los que se basa Enrique son el clero y los juristas, que le ayudan a evitar la intervención política de Cortes y nobles, que se mantienen en equilibrio. Juan I continuará el apoyo a los nobles para lo que creó nuevas órdenes de caballería: la del Sol o la Paloma y la de la Rosa. Atrajo al estamento ciudadano aprobando leyes antijudías y leyes suntuarias. No acepta la petición de Cortes de intervenir en el Consejo Real, ni renunciar al derecho de modificar las decisiones de las Cortes, porque era el rey la fuente suprema del Derecho y las Cortes sólo asesores. En la lucha entre nobles y clérigos, favorece a los últimos: ·Anula la presión económica que los nobles ejercen sobre los monasterios con la excusa de su defensa. ·Sólo reconoce el carácter de encomenderos o protectores a los fundadores de iglesias o monasterios y a sus herederos. Ante el Cisma eclesiástico, Juan II, aliado de Francia, se decanta por el Papa de Aviñón y consigue que se unan a esta causa Navarra y Aragón que aceptan al Papa con Carlos III y Juan I. En contraposición al equilibrio interior, en lo exterior se inmiscuye en asuntos internos de Portugal, aspirando a ser rey consorte político que trae la derrota de Aljubarrota (1385), que le obligará a aceptar las exigencias de las ciudades representadas en Cortes, que intentan hacerse cargo del poder ante la incapacidad del monarca y sus nobles. Se muestra la fragilidad del poder de los Trastámara: ·Sublevación nobiliaria dirigida por su hermano Alfonso. ·Durante la guerra tuvo que reducir a Pedro de Trastámara. ·Derrota entre Juan de Avis y Juan de Gante. ·No tiene el apoyo de la alta nobleza. ·Necesita ayuda económica para evitar que entren en Castilla ejércitos portugueses e ingleses (Juan de Gante reclama su trono). Ante esto acude a las Cortes que le hacen pagar el precio de su ayuda: permitir que entren en el Consejo Real cuatro representantes de las ciudades en igualdad con clérigos y nobles. El Consejo atenderá en todos los asuntos del reino excepto en la Administración de Justicia que la realiza la Audiencia y en algunos derechos sólo del monarca: nombramiento de oficiales y presentación de obispos y cargos eclesiásticos.
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El nombramiento de consejeros recayó en los obispos del reino (Toledo, Santiago y Sevilla) y el obispo de Burgos, cuatro nobles (sólo uno de la alta nobleza) y cuatro juristas representando a las ciudades. Se crea un ejército nacional en el que participan obligatoriamente todos los ciudadanos que deben armarse en proporción a sus riquezas y bienes. En 1386, en las Cortes de Segovia, Juan I autoriza la creación de hermandades para garantizar el orden. Continúa, aunque se adelanta a la coronación de Enrique II (1393) para terminarla. En la política interior, Enrique II siguió con el afianzamiento del poder monárquico: ·Intenta anular políticamente a la alta nobleza. ·Reducir las prerrogativas de las Cortes. ·Acabar con la independencia de las ciudades. Se apoya en la segunda nobleza y en el obispo de Toledo. Para debilitar a la nobleza y Cortes se apoya en una contra la otra: somete a las Cortes para enfrentarse y vencer a la alta nobleza de parientes. Las consecuencias serán: ·La segunda nobleza se convierte en peligro para el rey. ·Surge la figura de Fernando de Antequera. Aparece la figura del corregidor, delegado del rey que interviene en asuntos municipales. La sumisión de las ciudades trae la pérdida de poder de las Cortes y sus funciones serán: ·Conceder subsidios. ·Ratificar acuerdos tomados previamente. ·Solicitar la adopción de medidas contra los judíos. En política exterior llevará a cabo: ·Alianza con Aragón y Navarra. ·Amistad con Francia, afectada por el problema del Papa Luna. ·Paz con Inglaterra. ·Oscilación de guerra y paz con Portugal (luchas fronterizas) y Granada (incidentes fronterizos y expedición del maestre de Alcántara). A la muerte de Enrique III el hombre más importante de Castilla era su hermano Fernando de Antequera, que unía riqueza y fuerza militar y al que su hermano confía la conquista de Granada. Es propuesto como rey en lugar del niño Juan II pero el testamento de Enrique dispone una regencia compartida con Catalina de Lancaster para evitar que alguno pudiera actuar por sí solo en el reino, aunque ambos lo intentan. Fernando logra apartar a Catalina y gobierna Castilla controlando a los nobles mediante la guerra con Granada. Obtiene máxima autoridad, lo que le permite emplear el dinero
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destinado a la lucha contra los musulmanes para acceder al trono de Aragón. Con el apoyo de sus riquezas, de un ejército preparado y de Benedicto XIII obtuvo los votos necesarios. La nobleza castellana y la reina Catalina le habían apoyado, confiando en que así abandonaría la regencia, pero no lo hizo, perjudicando a Castilla a favor de Aragón. D. LOS DESCUBRIMIENTOS PORTUGUESES A finales del XIV, en Portugal como en otros reinos, la nobleza tradicional pierde fuerza y es sustituida por una segunda nobleza formada por los partidarios del monarca y por sus juristas-consejeros. Los intereses de esta nobleza y los de la burguesía comercial orientan la política portuguesa a lo largo del XV. Tras la oposición castellana a las pretensiones portuguesas de ocupar Granada, el objetivo será la costa norteafricana. En 1415 los portugueses ocupan Ceuta por su importancia económica y estratégica. Ceuta era uno de los puntos terminales de las rutas sahariana por las que el oro de Tombuctú llegaba al Mediterráneo y Portugal, al igual que otros reinos europeos, necesitaba oro para mantener su actividad comercial. No obstante, los objetivos comerciales de la expansión portuguesa no se lograrán hasta años después con el infante Enrique el Navegante. A partir de la conquista de Ceuta, los portugueses podrían haber ocupado una parte de Marruecos de donde habrían obtenido oro, mano de obra esclava y trigo, escaso en la Península, pero la magnitud del botín conseguido hizo que los portugueses se limitaran a ocupar la ciudad. Bajo la dirección del infante Enrique, Portugal emprende una serie de expediciones por la costa atlántica africana para mantener y aumentar sus dominios que culminan con el paso del Cabo de Bojador, en 1434. Son expediciones de tanteo y poco rentables, pero su importancia es grande ya que sin ellas no hubiesen sido posibles las posteriores. Paralelamente a estas expediciones oficiales organizadas por la corona portuguesa, se producen, en la 1ª ½ del XV una serie de viajes que llevan a los portugueses a las Islas Canarias, Azores y Madeira, ya conocidas desde el XIV pero no ocupadas y poco explotadas. A finales del XIV portugueses, catalanes y castellanos emprenden una serie de viajes a las Canarias con el fin de obtener esclavos y colorantes. Los catalanes son pronto apartados y el archipiélago canario será disputado por portugueses y castellanos. En 1402 marinos normandos y franceses al servicio de Castilla ocupan las Canarias. Entre 1424 y 1434, Enrique el Navegante intenta ocupar Gran Canaria pero sin éxito. Las pretensiones portuguesas sobre las Islas Canarias terminan cuando el Papa Eugenio IV reconoce la soberanía castellana sobre las islas en 1436, aunque Portugal no la reconoce hasta años más tarde. El fracaso portugués en Canarias será compensado con la ocupación de Madeira y Porto Santo en 1419 y 1420 y el establecimiento de portugueses en el archipiélago de las Azores en 1427. Las Azores son entregadas al infante Enrique en concepto de feudo vitalicio.

