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El concepto de bien

a) Bien y cosa. El Código Civil chileno no hace distingo entre

las expresiones cosa y bien, aun cuando algunos Proyectos de

Código Civil, en particular el de 1853, sí establecían algún

tipo de distinción. En efecto, el artículo 688 del Proyecto de

1853 señalaba que son bienes sólo aquellas cosas que sean

susceptibles de incorporarse al patrimonio.

En general, en el derecho comparado tampoco se hace distinción

entre los dos conceptos. Una excepción la constituye el Código

Civil italiano de 1942, cuyo artículo 810 establece que “son

bienes las cosas que pueden constituirse en objeto de derechos”.

La civilística tradicional identifica como cosa todo ente que no

sea persona1, y, a su turno, identifica como bien, toda cosa que

cumpla los dos siguientes requisitos:

i) Que preste alguna utilidad al hombre.

ii) Que sea susceptible de apropiación.

Se establece, por consiguiente, una relación de género a especie

entre ambos conceptos, donde la cosa es el género y el bien la

especie, es decir, todo bien es una cosa, pero no toda cosa es

un bien.

1
Para el concepto de persona en sentido jurídico, nos remitimos a los
contenidos del curso Derecho Civil I.

1
Desde una perspectiva similar a la anterior, puede afirmarse que

bien es toda cosa que posea valor de uso y valor de cambio. La

distinción entre valor de uso y valor de cambio es introducida

por vez primera por Aristóteles en el Libro I de La Política2 y

será popularizada después por Marx en El Capital3.

Toda mercancía, explica Marx, tiene dos dimensiones:

i) Una dimensión cualitativa: enderezada a la satisfacción de

necesidades. Tal dimensión equivale al valor de uso.

ii) Una dimensión cuantitativa: que equivale a la proporción en

que una mercancía es intercambiable por otra. Esta dimensión

equivale al valor de cambio.

El mediador entre diversos valores de uso es una específica

mercancía: el dinero. Se trata de una mercancía singular pues,

como se comprende, su valor de uso es precisamente su valor de

cambio. Y se pregunta Marx en El Capital cuál es la fuente del

valor de cambio, señalando que la fuente del valor es en

definitiva el trabajo humano.

Bien es, pues, toda cosa que posee valor de uso y valor de

cambio. Con todo, si uno lee el Código Civil chileno, advierte

2
He aquí el pasaje: “toda propiedad tiene dos usos que le pertenecen
esencialmente, aunque no de la misma manera: el uno es especial a la
cosa, el otro no lo es. Un zapato puede a la vez servir para calzar el
pie o para verificar un cambio. Por lo menos puede hacerse de él este
doble uso. El que cambia un zapato por dinero o por alimentos con otro
que tiene necesidad de él, emplea bien este zapato en tanto que tal,
pero no según su propio uso, porque no había sido hecho para el
cambio. Otro tanto diré de todas las demás propiedades; pues el cambio
efectivamente puede aplicarse a todas, puesto que ha nacido
primitivamente entre los hombres de la abundancia en un punto y de la
escasez en otro de las cosas necesarias para la vida. Es demasiado
claro, que en este sentido la venta no forma en manera alguna parte de
la adquisición natural” (Pol. I, III).
3
Lib. 1, Sección 1, Cap. I.

2
que alguna de sus normas contempla una tercera dimensión del

valor: el denominado valor de afección, que puede definirse como

la relación que existe entre una cosa y el universo afectivo de

una persona. Así, por ejemplo, el artículo 659 inciso 1 dispone,

a propósito de ese modo de adquirir el dominio que es la

accesión: “Si de las dos cosas unidas, la una es de mucho más

estimación que la otra, la primera se mirará como lo principal y

la segunda como lo accesorio”. Y añade seguidamente el inciso 2:

“Se mirará como de más estimación la cosa que tuviere para su

dueño un gran valor de afección”.

En resumen, es posible advertir en el Código Civil chileno, tres

distintas dimensiones del valor: valor de uso, valor de cambio y

valor de afección. De las tres, la más relevante en el Código es

indudablemente la del valor de cambio (se encuentra detrás de

instituciones como la lesión, de clasificaciones como la que

distingue entre actos gratuitos y onerosos, etcétera). El valor

de uso, por otra parte, también reviste importancia en

determinadas instituciones, como es el caso de los llamados

vicios redhibitorios, es decir, como expresa el artículo 1858,

aquellos vicios, existentes al tiempo de la venta pero no

declarados por el vendedor, que hacen que la cosa vendida no

sirva para su uso natural, o sólo sirva imperfectamente (en

igual sentido los artículos: 1932, a propósito del contrato de

arrendamiento y 2192 a propósito del contrato de comodato). Por

último, el valor de afección, que también se recoge, según

veíamos en algunas disposiciones, como es el caso del artículo

659 ya citado.

3
b) Bien y objeto del acto jurídico. Como vimos en el curso

anterior, la expresión objeto del acto jurídico designa un

elemento estructural, esto es, un requisito de existencia de

todo acto jurídico. En ese sentido, declara el artículo 1460 que

“Toda declaración de voluntad debe tener por objeto una o más

cosas que se trata de dar, hacer o no hacer”. Es completamente

obvio que no todo bien es objeto, al menos actual, de un acto

jurídico.

c) Bien y derecho subjetivo. Usualmente se afirma que los bienes

son el objeto sobre que recaen los derechos subjetivos. Desde el

punto de vista del Código Civil chileno, sin embargo, lo

anterior no puede sostenerse ya que, en concepto del Código, los

derechos subjetivos son bienes. En efecto, declara el artículo

565 que “Los bienes consisten en cosas corporales o

incorporales”, añadiendo enseguida que “Corporales son las que

tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos,

como una casa, un libro”, en tanto que “Incorporales las que

consisten en meros derechos, como los créditos, y las

servidumbres activas”. A mayor abundamiento, el artículo 576

establecerá después que “Las cosas incorporales son derechos

reales o personales”.

4
El Derecho de bienes en el Código Civil chileno

El Código Civil chileno consta de cuatro libros. El Libro II,

que se titula “De los bienes y de su dominio, posesión, uso y

goce”, está formado por catorce títulos que comprenden desde el

artículo 565 al 950.

Desde el punto de vista de sus antecedentes doctrinarios, una de

las fuentes principales del Libro II es Pothier (particularmente

los tratados que ese autor dedicó al dominio y la posesión),

además de algunos otros juristas franceses menos conocidos como

es el caso, por ejemplo, de Delvincourt.

El Libro II presenta, además, un fuerte tradicionalismo, un

fuerte apego a las fuentes romanas: baste indicar, nada más, que

algunos de los artículos fueron transcritos textualmente de las

Institutas de Gayo.

Cabe que revisemos algunos de los principios fundamentales que

inspiran el Libro II del Código Civil chileno:

i) En primer lugar, tiene como propósito explícito el fomentar

la libre circulación de los bienes (objetivo que se proclama

expresamente en el Mensaje del Código). Se trataba, desde un

punto de vista sociológico, de constituir mercados en el Chile

oligárquico del siglo XIX.

5
ii) Se maneja, en segundo lugar, un concepto de la propiedad

privada como derecho individual y absoluto. Individual por

cuanto se radica básicamente en el individuo y no en

colectividades; y absoluto por cuanto confiere al dueño o

propietario la máxima suma de potestades en relación con la cosa

sobre que recae su dominio.

iii) En tercer lugar, se advierte una acentuada valorización y

protección de la propiedad inmueble o raíz (la tierra). No hay

que olvidar que las clases dominantes de la época eran clases

terratenientes.

iv) Se recoge un principio de legitimación de la propiedad que

podemos denominar de legitimación genealógica o de historia.

v) Se intenta simplificar la terminología legal existente hasta

ese momento en materia de bienes, propósito que también se hace

explícito en el mensaje pero que, no obstante y según vamos a

ver, en buena medida fracasa.

Cabe que nos refiramos ahora, al sistema del Libro II del Código

Civil, a su organización:

El Título I del Libro II comienza con el artículo 565 el cual

establece que los bienes son de dos clases: corporales o

incorporales. La distinción fue tomada, como ya sabemos, de las

Institutas de Gayo (res corporalis – res incorporalis). Son

cosas corporales las susceptibles de ser percibidas por los

sentidos, en tanto que las cosas incorporales equivalen a los

6
derechos. Según veremos, esta es una distinción que diversos

códigos en el derecho comparado no recogieron (como el francés,

el alemán o el italiano).

Entre los artículos 566 y 575 el Código se refiere a las cosas

corporales clasificándolas en muebles e inmuebles. De acuerdo

con los artículos 567 y 568, la cosa será mueble o inmueble

según sea o no posible trasladarla de un lugar a otro.

Entre los artículos 576 y 581 el Código se refiere a las cosas

incorporales clasificándolas en derechos reales y derechos

personales. Como ya hemos indicado, los derechos reales quedan

definidos en el artículo 577 como aquellos que ejercemos sobre

una cosa sin respecto a determinada persona. En cambio, derechos

personales o créditos son, al decir del artículo 578, aquellos

derechos que sólo pueden reclamarse respecto de aquellas

específicas personas que por un hecho suyo, o la sola

disposición de la ley, hayan contraído la obligación

correlativa.

Esta fundamental clasificación de los bienes, en muebles e

inmuebles, da origen a través del Código, a dos estatutos

reguladores notoriamente distintos. Veremos, en efecto, que el

Código contiene normas radicalmente distintas en relación a los

bienes muebles e inmuebles. Algunos de los aspectos en que

apreciaremos esa diversa regulación dicen relación con: los

modos de acceder a los bienes, los sistemas de protección, los

contratos que pueden celebrarse en relación con unos y otros,

etcétera.

7
El título II se ocupa del derecho de propiedad o dominio,

definido en el artículo 582 como “el derecho real en una cosa

corporal, para gozar y disponer de ella arbitrariamente; no

siendo contra la ley o contra derecho ajeno”. Fluye, de la sola

lectura, que la propiedad privada es concebida como un derecho

absoluto y omnipotente desde el punto de las facultades que

concede a su titular, es decir, se trata de la máxima suma de

facultades que la ley reconoce a un sujeto de derecho enfrente

de las cosas.

Sumado a lo anterior, la propiedad es concebida además como un

derecho omnipresente desde el punto de vista de los bienes sobre

los que ésta puede recaer. Ello porque, de conformidad con el

artículo 583, la propiedad puede recaer no sólo sobre las cosas

corporales, como desde luego anunciaba el artículo 582, sino que

recae también sobre las cosas incorporales, o sea, sobre los

derechos.

Otra norma capital del Título II es el artículo 588 en cuanto

enumera los denominados modos de adquirir el dominio con lo que,

en el fondo, provee de respuesta a la pregunta ¿cómo se puede

ser propietario en Chile? Tales modos de adquirir son:

La ocupación: regulada en el título IV, artículos 606 y ss.

La accesión: regulada en el título V, artículos 643 y ss.

La tradición: regulada en el título VI, artículos 670 y ss.

La sucesión por causa de muerte.

La prescripción adquisitiva.

8
A la sucesión por causa de muerte el Código le destina casi la

totalidad del Libro III (dedicado básicamente a materia

sucesoria) en tanto que la prescripción adquisitiva está tratada

(lo mismo que la prescripción extintiva) en el título XLII del

Libro IV, o sea, al final, tal como la trata el Código Civil

francés.

