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El dominio y la posesión: visión de conjunto

1. Del conjunto de las clasificaciones de los bienes que

aparecen recogidas en el Libro II del Código Civil, hay una que

inaugura ese libro, y se trata de la clasificación entre cosas

corporales e incorporales (artículo 565). Como se vio, esta

distinción resulta bastante singular por el hecho de que las

cosas incorporales equivalen únicamente a derechos tal como lo

expresa el artículo 576 al indicar que éstas se clasifican en

derechos reales y personales.

Pero la clasificación de las cosas en corporales e incorporales

es también singular porque resulta de ella que las cosas

incorporales franquean o permiten el acceso a las cosas

corporales, sea de un modo directo, como sucede en el caso de

los derechos reales, o bien por modo indirecto como ocurre en el

caso de los derechos personales.

2. De modo tal que si hubiese que establecer una suerte de

jerarquía o preeminencia entre las cosas corporales y las

incorporales habría que establecer que las cosas incorporales

resultan preeminentes frente a las cosas corporales.

3. Ahora bien, si nos detenemos solamente en el ámbito de las

cosas incorporales, advertiremos que entre todas las cosas

incorporales hay una que resulta, a su vez, preeminente enfrente

de las restantes cosas incorporales, y se trata del derecho de

dominio el cual resulta preeminente enfrente de las restantes

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cosas incorporales. Y esta preeminencia o superioridad que posee

el derecho real de dominio o propiedad se justifica por dos

motivos:

3.1. En primer lugar, porque el derecho de dominio o propiedad

reúne en sí el máximo conjunto de facultades que el ordenamiento

jurídico reconoce a un sujeto de derecho enfrente de las cosas.

Así por ejemplo el derecho real de dominio es superior al

derecho real de usufructo porque este último sólo confiere a su

titular el uso y el goce de la cosa en tanto que la facultad de

disposición se mantiene radicada en el nudo propietario.

3.2. En segundo lugar, resulta superior el derecho real de

dominio o propiedad, porque, además de reunir el máximo conjunto

de facultades que el ordenamiento reconoce enfrente de las

cosas, el dominio recae sobre toda clase de cosas, corporales o

incorporales.

4. En la relación de un sujeto de derecho con una cosa es fácil

advertir en principio tres diferentes niveles:

4.1. En un primer nivel puede verificarse un uso o

aprovechamiento económico del sujeto con respecto a la cosa.

4.2. Sobre ese primer nivel existe un segundo nivel que legitima

al primero: se trata del derecho real o personal en virtud del

cual se da esta relación de uso o aprovechamiento del sujeto

hacia la cosa.

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4.3. En tercer lugar, existe todavía un tercer nivel que

legitima a los dos anteriores: se trata del derecho de dominio o

propiedad que recae sobre el derecho real o personal en base al

cual está constituida la relación entre la persona y la cosa.

Esto en virtud del artículo 583 del Código Civil el cual

establece que sobre las cosas incorporales existe también

propiedad.

5. De acuerdo con lo anterior, y a la luz de la concepción

clásica recogida por nuestro Código Civil, el derecho de

propiedad o dominio es preeminente no sólo por las dos razones

señaladas anteriormente sino que además es preeminente porque

constituye la fuente última de legitimidad de la utilización o

aprovechamiento de las cosas. Es, por decirlo de alguna manera,

el derecho que corona los tres niveles anteriormente expuestos.

6. La propiedad o dominio a su turno se encuentra legitimada en

general de un modo que podemos llamar genealógico, es decir, por

remisión al dominio de anteriores propietarios, y cuando esa

genealogía fracasa, la propiedad se legitima a través de la

institución de la prescripción adquisitiva.

7. Cabe observar, sin embargo, que es posible que esa relación

de legitimidad fundada en el dominio se fracture o rompa y que

entonces existan situaciones de aprovechamiento o utilización

económica de las cosas que no estén fundadas en la propiedad.

