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DE LOS DERECHOS REALES (3ª PARTE)

ACCIONES PROTECTORAS DEL DOMINIO Y DE LA POSESIÓN

DIVERSAS FORMAS DE PROTECCIÓN AL DOMINIO

El ordenamiento jurídico contempla diversas formas de protección al


derecho de dominio. Entre ellas se pueden mencionar las siguientes:

1.- Medidas generales de protección:

A.- Diversas cartas fundamentales, como la nuestra (artículo 19 Nº 24),


ubican al derecho de propiedad entre las garantías constitucionales.

Su protección se concreta a través del recurso de inaplicabilidad por


inconstitucionalidad (artículos 93 y 94) y del recurso de protección (artículo
20).

B.- Una de las primeras formas de protección que el titular del dominio
tiene, reconocida en la generalidad de las legislaciones, es la llamada
“legítima defensa”, que no sólo comprende a la persona sino también a sus
bienes (artículo 10 Nº 4 C.P.).

C.- La legislación penal también tipifica un conjunto de delitos agrupados


bajo la denominación de “delitos contra la propiedad” (artículo 432 y
siguientes C.P.).

2.- Medidas de protección en el Derecho Civil.

A.- Hay ciertas acciones tendientes a la protección del dominio y demás


derechos reales, que la doctrina denomina genéricamente “acciones
protectoras” y que las clasifica:

a.- En un primer grupo constituido por las acciones que protegen el dominio
en forma directa, es decir, las acciones del dominio propiamente tales.

Algunas de ellas están destinadas a eliminar perturbaciones ya


consumadas, siendo el ejemplo típico la acción reivindicatoria. Otras de
estas acciones están destinadas a prevenir un daño que se teme, como las
acciones posesorias de obra nueva y de obra ruinosa que, en realidad, la
mayoría entiende que no son acciones posesorias propiamente tales.
También son protectoras del dominio las acciones de demarcación y
cerramiento, que no sólo determinan los inmuebles objeto de dominio, sino
solucionan diversos conflictos entre vecinos.
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En este grupo también se puede mencionar la tercería de dominio.

b.- Un segundo grupo de acciones protegen el dominio en forma indirecta,


ya que normalmente persiguen otros objetivos. A este grupo pertenecen las
acciones posesorias y la acción publiciana. Como señala don Daniel
Peñailillo Arévalo, “en nuestro Derecho estas acciones están destinadas a
proteger la posesión, pero cuando el poseedor lo es como consecuencia de
ser dueño, lo que ocurre generalmente, al protegerse la posesión se está
protegiendo el dominio”. También se debe mencionar la tercería de
posesión.

B.- Acciones personales. Si la turbación deriva de una relación contractual,


también, es posible protegerse mediante la acción personal resultante del
respectivo contrato; así, por ejemplo, si al término del comodato o de un
arrendamiento no se restituye la cosa. A veces este camino puede resultar
más expedito que intentar la acción reivindicatoria, ya que la prueba del
contrato puede resultar menos dificultosa.

Si el contrato es declarado nulo, se concede acción restitutoria, al


igual que si es resuelto.

LA ACCIÓN REIVINDICATORIA

Véase esta materia en Peñailillo Arévalo, Daniel; Los bienes. La


propiedad y otros derechos. Editorial Jurídica de Chile1.

LAS ACCIONES POSESORIAS

Las acciones que la ley confiere para amparar y conservar la


posesión, se encuentran reglamentadas, en su aspecto sustantivo, por los
artículos 916 y siguientes C.C., y en su aspecto procesal, por los artículos
5492 y siguientes C.P.C.

1
Peñailillo Arévalo, Daniel; Los bienes. La propiedad y otros derechos reales; Editorial Jurídica de Chile; año
1991; 2ª edición; págs. 363 a 378 (párrafos 258 a 270).
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Artículo 549 C.P.C.: “ Los interdictos o juicios posesorios sumarios pueden intentarse:
1º Para conservar la posesión de los bienes raíces o de derechos reales constituidos en ellos;
2º Para recuperar esta misma posesión;
3º Para obtener el restablecimiento en la posesión o mera tenencia de los mismos bienes, cuando dicha posesión o
mera tenencia hayan sido violentamente arrebatadas;
4º.Para impedir una obra nueva;
5º Para impedir que una obra ruinosa o peligrosa cause daño; y
6º Para hacer efectivas las demás acciones posesorias especiales que enumera el Título XIV, Libro II del Código
Civil.
En el primer caso, el interdicto se llama querella de amparo; en el segundo, querella de restitución; en el
tercero, querella de restablecimiento; en el cuarto, denuncia de obra nueva; en el quinto, denuncia de obra ruinosa;
y en el último, interdicto especial”.
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El procedimiento a que se someten estos juicios varía según el


interdicto de que se trate y la sentencia que se dicte en ellos es de efectos
transitorios, porque produce generalmente cosa juzgada formal. Esta regla
tiene, sin embargo, excepciones; por ejemplo, la sentencia que de lugar al
interdicto de obra ruinosa (artículo 576 C.P.C.).

A nosotros sólo nos corresponde estudiar el aspecto sustantivo de


estas acciones.

DEFINICIÓN DE ACCIONES POSESORIAS

Artículo 916 C.C.: “Las acciones posesorias tienen por objeto


conservar o recuperar la posesión de bienes raíces o de derechos reales
constituidos en ellos”. De esta definición se desprende que en nuestro
Derecho hay dos clases de acciones posesorias: las que tienen por objeto
conservar la posesión y las que tienen por objeto recuperar la posesión.

