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La novela negra es, como la definió Raymond Chandler en su libro El simple arte de matar, la novela del mundo

profesional del crimen. Debe su nombre a dos factores: a que originalmente fue publicada en la revista Black Mask de
Estados Unidos y en la colección Série Noire francesa, así como a los ambientes "oscuros" que logra. El término se
asocia a un tipo de novela policíaca en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal; que es
habitualmente muy violenta y en la que las divisiones entre el bien y el mal se difuminan. La mayor parte de sus
protagonistas son individuos derrotados, en decadencia, que buscan encontrar la verdad (o por lo menos algún atisbo
de ella).
O   
Este tipo de relato presenta una atmósfera asfixiante, de miedo, violencia, falta de justicia, corrupción del poder e
inseguridad. Nace en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos, como una variante de las historias
policíacas, y es difundida originalmente a través de revistas. La novela negra agrega la violencia a las características del
género policiaco. Los crímenes se basan en las debilidades humanas tales como la rabia, el ansia de poder, la envidia,
el odio, la avaricia, las pasiones, etc. Por esta razón aparece un lenguaje más crudo, donde se le da más importancia a
la acción que al análisis del crimen. En este tipo de relato importa más la descripción de la sociedad donde nacen los
criminales y la reflexión sobre el deterioro ético.


Actualmente existen cuatro tipos de novela negra:
* Novela de acción con el detective como protagonista.
* Novela desde el punto de vista del criminal.
* Novela desde el punto de vista de la víctima.
* Novela desde el punto de vista del juez dictador
  
Los padres del género son:
* Dashiell Hammett : Detectives Sam Spade,Nick Charles, y el agente de la Continental. Escribió cinco novelas:
Cosecha Roja, El halcón maltés, La maldición de los Dain, El hombre delgado y La llave de cristal. Sus relatos
(publicados en la revista Black Mask en los años veinte) han sido recogidos bajo el título genérico de El detective de la
Continental. También se ha publicado en español bajo los títulos Dinero sangriento y El gran golpe. Fue el primer
escritor de novelas policíacas que tuvo en cuenta el estrato social donde más se generaba el crimen, en los bajos
fondos, que conocía bien por haber sido detective privado de la agencia Pinkerton. Su estilo es lacónico,
impresionista.
* Raymond Chandler: su detective principal es Philip Marlowe, llevado al cine por Bogart y Robert Mitchum, entre
otros. Es el protagonista de El sueño eterno, Adiós, muñeca, El largo adiós y La ventana siniestra (o La ventana alta),
La dama del lago, Playback y La hermana menor (o La hermana pequeña). En sus relatos, publicados en su mayoría en
la Dime Detective Magazine, aparecieron otros detectives, John Dalmas y John Evans, que al mezclarse dieron como
resultado a Phillip Marlowe. Se caracteriza por un estilo muy elaborado e irónico, de frase ingeniosa y ácida.

   
V  
* James M. Cain. Autor estadounidense. La crítica ha puntualizado que la fórmula básica de la mayoría de las obras
de Cain se basa casi siempre en un hombre que cae por culpa de una mujer ³la clásica femme fatale³, y se
convierte en un criminal y cómplice de ella. El cartero siempre llama dos veces, Pacto de sangre, etc.
* Erle Stanley Gardner, abogado y escritor estadounidense. Autor de novelas policíacas -protagonizadas por el
abogado Perry Mason-, que publicó bajo su propio nombre. También publicó otras novelas del mismo género usando
los seudónimos A.A. Fair, Kyle Corning, Charles M. Green, Carleton Kendrake, Charles J. Kenny, Les Tillray, y
Robert Parr.
* Patricia Highsmith. Su protagonista no es un detective como habitualmente suele suceder, sino el amoral
estafador y asesino ocasional Tom Ripley (El talento de Mr. Ripley, El juego de Ripley). Vive de sustituir a las personas
que asesina, por lo general niñatos de rica familia. Es una especie de antihéroe. Patricia Highsmith es una escritora
muy bien dotada para crear personajes morbosos y de turbia psicología y posee un estilo conciso y muy económico,
aprendido de Guy de Maupassant. Crímenes Bestiales es una colección de cuentos protagonizados por mascotas
asesinas, por ejemplo hamsters. Siete cuentos misóginos narra asesinatos realizados por mujeres.
* Chester Himes, escritor negro cuyos detectives, llamados Sepulturero y Ataúd, se mueven por el Harlem más
oscuro, intentando sobrevivir en un medio bastante hostil. Aunque su especialidad es en sí el género policíaco, en su
obra alude contantemente a los problemas raciales que históricamente han existido en los Estados Unidos.
* Jim Thompson: 1280 almas (Pop. 1280) está entre las tres mejores del género. Su protagonista es un sheriff;
corrupto, enloquecido, diabólicamente inteligente y aparentemente paleto del profundo sur de Estados Unidos que
trata de ganar la reelección contra un hombre honrado y debe realizar una serie de trampas y asesinatos para
lograrlo. Pese al tema sórdido, su principal característica es el humor. Otros libros: Los timadores, Kill-Out, Texas by
the Tail... También es conocido como guionista de cine y a él se deben, por ejemplo, los guiones de Atraco perfecto y
Senderos de gloria rodados por Stanley Kubrick
* Cornell Woolrich, más conocido como William Irish, lleva a la novela negra el suspenso y el lirismo de la ciega
fatalidad. Sus obras, en especial los relatos más bien cortos, han sido adaptadas al cine.
* James Hadley Chase, buen creador de personajes femeninos, sobre todo del tipo femme fatale, autor de novelas
como No hay orquídeas para miss Blandish y Eva
* Elmore Leonard: Un tipo implacable, Almas paganas, Tómatelo con calma.
* Walter Mosley: Una muerte roja, El demonio vestido de azul, detective: Easy Rawlings.
* James Ellroy, autor de L. A. confidential
* Robert B. Parker: autor de Spencer, Detective privado

  
* Sjöwall, Maj y Wahlöö, Per: matrimonio de periodistas y escritores suecos, creadores a partir de 1935, con
"Roseanna" de la serie de novelas sobre el inspector Martin Beck, varias de ellas adaptadas al cine. Entre los títulos
más sobresalientes están: "El hombre en la ventana", "Un ser abominable", "Muerte de un policía" o "Los terroristas".
* Andrea Camilleri: el personaje de sus novelas es el comisario Montalbano, siciliano, cuyo nombre es un homenaje
a Manuel Vázquez Montalbán. Las obras más conocidas de Camilleri son: El perro de Terracota, La voz del violín,
etcétera.
* Massimo Carlotto, escritor italiano: La verdad del Caimán, El misterio de Mangiabarche, Hasta nunca, mi amor...
* Friedrich Dürrenmatt, dramaturgo, filósofo y narrador suizo en lengua alemana, escribe originales novelas negras
marcadas por la ironía, la psicología y las paradojas del destino. Algunas de ellas son Justicia, El encargo, La promesa, y
El juez y su verdugo.
* Philip Kerr. Es conocida su tetralogía Berlin Noir. Su personaje es Bernhard "Bernie" Gunther, un comisario
"prusiano, pero particularmente puntilloso" (lo que equivale, según los cánones de la novela negra, a un individuo que
relativiza los procedimientos legales según personas y circunstancias) y, sobre todo, antinazi, precisamente en los
años treinta (postrimerías de la República Weimar) en los que el nazismo iba calando en gran parte de la sociedad
alemana, en particular en los estamentos policiales alemanes.
* Stieg Larsson, sueco, autor de La Trilogía Millenium, una serie formada por los siguientes títulos: Los hombres
que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las
corrientes de aire.
* Henning Mankell, autor sueco, creador del inspector de policía Kurt Wallander. Ha escrito una serie de libros en
los que el inspector Wallander es el protagonista. Algunos de sus libros son "Asesinos sin rostro", "La leona blanca",
"Los perros de Riga", etcétera.
* Camilla Läckberg, es una popular escritora sueca de novelas policíacas. Los libros de Läckberg transcurren en o
alrededor de su lugar de nacimiento, Fjällbacka, y sus protagonistas son el policía Patrik Hedströn y la escritora Erica
Falck. Sus libros parten siempre de un asesinato, y durante su investigación van saliendo a la superficie los secretos y
miserias de sus actores principales, habitantes de Fjällbacka. Sus novelas generalmente dominan la lista de superventas
de Suecia.
* Donna Leon, escritora estadounidense afincada en Venecia. Su personaje principal es el comisario Brunetti:
Vestido para la muerte, La chica de sus sueños, Muerte en la Fenice, Mientras dormían...
* Petros Márkaris, autor griego, creador del comisario Jaritos: Defensa cerrada, Suicidio perfecto, El accionista
mayoritario, etc.
* Ian Michael, medievalista y autor de seis novelas policiacas ambientadas en España, publicadas con el seudónimo
de David Serafín y traducidas al español en Barcelona por la editorial Grijalbo; su detective es el imperturbable
inspector Bernal y algunos de sus títulos son Saturday of Glory, Madrid Underground, Christmas Rising, The Body in
Cadiz Bay, Port of Light y The Angel of Torremolinos.
* Craig Russell. Autor escocés que ambienta sus novelas en Hamburgo. Su personaje es el comisario Fabel (Muerte
en Hamburgo, Cuento de Muerte, Resurrección).
* Leonardo Sciascia, importante autor italiano de posguerra, relee el género en obras que gran calado filosófico y
sociopolítico. Dos ejemplos de esto son "El contexto" y "El caballero y la muerte".
* Georges Simenon es el creador del comisario, Maigret, que resuelve siempre los crímenes poniéndose en el lugar
del criminal, ya que conoce muy bien a las personas y es un gran psicólogo. Caracteriza a Simenon un gran dominio
de la descripción ambiental, que sabe hacer primorosamente, y una gran habilidad para crear complicidad entre sus
personajes y el lector.
* Fred Vargas, pseudónimo de la escritora, historiadora y arqueóloga francesa Frédérique Audouin-Rouzeau: La
tercera virgen, Más allá, a la derecha, El hombre de los círculos azules, Huye rápido, vete lejos...
* Boris Vian: Publicó, bajo el seudónimo de Vernon Sullivan, cuatro novelas: Escupiré sobre vuestra tumba, Todos
los muertos tienen la misma piel, Con las mujeres no hay manera y Que se mueran los feos. Vian aparecía como el
traductor de las novelas, y Sullivan, se suponía, era un escritor negro de una intensidad y una sordidez poco usual
incluso según los estándares estadounidenses (si se descuenta a Jim Thompson y Chester Himes). Descubierto el
engaño, fue condenado por un tribunal a pagar, junto con su editor, una fuerte multa por inmoralidad y a que su libro
se retirara de las librerías francesas. Pero desde su aparición las cuatro novelas se convirtieron automáticamente en
clásicos. Otras obras "no negras" de Vian son El otoño en Pekín, Jaleosas andadas, El lirio blanco.
'   

