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TRAMO DE FORMACIÓN PEDAGOGICA

CUARTO CUATRIMESTRE

MATERIA : TRANSFORMACIONES CULTURALES Y

EDUCACIÓN

TRABAJO PRÁCTICO FINAL

PROFESOR: ACOSTA, FACUNDO

GRUPO: ABRAHAM, NICOLÁS

ROSAS, HORACIO

SANCHEZ, ESTEBAN

BISOGNI, MARIA LAURA

JUNIO, 2021.-
A partir de los diferentes textos analizados a lo largo del curso, pudimos advertir como
punto de partida, la importancia de analizar el concepto de discurso ya que lo
concebimos como un proceso de interacción social, inherente a toda organización e
independiente del tipo de lenguaje de que se trate.
El discurso, en la medida en que es constitutivo de lo social, es el terreno de
constitución de los sujetos, es el lugar desde el cual se proponen modelos de
identificación, es la constelación de significaciones compartidas que organizan las
identidades sociales. Es espacio de las prácticas sociales, de allí la importancia de su
análisis.
De esta forma surge una relación inherente entre los discursos y la educación, y
podemos sostener que el punto de permanente relación docente-estudiante es el
discurso y en torno de él se entreteje todo el proceso.
Así el discurso se presenta como potencialmente fructífero en el estudio de la
educación porque permite interpretar la forma como diversos procesos y objetos se
articulan en una cadena de significaciones que impregnará las diversas instancias de
la dinámica societal.
Luego, nos encontramos ante la necesidad de analizar los distintos modelos de
comunicación que se dan el ámbito educativo, ya que entendemos que en la tarea
docente no sólo resulta importante el cómo decimos o transmitimos el mensaje, sino
también el qué decimos. Las palabras que a menudo utilizamos en el aula, en el
proceso de comunicación nos remiten a imágenes y conceptos sobre los cuales es
pertinente trabajar, construir y deconstruir prejuicios y ampliar nuestra mirada hacia un
enfoque que reconozca la diversidad, que la incorpore como parte de un andamiaje y
de un esfuerzo comunicativo que nos permita trascender hacia nueva formas de
entender y entendernos.
Así, consideramos fundamental concebir el acto de la comunicación como un todo en
el que intervienen no sólo una persona que emite el mensaje y otra que lo recibe, sino
también una suerte de retroalimentación. Esto supone ya no el tradicional paradigma
de emisores y receptores, sino redes en los que se privilegia el expresarse, el
aprendizaje y el escuchar a la persona con la cual interlocutamos.
Advertimos a lo largo de las lecturas propuestas que la relación comunicación-
educación tiene un vínculo muy fuerte en el proceso enseñanza-aprendizaje, porque
se fortalece en el aula a través de prácticas comunicativas asumidas por los docentes,
tales como fortalecer la relación profesor - estudiante, para conocer los contextos y
poder desde ahí, generar un diálogo logrando que los estudiantes apropien de forma
clara y concisa los contenidos educativos.
También la implementación de las prácticas mediáticas es parte del trabajo del
docente, incluyendo herramientas tecnológicas de uso cotidiano, para que el
estudiante a través de interacción y trabajo colaborativo con el docente aprenda los
temas de la clase.
Entendemos que en la actualidad se vive un gran desafío en la educación, debido al
surgimiento de una nueva generación, de la que se deriva un nuevo tipo de estudiante
y por ende surge la necesidad del docente por conocerlo, para centrar la enseñanza
en el alumno y no en los contenidos, generando así un proceso de comunicación, que
lleva a superar cualquier brecha intergeneracional, satisfaciendo las necesidades
educativas del estudiante y contribuyendo a mejorar la calidad de la educación en las
instituciones educativas.
Se advierte que actualmente la escuela mantiene una relación difícil con la cultura
popular, los medios de comunicación y las industrias culturales, aunque
podemos sostener que de a poco los docentes vamos tomando conciencia de que
vivimos en una sociedad multicultural, y no sólo porque en nuestro país conviven
distintas culturas, etnias y tradiciones sino porque hay distintos lenguajes: los de la
cultura oral, la escrita, la audiovisual y la hipertextual, los de las nuevas tecnologías.
La escuela tiene que enseñar a los chicos a comprender, explorar y manejar esos
lenguajes.
Con el arribo de los medios de comunicación, la cultura popular y las nuevas
tecnologías se produjo un doble fenómeno: por un lado, el saber ya no está sólo en el
