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Criar versus Reproducir

Autor: Jaime Amigo (Chile), Diciembre 2004, http://www.vhamigo.cl

La crianza y selección de una raza canina es, por todo ello, algo apasionante, algo vivo y muy gratificante,
algo que exige de información, de técnica y conocimientos, pero también de cierta “alquimia”, de cierta creatividad,
que en algunos casos puede considerarse todo un “arte”, del que no han faltado ejemplos bien tangibles en la
historia. En lo que sigue a partir de aquí, vamos a intentar analizar todos los aspectos básicos referentes a la cría y
selección del perro

Criar no consiste sólo en “traer perros al mundo”.

La cría responsable está más orientada hacia la "selección" que hacia la simple “producción”. El objetivo
debe ser más cualitativo que cuantitativo; se trata de obtener ejemplares de una cada vez mayor calidad; de
mejorar, en la medida que a cada cual le sea posible, la propia raza.

Además de esto, la función del criador es de una importancia fundamental para conseguir perros sanos,
fuertes y equilibrados. Las condiciones en las que se cría una camada, de higiene, de salubridad y también –por qué
no- de “comodidad” para la madre y los cachorros, son determinantes para su salud física y psicológica. Es también
el criador quien siempre juega un papel transcendental en el correcto desarrollo de la fase inicial del “imprinting”,
en la que ha de conseguir que el primer contacto con el ser humano se lleve a cabo con total normalidad, lo que
posteriormente puede ser muy importante para su equilibrio emocional y para su buena relación con las personas.
Por otra parte, debe “despertar” el carácter de los cachorros, proporcionando seguridad a los menos dominantes y
controlando el liderazgo de los más atrevidos dentro de
una camada, y ello sin que su intervención llegue nunca a
anular la natural jerarquía que en todo grupo canino
surge de forma totalmente instintiva, pues ese
ordenamiento social es importante también que el perro
lo asuma para saber “tratar” en el futuro con sus
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congéneres. Y, por supuesto, debe examinar a diario su


estado físico, destetarlos oportuna y convenientemente,
proporcionarles una alimentación sana y equilibrada,
desparasitarlos y vacunarlos de las enfermedades víricas que pueden llegar a contraer, etc.

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En el criador recae, por lo tanto, la plena responsabilidad de esa etapa postnatal, de lactancia y de primera
infancia, fases trascendentales en la correcta formación del futuro perro. Para ello, aparte de la valiosa experiencia
que se vá adquiriendo con el tiempo, ha de prepararse convenientemente, estudiando toda la serie de temas que
incumben directamente a la crianza, lo que, a la larga, hará de él un
especialista multidisciplinario en toda una serie de conocimientos
que van desde la anatomía canina, patologías, farmacología,
alimentación y dietética, etc., hasta, claro está, la profundización en
las peculiaridades de su raza, de las líneas de sangre y de la historia
de la misma, herramienta ésta que es muy útil a la hora de saber
elegir los mejores apareamientos y de poder realizar ajustadas
previsiones de cada camada proyectada, sobre la base de los datos
conocidos de los antecesores presentes en el pedigree.

Criar, por lo tanto, es seleccionar y además asumir todas estas prerrogativas y deberes del buen criador.

Ahora bien, cada criador debe tener su propio objetivo en la cría. De allí nacen los "famosos" tipos de perro
ideal, tipo que, lógicamente, será el que siempre persiga conseguir en sus camadas. Cuando un criador logra
consolidar una línea de crianza acorde a sus preferencias, lo normal es que ya no se aparte de ella, que trate de
conservarla y afianzarla, progresando cada vez más en la consecución de una “familia” propia, con un sello
característico en todas sus camadas.

En la práctica, hay dos formas para que esto se lleve a buen término.

La primera es a través de una firme línea materna en la que apoyarse, que permita la aportación de las
mejores cualidades de los sementales que vayan a cubrir a esas hembras, pero procurando que éstas mantengan el
anhelado tipo del criador, fijado ya en su patrimonio genético, y que se convertirá en su legado para su
descendencia. Utilizar hembras de distintas líneas, por muchas excelencias que cada una tenga, nunca confiere ese
“sello personal” en la crianza, no afianza un determinado “tipo”, por lo que se podrán obtener muchos éxitos en
exposiciones y en pruebas, y tener grandes individualidades, pero –en nuestra humilde opinión- no se podrá
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considerar un éxito en la crianza.

