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l,lleke 8at

llurciaCutturat Capdat Creativo:


COilCEPTOS VTAJEROS Eil tAS I{UMA}TIDADES
Una guia de viaje

Ad L¡tteram

()rha1¡h d¡igi¿a ?or:


Mistrct Á. He fndcz N¿vi o a9 U.ivc,siry ofl¡u,ro lress, .¿002. l-¡ici(nr o,i-
Yria Hcnrández Vcláquez ginal ¡ublnr,la ¡', LlriveBiry ofToro¡o l,fcs.

Yar2 }I.rnándcz Vetázquer


Ahrigud (lmftd dr An¡lleú. l'¡b¿k 5
Disei¡o ¿. rok.cith tubi¿nr: (l/ Mitu Elnc¡ Olivs M.linr.
I s/ñ
10002 Vr,.il
TIll: ,34 rJ(,8 911 .]81

A ll"em¿i» ¿¿.,1i. ¿:
Anr Vcn»i.¡ Ia sc.§. ¿,r r, Sta¡.,1997,
Kuns,¡rscum LuTcrr. Concsti (le Ia ¿ris(.,.
Lrna hv.onrolad¡ Nr ord.nrdor ¡royecta rn
¡rno,1c hrz rproxinrirn,entc ü¿r dor se8U¡dos.
quc.rDbi¡ «d¡ v./ \¡ le,liacrih, ditim.¡r, y
color e ilunrin¡.lilcrent6 derrlLcs del cs¡xcir,.

ISBN: 978 84 968r)ll.5l l


Deñüo l.t¡l: Mtj-llTil 200')
l¡rtrinrc: Itr,prcnh ltcgionJ d. Mrr.il
lisis cultur'¡l: irtttrt¡uc l<ts cotrccptos sott pr,xltlr tt, rlc l,r llltl¡r¡llrr c ills-
trumentos del análisis, t¿rrn[-riéu s<ln ct¡cltrtlrt iollcl tlc lits ¡rrlfeticirs
culturales que tratamos de entendér a través de cll<,s. (.ltrizlts ll rrrcioL
mane¡a de entender esta ci¡cularidad sea mediante la rnctáfora del
viaje, armados con una guía Por abocetada que sea.

Concepto

CONCE?TO

- algo concebidt en la mmte; p€Lr/1miáúo, \ocrjlr;


- idea general que abarca uatias cosas parecidas, der¡uaia d¿l esnd¡o

de ej emp los particalzre..

Sinónimos: ué¿se lo¡¿l

tunto d. partida
l,rx cr»rccptos son las herramientas de la intersubjetividad: facili-
itlt lu convcrsación apoyándose en un lenguaje común. por lo gene-
lll rr lcs considera la representación abstracta de un objeto. pero,
tlltlto ¡ttccdc con todas las representaciones, en sí mismos no son ni
rltll¡rl«, ri suffcientes. f,os conceptos distorsionan, desestabilizan y
tltwtt ¡url dar una inflexión al objeto. Declarar que algo ¿¡ una ima-
,lü i[lu D]ctáfora, una historia o lb que se quiera -,es deci¡ utilizar
lot conc.¡rto. p"r" etiquetar- no sirve de gran cosa. El lenguaie de la
tlu$lón '.«cs,- tampoco consigue oculta¡ las opciones interpretati-
Vtt quc lc han tomado. De hecho, los concepros son, o mejor dicho
¡lr¡r¡, nlr¡cho más. Si pensamos lo süficiente sobre ellos, nos ofrecen
Lolfr¡ cn rniniatura ¡ de esta guisa, facilitan el análisis de objetos,
dl ¡ltttuckrncs, de estados y d€ otras teo¡ías.

I lhu tlcfinición y todas las que aparecen al principio de cada capítulo son frag-
iltttxr flr l¡¡r (fcfjn¡cio res del Longman Diaionary oftbe Englbh Laryuage (1991i.

34 Conceptos viajeros
I
Pero, dado que los conceptos son ñrndamcntales para el entendi- ticula¡- es plantear la idea de que la extendicla predominancia dcl
miento intcrsubjetivo, necesitan ser sobre todo explícitos, claros y defi- intencionalismo -la equiparación del significado con la i¡rtención del
nidos. l)e estc modo todo el mundo podrii adoptarlos y utilizarlos. auaor o el artista , con todos los problemas que éste conlleva, se debe
Esto ¡ro es tan fácil como parcce, Fa que los conceptos son flexibles: a esta equiparación irrcflcxiva dc las palabras con los conceptos.
cada uno de ellos forma parte dc un marco, de un conjunto sistemáti, Decir que los conceptos pueden Íirncionar como csqucmas de teo-
co de distinciones, zo de oposiciones, (1uc a vcccs podemos poner entre rí¿u aca¡r'ea va¡ias consecuencias. Los conceptos no son palabras comu-
paréntcsis o incluso ignora¡ pero que nunca podcmos transgrcdir o nes, por mucho que para hablar (de) etlos (se) utilicen palabras co¡nu-
co¡rtradeci¡ sin causar scrios problemas al análisis eu cuesrión. Los ncs, I-as pcrsonas que odian la jerga deberían sentirse al€io reconfórta-
conceptos, y a menudo justo esas palabras que los que no son exper- claspor este hecho. Los conceptos tampoco son etiquetas. Los concep-
tos conside¡an jerigonza, pueden ser enormemenre productivos. Si ¡os que se utilizan (mal) así pierden su fueza operativa! se someren a
son explícitos, claros y definidos, pueden a1.-udar a articular un cier- la moda y no tardan mucho en perder su significado. Pero cuando se
to entendimiento, a expresar una interpretación, a controlar una Ios utiliza como yo creo que deben ser utilizados -el resto cle esre libro
imaginación desenfrenada y a p¡omover un debate basado en térmi, tmtará de explicar, demostrar y justificar cuál es este uso- los concep-
nos comunes y en la conciencia de sus ausencias y exclusiones. tos pueden convertirse en una tercera parte en la interacción entre c¡í-
Entendidos de este modo, los conceptos no son meras eriquera.: que ri(o y obiero, que por lo demás permanece totalmenre indemostrable
se puedan reemplazar sin más por palabras más comunes. y sinrl¡iótica. Esto es particularmente úril cuando el c¡ítico no tiene
Todo Io dicho hasta ahora refleja la opinión convencional sobre nirrgrrna tladición disciplinar en la que apoyarse y cuando el objero no
el estatus metodológico de los conceptos. Pelo los concepros no esrán postt ningún estatus canónico o histórico.
fijos ni exentos de ambigüedad. Aunque comparro los principios que I'cro los conceptos sólo pueden cumplir esta función, la función
acabo de detalla¡ el resto de este capítulo t¡atará sobre lo que sucede rrrctotlokigica que anteriorrnente se confiaba a las tradiciones discipli-
en Ios n.rárgenes de esra opinión estandarizada. En otras palabras, se r.r( s, (()n una condición: que se someran a escrutinio no sólo median-
ocupará del concepto de concepto en sl misno no como si se üar¿ra tl rrr .rplictción a los objetos culturales que examinan, sino a t¡avés de
de una legislación metodológica clara, sino como si fuera un terriro- l.¡ r.¡rliontució¡r con ellos, ya que los objetos mismos son sensibles aI
rio por el que se ha de viajar con espíritu aventurero. , ,rrrrl'i, y silven ¡rara revelar dilerencias históricas y culturales. El cam-
En primer lugar, los conceptos se parecen a las palabras. Tal como Irr, rll rrrctotlología que propongo se basa en una ¡elación particular
Deleuz,e y (luattari apunraron en su introducci ón a ¿Qué es la J)kso- r hll( \úi( r() y objero, rura rclación que Íro se conforma en función de
fid?, algwtos requieren adornos ctimológicos, resonancias arcaicas o l,r ,,¡'ori, ir'rrr vt rt icel y binulia cntre lo.s dos, sino quc ricnc como modc-
caprichos jdiosinc¡ásicos para funcionar; (,rros nc.cs¡ran Lomp¡rtir 1,, I r rr rtcr.rr r irir. co cl scnLido tlue tiene el término en «inte¡actividad,.
I
un aire dc familia wittgensteiniano con sus parienresj y aún existen | ,r.r( r.r\ .r L \r.r ¡xrrr'nriul iDtcr¿crividad y no a ninguna obsesión por el
otros que son la viva imagen de palabras comunes (1994, p.3; ed. ll,.r, ,,¡llrr\l()" ,l. lls ¡ral¡blas, t()l¡ilrse en serio los conceptos resulta
cast., 1993, p. 13). El nsignificado, es uno de esros casos de conccp,
¡,r,,r , , 1r,,.., r l', ,r lo(k)s los r rrDrpos rrclclónticos v es¡lecialmente para las
to-palabra cornún, que oscila como si tal cosa entrc lr scnrirrtica y la r l,rr (()n r¡ll¡y P()cls rr¡cliciolrcs aglutitradoras.
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Irrrrr ¡,¡ rr r , | . r , |, t
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in¡cnción. f)uda csr¡ flcxibilidlrl, rltrc hacc t¡rrc lrr sr.rrr,irrri,.r ¡rrrczc:r li r,, 1,,,, , , 'rr, r.¡,r,,r rrrr r.sr.irr lijos, siro r¡rrt. vi:rjrrn, cntrc disci¡rlinas,
irrtcrrtirin, t¡t¡r, rl. los objr'tivos rlt tstc libr,, v,l, I ,,rl,rrrl,, ', rr l,.rr ,r,tr, ,,.rrr,Ir,,,,.r., rrr,lrti,lrr,rl, r, (r¡t( lrrí{xL)\ lristri¡'icos y cnt¡e co,r)u-

jór,, ,tr , rt,,


/
nidades académicas geográffcamente dispersas. El significado, alcance y nal, entiendo [o importante que ha sido este término para el desarrollo y
valor operativo de los conceptos difiere entre las disciplinas. Esros proce- la innovación de ese mismo camPo de estudio que ahora lo rechaza.l-a
sos de dife¡enciación deben se¡ ev-¿luados antes, durante y despues de historia -.en este caso la historia de los concePtos y sus sucesivos ci¡cui-
cada,<viaje,. la mayorh de este lib¡o -y gran pafte de mis anteriores toF se puede convertir en tln Peso inerte si se la deffende de forma no
obras- se dedica a ¡ealizar este tipo de ya.loraciones, Enre estudiosas crítica en nombre de la t¡adición, pero también puede ser una fuerza
individuaies, a la hora de comunicarse con los demás, cada usuaria de un extremadamente Potent€ que actiYa los conceptos interactivos en
concepto oscila consta¡temente entre las presuposiciones irreflexivas y el lugar de constreñi¡los3. Finalmente, los conceptos fi.rncionan de
miedo a los malos entendidos. En Ia antigua práctica académica, las dos forma dife¡ente en comunidades académicas geográficamente disper-
formas de viaje -<n grupo e individual- confluían. En ¡ealidad, las ra- sas que poseen diferentes t¡adiciones. Esto es así tanto respecto a la
diciones disciplinares no servían para resolver esa ambigüedad pero, elección y el uso de conceptos, como resPecto a sus definiciones y a
desde luego, ayrrdaban a que las estudiosas se sintieran seguras de la las tradiciones que se integran en cada u¡a de las diferentes discipli-
forma en que utilizaban los conceptos, una seguridad que, por supuesto, nas, incluso en el caso de disciplinas más recientes como los estudios
e¡a ftcil A mi modo de ve¡ el tradicionalismo
revelar como engañosa. culturales.
disciplinar y las actitudes rígidas hacia los conceptos tienden a ir de la Todas estas formas de viaiiu hacen que los conceptos se vuelvan
mano de la hostilidad hacia [a jerga especializada, que casi siempre resul- flexibles. En partei es esta mutabilidad lo que hace que sirvan para
ta ser una hostilidad anti-intelectua.l contr¿ el rigor metodológico y una generar una nueva metodología que no sea ni rígida e inmovilizante,
defensa del estilo c¡ítico huma¡ista. ¡ri arbitra¡ia o falta de rigor. Este libro intenta demostrar que la natu-
Entre los períodos históricos, el significado y el uso de los conceptos raleza viajera de los conceptos suPone un beneficio, más que una Pér-
cambia radicalmente. Pensemos en /láridzcirin, por semplo. ¿Cómo es dida. En este capítulo comentaré algunos de los itinerarios de este
posible que este concepto biológico, que tenía como su ootro, un espé- viaje: desde el punto de partida al de llegada y vuelta atrás. Muchos
cimen auténtico o puro, que asumía que la hibridación provocaba la dc ustedes reconocerán el caso que utilizaré como ejemplo: trata de
esterilidad y que aparecía Íiecuentemente en el discurso imperialista con la superposición parcial de algunos conceptos que hoy en día se uti-
todos stu dejes racistas, haya pasado a indica¡ un e.stado idealizado de lizan en varias disciplinas, conceptos que tienden a volverse confusos
diversidad postcolonia.l? B posible porque viajó. Se originó en la biolo- cn un contexto mixto. Para promover el paso desde una confusa mul-
gh del siglo xx y en un principio se uriliá en sentido racista Después tldisciplinaridad a una interdisciPlinaridad productiva, lo mejor será
cambió, moviéndose a t¡avá del tiempo, hacia Europa del Este, donde cn[icntarse cara a cara a estos casos de superposición parcial'
seencontró con el crítico literario Mijail Bajtín. Viajó de nuevo hacia el
oeste y finalmente pasó a tener un papel breve pero protagonist¿ en los El vlate entre palabras y conceptos
e$udios postcoloniales, donde fue critic¿do por sl¡s preocupanres con- lhr hs disciplinas culturales se utiliza una gran variedad de con-
notaciones, inclüdos los restos hisróricos de Ia epistemología coloniaP. (cl)los paru enmarcat articular y especificar diferentes aná.lisis' Los
lrjos de lamentar tan extenso viaje hacia un callejón sin salida provisio- tl(s confitsos son aquellos conceptos de un alcance demasiado gran-

2 Young (1990), comie¡rza con csrc xrgumerrro. Rctic¡¡rc¡r¡r.rrrr., Sl)¡vll( (l()()9) I lr lrlstrrlil y lrr t iltlit irtn, n¡is continttr¡s intcrloctrtorcs en el ripo de obra sobre
ha ofrccitlo u¡r¡ crític¡ cn p«lirndiclucl. [Jrr brcvc rccru nro irlr.rrc, r' crr Arlrr rrli ¿r ¿l rl qttc l',ttu..tr lll,rr,, *,¡r cl rcnrl .,r[,r'c cl qrrc rcllcxi¡rn.r nri ¿rntcrior libro (1999a)
(1991'l,
l,p. I l¡l l2l). y rl r,r¡,lrrrl,,
"
rr,,,lcl Ir(\(rrrc v()hrrrr.rr.

