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El tercer capítulo (páginas 99-154) tiene seis partes: “La dialogicidad: Esencia de la

educación como práctica de la libertad”; “Dialogicidad y diálogo”; El diálogo empieza


en la búsqueda del contenido programático”; “Las relaciones hombres-mundo, los temas
generadores y el contenido programático de la educación”; “La investigación de los
temas generadores y su metodología”; “La significación concienciadora de la
investigación de los temas generadores” y “Los momentos de la investigación”. Ya
desarrollada su crítica de la educación bancaria, en este capítulo Freire presenta lo que
debe ser el trabajo del educador en esta nueva pedagogía del oprimido.

Freire empieza con el concepto de que la existencia humana significa una


transformación del mundo. Participar en esta transformación no es un privilegio de una
cierta clase, “sino derecho de todos los hombres” (101). En el capítulo anterior indicó
ya que no se trata de un trabajo que se pueda hacer de una manera individualista, pues
se necesita el diálogo entre los hombres para poder “pronunciar” el mundo. En este
capítulo Freire escribe de los requisitos necesarios para tener un diálogo verdadero, y,
antes de todo, señala la importancia del amor: “No hay diálogo si no hay un profundo
amor al mundo y a los hombres” nos dice, añadiendo que la revolución misma es un
acto de amor:

Cada vez nos convencemos más de la necesidad de que los verdaderos revolucionarios
reconozcan en la revolución un acto de amor, en tanto es un acto creador y
humanizador. Para nosotros, la revolución que no se hace sin una teoría de la revolución
y por lo tanto sin conciencia, no tiene en ésta algo irreconciliable con el amor. Por el
contrario, la revolución que es hecha por los hombres es hecha en nombre de su
humanización. (102)

Tampoco hay diálogo sin la humildad: “la pronunciación del mundo, con el cual los
hombres lo recrean permanentemente, no puede ser un acto arrogante” (103). Esto
implica una fe en el pueblo: “fe en su poder de hacer y rehacer. De crear y recrear. Fe en
su vocación de ser más” (104). Pasando de la fe, Freire muestra la importancia de la
confianza y la esperanza. De lo primero, él sugiere que “la confianza va haciendo que
los sujetos dialógicos se vayan sintiendo cada vez más compañeros en su pronunciación
del mundo” (105). Lo segundo “está en la raíz de la inconclusión de los hombres, a
partir de la cual se mueven éstos en permanente búsqueda” (105). El último criterio para
el diálogo es un pensar verdadero. “Este es un pensar que percibe la realidad como un
proceso, que la capta en constante devenir y no como algo estático” (106).

Freire observa los errores hechos por líderes revolucionarios por no tener estas
necesidades inherentes en el diálogo verdadero. En no tener el amor, la fe y confianza
en el pueblo, ellos acaban actuándose como el educador de la educación bancaria,
depositando sus pensamientos y metas en el pueblo. “En el trabajo con las masas es
preciso partir de éstas, y no de nuestros propios deseos, por buenos que fueren”, escribe
Mao Tse Tung (109), y Freire añade que actuarse en tal manera acaba siendo más un
dominador del pueblo. “Nuestro papel no es hablar al pueblo sobre nuestra visión del
mundo, o intentar imponerla a él, sino dialogar con él sobre su visión y la nuestra”
(111).

Este diálogo con el pueblo no debe ser con lenguaje demasiado intelectual que cree una
barrera lingüística entre el líder y el pueblo. Es preciso que el educador sea capaz de
“conocer las condiciones estructurales en que el pensamiento y el lenguaje del pueblo se
constituyen dialécticamente” (112).