Fuera de las enunciadas, el Código establece otras que, como


veremos, no son propiamente acciones posesorias: la querella o interdicto
de restablecimiento, para recuperar la posesión o tenencia que han sido
violentamente arrebatadas, y los interdictos especiales.

OBJETO DE LAS ACCIONES POSESORIAS

Las acciones posesorias tienen por objeto la protección de la


posesión, pero la protegen con entera independencia de la propiedad y
cualquiera que sea el dueño de la cosa. Es por eso que el artículo 923 C.C.
expresa: “En los juicios posesorios no se tomará en cuenta el dominio que
por una u otra parte se alegue.

Podrán, con todo, exhibirse títulos de dominio para comprobar la


posesión, pero sólo aquellos cuya existencia pueda probarse sumariamente;
ni valdrá objetar contra ellos otros vicios o defectos, que los que puedan
probarse de la misma manera”.

Tal protección se le presta, no obstante que no se trata de un


derecho, en razón de la enorme importancia que tiene.

PARALELO ENTRE LA ACCIÓN REIVINDICATORIA Y LAS ACCIONES


POSESORIAS

Se asemejan estas acciones posesorias a la acción reivindicatoria, en


cuanto mediante el ejercicio de ambas se trata de amparar o proteger la
posesión. Sin embargo, existen diferencias fundamentales entre ellas que
conviene conocer:
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1.- En la reivindicatoria se persigue y trata de recuperar la posesión, pero


en cuanto ella es consecuencia del dominio; por consiguiente, el
fundamento de la acción es el dominio y en el juicio debe discutirse éste.

En las posesorias se persigue y trata de recuperar o proteger la


posesión, en sí misma; por consiguiente, el fundamento de la acción es la
posesión, la situación de hecho existente, y en el juicio sólo puede
discutirse acerca de la posesión y no sobre el dominio, tal como lo confirma
el artículo 923 inciso 1º C.C. “En los juicios posesorios no se tomará en
cuenta el dominio que por una u otra parte se alegue”.

2.- De lo anterior se desprende que la acción reivindicatoria tiende a la


protección de un derecho, en cambio las acciones posesorias sólo tienen
por objeto el mantenimiento de una situación de hecho existente.

3.- La acción reivindicatoria, por regla general, sólo corresponde al titular


del dominio sobre la cosa; las acciones posesorias corresponden al que
tiene la posesión de la cosa.

4.- La acción reivindicatoria, como hemos visto, prescribe en conformidad al


artículo 2517; las acciones posesorias, por regla general prescriben en un
año, como vamos a ver, salvo la querella de restablecimiento que prescribe
en seis meses.

5.- La acción reivindicatoria procede tanto respecto de cosas muebles como


de cosas inmuebles (artículo 890 C.C.); las acciones posesorias, según la
definición del artículo 916 C.C., sólo proceden respecto de los bienes raíces
y de los derechos reales constituidos sobre ellos (siempre son acciones
inmuebles).

6.- La acción reivindicatoria es materia de un juicio de lato conocimiento;


materia de un juicio declarativo, que se tramita en conformidad al
procedimiento ordinario. Las acciones posesorias son materia de juicios
muy breves y sumarios, que tienen un procedimiento especial establecido
por la ley a fin de que la tramitación sea rápida, en vista de que se trata del
mantenimiento de una situación de hecho.

7.- Las sentencias que se dicten en el juicio de reivindicación son de efectos


permanentes y producen cosa juzgada. Las sentencias que se dicten los
juicios posesorios, por regla general, sólo producen cosa juzgada formal,
pues dejan a salvo a las partes el derecho de discutir las cuestiones de
fondo suscitadas en un juicio de lato conocimiento.

REQUISITOS PARA QUE PROCEDAN LAS ACCIONES POSESORIAS


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Los requisitos necesarios para que procedan son fundamentalmente


tres:

1.- Cosa susceptible de acción posesoria.

Siguiendo una tradición jurídica que viene desde el Derecho Romano,


el Código sólo hace susceptible de acción posesoria los bienes raíces y los
derechos reales constituidos sobre ellos (artículos 916 y 922 inciso 1° C.C.).

En cuanto a las cosas muebles, que son inmuebles por destinación,


también se admite la procedencia de las acciones posesorias. Así lo ha
fallado la Corte Suprema.

La protección que la ley presta a la posesión tiene por principal


objetivo que el poseedor pueda llegar a ganar por prescripción, como lo
demuestra el inciso final del artículo 2502 C.C. Es por ello que sólo se
confiere acción posesoria respecto de cosas susceptibles de prescripción
adquisitiva: “Sobre las cosas que no pueden ganarse por prescripción, como
las servidumbres inaparentes o discontinuas, no puede haber acción
posesoria” (artículo 917 en relación con los artículos 882 y 2498 C.C.).

Entre las cosas imprescriptibles se encuentran los bienes nacionales


de uso público, ya que están fuera del comercio humano. No son, por
consiguiente, susceptibles de acción posesoria. Sin embargo, sabemos que
al derecho de uso que sobre esos bienes se concede por la autoridad a los
particulares, la jurisprudencia les ha dado el carácter de un verdadero
derecho real, derecho que teniendo el carácter de inmueble, puede ser
amparado por acciones posesorias.

Lo que no puede ampararse con acciones posesorias es el derecho


general de uso sobre los bienes nacionales de uso público; por ejemplo, el
derecho de transitar por una calle. No se trata propiamente de un derecho
real exclusivo; pero, como dijimos, habiendo concesión hay derecho real
susceptible de acción posesoria.

