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EL DERECHO DE BIENES

I. Función desempeñada por el Derecho de bienes.

Comenzaremos este curso citando al filósofo escocés del siglo

XVIII David Hume (1711-1776). En el tomo III de su A Treatise of

Human Nature el filósofo de Edimburgo establece una doble

constatación:

i. Por un lado, nos dice, los seres humanos nos formamos, cada

uno, una multiplicidad inagotable de planes de vida;

ii. Por otro lado, los bienes o recursos de que disponemos son

insuficientes para dar satisfacción a toda esa enorme variedad

de planes y propósitos.

De la confluencia de las dos circunstancias anteriores, concluye

Hume, surge la necesidad de contar con un conjunto de reglas que

establezcan el modo en que los bienes disponibles serán

distribuidos y asignados entre las personas, reglas que

establecerán qué sujetos tienen un título para gozar y disponer

de ellos, y quiénes, en cambio, como consecuencia necesaria de

lo anterior, se verán privados de esos mismos bienes.

En otras palabras, lo que se requiere es un conjunto de reglas

que hagan posible la convivencia pacífica en condiciones de

escasez relativa. Pues bien: no otra es la función esencial del

Derecho Civil patrimonial en general y del Derecho de Bienes

(objeto de este curso) en particular.

1
De ese modo, cuando se estudia el Derecho Civil patrimonial, se

está estudiando una específica técnica de control social, la

cual permite poner en práctica una determinada distribución de

los bienes, y junto con ello, una determinada distribución del

poder, de la fuerza. Se trata, como se comprende, de un fenómeno

que en último término es político. El Derecho de bienes dice así

relación con el conjunto de técnicas por medio de las cuales se

lleva a cabo la distribución del producto del esfuerzo social,

distribución que por cierto puede ser más igualitaria o menos

igualitaria. Es algo que no hay que perder de vista. Dada la

escasez relativa de los bienes, es evidente que la propiedad de

unos importa la no propiedad de otros.

El propietario es alguien que dispone de más fuerza que el no

propietario. ¿Por qué? Porque el ordenamiento jurídico pone a

disposición del propietario, y también del poseedor, el auxilio

de la fuerza estatal, la fuerza socialmente organizada. El

propietario y el poseedor pueden recurrir a los órganos que

monopolizan la fuerza estatal con el fin de retener o recuperar

su dominio o posesión. No por otra razón expresaba Modestino, en

un pasaje que se cita en el Digesto: “Decimos que tenemos una

cosa cuando, teniéndola, disponemos de la fuerza para retenerla,

o cuando, habiendo dejado de tenerla, disponemos de la fuerza

para recuperarla”.

Conviene asimismo recordar que, tal como sucede con toda otra

técnica social, el Derecho Civil obedece a unas determinadas

circunstancias históricas, se gesta en un contexto social

determinado. Es por esa razón que el Derecho Civil, esto es, el

2
conjunto de técnicas de control social que lo constituyen, posee

un carácter alternativo: es éste pero podría ser otro. De ahí,

entre otras cosas, la relevancia de la historia del derecho y

del derecho comparado, como disciplinas del conocimiento

jurídico a cuyo través es posible tomar cierta distancia crítica

enfrente de las instituciones que nos toca examinar como parte

del derecho nacional contemporáneo.

II. Conceptos fundamentales.

1. Relaciones jurídicas absolutas y relativas. En el Derecho

Civil patrimonial es posible advertir básicamente dos tipos o

clases de relaciones jurídicas. Las denominamos respectivamente

relaciones jurídicas absolutas y relativas.

Las relaciones jurídicas absolutas son aquellas en que el

derecho de que es titular un individuo determinado tiene como

correlato suyo un deber universal de omisión por parte de toda

la comunidad. Dicho deber es universal precisamente porque recae

sobre toda la comunidad y no sobre algún sujeto específicamente

determinado, y es de omisión porque su contenido consiste en

abstenerse de interferir en la esfera de disposición del titular

del derecho. Debe subrayarse, en consecuencia, que en las

relaciones jurídicas absolutas el sujeto pasivo es universal,

abstracto e indeterminado, es decir, está constituido por todo

el resto de la comunidad.

