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Primera Estación:

JESUS ES CONDENADO A MUERTE

LECTOR: ¡No encuentro en él delito alguno¡

No le des vueltas al asunto, Pilatos. !Debe morir¡ ¡Crucifícalo¡, ¡preferimos a


Barrabás¡!quítalo de enfrente¡ ¡Crucifícalo¡ . Nos estorba su presencia. Es
amigo de mugrosos y de mujeres de mala vida, nos ha llamado hipócritas,
raza de víboras. Molesta su doctrina. Su ejemplo es un reproche constante
para nuestra vida. ¡Crucifícalo¡.

¿A su rey he de crucificar?

¡No tenemos mas rey que el César¡ ¡No tenemos mas ley que el dinero¡.
Nuestra meta es el placer. ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!.

Y Cristo fue condenado por los gritos de la muchedumbre y por mi silencio


hipócrita y cobarde.

HOMBRES: Si, preferimos a Barrabas. Si, Señor, a eso viniste: a ser


escupido, insultado, a que yo te condenara a muerte. Yo tenía que ser libre
y tú estás allí, para liberarme. Al menos , no quiero lavarme las manos
como Pilatos. Tengo que reconocer con valentía la parte que me toca. Mi
silencio ha sido el grito de tu condena . Mi egoísmo, el signo de mi
preferencia por Barrabás.
Concédeme, Señor, la gracia del arrepentimiento, del agradecimiento y de
la sinceridad.

MUJERES: Y Tú, Señor, maniatado, con el rostro cubierto de de saliva .De


pie, como quien sabe a lo que se ha comprometido, y todo por haber dicho
la verdad: Soy el Hijo de Dios.

Barrabás ya se ha ido, lo hemos preferido a el y no a ti, como en tantas


ocasiones de nuestra vida, no importando que tu corazón quede destrozado
por el desprecio de quien nos decimos tus “AMIGOS”. Te toca pagar . No te
extrañes, Cristo, nosotros no podíamos pagar el rescate de nuestra
esclavitud. Ni modo, ya está dada la sentencia…Tú en vez de mi ; el Señor,
en vez del esclavo; el ofendido por el ofensor, y yo Cristo, contemplándote
fría, indiferente, cínicamente. Despreocupada, “gozando de la vida” ,
pecando, como si fueran pocos los pecados de la humanidad; olvidándome
de todo lo que has hecho por mi.

¡Dame arrepentimiento¡

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Segunda Estación:
JESÚS CARGA LA CRUZ

LECTOR: Claro, era más fácil soltar a Barrabas, quien, a pesar de ser un
criminal y asesino, era más inofensivo que TU, Jesús. Tú eres una
amenaza, Señor:”El que quiera venir a favor de mi, niéguese así mismo,
cargue su cruz y sígame”.”Si tu ojo es un motivo de pecado sácalo y
arrójalo lejos de ti”, “El que mira de mala manera a una mujer ya adultero
en su corazón”. “Pon la otra mejilla”, “Ama a tu enemigo”… ¿No te parece
que pides demasiado, Jesús ?

¡Lo que pides es imposible!

Eso te sacas por andar predicando cosas que no van con nuestra
mediocridad. Por andar de exigente. ¿A quién se le ocurre, Señor?

Ni modo, ya está dada la sentencia.

HOMBRES: Cristo, esa es tu cruz y también la mía. Yo no puedo con ella,


Tú tienes que cargarla. Me rajo cobardemente. He tirado la piedra y
escondido la mano. ¡Ya, señor, te has echado mi cruz a cuestas! ¡Esta
pesadísima! Te pesan mis pecados, mi hipocresía, mi egoísmo, mi,
mi,……Tu sabes cuantas cosas más. Francamente, Jesús, no puedo cargar
mi cruz y seguirte. El placer, el dinero, los reventones, el sexo, enajenan
mis sentidos….Francamente, Cristo….Ayúdame a no escupirte mas, a no
enlodarme, a….Tu sabes Señor…. ¡Perdóname y sigue adelante con la cruz
de mis pecados!