A continuación podemos dar una breve semblanza de cada modo de

adquirir el dominio. Se trata, apenas, de una sinopsis, puesto

que cada uno de ellos deberá estudiarse con detalle más

adelante.

i) Ocupación: modo de adquirir el dominio de las cosas que

carecen de dueño a través de la toma de posesión de las mismas.

ii) Accesión: modo de adquirir el dominio por virtud del cual el

dueño de una cosa pasa a serlo de lo que la cosa produce o de lo

que se junta a ella.

iii) Tradición: modo de adquirir el dominio que consiste en la

entrega que el dueño hace de una cosa a otra persona habiendo

por una parte, intención de transferir el dominio y, por la

otra, la intención y capacidad de adquirirlo.

Veremos que, en nuestro sistema civil, para que en efecto se

adquiera el dominio por medio de la tradición es necesario que

la dicha tradición vaya antecedida de un título, o sea, un

contrato. Es el denominado sistema de título y modo, distinto

9
del sistema existente en otros países (como Francia por ejemplo)

en donde la sola contratación transfiere el dominio.

¿Cómo se legitima la propiedad en Chile? De lo hasta aquí dicho

tendríamos que responder que en Chile la propiedad se legitima

jurídicamente invocando alguno de los tres modos de adquirir,

esto es, ocupación, accesión o tradición. El problema que esto

plantea, sin embargo, es que, por lo menos en el caso de las dos

últimas, para afirmar la legitimidad jurídica de nuestra

propiedad tendríamos que acreditar la legitimidad de los

sucesivos propietarios anteriores a nosotros, lo que impondría

una regresión al infinito, una suerte de prueba imposible.

De ahí que los Códigos clásicos hayan introducido un mecanismo

de rectificación que atenúa el principio general de legitimación

genealógica del dominio. Dicho mecanismo es la:

iv) Prescripción adquisitiva: que podemos definir como un modo

de adquirir el dominio de las cosas ajenas por haberlas poseído

durante un cierto lapso de tiempo. Según dijimos, ella está

regulada en el Título LXII del Libro IV, artículos 2492 y ss.

De la misma definición de prescripción adquisitiva que acabamos

de dar es posible advertir con claridad los elementos que la

constituyen, a saber: la posesión y el tiempo.

La posesión está tratada en el Título VII del Libro II,

artículos 700 y siguientes. El artículo 700 la define como la

tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño.

10
¿En qué forma rectifica la prescripción el principio general de

legitimación de carácter histórico o genealógico? La

rectificación opera en la medida en que el propio ordenamiento

jurídico le permite probar al poseedor que ha poseído la cosa,

es decir, que la ha tenido con ánimo de señor o dueño, durante

un cierto tiempo. Acreditado lo anterior, el ordenamiento

jurídico le atribuirá el dominio de la cosa al poseedor.

A su turno, los títulos VIII a XI del Libro II tratan un

conjunto de derechos reales, los cuales, en concepto del Código

Civil, equivalen a limitaciones al derecho de propiedad o

desmembraciones de la misma. En ese sentido, se trata de

derechos que no poseen una identidad normativa propia sino que

se los concibe, más bien, como derivaciones o desmembraciones

del dominio. Tales derechos son:

i) La propiedad fiduciaria: regulada en el Título VIII,

artículos 732 y siguientes.

ii) El derecho real de usufructo: regulado en el Título IX,

artículos 764 y siguientes.

iii) Los derechos de uso y habitación: regulados en el Título X,

artículos 811 y siguientes.

iv) Las servidumbres: reguladas en el Título XI, artículos 820 y

siguientes.

11
En lo que respecta finalmente a los títulos XII, XIII y XIV,

ellos contemplan determinadas acciones protectoras tanto del

dominio como de la posesión. En otras palabras, estatuyen tales

títulos un sistema de protección a través del cual el

propietario y el poseedor tienen la posibilidad de solicitar el

auxilio de la fuerza estatal con el fin de retener o recuperar

el dominio o la posesión de la cosa.

El Título XII se ocupa de la acción reivindicatoria, que queda

definida en el artículo 889 como aquella “que tiene el dueño de

una cosa singular, de que no está en posesión, para que el

poseedor de ella sea condenado a restituírsela”.

Por su parte, los títulos XIII y XIV, artículos 916 y

siguientes, regulan las denominadas acciones posesorias.

12
Clasificaciones de los bienes

En la presente sección examinaremos las siguientes:

1. Bienes corporales e incorporales.

2. Bienes incorporales: derechos subjetivos.

3. Bienes corporales materiales e inmateriales.

4. Bienes corporales muebles e inmuebles.

5. Bienes de consumo y medios de producción.

6. Bienes consumibles e inconsumibles.

7. Bienes fungibles y no fungibles.

8. Bienes sometidos a un sistema registral público y bienes no

sometidos a un sistema registral público.

9. Bienes de género y bienes de especie o cuerpo cierto.

10. Bienes divisibles e indivisibles.

11. Bienes presentes y futuros.

12. Bienes singulares y universales.

13. Bienes simples y bienes compuestos.

14. Bienes principales y accesorios

15. Bienes que equivalen a frutos y bienes que equivalen a

productos.

16. Cosas apropiables e inapropiables.

17. Bienes comerciables e incomerciables.

18. Bienes nacionales de uso público y bienes fiscales.

13
1. Bienes corporales e incorporales. El comentario segundo de

las Institutas de Gayo recoge las más importantes

clasificaciones de los bienes que fueron manejadas por la

jurisprudencia romana. Entre los números 12 y 14 de dicho

comentario se lee:

unas cosas son corporales, otras incorporales. Son

corporales las que se pueden tocar, como un fundo, un

esclavo, un vestido, el oro, la plata y, de este mismo

modo, otras innumerables cosas. Son incorporales las

que no se pueden tocar, como son las que consisten en

un derecho, así una herencia, un usufructo, y las

obligaciones de cualquier modo que se hayan contraído.

Y acto seguido explica Gayo:

No hace al caso que en la herencia se contengan cosas

corporales, o que los frutos que se perciben de un

fundo sean corporales, o que aquello que se nos debe en

virtud de una obligación sea generalmente corporal,

como un fundo, un esclavo, una suma de dinero, pues el

derechos mismo de sucesión, el derecho mismo de

usufructo y el derecho mismo de obligación son, en sí

mismos, incorporales.

El mismo fragmento aparece recogido en el Digesto (1.8.1).

En cuanto al origen de esta clasificación de las cosas en

corporales e incorporales, de acuerdo con el profesor Raymond

14
Monier4, el paso de dicha distinción desde los dominios de la

filosofía al ámbito del derecho, habría tenido lugar en la época

de fines de la República e inicios del Alto Imperio. El

antecedente más claro e inmediato con que cuenta el citado texto

de Gayo lo constituiría –según Monier- el siguiente pasaje de

Séneca:

Etiam nunc est aliquid superius quam corpus. Dicimus

enim quaedam corporalia esse, quaedam incorporalia, (…)

illud cui nomen modo parum proprium inposuimus, quod

est. Sic enim in species secabitur, ut dicamus quod

est, aut corporale est aut incorporale – (…) quod est

nec visu, nec tactu, nec ullo sensu conprenditur :

cogitabile est.

Durante la misma época, en un texto raramente citado,

Quintiliano se expresa así: “…ius, quod sit incorporale,

apprehendi manu onn posse”. Es la primera vez –dirá Monier- que

vemos establecer un vínculo entre los derechos y las cosas.

El examen de otros textos nos revela usos relacionados con el

que aparece presupuesto por la distinción de Gayo, pero que

obedecen en definitiva a concepciones diferentes. Uno de ellos

nos lo ofrece Lucrecio, cuando elabora, en su De Rerum Natura,

sobre la naturaleza de las cosas. Éste habla de corpora, pero lo

hace en referencia a todo lo que existe, y para señalar que lo

demás es vacuum. Por su parte, Cicerón5, sin hablar de cosas

4
Monier, Raymond. La date d’apparition du dominium et de la
distinction juridique des res en corporales et incorporales. En: Studi
in Onore di Ciro Solazzi. Napoli, 1948, p. 357 y ss.
5
Topic., V, 26-27.

15
incorporales, llegó a distinguir las cosas que existen de

aquellas que el espíritu concibe. Pero estas distinciones no

alcanzan todavía el carácter neto y preciso que se aprecia en

textos como el de Séneca o el de Gayo, los cuales exhiben una

marcada influencia de la filosofía griega, sobre todo epicúrea.

Si revisamos otra de las fuentes que guiaron a Andrés Bello en

la elaboración del Libro II, concretamente el Código de Las

Siete Partidas, observaremos que Las Partidas no confirieron

gran protagonismo a la clasificación de las cosas en corporales

e incorporales, la cual sólo aparece invocada a propósito de la

posesión. En efecto, la partida tercera, título XXX, ley primera

define como sigue:

Posesion tanto quiere decir como ponimiento de pies: et

segunt dixeron los sabios posesion es tenencia

derechurera que home ha en las cosas corporales con

ayuda del cuerpo et del entendimiento; ca las cosas que

no son corporales, asi como las servidumbres que han

las unas heredades en las otras, et los derechos por

que home demanda sus debdas et las otras cosas que non

son corporales semejantes destas, propiamente non se

pueden poseder nin tener corporalmente; mas usando

dellas aquel á quien pertenece el uso, et

consintiéndolo aquel en cuya heredat lo ha, es como

manera de posesion6.

6
Las Siete Partidas Del rey Don Alfonso El Sabio. Madrid: Imprenta
Real, 1807, tomo II, p. 748.

16
Los códigos modernos tendieron a abandonar la distinción entre

cosas corporales e incorporales, y en general, no la recogieron

como uno de sus criterios sistemáticos generales, por lo que, o

bien se la omite, o sólo se la recepciona indirectamente a

propósito de alguna materia particular. El rol preeminente

aparece ocupado en todo caso por otra clasificación de raigambre

romana: res mobile, res inmobile.

El Código Civil chileno, de un modo más bien inédito en el

Derecho comparado, recoge como máxima clasificación de las cosas

(summa divissio rerum) aquella que distingue entre cosas

corporales e incorporales. En efecto, el artículo 565, que

inaugura el Libro II dedicado a los bienes, así como a su

dominio, posesión, uso y goce, establece en su inciso primero

que los “bienes consisten en cosas corporales o incorporales”. Y

acto seguido, los incisos segundo y tercero, proceden a definir

una y otra categoría: “Corporales son las que tienen un ser real

y pueden ser percibidas por los sentidos, como una casa, un

libro”; “Incorporales las que consisten en meros derechos, como

los créditos y las servidumbres activas”.

Dado que el Código chileno adopta –aunque con variaciones según

se verá- la precitada clasificación de Gayo, parece razonable

extender a aquél la crítica dirigida por Planiol contra la

clasificación romana: “Esta distinción –sostenía Planiol- no

tiene sentido, pues consiste en poner de un lado las cosas y de

otro los derechos; es decir, dos categorías que no tienen ningún

carácter común siendo de naturaleza profundamente diferente. Una

clasificación no puede servir más que para distinguir las partes

17
de un mismo todo. La oposición que se hace entre los derechos y

las cosas –concluye- no es una clasificación; es una comparación

incoherente”7.