Cabe observar, con todo, que el sujeto pasivo de la relación

jurídica de tipo absoluto, siendo inicialmente universal e

3
indeterminado, puede sin embargo llegar a particularizarse en un

individuo concreto. Ello ocurrirá cuando algún miembro de la

comunidad transgreda, perturbe o amenace, la esfera de

disposición que corresponde al titular del derecho. Así, por

ejemplo, cuando alguien entra en el fundo que es propiedad de

Pedro, sin autorización de éste, es evidente que en ese momento

el sujeto pasivo de la relación absoluta deja de ser universal e

indeterminado puesto que pasa a singularizarse en la persona del

invasor.

La técnica normativa que articula las relaciones jurídicas

absolutas es la técnica de los derechos reales. El artículo 577

del Código Civil chileno define derecho real como “el que

tenemos sobre una cosa sin respecto a determinada persona”.

Ejemplos de tales derechos, que proporciona el propio artículo

577 en su inciso 2, son el derecho de propiedad o dominio, el

derecho real de herencia, el de usufructo, servidumbre, prenda e

hipoteca.

Como se comprende, este curso dedicado al Derecho de Bienes, que

en otras facultades universitarias lleva por nombre precisamente

Derechos Reales, tiene como objeto central suyo, el estudio de

las relaciones jurídicas absolutas.

Son relaciones jurídicas relativas, en cambio, aquellas en que

el titular de un derecho sólo puede exigir la ejecución de la

conducta debida o prestación de ciertos sujetos específicamente

determinados, en concreto, de aquel o aquellos sujetos que, por

4
un hecho suyo o la sola disposición de la ley, han contraído la

obligación correlativa.

La técnica normativa que articula las relaciones jurídicas

relativas es la noción de derecho personal o crédito, definida

en el artículo 578 del Código Civil chileno en los siguientes

términos: “Derechos personales o créditos son los que sólo

pueden reclamarse de ciertas personas, que, por un hecho suyo o

la sola disposición de la ley, han contraído las obligaciones

correlativas”.

Mientras que las relaciones absolutas constituyen, según hemos

dicho, el objeto propio del curso de Derechos Reales, las

relaciones de tipo relativo se estudian básicamente en los

cursos de Obligaciones Civiles y Responsabilidad Civil.

5
No es difícil registrar las principales diferencias que median

entre las relaciones jurídicas absolutas y las relativas.

Ofrecemos el siguiente cuadro comparativo:

Relación Jurídica Relación Jurídica

Absoluta Relativa

Universal e Determinado desde


Sujeto Pasivo
Indeterminado el comienzo

Deber del sujeto


Omisión Acción u omisión
pasivo

Cómo se regulan y Desde el punto de Desde el punto de

estudian vista activo vista pasivo

(Derecho) (Obligación)

Técnica normativa Derechos reales Derechos personales

2. Derechos reales y derechos personales.

6
El Derecho Civil patrimonial se integra básicamente por dos

tipos o clases de derechos subjetivos: los derechos reales y los

derechos personales o de crédito1.

Los conceptos de derecho real y de derecho personal o de crédito

no fueron conocidos en el derecho romano2. El derecho romano,

sin embargo, estableció una importante diferencia entre dos

tipos de acciones que eran las llamadas acciones in rem y las

acciones in personam. Mediante la actio in rem el demandante

trata de obtener aquello que es suyo (así, por ejemplo, la

acción reivindicatoria); en cambio, la actio in personam, según

explica Gayo, es aquella que se ejercitaba para demandar a

alguien que le debía algo al actor ya sea en virtud de un

contrato o de un delito.