MUJERES : ¡Vamos, Cristo, no te quedes parado! Querías morir por mí,


adelante: toma esa cruz y emprende el camino del Calvario. ¡Anda, que se
hace tarde! Toma esa cruz, mi cruz. Yo nunca podría llevarla, es demasiado
pesada .¿Verdad, Cristo que pesa? Pesan mi vanidad, mi egoísmo, mi
mediocridad, mi desbordante imaginación, mi hipocresías .Y Tu sabes
cuantas cosas más.

Este mundo me trae loca por vivir, por gozar… Te lo digo con sinceridad,
soy muy débil, no puedo seguirte.

Quisiera, pero…Tú sabes:”esos peros”

Esas palabras:”El que quiera venir… cargue su cruz”, suenan muy duro a
mis oídos; sin embargo, ayúdame a comprenderlas.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Tercera Estación:
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

LECTOR: ¿Por qué eres tan terco, Jesús? No puedes seguir así. Nadie
resiste cuarenta azotes, una corona de espinas y las bofetadas de los
soldados. ¿Por qué no te moriste, mejor, bajo el látigo de los verdugos?
Ahora caes, sin meter las manos siquiera. ¡Es imposible seguir!... Vamos,
tienes que poder: resucitaste muertos, curaste enfermos; haz el milagro: ¡no
sigas! ¿Pero por qué tienes que morir crucificado?

A ellos no les conviene que mueras en el camino… Tienes que llegar hasta
allá… hasta el calvario.

Tienes que estar puntual a la cita con la historia.

HOMBRES: ¡Ahí vas, al suelo, Señor! ¿Por qué? Y yo contemplando como


idiota, sin decir palabra, aceptando todo lo que sucede. ¿Por qué te
arriesgaste, Señor?, ¿no sabias que mi cruz era insoportable? Te iba a
decir que dejaras esa cruz y que te fueras… ¿Pero quién la llevaría hasta el
calvario para crucificarse en ella? Yo no, Señor soy demasiado cobarde.
Levántate, tómala de nuevo y sigue.

¡No te rindas! Me da miedo la cruz, pero ni así dejo de ofenderte. Deja


sentirme cerca de ti.

Dame fuerzas para acompañarte, para estar junto a ti.

¡Madre, acaricia por última vez este cuerpo que es hechura tuya! Ya no
responde a tus caricias… ¡Está muerto! ¡Bien muerto! Tú también has
cumplido, madre. ¡Mujeres, embalsámenlo bien! Los hombres solamente
sabemos matar, y no lo hacemos mal. ¡Que bestias!

MUJERES: Mira, madre; a tu hijo; ya no es “el más hermoso de los hijos de


los hombres”, su cuerpo está desecho, desfigurado. ¿Te acuerdas, madre,
cuando lo mecías en tus brazos? ¡Hay que sepulgarlo! Quiero acompañarte,
madre mía, quiero estar a tu lado, quiero estar siempre contigo. Quiero
seguirte a donde vayas. ¡Madre mía, dale el último beso y vámonos, que ya
está oscureciendo!

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Cuarta Estación:
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Lector ¡Miren a la madre del reo, del condenado a muerte!, ¿que anda
haciendo por acá?, ¿no debería estar en su casa? Este no es espectáculo
para mujeres: una multitud sedienta de sangre, un rostro ensangrentado,
cubierto de saliva y de polvo.

Sin embargo, allí está la mirada tierna, compasiva de una madre que
contempla al hijo de sus extrañas. Sangre del cuerpo y del alma;
importancia para ayudar, para ofrecer un poco de agua, un leve descanso,
un mínimo refrigerio. La mirada de Jesús, velada por el sudor y la sangre,
logra filtrarse como un rayo de luz, para posarse en el corazón de su madre.
¡SILENCIO… un gran silencio!

Hombres: ¿También Tu Madre? Si, era imposible que lo dejaras solo.


Madre, déjalo que cargue con mi cruz. Él lo ha querido así y tu también.
¿No es cierto? Mira como te lo he puesto: “parece gusano, no hombre”.
Hubiera querido que te quedaras en casa, estas cosas no son para ti. Pero
no, ahí estas, acompañándolo siempre en los momentos más duros de su
vida.

Hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Hazme sentir tu aflicción para
que conozca el precio del pecado. Hazme sentir tus lágrimas, para ablandar
mi endurecido corazón.