La clasificación del artículo 565 se erige así en la

clasificación fundamental de las cosas en el sistema civil

chileno. Las categorías de mueble e inmueble, que en otros

ordenamientos conforman la división fundamental, constituyen en

el texto chileno dos subclases al interior de la categoría de

las cosas corporales. Y de otra parte, los derechos subjetivos,

no meramente los reales y personales sino en rigor cualquier

derecho (ya que la norma no distingue), no son sino especies

pertenecientes al género de las cosas incorporales. Así lo

declara expresamente el artículo 576.

Sobre la base de la clasificación del artículo 565 se desarrolla

a lo largo de todo el Libro II una suerte de dualidad

sistemática: constantemente el Código concibe y describe las

instituciones que regula como si ellas alcanzaran únicamente a

las cosas corporales, para extender después, con o sin

variaciones, esa misma regulación a las cosas incorporales, es

decir, a los derechos subjetivos.

Así sucede, por ejemplo, al tratar la propiedad. El artículo 582

define a la propiedad como “el derecho real en una cosa

corporal, para gozar y disponer de ella arbitrariamente; no

siendo contra la ley o contra derecho ajeno”, para agregar

7
Planiol, Marcel. Tratado Elemental de Derecho Civil. Los Bienes.
México: Ed. José Cajica, p. 33. En la jerga de los filósofos,
tendríamos que decir que Planiol acusa a Gayo de incurrir en un “error
categorial”.

18
después, casi como por añadidura, en el artículo 583: “Sobre las

cosas incorporales hay también una especie de propiedad”. Lo

propio sucede en materia de posesión, como se advierte al

relacionar las normas de los artículos 700 y 715. Lo mismo en

materia de tradición, y también a propósito de la acción

reivindicatoria, por cuanto el artículo 890 expresa que pueden

“reivindicarse las cosas corporales, raíces y muebles”. A lo que

el artículo 891 añade, con una norma de redacción no del todo

afortunada, “Los otros derechos reales pueden reivindicarse como

el dominio, excepto el derecho de herencia” (éste último produce

la acción de petición de herencia).

La concepción de los derechos subjetivos como cosas tiene

importantes consecuencias en la operatividad del sistema civil,

las cuales se han extendido luego al conjunto del sistema

jurídico. Dado que los derechos son considerados cosas

incorporales, y atendido que el mismo Código Civil reconoce

propiedad sobre esa clase de cosas (artículo 583), es claro,

entonces, que existe en Chile propiedad sobre los derechos,

configurándose así aquello que la doctrina comparada denomina un

sistema de derechos sobre derechos. Incluso se produce el

absurdo de que el propietario no sólo es titular de su derecho

de propiedad sino que al mismo tiempo es propietario de su

derecho de propiedad, y así sucesivamente en una regresión

infinita.

En su día, Luis Claro Solar entendió que este sistema

desarrollado por el Código chileno constituía un importante y

19
provechoso avance para la ciencia jurídica, opinión que

confrontó con las tesis opuestas que defendiera Bonnecase8.

La forma en que Bello recogió la clasificación de las cosas en

corporales e incorporales resulta extravagante no sólo en

relación al derecho comparado (en efecto, ninguno de los códigos

europeos más importantes la recoge, ni el francés, ni el alemán,

ni el italiano, tampoco el español ni el portugués), en rigor,

la sistematización de Bello tampoco se ciñe a las fuentes

históricas. Para empezar, la generalidad de la doctrina que era

predominante a la época de elaboración del Código, era reticente

a organizar el tratamiento de los bienes a partir de esta

clasificación, pero Andrés Bello siguió en esta parte el plan

del tratadista Delvincourt, quien también adoptaba como

clasificación fundamental la de cosas corporales e incorporales,

y como secundaria la de muebles e inmuebles. También las

definiciones de cosa corporal e incorporal están tomadas, casi

textualmente, más que de las propias fuentes romanas, de

Delvincourt. Y hay que señalar, en segundo lugar, que Bello se

aparta incluso del esquema de Gayo, puesto que, mientras las

Institutas hacen de los derechos subjetivos un caso, entre

otros, de las cosas incorporales, Bello hace de los derechos

subjetivos la totalidad de la clase de las cosas incorporales.

El hecho es que la cosificación de los derechos que quedó

plasmada en nuestro Código Civil –y a partir de 1980 también en

el artículo 19 número 24 de la Constitución Política- ha tenido

8
Claro Solar, Luis. Explicaciones de Derecho Civil Chileno y
Comparado. Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 1979, t. VI, pp. 331
y 332.

20
importantes consecuencias prácticas. Entre otras, se lo ha

utilizado para argumentar contra la aplicación retroactiva de

leyes en materia civil (sobre la base de que eso vulnera

derechos contractuales sobre los que se tiene propiedad);

también ha servido para articular la asignación de bienes

públicos (así, por ejemplo, en el artículo 5 del Código de

Aguas, a cuyo tener se tiene propiedad sobre el derecho de

aprovechamiento de aguas); y más generalmente, ha franqueado el

uso de la acción constitucional de protección (artículo 20 de la

Constitución Política) en defensa de toda clase de derechos y

situaciones jurídicas.

2. Bienes incorporales: derechos subjetivos. Se observó en la

sección anterior que la distinción hecha por Gayo entre las

cosas corporales y las incorporales se diferencia de aquella que

estableció Bello en el artículo 565 del Código Civil, porque,

para Gayo, los derechos son sólo un caso, entre otros, de cosas

incorporales, mientras que para Bello los derechos subjetivos

agotan la clase de las cosas incorporales. En otras palabras, de

acuerdo con el artículo 565 del Código Civil chileno, la clase

de las cosas incorporales está formada única y exclusivamente

por los derechos. Se advierte, asimismo, que el artículo 565 no

introduce ningún elemento de juicio adicional que haga suponer

que ciertos derechos puedan quedar excluidos de la clase de las

cosas incorporales. De donde se sigue entonces que, a la luz del

artículo 565: a) todo derecho subjetivo es una cosa incorporal;

b) sólo los derechos subjetivos son cosas incorporales.

21
Si nos concentramos en los derechos más recurrentes en el ámbito

del Derecho Civil, la clasificación más amplia posible es

aquella que distingue entre derechos patrimoniales y extra-

patrimoniales. Pertenecen a la primera categoría los derechos

concedidos para la satisfacción de intereses económicos,

susceptibles, en principio, de valoración en dinero; mientras

que los derechos subjetivos extra-patrimoniales se encaminan

fundamentalmente a llenar intereses morales o, en general, no

evaluables pecuniariamente.

En el ámbito de los derechos extra-patrimoniales cabe distinguir

todavía dos clases o tipos de derechos subjetivos:

a) Los denominados derechos de la personalidad (derecho a la

vida, al honor, a la propia imagen, etcétera). Dado que estos

derechos equivalen a derechos fundamentales de la persona

humana, cuyo reconocimiento y protección suele asegurarse en las

mismas cartas constitucionales (así, v.gr., en el artículo 19 de

la Constitución Política), lo mismo que en instrumentos de

alcance internacional, la naturaleza privada de sus regulaciones

es más que dudosa. Puede decirse, en consecuencia, que se trata

generalmente de derechos subjetivos públicos cuyo carácter

esencial los hace incidir en la generalidad del ordenamiento

jurídico incluido el Derecho privado.

b) Derechos de familia. Se trata en este caso de derechos que el

sistema jurídico reconoce a los individuos en su calidad de

miembros de una familia y por lo general con la finalidad de que

éstos puedan demandar determinadas prestaciones de parte de

otros miembros de ésta.

22
De nuevo el carácter privado de las regulaciones que conciernen

a este tipo de derechos subjetivos es altamente dudoso, dada la

naturaleza de los intereses involucrados y las fuertes

restricciones a la autonomía de los individuos que de ello se

siguen. Como observa el español Lasarte, la tensión público-

privado deriva en este caso de la dificultad para determinar con

certeza:

si el grupo al que se viene denominando familia

se ha de adscribir al núcleo de la esfera de

poder de la persona o bien al círculo de

actuación del grupo social organizado9.

Por otra parte, y en lo que respecta al ámbito de los derechos

patrimoniales, la clasificación fundamental10 es aquella que

obliga a distinguir entre derechos reales y derechos personales;

a ella nos hemos referido con detalle en la unidad anterior.

3. Bienes corporales materiales e inmateriales. Dada la forma en

que fueron definidas en el Código Civil las categorías de cosa

corporal e incorporal, es evidente que dicha clasificación no es

coextensiva a la de cosas materiales e inmateriales. Hay que

señalar, ante todo, que a diferencia de lo que sucede en otras

legislaciones, la clasificación de las cosas en materiales e

9
Lasarte Álvarez, Carlos. Principios de Derecho Civil. Tomo I. Madrid:
Trivium, 1992, p. 33.
10
Al margen de otras categorías específicas conocidas por la doctrina
civil como es el caso de los llamados derechos potestativos, que se
caracterizan por no tener como correlato ninguna obligación por parte
de nadie, y que por lo mismo no se ajustan bien a la fisonomía de los
derechos reales ni personales (así sucede, verbigracia, con ciertas
facultades y derechos de opción).

23
inmateriales, no fue recogida por nuestro Código Civil, por lo

que su definición es, entre nosotros, una cuestión estrictamente

doctrinaria.

En nuestra opinión, es preciso distinguir aquellas cosas que son

perceptibles por los sentidos (quae tangi possunt) de aquellas

que no lo son y que sólo pueden concebirse intelectualmente

(quae tangi non possunt). Las primeras son cosas corporales y a

la vez materiales; las segundas en tanto son inmateriales,

aunque no necesariamente incorporales en el sentido de nuestro

Código Civil, pues no necesariamente han de consistir en

derechos subjetivos. Las obras del intelecto, por ejemplo, o

sea, aquello que el artículo 584 denomina “producciones del

talento o del ingenio” (como una obra literaria o una

invención), son cosas inmateriales pero no incorporales11. Las

energías, en cambio, en la medida en que sean perceptibles por

los sentidos, son cosas corporales en el sentido de nuestro

Código Civil, pues no son derechos, y a la vez son cosas

materiales.

4. Bienes corporales muebles e inmuebles. Esta clasificación

aparece referida en las Institutas de Gayo (número 42 del

comentario II) a propósito de la usucapión como modo de adquirir

el dominio. Al hacer esta clasificación, Gayo se remite a la Ley

de las XII Tablas. Cabe observar, no obstante, que la distinción

fundamental en Gayo era aquella que se establecía entre las

11
Nos parece que también podrían catalogarse como cosas inmateriales,
pero no incorporales, ciertos activos patrimoniales, a los que suele
aludirse como intangibles: clientela, prestigio, nombre comercial,
entre muchos otros. Cfr. Ducci Claro, Carlos. Derecho Civil. Parte
General. Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 2010, p. 194.

24
cosas mancipi y las nec-mancipi (fundada, como es sabido, en el

valor de los bienes de acuerdo a su localización y uso).

Distinto estatuto jurídico de los bienes muebles e inmuebles en

el Código Civil chileno.