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EL REINO DE PORTUGAL
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. SESMARÍAS Y COMERCIO PORTUGUÉS Portugal tiene, como en el caso castellano, desde finales del XIII, un tema político recurrente: la afirmación del poder monárquico frente a los nobles, que se mezcla con temas sociales y económicos por el papel ejercido por los burgueses de Oporto y Lisboa. Hay que añadir, además, las revueltas de los eclesiásticos que se remontan a tiempos de Alfonso III y no terminan con la muerte del rey. Los reinados de Dionís (1279-1325) y de Alfonso IV (1325-1357) conocen tanto el reforzamiento del poder monárquico como la contestación de los grupos sociales que se resisten a él. Los Inquiriciones o pesquisas ordenadas por el rey Dionís para conocer la legitimidad de los derechos señoriales pueden ser el origen de esa contestación. En ambos reinados los reyes portugueses intervinieron en Castilla, generalmente, apoyando a los rebeldes, que también es una manifestación de independencia de Portugal junto con hechos como la creación de una universidad, la de Lisboa, que evitaba la dependencia salmantina. Alfonso IV también ayudó a los rebeldes castellanos, pero otro problema adicional fue el matrimonio de su hijo Pedro I y la afición del heredero por Inés de Castro quien fue asesinada, lo que acabó por provocar la guerra civil entre grupos nobiliarios. El malestar de los nobles se sigue perfectamente por las Cortes a lo largo de todo el XIV. Destaca la convocatoria de 1340, pero aquellas revueltas nobiliarias no impidieron sus actividades en Flandes, Inglaterra y Francia con gran éxito. Desde 1349 los concejos y ciudades fueron protagonistas en el reino al preconizar Alfonso IV un fuerte intervencionismo en los municipios para evitar la despoblación, causa directa de los efectos de la peste. Las disposiciones no funcionaron y las Cortes de Lisboa de 1352 mostraron el descontento de los concejos que culparon a clérigos, nobles, jornaleros y hasta judíos. Pedro I (1357-1367) y Fernando I (1367-1383) llevaron a cabo una política de pacificación interna y de protección a la agricultura y el comercio a pesar de las divisiones políticas que se observan dentro del Consejo Real. La división se refiere, básicamente, a los partidarios de la colaboración con Francia (nobles) y los que apoyan, por intereses comerciales a Inglaterra (concejos, burgueses). Las diferentes Cortes repiten las quejas y agravios e intentan aportar la solución a los problemas internos portugueses. Pedro I logró reunir un importante tesoro más tarde dilapidado en la guerra contra Castilla. La devaluación de la moneda que siguió al agotamiento de las reservas tuvo consecuencias en el alza de los precios y salarios. Esto incitó a la especulación, cosa que intentaron evitar las leyes aprobadas en las Cortes de 1372 y 1375, de gran importancia, conocidas como las « Leyes de las Sesmerías» . La ley pretende evitar la escasez de cereales y su carestía, incrementar el número de campesinos y de ganado de labor para atender mejor a la población y ofrecer estímulos a los agricultores. Muchas son las disposiciones de estas Leyes de las Sesmerías, destacando las que obligan a

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poner a los propietarios en cultivo sus tierras, directa o indirectamente, o a vender el grano a precio señalado. Las bandas de mendigos y desocupados se utilizaron como mano de obra. Tan importante como la agricultura en Portugal fue el comercio exterior cuyo desarrollo favoreció el monarca (compra de naves, seguro de mercancías, etc.). Hubo privilegios para los que construyeran o compraran barcos. Las medidas para favorecer el comercio fueron muchas: matrícula de barcos con más de 50 toneladas, bolsa común a compensar a quienes perdieran, sin culpa, sus naves, anulación de las normas que prohibían sacar de las poblaciones determinados productos, acuñación de monedas de oro y plata, etc. Pedro I mantuvo una política de recelo y control de los clérigos, favoreció a la nobleza y en política exterior, mantuvo la alianza con Castilla y con Inglaterra. La llegada del Trastámara, Enrique II, le obliga a elegir y también a su sucesor, entre la amistad y la alianza con Inglaterra. Los nobles apoyan la 1ª opción (Castilla), los mercaderes la 2ª (Inglaterra). Estos últimos, en las Cortes de 1372, le leyeron la « cartilla» al rey. Fernando I apoyó a los enemigos de Enrique de Trastámara pero, en el Tratado de Alcoutim proyectó su matrimonio con una hija del castellano aunque, más tarde, rompió el acuerdo para casarse con Leonor Téllez y, aliado de Inglaterra, ataca los dominios castellanos. La paz de Santarem (1373) se basa en matrimonio de familias reinantes. B. LA REVOLUCIÓN PORTUGUESA DE 1383-1385 Juan I de Castilla anuló el matrimonio de Fadrique de Benavente con la heredera portuguesa para ofrecerse él mismo como rey consorte. Este gesto le condujo a una guerra con Portugal que, ayudado por los ingleses, marca un antes y un después en la historia portuguesa. Portugal derrotó a los castellanos en Aljubarrota después de que los artesanos y mercaderes de Lisboa y Oporto se impusieran a los nobles y eligieran como rey al maestre de Avís. El matrimonio de Juan I con la heredera de Portugal, en principio, respeta la independencia portuguesa al mantener los reinos separados y gobernar Enrique, el primogénito del monarca en Castilla y los hijos de Beatriz de Portugal. Pero los efectos fueron los contrarios a los buscados. Y los nobles disidentes se pasaron al partido de los burgueses del maestre de Avís que pronto solicitó la ayuda de Juan de Gante. Cuando muere Fernando I, los lisboetas pidieron que se incluyeran ciudadanos en el Consejo. La reina Leonor no se comprometió y los representantes de los concejos se sublevarán dirigidos por el infante Juan, maestre de Avís e hijo de Pedro de Portugal. Juan I entró en Portugal hallando una fuerte resistencia en las ciudades comerciales, que no pudieron tomarse. Incluso comenzaron a ser discutidos los derechos al trono de Beatriz, la mujer de Juan I. Este hizo lo propio llamando ilegítimos a los defensores del maestre de Avís. Las Cortes de Coimbra tienen un claro paralelismo con Caspe. Incluso el maestro Joao das Regras es comparable con Vicente Ferrer. En Coimbra los defensores del maestre de Avís, que tenía todos los apoyos económicos, militares y políticos, primaron sobre la ilegitimidad y la condición de clérigo del Maestre. Las Cortes le eligieron rey.
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Aljubarrota, 1385, fue una batalla trascendental tanto para la Castilla de Juan I, en donde perdieron la vida numerosos nobles (López de Ayala fue hecho prisionero) ya que el rey castellano tuvo que hacer frente a compensaciones ante las Cortes (Consejo Real) sino y sobre todo, para Portugal que inició un ascenso imparable en política exterior que la llevaría a la era de los descubrimientos. C. LA CRISIS CASTELLANA Durante su reinado Enrique II intenta evitar la intervención política de nobleza y Cortes. Los soportes en los que se basa Enrique son el clero y los juristas, que le ayudan a evitar la intervención política de Cortes y nobles, que se mantienen en equilibrio. Juan I continuará el apoyo a los nobles para lo que creó nuevas órdenes de caballería: la del Sol o la Paloma y la de la Rosa. Atrajo al estamento ciudadano aprobando leyes antijudías y leyes suntuarias. No acepta la petición de Cortes de intervenir en el Consejo Real, ni renunciar al derecho de modificar las decisiones de las Cortes, porque era el rey la fuente suprema del Derecho y las Cortes sólo asesores. En la lucha entre nobles y clérigos, favorece a los últimos: ·Anula la presión económica que los nobles ejercen sobre los monasterios con la excusa de su defensa. ·Sólo reconoce el carácter de encomenderos o protectores a los fundadores de iglesias o monasterios y a sus herederos. Ante el Cisma eclesiástico, Juan II, aliado de Francia, se decanta por el Papa de Aviñón y consigue que se unan a esta causa Navarra y Aragón que aceptan al Papa con Carlos III y Juan I. En contraposición al equilibrio interior, en lo exterior se inmiscuye en asuntos internos de Portugal, aspirando a ser rey consorte político que trae la derrota de Aljubarrota (1385), que le obligará a aceptar las exigencias de las ciudades representadas en Cortes, que intentan hacerse cargo del poder ante la incapacidad del monarca y sus nobles. Se muestra la fragilidad del poder de los Trastámara: ·Sublevación nobiliaria dirigida por su hermano Alfonso. ·Durante la guerra tuvo que reducir a Pedro de Trastámara. ·Derrota entre Juan de Avis y Juan de Gante. ·No tiene el apoyo de la alta nobleza. ·Necesita ayuda económica para evitar que entren en Castilla ejércitos portugueses e ingleses (Juan de Gante reclama su trono). Ante esto acude a las Cortes que le hacen pagar el precio de su ayuda: permitir que entren en el Consejo Real cuatro representantes de las ciudades en igualdad con clérigos y nobles. El Consejo atenderá en todos los asuntos del reino excepto en la Administración de Justicia que la realiza la Audiencia y en algunos derechos sólo del monarca: nombramiento de oficiales y presentación de obispos y cargos eclesiásticos.
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El nombramiento de consejeros recayó en los obispos del reino (Toledo, Santiago y Sevilla) y el obispo de Burgos, cuatro nobles (sólo uno de la alta nobleza) y cuatro juristas representando a las ciudades. Se crea un ejército nacional en el que participan obligatoriamente todos los ciudadanos que deben armarse en proporción a sus riquezas y bienes. En 1386, en las Cortes de Segovia, Juan I autoriza la creación de hermandades para garantizar el orden. Continúa, aunque se adelanta a la coronación de Enrique II (1393) para terminarla. En la política interior, Enrique II siguió con el afianzamiento del poder monárquico: ·Intenta anular políticamente a la alta nobleza. ·Reducir las prerrogativas de las Cortes. ·Acabar con la independencia de las ciudades. Se apoya en la segunda nobleza y en el obispo de Toledo. Para debilitar a la nobleza y Cortes se apoya en una contra la otra: somete a las Cortes para enfrentarse y vencer a la alta nobleza de parientes. Las consecuencias serán: ·La segunda nobleza se convierte en peligro para el rey. ·Surge la figura de Fernando de Antequera. Aparece la figura del corregidor, delegado del rey que interviene en asuntos municipales. La sumisión de las ciudades trae la pérdida de poder de las Cortes y sus funciones serán: ·Conceder subsidios. ·Ratificar acuerdos tomados previamente. ·Solicitar la adopción de medidas contra los judíos. En política exterior llevará a cabo: ·Alianza con Aragón y Navarra. ·Amistad con Francia, afectada por el problema del Papa Luna. ·Paz con Inglaterra. ·Oscilación de guerra y paz con Portugal (luchas fronterizas) y Granada (incidentes fronterizos y expedición del maestre de Alcántara). A la muerte de Enrique III el hombre más importante de Castilla era su hermano Fernando de Antequera, que unía riqueza y fuerza militar y al que su hermano confía la conquista de Granada. Es propuesto como rey en lugar del niño Juan II pero el testamento de Enrique dispone una regencia compartida con Catalina de Lancaster para evitar que alguno pudiera actuar por sí solo en el reino, aunque ambos lo intentan. Fernando logra apartar a Catalina y gobierna Castilla controlando a los nobles mediante la guerra con Granada. Obtiene máxima autoridad, lo que le permite emplear el dinero
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destinado a la lucha contra los musulmanes para acceder al trono de Aragón. Con el apoyo de sus riquezas, de un ejército preparado y de Benedicto XIII obtuvo los votos necesarios. La nobleza castellana y la reina Catalina le habían apoyado, confiando en que así abandonaría la regencia, pero no lo hizo, perjudicando a Castilla a favor de Aragón. D. LOS DESCUBRIMIENTOS PORTUGUESES A finales del XIV, en Portugal como en otros reinos, la nobleza tradicional pierde fuerza y es sustituida por una segunda nobleza formada por los partidarios del monarca y por sus juristas-consejeros. Los intereses de esta nobleza y los de la burguesía comercial orientan la política portuguesa a lo largo del XV. Tras la oposición castellana a las pretensiones portuguesas de ocupar Granada, el objetivo será la costa norteafricana. En 1415 los portugueses ocupan Ceuta por su importancia económica y estratégica. Ceuta era uno de los puntos terminales de las rutas sahariana por las que el oro de Tombuctú llegaba al Mediterráneo y Portugal, al igual que otros reinos europeos, necesitaba oro para mantener su actividad comercial. No obstante, los objetivos comerciales de la expansión portuguesa no se lograrán hasta años después con el infante Enrique el Navegante. A partir de la conquista de Ceuta, los portugueses podrían haber ocupado una parte de Marruecos de donde habrían obtenido oro, mano de obra esclava y trigo, escaso en la Península, pero la magnitud del botín conseguido hizo que los portugueses se limitaran a ocupar la ciudad. Bajo la dirección del infante Enrique, Portugal emprende una serie de expediciones por la costa atlántica africana para mantener y aumentar sus dominios que culminan con el paso del Cabo de Bojador, en 1434. Son expediciones de tanteo y poco rentables, pero su importancia es grande ya que sin ellas no hubiesen sido posibles las posteriores. Paralelamente a estas expediciones oficiales organizadas por la corona portuguesa, se producen, en la 1ª ½ del XV una serie de viajes que llevan a los portugueses a las Islas Canarias, Azores y Madeira, ya conocidas desde el XIV pero no ocupadas y poco explotadas. A finales del XIV portugueses, catalanes y castellanos emprenden una serie de viajes a las Canarias con el fin de obtener esclavos y colorantes. Los catalanes son pronto apartados y el archipiélago canario será disputado por portugueses y castellanos. En 1402 marinos normandos y franceses al servicio de Castilla ocupan las Canarias. Entre 1424 y 1434, Enrique el Navegante intenta ocupar Gran Canaria pero sin éxito. Las pretensiones portuguesas sobre las Islas Canarias terminan cuando el Papa Eugenio IV reconoce la soberanía castellana sobre las islas en 1436, aunque Portugal no la reconoce hasta años más tarde. El fracaso portugués en Canarias será compensado con la ocupación de Madeira y Porto Santo en 1419 y 1420 y el establecimiento de portugueses en el archipiélago de las Azores en 1427. Las Azores son entregadas al infante Enrique en concepto de feudo vitalicio.