Fueron los glosadores, en los comienzos de la baja Edad Media,

quienes al estudiar los textos romanos comenzaron a hablar de un

ius in re y de un ius in personam. Ambos conceptos nacieron al

preguntarse los juristas medievales por qué causa nace una

acción para alguien (ex qua causa oritur actio) y contestar que

toda acción debe nacer de un derecho anterior que corresponde al

1
Alguna doctrina comparada, v.gr. española, ha querido ver un tertium
genus en algunas figuras intermedias, como es el caso del ius ad rem y
el derecho real in faciendo, pero sin mucho éxito. Cfr. Díez-Picazo,
Luis y Gullón, Antonio, Sistema de Derecho Civil, vol. III, Madrid,
Tecnos, 2005, pp. 36-40.
2
Es objeto de discusión entre los especialistas hasta qué punto los
romanos llegaron a manejar un concepto de derecho subjetivo en el
sentido en que lo entendemos hoy. Han defendido la tesis negativa,
entre otros, Giovanni Pugliese, quien afirma con rotundidad: “É un
dato incontrovertibile che i giuristi romani non hanno elaborato il
concetto di diritto soggettivo…” (Res corporales, res incorporales e
il problema del diritto soggettivo. En: Studi in Onore di Vicenzo
Arangio Ruiz. Napoli: Editore Jovene, 1953, t. IV, pp. 223 y ss.). En
igual sentido, Villey, Michell, En torno a la noción de derecho
subjetivo. Valparaíso: Universidad de Valparaíso, 1984.

7
actor. La distinción es recogida por los autores inmediatamente

anteriores a la codificación.

Nuestro Código Civil refleja claramente lo anterior. Si se leen

con cuidado los artículos 577 y 578 precitados se advertirá que

sus respectivas partes finales expresan: “De estos derechos

nacen las acciones reales” (artículo 577 en referencia a los

derechos reales) y “De estos derechos nacen las acciones

personales” (artículo 578 en referencia a los derechos

personales o créditos).

a) Derechos reales. El concepto de derecho real (de la voz

latina res que significa cosa) alude a aquella categoría de

derechos patrimoniales que se caracteriza por conferir a su

titular un poder inmediato sobre una determinada cosa. El

paradigma de los derechos reales es el derecho de propiedad o

dominio (definido en el artículo 582 de nuestro Código Civil).

El artículo 577 del Código Civil chileno define los derechos

reales con las siguientes palabras: “Derecho real es el que

tenemos sobre una cosa sin respecto a determinada persona”. Y a

continuación su inciso segundo enumera los más importantes: “Son

derechos reales el de dominio, el de herencia, los de usufructo,

uso o habitación, los de servidumbres activas, el de prenda y el

de hipoteca”. Existen otros que se contemplan sobre todo en la

legislación especial. Tal es el caso, por ejemplo, del derecho

de aprovechamiento de aguas o el de concesión minera (v.

artículos 6 del Código de Aguas y 2 del Código de Minería).

8
Siempre en el ámbito de los derechos reales, es usual marcar una

diferencia entre el derecho de propiedad o dominio, el cual

equivale como es obvio a un derecho real en cosa propia, y los

demás derechos reales, a los que bien se ha denominado derechos

reales en cosa ajena.

Distínguese asimismo entre derechos reales de goce y derechos

reales de garantía. Los derechos reales de goce permiten la

utilización directa de la cosa. El primero de ellos, el más

completo, es el derecho de dominio o propiedad, el cual

constituye la máxima suma de potestades que el ordenamiento

jurídico reconoce a una persona enfrente de las cosas (uso, goce

y disposición); otros derechos reales de goce, con facultades

limitadas, son los derechos de usufructo, uso, servidumbre. Por

su parte, los derechos reales de garantía permiten servirse de

la cosa indirectamente, por su valor de cambio; contienen la

facultad de lograr, con el auxilio de la justicia, su

enajenación para obtener con el producto una prestación

incumplida. Son derechos reales de garantía los derechos de

prenda e hipoteca.

b) Derechos personales. Los derechos personales –también

llamados derechos de crédito o de obligación- son aquellos que

atribuyen a su titular un poder que le permite dirigirse a otra

persona y reclamar de ella una acción o una omisión. El

paradigma de los derechos personales es el derecho del acreedor

a reclamar de su deudor, por ejemplo, el pago de una suma de

dinero que le prestó.

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El artículo 578 de nuestro Código Civil define los derechos

personales del modo que sigue: “Derechos personales o créditos

son los que sólo pueden reclamarse de ciertas personas, que, por

un hecho suyo o la sola disposición de la ley, han contraído las

obligaciones correlativas; como el que tiene el prestamista

contra su deudor por el dinero prestado, o el hijo contra el

padre por alimentos”.