la Conrjaplor vrÉl.ron Cpn(oplo ¡9


de que tendemos a utiliza¡ como si su significado cstuvie¡a tan cl¿ro hacer) nos ¡esistimos también al significado, al análisis y a una intc-
y fuera tan común como el de cualcluicr otra palabra en un lenguaie racción cercana y det¿llada con el objeto. Pero esta resistencia es :rlgo
dado. Dependiendo dcl campo en el que el ¿n¿lista se haya edr.rcado que, a su vez, debe¡íamos resistir o por Io menos cuestiona¡ y discu-
y del géncro cultural al que pertenezca el objeto, cada análisis tiendc tir. El concepto de texto, precisamente porque es controuertido, pro-
a tomar por sentado un cierto uso de los conceptos. Otros pucden mLleve esta discusión en lugar de reprimirla. Por tanto, se deberia
no estar <le acue¡do con dicho uso, o incluso pucdc que lo perciban promover su uso, especialmente en áreas en las que no rcsulta auto-
como un uso tan poco espccífico que ni si<luiera uale la pena discu- máticamente evidenre, por lo que puede recuperar su fuerza analíti-
ti¡lo. Esta confusión suele ser aún mayor con aquellos conceptos que ca y teóricao.
se acercan al lenguaje o¡clinario. E[ concepro de texto podrá servir Pero quiz-ás «texto» sea un ejemplo con el que las cosas se llevan
como un ejemplo co¡rvincente de esta confusión. ya demasiado lcjos. A lo largo dc sus viajcs, sc ha cnsuciado, ha
Se trata de una palabra del lenguaje ordinario, auto-evirlente en adquirido demasiaclas connotaciones, se ha ¡esistido demasiado, así
los estudios lite¡arios, utilizada metafóricamente en la antropología, pues poclría servir para aumentar la distancia entre los entusiastas y
generalizada cn la semiótica, que circula ambivale ntemente por la los escépticos. Entonces, ¿qué tal .significado,? Ninguna disciplina
historia del arte y los estudios de cine y que es despreciada por la académica podría funcionar sin una noción de este concepto. En las
musicología: el concepto de texto parece andar buscándose proble- humanidades se trata de una palabra clave. ¿C) quizás de un concep-
mas. Pero también invoca disputas y controversias que pueden resul- tc¡ clave? A veces. Permítanme llamarla una upalabra-conceptor. Esta

ta¡ t¡emendamente estimulantes si se someten a un utrabajo elabora- utilización despreocupada, ahora como palabra, ahora como concep-
tivo,. Si no es así, estas disputas y controversias pueden dar origen a to, tiene dos inconvenientes fundamentales. Uuo de los inconvenien-
malentendidos o, lo que es peor, ptomover Ia peor clase de paltidis- tcs de utilizarlo a la ligera como palabra es la resistencia a hablar del
mo, incluyendo el conservadurismo disciplinar. Por ejemplo, hay *significado» como un problema académico. El otro es que su uso
muchas razones para referirse a las imágenes o a las películas como cstri demasiado extendido. Por lo general, cuando los académicos y
«tcxros». Esta referencia implica varias premisas, entre ellas la idea de lrs cstudiantes hablan de ,,significado,, ni siquiera especifican si la
que las imágenes poseen -o producen significado y que promr-reven ¡'rrlabra significa (slr) intenciírn,,origen, contexto o contenido semán-
acrividades ran analíticas como leer F.n rcsumcn, poctemos decir que tico. l'lsto es normal, inevitable. Justo ahora, no pude evitar utilizar
la ventaja de hablar de utextos visuales, es que nos sirve para recor- cl vt rbo «significar», porque me fue imposible decidir entre oquerer
dar al analista quc las líneas, los m<¡tivos, los colores y las superficies rllr ir', ), urcfe¡i¡». Pero esta confüsión es, en gran medida, responsa-
-al igual que las palabras contribuyen a producir significado; por l'lc tk un grave problena para todas las humanidades. Como resul-
tanto, la forma y el significado no pueden separarsc. Ni los textos, ni ¡.rrl¡r tlt cll:r, los estudiantes aprenclen a decir que nel significado de
las imágenes, proclucen su significado dc forma inmediata..L,n la r¡n r r¡rtlrou cs itléntico a la intención del artista, o a lo que sus moti-
medida en que no sor'r trasparcntcs, las imágenes, al igual que los tex- vr rs r orrst it trt ivr¡s sigrr ificaron cn un principio, o a la forma en que Ios
tos, requieren una labor dc lectura. , rrti, n,lc rrr:r .¡rrtlicrciu co n rcnr por:ínea, o al sinónimo que propor-
Hay muchos que temen que hablar de las imágenes conrr si f'rtc-
r¡n tcxtos l¡s convicltc cn un fla¡lrrrcnto dc lcngtrlic. ll r,, ,rl rI s¡rrc
ci:u' lu utrtkrgíu liDgiiísticrr (Ilgo t¡uc ctt tir'rtrr lrr,ul,, ,1, l','rr'rrrr,,. I \, r., (,,,t1 rr r Nr,l (.'o(rl) r(\t¡!r,,.r ,\r,§.r\|,,,r,),,I(I ,,rrrcrpro pullLll

4¡, I "r, , lil,, ,r¡,rl',r,


ciona e[ diccionario. Lo que trato de sugerir es que los estudiantes consenso. Claro que e[ consenso absoluto no es posible o siquiera
deberían aprender a elegir -y justificar- uno de los significados de
a dcseable, pero, si se quiere ir m,ís allá de una mera estrategia defen-
«significado» y a hacer de esta elección un punto de partida metodo- slva del propio terreno, será imprescindible llegar a un acuerdo -pro-
lógico. visional, tentativo y valorativo- sobre cuál es el mejor significado que
Los conceptos que comento en este libro pertenecen, en mayor o rc le puede dar a un concepto. Este libro partió de la convicción de
menor grado, a esta categoría en la que el lenguaje común y e[ [en- quc con la aparición de los estudios interdisciplinares los conceptos,
guaje teórico se superponen. Otros conceptos, o conjuntos de con- y los debates acerca de ellos, se han vuelto cada vez más importantes.
ceptos, que se me ocurren -y que no son importantes para los casos La misión de los conceptos es vital si se quiere mantener y mejorar el
que estudio en este texto- serían historia (y su relación con el presen- clima social en la academia, que las disputas sirvan para promover y
te); identidad y alteridad; subje(ividad) y agencia; hibridación y no para impedir la producción de conocimiento e ideas (como des-
etnicidad; individual, singular, diferente; metáforas cognitivas, cien- graciadamente sucede con demasiada frecuencia). Creo que es preci-
tificas y tecnológicas; medio, modo, género, tipo; hecho y objetivi- ,amente alrededo¡ de los conceptos donde el análisis cultural puede
dad; y finalmente, cultura(s)t. Pe¡o, tal como mencioné en la intro- tlcanzar un consenso comparable a la consistencia paradigmática que
ducción, este proyecto no pretende proporcionar un recuento de ha mantenido vivas -aunque también dogmáticas- a las disciplinas
conceptos claves para el anáisis cultural. De eso ya se han encargado tradicionales'. Una forma de mejorar el ambiente htmano y mejorar
otros autores. [.o que hago es ofrecer casos de estudio como e.jemplos h producción intelectual es rechazar el dogmatismo sin sacrifica¡ la
de una práctica en la que los conceptos se van formando en el con- consistencia. Ésta es la ruzón por la que creo que hablar sobre los
texto en el que se dan con más frecuencia: a través del análisis de un conceptos proporciona una base metodológica alternativa para los
objeto, o, en otras palabras, a traves de casos de estudio; a través de «cstudios culturales, y el nanfisis,. Así pues, mi primer argumento
fragmentos de mi propio mabajo de análisis culturaln. El objetivo de tmtará de defender la cenralidad de la reflexión conceptual por las
cada capítulo no es el de definir, discutir u ofrecer la histo¡ia de[ con- r¡uones que se explican a continuación3.
cepto al que está dedicado. Más bien, lo que intento es promover una l,os conceptos nunca son merarnente descriptivos; también son
atención flexible y detatlada a lo que los conceptos pueden (ayrrdar- programáticos y normativos. Por tanto, su uso tiene efectos específi-
nos a) hacer. Por tanto, lo importante no son los conceptos en sí, sino cos.'Ihmpoco son estables; están asociados con una t¡adición en par-
la forma en que propongo utilizarlos. En mi opinión, la mejor mane-
ra de pensar en ella es la metáfora del viaje.
También existe un aspecto social en la intersubjetividad que los 7 Oicrt,rs publicaciones como la famosa KeyoanCr de Raymond Williams y mrís
rcrlcntcnrcntc la versión actualiz¿da de ese libro, Kquords of Our Time, de Mriti¡
conceptos ayudan a crear. Este aspecto social es mi principa.l preocu-
Jl¡ tlln f'c dcl vínculo entre una mayor atención e los conceptos y una mayor inter-
pación en este libro. Los conceptos son -y siempre han sido- impor- rlh«lplinaritlurl cn la llnea de los estudios culturales. Ot¡a pista interesante que
rlco¡ucst'r l¡r ncccsidad dc est¿ nguia de viaje, es el &ito del libro editado por Frank
m¡tes áreas de debate. Como tales, promueven un cierto grado de
lrntricrhil y 'lhorrras Mcl,aughlin (1995). Este libro, concebido explicitamente
¡nrr lrrr cstrrrlios litcntrh», incltyc una deffnición de performance que prcsuPone
rlcrm rlcl)nickln rlc cstc concc¡«r -la que dio lugar a la actividad llamada.arte de
5 Pero este úldmo ténnino no será tratado aquí. El estudio <lel conLLpr,, ,lc errl ¡o,li»ntut" h,r"tu t,rl ¡rrrr«, quc ac,rba sicnclo cl único signiffcado que s€ plante¿,
nrra rcqucriría por lo menos otro libro completo. [-os clc l lrt¡rrrl¡t ( I¡)r)7) y \|iv rl( rr¡l rkl ntlsnro rtrrx|r r¡rtc cltlu rrrrr rlc nris cstuclianrcs ficticios armstta con su Pro-
(1999), son s<ilo ckrs cicrnplos rccicntcs dc trlcs libros. ph rurr lr1rr cvirlcntc tlr "srricto,.
6 Sobrc l,r ¡rri r iculcl rrrrflisis r rrlrrrrul, vi,rsc Ilxl (r.il. ) ( l'rr)'r) ll [¡t¡rs r,r¡¡rr¡r vrrr l;r rorrtr';r¡urtirlrr rlcl ¡rrirrrcr pfrrllir tlc csrt errpírrrLr.

at Concapto¡ vl¡jcroi --¡¡*t¡¡¡¡t Concrpto a, l


ticula¡. Pe¡o su uso nunca posee una continuidad simple. [.o cierto ,l,rli,.rlr l la m<¡vilidad interdisciplinar de los conccptos que viajan
es que «tradición» es un¿ palabra que se mueve y no es lo mismo que r,r rr l lus « icncias, Isabelle Stengers demuestra para qué sirve examina¡ los
r

el «paradigma» (kuhniano), aunque este último también está en ¡ies- , or( cl)ros viajeros. Stengers anuncia que su libro se pregunta cómo las
go de adquirir categoría de palabra cuando se udliza con demasiada , [,rr, i.rs lrueden wita¡ la Escila de una falsa pureza y desinteres, así como

ligereza. La «tradición, nos habla de nla forma en la que siempre hemos l,r ( lrrlilxlis de la arbitrariedad y l¿ l:afta de interés, cosas que a menudo

hecho las cosas» como si esto ñre¡a un valor en sí. El uparadigma, lr.rr((cr lmenazar cuando las ideas tradicionales son desenmascaradas

explicita aquellas tesis y métodos que han adquirido una categoría r or¡rr¡ vrrcí¡s pretensiones. Su libro, continúa Stengers, ofrece conceptos

a-xiomática, para poder utilizarlas sin someterlas constantemente a esc¡u- r orrro lr. rncdio para el dolor ante la pérdida de la inocencia (así como de
tinio. E"sta rigidez es estratégica y reflexionada. Pero la ut¡adición, no l.r rrcrrtlalidad y el desinterés). No a modo de glosario, sino como pro-
cuestiona sus cimientos; por tanto, esos cimientos se vuelven dogmáti, l,lnrrrrs tc<iricos, acaloradamente debatidos y suscepdbles ta¡to de ser
cos. Las tradiciones cambia¡r lentamente; los paradigmas, de forma rrr,rlc¡ r r< ¡¡.lidos como de promover el avance de la ciencia. l-os concep-
repentina. las tradiciones cambian sin que sus habitantes se den cuenta; los onro tcma de debate. En nuestra cultura, las ciencias se toman m&
t

los paradigmas, a pesa¡ de su resistencia. Ent¡e ellos existe la misma dife- r,n sclio <1ue las humanidades. Esto merece una cierta atención, ya que

rencia que hay entre el cambio subliminal y la revolución. ¡'rrrrk t¡rrc esa diferencia no esté grabada en piedra.

los conceptos aarnpoco son nunca simples. Sus varios aspectos pue- I r¡r ticncias se toma¡ en serio por Io menos en dos sentidos diferen-
den ser descubiertos, las ramificaciones, tradiciones e historias que con- t cr. lr.l plimero es /e jure opor derecho», o upor leyr: ocientífico» es aque-
vergen en su uso actual pueden ser evaluadas una a una. Los conceptos ll,, r¡rrc obcclece las leyes del procedimiento científico. Los conceptos
casi nunca se utilizan exactamente de la misma manera. Po¡ ta¡to, es ,r( r¡xn un lugar clave en Ia evaluación de la
"legalidad,
de las ciencias.

posible debatir sobre el modo en que se urilizan haciendo referencia a las I,r ronceptos son legítimos siempre que eviren Ia categoría de nmera
tradiciones y escuelas de las que surgieron, lo que permite valorar la vali- rrr. t.ilirrrr, o ideología y siempre que se djan Por las normas de Ia cienti-
dez de sus connotaciones. Esro facilitaría enormemente el debare entre li, i,l.¡tl, cr¡ rérminos de la demarcación de, y la aplicación a, un camPo
Ias disciplinas participantes. f,os conceptos no son sólo her¡amientas, r[ olrjcros. A cste respecto la epistemología es normativa.