2.- Posesión tranquila y no interrumpida durante un año completo

Lo exige expresamente el artículo 918 C.C.

De este requisito que para deducirla es necesario:

A.- Ser poseedor.

Desde el momento que tienen por objeto conservar o recuperar la


posesión (artículo 916 C.C.), sólo puede deducirla el poseedor. Lo dice
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expresamente el artículo 918 C.C., expresando que es necesario haber


estado en posesión.

De lo anterior se desprende que el mero tenedor no puede deducir


acción posesoria. Por excepción el artículo 928 C.C. le permite deducir la
querella de restablecimiento o de despojo violento, pero, como veremos, no
se trata propiamente de una acción posesoria.

Vimos, también, que sobre los derechos reales hay una especie de
posesión (artículo 715 C.C.). Consecuencia de ello es que no sólo el
poseedor del dominio, sino también el usufructuario, el usuario, el habitador
y el poseedor de cualquier derecho real inmueble puede intentar acción
posesoria para amparar o recuperar la posesión de su derecho (artículo 922
C.C.).

Se ha resuelto, también, que cualquiera de los comuneros de una


cosa inmueble que se posea proindiviso puede deducir acción posesoria, sin
necesidad del concurso de los demás comuneros, por tratarse de actos de
conservación que cada comunero puede ejecutar por sí sólo.

Si el poseedor fallece durante el juicio sus herederos pueden


continuarlo (artículo 919 C.C.).

B.- Que la posesión haya sido tranquila y no interrumpida.

No exige la ley que sea regular, como al tratar de la acción publiciana,


sino que sea tranquila y no interrumpida.

No dice la ley que se entiende por posesión tranquila. Generalmente


se acepta que es la que se ejerce públicamente por quien se conduce como
lo haría el propietario y que no es turbado ni molestado por reclamaciones
o actos de otras personas.

De acuerdo con lo expuesto, resulta que el poseedor violento no tiene


posesión tranquila, como tampoco quien tiene la posesión clandestina de la
cosa. El artículo 920 C.C. confirma esta interpretación en su inciso 3°, que
dice: “Si la nueva posesión ha sido violenta o clandestina, se contará este
año desde el último acto de violencia, o desde que haya cesado la
clandestinidad”.

Pero no basta que la posesión sea tranquila; es necesario, además,


que sea continua, es decir, no interrumpida. Si la ha sufrido, pero se ha
recuperado mediante acciones posesorias, no hay interrupción.

C.- Que la posesión haya durado un año completo.


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Así lo exige expresamente el artículo 918 C.C.

Se trata de proteger una situación de hecho existente. La ley


considera situación existente digna de protección la que ha durado, a lo
menos, un año completo.

Pero no es necesario que el que intenta la acción haya poseído


durante ese año. La ley, como lo hemos dicho, le permite agregar la
posesión de sus antecesores, según lo expresa el artículo 920 inciso 4° C.C.:
“Las reglas que sobre la continuación de la posesión se dan en los artículos
717, 718 y 719, se aplican a las acciones posesorias”.

Por eso, si el poseedor fallece, sus herederos pueden intentar la


acción posesoria, en cuanto poseedores, agregando a su posesión la de su
causante. Y si el poseedor fallece durante el juicio, pueden continuarlo sus
herederos, porque expresamente lo permite el artículo 919 C.C.

3.- Que la acción se intente dentro del plazo legal.

Esto quiere decir que se intente la acción antes que haya prescrito.

El plazo generalmente es de un año, pero, la manera de contarlo varía


según los casos. El artículo 920 C.C., en sus incisos 1º, 2º y 3º, señala: “Las
acciones que tienen por objeto conservar la posesión, prescriben al cabo de
un año completo, contado desde el acto de molestia o embarazo inferido a
ella.

Las que tienen por objeto recuperarla, expiran al cabo de un año


completo contado desde que el poseedor anterior la ha perdido.

Si la nueva posesión ha sido violenta o clandestina, se contará este


año desde el último acto de violencia, o desde que haya cesado la
clandestinidad”.

Tratándose de la querella de restablecimiento, el plazo es de seis


meses (artículo 928 inciso 1° C.C.).

CONTRA QUIEN SE PUEDE INTENTAR ACCIÓN POSESORIA

Estudiados los requisitos necesarios para que procedan las acciones


posesorias, con motivo de los cuales estudiamos quienes pueden intentar
estas acciones, nos corresponde estudiar contra quienes se puede intentar:

1.- Contra el autor de los actos de turbación o de despojo.


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No cabe duda que contra el autor de los actos de turbación o de


despojo, puesto que su objeto es amparar o recuperar la posesión. Según
Claro Solar, debe considerarse como autor a aquel que ha dado las órdenes
de ejecución de los actos de turbación o despojo, o a aquel que los
ratifique, o aprueba aún tácitamente aprovechándose de esos actos. Así
parece demostrarlo el artículo 712 C.C.

2.- Contra el heredero de las personas indicadas anteriormente.

Así lo dispone expresamente el artículo 919 C.C.

3.- Contra el actual poseedor que ha adquirido la posesión del usurpador a


cualquier título.

Artículo 927: “La acción para la restitución puede dirigirse no sólo


contra el usurpador, sino contra toda persona cuya posesión se derive de la
del usurpador a cualquier título

Pero no serán obligados a la indemnización de perjuicios, sino el


usurpador mismo, o el tercero de mala fe; y habiendo varias personas
obligadas, todos lo serán insólidum”.

