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SIETE DOMINGOS EN HONOR

A SAN JOSÉ

HISTORIA

Un antiguo y venerable autor italiano, Juan de Fanno,


citado por el Padre Jerónimo Gracián (confesor de Santa
Teresa de Jesús), autor carmelita de un libro que tituló
«Josefina» (1609), nos cuenta el siguiente episodio:

“Fray Juan de Fanno, en su historia de San José, cuenta,


que navegaban dos Padres de la orden de San Francisco
para Flandes , y anegóse la nave en que iban trecientas
personas , los dos se abrazaron de una tabla , y anduvieron
tres días con sus noches sobre las ondas del mar,
encomendándose al glorioso San Joseph , de quien eran
muy particularmente devotos. Al tercer día se apareció en
medio de ellos, sobre la mesma tabla, en figura de un
hermosísimo mancebo, saludólos afablemente, confortó
sus ánimos descaecidos, y alentó las fuerzas de sus
cansados miembros, y sanos y salvos salieron á salvamento.

Los buenos fraiIes como se vieron en tierra, hincadas sus rodillas, dieron gracias á Dios por tan gran beneficio,
y al mancebo que les acompañó , suplicándole encarecidamente les dijese su nombre: declaróles ser San José,
y descubrióles los siete grandes dolores , y siete gozos que recibió en los siete misterios , de que se tiene
tanta devoción; prometiendo de ayudar, y favorecer en todas sus necesidades a cualquiera que en memoria
de estos misterios dijese cada día siete Pater noster, y siete Aves Marías , y esta devoción usan muchos en
Italia, principalmente los Padres Capuchinos”.

Esta maravillosa tradición, cuyo origen se remonta al siglo XVI, consiste en dedicar los siete domingos
anteriores a la fiesta de San José a acudir con especial detenimiento al Esposo de María Virgen, para expresarle
cariño y pedirle mercedes. Los ejemplos que se presentan a consideración fueron tomados del libro El devoto
josefino, de la autoría del padre San Enrique de Ossó. Los Textos de meditación están tomados de los escritos
de San Juan de Ávila

INDULGENCIAS

El Sumo Pontífice Gregorio XVI, mediante decreto del 22 de enero de 1836 concedió a todos los fieles que, a
lo menos con corazón contrito, recen devotamente las oraciones de los Gozos y Dolores en siete domingos
continuos, las siguientes Indulgencias: 300 días en cada uno de los seis primeros domingos; plenaria en el
séptimo confesando y comulgando.
Su Santidad Pío IX, mediante decretos de la Sagrada Congregación de Indulgencias del 1 de febrero y el 22
de marzo de 1847, se dignó conceder una Indulgencia plenaria para cada uno de los siete domingos de San
José, si se observan las condiciones de confesión, comunión y visita en cualquier templo, rogando por las
necesidades del Sumo Pontífice y de la santa Iglesia.
El Santo Padre Pío XI, mediante decreto de la Sagrada Penitenciaría Apostólica del 23 de mayo de 1936, amplió
la Indulgencia parcial a 5 años cada domingo, y ratificó la Indulgencia Plenaria, con las condiciones de rigor.
Se pueden rezar también en cualquier época del año; pero se exige que sean siete domingos seguidos, sin
interrupción, y que en cada domingo se recen todos los Dolores y Gozos de San José; y quien no sabe leer
rece siete veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Se recomienda a la piedad de los fíeles que en cada
domingo lean una de las meditaciones que van a continuación.
Las indulgencias son aplicables por las Benditas Almas del Purgatorio, con las condiciones acostumbradas.
P.S. Ver nuevo Enchiridion Indulgenciarum.

INSTRUCCIONES

1. La meditación o rezo devoto de los siete dolores y gozos de san José, es la más agradable de todas las
devociones u obsequios que se pueden tributar al santo patriarca.
2. Esta devoción sola basta para merecer la protección y amor del Santo; las otras, sin esta, muy poco o nada
aceptas le serán.
3. Esta devoción es como la salsa con que se han de condimentar todos los otros obsequios josefinos, y sin
la cual serán insípidos al Santo.
4. En todas las devociones al Santo no dejes nunca el rezo o meditación devota de sus dolores y gozos.
5. Porque la devoción es la práctica bien entendida de la gratitud, reverencia y amor; y para amar, venerar y
ser agradecidos a un santo, es necesario que conozcamos su vida, sus virtudes.
6. Los siete dolores y gozos de san José compendian su santísima vida, demuestran su amor a Dios y a los
hombres, son la prueba más fehaciente de su poder, dignidad, méritos, gracia y gloria.
7. Como todas las prácticas de devoción a los santos se dirigen a engendrar, despertar o avivar y perfeccionar
la confianza y amor de los fieles en su protección, por eso en todos los ejercicios, aunque guisado, digámoslo
así, de varios modos para evitar fastidio, propondremos el rezo devoto o meditación de los dolores y gozos
del Santo bendito. San Enrique de Ossó