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PROBLEMAS ECONÓMICOS Y CONFLICTOS SOCIALES EN CASTILLA
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

A. DEL SECUESTRO DE TORDESILLAS A LA FARSA DE ÁVILA A la muerte de Fernando de Antequera, la nobleza castellana se agrupó en torno a la reina Catalina de Lancaster, y dirigida por el arzobispo de Toledo y por los nobles designados por Enrique III para custodiar al rey, se hizo con el poder y alejando a los infantes Juan y Enrique, quienes recuperando su poder sobre el monarca con el apoyo de Alfonso el Magnánimo de Aragón, al quedarse sin dirigentes la nobleza castellana (Juan Fernández de Velasco y Diego López de Stúñiga), en 1417. Durante dos años, los infantes gobernaron Castilla sin más oposición que la existente entre ellos, que se pone de manifiesto cuando Juan se aleja de Castilla para llevar a cabo el matrimonio con Blanca de Navarra. Enrique aprovecha su ausencia para apoderarse del monarca en Tordesillas, hacerse conceder el marquesado de Villena y unirse en matrimonio con Catalina, hermana del monarca castellano. Los nobles castellanos, descontentos, dirigidos por Álvaro de Luna derrotan a Enrique III en 1422 y repartieron sus bienes y los de sus partidarios entre los vencedores, serán estos bienes la garantía de fidelidad nobiliaria. La unión de Juan de Navarra y Álvaro de Luna responde a las necesidades del momento y aunque ambos no tardaron en enfrentarse por el control del reino, la alianza sirve para anular totalmente a las ciudades y a las Cortes. Los procuradores pasan a cobrar de la Corona y se convierten en funcionarios carentes de autoridad, y las ciudades serán gobernadas por regidores nombrados por el monarca y no elegidos según los fueros locales. El Concejo amplio, integrado por todos los vecinos, desaparece para dejar paso al Concejo restringido del que sólo forman parte los caballeros urbanos equiparables a la nobleza de sangre con la que mantienen estrecho contacto y a la que se subordinan en ocasiones. La fuerza adquirida por Álvaro de Luna reconcilia a Juan de Navarra y Enrique por la mediación de Alfonso el Magnánimo y aleja de la corte al privado en el año 1427. Si los infantes disponían de grandes riquezas que las utilizaban para controlar el reino, Álvaro de Luna había logrado reunir a los nobles, a los que ofrecía a cambio de su ayuda una participación en el poder y el reparto de los bienes de los infantes que serán expulsados de Castilla en el año 1429. El triunfo de Álvaro de Luna fue la concesión de las tierras, cargas y títulos a los aliados, pero pronto se formó un grupo de descontentos que solicitó una vez más la intervención de Juan de Navarra y de Enrique, contra los que apoyaran de nuevo a Álvaro de Luna.