De modo tal que mientras los derechos reales los ejercemos

directamente sobre las cosas y sin respecto a determinada

persona, los derechos personales o créditos se caracterizan

precisamente porque sólo podemos ejercerlos respecto de aquellas

personas que, ya sea por un hecho suyo o bien por la sola

disposición de la ley, ha contraído la obligación correlativa.

Así por ejemplo: Pedro y Juan celebran un contrato de mutuo o

préstamo de dinero por el que el primero le presta al segundo la

suma de 10 millones de pesos, suma que Juan deberá restituirle a

Pedro en el plazo de 1 año debidamente reajustada y con

intereses. Es evidente que en este ejemplo Juan ha ejecutado un

hecho suyo, más precisamente un hecho de carácter convencional,

un negocio jurídico, por el que ha contraído la obligación de

restituir puntualmente la suma adeudada a Pedro. Dicha

obligación contraída por Juan resulta correlativa, entonces, al

derecho personal de que es titular Pedro para demandarle el

pago.

Considérese, por otra parte, el caso en que Juan arrolla con su

vehículo a Pedro, causándole graves perjuicios (lesiones

10
físicas, gastos de hospitalización, ausencias laborales,

psiquiatra, etc.). De nuevo se trata de un caso en que Juan ha

ejecutado un hecho suyo, cuyo carácter es evidentemente no

convencional puesto que se trata en este caso de un accidente.

Pero al igual que en el caso anterior, Juan ha adquirido a

resultas de ese hecho suyo una obligación civil, cual es, la de

indemnizar los daños y perjuicios ocasionados a la víctima. Y

esa obligación es estrictamente correlativa al derecho de Pedro

para demandarle a Juan el pago de la indemnización.

Considérese finalmente el caso en que Pedro y Juan son dos

propietarios cuyos terrenos son colindantes. Supóngase que Juan

ha plantado un árbol cuyas ramas o raíces invaden la propiedad

de Pedro. Éste último tiene el derecho de exigirle a Juan que

corte la parte excedente de ramas o raíces. Y en este tercer

caso Pedro tiene ese derecho “por la sola disposición de la ley”

puesto que, en efecto, dispone el artículo 942 del Código Civil:

“Si un árbol extiende sus ramas sobre suelo ajeno, o penetra en

él con sus raíces, podrá el dueño del suelo exigir que se corte

la parte excedente de las ramas, y cortar él mismo las raíces”

(obsérvese el diverso trato que confiere la ley según se trate

de ramas o de raíces: para las primeras admite únicamente que se

exija al dueño del árbol el corte de las ramas excedentes

–precaviendo probablemente acciones desproporcionadas o poco

prolijas de parte del vecino afectado que vengan a empeorar las

relaciones de vecindad en lugar de mejorarlas- mientras que en

el caso de las raíces, el legislador admite un verdadero acto de

11
auto-tutela al autorizar al vecino perjudicado a “cortar él

mismo las raíces”.

Cabe dejar señalado que desde el punto de vista de nuestro

Código Civil, los derechos subjetivos (de todo tipo) equivalen a

cosas. Más específicamente, los derechos pertenecen a aquella

categoría de cosas que el Código Civil chileno –siguiendo en ese

punto a Gayo- denomina incorporales. Así se sigue de la norma

contenida en el artículo 565: “Los bienes consisten en cosas

corporales e incorporales” (inciso 1); “Corporales son las que

tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos,

como una casa, un libro” (inciso 2); “Incorporales las que

consisten en meros derechos…” (inciso 3).

Y al ser los derechos cosas –incorporales según acabamos de

comprobar- los derechos son objeto de propiedad. Así se

seguiría, por lo demás, de lo dispuesto por los artículos 582 y

583. El primero de tales artículos define el derecho de

propiedad en los siguientes términos: “El dominio (que se llama

también propiedad) es el derecho real en una cosa corporal, para

gozar y disponer de ella arbitrariamente; no siendo contra la

ley o contra derecho ajeno”.