Concédeme, al menos, que te acompañe, aunque sea por unos momentos.

Mujeres: María, te hubieras quedado en casa. No te metas en esas


brutalidades. El Calvario es para tu Hijo. Pero no podías dejarlo solo.
¡Imposible! Él necesitaba el encanto de tus ojos, el calor de tu mirada. Una
madre como tú no abandona a su Hijo… y yo, lejos, muy lejos, ajena al
drama que yo misma origine con mis pecados; idolatrándome, pensando
únicamente en mi. No soy para consolar, ni para ir a buscar al que sufre;
por eso he dejado solo a tu Hijo, madre mía. Perdón, Cristo; cuando quieres
mi amor, te lo niego; cuando quieres que te acompañe, no tengo tiempo.

Dame valor para ser mujer fuerte, dame generosidad para entregarme;
permite que te acompañe, como Magdalena, hasta el pie de la cruz.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Quinta Estación:
EL CIRENEO AYUDA A JESÚS A CARGAR LA CRUZ

LECTOR -¡Eh!, tú, campesino, ven, ayúdale, no queremos que se nos


muera en el camino; afectaría gravemente el espectáculo.

-¿Por qué yo? Yo no tengo parte en este asunto.

-Le ayudaras o ya verás. Con los soldados no se juega...ni se discute. Se


obedece somos romanos. ¡Los dueños del mundo!

-Anda, Cirineo, no te queda mas remedio, ayúdale. No es mucha la


distancia que hay que recorrer, pero con heridas en la piel, con llagas en
todo el cuerpo, sin comer, sin dormir y sin tomar siquiera un trago de agua,
y todavía con una cruz a cuestas, no es fácil. Además, hubo mucha pérdida
de sangre

HOMBRES Tenía que ser extraño, de Cirene por más señas. Así pasa,
Señor. Tus amigos, ¿dónde están? Tus discípulos se rajaron a la hora de la
hora. Yo también me he rajado una y mil veces, y, además, te he
abandonado. Sin embargo, dicen que la cruz es para los maleantes, y yo no
soy de ésos, ¿lo serás Tú? ...Perdón, Cristo, por haber hablado sin pensar,
como cuantas veces. Soy un hipócrita.

No solo tenía que ayudarte, sino cargar con mi cruz. ¿Por qué el de Cirene
y no yo? Soy una mugre... y quiero seguir siendo tu amigo... ¡Me cuesta
mucho, Señor!

MUJERES El Cireneo era extranjero, totalmente ajeno a los


acontecimientos. Lo obligaron. Antes, Cristo, nadie se Había ofrecido ha
ayudarte. Tu madre y las mujeres se hubieran ofrecido a cargar tu cruz...a
cargarte a Ti. Ellas sí, yo no: porque no te amo...porque no me da la
gana...porque, francamente, esas cosas no son para mujeres "liberadas" de
la New Age. Estoy demasiado ocupada en los antros, en las telenovelas, en
la red; vivo demasiado lejos del camino del Calvario. Me asusta seguirte,
me cuesta ayudarte, pero quiero amarte.

¡Perdóname Señor!, he hablado como una tonta, como un hipócrita, como


una...no sé, Señor.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Sexta Estación:
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

Lector: ¡mujer, atrás! ¡No se puede! ¡Soldado, no la dejes pasar!

Esta mujer, tal vez después de un largo rato de espera, logra,


atropelladamente, filtrarse por entre la multitud, se acerca al reo y le ofrece
un lienzo…y se marcan en él, el sudor, la saliva y el polvo.
-¡vete de aquí, mujer! Es demasiado, no estorbes… vamos, ¡lárgate a tu
casa!

