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LA GUERRA DE UCRANIA: ¿POR QUÉ EL IMPERIALISMO

SE AGREDE ASÍ MISMO?

En unos momentos en que los acontecimientos sobre la crisis bélica de


Ucrania se vienen sucediendo en tiempo real, cuando las
informaciones son masivas y los análisis abundan, sobre todo en el
objetivo de la desinformación, la intención de este análisis es centrarse
en aquellas cuestiones geoestratégicas más relevantes que puedan
explicar las claves de este conflicto en el marco de las contradicciones
inter-imperialistas, y con ello, intentar aportar una explicación basada
en lo esencial, aclarando las ideas en medio de un mar de confusiones.

Debe tenerse este análisis como complementario a los ya efectuados


por
Félix Rodrigo Mora y Antonio Hidalgo. El primero, muy acertado en
las cuestiones básicas y de principio, desde una perspectiva
revolucionaria; y el segundo, aporta un análisis histórico-político,
correcto y muy completo (ambos se pueden consultar en la relación de
referencias que se acompaña al final del artículo).

1. El pasado 24 de febrero de 2022, parte de las tropas rusas


acantonadas en la frontera de Ucrania comenzaron una operación
militar de alto nivel contra dicho Estado, invadiéndolo por varias
partes de sus actuales fronteras. Ante ello, la mayoría de los
analistas de política exterior y geoestrategia se quedaron perplejos,
salvo los estrategas del Pentágono, por una razón muy simple, era
justamente la reacción que esperaban de Rusia, de hecho, la deseaban,
la buscaban y la propiciaban a partir de una estrategia de continua
provocación a Rusia, alentando un cambio de alianzas geoestratégicas
de Ucrania desde la crisis de 2013-14, y el contencioso de Crimea,
aunque en realidad, el imperialismo occidental viene cercando a la
antigua Unión Soviética desde el mismo momento en que ésta
comienza a desmoronarse en 1989.

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2. Es sabido que, ante el derrumbe de la antigua URSS, a partir
de 1989, existió un “pacto” no escrito entre las élites gobernantes de
los EE. UU. y Rusia por el que el imperialismo occidental (EE. UU.-
Europa) respetaría las fronteras heredadas de la guerra fría en el
sentido de que no se extendería la presencia de la OTAN hasta los
límites de la nueva Federación Rusa. Sabemos que ello no se cumplió,
sino justo lo contrario, en 1997 se toma la decisión, y dos años
después se ejecuta, con la ampliación de la OTAN, incorporando a
Polonia, República Checa y Hungría, estados todos que pertenecieron
al ámbito anterior del Pacto de Varsovia.

3. El 11-S significó una agudización de la política exterior


imperialista más agresiva por parte de los EE. UU. y, sobre todo,
sus aliados más directos, los Estados imperialistas anglosajones,
comenzando por Inglaterra, y el sometimiento paulatino de la nueva
Rusia, con el pacto de control de armas estratégicas ofensivas de
2002, la invasión de Irak en 2003, y una nueva ampliación de la
OTAN con la incorporación de más Estados antiguos “aliados” de la
URSS, en 2004, Bulgaria, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y
Rumanía; posteriormente, Albania y Croacia en 2009. En 2017, se
aprueban los procesos de adhesión en curso de Bosnia y Herzegovina,
Georgia y Macedonia (esta última con dificultades por la posición de
Grecia). Y finalmente las futuras integraciones previstas de Finlandia,
Suecia y Serbia. Lógicamente, aquella que marca el origen del actual
conflicto, es la posible incorporación de Ucrania a la UE, y por tanto,
a la alianza militar imperialista hegemonizada por los EE. UU., a la
OTAN.

4. El origen histórico de este conflicto no se encuentra en las


simplezas que propagan los medios de “desinformación” de los
Estados imperialistas occidentales respecto a una supuesta
“maldad” de Putin y argumentos por el estilo. En realidad, lo que
sucede es que las diferentes potencias imperialistas mundiales (EE.
UU., UE, Rusia y China) se encuentran en estos momentos históricos
-como sucede siempre- en una lucha por la hegemonía mundial,
2
partiendo cada una de ellas, respecto de las otras, desde una
correlación de fuerzas específica que determina sus políticas
imperialistas-militares. Comprender esto requiere especificar la
posición actual de cada una de tales potencias.
La primera cuestión es desechar la teoría “conspiranoica” respecto a
que el mundo está dominado por una especie de élite multimillonaria
que detenta el poder económico, político y militar. La globalización
económica, la deslocalización y la migración de capitales en busca de
mejores rentas no son más que fenómenos ordinarios de la dinámica
del funcionamiento del capitalismo imperialista. Ya Lenin, en su
conocido texto El imperialismo, fase superior del capitalismo, lo
explicaba, al tiempo que criticaba la posición denominada como
ultra-imperialismo. En realidad, los Estados nación modernos, en su
fase imperialista, tienen plena vigencia, y son éstos los que deciden,
en última instancia, la economía, que nunca ha sido “autónoma”, sino
política. Todos los Estados imperialistas, occidentales, orientales o del
Oriente Medio, hacen lo propio, invierten masivamente capitales en
distintos Estados de todo tipo (EE. UU. invierte en Europa, en China y
Rusia, y los demás hacen lo propio, Rusia y China, en EE. UU. y
Europa, etc.), son acciones económicas de “beneficio mutuo”, pero
siempre prevalecerá, en la perspectiva de la hegemonía mundial, la
posición de fuerza de cada cual. Y cuando las condiciones lo exijan,
pasarán de unas relaciones económicas de “beneficio mutuo” al
enfrentamiento militar. Ello es consustancial con la naturaleza
inherente de las dinámicas de los Estados nación y el capitalismo en la
época moderna, y la historia de los últimos 300 años lo avalan.