No han faltado los autores que también han cultivado el género policíaco o de novela negra en el idioma castellano.
En el siglo XVIII eran comunes los relatos en romance vulgar de los llamados guapos, encartados, salteadores,
contrabandistas, bandidos o bandoleros, como los famosos de Francisco Esteban, que suscitaban la inquietud de los
ilustrados que querían prohibirlos; en el siglo XIX seguía atrayendo el género hasta el punto de haberse impreso en
veintiún volúmenes los Procesos celebres. Crónicas de los Tribunales Españoles por Agustín Sáez Domingo y José
María Muñoz, algunos de ellos con crímenes espeluznantes. En el siglo XX muchos escritores de temática criminal
han tenido éxito y sus obras han circulado profusamente por el mundo, existiendo incluso algunos casos en los que
éstas han sido llevadas al cine o a la televisión. Los siguientes nombres son algunos ejemplos de los autores
hispanoparlantes más representativos de este género:
* J. J. Ruiz y Roberto Corroto. De origen español, el malagueño y madrileño respectivamente se iniciaron en el
género con la novela "Lawless Island: Persiguiendo el pasado", primera de una saga que continúa a día de de hoy
(Lawless Island).
* Roberto Ampuero, chileno, actualmente radicado en los Estados Unidos, cuyas novelas tienen como protagonista
a Cayetano Brulé, un pintoresco detective cubano afincado en Chile y que, pese a tener muy pocos recursos, siempre
termina haciendo bien su trabajo.
* Raúl Argemí, argentino, radicado en Barcelona, España. Ganador del premio Hammet en 2005 por "Penúltimo
nombre de guerra". Su obra se aleja del estereotipo del género policíaco, al no contar con la figura de un detective
que busca solucionar un caso. Sus novelas son: El gordo, el francés y el ratón Pérez, Los muertos siempre pierden los
zapatos, Penúltimo nombre de guerra, Patagonia chu, chu y Siempre la misma música, con la que ha obtenido el
Premio Tigre Juan.
* Joaquín Guerrero Casasola. Mexicano, de origen español. Escritor y guionista de televisión. Radica tanto en
México como en España (Salamanca). Primer ganador del Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial en
2007 con su ópera prima Ley Garrote, donde introduce al detective desempleado Gil Baleares, quién también
protagoniza El pecado de Mamá Bayou. Ambas traducidas al alemán. Sus obras se caracterizan por un incesante
sentido del humor y el empleo de los diálogos rápidos, precisos y mordaces; también por hacer del escenario
(México, D. F.) el verdadero protagonista de la historia.
* Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, que bajo el seudónimo "H. Bustos Domecq" publicaron varias
colecciones de relatos policiacos protagonizados por Isidro Parodi, un genio que desvela los más enrevesados
enigmas desde una celda de la cárcel donde cumple condena.
* Eugenio Fuentes, El interior del bosque, La sangre de los ángeles, Las manos del pianista.
* Arquímedes González, escritor nicaragüense quien en el 2002 publicó La muerte de Acuario que narra el viaje
del detective británico Sherlock Holmes a Nicaragua en 1889 en busca de Jack El Destripador. En el 2009 publicó un
libro de cuentos de suspenso, intriga y policíaco titulado Tengo un mal presentimiento. Su novela Abril hace lo que
quiere, primera parte de una trilogía de novelas negras, resultó finalista del V Premio Nacional de Novela ciudad
Ducal de Loeches de España en el 2010. Además, su novela El Fabuloso Blackwell que trata sobre boxeo, periodismo
y crímenes en Managua, ganó el II Premio Centroamericano de Novela Corta en Honduras en el 2010. En el 2011
ganó el IV Premio Internacional Sexto Continente de Relato Negro.
* Alberto Fuguet, chileno, es otro buen exponente del escritor versátil que también incursiona en el género de la
novela negra, lo cual hace en Tinta Roja. En dicha obra retrata a un aprendiz de periodista, que se ve inmerso en un
sinnúmero de casos escabrosos y, que de a poco va aprendiendo lo que es la verdadera crónica roja.
* Francisco Galván, madrileño, cuya principal obra negra es Cuando el cielo se caiga, ambientada en los últimos días
de la Guerra Civil, con la que ganó la 49 edición del premio Ateneo de Valladolid. En 2008 ha publicado Sangre de
caballo, una historia de amor y crímenes en el inframundo de los yonquis y el narcotráfico.
* Mempo Giardinelli, escritor natural de El Chaco, Argentina, es autor de novelas negras de acción trepidante
ambientadas en zonas rurales, como Luna caliente, obra que le valió el reconocimiento internacional.
* Alicia Giménez Bartlett, con obras como Ritos de muerte. Es una de las pocas mujeres presentes en el género.
* Francisco González Ledesma, barcelonés, Premio Internacional de Novela Negra 2007, ganador del Premio
Planeta y muy popular en Francia es, junto a Mario Lacruz y Vázquez Montalbán, el gran introductor de la novela
negra en España.
* Félix González Modroño (o Félix G. Modroño), vizcaino, creador del personaje Fernando de Zúñiga, sagaz
detective que protagoniza sus, hasta ahora, dos novelas publicadas: La sangre de los crucificados y Muerte dulce,
donde se conjuga con maestría el género negro y el histórico.
* Gonzalo Lira, estadounidense de origen chileno. Vivió durante toda su infancia en Chile. Su obra más conocida es
Contrapartes, una novela a la que el propio Lira define como "ensayo filosófico disfrazado de thriller de suspenso". La
obra ha sido traducida al alemán, francés, holandés y griego. El Publishers Weekly publicó un comentario sobre la
misma, en el cual se asevera que es un texto de primera, con una trama compleja y personajes interesantes. En
cambio el Kirkus Reviews se refirió al libro como una novela de espionaje deslumbrante y sofisticada, con personajes
fuertes y magníficas escenas de acción.
* Luis López Nieves, puertorriqueño. Gana el Premio Nacional de su país por su novela El corazón de Voltaire
(2005) que sorprende por ser la primera novela epistolar escrita enteramente por medio de correos electrónicos.
Esta original combinación de novela negra, novela histórica y novela epistolar, indaga sobre la autenticidad del
corazón de Voltaire que se conserva en la Biblioteca Nacional de París. En el proceso, el protagonista descubre
secretos que cambian para siempre la historia de Francia.
* Juan Madrid, Nada que hacer, Días Contados, Brigada Central etc. Su detective se llama Toni Romano, y varias
de sus novelas han sido llevadas al cine o la televisión siendo él mismo el guionista.
* Aníbal Malvar, Aquí yace un hombre, Una noche con Carla, Ala de mosca.
* Fernando Marías, español, ganó el premio Nadal. Uno de los títulos más representativos de su vasta obra es La
mujer de las alas grises. También escribe guiones cinematográficos.
* Andreu Martín:, autor en castellano y catalán de novelas violentamente transgresoras. Destacan Prótesis, El
procedimiento, Bellísimas personas, etcétera. También es guionista de cine y de cómic.
* Jorge Martínez Reverte, español, cuyo detective, Gálvez, protagoniza una serie de novelas del género. Por
ejemplo, Demasiado para Gálvez. Martínez Reverte además es periodista.
* Eduardo Mendoza, quien, tras acercarse al género en la experimental La verdad sobre el caso Savolta, creó
mucho tiempo después un detective, Celedonio, habitual huésped del psiquiátrico, resuelve crímenes en la grotesca
Barcelona de El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas
* Rafael Menjívar Ochoa, escritor salvadoreño. Sus personajes protagónicos son de lo más disímiles: actores
radiales, ex guerrilleros, periodistas y policías de secciones especiales, y ninguno de ellos tiene nombre, en la tradición
de Hammett. Novelas negras publicadas: Los años marchitos, Los héroes tienen sueño y De vez en cuando la muerte.
* Mario Mendoza, Premio Biblioteca Breve 2002: (Bogotá - 1964). Y representante de la novela negra colombiana.
Ha publicado: La ciudad de los umbrales (1992), Scorpio City (1998), novela tipicammente basada en un detective,
llamado Leonardo Sinisterra, El viaje Loco Tafur (Seix Barral, 2003), editada previamente en Seix Barral para
Latinoamérica bajo el título Relato asesino (2001), siendo una mirada desde el asesino, Satanás (Seix Barral, 2002),
galardonada con el Premio Biblioteca Breve, y Cobro de sangre (2004), y los libros de relatos La travesía del vidente,
Premio Nacional de Literatura del Instituto Distrital de Cultura Turismo de Bogotá en 1995, y Escalera cielo (2004).
* Montero Glez. Es un escritor errante y su estilo se parece un poco al de Pío Baroja. Arturo Pérez-Reverte dijo
de él lo siguiente: «Hace párrafos que a veces dan envidia, porque son de esos que salen cuando Dios o el Diablo
sonríen y te ponen la mano en el hombro». Algunos de sus libros son: Sed de Champán, Cuando la noche obliga o Al
sur de tu cintura.
* Javier Pérez Fernández, escritor leonés, ganador del Premio Azorín 2006 con la novela La Crin de Damocles una
curiosa novela policiaca en la que se enlaza la marginalidad de la República de Weimar en la Alemania agonizante de
los años veinte con el nacimiento del nazismo. Tras esta obra, publica también La espina de la Amapola, donde de
nuevo entrecruza lo histórico, lo político y lo criminal, en una obra de corte realista sobre la financiación de partidos
políticos a través de las drogas, la violencia callejera y la presión social.
* Rodolfo Pérez Valero, cubano. Uno de los pioneros de la literatura policiaca cubana desde que publicó No es
tiempo de ceremonias en 1974. Ganó el Premio Nacional de Literatura Policiaca de Cuba en novela, libro de cuentos
y obra de teatro. Sus libros fueron best sellers en Cuba y se publicaron en Argentina, México y países de Europa. La
mayoría de sus obras han sido llevadas a la televisión de su país. En los últimos años se ha dedicado al cuento
policíaco y es el único autor que ha ganado en cuatro ocasiones el concurso de relatos de la Semana Negra de Gijón.
Fue uno de los fundadores de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, AIEP, en La Habana en 1986 y en
ese mismo año creó la revista Enigma, junto con Alberto Molina.
* Alexis Ravelo, español, escribe novela negra ambientada en las Islas Canarias. Sus personajes tienden a ser más
bien gente del lumpen que se mete en problemas que investigadores. Su principal personaje es un ex marinero de
vida turbia llamado Eladio Monroy (Tres funerales para Eladio Monroy y Sólo los muertos). También ha creado un
personaje juvenil, Jorge "El Gordo" Castro (Los perros de agosto). Además, está publicando una serie de novelas
dedicadas al tema de la iniquidad. Hasta ahora, la primera entrega ha sido La noche de piedra, una historia brutal
ambientada en una ciudad ficticia.
* Rosa Ribas, española, autora de una serie de novelas que transcurren en Fráncfort del Meno (Alemania),
protagonizadas por la comisaria hispano-alemana Cornelia Weber-Tejedor. Los volúmenes publicados son Entre dos
aguas (2007), Con anuncio (2009) y En caída libre (2011).
* Santiago Roncagliolo, peruano, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2006 con su obra Abril rojo. En ella,
plantea las vivencias de un escrupuloso fiscal, que pretende proceder observando siempre la ley y los reglamentos al
pie de la letra. Lamentablemente la realidad es muy distinta de lo que él piensa, lo cual convierte a la novela en un
thriller muy audaz y de impredecibles consecuencias.
* Lorenzo Silva, autor de una serie de novelas protagonizadas por una pareja de guardias civiles, entre las cuales
podemos citar El lejano país de los estanques.
* Paco Ignacio Taibo II, mexicano, nacido en Gijón, España. Ganador varias veces del premio Hammet, principal
impulsor de la novela negra mexicana. Sus personajes más conocidos son Héctor Belascoarán Shayne, detective
independiente y Daniel Fierro, periodista. La Serie de Belascoarán que consta de 10 entregas Días de combate, Cosa
Fácil, No habrá final feliz, Algunas nubes, Regreso a la misma ciudad y bajo la lluvia, Amorosos fantasmas, Sueños de
frontera, Desvanecidos difuntos, Adiós Madrid y Muertos Incómodos (esta última junto con el Subcomandante
Marcos) y su biografía del Che Guevara Ernesto Guevara, mejor conocido como el Che, su biografía de Pancho Villa
o Toni Guiteras son sólo algunos de sus muchos éxitos. Es el director de la Semana Negra de Gijón
* Goran Tocilovac, serbio, que adoptó el castellano como lengua literaria y todas sus novelas negras han sido
publicadas en el Perú, las tres primeras bajo el nombre de Trilogía parisina y el compendio de las cinco obras bajo el
título Extraña comedia.
* Andrés Trapiello, Premio Nadal 2003: Los amigos del crimen perfecto.
* Carlos Tromben, chileno, escribió Prácticas rituales, una novela policíaca muy bien documentada, que narra las
incontables peripecias de un juez de Viña del Mar en su intento por esclarecer la desaparición de un andinista italiano
en Chile.
* Mario Vargas Llosa, peruano, novelista conocido y que también ha tenido coqueteos con el género policíaco. Un
buen ejemplo de ello es su novela Quién mató a Palomino Molero.
* Manuel Vázquez Montalbán: el Chandler español, con su Carvalho cincuentón, voyeur, gastrónomo y que quema
libros, su fiel Biscúter, y su novia la prostituta Charo. Los Mares del Sur, Los pájaros de Bangkok, Asesinato en el
comité central, Milenioetc.
* Rodolfo Walsh, argentino, nacido en Choele Choel y radicado en Buenos Aires. Fue corrector de pruebas de
imprenta, periodista y escritor. En el género policíaco escribió sólo cuentos en los cuales Daniel Hernández, un
corrector de pruebas, criptólogo aficionado y ávido lector, colabora en la resolución de diversos casos a cargo del
Comisario Giménez, personaje que en sí es secundario en sus cuentos. Sus tres mejores relatos son: (El misterio de
las pruebas de imprenta, Variaciones en rojo y Asesinato a distancia) se encuentran recopilados en un libro que lleva
el nombre del segundo de los cuentos. Utilizó luego elementos sacados del género policíaco negro para escribir sus
tres novelas de no-ficción Operación masacre, El caso Satanovsky y ¿Quién mató a Rosendo?
* Daniel Teobaldi, argentino, autor de novelas en las que lo policial se ve atravesado por los conflictos familiares
que forman parte del pasado de los personajes y sus consecuencias psíquicas. Un lento crepúsculo, La ciudad del agua
y La dama del bosque. En esta última novela aparece el personaje del inspector de investigaciones Darío Salvi,
protagonista de otras novelas como El hombre de la montaña, El benefactor.
* Enrique Aurora, argentino. Sus novelas policiales introducen un juego inteligente con el humor negro y con el
absurdo. Una noche seca y caliente y Lectura perpetua.
* Ramón Díaz Eterovic, chileno. Es conocido en el medio por haber creado a Heredia, un detective solitario,
escéptico y bohemio que se desliza por las calles de Santiago. Entre sus novelas destacan. Ángeles y solitarios y Nadie
sabe más que los muertos.
* Rogelio Guedea, mexicano que reside en Nueva Zelanda. Autor de Conducir un tráiler (Random House
Mondadori 2008), con la que ganó el Premio Memorial Silverio Cañada en 2009, a mejor primera novela en el género
negro y policial en la Semana Negra de Gijón, y 41 (Random House Mondadori 2010), ambas parte de una trilogía.