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Para comprender lo anterior es preciso examinar las diversas

situaciones en que puede hallarse un sujeto de derecho enfrente

de las cosas.

8. Desde un punto de vista clásico ―en particular Savigny― un

sujeto de derecho puede hallarse frente a las cosas en

cualquiera de las cuatro siguientes situaciones:

8.1. En primer lugar, existe la mera yuxtaposición local que

equivale a la mera contigüidad física entre un sujeto de derecho

y una cosa, relación que carece de relevancia jurídica. El

ejemplo de Paulo era el de una moneda en la mano de una persona

dormida.

8.2. En segundo lugar, debe mencionarse la mera tenencia: según

la formulación clásica de raigambre romana, la tenencia equivale

al asimiento de una cosa reconociendo dominio ajeno.

8.3. En tercer lugar, se verifica la posesión: que equivale al

asimiento de una cosa con ánimo de señor o dueño. Cabe observar

desde ya que el animus domini, o sea, el ánimo de señor o dueño,

no ha de confundirse con la buena fe; ya que la buena fe es un

estado cognitivo en donde el sujeto tiene la conciencia de haber

adquirido el dominio de la cosa (o en el caso de la mala fe, de

no haber adquirido el dominio de la cosa), en cambio el animus

domini constitutivo de la posesión es un estado no cognitivo

sino volitivo (el sujeto desea ser dueño y se comporta como tal

aunque sepa que no lo es). Por eso Savigny decía que el ladrón

es un poseedor aunque no un propietario.

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8.4. Y en cuarto lugar, el dominio, o sea, el específico derecho

subjetivo que se encuentra definido en el artículo 582 de

nuestro Código Civil y al que hemos de referirnos más adelante.

9. Si de estas cuatro situaciones en que puede hallarse un

sujeto enfrente de las cosas retenemos nada más las tres

últimas, esto es, la tenencia, la posesión y el dominio, podemos

a su vez preguntarnos ¿qué es lo que legitima a cada una de

ellas?

9.1. Legitimación jurídica de la mera tenencia. Frente a la mera

tenencia puede observarse que un sujeto puede tener una cosa por

cualquiera de los tres siguientes motivos:

a) En virtud de un derecho personal. Así ocurre por ejemplo con

el arrendatario el cual frente a la cosa arrendada es nada más

un mero tenedor lo que significa que reconoce dominio ajeno. En

virtud del contrato que celebró, el arrendatario es titular de

un derecho personal que lo faculta para usar y gozar de la cosa

arrendada reconociendo dominio ajeno, esto es, en calidad de

mero tenedor.

b) En segundo lugar, la mera tenencia pueda hallarse legitimada

asimismo por un derecho real, como el usufructo por ejemplo. El

usufructuario es un mero tenedor respecto de la cosa fructuaria.

c) En tercer lugar, la mera tenencia puede asumir la calidad de

lo que en los textos clásicos se denomina el precario y que se

verifica toda vez que un sujeto tiene una cosa por ignorancia o

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mera tolerancia del dueño. En este caso la tenencia resultaría

legitimada por un permiso del propietario que surge por una

actitud omisiva del dueño frente a la tenencia de la cosa por

parte del precarista.

9.2. Legitimación jurídica de la posesión. Refiriéndonos ahora a

la posesión y a los criterios que la legitiman, cabe observar

que la posesión, esto es, la tenencia de una cosa determinada

con ánimo de señor o dueño, puede revestir dos modalidades:

a) Posesión unida al dominio. En ella el sujeto poseedor no sólo

tiene ánimo de señor o dueño sino que además es, en efecto,

dueño. Ello porque el dueño en tanto dueño tiene el llamado ius

possidendi, el cual equivale al derecho a entrar en posesión. En

el supuesto que estamos considerando el sujeto que posee tiene

al ser dueño no sólo el ius possidendi o derecho a poseer sino a

la vez tiene aquello que los textos clásicos denominan el ius

possessionis que es el hecho mismo de la posesión.

b) Posesión desprovista del dominio. En este segundo caso el

sujeto es ciertamente poseedor, o sea, tiene la cosa y tiene

además a su respecto el ánimo de señor o dueño pero no tiene el

dominio. En consecuencia este poseedor a secas es un sujeto que

tiene el ius possessionis (la posesión sin más) pero carece del

ius possidendi (el derecho a poseer).