PENSAMIENTOS

No reces a destajo, por tener poco tiempo y sobrecargarte de muchas devociones. Más vale un
Padrenuestro rezado con pausa y devoción, que mil deprisa y corriendo, porque el aprovechamiento
del alma está no en pensar ni en rezar mucho, sino en amar mucho, y así lo que más te despierte a amar,
eso procura hacer, repetir siempre. (Santa Teresa de Jesús).

De devociones bobas nos libre Dios. Bobos son los que rezan mucho, pero mal, sin atención y aprisa.
Merecen estos tales oír el reproche de san Agustín: “¿Oras o insultas a Dios?”.

Los rezadores a destajo, esto es, los que rezan mucho, pero aprisa, sin atención ni devoción, más bien
lograrán enojar al Santo que hacérselo propicio.

Si una palabra, oración, meditación, dolor o gozo del Santo encienden o enternecen tu alma, no pases
adelante; sino párate, rumia, ama, alaba, adora, admira, pide, duélete, propón. Deja entonces engordar
la voluntad, que es el fruto más codiciado de toda oración y devoción. (Santa Teresa de Jesús).
“No cupo en la boca de la Virgen decir mal del santo José; sino decir muchos bienes de
él, y honrarlo, y desear que todos dijesen bien de él, y agradecerlo a quien lo dijese. Cierto
es así, que si por nosotros no queda, tenemos muy cierto el favor de Jesucristo nuestro
Señor y de su Madre bendita, para saber contar las grandezas de este bienaventurado
Santo; pues así como todo lo que se dice en alabanza de la Virgen bendita, dice San
Jerónimo que resulta en honra de Jesucristo nuestro Señor, su Hijo bendito, así todo lo
que se dijere en alabanza del santo José resulta en honra de Jesucristo nuestro Señor,
que lo honró con nombre de padre, y de la Virgen Santa María, de la cual fue verdadero
y castísimo esposo. El Señor querrá que su santo ayo sea honrado, y la Virgen que
digamos bien de su esposo; y Él y ella lo agradecerán, y copiosamente galardonarán.”

San Juan de Ávila, Sermón 75

SIETE DOMINGOS EN HONOR A SAN JOSÉ

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del
Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DOMINGOS

¡Dios y Señor mío, en quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas! Al pensar en lo
mucho que habéis hecho por mí y lo ingrato que he sido yo a vuestros favores, mi corazón se confunde
y me obliga a exclamar: ¡Piedad, Señor, para este hijo rebelde y perdonadle sus extravíos, que le pesa
de haberos ofendido, y desea antes morir que volver a pecar. Confieso que soy indigno de esta gracia;
pero os la pido por los méritos de vuestro padre nutricio San José. Y Vos, gloriosísimo abogado mío,
recibidme bajo vuestra protección, y dadme el fervor necesario para emplear bien este rato en obsequio
vuestro y utilidad de mi alma. Amén.
PRIMER DOMINGO
La angustia de tu corazón cuando creíste que debías separarte de tu Inmaculada Esposa

1. LECTURA EVANGÉLICA
José, como era justo y no quería difamar a su
esposa, decidió repudiarla en privado. Pero,
apenas había tomado esta resolución, se le
apareció en sueños un ángel del Señor que le
dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a
María, tu mujer, porque la criatura que hay
en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un
hijo y tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de sus
pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo
que le había mandado el ángel del Señor. San
Mateo 1, 19-21.24

2. PENSAMIENTOS DEL MAESTRO

De los escritos de san Juan de Ávila, Sermón 75


El santo José tenía el corazón tan hecho uno con su esposa, que haberla de dejar era arrancársele las entrañas
y partírsele el corazón. Y mirándola ya con ojos alumbrados por lumbre del cielo, ni se tenía por digno de
estar delante de ella; y, arrojado a sus pies, regaba la tierra con lágrimas pidiendo perdón; y la Virgen se arrojó
a los pies de él, rogándole se levantase a servir a Dios en el negocio que le había encomendado.