V
 
* Yasmina Khadra, pseudónimo del escritor argelino en lengua francesa Mohammed Moulessehoul: Trilogía de
Argel, Las sirenas de Bagdad, El atentando, lo que el día le debe a la noche etc.
* Rex Stout
* Mickey Spillane
* Ellery Queen
* Ruth Rendell
* Erle Stanley Gardner
* W. R. Burnett
* John Dickson Carr
* Stanley Ellin
* Julian Symons
* Margaret Millar
* Edward D. Hoch
* John le Carré
* Dorothy Salisbury Davis
* Ira Levin
* James M. Cain
* Ed McBain
* Stephen King
* Ross Mcdonald
* Eric Ambler
* Graham Greene
* Donald E. Westlake

La novela policíaca o novela detectivesca es una clase de textos o género literario dentro de la novela, que es a su vez
un género de la épica o narrativa. Su principal móvil lo constituye la resolución de un caso. Por tanto, se trata de una
estructura novelística cerrada. El protagonista, un policía o detective, resuelve el caso usando la razón (siglos XVIII -
XIX), basándose en la indagación y observación, o usando la intuición, los sentimientos y la deducción (siglos XX -
XXI).
O   
Durante el siglo XIX, el detective de estas novelas hizo triunfar la razón por sobre todo, además de demostrar la
seguridad y tranquilidad de poseer el mundo. La figura del detective privado nace como una crítica a la policía
institucional del estado, ya que se consideraba que había fracasado con sus responsabilidades.
La novela policíaca se acerca a la naturaleza humana de una manera mucho más cruda que otros géneros, mostrando
la parte amarga tanto de las personas como de las sociedades. El detective, que empezó siendo un personaje burgués,
elegante y ocioso (novela policíaca inglesa), fue evolucionando hacia el tipo duro que buceaba en la inmundicia de su
tiempo (novela policíaca estadounidense o novela negra). Mientras al principio sólo se mostraban los hechos y las
investigaciones del detective, luego se fue poniendo mayor énfasis en la vida y motivaciones del delincuente y las
raíces socioculturales de la delincuencia.
La novela negra evolucionó y se vulgarizó gracias a su éxito en colecciones populares hacia el subgénero del thriller,
donde se mezcla la novela policíaca y la novela fantástica.
 
Aunque el género tiene muy antiguos precedentes, la tragedia de Sófocles Edipo Rey, o la novela picaresca, o la
biografía de criminales, o los libros de causas célebres), el género es fundamentalmente tan moderno como la misma
literatura de ciencia-ficción y se desarrolló fundamentalmente durante los siglos XIX y XX; en sus inicios fue calificada
como "literatura barata" o "subliteratura" porque el crimen era de por sí un tema antiestético y no había trasfondo
moral ni artístico.
Entre los antecedentes que dieron origen a este tipo de escrito se encuentran otras manifestaciones literarias como
la novela gótica o de horror (siglo XVIII), que desarrolla dos tipos: una novela con hechos de horror, como El Monje
(1796) de Matthew Lewis y otra con hechos de misterio como Frankenstein (1818) de Mary Shelley. Estos tipos de
novela aportaron al género policíaco el carácter racional, ya que en ellas los misterios siempre tenían una explicación
lógica al final del relato. Otra manifestación literaria que influyó en el género fue la novela de aventuras, que era un
relato extenso donde el protagonista sufría numerosas peripecias, para llegar al final de un difícil viaje. Su protagonista
es un héroe que representa al ser humano como debería ser, un hombre lleno de virtudes.
Un antecedente histórico importante para el desarrollo de este tipo de novela fue la creación de la institución policial
en Prusia (1822) y luego en Londres (1829), con la Policía Metropolitana en Scotland Yard. En esos años también se
prohibió la tortura para la confesión de los criminales y comenzó a buscarse indicios para que un sospechoso
confesara su culpabilidad.
*
  