9.3. Legitimación jurídica de la propiedad. Por último, y en lo

que respecta a la legitimación de la propiedad o dominio, hemos

afirmado que esta se legitima genealógicamente, y cuando esa

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genealogía falla, la propiedad se legitima por medio de la

prescripción.

Así tenemos que puede darse el caso en que el dominio se

encuentra unido a la posesión caso que ya examinamos y en el

cual el sujeto de derecho, al ser dueño, tiene tanto el ius

possidendi como el ius possessionis, o sea, el sujeto no sólo

tiene el derecho a poseer sino que en efecto posee.

Pero puede ocurrir también, como vimos, que el dominio esté

desprovisto de la posesión, o sea, es posible que el sujeto

tenga el ius possidendi pero carezca del ius possessionis. Y es

así que para reunir ambos, esto es, para reunir en un solo

sujeto el ius possidendi y el ius possessionis, nuestro Código

Civil contempla la acción reivindicatoria la cual se funda en el

dominio y tiene por objeto rescatar la posesión.

10. A la luz del análisis precedente puede concluirse que la

tenencia y la posesión se legitiman por el dominio. No obstante

lo cual, existen casos en que la posesión no se legitima por

virtud del dominio: así ocurre en el caso del poseedor no dueño,

o sea, el caso de quien posee sin tener derecho a poseer.

Es claro, por otra parte, que de las tres calidades que hemos

examinado (tenencia, posesión y dominio) sólo dos de ellas

pueden (aunque no por eso deben) concurrir juntas, a saber, el

dominio y la posesión; pero no ocurre lo mismo, o sea, no es

posible conceptualmente que concurran juntas la propiedad y la

tenencia, o bien, la tenencia y la posesión.

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Es perfectamente posible, sin embargo, que como resultado de un

mismo derecho, se configuren a la vez tenencia, posesión y

dominio: así ocurre por ejemplo con el usufructuario el cual es

tenedor de la cosa de que usufructúa, además es poseedor de una

cosa incorporal como es su derecho real de usufructo y por

último es propietario o dueño del derecho real de usufructo. A

su turno, el nudo propietario es dueño y poseedor de la cosa

(dueño en cuanto nudo propietario y poseedor en cuanto el

usufructuario reconoce su dominio).

La pregunta que cabe formularse ahora es ¿cómo se llega a ser

poseedor? Debe observarse a ese respecto que ordinariamente se

llega a la posesión a través del dominio, o sea, que lo común es

que quien adquiere el dominio adquiera también la posesión, y el

dominio a su turno se puede adquirir por cualquiera de los modos

establecidos en el artículo 588, o sea, la ocupación, la

accesión, la tradición, la sucesión por causa de muerte y la

prescripción adquisitiva o usucapión.

Verificado alguno de esos modos de adquirir el dominio, se

adquiere en efecto el dominio de las cosas, y además, se

adquiere el derecho a poseerlas junto con la posesión misma.

La posesión puede adquirirse además por alguno de los modos de

adquirir el dominio que enumera el artículo 588 en aquellos

casos en que éstos no operen como modo de adquirir el dominio.