libro, los chicos pueden acceder a mucha información fuera de ese formato; y por otro,
la destemporalización, no hay edades para aprender o un horario fijo, sino que ahora
el aprendizaje se produce a toda hora y todo el tiempo gracias a la presencia casi
permanente de los medios en la vida cotidiana.
Advertimos como problema que los medios difunden una imagen negativa de la
juventud: se habla mucho de violencia, de droga, de fracaso escolar, de delincuencia,
de piercing, de embarazo adolescente, esto resulta peligroso porque en muchos
casos, la imagen de los jóvenes consolidada ante la opinión pública no nace del
contacto directo y cercano con ellos sino de la imagen que de ellos transmiten los
medios. Inclusive, los docentes también modelan su opinión muchas veces con lo que
los medios dicen de los jóvenes lo que genera prejuicios y distorsiones que dificultan el
encuentro en la escuela.
Podemos concluir, coincidiendo con lo planteado en unos de los textos analizados,
que los docentes desde la institución escolar deben promover distintas competencias
como enseñar a los niños y jóvenes a reflexionar en torno a los medios, a debatir
acerca de los consumos mediáticos que realizan, las ideas que se difunden desde los
medios, a que puedan distinguir la validez de una fuente de información, etcétera.
De esta forma, los educadores tienen que abordar con sus alumnos los medios de
comunicación y las tecnologías de una manera que permita su problematización pero
también la producción. Se promueve así una educación en medios que revalorice la
cultura de los propios alumnos, para quienes los medios de comunicación y la
cultura mediática constituyen una parte esencial de su cotidianidad y su identidad
cultural.
Advertimos entonces que el reto al cual se enfrenta actualmente la sociedad es
educación repensar a la educación desde el ámbito de la comunicación como un
proceso que fortalece la participación, inclusión, el diálogo y la interacción, creando
redes de sujetos conectados en donde el conocimiento sea apropiado y transformado
por los estudiantes, permitiendo estimular el interés y la motivación de los estudiantes
ante la educación, al igual que los docentes que son el canal para que las prácticas de
comunicación se puedan llevar a cabo de forma adecuada, usando nuevas
metodologías o replanteando las existentes para una nueva generación, con el fin de
garantizar la eficacia y efectividad del mensaje y lograr hacer un trabajo de apropiación
en los estudiantes.
Por su parte, el Estado debe mejorar la calidad educativa y cobertura en todas las
zonas del país, para evitar, entre otras cosas, que el nivel de deserción escolar
aumente.
El paso de una educación tradicional a una sociedad que se fundamenta en la
adquisición del conocimiento ha sido complejo; el rol funcional del docente dentro de
este enfoque no solo conlleva a exigir un cambio en sus prácticas metodológicas, sino
a un cambio de mentalidad que involucra sus creencias frente a los distintos entornos
donde se puede lograr el aprendizaje.
Pensamos que lograr el encuentro entre comunicación y educación, solo sería posible
si se modifica el contexto en el que este se viene desarrollando, es decir, que la
educación no siga siendo pensada o vislumbrada desde el ámbito del espacio físico en
la institución y como una pedagogía intencional, por otro lado, la comunicación no
puede ser solo instrumentalización que contribuya a limitar la participación e
interacción de los estudiantes y a desmejorar la relación docente- alumno.
Las instituciones educativas tienen el desafío de abandonar la pedagogía tradicional
donde se cuestiona el enclaustramiento, el autoritarismo, etc., como únicas formas de
relación e interacción entre el alumno y el docente, por el contrario, se deben repensar
estas actividades y transformarlas en función de las prácticas y formas de
comunicación, teniendo en cuenta que la comunicación y la educación debe ser vistas
como un campo relacional.
Consideramos importante que la educación sea repensada desde el ámbito
comunicacional para que la formación se realice de forma participativa y se presente
mayor interacción en las aulas, además de la importancia de la apropiación de las
TIC’s y medios de comunicación dentro de las instituciones como herramienta de
estudio, ya que actualmente se está inmerso en una realidad virtual en el que las
prácticas tanto de comunicación como de educación se tienen que adaptar.

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