El origen de la novela criminal o de misterio tiene una fecha concreta. En 1844, Søren Kierkegaard publica El
concepto de angustia, e inmediatamente después ve la luz El cuervo, de Edgar Allan Poe. No hay una coincidencia
fruto de la casualidad. Hay un estrecho margen de tiempo, más bien, en el que la causalidad hace su trabajo. ¿Por qué
aparece la novela policíaca? Es el miedo, la ´filosofía de la angustiaµ o ´de la inseguridadµ de la que habla Kierkegaard,
quien reina en el alma de la gente. En una época convulsa aparece la neurosis de la sociedad industrial. Algunos
autores aprovecharán incluso este hecho para opinar sobre el origen social de la novela policíaca desde un enfoque
marxista.
Más allá de proyecciones de teorías políticas, lo que parece seguro es que el hombre decimonónico estaba necesitado
de este género, como lo estamos ahora. En cierta manera todo encaja con la definición de Thomas Narcejac: ´La
novela policíaca -dice- es un relato donde el razonamiento crea el temor que se encargará luego de aliviarµ.
Si leemos novela de misterio es porque sabemos que la vida es algo impredecible. Necesitamos ver cómo se
restablecen el orden social y nuestra fe en la justicia, todo ello mediante el caminar exacto de la investigación
racional. Estamos carentes de esa confianza de la que hablábamos al principio, lo que nos lleva a pedir a gritos ocultas
intrigas que se revelen gracias a la inteligencia. Es de nuevo Narcejac quien opina sobre este hecho:
«Claude Bernard anunciaba a Edgar Poe. La investigación polarizaba toda la atención. Pasó a ser la aventura por
excelencia, el gesto del espíritu que lleva la antorcha al corazón de las tinieblas. Bastaría con que el investigador fuera
un detective y el misterio adquiriera la forma de complot para que naciera la novela policíaca.»
«La deducción aparecía como la ambiciosa voluntad de la inteligencia que pretendía prescindir de la experiencia» ´Le
roman policierµ, 1958.[2]
Puede decirse que el creador de la novela policíaca es el estadounidense Edgar Allan Poe, en sus cuentos Los
crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Rogêt (1842-1843), La carta robada (1844) y El escarabajo
de oro (1843). Los tres primeros fueron protagonizadas por Auguste Dupin, el primer detective de ficción, que sirvió
de modelo a uno de los personajes arquetípicos del género, el detective Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan
Doyle, quien considera dos aspectos al resolver un crimen: se fundamenta en deducciones y se obliga a no adivinar
nada. Finalmente llega a conclusiones razonadas, como una máquina lógica perfecta. Doyle, junto a Agatha Christie y
otros autores, llevaron el género a su madurez formando la llamada escuela inglesa de novela policíaca, caracterizada
por un desarrollo casi matemático de la trama, centrada en la resolución del enigma a través de pistas y piezas que
deben encajarse, fórmula intelectualizada y psicológica en sus mejores momentos que es desenvuelta casi siempre en
espacios interiores y en estratos sociales de clase alta. Entre los ingleses merece también citarse a Wilkie Collins
quien, con La piedra lunar (The Moonstone, 1868) es considerado como uno de los precursores del género (T. S.
Eliot).
La escuela estadounidense de novela policíaca, por el contrario, formada principalmente por Dashiell Hammett,
Raymond Chandler y Jim Thompson, criticó el escaso realismo de esas novelas y dejó en segundo lugar la importancia
del enigma y lo subordinó a la suspensión, siempre con el fin de subrayar los aspectos sociales del crimen y la
denuncia de una sociedad corrupta, contribuyendo a crear la llamada novela negra, de ambientación urbana y callejera
y donde se devuelve el crimen a la calle y a los ambientes miserables donde más se suele cometer, de forma que se
cuestionen los valores éticos y materialistas de la sociedad capitalista de consumo como responsable en última
instancia del crimen. Gracias al detective de la historia se resuelven Las enigmas de la historia.


        


A continuación, partiendo de algunas de las principales ideas que surgieron en el debate que presenciamos en octubre
del año pasado, espero resumir algunas de las bases fundamentales de este género que tiene tantos adeptos y que,
además, ha desarrollado formatos y características regionales también. Es, por supuesto, un listado parcial, tímido si
se quiere, que puede (y debe) irse ampliando pero que trata de poner un poco de orden en lo que debemos entender
como literatura negra, sus características y orígenes:
1) Literatura negra, ¿una definición imposible? Definir con exactitud la Literatura Negra es muy difícil, y en ello
estuvieron de acuerdo todos los autores que participaron en Elipol 2007, entre los cuales se encontraba Juan Madrid.
Sus orígenes sí que están más claros, al menos en lo formal-literario, ya que se considera al relato Los crímenes de la
Calle Morgue de Edgar Allan Poe como su texto fundacional. Sin embargo, alguien podría hacer la precisión de que no
se trata, en Poe, de literatura negra, sino de literatura policial. Esta última, más que un ´descubrimientoµ europeo es
norteamericano y ligado a la literatura pulp. Es fundamental en este sentido, mencionar a Black Mask, por ejemplo,
como la serie de publicaciones que, en Estados Unidos dio origen al género.
2) El surgimiento de la burguesía y de las grandes ciudades: En cuanto a sus condicionantes y antecedentes históricos
tenemos que irnos mucho más atrás a la historia del surgimiento de la burguesía y de la aparición de las ciudades. En
lo literario filosófico es claro que el germen del género está ya en la tragedia griega, pero no es hasta la Revolución
Francesa, con la emergencia de la burguesía, las naciones y ciudades y, sobre todo con la aparición de las instituciones
del orden como las policías nacionales, que es posible el surgimiento de este tipo de literatura.
3) La Literatura Negra como reflejo de la sociedad: Uno de los puntos más interesantes a mi juicio, y es que este tipo
de literatura se relaciona especialmente con la novela social y el realismo. Paralelamente a ella es importante,
entonces, el elemento de denuncia y de crítica social. La literatura negra muestra esferas de la realidad que
normalmente no aparecen en los periódicos o en los medios, muestra la realidad tal cual es en sus estampas a veces
más cruentas: bajos fondos, pobreza, yunkies, droga, prostitución corrupción. La transgresión del orden, sin embargo,
no siempre está en ellos sino que también, y con frecuencia, está en lo que conocemos como delincuentes de cuello
blanco, es decir, en las altas esferas de la sociedad. La literatura negra lo que hace, en parte, es mostrar sus
contradicciones.
4) El origen del nombre: El origen del término literatura negra y novela negra proviene de una colección de libros
creada en 1945 por Gallimard, bautizada Série Noire por el color de sus portadas. En ella se publicó lo más selecto
de la novela de detectives norteamericana: Raymond Chandler, Van McCoy, Chester Himes, Dashiell Hammet, entre
otros. Tenía, además, un staff de editores de lujo entre los que estaban Sartre y Camus. En nombre fue propuesto
por Jaques Prevert y el diseño original de la colección con tapas negras y una cinta amarilla, fue de la esposa de
Marcel Duhamel, Germaine. A pesar de las retoscencias iniciales de la editorial, la propuesta fue todo un éxito.
5) El detective: un personaje borderline por excelencia: uno de los puntos más atractivos de la literatura negra tiene
que ver con la personalidad de sus protagonistas. El surgimiento de la figura del detective que tiene en Sherlock
Holmes su paradigma inicial ha implantado una impronta difícil de ignorar. Es así como cada escritor tiene su
detective: Si Poe tuvo a Holmes, Agata Christie tuvo a Poirot y a Miss Marple. Así como Simenon creó a Maigret,
Manuel Vázquez Montalbán dio vida ficcional al entrañable Pepe Carvalho. Sea hombre o mujer, es la centralidad de
esta figura que, por lo general se mueve siempre en los bordes fronterizos del orden y la ilegalidad, la que le brinda
más interés a la saga de aventuras detectivescas creadas por cada autor.


      


 
 
  

¿CRISIS DE UN GÉNERO NARRATIVO? CARLOS GAMERRO


 
  