plantean problemas subyacentes de instrumentalismo, ¡ealismo y nomi- l¡rr csrudios de huma¡idades convencionales funcionan de forma
naüismo, así como la posibilidad de interacción enrre el a¡alista y el obje- trrr¡rli, it;r corr u¡r apoyo consensuado a esta normativid¿d. Es necesario
to. Precisamente porque viajan entre las palabras ordinari:u y las teorías ,rrr,ri.rr l,r lrrz rlc las humanidades sobre esta normatividad, ya que esta
condensadas, los conceptos pueden provocar y facilitar la reflexión y el rr.rrrr,¡rivirl¡rl rienc un problema de lógica temporal. l¡ normatividad
debare a rodos los nive{es metodológicos en las humanidades. L1,,.rli.r.r tk t lrrr:r con rntelación qué es lo que requiere de una explicación
t, lrr ,rrr,ilisis. Ir,rr cstc scrrtido, encarna la figura retírica, del ?rotetofi bt-
E[ viaje entre la ciencia y [a cuttura tt t¡ut, tl\r'cst;i litclulnrcnrc 2rz7 osterado*, si¡ua¡do primero lo que en
Permítanme, pues, trazar la primera ruta de nuestro viaje. El trabajo r,,rli,l,r,l v.r ,.1.s¡rrrús, crr t¿'rnr¡nos tanto de tempolalidad como de
con conceptos en absoluto se limita aI campo cultural. Aunque los con-
ccptos funcionan cle forma diferente en las ciencias naturlles y cn las
' ll r,,r",,¡, 'rq'.n.tl L' ¡n1""rutu. Lrryr lepcirir nrás conrún cn inglés es
lrt¡t¡uttridutlcs, lt¡s viljcs tlc krs corccptr)s c!T lls ( i( n( ii¡s
),r'rrr( ( Il.rs lnr(. r,lr,rl,,,,..rl'.r¡,1,'" lsr.r,l,rrrirrr¡lr.r si,L, rl*,rr ¡,ll,rrl,, ¡or la,rrrtorir en su libro
rlr'¡¡ nsrtlt;tr ilustrrrtivos. li.rr tl ¡rlclurio LL srr lil¡,rt l)tttt, ttn, t ,t l)ttt¡. t ., ri t t :1¡,¡t\t.t,t\t, t ¡¡ttt(n¡lrt,tt t' lt t l\4o'ttnn l lithry \l¡ l, I')')()l) (N. tlc l.r
lr

44 r ,,r ,,.trr,, v.rlr LL


causalidad. Esta figura entu¡bia la precisa relación entre riempo y attc proceso que se supone desinteresado se vuelve evidente haciendo
causalidad. AI desenmarañarlo de esta forma, el problema puede apr( cl dcbate se desplace inevitablemente desde la verdad legítima a la
reenmarcarse de forma más productiva como un problema narrato- wrl.rtl de hecho; desde la ley, al uso; desde [a lógica temporal, a la actan-
lógico: su figura fundacional es la analtpsis,la. nanación de lo que va rhtl, ll.l segundo problema epistemológico --el actancial, basado en la ilu-
después, antes de lo que va primero. Como consecuencia, [a causali- rhirr dc una va.lidez universal de las normas es pernicioso sólo en la
dad se vuelve opaca, si es que no se suspende. llrc(lidir en que las no¡mas, como la neutralidad y la imparcialidad, inclu-
La segunda forma en que la ciencia se toma en serio es de facto, ycrrrk> cl criterio por el que éstas se establecen, estén inscritas en piedra,
nde hecho,, o oen realidad,, aquí, por contraste, lo ucientífico, es lo o rlctcrminadas por el interés'0.
que es reconocido como ral dentro del campo sociocultural de la acti- l'ls rquí donde se demuestra que los conceptos jue3r un papel clave
vidad científica. Un buen ejemplo p¡áctico es la costumbre estableci- ¡lt Lrs clebates metodológicos. Los conceptos sirven para demostrar que
da de requerir una revisión por pares para solicitar una beca. rit¡t ncr.ltnlidad es en realidad una estrategia retódca en lugar de una
Concebidas así, las normas sobre lo que resulta aceptable se mueven, turru posibilidad teórica. De hecho, la falta de interes es tan letal para Ia
son inestables, están elaboradas por los mismos acrores cuyo esratus hvcstigtción científica como para la investigación humanística o de
como científicos depende de cómo se juzgue lo que resulm científi- r tnrl(¡licr otro dpo. Esto resulta evidente al reflexiona¡ sob¡e Ia natu¡ale-
co. De nuevo, la narratología puede servir para aclarar el rema. El rrr y la cfictividad de los conceptos, ya que, por encima de todo, e[ papel
problema epistemológico es de una lógica narratológica dife¡snte. Es rlcl ei,nccpto es el de enfocar el interés. Como esc¡ibe Stengers, la defini-
principalmente actancial y no temporal'. El principal problema epis- r kir principal de los conceptos científicos es la de zo deiarnos
indiferen-

temológico es la fusión actancia.l, el doble papel de los actores socia- tcr, tlc «implicarnos y obligarnos a tomar una postura' (p. 11). Una
ll
les -es decir, de los cientificos en activo- como objetos y sujetos de vr/ (lr¡c llos hemos librado de la ffcción de neut¡alidad, aún ha¡á falta
la evaluación. Muchos otros problemas se derivan de éste. r,nriril ciertos iuicios. El único campo de anfisis que nos permite emitir
es el campo
A menudo las comunidades científlcas t¡atan de anular los inte- Irririos sobrc los conceptos como claves de la cientificidad
reses que cada uno de los actores o partes implicadas tiene en el resul- ¡,x i, r. rrltt¡r'al de la actividad científica. l,a epistemología legal y normati-
tado de la evaluación, dando prioridad a [a epistemología normativa. v,r r,r'rlr sc subo¡dinar a esa actividad ¡ como la hisoria de la cien-
¡ruede
Para hacerlo, (deben) pasar por alto los problemas inherentes a ésta, r ll tlcr¡rucstr,r sobradamente, sus normas cambian con§Entemente'
atribuyendo una especie de permanencia atemporal a sus c¡iterios l'irrir crrtcnder el papel de los conceptos en la actividad científica, cuya
bajo la guisa del universalismo. Pero precisamente es esta retórica del hrlirlltl sobrc la epistemología normativa acabamos de defender., debe-
¡rr
universalismo la que choca de pleno con todo Io que la historia de la tolos cxrrr¡¡inar las siguientes cancterísticas de los conceptos cientificos.

ciencia nos ha enseñado, que sugiere que el argumento de jure es en


realidad un argumento de faao. Y es que el interés que participa en
ll) Ar¡rrí rlclo irrrcrrr i,rnlnrerrrs cn cl aire la ambigüedad de uinterés» A men¡r-
,l
,1,,, ,li¡r,r,, c. rrrr ¡,",l,l"nr,r (scerrndario) en la dinámica académica No sólo se
9 El concepto narratológico nactancial', se relierc a unas posicioncs, rlcnrro dc tr¡r¡,l, l¡..,r, rirr,r ¡,rrrtbiérr.1. l,,s tcrrcnlotos financieros que causan las dis-y re-
una estructura dc papeles fija, que pueden scr cubie¡ras por clifirr.rrrrs ",rrr,,rcs,. ¡trtl,rr, lorrls ,L l,r' ¡rirrrrrrls rlc llx ¡lrrrrrtlcs nrirestrrrs y las repcrcusiones económices
\ltsc NarutoloXy (]997b, pp. I9(>20(>). Flsrc con.epr,) srprn' l,r ,.l.rlr¡r,«iril ,rl¡¡, rr, r,,* , vr,l"',r"t,¡rrc t,rrrs,r ll lrcrrririrr tríticl qrrc sc presta a una letanía cons-
csrru.rrrr.list¡, ¡,,r ¡rlrrc rl,l lingiiisr,rli',rncósA.Itircirrr.r',,1.,¡r¡r,,,,1,1,,,lr\,n., rir¡t(,1..úín,r\,trr.rl( lorrrr.r :rI¡i , rrr IIirr'rriIl\t irrrlrrycncncl canon, jun«r con sus
,1,,¡r,r rl li,lkL,rnr.r ,rv, V l',,}t't, cn l.r,[1.,r,1,r ,k l()10 (l'r{n,r , r ¡r rir rl, rrr, r ,rrtrirrttrr rs.

4ó I 0rr ¡,I1,,,. v ,rtIr, .


( l|rr ¡,trl,r 47
I
Según Stengers, los conceptos rcquicren una operación que implica la (¡rrpo que cambia st¡ significado y cuyo significado, a su vez, es
rcdcfinición de las caregorías y los significados, tanto en el campo Gno- rrltcrado, esto constituye la característica princiP¿l de los conceptos,
nrenológico como en el socid, De Ju":to, los conccptos organizrn un y csto puede suponer tanto un beneficio como una pérdida o un
grupo dc fenómcnos, definen qué preguntas relevanres sc lcs puedeu
¡x ligro. Sólo a través dc la constante reevaluación de la capacidatl cle
plantear y determinan qrré significados se pueden aribuir a l¿s obscrva- u!) concepto para organizar los fe¡rótnenos de forma nueva y rele-
ciones sobre estos fenómenos. De jure y aqtí ne gustaría insistir en que v.Irtc es posiblc val<¡rar si éste continúa sicndo productivo. Esta
la segunda parte de este problema se subordina a la primera-, Ia adecua- rcorganización puedc sel mucho más visil¡le en las ciencias natura-
ción de los conceptos debe ser otorgada y, por ranro, ¡econocida. fJn Ics t¡ue en los campos culturales. Pero, incluso si nos limitamos a un
concepto debe reconocerse como adecuado. Esu adecuación no es «rea- s,ilo ¡rtefacto cultural, la reorÉlanización de sus fenómenos, asPectos
listar; no se trata de una representación verdade¡a. En realidad, un con- v .lernentos -como pueden ser las palabras, los motivos, los actores
cepto será adecuado en tanto en cuanto provoque la organización efec , los acontecimientos ¿ ttavés de los conceptos que utilizamos
tiva de los fenómenos, en lugar de of¡ece¡ una mera proyección de las solrrc cste artelacto puede ser innovadora y dar pie a nuevas formas
ideas y presuposiciones de sus deGnsores (p. l2). La raán de ser del ,lt comprensión más importantes que el artefacto en sí. EI concep-
debare en la actividad científica es la de minimizar el riesgo de toma¡ esto rr,,:¡ lravés de la reorganización que facilita, promueve la produc-
último, la proyección, por lo primero, la producción. Por tanto, es ine- r irirr dc significado.
vitable que exista una cierta predomin ancia de la qistemohgia posiciona- l;,r cste punto nos encontramos con que las ciencias naturales y
d/l lt zndpoiftt episxmologt)". Entre los criterios que se suelen urilizar l.r.,lisciplinas culrurales comparten una preocupación metodológica
está1, por ejemplo, el requisito de que el concepto proporcione un cie¡- , r rrr irl. Stengers lo explica identificando dos significados de upropa-
to sentido de
nacceso auténtico a los Gnómenos, (Stengers, p. 11), de neutralizar los
¡i.r,. i,in,: la difusión, que diluye y finalmente acaba por
que la nuwa orgá¡ización sea atracriva y que produzca info¡mació¡ lorrirucnos, como sucede con la propagación del calor; y la proPaga-
nuer,"a y relevanre. Obvi¿menre, rodos estos crirerios po\een una n¿tura- , irirr c¡ritlónrica, en la que cada partícula se convie¡te en el agente que
leza ¡elativamente subjetiva, quedan dete¡minados por el interés que nueva propagación sin debilita¡se en el Proceso (P. 18).
unl
li( n( rir
genera el concepto y lo que ésre produce. Así pues, por lo menos en parre I .r "rlilirsirin, es el resultado de uaplicar, los conceptos a la ligera y de
y de forma provisional, provocan una postura de epistemología posicio- l,rrrrr;r irjrrstificada. En este caso, tal aplicación implica utilizar los
nada. ( r,
cl)los corno etiquetas que no explican ni especifican, sino sim-
(

Stengers dedica gran parte de su introducción a la noción de que los


l,k rrc¡rt rromtrr¿¡. Este tipo de etiquetado se da cuando un concep-
conceptos unómadas, tienen capacidad de .propagación», un rérmino r. \r'ln)nc rlc moda, sin que se encuentre el nuevo significado que
que utiliza para evitar equipararlo con su elemento negarivo, la «propa, ,l, lritr,r .rrorrrprír:rr r esta reutilización dcl concepto. Por eiemplo,
gandar". Un concepro que surge dc un campo, se propaga en ouo r,¡rrcrrLr r'lurru¡tcn1c l¿ lepentina popularización de [a palabra
,
\ r ( » luttlu,itrlitltl, ¡sí como un cielto abuso de la palabra
, ,.r r r r r
.
r )

11 Véase Alcoff y Poncr (1993) para obtencr una revisión de varias cpisrcrnolo , rr.n,rr,l», lo r¡rrt lcstrlta trr,is prcocupante.
gias, incluyendo una crítica dc la episrernoiogia posicionada.
12 Me desrgrrdr la rnoda actu¡l de rorn.rnrizar el rérrnino «nonr¡Llisr¡ro,, yr (t,,(
Irr lrtr' ¡rrrrto,lig,, "¡rirlirl)fit, y no «concePto» Porque, en estos
uivi:rli¿r la siru,rcirin dr ;ri¡rrIl[,s quc no ticn(n c;rsrr y l,r cxisrcrrr i.r ,1,,r¡,.rrri.rrl,, , r,.,,,,, l.r ,lilr¡, rirr,lts¡xrj.r.rl (()nc(l)l() rlc stt ltterz:t conceprualizado-
l\rr rrrrro, ¡,rLlirrrr rrriliz,rr h ¡r¡L.r.ili,,.r <ltl .vi.ric,r torr h,¡rr.11.rrr,,,l . r,r',1,,,1, .,11", r.r ,l( \ r ( | ( , , I ,l.' ,li'r irrlirr ir v, lx)r'lrrrt(),,l. h.rcc¡'el otricto cont
r . r , . r i I . r

l¡rl,,,r,,lu,¡r.ri.,r,rl,rr.t\,,,t¡i(.,,1,,,.1 lorirlr,rI u,¡ lr.il,ir.,r (rr,,,,,1r