PRUEBA EN LAS ACCIONES POSESORIAS

Como las acciones posesorias tienen por objeto amparar o recuperar


la posesión, el actor debe probar posesión tranquila y no interrumpida
durante un año completo, y que se le ha turbado o arrebatado la posesión.

1.- Prueba de la posesión.

A esta materia se refieren los artículos 924 y 925 C.C., los cuales,
según ya lo hemos visto, presentan problemas de interpretación.

2.- Prueba de los actos de despojo o de turbación.

Sirve cualquier medio de prueba, incluso la prueba testimonial. La


jurisprudencia ha considerado que no sólo los hechos materiales pueden
constituir actos de despojo o de turbación, sino también hechos
inmateriales; por ejemplo, intentar inscribir el inmueble como si no lo
estuviera. Este acto autoriza la querella de amparo o de restitución.

LAS ACCIONES POSESIORIAS EN PARTICULAR

Las acciones posesorias son:

1.- Querella de amparo.


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2.- Querella de restitución.


3.- Querella de restablecimiento.
4.- Querellas posesorias especiales: denuncia de obra nueva, denuncia de
obra ruinosa y otras que reglamenta el Título XIV del Libro II C.C.

I.- QUERELLA DE AMPARO

Recibe este nombre la acción posesoria cuyo objeto es proteger al


poseedor contra toda turbación o embarazo en su posesión. Así lo dice el
artículo 549 y lo da a entender el artículo 551, ambos del C.P.C. Lo mismo
resulta del artículo 921 C.C., que señala cuáles son los objetivos de la
querella de amparo: “El poseedor tiene derecho para pedir que no se le
turbe o embarace su posesión o se le despoje de ella, que se le indemnice
del daño que ha recibido, y que se le dé seguridad contra el que
fundadamente teme”.

Según se desprende de las normas legales citadas, la querella de


amparo procede cuando el poseedor conserva todavía la posesión pero
alguien se la ha turbado o molestado, o alguien pretende arrebatársela. No
procede cuando ya ha sido privado de la posesión.

De lo expuesto se desprende que si alguien se apodera


materialmente del inmueble inscrito, no puede deducir querella de
restitución, porque no se pierde la posesión por una parte, ni se adquiere
por otra, según el artículo 728; sino que procede querella de amparo por la
turbación inferida a la posesión. Al menos esta es la posición de Claro Solar
y de numerosos fallos de nuestros tribunales.

II.- QUERELLA DE RESTITUCIÓN

Recibe este nombre la acción posesoria que tiene por objeto


recuperar la posesión que ha sido injustamente arrebatada, según se
desprende de los artículos 549 y 551 inciso penúltimo C.P.C. Lo mismo
resulta del artículo 926: “El que injustamente ha sido privado de la
posesión, tendrá derecho para pedir que se le restituya, con indemnización
de perjuicios”.

Según se desprende de las normas legales citadas, la querella de


restitución procede cuando el poseedor ya ha perdido la posesión
injustamente, o sea, cuando ha sido despojado de la posesión por actos
injustos de otra persona; tiende a anular los actos de despojo ya
consumados, es decir, no meras tentativas.

Estos actos de despojo pueden ser materiales, como también


jurídicos; por ejemplo, el hecho de inscribir un inmueble no inscrito que otro
posee y el hecho de inscribir un inmueble inscrito.
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Ya sabemos que esta acción posesoria de restitución, no sólo puede


dirigirse contra el autor del despojo o sus herederos, sino, también, contra
todo aquél cuya posesión emane a cualquier título de dicho autor; así lo
dice el artículo 927 C.C.: “La acción para la restitución puede dirigirse no
sólo contra el usurpador sino contra toda persona, cuya posesión se derive
de la del usurpador por cualquier título.

Pero no serán obligados a la indemnización de perjuicios, sino el


usurpador mismo, o el tercero de mala fe; y habiendo varias personas
obligadas, todas los serán insólidum”.

III.- QUERELLA DE RESTABLECIMIENTO

La reglamenta también el Código en el Título XIII del Libro II, no


obstante que no es propiamente una acción posesoria. En efecto, el objeto
de ella es destruir los efectos del despojo violento, restituyendo las cosas al
estado que tenían antes de ejercitarse la violencia. Su fundamento es
impedir que nadie se haga justicia por sí mismo y menos empleando la
violencia; principio básico en toda sociedad civilizada.

Mediante ella no sólo se puede recuperar la posesión sino también la


tenencia; basta para ello que dicha posesión o mera tenencia hayan sido
arrebatadas en forma violenta, es decir, empleando la fuerza. Esto es lo que
dice el inciso 1º del artículo 928 C.C.: “Todo el que violentamente ha sido
despojado, sea de la posesión, sea de la mera tenencia, y que por poseer a
nombre de otro, o por no haber poseído bastante tiempo, o por otra causa
cualquiera, no pudiere instaurar acción posesoria, tendrá sin embargo
derecho para que se restablezcan las cosas en el estado que antes se
hallaban, sin que para esto necesite probar más que el despojo violento, ni
se le pueda objetar clandestinidad o despojo anterior”. Y el artículo 929 C.C.
sanciona los actos de violencia con las acciones criminales del caso: “Los
actos de violencia cometidos con armas o sin ellas, serán además
castigados con las penas que por el Código Criminal correspondan”.

Decíamos que la querella de restablecimiento no es propiamente


una acción posesoria; ello es evidente si se examinan las diferencias
fundamentales que existen respecto de las dos acciones anteriores:

1.- Las acciones posesorias sólo corresponden al poseedor; la querella de


restablecimiento o de despojo violento, corresponde no sólo al poseedor,
sino también al mero tenedor (artículo 928 C.C.)