¡Gracias!, fue la palabra del reo, salida de lo mas hondo de su corazón,


acompañada por una mirada débil, pero llena de amor

Jesús sigue lenta y pesadamente, arrastrando los pies, escuchando las


burlas de la muchedumbre y recibiendo en su espalda los latigazos de los
esbirros

Hombres: ¡tenia que ser una mujer! Los hombres, los valientes, huyeron y
solo quedaron ellas. ¡Ah, Jesús, ahora mas que nunca necesitas a tus
amigos, a tus discípulos! Te ayudó una mujer mucho mas valiente que
todos, mas valiente que yo y, lo peor del caso, es que no me da vergüenza
¿acaso viniste a predicar una doctrina especialmente para mujeres? A
veces se es poco hombre… mal amigo. Mi lugar lo ha ocupado una mujer.
He perdido la oportunidad de limpiar el sudor de tu frente…

¡Ah, Señor!, ayúdame a no avergonzarme de ti, a no volver el rostro… a no


pisotearte

Mujeres: ¡valiente mujer! No importa ni su nombre ni su historia. Salió a


enfrentarse a la muchedumbre y a la soldadesca. Alguna vez la llagaste al
corazón, Jesús… ¿Dónde?, ¿Cuándo? No importa, ciertamente te amaba, y
eso basta. Cuando se ama, se corren todos los riesgos. Fue un detalle
maravilloso de ella. Yo no lo hubiera hecho entonces, pero ahora me lo
estas pidiendo a gritos: quieres que te limpie el polvo, la saliva, el sudor.
Déjame mirar tu rostro, déjame limpiarlo. Déjame limpiarte esa mugre con
mis lágrimas. Ese rostro hermoso y varonil que cautivaba a todos, ahora
desfigurado.

Déjame guardar tu imagen en de fondo de mi alma.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Séptima Estación:
CRISTO CAE POR SEGUNDA VEZ

LECTOR: ¡Al suelo otra vez! Siempre la segunda caída es más dolorosa.
Las piernas vuelven a flaquear. El golpe es mas duro. Un leve tropezón
y…al suelo de nuevo .la fatiga se a acomunado; la mirada se enturbia, la
respiración se agita, falta el oxigeno…

-¡Ayúdenme soldados!, hay que levantarlo.


De prisa, que se nos muere en el camino…

La gente, contempla el espectáculo: unos ríen, otros callan. Y a estas


alturas ya nadie protesta.

HOMBRES: ¡Ah Señor! , caíste como un costal, como un bulto que no se


sostiene. Pero, levántate, no te quedes tirado. Es preciso que sigas,
todavía no se termina el drama.

¡Cuantas veces he caído y vuelto a caer! Lo peor de todo es que sigo caído,
derrotado… ni siquiera he levantado la mirada. He caído y me he revolcado
en el lodo cínicamente, como si nada me importara.

Señor, te has echado a cuesta mis pecados y tienes que llegar al calvario
para que yo quede libre.

MUJERES: ¿Te has lastimado, Señor?, levántate, no te quedes así. Me da


pena verte humillado, abatido. Ahí están los verdugos para levantarte:
llueven los insultos, los golpes, las injurias .Te has echado a cuesta mis
pecados y tienes que llegar. Todo por mis caídas, por mis pecados.
Ayúdame, Señor: no quiero permanecer en el suelo, tirada; no quiero
ofenderte más. No quiero que vuelvas a lamer el polvo en vez de mí.

Soy débil, Señor, Tu lo sabes, pero dame la fuerza suficiente para


levantarme.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Octava Estación:
LAS MUJERES DE JERUSALEN CONSUELAN A JESÚS

LECTOR: Las mujeres, que alguna vez sirvieron a Jesús o que en alguna
ocasión, recibieron de Él algún beneficio, ahí están: la madre de Santiago Y
Juan; Martha y Magdalena; la madre de Marcos; la del otro Santiago
también; la suegra de Pedro.

¿Quiénes fueron realmente? Era un grupo de mujeres. Su silencio grita, la


compasión se filtra por sus ojos y penetra el alma. La presencia habla:

-no podemos hacer gran cosa por salvarte, pero aquí estamos.

Jesús corresponde con una mirada penetrante y llena de compasión.

-No lloren por mí.

HOMBRES: ¡Vuelven otra vez las mujeres! Lloran al verte ensangrentado.


Son mujeres… pero siquiera lloran, al menos ofrecen sus lágrimas… Yo ni
eso, soy un cínico y todavía me burlo de ellas por sentimentales. Yo no
lloro, soy “MUY MACHO”.

