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El FMI y la deuda argentina
El directorio del FMI aprobó a finales de junio pasado la revisión anual de la economía argentina, posibilitando la firma de un nuevo acuerdo que serviría para refinanciar las amortizaciones. Pero entonces quiere imponer condiciones que el gobierno insiste en rechazar.
¿Qué plantea ahora el FMI? El Cuadro 1 lo reseña. Esta vez las negociaciones son algo distintas. El ministro de Economía argentino afirmó que cualquier acuerdo tiene que respetar el crecimiento, por lo que el gobierno no aceptará ninguna medida recesiva y garantizará un aumento del empleo y una reducción de la pobreza 1. Por consiguiente, no renunciará a la intervención del Banco Central en la cotización del dólar, ni suprimirá impuestos, ni destinará más fondos a pagar deuda, ni privatizará la banca pública. El poder de presión del FMI está bastante disminuido, pues es criticado hasta en Estados Unidos 2. La ficción según la cual sus políticas son las que necesitan los países para desarrollarse, se desmorona ante los pésimos resultados económicos de Argentina bajo su tutela y ante el crecimiento de dos años al 9% y de este año cerca del 7% sin acuerdo stand by. El FMI aparecía como el otorgante del "certificado de calidad" para negociar la deuda o para que el sector privado prestara o invirtiera. Pero resultó que Argentina por sí sola reestructuró la deuda, definiendo la quita, los intereses y plazos. Al no seguirse las recetas del FMI aumentaron la inversión, el empleo y el crecimiento. El problema actual no es la falta de capitales externos sino su exceso, lo cual llevó a restringir la entrada de los de corto plazo. Argentina está demostrando que es posible emanciparse del FMI, con lo que hace un bien inmenso a los demás países subdesarrollados. El único instrumento de coacción del FMI consiste ahora en no refinanciar las

amortizaciones. Pero frente a una posible suspensión unilateral de pagos de Argentina carece de instrumentos de retorsión, porque ya habría dejado de refinanciar y no aporta fondos nuevos. La situación de la deuda ha cambiado, tanto en montos como en acreedores. En el Gráfico 1 se advierten las etapas: la deuda "vieja" desde 1976 hasta 1983; el crecimiento vegetativo de 1983-1991; la deuda nueva de la convertibilidad (1991-2001); el costo del derrumbe de la convertibilidad (2001-2005) y la deuda reestructurada, a partir de 2005. La nueva deuda pública que emerge de la reestructuración de 2005 difiere de modo sustancial de la de 2001. Se introduce en ella el endeudamiento del derrumbe de la convertibilidad
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y disminuye la importancia de los antiguos bonos

(ahora canjeados). Sus tres grandes fuentes son los bonos y préstamos emitidos con el colapso de la convertibilidad (35,8%); la deuda reestructurada (31,5%) y la deuda con los organismos internacionales (22,9%) (Cuadro 2). Esta nueva composición de la deuda conforma el cronograma de pagos de intereses y amortizaciones que figura en el Gráfico 2. Durante los siete primeros años existe un problema de liquidez (no de insolvencia), ya que con el 3% de superávit primario no se pueden pagar todas las amortizaciones de la deuda que no entró en default. Se requiere entonces un financiamiento, que podrá consistir en postergación de pagos (por ejemplo al FMI) o en nuevos préstamos. Después del séptimo año habría capacidad de pago para intereses y amortizaciones. Las amortizaciones que habría que pagarle al FMI en el período 2005-2009 son de 13.531 millones de dólares, de los cuales 2.407 millones en 2005; 1.763 millones en 2006 y 4.320 millones en 2.007. Si el FMI se comportara como un banco, refinanciaría las amortizaciones, porque lo que le importaría sería cobrar los intereses; pero amenaza con no hacerlo, porque lo que le interesa es fijar la política económica de los países. Si el FMI no refinanciara, la disyuntiva es si debería aplicarse una cesación unilateral de pagos o una quita. En ambos casos se puede alegar la corresponsabilidad del FMI en el desastre económico que significó la convertibilidad. El 91% de la deuda con el FMI, que asciende a 13.639 millones de dólares, consiste en el "blindaje" por 12.400 millones otorgado por el FMI en 2001. Ese préstamo fue otorgado en violación de

la Carta Constitutiva del FMI, que prohíbe los préstamos que financien la evasión de capitales (art. VI, sec.1); y precisamente esa fuga fue la única aplicación que tuvo ese préstamo 4. El hecho fue reconocido por la propia Oficina de Evaluación Independiente (OEI) del FMI 5. En este contexto, es de justicia elemental que paguen más, en forma de impuestos, los beneficiarios de la deuda, en particular el sector financiero. Han variado los montos de la deuda, también es posible cambiar quiénes la pagarán. Un buen punto de partida sería que se gravasen las ganancias financieras y de capital. Además, que los evasores de capitales identificados en el Informe de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados sobre los flujos financieros de 2001 (Comisión Di Cola), expliquen el origen, la legalidad de los fondos evadidos y paguen en consecuencia. Es el momento de reflejar en los hechos un cambio de modelo.
1. 2. 3. Clarín, Buenos Aires, 24-6-05. Las conclusiones del International FinanceInstitutionAdvisoryCommission del Congreso de Estados Unidos son lapidarias. El Estado emitió bonos para restituir los descuentos del 13% sobre salarios de empleados públicos y jubilaciones; para los titulares de depósitos por la diferencia entre el monto a cargo del banco y el dólar libre; para compensar a los bancos por la "pesificación asimétrica", y para financiar el rescate de las monedas provinciales. 4. 5. Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, "Finanzas al margen de la ley", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2005. FMI, Oficina de Evaluación Independiente, The IMF and Argentina, 19912001, Washington, 30-6-04.

Fi ch a d ocu men ta l
Autor/es Alfr edo Eric Calca gno , Eric Calcagno Edición Cono Sur Núm ero 73 - Julio 2005

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