5. Lo más relevante del momento histórico presente es determinar


la correlación de fuerzas entre las distintas potencias imperialistas
mundiales capaces de disputar la hegemonía mundial (EE. UU.,
UE, Rusia y China); solo así podremos conocer los elementos
principales de las respectivas estrategias en la compleja geopolítica
mundial, y dentro de ésta, la propia situación del conflicto entre Rusia
y Ucrania.

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El elemento más decisivo y determinante es el declive histórico de los
EE. UU., y aliados más inmediatos (el mundo anglosajón). En
realidad, el imperialismo de los EE. UU. vino a suponer una
prolongación o sustitución del imperialismo de Inglaterra, en apogeo
en el siglo XIX, y ya en declive claro a principios de los años 20 del
siglo XX. Durante ese siglo, gracias a la posición obtenida por las
guerras mundiales, la guerra fría y sus guerras “locales”, realmente de
enfrentamiento estratégico con la URSS, los EE. UU. (y aliados
anglosajones y europeos) ha ganado la posición hegemónica
imperialista mundial, y se ha mantenido como primera potencia
militar y económica hasta el presente. Pero, desde los años 70 del
siglo XX, a partir de la derrota norteamericana en el Sudeste de Asia,
su posición no ha dejado de conocer un proceso de declive histórico,
conociendo recientemente un último episodio con el abandono
precipitado de Afganistán.

Por tanto, comprender la cuestión del conflicto de Ucrania-Rusia debe


ser enmarcado en este contexto. Efectivamente, el fondo de la
controversia para los EE.UU. no reside en “enfrentarse a la hegemonía
rusa”, ello es solamente una parte secundaria de la estrategia de poder
en la política de supervivencia como potencia imperialista dominante,
el verdadero rival es la R.P. China, la potencia imperialista en
ascenso, que ya es la primera potencia mundial, desde el punto de
vista económico, y aunque aún no militarmente, pero lo será a corto
plazo, puesto que se encuentra en pleno desarrollo de la tecnología
adecuada, y de los propios armamentos, capaces y necesarios para
competir y superar a los propios de los EE.UU. (como las armas
hipersónicas).

6. El conflicto Rusia-Ucrania, ¿cómo explicarlo? Veamos la


posición geoestratégica de Rusia hoy y sus antecedentes. En realidad,
la actual crisis militar Rusia-Ucrania ha sido provocada por los EE.
UU. y aliados anglosajones con la finalidad de debilitar a una potencia
imperialista que se encuentra en cierta fase de recuperación
económica y militar, pero que, sobre todo, es un “aliado estratégico”
4
del rival principal del imperialismo occidental, China, ya sabemos el
dicho “los amigos de mis enemigos, mis enemigos son”. El
imperialismo yanki-anglosajón, si quiere sobrevivir en este siglo XXI,
tiene que debilitar a su máximo rival, que es China, comenzando por
cortarle aquellos apoyos que serán decisivos en el futuro, desde el
punto de vista económico, energético y militar, teniendo en cuenta que
ya hay manifestaciones concretas de inquietantes “acuerdos
estratégicos” entre Rusia y China, por encima de sus propias
rivalidades históricas que los han enfrentado en el pasado (conflicto
chino-soviético en época de Mao, sobre todo a partir de la muerte de
Stalin en 1953, conflictos “fronterizos”, y la cuestión territorial de
Vladivostok, enclave reclamado por China). A su vez, por su parte,
China se manifiesta en este conflicto cada vez más del lado de Rusia,
por la sencilla razón de que es plenamente consciente de la estrategia
de “cerco” que EE. UU. desea someter a China con esta “provocación
militar” ruso-ucraniana.