Así, por ejemplo, en el caso de la ocupación, cuando se ocupe

una cosa previamente apropiada por otra persona; en cuanto a la

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accesión ocurre lo mismo: si el poseedor de la cosa fructuaria

nos es dueño de la misma sino nada más poseedor el sólo pasará a

ser poseedor de los frutos de la dicha cosa pero no adquiere el

dominio sobre los mismos. En lo que respecta a la tradición, si

el tradente no era dueño de la cosa tradida el adquirente no

adquiere el dominio pero adquiere únicamente la posesión de la

dicha cosa. Lo mismo ha de decirse con respecto a la sucesión

por causa de muerte, si el causante no era dueño de las cosas

contenidas en el haz hereditario, el causahabiente no puede

adquirir más que la posesión de las mismas.

Cabe preguntarse si ocurre lo mismo con la prescripción. La

prescripción es el único modo de adquirir el dominio enumerado

por el artículo 588 que es nada más un modo de adquirir el

dominio pero no un modo de entrar en posesión de las cosas. Y

esto porque un supuesto o requisito de la prescripción es la

posesión; en otras palabras, la posesión no puede ser

consecuencia de la prescripción porque la prescripción presupone

la posesión. Sin posesión no se puede llegar a prescribir.

En consecuencia, de los cinco modos de adquirir el dominio

enumerados por el artículo 588 del Código Civil, existen cuatro

que poseen una doble función normativa, a saber, la de hacer

posible la adquisición del dominio y la de servir como modos de

entrar en posesión; tales modos son: la ocupación, la accesión,

la tradición, y la sucesión por causa de muerte. En tanto que la

prescripción sólo puede operar como modo de adquirir el dominio.

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Observemos que tanto el dominio como la posesión representan

situaciones fácticas equivalentes ya que tanto el dueño como el

poseedor se comportan de la misma forma por lo que no es posible

distinguir a simple vista quién es poseedor y quién propietario.

Tanto en la posesión como en el dominio existe una suerte de

soberanía que el sujeto ejerce sobre las cosas, pero el dominio

resulta ser, por así decirlo, una situación de soberanía

legítima, o sea, una situación de soberanía que resulta

legitimada por el ordenamiento jurídico; en cambio la posesión

es una suerte de soberanía de facto.

10. Paralelo entre el dominio y la posesión.

10.1. El dominio se encuentra definido en el artículo 582 del

Código Civil (Título II del Libro II); a su turno, la posesión

se encuentra definida en el artículo 700 del Código Civil

(Título VII del Libro II).

De la lectura de esos dos artículos se advierte que la propiedad

es un derecho real, concepto que aparece definido en el artículo

577; y como tal derecho real, el dominio equivale entonces a una

cosa incorporal (artículo 565) la cual franquea el acceso a las

cosas corporales.

El dominio es un derecho real que confiere a su titular dos

facultades esenciales cuales son la de gozar y la de disponer de

la cosa objeto de su dominio. En ello se sigue el modelo francés

que también adscribe explícitamente al dominio estas dos

facultades. En otras palabras, tanto el ordenamiento jurídico

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francés como el chileno se apartan en esto del modelo romano el

cual concebía a la propiedad como compuesta de tres facultades:

el ius utendi, el ius fruendi y el ius abutendi.

De acuerdo con el artículo 582, el derecho real de propiedad

recae sobre cosas corporales, sin embargo, el artículo 583

establece que sobre las cosas incorporales también existe una

especie de dominio por lo que debe concluirse que también hay

propiedad sobre las cosas incorporales.

El artículo 582 agrega que este conjunto de facultades que el

dominio confiere a su titular pueden ejercerse por modo

arbitrario y concluye diciendo “no siendo contra la ley o contra

derecho ajeno”.

Por su parte, el artículo 700 del Código Civil define la

posesión como la tenencia de una cosa determinada con ánimo de

señor o dueño, sea que el dueño o el que se da por tal tenga la

cosa por sí mismo o por otra persona que la tenga en lugar y a

nombre de él.

De este concepto de posesión se sigue lo siguiente: primero, que

la posesión supone la reunión de dos elementos que son el corpus

y el animus. El corpus es el hecho de aprehender materialmente

la cosa, en tanto que el animus equivale al hecho de

aprehenderla con ánimo de señor o dueño.