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Entre 1435 y 1440 el sistema de alianzas cambia continuamente, los nobles aliados a los infantes utilizan las Cortes para buscar una salida a los enfrentamientos nobiliarios y para pedir al monarca que autorice el matrimonio del heredero de Castilla, Enrique IV, con Blanca de Navarra, hija de Juan de Aragón. Años más tarde son los partidarios de Álvaro de Luna los que logran que las Cortes anulen las donaciones hechas en los últimos años y se frenen las enajenaciones de bienes reales. Ante esta nueva situación los infantes hicieron prisionero al rey en 1443 y Álvaro de Luna les derrotó en Olmedo en 1445. El poder nobiliario había crecido extraordinariamente y los nobles castellanos no aceptaron durante mucho tiempo ni la autoridad del monarca ni la de su favorito, el nuevo jefe de los nobles rebeldes será Juan de Pacheco. La proclamación como rey de Castilla del príncipe Alfonso, que tenía once años y dependía totalmente de la nobleza. Sólo después es cuando se decidió el monarca a combatir militarmente a los nobles a los que venció (no es seguro) en Olmedo en 1467, su victoria debilitó más el poder real, al morir Alfonso un año más tarde ofrecieron el trono a su hermana Isabel. Apoyada por la nobleza rebelde, Isabel evitó el enfrentamiento con los partidarios del monarca y se proclama heredera de Enrique IV, que aceptó en la entrevista, celebrada en Guisando (Ávila), la solución ofrecida por Isabel que era desheredar a la hija de Enrique IV, Juana, que no era posible. Para asegurar su triunfo, los nobles partidarios de Isabel necesitaban buscar un marido conveniente. Entre los candidatos se encontraban Alfonso V de Portugal que estaba dispuesto a aceptar las condiciones del marqués de Villena y dejar el gobierno de Castilla en manos de los nobles que siguen a Pacheco. Otros nobles se mantienen fieles al infante Juan, rey de Navarra y Aragón. Para hacer frente a los catalanes rebeldes apoyados por Luis XI de Francia, Juan II precisa el apoyo o la neutralidad de Castilla y para lograr sus objetivos propuso el matrimonio de Isabel con su hijo Fernando. También Luis XI, por las mismas razones que Juan II, buscaba la alianza con Castilla y ofrece como marido de Isabel a su hermano el duque de Guyena. La habilidad de Juan II de Aragón y sus partidarios castellanos convirtieron en realidad el matrimonio de Isabel y Fernando en el año 1469, y en contra los nobles descontentos dirigidos por el marqués de Villena proclamaron heredera legítima a la hija de Enrique IV. La guerra civil fue inevitable y se prolongó hasta después de la muerte de Enrique IV. Durante estos años la posición de Isabel y Fernando fue consolidándose, sobre todo cuando Juan II logró poner fin a las guerras catalanas en 1472, a la muerte de Enrique IV, Isabel y Fernando fueron reconocidos por la mayoría de los nobles castellanos mientras los seguidores de Juana, apoyados por Alfonso V de Portugal seguían la lucha hasta 1479. B. HERMANDADES, CIUDADES Y CORTES

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La época de esplendor de unas y otras se sitúa en los años finales del XIII y principios del XIV, durante los años de debilitamiento del poder monárquico y división nobiliaria (sublevación de Sancho IV contra Alfonso X y minorías de Fernando IV y Alfonso XI), pero ni siquiera en estos momentos tuvieron importancia por sí mismas. Las promesas hechas mientras necesitaron su apoyo se olvidaron al llegar a un acuerdo en los tre nobles o entre el monarca y los grupos rebeldes. Tampoco reyes autoritarios (Alfonso XI o Pedro I, a los que se atribuye una alianza con las ciudades o con la burguesía contra los nobles) concedieron importancia a los centros urbanos (Pedro I prescindió totalmente de las Cortes). Los primeros años de los Trastámara parecen iniciar un resurgimiento de la fuerza política de las ciudades a las que Enrique III o Juan I halagan en los momentos de dificultad pero de las que prescinden en cuanto la situación interna o externa lo permiten. Enrique III incrementa el número de corregidores y reduce a las Cortes a su función más conocida: proporcionar dinero a la corona mediante la concesión de subsidios. A lo largo del XV la misión de las Cortes no varía; no benefician a las ciudades sino a la monarquía, que en muchas ocasiones prescinde incluso de las reuniones de Cortes. Durante el turbulento reinado de Enrique IV las ciudades recuperan importancia y parecen dispuestas a resucitar las Hermandades para imponer sus puntos de vista y administrar la justicia abandonada por el rey. En numerosas ocasiones Enrique IV facilitó la formación de hermandades dirigidas contra los nobles (caso gallego). En estos años y coincidiendo con épocas de predominio nobiliario se dan tres momentos asociativos importantes: en 1456-1460, 1464-1468 y 1473-1474. ·1456-1460. La Hermandad que adquiere mayor importancia es la formada por villas y campesinos de Guipúzcoa contra los nobles (Oñalcinos y Gamboinos). ·En Galicia la revuelta de los « hermandiños» adquirió carácter oficial en 1467 durante los enfrentamientos entre Enrique IV y la nobleza dirigida por Juan Pacheco y terminó en 1469, después de que el monarca reconociera en el pacto de Guisando el triunfo nobiliario. El monarca no fue ajeno a este levantamiento y autorizó la constitución de la hermandad, seguramente después de la « Farsa de Ávila» y el nombramiento del príncipe Alfonso como rey de Castilla. La hermandad tuvo un gran número de seguidores y se radicalizó más a causa de l a señorialización: control de puertos por los nobles, extensión de behetrías, la ocupación de tierras de abadengos, aumento de impuestos, prestaciones personales. Las causas de los enfrentamientos hay que encontrarlas en las contradicciones creadas en una sociedad en expansión económica, a pesar de la inflación y en una nobleza que se resiste a aceptar los cambios.