¡Mira Señor!, como si llorar fuera falta de hombría; ¿acaso no lloraste Tú?,
¿no eres digno siquiera de una de las lagrimas de los que nos llamamos
hombres? Si no puedo llorar, ¿Por qué sigo hiriéndote con mis insultos?,
¡cuál es mi posición ante Ti? ¡te abofeteo con mis pecados porque “SOY
MUY HOMBRE? ¿hasta dónde llega nuestra hombría?

Señor, al menos que te acompañe silenciosamente y respete el llanto de los


demás.

MUJERES: Señor, lo que les dijiste a las mujeres parecía un regaño: “No
lloren por Mí”. Tienes razón, Cristo no quieres lágrimas estériles. Tu
encuentro es una gran lección para nosotras, que, ante un contratiempo sin
importancia, nos ahogamos en un mar de lágrimas. No quieres llanto,
quieres mujeres que te sigan… hasta el Calvario. Mujeres de entrega total,
sin reservas, sin concesiones, sin engaños. Mujeres que construyan un
mundo nuevo. Que sepan exigir sus derechos y cumplir sus deberes.
Mujeres con dignidad. Quiero seguirte más de cerca, Señor, y ofrecerte las
lágrimas de mi corazón arrepentido.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Novena Estación:
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Lector: -¡Apúrense, soldados, ayúdenme a levantarlo…!


-Parece que ya se nos murió…
-No, todavía respira.
-Andando, ¡Rey de los Judíos!

Hombres: Es imposible seguir, Cristo, pero falta poco, aguanta.

Tres caídas…Se hace el silencio.¡Aun sigues de pie!¡Que resistencia! Los


soldaos tienen miedo de que te quedes ahí tirado. No quieren que te
mueras, tienen que matarte en la cruz, por eso son los soldados: para
matar.

Señor, yo no soy soldado, y también mato con mis mentiras, con mis
calumnias. ¿Por qué, Señor, los hombres somos así?

Te matamos y nos matamos y te seguimos matando y nos seguimos


matando.¡Tienes que seguir hasta el calvario! Ahí también tengo una cita
contigo. Pero tengo miedo.¿A quien le gusta morir?

Mujeres: ¡Cristo, por favor, ya no te quiero ver tirado! ¿Por què, Señor, has
caído tres veces? Es demasiado lo que haces por mi, a causa de mis
pecados.¿Por que tanta prisa por llegar hasta el Calvario? Al menos ya no
caerás mas, Señor, pero yo sigo y seguiré cayendo. Ayúdame a levantarme
siempre.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Décima Estación:
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

LECTOR: -¡Hey!, mientras, preparen la cruz…

Por eso no hay problema. Los soldados son expertos. Saben su oficio.
Verdugos de profesión, al fin y al cabo. -¡desnúdelo!

La túnica, pecada al cuerpo por la sangre, se desprende bruscamente con


los tirones de los soldados. Brota de nuevo la sangre .otra vez Cristo
desnudo, como cuando lo azotaron.

Recuerda la carcajada. El escalofrió recorre el cuerpo de Jesús. Todo su


ser se ruboriza. .expuesto a la malicia de todos.

A unos metros de distancia, la muchedumbre espera la “TERCERA


LLAMADA” del drama. Espera, con ansia, el momento culminante.

HOMBRES: Ya has llegado a la cima, Cristo. se han cumplido tus designios


y los planes de ellos. Temían que no llegaras: ahora si, como cordero que
llega al matadero, sin decir palabra.

Pero esta muy elegante para morir: este tipo de reos mueren desnudo. Esta
túnica que te hizo y tu Madre con tanto cuidado y delicadeza, va a ser
apostada en el juego, para ver a quien de los soldados le toca.

¡Desnudo como Adán! Sangre otra vez, crueldad, sadismo, burlas. Soy
malo, Señor pero no aguanto verte desnudo…sin embargo, en algunas
ocasiones no me he avergonzado de nada.

Que bueno que están ahí tu madre y las mujeres. para ellas es intolerable
tu desnudez .ese lienzo que te cubre ¿ no será de alguna de ellas?

Tu dijiste: “bien aventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a


Dios”

MUJERES: Aun no ha terminado todo, Jesús. Esta muy elegante para


morir. Tienes que dejar la túnica y toda turrota. Es parte del ritual que
mueras desnudo.