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Suele admitirse que la literatura policial tiene dos vertientes: una, la clásica o inglesa; la otra, la policial
norteamericana, también llamada novela negra. La literatura argentina ha cultivado ambas: la analítica o intelectual,
con Borges, Bioy Casares, el Rodolfo Walsh de Variaciones en rojo y otros, mientras que la novela negra ha sido
practicada por el Walsh de Operación masacre, por Osvaldo Soriano, Ricardo Piglia, Juan Martini, Juan Sasturain, José
Pablo Feinmann y muchos más. Desde los años 70 hasta los 80 al menos se tendió a valorar a la segunda sobre la
primera, como más adecuada a nuestra realidad, por su capacidad de incluir la temática social, de dar cuenta de la
motivación económica del crimen, etc. A partir de los 90, sin embargo, la policial clásica ha experimentado en
nuestras letras un notable resurgimiento, mientras que la negra pierde terreno y hoy se la percibe como tanto o más
artificiosa que la primera.
Se ha sugerido que uno de los problemas es la ausencia de detectives privados en la Argentina. El diagnóstico, aunque
apunta en la dirección correcta, es inexacto. Detectives privados hay, lo que no hay son detectives privados íntegros
y honestos, desvinculados, y menos aún opuestos al poder político y policial, a la manera del Marlowe de Raymond
Chandler. Un Marlowe, para nuestra realidad, es tan exótico o imposible como un Sherlock Holmes o una Miss
Marple; y si fuera posible terminaría flotando boca abajo en el Riachuelo a la mitad del primer capítulo. Escuchemos
por un momento ³verdaderamente escuchemos³ las palabras de Chandler: "Por estas calles viles debe ir un
hombre que no sea en sí mismo vil, un hombre sin miedo ni mancha. El detective de esta clase de historias debe ser
un hombre tal. El es el héroe, lo es todo... Debe ser, para usar una frase gastada, un hombre de honor... Debe ser el
mejor hombre de su mundo y suficientemente bueno para cualquier otro mundo. Si hubiera suficientes hombres
como él, el mundo sería un lugar muy seguro para vivir..." (El simple arte de matar). El modelo chandleriano de novela
negra pudo ³quizás³ resultar válido en la Argentina de los 70; en la Argentina actual se ha vuelto increíble y
obsoleto.
Así, por lo menos, nos presenta Juan Sasturain a su detective Etchenique de Manual de perdedores I (1985): su
existencia se hace posible sólo a trueque de aceptar su entidad puramente literaria: "Pero eso no existe, veterano. Es
un invento yanqui, pura literatura, cine y series de TV... ¿O se cree que tipos como Marlowe o Lew Archer o Sam
Spade existieron alguna vez? ¿Qué le pasó? ¿Se rayó como don Quijote y creyó que en la realidad podía vivir lo que
leyó en los libros?" Otra comprobación de la imposibilidad de concebir un detective privado de novela negra en las
calles de la Buenos Aires actual la da la novela Quinteto de Buenos Aires (1997) de Manuel Vázquez Montalbán. Pepe
Carvalho, protagonista de las incomparables Los mares del sur y La soledad del manager, ese detective catalán tan
cómodamente instalado en la realidad de su patria que hasta libro de recetas tiene, al llegar a las calles de Buenos
Aires e intentar investigar los crímenes de la dictadura se vuelve un pelele amorfo y la novela no sólo es la peor de la
serie Carvalho; ni siquiera merece el título de tal. Esto se debe en parte a que fue concebida como el guión de una
serie que no pudo ser; pero esta explicación, con ser verdadera, tiene el defecto de ser poco interesante. Mejor es
pensar que la realidad argentina actual, y la investigación sobre los crímenes de la dictadura en particular, anulan y
aplastan a ese detective privado como anularían a los mejores de la tradición. Si El tercer cuerpo (1990), de Martín
Caparrós, logró con parecida receta un resultado mejor, fue en parte porque entre los ingredientes se obvió al
detective profesional; pero su novela muestra a lo que queda del género en franca disolución: la cosa no da para más.
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Pero quizás, mejor que despotricar contra la tradición norteamericana, sería recuperar la nuestra. Si la concepción
calvinista del lugar central de la ley y la ética es el centro de la policial negra, es en parte porque la policial
norteamericana ³sobre todo en el cine³ deriva del western, donde el sheriff es "el bueno" y los criminales son "los
malos". En cambio en nuestro equivalente ³la gauchesca³ la sociedad es una arcadia pastoril hasta que aparecen el
juez de paz y la policía. Nuestros héroes son el gaucho renegado Martín Fierro, Juan Moreira, Hormiga Negra,
Bairoletto, Facón Grande y ³paradigmáticamente³ el sargento Cruz, que se pasa de bando y lucha junto al desertor
y contra sus propios hombres. Borges, a quien se ha cuestionado por defender la policial clásica contra la
norteamericana, tenía sin embargo las cosas más claras que muchos de sus detractores, y todo autor argentino de
novelas policiales haría bien en copiar estas palabras y colgarlas bien a la vista sobre su mesa de trabajo: "El argentino
hallaría su símbolo en el gaucho y no en el militar, porque el valor cifrado en aquél por las tradiciones orales no está
al servicio de una causa y es puro. El gaucho y el compadre son imaginados como rebeldes; el argentino, a diferencia
de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado... Los films elaborados en
Hollywood repetidamente proponen a la admiración el caso de un hombre (generalmente, un periodista) que busca la
amistad de un criminal para entregarlo luego a la policía; el argentino, para quien la amistad es una pasión y la policía
es una maffia, siente que ese 'héroe' es un incomprensible canalla" (Nuestro pobre individualismo).
En esto, el espíritu de la gauchesca sigue estando mucho más cerca de nuestra realidad que el de la policial negra
norteamericana. ¿Por qué, entonces, las series y algunas novelas siguen pegadas al modelo norteamericano? ¿Habrá
que darle por una vez la razón a los nacionalistas, y comenzar a despotricar contra la sumisión a los modelos
foráneos? Esta puede ser una explicación verdadera, pero sólo en parte. Todos sabemos que la policía es quien
comete los crímenes, y sin embargo llamamos a la policía cuando nos roban o nos asaltan. Esta paradoja puede en
parte deberse a una comprensible razón psicológica: no tenemos a quién más recurrir. (Esto, por supuesto, de las
clases medias para arriba. Para las clases populares, para los indigentes sobre todo, la policía es, sin más, el enemigo.)
El imperio de este doble pensamiento digno de Orwell tuvo en 2004 una corroboración inesperada, al enterarnos de
que la acusación a los policías bonaerenses por el atentado terrorista de la AMIA fue fraguada por la justicia y el
gobierno nacional. ¿Por qué el Estado eligió acusar a sus propias fuerzas policiales? Muy simple: porque sabía que la
mayoría de la población cree que la policía es una organización criminal capaz de cualquier cosa por dinero. Cada vez
que se comete un crimen importante ³un buen ejemplo se da en los asesinatos en pueblos pequeños³ la primera
sospechosa, la sospechosa natural es la policía, y contra ella ³aun antes de los primeros indicios, by default³ se
organizan las marchas populares. Y a la vez, si aumenta la inseguridad reclamamos mano dura y mayor poder para la
policía, y menos controles a su accionar ³es decir, mayor libertad para delinquir. En esta trampa orwelliana están
atrapadas nuestra ficción y nuestra vida cotidiana.
Este doble pensamiento o doble conciencia no puede sino reflejarse en los productos del arte y la cultura de masas.
Las series televisivas como Poliladron, 099 Central ³quizás la única excepción reciente haya sido la serie Tumberos
de Adrián Caetano³ muestran una policía dedicada a combatir el crimen, en cuyo seno apenas esporádicamente
aparecen policías corruptos o bandas policiales. En el cine, películas como El bonaerenese dan más cerca del clavo: un
pequeño criminal se salva de la cárcel entrando en la policía, y lo que se le exige, una vez adentro, es que siga
robando. O Plata quemada (la novela sobre todo, pero también la película) donde claramente los ladrones son los
héroes y la policía los villanos, y el motivo del tiroteo es que esta vez los chorros se rebelaron y se negaron a
arreglar con la cana. Pero el cine masivo, el de Comodines y Peligrosa obsesión, apenas repite los modelos
estadounidenses sin más.
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Por supuesto, se puede decir que la ficción policial no tiene por qué ser realista, y éste ha sido otro argumento
invocado para defender estas series y películas: son meras ficciones, nadie en su sano juicio las confundiría con la
realidad. Esta defensa también ha sido ensayada por Borges para la policial clásica, desvinculándola de plano de la
representación realista: "Poe no quería que el género policial fuera un género realista, quería que fuera un género
intelectual, un género fantástico. un género basado en algo totalmente ficticio; el hecho es que un crimen es
descubierto por un razonador abstracto y no por delaciones, por descuidos de los criminales. Poe sabía que lo que él
estaba haciendo no era realista, por eso sitúa la escena en París".
Quizás sea por eso que el cultivo de la policial clásica ha experimentado su revival, que se inicia en los 90 con, por
ejemplo, la transicional El cadáver imposible (1992) de Feinmann, novela que se la pasa preguntándose a qué género
pertenece, La pesquisa (1994) de Juan José Saer, La traducción (1998) y Filosofía y Letras (1999) de Pablo de Santis,
Tesis sobre un homicidio (1999) de Diego Paszkowski, Crímenes imperceptibles (2003) de Guillermo Martínez y aun
Segundos afuera (2005) de Martín Kohan: a diferencia de la policial negra, la clásica se ha vuelto insospechable: nadie
puede confundirla con la realidad. Es notable que muchas de éstas transcurren efectivamente en lugares exóticos
como París (La pesquisa), Oxford (Crímenes imperceptibles) o en ambientes cerrados y fantasmales (las novelas de
Pablo de Santis).
¿Por qué la novela negra argentina, que parecía haber desplazado definitivamente a la clásica en los 70, hoy parece
haber sido desbancada por ella? ¿Será por la tan cacareada pérdida de vocación política o realista de nuestra
fatalmente posmoderna literatura actual? Tal explicación pecaría de facilismo y autocomplacencia setentista. Quizás
sea mejor reformular la pregunta: ¿Qué pasó entre los 70 y los 90 para que el quiebre se diera no antes o después,
sino justamente ahí?
Pasó, claro, lo que pasó en todos los órdenes. La última dictadura militar fue una singularidad dentro de nuestra
historia y nuestra experiencia cotidiana e imaginaria. Nadie (salvo quizás algunos de los militares que lo estaban
planeando) pudo predecirla. Tampoco la ficción, tantas veces alabada por su carácter anticipatorio, fue capaz de
soñarla; y ni siquiera es muy capaz de hacerlo ahora, retrospectivamente. De todos los géneros narrativos, el que más
acusa esta asignatura pendiente es el policial. El cambio que llevó a cabo la institución policial durante el Proceso no
fue cuantitativo sino cualitativo: es el cambio que lleva de una organización corrupta, que tolera o fomenta el crimen,
a una organización criminal sin más; y en los posteriores años de la democracia este cambio no hizo sino consolidarse
y profundizarse. Las bandas mixtas de policías y ladrones, los presos que muchas veces son obligados a salir a robar
por el personal penitenciario, no son una excepción o una aberración, sino un modo de funcionamiento rutinario.
Esto determina que una ficción policial argentina ajustada a los hechos conocidos encuentre grandes dificultades en
permanecer realista, porque la realidad de la policía argentina es básicamente increíble. La policía cambió, pero el
género policial sigue buscando el rumbo. Después de El Olimpo no se puede hacer novela negra.
Y sin embargo el paso decisivo hacia un género policial auténticamente argentino ya había sido dado por Rodolfo
Walsh hace casi cincuenta años. Si todavía no lo hemos asumido, es porque no ha sido adecuadamente explicado y
entendido. El paso no es, como tantas veces se ha repetido, de la policial clásica o analítica de Variaciones en rojo a la
policial negra de Operación masacre. Operación masacre es algo más; supera la policial negra en el momento mismo
de absorberla: quien investiga ³Walsh mismo³ no es un policía o un detective sino un periodista; la policía ha
cometido el crimen y el aparato judicial se ha encargado de encubrirlo, la lucha del investigador no es lograr que se
haga justicia, ni siquiera que se la aplique la ley, sino, más modestamente, hacer saber la verdad ³que nadie quiere
oír. También cambia el centro moral del género, que ya no está en la razón del detective analítico, en la ética
anglosajona del detective a la Marlowe, o en el germano celo burocrático del hombre que ³como el inspector Bauer
del filme El huevo de la serpiente³ "sólo hace su trabajo", sino en las redes de solidaridad entre ciudadanos
comunes.
El modelo de la novela negra también sería posible para la Argentina actual a partir de otras fórmulas, como la de
Hammett en Cosecha roja, o la del policía asesino de Jim Thompson en Pop 1280, adaptado a la "realidad" malvinense
por Raúl Vieytes en su novela Kelper. Por supuesto, alguien podrá decir que mejor que reformular el género policial
sería reformar la policía. Pero aún en esa futura época venturosa necesitaremos un registro de aquello por lo que
hemos pasado, para lo cual hago la siguiente modesta proposición:

     
   
1. El crimen lo comete la policía.
2. Si lo comete un agente de seguridad privada o, incluso, un delincuente común, es por orden o con permiso de la
policía.
3. El propósito de la investigación policial es ocultar la verdad.
4. La misión de la Justicia es encubrir a la policía.
5. Las pistas e indicios materiales nunca son confiables: la policía llegó primero. No hay, por lo tanto, base empírica
para el ejercicio de la deducción.
6. Frecuentemente, se sabe de entrada la identidad del asesino y hay que averiguar la de la víctima.
7. El principal sospechoso (para la policía) es la víctima.
8. Todo acusado por la policía es inocente.
9. Los detectives privados son indefectiblemente ex-policías o ex-servicios. La investigación, por lo tanto, sólo puede
llevarla a cabo un periodista o un particular.
10. El propósito de esta investigación puede ser el de llegar a la verdad y, en el mejor de los casos, hacerla pública;
nunca el de obtener justicia.