4.1. Diferencias en relación con los llamados modos de adquirir

el dominio. Tales modos se enumeran en el artículo 588 del

Código Civil y son los siguientes: ocupación, tradición,

accesión, prescripción y sucesión por causa de muerte (hay quien

agrega la ley lo cual es un error).

La ocupación, según expresa el artículo 606, es un modo de

adquirir el dominio por medio de la aprehensión material de las

cosas que no pertenecen a nadie (se trata de res nullius, o sea,

cosas que nunca tuvieron dueño, o res derelictae, que tuvieron

dueño pero fueron abandonadas por él para que las poseyera el

primero que las encontrare).

Pues bien, de acuerdo con el artículo 590, pertenecen al Estado

todas las tierras que situadas dentro de los límites del

territorio nacional no tengan otro dueño.

En consecuencia, no hay res nullius tratándose de inmuebles,

porque si no pertenecen a nadie siempre pertenecerán al Estado.

La ocupación, por consiguiente, sólo procede respecto de las

cosas muebles.

En cuanto a la accesión no existen a este respecto diferencias

relevantes

25
La tradición, a su turno, es un modo de adquirir el dominio

regulado en el título VI del libro II el cual se define en el

artículo 670 (“La tradición es un modo de adquirir el dominio de

las cosas y consiste en la entrega que el dueño hace de ellas a

otro, habiendo por una parte la facultad e intención de

transferir el dominio, y por otra la capacidad e intención de

adquirirlo”).

Es común afirmar que la tradición requiere de la concurrencia de

cuatro elementos, a saber:

a) Presencia de dos personas: tradente y adquirente.

b) Consentimiento de esas dos personas. Se trata de un acto

jurídico bilateral (convención).

c) Existencia previa de un título traslaticio de dominio (como

es el caso, por ejemplo, de un contrato de compraventa).

d) Entrega o traslado posesorio de la cosa sobre que recae el

dominio que se trata de transferir. Este último es el requisito

fundamental de la tradición.

Pues bien, la entrega o traslado posesorio de las cosas es

distinta según se trate de una cosa mueble o inmueble.

Tratándose de cosas muebles, su entrega o traslado posesorio (su

tradición en buenas cuentas) se realiza por alguno de los modos

que establece el artículo 684 (permitir la aprehensión material

de la cosa, mostrarla, entregar las llaves, etc.).

26
Tratándose en cambio de cosas inmuebles, la tradición se hace

del modo previsto en el artículo 686, esto es, mediante la

inscripción del título traslaticio de dominio en el registro del

Conservador de Bienes Raíces. En otras palabras, no basta la

sola entrega de un inmueble para poder tradirlo; es necesaria

además su inscripción en el registro del Conservador.

Desde el punto de vista empírico o de la práctica es bastante

frecuente, sobre todo en sectores populares, que se celebren

compraventas de bienes raíces sin que se practique después la

correspondiente inscripción registral. Esa es la situación que

se ha intentado abordar a través de la dictación del D.L. 2695,

de 21 de julio de 1979, el cual fijó normas para regularizar la

posesión de la pequeña propiedad raíz y para la constitución del

dominio sobre ella. Nos referiremos a él más adelante.

Veamos ahora diferencias, entre muebles e inmuebles, en punto a

la sucesión por causa de muerte. Ésta constituye un modo de

adquirir el dominio tanto de las cosas corporales muebles como

inmuebles. Por lo mismo, una vez que fallece el causante, se

adquiere el dominio tanto de los muebles como de lo inmuebles

que formen parte de la maza hereditaria.

La diferencia se halla establecida en el artículo 688 del Código

Civil: el heredero de un inmueble carece de la facultad de

disponer del dicho inmueble mientras no obtenga el decreto de

posesión efectiva y mientras no efectúe las inscripciones

previstas por el propio artículo 688.

27
Distinta es la situación tratándose de bienes muebles, pues, en

este caso, se puede disponer de tales bienes sin necesidad de

inscripción alguna.

Denomínase posesión efectiva a un trámite hoy judicial o

administrativo el cual se traduce en acreditar ante el órgano

jurisdiccional o administrativo: en primer lugar, la muerte del

causante y, en segundo lugar, la calidad de heredero de que

gozan los solicitantes, calidad que se acredita por dos vías:

exhibiendo el testamento o acreditando el parentesco.

Por último, en lo que respecta a la prescripción: ésta está

definida en el artículo 2492 (título XLII del libro IV) y es un

modo de adquirir el dominio el cual, grosso modo, se configura

por la concurrencia de dos elementos:

a) Posesión de la cosa de que se trata.

b) Transcurso de un determinado lapso de tiempo.

Existen aquí diferencias según se trate de cosas muebles o

inmuebles con respecto a cada uno de esos elementos:

a) Con respecto a la posesión: el régimen posesorio de las cosas

muebles es diverso del de las cosas inmuebles (según se verá con

detalle más adelante).

b) Con respecto al tiempo: el lapso necesario para prescribir

una cosa mueble es de 2 años (cuando se dan los requisitos para

que opere la denominada prescripción ordinaria); en cambio, el

28
lapso para prescribir un inmueble (concurriendo prescripción

ordinaria) es de cinco años.

4.2. Diferencias relacionadas con el régimen posesorio. El

Código Civil chileno contempla un diverso régimen posesorio para

las cosas muebles y las inmuebles. Por régimen posesorio ha de

entenderse el conjunto de reglas que establecen el modo de

adquirir, conservar y perder la posesión de una cosa.

La posesión de una cosa mueble se adquiere, en general, por la

aprehensión material de la cosa por parte de un sujeto de

derecho sumada al ánimo de señor y dueño (lo que Savigny llamaba

el corpus y el animus). A su turno, se conserva la posesión de

un bien mueble reteniendo el animus aunque se carezca del

corpus. En fin, se pierde la posesión de un mueble cuando se

pierde el animus. Mas ¿cuándo se pierde el animus? Por medio de

un acto jurídico en que el sujeto se desprende del animus.

Por otra parte, el régimen posesorio de las cosas inmuebles es

en Chile radicalmente distinto del de las cosas muebles porque

respecto de los inmuebles opera la regla según la cual: la

posesión se adquiere por la inscripción en el registro del

Conservador de Bienes Raíces; se conserva dicha posesión en

tanto la inscripción esté vigente; y se pierde la posesión del

inmueble mediante la cancelación de la inscripción.

Cabe afirmar, en consecuencia, que en Chile la posesión de

bienes inmuebles se organiza en torno a un sistema registral

público.

29
4.3. Diferencias relacionadas con la contratación. Enfrente de

la contratación es también posible advertir diferencias entre

muebles e inmuebles. Como sabemos, los contratos se clasifican

en reales, solemnes y consensuales (artículo 1443).

La compraventa de bienes muebles pertenece a la categoría de los

contratos consensuales, es decir, basta para que el contrato

esté perfecto con el solo consentimiento de las partes. En

cambio, la compraventa de un bien inmueble o raíz es un contrato

solemne, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 1801 inciso

2°: para que la venta esté perfecta es necesario que ésta se

otorgue mediante escritura pública (esa es la específica

solemnidad exigida por el legislador).

Siempre en relación con la contratación, es también diverso el

régimen de cauciones a que puede ser sometido uno y otro tipo de

bien. El concepto de caución está definido en el artículo 46 del

Código Civil (toda obligación que se contrae para asegurar el

cumplimiento de otra obligación propia o ajena).

Así, la prenda que ya estudiamos, es un tipo de caución real que

recae específicamente sobre cosas muebles; en tanto que la

hipoteca es una caución real que sólo recae sobre bienes

inmuebles.

4.4. Diferencias con respecto a los derechos reales. Como se

sabe, sólo los derechos reales pueden constituirse directamente

sobre cosas corporales puesto que los derechos personales o

30
créditos recaen más bien sobre conductas humanas al margen de

que éstas puedan recaer, a su vez, sobre cosas.

Pues bien, hay derechos reales que pueden recaer por modo

indistinto sobre cosas muebles o inmuebles (así ocurre con el

dominio, el derecho real de herencia, el usufructo). Pero hay

otros derechos reales que sólo pueden recaer sobre uno u otro

tipo de bienes: la prenda, por ejemplo, sólo recae sobre

muebles; en tanto que los derechos de habitación, servidumbre,

censo e hipoteca todos ellos sólo pueden recaer sobre cosas

corporales inmuebles.

4.5. Diferencias en cuanto a la protección de los incapaces. Los

incapaces carecen por modo general de la capacidad de actuar por

sí mismo, y en consecuencia su patrimonio resulta administrado

por quien los representa. Cuando hay inmuebles en dicho

patrimonio, las reglas de administración a las que ha de ceñirse

el representante resultan más estrictas que tratándose de bienes

muebles. Así, por ejemplo, el padre para enajenar un inmueble

del hijo requiere de autorización judicial.

4.6. Diferencias relacionadas con el régimen de sociedad

conyugal. Enfrente del matrimonio ―definido en el artículo 102

del Código Civil― es preciso distinguir dos cosas: a) Por una

parte, las relaciones personales entre los cónyuges; b) por otra

parte, las relaciones patrimoniales entre los cónyuges.

El Derecho Civil contempla reglas destinadas a regular ambos

tipos de relaciones. En lo que toca a las reglas que regulan las

31
relaciones patrimoniales, a ese conjunto de reglas se las

denomina régimen patrimonial del matrimonio. En el Código Civil

y en la ley chilena existe como régimen patrimonial del

patrimonio de carácter general o supletorio la llamada sociedad

conyugal enfrente de la cual es posible advertir (en lo

fundamental, ya se verá la complejidad de esto al estudiar

familia) dos patrimonios o haberes: a) Por una parte, el haber

propio de cada uno de los cónyuges; b) y por otra parte, el

denominado haber social que permanece en común a ambos cónyuges

y que se va a liquidar al momento de disolver la sociedad

conyugal.

Pues bien: mientras los inmuebles que los cónyuges tenían al

tiempo de contraer matrimonio, y los que después adquirieron a

título gratuito, no se incorporan al haber social (sino que

permanecen en el haber propio del respectivo cónyuge), no ocurre

así con los bienes muebles los cuales sí se incorporan al haber

social.

4.7. Diferencias en cuanto a las acciones protectoras. Señalemos

las dos siguientes:

a) Las cosas corporales inmuebles están dotadas, para defender

su posesión, de las llamadas acciones posesorias, las cuales

están definen en el artículo 916 del Código Civil (y regladas en

los títulos XIII y XIV del Libro II).

32
b) La acción de rescisión por lesión enorme sólo procede, como

ya se sabe, tratándose de la compraventa o permuta de bienes

raíces. Pero no es posible accionar de rescisión invocando

lesión enorme cuando se trata de la compraventa o permuta de una

cosa mueble.

Como se sabe, la lesión es un evento de rescisión que mira al

valor de cambio de las cosas, lo que significa que el Código

Civil chileno (desde su óptica decimonónica) protege el valor de

cambio de las cosas raíces pero no el de los muebles.

4.8. Diferencias en el Código Penal. El distinto estatuto legal

de los bienes muebles e inmuebles se trasunta incluso en el

Código Penal: así, es posible advertir diversos tipos penales

según se atente contra la propiedad de una cosa mueble o

inmueble con penalidades también diferentes (Véase: robo, hurto,

usurpación).

