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Panorama Histórico Y Futuro De Gobierno 1

Escuela De Liderazgo De Avanzada


Buenos Aires 5,6 Y 7 De Agosto De 2010
Panorama Histórico Y Futuro De Gobierno
Juan Ballistreri
Introducción.
Los hijos de Dios podemos hacer el aporte más sustancioso a la vida del ser humano sobre la tierra,
aclarando la naturaleza de Dios y todas sus manifestaciones.
Uno de estos aspectos es que Él se muestra siempre claro hacia el hombre, con una agenda predecible de sus
movimientos a través de toda la historia.
Por eso el tema de “PANORAMA DE GOBIERNO” es de suma importancia a la hora de expresarnos a este
mundo que humanamente tiene menos soluciones y alternativas, desde allí podemos expedirnos por medio
del pensamiento de Dios hacia la humanidad.
Haremos énfasis en dos palabras claves acerca de la “PANORAMA DE GOBIERNO”

Isaías 9:6 dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se
llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino,
disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los
ejércitos hará esto”.
Es de vital importancia expresar que en este momento de la historia, no estamos para establecer el Reino de
Dios en la tierra. Sencillamente, porque ya lo estableció el Señor cuando vino a la tierra, sólo estamos aquí
para extenderlo ilimitadamente. La pregunta que debemos contestar para tener la respuesta escatológica para
los tiempos que vienen es: ¿Cómo estableció Dios su Reino en la tierra?

Las respuestas a esta pregunta son:


Isaías 9:7: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino,
disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los
ejércitos hará esto”.

Con juicio y justicia


Hebreos 1:8: “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de
tu Reino”.

El cetro de Dios es justicia “algo justo y correcto”. Al hablar del Reino de Dios, se hace una referencia hacia
su Gobierno. En el Antiguo Testamento se refería específicamente al gobierno de Dios sobre su pueblo y
conforme escudriñamos la Escritura, nos damos cuenta que Israel en ningún momento se sometió al
Gobierno de Dios e insistía en asumir un estado permanente de rebelión contra su voluntad.

Por consiguiente, Dios permitía que los paganos gobernaran sobre Israel, diciéndoles: “si ustedes rehúsan a
que Yo los gobierne, permitiré que los gobiernen sus enemigos”.
El concepto total del Gobierno de Dios descansa sobre la promesa a Israel que un día establecería su
gobierno y su reinado sobre ese pueblo. El gobierno de Dios se establecería a través del Mesías, quien
gobernaría sobre Israel y posteriormente a través de esa Nación, a todas las naciones de la tierra.
Esto no representaba un reinado físico y el Señor Jesucristo se encargó de aclarar que no vino a establecer
un Reino en lo natural, sino un gobierno espiritual. El punto que debemos plantear es cómo haría Dios para
establecer su gobierno sobre Israel.
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Isaías 9:7 dice: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su
reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová
de los ejércitos hará esto.

Dios juzgaría la nación y establecería lo correcto y justo sobre ella. A través de su justicia, se establecería el
Reino y como resultado de esa justicia y ese juicio, establecería su gobierno sobre todas las naciones de la
tierra.

El lema de todos los profetas es que Dios juzgaría a Israel por causa de la rebelión y lo haría porque
quebrantaron su pacto. Así establecería su gobierno y como producto de ello, todas las naciones se
someterían a su voluntad cuando entendieran el reinado de Dios. Esta es la claridad que necesitamos para
entender el Reino de Dios.

Este fue el mensaje para Israel: “arrepentíos, arrepentíos porque el Reino de Dios está a la mano”. Esta
manera de arrepentirse fue porque la justicia y el Reino de Dios estaba cerca, si alguien se disponía a
arrepentirse, podía escapar de la justicia y el juicio del Creador.

Ese fue el mensaje que tomó Juan el Bautista, Jesucristo y los apóstoles. Consistía en ir hacia las ovejas
perdidas de Israel y decirles que debían arrepentirse porque el Reino de los Cielos se había acercado. Dios
estaba a punto de establecer su Gobierno sobre la nación y ya no vivirían en rebelión.