Es claro, de la sola lectura del artículo 582, que la propiedad

está concebida para operar sobre cosas corporales. Ocurre, sin

embargo, que, a renglón seguido, el artículo 583 viene a

precisar lo siguiente: “Sobre las cosas incorporales hay también

una especie de propiedad”.

12
Así las cosas, el arrendador por ejemplo, no solo es titular del

derecho personal o de crédito a percibir las rentas, derecho que

nació para él como resultado del contrato de arrendamiento que

celebró con su arrendatario; el arrendador es, al mismo tiempo,

dueño –esto es, titular del derecho de propiedad o dominio

sobre- su derecho personal a percibir las rentas. Lo mismo

sucede, para ejemplificar con un derecho real, con el

usufructuario; éste no sólo es titular de su derecho real de

usufructo, sino que al mismo tiempo es dueño o propietario de

ese mismo derecho real. Así lo señala por lo demás, en tono

didáctico, el citado artículo 583: “Así, el usufructuario tiene

la propiedad de su derecho de usufructo”.

Por cierto que toda esta construcción dogmática –surgida como se

indicó de la opción, atípica entre los principales códigos

civiles modernos, tomada por Andrés Bello al hacer de la

distinción entre cosas corporales e incorporales la máxima

clasificación de las cosas en nuestro Derecho- da lugar a

ciertas conclusiones extrañas. Así por ejemplo, el dueño, no

sólo es titular del derecho de dominio sobre una cosa, sino que,

al ser el mismo derecho de dominio una cosa, el dueño resulta

también dueño de su derecho de dominio, y a la vez dueño de ese

ulterior derecho de dominio, produciéndose una regresión ad

infinitum más bien absurda.

13
Principales diferencias entre las nociones de derecho real y

derecho personal:

1. Para los autores clásicos la diferencia entre el derecho real

y el derecho personal es que, en el primero, se advierte una

relación directa entre una persona y una cosa, en tanto que en

el segundo se da una relación entre personas. Dicha distinción

recibió graves críticas por los más diversos autores, tanto de

filosofía y teoría del derecho (Hegel, Austin, Kelsen) como

civilistas (Augusto Thon, Marcel Planiol).

En efecto, la moderna teoría ha resaltado el hecho de que todo

derecho subjetivo (y no sólo los derechos personales) comportan

una relación entre personas, añadiéndose que al ignorarse lo

anterior se oculta o empaña la esencial relación social de

exclusión que es inherente al derecho de bienes: la propiedad de

unos importa necesariamente, según se vio más arriba, la no

propiedad de otros.

2. El contenido de la obligación es, también, un criterio

distintivo. Tratándose de los derechos reales, el contenido de

la obligación del sujeto pasivo (universal e indeterminado) es

siempre una omisión. En cambio, en el caso de los derechos

personales o créditos, la obligación del sujeto pasivo puede

tener por contenido tanto una acción como una omisión.

3. En tercer lugar, debe señalarse que, al menos en la doctrina

nacional, se toma como verdad incontrovertible que en nuestro

sistema civil los derechos reales conforman un universo finito

14
(numerus clausus), que se limita únicamente a los derechos

reales expresamente reconocidos por el legislador (en nuestro

ordenamiento jurídico, tales derechos son fundamentalmente los

que enumera el artículo 577 inciso 2, pero no sólo ellos, así,

verbigracia, el derecho de aprovechamiento de aguas es, también,

un derecho real), por lo que no podrían las partes, en ejercicio

de la autonomía de su voluntad, crear otros derechos reales,

distintos de los expresamente reconocidos por la ley3. En

cambio, los derechos personales constituyen un numerus apertus,

es decir, pueden existir tantos como logren idear las partes

mediante la celebración de actos jurídicos.

Cabe que hagamos ahora una clasificación general de los derechos

reales. Podemos identificar tres clases o categorías principales

de derechos reales, a saber:

i) El derecho real de dominio o propiedad. Configura una

categoría en sí mismo, puesto que constituye, según veremos, la

máxima suma de potestades que el ordenamiento jurídico reconoce

a un sujeto de derecho enfrente de las cosas. En efecto, el

dueño o propietario, esto es, el titular del derecho real de

dominio, tiene las facultades de uso, goce y disposición (ius

utendi, fruendi y abutendi) sobre la cosa objeto de su dominio.