Concluido este catálogo general de diferencias, particularmente

al interior del Código Civil, en el tratamiento legal de las

cosas muebles e inmuebles, la pregunta que cabe plantearse es:

¿A qué se debe este diverso tratamiento y por qué se protege con

mayor vigor a los inmuebles?

Uno podría pensar que se trata de una distinción impuesta por la

naturaleza de las cosas (asumiendo así un punto de vista

iusnaturalista). Pero si uno atiende a la historia del asunto se

da cuenta de que no es esa la razón. El Código Civil (como

cualquier otra ley) es un instrumento de control social, y por

33
consiguiente, para comprender sus definiciones hay que prestar

atención al entorno social donde éste se gesta (las

instituciones no se explican a sí mismas, observaba Marx).

En Chile, al tiempo de la dictación del Código Civil la mayor

parte de la población vive en las haciendas. El centro urbano y

el obrero industrial todavía prácticamente no existen. Existe

una estructura social básicamente oligárquica (en el sentido de

Max Weber y no en el de Aristóteles), esto es, la dominación se

basa sobre todo en la posesión de la tierra. Esto contribuye a

explicar el lugar privilegiado que ocupa la propiedad raíz en la

mente del legislador decimonónico.

4.2. Examen pormenorizado de la clasificación de las cosas

muebles e inmuebles.

El Código civil concibe la distinción entre bienes muebles e

inmuebles como una sub-clasificación de las cosas corporales, si

bien, por modo reflejo, esta distinción aparece extendida

también a las cosas incorporales, o sea, a los derechos.

La distinción mueble-inmueble aparece regulada en el párrafo 1°

del Título I del Libro II (artículos 566-575).

El artículo 567 conceptualiza a las cosas cosas muebles como

aquellas que pueden transportarse de una lugar a otro, ya sea

por sí mismas (caso de los muebles semovientes), o bien con el

auxilio de una fuerza externa (caso de los muebles inanimados).

34
A su turno, el artículo 568 define las cosas inmuebles como

aquellas que no pueden trasladarse de un lugar a otro.

De ahí que la doctrina distinga entre inmuebles por naturaleza e

inmuebles por adherencia. Como se comprende, los llamados

inmuebles por adherencia, son bienes muebles, pero que se los

adjetiva de inmuebles en cuanto adhieren de forma permanente a

un inmueble. El artículo 569 se ocupa en particular del caso de

las plantas, para determinar que, mientras éstas se encuentren

en macetas, se las considera bienes muebles, en tanto que si

arraigan al suelo, se las considera inmuebles por adherencia.

Inversamente, el artículo 571 configura una especial categoría

de bienes muebles: los llamados muebles por anticipación: se

trata de bienes que en principio son inmuebles pero que se

consideran muebles, aun antes de su separación, para el solo

efecto de constituir derechos sobre ellos a favor de una persona

distinta del dueño (así, por ejemplo, las manzanas que penden

del árbol, y que para ser vendidas, son reputadas muebles). Este

artículo 571 debe confrontarse con los artículos 685 y 1801

inciso 3°. El artículo 685 establece que la tradición de los

muebles por anticipación se realiza mediante la separación. En

tanto que el artículo 1801 inciso 3º indica que la compraventa

de los muebles por anticipación se efectúa de manera consensual.

Y cabe todavía relacionar el concepto de mueble por anticipación

con otras dos disposiciones del Código Civil. Se trata de los

artículos 2420 y 2423, referidos al contrato de hipoteca. En

particular, esos artículos se refieren al alcance de la hipoteca

35
como garantía real. Y deciden que la hipoteca no se extiende a

los muebles por anticipación.

De manera que la clasificación fundamental que el Código

establece en relación con los bienes muebles obliga a distinguir

entre muebles por naturaleza –que a su vez serán inanimados o

semovientes- y muebles por anticipación.

En lo que respecta a los bienes inmuebles, debemos observar que

el Código reconoce tres clases fundamentales de inmuebles:

a) Inmuebles por naturaleza;

b) Inmuebles por adherencia;

c) Inmuebles por destinación.

Las dos primeras categorías aparecen consignadas en el artículo

568 (primera y segunda parte respectivamente), en tanto que la

tercera se recoge en el artículo 570.

El artículo 570 establece que hay ciertas cosas en principio

muebles que, no obstante, se reputan inmuebles en virtud de

hallarse destinadas al uso, cultivo o beneficio de un inmueble.

El mismo artículo consigna algunos ejemplos como las losas de un

pavimento, los tubos de las cañerías, los utensilios de labranza

y minería, así como los animales actualmente destinados al

cultivo y beneficio de una finca. Se mencionan también los

abonos existentes en una finca y destinados por el dueño a

mejorarla, los artefactos que forman parte de un establecimiento

industrial, que adhieren al suelo y pertenecen al dueño del

36
suelo, y en fin, los animales que estén en conejeras, pajareras,

estanques y cualesquiera otros vivares con tal que éstos

adhieran al sueño.

A esta técnica de reputarse inmueble una cosa en principio

mueble se le conoce en el derecho francés como inmovilización.

Dos preguntas plantea la lectura del artículo 570: a) ¿Es esta

una enumeración taxativa, clausurada, finita?; b) ¿Cuáles son

los requisitos de la inmovilización a la luz de la norma que nos

ocupa?

La primera de esas preguntas debe responderse negativamente: la

enumeración que efectúa el artículo 570 se realiza a título

puramente ejemplar. Así se sigue, en primer lugar, de las

expresión utilizada por la norma: “tales son por ejemplo”, y en

segundo lugar, la fuentes utilizadas por Bello para redactar el

artículo 570 así lo indican, concretamente, el Código Civil

francés contiene una enumeración equivalente y es por vía de

ejemplo.

Cabe señalar, no obstante, que ha habido quienes han pretendido

que la enumeración del artículo 570 sería taxativa, argumentando

que lo establecido por el artículo 570 es una ficción (en la

medida en que se reputan inmuebles cosas que en principio no lo

son), y las ficciones deben interpretarse de forma restrictiva.

37
Pero ha ello se ha respondido que los casos mencionados por el

artículo 570 no constituyen ni ficciones ni presunciones sino

una pura enumeración de ejemplos.

En relación con la segunda pregunta planteada, o sea, con los

requisitos que deben verificarse para que opere la técnica de

inmovilización, cabe responder que son los siguientes:

a) Debe haber dos cosas, una mueble y otra inmueble.

b) El mueble tiene que ser afectado permanentemente al uso o

beneficio del inmueble.

c) Una y otra cosa deben pertenecer a un mismo dueño.

d) La afectación del mueble al uso, cultivo o beneficio del

inmueble tiene que ser hecha por el dueño de ambos.

De esos cuatro requisitos la doctrina ha discutido únicamente el

tercero, o sea, la unidad de dominio. Se ha sostenido que la

unidad de dominio es un requisito que aparece formulado sólo en

tres de los seis casos mencionados por el artículo 570 pero no

en los demás.

El argumento, sin embargo, no es decisivo, ya que de los seis

casos mencionados por el artículo 570, hay tres de ellos que,

rigurosamente considerados, no son casos de inmueble por

destinación sino que se trata de inmuebles por adherencia, y

tales son, precisamente, los tres casos en los que el requisito

de la unidad de dominio no se exige.

38
Siempre en doctrina, es usual clasificar los inmuebles por

destinación según el tipo de destino que los inmoviliza. Se

distingue así casos de afectación agrícola (como los de los

números 4 y 5 del artículo 570), casos de afectación industrial

(como el del inciso 6), casos de afectación comercial (que no

aparecen en el artículo 570), casos de afectación ornamental

(como el que se contempla en el artículo 572), y casos, en fin,

de afectación doméstica.

Inmuebles rústicos y urbanos. Otra clasificación que se aplica a

los bienes inmuebles o raíces es aquella que distingue entre

inmuebles rústicos e inmuebles urbanos. La distinción se funda

en este caso en un doble criterio: a) por un lado, en un

criterio permanente que apunta a la ubicación geográfica del

inmueble, y concretamente a si se sitúa dentro de los límites de

la ciudad, b) por otro lado, se utiliza un criterio funcional

que atiende al destino económico-social del bien raíz (por

ejemplo, si posee un destino agrícola, se lo considera rústico).

Esta clasificación reviste importancia práctica por las

siguientes razones:

a) Primero, porque el Código Civil contempla normas de

administración que son más rigurosas o exigentes tratándose de

los inmuebles rústicos (Cfr. Artículo 407 y 1749). Ello sobre el

supuesto decimonónico de que los inmuebles rústicos poseen mayor

valor.

39
b) Sólo con respecto a la compraventa de predios rústicos

procede la acción de cabida (artículo 1831), que permite optar

entre la resolución de la venta o bien la rebaja proporcional

del precio en aquellos casos en los que la cabida real no

coincida con la que se señaló en el contrato.

c) En tercer lugar, porque la legislación de arrendamiento es

distinta según se trate de predios rústicos o urbanos. Existe

legislación especial para cada caso.

Otras normas del Código Civil chileno relativas a la

clasificación mueble - inmueble. Fuera de los artículos más

importantes que acabamos de citar, existen otros que abordan de

manera casuística la distinción entre muebles e inmuebles.

Pueden mencionarse a este respecto los artículos 569 (que se

ocupa de las plantas), 572 (cosas de ornato e instalaciones) y

573 (referido a las técnicas de desarraigo y desafectación).

Se denomina desarraigo al acto por el cual se pone término a la

condición de inmueble por adherencia (por ejemplo, al arrancar

una planta del suelo).

A su turno, se denomina desafectación, al acto por el que se

hace cesar la condición de inmueble por destinación, al darle a

la cosa en cuestión un diverso destino.

Cabe que citemos también el artículo 574. Se trata de un

precepto de carácter interpretativo, que tiene por función fijar

el sentido que cabe asignar a la expresión “mueble” en el

contexto que la propia norma describe.

40
Carácter mueble/inmueble de los derechos subjetivos. Nuestro

Código Civil, a través de su artículo 580, extiende en forma

refleja las categorías de mueble e inmueble a los derechos

subjetivos. De conformidad con el precitado artículo 580, los

derechos y acciones se reputan muebles o inmuebles según lo sea

la cosa en que han de ejercerse o que se debe.

De ahí que, en el ámbito de los derechos reales, existan algunos

que serán siempre inmuebles, pues necesariamente habrán de

ejercerse sobre una cosa raíz, tal es el caso de la hipoteca,

las servidumbres o el censo. Y existen, por la misma razón,

derechos reales que sólo pueden ser muebles, como la prenda.

Existen, en fin, derechos reales que pueden ser muebles o

inmuebles, como el dominio o el usufructo. En el caso particular

del derecho real de herencia, se sostiene que éste no es ni

mueble ni inmueble, sin importar que en el haber hereditario

existan muebles o inmuebles, ya que se afirma que el derecho

real de herencia recae sobre el patrimonio del causante, o bien

sobre una cuota abstracta de éste y no sobre bienes concretos.