Desde los días de Moisés hasta Cristo, Israel continuaba viviendo en rebelión hacia el Gobierno de Dios.
Pero había llegado el momento de establecer su Gobierno sobre Israel y lo haría con justicia y juicio.
La justicia de Dios se aproximaba y el problema principal a tratar con Israel fue la violación del Pacto. Dios
hizo un Pacto en el monte Sinaí y ellos insistían en quebrantarlo, cada vez que lo hacían, les enviaba un
mensajero como los profetas para recordarles el Pacto y hacerlos volver hacia Él. En el corazón
misericordioso de Dios siempre había una oportunidad para el arrepentimiento. Estos mensajeros llegaban a
Israel y en lugar de arrepentirse por sus pecados, mataba a los profetas y derramaba su sangre sin temor.
Finalmente, Dios envió al “Profeta”, su Hijo Jesucristo, advirtiéndoles que les iba a enviar un profeta
semejante a Moisés y si no lo escuchaban, los iba a cortar.

Hechos 3:22 dice: “Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre
vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable y toda alma que no oiga a aquel
profeta, será desarraigada del pueblo”.

Dios le advirtió a Israel que los que rehusaban escuchar a este Profeta, serían desarraigados y destruidos
entre el Pueblo. El juicio de Dios estaba cerca y los que se dispusieran a obedecerlo, serían salvos. El
problema con Israel era muy grave porque rehusaban someterse a su Gobierno, negándose a escuchar a sus
profetas para someterse al mensajero del Pacto.

Mateo 23:32-37 dice: “¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de
víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios
y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y
perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado
sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien
matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise
juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”.
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Dios le decía a su Pueblo que les iba a demandar toda la sangre que derramaron de los profetas desde la
fundación del mundo.

Dios les decía: Mi justicia ya viene, estoy a punto de establecer mi gobierno sobre Israel y lo voy a hacer
por medio de mi justicia y juicio, destruiré a todo aquel que rehúse someterse a mi gobierno.
Pero Dios dijo que habría un remanente que se iba a someter a su gobierno. Jesucristo eligió 12 hombres y
los denominó apóstoles, porque estableció el fundamento de una nueva Israel. La nación vieja del Pacto,
estaba compuesta por 12 tribus y la nación del Nuevo Pacto, comenzaría por los 12 apóstoles.
Dios estaba a punto de dar a luz una Nueva Nación de Pacto y estos nuevos creyentes se someterían a su
gobierno, pero los que rehusaran, serían destruidos. Allí Jesucristo envió a los 70 discípulos y les dijo que
fueran a predicar porque en el Antiguo Pacto había 70 ancianos y Dios le dijo a Moisés que impartiera su
espíritu sobre ellos. Los 70 ancianos representaban un número de gobierno, 12 tribus, 70 ancianos, 12
apóstoles, 70 discípulos enviados. Dios levantaba un nuevo Israel del Pacto que realmente se sometería a su
gobierno, pero debía juzgar al Israel del Antiguo pacto que rehusaba someterse.
La Iglesia primitiva estaba compuesta por judíos que en Pentecostés llegaron desde todas partes del mundo
que buscaban y añoraban un reino físico, pero Dios les decía: “Mi Reino no es terrenal o físico, sino
espiritual. Los que se sometan a este Evangelio, quedarán bajo mi autoridad y mi gobierno”.
Sabemos que el juicio y la justicia cayeron sobre esa generación cuando los romanos destruyeron la cuidad
y el templo. En ese acto, Dios vengó la sangre de sus siervos los profetas. Además destruyó a toda una
generación, pero siempre quedó un remanente conocido como su “elegidos” por su Gracia.
Toda la Iglesia que nació en Jerusalén era de origen judío, pero cuando oyeron el Evangelio, se sometieron y
obedecieron de corazón al Rey. En vez de un Pacto antiguo, escrito en tablas de piedra, Dios colocó su ley
en sus corazones y ese es el Nuevo Pacto que habita dentro de nosotros. Por eso le obedecemos de corazón,
no porque esté escrito en algún principio, sino porque depositó su ley en nuestros corazones. En ese Reino
espiritual, todo se limita a una cuestión de voluntad: debemos someternos al Rey desde adentro hacia fuera,
por medio de la circuncisión del corazón y no en la carne. Este Pacto es nuevo y refleja la realidad de una
Nación nueva que ama al Rey porque sus integrantes llevan la ley dentro de su corazón, es el Reino de Dios
y su gobierno.
Dios estableció su gobierno en Israel juzgando a los no creyentes, apartando a los que obedecían y tomaban
su reinado.