En todos los códigos clásicos, la propiedad constituye el

derecho subjetivo por antonomasia, además de la columna

vertebral en derredor de la cual se estructuran y regulan todos

los demás derechos reales.

3
La doctrina comparada se muestra bastante más abierta y flexible
sobre este punto.

15
ii) Derechos reales de goce en cosa ajena. En esta categoría se

enlistan derechos tales como el derecho real de usufructo y los

derechos de uso y habitación, también podrían incluirse aquí las

servidumbres por lo menos en general. Estos derechos facultan a

su titular para utilizar y disfrutar de una manera directa e

inmediata los bienes ajenos. Aunque la cosa sea transmitida por

su propietario a otra persona, el adquirente del dominio la

recibe con la sujeción o el sometimiento (carga o gravamen) del

derecho de utilización y de disfrute de un tercero.

iii) Derechos reales de garantía. Las garantías reales ―prenda

e hipoteca― implican la afección de una determinada cosa con el

fin de asegurar el cumplimiento de una obligación. El carácter

real de este tipo de derechos de garantía radica en que el

acreedor puede perseguir la cosa en manos de quien se encuentre

para realizar su valor y pagarse con el producido del remate.

A las anteriores categorías podría añadirse todavía una cuarta:

se trata de ciertas cargas reales, es decir, derechos que

facultan a su titular para obtener una prestación periódica que

debe ser satisfecha por la persona que en cada momento sea

propietario de una cosa. Es el caso de los censos.

Acciones reales y acciones personales. Observemos que, luego de

definir el derecho real y el derecho personal, el Código declara

que de ellos nacen, respectivamente, acciones reales y acciones

personales. Como se comprende, se trata únicamente de una

clasificación que se subordina a otra. En consonancia con lo

estudiado, tendríamos que concluir que lo propio de toda acción

16
personal es que ella sólo puede dirigirse contra aquella

específica persona que, por un hecho suyo o la sola disposición

de la ley, haya contraído la obligación correlativa. En tanto,

lo propio de toda acción que pueda decirse real es que, en

principio, puede dirigirse contra cualquiera que de un modo u

otro perturbe el legítimo ejercicio del derecho real de que se

trate.

Derechos y acciones muebles e inmuebles. El Código, en su

artículo 580, aplica a los derechos y acciones la clasificación

del artículo 566 que distingue, al interior de la clase de los

bienes corporales, entre bienes muebles e inmuebles, indicando

el primer artículo citado que, “Los derechos y acciones se

reputan bienes muebles o inmuebles, según lo sea la cosa en que

han de ejercerse, o que se debe”, y acto seguido ejemplifica

diciendo: “Así la acción del comprador para que se le entregue

la finca comprada, es inmueble; y la acción del que ha prestado

dinero, para que se le pague, es mueble”.

3. Hohfeld. Wesley Hohfeld (1879-1918), autor norteamericano,

tempranamente desaparecido, contribuyó notablemente a la

comprensión de las relaciones jurídicas que pueden establecerse

entre sujetos de derecho4. Su contribución no ha sido

suficientemente valorada en el ámbito del Derecho Privado,

especialmente continental, aun cuando el más rápido vistazo a

las categorías que describió, permite apreciar como éstas se

bastan para describir una variedad ilimitada de relaciones

4
Some fundamental legal conceptions as applied to legal reasoning. 23
Yale Law Journal 16, 1913.

17
propias del Derecho Privado y cómo dan perfecta cabida a figuras

para las que la teoría tradicional no parece haber encontrado un

lugar adecuado.

Inquirió Hohfeld sobre las distintas clases de situaciones o

relaciones entre sujetos a las que, conscientemente o no,

podemos estar aludiendo cuando hacemos uso de la expresión “X

tiene derecho a”. La primera constatación de Hohfeld es que la

mencionada expresión es eminentemente ambigua, lo que significa

que a través suyo se puede aludir a situaciones relacionales muy

distintas. Pero el mérito de Hohfeld consistió en que al hilo de

la anterior constatación, identificó un buen número de tales

situaciones, graficándolas por medio de cuatro tablas.

