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VIDA DE LAS ABEJAS

Podemos imaginar que un tronco hueco de árbol en el cual un enjambre de abejas ha fijado
su domicilio es una ciudad poblada por 30.000 habitantes. La luz penetra por una ancha
abertura que es la puerta de entrada. En esta ciudad, calles angostas (tres milímetros de
ancho) bordean a las casitas de cera en forma de hexágono que están abiertas en un
costado y dispuestas en tal forma que las abejas, sin perder tiempo, pueden pasar de una
calle a otra y trabajar sin molestarse entre sí. Todas estas casitas tienen distintas
dimensiones. Algunas son para el pueblo, otras para los zánganos, y otras más para las
princesas, entre las cuales se elegirá la futura reina. Existe también un cierto número
destinado al almacenaje de los huevos y, finalmente, están las dedicadas a depósito de
provisiones, donde se conserva la miel.

Veamos ahora cómo funcionan los distintos servicios en esta ciudad tan pequeña y
tan poblada. En el interior del tronco hay aire “acondicionado”, pues en la entrada forman
fila las abejas encargadas de la ventilación; sus alas vibran con tal rapidez que se tornan
invisibles. La temperatura externa no influye en la del interior de la colmena, que siempre se
mantiene alrededor de los 250 centígrados. EJ servicio de limpieza es muy esmerado.
Ningún desperdicio queda en las calles ni en las casas, gracias al trabajo de cepillado al que
se dedican millares de patitas que no cesan de moverse. Si por casualidad en la colmena
penetra un intruso cuyo peso es demasiado grande para que las abejas puedan expulsarlo,
después de matarlo sin piedad lo envuelven en cera, para evitar que su descomposición
intoxique a la comunidad laboriosa. Además, diremos que en ninguna sociedad organizada el
servicio de transporte es tan perfecto: las provisiones de polen, de resma (con la cual hacen
la cera) y de miel están a cargo de las obreras, que las distribuyen no sólo para las
necesidades inmediatas sino también para las futuras.

Vuelo Nupcial de la reina: Acompañada por zánganos se eleva muy alto, hasta llegar a lugares desiertos. Durante el vuelo
muchos zánganos desaparecen por el cansancio, queda sólo uno quien tiene el honor de ser su esposo.

Después de la nupcia la reina vuelve a la colmena donde pone de 2000 a 2500 huevos diarios, uno por celda. Cumple de
ese modo su misión, que es la de proporcionar nuevos habitantes a la colmena.
Una vez que ha puesto un nuevo huevo en cada celda, las obreras depositan el alimento necesario para la futura abeja. Ese
alimento varia según la edad y el tipo de larvas. A las princesas se le reserva la jalea real.

Al cabo de unos días, el huevo se abre, la larva comienza a tejer su capullo. Las nodrizas la encierran detrás de una puerta
de cera. La entrada a la colmena está custodiada por otra abejas de los posibles enemigos, como ratas, lagartijas, avispas,
etc.

Los zánganos luego de su vuelo nupcial son muertos por otras abejas, pues ya han cumplido su función, y no pueden vivir
sin hacer nada.

LOS HABITANTES DE LA CIUDAD DORADA

En la sociedad de las abejas, las obreras forman la clase más numerosa, dedicándose a las
faenas más complicadas. Los únicos holgazanes son los zánganos que —según MAETERINCK
— sólo tienen incansable la boca, pues su alimentación requiere la tarea de cinco o seis
obreras. En cuanto a la reina, paga su soberanía con un largo y penoso cautiverio. Al final de
sus nupcias comienza a poner una cantidad increíble de huevos (cresa), que producirán
nuevas obreras, nuevos zánganos glotones y nuevas princesas.