Hechos 10:9-15 dice: “Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad,
Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero
mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante
a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los
cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a
él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común”.

Pedro se resistió porque jamás había comido algo inmundo, pero Dios le mostró la visión tres veces y le dijo
las cosas que Él limpiaba, no podría llamarlas inmundas. Esos animales inmundos representaban personas
impías, pero la sangre de Cristo podía limpiarlas porque los gentiles estaban ingresando al Reino de Dios.
La razón por la cual Dios llamó y salvó a Israel como Nación, era el deseo de bendecir al todo el mundo.

Desde allí hacia el aposento alto


Al salir del aposento alto comenzaron a hablar en lenguas y Pedro citó las palabras del profeta Joel. Esa
profecía indica un punto clave para la interpretación del pensamiento escatológico:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos
los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como
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vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los
postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas
profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis
siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu y profetizarán. Y daré prodigios
arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en
tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que
invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:14-21).

El mensaje era directo para el pueblo de Israel (“Varones israelitas, oíd estas palabras”)
Una de las dificultades de las personas que estudian el libro de los Hechos es ignorar su conexión directa
con el evangelio de Lucas, porque este es el autor de ambos libros.

Hechos 1:1
“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar”
(Este primer tratado es el evangelio de Lucas).

Lucas 1:3
“Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su
origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo”. La mejor forma de entender el libro de los
Hechos es comprendiendo el evangelio de Lucas, por la conexión que existe entre ambos libros. Hay una
razón por la cual esto es muy importante. Comienza hablando acerca del derramar del Espíritu Santo pero
no se detiene allí, sigue hablando de un juicio.

“Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; El sol se
convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; Y todo
aquel que invocare el nombre del Señor será salvo”. Como le hablaba a la casa de Israel, le preguntaron a
Pedro ¿qué haremos? Su respuesta fue que se debían arrepentir.

Hechos 2:40
“Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa
generación”. En este capítulo no menciona toda la palabra que le habló a esta generación, pero les dice que
se arrepientan porque algo tremendo les estaba por ocurrir.

Debían ser salvos, pero ¿cuál era la razón tan urgente por la cual debían arrepentirse? Hay un sentido de
urgencia en el mensaje de Pedro, porque algo le estaba por ocurrir a esa generación. Pero tenían que
arrepentirse para “ser salvos de ese juicio en particular”. El Evangelio de Lucas registra el ministerio de
Juan el Bautista, quien surgió predicando desde el desierto y su mensaje apuntaba al arrepentimiento de esa
generación. Comienza a advertirles que algo grande iba a suceder cuando surgiera “alguien” detrás de él
que no sólo los iba a bautizar con el Espíritu Santo, sino con fuego. Este era un mensaje para librar a la
gente de lo que iba a suceder.

El propósito primordial de esta exposición es desafiar esa enseñanza que recibimos desde el comienzo de
nuestra salvación, porque siempre predicamos que ahora estamos viviendo en los últimos días. La pregunta
con la que quiero desafiarlos es: ¿Estamos viviendo hoy en los últimos días o vivimos en los últimos días
desde hace 2000 años? Pedro se levantó y dijo que estaban viviendo en los últimos días. Pero antes de
responder a esta pregunta, quiero que reflexione en los términos “postreros días” o “últimos días”.

Postreros días: Se refiere al final de algo. Cuando usted crece y se envejece, comienza a vivir sus postreros
días.
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Últimos días: Significa que algo está a punto de llegar a su final. Si comienza a vivir a los 90 años, se puede
decir que está viviendo sus últimos días.