/.ll L r,, ',t,lL, vr.¡t, ¡,,


prensible en su especificidad, es decir, de «teorizarlo», promoviendo lntcr-disciplina precisamente porque define un objeto, una modali-
el conocimiento, la comprensión y el entendimiento. Por ejemplo, dld discursiva, que se encuen¡ra activa en muchos otros campos.
«ffauma» se uriliza con ligereza para referirse a todas las experiencias Los conceptos juegan un papel crucial en el tráfico entre discipli-
tristes, aunque, de hecho, el concepto teoriza un efecto psíquico dis- nns gracias a dos consecuencias de su caPacidad píua propagar, fun-
tintivo provocado por acontecimientos de una magnitud tan demo- drr y definir un carnpo de obietos: al Íi¡sionar la epistemología y la
ledora que el sujeto que se ve asaltado por ellos, precisamente, es rctividad científica, capturan [a cientificidad de la metodología que
incapaz de procesarlos en cuanto experiencias. Es decir, el concepro tostienenr4; y, en el sentido opuesto, consiguen «endureceo la cien-
«trauma» ofrece una teoría que el uso poco cuidadoso de la palabra cla cn cuestión, al determinar y restringir lo que cuenta como científi-
suprimer3. co. Puede que aquéllos que desesperan ante el tipo de situaciones peda-
La «propagación» en el sentido de ncontaminación, -a pesar de gógicas que describo en la inüoducción encuentren aquí algún consue-
sus connotaciones negativas e incluso del miedo que esta metáfora lo, pero será un consuelo falso, dado que en esas situaciones lo que hace
provoca- mantiene el significado del concepto con una precisión ülta es des-endurecer e[ concepto, des-natu¡aliza¡ la auto-widencia que
constante, de modo que, en lugar de dilui¡lo, funciona como una clrda grupo disciplinar ha adoptado irreflexivamente. Iás conversaciones
linterna potente y bien delimitada. Estas dos metáforas conceptuales clc carácter interdisciplinar no conducen ni a una actitud de utodo valer,
que proporcionan las ciencias, udifusión, y «propagación,, también ni a una incapacidad de decisión o aporía. En lugar de ello, el endureci-
sirven para aclarar el intricado problema de la aplicación de los con- micnto y el des-endurecimiento se alternan y transforman.
ceptos en las humanidades. No es de exuañar que, en ocasiones, las conversaciones interdiscipli-
El último elemento que deffne a un concepto es la capacidad,fun- narcs se vuelvan provincianas y qüsqüllosas. Ia mejor forma de resolver
dacional inhetente a su descubrimiento. Esto permite describir los csa situación es a través de la conversación explícita. C-,ada participante
fenómenos y experimentar con ellos, lo que a su vez posibilita una r.lclre responder tanto a su propia comunidad disciplinar dentro de su
intervención real, un nueyo concepto funda un objeto consistente en rcrruño como a los «extranjeros, que visita, cuyo lenguaje aún no domi-
categorías claramente definidas (Stengers, p. 29). En las humanida- nt. Aunque un participante haya sido educado en un campo interdisci-
des, esta capacidad fundacional va acompañada de una nueva aticu- plinar, ese campo no cubrirá todo el prreno que cubren todos los demás
lación, que implica nuevas prioridades y una nuwa ordenación de los campos implicados, cuyos miembros Pafticipan en la conversación. El
fenómenos dentro de los complejos objetos que constiruyen el tcncr que responder por paftida doble es una situación ventajosa, aun-
campo cultural, Haciendo una interpretación un ta-nto grandilo- r¡uc laboriosa.
cuente, podríamos decir que un buen concepto sirve para funda¡ una En este punto, me gustaría insistir en que la protección de las mono-
disciplina o un campo científico. Por tanto, anticipando ya el tipo de disciplinas no es sólo negatiya. Siempre que esta protección mantenga
examen especializado al que se dedicará este libro, se podría decir que sr¡s fionteras permeables, incluso la consideraría imprescindible, mnm
l¿ articulación del concepto de narratividad en las humanidades y las unr de las disciplinas individuales como para los esfuerzos de l
¡rirr,r crcla
ciencias sociales fundó la disciplina de la narratología. Se trata de una la intcrclisciplinaridad. Un cierto proteccionismo es útil conua Ia dilu-
t irtn, cott ll t¡tc lt irrprecisión universal amenaza con derrocar los meca-

13 Vé.rsc V¡n dcr Harr y Van de Kolh en Caruth (ed.) (1995) y V,rrr Al¡rlrcn
(l¡)97), quc ofi«cn un conrcnr:uio rc<ir.ico dcl t¡.irunu. 1,1 l.r ((.r¡r¡rxD, xurxlr¡c rro srr sigrrilicutlrr, vicnt dc Stcn6crs (p. 30). l
¡r,rl.rhr.r

¡C Lotrcoplor vrrrloro,, Lon(oplo U


I
nismos mcdianre los que el concepro sirve ai alálisis. [,os viajes que narro rnís anplia, que incluye a la relevisión y a los nuevos mcc[i<¡s, son un
en este lit¡<¡ dcbcn considera¡se en términos de upropagación,, no de rirea clave de los estudios culturales. Hl itinerario que traza Bryson
udilirsión,. Sin embargo, esta últirna es la pr:icrica más habitual y a csrá influido en gran medida Por la centralidad del concepto de la
mcnudo se presenta bajo cl cslogan de la mubi<Iiscíplinaridad. La metá, ¡nirada cn tod:r las disciplinas particiPantcs. Si ¿detrás tomamos en
fora dcJ viaje puede ayuclarnos a acla¡ar Ia djferencia entrc la interdisci- coosidcración que, por lo menos en Estados Unidos, los estudios
plinaridad y la multidisciplinaricled y a comprcnder por <¡ué csta diferen- sob¡e cine surgieron en los departamcnt<¡s de Literatura, el mapa de
cia es tiur importantc. crp.rc io-y-t ictrtpo se vuelve rc¿lmcnl( inlere'3nle.
EI concepto de mirada tiene toda una serie de historias diferen-
Et viaje entre disciptinas: ta visión y et tenguaje res. En ocasiones se utiliza como equivalente de nvisión' flooh] para
Permítanme que ofrezca un ejemplo de una situación en la que Ia indicar la posición del suieto que mira. Como tal, señala una posi-
propagación de un concepto ha sido potencialmenre productiva, pero tirln, real o representada. También se udliza en contraposición a
también potencialmente diluyente. El ejemplo consisre en un grupo de uvisión», como un modo de mi¡ar colonizador, fijo y fijador. que
conceptos cercanos: omi¡ada,, .focaliz¿ción, e uiconicidadr. Esros con- ,. osifica, se apropia, desarma e incluso, posiblemente, viola. Su sen¡i-

ceptos son diferenres, pero guardan una cierra filiación. Con frecuencia tkr l¿caniano (Silverman, 1996) es ciertamente difelente, o incluso
se los aglutina, lo que resulta nefasto, o, alternativamente, se los separa, (,1)ucsto, a su uso más habitual como el equivalente de nvisión' o de
Io que resulta empobrecedor El siguiente reportaje describe los viajes que rrrm versión de ésta"'. Por decirlo de forma más t¡t',¡6¡i7¿d¿, la umira-
han realizado. En este diario de viaje, aportaré mi visión de lo que ha ,lrr, l¿rcaniana es el orden visual (equivalente al orden simbólico, o a
pasado con esros conceptos en el campo cultural, desplazándome entre l,r ¡rlrte visual de ese orden) en el que el sujeto está uatrapado'. En
esre desarrollo general y mi propio itinera¡io intelectual. ( slc scntido, se ¡¡ata de un concepto fundamental para entender los

La «mi¡ada, es un concepto clave de los estudios visuales, sobre el que ,,rrrr1,,rs culturales, incluidos aquéllos que se basan en el texto''' La
me parece importante ser algo puntillosa si se quiere evitar la impreci- ,,rrilutlrr, consiste en el mundo que mira (de vuelta) al sujeto'
sión. Se utiliza con frecuencia en campos cuyos miembros participan de l'lrr su uso más habitual -quizás situado entre la palabra y el con-
Ios estudios cultu¡ales. El anfisis que Norman Bryson ofrece de la vida ,.¡rr,r ll nmirada, es el .mirar, que el sujeto lanza a otras personas
de este concepto, inicialmente en la histo¡ia del arte y después en los y r,rsrrs. Fue el Gminismo el que comenzó a examinar el impulso
estudios leministas y de género, demuesrra por qué se rrata de un con, ,,,rili, rtk¡r dc la mirada. sot¡re todo en los esrudios de cine, donde el
cepro sobre el que vale la pena reflexionarr5. Bryson insiste acertadamen- Iacaniano continúa siendo importante'
',rrrirlo cspecíficamente
te en quc el feminismo ha renido un impacto decisivo sobre los estudios Itc, it rrtcnrcrttc los críticos culturale incluidos los antropólogos- se
visuales; los csrudios de cine no esta¡ían donde están hoy si no firera por
este. A su vez, los cstudios de cine, sobrc rodo entendidos de la lro¡ma

l(, \i.,! lt,1\,)i¡ ( I')S.l). ¡,,rr.r .ntcrrLlet la rlifirencia cnrre Ia "rnir'tda' y el 'vis-
rLs vc,si¡,ncs ,ltl rlir.r' t']cqucíras modificaciones aptrecen cn Bal
I5 Vóasc la i¡rroducción deRrysLrt ct Loohíngin: t he Art ofVeüínr, De fuc|\l i l'r') l.r)
..re,.r.o l.r¡ r,n,,.1c 1,,. rrr",i.". p,,r 1o, que,.,,i,, ,,,,,, ir,., i.¡,,, r , , i ., , , , , .t.
, , , , , , , l'll.r,.rl,s,r,Il,^.*,ir,^,lc(]l¡.r,[,rre l)tlh¡rt]c tsrrrsr van Alphen se titula,
I<is conccprrx. Algrrnos rli l,,s pcnsrnricn«,s clc csrc crrpitulo son ct i1r,.,,,,,1t,,,i, ,,,i\ ,,rr,!,1,1,,,(,,r( ,\rr.,¡,.r,lr¡,,, l.r' ilr.ir1.rrrs" t) ry|,r l,v l»t,tgLt, n¡l'secuclr(crnc¡tc
nlr.rserrhsrn,r;rst¡rreLi.r,r,cs(lihr(,.llilv.,¡¡,irr(t.),)6)otl(\,,,,,, ¡,,,1,1r, ,,1,,,,,r,r,, t,t ,t ,\lt¡¡,t. ltüt'( u¡tttttl't't¡t
ltn,tg' \l',t¡L l'lnwlt,2005 lN'
lr¡¡r,,,1, lr« lr,'. rrr,li'1r.rrr.rl,l., \.1,,,. 1., ,,¡ri,,r.t.r,,,,, t.¡ r,.,r.r t,, ,,,,,,,, ,t,t.,rrl

b:, r ,,¡, r.t I ! rr I

I
,?

han inte¡esado por el uso de Ia fotografia en la investigación históri- habitual frente a estos tres conceptos es quó efecto tiene el mi¡ar de
ca y etnográfica. En un sentido más gcncral, sc han rcc<¡nocido los unir figura representada (narrada o figuracla) sobre la imaginación del
efectos productorcs dc sentido de la imagen, incluid<¡s sus efectos Iector o sobre la visión dcl cspectaclor. Pe¡mítanme aclarar b¡evcmcn-
texrual-¡etó¡icos. Descle luego, la umirada, taml¡ién es fundamental te lo que está en jucgo en est¿ pregunta como prueba dc que los con-
en este tipo de análisis'*. La cosificación y Ia debilitante exotización ceptos pucden ganar en precisión y alcance gracias a sus viajes, y no
de los «otros» desar¡ollan aún más el problema de la desigualdad de a pcsar de ellos, siempre que la multidisciplinaridad udifusora, se

poder que este concepto ayuda a revelar. De hecho, los conceptos afi- rinda a la interdisciplinaridad upropagadora'',.
liados dc cl otro y la alteridad han sido someticlos a escrutinio por su La nfocalización, fue el objeto de mi primera pasión acad¿mica
complicidacl cr¡n las fuerzas imperialistas que «poseen» la «mi¡ada» cuando mc convertí en narratóloga en los años setenta.
en este material fotográfico y cinematográfico. Este colcepto, que Retrospectivamente, me doy cuenta de que mi interés por des¿rrolla¡
permite analizar material no-canónico, como las fotogratias familia- un concepto más fructífero que reemplazara a<luello que los c¡íticos
¡es, ta¡rbién ayuda a superar las frontc¡as cntrc la cultura de élitc v literarios llamaban uperspectiva» o «punto de vista, provenía de mi
la cultura en general. Entre todos esros usos, es neces¿rio examinrrr el creencia en la importancia cultural de la visión, incluso para aquellas
concepto en sí mismo. No se t¡ata de reglamentarlo o de prescribir fo¡mas de a¡te más textuales. Pe¡o la visión no debe entenderse sólo
un uso purificado de éste, sino de valorar su potencial y de delimitar cn el sentido técnico-visual. En un sentido algo metafórico, pero
o asocia¡ los objetos a los que se les ha aplicado. indispensable de lo imaginario -parecido, pero no idéntico a la ima-
A medida que se ha ido desarrollado en la comunidad cr.rltural, el ginación-, Ia visión implica tanto mirar como el interpretar, y ambos
concepro de umirada, ha demostrado su flexibilidad e inclinación participan en la lectu¡a lite¡aria. Érta ar rr, recomen-
"tg,,-attto Para
hacia Ia c¡ítica social. Pero rambién riene un¿ imporrancia más prác- .lar elve¡bo nlee¡, en el análisis de las imágenes visuales, aunque tam-
rica para el problema de la mctodología interdisciplinar. Aunque no lrión es una razón para no exclulu lo visual del concepto de focaliza-
es idón¡ico a é1, el concepto de mirada mantiene una cierta afiliación ci<in. Aquí, el pcligro de clilución debe sopesarse cuidadosamente en
con el concepto de localización de Ia teoría narrativa. Fue de ahí de rcllción con el empobrecimiento que podría causar un excesivo esen-

donde surgió mi interés por é1. Mis primeras obras trataban de ajus- « ialismo conceptual.
tar este concepto. De hecho, aunquc su origcn cs cvidcnrcmcntc l,ll rérmino nfocalización, tamtrién ha ayudado a superar las limi-
visual, en la ¡eoría nar¡ativa el concepto de fcrcalización se ha utiliza- rrciones impuestas por herramientas lingiiísticas heredadas del
do para superar ciertas delimitaciones visu¿les, así como los proble- ( sl rucrr¡ralismo. Ésr^r .. b"saban e¡r la est¡uctura de la oración y no
mas metaló¡icos de conceptos como «perspectiva» y «punto de vistar. r¡r« silvicron para explicar qué es Io que sucedc cnt¡e los personaies
El concepto de focalización puede ayudar a aclarar un problema r'r lrr rarrrrtiva, las fi¡1uras en la imagcn, y los lectores de ambos. El
tan complejo como la relación cn¡rc cl mirar y cl lcnguajc, cntrc la ,1r¡l,rsis clc ll scmántica estructuralista en el contenido expresablc y

hi'rori¿ del artc y los csrudio' lit.rari,,.'. preri.amcntc pr,rqur n,, \c r,rlizlblc diflcul¡aba ¡ris intentos por e¡rtendet cómo se expresa-
¡',,.rrt
trata dc un concepto icléntico al de la umirada, o el umirar, (aunque lr,rrr rli,.lros cor¡lcniclos t¡tré clcctos y qué objetivos tcnían- a través
tenga una filiación confusa pero persistente con ésros). La pregunta

l') \i rlt,,¡z,,r.rrrrcrrre, r rcr¡1,, i¡r« rtfirinrrc rr nri plopir hisrorirr ac;-


ls !rr.rw. ¡rrr rilrrr¡'1,,. I Iirr lr t t'r'r.'