2.- Las acciones posesorias sólo corresponden al que ha estado en posesión


tranquila y no interrumpida; la querella de restablecimiento puede
intentarla incluso el poseedor violento o el clandestino, en caso que
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violentamente se le arrebate la posesión. Así se desprende del artículo 928,


que expresa que corresponde al que “por otra causa cualquiera, no pudiere
instaurar acción posesoria”. Además, se desprende así de su fundamento,
que es evitar que nadie se haga justicia por sí mismo.

3.- La acción posesoria sólo corresponde al que ha estado un año en


posesión de la cosa; la querella de restablecimiento a aquél cuya posesión o
tenencia han sido violentamente arrebatada, cualquiera que sea el tiempo
que dicha posesión o tenencia haya durado. Así lo dispone el artículo 928,
al decir que puede instaurar la acción el que “por no haber poseído
bastante tiempo” no puede deducir acción posesoria.

4.- La acción posesoria prescribe en un año; la querella de restablecimiento


en seis meses. Este plazo, como es lógico, se cuenta desde los actos de
despojo violento que la motivan.

De lo expuesto se desprende que aquél que intenta la querella de


restablecimiento sólo necesita probar que tenía la cosa en su poder y que le
fue violentamente arrebatada, o sea, mediante el empleo de la fuerza.

En cuanto a la fuerza, la Corte Suprema ha fallado que no sólo la


fuerza efectivamente empleada permite deducir la querella, sino también
los actos de intimidación; por ejemplo, presentarse a despojar de la
posesión con hombres armados, aunque no se ejecute ningún acto de
violencia (así ocurrió en la causa “Kusanvic con el Fisco y Sociedad José
Montes”. A don Lorenzo De la Maza no le parece muy aceptable esto
dentro de la letra del artículo 928 C.C.

En un principio hubo duda acerca de si podía instaurarse esta querella


respecto de bienes muebles, en vista de la frase “o por otra causa
cualquiera… no pudiere instaurar la acción posesoria…” que emplea el
artículo 928 C.C. El Código de Procedimiento Civil puso término a toda duda
en el artículo 549 N°3 que limita la querella a “los mismos bienes”, o sea,
bienes raíces o derechos reales constituidos en ellos. Hoy no se discute.

Como el objetivo de la acción es que se restablezcan las cosas en el


estado que antes se hallaba, la Corte Suprema ha fallado que esta acción
afecta, y también obliga siempre que se le comprenda en la demanda, a los
que derivan su tenencia o posesión del que ejercitó la violencia, aunque
ellos no la hayan ejercitado (causa antes citada).

La sentencia que recaiga en la querella, no sólo no produce cosa


juzgada respecto de un juicio ordinario, como la mayoría de las acciones
posesorias, sino que ni siquiera respecto de otra acción posesoria. Así se
desprende del inciso 3º del artículo 928 C.C.: “Restablecidas las cosas, y
asegurado el resarcimiento de daños, podrán intentarse por una u otra
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parte las acciones posesorias que correspondan”. Esto se debe a que la


sentencia no se pronuncia sobre el dominio ni sobre la posesión, sino sobre
la violencia del despojo, y sólo tiende a restablecer las cosas a su estado
anterior.

IV.- ACCIONES POSESORIAS ESPECIALES

De las demás querellas o acciones posesorias que enumera el Código


de Procedimiento Civil, se ocupa el Código Civil en su Título XIV del Libro II,
bajo el epígrafe “De algunas acciones posesorias especiales”.

Del hecho de haberlas tratado el Código en un título aparte se


desprende que no les son aplicables las normas generales de las acciones
posesorias reglamentadas en el Título XIII. Sin embargo, este principio no es
tan absoluto porque el Código de Procedimiento Civil siempre las considera
acciones posesorias, de modo que conservan este carácter.

Por lo tanto, conviene examinar cuales requisitos de las acciones


posesorias se les aplican y cuales no:

1.- Cosa susceptible de acción posesoria. Se acepta que estas acciones


posesorias especiales, lo mismo que la querella de amparo y la querella de
restitución, sólo proceden respecto de bienes raíces o de derechos reales
constituidos en ellos, y siempre que sean prescriptibles.

2.- Posesión tranquila y no interrumpida durante un año completo. Se


acepta que es necesaria la posesión, pero que basta la posesión actual,
aunque no haya durado un año completo. En ese sentido se ha pronunciado
la jurisprudencia y también la doctrina.

3.- Que la acción no haya prescrito, o sea, que se entable dentro del plazo
legal. Se acepta que es necesario, también este requisito; pero, en cuanto
al plazo de prescripción, no se aplican las normas del Título XIII, sino
normas especiales contenidas en el Título XIV.

Además de estos requisitos generales, existe otro: que no se opongan


al ejercicio de una servidumbre legalmente constituida, según lo señala el
artículo 947 C.C.: “Las acciones concedidas en este título no tendrán lugar
contra el ejercicio de servidumbres legítimamente constituidas”. Según esta
disposición, la acción no procede en contra de los actos que constituyan el
ejercicio de una servidumbre daría derecho para ejercitar esos actos. Es
necesario sí, que se pruebe el ejercicio de la servidumbre, o sea, la actual
posesión de ella; no basta probar que se tiene derecho a la servidumbre
que se ejercita.
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En cuanto a la prescripción de estas acciones posesorias especiales,


el Título XIV, como se ha dicho, establece reglas especiales:

A.- La denuncia de obra nueva prescribe en un año, según el artículo 950


inciso 3° C.C.: “Si las dirigidas contra una obra nueva no se instauren
dentro de un año, los denunciados o querellados serán amparados en el
juicio posesorio, y el denunciante o querellante podrá solamente perseguir
su derecho por la vía ordinaria”.