Si estuvimos en los últimos días durante 2000 años, algo está llegando a su final o llegó a su final hace 2000
años atrás. ¿Por qué Pedro le dijo a esa gente que debían arrepentirse para salvarse de algo porque estaban
ante los últimos días, si ese tiempo duraría 2000 años más? Entonces debemos definir:

• ¿Qué eran los últimos días?


• ¿Eran los últimos días de qué?
• ¿Eran los últimos días de esta era?
• ¿Eran los últimos días de una primera edad o tiempo?

En el pasaje de Deuteronomio 31:19, Moisés le habla al pueblo de Israel estas palabras antes de entrar a la
tierra prometida: “Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del
camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal ante los
ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos”.

Deuteronomio 32:29:“¡Ojalá fueran sabios que comprendieran esto y se dieran cuenta del fin que les
espera!”. Moisés le decía al pueblo de Israel que cuando entraran en la tierra, Dios le mostró que se iban a
apartar de la Ley, por eso iba a suceder algo tremendo en los postreros días. El capítulo 32 es el canto de
Moisés, donde profetiza toda la estación de Dios sobre Israel, desde su historia, su comienzo y su final. Dios
ya sabía qué iba a suceder.

Deuteronomio 32:35: “Mía es la venganza y la retribución; A su tiempo su pie resbalará, porque el día de
su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura. Porque Jehová juzgará a su pueblo, si
afilare mi reluciente espada y echare mano del juicio, Yo tomaré venganza de mis enemigos, y daré la
retribución a los que me aborrecen. Alabad, naciones, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus
siervos, y tomará venganza de sus enemigos, y hará expiación por la tierra de su pueblo”.

Dios les dice que algo va a suceder en los postreros días. Una de las cosas que sucederían, era que iba a
desatar su venganza por la vida de sus siervos. Dios llamó al pueblo de Israel a salir de la tierra de Egipto e
hizo un pacto con ellos en el monte Sinaí. Pero cuando estaban a punto de entrar en la tierra prometida,
Moisés comenzó a profetizar con ese cántico sobre lo que iba a suceder en Israel. Una vez que entrasen en la
tierra, abandonarían al Señor y en los postreros días, Dios desataría su venganza sobre ellos. Los iba a
juzgar por un pecado en particular “derramar la sangre de sus siervos”. Las naciones iban a regocijarse por
la venganza de Dios. “Alabad, naciones, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos”. Somos
las naciones que se regocijan de algo que ocurriría en los postreros días o en los últimos días.
Mateo 23:29
Aquí Jesús les habla a los líderes de Israel acerca de su hipocresía y reprende a los fariseos: “¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los
monumentos de los justos y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido
sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos de que sois hijos
de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!
¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí
yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en
vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad”.
Si queremos comprender el juicio que cayó sobre esta generación, cuando Joel habló de sangre, fuego,
vapor y humo, habló de la venganza de Dios que Moisés profetizó con respecto a la sangre derramada de sus
siervos. El cántico de Moisés fue un juicio.
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Mateo 23:35
“Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre
de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.
De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”.
Esta generación que crucificó a Cristo es la que persiguió a los apóstoles y profetas que fueron enviados a
ellos. Fue una generación de la cual Jesús dijo que toda la sangre justa derramada desde la de Abel hasta la
de Zacarías, iba a venir sobre sus vidas y caería sobre esta generación. Es decir, esa generación se iba a
encontrar con el juicio de Dios por haber derramado la sangre de sus siervos. Aún cuando ellos no estaban
vivos en el momento que Abel fue asesinado, iban a llenar la copa de iniquidad.

Mateo 23:37
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces
quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”. Jesús
identifica la cuidad que mató a los profetas, la maldición iba a caer sobre ellos y el juicio sobre una Nación.

