Romance del Duero, de Gerardo Diego

Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja; nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua. Indiferente o cobarde, la ciudad vuelve la espalda. No quiere ver en tu espejo su muralla desdentada. Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras. Quién pudiera como tú, a la vez quieto y en marcha, cantar siempre el mismo verso pero con distinta agua. Río Duero, río Duero, nadie a estar contigo baja, ya nadie quiere atender tu eterna estrofa olvidada, sino los enamorados que preguntan por sus almas y siembran en tus espumas palabras de amor, palabras.

Análisis de la obra
1. Introducción. El río Duero, como otros ríos peninsulares, entró en la simbología y en la literatura de la mano de los escritores contemporáneos. Machado reviene a él y lo mismo sucede en Gerardo Diego en el presente poema. Se inscribe dentro de la tradición de doble manera; primero porque se trata del Duero y en segundo lugar porque el tratamiento literario es un romance. No se trata solamente del escenario en el que discurren los acontecimiento que se narran sino de un ente simbólico que se despeja ante los ojos del lector.

2. Tema
En "El Romance del Duero" hay dos temas principales que se contraponen y complementan. ¿Eternidad del amor? ¿Paso del tiempo y del amor? ¿Paso del tiempo y no del amor? El primer tema tiene que ver con el río Duero del que se dicen su transitoriedad y permanencia eternos, que es testigo de la vida de los hombres. Frente a la presencia y permanencia del río Duero "eterna estrofa" se alza el fin del amor, lo pasajero del amor. Sólo puede entender al Duero el que ama, el que desea que corra el tiempo y no cambie, los enamorados, "sino los enamorados".

3. Actitud.
El autor se enfrenta con algo exterior, al referente río. Se refiere a un hecho externo que es lo que nos cuenta del río. Mediante la personificación de tan larga tradición literaria (representación de los ríos como hombres más o menos barbudos y yacentes), increpa, apostrofa al Duero. No lo hace al estilo romántico sino mediante una enunciación que la imprecación al río suaviza. Se trata de contraponer una primera y una segunda persona. esta última es la que representa al Duero.

4. Estructura.
Externa -Es un romance, estrofa tan apreciada por los escritores de la generación del 27 (véase Lorca, Alberti...), con una estrofa asonante que rima en: a - a (versos 2-4 "baja, agua"; versos 6-8 "espalda", "desdentada"). Como es natural en esta clase de estrofas los recursos que usa son los propios de todo romance, repetición, personificación (en este caso el Duero). Interna - El contenido del poema sigue el curso del río ya que el verbo "pasar", aquí se definen como pasar y como permanecer pasando, dejando huella, moliendo romances.

5. Lenguaje.
Desde el punto de vista fonético la monotonía caracteriza el texto; la rima - a - a; , la repetición; los mismo signos lingüísticos, crea ese ambiente de molienda, de paso cansino, de "eterna estrofa". Desde lo morfosintáctico excepto algunos rasgos poéticos o literarios (?) son muy normativos. No hay predominio ni del sintagma nominal ni del sintagma verbal. Equilibrio monótono donde nada sobresale y que es la tónica general del poema. Sin embargo un rasgo peculiar parece predominar: "estrofa de agua", "barbas de plata", "santos de piedra", "alamos de magia", "palabras de amor. Lo que equivale a un demarcador de más un sustantivo que es igual a un adjetivo. En algún caso el autor no puede recurrir al adjetivo léxico pero en otros si y no lo hace porque escoge esta forma de hacer. Puede quizás el autor pretender mantener la misma monotonía a la que aludíamos antes sin teñir el sustantivo con una cualidad que el adjetivo presta mejor. En todo caso no es mas que una tendencia muy marcada por otros efectos y que sirve como redundancia de lo mismo.

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