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El bus de la señora Marta.

En el día a día, uno constantemente debe estar de pie, luchar y nunca

rendirse. Es común que en algún trayecto de tu camino puedas tropezarte,

caerte, pegarte, incluso sangrar, y esa luz constante que guía tu camino tiende

a parpadear, es aquí donde vamos a empezar.

José tenía lo que toda persona desea; dinero, amor y salud. Nunca

esperaría que un simple gato se atravesara en su camino, y por salvar esa

pequeña vida, pondría en riesgo la suya. Desvió el auto, sudaba mientras lo

hacía, dudaba mientras movía con rapidez sus manos, él no creía que dicho

sacrificio valdría la pena, pensaba si volvería a verla a ella. Todo fue rápido,

1,2,3…oscuridad, ya no veía su constante luz, no tenía idea donde se

encontraba, solo en su mente una cosa rondaba, cuando la vería a ver.

Pasaron segundos, minutos, él no lo sabía, en el lugar sin espacio y tiempo,

camina tanteando el terreno, sus pies inseguros tocaban el piso y no sabía si

era tierra o cemento, sus manos ciegas intentaban adelantar alguna imagen,

pero no sentían más de lo que veía, solo oscuridad. Buscaba alguna señal de

su camino, pero nada le indicaba donde estaba. Sintió pesar en su corazón, la

esperanza que regia en él de a poco iba disminuyendo, constantemente se

preguntaba ¿He muerto?, pero no lo sabía, él creía que la muerte era diferente,

que habrían lindas hierbas, y pasto bien verde, unos exóticos animales, y claro

estaría esencialmente la persona que inundaba su mente a cada instante. Se

tiro al piso de dudosa consistencia, decidió tocarlo para saber de que era, su

tacto intuía que esto era tierra, pero seguro no estaba ya que no veía.
Entre los miles de cuentos que hay en el mundo, existe uno pequeño

que habla de una mujer. Una mujer con ciertos poderes de magia, una señora

que se encuentra con gente predestinada. El cuento dice que ella ayuda a los

que están perdiendo su luz. Dice que con su bus les ayuda a volver a encontrar

su camino. La historia cuenta que Marta se llama.

José comienza a rodar por el piso de supuesta tierra, con sus manos

hace impulso para moverse, siente como su pelo castaño y en corte irregular

se mueve en cada movimiento. No sabe si cerrados o abiertos tiene los ojos, ya

que de las dos formas ve oscuridad, rueda y rueda, es un sentimiento sin final.

Pero sorprendentemente algo lo impide continuar, se pregunta si es una piedra,

del supuesto camino de tierra, o si es el fin simplemente. La sorpresa es aún

mayor, cuando escucha una voz que conocida no es. Una voz femenina y

segura, con acento sureño, y puede escuchar ante el silencio ambiental hasta

el mínimo sonido de respiración que esta mujer hace, como inspira y espira

tranquilamente, como si estuviera acostumbrada a andar en lugares así, ante la

situación el no atina a preguntar nada más poco común como –¿Está oscuro

cierto?- y la mujer le responde – Si, realmente está oscuro José, está muy

oscuro en tu vida como se puede ver, pero no te preocupes, puede ser que

todo se solucione.- José se sorprende bastante, como es que aquella mujer

desconocida, que no puede ver, sepa su nombre, y que se le escuche tan

segura de todo, la duda lo carcome, pero aun así su miedo no aumenta,

comienza a ver pequeñas luces blancas parpadeantes, como si todo fuera una

mala visión, y simplemente hubiera apretado demasiado los ojos, es así como

el ubicando la fuente de la voz de aquella desconocida le vuelve a dirigir la

palabra desde el piso – y usted ¿Quién es?- ante esto el siente como una brisa
recorre su cara, y de un momento a otro una mano le está tocando el hombro –