Los huevos no presentan ninguna diferencia visible, pero, una vez terminada la
metamorfosis, los individuos nacidos no son idénticos. Según la celdilla o el alvéolo en el que
el huevo ha sido puesto y las sustancias con que se alimentan las larvas, nacerán obreras,
zánganos o una futura reina. Por lo tanto, los nacimientos se regulan de acuerdo con las
necesidades de la comunidad. Parece que las obreras son las que deciden, y ellas guían a la
reina cuando ésta se dirige a cada alvéolo para depositar los huevos. Cumplida esta
operación, las nodrizas colocan en la celdilla la cantidad de miel necesaria para la
alimentación de la futura abeja. Al cabo de tres días, sale del huevo una pequeña oruga
blanca: la larva, que necesita de cuatro a seis días para ocupar totalmente la capacidad del
alvéolo. Deja entonces de alimentarse e hila un capullo minúsculo; las nodrizas, más atentas
que nunca, cierran herméticamente la celdilla con una capa de cera, que es de forma
convexa para los zánganos, mientras que para la reina es muy espesa y misteriosamente
labrada. La metamorfosis empieza con el tejido del capullo. La transformación de huevo a
insecto perfecto dura veinte días para las obreras, veintiséis para los zánganos y sólo doce
para las princesas. Pero éstas no pueden salir inmediatamente del alvéolo, pues sus
nodrizas las retienen cautivas durante seis o siete días más.

El nacimiento de las obreras y de los zánganos es silencioso; por el contrario, cuando nace
una princesa emite un sonido característico, al que responde inmediatamente la reina con
otro sonido peculiar. Este dúo, según los especialistas, sería una manifestación de desafío y
ambición de una parte, y de duda y temor por la otra. A menudo es el prólogo de
espantosas tragedias. Se lo llama “el dúo de las reinas

La obrera nace provista de sus instrumentos de trabajo. La mandíbula y la lengüeta le sirven


de sierra, de gancho, de barrena, de tenaza, de espátula, según el trabajo que deba realizar.
En la cara externa de las patas posteriores presenta una cavidad llamada canastillo o cesta.
El primer artejo de los tarsos —la pieza cuadrada— presenta, en su faz interna, una especie
de cepillo formado de pelos regularmente colocados en bandas transversales. La pieza
cuadrada y la pata se articulan entre sí de manera que el insecto las abre y las cierra como
un cuchillo y puede emplearlas como pinza. Oculto en la extremidad del abdomen, las
obreras tienen un aguijón recto, envuelto en una especie de vaina; con él inyectan a sus
enemigos un veneno segregado por dos vesículas internas, que resulta mortal para los
demás insectos.

El zángano, bastante más grueso que las obreras, carece de aguijón y sus instrumentos de
trabajo son muy rudimentarios, casi inexistentes. Pero tiene alas robustas, antenas
desarrolladas y un órgano visual muy poderoso. La reina también está desprovista de
instrumentos de trabajo; es un insecto gracioso, contrariamente a la reina de las termes que
es una bolsa de huevos con cabeza minúscula.

La abeja posee cinco ojos: tres simples, colocados en la frente, y dos laterales, compuestos
cada uno por 3.500 facetas. Es imposible imaginar qué representa un campo florido para
ojos semejantes.

También es difícil suponer qué impresión origina en las abejas el perfume de las flores. La
antena de una abeja posee 5.000 cavidades olfativas minúsculas con las que puede
descubrir la presencia de un tilo a un kilómetro de distancia. A la perfección de sus órganos
sensorios, une la abeja una extraordinaria facultad de orientación

LA DANZA DE LA PRIMAVERA Y DE LA MUERTE

La primera abeja que sale de la colmena, después del reposo invernal, inspecciona los
alrededores en el transcurso de un vuelo prolongado, para descubrir el polen dorado que es
la esencia misma de la vida para la comunidad. Regresa luego al hogar con las cestas de las
patas posteriores llenas de polen. En el acto salen de su escondite los dos vigías que
custodian la entrada, y cruzan sus antenas como bayonetas para cerciorarse de que la
recién llegada pertenece a la comunidad. Una vez reconocida, la dejan pasar. En seguida
descarga su provisión de polen en el depósito y se abandona a la danza para indicar la
llegada de la primavera. Pero al poco rato cambia el ritmo: se diría que en esta segunda
parte del ballet la abeja indica a sus compañeras qué dirección deben tomar para encontrar
el tesoro. En efecto, después de observar un instante la danza, otras abejas dejan la
colmena y van directamente hasta el sitio, a menudo distante, de donde regresó su
compañera.

También es sorprendente el vuelo nupcial de las abejas, o mejor de la reina y sus


pretendientes. Todos los días, en pleno sol, los zánganos se precipitan en busca de la esposa
...más real e imprevista que en cualquier leyenda de princesa inaccesible (citamos al gran
escritor belga MAETERINCK), puesto que veinte tribus, llegadas de todas las ciudades
aledañas, la rodean para formarle un cortejo de más de mil pretendientes; de todos ellos,
uno solo será el elegido, para un único beso de un minuto, que lo desposará con la muerte y
la felicidad al mismo tiempo, mientras que todos los demás volarán, inútiles, alrededor de
los desposados, y perecerán pronto sin ver nuevamente la aparición prodigiosa y fatal.”