Cabe observar en torno a esos dos elementos que, en concepto del

Código Civil, la tenencia constituye una suerte de elemento de

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la posesión pues esta se define como “la tenencia de una cosa

determinada”; es por eso que el Código, para aludir al puro

asimiento de una cosa sin ánimo de señor o dueño habla de “mera

tenencia”, en tanto que a la tenencia que va acompañada del

ánimo de señor o dueño el Código se refiere como “posesión”.

De la sola definición del artículo 700 se sigue que la posesión

puede ir unida al dominio o en cambio separada de él. Por tanto,

el poseedor puede ser dueño o bien un poseedor no dueño. Por eso

expresa el artículo 700 “sea que el dueño o el que se da por

tal”.

10.2. La palabra dominio por una parte y la palabra posesión por

otra designan una misma situación fáctica que se verifica cuando

algún sujeto ejercita la máxima soberanía sobre una cosa. Por

tanto, no hay nada que diferencie, desde un punto de vista

estrictamente empírico y externo, a un dueño de un poseedor.

10.3. Si bien tanto la palabra dominio como la palabra posesión

designan una misma situación de hecho, el dominio se encuentra

legitimado por el ordenamiento jurídico en tanto que la posesión

es el sometimiento de facto de las cosas a un sujeto. Por eso

los textos clásicos acostumbran a decir que la posesión es un

hecho y la propiedad un derecho. En rigor, ambos son hechos, con

grados de legitimación y protección jurídica diversos.

Esto de que el dominio es un derecho y la posesión un hecho

tiene un origen ideológico bastante ilustre que se encuentra en

las hipótesis contractualistas de Filosofía Política en las

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cuales se distingue entre estado de naturaleza y sociedad civil,

y comúnmente se dice allí que en el estado de naturaleza hay

sólo posesión en tanto que en la sociedad civil hay dominio.

Esta afirmación no sólo la hacen los contractualistas más obvios

como Thomas Hobbes o John Locke sino que también aparece en

Hegel, en Kant, etc.

10.4. Justamente porque posesión y dominio son fenómenos

jurídicos distintos es que pueden radicarse en sujetos de

derecho también diversos; y así es perfectamente posible que el

dominio esté radicado en un sujeto de derecho y la posesión en

otro, existiendo en consecuencia un dueño no poseedor (que

teniendo derecho a poseer sin embargo no posee) y un poseedor no

dueño (que poseyendo de hecho no tiene sin embargo derecho a

poseer).

10.5. Por lo anterior, se comprende también que dominio y

posesión recaigan en un mismo sujeto, esto es, que el dueño sea

además poseedor.

Desde el punto de vista jurídico, el ser dueño y además poseedor

reporta dos ventajas:

a) El dueño poseedor no necesita probar su dominio, porque el

inciso final del artículo 700 establece que el poseedor se

reputa dueño en tanto otra persona no justifique serlo. Por lo

tanto, al dueño poseedor se le releva de la carga de la prueba,

pasando dicha carga del lado de quien le dispute el dominio.

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No ocurre eso mismo en el caso del dueño que no es poseedor,

porque cuando éste reclama la posesión de una cosa por medio de

la acción reivindicatoria, él tendrá que probar dominio en

contra del poseedor actual porque a este poseedor se lo

presumirá dueño en los términos del artículo 700.

b) La segunda ventaja que tiene el dueño poseedor es que éste

dispone de las llamadas acciones posesorias las cuales están

tratadas en los títulos XIII y XIV del Libro II. Desde este

punto de vista, se dice, sobre todo en los textos franceses, que

la posesión constituye una suerte de empalizada o fortificación

del dominio.