Mateo 24:1-2
“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del
templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre
piedra, que no sea derribada”. Había un juicio inminente sobre esta generación. Los hombres tomarían la
decisión de arrepentirse para recibir a Jesús o morirían bajo el juicio de Dios que caería sobre esa
generación. Cuando Pedro habló de los postreros días en el libro de los Hechos, estaba diciendo que algo se
acercaba a su fin porque terminaría en un juicio. Cuando en ese momento los exhorta, era la oportunidad
para arrepentirse porque aquel que invocare el Nombre del Señor, sería salvo. Es decir: “Israel, tienes tu
oportunidad a la mano”. Ese fue el mismo mensaje que predicaron Juan, Jesús y Pedro: arrepiéntanse
porque está a punto de ocurrir algo tremendo. El juicio, el fuego, la sangre y el vapor de humo, estaban a
punto de manifestarse. Los postreros días estaban llegando a su fin y Dios estaba a punto de finalizar los
días de Israel para dar comienzo a los días nuevos.
Lucas 21:20 habla sobre la destrucción de Jerusalén. No es un punto teológico y con seguridad se estará
preguntando ¿qué tiene que ver con la Iglesia de hoy? Trataré de demostrar por qué las cosas que ocurrieron
en los postreros días, nos afectan a nosotros hoy. Nos enseñaron que estamos viviendo en los postreros días
y la mayoría cree que todo está a punto de llegar a su fin, porque toman las escrituras de los postreros días y
las aplican hoy, aunque estos textos describen un momento específico. El Espíritu Santo se derramó en los
postreros días y aún continúa haciéndolo. No quiere decir que el juicio no pueda venir estos días, pero hay
un juicio en particular que ya se manifestó, por eso Dios está a punto de concluir algo. Cada vez que Dios
finaliza algo, comienza otro tiempo.

Lucas 21:20
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.
Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén
en los campos, no entren en ella”.

Jesús les dijo a sus discípulos que cuando la ciudad estuviera rodeada por ejércitos, sería el tiempo de huir.
Les dijo esto a los cristianos hebreos que amaban la cuidad de Jerusalén. Jesús no hablaba de hoy, sino de la
Jerusalén de sus días, porque eran días de retribución para que se cumplieran todas las cosas que estaban
escritas. Al hablar de estos días, los hace en términos de retribución. La venganza del Señor por haber
asesinado a sus profetas, vendría sobre esa generación.

Lucas 21:22
“Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. Mas ¡ay de
las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra e ira
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sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén
será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”.

Sabemos que esto sucedió en el año 70 cuando el ejército romano rodeó a Jerusalén, exactamente a 40 años
del día que Jesús habló estas palabras. Luego de una generación se manifestaron los días de la venganza
donde se expresó la ira de Dios sobre la ciudad, el templo fue destruido, casi un millón de judíos murieron y
casi 100000 fueron llevados en cautiverio. Era el cumplimiento de la profecía de Joel sobre esa generación,
donde hablaba que vendría fuego, sangre y vapor. Jesús destruyó el templo y los postreros días de Jerusalén
llegaron a su fin.
En otras palabras, los últimos días no se refieren a este tiempo, sino a los postreros días del último pacto, el
templo y el antiguo sistema de sacrificios. Los postreros días de la ciudad de Jerusalén representan la
venganza de Dios que profetizó Moisés. La razón es muy importante por lo siguiente, “si usted cree que
estamos viviendo los últimos días y cree que todo está por llegar a su fin, va a tener una percepción
pesimista del Reino de Dios”.

La mayoría de los profetas que enseñan acerca de la Biblia dirán que vivimos en los últimos días y cuando
empiezan a pensar de esta forma, usted pensará que todo está por llegar a su fin y Jesús está a punto de
aparecer cualquier día de estos. Por eso muchos ministerios no hallan una razón válida para tomar las
naciones para Cristo. Si no comprendemos los últimos días, viviremos en temor y atados a la religión,
porque no podremos desarrollar una mentalidad de dominio. Este es el único camino para que la tierra se
llene con la Gloria de Dios.

Hebreos 1:1-2
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien
asimismo hizo el universo”.

