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PROPIEDADES DEL TEXTO

COHERENCIA
Un conjunto de oraciones por sí solo no forma un texto.
Para ello, es fundamental que a ese conjunto pueda
dársele un tema o sentido global. Para esto el texto debe
ser coherente.
La coherencia es la relación que existe entre todos los
párrafos y las partes que componen o integran un texto.
Si no existe coherencia entre estas partes, la idea o
mensaje no se entiende claramente.
Un texto es coherente cuando nosotros, sus receptores, somos capaces de
darle un sentido. De ahí que la coherencia sea un fenómeno mental que se
produce casi instantáneamente cuando, a través de una lectura
comprensiva, advertimos la idea central de un texto y podemos dar cuenta
de la organización de sus partes.
La coherencia se logra mediante dos operaciones:
1. La selección del contenido informativo relevante en función del
propósito comunicativo del texto. Por ejemplo, en una receta, se deben
consignar los ingredientes, el modo de integrarlos y el tiempo de cocción;
pero no la temperatura ambiente, información relevante en textos como el
pronóstico del tiempo.
2. Organización de la información seleccionada mediante
estrategias de progresión temática, es decir, pasos en el desarrollo del
tema global procurando dosificar el contenido informativo del texto, lo que
permite su comprensión. Al producir un texto, siempre que nos
comuniquemos con otros, partimos de alguna idea o saber compartido que
se amplía durante la emisión mediante ejemplos, definiciones, relatos,
descripciones, etc.
- Saber compartido y comunicación: Los seres humanos logramos
comunicarnos no solo porque compartimos un código sino también porque
tenemos un conjunto de saberes comunes sobre el mundo a partir del
estudio y nuestras experiencias de vida. Esto es fundamental ya que
funciona como un acuerdo previo entre emisor y destinatario. Esto permite
que un tema conocido por ambos se amplíe, se precise y se discuta en el
texto, enriqueciendo la visión del mundo de ambos participantes.

El saber compartido por el emisor y los destinatarios se denomina tema y la


información nueva que se agrega, rema. La progresión temática es el
enlace del tema con sus remas. Este enlace se produce porque en un texto
coherente todas sus partes desarrollan algún aspecto del tema global.

Entonces, a grandes rasgos, un texto es coherente en la medida en


que se le pueda asignar un tema o asunto, en otras palabras, si
podemos descubrir "de qué se trata".
COHESIÓN

Las relaciones de cohesión que se establecen a través


del texto, dan cuenta de la manera como la
información vieja se relaciona con la información nueva
para establecer una continuidad discursiva
significativa.
Veamos ejemplos de textos con problemas de
cohesión:
“Antonio y Ricardo fueron de compras. Él quería
comprar una camisa y una correa. El almacén no tenía
del color buscado. Compró una café”.
“Un grupo de la facultad de estudiantes salieron en el próximo año hacia
Madrid”.
Ahora observemos estos mismos textos, pero con los recursos cohesivos
adecuados:
“Antonio y Ricardo fueron de compras. Este último quería comprar una
camisa y una correa. El almacén que visitaron no tenía el tipo de camisa
que Ricardo buscaba. Por eso, este joven sólo compró una correa café”.
“Un grupo de estudiantes de la facultad saldrá hacia Madrid el próximo
año”.
A diferencia de la coherencia, que se manifiesta en la estructura
profunda, es decir, en el nivel del contenido; la cohesión afecta
básicamente a la estructura superficial del texto. De este modo, las
distintas partes que lo integran deben estar formalmente conectadas
entre sí a través de mecanismos lingüísticos con los que se pone de
relieve la unidad estructural y significativa del mismo. Estos mecanismos
reciben el nombre de procedimientos de cohesión textual y son:

1. Las RECURRENCIAS que pueden se de cuatro clases: sinonimia,


antonimia, hiperonimia o hiponimia.
- Sinonimia: Dos términos son sinónimos cuando en un determinado
contexto son intercambiables sin que varíe el significado del enunciado.
En los textos es muy frecuente sustituir una palabra por un sinónimo o
por una expresión sinónima. Por ejemplo: “Escuché las risotadas de los
otros muchachos. Sus carcajadas sonaban en mis oídos como latigazos”.
- Antonimia: La antonimia es la relación que se establece entre aquellas
palabras del texto que tienen significados opuestos. Ejemplo: “Pedro
guardaba un recuerdo bueno del viaje de fin de curso. Marta tenía uno
malo.
- Hiperonimia e hiponimia: hiperónimos son términos generales que
incluyen otros términos más concretos, llamados hipónimos. Por
ejemplo: gladiolo, amapola, lirio, todo ello es englobado por el
hiperónimo flor.