Otra ley cruel que rige a la comunidad, es la matanza de las princesas. En el mismo
momento en que la primogénita de la familia real sale de su alvéolo hasta entonces sellado,
la vieja reina se apresta a abandonar la colmena en compañía de algunos de sus súbditos.
Las damas de honor la rodean, la embellecen, le alisan las alas, la cepillan, la masajean y la
conducen a una celdilla llena de miel donde podrá recobrar fuerzas. Después de esto, la
reina recorrerá velozmente la calle real, deteniéndose cada vez -que oiga la voz de una de
las princesas aún encerradas. Sin titubear, entonces, romperá los sellos y arrancará la
cabeza de la infortunada cautiva.

Sigamos ahora al enjambre que abandonó la colmena. Llegados hasta el árbol elegido por
las exploradoras, las abejas se suspenden de una rama formando un racimo, o al borde de
una cavidad donde edificarán sus nuevos panales. Limpian y cepillan el hueco del árbol,
comenzando luego las productoras de cera su trabajo de construcción. Empiezan por
segregar la cera en pequeñas laminillas, a través de los segmentos inferiores del abdomen.
La mastican, la humedecen con la lengua y la aplican al techo de la colmena, donde se
forma un ladrillito de cera de doce a quince milímetros de largo, cinco milímetros de altura y
dos milímetros de espesor. Como las abejas trabajan en equipo, inmediatamente acuden las
escultoras, que son algo más pequeñas, y comienzan a cavar las celdillas. Las abejas
cereras siguen añadiendo cera y así se forma el panal vertical. En cuanto la obra está
bastante avanzada, la reina pone un huevo en cada alvéolo. Para producir zánganos, las
abejas escultoras hacen celdillas más grandes.

Cuando muere la reina, las otras abejas no pierden ningún órgano ni queda paralizado
ninguno de sus miembros; sin embargo, al darse cuenta de la catástrofe, todos los trabajos
quedan interrumpidos u olvidados. Si no se les da otra reina, se dejarán morir o buscarán
otra colmena.
La abeja melífica tiene muchos enemigos; los principales son el tábano, la avispa y dos o
tres especies de polillas. Contra los enemigos de mayor tamaño que ellas, las abejas
despliegan recursos muy inteligentes: levantan barricadas de cera, en las que dejan una
abertura por la cual sólo ellas pueden pasar. El arte de criar las abejas, con el lógico fin de
obtener la miel, se llama apicultura.
VIDA DE LAS ARAÑAS

Sólo si nos acercamos al minúsculo


acróbata que baja desde lo alto,
mofándose de la ley de gravedad,
podremos percibir un fino hilo prendido
de una ramilla. La araña aterriza, se
detiene un instante, vuelve a subir, baja
otra vez, va de una rama a otra, aparentemente sin motivo, pero en cada una de ellas
suspende un hilo. Una araña que trabaja y teje es al mismo tiempo obrera y carrete.

Apenas comienza su tarea, surge entre el ramaje una figura geométrica generalmente
octogonal— de precisión sorprendente, que se transformará, con la colocación de otras
hebras, en una tela maravillosa y una trampa formidable.

La extraordinaria hilandera es una Epeira diadema, le cuerpo amarillo adornado con líneas
negras transversales que, por medio de numerosas glándulas situadas bajo el abdomen,
secreta una sustancia gelatinosa que al estirarse se transforma en los hilos de la tela que
tanto admiramos. La araña es un bicho muy común que comprende muchas especies.
Fabrica su tela para cazar a los otros insectos, especialmente a las moscas, cuya sangre
chupa con lentitud en cuanto las ve presas por las atas, o enredadas en los finísimos hilos.

Algunas personas creen erróneamente que las arañas son insectos; la mayoría las incluye en
la vaga categoría de "bichos". Las arañas son artrópodos pertenecientes a la clase de los
arácnidos, orden de los araneidos. Estos se dividen en numerosas familias (alrededor de
70), las que a su vez, se dividen en géneros, especies y subespecies. Entre los arácnidos,
que tienen cuatro pares de patas (los insectos poseen tres pares) y el cuerpo dividido en dos
sectores, cefalotórax y abdomen, se incluyen también los escorpiones y garrapatas.