7. La “trampa” del imperialismo anglosajón. Recordando la


historia.
Históricamente, y aún más, en estos momentos en que Rusia se
encuentra muy cercada respecto al dominio territorial que heredó del
imperio zarista (puesto ya en entredicho en la historia de la época
moderna por Napoleón y Hitler), el llamado Eje Báltico-Mar Negro es
sagrado para Rusia, y cualquier historiador lo sabe, los yankis los
primeros. La razón es sencilla: es completamente esencial para el
control efectivo de la soberanía territorial de Rusia. Por tanto,
cualquier política de control fronterizo que ponga en peligro esta
“soberanía”, sabe perfectamente que encontrará la posición más
beligerante posible por parte de las élites gobernantes del
imperialismo ruso, les va en ello su propia supervivencia, y lo
defenderán con uñas y dientes, y armas nucleares, si hace falta. Por
tanto, la estrategia diseñada por los EE. UU. de “cercar” a Rusia por el
SE incorporando a Ucrania a la OTAN ha sido un acto “bélico” de
primera magnitud, además con pleno conocimiento de causa.
Casualmente quienes aseguraron, de forma insistente, en que Rusia
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intervendría militarmente en Ucrania fue precisamente EE. UU.
¿Casualidad o premeditación? Veamos algunos hitos de estos hechos:

La Rusia zarista de 1913. Además de los territorios de la Federación


Rusa actual, poseía: Finlandia, Letonia, Lituania, Estonia, Polonia,
(gran parte), Bielorrusia, Ucrania, Moldavia. Y en el Cáucaso norte:
Georgia, Armenia y Azerbaiyán, hasta la frontera con Turquía.

La URSS-Rusia en 1917, después de la revolución de octubre, y en


particular, después de la I GM, con el Tratado de Brest-Litovsk, en
1918, tiene que pagar el precio de ceder poder territorial: Desde
Polonia, Finlandia, Ucrania, Estados Bálticos, pero Ucrania,
(incluyendo la península de Crimea) y Bielorrusia se integran
posteriormente en la URSS. Esta situación se mantiene hasta 1984

El derrumbe de la URSS (1989-1992). Los Estados “federados” se


hacen independientes, con todo lo que tenían dentro, tanto en
industrias como en armamento. Y Crimea se conserva en el ámbito de
soberanía rusa mediante una especie de contrato de arrendamiento.

8. Ucrania, como Estado nación fallido: Esta es una realidad


reconocida por cualquier analista histórico que tenga un mínimo de
rigor. Efectivamente, como es sabido, la composición etnia y cultural
de las comunidades que habitan Ucrania básicamente es: un 77,8%
constituida por ucranianos étnicos localizados esencialmente en la
zona oeste; un 17,3% de población de origen ruso, localizada en la
cuenca del Donbáss, en las regiones del Este autoproclamadas como
Repúblicas Populares de Donetsk y de Luhansk, y en Crimea, anexada
a Rusia mediante “referéndum de autodeterminación” de marzo de
2014, pero que previamente, en marzo de 1954, ésta fue “cedida” a la
RSS de Ucrania por Kruschev en “conmemoración del 300 aniversario
de su incorporación al “imperio ruso”. Después existen igualmente
comunidades minoritarias de orígenes diversos como son: rumanos y
moldavos (0,8%), bielorrusos (0,6%), tártaros (0,5%), polacos,
húngaros, búlgaros, griegos, gitanos, judíos.
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Sabemos que el nacionalismo es la filosofía política del Estado nación
moderno, y que no existe ningún Estado nación que sea étnicamente
puro, ni siquiera los clásicos de origen étnico. Sencillamente, ello no
es posible. Pero lo que ha sucedido históricamente es que aquellas
élites con capacidad de dotarse de un Estado propio, incluyendo un
poder militar capaz de sobrevivir a los embates de Estados vecinos,
con una población circunscrita a un territorio determinando, solo en
tales condiciones, podemos asegurar que se obtiene con ello la
capacidad de constituir un Estado nación independiente, incluyendo,
como todos, a múltiples comunidades y pueblos en su interior. Como
vemos en sus antecedentes históricos, el territorio denominado como
Ucrania, básicamente poblado por tribus eslavas en el siglo V a.n.e.,
comienza a conformar un núcleo poblacional homogéneo con forma
estatal monárquica, en parte de dicho territorio, a partir del siglo VII,
por el año 882, el denominado Rus de Kiev. Cierto es que durante
cientos de años, el núcleo esencial de las comunidades eslavas
asentadas en Ucrania ha sufrido numerosos procesos de asimilación y
dominación por parte de los Estados más potentes de su entorno:
desde las invasiones tártaras y cosacas, pero sobre todo, por parte de
las potencias limítrofes de Austria, Polonia y Rusia. Con la
Revolución de Octubre de 1917 se proclama la República Popular
Ucraniana independiente, y su liberación de Austria y Polonia en
1918, produciéndose una “unificación de varios de sus territorios”
bajo el control de la recién creada URSS. Posteriormente, la
rusificación promovida por Stalin, de 1921-1929, significó una
“integración forzosa” en la URSS acompañada de una muy dura
represión de la población originaria. Luego, con el derrumbe de la
URSS en 1989, se proclama la República independiente de Ucrania,
cuestión que sucede en 1991.