  
 
*+ ,- ,-** 


=      


'  
   
 
   
 ../
Corren tiempos extraños para la novela policial. A los detectives los persiguen los fantasmas, las mujeres
embarazadas emulan a Philip Marlowe y las investigaciones alrededor de un crimen pueden durar más de treinta años.
La ya célebre serie Millennium , del sueco Stieg Larsson, consagró a los héroes atípicos -una hacker bisexual y
violenta, un periodista político en plena crisis personal- y a uno y otro lado de su éxito florecen autores que, como el
creador de Lisbeth Salander, renuevan el género al incorporar elementos decisivos de nuestra época en la estructura
tradicional. ¿Habrá llegado la hora de una refundación del thriller ?
La última época dorada del policial la inauguraron, en los años 30, Dashiell Hammett y Raymond Chandler, quienes
establecieron el modelo hoy conocido como "novela negra". En Cosecha roja (1929), Hammett crea un detective sin
nombre que debe resolver un caso en Personville (rebautizada por él mismo como "Poisonville" o "ciudad venenosa").
En no pocos sentidos, Cosecha roja plantea el fracaso de la razón ante el poder de la fuerza y la ambigüedad de la
justicia, en un mundo empeñado en colocar a los honestos al margen de la ley. A medida que avanza, la investigación
del detective sin nombre o "agente de la Continental" provoca más delitos de los que resuelve, y la espiral de
violencia hunde a un justiciero que, en épocas de Sherlock Holmes o Arsène Dupin, se confiaba por entero a la
certera elegancia del método hipotético-deductivo. En las ciudades conflictivas y caóticas de la "novela negra", donde
reinan la corrupción y la clandestinidad, los enigmas dejan de serlo cuando se acepta que un nuevo mundo de valores
materialistas acaba de instalarse de una vez y para siempre. En siete novelas inmortales, Philip Marlowe, el
emblemático personaje de Raymond Chandler, continuaría y profundizaría esos rasgos literarios (y morales)
delineados por Hammett, y el esquema básico de desconfianza ante la ley, justicia relativa y heroísmo solitario y
violento se mantendría en un arco que va de Ross Macdonald ( El caso Galton ), James M. Cain ( El cartero llama dos
veces ) y Chester Himes ( Por amor a Imabelle ) a Jim Thompson ( 1280 almas ) y otros autores más recientes, como
James Ellroy ( La dalia negra ).
En su versión europea, con el paso del tiempo la "novela negra" se diversificó y alcanzó una diversidad de registros
que desafía las clasificaciones. La inteligencia del inspector Maigret, del belga Georges Simenon, el acento psicológico
en la obra del alemán Friedrich Dürrenmatt, el humor que el español Manuel Vázquez Montalbán le regaló a su Pepe
Carvalho y el refinamiento del celoso comisario Montalbano, del italiano Andrea Camilleri, son apenas algunos rasgos
de un mapa que incluye las pesadillas mafiosas del siciliano Leonardo Sciascia, la melancolía de la serie Wallander, del
sueco Henning Mankell y la ironía políticamente incorrecta del griego Petros Márkaris. Hoy, ya en tiempos globales, la
novedad consiste en que algunos escritores policiales asumen y tematizan los problemas y las encrucijadas de la época
para transformarlas en materia narrativa. De esta manera, el actual rol de la mujer y la relectura contemporánea de la
religión se hacen presentes en las novelas de la sueca Åsa Larsson ( Aurora boreal , Sangre derramada ); la
omnipresencia planetaria del narcotráfico y la potencia demoledora de la economía transversal y clandestina,
denunciadas por los periodistas Roberto Saviano en Gomorra y Misha Glenny en McMafia , irrumpen con fuerza de
knock-out en El poder del perro , del neoyorquino Don Winslow, y la aparente normalidad del crimen, despojado de
su condición de evento extraordinario, brilla en los libros que el estadounidense Harlan Coben le dedica a su
detective, Myron Bolitar ( Desaparecida , La promesa , Golpe de efecto ).
Por otro lado, y en un abierto desafío a las reglas técnicas del género, otros escritores proponen distintas alternativas
al modelo establecido por Chandler y Hammett. Para el islandés Arnaldur Indridason (La mujer de verde , Las
marismas , La voz ), "los personajes son más importantes que las tramas, y no tiene ninguna importancia si el lector
descubre quién es el asesino en la página 25", una afirmación que los autores clásicos de "novela negra" jamás habrían
compartido. Otro nórdico, el sueco Johan Theorin, enriquece la típica escritura del policial con una apuesta lírica
deslumbrante, insospechada en un tipo de literatura creada a golpes de frases cortas, y le suma el peso de los mitos y
leyendas de una isla remota a un universo que alguna vez tuvo como escenario excluyente el vértigo urbano. Y en la
misma dirección, para demostrar que el thriller del siglo XXI no acepta límites de ninguna clase, el irlandés John
Connolly cruza la última frontera al combinar literatura policial y fantástica en unas novelas cuyo detective es
perseguido por los fantasmas de su mujer e hija muertas.
"El género policial se resume en la búsqueda de la verdad -ha dicho Don Winslow durante la presentación en España
de su última novela, El invierno de Frankie Machine- , el objetivo es responder a la pregunta ¿quién lo hizo?
Tradicionalmente, esa pregunta se centraba en asuntos personales, pero ahora se ha extendido y ya no sólo es
cuestión de saber quién lo hizo, sino por qué lo hizo y en qué contexto lo hizo. Creo que desde autores como James
Ellroy la novela negra se vuelca sobre cuestiones históricas". Ex detective y ex funcionario del Departamento de
Estado norteamericano, Winslow construyó en la monumental El poder del perro "la primera gran novela sobre la
droga", en palabras de Ellroy. Mafiosos más honestos que los políticos, connivencia de los gobiernos con la industria
del narcotráfico e inescrupulosas luchas fratricidas entre la DEA y la CIA forman parte del paisaje de la novela,
construida, según Winslow, con un 90% de materiales reales, fruto de los cinco años de investigación en los que el
autor entrevistó a policías, capos del narco y sicarios arrepentidos o no tanto. "La gente se siente frustrada e
impotente porque no tiene lo que quiere y entonces ahí se cruzan las fantasías que rodean al crimen organizado, que
puede conseguir lo que se quiera con sólo descolgar un teléfono. Ése es el atractivo de El Padrino y quizá por eso hoy
la novela negra vive este auge. Porque tiene y ofrece más claves para entender el mundo actual", concluye Winslow.
Así como Gomorra exhibía el funcionamiento interno de la mafia italiana y McMafia ponía en evidencia la cadena
global de los negocios ilícitos, El poder del perro utiliza las herramientas de la narrativa policial para contar la lógica
feroz del narcotráfico, cuyo entramado afecta en cualquier gran capital del mundo al ciudadano de hoy. De lo que se
trata, parece decir Winslow, no es de respetar a rajatabla las normas del género, sino de narrar los resultados de una
investigación con las reglas literarias más adecuadas. "Si el 10% de El poder del perro fuera verdad, sería algo
horripilante; que el 90% pueda ser cierto, resulta casi insoportable", dijo un crítico estadounidense. El porcentaje de
horror social y de milagro literario asombra por igual y es parte del encanto de este thriller.
Winslow dibuja su novela como el reverso literario de cierta realidad y en esa línea sigue los pasos de Stieg Larsson.
Es muy probable que el autor de Los hombres que no amaban a las mujeres haya sido el primero en trazar las líneas
de la sociedad contemporánea en el horizonte de su novela, estrategia literaria que produce un fuerte efecto de
identificación del lector con sus personajes principales. Lisbeth Salander, la maníaca heroína de Millennium, es bisexual
en una época en que las mujeres son cada vez más libres para elegir su orientación sexual, y hacker en un tiempo en
que el discurso dominante es el científico en su versión tecnológica-cibernética. Este doble perfil la convierte en un
producto típico de los inicios del siglo XXI, y su rutilante aparición en un thriller le brinda a la novela un toque de
irresistible actualidad que, en su momento, también debe haber definido las aventuras de Philip Marlowe en la brutal
California de los años 30 y 40. A su manera, y en una línea emparentada con la de su homónimo compatriota, la sueca
Åsa Larsson también evoca en sus páginas las inequívocas marcas de la contemporaneidad. Educada dentro del
ultraconservador luteranismo laestadiano, Larsson fue una niña sometida a la que ni siquiera se le permitía leer libros.
Cuando ella tenía 16 años, su madre abandonó a su padre por otra mujer y lo primero que Åsa pensó fue que su
mamá se iría directo al infierno. Hoy, en sus libros aparecen clérigos muertos aquí y allá, y el sectarismo religioso se
yergue como la fuente de todos los males. "Mi principal inspiración es la Biblia, que es toda una larga sucesión de
historias violentas", declaró en su presentación durante el festival español Getafe Negro. Lo que parece claro en sus
inquietantes Aurora boreal y Sangre derramada es que la relectura de los mandatos religiosos, otra huella de este
siglo, es probablemente su mayor aporte a la renovación del género. El otro es la legitimación de la mujer como
figura detectivesca: su personaje-fetiche es Rebecka Martinsson, abogada como la autora, y la investigadora privada
con la que se cruza en más de una ocasión es la singularísima Anna-Maria Mella, quizás la única policía embarazada en
la historia del thriller .
El irlandés Connolly ha dicho que "en las novelas de Charlie Parker se parte de la idea de que hay un abismo entre la
ley y la justicia. En palabras de William Wallace, la justicia está en el Más Allá, y la ley en nuestro mundo". Idéntica
sensación produce la obra de Harlan Coben, el escritor estadounidense recientemente galardonado con el premio
RBA de Novela Negra 2010. En sus libros (entre los que se destacan Desaparecida y La promesa), muchas veces más
próximos al espionaje de Robert Harris que a la "novela negra" clásica, los criminales son buenos padres de familia
que cumplen con todas sus obligaciones menos la de respetar la ley. En Coben, el thriller es cosa de gente común
porque hoy el delito se ha transformado en algo de lo más común. Tal vez por eso su detective ni siquiera es policía
o abogado, sino un ex jugador de básquet, el romántico Myron Bolitar. "Lo importante en la novela policial actual es
que los personajes resulten reales, con todas sus inseguridades -apunta Coben-; no escribo sobre asesinos que matan
sin ninguna razón, ni cuento conspiraciones mundiales contra el presidente. Escribo sobre gente que tiene sueños, y
luego muestro adónde van a parar esos sueños. Mis temas son el drama y la devastación."
En la época en que el maltrato doméstico es tapa de todos los diarios del mundo, el thriller abandona los grandes
salones, los casinos o las fiestas de los ricos para instalarse en las casas de cualquier hijo de vecino. Al menos eso es
lo que ha hecho el islandés Arnaldur Indridason en La mujer de verde, novela que tiene todo para ser uno de los
policiales más tristes y desgarradores jamás escritos. "El maltrato familiar es un crimen silencioso porque se denuncia
mucho menos que otros delitos, y además es muy difícil de investigar. En general quedan ocultos y escondidos, y a
pesar de eso es el crimen que más crecimiento ha tenido en Islandia en los últimos veinte años", ha dicho el autor.
Con Indridason, la novela policial hace pie en la intimidad del hogar, y el que entra en ese mundo habitado por
perversiones familiares y secretos convertidos en dolor a varias bandas es el detective Erlendur Sveinsson, policía
honesto y servicial que, él tampoco, representa ningún ejemplo en la vida privada. "Abandona a su familia y no está
capacitado para relacionarse con ellos de manera normal, pero puede ser compasivo con los criminales y sus
víctimas", explicó su creador. ¿Hasta qué punto un justiciero puede serlo sólo de puertas afuera? La complicidad que
Indridason le pide al lector es la misma que la sociedad le reclama al ciudadano contemporáneo que ya ha visto
affaires como el escándalo Clinton-Lewinsky: a los funcionarios apenas se les debe pedir que cumplan y hagan cumplir
la ley. Su vida privada, mal que les pese a los ciudadanos que sueñan con la integridad en todos los ámbitos, es asunto
de ellos.
En esta nueva ola de escritores policiales, de Stieg Larsson a Indridason y Åsa Larsson, el estrellato se lo llevan los
nórdicos. La razón, según el también sueco Johan Theorin, es que en las sociedades aparentemente perfectas reina un
silencio tenebroso que sólo la literatura se anima a narrar. "La novela negra sueca surge en 1986, tras el asesinato de
Olof Palme -ha explicado recientemente-; si a eso se le añade la apariencia de perfección de la sociedad, allí está la
combinación perfecta para un thriller. " Theorin, como Indridason, es un autor más interesado en los personajes y en
las atmósferas que en las idas y vueltas de la anécdota. El resultado, como queda visible en La hora de las sombras, es
un tipo de policial lírico y oscuro, donde prevalece la sensación de que en la trastienda del mundo hay una lucha
sorda y milenaria entre el bien y el mal. "No me importa tanto la trama como poder contar la sensación de perder a
un ser querido", ha dicho, y para eso abre La hora... con la impactante desaparición de un niño. En la sociedad que
permitió el magnicidio de Palme, parece decir la novela, todo puede ocurrir. Y aquello que en apariencia es el bien de
una sociedad perfecta se basa necesariamente en la ocultación de un mal que en el momento menos pensado sale a la
luz.
"Los ensayos se centran en los hechos, la literatura hace foco en la verdad", subrayó hace poco Don Winslow, y esas
palabras quizás expliquen la vigencia de un género que jamás pierde vitalidad. Lejos de los arquetipos y como fiel
representante de su época, el thriller de hoy asume las contradicciones del presente y devuelve una imagen más real
que la realidad. Pero en su nueva cara no hay maquillaje, sino los gestos secretos con los que la gran literatura
siempre dice su verdad.
DON WINSLOW
Art Keller. El protagonista de El poder del perro ("una versión narcomex de El Padrino ", según Rodrigo Fresán) es el
joven agente de la DEA Art Keller, cuyo origen hispano parece ideal para combatir el narcotráfico de la frontera con
México. Pero todo lo que Keller tiene de voluntarioso también lo tiene de ingenuo, y cuando atrapa a uno de los
grandes capos locales se dará cuenta de que precisamente ese acto de justicia constituye su peor error.
JOHAN THEORIN
Gerlof Davidsson. El héroe de La hora de las sombras (primera entrega de El cuarteto de Öland , hasta ahora la única
distribuida en la Argentina) es un anciano, viejo marinero jubilado que disfruta de su vida en la isla sueca de Öland.
Tiende a la introspección y cree fervientemente en los duendes y elfos de las leyendas locales.
ÅSA LARSSON
Rebecka Martinsson. El personaje emblemático en las novelas de la escritora sueca es abogada como ella. También,
como su creadora, tuvo una educación religiosa severa. Exitosa, fría y adicta al trabajo, es capaz de poner en riesgo su
puesto en un prestigioso bufete de abogados con tal de ayudar a una vieja amiga. Su contrapunto es Anna-Maria
Mella, detective embarazada, simpática e irónica, que una y otra vez se burla de los hombres.
HARLAN COBEN
Myron Bolitar. No tiene familia ni esposa y su mayor pasión es el básquet. Es fuerte y un buen amigo. Tiene suerte
con las mujeres pero no consigue estabilizarse. Se estresa fácilmente, come muy mal y es un adicto al zapping .
Preferiría resolver sus casos sentado a la computadora antes que en las calles de una gran ciudad.
ARNALDUR INDRIDASON
Erlendur Sveinsson. Erlendur es el policía más experimentado de Rejkiavik. Tiene 50 años, es fuerte, no se viste bien y
jamás va al cine o al teatro. Abandonó a sus hijos cuando eran muy pequeños; hoy la chica es drogadicta y el chico,
alcohólico. Es un tipo triste, sentimental y vulnerable.