ú4 L,rr' '.t,1,' !'.r1,. '' L,r!, ,,1)l,i 66


/
de lo que se podría llamar nredes de subjetividad,S,. ta hipótesis valoremos su campo, su productiüdad y su Potencial Para «Propagar-
según la cual los lectores uisualizan, es decir, crean imágenes a partir
se, frente al riesgo de que se ndiluya'1,.
de esdmulos textuales, atraviesa la teoría semántica, la gramática.y la Esta valoración es pafiicularmente imPortante dada la doble
retórica para poner de relieve la presencia y la importancia crucial de ambigüedad que nos amenaza aquí. En primer lugar ofocalización' es
las imágenes en la lecrura,r. En cierta ocasión, conseguí descifra¡ un
una inflexión narrativa de la imaginación, la interpretación y la per-
antiguo problema de filología bíblica con nsimplemente, visualizar el cepción que ?aede cot\sistir en «invocar una imag€n» [imagingl
texto, en lugar de descifrarlo, y saboreé el enorme placer y estimula- visual, pero no nec€sariamente. Equiparar la ufocalización' con la
ción que acompañan a los «descub¡imientosr1,. permítanme llamar al omirada, sería volver al punto de partida, deshaciendo el trabajo de
resultado provisional de esta primera fase de la dinámica del concep-
diferenciación entre dos modos diferentes de expresión semiótica' En
to-€n-uso la «mirada-como-focalizadorr. segundo lugar, proyectarla narratividad sobre imágenes visuales
Ia segunda fase circula en la dirección opuesta. pensemos en constituye un movimiento analítico que posee un gran potencial,
nRembrandt,, por ejemplo. El nomb¡e represenra un texto- pero también muy específico- En pocas palabras: no todas las imáge-
oRembrando, como el cúmulo culural de imágenes, des-atribuidas
y re- nes son narrativas, del mismo modo que no todos los acto§ narrati-
at¡ibuidas según que el talante
culural sea expansivo o purificador. vos de focalización son visuales. Sin embargo, las narrativas y las imá-
Asimismo, representa los discursos ace¡ca de la ffgura real e imagina- genes comparten l a uisuali ción corlro forma de recepción. I-as dife-
ria que este nomb¡e indica. Las imágenes llamadas nRembrandt, rencias entre ellas son tan importantes como sus elementos comun€s'
demuestran una indife¡encia notable hacia la perspectiva lineal, pero El examen del concepto de «focalización» para su uso en el análi-
también son fuertemente narrativas. Lo que es más, muchas de estas sis de imágenes visuales era pa-rticularmente urgente en mi propia
imágenes esrá¡ repletas de problemas importanres desde la perspec-
obra,, ya que esa nueva área, la de las imágenes visuales, parecía con-
tiva de género -como el desnudo, escenas relacionadas con la viola_ tener una huella de la palabra por la que se conoce el concepto' Se
ción y pinruras de historia basadas en miros que enmarcan a muje- trataba del momento de la verdad: ¿era la ufocalización» en [a narra-
¡es-. Por todas estas razonés, la nfocalización» se impone como un tología,,sólo una metáfo¡a» que se había tomado prestada de lo
concepto opeHtivo, mientras que la nperspectiva» no nos t¡ae¡ía más
visual?; y si era asi, ¿recuperaba su,significado literal cuando se utili-
que problemas. Pero, aunque la nar¡atividad pueda funcionar con zaba en e[ análisis visua]? Si esto último hubiera sido cierto, los via-
independencia del medio, t¡ansferir a textos visuales un concepto jes no le habrían aportado nada al viaiero.
específico de la teoría nar¡atirza Pa¡a resumir de nuevo, el concepto de focalización nos permite
-en este caso «focalización», que qrsi
siempre se uriliza en el análisis de na¡rativas verba.les- requiere que articular Ia visión precisamente gracias a su movimiento' Después de
viajar, primero desde el campo visual a la narratología y posterior-
mente al análisis más específico de las imágenes visuales, la focaliza-
20 Para profundizar sobre las redes de subjetividad, he de ¡eferirme a mi lih¡o ción, al llegar a su nuevo desdno, al análisis visual, ha recibido un sig-
Oh Story- f?lling lt991b). niffcado que no coincide ni con su antiguo significado visual -enfo-
. ,] Ui ::lj: clave sigue siendo el primer capítulo nr*4rat is an Image, de
Iconology de lül. J.'1. Mitchell (1995). La palabra
c r con un{ Icnte- ni con su nuevo significado narratológico -la
un concepro tenrarivo en Schwenger (1999). "visualizar, lenubionl, ú íq;rt t
22 Esro sucedió varias vcccs drrralre rni trabajo sobre el Librr r[. Lrr jr¡cr cr fltll,
1988¡r). / ,l.l l)t rrr¡cvo, tlcho rclitinl lcLror ¡ ¡ri lib¡rr «tbrc cl rcma (199 t a, capítulo 4)

ló Lotr(|,ptu,, vrdlqllJ,, Concapto 17


I
amalgama de percepción e interpretación que guía la atención a tra- completo a estudios concretos sob¡e objetos especiffcos, llevados a cabo
vés de la nar¡ativa-. Ahora ya no sirve para indica¡ una localiz¿ción tanto por mí como por otros, estudios en los que los conceptos han via-
de la mirada en el plano pictórico, ni para indicar el sujeto de ésta, ya iado entre la teoría y los objetos sobre los que han sido arrojados.
Para

sea como figura o como espectador. En lugar de ello, lo que se vuel- sacar algo más de jugo punto, sin llegar al tipo de concreción deta-
a este

ve visible es e[ mouirniento de lavisión. En este movimiento, la visión llada que se ofrece en los siguient€s capíülos, permítanme señalar un
se encuenúa con las limitaciones que impone [a mirada, el o¡den elemento particular del viaje del concepto de focalización que nos per-
visua.l, La mirada establece los límites de las posiciones respectivas de mirirá comprenderlo mejor. Se trata de su oviaie a traves del tiemPo», §u
las figuras, la que ejerce una forma de ye¡ cosificadora y colonizado- recoffido a través de la histo¡ia no-lineal que forma parte integral de la
ra y la que se convierte en objeto desa¡mado de esa fo¡ma de ve¡. El movilidad concepnral. En ot¡as palabras, la historia del concepto tal y
verdade¡o objeto de análisis es la tensión ent¡e e[ movimiento del como la he vivido en los primeros años de mi üda académica. Una de
focalizador y estas limitaciones. Es aquí donde los aspectos estructu- las razones por las que la movilidad de los conceptos (sus viajes a traves
y formales del objeto adquieren significado y se urelven diná-
rales del espacio, el tiempo y las disciplinas) es imponante, son los beneffcios
micos y culturalmente operadvos, mediante el efecto temporal y de entender las affliaciones, herencias y recuerdos parciales que partici-
cambiante de la cultu¡a en la que se enmarcan. pan de su desarrollo y aplicación. Esto es algo que 1a he sugerido a tra-
Áte es un ejemplo de un concepto que ha viajado desde una disci- vés del concepto de hibridación. Cuando estaba desar¡ollando el con-
plina a otra y de r.uelta a la primera. Este itinerario debe llamarse inw- cepto de focalización, pero también más adelante, cuando estudiaba los
disciplinar en un sentido específfco. Llama¡lo «t¡ansdisciplinan» sería problemas de la mi¡ada, la relación con la lingiiistica se hizo necesaria.
presuponer la rigidez inmutable del concepto, que hubiera viajado sin [,os estudios literarios no pueden pasar sin ella, 1a que una de las ca¡ac-
tra¡rsfo¡marse; Ilamarlo «multidisciplinar» sería somete¡ a ambos cam- terísticas delobjeto de los estudios litera¡ios es Ia de ser lingüístico.
pos disciplinares a una misma herramienta de análisis. ñnguna de estas En un momento dado, quien me proporcionó esta inspiración lin-
opciones sería viable. En lugar de ello, lo que se requiere es una nego- güstica fue una ffgura marginal dentro del movimiento estructuralista
ciación, transformación y re-laloración a cada paso. El concepto de que janirís habló abiertamente sobre Ia visualidad: Emile Benveniste. A
focalización, gracias a sus raíces narratológicas, imponó una movilidad pesar de que los subsecuentes de¡roteros de la lingüstica hicieron que
sobre el ter¡eno visual que sirvió para complementar de forma produc- algunas de sus primeras fo¡mulaciones quedaran «obsoleta§,, hay que
tiva y útil el potencial para estructurar la visualización que en Ia prime- reconocer la importancia de la obra de Benveniste Para el Problema
ra fase se había exportado desde lo visual hasta lo na¡rativo'4. específfco de cómo organizar la superPosición parcial de los conceptos".
Su teoría lingüística se presta a la er<ploración interdisciplinar en formas
E[ üaje entre et concepto y et objeto que promueven la creación de nuevos conceptos e ideas. Est¿ diserta-
Todo esto suena ter¡iblemente abstracto. De hecho, este üabajo ción sobre la mirada y Ia focalización se beneficia de ideas inspiradas en

sobre los conceptos gemelos de la mirada y la focalización se debe por l

25 l'ongo uotrsolerrs, en comillas relativizadoras, porque se trata de una noción


24 Ni siquiera tuve que apoyarme en conceptos ran notablcnrcrr( i¡rlprccisos ) cxttcmitdrmcntc prol,lcmática. Apoyándose en la moda y en el juicio de Io npasado
cngaiosos cono espectador implicado, por attlogí.r con un ;rutol inr¡li.,rrir qttr' pcr'" dc nnxl¡¡,, csrx notil»r no rh cuent¡ dc lo quc sigue siendo vital en esta idea com-
nunccc rcnirznrcntc f roblcnrf tico. plcll, zl{gzrrar tlc srrs clcrrtcnt,rs hntt rcsr¡ltrrrlo scr insostcniblcs, pero no ralas

.10 Concaplor vlrl.ror Conc.pto ¡l


/
Benveniste que sirven para complementar el enorrne potencial analíti- la primacía de la interacción .yo,/«tti» a la h<¡r¿ de teorizar a t¡avós
co de ambos conccptos. dc conceptos. En el caso del conccpto de focalización, yo he Propues-
Comparado con Lévi-Strauss, I-acan, Foucault, Derrida y lo un¿ lonrr¿ de reconfigurarl, gue retro5Pe(riv¿mcnrc mc PareLe
Deleuze, por evocar una serie de hombrcs sabios, Bcnvcniste es pro- estar basada en la idca benvenistiana y que se aleia dcl uso que le dio
l¡ablemente el menos ¡ect¡nt¡cido de todos esos «maesrros dcl pcnsa- Gérard Genetrc en 1972.
miento, fi'ancés cuya influencia h¿r sido tan constante en el último La focalizocih esla relación entre cl objeto y el sujeto de Ia percep-
cua¡to del siglo xx. Rcconocer esta jnfluencia es una cuestión dc ción. La irnponancia de cstc concepto Pala mí fue que en ól cncontré
fuerza y consistencia intelccrual. Su obra cs imprescindible no sólo una herramienta quc mc permitía conectar el contcnido visual o
para entender lo que Lacan hizc, con el legado dc lrrcud, sino para narrativo, como las imágenes en movimiento- con la comurlicación.
apreciar la deconst¡ucción del logocentrismo (la preclisposición hacia Me permitió explicar ese elemento del discurso que constituye al suie-
cl contenido) de Derrida y para entender de qué sirven l:u definicio- to, hacia el que me había conducido la teoría del lenguaje dc
nes dc epistcma y poder/conocimiento de Foucaultr". Su ob¡a tam- Bcnveniste. Es u¡r ettor asumir quc el concepto de fócaliz-ación que yo
bién es cl¿ve para comprender los avances de la filosofía analírica tal he defendido se puede entencler como una amalgama del uso que hace
y corro se han ido filtrando en el esrudio de la literatura y las artes (lcnette de este término y el mío propio, tal como se ha alegado a

en el concepto depetJinnance. Anticipándome al capitulo 5, resumi- menudo en los estudios literarios; en realidad ambos son totalmente
¡é brevemente cómo el concepto popular de performarividad y el irreconciliables.
concepto más idiosincrásico de focalización confluyeron en orla Esro es algo que ui yo misma sabía cuando comencé a escribir sobre
especifi cación de la coml¡inación mi¡ada/visión. cl tema. Cuando me puse a escribir una valoración crítica de sus dife-
Corno es sabido, la ¡eferencia que es tanto un nomb¡e como un rcr¡cias y sus diferentes marcos metodológicos y Políricos, entendí Por
verbo- es secunda¡ia a la deixis, la interacción «yo-tú» que constitu- ¡rrilnera vez las formidables consecuencias de lo que había parecido ser
ye un tiovivo leférencial'-. Sin embargo, la influencia decisiva de lx\luciras modificaciones. En apariencia no €ran más que Punüaliza-
Benvenisre no se debe ¿r uno de sus ¿once?toJ, sino a una dc sus l/r¿¡ . iones en los márgcnes cle un término, sólo un poco de jerga. Pero estas
básicas: la idea de que lo esencial del lenguaje no es la refereflcia, sino lili rcncias diminutas (en el sentido fi2rmal) estaban asociadas a prolrlc-
r

la subjctividad que se produce a través de un inre¡cambio entre e] nrirs co¡ro la aceptación ciega dc las estructuras de poder idcológicas
.yo, y el (lonrinua¡é con cl ejemplo de la sección previa urili- l¡c¡rt« al un¿ilisis crítico de óstas. l)esde emonces, ha habido una dispu-
"tú».
zando el debate alrededor de la focalización en el que yo misma he t.r (onlinuada sobre cstc punto que resumiré a continuación. Para
participado. Invoco este debate para clemosrrar las consccucncias de ( irrcrrt, un¡ narrativa puede estar desenfocada, es cleciq puede ser

