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Liceo Augusto D’Halmar


Literatura e Identidad
Prof. Paulina García

I. Literatura
1. Hacia un concepto de Literatura

Los estudios sobre la Literatura han sido muchos, pero se considera el de Aristóteles como uno de
los primeros realizados y que posee gran relevancia, pues la dividió en tres géneros: lírica, épica y dramática.

El origen del término “literatura” proviene del latín littera que se relaciona con el arte de leer y
escribir y con dos actividades básicas de la cultura grecolatina: la Gramática y la Retórica. Sólo a finales del
siglo XVIII este concepto se orienta hacia la creación estética.

La literatura es concebida como un acto de comunicación cuya esencia se encuentra en el lenguaje


que la hace posible. De tal manera, se puede hablar de un lenguaje poético o literario y de un lenguaje
común. El primero se constituye de una forma de decir que no es habitual, puesto que utiliza estructuras,
procedimientos y recursos lingüísticos que permiten la pluralidad de sentidos en el texto literario, mientras
que el lenguaje frecuente no trasciende la simple finalidad práctica de comunicar un mensaje, hecho propio
de la lengua cotidiana que informa, expone, persuade, convence, etc.

Otro rasgo que permite hablar de lo literario es la ficcionalidad de los textos en tanto
representación de la realidad. Esta idea alude a la creación y estructuración de mundos posibles, los cuales
no copian la realidad, sino que la crean con una lógica de composición similar a la que rige en el mundo real.
Los seres y acontecimientos de un mundo posible o imaginario son ficcionales, aunque su existencia artística
indique que son verdaderos. De ahí que el lector se emocione y vincule de forma íntima con la obra literaria,
que es expresión de lo real dentro de lo imaginario. Aunque se produzca una de intercambio el mundo real y
el mundo literario no son iguales, ya que los mundos literarios no existen en el plano de lo real, sólo en el
plano de lo posible. De hecho, lo que la literatura crea son mundos posibles, sin existencia en el plano real.
Desde este punto de vista, el carácter ficticio de una obra literaria refiere a una realidad que debe ser
aceptada como tal, fuera de todo juicio de comparación con la realidad.

Por otra parte, el proceso comunicativo de la obra literaria es muy complejo, pues el lector del
mensaje puede pertenecer a culturas o épocas muy distintas a las del autor y aun así, encontrar contenidos
vigentes en su realidad e incluso provocar en él reacciones similares o diversas, según las características de
cada lector y sus particulares motivaciones – pensemos, por ejemplo, en el lector de las obras de ciencia
ficción durante 1955 y en el lector de estas obras en el año 2010, en Chile-. Por el contrario, también puede
suceder que no exista entre la obra y el lector ninguna relación o identificación con sus contenidos y
problemas.

En relación con lo anterior, podemos decir que la creación literaria está condicionada por tres
aspectos fundamentales: el autor, la obra y el lector. En primer lugar, el autor al escribir un texto literario se
enfrenta con dos cualidades esenciales: por una parte, el manejo de un instrumento lingüístico concreto que
debe dominar con soltura, utilizando una determinada forma, género, estilo y lenguaje; y, por otra, la
inevitable influencia sociocultural a la que pertenece, puesto que el autor es producto de su época.

Asimismo, en el texto literario se consideran dos planos básicos: el de la expresión e intención


estética, pues se preocupa tanto de la forma léxica y gramatical como de la belleza y emotividad de las
expresiones; y el plano del contenido, que ha de establecer una coherencia interna y representar
claramente la intención del autor.
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Por último, en cuanto al lector, éste es el destinatario de toda obra literaria y como tal es el que
recibirá el mensaje contenido en ella, apreciando los valores estéticos, estilísticos y humanos que contiene.
Por consiguiente, el autor busca comunicar, provocar y compartir con el lector ciertas impresiones, ideas,
actitudes vitales y estéticas, pensamientos y criterios que logren explicar el mundo y la existencia.

Considerando todo lo anterior, es claro que la obra literaria no es un objeto aislado o autónomo
respecto de las condiciones en que se produce, sino que se inserta en relaciones diversas y complejas
respecto de sus contextos de producción, ya sean situaciones históricas, tendencias culturales, artísticas,
filosóficas, étnicas, psicológicas, éticas o circunstancias de la vida de sus creadores. En estas relaciones no
siempre el texto literario o la obra de arte es un reflejo de los hechos y circunstancias vividas por su autor o
factores socioculturales, sino que puede plantearse como una ruptura, transgresión, transformación e
innovación respecto de los sistemas socioculturales imperantes en su momento de creación.