Las arañas suelen tener una especie de tubo o escondite en la parte superior de la tela su
resistencia, desde donde acechan a las víctimas incautas que constituye en su alimento.
Algunas no hacen telas, pero habían en agujeros tapizados con los hilos extraídos de si
mismas, formados por una sustancia particular que despide su boca.

Si observamos a la tan común araña de los jardines, advertiremos que su cuerpo nos ofrece
dos regiones muy distintas: el cefalotórax y el abdomen. Presenta seis pares de apéndices,
de los cuales cuatro pertenecen al tórax y dos son cefálicos. Dos de estos últimos apéndices
o pinzas se llaman quelíceros y poseen en su extremidad una glándula venenosa cuyo
producto de secreción sale al exterior por un orificio especial. Este líquido puede causar a
muerte: instantánea a pequeños animales. El segundo par de apéndices está constituido
por las maxilas, que poseen pequeños palpos.

JUAN ENRIQUE FABRE (1823-1915.), que hizo estudios completos sobre la vida de los
insectos y escribió, entre otros libros, Recuerdos entomológicos, traducido luego a todos los
idiomas, dio el nombre de atas interiores al último par de apéndices de las arañas, porque
cuando el animal camina realiza un movimiento en forma de espiral y las dos últimas patas
parecen ubicarse debajo de su centro longitudinal. Un pedúnculo muy corto une al
cefalotórax con el abdomen que es globuloso y contiene órganos de vital importancia. Éste
presenta, sobre su línea el orificio genital y, próximo a él, los estigmas son los encargados
de permitir la entrada en dirección alias filotráqueas o pulmones. Más abajo se encuentra el
orificio anal, escondido de un grupo de pequeñas prominencias llama “hileras”.

Por aquí sale esa sustancia líquida al contacto con el aire se solidifica y forma el hilo con el
cual teje su tela. En la boca comienza el aparato digestivo. Posee estómago chupador y un
intestino que termina bolsa estercoral. El aparato circulatorio es simple y el respiratorio
formado por filotráqueas, láminas, que se superpone a manera de acordeón y constituyen el
pulmón. Algunas arañas poseen cuatro pulmones (tetraneumo); otras presentan dos
(dineumonadas). Por regla general, las arañas tienen ocho ojos; en os algunas especies con
seis solamente y se muy pocas con dos. Algunas que viven bajo no tienen ojos.

Las Tegenarias, de color gris oscuro y largas patas velludas,


construyen sus telas preferentemente en los de las paredes, en
el interior de las casas o de los tragaluces; de esta manera
atraen hacia la trampa tendida a las moscas, su alimento
preferido. Estas arañas son muy comunes en América, Europa y
y África, y algunas alcanzan el tamaño de la a. tegenarias y aun
las epeiras son inofensivas el hombre, pero no se puede afirmar
lo mismo de especies de arañas exóticas. La picadura de negra,
muy común en el Brasil, es peligrosa para el ser humano.

La tarántula (imagen Izq.), que recibió este nombre porque era común en los alrededores de
Tarento, abunda casi toda Italia. Antaño se creía que el veneno de picadura provocaba una
locura melancólica que entre la música y la agitación podían curar, pero demostrado que esa
ponzoña sólo puede provoca en el ser humano un acceso de fiebre. Las arañas esa familia
tienen la particularidad de llevar los huevos en una especie de bolsa serosa.

La Menneus, que vive en el África, lleva su tela entre las patas abiertas y la usa como red
para capturar su presa. Las Nephiles son las hilanderas de los cálidos, y sus telas poseen tal
resistencia que los indígenas las emplean como redes de pescar.

Se conocen más de mil especies de arañas y con seguridad no constituyen éstas la totalidad
de las existente. Las más importantes son: la Epeira diadema, peluda de origen americano,
cuya picadura produce un dolor intenso, y la araña pollito —muy aún en la Argentina,
Paraguay, oeste de Uruguay y Brasil—, tan enorme que a veces llega a pesar doscientos
cincuenta gramos. Su venenosa picadura puede ser fatal para los animales menores.