A consecuencia de lo dicho, el dueño no poseedor tiene ciertas

desventajas:

a) En primer lugar, porque no se le presume dominio y por lo

tanto él tendrá que probar el dominio de la cosa que dice ser

suya, y para probar el dominio deberá hacer cualesquiera de las

siguientes cosas.

a.1. Invocar un modo originario de adquisición del dominio (como

la ocupación por ejemplo).

a.2. Invocar la accesión, la cual presenta el problema de que

para ser útil en términos de probar el dominio, deberá probarse

antes el dominio de la cosa fructuaria o principal.

a.3. Invocar la tradición si bien esta presenta el mismo

problema que la accesión pues para probar que uno se ha hecho

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dueño de una cosa por medio de la tradición será necesario

probar que el sujeto que a uno se la tradió era también dueño y

así sucesivamente.

a.4. Invocar la sucesión por causa de muerte donde ocurrirá lo

mismo que en los casos anteriores: habrá que probar que el

finado también era dueño de las cosas heredadas.

a.5. Invocar la prescripción que constituye, en consecuencia, el

camino más seguro para acreditar que se ha adquirido el dominio.

Pero para poder alegar prescripción será necesario acreditar que

se ha poseído la cosa durante un cierto lapso de tiempo y, como

es obvio, resulta difícil probar una posesión que se tuvo y que

actualmente no se tiene. Sin embargo se puede hacer ya que se

trata de una cuestión de hecho. Se produce aquí una cierta

paradoja ya que el dueño no poseedor para poder recuperar la

posesión tendrá que probar que poseyó.

Cabe preguntarse por otra parte: ¿Qué ocurre con aquél sujeto

que siendo poseedor no tiene sin embargo el derecho a poseer, o

en otras palabras, qué ocurre con el poseedor no dueño?

El ser poseedor no dueño, por otra parte, reporta las siguientes

ventajas:

a) La posesión puede conducir al dominio. Así por ejemplo, si el

título que se invoca para poseer es la ocupación, puede ocurrir

que conforme se adquiera la posesión se adquiera también el

dominio ya que estas son las características de la ocupación,

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esto es, que por el solo hecho de aprehender materialmente una

cosa que carece de dueño, se adquiere la posesión de la misma y

consecuencialmente su dominio o propiedad.

En lo que respecta a la accesión, por otra parte, si un sujeto

está en posesión de una cosa fructuaria, esta posesión puede

permitirle acceder al dominio de los frutos de la cosa

fructuaria haya producido siempre que éste se halle de buena fe

al tiempo de percibirlos.

En el caso de la prescripción, suponiendo que un sujeto ha

transferido a otro una cosa de la cual el primero no era dueño,

le transfiere en ese caso, no el dominio, sino que la posesión.

Veremos, sin embargo, que quien ha adquirido la sola posesión de

la cosa puede llegar a adquirir el dominio de la misma por

prescripción. Y en ese caso habrá adquirido el dominio, no por

tradición, sino por prescripción.

Tratándose de la sucesión por causa de muerte puede darse la

situación de que el causante no haya sido dueño de los bienes

comprendidos en la masa hereditaria en cuyo caso el

causahabiente, sea éste heredero o legatario, será sólo poseedor

pero podrá llegar a ser dueño, igual como en el caso anterior,

por medio de la prescripción1.

1
Véanse los artículos: 688, 704 número 4, 1269 y 2512.

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b) Una segunda ventaja que le confiere al poseedor la posesión,

es que a éste se le reputa, o sea, se le presume dueño y por

tanto no necesitará probar su dominio.

c) Una tercera ventaja que comporta la posesión para el poseedor

no dueño es que éste puede ejercitar la llamada acción

reivindicatoria si bien deberá cumplir para ello con los tres

siguientes requisitos:

c.1. En primer lugar, debe tratarse de un poseedor regular

entendiéndose por posesión regular aquella que proviene de un

justo título (artículo 703), ha sido adquirida de buena fe

(artículo 706) y en el caso de que el título invocado sea de

aquellos que se denominan traslaticios de dominio ha de haber

además tradición. Posesión irregular es aquella que carece de

uno o más de estos tres requisitos.

c.2. El segundo requisito para que el poseedor no dueño pueda

ejercitar la acción reivindicatoria es que dicho poseedor no

dueño se halle en vías de ganar el dominio de la cosa por

prescripción.

c.3. En tercer lugar es necesario que esta acción

reivindicatoria no se ejerza ni contra el verdadero dueño ni

contra el que posee con igual o mejor derecho2.