2. Contexto de producción de una obra literaria

La literatura se enmarca en un contexto extraverbal, esto es, en una serie de circunstancias no


lingüísticas que aluden al espacio, al tiempo, a la condición y situación de los hablantes que pueden afectar
la enunciación, el sentido y comprensión del texto. En este marco se encuentran en forma diferenciada el
contexto histórico y el contexto cultural.

Para abordar una obra literaria es de vital importancia el contexto histórico, ya que se refiere a los
acontecimientos socioeconómicos, políticos, religiosos, científicos, tecnológicos, etc. que condicionan la
escritura y la aparición de un texto y que lo hacen explicable.

Por otro lado, el contexto cultural alude al conjunto de instituciones, sistema de pensamientos, de
códigos estéticos, de tendencias artísticas y estilos imperantes de una sociedad específica. En este marco se
consideran los temas, mitos, estereotipos, tópicos, creencias, etc. que funcionan al interior de la sociedad de
la cual el texto literario es reflejo.

Por ejemplo, La casa de los espíritus de Isabel Allende puede ser correctamente explicable si se
considera el contexto en el cual tuvo su génesis: una tendencia estética (lo real maravilloso), la novela Cien
años de Soledad de Gabriel García Márquez, un conjunto de situaciones sociohistóricas y políticas de Chile a
las que alude, etc. El texto de Isabel allende no existe como signo en el vacío, sino en el contexto histórico-
cultural en el cual se inscribe. La obra literaria es fruto de un contexto y, el mismo tiempo, crea contexto.

3. Función y significado de la literatura

Tal como se mencionó anteriormente, la singularidad del relato literario, en comparación con otras
manifestaciones artísticas como una escultura, cuadro o composición musical, es que su materia prima son
las palabras y las letras, es decir, el lenguaje, del que todas las personas se sirven para expresarse, la
mayoría de las veces sin pretensiones estéticas.

Esta característica, la de poseer un medio de expresión tan significativo como lo es la palabra,


permite al texto literario adquirir diversas valoraciones y sentidos que logran explicar las distintas
funcionalidades que adquiere la literatura, tanto a nivel personal como social.

En primer lugar, la literatura es el medio ideal para desarrollar la conciencia y la apreciación del uso
del lenguaje en sus distintas manifestaciones, ya que presenta al lenguaje en un contexto auténtico, en
registros y variantes regionales o dialectales, encuadrados dentro de un marco sociocultural determinado
(Mckay, 1982). En efecto, a través de la literatura se permite la inmersión en una determinada forma
cultural, pues las personas aumentan la comprensión que tienen de ella misma y desarrollan una amplia
conciencia cultural. Función lingüística.
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De igual forma, la literatura transmite mensajes, símbolos o alegorías que representan los hechos
de la vida de tal modo que puedan ser aprovechables para el proceso de optimización de la educación de
cualquier individuo, en cuanto éste es una entidad en permanente crecimiento. Función didáctica. Incluso, la
lectura guiada de obras literarias permite desarrollar el gusto estético, ya que el texto literario difiere de
textos informativos o expositivos al crear un mundo de contenido propio, una realidad distinta, un ámbito
sensorial y afectivo que involucra al lector en una experiencia directa y arranca de él una respuesta que
puede ser emocional e intelectual a la vez. Por consiguiente, el contacto con el mundo literario permite que
los lectores se enfrenten a distintos modos de concebir y expresar la realidad, ya que le entrega las
herramientas necesarias para encarar el mundo cotidiano, los modos de entender la vida y aceptar las
distintas formas de comprender y valorar el mundo personal y el de los demás (Gadjusek, 1985). Función
estética.

La literatura refleja una perspectiva cultural determinada, por lo que conocer esta forma cultural
permite aumentar la comprensión de las obras leídas además de ayudar a desarrollar una “conciencia
cultural” amplia en los lectores, así también desarrollar la conciencia de sí mismo, de su tiempo y de la
sociedad donde se desenvuelven. Función cultural.

La lectura de obras literarias despierta en los lectores la motivación por leer y, por lo tanto, mejora
sus destrezas de comprensión lectora. Contribuye, además, a estimular la imaginación de las personas lo
que puede llevar a la creación de textos propios. Función imaginativa.

La recreación que produce la lectura de obras literarias no es corporal sino psicológica, pues la
actividad del lector se construye sobre la base de su emoción, su intelecto y una distancia física y pasiva
impuesta por el medio material. Demanda del lector la inmovilidad física, pero esfuerzo intelectual para que
la colaboración con el texto permita lograr la capacidad de goce del mundo de ficción que le presenta la
obra literaria. Función recreativa.

Finalmente, la literatura constituye, ante todo, un proceso interactivo de comunicación (entre


autor, texto y lector) que contribuye al desarrollo personal del individuo, quien aprende a pensar
críticamente y a captar los distintos usos del lenguaje en textos diferentes con y gracias a la lengua. Función
comunicacional.