PARTES DE UNA ARAÑA:

Anatomía externa de una araña. c: cefalotórax (prosoma). a: abdomen (opistosoma).


q: quelícero. p: pedipalpo. l: patas locomotoras. h: hileras.
REPRODUCCIÓN DE LAS ARAÑAS: Siete días después
de la cópula, la hembra deposita hasta 2000 huevecillos,
similares a cápsulas gelatinosas de un blanco traslúcido,
que envuelve por grupos en sacos distribuidos en la red.
En unas cuantas semanas las crías salen y se alejan de
su madre aprovechando las corrientes de aire para
desplazarse e iniciar su propia vida.

Peculiaridad de aquí surge la leyenda de la viuda negra.


La hembra puede devorar al macho en el apareamiento, lo que da el nombre a la especie,
aunque esta práctica es frecuente en muchos tipos arañas. Solo la mordedura de la hembra
es venenosa para el ser humano y puede llegar a ser letal, aunque con los tratamientos
modernos la muerte ya no es un evento común. (imagen: araña viuda negra)

Aunque su mordida es indolora, el efecto, a muy corto plazo, es contundente. El veneno,


corre por el torrente sanguíneo, ataca el sistema nervioso y provoca hinchazón,
enrojecimiento, náuseas, dolor estomacal, espasmos musculares y calambres en el tórax, en
el abdomen y en la parte superior de las piernas, así como contracciones y dolor intenso.
Los síntomas empeoran cada vez más provocando escalofríos, sudoración, convulsiones,
náusea, dolor de cabeza, fiebre y parálisis, aunque en la mayoría de los casos no son tan
severos.

TIEMPO DE VIDA DE LAS ARAÑAS: Las arañas macho


generalmente viven hasta que logran fecundar a una
hembra; es decir, llegan al estado adulto (determinado
por su evolución sexual y capacidad para fecundar a la
hembra) a los cuatro años en las grandes arañas, por
término medio. En otras especies la madurez sexual se
alcanza en menos tiempo.

El doctor W. Búcherl observó que las arañas criadas en


cautividad (terrarios) pueden llegar a vivir algo más de doce años. Algunas arañas "pollito"
del Brasil, según este investigador, vivieron entre catorce y dieciocho años. (imagen: araña
"pollito")

En libertad en la naturaleza, la mayoría de las arañas sucumbe a diversos accidentes en la


lucha con otros enemigos. Difícilmente alcanzan lo que podríamos llamar, en términos
humanos, vejez. Sin embargo, el profesor Bücherl, del Instituto Butantan de San Pablo
(Brasil), observó que las arañas cautivas, que habían nacido en el terrario y que
sobrepasaban el limite de los diez años de edad mostraban evidentes signos de apatía y
cansancio, comenzando a descuidar la propia higiene (de la cual las arañas son celosas
conservadoras; es un hábito parecido a la limpieza de los gatos). Aparecían hongos
micelianos en el borde del ano, que luego se extendían a otras partes del cuerpo; se
abandonaban en posiciones normalmente inusuales; se negaban a comer, y por fin se
producía la muerte.

LA VIDA DE LAS HORMIGAS

Todos conocernos, sin duda, las hormigas. Estos insectos pertenecen, corno las abejas al
orden de los himenópteros Su cuerpo está dividido en tres partes distintas: la cabeza, el
tórax y el abdomen, cada una con funciones propias e independientes entre sí, El tórax está
unido al abdomen por medio de una fina membrana móvil y articulada, que recibe el nombre
de pedúnculo.

Cuando se observan estas tres divisiones al microscopio se notan inmediatamente sus


diferencias esenciales. La cabeza posee las antenas y el aparato bucal; el tórax encierra el
principal centro nervioso y a él se hallan unidas las patas; en el abdomen están alojados los
órganos de la digestión y de la reproducción. Analicemos ahora separadamente cada una de
las partes; en primer lugar hablaremos de las antenas, órganos que desempeñan un papel
muy importante; éstas son móviles, articuladas, capaces de realizar movimientos
autónomos y —hecho que permanece totalmente inexplicado— constituyen verdaderos
instrumentos de comunicación, pues reciben, a distancias variables, mensajes que luego
pueden retransmitir. Este fenómeno hace que se compare las antenas de las hormigas con
puestos emisores y receptores. Otro órgano que provoca el asombro del observador son los
ojos, a los cuales están unidos los ocelos, que tienen por misión aumentar
considerablemente el campo visual. Los ojos son de gran tamaño y ocupan casi todo el
volumen d la cabeza.