Pasado el año, puede todavía pedir la destrucción por la vía ordinaria,


“pero, ni aún esta acción tendrá lugar, cuando, según las reglas dadas para
las servidumbres, haya prescrito el derecho”(artículo 950 inciso 4º C.C.).

B.- La denuncia de obra ruinosa no prescribe mientras haya justo motivo


para temer el daño de que se trate, según el artículo 950 inciso 2° C.C.:
“Las dirigidas a precaver un daño no prescriben mientras haya justo motivo
de temerlo”.

C.- Las acciones tendientes a precaver cualquier daño no prescriben


mientras haya justo temor de él, según el artículo 950 inciso 2° C.C: “Las
dirigidas a precaver un daño no prescriben mientras hay justo motivo de
temerlo”; y 937 C.C.: “Ninguna prescripción se admitirá contra las obras
que corrompan el aire y lo hagan conocidamente dañoso”.

D.- Las demás acciones se acepta que prescriben en un año desde que han
podido ser intentadas; esto por analogía.

E.- Las acciones tendientes a obtener la indemnización del daño sufrido


prescriben en un año, según el artículo 950 inciso 1°: “Las acciones
concedidas en este título para la indemnización de un daño sufrido,
prescriben para siempre al cabo de un año completo”.

La expresión “para siempre” demuestra que pasado el año no puede


demandarse la indemnización del daño, ni aún por la vía ordinaria, es decir,
ni aún en juicio ordinario.

DENUNCIA DE OBRA NUEVA

La primera de las acciones posesorias especiales es la denuncia de


obra nueva, que establece el artículo 930 inciso 1° C.C.: “El poseedor tiene
derecho para pedir que se prohiba toda obra nueva que se trata de
construir sobre el suelo de que está en posesión”; y el artículo 931 inciso 1°
C.C.: “Son obras nuevas denunciables las que construidas en el predio
sirviente embarazan el goce de una servidumbre constituida en él”.
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Según se desprende de estos artículos y de varios del Código de


Procedimiento Civil, el objeto de la denuncia de obra nueva no es discutir si
se tiene o no derecho a ejecutar la obra nueva, cuestión que es materia de
un juicio de lato conocimiento, sino obtener la paralización de los trabajos e
impedir la conclusión de la obra que se estima perturbadora de la posesión.
Es por eso que el artículo 569 inciso 2° C.P.C. dispone que la sentencia
ratificará la suspensión de la obra o mandará alzar la suspensión, dejando a
salvo a las partes el derecho de discutir en juicio ordinario si existe o no la
facultad de ejecutar la obra”.

De acuerdo con lo expuesto, la denuncia de obra nueva podría


definirse como la acción que tiende a evitar que se produzca una turbación
inminente en la posesión actual del denunciante, impidiendo la
continuación de los trabajos y conclusión de la obra que produce la
turbación, mientras no se establezca judicialmente el derecho de ejecutar la
obra o de hacerla demoler.

Por lo tanto, esta acción sólo procede tratándose de obras ya


iniciadas, pero no concluidas. Así se desprende de los artículos 930 y 937
C.C., y en especial, de las normas del Código de Procedimiento Civil
relativas a esta querella. Lo mismo han resuelto nuestros Tribunales.

Según nuestro Código, la denuncia de obra nueva procede:

1.- Para impedir la continuación de una obra que se está construyendo en el


suelo de que se está en posesión, según lo dice el artículo 930 inciso 1°
C.C.: “El poseedor tiene derecho para pedir que se prohiba toda obra nueva
que se trate de construír sobre el suelo de que está en posesión”.

2.- Para impedir la continuación de cualquiera de las obras a que se refiere


el artículo 931 C.C.: “Son obras nuevas denunciables las que construídas en
el predio sirviente embarazan el goce de una servidumbre constituídas en
él.

Son igualmente denunciables las construcciones que se trata de


sustentar en edificio ajeno, que no esté sujeto a tal servidumbre.

Se declara especialmente denunciable toda obra voladiza que


atraviesa el plan vertical de la línea divisoria de dos predios; aunque no se
apoye sobre el predio ajeno, ni de vista, ni vierta aguas lluvias sobre él”.

Como se ve, se trata de una acción que sólo corresponde al poseedor


de un derecho de servidumbre. Nunca corresponde al mero tenedor. Basta,
sin embargo, como se ha dicho, la posesión actual; no es necesario que
haya durado un año completo.
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Debe tenerse presente, por último, que sólo son denunciables las
obras que se pretenda concluir con carácter definitivo, y que estén
adheridas al suelo o labradas en él. No son denunciables, pues, las obras
momentáneas o de temporada, porque no van a producir una turbación a la
posesión. Esto resulta del artículo 930 inciso 2 y 3 C.C.: “Pero no tendrá el
derecho de denunciar con este fin las obras necesarias para precaver la
ruina de un edificio, acueducto, canal, puente, acequia, etc.; con tal que en
lo que puedan incomodarle se reduzcan a lo estrictamente necesario, y que
terminadas, se restituyan las cosas al estado anterior, a costa del dueño de
las obras.

Tampoco tendrá derecho para embarazar los trabajos conducentes a


mantener la debida limpieza en los caminos, acequias, cañerías, etc.”.