Yo soy Marta, es lo único que es interesante saber, y lo que sé es que pronto

podrás ver a tu mujer, pero por mientras daremos un pequeño viaje- al terminar

la oración, se escucha un pequeño chasquido, un viento de mayor intensidad

cubre el cuerpo de José, las pequeñas luces blancas ya no son molestia, ahora

son luces de mayor tamaño las que ve, pudiendo así deslumbrar la sombra de

aquella mujer que con agilidad se mueve desde atrás de él hasta unos pasos

delante de él, no sabía si observaba un farol, o a una mujer, por lo delgada y

encorvada que esta se encontraba y su pelo corto crespo le daba una

verdadera forma poco común y avejentada a aquella Marta. Otro chasquido

más y un viento igual de fuerte que el último envuelve a José nuevamente,

siente como ella le toma una de sus manos y con fuerza de una musculosa

mujer (cosa que dudaba que fuera realmente fuera Marta), lo empujo lo

suficiente para levantarlo. “Ahora que nos conocemos, podemos tratarnos

como amigos, y así te ofrezco amigablemente el que subas a mi bus”, dice

Marta, José buscaba con su mirada aún escasa y pobre donde podría ver algo

lo suficientemente grande como un bus a su alrededor, pero nada encontraba,

hasta que pudo observar que Marta era la que producía los chasquidos, ya que

ahora estaba escuchando el tercero, y claro el sonido, y el viento que vino a

continuación obligo a darle unos pasos para mantener el equilibrio. Y de un

pestañeo a otro es como descubrió un gigantesco bus, no podría decir de qué

color era, ya que con suerte sombras aún podía ver, pero con eso era lo

suficiente como para decir que el bus era lo bastante grande para 40 personas.

Así es como Marta le ofrece a José que suba a su medio de transporte, él aún

no podía entender cuál era la razón de todo aquello que estaba sucediendo,
adonde irían, que pasaría, si todo estaba oscuro, nada más había, el límite de

todo se había expresado, eso creía él. Pero las sorpresas no terminaban aún,

al subirse a ese bus, descubrió que por dentro era más parecido a una micro,

con asiento maltratados, y rayones en estos. Pero lo más curioso y que

llamaba la atención de José, era el hecho de que no era el único pasajero en

este bus. “José tu número es el 2, en el lugar reservado P.A.V.O” le grita Marta

desde el lugar del conductor, él sorprendido y medio ofendido dirige su mirada

hacía el asiento del chofer y le contesta – y tú ¿Con qué derecho me vienes a

decir “pavo”? - una carcajada resuena en el bus, y siente como las otras

personas sentadas sueltan también risas ante el comentario, y Marta le

contesta – Bueno, no se cual es el drama para ofenderse de ser una persona

que arriesga su vida por otra (P.A.V.O), de hecho es el mejor asiento que

puede haber- avergonzado José se promete a sí mismo en no decir nada sin

saber que será. El bus comienza a andar, el protagonista aun no sabía si vivo o

muerto se encontraba, ¿Sería esto una simple broma de su imaginación, o el

viaje hacia el mismo cielo?, él no entendía nada todavía, lo único que tenía

claro, era que observaría muy bien lo que iba viendo alrededor. Toco con su

mano delicadamente el vidrio de la ventana, y sentía una suave humedad en

esta, aunque él no sentía ni frio ni calor, no sabía la razón de esta sensación,

miro a su lado y el asiento estaba vacío, y hacia atrás había gente acompañada

y también gente sola, aunque con la visión que tenía en ese instante más no

podía discriminar. Mueve los pies intranquilamente, él desea con todo su ser

ver a su esposa, decirle que lo siente por haberle gritado, quiere saber si vivió

el gato que intento salvar, si gano su equipo de fútbol el campeonato nacional,

deseaba vivir. Y así de simples sombras comienza lentamente a discriminar los


colores más básicos, los tres colores primarios el azul, rojo y amarillo, ahora el

bus, más apariencia de micro tenia por dentro, estaba media teñida de

amarrilla, con asientos oscuros, pudo observar que Marta iba tarareando

alguna canción conocida, él la había escuchado en algún lado, y sin darse

cuenta observo también la rubia cabellera de ella. Miró hacia atrás, y tristeza lo

invadió, aquellas personas que no podía ver claramente de a poco se iban

discriminando mejor, y en algunas sangre veía, como si algún accidente

hubieran presenciado, al final de la micro, un mensaje se encontraba de color

rojo “Sí sin sangre no vives”(sin esperanza menos), asustado ante aquella

gente, se para y se le acerca a los que están al lado, y les pregunta si están

bien, pero nadie le responde, preocupado, vuelve a preguntarle a gente que se

encuentra aún más atrás, pero tampoco tiene respuesta, comienza la intriga.