Al hablar de los temas que sirvan para generar un diálogo verdadero, Freire primero
escribe de las “situaciones límites”. Citando al profesor brasileño, Álvaro Vieira Pinto,
Freire las define como “el margen real donde empiezan todas las posibilidades; la
frontera entre el ser y el ser más” (116). El ambiente de esperanza y confianza creado
por el líder y el pueblo conduce a los hombres a “empeñarse en la superación” de estas
situaciones y “surgirán situaciones nuevas que provoquen otros ‘actos límites’ de los
hombres” (117). Es solamente con la praxis, la reflexión y la acción, que el hombre
llega a superar las situaciones límites, que “implican la existencia de aquellos a quienes
directa o indirectamente sirven y de aquellos a quines niegan y frenan” (121). En
referencia a los países latinoamericanos, Freire observa:

La situación límite del subdesarrollo al cual está ligado el problema de la dependencia,


como tanto otros, es una connotación característica del “Tercer Mundo” y tiene, como
tarea, la superación de la “situación límite”, que es una totalidad, mediante la creación
de otra totalidad: la del desarrollo. (122)

La búsqueda por un tema generador “envuelve la investigación del propio pensar del
pueblo”, escribe Freire. “Cuanto más investigo el pensar del pueblo c

Fuente(s):

CAPITULO III

La dialogicidad: esencia de la educación como práctica de la libertad.

Dialogicidad y diálogo.

El diálogo empieza en la búsqueda del contenido programático.

Las relaciones hombre mundo "los temas generadores" y el contenido


programático de la educación.

La investigación de los temas generadores y su metodología.

La significación concienciadora de la investigación de los temas generadores.

Los momentos de la investigación.

La realidad actual que rodea al hombre no le permite entenderla y transformarla porque


la educación es simplemente para adaptarlo, sin embargo la idea es que pueda aplicar la
segunda categoría.

Para alcanzar tal objetivo es necesario la dialogicidad que se establezca entre el maestro
y alumno, puesto que el hombre no se hace en el silencio, sino en la palabra, la acción y
la reflexión, ante ello se destaca el uso del diálogo como elemento de aprendizaje.
El diálogo que se establece entre los dos sujetos contribuye a aumentar el amor
recíproco, mismo que no puede ser semejante con la cobardía, por el contrario es un
acto de valentía, sin embargo no se trata de una acción ingenua, sino que el amor
impulsa entre los hombres el diálogo.

Algunas personas que se sienten líderes y acuden a las masas para establecer diálogos
con ellos, sin embargo no manifiestan los intereses del pueblo sino los suyos, por lo
tanto sólo los adaptan a nueva forma de vida sin que se atienda a sus demandas
históricas, sería caer relativamente en el pensamiento ingenuo que se adapta a las
condiciones sin que se construya una distinta y apropiada que es lo que demanda el
pensamiento crítico; donde se construyan espacios que ofrezcan las oportunidades de
superación y liberación a través de la actuación cognitivo.

Es importante establecer diálogo con el pueblo, pero ello implica emplear un lenguaje
similar al de las costumbres del individuo para que exista esta interacción es necesario
integrarse a la vida del hombre, investigar su lenguaje, su actividad y pensamiento;
posteriormente, a través de la educación problematizadora estos elementos se conjugan
para generar conocimiento, puesto que los temas de aprendizaje no es necesario acudir a
otros espacios ajenos para encontrarlos, éstos se encuentran en la realidad que rodea al
individuo, sólo que están envueltos por las "situaciones límite" que los opresores
generan, pero se pueden desaparecer por medio de la educación que el maestro
problematizador propicie, partiendo de lo general hacia lo particular.

Cuando se desea investigar el tema generador, debemos acudir hasta el lugar donde se
encuentran los individuos que pretendemos liberar e investigar el pensamiento de ellos
para no descontextualizar su trabajo, por el contrario se trata que la enseñanza se dé
entre su propia realidad para evitar que sea un acto mecánico, es decir la superación y
liberación del hombre no se logra con el consumir las ideas que abundan entre los
hombres, más bien se trata de que el individuo las construya y sobre todo que las
transforme a través de la práctica y la comunicación horizontal.

La investigación del tema generador implica dos etapas distintas en las que se involucra
el individuo: la primera se refiere a acudir hasta el lugar de los hechos para conocer cuál
es la forma de pensar de los oprimidos y la segunda es aplicar el pensamiento en el
aprendizaje sistemático a través de la interacción grupal entre los mismos individuos, de
tal manera que la persona vaya adquiriendo conciencia de su realidad y la expresen
realmente, sin embargo el proceso no termina en este momento, Se trata de que el
individuo busque su conciencia máxima posible.