Como podemos comprobar por la historia política de Ucrania, en el


conjunto del territorio determinado como tal, no ha existido una élite
capaz de mantener un poder único, sobre una base social
mínimamente homogénea políticamente capaz de integrar un Estado
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relativamente estable, sobre todo por el hecho de que en su región
circundante existían ya Estados nación imperialistas potentes como
Austria, Polonia y Rusia. Esa debilidad estructural ha provocado a lo
largo de la historia una fractura poblacional y cultural muy difícil de
“asimilar” con los mecanismos propios de los Estados nación
modernos (una idea de “patria”, una cultura inventada, un idioma
unificado, una educación unificada estatal, etc.), por el contrario,
existen regiones en el territorio ucraniano con asentamientos de
comunidades de culturas diferentes unas a otras, (la ucraniano-polaca
o la ucraniano-rusa, como las más dominantes).

9. Ucrania y su importancia estratégica.


La cuestión de los recursos: el gas. En estos momentos históricos en
que ya se empiezan a notar los efectos del “cénit” del petróleo, el
recurso del gas es vital para las economías imperialistas occidentales,
y Rusia tiene reservas inmensas de este recurso energético que viene
suministrando a Europa, en gran parte a través, entre otros, del
gaseoducto que atraviesa Ucrania. En particular, el que realiza el
suministro a Bielorrusia y a Polonia, pero no a Alemania, que se hace
directamente desde Rusia. Ello viene a significar que en el actual
conflicto Rusia podría estrangular a Polonia, pero no a Alemania, lo
cual es una ventaja para no tener directamente enfrente a una
verdadera potencia imperialista que hegemoniza la dirección política y
económica de Europa, y con la que necesitará “entenderse” cuando se
supere esta crisis.

La cuestión de la importancia estratégica para Rusia del control


territorial del Este. Parecía estable el orden geopolítico creado por
los vencedores de la II GM, con un potente Consejo de Seguridad
formado por cinco Estados con capacidad nuclear, EE. UU., Reino
Unido, Francia, RP China y URSS. El final formal de la guerra fría, y
el derrumbe de la URSS en 1989 cambia por completo este panorama.
El imperialismo occidental, sobre todo EE. UU. creen que la
debilidad de la “nueva” Rusia podría significar su asimilación al
capitalismo occidental, y así sucedió en décadas, hasta que las
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renovadas élites rusas, con Putin a la cabeza, y como consecuencia de
cierta recuperación económica y política, con sus enormes recursos
energéticos en el curso de la crisis actual, comienza a desplegar una
nueva política (económica y militar) propia, con el fortalecimiento del
Estado e incrementando su papel imperialista nuevamente,
aprovechando que el imperialismo occidental se encuentra en una fase
avanzada de declive histórico, y contando además con el ascenso de la
R.P. China como potencia imperialista mundial, un aliado
potencialmente estratégico para Rusia (ambos dentro de los BRICS).
De estas nuevas condiciones, las “licencias” y concesiones rusas del
pasado ya no son posibles, como la “cesión” al imperialismo
occidental y a la OTAN de las republicas bálticas, o la guerra de
Yugoslavia.

La crisis de Ucrania no es más que el primer paso de la recomposición


imperialista de Rusia. En ese sentido, para Rusia es esencial el control
estratégico de los territorios del este de Ucrania, pues nunca dejará su
soberanía en manos de una Ucrania que va directamente encaminada a
integrarse en la UE, y en consecuencia, en la OTAN. Crimea, Georgia
y Osetia del sur y Abjasia son los más recientes ejemplos. En el
conflicto bélico de 2008, Rusia, con las autoproclamadas republicas
pro-rusas de Osetia del sur y Abjasia, a pesar de que Georgia continúa
como Estado soberano independiente, solicita la integración en la UE
y la OTAN, pero sabe perfectamente que, al igual que está sucediendo
con Ucrania, su situación estratégica en el Cáucaso le hace una zona
vital para los intereses territoriales estratégicos de Rusia, cuestión que
lógicamente impedirá ese “cambio de bando” imperialista pretendido
por la élites del poder georgianas. La lección de los Estados bálticos
ya está aprendida y desde luego, muy difícilmente, la renovada Rusia
va a permitir que parte de sus “antiguos” dominios territoriales se
vayan diluyendo, incrementado el cerco del imperialismo occidental
hacia sus fronteras. Hoy se sabe que las promesas de Bush-padre a
Gorbachov de que se respetarían las fronteras vigentes en aquel
momento de crisis, y que la OTAN no estaría situada directamente en
las líneas de frontera de la antigua URSS, solo fue un “comentarios de
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sobremesa”. En aquellos momentos de pérdida histórica de poder, en
su fase de recomposición política y económica, Rusia tuvo que aceptar
cómo los belicistas de Clinton y Bush-hijo expandieran la OTAN
hacia el Este, hasta dejar a Moscú a tiro de misil de medio alcance.

Los hechos son los siguiente: la pretendida presencia de la OTAN (ya


presente en los Estados Bálticos, Polonia y Turquía), en Crimea,
Georgia, Ucrania, y a partir de la crisis militar actual, también con
Finlandia y Suecia, significaría. Además el cerco total a la Rusia
postsoviética, en fase de recomposición imperial. Ello es claro y
evidente, y Rusia está en la obligación de no ceder un palmo más de
sus intereses territoriales estratégicos si quiere ser uno de los baluartes
imperialistas de este siglo, XXI, y tiene condiciones para ello.