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El conflicto no puede reducirse a un simple enfrentamiento de los campesinos contra los señores feudales, ya que intervienen concejos, pequeña nobleza independiente, clérigos, etc. En Fuensalida (Toledo) fueron aprobadas por el rey las Ordenanzas de la Hermandad gallega y los agentes del monarca recorrieron Galicia buscando la adhesión de todos los pobladores (paralelismos con la actuación de los oficiales del rey aragonés en el problema remensa). Organizadas las Juntas de Hermandad y elegidos los diputados, que representarían a las juntas locales en las asambleas generales, los hermandiños exigieron la entrega de fortalezas nobiliarias. En 1469 firmaron un pacto el monarca y los nobles y organizando sus fuerzas lograron derrotar a los hermandiños, desapareciendo la hermandad. En época de los RR.CC. se creará la Santa Hermandad, enteramente controlada por los monarcas y cuya financiación llevó a la ruina a diversas ciudades (1476). Es preciso recordar que no todas las ciudades son convocadas a Cortes, sólo las de realengo pueden asistir y su número se reduce a 17. En teoría, la ciudad está dirigida por una asamblea, por un concejo, en el que se hallan representados hidalgos, caballeros menestrales, pero su control a mediados del XV está en manos de una cerrada oligarquía. En los siglos XIV y XV Sevilla fue la ciudad más importante del reino. C. CRISIS Y RESTAURACIÓN MONÁRQUICA Para comprender la situación de Castilla durante el reinado de Enrique IV (1454-74), es preciso repasar la historia política del reino en época de los Trastámara. La victoria de Enrique fue obra de la nobleza, en sus manos quedó la economía castellana, aunque el monarca se reservó el gobierno y opuso a la alta nobleza una segunda nobleza que le había sido fiel. Con este apoyo Juan I, Enrique III y Juan II pudieron vencer a sus familiares, sustituyéndoles por esta segunda nobleza, cuando estos últimos consolidaron su poder, aspiraron a tener los mismos privilegios, atribuciones y derechos de los grandes nobles. La victoria obtenida por Juan II en Olmedo (1445) sobre los infantes de Aragón, no le sirvió para fortalecer el poder monárquico: Álvaro de Luna logra el triunfo militar con el apoyo de parte de la nobleza y no estaba en condiciones de enajenarse su apoyo, por lo que Olmedo sólo significó la derrota, no definitiva, de la nobleza de sangre y no de la nobleza general, que buscará frente al favorito el apoyo del heredero de la Corona, negocia con el monarca en 1446 una serie de garantías mutuas en su nombre y en el de los grandes que siguen a uno y otro: Enrique se compromete a no tomar, ocupar ni consentir o ayudar a la ocupación de tierras, villas, lugares y a no embargar rentas, pechos y derechos reales y Juan II acepta lo mismo en lugares de Príncipe. Con estos precedentes, cuando Enrique IV sube al trono no tiene autoridad para enfrentarse a los nobles, ni siquiera podía recurrir a las ciudades, ya que habían perdido su poder dominadas por la nobleza triunfadora que se opone al nuevo favorito Juan
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Pacheco. Un perdón general y una política de paz en el exterior permiten al reino estar tranquilo unos años, las alianzas con Portugal y Francia fueron renovadas. Se llega a un acuerdo con Aragón y Navarra mediante el pago de cantidades a Juan de Navarra y la devolución de los bienes confiscados a los servidores de los infantes de Aragón. La guerra con Granada no entretiene a los nobles y nuevas revueltas merman la autoridad real. Los intentos de algunos nobles para devolver el poder monárquico le lleva a reconocer como heredero de Castilla al infante Alfonso. Golpe de Estado palaciego, destierro de Beltrán de la Cueva que había sustituido a Pacheco en el favor del monarca. La concesión del Maestrazgo de la Orden de Santiago a Pacheco, la reducción del ejército real y el reconocimiento del derecho a los nobles a ser juzgados por un tribunal especial integrado por tres nobles, tres eclesiásticos y tres juristas (1464). Enrique VI acepta todo, perdiendo autoridad, por lo que fue posible su deposición en la « Farsa de Ávila» de 1465. Proclamado el príncipe Alfonso rey de Castilla a los once años, esto hace que el monarca reaccione y se decida a combatir a los nobles, a los que vence en Olmedo (1467). Al morir el rey Alfonso en 1468, se ofrece el trono a su hermana Isabel. Isabel no quiso enfrentamiento con Enrique, aceptó una entrevista en Guisando en la que se ofrecía como solución desheredar a Juana, hija de Enrique y ofrecer un marido conveniente a Isabel. Los candidatos fueron Alfonso V de Portugal, lo que convenía a la nobleza, a Juan Pacheco, ya que se llegó a un acuerdo con él y se dejaba el poder en manos de una oligarquía nobiliaria. Frente a éste era: el infante Juan, rey de Nav arra; Aragón y Cataluña ofrecieron a Fernando hijo de Juan II y Francia, al duque de Guyena. La habilidad de Juan II de Aragón y sus partidarios castellanos convirtieron en realidad el matrimonio de Isabel y Fernando en el año 1469, y en contra los nobles descontentos dirigidos por el marqués de Villena proclamaron heredera legítima a la hija de Enrique IV. La guerra civil fue inevitable y se prolongó hasta después de la muerte de Enrique IV. Durante estos años la posición de Isabel y Fernando fue consolidándose, sobre todo cuando Juan II logró poner fin a las guerras catalanas en 1472, a la muerte de Enrique IV, Isabel y Fernando fueron reconocidos por la mayoría de los nobles castellanos mientras los seguidores de Juana, apoyados por Alfonso V de Portugal seguían la lucha hasta 1479. D. GUERRA CIVIL EN NAVARRA Los grupos nobiliarios de agramonteses y beamonteses están enfrentados desde el reinado de Carlos II el Noble (1387-1425). Las causas profundas del enfrentamiento son además del control político, dos formas de vida muy diferenciadas dentro del reino. Estas rivalidades superan el marco político representado por el rey Juan II y su hijo Carlos, príncipe de Viana, que desembocan en la guerra civil, que beamonteses, montañeses de economía pastoril, que se sienten postergados por el monarca, llevan a cabo contra Juan de Navarra, partidario de los agramonteses, ribereños, con fuerte economía agraria y mayor desarrollo urbano. El desencadenante de esta guerra fue el testamento de Blanca de Navarra, esposa de Juan II, rey consorte.
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La paz de Briones (1373) entre Navarra y Castilla lleva al matrimonio de Carlos III el Noble con Leonor de Trastámara. Carlos apoya a Castilla y Francia en sus problemas europeos y firma tratados de paz con Aragón. También ayudó a Fernando de Antequera en la sumisión de la revuelta de Jaime de Urgell. Fruto de esta política de acuerdos y alianzas es el matrimonio de su hija Blanca con Martín el Joven en 1402. A la muerte de su marido, Blanca regresa a Navarra y en 1419 se casa con el futuro Juan II, hijo del nuevo soberano aragonés Fernando de Antequera. Blanca hereda el reino de Navarra por el fallecimiento de sus hermanos. Las consecuencias políticas de esta unión van a ser: mayor dependencia de Castilla pero los navarros, celosos de sus fueros hicieron hincapié en las capitulaciones matrimoniales en que el reino pertenece a Blanca y a sus hijos. A su fallecimiento Blanca deja como heredero a su hijo Carlos y sus descendientes, a su hija Blanca y a sus descendientes y en último lugar a su hija Leonor, pero ruega a Carlos que no utilice el título de rey sin el consentimiento de su padre Juan II, lo que significaba el gobierno de hecho de Juan. La imprecisión de esta cláusula coadyuvó a la explosión de la guerra civil. El rey optó por dejar el gobierno de Navarra a Carlos y él se ocuparía de los asuntos castellanos. Esta fórmula no fue aceptada por el príncipe ni por parte de la población. Las dificultades de Juan en Castilla aumentan y quiere recuperar el patrimonio real. Con este fin el rey sustituye a los consejeros navarros por castellanos y crea una Diputación permanente en las Cortes con la intención de prescindir de las convocatorias generales y así agilizar los trámites, presionando a los diputados para lograr los subsidios necesarios. Esta política fue aprobada por los nobles agramonteses pero no por el príncipe de Viana ni los beamonteses. La guerra se declara abiertamente cuando Juan II se casa con Juana Enríquez, entonces quedan anulados sus derechos al trono de Navarra. Carlos, dirigiendo a beamonteses y apoyados por Álvaro de Luna, se sublevan contra el monarca. La guerra continuará hasta 1455 con suerte alterna, pero favorable a Juan II que deshereda a su hijo y nombra heredero a Gastón de Foix, casado con su hija Leonor. Las Cortes también se dividen, tomando partido por el príncipe (Pamplona) y por Juan (Estella). Carlos va a Nápoles para pedir la intervención de Alfonso el Magnánimo (su tío), quien fallece al poco tiempo, dejando como sucesor de los estados peninsulares, en Mallorca, Sicilia y Cerdeña a su hermano Juan. Carlos tiene el apoyo de los sicilianos que intentan mantener su propio rey y ante este peligro, Juan II perdona a su hijo, por el que habían intercedido los reinos de la Corona. La reconciliación entre padre e hijo duró poco, Juan II encarcela a su hijo cuando el monarca conoce la noticia de las negociaciones de Carlos con Castilla para su matrimonio con la infanta Isabel, entonces los catalanes se alzan e imponen al monarca la capitulación de Villafranca del Penedés y le declaran la guerra por incumplimiento de los acuerdos. En 1461 fallece Carlos y son reconocidos herederos Gastón de Foix y su mujer Leonor a pesar de los derechos preferentes de Blanca, quien fue reducida a prisión por haber apoyado a Carlos y ser cabeza de los beamonteses. Esta decisión de Juan II tiene un interés político: necesita la colaboración del conde de Foix para alcanzar un acuerdo con Luis XI de Francia contra los catalanes rebeldes que eligieron como señor a Enrique IV. Este había repudiado a su esposa Blanca cuando se rompió el acuerdo con el rey castellano.
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Blanca decide ceder sus derechos a su antiguo marido, el cual se convierte en rey de Castilla, de Navarra y jefe de los beamonteses. En 1463 Enrique renuncia y los beamonteses vuelven a la obediencia de Juan II por poco tiempo, ya que la ruptura de la alianza con Luis XI de Francia les enfrenta de nuevo al monarca castellano. En 1469 Gastón y Leonor son depuestos como herederos y Juan II nombra nuevo heredero a Gastón, hijo de ambos, en lugar de su hijo Fernando, heredero de Aragón y rey consorte de Castilla. Juan teme que los beamonteses arrastren a cuantos en Navarra deseaban tener un rey propio. Leonor y su padre llegan a un acuerdo, pero la guerra continua hasta 1476, en que Navarra muy debilitada no puede hacer frente a las tropas castellanas dirigidas por Fernando el Católico y pasa a ser protectorado de Castilla. Juan II fallece en 1470 y Leonor reina brevemente, pues muere 15 días después. Su nieto, Francisco Febo es el heredero al que apoyan agramonteses, mientras que beamonteses se inclinan hacia la alianza con Fernando el Católico. El rey muere prematuramente en 1483 y le sucede su hermana Catalina. Castilla y Francia están interesadas en mantener su influencia en Navarra. Los continuos enfrentamientos de los nobles permiten a Castilla incrementar su influencia y en 1512, Fernando el Católico decide ocupar el reino ante la alianza de Navarra con Francia, en guerra con Castilla. En las Cortes de Burgos, tres años después, Navarra será incorporada a Castilla. El rey tiene que jurar los fueros navarros para reinar y aunque tiene la máxima libertad, en la práctica está sometido al control de las Cortes, que están constituidas por 12 ricoshombres, 50 miembros del estamento militar (caballeros e infanzones), eclesiásticos, con nutrida representación: el obispo de Pamplona, el deán de Tudela, el prior de la Orden de San Juan y los abades de los monasterios más importantes, en los que ocasionalmente también están incluidos los obispos de Bayona y de Calahorra. Por último, por el estamento real, los representantes de las Buenas Villas. El número de representantes de cada estamento puede variar según las épocas, pero se mantiene una proporción según la importancia económica. El rey es la autoridad máxima y en su ausencia lo será el gobernador o lugarteniente del rey. Otros funcionarios con amplios poderes son los inquisidores y reformadores del estado del reino de Navarra, nombrados por los monarcas con carácter eventual. La administración central la lleva el Hostal, el Consejo Real, la Cancillería, el Tribunal de la Corte y la Cámara del Comptos. Los ingresos proceden de las posesiones reales y de los impuestos ordinarios: pecha o impuesto sobre la tierra cultivada, derechos del rey sobre hornos, molinos, aguas, mercados, venta de sal, monopolio del rey, minas y ferrerías, también de propiedad real, así como los tesoros sin dueño conocido. Mercados y baños públicos son monopolio real. Los ingresos extraordinarios proceden de las ayudas otorgadas por las Cortes, las ciudades o los estamentos, y de los préstamos concedidos al monarca por particulares o corporaciones. A partir de 1350 tienen periodicidad anual por lo que se convierten en impuestos ordinarios. Una ayuda especial es el monedaje, equivalente a 8 sueldos por fuego y pagadero en principio al comienzo de cada reinado por los pecheros para mantener la estabilidad y calidad de la moneda, aunque las devaluaciones fueron numerosas en los siglos XIV y XV.

