Carta De Una Rosa A Un Pino

Dime Pino: ¿Es el Alba indigna del crepúsculo, el Comienzo indigno del fin? ¿Es la Tierra superior al Cielo, la Oscuridad preferible a la Luz? ¿Es la Noche estrellada menos que Luna llena en el Eter nocturno? ¿Son tus dardos incontables, ácidos e invasores signo s inequívocos de mi insignificancia? ¿Te crees, dime Pino, superior a mi? Pareces olvidar tu sustancia y la mía. Que de gotas están hechos los mares y de notas las sinfonías. Mas, ¿Es una gota semejante a otra y son iguales las notas entre sí? ¿Es la suma de aire el Viento y fuego más fuego el Sol? Tú que desconoces la Ley de los Contrarios: ¿Podrás prever tu propia muerte? Si ignoras que a los Días suceden las Noches y el frío como sombra al calor ¿Cómo podrás un día comprender porque de ese vergel llamado Tierra hiciste un desierto? Me dirás que ni temes los rigores del Invierno, ni los dardos de padre Sol, cuando suma es su potencia. Que no hay lugar en la Tierra en que no puedas habitar y que bajo tus pies nada crece que no sea Pino, pino y nada más ... Y bien, ¿Dime si Muerte difiere mucho de ti? ¿Si no gobierna todos los seres, mora en todas partes y no burla las estaciones al igual que tu? Tu poder es grande me dices, ¿Pero eres verdaderamente dueño de esa temible hoz? ¿O un demonio insensato llamado orgullo, de ti no hizo su inconsciente verdugo? ¿Piensas acaso poder sobrevivirte cuando ya tierra cambie su nombre por: "Pino"? ¿O además de único osas atribuirte la inmortalidad de los dioses? Pareces desconocer que hasta la Muerte desaparece cuando ya nada existe, ni puede existir.
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Escucha entonces el humilde consejo que te murmura tu pequeña hermana, cierra los ojos y respira hondamente ese regalo de mi perfume: Pino eres, y Rosa soy. Quizá no mañana, Quizá sólo hoy... 29 de Octubre de 1999 Un día antes de Samain Christian Talarico.

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