Jesús vino en los postreros días para hablar acerca de los últimos días. Su llegada puso un punto final al
Israel del viejo pacto, el templo y la ley, llamando al pueblo al arrepentimiento para decirles que “si no lo
hacían, serían destruidos”. Los únicos que serían salvos eran los que creyeron que Jesús era el Hijo de
Dios. Cuando los romanos vinieron a la ciudad, no murió ningún cristiano porque todos habían escapado.
Recordaron las palabras de Jesús y huyeron para salvarse, por eso no quedaron atrapados por la ira de Dios.
¿Cómo aplicamos esto a nuestras vidas hoy?
Deuteronomio 32:43
“Alabad, naciones, a su pueblo, Porque él vengará la sangre de sus siervos, y tomará venganza de sus
enemigos y hará expiación por la tierra de su pueblo”.

¿Por qué Dios les dice a las naciones que se regocijen?

• ¿Por qué debemos regocijarnos cuando la venganza de Dios venga sobre esta generación?
• ¿Qué tiene que ver esta generación con nosotros hoy?

En los últimos días iban a suceder dos cosas

1- Se derramaría sangre, fuego y vapor de humo.


2- El Espíritu Santo se iba a derramar y los hijos e hijas iban a profetizar.

En otras palabras, “voy a destruir lo viejo y lo removeré, el gozo viene porque se destruyó un sistema
completo que luchó contra los profetas”. Ese sistema antiguo mató a todos los profetas que vivieron,
porque era un sistema que los odiaba. Hoy Dios está diciendo: “Removí el sistema que odiaba a los
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profetas y desaté mi venganza en esa generación por derramar la sangre de mis siervos”. Hay creyentes
que están en el sistema, no quieren a los profetas y los resisten. Cuando el juicio de Dios vino sobre el
sistema que mató a los profetas, se derramó una nueva unción donde las hijas y los hijos iban a profetizar.
¿Cómo podemos encontrarnos en un sistema anti-profético?

La Iglesia no comprende la razón por la cual Dios removió un sistema antiguo y estableció uno nuevo,
porque deseaba desatar la unción profética. Por eso hoy en día las iglesias que no son proféticas, usualmente
se inclinan hacia la religión porque no comprenden que Jesucristo vino en los últimos días para destruir la
religión e implantar un nuevo sistema para adorar a Dios en Espíritu.

Aunque removió la ley, en muchas iglesias de Latinoamérica atrapadas por el legalismo no hay profecía, no
se abre espacios para la unción profética y no hay libertad. No comprendieron que los últimos días ya
pasaron y piensan que ahora viven en ese tiempo, pero Dios está a punto de ponerle un punto final a ese
pensamiento. Hace 2000 años estableció ese punto final para que hoy podamos disfrutar de una relación
personal con Él. En ningún momento le puso término a ese sistema para que nos convirtamos en religiosos,
legalistas y anti proféticos. Dios se deshizo de esa generación y ese sistema para que se pueda manifestar lo
nuevo.
Cuando no se entiende esto, se puede pensar que vivimos en los postreros días y tendremos predicadores
que sólo hablarán del temor a la destrucción y no sobre una vida de fe. Si no ordenamos nuestra teología y
doctrina sin comprender el plan de Dios, todo quedará suspendido hasta que se levante una generación que
lo entienda. La Biblia es clara acerca de los pactos, describiendo sólo dos: el antiguo y el nuevo. El antiguo
pacto se abolió para establecer el nuevo. Este no es un pacto de Ley, sino un pacto del Espíritu Santo donde
Dios establece su Ley dentro de nosotros.
La mayoría de los cristianos en este tiempo creen que estamos llegando al final porque Dios está a punto de
establecer algo en el futuro y todos esperan el Milenio, en lugar de disfrutar lo que tienen hoy. Los postreros
días ya pasaron, porque ese era el tiempo del antiguo pacto, ahora vivimos los nuevos días de gloria,
unción, poder, bendición y prosperidad. Cuando escuchamos a los profetas que viven en el antiguo pacto,
con los diagramas del tiempo equivocado, al terminar de predicar nos dejan más deprimidos que contentos.
Después de escucharlos quedamos sin esperanzas, nos roban el gozo y no pensamos en la próxima
generación porque creemos que somos la última. Ellos también pensaron que eran la última generación,
pero murieron y acá estamos nosotros.