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Los nobles, clérigos y francos están exentos del pago de impuestos ordinarios y del monedaje. Los pecheros son exclusivamente labradores, tanto de realengo, como de solariego (dependientes de un laico) o collazos (cuando residen en señoríos eclesiásticos).

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EL REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS
Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

El reinado de los RR.CC. es de importancia fundamental en la historia de España; en tanto que para unos autores pone fin a la E.M. española, para otros supone el comienzo de la Modernidad. Lo más lógico es, probablemente, contemplarlo como un período de transición entre una y otra edades históricas. El restablecimiento de la autoridad regia (en grave quebranto desde el advenimiento al trono de la dinastía Trastámara), fue uno de los mayores logros de Fernando e Isabel, acompañado de un importante impulso al proceso de reorganización institucional y administrativa y de un significativo esfuerzo por la reconstrucción de la economía. La culminación de la empresa reconquistadora y el establecimiento de las bases para la inmediata expansión española en el mundo son también logros achacables a la política de los RR.CC. A. POLÍTICA PENINSULAR
29. LA GUERRA DE SUCESIÓN

Hay que tener en cuenta el problema sucesorio de Enrique IV de Castilla, atendiendo a las circunstancias que provocaron tal situación y a los primeros intentos de solución del mismo. Habrá que señalar las líneas más generales de la evolución de los acontecimientos tras la muerte del monarca. Inmediatamente después de la muerte de Enrique IV, Isabel fue proclamada reina de Castilla en Segovia, ciudad que le era adicta desde hacía tiempo. Mediante la sentencia arbitral de Segovia (1475) se creaba una fórmula de gobierno conjunto de Fernando e Isabel para Castilla (en los sellos y en las monedas que se acuñaran figurarían ambos reyes), y acto seguido se enviaban mensajeros a las principales ciudades del reino animándolas a prestar juramento a la nueva soberana. La rápida actuación del partido isabelista obligó a los nobles y a las ciudades a tomar partido ante una situación de hecho. Ciudades como Ávila, Valladolid, Tordesillas o Toledo reconocieron sin dificultades a Isabel como reina; por el contrario, Burgos, Zamora y la mayor parte de las ciudades del sur del reino se opusieron a Isabel o quedaron a la expectativa de los acontecimientos. La nobleza también se dividió: en tanto que los Mendoza, los Enríquez, los Velasco o los Pimentel se adhirieron al partido isabelista, los Stúñiga o los Girón apoyaron la candidatura de Juana. La guerra de sucesión castellana tuvo importantes connotaciones internacionales: Aragón, Borgoña e Inglaterra apoyaron a Fernando e Isabel, mientras Portugal y Francia se situaron del lado de Juana. En mayo de 1475 Alfonso V de Portugal invadió Castilla, al tiempo que los nobles partidarios de Juana se lanzaban a la ofensiva. Los aparentes éxitos iniciales de los

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adversarios de Isabel fueron contrarrestados desde marzo de 1476 por una campaña de Fernando, quien asedió Burgos y Zamora y derrotó a los portugueses en Toro. La guerra se prolongó aún durante 3 años, pero Fernando e Isabel consolidaron poco a poco sus posiciones, al tiempo que se disolvía el partido que apoyaba a Juana y se desvanecía el apoyo francés a esta causa. El tratado de Alcaçovas (septiembre de 1479) puso fin de forma definitiva a las hostilidades: Portugal reconoció a Fernando e Isabel como reyes de Castilla, renunciando a toda pretensión dinástica. Como contrapartida, Castilla se comprometió a no interferir en la expansión portuguesa por el África occidental. La importancia de este tratado es enorme, no sólo porque puso las bases de una futura alianza dinástica de las monarquías portuguesa y castellana (se acordaba el matrimonio de la infanta Isabel hija RR.CC., con el infante Alfonso, heredero de la corona portuguesa), sino también porque al cortar a Castilla el paso hacia África la obligó a buscar nuevas rutas marítimas, propiciando el descubrimiento de América. Juana « la Beltraneja» por su parte, profesó en el convento de Santa Clara de Coimbra. También en el año 1479 murió el rey Juan II de Aragón, siendo sucedido por su hijo Fernando II, dando un paso decisivo el proceso que conducía a la unidad de Castilla y la corona de Aragón.
30. LAS REFORMAS DE LA ADMINISTRACIÓN

Concluida la guerra de sucesión, los RR.CC. pusieron en marcha en el reino de Castilla un programa de reformas internas, con el fin de garantizar la paz que contribuyera al reforzamiento de la autoridad regia y la reconstrucción económica. Para ello, el primer paso consistía en el sometimiento de la nobleza a su autoridad. La política de los monarcas en relación con la nobleza se puede resumir en dos ideas básicas: el mantenimiento de su poder económico y de su prestigio social y la sumisión incondicional a la autoridad regia (son significativas a este respecto las decididas acciones llevadas a cabo contra los Guzmán y los Ponce de León sevillanos y contra la nobleza gallega, así como la incorporación a la corona de buen número de villas del marquesado de Villena); por tanto, la actuación política de la nobleza quedó supeditada a la monarquía. El inmenso poder de las Órdenes Militares fue absorbido por la monarquía, al recabar para el rey Fernando el cargo de gran maestre de las distintas Órdenes, a medida que iban quedando vacantes. De este modo las Órdenes, con sus inmensas rentas, pasaron a ser administradas directamente por la corona. La autoridad regia se impuso también de forma decidida a los municipios, extendiéndose el régimen de corregidores, oficiales regios encargados de supervisar la gestión municipal. El Consejo Real, reorganizado en las Cortes de Toledo de 1480, adquirió un papel preponderante en la gobernación del reino. Letrados expertos en Derecho romano fueron quienes llevaron el peso fundamental de este órgano de gobierno, contribuyendo poderosamente al reforzamiento de la autoridad regia.

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En la misma línea, las Cortes perdieron gran parte de su peso político y fueron reunidas en escasas ocasiones a lo largo de todo el reinado de los RR.CC., cuando era preciso la votación de nuevos impuestos directos extraordinarios (servicios) o cuando hubo que preparar la sucesión al trono. Las Cortes fueron también utilizadas por los monarcas al comienzo de su reinado como firme apoyo a su proyecto de reorganización del Estado, frente a las pretensiones nobiliarias; son particularmente importantes en este sentido las Cortes de Madrigal de 1476 y las de Toledo de 1480. Otro paso en la política de reforzamiento de la autoridad regia fue la reestructuración de la Hermandad, llamada desde entonces Santa Hermandad, cuyo papel fue fundamental para garantizar el orden y la seguridad en territorios despoblados. La Santa Hermandad terminó convirtiéndose en un organismo estable a cuyo sostenimiento colaboraban todos los concejos castellanos que formaban las « cuadrillas locales» . Los RR.CC. procedieron asimismo a la reorganización de la administración judicial. A la Audiencia y Chancillería de Valladolid (alto organismo de justici encargado de a tramitar en última instancia los procesos civiles y criminales) se unió otra en Ciudad Real (para todos los territorios situados al sur de Sierra Morena) que, más tarde, fue trasladado a Granada. Galicia contó también con una Audiencia propia, dependiente de la de Valladolid. Del mismo modo, los monarcas impulsaron una importante tarea de recopilación jurídica (dirigida por el legista Montalvo), que supuso el primer intento de superar la confusión de la legislación medieval y ofrecer a los jueces unas referencias mucho más precisas. En la corona de Aragón Fernando el Católico puso también en marcha una política tendente a reforzar el autoritarismo regio que, sin embargo, tuvo que acomodarse a las peculiares características de cada una de las unidades políticas que la integraban. En Cataluña, donde mayores podían ser las resistencias a la monarquía autoritaria, Fernando consiguió la permanencia de las instituciones propias, aun cuando limitando sus competencias; el rey intervino activamente en el nombramiento de los cargos municipales de Barcelona y de los diputados de la Generalitat. Las Cortes fueron aquí también convocadas en muy pocas ocasiones (entre 1481 y 1515 sólo siete veces en Aragón, una en Valencia y seis en Cataluña), por su abierta oposición al gobierno de Fernando. Desde el punto de vista institucional, la principal novedad afecta a la administración de justicia. La Cancillería (órgano máximo de la administración de justicia) se dividió: una parte se adscribió a los distintos reinos como órgano judicial y otra parte se integró en el Consejo Real de Aragón, quedando a su cargo el estudio de las disposiciones relativas a los diferentes estados de la Corona.
31. LA GUERRA DE GRANADA