¿Qué diremos de los derechos personales? La norma del artículo

580 indica que éstos deben reputarse muebles o inmuebles según

lo sea la cosa que se debe. Pero hemos establecido que, en

rigor, lo debido en el ámbito de los derechos personales, no es

nunca una cosa sino una conducta (acción u omisión). De ahí que

el artículo 581 explicite que “los hechos que se deben se

reputan muebles”. Pareciera, en consecuencia, que nunca un

derecho personal podría reputarse inmueble. Existe, sin embargo,

41
en el ámbito de los derechos personales, un hecho de peculiares

características, que se configura concretamente en el ámbito de

las obligaciones de dar, que son aquellas que tienen por objeto

transferir el dominio o constituir un derecho real. En ese caso

puntual, se sostiene que se podría configurar un derecho

personal inmueble, siempre que la cosa que se trata de “dar”, o

sea, aquella cuyo dominio el deudor tiene la obligación de

transferir, o respecto de la cual el deudor tiene la obligación

de constituir algún otro derecho real, sea inmueble. De ese

modo, la acción del comprador para que se le transfiera el

dominio del predio que ha comprado, es una acción inmueble.

5. Bienes de consumo y medios de producción. Se trata, en este

caso, de una clasificación doctrinaria, especialmente frecuente

en la ciencia económica, que no aparece recogida en el Código

Civil. Todo bien posee, según dijimos, al menos dos dimensiones

del valor (de uso y de cambio) que lo diferencian de la cosa a

secas. A partir de ello es posible estructurar dos modelos de

circulación de los bienes o mercancías:

a) Forma de circulación simple: se caracteriza porque el valor

de cambio está al servicio del valor de uso (se vende para

comprar). Es el caso, por ejemplo, del trabajador, que vende su

fuerza de trabajo transformándola así en valor de cambio

(dinero) para comprar otra cosa. En la obra de autores como Marx

o Weber, esta forma de circulación simple se grafica así:

M – D – M (mercancía – dinero – mercancía)

42
b) Forma de circulación capitalista: se caracteriza porque el

dinero se utiliza para producir más dinero en términos tales que

al final tengo más dinero que al comienzo. Este circuito se

grafica del modo siguiente:

D – M – D (dinero – mercancía – dinero)

Si se toman estos modelos, puede afirmarse que cualquier bien

que participe en una forma de circulación simple, es un bien de

consumo; en tanto que cualquier bien que participe en una forma

de circulación capitalista, es un medio de producción.

La importancia de esta clasificación es que permite decidir el

sistema de propiedad de los bienes. Tratándose de los bienes de

consumo siempre fue claro que éstos admiten propiedad privada,

pero respecto de los medios de producción se discutió

históricamente (y aún se discute dentro de ciertos márgenes) en

qué medida ellos admiten propiedad privada y en qué medida

deberían ser de propiedad del Estado. Como se sabe, en los

sistemas comparados ha sido posible verificar diversas

alternativas: desde la total privatización de los medios de

producción hasta su propiedad exclusivamente estatal.

Si relacionamos esta clasificación con la anterior, debemos

afirmar, que los medios de producción en general equivalen a

bienes inmuebles (por hallarse habitualmente afectados a un

inmueble).

43
6. Bienes consumibles e inconsumibles. Las cosas se clasifican

en consumibles e inconsumibles según sea o no posible utilizar

el valor de la cosa sin que a la primera utilización el dicho

valor se deteriore sustancialmente o se destruya. Así, son

consumibles aquellas cosas que por el primer uso conforme a su

naturaleza resultan destruidas o deterioradas substancialmente,

e inconsumibles aquellas que no obstante su primer uso, su valor

pervive. Un automóvil, por ejemplo, es una cosa no consumible en

tanto que una manzana es consumible.

Cabe que introduzcamos algunas precisiones al concepto que

acabamos de formular:

a) La destrucción o deterioro sustancial de que se habla puede

ser tanto un deterioro material como jurídico. Así, la manzana

es consumible materialmente (su valor de uso no subsiste después

del primer uso) en tanto que el dinero es consumible

jurídicamente (sale de mi patrimonio lo que significa que se

destruye para mí su valor de cambio).

b) Los textos acostumbran distinguir, todavía, otros dos tipos

de consumibilidad: subjetiva y objetiva. La consumibilidad

subjetiva atiende al destino que la cosa tiene para su titular,

de suerte que será consumible subjetivamente cuando, atendido el

destino que la cosa tiene para su titular, el primer uso de la

misma produce la destrucción o deterioro sustancial de su valor

(e inversamente para el caso de la no consumibilidad subjetiva).

44
En cambio, la cosa es consumible o inconsumible objetivamente

sin atención al destino que la cosa tenga para su titular, sino

por referencia al uso típico que la cosa tenga (aquello que los

textos denominan su uso natural).

Se advierte, en consecuencia, que hay cosas, como las monedas

por ejemplo, que, siendo objetivamente consumibles, pueden ser

subjetivamente inconsumibles (caso de un numismático o

coleccionista de monedas). Los libros, para tomar ahora un

ejemplo de Planiol, desde el punto de vista del librero son

subjetivamente consumibles; pero, para el lector lo probable es

que constituyan un bien no consumible.

Es evidente, además, que esta distinción entre consumibilidad

subjetiva y objetiva puede entrelazarse con la distinción

anterior entre consumibilidad material y jurídica. Así, el libro

para el librero es consumible subjetivamente y jurídicamente; en

tanto que para el lector el libro es subjetivamente inconsumible

desde un punto de vista material (aunque siempre pende sobre el

libro la consumibilidad jurídica, como sabe todo el que ha

pecado vendiendo un libro).

Cabe establecer ahora en qué forma se halla recogida la

consumibilidad en las normas del Código Civil chileno. Como se

dirá en la sección siguiente, las cosas consumibles son

presentadas, en el artículo 575, como un subconjunto al interior

de la clase de las cosas fungibles. Esa misma norma caracteriza

a las cosas consumibles en los términos que hemos referido, es

45
decir, como aquellas “de que no puede hacerse el uso conveniente

a su naturaleza sin que se destruyan”.

El concepto de consumibilidad reviste importancia práctica a la

luz de varias instituciones del Código Civil. Por lo pronto, el

contrato de arrendamiento, en cuanto engendra la obligación de

restituir la cosa arrendada, no puede recaer sobre cosas

consumibles. Lo propio sucede con el derecho real de usufructo:

éste no puede recaer sobre cosas consumibles pues, al

constituirse, se produce una desmembración del dominio, en

términos tales que el uso y el goce se radican en el

usufructuario y el nudo propietario retiene únicamente la

facultad de disposición. Dicha facultad de disposición de la que

sigue siendo titular el propietario, se traduce, entre otras

cosas, en la posibilidad que asiste al propietario de consumir

material o jurídicamente la cosa. En otras palabras: un

usufructo sobre cosa consumible es por definición imposible ya

que en ese caso el usufructuario consumiría y al hacerlo haría

uso de la facultad de disposición que sigue perteneciendo al

propietario.

7. Bienes fungibles y no fungibles. En derecho se dice de dos o

más cosas que son fungibles o no fungibles dependiendo de si

tales cosas son o no sustituibles entre sí frente al

cumplimiento de las obligaciones.

Precisiones al criterio de la fungibilidad:

46
7.1. Los textos acostumbran decir que son fungibles aquellas

cosas que por pertenecer al mismo género y hallarse en el mismo

estado poseen el mismo poder liberatorio12. Así se lee,

clásicamente, en Pothier.

7.2. El criterio de la fungibilidad aparece por vez primera en

un texto de Paulo, en el Digesto. En dicho fragmento señala

Paulo que son cosas fungibles aquellas cosas que se determinan

por su peso, cuenta o medida. El BGB alemán, en su artículo 91,

recoge esa misma idea de fungibilidad, al precisar que son

fungibles aquellas cosas muebles que para determinarlas se

pesan, muestran o miden.

7.3. Por su parte, el Código Civil argentino, en su artículo

2324, vuelve sobre la noción de fungibilidad que aparece en

Pothier y que nos resulta más familiar, esto es, las cosas

fungibles como individuos de una misma especie, que por hallarse

en el mismo estado, resultan entre sí sustituibles de cara al

cumplimiento obligacional.

7.4. Al igual que ocurre con la consumibilidad, la fungibilidad

también admite una dimensión subjetiva y otra objetiva. De

suerte que habrá cosas que sin ser objetivamente fungibles,

serán sin embargo subjetivamente fungibles. En otras palabras,

habrá cosas que sin pertenecer al mismo género o hallarse en el

mismo estado, resulten sin embargo fungibles desde el punto de

vista de la voluntad de los sujetos de derecho que participan

del vínculo obligacional.


12
La expresión “poder liberatorio” equivale a una metáfora que hunde
sus raíces en al derecho romano de las obligaciones.

47
La fungibilidad en sentido subjetivo cobra gran relevancia en el

caso de las obligaciones alternativas, que al decir del artículo

1499, son aquellas en que se deben varias cosas, pero el

cumplimiento de cualquiera de ellas, extingue la obligación.

También es relevante la fungibilidad subjetiva en la llamada

dación en pago, que es un específico modo de extinguir las

obligaciones. Como se sabe, el pago, que es el principal modo de

extinguir las obligaciones, consiste en la prestación o

ejecución de lo que se debe. El acreedor no puede ser obligado a

recibir otra cosa que la que efectivamente se le debe, ni aun a

pretexto de que la cosa que se le ofrece sea de igual o mayor

valor que la debida (artículo 1569). Nada impide, sin embargo,

que el acreedor, en ejercicio de la autonomía de la voluntad,

acepte en pago una cosa diversa de la primitivamente pactada. En

ese caso estamos en presencia de la dación en pago.

Finalmente, y por las mismas razones que venimos exponiendo, la

fungibilidad subjetiva reviste también interés en el ámbito de

la compensación.

7.5. Cabe preguntarse qué relaciones es posible verificar entre

la consumibilidad y la fungibilidad. Por regla general, las

cosas consumibles son también fungibles. O sea que, en general,

las cosas que se destruyen o deterioran substancialmente con su

primer uso son, a la vez, fungibles. Existen, no obstante, cosas

consumibles que no son fungibles (por ejemplo, una botella de

48
colección). Y existen de otra parte cosas que no son consumibles

pero sí son fungibles (por ejemplo, un bolígrafo BIC).

7.6. Tratamiento de la fungibilidad en el Código Civil chileno.

A primera vista, el criterio de fungibilidad aparece recogido en

el artículo 575, el cual establece las tres siguientes

afirmaciones:

a) Establece –en su inciso primero- que las cosas muebles se

clasifican en fungibles y no fungibles.

b) Añade –en su inciso segundo- que “a las primeras”, o sea, a

las fungibles, “pertenecen aquellas de que no puede hacerse el

uso conveniente a su naturaleza sin que se destruyan”, es decir,

las consumibles.

c) Consigna finalmente –en su inciso tercero- que las especies

monetarias, en cuanto perecen para el que las emplea como tales,

son cosas fungibles.

Si observamos con atención lo preceptuado por el artículo 575,

advertiremos que éste no define la fungibilidad, limitándose a

establecer que los muebles se clasifican en fungibles y no

fungibles.