3. MEDITACIÓN

María y José, fieles al voto de virginidad que habían hecho, vivían como ángeles en su pobre casa de Nazaret;
cuando por obra del Espíritu Santo concibió María en sus castísimas entrañas al Hijo de Dios, José ideó el
proyectó de separarse de su esposa, y de hacerlo ocultamente, para que no resultase infamia para María.
Aunque en general los Doctores explican esta resolución fundándola en que José ignoraba el misterio de la
Encarnación.
Turbado con estos pensamientos, pensaba el humilde José huir de su casa y de su esposa virginal, cuando he
aquí que el ángel del Señor se le aparece, y le dice; «José, hijo de David, no tengas recelo en recibir a María tu
esposa, porque lo que se ha engendrado en su seno es obra del Espíritu Santo».
San Juan Crisóstomo nos declara que el arcángel Gabriel llamó a José por su nombre para infundirle
confianza, y le recordó su origen de David para que tuviera en cuenta el cumplimiento de la promesa que Dios
había hecho al Rey Profeta: que el Mesías nacería de su descendencia.
Las palabras del ángel inundaron el corazón de José de inefable júbilo. Recobrado de su turbación, fue tan
grande su gozo, que exclamaría como el Salmista: «Vuestros consuelos, oh Señor, me han regocijado tanto
el alma cuanto era grande la muchedumbre de mis padecimientos». Así pues, en un instante apaciguó
Dios la tormenta que agitaba el corazón de José, y le restituyó acrecentada con mucho su dulce tranquilidad.
Ved aquí lo que acontece a las almas que se someten a la voluntad de Dios con entera confianza. «Por obra
de vuestra misericordia, oh Señor, habéis querido que a la tempestad siga la calma, y que después de la
aflicción y de las lágrimas, venga la alegría a los corazones». Así se expresaba en su agradecimiento aquel
santo varón Tobías, tan afligido con trabajos, y tan grandemente consolado por el Señor.
¡Oh Patriarca Señor San José! Por este dolor y gozo vuestro, alcanzadnos la gracia de conformarnos siempre
y en todas las cosas con la justísima, altísima y amabilísima voluntad de Dios. Amén.

4. EJEMPLO

Una distinguida señora escribía con fecha 29 de enero de 1866, a una amiga suya, participándole el favor que
acababa de recibir de San José. Una persona ya entrada en años, por la cual ella se interesaba mucho, vivía en
un completo olvido de sus deberes religiosos, de suerte que hacía más de 35 años que no había recibido
ningún sacramento ni practicado acto alguno de devoción. Ni las instancias reiteradas de varios amigos
influyentes, ni los avisos providenciales enviados a aquella oveja descarriada, fueron bastantes para ablandar
su corazón empedernido. Cayó enfermo el infeliz, y pusose de cuidado: entonces fue cuando la caritativa
señora, alarmada por el estado crítico de su querido anciano, buscaba medios para que no se perdiese aquella
alma, que tanto había costado al divino Redentor; y acordándose del grande poder del Patriarca Señor San
José (de quien era muy devota) para socorrer a los moribundos, le suplicó que viniese en su ayuda, y llena
de fervor le prometió hacer la devoción de los Siete Domingos en memoria de sus dolores y gozos, esperando
que le alcanzase la conversión del enfermo que ella tanto deseaba. ¡Cosa admirable! Ya en el primer domingo
sintió la eficacia de su oración: fue un sacerdote a visitar al enfermo; éste lo recibió muy bien; le insinuó que
quería confesarse; hizo en efecto una confesión entera y muy dolorosa, y pidió le administrasen los demás
sacramentos al día siguiente. A pesar de su extrema debilidad, el buen anciano recibió de rodillas en la cama
a su Dios, a quien había olvidado por tan largo tiempo, y desde entonces no cesó de demostrar la alegría de
que estaba llena su alma. Había perdido la fe, pero la recobró y con ella una prenda de la gloria.
Ojalá este nuevo favor, obtenido por medio de la devoción de los Siete Domingos, ¡mueva a otras buenas
almas a practicarla para conseguir la conversión de aquellas personas por las cuales se interesan!

5. GOZOS: Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

6. ORACIÓN
Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de vuestro corazón en la
perplejidad en que estabais sin saber si debíais abandonar o no a tu purísima esposa! Pero ¡cuál no fue
también vuestra alegría cuando el ángel os reveló el gran misterio de la Encarnación!
Por este dolor y este gozo os pedimos consoléis nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la
alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María, y la gracia
que solicitamos si es a mayor gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Padrenuestro, Ave María y Gloria.

7. OBSEQUIO: Callaré y sufriré sin replicar cuando me culpen sin motivo.


JACULATORIA: Glorioso Señor San José, sed mi abogado en esta vida mortal.