10. La finalidad del imperialismo de los EE. UU. en la crisis


ucraniana.
Desde la década de los 90 del siglo XX, en que la URSS se encuentra
en una fase de “desguace”, el imperialismo occidental, sobre todo EE.
UU. (con sus aliados anglosajones), y Alemania, desde un punto de
vista estratégico, aprovecharon aquellos momentos de debilidad de las
élites mandantes en la antigua URSS para arrebatarle condiciones
materiales de su potencial económico y militar, y que su papel de
“rival” esencial desde la II Guerra Mundial, desapareciera en las lucha
por la hegemonía mundial. Pero hoy la situación ha cambiado
sustancialmente, Rusia se confirma como una potencia imperialista,
económica y militarmente capaz de disputar, junto con China, la
hegemonía mundial. Por lo tanto, debilitar a Rusia, cercarla
militarmente con la OTAN es más parte de la estrategia de debilitar a
China, el verdadero rival por el poder mundial de este siglo. Rusia, no
solamente es Europa, es Asia, es la antesala de China y el Pacifico
(Corea, Japón, India, Australia, etc.).

Para el imperio de los EE. UU. y sus aliados anglosajones, y resto de


Europa, en fase de declive histórico, el enemigo principal es la R.P.
China, y la crisis provocada en Ucrania no es más que un proyecto de
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debilitamiento de los posibles apoyos que pueda tener China en un
futuro. China tiene la hegemonía económica mundial, pero no la
militar. En un enfrentamiento bélico con el imperio occidental,
todavía saldría perdiendo, salvo que cuente con una Rusia
modernizada económica y militarmente, y eso se pretende impedir.

Los EE. UU. saben perfectamente que mantener el inmenso ejército


que tiene desplegado por todo el mundo es algo insostenible en el
tiempo, su elevado coste lo hace inviable, cuestión que ni Rusia ni
China poseen, pero tampoco sufren ese tremendo gasto. Justamente
por ello, los EE. UU. vienen aplicando la política del “caos
sostenible” sobre todo en Oriente Medio (Afganistán, Irak, Siria,
Libia, Egipto, etc.), cuya finalidad es crear el caos en tales territorios,
arrebatárselos a la esfera de influencia de Rusia, para luego
abandonarlos, en tal situación de crisis y debilidad, que sus fuerzas
armadas puedan entrar y salir de los territorios devastados cuando lo
deseen.
Pero persisten dos problemas geoestratégicos: el papel histórico de
Israel, como bastión del imperialismo occidental en la región, y
Arabia Saudita y Turquía, como “aliados estratégicos” bastante
incómodos, y todo ello, con la disputa interimperialista en la zona, con
Irán, potencia militar considerable, con posibilidades de armas
nucleares, y aliada de Rusia. En este contexto, una Rusia “herida”,
acorralada, debilitada puede ser muy peligroso para los intereses del
imperialismo occidental en Oriente Medio, pues podría incentivar una
acción militar anti-occidental a través de Irán, o incluso en el eje
Canarias-Sahara Sahel, o más al sur del continente africano, como
Malí, donde Rusia tiene tropas mercenarias (grupo Wagner)
haciéndole la competencia a las propias neocolonialistas francesas en
la región. De hecho, se están produciendo movimientos “políticos”
por agentes de la región, como Marruecos o Israel. El primero, se
abstuvo de condenar la agresión miliar de Rusia a Ucrania en la
votación promovida por EE. UU. en la Asamblea de N.U. de la ONU
del 3-3-22, y que no tenía más sentido que enviar un mensaje a Moscú
de “neutralidad”, en un cálculo estratégico que pasa por reconocer la
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importancia de Rusia en la región, su papel de sostenedor militar de
Argelia, y agente con el que contar en la resolución definitiva del
conflicto del Sahara. De hecho, Argelia ha comenzado unas
arriesgadas operaciones militares con fuego real cerca de la frontera
con Marruecos en un claro aviso de que si las cosas se ponen agudas
en el conflicto europeo, Rusia apoyaría militarmente un escenario
militar en el Sahara en el que Argelia podría, en unos momentos en
que cuenta claramente con superioridad militar frente a Marruecos,
proceder a la ocupación militar del Sahara, o incluso, entrar en guerra
abierta con Marruecos. Respecto del segundo actor, Israel, conocedor
de su antagonismo con Irán, no dudaría en hacer desaparecer del
mapa a esa potencia nuclear, si tuviera las armas para ello, y Rusia se
las proporcionaría en cuestión de pocos días si las condiciones
históricas fueran lo suficientemente críticas para su justificación. Ese
es el motivo de que Israel fuese precipitadamente a Moscú, en medio
de la presente crisis de Ucrania, para “ofrecerse” como intermediario
en el conflicto.
Por otra parte, queda la posición de la RP China, el gran “rival” del
imperialismo occidental y la verdadera razón de la provocación yanki
sobre Rusia en el contencioso de Ucrania. Estratégicamente China es
perfecta conocedora del plan Biden. China viene estudiando con
mucha paciencia la situación pues sabe que el interés occidental es
justamente cercar a la R.P. China en su expansión económica, política
y militar, finalmente, cuando reúna las condiciones para ello, y sabe
también que Rusia es un aliado estratégico, a pesar de sus
“diferencias” en el pasado. China es una frontera “segura” para Rusia
por el Oeste, pero también lo es Rusia para China por el Este. Y esto
es decisivo. Además Rusia posee recursos estratégicos para China, a
pesar de las enormes infraestructuras que deberán crearse, pero
estamos ya en una nueva época histórica en que grandes cambios se
avecinan para todos los actores, sobre todo para Rusia y Europa que
tendrán que modificar profundamente sus actuales estructuras de
provisión de recursos energéticos. Pero es más, la R. P. China tiene su
zona de expansión imperialista de primer orden en sudeste asiático y
en el pacífico, pero antes debe resolver los contenciosos de Corea y de
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Taiwán. Y, desde luego, una rotura como la provocada en Ucrania
(como efecto mariposa), puede tener resultados de “tormenta” en toda
Asia. Los planes de rearme japonés, australianos, coreanos del sur,
India (azuzada por su anterior imperio colonial, Inglaterra), ya están
en marcha. La R. P. China ha pasado de sostener una especie de
neutralidad sobre la crisis de Ucrania, a manifestar claramente una
posición de apoyo a Rusia, acusando directamente a la OTAN y al
imperialismo occidental de la responsabilidad sobre los
acontecimientos de Ucrania.