"ll(r¡l|rrl». I)rl¡a mí, esto no es posiblc y fingir que lo es solo sirvc para
rrrirrilicul cl incvitrble impulso idcolírgico del texto. Vale la pcna tener
r,rl ( r¡(r)l:¡ ,1uc csta dil'crcncia, inclusc¡ de¡rtro de un sólo tcxto literario,
26 Véasc cl capitLrlo de Spivak .More on Power/T(norvlcrlgc, cn 1993b, sob¡e
csle concepto, que mb1-xce en mi inrerés por la intersubjctividad ¡¡ás all¿i dc un¡ r.r irr,li,.r rrrrr tlilcrencil disciplinar lirndamental cntrc cl interés lite¡a-
nrctodol,gia lormalista a la I'opper. rtr) (l((;cn(ll( v nri ProPio intcrés en el análisis cultural.
27 Los escli«rs tlc Ucnveniste son «rralnrcnre cl¡ros c ilr¡r¡¡ir¡ikl(,r.s. l,¡ irr,tl¡\ v
hrn rcLrnitl¡r cn llc¡vo,isrc. l()71 . K.ri,r Silvcrnrrr ( s rn,r rlc l.r' 1,, .'. , .r ,
A l,r lr,,r.r rk tlistirgrril cnttc los Posibles focalizadores resPonsa-
'r,lr, ^.r. ¡Lrr
h¡ r0rrr¡tI,, err r.ri¡, cl leq.rl,' rle ln,¡rc,risrr \ir.rrr sr \ay'¡,r,y' \,/,i,,/,,,11')¡1) r lrl,.,,l, l.r rltstri¡r,.irirr ,1,. 1'lrilú¡s lirqg crr /./ uucltu al mundt' en
llri r,rr.r rlr rrrL l , .
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óo L,r!,,lr r Ir
/
ochenta días de J,tlio Verne, la diferencia entre [a ofocalización cero, vidual y sus varias versiones en los textos culrurales. Para examina¡ las
de Genette y mi insisrencia sobre el «sujeto de la focalización» ¡esul- desigualdades y autoridades que sin duda estructuran esos textos, Ia
ta esta¡ relacionada con la posibilidad de superar la ffrme oposición base de esas posiciones y distribuciones no debe buscarseni en el sig-
sujeto/objeto. Esta diferencia reveló la exclusión del anlisis formal o nificado como producto de la ¡efe¡encia ni en la intención del autor.
est¡uctu¡al de problemas políticos como la clase, facilitando así su En lugar de ello, el significado es producido por las presiones del
reinse¡ción. Quizás lo más importante fuera que mi versión de la *yo, y del «tú», que continuamente cambian de lugar respecto a los
focalizaciín daba la posibilidad de analiza¡ un rexto) en lugar de significados que son capaces de generar. Estas presiones no parten de
parafrasearlo y categorizarlo a grandes rasgos'u. Esto parece poca cosa, los sujetos -<uya posición lingüística los sitúa precisamente como
a¡mar mucho ruido por un pequeño pasaje. Pero, de hecho, esta idea ucíos de significado, al margen de la situación de la comunicación-,
fue tota.lmente contingente a la defensa de una noción performativa sino que llegan hasta ellos y los llenaz de significado. Este relleno les
de la producción de significado en la subjedvidad y a través de ella, llega desde fuera, desde el marco cultural, cuya presión es lo que les
una idea que Benveniste ya había iniciado sin jamás preocuparse por permite inreracruar en primera insra¡cia.
el concepto de performatividad. Esto no sólo decidió la interpreta- Por tanto, la estrecha relación que existe entre la, focalizaciín y Ia
ción del concepto de focalización que después desarrollaría, sino mirada es importante debido a la ambigüedad de esta última --es
también la importancia dentro de ese concepto de lo que posterior- decir, la dife¡encia entre la mirada lacaniana y el uso ordina¡io de la
mente entende¡ía como rnarco. palabra, sinónimo de Ia visión lacaniana- y no a pesar de ella. El con-
En el capítulo cuarto habla¡é del marco y d.emostraré su utilidad. cepto de mirada nos ayrrda a valorar la carga ideológica de una posi-
Lo que nos ocupa aquí es que el ataque de Benveniste a [a prioridad ción-de-sujeto como focalizador. En Ia novela de Verne,
de la refe¡encia en favor d,e la dtixis ¡iene consecuencias que van más Passerpartout, que es el que ve lbearer of tbe hokl, es el focalizador.
allá de su propia disciplina, alcanzando las esfe¡as de la interacción Passerpartout es un sirviente deslumbrado por su amo, Philéas Fogg,
social y la práctica culrural, los varios campos a los que se dedican las ya que es incapaz de librarse de la presión de la esructura social, de
humanidades. Si la dist¡ibución de posiciones de sujetos entre la pri- la mirada; esto es.iustamente lo que refleja la descripción. Por tanto,
mera y la segunda persona (lingüísticas) constituye la base de la pro- este concepto nos ayuda a compre+der cómo Ia estructura *la posi-
ducción de significado -como yo y muchos ot¡os creemos,, no exis- ción de sujeto de Philéas- revela una ideología -el confinamiento a
tirá ningún apoyo lingüístico para ninguna fo¡ma de desigualdad, una clase social- sin hacer que el sujeto sea individualmente respon-
supresión o predominancia de una cierta categoría de sujetos en la sable de ésta.
representación. Ésta es también la forma en que la mirada-como-visión y la mira-
En contraposición a la oposición entre objeto/sujeto que promue- da lacaniana como patte visual del orden simbólico y cultural pue-
ve la referencia, Benveniste ataca con un solo gesto la autoridad indi- den confluir. Mientras que la mirada lacaniana proporciona el marco
que posibilita la producción de significado, el tenedor inestable de la
visión, el focalizador se convie¡te ahora en nyor, ahora en otú», y debe
28 Cürios¿mente, esta rlltima diferencia también deffne la diferencia enrre el
rrc¡;ociar su posición dentro de estos confines. Por tanto, el sujeto de
anlisis literario y la tipología, quizás se trate de una analogía úril de l¡ rlilcrer¡cia
entre el análisis cultural y los esttrdios culturales. Gercrre res¡ronrlir! rr nris srr¡¡clcn- la scnriosis vive en una situación dinámica que no queda totalmente
cias (198.1) en una firrrra r¡uc errconrró tlc lo nrcnos plovctlrosr. lrsrt r[.[;rrc l¡rlrc, st¡lurdinlch ¡r h mirada, como ciertas interpretaciones algo paranoicas
cc cn ll,rl ( l99lb).i

ütu1
a¡ Lon(aplo¡ vroltÍo¡ (.onc.pto al
I
de Lacan proponen, pero tampoco es totalmente libre para dictaminar nio pueden resultar ser más problemáticos que los demás. Hay algu-
el significado, como si ñrera el amo de la referencia, una cualidad que nos concep¡os que damos por sentado, cuyo signiffcado está tan
a menudo se atribuye al sujeto. Esto me llwa al ultimo aspecto del viaje generalizado que no aportan nada a la práctica analítica. Es en este
de los conceptos en relación a los objetos: el hecho de que se rraslada¡ punto donde inrerviene el a¡álisis.
constanremente entre la teoría y el anlisis. Las tres prioridades metodológicas sugeridas hasta ahora -proce-
A través de mi mabajo sobre los conceptos de nfocalización,, usub- sos culturales por encima de objetos, intersubjetividad más que obje-
jetivación» y «mirada,, me di cuenta, en primer lugar, de que el aná- tividad y conceptos por encima de teorías- confluyen en la actividad
lisis jamás puede consistir simplemente en la aplicación de un apara- que he propuesto llamar nanálisis cultural,. Como teórica profesio-
to teórico, como me habían enseñado, La teoría es tan móvil y sus- nal, creo que, en el campo del estudio de la cultura, la teoría tiene
ceptible aI cambio, está tan enraizada en diferentes contextos histó- sentido sólo cuando se utiliza en estr€cha interacción con los objetos
ricos y culturales, como los objetos a los que se aplica. Ésta es la razón de estudio a los que se tefiere, es decir, cuando los ob.ietos son consi-
por la que la teoría -cualquier teoría específica rodeada por el cintu- derados y tratados como «segundas personas». Es en este punto
rón protector de la ausencia de duda y dotada, por tanto, de catego- donde los problemas metodológicos que se plantean ahededor de los
ría dogmática- no ¡eúne los requisitos necesarios para sewir como conceptos pueden se¡ a¡bitrados sobre una base que no es ni dogmá-
guía metodológica en la práctica analítica. Pero, en segundo lugar, tica ni totalmente libre. Cuando ponemos a prueba los conceptos
mmbién me di cuenta de que la teoría es indispensable. A pesar de mediante un análisis cercano y detallado, pueden servir para estable-
ello, en tercer lugar, me percaté de que la teoría nunca t¡abaja en soli- cer una intersubjetividad muy necesaria, no sólo entre el analista y la
tario; nunca está «suelta». Por tanto, la pregunta clave para funda- audiencia, sino también entre el analisa y el nobjeto». Para hacer
mentar un argumento a favor del análisis cultural es la
siguiente: ¿no hincapié en este punto, sugiero reconffgurar y reconcebir los «estu-
son la teoría y el anlisis detallado los únicos carnpos de pruebas de dios cultu¡alá, como nanfisis cultural,.
juega aquí
una actividad que requiere tanto metodología como relevancia? Lo ¿Qué tiene que ver el análisis con todo esto y qué papel
que intento proponer es que realizar un análisis detallado desde una la teoría (en este caso lingüística)? Cualquier actividad académica
perspectiva teórica hace que evitemos tanto las generalizaciones y el vive a base de limitaciones, pero también requiere libertad para ser
partidismo como la clasificación reducto¡a en pos de una supuesta innoyadora. [,a negociación entre éstas es delicada. La norma por la
objetividad. que yo me rijo, por la que hago que se guíen mis alumnos y que ha
Un análisis detallado, info¡mado por la teoría, pero no sobrede- sido la limitación más productiva que me he impuesto en toda mi
te¡minado por ésta, en e[ que los conceptos consriruyen el principal carrera académica, es Ia de jamás limitarme a reorizar, sino permitir
campo de pruebas, puede witar estas enfermedades fatales que afec- además que el objeto nme responda,. Generalizar sob¡e los obietos o
tan tanto a los estudios culturales como a las disciplinas tradiciona- citarlos como ejemplos los vuelve mudos. El análisis detallado -en el
les. Parecería que cuestionar ciertos conceptos que a todas luces pare- <¡uc ninguna cita podrá servir como ilustración, sino que será siem-
I

cen ser correctos o, al contrario, demasiado cuestionables para conti- prc sometida a un profundo y detallado escrutinio, suspendiendo las
nuar utilizá¡rdolos sin más, que rwisar estos concepros en lugar de ccrtitudes* se resiste a la reducción. Aunque es widente que los obje-
rechaza¡los es una actividad de Io más responsable parl un rc<irico, tos no pueden hablar, se les puede t¡atar con suficiente respeto hacia
Curiosamenre, aquellos concepros quc p¿r(\ cn sol)rln.¡r (.src cs(.ruti- csc silcncio ilreduciblemente complejo e improductivo, que sin
t' '

aa Lonc.plo¡ vr.lrro¡ Concopto ól


/
embargo no constiruy€ un misterio, como para permitirles que con- liados, como focaiización, mimda y marco, confluyen para converti$e
trolen el impulso de nuestra interpreración, dewiándolo y complicán- en algo más que un mero conc€pto: en el esqueleto de una teoría.
dolo. Esto es aplicable a los objetos culturales en el sentido mris amplio,
no sólo a aquellos ob.jetos que llamamos arte. Por ranro, los objetos que E[ v¡aje entre conceptos
analizamos sirven para enriquecer tanto la interpretación como la teo- Precisamente por esta raán, construir puentes entre las disciPlinas
ría. Así pues, la teoría puede pasar de ser un rígido discurso maest¡o a üadicionales y el análisis cultural puede resultar muy útil. Pe¡mítanme
convertirse en un objeto cultural vivo'e. De esta forma podemos apren- tomar las Rechaches de P¡oust como eiemplo indiscutible. A fin de
der de los ob.ietos que constituyen nuestro campo de estudio. Y es por cuentas, €n la era estructuralista sirvió como el Principal objeto para el
esta razón por Ia que los considero sujetos'o. desa¡¡ollo de la narratología. Fue el axo de Genette. Parecería justo
[,a consecuencia lógica de este doble compromiso -con la perspec, comenzar este intento de t¡aza¡ una poédca visual a partir del legado
tiva teórica y los conceptos por un lado y con la lectura detallada por qu€ nos dejó el principal defensor de la corriente de la narratología
el otro- es el cambio constante de los concepros. Ésta es otra fo.m" e.t estructuralistair.
la que los conceptos viajan: no sólo entre disciplinas, lugares y tiem- Hay dos malentendidos acerca de esta opoética visuai» que pueden
pos, sino también dentro de su propia conceptualización. En este caso. hace¡ mucho daño tanto a la propia «poética visual, como al estudio de
viajan guiándose por los objetos que encuenrran. Esta transfo¡mación la culura en general. En primer lugar, a pesar de las elevadás asociacio-
interna puede demost¡arse a r¡avés del concepto emergente de poética nes que pueda evocar para algunos la palabra opoética,,, no existe nin-
visual, que implica tanto una especificación de Ia focalización como guna conexión enff€ lo visual y e[ «arte cultor, la pinrura o ningún otro
una transformación mediante un viaje interdisciplinar entre el anlisis género visual reconocido, Támpoco existe ninguna conexión con el len-
literario y el visual y enre el concepto y el objeto. El término npoética guaie como sistema de signos significativo. En segundo lugar, esta «poé-
visual, no es un concepto, sino una estrategia en la que conceptos afi- tica» o<ige una'áiscusión en el marco semiótico que vale la pena comen-
zar declamndo que el término «icónico», que con tanta f¡ecuencia se