Brota, en segundo lugar, de la observación detenida del artículo

575, que debemos ser cautelosos con la afirmación, habitual en

los textos, según la cual, dicho artículo confunde las

categorías de la consumibilidad y la fungibilidad. Por lo pronto

no cabría hablar de confusión, si por confusión se entiende,

49
hacer equivalentes o sinónimas ambas categorías (como parece

sugerirlo, por ejemplo, Victorio Pescio13).

Es claro que el artículo 575 no hace sinónimas ambas categorías,

no las pone en una relación de igualdad o equivalencia. Cosa

distinta, el artículo 575 concibe a las cosas consumibles como

un subconjunto al interior de la clase de las cosas fungibles.

En tercer lugar, y establecido que el artículo 575 no define la

noción de fungibilidad, cabe preguntarse si existe en el Código

Civil alguna otra norma de la que pueda colegirse algún concepto

de fungibilidad. Dos artículos deben citarse al efecto:

a) Artículo 764. Este artículo define el derecho de usufructo

como un “derecho real que consiste en la facultad de gozar de

una cosa con cargo de conservar su forma y sustancia, y de

restituirla a su dueño, si la cosa no es fungible; o con cargo

de volver igual cantidad y calidad del mismo género, o de pagar

su valor, si la cosa es fungible.

b) Artículo 2196. Este artículo define el contrato de mutuo o

préstamo de consumo como un contrato en que una de las partes

entrega a la otra cierta cantidad de cosas fungibles con cargo

de restituir otras tantas del mismo género y calidad.

En consecuencia, el concepto de lo fungible, que aparece

anunciado aunque no definido en el artículo 575, es posible

13
Pescio Vargas, Victorio. Manual de Derecho Civil, tomo III.
Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 1978, pp. 191-192. En el mismo
sentido, Ducci Claro, Carlos, Derecho Civil, cit., p. 180.

50
colegirlo, de otras disposiciones del Código Civil, como las dos

que se acaba de citar.

8. Bienes sometidos a un sistema registral público y no

sometidos a un sistema registral público. Desde el punto de

vista del Código Civil y sus leyes complementarias, pertenecen a

la primera categoría los bienes inmuebles o raíces, en tanto que

los bienes muebles se inscriben en la segunda.

Respecto de los inmuebles, el sistema registral público: a)

otorga posesión (artículo 724); b) constituye la forma de hacer

su tradición (artículo 686); c) permite a los herederos disponer

de los inmuebles contenidos en el haber hereditario.

9. Bienes de género y bienes de especie o cuerpo cierto. Este

criterio atiende a la mayor o menor determinación o

especificación de las cosas por parte de los sujetos de derecho.

Es así que se denomina genérica o de género a cualquier cosa

indeterminada dentro de un género determinado; y por otra parte

se habla de cosa específica o bien de especie o cuerpo cierto

para aludir a una cosa determinada de un género determinado.

Esta clasificación reviste una doble importancia: a) las

obligaciones de género se cumplen pagando con cualquier

individuo del género acordado con tal que sea de una calidad a

lo menos mediana; en cambio, las obligaciones de especie o

cuerpo cierto sólo pueden pagarse entregando aquella cosa

específicamente determinada por los sujetos de derecho; b) en

segundo lugar, la distinción precedente interesa porque, como

51
suele decirse, “el género no perece”, de modo que la destrucción

o pérdida por caso fortuito de una cosa de género no extingue la

obligación. Distinto es el caso cuando la cosa que se pierde o

destruye por caso fortuito es una especie o cuerpo cierto. El

riesgo de pérdida por caso fortuito de la especie o cuerpo

cierto que se debe aparece distribuido por la regla del artículo

1550, de acuerdo con ésta, el riesgo de la especie o cuerpo

cierto que se debe pertenece al acreedor, lo que significa que

el acreedor deberá cumplir su obligación no obstante que no

tendrá derecho al cumplimiento de lo que originalmente se le

debía.

10. Bienes divisibles e indivisibles. Jurídicamente, una cosa se

dice divisible cuando es susceptible de fraccionarse en términos

tales que las fracciones resultantes sean entre sí homogéneas,

reteniendo cada una proporcionalmente el valor de la cosa entera

(así, v.gr., el agua). Por su parte, la cosa se dice

indivisible, cuando lo anterior no ocurre, o sea, cuando,

fraccionada la cosa, las fracciones resultantes no son

homogéneas desde el punto de vista de su valor.

Se sostiene, además, que la divisibilidad de las cosas puede ser

tanto material como jurídica (a veces se alude a lo mismo como

divisibilidad material e intelectual).

Los derechos personales o créditos son divisibles. Así se sigue

del artículo 1511, en cual dispone en su inciso 1°, que la regla

general para las obligaciones con pluralidad de sujetos es que

éstas sean simplemente conjuntas. Sólo por excepción las

52
obligaciones son indivisibles (artículo 1526). En lo que

respecta a los derechos reales, existen algunos de ellos, como

la prenda, la hipoteca y las servidumbres, que son indivisibles

(artículo 2405, 2408, 826 y 827 respectivamente). El derecho de

dominio o propiedad es un derecho típicamente divisible y esto

acontece particularmente, según veremos, en el caso de la

copropiedad, que se verifica toda vez que dos o más sujetos de

derecho son titulares por modo simultáneo del derecho de

propiedad sobre una misma cosa que se mantiene indivisa14.

Existen, asimismo, algunas cosas corporales, que por expreso

mandato de la ley se reputan indivisibles (así, v.gr., artículo

1317 inciso final).

Es usual que en los textos se distinga entre divisibilidad

material e intelectual o de cuotas, de suerte tal que una cosa,

no siendo divisible en sentido material, siempre o casi siempre

podrá dividirse intelectualmente.

11. Bienes presentes y futuros. Lo que permite calificar a un

bien como presente o futuro es si el dicho bien existe o no al

tiempo de trabarse sobre él una relación jurídica. La distinción

reviste importancia práctica a lo menos en tres circunstancias:

a) En cuanto concurre a configurar el denominado derecho de

prenda general de los acreedores (artículo 2465), pues ese

derecho alcanza a todos los bienes del deudor “sean presentes o

futuros”.

14
En ocasiones se afirma que el dominio es divisible no sólo en
atención a la institución de la copropiedad sino en cuanto puede
desmembrarse, por ejemplo, al constituirse un usufructo. Es claro, sin
embargo, que en tal caso mal podría hablarse de fracciones homogéneas.

53
b) En cuanto el artículo 1811 establece, en relación con el

contrato de compraventa, que es nula la venta de todos los

bienes, presentes o futuros, de una persona (venta universal de

patrimonio).

c) En cuanto el artículo 1813 dispone –siempre en relación con

la compraventa- que la venta de una cosa que no existe

actualmente, pero que se espera que exista,

12. Bienes singulares y universales. Se entiende por cosa

singular aquella cosa que se reputa única por poseer

individualidad física u orgánica. Cosa universal, en cambio, es

aquella formada por un conjunto de cosas singulares coligadas

funcionalmente entre sí formando un conjunto diverso de las

cosas que lo componen.

En el caso de las cosas universales esta imbricación funcional

puede ser de dos tipos:

a) Una ligazón funcional de carácter económico: caso de las

universalidades de hecho (universitas factii).

b) Una ligazón puramente jurídica: caso de las universalidades

de derecho (universitas iuris).

El concepto de universalidad o cosa universidad reconoce

antecedentes en la doctrina romana. Así se lee por ejemplo en el

siguiente texto de Pomponio: “hay cosas que por contenerse en un

solo espíritu se reputan una y por eso son únicas, en tanto que

54
hay otras cosas que se componen de varias cosas ligadas unas con

otras, como una nave”.

De modo que existen cosas que son conexas, pero singulares, como

es el caso de una nave o un automóvil. Distinto ocurre con las

universalidades. Sigue Pomponio: “hay cosas múltiples que son

independientes unas de otras, pero todas en conjunto se

subordinan bajo un solo nombre, como un rebaño, una legión o un

pueblo”.

Procede ahora que precisemos un poco más la distinción entre

universalidad de hecho y de derecho.

Las universalidades de hecho presentan tres características

fundamentales:

a) Los elementos de la universalidad de hecho poseen cada uno

individualidad física u orgánica.

b) Cada una de las cosas que componen una universalidad de hecho

poseen su propio valor de uso y de cambio, con independencia de

las demás.

c) Existe sin embargo entre ellas una ligazón funcional de

carácter económico que permite considerarlas como una sola cosa.

De ahí que se haya visto en el establecimiento de comercio un

caso de universalidad de hecho.

55
En lo que respecta a las universalidades de derecho, pueden

mencionarse como características fundamentales suyas las

siguientes:

a) Se trata en este caso no tanto de cosas individualmente

consideradas como de las relaciones jurídicas que sobre ellas se

constituyen.

b) Este conjunto de relaciones jurídicas son tanto activas como

pasivas.

c) El conjunto de relaciones jurídicas que forman la

universalidad de derecho tiene la capacidad de pervivir no

obstante cambien los elementos concretos (cosas) sobre los que

ellas recaen.

d) Dicho conjunto de relaciones jurídicas posee de ordinario un

estatuto jurídico especial que lo regula.

De ahí que el ejemplo más clásico que se proporciona de

universalidad jurídica sea el patrimonio. La herencia es otro

ejemplo. Y también se ha sostenido que la sociedad conyugal

(cuya naturaleza jurídica ha sido muy discutida) podría

constituir un tercer ejemplo de universalidad de derecho15.

Como se advierte, si bien el concepto de universalidad no fue

definido expresamente por nuestro legislador, éste posee

innegable relevancia práctica.

15
Otros ejemplos de universalidad de derecho que se han propuesto: el
patrimonio reservado de la mujer casada, el patrimonio del fallido (o
sea, el sujeto declarado en quiebra), o el del ausente.

56
13. Bienes simples y compuestos. Se trata aquí, nuevamente, de

una clasificación doctrinaria. Siguiendo a Albadalejo16, podemos

definir la cosa simple como aquella que posee unidad natural o

artificial, de manera que, aunque quepa distinguir en ella

sectores, éstos no constituyen, desde el punto de vista del

tráfico, elementos constitutivos de otra cosa mayor; pues

incluso cuando antes de formar el todo, existían como cosas con

individualidad propia, ésta ha desaparecido por completo (por

ejemplo, los ladrillos se han hecho casa, los trozos de metal,

lingote). Cosa compuesta, en cambio, es aquella que tiene una

unidad, pero en la que son distinguibles distintas piezas que la

integran, que antes y fuera del todo que integran, tenían su

propia individualidad. Por ejemplo, un automóvil (formado por

ruedas, carrocería, motor, etc.) o un edificio. A las cosas

compuestas se las denomina también cosas complejas o conexas.

Como se comprende -y así lo muestra el fragmento de Pomponio que

citamos más arriba- un conjunto de cosas simples puede

integrarse formando una cosa compuesta o conexa, sin que por eso

constituya su reunión una universalidad.

14. Bienes principales y accesorios. En este caso se trata de un

criterio de dependencia o subordinación de una cosa respecto de

otra. Así, son principales aquellas cosas en las que no cabe

reconocer una relación de dependencia o subordinación respecto

de otra cosa. Caso contrario, la cosa se dice accesoria.