11. Los intereses de los EE. UU. y los de Europa, el papel de


Alemania.
Después de la II Guerra Mundial, la potencia imperialista principal del
“Eje”, Alemania, cuyos intentos de dominar Europa le vienen desde el
momento en que se constituye como Estado nación en el siglo XIX, en
que empieza a competir con Inglaterra, en franco retroceso histórico
como primera potencia imperialista mundial. Alemania quedó en una
situación de derrota aún más humillante con las reparaciones de guerra
acordadas en el Tratado de Versalles después de perder la I Guerra
Mundial, en 1919. Después de la II Guerra Mundial, Alemania quedó
dividida entre los dos bloques imperialistas que iniciarían
inmediatamente la guerra fría, el bloque encabezado por EE. UU., y
el bloque “socialista”, encabezado por la URSS. Como es conocido,
en 1989, con el derrumbe de la URSS se inicia un proceso de
recomposición de Alemania, de tal forma que ésta se convierte en la
primera potencia económica europea, promotora de la unión europea
y con las aspiraciones, de nuevo, de convertirse, mediante la base
política y económica de Europa, ahora incrementada, en una renovada
potencia imperialista mundial, para lo cual necesita desembarazarse de
la presión dominante del bloque imperial EE.UU. y aliados
anglosajones (Inglaterra, Canadá, Australia, Sudáfrica). Razones
estratégicas de todo orden aconsejan a la “nueva Alemania”, a
conformar una alianza estratégica con Rusia, pues ésta ofrece la
resolución de muchas de sus carencias “históricas”. Rusia tiene las
fuentes de materias primas más grandes del planeta en su inmenso
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territorio, que son totalmente necesarias para el desarrollo económico
de Alemania (y Europa). Rusia es, además, la potencia nuclear más
importante, y Alemania no tiene armas nucleares, y Rusia puede servir
de “fiel escudero” siempre y cuando sea capaz Alemania de
domesticar a ese “oso”, ofreciéndole lo que más quiere Rusia,
sentirse parte histórica de Europa y de su propio proyecto imperial. En
realidad, ¿la situación en Ucrania perjudica tales proyectos? No está
claro. Rusia no ha dejado de suministrar gas a Alemania, a pesar de la
crisis, de las condenas y de la ayuda militar alemana, también a
Ucrania. Lo decisivo es que Alemania ha declarado, a raíz de la crisis
de Ucrania, que se va a rearmar militarmente y así, el Canciller Olaf
Scholz, declara la decisión de aprobar un crédito de 100 mil millones
de euros para dotar unas modernas Fuerzas Armadas alemanas, al
modo de cómo ya lo había hecho Hitler en 1933, y que justamente
creó las condiciones del inicio de la II Guerra Mundial. Lógicamente
este será solo el primer paso, que seguirá Francia, el otro gran socio
de un renovado imperialismo europeo, que ya lo ha declarado, y que
serán seguidos de Italia y España. Eso significará un rearme de todos
los Estados nación imperialistas europeos, por su propia cuenta, y su
previsible posterior integración en una “unidad militar europea”, al
margen de la OTAN.

Todo ello nos indica que la crisis de Ucrania significará una


aceleración de la historia, de tal forma que los proyectos estratégicos
de dominio imperial europeos que se encontraban estancados por
razones de tipo económico, coronavirus incluido, verán un impulso
incontenible, gracias a que las necesidades bélicas se ponen en primer
lugar en la agenda política a fin de defenderse de la política militar de
la Rusia de Putin.