Procedió Hohfeld del siguiente modo: en primer lugar, identificó

cuatro conceptos matrices (que enunciaremos con mayúsculas y en

negrita) y seguidamente procedió a identificar, en relación con

cada uno de esos cuatro conceptos, tanto su concepto correlativo

como su concepto opuesto. El concepto correlativo (o correlativo

jurídico) designa la situación jurídica en que se encuentra

aquella otra persona frente a quien uno tiene un derecho en los

distintos sentidos matrices). Por su parte, el concepto opuesto

(u opuesto jurídico) designa aquella situación jurídica en que

se encuentra una persona cuando no está en la situación

designada por el respectivo concepto matriz.

Los cuadros de Hohfeld son como figuran en el siguiente esquema.

Señalaremos los correlativos jurídicos a la derecha de los

respectivos conceptos matrices en tanto que los opuestos

18
jurídicos los indicaremos inmediatamente debajo de cada concepto

matriz:

PRETENSIÓN ----- Deber PRIVILEGIO ---- No derecho

| |

No derecho Deber

POTESTAD ---- Sujeción INMUNIDAD -- Incompetencia

| |

Incompetencia Sujeción

Si aplicamos los esquemas de Hohfeld, es claro, por ejemplo, que

quien presta a otro una suma de dinero (mutuante) se encuentra

en situación de pretensión frente al sujeto a quien le hizo el

préstamo (mutuario). Y correlativamente, este último se halla en

una situación de deber frente al primero.

Considérese, por otra parte, el caso de una venta de cosa ajena.

Es evidente que vendedor y comprador se hallan correlativamente

en las situaciones de pretensión y deber (de hecho en ese caso

la correlación opera en los dos sentidos ya que ambos se hallan

en situación de pretensión o deber según que se trate de la

entrega de la cosa vendida o del pago del precio).

Pero ¿qué hemos de decir del verdadero dueño de la cosa que se

vendió? En términos hohfeldianos el verdadero dueño se encuentra

en situación de inmunidad con respecto a las partes que

celebraron la compraventa, y correlativamente, éstas se hallan

en situación de incompetencia con respecto a él. Eso significa

19
que quienes celebraron la compraventa no estaban en posición de

modificar la situación jurídica del verdadero dueño con respecto

a la cosa que le pertenece (lo que no ocurriría si, por ejemplo,

alguna de las partes hubiera actuado como representante del

verdadero dueño). Es por eso –porque es inmune a la compraventa

celebrada- que el verdadero dueño podrá, al menos en principio,

reivindicar la cosa de manos del comprador; sin perjuicio de que

éste a su vez se mantenga en una posición de pretensión frente a

su vendedor para que la cosa vendida le sea entregada. Y como

esto ya no será posible, el vendedor deberá restituirle el

precio e indemnizarle los perjuicios.

No es difícil multiplicar los ejemplos. Parece claro, por

ejemplo, que, con antelación a cualquier acto vulnerador de su

derecho, un propietario se encuentra en una situación de

privilegio frente al resto de la comunidad en lo que toca al uso

y disposición de la cosa objeto de su dominio. Y

correlativamente, los miembros de la comunidad, con exclusión

del propietario, se hallan en una situación de no derecho con

respecto a la misma cosa. Por cierto, alguien que no es

propietario no sólo es alguien que carece del derecho a usar y

disponer de las cosas ajenas, también es alguien que tiene el

deber de respetar la propiedad de los demás. De modo que, en

este caso, unos mismos sujetos ocupan simultáneamente dos

distintas posiciones hohfeldianas.

Por otra parte, y si miramos al contrato de mandato (definido

por el artículo 2116 del Código Civil como un contrato en que

una persona –el mandante- confía la gestión de uno o más

20
negocios a otra –el mandatario- que se hace cargo de ellos por

cuenta y riesgo de la primera), es claro que mandante y

mandatario son dos sujetos de derecho que ocupan

correlativamente las posiciones hohfeldianas de potestad y

sujeción.

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