Habacuc 2:14
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. La
mayoría de nosotros no tenemos fe en que las naciones se puedan salvar cuando vemos las noticias y
escuchamos a los profetas que hablan acerca de los últimos días. Cada vez que hay un terremoto o un volcán
entra en erupción, parece que todo está a punto de terminar y cuando vamos a la Iglesia, sólo nos brota
cantar hasta que Jesús regrese. La mayor parte de la Iglesia no tiene una teología de dominio, porque en
realidad no comprende el alcance de Jesús como Señor. Les cuesta creer que las naciones de la tierra deben
de regocijarse por lo que Dios hizo hace 2000 años, porque no desarrollaron una mentalidad de dominio.
Cuando se nos enseña una teología, esto afectará nuestra forma de vivir. Debemos desechar la mentalidad de
los últimos días, porque para los hijos de Dios, las cosas nunca empeoran, siempre van a mejorar.

Cuando caminamos con mentalidad de dominio, hay algo que trae más gloria a la vida, tenemos más
bendición, más unción, más fe, más prosperidad y más victorias. Los que viven con la visión de la Iglesia de
los postreros días, siempre sufren porque piensan negativamente acerca de la realidad y ese no es nuestro
día. La Iglesia durante esta generación fue la más perseguida, atravesando tribulaciones y problemas, fueron
puestos en prisión y asesinados. Pero nosotros no formamos parte de la realidad de los postreros días porque
vivimos después de la remoción de ese sistema y somos la Iglesia del nuevo día. No tengo por qué estar
deprimido, sufriendo o atravesando siempre por un momento difícil. Algunos atraviesan algún conflicto los
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365 días del año. Hay predicadores que pasan por algo y dicen que es porque están en los últimos días. Sólo
pueden ver que las cosas se van poniendo muy difíciles por su teología derrotista y eso es lo único que
aprendieron. Nos enseñaron a creer en lo que esperamos y si no sucede como pensamos, es porque algo
anda mal.

Algunas personas se preocupan por los ataques del diablo y cuando pasan tres semanas buenas, creen que
algo malo les va a ocurrir porque es demasiado bueno para ser verdad. Están buscando los problemas y los
crean porque tienen una mentalidad de los postreros días. No tienen una mentalidad poderosa de dominio,
creen que el infierno se va a desatar y el diablo tomará todo el mundo, porque creen que la Iglesia está
perdiendo poder y autoridad. Pero hoy la Iglesia se está levantando porque somos más profundos y fuertes,
vivimos mayores niveles de gloria, poder, unción y presencia de Dios que en cualquier otro tiempo. Por eso
dice “regocíjense naciones”, porque cuando mi venganza venga sobre esta nación, la salvación vendrá al
mundo y disfrutarán del beneficio del Nuevo Pacto. Serán liberados, bendecidos, felices, ungidos y
prósperos en todas las cosas, porque viven un nuevo día y bajo un Nuevo Pacto. Nunca van a promover a los
predicadores religiosos, los van a sepultar debajo de la Ley y el templo, porque esos mensajes son para que
nunca alcancen la victoria. En pocas palabras, si nuestra doctrina no está ordenada, nunca vamos a
experimentar la liberación total.

¿Qué dice Dios?


Dios puso un punto final a lo viejo para que podamos experimentar lo nuevo. “Puse un final a la Ley para
que tengan libertad, puse un final a los sacrificios para que no tengan que hacer una religión, ya no tienen
que hacer más rituales ni ceremonias. Pueden relajarse y disfrutar, no tienen que trabajar más para
relacionarse conmigo, desde ahora todo es por Gracia. La obra se hará por la Gracia”.