12. Las evidencias. Lo que parece evidente es que, de la crisis de


Ucrania, todos los Estados imperialistas de primer orden (EE. UU.,
Rusia, la UE y China), como los de segundo orden (Brasil India,
Sudáfrica, Corea del Sur, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Canadá), e
incluso los de tercer orden (Turquía, Arabia Saudita, Pakistán, Israel,
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etc.), verán una oportunidad de oro de recomponer sus posiciones de
poder. Pero esto es un juego de la teoría de suma cero, de tal forma
que lo que ganan unos, lo pierden otros. Y en esto reside lo esencial
del asunto geopolítico: aquellos que posean las mejores condiciones
político-económicas, y especialmente militares, son los llamados a
ganar. En el corto plazo, el imperialismo yanki y sus aliados
anglosajones, luego los imperialistas europeos, encabezados por
Alemania, en tercer lugar, la propia Rusia, que decantará a su favor
aliados estratégicos algo titubeantes como China. Pero será al final
China la que tenga las mejores condiciones para vencer en la lucha por
la hegemonía mundial del siglo XXI. Su economía es la más potente
pues existe el hecho incontrovertible que sustentada sobre la base de
la esclavitud y de explotación de sus comunidades y de los pueblos
del mundo en que tienen inversiones de capital, ya es la primera del
mundo, su sistema político de dictadura de partido único es estable y
es la envidia de las élites del poder mundial.

13. La posición revolucionaria. Es una evidencia histórica que las


guerras son el origen de los Estados, y en la época de la modernidad,
el origen de los Estados nación, así viene sucediendo desde el siglo
XVII. Primero surgen los Estados nación modernos y luego, sobre la
base de sus respectivos potenciales militares, las potencias
imperialistas. La guerra revolucionaria es una excepción en los
últimos 300 años. De hecho, de tales procesos revolucionarios, con
fundamento también en las acciones militares, cuando han tenido
éxito, paradójicamente han finalizado constituyendo también Estados
nación, y en su desarrollo dinámico histórico, han devenido en
potencias imperialistas tan dictatoriales o agresivas, o más, que las
propias de origen en un Estado nación liberal: tales son los casos de
Rusia y China.

Siendo esto cierto, no cabe duda de que también de las experiencias


históricas debemos aprender estrategias y tácticas que en su momento,
de forma transitoria, fueron correctas. Es en este sentido en que
debemos estudiar la posición de la izquierda ante las perspectivas de
15
la I Guerra Mundial, en particular la lucha de líneas en el seno del
influyente y poderoso PSD de Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, y
en particular la posición de Lenin, que se enfrenta tanto a Plejanov
como a Trotsky. En 1914, el grupo parlamentario socialdemócrata
alemán vota el presupuesto de incremento del armamento para la
guerra, es decir, la representación de la ideología socialista,
“defensora de la clase obrera”, votaba junto a la burguesía alemana
para financiar una guerra imperialista de agresión. Ello significó la
bancarrota definitiva de la II Internacional, y el hundimiento de una
organización política de izquierdas que tenia más de un millón de
miembros, 40 diarios, universidades, publicaciones, bibliotecas, y una
base de electores en torno a los cuatro millones. Pero es que, además,
ello sucede en todos los partidos hermanos europeos, en que los
socialistas se hacen patriotas, salvo el caso serbio y el bolchevique
(inicialmente, en la posición de Lenin). En Alemania, dentro del PSD,
la oposición la sostiene Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht,
cuestión que les costará posteriormente sus propias vidas. Esta
oposición la encabezan con la consigna, tan justa como
revolucionaria: “el enemigo principal está en nuestro propio país”. En
Rusia, Lenin está completamente de acuerdo con la postura de Rosa y
Karl, y los diputados bolcheviques votan en contra de los presupuestos
de guerra. Ya en el exilio Lenin precisa la posición bolchevique como
“derrotismo revolucionario”, que vendrá a significar la definición del
gobierno de cada país como “el enemigo de su propio pueblo”,
planteando, en consecuencia, la necesidad de crear una nueva
Internacional, y estratégicamente defender la política de “transformar
la guerra en guerra civil”. Esa es una posición revolucionaria y
correcta. Lenin se enfrenta además con la posición “timorata” (así la
calificó) de Trotsky, mayoritaria en el partido en aquellos momentos
aún (El Manifiesto de la Conferencia) y su tesis de “rechazar el
derrotismo revolucionario y abogar por una paz sin anexiones ni
indemnizaciones”. La posición de Lenin era dialéctica y muy
acertada, como luego se mostraría en la historia con la toma del poder
bolchevique en 1917: combinar el derrotismo respecto de la política
militarista del Estado, con la lucha por la paz, mediante la guerra
16
civil y la revolución, movilizando al pueblo para derribar el poder del
Estado. Otra cuestión diferente es que el concepto mismo de
revolución en Lenin, como posteriormente en Mao, no fuera tan
diferente al modelo del imaginario moderno social que se inicia con la
Revolución Francesa de 1789, y que degenerara rápidamente en un
modelo de Estado nación de capitalismo burocrático y de orden
político dictatorial.