¿Qué sentiste, Cristo? Ese cuerpo que solo tu madre había contemplado
desnudo cuando eras niño, ahora se expone ante la malicia de los hombres.
¿Por qué, Señor? Ya comprendo, por aquello que he ocultado a los ojos de
todos, en mi imaginación y en mi sensibilidad “por que no convenía que lo
supieran” Pero Tú lo sabes Señor.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Undécima Estación:
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

LECTOR -¡Vamos reo¡ ¿Qué esperas para tenderte en la cruz? No nos


obligues. ¡Hey, soldados¡ ¿Dónde están los clavos y el martillo?

¡Traigan las cuerdas!

Suenan los martillazos, aumenta el dolor. Los clavos se encajan, traspasan


las muñecas y se incrustan en el leño. La sangre brota, escurre y marca la
tierra.

¡Aseguren bien los pies¡

Otra vez los martillazos. El dolor. La sangre. Los pies quedan cosidos al
madero. ¡Ya está! Ahora levántenlo. ¡Cuidado que se nos puede caer¡ ¡Eso
es! ¡Muy bien!

¡Nazareno, baja de la cruz¡

Resuenan otra vez las carcajadas y los insultos.

HOMBRES: Cristo, esa cruz te queda al puro pelo. La hicieron


exclusivamente para ti . Dos viles leños, ¡que bien se acomodan a tu cuerpo
¡se diría que ya naciste crucificado!

¡Vamos, extiende los brazos¡ Ellos ya saben su oficio, no te preocupes .

Si vieras, Señor, que ya me acostumbre a verte crucificado; eso se me es


indiferente. Las crucecitas de oro que tanto adornan, ésas sí me gustan.
Quiero seguirte sin cruz y me engaño a mi mismo. Si dos ladrones te
acompañaron en la cruz ¿por qué yo no?

MUJERES: Esa cruz, Cristo, la pensaste desde toda la eternidad a causa


de mis pecados .m Esos verdugos son expertos en clavar. Madre, cada
martillazo lo sientes en tu corazón. He temido acercarme a mi cruz y a la
de mis hermanos, que también viven crucificados. Tengo miedo a
enfrentarme a mí misma, a mi mediocridad. Magdalena, pecaste mucho,
pero mucho más grande fue tu amor. Y ahí estás. A los pies de Él. ¡Que
diferencias entre tú y yo¡ ¡ y dicen que de mujer a mujer no va nada¡

Para algunas, Jesús es el amigo íntimo que da la vida; para otras, uno más
que muere en el patíbulo.

¡Perdón, Señor¡

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Duodécima Estación:
JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Lector Comienza la agonía...

“¡Tengo sed!”. “Padre mío, ¿Por qué me has abandonado?”. “perdónalos”.


“mujer, he ahí a tu hijo”. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Y dando un grito, expiro.

Al pie de la cruz, su madre, María; un hombre, Juan…algunas


mujeres…como a las tres de la tarde…Un soldado la atravesó el corazón
con una lanza…El cielo se oscureció. La muchedumbre volvió a su casa…

Hombres Agonizas, Señor, y te siguen insultando… y te sigo insultando con


mi silencio. Me diste a tu madre, lo único que te quedaba. Lo entregaste
todo, si, todo. ¡Que suerte la del ladrón! : “Hoy estarás conmigo en el
paraíso”.

¡De ladrón a santo!

Para tu amor, nada es imposible: Zaqueo, Mateo, Magdalena, la


Samaritana… ¿Yo?

No te rajaste, Señor, ¡te la jugaste por mí! ¡Hasta la última gota de tu


sangre! ¡No se…! ¡Caray, tu muerte ya no conmueve a nadie! ¡Al
menos…yo!

¡Gracias, Maestro!

Mujeres: tres horas terribles de agonía. Eternamente largas.

¡No era para tanto, Jesús! ¡Hubieran bastado tus anhelos, tus solos deseos
de salvarme…!

¡Cómo te atreves, Señor!:”Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¿No


saben? ¿No sabemos? ¿Por qué entonces la lanzada? Ya no era
necesario. Solamente para estar completamente seguros.
Nadie lo duda: ¡MORISTE!