José no entiende donde es que está parado. Su corazón late más rápido, su

respiración aumenta, siente un ligero mareo, y su visión se ve borrosa, decide

acercarse a Marta, ve el asiento del copiloto vacío, se sienta en el.

Marta va conduciendo, y José puede ver el color del cielo, sin pensarlo,

van andando por una larga carretera, él no sabe que hacer, así que le pregunta

a Marta - ¿Por qué hay gente herida sentada? ¿Qué le va a pasar? ¿Adónde

vamos? ¿Qué …- pero Marta hace callar con una seña a José, para

bruscamente el bus, se levanta de un salto y grita – LOS QUE

ENCONTRARON SU LUZ, YA LLEGAMOS AL PARADERO AZUL.- al terminar

esa frase, José observa como una persona de adelante se levanta, parece que

un vestido lleva puesto, se lo sacude un poco y se acerca a la puerta, lo mira,

mira a Marta y le dice –¡¡Gracias!!, encontré lo que quería, adiós Marta- ella le

sonríe levemente, Marta espera un rato, José se pregunta que pasa, porque no
hace aún andar el auto, y la chofer repentinamente se da vuelta nuevamente

hacia los pasajeros – Ya, llegamos, que no tenemos todo el día para esperar-

ante lo último que dice, se sienta rápidamente en su asiento de conductora y se

queda quieta. José observa como desde atrás una pequeña sombra se va

moviendo, y acercando hacia ellos, increíblemente la persona que llega hacia

la puerta era un niño, de no más de 10 años, con heridas en los brazos, y con

un pelo liso y negro, o por lo menos José estaba seguro de que era de ese

color. El niño con mucha gracia se acerca a Marta, y le da un beso en la mejilla

– Gracias tía, ahora me voy con mis papis- le dice con mucha alegría, y se baja

y es así como desaparece, las puertas del bus se cierra, y sigue de nuevo en

curso. Ahora José ya no aguantaba más la incertidumbre, tenía que preguntar

que era lo que sucedía así que mira a la concentrada Marta y le vuelve a decir -

¿Me vas a explicar que sucede?- y es ahí cuando Marta con una cara seria

pero comprensiva lo mira directamente a los ojos y le dice – Yo creía que tú ya

te habías dado cuenta, que es lo que sucede en este bus José, yo no tengo

nada que explicarte tú ves todo perfectamente-. Y claro, realmente José podía

lentamente entenderlo todo. Él creía que tenía una conexión con los otros

pasajeros, algo en común, en algún momento se bajaría del bus, la pregunta

era ¿Cuándo?, aún no lo sabía, pero tendría que en algún momento encontrar

la respuesta. Ante esto decidió irse a su puesto, pues Marta más ya no podía

ayudarlo.

Sentía el pesar de los minutos, inexistentes en aquél lugar remoto, el

silencio le revolvía el estómago, intuitivamente pone sus manos sobre su

abdomen, como si sintiera un dolor de estómago, al hacerlo se da cuenta de

que algo va mal, siente una sensación extraña, una desconocida humedad, un
frio embriagador, un sentimiento de desconcierto, se mira las manos y ve una

rara sustancia en ellas, se mira su chaleco de múltiples colores y ve un rasgado

irregular, un líquido acuoso. ¿Sangre?, fue lo que inmediatamente se le vino a

la mente, ¿Qué fue lo que me paso?, José no puede evitar el surgimiento de

miles de dudas, ¿Por qué estoy aquí?, sangre…. Sangre… y pfff. Los miles de

colores se comienzan a exclarecer, aquel niño que vio irse, aquellas personas

sentadas, todos tienen algo en común, heridas, el, los otros, el bus, Marta.

Claro su accidente, lo había olvidado, concientemente mira a través de la

ventana de su asiento, y puede ver muy claro todo, el past verde oscuro, los

arboles pequeños con brillante frescura, el aire puro, los animales traviesos, y

en esa misma imagen que va recorriendo mientras avanza el bus, comienza a

representar la escena que había olvidado, el, su esposa, en su casa, un dia en

la noche, se estaba peleado con Janet, su esposa, le djo que desearía no

haberla conocido, que no deseaba tener un hijo con ella, muchas palabras

hirientas salieron de el, solo por una llamada, para evitar lastimarla a ella,

pesco sus llavs y salió de la casa,

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