En caso que la acción corresponda a muchos la ley autoriza para que


se ejercite por cualquiera o contra cualquiera de los muchos interesados;
pero respecto de las indemnizaciones a que haya lugar, no cabe estas
regla, según se desprende del artículo 946: “Siempre que haya de
prohibirse, destruirse o enmendarse una obra perteneciente a muchos,
puede intentarse la denuncia o querella contra todos juntos o contra
cualquiera de ellos; pero la indemnización a que por los daños recibidos
hubiere lugar, se repartirá entre todos por igual, sin perjuicio de que los
gravados con esta indemnización la dividan entre sí a prorrota de la parte
que tenga cada uno en la obra”.

Lo expresado es consecuencia del objeto de esta querella, que sólo


tiende a la suspensión de los trabajos de ejecución de la obra, para lo cual
basta que uno o contra uno se ejercite la acción.

DENUNCIA DE OBRA RUINOSA

De acuerdo con los términos de los artículos 932 y 935, la denuncia


de obra ruinosa puede intentarse con dos objetivos:

1.- Pedir que se ordene la reparación de edificios o construcciones, o el


afianzamiento de árboles que debido a su mal estado amenazan caer y
causar daño.

2.- Pedir que se ordene la destrucción de edificios o construcciones o la


extracción de árboles que se encuentran en tal mal estado que no admiten
reparación o afianzamiento y que amenazan causar daño al caer.

Estos dos objetivos de la denuncia de obra ruinosa están señalados


por el artículo 932 inciso 1º C.C.: “El que tema que la ruina de un edificio
vecino le pare perjuicio, tiene derecho de querellarese al juez para que se
mande al dueño de tal edificio derribarlo, si estuviere tan deteriorado que
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no admita reparación; o para que, si la admite, se le ordene hacerla


inmediatamente; y si el querellado no procediere a cumplir el fallo
judicial, se derribará el edificio o se hará la reparación a su costa”; y por el
artículo 935 C.C.: “Las disposiciones precedentes se extenderán al peligro
que se tema de cualesquiera construcciones; o de árboles mal arraigados, o
expuestos a ser derribado por casos de ordinaria ocurrencia”.

Saber si el edificio, construcción o árbol admite o no reparación o


afianzamiento es una cuestión de hecho, que debe resolverse en cada caso
concreto. Por lo tanto, conviene pedir al juez una cosa u otra, según lo
estime de justicia.

El fundamento de la querella no es otro que el de impedir que un


daño inminente se produzca.

En general, la ley obliga a indemnizar los perjuicios que produzca la


ruina de un edificio. Artículo 2323 inciso 1º C.C.: “El dueño de un edificio es
responsable a terceros (que no se hallen en el caso del artículo 934), de los
daños que ocasione su ruina acaecida por haber omitido las necesarias
reparaciones, o por haber faltado de otra manera al cuidado de un buen
padre familia”. Lo mismo sucede en caso de daños provenientes de la ruina
de cualquier edificio o caída de árboles, debido a negligencia o culpa del
dueño en afianzarlos (artículos 2314 y 2329 C.C.).

Para que proceda la querella, según los artículos 932 y 935 C.C., es
necesario que se cumplan varios requisitos:

1.- Que la construcción amenace ruina o el árbol amenace caer, es decir,


amenace producir daño al caer, por efecto de su mala construcción, por
defectos que lleva en sí misma.

2.- Que la ruina o destrucción del edificio o construcción o caída del árbol
sean inminentes.

3.- Que la destrucción del edificio o construcción o la caída del árbol


amenace causar daño a la propiedad vecina.

Sobre este tercer requisito debe tenerse presente que el Código


concede la accion al que “teme” que la caída o ruina le cause perjuicios o
daños; es decir, al que tiene fundados temores para afirmar la inminencia
de esos daños. No se concede por un peligro eventual, que no existe
fundamento para asegurar, ni se concede si no se van a producir daños por
la caída.

4.- También es necesario que los daños que se teman sean graves. Si se
trata de daños sin importancia el artículo 932 inciso 2° dice: “Si el daño que
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se teme del edificio no fuera grave, bastará que el querellado rinda caución
de resarcir todo perjuicio que por el mal estado del edificio sobrevenga”.

Deducida la querella puede ocurrir que la construcción o árbol caiga


durante la tramitación del juicio. A esta situación se refiere el artículo 934
inciso 1º C.C.: “Si notificada la querella cayere el edificio por efecto de su
mala condición, se indemnizará de todo perjuicio a los vecinos; pero si
cayere por caso fortuito, como avenida, rayo o terremoto, no habrá lugar a
indemnización; a menos de probarse que el caso fortuito, sin el mal estado
del edificio, no lo hubiera derribado”.

La obligación de indemnizar nace de la negligencia en efectuar las


reparaciones necesarias.

Pero la ley no sólo sanciona la negligencia del dueño del edificio o


árboles, sino también del que ha deducido la querella, disponiendo el inciso
2° del artículo 934 C.C.: “No habrá lugar a la indemnización, si no hubiere
precedido notificación judicial de la querella”. El objeto de esta sanción es
que todos sean diligentes en denunciar las obras o árboles que amenazen
causar daño.

La sentencia condenatoria impone una obligación de hacer y debe


señalar un plazo para efectuar la reparación o destrucción. Si no lo hace,
puede el querellante ordenar que se haga a costa del querellado (artículo
932 inciso 1° parte final C.C.: “...; y si el querellado no procediere a cumplir
el fallo judicial, se derribará el edificio o se hará la reparación a su costa”).
En este caso se aplica el artículo 933: “En el caso de hacerse por otro que
el querellado la reparación de que habla el artículo precedente, el que se
encargue de hacerla, conservará la forma y dimensiones del antiguo edificio
en todas sus partes, salvo si fuere necesario alterar las para precaver el
peligro.