2
Véanse los artículos 702, 703, 706 y 894.

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Cabe observar que la acción reivindicatoria concedida al

poseedor no dueño que cumpla con los tres requisitos anteriores

recibe el nombre histórico de acción publiciana.

d) Una cuarta ventaja que la posesión reporta al poseedor no

dueño es que éste puede disponer de las llamadas acciones

posesorias, bastando para ello que el poseedor haya estado en

posesión de la cosa ininterrumpidamente un año o más.

10.6. El dominio, en concepto del Código Civil, es un derecho

subjetivo real. En tanto la posesión no es más que un hecho. El

dominio entonces puede transferirse y transmitirse, esto es, el

dominio puede cambiar de titular por acto entre vivos

(transferencia) o bien por causa de muerte (transmisión). En

cambio, la posesión ni se transfiere ni se transmite; de modo

tal que, como señala el artículo 717, ella siempre se inicia en

el causahabiente sin que este la derive de nadie. Así por

ejemplo, si un sujeto entra en posesión de una cosa a través de

la tradición, la posesión se inicia en el adquirente y no se

deriva de nadie.

Sin perjuicio de lo anterior, el Código Civil permite el

fenómeno de la agregación de posesiones, esto es, permite el

Código que el poseedor agregue a su propia posesión las

posesiones precedentes, pero con dos requisitos a cumplir:

a) Que las posesiones sean homogéneas y no interrumpidas.

b) Que entre el poseedor actual y aquel cuya posesión se agrega

exista algún tipo de relación jurídica.

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Así, en nuestro ejemplo, el adquirente podría agregar la

posesión de su tradente, pero siempre que se cumplan esos dos

requisitos.

La agregación de posesiones tiene por objeto facilitar que

acaezca el modo de adquirir el dominio llamado prescripción. Es

decir, evita que cada sujeto deba poseer por largos lapsos una

cosa hasta hacerse finalmente dueño de la misma. Corrige así los

defectos de la legitimación de origen o genealógica.

Ese es uno de los objetivos del estudio de títulos que realizan

los abogados en el Conservador de Bienes Raíces: acreditar

posesiones ininterrumpidas que puedan agregarse.

10.7. Desde el punto de vista del Código Civil existen los

llamados modos de adquirir el dominio (artículo 588). Lo que

cabe precisar es que los modos de adquirir el dominio pueden

operar también como modos de entrar en posesión de las cosas, o

como dirá el Código Civil en el artículo 703, harán las veces de

título posesorio. Es así que enumera el artículo 703 a la

accesión, la tradición y la prescripción como títulos

posesorios.

Cumplen, pues, los modos de adquirir, una doble función: actúan

como modos de adquirir el dominio de las cosas, pero también

actúan como modos de entrar en posesión de las mismas.

10.8. El dominio está amparado por normas que gozan de

supremacía constitucional en la medida en que está consagrado en

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el artículo 19 número 24 de la Constitución. No ocurre lo mismo

con la posesión. Al estar incluida la propiedad dentro del

catálogo de derechos subjetivos públicos asegurados por el

artículo 19 número 24 ella resulta amparada por todas aquellas

acciones constitucionales destinadas a hacer valer el principio

de supremacía constitucional. Acciones tales como la acción de

protección (artículo 20) o la acción de inaplicabilidad por

causa de inconstitucionalidad (artículo 80).

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