16
Albadalejo, Manuel. Derecho Civil, t. I. Barcelona: Bosch, 2002, pp.
540-541.

57
Resulta crucial, en consecuencia, decidir con arreglo a qué

criterios hemos de determinar si una cosa guarda o no

subordinación o dependencia respecto de otra.

Al interior del Código Civil se advierten varios criterios de

accesoriedad:

a) Criterio de subsistencia. Es accesorio aquel bien que para

subsistir requiere adjuntarse a otro (por ejemplo, el árbol

respecto del suelo, que como sabemos es un inmueble por

adherencia).

b) Criterio del valor de uso. Es accesorio aquel bien que está

destinado a actualizar el valor de uso de otro bien (la vaina,

respecto de la espada, en el ejemplo de Planiol). Este es el

criterio que se aplica en los inmuebles por destinación.

c) Criterio del valor de cambio. En ocasiones el Código Civil

que, entre dos cosas, es accesoria aquella que posee menor

valor.

d) Criterio del valor de afección. Según el vínculo más o menos

fuerte que exista entre una cosa y el universo de afectos de una

persona.

e) Criterio del volumen. Se toma como principal entre dos cosas

aquella cosa de mayor volumen.

Los criterios enunciados no son necesariamente alternativos sino

que operan con cierto orden de prelación.

58
La distinción entre bienes principales y accesorios reviste gran

importancia práctica en nuestro sistema civil, sobre todo en

atención a que es un principio general que lo accesorio sigue la

suerte de lo principal (accesorium sequitur principale). Por lo

mismo, este criterio es de gran aplicación en el modo de

adquirir el dominio llamado accesión (así, v.gr., artículo 657-

661). Pero el principio de lo accesorio no sólo reviste

importancia en el ámbito de las cosas corporales. Lo propio

sucede en el ámbito de las cosas incorporales, o sea, tratándose

de derechos y obligaciones. Es así que las cauciones son

accesorias respecto de la obligación cuyo cumplimiento

garantizan: de modo tal que extinguida que sea la obligación

garantizada, se extingue consecuencialmente la caución o

garantía (hipoteca, prenda, fianza, cláusula penal).

15. Bienes que equivalen a frutos y bienes que equivalen a

productos. En la doctrina francesa los Masseaud definen las

nociones fruto y producto como sigue. Por fruto ha de entenderse

todo lo que una cosa produce de modo periódico y sin alteración

o disminución sensible de su sustancia. Producto, en cambio, es

aquello que es producido por una cosa sin periodicidad o con

alteración o disminución sensible de su sustancia.

Esta distinción francesa no se encuentra formulada de modo

explícito por nuestro Código Civil. Todo lo más, el artículo

643, al definir la accesión, señala que “Los productos de las

cosas son frutos naturales o civiles”. Sin embargo, alguna otra

disposición permite colegir la distinción entre frutos y

productos. Puntualmente, el artículo 537, al tratar de la

59
remuneración de los guardadores, dispone “En general, no se

contarán entre los frutos de que debe deducirse la décima, las

materias que separadas no renacen, ni aquellas cuya separación

deteriora el fundo o disminuye su valor”.

El Código Civil clasifica los frutos en naturales y civiles. Son

frutos naturales –señala el artículo 644- los que “da la

naturaleza ayudada o no de la industria humana”. Son frutos

civiles, en cambio, de acuerdo con el artículo 647, los precios,

pensiones o cánones de arrendamiento o censo, y los intereses de

capitales exigibles, o impuestos a fondo perdido”, o sea, y en

términos generales, los frutos civiles equivalen a lo que se

recibe como compensación al disfrute de la cosa en manos de un

tercero.

Los frutos naturales pueden hallarse en tres estados diferentes:

pendientes, percibidos o consumidos. Se dicen pendientes, señala

el artículo 645, “mientras que adhieren todavía a la cosa que

los produce, como las plantas que están arraigadas al suelo, o

los productos de las plantas mientras no han sido separados de

ellas”. Se dicen percibidos una vez que “han sido separados de

la cosa productiva, como las maderas cortadas, las frutas y

granos cosechados, etc.”. Y se dicen consumidos, “cuando se han

consumido verdaderamente o se han enajenado”.

A su turno, los frutos civiles pueden hallarse en dos estados:

pendientes o percibidos. Se dicen pendientes mientras se deben,

y percibidos desde que se cobran (artículo 647)17.


17
Considérese el caso de un contrato de arrendamiento en el que se
estipulan rentas mensuales. Las rentas constituyen frutos civiles.

60
La distinción entre frutos y productos interesa por lo

siguiente:

a) Por cuanto el modo de adquirir accesión opera respecto de

frutos y productos.

b) Porque hallándose la cosa en poder de un tercero, ya sea en

virtud del derecho real de usufructo o bien en virtud de un

derecho personal como ocurre en el caso del arrendatario, las

facultades del usufructuario y las del arrendatario alcanzan a

los frutos de la cosa pero no a sus productos.

c) Por cuanto la cosa que fructuaria o productiva puede hallarse

en manos de un tercero en calidad de poseedor. En este caso, el

tercero que posee de buena fe puede hacerse dueño de los frutos

(artículo 907), pero no de los productos.

16. Cosas apropiables e inapropiables. Las cosas se denominan

apropiables o inapropiables según sea o no posible constituir

sobre ellas el derecho real de dominio.

Se advertirá que en este caso hemos preferido la expresión cosa

a la expresión bien. Ello se debe a que, como indicamos al

comienzo (II.3 supra), una parte de la doctrina, sobre todo

comparada, establece la apropiabilidad como un requisito de la

condición de bien18.

Sólo transcurrido el primer mes, la primera renta se dice devengada,


lo que significa que su pago se ha hecho exigible. En consecuencia,
sólo desde que se devengan, las rentas en cuanto que frutos civiles,
se hallan pendientes, y sólo desde que se cobran y pagan, se dirán
percibidas.
18
Incluso de lege data: el artículo 333 del Código Civil español
expresa: “Todas las cosas que son o pueden ser objeto de apropiación
se consideran como bienes muebles o inmuebles”. Es manifiesto que la
redacción no es la mejor. Resulta sobreabundante aludir a las cosas

61
Las cosas inapropiables son de dos tipos: a) inapropiables por

naturaleza, como es el caso de las cosas que la naturaleza ha

hecho comunes a todos los hombres (res omnes communes), como la

alta mar (artículo 585); b) inapropiables por su destino, como

sucede con los llamados bienes nacionales de uso público

(artículo 589), cuyo dominio pertenece a la nación toda.

Como es obvio, las cosas apropiables admiten todavía una segunda

sub-clasificación, en la medida en que se haya o no constituido

propiedad sobre ellas: cosas apropiadas e inapropiadas.

Desde un punto de vista terminológico, el examen de las cosas

apropiables pero no apropiadas obliga a distinguir pues, como

observa Peñailillo19, puede ser que nunca hayan tenido

propietario y son entonces llamadas res nullius, o pueden

haberlo tenido, pero el dueño las abandonó con intención de

desprenderse del dominio, en cuyo caso son llamadas res

derelictae. Sostiene Peñailillo que, en el Derecho chileno, la

existencia de bienes inapropiados, llamados mostrencos cuando

son muebles y vacantes cuando son inmuebles, queda limitada sólo

a los muebles, habida cuenta de lo que dispone el artículo 590

del Código Civil, esto es, que “Son bienes del Estado todas las

tierras que, estando situadas dentro de los límites

territoriales, carecen de otro dueño”.

apropiadas al delimitar una categoría en que ya se incluyen las cosas


apropiables. Era más simple el antiguo Código italiano de 1865, cuyo
artículo 406 establecía sencillamente: “Tutte le cose che possono
formare oggetto di proprietá pubblica o privata, sono beni…”
19
Peñailillo Arévalo, Daniel. Los Bienes. La propiedad y otros
derechos reales. Santiago: Editorial Jurídica de Chile, 1997, p.54.

62
Consignemos además que la categoría de las cosas inapropiables

(tanto por naturaleza como por destino) está consagrada en

nuestro ordenamiento jurídico no sólo a nivel de las normas de

rango legal sino también en la Constitución Política (artículo

19 número 23).

17. Bienes comerciables e incomerciables. El criterio de la

comerciabilidad apunta a si las cosas pueden o no ser objeto de

negocios jurídicos privados. La cosa se dice comerciable si y

sólo si ella es susceptible de ser objeto de tráfico jurídico en

el ámbito de los negocios jurídicos privados. Caso contrario se

dirá incomerciable.

No cabe confundir la comerciabilidad con la apropiabilidad. Las

cosas inapropiables son consecuencialmente incomerciables (extra

comercium). Y por regla general las cosas apropiables son a la

vez comerciables. Pero hay casos de bienes que siendo

apropiables son, empero, incomerciables. Así sucede, por

ejemplo, con los derechos denominados personalísimos20 (como los

derechos reales de uso y habitación).

Tampoco debe confundirse el concepto de incomerciable con

inalienable. Este último alude a las cosas no susceptibles de

enajenarse, entendiendo por enajenar el acto de transferir el

dominio de una cosa o constituir sobre ella cualquier otro

derecho real. El concepto de comerciabilidad es, pues, más

amplio, ya que apunta a la posibilidad de celebrar negocios

20
No confundir con los derechos de la personalidad, los cuales tienen
carácter extra-patrimonial

63
jurídicos en general, y es claro que existen muchos negocios

jurídicos que no constituyen enajenación (así, por ejemplo, la

celebración de un contrato de arrendamiento, un préstamo, etc.).

18. Bienes nacionales de uso público y bienes fiscales. Bienes

nacionales de uso público son aquellos cuyo dominio pertenece a

la nación toda y su uso a todos los habitantes. Así lo dispone

expresamente el artículo 589 del Código Civil, al mismo tiempo

que ilustra con algunos ejemplos de estos bienes: plazas,

calles, puentes, caminos, mar adyacente). Se trata de una

categoría de bienes que quedan excluidos tanto de la posibilidad

de apropiación privada como del comercio por virtud del destino

que la ley les asigna. El propio Código Civil, sin embargo, en

sus artículos 599 y 602 admite el otorgamiento por parte de la

autoridad de determinados permisos y concesiones a favor de

ciertos particulares para que estos los destinen a fines

beneficiosos para la comunidad. Es lícito también al Estado,

bajo determinadas condiciones, desafectar determinados bienes

privándolos de su condición de bien nacional de uso público.

Distinto es el caso de los llamados bienes fiscales, los cuales

no tienen por dueña a la nación toda sino al Fisco, o sea, al

Estado en cuanto sujeto de relaciones patrimoniales privadas21.

Son ejemplos de bienes fiscales, los inmuebles que sirven de

asiento a las distintas reparticiones públicas así como el

mobiliario que los guarnece, los bienes que componen las

21
Para una visión distinta, según la cual, es inadmisible asimilar los
bienes fiscales, afectos al funcionamiento de servicios públicos, a un
dominio privado de los mismos por parte del Estado, véase Montt
Oyarzún, Santiago. El dominio público. Estudio de su régimen especial
de protección y utilización. Santiago: Legal Publishing, 2009.

64
herencias en que sucede el Fisco como heredero intestado, las

tierras que, ubicadas dentro del territorio nacional, carecen de

otro dueño, etc.

65