José contempla a María


después de la Encarnación,
y ¡ay! siente su corazón
inexplicable agonía.
Mas del celestial imperio
baja un ángel y consuela
a José, pues le revela
el inefable misterio.
Abundantísimo fruto espiritual se sacaría de esta práctica de los Siete Domingos consagrados a honrar
al excelso Patriarca Señor San José, si los obsequios y jaculatorias de cada domingo se practicaran con
cuidado en todos los días de la semana.

GOZOS DEL GLORIOSO PATRIARCA Y ESPOSO DE MARÍA, SAN JOSÉ

Pues sois santo sin igual Y de Dios el más honrado:


Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

1. Antes que hubiéseis nacido, ya fuisteis santificado,


Y ab ætérno destinado para ser favorecido:
Nacísteis de esclarecido Linaje y sangre real.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

2. Vuestra vida fue tan pura, que en todo sois sin segundo:
Después de María, el mundo no vio más santa criatura;
Y así fue vuestra ventura entre todos sin igual.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

3. Vuestra santidad declara aquel caso soberano,


cuando en vuestra santa mano floreció la seca vara;
Y porque nadie dudara, hizo el Cielo esta señal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

4. A vista de este portento, todo el mundo os respetaba,


Y parabienes os daba, con alegría y contento;
Publicando el casamiento con la Reina celestial.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

5. Con júbilo recibisteis a María por esposa,


Virgen pura, santa, hermosa, con la cual feliz vivísteis,
Y por Ella conseguisteis dones y luz celestial.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

6. Oficio de carpintero ejercitásteis en vida,


para ganar la comida a Jesús, Dios verdadero,
Y a vuestra Esposa, lucero, compañera virginal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

7. Vos y Dios con tierno amor daba el uno al otro vida,


vos a Él con la comida, y Él a Vos con su sabor:
Vos le disteis el sudor, Y Él os dio vida inmortal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.
8. Vos fuisteis la concha fina, en donde con entereza
se conservó la pureza de aquella Perla divina,
Vuestra Esposa y Madre digna, la que nos sacó de mal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

9. Cuando la visteis encinta, fue grande vuestra tristeza;


sin condenar su pureza, tratábais vuestra jornada;
estorbóla la embajada de aquel Nuncio celestial.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

10. “No tengáis, ¡oh José!, espanto –El Paraninfo decía–:


Lo que ha nacido en María es del Espíritu Santo”:
Vuestro consuelo fue tanto, cual pedía caso tal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

11. Vos sois el hombre primero que visteis a Dios nacido;


en vuestros brazos dormido tuvisteis aquel Lucero,
Siendo Vos el tesorero de aquel inmenso caudal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

12. Por treinta años nos guardasteis aquel Tesoro infinito


En Judea, y en Egipto a donde lo retirásteis;
Entero nos conservasteis aquel rico mineral.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

13. Cuidado, cuando perdido, os causó y gran sentimiento


Que se os volvió en contento del Cielo restituido;
De quien siempre obedecido sois con amor filial.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

14. A vuestra muerte dichosa, estuvo siempre con Vos


El mismo humanado Dios, con María vuestra Esposa:
Y para ser muy gloriosa, vino un coro angelical.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

15. Con Cristo resucitásteis, en cuerpo y alma glorioso,


Y a los Cielos victorioso vuestro Rey acompañasteis,
A su derecha os sentasteis, haciendo coro especial.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

16. Allá estáis como abogado de todos los pecadores,


Alcanzando mil favores al que os llama atribulado:
Ninguno desconsolado salió de este tribunal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.
17. Los avisos que leemos de Teresa nuestra madre,
Por Abogado y por Padre nos exhorta que os tomemos:
El alma y cuerpo sabemos que libráis de todo mal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

18. Vio vuestro poder, y un día el Pontífice Pío noveno


A Vos como a su Patrono toda la Iglesia confía;
Humilla, pues, la osadía del ejército infernal.
Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

Pues sois santo sin igual, y de Dios el más honrado,


Sed, José, nuestro abogado en esta vida mortal.

Antífona: ¡Oh feliz Varón, bienaventurado San José! A quién le fue concedido no sólo ver y oír al Hijo de
Dios, a quién muchos quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y
custodiarlo.

℣. Ruega por nosotros, oh bienaventurado San José


℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Oh Dios, que, con inefable providencia, te dignaste elegir a San José para Esposo de tu Santísima Madre: haz,
te suplicamos, que al que veneramos en la tierra como Protector, merezcamos tenerle por intercesor en los
cielos. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.

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