2. Las relaciones ANAFÓRICAS y CATAFÓRICAS: Denominamos


anáfora al fenómeno por el que una palabra remite a un elemento
anterior del discurso, al cual representa. Ejemplo: Tenemos un nuevo
compañero. Es una alegría para todos y vamos a recibirlo con un
aplauso. Las palabras anafóricas son unidades gramaticales sin
significado propio. Su significado viene dado, precisamente, por el
elemento léxico al que hacen referencia. Así, en el ejemplo anterior, lo
remite a un nuevo compañero. Las palabras que con mayor frecuencia
funcionan como términos anafóricos son los pronombres personales,
algunos demostrativos y posesivos, los relativos y los adverbios que
tienen un valor referencial (aquí, allí, entonces...).
La catáfora es el fenómeno que consiste en anticipar una parte del
discurso aún no anunciada. Ejemplo: “Me dijo lo siguiente: que
renunciaba”. En este ejemplo, lo siguiente adelanta al receptor
información que aparece después.

3. Los MARCADORES que desempeñan tres funciones fundamentales:


- Estructurar la información señalando la introducción de comentarios
(pues bien, a propósito) o presentándola como parte de una secuencia (en
primer lugar, por otro lado). Ejemplo: “En primer lugar, hablaremos de los
animales invertebrados”.
- Conectar enunciados, párrafos o bloques de ideas estableciendo
relaciones de adición (además, incluso), de consecuencia (así pues, por
tanto, en consecuencia) o de contraposición (en cambio, por el contrario,
sin embargo, no obstante). Ejemplo: “El orador tenía un aspecto ridículo. Su
voz, en cambio, era prodigiosa”.
- Reformular la información de una manera más adecuada (es decir, o
sea, mejor dicho, en resumen). Ejemplo: “Toda le gente me dice lo mismo;
o sea, que debe de ser cierto”.
ADAPTACIÓN
Cuando queremos comunicar algo, no solo
debemos tener en cuenta la naturaleza del
mensaje, sino también quién es su destinatario.
No podemos hablar de igual manera a todas las
personas, sino que debemos adaptar nuestro
mensaje a las características del interlocutor.
Por ejemplo, no es apropiado responder, en una
evaluación de historia, a la pregunta sobre quien
fue Napoleón: “Napoleón fue un flaco que
gobernó Francia, tipo a principios del siglo XIX, y
que se copó haciendo una guerra re grossa contra media Europa”.

La adaptación del mensaje puede afectar a los contenidos o al estilo:

- Adaptación de los contenidos: el emisor debe variar la información que


comunica según los conocimientos que el interlocutor tenga sobre el tema
del que se habla. Por ejemplo, si un arqueólogo habla sobre un tema de su
especialidad, no contará las mismas cosas al público asistente a una
conferencia que a sus alumnos o a un grupo de colegas; y ante un público
infantil hablará de forma distinta a como lo haría ante un público adulto.

- Adaptación del estilo: el emisor se expresa de distinta forma según la


posición social del interlocutor o la relación que tenga con él. En general,
pueden establecerse dos grandes variedades, a las que llamamos registros:
el registro formal y el registro coloquial. Cada uno de ellos posee sus
propios rasgos distintivos:
El registro formal se caracteriza por un trato cortés, una expresión
cuidada y un vocabulario escogido. Se emplea en situaciones formales o
cuando se habla con personas con las que no se tiene confianza.
El registro coloquial se caracteriza por la espontaneidad en el uso de la
lengua, que se concreta en una pronunciación más relajada y en la
utilización de un vocabulario más familiar. Se emplea en situaciones
informales, es decir, cuando se habla con familiares, amigos o personas con
las que se tiene confianza.