El aparato bucal es más extraño aún: las hormigas poseen, en efecto, verdaderos labios: el
labio superior es ancho y el inferior más corto. Las mandíbulas son prominentes y están
dotadas de una fuerza extraordinaria. Representan para el insecto las armas de ataque y de
defensa y funcionan, según el caso, como cizallas, pinzas, tenazas, sierras, cuchillos,
binaderas o azadones.
Hormiga obrera (1). El cuerpo comprende tres partes bien de finidos: la cabeza, el tórax y el abdomen. En la
cabeza (3) están los ojos (la figura 4 nos muestra un corte), que ocupan gran parte de la misma, y las antenas, que sirven
al insecto para percibir olores y transmitir mensajes. Las patas (2) están provistas de un cepillo y de un peine que emplean
para asearse.

Las patas, en número de seis, como en los otros insectos, son sumamente delgadas y ágiles,
y aunque privadas de verdaderos músculos, poseen una resistencia excepcional. En el
abdomen, además de los órganos de la digestión y de la reproducción, están situadas dos
glándulas especiales que producen el ácido fórmico, de característico olor y con valiosas
propiedades químicas. La hormiga utiliza esta sustancia para dejar a sus compañeras una
huella de su paso e indicarles la dirección que deberán seguir. Veamos a continuación algo
sobre la vida y las costumbres de estos insectos.

Muy a menudo, las ciudades de las hormigas —se trata, en efecto, de verdaderas ciudades—
son subterráneas, con diferentes galerías y salas dispuestas en varios pisos. En una vasta
pieza, donde existe un cierto grado de calor y humedad, la reina pone sus primeros huevos,
pequeños, redondos y blancos; de ellos salen las larvas, cuyo aspecto es el de gusanitos,
blancos, débiles e incapaces de nutrirse. Son las obreras las encargadas de alimentarias,
una por una, hasta que lleguen al estado de ninfas. En ese momento, las reinas depositan
una nueva serie de huevos, esta vez en cantidad más importante, y es necesario entonces
agrandar la morada.
Durante este tiempo, de los huevos de la primera postura salen hormiguitas, muy débiles
aún y que apenas se sostienen sobre sus patitas amarillentas. Felizmente el período de
educación es breve y las recién nacidas, casi todas obreras, están ya capacitadas para
ocuparse de los seres que habrán de nacer de la segunda postura y para colaborar en los
trabajos de ampliación del hormiguero.

Nos ocuparemos a continuación de este hormiguero, sin duda muy diferente al de la


pequeña vivienda inicial.

Al final del verano, llegada la plena evolución de las hormigas, la reina y el macho, ambos provistos de alas, parten para el
vuelo nupcial. Al regreso, la reina se arranca las alas y el macho muere la misma noche de la boda. Donde posa la reina
origina una nueva colonia a la que se incorporan algunas hormigas neutras que la acompañan y le prestan auxilio.

Comprende seis o siete pisos, a los cuales se llega por medio de galerías acodilladas,
construidas primero en forma vertical y luego horizontalmente, donde se descubre una
sucesión de vastas salas con altos techos, cuyas bóvedas están sostenidas por briznas de
paja, semillas y pequeños guijarros. En estas piezas son acumuladas y seleccionadas todas
las riquezas que las obreras obtienen en sus correrías.

El interior de un hormiguero se asemeja a una gran metrópoli presa del delirio de trabajo.
Los millares de hormigas que allí habitan no se permiten ni un instante de reposo: de una
sala a otra, de un piso a otro, es un vaivén incesante de dos corrientes que se desplazan en
direcciones opuestas, sin que en ningún momento la una interrumpa el curso de la otra.

En esta magnífica organización, cada hormiga tiene una tarea bien definida y la cumple
escrupulosamente a lo largo de toda su vida. Naturalmente, las dos actividades principales
son el almacenamiento de las provisiones y el cuidado de la progenie. Consideremos la
segunda tarea. Observemos esas hormigas que tienen la misión de cuidar a los nuevos seres
desde su nacimiento hasta el momento en que serán capaces de bastarse por si mismos y
ser útiles a la comunidad. Las “nodrizas” jamás abandonan la vivienda, salvo en caso de
peligro; se dedican a transportar los huevos de las larvas y las ninfas de un piso a otro; este
trabajo, que podría parecer inútil y grotesco al observador, tiene, sin embargo, una
fundamental importancia, pues se relaciona estrechamente con las condiciones atmosféricas
y las variaciones de temperatura. En efecto, durante las horas de mayor calor, los huevos,
las larvas y las ninfas son descendidas a los pisos inferiores, donde la atmósfera es más
fresca, y cuando la temperatura exterior desciende comienza el trabajo inverso. Otras
obreras están encargadas de buscar y acarrear de los alrededores el alimento para las
“nodrizas”.