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La otra manera es a través de la obtención de buenos machos “trazadores”, esto es, sementales capaces de
transmitir sus mejores cualidades a su progenie, a la par que confieren
una apariencia similar a sus descendientes en una buena parte de las
camadas obtenidas de las distintas hembras que lleguen a cubrir. Se
constituyen así las llamadas líneas paternas, tradicionalmente más
populares y conocidas que las maternas. Pero, al igual que antes,
conseguir espléndidos machos, ganadores de cuantos certámenes se
quiera, si son incapaces de hacer perdurar su impronta y su línea
representativa, no puede decirse que llegue a ser apreciable para la
crianza. Casos de estos en nuestra raza, son realmente MUY POCOS.

Lo valioso entonces, desde el punto de vista de la cría y de la selección, no es obtener magníficos y


espectaculares ejemplares, sino que la grandeza y el verdadero beneficio hacia la raza que un criador puede llegar a
rendir, trascendiendo a la historia, es obtener perros que, aunque puedan ser menos galardonados y apreciados en
sí mismos, aporten un sustancial avance para ella y consoliden unas líneas futuras de crianza. Los ejemplos más
elocuentes de ello son algunos legendarios criadores germanos, de todo el mundo conocidos, sobre cuyas líneas se
asienta hoy toda la cría a nivel internacional, y también aquellos míticos Siegers – y algunos otros menos destacados
-, cuya huella, después de muchos años, todavía hoy perdura en sus descendientes, a través de las generaciones.

Criar y Seleccionar, por lo tanto, requiere mantener un equilibrio entre el pasado, el presente y el futuro.
Mirar al pasado para aprender, analizar y forjar expectativas; fijarse en el presente para afianzar, consolidar,
corregir, y avanzar en el camino emprendido; y no perder de vista el futuro, en el que se podrá llegar a valorar, o
no, la aportación que cada uno haya podido hacer dentro de su ámbito de acción. Ésta puede decirse que es la
contribución “individual” que cada criador, por sí mismo, y como tal, puede alcanzar a plantearse. Más allá de
conseguir o no reconocimientos en exposiciones.

Pero en la selección de la raza, más globalmente, son los jueces, los dirigentes y las instituciones los que
“tienen la batuta”, los que marcan las directrices y las “líneas maestras” de actuación, y en tal sentido son los
auténticos responsables de su devenir y los arquitectos de su futuro.
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La selección, en este caso, ya no responde a los mismos criterios que un criador aislado se pueda llegar a
plantear. El juez, en calidad de director de Cría, debe intentar abstraerse de su propio tipo de perro –que sin duda
tiene- para potenciar aspectos morfo estructurales, caracterológicos, o de cualquier otra índole, que pueda ser

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necesario introducir en el conjunto de la población o bien tratar de erradicar aquellos otros caracteres manifiestos
que resulten indeseados, desde un punto de vista objetivo y general. Habrá de intentar también contravenir su
propia inclinación por una determinada rama del árbol genealógico de la raza – que será la que como criador haya
cultivado o cultive- para mantener abiertas diferentes líneas de sangre y proponer nuevas alternativas, con objeto
de ampliar el “abanico” de posibilidades para la crianza. Procurará mantenerse firme en una idea, pero también
sensible a las demandas sociales; y, por otra parte, habrá de convertirse en el más crítico analista de sus propias
iniciativas, pues sus decisiones tendrán mucha mayor trascendencia y serán de suma responsabilidad.

Cría y Selección son, pues, conceptos plenamente coincidentes en su finalidad para un criador, pero pueden
divergir para un juez, como director de cría, porque los planteamientos son, y deben ser, totalmente diferentes en
su caso.

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Fotos del Artículo: Jenny (2008), Eva (2004) y Endy Vom Hause Amigo (2004)