¿Qué hubiera ocurrido si les enseñáramos a los creyentes durante mil años más que vivimos en los
últimos días?
Tenemos que comenzar a creerle a Dios que esta generación y las siguientes no quedarán atrapadas por la
religión. Debemos predicar mensajes de esperanza y gloria, inspirados en la Palabra de Dios y dejar de
predicar mensajes negativos que inmovilizan a la gente, en lugar de desatarlos. Jesús dijo: “Conoceréis la
verdad y la verdad los hará libres”. Hay una libertad que sólo puede venir por la Palabra de Dios, por eso
debemos darle gracias por todo lo que nos dio. Él estableció la unción profética en los últimos, porque es
una unción en la que cada creyente puede operar. Actualmente, el nivel de lo profético es bajo, por eso Dios
quiere que sus hijos aprendan a caminar en la plenitud del mover profético. A veces las congregaciones
tienen un gran apóstol, pero eso no significa que tengamos una gran Iglesia.
Dios se deshizo de eso para establecer algo nuevo cuando dijo que sus hijas e hijos iban a profetizar. En
otras palabras: “Estoy cambiando la adoración religiosa que se encerraba dentro del templo por una
adoración profética para que mi pueblo pueda adorar proféticamente”. Hay muchas cosas más que Dios
quiere hacer en su Iglesia, no creo que Jesús regrese la próxima semana, porque aún no llegamos al nivel de
adoración que Él espera de nosotros.
Dios quiere llevarnos hacia niveles proféticos más altos, porque aún no tenemos una doctrina sana en esta
área. Pero cuando comprendemos el plan de Dios, no permitirá que la religión nos aparte de ese camino y
así podremos edificar sobre ese fundamento porque quiere liberarnos de la religiosidad. El vapor, la sangre y
el humo vinieron sobre la religión, por eso Dios la aborrece. La religión siempre está en oposición al mover
profético. Jesús quiere liberarnos porque cada uno de nosotros tuvo que salir de la religiosidad, no importa
nuestro origen, todos tuvimos que ser libres de este espíritu en alguna medida.

Escatología
Definición
• (Del gr. σκῶρ, σκατός, excremento y -logía).
• Tratado de las cosas excrementicias.
Panorama Histórico Y Futuro De Gobierno 10
Prefiero poner esta definición de la Real Academia porque nos da la idea que la verdadera escatología es la
consecuencia de nuestra dieta. Los tan discutidos asuntos dogmáticos y mucho de lo que creemos son
acontecimientos finales y rígidos, serán la consecuencia de la alimentación de los protagonistas.

En contraposición a las concepciones cíclicas de la historia de la humanidad, los textos bíblicos la entienden
como un movimiento lineal en dirección a una meta definitiva e inexorable. Dios dirige la historia hacia el
cumplimiento final de sus propósitos para su Creación. Por eso considero que la escatología bíblica no se
limita al destino final de un individuo, tiene que ver con la consumación de toda la historia del mundo hacia
la cual se dirigen todos los actos de Dios.

En el mensaje de los profetas radica el pleno mensaje escatológico del AT, proyectado hacia una meta final
y de forma permanente, conforme al propósito de Dios en la historia. Allí la expresión profética el “Día de
Jehová” o “en aquel tiempo”, se refiriere a la palabra “día”, como una alusión directa hacia el hecho
decisivo de Dios respecto al juicio y la salvación en el campo de la historia.

Para los profetas, no siempre estas expresiones están relacionadas con los días finales de la historia, las
relacionan con el contexto histórico del momento. Sin embargo, en forma creciente surge el concepto de una
resolución final de la historia, un día de juicio que va más allá y luego del cual, Dios establece una era
permanente de salvación.

Esta es la característica de una escatología apocalíptica que se vislumbran en varias porciones de los libros
proféticos que es plenamente trascendente y aguarda un acto de Dios en forma directa y universal. Esto va
más allá de las posibilidades que transcurren en la historia común porque da a luz un mundo radicalmente
transformado. Los profetas describen con frecuencia la era escatológica de salvación que se encuentra más
allá del juicio y fundamentalmente es el tiempo donde prevalecerá la voluntad de Dios.
Todas las naciones de la tierra van a servir a Dios y conocerán su voluntad (Is.2:2, Mi.4:1, Jer.3:17, Sof.3:9,
Zac.8:20-23).