En la sociedad de las hormigas, cada miembro tiene una tarea perfectamente establecida: la de la hormiga reina es la de
poner los huevos, mientras que las obreras están encargadas de nutrir a las larvas.
La búsqueda del alimento no necesita ser explicada, pues todos hemos visto, alguna vez,
largas filas de hormigas cargadas de pequeños granos, de miguitas, de briznas de paja, en
fin, de todo aquello que puede ser introducido en el hormiguero y almacenado en los
depósitos.

La habilidad y el trabajo incesante de las hormigas se manifiestan en la construcción de su vivienda, compuesta de galerías
distribuidas en varios pisos y celdas destinadas a las diferentes ocupaciones.

Las obreras no ponen huevos; se distribuyen en dos categorías: las obreras propiamente
dichas, y los soldados, hormigas más robustas y provistas de temibles mandíbulas. La tarea
de estas últimas es la de defender el hormiguero y atacar otros con menor defensa. Existen
variedades de hormigas, como los políergos, que se consagran exclusivamente a este
género de actividad. Estas hormigas, una o dos veces por año, atacan las ciudades de otras
especies menos vigorosas y más pacíficas; allí exterminan a las obreras y a las nodrizas, y
se apoderan de los huevos, las larvas y las ninfas, que luego transportan a su morada
subterránea. De estas larvas robadas, a su debido tiempo nacen hormigas, condenadas a la
esclavitud por el resto de su vida.

Algunas variedades son migratorias, es decir, que se trasladan con armas y equipaje de un
lugar a otro, de una zona considerada peligrosa y pobre en alimentos a otra más favorecida.
Se ve, entonces, una compacta masa de insectos que se desplazan en perfecto orden: al
frente y a los costados avanzan los soldados y los exploradores, atentos siempre y
dispuestos en todo momento a señalar el peligro y enfrentarlo; luego marchan las obreras
cargadas con su preciado fardo.

En el caso de que otro ejército enemigo pretendiera interceptarles el paso, se entabla la


batalla. Los soldados de ambos bandos, la cabeza erguida y las mandíbulas abiertas, se
lanzan al combate; la lucha se prolonga hasta que uno de los dos grupos emprende la fuga.

Sin embargo, éstas que acabamos de citar no son todas las actividades que desarrollan las
hormigas; hay algunas de ellas, en efecto, que se ocupan de la cría de afidios (insectos que
viven como parásitos en los árboles), a los que hacen objeto de celosos cuidados; las
hormigas, en efecto, los protegen y los nutren abundantemente, a cambio de lo cual los
afidios se dejan extraer el liquido azucarado que encierran en sus cuerpos.

El líquido azucarado contenido en el cuerpo de los afidios (pequeños insectos, parásitos de los árboles) hace las delicias de
las hormigas, que atacan a estos animalitos con el único propósito de succionarles esa sustancia dulce.

Hay también hormigas campesinas que siembran granos cuidadosamente seleccionados, en


un pequeño terreno circular que rodea el hormiguero. En tiempo debido, realizan la cosecha
y almacenan el producto de la misma.
Después de una lluvia violenta que pudiera, por infiltración del agua en el suelo, mojar las
provisiones, éstas son rápidamente expuestas al sol y los desperdicios separados.

Existen además algunas variedades de hormigas que cultivan hongos, para lo cual preparan
sabiamente el terreno: disponen para ello varias capas de hojas cortadas en pequeños
trozos cuya masa esponjosa y fértil produce magníficas cosechas.

LA VIDA DE LAS CIGARRAS

Durante las horas estivales, cuando el sol abrasa los campos resecos y todos los seres
vivientes se guarecen bajo el techo o el follaje, la cigarra empieza a cantar. Su monótono e
insistente estridor se propaga por los campos en un coro de innumerables voces, como si
quisiera advertir al campesino del momento de la siega. Este canto se prolonga durante todo
el verano, interrumpiéndose en las tormentas, o cuando sobreviene frío. A principio del
otoño y con la llegada de las lluvias, el canto de la cigarra se apagará, y con él terminará el
verano.