Las alteraciones se ajustarán a la voluntad del dueño del edificio, en


cuanto sea compatible con el objeto de la querella”.

Además, el juez puede ordenar que se hagan inmediatamente las


medidas urgentes de precaución que considere necesarias (artículo 574
C.P.C.).

Es aplicable, a esta querella el artículo 946: “Siempre que halla de


prohibirse, destruirse o enmendarse una obra perteneciente a muchos,
puede intentarse la denuncia o querella contra todos juntos o contra
cualquiera de ellos; pero la indemnización a que por los daños recibidos
hubiere lugar, se repartirá entre todos por igual, sin perjuicio de que los
gravados con esta indemnización la dividan entre si a prórrata de la parte
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que tenga cada uno en la obra”. Sabemos también que esta acción no
prescribe mientras se tema el daño (950 inciso 2°).

OTROS INTERDICTOS ESPECIALES

Quedan vigentes en el Código Civil los artículos 937, 941, 942, y 943,
que dicen lo siguiente:

1.- “Ninguna prescripción se admitirá contra las obras que corrompen el


aire y lo hagan concocidamente dañoso”.

2.- “El dueño de una casa tiene derecho para impedir que cerca de sus
paredes haya depósitos o corrientes de agua, o materias húmedas que
puedan dañarla.

Tiene asimismo derecho para impedir que se planten árboles a menos


distancia que la de quince decímetros, ni hortalizas o flores a menos
distancia que la de cinco decímetros.

Si los árboles fueren de aquellos que extienden a gran distancia sus


raíces, podrá el juez ordenar que se planten a la que convenga para que no
dañen a los edificios vecinos; el máximun de la distancia señalada por el
juez será de cinco metros.

Los derechos concedidos en este artículo subsistirán contra los


árboles, flores u hortalizas plantadas, a menos que la plantación haya
precedido a la construcción de las paredes” (artículo 941 C.C.).

Aunque el Código de Procedimiento Civil los considera interdictos y


ordena tramitarlos como denuncia de obra ruinosa, no son acciones
posesorias. Se trata de acciones que tienden a hacer efectivas las
restricciones del dominio establecidas para evitar, dentro de las relaciones
de vecindad, las influencias extrañas que, directa o indirectamente, pueden
perjudicar en forma más o menos considerable la propiedad ajena.

3.- “Si un árbol extiende sus ramas sobre suelo ajeno o penetra en él con
sus raíces, podrá el dueño exigir que se corte la parte excedente de las
ramas, y cortar el mismo las raíces.

Lo cual se entiende aún cuando el árbol esté plantado a la distancia


debida” (artículo 942 C.C.).

El interdicto para que se corten las ramas se tramita como el de obra


ruinosa.

El corte de las raíces es un caso típico de justicia privada.


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4.- “Los frutos que dan las ramas tendidas sobre terreno ajeno, pertenecen
al dueño del árbol; el cual, sin embargo, no podrá entrar a cogerlos sino con
permiso del dueño del suelo, estando cerrado el terreno.

El dueño del terreno será obligado a conceder este permiso; pero,


sólo en días y horas oportunas, de que no resulte daño” (artículo 943 C.C.).

No hay propiamente acción posesoria. Seguramente por esto el


Código de Procedimiento Civil no incluye ese derecho entre los que pueden
hacerse valer mediante un interdicto. Trátase de una restricción a la
facultad de excluir el uso del inmueble por toda otra persona que no sea su
propietario. La restricción está fundada en las relaciones de vecindad.

ACCIÓN POPULAR

Artículo 948 inciso 1°: “La municipalidad y cualquiera persona del


pueblo tendrá, en favor de los caminos, plazas u otros lugares de uso
público, y para la seguridad de los que transitan en ellos, los derechos
concedidos a los dueños de heredades o edificios privados”.

Artículo 949 C.C.: “Las acciones municipales o populares se


entenderán sin perjuicio de las que competan a los inmediatos
interesados”.

Estos artículos otorgan a las municipalidades y a cualquier persona


del pueblo el derecho de intentar las acciones posesorias, tanto las del
Título XIII, como las especiales del Título XIV. Así se ha pronunciado la
Corte Suprema. Esta interpretación se basa en la frase “los derechos
concedidos a los dueños de heredades o edificios privados”.

Hay un criterio restringido que señala que pueden deducirse como


populares solamente las del título de las especiales. Se funda en que la
acción popular está en ese título.

No debe creerse que sea requisito indispensable para que proceda la


acción popular que esté comprometida la seguridad de los que transitan por
los lugares nacionales. La acción popular procede, además, en caso de
estar comprometida tal seguridad, sin perjuicio de proceder siempre, en
caso de turbación o embarazo de los bienes nacionales de uso público.

La ley premia, además, al que intenta la acción popular. Artículo 948


inciso 2° C.C.: “Y siempre que a consecuencia de una acción popular haya
de demolerse o enmendarse una construcción, o de resarcirse un daño
sufrido, se recompensará al actor, a costa del querellado, con una suma
que no baje de la décimo, ni exceda a la tercera parte de lo que cueste la
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demolición o enmienda, o el resarcimiento del daño; sin perjuicio de que si


se castiga el delito o negligencia con una pena pecunaria, se adjudique al
actor la mitad”. Artículo 2323.

RESUMEN DE LAS CLASES DEL PROFESOR DE DERECHO CIVIL DON


MARCO ANTONIO SEPÚLVEDA LARROUCAU (2007).