     
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NOVELA NEGRA
Denominación que se aplica a un subgénero narrativo (relacionado con la novela policiaca), que surge en
Norteamérica a comienzos de los años veinte, y en el que sus autores tratan de reflejar, desde una conciencia crítica,
el mundo del gansterismo y de la criminalidad organizada, producto de la violencia y corrupción de la sociedad
capitalista de esa época. La expresión «novela negra» surge en Francia para designar una serie de novelas
pertenecientes a este subgénero, traducidas y publicadas en la colección Gallimard (1945), y que J. Prévert denominó
«Série Noire» por el simple hecho de llevar el color negro las pastas de dichos libros. Cuan-do, algo más tarde,
comienzan a llegar las primeras películas americanas basadas en estos relatos (p. e., El halcón maltés, de J. Huston,
versión cinematográfica de la novela homónima de D. Hammett), quedará definitiva-mente fijada la expresión «filmes
noirs» y «roman noirs» para las películas y novelas en las que se aborda la temática mencionada. En España coexiste
esta denominación «novela negra» con las de «novela de crimen» o «novela criminal» y «novela policiaca».
Aunque estos relatos siguen, fundamentalmente, el esquema de la *novela policiaca (presencia de un crimen,
investigación del mismo por un detective, descubrimiento y persecución de los culpables) y una organización análoga
en el desarrollo de la historia (relato a la inversa, etc.), sin embargo, se diferencian de ésta en que el interés
primordial no radica tanto en la resolución del enigma cuanto en la configuración de un cuadro de conflictos humanos
y sociales, además de un estudio de caracteres, a partir de un enfoque realista y sociopolítico de la contemporánea
temática del crimen» J. Coma, 1980). Otra diferencia fundamental radica en que, frente a la condición de
"paraliteratura" asignada a buena parte de las novelas policiacas, la novela "negra" norteamericana se ha convertido,
gracias a sus grandes maestros, en un subgénero narrativo de indudable prestigio literario. En este sentido, se deben
recordar los juicios elogiosos de A. Malraux, A. Gide o L. Cernuda hacia la obra narrativa del iniciador de la novela
negra, D. Hammett, a quien el mencionado poeta español consideraba como «un escritor para escritores, un técnico
agudo en el arte de la novela y un estilista».
El contexto económico y sociopolítico que sirve de referente a estos relatos es la sociedad americana de los años
veinte, caracterizada por la aparición de una cultura de masas (aglomeraciones urbanas, revolución de los medios de
comunicación: prensa, radio, cine), exaltación del ideal del bienestar y del consumo, y también del triunfo y de la
violencia, inmigración y negocios sucios (alcohol, prostitución, apuestas) en busca de rápidas y gran-des fortunas, etc.
En este ambiente surgen bandas organizadas que trafican con el alcohol, el juego y la prostitución, amparándose en la
actitud permisiva y corrupta de ciertas instituciones y personas de la administración (alcaldes, jueces, policías), que
son sobornados por un gansterismo poderoso. Frente a este mundo degradado, surge la figura de un nuevo detective,
que, junto al abogado y el periodista, se enfrentan a esta sociedad del crimen organizado. Esta nueva figura presenta
unos rasgos de mayor dureza, inclinación a la violencia justiciera y a la acción individualista, al margen de la policía.
Ejemplos de este nueve detective serían Race Wiliams (personaje creado por C. J. Daly), Continental Op (creado por
Hammett), etc.
Entre los autores más notables de esta no-vela negra deben citarse al ya mencionado D. Hammett (Cosecha roja,
1929; El halcón mal-té, 1930; La llave de cristal, 1931, etc.), W. R. Burnett, R. Chandler, Ch. Himes, J. Thompson, etc.
Esta novela norteamericana va a contar con imitadores en Europa desde finales de los años treinta y, especialmente
a partir de la Segunda Guerra Mundial: P. Jeney, J. Hadley Chase y J. Symons en Inglaterra, Boris Vian, P. Boileau-T.
Narcejac y Giovanni en Francia, G. Scerbanenco y L. Sciascia en Italia, F. Dürrenmatt en Suiza, M. Vázquez Montalbán,
J. Madrid, P. Casals, A. Martín, etc., en España, donde, a mediados de los ochenta surgió una colección titulada
«Etiqueta Negra», en la Editorial Júcar, en la que se han publicado más de ciento treinta obras de este subgénero,
entre cuyos autores figuran D. Hammett, Ch. Himes, J. Thompson, D. E. Westlake, etc., y escritores españoles como
J. Madrid, J. Ibáñez, A. Martín, F. González Ledesma, etc. Sobre el desarrollo de esta novela negra (o policiaca, como
algunos críticos siguen denominándola) en España, y su posible incidencia en la renovación de la narrativa
contemporánea española, puede verse novela policiaca.