aplica a [o visual como resultado de oüo malentendido, tampoco puede


udlizarse para «leenr los objetos. Esto a¡rdará a aclarar la forma en que
29 Esto se ha conve¡tido ya en una consecuencia bien conocida del cuestiona- los conceptos viajan entre uno y otrá".
miento de la «esencia» artísdca por parte de la deconstrucción. Sin embargo, tal
como George Steiner ha demostrado, en absoluto se acepta de forma genetalizada.
Véase Korsten (1998), que ofrece un anáisis critico de la postura de Steiner Sobre
el est¿tus de la teo¡ía como texto cultural, véase Culler (1994).
30 Como he escrito en varias ocasiones -quiziís de forma más explícita en la 3l Genette (1972) propone el concepto de focalización, que adoptó de Henry
i¡¡odtcción de Reading *Rembrandt*, aquél que hace un objeto no puede hablar jamcs, a través de un análisis deollado de P¡oust. Pero ni Genette ni James desarro-
en su nombre, l,es i[tenciones del autor, aun si fueran accesibles, no of¡ecen una llaron las co¡rsecuencias de ese concepto en un encuentro entre la literatura y las
ruta directa al signiffcado. Sabiendo lo que sabemos sobre el inconsciente, incluso inrlgcnes visuales. Sin embargo, teniendo a Proust como su caso de estudio, Genette
un artista despierto, intelectual y locuaz no podría conocer completamente sus tcndría r¡ue haberlo hecho mejor.
intenciones. Pero el autor, o el analista que alirma hablar en nombre del autot tam- 32 Incluso entre los semioricistas declarados, el uso de oicónico, Pa¡a referirse a
poco pueden hablar en nombre del obieto en ese otro sentido asociado sobre todo .visuul, cstí muy cxtendido. Véxe, por ejemplo, louis Marin, quien a pesar de ser
con la tradición antropológica. El objeto es el uotro, del sujeto y esra alteridad es nrrry hicirl,r, cst;i patcntcmente confuso resPecto a la iconicidad (1983) y en ocasio-
irreducible. Por supuesto, en esre sentido el analista tampoco pucrlc rcprcscnrar rl rrcs tlcli¡rrrclu por cllo (l9nlU). Su volumen póstumo (1993) se enfoca menos en el
otrjeto adecuadamenrc: no podrá hablar de é1, ni habl¡r cn sLr rr¡r¡rlrlc. Virrsc cl errpí- t,rlx irrrcnro rlc cquip¡u¡r c! vcr con los irctos de habla y como resultado profundi-
nrIr 7 t]ontlc csr¡ Jrosnrr-ir sc rlcs:rn'ollu. ¡,r rrrr¡,lr,r ¡r,lt crr cl tliserrrso visrrrl.

óó Lor(oplo,, vldlor o., Lor ( oplo ó7


I
Del mismo modo que la focalización no puede ser simplemente
juego de focalización, invoca la visión uen la calle», mientras que
proyectada desde la narrativa a las imágenes visuales, la iconicidad no
habla sobre el arte visual en términos irritantemente elitistas y no
puede ser equiparada con la visualidad. Sin embargo, la inconicidad
visuales.
siempre se cita en los estudios que hablan de cómo el campo visual
De todos estos malentendidos, la equiparación de Ia iconicidad
contribuye al literario, que parece ser su contrapunro sistémico.
con [a visualidad posiblemente sea la más dañina. Al igual que
Desde luego, existen va¡ios casos conocidos de iconicidad en la ono-
muchos otros ejemplos canónicos de teoría literaria, el famoso pasa-
matopeya, en la poesía visual como la de Apollinaire y en novelas
je en el que Peirce define las tres caregorías de signos según su justi-
donde una página en bla¡co esconde un crimen (Le aol,eur, de
ficación -algo que se parece mucho al código, pero no es idéntico a
Robbe-Grillet) o la duración inmensurable del sueño (L'aprés-midi dr
é1, sino que es más amplio y menos rígido- ha sido excesivamente
Monsieur Andesmas, de Duras). Pero el concepto no sirve de gran
citado e insuficientemente leído. Sin embargo, vale la pena reprodu-
cosa a la hora de explicar cómo un senddo o medio -por ejemplo, la cirlo para recordar que no existe ninguna afiliación especial entre la
visión invade el campo de otro, como el del lenguaje. La moriva-
iconicidad y Ia visualidad:
ción de la semiótica es precisamente la de ofrecer una perspecriva
independiente del medio, la de no restringir los medios a sólo uno de
Un icono es un signo que poseería el caúcter que lo hace signiffcativo,
sus componentes. La distribución de los conceptos peircianos entre
aunque su objeto no hubiera existido, como la raya de un lápiz de graff-
los medios elimina su potencial crítico. Si la iconicidad fuera igual a
to que repr€senu una línea geométrica. U¡ índice es un signo que per-
lo visual y Io simbólico a lo literario, no habría nada en absoluto que
dería de inmediato el carácter que lo convierte en signo si su objeto luera
pudiera obtenerse de esa traducciónr3.
eliminado, pero que no perdería ese carácter si no hubiera intérpretes'
A mí, por el contrario, me interesa examinar hasta qué punto y orificio de bala sería el signo de un dispa-
Por ejemplo, un-plato con un
de qué forma el encuento de los sentidos con los conceptos puede
ro, ya que sin el disparo no habria ningún aguiero; pero el agujero está
tener lugar en las encrucijadas entre los medios -en este caso, en el
ahí, haya o no alguien con suffciente juicio como para atribuirlo a un
lenguaje-, y valorar [a importancia de otros medios en ranro que
disparo. Un símbolo es un signo que perdería el carácter que Io convier-
otros. Es aquí donde el ejemplo de Proust, el favoriro de muchos teó-
tc en signo si no existiera ningún intérprete. Sería un símbolo cualquier
ricos, viene a colación. Como campo de juego para esta investiga-
ckxución del lenguaje que signiffca lo que signiffca, sólo porque se
ción, el texto de Proust es casi demasiado bueno para ser verdad. Es
cnricnde que Iiene ese significado'.
rico en evocaciones visuales, pero no particularmente ¡ico en iconos.
Además, los iconos que contiene suelen ser auditivos en lugar de
Ii,n cl caso del icono, es el propio signo el que posee Ia justifica-
yisuales. Pero esrá replero de utomas, visuales y de reflexiones sobre
ririn y, lcios de conducir al tipo de ¡ealismo en el que se apoya esa
lo que significa ver. Asimismo, aunque es una de las obras maest¡as
tcrrdcncia ¿r equiparar el icono con Ia imagen, esta definición, al estar
de la literatura occidental, creo que esta obra utiliza ideas de la cul,
b¡rs¡rtl¡r ctr la scmeianza, estiPula que el obieto -el significado, más
tura popular para elaborar su poética. Finalmente, con su intricado
r¡rrc cl rcli'rcntc no neccsita ser nada en absoluto ('aunque su obie-
llr rl() poscil ttrtit cxistcnciar).

).1 lir cl t,r¡,írrrlrt 2. l:r rr:rrlucci¡in st.rr,,viliz¡r,i rlc,,r¡,r r¡r.¡rr,.r,r


(, (r' ln'r¡\ (lr)lt'l, p¡r.r) 10, l.n trrrsiv:rs csr.irr cn cl originrl)'
l¿ It irr

óa t rrll( r,l)!),, vr.tlll|l¡,, ¡ ¡¡¡¡ ¡'pto ó9


/
Lo que definela uraya» como icono es el hecho de que le damos
a subierivando el objeto icónicamente signiffcado, a Ia ma¡era de
un nombre dife¡ente: olínear. Po¡ cita¡ otro ejemplo: la ff¡ma es un Benveniste, y enmarcándolo culturalmente, a la manera de los estu-
icono porque es independiente, no le debe su estarus ontológico a dios cultu¡ales. Sería imposible hacer que una «raya» significara nada
nada externo a sí misma. Se trata de un signo efectivo porque permi- si no viviéramos en un ambienre cultural en e[ que circulan Ia geo-
te mentir, tal como indica la famosa definición de Eco (1976, p. 10). metría y la caligrafia basadas en la línea'u.
Se trata de un ejemplo de índice («un plaro con un orificio de bala Po¡ tanto, la segunda característica importante del icono así con-
es el
signo de un disparo, ya que sin el disparo no habría ningún agu- cebido es que sólo puede aparecer a partir de una simbolidad subya-
jero»), esto es lo que hace que los abogados escud¡iñen la fi¡ma con cente. EI lápiz va dejando una oraya, como una huella, a medida que
lupa para establecer su semejanza visual con la fi¡ma «auténtica», la es guiado por la mano que lo proyecta. La superposición de las cate-
garantía de su origen esencial en el cuerpo de la persona que consti- gorías es inherente a sus definiciones. En este sentido, los conceptos
tuye su significado. Según Peirce, no es necesario ningún intérprete básicos de Peirce pueden ser útiles para el análisis de la visualidad
para que exista un signo (aunque éste si es necesario para que el signo literaria, de la poética visual, pero sólo si los reinterpretamos a través
funcione como tal). de la subjetivación del discu¡so de Benveniste.
¿Está la iconicidad asociada a la semejanza, la analogía
y la con- Permítanme ahora llegar a una conclusión provisional, que afecta
formidad? Peirce no nos lo acla¡a. Pero ciertamente se trata de un al estatus de los conceptos en el análisis cultural. C¡eo que es mejor
signo que s/posee cierta cualidad de su significado. En el caso del sig- pensar sobre [a poética visual, sin tomar las definiciones y las limita-
niffcado visual, esto puede llevar a la semejanza si, y sólo si, esta cua, ciones como punto de partida. Pero, para evitar ofender a los que se
lidad es predominalremente visual, aunque e[ signo en su coniunto dedican a las hunlanidades en sus varias disciplinas, permítanme aña-
no lo sea35. El ejemplo que proporciona Peirce no es ni más ni menos dir que esta poética funciona mejor cuando su punto de partida pri-
visual que el ejemplo que da de un índice. Pero, sin la existencia del mario -pero no su resulmdo- es la frontera innegable que separa las
objeto, no tend¡íamos más medida que vna su?aestd semejanza: una elocuciones visuales de las lingüísticas. Los intentos de producir tex-
semejanza que no es ni ontológica ni total y que no descarta la dife- tos inter-mediáticos dan fe de ella y la existencia de textos esencial-
rencia. mente multimediáticos como el cing o el vídeo no la contradicen en
EI elemento más importante en la definición del icono es su nega- absoluto. Además, aunqu€ no se puede negar el aspecto visual de la
tividad, ya que suspende la ontología del objeto. El ,,icono» es cons- textualidad en general aspecto visual de la lectura-, la textualidad
-l
truido o concebido por el lector, e[ descifrador de signos que cada no puede aprehenderse de un vistazo. Un vistazo tamPoco es una
uno de nosotros es en su capacidad como Homo sernioticus. En otras manera evidente de aprehender la imagen.
palabras, lo que hace que la noción de iconicidad sea importanre para La visión sigue siendo lo que nos permite distinguir entre objetos
la lectura no es el hecho de que nos conduzca a un modelo nrea.l, pre- principalmente espacia.les y principalmente temporales, aunque nin-
establecido, sino el hecho de que produce una
ficción. Esto lo hace guna de estas dimensiones puede existir sin la otra. Sin embargo, la
difcrencia ent¡e ellos no es ontológica Sólo tiene sentido activar la

35 Véase la oportuna crítica que hace Eco cle los signos rnorivarhs ir,¡¡r, c írdi-
rc- ( l'176), que Jcflnc l.r crr rcn¡i¡os ¡ris ,¡rr r¡¡l,i¡1it , x ,[. 1,, r¡rn. yo r «.o .i(r Vi'lsc Nccl (2(X)0), r¡rrc oli'ccc un rccr¡crr«r teorizantc de este aspecto de la
'crnci.rn¿¡
,
¡rrc ¡rrcrlc.rrrihrrírtli.r l,cir. c. [ ¡,¡n itl,rl.

!jI
?0 ('on.rplo,¡ vt¡tlnroq Concopto rl /
visión en el uso de los objetos. lJna novela que no sea
leída, sigue ron al principio de este capítulo serían utilizadas cuando fueran nece-
siendo un objeto mudo; una imagen que no sea leída,
sigue también sa¡ias.
siendo un objeto mudo. pa¡a volverse semióticamente
activas, ambas La segunda mitad de la sesión consistiría en dar un paso atrás y pre-
requieren tiempo subjetividad. por tanto, la mejor manera de
y guntar qué son los conceptos y qué es lo que hacen, casi del mismo
afronar la cuestión de lo visual dent¡o de lo litera¡io _de la
poética modo que una clase sobre una teoría en particular acabaría consideran-
visuaf- no es a t¡avés de la deffnición y la delimitación
de ,r, _odo do la teoría en general. Por tanto, empezzría con una confrontación.
de clasific¿ción que convierte la diferencia en oposición
y el aire de Despues de viajar por la ruta traz¿da hasra ahora, el conjunto de con-
ñmilia en polarización jerárquica. La cuestión no es ¡l los textos
lite- ceptos que forman la visualidad, la imagen, Ia mirada, la focalización y
rarios pueden rener una dimensión visual, sino aímo
lo visud se la iconicidad, podría contrastarse con el primer capí:u:/Lo de ¿Ql et lz
escribe a sí mismo y de qué forma un escrito¡ o una
escritora litera_
ria pueden utilizar lo visual en su proyecto aftístico. filnsofia?, de Deleuze y Guattari. De este texto se sac ían los siguien-
Un análisis que tes «comienzos» o sugerencias, sobre cómo pensar los conceptos.
no invoque los conceptos semióticos para definir, sino precisamente
l,os conceptos:
para superar definiciones delimi¡adora y que
siga el entretejido de los están ffrmados y fechados (por tanto, tienen una historia);
t¡es modos de producción de significado que jamiis -
son «puros»,
puede ayudarnos a entende¡ mejor una poética que - son palabras (arcaísmos, neologismos, se implican en ejercicios
p.r". da ,a, etimológicos casi dementes, esbozan un «gusto» ñlosóffco);
"
i¡¡educiblemente lingüística no puede reducirse a una esrructura
lin- - son sintácticos (de una lengua, dentro de un lenguaje);
güística.
- estlín cambiando constantemente;

El viaje dentro det auta - no son dados, sióo creados.