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Tras la ocupación del valle del Guadalquivir, la empresa reconquistadora quedó prácticamente detenida durante más de un siglo, posibilitando la pervivencia del reino nazarí de Granada. Una vez concluida la guerra de sucesión al trono y suscrita la paz con Portugal, y habiendo puesto en marcha el proceso de reorganización institucional en

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las Cortes de Toledo de 1480, los RR.CC. se mostraron decididos a retomar las operaciones militares que les permitieran hacerse con el reino granadino. El pretexto para el inicio de las hostilidades lo dieron los granadinos, al apoderarse a fines de 1481 de Zahara. La reacción cristiana no se hizo esperar y se expresa en la toma de Alhama (febrero de 1482); desde este momento las habituales escaramuzas fronterizas entre cristianos y musulmanes se transformaron en una guerra au téntica, cuya duración fue de 10 años. Entre 1482 y 1485 los castellanos fracasaron en varias operaciones militares para apoderarse de Loja y de Málaga, aunque conquistaron Álora en 1484. La primera etapa de la guerra se caracterizó por las periódicas campañas de tala y saqueo de la Vega granadina y por el aprovechamiento de las interminables discordias civiles granadinas para provocar la división interna. Desde 1483 se aprecia una organización mucho más eficaz, que se manifiesta en la conquista de Ronda (mayo de 1485). Las operaciones militares castellanas (con el apoyo de numerosos caballeros borgoñones, franceses e ingleses) se centraron en el territorio de la actual provincial de Málaga. Las disensiones internas granadinas concluyeron con la abdicación del rey Muley Abdullassan a favor de su hermano El Zagal, agravándose los enfrentamientos entre éste y el hijo de aquél, Boabdil, quien fue apoyado por los RR.CC. En agosto de 1487 cayó la ciudad de Málaga, sitiada desde el mes de mayo, lo que supuso un gran triunfo del ejército castellano. La última fase de la guerra vino marcada por el enfrentamiento entre el Zagal y Boabdil, y se inició con una serie de operaciones lanzadas desde Murcia que permitieron la toma de Vélez Blanco, Vélez Rubio, Mojácar, Baza, Guadix y Almería; sólo permanecía la ciudad de Granada, mantenida por Boabdil. Los RR.CC. reunieron importantes medios financieros y establecieron el cuartel general de las operaciones en el Real de Santa Fe, donde se instalaron desde junio de 1491 hasta la ocupación de la ciudad de Granada el 2 de enero de 1492. La guerra de Granada exigió un importante esfuerzo militar y económico, que se materializó en la recaudación de impuestos extraordinarios, como la bula de cruzada, y en el obligado endeudamiento de la hacienda regia con nobles, monasterios, ciudades o financieros particulares. El reino de Granada quedó vinculado a Castilla, y los grandes dominios territoriales fueron confiscados y repartidos entre los municipios y los representantes de la alta nobleza que habían participado en las operaciones militares. La capital del reino recibió un trato privilegiado, porque la ocupación fue precedida de un acuerdo de los RR.CC. con Boabdil, por el que se comprometían a respetar la vida y los bienes de los musulmanes, su religión, sus leyes y sus costumbres. El acuerdo de rendición fue respetado en los primeros años, mientras estuvo al frente del arzobispado de Granada fray Hernando de Talavera, quien llevó a cabo una campaña de evangelización basada en la persuasión de la palabra. Pero en 1499 fue relevado por Cisneros, quien se mostró mucho más enérgico con los mudéjares y con los moriscos que mantenían costumbres islámicas, provocando una revuelta en el barrio del Albaicín que fue rápidamente sofocada por el conde de Tendilla, capitán general del reino de
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Granada. Las conversiones al cristianismo se multiplicaron pero, entre tanto, se produjo una revuelta mudéjar en las Alpujarras, que sólo pudo ser sofocada en mayo de 1501. Unos meses después, en febrero de 1502, y como reacción frente a dicha sublevación, los RR.CC. dieron una pragmática en la que se obligaba a los mudéjares de todo el reino a elegir entre la conversión al cristianismo o el exilio. Concluida la toma de Granada, los RR.CC. pudieron intervenir en otros ámbitos geográficos peninsulares, en los que chocaron de forma inexorable con Francia.
32. ROSELLÓN Y CERDAÑA

Francia había aprovechado las dificultades internas de la corona de Aragón para imponer su autoridad sobre los condados del Rosellón y la Cerdaña, desde hacía mucho tiempo motivo de fricción entre franceses y catalano-aragoneses. En 1463, y como compensación por el apoyo de Luis XI de Francia frente a la revuelta catalana, Juan II le hizo entrega de ambos territorios; pero desde este momento fue una aspiración permanente de Juan II y de su sucesor Fernando II su recuperación. La ocasión se le presentó a Fernando II con motivo del enfrentamiento surgido por el dominio de Bretaña (1484-91), en el que intervinieron las principales potencias europeas: Francia, Borgoña e Inglaterra. España se situó al lado de Borgoña e Inglaterra, frente a Francia, con el decidido propósito de recuperar los condados pirenaicos. Pese al fracaso español en la guerra de Bretaña, deseosos los franceses de romper la triple alianza anglo-hispano-borgoñona, y conocedores de la decidida voluntad de Fernando el Católico de recuperar el Rosellón y la Cerdaña, propiciaron un acuerdo de paz, suscrito en Tours y Barcelona, en enero de 1493. Los RR.CC. establecían la alianza con Francia y suspendían las negociaciones matrimoniales que tenían en marcha con Inglaterra y Borgoña, obteniendo a cambio el compromiso de la devolución de los condados pirenaicos, que se hizo efectivo en septiembre de 1493.
33. LA ANEXIÓN DE NAVARRA

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La rivalidad franco-castellana permitió también al rey Católico anexionar el reino de Navarra. Navarra había permanecido al margen de los conflictos europeos, pero mantenía una política de amistad con Francia que preocupaba a Fernando II. El monarca español reclamó a Juan III y Catalina de Albert, reyes de Navarra, la confirmación del tratado de paz que mantenían y la entrega de ciertas plazas fuertes navarras mientras durara el conflicto franco-castellano, como mejor garantía de que los reyes navarros no permitirían el paso de tropas francesas. Pese a que los tratados de paz fueron confirmados, los monarcas navarros se negaron a entregar las plazas solicitadas, por lo que Fernando el Católico ordenó al duque de Alba y al conde de Lerín la ocupación del reino de Navarra que se materializó en 1512. En marzo de 1513 el virrey castellano Diego Fernández de Córdoba reunió las Cortes navarras en Pamplona y juró los fueros en nombre del rey Fernando II, quien fue reconocido como rey de Navarra (en este reconocimiento tuvo un papel fundamental el matrimonio de Fernando, en segundas nupcias, con Germana de Foix). En 1515 las Cortes de Castilla, reunidas en Burgos, aceptaron la integración permanente de las coronas de Navarra y Castilla.