Ahora, también tengo una madre amorosa como nadie

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Decimotercera Estación:
EL CUERPO DE JESÚS EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

LECTOR: ¡Despacio, por favor! ¡Lentamente!

Solamente un cadáver pálido, frio sin vida…

María lo estrecha contra su pecho… Los recuerdos se le agolpan en su


mente: Bélen, Nazaret, Caná, la calle de la amargura, el Calvario.

“Una espada de dolor atravesará tu alma”, así lo había dicho el anciano


Simeón cuando presentaste a Jesús en el templo.

¡Apresúrense, que se hace tarde! ¡Vamos!

Los aromas y los bálsamos se mezclan con el llanto de las mujeres y el


silencio de los hombres.

¡Así está bien!

HOMBRES: Es tarde y los crucificados no deben quedar allí. Mañana es un


día solemnísimo. ¡Qué rápido expiraste, Jesús, ortos tardan más tiempo!
¡No hace ni un día que estabas con tus discípulos en el cenáculo y ahora te
tienen que sepultar! Lo tenías todo previsto, no pudo haberte salido mejor.

MUJERES: Cristo, ¿Tú en el suelo lamiendo el polvo?; ¿por qué, Señor? Y


yo indiferente, dejando que pasen las cosas. ¿Qué necesidad tenias de
dejar el cielo? ¿De hacerte hombre? ¿De cargar con la cruz? Soy
demasiado delicada, esa cruz me espanta.

¡Adelante, señor! Quiero seguirte aunque sea de lejos. Mis cruces, al lado
de la tuya, son insignificantes y, sin embargo, no las soporto.

Permíteme estar cerca de Ti, aunque nada más te mire y te contemple

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…


Decimocuarta Estación:
JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

LECTOR: ¡Ya está! ¡Apresúrense, tenemos que estar en casa antes de las
seis!

-Ayuden todos, vamos a colocar la piedra a la entrada del sepulcro… un


poco mas… así… ¡Muy bien!

Jesús descansa en un sepulcro prestado. Una ultima mirada y el regreso a


la ciudad. Para los discípulos, ya no hay nada que hacer. Es peligroso
andar vagando por ahí. El pánico se ha apoderado de ellos. Judas ya no
está. Pedro lo negó. Los demás se han escondido.

“al tercer día resucitaré”

María espera en el silencio, en la soledad, en el misterio.

HOMBRES: Ya era tiempote que descansaras, Cristo; te lo mereces; ha


sido dura la jornada. ¡Todo ha salido a las mil maravillas! En la ciudad la
gente ya está calmada. Tus enemigos deben estar felices, han logrado su
propósito. Tus discípulos han perdido la fe. Y yo, ¿no te he negado una y
mil veces? Tú lo sabes, Señor… Sólo falta un pequeño detalle!:

¡Tienes que vencer a a muerte. Vivir por siempre en medio de nosotros!

MUJERES: ¡Duerme tranquilo, Cristo! ¡Madre mía, ya no llores! Espera con


fe. El domingo serás la más feliz de las madres. Serás la primera en gozar
de la presencia de tu hijo resucitado. ¡Déjame acompañarte en tu soledad!,
¡déjame llorar contigo!

¡Cristo!., no quiero verte crucificado, ni ensangrentado, ni muerto…

¡Quiero verte gloriosamente resucitado!

TODOS: Cristo, amigo, he recorrido los pasos de tu pasión; he querido


acompañarte, aunque fuera unos momentos en este vía crucis.

Los hombres y las mujeres de hoy desconocemos el valor de tu redentor del


sacrificio. Ignoramos lo que vale el sufrimiento aceptado con amor. Tú
dijiste: “Nadie tiene mayor amo, que el que da la vida por sus amigos”, y lo
confirmaste con tu muerte en la cruz, muriendo hasta por tus propios
enemigos. Ahora comprendo que eres el mejor de los amigos. Yo quiero
ofrecerte, ahora, mi amistad. Quisiera que fuera incondicional como la tuya,
pero Tú me conoces. A pesar de todo cuenta conmigo y ayúdame a ser fiel
hasta la muerte.

Padre nuestro… Dios te Salve María… Gloria al Padre…