Estas ca¡acterísticas se relacionarían con los problemas de lo visual
De acuerdo con Io que acabo de exponer, eviraré definir
mis res que hemos comentado.
conceptos viajeros y dejaré que cada hacer con la mirada
,la focúiza_ Volviendo a las sugerencias de Deleuze y Guattari, una segunda
ción y la iconicidad, juntas o por separado. permítanme
detenerme ronde de confrontaciones parecería ser necesaria. Aquí, las cuestiones
un momento para recapitular un poco. se podría plantear
¿Cómo generales no servirían tanto para carac¡erizar los conceptos como par:t
una clase o un seminario dedicado a la cuestión de la
que trata este ¡evalo¡ar lo que les hemos estado haciendo y lo que hemos estado
capírulo?: ¿qué es un concepro y qué es capaz de hacer?
Aunque remo haciendo con ellos. Deleuze y Guattari dicen que no existen los con-
dar la impresión de que esta guía trata de ser prescriptiva
.., l.rg", d. ceptos simples. Esto sirve para explica¡ sus multiples xpectos y posi-
descriptiva o sugestiva de una actividad pedagógica, cor.e.é
.l ii.sgo bles usos. El sentido que tienen esos íspectos y usos sigue siendo el de
de finalizar este capítulo con una sugerencia para la enseñanza.
ardcular, cortar y atravesar el entendimiento de un objeto en cuanto
Insisto en que la naturaleza de esta sugerencia es la de abrir
posibili- proceso cultural. En este sentido, un concepto-en-t¡so es como un
dades sobre lo que podia ser una clase, en lugar de
cerrarlas. intercambio entre primera,/segunda persona. Asimismo, los concepros
Supongamos que la primera parte de esta clase fue¡a
la discusión que están conectados a los problemas; de otro modo carecen de sentido.
se ha presentado hasta ahora. la mayoría de la
disertación traáía Utiliz;rr los conceptos sólo para caracterizar o etiquetar un objeto sig-
sob¡e estos rres conceptos afiliados, pero difercnrcs, sirt¡utlos
cr¡ la nificu rctrotrrrcrsc r la primitiva actividad de la tipología, que dene un
frontera del territorio de Io visual. I¡s consiclc¡.¡<.i¡rr¡<.s r¡rrc
it¡riuccic_ §cnrido linr¡r¡l(lo adc¡r¡is dc li¡ritanre.

,a Loncoplon vra,cr o!,


Coñcopto r¡
Por otro [ado, los conceptos que utilizamos aquí, como todos los comienzan (p. 2) declarando que la nfilosoffa es el arte de forma¡
demás, están siempre en proceso de deveni¡ un proceso que implica inventar y ñbricar conceptos».
desa¡¡olar relaciones con otros conceptos situados en e[ mismo El lenguaje que utilizan para caracterizar los tres campos discipli-
plano (ésta podría ser una buena oportunidad para explicar el prin- nares puede ser algo problemático, dadas las connotaciones positivis-
cipio estructuralista de la homogeneidad de los planost'). Cada con- tas de la palabra oextraer» y la división del traba)o bastante rígida que
cepto se relaciona con otros conceptos, por tanto, el examen de lo implica. Pero de lo que se trata es de que Ia esPecialización se presen-
visual desemboca en un conjunto de conceptos. Sin embargo, sus ta implícitamente como colaboración. Este €lemento de colabora-
componentes son inseparables denro del concepto en sí. Como ción es lo que impide que la especialización sea rechazada, como
resultado, un concepto se puede ver como un punto de coincidencia, sucede tan a menudo. Por tanto, considero que esta formulación de
una condensación o acumulación de sus propios componentes. Por lo oque es la filosofía, puede aplicarse a la totalidad de las humani-
tanto, un concepto es tan absoluto (ontológicamente) como relativo dades. Lo que se describe aquí como «ciencia» también podría enten-
(pedagógicamente). Y aunque sea sintáctico, según Deleuze y derse como las motivaciones a Iargo plazo del trabaio académico. Y
Guattari un concepto no es discursivo, ya que no vincula proposicio- el «arte» se puede reconfigurar como «actividad». De esta manera de
nes (p.22). Ésta, precisamente, puede ser la razón por la que los con- reescribir su sugerente frase, puede surgir un atracrivo ProBrama para
ceptos mantienen la flexibilidad que una teoría completa, elabo¡ada las humanidades. Con este programa en mente acabaré este caPítulo
discu¡sivamente, tiene que perder. Para comprender en qué ha con- con un recuento de las consecuencias teóricas de cada uno de los
sistido nuestro itinerario has¡a aho¡a, invoca¡ía la afi¡mación de los conceptos que se discuten en este libro. Los siguientes caPítulos se
filósofos de que los conceptos son centros de vibraciones, cada uno csfuerzan pot trarzar una versión fotalmente parcial y personal, pero
de ellos por sí mismo y con relación a los demás (p. 23); Ios concep- concretd, de cste programa.
tos resuenan en lugar de ser coherentes. Deleuze y Guatta¡i muestran debilidad por las metáforas, cuyo
Sin embargo, al final de la sesión puede que el júbilo generaliza- potencial «imaginativo» explotan constantemente. Esta debilidad
do sobre la flexibilidad de la actividad académica necesite que se le rcsulta atractiva para el presente libro, cuyo objetivo es mostrar la
recete una cierta cautela. De nuevo, el texto de Deleuze y Guattari cnseñanza como actividad creativa. La explotaré tanto como pueda,
nos sería útil. En una formulación aproximada, cuya utilidad va en ¡otrre rodo poniendo un gran énñsis en la metáfora y la imagen a
paralelo a la facilidad con que la reconoce el sentido común, los auto- tontos niveles como sea posible. Tias examinar el concepto mismo de
¡es caracterizan las tendencias disciplinares escribiendo que, a partir mctáfora en términos de la imagen en el capitulo segundo, lo pongo
de los discursos o las frases, la filosofia exftae conceptos, la ciencia en práctica, estableciendo en e[ capítulo tercero una relación metafó-
?ros?ectos y el arte perceptos y afectos. Como el título de su libro ya rlc¡¡ cntre la actividad cultural y la teoría./análisis, una relación que a
había adelantado, esto atribuye a la ñlosofía la tarea y el privilegio de Iu vcz sc ve invertida en el capítulo cuarto' En el capítulo quinto,
imaginar y diseñar los conceptos. De hecho, Deleuze y Guattari ltr[ct¡co la metálora desenredando dos conceptos afiliados y a menu-
do confirndidos -nperformatividad, y uperformance,- para pasar de
llucvo ¡r co¡rfindirlos voluntariamente en una concepción integra-
37 El libro de Jonathan Culler sobre Saussure (1986) cs uno rlc los nrejorcr tlotu tlc l,r nrctiifora. Así pues, me refie¡o a la metáfora como inte-
inrentos de ex¡liiar ¡l csrrurrur.rlism,, ¿ travis d. r¡n e'r.,',|c.*rr¡1i,, ror(rctr,. crl
¡tlrkrrr, .r,ttt,, citpuz dc ¡rroducir un mapa de carretera o un rizoma,
csrc r.,r,', l.r rcori.r ,lcl lcn¡¡rr.rir',lc s.rrrsurc.

t{ Conc.pto¡ virlcror Conc.plo t¡ /


pre me hubiera gustado tener Pero quizás, dada la natu¡aIeza teatral
un paisa)e o un escenario, a diferencia de la concepción monística
del debate académico, no ocupo la posición por la que abogo. En
que considera esta ffgura un simple vehículo. Se ttata de una concep-
lugar de ello, propongo que se permita que e[ concepto de intención
ción de la metáfora como imagen que, como argumenta el segundo
-con su larga historia, que 1o vuelve casi catacrétice permansLca etl
capítulo, puede representar una cierta concepción del lenguaje, de la
el escenario mientras [a tradición y el anti-intencionalismo continú-
uaducción y de la historia.
an su combate.
El potencial productivo de los concepros como imaginarivos y
Finalmente, la metáfora teatral regresa en el último capítulo,
como metáforas que crean imágenes se desarrolla más profundamen-
cuando me tomo en serio, literal y concretamente, la metáfora per-
te en los tres siguientes capítulos. En ellos, la naturaleza teat¡al del
sonificadora que nuestros filósofos invocan como la figura de la filo-
trabajo académico se vuelve cada vez más evidente. l,os cimientos de
sofía misma. En este punto, mi ejemplo de seminario casi llega a pre-
esta particular imagen se sientan en el capítulo tres, mediante e[ con-
guntarse hacia dónde nos pueden lleva¡ todos estos viajes, qué posi-
cepto de mise-en-scézr que precisamente tomo prestado del teat¡o.
ción podría ocupar un estudiante de análisis cultural que defendiera
Esta tendencia a pensar teatralmente converge con la resistencia post-
estructuralista y postmoderna a las ilusiones de lo unaturalr, lo ,,ve¡-
las muchas ambigúedades e incertidumbres que yo promuevo.
dadero» y lo nauténtico», que se han acumulado en la academia con- Quizás sea el mom€nto de decidir quiénes son esos estudiantes, y en
qué consistiría un (filturo) maestro. Deleuze y Guattari invocan una
vencional, dominada por ese concepto clave del enga6o: la nobjetivi-
persona conceptual Qtersonnage conce?tue\ de h filosofía griega: el
es abandonar cualquier «rigor»
dad,. Pero la alte¡nativa al engaño no
maestro. Frente a ¿¡¿ tradición, yo concluyo con una figura del maes-
metodológico (rigor es una palab¡a detestable qu€ utilizo un poco a
tro, un gesto tan t¡adicionalista como teatral.
la manera en que obruja, §e utilizaba en el primer feminismo y
En la filosoffa, esta ffgura suele ser el amante. En su \\bro lYbat
«maricón» en el pensamiento gay). En este sentido, la ob¡a de a¡te
que será mi inte¡locutor en el capítulo quinto es tearal. Forzando
An She Know? Fentinist Episternolng and the Construüoru of
Knowledge, Lo¡¡aine Code toma esta tradición y le da la vuelta. Para
algo más la metáfora teat¡al para llevarla al campo de los objetos, el
Code, la metiífora-concepto que me.ior personifica su ideal es el
capítulo sexto, sobre la otradición», trara acerca de una t¡adición
amigo, no el amante. Además, la persona conceptual del amigo el
específica, de una naturaleza p¡ofundamente teatral que, sin embar-
modelo de la amistad no encaja en la'definición de [a filosofía, sino
go, no puede desen¡edarse de la «vida ¡eal,,.
- en la del conocimiento. Esta definición necesariamente toma el
La teatralidad también será mi herramienta para desestabilizar la
conocimiento como algo provisional. Si [a autoridad del autor/a¡tis-
primacía dogmática de la «intención, en las disciplinas culturales. A
pesar de Barthes y Foucault, que tan meritoriamente trata¡on de
rr, además de Ia del maestro, no está fijada, el lugar que ésta deia
vlcante puede ser ocupado por la teoría, Hace mucho tiempo, Paul
desafia¡ la «autoD-idad en las disciplinas culturales, la investigación
tlc Man definió [a teoría como nuna reflexión controlada sobre la for-
sigue considerando la intención autorial como el único conrol al
¡nr¡ción del método, (1982, p.4). Por tanto, el maesuo ya no tiene
que se puede someter una interpretación desenf¡enada. Prescindir de
esa ancla dejaría la interpretación a la de¡iva, despojándola de cual-
llruroridad para imponer el método; su tarea es sólo la de facilimr
un¡r rcflcxión corrtinuada e interactiva. El conocimiento consiste en
quier criterio. Después de haberme enf¡entado du¡ante mucho tiem-
rubcr r¡rrc la lcflcxión tro sc puede terminar. Además, utilizándo una
po a esta noción, que considero equivocada y clañinrt, ahorr presen-
li'¡tsc rlc Shrrslrrrn¡r liclnritn, el cr¡nttcimiento no es aprender acerca de,
to mi argumentg en el capítulo 7, rcprcscn t:r rr<L r t'l rltbutc r¡rrc sicm-

( r)¡( oplo 77
,4 (orxr6plo,. vr¡r¡oror
ll:r '
/
sino aprender á. EI conocimiento no es una sustancia o un conteni- ({plican» y los movilizan, haciéndolos interactuar con un objeto, en
do que se encuentra nahí fuera, esperando a ser aprehendida sino husca de un conocimiento especializado. Pe¡o, en el mejor de los
que, como indica el ncómo» del subtítulo de este libro, afecta a ese división del trabajo no implica una división rígida de la
c¡rsos, esta
aprendiz.aje desde la práctica del análísis cultural interdisciplinar. gcntc o los grupos de gente por disciplinas o departamentos. Tal
Dentro del marco de este libro y de la descripción que hace dlvisión despoja a todos los participantes de la clave: ut andlisis cul'
Felman de la enseñanza como la facili¡acíón dela condición del cono- tarul auténtico: una sensibilid¿d hacia h naturalem prouisional de los
cimiento (1982, p.31), el cambio, aparentemente pequeño, que runceptos. Sin afirmar saberlo todo, cada participante aprende a
Code establece desde e[ amante al amigo constituye, por lo menos moverse, a viajar entre estas áreas de actividad, En nuestro viaje por
provisionalmente, una forma de escapar del desencuent¡o entre la c¡tc [ibro, negocialemos constantemente estas diferencias.
filosofía y las humanidades. La amistad es el paradigma de la produc- §clcccionaremos una ruta y pondremos otras entte paréntesis, sin
ción de conocimiento, la tarea tradicional de las humanidades, pero climinar ninguna. En esto se basa el trabajo interdisciplinar.
se trata de la producción entendida como un proceso interminable,
no como el prefacio a un producto- En contraposición a la pasión del
amante, Code enume¡a las siguientes características de la amistad,
como analogías de la producción de conocimiento:
- este conocimiento no se consigue de una sola vez, sino que se
va desar¡ollando;
está abierto a la interpretación a va¡ios niveles;

- admite diferentes grados;


- cambia;
- en el proceso de const¡ucción del conocimiento las posiciones
del sujeto y del objeto son reversibles;
se trata de un proceso continuado pero nunca logrado;
- e[ carácter de más o menos de este conocimiento afi¡ma Ia nece-
sidad de reservar y revisar los juicios (1991, pp. 37-38)-
ente la filosoÍIa en el sentido más
Esta lista ayuda a distinguir
est¡icto de la palabra, como una disciplina o interdisciplina poten-
cial, y las humanidades como un campo más general, organizado
«rizomáricamente » segtn wa prdctica interdisciplinar dinámica.
La filosofía crea, analíza y ofrece conceptos. El análisis, al perse-
guir su objetivo -que es e[ de articular la omejor» manera (¿la más
efectiva, fiable, útil?) de nhacer,, de llevar a cabo, la búsqueda del
conocimiento-, pone estos conceptos en contacto ccln los objetos
potenciales que deseamos conocer. l,irs tlisciplirr:rs [rs .t¡tiliz¡n,, los
/

,a (.o[( i'plr¡,, vr,rlllr r),, tlln( r,t¡l(¡ 79


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