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Pese a que la Navarra ultrapirenaica (merindad de Ultrapuertos, en torno a Pau) quedó bajo dominio francés, la incorporación del reino navarro llevó la vieja aspiración de los RR.CC. de lograr la unidad hispánica. Como los restantes reinos, Navarra siguió rigiéndose con arreglo a sus propias instituciones. B. POLÍTICA EXTERIOR
34. LA CONQUISTA DE LAS ISLAS CANARIAS

En los primeros años del XV, el rey Enrique III había patrocinado la conquista de las Islas Canarias « menores» : entre los años 1402 y 1404 un grupo de caballeros normandos, al mando de Jean de Bethercourt y de Gadifer de la Salle, ocuparon para Castilla las islas de Lanzarote, Fuerteventura y parte de la de El Hierro. En torno a 1420 los linajes sevillanos de Las Casas y Peraza se hicieron con el señorío de estas islas, completaron la conquista de El Hierro y se apoderaron también de la de La Gomera. Algunos decenios después, y en el marco de la pugna luso-castellana por el dominio del Atlántico, los RR.CC. se interesaron por proseguir la conquista de las Islas Canarias; como primer paso, compraron a los señores de Canarias, Diego de Herrera e Inés Peraza, el derecho de conquista sobre las islas « mayores» , aún no ocupadas: La Palma, Tenerife y Gran Canaria. Asimismo, en el tratado de Alcaçovas (1479) se garantizaban los derechos de los portugueses a la conquista de toda África, excepto las Canarias y una estrecha franja litoral que se extendía desde el cabo Bojador hasta el límite con el reino de Fez, que quedaban para Castilla. La conquista de Gran Canaria fue iniciada por un pequeño ejército financiado por Juan de Frías, obispo de Lanzarote, y capitaneado por Juan Rejón, quien estableció en 1478 el real de Las Palmas. La ocupación total de la isla no tuvo lugar hasta 1483, tras las operaciones militares dirigidas por Pedro de Vera, capitán general, corregidor y alcaide, y financiada por la propia corona y por el marino y mercader genovés Pedro Fernández Cabrón. La conversión al cristianismo del Guanartene de Gáldar, Tenesort Semidam (llamado en lo sucesivo Fernando Guanarteme), aceleró la ocupación de la isla. Una vez conquistada, se procedió al reparto de la tierra entre los conquistadores. La isla de La Palma fue sometida fácilmente por alonso Fernández de Lugo entre septiembre de 1492 y mayo de 1493, apoyándose en las parcialidades de los indígenas ya cristianizados. Al igual que para la conquista de La Palma, Fernández de Lugo dispuso de capital italiano (principalmente genovés) para la empresa de Tenerife. Iniciadas las operaciones militares en abril de 1494, los castellanos encontraron una muy fuerte resistencia (sufrieron una terrible derrota en mayo de 1494 en Acentejo), que sólo pudo ser vencida en noviembre de 1495 con las victorias obtenidas en Agüere (donde se fundó la ciudad de San Cristóbal de la Laguna) y en Acentejo sobre los guanches dirigidos por el mencey Benitomo. La ocupación total de la isla no se consiguió hasta mayo de 1496, cuando fueron sometidos los últimos reyes o menceyes insumisos.
35. LA EMPRESA AMERICANA

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Desde el XIII se habían producido algunos avances importantes en las técnicas de navegación, que facilitaron el descubrimiento de América, al permitir una navegación de altura: el uso de la brújula y del astrolabio permitían el alejamiento de la costa y la

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carabela era un nuevo tipo de barco mucho más apto para la navegación en las aguas atlánticas. La experiencia de los marinos cántabros y portugueses y la localización geográfica de la Península Ibérica convirtieron a Castilla y Portugal en los reinos mejor situados para llevar a cabo esta aventura. Las expediciones atlánticas fueron impulsadas por diversos factores económicos (especialmente la búsqueda del oro) y animadas por las colonias de mercaderes y financieros italianos establecidas en distintas ciudades de la Península Ibérica. Diversos acuerdos y tratados de paz entre Castilla y Portugal, suscritos a lo largo de la 2ª ½ del XV, se habían ocupado de regular los derechos a la expansión africana, en la que Portugal cobró clara ventaja. Precisamente fue la intensa dedicación portuguesa a la expansión por el África islámica el motivo que llevó a los monarcas lusos a no prestar atención a los proyectos de Colón, que ofrecían la posibilidad de alcanzar las « Indias» navegando hacia occidente. Concluida la guerra de Granada, los RR.CC. y algunos miembros de la alta nobleza (duque de Medinaceli) se decidieron a patrocinar la expedición de Colón. Las razones para el apoyo decidido de la corona, fundamental para el éxito de la empresa, fueron de diversa índole: económicas (búsqueda del oro, potenciación del comercio), religiosas (deseo de extender el cristianismo), intelectuales (ansia de ampliar conocimientos). La expedición, compuesta por una nao y dos carabelas, partió del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492 y, tras una parada en las Islas Canarias, alcanzó la isla de Guanahaní, en las Bahamas, el 12 de octubre. Posteriormente se hicieron otros descubrimientos, entre los que destaca el de la isla de la Española (actual Santo Domingo). En virtud de las convenciones firmadas antes de la partida, Colón tomaba posesión de las tierras descubiertas en nombre de los reyes de España, recibiendo los títulos de almirante de la mar océana y virrey y gobernador perpetuo de todas las tierras e islas que descubriera cien leguas al oeste de las islas de Cabo Verde y de las Azores. Tras el primer viaje de Colón, hubo otros muchos, en los que se prosiguió la tarea de descubrimiento de nuevas tierras, iniciándose también la puesta en explotación de las mismas. Con el deseo de reservarse el monopolio en la colonización de « las Indias» , los RR.CC. firmaron con Portugal el tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494) en el que se delimitaban las zonas de expansión de España y Portugal en el Atlántico occidental; una línea teórica que se extendía de polo a polo, a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, dividiría las tierras descubiertas o por descubrir: todo lo situado al oeste de esta línea quedaba para España, en tanto que lo situado al este de la misma (excepto las Islas Canarias) era para Portugal.
36. LA PRESENCIA EN EL N ORTE DE ÁFRICA

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Los RR.CC. se propusieron la conquista de diversas plazas del N de África que impidieran las siempre temidas razzias musulmanas sobre las costas andaluzas y que, al mismo tiempo, aseguraran mejor la defensa del recién conquistado reino de Granada.

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Los objetivos principales eran Melilla y Orán. Melilla fue conquistada en el año 1497 por el duque de Medina Sidonia, quien la recibió en « tenencia» . La conquista de Orán hubo de aplazarse con motivo de la guerra contra los turcos en 1501 y de la 2ª guerra de Nápoles. En 1505 fue conquistada Mazalquivir, en 1508 el Peñón de los Vélez de la Gomera y en 1509 Orán; en 1510 fueron asaltadas Bugía y Trípoli. Asimismo, los reyes se interesaron por establecer puestos fronterizos en la costa norteafricana, con el fin de proteger el sector pesquero al que acudían a faenar los castellanos desde Canarias. Estas operaciones fueron llevadas a cabo por los gobernadores castellanos de las Islas Canarias. Pero África ocupó siempre un lugar secundario en los objetivos políticos y militares de los RR.CC. Estas empresas tuvieron siempre unos objetivos muy limitados, consistentes en disponer de plazas y puestos fortificados en la costa desde los que poder prevenir los ataques o actos piráticos de los musulmanes norteafricanos y que, al mismo tiempo, sirvieran como plataformas para el comercio castellano hacia el interior del Magreb.
37. LA POLÍTICA EUROPEA DE LOS RR.CC.

Concluida la guerra de Granada, los RR.CC. quedaban libres para desplegar una auténtica política europea, que orientarán en dos direcciones: los Pirineos e Italia. En ambos espacios geográficos los intereses españoles chocaban con los de Francia, lo que influyó en un acercamiento de los RR.CC. a Inglaterra y a la casa de Borgoña, mediante el establecimiento de alianzas dinásticas. Por lo que se refiere a la política europea, fueron los intereses de la Corona catalanoaragonesa los que marcaron las directrices. Tradicionalmente Castilla y Francia habían mantenido a lo largo de la Baja E.M. una política de alianzas y amistad, mientras las relaciones franco-aragonesas habían sido muy distintas: rivalidad y continuos enfrentamientos en los Pirineos, en el Mediterráneo y en Italia. En este contexto, los RR.CC. asumieron los objetivos de la diplomacia aragonesa, de forma que la política europea de Fernando e Isabel vino marcada por una profunda rivalidad con Francia. La entrada de los RR.CC. en la política internacional europea fue preparada concienzudamente desde los años 80 mediante una política de alianzas matrimoniales. En noviembre de 1490 contrajeron matrimonio el príncipe heredero Alfonso de Portugal y la hija primogénita de los RR.CC., Isabel; la muerte del príncipe portugués poco tiempo después no rompía, sin embargo, los proyectos de enlace dinástico hisp anoportugués. La política de acercamiento a Inglaterra, en la que estaban especialmente interesados los mercaderes y marinos vascos y cántabros, se sellaba con un acuerdo de marzo de 1489 sobre colaboración militar y comercial, en el que se contemplaba el futuro matrimonio del heredero inglés Arturo con la infanta Catalina, hija de los RR.CC.
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