NOVELA POLICIACA.
Es un tipo de relato en el que se narra la historia de un crimen, cuyo autor se desconoce, y en el que, a través de un
procedimiento racional, basado en la observación e indagación (llevada a cabo, normalmente, por un detective), se
logra descubrir al culpable o culpables. La denominación de esta modalidad de relatos varía según los distintos países:
detective novel, roman policier y roman noir, Kriminalroman, etc. Dichas denominaciones figuran también en la
crítica española: novela de detectives, novela policial, novela negra, novela criminal, etc.
Entre los antecedentes remotos de la novela policiaca o criminal suelen citarse unos opúsculos publicados en
Inglaterra en las primeras décadas del siglo XVIII (The Newgate Calendar, The Malefactor's Register, etc.), en los que
se relataban las aventuras de ciertos delincuentes y las circunstancias de su captura por la policía. Estos relatos,
escritos, al parecer, con un fin educativo, y basados en informes oficiales del Tribunal de Londres, que había
condenado a dichos delincuentes, introducen ciertos elementos de ficción que magnifican las hazañas de estos
criminales, respondiendo probablemente a las expectativas de un público lector que seguía con interés estas
publicaciones. Posteriormente, surgen ciertas biografías de delincuentes, escritas en forma anovelada (Lives of de
most remarkable criminals, 1732). Uno de esos criminales, Jonathan Wild, ahorcado en 1725, «tendrá su cronista en
Daniel Defoe, y su novelista en Henry Fielding, en su The history of the life of late Mr. Jonathan Wild the Great
(1743)» (A. del Monte, 1962). Un tipo similar de relatos surge también en Francia sobre célebres bandidos y
criminales, como L. Mandrin, P. Coignard, etc. De ese mundo de la marginalidad social procede un famoso
delincuente, E. F. Vidocq, convertido más tarde en agente secreto de la policía (1810) y dedicado a combatir a las
bandas criminales, el cual escribió varios libros sobre este ambiente de la delincuencia y las actuaciones de la policía
en su tarea de investigación y captura de los malhechores: Los ladrones, 1836; Los fogoneros del Norte, 1845, etc.
Estos libros, al igual que sus Memorias (1828-1829), gozaron de una gran acogida en Francia. Esta última obra,
traducida al inglés, fue conocida por el que, comúnmente, es considerado como el iniciador de la novela policiaca, E.
A. Poe. En su libro Los crímenes de la calle Morgue (1841), aparece ya el esquema básico y los caracteres peculiares
de este tipo de relatos: un crimen misterioso (dos mujeres asesinadas en una estancia impenetrable), una
investigación del caso a través de minuciosa observación y razonamiento, el encuentro de la solución (después de
desechar las hipótesis no funda-das y haber comprobado la validez de la que en principio parecía menos creíble: un
orangután, causante de esas muertes), y, finalmente, presencia de un detective (C. A. Dupin), como personaje
fundamental, a cuya indagación se debe la resolución del caso, y no a la policía oficial.
En el desarrollo posterior de este subgénero narrativo inaugurado por E. A. Poe, se mantendrá, en lo esencial, este
esquema de novela (crimen inexplicable a primera vista, investigación sobre el caso, solución del mismo), la cual
presenta como característica más sobresaliente la técnica del relato a la inversa, ya que empieza por el final de
la historia (una muerte, la desaparición de una persona o de un objeto de valor) y se encamina hacia el comienzo de
la misma: la comisión del asesinato, secuestro o tobo, y el descubrimiento del culpable. Otro rasgo peculiar afecta a
los personajes, marcados por un carácter estático (no sufren alteración o evolución en el transcurso de la obra) y
manqueo: buenos-malos, policía o detective-delincuente, delator encubridor.
Entre los cultivadores más notables de la novela policiaca, figuran los británicos A. Conan Doyle (creador del
detective privado Sherlock Holmes: Las aventuras de Sherlock Holmes, 1892; Las memorias de Sherlock Holmes,
1894, etc.); A. Christie (que configura a: detective H. Poirot: El misterioso caso de Styles, 1921; El asesinato de
Rogelio Ackroyd. 1926, etc.), los norteamericanos E. Wallace. W. Irish, S. Van Dine, etc., los franceses E. Gaboriau,
M. Leblanc, P. Souvestre, P. Boileau y Th. Narcejac, el belga G. Simenon. etc.
Un tipo especial de relato, vinculado a la novela policial o criminal, es la denominada *novela negra norteamericana
(surgida en torno a la crisis del 29), cuyos representantes más destacados son D. Hammett, J. M. Cain. Chandler, Ch.
Himes, etc., y que, por sus peculiares características, merece un estudio aparte.
Aunque bastantes novelas policíacas (p. e., las de A. Christie) caen dentro de lo que se ha dado en llamar
*paraliteratura, sin embargo, otras son reconocidas hoy como obras de in-negable valor por su perfección en cuanto
a estructura, desarrollo de la intriga y en el arte de narrar. De hecho, prestigiosos escritores han incorporado a
algunas de sus obras cierras técnicas narrativas de la novela policiaca, p. e., Graham Greene, A. Robbe-Grillet,
Dürrenmatt, J. L. Borges, A. Bioy Casares, etc.
Por lo que respecta a la literatura en lengua española, ciertos críticos y novelistas se han interrogado en más de una
ocasión si existe propiamente una novela policiaca. Como antecedentes remotos del relato policiaco suelen citarse El
clavo (1853), de P. A. de Alarcón, La incógnita (1889), de B. Pérez Galdós; La gota de sangre (1911), de E. Pardo
Bazán (que escribió, además, algunos cuentos relaciona-dos con el tema: De un nido, 1902, La cita, 1909, etc.), Una
mancha de sangre (1915), de J. Belda, El vampiro rojo (1931), de A. Fernández Arias, etc. Entre los años veinte y la
Guerra Civil surgen algunas colecciones (»Detectives», «Enigma», «Biblioteca Oro»), en las que se editan novelas
de crimen y relatos policiacos elaborados según el modelo de la novela de enigma. En la etapa de la Dicta-dura (1939-
1975), continúa la colección «Biblioteca Oro» (con novelas de V. Arias Archidona, J. Mallorquí, etc.), y aparecen la
«Serie Wallace>, (con obras del mencionado A. Fernández Arias, M. Vallvé, etc.), la «Colección Misterio» (con textos
de G. y L. Gossé, G. López Hipkiss, y otros), etc. De esta época arrancan algunos de los antecedentes del relato
policiaco autóctono, al publicarse El inocente (1953), de M. Lacruz, las novelas de F. García Pavón que tienen como
protagonista a Plinio, jefe de Policía Municipal de Tomelloso, y algunos textos de M. de Pedrolo, T. Salvador, A.
Núñez Alonso, C. Paradinas, etc.
En este mismo período surge en algunos países hispanoamericanos un notable cultivo del relato policiaco, con obras
de verdadera calidad literaria, especialmente en Argentina: Un modelo para la muerte (1946), de J. L. Borges y A. Bioy
Casares; Los que aman, odian(1947), de A. Bioy Casares y S. Ocampo; Triste, solitario y final (1973), de O. Soriano,
etc. También se desarrolla en Cuba (Asesinato por anticipado, 1966, de A. Correa, Enigma para un domingo,
1971, de I. Cárdenas, etc.), México (Ensayo de un crimen, 1944, de R. Usigli), etc.
Es en el período democrático, hacia finales de los setenta, cuando se puede hablar ya con rigor de la aparición de una
novela policiaca y criminal o negra en España, sobre todo, a partir de las obras de M. Vázquez Montalbán: La soledad
del manager (1977), Asesinato en el Comité Central (1981), Los pájaros de Bangkok (1983), La Rosa de Alejandría
(1984), etc., cuyo protagonista es el detective Pepe Carvalho. Se ha indicado que este autor utiliza los recursos de
dicha novela «para incorporar al relato un agudo y sabroso análisis de la realidad nacional, tanto en sus conflictos
histórico-sociales y políticos como en su dimensión cultural» (S. Sanz Villanueva, 1992). En la década de los ochenta
aparece una serie de narradores con obras de notable valor en este campo, entre los que cabe citar a J. Madrid
(creador del detective Toni Romano: Un beso de amigo. 1980, Nada que hacer, 1984, Regalo de la casa, 1986, etc.),
A. Martín (Por amor al arte, 1987), Barcelona Connection, 1988), J. Martínez Reverte (Demasiado para Gálvez,
1979, Gálvez en Euskadi, 1983), P. Casals (La jeringuilla, 1986, El señor de la coca, 1988, etc.), F. González Ledesma
(Crónica sentimental en rojo, 1984), C. Pérez Merinero (La mano armada, 1986), J. Ibáñez (Mi nombre es Novoa,
1986), etc. El desarrollo reciente, en España, de esta novela policiaca (o «novela negra, como prefieren algunos
críticos), que ha logrado un prestigio literario por obra de los autores mencionados. Coincide con la vuelta al gusto
por contar, con la recuperación de la narrativa, que se advierte en bastantes escritores (E. Mendoza, J. J. Millas, L.
Mareo Díez, J. M. Merino, etc.), alguno de los cuales, Mendoza, p. e. (La verdad sobre el caso Savolta, 1975), e,
incluso, J. Benet (El aire de un crimen, 1980) utilizan elementos de novela policiaca, o de novela negra.