Lamentablemente, el momento político e histórico actual es el que es.


A la crisis de Ucrania, y la mundial, que ya está en curso, difícilmente
se le pueda oponer una política acertada como la de Lenin de
principios del siglo XX, sencillamente porque no existe un
movimiento político revolucionario capaz de promoverlo e imponerlo
en todos los frentes de lucha civil y militar. Únicamente, hoy,
podemos hacer referencia a la estrategia puesta en práctica por el
movimiento popular de liberación del Kurdistán, bajo la dirección del
PKK, y su líder, aún encarcelado Abdullah Öcalan (condenado
criminalmente a cadena perpetua en la isla de Imrali desde 1999). La
guerra inter-imperialista de Siria iniciada en 2011 significó un
ejemplo revolucionario al mundo ofrecido por parte de la estrategia
político-militar de las fuerzas populares dirigidas por el PKK en las
zonas de presencia kurda, como la conocida revolución de Rojava,
creando la región autónoma del Norte y Este de Siria y sus siete
cantones con un amplio autogobierno de democracia directa en toda la
Siria septentrional: Afrin, Jazira, Manjib, Eufrates, Raqqa, Taqba, y
Deir ez-Zor. El pueblo kurdo en armas, con las fuerzas populares
militares de autodefensa YPG e YPJ, se enfrentaron con éxito,
combinando la guerra contra los enemigos fascistas e imperialistas del
Estado Islámico, con la revolución, haciendo realidad la tesis de
combinar la guerra popular revolucionaria, con la guerra contra las
fuerzas militares fascistas invasoras, creando, al mismo tiempo, un
poder popular revolucionario de democracia directa en los territorios
liberados.

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En la actual crisis de Ucrania, la verdad ha de imponerse por si
misma, con independencia de sus resultados. Y si hoy es de menester
unas consignas, éstas han de ser:

1º Respecto a la guerra en sí, promover el derrotismo revolucionario


en los propios Estados nación, impulsando la revolución mediante la
movilización popular del pueblo en armas.

2º. El impulso de la revolución ha de significar la conquista de una


autentica soberanía popular sobre la base de la democracia directa,
ejercida mediante asambleas omnisoberanas, que garanticen la
verdadera libertad, basada en la vida comunal, la economía comunal,
la libertad de conciencia y la cultura popular revolucionaria.

3º Es evidente que tales propósitos no son viables en estos momentos


si antes no se constituye un auténtico movimiento revolucionario de
nuevo tipo, integral, que sea capaz de reunir a los que
verdaderamente optan por una salida verdaderamente revolucionaria
frente al caos que se avecina, en el Estado español, y en todo el
mundo.

KL

Notas y artículos de interés.

Félix Rodrigo Mora. Comunicado contra la guerra entre los estados de


Rusia y Ucrania

Antonio Hidalgo Diego. Guerra en Ucrania: cambio en la geopolítica


mundial

Público. La mediación de Israel no consigue resolver la crisis de


Ucrania

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¨ABC. El día en que Kruschev regaló la península de Crimea a
Ucrania

DW. Alemania invertirá un fondo especial de 100.000 millones de


euros en defensa

Prensa Obrera. Los bolcheviques y la Primera Guerra Mundial

El País. El presidente de China, Xi Jinping, pide “contención máxima”


en Ucrania para evitar que la situación quede “fuera de control”

El País. China insiste en culpar a EE UU y la OTAN de la guerra en


Ucrania

ECSAHARAUI. Guerra Rusia-Ucrania: El petróleo acaricia su


máximo de 2008 y el gas sobrepasa la barrera de los 300 euros.

NIUS-. Los dilemas de Marruecos ante la guerra en Ucrania

La Razón. Expertos militares franceses sitúan a Canarias en el “eje de


fricción” entre España y Marruecos

UFVdu. La Crisis de Ucrania - Florentino Portero

The New York Times. ¿Qué pasaría en la economía global si Rusia


invade Ucrania?
El Confidencial. Slavoj Zizek. 'Goodbye Lenin' en Ucrania: aceptadlo,
izquierdistas, Putin es un nacionalista conservador.
ESglobal. El Donbás y la geopolítica defensiva de Rusia.

Negocios TV. Bernardo Navazo: "A Estados Unidos no le interesa


Ucrania"

Diego Ruzzain. Rusia VS OTAN con Santiago Armesilla.

19
Canal YT Santiago Armesilla. Conflicto entre UCRANIA, RUSIA y
la OTAN: Análisis actualizado

Historia Geopolítica. La Guerra en Ucrania podría tener


consecuencias globales | Historia Geopolítica

Canal 1. Discurso premonitorio de Vladimir Putin ya advertía de las


razones de Rusia para atacar a Ucrania

El Bosquejo, Programa 10: Geopolítica en Ucrania, con el Equipo de


redacción de Amor y falcata

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