Las cigarras son insectos hemípteros que, generalmente, viven en las zonas cálidas y
templadas. Es natural, pues, que estén muy difundidas en la cuenca del Mediterráneo y que,
desde Grecia, nos hayan llegado mitos, leyendas y poesías sobre este insecto que también
recibe el nombre de chicharra.

¿Quién no conoce la hermosa fábula de LA FONTAINE sobre La cigarra y la hormiga? Mas si


el poeta hubiese conocido mejor la vida y costumbres de esos pequeños cantores, tal vez no
hubiese defendido a la hormiga con tanto menoscabo de la cigarra.

A continuación veremos los motivos. Tomemos, por ejemplo, dos variedades comunes en el
sur de Europa. Una es la Cicada plebeieus (de color negro manchado de amarillo, recubierta
de pelusa blanca; su tamaño es de 30 a 35 mm.), y la otra la Cicada orni L. (un poco más
larga y rojiza). Durante el verano la hembra pone los huevos (de 4 a 12) en los tallos de las
plantas herbáceas o en ramitas secas, encerrándolos en pequeñas celdillas. De los huevos
que se abrirán a fines del verano, nacen las larvas que, poco después y luego de
experimentar las primeras transformaciones, se entierran. Por su conformación, que es
todavía muy diferente de la que tendrá el insecto completo, los zoólogos asignaron a esos
seres diminutos el nombre de “ninfas”.
Cicada Plebeius muy común en Europa. La hembra pone de 4 a 12 huevos en lo
tallos o ramitas secas de las plantas

La ninfa quedará bajo tierra durante todo el invierno, alimentándose con la savia de
las raíces. En el ínterin, su aspecto y su estructura interna experimentarán grandes cambios
y, ya en primavera, saldrá a la superficie, adhiriéndose al tallo o a las hojas de las’ plantas;
allí esperará su última transformación. Cuando, finalmente, por una hendidura dorsal de la
cutícula sale el insecto perfecto, el verano no está lejos. La cigarra inicia así su breve vida
que se extinguirá antes de llegar el otoño.

Cicada Orni L
El insecto macho es el que canta y sus órganos musicales están situados a ambos lados del
abdomen. Esto le permite cantar y alimentarse al mismo tiempo. Muy voraces, las cigarras
ponen todo su empeño en perforar la corteza de las plantas, para sorber la savia de las
mismas (su órgano bucal se adapta a esa modalidad). De este modo, las cigarras tienen
siempre alimento abundante a su disposición. La hormiga, a quien LA FONTALNE ha
otorgado la medalla del premio al trabajo, se revela, comparada con la cigarra, como una
verdadera aprovechadora. Efectivamente, cuando la hormiga encuentra a una cigarra
sorbiendo el líquido de las plantas, se le acerca y no descansa hasta lograr expulsarla y
tomar su lugar.

Cuando la cigarra muere, al cabo de cuatro o cinco semanas de vida, aparece otra vez la
hormiga que despedaza con sus fuertes mandíbulas el cuerpo ya inmóvil y lo arrastra hacia,
el hormiguero para alimentarse con él durante el invierno. En los Estados. Unidos y en todo
el norte de América vive una variedad de cigarra de características muy interesantes.

Es la Cicada septemdécim. Aparece únicamente en determinados períodos, pues su


desarrollo post-embrionario dura de trece a diecisiete años, y, sin embargo, cuando alcanza,
al fin, el estado de insecto perfecto, su vida es tan corta corno la de sus congéneres. En la
antigua Grecia las cigarras eran muy apreciadas y los atenienses las encerraban en
pequeñas jaulas deleitándose con su canto. El órgano sonoro que se halla en la Cicada
plebeius está formado por dos cavidades verticales situadas en la parte inferior del
abdomen.

En cada cavidad se halla una membrana elástica y convexa que vibra por la contracción de
un músculo interno. Las vibraciones, se amplifican por efecto de una caja de resonancia e
atenúan por medio de un opérculo

CICLO DEL DESARROLLO:


a) La hembra pone los huevos en huecos de los tallos o corteza de las plantas, b) de esos
huevos nacen, en otoño, las larvas
que se transformaran en ninfas, c) éstas se hunden en el terreno cerca de las raíces de los
árboles alimentándose de
la savia de los mismos, d) al llegar la primavera salen de la tierra se aferran a alguna ramita
y esperan el
momento de salir, por una abertura dorsal convertidas en un insecto perfecto.

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